PRÓLOGO
“Debemos esforzarnos a ser más estrictos a medida que el tiempo se aproxima. En la edad de la rebelión
de la Tierra y el Cielo, cuando el Fuego y el Agua rompan haciendo estragos sobre todas las tierras, el Mayor
de los ancianos volverá, tomará a su compañera, y el primer niño del elemento Espacio nacerá, compañero de
juegos del primer niño del Tiempo, nacerán los Ejecutores.”
—La Profecía Demon Perdida.
El Vampiro miró al Demon ante él, con una mirada azul medianoche larga y contemplativa.
El oscuro centro de sus ojos era ligeramente oval en forma, el contorno era sólo una gran
peculiaridad para incitar la curiosidad de alguien, atrayéndolo más cerca, para mirarlos y
estudiarlos con un poco más de profundidad, para terminar enredados en ellos igual que en una
bien tendida tela de araña. Ya que tales tentaciones no podían atraer al Demon, la única intención
del Vampiro para estudiarlo tan de cerca era estrictamente para escrutarlo mientras intentaba
descifrar el propósito de la sigilosa figura.
Con desacostumbrada paciencia y generosidad, el Vampiro se reclinó en la silla y cruzó las
piernas. Como siempre, el Demon se tomaba su tiempo antes de empezar a hablar sobre lo que
tenía en mente, independientemente de haber traído al Antiguo a la guarida del Vampiro. Siempre
estaba bien que pusiera tanto cuidado al pensar en su discurso, reflexionó el vampiro, porque
cuando este Demon hablaba, a menudo debía de depositar brutales verdades a los pies de aquel
con el que conversaba. Un rasgo admirable como aquel, no era quizás tan refrescante como uno
podría esperar, en particular cuando éste anunciaba un giro en los acontecimientos en la vida de
las razas de los Nightwalkers .
Desde el comienzo de los tiempos, años antes de que los mortales se hubieran extendido a
través de esta tierra como un intempestivo pandemonio, estaban los Nightwalkers. Las Culturas
Oscuras. Aquellos que disfrutaban de la luna como su luz de día, y dormían o se ocultaban del sol
cuando sus ácidos rayos trataban de tocar sus susceptibles pieles o sus mentes. Los clanes habían
corrido con las bestias salvajes de la Naturaleza, sus dones especiales arraigaron en sus caminos,
manteniéndolos conectados a la tierra, la libertad de las criaturas y la emisión de impulsos
magnéticos, de su corazón. Y aunque en la edad moderna los mortales eran la población
dominante por un dramático porcentaje, los Nightwalkers aún vivían. Las Culturas Oscuras fueron
preservadas, cada uno con sus maneras y tradiciones separadas, y cada uno había labrado nichos
en aquellos sitios abandonados y por lo general demasiados inhóspitos para los humanos. Algunos
se habían adaptado y ahora vivían al margen de las sociedades humanas, emulando o disfrutando
las costumbres de los mortales… o un cuidadoso facsímil. Casi cada clan había impuesto
cuidadosamente leyes y creencias de cuán lejos podían ir sus miembros cuando trataban con los
humanos.
El tiempo no había cortado los eslabones de los Nightwalkers con la luna o con el sol. Los
errores y los enemigos habían disminuido gravemente las filas de todos los diferentes clanes de
una u otra manera, y aún así subsistieron… en calma, desconocidos, principalmente para los
mortales, y buscando la manera de encontrar la armonía en un mundo que cambiaba rápidamente.
Pero el mundo había cambiado antes, y cambiaría otra vez, y siempre habría Nightwalkers
bailando bajo la luna y durmiendo detrás del sol.
—No has venido a visitarme en mucho tiempo, Gideon —observó el Vampiro al modo
caprichoso de su gente, no deseando esperar más a que el Demon lo visitara en su propio tiempo.
—No había esperado verte.
Gideon alzó sus fríos ojos plateados desde la exquisita rara leche de cebra que había estado
revolviendo ociosamente en su vaso. La exótica leche, y otras parecidas, eran un alcohol Demon.
Esto, era la prueba que aunque los Nightwalkers eran muy parecidos a los humanos, generalmente
muy atractivos y perceptivos, había marcadas diferencias en sus químicas y fisiologías. Estas
distintivas diferencias los pondría en un aparte como seres sobrenaturales al ojo común, se
obligaron a tomar la decisión de no alardear sobre ello.
Pero los Nightwalkers ponían gran cuidado en esto. Los seres humanos podían volverse
demasiado recelosos incluso con la más pequeña indirecta de leyenda o misterio. Estaba en su
naturaleza temer lo que era más poderoso que ellos, un defecto que no cambiaría hasta que
maduraran como especie.
Independientemente del hecho de que él mismo se jactaba de rasgos excepcionalmente
fascinantes, el Vampiro fue golpeado, como siempre, con el penetrante efecto de mercurio fundido
de los ojos del Demon. El aspecto facial de Gideon, eternamente joven y aristocrático, en nada
mostraba haber existido desde hace más de un milenio, pero aquellos ojos ciertamente lo hacían.
Los Demons también tendían hacia la tez morena, viéndose perfectamente bronceados, lo que
aumentaba el alarmante efecto de la mirada fija de Gideon.
El Antiguo Demon también tenía el cabello de una plata increíblemente prístina, lo bastante
largo para tocarle la clavícula y sujeto hacia atrás con una tira fina de suave cuero. En los humanos,
ese color sería un signo de edad avanzada, pero el Vampiro sabía que Gideon había nacido con ese
color de cabello y a pesar de ello, jamás se veía ni un día por encima de los treinta y cinco. Quizás
un poco más cercano a cuarenta cuando uno se fijaba en aquellos ancianos ojos.
—Si te has sentido desairado de cualquier modo, Damien, te extiendo mis disculpas —dijo el
Demon con modales distantes, su rica voz llenaba los espacios vacíos de la enorme habitación.
Damien despidió la idea con un chasquido de lengua y un ondeo de la elegante mano de
largos dedos.
—Somos criaturas antiguas, Gideon. Hace mucho que hemos aprendido a no sentir desaire
cuando uno u otro de nosotros entra en aislamiento por cualquier razón. —Los ojos índigo de
Damien se entrecerraron sobre el Demon sentado frente a él—. Pero admito que tengo curiosidad
después de todo por el motivo de tu visita después de tanto tiempo.
—Me temo que no sea tan social como pudiera haber deseado que fuera —dijo Gideon—,
estoy aquí para servirte de advertencia.
—¿Advertirme? —Damien arqueó una graciosa ceja ante el Demon.
—Sí. Como el más antiguo de mi raza al más antiguo de la tuya.
Damien reconoció la reverencia de la distinción de Gideon con una graciosa inclinación de
cabeza.
—A pesar de las enormes diferencias de nuestras razas, Gideon, tú y yo siempre hemos
tenido mucho en común.
—Y es una comunidad lo que me trae ahora a tu puerta. Un enemigo común.
Esta revelación hizo que la columna del Vampiro se enderezara con repentina tensión.
—Nigromantes. —No era una pregunta. Ambos habían vivido demasiado tiempo para no
saber lo que era importante para uno y el otro—. Maldito —, siseó Damien, poniéndose
repentinamente de pie y paseando de un lado a otro de su cavernosa sala—. Debería haberlo
sabido. ¡Debería haber sentido que algo no encajaba!
—¿Cómo lo has visto? —Preguntó Gideon, alzando una inquisitiva ceja.
—Gerad ha desaparecido. Pensé que quizás sólo se había ido bajo tierra como hace mi gente
de vez en cuando, pero Gerard recién despertó de un largo siglo de sueño, así que me pareció
extraño que retornara tan rápidamente.
—Todavía es posible que eso sea lo que haya pasado.
—Posible —aceptó el Vampiro—, pero no es el único desaparecido, y sabes tan bien como yo
que esto no se asemeja a una coincidencia. ¿Tienes alguna idea de cuántos son los que
enfrentaremos esta vez? —El antiguo vampiro apuró sus zancadas, sus manos se contrajeron en
puños y sus feroces ojos llamearon con obvio desprecio para los odiosos humanos que utilizaban la
magia que había molestado a las razas Nightwalker durante siglos—. Qué tonto fui al esperar esto,
ya que no había habido ningún Nigromante durante este último siglo, habíamos visto al último de
ellos. Avergüenza mi inteligencia hablar siquiera ahora de ello.
—No has sido ni más ni menos estúpido que el resto de nosotros. —Dijo Gideon en tono
oscuro— Yo soy el más ridículo de todos ellos.
El Demon guardó silencio durante un largo latido, y los sentidos sobrenaturales de Damien
retumbaron bruscamente con la subconsciente conciencia de los perturbadores pensamientos del
Demon. Más allá del respeto, de cualquier modo, Damien jamás pensaría en explorar a Gideon
para obtener aquellas reflexiones.
—Con la vuelta de estos Nigromantes —continuó Gideon, su voz perfectamente nivelada y
nunca afectada por las emociones—, hemos descubierto que los Druidas todavía existen.
—¿Druidas?
Ahora Damien estaba realmente sorprendido. No habían existido Druidas durante todo un
milenio. Su renacimiento se había pensado probablemente mil veces menos que estas
perturbadoras noticias de los Nigromantes. Damien era bien consciente de que los Demons y los
Druidas, hacía mucho, se habían visto enfrentados en una guerra terrible, con la historia grabada
de que los Demons habían erradicado a toda la raza Druida de la faz de la tierra.
—¿Cómo conseguiste esa información? —Preguntó Damien con curiosidad.
—Los he encontrado. Son híbridos, parcialmente descendiente Druídico, parcialmente
humano. Al parecer los Druidas se ocultaron entre los humanos durante todos estos siglos, para
evitar a sus Cazadores Demon.
—Y criarlos con ellos —añadió Damien en repentino entendimiento— ¿Y son lo bastante
puros para tener habilidades Druídicas, incluso después de todo este tiempo?
—Pureza… —Los labios de Gideon se torcieron con la sensación de ironía que lo inundó—
Al parecer, la pureza es menos poderosa que esta particular fusión de razas. Hay sólo dos Druidas
activas en este momento, ambas están bajo la protección de los Demons, y son enormemente
codiciadas. —El Demon inclinó la cabeza ligeramente— En general.
—Todavía tengo que encontrar una cultura de perfecta uniformidad en cualquier materia.
Debería suponer. Al menos no se encontraron con hostilidades.
—La guerra se olvidó hace mucho tiempo. Los más viejos de nosotros que quizás pudieran
sentir rencor están todos muertos, excepto yo, y he crecido más allá de tales impulsos infantiles.
—No lo dudo, —estuvo Damien de acuerdo sin vacilar.
—El primer Druida es la compañera de nuestro Ejecutor, la otra es la compañera del
hermano más joven del Ejecutor. La primera hembra... es poderosa de modos insospechados. De
maneras que no estoy en libertad de hablar en este momento. Su hermana despierta sus
capacidades mucho más despacio, pero tengo razones para esperar que sea igual de única.
También está claro que ellas sólo son el principio.
Damien volvió a su asiento, sentándose muy despacio, tomándose el tiempo para cepillar su
oscura y elegante ropa, colocándola en su lugar mientras pensaba en la información de Gideon.
Siempre escuchaba con mucho cuidado el modo en el que hablaban los demás, la manera en que
redactaban las frases. Gideon había confesado ya que retenía información intencionalmente, pero
el Príncipe Vampiro sintió otras profundidades en la historia que prometía ser fascinante y
peligrosa.
—Confío en que estarás guiando a estos… ¿Híbridos? No me agrada la idea de seres con
poderes sin disciplinar en nuestro mundo. El desfile de Nigromantes ya es bastante siniestro, por
no mencionar los Nightwalkers menos decentes ya entre nosotros.
—Encuentro extraño que hicieras una pregunta tan innecesaria, —comentó Gideon
serenamente, sorbiendo su bebida y haciendo rodar el buqué sobre su lengua durante un
momento.
—De vez en cuando encuentro el consuelo en expresar una preocupación sólo para oír la
promesa verbal. Sé que harás lo que debes. Aún así, sospecho, considerando la historia que has
compartido con los Druidas. —Damien levantó su propio vaso, inspeccionando el líquido rubí en
su interior durante un meditabundo momento— Siempre he pensado que la erradicación de los
Druidas fue una acción mal decidida, Gideon. Pero ese era un tiempo, como yo lo recuerdo,
cuando los Vampiros éramos lo bastante avariciosos como para disfrutar de la idea de que
Demons y Druidas se eliminaran los unos a los otros, volviéndonos más poderosos. Incluso,
aunque entonces era joven, realmente recuerdo el modo popular de pensar en aquel tiempo, no era
nuestra función interferir en las acciones de tu raza como tampoco era la vuestra para intervenir en
nuestras acciones.
—Quizás si hubiera tal intervención en este caso, podríamos haberles ahorrado a muchos
seres una enorme cantidad de pena, —especuló Gideon. El Antiguo Demon habló con total
naturalidad, pero Damien era demasiado viejo y demasiado sabio para no saber el peso que
aquellas palabras llevaban sobre el alma del Antiguo.
—La guerra descansa pesadamente en la memoria de todos Gideon —dijo el Vampiro
silenciosamente—, yo mismo, en mi aburrimiento e impulsividad de juventud, arrastré a mi gente
contra la tuya hace ya cuatro siglos.
—Aprecio tus intentos por absolverme, Damien; sin embargo, tu energía estaría mejor
gastada en otras cosas. —El Demon depositó el vaso sobre la mesa a un costado de su brazo, el
sonido del cristal al entrar en contacto con el ornamentado vaso fue una resonante advertencia de
que Gideon no se sentían tan indiferente y a la altura como proyectaba a los demás a su
alrededor—. Soy sumamente consciente de mi parte en las atrocidades de nuestra guerra con los
Druidas, y reconozco el precio que los Demons han pagado por ello. Puede ser que una pequeña
parte de mi absolución descanse en las manos de los otros que vendrán siguiendo los pasos de las
dos hembras Druidas, pero mis pecados son demasiado grandes para ser perdonados tan
fácilmente.
—Ningún pecado que pesa sobre un alma durante mil años es demasiado grande para el
perdón, Gideon. —Sus ojos índigo se oscurecieron una fracción más—. Al menos, esa es mi propia
esperanza personal.
Gideon no amonestó otra vez al Vampiro. Ambos soportaban una justa cantidad de pecado
sobre sus hombros, y ninguno podía entregarse para romper ni siquiera la más leve parte de
esperanza del otro. Extraño, que después de tanto tiempo, no conservaran ninguna esperanza en
absoluto. Gideon siempre había sospechado, aunque era algún tipo de mecanismo de defensa, que
era esa cosa llamada esperanza. Era una criatura cínica, de la cabeza a los pies, y nadie que lo
conociera en cualquier grado discutiría eso, pero quizás estuvieran un poco impresionados para
saber que podía haber una parte del Demon que todavía aguardara por una tenue luz de
absolución. Gideon no era un hombre que soliera dar explicaciones o disculpas por sus acciones.
Era el más antiguo y el más poderoso de su clase, y con aquella distinción venía el privilegio de
hacer más o menos cualquier cosa que lo satisficiera. Para alcanzar una edad tan avanzada,
consideraba haber aprendido lo suficiente para conocer lo que era mejor.
El ejemplo principal sería su presencia en la guarida del Príncipe Vampiro que estaba
sentado frente a él. Dentro de su propia raza, Damien era el espejo de la posición y poder de
Gideon. Aunque los Vampiros y los Demons no eran enemigos, tampoco eran grandes amigos.
Había todavía aquellos, en ambos lados de sus razas, que se tenían poca tolerancia unos a otros, y
otros, que activamente todavía procuraban fastidiarse los unos a los otros. Pero esto había sido
verdad entre las distintas sociedades desde que el tiempo era tiempo. No habría tal cosa como la
paz perfecta mientras hubiera el libre albedrío y la obstinada ignorancia en el mundo, ni siquiera
en las razas tan longevas, tan poderosas y así llamadas por su gran inteligencia y sofisticado
razonamiento.
Eran los defectos que ambos hubiesen mencionado secamente, sus aspectos más “humanos”.
—Y en cuanto a tu anterior pregunta, Damien, desconocemos exactamente cuántos
Nigromantes se están reuniendo en estos momentos. Sin embargo, experiencias recientes e
interrogatorios con ellos, me indican que sus filas han estado creciendo silenciosamente desde hace
algún tiempo hasta ahora. Es sólo en sus actividades más recientes cuando se han hecho visibles
para nosotros.
—¿Ha habido Convocaciones? —Preguntó Damien agudamente. El acto de Convocación,
cuando un Nigromante robaba un Demon y lo mantenía cautivo, era el destino más horrible
conocido para un Demonkind. Una vez capturado de esa manera, un Demon, sin importar cuan
inteligente, refinado, poderoso, y controlado fuera, después de ser bombardeado por las más viles,
oscuras artes que lo habían capturado, transformándolo en un horrible monstruo, prácticamente
estúpido… en la misma imagen de demonio extensamente aceptada por la raza humana. No
dudaba que fuera este efecto atestiguado por los Nigromantes durante siglos los que habían
impreso la imagen, en primer lugar, en la leyenda urbana. En todo mito, algunas veces había más
que un grano de verdad.
La raza de los Nightwalkers era la prueba viviente de eso.
—Varios —continuó Gideon amargamente. —No puedo siquiera empezar a explicar las
ramificaciones que esto ha causado a mi raza.
—No necesitas explicarlo. Los Nigromantes raras veces se atienen a la raza Demon como ya
sabes. No dudo que empecemos a encontrar las cenizas de los de mi clase estacadas al sol antes de
lo que esperamos, por no mencionar los sangrientos restos de los Licántropos y otros
Nightwalkers.
—El único consuelo que puedo darte por el momento es que desde el secuestro y
recuperación de la hermana de nuestro Rey, no ha habido otros intentos de Convocación —dijo
Gideon—. Los Nigromantes han sido silenciados.
—El silencio puede tan amenazante como la acción. —Reflexionó Damien, el anillo en su
mano golpeaba el borde del vaso de cristal, lo agarraba como un agudo instrumento.
—Estoy de acuerdo. Son una especie arrogante, esos humanos, adictos de la magia negra. No
permanecerán quietos durante mucho tiempo. Sólo lo suficiente para reagruparse. Es por lo que
estoy aquí para advertirte, Damien. Sé que regresarán, y todos nosotros debemos estar preparados.
—Lo aprecio. Me aseguraré de alertar a mi gente.
CAPÍTULO 1
—Siddah, ¡Siddah Legna!
Cuando Magdelegna oyó la aguda voz llamándola, apenas tuvo tiempo de ver un cuerpo
joven pasando como un rayo junto a sus piernas desde atrás, casi haciéndola caer de rodillas. Se
volvió y vio a la pequeña criatura colgada de su falda de gasa como si le fuera la vida en ello.
—¡Daniel! Estás tirando del cabello a la tía —le reprendió, sacándose delicadamente los
suaves mechones rizados de debajo del agarre de sus rodillas. Amontonó la masa de color café en
sus manos y se la echó sobre el hombro para protegerla del saludo entusiasta de su sobrino.
—Mamá está enfadadísima conmigo. ¡Por favor, no dejes que me dé unos azotes!
Legna suspiró con exasperación quitándose a su entremetido sobrino de las piernas y así
poder bajar su impresionante estatura hacia su significativamente más pequeña perspectiva.
—Tu mamá es mi hermana, corazón, pero eso no me da derecho a contradecir su elección de
castigo cuando has sido malo. La verdad, cuando yo era pequeña tu madre, que es mi hermana
mayor, solía castigarme cuando era mala. —Legna intentó eliminar la sonrisa cuando la expresión
de la cara del niño se tornó horrorizada e indefensa. Su corazón se volcó en él cuando recordó
demasiado bien lo estricta que podía ser su hermana—. De todas formas, me parece recordar que
me pediste asilo no hace ni dos días. ¿Tan pronto te has metido en líos otra vez?
—Pero, tía Legna, tú eres mi Siddah. Puedes decirle que no me dé azotes.
—Daniel, precisamente porque soy tu Siddah debería alentar a tu madre para que te inculque
disciplina. Cuando llegue el momento de que tu Siddah te tutele, será muy estricta contigo. Te
prometo, corazón, que seré una maestra muy severa. Y la primera lección será que debes afrontar
las ramificaciones de tus errores. Todos lo hombres buenos lo hacen.
—Pero yo no soy un hombre. Soy un niño. Sólo tengo seis años.
—Es verdad —Legna asintió con la cabeza—, sólo eres un niño. Pero, ¿cuántas veces me has
dicho que quieres ser un hombre tan valiente y fuerte como tu tío? Pretendes algún día ser el Rey
de los Demons, como tu tío Noah. ¿Verdad? —Esperó que asintiera reluctante—. Bien, ¿qué clase
de rey serías si huyes como un cobarde de tus propias travesuras?
—No creo que fuera uno bueno —dijo Daniel bajando sus enormes ojos azules hacia el suelo
para que su tía no pudiera ver las lágrimas que había en ellos y que hacían juego con el temblor de
su voz—. Pero no he querido ser malo a propósito.
Legna suspiró otra vez, apiadándose de su precoz sobrino.
—Ya lo sé. De verdad que creo, que de corazón, quieres ser un niño bueno.
—Uno sólo puede esperar que mi hijo algún día aprenda a seguir a su corazón —la seca
observación vino de la entrada del arboretum .
Legna se irguió en toda su estatura, sonriendo a su hermana Hannah cuando ésta entró en la
habitación para recoger a su errante hijo del suelo y ponérselo sobre el hombro.
—Por ahora, no obstante, mientras se empeñe en ceder a sus traviesos impulsos, como
esconderse bajo la mesa del Gran Consejo durante la sesión, debe aceptar su castigo.
—Ay, Daniel, dime que no lo has hecho —reprendió Legna chasqueando la lengua, haciendo
que las rechonchas mejillas del niño se volvieran de un brillante escarlata.
—No quería hacerlo. Sólo estaba jugando al escondite con el tío Noah.
—Sí, vale, a lo mejor la próxima vez deberías empezar informando a tu tío de que está
jugando contigo antes de que se entere de mala manera, ¿eh? De momento irás a casa y a la cama.
Donde reflexionarás sobre tu comportamiento hasta que tu padre vuelva. Después discutirás el
asunto con él, porque está claro que discutirlo conmigo no te hace efecto. —Hannah puso al niño
de pie y le dio un ligero azote en el trasero para dirigirle en la dirección adecuada—. Vamos allá.
Encuentra tu li-li-ni y ve a casa. —Hannah desplegó sus poderosos sentidos por un momento
buscando la ubicación de la niñera—. Está en el cuarto de los niños con tus hermanas. Quizás si
estás en la cama y tranquilo cuando llegue a casa, me pensaré lo de decirle a tu padre cuan malo
has sido.
—Sí, mamá —prometió Daniel con la cabeza y la voz tan baja y contrita como un niño podía.
Salió del arboretum arrastrando los pies, lanzando a su tía una última mirada suplicante antes de
serpentear por el Gran may, claramente esperando suspender su confinamiento el mayor tiempo
posible
—Daniel, he visto caracoles moverse más deprisa —le regañó Hannah sin siquiera volverse,
sabiendo lo que su progenie estaba intentando.
