Tent fanfani escolarizacion masiva con exclusion social
Upcoming SlideShare
Loading in...5
×
 

Like this? Share it with your network

Share

Tent fanfani escolarizacion masiva con exclusion social

on

  • 2,259 views

.

.

Statistics

Views

Total Views
2,259
Views on SlideShare
2,259
Embed Views
0

Actions

Likes
0
Downloads
20
Comments
0

0 Embeds 0

No embeds

Accessibility

Categories

Upload Details

Uploaded via as Adobe PDF

Usage Rights

© All Rights Reserved

Report content

Flagged as inappropriate Flag as inappropriate
Flag as inappropriate

Select your reason for flagging this presentation as inappropriate.

Cancel
  • Full Name Full Name Comment goes here.
    Are you sure you want to
    Your message goes here
    Processing…
Post Comment
Edit your comment

Tent fanfani escolarizacion masiva con exclusion social Document Transcript

  • 1. Ensayo/ Escolarización masivaReflexión Educativa.Revista Electrónica de Investigación del Posgrado de la UPNEscolarización masiva con exclusión social1 Emilio Tenti Fanfani2 Resumen: El presente ensayo propone una discusión en torno al papel de las políticas educativas y establece la necesidad de que éstas se articulen con las políticas económicas y las sociales a fin de lograr un acceso más igualitario al conocimiento. Se postula, asimismo, que la escolarización masiva por sí sola no es suficiente para romper con el círculo vicioso de la pobreza en Latinoamérica. Palabras clave: escolarización masiva, políticas educativas, pobreza, Latinoamérica Abstract: This essay proposes a discussion about the role of the educative policies and establishes the necessity of articulate them with economic and social policies in order to achieve a more egalitarian access to knowledge. It also postulates that massive escolarization by itself is not enough to break down the vicious circle of poverty in Latin America. Keywords: massive escolarization, educative policies, poverty, Latin AmericaIntroducciónDurante los últimos quince años, la cantidad de inscriptos en la enseñanza de nivel medioaumentó considerablemente en toda América Latina. El viejo colegio secundario se masificó enun contexto social donde también se expandieron diversas formas de exclusión social. En estascircunstancias, las discusiones sobre política educativa están plagadas de sentido comúninteresado. Muchos “expertos” y funcionarios de los ministerios de educación de América Latinahan llegado a preguntarse si los pobres “pueden aprender”. Así formulada, esta pregunta puedetener cualquier respuesta, lo cual es una prueba de que se trata de una falsa pregunta o unapregunta mal formulada. En las notas que siguen proponemos algunas reflexiones acerca de lascondiciones y consecuencias de la masificación de la escolaridad en la educación secundaria.1 En el presente ensayo retomo algunas ideas desarrolladas en mi libro La escuela y la cuestión social. Ensayos desociología de la educación (Siglo XXI, Buenos Aires, 2007).2 Investigador del Conicet, profesor titular de la Universidad de Buenos Aires y consultor del IPPE / UNESCO, SedeAmérica Latina. Reflexión Educativa Vol. 2 No.2, pp. 42-45/Ene-Jun 2007 42
  • 2. Ensayo/ Escolarización masivaLos pobres no son todos igualesEn primer lugar, ¿a qué nos referimos cuando hablamos genéricamente de “los pobres”? ¿Acasotodos son iguales? Cuando se dice que una gran proporción de alumnos de la enseñanza mediadel Gran Buenos Aires viven en hogares con ingresos por debajo de la línea de la pobreza, ¿sedice algo más que una verdad aritmética? Es obvio que no basta esta característica general comúnpara definir las condiciones sociales del aprendizaje. Además del ingreso per cápita, una familiatiene otras cualidades importantes: por ejemplo, un nivel educativo determinado, una trayectoria,un tipo de vínculo entre sus miembros, un capital acumulado –ahorros, bienes, propiedades–, unacultura, una conexión con las creencias religiosas, una determinada red de relaciones sociales(amistades, parentesco, etc.), una localización geográfica, un tipo de vivienda. Todas estascualidades o “variables” no son “secundarias” a