La Cultura Del MéXico ContemporáNe2

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La Cultura Del MéXico ContemporáNe2

  1. 1. La cultura del México contemporáneo: Transformaciones de los modelos de comportamiento e identidad social Julia Isabel Flores Instituto de Investigaciones Sociales, UNAM Introducción En este escrito se presenta, a partir del análisis de los datos de la Tercera Encuesta Nacional Los valores de los mexicanos de 1995 (ENVM), una serie de elementos distintivos de nuestro sistema cultural y con ello, se pretende poner en evidencia las modificaciones más significativas verificadas en el curso de los últimos años. Si se quiere trazar a grandes líneas un cuadro del cambio cultural en México, nos encontramos con la dificultad de circunscribir el ámbito y las dimensiones a las cuales se aplica el término de cultura. Se entiende que la cultura constituye el elemento genético del sistema social y de las normas de la vida individual y colectiva; incluye los modelos de comportamiento, la orientación de valores, la ideología y el lenguaje, el modo de vivir de los miembros de una configuración histórico social. Partir de una definición amplia del concepto de cultura, por lo general referido a los campos de la antropología o la sociología, sería poco útil en este trabajo, por lo que, más que hacer una referencia a éstos conceptos en su totalidad, en este estudio se seleccionarán, algunas de las dimensiones centrales en las que sea posible encontrar algunos rasgos empíricos de tipo histórico y sociológico. Este trabajo no se interesa por la cultura de elite, sino que se interesa por la dimensión de las masas, de la cultura que no se expresa en forma doctrinal o teórica, y que por esta razón, es raramente un objeto de indagación histórica. La noción de cultura, así entendida, indudablemente es más vasta y comprende las representaciones ( las creencias, las cogniciones, los valores, que se refieren a las dimensiones afectivas y evaluativas y las orientaciones a la acción) y las costumbres, los hábitos, y las prácticas sociales de la población (los ritos, los modelos de consumo, los estilos de vida). En estos ámbitos están comprendidos el plano de las instituciones y los mecanismos de transmisión de la cultura
  2. 2. 2 que permiten, no sólo la reproducción y el pasaje de los modelos culturales de una generación a otra, sino también, su cambio en el tiempo1. Este estudio se interesa también, por entender los procesos de diferenciación cultural en la sociedad mexicana. Ello nos obliga a responder a las siguientes interrogantes: ¿Cómo entender el cambio cultural?, ¿Cómo explicar los múltiples cambios acaecidos en la sociedad mexicana en las últimas décadas?. I. Procesos de diferenciación cultural y cambio de valores Existen diversas teorías para representar y explicar el cambio cultural: Un primer modelo para representar la dimensión cultural de la sociedad está presente en la teoría de la modernización, que se ha concentrado en un juego de cambios de valores, mas o menos comunes, que se presume, acompañan a la industrialización temprana2. Con frecuencia, en los trabajos pioneros sobre la modernización, éstos cambios eran presentados como una serie de dicotomías o variables pauta (variable patterns) que distinguían lo tradicional, de lo moderno. Esta teoría marca diferencias radicales en las orientaciones de valores entre el hombre tradicional y el hombre moderno, interpretando el pasaje de la tradición a la modernidad en términos dicotómicos: de la segmentación a la homogeneidad cultural; de los valores de adscripción, a los valores de adquisición, del particularismo al universalismo, de la afectividad a la neutralidad, según el esquema parsoniano. Una segunda forma de comprender el cambio cultural proviene de diversas tradiciones como la escuela italiana3, la escuela de Birmingham de los estudios culturales 4, y de las aportaciones de varios estudiosos como Peter Berger, que analizan los modos de construcción de la realidad. Esta manera de entender y explicar el cambio cultural, se distingue de las teorías de la modernización, en cuanto a que la multiplicidad y las 1 . Entre las formas de socialización y cultura se sitúa, también, el plano de la identidad individual, como había observado Simmel, analizando la creciente diferenciación social en la sociedad moderna, la identidad del individuo se desarrolla más a medida que los círculos sociales en los que vive se amplían y se diversifican, y se difunde, al mismo tiempo, la valorización de la individualidad. Simmel, Georg: La diferéntiation sociale. Paris, Minuit, 1982. 2 . Parsons: 1951; Almond y Powell: 1966; Inkeles y Smith, 1974; Lipsett, 1980. 3 Véanse, por ejemplo, el trabajo de: Sciolla, Loredana: “Identitá e mutamento culturale nell’ italia di oggi’ en Vicenzo Cesareo: La cultura dell’ Italia contemporánea. Torino Edizione della Fondazioni Giovanni Agnelli, 1990. 4 . Véase: Lawrence Grossberg, ed. Cultural Studies. London, Routledge, 1992.
  3. 3. 3 diferencias culturales, lejos de ser vistas como antítesis a la homogeneidad y a la unificación cultural de la sociedad moderna, las presupone. Una tercera forma de representar el cambio cultural es aquella del conjunto amplio y heterogéneo de teorías que, centrándose en una supuesta “crisis de la modernidad”, subrayan los aspectos de la involución, fragmentación y degeneración cultural y prefiguran, en algunos casos, una suerte de retorno a la situación premoderna5. Las distinciones principales entre las dos primeras formas de diferenciación cultural pueden ser sintetizadas en los siguientes términos: 1. La diferenciación cultural entendida a partir de la teoría de la modernización implica una sociedad en la que, en presencia de una compleja división del trabajo, la distancia cultural – de valores, relaciones, estilos de vida- entre los grupos sociales y las zonas territoriales es muy grande. La diferenciación cultural predomina sobre la homogeneidad y sigue líneas horizontales, más que verticales; es decir, las diferencias que se aíslan o distinguen entre ciertas clases sociales, o que se circunscriben a la región o a la localidad, son mayores que las diferencias de los espacios que las atraviesan transversalmente. La movilidad, sea de tipo espacial –de un lugar hacia otro- o sea de tipo social –de una clase a otra, en términos de ascenso o de declive- es reducida. La mayoría de la población vive en circuitos sociales restringidos (la familia, la comunidad local), poco numerosos, e interrelacionados entre sí. Así, por ejemplo, la pertenencia a una familia comporta el desarrollo de un cierto oficio, la adhesión a una asociación profesional y a un partido. La unidad social central es la familia como intercambio de experiencias y transmisión de valores a las nuevas generaciones, valores que todavía no están difundidos al nivel de la masa, más que a través del factor unificante que es la escuela. En la identidad individual prevalecen los aspectos de la identificación con el grupo restringido (el partido, el círculo más íntimo, la comunidad), más que los de la individuación, o sea, de los que distinguen al singular de todos los otros. Estos aspectos colectivos son particularmente fuertes y enraízan la identidad colectiva, capaz de organizar de manera coherente el universo simbólico de la propia pertenencia; en consecuencia, se puede esperar que los valores de tipo tradicional, ligados a la ética de la familia y a la 5 . Como por ejemplo, la corriente de pensamiento encabezada por Jean Baudrillard o los trabajos de Michel Maffesoli.: El tiempo de las Tribus, Ed. Icaria, 1997.
  4. 4. 4 defensa de la comunidad local, estén más esparcidos en la sociedad; mientras que la afirmación de los valores autorealizativos (centrados sobre el desarrollo del yo) y universalistas (centrados en una comunidad política más amplia) sean más escasos. Esta primera imagen de la diferenciación cultural viene acreditada, aunque no está explícitamente teorizada, en el análisis de la realidad en términos de subculturas territoriales, en donde el término subcultura indica un conjunto de valores y de formas asociativas característico de regiones particulares o formas territoriales que definen la identidad colectiva fuerte y persistente. 2. El segundo tipo de diferenciación cultural no comporta la segmentación de los modelos culturales, sino su sobreposición y recíproca interrelación. En este caso, disminuye la distancia cultural entre los grupos sociales territoriales, mas no por ello son menores las diferencias entre estos; más bien, aumenta la importancia de las líneas verticales (generacionales, por ejemplo) y de las interindividuales. La movilidad entre clases y grupos sociales diversos es muy fuerte, con la consecuencia de que el individuo en el curso de la vida, no sólo experimenta realmente diversos ambientes y estilos de vida, sino que los anticipa “precozmente” en la imaginación, como expectativas para el futuro propio6. Si se amplían los circuitos sociales en los cuales se ubican los individuos, crece entonces el número de aquellos que pertenecen contemporáneamente a más mundos diferentes, que deambulan entre asociaciones diversas, o se adaptan entre las diversas formaciones histórico-sociales. Al multiplicar, al mismo tiempo, las oportunidades de encuentro y posibilidades de vida y acción, se generan combinaciones de lenguajes que producen a su vez, nuevas configuraciones. Aunque la transmisión de valores y de modelos culturales tiende a asumir una forma policéntrica, la familia tiende a perder autoridad como grupo de referencia, fundamentalmente a favor del grupo generacional y de los medios de comunicación masiva. Por lo que se refiere a la identidad, las múltiples instancias de ubicación del individuo, su vivir en el punto de cruce de circuitos sociales siempre más amplios, favorece –como señalaba Simmel- los aspectos individualizantes de la personalidad, debilitando la tendencia al conformismo y a la identificación del grupo. La identidad colectiva fuerte se debilita y el individuo ya no se orienta más hacia subculturas de grupo establecidas, sino 6 Sobre el fenómeno de la socialización anticipatoria véase Berger, Kellner y Luckmann. La construcción social de la realidad. Buenos Aires, Amorrortu Editores, 9ª reimpresión, 1989.
