Poesias De Ismael Enrique Arciniegas 2008

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  • 1. ANTOLOGÍA POETICA PRIMAVERA MI MUSA ¡Oh mi Musa! ¡Oh mi novia! ¡Oh mi pálida amada! Cuando el pesar mi corazón agobia, Como aurora me alumbra tu mirada. Del alma tú naciste, Creada en un delirio; Te di griego perfil, mirada triste, Cabellos rubios y color de lirio. Cuando tu pie se mueve Y a mí llegas en calma, Parece que vinieras de la nieve Y demandaras el calor de un alma. Indefinible encanto Hay en tu rostro impreso. Calla en mi alma del amor el canto, Muere en mis labios el ardiente beso. Siempre a mi voz respondes, Y a mí estás tan unida Que ni misterios en tu pecho escondes Ni hay para tí secretos en mi vida. Cuando a mi lado veo Tu faz radiante y bella, No me enciende la llama del deseo: Mi amor es rayo de lejana estrella. Llegas a mí sin ruido En noches estrelladas, Y tu mano en mis manos, al oído Me refieres leyendas y baladas. Y el paseo emprendemos Al rayo de la luna; Y cantando al compás de nuestros remos Bogamos en la diáfana laguna. En selvas rumorosas
  • 2. Te oigo historias secretas: Lo que sueñan las vírgenes hermosas, Lo que sueñan los pálidos poetas. A los silfos dormidos Tú, trémula, apostrofas, Y surgen de los cármenes floridos, Cual mariposas blancas, las estrofas. Y en castillos feudales, De góticas arcadas, Me narras los torneos medioevales Y cuentos de princesas encantadas. Mi Musa es Musa casta, Musa con aureola: Como su amor a mi ternura basta Reina en mi pecho, inmaculada y sola. ¡Oh novia sin engaños! ¡Oh Musa soñadora! Di siempre la canción de los veinte años En el fondo del alma que te adora. ARMONÍA LUNAR En la tranquila y recatada estancia, De áureos brocados y de roja alfombra, Un manojo de rosas su fragancia Al aire daba, en la naciente sombra. Suelto el rubio cabello, blanca y leve, Apareció la virgen soñadora, Y semejaba como airón de nieve Besado por un rayo de la aurora, En la penumbra medio oculto el piano, Confidente de sueños, se veía, Como aguardando conocida mano, Mensajera del ritmo y la armonía. ..... Y las notas vibraron. De la luna, Que desceñía sus flotantes velos, Un rayo entró a la estancia, como una Indiscreta mirada de los cielos.
  • 3. IN MEMORIAM… Tenía la tristeza del cielo en el otoño, La tristeza de un rayo de luna sobre el mar; Lo raro y misterioso que al corazón seduce, Y de un ensueño casto la dulce vaguedad. Su palidez hablaba de anhelos imposibles, —Estrellas apagadas en un lejano azul—, De anhelos imposibles en días de esperanza, Cuando se habría al cielo, cual flor, su juventud. Copo de nieve, copo que cruza las tinieblas, Intacto, así la vida cruzó su corazón. Selló un misterio siempre su alma. Y sólo un beso, El beso del Ensueño, su labio conoció. De sueños de pureza formó su virgen alma, —Enamorada eterna de un místico ideal— De sueños de pureza..... cual ramo de albas flores, Cual ramo que debía morir en un altar. ELEGÍA Valparaíso—1877 Caracas—1899 Bajo un Cristo de mármol, que sombrea una palma, Descansa para siempre la amada de mi alma. Bajo un Cristo que se alza con los brazos abiertos, La amada de mi alma descansa entre los muertos. Era un lirio en figura de mujer. Era un lirio Que la vida apagaba como llama de un cirio. Abstraída en sus sueños, a todo indiferente, Vivía vida interna, vivía mentalmente, Porque fue la incansable, la errabunda viajera Del azul y lejano país de la Quimera, Donde abrirse veía, bajo un cielo risueño, Los lirios no tocados, las rosas del Ensueño. Del tropel de los hombres esquivó la alegría, Flor pálida, flor triste, flor de Melancolía. Desligada de cuanto seduce y enamora, No pidió a las tinieblas de la noche, la aurora, Porque en su mente ardía siempre una clara estrella, Y su mundo de sueños iba siempre con ella.
  • 4. Ya, bajo extraños cielos, en edades remotas, Desde alcázar sombrío, junto al mar, las gaviotas Volar miraba, mientras entre las grises brumas Llegaban a la playa deshechas las espumas; Y a la senda lejana, que alumbraban los rojos Rayos del sol poniente, dirigía los ojos En vano. Y no llegaba su señor, el guerrero, El del caballo árabe, el del cortante acero, El del penacho blanco. Ya era Beatriz o Laura; Ya en los Juegos Florales era Clemencia Isaura, Y, Reina de la fiesta, bajo luces y flores, Los cánticos oía de errantes trovadores, Que en el feudal castillo loaban su pureza, Y al son de bandolines cantaban su belleza. De negro terciopelo vestida, y larga cola, De perlas adornada, y al cuello blanca gola, Por verdes alamedas con el amado iba En noches estrelladas y diáfanas. Furtiva, La luna, los miraba tras el ramaje espeso, En tanto que vibraba la música de un beso. Ya alzábanse en su mente fantásticas las calles, Llenas de luz y cantos, de un ideal Versalles, Y de acordadas músicas al dulce y vago son, De damas y galanes poblábase el Trianón, Y sobre altos tacones descansando su pie Era allí por su garbo la reina del minué..... Porque fne la incansable, la errabunda viajera, Del azul y lejano país de la Quimera. Amó el silencio. Vida de quietud fue su vida; De un ideal Ensueño la casta prometida, Buscó el silencio siempre, buscó el recogimiento, Y así nutrió en la calma de luz su pensamiento. Amó los versos tristes, los que cantan dolores Recónditos y mudos, y hablan de secas flores Que marcan una página; de soles extinguidos Que alumbraron la dicha de dos almas; de nidos Donde cayó la nieve; de los blancos pañuelos Que en la playa se agitan diciendo Adiós; de anhelos Imposibles; de plantas que punzan los abrojos..... ¡De nombres que son lágrimas eternas en los ojos! En su alma cantaba la armonía. El piano,
  • 5. Amado confidente, fue dócil a su mano, Y evocaban sus notas las leyendas del Bhin; La barca con el cisne del rubio Lohengrin; La luna sobre campos cubiertos por la nieve; La luna sobre lagos y sobre el mar; el leve Rumor del aura; el beso de un labio en la agonía: Las flores del sepulcro; la cama dura y fría De tierra donde duerme lo que en la vida amamos; La trenza de cabellos que en lágrimas bañamos; Por el ser que agoniza la postrimer plegaria, Y el grito en las tinieblas del alma solitaria. A mi memoria vuelve, como en felices días, A evocar del pasado recuerdos y alegrías; La muerte, de sus sombras calladas, la devuelve Intacta ante mis ojos, y torno a verla..... Y vuelve De traje gris vestida, su color preferido; Un ramo de violetas sobre el pecho prendido (Las flores que ella amaba); la cabellera oscura Y crespa, en dos partida; delgada la cintura; Esbelta; el busto breve como de estatua griega; Pálida como lago tranquilo donde riega Su luz la luna en noche de invierno; las pupilas Negras, con puntos de oro, y en torno azules lilas; La voz nerviosa y rápida; larga y fina la mano; La boca, dos botones de rosa en el verano, Y como perla de agua que al claro sol se irisa, Como radiante estrella, su púdica sonrisa. Así fue, y así vive. Vive así, casta y pura, En mi memoria, espejo do esplende su hermosura De nostálgica virgen, con nostalgia del cielo, Con nostalgia de mundos que conoció su anhelo, Con nostalgia de edades remotas. Es la estrella Que surge de las sombras, más diáfana y más bella. Como tronchado lirio la vi sobre su lecho, Como una flor de nieve: las manos sobre el pecho Y un crucifijo en ellas; el cuerpo frío, inerte; En sus mejillas pálidas las huellas de la muerte: Entornados los párpados; la nariz afilada, Y mustia ya la boca como una rosa ajada. Entonces, junto a ella, mudo caí de hinojos, Postrada el alma, y llenos de lágrimas los ojos, Y como ofrenda última de un casto y triste amor,
  • 6. Cubrí de blancas flores aquella muerta flor. ¿Amó? ¿Cruzó su éxtasis una imagen querida? ¿De un ideal Ensueño fue solo prometida? Cuando en las tardes grises, sentada en su ventana, Hundía las pupilas en la extensión lejana, ¿El que la amó en silencio, y ambicionó la gloria Por ella solamente, pasó por su memoria? En las noches sin sueño, cuando callaba todo En su alcoba de virgen, y, en la almohada el codo, A la luz de una lámpara, dejaba el pensamiento Libre vagar cual ave que va a mercad del viento, ¿No evocó su memoria los tristes corazones Que vieron en silencio morir sus ilusiones, Que nunca su ternura quisieron compartida, Y sin amor pasaron callados por la vida?..... De níveos azahares la cabellera ornada, De blanco, y con el velo de casta desposada, ¿Vio su noche de bodas, y vio el hogar tranquilo, La alcoba en la penumbra, de un puro amor asilo, Y con el alma inquieta, y el corazón opreso, Sintió sobre sus labios el anhelado beso? ¿Amó? ¿Cruzó sus sueños una imagen querida? Dormid, dormid con ella, secretos de su vida, En tanto que en silencio, y en noche sin aurora, Un alma, sola y triste, sobre su tumba llora! LA SALA DESIERTA Su ventana está cerrada, La ventana en que solía Asomar su faz mi amada Cuando la tarde moría. Quiero mi mundo evocar, Paraíso de quimeras..... Voy lo de adentro a observar Al través de las vidrieras. A la sala silenciosa Dirijo, inquieto, la vista,
  • 7. Y al ver que todo reposa Mi corazón se contrista. En medio a tanto mutismo, Cómo su ausencia resalta..... Todo está, todo, lo mismo..... ¡Ella solamente falta! Ya truncada estás, historia! Ensueños, ya sois huidos! Cuál llegan a mi memoria Aromas de tiempos idos! La silla que se halla al frente, Muelle parece que aguarda A la que lloro yo ausente, Aquella que tanto tarda. En la tallada consola Está abierta la novela Que leía cuando sola Pasaba la noche en vela, Como en aquella doliente Noche del último adiós, Cuando besé su alba frente, Cuando lloramos los dos… Como en noches de agonía, Noches de rayos y lluvia, Cuando en las manos hundía La hermosa cabeza rubia… Un ramo casi deshecho Mis ojos miran allí..... ¡El que llevaba en el pecho La última vez que la vi! Parece que ecos de danzas Cruzan el salón desierto..... El libro de las romanzas Está sobre el piano abierto; Y como todo lo abrasa El sol con sus resplandores, En el patio de la casa Secas estarán las flores.
  • 8. En medio a tanto mutismo Cómo su ausencia resalta..... Todo está, todo, lo mismo ¡Ella solamente falta! TROPICAL ¡Alta selva, morada de la sombra! Cuál se solaza el alma en tu frescura, Sobre tu muelle alfombra, Bajo tu dombo inmenso de verdura. En tí el génesis late; en tí se agita La savia creadora; Eres arpa salvaje, vibradora, Donde la vida universal palpita. Los árboles, pilastras de tu arcada, Se retuercen leprosos En la inmensa hondonada; Y muestran vigorosos Sus blancas barbas, que remece el viento, Cual guerreros pendones De gigantes en ancho campamento. Y el río, entre los antros pavorosos Donde ruedan las aguas turbulentas, Al chocar en los altos pedrejones Salta en recios turbiones, Y ruge cual si fueran las Tormentas Cabalgando en los negros Aquilones. En la orilla, debajo de las frondas, Se ve el plumaje de las garzas blancas, Y allá, del pasto entre las verdes ondas, Los toros muestran sus lucientes ancas. Es la cálida hora del bochorno; Abrasa el sol y enerva; Se inclina mustia la naciente yerba, Y arroja el suelo un hálito de horno. Se ven del tigre en el fangal las marcas; Y en la vaga penumbra, entre las quiebras, Junto a las negras charcas Yacen aletargadas las culebras.
  • 9. Trasciende el aura a vírgenes efluvios; El humo de la roza, azul y blanco, Sube de la montaña por el flanco, Y alzan las cañas sus airones rubios, Del sol a los fulgores, Como penachos de indios vencedores; Y traen a la vega, bulliciosos, Los vientos tropicales, El ruido de los plátanos hojosos Y el lejano rumor de los maizales. Y en la playa desierta, Sobre la seca arena, perezosos, Cual negros troncos, con la jeta abierta, Descansan los caimanes escamosos. En la cercana loma, En un recodo del camino, asoma Feliz pareja de labriegos. Ella, Núbil, fornida y bella, De ojos negros y ardientes, y de roja Boca virgínea, y de apretado seno Que forma curva en la camisa floja; Y él, atlético y lleno De juventud y vida, musculoso, Con muñecas de recia contextura, Hechas como muñecas de coloso De alguna raza extraña, Para domar el potro en la llanura, Para tumbar el roble en la montaña. Y la feliz pareja al fin se pierde, Entre la selva enmarañada y verde. Pan jadea, de lúbricos ardores Henchido el pecho, bajo el cielo urente Y pasa un soplo sensual, ardiente, Fecundando los nidos y las flores. SONREÍA EN SUS OJOS..... Sonreía en sus ojos, esmeraldas oscuras, —Ondas verdes y trémulas bajo negro follaje — El ensueño de un alma que persigue un miraje,
  • 10. Un miraje en que flotan cosas blancas y puras. Y de pronto a su vista se extendieron llanuras Dilatadas y yermas. Y en el frío paisaje —Mar sin olas—vio un ave de albo y terso plumaje, Que moría mirando las etéreas alturas. Y soñaba..... Y sus ojos de esmeralda, a lo lejos, A la luz de una estrella, de murientes reflejos, Una barca veían por el viento impulsada. Y siguió pensativa, la cabeza en las manos, Con el alma errabunda por los mares lejanos, Con los ojos hundidos en la sombra callada. POR LOS CAMPOS SILENCIOSOS Por los campos silenciosos del Ensueño, Tapizados de albas rosas y albos lirios, Por praderas de albos lirios y albas rosas Va flotando vaporoso el sueño mío. Es un sueño que se aleja..... que se pierde En las vagas claridades del camino, Y de nuevo se presenta ante mis ojos Con fulgores de ignorados paraísos. Es mi sueño, la visión radiosa y pura, La que canta dulces cantos a mi oído, Y parece blanco lirio o blanca rosa, Confundida con las rosas y los lirios. EN LA CALLE La calle sola, plácido el ambiente..... Un piano suena, y vibra con tristeza; Y al compás de la música doliente Mi pensamiento a divagar empieza. ¿Quién airanca esos ritmos que así gimen? ¿Qué alma en el mundo sin amor perdida Vierte esas notas trémulas que exprimen El dolor y el cansancio de la vida? Y sigue divagando el pensamiento..... Y de la luna al moribundo brillo,
  • 11. En alta roca donde silba el viento, Miro las torres de ojival castillo. Temblando llego al levadizo puente; Dormitan en la sombra los arqueros, Y del cielo en la bóveda luciente Parpadean los pálidos luceros. ¡Oh edad lejana que en mis sueños lloro, ¿En dónde está mi negro ferreruelo, Mi alto calzón y mis espuelas de oro, Y mi jubón de suave terciopelo? ¿En dónde está la hermosa castellana? ¿En dónde está la soñadora rubia, Que la escala no prende en la ventana, Como en las noches de tristeza y lluvia? Tiempo hace ya que tu presencia aguardo Y la angustia de mi pecho se dilata; Despierta ya que mi laúd de bardo Quiere entonar la alegre serenata. La última nota lánguida fenece, Y de la luna al moribundo brillo, En el lejano azul se desvanece La sombría silueta del castillo. SU ALCOBA Fatigada ya, su mano Sobre las teclas vagó, Y soñolienta arrancó El último acorde al piano. Y como aroma que exhala Una flor, y al viento flota, Aquella postrera nota Queda vagando en la sala. Y va la niña a su alcoba, Y se alzan visiones puras De las blancas colgaduras De su lecho de caoba. Por el alto mirador Entran a la tibia estancia
  • 12. El rumor y la fragancia De los naranjos en flor. Se ve al través del boscaje Un astro que parpadea, Y la brisa cuchichea En las cortinas de encaje. Y de un amor ideal, Memorias quizá adoradas, Hay flores secas, regadas En las mesas de nogal. Entre esos ramos dispersos, De festines olvidados, Muestra sus cortes dorados Abierto un libro de versos. Al fulgor azul y escaso Que la lámpara derrama Brillan cerca de la cama Sus zapatillas de raso. Y finge la luz visiones, Visiones que sonrientes Se reclinan indolentes En los tallados sillones. Y en la penumbra se ve, Bañado en tenue fulgor, Afuera del cobertor Su breve y rosado pie. Todo yace en calma. Hermosa La luna su lumbre riega, Y a besar el lecho llega Donde la virgen reposa. ¡Cómo su pecho se ensancha Ante esa luz de consuelo! Es la bendición del cielo Sobre esa frente sin mancha. EN PARÍS
  • 13. Mira! Es noche de lluvia. Deja el piano. Hace frío: cerremos los balcones. Abramos al amor los corazones Y vén conmigo a tu cojín persiano. Tu azul pupila, cielo de verano, Renueve las pasadas efusiones; Haz revivir las muertas ilusiones, Y abandona tu mano entre mi mano. El Sena se divisa a la distancia; París brilla en la sombra. Flota el sueño Y hay languidez y aromas en la estancia. Siga afuera tenaz la helada lluvia..... Si dormir quieres, duerme, dulce dueño, Y apoya en mi hombro tu cabeza rubia. LOS DOS POEMAS Al estruendo del mar, sobre un peñasco, Hornero meditaba su poema, Y oyó una voz, la voz del Universo, Que le dijo al través de las tinieblas: quot;Sólo serán palabras tus estrofas; No abarcarás, enano, mi grandeza: Son mis estrofas astros y montañas Y nota de mi arpa, la tormentaquot;. Dilatando su alma en lo Infinito Al Universo replicó el poeta: quot;Convertiré los dioses en estrofasquot;. ……………………………… Y siguió meditando su poema. NOX Eres lo que se sueña y no se alcanza, Visión no más, inaccesible altura, Astro que vierte lejos su luz pura, Espejismo en ignota lontananza. El desaliento al corazón avanza, Y en esta oscuridad nada fulgura. ¿A qué luchar sin fe? ¡Lucha insegura! Ya está crucificada la esperanza!
  • 14. Si después de esta noche no hay aurora, ¡Que se extinga este amor que el mundo ignora! ¡Que pase la visión radiante y bella! Mas al ver mi ilusión desvanecida, Para alumbrar las sombras de mi vida De tu recuerdo formaré una estrella. LUX quot;Eres lo que se sueña y no se alcanza, Visión no más inaccesible alturaquot;..... Así te dije en días de amargura Al mirarte en remota lontananza. Hoy todo es flores do mi planta avanza, Y en mi senda feliz el sol fulgura, Y ya viene hacia mí, radiante y pura, Con sus alas abiertas la esperanza. La fe muerta renace de sus ruinas, Y la corona que creí de espinas Hoy es laurel y triunfo y aureola; Toda tormenta resistir podremos, Y unidos para siempre, formaremos Un solo corazón y un alma sola. ATRACCIONES Oh mano larga y fina, mano que entre la bruna Noche parece un lirio besado por la luna; Oh mano delicada y exangüe, que armoniza De las pálidas perlas con la luz enfermiza; Labios que no supieron nunca reír, en donde Una vaga sonrisa, cual capullo se esconde; Pudorosas pupilas; ojeras azuladas, Nunciadoras de insomnios en las noches calladas, Cuando voz del pasado que un bien perdido nombra, Llega a nuestros oídos al través de la sombra; Palidez de la frente, cual palidez de cielos Invernales, que dice de callados anhelos,
  • 15. De sacrificio y luchas de una alma siempre sola Que vencida sucumbe sin amor ni aureola..... (¡Oh atracciones secretas..... misteriosa armonía!) ¡Cómo habláis sin palabras a mi melancolía! IRA SANTA Cuando se eleven ídolos de arcilla, Y se convierta en sombra lo que alumbra Y lo de falso brillo que deslumbra Oprima a la virtud que no se humilla; Cuando a todo se doble la rodilla, Y su saliva lance en la penumbra Lo que se arrastra, a lo que el vuelo encumbra, Lo que se esconde a lo que surge y brilla; Cuando pérfida mano apague artera Lo que en la noche a clarear aspira, Lo que en la frente fulgurar espera; Cuando al ara de Dios llegue la mofa, Que se convierta en látigo la lira, Que se convierta en bofetón la estrofa! ¡ADELANTE! (Prólogo del libro quot;La Lira Nuevaquot;) Al porvenir, con paso giganteo, Avanza ¡oh juventud! Sonó la hora. Potente, de la sombra enervadora, El pensamiento se alza como Anteo. Los ídolos se van, y erguirse veo La ciencia, en sus altares vencedora. Ya irradia en las tinieblas luz de Aurora; Ya rompe sus cadenas Prometeo. La augusta voz de redención se escucha, Y otra Musa ilumina el limbo oscuro En donde esclavo el pensamiento lucha. Adelante! El combate ha comenzado! Entonemos el himno del Futuro, En pie, sobre las ruinas del Pasado. 1885. OJOS DULCES Y CLAROS
  • 16. Ojos dulces y claros, de gracia peregrina, Más bellos que los ojos cantados por Cetina, Ojos dulces y claros, de gracia peregrina; Mano exangüe y sedeña, mano sedeña y breve, Donde duerme la casta blancura de la nieve, Mano exangüe y sedeña, mano sedeña y breve; Labios rojos cual pétalos de rosa purpurina, Labios rojos que un claro resplandor ilumina, Labios rojos cual pétalos de rosa purpurina; Ojos que sois fanales en mi noche, ojos claros, Labios rojos y manos cual mármoles de Paros, Dejadme de rodillas y en éxtasis besaros. JUNTO AL RHIN Junto al Rhin, el viejo río, El río de las leyendas, Un castillo silencioso Alza sus torres de piedra, Del señor de la comarca La sombría fortaleza. La niña de ojos azules Y rizada cabellera, De tez de nieve y de grana, Casto ideal de poeta; La que mis sueños tranquilos Cruza vaporosa, aérea, Cual Holda cruza el espacio En noches de primavera, La adorada de mi vida Que me ha jurado fe eterna, Allí vive, para el mundo Escondida su belleza. Cuando las luces se apagan En las sombrías almenas, Y el castillo está embozado En su manto de tinieblas, Llego vestido de paje A la marmórea escalera Donde me aguarda mi amada, La niña de rizas trenzas, La de los ojos azules
  • 17. Que me ha jurado fe eterna; Y el paseo comenzamos De brazo por la alameda; Y ella al oído me dice, Con voz apagada y trémula, —En mi hombro, pensativa, Reclinada la cabeza,— Lo que ha soñado en sus noches, Sus imposibles quimeras, Las ternuras de su alma, Sus recónditas tristezas; Y yo, soñador, le narro Cuentos de hermosas princesas Enamoradas de pajes Que han muerto de amor por ellas; Y al decirle mis dolores, Mis sueños y mis tristezas, Melancólica me mira, Llora, y las manos me estrecha. Y cuando en el cielo pálido Muriendo van las estrellas, La dejo en la escalinata Y repaso la alameda, Cabizbajo, recordando Lo que olvidé junto a ella, Lo que pensaba decirle: Más sueños y más promesas. Y cruzo el Rhin en mi barca... Y en tanto en las ondas crespas Juegan con la blanca espuma Las hadas de las leyendas. INVOCACIÓN Oh Musa de mis éxtasis testigo En las oscuras noches desoladas..... Al bañarme en la luz de tus miradas De la carne el espíritu desligo. De Grecia hermosa bajo el cielo amigo, A la sombra de olímpicas arcadas, Sobre las viejas ruinas olvidadas Quiero soñar y meditar contigo. Suelta al aire tu blanca vestidura; Muestra a mis ojos las radiantes cimas Y ahuyéntame el rigor de hados adversos.
  • 18. Transpórtame a región serena y pura, Da a mis estrofas las brillantes rimas Y pon frialdad de mármol en mis versos. Todas las ilusiones que te amaron, Las que quisieron compartir tu suerte, Mucho tiempo en la sombra te esperaron, Y se fueron..... cansadas de no verte. Cuando por vez primera En mi camino te encontré, reía En los campos la alegre primavera..... Todo era luz, aromas y armonía. Hoy todo cuán distinto..... Paso a paso Y solo voy por la desierta vía, —Nave sin rumbo entre revueltas olas— Pensando en las tristezas del Ocaso, Y en las tristezas de las almas solas. En torno la mirada no columbra Sino aspereza y páramos sombríos; Los nidos en la nieve están vacíos, Y la estrella que amamos, ya no alumbra El azul de tus sueños y los míos. Partiste para ignota lontananza Cuando empezaba a descender la sombra. ..... …Recuerdas? Te llamaba mi esperanza, ¡Pero ya mi esperanza no te nombra! No ha de nombrarte!.... Para qué?.... Vacía Está el ara, y la historia yace trunca. ¡Ya para qué esperar que irradie el día! ¡Ya para qué decirnos: Todavía, Si una voz grita en nuestras almas: Nunca! ……………………………………………………… Dices que eres la misma; que en tu pecho La dulce llama de otros tiempos arde; Que el nido del amor no está deshecho; Que para amarnos otra vez, no es tarde... Te engañas!.... No lo creas!.... Ya la duda Echó en mi corazón fuertes raíces, Ya la fe de otros años no me escuda; Quedó de sueños mi ilusión desnuda, Y no puedo creer lo que me dices.
  • 19. No lo puedo creer! Mi fe burlada, Mi fe en tu amor perdida, Es ancla de una nave destrozada, Ancla en el fondo de la mar caída. …………………………………… Anhelos de un amor, castos, risueños, Ya nunca volveréis.... Se van.... se: esconden. Los llamas?.... Es inútil.... No responden. ¡Ya los cubre el sudario de mis sueños! Hace tiempo se fue la primavera..... ¡Llegó el invierno fúnebre y sombrío! Ave fue nuestro amor, ave viajera, ¡Y las aves se van cuando hace frío! NOCHE DE INVIERNO —¿No escuchas?..... —Es la lluvia que roza los cristales. —¿No escuchas?..... —Nada temas. Es el rumor del Rhin. Son las heladas brisas, las brisas invernales Que juegan con las flores marchitas del jardín. Los pinos cabecean; el cielo está sombrío, Y el viento aulla, aulla con tétrico rumor; Afuera todo es muerte y soledad y frío..... ¡Ay de las almas tristes, las almas sin amor! —¿Leemos? —Lee, bien mío, como en lejanos días, Los cantos del poeta de tu país natal; Mas no!..... tiene más dulces y vagas armonías Tu voz que del poeta el cántico inmortal. Sobre el cojín de raso do apoyas la cabeza, De.la rosada lámpara al trémulo fulgor, En vivos resplandores irradia tu belleza Cubierta con el blanco y holgado peinador. Oh carne, oh carne mórbida, oh carne sonrosada, Oh labios que he besado con loco frenesí, Sois míos..... sólo míos! ¿Verdad, mi bien amada, Verdad que es tu hermosura tan sólo para mí? Corra la vida aprisa, destelle en el oriente
  • 20. El sol para las almas esclavas del dolor, Y siga en noche eterna mi corazón ardiente Soñando con la dicha, soñando con tu amor! Riega sobre mis hombros tu blonda cabellera; Unamos nuestros labios en ósculo sin fin..... Y deja que la lluvia sacuda la vidriera Y rumoree a lo lejos entre la bruma el Rhin. EXTÁTICA En medio de los hombres, amada, dulce y bella Cruzaba como una alba, como un radioso ensueño; Después su rojo labio dejó de ser risueño, Y semejaba, pálida, una enfermiza estrella. Las puertas de un convento cerráronse tras ella; Era todo lo humano, para su amor, pequeño; Y hoy se abre ante sus ojos .el mundo azul del sueño, Y finge que su planta ya el Paraíso huella. Lejos del mundo triste, donde el dolor es austro, Su alma es incensario, y aquella flor del claustro Derrama en torno suyo de santidad perfume. Cerrado para siempre su oído a la lisonja, De rosas y de lirios riega el altar la monja, Y en éxtasis, orando, su vida se consume. VOE SOLÍ! ¿En dónde estás, ensueño peregrino, Ensueño de mi vida sin ventura? Tarde, muy tarde, ante mi fosa oscura Quizá vendrás como ideal divino. ¿Dónde te oculta mi fatal destino? ¿Bajo qué cielo esplende tu hermosura? Sin tí en mi senda ni una luz fulgura… Sin tí es largo, muy largo, mi camino. Y te llamo con voz desfallecida, Te llamo y no respondes..... Y ya creo Que no vendrás, hermosa prometida. Y tal vez, ¡oh ilusión de mi deseo! ¡Oh mitad de mi alma y de mi vida!
  • 21. Tal vez paso a tu lado..... y no te veo. EN UN PARAMO De helada niebla bajo espeso manto, Sin una flor, desierto, triste y frío, Sin que se oiga de un ave el dulce canto, Así se extiende el páramo sombrío..... Lejos de tí, sin que tu rostro amado Sonría a mi dolor, dulce bien mío, Siento mi corazón triste y helado, Así..... como este páramo sombrío. EDAD MEDIA ¡Llévame, pensamiento, a aquellos días De torneos y músicas y flores, A esa edad del valor y los amores Y de las citas en las noches frías! Transpórtame a esos tiempos de alegrías, De empresas y de sueños tentadores, Cuando iban a cantar los trovadores, Al pie de las talladas celosías. Quiero ver a la hermosa castellana De codos en la reja, cuando flota Su pensamiento en la extensión lejana, Mientras llega al castillo el caballero, Con su penacho azul, su recia cota, Y en sangre tinto el toledano acero. LA RONDA DE NOCHE Allá en la oscura hondonada, Del sol a la luz incierta, Se ve la casa desierta En donde vivió mi amada. En medio al maizal tupido, Que se extiende hasta la loma, Parece blanca paloma Que cubre amorosa un nido. Cuando es de noche en la honda Y rumorosa cañada, Voy a la casa olvidada, Como alma en pena que ronda.
  • 22. En el largo corredor Sordo mi paso retumba..... Aquello parece tumba Que no embalsama una flor! Y me encamino a su reja Y pongo el oído atento, Y tan sólo escucho el viento Que alza, al pasar, una queja. Bajo cortina de hiedra, Donde con voz de reproche El aura gime en la noche, Se encuentra un banco de piedra, Y en él me siento a traer A mi alma, que arropa el duelo, Aquellas horas de cielo Que nunca habrán de volver; Horas en que ya sin calma, Del amor en el exceso, Temblaba en su labio el beso Y en sus pupilas el alma; Y en que su voz celestial Mi corazón arrullaba, Mientras la noche cantaba En el frondoso maizal. ………………………….. ..... ¡Oh alma! en vano la nombras, En vano buscas sus rastros!..... Serenos brillan los astros, Y el perro ladra en las sombras. DE REGEESO Cual mirada de amor, al valle manda El sol su luz ardiente y ambarina, Y al ocultarse tras la cumbre andina Más se embellece cuanto más se agranda. Y cuando asoma en la radiosa banda Del poniente la estrella vespertina, Los de la alegre jira campesina Al pueblo vuelven en jovial parranda. De la montaña en la sinuosa curva
  • 23. La luna alza su disco, y por la cuesta Sube gozosa la risueña turba. Y al son del río el rasguear contesta De tiples y bandolas, que perturba La muda placidez de la floresta. EL NIDO OCULTO Casi cubierta por espigas rubias Movidas por el céfiro voltario, Sin flores, y manchada por las lluvias, Vi una tumba en el valle solitario. ..... ¡ Ocaso de una vida de borrasca!... En una de sus grietas escondido A los ojos del hombre, y de hojarasca Y plumas hecho, palpitaba un nido. ……………………………………. ¡Alma llena de dudas y dolores, Cuando la sombra tu horizonte cierra, Piensa que hay inmortales resplandores, Auroras que no irradian en la tierra! Después de las borrascas de la suerte Se levanta la fe fortalecida. En la muda Elegía de la Muerte Canta el Epitalamio de la Vida. ARA ROTA Si has visto en ruinas tu ilusión querida: Si tu ideal, como antes, no fulgura; Si oscureció una sombra tu ventura; Si tu alma fue por la traición vencida: ¡Mira hacia el porvenir! A nueva vida Que se abra, como rosa, tu hermosura, Y arráncate ese amor, esa amargura, Como puñal de ensangrentada herida. Si el pasado es de lágrimas, un velo Impenetrable a tu pasado lanza, Y una nueva pasión será consuelo; Será flor en tu oscura lontananza, Será aurora en las sombras de tu cielo,
  • 24. Y de tu fe sin luz será esperanza. EL POETA BOHEMIO Desencajado, la pupila quieta Y trémulo el andar..... roto el vestido… Como en vagos ensueños abstraído, Del viejo bodegón salió el poeta. ¿Qué pena oculta, qué pasión secreta Clama en su pecho soledad y olvido? ¿Qué voz de indignación como un rugido Vibra en su labio y a los cielos reta? Y maldijo los cantos de su lira, Y llamó la Virtud un nombre vano, Humo, la gloria; y el Amor, mentira..... Y al caer desplomado en las baldosas, Traía el aura del jardín cercano Fragancia de jazmines y de rosas. FUGITIVA Dijo el Amor: (entonces a los lampos de un claro sol} en los serenos campos sonreía a la luz la primavera; en el soto arrullaban las palomas, y cada flor en los alcores era como un abierto búcaro de aromas). —quot;Yo seré tu poeta: tendrás flores Para tu frente, y rimas armoniosas Que cual perlas de luz darán fulgores, Y perfumes darán como las rosas. Seré espacio sin fin para tu anhelo, La ilusión que te encante..... Seré el azul de tu estrellado cielo, Seré la estrofa que en tu oído cante. Y en la onda dormida Donde los astros verterán risueños Su fulgor, en la onda de tu vida Seré la barca en donde irán tus sueñosquot;.
  • 25. Dijo la Muerte: (entonces a los lampos de un sol de invierno, los marchitos campos sudarios parecían, blancos de nieve y de verdura escuetos, y alo lejos los árboles fingían, en la bruma, un desfile de esqueletos). —quot;Yo soy la Segadora, La eterna Vencedora Que con el Bien y la Virtud en guerra Deja a su paso destrucción y duelo, La que troncha las flores en la tierra, La que apaga los astros en el cielo. Yo soy la Muerte..... Ven!quot; Cual rosa blanca, Como azucena en el vergel riente Que de su tallo el ventarrón arranca, Así la Virgen doblegó la frente. Amó..... Vivió..... Pasó.....! Fue nube leve Que llevaba benéfico rocío; En la montaña azul, copo de nieve, Y blanca espuma en el cristal del río. (Entonces, al radiar eterna aurora En las tinieblas de la tumba inerte, La Virgen, la vencida por la Muerte, Entró en el Paraíso vencedora). INMORTALIDAD ... all the boundless universo Is life – there are no dead J.L. Mc. Creery
  • 26. I A la luz de la tarde moribunda Recorro el olvidado cementerio, Y una dulce piedad mi pecho inunda Al pensar de la muerte en el misterio. Del occidente a las postreras luces Mi errabunda mirada sólo advierte Los toscos leños de torcidas cruces, Despojos en la playa de la Muerte. De madreselvas que el Abril enflora, Cercado humilde en torno se levanta, Donde vierte sus lágrimas la aurora, Y donde el ave, por las tardes, canta. Corre cerca un arroyo en hondo cauce Que a trechos lama verdinegra viste, Y de la orilla se levanta un sauce, Cual de la Muerte centinela triste. Y al oír el rumor en la maleza, Mi mente inquiere, de la sombra esclava, Si es rumor de la vida que ya empieza, O rumor de la vida que se acaba. quot;¿Muere todo?quot; me digo. En el instante Alzarse veo de las verdes lomas, Para perderse en el azul radiante, Una blanca bandada de palomas. Y del bardo sajón el hondo verso, Verso consolador, mi oído hiere: No hay muerte porque es vida el universo; Los muertos no están muertos.... Nada muere! II No hay muerte! todo es vida!,.... El sol que ahora, Por entre nubes de encendida grana Va llegando al ocaso, ya es aurora Para otros mundos, en región lejana. Peregrina en la sombra, el alma yerra Cuando un perdido bien llora en su duelo. Los dones de los cielos a la tierra
  • 27. No mueren..... Tornan de la tierra al cielo! III Si ya llegaron a la eterna vida Los que a la sima del sepulcro ruedan, Con júbilo cantemos su partida, ¡Y lloremos más bien por los que quedan! Sus ojos vieron, en la tierra, cardos, Y sangraron sus pies en los abrojos..... ¡Ya los abrojos son fragantes nardos, Y todo es fiesta y luz para sus ojos! Su pan fue duro, y largo su camino, Su dicha terrenal fue transitoria..... Si ya la muerte a libertarlos vino, ¿Porqué no alzarnos himnos de victoria? IV La dulce faz en el hogar querida, Que fue en las sombras cual polar estrella: La dulce faz, ausente de la vida, ¡Ya sonríe más fúlgida y más bella! La mano que posada en nuestra frente, En horas de dolor fue blanda pluma, Transfigurada, diáfana, fulgente, Ya como rosa de Sarón perfuma. Y los ojos queridos, siempre amados, Que alegraron los páramos desiertos, Aunque entre sombras los miréis cerrados, ¡Sabed que están para la luz abiertos! Y el corazón que nos amó, santuario De todos nuestros sueños terrenales, Al surgir de la noche del osario, Es ya vaso de aromas edenales. Para la nave errante ya hay remanso; Para la mente humana, un mundo abierto; Para los pies heridos..... ya hay descanso, Y para el pobre náufrago..... ya hay puerto. V No hay muerte, aunque se apague a nuestros ojos
  • 28. Lo que dio a nuestra vida luz y encanto; ¡Todo es vida, aunque en míseros despojos Caiga en raudal copioso nuestro llanto! No hay muerte, aunque a la tumba a los que amamos (La frente baja y de dolor cubiertos), Llevemos a dormir..... y aunque creamos Que los muertos queridos están muertos. Ni fue su adiós eterna despedida..... Como buscando un sol de primavera Dejaron las tinieblas de la vida Por nueva vida, en luminosa esfera. Padre, madre y hermanos, de fatigas En el mundo sufridos compañeros, Grermen fuisteis ayer..... ¡hoy sois espigas, Espigas del Señor en los graneros! Dejaron su terrena vestidura Y ya lauro inmortal radia en sus frentes; Y aunque partieron para excelsa altura, Con nosotros están..... no están ausentes! VI Son luz para el humano pensamiento, Rayo en la estrella y música en la brisa. ¿Canta el aura en las frondas?..... Es su acento! ¿Una estrella miráis?..... Es su sonrisa! Por eso cuando en horas de amargura El horizonte ennegrecido vemos, Oímos como voces de dulzura Pero de dónde vienen..... no sabemos! Son ellos..... cerca están! Y aunque circuya Luz eterna a sus almas donde moran En el placer nuestra alegría es suya, Y en el dolor, con nuestro llanto lloran. A nuestro lado van. Son luz y egida De nuestros pasos débiles e inciertos No hay muerte..... Todo alienta, todo es vida! Y los muertos queridos no están muertos! Porque al caer el corazón inerte Un mundo se abre de infinitas galas,
  • 29. Y como eterno galardón, la Muerte Cambia el sudario del sepulcro, en alas! PAISAJE De verdes sauces entre doble hilera, De la agria roca al coronar la altura, A lo lejos, cortando la llanura, Se ve la polvorosa carretera. Donde se parte en dos la cordillera Se divisa una casa, y su blancura Resalta del trigal en la verdura Cual si velamen de una barca fuera. Del saucedal bajo el ramaje amigo Clavo la vista en el hogar risueño, De dos almas talvez dichoso abrigo; Y bajo el peso de tristeza ignota Finjo visiones de un borrado ensueño, Y hondo suspiro de mi pecho brota. 34. MARMOL Y CARNE Al comenzar la escalera Del castillo solariego, Se ve una estatua de mármol De hermoso y turgente seno, De líneas y formas puras, De ensortijado cabello, Y labios donde parece Que están dormidos los besos. Tostado por los ardientes Soles del África, un negro, Cuando declina la tarde A la estatua llega trémulo, Y clava en ella los ojos, En donde hierve el deseo; Enajenado la abraza, Y los labios contrayendo Lleva las crispadas manos, Como en delirio a su pecho. ¡Cuántas veces cuando a solas
  • 30. Lloro en mis noches sin sueño, Tus desdenes, tus traiciones, Y arde en mi alma el infierno De un amor sin esperanza Y la fiebre de los celos, Viene a la memoria mía; Negro y trágico el recuerdo, De aquel corazón de mármol, De aquel corazón de fuego! LA BALADA DEL POETA A Luis G. Urbina Bajo un cámbulo en flor, en la llanura, Cerca de clara fuente rumorosa Que va regando a su redor frescura. Sin cruz la abandonada sepultura, El poeta suicida en paz reposa. Caprichoso juguete del destino, Pálido, siempre triste, torvo el ceño, Fue en extrañas regiones peregrino, Siempre buscando su ideal divino, Y siempre en pos de su imposible sueño. Una tarde, a los últimos fulgores Del sol, cuando en el viejo campanario Del Ángelus vibraban los clamores, Regresó, con su fardo de dolores, A su hogar el poeta solitario. ''Mi corazón, nos dijo, paz desea; Escribiréquot;..... Para luchar cobarde, Nada más escribió. Su sola idea Era la de la muerte..... Y otra tarde Lo vimos que salía de la aldea. quot;¿Dónde vas?quot; le dijimos. —quot;Una cita: Voy de prisa..... me esperanquot;..... Infinita Calma brillaba en su pupila inerte. quot;Quién?quot; —quot;No lo sé. Beatriz.... o Margaritaquot;. ..... Y su cita..... era cita con la muerte! Ya duerme..... Y a las sombras, a lo ignoto, A la negra, infinita lontananza,
  • 31. Lanzó el cansado y pálido piloto Su blanco Ensueño, como mástil roto, Como tabla deshecha, la Esperanza. Como es tierra maldita, no hay camino A donde el trovador descansa inerme. Huye su sepultura el campesino, Y al partir se santigua..... Solo duerme, Solo..... y en paz, con su laúd divino. Pero cuando la luna en los desiertos Ámbitos se levanta, como aurora, Como la blanca aurora de los muertos, Desentume el cantor los brazos yertos, Y en su huesa callada se incorpora. ¿Qué dulce voz de misterioso encanto Rompe el silencio de la noche? ¿Es una Serenata de amor?..... ¿Plegaria o llanto? ¿Notas de arpas celestes?..... ¡ Es el canto Del poeta, a los rayos de la luna! Y surgen a su acento, cual visiones, Las bellas heroínas inmortales De sus castos poemas y canciones..... De su vida, las blancas ilusiones; Del poeta, las novias ideales. Van surgiendo al vibrar de la armonía, Halo de luz sobre la frente, y llenas De albas rosas las manos..... Se diría De canéforas blanca Theoría, Bajo arcadas de mármol, en Atenas. En silencio lo escuchan..... Ni un acento Se levanta importuno..... Ni suspira Entre las ramas del guadual el viento. En torno, todo es paz, recogimiento; Todo es quietud al sollozar la lira. Callan al fin las notas armoniosas; Y a la luz de la luna, que en la quieta Llanura se difunde, las hermosas Ponen sobre las sienes del poeta Una corona de laurel y rosas. Vuelve a cantar la brisa..... Lentamente Las visiones se extinguen una a una;
  • 32. Como un áureo jardín es el Oriente, Y el poeta en la fosa hunde la frente, Mientras se borra en el azul la luna. LEYENDO Sobre la falda azul tenía abierto El libro en que leíamos los dos. De los sueños las blancas mariposas Agitaban sus alas en redor, Y la azul primavera en nuestras almas Cantaba, como alondra, su canción. Era una tarde llena de armonías, Y era a la sombra de un naranjo en flor. II Leíamos callados, y de pronto En voz baja leí: quot;Siempre un jamás De toda dicha terrenal es tumba. Mañana olvidaréis lo que hoy amáis. Labios que juran, corazón que miente... ¿A qué de humano corazón fiar Si constancia y amor y juramentos Son palabras..... palabras nada más?quot; III Trémula alzó su virginal semblante, Flor de belleza, flor de juventud. “¿Palabras nada más?quot; murmuró triste, quot; ¡Dime que no es verdad, dímelo tú!quot; Y llenos ya de lágrimas sus ojos, Donde brillaba del amor la luz, u No leas más..... no leas másquot;, me dijo, Y rodó el libro de su falda azul. EL CAFÉ De mi tierra en los ásperos breñales He visto abrirse sus fragantes flores, Que parecen, del sol a los fulgores, Nieve sobre los verdes cafetales. Y después, como fúlgidos corales, En explosión de vírgenes olores, Lo he visto entre los gajos tembladores, A la sombra de bosques tropicales.
