La Nueva ConstruccióN Del Espacio PúBlico

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La Nueva ConstruccióN Del Espacio PúBlico

  1. 1. LA NUEVA CONSTRUCCIÓN DEL ESPACIO PÚBLICO: POLÍTICA, COMUNICACIÓN Y TECNOLOGÍA Julia Isabel Flores Dávila Instituto de Investigaciones Sociales, UNAM Los procesos políticos en la sociedad moderna están basados en la negociación de intereses entre diferentes grupos. Los intereses y sus diferencias están construidos y articulados al reflejarse en los medios de comunicación masiva y en las nuevas tecnologías. Los nuevos medios, se caracterizan por la producción institucionalizada y la difusión de bienes simbólicos, con rupturas instituídas entre la producción y la recepción, con una extensión de su disponibilidad en el tiempo y el espacio, y por la circulación pública de formas simbólicas. Hoy los nuevos medios implican la creación de una nueva polis y la nueva polis implica nuevos conceptos de trabajo, ciudadanía, identidad, familia y privacídad. Los nuevos medios implican, por lo tanto, nuevos conceptos de responsabilidad, derechos y una ética, es por ello que presentan nuevos retos a la investigación. El estudio de los nuevos medios no es sólo acerca de las nuevas tecnologías, sino acerca de una nueva sociedad “el reto no es tecnológico, sino cultural ....En efecto, cada día más, las tecnologías digitales –visibles e invisibles, permean la vida cotidiana de las sociedades, desde los cajeros automáticos y los teléfonos celulares, el pago de impuestos en línea o los videojuegos, hasta la nanotecnología y el desciframiento del genoma humano”1. La nueva comunicación no debe ser percibida como un fenómeno puramente tecnológico. Sus impactos son sociales y culturales, aunque el avance tecnológico es una clave que la sustenta. Esta era invita a un cambio en los patrones sociales y culturales La esfera pública se encuentra en el corazón de cualquier reconceptualización de la democracia. Las relaciones sociales contemporáneas parecen derivarse de un nivel básico de prácticas interactivas que en el pasado, fueron la matríz de la política democratizadora: lugares tales como el ágora, la iglesia local, los cafés, la plaza pública, las tabernas. Muchos 1 . Arizpe, Lourdes. Los Retos Culturales de México, México, CRIM, UNAM, mimeo, 2003.
  2. 2. 2 de estos lugares se mantienen, pero ya no sirven como centros organizadores para la discusión y la acción política. Pareciera que los medios, y especialmente la televisión, pero también otras formas de comunicación electrónica, aislan a los ciudadanos, los separan unos de otros y sustituyen a los viejos espacios de la política. Tal es la política en la era de la información. En un contexto como este, uno podría preguntarse ¿en dónde está la esfera pública? ¿En dónde están los lugares en donde los ciudadanos interactúan para formar opiniones en relación con las políticas públicas o con otros asuntos públicos? Al respecto, John Hartley sostiene una premisa fuerte: los medios son hoy la esfera pública: la televisión, los periódicos, revistas y fotografía, los medios populares del período moderno, son del dominio público, el lugar donde y los instrumentos por los cuales el público es creado y encuentra su razón de ser2. La misma opinión es sustentada por Paul Virilio “Las avenidas públicas hoy son eclipsadas por la pantalla, por los despliegues electrónicos, en una presentación de máquinas de visión, a la vuelta de la esquina” 3. Lo público tiende a ser más y más publicidad y la letra es reemplazada por la imagen. Estos cambios no pueden ser examinados sin nostalgia y con la mirada retrospectiva de la teoría y política modernistas. Al sentir el colapso de la esfera pública y por lo tanto, una crisis de la política democrática Jürgen Habermas publicó en 1962 La transformación estructural de la esfera pública4. Este trabajo, altamente influyente, trazó el desarrollo de la esfera pública democrática en los siglos XVII y XVIII. En dicho trabajo el intento político de Habermas era el de revalorar el proyecto de la ilustración a través de la reconstrucción de la esfera pública en la cual prevalecería la razón, mas no la razón instrumental de la práctica moderna, sino la razón crítica que representa lo mejor de la tradición democrática. Habermas define a la esfera pública como el dominio de la conversación no coercitiva orientada a los acuerdos pragmáticos. Su posición fue contestada por los post- estructuralistas como Lyotard que cuestionaban el potencial emancipatorio del modelo de 2 . Véase: Hartley, John. The Politics of Pictures: The Creation of the Public in the Age of Popular Media,New York: Routledge, 1992 3 . Virilio, Paul. The Vision Machine, ,Bloomington: Indiana University Press, 1994. p. 64 4 . Habermas, Jürgen: The Structural Transformation of the Public Sphere, trad. Thomas Burger. Cambridge: MIT Press, 1989.
