Garrido (2006) ¿A Dónde Vamos?: Entre la Globalización y la Pobreza

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Garrido (2006) ¿A Dónde Vamos?: Entre la Globalización y la Pobreza

  1. 1. ¿A dónde vamos?: Entre la globalización y la pobreza Juan José Garrido Koechlin, Mayo del 2006 “El Capitalismo es nuestro único sistema moral; cualquier otro sistema toma ventaja de los derechos y libertados de los individuos”. Ayn Rand Las campañas antiglobalización en el Perú tienen por ejemplos palmarios, en los últimos cinco años, los eventos producidos en Arequipa –frente a las privatizaciones de dos empresas energéticas- y la firma del reciente Tratado de Libre Comercio (TLC) pactado con los Estados Unidos. Aunque a primera vista ambos eventos no aparentan mayor relación entre sí, lo cierto es que los vasos comunicantes ideológicos son más que evidentes. Las privatizaciones y los tratados comerciales son instrumentos de apertura en las libertades económicas y de mejora de la calidad institucional de un país que se identifican claramente con un proceso de desarrollo reconocido actualmente como “globalización”. A nivel mundial, se ha alegado extensamente tanto a favor como en contra del proceso. Millares de artículos, libros y textos de investigación soportan conclusiones que estriban de uno y otro lado, haciendo muy remota la posibilidad de concluir la disputa. Economistas, sociólogos, historiadores y muchos otros tratan de lograr una visión nueva que permita vislumbrar algo antes no planteado y que, a su vez, ello sobrelleve inequívocamente a un desenlace absoluto. Sin embargo, tal vez el inconveniente de la convergencia entre ambos grupos radica en el hecho de analizar a la globalización desde objetivos distintos. Si por un lado, un grupo persigue como objetivo central la equidad –o igualdad- y por otro, un grupo distinto inquiere sobre formas de cómo mejorar la calidad de vida de las personas, claramente se tratan de fines distintos. Por lo tanto, serán ofrecidas distintas fórmulas y recetas a fin de lograr los efectos predeterminados de cada grupo. Una evidencia de la diferencia de objetivos planteada ut supra, es la espectada en la metodología de análisis del problema en sí. Por un lado, la visión de los grupos de izquierda –que representan la visión del socialismo marxista- se articula en base al colectivo social, amalgamando desde un inicio a toda la población en función a necesidades planteadas a priori por el grupo. Por otro lado, los liberales proponen - como técnica de investigación- el individualismo metodológico; es decir, analizar el problema desde el punto de vista del individuo, lo cual se hace consistente ya que responde a la naturaleza humana. 5
  2. 2. La globalización ha demostrado, con el paso del tiempo, mejoras sustanciales en la calidad de vida de las personas. Decenas de países y regiones sirven de ejemplo de ello. Sin embargo, existen simultáneamente regiones -incluso continentes- que se mantienen sumidos en la pobreza y la necesidad absoluta. De allí que el socialismo busque apalancar soluciones de mayor intervención y coacción de la libertad económica e individual. Las voces que proclaman como objetivo la equidad social utilizan dicha realidad para intentar forzar la mayor presencia del estado como único organismo capaz de soportar las supuestas deficiencias del mercado, con el consiguiente deterioro en la posibilidad de identificar claramente las determinantes reales de dicha pobreza y exclusión, así como de los reales beneficios de los procesos hacia una convergencia económica global. Este proceso de globalización –el cual se basa en los pilares de la propuesta liberal- clásica de Chydenius (1765), Smith (1776) y Ricardo (1817), entre otros- es uno actualmente vapuleado, retado e identificado por los grupos radicales como el causante de la miseria y la desigualdad existente. Sin evidenciar una relación de causa-efecto de uno y otro evento, en el Perú encontramos recurrentemente dicha afirmación, motivo por el cual uno no puede sino preguntarse: si se evidenciase que dicha relación es inexistente y que –por el contrario- la propuesta del liberalismo asegura la reducción en los niveles de pobreza, ¿estarán dichos grupos dispuestos a ceder en sus protestas de tal forma que se permita el crecimiento y desarrollo local? Tal vez los grupos radicales insistan, aún en dicho caso, en seguir evadiendo la realidad y la evidencia empírica global sobre la real capacidad de reducir la pobreza por parte de la globalización y la propuesta liberal. Sin embargo, habría que tener presente que existe una variable inmutable en todo proceso y acción. Una que no es discutible, ni impugnable. Dicha variable es el tiempo. Por ello, si algo hay que tener presente al analizar el actual proceso de globalización y sus efectos reales, es que el tiempo transcurre y que, al hacerlo, el mismo acentúa las diferencias entre quienes participan del mismo de quienes no. Si bien puede aparentar no ser significativo el que transcurran unos años más para aclarar la disputa entre una y otra propuesta, lo cierto es los radicales apuestan a que con el paso del tiempo -y al no producirse beneficio alguno producto de la adecuación a determinado modelo- la diferencia se enfatice, creando con ello mayor número de adeptos y haciendo el objetivo cada vez más lejano. Por ello, se torna cada vez más imprescindible llegar a una conclusión sobre qué modelo adoptar: si uno de inclusión en el torrente sanguíneo de la modernidad, del desarrollo y de la mejora en la calidad de vida de las personas, o –por el contrario- si uno de autarquía económica, donde la exclusión implica además una disminución cultural, social y política; es decir, una situación donde la pobreza y la desigualdad se profundizan día a día. 6
  3. 3. Entre países ricos y países pobres Diversos analistas y pensadores han recaído periódicamente en las preguntas: ¿qué hace a un país más rico que a otro?, ¿cómo es que tal o cuál se ha desarrollado tan magníficamente?, ¿cuál es la receta que aplican los países exitosos?, ¿se puede convergir globalmente a dicho modelo? Las respuestas a dichas preguntas encuentran proposiciones de lo más divergentes. Algunas propuestas gravitan en factores de tipo geográfico, donde la naturaleza preexistente determina un cauce de desarrollo basado en la capacidad de soportar las necesidades básicas elementales, permitiendo a su vez la capacidad de desarrollar tecnología y conocimiento. Una propuesta muy lúcida en dicho sentido es aquella del biólogo Jarred Diamond (1997), quien asocia los beneficios geográficos de la región euroasiática –que comprende el norte de África, Europa y parte del este asiático- con la capacidad de los mismos de crear e inventar herramientas de conquista, como son el acero y las armas de fuego. En su obra “Armas, Gérmenes y Acero”, Diamond plantea una solución a la pregunta de Yali -un político local de Nueva Guinea donde se encontraba Diamond estudiando la evolución de las aves- sobre el origen y causas del desarrollo de los “blancos” frente al desarrollo experimentado por los habitantes de la isla. La propuesta del biólogo se puede resumir en lo que Cohen (2006) denomina un “materialismo ecológico”: la variación entre los continentes –y en especial entre los países- no se debe a causas genéticas –léase raza- o factores climáticos. La diferenciación radica principalmente en la presencia de animales –domesticables- y de plantas -cultivables-. En el mundo moderno, del total de animales grandes, solo existen 14 especies de carácter “domesticables”, de las cuales solo cinco –la vaca, la oveja, el chivo, el cerdo y el caballo- se encuentran distribuidos alrededor del mundo. De igual manera, 10 especies de plantas representan más del 80% de los cultivos a nivel mundial –trigo, maíz, arroz, cebada, soya, zahína, papa, mandioca, camote y bananos-. Por otro lado, la característica geográfica de Euroasia, que se extiende horizontalmente a través de un eje este-oeste, posibilitó a las civilizaciones del mediterráneo y del valle del Nilo desarrollar una agricultura que -después de propagarse- les permitió la innovación y posterior desarrollo de la rueda, la escritura, la metalurgia y el vino. La geografía de América y del África es, a diferencia de la de Euroasia, una que se reproduce en un eje vertical norte-sur, por lo que sus características geográficas y climáticas limitan la propagación de cultivos y domesticación de animales, forzando a los pobladores a trabajar casi exclusivamente en la búsqueda de cubrir sus necesidades básicas. Así, es desde la tangible diferenciación en las capacidades innovadoras entre los continentes -producida en esos casi 9,500 años entre la propagación de la agricultura en Euroasia (circa 8000 a.c.) y el descubrimiento y la posterior conquista de América en 1492- que se aploma la cabida de producir mayor conocimiento, tecnología, riqueza y 7