Los instintos maternales de Hannah maravillaban a Legna. La aparentemente inagotable
paciencia de su hermana parecía un milagro, considerando que Daniel era el segundo de sus seis
hijos. Hannah y Legna esperaron hasta que Daniel llegó a las escaleras del castillo de su hermano,
bien encaminado a encontrar a su li-li-ni, antes de mirarse divertidas.
—Es una buena pieza, hermana mía —dijo Legna riendo suavemente mientras se volvía
hacia el pequeño bonsái que había estado podando pacientemente—. Espero que te tomes un poco
de tiempo antes de añadir más a tu camada, como tan a menudo insistes en hacer. No creo que
pueda ser Siddah de más de tus niños.
—Nunca haría algo así, hermana mía —se rió Hannah—. Me temo que tendrás bastante con
lidiar con Daniel y Eve durante el próximo siglo. Regocíjate en el hecho de que se llevan sus
buenos siete años. Y además, Noah también es su Siddah. No estarás sola con su entrenamiento.
Nadie lo está.
—Eso lo hará más fácil, con tal de que esté viviendo bajo el techo de nuestro hermano,
cuando llegue el momento de que nos des la tutela de ambos.
Esto hizo que Hannah prestará atención y la mujer alta con la masa de pelo negro con
mechones rojizos tan parecido al de su hermano, tocó el hombro de su hermana.
—Legna, ¿estás intentando decirme que estás considerando dejar la casa de nuestro
hermano? ¿Eres infeliz aquí?
—¿Infeliz? Noah es el Rey, el más reverenciado de los Demons así como uno de los más
poderosos Demons de Fuego de toda nuestra historia. Sabes bien que a pesar de la volatilidad de
su elemento primordial, es de lo más cariñoso y atento, el poder y la responsabilidad le hacen
increíblemente sensible a las necesidades de aquellos que le rodean. Estoy muy ocupada tanto por
ser su castellana como por la invaluable diplomacia de su corte. Nunca podría ser infeliz bajo el
techo de mi hermano.
—Muy bien, entonces no eres infeliz. Pero… ¿a lo mejor estas deseosa? —preguntó Hannah
levantando la barbilla de su hermana para obligarla a mirarla a los ojos—. Legna puede que yo no
sea un Demon de la Mente y una gran empática como tú, pero conozco a mi hermana lo bastante
bien como para saber cuando sus emociones están agitadas.
—De verdad, te equivocas, Hannah —insistió Legna dejando que la atención de su hermana
se concentrara de nuevo en la planta que estaba estudiando, pero que aún no había empezado a
podar debido a la intervención su sobrino—. Aquí no me falta de nada ni tengo tremendos deseos
de marcharme. Pero pasarán cinco años, año arriba año abajo, antes de que Eve llegue a la edad del
Tutelaje y más aún, antes de que sea el turno de Daniel. Pueden ocurrir grandes cosas, incluso en
ese corto lapso de tiempo. Sólo estaba meditando en voz alta. No es como para que armes jaleo.
El insolente sonido que Hannah hizo, expandió la probabilidad de creer en las demandas de
su hermana pequeña, pero en ese momento Noah entró en el arboretum.
—Hannah te juro que si no le pones freno a ese pequeño sinvergüenza tuyo, lo haré yo.
—Noah, por favor, sabes que Daniel no tiene mala intención. Es sólo un niño. —La madre
defendió a su hijo tratando el tema como si no significara nada para ninguno de ellos, olvidando
rápidamente que ella misma se había preocupado antes.
—Hannah —dijo Noah con el tono lo más cercano que se atrevía a la reprimenda, sabiendo
que su hermana siendo una hembra Demon de Fuego, tenía un temperamento que igualaba al
suyo.
Legna pasaba la mirada de uno a otro hermano, preguntándose como siempre cual de los dos
Demons, que alardeaban de la conexión que tenían con un elemento tan ardiente como el fuego,
sería el primero en perder los nervios como ocurría a menudo cuando se enzarzaban en un cara a
cara. Afortunadamente los Demons de Fuego eran escasos. Desafortunadamente era bastante
volátil tener dos en la misma familia.
A menudo, le costaba trabajo a Legna, la empática y consumada diplomática, discernir cuál
de los dos se enardecería bajo el literal y proverbial cuello de la camisa antes de calmar la
situación. Hannah y Noah se querían entrañablemente, pero a menudo el amor era más fuerte
cuando no estaban cerca el uno del otro y definitivamente mucho más fuerte cuando no estaban
discutiendo en lados opuestos en un duelo de voluntades.
—Hannah, el chico puede haber oído cosas que le perturben —dijo Noah cambiando de
táctica y adoptando un deje de amable advertencia que apelaba a los más fuertes instintos de
Hannah, los maternales.
—¿Qué pasa, Noah? —preguntó Hannah rápidamente llevándose la mano a la garganta y
tirando nerviosamente de la adorable gargantilla de rubíes que su esposo le había regalado en su
noche de bodas. No era de las que se alarmaban fácilmente pero el manoseo de la enjoyada
gargantilla delataba su preocupación.
Cada uno de los tres Demons que estaban en el florecido arboretum era consciente de los
recientes problemas que habían empezado a caer como una plaga sobre la raza de los
Nighwalkers. La misma Legna había sido víctima de esos hechos cuando había sido convocada por
cuatro nigromantes que intentaba robarle sus poderes y los de sus compañeros Demons para sus
propios fines y propósitos. De no ser por la intervención de la divina providencia y sus habilidades
recientemente adquiridas de una amiga Druida, Legna habría muerto. O peor. El temor de Hannah
estaba bien fundado dadas las circunstancias.
—Esta vez no hay noticias nuevas por las que te puedas sentir amenazada, Hannah. Así que
no te inquietes en demasía. De cualquier forma —continuó Noah— estamos discutiendo métodos
para lidiar con los nigromantes con los que nos encontremos en el futuro. No necesito decirte que
escuchar los debates de los Ejecutores y los guerreros sobre tácticas para deshacernos de esta
amenaza, no es algo para un niño de seis años.
—Sí, tienes razón, hermano mío. Lo siento. Me voy con Daniel ahora mismo.
—Hannah —Noah la agarró del brazo al pasar deprisa delante de él, dándole la vuelta
suavemente para poder pasar un dedo cariñosamente por su mejilla y besarla cálidamente en la
frente—. Quiero a mi sobrino, lo sabes ¿verdad? Estoy preocupado por él. No quería ser severo.
—Eres el Rey, Noah. Es tu deber preocuparte por todos nosotros. Y sé que esta vez, es una
pesada carga. Voy a encargarme de Daniel.
—Y en el futuro, miraré debajo de la mesa del Consejo antes de empezar las reuniones. —
añadió Noah, guiñándole el ojo con buen humor haciéndola reír. Hannah besó a su hermano en la
mejilla y después, con un repentino enturbiamiento de las líneas de su figura estatuaria, empezó a
girar sobre sí misma en una masa de humo que rápidamente se esfumó del castillo por el espacio
abierto en una de las vidrieras de colores del Gran Vestíbulo.
Noah se volvió hacia su hermana pequeña arqueando una ceja a una altura más que
presuntuosa. Legna le devolvió el gesto arqueando sus cejas dándole un delicado amago de
aplauso.
—Y yo que me temía que nunca aprenderías el arte de la diplomacia —exclamó con los labios
fruncidos en una sonrisa—. Sólo te ha llevado dos siglos y medio de mi vida. Más en realidad.
Llevas unos cuantos siglos de ventaja.
—Es divertido ver que sólo pareces recordar que soy bastante más viejo que tú cuando
cuadra con tus argumentos, hermana mía —se burló de ella tirándola del cabello como había hecho
desde que era una niña.
—Bueno, te puedo decir con toda honestidad que es la primera vez que te he visto dejar
pasar una buena discusión con Hannah en aras de la paz. Estoy empezando a preguntarme si eres
de verdad mi hermano. A lo mejor eres un impostor…
—Ten cuidado, Legna. Hablas con palabras de traición —le tomó el cabello, tirando de sus
mechones otra vez y haciendo que se volviera para darle un manotazo en la mano.
—No entiendo cómo convenciste al Consejo de que eras lo suficientemente maduro para ser
Rey. ¡Noah! Eres como un niño —se retorció para que no pudiera volver a tirarle del cabello—. Y te
juro que si me vuelves a tirar del cabello otra vez como un matoncillo de colegio, te voy a poner a
dormir y te afeitaré la cabeza.
Inmediatamente, Noah levantó las manos en gesto de paz, riéndose al ver que Legna ser
ruborizaba de exasperación. Porque a pesar de toda la gracia y las maneras de gran señora, la
hermanita de Noah era bastante capaz de cumplir cualquier amenaza que le lanzara.
—Va en serio, Noah. Tienes cerca de setecientos años. Se podría pensar que por lo menos,
actuaras conforme a tu edad.
—Legna, todos estos meses atrás he estado actuando acorde a mi edad. Tú eres la única que
me alivia de esa carga. Tengo la creencia de que no deberíamos renunciar completamente a esa
parte infantil, divertida y traviesa. Y… —dijo acercándose lo suficiente para colocarle detrás de la
oreja un mechón de cabello despeinado por sus bromas, con el cariño que sentía por ella brillando
en los ojos—. Tanto tiempo como me mantengas joven de corazón, tanto tiempo que no dejaré que
olvides que tú también tienes que mantenerte así, hermanita.
Legna le sonrió suavemente, acercándose a besarle cálidamente en la mejilla devolviendo así
la ternura y el apoyo. Había estado incordiándole y de repente se arrepintió de haberlo hecho
sabiendo que él llevaba una pesada carga desde hacía largo tiempo debido a las necesidades de la
raza. Le dejaría que la tirara de cada uno de sus cabellos si eso le proporcionaba algo de paz y
felicidad para equilibrar el estrés y el deber.
—Me dices esto y otras cosas parecidas a diario, hermano mío. —Hizo una pausa lo bastante
larga para coger la mano que apoyaba en su cara y enredarla con las suyas—. De hecho, has sido
de lo más cortés estos últimos cinco meses.
—No hay nada malo en que un hermano le muestre a su querida hermana la medida de su
cariño —comentó siguiéndola mientras la llevaba fuera del brumoso invernadero.
—Es verdad. Y tú siempre has sido cortés conmigo a lo largo de los años —asintió—. Sin
embargo, Noah, desde la Convocatoria…
Noah se paró, sacando abruptamente la mano de entre las suyas.
—No quiero discutirlo —su voz cayó varias octavas con un deje de rabia entrelazado tras los
tonos bajos—. Se acabó. Los monstruos que osaron robarte de mí están muertos. Estás a salvo y se
acabó el asunto.
—¿A quién piensas que proteges al no querer discutirlo? —De repente Legna sintió que
habían eludido el tema demasiado y le hizo frente—. ¿A mí? Como has dicho, ahora estoy a salvo,
así que ¿qué importa? ¿Todavía piensas que me escondo tras Isabella, la que me salvó de
convertirme en una Transformada? Debemos proteger a Isabella. Isabella es un artículo muy
preciado. ¡Isabella, la Ejecutora y sus poderes especiales de híbrido Druida y Humana! Oh, no
debemos revelar cómo me salvó o les daría falsas esperanzas a otros y eso pondría a nuestra Bella
en peligro. —El tono de Legna llegados a este punto iba más allá del sarcasmo, sus ojos gris
verdosos destellaban de frustración—. Noah, aquí sólo estamos tú y yo. ¡Nadie más! Quiero que te
des la vuelta y me mires y hables conmigo sobre por qué estás eludiendo esta discusión cuando
aquí no hay nadie salvo yo.
—Legna —Noah hizo una pausa, aguantando en silencio mientras alguna clase de lucha
interna se reflejaba tras los ojos gris verdosos que igualaban a los suyos en expresividad tanto
como en el color—. Las palabras nunca describirán satisfactoriamente la profundidad de la
pérdida que sentí el día en que te disolviste en la nada ante mis ojos. En aquel momento juré que,
si por algún milagro volvías a estar a mi lado a salvo, nunca permitiría que nada pusiera tu
existencia en peligro otra vez. Si no discuto estas cosas contigo es porque no puedo soportar
revivir el dolor de aquel momento ni puedo contemplar el miedo de que vuelva a pasar otra vez
sin paralizarme. —Finalmente la miró, enfrentando sus grandes ojos—. Esta familia, así como el
reino, no puede funcionar bajo el mando de un Rey paralizado por un miedo y un dolor de tal
magnitud. Te ruego que olvides este tema desde este momento en adelante, Magdelegna. Si no por
tu seguridad y la de los otros implicados, por mi paz mental.
Legna se quedó silenciosa por un momento, sus sentidos naturales percibían la aguda
angustia de Noah, su corazón latía al mismo ritmo ligeramente nervioso del de él. Su miedo era
palpable y tan extraño. Noah era el macho más valiente y firme que conocía y la perturbaba sentir
en él las emociones que lo debilitaban. Pero lo que más ponía en peligro sus sentimientos era el
darse cuenta que se estaba guardando algo para sí mismo.
En efecto, era como si estuviera mintiéndola. Incluso si no fuera capaz de empatizar con sus
sentimientos, la forma en que se le dilataban ligeramente los ojos acompañado por la aceleración
de su pulso y la presión sanguínea, le habrían traicionado. Añadido al hecho de que podía sentir
muy fácilmente una fuerte ansiedad yaciendo bajo su miedo y Legna tenía la certeza de que lo
percibía.
No se tomó a ofensa que Noah estuviera mintiéndola u ocultándola algo añadido a las
cuestiones que había mencionado porque él siempre había sentido esa fraternal necesidad de
protegerla, no importa cuan mayor se hubiera hecho o cuan poderosa pudiera llegar a ser. Él era
muy consciente de que ella era más que suficientemente fuerte para penetrar incluso en sus
formidables intentos de esconder sus sentimientos. Simplemente esperaba que ella pasara por alto
esta ocultación menor de la verdad por amor a él. O posiblemente por su amor a ella.
—Noah —dijo suavemente con su hermosa voz diseñada para calmar las mentes y las
emociones de aquellos sobre los que la empleaba.
Alargó la mano para tocar el cabello de su hermano donde se rizaba sobre la frente; el
contacto la ayudó a conectar con los disparadores sinápticos de su cerebro, donde se agolparan
demasiados pensamientos. Se envió a sí misma dentro de él, con su espíritu y su poder
envolviéndole en una sensación tranquilizadora, atenuando el miedo que sentía por su seguridad,
fortaleciendo la estoica confianza en sus habilidades para proteger a aquellos a los que servía, lo
que había sido su norma desde hacía cinco meses.
Noah dejó que su consuelo le invadiera, dejó que le calmara. Había resistido sus intentos de
hacerlo últimamente, sintiéndose demasiado culpable del peligro al que se había visto expuesta
para permitirse a sí mismo sentirse mejor. Había deseado deshacerse del miedo y de la culpa
esperando que, de alguna manera eso le llevaría a encontrar la solución a la vulnerabilidad ante la
Convocatoria; una búsqueda que se prolongaba desde que la Tierra existía. Pero todo lo que había
podido hacer le había dejado exhausto y con los nervios crispados. Ahora estaba preparado para
que le calmaran, para que le perdonaran. Estaba preparado para la absolución de Legna.
—Te pareces mucho a Padre —murmuró suavemente entretejiéndose en el alma de él como
un poderoso bálsamo—. Yo era muy pequeña pero nunca olvidaré... que me parecía más grande
que la vida misma. Tan fuerte, tan protector. Nunca tenía miedo cuando él estaba conmigo. Ya sé
que dirás que era demasiado pequeña pero entre tus recuerdos y los míos, lo siento con toda el
alma.
Noah estaba tan abrumado por los sentimientos que ella estaba trayendo a la superficie que
se acercó a Legna y la envolvió en un apretado abrazo que transmitía su agradecimiento. Era lo
mejor que había podido decirle. Y aunque sabía que tal cosa era parte de su talento especial de
Demon que dominaba los mecanismos internos de la Mente, era feliz no obstante.
—Legna —suspiró con gran emoción—. Cómo quisiera que Madre pudiera verte ahora. Cuan
hermosa y fuerte has llegado a ser.
Los ojos de Legna se nublaron de emoción y sus brazos apretaron a Noah tan fuerte como él
la apretaba. Había sido demasiado joven para recordar mucho de sus padres, pero recordaba
mucho más a su padre que a su madre, quien casi era un fantasma en su mente. Noah, sin embargo
la había conocido durante siglos, lo bastante para ser capaz de llenar a Legna con historias sobre
ella. Había llevado a cabo el mismo servicio que su padre cuando la crió después de que su padre
hubiera sido convocado el mismo año en que murió su madre. El Ejecutor se había visto forzado a
destruir a su padre en su estado de Transformado, pero Noah nunca había hecho responsable a
Jacob por la dolorosa necesidad. Como con muchas otras cosas que le dolían profundamente,
Noah nunca discutía sobre la muerte de sus padres.
Los Demon eran inmortales, lo que mayormente significaba que tenían vidas muy largas.
También eran bastante difíciles de matar, lo que añadía tiempo a una vida ya de por sí larga. Así
pues, cuando los Demons perdían a sus hermanos, padres u otros familiares que era usualmente
con gran violencia y eso dejaba una marca en la sensible alma de aquellos que dejaban tras de sí.
Noah se había negado siempre a contarle a Legna cómo había muerto su madre cuando ésta era
casi un bebé y las potenciales fuentes de información que estaban a su alrededor sabían de sus
deseos, por lo que se habían mantenido firme en su silencio.
Ella, sin embargo, recordaba bastante bien el día en que su padre había sido convocado por
un maldito nigromante humano. Sabía que Noah también lo recordaba. No había duda de por qué
el trauma del último Samhain le había marcado tan fuertemente. No necesitaba leer sus recuerdos
de cómo había visto el cuerpo de Legna disolverse en la nada para saber cómo ese momento lo
había aterrado. También la había aterrado a ella. Nunca olvidaría el miedo y el dolor de ese
instante en toda su vida.
Pero al urgirle a compartir las emociones de los recuerdos usando sus facultades empáticas,
los de ella de cómo recordaba a su padre y los que él guardaba de su madre cuidadosamente
seleccionados, ambos se dieron cuenta de lo mucho que habían llegado a parecerse a sus padres.
Saberlo era reconfortante, reparador y edificante.
—Eras el ángel de Padre —le dijo.
—Y tú eras el de Madre. Puedo sentir en tu corazón lo especial que hacía que te sintieras.
—Juró que sería Rey el día en que nací. Padre solía reírse de ella. ¿Qué madre no tiene los
sueños más grandes para su hijo? —Noah bajó la mirada a la hermosa cara de su hermana—. Pero
creo que realmente lo sabía. Y también creo que sabía que no viviría para criarte. Me hizo jurar que
te protegería por encima de todo. Al menos una vez a la semana me recordaba que debía cumplir
la promesa.
—Y lo hiciste —insistió Legna—. No lo digo sólo para consolarte, así que deja de pensarlo.
Fuiste tú el que se dio cuenta de la importancia de la conexión entre Jacob e Isabella cuando ella
llegó a nosotros, incluso, aunque no parecía más que una humana con un honesto deseo de
ayudarnos. Fuiste tú quien le permitió el acceso a la biblioteca eludiendo la indignación del
Consejo al hacerlo. Gracias a ese permiso ella encontró la profecía de los Demons. Descubrimos la
existencia de los híbridos de Druida y humano y que eran necesarios para la supervivencia de
nuestra especie. Es por ti que Jacob se permitió a sí mismo enamorarse y casarse con ella.
»Por ti, amado hermano, que generosamente te ofreciste a oficiar la ceremonia de su unión,
yo tenía las manos sobre ella la noche de luna llena hace cinco meses cuando fui Convocada. Si no
hubiera sido por aquella conexión, Isabella nunca habría sido arrastrada conmigo a la prisión del
pentagrama, permitiendo así que sus poderes enfriaran el efecto y evitaran mi transformación en
un monstruo que Jacob se habría visto forzado a cazar y destruir.
—No —murmuró atrayendo su frente a los labios, transmitiendo su desesperación a través
de las manos que le rodeaban la cabeza—. No hables de eso. Me hace pedazos el alma con sólo
pensarlo.
Le habría destruido.
Legna, su preciosa hermana llena de gracia, atrapada en la magia oscura y retorcida de un
pentagrama que hubiera destruido su belleza, su misma alma, transformándola en una especie de
demonio que los humanos habrían esperado ver. Se habría convertido en un monstruo que habría
sido cazado y destruido para proteger por igual a los humanos vulnerables y a los Demons. Habría
sido suficiente como para envenenar el resto de sus días y eso era una perspectiva aterradora para
un hombre que regía toda una especie. Sabía que había una enorme diferencia entre los humanos
normales y los mortales de aquellas especies que tenían afición por las artes oscuras y se habían
transformado en nigromantes, pero si hubiera perdido a Magdelegna no estaba seguro de haber
podido ser capaz de mantener la distinción.
—Pero todo terminó bien —insistió Legna apretando sus manos para consolarle—. Debes
dejar de pensar en esas cosas oscuras Noah y vivir la comodidad del momento. Estoy bien —
reiteró dándole otro pequeño apretón para hacerle absorber el impacto de su aseveración.
Noah asintió y sonrió por fin con los ojos iluminados por un gris suave y un verde jade
mientras aceptaba su consuelo.
—Sí. Estás bien y sana —la cogió las manos y le extendió los brazos examinándola—.
Algunas veces me pregunto por qué nadie ha llamado a mi puerta pidiéndome que seas su
compañera. Quizás es porque, como Bella y Jacob, es un Druida el que tiene que ganar tu corazón
y tu alma. La oportunidad de que te vincules de repente se ha convertido en algo tangible. Es
asombroso. Ahora lo puedes ver por ti misma al igual que yo lo vi cuando Padre y Madre vivían.
Nadie que haya estado en presencia de Bella y Jacob puede ignorar el milagro que consigue un
amor así. Cuán valiosa es esa conexión, tan profundamente espiritual. Jacob es otro hombre.
Nunca le había visto tan feliz y contento y Bella resplandece tanto de amor como por el embarazo.
Me da envidia.
—Lo sé —Legna sonrió suavemente ante la mención del nombre de su nueva amiga y la
buena suerte que Bella había tenido con su amor por Jacob, el Ejecutor—. No ha habido parejas
vinculadas en nuestra sociedad desde… bueno, francamente no creo poder recordar desde cuando.
Por mi parte, siempre he pensado que era un cuento de hadas que se contaba a las niñas. Pero eso
fue antes de saber que Madre y Padre eran una pareja vinculada. Me gustaría… me gustaría poder
recordarlo como tú. Me gustaría poder recordar la profundidad con que se amaban. Haces que
parezca tan hermoso y ahora que veo a Jacob e Isabella, cuán apasionadamente se aman, me
gustaría todavía más.
—Bueno —Noah se rió entre dientes—. A los niños también nos contaban cuentos de hadas
pero creo que tendíamos a concentrarnos en la parte en que era la experiencia sexual más
excepcional que había en el mundo.
—¡Noah! —Legna le dio un empujoncito mientras le regañaba. Pero lanzó una risilla a pesar
de sí misma—. Creo que puede que yo también haya pensado en eso una o dos veces. Se serio. Dos
parejas vinculadas en una sola semana en octubre es de buen agüero para ti, hermano mío.
—Sólo podemos tener esperanza —dijo Noah con un guiño lascivo que obligó a su hermana
a chascar la lengua y poner los ojos en blancos de desesperación.
