JÓVENES Y ADOLESCENTES ENTRE LA ESCUELA Y LA FAMILIA La construcción de la subjetividad en tres relatos de vida - Presentation Transcript
JÓVENES Y ADOLESCENTES ENTRE LA ESCUELA Y LA
FAMILIA
La construcción de la subjetividad en tres relatos de vida
Por:
Silvia Beatriz Juncos
Centenario, marzo de 2006
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INTRODUCCIÓN
Este trabajo consiste en la elaboración de tres relatos de vida de alumnos jóvenes
- adolescentes que concurren a una escuela para adultos en una localidad de la provincia
de Neuquén, ubicada a pocos kilómetros de la ciudad capital.
La inquietud por indagar acerca de la historia de vida de los alumnos nace a
partir de una investigación evaluativa con orientación participante, sobre la
implementación de un plan de estudios post-primario de tres años de duración,
destinado a la formación de Auxiliares Técnicos Polivalentes (A.T.P.)1. Es desde este
proyecto marco que surge la necesidad de conocer a los alumnos a fin de brindar a los
profesores de la institución algunos elementos necesarios para la adecuación de sus
prácticas pedagógicas a las características y necesidades de los mismos, estimando
como adecuado el abordaje de dicho conocimiento a partir de los relatos de vida.
El universo está constituido por la totalidad de alumnos que cursan o han
cursado el A.T.P. en la escuela para adultos en cuestión, en tanto que la unidad de
análisis se circunscribe a cada uno de los cuatro jóvenes a quienes se les han realizado
entrevistas biográficas2. El objeto de estudio es la subjetividad de los alumnos y los
procesos que intervienen en su construcción, estando la búsqueda dirigida a contestar
los interrogantes relativos a ¿quiénes son los alumnos que concurren al A.T.P.?,
pregunta ésta que orienta la indagación en el abordaje del problema. El modo de
aproximación a este objeto intenta explorar los sentidos y significados que los propios
sujetos otorgan a la construcción de su vida. El sujeto del que hablamos es un joven que
concurre a una escuela de formación de mano de obra especializada en una localidad
cercana a Neuquén capital, acerca de quien ya contamos con alguna información
obtenida a partir de la investigación evaluativa mencionada más arriba. Pero, insistimos,
¿quién es él? ¿quién es este sujeto?, y más precisamente: ¿quién dice él que es? Y,
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Este trabajo de investigación, del cual se dan detalles más adelante, estuvo en marcha entre los años
2001 y 2003 siendo el objeto de estudio la propuesta curricular del curso de A.T.P. como parte de la
propuesta pedagógica del Centro de Mano de Obra Especializada, analizándola desde las significaciones
de los actores involucrados.
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De los cuales sólo se presentan tres relatos de vida debido a la imposibilidad de realizar la totalidad de
entrevistas planificadas al cuarto alumno.
2
relacionado con este interrogante, ¿cuáles son sus razones y motivos para ser y hacer?
¿cuál es el sentido que atribuye a su vida y a sus experiencias? ¿cómo es el sujeto que él
construye de sí mismo? Es decir, y para volver a la pregunta inicial ¿quién es este
sujeto? Al hacer referencia al sujeto estamos pensando al mismo no como un hecho
acabado, sino como un proceso en constante devenir que implica el tejido de un
conjunto de redes de experiencia en los individuos y en los grupos.
El tema general en el que se enmarca este trabajo es el referido a la subjetividad
de los alumnos que se desea conocer, los procesos que intervienen en su construcción –
en particular lo referido a la escuela- y los tópicos que aparecen como centrales en dicha
construcción, en tanto que los objetivos de la investigación son los siguientes:
Objetivo general:
Conocer la los alumnos que concurren al curso de A.T.P. o que han egresado
recientemente de él: ¿quiénes son?, ¿qué les pasa y qué les ha pasado en sus vidas?,
¿qué historias han vivido en la escuela y fuera de ella?, ¿qué piensan, qué buscan,
qué esperan?
Objetivos específicos:
Indagar acerca de la intervención de la familia y de la escuela en la construcción de
las subjetividades de los jóvenes protagonistas de los relatos. Abordar, en particular,
la construcción de ideas y prácticas alrededor del las problemáticas de género y
trabajo.
Inquirir acerca de la relación entre lo que se enseña en esta escuela de mano de obra
especializada y, más específicamente, en el curso de A.T.P. y la vida laboral y
familiar de los alumnos.
Se han elaborado tres relatos de vida correspondientes a tres alumnos varones de
entre 17 y 21 años, dos de ellos egresados el año anterior a la realización de las
entrevistas y uno que –en ese momento- se encontraba cursando el último año, siendo el
trabajo de campo realizado entre los años 2003 y 2004 en el Centro de Mano de Obra
Especializada3.
3
En adelante Ce.M.O.E.
3
La vuelta de este trabajo a la escuela está pensada como una forma de retomar la
tarea en el proyecto de investigación marco, la cual se encuentra suspendida por el
momento por diversas razones que no hacen al interés de este trabajo mencionar. Por
otra parte, también se realizó la devolución de los relatos a los alumnos entrevistados a
fin de rescatar sus impresiones y juicios al respecto.
Con respecto a la organización general de este texto, en la primera parte se
aborda el análisis del lugar de los relatos de vida en la investigación en ciencias sociales
en general y educativa en particular, en tanto que en la segunda se narra el proceso
recorrido por esta tarea investigativa. En la tercera parte están agrupados los relatos de
vida de los jóvenes entrevistados y en la cuarta se aborda un trabajo fundamentalmente
interpretativo relacionando, para el caso de los relatos elaborados, las instituciones
familiar y escolar con la construcción de la subjetividad en sus dimensiones de género y
trabajo.
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I. LOS RELATOS DE VIDA Y LA INVESTIGACIÓN
EDUCATIVA
Quiero decir que no puedo plegarme a la creencia tradicional que
postula un divorcio entre la naturaleza de la objetividad del sabio y la
subjetividad del escritor, como si uno estuviera dotado de “libertad” y el
otro de “vocación”, ambas adecuadas para escamotear o para sublimar
los límites reales de su situación; reclamo vivir plenamente la
contradicción de mi tiempo, que puede hacer de un sarcasmo la
condición de verdad.
Roland Barthes: “Mitologías”
a. ¿Por qué conocer a los alumnos?
Si nos detenemos a pensar en cuál es el sentido del conocimiento de los
alumnos, nos persigue esta idea según la cual la enseñanza se construye sobre tres
pilares: el maestro, el alumno y los saberes que entre ambos comercian. La falacia de la
modernidad, consistente en afirmar que al maestro le basta con saber muy bien lo que
debe enseñar para llevar a cabo su tarea, ha sido una idea dominante en la pedagogía
que se funda en dos argumentos endebles: por un lado la idea de que todos los alumnos
-puestos a aprender- son iguales y por otro, el supuesto que califica al saber a enseñar
como único e indiscutible. En realidad, y esto es una deuda que la pedagogía tiene con
la psicología, sobre todo con la psicología infantil y también con la antropología,
sabemos ahora que los alumnos distan mucho de parecerse todos a ese modelo único y
ejemplar y que el conocimiento es también producto de una práctica política, razón por
la cual los certificados de verdad absoluta están en decadencia. Sobre éste último
problema no vamos a profundizar ya que no es el objeto de este trabajo, pero sí sobre el
primero ya que es en el reconocimiento de la diversidad existente entre los alumnos que
se funda la necesidad de conocerlos para poder aproximarnos a la enseñanza. Si los
alumnos ya son un calco del ideal, ¿quiénes son entonces?
La enseñanza busca dejar huellas, la discusión sobre cuáles son las acertadas y
cuáles las erradas nos remite a la naturaleza política o moral de toda práctica educativa.
Lo que define una práctica educativa es su inevitable persecución de fines (Carr, 1996),
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valorarla implica poner en cuestión la legitimidad de tales fines: ¿qué sujetos se
pretende formar? ¿cuál es la vida buena que se pregona como deseable? Por esta razón
la escuela y la enseñanza han sido ensalzadas y vituperadas por igual, elogiadas por su
promesa de hacer surgir a los pueblos de su miseria y barbarie o denostadas por –
herramientas del poder al fin- condenar a los ya condenados. Para los maestros y
maestras que caminan el aula cotidianamente, la toma de conciencia del carácter
político de su trabajo, los pone ante la ineludible tarea de construir estrategias de
enseñanza que persigan fines valorados como legítimos, debiendo decidir cuál es la
huella moralmente buena, sana, justa. Para los griegos, la “sabiduría práctica” (Carr,
1996: 100) permitía a los hombres encarar esta tarea deliberativa necesaria para decidir
qué medios utilizar, para conseguir cuáles fines.
Para tomar decisiones prácticas apropiadas4 es necesario estar informados y una
dimensión esencial de esta información es la que se refiere a los alumnos, esto es así en
tanto carece de sentido pensar la enseñanza sin el aprendizaje, ya que es este último el
que le da sentido a la práctica de enseñar. El propósito de toda enseñanza es provocar,
ayudar, acompañar al alumno para que este aprenda, por eso es necesario saber quiénes
son los alumnos, para pensar y tomar decisiones sobre qué enseñar, cómo enseñar, para
qué enseñar.
b. ¿Por qué utilizar relatos de vida para conocer a los
alumnos?
Viene bien que nos preguntemos ¿por qué escribir relatos de vida? y, en este
trabajo en particular, ¿qué de nuevo pueden aportar los relatos de vida al conocimiento
de los alumnos? Desde ya que estas preguntas no son nada nuevas ni originales, y es por
esta razón que diversos investigadores han recorrido el camino de las respuestas
posibles, que no son más que una justificación de la validez del conocimiento obtenido
a partir del enfoque biográfico. Para comenzar, es importante destacar que este modo de
hacer investigación en ciencias sociales surge en parte, como crítica -parcial o radical- a
la hegemonía del estructuralismo y el funcionalismo en dicho campo. Los relatos de
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No estamos hablando aquí desde una perspectiva eficientista (relacionando costos y beneficios), sino
desde una perspectiva ética que implica poner en discusión qué es lo justo, lo valioso, lo bueno.
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vida -elaborados a partir de narraciones conversacionales- son una de las formas que
asume lo biográfico y tienen que ver con una característica propia de la cultura
contemporánea, el retorno al “sujeto”. Por otra parte, son también una forma de
responder a la crisis de los modelos objetivistas en ciencias sociales, los cuales se
fundan en una concepción positivista de la ciencia
Desde los años setenta, la elaboración de relatos de vida ha cobrado impulso en
el área de las ciencias sociales, por ejemplo, en el terreno de la Historia existe un
movimiento denominado Historia Oral que recupera el valor del relato. Al decir de M.
Chirico, “hay quienes aspiran a constituirla en la Historia de los sectores excluidos o
marginales, del hombre y la mujer común, del mundo popular, de las minorías étnicas,
entendiendo también que su tarea permite tomar la palabra a quienes han estado
privados de ese derecho” (1992: 9).
En los comienzos de la utilización del método biográfico, se prefería el análisis
de documentos secundarios (objetos, documentos escritos) por considerarlos más
objetivos que aquellos provenientes de las propias voces de las personas en estudio, en
tanto que en los modos actuales se trata -justamente- de recuperar los documentos
primarios provenientes de la interacción entre el investigador y los sujetos en cuestión.
Este es el ámbito específico de los relatos de vida que se construyen como narraciones
conversacionales (Chirico: idem), es decir: historias contadas por los sujetos
respondiendo a la demanda del investigador. Se trata de actos de habla ya que las
relaciones que se establecen entre entrevistador y entrevistado no se reducen a la
transmisión de información, sino que involucran a ambos sujetos como totalidades. En
este sentido, es posible afirmar que lo que se valora es la situación de comunicación
producida en la entrevista -instrumento privilegiado del enfoque biográfico- y los
intercambios realizados por los sujetos en el contexto de la misma. El producto -es
decir, el relato- es en sí mismo heterogéneo ya que convoca la presencia de -cuando
menos- dos voces y, además, porque en el transcurso de la narración van apareciendo
otros sujetos puestos allí por el recuerdo.
En principio, las historias de vida eran utilizadas como aportes complementarios
a la investigación: para comprender lo cotidiano, lo subjetivo, analizar cómo las
estructuras sociales aparecen en la constitución misma de los sujetos. Este es el caso de
F. Ferrarotti (1988) quien -en la década del ’50- utilizaba la recopilación de historias de
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vida y documentos autobiográficos como herramienta auxiliar en una investigación de
corte tradicional, acerca del impacto de los procesos de industrialización en algunas
comunidades italianas. Posteriormente, este autor va a comprender que este uso de las
historias de vida restringía los aportes que desde las mismas podría hacerse al
conocimiento de lo social. Por esta razón va a reconocer a la historia de vida como un
método en sentido pleno que implica -necesariamente- la ruptura con los métodos
tradicionales de las ciencias sociales. Entenderá así al método biográfico como una
relación dialéctica entre lo dado (lo estructuralmente dado) y lo vivido. Pero, siguiendo
a Ferrarotti, ¿cómo es posible convertir en conocimiento científico la subjetividad
inherente a la autobiografía? Una respuesta posible nos indica que la vida de los seres
humanos, de los hombres y de las mujeres, es el universo singular. Los sujetos, en su
manera particular de apropiarse de las estructuras sociales e históricas en las que
transcurren sus vidas, singularizan la universalidad de dichas estructuras. Es decir, las
hacen propias, las traducen en lo vivido, pero no como si fueran determinaciones
imposibles de salvar, sino como condicionantes que impregnan la escritura de la historia
personal, subjetiva. Con relación también al problema de la validez científica de este
conocimiento, es posible apelar al concepto de habitus (P. Bourdieu), como “ese bagaje
individual que se proyecta (en la) praxis (del sujeto) y que es el resultado de la
internalización específica de las estructuras y sistemas de valores socio-culturales, fruto
del proceso de socialización ( Pujadas Muñoz, 1992: 11). En este sentido, en la vida del
sujeto, en lo que hace, dice y piensa, en todo lo singular, están expresadas -de diversa
manera- las estructuras generales o universales que lo preceden y condicionan. Al decir
de Carlos Piña (1988: 3) “hablar de la vida de una persona obliga a situarse al interior
de una ambigüedad que fluctúa entre la representación de una individualidad consistente
y, simultáneamente, el reconocimiento de un fenómeno supra individual”.
Desde aquellos inicios del camino biográfico en las ciencias sociales a los que
hacíamos mención, variadas han sido las formas que el mismo ha asumido, entre ellas,
Carlos Piña (Idem: 2) distingue las siguientes:
• Historia de vida: se trata de una investigación sobre el recorrido biográfico de uno o
varios sujetos que utiliza gran cantidad y variedad de materiales, como por ejemplo:
relatos, documentos escritos, fotos, testimonios de otros sujetos.
• Relato de vida: se trata de la narración oral o escrita que un sujeto construye sobre
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su propia vida.
• Testimonio: es un relato por medio del cual una persona da cuenta de un hecho o
suceso del cual fue testigo.
Más allá de las diferencias, se trata siempre de bucear en la subjetividad, recorrer
los caminos de su construcción, distinguir en ella las huellas de las instituciones. Al
hacer referencia al sujeto estamos pensando al mismo como un conjunto de redes de
experiencia en los individuos y en los grupos (Dussel y Caruso, 1999: 33). Desde esta
perspectiva, podemos entender que los sujetos se construyen, no son algo dado de una
vez y para siempre y que los procesos a través de los cuales se construyen son
justamente sus experiencias de vida. Al hablar de experiencia estamos pensando en lo
que los sujetos hacen, piensan, sienten y no estamos restringiendo el campo al ámbito
del hacer. Tampoco podemos negar que el mundo de los hombres y de las mujeres, ha
sido hecho también por los hombres y las mujeres con diverso grado de protagonismo,
entonces es posible pensar que este mundo tampoco es algo dado sino que es
transformado, creado por la acción racional o no de los sujetos.
Así, el sujeto se mueve constantemente entre la libertad y la determinación; a
simple vista sus decisiones aparecen marcadas por las condiciones sociales, las leyes, su
historia personal y el peso y el significado del pasado en su actualidad. Pero la carga
determinante de estas estructuras nunca es completo, porque las estructuras en sí
mismas son incompletas, están en proceso de cambio y construcción. Este es el margen
de libertad del sujeto, su poder, el cual deriva justamente de la toma de conciencia de las
limitaciones a las que se halla sometido.
Ahora bien, es necesario destacar que el objeto de estudio de cualquiera de las
formas -señaladas más arriba- que asume el enfoque biográfico es el relato de vida y no
la vida a la que el mismo se refiere. Cuando los seres humanos contamos historias,
nuestra historia, lo hacemos de la manera que hemos a prendido a narrar, este es un
aprendizaje social. Los hechos aparecen en las historias relacionados entre sí en forma
no aleatoria sino necesaria: las cosas fueron de determinada manera por tales y cuales
razones. El tiempo es otra variable siempre presente: los sucesos que se cuentan
sucedieron en algún momento y están conectados con otros acontecimientos anteriores o
posteriores. Esto es lo que P. Bourdieu denomina la ilusión biográfica por la cual, al
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estar escuchando un relato de vida, pareciera ver desenvolverse a la vida misma a la que
hace referencia el relato. Lo que sucede en realidad es que el sujeto, puesto a contar su
historia produce un relato con sentido, organizado, coherente, construye un “sí mismo”
(Piña, 1988: 6) que parte -justamente- de la capacidad que tenemos las personas de
representarnos a nosotros mismos. La importancia del relato biográfico no radica
entonces, en su utilidad para saber cómo transcurrió efectivamente la vida de alguien
sino, en su valor para averiguar cómo ese alguien se representa su vida -para sí mismo y
para los otros- y cómo la cuenta.
Todo relato biográfico o autobiográfico es siempre una narración, no puede
desprenderse entonces de su carácter ficcional, por más que pretenda ser fiel testimonio
de hechos sucedidos en determinado momento y lugar. Es esta conciencia de la
narratividad lo que lleva a R. Robin a afirmar la imposible narración de sí mismo
(Robin, 1996: 64). Esta autora toma el concepto de identidad narrativa de Paul Ricoeur,
entendiéndola como la “construcción escrita u oral que una persona hace de sí misma y
para sí misma” (Idem: 37). Dicha identidad aparece como moviéndose entre dos polos:
mismidad e ipseidad, el primero se refiere a la estabilidad, a la continuidad, en tanto
que el segundo hace alusión a una identidad nunca terminada, a la promesa de sí mismo.
Las identidades que los sujetos construyen o asumen son por ello fluctuantes, en tanto
que lo que aparece en el relato biográfico es el resultado de una construcción identitaria
en un momento determinado, es como si se tratara de una fotografía que intenta captar
un proceso. Por otra parte, en dicho relato tiene gran importancia lo que el sujeto
proyecta ser y lo que cree haber sido, es decir la ficción, que -como buenos narradores-
sabemos incorporar a las historias que nos contamos y contamos a otros. En el caso
particular de este trabajo, cuyo objeto es la construcción de relatos de vida de alumnos
jóvenes y adolescentes, el sentido es el análisis de lo que ellos dicen sobre sí mismos,
sobre su propia historia de vida. En este relato que los jóvenes van armando podremos
vislumbrar cómo significan desde el presente su paso por dos instituciones fundantes y
fundadas por la modernidad: la escuela y la familia. El centro de atención es entonces,
esa relación encadenada de hechos que va surgiendo del decir de los entrevistados a
pedido de la entrevistadora. Construir estos relatos implica abordar el conocimiento de
los alumnos desde la perspectiva de la subjetividad, interesarnos por los significados
que ellos mismos construyen y han construido a lo largo de sus vidas, darle un
contenido cualitativo a lo que ya sabemos sobre sus condiciones de vida, escolares y de
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trabajo. Por otra parte, es necesario recordar que en el acto de enseñar, al igual que en
los relatos de vida, la palabra dicha o escrita cobra fundamental importancia,
brindándonos la posibilidad de indagar, conocer y profundizar alrededor de aquella
pregunta inicial: ¿quiénes son estos alumnos? La narrativa nos permite así, inscribir los
procesos de enseñanza y de aprendizaje en el contexto de una biografía (Bolívar y otros,
2001: 49).
Además, es necesario recordar que lo más importante que sucede en las escuelas
es la interacción entre personalidades puesta en juego en todo proceso educativo,
posibilitándonos la narrativa acceder a una información de primer orden para conocer de
un modo más profundo dicho proceso. Esto sin olvidar que lo personal es siempre
político y –por eso mismo- el conocimiento de un relato nos permitirá acercarnos, como
docentes, a un saber acerca de las condiciones generales en que se desenvuelven los
procesos de enseñanza y aprendizaje en el aula: sus condicionamientos, limitaciones y
posibilidades, brindando herramientas para el ejercicio deliberativo que supone decidir
qué enseñar y cómo enseñar.
Por último, configurándose la enseñanza -por ser una práctica social-, como un
espacio de poder, es innegable que la voz de los alumnos ha estado pocas veces presente
en la investigación tradicional y, en la mayoría de los casos, ligada a las carencias, a lo
que los alumnos no saben o no poseen (habilidades, conocimientos, herramientas). En
este sentido, el enfoque biográfico puede ser visto como un intento de restituir la voz a
los alumnos, aunque sin caer en la ilusión de que la que se escucha en el relato es la voz
prístina de los mismos ya que eso sería negarlos como sujetos sociales y negar también
el lugar del investigador.
c. ¿Por qué realizar el análisis de los relatos a partir de
oposiciones lógicas?
Enfrentados a las palabras de los entrevistados ¿qué hacer con ellas?, una opción
podría ser presentar el relato tal como surge de la elaboración del sujeto, aunque ese tal
cual, ya sabemos que no es tan así porque ¿cómo hacer posible el registro fidedigno de
todo lo dicho no sólo en términos de lenguaje hablado sino también de silencios, gestos,
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expresiones?, tal copia de la realidad es seguramente una ilusión. Pero en fin, si no
podemos aspirar a tal fidelidad, ¿qué podemos pedirles a las palabras de los otros?, en
buena medida lo que encontremos en este trabajo arqueológico será el producto de la
interacción entre dos sujetos: el entrevistado y el entrevistador.
En esta tarea de estudio de las entrevistas realizadas, una estrategia que ha
resultado sumamente valiosa es el análisis de la identidad de Demazière y Dubar
(Kornblit, 2004: 25 y ss.). Estos autores toman la propuesta de Barthes para el análisis
de relatos literarios, quien identifica tres niveles diferentes aunque articulados entre sí
en cada relato: las secuencias, los actantes y los argumentos. En el modo de análisis
propuesto por Demazière y Dubar las secuencias comprenden la descripción de
acciones o situaciones presentadas como informaciones sobre hechos, los actantes
engloban las intervenciones de los personajes puestas de manifiesto por el entrevistado,
en tanto que las proposiciones argumentativas incluyen las afirmaciones y juicios de
valor del entrevistado con respecto a un episodio u objeto. El procedimiento consiste en
analizar longitudinalmente el relato de vida identificando secuencias, actantes y
proposiciones argumentativas para construir luego un cuadro teniendo en cuenta las
reiteraciones y también la interpretación del investigador. A partir de allí se intenta
relacionar, para cada relato, las oposiciones lógicas en cada una de las dimensiones
mencionadas. Esto permite construir una síntesis del relato que da cuenta de sus
aspectos más relevantes.
El trabajo con las oposiciones lógicas permite agrupar, diferenciar, identificar
diversos personajes y momentos a través de los cuales el entrevistado organiza su relato.
Por otra parte, en el análisis de las proposiciones argumentativas va apareciendo
claramente lo que el sujeto afirma sobre los hechos y personas –incluido él mismo-
involucrados en su vida, lo cual nos permite aproximarnos a qué es lo que considera
valioso y qué es lo desechable, qué es lo deseable y qué lo olvidable. Por supuesto que
esta no es una construcción estática, los sujetos se ven y valoran a sí mismos y a los
otros que aparecen en sus dichos de manera diferente en el transcurso del relato y –
seguramente- de la vida misma. Es por esta razón que en el análisis de las oposiciones
lógicas, aquel que podríamos decir que es el mismo personaje, yo, mi padre, mi madre,
aparece con distintas características en distintos momentos. De todas maneras, lo que
resulta común es la construcción de un sí mismo siempre con relación a otros, o como
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dice Piña (1988: 41) “el sí mismo construido en el relato en términos de un personaje no
significa que él quede definido por una simple enumeración de características y valores,
por su desarrollo lineal, repetición o cambio a través del relato, sino también, y
principalmente, por la oposición y relación que establece con otros personajes.
Oposiciones y relaciones que también pueden ir variando en el transcurso del discurso.”
Este nuevo ordenamiento de lo que a veces sale a borbotones en la palabra del
entrevistado es también una interpretación, una manera de entender lo que la palabra del
otro nos dice que también nos posibilita encontrar continuidades y diferencias entre un
relato y otro.
En el caso particular de los jóvenes que nos cuentan sus historias en este trabajo,
la percepción del tiempo fue, si no una dificultad, sí una circunstancia que le da a los
relatos un tono particular. Quizás sea solamente una intuición, pero el peso del tiempo
en estos casos está puesto en el futuro, siendo el pasado un tiempo menos elaborado que
lo que puede serlo –por ejemplo- para un adulto. Quizá de un adulto podemos esperar
más fácilmente la construcción de epifanías o turning-point (Denzin, 1989) en la
narración de su vida y esto en razón de que el relato no es la vida misma, sino una
interpretación que el sujeto hace desde el presente sobre su propia vida. Entonces, es la
vida que hemos vivido la que nos lleva a contar y a contarnos nuestra propia vida de un
modo particular. Para el caso de los jóvenes y adolescentes, es también así, cuentan su
vida desde su presente y este tiempo de hoy tiene mucho peso, porque es más lo que les
falta por vivir que lo que han vivido. Por supuesto que esto es bastante relativo ya que
muchas veces estos jóvenes hablan como adultos, por ejemplo sobre temas como el
trabajo, la esposa, los hijos.
En conclusión, el organizar el relato en términos de oposiciones lógicas puede
permitirnos vislumbrar momentos fundantes en la vida de los sujetos como por ejemplo
lo han sido en estas narraciones la pérdida de trabajo del padre, la separación de los
padres o la definición de una posición opuesta al padre alcohólico y golpeador.
d. ¿Por qué escribir en primera persona?
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Contar historias no suele ser una tarea asociada con las ciencias sociales, sino
más frecuentemente con la literatura. Pero ¿cuál es el límite entre ciencia y literatura?, o
mejor, ¿existe entre ambos modos de producir discursos una frontera imposible de
franquear? Las respuestas más cercanas, más a la mano que tenemos a estas preguntas
llevan consigo la marca de la modernidad. Desde esta perspectiva, la ciencia es un saber
alejado de la fantasía y próximo a la realidad, considerada ésta como aquel mundo
objetivo cuya existencia más allá del sujeto es indubitable. Las narrativas propias de la
literatura, en tanto, se acercan más a lo subjetivo, a lo pensado y –por qué no- a lo
soñado. Así, es impensable que se pueda hacer ciencia contando historias, en todo caso,
el científico social puede dedicarse a reconstruir la historia que –de por sí- tiene
existencia objetiva.
Ahora bien, todo está muy claro y libre de contradicciones hasta que empezamos
a hacernos preguntas alrededor del problema de la objetividad. Con respecto a esta
cuestión vale la pena recordar que el enfoque biográfico ha significado -en el campo de
las ciencias sociales- un retorno al humanismo y una reacción ante el positivismo y su
afán por cuantificar y controlar variables intentando transformar a dichas ciencias en
buenas copias de las llamadas ciencias naturales. Siguiendo a Pujadas Muñoz (1992),
podemos afirmar que esta corriente humanista lo es en tanto implica una recuperación
del “ser humano” con toda su subjetividad, lo cual es incompatible con la obsesión por
la objetividad propia del positivismo.
Esta objetividad de la que nos habla el positivismo es imposible en tanto implica
pensar que puede existir conocimiento con prescindencia del sujeto que conoce. Si bien
podemos afirmar que la realidad objetiva existe, no podemos negar que esa misma
realidad se transforma en objeto de conocimiento solamente con la presencia de un
sujeto que conoce, el cual lo hace con todo su ser y no sólo con sus sentidos. La
exigencia de objetividad –entendida a la manera positivista- ha tenido y continúa
teniendo aún una vasta influencia en los campos teórico y metodológico de las ciencias
sociales, en tanto que el retorno al sujeto ha significado una dura crítica a esta manera
de concebir la ciencia. Entonces, y volviendo a nuestra preocupación inicial, no es por
el respeto a la exigencia de objetividad que la ciencia se diferencia de la narrativa
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literaria, dado que en ambos campos la presencia del sujeto es indubitable, conformando
objetividad/subjetividad un par dialéctico necesario para comprender ambos procesos.
¿Cuáles son entonces las diferencias, los umbrales –tal como los denomina
Leonor Arfuch (2002: 184)- entre los relatos científicos y los literarios?5 En principio,
podríamos afirmar que los relatos como tales, ya sea que se trate de autobiografías,
biografías, testimonios o relatos de vida -que son las producciones que aquí nos
interesan por ser el objeto de este trabajo- tienen en común su trama narrativa y también
–entre otros aspectos- el hacer hincapié en la diversidad de significados, lo subjetivo, lo
cualitativo. Pero, a pesar de estas semejanzas, es indudable que el propósito del trabajo
científico es elaborar producciones que amplíen y complejicen el conocimiento del
mundo (el mundo social en este caso), es por eso que la definición de problemáticas y
propósitos del proceso investigativo es lo que da sentido a toda la tarea de
reconstrucción y análisis del objeto de estudio. En síntesis, estamos hablando de una
actitud no arbitraria hacia el objeto de estudio de las ciencias sociales basada en un
trabajo riguroso, aunque no por ello rígido6.
Estamos seguros que el enfoque biográfico implica volver la mirada sobre los
sujetos, y los sujetos cuentan historias o, como dice tan bellamente Denzin recordando a
Sartre: “todo lo que tenemos (...) son palabras. Nuestra humanidad y nuestra mismidad
descansan en las palabras que pronunciamos y apropiamos para nosotros. Estas
palabras, huecas, siempre vacías, enseñadas a otros, dichas y escritas por nosotros, son
todo lo que tenemos” (1989: 9). Pero, ¿qué hacer con las palabras dichas por otros?, y
aquí es importante recordar que las historias de vida son valoradas justamente por poner
de manifiesto la palabra de aquellos que generalmente no son escuchados por no ocupar
un lugar de poder en la estructura social: excluidos, marginales o gente común y
corriente que parecería no tener nada nuevo para decir. Se nos presenta aquí un
problema epistemológico y también moral importante: ¿cómo transcribir las palabras
dichas por esos seres anónimos a quienes hemos entrevistado?
Al respecto Regine Robin (1993: Conf. III) afirma que los científicos sociales se
ocupan más que nada de la información vertida en las entrevistas realizadas, dejando de
lado los silencios, las pausas que en el transcurso de las mismas va produciendo el
5
La autora utiliza estos términos para definir semejanzas y diferencias entre los relatos mediáticos y los
científicos.
6
Es en estos términos que Norma García (2004: 22-25) define a la objetividad en la ciencias sociales
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entrevistado. La autora propone entregar dichas entrevistas a escritores –sobre todo a
aquellos poco imaginativos- y a científicos sociales, y ver así cuál de las dos narraciones
producidas aporta más a las ciencias sociales. La conclusión paradojal sería que la
novela –la narración del escritor- aporta más que la historia de vida – la narración del
científico-. Argumenta su postura afirmando que son los escritores quienes pueden
profundizar en el análisis de las entrevistas detectando su estructura narrativa,
construyendo otra diferente, interpretando silencios y pausas, permitiéndose –como
narrador- decir “yo”, ponerse él en el lugar de la persona que habla. En síntesis, esta
narración permitiría acceder a la singularidad de la historia contada. Entonces, el
problema epistemológico al que hacíamos referencia está relacionado con los procesos
de interpretación, en tanto que el problema moral se relaciona con la cuestión del poder
para el uso de la palabra en el campo de la investigación. Con respecto al primer tópico,
escribir la palabra del otro en primera persona, es decir poniéndose el investigador en el
lugar del otro, puede traducirse en el ocultamiento de la interpretación que supone todo
proceso de escritura. El lenguaje de por sí ya es una interpretación, el entrevistado
construye un relato de sí mismo en el acto mismo de contar y seguramente la historia
que el entrevistado contó no es exactamente la que el entrevistador escuchó y a esto se
agrega el problema de la traducción de la oralidad a la escritura, lo cual significa el paso
por un nuevo tamiz, por una nueva reconstrucción. El lenguaje oral tiene códigos
diferentes al lenguaje escrito, para traducir el primero en términos del segundo algunos
sugieren el uso de determinados símbolos que nos permitirían –al investigador y a
cualquiera que lea la entrevista- comprender cómo fueron dándose los intercambios
comunicativos, identificar silencios, titubeos, superposiciones de voces y todos aquellos
matices que nos acerquen a una idea lo más cercana posible a lo que sucedió “en
realidad”. Aun a pesar de todos estos recaudos, no podemos olvidar que escribir o
desgrabar o llevar al papel una entrevista es siempre una interpretación, el lugar del
investigador como sujeto de conocimiento está siempre presente.