  4. 4. –como no- armamento. De allí que la conquista y posterior colonización de América, África y Australia fuese solo cuestión de tiempo. Si bien la teoría de Diamond podría explicar el desarrollo económico europeo hasta el siglo XVIII, existen propuestas más prolijas sobre las variables que contribuyen –hoy en día- al crecimiento de un país. Solow (1956), esboza el modelo neoclásico de crecimiento exógeno enfatizando la acumulación de capital físico y humano e incorporando al ahorro y a la inversión como función del ingreso. En el modelo, la intensidad del capital en una economía se encuentra determinado por el ratio capital/trabajo y presupone una función de ahorro y una función lineal de depreciación. Por ello, cuando el ahorro supera las necesidades de reposición de maquinarias y equipos, el ratio capital/trabajo aumenta. Empero, cuando los ahorros son menores a la reposición de maquinarias y equipos, el ratio capital/trabajo se reduce. El modelo predice un equilibrio sostenido en el largo plazo en tanto y en cuanto el ahorro iguale el requerimiento de reposición de maquinarias y equipos. Del modelo de Solow se extraen dos conclusiones: primera, que la intensidad de acumulación de capital determina la tasa de crecimiento económico. Por ello, la tasa de crecimiento de un país decrece cuando aumenta la intensidad del capital. Segunda, Barro (1997)1 –controlando variables de ahorro y crecimiento poblacional- concluye que, por un lado, mayores tasas de ahorro aceleran el ratio de crecimiento económico en el corto plazo y que, por el otro, mayor crecimiento poblacional reduce el ratio en mención. Una propuesta alternativa la encontramos en los factores de productividad. Aunque el concepto de productividad se asocia constantemente a ratios de producción por horas trabajadas, los economistas han coincidido en utilizar el concepto de la Productividad Total de los Factores (PTF) señalando con aquél la medida de la efectividad total de todos los factores que intervienen en la fabricación de un estipulado bien. Según dicho modelo, es la productividad -más no la acumulación de capital- la que determina el crecimiento productivo y -por ende- el crecimiento económico (Helpman, 2004). En una variación del modelo PTF, Romer (1986) propone la acumulación de conocimiento como factor principal de crecimiento. La acumulación de conocimiento –léase capacidad de innovación- es, junto al capital humano y físico, determinante en la capacidad productiva; empero, el conocimiento crece en el tiempo conforme las empresas invierten en desarrollo e investigación. Este crecimiento del conocimiento retroalimenta el stock de conocimiento público - aumentando así la productividad general- y dinamizando con ello la economía local. Por ello es que la educación juega un papel tan importante en los patrones de crecimiento económico en estudios realizados a nivel global de manera transversal (cross-country). 1 En un modelo -basado en el de Solow- llamado de “convergencia condicional”. 8
  5. 5. Gundlach (1996) evidencia -en un estudio realizado en economías en vías de desarrollo- la dinámica relación entre apertura económica y crecimiento. Trabajando sobre los modelos neoclásicos, el modelo evidencia que la apertura comercial permite la adquisición de capital físico gracias al rápido acceso –debido a la apertura- a los mercados de capitales. Dicha convergencia temprana en tecnología acorta los periodos de atender la producción con mayor productividad, provocando así mayor crecimiento económico. Finalmente, North (1990) estudia la contribución del desarrollo institucional – por ello se les conoce como institucionalistas- en el crecimiento económico. Desde el desarrollo de la agricultura hace casi 10,000 años, los derechos de propiedad se convirtieron en el principal foco de atención de las estructuras políticas, sociales, económicas y legales. El desarrollo de sistemas, estructuras e instituciones que conjuguen en la generación de un comportamiento regular se convierte así en un factor de motivación individual hacia la acción eficiente y coordinada. Por ello, podemos pensar en las instituciones como el sistema de reglas, creencias y organizaciones (Helpman, 2004). Si bien es cierto que ninguna variable responderá exclusivamente a la pregunta sobre cómo crecer, existen al menos dos modelos que responden al 80% de las variaciones empíricas en ingresos per cápita globalmente. El modelo de los PTF responde al menos 50% del crecimiento en mención y la calidad institucional a otro 30%. Ello, sumado a la evidencia hallada en variables como apertura comercial, estabilidad jurídica y económica, sumado a bajos niveles de impuestos y el respeto a las libertades individuales (Rabushka, 1987), proporcionan un claro sentido sobre cuál debe ser el camino a transitar. Coincidentemente, la sumatoria de propuestas –transcrita como receta- aparenta ser un duplicado de la propuesta liberal formulada por el economista escocés Adam Smith en 1776. En su magnum opus, el economista plantea cuatro principios de un “sistema de perfecta libertad” –nombre con el cual se refería al sistema capitalista- que se pueden sintetizar en: la necesidad de actuar en el mercado libremente –laissez-faire- sin la intervención del estado, una política impositiva liviana, apertura comercial e irrestricta libertad individual. Por ello, no debería llamar la atención el crecimiento demostrado por países como Estados Unidos, Suecia2, Taiwán y regiones enteras como el Asia Menor y Europa del Este recientemente. Thomas Di Lorenzo en su libro “Como el capitalismo salvó a América”, narra la experiencia americana al arribo de los primeros emigrantes ingleses en las costas de lo que hoy sería la región de Virginia, en mayo de 1607. Durante los primeros seis meses, 66 de los 104 colonos que llegaron a las costas fallecieron de hambruna debido a la miseria absoluta en la que 2 Ver: Krantz (2004) “Economic Growth and Economic Policies in Sweden in the 20th Century” en http://ideas.repec.org/p/hhs/ratioi/0032.html y de Vylder (S/F) “The rise and fall of the swedish model” en http://hdr.undp.org/docs/publications/ocational_papers/oc26a.htm 9