  • 33. Ahora..... humea! Riega tu perfume; Del ideal las alas desentume Y agita en rauda conmoción mis nervios. En mí la inspiración sus rayos quiebre; Mi frente nimbe, y en sagrada fiebre Mis versos surjan, graves y soberbios. CORSÉ Corrido el cortinaje, Desde el balcón de enfrente vi su cuarto, El cuarto de la virgen que mi sueño Arrulla en las mañanas con su canto. Jarrones de Sajonia descansaban Sobre consolas de bruñido mármol; Y del sol que moría Los postrimeros rayos Hacían resaltar en la penumbra Las doradas molduras de los cuadros, Las lámparas de bronce, Los ricos muebles de nogal tallado, Y sobre el muro de color dé oro Los brillantes espejos venecianos. Y en un rojo sillón, que parecía A su dueña esperar, medio borrado Por la naciente sombra Se veía un corsé de blanco raso. Y pensé entonces en las frentes pálidas, Y en los risueños labios, En los azules ojos, Y en los cabellos áureos En las cinturas breves Y en los ebúrneos brazos; En el velo flotante de las novias Y de las niñas en los sueños castos, En las vírgenes carnes sonrosadas Y en los púdicos senos de alabastro. ¡Quién fuera su corsé, me dije entonces, Quién fuera su corsé de blanco raso, Para saber si late, Si.late aún su corazón ingrato!
  • 34. BETSY Era su nombre Betsy y era de Ohio. Un día, En que al azar vagaba por mi ruta sombría, Los dos nos encontramos. Y la quise por bella; Después amé su alma, porque mi alma en ella Vio una luz casta y blanca, vio piedad y ternura. Jirón azul de cielo rompió mi noche oscura, Y la luz de una estrella de fulgores risueños, Hizo abrir la dormida floración de mis sueños. ¿Qué fuerza misteriosa la puso en mi camino ?..... ¿Fue una intuición secreta quizá de mi destino La que a la senda suya llevó mi errante paso? ¿Fue casual ese encuentro?..... ¿Fue presentido acaso? No lo sé..... ni me importa. De raza puritana, De aquella raza austera que a la costa britana, Buscando hogar y patria, dijo adiós sin tristeza; De los lagos del Norte rubia flor de belleza; Los libros y la música su amada compañía, Y esquiva a los arranques de ruidosa alegría; Su flor dilecta, el lirio; mística en sus anhelos, _Palomas que sus alas tendían a los cielos;— En contraste sus hábitos y su elación divina Con todos los impulsos de mi raza latina; De regiones distantes dos solitarias palmas, ¿Qué fuerza misteriosa juntó nuestras dos almas? II De su idioma, al principio, pocas frases sabía, Mas mezclando palabras de su lengua y la mía, Con versos que copiaba de antiguo Florilegio, Y dísticos de Byron que aprendí en el Colegio, Le dije muchas cosas..... muchas, en el balneario Donde por vez primera la vi. (Del solitario Poeta fue la Musa desde entonces). Su gracia Y atractiva belleza; su aire de aristocracia; Su cabellera blonda, de un rubio veneciano, Y su perfil de antiguo camafeo romano;
  • 35. Sus ojos pensativos y de mirar risueño Donde flotaba a veces el azul de un ensueño; Sus mejillas rosadas como un durazno; el breve; Esbelto busto, en donde tuvo vida la nieve; Sus veinte años..... ¡ Qué hermosa primavera florida! ¡Todo en ella era un himno que cantaba la vida! En bailes, en paseos, en la playa..... doquiera De todos los galanes la preferida era. Con su traje de lino, con su blanca sombrilla, Con sus zapatos grises de reluciente hebilla, Y el sombrero de paja con una cinta angosta, Nunca se vio más bella mujer en esa costa. Quiso aprender mi lengua: cambiábamos lecciones, Y así fueron frecuentes nuestras conversaciones; Hasta que al fin un día—mi alma de ella esclava, — Le dije que era bella..... muy bella y que la amaba. Pasado ya el verano, adiós al mar dijimos, Y en tren, expreso, todos a la ciudad volvimos. III Rodaban..... y rodaban las hojas, desprendidas En raudos torbellinos, por parques y avenidas; Del ábrego se oían los resoplidos roncos, Y entre brumas se alzaban casi escuetos' los troncos; En las calles formaba la lluvia barrizales Y eran soplos de invierno las brisas otoñales. Rodaban..... y rodaban las hojas. De ceniza Parecía el crepúsculo con su niebla plomiza, Y alzábase doliente la luna, en la gris y ancha Lámina de los cielos, como amarilla mancha. Con sombrero de plumas, sobretodo entallado, Y traje azul oscuro, su rostro sonrosado Era una nota viva y alegre, era un celaje En la helada y sombría tristeza del paisaje. quot;¡Qué triste es el otoño..... qué triste!quot; me decía; quot;Todo se está muriendo..... todo está en la agonía, quot;Mas nuestro amor.....quot;: ( De pronto cayó. Vivos sonrojos La hicieron al instante bajar los castos ojos). quot;También!quot; dije riendo, quot;cual todo lo que vuelaquot;. Y reía..... reía como alegre chicuela,
  • 36. Porque su claro instinto de mujer le decía Que la amaba y que nunca mi pasión moriría. En bailes, en conciertos, en salones..... doquiera De todos los galanes la preferida era, Y aunque su amor, a veces, riendo me negaba, También reía, porque..... sabía que me amaba. IV Una tarde de invierno, cuando como un sudario La nieve en albos copos, el parque solitario Y las calles desiertas cubría; cuando el cielo Era blanca mortaja; cuando espectros en duelo Parecían los árboles quemados por el frío, En un diván sentados, en el salón sombrío, Junto a la chimenea que con su alegre y clara Luz daba un vago tinte sonrosado a su cara, Enjugando una lágrima silenciosa y furtiva, quot;Me siento enferma y tristequot;, me dijo pensativa. Los aullidos del viento vibraban en la sombra..... Y se alejó. Y el roce de su traje en la alfombra Me arrancó de mis sueños. Incliné la cabeza, Y solo, y en silencio, quedé con mi tristeza. V Pasó el invierno. El cielo fue todo resplandores; El bosque, lira inmensa, y el campo, todo flores. Y una tarde, su alcoba, después de muchos días, Dejó por vez primera la enferma. ¡Oh, las sombrías Noches en vela, noches de indecible martirio, Noches interminables de fiebre y de delirio, Cuando todos, henchidos de lágrimas los ojos, Su vida amada al cielo pedíamos de hinojos, Mientras que en el silencio de esa calma profunda Se oía, delirando, su voz de moribunda! Abierta la ventana que daba al parque, en ondas De fragancia entró el aura susurrando. Las frondas De las viejas encinas sus más gratos rumores Dieron en el crepúsculo. Fue el triunfo de las flores Sobre el verde sombrío de los boscajes. Era Una tarde rosada, tarde de primavera.
  • 37. Envuelta en amplia bata de rojo terciopelo, Suelta la cabellera, como un dorado velo, Y en la pálida boca, pálida flor sin vida, Una sonrisa casta, como estrella dormida, Tendiéndome la mano, pero baja la frente, Y esquivando los ojos, avanzó lentamente. Unidas nuestras manos, a mi lado sentada, Y un instante en mi hombro su frente reclinada, Quedamos en silencio..... ¡Cuántas veces, de noche, Lloroso, y en los labios el blasfemo reproche, Desde ese mismo sitio sus quejidos oía, Los ahogados quejidos de su larga agonía! ¡Cuántas veces a solas, cerca de esa ventana, Me sorprendió sin sueño la luz de la mañana, Mientras que de la Muerte, furtiva y en acecho, Oíanse los pasos en torno de su lecho!..... De pronto alzó los ojos, llenos de honda dulzura, Donde brillaba siempre su alma blanca y pura, Y con su voz de arrullo, voz de celeste encanto, —quot;Sé que lloraste... Graciasquot;, me dijo, y rompió en llanto. Por la abierta ventana soplos primaverales La fragancia traían de los verdes rosales. Luego al parque salimos. Su palidez de cera; Sus pasos vacilantes al bajar la escalera, Al andar, su cansancio; los círculos violados En torno de las claras pupilas; los holgados Pliegues de su vestido; la enfermiza blancura De las manos; los dedos, en donde con holgura Los anillos giraban; la tos, triste presagio De que estaba marcada para el final naufragio En la roca sombría de la Muerte; la lenta, Triste voz; la dulzura de la faz macilenta, Sus ahogados suspiros, plegarias de su anhelo, —Plegarias sin palabras para un remoto cielo,— Su laxitud..... ¡Cuan pura, cuan ideal belleza, Allí mis ojos vieron con su halo de tristeza!./... Y como presintiendo su eterna despedida En ese dulce instante reconcentré mi vida Y fue mi amor más grande, fue más intenso y fuerte Al pensar que muy pronto sería de la Muerte!
  • 38. Era música el vago rumor de la arboleda, Y seguimos callados por la oscura alameda. Al verla se agitaron en sus tallos las rosas; Más aromas regaron las auras bulliciosas; Entre arbustos tupidos y fragantes macetas Asomaron sus ojos azules las violetas; Todas las campanillas en el verde boscaje Como que repicaron al ver su rojo traje; Los pájaros miraban a la convaleciente, Del parque solitario tantos días ausente; Se oyeron en las frondas cual vagos cuchicheos, Y al fin la alada orquesta preludió sus gorjeos Los cisnes, como góndolas de alba plata bruñida Enarcaron sus cuellos en el agua dormida Y del sol a los tibios fulgures vesperales; Destellaron las colas de los pavos reales. quot;La vida es la tristezaquot;, me dijo. quot;¡Todo anhelo Del presente, mañana será amargura y duelo; La vida es desencanto. Feliz creíme un día, Y ya ves, cuan traidora la suerte y cuan impía! Como flor, en mi pecho, se abría la Esperanza, Y ya la desventura por mi camino avanza. Lentamente mi vida se extingue. Triste, enferma, ¿A qué traer tus sueños a la sombría y yerma Soledad de mi alma? ¿Para qué tu alegría Trocar en amargura con mi lenta agonía? Del árbol de la Vida fui pálido retoño, Y me iré con las hojas marchitas del otoño; Para toda esperanza ya soy despojo inerte..... Tú vas para la Vida..... ¡yo voy hacia la Muerte! quot;Tus temoresquot;, le dije, quot;son de niña mimada; Tú todo lo exageras.....quot; En mi brazo apoyada El parque abandonamos, y al subir la escalera Parecía un crepúsculo su rubia cabellera. Un día, para Ohio, tomó el tren.,.., ¡triste día! Y alzando la vidriera, cuando el tren ya partía De la Estación, me dijo: quot;Te escribiré primero, Pero escribe. Hasta pronto... No olvides que te espero.quot; VI
  • 39. Y después.... en sus cartas decía: quot;Si vinieras, ¡Qué sorpresa la tuya! ¡ Qué cambio . . . .! ¡Si me vieras ! Las brisas de mi lago fueron auras de vida. Razón tuviste. Ha vuelto la esperanza perdida. Recuerdas? Tú decías: todo eso pronto pasa, Y es verdad. La alegría de nuevo está en mi casa. Soy otra.... y soy la misma: tú entiendes. Frescas rosas Se abren en mis mejillas, que eran dos tuberosas. (Bien sé que de esta frase burla harás con tu flema, Mas no importa. No es mía: la copié de un poema). Hoy río, canto y juego como chiquilla. El piano, Cerrado tanto tiempo, ya al roce de mi mano Es música perenne. Las viejas Melodías ¡Cómo evocan recuerdos de venturosos días! Soy otra.... habrás de verlo. Pasaron mis congojas, ¡Y creí que me iría con las marchitas hojas!quot;. VII Sueños de un alma casta..... ¡Visión desvanecida! Creyó en la Vida ..... ¡Y pronto la traicionó la Vida! Para siempre descansa del rigor de la suerte, Con su velo de novia tejido por la Muerte, Con todas sus quimeras, con todos sus anhelos, Junto al nativo lago..... bajo brumosos cielos. EL ALMA MUERTA ¡Oh la paz y el silencio de los tiempos feudales, Cuando fui solitario monje benedictino; Cuando amor de mis noches fue el Cordero divino, Y pintaba mayúsculas en los grandes misales! De mi carne el cilicio fueron verdes rosales, Y mi solo regalo fue la hostia y el vino, Y de abrojos punzantes ericé mi camino, Donde un tiempo vagaron los Pecados mortales. Pero fueron ayunos y oraciones en vano..... Siempre rojas mayúsculas dibujaba mi mano, Siempre en rojas mayúsculas se extasiaban mis ojos. De Satán fue mí alma, de Satán fue mi anhelo..... Pues cerró con tinieblas mi camino hacia el cielo El recuerdo implacable de unos labios muy rojos.
  • 40. OTOÑO (1927 – 1932) LA CANCIÓN DEL OTOÑO I Ya caen las hojas. Se alejan volando., Temblores de oro. En las calles desiertas del parque Hojas, más hojas, y lodo. Gris el estanque. El crepúsculo Amarillo y brumoso. Damas con trajes oscuros que pasan Casi oculto entre pieles el rostro.... Organillo que suenas Debajo del olmo, Toca, toca la triste Canción del Otoño! II Verlaine! Tus violones Ya oigo, Y en los áureos Y rojos Boscajes Los largos sollozos Que arrullaron tu ensueño Con lánguido canto monótono.... ¡Que me arrulle también en la tarde La triste canción del Otoño! III Remolinos y danza de hojas.... ¿En dónde las novias y novios? Retretas en tardes de estío, Desierto está el quiosco. Estudiantes ¿a dónde partisteis? Midinetas de labios muy rojos Y grandes ojeras, ¿Recordáis que en el hombro De vuestros galanes En plácidos sueños absortos, Amorosas, la frente inclinabais Y brillaban de amor vuestros ojos? Las manos unidas entonces Y unidos los labios al pie de los troncos… Bancos, tristes senderos del parque,
  • 41. ¿Qué fue del antiguo alborozo?.... La tarde se apaga. Detrás de los vidrios Se encienden las luces. El cielo, de plomo. Sombras pasan, y pasan ligeras. Todo Se borra, se borra Brumoso.... Violones De son melancólico, Violones Monótonos, Violones De otoño.... ¡El parque, en la sombra, Ya solo! (París). ANHELO DE POETA Quiero el poeta ser de almas heridas Que la piedad de la palabra imploran, De tantas tristes, solitarias vidas, De corazones que en silencio lloran, Quiero dar ritmo a lo indeciso y vago, Que es cual bruma y recóndita belleza, Y ser voz del que sueña junto a un lago Sin que dar pueda voz a su tristeza. Quiero en cadencias expresar lo ignoto Y en el azul dar alas a lo inerme, Juntar en ritmos un ensueño roto, Y canto ser de lo que oculto duerme. Y quiero compartir el sufrimiento De otros; y ser su confidente ansío.... ¡Y dar no puedo vida a lo que siento, Ni forma puedo dar a lo que es mío! PARA MI CANTO QUIERO.... Para mi canto quiero verso alado, Verso como un aroma que se exhala Cual de flor irreal, en un callado Jardín de otoño, y con temblor de ala.
  • 42. Verso con suavidad de terciopelo, Ritmo que me conoce entre la sombra, Que ondula en calma, en armonioso vuelo, Y que cantando en el azul me nombra. Un verso como arrullo en confidencia, Luz muy lejana que vivaz no arde, Dulce canto en la noche de la ausencia, Gris del alba y tristeza de la tarde. ¡Pero imposible y vanidoso anhelo Del alma del poeta soñadora!.... ¡Desde la tierra, resplandor de cielo La Musa mira, y en silencio llora! LAS RIMAS CANTO A LA RIMA ¿Decís que la rima ya ha muerto, y que es ruido De compás monótono, muy fuerte al oído, Y que rotos ritmos son música interna Para los arcanos del alma moderna? ¿Música? Mas cuándo lo que no es eufónico Por suerte ha dejado de ser inarmónico? Descoyuntamientos y palabrería, No serán ni han sido jamás Poesía. Es a sus dominios áspera la ruta, Y todo el que quiera, su don no disfruta. Y así como el mármol a cincel se labra, Al esfuerzo nacen idea y palabra. Siempre el arte es largo. Poeta o artista No con bagatelas el lauro conquista. Grautier dijo: quot;Calce la Musa un estrecho Coturnoquot;. Y os digo, que el píe que no es hecho A molde no holgado, rehuya la ordalia Del verso, y que lleve más libre sandalia. Dejad a la Musa su veste radiosa: Las trabas del verso no tiene la prosa. ¿Y cuándo el desorden, la no coherencia, Han sido armonía y han sido cadencia?
  • 43. quot;Son cosas sutiles, son matices trémulosquot;, Decís, quot;y vosotros que sois nuestros émulos No entendéisquot;. Es cierto. Jamás lo estrambótico Entendemos, menos lo insulso o caótico. ¿Que usáis simbolismos? Lo diáfano es norma: Jamás lo que el hombre retuerce o deforma. ¿Queréis que os comprendan? Sed siempre muy claros: Que brillen los versos cual mármol de Paros, Y en ellos, la rima cual oro en la jagua, O rosa de fuego temblando en el agua; Y como el poema del BJiin cruza Elsa, Que siga la Musa radiante y excelsa, Dejando cual huella de luz vivos rastros, Y orladas las sienes en polvo de astros. Icaro, atrevido, vio vano su anhelo.... Si no tenéis alas no intentéis el vuelo. Quedaos en tierra si la fuerza os falta. Es duro el ascenso. La cumbre es muy alta. Poesía es Arte, del Arte la cima, Y la estrofa es alma, y es ritmo y es rima. Verdad que las reglas son difícil aula, Mas falta no hace que entréis a la jaula; Yde Arte y de numen al soplo y al toque Tan sólo ha surgido la estatua del bloque, A LAS PALABRAS SIN RIMA Inútiles palabras para la rima. Nunca De contacto supisteis para dar armonía. Cual vírgenes en duelo, vuestra belleza trunca Va triste y solitaria, sin el fulgor del día. Alma tenéis, mas siempre sois como inútil lazo, Ritmos que no se acuerdan con otros, y por eso No habéis sabido nunca lo que es calor de abrazo, Ni habéis sentido espasmos con la fruición del beso. Inútiles palabras para rimar. De oro Podréis ser, mas las otras de alianza son emblema; Y cantáis, pero siempre seréis voz en un coro; Y podréis ser engaste, pero jamás diadema. Y os veo con tristeza cuando avanza el galope
  • 44. Del lírico desfile por el radiante estadio. Sois asta de la lanza, no de la lanza el tope, Y sois empuñadura, pero jamás el gladio. Las otras son las gemas donde la luz tremola Y armonizan cuadrigas o multiformes galas. Vosotras vibráis siempre, mas sois una ala sola, Y el poeta requiere para volar dos alas. EL ORFEBRE Amo las palabras sonoras Para hacer fúlgidos collares O sortijas deslumbradoras. No me he cuidado de pesares O dolores para con ellos Adornar rimas o cantares. Quisiera en fino metal, sellos Acuñar, o esculpir perfiles O de mujeres rostros bellos. ¡Si los ritmos fueran buriles En la brillantez de oro o plata O en la palidez de marfiles! Sílabas con música grata, Palabras suaves, armoniosas, Con cadencia de serenata, Os .busco, cual gemas preciosas En el socavón el minero Busca por vetas tortuosas. Y las escojo con esmero, Luego las manos hundo en ellas Como en las gemas el joyero; Y absorto miro las más bellas, Unas fingen perlas, corales, Otras, diamantes cual estrellas ... Amo las voces musicales, La melodia leve y clara, Y así como la rima rara, La cadencia de los finales.
  • 45. ACUARELAS IMPRESIÓN CAMPESTRE El lago una mancha Parece de azogue. Que arranque la lancha! Que bogue, que bogue! Mi Musa que esmalte Adquiere en las cimas, Será gerifalte A caza de rimas. Aromas diluye Sobre el campo el aura. Doquier vida fluye Que el cuerpo restaura. Ramazón umbría Sobre el agua cuelga. La pajarería Canta alegre en huelga. Mariposas raudas Van entre fulgores; Del guadual las caudas Dan gratos rumores. En mundos que fragua La mente me pierdo, Y el rumor del agua Aduerme el recuerdo. Cual góndola zarpa El alma a la aurora. El bosque es un arpa Que alivia al que llora. Que traiga el ensueño Bienhechor descanso: ¡Oh campo, oh risueño Celeste remanso! La ciudad ahoga.... Que mi cuerpo vibre! Boga, lancha, boga!
  • 46. El alma aquí es libre! EN LA ESTACIÓN Tristes unos, tal vez indiferentes Otros, en el andén. Rumor. Pitazos. Muchachos con periódicos. Y gentes Que entrando van al tren. Besos y abrazos. Tú, tranquila fingiéndote, sonríes; Estrecho con dolor tu mano helada: La voz llora en tus labios carmesíes, Y bajas, en silencio, la mirada. El tren se aleja.... Más se va alejando. Adiós! En el azul rotos anhelos.... Adiós! Adiós!.... Y sígnense agitando, En la estación y el tren, blancos pañuelos. ¡Oh pañuelo que agita mano amada, En lágrimas tal vez humedecido.... Blanca ilusión pareces destrozada Flotando en la tristeza del olvido! EL PASEO Pasamos por el puente de guaduas y bejucos; Surgía de las frondas un grato olor silvestre, Y risas animaban, cantares y bambucos, El paseo campestre. Sombreritos de caña, trajes de abiertas golas, Las muchachas del pueblo lucían con donaire, Y al son bailaban todos de tiples y bandolas, Y embalsamaba el aire. El mozo más garrido, quien siempre mejor danza, Con la bella entre todas, y a quien feliz corteja, Sale a bailar, y al corro, grito de pronto lanza: quot;¡Que viva mi pareja!quot; La suelta, y en las frondas ocúltase y se pierde, Trae, de clavelinas, para ella una guirnalda, Y al brillo de la tarde luce el campo más verde Su verde de esmeralda.
  • 47. Al pueblo por el puente de guaduas y bejucos Volvimos, las parejas por entre calles solas, Y uníase a las risas el son de los bambucos De tiples y bandolas. DE VIAJE Al pasar por un pueblo, de viaje, A caballo, ante luz esplendorosa, ¿En reja, entre claveles y follaje, Bordar no has visto a pueblerina hermosa? Y ante esa viva flor de oculto valle, Entre cámbulos rojos olvidada, ¿No te has devuelto a repasar la calle, Por llevarte la luz de una mirada? Tal vez una sonrisa, al pasajero De un instante, que sigue por la vida Pensando en los reposos del sendero En aquella beldad desconocida. ¡Cuántas veces después, triste, cansado El corazón, al peso de crueles Y hondas penas, habremos evocado La ventana de un día entre claveles! EN EL JARDÍN Oculto, en madreselvas, la veía De rosal en rosal vagar ligera. El jardín aromado sonreía Bajo radiante luz de primavera. Rosado y blanco su vestido; rojos Los lazos del sombrero; la sombrilla Blanca; rubio el cabello, azules ojos Y vivo rosicler en la mejilla. Y en su amplia cesta, rosas y más rosas; Y cantaba entre aromas y fulgores Su canción matinal. Las mariposas Eran, en torno de ella, aladas flores. Y yo dudaba, oculto en la verdura. Bajo ese cielo azul de primavera, Si era rosal fragante su hermosura,
  • 48. O si un rosal entre las rosas era. EL REGRESO Volví después de muchos años. Todo Lo mismo. El puente de madera. El río Lento, entre guaduas y negruzco lodo; Y de teja y de paja, el caserío. La calle principal, con su empedrado Boto a trechos. Asómanse curiosos.... Niños que van corriendo por el prado, Y en la plaza, naranjos rumorosos. Y su casita, como entonces. Mores En la ventana, a donde fui temblando En años idos con canción de amores.... De esa ventana me alejé llorando. ¿Casada? ¿Muerta? No lo sé. La vida Desgarró mi ilusión, ensueño de oro. Amor y versos de mi edad florida! ... Y nuevamente en las tinieblas lloro. EN EL ALTO MAGDALENA A Abel Carbonell. Bochorno. En la noche cálida El barco cruje subiendo, Y en el río va cayendo De la luna la luz pálida. Se abanican los palmares En las orillas del río, Y vienen desde el bohío Del leñador los cantares. El ocaso se arrebola Con vaga fosforescencia, Y se escucha la cadencia De un tiple y una bandola. Todo el barco so estremece; Y mientras la noche sueña, Con las chispas de la leña La chimenea florece.
  • 49. Doquiera, calor de horno; Vibra lejos una copla, Y ni una aura fresca sopla De la noche en el bochorno. Entre el verde matorral La luz de cocuyos brilla, Y aduerme, desde la orilla, El rumor del platanal. Deja el barco leves huellas, Y van las chispas subiendo, Y las chispas van cayendo Como una lluvia de estrellas. 1927 LA COLEGIALA Los domingos salía del colegio, Después de misa, parlanchína y bella, Y bajo el brazo, un libro: el quot;Florilegio' De mis versos a ella. Su hermanita mayor iba a su lado, Pero trazas se daba en cada esquina De volver a mirar. Yo, emocionado, Y ella, siempre divina. Y yo pensaba, oyendo rumorosas Risas en el jardín: quot;Ave quién fuera!quot; Mi corazón, para ofrecerle rosas, Era una primavera. Primeros versos! Cantos de quince años! Alegría, ilusión, placer y calma! Hoy la lucha, el recuerdo y desengaños.. ¡Y el dolor en el alma! MIENTRAS LLUEVE Llueve, llueve, llueve. Detrás del balcón Oye, triste y sola, de la lluvia el son. Recuerda los años de su edad primera, Los sueños de entonces. Feliz primavera! Y pasan, cual sombras, memorias lejanas De tardes risueñas y azules mañanas.
  • 50. Fue amada y fue bella. Rumor de alas de oro De las ilusiones en alegre coro.... ¡Hoy en su tristeza solitaria y honda Desfilan recuerdos en fúnebre ronda! La primera cita bajo naranjales, Y al oído el canto de los madrigales; Músicas de bailes, remotas cadencias, Con el dulce encanto de las confidencias; Violines en noches de luna, violines De las serenatas, bajo albos jazmines; Fiestas de otros días, canción de esperanza: ¡El ensueño ha muerto y el dolor avanza!.. Llueve, llueve.... Y triste de la lluvia el són Va cayendo en sombras a su corazón. EN EL MEDITERRANEO En el puente del barco que la aleja Del país de naranjos y jazmines, Visión soñada y fúlgida semeja Como en concierto de arpas y violines. En un ensueño azul flotar parece; Rinde las almas, al andar, su porte, Y el claro encanto de la luz florece En su belleza pálida del Norte. Melancólica, el ruido la importuna, Y como lejos de terreno halago, Y de blanco vestida, es luz de luna Que va dormida en el cristal de un lago. Sentada, pensativa ¿irá su mente Al país de naranjos y jazmines? Y cierra las pupilas lentamente Como en concierto de arpas y violines. CROMOS EL BAJO MAGDALENA
  • 51. Subiendo el barco aceza. El río, soñoliento. Sol. Pereza. Inquietud y calor. Bancos, más bancos De arena. Cielo azul. Bosque y barrancos. Y sobre el agua turbia que dormita, Y de una y otra playa entre lo verde, Como un blanco pañuelo que se agita, Una garza que vuela y que se pierde. II MEDIO DÍA Polvo, cansancio y sol. Y un torbellino De polvo, y otro.... y otro de contino En la aridez desierta del camino. De la montaña en el oscuro flanco, Junto al río, a la luz radia un barranco De color ocre. El cielo es casi blanco. Tronco erecto, sin hojas, como una asta Corta el confín. Y en la llanura vasta El sol refulge, y el rebaño pasta. III GRIS Cercas de piedra cortan la llanura. El cielo, gris. Una casita blanca. En el cerro, unas manchas de verdura, Y abajo, un pozo que el juncal estanca. El pajonal con un susurro leve Tiembla. Se apaga el horizonte turbio, Y de un techo lejano; en el suburbio Del pueblo, el humo sube lento. Llueve, En el campo hay modorra,
  • 52. Y en el límite gris de la pradera, Un carro va por la ancha carretera, Y en el vago crepúsculo se borra. PENSATIVA Sobre la falda, la novela. En tosco Banco, de rojo peinador. La queja De un hilo de agua en el jardín. Semeja Gran búcaro de rosas en el quiosco. ¿Lee o medita? Y mientras de su falda Resbala lentamente la novela, La tarde, rosa y gualda, En su pupila azul se aterciopela. V MARINA Listo a zarpar el barco Sopla como si fuera enorme fuelle. Al puerto, cielo y mar forman un marco Azul. Despierta entre el bullicio el muelle. En la desierta playa Una palmera el horizonte raya. Peces, al sol vivaces Las escamas, del mar los alcatraces Rápidos sacan. Negro el humo asciende. Van en bandadas pájaros fugaces. Y blanca vela hiende La trémula bahía, mientras fragua El sol, que vivo esplende, Como un jardín en el cristal del agua. VI EL REPROCHE Entre los temblorosos cocoteros Sollozaba la brisa; y en la rada, Del ocaso los rayos postrimeros Eran como una inmensa llamarada.
  • 53. Al oír mi reproche Se apagaron en llanto sus sonrojos, Y fue cual pincelada de la noche El cerco de violetas de sus ojos. Y al confesar su culpa, Su voz era sollozo de agonía, Y la blancura de su tez fingía Del coco tropical la nivea pulpa. VII EN EL BROCAL En el brocal del pozo te vi un día. Fragancias en el huerto y mariposas, Y tu casta hermosura sonreía Entre las madreselvas y las rosas. Y bella y solitaria, Y de la tarde al claroscuro exiguo, Parecías la hija de Samaría En la viñeta de un misal antiguo. VIII LAS GARZAS Se aleja el barco. Luz de madrugada. La aurora alumbra el peñascal sombrío, Y de garzas alígera bandada El vuelo tiende en la quietud del río. En sus alas la luz se atornasola, Y del oriente entre rosados velos, Parecen, blancas, en la orilla sola, Un adiós silencioso de pañuelos. IX EL ANOCHECER Canta la fuente en el jardín. La tarde Se apaga, seda y oro, y una nube En el ocaso entre arreboles arde. Baja la noche. El pensamiento sube. En torno, sombras. Entra Todo en reposo. El bosque es negra mancha. La visión del espíritu se ensancha, Y el alma en el recuerdo se concentra.
  • 54. En las manos la frente taciturna, Sueño.... Sombras. Callada la arboleda. Todo se ha ido.... En la quietud nocturna El rumor de la fuente sólo queda. X EN LA PLAYA El mar contra el escollo Una lluvia de lirios parecía, Y entre el susurro del palmar, se oía, Lejos, la queja de un cantar criollo. Llegaban a tus pies espumas rotas En cambiantes de luz rosada y lila, Y entre un vuelo callado de gaviotas Se dormía la tarde en tu pupila. XI PLAYONES Un arenal, y otro arenal.... Un arco De bronce ardiente, finge el cielo. El río Se va extendiendo con color de charco Hasta los troncos de un palmar sombrío. En el agua dormida reverbera El sol. Y en la aridez de la ribera, Junto a sombría zarza, Esbelta, blanca y sola, cual si fuera Lirio del arenal, se ve una garza. XII AZUL Una luz azulada Por el llano y los árboles se extiende. Va al redil la vacada, Y una estrella, entre nubes asomada, Con un fulgor azul radiosa esplende. De un sonrosado esmalte Se ve la cima del poniente orlada, Y del sol la postrera llamarada Hace que el cielo más azul resalte.
  • 55. La tarde, azul.... Y entre el azul risueño Del campo y de la altura, Flotar parece languidez de ensueño En el silencio azul de la llanura. LAS HOJAS CAEN… LAGOS Y ALMAS En otoño, en el agua dormida de los lagos, Cuando ya el frío empieza, Y el cielo es gris, los álamos en los desiertos parques Las hojas caer dejan; Y en el agua se tienden como amarillo manto, Y es el agua tristeza.... Pero hay en ella, claros azules do en la noche Se miran las estrellas. ** * También como esos lagos hay almas otoñales Donde flotan y tiemblan . Recuerdos melancólicos de días de ilusiones, De extintas primaveras; Y en esas almas tristes hay claros muy azules Que el cielo azul reflejan.... Así es la mía, y siempre tiene un remanso, en donde Se miran las estrellas. CUANDO LAS HOJAS CAEN.... ¡Qué tristes los crepúsculos De días otoñales! ¡Qué pronto que anochece para el que sueña solo! Detrás de las vidrieras ¡qué largas son las tardes! Desiertos de parejas Los bancos en el parque.... Ya no se ven los claros vestidos de otros días; Trajes oscuros, y hojas que ruedan de los árboles. Danzando van las hojas Por plazas j por calles. Coches y coches pasan; adentro amor y besos;
  • 56. Aquí el recuerdo, y solo, mientras las hojas caen. El parque se ennegrece.... Sobre los bancos, nadie. ¡Cómo baja la noche sobre las almas solas!.... ¡Qué tristes los recuerdos cuando las hojas caen! AGUA DORMIDA El agua del viejo canal, en la yerma Orilla del puerto, parece agua enferma. Es agua grisosa, de día octubreño, Y va sin rumores en lánguido sueño. Muy pálido el cielo semeja ceniza, Y en cerros y valle la luz agoniza. El puerto, en silencio. La vela plegada, Ha tiempo una barca reposa amarrada. El viento en el muelle se queja. Esqueletos Dolientes semejan los troncos escuetos; Y el gris del silencio que cubre la calma Del campo, la tarde prolonga en el alma, Un gris cual sonido de doble lejano, Un gris, como ensueño de frente en la mano. ¡Tristeza de días sin luz, otoñales, ¡Tristeza de largos y fríos canales! Tristeza en la sombra, callada y desierta, Del agua en otoño, como agua ya muerta! TIERRAS LEJANAS FIN DE ESTACIÓN Del sol muere el postrer lampo, Nube gris el cielo tizna, Y va cayendo en el campo La llovizna. En el crepúsculo quieto, Surcos abriendo en el barro,
  • 57. De amarilla mies repleto Pasa un carro. Lenta la noche a la aldea Desciende y las ondas mancha. Junto al muelle cabecea Vieja lancha. Radián luces vacilantes En callejas silenciosas, Bajo bandadas de errantes Mariposas. Cual fantasma do pavura Su ramazón casi escueta Alza un árbol, en la oscura Plazoleta. Desolación que da frío En esta angustiosa calina.... ¡Soledad en torno mío Y en el alma! Desde el hotel del balneario En torno tiendo la vista. Mi corazón solitario Se contrista. Para que venga el olvido El alma ensueños ingenia. ¡Quién tu víctima no ha sido, Neurastenia! Se van borrando, borrando, En sombras los campos yermos. Las horas están contando Los enfermos. Una música que gime En un organillo empieza.... ¡Cómo el corazón oprime La tristeza! Esa música.... ¿Qué encanto De lejos viene a traerme? ¡Recuerdo bañado en llanto, Duerme, duerme! Y mañana.... El mismo día Sin luz que en sombras irradie.