  5. 5. 5 hacia aquellas culturas de intersección y de conflicto de una pluralidad de modelos culturales. Así, en la mayoría de las sociedades post-industriales las teorías del cambio de valores han identificado otros tipos de diferencias de actitudes y valores que se esperan cambien de la sociedad industrial a la sociedad post-industrial: de los valores materialistas, relacionados con la satisfacción de las necesidades primarias, a los post-materialistas, referidos, por ejemplo, a la calidad de la vida7. Algunas clases de valores cambian más fácilmente en las etapas tempranas de la industrialización, mientras que otros valores tradicionales perduran más y comienzan a cambiar en etapas tardías. Lo que hace cualitativamente distinta a esta segunda forma de diferenciación cultural, de aquella primera que hemos mencionado aquí, es que la teoría de la modernización presupone una amplia homogeneidad cultural de fondo, da por sentado que la mayoría de la gente comparte un lenguaje común. En cambio, para esta segunda forma de entender el cambio cultural, la homogeneidad promovida, sobre todo por la escolarización y por los medios de comunicación masiva, no está entendida como antítesis a la pluralización cultural, como por ejemplo, en la teoría de la Escuela de Franckfurt, que nos ha habituado a identificar la homogeneidad con el conformismo colectivo. II. Valores y cambio político. Si se analiza la dimensión política de los cambios, el cambio de valores parece ser más continuo que discontinuo. De hecho los valores políticos más importantes que se encuentran en las sociedades industriales de hoy, no son nuevos, sino que han estado siempre presentes, aunque, no siempre han sido objeto de una alta politización. O sea, no es tanto que un juego distinto de dimensiones de valor comience a cambiar como resultado de la industrialización, sino que su movimiento posterior tiene lugar en las mismas dimensiones de valor que empezaron a cambiar en la industrialización temprana. Esto se aclara cuando las dimensiones de valor políticamente relevantes cambian y cuando los cambios del ambiente que inducen el movimiento de estas dimensiones son identificados. La identificación de esos últimos factores causales y de las cambiantes 7 . Véase: Inglehart, Ronald. The Silent Revolution. Changing values and political styles among western publics. Princeton, princeton University Press, 1977.
  6. 6. 6 condiciones de vida bajo las cuales la socialización tiene lugar, es crucial para estimar el ritmo y la duración del fenómeno del cambio de valores. Si los cambios en las condiciones de vida son relativamente nuevos en su origen, entonces tendrá que haber una brecha entre los valores. Si los cambios pueden ser trazados con anterioridad, entonces la brecha de valores tendría un origen más temprano. Existen dos dimensiones con un fuerte potencial político en el cambio de valores en su relación con la política: una primera, es el cambio en el énfasis de los valores de la autoridad hacia los valores de la autonomía y la segunda, está relacionada con el cambio de énfasis de los valores de la conformidad a los valores de la apertura. Así, se ha señalado que en las sociedades agrarias caracterizadas por la escasez, desigualdad, estratificación social jerárquica y rígida, inseguridad económica y física y dependencia personal de los patrones, las condiciones de vida anidan y nutren normas que enfatizan la autoridad, la obediencia, el orden social, la resignación a un papel determinado en la vida, la lealtad y la dependencia de los símbolos e instancias de poder. En adición a este acento en la autoridad jerárquica, encontramos también un énfasis en la autoridad horizontal, o sea, la conformidad a las presiones colectivas del grupo. La conformidad se nutre por la naturaleza estática del cambio lento de la sociedad agraria, sus comunidades homogéneas aisladas, la interdependencia económica de esas comunidades en bienes y servicios compartidos y la ignorancia, que da lugar a la superstición. Estas condiciones promueven normas de conformidad que alientan la adherencia a costumbres y tradiciones morales y creencias religiosas, desconfianza hacia las nuevas ideas y la intolerancia frente a lo distinto. Al cambiar las condiciones agrarias hacia las industriales, el énfasis en al autoridad se matiza y reemplaza por una valoración creciente de la autonomía. Así, la autonomía significa acentuar la igualdad más que las jerarquías; un individualismo autoafirmativo e independencia, más que la aceptación pasiva o la resignación sumisa. De forma similar, el acento en la resignación y conformidad, da lugar a demandas de mayor apertura. Una mayor valoración de la apertura es vital para crear un medio ambiente más libre y facilitar la autorealización a través de la apertura a más ideas, actitudes más permisivas hacia nuevos estilos de vida y una mayor tolerancia y empatía con personas y grupos distintos. La apertura presenta al individuo mayores posibilidades de
  7. 7. 7 elección y la autonomía coloca las oportunidades para elegir en sus propias manos, y ya no en las de otros, superiores en la sociedad. Es al identificar las causas de la brecha en los valores que la naturaleza continua de esos cambios se vuelve aparente. Así para los cambios en política, Joji Watanuki introdujo el concepto de política cultural y lo definió como: “Una política en la cual las brechas culturales causadas por las diferencias en los sistemas de valores tienen mayores efectos sobre la naturaleza del conflicto político que las brechas producidas por las diferencias económicas, o de status”8. Los rápidos cambios socioeconómicos en la sociedad han inducido cambios en los valores: la educación, la edad y el nivel de información surgen como las variables demográficas más asociadas con los cambios. En un número importante de las dimensiones valorativas las diferencias de edad reflejan un fuerte patrón intergeneracional de cambios en los valores. Las tasas altas de cambio socioeconómico en la sociedad contemporánea han significado que cada nueva generación se ha socializado en contextos de condiciones sociales nuevas y distintas. Las modificaciones en el contexto social en el que han tenido lugar los procesos de socialización, han creado diferencias substanciales entre los valores sociales de las jóvenes generaciones y las de sus padres y abuelos. Al mismo tiempo, la rápida extensión de la educación primaria y secundaria han tenido un efecto independiente en los cambios en las preferencias de los valores. Es importante marcar no sólo el cambio de los valores, sino también destacar la relevancia política de esas diferencias. En este campo, el patrón de cambio de valores ha sido desigual, por los menos desde la perspectiva parsoniana. Un cierto número de dimensiones de valor que pueden clasificarse dentro del continuum tradicional-moderno, muestra un marcado movimiento hacia lo moderno; mientras que otras dimensiones muestran signos débiles del cambio. Un elemento que complica el análisis, es el hecho de que varias clases de valores distintos pueden estar cambiando al mismo tiempo, y eso hace difícil aislar qué juegos de valores, entre los que cambian, afectan a las actitudes políticas. 8 . Scott C. Flanagan , Et. Al. : The Japanese Voter, New Heaven, Yale University Press,1991.
  8. 8. 8 En conclusión podemos señalar que, no se puede asumir que todos los valores tradicionales atraviesan por un proceso uniforme de cambio hacia la dirección moderna occidental; tampoco se puede pensar que, porque algunos valores cambian, todas las dimensiones asociadas con ellos también están cambiando. Y finalmente, y esto es importante destacarlo, el cambio de valores en una sociedad, no siempre contribuye al cambio político de la misma. ¿Qué tipo de relación existe entre el cambio de valores y el cambio político en México? ¿Cómo se dan estos cambios en la sociedad mexicana?. III. Homogeneidad y diferencia. Algunos aspectos del cambio cultural en México Los análisis más difundidos de la cultura mexicana la definen en términos de particularismo9, es decir; como una sociedad tradicional, regida por la autoridad de la familia y caracterizada por formas autoritarias y jerárquicas del ejercicio del poder y la política, en contraste con las sociedades modernas cuyos marcos de referencia normativos y culturales son eminentemente universalistas. En las sociedades modernas, no sólo los valores y normas hacen referencia a cánones que se pretenden de validez universal, sino que la asignación de los derechos y status de cada uno y el reparto de los bienes societales también se rigen por criterios universalistas. México, se afirma, es una sociedad en donde el sistema de valores y normas, y los patrones de conducta de sus miembros son de carácter particularista. Esto quiere decir que si bien, las reglas pueden tener una forma general, el contenido de la obligación es particular. El análisis de los cambios en la cultura mexicana para finalizar el siglo XX, nos lleva a preguntarnos: ¿Continúa siendo el particularismo una clave privilegiada de lectura para comprender a la sociedad mexicana?. En la mayoría de las sociedades el cambio de las características de la sociedad tradicional asociadas con el modelo de diferenciación cultural señalado en las teorías de la modernización, hacia un modelo universalista, complejo, generalmente toma un periodo de tiempo largo. En México este cambio se da de manera acelerada en el curso de cerca de veinte años, de la década de los cuarenta a la de los sesenta. 9 Véase al respecto el artículo de Lidia Girola “Particularismo y postmodernidad” en Sociológica, no 7/8, UAM, Atzcapotzalco, 1988.
