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El hombre orquesta El hombre orquesta Document Transcript

  • El hombre orquestaNadie lo llama por su verdadero nombre, José Francisco Fernández. Todos lo conocen como Tato Garabato, el profesor que enseña Música en la Escuela de Enseñanza Media N° 211 de Villa Eloísa, y que también es docente de Expresión Corporal en un jardín de Rosario. Un maestro singular, que todos los días recorre muchos kilómetros por las rutas del sur de la provincia de Santa Fe para transmitir su amor por el arte.Ivan Schuliaquer / ischuliaquer@me.gov.arFotos: Ivan SchuliaquerTato Garabato siempre trae en su soquete un pedazo de hilo para un nuevo barrilete. Pero también instrumentos, juegos y creatividad. José Francisco Fernández según el documento, Tato Garabato por adopción y costumbre, vive en Cañada de Gómez, provincia de Santa Fe, y reparte su trabajo en otras dos ciudades. Viaja 40 kilómetros hacia el Oeste: es docente de Música y de Lenguajes Artísticos Comunicacionales en la escuela media del pueblo de Villa Eloísa. Y también recorre 70 kilómetros hacia el Este: es maestro de Expresión Corporal en el jardín Los Principitos, de la ciudad de Rosario.  <br />Hijo de una docente hoy jubilada y egresado de la Escuela Municipal de Música de Cañada de Gómez, Tato es un verdadero hombre orquesta que maneja trompeta, saxo, piano, armónica, flauta, bandoneón, acordeón, trombón, guitarra, bajo y una gran cantidad de instrumentos que él mismo construye con elementos desechables. Además es actor y, desde hace doce años, maestro.Elegir la docencia-¿Cuándo arrancó tu recorrido como docente?-Fue a los 11 años, cuando estaba en la escuela primaria. En ese momento armé un metalofón con caños que había encontrado en una mueblería y lo llevé a un taller que hacíamos en la escuela. La profesora -a partir de eso- decidió plantearlo como actividad para la casa de cada uno. Después la docente que estaba a cargo decidió renunciar, y el director me propuso si yo quería seguir con el proyecto. ¡Por supuesto que sí! Con la edad que tenía, me puse a coordinar el grupo donde armamos una bandita con xilofones, celestines, flautas, guitarras. A los 18 años también había hecho un reemplazo que me encantó. Y fue ese mismo director de mi primaria quien me llamó por teléfono cuando yo ya tenía 28 -y estaba metido con mi grupo de rock de aquel entonces, con las giras y grabaciones- y me preguntó si quería dar clases. Y dio la casualidad de que fue en la escuela primaria de Bustinza, donde había empezado mi mamá como maestra.-¿Qué recordás de tu experiencia escolar?-En la primaria, muy bien. El secundario fue otra historia. Mis dos hermanos me habían precedido, siendo excelentes alumnos; y los profesores pensaron que yo iba a ser como ellos. Todo lo contrario. Me oponía a todo lo que fuera obligatorio. Si me decían que estudiara de un libro, estudiaba de otro. Era una escuela muy rígida, incluso cuando llegó la democracia.-¿Y creés que el estudio formal de la música te sirvió?-Me parece que sí o sí, en algún momento hay que aprender cosas elementales de la música que están en el estudio formal. Ahora, por otro lado, lo que aprendés en la experimentación, en la investigación, en la construcción de instrumentos, en la búsqueda del sonido, no está en la educación formal. Cuando vos comprobás algo y decís "Sí, es verdad", resulta lindísimo.-¿Estás tocando en algún grupo?-Sí. No tocar se me hace insoportable. No podría estar sin armar un show, sin pensar la puesta, sin preparar un tema, sin pensar que va a haber alguien a quien transmitirle algo. Y he tocado desde tango hasta rock fusionado con folclore o jazz.Tato se reconoce como autodidacta y afirma que le gusta viajar para ir a dar clase y que también disfruta al cambiar de ámbito de trabajo: "Es una buena manera de ir incorporando cosas nuevas todo el tiempo". Hace ocho años que trabaja en la Escuela de Enseñanza Media N° 211 Malvinas Argentinas, de Villa Eloísa.Villa Eloísa es un pueblo de 3.000 habitantes al cual se accede desde Cañada de Gómez por la