Noah se rió, moviendo la cabeza. Se dio cuenta entonces de que Legna una vez más, había
encontrado la manera de desviar la conversación de sí misma hacia algo completamente diferente.
Había sido su costumbre desde que podía recordar. Legna nunca discutía sobre sí misma. Su
naturaleza empática siempre la impulsaba a dejar de lado sus necesidades y emociones en aras de
ayudar a otros.
—Buen punto, cariño. Estoy más allá de la redención y no es de extrañar que nadie me
quiera. En cualquier caso, estoy demasiado ocupado para rondar por ahí intentando encontrar un
Demon o un Druida que me convenga, no importa cuan tentadora sea la recompensa. Además,
todas esas tonterías del cortejo, las emociones y la sensibilidad… Dejemos todas esas cosas para los
Ejecutores. Las bobadas y los sonetos le van mejor a ellos que a mí.
Legna le dio un codazo en las costillas como castigo por la referencia irreverente a Jacob e
Isabella. Antes de Isabella, Jacob había sido un solitario, le dolía el alma tratando de que lo
aceptaran y se preocupaba por equilibrar el estigma de su posición, al ser quien hacía cumplir la
ley a los de su propia clase. Acostumbrado a ser despreciado como un mal necesario, Jacob sólo
había descubierto la verdadera felicidad el día en que, literalmente, cogió a Bella en brazos. A
Noah le gustaba incordiar a Jacob por haberse “echado a perder” y “encaprichado” pero Legna
sabía que su hermano estaba feliz por los Ejecutores. Más que feliz, ahora que añadirían este
mismo año un nuevo miembro a la raza, el primer niño nacido de una Druida y un Demon
emparejados desde hacía un milenio.
Aunque algunas veces, Legna no podía evitar la sensación de que Noah le tomaba el pelo
demasiado alegremente e intentaba mostrarse demasiado chistoso con sus desavenencias sobre la
vinculación. Ella era una empática, era su hermana y tenía ojos en la cara. Podía ver que él creía
que ella no podía ver lo que estaba ocultándole tan cuidadosamente. Había presenciado las
muchas veces que los ojos gris verdoso tan parecidos a los suyos habían observado codiciosamente
a los Ejecutores cuando habían sido huéspedes en su casa, cuando Bella y Jacob se sentaban con las
cabezas oscuras juntas con tanto amor y la sensual necesidad del uno por el otro.
—Bueno, por mi parte, estaría muy complacida de verte tan “afectado” como a Jacob —le
tomó el pelo con cálida neutralidad, dándole la clásica sonrisa de hermosa travesura—. Pero por
ahora, me acabas de recordar una cita a la que llego tarde. —Legna se puso de puntillas para dar a
su hermano un beso en la mejilla—. Pareces cansado. Deberías echarte una siesta.
—No soy un viejo que necesita siestas en medio de la noche —contestó Noah indignado—.
La luna acaba de levantarse.
—Tú mismo, Noah. Sólo era una sugerencia. Perdona por sacudir tu delicado ego. —Se
estaba burlando de él, retrocediendo varios pasos y abriendo los brazos mientras le hacía una
reverencia profunda y con toda la gracia que podía reunir de su genética Demon. Al momento
siguiente, con una floritura de la mano, estalló en una suave nube de humo y azufre,
teletransportándose antes de que Noah tuviera oportunidad de reprenderla por su travieso
comportamiento.
—¡Mocosa malcriada! —gritó al techo aunque estaba bastante seguro de que no podía oírle.
Avanzó hacia la chimenea prendiendo fuego con un mero susurro del pensamiento y se sentó
en su silla favorita.
—Seguro que sí, una siesta —murmuró por lo bajo—. Puedo dar o tomar energía con un
chasquido de los dedos —declaró orgulloso a la habitación vacía—. No me hace falta dormir en
mitad de la noche como un bebé. Uno de estos días voy a darle a esa niña una lección de respeto.
El pensamiento se vio interrumpido cuando bostezó furiosamente. Al darse cuenta, soltó una
risilla avergonzada. Miró alrededor, selló su casa con unos cuantos pensamientos y se acomodó en
la silla permitiéndose el lujo de cerrar los ojos.
CAPÍTULO 2
Isabella se volvió y miró sobre su hombro cuando sintió la atmósfera de la habitación
cambiar con un claro “pop”. Al instante supo quién era su invitada, incluso antes de que el humo
se hubiera disipado. Bella gritó alegremente, soltando la regadera en el anaquel de la ventana y
lanzándose a través de la neblina de sulfuro restante para abrazar a su recién llegada amiga.
—¡Legna!
—Bella, es tan bueno verte —la saludó Legna alegremente, abrazando a la pequeña Druida
cuidadosamente para evitar aplastar su redondo vientre. Estaban actuando como si pensaran que
no se habían visto en eónes, cuando no había pasado nada más que una semana. Probablemente
Bella estaba tan feliz de ver a otra mujer, que estaba proyectando suficiente afecto a la sensitiva
empática. Algunas veces Legna se perdía en el entusiasmo de los otros, y no le importaba. Era una
de las mejores emociones para ser alcanzado.
Isabella rió, alejándose para mirar a su amiga, echando atrás la pesada melena de cabello
negro como carbón, las trenzas brillaban como ala de cuervo, mientras serpenteaban
inmediatamente hacia abajo a lo largo de la columna de la Druida. Isabella apenas alcanzaba el
hombro de Legna, tan pequeña comparada con la empática, quien estaba muy cerca de tener el
metro ochenta de alto. Todos los Demons eran altos. Bella a menudo se quejaba que hablar con
ellos le causaría una contractura en el cuello, pero Legna se había dado cuenta de que el cuello de
Bella nunca parecía lastimarse cuando se estiraba hacia su compañero por un beso.
—Eres una mentirosa —la acusó Bella sin celo—. Parezco como si llevara una pequeña pelota
de baloncesto debajo de mi vestido. Sólo estoy de cinco meses de embarazo y ya estoy cansada de
andar por ahí como un pato.
—Entonces, será demasiado de mi parte recordártelo, pero ese bebé es mitad Demon. Cinco
meses sólo es un poquito más del primer trimestre, para los estándares Demon.
—De acuerdo, sólo por recordarme eso, ya no serás mi amiga. Desaparece, fuera de aquí en
este mismo minuto. —Ordenó Isabella con las manos en las caderas fingiendo estar indignada
mientras observaba a la hermosa mujer a su lado. Magdelegna rió por lo bajo, moviéndose con su
fluida gracia mientras rodeaba los pequeños hombros de la Druida en un abrazo consolador—. Y
—Bella suspiró con nostalgia al tiempo que su brazo rodeaba la cintura de Legna—, tú tienes que
andar por ahí y encima tener un figura perfecta.
—Ya, ya —Legna la calmó y regañó—. ¿Cómo está Jacob? —preguntó, guiando a Bella hacia
un cómodo sofá en una acogedora área de conversación cerca de una hermosa vidriera con
representaciones de los parajes y la vida salvaje del bosque. La empática sintió el cariño que había
en la pieza, vio el detalle, y todo eso le quitó el aliento. La luz de la luna la atravesaba,
mandándoles colores plateados mientras se sentaba en los sofás cercanos pero opuestos uno del
otro.
—Ocupado. —Isabella exhaló con fuerza, tratando de empujar su pesado cabello detrás de la
oreja con dedos impacientes—. Debería estar ayudándolo. Se supone que debo ser su socia. Así lo
pone en… en blanco y negro o… bien, en realidad es un tipo de manuscrito color beige grisáceo
con un poco de rojo —Bella jadeó, luego se gruñó a sí misma con frustración porque había
encontrado una tangente—. El punto es, que según esta extraordinaria profecía perdida Demon
que descubrí, estaba destinada a ser la única que cambiaba todo el destino Demon trabajando a su
lado. En cambio, estoy atascada aquí, sentada en el sofá, observando y sintiendo todo lo que le
pasa desde la distancia. Eso realmente molesta. —Bella subió sus piernas, cruzándolas en una
posición de meditación—. Te diré esto, si él me da una orden más con la palabra E de nuevo, me
voy a divorciar de él antes de que incluso hayamos concluido la boda.
—¿La E…? De acuerdo, Bella, como siempre me he perdido. ¿Palabra E?
—Sí. E… como en Esposa. ¡Ugh! Él siempre está diciendo o pensando cosas en esta máxima y
poderosa forma e hilvanando la palabra “esposa” en el final como si fuera alguna clase de
contraseña que le permite ordenarme. —Bella notó la expresión aún perpleja de su amiga, así que
arrugó su cara, actitud y voz en una asombrosa aproximación a Jacob—. No quiero que caces en tu
condición, esposa. No puedes acompañarme, esto es demasiado peligroso para ti y el bebé, esposa.
Le dije a Elijah que no habrá más lecciones de entrenamiento hasta el nacimiento, y no discutas
conmigo sobre esto, esposa, porque no cambiaré de idea. —Isabella se encorvó hacia atrás con un
suspiro frustrado—. ¡Ay! Es sólo que es tan detestable y tan… ¡mandón! Sabes que la luna de miel
termina cuando dejas “mi amor”, “mi florecilla”, y “mi corazón” y se convierte simplemente en
“esposa”.
Legna sofocó las ganas de reírse. El famoso sarcasmo de su pequeña amiga siempre la hacia
reír, y estaba destinado a eso. Bella tenía una forma de esconderse detrás de su ingenio y humor.
Estaba declarando cosas que claramente la molestaban, pero fingiéndolas de tal manera que
alguien que no la conociera las tomaría como un poco más que una rutina de comedia.
Legna la conocía mejor.
—Ya, Bella, sabes que Jacob te adora. Naturalmente quiere protegerte. Literalmente rinde
culto a la tierra por la que caminas.
—¡Ja! ¡Ja! —dijo secamente Bella—. Demon de Tierra. Rinde culto a la tierra. Lindo.
Realmente lindo.
—Bien, vamos ya. En serio. Como un Demon de Tierra, Jacob tiene una gran afinidad con la
naturaleza. De todos nosotros, es el único que conoce más sobre la vida y la muerte y la manera en
que la naturaleza se reaprovisiona y selecciona su perpetuación. Tiene un respeto por eso que
trasciende con cada sentimiento que posee, tal vez con la excepción de su amor por ti. Pero
también es un cazador, nació con la habilidad de capturar cualquier presa mediante el uso de los
sentidos de los más capacitados depredadores animales. Conociendo la naturaleza de tales bestias,
llevando siempre su percepción consigo, es parte de él entender los peligros que se ocultan en la
maleza.
»Te guste o no, Bella, eres vulnerable ahora mismo. Sé que eres poderosa y que te has vuelto
bastante hábil por tu propio mérito, ¿pero en qué posición estaría Jacob si en el curso de tu trabajo,
en una terrible circunstancia, fueras hacia el peligro, tomada como rehén, o incluso mortalmente
herida? Puedo añadir docenas de posibilidades, y Jacob puede imaginar muchas más con
aproximadamente cuatro siglos de experiencias como Ejecutor. Tú has sido Ejecutora durante
cinco meses; él tiene cuatrocientos años de experiencia en esto, las guerras Vampiro por un siglo,
Los Licántropos por tres… Hay una paz inusual por ahora, salvo por los Nigromantes, pero hay
muchas variables y tú eres muy preciosa para él.
»¿Y de todas maneras, qué macho con amor propio no estaría ansioso por una querida
compañera que está llevando a su hijo, un niño que por nacer representará al primero de su clase?
El ADN humano y Demon nunca se había combinado de ninguna forma antes. Sí, tú eres mitad
Druida también, pero aún… puedo entender que Jacob esté un poco preocupado… y que sea un
poco más que prudente.
—Bien. —Isabella se mordisqueó una uña, un signo seguro de su agitación nerviosa—. Tal
vez no importaría tanto si fuera realmente su esposa. —Rió irónicamente porque sabía que la
Vinculación era más profunda que lo que unas palabras ceremoniales podrían alcanzar. Sabía que
Legna era consciente de eso también—. Aún tenemos cerca de un mes antes de que podamos
finalizar nuestra groseramente interrumpida ceremonia de boda. Si mi hermana me hace rabiar
una vez más con lo de ser la “mujerzuela embarazada, fuera del matrimonio” de la familia, voy a
asesinarla y desechare su cuerpo en un campo de maíz de algún lugar.
—Bella —la regañó Legna, riendo suavemente por el mal humor de su amiga—. Tu hermana
Corrine no es un excelente ejemplo de virtud desde que ella y Kane se Vincularon, te lo puedo
asegurar. Ella y Kane vinieron a nuestra casa para las sesiones de entrenamiento de meditación
conmigo, y me retrasé por algunos minutos más de los que esperaba. Bien, cuando pase a la sala,
pude sentir… —la cabeza de Legna se inclinó y se sonrojó suavemente—. Digamos que habría sido
imprudente de mí parte entrar antes.
—¡Estás bromeando! —Bella miró boquiabierta a la empática por un momento—. ¿En casa de
Noah? ¿En el Centro de Gobierno, en dónde los Demons van y vienen todo el día?
—Al menos cerraron las puertas del salón. —Legna soltó una risita—. Ella está tan irritada
por lo de Beltane como lo estás tú, créeme —frotó la rodilla de su amiga en un efectivo gesto de
confort—. Además, sabes que eres compañera de por vida de Jacob de todas las maneras que
pueden importar. Para él, tú eres su esposa desde el primer momento en que os tocasteis.
—Bueno, estaba pensando que alguien tiene que hacer algo acerca de la ley Demon sobre
bodas que sólo tienen lugar en Beltane y Samhain —se quejó la Druida—. Eso en serio limita mi
reputación. Digo… —chasqueó sus dedos con inspiración, sus ojos violetas destellaban traviesos—
. Creo recordar que tú eres del Rey… uh… ¿prima? No, no, no es eso —Bella hizo un gran gesto
teatral al golpetear un dedo sobre la barbilla como pensando—. Um, ¡oh sí! ¡Su hermana! —dijo,
como si no lo hubiera recordado durante todo ese tiempo—. Seguramente tú podrías animarlo a
discutir el asunto con el Gran Concilio.
—Bella, eres tonta. —Legna rió—. Desearía tener esa clase de poder sobre mi querido
hermano. Sin embargo, no lo tengo. No más de los que tú deseas sobre la Madre Naturaleza y sus
planes para la duración de tu embarazo.
—¡Lo mencionaste de nuevo! —La reprendió Bella con un dramático chillido de
exasperación, haciendo que Legna suspirará y sonriera con divertida paciencia—. Bien, en este
momento sería feliz si terminamos con un tiempo intermedio entre lo que requiere un embarazo
humano y un embarazo Demon de trece meses. Cualquiera cosa es mejor que trece meses.
—¿Qué te ha dicho Gideon? —preguntó Legna, incapaz de poder resistir la mirada violeta de
Bella mientras mencionaba el nombre del poderoso médico. Volvió su atención a la suave seda
aguamarina de la falda de su largo vestido, sus dedos trazaron el rico bordado dorado girando
sobre el repetitivo patrón—. ¿Todavía te está supervisando personalmente?
—Sí, lo está. En realidad, esto es suficiente para hacerme sentir un poco nerviosa. —Bella
exhaló un poco temblorosa—. Cuando hablé con Hannah me dijo que en todos sus seis embarazos,
nunca había sido supervisada tan de cerca. Y ciertamente no por el más Antiguo y altamente
preparado médico de toda la historia Demon. Dicen que Gideon ha olvidado más acerca de sanar
que lo que otros médicos combinados nunca sabrán.
—Bueno, tal vez Gideon simplemente está haciendo un esfuerzo extra porque ha pasado
mucho tiempo desde que un Druida y un Demon se emparejaron. Y sí, estoy segura de que el
hecho de que eres mitad humana hace tu caso único, pero también tengo la certeza de que él sólo
quiere ser cuidadoso. Sabes cuan directo es. Si hubiera algo de qué preocuparse, él no te
mantendría desinformada.
—Cierto. Al menos informaría a Jacob si hubiera algo sobre lo qué preocuparse, ¿no? Jacob y
yo tenemos muy pocos secretos entre nosotros, debido a la habilidad de compartir nuestros
pensamientos.
—Debo admitir, Bella —confesó Legna—, que aún cuando soy un Demon de la Mente, estoy
muy agradecida de que sólo puedo leer emociones, a diferencia de mis homólogos masculinos
quienes pueden intercambiar pensamientos como tú y Jacob hacen. Estoy segura de que no quiero
saber todo lo que alguien está pensando. Créeme, conocer todo lo que están sintiendo puede ser lo
suficientemente problemático. Y en cuanto a Jacob que es capaz de leer tus pensamientos, no sé
cómo puedes soportarlo. No estoy tan segura de poder disfrutar de alguien más teniendo acceso a
mis más privadas reflexiones. Creo que lo más cerca que he llegado a eso es con Hannah y Noah.
Siempre hemos tenido un fuerte sentido de las necesidades del otro, deseos… dolor. Pero te
prometo, que hay cosas que han cruzado mi mente sobre las que espero que Noah nunca averigüe.
Legna hizo un travieso movimiento de cejas, haciendo reír a Bella.
—Estoy familiarizada con ese deseo en particular —dijo Bella con un asentimiento—. De
todas formas, hay algo consolador sobre la franqueza enorme al compartir y la honestidad entre
Jacob y yo. Y… —paró, su cara suavizándose con un cálido pensamiento hermoso, su piel, como
satín pálido, ruborizándose con delicado resplandor—. Mi amor, mi compañero, vive dentro de mí
siempre, Legna. Nunca estoy completamente sola, incluso cuando él trata de darme privacidad. Y
ni siquiera lo tenía en mente. Parte de mi se da cuenta de que, por el resto de mi vida, nunca estaré
sola de nuevo. Eso es fascinante en una manera que posiblemente no pueda describir. Mi hermana
sólo está empezando a aprender esto por sí misma. He tratado de ayudarla, pero siempre fallo en
describírselo adecuadamente.
—Tu descripción no carece de nada, Bella —confesó la empática silenciosamente, una
captura de emoción en su garganta y un brillo de felicidad agridulce en sus ojos por su amiga.
—La adquisición de poder de Corrine está tomando más tiempo que la mía. Gideon cree que
se retrasó por lo cerca que estuvo de morir.
Bella se estremeció mientras recordaba la imagen de su hermana yaciendo en su cama
cercana a la muerte, gris y demacrada por el drenado de energía que había sufrido. Un Druida sólo
llega al poder cuando su compañero Demon entra en contacto con él o ella por primera vez. En ese
tiempo Corrine y Kane se habían encontrado el uno al otro, ninguno se había dado cuenta de que
era una Druida, destinada a estar con Kane y sentenciada para marchitarse sin su cercanía y su
energía para reaprovisionarla.
—Gideon dice que está tomando tiempo, para que su conexión con Kane se reconstruya y se
repare. Lo ha comparado con un daño cerebral, en donde el cerebro tiene que redirigir su función
de otras maneras para compensar ese daño. —Bella sacudió la cabeza—. Veo sus esfuerzos y estoy
tan frustrada por ella. Quiero que sea tan feliz como lo soy yo. Quiero que su poder llegue, así ella
sabrá lo que hemos heredado. Como persona lógica se que tomará tiempo, pero como hermana,
una hermana embarazada al caso, quiero gritarle a los Destinos, ¡Vamos ya! Ella ya ha pasado por
mucho.
—Ya ha llegado muy lejos. Se ve sana y no se debilita rápidamente —la calmó Legna.
—Gideon ha dicho tanto, pero también dice que puede haber más contratiempos y que
debemos estar preparados para eso. Explicó que el daño ha hecho sus senderos de poder frágiles.
Pero tú sabes esto. Es por eso que le estás enseñando meditación y técnicas de concentración.
Según su prescripción.
—Nunca dejará de sorprenderme, el amplio conocimiento de Gideon. Es el único Demon en
todo el mundo que ha vivido durante el tiempo de los últimos Druidas. A pesar de que fue hace
más de un milenio, él todavía recuerda esos detalles de las conexiones entre Druidas y Demons, y
de los procesos de sanación de una raza que pensó estaba extinguida. No quiero pensar que era
sólo un joven inexperto en aquella época.
—Sí. Es muy notable. —Isabella se inclinó hacia adelante, bajando la voz en un susurro—.
Pero Gideon lleva un gran peso sobre su alma por haber sido parte de la masacre original de los
Druidas. Creo que siente que debió haber comprendido mejor, a pesar de que todo el mundo era
bastante salvaje en ese momento y él era un simple joven tras las órdenes de los Ancianos de la
época.
—La guerra nunca tiene sentido cuando las repercusiones son estudiadas mil años después.
Esto es un testamento a su fuerza que ha sobrevivido a pesar de todas las muertes, convocaciones
y los trastornos mundiales de un milenio. Mil años. —Legna sacudió su cabeza con asombro—.
Incluso aquellos Demons que ya han pasado su quinto siglo tienen dificultades para comprender
tal vida.
Isabella asintió, recargándose una vez más y frotando ausentemente su vientre distendido.
—¿Así que estás segura de que me informaría, si él tuviera inquietudes acerca del bebé?
—Positivo —afirmó Legna con un brusco asentimiento—. Puede haber una gran cantidad de
cosas acerca de Gideon que no entiendo, o incluso me gusten, para ser honesta, pero su franqueza
es admirable, incluso si es algo áspera de vez en cuando. Además, Jacob no toleraría nada más que
total sinceridad, y Gideon respeta eso. Su amistad todavía es muy rígida, a pesar de la bienvenida
al regreso de Gideon para reincorporarse a la vida Demon y a su puesto en el Triunvirato del gran
Concilio. Sin embargo, la latente hostilidad de Jacob no mantendrá callado a Gideon, hablará para
lo que fue llamado.
—Lo sé —Bella dijo suavemente—. No creo que Jacob haya aceptado completamente la
conducta grosera de Gideon a mí alrededor al inicio de nuestra relación.
—Pero sería un tonto si rechazará al médico mejor preparado en la historia Demon, cuando
ese Demon ofrece supervisar el embarazo de su querida compañera —señaló Legna—. Y Jacob no
es un tonto. No importa que tan profundamente sus instintos vinculantes lo hagan desconfiar de
los otros machos que se acercan mucho a ti, creo que tu seguridad es suprema para él. No dejaría
que nada se interpusiera en su camino, incluso si fuera el mismísimo Príncipe Encantador quien
necesitará cuidarte.
Isabella echó atrás su cabeza y rió en voz alta por esto, apreciando el travieso brillo en los
ojos de la otra mujer. Legna era impresionantemente impasible ante el poder de los Demons
machos que la rodeaban noche y día, siglo a siglo. Isabella había apreciado eso desde el momento
en que había conocido a la hembra Demon.
Esta valerosa característica de su amiga había servido de modelo para Bella, enseñándole a
ponerse de pie y alzarse por sus derechos y perspectivas incluso antes de que su propia habilidad
para absorber y usar los poderes de aquellos a su alrededor hubieran llegado al juego. Otros
Demons habían aprendido a respetarla mucho antes de que hubieran sido forzados a respetar la
magnitud de su asombrosa capacidad para dejar a cualquier persona de raza Nightwalker
completamente impotente.
Afortunadamente, este era el mismo poder que había forzado a Isabella a ser incluida en la
terrorífica convocación de Legna durante la frustrada ceremonia de su boda con Jacob. El mismo
poder que había anulado los efectos perjudiciales del pentagrama que las había enjaulado juntas.