  • 58. Siempre gris melancolía.... Cerca.... nadie! Se han ido muchos. A trechos Hay cuartos solos, sombríos. ¡Honda tristeza de lechos Ya vacíos! Es fin de estación. Al valle Ya cayendo sombra leve. Nadie pasa por la calle.... Llueve.... Llueve. EN EL BALNEARIO En el parque. En un banco. Luz de plata En cielo y mar, y pensativa ella. Lejos, canto de alegre serenata, Y en el azul, muy lejos, rubia estrella. Esbelta y nivea, con su abrigo blanco, Y cual pensando en nada, distraída, Era como alba nube en ese banco, Como una estrella pálida y dormida. Alzó la mano con gentil decoro, Y sorprendido me quedé mirando En su dedo anular, aro de oro.... quot;La argolla del deberquot;, dijo llorando. En mí vio como impulso a su belleza, Y poniéndose en pie, la frente alta, quot;No!quot; me dijo.... quot;Prefiero mi tristeza Al placer y vergüenza de la faltaquot;. LA RÜPTURA Doraban tenues rayos fugitivos Del mar azul los líquidos cristales, Y ambos callados, ambos pensativos, Ibamos por la senda de rosales. Tras un largo silencio, entristecida, Me dijo en baja voz:—quot;Tarde o temprano Volverás con el alma adolorida, Y te has de arrepentir.... mas todo en vano'
  • 59. —quot;Así será, pero el agravio es hondoquot; Le repuse, quot;y echada está la suerte; Y aunque el dolor a los demás escondo, Va en el dolor del corazón, la muertequot;.... En la costa callada anochecía; Como manchas de sombra eran las palmas; Y lentamente, al regresar, caía Más oscura la noche a nuestras almas. IMPRESIÓN CROMATICA El grafófono, A tarde y mañana, En el puente del barco Sonaba y sonaba. Era un barco muy viejo, Un barco de carga (Ron, azúcar y negros) . Que todos los meses salía El día 19, De Martinica Para Burdeos. Negros y negras (Café tinto con gotas de leche) Bailaban a tarde y mañana Shimmy, jaba y fox-trot en el puente; Charleston no se bailaba Que es mal de San Vito reciente; Corbatas muy rojas, los hombres, De rojo y azul las mujeres, Zarcillos de oro, muy largos, De carey, brazaletes, Y Houbigant y sudor confundidos.... Houbigant en sudor.... ¡ qué mal hueles! quot;Adieu! Fort de France!quot; Decían riendo. ¡Qué blancos sus dientes lucían En los labios carnudos y anémicos! Y seguía el grafófono,
  • 60. Y seguían bailando los martiniqueños. De pronto El cielo se puso muy negro. Y estrellóse en el barco una ola, Una ola muy grande, rugiendo, Y la ola inundó todo el puente ... Era el mar, que colérico Acababa con música y baile Y escupía en la cara a los negros. LA HORA DEL TE La salita del piano. En los sillones Damas de edad con aire soñoliento. Conversación trivial en los salones; Canto de colegiala. Aburrimiento. Ella va y viene, pálida, ojerosa.... quot;¿Te, de China o Ceylán? ¿Helado? ¿Oporto?quot; .... Y yo la sigo con mirada ansiosa, En mi dolor y en mi pensar absorto. El rompimiento fue brutal. La ira Brilló en sus ojos, y me dijo: quot;Artero Tu amor fue siempre.... Ya no más mentira; Al engaño, mis lágrimas prefieroquot;. Todos decían: quot;¡Son felices!quot;.... Trama De roto ensueño, y la verdad ignoran.... ¡Y entre el bullicio de la fiesta, el drama De dos almas vencidas, y que lloran!.... EN EL CASINO Oh! La alegría de vivir!.... La fiesta Entre el fulgor de luces en derroche; Concento de violines en la orquesta, Y el mar, con luz de luna, entre la noche. Parejas y parejas van pasando; Ojos ardientes, bocas reidoras.... ¡La juventud, sus rosas deshojando En el raudo desfile de las horas! ¿En qué piensas?.... Y luz y gracia miro
  • 61. En tí fundidas, en feliz connubio, Mientras fulgen tus ojos de zafiro Tal vez soñando con tu azul Danubio. Ya amanece. Y extínguese la huella De la luna, y el sol los campos dora.... Entre el cielo y el mar brilla una estrella, Y en nuestras almas un azul de aurora. LA GAVIOTA (A Micheline Resco, artista, alma de selección). Mientras yo leo, tocas en el piano Una gavota antigua; Pálida perla irísase en tu mano, Bajo una luz ambigua. María Antonieta! Es ya la primavera, Vístete de pastora; En la tarde rosada, Axel te espera En el quot;Jardín de Floraquot;. María Antonieta! Rubios caballeros Se inclinan para verte! En doble fila se alzan los aceros Listos a defenderte. Y la gavota sigue. Axel aguarda De tu beso el halago. La rosa roja de tu labio tarda Junto al dormido lago. La ultima nota.... Entre la tarde brilla Del sol postrer destello.... María Antonieta!.... Y marca la cuchilla Cinta roja en tu cuello. INTIMIDADES La casa, junto al río. Alegre el saloncito. La ventana Sobre el jardín. Aromas. Luz. Estío, Aves en el azul de la mañana. Copiado en grande espejo, se columbra El tocador de mármol de la alcoba Que un claro sol alumbra; Y en la negra caoba
  • 62. Del luciente piano Yergue su aristocracia, Colocado con gracia, Ramo de rosas del jardín cercano. Y salida del baño, en amplia bata Que el seno mal recata, Yace tendida en el sofá, fumando Un cigarrillo y otro, y viendo el humo Subir en espirales. Yo, imitando Su inocente placer, pues también fumo. —¿Y qué piensas hacer? ¿Salir? Supongo Que saldrás, pues no creo Que hoy al quot;Bosquequot; no vayas de paseo. Y pensando estarás: quot;¿Y qué me pongo? ¿Qué sombrero? ¿Qué traje? ¿Y qué sombrilla Llevaré? ¿Blanca o de color de rosa?quot; Y dirás cual la cosa más sencilla: quot;Bah! Si todo me queda a maravillaquot;, Porque eso sí.... Cual nadie vanidosa. ¿Sonríes? Cuántos al pasar tu talle Y tu cara, entre arrobos, Como si fueran bobos Se quedarán mirándote en la calle! ¿Y una cita no tienes? Di, responde. ¿Cita con quién? ¿Y en dónde? Si quieres ir a Armenonville, pidamos Una mesa. ¿No quieres? ¿O a quot;Perroquetquot; prefieres Ir esta noche? ¿Vamos o no vamos? ¿O más bien a quot;Floridaquot; Para ver a la Nasch, como albayalde, Y flaca siempre, y siempre bien vestida Por Lelong o Patou, pero de balde Cual quot;reclamequot; de sus casas de costura? No fumes más. No insistas. Te hace daño. ¿Cambiaste la montura Del anillo? ¿A Deauville no vas este año? Una pregunta, nada más, loquilla: Para verte los ojos, frente a frente, Acercaré la silla: La mirada, ¿no sabes?, nunca miente. No son celos. Te digo Que no son celos; pero aquel amigo
  • 63. Con quien te vi en el Bitz.... te lo aseguro, Sí, no son celos, no lo son. Te juro Que celoso no soy.... Mas tienes suelto El brazalete.... Dime con franqueza, Con franqueza, ¿a salir con él no has vuelto? Apoya sobre mi hombro la cabeza; Mas no cierres los ojos, oye, mira; Dime que todo, todo fue mentira, Que, nunca has sido loca, Y nunca lo serás para engañarme, Y vivirás, y vives, para amarme.... Mas dilo con el alma entre la boca, Dímelo pronto, pronto.... ¿No oyes? ¿Estás dormida? —quot;Tonto, tonto! Qué tonto eres así, Imitando quot;Toi et moiquot; de Geraldyquot;. 1927. “CUANDO MUERE EL AMOR”… Por el balcón abierto, se veía La luna. Clara noche de verano. Una fragante ráfaga venía Al saloncito azul.... Y ella, en el piano. La pantalla rojiza, más rosada Hacía resaltar su tez de rosa, Más azul, el azul de su mirada, Y más blanca, su blusa vaporosa. Furtivamente la miraba, y era Como ensueño, en belleza idealizado.... Y su mano agitábase ligera Como pájaro niveo en el teclado. quot;Cuando muere el amorquot;.... Doblé la frente. Sentí en mi corazón que algo moría, Y cantaba, en voz baja y dulcemente: quot;Cuando muere el amorquot;.... Y sonreía. EL RECUERDO Encanto de animadas travesías.... Lectura, sueño, bailes y conciertos: Amores de una1 tarde o de dos días,
  • 64. E ilusión de llegar a ignotos puertos.... De noche, cuchicheos en el puente, Del comedor con la gentil vecina. —Es usted atrevido, impertinente.... —Pero es usted angelical, divina. Después.... la misma historia, y aumentada, Quizá un beso, un retrato y un pañuelo, El mismo que en el muelle de la rada Se agitaba en adiós, de llanto y duelo. ¿Dónde estarás? ¿En Montecarlo o Niza?... Y mientras tu beldad rumor levanta Siento en el corazón, como en ceniza Brilla una luz, que tu recuerdo canta. EN LA TERRAZA Música en la terraza del casino, Máscaras, alegría, amor y canto, En claras copas rebosando el vino.... Y allí, en dos almas, rebosando el llanto. ¿El azar, o atracción irresistible?.... Y se fundió mi orgullo en tu belleza, Y lo que era imposible, fue posible, Y lo que era capricho, fue firmeza. Y viendo cerca el puerto, que mi errante Rumbo marcaba hacia región lejana, Vi lágrimas y angustia en tu semblante, Y estremecido murmuré: quot;¡ Mañana!quot;.... quot;¡Mañana!quot;.... respondiste en un sollozo., Y en tanto en la terraza del casino, Todo era luz, y risas y alborozo, En la embriaguez de la pasión y el vino. EVOCACIÓN Por senda solitaria yo venía Doquier dejando mi dolor su huella. Flor de luz en el cielo se entreabría Y me detuve a contemplar la estrella.
  • 65. El pasado.... el presente. Ayer la aurora, Fulgor en infinita lontananza.... Hoy triste atardecer que ruinas dora, Sollozo de un adiós sin esperanza. Estrella!.... ¿No me ves? Gime en la sombí Evocando el pasado, mi amargura.... Tembloroso mi labio no la nombra, Pero es luz, en mi noche, su hermosura. Y solo voy sin que tinieblas ajen Su recuerdo que en viva luz destella, Y el alma copia fúlgida su imagen, Como remanso azul copia una estrella. ROMANZAS ROMANZA ANTIGUA Si vienes algún día a mi tristeza, Ya que mi corazón te espero en vano, Deja que en tu hombro incline la cabeza Y suavemente estréchame la mano. _ Sueños de entonces? Pétalos caídos ¡Plumas que ya volaron de los nidos! La gris melancolía de la tarde, Del cielo al campo a descender empieza. Una pálida estrella lejos arde.... ¡Así el recuerdo tuyo en mi tristeza! Y aunque la noche va borrando el día, Algo dice en el alma: «¡Todavía! De los naranjos a la grata sombra Se oían de un violín gemir las cuerdas: …La misma voz lejana que hoy te nombra, Y parece decirte: quot;¿No te acuerdas? Voz que cantaste en cármenes risueños: ¡Haz revivir los olvidados sueños! ¿Soñar? .... Soñemos arabos. Al mirarte Se encienden en tu faz vivos sonrojos, Como cuando en los labios al besarte, Cerrabas, toda trémula, los ojos.
  • 66. Ojos, de mi ilusión casto embeleso, ¡Siempre cerrados al sentir mi beso! Me contarás mientras la noche avanza Lo que un tiempo feliz quot;pudo haber sidoquot;. Tal vez sonría entonces la esperanza, Y el antiguo dolor quede dormido. quot;¿Pudo haber sido?quot;.... Lo que fue, no existe! quot;¡Fue!Lo más doloroso y lo más triste! Si vienes .... Sí vendrás. Tu leve paso Franca hallará la conocida puerta. Aún hay néctar para tí en el vaso, Y el alma que durmió, ya está despierta. Y al evocar nuestros felices días, Los ojos cerrarás como solías. Y sin que haya en los labios un reproche, Mientras la luna es halo de las palmas, En el silencio habrá, bajo la noche, La conjunción celeste de dos almas. Almas errantes, bajo torvo ceño.... ¡Juntas al fin en el azul de un sueño! En rama que no alegra ya un retoño Sus flores abre al sol la enredadera, Y es más hermosa la ilusión de otoño Cuando le dice al corazón: quot;¡Espera!quot; Puede haber una estrella en las neblinas, Y alguna rosa en el jardín en ruinas. LA ROMANZA DEL RECUERDO Melancolía del quot;ayerquot;.... Sorpresa Triste del corazón que fue cobarde.... Un adiós sin motivo, y que nos pesa Cuando volver a la ilusión ya es tarde. Y el alma dice, al recordar un día: quot;La culpa no fue suya, sino míaquot;. Tal vez, a solas, en el mismo instante, Ya sin que llanto a las pupilas fluya,
  • 67. Dirá en las sombras otra voz distante: quot;La culpa no fue mía, sino suyaquot;. Y las dos voces, en callado giro, Se unirán, en la noche, en un suspiro. Y queda en un azul de lontananza, Sola, una reja, que un rosal enflora, Y lo que fue de dos una esperanza, Ya, para siempre, en el dolor se llora. Y un gemido, que en llanto se disuelve, ¿Diciendo va: quot;La juventud no vuelvequot;. Y enjugándonos lágrima furtiva, O en las manos oculta la cabeza Vemos que, como sombra pensativa, Se sienta a nuestro lado la Tristeza. Y el alma llora, ante esperanza trunca, Lo que ya al corazón no vuelve nunca. Entonces es el recordar… La ronda De lo pasado: la primera riña, Su dulce voz, su cabellera blonda, Y su adorable ingenuidad de niña; Y triste siente el corazón herido el dolor que nos deja un bien perdido. “¿Dónde estarás?quot;, nos preguntamos. quot;¿Dónde?quot; quot;Pasas entre los hombres sonreída, O callado pesar en tí se esconde Si eres mitad acaso de otra vida.' Lejana voz de lo que ya no existe: ¡Cómo nos llegas desolada y triste! quot;¡ Siempre!” decimos, y es la voz sincera; Juramos: “¡Siempre!” y el jurar no es vano; Y no es que el corazón cumplir no quiera Es porque el corazón es barro humano. El corazón ser fiel siempre ambiciona, Mas sin quererlo, siempre nos traiciona. ¿Y para qué culparnos? ¿Y en la vida Para qué disculpar promesa vana?
  • 68. Se dice adiós, y el corazón olvida, Pero también lo olvidarán mañana. El amor al olvido se eslabona, Y en amor, sólo es grande el que perdona. LA ROMANZA DEL VALS Volvieron a encontrarse después de muchos años; El, como si evocara tiempos dichosos, y ella Tal cual hilo de plata perdido en los castaños Cabellos, triste y pálida, mas como siempre bella. Como dos alas fueron de una ilusión amada, Pero después la vida los separó inclemente.... Se levantan dos olas en una misma rada, Y van, con sus rumores, a playa diferente. Fue en verano, en el parque, frente al mar. La alameda De pinos, como entonces. En vagas lejanías Velas blancas; la tarde con suavidad de seda.... Y en un banco sentáronse.... el banco de otros días. (Sonaba un organillo bajo la doble fila De árboles rumorosos en vesperal concierto, Y entre el oro y las rosas de la rada tranquila Volaban las gaviotas en la quietud del puerto). quot;Me encontrarás cambiadaquot;, dijo triste. quot;Conmigo Dura ha sido la vida.... muy dura. De nosotros Fue distinta la suerte, que es a veces castigo, Felicidad de unos, y lágrimas dé otrosquot;. Y continuó: quot;La mía.... cual tantas.... Ilusiones Con su coro de ensueños.... tú sabes.... sabes cuándo. Promesas, esperanzas, primeras emociones, Después.... un alma sola que se quedó esperandoquot;. Y él dijo: quot;Si nacimos para sufrir, si en calma Solamente hay instantes en que el dolor se olvida, ¿Porqué en esos instantes no concentrar el alma Para que alumbren ellos las sombras de la vida?quot; quot;¿.Recordar?quot; ella dijo. quot;¿Qué conseguir podremos De lo que ya no existe, de una ilusión borrada? Si los ojos cerramos, un paraíso vemos, Mas los ojos abrimos, y todo es sombra.... y nadaquot;.
  • 69. (De nuevo el organillo se oyó. Vals de otros días Conocido por ambos). Bajó los ojos ella, Y dijo melancólica: quot;Tus manos en las mías.... ¿Te acuerdas? Una tarde.... viéndonos una estrellaquot;. quot;Ya lo ves! El recuerdo!.... Tú misma te desdices; Al pasado ¿tu alma no sientes atraída? Evocas lo lejano, dulces tiempos felices, ¡Y niegas que el recuerdo siempre será la vida!quot; (Sonaba el vals, sonaba, y en la tarde radiosa Iban bajo los pinos, parejas enlazadas; Y ella y él, recordando su juventud dichosa, Como en risueños días, cruzaron las miradas). Y al separarse, él dijo: quot;Hay siempre nueva vida, Y el tronco guarda savia por más hojas que pierdaquot;. «Tal vezquot; … ella repuso, quot;mas feliz quien olvidaquot;.... Y él dijo pensativo: quot;Dichoso el que recuerdaquot;. LA MUSA PENSATIVA EL PASADO (A Hernando Guerrero). Cuando se hunde en las manos la cabeza Y se siente el espíritu abatido, ¡Cómo consuela el diálogo no oído De nuestro corazón y la tristeza! Con los ojos cerrados, en belleza Vemos surgir lo ya desvanecido; Y lo que un tiempo se creyó perdido, En nuestro ensueño a sonreír empieza. Quiero soñar y recordar. La vida Suele ser el pasado, y de su fondo A veces brota luz desconocida, Porque momentos hay en que no existe Para el alma, un placer tan grande y hondo Como el de recordar y el estar triste.
  • 70. LOS DOMINGOS DE LA INFANCIA Las campanas, los domingos, Con su alegre repicar, Eran canto de alborozo Bajo el cielo matinal. Hoy las oigo sólo en sueños... ¡Cómo es triste recordar! Los domingos.... cuan lejanos Esos tiempos están ya!.... Sin escuela, por las calles, Campo, río. libertad. Los domingos de la infancia ¡Cómo es triste recordar! Los domingos, por el puente Cuántas veces vi pasar Para misa a los labriegos: Las campanas ya no oirán Muchos de ellos, bajo tierra.... ¡Cómo es triste recordar! Los domingos, los labriegos El crepúsculo al llegar Regresaban a sus campos.... Un cantar aquí y allá, Y la plaza casi sola.... ¡Cómo es triste recordar! En la venta, junto al puente, Se escuchaba el rasguear De los tiples, bajo el oro De la tarde tropical; Y bailaban los labriegos.... ¡Cómo es triste recordar! En redor de las fogatas, En la plaza del lugar, Los rapaces nos uníamos Al venir la oscuridad, Y saltábamos sobre ellas.... ¡Cómo es triste recordar! Los domingos en la noche, Ya cansados de jugar, Nos rendíamos al sueño,
  • 71. En un sueño de honda paz. Hoy.... las noches intranquilas! ¡Cómo es triste recordar! Los domingos de la infancia. ¡Qué dichoso despertar! El vestido limpio, frutas, Campo, río, libertad! ¡Ya la tarde.... todo lejos!.., ¡Cómo es triste recordar! PARA ENTONCES.... Será en azul mañana. Lejos, habrá una estrella, Muy lejos, entre nubes rosadas, al oriente. Después vendrá la Pálida. quot;¡No!quot; le diré, mas ella, Furtiva y en silencio, me besará en la frente. En la aldea y el campo comenzará la vida. A la escuela los niños pasarán. De la calle Vendrán llegando voces de gente conocida, Y al son de las esquilas irá el rebaño al valle. Azul, azul el cielo. Por la ventana abierta, Las ruedas de los carros se oirán por los caminos; Y se verá en el llano, que ante la luz despierta, Alzarse lento el humo de techos campesinos. Será entonces el tránsito. Cadencia, incienso, nube, Ascensión hacia mundos de luz y eternas galas. Será entonces el tránsito, con todo lo que sube, Trino, y alma de flores y palpitar de alas. LA RECONCILIACION ¿Que si lie sufrido? Y tú me lo preguntas! Las manos muchos días separadas, Que en tu regazo descansaron juntas, En horas de pasión, nunca olvidadas. Verte con otro en un arrobo, en tanto Que yo fingía indiferencia; verte En el ensueño de un futuro encanto, Y yo sintiendo el frío de la muerte.... ¿Que si he sufrido? Pero más mi orgullo; El amor es orgullo del que vence,
  • 72. Nunca de nadie oír burla o murmullo, Nada que apoque y nada que avergüence. ¿Que si he sufrido?.... Y tú me lo preguntas! Pero todo pasó .... Mutuo embeleso! En tu regazo, nuestras manos juntas, Y unidos nuestros labios en un beso! MADRIGAL EN CUADERNA VIA En quot;la cuaderna víaquot; del maestro Berceo Voy a cantar tus ojos de los míos recreo, Ojos grandes, hermosos, y de áureo centelleo, Y azules cual soñados por místico deseo. Por sus quot;cuadernas víasquot; quot;en román paladinoquot;, Y por sus rudas rimas en verso alejandrino, Versos que fueren siempre quot;versos a lo divinoquot;, El Maestro pedía quot;un vaso de bon vinoquot;. Ojos que compasivos son para todo duelo, Ojos donde las almas posan su errante vuelo, Así como el marino dijo:quot;¡Tierra! en su anhelo, Cuando dulces me miran yo siempre digo: quot;¡Cielo! quot;Un vaso de bon vinoquot; don Gonzalo pedía, Poco en verdad. Yo en cambio de mi quot;cuaderna víaquot; Demandaré a tus ojos una mirada pía, Y a tu rosada boca que dulce me sonría. quot;En el nome del Padre que fizo toda cosaquot; Os bendigo ¡ojos bellos! y a tí, la niña hermosa! Que el fulgor que ya viene ¡sea estrella radiosa! Y el botón que sé abre ¡que se convierta en rosa! UN POCO MAS ACÉRCATE Un poco más acércate. En tus ojos Me quiero ver, y me pondré de hinojos Para verme en el cielo de tus ojos. Luego, dame la mano. Y suavemente, Con frescura de bálsamo, en mi frente Pósala, suavemente, suavemente.
  • 73. A tí vengo, cansado peregrino, Con la gran pesadumbre del camino. A tí vengo, cansado peregrino. Tengo frío en el alma y vengo triste, ¡Y con tanta ilusión partir me viste!.. Traigo frío en el alma y vengo triste! Mírame! Oscura ya la noche empieza Sé tú como sonrisa en mi tristeza, Y sé luz en la noche que ya empieza; Y para que me duerma, suavemente Posa tu mano pálida en mi frente, Pósala, suavemente, suavemente. RECORDANDO De viaje, cuántas veces de un tren en la fatiga, Sin que oigamos al lado ninguna voz amiga, O cuando despertamos al alba, de repente Un remoto recuerdo destella en nuestra mente, —Recuerdo que dormía desde tiempo lejano; Y cerramos los ojos, con la frente en la mano, Y del pasado entonces, al dulce sortilegio, Pensamos: quot;Fue en un baile, y en años de colegio; Después, versos o cartas; y después la partida.... ¡Y nunca, desde entonces, la vimos en la vida! O en un tren de provincia: primero, indiferente Nos respondía, y luego, jovial y sonriente; Y al separarnos, mientras el tren se iba alejando, Recordábamos que ella nos preguntó: quot;¿Hasta cuándo?quot; Y no volvimos nunca.... Quizá fue junto a un río Cuando en campestre jira, y en tarde azul de estío Nos dijo: quot; ¡ Siempre.... siempre!quot; Fue un despertar [de gloria.... Mas sólo su sonrisa nos queda en la memoriaquot;.
  • 74. ** * Triste adiós de un pañuelo. Suave presión de mano Como una ardiente y muda promesa junto a un piano; Virgen de los primeros amores, fugitiva Visión, que no sabemos si estará muerta o viva; Eeja donde una novia, por entre madreselvas, Nos decía una noche llorando: quot;Cuando vuelvasquot;.... Amada que en los tiempos de pubertad divina Vestías un sencillo traje de muselina, Y que a una margarita, sin sospechar engaños, Pedías el secreto de tu amor de quince años; Flores que con sus lágrimas de adiós humedecidas Nos dio, diciendo: quot;Guárdalas, pero si no me olvidas!quot; Beso de boca amada que duerme ya en la sombra, Y al través del recuerdo parece que nos nombra; Carta ya amarillenta que encontramos un día, Donde cada palabra sollozo parecía; Perfume que era el suyo, retrato desteñido.... ¡Olí Pasado! ¡Oh recuerdos. . . quot;Lo que pudo haber sido!quot; EL LOTO Sobre el odio y ruindad que al hombre bueno Escollos son, o sombras en su altura, ¡Alza tu corazón, siempre sereno, Donde una luz purísima fulgura! Del hondo Nilo azul, junto a un barranco, Y hundidas sus raíces en el cieno, El loto surge, mas su cáliz blanco Al sol se mece, de perfumes lleno. PATIOS CON LUNA OH LUNA.... Oh luna que cual góndola de plata vas rielando
  • 75. Del mar sobre las olas, ¡Qué tristes son tus pálidos fulgores en la noche Para el que gime a solas! Oh luna que cual góndola de plata vas rielando Por la azulada esfera, ¡Con qué dolor te mira quien llora abandonada Y en su ventana espera! Oh luna que iluminas en blancos cementerios Coronas deshojadas: ¡Qué tristes en las noches son tus fulgores pálidos En tumbas olvidadas! Oh luna! tu faz cubre con un cendal de sombras!. .... Pero si es un poeta Al que ves pensativo, luchando con la angustia De una pasión secreta; Si lo ves que la frente sobre la mano inclina, O alza la vista al cielo, Buscando en las esferas inspiración, o ritmo Para tender el vuelo; Si lo ves en la orilla de un lago, la mirada En el agua dormida, Y en su fondo una estrella lo atrae como rosa Del cielo desprendida, O si lo ves en mísera buhardilla pensativo, Y si en silencio llora, ¡Dale tu poesía, todo el encanto tuyo, Y haz de su noche aurora! CUANDO EL AMOR VOLVIÓ. Cuando el amor volvió, todo era rosas El rosal, en la huerta adormecida; Y en el patio las auras rumorosas Eran como canción de bienvenida. En la noche, de luna iluminada, Cuando el amor volvió, yo estaba triste; Y a tu reja llegué, la vi cerrada, Y dijo mi dolor: quot;¿Porqué volviste?quot;
  • 76. Tu ausencia fue de solitarios días, Y de noches sin sueño.... vida trunca; Y triste, al preguntar si volverías, El corazón me respondía: quot;¡Nunca!quot; Volviste, y tu ventana está cerrada, Y sigue el corazón de angustia opreso; Y como adiós del alma atribulada Mi amor te deja, en una rosa, un beso. LA BALADA DEL AUSENTE Después de un tiempo empezó Su espíritu a desandar. Anochecía, y volvió En luz de luna a su hogar. La sala a oscuras, cerrada; Casi el comedor sombrío: La cena ya comenzada, Y un puesto, el suyo, vacío. La hija mayor decía: quot;Hace un año estaba aquí; Era de mi santo el día.... ¡Porqué con él no me fui!quot; La segunda: quot;Su deseo Fue que aprendiera a leer; Juiciosa he sido y ya leo.... ¡Si él hoy me pudiera ver!quot; La menor, que atenta está, Dice, oyendo a las mayores: quot;Como sé que volverá Le pongo en su cuarto floresquot;. Y seguía la chicuela: quot;Se fue a viajar, no está muerto, Me dijeron en la escuela.... Y pronto vendrá. ¿No es cierto?quot; La madre callaba en tanto.... Alzóse, dando traspiés, Y las juntó, bajo llanto,
  • 77. En un abrazo a las tres. Se oyó en la casa sombría Entonces, como un lamento, Y la madre les decía: quot;No es nada.... nada. Es el viento' SOLEDAD La luna del trópico, Qué blanca! Qué grande! Ya se alza entre nubes de armiño.... De plata es el valle. Una triste tonada Viene al través de los árboles, Y otro canto responde a lo lejos Mientras mueve la brisa el boscaje. Los naranjos del patio ¡Cómo aroman el aire! Son copos de nieve, —Nieve en el trópico—los níveos azahares. Tristeza de noches de luna, Tristeza inefable.... Qué triste es la luna en el campo Cuando cerca no hay nadie!.... EL SOL EN LOS CAMINOS LA VENTA Sobre el camino se ve la venta. Risueño valle, Claveles rojos, olor a menta, De madreselvas frondosa calle. En corral amplio, vacas y perros, Altos magueyes, El sol dorando los altos cerros, Carros tirados por lentos bueyes. Frente a la casa, los barrizales Bajo madroños; Sobre la vega, rubios maizales, Y junto al plátano, verdes retoños.
  • 78. Marcando prados en las campiñas Se ven las zanjas; Junto al vallado se alzan las pinas, Y al gusto incitan ya las naranjas. Cuelgan de troncos fuertes y erectos Las níveas barbas, Sobre las hojas vuelan insectos, Bajo las hojas duermen las larvas. Entre las frondas, negro el antiguo Trapiche humea, Y por la cuesta, sendero exiguo Que zigzagueando lleva a la aldea. Verán tus ojos en la verdura Y a donde vayas, Los mararayes en la espesura, Sobre las piedras, las pitahayas. Con sus pinceles la tarde pinta Vivido cromo. De plata el río semeja cinta, Y el pozo, lejos, mancha de plomo. Amarillento sobre la falda Se abre un barranco, Y de los campos en la esmeralda Se alza, de techos, el humo blanco. Una flor roja, vivaz oscila, Tiembla su estambre, Y bajo cedros, en doble fila, Sobre el camino, cerca de alambre. La azada al hombro, tardo el labriego Vuelve del campo. Y en ella fulge, rosa de fuego, Del sol poniente vivido lampo. Gris una nube pasando finge Velera barca, Otra, un castillo, y otra, una esfinge, Y un dragón otra que el cuello enarca. El horizonte cortan a trechos Las cumbres calvas,
  • 79. Y en el remanso, por entre helechos, Los patos tienden sus plumas albas. Abren sus flores los alelíes Cerca del río, Y el café luce, como rubíes, Sus rojos granos bajo el plantío. En las paredes de la posada Se ven letreros: Son un recuerdo para la amada, O vanidades de pasajeros. Por los bardales se ven las rosas Sobre el camino: Pasan volando las mariposas, Y a un canto, lejos, responde un trino. Para el reposo, feliz quien halle Tu puerta franca! ¡Qué paz tan honda la de tu valle! ¡Qué paz la tuya, casita blanca! LA CONFESIÓN Llamaba a misa el esquilón lejano; En el valle, la aldea sonreía; Galopábamos ambos por el llano; El sol radiante, y sonrosado el día. quot;¡Corre!quot; gritaba; quot;quiero ver al Cura, A confesarme voy antes de misaquot;. Y sonaba su voz como agua pura, Y galopaba aprisa, y más aprisa. Y recibió su labio el pan bendito Alzando al cielo los azules ojos En mudo ruego, el ademán contrito, Y en la mejilla púdicos sonrojos. Y le dije: quot;¿De qué te confesaste, De engaño o burla, de traición o ira?quot; Y vivaz respondió: quot;¿Ya lo olvidaste?.. Te hice anoche llorar, y era mentiraquot;.
  • 80. CROQUIS CAMPESINO Entre la sombra el resplandor del alba Ya con la estrella matutina asoma, Y el horizonte lentamente toma Un vago tinte, sonrosado y malva. Helado viento de la cumbre calva Viene; en los huertos al pasar se aroma, Y el raudal que entre peñas se desploma Saluda al día con rumor de salva. Es todo el bosque música de trinos, Mientras que sube en el confín distante El humo de los techos campesinos; Y el gallo, firme y la actitud enhiesta, Finge que el cielo, con el sol radiante A su clarín en el azul contesta. CROMO VESPERTINO En alto risco de la oscura falda Al viento un árbol su ramaje inclina, Y el campo, entre la calma vespertina, Tiene un verde sombrío de esmeralda. Brilla ancha ceja de zafiro y gualda En el poniente, sobre gris neblina, Y el sol, para morir, más se ilumina, Y en rojos arreboles se enguirnalda. Desde el río, al rumor de la floresta, Subiendo van, de campesina fiesta Cantos alegres y animadas voces; Y al resplandor del cielo, azul y puro, Se ven brillar entre el trigal maduro, Como vivos relámpagos, las hoces. TARDE CAMPESTRE Como un enorme tajo corta el monte la zanja Que de la serranía lleva el agua al molino, Y entre las altas rocas y el cielo vespertino Destella de arreboles una encendida franja. Dora un fulgor intenso de color de naranja
  • 81. El trigal; hay aromas de huerto campesino; Y como roja mancha, lejos, junto al camino, Asoma entre eucaliptos el techo de una granja. El trabajo del día terminado en la siega, Van, lentos, y seguidos del gañán, por la vega, Ya sin yugo los bueyes al conocido pozo; Y a la luz de la tarde, repleto de gavillas De trigo, avanza un carro; y el carro es alborozo De cantares y música bajo rojas sombrillas. MAÑANA DE PROVINCIA Los pericos despiertan con ruidosa alharaca La casita rural, Y al ternero hace tiempo lamiendo está la vaca Al través de la cerca de guaduas del corral. Llora el niño en su hamaca, Mientras busca la madre diligente un pañal, Y dice quot;¡Buenos días!quot; muy contento en su estaca El lorito real. Poco a poco la aurora, Cual bendición de Dios, los altos cerros Y el hondo valle dora; Lejos, en la montaña, se borran las neblinas, Y en el patio hay pelea de gatos y de perros Entre un gran alboroto de pavos y gallinas. IMPRESIÓN DOMINICAL Tras la bondad del Cielo que socorre, Con el toque final de la campana La gente a misa por entrar se afana; Luego al mercado de la plaza corre. Se ve después al Cura que recorre Las ventas bajo ardiente resolana: Una limosna con unción cristiana Pidiendo va para acabar la torre. Trigueñas aldeanas por la calle Luciendo pasan, con- esbelto talle,
  • 82. Trajes ligeros y bordadas golas; Y en el billar, ante la grey sumisa, El Alcalde reviéntase de risa Después de hacer catorce carambolas. CROMO MATUTINO Al río bajan en tropel las greyes, De polvo entre un oscuro remolino, Y se estremece, al viento matutino, Dando aromas, hilera de mameyes. Como mástiles se alzan los magueyes En el azul reposo campesino, Y ante la venta, a orillas del camino, Pasa un carro que tiran mansos bueyes. A misa toca la aldeana esquila, Y detrás de la clueca, en larga fila, Cual puntos suspensivos van los pollos: Bramar en el corral se oye una vaca, Y se esponja, entre olores de albahaca, La voluptuosidad de los repollos. LOS SÁFICOS ÁDONICOS ELEGÍA (A la memoria de José Eustasio Rivera). * 1887—f-1928. Áureos buriles en pulido mármol Graben su nombre; que su busto esplenda Alto y severo; que su sien decore Lauro apolíneo. Musa del bardo que cantó las hondas Selvas y ríos de la patria.... Musa Libre del Ande, que a su tumba vienes, ¡Pliega las alas! Ara intocada de su ardiente culto Fue siempre el Arte; y con unción votiva Dio, como ofrenda a los eternos Númenes,
  • 83. Ánforas bellas. Arcade nuevo, de la selva andina Hizo, en sus cantos, a los dioses templo; Y ellos oyeron, de su lira acorde, Clásicos ritmos. Himnos los suyos armoniosos fueron, Cantos de hosanna, que cual triunfo vibran Hoy, cuando extraños ¡Poesía sacra! Ajan tu veste; Veste que siempre fulguró distante, Peplo de diosa en consagrado plinto, Y hora, arambeles que en el hombro lleva Vulgo profano. Frentes se inclinan a su paso. El cielo Radia en fulgores, y el silencio crece; Y óyese, lejos, en azul de altura Vuelo de águilas. Raudo desfile sobre erial galopa.... ¡Potros salvajes que cantó! Las crines Sueltas al aire.... y al tropel de cascos Tiembla la pampa. Potros pamperos.... ¿Los oís? De polvo Nubes levantan, y al tocar la cumbre Rápido el viento, retrasado vuela, Vuela tras ellos. Rojas corolas cual la sangre suya, Ecos de bosques y armonías altas, Fueron de su alma, segador de ensueños, Lírica siega. Frente a sus ojos se extendió anchurosa Selva de siglos, con inmensas aguas; Tierra fecunda, y el azul cortando Fúlgido el Huila. Toda la tierra tropical; e inmenso Campo a su vista, con hervir de savia; Y ávido entonces de laureles, hizo Suya la selva. Sueña una garza en su visión de bosque,
  • 84. Tiende a las ondas el nevado cuello, Y alza en el pico, destellando en iris, Vivida escama. Fue claro río que en radiantes días Ceibas y palmas contempló en sus ondas, Y albo de espumas, reflejó de noche Rubias estrellas. Diáfano el cielo palpitó en su canto, Alas de cimas por sus versos se oyen, Y álzase de ellos, cual de vasos níveos, Hálito eterno. Áureos buriles en pulido mármol Graben su nombre; que su busto esplenda Alto y severo, y que su sien decore Lauro apolíneo. LA SIEGA DE LA MUERTE CUANDO VUELVAS.... quot;Cuando vuelvasquot;, llorando me dijiste, quot;Si siempre me recuerdas, si fiel eres, quot;Como tú nunca tan jovial me viste, quot;Me pondré el traje azul, el que prefieres. quot;Te esperaré risueña en la ventana; quot;Cantaré la canción tan conocida, quot;La canción que me hiciste una mañana, quot;Cuando a la iglesia fui, de azul vestida. quot;Y más versos harás para cantarme; quot;Me dirás que mis ojos son muy bellos, quot;Que a otras ves y no puedes olvidarme... quot;Y un rizo te daré de mis cabellosquot;. quot;Cuando vuelvasquot; .... llorando me dijiste.. Vuelvo, y de angustia el corazón palpita... Cerrado ha tiempo el piano, el perro triste, Y de luto, en la sala, tu hermanita.
  • 85. SPES ÚNICA Sweets to the sweet. SHAKESPEARE . Y fue la noche última. De cera Parecía su tez, antes radiosa: Lirio cortado y lívido en la era, Bajo el pie del labriego, ajada rosa. Flores sobre ella.... ¡Si era flor! El alba Empezó a clarear entre la lluvia, Y algo cual tinte pálida de malva, Daba más luz a su cabeza rubia. Y más flores después.... Era de raso, De raso blanco su ataúd. El cielo Brillaba azul, con oro en el ocaso.... Lejos se oía cual rumor de vuelo. Agonizaba el sol. En ese instante Brotaba en el crepúsculo una estrella; Y regresé con paso vacilante.... ¡Y allá quedó mi corazón con ella! EL CABRITO MAS BLANCO … El cabrito más blanco y el más bello Trajo, alegre y feliz, de la alquería, Y una cintita azul le puso al cuello: Con él en todas partes se veía. Vagaba en el salón y junto al piano, Y separarla de él, empresa vana. De comer siempre dábale en la mano; Hoy, cinta azul, de otro color mañana. Ya más no juega. Pálida, en su lecho., Fulgor extraño en sus pupilas arde; Las manos lleva con angustia al pecho., Y para siempre se durmió una tarde. Triste la casa está. ¡Luz que se apaga, Noche que enluta celestial aurora!.... Y balando el cabrito inquieto vaga, Y parece, buscándola, que llora.