la hora de determinar qué capacidad tiene unafamilia para invertir en educación. Esto lo saben bien los maestros, que por su función socialtienen más elementos para distinguir tipos de pobreza que los sociólogos que hacen estudiosmacrosociales. Los docentes saben mejor que nadie que una misma circunstancia adversa (por ejemplo, eldesempleo y la caída de los ingresos) incide de distintas maneras sobre las actitudes,comportamientos y respuestas de las familias en relación con sus hijos y su desempeño en laescuela. La disminución de los ingresos, de hecho, no necesariamente tiene consecuencias en laexperiencia escolar de los hijos. También el tiempo que se prolongue la situación de escasezmaterial puede determinar diferentes respuestas. No es lo mismo ser un desempleado reciente ointermitente que ser un desocupado crónico y de larga data. No es lo mismo ser un desempleadopobre en relaciones que un desempleado rico en capital social y por lo tanto con apoyo familiar.Lejos de ser insignificantes, estos matices son los que marcan la diferencia en materia decomportamientos y modos de transitar por las situaciones de crisis y dificultad. Ahora bien, lo cierto es que los pobres de América Latina están cada vez en peorescondiciones para acompañar y sostener la escolaridad y el aprendizaje de sus hijos. A su vez, elsistema educativo, pese a los programas compensatorios (comedor escolar, programas de becas,etc.), poco puede hacer para contrarrestar la pobreza de las familias. Cuando se evalúa la calidadde la educación, se observa una constante sociológica: los más ricos en capital (económico,cultural, social) tienen mejores oportunidades de aprender y desarrollar conocimientos valiososen los diferentes ámbitos de la vida. ¿Esto quiere decir que la escuela es impotente para romper elcírculo vicioso de la pobreza? Ni tanto ni tan poco. Una fórmula simple puede servir pararesponder a la cuestión: sin la escuela no se puede, pero la escuela sola no puede.Sin la escuela no se puede Es cada vez más evidente que en las condiciones actuales del desarrollo social no sepuede construir una sociedad más justa e integrada sin la escuela. En efecto, resulta claro que lariqueza de las sociedades y el bienestar de las personas dependen de la calidad y cantidad deconocimientos que hayan logrado incorporar y desarrollar. El conocimiento es un capital cadavez más estratégico para producir y reproducir la riqueza. Pero, entonces, ¿por qué extraña razóntendría una distribución más igualitaria que, por ejemplo, la tierra, los activos, el dinero? Algunos Reflexión Educativa Vol. 2 No.2, pp. 42-45/Ene-Jun 2007 43
  • 3. Ensayo/ Escolarización masivacreen que es un recurso que está igualmente disponible para todos, pero esto es una ilusión. Escierto que los medios masivos de comunicación e información –Internet, por ejemplo– ponen alalcance de la mano más productos culturales (obras de arte, textos, fórmulas) que cuando libros,cuadros y otras expresiones artísticas estaban concentrados en determinados lugares físicos ylejos del alcance de las mayorías.Hoy pareciera que todo el saber acumulado por las disciplinas está disponible para quien puedapagar el costo de unas horas de Internet, pero para hacer uso de Internet (lo mismo que para leerun libro) no basta tener acceso a la red, hay que saber qué es lo que se quiere y estar capacitadopara entender y dar sentido a la información. En síntesis, hay que tener conocimiento, y éste a suvez requiere aprendizaje, lo cual es una trabajo muy complejo y exige una combinación decondiciones y recursos que no están igualmente disponibles para todos. Por otro lado, el aprendizaje estratégico que les permite a los sujetos aprender durantetoda la vida requiere el auxilio de una institución especializada: la escuela. Por eso, para mejorarla distribución del conocimiento, la escuela es necesaria.Pero la escuela sola no puede El aprendizaje es el resultado de un proceso para el que es preciso contar condeterminadas condiciones sociales que la escuela sola no puede garantizar. Si se quiere construiruna sociedad más igualitaria, no basta contar con