El  tiempo   y misparanoias     Iñaki Errasti Muñoa
A mi madre,que ama las 11:11 casi tanto como yo.
El  tiempo   y misparanoias     Iñaki Errasti Muñoa           Ceinpro, 2012
1             Las cosas                                            en ordenAntes de nada, échale un vistazo al reloj. ¿Qué...
Sería realmente interesante que nos pudiéramossentar, café en mano, y charlar sobre el tema, “a verqué sale, a ver a dónde...
2          Casualidades                                          de la vida¿Ya de vuelta? Me alegro. ¿Podrías volver a mir...
No puedo más que suponer.¿Casualidad? Eso llegué a pensar, hace años ya,cuando aún no imaginaba que la cosa se alargaría e...
casos me han pedido que zanjase el tema y callase.Y no por hastío, sino por miedo.En fin, las cosas que requieren un mínim...
3          Despertares                                       con sorpresaYa llevaba la mosca detrás de la oreja unos cuant...
resto de cosas: Mi gozo en un pozo. Vislumbré lamitad del cruasán flotando en un cuenco de ColaCao. Pero la traidora no er...
4              ParanoiaLlevaba pasándole ya desde hace unos meses,exactamente igual que a mí. Ella lo percibía a la horade...
No se si lo habrás hecho, pero te he pedido que mira-ras la hora un par de veces. Si quieres, puedes volvera hacerlo. Imag...
5       SubconscienteNo estamos locos. Ni somos fanáticos de los temasesotéricos, ni conocemos la numerología, ni nada por...
simplemente, miro la hora inconscientemente comolo hace todo el mundo, solo que al percibir una horade las características...
6              Señora MMi madre tiene el trabajo que yo jamás desearíadesempeñar: es domadora de fieras preadolescen-tes. ...
mujer. En mayúsculas. Una de esas tías con poderío,a pesar de que no pasará del metro y medio dealtura. Tiene la virtud –e...
fresca, aroma a salitre y una sensación celestial.Puso la cinta y siguió los consejos de la voz orgásmi-ca que escapaba de...
7              ChantállNo puedo hablar de sucesos que no he vivido enprimera persona. Aun así, podría narrar decenas deexp...
nada de esa mujer, de hecho, la tememos en ciertomodo. Pero debo dedicarle un espacio en mi relato,tal y como lo he hecho ...
exceso. Esquivaba cada conversación, cada pregun-ta. Hasta que por fin, la insistencia de mi madre, enparte presionada por...
8            FantasmasOdio la ambigüedad con todas mis fuerzas. Está bieneso de vivir la vida con un cierto toque misterio...
demonios de patas de cabra y lanza de tres puntas.Pero siempre he fantaseado con la idea de quepuedan existir energías que...
Mi paranoia empezaba a escapar a la razón y seacercaba a lo desconocido. Casualidad por mistici-dad.Ahora existía la posib...
9            Lecciones                                        y autocontrolY como tal me lo tomé. Eso si, le resté todo el...
semanas intensas en las que, cada vez que miraba elreloj, ya fuese premeditadamente o inconsciente-mente, chocaba de frent...
escapen de mis manos.Transformé mi paranoia en una poderosa herramien-ta de autocontrol.                                  ...
10                 Peleas                                           y escudosNo sé qué opinarás tú de todo esto, seguro qu...
forman mi vida. Una bola con el interior en obras, enconstrucción, en un proceso de caos a orden. Unorden que lo voy forma...
Por cierto, es la 01:01.
Iñaki Errasti Muñoa     Ceinpro, 2012
El Tiempo y mis Paranoias
El Tiempo y mis Paranoias
Upcoming SlideShare
Loading in …5
×

El Tiempo y mis Paranoias

462 views

Published on

Primer libro de relatos de Iñaki Errasti, El Tiempo y Mis Paranoias.