  • 86. EN LA AGONÍA Desde media noche, aquel día No terminaba de llover. ¡Qué gris y honda melancolía La de ese triste amanecer! Dos lámparas agonizantes Daban luz vaga al corredor. Leves sombras, y en los semblantes Huellas de insomnio y de dolor. Desde el patio se columbraba Oscura cerrazón sin fin. Bajo la lluvia se doblaba El jazminero en el jardín. Sobre su lecho de caoba Se agitaba, y un fuerte olor De ácido fénico en la alcoba Aumentaba nuestro dolor. Su cabello en las almohadas, Inmóvil en su reposar, Fingía dos alas plegadas En blancas espumas del mar. Cual quietos remos en la ola Sus brazos dejaba caer, Y un fulgor como de auréola Parecía en su frente arder. Entre la sombra y la tormenta, Del agua no cesaba el son.... ¡Cómo el dolor la lluvia aumenta Cuando está triste el corazón! De un crucifijo se veía A su lado la triste faz, Y ante él un cirio se extinguía Con chisporroteo tenaz. En torno de ella, flor ya mustia, Ultima luz de una ilusión, Las almas eran honda angustia, Los labios eran oración.
  • 87. Cuando el alba, entre el aguacero, En el alto cerro brilló, Un gemido largo, el postrero, Sus labios por siempre cerró. En redor, sollozos ahogados.... ¡Vino a ella la eterna paz! Sus ojos estaban cerrados, Pero ellos veían ya más. Veintiún años!.... Rosal florido Iba la muerte a deshojar.... ¡Y cayendo en aguas de olvido Ya su corona de azahar! Cuando el alba, entre el aguacero, En el alto cerro brilló, Un gemido largo, el postrero, Sus labios por siempre cerró. En redor, sollozos ahogados.... ¡Vino a ella la eterna paz! Sus ojos estaban cerrados, Pero ellos veían ya más. EVOCACIONES CÓDICE ANTIGUO En Cluny. Siglo XV. Bajo álamos de plata Sus aguas el Saona rumoroso dilata Por el lento deshielo. La mole ennegrecida De piedra, corta el llano que despierta a la vida. En el parque, vagando, y humilde la mirada, Las manos sobre el pecho y en oración callada, Pasan monjes, tendida hacia atrás la cogulla; Y como una armonía celeste al campo arrulla. Cielo tranquilo y diáfano. La quietud del convento A la plegaria incita y a hondo quot;recogimiento. Las ventanas abiertas dan al jardín. Las rosas Sonríen bajo errante vuelo de mariposas; Y en las frondas, de nidos y de aves la algazara Es saludo a la aurora, que surge azul y clara. En la amplia biblioteca, monje benedictino Tiene abierto en la mesa borroso pergamino,
  • 88. Donde paciente artista de tiempo muy lejano, Al principiar capítulos, pintó con hábil mano, En grandes iniciales y con vivos colores, Dragones, ninfas, grifos y ultraterrenas flores. Con sus rubios cabellos sobre la frente vasta, Su palidez y el brillo de su pupila casta, Y con su hábito blanco, parece el monje, efebo, Del jardín ante el tibio primaveral renuevo. Copia un códice antiguo: quot;Dafnis y Cloequot;. Aromas De los rosales suben y arrullos de palomas. Absorto escribe. Y Cloe se yergue ante sus ojos, Púber, blanca, sin velos y con sus labios rojos, Así cual Longo un día radiante de verano La soñó junto a Dafnis, bajo el azul lesbiano. Aromas, más aromas, va trayendo la brisa. Cloe sonríe; a Dafnis abraza, y su sonrisa Es rosa entre sus labios en flor. Y más fragancia, Arrullos y rumores llenan la quieta estancia. Cloe pasa, se borra, mas de nuevo aparece. En su naciente seno ya la vida florece; Se pierde entre los árboles, vuelve nerviosa y bella, Y muestra en el boscaje su desnudez de estrella.. Sobre la mesa el monje pensativo se curva; Inquietud hasta entonces no sentida lo turba; Se alza rápido y torna a sentarse impaciente; Se pone en pie; se inclina, las manos en la frente, Y aromas.... y un deseo el corazón le roe.... Y más vivaz irradia la pubertad de Cloe. De pronto aparta el códice, y ante la azul mañana Tiende inquieto las manos, y cierra la ventana; Y sentado en la silla, pálido y sonreído, Se queda lentamente y en éxtasis dormido. En el silencio entonces, bajo el azul y el oro Del cielo, las campanas se oían; y en el coro Los monjes, en anhelo que del mal los liberte, Cantaban de rodillas el Salmo de la Muerte.
  • 89. ABANICOS DE MUSEO J´aime les éventails fanés Dont le lointain passé chagrine. MAX WALLER . Bajo cristales, en vitrinas, Esposando estáis olvidados, Abanicos de sedas finas En lejanos tiempos bordados. Y os abrís, en un sepulcral Silencio, en fondo carmes!, A la luz de tarde otoñal, En el Museo de Cluny. Y al pensar en lo que no existe, Encanto ayer y hoy desengaño, Decir parece el alma triste: “¿ Dónde están las almas nieves de antaño?” ¿En cuáles manos marfilinas Lucirían vuestros encajes, En dulces citas vespertinas Bajo los trémulos boscajes? Corte de los Luises de Francia, Reverencias ante el estrado.... Abanicos! Sois la fragancia Que va surgiendo del pasado!.... Fragancia que se desvanece En ideal mundo risueño, Mientras el alma se adormece En una bruma azul de ensueño. Al veros, llegan a la mente Ecos de fiestas cortesanas, Cuando os plegabais lentamente Como al compás de las pavanas. quot;Delfín! Callad, os lo suplico!quot; Decía la rubia Marquesa, Y en tanto, tras el abanico, Reía una boca de fresa. Restos de antigua aristocracia Que llevó del tiempo el turbión, ¡Cómo os abriríais con gracia En los jardines del Trianón!
  • 90. Y qué encantadores secretos Guardaréis de épocas remotas, Cuando en Versalles, los minuetos Alternaban con las gavotas! Abanicos de sedas finas Que durmiendo estáis olvidados, ¡Desde el fondo de las vitrinas Cómo evocáis tiempos pasados! EN LA SOMBRA I En las noches de insomnio, cuando el viento Se oye en los corredores cual gemido, Y, agrandado en la sombra, todo ruido Llega a la oscuridad del aposento, Con qué amargura viene al pensamiento, A torturarlo, cuanto se ha perdido, Y cuanto quot;pudo ser y que no ha sidoquot; Por propia cobardía o desaliento!.... Entonces, con la frente pensativa, Vemos que los recuerdos van pasando, Y nos arrancan lágrima furtiva; Y son cual los cantares campesinos Que oímos por la noche, suspirando, En la gran soledad de los caminos. II Y seguimos pensando en el mañana, Tal vez sobre arrasada primavera, En el azul de la ilusión primera Que la vida borró cual sombra vana; En los ensueños de la edad lejana Que brillan ya con claridad postrera, Y en la amargura de una larga espera ¡Para encontrar cerrada la ventana! Y entre la soledad aterradora Que en torno de nosotros se ennegrece, Pensamos: quot;¡cuándo asomará la aurora!quot;… Y entonces, de terror sobrecogidos, ¡Cómo en la sombra el alma se estremece
  • 91. Con el recuerdo de los tiempos idos! EL TEQUENDAMA Contra el Cielo pecó la raza impía, Y el Cielo en sombras se cubrió irritado; Del Bien, el pueblo continuó olvidado; Pero llegó de la venganza el día. Como castigo el agua descendía, Y en un lago profundo y dilatado Trocada fue, por obra del pecado, La llanura que en flores sonreía. Mas Bochica aparece. Al Cielo invoca, Y rompe la montaña, envuelta en bruma, Con su áureo cetro de poder emblema. Y saltó el lago por la abierta roca; ¡Y el arco-iris, en cendal de espuma, Sobre el torrente fulguró en diadema! LA GUITARRA La abuelita guardaba, con olor de vainilla Su guitarra en estuche forrado en verde pana. Hace ya tantos años!.... Era en la edad lejana De contradanzas lentas, mantón y redecilla. La abuelita tocaba, siempre alegre y sencilla; Y con cuánto donaire, su cabecita cana Iba el compás llevando, al tocar la pavana Que bailaba en sus tiempos de noviazgo en Sevilla. Y tocaba y cantaba la abuelita. Su canto, De lo que lia muerto y vive tenía el dulce encanto, Y siempre el estribillo decía: quot;¿No te acuerdas?quot; Y una tarde—la última—quot;¿No te acuerdas?quot; cantaba, Bajó los ojos tristes, mas la vi que lloraba; Y sus cabellos blancos cayeron en las cuerdas. LAS CANCIONES EL CAJONCITO
  • 92. Junto al cementerio, el puente; De sauces angosta calle; Rojo el sol en el poniente, Y alegría en cielo y valle. Cubren la cerca de piedra Los heleclios tembladores, Y asoman entre la hiedra, Como sonrisas, las flores. Iba en el hombro del padre La niña en un cajoncito. Detrás llevaba la madre De flores ramo bendito. Tierra echaron lentamente; Se les oía rezar.... Y en la baranda del puente Se pusieron a llorar. EN LA FUENTE Campesinita que sola Cerca estás del manantial, Pareces una amapola En el dormido trigal. Oyes del agua el correr Y al cristal la frente inclinas. ¿Será que te quieres ver Entre rojas clavellinas? Tu cabellera muy negra Con las espumas contrasta, Y es flor que tu boca alegra Tu leve sonrisa casta. Campesinita que el son De la fuente estás oyendo: Sed tiene mi corazón, Y de sed se está muriendo. LA CAMPANA Campana, alegre campana,
  • 93. Que estás a misa llamando: En la radiosa mañana Sigue, sigue repicando. Campana, brilla el altar, Casi comienza la misa, Y como va comulgar, Repica largo y aprisa. Campana, que vibre y suene Tu toque en el campanario. Qué hermosa la niña viene!... Viene a rezar el rosario. Campana, tu repicar Es cual doble en un desierto. Con otro se va a casar.... Que toques más bien a muerto. EN LOS ALCORES El sendero, en los alcores, A su casa conducía. Cuando a la aldea venía Perfumaban más las flores. Cuando bajaba la niña Con su sonrisa hechicera, Más azul el cielo era, Y más verde la campiña. ** * Sendero que hasta su casa Llevabas por los alcores: Segó el verano tus flores Y ella por tí ya no pasa. Qué tristes las tardes son.. . En vano espero y espero. ¡Parece que en el sendero Se quejara un corazón! EL PLATANAL Bajo la luz estival Que dora el campo dormido, ¡Qué grato llega al oído
  • 94. El rumor del platanal! Al soplo de auras reideras Hojas y hojas se estremecen, Y verdes y anchas parecen Como un campo de banderas. Y entre los vastagos ríes, Te asomas y huyes aprisa. ¡Qué grata suena la risa En tus labios carmesíes! Niña, campestre panal, Soy peregrino de amor. Vén, y arrulla mi dolor Al rumor del platanal! LA CASA TRISTE Las flores cada mañana Al patio a regar salía. De codos en la ventana Yo extasiado la veía. Geranios, claveles rojos, Y en el rosal cada rosa, Parecían tener ojos Para verla tan hermosa. Cuando yo a casa volvía, Después del trabajo diario, Alegre me sonreía Mientras cantaba el canario. Oh! la vida sin fortuna! Triste y desierto el hogar... ¡Y va saliendo la luna Tan' sólo a verme llorar! LA FLAUTA DEL PASTOR Una flauta en la montaña.... Es la flauta del pastor. La luna los campos baña.... ¡Vuelve el antiguo dolor! Esa música que viene Un recuerdo a despertar,
  • 95. ¡Cuan honda tristeza tiene! ¡Cómo hace a solas llorar! Cogiendo en el huerto flores Una mañana la vi. La misma canción de amores, Cogiendo flores, le oí. Tocando, en la noche en calma, Su flauta sigue el pastor. Llora el recuerdo en el alma.... ¡Volvió el antiguo dolor! EN EL SILENCIO Cortina de los pilares Es la enredadera verde. ¡Cuál se amontonan pesares Cuando la ilusión se pierde! ¿Ya olvidaste la canción Que decía penas hondas? De un violín el grato son Se oía bajo las frondas. Suspendida del alar Lucía mata de flores. ¿Ya olvidaste aquel cantar, Cantar de viejos amores? De noche en el corredor Te hablaba siempre en voz baja. ¡Cómo murió nuestro amor! ¡Qué triste la noche baja! Por el patio van las hojas... En sombras está el salón ¡Qué tristes son las congojas De un herido corazón! PEREGRINANDO Limpio luce el corredor De la casa en el camino. En cada jaula hay un trino Y en cada taza una flor.
  • 96. En festones, del alar Cuelga verde enredadera. Aquí todo es primavera, Todo invita a reposar. En el cielo, leves tules; Rosa y oro la mañana. ¡Qué bellas en la ventana Las campanillas azules! Una dorada ilusión Se fue volando, volando.... ¡Corazón que estás llorando, Descansa aquí, corazón! LAPIDA SEPULCRAL quot;1700quot; dice la piedra abandonada; quot;1720quot; después. La piedra rota Agrega: quot;Mari....quot; Fúlgida visión entonces flota, Flota en el pensamiento como visión soñada. María... ¡ Ya dos siglos! ¿Quién fuiste, flor tronchada? Tu nombre mutilado, como una esencia ignota Viene a evocar ensueños desde una edad remota.... ¿Quién fuiste? ¿Blanca y rubia? ¿Bella y de azul mirada? Te veo, y me imagino tu plácida agonía.... En mañana de lluvia, tu faz reflejaría La luz ultra terrena con que soñó tu anhelo; Y serías entonces como incienso que sube, Como aroma de lirio, como callado vuelo, Y como en alba de oro, níveo copo de nube. BOCETO ANTONIO RICAURTE Calavera, burlón y algo alocado Siempre Ricaurte fue, pero valiente; Y un día, con Bolívar que iba al frente, Se marchó a Venezuela uniformado. De quot;San Mateoquot; brilla el sol. Cercado
  • 97. Se ve el parque. Bolívar, impaciente, Al cerro se lanzó, como demente, Y gritó entonces: quot;¡Todo está acabado!quot; Y respondió Ricaurte: quot;Dondequiera Fama dejando voy de calavera.... Pues verán lo que haré sin gran trabajoquot;. Y fuego al parque le prendió. Subía, Y en las nubes, riéndose, veía Su castillo de pólvora aquí abajo. EL NEGRO INFANTE De un gran quot;Te Deumquot; era el fausto día: Bolívar, Santander, Sucre adelante, Y con rico uniforme el quot;Negro Infantequot;, El primer uniforme que lucía. En su sillón, nervioso se veía, Y el sudor inundábale el semblante; Y era tal su inquietud en ese instante Que casi desmayarse parecía. quot;¿Qué tendrá?quot; preguntaban, quot;él, valiente, El, que en todo combate al ver al frente A un español, le grita: quot;¡Cepos quedos!quot; Y cuando estaba el Arzobispo alzando, Ambas botas quitóse murmurando: quot;La libertad es buena hasta en los dedosquot;. 7 DE MARZO DE 1849 ¡ De qué poco depende la suerte de un partido!... Era Pradilla el jefe de la plaza ese día; Ordóñez el Congreso Nacional presidía, Y entre ambos el siguiente pacto fue convenido: quot;Entrarás con la tropa si un pañuelo escondido Saco y te hago una señaquot;. El tumulto crecía, Y Pradilla esperaba. La señal no veía. Arreciaba el desorden. Y López fue elegido. Después cuando Mosquera, con música en la plaza, Da quot;vivasquot;, a caballo, y a todo el mundo abraza, —Alegría de unos y de otros hondo duelo—
  • 98. Pradilla a Ordóñez díjole, con voz adolorida: quot;Esperé por tres horas la señal convenidaquot;. Y Ordóñez le repuso: quot;Se me olvidó el pañueloquot;. CIERRO EL LIBRO… Cierro el libro, y los ojos cierro también. El día Se va apagando, y sueño. Y en la tarde borrosa Se destaca en neblinas de oro, de nieve y rosa, De un alcázar lejano marmórea gradería. Y las visiones suben entre suave armonía: Hombres de ferreruelo, damas de faz radiosa, Un galán que la mano besa a la más hermosa.... Parejas y violines bajo la alta arquería. Cierro el libro, y los ojos cierro también. Radiante El rojo cortinaje para mis sueños abro; En coro se oyen voces de un cántico distante. Las visiones desfilan con su real decoro, Y en mis estrofas, ménsulas de mármoles que labro, Van sonando las rimas como espuelas dé oro. . LA CASUALIDAD. |Y pensar que pudimos no habernos conocido! ¿No meditas cuan buena nuestra fortuna ha sido Para que al fin estemos uno del otro al lado, Para que seas mía, para ser yo tu amado? quot;El uno para el otro nacimosquot;... Así dices. Pero iqué coincidencias para ser tan felices! Antes de que en la vida, con un amor profundo, La suerte unido hubiera tu corazón al mío, —Siendo el tiempo tan largo, siendo tan grande el mundo— Vivimos separados, solos, con hondo hastío... Y pudimos entonces, por capricho del hado, En el haz de la tierra no habernos encontrado! ¿No has pensado en el arduo sendero recorrido, En los peligros graves o azares que ha corrido Nuestra dicha —esa dicha, manantial de ilusiones, Que el mundo entero ahora nos hace ver hermoso
  • 99. Cuando el uno hacia el otro, con poder misterioso, Gravitaban callados nuestros dos corazones? ¿No sabes que ese viaje no tenía certeza, El viaje hacia una noche, por mí no presentida, De que un capricho apenas o un dolor de cabeza Han podido apartarnos para siempre en la vida? Nunca te había dicho cosa muy rara! que Cuando por vez primera te vi, no me fijé En que eras tú bonita; lo digo francamente: Te miré aquella noche con aire indiferente Con su risa, tu amiga mi tedio distraía; Fue más tarde cuando ambos cruzamos la mirada, Y si algo sentí entonces que hacia ti me atraía, Tú no lo comprendiste... Mas no me atreví a nada. Si esa noche tu madre te hubiera conducido Más temprano a casa ¿qué habría sucedido? ¿Y si el rubor no hubiera de pronto, cuando el manto Te coloqué en los hombros, a tu rostro subido?... Porque esa fue la causa de todo lo ocurrido Aquella noche, noche de inolvidable encanto. Un retardo cualquiera, cualquier inconveniente Que en ese viaje hubiera surgido de repente, Esta embriaguez de ahora ninguno sentiría, Ni este placer sin nombre que absorbe nuestra mente. En mi alma, que es otra, tu amor no existiría, Y tu vida, en mi vida, nada... inada sería! Corazoncito mío, que me apartas lo triste De la vida, y alegras con luz mi porvenir... Pienso en aquellos días cuando enferma estuviste Y creíamos todos que te ibas a morir. Octubre 21 de 1936 MEDITACIÓN quot;iSlempre! itoda la vida!...quot; Y esas palabras tontas —tontas me han parecido- Es preciso decírmelas; que suenen en mi oído, Cual cosa repetida. ¡Separarnos!... ¡Decirnos adiós! ¡Tú y yo alejados!...
  • 100. ¡Eso parece horrible! ¡Monstruoso! ¿No es verdad? Dilo pronto. ¿Podríamos existir separados? Yo quiero estar seguro de nuestra eternidad. Mas sin embargo, cuando mi amigo con sincera Voz me dice: quot;Ella siempre será tu compañera Definitiva, ardiente; ¿Qué temes? Será siempre vuestro amor vivo y loco, Y fieles seréis ambosquot;, mi corazón, un poco —¿Y para qué ocultarlo? —contrariado se siente. Octubre 24 de 1936 DUDA Me dijiste: quot;Pienso en ti, Siempre en hondo desvaríoquot;, Pero en el amor^ bien mío, Siempre piensas más que en mí. Me dijiste: quot;Mis pupilas No te pueden olvidar, Y si quiero reposar, Como se abren intranquilas Tardo el sueño en conciliarquot;. Pero tu alma en el exceso Del placer, se siente loca, Pues piensas más en el beso Que en la boca. No te atormentas jamás, Porque nunca desconoces Que son propios nuestros goces Y de nosotros no más. Da el amor siempre alegrías Y esclaviza el alma entera ¿Mucho menos me amarías Si otro en la vida yo fuera? Octubre 22 de 1936 APACIGUAMIENTO Nos separamos ambos de mal humor. ¿Por qué? Y después de que tanto prometimos un día Amarnos siempre, pero... la culpa no fue mía, Y aunque insistas, no puedes decir que yo empecé. Fuiste tú. Tú empezaste. Talvez ambos... Tú... yo... Mas te confieso, no Fuiste tú. ¿Me has oído? Ni yo... Franco seré.
  • 101. Él sólo responsable de todo el amor fue. Y saliste enojada. Tu adiós me sonó mal, Y cambiamos palabras duras en el umbral. Hizo explosión mi orgullo, que tanto tiempo, tanto, Contuve, y reprimías en los ojos el llanto. Extraño es, pero cierto. Desde que nos unimos Parece, así lo creo, que odiándonos vivimos. Y la culpa no es tuya. Tampoco culpa mía. Me quieres. No lo niego. Negarlo no podría, Y te he amado. Y te amo con afecto leal. Mas tal vez las disputas, del carácter igual Que tenemos, dependen; de que siempre nos vemos, Y quizás de que mucho los dos nos conocemos. Así nuestros defectos se muestran con frecuencia, sin que haya en nuestras almas un poco de indulgencia. Comprenderse de sobra no es nunca conveniente, Porque viene el análisis al punto. Y a la mente la incertidumbre llega fatal. Y no tenemos En el amor confianza, pues de él siempre tememos El vernos traicionados. Mira: un momento hacía Que tú y yo nos amábamos. Pero ambos pretendemos, Como extraña manía, Amarnos en la vida de modo extraordinario, Y, viéndolo bien, eso no es nunca lo ordinario. Y nos atormentamos. Ya amarnos con locura Y es difícil. Mas oye. Juzgo que la cordura Exige, de nosotros que menos nos veamos. Cierto es que nos amamos, Mas de hablar de eso siempre se cansa uno y se irrita. Y para estar tranquilos nuestra alma necesita No vernos con frecuencia. Y esto no es un capricho. Verás que cuando vuelvas, muchas cosas tendremos Para decirnos, cosas que no nos hemos dicho, Y entonces, sí, felices, muy felices seremos. Vamos a amarnos mucho, mucho nos amaremos. Pensar en dichas nuevas no es esperanza vana, Estoy de ello seguro. Lo verás, sí, tesoro De mi vida. ¡Te adoro!... Y trata de que vuelvas más temprano mañana. Octubre 27 de 1936 PUESTO A PRUEBA Dices que mucho reíste
  • 102. En el baile en que estuviste; Que reíste hasta el exceso, Y supones que por eso Ahora me encuentro triste. La pena que me contrista Dejar quisiera al momento; Es verdad que pena siento... Dices que soy egoísta Y que lo hiciste de intento. Mi dolor has acechado En mis ojos, anhelante. Si contento hubiera estado No te habría yo observado Tan dichosa en este instante. Octubre 25 de 1936 CONFESIÓN Sé que soy irritable, celoso, imperativo, Infeliz, exigente, que razones no escucho; Que siempre estoy buscándote querellas sin motivo; ¡Y crees que no te quiero... y es que te quiero mucho! Te busco, te regaño, y hago tu vida triste... Serías más dichosa por todos consentida, Si para mí no fueras cuanto en el mundo existe, Y si este amor no fuera todo el bien de mi vida. Octubre 25 de 1936 DUALISMO Explícame por qué dices quot;Mis rosasquot;, Y quot;mi pianoquot;, y por qué, frecuentemente, “Tus librosquot; y quot;tu perroquot;, indiferente; Y di, por qué con aire placentero Me dices: quot;Unas cosas Voy ahora a comprar con mi dineroquot;. Lo mío es siempre tuyo, eso es sabido. ¿Por qué dices palabras que entre los dos han sido Y serán siempre odiosas? quot;Mío y tuyoquot;... ¡Qué extrañas tonterías! Si me amaras, quot;los librosquot; tú dirías, Y quot;el perroquot; y quot;nuestras rosas'quot;. Octubre 22 de 1936
  • 103. INQUIETUD Como chiquilla alocada, En constante ir y venir, Con tu risa alborotada Turbas la sombra callada En que vivo. No me agrada Oírte tanto reír. Es tu risa muy ruidosa, Y en la casa silenciosa En que riegas inocente, De la mañana al poniente, Luz, salud y algarabía, Que eso sea solamente Para tu propia alegría. Para hallarme con mi suerte Feliz, sé contemplativa, No como eres expansiva, Pues más niña quiero verte. Y es en mí necesidad Ver en ti fragilidad; Menos así te amaré, Pero con toda verdad Más tranquilo viviré. Octubre 25 de 1936 EXPLICACIONES ¿Otra vez la discusión? ¿Quieres que nos expliquemos? ¿Continuar es tu intención? Oye: préstame atención. ¡Dios mío! ¿Qué nos diremos? Cosas tristes ¿para qué? ¿Para qué amargar la noche? Si dura la riña fue, Olvidémosla. ¿El corsé Quieres que te desabroche? Eso lo mejor será. Lo que has de decirme, bien De antemano lo sé ya. Quítate el traje, que está
  • 104. Mi amor en tu espera. Ven. Siempre uno mejor se entiende Sin tomar aire de tonto, Cuando en la cama se tiende. Tu corazón me comprende... Mas quítate el traje pronto. Dejémonos de altercados. ¿No has oído lo que he dicho? Los cuerpos enamorados Bien se entienden, abrazados. Ven. Y cese tu capricho. Deja de estar enojada. Suéltate el traje y los lazos. La disputa comenzada... Aquí quedará acabada... Ven, pero pronto, a mis brazos. MEDITACIÓN Por simple casualidad, Por juego o curiosidad Brota el amor, y tal vez Porque de paso una vez Vio nuestra alma emocionada Una probabilidad En la luz de una mirada. Y entre tantos pareceres En este mundo mortal, Alguna te ama, y la quieres Por tener un gusto igual. Y cualquier cosa, un pesar Chico a veces, compartimos, Y la costumbre adquirimos De buscarnos para hablar. Todo lo que antes hablamos Uno al otro le dirá Por hablar, y nos amamos Porque comenzamos ya. Octubre 25 de 1936
  • 105. DERROTA En fin, esto no es justo. Soy siempre muy sensible. Cuando daño me causas y mi orgullo has herido Quiero el mal devolverte. Pero eso no es posible. Más que tú siempre sufro; siempre más he sufrido. Los enojos de días soportar has sabido, Silencios obstinados y hasta miradas duras. Amable sé conmigo. Todas mis amarguras, Oh amada de mi vida, siempre grandes han sido. Mas soy loco, muy loco. No me prestes oído. Verdades peligrosas te he dicho tontamente. Ya mi oculta franqueza te revelé imprudente, Y de ella, en contra mía, sabrás sacar partido. Octubre 25 de 1936 ESTEREOSCOPIO No quiero verlos, oye. Llévate esos clisés, Que copian, según dices, nuestra vida y su historia. Mis recuerdos, más bellos, están en mi memoria. Como evocarlos quieres tanto tiempo después, Habrás de evaporarlos... Llévate esos clisés, Donde todo se achica, se esfuma, y el pasado, Si surge, es despojado De su color y música, de su encanto y su aroma, Mientras que impertinente detalle vida toma Con visible importancia de relieve cruel. Mi memoria es más fiel Aunque a veces olvida. Tal vez ha confundido Las líneas, o un contorno no está bien definido; Pero siempre el recuerdo, que a veces trae llanto, Le ha dado a mi memoria como imborrable encanto; Conserva mis placeres, cuanto ha sido mi anhelo, Y al menor llamamiento, con toda su dulzura, Ante los ojos míos los tiende, con la altura De su radiante cielo. Y las horas felices que vivir ansío Me las das, si lo quiero, pues todo lo ha guardado: El acre olor del bosque, de aquel bosque sombrío De pinos en la playa que nos dejó embriagado El corazón; el viento que se llevó en la duna Nuestros besos, al claro de la naciente luna; La aldeíta, el estrecho recodo del camino
  • 106. En donde disputamos ^al fulgor vespertino; Nuestro largo regreso; Y como yo con modos fingidos o reales Te regañaba, el tiempo que empleaste ex profeso Comprando bagatelas y tarjetas postales; Después, perdón y llanto, la entrada a la capilla Con aroma de incienso, nuestra casa sencilla; En tardes de verano, bajo cielo violeta, Nuestros largos paseos en veloz bicicleta; Nuestros cantos y grifos,, nuestras horas sombrías; Y por el campo, aquellas alegres correrías... Todo eso mi memoria, con imborrable acopio De recuerdos, me vuelve, recuerdos de otros días... ¿No piensas que ella I/ale más que tu estereoscopio?... ¿No piensas qué lo tuyo semeja. cosa trunca, Esos blancos y negros conjunto deslustrado De ataúdes en donde vivo quedó el pasado Y de donde a la vida no ha de salir ya nunca? Habrás de mostrar esos sarcófagos sombríos En donde nuestros días se encuentran prisioneros, Y dirán tus amigos con rostros placenteros: quot;¡Qué grande vuestra playa, qué campos y qué ríos, Y qué árboles teníais solos en esta aldea Vivisteis?quot;. Para luego reír a costa mía De mi torpe apostura. ¡Que eso tu encanto sea! Tú diviértete, y hazlos que vivan nuestro viaje; Mas todos esos sitios y muros y paisaje Que tan feliz me hicieron y que guardo en la mente, Cuadros en donde surges con aire indiferente, Y siempre aire placentero, Guárdalos sin mostrármelos, porque verlos no quiero. De otras bellas imágenes mi mente está repleta, Y me interesan más... quot;Tus clisés no me importan. El recuerdo es poeta, Pero ¡por Dios! No lo hagas historiador jamás. Octubre 26 de 1936 MEDITACIÓN Aunque los dos nos amamos, Y aunque también padecemos En la vida que llevamos, Muy poco nos parecemos. Siempre un disgusto es bastante Aunque pequeño en sí mismo, Para que surja al instante
  • 107. Entre los dos un abismo. En nuestro mutuo ardimiento Creemos, y en sus delicias, Mas desde el mismo momento En que cesan las caricias, Sólo a medias, no te asombre, Nos podemos entender. Amigos, si fueras hombre, ¿Llegaríamos a ser? Octubre 24 de 1936 CARTA Listo habrá de ser largo. Todo un mes. ¡Qué cansada Durante un mes mi vida, sin tu charla adorada! En mi última carta te dije que creía, Que pensaba habituarme, que al fin valor tendría. Sí, valor... pero sólo valor por un momento. Después, mi dolor vuelve, vuelve como tormento. Aquí está, lo percibo, lo siento aquí en mi alcoba; Me persigue, me arrastra, y el sosiego me roba; Va por entre los muebles, por las salas sombrías... ¡Ah! Estas noches sin besos, en soledad profunda. Estas tristes mañanas sin oír quot;Buenos días!quot; Estas noches sin sueño, En que tantos recuerdos de un pasado risueño Se agolpan a mi mente conturbada; Recuerdos que tu aliento no llena, ni el aroma Que los cabellos tuyos dejan en tu almohada. Si supieras qué horrible fastidio es verse solo, ¡Qué tristes noches, qué angustiosos días! La alcoba me parece como muerta, la alcoba En que orden y desorden siempre poner sabías. Y después los armarios y puertas, un ruido Hacen tan diferente, tan raro, entre la sombra, Como un eco de queja dolorida, De malestar muy hondo que persiste, Y que en este vacío va poniendo algo triste, Como la lluvia en torno de una cita incumplida. Un son lúgubre todo va adquiriendo: Ya voz que canta en notas desoladas, O ya el grito de un niño, él son de un piano, O en la escalera, al lado, fugitivas pisadas; Y de pronto, en la calle, sordo rumor lejano,
  • 108. Que se va, que se extingue... se extingue lentamente, Y después, en la casa, las voces de las criadas... Y Marta qué se queja, que regaña insistente, Y para la comida pide órdenes. ¿Qué puedo Decirle? Ni tengo hambre. Pues sabrás que en mi mente Una idea grabada se encuentra solamente: Esperar, solitario —mi angustia el cielo sabe— Que este mes iay! tan largo, tan largo, pronto acabe. Para muchos el tiempo pasa siempre volando. Y por creer me esfuerzo, con el alma dolida, Que este mes, para ellos y para mí, en la vida Será un mes como todos, que irá veloz pasando. Y mientras tanto, cartas me ocupo en escribirte, En que nunca he encontrado gran cosa que decirte; De esas cartas que poco siempre dicen o nada, Sin la voz, las sonrisas, el gesto y la mirada, Y que sin eso siempre mal decimos Todo lo que sentimos; Y entonces ¿con qué fin ese deseo Que nos hace escribir lo que escribimos? Tenemos fe que en charlas de correo Algo del alma va; pero esos largos Monólogos de pluma deficiente Siempre han hecho en la vida que la distancia aumente La retórica indócil a que siempre le falta En desoladas horas, Y cual solaz de fiesta, Lo que esas charlas hace encantadoras: El íntimo placer de la respuesta. Solo estoy. Hasta pronto, tú, ¡vida de mi vida! ¿Cierto es lo que me escribes en tu carta adorada? ¿Conque pensaste en ambos al quedarte dormida? Mi corazón te envío, mi alma destrozada. Te envío mi amargura, mi vida desolada, Sin placer, sin los dulces pasados embelesos; Y, corno suave arrullo de tu noche callada, Muchos besos, más besos, siempre besos y besos. POSDATA Me escribiste ayer tarde dos hojas solamente. ¿Estarás tan contenta que me olvides así? Sin duda te fatigas y ves a mucha gente; Repósate. Y escríbeme. Y piensa siempre en mí. Y tu vestido nuevo no te lo pongas tanto;
  • 109. Que bien te va. Celoso no soy, y nunca fui. Puede el aire dañártelo. ¿Para qué nuevo encanto A tu belleza? Guárdalo para ti y para mí. POSDATA He bebido tu carta con febril impaciencia. Y tú, cuando estas líneas recibas, estarás En un grupo dichoso. Y entre la concurrencia, quot;Léela prontoquot;, una amiga junto a ti te dirá. Y en tanto, abanicándote con mi carta cerrada, Y viendo el sobre apenas, distraída tal vez, Dirás, no interrumpiendo tu charla comenzada: quot;No es nada, sí... no es nada. La leeré despuésquot; DISTANCIA Tu cita por teléfono me turbó como a un niño... Órdenes antes di De que a nadie dejaran entrar a mi aposento, Donde para esperarte las luces extinguí. Sentía arder mis sienes. Y seguro no estaba, Solo entre las calladas tinieblas en redor, Llenas en este instante de espera, con la dulce Promesa de tu voz, De que á mí llegaría de tu aliento lejano La suave vibración. Y cuando tu llamada sonó brusca en la sombra, De repente creí. Que el correr de mi sangre se paraba en mis venas. Luego hablaste. Y te oí. Pero cuanto dijiste me parecía entonces Del extremo del mundo lentamente llegar. Habría recorrido tu voz llanuras, bosques, Y ciudades y ríos tendría que cruzar; Por eso me llegaba tan cambiada, tan débil, Que casi tú no eras la que me hablaba allí, Sino algo cual la sombra de tu voz, o un remedo De esa voz adorable, lo que llegaba a mí. Y antes pensando estaba, que de un momento a otro, ¡Oh mi ausente adorada!, te sentiría a ti
  • 110. Inclinada a mi boca, y aunque tú no presente, A lo menos mil veces aproximada a mí. Pero, al contrario; en ese momento la distancia Parecía aumentar, Más honda entre nosotros, de modo indefinido... Y de pronto surgiste; te vi ante mí asomar, En el remoto extremo de aquel hilo engañoso, Pero estabas tan lejos, tan lejos, que me vi, En trente del teléfono, más solo en mi existencia; Y más triste que antes el corazón sentí. Octubre 25 de 1936 DISPUTA La culpa ha sido tuya. ¡Sí! Tuya. Te lo he dicho, Lo repito, y no niegues que lo hiciste ex profeso, Lo sabes, pues te dejas llevar de tu capricho. Mas no llores, no llores... ¿Qué sacarás con eso? Toma el té. Que esto acabe... Dos horas disputando. Tómate el té; y hablemos de cosa diferente, Porque inmediatamente Me iré, te lo prevengo, si has de seguir llorando. Pero ¿qué es lo que he dicho? ¿Qué tienes? ¿Tu porfía A qué obedece? ¡Sea! Pues bien, la culpa es mía; Mas enjúgate el llanto, ¡Porque has llorado tanto! Y como soy sincero —¿Y para qué callarlo?— te digo que te quiero; Bien lo sabes, lo sabes, amor de mis amores, Bien sabes que te quiero. Pero ¡Por Dios! no llores. Dices... ¿Qué es lo que dices? ¿Dices que te he pegado? ¿Y cómo dices eso? ¡Si yo no te he tocado! ¿En dónde te he hecho daño? ¿Cómo aseguras eso? Déjate de esas cosas... y dame pronto un beso; Y que nuestra disputa quede ya terminada, Que todo esto se acabe... Di: ¿no estás enojada? Cálmate en el instante. Tómate el té. Te ruego... Después te pondrás polvos... cuando venga el sosiego; Y dime que me quieres, que soy tu solo amado, Y toma mi pañuelo, que el tuyo está mojado. ¿Y qué quieres ahora? ¿Un poco más de crema? ¿La polvera?... ¡Señora!
  • 111. ¿Ya lo ves? Y ocultarlo tu corazón no puede, Qué en todas las disputas siempre soy el que cede. Pero tienes hinchados, muy hinchados, los ojos, Y los tienes muy rojos. ¡Vamos! Sonríe ahora; que sonreír te vea, Porque cuando te enojas hasta te pones fea; Y dame un beso pronto, con labio apasionado, Porque ya nuestra riña ¿no es cierto? ha terminado. Octubre 26 de 1936 LA COSTUMBRE ¿Quieres saber por qué, sin aparente Razón, tengo esta noche mirada displicente? Estoy pensando en cosas... en cosas de otros días, En aquellos vestidos que otro tiempo tenías. Inútil es el hondo cavilar de mi mente. Veo en nosotros cambios, pero insignificantes. En las mesas observo que hay menos flores que antes; No obstante, de otro tiempo me acuerdo emocionado, Y de otra viva llama que un tiempo estuvo ardiendo. Y me parece ahora, cuando evoco el pasado, Que a las demás mujeres ya te estás pareciendo. Octubre 25 de 1936 PASADO Cómo gozo en recordar —Y las recuerdo mil veces— Aquellas tus timideces Que al fin te enseñé a olvidar. Cuando contigo me uní Era al par de nuestro amor Un encanto tu pudor... ¡Y ya perdido! ¡Ay de mí! Ahora tu cuerpo todo Desnudo, cambias camisa, Y a mí te enlazas aprisa... Antes era de otro modo; Porque tímida mujer, La luz miedo te infundía, Y, casta, no te podía
  • 112. Toda entera poseer. Y te decía anhelante, Mi cuerpo una llama viva: quot;No serías tan esquiva Si tú me amaras bastantequot;. Y tu beso pudoroso Buscaba con ansia rara, Para que le contestara Al beso mío goloso. Antes, entre riña y riña, Adorable y seductora, Cedías al fin. Ahora Cómo echo menos la niña Que de su pudor esclava, Y encendida de sonrojos ¡Noches aquellas! los ojos Con el brazo se tapaba. Octubre 27 de 1936 CORDURA No seamos exigentes. La dicha no es accesible A toda clase de gentes. Bueno es ser menos sensible, O con ánimo logrero Tener de sobra dinero... No pidamos lo imposible. Vivir siempre bien hallados Con nosotros, debe ser Lo que se pida a los hados; Y obtener siempre favores De intermitentes amores, Que en eso estriba el placer. Es mucho ser dos, y estar Juntos hasta el porvenir Y mutuamente sufrir, Y nada al otro ocultar En nuestro triste vivir. Y si al fin nos convencemos
  • 113. Que es mucha nuestra exigencia, Prueba eso con suficiencia Que mal carácter tenemos O excesiva inteligencia. Octubre 27 de 1936 MEA CULPA Mi locura desmedida, Mi error y mi gran pecado Fue el haberte a ti cargado Con el peso de mi vida. Cuando te di mi albedrío Creí que en tu corazón Cabría, con mi pasión, Todo el universo mío. Y sufrimos hondamente Por tan grave error profundo, Porque no ha cambiado el mundo Jamás detrás de una fuente. Es noble tu corazón, Pero no tienes razón, Y debes verlo muy bien, Para que ponga de lado A mi madre, ser amado, Y a mis amigos también. Octubre 24 de 1936 FINAL Adiós, pues. ¿Nada olvidas? Está bien. Puedes irte. Ya nada más debemos decirnos... ¿Para qué? Te dejo. Partir puedes. Pero aguarda un momento.. Está lloviendo. Espera que deje de llover. Abrígate. Está haciendo mucho frío en la calle. Ponte capa'de invierno. Y abrígate muy bien. ¿Todo te lo he devuelto? ¿Nada tuyo me queda? ¿Tu retrato te llevas y tus cartas también? Por última vez mírame. Vamos a separarnos. Óyeme. No lloremos, pues necedad sería... ¡Y qué esfuerzo debemos los dos hacer ahora Para ser lo que fuimos... lo que fuimos un día!
  • 114. Se habían nuestras almas tan bien compenetrado, Y hoy de nuevo su vida cada cual ha tomado. Con un distinto nombre por senda aparte iremos, A errar, a vivir solos... Sin duda sufriremos. Sufriremos un tiempo. Después vendrá el olvido, Lo solo que perdona. Tú, de mí desunida, Serás lo que antes fuiste. Yo, lo que antes he sido.. Dos distintas personas seremos en la vida. Vas a entrar desde ahora por siempre en mi pasado Tal vez nos encontremos en la calle algún día. Te veré desde lejos con aire descuidado, Y llevarás un traje que no te conocía. Después pasarán meses sin que te vea. En tanto, Habrán de hablarte amigos de mí. Yo bien lo sé; Y cuándo en mi presencia te recuerden, encanto Que fuiste de mi vida: quot;¿Cómo está?quot; les diré. Y qué grandes creímos nuestros dos corazones, ¡Y qué pequeños! ¡Cómo nos quisimos tú y yo! ¿Recuerdas otros días? ¡Qué gratas ilusiones! Y mira en lo que ahora nuestra pasión quedó. Y nosotros, lo mismo que los demás mortales, En promesas ardientes de eterno amor creyendo. ¡Verdad que humilla! ¿Todos somos acaso iguales? ¿Somos como los otros? Mira, sigue lloviendo. Quédate. ¡Ven! No escampa. Y en la calle hace frío. Quizá nos entendamos. Yo no sé de qué modo. Aunque han cambiado tanto tu corazón y el mío, Tal vez al fin digamos: quot;¡No está perdido todo!quot; Hagamos lo posible. Que acabe este desvío. Vencer nuestras costumbres es inútil. ¿Verdad? ¡Ven, siéntate! A mi lado recobrarás tu hastío, Y volverá a tu lado mi triste soledad. LA SALA DESIERTA Su ventana está cerrada, La ventana en que solía Asomar su faz mi amada Cuando la tarde moría.
  • 115. Quiero mi mundo evocar, Paraíso de quimeras... Voy lo de adentro a observar Al través de las vidrieras. A la sala silenciosa Dirijo, inquieto, la vista, Y al ver que todo reposa Mi corazón se contrista. En medio a tanto mutismo, Como su ausencia resalta... Todo está, todo, lo mismo... ¡Ella solamente falta! ¡Ya truncada estás, historia! ¡Ensueños, ya sois huidos! Cual llegan a mi memoria ¡Aromas de tiempos idos! La silla que se halla al frente, Muelle parece que aguarda A la que lloro yo ausente, Aquella que tanto tarda. En la tallada consola Está abierta la novela Que leía cuando sola Pasaba la noche en vela; Como en aquella doliente Noche del último adiós, Cuando besé su alba frente, Cuando lloramos los dos... Como en noches de agonía, Noches de rayos y lluvia, Cuando en las manos hundía La hermosa cabeza, rubia... Un ramo casi deshecho Mis ojos miran allí... ¡El que llevaba en el pecho La última vez que la vi!... Parece que ecos de danzas Cruzan el salón desierto... El libro de las romanzas
  • 116. Está sobre el piano abierto; Y como toda lo abrasa El sol con sus resplandores, En el patio de la casa Secas estarán las flores. En medio a tanto mutismo, Cómo su ausencia resalta... ¡Todo está, todo, lo mismo... Ella solamente falta! A UNA AUSENTE Cuando caigan los hojas, Cuando soplen las auras del invierno, Y la tristeza en el ambiente flote, Y no haya un astro en el borrado cielo; Cuando evoques doliente Las leyendas del Rhin y sientas miedo, Y el quot;Feroz Cazadorquot; devaste el campo, Y haga en las sombras resonar su cuerno; Cuando espectros parezcan, Envueltos en la bruma los abetos, Y la aves emigren, y a la nieve Caigan los nidos del alar desierto; A la distante patria Enviarás con amor tu pensamiento, Y si mi nombre en tu memoria surge Oirás como un suspiro, dulce dueño... ¡No tiembles!... es mi alma, Que no puede vivir de tu alma lejos; Es mi alma, que nunca te abandona Y que vive no más de tu recuerdo. EL PADRE (DE FRAN^OIS COPPÉE) Siempre borracho entraba y siempre altivo, Y el ebrio, sin motivo, Puñetazos le daba a su querida. Dura cadena ató sus corazones; Unió los eslabones :
  • 117. La Miseria en el fango de la vida. Por no dormir, en noches tenebrosas, Sobre las frías losas, De ese hombre vil buscó la compañía. Ella malhumorada, él displicente, La riña era frecuente, Y al fin a puñetazos la rendía. El vecindario despertaba todo Al llegar el beoda A su tabuco, de bebidas harto, La vieja puerta abríala a empellones... Se oían maldiciones... Después quedaba silencioso el cuarto. El invierno arreciaba. Un triste día, En que lenta caía A los techos la nieve como un manto, Un hijo les nació... Y esa inocente Inmaculada frente No tuvo más bautismo que el del llanto. A la siguiente noche, el rostro duro, Y a tientas por el muro, Llegó a la puerta de su hogar el padre. De pronto se detuvo el inhumano... No levantó la mano; La respetó el borracho... Ya era madre. Al mirarle extraviada la pupila, Y al verlo que vacila Y a darle puntapiés no se decide, Meciendo al niño que dormía: «¡Infame!» Le dijo: «Muerte dame. ¿ No me pegas ? ¿Por qué? ¿Quién te lo impide? Te aguardé todo el día. Estoy dispuesta; ¿Más barato te cuesta Hoy el pan ? ¿ El invierno es menos triste ? ¿ Licor en la taberna no encontraste ? ¿ Acaso te enmendaste ? ¿Borracho, como siempre, no viniste?» Fingió el turbado padre no oír nada; Dio al hijo una mirada, Mezcla de estupidez y de cariño, Y dijo a la mujer: «¿Por qué me ofendes ? ¿No sabes, no comprendes,
  • 118. Que si te pego se despierta el niño ?» LA TÍA ABUELA (DE ANDRÉ THEURIET) En la tranquila casa donde la tía vive Todo evoca el recuerdo del tiempo que pasó: La sirvienta ya cana y el patio con su aljibe, Y los cuadros y espejos que un siglo deslustró. El salón aun conserva los tapices de antaño, Do ninfas y pastores van danzando un minué: Y en sus ojos parece brillar el fuego extraño De amores de otro tiempo, tiempo feliz que fue. Del clavicordio antiguo, que en un rincón reposa, A veces un suspiro se alza y huye al azar, Como un eco de tiempos lejanos, cuando hermosa Tocaba ella romanzas de Glück y de Mozart. Un armario de sándalo luce en la oscura estancia... ¡Cuántas reliquias guarda, tesoros de su amor! Cartas, retratos, pomos que respiran fragancia... ¡ Parece que de un siglo se aspirara el olor! Entre aquellos recuerdos de ternura infinita Que hay entre las gavetas, vese un libro, y en él Hace ya sesenta años duerme una flor marchita... Es el libro Zaíra, y es la flor un clavel. Con el libro, en los días del estío radiante, A la ventana se hace rodar en su sillón, ¿Es el sol lo que anima y enciende su semblante ?. ¿Por qué con fuerza siente latir el corazón? Sobre el clavel marchito la blanca frente inclina, Pues teme que al tocarlo se pueda deshojar, Y en su mente un recuerdo canta canción divina, Mientras las ayes cantan en el vetusto alar. Piensa cuando el fragante clavel recién cortado, En las hojas del libro guardó un amigo fiel, Y humedecen sus lágrimas el libro siempre amado En donde sesenta años ha dormido el clavel.
  • 119. EL PEREGRINO (DE EUGENIO DE CASTRO) En el Poniente El esplendor del sol se diluía, Y un caballero, en un vetusto puente, Meditaba y decía: —“Judith, Ana y Arminda, Y Lidia, de labios sensuales, Inés, la rubia linda, Todas fueron iguales! ¡ Soñadas alegrías, Ya sois cual secas rosas! ¡ Ay! Y en vano mis días, tristes días, Quisieran ser doradas mariposas... Cansáronme los besos, y el Hastío A mi lado ya veo. Del desencanto invade mi corazón el frío, Y no he saciado nunca la sed de mi deseo El alma traigo envuelta en una túnica Que ha tejido el Cansancio en horas tristes, ¿En dónde estás, si existes ? ¿En dónde estás, oh Única ? Responde al que te ama! ¿Debo olvidarte como a bien perdido ? ¿Responde al que en las sombras a ti clama: ¿Vives, moriste acaso... o no has nacido? Y no cruza ninguna mi camino, princesa rubia, o bella Zagala, sin que diga a mi destino: ¿ Será ella? Una niña vi un día Junto a una anciana de cabello cano, Y me dije: ¿Cuál de ellas es la mía? ¿Llegué tarde tal vez?... ¿Llegué temprano? Busco el jardín soñado Do sus encantos a la luz se abrieron, Y la llamo... y tal vez pasó a mi lado. ¡ Y llorosos mis ojos no la vieron !
  • 120. Cuando creo que nunca he de encontrarte, ¡ Y como sufro al pensar, oh dulce amada, Que quizás vives sola y desgraciada, Y que no puedo ir a consolarte! Murió la Primavera; también pasó el Estío, Y viene ya el Otoño las hojas arrancando, Y mientras en tu busca voy llorando, Me esperarás llorando, dueño mío. Y prosigo buscándote rendido, Aunque una voz, en medio de las sombras, Irónica me diga: «/La que nombras Ni vendrá... ni está muerta... ni ha nacido/» Al extremo del puente, airosa Dama Surge, suelta la rubia cabellera, Y su voz en el viento, pálida rosa, clama: “Yo soy la que aguardabas. Vén, que mi amor te es- [pera.» El caballero parte... Traicionero Abismo era ese puente; Y al instante rodaron al torrente Caballo y caballero... Hervía un mar de sangre en el Poniente Mientras de sangre el agua se teñía, Y allá, al extremo del hundido puente, La Dama reía... reía... reía. LA CALLE DEL HOSPITAL (DE DIEGO ANGELÍ) En torno al hospital hay una calle Solitaria y tranquila, en que la yerba Tupida crece al frente de las casas Y da a la calle un aire de tristeza, Algo como una sensación de claustro, De años remotos y de cosas viejas. Y hay un huerto aromado de rosales Que de rosas se cubre en Primavera.
  • 121. Por la abierta ventana, ¡cuántas veces, Dé largos días en las horas lentas, Como consuelo en su dolor, los tristes Convalecientes, con ternura inmensa Los ojos han fijado en los rosales Que al tibio soplo de la brisa tiemblan, Y que se cubren de botones blancos Y se enguirnaldan de corolas nuevas! Un antiguo reloj, de noche y día, Las horas da, monótonas y lentas. Y pienso en los enfermos que en la noche Tristes, insomnes, y en silencio esperan Los primeros albores, y una a una, En aquella quietud, las horas cuentan. ERES TU... (DE HEINE) Eres tú corno una flor, Hermosa, adorable y pura, Y al verte, crüel dolor El corazón me tortura. Las manos poner anhelo Sobre tu frente radiosa, Y pedir te guarde el cielo Siempre pura y siempre hermosa. EL DESAHUCIO (DE ADA NEGRI) Miseria. El alquiler no fue pagado; Y en desorden, en medio de la vía, Aquel montón de muebles fue botado... El desahucio parece una agonía. Llueve; y el aguacero encharca el suelo, Y moja el carro y muebles carcomidos Revueltos con andrajos y vestidos... Hay en el carro un corazón en duelo. Y piensa el lecho en el amor pasado Que dio vida a dos hijos sin ventura, Creados para el hambre y la amargura...
  • 122. ¡ Oh, del tugurio amor desventurado! Y parece decir con hondo grito: «¿Con qué derecho la hembra mal nutrida Da vida con un ósculo a otra vida ? El amor para el pobre es un delito.» Bajo la lluvia cruje el carro. El diurno Fulgor se va apagando; arrecia el frío... Va un obrero detrás, mudo y sombrío, Adusta la mirada, y taciturno. Junto a él, su mujer, de faz doliente, Y sus dos hijos, que con hambre lloran... ¿Adonde van? ¿Adonde irán?... Lo ignoran, Y el agua los azota horrendamente. Un gran dolor, como protesta airada, De los cuatro se mira en el semblante, Y parece crujir amenazante En aquella miseria amontonada. Y aquel carro que obstruye la encharcada Y angosta calle, en tanto que anochece; Esa miseria que se va» parece Cómo el principio de una barricada... COMO NACIÓ LA POESÍA (DE ALBERT DELPIT) Moría lentamente la tarde y fatigado, De una encina a la sombra, se hallaba Adán sentado. Rumiaban los rebaños en los verdes boscajes, Y las nubes se orlaban de vividos celajes. Adán, ya su trabajo del día concluido, Pensando en el misterio de lo desconocido, Y triste, como en éxtasis, iba siguiendo el vuelo De las aves errantes por la extensión del cielo; Y al ver del infinito, radiante, azul, el manto, Do asomaban estrellas, brotó a sus ojos llanto. «¡Dios mío!» dijo entonces, y era su voz reproche: « ¿ Por qué no tengo alas ) Yo quiero de la noche Atravesar las sombrasquot; quiero ese mar profundo De brumas y de nubes que flota sobre el mundo
  • 123. Cruzar en raudo vuelo, y antes de que la muerte Venga a cerrar mis ojos, entre tu gloria verte. La vida así sería menos amarga y triste.» ¡ Y Dios repuso entonces: «Tendrás lo que pediste. ¿Sufres porque no tienes alas y porque ansias alzarte de la tierra y oír las armonías Celestes, en esferas de luz y eterna calma? Mortal: para que vueles, alas daré a tu alma.» Desde entonces sus alas el Pensamiento tiende A regiones ignotas do el Ideal esplende, ¡A mundos que en sus sueños forjó la Fantasía... Y así Dios, una tarde, creó la Poesía. SIN NOMBRE (DE ADA NEGRI) No tengo nombre. De la choza oscura Soy la hija doliente; De la plebe nací, pero fulgura Clara, indómita luz sobre mi frente. Siguen mis pasos un maligno enano Y un ángel suplicante; Mi pensamiento va por monte y llano Como Mazzepa en su corcel errante. Soy enigma de odio y de dulzura, De fuerza y de cariño; Me atrae del abismo la negrura, Y me conmueve el ósculo de un niño. Río cuando el dolor a mi morada Viene, grave y sombrío; Y río cuando caigo anonadada, Y aun sin consuelo ni esperanza, río. Mas para el infeliz, a los humanos Piedad y pan imploro; Y lloro por los niños, los ancianos, Por odo oculto sufrimiento lloro. Y cuando la amargura me sofoca, En el ardiente canto : Que me tiembla en el pecho y en la boca, Lanzo mi alma y mi copioso llanto.
  • 124. Que lo oigan, no me importa. Y si la Envidia Su saeta me lanza, Altiva paso en mi terrena lidia, Y el venenoso dardo no me alcanza. UN SECRETO (DE FÉLIX ARVERS) Mi alma tiene un secreto, y un misterio escondido Mi vida; amor eterno nacido en un momento. Es mal sin esperanza que callo; y quien tormento Con este amor me causa nunca nada ha sabido. Cuando la encuentro, paso para ella inadvertido; Cuando voy a su lado, siempre solo me siento; Y al fin sobre la tierra daré mi último aliento Sin nada osar pedirle ni haber nada obtenido. El cielo, dulce y buena la hizo, y por la vida Prosigue su camino, sin oír, distraída, El amante murmurio que va tras de su huella. Fiel al deber austero, y en su virtud segura, Cuando estos versos lea, llenos de su alma pura, Dirá: « ¿Quién es ?» Y nunca comprenderá que es ella. EL NIÑO Y LA ESTRELLA (DE CATULLE MENDES) Un astro brilla en el azul del cielo Y en el agua dormida se refleja. Un hombre que pasaba Dijo al niño poeta: «Tú, que sueñas con rosas en las manos, Y con el alma al ideal abierta Cantando vas tus ilusiones, dime: Entre tu y yo, ¿cuál es la diferencia?» «Esta», responde el niño; «Levanta la cabeza: ¿Ves la estrella que brilla solitaria En el azul ?» —La veo.
  • 125. —Ahora cierra Los ojos y responde: ¿Con los ojos cerrados sigues viéndola?» —«No, dijo el hombre. No la veo.» Entonces, Como el que absorto sueña, «Aunque cierre los ojos, dijo el niño, Yo sigo viendo en el azul la estrella.» EN LA CARTUJA DE FLORENCIA (DE IDA BACCINI) Dame, pálido monje solitario, El sayal que te cubre y tu cilicio; Dame tu crucifijo y tu rosario Y tu desnuda celda, del bullicio Mundano lejos y su pompa vana, Desde donde al través de la ventana Que se abre al sol y a la vivaz llanura, Miras, en la elación de tus anhelos, De las trémulas frondas la verdura Y las dulces sonrisas de los cielos. Dame tus alboradas, que de oro Tiñen y de carmín la lejanía. Y el éxtasis profundo de la pía Salmodia de los monjes en el coro; De tus tranquilos claustros el misterio Dame y la honda paz del mediodía, Cuando sobre el callado monasterio, Que enorme y blanco se atea en la llanura, A torrentes el sol su luz envía, Y en tu celda hay silencio y hay frescura. Dame tus noches de quietud y calma, Y la tristeza donde toma el vuelo La oración que del alma sube al cielo, Y trae bendiciones para el alma. Pero, si tanto puedes, yo te pido Un don mayor, cuanto en mi vida anhelo: Hermano, pide para mí el olvido. EL APARECIDO (DE VICTOR HUGO) Madres desventuradas, pobres madres en duelo,
  • 126. Vuestros gritos de angustia los oye siempre el cielo. Dios, que guía en los aires al pájaro perdido, A una misma paloma conduce a un mismo nido. Madres desventuradas, ¡oh madres sin fortuna, Siempre se comunican el sepulcro y la cuna!... ¡ Cuántos secretos guarda la Eternidad sombría ! La madre cuya historia voy a narrar vivía En Blois, su hogar quedaba contiguo a nuestra casa; Lo que¿ Dios da o permite lo tenía sin tasa ; Se casó con el hombre a quien amó rendida, Y un hijo tuvo: el goce más grande de su vida. La cuna parecía, bajo un blanco cendal, Nido de encaje y seda», junto al lecho nupcial. De noche, a ¡ cuántos dulces ensueños se entreabría Su corazón de madre, y cuál resplandecía Su mirada en la sombra, cuando ahogando el aliento, Sin sueño, y en la cuna clavado el pensamiento, Incorporada oía, con maternal cariño, La serena y tranquila respiración del niño! Feliz, al verse madre, cantaba a toda hora; Su vida, por lo alegre, semejaba una aurora. Sentado en sus rodillas bajo el materno arrullo, “¡Ángel mío”, decíale, loca de amor y orgullo; nombres Se inventa para un hijo: «¡Tesoro, luz, encanto!» Lo alzaba, lo ponía sobre el seno. Después Le devoraba a besos los sonrosados pies, Tanta dicha en la tierra sueño le parecía... Con sonrisa de ángel el niño sonreía. Frágil trémulo, como cervatillo a que espanta El ruido de una hoja que la brisa levanta, Crecía, Para el niño crecer es vacilar. Dio los primeros pasos. Después empezó a hablar, Tres años tuvo, gárrula edad en que locuela, La palabra como ave, las alas bate y vuela. «Hijo mío», decía con inefable goce; «¡Cuan grande está, miradlo! Ya las letras conoce; Pide vestidos de hombre. Ya no quiere el muy pillo Ni dulces, ni juguetes, ni ropas de chiquillo. Son el diablo estos niños de ahora. ¡Cómo aprenden! ¡ Si todo lo adivinan, si todo ya lo entienden! El mío irá muy lejos. Será hermoso su sino, ¡ Y al correr de los años sabrá abrirse camino !»
  • 127. Y al mirarlo con ojos de orgullo y de pasión Latir sentía en su hijo su propio corazón. Un día —¡ de esas fechas fúnebres quién no tiene !— El crup, horrible buitre de las sombras, que viene Siempre a traición, el vuelo para sobre ese techo Que cubría tres seres felices; en acecho Espera al niño; rápido cae sobre él; lo agarra, Y en la garganta frágil hinca la artera garra. Si acaso no habéis visto la horrorosa agonía De esos pobres pequeños, de la tierra alegría, No sabéis de amarguras, ni del dolor que mata. Luchan y se retuercen bajo el nudo que ata Sus gargantas; la sombra les invade los ojos Que sin vida se mueven entre círculos rojos; El aliento les falta... Se siente angustia y frío... ¿Por qué los niños sufren y uno vive, Dios mío? Y surge de sus labios tan extraño exterior, Tan triste y misterioso, que el alma con pavor Parece oír en esos angustiosos quejidos Del cuervo del sepulcro los fúnebres graznidos. Silenciosa, furtiva, la Muerte entra a la alcoba, Y de ese hogar la dicha como ladrón se roba. Un padre y una madre de hinojos ante el lecho; Lágrimas y sollozos que desgarran el pecho, E impasible .ante tanto dolor el infinito... ¡Oh, la palabra expira donde comienza el grito! Con el alma transida por el dolor, la madre, En tanto que a su lado lloraba el pobre padre, Tres meses duró inmóvil, con aspecto sombrío, Y los ojos clavados en el lecho vacío. Triste, febril, sin fuerzas, a nadie respondía; Y a veces en voz baja repetir se le oía —Los labios temblorosos y el pensamiento fijo— Como hablando con alguien: «¡Devuélveme a mi hijo!» El médico, entretanto, viendo dolor tan hondo, Tanta amargura, al padre decía: «No respondo De su salud si sigue tan triste y silenciosa; Es fuerza distraerla, que piense en otra cosa, Que salga de su encierro.» Pasó el tiempo. Y un día Volvió a sentirse madre.
  • 128. Junto a la cuna fría De aquel ángel efímero recordando el acento, Sola, muda, dejaba vagar el pensamiento. Y el día en que de pronto sintió la sacudida De un ser en sus entrañas, nuncio de amor y vida, Palideció. «¿ Quién llama ? ¿Quién viene de otro [mundo ?» Dijo con hondo acento de un gran dolor profundo; Y en lágrimas de fuego bañadas las mejillas, Y ante la cuna sola postrada de rodillas: «¡No... no quiero!» clamaba, «porque tendrías celos» «Tú, mi ángel dormido, que todos los anhelos Te llevaste y los sueños de mis felices días»; «Ya otro ocupa mi puesto», sollozando dirías; «Mi madre lo ama, ríe... lo besa, y yo entretanto Sin el calor de un beso duermo en el Camposanto, Olvidado de todos, tiritando de frío...'' «| No, nunca!...» Así lloraba ese dolor sombrío. Y por la vez segunda se vio madre. Dichoso Dijo el padre: «Es un niño. ¡Cuan rollizo y hermoso!» Pero ella continuaba llorosa y abatida, Y en el recuerdo antiguo de su amor abstraída. Y al acercarle el niño, pensando en el ausente, En el que fue en su cielo ráfaga refulgente, Como en delirio trata de incorporarse, y mustia, «¡Ese ángel está solo !», dice con honda angustia. Mas de pronto, ¡oh milagro!, con aquel conocido Acento que no olvida, oye al recién nacido Que cerca de su seno, y en la sombra callada, Murmura: «¡Soy el mismo, pero no digas nada!» ' EL ADIÓS (DE PAUL BOURGET) Cuando volví a encontrarla después de tantos días, Trémula, abandonando la mano entre las mías, «¡Mírame!», dijo triste, presa de honda emoción. ¡Oh, cómo estaba pálida y mortalmente bella! ¡Cuál brillaban sus ojos!... Y al acercarme a ella Sentí de amor y susto temblar su corazón. Y miraba sus labios, otro tiempo rosados,
  • 129. Y sus ojos azules, por la fiebre agrandados, Sus ojos donde ardía celeste claridad. Una sonrisa vaga sus labios entreabría, Y con profundo acento de honda melancolía Me dijo: «Cuan cambiada me encuentras. ¿No es ver- [dad?» Y al mirar su sonrisa, su faz enflaquecida, Olvidé las torturas con que amargó mi vida, Y todos sus crueles desvíos olvidé, Y las ardientes lágrimas que derramé en la ausencia, Cuando en sombrías noches, de horror y de demencia, Al verme triste y solo cual réprobo grité. ¡Todo estaba olvidado, porque la vi tan triste, Tan pálida y enferma !... ¿ Qué corazón resiste A la piedad ? ¿ Quién queda tranquilo ante el dolor ? Y la tomé en los brazos con loco desvarío, Y la cubrí de besos y la llamé «¡bien mío!» Como en los bellos días de nuestro antiguo amor. Y de esa hora triste en la quietud serena, Cuando la luz celeste de aurora ultraterrena En sus azules ojos veíase irradiar, Comprendiendo, angustiada, que malgastó su vida, Y de mi amor por ella ya tarde convencida, «¡Si lo hubiera sabido!», dijo, y rompió a llorar. «¡Si lo hubiera sabido!»... la palabra postrera De toda vida... Y esa palabra tan sincera, Que salió de tu alma —de tu amor expiación—, Viene desde el pasado, viene siempre a mi vida, A evocar tu recuerdo y a hacer sangrar la herida De que no ha de curarse jamás mi corazón. EN CANTO DEL ODIO (PARÁFRASIS DE STECCHETTI) Cuando tú duermas sola y olvidada En un angosto féretro, Y la cruz del Señor sobre tu fosa Vele tu último sueño; Cuando a caer empiecen tus mejillas Y gusanos hambrientos Hiervan entre las cuencas de tus ojos, Que tan hermosos fueron;
  • 130. Será el reposo para ti martirio; Será martirio nuevo, E irá tenaz remordimiento horrible A morderte el cerebro. Y aunque la santa cruz tu sueño ampare, Ese remordimiento Irá a tu fosa, donde duermes sola, A remover tus huesos. Seré el Remordimiento. Iré a buscarte De noche, en el silencio; Como una hiena que del día huye Iré a turbar tu sueño; Y con las uñas cavaré la tierra, Y por la ira ciego La cruz que marque tu postrer morada Arrancaré del suelo. ¡ Cómo en tu corazón el odio antiguo He de saciar colérico!... ¡ Y con qué gozo clavaré las uñas En tu cárdeno seno! A tus lívidas carnes he de unirme, Y me uniré a tus huesos, Como sombrío espectro de venganza, O aborto del infierno. Y a tus oídos, que en lejanos días Mis quejas desoyeron, Diré palabras que, cual hierro ardiente, Quemarán tu cerebro. Y cuando tú me digas: «¿Por qué viertes En mí cruel veneno ?» Yo te responderé: «¿Ya no te acuerdas De tus blondos cabellos? ¿No recuerdas la rubia cabellera Que fue cual manto espléndido, Y tus pupilas negras y profundas Con fulgores de incendio? ¿Ya olvidaste lo esbelto de tu talle, Las formas de tu cuerpo?
  • 131. ¿Ya no recuerdas tú cuan blanca eras, Y tu rostro cuan bello? ¡ Y yo te amaba! Y a tus pies me viste Y cerraste tu pecho... ¡Y por una mirada de tus ojos Feliz hubiera muerto!» ¿Ríes? Escucha. De tu abierta fosa Levantaré tu cuerpo, Y en la picota lo pondré desnudo Como infamado reo. Mis versos son picota en que a la burla De los hombres te entrego, Picota en que te entrego a la amargura De indecibles tormentos. Morirás otra vez. Te daré muerte Con un martirio lento, Y tu vergüenza—la venganza mía— ¡ Pondré en tu frente como estigma eterno! DON JUAN (DE PANZACCHI) Don Juan, al peso de la edad vencido, Y con el alma de amargura llena, Vivía, por el reuma recluido, En una antigua casa en Cartagena. Con tisanas sostiénese y bromuro El atleta de eróticas hazañas; Y en su guitarra, que se ve en el muro, Las cuerdas rotas, hilan las arañas. En su sillón, clavado, se aburría, Se aburría don Juan en su aislamiento, Y su pasado al recordar, sentía Tristeza y un tenaz remordimiento. Don Juan durmió después la noche entera. Mientras veía, fúlgida y alada, Una virgen hermosa y hechicera Que inclinaba la frente en la almohada, Y al oído decíale en su sueño:
  • 132. «Si en silencio te amé, si tú en la vida Fuiste mi único amor, mi solo dueño, Hoy te adoro, don Juan, agradecida.» NOCHE EN VELA (ÜE ANDRÉ THEURIET) La noche es fría. El cielo más y más se ennegrece. Llovizna. El viento airado la floresta estremece. Del cazador furtivo la casa está cerrada. El padre, sus dos hijos y un perro, a la hondonada ; Han ido a cacería, y están allá en acecho. Duerme el niño en la cuna junto al humilde lecho Donde tranquilamente duerme también la abuela, Y nívea lana hilando, la hermosa niña vela. Lamparilla de aceite, de fulgor vacilante, Hace en el claro-oscuro resaltar su semblante Sonrosado, que el brillo de los ojos alegra, Y el oro del cabello que ata una cinta negra. De hilar deja de pronto... ¿ Qué sensación la agita ? ¿Será temor acaso? ¿Será acaso una cita?... La puerta que da al campo se abre pausadamente, Y, apuesto y rubio, un joven penetra de repente. Le tiende ella los brazos y le dice al oído: “Podría la abuelita despertar... No hagas ruido.” En silencio se sientan, y parece el murmullo Vago de sus palabras, como si fuera arrullo. «¡Amor !», ella le dice, mientras le enjuga amante Las gotas de la lluvia que cúbrenle el semblante. — “¡Te amaré siempre!» Y ella responde conmovida: —«Para amarte es mi alma, para amarte es mi vida.” Luego exclama: «Qué triste que seas tú, bien mío, Hijo del guarda-bosque. ¿Por qué muro sombrío Separa nuestras almas y nuestra dicha trunca ? ¡Te amaré mientras viva, mas ser tu esposa, nunca! Si esta pasión mi padre sospechara algún día, Si mi amor descubriera, de dolor moriría.» El la interrumpe: «¡Calla, calla, no digas eso!»
  • 133. Y los azules ojos le cierra con un beso. Las horas raudas vuelan en la tranquila estancia... De pronto se oye el canto de un gallo a la distancia; Otro gallo contesta, y el cielo se colora Con los albores trémulos de la naciente aurora. Parte el enamorado y al bosque se encamina. E1 campo está cubierto por húmeda neblina; Y al hogar, fatigados y ateridos de frío, Los cazadores vuelven con el morral vacío. Ven moverse las hojas del matorral. Se paran, Y al matorral apuntan, y todos tres disparan... «No perdimos la noche», dicen con alegría, Y todos tres exclaman: «¡Qué buena cacería!» Salta el perro; entre arbustos al matorral se lanza, Y cuando llega, aúlla. Rápido el padre avanza Seguido de sus hijos... y sobre el suelo mira Al pobre hijo del guarda que entre su sangre expira. LO QUE HIZO PEDRO (DE JEAN AICARD) A. J. M. SaaüeJra Colindo. He aquí lo que hizo Pedro siendo un niño. La historia Refiriómela él mismo, y aun vive en mi memoria Con sus mismas palabras. Relato peregrino Fue el de Pedro. Escuchadlo: —«Mi padre era marino; ¿Viajaba para tierras lejanas, y su ausencia Duraba muchas veces un año. En la inclemencia De las noches de invierno, las manos en la frente, Veía yo a mi madre llorar amargamente, Con los ojos cerrados, en el recogimiento De su dolor, en tanto que afuera ahullaba el viento.» Por qué cierras los ojos?», preguntarle solía; Y enjuagándose el llanto, mi madre respondía: — “ Para ver en el fondo de mi alma, hijo mío.» —« Y qué ves en el fondo de tu alma ?» —«Un navio Que se inclina, azotado por la mar turbulenta, Y a tu padre entre el negro fragor de la tormenta. »
  • 134. —«Verlo también quisiera», dije, dándole un beso, «No lloraré... Y el día llegó al fin del regreso. Luz y gozo mi padre trajo con su presencia, Y olvidamos felices el dolor de la ausencia. Mas siempre recordaba con indecible angustia Las noches del invierno, la faz doliente y mustia De mi madre llorosa, y aquel silbar del viento Que temblar nos hacía con un temblor violento, Al pensar con tristeza, y ante el dolor a solas, En los barcos perdidos en medio de las olas. Cuando por un momento salir yo lo veía, «Ya está llorando Pedro», de mal humor decía; «Su llanto a todas horas ya de lo justo pasa!...» Mas conmovido a veces no salía de casa. En la sala, una noche, después de haber comido, Mi madre y él hablaban, creyéndome dormido, Mi padre le decía: «—Muy temprano, mañana, Con el barco saldremos para tierra lejana. Será, como otras veces, larga la travesía, Pero cada correo te traerá carta mía. Vive tranquila, y siempre ten fortaleza y calma… Cuanto a Pedro, él es bueno, mas tan sensible su [alma; El hijo de un marino debe ser de alma fuerte Porqué tiene delante siempre el mar y la muerte. Me hacen sufrir sus gritos y su llanto, y por eso Me iré sin despedirme, me iré sin darle un beso. ¡Qué placer sentiría, qué alborozo sin nombre, Si al volver lo encontrara ya convertido en hombre! Si supiera que al alba por fuerza he de dejarlo, Su dolor, ¡cuál sería!... ¡Me iré sin despertarlo!» Así hablaba en voz baja, mas todo yo lo oía. En escuchar entonces, claro está, mal hacía, Mas saqué gran provecho de haberlo todo oído, Cuando creían ambos que estaba yo dormido, Y al oír a mi padre compadecer mi suerte, Me dije: «¡Es necesario tener el alma fuerte!» Cuando al siguiente día, ya en el cielo la aurora, De salir de la casa para el puerto era hora, De mi cuarto a la puerta se acercó sin ruido...
  • 135. Acercóse en puntillas... me creía dormido; Y en silencio, inclinada sobre el pecho la frente, Me miró con ternura... me miró fijamente. Abrí al punto los ojos, y como quien delira, En tanto que los brazos me tendía mi madre, Dije en pie; «¡Ya no lloro... Ya soy un hombre... Mira, Padre mío!»... Y entonces, quien lloró fue mi padre. LA TABLA (ÜE F. GOPPÉE) Frente al mar, y en la puerta de su pobre morada, La viuda del marino con su hijo está sentada. Se ve tristeza en ambos. Los rudos temporales De esos días de otoño causaron tantos males, Tanto destrozo hicieron, fue tal del mar la saña, Cual nunca visto había la costa de Bretaña. Por eso ante el crepúsculo se encuentran abstraídos Y silenciosos, y ambos de luto están vestidos. En ese lago quieto, de aguas murmuradoras, En donde se deslizan las barcas pescadoras, Cuyas velas se extienden bajo el oro del día, ¡Quién, al ver esa calma, reconocer podría Aquel mar tempestuoso, que sólo en un momento, En el pasado otoño, con ímpetu violento Destrozó veinte barcas, y que a esa pobre madre Dejó trocada en viuda y a ese niño sin padre! El agua azul sonríe; sin nubes brilla el cielo; Y ella sigue sombría, con hondo desconsuelo Recordando la tarde trágica de su vida, Cuando hundió en sus abismos la mar embravecida A su esposo. « Mas suya fue la culpa», a su hijo, Que seguía en silencio, sollozando le dijo. «A desgraciados náufragos que el temporal hundía, ¿Cómo sin un socorro dejárseles podría? ¡Qué tarde horrible ! ¡ Nadie recordaba en la aldea Haber visto en su vida semejante marea! ¡Era tentar al cielo y era jugar la suerte Socorrer a los náufragos... era afrontar la muerte! Tu padre con nosotros estaba. En la bahía, Recién entrada al puerto su barca se veía.» —«Sin duda están malditos, decíame comiendo,
  • 136. Los que en el mar aguantan ese chubasco horrendo.» Como era su costumbre, después de la comida Salióse de la casa con su pipa encendida, Y a pesar de la lluvia, varios iban al puerto, A ver saltar las olas sobre el muelle desierto; Cuando de pronto observa tu padre en lontananza Que contra los peñascos un bergantín se lanza. Aquello fue un instante. Lo empuja el mar, y choca, Y roto allí en pedazos quedó contra la roca. —«Un bote», grita al punto. Yo lo miré aterrada. Y en tanto que los otros le muestran la oleada Que viene sobre el puerto rugiendo amenazante, Grita otra vez: —¡Salvémoslos! !Un bote... ¡En el ins- [tante! Un bote al mar! ¡Un bote!... ¡Cobardes no seamos!» Y seguían sus gritos: —«A socorrerlos vamos! ¡ Mi barca ! ¡ Arriba! ¡ Es tiempo! Mi barca no ha temido Jamás las tempestades ni el mar embravecido, Y por eso Adelante la bauticé»... Salieron Todos al mar entonces... y ¡nunca más volvieron!... De tarde, en este invierno, y al bajar la marea, Hasta allá, donde vese la espuma que blanquea, Ir me has visto abatida. Mas todo ha sido en vano... Nada de entre sus olas devuelve el océano... ¡ Y ese mar que a mis plantas expira en la ribera, De la barca no arroja ni una tabla siquiera! Hijo: me prometiste no ser, jamás marino: Cumplirás tu promesa. Será otro tu destino. El cura, que te quiere, te seguirá enseñando; Aprenderás las letras, luego a escribir. Y cuando Grande estés, serás cura. ¡Pasará el tiempo aprisa... Veré el día dichoso de tu primera misa!... Yo misma pondré flores en el altar... ¡ Oh, cuánta Será mi dicha, lejos de este mar que me espanta! Calla el niño pensando sin duda en los chicuelos Que ve sobre chalupas y ágiles barquichuelos, En las azules aguas, desde que el día brilla, Caminar en la borda, bajar a la escotilla, Mientras que él no se atreve, ni nunca se ha atrevido, Un cable a atar siquiera. Cumple lo prometido. Y cuando terminada la lección de lectura,
  • 137. El viejo silabario cierra de tarde el cura, Y le dice que es hora de que a jugar se vaya, Descalzo, arremangado, se aleja por la playa, Y así engaña sus sueños el hijo del marino; Pero entre los cabellos el áspero y salino Viento sentir que sopla; sentir el agua fría Que a la rodilla sube; ver en la lejanía Las olas que se rompen bajo azulada bruma Y que el peñasco cubren de iridescente espuma; Ir conchas o mariscos buscando por la costa, O saltar, sobre piedras, detrás de una langosta, Eso no le bastaba; quería más; quería La barca que se aleja bajo el fulgor del día, Con sus palos erectos y sus velas redondas; Quería el horizonte, los tumbos de las ondas, Y la embriaguez del alma sobre la mar rugiente, Cuyos acres aromas hablaban a su mente De países lejanos... ¡ Tal era su delirio ! ¡ Y hacía muchos meses que ese era su martirio! Y va pasando el tiempo. Llega otro otoño horrible; Y un día los marinos, a la luz apacible De un cielo gris, entre ellos hablando, hacia el poniente Sobre el mar tempestuoso, señalan de repente Un velero que avanza contra las rocas. Brava Marejada envolvíalo... Más y más se encrespaba... ¡En las revueltas olas aquello parecía El estertor postrero del barco en la agonía! —«¡Un bote al mar! ¡Un bote!», dice alguien con voz [ruda, ¡ Al mar! ¡ A socorrerlos! ¡ A prestarles ayuda !» Y todos recordaban a los que al mar salieron A salvar a unos náufragos, y nunca más volvieron; Mas de pronto a una barca se abalanzan, y en tanto, Todo lo ve la madre con indecible espanto; Y a su hijo abrazando le murmura al oído: —«¿Sabes? Me lo ofreciste... lo tienes prometido, ¡No irás!...» Con las pupilas dilatadas, la frente Pensativa, y el labio mordiéndose impaciente, Nada responde, y mira con absorta mirada l Que ya los hombres tienen la barca aparejada. De repente, una ola gigantesca y sombría, ||: Que avanza rugidora por la turbia bahía, II Se estrella con fracaso, toda la playa moja, fe...