  6. 6. se encontraron. Con tierras ricas y fértiles, los colonos no pudieron sacar adelante la producción necesaria para satisfacer las necesidades básicas colectivas. En 1620, unos años más tarde, arribaron -en el famoso barco Mayflower- 101 personas al estado norte de Massachussets. Al igual que con los primeros colonos, antes de los primeros meses la hambruna y la desolación mataron a casi la mitad de ellos. Una vez más, la riqueza de las tierras no sirvió para producir lo mínimo indispensable. Por ello, el principal inversionista de los colonos en Londres, Thomas Weston, viajó en ese entonces a Norte América a estudiar los incidentes que ocurrían al otro lado del Atlántico. Los resultados del estudio fueron concluyentes: la causa principal de dicha hambruna se remontó -según Weston-, a la propiedad de la tierra y al uso comunal de la misma. Se lotizaron rápidamente los terrenos y se privatizaron, logrando para 1650 que todos los campos y granjas fuesen propiedades de carácter privado. La escasez pronto se convirtió en abundancia y el comercio -basado en el intercambio y la división del trabajo- velozmente convirtió a las colonias en luminiscentes centros de comercio; llegando el desarrollo y la necesidad de exportar los productos que –ahora- abundaban. Si bien el caso americano es uno incontestable de capitalismo, el ejemplo más llamativo es aquel de Suecia, país que en 1870 tenía un ingreso per cápita menor a la mitad del inglés y donde el crecimiento poblacional había arrasado con los recursos forestales masivamente. Entre 1850 y 1910, un millón –de los cuatro millones- de suecos emigraron a los Estados Unidos y a Europa en medio de la desesperación y la pobreza. Si bien 1870 se toma como inicio de la revolución industrial sueca, lo cierto es que los ajustes implementados anteriormente sirvieron de plataforma en la transformación económica. La reforma planteada años antes respecto a los derechos de propiedad de la tierra, la liberalización de la economía, la apertura del comercio – firmaron, en aquella época, un tratado comercial con Francia- y el desarrollo institucional permitieron al país crecer a una tasa promedio de 3% durante 60 años, transformando a un país pobre en uno de los más ricos y desarrollados en el mundo3. De igual manera, Taiwán ha demostrado –con un desarrollo económico fenomenal durante 40 años- la viabilidad del modelo liberal. En 1962, el PBI per cápita bordeaba los $170, a la par de Zaire y el Congo. La implementación de políticas liberales – liberalización de la economía, apertura comercial, reducción del peso regulatorio y alivio fiscal- se tradujo en un crecimiento económico “milagroso”. Hoy, el PBI per cápita ajustado es de $19,197, similar al de países tales como Inglaterra, Grecia e Israel. 3 Suecia aparece en el último -2005- índice del Programa de Desarrollo de las Naciones Unidas (UNDP) como el 6to mejor país del mundo para vivir. Ver: http://hdr.undp.org/reports/global/2005/pdf/HDR05_HDI.pdf 10
  7. 7. En el caso de los países de Europa Central y del Este4, la transición de una economía planificada –socialista- hacia una de libre mercado ha probado ser una de extraordinarios beneficios: “No hay ninguna duda en el objetivo: es el capitalismo (de mercado). No existe una posible “tercera vía” hacia el progreso económico. Nosotros no tenemos un plano coherente, estable y un modelo exitoso entre el capitalismo y el comunismo de planificación centralizada. Uno de los legados de los muchos programas de reformas que fallaron hacia finales de los 50s fue el desacreditar el modelo del “mercado social (o social de mercado)”. El mercado (puro) es necesario para organizar la producción e intercambiar y la propiedad privada es necesaria para incentivar a los agentes económicos” (pág. 16) La necesidad de integrarse al bloque de la Unión Europea sin duda ha influenciado en los países a realizar diversas reformas en dicho sentido. Empero, los mercados financieros han reconocido el salto cualitativo en los indicadores de estabilidad macroeconómica, calidad institucional y libertades económicas, respondiendo a ello con importantes flujos de Inversión Extranjera Directa. Hoy, la tendencia regional es a la convergencia en políticas tributarias planas y bajas, promoviendo con ello el desarrollo del capital humano y físico. Finalmente, el caso del sudeste asiático es reconocido ampliamente como otro “milagro” económico. Un reciente estudio publicado por el Asian Development Bank asegura que Asia ha sido históricamente una región altamente productiva –en 1820, el 58% de la producción mundial se concentraba en China e India- por lo que los ajustes y la aplicación de políticas públicas responsables –promoción de políticas comerciales, estabilidad macroeconómica y responsabilidad fiscal, así como mejoras en la calidad institucional- han contribuido a consolidar dicha importancia global luego de la era de políticas comunistas –centralizadas- implantadas en la posguerra. En el sudeste asiático, como en los países del este europeo, la decisión de cambio del modelo ha permitido crecer a cifras importantes, aliviando con ello la pobreza que imperaba en las regiones y mejorando la calidad de vida de sus habitantes. Como podemos ver, la receta ha sido consistentemente similar, y ello no es fruto de la casualidad. En una clara muestra de relación causa-efecto, ello es producto del entendimiento por parte de dichas naciones que el modelo capitalista es sólido, coherente y viable, ya que –como hemos planteado anteriormente- responde a las características innatas de la acción individual. Solo un modelo que reconozca al individuo como agente de acción y que éste –al actuar- requiere de libertad en la toma de decisión y de la menor intervención posible –de tal forma que las variables sean constantes y predecibles- puede funcionar recurrentemente como lo ha demostrado el modelo liberal –léase capitalista o de mercado-. 4 Ver: Islam et al (1993) “Making Markets: Economic transformation in Eastern Europe and the Post-Soviet states” en http://www.questia.com/PM.qst?a=o&d=52249984 11
  8. 8. ¿Dónde estamos? El naturalista italiano Antonio Raimondi decía que el Perú era un mendigo sentado en un banco de oro; nuestro historiador Jorge Basadre lo esgrimía similarmente llamándolo el país de las “oportunidades perdidas”. Siempre nos ha llamado la atención a los peruanos la brecha existente entre riqueza en recursos naturales –evidente si uno mira alrededor suyo en un país como éste- y riqueza económica –es decir, en ingresos per cápita-. Y es que, lamentablemente para nosotros, lo primero puede servir a lo segundo, pero ello no es a la vez ineludible. Las evidencias de países pobres en recursos naturales y ricos –económicamente hablando-, tanto como de países ricos en recursos naturales y económicamente pobres -en sentido estricto del término- así lo demuestran. Por ello, nuestros recursos naturales no significarán riqueza económica en tanto los peruanos no apliquemos medidas que permitan atraer a capitalistas –locales o extranjeros- interesados en cubrir determinadas demandas externas desde nuestra plaza. Mientras que las políticas económicas planteadas por los peruanos no otorguen confianza y seguridad sobre temas específicos de propiedad, estabilidad económica y tributaria, administración de justicia, apertura económica y calidad institucional, las oportunidades de inversión –que en nuestro país son cuantiosas y necesarias- seguirán siendo solo eso: oportunidades. En los últimos 60 años, desde el primer gobierno de Prado, el Perú ha tambaleado en una senda de intervencionismo, proteccionismo, mercantilismo, abuso tributario, expropiaciones –léase robo masivo por parte del estado- y corrupción. En resumen, en una senda de socialismo. Salvo dos marcados periodos de mediana apertura y estabilidad –el primer periodo de Fujimori y el periodo de Toledo-, la economía peruana ha sido una caja de Pandora: no era previsible la próxima acción del gobierno. Esa discrecionalidad y arbitrariedad por parte del estado ha mantenido a la plaza peruana como una suerte de “eterna novia”. Analizando el panorama económico local actual, el Perú se perfila positivamente. De hacerse ciertos ajustes necesarios, la posición en un plazo mediano podría ser significativamente distinta a la actual. La positiva evolución de los precios de los minerales y otros commodities -sumado a la devaluación global del dólar americano, las bajas tasas de interés, la madurez de algunas reformas realizadas en los noventas y el acceso al mercado americano gracias al acuerdo de preferencias arancelarias- ha permitido a diversos sectores productivos desarrollarse notablemente, especialmente en los últimos tres años. Dicho desarrollo no fue en vano. Los niveles de pobreza y pobreza extrema se han reducido durante los últimos 5 años en proporciones significativas, especialmente en el interior del país. Por ello, es necesario entender la relación entre crecimiento y alivio de la pobreza a fin de profundizar las medidas necesarias para producir mayor desarrollo económico. 12
