En la Argentina, a pesar de que no hay cifras exactas, se calcula que alrededor de 1.500.000 chicos trabajan todos los días
La presencia de chicos que viven en las
calles parece causar indiferencia en varios
sectores de la sociedad, donde la
situación pasó a formar parte del aspecto
cotidiano de las ciudades.
Empujados por la necesidad de sobrevivir, la cantidad de menores que mendigan por las calles aumentó considerablemente, en particular en algunas zonas, como las estaciones de trenes, subtes, el microcentro porteño y lugares de mayor actividad comercial.
Como emergentes de familias empujadas a sobrevivir de cualquier manera, la cantidad de estos niños creció numéricamente
el porcentaje de niñas, que rondaba el 18, alcanzó el 30 por ciento; este fenómeno es resultado de que los adultos, al tener menos posibilidades de trabajo, las liberan de la necesidad de permanecer en el hogar a cargo de sus hermanos menores.
Los chicos dejan de asistir a clase o lo hacen irregularmente y, en consecuencia, presentan un analfabetismo de tipo funcional que, una vez más -como siempre se ha destacado desde estas columnas-, nos obliga a hacer hincapié en la importancia de dedicar esfuerzos y recursos a la educación, pilar fundamental en la construcción de un futuro mejor.
estos niños viven permanentemente en la calle, en situación de alta vulnerabilidad, enfrentando el riesgo de ser explotados física, económica y sexualmente, llegando en ciertos casos a la perdida de sus vidas
Hay que comprometernos a trabajar por un futuro mejor para todos, ya que no puede quedar exclusivamente en manos de las instituciones de la sociedad civil o de bienintencionados particulares. El Estado debe asumir un rol decisivo en la protección de la minoridad en riesgo y garantizar para ello su atención integral. La entrega de los fondos de ayuda social, por ejemplo, debería condicionarse a la asistencia de los hijos a la escuela.
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