Published in: Education
0 Comments
0 Likes
Statistics
Notes
  • Be the first to comment

  • Be the first to like this

No Downloads
Views
Total views
462
On SlideShare
0
From Embeds
0
Number of Embeds
2
Actions
Shares
0
Downloads
4
Comments
0
Likes
0
Embeds 0
No embeds

No notes for slide

El Tiempo y mis Paranoias

  1. 1. El tiempo y misparanoias Iñaki Errasti Muñoa
  2. 2. A mi madre,que ama las 11:11 casi tanto como yo.
  3. 3. El tiempo y misparanoias Iñaki Errasti Muñoa Ceinpro, 2012
  4. 4. 1 Las cosas en ordenAntes de nada, échale un vistazo al reloj. ¿Qué horaes? Probablemente se te haya hecho tarde, o aunqueda un ratillo, o no hay manera de que avancen losminutos. Probablemente esté cerca la hora de comer,o de cenar, o de pasear con el crio, o de limpiarse los 4dientes y salir pitando de casa, que el autobús noespera.Sin las horas, los minutos y los segundos, los díasserían un caos. Y la vida también, que no es más queun gran saco repleto de ellos. No concebimos unajornada sin mirar el reloj, ni siquiera cuando estamosde vacaciones y le decimos a nuestra cabecita “hoysin prisas”. El tiempo es orden, y sin orden noscuesta vivir.
  5. 5. Sería realmente interesante que nos pudiéramossentar, café en mano, y charlar sobre el tema, “a verqué sale, a ver a dónde nos lleva”. Desgraciadamen-te, ni se dará la ocasión, ni me siento con la capaci-dad necesaria para activar mi lado filosófico; es unmomento de mi vida en el que mi fábrica de pensartrabaja de manera exclusiva en el diseño de logoti-pos, envases, carátulas de CD, bolsas… No damosabasto, a pesar de la crisis.Además, estoy aquí por otra cosa. Es interesante 5esto del tiempo, la vida, la esclavitud y el cosmos.Pero no voy por ahí. El tiempo, como término a tratar,es la excusa perfecta para contar algo que me pertur-ba desde hace algunos años, y aunque no tienemucho que ver con la parte más profunda del térmi-no, lleva como protagonistas a las horas y a los minu-tos.Tómate un descansito antes de pasar la página. Enun rato estamos.
  6. 6. 2 Casualidades de la vida¿Ya de vuelta? Me alegro. ¿Podrías volver a mirar lahora? ¿Qué hora es? Estoy seguro de que no hapasado mucho tiempo desde la última vez. No pien-ses que te intento marear, solo trato de explicar loque me pasa de la manera más práctica posible. Ya 6lo verás.No te voy a engañar, miro la hora muy a menudo. Yquizás esto mismo sea la explicación más racional ami paranoia. Es lo que concluirás tu también: “Esque, con todas esas veces que miras la hora,normal”. No pretendo ser creíble, ni creído, ni muchomenos comprendido. Probablemente tampoco locomprenda yo mismo, no se a qué me enfrento, o sirealmente esto es un enfrentamiento.
  7. 7. No puedo más que suponer.¿Casualidad? Eso llegué a pensar, hace años ya,cuando aún no imaginaba que la cosa se alargaría enel tiempo. Y por variar, también ha variado en intensi-dad, en frecuencia, y en claridad. Y ya no creo tantoen las casualidades. Sería una casualidad tantacasualidad. Valga la redundancia. Vivo estas sensa-ciones con prudencia, expectación y aún con algo deescepticismo. Es cuanto menos curiosa la forma enla que las horas y los minutos llegan a mi, y me 7avisan, o me advierten, o juegan, o yo que sé.Y es la primera vez que lo plasmo sobre un papel. Lohe hablado con conocidos e incluso con desconoci-dos. Me han tomado por un estúpido y un farsante,aunque los hay quienes han visto y vivido mi historia,aunque fuese de manera paralela.A pesar de ello, no me han dejado de considerar elhombre “paranoias”, pero lo cierto es que en algunos
  8. 8. casos me han pedido que zanjase el tema y callase.Y no por hastío, sino por miedo.En fin, las cosas que requieren un mínimo de sentidohay que contarlas desde su origen. Seré honesto yclaro, y me arriesgo a que cambies tu percepciónsobre mi, para bien o para mal. 8
  9. 9. 3 Despertares con sorpresaYa llevaba la mosca detrás de la oreja unos cuantosmeses. Miraba al reloj, y lo percibía. Lo miraba minu-tos más tarde, y volvía a percibirlo. “Manda cojones”pensaba entre mí. Incluso se lo llegué a comentar alque, por aquel entonces, era mi pareja: “ala ala 9flipado, no me seas paranoias”.Una odiosa mañana de verano, de esas en las que televantas cuando tu cuerpo lo decide, me vestí y meacordé que en el armario pequeño de la cocina aunquedaban cruasanes de chocolate. Me teletransportéhasta allí con un pequeño temor a que mi hermana,astuta y veloz, hubiese dado muerte al último bollitosuperviviente. Por aquel entonces la fortuna mesonreía en el amor, pero me daba pataditas en el