Si damos un paso más adelante nos enfrentamos con la escritura misma del
relato de vida, ¿cómo escribir? ¿como un narrador omnisciente? ¿intentando hacer
propia la palabra del otro?, en cualquier caso la escritura implica una traducción que –si
el trabajo es riguroso- deberá ser vigilado constantemente para no ocultar la voz del
narrador. En el caso de este trabajo los relatos están elaborados en primera persona, en
ellos es la palabra del entrevistado ha sido retomada sin tener en cuenta las
16
intervenciones del entrevistador, más aún cada una de las partes en las que se estructura
cada relato ha sido elaborada como correlato de las oposiciones lógicas elaboradas
previamente. En ningún caso los relatos tienen la pretensión de ser objetivos ya que, tal
como señalábamos anteriormente, han sido construidos con la conciencia de que los
procesos de interpretación intervienen desde el acto mismo de habla. Aun así, este estilo
fue elegido –coincidiendo con el aporte de Regine Robin que señalábamos más arriba-
con la convicción de que representa una manera acertada de contar estas historias,
porque permiten darle una trama narrativa adecuada para el lenguaje escrito sin perder
los acentos, los énfasis, los giros y la riqueza de la oralidad.
Decíamos más arriba que la escritura de los relatos nos remite también a
problemas éticos, y esto nos queda claro en cuanto recordamos que el enfoque
biográfico ha sido y es valorado justamente por la posibilidad que otorga de presentar la
palabra de los negados: los sujetos y grupos pertenecientes a clases subalternas, los
pobres, marginales, excluidos7. Pero entonces, ¿cómo esperar que en el relato aparezcan
estas voces si quien escribe las está negando al tomarlas como propias?, el dilema ético
radica aquí en el ocultamiento de la escena de producción del discurso y de la palabra
del investigador para dejar todo el lugar expresivo al entrevistado, lo cual –
paradojalmente- puede contribuir a afirmar la posición de autoridad del investigador8.
Intentando salvar este conflicto, lo que se ha hecho en principio es justamente no
negarlo, tomar conciencia del dilema y explicitarlo, asumiendo durante el proceso de
escritura una actitud vigilante que implicó el regreso constante al material escrito de las
entrevistas. Por otra parte, no se pretende que estos relatos constituyan una verdad
científica entendida a la manera positivista, pero eso sin duda no les quita valor como
modo de comprender la complejidad de la realidad social y –en este caso particular-
tanto la complejidad de las subjetividades de estos jóvenes que cuentan sus historias,
como el entrecruzamiento de laberintos que supone la construcción de las mismas.
7
Es cierto que quien hace investigación no es un donador de voz, pensar de esta manera implicaría
ubicarlo en un lugar de superioridad, alguien que posee la voz y que por lo tanto puede decidir cómo darla
y a quién darla. El investigador no es más que alguien que posee su propia voz y que –en el proceso de su
trabajo especifico- se construye cotidianamente a sí mismo en el intercambio con otros.
8
Este tema es abordado por Leonor Arfuch (2002: 193-194).
17
HISTORIA DEL TRABAJO
− Podrías decirme, por favor, cómo hago para salir de aquí, ¿qué
camino debo tomar?
− Eso depende del lugar al que quieras ir –respondió el gato.
− La verdad es que me da igual –dijo Alicia.
− Entonces da lo mismo cualquier camino que sigas –dijo el gato.
Lewis Carroll: “Alicia en el país de las maravillas”
a. La necesidad de conocer a los alumnos
Este trabajo de investigación nace como una tarea de indagación que se
desprende de una investigación evaluativa realizada sobre un plan curricular en marcha
en una escuela para adultos en la provincia de Neuquén. Dicha escuela, denominada
Centro de Mano de Obra Especializada (Ce.M.O.E.) funciona desde el año 1978 en una
localidad ubicada a quince kilómetros de la ciudad capital de la provincia, siendo creada
a solicitud de los vecinos de la misma como escuela para adultos, con el propósito de
responder a las demandas de una franja de la comunidad que había quedado fuera del
sistema educativo y reclamaba capacitación laboral. En principio, los cursos que se
dictaban eran cortos y estaban organizados en torno a jornadas de tres horas y media de
clase, con tres días destinados a taller y dos a teoría (cálculo, dibujo técnico e
integración cultural). En el año 1999 y sobre todo a instancias de los Maestros de
Enseñanza Práctica (M.E.P), se diseña un plan de estudios post – primario cuya
duración es de tres años, destinado a la formación de Auxiliares Técnicos Polivalentes
(A.T.P.). El mismo venía a atender el requerimiento creciente de capacitación por parte
de adolescentes y adultos jóvenes que habían empezado a poblar las aulas de las
escuelas destinadas –en principio- a adultos. El mencionado plan curricular está
organizado en torno al aula y al taller, en la primera se dictan materias tales como:
matemática, físico – química, seguridad industrial, lengua entre otras; en tanto que los
talleres se dividen en cuatro especialidades: técnicas agropecuarias, electricidad,
metalurgia y carpintería, siendo la asistencia a los mismos rotativa por parte de los
alumnos en el transcurso de los tres años que dura la carrera.
En el año 2001, cuando estaba próxima a egresar la primera promoción, varios
profesores de un Instituto de Formación Docente de la misma localidad fuimos
18
convocados por los profesores de la escuela para adultos para emprender un trabajo de
evaluación del plan de estudios mencionado a fin de tomar decisiones fundamentadas
sobre el mismo. El trabajo se inicia tomando la forma de una investigación evaluativa
que paulatinamente, va adquiriendo el carácter de investigación con orientación
participante.
A partir de la aproximación al campo realizada en el transcurso del año 2001,
cuatro fueron los conceptos – problemas que se delinearon: formación integral, técnico
polivalente, relación teoría – práctica y alumnos adolescentes. Continuándose durante el
año 2002 la profundización en los dos mencionados en último término. En la actualidad
y en este trabajo de investigación marco no se están realizando acciones concretas
debido –en gran medida- a las dificultades que representa llevar adelante esta tarea en
condiciones laborales que no la contemplan como trabajo.
Con respecto al conocimiento de los alumnos – adolescentes, las estrategias
utilizadas fueron, entre otras, entrevistas abiertas a docentes, cuestionarios escritos a
alumnos, elaboración de relatos escritos por parte de los alumnos. Este primer
acercamiento a los jóvenes de la escuela fue significativo en tanto brindó información
que permitió caracterizarlos, pero pensamos que era necesario ofrecer el espacio para
que la voz misma de los adolescentes esté presente con el sentido que ellos mismos le
dan como sujetos y este es el lugar que vienen a ocupar los relatos de vida de los
jóvenes en cuestión.
b. Pensar en los relatos
Se trataba entonces de conocer a los alumnos, saber cuál era el lugar que la
escuela ocupaba para ellos, qué sentido tenía en sus vidas, cuál era la relación entre lo
que se enseñaba en la misma y la vida laboral y familiar de los jóvenes que concurrían a
la institución.
Es entonces a partir de esta intencionalidad inicial que surge mi deseo de realizar
lo que en ese momento llamaba una historia de vida de alguno de los alumnos,
esperando contribuir de esa manera a las demandas que los profesores de la institución
nos realizaban insistentemente.
19
En principio comencé a asistir a algunas de las clases de Metodología de la
Investigación I (U.N. Comahue) en la etapa en la que los alumnos se encontraban
realizando entrevistas, destinadas a la construcción del sí mismo (Piña, 1988). Ahí pude
enterarme del papel fundamental que el trabajo de Sartre en El idiota de la familia tenía
para el enfoque biográfico; esto venía a ser como una pieza más que encajaba en lo que
ya sabía sobre este filósofo con relación a qué es el hombre9 y a dos temas muy
cercanos: la libertad y la responsabilidad. Paralelamente había comenzado a escribir
sobre lo que estaba buscando; esto era lo que decía en aquel momento:
Muchas ideas dan vueltas en mi cabeza en estos primeros momentos acerca
de esta tarea, pero la más fuerte tiene que ver con la curiosidad. Es decir, me
interesa saber quiénes son los chicos que hacen este curso10, qué les pasa y qué les
ha pasado en su vida, qué historias han tenido con la escuela (con esta y con otras
escuelas), qué piensan, qué esperan, qué buscan. Pensando en el sentido de la
tarea investigativa, vuelvo a reflexionar sobre la naturaleza política de la misma y,
en ese sentido, rescato la importancia del conocimiento de las vidas de estos chicos
que –tal como la mía- son vidas de gente común, ni héroes ni malditos. El poder de
decir, de hacer público, de dar a conocer lo poco conocido o ignorado por
irrelevante puede ser el sentido de este trabajo.
Con relación a la tarea más general que estamos realizando en el
Ce.M.O.E. con el grupo del que formo parte, creo que saber acerca de las historias
de vida de los alumnos nos permitirá pensar también en el sentido de lo que la
escuela les ofrece como formación y también en otras dimensiones, como por
ejemplo, todo lo que tiene que ver con las relaciones entre alumnos y profesores, la
disciplina o las relaciones de afecto y de poder. En realidad esto no lo tengo muy
claro todavía y por ahora creo que no me interesa profundizar demasiado porque
tengo una preocupación que lo cubre todo y es la siguiente: ¿qué es lo que voy a
buscar con los relatos de vida? Si puedo responder a esta pregunta, podré seguir
pensando cómo contribuye este trabajo al otro de más largo alcance.
Con respecto al problema metodológico, leer el texto de Juan J. Pujadas
(1992) sobre el método biográfico me permitió diferenciar la historia de vida del
relato de vida. Creo que lo que yo quiero hacer es un relato de vida en el sentido
9
Lo cual sin duda también me llevó a pensar, ya que el problema hombre/mujer, la cuestión de género,
estuvo presente desde el comienzo de la indagación.
10
Refiriéndome al A.T.P.
20
que me interesa más lo que el sujeto dice de sí mismo que la reconstrucción de su
historia de vida. Aquí surge otro problema: lo que dice el sujeto de sí mismo con
respecto a qué eje, nudo o problema central. En fin, parece que no le puedo
escapar más a la definición y debo intentar acotar mi objeto de estudio. Debo decir
que la lectura de “La vergüenza de la señora Ana” de Carlos Piña (1987: 73 y ss)
me puso delante del camino recorrido por el personaje: el camino de la señora
Ana hacia la olla común; entonces pensé que ése podría ser mi objeto: el camino
de un alumno hacia la escuela. El camino recorrido por uno de los chicos hacia la
escuela, hacia esta escuela particular que es el C.e.MO.E. Pensé en el camino en
dos dimensiones, una histórica, que hace referencia a los avatares de la vida
cotidiana, familiar, personal, escolar que llevan de la mano a mi personaje hacia
la escuela. Otra dimensión sería la geográfica, el camino real que recorre mi
personaje desde su casa hasta la escuela. En este sentido, recorro la geografía de
la localidad y pienso en el zanjón. Este canal de desagüe fue excavado luego de
una inundación alrededor del año 1989 y actualmente divide la zona conocida
como el barrio –que en realidad es un conjunto de barrios- en dos zonas, la que
está del otro lado del zanjón es la más alejada, colinda con la barda y aloja en su
seno varias tomas de terrenos organizadas por vecinos que no tienen vivienda.
Entonces pienso en mi personaje recorriendo el camino desde su casa a la escuela
y cruzando también el zanjón, versión palpable de las fronteras que también
separan lugares sociales.
En realidad, el camino de este personaje hacia la escuela se me aparece
como muy rico en interpretaciones y en realidades, pero siempre lo veo
serpenteando en la frontera, de un lado al otro, entre la inclusión y la exclusión.
Así empecé a conjurar los malos espíritus de la escritura, pensando también que
lo que más me apasionaba del trabajo que había emprendido era la escritura misma que,
según otros relatos que había leído o estaba leyendo, me permitiría jugar un poco entre
lo científico - académico y lo literario.
Con respecto a la definición de ejes o temas que me preocupaba en ese
momento, decidí plantear a los alumnos cinco entrevistas que girarían alrededor de los
siguientes nudos: la historia de vida, la historia de vida escolar, la historia de vida en el
21
Ce.M.OE., los amigos y las amigas y las novias. La relación planteada en la entrevista
resultó también todo un aprendizaje ya que como docente estoy habituada a tener la
palabra, y tuve entonces que aprender a callarme, a guardar preguntas para otro
momento, a no intentar comprender todo en un instante, a darle el tiempo necesario al
entrevistado para que construya su relato siguiendo su propia lógica y no la mía.
Paralelamente, estaba abordando en las lecturas la cuestión relativa a la realización
(Guber, 1991) y desgrabación (Oxman, 1998) de entrevistas y enterándome que lo
buscado en el relato de vida no era la vida misma del sujeto, sino el relato que él
construye para contarnos y contarse su propia vida. De allí justamente la importancia de
permitir que el sujeto hable lo más libremente posible, aunque más no sea a partir de
una propuesta inicial que resulta del tema de la entrevista, ya que el papel del
investigador está siempre presente.
Primero había pensado en elaborar un solo relato de vida, pero debido a que es
un trabajo cualitativamente diferente a la historia de vida porque no implica la
recuperación de documentos gráficos o testimonios de otras personas, aparecía como
muy pobre o escaso; entonces tres relatos aparecieron como los necesarios, pensando
que quizás podría elaborar algo así como historias que se separaran en cierto momento y
en otro se cruzaran.
A medida que avanzaba en la definición del problema y la estrategia
metodológica, iba también realizando algunas lecturas que echaran algo de luz sobre
aquello que me había propuesto estudiar. Algunas de dichas lecturas están sintetizadas
así en el proyecto de investigación:
−“Aprendiendo a trabajar. Cómo los chicos de clase obrera consiguen trabajos de clase
obrera”. Paul Willis. Madrid. Akal. 1988.
Se trata de una investigación cualitativa realizada en una población obrera del
centro de Inglaterra entre los años 1972 y 1975. Forma parte de un proyecto de
investigación sobre la transición de la escuela al trabajo de los chicos no académicos de
clase obrera. Es un estudio intensivo realizado por medio de entrevistas y observación
participante sobre un grupo de chicos de clase obrera en sus dos últimos años de escuela
y primeros meses de trabajo.
22
El autor se pregunta en la introducción del texto ¿por qué los chicos de clase
media consiguen trabajos de clase media? ¿por qué los demás lo consienten? y ¿por qué
los chicos de clase obrera consiguen trabajos de clase obrera? ¿por qué ellos mismos lo
consienten?. En este sentido, afirma que es la cultura contraescolar de la clase obrera el
medio por el cual se produce una determinada concepción subjetiva de la fuerza de
trabajo y la decisión de aplicarla al trabajo manual. Esta especie de “autocondena” que
se manifiesta en la “elección” del trabajo manual se experimenta como un verdadero
aprendizaje, como afirmación y apropiación e incluso como una forma de resistencia,
pero hay una base objetiva para esos sentimientos subjetivos y para tales procesos
culturales: la división social del trabajo.
Como aspectos de la mencionada cultura contraescolar, el autor identifica los
siguientes: oposición a la autoridad y rechazo del conformista, el grupo informal y todas
las actividades que persiguen la derrota de la tarea principal de la escuela: hacer trabajar
a los jóvenes.
Este es un estudio clásico, que se refiere a la construcción de las subjetividades
de los jóvenes de clase obrera cuyos aportes podrán cobrar nuevos sentidos a la luz de la
realidad que viven los adolescentes hoy y aquí.
−Significados que otorgan los actores a la propuesta curricular de auxiliar técnico
polivalente. Autoras: Daniela Arias, Silvia Juncos, Graciela Martínez, Fermina Rivas y
María Del Carmen Echenique11.
Este es un trabajo de investigación cualitativa con orientación participante
realizado entre los años 2001 y 2003. El objeto de estudio es la propuesta curricular del
curso de Auxiliar Técnico Polivalente como parte de la propuesta pedagógica de un
centro de mano de obra especializada, analizándola desde las significaciones de los
actores involucrados. Durante la primera etapa del trabajo (año 2001) surgieron, a partir
del análisis de los datos los siguientes conceptos o nudos problemáticos: técnico
polivalente, formación integral, teoría-práctica y alumnos adolescentes. El trabajo
aborda este último a partir de los dichos de los profesores de la institución, mostrando a
los alumnos como adolescentes semejantes a los que concurren a otras instituciones
pero a la vez diferentes en tanto que provienen de hogares pobres. Con relación a esta
11
Este trabajo es el que se menciona al comienzo de este capítulo y del cual se desprende la presente
investigación.
23
caracterización, la escuela es definida como de frontera en tanto que, para la mayoría de
los alumnos, representa el único lugar social en el que lo público se hace presente en sus
propias vidas.
En el transcurso de la segunda etapa (año 2002), se realizaron diversas
aproximaciones a la problemática de los alumnos, como por ejemplo una encuesta
enfocada en la obtención de datos relativos al empleo, vivienda y educación familiar a
fin de focalizar el objeto de estudio como así también, diversos encuentros con
profesores para analizar la relación entre las prácticas y el conocimiento que de los
alumnos tienen los docentes.
Este primer acercamiento a los jóvenes de la escuela es significativo en tanto
brinda información que permite caracterizarlos, pero, una vez más es necesario insistir
en la necesidad de ofrecer el espacio para que la voz misma de los adolescentes esté
presente con el sentido que ellos mismos le dan como sujetos.
−“Adolescentes entre la escuela y el trabajo”. Silvia Llomovatte. Buenos Aires. Miño y
Dávila Editores. 1991.
Se trata de una obra que aborda la problemática del trabajo infanto-juvenil en
Argentina a partir de la exploración de tres ámbitos de la vida de los jóvenes
trabajadores: la escuela, el trabajo y la vida privada. La autora analiza las relaciones
existentes entre la estructura familiar, las imágenes sobre la escuela y el sexo con el
ingreso temprano al mundo laboral.
Es necesario recordar que esta investigación es de hace más de una década y que
en el país ha cambiado, en ese tiempo y entre otros campos, la estructura del mercado
laboral. El desempleo ha crecido hasta cifras no alcanzadas anteriormente, señalando
grados de exclusión que afectan la vida cotidiana de los adultos y también de los
jóvenes. De todas maneras, los aportes que realiza en torno a la relación de los
adolescentes con el trabajo y con el conocimiento serán significativos para esta
investigación.
−“Los adolescentes en escuelas de adultos”. Trabajo de investigación realizado con la
dirección de Carlos Falaschi, Facultad de Ciencias de la Educación, Universidad
Nacional del Comahue. Septiembre de 1988.
24
Este trabajo, nace a partir de la problematización de una singular paradoja que
tan bien nos cuentan sus autores: “se trata de adolescentes –que van a escuelas creadas
para adultos- que funcionan en escuelas y aulas prestadas, que han sido concebidas y
equipadas para niños!”. A partir del análisis de datos estadísticos provenientes de los
últimos censos nacionales, los autores concluyen que el retraso en la escolaridad
(repitencia, abandono) es un fenómeno generalizado en el país, ya que se expandió la
cobertura pero no se realizó ninguna modificación al interior del sistema que permitiera
que los sectores incorporados concluyeran en el tiempo teórico de educación. Una de las
consecuencias de esta realidad, es el aumento de la presencia de adolescentes en la
educación de adultos. Al respecto, los autores analizan los significados que los alumnos
adolescentes dan a su paso por la escuela primaria, las expectativas con las que llegan a
la educación de adultos y la relación entre experiencia laboral y fracaso escolar, entre
otros nudos problemáticos. También afirman que en las biografías personales se reflejan
experiencias colectivas, la historia de las capas sociales más vastas: el sujeto trae a la
escuela su comprensión del mundo que, muchas veces, es aprendizaje del fracaso. Por
otro lado, y si bien el propósito de la escuela es la homogeneización, la realidad de los
jóvenes es la heterogeneidad: diversidad de saberes previos, prácticas sociales, etc. En
algún momento caracterizan a estos adolescentes como “nuevos desaparecidos” (que
sólo “aparecen” en la crónica policial) ó “niños silvestres” e identifican su pertenencia a
las clases populares haciendo referencia a su inserción laboral, a la dimensión política y
también a la dimensión cultural de sus prácticas.
Las conclusiones de este trabajo nos permiten acercarnos a aquello que
definíamos como problema en este proyecto de investigación, y que se refiere a la
subjetividad de los sujetos adolescentes alumnos de escuelas de enseñanza profesional.
Desde otro punto de vista, la construcción de relatos de vida nos permitirá acercarnos no
sólo a lo que hay de general en la vida de ellos, sino también a lo que hay de singular,
de diverso. En este sentido, pensamos que nos permitirá dar un contenido
cualitativamente enriquecedor a la pregunta sobre quiénes son.
c. Buscando narradores12
12
Los nombres utilizados en los relatos de Nicolás (Nico), Martín y Calcu (o Bene) corresponden a los
reales ya que así fue acordado con los alumnos entrevistados.
25
Una etapa difícil fue la búsqueda de alumnos que estuvieran dispuestos a dedicar
su tiempo a las entrevistas. Primero había pensado en algunos a los que ya conocía por
lo menos de nombre, porque eran los más asiduamente mencionados en las reuniones
con profesores (y no precisamente por ser buenos alumnos), pero la realidad fue
poniendo límites a estos deseos. El primero en acceder fue Nicolás, muy ansioso por
contar su historia, quien con su verborragia me hizo superar los temores que me
llevaban a preguntarme ¿cómo hago para que estos chicos hablen de manera continuada
durante una hora o más? Comencé también la tarea de desgrabación y análisis de las
entrevistas, emprendiendo la lectura reiterada de las mismas en la búsqueda de temas o
tópicos que aparecieran repetidamente. En el caso de Nicolás fueron los siguientes: el
morir, yo, dicen de mí, la joda, los planes, los otros, la mujer, papá, ¿para qué?, el
trabajo. Alrededor de estos tópicos agrupé los dichos registrados en las entrevistas para
luego elaborar algunos escritos como el siguiente:
El morir
¿Cuándo fue que sucedió?, creo que Nicolás tenía como trece o catorce
años. Fueron un día con Elías a visitarlo al hospital, en ese momento lo que más
le preocupaba era hacer la estadía del amigo un poco más amena así que cuando
él les dijo que tenía sed, enseguida pensó en la cerveza. ¡No, si no te dejan entrar
con bebidas alcohólicas!, le señalaron enseguida. Pero bueno, ¿qué son las
indicaciones médicas para un amigo que visita a otro amigo?, la latita de cerveza
igual entró a la sala de internación, acovachada entre la ropa, disimulada ante la
mirada de los extraños y los curiosos.
Nico no sabe muy bien de qué habían operado a su amigo, sí recuerda que
ya venía de pasar varios trances semejantes a este, ya tenía como siete
operaciones y esta parecía ser una más entre otras. Le contaron después algo
sobre una operación abierta para que cicatrizara y una palabra complicada:
negligencia, porque él estaba bien, pero algo pasó, un sendero que se interrumpe
de repente, una huella que se pierde.
Fue así también, en aquella época que pasó lo de Hugo. Un accidente, se
desnucó (o destungó, como queramos decir) al caer desde una piedra a la orilla
del río. El Hugo, recuerda, era un amigo de la infancia, de la primera casa que
conoció, allá cerca del estadio. A decir verdad era más amigo de Lucas, el
hermano mayor, que de él, pero en la cuadra, en la calle, es difícil distinguir y
26
decir vos estás con éste, yo estoy con aquel. La pelota, la caza de lagartijas en la
barda eran el sabor de la infancia y cuando Nico se acuerda, dibuja una sonrisa
en su cara y se deja llevar corriendo atrás de la pelota o arriba de la bici. Fueron
los primos los que lo mataron, lo empujaron y cayó mal, no se murió ahogado,
fue el golpe que se dio en la cabeza contra una de las piedras, ahí mismo, donde
todos se estaban bañando. Capaz que fue la culpa o tal vez el miedo, pero
ninguno dijo nada, cuando lo echaron de menos ya era tarde, aunque quizás ya
era tarde en el momento mismo de caer. Eso fue después de una navidad, fue en
esa navidad que tuvimos la desgracia de perderlo, recuerda Nicolás, tenía
veintiún años y a mí me conocía desde chiquito, porque éramos vecinos.
Nico es el más chico de los hermanos y sabe, porque le han contado, que
su existencia es algo así como producto de la casualidad o de la buena suerte. Su
mamá no debía haber tenido más hijos, pero ahí estaba él, arrebatando el
aliento, luchando en contra de una marea que le llenaba los pulmones,
sujetándose para no perderse. Luisa, la mamá, dicen que estuvo a punto de
dejarse llevar en la instancia del parto. A ella le había agarrado una hemorragia,
cuenta Nicolás que le ha contado su papá, pero, bueno, se salvó ella, me salvé yo.
Salvarse o perderse, escaparse, sobrevivir al peso de la memoria, al dolor
de la muerte, salir indemne, colgado de la risa, ese parece ser el trabajo de
Nicolás.
El relato de vida de Nicolás se iba configurando como una tensión constante
entre la vida y la muerte, la alegría que él siempre manifestaba y las tragedias que en
varias ocasiones habían significado grandes cambios en su historia. El hecho de
identificar tópicos estuvo basado en la aplicación del método de comparación constante,
intentando recopilar todo lo que el sujeto dice acerca de determinada categoría,
identificando las propiedades de la misma hasta lograr la saturación. El resultado de este
trabajo fue utilizado después en los escritos definitivos.
Pero volviendo a Nicolás, él había mencionado en varias ocasiones a un
compañero que podría ser ubicado rápidamente en las antípodas del cuadro de honor,
de quien ya había yo escuchado hablar en la escuela. Pensé ahí que sería un buen trabajo
poder ver el mundo desde los ojos de ambos, hacer lo que había pensado al comienzo:
27
dos historias diferentes que en algún momento se cruzan. Pude concertar con él dos
entrevistas y ya no encontré la manera adecuada para convocarlo, esa fue una tarea que
quedó trunca a pesar de mi interés y curiosidad. De todas maneras, lo que pude
vislumbrar me llamó mucho la atención llevándome a escribir lo siguiente:
Sobre cómo conocí a Castillo13
Cuando empecé a pensar en la posibilidad de construir las historias de vida
de algunos alumnos del Ce.M.O.E., inmediatamente concluí que Castillo no podía
estar ausente en esa empresa. Muchas veces había escuchado hablar de él en la
escuela durante ese año en el que las mujeres del grupo de investigación nos
reuníamos por lo menos una vez por semana allí, en la escuela. Fue en ese tiempo
que Castillo estaba cursando el último año del A.T.P. y parecía que todo a su
alrededor eran problemas. No lo conocía pero, en cierta forma, sabía mucho de él.
Siempre se lo nombraba cuando se quería contar algún desorden ocurrido en el
último tiempo. Los compañeros parecía que no querían saber ya nada con él
porque siempre estaba molestando. Los profesores parecía que ya no podían hacer
nada con él. Cuando algo desaparecía en el aula –lapiceras, mochilas, camperas…
¿¡zapatillas!?- el fantasma real que estaba por detrás era Castillo. Recuerdo que
un día estábamos todas las del equipo trabajando en la sala de computación
cuando entró un chico diciendo ¿alguien me puede prestar una lapicera para
hacer una prueba?. Busqué en mi cartuchera, encontré una que no usaba y se la di.
Apenas hubo salido el alumno, una de mis compañeras me dijo: podés dar por
perdida tu lapicera, este chico es Castillo. Todo terminó en risas cuando, al cabo
de un rato regresaron la lapicera y el chico, quien me agradeció el préstamo sin
saber todo lo que había generado su aparición.
Al año siguiente supe que él se había inscripto en un curso de mecánica y
entonces pensé que ésa era la oportunidad para establecer contacto y pedirle si
quería darme algunas entrevistas. Esto fue en vano porque cuando una compañera
y yo fuimos al taller a hablar con los alumnos nos enteramos que Castillo había
conseguido trabajo y que había abandonado el curso. Todos –me refiero a sus
compañeros- parecían respirar aliviados porque él era el que molestaba, el que se
reía de todo y de todos, el que rompía herramientas y no se hacía cargo … El caso
13
El nombre y el apellido utilizados aquí no son los reales ya que no se acordó con el alumno el uso de
los mismos.
28
es que Castillo se me escurría entre las manos y mientras tanto, si me hubiese
puesto a escribir, ya tendría varias carillas completas con todo lo que de él me
habían contado, porque todos parecíamos tener algo que decir sobre él.
Fue pasando el tiempo y le perdí el rastro, entrevisté varias veces a Nicolás y
él también me contó sobre Castillo y su historia familiar y escolar. El caso es que
al fin no pude esquivarlo más y me decidí a buscarlo. Me dijeron que estaba
trabajando en el Chañar14 y que era difícil encontrarlo. Hablé un día por teléfono
con la madre quien me dijo que iba a avisarle que yo lo estaba buscando. Como
pasaban los días, me animé a ir a su casa. Ese día corría el viento típico de la
primavera en la zona del valle: viento y tierra, arbolitos escuálidos sacudiéndose
en medio del gris, de las paredes sin revoque, de las casillas de madera, de los
techos de chapa. Una o dos cuadras antes del límite del pueblo y comienzo de la
planicie, allí vive Castillo con su mamá, un hermano y una hermana menores que
él.
Que no está hoy acá, que está en la casa de un amigo desde hace algunos
días, no, no sé cuándo vuelve. El hermanito y yo nos protegíamos del viento al
costado de la casa: me explica y me voy con la promesa de regresar. El día que
volví, el sol pegaba tibio sobre la calle de piedra, es cierto que hay poco verde
pero se siente bien aquí sin tantas casas apiñadas, sin tanta gente, la calle ancha,
el cielo más cerca … creo que hasta me gustaría vivir aquí, parece que hay más
aire para respirar. Pero ¿qué pensaría mi madre si viniera a visitarme aquí?
Mientras golpeo las manos para que me atiendan me doy cuenta que el lugar en el
que yo vivía de adolescente no era muy diferente, barrio de obreros, calles de
tierra, casas siempre a medio construir. Claro que lo que acá es piedra, allá era
gramilla o, si una se descuidaba, yuyal. Me atiende la madre: no, no volvió
todavía, yo le dije que usted lo andaba buscando, que era algo de la escuela, me
dijo que la iba a llamar.
Al fin logramos concertar la primera entrevista y fue mi desorientación lo
que me obligó a escribir. Yo esperaba a alguien que rápidamente encajara en el
molde que le tenía preparado, porque además armar ese molde me había costado
bastante trabajo y no era para descartarlo así nomás. Él era muy joven, apenas
tenía diecisiete años, se reía mucho, se divertía contando su vida actual y también
sus recuerdos de la escuela. Esperaba encontrarme con una persona con mucha
14
Por San Patricio del Chañar, una localidad cercana.
29
vida vivida, con enojos, con maldades en su haber. Me sorprendí preguntándole
varias veces por datos o situaciones que pudieran, de algún modo, confirmarme
que éste era el Castillo que estaba buscando, que no me había equivocado. ¿Qué
será lo que distancia tanto a Hugo, porque así se llama, de Castillo? ¿qué
imágenes nos fabricamos lo maestros sobre nuestros alumnos? ¿cómo inciden esas
imágenes en nuestras prácticas cotidianas de enseñanza?.
Asomándome a través de la sorpresa estoy ahora tratando de mirar en la
historia de vida de Hugo Castillo, sabiendo con certeza que él no es solamente lo
que es en la escuela … pero ¿quién será este conocido – desconocido?
Una vida es a la vez muchas vidas y al construir relatos sobre ellas, casi siempre
caemos en la cuenta de que alguna es semejante a la nuestra, por eso poner en palabras
las vidas de otros siempre nos involucra, nos lleva a revisar nuestra propia historia.
Quizá esta fue la razón por la que el relato de Calcu, que fue el que comencé a abordar
a continuación del intento trunco descripto más arriba, fue el que más me impactó. En
parte por las carencias vividas de niño y de joven, y en parte también por las posturas
que él había asumido frente a la vida a partir de sus experiencias: una vida golpeada,
abandonada pero con mucho deseo de futuro, de aspirar otros aires, de ser diferente.
En forma paralela comencé a realizar las entrevistas a Martín y también a revisar
las que tenía mediante el instrumento de análisis en el que se habían constituido las
oposiciones lógicas. En este último caso, la dificultad para la realización de las
entrevistas estuvo en el tiempo disponible del entrevistado, cuya vida transcurría
vertiginosamente entre el trabajo en el frigorífico, la escuela y la atención de su pequeña
hija. Por supuesto que era el trabajo el que le demandaba mayor energía, obligándolo a
veces a realizar horas extras quedándose después de horario o trabajando durante sus
francos, lo cual lo hacía estar muchas veces muy cansado. Aun así, fue el único de los
tres que afirmó que recordar su vida le había servido sobre todo, para pensar en sus
planes para el futuro, como si se tratara de hacer un balance para ver qué era lo que
había hecho y qué lo que quería hacer de su vida.
d. ¿Qué hacer con las palabras de los otros?
