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Situación económica en la unión europea
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Situación económica en la unión europea

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  • 1. SITUACIÓN ECONÓMICA EN LA UNIÓN EUROPEA Para discutir sobre los problemas económicos actuales de la Unión Europea debemos tener en cuenta en primer lugar los aspectos que llevaron a su creación: la primera propuesta para la integración europea surge en 1950 respondiendo a los problemas de desconfianza que se presentaban como consecuencia de los conflictos bélicos habidos en el continente. Seis países (Bélgica, Francia, R. F. Alemania, Italia, Luxemburgo y Países Bajos) conformaron la “Comunidad Europea del Carbón y del Acero”, cuyo principal propósito era contar con una autoridad autónoma que controlase los dos principales insumos de la industria bélica, dificultando el emprendimiento de acciones hostiles entre sus miembros. La integración europea no fue concebida como un proceso de integración, sino más bien como un medio de defensa. En 1957, con la firma de los “Tratados de Roma”, se establece la cooperación en los campos económico, político y social, trazándose como meta principal la creación de un mercado común que permita la libre circulación de personas, mercancías y capitales. Sin embargo, es recién en 1992 con el “Tratado de Maastricht” que se establece el marco institucional y los acuerdos para una “ciudadanía europea” y diez años más tarde empieza a circular el “Euro”, moneda única bajo la autoridad del Banco Central Europeo. Actualmente la Unión Europea se encuentra conformada por 27 países: Alemania, Austria, Bélgica, Chipre, Eslovaquia, Eslovenia, España, Estonia, Finlandia, Francia, Grecia, Irlanda, Italia, Luxemburgo, Malta, Países Bajos, Portugal, Bulgaria, Dinamarca, Hungría, Lituania, Letonia, Polonia, Reino Unido, República Checa, Rumanía, y Suecia, pero de ellos sólo los diecisiete primero nombrados han adoptado el mismo tipo de moneda, integrándose a lo que se le denomina Eurozona. Si bien este proceso les ha permitido contar con una moneda mucho más fuerte y eliminar los riesgos del tipo de cambio en sus transacciones, para ello debieron declinar el uso de políticas monetarias y peor aún, no se coordinaron las políticas fiscales comunes necesarias para equilibrar sus “estructuras económicas nacionales (…) altamente heterogéneas y con un grado de desarrollo, competitividad y productividad dispar… Alemania fomentó la exportación a través de la mejora de la competitividad vía reducción de costes laborales unitarios nominales ante una demanda interna anémica… Mientras, en los países periféricos (…) su crecimiento se cimentó en una expansión de sus demandas internas, la generación de burbujas de activos y la consiguiente acumulación de déficits por cuenta corriente” (Fernández, P. 2011). Consideramos que no se dio una adecuada planificación hacia el futuro, con objetivos y metas comunes: cada uno de los países que entraba a la Eurozona tenía su propia agenda de corto y mediano plazo, y hoy se aprecian las consecuencias. La política implantada por el gobierno alemán a partir del año 2003 aprovechó la libre movilidad de la mano de obra europea, por la cual difícilmente algún país de la Eurozona podría atajar el desempleo, ya que cuando una moneda de deprecia aumentan las exportaciones, la producción va a aumentar y con ello las empresas generarán nuevos puestos de trabajo, combatiendo así el índice de desempleo. Según Fujita, Krugman y Venables (2000) “la combinación de factores como una mayor accesibilidad y una mejor
  • 2. dotación de recursos humanos con la existencia de fuertes vínculos empresariales y de economías de escala y aglomeración en los centros, y menores costes de transporte, favorece una cada vez mayor concentración de la actividad económica”. De la misma manera opina Canova (2001) al expresar que “los rendimientos decrecientes a escala se explotan fácilmente sólo si los factores se pueden desplazar desde los lugares dónde son relativamente abundantes hasta las regiones dónde son relativamente escasos. Además, la adopción de técnicas de producción nuevas y más eficientes conlleva a menudo la introducción de bienes de capital diferentes o una organización de la producción distinta”. En el caso de la industria alemana, aprovechó las sinergias que se le presentaban para establecer un amplio desarrollo científico y tecnológico, que lo pusieron a la vanguardia en esa zona del mundo. De otro lado, y tal como se aprecia en un modelo de Curva de Phillips de tipo keynesiano, si en un país de la eurozona aumentara el desempleo existe la posibilidad de que la demanda interna baje. Al disminuir el consumo, las empresas bajan los salarios de los trabajadores y esto trae consigo un proceso de deflación. Sin embargo, esta baja de salarios se convierte en un arma de doble filo, pues puede ocasionar que otros empresarios sean tentados a invertir por la mano de obra barata, creando competitividad, o que los trabajadores emigren en masa, en busca de mejores condiciones salariales. Para entender el éxito que tuvo en el caso alemán, es importante resaltar el nacionalismo acendrado que impera en ese país, por lo que posiblemente en otro escenario no hubiese logrado los mismos resultados. Es importante tener en cuenta la opinión de Schettkat (2010), quien dice que “si el mayor de los agentes que operan en Europa, Alemania, sigue la misma política deflacionaria, la economía europea se ve muy afectada. Un país con inflación baja y superávit en la balanza exterior parece ejemplar, pero, en realidad, es una parte del problema de la divergencia europea e internacional tan importante como un país de alta inflación y con déficit en la balanza exterior. El uno no puede existir sin el otro”. Tenemos que considerar también que al estudiar el caso de la crisis griega actual, notamos que los rubros más importantes en su economía son manufacturas, que representa el 18% de su PBI, seguido por el rubro de agricultura con el 15%, es decir, sectores fuertemente intensivos en el uso de mano de obra, por lo que se podría debatir si la perfecta movilidad de este recurso al final ha repercutido en la contracción de la economía griega. En contrapartida el turismo, que es una de las principales fuentes de ingresos, ha debido verse beneficiado con esa perfecta movilidad de personas. El comité de vigilancia del plan griego (integrado por la Comisión Europea, el B.C.E. y el F.M.I.) quiere ver un proyecto de presupuesto realista para el año 2012. Esto significa hacer recortes drásticos del gasto mientras los ingresos se ven reducidos por la profundización de la recesión. Se estima que la economía griega se contraiga al menos un 5,3% este año y que alrededor de 40.000 trabajadores públicos están propensos a ser despedidos a finales de año. Los gestores de la deuda griega tratan de ultimar un paquete de 135 mil millones de euros de canjes de deuda de inversionistas del sector privado, lo
  • 3. que permitiría al país retrasar el pago de alrededor de un tercio de su deuda hasta 30 años. El 21 de septiembre Evangelos Venizelos, Ministro de Finanzas griego, anunció medidas para aumentar nuevamente los impuestos, acelerar el plan de despidos en el sector público y el recorte de algunas pensiones. También ha optado por una amnistía fiscal para aumentar los ingresos, la segunda en menos de un año, pero esas políticas no son bien vistas por el F.M.I., porque esas amnistías animan a los contribuyentes a dejar de cumplir con sus pagos con la esperanza de poder acogerse a otra en un futuro. Por otra parte, los € 2000 millones del plan pueden no ser suficientes para compensar un déficit permanente, de una recesión que ya va por su tercer año consecutivo. Sin embargo, todas estas fuertes medidas sólo permitirán superar los efectos más inmediatos, manteniendo latentes los problemas de fondo de la economía griega, producto de años de malos manejos y despilfarro fiscal. Entonces, los factores que en el pasado ayudaron a la economía alemana a aumentar su competitividad frente a los países vecinos parece que hoy están pasando la factura, pues tiene que acudir al rescate de sus vecinos menos fuertes. La producción o la fabricación en todo el mundo vienen disminuyendo, nos dice la edición del 04 de agosto de la revista “The Economist”, lo cual es preocupante: a la fecha algunos países como Alemania vienen actuando en pro del rescate financiero de otros países socios de la Unión Europea; sin embargo, la posibilidad de que la economía europea entre en recesión es cada vez más latente, a pesar que ya se oxígeno económicamente a Grecia e Irlanda y posiblemente Portugal también necesite algo de ayuda para poder afrontar la crisis económica. El panorama empeora aún más si a eso se le adiciona el aumento de las deudas externas en países como España, Francia y Bélgica. El caso francés tiene mayor relevancia debido a que es uno de los seis países europeos con calificación de deuda AAA. En los últimos años las perspectivas económicas francesas se han ido deteriorando, debido principalmente a la disminución de los gastos de consumo y al lento crecimiento de Alemania, su mayor socio comercial. Los bancos franceses tienen más deuda de sus pares italianos, españoles y griegos que los bancos en cualquier otro país fuera de la periferia, quedando en una situación muy expuesta a los deudores con problemas de la eurozona. Al comienzo de este año una recuperación en alza, liderada por Alemania, fue una de las razones para pensar que la eurozona podría soportar la crisis de la deuda. Sin embargo, el segundo trimestre fue una decepción, con la desaceleración del crecimiento del PIB del 0,8% al 0,2% en la eurozona y del 1,3% al 0,1% en Alemania. Francia no crecerá en absoluto. Nuevas previsiones oficiales dejan en claro que la desaceleración de la primavera no era casualidad ni un hecho aislado: el 20 de septiembre, el F.M.I. rebajó sus previsiones de crecimiento de la eurozona este año y el siguiente hasta el 1,6% y 1,1%. Unos días antes, la Comisión Europea previó una desaceleración del crecimiento a un virtual estancamiento, con un incremento del PIB del 0,2% en el tercer trimestre y un 0,1% en el cuarto. En la última reunión del Presidente francés Nicolás Sarkozy con la Primer Ministro
  • 4. alemana Angela Merkel el pasado 16 de agosto, se sugiere que todos los miembros planteen la limitación de las cláusulas constitucionales del déficit presupuestario, pero no se habla de la armonización fiscal y de una mejor coordinación del presupuesto, ni de un impuesto sobre las transacciones financieras. Por estas situaciones, que proyectan una imagen de intranquilidad, a muchos países de la Unión Europea las agencias calificadoras de riesgo crediticio les han venido bajando su calificación, por lo que deben asumir tasas de interés cada vez más altas por su deuda externa y seguir emitiendo bonos. “La presión sobre Grecia, Irlanda y Portugal -los tres peces pequeños para que han sido rescatados por Europa y el FMI hasta el momento- ha disminuido. Sin embargo, las tensiones en los más grandes, España e Italia, empeora rápidamente. El interés adicional que ambos países pagan al pedir prestado durante diez años, en comparación con Alemania, se elevó a los máximos de la era euro esta semana” (“The Economist”, 06 Agosto 2011). Los gobiernos de ambos países sostienen que la carga de su deuda es sostenible, pues en el caso de España los niveles de deuda pública están por debajo del promedio europeo, mientras que en el caso italiano, si bien representan un 120% del PBI, al excluirse el pago de intereses se cuenta con un superávit primario. Sin embargo, las políticas aplicadas por ambos países no logran terminar de convencer a los inversionistas, pues siguen enfocándose en el tema de recorte presupuestario, sin preocuparse por incentivar el tema de crecimiento económico. Ambas economías son solventes, pueden hacer frente a sus desequilibrios fiscales, pero no cuentan con liquidez en el corto plazo, por lo que una crisis financiera los impactaría fuertemente. Si bien es cierto que el rescate económico de Portugal afectaría la economía de Europa, no se compararía con las consecuencias de que España e Italia sigan esa misma línea de crisis, pues esto sí arrastraría al abismo las economías de los otros países de Europa, cuyos primeros ministros ya han dimitido o han tratado de dimitir en su cargo ante la terrible crisis que afrontan sus países, lo que desencadenaría adicionalmente una posible crisis en las esferas políticas y de los altos funcionarios del Banco Central Europeo: “El 9 de septiembre Jürgen Stark, economista jefe del Banco Central (…) anunció su dimisión por "motivos personales". El Sr. Stark se opuso a la compra del BCE de bonos del gobierno griego el año pasado. Cuando el banco empezó a apoyar también los bonos del gobierno italiano y español fue al parecer más de lo que podía tolerar. Axel Weber, presidente del Bundesbank hasta el 01 de mayo, se retiró de la carrera para reemplazar a Jean-Claude Trichet, el presidente del BCE, a comienzos de este año debido a reparos similares” (“The Economist”, 17 Septiembre 2011). En marzo de 2011 renunció José Sócrates, Primer Ministro de Portugal. José Luis Rodríguez Zapatero, Jefe de Gobierno español, ha adelantado las elecciones para el mes de noviembre entrante, como una salida para que el nuevo gobierno elegido pueda hacerse cargo de la crisis a partir del 01 de enero de 2012, mientras que la aceptación del Primer Ministro italiano, Silvio Berlusconi, está en los niveles más bajos desde su elección. Según The Economist (17 Setiembre 2011), esto es una muestra de que la única manera
  • 5. de detener la espiral descendente ahora es un acto de suprema voluntad colectiva de los gobiernos de la zona euro para erigir un aluvión de medidas financieras para evitar la crisis y poner la gestión del euro sobre una base más sólida. Para ello se deben adoptar cuatro medidas urgentes: en primer lugar, se debe dejar en claro que los gobiernos de Europa son considerados ilíquidos y que son insolventes, reestructurando la deuda de aquellos que no pueden pagarla. En segundo lugar, hay que apuntalar los bancos de Europa para asegurarse de que pueden soportar un incumplimiento soberano. En tercer lugar, es necesario cambiar la política macroeconómica de la zona euro, cambiando el enfoque por el recorte presupuestario hacia una agenda para el crecimiento. Y, por último, se debe iniciar el proceso de diseñar un nuevo sistema para detener un desastre cada vez que se cree de nuevo. Se hace notar como la confianza de los inversionistas se ve afectada y la incertidumbre sigue ganando terreno ante la crítica situación económica de varios países de Europa, que hace que se busquen inversiones en países que no pertenecen a la Unión Europea. En un artículo de la revista The Economist, se hace referencia a la intervención del estado japonés y del suizo en el tipo de cambio de sus respectivos países: “Es así que los bancos centrales de Japón y Suiza intervinieron por separado en los mercados de divisas para detener la continua apreciación del yen y el franco suizo, que amenaza las exportaciones y podría minar el crecimiento en ambos países. A raíz de la crisis de la deuda en los Estados Unidos y la zona euro ambas monedas han venido a ser vistos como refugios por los inversionistas” (The Economist, 06 Agosto 2011). Se da una situación en la que se aprecia de manera clara como el comercio internacional puede ser afectado, ya que los países que importan bienes y servicios de Japón o de Suiza, al encontrar una moneda extranjera apreciada disminuyen su demanda interna, ya que pueden compran menos bienes con su moneda doméstica, y por ende aquellos países ven disminuidas sus exportaciones, lo que deteriora su balanza comercial. Esto tiene su fundamento en la condición Marshall Lerner como lo exponen Krugman y Wells (2007): “El tipo de cambio real afecta a exportaciones e importaciones. Cuando la divisa de un país experimenta una apreciación real las exportaciones caen y las importaciones aumentan, y cuando padece una depreciación real las exportaciones aumentan y las importaciones caen”. Como puede apreciarse, el impacto de las políticas que se vayan a aplicar en Europa no sólo va a sentirse en esa zona. Posiblemente en estos momentos no exista una economía en todo el mundo que pueda salir bien librada de un fracaso europeo. Es necesario que se den señales de estabilidad y previsión ante posibles problemas. El B.C.E. debería declarar que está detrás de todas las deudas de los países solventes, listo para usar recursos ilimitados para evitar el pánico en el mercado. Esto sería consistente con su meta de garantizar la estabilidad de precios y financiera para la zona euro en su conjunto. Actuaría más bien como un tenedor de bonos de gobiernos solventes, los cuales serían vendidos de vuelta al mercado después de la crisis, con el fin de no monetizar la deuda pública. En el mundo de la recesión actual, el B.C.E. podría comprar varios billones de euros en forma de bonos sin desatar la inflación.
  • 6. Se ha hablado mucho de la crisis del dólar, pero se deja de lado la potencial crisis del Euro, pues al analizarla en términos macroeconómicos viendo el panorama de una economía global, se podría establecer que el riesgo de que Europa caiga en recesión se hace cada vez más latente, lo que va a ocasionar que los inversionistas dejen de invertir en euros y se refugien en otra moneda. Si ponemos como ejemplo el caso del dólar americano, en el corto plazo esto va originar que se valore con respecto al euro, lo que afectaría hasta el tipo de cambio en el Perú, pues el dólar aumentaría su valor respecto al Nuevo Sol, como ha ocurrido durante los días 22 y 23 de setiembre de 2011 en nuestro país, cuando el tipo de cambio llegó a 2.77 de los 2.73 en que estaba valorado, lo que ocasiona que la autoridad monetaria del país intervenga vendiendo dólares con la finalidad de menguar el aumento del tipo de cambio, el Nuevo Sol pierda su valor y el interés de los certificados que ofrece el Banco Central de Reserva baje. “The Economist” hace mención que la confianza en la zona del Euro se viene convirtiendo en una situación crítica, además que los rendimientos en los bonos italianos y españoles volvieron a subir por encima del seis por ciento, el EFSF (Fondo Europeo de Estabilidad Financiera) ya no cuenta con fondos suficientes para rescatar a Italia y España. Ante esto se puede decir que la deuda que presentan estos países hace que los bonos que ofrecen paguen intereses cada vez más elevados aumentando el rendimiento para los países prestamistas. “Mientras tanto, los grandes bancos en Alemania, Suiza y Gran Bretaña tienen más dinero de lo que pueden hacer buen uso por el traslado de los depósitos de sus clientes corporativos de los países más débiles o de los bancos más pequeños. Los beneficiarios son reacios a vincular el dinero en préstamos a largo plazo, porque temen que los flujos podrían revertir en cualquier momento… Así, el papel del Banco Central Europeo (BCE) se hace más grande. Los bancos del norte depositan sus excedentes de efectivo en lugar de otorgar préstamos en el mercado interbancario. Los bancos en la periferia recurren cada vez más al BCE por liquidez” (“The Economist”, 17 Septiembre 2011). La transición al Euro ha tenido sus costos como lo establece Krugman en el capítulo 19 de su libro Macroeconomía, pues la Unión Europea, al compartir la misma moneda comparte la misma política monetaria, pero lo que ocurre es que las condiciones económicas de los 17 países de la Unión Europea que han adoptado la misma moneda no son iguales. Es así que, España puede estar pasando por un proceso de recesión, sin embargo Alemania puede estar pasando por una expansión. Bajo estas circunstancias, a España le interesaría que bajen los tipos de interés mientras a Alemania le interesaría que éstos suban. Nuevamente se muestra la imperiosa necesidad de políticas concertadas entre todos los miembros, no se puede dejar al libre albedrío de cada gobierno de turno las decisiones de política que van a afectar en un futuro a todo el bloque. De hecho el seguir una política económica de talla única siempre generará controversias, es por eso que el Reino Unido, aún perteneciendo a la Unión Europea ha decidido mantener su propia moneda con un régimen cambiario flexible y aunque la incertidumbre
  • 7. aumenta, dejar que la política monetaria flexible se ocupe de la estabilización de la economía implica un ahorro en los costos generados por mantener grandes reservas de divisas paralizadas disponibles para intervenir en el mercado en el momento que se necesite, lo que implica tener una inversión con poca rentabilidad a largo plazo, sin dejar de tener en cuenta que grandes salidas de capital puede implicar que un estado se quede sin reservas con la finalidad de tener su tipo de cambio fijo. Pero el tener un tipo de cambio flexible también tiene sus desventajas, pues un país al no intervenir y dejar que la política monetaria sea la que se encargue de la estabilización económica, le será más difícil controlar la producción o PBI de un país y controlar su tasa de inflación. Al respecto Michael Parking (1995) aclara esta situación agregando la variable empleo, pues nos hace saber que un argumento a favor de la unión monetaria sería que la existencia de monedas individuales obstaculizarían el comercio entre los países miembros de la Unión Europea, reduciendo los beneficios que los consumidores podrían obtener de esta unión de estados, pues el hecho de estar convirtiendo una moneda a otra para comprar implicaría una mayor intervención de bancos que traería consigo pago de comisiones de parte de los consumidores por el servicio de cambio brindado, lo cual hubiese afectado la promoción del intercambio comercial. Cabría la pregunta sobre qué pasaría si uno de los países en problemas quisiese abandonar la eurozona. De acuerdo a “The Economist”, en su concepción la eurozona no establece una cláusula de salida legal. Si un país con problemas de solvencia, como por ejemplo Grecia, quisiese retirarse de manera unilateral, sufriría en primer lugar una corrida masiva de dinero en sus bancos, pues los depositantes retirarían sus euros antes de verlos convertidos a la fuerza en una nueva (y devaluada) dracma, y se tendría que imponer controles de capital. Las empresas griegas que posean créditos internacionales afrontarían el riesgo de quiebra, ya que pronto se quedarían sin dinero para cubrirlos, y la presión sobre otros países insolventes se incrementaría. Y si por el contrario, fuese un país fuerte como Alemania quien quisiese retirarse de la eurozona, el resultado sería igual de terrible: su nueva moneda se apreciaría, perjudicando a los exportadores. Además, los bancos y empresas alemanas, en una situación contraria de lo que sucedería con los de los países insolventes, sufrirían una devaluación abrupta de los activos ubicados fuera de su territorio. Como podemos apreciar, la reestructuración de la deuda de los países insolventes es el menor de los males para todos los países involucrados, y los montos que representa el rescate financiero son ínfimos comparados con las pérdidas que se producirían en caso que no se realice. Es importante recalcar también el hecho de que una ruptura de la Unión Económica sería catastrófica no sólo para las economías de esa parte del planeta, sino que posiblemente crearía un efecto dominó que arrastraría a las demás economías mundiales. En un escenario tan globalizado como es el económico, un recorte del déficit presupuestario mediante aumento de impuestos y supresión de gastos puede llegar a ser contraproducente, pues generan más conflictos sociales y aumentan el problema
  • 8. principal: la pérdida de credibilidad de los gobiernos. Según Larroulet y Mochon (1995) “con frecuencia los que ocupan empleos de responsabilidad en la Administración o en las empresas públicas se sienten tentados a considerar sus cargos como un eslabón más en su carrera pública, de forma que, al tomar decisiones, más que adoptar las medidas idóneas para una adecuada gestión a largo plazo, cuando éstas son impopulares se recurre a soluciones de parche sin afrontar los problemas en profundidad, pensando que su cargo actual es sólo algo temporal”. Los políticos tienen que darse cuenta que tienen un compromiso con sus electores, y que todas sus decisiones tienen consecuencias. No está en juego solamente su destino profesional, sino el futuro de sus conciudadanos. Es urgente el establecimiento de una política fiscal coordinada que ayudaría mucho a los países que tienen la misma moneda a enfrentar los problemas económicos por los cuales atraviesan, es así que el presidente estadounidense Barack Obama afirmó que: “Uno de los problemas a