Aunque la terrible experiencia hubiera sido angustiosa, Isabella estaba agradecida de haber
tenido a mano la posibilidad de salvar a su amiga de la transformación. Entre otras cosas, esto
habría destruido a Jacob por ser puesto en la posición de cazar a la hermana de su Rey,
obligándolo a destruirla antes de que ella destruyera a otros. El sentido del deber implacable de
Jacob y su respeto y amor por Noah habrían aclarado su curso, pero Jacob llevaba sus fracasos con
fuerza, y se habría culpado a sí mismo por no haber hecho más por salvar a alguien tan importante
para el hombre al que consideraba como un hermano, así como a su monarca.
Nadie significaba tanto para Isabella como Jacob. Tal vez ni siquiera su hermana Corrine, a
quien quería con todo su corazón. Jacob era su corazón y su alma, y a ella la afectaría
profundamente si él alguna vez sufriera tal magnitud de dolor. Peor aún, la responsabilidad
podría haber recaído en Isabella, destinada por aquella antigua profecía recién descubierta a cazar
al Transformado. Había nacido con el código genético para que sus capacidades especiales fueran
ese objetivo, ellos se mantenían inactivos, esperando sólo el día en que ella y Jacob cruzaran sus
caminos finalmente.
Jacob había experimentado la insostenible situación de castigar a sus amigos. Hasta hubo
veces que se vio obligado a destruir a aquellos que habían sido obligados a transformarse por los
monstruos de la magia negra que usaban pentagramas. Pero Isabella era de corazón mucho más
suave y tan nueva en su papel de Ejecutora; aún no se había enfrentado con la destrucción de un
Demon Transformado al que había conocido y cuidado.
Ese era su más profundo temor que no pudiera hacerlo cuando llegara el momento, y Legna
se dio cuenta inmediatamente del peso en el corazón de su amiga mientras la mujer embarazada
consideraba la posibilidad. No quería inmiscuirse, pero el poder de Legna siempre estaba
“encendido” como el de Bella, y el esfuerzo por controlarlo llega cuando se trata de apagarlo o
bajar su efecto. Se había permitido relajarse demasiado durante su conversación y sin querer había
recogido las serias emociones de Bella.
Legna ocultó sus pensamientos, no compartiendo su conocimiento con su amiga acerca de
sus miedos. Isabella era mitad humana y estaba acostumbrada a un estilo de vida más privado que
los de la clase Demon. Legna se había dado cuenta de que a Bella la molestaba los hábitos
aparentemente intrusivos de los conocidos de Jacob.
De hecho, el mayor delincuente era Gideon. Nunca podía esperar para que le dieran permiso
para ir y venir, sin importar cuantas veces Bella perdiera su temperamento con él. Era su
naturaleza creer que su manera de pensar era la correcta y las formas de la mujer humana eran una
completa tontería. Después de todo, había sobrevivido años y a una gran cantidad de amenazas
más impresionantes que el temperamento de una hembra Druida híbrida.
Sólo entonces, como si fuera empujado por los pensamientos de Legna, una extraña luz
plateada chisporroteó en la habitación, contrayéndose instantáneamente en la forma del gran
médico.
Instintivamente, Legna se puso de pie. Cada vez que ella y el Antiguo ocupaban el mismo
espacio, no podía luchar contra el impulso de ponerse a la defensiva. Ella y Gideon tenían una
historia de hostilidad, nacida de un breve momento de locura y dolorosas palabras. Ese era un
momento que Legna no podía permitirse a sí misma olvidar, para toda su naturaleza dispuesta a
perdonar, y el que Gideon negase continuamente que nunca ocurriera tal y como ella lo recordaba.
No era exactamente Gideon el de la habitación. Era una proyección astral de él. Ésta era la
manera en que un Demon Corpóreo viajaba rápidamente. En esta forma, eran capaces de sentir y
percibir todo alrededor de ellos. La única cosa que limitaba la forma astral de un Demon Corpóreo
era la imposibilidad de usar sus poderes innatos para sanar a otros. Era impotente, en gran
medida, en esta forma, pero Legna había aprendido a no desestimar nunca al más anciano de su
clase. Al parecer mientras más vivían, más poderosos se volvían y más trucos aprendían. No
usaría ninguna habilidad para concebir el pasado del gran Antiguo.
—Legna —la saludó fríamente, asintiendo en señal de respeto con su cabeza plateada, sus
ojos coloreados con luz de estrellas que chasquearon sobre su forma brevemente—. Te ves bien.
—Estoy bien, gracias —respondía igual de cordial.
Gideon se volvió hacía Bella, dedicándola un ligero saludo también.
—Ejecutora. ¿Confío que estés bien?
—Sí. Sin embargo, podría estar mejor, si de alguna manera pudieras conseguir sujetar el
concepto de llamar a la puerta en ese enorme intelecto tuyo —observó sardónicamente, ya que
claramente no esperaba que eso pasara pronto.
—No recuerdo a Legna llamando a la puerta antes de su entrada —notó el Antiguo
bruscamente.
Eso hizo que ambas mujeres cambiaran miradas sobresaltadas y luego lo encararan con
miradas acusadoras.
—¿Justamente cuánto tiempo has estado aquí, Gideon? —saltó Legna, su irritabilidad
escapando de control y arremolinándose visiblemente en una tangible onda de emoción.
—Obviamente el tiempo suficiente —replicó, visiblemente imperturbable—, para saber que
no tocaste cuando llegaste.
Parecía tener perfecto sentido para él, mientras hacía a ambas mujeres explotar.
—¿Estás diciéndome que estabas flotando alrededor de mí casa todo este tiempo?
¿Espiándonos?
—Apenas. Llegué sólo unos momentos antes que Legna lo hiciera, y cuando ella apareció
pensé que sería bastante amable permitirlas a ambas algunos minutos de visita antes de que me
entrometiera.
—Gee, eres todo corazón —dijo Bella dulcemente—. ¿No se te ocurrió, tan siquiera por un
segundo, que nuestra conversación era privada, y que era grosero escucharla?
—No.
Legna y Bella ambas exhalaron largos suspiros de frustración por el indiferente encogimiento
de hombros del Demon macho.
—Que pueda recordar, no había nada de una naturaleza extremadamente privada dentro de
la conversación —agregó Gideon, sus brillantes ojos mirando a ambas mujeres como si tratará de
resolver un rompecabezas ilógico—. Su obvia irritación no tiene sentido.
—Sí —dijo Bella secamente—. Eso sería… para ti. —Claramente se rindió, haciendo el asunto
a un lado con la mano—. Así que, ¿a qué debo este placer? —preguntó al médico.
Legna no escuchó inmediatamente su respuesta. Sus oídos estaban zumbando con su
continua indignación. La última cosa que nunca hubiera querido en un millón de milenios sería
que Gideon la escuchará defendiéndolo a él o su conducta, elogiando que tan preparado y
majestuoso Antiguo era. ¡Ya era un arrogante exasperante! Pero tenía que volar alrededor con su
no visible forma astral, escuchándola tranquilizar a su amiga acerca de sus habilidades, no dudaría
deleitarse con eso y regodearse todo el tiempo.
Los ojos de Gideon parpadearon sobre ella, una extraña luz plateada dentro de ellos le dio
escalofríos, casi como si hubiera estado percibiendo el rencor de sus pensamientos. Es una ilusión,
discutió Legna consigo misma. Era un truco para desarmar, que usaba constantemente para
mantenerse dominante y en posición de ventaja. Siempre parecía que tenía una bolsa llena de esos
sutiles trucos psicológicos a mano, pero ella era una Demon de la Mente abordando el calibre de
un Anciano con medio siglo más o menos, y sería una simplona si no pudiera reconocerlos.
Legna giró la espalda hacia la implacable mirada de mercurio, descartándolo a él y a toda la
conversación que estaba teniendo con Isabella. Cruzó sus brazos a lo ancho de su esbelto
estomago, moviéndose con un suave murmullo de seda y gracia para mirar fuera de la ventana y
hacia el barranco, observando la línea de la costa Inglesa a través de un portal de vidrio coloreado.
Era fácil para ella trasladarse fuera y dentro del contacto con gran parte de su poder, pero al final
todo era innato, todo los reflejos y el instinto hacia el acceso listo y expectante. Requería de un
esfuerzo enorme para apagar realmente todas las profundidades de sus habilidades
extrasensoriales, pero empezó a hacerlo, usando el estruendo de las olas en la arena y las rocas
como si fuera un metrónomo para su proceso meditativo. Legna no tenía opción. Tenía que cerrar
todo, porque donde quiera que el médico estuviera en su presencia sus sentidos se sobrecargaban.
Sabía que él tenía poderosas barreras mentales. Cualquiera que observara sus distantes modales
sin sentimientos podría ver que toda su esencia y emoción estaban encerradas en una protegida
prisión que no tenía interés en acceder en absoluto, parecía que ni siquiera en la privacidad de su
propia mente.
Con Legna siendo una empática, tal vacío debería ser inquietante, sin embargo, tranquilo.
Pero no lo era. En su lugar, su energía parecía agarrarla, zarcillos alcanzándola y apretándola casi
dolorosamente antes de dejarla ir. Cada vez que la conexión era hecha, punzadas quemaban su
mente con imágenes e impresiones que no tenía esperanza de comprender. Era como una
sobrecarga eléctrica, una que nunca había sentido con nadie más. Jacob, Noah, Elijah… otros
miembros del Concilio… Todos tan poderosos por propio derecho, pero ninguno con esta
presencia de fuerza vibrante que hacía a su psique sonar como los tonos a través del cristal. El
cristal se hace añicos cuando un timbrazo agudo lo atraviesa al alcanzar cierta resonancia. Así que
nunca estaba cerca de él si podía evitarlo y siempre escapaba de la habitación en la que él estaba,
tan rápido como podía. No podría soportar la idea de su poder tocando su mente de esas maneras.
Éste era uno de esos momentos, sin embargo, en que no podía hacer una salida elegante.
Isabella la necesitaba ahí. El corazón de la Druida estaba latiendo fuerte con su preocupación y era
un claro deseo, apasionado en su mente, de que Legna se quedara. Así que lo hizo, manteniéndose
lo suficientemente cerca para tranquilizar a Bella y concentrándose en la marea y el mar para
tranquilizarse ella misma.
Gideon observó como Legna miraba hacia afuera por la ventana y abajo hacia la costa. Podía
ver los cambios acalorados en la química de su cuerpo, el sonrojo de su piel que se intensificó con
lo que era una emoción obviamente irritable. Sabía que la había ofendido de nuevo, pero hacía
mucho que se había resignado al hecho de que siempre lo haría. Era una mujer excesivamente
testaruda, pensando constantemente y comportándose de maneras que tenían poco o nada de
sentido para su más racional y lógica mente. Notó que había empeorado, desde que la Druida
había llegado a su medio. Isabella casi no tenía reservas acerca de decir en voz alta cualquier cosa
que sintiera, con poca idea sobre el respeto a su posición o la de los otros muchos, usualmente
ganadas. Era joven, criada humana, y era esperado de ella tener modos inmaduros y de alguna
manera barbáricos. Bella era también una extraña para su cultura, eso también era algún tipo de
conducta comprensible. Legna no tenía tal excusa. Había sido criada de la manera Demon,
conociendo todos los protocolos y expectativas sociales de ella.
Gideon sostenía su sencilla conversación con Isabella mientras continuaba estudiando a la
perturbada hembra Demon. En los ocho años que él había estado en asilamiento, ella había
incrementado asombrosamente sus poderes y habilidades. Los Demons a menudo atravesaban
grandes incrementos repentinos de desarrollo durante su vida, una serie de casi adolescentes
crecían aceleradamente, y era lo bastante joven como adulto para experimentarlos. Sin embargo,
Gideon no podía recordar ver tal salto inesperado de fuerza y habilidad en un Demon desde…
bueno, desde la juventud de su hermano. Su herencia genética estaba predispuesta para este tipo
de cosas, pero Noah era de Fuego. El Fuego tenía sus propias reglas cuando se desarrollaba porque
en el proceso, el Demon podía extraer energía desde fuentes externas. Los Demons de la Mente
eran una raza joven, el anciano y el primer nacido con la habilidad, sólo recientemente perdido a la
edad de 405 años. Desde el nacimiento de Lucas, los Demons de la Mente se habían vuelto un
elemento regular y frecuente en los jóvenes. Las directrices de su desarrollo habían sido
establecidas en modelos previstos mucho antes del nacimiento de Legna.
El médico también sabía que Legna era bastante consciente de su desarrollo y la peculiaridad
de éste, para pretender dar la imagen de ser más débil de lo que realmente era. Se preguntaba
sobre eso, curioso del por qué negaría tal extraordinaria aptitud. La había estado observando
atentamente de alguna manera en estos últimos cinco meses, desde su reaparición y la
convocatoria de ella. Sin embargo, su continua hostilidad hacia él lo mantenía a una distancia
bastante apropiada para impedirle hacer un diagnóstico completo de su desarrollo metabólico.
Justo como podía leer emociones, Legna usaba los poderes de su mente para levantar barreras
impenetrables alrededor de ella, suficientemente fuertes para incluso mantener los formidables
poderes de Gideon de alguna manera a raya.
Eso sólo era una parte del problema, pensó. La otra parte estaba dentro de Gideon mismo.
Cuando llegó a Legna, se encontró a sí mismo compelido para guardar cada acción que pudiera
sentir en cualquier medida, que posiblemente tomaría como una invasión… una violación. Había
cometido el error con ella una vez en el pasado, y sería muy difícil que lo volviera a repetir. A
pesar de lo que Isabella y Legna pensaban, él era completamente capaz de aprender de sus
errores… cuando elegía hacerlo.
Gideon volvió hacia Isabella, notando la manera nerviosa en que acariciaba el abultado
vientre que albergaba a su bebé en desarrollo. Había sido consciente de sus miedos y
preocupaciones antes de escuchar por casualidad su conversación con Magdelegna. Sin embargo,
contrario a lo que Legna creía, era bastante capaz de mantener sus pensamientos para sí mismo
cuando pensaba que sería lo mejor para su paciente. Era incapaz de mentir, incluso si había visto
utilidad en ello. La verdad de sus preocupaciones sobre los cientos de cosas que podrían ir mal con
el embarazo de Isabella darían muy poca paz mental y potencialmente podría tener ramificaciones
mal dirigidas. Él guardó su consejo, no ofreciendo falso confort ni verdades aterradoras. La dejaría
que continuará sacando sus propias conclusiones, mientras no alcanzará un tono de preocupación
que pudiese ser perjudicial para su salud. Desconociéndolo, las afirmaciones de Legna sobre su
franca naturaleza habían sido ventajosas para él y la futura madre.
—No vi necesidad de venir en persona esta semana —le informó a Isabella—. Sin embargo, si
requieres cualquier cosa o experimentas cualquier inquietud, debes llamarme inmediatamente.
Gideon tomó un momento para hacer un último chequeo visual de la mujer encinta, las
yemas de sus dedos tocaron su barbilla, girando su cabeza a un lado gentilmente mientras revisaba
su pulso y su presión sanguínea con una mirada momentánea. Brevemente recorrió una mano
sobre el hinchado vientre, y luego se alejo de ella, soltando su toque antes de que el Ejecutor
sintiera que su compañera había sido tocada por otro macho y apareciera en un remolino de polvo.
Jacob no había ocultado su posesividad por Isabella. Esto ocurría algunas veces en una
Vinculación, dependiendo de la naturaleza del elemento del cual el Demonio provenía y factores
de la personalidad. La afinidad de Jacob con la naturaleza lo hacía muy susceptible a las oleadas de
territorialidad cuando provenían de lo más preciado que tenía. El Ejecutor era capaz de frenar la
emoción cuando era absolutamente necesario, así no se volvería muy nocivo u hostil. Bella misma
ni siquiera batió una pestaña preocupándose sobre cosas como los celos. Ella era probablemente el
alma más confiada que Gideon había conocido, su juventud prometedora y algunas veces una
inocentona muy agradable, incluso si la hacía vulnerable en futuros sufrimientos que venían con
ser parte de su especie.
Gideon sólo se había movido una distancia significativa lejos de la pequeña Druida cuando
un violento polvo endemoniado barrió dentro del cuarto, fusionándose con un giro en la forma del
Ejecutor. Jacob era un macho de asombroso poder, y aunque era delgado tenía una constitución
atlética, irradiaba ese hecho en cada poro. El Demon de Tierra podía manipular las poderosas
fuerzas de la naturaleza, como la gravedad misma, sólo con un pensamiento. Tanto los Demons de
Fuego como los Demons de Tierra eran los más poderosos de su clase. Era por eso que había sido
escogido para ser el que cazaría a los renegados de su raza. La implacable profundidad de su
oscura mirada de advertencia, mientras la fijaba en el médico, decía mucho acerca de ser capaz de
acechar e incluso algunas veces de destruir a quienes alguna vez había llamado amigos. Gideon y
Jacob habían peleado sólo una vez. Eso había sido suficiente para darles a ambos un sano respeto
hacia las habilidades del otro, también crearles una tensión subyacente entre ambos que
posiblemente nunca se resolvería.
—Gideon —saludó Jacob fríamente, moviéndose en un parpadeo para rodear a su querida
compañera en la protección de su abrazo. Cuando bajó su mirada hacía su cara, se ablandó de esa
extraordinaria manera a la que Gideon jamás se acostumbraría. Por poco lo alivia la mirada casi
hostil de Jacob cuando la dirigió hacia él—. Pensé que habíamos acordado que me avisarías antes
de que visitaras a Isabella—, dijo, su tono tan llano que era amenazador en cada pulgada.
—Supuse que Isabella te advertiría. Después de todo, es la única en constante contacto
mental contigo. No yo.
—Y eres capaz de proyectarte ante mí antes que a ella tan fácilmente.
—Estabas cazando, Jacob. Decidí dejarte finalizar tu tarea en paz. Esto iba a ser sólo una
breve visita. Y como ves, tenemos carabina.
Gideon gesticuló hacia Legna, quien, de una manera notable según había empezado a notar,
se las había arreglado para pasar completamente desapercibida. Incluso Isabella pareció darse
cuenta de repente que se había olvidado del todo de la presencia de su amiga. Pero ahora la
majestuosa y elegante mujer estaba devolviendo una sonrisa calmante sobre las tensas personas a
medio cuarto de distancia.
—Jacob, es bueno verte.
Jacob le sonrió a Legna, asintiendo con su cabeza.
—¿Cómo está Noah?
Legna levantó una ceja.
—¿No lo viste en el Consejo? —Miró de un Ejecutor a otro, luego a Gideon. —Tengo
entendido que Noah ha estado contigo en el Consejo durante toda la mañana, discutiendo la
amenaza nigromante.
—Sí, estábamos. Pero el estaba… indeciso, después de descubrir a Daniel debajo de la mesa
del Consejo —le comunicó Jacob.
—Y discutió con la Concejal Ruth, como es usual —añadió Isabella, rodando sus ojos en
reflejo de sus sentimientos hacia la Anciana cascarrabias—. Todos lo hacemos. Lo juro, esa mujer
me causa ulceras. —Isabella abrazó confortablemente a su compañero—. Creo que ella aún culpa a
Jacob por la muerte del compañero de su hija más joven. Es injusto. ¿Cómo podía alguno de
nosotros saberlo más rápido de lo que lo hicimos?
La columna de Legna se enderezó de repente, las fuertes emociones que emanaban de Jacob
la forzaban a contener el aliento mientras la golpeaban. Se dio cuenta entonces que Jacob nunca se
había perdonado a sí mismo por esa vida perdida.
Antes de que Bella llegará a ellos, el deber principal de Jacob había sido mantener Demons y
humanos separados, creyendo como todos los demás hacían desde hacía miles de años que los
humanos eran demasiado frágiles para resistir la seducción de un Demon. Durante las lunas de
Hallowed , las lunas llenas de Beltane en mayo y Samhain en octubre, los Demons eran
compelidos por una mística explosión de compulsión sexual. Se creía que eso originalmente
significaba perpetuar sus especies, pero a causa de la temeridad Demon, los Druidas figuraron
como su detonante y todos sus compañeros fueron asesinados en la guerra. Así que la locura de la
lujuria había crecido fuera de proporción con el tiempo, y ésta lujuria podía ser dirigida en
dirección al quebrantamiento de la ley, no importaba que tan fuertes fueran los códigos morales
del Demon y su autocontrol.
Incluso Gideon, el poderoso e invulnerable Gideon, no había sido inmune. Así que esto había
sido el rol del Ejecutor, rastrear aquellos que intentaran romper la ley, castigándolos por ello,
manteniendo humanos e incluso otras especies de Nightwalkers seguras de esta incontrolable,
naturaleza animal, que superaba a sus colegas. El Samhain pasado, al mismo tiempo que Bella por
primera vez era apropiadamente revelada a ellos, Jacob había impedido a Mary, la hija de Ruth,
seducir a un hombre humano, castigándola severamente, como la infracción merecía. Todo el
tiempo, el Ejecutor no había estado consciente de que este hombre humano era en realidad parte
Druida, designado por el destino a ser Vinculado con Mary. Jacob no había tenido ni la menor idea
que su breve contacto, antes de la actual ejecución, había disparado los dormidos genes Druidas en
la posible víctima. ¿Cómo podía? Sólo había un Demon entre ellos, lo suficientemente viejo como
para saber la verdadera naturaleza de los Druidas, y Gideon nunca había esperado que una
población Nightwalker supuestamente exterminada se hubiera convertido realmente en híbridos
con la población humana.
Esa genética extraña floreció dominante, sobrescribiendo el ADN existente de un simple
humano por el de un Druida naciente. Una vez que esto pasa, un Druida se vuelve mortalmente
dependiente de la energía elemental de su compañero, justamente como el Demon se vuelve
dependiente del amor del Druida y su habilidad para brindarles paz durante las lunas
Consagradas. Una vez emparejados en la Vinculación, ese Demon nunca podría temer al Ejecutor
de nuevo. Como una pareja, podrían crecer tan contentos y poderosos como Jacob e Isabella lo
habían hecho.
Desafortunadamente, el compañero de Mary, se mantuvo alejado de la joven Demon
mientras estaba siendo castigada y mantenida bajo vigilancia hasta que pasara Samain, había
muerto de hambre por privarse de la energía de su compañera, antes de que Jacob pudiera
rectificar el error.
No había forma de que Jacob hubiera podido saber, y Ruth no lo perdonaría todavía. Peor,
Jacob se negaba a perdonarse a sí mismo. No podía soportar ver un crimen o injusticia sin
enmienda. Eso era lo que le hacía el Ejecutor, que milagrosamente era capaz de llevar a cabo las
leyes de Noah. Era invaluable para el hermano de Legna. Pero eso también era lo que le hacía tan
implacable consigo mismo cuando sentía que había fallado.
Legna supo que sólo tomaría un tiempo antes de que las dulces y amorosas emociones de
Isabella por él lo pudieran sanar de su culpa. Incluso, ahora, estaba compartiendo pensamientos de
confort con él. Legna sintió un extraño vacío latiendo en su corazón mientras absorbía la corriente
de amor de un Ejecutor por el otro. Se dio cuenta entonces que al igual que había habido una
verdad detrás de la broma de Noah acerca de su relación, también había una verdad para ella. Los
envidiaba. Era un deseo desgarrador ensombrecido con un revoloteo de celos. Se giró una vez más,
avergonzada e inundada por sus propias emociones para variar, y protegiendo su cara de ojos
inquisitivos mientras inexplicables lágrimas quemaban en sus ojos.