  10. 10. resto de cosas: Mi gozo en un pozo. Vislumbré lamitad del cruasán flotando en un cuenco de ColaCao. Pero la traidora no era mi hermana sino sumadre (y la mía, obvio). Observé la escena delcrimen y ella me lanzó una mirada que fusionabalástima y venganza.“Es que chico, vaya horas”. -Deduje que debían sermás de las doce. – “Vaya pelos me llevas”. Me frotéel cuero cabelludo y le di una palmadita de buenosdías en el culo mientras alcanzaba el frigorífico. 10“Oye Iñaki no sabes lo que me pasaúltimamente”-continuó- “Chico, debo de tener el relojbiológico de puta madre porque día si y día tambiénme levanto a las 11:11”.Palidecí.
  11. 11. 4 ParanoiaLlevaba pasándole ya desde hace unos meses,exactamente igual que a mí. Ella lo percibía a la horade acostarse y levantarse: 23:23 por las noches,11:11 por las mañanas. “El reloj del cuarto le anda deculo” decía su chico. 11Y lo cierto es que funcionaba a la perfección.Mezclé en un bol el yogur de soja y unos All bran.Intenté ordenar ideas y hacer una especie de resu-men mental de mis experiencias. No le había dado niun ápice de importancia hasta esa misma mañana, yno sabía muy bien como explicárselo. Ni siquiera secomo contarlo en estas líneas.
  12. 12. No se si lo habrás hecho, pero te he pedido que mira-ras la hora un par de veces. Si quieres, puedes volvera hacerlo. Imagínate que en ambas ocasiones la horafuese par, mismo número en horas y en minutos. Oen su defecto, un número capicúa. Imagínate quefuesen las 12:12 la primera vez, y las 12:21 la segun-da. Probablemente no haya sucedido así, y de haber-lo sido, dudo que te hubiese llamado la atención.Y es que las primeras veces pasa desapercibido.Pero cuando en un mismo día sucede constantemen- 12te, cada vez que un impulso instintivo y cuasi incons-ciente te hace mirar la hora y se repite la coinciden-cia, día si y día también, uno se para en seco y leempieza a dar vueltas al asunto.La paranoia nació en el momento en que mi madreme contó que a ella le sucedía exactamente lomismo.
  13. 13. 5 SubconscienteNo estamos locos. Ni somos fanáticos de los temasesotéricos, ni conocemos la numerología, ni nada porel estilo. Es más, me considero algo escéptico antetemas de carácter poco científico. Y mi madretambién. Nos lo tomábamos a cachondeo y lo contá- 13bamos como anécdota. El misterio de la casualidadextrema es un tema que encanta, sí o sí.Pronto comenzamos a percibir que la frecuencia de“casualidades” variaba: Había días en que las horasy minutos pares y capicúas venían a mí constante-mente, y otros en los que llegaba a olvidarme com-pletamente del tema. La mujer de mi padre, psicólogaella, opina que he formado un complejo mecanismopsicológico con el cual potencio estos sucesos:
  14. 14. simplemente, miro la hora inconscientemente comolo hace todo el mundo, solo que al percibir una horade las características de las que he hablado, algo enmi cabeza salta, como un fusible, y hace que me fijeen ella. Es una explicación racional que acepto.Ahora bien, deduzco que mi maquinaria cerebral nodistingue entre épocas. Quiero decir, un auto reflejoes permanente, está o no está, pero no va y vuelve.Lo mio es como un catarro; viene, se queda unosdías, y adiós. O hasta la próxima. Además, si se trata 14de un producto de mi subconsciente, ¿por qué mimadre también?Decidimos investigar.
  15. 15. 6 Señora MMi madre tiene el trabajo que yo jamás desearíadesempeñar: es domadora de fieras preadolescen-tes. Desde hace más de treinta años, amaestra yenseña a pequeños seres inestables y energéticos. 15Es un medio de vida infravalorado en mi opinión, queestresa y exprime. Y el estrés y el agotamiento no lospuede uno dejar dentro del aula a las cinco de latarde como hace un mecánico con la llave inglesa oun contable con su calculadora.En el caos y la guerra diaria, mi madre combatemano a mano junto a otros muchos profesionales.Una de sus compañeras tiene un gran papel en lahistoria que trato de contarte en este relato. Es una