  9. 9. Si analizamos las cifras de producción, veremos que el PBI promedio anual ha crecido sostenidamente entre julio del 2001 a diciembre del 2005, acelerándose en los últimos meses en tasas cercanas al 6%. Ello, que aparenta significar que progresamos, lamentablemente significa que estamos recuperando el tiempo perdido en la década del ochenta –ya que las decisiones de fines del sesenta y comienzos del setenta recién se logran visualizar adecuadamente en dicho plazo-. Así, si el Perú hubiese mantenido la tendencia lineal de la producción entre 1950 y 1976, hoy tendríamos un PBI 20% mayor al actual. En Busca de la Tendencia Lineal perdida 180000 160000 140000 120000 100000 80000 60000 40000 20000 0 1950 1952 1954 1956 1958 1960 1962 1964 1966 1968 1970 1972 1974 1976 1978 1980 1982 1984 1986 1988 1990 1992 1994 1996 1998 2000 2002 2004 www.bcrp.gob.pe PBI en Millones de Soles de 1994 Tendencia Lineal Autorregresiva 1950-1975 La causa principal –no exclusiva- de dicho crecimiento es, sin duda, el sector exportador. La balanza en cuenta corriente (que se mantuvo en rojo durante décadas) pasó al azul en diciembre del 2004, hoy siendo superavitaria en casi $1,000 millones. Si bien las capacidades productivas y una mejor administración por parte de los empresarios locales han influido en dicho giro, son realmente los mejores términos de intercambio –léase, precios de exportación- los que han originado dicha mejora. Ello se puede verificar en el hecho que la tasa de crecimiento de la producción es significativamente menor a la tasa de crecimiento de las exportaciones. Tener presente este punto es de suma relevancia al analizar las mejoras en la recaudación tributaria y el aumento del gasto corriente por parte del estado, lo cual realizaremos más adelante. Este último auge económico, como hemos visto, nos aproxima a la tendencia perdida en 1976. Nuestro PBI por habitante hoy día es similar al encontrado en 1974 (alrededor de s/.5,300 por habitante en soles de 1994). Así, es necesario reforzar la idea sobre la senda que hemos retomado luego de los desajustes vistos en las últimas décadas y -a partir de ello- fortificar la propuesta de profundización de las reformas aún pendientes, aquellas que permitan desarrollar y aprovechar las innumerables oportunidades de inversión. 13
  10. 10. Revisando esta última variable –inversión- podemos sostener que la misma se ha mantenido en sus niveles históricos (en el rango de 15% a 25% como ratio del PBI) desde 1950 a la fecha. Hoy, la inversión total bruta es 19.1%, significativamente menor a las de Ecuador (22%), Chile (23%), países europeos (promedio 19.6%) y – como paradigma- China (43.6%). Asimismo, la inversión bruta real por habitante en el Perú es de s/1,010, significativamente menor a la de 1981 (s/ 1,685). Es necesario mejorar, por ello, el clima inversor a fin de atraer capitales que permitan cubrir el déficit de infraestructura y de capitales fijos presente. Al mismo tiempo, es necesario relajar la presión tributaria, la cual ha logrado –como ratio- niveles europeos. PBI por habitante Vs. Exportación en Millones de S/. 5800 40000 35000 5300 30000 4800 25000 4300 20000 15000 3800 10000 3300 5000 2800 0 1950 1952 1954 1956 1958 1960 1962 1964 1966 1968 1970 1972 1974 1976 1978 1980 1982 1984 1986 1988 1990 1992 1994 1996 1998 2000 2002 2004 www.bcrp.gob.pe PBI por habitante en soles de 1994 Exportación Total en Millones de soles de 1994 Según el Índice de Miseria Impositiva publicado por Forbes5, encontramos al Perú –con 103 puntos- en niveles similares a los encontrados en Luxemburgo (108 puntos), Suiza (106 puntos), Estonia (100 puntos), y muy por encima de países desarrollados como Australia (97 puntos), Irlanda (90 puntos), Taiwán (82 puntos) y Singapur (79 puntos). Como vemos, pagamos impuestos “desarrollados” y recibimos servicios e infraestructura “subdesarrollada”. En los últimos cinco años, la recaudación registrada por la Superintendencia Nacional de Administración Tributaria (SUNAT) se ha incrementado de $6,205 millones –en el 2001- a $11,115 para el período 2005. Este crecimiento sustancial se resume principalmente en dos variables: un mayor nivel de la presión tributaria –la cual ha aumentado de 12.5% a 14.5% durante el mismo periodo- y a los precios internacionales de exportación. Dicha relación entre aumento de la recaudación y términos de intercambio, es importante recordarlo, deberá ser un hecho latente al estudiar el gasto corriente del estado. 5 Ver: www.forbes.com 14
  11. 11. Si bien, como hemos visto, la recaudación se ha casi duplicado en los últimos cinco años, lo cierto es que al analizar la recaudación interna –léase regional- encontramos que la gran asfixiada con dicha práctica es la capital, Lima. Con 24.8% de presión tributaria, Lima registra la tasa más alta (casi triplicando a su más cercano contendor, Ucayali, con 8%). Así, como podemos ver en la tabla inferior, el promedio nacional es de 14.5% y si se excluye a la ciudad de Lima, ésta se reduce a solo 3.5%6. Empero, y esto sí es importante, de la recaudación en valores, Lima contribuye con el 83% del total nacional. Es muy importante analizar y tener presente la presión regional vista ut infra, y compararla con el análisis sobre la pobreza a nivel regional. Presión Tributaria por Departamento 0.3 0.248 0.25 Si bien la presión tributaria de Lima bordea el 25%, lo cierto es que esta región 0.2 contribuye con el 83% de la recaudación en valores. 0.145 0.15 0.1 0.08 0.072 0.07 0.072 0.053 0.046 0.042 0.05 0.037 0.035 0.022 0.019 0.021 0.02 0.024 0.017 0.013 0.007 0.008 0.01 0.007 0.006 0.011 0.005 0.001 0 Huánuco Apurímac Ancash Junín San Martín Lambayeque Ucayali Promedio Nacional Amazonas La Libertad Madre de Dios Tumbes Arequipa Ayacucho Cajamarca Cusco Ica Huancavelica Lima Loreto Moquegua Pasco Piura Puno Tacna Fuera de Lima www.inei.gob.pe Al analizar el tamaño del estado, el cual marca el nivel de gasto y - consiguientemente- la presión tributaria, vemos que el mismo ha aumentado considerablemente en estos últimos cuatro años. En diciembre del 2001, el gasto no financiero del gobierno central –como ratio del PBI- se encontraba alrededor de 15.3%. Hacia diciembre del 2005, se puede encontrar al mismo en 14.8%. Sin embargo, si dicho gasto se analiza como valores absolutos, el mismo ha experimentado un crecimiento brutal, pasando de $8,500 millones a $11,500 durante el mismo lapso. En términos relativos, el mismo ha crecido en 35.3% en solo cuatro años. Si analizamos los gastos totales del gobierno central notaremos un crecimiento similar, casi $4,000 millones en el mismo periodo. El aumento considerable del gasto estatal basado en una mayor recaudación tributaria –la cual, como hemos visto, se resume principalmente en términos de intercambio- debiera sentar una sensación de extrema prudencia, ya que se contraponen ingresos de carácter transitorio –precios internacionales- con gastos de carácter permanente – gastos del gobierno-. Por otro lado, la mayor recaudación implica menor ahorro y ello, 6 Ver: “Arbitrariedad Tributaria” en www.institutoaccion.com 15