la hora de acordar soluciones es la diferente política fiscal entre los países que comparten una misma moneda. Al final, los países grandes en Europa, los líderes en Europa, tendrán que reunirse y tomar una decisión sobre cómo pueden conjuntar la integración monetaria con un conjunto más efectivo de políticas fiscales coordinadas… Ahora mismo hay una moneda única pero no un conjunto único de políticas económicas" (Antena3, 13 Setiembre 2011), algo que a su juicio complica la coordinación y la adopción de medidas. Aún cuando los países tengan objetivos similares se debe efectuar una coordinación de sus políticas. En algún momento se habló sobre la creación de los Estados Unidos de Europa, con una estructura de tipo federal por encima de los gobiernos estatales, pero a la vista de los últimos acontecimientos, todavía no estarían dadas las condiciones adecuadas. De similar opinión es el multimillonario financista griego George Soros, quien considera que: “la salvación de la eurozona requiere una política fiscal de todos para uno, uno para todos. La materialización de esa política serían los llamados eurobonos, títulos de deuda emitidos por la Unión Europea con el aval de la fiabilidad de todos los miembros del bloque. O, visto de otra forma, la eurozona podría endeudarse como una entidad única, con la responsabilidad de pagar recayendo en todos sus integrantes. Por tanto, debería haber una tasa de interés única en todo el bloque y un cuerpo soberano de facto capaz de determinar la política fiscal” (Peston, R. 2011). La factibilidad de estos eurobonos estaría basada prácticamente en el prestigio de la ordenada economía alemana, pero el tratar de instaurar una política fiscal común para la eurozona tendría múltiples implicancias, debido a los sensibles temas sociales que afectaría: los niveles de impuestos, los presupuestos gubernamentales o el nivel de los servicios públicos. Muchos ciudadanos se verían afectados por recortes presupuestarios decretados por autoridades que ellos no han elegido, y que posiblemente perciban como lejanas a su realidad. Si en países pequeños se da el centralismo, ¿cómo evitarlos en todo un continente? ¿cómo un funcionario establecido en Bruselas puede determinar cuántos empleados públicos griegos deben ser despedidos? En nuestra opinión, una autoridad de política fiscal centralizada podría acarrear mayores problemas sociales en el futuro, generando aún más incertidumbre a los mercados.
  • 9. Finalmente, coincidimos con lo expresado en el artículo publicado por “The Economist” el 17 de setiembre: “en lugar de la austeridad y la simulación, un rescate creíble debe comenzar con el crecimiento y, si es inevitable, una reestructuración seria de la deuda (…) Todas las economías en problemas, solventes o insolventes, necesitan un programa de renovación de la reforma estructural y la liberalización. La liberación de los servicios y las profesiones, la privatización de las empresas, reduciendo la burocracia y el retraso de la jubilación va a crear condiciones para un renovado crecimiento, y que es la mejor manera de reducir las deudas”. La liberación de servicios y profesiones involucra un acceso universal a la educación, sin distinciones en el caso de los inmigrantes o de las etnias. No es suficiente efectuar despidos masivos para reducir la burocracia mientras no existan nuevas industrias que puedan absorber esa masa trabajadora. No es suficiente retrasar el umbral de jubilación en dos o tres años, cuando existe desempleo entre la población más joven. Creemos que estos procesos deben ser llevados a cabo por cada gobierno soberanamente, con disciplina fiscal, en estrecha coordinación y comunicación con el resto de miembros, y explicando las consecuencias que podría traer una disolución de la Unión Europea, de manera que se pueda lograr un compromiso formal e integral de la ciudadanía.