  9. 9. 9 Veamos algunos indicadores básicos que reflejan la magnitud del cambio: El México de la década de los cuarenta se caracterizaba por bajos índices en la salud (la esperanza de vida era de 38.8 años) y por altos índices de analfabetismo (58.2% de la población no sabía leer, ni escribir), por un proceso de industrialización desigual y por fuertes diferencias entre las zonas urbana y rural (vivía en las ciudades apenas el 35.1% de la población del país y un 64.9% vivía en el campo), el porcentaje de población indígena en el país alcanzaba el 10%, lo que aunado a los datos antes mencionados, mostraba distancias acentuadas entre las diversas culturas en el país. Para la década de los sesenta, en contraste, un 95.91% de la población hablaba español, 50.7% de la población se encontraba ubicada en las ciudades, 66.51% estaba alfabetizada y como resultado de los programas de salud, la esperanza de vida alcanzó los 58.9 años. El 44.25% de la población total tenía entre 0 y 15 años, con un promedio de 6.8 hijos por mujer10. Estos cambios a los que se denominó en forma general como “el milagro mexicano” dieron lugar a estudios de diversa índole, tanto de carácter literario, como sociológico, psicológico y político, que planteaban en general una misma interrogante: ¿pueden mantenerse y acrecentarse los logros económicos y sociales del país, sin la liberalización del sistema político?, ¿Conducen estos cambios a la democracia?. Entre los estudios que analizan la sociedad mexicana en esa época destaca The Civic Culture de G. Almond y S. Verba11, que es la primera gran encuesta levantada en el país y la primera investigación empírica amplia que trata el tema de los valores y la cultura política de los mexicanos. Si bien, el trabajo ha sido objeto de fuertes críticas 12, fue tomado como modelo por la mayoría de los autores que trabajaron el tema desde entonces, hasta finales de los años setenta. En el presente trabajo, algunos temas tocados por Almond y Verba se utilizarán, guardadas las distancias que imponen dos trabajos de índole distinta, como una herramienta 10 . Fuente: Estadísticas Históricas de México, INEGI, 1994, 2 tomos. 11 G. Almond y S. Verba The Civic Culture, Princeton University Press, 1963. 12 Entre las críticas sobresalen las de Rafael Segovia en La politización del niño mexicano. México, El Colegio de México, 1982, 2ª. Ed. y las que llevan a cabo los propios autores en The civic culture revisited,. Véanse, entre otras: Revista Mexicana de Ciencias Políticas y Sociales.
  10. 10. 10 útil para señalar algunas modificaciones en las tendencias de los valores presentes en la sociedad mexicana, al compararlos con los resultados de la ENVM de 199513. La cultura política: percepciones de entonces y de ahora Los autores de The Civic Culture señalaban que las características distintivas de la cultura política mexicana eran la de ser “aspiracional” y “alienada” 14. Un indicador de este componente cultural afectivo y valorativo es recogido en la respuesta a la pregunta planteada en 1959 por Almond y Verba para expresar el sentimiento de orgullo nacional en diversos aspectos. Así el 30% de los entrevistados se declaraba orgulloso de las instituciones políticas y del gobierno, por debajo de los Estados Unidos y Gran Bretaña y por sobre el porcentaje obtenido para las respuestas en Alemania e Italia 15. Los autores señalan que México e Italia eran los países con mayor proporción de ciudadanos alienados, lo que implicaba que estaban cognitivamente orientados hacia sus respectivos sistemas políticos, no obstante, los rechazaban completamente o en la mayoría de sus aspectos16. ¿Cómo se manifiestan hoy esas orientaciones?. Con respecto al sentimiento de orgullo nacional, en respuesta a la pregunta planteada en la ENVM: ¿Está usted orgulloso de ser mexicano?, la mayoría (79.7% ) afirmó estarlo mucho, mientras que sólo el 16.1% señaló que estaba algo orgulloso de ser mexicano. En contraste, al preguntar ¿Está usted satisfecho con los logros que como nación hemos alcanzado los mexicanos?, solamente el 6.2% afirmó estar muy satisfecho, un 20.2% señaló estar satisfecho; el 50.2% dijo estar poco satisfecho y el 23.4% nada satisfecho. El rechazo hacia el sistema político, consignado en la investigación de 1959, parece tener vigencia hoy. Ello se confirma en las percepciones de los entrevistados al preguntar 13 . Es importante hacer notar que ambas encuestas no son estrictamente comparables, ni por lo que respecta a sus muestras, tampoco por lo que se refiere al fraseo de las preguntas, no obstante, su comparación arroja información sobre las orientaciones generales de los valores en el tiempo. 14 . “Lo más impactante en el patrón mexicano de cultura política son sus desbalances e inconsistencias. De todos los 5 analizados, México es el país que obtiene porcentajes más bajos en las frecuencias con las cuales se atribuyen impacto y significación al gobierno y en las expectativas de los ciudadanos de obtener un trato igualitario y considerado por parte de la burocracia y de la policía. Al mismo tiempo, la frecuencia con la que los mexicanos expresan orgullo en el sistema político es considerablemente más alta que la de los alemanes y los italianos, y los objetos de este orgullo tienden a ser predominantemente la revolución mexicana y la presidencia. Aún más, este sentido de participación parece ser relativamente independiente del sentido de satisfacción con los logros gubernamentales”, op. Cit. P. 414. 15 . The civic culture, p.102. 16 op. Cit. P. 101.