  16. 16. mujer. En mayúsculas. Una de esas tías con poderío,a pesar de que no pasará del metro y medio dealtura. Tiene la virtud –en mi opinión lo es- de teneruna personalidad y un carácter arrolladores, essincera por naturaleza y su sentido del humor, entrepicante y gore, me aplasta.La llamaremos “Señora M”.Señora M, además de todo lo anterior, tiene unaespecie de sexto sentido. Ella cree en asuntos de 16energías y poderes que escapan a la razón. Y mifamilia ha sido testigo de algún que otro relato deesta índole. Sobretodo mi madre, a la que el estrés yel agotamiento del que hablaba hace un rato laacabaron devorando.Señora M la ayudó de una forma que aun a día dehoy no podemos entender. Le dejo un casete derelajación, de esos que intentan que el individuo seteletransporte a un paraíso con olas del mar, brisa
  17. 17. fresca, aroma a salitre y una sensación celestial.Puso la cinta y siguió los consejos de la voz orgásmi-ca que escapaba de los altavoces del aparato demúsica.De repente sintió paz.Paz, tranquilidad, un nudo imposible que se deshace,toneladas de peso sobre los hombros arrojados alvacío. La forma de llamarlo es lo de menos. Segúnacabó la cinta, Señora M, como si hubiese estado 17observando el instante desde un agujerito, llamó acasa. “¿Qué? ¿Mejor?”.Lo gracioso es que el casete se había borrado com-pletamente.
  18. 18. 7 ChantállNo puedo hablar de sucesos que no he vivido enprimera persona. Aun así, podría narrar decenas deexperiencias acerca de Señora M que no serviríanmás que para ponerte en antecedentes de lo quedescribiré en las próximas líneas. Yo creo que ya te 18has hecho una idea, y seguro que opinas que me heido por las ramas y que he dejado mi paranoia a unlado para narrarte un episodio de escasa credibilidad,como si de un capitulo de Cuarto Milenio se tratara.Todo tiene un porqué.Y es que, quiero presentarte a una persona. La cono-cemos como Chantáll, aunque dudo de que ese seasu verdadero nombre. Es intimísima de Señora M.Seré honesto: ni mi madre ni yo sabemos apenas
  19. 19. nada de esa mujer, de hecho, la tememos en ciertomodo. Pero debo dedicarle un espacio en mi relato,tal y como lo he hecho con M.Chantáll es bruja. En su concepto más empresarial,claro. Echa cartas, lee manos, prepara conjuros… ycobra por ello. La estrecha relación que mantiene conSeñora M hace que, de rebote, sepamos de sushazañas, logros y triunfos esotéricos. Se dice que enla vida conviene tener un amigo informático, otrofontanero y otro electricista. Pues nosotros contamos 19con Señora M, semi-bruja e íntima de una profesionalde las artes místicas. Ahí es nada.Preocupados –ligeramente- con nuestro peculiarduelo con el tiempo, mi madre decidió consultar aChantáll por medio de Señora M. No teníamos nadaque perder. Supimos que el mensaje había llegado asu destino, pero, por hache o por be, no tuvimos unarespuesta en mucho tiempo. De hecho, era un temaque, al parecer, a señora M no le agradaba en
  20. 20. exceso. Esquivaba cada conversación, cada pregun-ta. Hasta que por fin, la insistencia de mi madre, enparte presionada por la mía propia, nos trajo la tanansiada respuesta.“No te preocupes, es bueno. Tenéis cerca a personasque os quieren mucho” 20
  21. 21. 8 FantasmasOdio la ambigüedad con todas mis fuerzas. Está bieneso de vivir la vida con un cierto toque misterioso,pero en ocasiones el misterio te desconcierta. ¿Quénarices significa eso de que tenemos cerca a perso-nas que nos quieren mucho? Es obvio que sí, vamos, 21eso quiero pensar. Pero mi pregunta es, ¿qué tieneque ver eso con mis vivencias paranoicas?En un acto de reflexión y contextualización, mi maca-bra mente llegó a barajar la posibilidad de que habla-se de personas que ya no están entre nosotros, defamiliares o amigos que partieron, de ángeles de laguarda. No creo en el cielo y el infierno, ni en puertasde oro sobre nubes custodiadas por guardianes conaspecto viejo y desaliñado, ni mucho menos en