  • 138. Y a las plantas del niño, tabla podrida arroja. En la tabla estas letras leíanse: Adelante. De su abismo esa tabla sacaba el mar de Atlante. ¡ Mandato de su padre sobre las olas era! Listos los remadores sacan de la ribera La barca. De los brazos maternos se desprende; Detrás de los marinos veloz carrera emprende; Salta al bote con ellos, y al punto un remo ensaya... ¡ Y allá van con la ola que vuelve de la playa! ¡Cómo con la mirada todos los van siguiendo! ¡Virgen Santa! ¡Las olas cuan altas y qué estruendo! ¡Parece que se hunden! ¡Jesús! ¡Naufraga el bote! ¡Mas no!... ¡Las olas pasan y ellos están a flote ! ¡Y siguen!... Van llegando... ¡Ya se les ve acercarse! ¡Ya era tiempo !... ¡ Ya el barco comenzaba a inclinarse 5 ¡Ya vuelven! ¡Los pañuelos agitan! ¡Qué arrojados! ¡El bote viene lleno!... —«¿Cuántos ?» —«¡ Todos salvados !» —«¡Hurra ! ¡Pronto una amarra!» Y en tanto que gozosos, Náufragos y marinos, saltando presurosos De piedra en piedra vienen, hacia la madre el niño Se lanza. Ella lo abraza; lo besa; y con cariño El le dice al oído: «No me regañes, madre... ¡Tan contento estaría mirándome mi padre!» ROMACERO DE LA CONQUISTA Y LA COLONIA SUBIENDO POR EL RIO MAGDALENA Hacia dónde?quot; dicen todos, quot;Otra vez a España?quot; —quot;Al centro, A conquistar nuevas tierras, Listo el brazo y firme el pecho. Río arriba, que hay un río Que vendrá desde muy lejos. Habrá en sus orillas oro; Riquezas habrá en su extremo. Ese río es el camino, Ante nosotros abierto, Para la fortuna. ¡Vamos,
  • 139. Los que no sepáis de miedo!quot; quot;Miedo? Nadie lo conoce,quot; Todos a una dijeron. Y en ir y venir constante Es grande alborozo el puerto De Santa Marta ese día De Abril de mil y quinientos Treinta y seis de nuestra Era. El Licenciado en Derecho Don Gonzalo de Jiménez De Quesada, airoso, erecto, En el casco blancas plumas Que agita el marino viento; Con la luciente coraza Guarnecido el noble pecho, Y el pendón de Carlos Quinto En la diestra mano irguiendo, Ve ante él desfilar su tropa: Sus hombres son ochocientos; Y ochenta y cinco jinetes, Y aborígenes flecheros. Fray Domingo de Las Casas, En el aire mañanero Alza la mano y bendice, Pidiendo el favor del Cielo. Todos inclinan la frente, Y en fila siguen al puerto. Las lonas y cabrestantes Aprestan los marineros, Y cabecean los barcos En el mar, diáfano espejo. En carabelas van unos Y en bergantines ligeros; Otros partirán por tierra: Todos de ánimo resuelto. —quot;Adiós!quot;— Adiós! . . . Tras fatigas Unos, contra el mar violento Luchando, y sus bergantines Por ciclones, rotos viendo; Y los otros, que en el bosque Van despejando sendero,
  • 140. En Malambo, sobre el río, Se unen al fin. Desaliento Profundo embarga sus almas, Y en airada voz dijeron: — quot;Avanzar? Es imposible! Para el mar nos volveremosquot;. Don Gonzalo pensativo, Ante ese gran desconsuelo, Le dice al Padre Las Casas, Ante el peligro, sereno: quot;Como voz terrena falla, Habladles con voz del cieloquot;. En el arenal del río Que desciende amarillento, Sobre tabla que se apoya En recién cortados leños, Un crucifijo se yergue, Un cáliz y un Evangelio; Y terminada la misa Entre alboroto del viento Y entre el rumor de la selva, Dice el fraile: quot;Llegó el tiempo De que a los reinos de Cristo Unamos un nuevo reinoquot;. Y se vio trocado en gozo Entonces el desaliento. Río arriba! . . . Unos por agua, Otros por tierra. Al estrépito De las voces de quot;Adelante!!quot; Se unió el rimbombo del trueno Fúlgidos rayos cruzaron El espacio ceniciento. Borróse el sol. De las fieras, Por entre el follaje espeso, Llegaban roncos rugidos Y torrencial aguacero Cayó de pronto. La orilla Fue entonces pantano inmenso. Unos subían el río Otros, bajo árboles, quietos;
  • 141. Y la tormenta seguía Los árboles sacudiendo. Eran torrentes los caños, Y entre ese fragor siniestro Sobre las carnes de todos Caían nubes de insectos, Arañas, negras avispas, Jején y tábanos fieros, Que en encendidas ampollas Les convertían el cuerpo. Amarrados a los troncos Se columbraban muy lejos Los barcos. Y los infantes, De los raudales huyendo, Sobre horcones cavilaban, Mirando inundado el suelo, Cómo esa noche podrían El cuerpo entregar al sueño. Charco enorme era la tierra; Seguía el río creciendo Y en los gajos de los árboles Eran los aventureros De ese día —y que muy pronto De un mundo serían dueños— Pájaros que disputaban A los pájaros sus lechos. De vez en cuando caía, Con rudo golpe, uno al suelo: De los audaces quot;chimilasquot; Bajo el venablo certero. Hacia dónde?quot; —preguntaban, Y Quesada, duro el ceño, A caballo respondía: quot;Río arriba, que esto es nuestroquot;. Y el pendón de Carlos Quinto Erguía entre el aguacero. Cerca un tigre. De otro tigre El rugir se oía lejos. Un alto al fin: En quot;Barranca Bermejaquot;. . . Entre el desaliento
  • 142. Estalla el tumulto, y todos Piden hacia el mar regreso. —quot;Para qué bellos paisajes, En desamparo y enfermos?quot; Así decían. Quesada Sin vacilar en su empeño. Por el Opón, dos canoas Envía Quesada. El cielo Es viva paleta. El ánimo Volver parece a sus pechos. Se alza la luna. Vihuelas Y voces forman concento: La primera serenata Bajo centenarios cedros, A la orilla del gran río Que desciende soñoliento, Llevando en sus aguas, troncos Vivos: los saurios; y muertos Troncos, que arrancó en la playa La corriente con estrépito. En tanto, Quesada sueña; Soñando está, mas despierto. Piensa en rejas andaluzas Y en algunos ojos negros; Y como es-poeta, entonces Fulge en su memoria un verso, —¿Quién un verso no recuerda En sus noches de desvelo, Un verso que muchas veces Es lágrima de otro tiempo?— Y evocando a Santillana Ya su quot;Vaqueiraquot;, un ensueño Radioso se alza en su mente, Visión de gloria: otro reino Para España, que en el mundo Habrá de extender -su imperio, quot;España y amorquot;, murmura, Y a sus ojos baja el sueño. Y regresan las canoas: Traen sal y traen lienzos; Y todos alborozados, Delante de un mundo nuevo Surcan del Opón las aguas,
  • 143. De la gloria aventureros; Y a las serranías suben: Sementeras, chozas, huertos, Cielo distinto, otros campos, Vegas y valles y cerros, En donde sopla en el día Y en las noches aire fresco. Y después, la gran llanura Que se abre a sus ojos, lejos: Nuevo día. Bella aurora; Azul y radiante el cielo, Y entre silbido de flechas, Al frente los macheteros. Troncos iban derribando Que tendían en deshechos Raudales, cual recios puentes De infantes y caballeros, Mientras serpientes enormes Entre el matorral espeso Deslizábanse, y arteras Dejaban mortal veneno En las carnes de esos bravos Postrados por hambre y sueño. Unos caían. Los otros Marchaban, camino abriendo Entre trabas de bejucos Y de árboles corpulentos. Para comida, raíces, Y hojas y barro, por lecho. Saltaba un tigre de pronto. . . Entre la noche, uno menos. Otro día. Azul y gualda Y rojo. Horizonte espléndido. Cada rama era una libre Jaula a las aves del cielo. Brilla la esperanza. Entonces, Temblando de fiebre, regios Palacios, veían, oro Y más oro entre sus sueños De sobresalto en la. selva; Pero de repente el trueno Retumbaba en el espacio Y volvía el desaliento. . . Y luego... a buscar raíces, Entre tupidos helechos, Donde arañas y serpientes
  • 144. Acechaban en silencio. Tarde radiante del trópico . . Rojos celajes. En vuelo Perezoso van las garzas Por los dormidos esteros; En la orilla esperan otras A los peces, vivo argento Las escamas, que en los picos Un instante brillan luego, En tanto que albas corolas Mueve el aura sobre el cieno. En la playa, centenares De saurios se mueven lentos; Grandes bandadas de pájaros Azules, verdes y negros Pasan. . . La tarde del trópico! El sol es un rojo incendio. . . quot;El Valle de los Alcázaresquot;, Como en un deslumbramiento. Tan sólo ciento sesenta Han llegado. Setecientos Marcaron con sus cadáveres El recorrido sendero. Y aquellos desconocidos, Terrones de gleba; aquellos Que de humildes heredades A heroica aventura fueron, No pensaron quizá entonces, De sólo harapos cubiertos, Pordioseros de la gloria, Mientras Quesada su acero Alzaba en tierras del Zipa, Que el suelo hollado por ellos Iba, cual florón de España, A ensanchar el universo. EN TIERRAS DEL ZIPA Mil quinientos treinta y siete, Mes de abril. Opaco día, Y entre la niebla, la urbe Del noble y temido Zipa. Asoma el alba. Luz trémula Con persistente llovizna Se riega por la llanura
  • 145. Que verde yerba tapiza. En las montañas distantes Se extiende espesa neblina. Regando charcos, va el río Manso y de aguas amarillas, Entre árboles casi escuetos Que soñolientos se inclinan, Diseminados o en grupos Al soplo de helada brisa. Bohíos se ven regados En la tristeza infinita De los campos, donde sólo Aquí y allá, cual sonrisas En el húmedo silencio De aquella mañana fría, Corolas blancas y rojas Entre zarzales oscilan. Mudas las chozas. Apenas, Como señales de vida, Sobre los techos de paja Aves que juegan y trinan. Entre cercado de horcones Se alza el palacio del Zipa. Un ámbito enorme ocupa; Y Quesada, ante su fila De jinetes y soldados Llega, la cota ceñida. El acero desenvaina^ La bandera de Castilla Hace desplegar al aire; Toque de corneta vibra En la mañana. Y silencio. . . Hachas las puertas derriban Con estrépito. No hay guardias Que a los intrusos resistan. E1 primer patio, desierto; Luego una sala, vacía. Los infantes y jinetes Penetran, las armas listas, Temiendo alguna asechanza, Huyó con su gente el Zipa A media noche, llevando Sus trescientas concubinas, Y a espaldas de indios el oro Que en el palacio tenía, Y todas sus esmeraldas
  • 146. A región desconocida. Tesoros, regios tesoros, Que juntaron dinastías En lento correr de siglos Esmeraldas de hondas minas Que lucieron esplendentes En diademas; gargantillas, Brazaletes, áureas planchas Que prietos pechos cubrían; Riquezas de los santuarios. . . En gruta remota, umbría, Yaciendo estáis para siempre Lejos de humana codicia, Pues dejaron los cargueros Con los tesoros la vida. Avanzan. Patios, más patios. . . Salas, más salas vacías. Corredores. . . patios, salas. . . Después huertos. Fuertes vigas, Desde lejanas regiones Hasta la Corte traídas, Sostienen los techos. Paja Que cual oro vivaz brilla Luce en los muros que exhiben Telas de rojo teñidas Y ornadas con plumas de aves Cazadas en las orillas Del Río Grande. Al fin oro Y esmeraldas escondidas Sacaron, cavando el suelo, Y así, con manos vacías No se les vio. No encontrando A quién con agua bendita Cristianar, no fue perdido Para su provecho el día, Y hasta para herrar caballos Que despeados venían, Andando entre barrizales Y ascendiendo a serranías, De baja ley oro hallaron Huía lejos el Zipa.
  • 147. Rezagados unos indios Cabizbajos se veían; Y aterrados, friolentos, De charcos en las orillas Se preguntaban: quot;¿Qué tribu Será esa tribu sacrílega Que a nuestro rey hace guerra? ¿Qué genio del mal envía A esos terríficos monstruos Que con cuatro pies caminan Y que tienen dos cabezas Y que lucen piel distinta A la nuestra, y el semblante Les cubre barba tupida?quot; En ese instante de miedo, Frente al sol que ya se hundía, Una salva de arcabuces Se oyó en la llanura muisca. quot;Los hijos del Sol! ...quot; dijeron, Y aterrados, la faz lívida, Contra el suelo, sollozaban . La noche cayó sombría En desolación profunda Sobre la raza vencida. EL TEMPLO DE SUGAMUXI Mil quinientos treinta y siete. Julio. Sol vivo y radiante En claro azul ilumina quot;El Valle de los Alcázaresquot;. En la llanura no hay oro Ni esmeraldas. Sólo hambre. Del botín que recogieron Cada cual tomó su parte. , Para Fernández de Lugo Raudos mensajeros salen Con oro y gemas, lo suyo, Y con los quintos reales. Y aquellos soldados rasos Que mal cubrían sus carnes Con harapos, y en Castilla En algún feliz instante Sólo unos ochavos vieron
  • 148. Como premio a sus afanes, Tejos de oro bien esconden De compañeros rapaces, Y si hambre sienten ahora, Pensando en sus pegujales Olvidan viejas angustias, Pues ya se ven por las calles De Madrid o de Sevilla Luciendo vistosos trajes, O requiriendo de amores A las manólas ya amables, Y que antes a sus requiebros Respondían con desaires; O bien de quot;donesquot; oyéndose Llamar, con aire arrogante, Porque es baldón la pobreza Y el oro las puertas abre. Viendo gordos los caballos Quesada, y a sus infantes Aburridos, y perdiendo Sus tejos junto a los naipes, Su ocupación sólo entonces, Y estando quietos los sables, Una expedición ordena A la tierra de quot;los panchesquot;. E1 Capitán Juan de Céspedes Con unos valientes sale Por tierra de quot;sutagaosquot;. Marcha y se traba el combate. Con flechas envenenadas Caballos e infantes caen. No es ésta la raza muisca: En sus venas otra sangre Corre. Batalla dudosa En los ásperos breñales, Hasta que rueda el Cacique De lanzada formidable. ¡Sangre de panches ardiente Como fuego de volcanes! Triunfó al fin España. . . pero Sobre el último cadáver! Y Quesada cavilaba: quot;¿Qué montañas o qué valles
  • 149. Ocultarán en sus vetas Las esmeraldas radiantes Que he visto ante mí, suspenso, En diademas y collares? Cerca?. . . Lejos? Pues si es lejos No importa arriesgado viaje. Esmeraldas son ducados Y ducados son alcázares; Vestes de grana en la Corte Y de nobles homenajequot;. Y de pronto, por un indio, Dónde está la mina sabe. Somondoco! A Somondoco Van y socavones abren; Y a las piedras adheridas Aparecen destacándose En claroscuro las gemas, Que entre perlas y diamantes Habrán de ser en el mundo Gala en coronas reales. Otro secreto los indios Guardaban, secreto grave, Pero logró descubrirlo Deuda de vertida sangre. Rey en dominios potente Gobernaba extenso valle, Dueño de ricos tesoros Y súbditos a millares; Su nombre, Quimuinchateca, De Tunja temido Zaque. Y a vencer ya acostumbrados, Todos para Tunja parten. Con regalos detenerlos Quiso y corteses mensajes, Pues tiempo ganar quería Para' llevar a distante Lugar sus riquezas todas; Pero avanzaron. La tarde Iluminaba el palacio; El quot;cercadoquot; roto cae, Y en los muros planchas de oro Vivo incendio fingen, ante
  • 150. Los rojizos resplandores Del sol, ya pronto a apagarse. Acero en mano, Quesada Entra con diez oficiales; De sus enormes espuelas Las rodajas y los sables, Y sus cascos y sus cotas Y sus barbados semblantes, Y el relinchar en el patio, No amedrentaron al Zaque. Quesada intenta abrazarlo; Nunca lo ha tocado nadie. Los nobles y guardias gritan Ante ese inaudito ultraje. Crece el tumulto. Y entonces Antón de Olalla, el semblante Adusto, y de brazo fuerte Al Zaque agarra. Salvaje Gritería oyóse. , . Todo Por libertarlo fue en balde, Y a un aposento contiguo Fue entre arcabuces y sables. Esforzados en la guerra, Y ante el peligro tenaces, Y con la muerte ceñuda En desafío constante, Pero siempre sed de oro En sus almas, insaciable, Al quot;Templo del Solquot;, a Iraca, Parten jinetes e infantes. Más oro. . . más esmeraldas Ayer contra los alfanges Agarenos y un ochavo Como premio en los combates. Ahora. . . esmeraldas y oro . . ¿Quién podría creer antes Que pedigüeños de antaño Llegaran a ser magnates? El templo de Sugamuxi! . . . Allá en el fondo del valle, Va apareciendo imponente:
  • 151. El más rico y el más grande De toda la raza muisca, Templo de gruesos pilares, Y de muros recamados De petos de oro, en que el arte De orfebres chibchas, serpientes, Ranas, ciervos, tigres y aves Grabó; donde el Gran Pontífice Al sol le rinde homenaje, Todo cubierto de blanco Mientras aroma de quot;jaquequot; Sube de los pebeteros Al son de mayas cantares Que por tradición se guardan En un extraño lenguaje —Tal vez el que habló Bochica En muy remotas edades — Cantares que entonan vírgenes Trenzando rítmico baile, Ante enorme sol de oro Que ciega por fulgurante. Llegaron todos al frente Del templo, al caer la tarde. quot;Mañanaquot;, dijo Quesada” Será nuestro día grande . A dormir y a soñar todos! Y que Fray Domingo alabe Al cielo, que aquí nos manda, Entre peligros y afanes, Para enseñar a estos indios Que el amontonar caudales, Habiendo en el mundo pobre, Es pecado imperdonable. Y en tanto que todos duermen, Dos soldados deslizándose Entre las sombras penetran Al templo. De seca y frágil Paja, llevan dos hachones Encendidos; fulgurantes Radian las paredes. Oro, Más oro y gemas vivaces; Todo parece en las sombras Como una aurora que arde. De las manos de uno de ellos Un hachón al suelo cae,
  • 152. Porque ante tanta riqueza Helada siente la sangre. Se incendia el tapiz de esparto, El fuego al santuario invade, Rápido salta a los muros Y a cortinas y a pilares; Aprisa los dos soldados Entre el fuego ruta se abren Y entre el fuego, Sugamuxi Es llamarada radiante. Quesada y su tropa sueñan; El paraíso se abre En su soñar. Esmeraldas Y oro ven, en manantiales Que corren y corren. Oro, Y esmeraldas en sus márgenes; Selvas con gemas por hojas, Y frutas de oro en los árboles. . La voz de quot;incendioquot; de pronto Oyen. Aterrados salen. Gran resplandor cubre el cielo; De humo tromba formidable Asciende. Los indios lanzan Alaridos por las calles. Y Quesada, en tanto, mira Las llamas, mudo y exánime, Cual si el infierno en la tierra Hubiera abierto sus fauces. TEUSAQUILLO Tus cuatro sílabas suenan, quot;Teusaquillo, Teusaquilloquot;, Como un cantar armonioso Que va en la noche perdido. quot;Teusaquillo!quot; De los Zipas Plácido y buscado asilo, Cuando en época de lluvias En el llano el turbio río Formaba grandes pantanos Y borraba los caminos! . . . De los empinados cerros,
  • 153. Bajo ramajes tupidos En las quiebras, murmurando Dos arroyos cristalinos Descienden. Cercados pozos Aquí, al soplo de los riscos, Tienden sus fríos cristales, En que peces fugitivos Nadan, en límpidas aguas, Donde el serrallo escogido Del Zipa, su carne bruna Hunde en mañanas de estío. Aquí jarrones de Ráquira Se ven con dibujos finos; En pilares, cornamentas De ciervos, conchas, colmillos De leopardos; en colgantes Jaulas, bajo cobertizos De tupida cañabrava, Son deleite del oído, De aves de variadas plumas Dulces cantos no aprendidos En los maizales de Tenza O en las selvas del Gran Río; Labor de orfebres quimbayas En los muros se ven ídolos, Y sobre tapiz de esparto Que se extiende a todo el piso Pieles y telas vistosas Teñidas de rojo vivo, El mismo que en grandes piedras Perdura en los jeroglíficos. E1 Licenciado su gloria Manchó con nuevo delito. No pudo entregarle el Zipa Los tesoros repartidos A los nobles del Zipazgo, Y murió en tormento inicuo. Pero los tres responsables Sufrieron duro castigo, No castigo de los hombres Más sí del poder divino: Uno, muerto por un rayo, En día de cielo limpio, Otro en un juego de cañas, Y otro, de lepra raído.
  • 154. Por el incendio de Bosa, Ya sin techos como abrigo, Para el Reino conquistado Capital Quesada quiso, Y todos, asiento de ella Fijaron a quot;Teusaquilloquot;. Y cuando llegó Quesada Al lugar que fue escogido El recuerdo de la vega De Granada al punto vino A su mente, vega hermosa En donde jugó de niño. La Serrezuela de Suba, Bajo un azul opalino, Fingió que era quot;Sierra Elviraquot;; Las colinas de quot;El Suspiró Del Moroquot; le recordaban Las de Soacha a su espíritu Y los dos cerros cercanos, En claro fulgor ceñidos, Trajéronle a su memoria, Entre fantástico brillo, Los collados de Granada Con un misterioso hechizo. Y por eso quot;Nuevo Reino De Granadaquot;, al punto dijo, quot;Será el nombre de esta tierra Del Rey de España y de Cristoquot;. La aurora del seis de Agosto Llegó espléndida. Bullicio En el campamento. Alegre Son de cornetas. Relinchos De corceles apastados, Y terror en los bohíos De todos los que lloraban, Ante sus ocultos ídolos, La muerte vil de su Zipa, En lento y cruel suplicio, Con los huesos destrozados, En una tabla tendido. Ya recogidas las toldas Avanzan a quot;Teusaquilloquot;. Se apea de su caballo Quesada —los ojos fijos
  • 155. De todos en él— arranca Puñado de hierba 5 altivo Se yergue; lo agita y dice: quot;De estos remotos dominios Tomo posesión perpetua En nombre de Carlos Quintoquot;. Vuelve a montar. Y prosigue, Con fuerte voz: quot;Desafío A todo aquel que se oponga A esta fundación. . . Oídlo!quot; Desnudo brilla el acero, En su puño fuerte erguido, Y vuelve a envainarlo. Nadie Sus palabras contradijo. Y al punto ordenó que doce Casas de techo pajizo Se alzaran, de los Apóstoles En recuerdo. Fray Domingo De Las Casas por mandato De Quesada, en ese mismo Instante empezó una ermita Con españoles e indios, Y en tela de burdo lienzo Incólume ante los siglos, Un crucifijo pintado Se alzó en el altar. ¡Y Cristo Abrió los brazos pidiendo Piedad para los vencidos! Y desde aquella mañana, Cuando cambió quot;Teusaquilloquot; Su nombre por Santa Fe De Bogotá y Carlos Quinto Iba con un nuevo reino A ensanchar su poderío, El sol ya no se ponía En españoles dominios. EL CACIQUE GANANETÁ Ya. Fijados los solares Por Martín Galiano en Vélez, Para que la iglesia y casas
  • 156. Los españoles hiciesen, Con unos pocos soldados Indios y cuatro jinetes A las tierras de los guanes, Famosos como valientes, Partió en rápidas jornadas, Audaz, combatiendo siempre. Chanchón le sale al encuentro, Pero la española hueste Sin que el número de indios Su brío un punto amedrente, Traba el combate. . . Son miles Los que gritando arremeten. Flechas ornadas de plumas Del valle y de cumbres llueven; Y entre aguda vocería Que a cada momento crece, Hacen de los altos cerros Que piedras enormes rueden Sobre jinetes e infantes Que a campo raso se mueven. Disparan sus arcabuces; Las espadas cráneos hienden, Y las aguzadas lanzas Húndense en pechos y vientres. Y Chanchón y sus flecheros Juzgando poder celeste El que rayos les dispara Y sobre el campo los tiende, Huyen a empinadas rocas Aterrados. Anochece. Muy temprano, cuando vino Radiante el día siguiente, Al registrar los cadáveres Ni un collar, ni un brazalete Hallaron, ni una esmeralda, De su ambición aliciente: Sólo colmillos de tigre, Aros de sus puños fuertes Y arcos de dura madera, Que no entre el oro y deleites Aquellos indios vivían, Sin saber de vida muelle,
  • 157. Sino en cerros, cortos valles, O en suelo seco y estéril, Ablandándolo en maizales Con el sudor de su frente. Y Galiano a Macaregua Avanzó sin detenerse. Iba en busca de los guanes Y de Guanentá, su jefe. ¡Llanura de Macaregua, Qué monótona te extiendes, Donde una raza animosa Al invasor hizo frente, Con flechas, contra arcabuces, Con gajos contra jinetes, Y con piedras contra lanzas Que en brunos cuerpos inermes Pusieron abiertas flores De sangre roja y ardiente; Llanura de Macaregua Con tu laguna, que leves Cruzan las garzas; llanura Donde hoy en tu calma verde, A trechos se miran surcos Que abren perezosos bueyes. . . ¡Fuiste de hispanos e indios Campo de valor y muerte! Sangre de los Macareguas Y de los Guanes, latente Savia de mi tierra, donde Va el Chicamocha entre fuertes Pedrejones; savia recia En un suelo indócil: eres Vigor en almas que libres Han alentado allá siempre! Guanentá no se intimida Ante caballos y aleves Balas de arcabuz y lanzas Y cotas que resplandecen. Pero las espadas fulgen Y las lanzas; los corceles En raudo avance derriban A todos los que hacen frente, Y entre estampidos de truenos Escondida va la muerte. No es lucha contra mortales. . . Los que fieros arremeten
  • 158. Con estrépito y con rayos, Son extraños combatientes, Arqueros que el sol envía; Y a exterminar para siempre A guanes y a macareguas Por castigo de Dios vienen. Por riscos al Chicamocha Guanentá su ruta emprende. Con macareguas y guanes Avanza cuando anochece. Desfiladeros a un lado, Desfiladeros al frente. . . No podrán seguirlos. Libres Al fin llegarán al fuerte En donde el llano de Géridas Comienza y amplio se tiende. El río cruzan. Ya salvos Suben la opuesta pendiente Pero ven que van tras ellos Ayudados por cordeles. Sordos truenos de arcabuces El aire ardoroso hienden. Y el ascenso continúan; En perseguirlos no ceden Quizá por creer que arriba Tesoro oculto se encuentre» Moviendo piedras los indios Unen su esfuerzo potente. El río en blancas espumas En la orilla se disuelve, Y las piedras van rodando Por la escarpada pendiente; Infantes al río caen, Truenos el aire estremecen, Y Guanentá en un recodo, Viendo con rabia impotente Que no hay flechas en su aljaba, Que todo esfuerzo es estéril Ante raza que ha venido Para su exterminio, tiende A la hondonada los ojos; Mano febril a la frente Lleva, la corona arranca De plumas rojas y verdes; El arco y la aljaba tira,
  • 159. Y resuelto, al verse inerme, Sube a un solitario risco Cuando el ocaso se enciende En arreboles de grana. . . Y se arroja a la corriente. Su fin la historia ha callado, Mas la tradición refiere —Ya en lucha inútil vencido— Su salto heroico a la muerte. EL CACIQUE DE GUATAVITA La tribu de Guatavita, En homenaje a las aguas Se apresta el rito sagrado A celebrar. Ya sus danzas Las bellas hijas de nobles Van ensayando con planta Ligera, al son de cantares, De chirimías y flautas. Limpia tiende la laguna Su cristal. En la comarca Todo se anima en espera Del gran día. Flores candidas, Rojas y amarillas, abren Sus corolas en las ramas; Y de los campos vecinos Van trayendo leves auras El rumor de los maizales, Donde aves pían y cantan. Parece que en Guatavita Al júbilo de las almas La alegría esplendorosa Del verano se juntara. Desde distantes bohíos Van llegando alborozadas Tribus amigas. De polvo De oro cubierto, en mañana Resplandeciente, el cacique De Guatavita, y en andas, Por caciques conducido,
  • 160. Se hundirá en las ondas claras De la laguna, en el día De la fiesta de las aguas. Mensajeros han llegado De Muequetá, y hay alarma: Entre el gozo de las tribus Vienen con la nueva infausta De que guerreros extraños Que rayos del sol disparan Pusieron al Zipa en fuga Y por la llanura avanzan, De dónde vienen? —quot;Del cieloquot;, Unos aterrados narran; Otros que del Río Grande, Desde remotas comarcas; Que son monstruos nunca vistos, Que rayos de muerte lanzan, Que los quot;cercadosquot; derriban Con desconocidas armas; Que cerrados pelotones Con flechas no los atajan; Que delante de ellos huyen Los muiscas en desbandada; Y que quot;Suéquot; como castigo Por viejas culpas los manda. No son flechas las que traen, Vienen cubiertos de láminas, Y cuando quieren el Cielo Truena, y desde lejos matan, Como el resplandor que alumbra De repente en las borrascas. Sobre prados y colinas, Azul brilla la mañana. Y el desfile, al son de música Hacia la laguna marcha. Al frente se ven los nobles; Después las vírgenes danzan, Y en silla de oro el Cacique, Entre la turba postrada Que le va lanzando flores Los ojos en alto, pasa. Su cuerpo de oro cubierto Y todo desnudo, es ascua “Ante la luz de la aurora,
  • 161. Blanca, azul y roja y gualda. Todos llegan a la orilla. El agua fulgura mansa. El himno sagrado suena; Y al momento en que se alza El sol, en diáfano cielo, El cacique en pie, en las andas, Y la tribu en gran silencio, A las claras ondas salta ¡Y es remolino de oro Y de fulgores el agua! Otra vez gritos y músicas Se oyen. Y oro y esmeraldas. A las aguas van cayendo Entre ruidosa algazara, Y entre rumores de frondas, Cantos y batir de alas! . . . Todo es júbilo. De pronto En la colina cercana Són estridente resuena; Espadas brillan y lanzas, Y relinchos de los monstruos Vienen desde la distancia. Los guerreros más se acercan. . Ya de los collados bajan. . . Un estampido de truenos Hace vibrar la montaña. . . Y la raza guatavita Es de españoles vasalla! De un ídolo todo de oro Que se lanzaba a las aguas Corre pronto la leyenda Aquí y en tierras extrañas; Y El Doradoquot; desde entonces Fue ilusión radiosa y mágica. Mas después ya no era ídolo, En remota lontananza. . . Era campo inmenso de oro, Visión de todas las almas. Y tras ella los hispanos Cruzaron selvas, montañas, Ríos, desiertos, llanuras
  • 162. Y mortíferas comarcas; Y así fueron ensanchando El poderío de España, Y un nuevo mundo en la tierra Abriendo a la raza humana SANTA FE De pobres techos pajizos Ya Santa Fe no es aldea. Ya las primeras mujeres Llegaron de hispana tierra, Con ellas el trigo. Elvira Gutiérrez! Tus manos bellas Que en Sevilla antes bordaban Lienzos para las iglesias, Aquí el primer pan hicieron Que lució en humildes mesas De bravos cuyo descanso Era vigilar y guerra. Todo ha cambiado. Campiñas Cercanas ya son dehesas. El trigo en espigas blondas A1 lado del Funza ondea. Toros, vacas y caballos Pastan con cabras y ovejas, Y en torno de los bohíos Los indios en vez de flechas La esteva de los arados Tras de tardos bueyes llevan. Vegas que el río inundaba Ya son verdes sementeras, Y conduciendo rediles El cuerno en las tardes suena, Mientras que toque de esquila, Lentamente entre la niebla, Se oye en quot;El Humilladeroquot; Sobre inclinadas cabezas. En vez de chozas se alzan, Con piedras llenando grietas, Junto a espadañas humildes Casas de tapia y de teja; Y ojos negros y radiantes
  • 163. Asoman detrás de rejas —Con monogramas de hierro, Muy altas y sin vidrieras— Esperando la sonrisa Y la gentil reverencia De segundones hispanos Que a esta altiplanicie llegan Con blasón y con espada Y con sonantes espuelas, Y con la bolsa vacía Pero con el alma llena De esperanzas en los cofres De ricas encomenderas. Aquiminzaque ya ha muerto En carnicería horrenda De caciques. En la plaza Sus brazos la horca eleva; Por las calles, entre júbilo, El Sello Real la Audiencia Condujo en caballo blanco Sobre gualdrapa de seda, Los oidores yendo en torno En el brazo la rodela, Y acero en alto. En regiones Apartadas sangre riega La codicia. Tiende en brazos, Que sayal de tosca tela Encubren, el crucifijo Pidiendo amor y clemencia, Pero en vano: todo cae Cual muros ante piquetas. Santa Fe se anima. Es otra. La Sabana es rica tierra, Y la vida alegre corre Entre conventos y fiestas. Con chambergos, blancas plumas, Ferreruelos, las espuelas Doradas sonando; hueco Calzón, ajustadas medias; En la manga encajes blancos Y en el cuello; hebillas hechas
  • 164. Por artífices, en negros Zapatos, y a la manera De Borgoña, levantado El bigote, y la siniestra Apoyada en áureo puño De espada a la lucha presta; Así desfilan galanes Apuestos ante las bellas Más codiciadas entonces Por su alcurnia y su riqueza, Y en cuyas pupilas fulge, En esta remota tierra El sol que alumbra rosales En las andaluzas vegas. Y por la tarde, en la calle Alegre de quot;La Carreraquot;, La cabalgata. Donceles Van pasando, de presencia Airosa, en fuertes caballos De sevillanas praderas, De cuidadas crines, ancas Relucientes, cola negra Y ojos vivos y ancho pecho; Y lucen sillas ligeras, Rojas gualdrapas, estribos De oro en que la luz destella, Pretales hechos en Córdoba Y de seda azules riendas; Y regresan a la plaza Para emprender la carrera. A Tunjuelo. Y después vuelven De la fila a la cabeza Los vencedores. En tanto Ricas basquiñas de seda Y mangas de blanco punto Luciendo, y altas peinetas, Vense en balcones la Olalla Y Orrego, perla entre perlas, Las dos Velásquez, las Olmos, Las Ponces y las Venegas Y las Montalvos de Lugo, Las Vergaras y Fonsecas, Las Caizedos y las Calvos, Las Dasmariñas y Ortegas, Que pidiéndoles permiso
  • 165. A sus padres, flores riegan A los vencedores, pero Con la mirada severa; Porque así frailes adustos Lo han ordenado, que velan Por la virtud recatada De sus cándidas ovejas. Anuncibay ha pasado, Y la Olalla de amor tiembla. No venció como jinete, Pero es vencedor ante ella. Por ese estremecimiento Se va del balcón y reza. Llegó el correo de España: Tres veces al año llega. Día animado. Al instante Quedan cerradas las tiendas. Cartas escritas seis meses Antes, han venido. Inmensa Alegría en el semblante Al pasar algunos muestran: Los que con ávidos ojos Han leído, en tosca letra, Con borrones, tal vez lágrimas, De esposas, felices nuevas, O de fieles mayordomos Muy halagadoras cuentas De vendidas aceitunas; Otros, malestar y pena Porque los parientes pobres Desde españolas aldeas Exigen envío de oro Al quot;tío rico de Américaquot;, Que unas botijas de vino Vende por cada cuaresma; Y sardinas y garbanzos, Y unos bultos de bayeta, Collares de vidrio, espejos De bolsillo, falsas perlas, Camándulas y rosarios, Que los indios por arvejas O por maíz o por habas Con gran alborozo truecan. De noche, el rosario. En tanto Todos aguardan la cena,
  • 166. Y mientras las cuentas pasan, Amos y esclavos bostezan. En casas de encomenderos A veces la Nochebuena Celébrase. Villancicos, Buñuelos y panderetas. Y después la danza alegre Como final de la fiesta: En las tarimas sentadas Las damas, ojos en tierra; Agitándose nerviosas Los galanes en las puertas Esperando quot;La Chaconaquot;. Rompen su son las vihuelas. En el amplio salón luce De esparto reciente estera; En los muros, alcayatas Muestran profusión de velas, Y una lámpara entre vidrios Del pintado techo cuelga. De vez en cuando danzantes Dicen: quot;Viva mi parejaquot;. Y humildes esclavos pasan Dulce horchata con canela, Masato, veleño y postres De conventos, en bandejas Trabajadas con martillo En plata de nuestras vetas. Y en la calle? A media noche Ante lamparilla trémula, Por quot;Santa Inésquot;, quot;Santa Bárbaraquot;, quot;Las Nievesquot; o quot;La Terceraquot; Algún embozado asoma . . . Otro al que pasa se acerca. Una celosía se oye Que con rapidez se cierra; Un tajo, otro tajo. Evitan Los aceros que se hieran; Otros tajos. Los vecinos Aparecen en las puertas Envueltos en las cobijas De sus camas. Vociferan. . . Dan gritos en el silencio. . . Y dos sombras que se alejan! .