  11. 11. 11 en la ENVM: ¿Usted y los suyos se han beneficiado de los programas y acciones del gobierno?, el 62.8% estuvo en desacuerdo y sólo el 28.7% señaló estar de acuerdo. En los años sesenta se muestra cuán bajo era el nivel de homogeneidad cultural que, junto con elementos de tipo subjetivo, como por ejemplo el fuerte sentimiento nacionalista, conformaban una comunidad peculiar. El hecho de que la escasa identificación con el sistema político concreto resultara igualmente difundida en todos los estratos sociales y fuese independiente del nivel de instrucción, sugería a Almond y Verba la hipótesis de un profundo desapego entre los ciudadanos y el sistema político. La percepción de baja eficacia frente a las instituciones gubernamentales se muestra hoy todavía en forma acusada, así, en respuesta a la pregunta de la ENVM : Las personas con poder tratan de aprovecharse de las gentes como usted: estuvo de acuerdo con esta frase el 63.1% de los entrevistados, en desacuerdo el 28.9%, y dijo no saber un 8%. Ello se expresa en un sentimiento de alejamiento y desconfianza del gobierno y las instituciones políticas. De acuerdo a la percepción de la mayoría de los entrevistados (71.1%) A las personas del gobierno no les importa realmente lo que les pasa a las gentes como usted, mientras que estuvo en desacuerdo el 20.4%, y no supo el 8.5%. La cultura política mexicana es descrita en The Civic Culture como alienada, fragmentada, pasiva, parroquial, tradicionalista y centrada sobre la norma de la familia patriarcal. La conclusión era que los mexicanos se orientan al sistema político como súbditos, pero esta orientación es ambivalente: se caracteriza por fuertes necesidades de dependencia y tendencias de rebelión y rechazo en todas las relaciones de autoridad: familia, escuela, grupos de trabajo y de sistema político y gobierno. La investigación de estos autores no se limitaba a indagar la relación con los valores políticos, sino que se extendía a algunas características culturales más generales, concentrándose sobre aquellos rasgos de la personalidad y las condiciones psicológicas que se pensaban asociadas a una cultura democrática. Tales requisitos venían individualizados sobre la base de otras investigaciones, en la existencia de una individualidad abierta (open ego), o sea, de una capacidad de establecer relaciones con otros y compartir valores y de un sentido de confianza en la gente. Este tipo de personalidad resultaba poco presente en México, así por ejemplo, según los autores de “The Civic Culture” se mostraba: “... una tendencia a confundir la aspiración con el desempeño. Por otra parte, las altas tasas de movilidad social en México, los patrones discontinuos de socialización asociados con ella y los conflictos de valores que
  12. 12. 12 resultan, crean una alta incidencia de crisis de identidad …. Los aspectos de esta movilidad de la personalidad son el resultado de conflictos de valores y una frágil autoestima que típicamente produce sobre y baja estimación del yo. Este señalamiento puede dar cuenta de la inconsistencia en las respuestas en México: alta auto-alabanza de competencia, emparejada con inadecuación cognitiva y con inexperiencia política”17. Hoy, algunas de aquellas percepciones están vigentes, mientras que otras han cambiado. La satisfacción con lo que se es, para la mayoría de los entrevistados, es alta o muy alta. A la pregunta de la ENVM ¿Está usted satisfecho con lo que es?, respondió que Mucho el 30%, un 27.2% señaló que suficiente y consideró que regular un 30.6%. Solamente el 9.5% dijo estar poco satisfecho y nada el 2.7%. El sentimiento de desconfianza en los otros se encuentra arraigado en la mitad (50.3%) de la población encuestada, mientras que la otra mitad (49.7%) afirmó confiar en la mayoría de la gente. No obstante, esta desconfianza se manifiesta más claramente en torno a los gobernantes: al preguntar ¿Debemos tener confianza en nuestros gobernantes? estuvo de acuerdo el 35.8% de la población entrevistada, al mismo tiempo que aumentó el número de quienes estuvieron en desacuerdo (52.3%) , o no supieron (11.9%). La percepción de los encuestados acerca del desempeño de los mexicanos en política parece corresponder a la descripción realizada hace medio siglo: El mexicano en política fue descrito por las personas entrevistadas como: manipulado 75.3%, desinformado 71.6%, inmaduro 66.4%, indiferente 55%; aunque el 50.7%, señaló que es ingenuo, un 49.3% afirmó que es crítico. En esta percepción, los individuos como actores políticos, oscilan entre ser considerados como víctimas de un sistema y la idea del desinterés y alejamiento de la política. Los políticos, en cambio, en su mayoría fueron percibidos por los entrevistados en forma altamente negativa, como corruptos (88.1 %), mentirosos (83.5%), incumplidos (83.5%), irresponsables (80.4%), autoritarios (79.5%) e incapaces (51.8%). Gran parte de las orientaciones de valor, según Almond y Verba, no eran características de una cultura política democrática y resultaban fuertemente correlacionadas en modo positivo con dos factores sociales particularmente importantes en el desarrollo: el nivel de escolaridad y la participación en asociaciones voluntarias. Hoy, a pesar del crecimiento del número de asociaciones civiles de diversa índole en el país, encontramos que la participación en ellas es muy escasa, especialmente entre las 17 .Op. cit. p.415.
  13. 13. 13 mujeres y los jóvenes. Si por una parte, la mayoría (61.1%) de los entrevistados reconoció que el organizarse políticamente permite satisfacer las demandas de uno, y estuvo en desacuerdo con esta frase menos de un tercio (26.9%), y no supo el 11.5 %; apenas el 17.8% de las personas encuestadas participa en una asociación social, sólo el 7.8% lo hace en asociaciones políticas, el 19.6% en asociaciones deportivas y el 25.6% mencionó participar en asociaciones religiosas, mientras que un 29.2% lo hace en otro tipo de asociaciones. Las respuestas de los entrevistados en la ENVM, más que constituir un signo de atraso en la cultura política, reflejan un desencanto con las formas habituales de hacer política en el país, y al mismo tiempo, expresan la aparición de nuevas percepciones relacionadas con las nuevas prácticas y modalidades surgidas en el campo político y de los actores sociales y políticos en los últimos años. Procesos de unificación cultural La escolarización general Un primer indicio y factor importante en el proceso de unificación cultural es la escolarización general, que no sólo representa el presupuesto de la movilidad en la sociedad moderna, sino que ambién circunscribe el campo de acción y establece sus límites. Estos límites culturalmente impuestos, como señala Ernest Gellner, son decisivos y representan los presupuestos de la ciudadanía, al generar los límites de la lealtad y del consenso sociales. En los años sesenta se inicia un gran esfuerzo por mejorar la educación en el país, con la puesta en marcha del Plan Nacional para la Expansión y el Mejoramiento de la Educación Primaria, que comenzó la edición y distribución de los libros de texto gratuitos; posteriormente, en 1964, se inició una reforma educativa donde destacaron la Campaña Nacional de Alfabetización y la creación de la telesecundaria. Al mismo tiempo, se inicia un proceso de crecimiento de los alumnos inscritos en las universidades, así como el incremento de las universidades en los estados y de las universidades privadas. En los decenios siguientes comienzan a aparecer formas de diferenciación cultural típicas de la sociedad compleja. La rapidez del cambio contribuyó a matizar la distancia cultural entre los grupos sociales diversos y distintas zonas geográficas modificando, al
  14. 14. 14 mismo tiempo, la mentalidad y las costumbres colectivas, que tienen ciertamente como base, transformaciones profundas de las estructuras económicas y de las clases. En este período y con rapidez, se realizan algunos procesos unificadores en el plano cultural y ciertas modificaciones relevantes en la forma de las relaciones sociales y de los propios mecanismos de transmisión de valores. El proceso de escolarización no erosionó las antiguas diferencias culturales, aunque a su vez, creó nuevas diferencias, principalmente, diferencias generacionales. Las nuevas generaciones de fines de los años sesenta y de principios de los setenta son, en gran medida, mucho más instruidas que las anteriores. La matrícula total en educación superior pasó de 83,065 alumnos en 1960 a 252, 200 alumnos en 1970, comenzando también a descentralizarse: mientras que en 1960 el 70.47% de la matrícula de educación superior se concentraba en la UNAM, para 1970 sólo el 42.31% (106,718 alumnos) estudiaba en esa universidad 18. Para 1980 la matrícula creció a un total de 811, 300 alumnos, mientras que en 1990 alcanzaba ya un total de 1, 097, 141 alumnos. La educación es vista por la mayoría de la población como uno de los bienes más preciados, ya que se le considera como instrumento básico de la movilidad social y como fuente de status para quien la posee. Ello se refleja de manera acusada en las respuestas a la pregunta: Para triunfar en la vida se requiere: en donde la mayoría de los entrevistados (39.6%) señalaron en primer lugar a la educación, por sobre las relaciones personales (18.1%), la posición social (3.3%) o la económica (3.6%), la intrepidez (5.8%), el estar sano (12.3%), la creatividad (5.7%), la inteligencia (8.2%) y el trabajar duro 0.4%. Es interesante anotar como el trabajo duro no es considerado como fuente de éxito si no se acompaña de una educación, o de las relaciones personales adecuadas. La valoración alta de la educación, se expresa además en el respeto que se otorga a los maestros. El 56% de los entrevistados mencionó a los maestros en primer lugar, como las personas que les inspiran mayor respeto, seguidos por el padre, que obtuvo un segundo lugar con el 38.3%. No obstante, al preguntar acerca de la calidad de la educación, la opinión no es unánime: mientras que un 53.3% piensa que aumentó, el 40.2% opina que disminuyó. 18 . José Raúl Domínguez Martínez: “Los sofismas del financiamiento universitario”, CESU, UNAM, (en prensa), 1999.
  15. 15. 15 La cultura juvenil El fenómeno de la escolarización general influye sobre el plano cognitivo, subrayando el mejor nivel cultural y el mejor conocimiento de los más jóvenes. No obstante, no se ha destacado suficientemente su impacto en el plano de las formas y de los mecanismos de socialización y transmisión de los valores. Así, un rol determinante entre los mecanismos horizontales de transmisión de valores es el de la socialización escolar al formarse una cultura juvenil relativamente autónoma. Las profundas transformaciones en la sociedad, como resultado del desarrollo sostenido durante décadas y del proceso creciente de urbanización que integraba nuevos y más amplios contingentes a la vida política, provocaron cambios en la cultura política que desafiaron las formas de dominación y las prácticas establecidas. Estos cambios eran la expresión, tanto de las aspiraciones y expectativas de la enseñanza superior y las profesiones liberales, estimuladas por la movilidad social, como por su frustración por la inoperancia de las formas de reproducción institucional que respondían a una forma anquilosada de organización social. Estos sectores, en su mayoría jóvenes, provocaron un cambio importante en los valores, la cultura y las prácticas políticas prevalecientes de obediencia al poder. Los movimientos del 63 y del 68 marcan el desfase entre unas formas de organización y de poder constituidas en una sociedad fundamentalmente agraria, frente a una sociedad cada vez más urbana. Estos movimientos no sólo son la expresión de la relación entre identidad y generaciones, sino que también, constituyen las primeras manifestaciones de la crisis de la educación superior, la cual expresaba el tránsito de una universidad de elites a una universidad de masas. La fractura generacional y de las orientaciones políticas entre los jóvenes y los adultos, que se expresó en los años sesenta y setenta, y hoy lo hace de nuevo; se manifiesta en orientaciones más marcadas hacia la izquierda, mayor participación y mayores intereses políticos, así como una inclinación más acentuada hacia lo que Inglehart ha calificado como valores postmaterialistas19, es decir, aquellos que no están referidos a la satisfacción de las necesidades elementales o primarias. No obstante, tanto para los entrevistados jóvenes, 19 . Véase Inglehart, Ronald: The Silent Revolution. Changing values and political styles among western publics. Princeton, Princeton University Press, 1977.