  22. 22. demonios de patas de cabra y lanza de tres puntas.Pero siempre he fantaseado con la idea de quepuedan existir energías que nos ayuden a dar pasitosen la vida, que sean causa de esos arrebatos con losque, sin saber muy bien por qué, cambiamos a últimahora una idea o intención que habíamos decidido trasun largo proceso de meditación. Guías espirituales,o, valga la redundancia, ángeles de la guarda. Suenamejor esto último. 22Y, ojo. Hablo de fantasear. El simple hecho de imagi-nar seriamente que puedo tener entes místicos pulu-lando alrededor mio, por muy benévolos que fueran,me pone los pelos de punta. Y si los tengo, por favorpido a quien se le tenga que pedir, que nunca se mepresenten o algo por el estilo. Menudo patatús.La cosa es que Chantáll, más que arrojar luz sobre elasunto, lo nubló, lo enredó e incluso le dio un aireoscuro y tétrico que no nos hizo demasiada gracia.
  23. 23. Mi paranoia empezaba a escapar a la razón y seacercaba a lo desconocido. Casualidad por mistici-dad.Ahora existía la posibilidad de que el tiempo, lashoras y los minutos, fueran señales, advertencias,consejos encriptados. Ayudas. De vete tu a saberqué o quién. 23
  24. 24. 9 Lecciones y autocontrolY como tal me lo tomé. Eso si, le resté todo el pesomágico a la historia. Nada de entidades de universosparalelos ni fantasmas de ultratumba. Descubrí quemis batallitas con las horas y los minutos iban intensi-ficándose exponencialmente hasta que desemboca- 24ban en algún suceso importante.No se si debería contar con detalle y por escrito elepisodio que marcó un antes y un después en miparanoia. Es un pasaje de mi vida que prefiero guar-dar bajo llave. Pero, de alguna forma, le dio la vueltaa la historia y forjó el significado que tanto ansiabaencontrar. Haré un resumen de ideas.El episodio del que hablo se alargó durante dos
  25. 25. semanas intensas en las que, cada vez que miraba elreloj, ya fuese premeditadamente o inconsciente-mente, chocaba de frente con números par ocapicúas. Como nunca antes había sucedido.Frecuente y descarado. Si se trataba de una casuali-dad, rozaba el límite con lo extraño. Tras trece días,habiendo sido el día previo el más intenso de todos,algo sucedió que le dio un vuelco a mi vida y la sacu-dió. Y acto seguido, las horas y minutos me dieron unlargo periodo de tregua. Pararon. 25Tenía dos opciones: o seguía derritiendo mis sesosintentando entender lo que no tenía explicación, o ledaba un significado personalizado. Al fin y al cabo,nadie podría rebatírmelo. Y eso hice. Lo cogí comoun sistema complejo e irracional de advertencia, un“mira que todo este en orden, Iñaki”. Hice que mepudiera ayudar a mantener un orden interno, a estaren paz conmigo mismo y con lo que me rodea. Unpost-it en la frente que me recuerda –por tempora-das, ya lo sabes- que no puedo permitir que las cosas
  26. 26. escapen de mis manos.Transformé mi paranoia en una poderosa herramien-ta de autocontrol. 26
  27. 27. 10 Peleas y escudosNo sé qué opinarás tú de todo esto, seguro quepodrías darle mil vueltas e interpretaciones que yo nisiquiera he barajado. El tiempo era el tema, y me havenido como anillo al dedo. Esta es mi historia, conta-da con pelos y señales. 27Si, de alguna forma, tuviese que materializar todoesto, si tuviese que darle una forma tridimensional,quisiera expresar la conclusión y no la causa. Megustaría dar forma a ese significado personalizadodel que hablo, dejar lo par y lo capicúa como antece-dentes y centrarme en lo que ha supuesto para mi, encomo me ayuda.Y lo hago simulando mi mente y las piezas que
  28. 28. forman mi vida. Una bola con el interior en obras, enconstrucción, en un proceso de caos a orden. Unorden que lo voy formando, poco a poco, gracias aesas señales del tiempo que actúan como mensajesde advertencia, que han marcado, de cierto modo, mimanera de hacer frente a las cosas. Que me cubren,como cubren también la gran bola que simula lacoraza que protege mi interior.Expreso con formas todo lo relatado, mi historia, sucontexto práctico. Y es, ya de paso, un pequeño 28homenaje a Chantáll. Esta bola habla de la herra-mienta más poderosa que poseo. Pero también es laherramienta más poderosa de nuestra bruja particu-lar, con ella trabaja, con ella descubre lo que convie-ne, se anticipa.Quizás no haya tanta diferencia entre mi casualidad ysu magia.
  29. 29. Por cierto, es la 01:01.
  30. 30. Iñaki Errasti Muñoa Ceinpro, 2012

×