  • 167. O a la luz de opaca luna, En solitaria calleja, Ante ventana de hierro, Una copla malagueña O algún cantar sevillano, Cantar que es doliente queja; Y después, entre la sombra, La quietud santafereña! .... Cuántas veces en la noche Cuando la lluvia golpea El techo; cuando los muebles Crujen, y el viento las puertas Empuja, y las mariposas De alas blancas o alas negras Importunan, dando golpes, Mientras que vuelan y vuelan, Sobre el cristal de la lámpara; Cuántas veces, cuando abierta Tengo ante mí vieja crónica Colonial, amarillenta, Sin que mi errante mirada En las hojas fijar pueda, Mi pensamiento a la antigua Santa Fe, raudo se aleja. . . . —Soñador? Y quién detiene A soñadores que sueñan?— Y voy viendo en el pasado Que en densa bruma se aleja, De día, las calles casi Desiertas, o en una tienda En voz baja gente habla Y lo que ocurre comenta; Un chiste andaluz se oye, O chanza santafereña, Que es alfiler que rasguña O que en sangre a veces entra, El ingenio y la malicia Siempre las almas dispuestas; De buen humor mescolanza Y laxitud e indolencia. . . . Y sigue la fantasía, Siguen en sombras de otra época: quot;La mula herradaquot; en la noche Haciendo sonar las piedras;
  • 168. Excomuniones, disputas Por cortesana etiqueta, De Virreyes y Arzobispos Cerca del altar reyertas De encomenderos rapaces; Un oidor con la cabeza Sobre el tajo; brujas, duendes; Del quot;Corpusquot; la alegre fiesta Con espejos en los muros Y colgaduras de seda; El palio sobre albas flores; La custodia, toda perlas Y diamantes; cabizbajo El Virrey entre la Audiencia; En los tendidos balcones De las casas solariegas De doña Mariana Prieto, De Sandovales y Yebras, De don Javier de Vergara, Pérez de Manrique y Velas, Maldonados y Mendozas, Vense damas y doncellas De rodillas; en saraos Fulgor de pupilas negras; Minués que con abanicos Van marcando la cadencia. Mientras que Solís se inclina Ante su gentil pareja; Rojos labios que en coloquios Dicen quot;corazónquot; con quot;zetaquot;; Son de campanas de tarde, quot;Cañosquot; que en la sombra suenan. Santos tristes con guitarra, Una capa. . . una linterna, Otra linterna, otra capa En frío silencio. Y niebla, Y sol o niebla. Plomizo Cielo, o cielo claro. . . Mezcla De honda y gris melancolía Y de aromas de leyenda! .... Santa Fe! Qué extraño mundo De evocaciones despiertas En la mente del que a solas Con cosas pasadas sueña! EL VIRREY SOLIS Y LA AUDIENCIA.
  • 169. Los Oidores han citado, En muy respetuosa carta, Al Virrey Solís. La hora De la cita es ya pasada Y no llega. Desacato Consideran la tardanza, Y por el nuevo desaire Han convenido en voz baja En remitir otra enérgica Queja a la Corte de España, En que además de esta burla Se haga mención detallada De su vida censurable Según es pública fama. Y uno dice: quot;Es bien sabido Que usando postiza barba, De noche, por puerta oculta Se sale, donde lo aguardan Compañeros de jolgorio, Y con ellos se va a casas Que durante todo el día Tienen la puerta cerrada, A visitar a mujeres De quienes todos mal hablan; Y en Santa Fe muchos dicen Que un día al rayar el alba Por haber dejado en una Casa mal vista, olvidada La llave, se vio en el trance De que lo vieran los guardias Disfrazado entrar. ¡Vergüenza Para esta ciudad cristiana, Para quien debe enseñanza Ser de honor y de virtudes Pues representa al Monarca. Y oyéronse en las iglesias De esta cuaresma en las pláticas Contra su libertinaje Admoniciones muy claras. Sin que él se cuidara de ellas Esa María Lugarda! .... Esa Lugarda de Ospina
  • 170. De quien cuentan y no acaban, Que se fugó de un convento De noche, saltando tapias; Esa quot;Marichuelaquot;, escándalo De toda la gente honrada, Que al Virrey sorbióle el seso, Que es perdición de su alma Y con ella ¡Dios me ampare! (Y el Oidor se santiguaba) Olvidado de su rango, Y pecando, a Dios le falta! . . . . Los Oidores asentían A lo que el decano hablaba, Mientras que hacíanse cruces, En la puerta la mirada. El Virrey en ese instante Entró muy grave a la sala. Saludó con aire serio A los señores garnachas, Los que en pie, gran reverencia Le hicieron, la frente baja; Y quedó la puerta al punto Con fuerte llave cerrada. El Oidor decano entonces Dijo con voz lenta y clara (El Virrey se sonreía; Grave el Oidor lo miraba): —quot;Señor Virrey: por mandato De nuestro augusto Monarca, A quien vos, como nosotros, Por la fe de nuestras almas Acatamiento debemos Por obediencia jurada, Os hemos pedidos humildes, En nombre de quien nos manda Nuestro Rey Fernando Sexto, Honor y gloria de España (Y al decir esto, los ojos Los tres Oidores bajaban Como si allí, de rodillas, Y rezando comulgaran), Que vengáis, dejando a un lado Por un momento la carga Del gobierno, a que lectura Oigáis, de una reservada
  • 171. Cédula (el Virrey entonces Se sonreía, y miraba El cielo raso, adornado Con farol de hoja de lata). —quot;Señor Escribano, dijo El Oidor, con voz pausada: quot;Lectura dadle a la Cédula En que del Virrey nos habla Nuestro Rey Fernando Sextoquot;. . (El Virrey los ojos clava Burlones de los Oidores En las rollizas papadas). quot;Al recibir esta Cédula (Tal decía el Rey de España), Llamaréis ante vosotros A mi Virrey, en privada Sesión, y habréis de advertirle Que todas sus graves faltas, De que me habéis dado cuenta; Sus nocturnas escapadas, Sus disfraces y sus fiestas Con hembras de vida mala, Hanme causado amargura, Y a esa oveja que mal anda, De perdición por caminos Que de Dios los pies le apartan, Pedidle arrepentimiento Para salvación de su alma. Yo el Rey.quot; El Virrey entonces Desabrochó su casaca, Sacó un pliego, dio unos pasos, Y alargándole la carta Al Escribano, le dijo: quot;De nuestro amado Monarca Ya oí la Cédula. Ahora Servios, como posdata, Leer lo que el Rey, mi amigo, Me dice en carta privada: quot;Querido primo: Que el cielo Te colme de venturanza. Yo, sin ti, muy aburrido.
  • 172. ¡Cómo mi vida alegrabas! Mas siempre pienso que en ese Nuevo Reino de Granada Por los indios y las indias Velas, como por España, Para acrecentar la gloria De mi cetro y nuestra raza. Y de otra cosa he de hablarte, Primo, y ríete a tus anchas. De mi Audiencia he recibido Una relación de faltas De que te hace responsable, Como si la edad y canas De mis Oidores, acaso Deslices no exageraran De quien por su ardiente sangre Necesita amor y holganza; No hagas caso de chocheces; Muéstrales risueña cara. Ellos la vida gozaron; Que para el cielo sus almas Preparen, a Dios pidiéndole Perdón por culpas pasadas, Y en tanto, tú y yo gocemos De lo que pronto se acabaquot;. El Escribano muy serio Bajó al papel la mirada, Mas se mordía los labios Porque en ellos retozaba La risa. Los tres Oidores Con las manos en las calvas, Tal vez entre sí decían: quot;Cosas que en la vida pasan! Trasquilados hemos vuelto Y todos fuimos por lana; Quien anda siempre con chismes Lo que hemos sacado, saca; Y todo esto por meternos En camisa de once varas.quot; La carta del Rey Fernando Otra vez puso doblada En el bolsillo. Inclinóse, Y grave dejó la sala.quot; Era su vestido blanco, Llevaba abierta la capa, Y hacía la luz cambiantes
  • 173. En su cruz de Calatrava. EL VIRREY SOLIS Y LOS LOCOS Era escasa la pitanza En el Asilo de locos. Don José Solís, Virrey Entre Virreyes rumboso, Que cuanto daba a los pobres Lo juzgaba siempre poco, De esa escasez supo un día Contrariado y con asombro, Porque al Asilo enviaba Siempre ayuda generoso, Y al instante a su presencia Llamando a su mayordomo, Y entregándole una bolsa Le dijo: quot;Con este oro Quiero que se dé un almuerzo Mañana mismo a los locos, Pero un almuerzo abundante, Un almuerzo apetitoso, Como esos, según decires, Que acostumbran los canónigos, Y que por eso, rollizos Se les ve subir al coro, Aunque afirman que es la vida Sin pecados, lo que sólo Hace que Dios los conserve Con buena salud y gordos. Siempre de pecados me hablan, Las manos en el redondo Vientre cruzadas, sabiendo Que al cielo ofendemos todos, Unos pecando a escondidas Y no ocultándonos otrosquot;. De verse eran las espuertas: Pavos asados al horno, Papas con queso, esponjadas, Y carnes con blancos trozos De cebolla, y con lechugas, Postres variados, bizcochos Hechos por monjas, y dulces. . . Todo allí servido a rodo. E1 Virrey pensó: quot;La dicha
  • 174. Se puede alcanzar con pocoquot;. Temprano, al día siguiente, Fue al Asilo. Vienen todos Carilargos... Y él creía Encontrarlos muy dichosos. —quot;¿Cómo almorzasteis?quot;, pregunta. Y uno, inclinando los ojos Le responde bostezando: —quot;¿Cómo almorzamos? Nosotros, Señor Virrey, como frailes, Y los frailes como locos.quot; LA MARICHUELA María Lugarda Ospina! quot;Marichuela!quot; quot;Marichuela!quot; Tu vida jacarandosa Y tu sonrisa, que abierta Flor parecía, si fueron En Santa Fe soñolienta De los devotos escándalo Y hasta motivo de prédicas En los pulpitos, .deleite Fueron también como néctar De un Virrey cuyo fastidio Consuelo halló en tu belleza. Encerrada en un convento, De novicia, y en espera Del día en que le cortaran Las ensortijadas trenzas, Y viéndose ya de novia De Cristo, tendida en tierra Y en las sienes azahares, En la quietud de su celda, Junto a su lecho, pasaba De su rosario las cuentas Cuando venía la noche Con su silencio y tristeza. —quot;Seré del Señor la esposaquot;, Murmuraba; y su alma llena De esperanzas celestiales, E inclinada la cabeza, Ascendía entre visiones,
  • 175. Tan blancas cual su inocencia. Pero antes de ir al convento, Por imposición paterna, Muchas veces recordaba Que vio por la vez primera, En la Catedral, un día, Al Virrey Solís, de tierna Mirada, pálido el rostro, Y de atractiva presencia, Joven, vestido de blanco, Y con profundas ojeras, Como de quien reza mucho, O de aquel que mucho peca. Su sangre, quieta hasta entonces, Ardiente sintió en las venas, Y que el corazón un vuelco Le dio de pronto con fuerza, Y del Virrey no apartaba Las ondas pupilas negras, Y de rezar olvidóse Por mirarlo con fijeza. Lo vio salir bajo palio; Tras él salía la Audiencia Y un sacerdote tres veces El incensario en la puerta Batió ante él. Sólo su imagen Quedó ante los ojos de ella. (María Lugarda Ospina! quot;Marichuela, Marichuelaquot; Así como bella fuiste, Qué dulce tu nombre suena!) Las cuentas sigue pasando En la quietud de su celda. quot;Qué hermoso el Virrey! Qué hermoso! Así soñadora piensa. quot;Mas, dice, quizá es pecado Ese recuerdo que llega De mi rezo a distraerme. . . Muy contrita ante la reja Del confesionario al Padre Le preguntaré si peca La que en su celda rezando Y monja ha de ser, recuerda
  • 176. Al que un día, bello día, Vio bajo palio en la iglesiaquot;. Y el confesor: quot;Es pecadoquot;, Le dijo con voz severa. quot;Esos recuerdos del mundo De tu corazón aleja; Vas de Cristo a ser esposa! Piensa sólo en Cristo, y reza!quot; quot;Mas si lo vi quot;bajo palio… quot;Piensa después y repiensa. Cavilaba, cavilaba, Y lentamente una niebla A oscurecer la blancura De sus visiones empieza. De pronto sobre su lecho, Cual si durmiendo estuvieran Vio dos blancas mariposas, Una de la otra cerca. De su rezo distraída Clavó los ojos en ellas. El rosario puso a un lado Y quedó como quien sueña. Esa noche del convento Huyó con planta ligera... Subió por un árbol. Luego Al árbol fijó una cuerda, Y en la cuerda sostenida Fue bajando en las tinieblas; Y a la calle de quot;Las Bajaresquot; Partió a llamar a una puerta. quot;Se ha fugado una novicia! . . Esa fue pronto la nueva Que se extendió por las calles. Ayunos y penitencia En los claustros ... Y decían Las monjas sus compañeras: —quot;Y aquí entre nosotras dándola Siempre de mosquita muerta. El escándalo no visto Con avidez se comenta Rezan todas las beatas, Hay comunión en iglesias, Y exclaman en las alcobas:
  • 177. quot;Qué vergüenza! Qué vergüenza! Decían muchos curiosos: quot;En su casa no se encuentra. En dónde estará?quot; Dos noches Después, cantos y vihuelas De galanes, los amigos De Solís, en nocherniegas Excursiones.... Y entre tanto Postrado a las plantas de ella El Virrey, feliz cual nunca, Entre la animada fiesta, Amoroso le decía Con voz de suave cadencia: —quot;María Lugarda. . . no. . . Te llamaré quot;Marichuelaquot;.... Y cada palabra suya Al son de cantares era Para la que fue novicia, De constante amor promesa. Día del quot;Corpusquot;. Qué hermosa!, Qué donaire y cuan esbelta! Lucía mantilla blanca De encajes, alta peineta, Y recamado corpino Con rosa recién abierta; Era vivaz su sonrisa; Y, tan seductora al verla, Los galanes a su paso Hacíanle reverencia; Las damas en los balcones Graves apartaban de ella Los ojos, mientras devotas Santiguándose en la acera Del frente, la iban siguiendo Con la mirada colérica. Sonreída por la calle Seguía quot;La Marichuelaquot;. Y entre tanto, al Rey de España Iban quejas y más quejas Contra esa gran pecadora, María Lugarda, que era, Según la Audiencia decía De Santa Fe mancha negra,
  • 178. Y que al Virrey apartaba, Con bebedizos de yerbas, Del camino señalado A su cristiana conciencia. Y fue desterrada a Usme.... Paz encontró en una celda El Virrey. En su destierro Fue vida de penitencia La de María Lugarda, Luz que se apagó cual trémula Lamparilla que se extingue Solitaria entre tinieblas. María Lugarda Ospina quot;Marichuela, Marichuela!quot; Fuiste una sonrisa dará, Con encanto de leyenda; Fuiste fulgor, fuiste aroma, Cantar y son de vihuelas Y alegría en el silencio De la paz santafereña. EL VIRREY SOLIS Y MORENO DE ESCANDON E1 palacio virreinal Se encuentra sumido en sombra. Sobre el techo y en el patio La lluvia cae monótona; Se ve una luz solamente En una cerrada alcoba, Y en ella están departiendo En voz lenta, dos personas: Con el Virrey don José Solís y Folch y Cardona, Habla el Alcalde ordinario Moreno Escanden, que gloria Como Fiscal de la Audiencia Fue después; que la Colonia Enalteció con ingenio Y virtudes, y que en toda Inquietud para el Virrey Le dio ayuda cariñosa Y fue noble confidente De sus últimas congojas. De pronto dice Moreno
  • 179. En tono de quien reprocha: —quot;Nada en Santa Fe dijisteis; Tan sólo cuando a la Costa Llegó el Bailío, supimos Que de la Corte española Un nuevo Virrey vendría.quot; —quot;Esta carga abrumadora, Respondió Solís, depuse Hace más de un año. En notas Ante el Monarca he insistido. Me oyó. Soy feliz ahoraquot;. —quot;Y a uniros vais a Sevilla A vuestro hermano, que es honra De España como Arzobispo, O a servirle a la Corona Como Mariscal de Campo Con vuestra espada gloriosa?quot; Del Virrey la voz oyóse que se extendía en la sombra. . . . No era la voz de otros días Clara, vibrante, imperiosa, Sino voz entrecortada, Como de alguien que se agota, Voz de quien hablar pretende Pero en vez de hablar, solloza. —Aquí quedarme he pensado, Y no es intención de ahora. —quot;Qué es lo que decís?quot;, Moreno Con sorpresa lo interroga. ¿Habéis resuelto quedaros, Como holgazana persona En Santa Fe, que os ha visto Siempre el primero entre pompa, Entre honores, y acatado, Y en tanto, luciendo en otra Mano la real insignia? ¿No dirán que una deshonra Del aprecio del Monarca Vuestro ilustre nombre borra? En Santa Fe! ... No comprendo ¿Qué dirán todos? —No importa.
  • 180. Si al Cielo irrogúele ofensas Con mi vida licenciosa, Aquí donde yo he debido Ser de fiel creyente norma, Es fuerza que se me vea Como sombra de una sombra. . . Seguía tenaz la lluvia Cayendo en la noche lóbrega. Moreno Escanden decía: —quot;Seréis de la gente ociosa Comidilla. Bravas lenguas En Santa Fe siempre sobran Para hacer de todo burla Y para regar ponzoña. ¿Vos Duque de Montellano, Como cesante y de ronda De noche por las callejas Siendo aquí de todos mofa, Cuando antes en torno vuestro Se oían sólo lisonjas?quot; —A España? A la Corte? A fiestas? Hondo cansancio me postra.. Busco el sueño, pero el sueño Sólo es para mí zozobra: Oigo ruido de cadenas, Negras visiones se agolpan A mi rededor; me hundo Como entre revueltas olas; Lucho con ellas, y sirtes Veo ante mí tenebrosas, Y en sobresalto despierto; Sudor helado me moja Las sienes; estrecho nudo Al querer hablar, me ahoga. . . Me incorporo; todo inútil, Y en tanto. . . lejos la aurora Que mis visiones disipe, Visiones trágicas y horridas. Busco amores olvidados, Pido músicas ruidosas, Bullicio de gente alegre, Pero el tedio me devora. Sangre soy empobrecida De una raza que se agota, Néctar quizá de otros tiempos
  • 181. En una embriagante copa, Y que hoy, al pasar los años, Es de la vida una sobra. —Y no rezáis? —Rezo. . . En vano. —Pero la misericordia Del cielo, que es infinita, Al pecador no abandona, Al que los brazos le tiende Y consuelo y paz implora. —Es verdad. Mas cuando triste, En la quietud de mi alcoba, Me postro a rezar, visiones Me perturban tentadoras. Aquí conmigo el pecado Ha vivido; y se alzan formas Que se acercan, que se alejan, Que vuelven, después se borran, Y vuelven después. . . y juntan A mí la encendida boca. Moreno Escandón callaba; Era alta noche. En las hojas Del patio se percibía El lento caer de gotas. Y Solís seguía: —A veces Tristes claustros mi memoria Cruzan en hondo silencio; Arcos y arcos, grises losas, Retablos en blancos muros Donde se extiende la sombra Que débil lámpara alumbra; En la capilla el aroma Del incienso; a media noche Del órgano lentas notas Que van borrando. . . borrando Del mundo alegrías locas, Y nos llevan lentamente A una luz de eterna gloria, En redor humildad viendo Y el alma ante Dios absorta; Y Cristo manando sangre, Y entre sangre su corona De espinas; albas risueñas
  • 182. Sobre el huerto. . . olor de rosas Que cuidan para la Virgen Manos antes pecadoras. . . La comunidad que pasa; En el coro la salmodia. . . ¡Luz celestial que se enciende, Y la tierra que se borra! Moreno Escanden callaba. En Santa Fe silenciosa Sonó una campana. Trinos, Más trinos entre las frondas Que se agitan en el patio. Salió Moreno. La alcoba Quedó en silencio profundo. . . Luego una voz que solloza. . . Y otra vez silencio. . . Un Cris Divina misericordia, Abre los brazos. El Duque Las rodillas ante él dobla; A sus pies se abraza. Llanto Su rostro pálido moja, Y abrazado al Mártir sigue Hasta que llega la aurora. Dio a los pobres su fortuna; En humilde ceremonia Entregó el mando a Messía, Y esa tarde en su carroza, Con su uniforme de gala, Por las calles silenciosas Fue al convento franciscano Donde sonaban las notas Del órgano y ascendía De incienso fragante aroma. Llamó al Prior. Y esa noche Vestido de tela hosca, De rodillas, en su celda, Vio nuevamente la aurora. EL FIADOR Su nombre: Pantaleón
  • 183. Gutiérrez de ilustre estirpe, Enaltecida en España Con heroicidad en lides, Y de nobleza de alma Con altos y claros timbres. Era quot;Patriarcaquot; llamado En toda la altiplanicie. Con la mano siempre abierta Lo vieron los infelices, Porque él sabía que al cielo Se presta cuanto reciben, Como dádiva en la tierra, Los que en la miseria gimen Con hambre, y en el invierno Sin techo que los abrigue. Era noche tormentosa, Sin una estrella visible En Santa Fe. Luces trémulas En lejanos camarines Algún retablo alumbraban O la imagen de la Virgen. En las calles solitarias El agua corría libre, Y en los cercados conventos Se oían salmodias tristes De todos cuantos en éxtasis Lejos ya del mundo viven. El quot;Patriarcaquot; terminaba Su rosario, y golpes firmes Oyó en el portón. Abierto, Entra, de mirada humilde, Un visitante. Abatido, Y con débil voz le dice: —quot;Todo ha sido en vano, todo No hallé a nadie que me fíe. A su bondad apelando, A su casa anoche vine; Usted me ofreció el dinero, Pero fiador me exige. Acudí a muchos, y todos Me han dicho que es imposible. . . De malos negocios me hablan Y de situación difícil. . . Que aunque me juzgan honrado El plazo puede cumplirse
  • 184. Sin que la deuda se pague. . . Y, en tanto, miseria horrible En mi hogar. Esposa e hijos Con harapos, pan me piden. Comprometida mi honra, Y la suerte me sonríe Ahora por vez primera, El corazón- me lo dice, Pero necesito el préstamo; De otro modo habré de hundirme Sin que una luz, aunque débil, De esperanza ante mí brillequot;. El quot;Patriarcaquot; le responde Con voz en que se percibe La caridad de las almas Que del bien nunca se eximen: —quot;Tendrá el dinero al instante Como anoche se lo dije, Y sin interés, mas debe Traerme aquí quién lo fíe. El dinero es de mis hijos. . . Mi conciencia así lo exigequot;. —quot;Lo comprendo. Sin descanso Me moví, y esfuerzo hice. A un amigo y a otro amigo La fianza fui a pedirles, Mas la pobreza es pobreza, Y el egoísmo invencible, Y la honradez de otros años Se olvida, y de nada sirve. Pero un fiador yo tengo: Mi corazón, siempre libre De doblez, en El reposa; Sobre el dolor que me aflige. . . Mas ignoro si le basta.quot; quot;El Patriarcaquot; entonces dice: —quot;No exijo mucho. Tan sólo Un testigoquot;. Abrió su humilde Capa. Bajo ella traía Un Crucifijo. El, que vive Consolándome en mis penas; El, que en horas de indecible Amargura, ve en mi alma, Me conoce, y será firme
  • 185. Garantía de mi deuda, Así sollozando dice. —quot;Es más de lo que pedíaquot;, Responde. Al punto recibe El dinero. Y el quot;Patriarcaquot;, De Cristo la santa efigie Que le daba por testigo En devolvérsela insiste. —quot;No. Guarde ese Crucifijo, Fiador que me permite Rescatar mi honra. Algún día Vendré por élquot;. Otra triste Noche vuelve el visitante, Mas, cuan distinto! Despiden Luz animada sus ojos, Y al quot;Patriarcaquot; se dirige Con el dinero prestado. En tanto, feliz sonríe. —quot;Reciba las bendiciones A la que ha salvadoquot;, exclama. Y el quot;Patriarcaquot;, de apacible Mirada, descuelga el Cristo. —quot;No. Reténgaloquot;, le dice, quot;Guarde el fiador que un día, En mi desventura horrible No me abandonó. Que El sea De mi gratitud sin límites Memoria imperecedera; Y esas manos que redimen Sobre la cruz enclavadas, Manos del Mártir sublime, Sean manos adorables Que siempre su hogar bendicenquot;. SARAO EN CASA DEL MARQUEZ DE SAN JORGE En la casa del Marqués De San Jorge gran sarao. Ya en salones y retretes Se encuentran los convidados, Mientras el Marqués aguarda, Gentil y apuesto vasallo, . Abajo de la escalera, De quot;La Jerezanaquot; al lado Al Virrey, que precedido
  • 186. Por lucientes candelabros Va subiendo. De los muros, Entre telas de Damasco, Cuelgan cuadros del insigne Gregorio Vásquez Ceballos; De Oidores y bellas damas Amarillentos retratos; En marcos de plata, espejos Que opacan lentos los años; Y panoplias, que recuerdan, Entre brumas del pasado, La gesta de la Conquista En cumbres, selvas y llanos. Con casacas de anchas faldas, Largos chalecos bordados, Blanco calzón, blanca media, Y áurea hebilla en el zapato, Departían con las damas En los lucientes estrados, Nariño, Torres, Vergara, Zea, Acebedo, Camacho, Salazar, Ulloa, Prieto, Gutiérrez, Ayala. . . cuantos Prez fueron de la Colonia Por sus virtudes y rango, Y que después muchos de ellos, Desde ensangrentados bancos Dejaron eternos nombres En nuestros anales patrios. Cuando esa noche Nariño Salía para el sarao, Corno envío misterioso Recibió un libro. Al acaso Leyó párrafos y líneas, Y más líneas y más párrafos; Y al avanzar la lectura, Sentía alborozo extraño Hasta que llegó al capítulo En la margen señalado: quot;De los Derechos del Hombrequot;. . . Lo leyó con ojos ávidos; Y después, meditabundo, Y en gruesa capa embozado Al sarao fue. La niebla Más negro hacía el espacio. Sombra y niebla . .. Niebla y sombra
  • 187. En las tinieblas ni un astro. . . Y entre esa noche cerrada, Nariño va cabizbajo. quot;El hombre es libre, decía, No ha nacido para esclavoquot;. Y en medio de aquella sombra En que sonaban sus pasos Su corazón de vidente Veía fulgor lejano, Como reguero de chispas En un mundo dilatado. Chispas de incendio remoto, Fusión de aurora y de rayos. Parte el Virrey, precedido Otra vez por candelabros, Y como al principio vuelve Charla animada a los labios. Y entonces quot;La Jerezanaquot;, De alta peineta adornado El cabello, y con vestido De manóla, rojo y alto, En el salón aparece Las castañuelas sonando, Y al compás de los violines Un bolero sevillano Danza, y quot;Ole!quot; gritan todos Entre ruidosos aplausos. Cuando el alba en Monserrate Regaba fulgores pálidos, Quedó en silencio la casa Del Marqués. Negros esclavos En alto grandes linternas Iban la calle alumbrando. De la hermosa quot;Jerezanaquot;, Santafereños gallardos Llevaban en la memoria La hermosura y el encanto. . . ¡Doña Rafaela Isasi, Vuestro baile y vuestro garbo A cuántos aquella noche Dejaron suspenso el ánimo! ¡Doña Rafaela Isasi, Cómo, cómo alborozaron Vuestras leves castañuelas Los tiempos tristes de antaño!
  • 188. Van las damas soñolientas, Van en sus sillas de manos. Y en tanto que el sol radiante Dora del Funza los campos, Y entre cortinas cerradas Dormitan los del sarao, Sin que el sueño lo fatigue, Y su cuerpo sin cansancio, En silencio, bajo llave, Pluma lista y papel blanco, Al frente de un libro abierto Nariño está cavilando. APÉNDICE Tiempos prehistóricos, de la Conquista, de la Colonia y de la Guerra de la Independencia Por las diversas formas métricas en que se han compuesto, las siguientes poesías no deberían figurar en este quot;Romanceroquot;, pero las incluimos como Apéndice de é!, porque se refieren a temas relacionados con nuestra historia nacional. LA INVASIÓN Desde el Opón avanza la tribu cual torrente A Teusaquülo en fuga. Detrás, del rayo armados Los Hijos del Sol vienen. Surge el Zipa, y postrados, Indios, Jeques y Usaqucs doblan ante él la frente. Piedad del Sol imploran con súplica ferviente; Del ara corre sangre de niños degollados; Se oyen sonar clarines . Y todos, angustiados, Huyen al alto cerro que se alza en el Oriente. A la llanura llega Quesada. Por Castilla A su Rey, el acero levanta, mientras brilla La luz como una rosa de fuego en su coraza. Del cerro al Sol entonces se alza una nube oscura De flechas, y hondo grito la tribu da en la altura: El grito, ante la Muerte, de la vencida raza.
  • 189. El CACIQUE GUANENTÁ Después de tres combates iba en derrota. El día Brillaba en quot;Macareguaquot; como una llamarada, Y contra pedrejones, en la árida hondonada, El Chicamocha en blancas espumas se rompía. Guanentá con los guanes el peñascal subía Haciendo rodar piedras, la ira en la mirada; Galiano y sus soldados siguieron la jornada Por entre los barrancos de la agria serranía. Ante los arcabuces su fila ya deshecha, Subió el Cacique a un risco, bañado en resplandores, Y cuando ya en su aljaba faltó la última flecha, Su airón de rojas plumas despedazó bravio, El arco de macana lanzó a los invasores, Y de un salto, sobre ellos, precipitóse al río. EL CACIQUE CHANCHÓN Cuando de Macaregua ya Galiano volvía, Sin caballos y sólo con treinta arcabuceros, Chanchón salió a encontrarlo con todos sus guerreros. El campo, con la lluvia, pantano parecía. Agua en las cazoletas de las armas caía; Y cuando desnudaban, en fila, los aceros Resueltos al combate, de pronto los flecheros Del Cacique cercaron la hispana infantería. Chanchón avanza. Lleva peto de oro luciente; Su collar, de colmillos de tigre; y en la frente Aros entrelazados con vivida esmeralda; Y viéndolos a todos por la lluvia transidos, Mudos los arcabuces, y rotos los vestidos, Les clavó airados ojos, y les volvió la espalda. El CACIQUE DE GUATAVITA Era el día ritual. Vibró en la orilla De la laguna musical concierto. El campo todo semejaba huerto;
  • 190. Y doblegó la tribu la rodilla. Sobre andas el Cacique, en áurea silla, De polvo de oro apareció cubierto: Ante el alba, en el bosque ya despierto Por trinos de aves, como un ascua brilla. Relincho de un corcel se oyó distante: La invasión que llegaba. En ese instante Subía un canto virginal en coro; Y cuando el sol despedazó la bruma, Saltó el Cacique a la dormida espuma Y se abrió el agua en remolino de oro! CONQUISTADOR DE ORO Don Hernando M.exia y Roxas de Tudela, 1560. 2 de abril. 1600. Fundador. (Entre un óvalo de la borrosa tela dice el letrero, en góticos signos amarillentos ) Adusto, así, vendría del Opón por la trocha; Y el arma en sangre tinta hasta los gavilanes, Por los desfiladeros del turbio Chicarnocha, Cerrando iría contra quot;macareguasquot; y quot;guanesquot;. La cota, acero; acero la voluntad y acero La audacia en el peligro y en el feral palenque. Sed de sangre y de oro por áspero sendero, Mas también fuerte músculo para una raza enclenque. En la azul lontananza, lo ignoto, lo imprevisto; La emboscada en las sombras, o del jaguar el salto: E] arco del flechero, bajo el boscaje listo; La noche en vela, y siempre la lucha o el asalto. Para vivir, raíces; para dormir, la pampa; Y siempre hacia adelante, de su caballo al trote, Contra los aborígenes, en llano, bosque o rampa, Del arcabuz la bala o de la lanza el bote. Así pasó, y pasaron en fiera acometida; Por ríos y por selvas, hierro y firmeza estoica. Tras el oro, la Muerte, pero dejando vida … ¡De galera o presidio para la gesta heroica! Erguido; rudo el ceño; cicatriz que le cruza La frente estrecha: tajo quizá en Italia o Flandes;
  • 191. Puñal en trapisonda de mesón con gentuza, O flecha en un sombrío peñascal de los Andes. En sus ojos, el alma fulge con vivos reflejos, Y frente al horizonte, que se abre dilatado, Parece que tuviera la mirada muy lejos, Absorta en el ensueño radioso de quot;El Doradoquot;. EL VIRREY Salió el Virrey de Palacio, Tarde triste en Santa Fe. Por Santa Inés va despacio. . . Pensativo se le ve. Capa de velludo. Y hecho Para ser dueño de grey; Rica venera en el pecho… ¡Qué gentil es el Virrey! El Oidor que lo acompaña Le dice, por algo hablar: —quot;Doña Inés de Silva Omaña Mañana va a profesarquot;. —quot;Ah! . . Sí!quot;, responde. Y al punto Se alza el embozo. Después, Desandando, cejijunto, Murmuraba: quot;¡Doña Inés!...quot; Y más y más embozado Sentía extraño temblor… El Virrey volvió callado, También callaba el Oidor. Y vino el siguiente día; Día de silencio fue. Todo era melancolía Y era asombro en Santa Fe. En Santa Inés, casto ruego, Luz que busca eterna luz. En la ermita de San Diego Abre sus brazos la Cruz. ¡Adiós, humana lisonja! ¡Adiós, ampr terrenal! Doña Inés vistió de.monja,
  • 192. Y .el. Virrey vistió sayal. RETRATO De pintor ignorado, tal vez santafereño Discípulo de Vásquez, borrosa, amarillenta, Se ve la tela antigua, de artístico diseño. En el marco, una cifra: 1680. Es retrato de dama. Negros ojos, risueño El labio, nariz fina. Veinte años aparenta. Abstraída parece como en lejano ensueño, En un lejano ensueño que luz de luna argenta. ¿De un Oidor fue la hija? ¿Fue de un Oidor amada? Las noches coloniales, todo el pasado, un mundo De leyendas desfila, como en visión soñada; Y una canción se escucha, cadente y dolorida, Mientras se riega, pálida, desde el azul profundo, La luz de las estrellas en Santa Fe dormida. DÍA EN SANTA FE Es día de mercado. Gentío vocinglero. El toque de las doce suena en la Catedral. Todos la frente inclinan, en la mano el sombrero, Y hay silencio en la plaza y en la quot;Calle Real. Luego, desde la Audiencia, la voz del pregonero Grita que castigado con pena capital Será todo cismático, blasfemo o hechicero. quot;Yo el Reyquot;, dice la Cédula, dada en el Escorial. La siesta. Se oye el agua por el caño. Modorra. Monserrate, entre brumas, lentamente se borra. La tarde. Bellas damas se ven en un balcón. Y bendiciendo al pueblo, la Plaza Mayor cruza, En su muía retinta, de pradera andaluza, El Arzobispo, en lento paseo a Fontibón. UNA NOCHE EN SANTA FE En la hornacina del Monasterio La candileja.
  • 193. Calma profunda y hondo misterio… El viento aúlla por la calleja. Rayo de luna pálido y turbio Las sombras cruza. Un perro ladra, y en el suburbio Se oye el graznido de una lechuza. ¡Que hacia el pasado mi fantasía Su vuelo emprenda! Santa Fe! Noches de poesía Con el encanto de la leyenda! En la callada plazuela oscura Són de guitarra. ¿Qué solitario su desventura A las estrellas cantando narra? Sigo soñando. Del caño el cauce Se ve sombrío; Y entre barrancos, añoso sauce Parece, al viento, temblar de frío. En alta celda, luz tamizada Vierte tristeza, ¡Alguna monja que desvelada Prendió su lámpara y a Cristo reza! Es media noche. Por años idos Sigo errabundo. Es hora triste de aparecidos. . . Santa Fe duerme sueño profundo. Ya parpadea la luz escasa De la hornacina. Un embozado rápido pasa, Otro embozado llega a la esquina. Riega la luna por la calleja Su luz de plata. Chocar de aceros frente a una reja, Y lejos, canto de serenata. LA MARÍCHUELA 1755 La calle oscura y desierta
  • 194. De quot;Las Béjaresquot; . .—quot;¿Quién va?quot; Un galán llama a la puerta, Y la puerta se abrirá. Embozado: en ansia loca Te esperan, soñado bien, Un beso para tu boca Y un hombro para tu sien. Canto a compás de vihuela De dulce y plácido són. . . ¡Marichuela, Marichuela! Cuan alegre es tu canción! En un beso confundidos Dos anhelos de placer. Embriagados los sentidos En radioso amanecer. . . Feliz eres! Ya tu dueño A tus pies rendido está, Y en visión de luz, tu sueño El amor arrullará. II 27 de Abril de 1770. La calle oscura y desierta De quot;Las Béjaresquot;. . .—quot;¿Quién va?quot; Es el viento. Es que en la puerta Sollozando el viento está. Noche horrible, noche en vela, Sin destello de ilusión. . . ¡Marichuela, Marichuela! Ya murió tu corazón. Con la mente, velo ahora En ceniza… Yerto está! Y un fulgor de eterna aurora En su frente irradia ya. Sola tú... Manos cual lirios, Manos pálidas en cruz; En el suelo, cuatro cirios, Y los ojos ya sin luz. ¡Marichuela! En tu amargura Quién te habrá de consolar! Allá está su sepultura. . .
  • 195. Ya lo llevan a enterrar! LA MARQUESA DE SOFRAGA Doña Inés de Palacios, Marquesa de Sofraga, En Santa Fe se aburre. Su mente en sueños vaga, Y ante la tarde mustia, con pesadumbre inmensa, En los risueños cármenes de su Sevilla piensa. Al frente, la quot;Sabanaquot;, su gris monotonía, La plaza casi sola, y honda melancolía Flotando en el crepúsculo. Como imprecisa bruma, La nostalgia, en el tedio, su corazón abruma, Y de un dolor recóndito su voluntad cautiva, Apoya en ambas manos la frente pensativa. Se aburre la Marquesa. Canónigos y Oidores, El Marqués y el Prelado, siempre en riña. Rencores Ocultos y que estallan; disputas cada instante En la plaza, en la Audiencia y en el atrio, delante De su balcón. Las tardes, tristes cual las mañanas, Y frío, lluvia o nieblas, y toques de campanas. La Marquesa se aburre. Pero de pronto, esbelta, Los ojos enjugándose, y en amplio abrigo envuelta, Se pone en pie y se asoma. Y apuesto caballero, De Tunjuelo, Pasquilla y Ubaque encomendero, Tañedor de guitarra, noble galán, llamado Don Gonzalo Armendáriz de Borja y Maldonado, Pasa, y algo se dicen. Cambian mirada amante: Se enciende la alegría de ambos en el semblante; En el alma ella siente que un ensueño se irisa, Y en sus labios florece la luz, de una sonrisa. Y ya feliz, en tanto que la tarde se apaga, Cierra el balcón la hermosa Marquesa de Sofraga. LA CALLE DE quot;EL ARCOquot; (Cuadro de 1700) En el Arco que va desde el Convento, Sobre la calle, a quot;La Terceraquot;, oscila Una trémula luz. Toque de esquila
  • 196. Vibra en el Claustro, acompasado y lento. Es media noche. Ni un humano acento Se oye en la paz de Santa Fe tranquila, Y la Comunidad, en doble fila, Se despereza entre el gemir del viento. A la luz vaga de la luna, como Una pulida lámina de plomo, Junto al quot;Humilladeroquot;, brilla un charco. Ráfaga fría cual lebrel aúlla, Y los monjes, alzada la cogulla, Van pasando en silencio por el Arco. DAMA COLONIAL Como radiosa evocación lejana, En marfil, cuyo brillo ya amortigua La edad, se ve la miniatura antigua, Entre un círculo oval de viva grana. La diadema en airón que la engalana, De su raza los timbres atestigua, Y aun se percibe bajo luz ambigua Su belleza ideal de sevillana. ¡Noches de la Colonia! . . . La imagino Ante el Virrey Solís, en reverencia, Con su donaire y su perfil divino, Cuando entre níveas blondas, como espumas, De los minués marcaba la cadencia Con su abanico de carey y plumas. ESPAÑOL AVENTURERO Si escudo no me veis de roja barra, Señora Encomendera de quot;Pasquillaquot;, Pechero os juro que no fui en Sevilla, Cual Pedro Antúnez mentiroso narra. Combatí contra el moro en la Alpujarra, Fui a Flandes con los tercios de Castilla, Y lo mismo que esgrimo la cuchilla Punteo en el estrado la guitarra.