  16. 16. 16 como para la mayoría, las principales preocupaciones continúan siendo la educación y la familia. Así lo muestran los resultados de la ENVM, en donde a la pregunta: ¿Si tuviera tiempo y dinero suficiente los gastaría en?. El 25.4% señaló que lo haría en educación personal y un 19.5% en educación para mis hijos; el 23.1% en ahorrar para el futuro y un 17% en ayudar a mi familia. Las preocupaciones causadas por la crisis económica aparecen en forma destacada. Así, al preguntar ¿Qué aumentaría su nivel de bienestar personal? la mayoría de los entrevistados (27.5% ) señaló que más dinero, el 17.5% dijo que lo haría tener un mayor control de su vida y el 16.2% más tiempo libre. Entre los objetivos más importantes para las personas, la prioridad se otorga a la familia -la dimensión primaria de la pertenencia-, seguida por las condiciones de bienestar material. De acuerdo con la encuesta, los objetivos personales más importantes de los entrevistados son los siguientes: llevar una mejor vida familiar ( 33.3%) y para el 21% salir de pobre; un 13.2% señaló que es vivir tranquilo y un 12.3% encontrar a Dios; además, el 18.2% busca mejores oportunidades para mis hijos y un 10.6% vivir tranquilo. Los medios de comunicación Un segundo proceso de unificación cultural, no menos importante, es el de la escolarización masiva con la difusión de la televisión. Si bien, en México la televisión se inicia desde la década de los cuarenta, no es hasta 1950 en que se comienzan las transmisiones comerciales de televisión, y hasta 1952, en que se inician las transmisiones completas. Pronto la televisión se extendió a toda la república, predominando las estaciones comerciales por sobre las de carácter cultural. Así, del número total de estaciones televisoras concesionadas y permisionadas en 1979, el 97.4% eran comerciales y sólo el 2.53% tenía carácter cultural. Para 1980 eran 82 estaciones las estacciones culturales y para 1997 alcanzan la cifra de 580. El crecimiento fuerte de las estaciones culturales se inicia a partid de la década de los ochenta, con la creación de la red satelital de televisión educativa, EDUSAT20. Si bien, varios autores han destacado los efectos negativos de este fenómeno, no puede soslayarse su contribución a la unificación lingüística, a diferencia de la radio y los 20 . Datos tomados de los :Anuarios estadísticos de la Secretaría de Comunicaciones y Transportes. México, SCT, años 1990 a 1997.
  17. 17. 17 periódicos, ya que tiene las características de realismo e informalidad que facilitan la comprensión. La televisión se ha convertido hoy en una de las fuentes principales de entretenimiento, no obstante, la actitud hacia este medio, es ambivalente: por una parte se desconfía de su poder de manipulación, debido al predominio de unos cuantos canales durante un largo período de tiempoy a la posición oficialista que mantuvieron, por la otra, se desconfía de su influencia cultural, a través de los valores que se transmiten en la programación de las series, principalmente, extranjeras. Lo anterior se confirma en las respuestas a la pregunta ¿Qué tan poderosa cree Ud que en nuestro país sea la televisión? el 36.4% opinó que la Telelvisión y la prensa tenían mucho poder y el 26.8% dijo que tenían demasiado; Igualmente, al preguntar: Y ¿Qué confianza le inspiran?, el 36.3% mencionó que tenía poca confianza y un 31.4% de los entrevistados señaló que tenía algo de confianza en la Televisión y la prensa. A la pregunta ¿Qué efecto cree usted que tienen sobre costumbres y tradiciones los programas de televisión mexicanos y extranjeros: para el 26.6% de los entrevistados la televisión tiene un efecto positivo; mientras que un 31.5% señaló que los programas nacionales de televisión tienen un efecto algo positivo sobre las costumbres y tradiciones. Asimismo, al 27.5% de los encuestados le parecieron negativos los efectos de los programas americanos de T.V. y al 19% ni positivos ni negativos. Los procesos de unificación lingüística propiciados por la televisión han erosionado barreras, han atenuado antiguos aislamientos, insinuando modelos y estilos de vida urbanos en situaciones marginales y rurales, aunque por otra parte; no han producido una elevación de los niveles culturales o una nivelación del conocimiento generalizado. No obstante, no se cumplieron las teorías apocalípticas de los años setenta sobre la industria cultural. A nivel individual, el consumo de la televisión no impide otras formas “más cultas” del consumo cultural, como la lectura de libros; y el empleo del tiempo libre resultaría más articulado y variado que el de aquellos que no ven la televisión. Sin embargo, en México, el hábito de la lectura está poco difundido entre la población. A la pregunta: ¿Cuántos libros leyó usted el año pasado?, la mayoría de los entrevistados (33.2%) respondió que ninguno, el 22.9% leyó de 1 a 2 libros, el 18.2% de 3 a 4 libros y el 13.5% de 5 a 9 libros. Solamente un 7.8% leyó de 10 a 19 libros y apenas el 5.5% leyó más de 20 libros al año.
  18. 18. 18 En el plano colectivo, la expansión del medio televisivo va de la mano, no sólo con el aumento de otras formas de acceso a la vía cultural, sino que también ha contribuido, en particular en los últimos años, a la revitalización de la información y conciencia sobre la política y el deseo de participación. Las tradiciones En los últimos años, se ha observado una preocupación por la recuperación de algunas tradiciones lo que, más que indicar un retorno localista a la tradición, es la expresión de cierta nostalgia por la lejanía del origen y la intención de reconstituir con éste, una relación de referencia. Ello es más una expresión de la complejidad, que del atraso de la sociedad actual. Así, al solicitar a los encuestados que señalaran qué es lo correcto con respecto a las costumbres y tradiciones, el 40.3% opinó que no deben cambiar, ya que constituyen nuestra herencia y un 35.5% opinó que están en crisis, como resultado de una sociedad cambiante. Las tradiciones no se contemplan como opuestas al desarrollo, sino como la necesidad de mantener el sentido de pertenencia. A la pregunta: Si realmente queremos progresar, debemos olvidar costumbres y tradiciones y adoptar otras nuevas. Al respecto el 60.9% estuvo en desacuerdo, mientras que casi un tercio (el 32.0%) afirmó estar de acuerdo. Los cambios sociales se viven con inquietud, especialmente por el temor al olvido de la herencia cultural. En la ENVM se planteó la siguiente pregunta: Nuestra sociedad ha cambiado. Dígame si observa aumento o disminución en las tendencias que le mencionaré, así como si el cambio es bueno o malo. En cuanto a la conservación de las costumbres y tradiciones, el 68.9% piensa que disminuyeron, mientras que un 25.2% opina que aumentaron; entre tanto, el 66.0% considera que el cambio es malo y sólo menos de un tercio (el 27.1%) lo calificó como bueno. Los procesos anteriormente descritos que tienden a generar homogeneidad, agitan viejas diferencias culturales sin crear al mismo tiempo nuevas diferencias, o permitiendo expresarse a los antiguos conflictos bajo formas nuevas o distintas. También algunos valores resienten modificaciones. Los diversos indicios permitirían afirmar que, el particularismo no es ya una clave principal de lectura de la sociedad mexicana.