Debía estar cansada, se excusó a sí misma, tratando de sacudir el dolor que continuaba
latiendo a través de ella. Se sentía como una tonta. Se regañó a sí misma por dejar que las cosas la
afectaran como si fuera alguna inmadura jovenzuela todavía no entrenada en controlar sus propios
poderes y emociones. Presionando severamente sus dedos en sus húmedos ojos, se volvió hacia los
otros.
—Isabella, te visitaré pronto de nuevo. Hay algo de lo que había olvidado encargarme y debo
apurarme para completarlo antes del amanecer. —Ni siquiera abrazó a su amiga en despedida, ni
tomó reconocimiento de los hombres en la habitación. Con un familiar giro de su elegante mano,
se teletransportó lejos, en un destello y una pequeña nube de sulfuro.
—Se está volviendo buena en eso —comentó Jacob, la peculiar salida lo hizo olvidar sus
propios pensamientos—. Todavía no es una Anciana, pero cada vez deja menos y menos una
pantalla detrás cada vez que la veo teletransportarse. Es fuerte para alguien tan joven.
—Para aquellos de nosotros que podemos llamar ser casi doscientos cincuenta años “joven”
—Bella rió, acurrucándose debajo del brazo posesivo incluso apretado de Jacob—. Comparada con
ustedes chicos, ¡soy una infante!
—Inexperta, florecilla —la corrigió Jacob, regalándole un beso cariñoso en su frente
acompañado por su afecto hacia ella.
—Me temo que también debo marcharme —interrumpió Gideon, su mente estaba llena con
la inusual partida de Legna. Había visto algo. Algo dentro de la empática que no estaba muy claro
para él, pero era potencial y fisiológicamente alarmante. Pero había sido una impresión más que
nada, su poder debilitado por su estado astral. Aún, tenía su interés, y era compelido por un
impulso para consolar a Legna. Esta impresión lo preocupó. Si Gideon había aprendido algo en su
larga vida, era que sus instintos raramente estaban equivocados.
—En el futuro, Jacob, ejerceré más cuidado cuando me aproxime a tu compañera. Mis
disculpas. —Con una brusca inclinación, Gideon desapareció en un brillante destello de luz
plateada.
Jacob e Isabella intercambiaron miradas perplejas y pensamientos. Pero después de un
momento, los ojos de Bella comenzaron a vagar por el cuerpo de Jacob y la naturaleza de sus
pensamientos cambió considerablemente, enfatizada por una sexy, sonrisa traviesa.
—¿Quieres hacerle el amor a una pelota de baloncesto? —invitó.
Jacob tiró hacia atrás su cabeza y se carcajeó, todos los recuerdos dolorosos desaparecieron en
un instante, sentimientos mínimos en los guiños y sonrisas en la cara de su amada.
CAPÍTULO 3
Legna se materializó en su habitación, el familiar sonido de aire desplazado fue la única señal
de la llegada. Aún así, Noah sabría que había vuelto. Siendo su hermano más cercano, Noah
siempre sentía la proximidad de todas las fuentes de energía. Legna se acercó a la cama,
sentándose despacio exhaló un profundo y purificante aliento. La protección en la casa de su
hermano era agradable, aunque, a veces se sentía identificada con el deseo de Bella de tener un
poco de consuelo, algunos preciosos momentos de intimidad.
Sabía que era extraño sentirse de esta manera. Era una Demon. Los Demons pensaban que la
privacidad era un concepto humano anticuado. ¿Qué utilidad tenían los secretos entre criaturas
que, sin importar el elemento que definiera sus habilidades, poseían siempre una percepción
sensorial innata que enseguida les decía la naturaleza de la situación en la que se encontraban?
Noah, por ejemplo, podía tener en ocasiones especiales la mansión llena de invitados, cien o más, y
ser consciente de cada energía individual, del dónde y qué estaban haciendo. El sentido empático
de Legna era igual de extraordinario. Sabría, aún sin proponérselo deliberadamente, quién
discutía, quién reía, quién hacía el amor y quién estaba borracho como una cuba. Todos habían
vivido longevamente, viéndolo todo, compartiendo cosas mucho más expuestas a la crítica o la
vergüenza. ¿Qué diferencia hacía las paredes o una llamada? Una filosofía que obviamente Gideon
seguía. Lo que olvidó fue el sentido común para escoger los momentos de cruzar repentinamente
ciertas fronteras.
Aún así, estar sola con sus pensamientos y acciones. La idea tenía cierto atractivo. El por qué
este pensamiento atraía a Legna en este preciso momento de su vida, no sabía. Simplemente lo
hacía. Era un falso ideal, lo sabía. Los Nightwalkers proliferaban alrededor del mundo y el
concepto humano de privacidad, siendo optimistas, era una ilusión de feliz ignorancia.
Aún así…
Estaba inquieta, y sabía que sólo era cuestión de tiempo antes de que otros, aparte de su
intuitiva hermana y hermano, empezaran a darse cuenta más de lo que ya lo hacían.
Tradicionalmente, cuando se percibía que algún Demon estaba terriblemente agitado o inquieto,
era conducido a grupos de consejeros, donde era asediado con vigilancia y asesoramiento.
Comúnmente se creía que esos Demons sin plena conciencia de sí mismos y sin objetivos, podían
ser corrompidos. Eran una especie demasiado poderosa como para que se les permitiera ceder ante
caprichos emocionales y quedar expuestos a influencias potencialmente negativas. Los Demons
creían que guiarse unos a otros, era uno de los principales propósitos de sus vidas.
Convertirse en la guía de meditación de Corrine, por ejemplo. Joven y confusa,
recuperándose de la terrible enfermedad de necesidad que casi la había matado, como había
sucedido con el compañero de Mary, ¿Quién podría permitir que alguien así de perdido estuviera
sin guía y apoyo? Sería inhumano. Los Siddah eran otro ejemplo. Ser la versión Demon de lo que
los humanos llamaban padrinos, era un deber de todo Demon. Todos los adultos y Mayores
adoptaban a los hijos de sus seres queridos, dándoles una firme guía de orientación que, algunas
veces, los padres tenían dificultad de establecer. Legna era, por supuesto, Siddah de dos de los
hijos de su hermana. Sin embargo, más allá del aún-no realizado-rol, era una de los Demons
Mental y Corpóreo que se convertían en mentores de las almas descontentas, Demons que habían
perdido sus brújulas internas.
¿Había caído, también, en esa inquietante categoría? ¿O empezaba el viaje hacia aquel estado
incorpóreo de ser? Por extraño que pareciera, la naturaleza de sus sentimientos la llevaban a
sospechar que toda la atención y compañerismo continuo que traería consigo cualquier tipo de
confesión de inquietud, serían exactamente lo contrario a lo que ella quería.
Se sentía así desde la Convocatoria. Al principio, había aparecido de manera gradual, casi
inadvertidamente. Entonces había comenzado a manifestar explosiones cortas de temperamento,
algo que nunca había tenido antes. Esto había sido justificable la primera y segunda vez que había
sucedido, considerando lo que había pasado, pero ¿Qué pasaría con la tercera vez? ¿Y la cuarta?
Era tan ajeno a su carácter que la sorprendía que no estuviera ya en medio de una intervención de
mentores. Por otra parte, se había salido de su camino para esconder lo sucedido, suavizándolo de
tal forma que, probablemente sólo un experto Demon de la Mente podría dar con ello, utilizando
su mente y su habilidad para resaltar cualquier poder con el encanto de su voz suave. Pero junto
con esas suaves manipulaciones emocionales y la percepción que los demás tenían sobre su
temperamento, venía también la culpa, el remordimiento y la sensación de que usaba mal sus
habilidades. Lo cual sólo aumentaba la confusión. Los Demons raras veces eran apologéticos para
las cosas que hacían con sus habilidades. ¿Cuál era el objetivo del poder si no iba a ser utilizado?
Estaba de acuerdo con eso. El uso de las habilidades no merecía ninguna excusa, a menos que
traicionara los límites de la ley o cierta moral y ética profesional.
Habría estado mintiendo si se dijera que estas alteraciones en sus circunstancias y
personalidad no la asustaban. No había noche en la que no especulara si durante la Convocatoria,
la protección de Isabella no había sido tan completa como todos pensaban. Antes del rescate de
Legna, sólo hubo un Demon que había sido rescatado velozmente del pentagrama de un
nigromante. El resultado había sido trágico, la desgraciada criatura se volvió loca rápidamente,
atacando a sus hermanos y comportándose de forma maníaca y pervertida. Por lo tanto, el rescate
no había valido para nada y al final, Jacob tuvo que matar al alma atormentada.
¿Y si eso le estaba sucediendo también, lentamente? Quizá estaba siendo tonta y arrogante al
pensar que iba a ser la única Demon conocida que escaparía indemne de una Convocatoria. Si este
fuera el caso, ¿la convertiría en una cobarde no hacer lo correcto y dejar que alguien conociera sus
miedos?
Legna se puso de pie otra vez, frotándose las manos como si estuvieran frías, recorriendo la
adornada alfombra tejida que cubría el piso de piedra, las zapatillas de seda apenas hacían un
pequeño susurro y las capas desiguales del vestido revoloteaban en el airecillo formado por su
caminar.
Dándose cuenta de lo que estaba haciendo, se detuvo en seco, mirando al cielo y buscando
fortaleza por un momento. Se acercó a la ventana, apartando las largas cortinas para poder ver el
enorme prado y los jardines que se extendían delante del grandioso castillo. El hogar elegido por
Noah era un claro retroceso a la época en la que había nacido. Al igual que él, siempre se había
sentido más cómoda en este ambiente que en las modernas alterativas disponibles.
El amanecer estaba cerca y debería estar cansada, disponiéndose a ir a la cama y
preparándose para acurrucarse en la habitación caldeada por los rayos del sol durante el día.
Legna echó un vistazo a la magnífica cama de cuatro postes detrás de ella, aproximándose incluso
hasta tocar la pesada tapicería que se había confeccionado muchas décadas atrás. Las escenas
representadas reflejaban todo aquello que amaba en aquel entonces, mucho de lo cual aún existía.
Tocó la figura de un Demon masculino jovial y de cabello oscuro, quien destacaba en la artesanía,
su imagen repetida con frecuencia.
Lucas.
Su Siddah, su mentor. El hombre que se había convertido en un padre para ella, así como se
convirtió después su hermano, tras la muerte de su padre. Nunca había sufrido por los hombres
fuertes de su vida y había adorado a cada uno de ellos. Le habían enseñado tanto, la habían
convertido en lo que era, estableciendo un balance perfecto entre orientación y libertad, disciplina
y alegría.
Y ahora, junto a su padre y su madre, Lucas estaba muerto. Cerró los ojos, sacudiendo la
cabeza para intentar deshacerse de las últimas imágenes que había tenido de Lucas. Querido
Lucas, atrapado en un pentagrama frente a ella, revelando su secreto más precioso, su nombre de
poder, para que todos lo escucharan y lo usaran en su contra. Y, en última instancia, el pobre
cuerpo y alma transformados en los de un descorazonador monstruo.
Esa fue la noche en la que Legna aprendió verdaderamente lo que significaba odiar a otra
criatura. Nunca se había creído capaz de ello, pero lo había sentido como un veneno blanco y
negro que quemaba a través de cada célula, quemando bajo la piel hasta que tuvo la certeza que
sus poros exudarían esa maldad.
Esto la había sacudido en el momento en que, por fin, puso las manos encima de uno de los
seres humanos mágicos responsables de la farsa que había acabado con la preciada vida de Lucas.
Había actuado con rabia, y por primera vez en todo su vida, Legna había comprendido lo que
significaba dejar suelta su naturaleza animal innata.
Fue esta naturaleza interior la que le hizo apretar las manos alrededor del cuello de la
nigromante que se había atrevido a ser partícipe del encierro de Legna y su mentor. Este
depredador vivo dentro de Legna se había rehusado a abandonar, alentando a la mujer Demon a
sumergirse en la psique de la nigromante, inflingiendo un infierno mental implacable en la
ofensiva criatura, hasta que la reprochable chica estuvo muerta por los horrores de su propia
mente retorcida.
Lo que le había asustado a Legna no era el hecho de verse capaz de segar una vida, sino que
había arrojado el rostro y la voz en la noche y había disfrutado salvajemente. En ese momento, era
como si nunca hubiera conocido tal placer, y había pasado horas hasta que finalmente empezó a
bajar de esa ola. Habían pasado días hasta que el clímax se había desvanecido completamente.
Afirmar que se había sentido vacía después habría sido un eufemismo. De hecho, no estaba segura
de que hubiera superado el consecuente vacío. ¿Había disfrutado tanto siendo una asesina? ¿O se
había escudado en la idea de venganza? Como una Demon, nunca la habían enseñado a creer que
la autodefensa, e incluso, la retribución eran algo que debía temerse, siempre y cuando las leyes de
su pueblo fueran fielmente seguidas. Aún así, esta secuela la había perturbado enormemente, y
cinco meses después no mostraba signos de resolverse.
Un repentino cosquilleo en el vello de la nuca llamó fuertemente la atención a Legna, de su
agudo examen de conciencia. Su cabeza se elevó, las habilidades sensoriales se extendieron como
una manta que se despliega, tratando de identificar la perturbación que se aproximaba.
Y era una aproximación. Estaba segura de ello.
Tan pronto como el pensamiento le cruzó la mente, el aire en la habitación se desplazó por la
repentina ocupación de la imponente figura de Gideon en el centro de la estancia. No hubo el olor
a azufre que ella usualmente dejaba detrás en esas situaciones, pero eso sólo confirmaba que el
Demon de la Mente que había transportado al médico hasta esa localización debía ser un Mayor,
más fuerte y experto que una adulta como ella.
La llegada del Antiguo en ese particular momento tenía un efecto extraordinariamente
perturbador. Si entre su gente había alguien que fuera capaz de determinar el significado de los
cambios que estaba sintiendo en su interior, ese probablemente sería Gideon.
Y, por supuesto, preferiría arder en el infierno antes que contarle algo tan privado. Aún
ahora que estaba aquí, como si lo hubiera invocado con sus pensamientos, de pie con esa manera
siempre tan segura que tenía y aparentando tan elegante e impecable en su tradicional ropa del
viejo mundo, mucho más favorecedora que cualquier otro atuendo moderno de su guardarropa.
Justo ahí, vestía de blanco de la cabeza a los pies, matizado sólo por el bordado en plata que
realzaba perfectamente su color de piel. Usaba unas calzas de un material parecido al algodón que
se ajustaban como una segunda piel y se extendían hasta dentro de las botas de cuero de un color
bronceado tan suave que difícilmente se le podía llamar beige. Éstas llegaban justo por debajo de la
rodilla, por lo que parecía que iba a cabalgar. Y como era costumbre, vestía una camisa de seda con
largas mangas estilo pirata que ondulaban desde sus extremadamente anchos hombros a los puños
de encaje suave, el delicado material descansaba a lo largo del dorso de las poderosas manos, los
largos dedos terminaban elegantemente en unas uñas impecablemente cortadas. Llevaba un único
anillo, un aro de plata en el pulgar formado por el símbolo de los médicos.
Legna apartó la mirada antes de encontrarse haciendo una muy precisa descripción mental
de la forma en que los cordones de la camisa estaban descuidados bajo su garganta permitiendo al
material separarse al azar en la clavícula. Bastaba decir que Gideon llevaba los hábitos de su vida
como una declaración descuidada, y los vestía muy bien. Mezclaba la moda masculina del milenio
de un modo que no era nada más que una reflexión de quién era y cómo había vivido. Esto sólo
servía para aderezar su distintiva y poderosa presencia, secundada por su confianza.
—Gideon —dijo tranquilamente, inclinando la cabeza con poco respeto— ¿Qué te trae a mi
habitación tan cerca del amanecer?
El fascinante hombre ante ella permaneció en silencio, los ojos de plata ardían sobre ella
lentamente. El corazón casi se le detuvo por un miedo repentino, y de inmediato levantó cada
barrera mental y física que impediría una no bienvenida revisión y análisis de su salud.
—No te examinaría sin tu permiso, Magdelegna. Los Demon Corpóreos convertidos en
sanadores tienen un código de ética, al igual que cualquier otro.
—Gracioso —remarcó— Habría pensado que te creías por encima de algo tan trivial como el
permiso.
La mirada de mercurio se estrechó ligeramente, haciendo que Legna deseara tener el coraje
para atreverse a examinarle de manera censurable por su cuenta. Era bastante buena
enmascarando sus viajes a través de las emociones y la psique de los demás, pero Gideon no era
como los otros. Era apenas una novata en comparación.
Anteriormente Gideon había advertido en voz alta sus recientes inclinaciones mordaces,
irritando a la joven más de lo normal, así que resistió la urgencia en ese momento de regañarla,
pasando por alto su actitud.
—He venido para comprobar tu bienestar, Magdelegna. Estoy preocupado.
Legna arqueó una ceja, torció los labios en una fría y burlona sonrisa pequeña, ocultando el
repentino y ansioso palpitar de su corazón.
—¿Y qué podría darte la impresión de que necesitas estar preocupado por mí? —preguntó
con altanería.
Una vez más, Gideon se tomó su tiempo antes de responder, dándole entretanto una más de
aquellas implacables lecturas. Legna exhaló con fastidio, cruzando los brazos debajo del pecho y
empezando a golpear con su pie el suelo con irritación.
—No estás tranquila, jovencita —explicó Gideon suavemente, el profundo timbre de esa voz
resonó a través de ella, dándole de nuevo la sensación de que no era más que un frágil cristal,
esperando el momento en que le lanzara la nota discordante que la rompería. La respiración de
Legna se alteró, acelerándose, a pesar del esfuerzo por mantenerla tranquila. No quería darle la
satisfacción de que tuviera razón.
—Presumes demasiado, Gideon. No hay necesidad que te preocupes, y nunca la he pedido.
Ahora si no te importa, me gustaría ir a la cama.
—¿Con qué fin?
Legna rió, corta y ásperamente.
—Para dormir, ¿Qué otra cosa?
—No has dormido en muchos días, Legna. ¿Por qué piensas que podrías tener éxito hoy?
Legna giró bruscamente, dirigiendo la mirada y atención más allá de la ventana, tratando de
usar el extenso prado como una pizarra para llenar la mente. Él no era un Demon de la Mente,
pero sabía que era capaz de ver lo suficientemente profundo dentro de su estado emocional,
monitoreando sus reacciones fisiológicas con sus observaciones. Legna mordió el labio con fuerza,
furiosa porque debía parecer la niña a la que él siempre se refería en sus conversaciones. Jovencita,
de verdad. ¿Cómo se sentiría si le describiera como un viejo y decrépito buitre?
El pensamiento le dio una pequeña e insignificante satisfacción. No importaba que Gideon
pareciera tan vital y vibrante como se vería cualquier hombre Demon entre treinta y mil años.
Tampoco importaba que su impresionante colorido le diera un singular atractivo y un aura de
poder que ningún otro podía igualar. Lo único que importaba era que no la miraba como a una
igual, y por lo tanto, desde su punto de vista, no tenía ninguna obligación de hacerlo con él.
Gideon observaba a la joven mujer frente a él, tratando de encontrar sentido a los cambios
fisiológicos que se mostraban en ella, cada cual tan desconcertante como el anterior. ¿Qué tenía, se
preguntaba, que siempre le resultaba incomprensible?
Nunca reaccionaba de la manera lógica que esperaba, y aún así sabía lo extraordinariamente
inteligente que era. Siempre lo trataba con un desprecio apenas reprimido, aunque nunca tuviera
una palabra dura para nadie más. Casi se había acostumbrado desde su primera discusión, pero
esto era diferente, mucho más complejo que el resentimiento. Gideon no había encontrado un
rompecabezas desde hacía muchos siglos, y quizás era eso por lo que estaba continuamente
fascinado por ella a pesar de su acentuado desdén.
—No es extraño —respondió al fin— tener períodos de insomnio en la vida de uno.
Seguramente no es eso por lo que has entrado sin más en mi habitación, mostrando tu arbitraria
versión de preocupación.
—Magdelegna, continuamente me desconcierta tu insistencia en tratarme con hostilidad.
¿Acaso Lucas no te enseñó nada acerca del respeto a tus mayores?
Legna se volvió repentinamente, su indignación ardía tan violentamente que Gideon sintió
que el remolino lo empujaba a través del aire.
—¡Nunca jamás menciones a Lucas de manera tan irrespetuosa! ¿Me comprendes, Gideon?
¡No lo toleraré! —se movió hasta estar al lado del médico, las emociones prácticamente lo
golpeaban con su intensidad— dices respetar a mis mayores, pero a lo que te refieres es a respetar
a mis superiores, ¿no es cierto? ¿Estás tan lleno de tu propia arrogancia que necesitas que me
arrodille y doblegue como un novato principiante? O tal vez deberíamos reinstaurar el rol de las
concubinas en nuestra sociedad. ¡Entonces tendrías el placer de demandarme y forzarme a caer
sobre mis rodillas, doblegándome por respeto a tu masculina eminencia!
Gideon observó cómo hacía justamente eso, el vestido ondeaba a su alrededor mientras se
arrodillaba con gracia ante él, tan cerca, que las rodillas tocaron la punta de las botas. Extendió las
manos a los lados, bajando la cabeza hasta que su frente rozó el cuero, el cabello derramado como
un montón de seda pesada alrededor de los tobillos.
Sorprendentemente el Antiguo se encontró sin palabras, le recorrió la sensación más extraña
cuando miró hacia abajo a la expuesta nuca del cuello, la elegante línea de la espalda. Incapaz de
contener el impulso, Gideon se agachó hasta alcanzar la mejilla sonrosada por debajo del manto
café de su cabello. El calor de la furia irradiaba bajo su toque y lo reconoció mucho antes de que
levantara el rostro hacia él.
—¿Esto te satisface, mi señor Gideon? —susurró fieramente, los ojos destellaban chispeantes
como acero y oscuro jade.
Gideon se encontró examinando el rostro atentamente, sus ojos vagaron en las altas y
aristocráticas curvas de los pómulos, la escultura asombrosamente llena de los labios, los amplios y
acusadores ojos que descansaban detrás de unas extraordinariamente largas pestañas. Ahuecó la
barbilla entre el pulgar y el índice de su mano izquierda, las yemas de sus dedos abanicaban con
delicadeza la furiosamente sonrojada mejilla.
—Disfrutas burlándote de mí —murmuró suavemente, el aliento de las palabras
suficientemente cerca como para rozar el rostro.
—No más de lo que disfrutas siendo condescendiente conmigo —replicó, las turbadas
palabras salían en rápidos y caliente jadeos.
Gideon absorbió este último veneno con un parpadeo de las extensas y negras pestañas.
Mantuvieron las miradas, cada uno, aparentemente esperando que el otro la bajara.
—Nunca me has perdonado— dijo de repente, con suavidad.
—¿Perdonarte? —rió amargamente— Gideon, no eres lo suficientemente importante como
para merecer mi perdón.
—¿Es tu ego tan frágil, Legna, que una pequeña insignificancia es irreparable?
—¡Deja de hablarme como si fuera una chiquilla temperamental! —Legna resopló, echando la
cabeza hacia atrás pero encontrando su agarre bien firme— No hubo nada insignificante en la
forma en que me trataste. ¡Nunca lo olvidaré, y ciertamente nunca lo perdonaré!