30
Podría decirse que en ese momento había finalizado el trabajo de campo,
quedando pendiente un último encuentro con los alumnos para devolverles algunos de
los trabajos realizados sobre la base de las entrevistas que ellos habían dado. El peso
fuerte del trabajo se trasladaba ahora a los procesos de análisis y escritura, las preguntas
eran ¿qué hacer con todo lo que está registrado?, ¿cómo organizarlo, exponerlo?, y el
fantasma siempre presente relacionado con poner más de mí que de los propios alumnos
entrevistados, desvirtuando así la tarea a realizar. En este sentido, la construcción de las
oposiciones lógicas fue algo así como un seguro que me permitió pensar que, si bien
estaban allí los dichos de los sujetos, yo podía darles un orden que permitiera
profundizar sobre el objeto de estudio: las subjetividades; interpretando, pero no
ocultando la palabra del otro. A partir de cada una de las oposiciones lógicas realicé un
escrito primario que –si tuviera que seleccionar- sería lo que elegiría como
representativo de lo que los chicos que entrevisté cuentan de sí mismos. Allí lo
importante fue identificar la oposición principal para cada uno de los relatos, ya que ella
era la que daba sentido a todas las otras, por ejemplo, en el caso de Calcu fue su relación
con el padre, su deseo de construir una vida opuesta a la de él: ser un padre que se hace
cargo de su hijo, que lo acompaña, que no lo abandona. Para este caso el momento más
significativo, el que marca la ruptura entre un antes y un después es aquel en el que
Calcu se opone al padre, lo echa de la casa, le pone límites como si fuera el padre de su
padre, lo cual está acompañado de las argumentaciones lógicas acerca de lo que es
bueno y lo que es malo con relación a la familia, al trato con los hijos, en fin, a la vida
misma. Esta oposición primaria aparece en todos los relatos durante la primera
entrevista, como si el sujeto dijera este soy yo, a partir de aquí construyo mi vida.
Otra preocupación siempre presente fue la relativa a la significatividad de estos
relatos, siendo la pregunta eje ¿en qué medida conocer estos relatos de vida contribuye
a saber algo acerca de los alumnos adolescentes en términos generales? El problema a
resolver era en qué medida lo singular traduce o representa de alguna manera lo
estructural, cuestión que tiene que ver con el sentido general de los relatos de vida en las
ciencias sociales. En realidad, estos relatos pueden ser un lugar desde el cual mirar a los
alumnos, aunque no necesariamente el único lugar desde el cual hacerlo, pero desde ya
que es un lugar que nos permite estar más cerca de lo cotidiano, de lo singular, de lo que
31
a primera vista puede aparecer como insignificante pero que representa el impacto de la
vida social en los seres humanos. Para abonar esta idea, luego de elaborar los relatos en
primera persona emprendí la búsqueda de continuidades y diferencias entre los tres
relatos, desmenuzándolos para observar la presencia de la escuela y la familia como
instituciones modernas dominantes en la construcción de las subjetividades, más
específicamente en todo lo referido al trabajo y al género. Esto fue así en parte por los
intereses propios del trabajo que llevaban a buscar cuál era el papel de la escuela en la
formación de estos sujetos y también porque ambas instituciones –escuela y familia-
aparecían marcando a estos jóvenes con mayor insistencia que cualquier otra. Por otra
parte, las categorías de género y trabajo también asaltaban la comprensión de los relatos
con su presencia; comprenderlas de manera compleja resultaría una buena contribución
a quienes trabajan en este plan de estudios destinado a la formación de mano de obra,
siendo sus destinatarios jóvenes (todos varones) hijos de trabajadores.
Así llegamos a la conclusión de este trabajo que tiene un final abierto relacionado
con la vuelta a la escuela, al trabajo con alumnos y profesores, como si hubiera sido la
estrategia que usan tanto entendidos como neófitos al observar una obra de arte: alejarse
un poco para mirar desde lejos qué es lo que se ve, para luego volver a acercarse con
una nueva comprensión de la totalidad.
32
LOS RELATOS DE VIDA
La mujer del médico le dijo al marido, No vas a creer lo que te digo pero
todas las imágenes de la iglesia tienen los ojos vendados, Qué extraño,
por qué será, Cómo voy a saberlo yo, puede haber sido obra de algún
desesperado de la fe cuando comprendió que iba a quedarse ciego como
los otros, puede haber sido el propio sacerdote de aquí, tal vez haya
pensado justamente que, dado que los ciegos no podrían ver a las
imágenes, tampoco las imágenes tendrían que ver a los ciegos, Las
imágenes no ven, Equivocación tuya, las imágenes ven con los ojos que
las ven, sólo ahora la ceguera es para todos, Tú sigues viendo, Iré viendo
menos cada vez, y aunque no pierda la vista me volveré más ciega cada
día porque no tendré quién me vea, ...
José Saramago: “Ensayo sobre la ceguera”
Los relatos elaborados a partir de la entrevistas biográficas realizadas a Nicolás,
Calcu y Martín se presentan a continuación organizados –cada uno- en dos grandes
módulos: en la primera parte se da cuenta del análisis de las mencionadas entrevistas a
partir de las oposiciones lógicas de secuencias, de actantes y de proposiciones
argumentativas15, en tanto que la segunda consta de una serie de narraciones construidas
a partir de dichas oposiciones. Existe entonces una relación muy estrecha entre los
módulos mencionados ya que es a partir de la identificación/construcción de las
oposiciones que cobra sentido la recopilación y reelaboración de los dichos de los
entrevistados.
15
Tal como se indica en otra parte del presente trabajo, esta es una estrategia basada en el Análisis de la
Identidad propuesto por Demazière y Dubar (Kornblit, 2004).
33
El relato de Nicolás
a. Análisis de la identidad a partir de las entrevistas a Nicolás
Oposiciones Oposiciones Oposiciones de
de secuencias de actantes proposiciones
argumentativas
Antes de Menem, cuando El papá trabaja en YPF, El lugar del hombre es salir
el papá tenía un trabajo aprende el oficio de a trabajar y traer la comida
seguro / Después de chapista, construye la casa. a la casa. El lugar de la
Menem, cuando el papá no La mamá no trabaja / Al mujer es la casa y el
tiene trabajo constante papá lo echan del trabajo, cuidado de los chicos / A
comienza a vivir de veces hay casos en que
changas. La mamá hace tienen que trabajar los dos
artesanías y da clases sobre en la casa: hombre y mujer
eso (se gana unos
manguitos para ella)
Estar en la casa / Estar en Él que es considerado Yo soy: pícaro, inteligente,
la escuela pícaro e inteligente, el hijo lindo, de clase social baja
menor de la familia / Él pero no tanto, requerido por
mismo que tiene problemas, las chicas, celado por ellas /
lo discriminan por ser No me gusta que
gordo, lo joden y tiene que discriminen a nadie,
responder. La maestra que tampoco a los que son de
lo amenaza con repetir. Los clase social baja. Yo soy
compañeros de escuela que tranquilo, pero si me joden,
tienen plata respondo. La maestra que
recuerda a mi hermano y
me amenaza con repetir
Cuando sólo iba a la Él que se divierte y hace Yo tengo muchos amigos,
escuela / Cuando empezó vida de chico. La mamá que soy jodón, me gusta
el Ce.M.O.E. y también a acompaña y ayuda en todo / divertirme, tengo alegría /
trabajar Él mismo que empieza a Yo sigo siendo igual pero a
hacer changas con el papá. veces me pregunto cómo
Empieza el Ce.M.O.E., será la vida de otros pibes
tiene otras motivaciones: los que no necesitan trabajar.
talleres, hacer algo,
terminarlo. El papá que le
enseña sobre la vida y el
trabajo
34
Cuando iba a la escuela Él que depende de los En la primaria todo era
primaria y las chicas no le padres, cambia de casa, jugar, juntarse con amigos
interesaban / Cuando pierde algunos amigos / Él y jugar a la pelota o jugar
termina la primaria, que ya no es petiso ni en la barda / En la
empieza la secundaria y las gordo, que conoce pibas en secundaria la joda hace
chicas lo acosan el viaje de egresados, que descuidar el estudio, no es
jode y anda mal en la falta de inteligencia, es
escuela. También sale a falta de dedicación. Las
trabajar, tiene amigos y chicas guardan teléfonos,
novias. Los amigos del mandan cartas, proponen
ciclismo. Las chicas que lo citas, se dejan llevar por los
celan, lo buscan celos. Los amigos más
grandes pueden ser un
ejemplo para la vida.
Antes del ciclismo / Él, los compañeros de la Al cambiar de casa se
Después del ciclismo escuela / Él mismo, que ya pierden amigos en el
empezó a estudiar en el barrio, sólo se conservan
Ce.M.O.E., los amigos del los compañeros de la
ciclismo escuela / los amigos del
ciclismo son todos
mayores, pueden ser
tomados como ejemplos
para la vida
b. Los escritos: mirando a través de otros ojos
1. Cuando llegó Menem
Yo nací en una familia humilde, ni rica ni pobre, una familia trabajadora,
normal. Tuve la suerte de conocer muchos lugares como Mar del Plata o el norte
argentino, todo eso cuando era chico, lo sé porque me lo han contado, era chico y ahora
no me acuerdo. Mi papá trabajó durante veinte años en YPF, entró ahí y aprendió el
oficio de chapista, después lo pasaron a recorredor de pozos. Me acuerdo que a veces
nos llevaba a mí y a mi hermano al campo, porque éramos los más interesados en el
trabajo que él hacía y ahí nos aconsejaba que no pongás la mano ahí porque te la puede
agarrar y te la puede sacar o cuidado con ese caño, porque si se ponen arriba de ese
caño puede pasar esto …Él siempre fue así, de aconsejar mucho en la vida, nos decía
que la peliemos, que la peliemos y la peliemos y que no nos quedemos parados en algún
lugar, que por más que lleguemos a tener mucho, que sigamos adelante, si no es por
35
nosotros que sea por nuestros hijos. Nos aconsejó también el saber valorar las cosas, el
ser respetuoso con los demás, ser bien educado.
Mi papá se fue de su casa cuando era muy chico, él dice que eran muchos y no
podían mantenerse, a los nueve años se fue a vivir con otra familia, también me cuenta
que cuando empezaron a hacerse la casa con mi mamá, él trabajaba de día y de noche
pegaba ladrillos para ir afirmando la casa. Mi mamá lo alumbraba con una vela y él
pegaba ladrillos. Por eso yo lo tengo de referencia a mi papá, él es como un ejemplo
para mí. También mi mamá, porque ella siempre nos ayudó y nos cuidó a todos, cuando
teníamos algún problema en la escuela, ella siempre estuvo con nosotros, aconsejando y
ayudando.
Yo soy el menor de cuatro hermanos, somos dos varones y dos mujeres, siempre
fui el mimado de la casa y debe ser por ser el más chico y también por algunos
problemas que hubo cuando nací. Resulta que a mi mamá le habían dicho que no podía
tener más hijos, pero bueno, ella quedó embarazada de mí y cuando nací casi nos
morimos los dos, a ella le dio una hemorragia y yo no podía respirar por tener líquido en
los pulmones. Pero nos salvamos.
La primera casa que conocí fue la que mis viejos habían hecho allá cerca del
estadio, ahí lo que más hice fue amistad con los chicos de la cuadra, por ejemplo con
César que era mi compañero para andar en bicicleta, en una bici que me había armado
mi papá porque la primera que tuve ya me había quedado chica y no rendía. Después
también jugaba con otros chicos que eran más grandes, amigos de mi hermano, uno de
esos chicos era Hugo, que después murió en un accidente un día después de Navidad.
Fueron los primos los que lo mataron, lo empujaron y cayó mal, no se murió ahogado,
fue el golpe que se dio en la cabeza contra una de las piedras, ahí mismo, donde todos
se estaban bañando. Cuando el padre se dio cuenta que no estaba, empezó a preguntar
por él, porque los primos no habían dicho nada, ahí se dieron cuenta todos y empezaron
a buscarlo, pero ya habían pasado como cinco horas, el pibe ya estaba muerto.
Con esos chicos y con otros también que eran de un poquito más abajo que
nosotros nos juntábamos y nos íbamos todos a la barda o nos íbamos al Estadio, a jugar
a la pelota. Cuando estaba el clásico entre Cipolletti y Centenario íbamos a ver el
36
partido y entrábamos sin pagar, ya teníamos el tachito preparado, saltábamos por atrás y
entrábamos nomás.
Después tuve otros amigos cuando empecé a ir a la escuela. Yo hice jardín y
toda la escuela primaria en la Parroquial, me quedaba lejos así que tenía que ir en
colectivo. Viajaba solo, mi mamá me había llevado el primer día y me había dicho todo
donde me tenía que bajar, así que yo viajaba solo. Me acuerdo que un día, a la salida de
la escuela, me dormí y me pasé de largo, cuando me desperté ya estaba en Neuquén. Así
que le avisé al chofer y me dijo que no me preocupara, que él me iba a traer de vuelta.
Como a la hora llegué a mi casa y estaban todos preocupados porque no había llegado
de la escuela. Yo tenía un poco de miedo pensando en lo que me iban a hacer cuando
llegara a la casa, uno siempre tiene ese miedo … pero mi viejo nunca nos pegó. O sea a
lo mejor cuando había que corregir algo, para que supiéramos que eso no se hacía nunca
más, bueno, pero nada más. Y nosotros siempre tuvimos ese miedo, o sea ese respeto
por mi papá y por mi mamá, ese respeto que es tan grande que por ahí de chico te hace
tener miedo. Yo sabía que nunca tenía que llevar problemas a la casa, no llevar malas
notas ni nada. Pero bueno, yo siempre fui bastante inteligente, así que nunca llevé malas
notas de la escuela, aunque nunca me gustó estudiar, pero de chico fue siempre ese
respeto.
Mi papá a veces me llevaba a la escuela en la chata, como era el único que sabía
manejar … él me llevaba y me decía bueno, listo, ahora arreglatelás, no esperés que te
venga a buscar ni nada, andate en colectivo. Siempre fue así. Pero la que más se
ocupaba de las cosas de la escuela era mi mamá. Ella siempre estuvo en la casa, cuando
era joven trabajaba en una fábrica de lúpulo que había allá en la calle Chile, pero
después ya no. Nunca le pregunté a mi papá, pero creo que a él no le gustaría que mi
mamá trabaje afuera de la casa, más porque ellos estaban acostumbrados a tener su
sueldito todos los meses y entonces no hacía falta. Igual mi mamá no es de esas mujeres
que se quedan en la casa y miran novelas todo el día, ella siempre está ocupada, ahora
hace artesanías y también da clases de eso, pero todo para ganarse algunos manguitos
para ella nomás, para sus cosas. A mí me parece que ése es el lugar de la mujer, si hay
hijos, quedarse en la casa cuidando los hijos y tratando de tener todo en orden por si
viene alguna visita o algo y el hombre tiene que salir a la calle, traer la comida. ¿Para
qué va a andar sufriendo la mujer en la calle si el marido la puede mantener? Yo
37
entiendo que hay casos en los que tienen que trabajar los dos, en mi familia también hay
casos que trabajan los dos, eso yo lo reconozco, porque no estamos en la mejor
situación económica, pero no debería ser así. Además, lo aprendí de mi papá y es lo que
yo pienso: si uno gana tanto, debe gastar tanto, no se puede gastar más de lo que se gana
porque si no, se queda debiendo y se hace interminable porque después hay que pagarlo.
Después de haber trabajado más de veinte años en YPF, cuando llegó Menem y
se privatizó todo, a mi papá directamente lo echaron, estuvo durante tres años
trabajando en una empresa, pero ese trabajo se terminó y así quedó mi papá, joven para
jubilarse pero viejo para conseguir otro trabajo. En ese tiempo yo estaba por terminar la
primaria y nos íbamos a ir de viaje de egresados. Mi mamá dijo que yo también tenía
que tener mi viaje de egresados, porque todos mis hermanos lo habían tenido, que no
podía ser que porque mi viejo se hubiera quedado sin trabajo yo no fuera al viaje. Así
que ella se juntó con las otras madres, hicieron cosas para juntar fondos y nos fuimos a
Bariloche. Igual yo no pagué el viaje porque tuve la suerte de salir sorteado con un viaje
gratis que nos daba la empresa, pero mi mamá ayudó en todo. El día que íbamos a salir,
justo mi viejo había conseguido trabajo en una empresa y estaba en el campo, no había
cobrado nada todavía, así que mi mamá me dio los últimos pesos que tenía para que yo
los usara en el viaje, yo se los devolví y le di algo más que tenía porque mi cuñado me
había regalado algo de plata. Así que me fui y le dejé a ella para que tuviera para lo que
necesitara, total a mí me daban de la plata que habíamos juntado entre todos y con eso
tuve incluso para traerles una caja de chocolates cuando volví.
Ahora mi papá hace changas y yo le ayudo, hacemos rejas, trabajos con chapa,
trabajos de albañil, de todo. Pero él es una persona que no puede estar sin hacer algo,
cuando por ahí hay épocas en las que no tenemos trabajo, él siempre encuentra algo para
hacer en la casa o para otros, no se puede quedar quieto. A mí a veces me pasa, que no
tengo que ir a trabajar y pienso, bueno, voy a salir con mis amigos, me voy a divertir o
hacer algo, pero estoy un rato con ellos y ya no puedo quedarme más. Igual a veces
pienso cómo será la vida de esos pibes que no necesitan trabajar para vivir, porque
algunas veces estoy como un poco cansado, y debe ser porque empecé de muy chico a
trabajar, a los trece años ya salía a ayudarle a mi papá en los trabajos que él hacía. Eso
fue cuando empecé en el Ce.M.O.E., después de hacer primer año en el CPEM16. Yo
había empezado la secundaria en esa escuela porque era a la que iba mi hermano, pero
16
Por Centro Provincial de Enseñanza Media.
38
ese año me dediqué mucho a la joda, y por eso no me fue bien. Pienso que si me hubiera
puesto las pilas, habría andado bien, porque inteligencia no me falta, pero me llevé ocho
materias. Mi papá me preguntó que qué quería hacer y yo le dije que no quería seguir
más en esa escuela, entonces él me dijo que bueno, que tenía que trabajar nomás y ahí
empecé a ayudarlo a él en todos los trabajos que hacía. Además de eso entré en
Ce.M.O.E. y ahí me fue bien, incluso tengo una beca que le dan a los pibes que andan
bien en la escuela. Es una beca que da Repsol a los hijos de ex ypefianos que anden bien
en la escuela y ya van a hacer dos años que cobro esa beca.
Mi familia es así, una familia trabajadora, ni mucho ni poco y yo los tengo a
ellos como referencia para mi vida. Ahora estoy trabajando en una parcela en la planicie
que está a nombre de mi papá porque yo soy menor, pero va a ser mía. Ahí pensamos
hacer muchas cosas con los otros parceleros, por ahora lo que quiero es limpiar y cercar,
todavía no se puede sembrar nada porque no llega el agua hasta allá. Mi novia no me
cree cuando yo le cuento lo que quiero hacer: sembrar viñas y por ahí después formar
una bodega con los otros parceleros. Ella está estudiando en la secundaria, va a tercer
año y le va muy bien. A veces yo le ayudo porque el hecho de que yo no haya seguido
la secundaria no quiere decir que yo no sepa, yo ya sé y por eso le ayudo a estudiar,
porque quiero que ella sepa y que le vaya bien en todas las cosas. Siempre dice que
quiere ser abogada y se ríe porque yo le digo que ella puede estudiar todo lo que quiera,
pero que el último recurso sería que ella trabaje, ella dice pero yo voy a trabajar. Y yo
le digo ¿pero de qué vas a trabajar? El caso es que ahora yo quiero comprar un anillo y
regalárselo, espero sentar cabeza, espero quedarme con ella, porque es una chica buena
y yo la quiero.
2. En la escuela y en mi casa
Yo siempre fui bastante inteligente, mi mamá me decía que cuando iba al jardín
era muy pícaro. Me acuerdo que una vez, cuando estaba por entrar a la escuela, me
crucé con una compañera que me dijo que no había clase porque la maestra no había
venido. Yo no lo pensé dos veces y, creyendo que nadie me había visto, me volví a la
parada del colectivo. Ahí estaba, esperando y esperando, pero el cole no venía más.
Hasta que se cruzó la directora y me preguntó ¿qué hace acá todavía?, no, estoy
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esperando el colectivo, le digo yo. Y entonces me agarró a mí y a otros más y nos llevó
de vuelta a la escuela. Yo no quería ir a clase, pero tuve que ir.
Nunca me gustó mucho estudiar y a mí, las cosas que no me gustan, no las hago
bien. Por ejemplo cuando empecé la secundaria, yo pienso que si me hubiera dedicado
un poco más a estudiar, hubiera andado bien, porque yo tengo memoria, pero cuando
algo no me gusta, no me gusta, no hay caso. Yo eso lo sé porque tengo inteligencia para
hacer las cosas, pero lo único que me falta es ganas, o sea que me guste también, a mí lo
que no me gusta, lamentablemente … no me gusta, lo puedo hacer, pero no me gusta …
lo voy a hacer lo mejor posible, pero no me gusta. Por eso no anduve bien en el
C.P.E.M., además se me juntaron otras cosas, si yo hubiese parado el carro y bueno,
joder hasta cierto punto y después estudiar, me habría ido bien. Muchas veces me lo
dijeron, si vos te lo proponés y estudiás, sos un chico muy capaz.
Yo siempre tuve ese respeto de no llevar problemas ni malas notas a la casa, un
poco por temor, ese miedo que tiene uno, que lo hace pensar si llevo una mala nota a mi
casa, me achuran. Por eso yo nunca, de chico siempre fui así. Nunca llevé un problema
a mi casa, pero en la escuela yo paraba el carro a cualquiera. En la primaria empecé a
tener algunos problemas porque ahí ya se empiezan a notar los cabecillas, los que
comandan el grupo. Más que nada el tema era que en la primaria yo era gordo, bah, no
tan gordo …, petisito … no tan petisito ni nada, nunca fui alto como ahora que soy alto
y flaco. Entonces algunos me cargaban, y yo respondía porque era como una
discriminación que me hacían y a mí no me gusta que discriminen a nadie. Y eso lo tuve
que soportar hasta sexto grado más o menos, porque me veían gordo, pero ya después
pegué el estirón y llegué a ser como ahora, que no soy flaco, pero tampoco gordo y soy
bastante alto. Lo que pasa es que yo no soy de controlarme con la comida, si hay algo
en la heladera, como, siempre fui así y también me sorprende eso porque no engordo,
como, como y no engordo.
O sea que yo no jodía a nadie, pero si a mí me jodían, yo respondía. Si yo no
molesto, no tienen por qué molestarme. Eso fue lo que pasó un día que nos habían
puesto la vacuna, resulta que viene un chico de esos que siempre andan molestando y
me pega en la vacuna, entonces yo se la devolví, porque –como dije antes- si a mí me
hacen algo, yo respondo. Le pegué y el pibe quedó re dolorido, vino la madre a quejarse
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y todo, pero la maestra me defendió, porque otros chicos ya le habían contado cómo
había sido todo.
Con el que me llevaba bien era con un pibe que se llama Leandro, con él si
teníamos algún problema, le parábamos el carro a cualquiera y con el que nunca nos
llevamos bien fue con un pibe que bueno, el vago se creía que tenía plata y se hacía el
agrandado en la escuela. Yo digo bueno, si la familia tiene plata, bien por ellos, pero a
mí nunca me gustó que discriminen a los demás, eso siempre me molestó. Por eso si
ahora me preguntan dónde hiciste la primaria, yo digo bien, la hice en la parroquial,
pero a mí no me gusta esa escuela, y cuando tenga hijos no los voy a mandar ahí. No me
gusta por las clases sociales que van ahí. Me acuerdo que yo iba con la nieta de una
señora de plata de acá y ella se creía no sé qué cosa, no podía tener ninguna manchita en
la hoja, si se le manchaba, la volvía a escribir. Y eso lo hacía delante de mí, que yo no
tenía, o sea que mi clase no era … era más o menos, era media, pero había otros de clase
más baja y bueno, eso no estaba bien. A veces las maestras pedían fotocopias y todos no
podían comprarlas, entonces en la clase algunos las tenían y otros no y si uno quería
sentarse con otro que las tenía, por ahí te decía no, salí de acá. Por eso cuando algunos
dicen ¡eh, la parroquial!, yo digo bueno, que la educación que te dan ahí no me gusta.
Además de eso, la educación empieza por casa, si el chico te va a salir indio, te va a
salir igual por más que lo mandés a la parroquial. Porque yo conozco egresados de esa
escuela que andan drogándose en la calle, entonces no tiene nada que ver, si el chico es
rebelde, malo, eso depende de la casa, no de la escuela.
Yo no soy de buscar problemas, siempre fui así, muy jodón, siempre en el curso,
en mi casa, en cualquier lado que yo esté con un grupito así, siempre estoy jodiendo,
digo algo, hago chistes, cargo, le tomo el pelo a cualquiera así. Pero siempre con humor,
no sobrando a nadie, con respeto, más vale. Con las chicas también, en la secundaria
siempre fui un chico así, de siempre estar rodeado de dos o tres chicas. Pero amigas,
más vale. Siempre tuve el contacto ese con las chicas de hablar, joder un rato con ellas,
siempre me hice querer. Y eso también me trajo problemas alguna vez, porque a veces
no me doy cuenta y hago cosas que a mi novia le dan celos, yo lo hago sin querer, no
me doy cuenta y a ella le da celos.
Creo que a mí nadie me tiene bronca, o si me tienen bronca, será de envidia no
más, me llevo bien con todo el mundo, tengo amigos, amigas, me eligieron delegado del
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curso … siempre fui de andar con varias chicas alrededor, desde la primaria. Me
acuerdo que en el viaje de egresados conocí a chicas de otros pueblos de la zona y
pienso que ellas deben tener todavía mi teléfono, porque las chicas son más de guardar
que uno.
En la escuela también tuve algunos problemas porque las maestras me
comparaban con mi hermano, se acordaban de él y pensaban que yo era igual. Por
ejemplo en la primaria, tuve una maestra que me tenía entre ojo y ojo. Se quedó con la
pica porque le había dado a mi hermano, que había repetido séptimo, y me quería hacer
repetir, me metía miedo, y me decía mirá si seguís así, vas a repetir el año, vas a
repetir el grado. Igual yo no repetí. Mi hermano tampoco pudo terminar la secundaria,
no anduvo bien. Una vez que tuvo que rendir un examen para el que había estudiado
bastante, como se trabó un poco, la profesora empezó a decirle ¡dale ...! ¿qué, no tenés
cabeza? ¿qué, no te da para pensar? ¡dale, pensá! Que ¡acaso sos enfermito!. Mi
hermano le decía espere, que me está poniendo nervioso. Y se puso tan nervioso, que no
le salía nada, ya después no se acordaba nada. Entonces ella dijo no, tenés un cero. Mi
hermano salió dando un portazo y amenazándola a ella y a su familia, por eso le
pusieron como veinte amonestaciones. La profesora hizo la denuncia a la policía y todo,
pero mi viejo no se quedó tranquilo, hizo una contradenuncia y ahí explicó por qué mi
hermano había actuado así, también le dijo a la directora que la profesora, por más que
fuera profesora, no era quien para decirle a mi hermano cómo pensaba él, que para eso
están los padres.
Cuando tuve que rendir una materia que me había llevado en primer año, me
pasó algo parecido, había estudiado con un compañero y nos habíamos preparado bien,
llegamos a sacar humo de la cabeza, pero … la vieja me dijo que nosotros dos no
habíamos estudiado para nada, que habíamos venido a perder el tiempo. ¡Y nosotros
habíamos estudiado!. No sé por qué no aprobamos si contestamos todas las preguntas,
por lo menos un cuatro nos tendría que haber puesto, porque nosotros habíamos
estudiado.
La que siempre estuvo al lado mío ayudándome con las cosas de la escuela fue
mi mamá, además ella había sido compañera de la primaria con la directora, así que
cualquier problema lo hablaban entre ellas. Cuando había que llamar a padres por
alguna macana, yo siempre decía mejor llamen a mi mamá, por las dudas. Pero ella
42
siempre estuvo para ayudarme con todo, con las tareas, cuando había que juntar plata
para algo, con todo. Me acuerdo de una vez que nos habían dado el boletín y eran casi
todas notas malas, todos PS17, entonces a mí se me ocurrió, porque era re vivo para esas
cosas, borrarle un poco y dejar todos So18, no puse ningún S19, más vale. Mi papá firmó,
todo, y no se dio cuenta de nada. La que se avivó fue la maestra y entonces me dijo voy
a tener que llamar a tus padres, ahí fue que le dije no, mejor llame a mi mamá nomás,
por las dudas. Pero por suerte todo se arregló después, mi mamá habló con la maestra y
quedó todo bien.
3. Creciendo: las chicas y el trabajo
Cuando era chico vivía cerca del estadio, ahí me acuerdo que tenía amigos en la
cuadra, vecinos de mi edad y amigos también de mi hermano que eran un poco más
grandes que yo. Con ellos jugábamos siempre a andar en bicicleta o también al fútbol en
una canchita que hay ahí atrás. Con mi hermano jugábamos a la guerra de piedras: a la
hora de la siesta, uno se ponía en el patio de adelante y otro en el de atrás y entrábamos
meta piedrazo nomás. O si no, nos íbamos a jugar a la barda con el carting o con la
bicicleta, a tirarnos por los cañadones. Una vez me acuerdo que casi lo matamos al
perro que todavía tenemos en la casa, resulta que habíamos arreglado el carting, lo
subíamos así a una subidita en la barda y lo atábamos al perro, mi hermano bajaba y lo
llamaba y yo me subía al carting, entonces el perro salía como loco tirando del carting
conmigo arriba y así bajábamos. Una vez se desvió el perro porque mi hermano corrió
para otro lado y allá fuimos a parar el perro, el carting, yo, todo, casi nos matamos esa
vez. Pero estuvo buenísimo, lástima que se nos rompió el carting y no lo pudimos
arreglar más. Pero con mi hermano siempre fuimos … bah … más que nada yo soy así
de interesarme por arreglar cosas, mirar cómo se hace y arreglar. Mi papá me enseñó a
hacer toda clase de trabajos, yo siempre lo tengo a él como ejemplo porque siempre fue
de aconsejarnos mucho.
17
Poco Satisfactorio.
18
Satisfactorio.
19
Sobresaliente.
43
Mi mamá siempre nos acompañó en todo, con ella siempre me sentí muy seguro
en la escuela primaria, porque era medio amiga de la directora, habían sido compañeras
de la primaria y si había algún problema, siempre la llamaban a mi mamá. Lo que me
pasaba siempre era que si a mí me molestaban, yo siempre la devolvía, en la escuela yo
le paraba el carro a cualquiera, entonces por eso siempre tenía algún problema y
llamaban a mi mamá. En la escuela parroquial era todo así, muy estricto, y eso no me
gustaba.
Lo que estuvo muy bueno fue el viaje de egresados, fuimos a Bariloche junto
con chicos y chicas de otras escuelas de Cinco Saltos o de Cipolletti. Más que nada eran
chicas, pibas, todas pibas. Ahí conocí un montón de pibas. Me acuerdo que el hotel
tenía un boliche propio y bueno, de noche todos los gatos son negros … así que
aprovechábamos y sacábamos a bailar a las chicas, muchas deben tener todavía mi
número de teléfono, porque las pibas son más de guardar que uno. Había uno de los
pibes que siempre, todos los días, rebotaba cuando sacaba a bailar y una noche me dijo,
como que me desafió a que sacara a bailar a una piba que siempre decía que no. Y
bueno, yo fui y le dije ¿querés bailar?, y la piba dijo que sí ahí nomás. El pibe se
agarraba la cabeza, se quería morir. Pero estuvo hermoso ese viaje, yo siempre andaba
rodeado por un grupito de pibas, siempre estaban conmigo, me jodían, me sacaban
fotos, deben tener la bocha de fotos mías.
Siempre fui así, de gustarme mucho la joda, por eso quizás si hubiera parado un
poco, ponerle un poco de límite a la joda, capaz que me iba bien en la secundaria, pero
en primer año me llevé ocho materias y no quise seguir. El tema era ese, que yo llegaba
y me ponía a hablar solamente con las pibas y jodía con ellas, y bueno será por eso que
hasta el día de hoy si me cruzo con ellas por la calle, me paran y nos ponemos a charlar
y yo sigo jodiendo, sigo en la misma joda nomás. En primer año, cuando me llevé tantas
materias, mi papá me preguntó ¿te gusta esa escuela, si o no?, él me preguntó bien, yo
pensaba que iba a reaccionar de otra manera, pero no fue así. Me dijo bueno, no va a
rendir nada ¿no? ¿y no querés hacer ni una cosa?, bueno, ahora va a tener que
trabajar nomás. Y bueno, yo no tuve ningún problema en ayudarle a él a trabajar y
encima me anoté en el Ce.M.O.E. para estudiar.
En el Ce.M.O.E. la motivación es distinta que en la secundaria, porque están los
talleres en contra turno. A los talleres uno va y tiene como una amistad con el profesor,
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que a uno lo saca, lo despeja de todo esto. Capaz que uno iba a metalúrgica y estaba con
los fierros y hacía lo que le gustaba, o capaz que iba a carpintería y bueno, por lo menos
me despejaba porque trabajar con la madera no me gusta mucho a mí. Pero bueno, es el
entusiasmo de aprender cosas que uno no sabe, esto lo lleva a uno esforzarse y salir
adelante. Era distinto en la secundaria, o sea, no era tanta la motivación porque eran
todas cosas que ya sabía, por ejemplo aprender a leer, ya sabía, o escribir una carta,
capaz, pero la motivación no es tanta. En cambio por ejemplo yendo a electricidad uno
no sabe cómo unir un cable y bueno, yendo a los talleres uno sabe que va a ir
aprendiendo de a poquito, uno deja un trabajo a medias en una clase y ya sabe que en la
clase siguiente lo termina. ¡Qué! a la clase siguiente viene rápido a terminarlo y a
probarlo y si queda bien uno se pone contento. Por eso creo que me ha ido bien en el
Ce.M.O.E., además en las materias de aula eran muchas cosas que yo ya sabía por la
experiencia que tenía de la otra escuela, será por eso que en tercer año egresé con un
promedio de 8,99, me fue muy bien. Igual eso no quiere decir que en Ce.M.O.E. no
haya joda, con los pibes siempre hemos hecho macanas, como por ejemplo prender
fuego a los tachos de basura. Un pibe agarraba el encendedor y le tiraba un papel
prendido adentro y era la humareda adentro del curso, hasta que llegaba la preceptora y
nos hacía apagar el fuego. Con los vecinos siempre había problemas, me acuerdo de una
vez que subimos un paredón para ir a buscar una pelota que se nos había caído del otro
lado y le habremos tirado cuatro o cinco ladrillos, pero el vecino se re enojó con
nosotros que lo único que queríamos era buscar la pelota.