  19. 19. 19 Procesos de diferenciación: movilidad social y participación política Otros procesos que han modificado las formas de la interacción social y de los mecanismos de socialización han contribuido a aumentar la diferenciación cultural. Un primero, fue el aumento de la movilidad social que hasta la década de los ochenta caracterizó a la sociedad mexicana. El segundo, es el aumento de la participación política. Entre 1950 y 1970, México logró tasas de crecimiento económico elevadas que promediaron anualmente 6.6%, lo que significó un aumento del 3% anual del producto per cápita del país. El año de 1973 marca el fin del período conocido como de desarrollo estabilizador. En ese año se inició un período de inestabilidad en los precios, en los montos de la inversión y en el crecimiento del PIB. En 1976 los salarios reales comenzaron a deteriorarse y se inició el aumento del endeudamiento público. En 1982 el país entró en una crisis de deuda y se introdujeron medidas de ajuste, por lo que el PIB entre 1980 y 1994 tuvo una tasa de crecimiento media anual de 1.9%. El crecimiento del PIB estuvo por debajo del aumento de la población21. La percepción de los entrevistados con respecto a la economía es muy negativa. Así, un 77.2% de las personas encuestadas piensa que en los últimos años los ricos se han vuelto más ricos y los pobres más pobres, mientras que se manifestó en desacuerdo sólo el 16.6%. No obstante, con respecto a la crisis económica, la opinión está dividida: un 47.2% considera que la crisis permite mayor solidaridad y unión de la comunidad, mientrs que, para el 46.2% la crisis implica mayor competencia y violencia social. Igualmente el 48.5% de los entrevistados es optimista y considera que en el futuro recuperaremos el nivel de bienestar; para el 41.4%, en contraste, la crisis implica que debemos aprender a vivir con menos. Se acentúa la percepción de que la salida de la crisis reside en el esfuerzo personal, así el 66.3% opina que saldremos de la crisis con nuestro propio esfuerzo, mientras que el 28.2% piensa que se saldrá de la crisis con la ayuda del gobierno. Igualmente, se considera por el 75.4% de los entrevistados que la mayor participación de la gente contribuirá a 21 . Fuente: INEGI, Estadísticas Históricas de México, 2 tomos.
  20. 20. 20 solucionar nuestros problemas, en cambio, un 16.1% piensa que la opción pedirle a la gente que haga más política no contribuirá a la solución de los problemas. Lo anterior muestra, a la vez, un cambio cultural que se orienta al abandono de las tendencias del providencialismo y marca como eje al propio esfuerzo, como podría significar también, una desilusión y desconfianza con la efectividad de las acciones del gobierno. Con el advenimiento de las crisis recurrentes de la economía y la implantación de una nueva política económica, el proceso de movilización se ha estancado, e incluso, ha comenzado a revertirse, en cambio, el proceso de participación política ha ido en aumento. La participación política es un fenómeno complejo, incluye mucho más que el voto: se manifiesta en la participación ciudadana, ya sea en asociaciones, manifestaciones, campañas, en la emisión de opiniones. La tendencia registrada en los últimos 50 años indica que la participación ciudadana va en aumento. En 1946 votó en las elecciones presidenciales el 47.30% de los ciudadanos inscritos en el padrón, para 1970 el número de ciudadanos que votaron representó el 14.06% y en 1994 el 35.29% Al mismo tiempo, la emisión del voto y las preferencias se han diversificado: desde 1958 el voto de los ciudadanos por el PRI en las elecciones presidenciales se ha venido reduciendo del 90% del total de los votos en 1958, al 49% en 199422. Instrumentos privilegiados de la participación política, los partidos políticos son vistos con desconfianza por una parte de la población. Mientras que por un lado se considera que los partidos influyen en las decisiones del gobierno ( 56.8% de los entrevistados), con cerca de un tercio ( 32.8%) en descuerdo; Por otro lado, al preguntar si se cree que los partidos políticos representan plenamente los intereses de la población, sólo el 6.9% estuvo muy de acuerdo, señaló estar de acuerdo el 29.4%; mientras que estuvo en desacuerdo el 44.7 % y muy en desacuerdo el 12.3% de los entrevistados. La percepción de los cambios acontecidos en la vida política mexicana en los últimos años está generalizada en la población, así la mayoría (53.3%) de los entrevistados consideró que la vida democrática y el respeto al voto han aumentado y sólo el 36.7% 22 . Fuente: Antonio Alonso Concheiro y Alicia García Futuros de la participación ciudadana en política. Suplemento Enfoque, Diario Reforma, 28 de noviembre de 1999
  21. 21. 21 piensa que disminuyeron; asimismo, el 64.2% de los entrevistados opina que la participación política en corrientes diversas ha aumentado, mientras que el 17.1% piensa que disminuyó. El aumento en la participación ciudadana registrado en las últimas dos décadas se confirma en la percepción de los entrevistados. Así, con respecto a la organización ciudadana el 60.9% piensa que aumentó y un 32.6% que disminuyó. Las demostraciones, plantones y marchas de protesta en la percepción del 82.3% de los entrevistados aumentaron, mientras que para el 9.3% disminuyeron. El aumento en las demostraciones, plantones y marchas es calificado negativamente al ser considerado como malo por más de la mitad de los entrevistados (57.9%), debido a los trastornos que causan en la rutina de la vida cotidiana de la población. De cualquier manera, un 61.1% opinó que sería deseable para México que otros partidos alcancen el poder, en contraste, el 26.9% estuvo en desacuerdo. Movilidad social La movilidad social, como señalaba Mannheim23 en la primera mitad del siglo, cuando se sobrepone e interactúa con la movilidad territorial, tiende a erosionar la certeza y la estabilidad de las concepciones tradicionales de mundo y a revelar una multiplicidad de modos de pensar y estilos de vida. Por otra parte, la movilidad vertical –de una clase a otra- y horizontal –de un espacio a otro-, han contribuido a crear nuevas amalgamas, generando nuevas formas de estratificación, reduciendo antiguas divergencias culturales entre regiones geográficas y profundizando otras. Al mismo tiempo, proliferan en los medios urbano y rural asociaciones de base étnica-regional, que son más activas y que, lejos de evidenciar la existencia de residuos sub-culturales, representan una respuesta a la dificultad de la integración cultural, capaces de contribuir de manera innovativa a la tradición y a la modernidad. La movilidad social en la sociedad mexicana ha tendido a disminuir por las crisis económicas de las últimas décadas. Las recurrentes crisis han imposibilitado el acceso de una buena parte de la población a bienes y servicios, y con ello, también a un capital 23 . Mannheim, Karl: “El problema de las generaciones” en Sociología del Colmocimiento, México, F.C.E.
  22. 22. 22 cultural determinado. Así al preguntar ¿cuáles son los problemas más importantes de su comunidad, la mayoría de los entrevistados señaló en primer lugar el desempleo 43.8%, y en segundo, la educación (30.0%). En la ENVM, los entrevistados se autoubicaron en su mayoría como pertenecientes a la clase trabajadora (53.6%), seguidos por el 36.9% de quienes se perciben como miembros de la clase media. Sólo un 5% señaló pertenecer a la clase alta y el 4.5% no supo como ubicarse. Más de un tercio de los entrevistados afirmó vivir igual o peor que sus padres. Al preguntar Piensa usted que con respecto a sus padres vive: un 17.8% de los entrevistados respondió que mucho mejor, el 46.9% afirmó que mejor, el 27.5% señaló que vive igual y sólo el 7.7% respondió que peor. Las expectativas con respecto al nivel de vida de los hijos en el futuro son optimistas, así; la mayoría (47.3%) considera que sus hijos vivirán mejor, el 26.1% opina que mucho mejor, para el 19.2% de los entrevistados sus hijos vivirán igual y sólo el 7.3% considera que vivirán peor. Una faceta de la movilidad social que puede considerarse relevante y contradictoria en el plano cultural y de la formación de la identidad, y que debería profundizarse en investigaciones específicas, es el de la extrema heterogeneidad de la clase media. La heterogeneidad, desde el punto de vista de la pertenencia social, en ciertos medios puede provocar en el individuo el surgimiento de conflictos entre modelos culturales y estilos de vida distintos y generar una incertidumbre de status, lo que se revierte a su vez sobre la identidad. Al mismo tiempo, las diferencias de orientaciones interindividuales y de comportamiento, sugieren que la socialización de los hijos viene a darse en condiciones mayormente contradictorias, aunque no necesariamente conflictuales, en las cuales coexisten modelos culturales diversos y contrastantes. Los cambios en la familia Otro proceso social que ha modificado considerablemente los modelos y las formas de socialización y de transmisión cultural, tiene que ver con las rápidas transformaciones en la familia mexicana desde los años setenta hasta hoy. El desarrollo en esos años de importantes campañas de planificación familiar y el acceso de las mujeres en forma masiva a los métodos modernos de anticoncepción, llevaron a la disminución de las tasas de
  23. 23. 23 fecundidad. De 1930 a 1965 el promedio de hijos por mujer se mantuvo en alrededor de 6.5 hijos. El inicio del descenso de la fecundidad se sitúa alrededor de 1965, aunque su disminución es más acentuada en los primeros años de los setentas, para 1995 alcanza un nivel de 2.8 hijos24, permitiendo la inserción de las mujeres en el mundo del trabajo. Igualmente, disminuyen a partir de los setentas las familias extensas o ampliadas que en 1980 representaban el 25.5%, para 1990 disminuyeron a 18.3%, hecho que repercute en las relaciones de poder y valores dentro de las familias. Aparece también una tendencia al incremento en los hogares monoparentales que de constituir el 6.8% en 1976, alcanzan un 8.5% en 199525. Los cambios en la familia son percibidos claramente por la población, que valora algunos de ellos en forma negativa. A la pregunta: Nuestra sociedad está cambiando, dígame si observa un aumento o disminución en las tendencias que le mencionaré, así como si el cambio es bueno o malo, la mayoría (70.1%) de los entrevistados con respecto a las Familias con un solo padre/madre, piensa que aumentaron y un 19.3% que disminuyeron; por otra parte, un 75.4% califica a este cambio como malo y sólo un 14.3% lo valora como bueno. Igualmente, han cambiado las percepciones sobre la autoridad de los padres. Al solicitar a los entrevistados que escogieran el refrán o la frase con la que está más de acuerdo El 41.5% piensa que Nunca debes de cuestionar a tus padres; mientras que para el 58.5% Los padres también cometen errores. Cabe mencionar que en todas las regiones del país los porcentajes obtenidos por la segunda frase fueron siempre mayores que la primera, no obstante, las tendencias a cuestionar la autoridad absoluta de los padres destacan en la ZMCM con 66.5% y la zona Norte con 62.6%, mientras que la frase nunca debes cuestionar a tus padres alcanzó porcentajes mayores en el Sureste (47.7%) y la zona Centro del país (43.3%). Es posible observar que, por lo que respecta al contenido de una cultura particularista centrada en el familismo y en situar a la mujer en un rol subordinado, ha habido grandes avances, pero aún, existen deficiencias en la condición de la mujer. Para la 24 . Fuente: XI Censo de Población y Vivienda de 1990. 25 . Fuente: Ma. De la Paz López: “Transformaciones familiares y domésticas. Las mujeres protgonistas de los cambios”, Demos, IISUNAM, no 11, 1998, p. 17-19
  24. 24. 24 mayoría (74.2%) de los entrevistados la independencia e igualdad de derechos de las mujeres aumentó y en opinión del 15.5% disminuyó. Así, mientras que el 89.7% piensa que ha aumentado la tendencia a que un mayor número de madres y mujeres trabajen y sólo el 6.2% opina que ha disminuido, este cambio es percibido por el 60.9% de los entrevistados como bueno, mientras que el 32.4% lo califica como malo. El plano del comportamiento ético La preocupación y el interés por los aspectos éticos y morales más allá del plano religioso, cobró auge en la sociedad mexicana desde mediados de los años ochenta. El énfasis en los valores provino inicialmente de agrupaciones vinculadas con la religión y se extendió paulatinamente a los ámbitos de las instituciones gubernamentales y privadas, de las instituciones empresariales, e incluso de las vinculadas con la política. La recuperación de los valores es considerada por los entrevistados como uno de los problemas más serios para la sociedad mexicana. A la pregunta qué tan de acuerdo está usted con que La pérdida de los valores morales es uno de los problemas más graves que enfrenta México, la mayoría de los encuestados (74.8%) estuvo de acuerdo y un 20.2% estuvo en desacuerdo. De esta manera, el 72.1% piensa que El gobierno debería promover los valores tradicionales; en cambio, sólo el 27.9% afirmó que debe ser imparcial con respecto a los valores. Esta preocupación que parece haberse extendido en la sociedad, oculta un doble filo: por una parte, pretende alentar la existencia de valores altruistas y democráticos, pero por la otra, esconde la intolerancia y el rechazo a las diferencias. Así, en la percepción de los entrevistados la Tolerancia y el relajamiento sexual, aumentaron (64.5%) tendencia que es calificada negativamente por un 51.7% que la considera mala, aunque un 24.7% la considera buena. Con respecto a la pregunta acerca de si se piensa que ha aumentado la Tolerancia a los homosexuales, la mayoría (71.6%) piensa que aumentó, no obstante un 56.5% califica a ese cambio negativamente y un 26.8% lo considera positivo
  25. 25. 25 Por lo que respecta a los indígenas y minorías étnicas, mientras que se percibe un aumento en su combatividad (61%), por otra parte este hecho se considera como negativo por un 46.9% y positivo por más de un tercio (35.8%). Finalmente, por lo que respecta a los derechos humanos, la opinión de los entrevistados está dividida: mientras que el 47.1% consideró que el respeto de los derechos humanos ha aumentado, un 43.5% piensa que ha disminuído. La expansión de la escolarización de las masas, la declinación de la familia extensa, la multiplicación de las oportunidades culturales y la movilidad social, modificaron indudablemente, la forma y los modos de la transmisión cultural en el sentido de que se está cerca de evidenciar una mayor diferenciación y un creciente policentrismo, aunque no es claro si puede hablarse también, de un cambio en los contenidos culturales de las relaciones y de las acciones colectivas. Las regiones y el centro Se puede señalar que, por lo que se refiere a los aspectos subjetivos de la cultura, se observa una afinidad mayor entre la ZMCM y la región norte. El dualismo norte-sur todavía no puede ser entendido como división sub-cultural, en cuanto que faltan dos requisitos fundamentales que son: la existencia de una red organizativa y una fuerte identidad colectiva ligada al territorio. En las respuestas a las diversas preguntas acerca de la relación entre el centro y las regiones en la ENVM surge por una parte, el sentimiento de pertenencia a la nación como un todo pero, al mismo tiempo, emerge también una demanda por el reconocimiento a la diversidad cultural y a la mayor autonomía política de las regiones. La pertenencia a la comunidad nacional se muestra en forma acusada en los entrevistados. Al preguntar si :Las gentes de su Estado o región sienten más orgullo por el terruño local que por la Patria grande, el 45.7% señaló estar en desacuerdo y el 29.8% dijo estar de acuerdo. Así, ante la posibilidad de Que su Estado o región tenga himno local propio que se cantara en vez del Himno Nacional, el 60.2% afirmó estar en desacuerdo y el 24.5% muy en desacuerdo; igualmente, en el caso de Que su Estado o región tenga moneda propia, el 53.3% manifestó su desacuerdo y el 26.5% señaló estar muy en desacuerdo; Finalmente,
  26. 26. 26 los entrevistados manifestaron en su mayoría (57.1%) su desacuerdo con Que su Estado o región honrara una bandera con símbolos regionales en vez de la Bandera Nacional, y el 29.5% afirmó estar muy en desacuerdo. Los encuestados no piensan que Las gentes de su Estado o región son diferentes y mejores que el resto de los mexicanos, ya que el 57.4% afirma estar en desacuerdo y el 19.9% estar muy en desacuerdo. En cambio, la idea de Que su Estado o región tenga mayor independencia, contó con el acuerdo del 56.7% de los entrevistados, mientras que el 18.6% dice estar muy de acuerdo. En el ámbito político se manifiesta un desacuerdo con la centralización de las decisiones y los recursos, así, al preguntar si El centralismo ha contribuido al desarollo del país, sólo estuvo de acuerdo un 23.6%, mientras que se manifestó en desacuerdo el 55.6% , un porcentaje muy alto, el 20.8% no supo. Asimismo, los entrevistados afirmaron estar en desacuerdo (72.3%) con que Los gobernadores de los estados deben aceptar decisiones del ejecutivo federal aún cuando no sean las mejores para su estado, solamente estuvo de acuerdo el 17.3%. ¿Particularismo o modernidad? El sentido de identificación de una comunidad más amplia que el pequeño grupo (familia, clan, etc.) debe representar una segunda dimensión a través de la cual se muestra la distancia de la cultura mexicana del particularismo. Siendo una dimensión tan compleja, podemos mencionar cuatro indicadores que pueden dar una idea clara de su evolución en el tiempo: el sentimiento de orgullo nacional, la evaluación del sistema político, la confianza en el sistema político y en la gente; y la disponibilidad a la acción pública. 1.El primer indicador se refiere al sentimiento del orgullo nacional que, como se ha mencionado, a finales de los años cincuenta era alto, no obstante, se acompañaba todavía de un cierto orgullo relativo al desempeño gubernamental. Hoy en día, el sentimiento de orgullo de ser mexicano es muy alto, dado que alcanza al 79.7% de los entrevistados, pero la percepción de los logros que como nación hemos alcanzado los mexicanos es muy baja y comprende al 73.6% de los entrevistados, si sumamos las respuestas de quienes