Gideon extendió las manos, tomándola por los hombros y arrastrándola consigo mientras
recuperaba su altura. Sin intención, la desequilibró, forzándola a balancearse sutilmente contra su
cuerpo para evitar perder la estabilidad de la posición. Las suaves curvas flotaron contra los duros
planos de su torso por todo un segundo. El Antiguo sintió una brillante sensación atravesándole
que no supo definir de inmediato, las plateadas cejas se alzaron con la fugaz confusión. La
situación era demasiado inestable para perder el tiempo en una sensación superficial, sin embargo,
la dejó aparcada mientras alejaba a Legna.
—Legna, no necesito explicarte las dificultades que todos atravesamos durante las Sagradas
lunas. Especialmente la luna de Samhain. Nunca fue mi intención hacerte daño. Siempre he estado
angustiado por mi falta de control esa noche.
—Oh, estoy segura que lo estás —siseó Legna, luchando contra los embarazosos pinchazos
de las lágrimas que amenazaban con abrumarla— Qué terrible debió de ser para ti darte cuenta
que habías profanado tu maravillosa Antigüedad con el beso a una cría.
Legna se soltó del agarre, giró con ímpetu dándole la espalda mientras con el dorso de la
mano trataba de acallar el sonido de dolor que se formaba detrás de los labios. Perdió la batalla
con sus lágrimas, avergonzada al sentirlas caer por las sonrojadas mejillas.
Apenas habían hablado de aquella noche, unos nueve años atrás, más que nada porque a
Legna le resultaba difícil estar más de cinco minutos en la misma habitación que Gideon. Aún así,
gran parte de la brecha en la relación se debía a que Gideon había permanecido los últimos ocho
años en un exilio auto-impuesto, causado por la vergüenza de haber acechado a una mujer
humana y como consecuencia, haber sido forzado a enfrentar la humillante justicia del Ejecutor. El
incidente con la humana había ocurrido la siguiente luna de Samhain después del altercado entre
Legna y Gideon. Para Legna, eso sólo había servido para añadir un insulto a la ofensa, creando un
bochornoso dolor que incrementó el del encuentro original.
Y recordaba esa noche, esa luna, el incidente completo tan vivamente como si hubiera
sucedido cinco minutos antes.
Había estado inquieta esa luna llena en particular, igual a como se estaba sintiendo
últimamente. Pero como era de esperar, esa Sagrada noche se había intensificado por mil. Estaba
paseando por los jardines, refrescados por las nubes que flotaban a la deriva sobre la brillante luna,
esperando con impaciencia que Noah saliera del Consejo. De alguna manera, había esperado que
fuera capaz de distraerla, impidiéndola volverse loca de excitación. Pero mientras caminaba por el
lejano laberinto de arbustos recortados, fue con Gideon con quien se tropezó de frente. Se había
sorprendido por no haberlo sentido en absoluto. Aún más, el Consejo estaba reunido y era uno del
Triunvirato, una de las tres voces más poderosas en la mesa del Consejo.
Estaba de pie ahí, su rostro elevado hacia la luna como si fuera un lobo listo para aullarle
adorándola. Su poderoso cuerpo estaba afianzado rígidamente en el suelo, cada músculo
flexionado listo para saltar sobre lo que fuera que se cruzara en su camino. Súbitamente, los
sentidos de Legna se activaron, sin ignorar más su presencia, aturdiéndose con las emociones que
abruptamente emanaron del Antiguo habitualmente sereno. Soportaba una explosión de salvajes
impulsos apenas controlados, su necesidad se precipitaba sobre ella como una violenta marea,
haciéndola jadear en voz alta ante la fuerza de la misma.
Entonces, Gideon se volvió, la velocidad del movimiento fue apenas perceptible a la vista. De
repente, sin aliento, se encontró empequeñecida por la presencia, poder y cuerpo apreciablemente
vigoroso. No tenía ninguna esperanza de levantar las salvaguardas habituales contra un poder tan
potente. Demasiado tarde en cualquier caso. Hacía mucho que las crudas emociones habían
tomado las suyas. Se convirtió en un reflejo de ellas, apropiándoselas de un modo del que no se
había creído capaz.
—Magdelegna.
La nombró con un bajo y depredador sonido de voz. Incluso escuchó el gruñido de
apreciación que lanzó bajo su aliento. Eso atrajo a la primitiva inquietud de Legna de aquella
noche. Entrecerró los ojos, midiéndole muy lentamente, inconsciente de lo invitadora y sensual
que era esa mirada.
Gideon rápidamente notó la palpitación de la sangre cuando el pulso se aceleró. Vio la piel
ruborizarse consciente en sus zonas erógenas, mientras devoraba su imponente figura con valentía
y descarada curiosidad. Dio un paso acercándose, una dulce ondulación del largo y femenino
cuerpo, haciéndole caer en la cuenta que era sólo unos 15 centímetros más baja.
Esto la situó adecuadamente cerca para alcanzarlo, y él supo al instante lo bien que encajaría
ese cuerpo contra el suyo, si sólo eliminara el pequeño espacio que había entre los dos. Su aroma
aún persistía en el aire de la noche, abrumando los crepitantes olores del otoño alrededor de ellos,
con su propio perfume de dulces especias y néctar, obviamente el fabuloso almizcle femenino
provocado por su cuerpo.
La excepcionalidad de aquel aroma había cautivado a Gideon, bajó la cabeza levemente para
aspirar en profundidad y absorber la esencia de esa belleza en los pulmones. En un parpadeo,
extendió la mano y la sujetó por la nuca, atrayéndola con tal fuerza que los esternones chocaron.
Era alta, pero Gideon tuvo que bajar la cabeza para mantener las caras a la misma altura. Todavía
la agarraba, impidiéndola girar la cabeza de ninguna manera que él no deseara. Inclinó la plateada
cabeza para frotar la nariz en la curva del cuello de cisne.
Legna sintió la caricia del aliento contra esa sensible parte de su piel, incapaz de oponerse al
temblor que la estremeció y el apasionado ronroneo que vibraba en las cuerdas vocales. Sus
sentidos se sacudieron por la afilada fiereza de la excitación que emanaba del poderoso hombre
que la sostenía tan posesivamente. Por supuesto que, como empática, durante siglos había
experimentado muchas de estas emociones provenientes de los que habían disfrutado de las
pasiones de la carne, pero nunca había sentido nada como eso en toda su vida. Ni siquiera había
imaginado tal sobrecogedora intensidad.
Él envolvió su cabello en un puño, acercando la sedosa masa a los labios y frotándola contra
ellos, despacio, llenando los vacíos del alma con el hielo ardiente de su mirada.
—Magdelegna —dijo de nuevo, su nombre una orden en la lengua.
Le sintió frotarse provocativamente, haciéndola muy consciente de la respuesta física a su
cercanía. Sintió el calor líquido derramarse por todo su cuerpo al simplemente comprender el
efecto que le provocaba, calientes espirales de savia dentro de misteriosos charcos de excitación en
lugares igualmente enigmáticos.
—Podría hacerte sentir como ninguna mujer ha soñado siquiera sentirse —le prometió, la voz
cariñosa tan perfecta e hipnótica con un tono bajo y sugestivo, creando un remolino de profundo
deseo en su alma, mientras deslizaba la mano por la curva de su cadera, moviéndola con audacia
por el arco bajo su espalda. Era como si se conocieran el uno al otro con total intimidad, desde el
pensamiento hasta el movimiento, del sentido al toque, del hombre a la mujer.
La respiración de Legna se aceleró mientras la apreciaba provocativamente, la mirada como
cera derretida la quemaba por donde se deslizaba. Los dedos avanzaron sobre su torso,
acariciando hasta encontrar el espacio entre las flexibles y curvadas costillas. El pulgar se deslizó
bajo el peso de su seno, acariciando hábilmente la sensible piel de una manera que llameó a través
de su cuerpo. Ella jadeó suavemente, la cabeza cayó hacia atrás exponiéndole totalmente la
garganta. Él soltó el cabello inmediatamente, la mano cubrió la atractiva extensión que le había
descubierto. Los dedos avariciosos absorbieron las vibraciones de los sonidos bajos incitantes que
hacía. Entonces los dedos se apartaron y los labios la tocaron en ese lugar. El aliento era un calor
ardiente contra su piel, haciéndola estremecer cuando se excitó desde el cuello hasta los talones. La
boca era magia masculina, los labios acariciándola en un preludio a la húmeda exploración de la
lengua.
Su boca empezó a latir ante el deseo de capturar el sabor y la sensación de él, los labios
cosquillearon y enrojecieron por la sangre en señal de necesidad. La boca de él cayó sobre la de ella
repentinamente, suspendiéndose sobre los sedientos labios mientras la taladraba con la intensidad
de su mirada de mercurio.
—Neliss… —Murmuró, volviendo a la elegancia de su antiguo idioma— Neliss ent desita.
Belleza de los tiempos.
Por fin su boca tocó la de ella. Y le dio la bienvenida con un ardiente sonido de aliento. La
sensación de un rayo blanco la traspasó, poniéndola tensa y débil a la vez, doblando la espalda en
su abrazo cuando él insistentemente buscó satisfacción. Los labios contra los suyos eran sensuales,
explorando con el ritmo apropiado, gentil, indagando pero no embistiendo. Pensó con sorpresa,
que había esperado que fuera más brusco en su impaciencia. Podía sentir las excitantes emociones
que emanaban de él igual que la brillante luna a su espalda. Sin embargo, la profunda naturaleza
del beso significaba mucho para él. Reflexivo, metódico y lleno de una enorme confianza mientras
examinaba lentamente cada pequeño detalle de sus labios. Cuando la lengua tocó sus labios por
primera vez, fue como un golpe lento a lo largo del labio inferior parecido a la caricia húmeda y
sensual del terciopelo. Su boca sutilmente abierta, dejando escapar un aliento suavemente
exhalado, un erótico sonido femenino de placer.
Por primera vez, cerró los ojos, protegiéndose del penetrante calor de la plata fundida,
incluso si hubiera estado bajo latigazos a mitad del mástil. Alcanzó tan profundamente dentro de
ella, quería ver tan profundamente dentro de ella, era como si ya estuviera desnuda bajo su
dominio. La mano en sus costillas ardía con el calor corporal, al igual que el resto de él,
marcándola con un intenso rastro a lo largo de toda la superficie de su piel.
Cuando ella exhaló aquel gemido de doloroso placer, Gideon finalmente invadió su boca, la
lengua resbalaba entre los labios separados, enredándose con la suya al momento. Sus manos
ascendieron, los delgados dedos deslizándose a lo largo de la espalda, hasta los hombros, para al
fin, sostenerlo ahí con la fuerza de una mariposa pero con el poder de un Titán. El simple toque lo
hizo rugir suavemente contra ella, pero junto a eso estaba su sabor, tan cálido y dulce, como el
néctar calentado al sol, él no era más que una abeja llevada por el instinto a beber profundamente.
Ella lo endureció, como un metal líquido sumergido en agua, era erótico y sentirlo, una equilibrada
agonía. Había pasado mucho tiempo desde que había deseado a una mujer de esa forma, Sagradas
lunas sean condenadas. La necesidad sexual era una cosa, algo corporal, y una función fisiológica
que podía controlar mejor que cualquier otro Demon, ya que el control del Cuerpo había sido su
único y verdadero dominio durante un milenio. Necesitar a Legna era algo más, sin duda, una
entidad que no pertenecía a su reino de manipulación.
Para Legna, el beso fue otro reflejo perfecto de Gideon. Intrépido, sin justificación,
brutalmente honesto. Su ser entero emitía el hambre por ella, el excitado cuerpo moviéndose
intencionadamente contra el suyo azorado y flexible. Le permitió sentir sus ansias, sentir la forma
en que transmitía la necesidad de él, y sentir el placentero dolor de su cuerpo pesadamente
endurecido cuando frotaba sus caderas contra ella. Entonces la curiosidad y la forma del beso
empezaron a enlazarse en esa sencilla y controlada sensación. Él circulaba sobre las agresivas
demandas de su naturaleza Demon. Pudo sentir cuando empezó a devorarla con creciente
intensidad, el incremento de la básica naturaleza animal que era una parte elemental de todos
ellos. Ésta fue su ansia. No pudo soportar ni un momento más de dulzura. Las llamas de la luna
estaban dentro de ella, suplicando por más. Exigiéndolo.
Así que jugó con él, jugó con los sentidos, con cada truco femenino del libro. Gimió, bajo y
erótico, dentro de su boca, permitiéndole que sus sentimientos la colmaran hasta que el sencillo
sonido se duplicó, encadenado después con los jadeos de doloroso placer. Las manos atraídas
hasta su pecho, ascendieron por los hombros para finalmente sumergirse profundamente en el
cabello plateado detrás de su cabeza. Devolvió el beso tan fielmente como él se lo daba,
rehusándose a ser sólo un refugio para sus lenguas entrelazadas. Alcanzó la parte de atrás de la
cabeza, sosteniéndolo contra ella mientras buscaba profundamente dentro de su boca el sabor más
exquisito de él.
Su respuesta fue ardiente, las manos agarrando la parte posterior de su cuerpo, alzándola
completamente del suelo, arrimándola. Los sensibles senos fueron aplastados contra la dura pared
del pecho, el vientre plano completamente embriagado en contacto con los costados de su tenso
abdomen. Las caderas meciéndose contra las suyas, su aprisionada erección presionando contra
ella.
El mundo comenzó a dar vueltas en una vertiginosa vorágine de sentimientos y estuvo
completamente perdida en medio de emociones y sensaciones. El beso siguió y siguió, rayando la
brutalidad, como si estuviera cruzando un desierto privado de contacto físico y ella se convirtiera
de repente en su único oasis. Legna no caería en la cuenta en ese momento, de lo exacta que era en
realidad la metáfora que apareció en su mente.
La cúspide de ese pensamiento fue el momento en el que Gideon, de repente, se apartó,
alejándola con tanta fuerza que casi cayó de espaldas. Maldecía con fuerza, usando una expresión
de la que no estaba segura de conocer el significado exacto, pero de la que obviamente entendía el
sentido. Estaba demasiado aturdida por privarla bruscamente de esos sentimientos, como para
entenderlo.
La confusión se abalanzó sobre ella al tratar de comprenderlo.
Él maldijo de nuevo, condenándose, regañándola.
—¡Esto es una locura! —Exclamó roncamente, las manos despeinando su cabello en una rara
expresión de alterada emoción.— ¡Eres una niña! ¡Una niña! Soy más fuerte que esto. No cederé
ante este ridículo impulso de locura. ¡Me niego!
Y antes de que terminara de escuchar estas palabras, ya se había dado la vuelta y escapado
con una velocidad sobrenatural para una criatura con completo control sobre lo que deseara que
su cuerpo hiciera. Había sido abandonada, despojada, insultada y humillada más allá de las
palabras. Se derrumbó en el suelo, demasiado conmocionada siquiera para llorar, las palabras
resonaban brutalmente contra su orgullo femenino, su delicado ego. Y después de eso, justo al año
siguiente, había perseguido a una mujer que no era ni de la misma especie, conteniéndose sólo
porque Jacob le había enfrentado, alejándolo de la confiada criatura.
Así que no, nunca le iba a perdonar. Y hasta este momento, nunca había llorado por la herida
que le había hecho.
Gideon la observó con atención, sabiendo que estaba alterada, incapaz de averiguar cómo
actuar. En absoluto era un experto en manejar las sensibles emociones femeninas. Después de todo
no era un Demon de la Mente. Era consciente que había manejado mal la situación inicial, pero
estaba perdido en descubrir cómo reparar el daño. Así que mantuvo la esperanza de que con el
tiempo, desaparecería y todo volvería a su cauce. Fue un error pensar eso, y al afrontarlo en ese
momento, se sintió casi tan dolido como por los actos que había cometido arrogantemente durante
la guerra Druida. Había cometido errores lamentables entonces, y evidentemente ahora también.
Uno podría pensar que mil años proporcionarían suficiente información como para no cometer
tales errores, pero aparentemente no era así.
Gideon se aproximó, y Legna pudo sentir el calor de su cuerpo contra la espalda. Siempre la
sorprendía que el Antiguo Demon pareciera emanar calor casi igual que un humano, considerando
que la temperatura de un Demon normalmente era cinco grados menor que la de los mortales.
Sintió la intensidad claramente, pero esto sólo sirvió para desconcertarla más.
—Quiero que te vayas —dijo con firmeza, sin apartar la vista de la creatividad del jardín por
fuera de la ventana. El amanecer había llegado, tiñendo el cielo de rosa y naranja, colores suaves
que se reflejaban en las hojas brillantes de cada árbol a la vista. Ya debería haberse acostado,
acomodándose para el día, relajándose y navegando hacia los sueños que nada tenían que ver con
dolor y humillantes lágrimas.
—No me iré, Magdelegna.
Legna se estremeció interiormente, deseando que dejara de usar su nombre completo como
lo hacía. Le recordaba claramente el persuasivo tono que había usado para atraerla hacía tantos
años.
—Bien —dijo amargamente— siéntete libre de quedarte.
Levantó la mano, moviéndola con el habitual giro que la ayudó a enfocarse hacia su propio
objetivo. Antes que pudiera comenzar la teletransportación, el médico ya había aferrado su
muñeca, ciñéndola firmemente con su agarre. Legna observó airadamente los elegantes dedos que
rodeaban la mano y finalmente giró para hacer frente al dueño de la extremidad infractora.
—Como siempre, estás determinado a salirte con la tuya en contra de mis sentimientos,
Gideon —acusó ella mordazmente.— Eres cruel e insensible. No tienes ninguna razón para
detenerme, y no tengo ningún deseo de estar contigo. Apártate —amenazó con frialdad— o
llamaré a mi hermano y a los Ejecutores para que lo hagan por ti.
—Tus suposiciones son erróneas, Legna. Tengo una muy buena razón para detenerte.— El
Antiguo relajó un poco el agarre de su muñeca, permitiendo que las manos cayeran entre ellos,
pero aún unidas. Sin embargo, Legna sabía que le llevaría sólo un instante volver a apretarla si
pensara en soltarse.— Motivos, sospecho, que no te gustaría divulgar con otros, incluidos tus
amigos los Ejecutores.
—Estás diciendo tonterías —resopló Legna.— No tengo nada que esconder.
—¿Ah no?
Una ceja plateada se arqueó en advertencia, apenas dándole tiempo a Legna para retroceder,
intentando apartarse tan lejos como podía, al marco de la ventana de piedra. El Demon imitó el
movimiento con facilidad, el cuerpo a menos de un susurro de tocar el suyo.
—Legna—Murmuró suavemente en el oído, su aliento recorriendo el cuello, provocándole
un escalofrío.— Puedo ver lo que tratas de escondernos. Veo el poder dentro de ti que deseas no
tener. Veo cosas que probablemente ni siquiera sabes sobre ti. Has cambiado mucho en esta corta
década, y sin embargo, decides actuar por debajo de tus posibilidades. Quizás —murmuró con
suavidad, una mano olvidada apartó gentilmente el cabello de la oreja que estaba hechizando— a
tu hermano le gustaría saber por qué su hermana se comporta de esta manera. Sé que soy bastante
curioso.
—¿Alguna vez he mencionado lo mucho que te desprecio? —Siseó Legna, tratando de no
sentir los peculiares remolinos de calor en su cuerpo, que respondía a la estimulación del toque
contra su piel.— Si deseas sacar información, contrata un detective.
—Siempre he preferido obtener la información directamente de la mejor fuente —le contestó,
los ojos viajando a través de su cuerpo una vez más. La enfurecía siempre que hacía eso. Sabía que
no era más que una evaluación, una exploración médica, y que la medía igual que un médico, de
manera puramente biológica, pero el peso de mercurio de esa mirada siempre le producía
molestos sentimientos y localizados en lugares muy femeninos.
—Si contesto tus preguntas —cedió al fin, apartando todos los temores, así como el fervoroso
deseo, que ardía salvajemente dentro de su conciencia, de alejarle— ¿me dejarás en paz?
—Me temo que eso depende de las respuestas, Legna.
—¿Pero mantendrás la confidencialidad?—Insistió, sus ojos oscuros con sospecha.
—Pensé que ya habíamos discutido mi fijación por la ética.
—¡Nunca me contestas directamente! —le espetó.— Hablas en acertijos, así luego puedes
tomar un hecho y adecuar las palabras para que se ajusten a tus necesidades. Estás obligado a la
ética médica, Gideon, pero sé que estás ligado también a la ética del Consejo. Si surgiera un
conflicto, es la ética del Consejo la que respetarás sobre las demás.
—Legna —dijo calmadamente, la voz profunda, e incluso, pesada, con una misteriosa
seriedad que la hacía inamovible.— Mi principal preocupación es, y siempre ha sido, la salud de
aquellos a los que sirvo. No importa quienes sean, no importa lo que tarde en alcanzar la meta de
la cura. -Colocó un dedo debajo de su barbilla y la levantó para enlazar las miradas—Si se necesita
una clara promesa de que respetaré tu confidencialidad, sin importar qué, entonces la tienes. Nada
de lo que me digas saldrá de aquí.
—¿Ni siquiera a Noah? —Le desafió.
—Mírame, Legna. Mírame con todo tu poder y verás que no hay mentiras ni engaños. No
hablaré sobre ti con nadie. Ni con Noah, ni con Jacob, ni con nadie más. No sin tu permiso. Te lo
juro, Legna. No hablaré de esto con nadie más, así como no hablé con nadie sobre esa noche entre
nosotros. —Lentamente recorrió su expresión de sorpresa.— Independientemente de lo que
pienses de mí —continuó— nunca, en toda mi vasta vida, he roto mi palabra.
Le creyó. No sólo porque permitió que lo examinara, invitándola a buscar cualquier motivo
escondido, sino porque había algo convincente en el honesto interés por su bienestar, que
revoloteaba detrás de los ojos de plata. Había verdadera preocupación en la caricia ausente de sus
dedos contra la mandíbula. Su promesa era la más pura de las verdades.
Legna miró lejos de la obstinada y penetrante mirada, sintiéndose de pronto exhausta,
probablemente agotada por haber estado tantos días sin descansar.
—Muy bien —accedió al fin.
Satisfecho por el momento, Gideon la soltó, distanciándose y dándole espacio para relajarse y
respirar.
—Me siento obligado a advertirte que soy una criatura de tendencias directas —dijo
tranquilamente.— Te he escuchado explicarle mucho a Isabella, pero dados los antecedentes de tu
temperamento conmigo, creo que debo recordártelo para evitar que después lo tomes como una
nueva ofensa.
—Por favor —rió un poco, poniendo los ojos en blanco— no creo que las cosas puedan
ponerse peor.
Gideon no estuvo de acuerdo con eso, pero lo tomó como un indicio de que le entendía.
—He notado que estás tratando de esconder el nivel verdadero de tus habilidades —dijo—
¿Por qué?
—Porque… —Legna se mordió el labio inferior por un ansioso momento.— Creo que para un
Demon de la Mente es anormal tener habilidades tan avanzadas. Estoy a unos cincuenta años de
convertirme, incluso, en una Mayor elemental, e incluso, he notado que algunos de mis poderes
parecen haber avanzado por sí mismos. —Distraídamente recogió la pesada capa de su cabello
entre las manos. -No deseé llamar la atención o atraer el interés sobre mí.