transitada ruta que conduce a Córdoba. La localidad tiene un gran problema: no hay transporte público para llegar allí. "Una isla", según muchos de sus pobladores. La situación hace que los docentes que viajan desde otras ciudades junten sus clases en pocos días; y también genera que la mayoría de las chicas y chicos que egresan y quieren seguir estudiando, deban mudarse sí o sí pese a que se encuentran a tan solo 100 kilómetros de Rosario.Mabel D´Andrea, la tesonera directora del establecimiento desde hace 22 años, habla de Tato: "Es como un mago de la música. Cualquier objeto que tenga lo transforma en instrumento. Y toda esa creatividad se la contagia a los alumnos, que perciben que no trabaja dentro de un marco rígido. Además, ellos cuentan con él: los escucha, juega y se ríe con ellos. Es una persona que da mucho, y eso también lo enseña".La 211 es la única escuela media de esta zona rural, lo cual, según Tato, genera una diversidad interesante en la conformación de su matrícula. A la vez, es un punto de referencia para todos los pobladores y para los chicos de la escuela, que se juntan allí incluso los días en que no hay clase.-¿Cómo es trabajar con adolescentes?-Muy lindo, y es un desafío. Para otros, a lo mejor consiste en mantener la estructura y hacer que el adolescente se adapte a eso. Como escribió Eduardo Galeano acerca de lo que parece estar estipulado: "Si fuma, tendrá cáncer. Si respira, tendrá contaminación. Si duda, tendrá locura. Si siente, tendrá soledad". Yo pondero que el chico piense y sienta, aunque siempre me pregunto si en la sociedad de hoy eso le hará bien. Hace poco, en noveno, llegó una de mis alumnas y me dijo: "Voy a ser profesora de Música y maestra de chicos especiales". Eso me descolocó. Me pregunté: "¿Estoy haciendo bien?". Igual, no me imagino trabajando de otra manera.-¿Qué tipo de relación creés que construís con las y los adolescentes?-En la docencia existe una carencia grande de un referente masculino. Entonces, muchas veces surgen temas que no tienen que ver con la materia. Y en la clase también hay que darle lugar a lo que no está planificado; por ejemplo, si aparece un problema que no es educativo sino existencial.-¿Dictar una de las "materias especiales" te da alguna ventaja?-Creo que uno presenta con mayor o menor pasión las cosas y, de acuerdo con eso, el alumno decide aprenderlo o no. Recuerdo a mis profesores de Física, que eran tan gráficos, tan copados al dar clase. Hacían todo con ejemplos tan cotidianos que llegaba un momento en el que te apasionabas. Hay modos de transmitir que le llegan al alumno. Claro que yo no podría hacerlo con materias que no siento.-¿Y cuál es tu manera de transmitir en la clase? -Creo que lo que se transmite con pasión quizás no lo entiendan en el momento, pero al menos les quedará la duda, la incertidumbre, y en algún momento se pueden preguntar "¿Qué quiso decir este?" y se pongan a estudiarlo, a aprenderlo. Pero los conceptos, las fórmulas y las teorías que uno maneja son tan pocas y limitadas, que siempre estoy esperando que me las contradigan, que me las refuten. No se animan a tanto, pero es buenísimo cuando sucede. Y si no puedo responder a eso, mejor. A veces solo lo hacen para contradecir, y también está bien. A mí me gusta el alumno que discute todo.-¿Qué particularidades encontrás en las y los adolescentes de hoy?-Noto la cultura del zapping y la invasión de lo audiovisual. Les cuesta escuchar algo durante un tiempo largo, necesitan cambiar muy rápido la atención. Por ejemplo, yo les leo un cuento a los chicos de la secundaria y necesitan los dibujos, les cuesta imaginar. Los de jardín, en cambio, no los precisan.Los más chicosDesde el año 2000, Tato es el maestro de Expresión Corporal de todas las salas en el jardín del Instituto Fisherton de Educación Integral, con alumnos y alumnas de entre 2 y 5 años. El cambio geográfico es brusco: del pueblo de Villa Eloísa a la ciudad de Rosario. El cambio de edad podría serlo también, pero para Garabato hay varias coincidencias.-¿Qué puntos de contacto encontrás entre los adolescentes y los chicos de jardín?-Hay mucha similitud. Me apasionan los dos ámbitos. El chiquito no tiene límites de imaginación, lo que sabe lo sabe por sí mismo, lo intuye; para un montón de cosas no tiene freno y las dice. La imaginación vuela. En el secundario, lo apasionante es construir cómo salir de los límites que les pusieron a esos chicos la educación, la sociedad, la familia, todos. No digo límites solo en cuanto a qué se puede hacer o no, sino al modo de pensar, porque el sistema aplana. Entonces, el objetivo es que puedan pensar por sí mismos. De un grupo de treinta, quizás dos enganchan esa onda, a lo mejor otros enganchan de más grandes; y otros, nunca.-¿Y cómo planteás las clases en el jardín?-Los chicos y las chicas están en una búsqueda constante y no se conforman. Trato de dar clases apasionadas, no muy planificadas; donde hablen, canten y pierdan el miedo al ridículo. Me gusta rescatar toda la expresión espontánea y utilizar recursos que den un vuelco a la clase, que descoloquen. Uno de mis instrumentos es un circuito eléctrico en el que -a partir de que uno da pasos-, se escucha una radio. Recuerdo que una vez se escuchaba algo de un partido entre Newell´s y Lanús, y un chico entendió que era "la luz contra los vampiros". Uno nunca sabe qué va a decir la radio. Y ahí arranca. Para qué ordenar eso después, si es tan lindo el desorden.-¿Por qué dejaste de dar clases en la escuela primaria?-Decidí hacerlo porque veía cómo los chicos que yo había tenido en el jardín perdían la frescura de la imaginación, el no límite y que todo empezaba a tomar una forma única. Está todo muy sincronizado, todos tienen que saber lo mismo y se deja poco lugar a las particularidades. Recuerdo un video donde se contaba una fábula en la que a todos los animales se les exigía lo mismo. Entonces, al pájaro le exigieron que cavara pozos como si fuera un topo, y se le rompió el pico. Al topo le ordenaron que se tirara desde la copa de un árbol, y se quebró una pata. Entonces, por perder de vista las particularidades tal vez les exigimos a todos los chicos lo mismo, y creo que hay que estar atentos para descubrir qué le puede servir a cada uno. Después, dentro del sistema hay que pluralizar y establecer ciertos saberes comunes.Dar claseEl auto de Tato está acostumbrado a viajar cargado: siempre hay algún instrumento o material para llevar a la escuela. Muchas veces, sus clases se transforman en grandes talleres de expresión: con lugar para el armado de instrumentos, la creación, el ensamble de sonidos, la actuación. Allí se mezcla: su ecléctica formación musical, teatral y docente.-A la hora de pensar tu trabajo, ¿qué lugar ocupa la experimentación?-Es fundamental; porque lo que se estudia, alguien lo escribió después de experimentarlo. Los investigadores nacieron antes que las profesoras y los profesores, y aprendieron cosas que decidieron transmitir de determinado modo. Y aunque parezca que sí, no todo está descubierto. Soy un autodidacta, no sé si está bien pero mi vida es así: la experiencia por sobre todas las cosas. Y también busco que en mis clases se experimente.-¿Y qué pasa con la pasión y el amor?-Yo no puedo dividir ni multiplicar sin el amor, y me comprometo de una manera en la que me cuesta mucho dar marcha atrás. En las clases me apasiono de una forma tal que a veces genera riesgos, porque el alumno me puede llegar a ver como un compañero.-¿Y qué creés que permiten expresar el lenguaje musical y el corporal?-La expresión musical tiene posibilidades infinitas, es un lugar desde donde un chico puede sacar un montón de cosas: un sueño, un deseo o lo que pasa en su casa. Y el cuerpo también permite poner en juego sentimientos y emociones que quizás no aparezcan de otra manera. A mí me gusta el teatro, la música, escribir; y cada cosa expresa algo que las demás no permiten. Tato vuelve a la ruta para emprender el regreso a Cañada de Gómez. En la próxima clase, los alumnos saben que habrá imprevistos, pero también saben que Tato Garabato siempre trae en su soquete un pedazo de hilo para un nuevo barrilete. <br />