una política educativa adecuada, sino que espreciso articularla con políticas económicas y sociales. En ese sentido, la interdependencia entreel desarrollo educativo, el desarrollo social y el desarrollo económico de nuestras sociedades nosobliga a replantear la visión clásica de las políticas públicas. Ahora bien, toda reforma educativa, por buena que sea su intención, fracasará ante loslímites que la exclusión social pone a cualquier intento de democratizar el ingreso y elaprendizaje en las instituciones escolares. Sólo una estrategia integral (¿por qué no volver a laidea de “plan estratégico de desarrollo integral”, con las necesarias adecuaciones a los tiemposactuales?) puede contribuir a que la sociedad sea más rica, más igualitaria y, también, más libre. Sin ella seguirá reproduciéndose el ciclo de voluntarismo educativo-decepción-retorno delpesimismo pedagógico estéril y paralizante. Por eso, no basta con insistir en colocar el tema delconocimiento en el centro de las políticas sociales, sino que es necesario también procurar queocupe un lugar prioritario en cualquier estrategia realista de desarrollo económico nacional.El drama de la exclusión cultural Por último, es necesario tener en cuenta que estar excluido de la cultura no es lo mismoque estar excluido de los bienes materiales. En la sociedad argentina actual, pese a las carencias ydesigualdades de conocimiento y de aprendizaje, son pocos los que demandan y están encondiciones de “exigir” “Matemáticas” o “Lenguaje” (menos aún, “Física” o ”Química”). Hahabido movimientos sociales a nivel nacional y también local que pedían al Estado la fundaciónde escuelas o la ampliación del número de “bancos” escolares. Pero no es lo mismo la demanda Reflexión Educativa Vol. 2 No.2, pp. 42-45/Ene-Jun 2007 44
  • 4. Ensayo/ Escolarización masivade escolaridad que la demanda de conocimiento. Nuestras sociedades han sido mucho máseficientes en extender la escolarización que en desarrollar conocimientos socialmente valiosos entodas las personas. Vale la pena recordar que es más fácil construir escuelas en todo el territorionacional que desarrollar el aprendizaje en las personas. Lo primero exige voluntad política yrecursos. Lo segundo, ni siquiera sabemos muy bien cómo hacerlo, y además requiere de recursoshumanos, institucionales, pedagógicos, que es preciso desarrollar y en los que no bastasimplemente “invertir”. Lo cierto es que no existe propiamente hablando una demanda “natural” de conocimiento,o bien existe de un modo muy desigual. En realidad estamos en presencia de una paradoja: losque más capital cultural tienen son los que más demandan y exigen. En el extremo, los másdesposeídos de cultura son quienes están en peores condiciones de demandarla. Y esto tambiénrefuerza el círculo vicioso de las desigualdades. Creer que se puede romper este círculo apelandoa una política educativa “centrada en la demanda” (política que supone que esta demanda existe yes un “dato” al que únicamente hay que proveerle información para que se movilice) es unailusión. Sólo la voluntad colectiva de construir una sociedad más justa puede sostener políticas deigualdad. En este sentido, la escuela pública es uno de los últimos resabios del Estado Benefactor.Su presencia masiva en el territorio la convierte en una poderosa herramienta de política públicay, como tal, es un bastión de los valores colectivos que es preciso no sólo defender, sino inclusofortalecer y expandir. Más que subordinar la oferta a una demanda (inexistente o defectuosa), espreciso partir de la política. Es necesario redefinir el sentido mismo de la obligatoriedad escolarestablecida por nuestros padres fundadores (que eran liberales, pero de ninguna manerapartidarios del “espontaneísmo” ingenuo). Lo que debiera ser “socialmente obligatorio” es elconocimiento, no la escolarización. Y hoy nuestras sociedades pueden definir en formademocrática cuáles son los conocimientos fundamentales que es preciso poner al alcance de lasnuevas generaciones para garantizar su inserción en el desarrollo social. Reflexión Educativa Vol. 2 No.2, pp. 42-45/Ene-Jun 2007 45