  12. 12. a su vez, involucra menor inversión, reduciéndose con ello la posibilidad de generar mayor desarrollo y –por consiguiente- mayor reducción en los niveles de pobreza. La pobreza se ha reducido considerablemente en el periodo estudiado, demostrando que el crecimiento económico se relaciona directamente con la reducción de la misma. Así, los niveles de pobreza se han reducido de 54% en el 2001 a 48% en el 20057. Si bien es cierto que dicha reducción es de suma importancia, es –en realidad- considerablemente mayor al analizar las cifras regionales. Éstas, demuestran que aquellas regiones que han dinamizado su economía –producto de la mayor inversión y la consiguiente mayor producción promovida por las mejoras en los términos de intercambio- han logrado niveles de reducción de pobreza y pobreza extrema trascendentales. Ejemplos como Cusco, Huánuco, Cajamarca y San Martín – en cuanto a pobreza extrema- y Tumbes, Lambayeque, Ica, y Ucayali –en cuanto a pobreza- demuestran las posibilidades de mejorar la calidad de vida de millones de peruanos de profundizarse y desplegarse políticas dirigidas al crecimiento económico estable. Recaudación, Gasto del Gobierno e Índices de Precios de las Exportaciones 7000 200 6000 180 160 5000 140 4000 120 3000 100 2000 80 1000 60 0 40 Ene00 May00 Sep00 Ene01 May01 Sep01 Ene02 May02 Sep02 Ene03 May03 Sep03 Ene04 May04 Sep04 Ene05 May05 Sep05 Ene06 www.bcrp.gob.pe Ingresos tributarios (mill. S/.) Gastos no financieros (mill. S/.) Índice precios - exportaciones (1994=100) Hoy, el Perú cuenta con cerca de 28 millones de habitantes, de los cuales 11.6 millones se concentran en 4 regiones: Lima (7.4 millones), Piura (1.5 millones), La Libertad (1.4 millones) y Cajamarca (1.3 millones). Sería, en este momento, importante responder una pregunta crucial: ¿dónde viven los pobres en el Perú? Sabemos que en términos relativos las zonas más pobres del país se encuentran en las regiones de Huancavelica (84.4%), Puno (79.2%), Huánuco (77.6%) y Cajamarca (74.2%); sin embargo, lo cierto es que en términos absolutos la pobreza radica principalmente en la urbe capitalina. Lima, centro industrial, comercial y financiero del país, alberga a más de 2’750,000 pobres, seguido por Cajamarca (948,000 habitantes bajo la línea de pobreza), Puno (936,000 habitantes) y Piura 7 Información proporcionada por el Jefe del Instituto Nacional de Informática y Estadística (INEI) Sr. Farid Matuk. 16
  13. 13. (931,000 habitantes), principalmente. Contrario a lo que siempre se ha supuesto, es la gran capital aquella que alberga la mayor población de personas viviendo bajo la línea de pobreza. Ello, sumado al hecho que durante los últimos cuatro años solo 4 regiones de las 26 existentes -Moquegua, Lima, Puno y Huanuco- han aumentado sus niveles de pobreza, sería necesario responder: ¿con qué factores se relaciona dicha variable?; es decir, ¿qué determina o responde a los niveles de pobreza señalados? Al realizar una correlación entre niveles de pobreza regionales y déficit de infraestructura, encontramos que se relacionan adecuadamente en todas las ocurrencias analizadas. El inadecuado desarrollo de la infraestructura en el Perú responde significativamente a la pobreza imperante a lo largo y ancho del país. Actualmente, se calcula que dicha brecha supera los $23,000 millones8, principalmente en servicios públicos de comunicaciones, vías, energía y saneamiento. Así, podemos resaltar que 13.4 millones de peruanos no poseen acceso directo a saneamiento –ello se relaciona, a su vez, positivamente con aumento de enfermedades tales como diarrea, cólera, fluorosis y parásitos- lo cual responde significativamente (con un R2 igual a 0.52) y donde –una vez más- la ciudad de Lima alberga al mayor porcentaje de la población (14.63%). En cuanto a servicios eléctricos, 7.3 millones de peruanos no poseen acceso al mismo. De igual manera, dicha ausencia de infraestructura responde significativamente (con un R2 de 0.58) a la variable pobreza, encontrándose mayoritariamente en las regiones Cajamarca, Piura y Puno. De la misma manera, pero con menor incidencia relativa, la ausencia de vías asfaltadas responde a la existencia de niveles significativos de pobreza y pobreza extrema. Hoy, las probabilidades de que un peruano transite por una carretera asfaltada son de solo 9% -asumiendo una distribución uniforme-. Finalmente, cerca de 10 millones de peruanos no cuentan con acceso a telefonía fija –tecnología que habilita concurrentemente el acceso a Internet y otros sistemas de comunicación-. De los mismos, cerca de 3 millones se encuentran en la capital, hallándose igualmente una relación entre la ausencia de dicho acceso y mayores niveles de pobreza –no obstante, la relación presenta una elasticidad muy rígida, lo cual implica que otros eventos responden a dicha variable (pobreza)-. Es indudable, de lo visto anteriormente, que el desarrollo económico y la inversión en infraestructura –simultáneamente- podrían significar un “milagro” similar a los vistos en países mencionados en páginas anteriores. Es, asimismo, necesario revisar las oportunidades de inversión a nivel regional a fin de anotar cual es la viabilidad o probabilidad que ello ocurra. A nivel regional, las oportunidades de inversión son –claramente- extraordinarias. El inventario de dichas oportunidades incluyen, como no, diversos 8 Ver: IPE “Infraestructura y Asociaciones Público-Privados”. 17
  14. 14. proyectos de infraestructura vial y portuaria, energética, de saneamiento y de comunicaciones. Sin embargo, las grandes oportunidades en un planteamiento privado se encuentran en los sectores de la minería, agroindustria, pesca, forestal, industrial y turístico. Hacer un listado de los principales proyectos sería extenso y estéril para el presente ejercicio, por lo que es necesario abstenerse de hacerlo. Si bien es cierto que las oportunidades descritas líneas arriba demuestran una clara oportunidad de desarrollo económico y de reducción del déficit de infraestructura –relacionado, como hemos visto, robustamente con indicadores de pobreza-, éstas solo se podrán realizar en tanto exista un liderazgo consistente en la aplicación de medidas que mejoren la calidad de las instituciones, la reforma y reducción del estado, la estabilidad macroeconómica y el alivio fiscal, así como la apertura comercial. Por ello, es innegable la necesidad inaplazable de rubricar la mayor cantidad de tratados de libre comercio (TLC) con países vecinos y desarrollados. El único camino Como bien señalan Islam et al (1993), no existe otra vía hacia el desarrollo que el capitalismo. Definido por Reisman (1998) como “el sistema social basado en la propiedad privada de los medios de producción”, el capitalismo se caracteriza por la división del trabajo, la búsqueda de beneficios por parte de los individuos y la libertad de decisión -basada en la no interferencia del estado en el mercado-. La economía de mercado –léase sistema capitalista- responde a los axiomas metafísicos de la acción humana: en primer lugar, que el hombre actúa; en segundo lugar, que el hombre, al actuar, lo hace siempre buscando pasar de un nivel de menor satisfacción a un nivel de mayor satisfacción. Así, cada individuo actúa en el contexto del principio estipulado por Rand (1964), el cual establece que cada persona es un fin por sí mismo. Por ello, bajo el sistema capitalista, cada individuo al actuar sirve a sus conciudadanos mientras se sirve de los mismos. En el mercado, libre de la intervención y la coerción del estado, los individuos actúan cooperando en un sistema caracterizado por la división del trabajo, en el cual no existen explotadores o explotados, solo el intercambio de capitales –humanos, físicos o monetarios-. Así, podemos encontrar a diferentes personas cumpliendo diferentes funciones e intercambiando –a su vez- sus respectivos capitales: emprendedores, capitalistas y trabajadores intercambian sus respectivos capitales a cambio de beneficios correspondientes. Como bien resume el economista francés F. Bastiat “por la virtud del intercambio, la prosperidad de un hombre beneficia al resto”9. Sin embargo, es importante destacar que son los precios –ratios de intercambio en términos monetarios- quienes guían a los productores al definir qué producir, cómo producirlo y en qué cantidad hacerlo. Los productores, a su vez, se rigen por los deseos de los consumidores –por lo cual Mises (1949) se referiría a los mismos como 9 Ver: http://quotes.liberty-tree.ca/quotes_by/frederic+bastiat 18