  3. 3. 3 consenso a través del debate racional5 . En los años ochenta, la crítica de Lyotard se extiende a las posiciones feministas6 y en autores como Oskar Negt y Alexander Kluge7 cambian el terreno de la noción de la esfera pública de una idealización histórico- trascendental a una pluralidad y heteropía de discursos. Articulan la noción de esfera pública oposicional. La ficción del liberalismo es reducir la esfera pública a las instituciones democráticas existentes. La crítica de Habermas al liberalismo contrapone una alternativa radical pero aún así, universaliza y monopoliza lo político. Negt y Kluge, en contraste, descentralizan y mulitiplican la esfera pública abriendo un camino de crítica y posiblemente de una nueva política. Público y privado hoy El término polémico sigue siendo el de lo público. La teoría liberal, por lo general recogía la antigua distinción griega entre la familia, y la polis, donde la primera era lo privado y la segunda lo público. Cuando el término cruza fronteras hacia la economía, surge el término economía política, que combinaba a ambos, el sentido griego de lo público y de lo privado, al referirse al gobierno de la casa. El viejo uso de la economía política preservaba un espacio para lo público en el ágora, pero se refería acerca del bien general, y no a las transacciones del mercado. En los nuevos usos, el reino de la economía es nombrado como economía política, pero es considerado privado. Hoy, el término privado designa a aquellos discursos y acciones que están aisladas, que no son observadas por nadie y no son grabadas o monitoreadas por ninguna máquina. La privacía hoy se restringe al espacio de la casa, en cierto sentido se regresa al uso griego antiguo del término, bien si hoy la estructura de la familia se ha alterado dramáticamente. La esfera pública se opone a la privada en el sentido de que es el lugar del habla, un espacio en el cual los ciudadanos deliberan acerca de los asuntos comunes y es esencial a la democracia, pero enfrentamos problemas al utilizar el término público en relación a las políticas de emancipación. 5 . Lyotard Jean F. The Postmodern Condition, (Minneapolis: University of Minnesota Press, 1984) 6 . Fraser, Nancy. "Rethinking the Public Sphere," Social Text 25/26 (1990) pp. 56-80 and Unruly Practices Minneapolis: University of Minnesota Press, 1989. 7 . Negt Oskar, Kluge, Alexander. Public Sphere and Experience: Toward an Analysis of the Bourgeois and Proletarian Public Sphere, trans. Peter Labanyi et al (Minneapolis: University of Minnesota Press, 1993
  4. 4. 4 Esta dificultad se amplía si se toman en cuenta las comunicaciones electrónicamente mediadas. Ahora, la cuestión del habla, de los encuentros cara a cara, del discurso público es confusa y complicada por la forma electrónica del intercambio de símbolos. Si el discurso público existe en pixeles en pantallas generados en locaciones remotas por individuos que probablemente nunca se conocerán, como en el caso de las comunidades virtuales del internet, los cafés electrónicos, e incluso, las video-conferencias, entonces, cómo distinguirlas, por ejemplo, de las cartas privadas. La era de la esfera pública como conversación cara a cara está terminada. La cuestión de la democracia debe, por lo tanto, tomar en cuenta nuevas formas del discurso electrónicamente mediado. ¿Cuáles son las condiciones del discurso democrático en este modo de información? ¿Qué tipos de sujetos hablan, escriben o se comunican en esas condiciones? ¿Cuál es su relación con las máquinas? Y ¿Qué sujetos complejos se requieren para el intercambio democrático y la acción emancipatoria? Para Habermas la esfera pública es un espacio homogéneo de sujetos envueltos en relaciones simétricas, persiguiendo un consenso a través de la crítica de los argumentos con pretensiones de validez. Este modelo ha sido sistemáticamente negado en las arenas de la política electrónica. Mas, ¿qué criterios son capaces de capturar las cualidades específicas de las formas electrónicas de interacción?. Es un hecho que el discurso político ha sido largamente mediado por las máquinas electrónicas, primero la radio, después la televisión, el tema hoy es que las máquinas crean nuevas formas de diálogo descentralizado y nuevas combinaciones, nuevas voces individuales y colectivas, espectadores, interacciones, que son los nuevos elementos de las formaciones y los grupos políticos. ¿Qué queda de la noción de la cosa pública cuando las imágenes públicas en tiempo real, son más importantes que el espacio público8.? Si las bases tecnológicas de los medios habitualmente han sido consideradas como una amenaza a la democracia, ¿cómo puede la teoría dar cuenta el vuelco hacia una construcción de la tecnología que parece promover una descentralización del discurso, sino de la democracia misma y parece amenazar al Estado (información no controlable), se burla de la propiedad privada (reproductibilidad infinita de la información) y de los valores establecidos (pornografía en internet). 8 . Virilio Paul, "The Third Interval: A Critical Transition," in Verena Conley, ed. , Rethinking Technologies (Minneapolis: University of Minnesota Press, 1993) p. 9
