"Si esto es la vida, yo soy caperucita roja"
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    "Si esto es la vida, yo soy caperucita roja" "Si esto es la vida, yo soy caperucita roja" Presentation Transcript

    • “ Si esto es la vida, yo soy caperucita roja” Luisa Valenzuela Interrelación entre un cuento de hadas y un cuento de la postmodernidad
      • Cuentos de Hades es una sección compuesta por seis relatos incluída en el libro Simetrías (1993).
      • Relatos basados en la deconstrucción de algunos de los más famosos cuentos infantiles.
      • Hades: es una indicación de qué es lo que deberíamos buscar en ellos: un descenso a los infiernos, un ejercicio de deconstrucción de los fundamentos de nuestra mitología, si consideramos mitos a los cuentos.
      • Son un viaje al origen de nuestra concepción del mundo, nuestros prejuicios y nuestros miedos.
    •  
      • Es una versión del cuento de Caperucita Roja.
      • Génesis de la autora: me pregunté un día por qué la madre de Caperucita, que se supone que es una buena madre, la manda al bosque tan peligroso donde mora el lobo feroz.
      • Parte de la respuesta es que el bosque simboliza a vida. Para madurar hay que atravesar el bosque.
    •  
      • La capita roja es la pubertad, la menstruación.
      • La autora, no agregó nada a la historia, la deconstruyó y la reconstruyó partiendo de los elementos básicos.
    •  
      • El camino de Caperucita es el camino que debe transitar la mujer para ser ella misma.
      • Debe acceder a la pubertad, salirse de madre, alejarse de la madre, asumir la madre y caminar hacia la abuela, es decir, hacia la “abuelez”,la sabiduría.
    •  
      • En el camino se encontrará con sus instintos, con su sombra, con sus oscuros deseos representados por el lobo.
      • En la medida en que a la mujer se la escinde de su parte oscura, de su lobo, nunca será un ser humano completo. Y el patriarcado, agradecido.
    •  
      • No. El lobo. Lo oigo, lo digo: no sirve de mucho. O sí: evito algunas sendas muy abruptas o giros en el camino del bosque que pueden precipitarme a los abismos.
      • El miedo. Compartimos el miedo. Y quizá nos guste.
      • No se puede volver para atrás. Al final de la página se sabrá: al final del camino.
    •  
      • Avanzando por su camino umbroso Caperucita tiene poca ocasión de aburrimiento y mucha posibilidad de desencanto.
      • La vida es decepcionante…lágrimas que por adelantado Caperucita va saboreando en su forestal camino mucho antes de toparse con los troncos más rugosos.
    •  
      • No son troncos lo que ella busca ahora.
      • Busca dulces y coloridos frutos para llevarse a la boca o para meter en su canasta.
      • Esa misma que colgada de su brazo transcurre por el tiempo para lograr –si logra- cumplir su destino de ser depositada a los pies de la abuela.
    •  
      • Y la abuela saboreará los frutos que le llegarán quizá un poco marchitos, contará las historias.
      • De amor, como corresponde, las historias, tejidas por ella con cuidado y a la vez con cierta desprolijidad que podemos llamar inspiración o gula.
      • La abuela también va a ser osada, la abuela también le está abriendo al lobo la puerta en este instante.
      • Porque siempre hay un lobo.
    •  
      • Soy sólo tuyo, niña, Caperucita, hermosa.
      • Ella no le cree. Al menos no puede creer la primera parte: puede que ella sea hermosa, sí, pero el lobo es ajeno.
      • Mi madre me ha prevenido: cuidate del lobo, mi tierna niñita cándida, inocente, frágil, vestidita de rojo…
    •  
      • ¿Por qué me mandó a bosque…? ¿Por qué es inevitable el camino que conduce a la abuela?
      • La abuela es la que sabe, la abuela ya ha recorrido ese camino, la abuela se construyó su choza de propia mano y después si alguien dice que hay un leñador no debemos creerle.
    •  
      • ¿Dónde vas, Caperucita, con esa canastita tan abierta, tan llena de promesas?, me pregunta el lobo, relamiéndose las fauces?
      • Andá a cagar, le contesto, porque me siento grande, envalentonada.
      • Y reanudo mi viaje.
    •  
      • La abuela es la que sabe, la abuela ya ha recorrido ese camino, la abuela se construyó su choza de propia mano y después si alguien dice que hay un leñador no debemos creerle.
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      • El lobo insiste en preguntarme dónde voy y yo suelo decirle la verdad, pero no cuento qué camino he de tomar…
      • Tampoco yo lo sé…
      • Y mi madre me dice..ten cuidado con el lobo, y yo ya tengo la misma voz de madre y es la voz que escuché desde un principio: toma nena, llévale esta canastita…y ten cuidado con el lobo.
    •  
      • Y mi madre me dice..ten cuidado con el lobo, y yo ya tengo la misma voz de madre y es la voz que escuché desde un principio: toma nena, llévale esta canastita…y ten cuidado con el lobo.
      • ¿Y para eso me mandó al bosque?
      • El lobo no parece tan malo. Parece domesticable, a veces.
    •  
      • A veces cuando duermo sola en el medio del bosque siento que anda muy cerca, casi encima, y me transmite escozores nada desagradables.
      • Yo soy Capericita. Soy mi propia madre, avanzo hacia la abuela, me acecha el lobo.
    •  
      • El bosque ya no encierra secretos para mí, aunque me reserva cada tanto alguna sorpresa agradable.
      • Sigo adelante. Voy en pos de mi abuela (al menos eso creo).
      • Y cuando al fin llego a la puerta de su prolija cabaña de troncos, me detengo un rato ante el umbral para retomar aliento
    •  
      • No quiero que me vea así con la lengua colgante, roja como supo ser mi caperuza, no quiero que me vea con los colmillos al aire y la baba chorreándome de las fauces.
    •  
      • No quiero asustar a la dulce ancianita: el camino ha ido arduo, doloroso por momentos, por momentos sublime.
    •  
      • Traigo la canasta llena. Y todo para ella.
      • Dormito un rato tendida frente a su puerta pero el frío de la noche me decide a golpear.
    •  
      • Y entro. Y la noto a abuelita muy cambiada. Muy pero muy cambiada. Y eso que nunca la había visto antes.
      • Ella me saluda, me llama, me invita.
    •  
      • Me invita a meterme en la cama, a su lado. Acepto la invitación.
      • Y cuando voy a expresar mi asombro, una voz en mí habla como si estuviera repitiendo algo antiquísimo y comenta:
    •  
      • Abuelita, qué orejas tan grandes tienes…
      • Y cuando abro la boca para mencionar su boca que a su vez se va abriendo, acabo por reconocerla.
      • La reconozco, lo reconozco, me reconozco.
      • Y la boca traga y por fin somos una.
      • Calentita.