  15. 15. “soberanos”-. Es decir, son los consumidores quienes, al determinar sus necesidades y deseos al intercambiar en el mercado, establecen los precios; éstos, a su vez, señalan el rumbo adecuado a los productores. La interferencia del estado en las tasas de interés, en la emisión primaria, el control de precios y la regulación, desarticula los términos de intercambio, expidiendo con ello señales equivocadas tanto a productores como a consumidores. Allí nacen las anomalías; sin embargo, los estatistas claman por mayor intervención, achacando las fallas del mismo a una causa inexistente. Los estatistas siempre buscan formas de introducir mayor intervención, sin deducir que mayor estado implica mayor gasto y mayores anomalías en el mercado, lo cual a su vez produce menor ahorro y menor inversión, lo cual –a su vez- se traduce en menor desarrollo y mayor pobreza. Todo se ajusta a la ley de causa y efecto, como bien estipula el economista austriaco Carl Menger (1871). Hoy, nos encontramos frente a un proceso de desarrollo global donde la convergencia hacia una economía internacional implica el comercio, la inversión directa, el flujo de capitales financieros y de conocimiento, así como flujos de capital humano y tecnológico, fenómeno denominado como “globalización”. Dicho fenómeno no es -como comúnmente se estipula- nuevo en la historia económica. Procesos de integración económica se han producido anteriormente, siendo el más notable aquél realizado en el siglo XIX. Lo distinto en el actual proceso de globalización es la velocidad en la que fluyen los bienes y servicios, así como los capitales y flujos financieros. Los detractores de la globalización afirman insistentemente que el proyecto de integración es excluyente y empobrecedor. Los grupos antiglobalización advierten tercamente que el fenómeno polariza a los ricos y pobres, volviendo a los primeros más ricos y a los segundos más pobres. Nada es más alejado de la realidad. Si algo ha probado la globalización en los últimos años, es que reduce la pobreza en niveles nunca antes experimentados. Johan Norberg, en su artículo ocasional “Globalización y los pobres”, desmenuza la propuesta esgrimida por dichos grupos radicales, contrastando que no solo es equivocada, sino que –por el contrario- nada ha probado ser más eficiente en dicha dirección. En 1820, el 85% de la población a nivel mundial subsistía por debajo de la línea de extrema pobreza. Es decir, hasta hace solo 186 años, la mayoría de la población mundial vivía con menos de $1.08 por día a valores presentes. Recordemos que el hombre vive en sociedades gregarias desde hace 12,000 años aproximadamente; solo así podemos entender el torque del motor de la globalización. En ese sentido, lo histórico es la pobreza y la desolación, no así la riqueza. A comienzos del siglo XIX, específicamente en 1910, luego de 40 años de producida la Revolución Industrial, la pobreza extrema se situaba en 65%; en 1950, la misma se situó en 55%. Hacia 1970 se redujo a 35% y en 1980 era ya cercana al 30%. Hoy en día, la pobreza extrema se calcula en niveles menores al 20%. Inclusive, Surjit Balla (2002), ex economista del Banco Mundial, señala que dicha cifra es aún 19
  16. 16. elevada, calculando -en estudios propios que corrigen tendencias a la sobredimensión de las necesidades insatisfechas (medida a través de la cual miden dicha variable)- a la pobreza extrema en el año 2000 en niveles cercanos al 13%. Por ello, concluye que la globalización experimentada durante los últimos 20 años ha demostrado ser la etapa de mayor desarrollo, crecimiento y progreso, la cual –a su vez- ha beneficiado primordialmente a los más necesitados. Los antiglobalización, aquel grupo interesado en aplicar una ideología indiscutiblemente empobrecedora –como bien pueden dar cuenta los países de Europa del Este y del sudeste asiático-, esgrimen como fundamento esencial de su oposición la supuesta búsqueda por parte de los países ricos de colonizar nuevamente a los países pobres; esta vez, económicamente. Así, parten primero por enfatizar – equivocadamente- que el fenómeno es uno reciente: “La noción de globalización fue acuñada, precisamente, para dar cuenta de estos cambios y para nombrar un fenómeno que muchos vieron como imparable con la caída del bloque socialista y el fin de la guerra fría” (introducción)10. De igual manera, podemos leer en Larraín (2005) la tendencia por parte de dicho grupo a conectar el fenómeno con el concepto de colonización e imperialismo: “La confusión entre neoliberalismo y globalización se presenta a menudo entre los críticos del neoliberalismo que ven en la globalización la manera cómo el neoliberalismo se enmascara para hacerse más aceptable. Se trataría sin embargo de la misma ideología cuyo rol es justificar la dominación económica de Estados Unidos” (pág. 73)11. Si bien es cierto que la globalización es un fenómeno arraigado en la ideología liberal clásica y que –como se ha comprobado- es un fenómeno que ha existido en distintas eras (la primera, con el descubrimiento de América en el siglo XVI; la segunda, con los mercaderes ingleses en el siglo XIX), lo cierto es que la realidad contrasta significativamente lo expuesto por Larraín y otros antiglobalizadores. El fenómeno no es excluyente y beneficia -indiscutiblemente- en mayor medida a los países en vías de desarrollo. La polarización no es, como quieren hacernos creer, una entre ricos y pobres. Es, más bien, una entre aquellos que se inmergen en el fenómeno -desarrollándose con él- y aquellos que optan por mantenerse al margen - cerrando su economía y empobreciéndose en el tiempo (Cohen, 2006)-. La globalización, como hemos visto anteriormente, implica el desarrollo de las naciones en la mecánica inherente al proceso; es decir, dadas las ventajas comparativas entre las naciones y la división del trabajo –lo cual, predetermina economías de escala-, al intercambiar las naciones transan bienes de menor valor marginal por bienes con mayor valor marginal en posesión de otra nación que valora -similarmente- sus bienes de menor valor marginal por bienes de mayor valor marginal en posesión de otro país. Por decir, el Perú exporta uvas y espárragos a 10 Pajuelo y Sandoval (2004) “Globalización y diversidad cultural”. IEP Ediciones. 11 Larraín (2005) “¿América Latina moderna? LOM Ediciones. 20
  17. 17. Europa; en el primero, dada la abundancia actual de los mismos, el valor marginal de las uvas y espárragos es menor al valor de las divisas que obtenemos por dicha exportación; a su vez, los países europeos valoran más a las uvas y espárragos que importan del Perú que a las divisas con las que solventan dichos bienes. Es importante recalcar que, como en el caso anterior, ningún país entrega a otro bienes o servicios que considera de mayor valor que aquél que recibe a cambio; es decir, al intercambiar, ambos países ganan. Para los antiglobalizadores, eso es falso: “La tesis de que el comercio mundial agudiza la competencia y conduce a reducir costes, situación de la cual todos finalmente extraen ventajas, es claramente cínica”. (Beck (1997) pág. 166) Así, los grupos antiglobalización locales suscitan las mismas prédicas, falseando una realidad evidente. Empero, la razón de sortear la realidad y la racionalidad radica en –lo que mencionáramos al inicio- los diferentes objetivos que buscan uno y otro grupo. Los radicales tienen por objetivo fundamental la equidad; los liberales, la mejora en la calidad de vida de las personas12. Uno no es sinónimo del otro. Son dos objetivos diametralmente opuestos. El primero implica opacar a los más hábiles y emprendedores, aquellos que fungen de motor de la economía -al pronosticar los deseos y necesidades de los consumidores-. Lo segundo, implica permitir a cada individuo reconocer sus objetivos libremente y aliviar las barreras hacia el mismo. En un desentendimiento de lo que implica el intercambio comercial y a lo que aspira la globalización tildan incluso a la misma de totalitaria: “o está con ella o no se está”13. Lo último que pretendería un sistema o fenómeno de carácter liberal, es imponerse. Por ello es que países como Cuba, Venezuela y Bolivia –como ejemplos regionales- pueden optar por la autarquía, el subdesarrollo y la pobreza. Como bien decía el economista americano Jacob Hornberger “si alguien no es libre de elegir equivocada e irresponsablemente, entonces no es para nada libre”. El economista hindú Jagdish Bhagwati, en su sugestivo libro “En defensa de la globalización”, evidencia las ventajas más sobresalientes en la relación comercio- crecimiento: en primer lugar, aquellas economías que optan por abrirse son quienes obtuvieron mayores ganancias en el comercio, principalmente por la tendencia a la especialización; en segundo lugar, la formación de economías de escala a fin explotar adecuadamente la expansión de los mercados, lo cual a su vez permite adquirir mayores economías de escala aún; en tercer lugar, los beneficios mostrados por el incremento en la competencia, dado que economías cerradas tienden a producir monopolios domésticos; en cuarto lugar, las economías más abiertas se 12 Ver: Boron, Gambia y Minsburg (2004) “Tiempos Violentos”. Clacso Libros. En la página 21, Naúm Minsburg dice “Por ello, resulta imperiosa la amplia y efectiva participación de los diferentes actores sociales, que propongan, exijan e impongan un programa nacional de acción, diferente, real, posible, cuyo pilar fundamental sea el desarrollo socioeconómico con la mayor equidad”. 13 Ver: Almirón (2002) “Los amos de la globalización” Plaza James (página 357). 21
  18. 18. obligan voluntariamente a instituir estabilidad macroeconómica –principalmente baja inflación- a fin de no sobrevaluar el tipo de cambio; finalmente, los flujos de inversión extranjera directa son menores frente a la presencia de restricciones, haciéndolas a la vez menos productivas, por lo que dichos flujos buscan economías abiertas. Para cualquier persona que analice las ventajas y desventajas de un proceso de inclusión en la economía global es evidente que los beneficios son desproporcionadamente mayores. Si bien es cierto que en el corto plazo la globalización puede dañar sectores específicos y que la solución no va por otorgar subsidios gubernamentales –predispuestos naturalmente a arbitrariedad, corrupción, proteccionismo y mercantilismo-, es necesario entender que el proceso debe ser atendido en perspectiva de los efectos de rebalse que producen: el desarrollo del sector agroindustrial dinamiza indirectamente al sector trasportes, embalajes, imprentas, bancos y seguros, así como otros más. Así, el dinamismo de los sectores más competitivos -donde las ventajas se acentúan frente a competidores globales- permite a la mano de obra y calificada reubicarse en plazos de tiempo muy cortos -un claro ejemplo de ello es la Región Ica donde, actualmente, existe pleno empleo-. La globalización es un fenómeno recurrente en la historia humana en la búsqueda –por parte de los individuos- de mejorar la calidad de vida de las personas. Para los radicales, la persecución de la equidad invalida la cooperación y el intercambio libre con el consiguiente subdesarrollo y empobrecimiento. Al final, si todos somos pobres, somos –por lo menos- iguales. ¿A dónde vamos? Según un estudio publicado por la organización World Overpopulation Awereness (WOA)14, la población mundial en el año 2050 será cercana a los 9 billones de habitantes. Eso implica una tasa de crecimiento poblacional a nivel global cercana al 38% en los próximos 45 años y más de 500% respecto a la población mundial en 1900. En el 2050, la población de África habrá aumentado de 900 millones a cerca de 2 billones; mientras que la de Asia del sur está proyectada a crecer de 1.6 billones a cerca de 2.5 billones. En el caso de Europa, se espera que ésta se encoja de los 730 millones actuales a cerca de 600 millones; asimismo, Estados Unidos –dependiente de la tasa de inmigración- crece a un ratio estable. ¿Qué significa para el Perú estos datos? En primer lugar, dependerá de su propio crecimiento poblacional; en segundo lugar, de las medidas políticas que adopte en cara a dicho crecimiento demográfico. Lo que sí se puede inferir con mediana claridad, es que la demanda por bienes primarios se mantendrá probablemente constante, fluctuando ocasionalmente por burbujas –producto mayormente de la intervención del estado- las cuales tenderán a desaparecer rápidamente debido al aumento de la demanda de bienes y servicios. 14 Ver: http://www.population-awareness.net/ 22
  19. 19. Veamos, sin embargo, cuales son las tendencias respecto a los dos puntos arriba señalados. El Instituto Nacional de Estadística e Informática (INEI) ha proyectado un crecimiento de 53% en los próximos 45 años; es decir, para el año 2050 seríamos cerca de 43 millones de peruanos. Es destacable que el INEI aplica en la proyección -para dicho periodo- tasas de crecimiento decrecientes en el tiempo, llegando finalmente a una tasa de 0.5% (tasa de crecimiento poblacional encontrada en países como España, Francia, Noruega y otros países desarrollados). Sería necesario, por ello, hacer una proyección menos ambiciosa u optimista. Partiendo de los datos del último censo realizado por el INEI (2005) y utilizando la tasa de crecimiento más baja de los últimos diez años (1.5%), la población peruana en el año 2050 sería cercana a los 53 millones de habitantes. Ello, representaría un crecimiento de 90%; es decir, casi duplicaremos nuestra población en solo 45 años. Es importante recalcar que en el año 1900 éramos cerca de 3.8 millones; en 1950 cerca de 7.6 millones y en el 2000 cerca de 26 millones15. En la siguiente tabla, podemos analizar las consecuencias de una tasa alta de crecimiento poblacional y de un crecimiento similar de la producción. Como podemos apreciar, la producción por habitante es casi similar a lo largo de los últimos 55 años. Si realizamos un ejercicio similar aplicando tasas de crecimiento intermedias (1.1%), es decir, aceptando una reducción en la tasa debido a mejoras educativas, avances en los servicios de salud y el apoyo de instituciones con influencia en dicho tema, seríamos cerca de 47 millones a finales del 2050. Es decir, es casi un hecho que la población peruana aumentará hasta el 2050 entre 15 y 25 millones. Si bien podemos intentar analizar las causas de dicha tasa de crecimiento, ello es innecesario para efectos del presente ejercicio. Lo cierto es que experimentaremos un crecimiento poblacional muy elevado en solo 45 años y que –si no tomamos medidas adecuadas- dicho crecimiento puede ser nocivo para las próximas generaciones. 15 Ver: www.inei.gob.pe 23
  20. 20. Población, PBI per cápita y Exportaciones en Millones de S/. 30000 40000 35000 25000 30000 20000 25000 15000 20000 15000 10000 10000 5000 5000 0 0 1950 1952 1954 1956 1958 1960 1962 1964 1966 1968 1970 1972 1974 1976 1978 1980 1982 1984 1986 1988 1990 1992 1994 1996 1998 2000 2002 2004 www.bcrp.gob.pe Población en miles de Habitantes PBI por habitante en soles de 1994 Exportación Total en Millones de soles de 1994 Así, se podría concluir a priori que nos encontramos frente a una potencial crisis maltusiana16. Existen solo dos formas de reducir las probabilidades de dicha catástrofe: la primera, es una reducción brutal de la tasa de crecimiento poblacional; la segunda, un aumento sostenido e importante de la producción total nacional. La primera solución es casi pírrica a estas alturas: la reducción de las tasas de crecimiento poblacional se producen en espacios de tiempo muy prolongados, producto casi siempre de tres factores: una mejora en la calidad educativa, un desarrollo de los servicios de salud públicos y privados, y la no intromisión de factores religiosos e ideológicos. Esperar que en el Perú ocurran dichos eventos concomitantemente es un sarcasmo. Solo queda la segunda opción. Irremediablemente, por el juicio –léase razón- o por la realidad brutal que viviremos, los peruanos entenderemos pronto que éstos son años que podrían servir de “punto de inflexión”: o decidimos por la senda del progreso y del desarrollo sostenido o terminaremos en el listado de países subdesarrollados, al costado de las realidades subsaharianas. Es elemental deducir de lo antes descrito que solo queda una vía hacia el progreso y –con ello- a la reducción de la pobreza en el Perú. Sería tautológico a estas alturas volver a discutir o a defender el modelo. Sabemos cuál es y depende de nosotros su adopción o no. Lo que sí podemos forjar –a fin de concluir el presente ejercicio- es una conjetura sobre cuál será el nivel de la producción peruana en el año 2050 y medir a través del mismo, el grado de necesidad de adoptar el modelo. Recordemos que en los últimos 60 años nuestras políticas y decisiones han sido empobrecedoras; por ello 16 Teoría basada en la propuesta del economista ingles Thomas Malthus, quien predijo en 1798 una crisis debido a que la tasa de crecimiento poblacional era mayor a la tasa de crecimiento de la alimentación. En este caso, nos referimos a una mayor tasa de crecimiento poblacional frente a la tasa de crecimiento de la producción (PBI). 24
  21. 21. necesitamos estar conscientes del significado que dicho crecimiento poblacional podría implicar -de seguir por la senda errada de las últimas décadas-. Utilizando datos del Banco Central de Reserva del Perú (BCRP), el crecimiento geométrico del producto bruto interno para los últimos 55 años (desde el año 1950 hasta el año 2005) ha sido de 3.5%, muy similar al ratio (3.3%) para los últimos 10 años. Sin embargo, el crecimiento -en términos per cápita- es significativamente menor. La tasa de crecimiento geométrica de la producción per cápita para el periodo 1950-2005 es de 1.1%, mientras que la tasa para los últimos 20 años es 1.6%. Es decir, el crecimiento poblacional de los últimos 10 años ha sido menor (lo cual se puede corroborar asimismo en las tasas de crecimiento poblacional) y ello ha permitido generar mayor bienestar (lo cual se pude verificar con la reducción en los ratios de pobreza). Si bien el futuro es incierto (depende en gran manera de los liderazgos que experimentemos a nivel de gobernantes y presidentes regionales), existen probablemente tres tendencias medianamente marcadas: la primera es que elijamos gobernantes proclives a tendencias de apertura e integración en el panorama económico mundial, siguiendo las recetas arriba mencionadas; la segunda es que tengamos gobiernos mediocres e inconsecuentes, como aquellos de los últimos 20 años; y la tercera es que los peruanos elijan -como es la tendencia de ciertos vecinos recientemente- gobiernos autoritarios, estatistas, expropiadores y empobrecedores, tales como el régimen velasquista o la propuesta reciente del nacionalismo17. Lo importante, a modo de conclusión, es que podemos –fácilmente- seguir en la senda de los últimos 60 años y perder la oportunidad de generar el cambio necesario para afrontar los próximos 45 años donde, como hemos visto, aparecen señales de una crisis poblacional. El crecimiento de la población peruana difícilmente será frenado a tal punto que se adecue a nuestro crecimiento económico; sin embargo, si es factible que realicemos los cambios necesarios para que –incluso con dicho crecimiento poblacional- los peruanos desarrollemos una sociedad más rica, en el sentido estricto de la palabra. Conclusiones Como bien estipula Carl Menger, en sus “Principios de economía política”, todo está sujeto a la ley de causa y efecto. La economía política es la ciencia que estudia, basada en el análisis de las acciones individuales, los intercambios de bienes –léase, derechos de propiedad-. Al tener presente ambas proposiciones, es incuestionable la necesidad de perseverar en la propuesta de que el estado, al intervenir, genera confusión, alterna las valorizaciones subjetivas de los individuos, vulnera libertades individuales, y -con ello- genera efectos de rebalse no analizados a priori. 17 Representado en estas últimas elecciones por el Partido Nacionalista Peruano (PNP/UPP), liderado por el comandante Ollanta Humala. Ver: Garrido (2006). 25
  22. 22. Nos encontramos, hoy, frente a una demanda muy fuerte por parte de la población por más estatismo; es decir, que el estado asuma más roles y funciones. Ello, por supuesto, reduce la capacidad de ahorro, lo cual reduce –a su vez- capacidad de inversión; menor inversión significa menores puestos de trabajo y menor recaudación. Finalmente, de dicha menor recaudación y de dicha menor demanda laboral, es que nace la pobreza y miseria que abunda en nuestro país. En estos últimos cinco años, los peruanos hemos gozado de una envidiable posición frente a la revaloración de los precios internacionales de los bienes primarios. Como hemos visto, dicha mejora de los términos de intercambio ha permitido recaudar más -y con ello- inflar el gasto corriente del estado. Sin embargo, es trascendental entender que dicho gasto es –de ahora en adelante- de carácter fijo, mientras que dicha recaudación es de carácter variable. Este ejemplo de algo palmario destaca lo estipulado por Menger: las acciones y decisiones traen consigo consecuencias. Ellas serán positivas o negativas dependiendo de las decisiones tomadas. Lo único cierto, es que el tiempo transcurre y el no adoptar modelos adecuados y decisiones correspondientes agrava la situación de 13.3 millones de peruanos. Frente a la posibilidad de desarrollar lazos comerciales que beneficien directamente a millones de peruanos, los grupos radicales que han mantenido a los peruanos viviendo bajo prácticas estatistas, mercantilistas y empobrecedoras, hoy nos venden la idea de más estado, más proteccionismo y –por ende- más pobreza. Definitivamente, es una decisión que los peruanos debemos tomar: ingresar a la senda del desarrollo o seguir por la del empobrecimiento. La globalización es un proceso que, como bien dicen los grupos radicales, polariza. Empero, la polarización no es –como afirman los grupos radicales- entre ricos y pobres; la polarización es entre aquellos que participan del proceso de globalización –enriqueciéndose- y aquellos que optan por no hacerlo –empobreciéndose- . Lo que determina el futuro de un país no es tanto su presente como el modelo que opte hacia el futuro. 26
  23. 23. Bibliografía • Balla, Surjit (2002) “Imagine There´s no Country: Poverty, Inequality and Growth in the Era of Globalization” Two Policy Briefs, Institute for International Economics. • Barro, Robert (1997) “Determinants of Economic Growth”. Cambridge: MIT Press. • Beck, Ulrich (1997) “¿Qué es la Globalización?”. Barcelona: Ediciones Paidós Ibérica, S.A. • Bhagwati, Jagdish (2004) “In Defense of Globalization” New York: Oxford University Press. • Boron, Atilio, Julio Gambina y Naum Minsburg (2004) “Tiempos Violentos”. Buenos Aires: CLACSO • Chydenius, Anders (1765) “The Nacional Gain” En: www.chydenius.net • Cohen, Daniel (2006) “Globalization and its Enemies”. Cambridge: The MIT Press • Di Lorenzo, Thomas (2004) “How Capitalism Saved America”. New York: Crown Forum. • Diamond, Jarred (1997) “Guns, Germs and Steel” London: W.W.Norton & Company Ltd. • Garrido Koechlin, Juan José (2006) “Sobre el Nacionalismo”. Artículos Ocasionales del Instituto Acción No. 1 • Gundlach, Erich (1996) “Openness and Economic Growth in Developing Countries” Kiel Working Paper No. 749 • Helpman, Elhanan (2004) “The Mystery of Economic Growth”. Cambridge: Belknap-Harvard. • Islam et al (1993) “Making Markets: Economic transformation in Eastern Europe and the Post-Soviet states” en www.questia.com • Larraín, Jorge (2005) “¿América Latina moderna? Globalización e identidad” Santiago: LOM. • Menger, Carl (1871) “Principles of Political Economy”. Pensylvania: Libertarian Press, Inc. 27
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