—Entonces, ¿no me equivoco al asumir que puedes teletransportarte sin dejar un rastro de
humo y azufre detrás, como lo hacen los Mayores dotados?
—Si. ¿Cómo lo sabes?
—Porque está claro que tienes que concentrarte mucho para dejar esos rastros de residuo con
los cuales estás ocultando tus desarrolladas habilidades. He notado que te está costando
teletransportarte unos segundos más cuando, anteriormente, tu velocidad se había incrementado.
Esto me indicaba que estabas dándote tiempo para pensar lo que hacías. Además, no hay ninguna
explicación para haber sido capaz de detenerte ahora. Puedo ser rápido y fuerte, Legna, pero hace
tiempo que dejaste de ser distraída. El movimiento de tu muñeca es más corto de lo habitual y,
creo, un recordatorio para dar ese último paso de añadir el camuflaje antes de teletransportarte.
También debería mencionar que te vi hacerlo una vez en una situación de emergencia donde
olvidaste completamente añadir… el humo y los espejos.
Legna se ruborizó y bajó la mirada a la alfombra, deslizando consternada la zapatilla en una
zona raída de ella. Había creído que estaba siendo cuidadosa, y le molestó saber que había sido tan
transparente para Gideon.
—Entonces, ¿esto me hace una especie de mutante?
—Es muy pronto para hacer un diagnóstico con tanta exactitud —le regañó, tomando su
mano para dirigirla al centro de la habitación.— Necesito hacer una extensa exploración, Legna, y
para ello necesito tu completa colaboración.
Legna suspiró con impaciencia, las manos descansaban en las caderas en una señal de
antipatía, que claramente había adoptado de la Druida Isabella.
—Dije que lo haría, ¿no?
—No hay necesidad de tus sarcásticas respuestas, Magdelegna. Advierto a todos antes de
empezar un examen de esta naturaleza porque es muy íntimo. Debo tocarte, por ejemplo. Es muy
similar a un toque mental, pero lo hago tanto físicamente como con mi poder. Debo proyectar mi
ser astral dentro de ti, si es necesario. No tendrás ningún secreto para mí, físicamente, en ese
punto.
Legna tragó, el corazón palpitaba con ansiedad ante la idea de permitirse ser tan vulnerable
ante él. Pero ya estaba cansada de todo lo que había estado haciendo y del miedo inquietante que
la recorría después.
—Bueno, mientras no presiones lugares que no debas —contestó.
Gideon arqueó una ceja plateada, haciendo que Legna se diera cuenta de la forma en que
podía interpretarse lo que había dicho. Una vez más, su bronceada piel se sonrojó en un intenso
matiz rosa.
—Sabes lo que quiero decir —añadió, incapaz de mirarlo por alguna ridícula razón.—
Mantente alejado de mi mente. Sé que eres lo suficientemente poderoso para decodificar mis
sinapsis cerebrales.
—Eso es algo que raramente hago, ya que requiere mucho esfuerzo y puede ser doloroso
para mí. Por otra parte, la intrusión de mi poder en esos mapas pueden afectar los patrones de
memoria.
—Eso es lo que quiero decir exactamente.
No le contestó. En vez de eso, empezó a caminar en círculos a su alrededor, los ojos
evaluaron cada centímetro de su cuerpo. Gideon notó de inmediato que Legna tenía últimamente
la tendencia de acelerar la respiración. Era consciente del entrenamiento por el que ese tipo de
Demon pasaba y, aún más personalmente, consciente que Legna siempre había estado orgullosa de
su nivel de naturaleza tranquilo, tan similar al suyo propio, con la metódica prudencia antes de
decir o hacer algo. Era corriente que las empáticas y los telépatas de su raza mostraran una cara de
profunda calma y serenidad. Sin embargo, últimamente Gideon había encontrado que parecía más
emocional o, al menos, se permitía mostrar las emociones de maneras que no había utilizado desde
que se convirtió en adulta. La razón que lo había obligado, de hecho, era justo la que acaban de
discutir. ¿Por qué ahora, de repente, lo dejaba ser consciente de su orgullo herido desde aquella
noche entre ellos? Oh, sabía que su comportamiento irreflexivo probablemente provocaba
emociones contradictorias, pero Legna nunca las habría mostrado.
Se movió hasta su espalda y se acercó un paso. Era consciente de como cerraba los ojos y
trataba de regular su respiración, regularizando el caprichoso latido con una elegida técnica de
meditación. El cambio que se produjo a través de su fisiología fue rápido y notable. Tenía un
impresionante control, tanto consciente como inconscientemente, otra clara indicación de que sus
habilidades habían aumentado más hacia las habilidades de un Mayor que las de un adulto.
Gideon recogió su cabello, dejando caer la sedosa manta sobre el hombro. Entonces colocó la
mano en el dorso del cuello, rodeando la cálida y esbelta columna, mientras se acercaba un poco
más. Cerró los ojos, no era algo necesario pero lo ayudó a enfocarse. Inmediatamente empezó a
extender sus habilidades sensoriales en ella, comenzando por deslizarse a lo largo de la espina
dorsal y luego difundiéndose a través de todo el sistema nervioso.
Sintió la eléctrica respuesta centelleando por su cuerpo y la evaluó, encontrándola súper
estresada e hiperconsciente del entorno en ese momento, pero era comprensible teniendo en
cuenta su ansiedad por el examen en sí. Examinó más profundamente en sus nervios y sinapsis,
midiendo las sustancias químicas que controlaban el dolor, los reflejos y la conducción.
Irreflexivamente, tocó con la frente la parte de atrás de su cabeza, su profundo aliento recorrió el
cuello y hombros. Sintió su estremecimiento, pero desde adentro hacia afuera, y la respuesta
resultante lo recorrió hasta dentro de su propio cuerpo, forzándolo a imitar la reacción.
Impresionado, Gideon abrió los ojos. Aquel tipo de respuesta no le había ocurrido desde sus años
de adulto. Había aprendido hacía mucho tiempo a prevenir el verse afectado por los impulsos
nerviosos de los pacientes que estaba examinando. Las cejas bajaron con perplejidad, pero regresó
a su tarea, fundiéndose una vez más en el sistema nervioso, alcanzando esta vez niveles celulares.
Examinó un conjunto de estructuras nerviosas a la vez, recogiendo de ellas desde una dendrita
hasta el ADN. Al mismo tiempo, las manos se movieron hasta los hombros, ahuecándose en ellos,
curvándose alrededor de los brazos.
Extendió los dedos mientras alcanzaba la clavícula, integrándose en las estructuras y
funciones de los pulmones y corazón. Sintió el palpitar del corazón que aleteaba agitado casi con
incertidumbre, para luego comenzar un viaje hacia un ritmo acelerado que no era, ni de cerca, el de
un momento antes. Una vez más, Gideon sintió un reflujo de entrada sensorial, de repente su
propio corazón se aceleró para coincidir con el de ella en una perfecta unión. El médico inhaló
entrecortadamente, resistiendo la urgencia de alejarse, de cerrarse ante esas anormalidades. No era
nada demasiado dramático, en realidad. Nada que pudiera ser considerado peligroso. Era
simplemente una anomalía peculiar. Pero la anomalía continuó afectándolo de otras maneras. Su
aliento se aceleró una vez más, al igual que el de él. Su calor corporal sobrepasó lo común,
enviando cálidos remolinos que se dispersaron a través de los tejidos.
Gideon se separó súbitamente, todas las reacciones le estaban distrayendo tanto, que se vio
obligado a tomarse un momento para recuperar el enfoque y concentración. Echó un vistazo abajo,
a las manos, para darse cuenta que le temblaban.
—¿Algo va mal?
Sus ojos ascendieron. Ella giró y lo enfrentó. Su piel estaba sonrojada, un hermoso rosado
coral que podría haber sido parte del amanecer que acababa de aparecer a través de la ventana. Era
un extraordinario trabajo de belleza femenina. Siempre lo había creído así, pero en ese momento,
había más, una profundidad de la que no había estado consciente antes. Era una especie de
atracción magnética, una que parecía cantar dentro de él, sintiéndolo como un zumbido que
vibraba sobre los nervios, aumentando su ya aguda consciencia de ella.
—No —respondió distraído a la pregunta.— No lo sé —se corrigió, alejándose un paso.
—Gideon, me estás preocupando —dijo en un tono suave, casi sin aliento.
—No es… intencional. Te lo aseguro. Todo parece estar bien hasta el momento. Justo estaba
empezando el examen intensivo.
—Entonces, ¿Por qué te detuviste?
¿Por qué en realidad? Difícilmente podía explicárselo, porque ni él mismo lo entendía. Pero
era un Antiguo miembro de esta poderosa raza, el único en su clase. Ciertamente podía engañar o
evitar estas pequeñas anomalías hasta que llegara el momento de incluirlas en su análisis final.
Estaba más convencido que nunca que a Legna le sucedía algo más de lo que se veía a simple vista.
La solución, sin embargo, no sería tan fácil de discernir como había pensado originalmente.
—Necesitaba un momento para reenfocarme —explicó al final.—Ya estoy listo para
continuar.
—Está bien —dijo cuidadosamente, sonando como si no estuviera completamente
convencida con la explicación. Sin embargo, obedientemente empezó a darse la vuelta.
—No. —La detuvo, una mano en su hombro.— Continúa de frente.
Obedeció, apartando el cabello hacia atrás, así él no tendría que hacerlo. Esta vez no cerró los
ojos, sino que lo miró atentamente. Él flexionó los dedos de ambas manos y entonces se acercó. En
esta ocasión, el blanco fue su cintura. Las palmas se deslizaron por la seda del vestido, curvándose
alrededor de las caderas. Legna no era delgada en ningún sentido humano de la palabra. Era una
orgullosa exhibición de grandeza, elegante altura y curvas extremadamente femeninas. Estaba en
forma, lo suficientemente musculosa para ser lo bastante fuerte, pero aún así, esculpida de manera
femenina. Los humanos que conocían socialmente a mujeres Demon, no se daban cuenta que eran
de una especie diferente, y a menudo se referían a ellas como diosas o Amazonas. Gideon fue
capaz de entender el porqué con bastante facilidad. Legna ensombrecería a cualquier hembra de
cualquier raza.
Se encontró permitiéndose distraerse y sacudió la cabeza un poco para concentrarse. Fijó la
mirada en el camino que sus manos estaban siguiendo, desde las caderas con las distintivas curvas
de la cintura, hasta extenderse por el abdomen. Instantáneamente visualizó los órganos internos.
Los examinó a fondo, encontrando una anatomía tan limpia y saludable como cualquier Demon
joven. Aparentemente, aunque sus habilidades habían envejecido antes de tiempo, su cuerpo no.
Había una inusual condición que golpeaba a los Demons ocasionalmente, causándoles que
envejecieran más rápido de lo que deberían. Gideon estaba agradecido de que ese no fuera el caso
de Legna. Era una de las pocas enfermedades que podían matar a un Demon. Los médicos no
habían sido capaces de encontrar la causa, por lo que todavía no habían dado con una solución.
Afortunadamente, no se había presentado un caso en 103 años.
Deslizó las manos de regreso por el camino que había recorrido, acercándose para extender
los dedos y palmas sobre sus caderas. Legna jadeó suavemente, su cuerpo saltando de improviso.
Instintivamente, Gideon la sostuvo con firmeza, no queriendo romper la conexión que estaba
creando.
—Quédate quieta —murmuró.
—Perdóname… —dijo, la inquietud de su voz no fue captada por él.
Gideon fue rápido reconociendo la estructura muscular y luego sondeando gentilmente las
complejidades de su sistema reproductivo. Legna gritó otra vez, las manos golpeando su pecho y
agarrando a puñados su camisa, el cuerpo entero temblaba desde la cabeza a los pies. Esta vez,
Gideon mantuvo su completa atención en su reacción. Miró los grandes ojos, observando la
dilatación de las pupilas. Su boca formó un suave y silencioso círculo de sorpresa.
—¿Qué estás haciendo? —Le preguntó ella, el aliento saliendo entrecortado.
—Nada —insistió, la expresión reflejaba sus desconcertados pensamientos.— Simplemente
continuando el examen. ¿Qué estás sintiendo?
Legna no pudo expresar la sensación con palabras. Su cuerpo entero se sentía como si se
estuviera fundiendo con fuego líquido, como magma filtrándose a través de ella, focalizado en la
mano que él acababa de extender en su bajo vientre. Así que, siendo la empática que era, lo
describió de la única manera que pudo con eficiencia y efectividad. Envió las sensaciones hacia él,
profundamente, con firmeza, sin preparación o permiso, exactamente de la misma forma en que lo
había recibido.
En un instante Gideon pasó de estar controlando un examen neutral, a un punto
termonuclear de excitación interna que literalmente le quitó el aliento. Su mano flexionada en el
vientre, se incrustó como un puño en la seda del vestido.
—¡Legna! —Gritó roncamente.— ¿Qué estás haciendo?
Legna ni siquiera era consciente de él, entrecerró los ojos y echó hacia atrás la cabeza
mientras trataba de conseguir oxígeno. Sus ojos se deslizaron sobre ella y vio el rubor y la rigidez
del erógeno calor que se erigía con increíble rapidez bajo su piel. Y al erigirse en ella, se erigía en
él. Había creado un lazo entre ellos, un ciclo cerrado que no empezaba ni terminaba en ninguna
parte. Todo lo que hacía era vaciarse a través de ellos una y otra vez.
—Detente —le ordenó, la voz ruda y desesperada mientras trataba de aclarar la mente y
controlar los impulsos que le sobrecogían. —¡Legna, detén esto!
Legna alzó la cabeza, los ojos centelleaban abiertos y ascendieron hasta mirarle fijamente a
través de las pestañas con una ardiente y depredadora mirada de gata.
De gata en celo.
CAPÍTULO 4
Gideon estaba clavado en el lugar, la hechicera mirada depredadora de esos ojos lo paralizó
más que de lo que sus manos lo hicieron en ese momento. Repentinamente, los pasados nueve
años desde aquella noche de Samhain se evaporaron. Gideon recordó todo lo que había sentido
cuando accidentalmente se tropezaron en esa particular luna llena, los mismos recuerdos y
sentimientos que se había rehusado a analizar desde entonces. Soledad, dolor y un hambre brutal
más allá del alcance de toda definición. Había sido asaltado sin tregua por todos ellos. Se habían
ido retorciendo dentro de él, de mal en peor, año tras año, amenazando su cordura. Lo habían
hecho enfadar, sintiéndose de alguna manera débil y engañado. Había pasado un milenio
aprendiendo cómo controlar todo a su alrededor. Era el Demon más poderoso de la historia.
¿Cómo podía este insignificante y primitivo sentimiento estar afectándolo como si fuera alguna
clase de renacuajo cósmico dando vueltas enloquecido dentro de una charca primordial?
Aquella vez Legna había aparecido frente a él súbitamente, igual que lo estaba ahora, y todo
había cambiado. Todo giraba en torno al calor, necesidad y deseo por una bella y prohibida joven,
a quien siempre había admirado sobre los demás. Y no sólo eso, sino que le había mirado, también,
con la misma intensidad felina que ahora. Era tan seductora, tan poderosa, y tan claramente
decidida. Su voluntad era algo formidable, pero no se había dado cuenta de cuánto, hasta que ella
se había vuelto hacía él.
Y ahora, de nuevo se estaba abrasando por dentro, los ojos intencionados, ardiendo en un
hermoso color verde mientras lentamente, cautelosamente, lo evaluaba como macho. Esa
deliberada observación envió llamas que lamieron su piel. La excitación, diez veces más poderosa
que la que le había inspirado esa Sagrada Luna, rugía en su interior. Habían pasado siglos desde
que había mostrado un interés real por alguien del sexo opuesto. Con una vida tan larga como la
suya, se tendía a trascender las necesidades físicas del cuerpo, ya fuera por fines más intelectuales,
o porque, sin importar la variedad de compañeros, nada nuevo podía venir de la experiencia y la
sensación fijada.
Al menos, eso era lo que había pensado esa noche cuando se perdió en los salvajes ojos de
Legna. Había culpado a la luna, reafirmando más tarde esa debilidad, cuando se encontró
acechando los pasillos de la casa de Noah más a menudo de lo que podía explicar, siempre
observando como Legna flotaba de un cuarto a otro, aparentemente ajena a él, sin permanecer en
su presencia por más de un minuto.
Había luchado contra sí mismo todo el año, y como Samhain había surgido peligrosamente
ante él una vez más, deliberadamente se retiró de su influencia. De alguna manera, sabía que sería
una gran tentación intentar resistirla, y no quería encontrarse imponiéndole su voluntad en medio
de un ataque de apasionada locura.
Pensó que la distancia lo salvaría. Pero en cambio lo había destruido, dejándolo vulnerable
para cualquier hembra que capturase su leve atención. Y por desgracia, esa hembra había sido
humana. Una simple y frágil humana que nunca hubiera sobrevivido a la naturaleza del
acoplamiento Demon.
No había descripción para la mortificación que siguió después de haber sido capturado
tratando de atentar contra la más sagrada de sus leyes. La única vía soportable fue encerrarse en
un profundo aislamiento, exilándose de todos y de todo, eso es lo que había hecho en los ocho
años anteriores.
Irónicamente, Gideon había reaparecido el pasado Samhain, cuando Legna le había
requerido con una llamada, atrayéndolo a su causa con un pensamiento. Fue para ayudar a Jacob
gravemente herido, el mismo Demon Ejecutor que lo había castigado, y con razón. Gideon había
creído que si podía actuar normalmente y con control entre su gente, como lo había hecho en ese
volátil momento, entonces su lucha contra la locura podría terminar. Había creído seguro volver a
la establecida vida Demon, su lucha interna vencida, derrotada.
Qué equivocado había estado.
Ahora sabía que, después de todo, no había aprendido a resistir la atracción por Legna.
Nunca lo haría. No mientras Magdelegna tuviera esos ojos hechiceros, y la voluntad de una
brillante y astuta cazadora ardiendo tras ellos.
Gideon observó detenidamente esa avariciosa mirada, sintiendo su intención a un nivel
primitivo, la parte de él que había nacido de sus instintos al principio de todos los tiempos, cuando
lo machos de su clase habían comenzado a existir. Como muchos machos de su especie, su tarea
era atraer a la hembra, pero ella debía escogerle si, y sólo si, la satisficiera más que ninguno.
Entonces, se dio cuenta que inconscientemente, el examen había tomado la forma ritual de un baile
de acoplamiento, provocando una acción y reacción entre ellos que nunca hubieran esperado.
Ella inclinó la cabeza despacio mientras los ojos de mercurio se clavaban en su rostro, el
cabello caía a través de la espalda y hombros, rizándose sobre la cadera y muslo como algo con
vida propia. Acarició la mano que él aún mantenía en su vientre, alejándola del cuerpo y soltando
un bajo y desafiante sonido que estalló en su garganta. Los labios arqueados en una sonrisa erótica,
la lengua deslizándose, humedeciéndolos despacio, mientras lentamente daba un paso a su
derecha. El movimiento era poesía seductora, ondulando a lo largo de la flexible figura como una
ola.
—Tú provocaste esto —le acusó suavemente.
Gideon se dio cuenta que era cierto. Habían estado innegablemente atraídos el uno por el
otro durante mucho tiempo, las mentes, actitudes y orgullo, obstáculos que les habían impedido
explorarlo. Pero cuando había entrado en su cuerpo con su poder, inconscientemente, había puesto
en movimiento una cadena de acontecimientos, saltando las barreras mentales que habían creado
el uno contra el otro, fundiéndolos en cambio, en un nivel puramente biológico. Entonces ella le
había devuelto ese poder, completando el ciclo, encerrándolos a ambos en un lazo arrollador.
—Puede que lo haya empezado, pero tú lo has mantenido, Magdelegna —le contestó,
observándola dar un paso y luego otro, lentamente, a su alrededor. Gideon se mantuvo quieto,
algo muy difícil de conseguir, considerando que su ser entero estaba plenamente consciente y
excitado. Aún así, nunca apartó los ojos de ella.
Ella parecía estar analizando sus palabras, mientras los ojos recorrían su cuerpo. Gideon
nunca había sentido en toda su vida tal primitiva sensación. Ese poder nubló cualquier impulso
sexual que hubiera sentido en todos sus años.
Ella era extraordinaria.
Un ser de suprema belleza.
Legna se acercó al hombre que estaba de pie en el centro de su habitación, tan consciente de
cada nervio de su increíble cuerpo excitado, que se preguntaba cómo no gritaba por la tensión.
Aún estaba tan conectada con Gideon, tanto mentalmente como a través del poder de ambos, que
su comprensión, sentimientos y consciencia se habían hecho parte de ella. Sabía qué era lo que les
estaba pasando, pero no tenía miedo. Se tensó con ese ancestral poder, sintiéndolo removerse en su
interior como una descarga eléctrica de alto voltaje, encerrada en un bucle de retroalimentación
continuo. Era divino. Era mortal.
No se preocupó, porque sabía, sin lugar a dudas, que él estaba bajo su hechizo tanto como
ella estaba bajo el de él. Cada uno tenía un carácter dominante innato. Gideon estaba familiarizado
con el suyo y Legna acababa de descubrirlo.
Legna sonrió, el rostro trasformándose en una imagen de hermoso pecado.
—Me despreciaste —le recordó, acercándose lo suficiente para tocar los bíceps, el músculo
bajo la suave seda de la camisa se endureció como respuesta. Las yemas de los dedos se deslizaron
sobre el hombro, pasando de un toque fantasmal a otro más audaz cuando cruzó el ancho de la
espalda y luego siguió a lo largo de la columna. La palma de la mano se curvó sobre su trasero
brevemente, antes de alejarse de los músculos fuertemente tensionados.
—Lo sé —dijo roncamente, los ojos ardiendo como la luz de las estrellas mientras la miraba
girar para enfrentarle—. Fui un tonto. Culpable de aquella arrogancia de la que me acusaste.
Le gustó escuchar eso. El sentimiento se reflejó en su expresión cuando se acercó, tanto que
casi se tocaban, pecho con pecho. Él bajó la mirada hacia sus labios, la atractiva forma le dejó
sediento por su sabor. Recordó lo exótico que era, recordó cómo había fluido sobre sus papilas
como miel cultivada. Pero ella había dejado muy claro quien mandaba en ese momento, así que, no
hizo ningún movimiento impulsivo para satisfacer sus deseos.
Legna sintió su necesidad y el modo en que se mantuvo quieto, esperando a que ella dictara
el camino y el ritmo. Esto la complació, e hizo que su interés por él alcanzara cotas incalculables.
Su estado de excitación estaba al límite, su fragancia la cubría como aroma de una lluvia exótica.
Cerró los ojos, tomando una profunda y lenta aspiración, llenándose los pulmones. Gideon gimió
bajo su aliento, sintiendo la excitación regresar como si la estuviera proyectando sobre él. Sus
manos se convirtieron en puños a los costados mientras reprimía el impulso de agarrarla. Ella
abrió los ojos y se quedó impresionado con la vívida plata en la que se habían convertido, un
asombroso reflejo de los suyos. No pudo explicar coherentemente esto. Estaba demasiado envuelto
en su baile de seducción, como para siquiera intentarlo.
Legna levantó las manos hasta su pecho, deslizando dos dedos por la línea de cordones
entrecruzados que mantenían su camisa cerrada, soltándolos con un rápido y sutil toque. Él no se
dio cuenta de su avance hasta el momento que sintió ambas manos moviéndose a través de la tela
abierta, acariciando los atléticos contornos de los músculos por debajo, convirtiendo su piel en
llamas.
—Magdelegna —susurró—, nunca en toda mi vida he estado tan cerca de un ser tan hermoso
como tú.
El cumplido le complació, su conexión con él era tan firme que sabía a lo que se refería.
Gideon era un ser de verdades y hechos, siempre y cuando no estuviera demasiado cegado por sus
propias faltas de visión. Ahora que había admitido la verdad ante sí mismo, se ocuparía de que
ella tuviera siempre presente de cómo se sentía sobre esta verdad en particular.
—Conseguiste resistirme todos estos años —musitó.
—Fue un infierno en la Tierra —contestó con honestidad.
Ella se inclinó cerca, susurrando a su oído entre dientes.
—Cazaste a una hembra humana en lugar de venir a mí.
—Estaba tratando de protegerte —tomó un aliento profundo del aroma de especias silvestres
y, de nuevo, algo similar a un toque de almizcle—. La hembra humana no fue nada más que un
instante lamentable de locura. No quise usarte para mi satisfacción sexual en un momento de
humillante insensatez. Tu valor está por encima de un acto tan insensible, Legna. Habría
avergonzado a ambos si te hubiera usado de ese modo.
—Me avergonzaste en el momento en que me llamaste niña, Gideon —le contestó
bruscamente, las uñas clavándose en su piel en reflejo del dolor que le había causado.
—Las palabras de un cobarde —confesó con voz ronca—. Tenía tanto miedo de la falta de
control que me provocabas, Legna.
—¿Y todavía tienes miedo de lo que te provoco, Gideon?
—Sí —admitió— lo tengo —se acercó, los nudillos frotaron la elegante curva de su mejilla—.
Nunca sospeché que tal intensidad pudiera existir. Es asombroso vivir más de un milenio y darse
cuenta que aún hay algo que aprender… que aún hay cosas capaces de sorprenderte.
Ella sonrió con alegría ante ese comentario, los ojos cerrados mientras se deshacía por la
calidez y el afecto de su caricia. Gideon sintió deseo por ella de la cabeza a los pies, todo su cuerpo
y mente sentían como si contuviera una energía inmensa para flotar durante mucho tiempo.
—Dime ahora —murmuró—, qué elegirás. ¿Vas a abandonarme, Indirianna? —preguntó.
Su más preciado secreto, su nombre de poder derramándose sobre ella como si fuera una
caricia de mil dedos, introduciéndose profundamente hasta su ser más recóndito, provocando un
aturdido jadeo de placer de su esbelta garganta.
—Sabes mi nombre —dijo con asombro, conmocionada al darse cuenta que aquello no la
aterrorizaba como debería hacerlo.
Los nombres comunes por los que los Demon se conocían unos a otros eran simplemente
nombres de llamada, seleccionados por conveniencia y como un símbolo de respeto a aquellos que
figuraban en las historias de la Biblia Cristiana. Los nombres de poder eran una cuestión
completamente diferente. Una vez que alguien conocía el nombre de poder de un Demon, podía
ejercer cierta influencia sobre él. El nombre de poder de un Demon era un elemento esencial en la
Convocatoria. Con él, un nigromante podía forzar a un Demon cautivo a hacer lo que él o ella
deseasen. Esa era la razón por la que se mantenía como el secreto más escrupulosamente protegido
por cada uno de ellos, incluso, nadie lo compartía con su compañero por temor a que pudieran
herirles al obtener ese conocimiento.
—Di mi nombre —contestó, envolviendo con la mano la fascinante longitud de su cuello. En
esa ocasión le susurró al oído—. Dilo.
—No sé cuál es —contestó, exhalando precipitadamente a un ritmo inestable.
—Sí, lo sabes. Lo siento. Sólo tienes que buscar dentro de nosotros.
“Nosotros” era el término apropiado. En ese momento era casi imposible para ellos discernir
que pensamientos pertenecían al otro.
Gideon era el de más edad de todos ellos. No había nadie mayor, así que, seguramente,
cualquiera que alguna vez hubiera conocido su nombre de poder, no podría seguir con vida. Sus
padres estaban muertos. Su Siddah estaba muerto. Si Legna descubriera su nombre, las
consecuencias serían inaceptablemente graves. Estaría poniendo su propia existencia en sus
manos. Estaría localizando todo su poder en la yema de sus dedos, dotándola del poder para su
total sumisión. Legna trató de distanciarse de él, la conmoción por lo que le estaba ofreciendo era
demasiado grande para soportarla. Pero él se había asegurado de agarrarla con sus manos y así,
mantenerla entre ellas firmemente y cerca.
—No puedo —susurró, el cuerpo comenzó a temblarle—. Nadie debería saber eso. Nadie. No
soy lo suficientemente fuerte para guardarlo, Gideon. ¡Cualquier Demon de la Mente podría
conseguirlo de mí!
—Eres más fuerte de lo que crees, Neliss.
—Pero no lo suficiente. Por favor, no me pidas esto —se apartó, echándose hacia atrás,
usando el peso del cuerpo para tratar de liberarse. Él la sujetó por un largo momento, mirando
detenidamente la expresión de pánico.
—Algún día —dijo suavemente.
Abrió las manos y la dejó apartarse.
Ella tropezó hacia atrás por la repentina libertad. Una mano subió hasta su esternón,
presionándolo, como si tratara de limitar físicamente la dificultosa subida y bajada. Él se acercó
una vez más, elevándole la mirada con un persuasivo dedo bajo la barbilla.
—Ya has tomado tu decisión, ¿No es así?
No pretendió fingir que no le entendía. Una gran parte de él todavía se movía dentro de su
mente despierta. Comprendió que había un nombre para lo que acababa de suceder entre ambos.
Estaba Vinculado con ella ahora, para el resto de sus días, y ella con él. Aunque aún no habían
compartido ninguna intimidad física, cada uno había marcado su territorio sobre el otro. Legna
podía sentir los cambios en su interior. Su aroma estaba cambiando, para siempre, mezclándose
con el de él. Los pensamientos se llenaron con las imágenes de sus pensamientos. Su poder se
estaba convirtiendo en parte de ella.
—¿Alguna vez tuve elección? —Preguntó, su cuerpo temblaba por la sorpresa de su
comprensión.
—Sí. Sabes muy bien que la tuviste.
Tenía razón. No había querido admitirlo, pero la elección había sido suya, aunque la
naturaleza y el destino la habían preparado una situación irresistible, al haber despertado al
depredador femenino en ella, sacando sus más personales deseos en el proceso.
—Te he escogido a ti, Gideon —murmuró afirmativamente—. Y tú me has elegido a mí. Pero,
¿Cómo es eso posible?
—Es extraño, Legna, lo sé. Esto ocurre entre dos Demon quizá una vez cada par de siglos.
Pero puedes sentir lo real que es esto, ¿No es así? Está dentro de ti, así como está dentro de mí.
Hasta el final de los tiempos.
—Pero… Isabella y Jacob… Corrine y Kane. Pensé que la profecía decía que nuestros
compañeros debían ser encontrados entre los Druidas.
—Quizá porque siempre procuramos encontrar a nuestros compañeros entre los Druidas, y
en algún otro grupo, eso es raro entre dos Demons Vinculados. Pero no hay absolutos, Legna.
Durante siglos los Demons se han enamorado profundamente, aún sin la Vinculación. Sólo los más
afortunados han tenido esta experiencia. Estabas destinada para mí, ahora lo veo con total
claridad. Por qué no lo entendí antes, no lo sé.
Gideon comprendía ahora que él sabía la raíz del aparentemente extraño desarrollo de
Legna. En realidad, este intercambio había empezado hacía nueve años. Estas eran las partes que
había liberado dentro de ella en aquel breve y tórrido encuentro, que habían apresurado su
madurez. La había hecho más fuerte de lo que era, la química se había inundado de sus
particularidades. Por eso se había ajustado a sus funciones anatómicas durante el examen. Ya
había comenzado a convertirse en una parte de él, al igual que él había empezado a convertirse en
una parte de ella. Ambos habían estado demasiado perdidos en sus emociones para reconocerlo.
—Gideon, tengo miedo.
Su confesión no era del todo inesperada. Lo había sentido también. Por eso la había dejado
alejarse. Por eso iba a ignorar las sofocantes demandas de su cuerpo y darle tiempo para aceptarlo,
lejos de la fascinante necesidad física que compartían.
—Sé que lo tienes —dijo suavemente.
La suave caricia sobre su mejilla la ayudaba a concentrarse, a calmar sus violentas emociones.
—Eres tan poderoso, Gideon. Eres el Antiguo más reverenciado de toda la sociedad Demon,
pasada y presente. Cómo puedo… Tenías razón —dijo impulsivamente— Comparada contigo, soy
una niña. ¿Qué puedo ofrecerte para que esta Vinculación tenga sentido?
—Un linaje poderoso. Una fascinante y compleja inteligencia. Belleza intemporal —se inclinó
más cerca, la boca pendiendo a un suspiro de la suya— Una Vinculación no necesita tener sentido.
Es lo que es.
Gideon atrapó aquel suspiro, capturando su boca en lo que consideró como la primera vez
del para siempre. Fue instantáneamente intoxicado con el calor, la textura y la urgente pasión de
su beso. Ella lo aceptó sin ningún esfuerzo, sin ninguna reserva de su cuerpo, aún cuando su
mente le temía. El deseo por ella empezó a arder a través de su alma una vez más, como si de
hecho, en realidad no se hubiera detenido nunca. Compartió la sensación con ella, devorando su
jadeo asustado cuando los sentimientos la impactaron. Su boca tomó la de ella salvajemente, las
manos acunaron su cabeza mientras se balanceaba acercándose más a él, más y más
profundamente en el ardiente combate de sabores y lenguas. Ella era pura ambrosía, alimento de
los dioses, enviándole lanzas que deseaban clavarse en su cuerpo. ¿Control? Era el de ella y sólo el
de ella. De repente entendió cómo podría ser para aquellos que llegaban a compartir su poder. Lo
que estaba recibiendo era eléctrico y poderoso, como un beneficioso bálsamo que aliviaba su
autoimpuesta soledad.
Legna percibió tranquilos recuerdos fluyendo en sus pensamientos. Intuyó cuando Gideon se
dio cuenta de lo que su edad y su aislamiento le habían costado en soledad. Sufrió por él, tanto en
necesidad como en comprensión, mientras él se permitía sumergirse en su presencia, su toque, su
beso. Ella escuchó palabras de pasión, tan antiguas como era el tiempo, agitándose a través de su
mente. Su voz, incluso mentalmente, era tan rica y tan oscuramente seductora, como si navegara a
través de sus pensamientos, alentándola, calmándola, comentándola con detalles gráficos y
poéticos lo que su beso le estaba provocando.
Cuando finalmente se separó de ella, ambos tenían los ardientes ojos tan extraordinariamente
brillantes como escarcha, y jadeaban en confuso aliento, tratando de calmarse con respiraciones
que tardaban demasiado en llegar para cualquiera de ellos.
Pero Gideon se forzó a dar un paso atrás, aunque nunca rompió el intenso contacto visual.
—Tienes miedo —dijo con calmada rudeza—. Necesitas tiempo. Te lo daré de la mejor
manera que pueda, Neliss. Nelissuna. Mi hermosa —El romántico tratamiento hizo que la cabeza de
Legna girara con cientos de emociones, de ambos—. Pero —continuó, su tono claramente reacio—
Beltane se aproxima con rapidez, y no seré capaz de mantener ninguna apariencia de
caballerosidad en esa antigua noche. Ninguna pareja Vinculada puede resistir la tentación de la
poderosa noche de la fertilidad y el renacimiento.
—Lo sé. Recuerdo las historias —susurró, su corazón palpitaba tan rápido que debería
haberle explotado en el pecho—. Estoy agradecida por cualquier tiempo que me des, Gideon. Yo…
puedo sentir el dolor en el que estás en este momento de tu… tu necesidad.
—Es nuestro dolor combinado, Legna, así como es nuestra necesidad combinada. Sólo puedo
estar agradecido por que no sea el mes del Samhain. Hubiera sido una tortura insoportable. Y así
ha sido por casi una década.
Ella asintió, estirándose para tocar su hermosa cara, necesitándolo repentinamente, ahora que
era libre de hacerlo. Él cerró los ojos y cogió un profundo aliento para intentar aclararse. Se dio
cuenta que incluso un simple toque tenía una profunda influencia en él. La fascinó.
Entonces abrió los ojos, fuego blanco llameaba con vehemencia dentro de ellos.
—Envíame a casa, Legna —le ordenó, la voz ronca por la emoción reprimida.
Ella movió la cabeza afirmando, aún cuando se inclinó hacia él para aferrar su boca una vez
más en un breve, pero territorial beso. Los dientes mordieron su labio inferior mientras se
separaba. Era una herida leve, una que él podría curar en un parpadeo. Pero no borraría su marca,
ambos lo sabían.
Finalmente, retrocedió, cerró los ojos y se concentró en visualizar con la mente su hogar.
Había estado en la sala una docena de veces, acompañada siempre de Noah. La biblioteca, cocina,
incluso los jardines aislados eran bien conocidos por ella. Podría enviarlo a cualquiera de aquellas
locaciones.
Pero cuando comenzó a concentrarse, su mente se llenó de la imagen de una oscura y
elegante habitación en la que no había estado antes. Paredes de paneles de ébano tallados a mano
se elevaban hacia un amplio techo, enormes ventanas de intrincado cristal derramaban una luz
teñida sobre el cuarto, como si una infinidad de arco iris hubieran decidido quedarse. Todo giraba
en torno a una cama enorme, el color del cobertor indefinible bajo la manta de luz del sol del alba
que fluía en la habitación. Pudo sentir la calidez del sol, listo y esperando para envolver a
cualquier ocupante fatigado que descansara durmiendo en el calor de la silenciosa luz del sol. Era
una habitación hermosa, y supo sin ninguna duda que era el dormitorio de Gideon y, que él había
compartido la imagen con ella. Si lo enviaba ahí, sería la primera vez que tele transportaría a
alguien a un lugar que no había visto antes por sí misma. La capacidad de tomar imágenes de
lugares de las mentes de otros para propósitos de tele transportación era una avanzada habilidad
Mayor.
—Puedes hacerlo —la alentó con suavidad, todos los pensamientos y voluntad llenos a
rebosar de fe en aquella declaración.
Legna mantuvo la mirada por un largo momento y con un movimiento rápido de muñeca lo
envió a su habitación con un suave sonido de aire desplazado. Exhaló con asombro, sabiendo sin
dudar que había aparecido en su dormitorio, sano y salvo, al segundo siguiente. Legna giró para
observar su propia cama, preguntándose cómo sería capaz de dormir.
Nelissuna… ve a la cama. Te ayudaré a dormir.
La voz de Gideon la recorrió, entibiándola, confortándola de una manera que nunca pensó
que existiera. Esta era la conexión que Isabella y Jacob compartían. Durante el tiempo que ambos
vivieran, se enterarían de los secretos más íntimos del otro. Legna se dio cuenta que era muy
posible que él, al ser más poderoso, pudiera controlar partes de sí mismo, incluso probablemente
esconderlas y mantenerlas en privado, al menos hasta que aprendiera a manejar esa nueva
habilidad con mayor destreza. Después, sería una Demon de la Mente. Esto formaba parte de su
naturaleza innata para evaluar los mecanismos de las mentes complejas.
Se quitó las zapatillas y deslizó las mangas del vestido de los hombros de manera que se
escurrió en un suave susurro de tela. Cerró los ojos, evitando mirarse en el espejo o a ella misma,
muy consciente de que los ojos de Gideon estaban detrás de los suyos.
Su masculina risa vibró a través de ella, provocando un cosquilleo en su piel.
Así que eres a la vez tímida y audaz. Dijo con diversión mientras ella rápidamente se metía entre las
sábanas. Eres una fuente de contradicciones y sorpresas, Legna. Mi mundo ha comenzado de nuevo.
¿Cómo si vivir más de un milenio no fuera lo suficientemente largo? Preguntó.
Por el contrario, sin ti fue mucho, mucho tiempo. Ve a dormir, Nelissuna.
Y un momento después que recibiera ese pensamiento, se le cerraron los ojos con un peso al
que no pudo oponerse, aún si hubiera querido.
Su último pensamiento, mientras iba a la deriva, fue que debía buscar un hueco para decirle a
Isabella que podría haberse equivocado acerca de lo que significaba tener a otro con quien
compartir la mente.
Era bien entrada la noche, cuando Legna se despertó de la efectiva inducción de sueño de
Gideon. Estuvo de pie en la oscuridad de la habitación por mucho tiempo, apoyada contra el
alféizar de la ventana, dirigiendo el rostro hacia las luces nocturnas del cielo oscurecido.
De alguna manera, todo parecía increíblemente diferente. Aromas, sonidos, silencio. Todo se
sentía más tangible, más real. Era una sensación impresionante para alguien que había vivido toda
la vida analizando profundamente bajo la superficie de las cosas. Sentía el aire frío de la noche
recorrer su piel desnuda, la sensualidad de estar de pie desnuda ahí era una experiencia
estimulante. Con una sonrisa, se dirigió hacia su guardarropa para elegir algo que ponerse.
Legna siempre había tenido un particular cuidado en la forma en que vestía, su ropa y estilo
eran muy característicos, siempre femenina, siempre reflejando su gracia especial. Aún así, esa
mañana se vio obligada a mostrar más atención a su apariencia. No había que ser un genio para
imaginarse por qué, y no pudo más que reírse a carcajadas mientras giraba ante el espejo para ver
el movimiento de su pesada falda de satén. El vestido era largo, recogido sobre un hombro al estilo
de toga griega, y luego se enrollaba y caía en pliegues irregulares sobre su cintura, formando una
cola rubí satinado entretejida con hilos de plata que le recordaban a los ojos de Gideon.
Se sonrojó delicadamente mientras se contemplaba en el espejo, repentinamente consciente
una vez más de que él estaría detrás de sus ojos, viéndola tal y como ella hacía.
—Al menos podrías advertirme —dijo en voz alta, arqueando una ceja ante su reflejo.
¿Y privarme de esta parte de ti? No soñaría con ello.
Legna sonrió, acercándose al espejo.
Jadeó cuando se dio un vistazo más de cerca, elevó la mano hasta la mejilla sorprendida al
mirar sus ojos.
—¡Mis ojos! —exclamó.
Mis ojos. Contestó.
No podría haber expresado más claramente la verdad. Eran los iris de color mercurio los que
se habían convertido en parte de su reflejo, el multicolor verde grisáceo había desaparecido.
Suspiró con resignación, convenciéndose de que ya no había nada que pudiera hacer al respecto,
tendría que acostumbrarse.
—¿Supongo que no aparecerás por aquí con un mechón inesperado de cabello color café? —
preguntó esperanzada.
No cariño, no es probable.
—Bueno, esta es una situación muy injusta —gritó con excesiva arrogancia—.
Históricamente, un intercambio indicaba que una cosa se cambiaba por otra. Hasta ahora sólo te
veo en mí, pero no a mí en ti. Lo que resulta terriblemente despótico. Tan típico de ti.
No respondió, sólo una suave percepción de risa flotó a través de su mente. Extraño, pero
entonces se dio cuenta que difícilmente lo había escuchado reír antes. Estaba sorprendida por lo
reconfortante que sonaba. Siempre era tan serio, tan…
Sereno.
—Si no te importa, abstente de reproducir mis propios pensamientos —lo regañó, el tono con
burla y arrogancia.
Gideon contestó con silencio, y apareció una sonrisa triunfante en el espejo, echó la larga
trenza sobre el hombro y salió furtivamente de la habitación. Bajó rápidamente la escalera de
mármol blanco que la llevaba directamente al Gran Salón, la cola de su vestido era una ondeante y
brillante bandera detrás de ella. Voló los últimos escalones, casi atropellando a Noah en su prisa.
Su hermano la agarró de la cintura, balanceándola en un seguro equilibrio, para que no cayera
sobre él.
—¡Noah! —Saludó jadeando, estabilizándose con las manos sobre sus brazos— Lo siento, no
te vi.
—Eso está muy claro —bromeó en respuesta, saludándola besando la mejilla al mismo
tiempo que ella besaba la suya—. Parece que tienes prisa. Nos quedamos dormidos, ¿No?
—Yo… Supongo. Sí —Legna bajó los ojos mientras se soltaba, evitando mantener su mirada
acomodando la ya perfecta falda.
La cabeza de Noah se detuvo de repente, sus habilidades sensoriales chispearon como cuarzo
y acero a su alrededor.
—¿Qué pasa? —Preguntó Legna.
—Yo…—Dudó por un largo minuto— No estoy seguro. Tuve la extraña sensación de que
Gideon estaba aquí.
Legna no pudo evitarlo, tuvo que girar la cabeza para esconder el evidente rubor que mostró.
El movimiento llamó la atención a Noah, que entrecerró los ojos sobre su joven hermana.
—¿Legna? ¿Gideon está aquí?
—No que yo sepa. Acabo de despertarme, ¿Recuerdas? Me tengo que ir. —Legna voló tras
besarlo rápidamente y luego destelló fuera de su alcance, llegando a la entrada principal.
Sin embargo, Noah no se quedó atrás, extendiendo su perímetro. Legna se vió forzada a
reducir la marcha cuando un muro de calor, suficiente como para sentirlo como una quemadura de
sol, cayó sobre la puerta. Legna emitió un sonido de consternación, las manos descansaron en las
caderas mientras giraba para enfrentar a su hermano.
—Esta bien, ¿Qué es esto? ¿Arresto domiciliario?
—Si prefieres llamarlo así —señaló Noah distraídamente, aproximándose a su hermana para
observarla mejor— ¿Qué está pasando, Legna? Tengo una aguda sensación de que estoy fuera de
algún tipo de absurda idea en la que estás participando. Algo en lo que sin duda la problemática
esposa de mi Ejecutor te ha metido.
—¡Aguda sensación o no, hermano querido, vas a tener que hacer algo mucho mejor que esto
para mantenerme retenida y averiguarlo!
Y con un rápido movimiento de muñeca, se fue, el chasquido del cambio de presión en el aire
hizo que las fosas nasales de Noah dolieran. Hizo eso a propósito, pensó para sí mismo, su voz
interna sonó tan herida como se sentía mientras se frotaba el puente de la nariz. Quienquiera que
hubiera dicho que los Demon de Fuego eran los más poderosos de su clase era un idiota total.
Seguramente él era uno de los más destructivos de su hermandad, pero Legna lo podía todo yendo
y viniendo, y lo sabía. Nunca se había quedado quieta por nada que no quisiera. Podía viajar
donde quisiera instantáneamente. Y por encima de todo, podía decirle lo que sentía mucho antes
de que se lo pudiera decir él mismo. Y esas no eran más que sus habilidades innatas. Su
inteligencia y la facilidad empática cuando se trataba de descifrar psiques y sociedades la
encumbraban aún más.
—Es bueno que esté de nuestra parte, ¿Verdad?
Noah saltó, girando para confrontar al Demon que había aparecido a su espalda en absoluto
silencio y discreción.
—¡Jacob! Acabas de quitarme diez años de vida —siseó Noah.
—¿Sólo diez? Debo estar perdiendo mi toque —Jacob observaba a Noah desde el último
lugar donde Legna había estado de pie. Cabeceó en su antigua dirección—. ