Homenaje A Dos Grandes Falconianos
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  • 1. Betty Irausquín Frente al Ararat Lic. Iván Sierra Ramírez
  • 2. Betty Irausquín Frente al Ararat Contemplar una montaña escalada por el dolor y el recuerdo de uno de los genocidios más dolorosos que la historia registra, casi a un siglo de su ejecución, sólo es consustancial con alguien que tenga a la poesía como mirada escrutante. Y Betty Irausquín la tiene y la desenvuelve hasta que tropieza con una región distante de sus inicios naturales, de lenguaje erizado por la insensibilidad que se le pone enfrente, deshilachada, imaginablemente despreciable, decaída, como tiene que ser un alma de poeta creada definitivamente para la paz. En esta sucesión de versos clásicos, reunidos en Sombras del Ararat , encontramos el canto puro, de ese canto que jamás se conforma con divorciarse de las rimas coincidentes y, menos aún, de ese tono que la conduce por esas palabras que, aunque patrimoniales para una pronunciación remota, se sienten muy cerca, como si estuviéramos realmente al pie del Ararat.
  • 3. SOMBRAS DEL ARARAT Retrocede en el tiempo. Desteje las madejas que tu memoria atan y déjalas al viento para poder cruzar la línea que divide pasado de futuro y reencontrarnos todos al pie del Ararat. Empuña tu bandera con orgullo a lo alto. Hasta el empíreo suelo atrévete a escalar. Diamantes derretidos son sus nieves perpetuas. Sigue cauto sus huellas, ellas te guiarán hasta la caravana de los que ya estuvieron. A tu lado, en silencio, tú los verás pasar.
  • 4. Hombres, niños, mujeres, de todas las edades, con hambre, sed, y enfermos en fila seguirán sin mirarse siquiera, confundiendo los sueños, sin pronunciar un nombre, unidos ellos van. Y los hilos del Eufrates que otrora fueran plata, con la sangre inocente rojos se tornarán. ¡Llora, hijo de Hayastán! deja que te embelesen los gritos y lamentos de seres que del mundo los quisieron borrar.
  • 5. ¡No llores cual cobarde! El valiente hace falta para poder luchar. Cuéntales a tus hijos y ellos a los suyos que por tanto inocente no se tuvo piedad. Rinde honor en memoria de todos esos seres sin nombre y sin edad, asesinados sin clemencia alguna, que Dios en esta vida pudiese perdonar. ¡Llora, hijo de Hayastán! ¡No dejes de llorar! porque no hay en la tierra quien lleve un nombre armenio que no sea un doliente de ese peregrinar. ¡Despierten sombras dormidas al pie del Ararat! Aprende del coraje del pelear de una madre. Que el miedo del valiente tú solo aprenderás.
  • 6. ¡Levántate, y deja de llorar! Ruega a Dios por las almas de los que allí murieron. Despliega con orgullo tu tricolor bandera y fija la mirada hacia el poniente. Con tu dolor a cuestas, revive la esperanza. ¡No necesitas luz hijo de Hayk! Porque estés donde estés, en otra tierra o en otro mar, donde quiera que sea, que tu mirada alumbre, la luz de Hayastán tus ojos cegará. Y ya  no habrá camino, ni sendero, ni ruta donde quieras huir y poder olvidar. No encontrarás lugar para ocultarte pues no hallarás descanso lejos del Ararat, porque si en ti no llevas el hervor de su sangre las almas de tus muertos no resucitarán
  • 7. ¡Abre tus alas, deja atrás la indolencia! Ni tesoros ni tronos contigo llevarás. Antes que tu alma huya de la prisión del cuerpo pregunta cómo a tu patria pudieses ayudar. Alaba la grandeza de los desventurados. A los que han caído y han vuelto a empezar. Los que han sido ejemplo de mil generaciones. Que los que ayer cayeron, la gloria hoy tendrán. ¡Oh Hayastán! Cuando amanezca en ti la primavera Y tu suelo se preñe de estos hijos sin patria ¿Se ahogará en el silencio el lamento que clama y la chispa de vida encenderá tu llama?
  • 8. ¡Revive, hijo de Hayastán! Los desaparecidos en nuestros sueños hablan palabras dolorosas que parecen lamentos y haces oídos sordos porque todo es un sueño. ¡Te equivocas de nuevo! porque no estás soñando, es una realidad. Ellos piden justicia por los que no nacieron. Tú apelas al derecho de aquellos que murieron, y todo genocida de esta historia sin nombre que pida a Dios perdón y no a los hombres.
  • 9. Los Ecos de Ararat Una brillante interpretación pictórica del genocidio de Armenia y el poema Sombras del Ararat , ilustra este poema empapado de solidario sentimiento sobre un hecho que llenó de sombras el inicio del siglo veinte y que hoy aún es recordado, con absoluta vigencia, por la humanidad que demanda justicia para las víctimas y sobrevivientes de este brutal genocidio. El Maestro Gilson Cuba, en su obra pictórica Los Ecos del Ararat que Claman a la Justicia del Mundo , enmarcado en el más genuino estilo figurativo - simbólico, presenta un Ararat con sus nieves eternas teñidas del rojo púrpura de la sangre de las víctimas de los asesinatos en masa. Su falda morada nazareno, simboliza el luto de los hijos de Armenia y de los habitantes de todos los pueblos que integran el globo terráqueo. Simboliza asimismo la integración de Armenia con Paraguaná a través del Cerro de Santa Ana y el agreste paisaje peninsular, como un homenaje a Elizabeth Irausquín la autora del poema, quien, nacida en estas tierras bañadas por un intenso sol y por las aguas de un atrayente Mar Caribe, es capaz de interpretar el sentimiento armenio con tan elocuente poesía, y, por qué no? Integrada también por el dolor, pues no hay que olvidar que en ese inicio de siglo también paraguaná enterró a sus hijos que huían del más grande verano vivido por pueblo alguno, en los caminos polvorientos de la cuarteada tierra, victimas del hambre, la sed y la desesperación, víctimas hoy recordadas en el santuario de Las Ánimas de Guasare, en el santuario de los tiempos... Iván Sierra Ramírez
  • 10. Gilson Cuba La nieve del Ararat teñida por la sangre y la simbología de los que allí murieron, en uno de los genocidios más grandes registrados por la historia de la Humanidad. Junto a él, en una simbiosis solidaria, nuestro cerro de Santa Ana, como elevando ruego al Dios de los siglos, en una brillante interpretación de Gilson Cuba, maestro de la pintura universal.
  • 11. Gilson Cuba
  • 12. Gilson Cuba
  • 13. Poema: Betty Irausquín Pintura: Gilson Cuba Presentación: Lic. Iván Sierra Ramírez Diseño y arreglos: Williams Sánquiz Chacín