  • 197. En mi linaje y mi valor fiáos, Que esta gente locuaz santafereña Enredos siempre en los corrillos forja; Y si el fin no sabéis de los quot;pijaosquot;, Preguntad, doña Elvira, a vuestra dueña Lo que dice de mí don Juan de Borja. EL HIJO DEL VIRREY El Chorro del Fiscalquot; en la sombría Noche turba el silencio; en la calleja Aúlla un perro, y una candileja Vacila lejos, en la niebla fría. La bruma envuelve la alta serranía, Y la luz de una alcoba se refleja, Con vagos resplandores, en la reja De hierro de doña Ana de Mejía. El hijo del Virrey pasa embozado; En el negro sombrero, rica alhaja, Y el manto, por la espada levantado; Y mientras su cendal rompe una nube, La luz dormida de la luna baja Y la canción de una guitarra sube. LA HIJA DEL VIRREY En el Palacio Virreinal, un día Bordando estaba, al lado de su dueña, El blando velo de un altar, risueña, La hija del Virrey, doña Mencía. Y el doncel don Beltrán, señor de Chía, De Cajicá y Sopó, como quien sueña Miraba en la almohadilla de estameña Que un alfiler y otro alfiler hundía. Y temiendo el enojo de su orgullo, Le dijo don Beltrán con voz, de arrullo: quot;¡Cuántos quisieran ser vuestro acerico!quot;
  • 198. Dejó el bordado, se encendió en sonrojos, Y un fulgor de relámpago en sus ojos Pudorosa escondió tras su abanico. JOSÉ ANTONIO GALÁN (Ahorcado en Santa Fe ¿e Bogotá, -por los españoles en enero de 1782) De quot;El Pientaquot; al quot;Suárezquot; y hasta la alta sierra Rebelde levantó puño de acero. Dejó la azada y se trocó en guerrero; Y cuando ceden todos, clama guerra. Contra asechanzas e imposibles cierra, El aire su pendón de quot;Comuneroquot;, Y se alza ante la muerte, rudo y fiero, Cual risco erial de su nativa tierra. Y al lanzarlo el verdugo en el vacío, De lo alto de la horca, maniatado, La faz adulta y el mirar sombrío, Al salto se apresura, y más lo ahoga La ira ante el intento fracasado Que el nudo corredizo de la soga. ANTONIA SANTOS (Fusilada por los es-pañoles en el Socorro en 1819) Raza de quot;Comunerosquot; era su raza. Fuerte. Su corazón de virgen, en tierra esclavizada Quería que la noche rompiera en alborada, Y que se alzara libre lo que yacía inerte. Sin temor al peligro, y al azar de la suerte, Armó en silencio brazos; y en su ideal, fiada, Sudario fue su velo de hermosa desposada, Y su nupcial desfile, desfile hacia la muerte. Y cuando, ya vendada, iba a caer de hinojos, Quiso evitar entonces que los profanos ojos Del pelotón hicieran a su pudor ultraje, Y se ató con la venda la falda, pues temía Que el estremecimiento postrero en su agonía Levantarle pudiera sobre el banquillo el traje.
  • 199. EMIGDIO TROYANO (Fusilado por los españoles en 1816) Fue en los días sombríos en que la patria, muerta Parecía en su senda de sangre y amargura. . . El prisionero duerme junto. La noche fría, oscura. Los centinelas todos pasan la voz de alerta. Ella, amor de su vida, logra entrar, lo despierta; quot;Aquí la muerte. Partequot;, le dicen con dulzura; Y ante ruegos y llanto cambió de vestidura. Ella quedó de hinojos, y él libre halló la puerta. Pero al verse en la calle, con femenil vestido, El, fiero en los combates, que siempre con la espada En alto, se abrió paso, sintióse envilecido; Y en el instante mismo volvió al cuartel. Al día Siguiente, su cabeza, lívida, ensangrentada, En escarpia de hierro la multitud veía. quot;LAS QUESERAS DEL MEDIO” Allá van! . . . Allá van! . . Apenas ciento Cincuenta... Al sol el arenal rutila. Firme el brazo y ardiente la pupila A escape avanzan en alud violento. Como un bajorrelieve en movimiento Van los jinetes en cerrada fila; Y fingen rojo llamear que oscila Sus banderolas al silbar del viento. Son uno contra veinte. Mudo, en torno, Se abre el desierto. Resplandor de horno Se extiende en infinitas lontananzas. Acero contra acero. El sol fulgura, Y en un hondo silencio, la llanura Temblar parece con temblor de lanzas. LA LEY DE BOCHICA Bochica y después Nompanin, dictaron leyes a los chibchas. Al ladrón, por ejemplo, debía hacérsele mirar la cara del Zipa. Después de ese castigo quedaba privado de su honra el delincuente. — FRAY PEDRO SIMÓN. (quot;Noticias Historialesquot;).
  • 200. Del castigo acercábase el instante. Entre la niebla gris de la Sabana, La tribu, a Teusaquillo, en caravana Llegaba, la amargura en el semblante. Tisquesusa surgió, todo radiante De oro, como fúlgida mañana: En la diestra, su cetro de macana, Y en los ojos, mirada fulgurante. Vendado entró el ladrón. Baja la frente; Los Usaques, en fila, al delincuente Lanzaban al pasar viles apodos. ¡Iba a cumplirse ya la ley tremenda! Y al quitarle de súbito la venda Dijo el ladrón: quot;¡Un indio como todos!quot; ANTES DE BOYACÁ Junio. Mil ochocientos diez y nueve. Pisba. Es un triste amanacer. La aurora Las altas cimas débilmente dora Donde se ve brillar eterna nieve. Ráfaga helada los arbustos mueve; Silencio y soledad aterradora. . . . El héroe, en tanto el horizonte explora Caen soldados de fatiga.... Llueve. Una sombra oscurece su pupila; Tiembla su corazón.... En remolino Se alza la bruma. En su corcel vacila. Mas de pronto surgió cortando el cielo Un águila.... Y siguió por el camino Que iba indicando el águila en su vuelo! CANTO A LA PATRIA Vuelve otra ves tu día, Oh patria amada, el día de tu gloria. Vuelve de nuevo á resonar triunfales Los himnos que eternizan tu memoria, Y el espléndido cielo de tu historia Vuelve el sol de tus días inmortales.
  • 201. Y otra vez á tu ara sacrosanta Llevan tus hijos fieles Flores que fecundaron tus verjeles; Y músicas marciales El aire asordan, y doquier se oye, En valles y montañas y llanuras, En la extensión del suelo colombiano, El canto jubiloso de los libres Que sube á las alturas, De la Gloria al alcázar soberano. Y de nuevo flamea, No como en días trágicos de horrores, Entre el ronco fragor de la pelea, Sino bajo arcos de laurel y flores, El pendón de la patria, La santa enseñanza de los tres colores…. La bandera inmortal que oyó las dianas De los heroicos triunfos legendarios; La que fue á despertar á los cóndores A la cumbre más alta de los Andes Y fue más tarde á despertar la gloria; La bandera inmortal, la santa egida, Que el camino marcó de la Victoria. Besada por ondas de tus mares, Bajo el palio infinito de tu cielo Tachonado de ardientes luminares; Lleno de flores tu fecundo suelo, Y adormida el rumor de tus palmares, Lloras en silencio, Patria mía, Cansada de esperar luz en tu noche, En la callada noche de tus penas; Cansada de esperar en tu agonía El hierro que limara tus cadenas. No ya los hijos tuyos, De las selvas antiguos moradores, Vagan libres, bajo el sol fulgente Que vio la gloria de tus días grandes, Y ya desde la cima del los Andes Alumbraba ruinas solamente; Ni llevaban, vencidos y humillados Por la invasora gente, El cintillo de oro en la garganta
  • 202. Y el penacho de plumas en la frente. Ni ya el aire cortaba Las voladoras flechas, Ni en las noches de luna sollozaban De la indígena raza los endechas. Donde el templo del sol brilla espléndido Y sus láminas de oro refulgían, Ya los dolientes ojos no veían Sino campo infecundo y desolado. Y el áureo trono de los reyes indios En el polvo yacía destrozado. Todo lo derribó cual hacha impía Del duro vencedor el brazo fuerte, Y al fin, de esa grandeza en los escombros Parecía vivir sólo la muerte…… Eres, patria, la esclava invelecida; Eres, patria, el girón abandonado; Eres cual hado de baldón tu hado, Y cual vida de baldón tu vida! Mas del mal el reinado no es eterno…. No su imperio perdura; Ni es eterna la noche pavorosa, Ni es eterna la humana desventura; Que en las grandes catástrofes sombrías, En las horas de angustia y desconsuelo, Cuando á las almas el dolor avanza, Siempre se ve la escala milagrosa Por donde sube la plegaría al cielo, Baja de los cielos la esperanza…. Y llega por fin el día. En que estallan, rugiendo los dolores En los esclavos pechos comprimidos, Cuando alzan la cerviz los oprimidos Y bajo los cerviz los opresores. Y que tiemblen entonces los verdugos, Porque de sus dolores y sus lágrimas Pedirán los esclavos cuenta un día; Porque el llanto de un pueblo entre cadenas, De su agonía en el mortal desmayo, Se alzan á los cielos, se condensa en nube, Y baja al suelo convertido en rayo!..... Y de lauro inmortal la sien ornada, No retando á los duros opresores,
  • 203. No al escape de caballos voladores, Sino en doliente precisión callada, Finge la mente que á la tierra vuelven De las altas mansiones siderales, Al oír las alabanzas de los libres, Los que valientes en lid cayeron Y hogar y patria liberta nos dieron. Y sonreía al ver que siempre grande Por glorioso camino La patria sigue a su inmortal destino; Y sonríen al ver que siempre grande Por glorioso camino La patria sigue á su inmortal destino; Y sonríen al ver que limpio brilla El pendón colombiano Bajo el brillante cielo americano; Que con amor guardamos su memoria, Que somos dignos de sus altos hechos Y dignos herederos de su gloria. Y también surgen como blancos lirios, Como estrellas en diáfanas neblinas, Alta la sien, con nimbo esplendoroso, De la patria las bellas heroínas, También al resonar de las cadenas Indignas sus almas palpitaron. También las cumbres del dolor hallaron…. Y al fin llegó la libertad la hora; Rompió en brillante aurora La noche de tus penas, Y troncaste por cánticos de triunfo El rumores de tus ayes y cadenas. Bajó á ti la victoria, Y sonaron las músicas marciales, Y empezaste el camino de la gloria, El que lleva á las cumbres inmortales. Y el combate se traba, Pero combate desigual. Los unos Son los heroicos en sangrientas lides, Los que en el brazo llevan Empuje de Pelayos y de Cides; Los que el paso cerraron Al corso altivo, forjadores de cetros, Y altas hazañas de una nueva Aliada En Lepanto y Pavía renovaron…. Y los otros…. Los parias infelices,
  • 204. Los que aun llevan el la espalda impresas Del tormento cruel las cicatrices T del esclavo la ominosa marca, Más tenían la fe que salva montes, La sacra fe que lo imposible abarca; Y busca de los amplios horizontes, Donde el sol de los libres centellea, A la lid se lanzaron. De esperanza inmortal henchido el pecho, Porque sabían que jamás sucumbe Quien lucha por au patria y su derecho. Rota por la metralla Su bandera se vio. Tintos en sangre Corrieron á la mar los patrios ríos, Y el la atónita tierra no se oía, Cual ronca marejada, Más que en el estruendo de la lid bravía. Fueron los días de la amarga prueba; Fueron los días de orfandad y llanto Y de muerte y de horrores, Pero nada importaba los reversos Ni de la adversa suerte los rigores. Y de inmortal la sien ornada, No retando á los duros opresores, No al escape de caballos voladores, Sino en doliente procesión callada, Finge la mente que á la tierra vuelven De las altas misiones siderales, Al oír las alabanzas de los libres, Los que valientes en la lid cayeron Y hogar y patria y libertad nos dieron. Y sonríen al ver que siempre grande Por glorioso camino La patria sigue á su inmortal destino; Y sonríen al ver que limpio brilla El pendón colombiano Bajo el brillante cielo americano Que con amor guardamos su memoria, Que somos dignos de sus altos hechos Y dignos herederos de su gloria Y también surgen como blancos lirios Como estrellas en diáfanas neblinas Alta la sien, con nimbo esplendoroso, De la patria las bellas heroínas. También el resonar de las cadenas Indignadas sus almas palpitaron; También las cumbres del dolor hallaron….
  • 205. También ellas, heroicas y serenas, De la patria en las aras se inmolaron. También los hechos brillan Como los hechos de los grandes hombres; Y también tienen la fama Corona de laureles para sus sienes, Himnos de admiración tienen sus nombres; Que el corazón de la mujer, santuarios De los puros y nobles idealismos, También sube á la cima de la Gloria Y es capaz de los grandes heroísmos Para el amor y la virtud nacida Ella es cordial de toda desventura; Doquiera su piedad enjuga lágrimas Y en toda sombra de dolor fulgura. Por eso nunca desoyó el lamento Ni vio imposible el hórrido quebranto De la patria llorosa y desvalida. Cuando llanto pidió, le dio su llanto; Cuando vidas pidió, le dio su vida! También ellas, heroicas y serenas, De la patria en las aras se inmolaron, También sus hechos brillan Como los hechos de los grandes hombres; También tiene la fama Coronas de laureles para sus sienes, Himnos de admiración para sus nombres Que el corazón de la mujer, santuario De .los puros y nobles idealismos, También sube á la cima de la Gloria Y es capaz de los grandes heroísmos. Para el amor y la virtud nacida Ella es cordial de toda desventura; Doquiera su piedad enjuga lágrimas Y en toda sombra de dolor fulgura. Por eso nunca desoyó el lamento Ni vio impasible el, hórrido quebranto De la patria llorosa y desvalida. Cuando llanto pidió, le dio su llanto; Cuando vidas pidió, le dio su vida! ¡Vuelve, oh patria, de nuevo El día de tu gloria inmarcesible! Y otra vez á tu ara sacrosanto Sube el himno de un pueblo redimido
  • 206. De la grandeza de tus héroes canta. Palpite eternamente en nuestros labios Y en nuestras almas su inmortal recuerdo, Porque ensalzando tus radiantes glorias, Oh patria, oh sol que sin ocaso brillas, Estaremos en pie para la tierra, Más para el cielo estamos de rodillas. ISMAEL ENRIQUE ARCINIEGAS EL CID NO Bajo un azul de triunfo que un sol ardiente dora, Blanquea el río oscuro la trirreme de plata, Y aromas de incensario por la orilla desata, Rumor de seda y música de flauta arrulladora. En la proa radiante que el gavilán decora, Cleopatra, inclinándose, las pupilas dilata, Y ante el sol, y entre el brillo del dosel escarlata, Es gran pájaro de oro que su presa avizora. Tarso, allá, do el guerrero la aguarda desarmado; Y abre la bruna Reina, en el aire encantado, Los brazos, do la púrpura pone róseos fulgores; Y a su lado no ha visto, presagios de su suerte, Que en el agua sombría van deshojando flores Los gemelos divinos, el Amor y la Muerte. ANTONIO Y C LEOPATRA Ambos, en la terraza, miraban bajo urente Y sofocante cielo, el Egipto dormido, Y atravesando el Delta, el Nilo en dos partido Que a Sais y a Subaste desliza su corriente. Y el Romano sentía, bajo el peto luciente, Ya cautivo soldado, en un sueñoquot; abstraído, Sobre él plegarse, y luego caer desfallecido El cuerpo que a su seno juntaba abrazo ardiente! Entre el bruno cabello, su rostro fatigado Volvió a él, de invencibles perfumes embriagado, Y le tendió los labios y los ojos serenos; Y reclinado en ella, Antonio, a quien subyuga
  • 207. El amor, en sus ojos de puntos de oro llenos, Vio todo un mar inmenso con galeras en fuga EL VIEJO ORFEBRE Mejor que experto orfebre, Ruiz o Juan Arfe sea, Becerril o Ximenes, con arte delicado Rubíes, esmeraldas y perlas he engastado, Y mi ingenio las asas de las copas arquea. Haciendo ante los cielos de culpa el alma rea, Sobre plata y esmalte cincelé en el pecado En vez de un santo mártir, o1 a Cristo en cruz clavado, Ebrio a Baco y sin velos a Venus Citerea. Damasquiné el acero de estoques y puñales, Y ocupando mi orgullo en obras infernales Aventuré mi parte del celestial tesoro; Y al ver que ya se acerca mi día postrimero, Cual Fray Juan de Segovia, famoso orfebre, quiero Expirar, cincelando una custodia en oro. A UNA CIUDAD MUERTA CARTAGENA DE INDIAS. 1532—1583—1679 (A José de la Vega) Ciudad que fuiste reina del mar Vagan ligeros Y en paz los tiburones en tu tranquila rada, Donde las nubes tienden • su sombra prolongada, Y que vio los antiguos galeones iberos. Desde Drake y los días de infieles, bucaneros Tu muralla de siglos se arruina abandonada, Y cual collar sombrío, de grandeza pasada, Aun de Pointis las balas muestra los agujeros. Entre la mar y el cielo que abrasa tu bahía, Bajo el sol de un monótono y ardiente medio día, Con los Conquistadores sueñas amodorrada; Y en el enervamiento de noches placenteras,
  • 208. Te duermes, arrullando tu gloria ya borrada, Bajo palmas, al lento rumor de las palmeras. EL ANTEPASADO (A un pintor) La gloria, con arrugas dejó su huella hundida De ese gran .Caballero sobre la faz, severa, ..... Y fulgor en su frente, que siempre irguió altanera, Lleva, de las batallas en que jugó la vida. En Costa-Firme, en valles y cumbres, su aguerrida Y poderosa mano plantó la cruz doquiera, Y del Ande condujo su familiar bandera Hasta el golfo en que blanca se eleva la Florida. Tu pincel en la tela, para los de su raza Hace que surja ahora, bajo férrea coraza, El noble antepasado, con su marcial decoro; Y parece, anhelante, que su mirada busca, En un cielo metálico cuyo fulgor ofusca, El gran deslumbramiento de. la Castilla de Oro. LA SIESTA Ni de insectos el ruido, ni de abejas el vuelo; Bajo el sol la gran selva reposa adormecida, Y tamizan las frondas una luz parecida De esmeraldinos musgos al suave terciopelo. Cribando el dombo, irradia la claridad del cielo, Y a mis ojos que el sueño ya vence, entretejida De fulgores furtivos, forma red encendida Que al través de las sombras se extiende por el suelo. A la gasa que tejen los rayos tembladores, Vuela de mariposas bandada reluciente, Embriagada de luces y de aromas de flores; Y mis dedos entonces juntan hilos, sedeños, Y en las- mallas de oro de esa red transparente, Cazador de armonías, aprisiono mis sueños.
  • 209. A LA MANERA DE PETRARCA Salíais de la iglesia, y con piadoso anhelo A los mendigos dabais limosna con largueza, Y en el pórtico oscuro vuestra clara belleza A los pobres mostraba todo el oro del cielo. Y ante vos inclinado, pues quería en mi duelo Una dulce mirada de vuestra gentileza, Mi presencia esquivasteis, y airada y con presteza Os cubristeis los ojos recogiéndoos el vejo. Pero el amor que manda, aun al alma más dura, No quiso que en la sombra de mi callado abismo La piedad me negara su fuente de dulzura; Porque tan lenta fuisteis al cubrir la faz bella, Que vi vuestras pestañas palpitando lo mismo Que las frondas que filtran el fulgor de una estrella. A UN FUNDADOR DE CIUDAD Un Ofir imposible de perseguir cansado, De ese golfo risueño fundaste en la ribera, Donde plantó tu mano la española bandera, Una Cartago nueva en país ignorado. Quisiste que tu nombre quedara cimentado Sobre el suelo en que alzaste tu ciudad, y que fuera Eternamente gloria de tu raza guerrera, ¡Mas tu anhelo escribiste sobre arena, oh soldado! Cartagena abrasada bajo ardiente azul puro, Ve sus grises palacios derrumbarse y su muro, En el mar que la costa cavando se dilata; Y hoy, Fundador, tan1 sólo brilla en tu alta cimera, Heráldico, testigo de tu ideal quimera, Bajo una palma de oro, blanca ciudad de plata. EL PRISIONERO Allá, lejos, cesaron del muezín los clamores. De oro y púrpura el cielo se cubre en e1 poniente; El cocodrilo, lecho de fango en la corriente Busca, y el río calla sus últimos rumores.
  • 210. Con las piernas cruzadas como los fumadores, El Jefe, de haschís ebrio, doblegaba la frente, E impulsando la barca, con esfuerzo potente, Desnudos se curvaban dos negros remadores. En la popa, dichoso, y en la boca el ultraje, Y tañendo una guzla, ruda canción salvaje, Un albanés cantaba, de ojo vil y agresivo; Y sangrando, y sujeto por pesados grilletes, Miraba un jeque anciano, ya estúpido, ya altivo, En el Nilo, temblando, los altos minaretes. EL DESPERTAR DE UN DIOS En lágrimas el rostro, la mirada sombría, Angustiadas, y suelta la cabellera al viento, Las mujeres de Biblos, con canto que es lamento, Van desfilando en fúnebre y lenta Theoría. Porque en lecho de anémonas, donde la mano fría De la muerte los ojos le cerró, macilento Reposa, y perfumado con mirra y suave ungüento, El que fue de las Vírgenes de Siria la alegría. Hasta la aurora el coro siguió en triste gemido; Pero Astarté lo llama, y se alza sonriente El esposo que duerme de cinamono ungido. Resucitó el hermoso y amado adolescente! Y es como rosa inmensa el cielo refulgente Que un celestial Adonis con su sangre ha teñido. LA CAZA Galopando en sus blancos caballos, la luciente Cuadriga sube al cielo. El fuerte resoplido Hace ondular las mieses sobre el campo dormido, Y la tierra en sus flancos abrasada se siente. En vano la floresta se junta estrechamente. El sol, atravesando su follaje tupido Se desliza y alumbra el paisaje escondido Donde se oye en las sombras el reír de una fuente. Es la cálida hora cuando en mitad del día
  • 211. Saltando entre zarzales, detrás de su jauría Con clamores de muerte que a su paso levanta, Y disparando flechas con arrojo violento, Anhelante, y tendida la cabellera al viento, Artemis, invencible, la enorme selva espanta. A UN TRIUNFADOR Haz grabar en tu arco de austera arquitectura, Triunfador! una fila de bárbaros vencidos, Una flota cautiva, jefes al yugo uncidos, Espolones y proas, y trozos de armadura. Y bien de Anco desciendas o de familia oscura, Queden tu nombre ilustre y hechos esclarecidos En los bajorrelieves hondamente esculpidos, Para que así, tu fama, pase a la edad futura. El Tiempo ya ha blandido su arma fatal. O esperas Que eternamente vivan hazañas pasajeras? La yedra vil, trofeos cubre en que el hombre fía. Y en pedazos de mármol, en donde tu radiante Gloria la yedra oculta, talvez su hoz cortante Un segador de Samnio verá mellada un día. PAN Al través de breñales de floresta no hollada, Cauteloso, en la sombra, por oculto sendero, El Fauno, que las ninfas desnudas caza artero, Se desliza, el pie rápido y ardiente la mirada. Es grato, divagando, de una fuente ignorada Oír, bajo las frondas, el rumor placentero, Cuando sus áureas flechas el Sol, divino arquero, Lanza en la móvil noche por la extensión callada. Se extravía una ninfa, se para, y de la Aurora Oye caer las lágrimas que desde el cielo llora Y que en el verde musgo temblando se disuelven. Desde el follaje, el Fauno salta sobre ella; aprisa La rapta, hiere el aire con su burlona risa, Y se aleja. Y los bosques a su silencio vuelven.
  • 212. LIBRO ANTIGUO El oro, viejo artista, que cincelaste un día De este libro en el lomo y en el canto bruñido, A pesar de tus hierros y de tu arte, ha perdido El brillo rutilante que en otra edad tenía. Las cifras enlazadas que bello adorno unía En la piel fina y blanca, ya el tiempo ha desteñido, Y las ojos perciben, casi desparecido, El ramaje de hiedra que en el marfil lucía. Tal vez aquí dejaron algo de su fragancia, Diana, María Estuardo, Margarita de Francia, Y hojearon sus páginas de artísticos diseños; Y este libro que Clovis Eve doró paciente, Evoca, por extraña sugestión de la mente, Con el perfume de ellas, la sombra de sus sueños, EL CARACOL ¿ Por qué mar, y otro mar, y años sin cuento —Quién lo sabrá jamás, oh nacarado Y hermoso caracol — habrás rodado Entre algas y olas que conduce el viento? Lejos ahora del rugir violento, De arena hallaste al fin lecho dorado; Mas vana es tu esperanza- Desolado En ti siempre del mar gime el lamento. Es hoy mi corazón cárcel sonora; Y como sin cesar suspira y llora Dentro del caracol el océano, Así de esta alma en el oscuro fondo, Donde quot;Ellaquot; siempre vive, eterpo y hondo Ruge en las sombras el rumor lejano. VIDRIERA Esta vidriera ha visto, de damas y barones, Vestidos de azul y oro que la luz abrillanta, Ante la mano ungida que la Hostia levanta, Inclinar el orgullo de frentes y de airones.
  • 213. Y después, de clarines y cuernos a los sones, O de guerrera música que hechos de gloria canta, Iban, la espada en alto, para la Tierra Santa, O para cacerías, al puño los halcones. Hoy de las castellanas y los nobles feudales, A los pies los lebreles, en losas sepulcrales Las sombrías estatuas yacen en larga hilera'; Y sin voz, sin oído, bajo una luz dudosa, Con sus ojos de mármol, miran, sin ver, la rosa Abierta eternamente sobre la azul vidriera. DESPUÉS DE CANNAS Un Cónsul muerto; el otro fugitivo. El deshielo Hincha el río, y cadáveres arrastra la corriente. Sobre el Capitolino baja rayo furente; El bronce suda, y rojo relampaguea el cielo. En vano el Gran Pontífice, dos veces en su duelo Consultó a la Sibila con súplica ferviente, Y con largos sollozos la atribulada gente Consterna a Roma, llena de horror y desconsuelo. Hacia los altos muros la multitud corría, Plebe, esclavos, mujeres, niños, cuanto surgía De Suburra y la ergástula, con lloroso semblante, Temiendo que surgiera sobre el monte desierto, Donde el sol era un ojo de sangre, el jefe tuerto Erguido sobre el lomo del Gétulo elefante LA PLEGARÍA DEL MUERTO Escúchame, viajero. Si por querer del Hado Hacia el Ebro tus pasos te llevan o a Cipselo, Busca al anciano Hilos, y díle que un gran duelo Celebre por el hijo que ya no irá a su lado. Víctima de asesinos, mi cuerpo devorado Fue por lobos; las zarzas en un extraño suelo Cubren los huesos míos; mi sombra en desconsuelo Vaga, se indigna y llora, mas nadie la ha vengado. Parte, pues; y si un día, cuando la noche llega
  • 214. Con su silencio y sombras, a una mujer que ruega Ves al pie de un sepulcro, velada en negro manto, Acércate! No temas la soledad nocturna: Es mi madre, Extranjero, que a solas, una urna Vacía abraza, y quiere llenarla con su llanto. LAS ESTINFÁLÍDAS Ante él, y por millares, los pájaros doquiera, Desde la orilla, a donde ya el Héroe ha descendido, Volaron, como ráfaga, sobre el negror dormido Del lago de aguas fúnebres, en bandada agorera. Otros, cruzaban tardos, rozando en la ribera La frente que de Onfalia los besos ha sentido, Cuando el Arquero, el dardo sobre el arco tendido, Avanzó entre las cañas, con la mirada fiera. A la nube de pájaros dispara, y ella, luego Lanza lluvia de plumas, como dardos punzantes, Que eran entre relámpagos, como dardos de fuego; Y al fin vio el sol, ya rota la gran nube sombría, En donde el arco hizo desgarrones radiantes, Ensangrentado a Hércules que al cielo sonreía. LOS CONQUISTADORES Como halcones que vuelan desde el nido natal, Y contra su orgullosa miseria en rebeldía, Siervos y Capitanes desde Palos un día Salieron, y su ensueño era heroico y quot;brutal. A conquistar partían el ansiado metal Que en sus inexploradas tuinas Cipango cría, Y el viento alisio en tanto sus antenas hacía Inclinarse hacia el borde del mundo occidental. Cada tarde, en espera de una épica aurora, La azul fosforescencia del Trópico encendida, Al aba ante su ensueño visión deslumbradora; O en la proa, inclinados, veían en su anhelo, Sobre la lontananza, desde la mar dormida Subir nuevas estrellas hacia ignorado cielo.
  • 215. LA MUERTE DEL ÁGUILA Cuando traspasa el águila cumbres de eterno hielo, Quiere para sus alas región desconocida; Y luz de un sol cercano, en hondo azul perdida, Para sus ojos mustios busca su audaz anhelo. Sube, aspira fulgores .en infinito cielo ; A lo ignoto, por fuerza potente va impelida, Y asciende a las quot;tormentas por trombas atraída; Pero de pronto el rayo corta su raudo vuelo. Lanza un siniestro grito; gira y gira, llevada Por huracán rugiente, se crispa, y embriagada En luz esplendorosa rueda hacia abismo aleve. ¡Feliz quien por la ansiada Libertad y la Gloria, Sucumbe así, de muerte deslumbradora y breve, En el radiante ensueño de su final victoria! TARDE DE BATALLA El choque fue sangriento bajo la luz del día. Tribunos, centuriones, al frente los primeros, Juntaron las cohortes de indómitos guerreros, Y acre olor de matanza del campo ya subía. Contando los cadáveres con mirada sombría, Veían los soldados, en el empuje fieros, Girando en torbellino, cual hojas, los arqueros, Y el sudor por los rostros morenos les corría. Entonces surgió, todo de flechas erizado, Con flujo de las venas que sus heridas marca, Bajo flotante púrpura y acero laminado, Al son de los clarines que atruenan la comarca, Soberbio, en su nervioso corcel que el cuello enarca Y sobre el cielo en llamas, el Héroe ensangrentado. EL TREBÍA De un día infausto, A alba regó blancos fulgores ; La campiña despierta, y abajo ruge el río, Do abreva de los númidas el escuadrón sombrío, Y se oyen de clarines doquiera los clangores.
  • 216. Contra Escipión y augures, y contra los furores Del Trebia desbordado, contra el. viento y el frío, Sempronio Cónsul, fiero de un nuevo poderío, Hizo, alzadas las hachas, partir a los lictores. Iluminado el ciclo, de aldeas incendiadas Subían al espacio las rojas llamaradas, Y de humo el horizonte cubrían nubarrones; Y Aníbal, mientras lejos bramaba un elefante, Bajo un arco del puente, pensativo y triunfante, Oía el lento y sordo marchar de las legiones. LA DOGARESA El palacio es de mármol, y en pie en la escalinata, Hablan viejos patricios que retrató Ticiano, Y sus gruesos collares, obra de experta mane, Realzan de los trajes el color escarlata. La azul laguna, lejos sus espumas dilata, Y contemplan con ojos de orgullo soberano, Bajo la luz radiante del cielo veneciano, Del Adriático el brillo con cambiantes de plata. Y mientras oro y púrpura van en fúlgida hilera Arrastrando los nobles por la blanca escalera Que al sol, una azulada claridad tornasola, Una dama, de pronto, indolente y altiva, En nube de brocados volviéndose furtiva, Le sonríe al negrillo que le lleva la cola. BRISA MARINA (A Agustín Acosta) Ha cubierto la nieve campo, valle y alcores. Todo ha muerto. En la roca ya gris y desolada, Donde rompe el Atlántico su ardiente marejada, Cuelga un marchito pétalo de gajos tembladores. Y no sé cuál aroma, con plácidos rumores, Hasta mí, desde lejos, llega en la brisa alada.
  • 217. Con ese tibio efluvio queda el alma embriagada. ¿De dónde viene ese hálito como de extrañas flores? Ah! Bien lo reconozco. Viene de donde brilla El sol esplendoroso, desde la azul Antilla Que se duerme en el trópico circuida de espuma. Y en esta roca, al ruido de la céltica ola, He aspirado en el viento, que aire natal perfuma, La flor que abrió en un huerto de Cuba su corola. EL DAIMIO (Mañana de batalla.) Al sentir los ramales de su fusta ferrada, Relincha el belicoso caballo y «e encabrita, Y hace sonar el sablequot;, que el movimiento agita, La coraza de bronce, de adornos recamada. Entre lacas y acero reluce su mirada Cuando del limpio rostro la máscara se quita, Y el volcán, en la bóveda de cinabrio infinita, Levanta al cielo nieve, do ríe la alborada. Pero el astro contempla que hacia el Este distante, Alumbrando esa infausta mañana, tras un cerro, Sobre el mar, va surgiendo como un orbe radiante; Y para que sus ojos nada vean, con franca Actitud, abre al punto su abanico de hierro, Donde un sol se alza rojo, sobre la seda blanca. MARIS STELLA Con los brazos cruzados, con sus cofias de lino, Y de lana vestidas, o sencilla percala, Las mujeres, de hinojos, junto a la vieja cala, Mirando están las olas bajo el sol vespertino. Y sin temor los hombres á vendaval marino, Con todos los de Audierne, de Paimpol y Canéala, Hacia el Norte partieron, para remota escala. ¡De cuántos ese día será el final destino!
  • 218. Y sobre e1 oleaje que en la costa se estrella, Un canto va subiendo para invocar la Estrella Del mar, que cual consuelo fulgura esplendorosa; Y el Ángelus, de pronto, que esas frentes inclina, De torre en torre vuela, de colina 'en colina, Y se extingue en el cielo de azul pálido y rosa. EL SAMURAI “Era un hombre de dos sablesquot; Con distraída mano pulsa la dulce quot;bivaquot;, Y al través de cruzados bambúes, ve la hermosa En la ancha playa al Héroe, cuya visión radiosa Ilumina sus sueños de virgen pensativa. Es él. Al cinto, sables; y la mirada altiva, En alto el abanico; y sobre la lustrosa Coraza, cordón rojo con adornos. Y es rosa Su blasón en el hombro, que fulge con luz viva. El Samurai, vestido de láminas y placas, Y bajo bronce y sedas y relucientes lacas, Gran crustáceo parece, negro y rojo, en peñasco; La vio. Le ha sonreído con amoroso anhelo; Y sus ligeros pasos hacen brillar al cielo Las dos antenas de oro que tiemblan en su casco. EL LECHO Bien sus cortinas sean de sarga o de brocado, Triste como una tumba, o alegre como un nido, Es en él donde el hombre duerme en paz o se ha unido; Esposo, madre o virgen, en él hemos soñado. De muerte o de amor, agua bendita lo ha regado, Y bajo cruz o ramo que consuelo ha traído, En él todo comienza y todo ha concluido, Desde la infancia al cirio que arde ante un ser amado. Pobre, o de rico encaje su cimera adornada, De oro vivo o de rojo su madera pintada, De 'encina, roble o pino, cerrado o descubierto,
  • 219. ¡Feliz quien con el alma tranquila dormir pueda En e1 paterno lecho, de tela humilde o seda, Donde todos los suyos han nacido y han muerto. EL NACIMIENTO DE AFRODITA En el principio el Caos envolvía los mundos Do el espacio y el tiempo rodaban sin medida, Y a los hijos del Cielo y de la Tierra, vida Les dio el seno de Gaia, de pezones fecundos. Luego la Estigia hundiólos en abismos profundos, Y nunca, como entonces,quot; Primavera florida, Del sol más esplendores dio a la esfera encendida, Ni maduró más mieses en los campos jocundos. Adustos, ignorando placeres terrenales, El Olimpo habitaban los dioses inmortales Pero llovió rocío la bóveda infinita; El mar empezó a abrirse, se iluminó la bruma; Y desnuda, en las ondas, y entre radiante espuma, De la sangre de Urano, blanca surgió Afrodita. EPIGRAMA VOTIVO Como está de mis días e1 término cercano, Dame tu ayuda ahora para colgar mi escudo De este poste, y mis armas melladas, y mi rudo Casco roto, que en lides siempre llevé yo ufano. Este arco también cuelga. Pues no querrás en vano Que el cáñamo en él tuerza, porque brazo membrudo Y fuerte, su madera jamás doblegar pudo. ¿O esperas que la cuerda logre templar mi mano? También, para colgarlo, toma el carcaj de cuero Donde tus ojos buscan las flechas del arquero Que el viento del combate con su furor dispersa. Está vacío, es cierto, pero serán halladas: Búscalas en el campo de Maratón. Del Persa En la garganta, un día, quedáronse clavadas.
  • 220. FUGA DE CENTAUROS Ebrios de sangre y crímenes, en turba jadeante Suben en fuga al monte que «conde su guarida; Cerca la muerte llevan en su veloz huida, Y de león perciben un acre olor distante. Raudos salvan, hollando la Hidra amenazante, Torrentes y barrancos, riscos y roca hendida, Y ya, cortando el cielo, se alza la cumbre erguida Del Pelión, de la Osa, o el Olimpo radiante. De pronto un fugitivo se encabrita; atrás lanza Una mirada; asústase; vuelve a mirar, y en tanto Corre, y de un salto sólo sobre el rebaño avanza, Porque ha visto a la luna, y en su terror se asombra, Alargar detrás de ellos, como supremo quot;espanto, El horror gigantesco de la Herculana sombra. EI BAÑO DE IAS NINFAS Es un agreste valle, cerca- del mar Euxino. Sobre un azul remanso tiende ~un laurel sus frondas. La Ninfa, asida a un gajo, se inclina hacia las ondas, Y el pie moja en el agua del raudal cristalino. Sus compañeras, rápidas, en impudor divino En la corriente se hunden, y aparecen, redondas Formas en las espumas, y cabelleras blondas, Un muslo, níveos brazos, o un seno alabastrino. Alegría divina del bosque se levanta. Iluminan la sombra dos ojos encendidos. ¡El Sátiro que llega!....Su risa las espanta; Y huyen.... De azul crepúsculo bajo radiante velo. Así, cuando se oyen de un cuervo los graznidos, Los Cisnes del Caístro tienden el raudo vuelo. EL LABRADOR El arado, el rastrillo y la luciente Reja, y el aguijón que al buey hostiga, Y la hoz que segó copiosa espiga Y. cortó yerba en campo floreciente, Ya le pesan, y el sol, en el poniente,
  • 221. Los consagra a Cibeles, Diosa amiga, Porque vencido en terrenal fatiga, El brazo, al fin, desfallecido siente. Casi un siglo su arado, en paz el alma, Cruzó la era con tajante filo. Vivió sin goces y envejece en calma; Y piensa que cansado de su siega, Entre los muertos segará, tranquilo, Campos de sombra que el Erebo riega. EL TERMODONTE A Temiscira en llamas que tembló con germidos Todo el día, y con gritos^ voces de lamento, Arrastra entre las sombras el Termodonte lento Armas, cascos, cadáveres y «anos confundidos. ¿Dónde las Amazonas de músculos fornidos Y de certero dardo, que en ímpetu violento El escuadrón guiaron en él cuacar sangriento? En polvo están sus pálidos cadáveres tendidos. Cual floración de lirios que implacable cuchilla Segó ya, las guerreras reposan en la orilla, Donde se oyen relinchos entre carnal despojo; Y el Euxino, a la aurora, del rio por los flancos, Ve que huyendo a los valles, y teñidos de rojo Con sangre de las vírgenes, van los corceles blancos. A UN MÀRMOL ROTO Al cerrarle los ojos, piadoso el musgo ha sido, Porque en el bosque inculto buscaría ya en vano A la que leche y vino vertió con blanda mano En tierra que de valles él mismo ha circuido. A la yedra y las zarzas el lúpulo se ha unido, Y a este divino escombro, con su verdor lozano Se enroscan, ignorando si fue Pan o Silvano, Y en la frente de dos cuernos de hojas le han retorcido. Mira! Aún, alumbrándolo, resplandor vacilante, Dos órbitas de oro le han puesto en el semblante, Y la vida en él ríe como boca encendida;
  • 222. Y parece que el viento que suspira y se queja, El follaje, la sombra y el sol que ya se aleja, De ese mútilo mármol han hecho un dios con vida.