A veces a algunos profesores los pibes les faltaban el respeto, les decían viejo de
mierda y todos los insultos que puede haber en un curso donde no hay nada para
disciplinar, para que los pibes se tranquilicen y digan bueno, si yo hago esto, me van a
hacer eso. Porque no había amonestaciones ni nada, los pibes sabían que por más cosas
que hicieran no les iban a hacer nada, o les iban a decir hijo, portate bien, o por ahí iban
a llamar a los padres, pero los padres de la mayoría de los pibes era como para
sacárselos de taquito nomás. Yo creo que los pibes reaccionan con violencia porque ven
la violencia en la casa, ven que no hay trabajo, que los padres discuten fuerte y bueno,
ahí el pibe se trae toda esa carga negativa y la descarga en la escuela. Yo conozco
algunos pibes como Castillo, por ejemplo. Ese pibe, los padres se separaron y cuando él
estaba viviendo con el padre era un desastre, cuando se fue a vivir con la madre estaba
un poco mejor. Pero a él no le importa nada, es un pibe que ya tiene hijos, que anda por
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ahí diciendo mirá, ése es hijo mío y se ríe, a él no le importa dejar embarazada alguna
piba. Es algo de lo que él se siente orgulloso, como si hubiera construido un edificio, o
algo así. A ese pibe lo suspendieron una vez, pero en la casa no se enteró nadie, él hacía
como que venía a la escuela y se iba a la plaza o a cualquier otro lado. Él, con tal de
llamar la atención no le importa nada lo que hace, de bien que está puede agarrar los
anteojos de un pibe, se los revolea, los rompe y después se mata de la risa. Al principio
ninguno decía nada, pero ya después, cuando preguntaban ¿quién fue?, todos decíamos
fue él, fue él, el mismo de siempre. A los pibes que son como él, que no entienden más,
que todo les parece gracioso y que por más que uno le explique no entienden, a esos
pibes habría que llevarlos a un reformatorio, a un lugar para que los rehabiliten, que los
obliguen a hacer las cosas bien. Ese pibe fue el más quilombero de todos, pero los
demás no, por ahí había un grupito que se juntaba y hacía hecatombe, pero después
hablaban con ellos y se tranquilizaban y eso fue hasta segundo año, porque ya en tercero
nos dijimos calmémonos, tratemos de hacer las cosas bien y nadie tuvo quejas de
nosotros. Por ahí con algún profesor que trataba mal a los pibes, que les faltaba el
respeto, en ese caso sí armamos lío. Incluso un profesor tuvo que renunciar, pero lo que
pasaba era que él no tenía autocrítica, él pensaba que todo lo que hacía estaba bien y eso
no era así, porque algunas veces venía con problemas de afuera y se las agarraba con
nosotros y eso no puede ser.
De lo que sí me acuerdo fue de la protesta que organizamos para pedir los
materiales que nos hacían falta para el taller. Yo era el cabecilla porque me habían
nombrado delegado, me acuerdo que hicimos de todo, incluso fuimos al Consejo de
Educación, hicimos clases públicas, hablamos con las cámaras de televisión y todo.
Cuando volvimos, nos vinimos con la promesa de que el viernes iba a venir una señora
del Consejo. Vino, estuvo viendo la escuela, estuvo viendo las instalaciones, le mostré
yo las cosas, el paredón que estaba que se caía, le digo yo. Esto es un riesgo muy
grande para los pibes, le digo yo, ¿sabe el quilombo que pueden tener ustedes si se cae
un ladrillo arriba un pibe? No tienen nada que andar haciendo arriba el paredón, me
dice. No importa, señora, le digo, esto está que se cae. ¿Usted tendría un paredón así
en su casa? No, me dice. ¿Y por qué nosotros lo tenemos que tener? Y bueno, andaba
anotando. Vimos los baños y otras instalaciones, las mesas. Hay chicos que, que a la
noche tienen que estar sentados en el piso, porque no tienen mesa, le digo yo. Bueno,
dice, el martes yo le voy a mandar un camión con todas las cosas. Pasó el martes, pasó
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el viernes, pasó el jueves, llamamos, llamamos. Por ahí nos cansamos. Habíamos pedido
madera para carpintería, cable, unos hierros y las sillas de la escuela. Era lo fundamental
por lo menos para tirar hasta que se les ocurriera leer nuestro petitorio y todas las
herramientas que necesitábamos. Nos trajeron treinta bancos con su par de sillas. Para
carpintería nos trajeron pallet, para electricidad nos trajeron un rejuntado de cables, o
sea que lo único rescatable de ese montón eran las sillas, unos bancos enormes,
grandísimos, re lindos estaban y esos los acomodamos en la sala de dibujo.
Después de eso vino un día el gobernador a la municipalidad y nosotros pedimos
audiencia para hablar con él. Cuando estábamos ahí adentro me acerco yo y le digo
buenas noches. Buenas noches, me dice. Nosotros somos un grupo de alumnos, padres
y docentes del Ce.M.O.E. Si, si, si me he enterado, dice. Nuestro petitorio es más que
lógico porque, no hace días que venimos pidiendo, sino hace años, no sé si el señor del
Consejo lo tendrá en su banco, en el tacho de la basura o en alguna estantería donde
tiene los registros. Nosotros hace cuatro años que venimos pidiendo un petitorio con
una lista de herramientas, ése como segundo tema, porque como primer tema venimos
a pedir también la escuela nueva. O si usted mal no se acuerda, en el ‘94 estuvo por
acá, ¿se acuerda? Porque si no se acuerda, nos aguanta un segundito, si tiene alguna
video grabadora, tenemos un video donde usted sale grabadito que dice, cuando se
acerca ahí al stand de la escuela donde estamos en la exposición y nosotros le
comentamos el problema de esta escuela, que queríamos una escuela nueva. Usted se
comprometió a que para el año que viene, o sea, estamos hablando del ‘95, nosotros
íbamos a tener la escuela nueva. Ah, si, si, me acuerdo, no hace falta, me dice. Claro, le
digo yo, ahora estamos pidiendo una escuela nueva, ahora que se acuerda, que usted
afirma que se acuerda, estamos pidiendo la escuela nueva. Porque hay pibes que viven
en el barrio. Vienen de una punta a la otra, tienen que cruzar el pueblo para llegar al
taller. Del taller tienen que ir a la otra punta y de la otra punta, a comer y venirse a la
escuela, o sea que no le alcanza el tiempo, le digo yo. Pero si nosotros tuviéramos el
taller en la escuela, todo junto, a uno le alcanza. Si, me dice, pasa que este presupuesto
ya cerró, para el presupuesto del año que viene va a entrar seguro la escuela. Y bueno,
así le seguí diciendo, era como que casi no lo dejaba ni hablar, le dije lo del petitorio
que habíamos presentado con los materiales que necesitábamos para los talleres y que
hasta ahora no habíamos tenido casi ninguna respuesta. Le conté que nos habían
mandado pallet para el taller de carpintería y que esa madera no servía para nada,
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porque son maderas de pino rojo, finitas, que solamente sirven para leña o para hacer un
cerquito, nada más. Ahí en el salón estaba toda la gente, los que estaban esperando que
los antendieran, los que estaban con las cámaras de televisión, todos. Y yo no paraba de
hablar, me hacían señas de luces para que me callara, pero yo estaba con el micrófono y
tenía que decirle todo lo que pensaba. Incluso le conté que una vez que llamamos por
teléfono para ver qué pasaba con lo que habíamos pedido, nos contestaron que no tenían
gasoil para el camión y que por eso no nos mandaban las cosas. El tipo miraba así como
sorprendido, le preguntaba a la gente que estaba con él y me decía no, no, esto no puede
ser. Entonces le dice al del Consejo: y … más o menos …¿de cuánto estamos hablando?
Y el otro le contesta: y …unos setenta mil pesos, más o menos. Y bueno, ahí pidió la
chequera y nos hizo los cheques, setenta mil pesos en doce cuotas. Con eso compramos
los materiales para los talleres que estábamos necesitando y también herramientas, eso
lo fuimos decidiendo después y también participamos los alumnos, porque si la movida
para reclamar la habíamos organizado nosotros, también teníamos que estar para ver en
qué se gastaba la plata que habíamos conseguido. En esta movida estuvimos más que
nada los varones, porque las pibas no querían saber nada, se tomaban el palo. Cuando
nos juntábamos para elegir los delegados de curso o a veces también para tirar
propuestas, ellas andaban con las amigas, así muy abrazaditas, tomaditas de la mano, en
el rincón. Entonces yo me calenté y les dije que si ellas iban a andar de joda, era mejor
que se fueran, que nadie las necesitaba. Y así fue nomás, nos organizamos los pibes
solos.
Pero el resto del tiempo con las chicas en Ce.M.O.E. hay un trato así de amistad,
ellas vienen siempre, me joden, o yo estoy jodiendo con ellas. Vienen y me abrazan, me
preguntan ¿cómo estás? Y yo también, para no quedarme atrás las abrazo también. Por
ahí yo no tengo cigarrillos y ellas tienen y me convidan o si yo tengo les convido. Yo
siempre fui de saludar a las chicas, hay una que venía antes a la escuela y cuando la veo
la saludo, pero ella por ahí se pasa de largo, me empieza a decir cosas, me dice chau, mi
amor. Yo la saludo con un beso y ella después me empieza a gritar cosas, capaz que no
la salude más a esta piba porque si no, se va hacer “la película”.
Las pibas de la escuela a veces me cargan con mi novia o con las cosas que me
equivoco cuando hablo, porque por ahí hablo demasiado rápido y no me sale bien
alguna palabra y ellas se ríen y me cargan. O si no, vamos por la calle y me dicen
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¿cómo anda mi amorcito … mi guachito?, o ¿qué te pasa que andás triste? Y yo les
digo no, las chicas no me quieren más. Bueno, pero si nos tenés a nosotras, me dicen.
Uy, bueno, me pongo contento, les digo yo. Pero con ellas tengo un trato así muy
hablado, siempre con respeto, sin pasarse de largo, porque por ahí les decís algo bonito
y se lo toman en serio, vienen y te dan un beso, no, eso no.
Por eso, por estar con las pibas estamos teniendo ahora las clases de matemática
en la escuela. Antes teníamos todas las clases allá arriba, en el taller, pero ahora lo
estaban pidiendo las pibas y también nosotros, para no aburrirnos, así que nosotros
ahora tenemos clases en la escuela, porque somos cumplidores. Eso pasa ahora que
terminé el Polivalente y estoy haciendo un curso de mecánica que dura un año y es todo
en el taller, allá arriba.
Así, por joder con las pibas me puse de novio por primera vez, estábamos en una
clase de computación en el C.P.E.M. y empezaron a mandarme cartitas preguntándome
quién me gustaba y yo por decirles un nombre, para que me dejaran de molestar porque
quería terminar el práctico les dije: Leticia. Y bueno, ahí todas se pusieron tristes, todas
menos Leticia que puso una cara así como de sorprendida. Pero eso no duró mucho
porque esta piba, Leticia, era medio rara, por ahí estábamos todos juntos charlando y
ella se apartaba, parece que no le gustaba, era un poco enojona. Tampoco le gustaba que
yo estuviera con otras chicas, a veces estábamos en el patio y yo ponía la cabeza así
sobre las piernas de las chicas y ellas me acariciaban el pelo y eso a ella parece que no
le gustaba. Así que un día me dijo: si vas a seguir así, no. No sigamos y listo. Mejor, le
digo yo, porque no me gustaba, aparte. Duró una semana nada más, ella siempre se
quejaba de que yo no le daba bolilla, que seguía igual con las chicas y eso le molestaba.
Era medio raro tener una novia en el mismo curso, me acuerdo que cuando nos
peleamos todas las pibas se pusieron re contentas. Porque yo siempre tenía como un
cariño especial por ellas, iba y las abrazaba, les hacía jodas, ¡siempre era como que tenía
una alegría!.
Pero las chicas por ahí se pasan, se la creen. Me acuerdo de una que me siguió
desde la escuela hasta la pasarela de la ruta, siempre diciéndome cosas: vení, vení
¿cuándo vas a transar conmigo?… Y bueno, yo le dije ¿qué querés? ¿un beso?, bueno,
tomá. Y le di un beso, para que me dejara tranquilo nomás, después no me jodió más.
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Había otra piba que también me había agarrado así como cariño, ella iba a la
misma escuela que mi sobrinito y me veía siempre cuando yo lo iba a buscar a él. Un
día mi sobrinito me contó que unas pibas lo andaban molestando, que le decían que me
mandaban saludos y todo eso. Fui a la salida de la escuela y hablé con ellas, les dije que
no molestaran más a mi sobrinito, pero esa chica, Analía se llama, parece que me había
tomado un cariño especial y más todavía porque ella venía a mi casa a las clases que
daba mi mamá de artesanía. Pero fue todo una casualidad, porque ella, Analía, fue la
que me presentó a Marina, mi segunda novia.
Con Marina empezamos a andar de novios después que entré en el Ce.M.O.E. y
duramos como dos años y medio. Todo se arruinó porque ella es muy celosa, aunque
capaz que yo también tengo un poco de culpa por ser así, que no me doy cuenta y le
hago dar celos. Pero ella era muy ciega con los celos, yo no podía pasar por el frente de
la parroquial secundaria por ejemplo, porque ella decía que ahí siempre había muchas
chicas, entonces para ir de mi casa a la escuela tenía que darme toda una vuelta por el
lado de las chacras. Ella no me dejaba ir solo ni a la carnicería, cuando mi mamá me
pedía que le hiciera algún mandado, ella siempre iba conmigo y mi mamá decía qué
¿andás con guardaespaldas? Mi mamá le decía que no tenía que ser así, pero ella no
entendía. Y eso fue lo que nos hizo pelear, los celos de ella, porque tenía miedo de
perderme. Por eso siempre le digo a Silvina, que es mi novia ahora, que si tiene celos
que se los olvide, porque eso no nos va a hacer bien. Silvina es la sobrina del dueño del
ciclismo y ahí fue que la conocí. Ella también, a veces me pellizca cuando vamos por la
calle y yo saludo a alguna chica o cuando le cuento que estuve con alguna de sus
amigas, es re celosa, pero yo le he dicho que se olvide de los celos.
Yo por ahí estoy cansado, porque vengo de trabajar todo el día con mi papá y
Silvina muchas veces no entiende eso, ella piensa que yo tengo todo el tiempo, pero no
es así. A veces, cuanto no tenemos trabajo yo pienso ¡qué bueno, ahora tengo tiempo
para estar con mis amigos!, y entonces me cambio y salgo, pero me pasa que después
que estoy un rato con ellos ya me entro a aburrir. Igual que mi papá, que siempre está
haciendo algo, él cuando no tiene changas se busca algo para hacer para la casa o para
alguien que le haya pedido, pero no se puede quedar sin hacer algo. Pero bueno, a veces
estoy cansado y capaz que debe ser porque hace mucho que trabajo, desde los trece años
trabajo, empecé desde muy chico. Ahora los fines de semana estoy cercando una parcela
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que tengo en la planicie, después voy a limpiar todo y no sé, capaz que algún día,
cuando llegue el agua allá, pueda plantar viñas, pero siempre tengo que estar haciendo
algo.
4. Mi pasión por la bici20
Bueno, esto empezó a los cuatro años, en mi casa de la calle Cuba 234. Había
una bici chica y yo le dije a mi papá que quería que me la arreglara para poder aprender
a andar. Mi papá la mandó a arreglar y yo empecé con mi travesía. A lo primero todo
bien, no me caía porque la bici tenía rueditas, pero el tema vino cuando le sacaron una
rueda, me caía dos por tres. Hasta que aprendí y después no me pasaba nadie, andaba
para arriba y para abajo. El tema vino cuando empecé a crecer y ya la bici me quedaba
chica, así que me armaron otra y con esa bici hacía más carreras con los chicos del
barrio.
Después de todas esas cosas nos mudamos a la calle Lago Traful 1529 y esa bici
que me habían armado ya no me gustaba. Así que como mi papá no tenía plata, mi
hermano me dio la suya que era una todo terreno. No me duró nada y fue así que de a
poco me quedé sin nada hasta que cuando salí de la primaria me pude comprar la bici
que quería gracias a mi padrino. Pero también esa me va a durar poco porque me la
robaron en la escuela. Pero eso no me importaba porque al tiempo volvía a armarme
otra bici que estaba buena. Me acuerdo que con esa bici fui a todos lados, porque con
mis amigos salíamos a andar, nos íbamos hasta el lago Pellegrini y una vez nos fuimos
hasta Cipolletti, Neuquén, Centenario. En esos tiempos teníamos ganas de andar en bici.
En sí, las bicis siempre me gustaron y me van a seguir gustando porque para mí es un
lindo pasatiempo y aparte, sano.
Debe ser por eso que cuando ya me hice un poco grande empecé a juntarme con
los amigos que tengo ahora en el ciclismo. Me hice amigo ahí, en el ciclismo, nos
hicimos todos amigos, fuimos cayendo, yo caí un día a arreglar la bicicleta y nos
pusimos a charlar así, y bueno y che, a la tarde ¿podés venir a tomar unos mates? Y
bueno, así empezaba uno a caer más seguido y nos hacíamos amigos. Y siempre por ahí
20
En la escritura de esta narración se han incorporado párrafos de un texto escrito por Nicolás a pedido
mío acerca de la bici. El título ha sido tomado también de dicho texto.
51
se ríe el dueño del ciclismo, porque por ahí está solo y por ahí caemos todos de golpe y
empezamos a joder como siempre. A todos los conocí así, o sea yendo al ciclismo, no
en la calle, siempre en el ciclismo, siempre ahí, era el punto de referencia para
encontrarnos todos. La mayoría son mayores que yo, por ejemplo el Chino tiene 25 años
y Eduardo, 21; pero igual somos amigos. A veces salimos juntos, vamos a Neuquén,
salimos a comer a La Anónima o también una vez fuimos a Las palmas a bailar. Como
ellos son medio vergonzosos no van tanto a mi casa, me preguntan primero si están mis
viejos y si les digo que estoy solo, entonces pasan y nos juntamos a comer pizza o algo
así.
Es bueno tener amigos mayores, uno los toma así como si fueran un ejemplo
para la vida, ellos te pueden ayudar y aconsejar también, aparte nos divertimos un
montón como cuando corríamos a los bici policías. Resulta que íbamos en bici dos o
tres y nos ganábamos a la orilla, frenábamos de golpe y nos ganábamos a la orillita de la
calle, a la par de los policías, andando en bicicleta. Y empezábamos a hablar entre
nosotros con los policías en el medio, en las bicicletas y nosotros en las puntas.
Hablábamos fuerte y los policías miraban. Vamonós, vamonós, decíamos. Y
arrancábamos los dos y mirábamos para atrás y los milicos atrás de nosotros. Los
llevábamos a dar una vuelta por la plaza, subíamos por la rotonda, y después los
perdíamos, nos matábamos de la risa de los bici policías.
Ahí en el barrio son los únicos amigos que tengo porque a los que tenía en el
otro barrio no los veo casi nunca, es como que nos fuimos perdiendo cuando me cambié
de casa. Esos fueron amigos de cuando yo era chico, cuando iba a la primaria. Ya
cuando pasé a la secundaria conocí a otros pibes y me hice amigo con otros y ahora,
bueno, ahora están los amigos del ciclismo.
52
El relato de Calcu
a. Análisis de la identidad a partir de las entrevistas a Bene
(Calcu)
Oposiciones Oposiciones Oposiciones
de secuencias de actantes de proposiciones
argumentativas
Cuando el padre consumía Padre: alcohólico (borracho), Imagen paterna que no
alcohol. Él era chico y no se golpeador. Él que no podía desea imitarse. No se
daba cuenta de muchas hacer nada contra su padre puede hacer nada cuando
cosas, el padre le pegaba. Él cuando bebía y era violento se es chico. Ser un hijo
solamente era un hijo. Vivía con toda la familia. Él era descuidado por su padre.
con su madre y sus “soltero”. La madre El padre abandona y
hermanos en la chacra. El castigada. Los hijos castiga porque repite su
hermano mayor era el que desprotegidos. El hermano propia historia. El
protegía / Cuando el padre mayor que discute con el hermano mayor se opone
se alejó del alcohol, él fue padre, que lo amenaza con un al padre hasta que asume
creciendo y empezó a rifle, que construye la casa la mismas conductas que
comprender, pudo ponerle familiar / El padre que se él: bebe, se droga, porta
límites al padre interesa, que aconseja, que armas. Los hermanos se
amenazándolo con echarlo. no bebe tanto. Él mismo que golpean y sufren por el
Tuvo un hijo propio a quien puede reaccionar y hablar abandono del padre /
cuidar. Vivía con su señora con el padre, que protege a la Imagen de padre que se
y su hijo en el barrio, en el madre, a sus hermanos acerca a lo deseable.
terreno de la vivienda menores, a su señora y a su Hacer de padres de los
familiar. Pasó a ser el hijo, que puede defender a su propios padres: hacerse
hermano mayor de la madre de su padre, que se adulto: proteger a las
familia. juntó y quiso “tener un hijo mujeres (incluso a la
con la persona que yo madre), el varón mayor
quisiera y que supiera que protege al resto de la
iba a pasar mi vida”. La familia (incluso del
señora que cuida al niño, el propio padre). Tener un
niño querido y buscado. hijo para cuidarlo y
acompañarlo durante
toda su vida. Él quiere
ser diferente, no quiere
beber, quiere tener
esposa e hijos para
cuidarlos. El padre
promete cambiar, cuida a
sus hijos, nace un nuevo
bebé
Cuando era como un chico Él y el hermano que hacen lo Por los problemas que
de la calle. Cuando regresó que quieren en el barrio, se hay en la familia, los
la madre de Buenos Aires y “sacan la bronca”, reaccionan chicos resuelven las
todos tuvieron que ir a vivir de mala manera. El hermano diferencias en forma
53
con los padres / Cuando mayor que se hace violenta. En la casa es el
vivía con los abuelos. delincuente. La madre “quilombo”, no poder
Cuando empezó a ir a la golpeada que no puede jugar, escapar por la
escuela: la escuela primaria defenderse ni defender a sus ventana, llamar a la
en las chacras, el Ce.M.O.E. hijos, los hijos que no policía / Cuando hay
quieren vivir con su madre. adultos que respetan, los
El padre alcohólico, ausente. chicos también pueden
Los hermanos abandonados respetar. La niñez es
El desorden. / Los mismos estar alejado de la
chicos que encuentran un violencia, ser escuchado
lugar de contención en la y protegido. En la
escuela. Los abuelos que escuela es todo tranquilo,
cuidan y hacen de padres, él las maestras ayudan, se
y sus hermanos que juegan y puede jugar, hacer vida
son protegidos. Las maestras de niño
que ayudan y contienen, que
dicen que todo va a pasar
pronto. En el Ce.M.O.E.:
profesoras que contienen,
todo tranquilo
Andar mal en la escuela, no Él y un compañero que no Él no sabe por qué no
entender, no hacer las entienden al mismo tiempo entiende, o tarda más que
tareas / Aprobar, pasar de que los demás, él que no sus compañeros en
grado, estudiar puede completar el cuaderno, entender / Él, no sabe por
la maestra que brinda apoyo / qué, pero le va bien en
Él, que anda bien en las las pruebas, saca
pruebas, que pasa de grado, excelente
saca buenas notas
Cuando los compañeros lo Él que aparece como callado La humildad relacionada
toman de “punto” / Cuando y humilde, los compañeros con el barrio de
él se defiende y puede poner que se burlan de él / Él, procedencia y las
límites mismo que dice basta, que se actitudes (ej.: timidez, ser
pelea, que pone límites, los de pocas palabras) / Ser
compañeros que no molestan humilde no significa
más permitir todo, hay que
saber defenderse
Cuando era soltero y salía aÉl que sale con otros chicos Ser soltero da algunas
los boliches / Después que y chicas de su edad / Su libertades / Estar casado
se juntó y no salió más a los
señora, él que no va a los implica sujetarse a reglas,
boliches boliches, se queda en su horarios, costumbres
barrio
El curso en segundo año del Los alumnos que hacen Algunos siempre hacen
Ce.M.O.E. / El curso quilombo /Los que son quilombo, son los “otros”
después que expulsaron a tranquilos / La mayoría son
los que se drogaban “tranquilos”, hablan,
ríen, pero están
calmaditos
54
b. Los escritos: mirando a través de otros ojos
1. Y nos escapamos
Ese día decidimos irnos de la casa. Yo ya estaba cansado de que el padrastro del
Cristina se opusiera a nuestra relación. La última vez que había ido a la casa, él me
había empezado a molestar diciéndome si yo trabajaba … que tenía poca cara de
trabajador y qué sé yo. En ese momento a mí se me ocurrió decirle, siempre con respeto,
porque yo soy muy respetuoso, que Cristina siempre había hablado muy bien de él, que
yo no tenía nada que decir de él, pero que no quería que anduviera metiéndose en mi
vida o en la de Cristina. Después me fui. Claro que él parece que después se arrepintió y
me anduvo llamando, varias veces me mandó a llamar, hasta que fui y ahí me pidió
disculpas, me dijo que no sé, que lo disculpara, que se había equivocado y qué sé yo.
Pero con Cristina ya hacía siete meses que andábamos de novios, yo la conocí un
día esperando el bondi para ir a la escuela, estaba con mi tía y ella me la presentó. No sé
por qué pero desde el primer momento que la vi, ella me pareció una chica muy buena,
y la quise y la quiero un montón, más ahora que tengo un hijo con ella. Entonces fue
que empezamos a hablar, ella me mandó una carta y yo le contesté, después nos vimos y
ahí fue que le dije que la quería, pero que no pensara que era por un momento nada más,
que si empezábamos algo no iba a ser por diversión nada más, que yo sentía algo por
ella y lo que quería era empezar una relación. Y bueno, ahí fue que empezamos a ser
novios, ella estuvo como tres días sin venir a la escuela porque los padres no querían
que nos viéramos, después tuvo que abandonar porque su mamá quedó embarazada y la
necesitaba en la casa.
Yo pienso que ellos no me querían porque conocían a mi familia, a mi viejo y
pensaban que yo era como él. Como dicen: de tal palo, tal astilla. Y eso es lo que nunca
le voy a perdonar a mi viejo, que yo vaya por mi barrio y todos piensen que soy igual
que él.
Después que pasaron varios días nos encontramos de nuevo en la casilla donde
se espera el cole, estábamos mi tía y yo y llegó Cristina, me abrazó y me dijo que no
pasaba nada, que su papá, bah … su padrastro y su mamá querían hablar conmigo. Yo
55
no quería saber nada, pero ella me convenció, así que fui. Y allí les dije, que yo a
Cristina la quería mucho. Cuando me preguntaron qué pensaba hacer, les dije que
primero estaba el estudio, como para empezar una conversación, nada más y entonces el
padrastro me dijo que estaba bien si pensaba así.
Mi suegra, o sea la mamá de Cristina estaba embarazada y después perdió ese
bebé, ya van como tres bebés que pierde, por eso ella no podía hacer nada en la casa.
Así que yo iba y con mi señora –que era mi novia entonces-, le hacíamos todas las
cosas, yo le cortaba leña y le prendía el calefón para que pudiera bañarse, barríamos,
hacíamos todo porque mi suegro no estaba, estaba trabajando en el campo.
Así fue pasando el tiempo, pasaron más o menos tres meses y yo ya sabía lo que
estaba pensando Cristina, pero ella un día se me acerca y me dice que había soñado con
un bebé y como que me da a entender que quería tener un bebé. Yo ya sabía y le dije
que yo también quería tener un bebé, entonces hablamos de que no estábamos casados,
pero que estábamos de novios. Nosotros no teníamos relaciones, tuvimos después que
nos juntamos porque yo quería ir despacito. Ella me decía que iba a ser su primera vez y
yo le dije entonces: ¡más te vale!, también le dije que tenía vergüenza y que no quería
apurar las cosas. Mi suegra siempre me preguntaba ¿pasó algo, pasó algo?, siempre así,
tratando de sacarme algo, pero yo siempre le decía no … su hija está intacta. Yo quería
ir despacio, porque a Cristina la quiero mucho, ella para mí es un ángel. Yo con las
mujeres soy respetuoso, el respeto es lo principal, la amabilidad. A mí no me gusta que
pase una chica y gritarle cosas, o por ahí si hay una señora, cuando nos paramos en la
esquina y hay una señora al lado, los pibes empiezan con groserías. A mí no me gusta
eso, yo de esos pibes, lejito nomás, no me gusta eso, me gusta respetar y nada más. Y
los pibes me dicen: ¿por qué no le gritás? ¡desacatate!, ¡sacá tu demonio! No, les digo,
yo no soy así como ustedes. Por eso los pibes me cargan y dicen: ¡hay, el Calcu …!.
Cuando volvió el padrastro de Cristina del campo, ya no seguí yendo todos los
días a la casa de Cristina, no sé por qué los padres se ponen así, será porque piensan que
les quitan a la hija mujer, qué sé yo. Empecé a ir dos veces por semana. Fue en ese
tiempo que Irene habló conmigo, ella era una amiga que había conocido en la iglesia
cuando yo iba para ayudar a mi viejo. No sé por qué, pero no le había querido contar
nada de Cristina, entonces ella no sabía nada que estábamos saliendo. Parece que habían
quedado todos los amigos de acuerdo y cuando llegamos a la casa de Irene nos dejaron
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solos y ella empezó a decirme algo como que siempre me había querido y qué sé yo,
que quería empezar una relación conmigo, no sé. Y yo le dije que no, entonces ella me
preguntó por qué, que si acaso yo no estaba solo y ahí fue que le dije que no, que estaba
de novio con Cristina. Ella se quedó muy mal, incluso ahora que se juntó y está
embarazada me sigue diciendo cosas. En ese momento pensé ¿por qué no habré
esperado? ¿qué hago ahora?, pero yo a mi señora la quiero un montón y no me
arrepiento de haberme juntado con ella.
Habrán pasado siete meses desde que empezamos a salir cuando nos escapamos,
nos fuimos al río los dos y ahí estuvimos juntos una semana más o menos, hasta que le
dije que ya era demasiado quilombo, que volviéramos y habláramos con todos. Fueron
los padres de ella a la casa de mi viejo y ahí les dije que bueno, que nosotros nos íbamos
a juntar y que ya era la vida de nosotros y que nadie nos iba a interrumpir, que nos iba a
decir cómo yo era, ni nada de eso. Así que ahí salió todo bien, estuvimos tres meses y
bueno ya ahí, después de los tres meses que estuvimos juntos empezamos a buscar un
bebé.
Yo siempre quise tener un hijo, pero no un hijo así para tenerlo y dejarlo
abandonado sino un hijo para cuidarlo y acompañarlo toda su vida. Cuando él nació yo
estaba en la iglesia, festejando el cumpleaños de quince de mi hermana. Llegó mi
suegra, así, corriendo, muy emocionada y me dijo que había nacido mi hijo. Todos
empezaron a felicitarme, yo estaba muy contento y quería salir corriendo para conocerlo
pero no pude ir hasta el día siguiente porque estaba en el hospital de Neuquén y no tenía
movilidad para ir. Cuando lo vi, no lo podía creer, todos en el hospital me felicitaban, lo
sacaron de la incubadora y lo tuve un rato en los brazos, ese fue uno de los días más
felices de mi vida. Cuando mi señora quedó embarazada, serían tres meses después que
nos juntamos, yo la acompañaba a los controles. A veces ella no se acordaba y yo le
decía: acordate que tenés que ir al control de la nena, porque yo quería tener una nena,
pero salió varón. Me acuerdo que cuando le dije a Irene que quería que fuera nena, ella
me dijo va a ser igual a mí. No, le dije yo, va a ser igual a mi señora. Irene me dijo una
vez que ella no iba a parar hasta tener algo conmigo, pero yo le dije que no, que yo
ahora tenía señora y que la quería mucho, que la quiero mucho y más ahora que tengo
un hijo. También le dije que ella me gustaba, un poco para que se tranquilizara, y que
yo por ahora no, pero por ahí, quién sabe, en la vida se volvían a juntar nuestros
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caminos. Un poco para hacerme la contra a mí, creo yo, ella se juntó al poco tiempo que
nosotros estábamos juntos con Cristina, cuando le dije que estábamos buscando un
bebé, ella me dijo que ellos también. Ahora está embarazada, el pibe con el que vive yo
lo conozco, es re tranquilo, muy buen pibe.
Yo no quiero ser un padre como mi viejo, él me ha contado que si actúa así es
porque él se crió solo, que sus hermanos lo echaron de la casa y que tuvo que vivir en la
calle desde muy chico. Dice que sus hermanos lo habían echado de la casa y que el papá
salió a buscarlo, cuando lo encontró él estaba jugando a la pelota en la calle y fue
entonces que un auto lo atropelló al que sería mi abuelo. Él murió y mi viejo desde ese
día vivió en la calle, todo esto pasó en Chile, no sé mucho de mi viejo, sí sé que estuvo
en la cárcel como tres años, por afanar, creo. Será por todo eso que le pasó, que mi viejo
nunca estuvo con nosotros, él siempre con su vino y nada más. Una vez él había llegado
borracho a la casa y empezó a pegarle con el cinto a mi vieja, a veces también nos
pegaba a nosotros cuando salíamos a defenderla. Ése día mi hermano mayor, el Nico,
que ya tendría sus quince años, agarró un rifle que teníamos y lo amenazó, le dijo que si
él llegaba a tocar a la vieja … No sé cómo hizo, pero lo encerró a mi viejo en la pieza y
yo fui a llamar a la policía, cuando llegué al destacamento un policía me alzó en brazos
y yo le conté lo que estaba pasando, también le dije que le iba a indicar dónde era mi
casa. Fuimos y la policía se llevó a mi viejo, él se reía nomás, estaba tirado en el suelo y
se reía. Cuando se lo iban llevando, lo único que pedía era que llevaran su vino,
entonces mi hermano le dijo que qué clase de padre era, que se acordaba primero del
vino antes que de sus hijos, que él se iba a olvidar de eso, pero sus hijos no.
Mis hermanos más chicos siempre sintieron eso de que mi viejo no se ocupara
de ellos. Mi hermanita veía la tele y quería hacer todo lo que veía, debe haber sido por
eso de que mi viejo nunca estaba en la casa, o si estaba, estaba en pedo. Un día ella se
tiró del techo del galpón de la chacra, serían como tres metros de altura. Ella había visto
súperman y entonces se puso una bolsa en el cuello y saltó para volar como súperman.
Se rompió contra el suelo, con mi hermano la levantamos y la llevamos a la cama.
Cuando ella se despertó se reía nomás. Mi vieja nos echó la culpa a nosotros de lo que
le había pasado a mi hermana, por esas cosas que nunca le creen a uno.
Mi hermano, el mediano, ése vivía golpeado, siempre se caía y se golpeaba. Él
usaba a los perros de la chacra como si fueran caballos, los montaba y se caía y entonces
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se golpeaba. Le gustaba ir a visitar a mi papá que estaba trabajando en la chacra,
siempre se subía a la escalera hasta que un día se cayó y mi viejo lo único que hizo fue
tirarlo en el sillón y decir: llevenló al médico. Esa vez vinieron los de acción social,
abogados o no sé qué son, nos preguntaron de todo, que por qué se golpeaba tanto mi
hermano, que qué era lo que pasaba … No sé por qué se golpeaba tanto, debe haber sido
por mi viejo, porque él no estaba nunca. Un día casi se ahoga, se cayó a un sifón que
usábamos en la chacra para tener agua, porque no teníamos agua corriente. No sé cuanto
habrá estado ahí hasta que pasó un tractorista y lo sacó, casi se muere esa vez. Pero mi
viejo es así, es como que nunca prestó atención a nada.
Por eso yo vivo con mi vieja ahora, ya le dije que a mí no me importa que ella
no haya estado mucho tiempo conmigo por eso de la operación de mi hermana, pero que
ella es mi vieja y mientras yo esté, que no me entere que el viejo le pone una mano
encima. Por suerte, ahora todo ha cambiado, ya mi viejo no toma como antes, él siempre
tiene su cajita de vino para el fin de semana, pero no como antes que tenía la heladera
llena de vino, ya es todo distinto. Incluso ahora él me habla, me da consejos sobre cómo
criar a mi hijo … pero él siempre ha sido así, como que no le da mucha importancia a
las cosas.
2. Distintos lugares para vivir
Mi hermano siempre me dice ¿qué va a pasar con nosotros cuando se nos vaya la
vieja?, y él está pensando ahí en mi abuela, porque yo a mi mamá no le digo mami, a mi
abuela le digo mami, a mi vieja la llamo por su nombre. Entonces mi hermano me dice
¿qué va a pasar cuando se nos vaya la vieja?, porque él piensa que va a volver a ser todo
como antes. Cuando nosotros éramos chicos a mi hermana la tuvieron que operar del
corazón en Buenos Aires, entonces durante todo ese tiempo que mi vieja estuvo
haciendo los papeles para la operación, nosotros nos quedamos en la casa de mis
abuelos, los padres de mi mamá. Cuando vivía con ellos si, era la tranquilidad, me iba
con mis tíos, que tienen mi misma edad, casi. Era diversión, era jugar. Era como que
ellos, mis abuelos, eran mis viejos que yo nunca tuve. Ellos estaban todo el tiempo
pendientes de lo que hacía y me cuidaban, me protegían, me dejaban jugar, podía
contarles mis cosas, salir con mis tíos a joder por ahí. Ahí sí que estaba bueno, todo era
jugar nomás y divertirnos.
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Mis abuelos nos cuidaban porque mi viejo no quiso hacerse cargo de nosotros, a
veces quería ir a visitarnos, pero mi abuela no lo dejaba, porque él estaba borracho. Me
acuerdo que cuando mi vieja volvió de Buenos Aires y nos fue a buscar, nosotros no nos
queríamos ir con ella, era como que no nos acordábamos de ella. Mi hermano se
enfermó y lo único que quería era volver con mi abuela, por eso lo tuvieron que llevar
de vuelta.
En esa época éramos chicos, y era como que no nos dábamos cuenta de muchas
cosas, después cuando fuimos creciendo, ya empezamos a pensar y sabíamos lo que
hacía mi viejo cuando tomaba. Cuando golpeaba, sentíamos el sentimiento, sentíamos el
dolor de ver a mi vieja llorando y sufriendo por culpa de mi viejo que empezaba a
tomar. Ya cuando teníamos diez, doce años ya empezamos a hablar con mi viejo cuando
él estaba fresco, le decíamos por qué hacía esto, por qué nos hacía sufrir y se ve que por
el dolor que sentía cuando nosotros le decíamos eso, él se tiraba al alcohol y volvía a
pasar siempre lo mismo. Ya después, cuando fuimos a vivir al pueblo, al barrio,
empezamos a tomar conocimiento, a vivir con la gente y toda la bronca que teníamos a
veces, los odios que juntábamos, siempre había una descarga, como que éramos así,
pibes de la calle, nos decían algo y enseguida golpeábamos, nos sacábamos toda la
bronca golpeando a alguien. Después empezamos a comprender que no era así.
Un día, cuando todavía vivíamos en una chacra cerca del río, mi hermano le dijo
a mi viejo que ya no podíamos vivir más ahí porque mis hermanos más chicos vivían
siempre en el río y eso era peligroso, que teníamos que irnos a vivir al barrio. Entonces
mi viejo le dijo que de dónde iba a sacar plata para hacer la casa y mi hermano le dijo
así: ¿vos no sos culo de guardar algo de plata para hacer la casa para tu familia?,
porque él todo el sueldo que ganaba se lo tomaba con sus amigos. Para la familia era el
asadito el día que cobraba y nada más, se quedaba con nosotros, hacía el asado,
comíamos y él después se iba con sus amigos a tomar, cuando volvía ya no tenía nada.
Por eso lo echaron de un trabajo que tenía en una chacra, el patrón se cansó de pagarle y
que él se tome la plata. Incluso el patrón nos daba ropa a nosotros y raciones de comida
a veces. Por eso se cansó y le dijo que se fuera. Mi hermano, después que le dijo así,
empezó a construir la casa, tardaron un año y medio en construirla y mi viejo no puso ni
un peso, se tomaba todo, no dio ni un cuarto de dinero para hacer la casa. Cuando nos
fuimos a vivir al barrio, mi hermano le dijo a mi viejo: yo esta casa la hice para que
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viva la vieja con la familia, para que la vieja sea feliz y no sufra con nosotros y si vos
tomás y te venís a hacer el loco acá, yo mismo te voy a sacar a patadas en el culo. Pero
él siguió tomando, una vez me acuerdo que mi vieja, por lo mismo que le hacía pasar mi
viejo, tomó veneno para hormigas, ella se quiso suicidar, estuvo dos semanas internada
por intoxicación. Después de eso vino a visitarla un pastor de una iglesia evangélica que
hay en el barrio. Estuvo hablando con ella, le dijo que tenía que pensar en sus hijos y
qué sé yo. Ahí mi vieja empezó a ir a la iglesia esa, yo a veces iba con ella, por
acompañarla y para ver si podía hacer alejar a mi viejo del alcohol. Él no quería que
fuera a la iglesia, a veces venía y preguntaba ¿dónde está tu vieja?, ¡seguro que está en
la iglesia!, y mi hermano le decía que ni se le ocurra ir a buscarla, porque eso es lo que
él quería, ir a sacarla de la iglesia y traerla a la casa. Un día había venido borracho y
para que no fuera a buscar a mi vieja, lo encerramos en la casa. Rompió todo, rompió
los vidrios de la ventana, todo. Al otro día cuando se levantó no se acordaba de nada,
preguntaba ¿y por qué está el lavarropas tirado en la calle? Y se ve que no se acordaba
que él mismo lo había tirado. Rompió todo ese día.
Cuando empecé a ir a la escuela ya era otra cosa, yo hice jardín y toda la
primaria en la escuela de las chacras y ahí bien, todo tranquilo. En el jardín hacíamos
actividades de infancia, armábamos una carpeta, todas las semanas me llevaba la carpeta
a la casa con las manualidades que hacíamos. Ya después cuando pasé a primer grado,
todo era nuevo, se hizo un poco más difícil de comprender para mí. Me acuerdo que nos
enseñaron el abecedario y todo bien ahí, nos divertíamos un montón, yo me divertía un
montón en esa escuela, me encantaba. Jugábamos … todo lo que no hacía en mi casa lo
hacía ahí. Jugábamos a la bolita, al fútbol, teníamos actividades de educación física,
plástica. Nos incluían horas especiales de música, nos daban clases de apoyo. Yo en lo
único que pensaba era en el recreo, que tocara el timbre y formar para ir al recreo, nos
matábamos de la risa. Me acuerdo de un compañero, Fredy, que con él casi siempre
estábamos en penitencia, éramos terribles, nos matábamos de la risa en el recreo,
hacíamos cosas así de infancia, nos divertíamos un montón. En la escuela con los
profesores todo bien, ellos nos respetaban, nosotros los respetábamos. Siempre había
alguna maestra mañosa, como en todos lados y nosotros la hacíamos rabiar, pero para
sacarle las mañas nomás. Las maestras nos respetaban y eso era lo principal, nos
explicaban todo cuando nosotros no entendíamos y eso no sé por qué era, entendían
todos y nosotros con el Fredy nos quedábamos, no sabíamos por qué.
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Teníamos un director que era hincha de Boca y cuando perdía River, él ponía
carteles por toda la escuela, decía que a todos los hinchas de Boca les regalaba el año y
que a todos los hinchas de River los iba a hacer repetir. Pero era buenísimo, con él todo
bien, todo tranquilo, director como él no he conocido.
Las maestras que me tocaron en quinto eran piolísimas, me acuerdo que ellas
sabían todo lo que pasaba en mi casa y me decían que no me preocupara, que todo iba a
pasar pronto. Me acuerdo que una vuelta mi viejo había estado demorado en la
comisaría toda la noche, fue esa vez que mi hermano lo había amenazado con el rifle.
Bueno, al otro día llegó, se sacó el cinto y dijo que si hablábamos nos pegaba, así que
nos mandó a dormir a todos. Mi vieja agarró, se fue a acostar con nosotros, se tiró un
colchón en el piso, me acuerdo que teníamos dos cuchetas y una cama. Acostó los nenes
más chicos, nos acostamos nosotros y ella se tiró un colchón en el suelo y durmió con
nosotros para que mi viejo no hiciera nada. Yo a la noche salí y mi viejo estaba
tomando adentro, agarré y me levanté, saqué las llaves de la pieza y le puse llave a la
puerta para que no entrara y nos golpeara. Al otro día a la mañana, serían las nueve más
o menos, nos levantamos y él todavía estaba tomando, entonces le preguntamos a mi
vieja si nos dejaba ir a la cancha, ahí cerca de donde vivía mi abuela. Mi vieja dijo: yo
los dejo ir, pero si voy con ustedes. Pero ¿por dónde salimos? Abrimos la ventana y nos
escapamos por la ventana. Cuando volvimos mi viejo estaba durmiendo, llegamos,
entramos por la ventana, abrimos la puerta y mi viejo nos preguntó: ¿por qué no se
levantaron? Mi hermano, que en ese tiempo tendría ya quince años le dice: ¿¡que
querés que nos levantemos para que vos nos golpés!? Y se levantó y le dijo: ¡dale,
peganos a los pibes!, le dice, porque ahora si, ahora si, te juro que te recago a palos si
tocás a mi vieja. Y ese fue el primer acto de mi hermano, la primera vez que se enfrentó
a mi viejo así. La noche pasada le había apuntado con el rifle y esa noche le dijo que nos
defendía a nosotros, puso la cara por nosotros y mi viejo le dijo: andá, andá para
afuera antes que te …, lo amenazó. Así que salimos todos de la casa, estuvimos afuera
hasta que él se quedó dormido y después entramos. Así fueron casi cinco meses
seguidos habrán sido con lo mismo y las maestras me decían que no me preocupara, que
todo iba a pasar pronto.
Cuando terminé la primaria empecé en el Ce.M.O.E., más que nada porque iba
mi hermano y también mis tíos. Con los pibes del Ce.M.O.E. la convivencia fue siempre
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tranquila. Tengo un grupo de amigos que están siempre calmados, o sea alejados del
quilombo, por ahí nomás nos colábamos en los quilombos que hacían otros. Siempre
éramos el grupito de los más tranquilos y bueno, siempre nos tiraban como bronca o
mala onda, que no hacíamos nada, que éramos unos … unos perdidos. Pero bueno, por
ahí nada más nos agarrábamos a piña con los otros, pero en la escuela, no, todos
respetábamos la escuela. Con los profesores supongo que siempre me llevé bien, ellos
siempre tranquilos. Por ahí teníamos un problema y hablábamos con los profesores o
hablábamos entre nosotros y surgían ideas del curso. A veces tenemos reuniones, así,
grupales en el curso de nosotros y por ahí salen ideas y llamamos al director, hablamos
con él a ver qué le parece, a ver qué podemos renovar acá en la escuela, alguna
comodidad para nosotros o para ellos. Por ejemplo, este año estamos pidiendo que nos
den más clase por semana de Seguridad e Higiene.
Un día mío adentro del Ce.M.O.E. es para la diversión, reírnos, o joder un rato
por ahí. En algunas horas nos enchufamos en alguna materia, pero en algunas no, bah,
en segundo año y en primer año en algunas que nos interesaba era estudiar, hacer las
cosas, pero si no, en las otras era un quilombo el curso. Por ahí, no sé por qué algunos
profesores nos caían pesados, eso opinábamos sobre ellos. Con Rodríguez21 siempre
calladitos porque es un profesor de carácter fuerte, siempre estuvimos calmaditos con
él. Pero con los otros profesores, no, siempre había discusiones, o salíamos del curso.
Adentro de la escuela siempre fue todo tranquilo, claro que había un grupo al
que le gustaba venir a joder y venir a joder para ellos era venir a drogarse a la escuela. A
veces nos invitaban a nosotros, pero nosotros no queríamos, no sé por qué se drogaban.
El director se daba cuenta y nos preguntaba a nosotros quién se andaba drogando y eso.
Nosotros nunca dijimos nada, nosotros le decíamos al director: bueno, problema de
ellos si quieren traer eso, droga, para mí, la droga es para quilombo y para perder
nomás. Pero nosotros no, todo bien con el director, todo tranquilo. Por ahí me dicen:
vení a vivir con nosotros la vida loca, aguante el sexo, las drogas y el rock and roll. Yo
les digo no, a mí dejame con mi cumbia y listo.
Siempre es así, o sea, calmado. Por ahí de vez en cuando tenemos un choque,
será por el día que por ahí nos descontrolamos, pero ya al otro día estamos calmaditos.
Todo es hablar cosas de nosotros, o reírnos, pero ya ir a salir a hacer quilombo … . Por
21
El apellido es ficticio.
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ahí estamos aburridos, hacemos quilombo en el curso, pero si no, no. Y eso más que
nada este año que hemos quedado los mejorcitos, como dice Marcela22, porque el año
pasado echaron a los que se drogaban, solamente quedó uno, pero está repitiendo
segundo año. Eso fue porque se habían robado un par de lentes en el taller de
carpintería, entonces los suspendieron a todos ellos. Fue también por la droga, ya el
director con los dos años que estuvo se empezó a dar cuenta, se ve que se empezó a
avivar y se dio cuenta quiénes eran los que hacían quilombo en el curso, será que los
profesores, como veían que tenían conductas raras, lo empezaron a notar. Ya habían
empezado a sacar plata, y bueno, todos decían que eran los mismos. Hasta que un día le
sacaron plata a un compañero y ahí contaron y largaron que se drogaban atrás de la
escuela, en el patio. Ahí el director dijo: usted no entra más a la escuela. Solamente se
salvó uno, que ahora está repitiendo segundo. Por eso ahora estamos todos tranquilos,
todos los pibes son de confianza y hasta ahora no se ha armado ningún problema.
3. De éxitos y fracasos
Cuando empecé la primaria me costó un poco: primer grado, aprender el
abecedario me resultó un poco difícil pero pasé a segundo. Ya en segundo grado, ya no.
A veces entendía, pero me costaba eso de pensar y resolver problemas, o a veces capaz
que no hacía lo que tenía que hacer, me dedicaba a ayudar a mis compañeros y no hacía
mis tareas. Entonces repetí segundo grado, pasaron todos y yo repetí.
Ahí fue que conocí al Fredy, que después fue mi amigo durante toda la primaria,
empecé el año bien, lo único que me costaba a veces era volcar mi entendimiento a la
carpeta. Porque yo hacía todo, todo lo que podía entender, lo que me acordaba de lo que
explicaba la maestra lo hacía, el problema lo tenía con las tareas. Así que ya a mitad de
año empecé a bajar las notas, ya no era el mismo de estudiar y todo eso. Pero igual
pasamos.
En tercer grado empezamos los dos y anduvimos bien, nos pusimos las pilas y
todo era estudiar nada más, habíamos agarrado el ritmo a los estudios, no jodíamos
tanto en clase. Cuando pasamos a cuarto ahí si, nos exigían a full, todo el tiempo era
exponer y exponer, ese año fue difícil para pasar. En la primera evaluación nos fue bien
22
Se refiere a una docente. El nombre es ficticio.
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y ya después ni estudiábamos casi, todo era joder y joder, jodíamos más que lo que
estudiábamos. A veces preferíamos salir a jugar al fútbol o ir a pescar que estudiar,
también me acuerdo que nos sacaban en plena evaluación porque éramos re bromistas
en el curso nosotros. Después nos matábamos de la risa cuando entregaron los informes
porque habíamos sacado todo bien. No sé cómo hicimos, pero ese año pasamos. En
quinto grado también pasamos, eran notas perfectas ese año. Siempre nos tenían que
explicar más a nosotros, no sé qué teníamos pero todos entendían y nosotros no,
nosotros nos quedábamos. Así que las maestras nos daban ellas mismas las horas de
respaldo para que nosotros pudiéramos avanzar más y por eso fue que pasamos también
ese año. Pero ya en sexto nos fuimos atrás del todo, no prestábamos atención en el curso
pero en las evaluaciones poníamos lo que podíamos y salíamos bien. Era para matarse
de la risa, en la carpeta teníamos todo mal y regular, pero en las pruebas salíamos bien,
en las evaluaciones siempre levantábamos. No sé por qué era así, era para matarse de la
risa.
Y después entré en el Ce.M.O.E., fui a esa escuela más que nada porque mi
hermano y mis tíos iban ahí, en primer año todo anduvo bien, era estudiar y estudiar
nada más. Lo único que yo siempre fui así callado, entonces algunos pibes nos habían
tomado de punto como quien dice, a mí y al Fredy. Porque éramos humildes, nada más.
Había una profesora con la que nunca me llevé bien, ella era así de mirar de
arriba abajo como rebajándolo a uno con la mirada. Yo, por más que estudiara y
estudiara para esa materia, en las evaluaciones salía siempre mal. La tuve que ir a rendir
y entonces hablé con el director para que él mirara los cuadernos de la profesora, para
que ella no me fuera preguntar otra cosa. Y bueno, la fui a rendir y todo bien, la saqué,
incluso la profesora me felicitó y el director me dijo algo así como que era el único que
estaba aprendiendo.
En segundo año ya fue como que los pibes habían tomado más confianza y
empezaron a pasarse de largo, ya en segundo era más amistad que estudio con los
profesores. Con casi todos porque con algunos que son así, más estrictos, estábamos
siempre calladitos.
En segundo también pasó que varios pibes abandonaron, por ejemplo Sebastián,
que ahora está junto y tiene un nene, abandonó también Damián y después están los
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otros que expulsaron y uno que repitió porque estaba suspendido y no pudo rendir las
materias.
A mí lo que me gusta son los temas de investigación: la guerra de Las Malvinas,
el golpe de estado, todo eso me encanta investigar. En lo que no agarro una en eso de
Autocad, todo lo que sea de la computadora, no. Me acuerdo que el profesor nos
mostraba cómo hacer las cosas en la computadora, preparaba todo, tocaba todos los
botones y nosotros después borrábamos todo para volver a hacerlo y no nos salía.
Entonces él nos decía pero ¿por qué borran todo? Y qué, si eso es lo que usted nos
dijo, que borremos para hacer todo de nuevo, le decíamos nosotros. Y tenía que volver
a explicarnos. Nosotros le decíamos que la tenía mal enseñada a la computadora, que el
teclado no andaba y que había que pegarle para que ande. No sabemos por qué, pero nos
cuesta entender esa materia.
Yo siempre me enchufo más en las materias más difíciles, para sacarlas y
después ir tranquilo a las otras. Las más difíciles son para mí Gestión Administrativa,
Tecnología, Matemática … pero no sé por qué serán las más difíciles, capaz que los
profesores no explican bien, o será que nos cuestan más, no sé. En Físico química, por
ejemplo, andamos todos perdidos, serán dos o tres pibes los que entienden, pero el resto
… Entonces nosotros le decimos a la profesora que nos tiene que explicar, que para eso
es la profesora, que nos tiene que enseñar porque no entendemos el tema. Y ella a veces
no nos cree y nos dice que no sabe si nos hacemos los tontos o si de verdad no
entendemos, pero la mayoría andamos perdidos.
Así ha sido mi paso por la escuela, ahora lo único que quiero es terminar el
Ce.M.O.E. para conseguir algún trabajo y seguro que también empezar la escuela
secundaria en el C.P.E.M. a la noche.
4. Para hacerse respetar
En la escuela siempre fui calladito, así, humilde, y será por eso que los pibes por
ahí le toman el tiempo a uno y piensan que pueden hacerle cualquier cosa. Por ejemplo
en el Ce.M.O.E. había un grupito que eran todos adictos, amigos de mi hermano que me
habían agarrado de punto. Ellos eran los que lo hacían drogar a mi hermano y como me
veían a mí así calladito, siempre estaban jodiéndome, me sacaban las cosas, me las
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escondían o me pegaban. Hasta que yo les dije que podía soportar que le pasaran droga
a mi hermano, pero que no se metieran conmigo, que no me tocaran mis cosas. Cuando
vino mi hermano a la casa, después de casi seis meses que no venía, le conté que sus
amiguitos me estaban molestando, que me habían ido a buscar a la escuela como tres
veces para pegarme. Y él era como que no me creía, esa vez había traído el revólver y
jugaba con él, lo daba vueltas, se apuntaba en la cabeza y lo gatillaba, cuando me cansé
le dije que terminara con eso, que así como él había hecho con mi viejo, así iba a hacer
yo con él, que no viniera nunca más con el revólver a casa o yo lo iba a echar a la calle.
Ya hará como un año de esto y él ha cambiado, por lo menos ya no trae el revólver a la
casa, aunque a veces viene con algún porro en la cabeza o pasado de vueltas después de
haber andado en los boliches, pero nada más.
Lo que pasa es que mi hermano a los dieciocho años ya empezó a conocer lo que
era la bebida, el cigarrillo, la droga, la navaja, el revólver, para él hacerse respetar era ir
y apuñalar a alguien, o pegarle un tiro, eso era hacerse respetar. Fue entonces que
empezó a salir más seguido y ahí nos enteramos que había apuñalado a un pibe y le
había pegado un tiro a otro en una pierna, lo andaba buscando la policía y por eso no
llegó a la casa por dos meses. Cuando volvió yo le pregunté que qué había pasado, qué
cagada se había mandado y él me dijo que el pibe lo había bardeado y que él tenía que
hacerse respetar, pero yo no soy como mi hermano porque no quiero ser como mi viejo.
Yo soy callado, respetuoso con los demás, pero a mí también me gusta que
respeten. Algunos piensan que como uno es así pueden hacerle cualquier cosa, es como
que lo toman de punto. Eso fue lo que nos pasó a Cristian y a mí cuando entramos al
Ce.M.O.E., había un grupo de pibes que siempre estaba molestándonos, nos trataban
muy mal. Hasta que un día Cristian se cansó y me dijo: mirá Bene, a estos pibes si no
les pegás vos, les pego yo, hay que hacerse respetar porque ya nos tienen como
muñecos. Y el pibe este es flaquito, así, tímido, pero cuando se enoja … por eso fue que
los otros le quisieron pegar, pero después no le pegaron nada, incluso uno grandote que
había, no se animó. Después, al tiempo se quiso hacer el vivo conmigo. Yo ya estaba de
novio con Cristina y él, no sé qué me dijo, que ella era su novia, no sé cómo me dijo. Y
ahí si, ya se me terminó la paciencia y le dije que si iba a hablar de mi novia, que se
lavara la boca primero, que con mi novia y con mi familia no se metiera. Entonces él
amagó como para pegarme y me tiró la carpeta, me desparramó todas las hojas por el
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suelo. Yo me calenté y le dije: ¡levantame las hojas del suelo, levantame las hojas del
suelo porque sino te voy a hacer mierda! Me acuerdo que estaba Marcela ahí y ella me
decía: ¡calmate, Calcu, calmate!. Si yo estoy calmado, le digo, estoy calmado, ¡pero
afuera le juro que lo agarro! Ella se lo llevó al pibe y estuvo hablando con él, cuando
volvieron me pidió disculpas y me levantó las hojas del suelo. Yo le dije entonces que él
sabía cómo era yo y cómo eran mis amigos, que yo era tranquilo y que conmigo podía
hablar todo lo que quiera, pero que no se metiera con mi familia o con mi señora y que
ni se le ocurriera tocarle un pelo a Cristian. Desde ese día todo bien con los pibes, ahora
vamos juntos al ciber, o salimos juntos, todo bien, todo tranquilo.
Para mí lo principal es el respeto, sobre todo a las mujeres, por eso me he tenido
que pelear varias veces. Me acuerdo de un pibe, Fabián me parece que se llama, cuando
recién empezábamos a salir con mi señora él nos empezó a molestar, parece que me
tenía odio a mí y buscaba que nos peleáramos con mi señora. Un día, a la salida de la
escuela, estaba diciéndonos cosas y entonces yo le dije: mirá flaco, te la voy a hacer
cortita, vos estás buscando algo hace rato, qué ¿querés pelear? Y él me contesta que
no me estaba diciendo nada a mí, bueno, le digo yo, pero le estás diciendo a Cristina,
así que te ponés las pilas y te dejás de molestar. Entonces él se fue y dio la casualidad
que justo la mamá de Cristina quedó embarazada y ella abandonó la escuela para poder
ayudarla. Como no vino más yo lo gastaba al pibe éste y le decía que la Cristina había
dejado la escuela para no verlo más a él.
Él también abandonó la escuela, así que no lo vi más, a veces lo veo en la calle
como una vez que andaba con los amigos y me paró frente al supermercado. Él pensaba
que yo estaba solo y empezó a bardearme, a decirme si quería pelear y todo eso, que a
ver si me hacía el malo ahora, que hiciéramos un círculo y peleáramos nosotros dos en
el centro. Yo me quedé mirando y justo salió mi hermano y otros pibes del barrio que
estaban adentro del supermercado, ahí estaban todos sorprendidos y se empezó a armar
la pelea. Hasta que salieron los guardias y otros milicos que andaban por ahí, como me
vieron calmado a mí, empezaron a preguntarme que qué pasaba, me decían ¿de dónde
sos vos? ¿y por qué iban a pelear estos pendejos?, todo así, re agrandados los milicos.
Les dije que unos pibes me habían querido patotear, que me decían que me hiciera el
malo ahora … y se los llevaron a ellos. Mis amigos, mi hermano y yo quedamos
hablando con la policía, nos dijeron que no hagamos cagadas y les dimos todos los
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datos, documento, todo, por si fuera a haber algún problema y después nos fuimos
tranquilos. Con ese pibe no volví a tener problemas, ahora está junto y tiene un nene.
Mi hermano dice que soy calladito pero traicionero, ahora quería convencerme
para que fuera a ayudarlo a pelear con unos pibes de la parroquial, yo le dije que no
porque casi me pegan por culpa de él. Por ahí me cargan, me dicen que soy el nene de
mamá, que mi señora me tiene cagando, cuando me sacan yo les digo ¿de quién es esta
casa?, ¿quién está junto, vos o yo?, ¿te pido plata a vos para hacer las cosas, para
comprarme cigarrillos?, que sigan nomás con su vida, yo hago la mía. Si yo tengo que
pelear, me la banco solito, aunque si le llegan a pegar a mi hermano, ahí si voy a ir.
5. La vida de casado
Cuando nos fuimos a vivir al barrio, ahí conocimos al Leo y con él mi hermano
y yo empezamos a saber lo que era salir, era casi como que habíamos formado una
pandilla, en el barrio éramos nosotros y nadie más. Nos juntábamos los pibes de dos o
tres cuadras y casi siempre había bronca, empezaban los otros y ya después no se podía
andar por el barrio porque eran corridas, piñas, puñaladas, de todo. Cuando volvíamos a
casa con mi hermano siempre alguno llegaba lastimado, a veces no queríamos llegar así
y nos quedábamos por ahí con otros pibes. Mi vieja se preocupaba por nosotros y
cuando llegábamos al día siguiente lloraba, nos preguntaba qué nos había pasado y le
echaba la culpa a mi viejo por la educación que nos había dado, por el ejemplo que
teníamos de él. Nosotros la tranquilizábamos, le decíamos que no pasaba nada, que eran
los pibes de la otra cuadra. A mi hermano se ve que esa vida le gustó porque después
tomó vuelo solo y empezó la joda por su cuenta.
Con el Leo también salíamos a pescar junto con otros amigos que tenía él ahí en
el barrio, o a veces íbamos al Parque23 a joder. Le llevábamos la comida al padre de él
que trabajaba en una fábrica y después nos íbamos a juntar con los pibes del Parque en
la pasarela. Me acuerdo que cuando había despiole en la Zanón24, que está ahí cerca, ahí
estábamos nosotros hueveando, tirando piedras, de gusto nomás. Siempre estábamos
juntos y así empecé a conocer cosas, a salir. A veces conseguíamos algún laburito ahí en
el Mercado Concentrador, había que descargar camiones y un señor nos pagaba para
23
Se refiere al Parque Industrial.
24
Se refiere a la Cerámica Zanon, actual Fasinpat.
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que le limpiemos el puesto, barramos la vereda y de ahí sacábamos nosotros para darnos
nuestros gustos, para salir. Teníamos catorce años más o menos cuando íbamos a
huevear ahí.
Para las fiestas también nos divertíamos un montón porque antes de las doce nos
juntábamos y salíamos a saludar a los vecinos. Sabíamos andar un montón de pibes de
casa en casa y en todas nos daban sidra, por eso era que salíamos nosotros, para que nos
dieran sidra. ¡Llegábamos a la casa con una mamúa …!, no llegábamos ni a la cama,
quedábamos tirados en el sillón nomás. Me acuerdo que para una fiesta de navidad que
hizo mi abuela, una fiesta grande porque ella vivía en una chacra, fuimos todos los pibes
y cuando eran las nueve de la noche ya estábamos todos re mal, dormidos. Nos
despertamos a las tres de la mañana, cuando ya había pasado todo y ahí nos pusimos a
tirar cañitas voladoras, nos matábamos de la risa esa vez.
A veces los sábados íbamos a los boliches, nos juntábamos en el ciber o en la
YPF y después pasábamos la noche en el boliche. Íbamos a Las Palmas o a Ticket, si
llevábamos compañeras, íbamos a bailar, pero si íbamos solos, íbamos a tomar unos
tragos y a mirar por curiosidad nomás, a divertirnos viendo por ahí cómo se arman las
peleas o cómo se dan piñas las pibas, porque siempre se arma algún lío de esos y
después llega la policía. Ya después, el domingo, ya era dormir nomás y después ir al
ciber, o a los video juegos o juntarnos con los amigos a comer un asadito.
Pero todo eso era antes de conocer a mi señora, porque ya después no, el sábado
era para ir a visitarla y nada más. Los pibes seguían saliendo a los boliches y todo, me
invitaban, pero yo les decía que no y ellos se reían, me decían: ah, está enganchado el
pibe, andás de noviecito ahora. Igual mi señora no dice nada de mis amigos, yo le dije
cuando nos juntamos, que mis amigos no me los iba a prohibir. Lo que pasa es que ella
tiene un primo que tiene un nene y para él lo único importante es la joda y nada más, no
se preocupa por el nene ni por nada. Pero yo no soy así, cuando tengo trabajo aparto un
poco para mí y lo otro se lo doy a ella, que haga lo que necesita hacer, así que ella no
me puede prohibir mi diversión.
Ahora a veces nos juntamos a jugar al truco o armamos algún campeonato de
fútbol. El sábado pasado nos juntamos en la casa del Leo, tomamos unos tragos,
jugamos al truco, pero todo bien. Me acuerdo que ese día estaba frío, estaba cayendo
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una helada y el Leo se puso a tomar tanto que le dio calor y entonces nos dijo que
fuéramos a bañarnos al río. Ninguno quiso ir, así que nos dijo: bueno, quedensé, yo voy
solo nomás. Y al rato volvió todo mojado, nos dijo que no había ido hasta el río porque
está muy lejos, que se había bañado en el canal nomás. Su mamá lo agarró, lo hizo
secarse y cambiarse y siguió jugando a las cartas con nosotros.
Con el Leo a veces nos reímos, porque somos compadres ahora, él es el padrino
de mi bebé y cuando estamos juntos tomándonos unos tragos, él dice: mirá, ¡qué
vergüenza!, ¡el padre y el padrino borrachos! Cuando él volvió al barrio y nos
empezamos a juntar de nuevo me preguntó si mi hijo tenía padrino, como yo le dije que
no, él enseguida me dijo que él iba a ser el padrino y al otro día cayó con un montón de
ropa y regalos para el bebé. Viene todos los días a mi casa, yo le digo que ya se le hizo
costumbre.
Los pibes se ríen de mí porque cuando hay torneo, pago la inscripción y así gane
o pierda, nunca me quedo después del partido, ellos me dicen: ¡eh! ¿cómo no te vas a
quedar a tomar una cerveza? No, les digo yo, tengo que ir a mi casa, le dije a mi
señora que iba a llegar temprano y voy a llegar temprano. Los pibes me dicen: ¡qué tal
el pibe, se maneja!
Ahora también me hice amigo de un pibe de la escuela, Humberto se llama, que
antes apenas si lo saludaba. Él también está junto y su señora se llama Silvina, están
esperando un bebé, la señora es muy linda. Él siempre me pide consejos, me pregunta
qué tiene que hacer para cuidar a su señora y todo eso. El otro día fuimos a visitarlos
con Cristina y ella le decía que no podía andar trayendo a su señora en la moto, no sé
por qué cosa de la placenta, y él me dijo entonces: ¿viste, y por qué cuando yo te
pregunté no me dijiste nada? Y yo qué sabía, le digo yo. No, pero es un buen pibe. Dice
que primero pensaba que era un re bajón ser papá, pero que ahora no ve las horas de que
salga el bebé de la panza y tenerlo en brazos. Debe ser porque ellos no lo buscaron al
bebé, vino de un día para el otro, bueno pero al que le gusta el durazno, que se aguante
la pelusa.
Yo cuando me junté con mi señora y ya después cuando empezamos a buscar al
bebé, que gracias a Dios ahora lo tenemos, lo que me propuse es estudiar y trabajar. Mi
propósito es que mi hijo siga bien, acompañarlo en todo lo que necesite, que mi señora
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termine de estudiar así después le pago los estudios en el C.P.E.M. a la noche y bueno,
seguir para adelante nada más. Otra cosa que también quiero es que mis hermanos sigan
estudiando, trabajar y hacerme mi casa. Por eso cuando termine de estudiar en el
Ce.M.O.E. voy a tratar de conseguir trabajo aunque sea en el campo. Si me tengo que ir
a trabajar lejos, está bien, un trabajo es un trabajo. Mi señora ya sabe eso, igual ella no
trabaja, tiene que estudiar y terminar de criar al bebé.
5. Cuando el curso era un lío
A mí la droga es algo que no me gusta, yo a los pibes que se drogan los tengo
ahí lejito, nomás, los saludo y nada más. La droga es para quilombo nada más. En el
Ce.M.O.E. había unos pibes que se drogaban, fumaban marihuana, o se daban con el
Fortex o con nafta. Ellos era como que se creían los dueños del curso, cuando andaban
juntos siempre estaban buscando que nos embroncáramos, pero eso era cuando estaban
en grupo, porque solitos era otra cosa. En cambio los pibes que se juntan conmigo son,
desde que los conozco, tranquilos, calmados. De vez en cuando podemos tener algún
choque, por ahí un día nos descontrolamos, sobre todo cuando estamos aburridos, pero
al otro día ya estamos calmaditos, nos reímos, hablamos de nuestras cosas, no salimos a
hacer quilombo por ahí.
Estos pibes que se drogaban tenían conductas raras, y por eso debe ser que los
profesores empezaron a darse cuenta de lo que pasaba. Ellos nos robaban la plata que a
veces teníamos para comprar la tarjeta de colectivo o para otras cosas, hasta que un día
le robaron plata a un compañero y ahí largaron todo, que ellos habían sido y que se
drogaban en el patio de la escuela. Después de eso a algunos los suspendieron y a otros
los echaron. Por eso el curso ahora está tranquilo, sólo queda uno de los pibes esos en la
escuela, pero está repitiendo segundo año.
Ahora que estamos en tercero ya estamos un poco aburridos, ya queremos
terminar la escuela para ir a trabajar o para hacer otra cosa. Es como que es mucho estar
todo el día en la escuela, a la mañana en el taller y a la tarde en clase. Por eso a veces,
cuando estamos aburridos, hacemos lío. Pero si no, no, estamos todos tranquilos. Por
ahí armamos un partido de fútbol en el recreo y eso es siempre para andar todos
amontonados y a las patadas, pero nada más, cosas entre nosotros. O a veces nos
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mojamos con la manguera que hay en el patio, nos mojamos todos y después entramos
así al aula.
Así es en tercero, los pibes son todos de confianza, así que todo está tranquilo,
porque todos los que hacían quilombo ya no vienen más, porque los echaron o
repitieron o también porque dejaron de venir.
73
El relato de Martín
a. Análisis de la identidad a partir de las entrevistas a Martín
Oposicio- Oposiciones Oposiciones
nes de de actantes de proposiciones argumentativas
secuencias
Cuando los El padre, la madre, él En el grupo de amigos éramos pocos los
padres mismo / El padre y él que que teníamos a nuestros padres juntos.
vivían viven juntos, la madre que Los chicos soportan las peleas entre los
juntos / vive en otra casa y forma padres, las sufren. Ningún chico quiere
Cuando los otra familia ver a sus padres separados / Mi papá fue
padres se siempre el que cuidó de mí: prepararme
separaron la comida, la ropa … Cuando se
separaron yo sólo quería quedarme
encerrado en la pieza: no podía decidir
con quién quedarme porque siempre
elegir significaba lastimar a alguno.
Entendí lo que mi mamá me decía: entre
ellos había mucha diferencia de edad, era
mejor quedarme con mi papá porque él
me necesitaba más. Cuando se separaron
tuve que crecer y entender que ellos
estaban mejor así
Cuando me Él que saca buenas notas, es Me va bien en la escuela porque siempre
iba bien en ordenado, habla poco, me gustó leer, porque no hago lío en la
la escuela /cumple, lleva la bandera, el clase, porque siempre tuve eso de querer
Cuando me padre orgulloso del hijo, los saber más y ayudar a los otros cuando
iba mal en compañeros que cargan y le tienen dudas. Mi papá está orgulloso de
la escuela dicen traga / Él que trabaja mí porque soy el único de la familia que
porque en la casa las cosas estudia. Llevar la bandera es el mayor
no andan bien, él que repite orgullo para mí / Me va mal en la escuela
primer año para esperar a porque tengo que trabajar, porque en mi
una novia, el padre que no casa hay problemas, porque me dedico a
castiga, comprende y pide la joda y no estudio
que estudie, él que cambia de
escuela e ingresa al
Ce.M.O.E.
Ser chico y Él que juega en las El barrio era lindo cuando era chico,
jugar /Ser peatonales del barrio y en la todos jugaban y se divertían. Los amigos
grande y escuela. Los amigos de la son importantes en la vida. Los padres
trabajar barrita de las peatonales. Los están siempre cerca de los chicos / El
padres que controlan a los barrio se torna peligroso cuando crecen.
hijos cuando juegan / Él que Le ha tocado vivir en un lugar que no es
tiene poco tiempo porque muy lindo. Él trabaja y estudia, no le
tiene que trabajar. La hija a queda tiempo para divertirse o para hacer
la que quiere darle todo lo algunas salidas con los compañeros de la
que necesita. El padre que es escuela (bicicleteadas, por ejemplo).
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con quien vive Muchos amigos se han hecho grandes y
tienen otras ocupaciones: trabajo o
estudio
Antes del Las primeras novias. Los Ponerse de novio es como empezar a
amor / amigos de la barrita del estar más cerca de alguien. No es
Después barrio, los compañeros de la importante recordar a las novias que no
del amor escuela / La novia con la que fueron importantes / La novia más
tiene una hija. La soledad importante es aquella con la que tuvo una
hija, aquella sin la cual no podía vivir,
aquella que todavía no entiende por qué
no quiso seguir más con él. Es mejor
estar solo por un tiempo
b. Los escritos: mirando a través de otros ojos
1. Cuando me quedé con mi papá
De mi vida lo que más siempre voy a sobresaltar es mi infancia. Mi infancia es -
aparte de mi beba- lo mejor que me pasó en la vida. Siempre fuimos un grupito unido de
ocho amigos, andábamos siempre haciendo macanas, jugábamos mucho a la pelota,
-antes se podía jugar-, teníamos una canchita y jugábamos. Sí, los mejores recuerdos
que tengo son los de mi infancia, el grupo de amigos, la barrita de las peatonales ….
Cuando era chico nos pasábamos el día jugando, sólo parábamos para ir a la escuela o
cuando nos llamaban a comer. En ese tiempo me acuerdo que mis viejos todavía estaban
juntos y en realidad del grupo de amigos éramos dos o tres los que teníamos a nuestros
papás unidos, todos los demás estaban separados o también estaba el caso de Nati que
se le había muerto su papá. Los chicos decían: ya vas a ver, pronto vamos a estar todos
iguales. Ellos no lo hacían por maldad, sino que veían cómo llevábamos las cosas en
casa.
Yo sufrí mucho durante todo ese tiempo de peleas y discusiones, es como que
soporté palos y palos de la vida, fueron años horribles. Mis papás se separaron cuando
yo tenía más o menos diecisiete años, pero como era el más chico de la familia creo que
me tocó sentirlo más, me dolió más. De chico siempre vi las discusiones que había en
casa y me las aguanté, me tuve que aguantar mucho, como quien dice me aguanté palos
y golpes. Y no podía soportar que se separaran mis viejos, porque no era lo mismo ver
mi mamá de un lado y mi papá del otro y no saber para qué lado disparar, porque si te
ibas a vivir con uno hacías sentir mal a otra persona. Y bueno, después de todo entendí
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que estuvo bien que se separaran por la simple razón de que la pareja no funcionaba,
pero yo creo que me dolió por eso, porque no podía entender por qué mis papás se
separaban. Todo hijo lo que menos quiere es que los papás se le separen o perder alguno
de ellos, pero si, creo que por haber sido el más chico y varón la sufrí mucho,
demasiado. Hasta el día de hoy me duele un poquito cuando recuerdo que llevaban casi
veinte años de casados. El mes pasado hubo un día especial que pudo haber sido un
aniversario más de casados pero ellos están separados y con una cara larga, tristes. Eso
me pone mal, como todo hijo siento lo que ellos sienten. Pero bueno, al día de hoy estoy
bien porque sé que están bien, dentro de todo se sienten mejor estando los dos
separados, no es lo mismo pero creo que sí, que está bien. A mí me hace bien que ellos
estén bien, tal vez no es lo mismo verlos separados pero ya está, como persona tengo
que entender que cuando las cosas no funcionan … hay que ayudarlos siempre a los
dos, estar de los dos lados, nunca de uno, porque por más que sean las cosas como sean,
ellos a mí nunca me fallaron, no tengo que nada que reprocharle a ninguno de los dos.
Cuando ellos se separaron yo me quedé con mi viejo, en realidad creo que en ese
momento no pensé en irme ni en quedarme, solamente estaba ahorcado, estaba en un
pozo depresivo, mal, y lo único que quería era ver las cuatro paredes de mi pieza y el
techo, estar dentro de la cama y listo. Pero después cambiaron las cosas, hablé con mi
mamá y me dio a entender que ella es más joven que mi papá, que entre ellos hay casi
una diferencia de quince años, y tal vez sea como ella me dijo, mi papá me necesita más
porque mi mamá tiene con quien estar y en mi casa mi papá va a quedar solo cuando se
vayan mis hermanas y eso lo que menos quiero. Verlo mal, ver que se quede solo,
angustiado. Mis amigos también me hicieron entender que hay que crecer, ellos me
dijeron que hay que salir adelante y creo que eso es así. Hay que salir adelante solo o
como sea, pero hay que pelearla desde abajo y pensar en lo que viene. Hasta el día de
hoy, creo que relación entre mis padres no hay ninguna, pero no importa, ellos siempre
me están preguntado cómo están uno y el otro, así que para mí es normal contarles las
cosas cómo andan por casa. Ahora estoy bien, y ellos también están bien, toda la familia
está mejor después de entender que ellos están mejor así, creo que estoy más tranquilo
ahora digamos.
De lo que nunca me voy a olvidar es de mis amigos, porque ellos siempre
estuvieron al lado mío ayudándome, consolándome. Aunque no les pidiera ayuda, ellos
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siempre estaban ahí. Además de los amigos del barrio también estaba doña Laura, la
mamá de Nati siempre estuvo conmigo cuando la necesité, con ella yo sentí que siempre
tenía alguien con quien podía llorar y descargarme. Doña Laura es también mi mejor
amiga por muchas razones, es una amiga a la cual valoro y hago parte del grupo porque
cuando se separaron mis papás, ella fue la que me bancó más que cualquier otro. Ella
me daba consejos no de mamá, sino de amiga y era re lindo porque sentía que podía
creer en alguien y sentía que podía abrazar a alguien en ese momento y llorar tranquilo.
Doña Laura siempre me bancó mucho, cuando nos podíamos ayudar, lo hacíamos y creo
que hasta el día de hoy lo hacemos.
En esa época, más que amigos diría que tenía amigas: Nati y Dani, ellas y doña
Laura fueron mis parantes, mis másteres, con ellas creería yo que salí adelante. Sabía
que no iba a quedar solo en esto, sabía que mis amigos iban a estar, pese a que yo no lo
quisiera, iban a estar. Pese a que soy muy terco y nunca quise que me ayudaran, igual
me ayudaron y bueno, estoy muy agradecido por eso. Más que nada a Nati, con ella era
cosa de decir que estábamos día, tarde y noche hablando y calmando un poco los
dolores que nos causaban las cosas.
Pero el mejor amigo que tengo es mi papá, pese a algunas cosas, él es el mejor
amigo que tengo, él me banca todo siempre, él me bancó los golpes que me dieron las
cosas. Con el tiempo me hizo cambiar mucho también, siempre pretendía que ni mis
hermanos ni yo tuviéramos malas juntas. Por eso digo que mi papá es mi amigo, mi
amigo el número uno y el especial, él es el que me dio todo lo que yo hoy creo que
tengo en mente. Él me crió en una forma distinta a la que crió a mis hermanos, creo que
nunca fue muy demostrativo, eso le costó siempre, pero conmigo fue todo lo contrario.
A mí me dolió muchas veces que no me explicaran cosas que al día de hoy me
podían haber servido y que ya no creo que me sirvan que me las expliquen hoy, porque
ya pasó. Pero él me sentaba en una silla y me explicaba las cosas que todo padre le
explica a un hijo que no debe hacer, las que tiene que hacer. Mi papá y yo nos bancamos
siempre, lloramos juntos, nos reímos juntos. Con mi papá desde chico, sin ir más lejos,
me acuerdo que íbamos a buscar leña para comer asado todos los fines de semana. Y
siempre que salíamos nos contaba aventuras de él, historias que tuvo de chiquito. Y para
mí era hacerme sentir bien, porque sentía que confiaba mucho en mí y hasta el día de
hoy creo que lo hace. Cuando yo estuve mal los consejos no salieron como papá,
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salieron como amigo porque los consejos de papá, me los daba cuando eran necesarios,
pero los de amigo siempre me los daba. Me hacía razonar las cosas, él me aguantó cosas
que un padre no hubiera aguantado, problemas que tuve y que me lo hacen ver más que
como un papá, como un amigo de fierro. Sí, la verdad es que mi papá es mi amigo. Él es
mucho más que un centro, es mi vida, por eso pienso que el día que lo pierda va a ser
muy duro para mí, porque somos muy unidos.
Desde que mis viejos se separaron el que más se ocupó de mí fue mi papá. Por
ahí mi mamá se ocupaba de las reuniones en el colegio, pero nada más. Ella iba casi
siempre cuando citaban a los padres o cuando había que juntar plata para el viaje de
egresados, por ejemplo. Si ella no podía, iba mi hermana mayor, pero mi papá no, muy
pocas veces iba a la escuela. Él vino para la colación, pero fue algo muy extraño porque
siempre mi mamá venía a las reuniones, pero creo que de casa siempre de lo mío se
ocupaba mi papá. Él se ocupaba de que yo llegara y tuviera la ropa lista, encontrara la
comida hecha y pudiera comer tranquilo, él era también el que me miraba el cuaderno,
aunque todos sabían que del cuaderno no tenía que ocuparse mucho porque malas notas
no llevaba. A mí me gustaba más que cocinara mi papá, no me gustaba que cocinara
ella, porque cocinaba más rico mi papá. Pero por lo general mi papá siempre se ocupaba
más de mí con respecto a la familia o a mantenerme, todo, él cuidaba de que yo no me
mandara ninguna macana. Sí, más que nada después de la separación, siempre más se
ocupó mi papá de mí. Mi mamá trabajaba mucho, trabaja en el hospital y siempre estaba
muchas horas metida ahí adentro, así que era raro que mi vieja pudiera ayudarme.
2. Entre estudiar y trabajar
A mí lo mejor que me pasó en la escuela fue haber salido abanderado y haberme
recibido, fue un premio grandote, tanto para mí como para mi familia pero lo que me da
mucha pena es haber perdido parte de mis estudios, no tanto por el trabajo sino por
distracción, por joda, como le llamamos nosotros. Me duele mucho haber perdido estos
años de mi vida en eso. Nunca me voy a olvidar cuando llevé la bandera, eso es algo
que nunca me voy a olvidar, fue lo más lindo llevar una bandera. En el jardín la llevé
una sola vez, pero fue lindo haber sido abanderado, me acuerdo que la bandera era
chiquita, el mástil era chiquitito, nos reíamos porque estaba casi al porte que nosotros.
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En la primaria éramos todos re vagos en mi curso, por eso siempre resaltaban a
cuatro o cinco que hacían algo, y entre esos cinco estaba yo. Esos éramos los que
andábamos bien y por eso nos quedaban todos mirando, nos dejaban como los traga,
los chupa medias de los profesores. Pero a mí me gustaba la escuela … lo que más
resalto de primer grado y segundo fue cuando aprendí a leer, creo que venía desde ahí lo
mío, de gustarme leer mucho, me gusta mucho leer y también escribir, eso debe haber
sido. Por eso me entusiasmaba cuando nos hacían leer cuentos, los famosos cuentos de
la Caperucita Roja y cosas así. Cuando ya estábamos en cuarto grado más o menos, me
acuerdo que jugábamos en los recreos y llegaba la hora de historia y no quería entrar
ninguno y los únicos que entrábamos siempre a clase éramos yo y una nena más porque
nos gustaba historia. Nadie más quería entrar y los tenían que andar buscando afuera,
había algunos que se escondían en los baños. En sexto grado lo que más me gustaba era
ir a trabajar en historia y en lengua, aunque nunca me costaron los números tampoco,
pero los números no son lo mío.
Ya cuando llegué a séptimo me tocó ser el abanderado fue tan, tan lindo para mí
porque era como que mi papá siempre dijo, él me pedía que no le afloje a la escuela ni
nada porque ése era un futuro para mí. La primera vez que me dieron la bandera en
séptimo grado, yo era un enano, y me hicieron levantar la bandera para un acto del 25
de mayo y era tan pesado el mástil que se me fue para atrás y casi le pego a la escolta
con el palo.
En el secundario fue distinto, porque ahí hay que estudiar y es muy difícil si no
tenés esa carrera tener algo en la vida. Cuando entré en primer año en el año ’98 me
tocó junto con tres compañeros de la primaria. En el grupito anduvimos bien hasta
mitad de año, pero después se nos pinchó todo y caímos, repetimos los tres. Nos
llevamos materias, pero éramos un desastre para rendir. Yo estaba tan asustado porque
no sabía cómo decirle a mi papá que había repetido y me escondí abajo de la cama con
el boletín. Mi papá me andaba buscando por todos lados pero él sabía que yo cuando me
mandaba alguna macana o algo me escondía abajo de la cama o adentro del placard,
siempre alguno de esos dos lugares iba a buscar. Cuando me encontró y vio que estaba
escondido debajo de la cama y llorando se empezó a reír tanto que yo me tranquilicé un
poco y él me dijo entonces: para el otro año vas a tener que ponerte las pilas.
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Repetir fue un bajón en mi vida pero me di cuenta que éramos chicos y no
sabíamos mucho tampoco. Después de repetir primero llegué hasta tercero y ahí me
estanqué por temas laborales. Ese año nació mi gorda. Pero la verdad es que siempre
soñé con la escuela, como cuando estudiaba y le decía al profesor: yo quiero estudiar
historia, quiero ser profesor de historia. Y nunca lo pude lograr … por el tema de
trabajo y esos problemas.
Cuando abandoné tercer año me dije: bueno, algo tengo que hacer. Y así fue mi
entrada al Ce.M.O.E. y ahí siempre estuve muy orgulloso de llevar la bandera, la llevé
durante los tres años que estuve. Eso era tan, tan lindo porque venían los profesores y te
felicitaban, te ayudaban, no te dejaban solo como quien dice, te ayudaban siempre. Mis
escoltas eran Maxi y Nico, con ellos aprendí muchas cosas porque además eran mis
amigos. Me acuerdo que era tan gracioso ver a Maxi cuando a veces llevaba la bandera,
porque él es chiquitito y la bandera era re grandota. Me acuerdo una vez que lo tuvimos
que subir a una sillita para que quedara bien con la bandera y lo vieran todos. Y de atrás
nos hacían burla, los que estaban todos formados nos hacían burla, nos gritaban:
chupamedias. No nos podíamos reír porque estábamos con la bandera y era una falta de
respeto total, pero daba risa.
Los profesores del Ce.M.O.E. siempre fueron muy unidos con nosotros, por eso
el haber entrado en esa escuela me ayudó mucho a crecer como persona y además
siempre me fue demasiado bien en ese colegio. Capaz que era porque me prestaban
mucho más atención los profesores, a mí y a mis compañeros nos daban la atención que
no nos dieron en otros colegios, pero me gustó siempre ese colegio, por eso hasta el día
de hoy sigo estudiando. Debe ser porque los alumnos que van a ese colegio fuimos o
tuvimos problemas, o por alguna razón siempre caemos en esa escuela. Pero yo ahí
conseguí la mayor felicidad que tengo ahora. Esa escuela me dejó llevar la bandera, me
dio la oportunidad de crecer como persona, me dio una carrera rápida y, y una obtención
de título que me dio salida laboral, tal vez no sea de mucho prestigio, pero seguro que el
prestigio lo dan los profesores.
Yo siempre sentí que tuve un poquito más que los demás en la cabeza. Porque
no era mucho de molestar en clase, siempre me entretenía con algo. También era de leer
muchos libros, manuales y cosas así para informarme, cosas que me gustaba saber. Por
ejemplo me gustaba leer sobre el universo. Siempre me fue bien en la escuela porque
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me gustó estudiar, eso siempre fue lo mío: estudiar siempre, cumplir con las tareas. Me
gustaba mucho historia y por eso siempre me fue muy bien en historia. En mi casa
siempre me dijeron: es por tu futuro. Ellos nunca me exigieron ni nada de eso, pero
papá me agradeció toda la vida porque él sabía que yo sabía entender solo las cosas y
que si estudiaba y hacía bien las cosas, era un futuro seguro para mí. A mí siempre me
fue bien en la escuela porque me responsabilicé y siempre cumplí con los demás, nunca
le falté a nadie y también fui buen compañero. Terminaba de hacer las tareas y si
alguien no entendía, iba y lo ayudaba, le explicaba las cosas y el profesor siempre me,
me daba la mano y me decía que estaba bien y eso me hacía sentir bien. Siempre
concurrí a clases de apoyo, pero no porque me fuera mal, sino porque me gustaba
aprender bien las cosas cuando no me quedaban muy bien claras. Me quedaba y
consultaba con los profesores cuando no entendía bien algo. Por eso siempre me fue
bien en la escuela, porque nunca fui incumplidor ni nada.
Por ahí cuando me fue mal en la escuela, me fue mal porque yo sé muy bien que
a mí me gustaba joder en clases. Pero bueno, en ese momento éramos chicos, estábamos
todos recién entrando a la secundaria. Hasta mitad de año iba perfecto, no tenía bajas y
era cosa de que me gustaba estudiar, siempre me gustaba estudiar. Y había dos chicas
que me acuerdo que eran muy compañeras mías, amigas mías, que me retaban cuando
yo me ponía a joder, por ejemplo. Me retaban y me decían: hacé las cosas, hacé las
cosas, y yo las terminaba haciendo porque ellas tenían razón. Pero creo que me fue mal
también por el tema de que en casa mi papá había quedado desocupado, mi mamá era la
única que trabajaba. Y yo me sentía mal porque veía que a veces faltaban cosas
indispensables para mi casa y en ese momento fue que decidí -a escondidas- trabajar.
Tal vez hice mal porque nunca me dejaron trabajar, me dijeron que estudiara hasta
donde pudiera, creo que hice mal en salir a buscar trabajo a la escondida, dejar de ir a la
escuela sin avisar, eso estuvo mal. Pero debe haber sido por eso, por el tema de que en
casa estaba todo mal y yo quería ayudar de alguna forma. Un día hablé con mi papá, le
dije la verdad y él se puso mal porque yo era el único que estudiaba de todos mis
hermanos, porque yo fui el más estudioso de todos, el que siempre, como dijo mi papá,
le llevó un título, un diploma, una medalla. Él siempre me resaltó mucho, siempre tuvo
una preferencia muy cariñosa por mí. Andar mal en la escuela en ese primer año fue
más que nada por el tema laboral y porque tenía trece o catorce años y me puse a
trabajar en una distribuidora muy exigente. A mitad de año, más o menos, entré a
81
trabajar y a los tres meses, más o menos septiembre tuve que abandonar la escuela. Me
dijeron que trabajara solamente hasta las vacaciones y que después me pusiera a
estudiar, que ya iban a venir cosas mejores. Y bueno, creo que fue así, porque ya
después me pude dedicar al estudio.
También me acuerdo que en primer año tenía una novia. Ella no iba a la escuela,
no había podido empezar por razones de familia, una de las abuelas estaba mal y en la
casa estaba todo mal. Por eso ella había tenido que pasar casi todo el año en Piedra del
Águila y entonces no pudo terminar el cole. Y bueno, entonces yo repetí primer año por
esperarla a ella que no había podido empezar la secundaria.
Algunas cosas hice muy mal en el colegio y ahora de grande las estoy
intentando reparar, pero mi papá ya es grande y no sé si lo voy a tener mucho tiempo.
Mi logro y mi meta es darle un título a mi papá como él siempre lo soñó, y eso también
es un logro mío que quiero conseguir. Quiero continuar estudiando la carrera de historia
porque es algo que me gusta mucho, me gustaría hacer la docencia y enseñar, porque
siempre me resalté en eso, me gustaba enseñar mucho y explicar.
3. Hay que crecer
Yo hasta el día de hoy creo que aprendí a valorar las cosas que antes no tenía
conciencia de tomarle valor, por ejemplo los estudios. Debe haber sido por la edad, la
edad del pavo siempre me jugó mal porque me prendía mucho en la joda, hasta que
entré en el Ce.M.O.E. y aprendí a crecer y a valorar que los estudios no se tienen todos
los días, eso lo aprendí y mucho. Haber crecido como persona fue también haber
aprendido a amar una persona, crecí mucho con ella, me enseñó mucho también. Y
haber crecido para mí significa tener un poco más organizadas las cosas y haberle dado
más valor a todo. No solamente al estudio, sino a todo, a mi familia, a mi bebé, a mis
profesores porque creo que a ellos se les tiene muy poco respeto, todos sabemos muy
bien por qué. Eso fue haber crecido como persona, haber madurado y haber valorado
mucho las cosas que no valoré de chico, que las vine a aprender de grande, pero se dice
que nunca es tarde para aprender, así que ...
82
Yo creo que mientras tenga trabajo y pueda trabajar, quiero que a mi gorda no le
falte nada de nada. Quiero que crezca sanita y cuidarla mucho y que a pesar de que
nosotros estemos separados, cuando vaya creciendo ir explicándole cómo son las cosas.
Las cosas que tiene que hacer y las que no. Y las que va a hacer, decirle que se cuide.
Eso es lo que más me interesa, después ya cuando crezca ella va a saber qué hacer,
porque ella va a ser grande.
Cuando Vanesa quedó embarazada, al principio todo fue muy difícil, pero con el
pasar de los días entendimos todo, crecimos como personas y nos dimos cuenta que
había que criar algo que era mío, y que era nuestro, era un hijo, simplemente eso. Así
que bueno, creo que hasta el día de hoy estamos haciendo bien las cosas. Espero que
nos portemos bien como padres por lo menos. Tal vez no sé muy bien lo que es el papel
de padre, porque recién hace poco que soy papá, mi gorda tiene recién seis meses. Pero
creo que no he fallado como papá hasta ahora y ni le quiero fallar a la gorda, y a Vanesa
tampoco. Mi vida cambió mucho con Vanesa, ella no me dejaba hacer macanas, se
enojaba cada vez que hacía macanas así que tenía que portarme bien. Pero una gran
parte de mi cambio fue por mis profesores y la otra mitad, diría que por Vanesa. Pero
además creo que ya crecí como persona, sabía que llevaba la bandera y llevar la bandera
no era cualquier cosa, era un prestigio muy grande, era un honor llevarla. Lástima que el
día del desfile terminé con una fiebre y una gripe que me acuerdo que estaba enojado,
quería ir igual y no me dejaron, ni los profesores me dejaron estar en la bandera. Pero
eso hubiera sido como quien dice, la cima, haber estado en el acto, hubiera sido lo
mejor. Otra vez fue también el haber llevado la bandera cuando estuvo la lucha de todos
los colegios contra la ley 32025, creo que ahí también fue un prestigio haber llevado la
bandera, haber luchado por lo nuestro.
Yo aprendí a valorar muchas cosas que quizás cuando tuve la oportunidad no las
aproveché, ahora pienso que tendría que haber usado más el tiempo para estudiar,
porque ahora casi no tengo tiempo para nada. Trabajo muchas horas por día y a veces
llega la hora de ir a clase y estoy muy cansado, pero igual lo sigo haciendo porque sé
que ése es mi futuro y aparte porque siempre me gustó saber más. Mi fuente de
crecimiento fue la escuela, en ella crecí como persona y maduré a la vez. Muchas cosas
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Se refiere al Plan 320 aprobado en Neuquén según la Resolución N° 498. La misma suponía la puesta
en marcha de un plan de estudios diferenciado para alumnos repetidores en la escuela media siendo
resistido por la comunidad en general y por los alumnos y docentes del nivel medio en particular.
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que antes pude haber hecho y ahora no las estoy haciendo fueron así porque el colegio
me dio la oportunidad.
Cuando era chico era uno más del típico grupo de peatonal, éramos como veinte
en total, cinco o seis chiquitos, los más chicos en ese momento y jugábamos todos en la
peatonal. Siempre estábamos unidos, lloraba uno y llorábamos todos y eso era muy
gracioso. Por lo general siempre a uno lo castigaban, o a veces a más de uno del grupo
lo castigaban, ya era sabido, alguna macana nos mandábamos siempre. Era muy
divertido, pero tal vez lo feo de todo era que como en todos los grupos siempre los
papás por lo general estaban separados. En esa época éramos tres nomás los que
teníamos los papás unidos, todos los demás separados o como en el caso de Nati, que
falleció el papá.
Nosotros no dejábamos que tiraran la basura en el piso, el espacio de la peatonal
siempre estaba limpio porque no nos gustaba que lo ensucien, cuando había basura nos
poníamos a limpiar. A veces cortábamos el pasto entre todos en el espacio verde y lo
manteníamos con mis amigos. De chico jugábamos mucho a la casita o a la clase,
siempre había una chica que enseñaba y que era la maestra y hacíamos como que
estábamos en la escuela, siempre entre el grupo de amigos.
Pero mis amigos son todos grandes ya, hasta el día de hoy ya somos todos
grandes, ya hay dos con hijos, y conmigo son tres los que tenemos hijos y entre amigos
tenemos amigos y padrinos. Entre mis amigos, el mejor amigo es el padrino de mi gorda
y Nati era la principal, ella tenía que estar, ella es la madrina. Yo cambié mi forma de
ser como persona, crecí, pero con ellos no cambié y ellos conmigo tampoco.
4. Para amar
La única persona que siempre voy a recordar -pese que fue mi última novia- es a
Vane, que la conocí en el Ce.M.O.E. En ese colegio vi nacer la panzota que tenía y con
ella hasta nos rateábamos de la escuela para estar juntos. Cuando íbamos al boliche, no
íbamos al boliche, supuestamente íbamos al boliche y nos íbamos a dormir a casa
porque nos queríamos quedar a dormir nada más, porque éramos re vagos. Pero sí, la
84
única persona que siempre voy a recordar es ella, Vane no más. Porque creo que fue lo
más fuerte que tuve en la vida, el noviazgo más fuerte. Pese a que fue un año o un año y
medio también, creo que fue lo más lindo y lo más doloroso a la vez.
Yo me acuerdo que todos los meses –cuando cumplíamos meses- era de llegar a
la casa y no me importaba no tener plata para cualquier otra cosa, pero siempre
compraba rosas o un oso, un osito de peluche para regalarle. Yo le tenia la pieza toda
llena, porque por más que no fuera el aniversario de noviazgo, le regalaba ositos nomás,
porque me gustaba regalarle ositos. O compraba las paletas esas de chupetín, las
grandotas, esas también. Ella era tonta por eso, o por el mantecol, teníamos toda la pieza
pegada con papeles de caramelos o con fotos, con las rosas y osos, ¡ya no entraban en la
pieza!. Y cuando llegamos al año me acuerdo que le regalé un panda que tenía casi un
metro diez de alto, era grandote, venía con el bebé que tenía una rosa en la mano. ¡Fue
tan lindo!, que sé que hasta el día de hoy lo tiene, dijo que no lo iba a tirar, y
seguramente va a ser de mi gordita, de mi bebé. Según lo que ella me dio a entender, va
a ser de mi gorda. Ese fue el noviazgo que más me gustó, o más resalté por la simple
razón de que no había día que no quisiera verla, no había rato o minuto que no quisiera
estar con ella. Quería estar a todo momento con ella, porque cuando no la veía un día ya
la extrañaba, la llamaba por teléfono y le decía: te veo mañana … no, mañana no, no
aguanto, no aguanto, y nos terminábamos viendo, se escapaba por la ventana cada dos
por tres y nos veíamos a escondidas, porque a ella no la dejaban salir mucho de tarde.
Ése fue el noviazgo que más me gustó y el único que voy a resaltar siempre.
Después que Vane quedó embarazada, a mitad más o menos del embarazo, ella
me dijo que no quería seguir más conmigo. Me costó un poquito entenderla, pero
bueno, fueron casi seis meses de embarazo que viví con ella y nos pasaron muchas
cosas. Yo llegaba a la casa y le agarraba a besos la panza y ella se enojaba y todos los
días era igual. Después fue difícil, nos peleamos y a mí me costó. Me costó una bocha
entender eso porque no la supe entender, nunca supe entender el por qué, por qué fue un
corte tan brusco, de golpe. Pero creo que también no fue hace mucho y ahora estamos
bien los dos, nos llevamos bien, nos sé si decir que tenemos una amistad, pero en la
relación de padre y madre creo que andamos bien. Salimos a pasear juntos los tres, no
hay motivo por qué pelear, es raro que peleemos. Pero así fue, ella un día vino con
palabras las supe entender porque bueno, tampoco se puede obligar a alguien a estar con
85
uno, así fue y hay que entenderlo, no se puede obligar a alguien a que te quiera, y menos
a ella que nunca, nunca la obligué a nada.
Cuando éramos novios estábamos todo el día juntos, ella se quedaba a dormir en
casa y a veces estaba una semana en mi casa. Cuando ella terminó embarazada la que
limpiaba la casa siempre era ella, porque la hermana más grande trabajaba y después
tenía hermanos que estudiaban, entonces yo me levantaba temprano y le iba a ayudar a
limpiar. Y supuestamente yo iba a verla a la mañana, pero eran solamente mentiras. Yo
llegaba a la casa, agarraba la escoba y me ponía a limpiar yo, no la dejaba limpiar a ella
y por eso se enojaba. Pero yo no la dejaba limpiar, no la dejaba hacer fuerza ni nada,
limpiaba siempre yo. Cuando llegaba mi suegra de trabajar veía que estaba todo limpio
y no decía nada. Ella le decía que limpiaba yo y que no la dejaba limpiar y se enojaban
y se ponían a discutir y eso era normal. Pero también pienso que para mí era re lindo, yo
estaba acostumbrado todos los días a levantarme solo, siempre a las ocho, levantarme y
después ir a limpiar. Me gustaba hacer eso, y encima los primeros días que andaba de
antojos, yo trabajaba en un mercadito entonces le cortaba bifes, y le llevaba, le llevaba
yogures, todos los antojos le daba. Capaz que eran las tres de la mañana y se despertaba
y me decía: gordo, tengo ganas de comer algo, y a las tres de la mañana tenía que salir
a conseguírselo por cualquier lado. Pero eso de los antojos bueno fue hasta antes de
nacer la beba y aunque no fuéramos pareja se los mantuve igual. Después de los
primeros meses empecé a sentir también, porque se dice que a veces las cosas las siente
el hombre, y los mareos, las descomposturas también las he sentido yo. Capaz que las
sentí más yo que ella. Pero sí, era re lindo, y creo que si las cosas se dieron así debe
haber sido porque como quien dice, el destino lo quiso así. Pero bueno, estamos bien,
nos llevamos bien, y eso es lo más importante.
Nosotros buscamos este embarazo, capaz que suena gracioso, pero nosotros lo
buscamos, no fue sin querer, lo buscamos. Porque siempre veíamos a dos parejas
amigas que tenían más o menos entre 20 y 25 años, nosotros éramos los más chicos pero
siempre nos juntábamos los seis. Ellos tenían su gordo cada uno, Maru y Facu tenían a
la gorda y los otros dos chicos también tenían un gordo. Y siempre nos baboseábamos
con los bebés, nos encantaban los bebés. Y un día se le puso a ella en la cabeza y
después me llenó la cabeza y me quedó gustando la idea. Pero capaz que éramos medio
ridículos con 18 años recién, pensar en un bebé. Pero con ella fue con la única novia que
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tuve que quise tener un hijo. Creo que con ella fue diferente, me enamoré mucho, me
enamoré demasiado de ella y no había límites entre ella y yo. Queríamos algo y tal vez
hicimos muchas cosas juntos que nos enlazaron más cada vez. Después nos peleamos
pero, nos costó mucho, hasta el día de hoy no lo puedo entender. Pero con ninguna de
las chicas me propuse tener un hijo, con la única fue con Vanesa y nada más.
Por eso será que ahora estoy solo, a veces salgo a bailar pero nada serio, pienso
que es mejor estar solo por un tiempo. Además ahora quiero dedicarme a darle a mi
gorda todo lo que necesite, quiero hacer lo posible para que todo salga bien y nada más.
87
BUSCANDO SENTIDOS
El buen sentido es como un perro guardián de las ecuaciones
pequeñoburguesas: obtura todas las salidas dialécticas, define
un mundo homogéneo, donde se está cómodo, protegido de las
perturbaciones ...
Roland Barthes: “Mitologías”
a. Un sujeto sujetado a la familia ¿Qué hay de la familia en
estas subjetividades?
Según el historiador Philippe Ariès, las sociedades industriales modernas se
caracterizan –en lo que respecta a la cuestión de los niños y las familias- por la
constitución de la infancia de larga duración y de la familia nuclear. La familia extensa
va siendo reemplazada paulatinamente por aquella formada solamente por los padres y
los niños, trasladándose paulatinamente de lo público a lo privado. La socialización
llevada adelante por la familia reemplaza a la socialización comunitaria, proceso éste
que va a ir acompañado de nuevos sentimientos y prácticas hacia la niñez que en su
conjunto conforman la concepción moderna de la infancia (Carli, 1999: Cap.1). La
familia nuclear será a partir de entonces una institución cuyo papel de mediadora en los
procesos de la incorporación de nuevos sujetos a la estructura social, amerita la
intervención del Estado como regulador, moderador. Por otra parte, y desde una
perspectiva crítica con relación a la realidad social, Marx afirmaba la idea de que no es
posible hablar de la familia ya que el contenido de dicho concepto sería la idea burguesa
de familia, la cual no se correspondía con la realidad del proletariado. Más allá de estas
definiciones, la familia no es hoy lo que solía ser y esto se convierte en un hecho
reconocido tanto por el sentido común, como por la investigación e inclusive por la
legislación. Estamos aquí hablando de la destrucción de los viejos lazos parentales y la
construcción de otros nuevos en los que la formalización es sólo un dato accesorio:
familia ampliada, nuevos modelos de padres, madres, hijos e hijas. Por ejemplo, en las
historias que estamos analizando, a veces la novia del hijo pasa a ser una integrante más
de la familia (convive, comparte el tiempo y la rutina familiar), en otras ocasiones la
88
familia sentida está formada por personas que no viven bajo el mismo techo: la novia
que vive con sus padres y con su hija. A veces también los hijos pasan a desempeñarse
como padres de sus propios padres: son quienes imponen límites, quienes protegen
(Idem).
Lo que estos chicos son, es en gran medida lo que sus familias han hecho de
ellos, claro que eso sin considerarlo desde una perspectiva determinista sino mirando al
sujeto como una red de relaciones en permanente dinámica, lo cual nos impide definir
determinaciones absolutas por entender al sujeto como –en cierta medida- libre para
tomar decisiones. Por otro lado y como veremos más adelante, los modelos de
convivencia que transmite la familia no siempre tienen continuidad con los valorados en
la escuela, razón por la cual la contradicción está siempre presente, obligando al sujeto a
mirar más allá de aquello que le es ofrecido como incuestionable.
Debido a los intereses particulares de este trabajo, lo que nos interesa es poner el
eje en los sujetos y desde ellos mirar a esas familias que crían niños. Desde esa
perspectiva, podemos afirmar en principio que se trata de tres familias diferentes, pero
surcadas por las mismas condiciones estructurales.
Desde el punto de vista del trabajo, son familias marcadas por la carencia de
estabilidad. La discontinuidad en el trabajo de los padres es significada por estos
jóvenes de la siguiente manera: me fue mal (se refiere a andar mal en la escuela) (…)
por el tema de que en casa (…) mi papá había quedado desocupado, mi mamá era la
única que trabajaba. (…) yo me sentía mal porque veía que a veces (…) faltaban cosas
indispensables para mi casa. O en otra de las historias: mi papá estuvo veinte años
trabajando en YPF, lo echaron (…) cuando entró Menem (…) se privatizó todo (…) mi
papá directamente en el ‘91 se quedó sin trabajo, siguió tres años más en una empresa,
y (…) a la empresa esa, también se le terminó el trabajo y (…) es viejo para trabajar
(…) y joven para jubilarse … . Como mi papá (…) no tiene un sueldo (…) siempre
tenemos que estar haciendo changuitas y por ahí no entra una changa (…) estamos
unos dos días y mi papá se desespera …. También está el caso del trabajo temporario de
las chacras: el patrón echó a mi viejo, mi viejo salió a buscar laburo … consiguió en
otra chacra después y nos fuimos a esa chacra.
¿Qué enseña la familia con respecto al trabajo? Para los chicos que nos ocupan,
el trabajo es el otro lugar que señala el tránsito entre la niñez y la adultez, trabajar es
89
crecer, hacerse cargo, hacer la propia vida, la vida de hombre. Por ejemplo en Nicolás,
la desvalorización que podría haber supuesto el despido del padre de un empleo seguro
pasa al olvido, apareciendo el trabajo como sentido de la vida actual de él y del propio
padre: mi papá no puede estar sin hacer algo, yo tampoco. El trabajo es también para
Martín el modo de hacerse cargo de sus responsabilidades de padre, trabajar duro para
que la hija tenga todo lo que él mismo tuvo, para que no le falte nada. Asimismo, es la
principal causa de no hacer lo que otros hacen normalmente: estudiar, participar de
viajes de estudio y campamentos, por ejemplo. En el caso de Calcu, el trabajo aparece
desdibujado, para él hacerse cargo de sus obligaciones de padre es –ante todo- estar al
lado del hijo siempre, no abandonarlo, porque eso es darle todo lo que su propio padre
no le dio cuando él era chico.
Por un lado, es posible afirmar que “la desocupación y la exclusión social a
través de sus diversas manifestaciones conforman fenómenos estructurales de este
momento histórico. La exclusión social ya no hace sólo referencia a una situación de
inequidad y discriminación en lo pertinente a bienes y servicios sino que alude a las
subjetividades que quedan, de este modo, ubicadas fuera de los circuitos formales de la
sociedad” (Moise, 2000: 129). Por otra parte, es necesario preguntarse cómo intervienen
la exclusión y la desocupación en la construcción de la subjetividad de estos chicos, ya
que ellos prácticamente no han vivido la experiencia de ver a sus padres trabajar en
condiciones mínimas de seguridad y estabilidad. El trabajo informal y la ausencia de
previsión social son -para ellos- la manera normal de ser del trabajo, cumpliendo la
precarización laboral un importante papel disciplinador de los sectores sociales más
empobrecidos.
Con relación específicamente al trabajo de los niños y jóvenes y para
comprender el presente en un sentido más cabal es necesario echar una mirada sobre el
pasado, y por eso no resulta ocioso recorrer algunos datos que nos indiquen los rumbos
que ha recorrido el trabajo infantil y juvenil en la Argentina. Según el Censo Nacional
de Población de 1914, las tasas de actividad infantil (sector industrial y comercio
solamente) alcanzaban al 4.5% para el total nacional; por otra parte, del total de
población en edad escolar, un 46.8 % eran alfabetos en tanto que un 55.8% se
encontraban alfabetizados. Estos y otros datos analizados llevan a pensar que “la
incorporación de los niños al mercado de empleo no parece haber obstaculizado el
desarrollo de la educación primaria” (Llomovate, 1991: 24). Por otra parte y según el
90
Censo Nacional de Población del año 1970, la tasa de actividad de la población de 14 a
20 años, ascendía –para el total nacional- al 8.9 %, esto quiere decir que la cantidad
relativa de niños que trabajaban había trepado hasta casi duplicar los valores del año
1914, poniendo de manifiesto la problemática del trabajo infantil como “una
característica estructural de un mercado de empleo con determinadas limitaciones
históricas y coyunturales” (Idem: 54). En la actualidad, y tomando como datos más
cercanos los publicados sobre el Censo Nacional de Población correspondiente al año
2001, la tasa de actividad para el grupo de 13 de 17 años, asciende al 6.6%. En realidad,
aquello que puede sorprendernos -si comparamos los datos con los de hace 30 años- y
llevarnos a pensar que hay ahora –proporcionalmente- más chicos en la escuela que
trabajando, rápidamente deja lugar a la desazón cuando observamos que, según los
mismos datos proporcionados por el INDEC, la tasa de desocupación para el mismo
grupo etáreo ascendió del 17.2 % en 1991 al 34.6 % en el 2001. Es decir, no es que los
niños y adolescentes hayan elegido no trabajar porque las mejores condiciones de vida
así se lo permitan, sólo sucede que aunque busquen trabajo, no lo encuentran y –dado
que son menores- tampoco pueden acceder a los planes de empleo que disfrazan de
algún modo las tasas de desocupación. Una de las salidas posibles puede ser, como en el
caso de Nicolás, permanecer en la escuela y de ese modo beneficiarse con el cobro de
una beca estudiantil mientras se capacita en algo que le gusta hacer: la mecánica.
Paralelamente, la vida está en el zapping de la changa o en el trabajo agotador de la
chacra o del frigorífico, salidas todas surcadas por la inestabilidad. En este sentido, cabe
preguntarnos –siendo el trabajo la práctica productora de bienes y del hombre mismo-
cómo se definen estas subjetividades fragmentarias, efímeras cuyo futuro es hoy, porque
la vida es así de rápida.
Con respecto a la mujer, sólo la madre de Martín tiene un trabajo estable en
relación de dependencia, incluso en algún momento de su historia ése fue el único
ingreso en su casa ya que el padre se había quedado sin trabajo. Por eso él puede decir
de sus padres lo siguiente: creo que de casa siempre de lo mío se ocupaba mi papá. De
yo llegar y encontrar la comida hecha, comer muy tranquilo (…) era creo que como
quién dice el que me miraba el cuaderno (…) a mí me gustaba que cocinara mi papá,
no me gustaba que cocinara ella (se refiere a la madre), cocinaba más rico mi papá. Mi
mamá (…) trabajaba mucho, trabaja en el hospital y siempre estaba muchas horas
metida ahí adentro, así que era raro (…) que mi vieja pudiera ayudarme. Él es el único
91
que no habla abiertamente del lugar de la mujer diferenciándolo del lugar del hombre,
tanto él como su ex pareja trabajan para sostener a la hija que tienen en común. Por otra
parte, en el caso de Nicolás el convencimiento de que el lugar de la mujer es la casa y el
cuidado de los hijos, se construye como contrapartida de un hombre que trabaja y
provee lo necesario para el sostenimiento económico de la familia. En sus propias
palabras: no, como mi mamá nunca trabajó … como mi papá estaba en YPF y el sueldo
que había alcanzaba para, (…) mantener toda la familia, y (…) para ir haciendo
algunas cositas más, nunca mi mamá trabajó. (…) yo nunca le pregunté a mi papá, (…)
creo que no le gustaría tampoco (…) que ella trabaje (…) sabiendo que ellos siempre
tuvieron un buen sueldito (…). Pero si, ella nunca está sin hacer nada, no digamos que
es una ama de casa que limpia y se sienta a mirar tele, no. Siempre ella está haciendo
artesanías (…) ella hace arreglos florales, con flores secas (…) o si no está dando
clase, y con eso, bueno (…) una platita para ella …. También nos habla de sus planes
para la novia: ella lo que quiere ser: abogada. Y le digo yo, pero mirá que si nosotros
nos llegamos a casar(…) vos no vas a trabajar (…). Vos podés estudiar todo lo que vos
quieras, pero el último recurso sería que vos trabajés (…) creo que la mujer tiene su
lugar y el hombre tiene su lugar. Para mí es así, o sea. Aparte ella para qué va a estar,
(…) sufriendo así en su vida si la puedo yo mantener (…). El lugar de la mujer para
mí, si hay hijos, quedarse en la casa, cuidando los hijos y tratando de tener todo en
orden, si viene alguna visita o algo. (…) si vos llevás una vida ordenada y (…)
balanceada (…) no hace falta (…) que la mujer trabaje.
En el caso de Calcu, la mujer tiene que criar al hijo, eso es lo principal: gracias
a Dios ahora lo tenemos (se refiere al hijo) y bueno ahora trabajando, estoy
estudiando, trato de pagarle el estudio a mi señora también para terminar, mi
propósito de ahora en adelante es que (…) que mi hijo siga bien, que mi señora termine
acá, le pago (…) que estudie en el C.P.E.M. a la noche y bueno y tratar de seguir para
adelante …. A la pregunta sobre si ella quiere trabajar, responde: si, quiere, pero yo no,
no quiero, quiero que termine de estudiar, nomás (…). Quiero que se dedique a
estudiar y después, si, si quiere trabajar, que trabaje. Y ahora no, (…) tiene que
terminar de criar al nene y después …
Tal como vemos, ambos piensan que es posible y hasta deseable que ellas
estudien, pero siempre y cuando eso no se traduzca en un acceso posterior al mundo del
trabajo en desmedro de lo que sería su obligación principal: la casa y los niños. Por otra
92
parte, pueden aceptar que ellas trabajen, pero eso sería sólo por necesidad, cuando no
hay otra alternativa o para solventar sus propios gastos, no los gastos generales de la
familia.
Desde sus significaciones, las mujeres necesitan de alguien que las sostenga,
alguien fuerte que enfrente la vida por ellas y les solucione los problemas. Nicolás dice,
por ejemplo, que el lugar del hombre –como contrapartida del de la mujer- es salir a la
calle a traer la comida. Por otra parte, Calcu abunda en relatos sobre situaciones en las
que él ha tenido que salir en defensa de sus mujeres. Él vive cerca de su madre para
defenderla de los posibles abusos del padre, se enfrenta a conocidos para proteger a su
señora de agresiones verbales o maledicencias. Para el caso de Martín, la madre es un
personaje muy poco presente en su discurso y cuando aparece es casi siempre con
relación a la figura del padre. Aparentemente la madre está casi siempre trabajando y
además es la que cambió de casa después de la separación formando una nueva pareja.
Los lazos que establece Martín con su padre son cualitativamente diferentes a los que
construyen los otros dos chicos. La relación de afecto y cuidado es mucho más cercana,
siendo caracterizada por el propio Martín como amistad en reiteradas oportunidades.
En el caso de Nicolás y Calcu, las ideas sobre el lugar de la mujer parecen
tambalear cuando la vida cotidiana las interpela, de hecho algunas mujeres conocidas
por ellos trabajan y sostienen a la familia, son las proveedoras y no las dependientes: sé
que hay casos, en mi familia hay casos que el hombre y la mujer trabajan. (…) lo
reconozco que (…) no estamos en la mejor situación económica. Pero … para mí
tuviera que ser así(…). Si vos llevás una vida ordenada … .
El mundo de los varones pobres es contradictorio en sí mismo, por mandato
social son los que deben asumir la responsabilidad de salir de la casa a buscar el
sustento y al hacerlo deben resignar su lugar de dominantes para ser dominados en las
relaciones que establecen con los patrones. En muchos casos la violencia horizontal de
la que nos habla Paulo Freire reconoce este origen: víctima de la violencia del patrón, el
hombre encuentra una salida en la violencia hacia aquellos considerados como
inferiores: la mujer y los hijos. Es el modelo que Calcu no quiere copiar, pero que sin
dudas lo persigue, la mujer ya no será para él alguien a quien haya que golpear, pero de
todos modos es algo así como un niño, alguien a quien hay que señalarle el camino,
proteger y mandar para que no sufra. Él nos cuenta así algunas escenas con su madre o
93
con su señora26: mi viejo golpeaba (…) a mi mamá y (por) tratar de defenderla (…)
también (…) me pegaban a mí. (…) yo soy tranquilo, puedo hablar todo lo que quieras
pero menos te metas con mi señora o con mi familia. (…) los viejos estos me querían
pegar, decían que llame a mi viejo (…) había uno (…) me quiso pegar y (…) yo le
respondí y le pegué a él. Y cuando ya me venían a pegar los otros (…) yo tenía a mi
señora ahí arriba (se refiere a la vivienda familiar) y no sabía qué hacer. O cuando
conoció a su novia y el padrastro de ella le pidió que la cuide: mi suegro me dice:
‘¿podés llevarla a Cristina hasta allá? ¿te hacés cargo?’ (…). ‘Si, si la llevo yo, no hay
problema. Si ya es grande igual’, le digo. ‘A sí, si, pero igual, por ahí se me escapa’,
dice. Así que la llevé (…) … era media loca para cruzar la calle tenía que andar (…)
agarrandolá porque si no se tiraba a la calle, no le importaba nada cruzar ciega y
listo. El padre de la novia -el suegro- le cede el control sobre la mujer, a partir de ese
momento, él se hace cargo y decide cuándo y dónde llevarla a cualquier parte y aquí
quizás sea necesario aclarar que ambos van caminando o en colectivo a cualquier parte,
no es que haya un vehículo propio en el cual llevar a alguien.
Así como estos varones aprenden lo que son o deberían ser las mujeres,
aprenden también lo que son o deberían ser ellos mismos como integrantes de un
colectivo: los hombres. “El varón no es menos un producto social (…) que (…) la
mujer. Apenas identificado por sus genitales como varón recién nacido, la sociedad trata
de hacer de él lo que ésta entiende por varón. Se trata de fomentarle unos
comportamientos, de reprimirle otros y de transmitirle ciertas convicciones sobre lo que
significa ser varón. Paralelamente, su ubicación en un colectivo situado en una posición
de superioridad frente a otro, el de las mujeres, alimentará su práctica con la perspectiva
y pautas propias del grupo” (Marqués, 1997: 17 – 18). Los varones que muestran estas
historias se ven a sí mismos como inteligentes, protectores, capaces de reaccionar
defendiéndose de otros varones o defendiendo a sus mujeres de posibles agresiones. Por
ejemplo, Martín dice -cuando se le pregunta por los motivos de su éxito en la escuela-
que en realidad no sé porque será, pero siempre sentí, no es por nada ni nadie ¿no?,
pero digamos que siempre sentí que tuve, tuve un poquito más que los demás en la
cabeza. En el caso de Nicolás, cuando justifica su bajo rendimiento en la escuela dice lo
siguiente: yo nunca fui un chico de tener buenas notas (…) muchas veces me lo dijeron,
si vos te lo proponés y estudiás, sos un chico muy capaz. Y yo eso lo sé porque tengo
inteligencia para hacer las cosas, lo único que me falta es ganas, o sea que me guste
26
El episodio relatado se trata de una incursión agresiva de amigos del padre en la casa familiar.
94
también, a mi lo que no me gusta (…), no me gusta. Lo puedo hacer, pero no me gusta
… lo voy a hacer lo mejor posible, pero no me gusta. Andar bien o andar mal en la
escuela puede justificarse desde la propia naturaleza del sujeto, quedando intacta la
condición de inteligente, despierto o pícaro, como afirma en otro momento Nicolás. Es
decir que si a un varón le va mal en la escuela, no será por una carencia propia sino por
alguna característica varonil que él posee y que interfiere con los estudios. En las
historias que nos ocupan, todos se consideran hábiles para las tareas escolares y si –en
algún caso- no han tenido un buen desempeño se debe a causas como dedicarse a la
joda, a las chicas, a los amigos, tener que trabajar o –como dice Nicolás- porque
sencillamente hay cosas que no le gustan, todas actividades y representaciones
relacionadas con la construcción social del varón.
Por otra parte, las chicas suelen ser para ellos si no menos inteligentes, por lo
menos poco serias o dependientes del varón en cuestiones de estudio, entonces son ellos
los que ayudan a las mujeres a estudiar o a resolver trabajos para la escuela. Así nos
cuenta Nicolás la organización de la escuela para solicitar fondos y materiales para los
talleres: elegimos dos delegados por curso, nos juntamos así. Y siempre vió como hay
algún curso, las pibas, las pibas se tomaban el palo (…) no querían saber nada. Yo por
ahí me calenté, le digo bueno (…) ustedes van a andar de joda o vamos a hacer las
cosas porque (…) nos reuníamos todos para decir bueno, qué hacemos, unos tiraban
una propuesta y los otros decían otra y así, bueno, analizamos todas las propuestas.
Cuando necesitábamos la propuesta de ellas, ellas no, andaban con las amigas, allá
muy abrazaditas, de la manito, en el rincón. Digo, bueno, si van a estar sí, si no, no.
Vayansé, les digo yo, si nadie las necesita. Y se fue, así que con los pibes no más…
“El género es una práctica social que constantemente se refiere a los cuerpos y a
lo que los cuerpos hacen, pero no es una práctica social reducida al cuerpo” (Connel,
1997: 35), esto necesariamente nos lleva a pensar que no es la condición biológica la
causa que determina los comportamientos de género sino que éstos resultan de un
proceso de configuración de prácticas sociales en el que los mandatos sociales tienen un
fuerte peso. Para el caso de las historias que estamos analizando, la masculinidad está
ligada a la iniciativa, la toma de decisiones, el trabajo fuera de la casa, la imposición de
límites a otros cuyas conductas resultan amenazantes para sí mismo o para las mujeres
(los amigos, los vecinos, el propio padre). El protagonismo del cuerpo es innegable,
sobre todo en aquellas situaciones en las que se juega la fuerza por imponer el propio
95
criterio sobre alguna cuestión. Por ejemplo, Nicolás justifica las peleas con otros en los
siguientes términos: nunca fui de que me jodan (…). Si yo no molesto, no tiene por qué
molestarme (…) Yo, a mí me joden o me pegan y yo voy a las piñas directo.
Estos sistemas de representaciones referidos al trabajo y al género tiñen las
percepciones y las maneras de comportarse, constituyéndose en hábitus que gobiernan
la vida de los sujetos sociales. En este sentido, cabe preguntarse a quién o quiénes
sirven estos modos de ver el mundo. Con respecto al trabajo lo que aparece como
evidente es su valoración como forma de vida, al mismo tiempo que el desconocimiento
del sentido social del mismo como proceso y como producto: trabajar es lo que permite
tener una vida digna, pero las condiciones de trabajo no permiten tener una vida
propiamente humana y humanizadora y aquí la imagen que sobreviene es la de Martín
que quiere ser profesor de historia, pero que en temporada trabaja doce horas por día –a
veces también los feriados- y que, por lo tanto termina su día tan cansado que resulta
casi imposible pensar en el estudio. El estudio es un deseo, casi un mandato de la
familia que recuerda otras épocas, obligación hasta ahora frustrada y frustrante por las
imposibilidades propias de las mismas condiciones de vida. Quizás en este intersticio
pueda ubicarse la escuela, buscando comprender críticamente cómo se constituye el
tejido social, cuáles y cómo son las relaciones que establecen entre quienes lo integran,
en síntesis: contribuir al develamiento de los mecanismos de inclusión excluyente
(Gentili, 2000: 23 – 24) que margina a la mayor parte de la humanidad de una vida
propiamente humana.
Por otra parte, refiriéndonos a la problemática del género, cabe destacar que la
norma por la cual en nuestra sociedad occidental valoramos como superior al género
masculino, registra como “referencia moral y disciplinaria al hombre blanco
heterosexual de clase media urbana y cristiano” (Lopes Louro, 2000: 93). Todo aquello
que no corresponda a la norma será considerado inferior, anormal, desviado o hasta
perverso, por lo tanto si nos preguntamos a quiénes beneficia la concepción
androcéntrica, no debemos ir muy lejos para darnos cuenta de que sólo beneficia a
aquellos que responden a la norma, no a las mujeres, no a los pobres, no a los
homosexuales, no a los pardos ni a los oscuros, es decir no a la mayoría de la gente.
Sintetizando, si pensamos a los sujetos como redes de relaciones que se
constituyen en el interjuego subjetivo – objetivo (los sujetos – las instituciones),
podremos revisar en qué medida las prácticas institucionales escolares y familiares
96
constituyen una continuidad y en qué sentido ambas son o podrían construirse como
contradictorias, abriendo nuevas ventanas que permitan respirar otros aires.
b. A ver: ¿quién sostiene al sujeto? La escuela como lugar
donde se construyen subjetividades
En la localidad hay una pasarela que sirve para que los peatones crucen de un
lado al otro de la ruta, la misma se alza a seis metros –aproximadamente- sobre el suelo.
Si nos paramos a determinada hora de la noche a observar, veremos –seguramente- a un
grupo de jóvenes que compiten entre sí para ver cómo caminan sobre la baranda de
dicha pasarela. A ellos los une el horror, el que pierde es el que demuestra miedo, el que
no se anima a caminar como un equilibrista aficionado sin red. Al día siguiente
encontramos a varios de ellos en los bancos del Ce.M.O.E. y lo que hacen, lo que dicen,
lo que piensan, los muestra como equilibristas, aunque nosotros sepamos que la escuela
funciona –en cierta forma- como una red.
Veremos ahora qué características tiene el entramado de dicha red, qué es lo que
sostiene y qué lo que deja pasar, cuáles son las impresiones con las que marca a los
sujetos que en ella se sostienen. Nos referiremos en particular a dos grandes tópicos, por
un lado lo referido a las cuestiones de género, entendido el mismo como “una
construcción principalmente social que atribuye sentido y significado a distinciones
basadas en el sexo” (Lopes Louro, Idem: 88), y por otra parte, lo relacionado con la
formación para el trabajo distinguiéndola de la formación para el empleo. En este
último caso el foco de la mirada estará puesto en lo que los alumnos aprenden en el
Ce.M.O.E.: aquello que forma parte explícita del currículum y también lo referido al
control y la disciplina, esto por considerar a ambos aspectos como inseparables al hablar
de la función social de la escuela. Con respecto al tema de las masculinidades y
femineidades haremos hincapié en lo que los alumnos dicen de los diferentes personajes
escolares: maestras, maestros, directores, directoras, etc.
Mujeres: ¡abstenerse!
97
¿Cómo califican estos jóvenes a las mujeres que trabajan en las escuelas? Según
ellos las maestras o profesoras pueden ser: mañosas, histéricas, piolísimas o buenas
como una segunda mamá. En cuanto a los varones, ellos pueden ser: de carácter fuerte,
faltos de autocrítica o piolísimos.
Uno de los alumnos nos dice: había una maestra mañosa, vio que (…) siempre
hay una, la hacíamos rabiar (…) para (…) hacerle sacar las mañas nomás. Como
contrapartida rescata a otras representantes del género femenino: pero piolísimas las
maestras. (…) Nos respetaban un montón, era lo principal … nos entendían, nos
explicaban todo.
Otro se refiere así a una profesora: era el carácter (…) que tendría, no sé. (…) o
era la mirada que tenía … tenía una mirada así como que te miraba y te rebajaba con
la mirada. Y … a mí me reventaba y una vuelta me cansé y le dije: ‘¿por qué me mira
así? Cuando me llama, me llama así’. ‘¿Perdón?’, dice ‘¿qué le pasa?’. ‘No’, le digo,
‘a mí no me gusta que me mire así (…) me pueden basurear todo lo que quieran pero
usted no me va a basurear’, le dije. Me acuerdo esa vuelta (…) se puso histérica,
empezó a gritar y ¡que!….
La dimensión afectiva en el trato con las maestras está también presente: las
maestras que tenía yo en primaria, que eran mi señorita, que eran como mi segunda
mamá, que siempre nos aguantaban todas las mañas, (…) nos hacían quedar
castigados en los recreos, me acuerdo de eso también. Nos re enojábamos, pero así nos
tenían cortitos.
Los jóvenes entrevistados no hablan de maestros en la escuela primaria, pero si
de directores que han dejado huellas y también de profesores. El director es puesto
muchas veces en el lugar de quien hace bromas con respecto al fútbol, es divertido y
hace reír a los chicos: el director (…) piolísimo ese director. Era de boca, bueno,
siempre que perdía river salíamos con él y (…) cargábamos a todos los de river.
También es el que habla con los alumnos en el espacio de la dirección y quien
intercede ante conflictos entre alumnos o entre maestros y alumnos: y dice, ‘ah no sé,
conmigo no, vas a tener que hablar con el director’27. Así que nos llamaron a los dos
(…) El director me dijo: yo no estoy para echar a nadie ni para juzgar a nadie, pero si
es así como dice … Me dejó solo con él y (…) me dijo esa vuelta que tenía que
soportar lo que ella era … la señora era de carácter así. Refiriéndose a una situación
27
Se trata de una profesora que manda al alumno a hablar con el director.
98
de suspensión: ahí el director dijo: ‘usted no entra más a la escuela’. Y el único que se
salvó fue Joaquín (…), que está en segundo.
Con respecto a los profesores dicen, por ejemplo: los profesores, no sé por qué
por ahí nos caían pesado, (…) pero siempre (…) con el profesor ‘X’28 con él siempre
calladitos porque … profesor de carácter fuerte, calmadito siempre fue con él.
La escuela ha sido, desde el discurso de la homogeneización, el lugar predilecto
para formar a todos por igual, sin distinciones basadas en el origen social, la cultura o el
sexo, pero sabemos que en la realidad, las instituciones escolares funcionan como
agencias altamente diferenciadoras. En el caso particular del Auxiliar Técnico
Polivalente, si bien no existe ninguna prohibición explícita al ingreso femenino a dicha
formación, lo cierto es que no hay ninguna que lo esté cursando o haya tenido interés
por ingresar a esta carrera. Resulta ser una obviedad en nuestra cultura que los cables y
las herramientas son casi una especificidad masculina, lo cual establece un límite
invisible cuya transgresión genera discriminación.
Que en las escuelas se aprende también a ser varón o a ser mujer es una
aseveración que transforma en mito aquel deseo de homogeneización, y esto es posible
afirmarlo no sólo analizando lo que explícitamente se enseña en las aulas: los
contenidos curriculares, los libros de texto, las carpetas y cuadernos de los alumnos,
sino también observando lo que enseñan con sus prácticas los varones y mujeres que
trabajan en la escuela: “las prácticas cotidianas y comunes, los gestos y las palabras
trivializadas son, pues (tal vez más que las declaraciones oficiales), los que instituyen,
en forma continua y eficaz, los lugares sociales” (Lopes Louro, Idem: 91).
En el caso que nos ocupa, son varones –en la mayoría de los casos- los que
imponen los límites, los últimos límites, los que se recuerdan con más fuerza, ya sea con
el uso de la fuerza física: el profesor que mantiene el orden en la clase porque domina
con su cuerpo: es más alto, más fuerte, como por el imperio de la autoridad que brinda
el cargo: es el director que va al aula e interviene por su cuenta cuando hay desórdenes
o cuando la profesora o el profesor lo llaman. Es cierto que los chicos también hablan
de algunos varones que no se imponen de ninguna de estas formas, también es cierto
que los critican por esa razón. Las mujeres, por otra parte, suelen aparecer en el discurso
de estos alumnos como algo inestables o caprichosas (mañosas), requiriendo –en
algunos casos- de la intervención de director para afrontar los conflictos del aula.
También son puestas en el lugar del afecto, trayendo a la luz esa imagen social e
28
Se refiere a un profesor del Ce.M.O.E.
99
históricamente construida sobre las mujeres que pone el acento en la subjetividad por
sobre la objetividad, en los sentimientos por sobre la razón.
En este reconocimiento o desconocimiento de autoridades por parte de los
alumnos, no aparece nunca el fundamento del saber, lo cual no deja de ser llamativo si
pensamos a la escuela como el lugar por excelencia para el acceso al saber considerado
socialmente válido e históricamente acumulado. Si un profesor o una profesora sabe o
no sabe, es algo que pasa a segundo término, lo importante está en el trato con los
alumnos. O –para permitirnos una duda- puede ser que lo obvio sea que en la escuela se
aprende y se enseña y que, al ser justamente lo obvio, no se hable de ello.
¿Qué hay que saber para trabajar?
Haciendo un poco de historia, se hace necesario recordar que la escuela es una
construcción histórico social cuya organización corresponde al modo dominante de
pensar la educación a partir de la modernidad; entre otras piezas que Pablo Pineau
(2001: cap. 1) identifica en su ensamblaje moderno destacamos aquella que se refiere a
la homología entre la escolarización y otros procesos educativos: si la organización del
aula prevista en el método global y frontal es la adecuada para transmitir conocimientos
a las nuevas generaciones, va a serlo –desde la modernidad en adelante- no sólo para
aquellos contenidos específicamente intelectuales, sino también para otros más cercanos
al trabajo manual, los cuales–hasta ese momento- venían siendo enseñados en otros
ambientes: el taller del artesano, por ejemplo; y con otros métodos. Tal es el caso de la
organización del ATP, con materias de aula y materias de taller que –a pesar de algunas
diferencias- comparten el modo general de organización: un maestro, varios alumnos,
contenidos secuenciados y evaluaciones periódicas; por ejemplo.
Cuando en la escuela que nos ocupa se comenzó a cuestionar la formación
específica en distintos oficios, ofreciendo cursos cortos, se tomaron en cuenta -para
proponer el curso de ATP- los cambios que se producían en el ámbito tecnológico y
económico, que se resumen en los siguientes puntos:
• “la permanente transformación que produce la tecnología en las relaciones laborales
• la concentración de la economía en pocas manos, rompiendo conceptos éticos y
valores culturales que dieron origen a los principios democráticos
100
• la injusta distribución del conocimiento sujeta a las Leyes del Mercado, haciendo
cada vez más desiguales las oportunidades y posibilidades de acceso para un
importante número de personas
• la disminución de las fuentes tradicionales de inserción laboral
• la desaparición del puesto fijo en el lugar de trabajo
• la demanda de mayores conocimientos”29
Estas razones –entre otras- llevaron a proponer la implementación del plan
actual de estudios del Auxiliar Técnico Polivalente, que supone la integración de dos
ámbitos: el de conocimiento Teórico que abarca materias como: Organización
Histórico Espacial, Biología, Computación, Fisicoquímica, Matemática, Dibujo
Técnico, Educación Física y Lengua. El de conocimiento práctico que ofrece el tránsito
por tres talleres ligados a la industria: metalurgia, electricidad y carpintería; y uno a la
producción: técnicas agropecuarias.
Los alumnos entrevistados señalan como importante a la hora de elegir la
escuela el hecho de tener talleres, y es verdad también que nunca hablan con pasión de
las “materias de aula” y sí lo hacen –a veces- de los talleres. En ellos encuentran
muchas veces la motivación para hacer, que no encuentran en el aula de las materias
teóricas (tal como ellos llaman a las que no son talleres). Cuentan –por ejemplo-
anécdotas relacionadas con el taller de metalurgia y el aprendizaje del manejo de la
máquina para soldar: en alguna ocasión el profesor los dejó solos y ellos se
entusiasmaron soldando y gastaron todos los electrodos que tenían; demás está decir
que nadie cuenta sobre alguna clase de matemática –por decir alguna materia- en la que
hayan quedado solos y se hayan entusiasmado resolviendo -uno tras otro- ejercicios no
pedidos por el profesor. En mecánica30 les entusiasma el trabajar con los motores y
meter las manos en la grasa; en electricidad, hacer que algo funcione. Los otros dos
talleres: carpintería y técnicas agropecuarias no gozan de idéntico prestigio entre estos
alumnos; en el caso del primero hablan de él casi con indiferencia y en el caso del
segundo, los abruma la teoría desarrollada por el profesor para explicar determinados
procesos naturales. Ninguno de los tres alumnos entrevistados piensa dedicarse a la
carpintería ni al trabajo de la tierra, el empleo presente -en algún caso- o anhelado tiene
que ver con cables, motores o hierros.
29
Tomado del Proyecto de ATP presentado por las autoridades del Ce.M.O.E. Año 1999.
30
El A.T.P. no incluye un taller de mecánica, éste se dicta como curso corto. Uno de los alumnos
entrevistados lo está realizando.
101
Para estos chicos la formación que se les brinda en la escuela es útil para
conseguir un trabajo, por ejemplo Calcu –que está a punto de finalizar tercer año- dice
que espera conseguir un trabajito por ahí, alguna de las empresas que están ahí arriba
del Parque. Según dice, él entró al Ce.M.O.E. porque por lo que me decía mi hermano
era interesante y a mi hermano le sirvió (…) lo llamaron por teléfono la semana
pasada y le dijeron que se lo iban a llevar a Loma de la Lata (…) a una empresa
petrolera (…) así que le sirvió el título. (…) Así que voy a ver si dentro ahí, me voy a
mandar…
La vida en los talleres es diferente a la de las aulas tanto para la percepción de
los alumnos, como para la de los maestros. El interés que despierta el hacer con las
manos lo pone muy bien de manifiesto Nicolás cuando afirma que cuando voy al taller,
ahí me saco las ganas (…) de estar con los motores que siempre me gustaron. O
hablando de otro taller: capaz que ibas a metalúrgica y estabas con los fierros ahí, y
hacías lo que te gustaba (…). El entusiasmo de aprender cosas que no sabés, eso te
lleva mucho a (…) esforzarte y a salir adelante (…) de decir bueno, vas a ir a
electricidad y (…) no sabés cómo unir un cable y sabés que, viniendo a los talleres, lo
vas a ir aprendiendo de a poquito, eso te da una motivación. Suponete, dejás un trabajo
a medias, que ya, vos sabías que la clase que viene lo terminás, ¡qué!, venís a la clase
que viene (…) a terminarlo y a probarlo. Quedaba bien y te ponías contento.
Ellos van a la escuela –en gran medida- para aprender lo que se enseña en los
talleres, a las materias de aula las identifican con la teoría, ligada en muchas ocasiones a
lo aburrido, tedioso. Si bien es cierto que a veces manifiestan interés por algunos temas
tratados en el aula (ese es el caso de los golpes de estado o la historia argentina) o por la
manera particular de enseñar de algún profesor o profesora, la pasión está en el taller.
Como dice Martín: creo si hoy volví al Ce.M.O.E.31 fue porque quiero aprender algo
que me gusta y que es un oficio como electricidad, que es importante y tiene muy buena
salida. O cuando recuerda un día de clase: nos estábamos durmiendo en clase,(…)
estábamos en invierno el primer día de taller allá arriba, al frente del cementerio y es
tan frío que nos daba sueño porque estaba el calefactorcito calentito y estaba todo
calentito la sala y nos dormíamos porque era pura teoría. Terminó la teoría más o
menos en dos horas y en la mañana empezamos a hacer cosas con (…) la soldadora
eléctrica, esa mañana estábamos todos muy ansiosos porque queríamos aprender a
soldar.(…) llegué con unos fierritos soldados a mi casa para mostrarle a mi papá que
31
Se refiere a un curso de electricidad que comenzó después de finalizar el A.T.P.
102
había aprendido a soldar, mi papá me felicitó. Aquí resulta imposible no recordar a los
estudiantes de clase obrera de los que habla P. Willis (1988) ya que ¿cuál es la razón
que lleva a estos chicos a elegir trabajos de clase obrera?, es en el trabajo manual en el
que encuentran satisfacción y un modo de resistencia a prácticas escolares expulsivas,
aquello que es vivido por los sujetos como una autoafirmación, es en realidad producto
de la división histórica entre trabajo manual y trabajo intelectual y la asignación del
primero a los sectores sociales subordinados.
Si hablamos de formación para el trabajo, no podemos evitar abordar el tema de
la disciplina. El control está presente en ambos ámbitos, en el aula y en el taller; los
alumnos relatan incidentes que abonan esta afirmación, pero por lo general, suele ser el
lugar de la escuela y no el del taller el propicio para actos que cobran cierta magnitud.
Un alumno cuenta así lo sucedido en un taller: nos da vuelta así y nos pega a cada uno.
Nosotros no (…) le dijimos nada en ese momento (…) porque nosotros estábamos
jodiendo, pero no nos podía hacer eso (…). Resulta que nosotros estábamos hablando,
así, jodiéndonos, (…) nos tocábamos y se enojó. (…) Hablábamos así, así todo re
despacito así, mientras él hablaba re fuerte y se dio vuelta así y parece que nos vio
donde estábamos. Y agarró y dijo: “basta, ya me tienen cansado (…) que no ven que
estoy explicando” (…). Y a Juan lo da vuelta así, lo manda para allá. Y a mí me
agarra, me da vuelta así y me pega una patada por acá. Pero no sé por qué. Y capaz
que fue una reacción así en el momento…32. Como contrapartida, en ese lugar siempre
contradictorio que constituyen las instituciones, muchos de los conflictos se intentan
resolver sin llegar a estos extremos, por ejemplo los alumnos recuerdan las entrevistas
personales con los directivos (ir a hablar a la Dirección), la concurrencia del director al
aula ante alguna situación conflictiva, o las terapias de grupo de las que hablaremos
más adelante.
El disciplinamiento, el control de los cuerpos de los alumnos, la sujeción de los
mismos a las normas institucionales, es un tema que debe estar presente al hablar de las
funciones sociales de la escuela. Por otra parte, es necesario recordar que dicho control
–tal como lo han señalado Bowles y Gintis- asume el papel de preparación para el
mundo del trabajo en tanto el mismo requiere de la obediencia de ritmos, pautas y
tiempos ajenos a los deseos y voluntades individuales. En todo caso, no deberíamos
olvidarnos que –en el caso de esta escuela en particular- la población de alumnos se
32
Corresponde a una entrevista realizada a Hugo (nombre ficticio), que debido a la imposibilidad de
completar la serie, no se incluye como relato de vida. El que pega es un profesor de taller.
103
conforma, en gran medida con chicos excluidos de otras instituciones por diversos
motivos que, a veces, aparecen disfrazados de opciones individuales. El campo
problemático de la disciplina aparece así en un firme contraste entre la voluntad de
contención por parte de la escuela y sus actores, y la realidad cotidiana que muchas
veces supera cualquier proyecto inclusivo. En este sentido, los relatos de los alumnos
desbordan en anécdotas acerca de bromas entre alumnos y a profesores, disturbios que
involucran a vecinos de la institución, peleas entre alumnos dentro y fuera de la escuela
y todas aquellas escenas propias de cualquier secundaria. Para el caso de los alumnos
entrevistados, la cuestión de los límites es siempre un lugar de disputa; ellos afirman no
pertenecer al grupo de revoltosos que todo lo desordenan, pero disfrutan de muchas de
las bromas que se suceden en la rutina diaria: guerra de avioncitos, quema de tachos de
basura, catutas, rateadas, etc. En consonancia con el lugar en el que se ubican, piden a
veces la demarcación de fronteras más claras entre lo permitido y lo no permitido, por
ejemplo Nicolás cuenta: le decían viejo de mierda y todo eso (se refiere a un profesor),
todo los insultos que puedan haber en un curso donde (…) no hay una amonestación,
no hay nada para (que) los pibes se tranquilicen y decir bueno, ‘si hago esto, me van a
hacer esto’. No, los pibes sabían que si hacían eso, no le iban a hacer nada, le iban a
decir: ‘hijo, portate bien’, lo mismo de siempre (…). Y ya mandan a llamar a los
padres. Los padres: ‘si, si voy a hablar con él’, dos o tres días bien los pibes y listo
(…).
Pero no todo es sumisión en lo que dicen los alumnos, ellos pueden organizarse
para reclamar por injusticias y de hecho lo hacen. Calcu hace referencia a las reuniones
de evaluación –que se hacen por curso y con la presencia de todos los alumnos y
profesores- denominándolas “terapias de grupo” y afirma que en ellas, los alumnos
dicen aquello que les parece bien o mal de los profesores, ya sea en lo referido al trato
personal como así también en lo que respecta a la enseñanza: ahí podíamos decir (…)
por ejemplo (nombra a un profesor) (…) no, dicta mucho, (…) (otro profesor) mucho
trabajo práctico (…). Cuando esta estrategia no alcanza, otros son los caminos que las
demandas de los alumnos recorren, tal como lo podemos ver en el siguiente relato: él
nos dijo: ‘hagan el dibujo’. Bueno, está, empezamos a hacer el dibujo. Así, no pasó ni
un minuto y dice: y vayan copiando lo que yo les voy diciendo. Estábamos escribiendo
y así no, no podíamos (…). Iba, ¡pa!, borraba. Y hacía lo mismo. (…) Entonces uno
cuando le iba a decir algo, no tenía autocrítica, decía (…) (que) lo que él hacía estaba
perfecto. (…) Yo varias veces le hablé. Le, (…) dije (…) ‘pero espere un cachito ¿cómo
104
quiere que copiemos y dibujemos?’. (…) Y después (…) una vez fui yo
desapercibidamente (…) estaba con una taza de mate cocido, y (…) sin querer (…) le
estaba hablando y la apoyé. Y estaba hablando (…) cuando me miró cuando apoyé la
taza arriba de su carpeta. ‘¡Pero cómo va a dejar la cosa ahí, no ve que me mancha la
carpeta!’. (…) Bueno, (…) le digo yo, disculpemé,(…). ‘¡No, pero no sabés, (…) es mi
(…) herramienta de trabajo (…) me ensuciás!’. (…) Después la otra (…) se hacía el
bueno cuando entraba el portero, decía: ‘permiso, ¿puedo repartir la leche?’. (…)
¡Fa!, repartía (…) matecocido, pan. (…) Íbamos a tomar matecocido: ‘¡después toman
el matecocido, tienen todo el recreo para tomar el matecocido, sigan copiando!’.
Entonces yo digo, para qué deja entrar al portero, que nos sirva el matecocido, si
después no nos va a dejar tomar el matecocido. (…) Hasta que después tuvimos la
reunión y le dijimos. (…) Usted también sepa reconocer esos errores, le digo yo.
Porque más de una vez (…) le faltó el respeto algún pibe o algo. (…) Le(…) decía ‘vos
sos un mocoso insolente’,(…) y el otro capaz que estaba pidiendo una goma y ‘sos un
mocoso insolente’. (…) No tenía autocrítica lo que hacía. (…) Entonces eso ya venía
hace tres años diciendo con problemas, con problemas, con problemas, y hasta que un
día, bueno, llegó él y (…) presentó la renuncia y después vino el director y dice:
‘muchachos el profesor quiere hablar con ustedes’. No, listo ya, nosotros le dijimos
todo en la reunión (…) y nosotros ni si, ni no, quedamos sentaditos ahí afuera del
curso, no quisimos pasar al aula. Así que nos trajeron otra (…) la profesora, con esa
profesora aprendimos más.
Si miramos un poco más allá de las relaciones internas a la institución entre
profesores y alumnos, la escuela aparece –en cierta medida- funcionando como espacio
de resistencia. Al respecto, un momento destacado en la historia reciente fue la
organización en torno a la lucha por la provisión de materiales para los talleres. Uno de
los alumnos dice al respecto: tal vez es esta escuela la más discriminada pero nosotros
siempre luchamos, me acuerdo de la lucha que emprendimos cuando se pudo comprar
todo el material didáctico y todo lo que faltaba. Cuando pudimos luchar por una taza
de té, que esa también estuvo re buena porque peleamos … fue una idea mía y de otro
compañero, que, bueno, se hizo grande a nivel colegio y después a nivel institución,
digamos y además los demás colegios siempre te prestaban ayuda. Esa es otra cosa que
me gustó del Ce.M.O.E., la vida que llevé en el Ce.M.O.E., que acá me enseñaron a
luchar por las cosas (…) que no vienen de arriba, como quien dice. Otro alumno
105
recuerda: yo salí a hablar con Pilatti33. Y no me quisieron dejar subir hasta arriba. (…)
le digo yo: ‘escuchame (…) esto ¿no es un edificio público?’(…). ‘Si’, me dice. ‘Y
público, (…) ¿qué es para vos, abierto para qué?, para todo público’, le digo yo. ‘¿Por
qué no puedo entrar?’. (…) y me empujaron varias veces. ‘Bueno, no toqués’, le digo
yo a un flaco, ‘a mí no me toqués porque va a ir mal’. (…) decidimos con otros chicos
más ir a hacer las clases públicas afuera. Estuvimos (…) como dos o tres veces en la
plaza. Y más adelante, haciendo referencia a una audiencia con el gobernador de la
provincia: le digo, nuestro petitorio es más que lógico(…) porque (…) no hace días que
venimos pidiendo, sino hace años. (…) El Ce.M.O.E. hace cuatro años que viene
pidiendo un petitorio con una lista de herramientas. (…) Y le digo,(…) también ese, ese
como segundo tema, porque como primer tema venimos pidiendo también (…) la
escuela nueva, le digo yo. Ahá, me dice. O si usted mal no se acuerda, le digo yo, en el
‘94 estuvo por acá, ¿se acuerda?. ‘No me acuerdo’. Porque si no, no se acuerda, nos
aguanta un segundito, si tiene alguna video grabadora, tenemos video donde usted sale
grabadito que dice, que se acerca (…) al stand de la escuela donde estamos en la
exposición y nosotros le comentamos el problema de esta escuela (…). Usted se
comprometió a que para el año que viene, o sea, estamos hablando del ‘95, nosotros
íbamos a tener la escuela nueva. (…) ahora estamos pidiendo una escuela nueva (…)
Porque en las condiciones que estamos en la escuela…. En esa oportunidad, los
alumnos no consiguieron la escuela nueva, pero sí la suma total de setenta mil pesos
repartidos en varias cuotas que sirvieron para aprovisionar a los talleres de los
materiales necesarios para enseñar. Uno de los alumnos decía a sus compañeros –para
convencerlos de la necesidad de luchar- que los materiales para los talleres no eran
necesarios para los profesores porque ellos ya sabían, ya habían aprendido y que si no
tenían herramientas no podían enseñar pero igual iban a cobrar su sueldo. Afirmaba que
proveer a los talleres era necesario para los alumnos, ya que eran ellos los que los
necesitaban para aprender y que –en consonancia- no importaba perder algunos días de
clase haciendo sentadas y clases públicas, ya que eso iba a redundar en beneficio de
todos.
El aprendizaje del oficio y la lucha política se entrelazan. En este sentido, es
necesario distinguir entre la formación para el empleo y la formación para el trabajo, en
el primer caso, la perspectiva adoptada es la del empleador e implica el desarrollo de
33
Presidente del Consejo Provincial de Educación en ese momento.
106
ciertas capacidades o competencias para desempeñarse eficientemente en un lugar de
trabajo. Por otra parte, la formación para el trabajo implica asumir el punto de vista del
trabajador, ampliar la mirada e incluir todo aquello que hace al trabajador un sujeto de
derecho con necesidades y potencialidades que van más allá del desempeño de un oficio
y que lo involucran como ser humano en todas sus dimensiones (sociales, culturales).
Con respecto al derecho a peticionar, un alumno dice: haber llevado la bandera cuando
estuvo la lucha (…) de todos los colegios contra (…) ‘la 320’34, creo que eso también
fue un prestigio haber llevado la bandera, haber luchado por lo (…) nuestro. Dentro
del Ce.M.O.E. aprendí mucho (…) lo que significa tener las cosas al alcance, así, (…)
sin que nadie (…) te las niegue. Y algo que no queríamos que nos nieguen era el
desayuno para los chicos que venían de afuera, que no nos gustaba ver que los chicos
vinieran sin comer, lleguen tarde de Vista Alegre, eso no nos gustaba. Por eso más que
nada luchamos por, o yo por lo menos siempre tuve la mentalidad de luchar por eso
con los demás chicos.
Si volvemos ahora nuestra mirada sobre la escuela, podremos darnos cuenta de
cuán contradictorio es este campo: por un lado podemos suponer que los alumnos se
construyen –en cierta medida- como sujetos conscientes de los derechos que tienen en
una sociedad democrática (cuya formalidad o realidad dejamos pendiente para otro
debate), pero por otro, los lugares de poder diferenciados otorgados a mujeres y a
varones los constituyen como sujetos dominantes lo cual supone siempre la negación de
los mismos derechos que se demandan a otros considerados de menor jerarquía, en este
caso: las mujeres.
34
Se refiere al Plan 320 del cual ya se ha hablado en la página 82.
107
CONCLUSIONES
En muchas ocasiones los docentes conocemos casi por casualidad y en
situaciones de intercambio informal historias de los alumnos, se diría que tal curiosidad
por quiénes son ellos no está inscripta como necesidad en el nivel terciario o aun, en el
secundario, siendo sólo importante para enseñar en el nivel primario. Recuerdo que en
una de esas situaciones una alumna me contaba que tenía dos hijas pequeñas, que estaba
separada y vivía con su madre y hermanos. Esto no sería tan importante, hay en la
actualidad muchas familias de ese tipo, la cuestión era que sólo tenían dos habitaciones
y una única mesa, que era utilizada para todos los quehaceres de la casa. ¿Dónde
estudiar entonces?, en medio del ruido, de las demandas de los hijos, las peleas de los
hermanos, los reclamos de la madre ... Todo esto había surgido ante la pregunta sobre la
entrega en tiempo de un trabajo solicitado en la cátedra.
En otra ocasión, en una situación de examen una alumna insistía –al desarrollar
la explicación de la relación entre la marginalidad y las teorías de la educación (D.
Saviani)- que la marginalidad es un problema occidental de la humanidad. Indagando
un poco, fuimos a ver qué era occidente, qué era oriente ... en fin lo relativo a los
hemisferios terrestres. Como conclusión de todo ello, la alumna infirió que sólo hay
marginalidad en occidente (al parecer los chinos, los indúes, los asiáticos no tienen ese
problema). Volviendo al texto leído, observamos que en lugar de occidental el autor
había escrito accidental, lo cual cambiaba completamente el sentido de la afirmación
sobre la marginalidad. Ante esa situación me preguntaba a mí misma cuántas
situaciones como ésta no llego a descubrir nunca, pasando a ser saberes válidos para los
alumnos, porque en realidad lo que vemos es como la punta del iceberg, lo más
voluminoso permanece oculto a nuestra mirada.
He traído las anécdotas anteriores aquí para ejemplificar el desconocimiento que
tenemos de los alumnos que va desde sus condiciones de vida hasta, lo que podríamos
llamar estrictamente intelectual: lo que saben, lo que piensan, las relaciones que
establecen entre las ideas y entre éstas últimas y la realidad. ¿Cómo es posible enseñar
sin saber a quién se enseña?
108
Cierto es que el conocimiento de los alumnos es siempre relativo, nunca vamos a
poder conocer todo y creo que tal vez tampoco sería necesaria tal amplitud, pero no
podemos enseñar como si el alumno no existiera, menos aun en la actualidad cuando
parece haber entre ellos y nosotros un abismo que dificulta los intercambios, no nos
entienden, no los entendemos.
La realización de este trabajo de investigación me ha permitido profundizar en la
convicción acerca de la necesidad de saber quiénes son los alumnos, en particular a
través de sus relatos de vida ya que son nuestras situaciones cotidianas de vida las que
nos van construyendo como sujetos, nuestras ideas se construyen a partir de nuestras
prácticas con toda la complejidad en cuanto a relaciones sociales que ello implica.
Con respecto a los temas analizados en los relatos de vida elaborados, hay
algunos aspectos que merecen ser destacados, como por ejemplo, la presencia de
continuidades y discontinuidades entre las marcas que la familia y la escuela producen
en los sujetos que construyen. En el caso del género, puede afirmarse que los varones
que cursan el A.T.P. no encuentran grandes dificultades para reafirmar las prácticas y
concepciones que traen consigo de experiencias anteriores. Las relaciones nuevas que
construyen con mujeres y varones, profesoras y profesores se inscriben sin dificultad
sobre lo ya conocido: son varones los que enseñan en los talleres y también la mayoría
de los que enseñan en las aulas; en tanto que las mujeres ocupan algunas cátedras como
por ejemplo Lengua o Biología y la mayoría de los cargos de preceptoría (lugar este
más cercano a los alumnos, emparentado quizás con la maestra de grado en la primaria),
haciéndose así transparente la división social del trabajo entre varones y mujeres. Los
modos de comprender los lugares sociales atribuidos a los distintos géneros resulta
semejante en la casa y en la escuela, esto lo hemos visto así en las adjetivaciones que los
alumnos construyen acerca de profesoras y profesores, alumnos y alumnas. La situación
construida aparece como algo natural y por lo tanto, libre de objeciones, indiscutible en
sus fundamentos: las mujeres son o deben ser de tal manera, los hombres somos así.
Otro punto importante que asalta el análisis de los relatos de vida es el relativo a
la relación entre autoridad y poder, ya que la misma está presente tanto en la escuela
como en la familia; diferenciándose en esta última por las contradicciones que a veces
aparecen como superficiales y en ocasiones se manifiestan como conflictos marcados de
intereses diversos. Por ejemplo, hemos visto que se estimula la participación de los
alumnos como colectivo en distintas instancias: clases públicas, marchas, reuniones de
diverso tipo; pero también hemos escuchado a los alumnos cuando cuentan diversas
109
situaciones de imposición arbitraria de un poder arbitrario, modelo éste para
relacionarse con otros que circula también en las vinculaciones que los jóvenes
establecen con sus pares (cuando hay que hacerse respetar) o con las mujeres: madres,
esposas, compañeras.
Quizá un aporte importante de este trabajo a la práctica educativa consista,
fundamentalmente, en señalar algunos aspectos importantes como los marcados arriba
a fin de volver a pensar en qué enseñanza, en beneficio de quiénes, para qué sociedad;
esto sin pretender enarbolar verdades absolutas sino buscando la discusión, el disenso,
el análisis y la crítica de lo que es a partir de su historia.
De todas maneras, creo que el análisis de los relatos de vida puede ser
complementado con estudios cualitativos de otro tipo que indaguen, por ejemplo, acerca
de los procedimientos intelectuales que ponen en juego los alumnos en su paso por la
escuela y cómo esto se traduce en una determinada configuración de los objetos de
conocimiento que en la misma se ofrecen para ser aprehendidos.
Con respecto a las limitaciones que tiene este trabajo, la más significativa de
ellas es la relacionada con la selección de los alumnos entrevistados, ya que –debido a
dificultades que se han señalado- ninguno de los relatos corresponde a aquellos alumnos
que podrían ser caracterizados como los otros. Esos otros serían los indisciplinados, los
revoltosos, los que se drogan, los que andan mal en la escuela. Creo que debería haber
pensado en otro modo de abordarlos para crear en ellos el interés por contar sus vidas,
indudablemente en ellos no funciona la referencia de la escuela como institución
significativa a la que –en ciertas ocasiones- puede uno dedicarle más tiempo del
obligatorio.
110
EPÍLOGO
Continuando el camino entre la literatura y el escrito científico, este trabajo tiene
también su epílogo, aquí están agrupadas algunas expresiones de los jóvenes
entrevistados después de leer la primera parte del relato de cada uno. Esperaba organizar
este último encuentro en forma grupal para que cada uno leyera para sí su relato y
comentara luego sus impresiones conmigo y con los otros jóvenes; pero no pudo ser así
y eso se debió en gran medida al diverso rumbo que ha tomado la vida de cada uno,
imponiéndoles obligaciones y horarios diferentes. La reunión con cada uno de ellos fue
planteada de la misma manera: lectura del relato y diálogo acerca de las impresiones
obtenidas a partir de dicha lectura. Sólo hubo dos preguntas específicas: una relativa al
reconocimiento propio de cada uno en el escrito y otra relativa a la utilización o no del
nombre real en el trabajo final.
La primera constatación se refiere a que el relato de vida es una reconstrucción
de la historia del sujeto en un momento particular de su vida, será por eso que Nicolás
afirmaba que él se reconocía en los escritos que estaba leyendo, pero se reconocía tal
como era hace un tiempo. De hecho su vida ha cambiado, está cursando segundo año en
la escuela secundaria nocturna, ya no hace changas con su padre, trabaja en un comercio
y lo que más fervientemente desea es terminar de estudiar, tener un título para ser
alguien en la vida y conseguir un trabajo en una empresa petrolera. Cuando tiempo atrás
decía que quería sentar cabeza, hacía referencia a formalizar una pareja, en tanto que
ahora implica terminar de estudiar y conseguir un buen trabajo. Él dice que la vida
cambia, la vida nos cambia, que ahora que tiene diecinueve piensa diferente, que no
sirve de nada trabajar desde tan joven, que uno se lastima el cuerpo y después eso es lo
más importante a la hora de entrar en una empresa: superar el examen psicofísico.
Martín está cursando segundo año en una secundaria nocturna, se quedó sin
trabajo hace más o menos un mes y sigue viviendo con su padre, su beba ha crecido y
dice que está bien que el relato figure con su nombre real: yo no tengo nada que ocultar.
Calcu vive con Cristina y con su hijo en una casa a pocos metros de la de sus
padres, abandonó el Ce.M.O.E. antes de terminar el A.T.P. porque en ese momento
había conseguido trabajo. Hace poco comenzó a trabajar en la misma chacra que trabaja
111
su padre. Sobre el relato dijo que le pareció hermoso, que en el mismo estaban todas las
personas que él más quería: su señora, su hijo y que no tenía problemas en que
apareciera su nombre real, que eso lo haría famoso.
A los tres les pregunté si se reconocían en el relato, los tres dijeron que sí y
sonreían al encontrarse en las palabras reunidas en el papel.
112
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Informe final de una investigación dedicada a comp more
Informe final de una investigación dedicada a comprender los procesos de construcción de la subjetividad por medio de la elaboración de relatos de vida. Se trata de tres relatos de vida correspondientes a jóvenes de entre 17 y 21 años que concurren a una escuela para adultos en Neuquén, Argentina less
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