  5. 5. 5 La utopia tecnológica La comunicación siempre ha sido vista como la forma de alcanzar una utopía. Con cada revolución en la tecnología se piensa que surgirán cambios sociales masivos positivos que surgirán de la introducción de una tecnología de comunicación; los cambios se atribuyen a las propiedades técnicas inherentes a ese desarrollo, se piensa que la revolución social ocurrirá como resultado de la nueva tecnología, en una escala no vista en muchos años. El idealismo acerca de las nuevas tecnologías como el internet, por ejemplo, no sólo es un discurso viejo que acompaña a una nueva tecnología, sino que también trata de cambiar las desigualdades en la estructura social. Se espera que ello se alcanzará por la producción de una contracultura que emerge de las nuevas posibilidades de la tecnología. La nueva esfera pública La comunicación en las democracias modernas puede ser dividida en dos grandes nociones: unos medios democratizados, participativos o alternativos, incluyendo la comunicación electrónica o la mediada por computadora; y Los movimientos sociales y grupos que usan dichos medios activamente para el cambio social. El sitio o locación en que se en encuentran colocados los agentes o actos y objetos culturales altera los significados. En la época contemporánea, los movimientos de la sociedad adquieren una característica peculiar: no son ya exclusivamente una instancia de diálogo con los gobiernos, sino que se erigen como instrumentos del consenso social ante el resto de la sociedad, y en particular, ante el capital y el poder financiero mundial. Las Tensiones y contradicciones que enfrenta la sociedad moderna al momento de construir procesos de desarrollo globales frente a necesidades locales y de conformar una ciudadanía expresada en lo público. En este proceso, el espacio público se convierte en un elemento decisivo, ya que es el ámbito por excelencia de la construcción de la ciudadanía y de sus acciones. Mientras que la construcción de la democracia requiere de lo público para su desarrollo y consolidación, paradójicamente, los procesos de modernización han generado el cierre o la privatización de los mismos. El papel de los medios tradicionales (televisión, revistas , periódicos) en la democracia moderna es creciente problemático y surgen serias
  6. 6. 6 dudas acerca de su capacidad de constituirse en lugares de crítica política o debate racional. Tal vez, dentro de estos, sólo se salva la radio. Muchos de los viejos centros de la esfera pública aún existen, pero ya no son lugares para la crítica política o el debate racional, los medios tienden a sustituir a los viejos espacios de la política. Así, en lugar de informar sobre política, los medios son participantes activos en el proceso político a través del papel que juegan en la publicidad. Crecientemente, los medios se han vuelto centrales a la vida política. Por ello si los movimientos o actores políticos no están en los medios, simplemente no existen. Vemos cada vez más a los actores y movimientos realizar todo tipo de expresiones para llamar la atención de los medios a sus causas, desde desnudarse o sacarse sangre, hasta el suicidio. Las condiciones actuales de producción del espacio público han contribuido a ello. Si en la democracia antigua la política se definía por el debate, en nuestra cultura la actividad política condensa tres aspectos: 1. Se amplía, además del debate público, a las orientaciones y las elecciones que conciernen a la sociedad entera, en donde se enfrentan los profesionales de la política y sus partidos respectivos; 2. Aparece la política como administración de una colectividad – y el político como moderno empresario público; y 3. La política como expresión y comunicación – en donde el político se convierte en hombre de los medios. Estos tres aspectos en conjunto, constituyen hoy la actividad política en toda su complejidad. Las transformaciones del espacio público contribuyen a crear un cierto tipo de discurso y de imágenes que contrastan con los modos tradicionales de abordar el debate político. El debate político, guarda poca semejanza con el debate crítico racional idealizado por Habermas. Los eventos se manipulan para proveer el máximo nivel de impacto televisivo. Los debates se estructuran de tal modo que los puntos de vista extremos puedan llevar al máximo efecto, incrementando los ratings, pero contribuyendo poco a la formación de la opinión o de un juicio crítico entre los ciudadanos. La participación de la audiencia en los programas en la televisión provee un foro para grupos que de otra manera estarían excluidos del punto de vista público; no obstante, este acceso no necesariamente significa que las estructuras de poder en la sociedad sufran cambios significativos.
  7. 7. 7 Revitalizar la esfera pública ¿Qué hacer frente a esta situación? Curran señala los modos en los que los medios tradicionales podrían contribuir a las funciones democráticas como agencias de representación. Tendrían que ser organizados para permitir a diversos grupos sociales expresar sus puntos de vista, asistir a la realización de objetivos de la sociedad a través del acuerdo o compromiso entre los intereses en conflicto. Habermas recientemente ha señalado que si hoy la democracia ha de ser implantada en sociedades complejas, debe dejarse de lado el ideal de colectividad física de miembros que mutuamente consienten. Señala que no es necesario que los miembros estén físicamente co- presentes para que puedan desarrollar formas de comunicación sin sujeto. Así, la comunicación no significa solamente indagar aquello que los individuos han previamente decidido o aprendido, sino que es un proceso en el cual la opinión es creada por el proceso de debate mismo. La sociedad no puede vivir la deliberación de todos, todo el tiempo. La deliberación se da en ámbitos, grupos o lugares sociales, pero no al nivel de toda la sociedad. Así la distinción habermasiana de la opinión pública como la autoridad crítica para balancear el poder social y político y la opinión pública como elemento para la manipulación del apoyo social es básica. Surge entonces la promoción del juicio público o criterio público, entendido como la capacidad para aceptar las consecuencias de las propias elecciones y opiniones y la coherencia y firmeza de estas a través del tiempo.

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