  27. 27. 27 consideraron que se encuentran poco satisfechos y nada satisfechos. Al mismo tiempo, el 52.4% de los entrevistados piensa que el orgullo nacional y patriotismo han disminuido. 2. Un segundo indicador tiene que ver con la evaluación del sistema político; que muestra una tendencia al desapego, evaluación que no se aleja mucho de la recogida a finales de los cincuenta. La corrupción se ha convertido en uno de los problemas asociados con el desempeño del sistema político. Así, al preguntar ¿Cuáles son los factores más importantes para el desarrollo de México? el 33.1% opinó que el gobierno no diga mentiras y el 29.7% señaló en segundo lugar, gente con ingenio e inteligencia; un 25.1% dice que cancelar la corrupción y un 23.6% considera que un gobierno que responda a las demandas el 17.9% piensa que Gente que trabaje duro; y el 17.3% afirmó que líderes políticos honestos. 3. El tercer indicador se refiere a la confianza en el propio país y en la gente, lo que tiene que ver con la disposición psicológica en la que se funda la legitimación y la cooperación hacia los otros en general. El nivel de confianza detectado entre la población en los cincuenta era muy bajo, hoy el sentimiento de desconfianza en los otros se encuentra arraigado en la mitad (50.3%) de la población encuestada, mientras que la otra mitad afirmó confiar en la mayoría de la gente. No obstante, esta desconfianza se manifiesta más claramente en torno a los gobernantes, dado que más de la mitad de los entrevistados se manifestó en descuerdo con la idea de confiar en ellos (52.3%) y el 77.2% considera que el respeto y la confianza en las autoridades disminuyó. La desconfianza hacia los extranjeros es aún más alta que hacia los mexicanos, ya que al preguntar si se está de acuerdo o en desacuerdo con la frase: Los extranjeros sólo desean aprovecharse de nosotros y explotar nuestros recursos, el 63.3% de los entrevistados se manifestó de acuerdo y sólo un 26.9% estuvo en desacuerdo. 4. Una última dimensión a tomar en consideración es la disponibilidad a la acción pública, o sea, a la participación en varias formas y modos de la vida democrática del país. Esta es la dimensión más compleja de analizar en su evolución temporal, no tanto por la carencia de datos, que son muy numerosos y han sido muy estudiados, sino porque presentan interpretaciones muy diversas según los indicadores considerados. Se necesita entonces, distinguir cuatro categorías de orientaciones: a) Los juicios sobre el sistema político y el régimen democrático, considerados abstractamente; b) en
  28. 28. 28 comparación con los juicios sobre el funcionamiento concreto del aparato estatal; y c) la participación política, en sentido estricto, sea institucionalizada (partidos, voto), sea “invisible” (información e intereses políticos); entendida como d) distinta del compromiso público (voluntariado social, manifestación de temas sensibles de interés general), y las formas de protesta no institucionalizadas. De esta manera, mientras que los juicios sobre el sistema político, considerado abstractamente, tenderían a ser, más bien favorables, dado que el 53.3% piensa que la vida democrática y el respeto al voto aumentaron, y un 48.4% está de acuerdo en que la libertad de palabra nos permite expresar opiniones contrarias al gobierno sin temor; Los juicios relativos al funcionamiento concreto del aparato estatal son muy negativos: así, un 57.9% estaría de acuerdo con la afirmación de que las leyes benefician y favorecen a ricos y poderosos; y son pocos (28.7%) los entrevistados que afirman haberse beneficiado de las acciones y programas del gobierno. Por otra parte, la mayoría (79.5%) de los encuestados piensan que la corrupción de los empleados del gobierno aumentó, al mismo tiempo que consideran que disminuyeron su profesionalismo y capacidad (50.2%). Con respecto a la participación política, aparece clara para la mayoría de los entrevistados la distinción entre la participación a través de los canales institucionales; y el compromiso público y las formas de participación no institucionalizadas. Así, mientras que por una parte, la mayoría (60.8%) de las personas entrevistadas, señaló que las elecciones contribuyen a tener un mejor gobierno, y se reconoce la influencia de los partidos políticos en las decisiones del gobierno, Por la otra, se desconfía de ellos y no se considera que representen plenamente los intereses de la población. Lo anterior, trae como consecuencia una disminución de la participación a través de los canales institucionalizados y el aumento de la participación, especialmente, de los jóvenes y las mujeres en organizaciones de carácter distinto. Así, más personas (48.2%) estuvieron de acuerdo con que Ante la falta de democracia debemos de organizarnos y luchar por medio de la resistencia civil, mientras que estuvo en desacuerdo el 39.2% de los entrevistados. Por otra parte, se encuentra presente la concepción de la democracia con una valoración altamente positiva por parte de los entrevistados, quienes manifestaron en su mayoría (64.5%) estar de acuerdo con que debemos avanzar hacia un gobierno más
  29. 29. 29 democrático aún con ciertas restricciones. La percepción de los entrevistados sobre la autoridad política refleja un alejamiento de los valores tradicionales de la aceptación de la autoridad, de tal modo que a la pregunta: Cuando la gente no se pone de acuerdo debe aceptar la decisión del líder, el 52.7% manifestó su desacuerdo, mientras el 38.6% afirmó estar de acuerdo. Así, también, aparece claramente una preferencia por las formas democráticas para la toma de decisiones, lo que se muestra en las respuestas a la pregunta: Los asuntos importantes del país deberían decidirse por plesbicito, en donde el 42.2% está de acuerdo, el 12.5% muy de acuerdo y un 24.5% manifestó su desacuerdo. Si en los tres primeros indicadores anteriormente mencionados,: el orgullo nacional, la evaluación del sistema político y la confianza en la gente, no encontramos cambios radicales en comparación con los años cincuenta, es precisamente en la cuarta dimensión, la disponibilidad a la acción pública, en donde es posible radicar cambios acentuados con respecto a los detectados en investigaciones más tempranas. Si tenemos presente esta distinción, el panorama se presenta menos contradictorio de lo que aparece a primera vista. Mientras que la tendencia hacia la valoración de la acción ciudadana tiende a aumentar, se pone de manifiesto la crisis de legitimación de la clase política y gobernante. Los resultados de estos datos, sugieren la hipótesis de la declinación de aquellas orientaciones más directamente relacionadas a las formas tradicionales de la política y su sustitución paulatina por formas nuevas que surgen del profundo clima de insatisfacción por el funcionamiento concreto del aparato estatal y de los partidos. Conclusiones Al analizar en este trabajo algunos rasgos de la cultura mexicana de hoy y sus procesos de cambio, podemos arribar a la conclusión de que el particularismo no constituye más una clave de lectura adecuada para entender las transformaciones de la sociedad mexicana. Se examinaron aquí, algunas dimensiones que conducen a la unificación cultural, tales como la escolarización general, el papel de los medios de comunicación masiva, el plano del compromiso ético y las tradiciones; así como también los procesos de
  30. 30. 30 diferenciación cultural como la movilidad social y la participación política, la creación de una cultura juvenil y los cambios en la familia, la relación entre el centro y las regiones. Encontramos que la diferenciación cultural en la sociedad mexicana muestra aspectos altamente contradictorios que, lejos de prefigurar soluciones unívocas o desarrollos unilineales, dan lugar a combinaciones, aparentemente paradójicas, de tradición y modernidad, de individualismo y solidarismo, de valores autorealizativos y altruistas. Los procesos que unifican y hacen homogénea culturalmente a nuestra sociedad, no sólo crean nuevas diferencias y nuevas fracturas culturales, como cuando la movilidad de la urbanización genera nuevas estratificaciones urbanas de tipo cultural y étnico que se sobreponen a las estratificaciones de clase; sino que permiten que antiguas divisiones y diferencias surjan hoy, aunque bajo nuevos ropajes. Los localismos, regionalismos, renacimientos étnicos, difundidos hoy en nuestra sociedad, no son simples expresiones de un retardo cultural que testimonian una inversión de la marcha de la modernización. Estos fenómenos son distintos del pasado, por lo menos, en cuanto que no implican un aislamiento dentro de sus propios confines, sin embargo, es la valorización de la propia diversidad la que deviene en elemento portador de una identidad colectiva. Como ha subrayado Smith26, en la base de los renacimientos étnicos actuales, se encuentra el lenguaje unificador del nacionalismo. Es el Estado-nación construido sobre la amnesia de las diferencias culturales preexistentes (Gellner)27, bajo algunas de las cuales se agita una homogeneidad impuesta. Se observa, una tendencia paulatina, si bien muy matizada todavía, a la adopción de los valores de apertura y autonomía, que comienzan a expresarse, principalmente, en el plano de la participación política, en la cultura juvenil y en la disponibilidad hacia la acción y el compromiso públicos; mientras que, en contraste, algunos procesos que contribuyen a la diferenciación cultural, como la movilidad social, parecen haberse estancado por el impacto de las crisis económicas. Finalmente, si bien los circuitos sociales en los que se mueven los individuos tienden a ser cada vez más amplios, no podríamos hablar todavía de una orientación individualista en la sociedad mexicana, dado que la fuente primaria de la pertenencia continúa siendo la familia, que ocupa todavía un lugar importante en nuestra sociedad. 26 . Smith, A. :The Ethnic Revival, Cambridge, Cambridge University Press, 1981. 27 . Gellner, E.: Culture, identity and politics, London, Sage, 1987.
  31. 31. 31
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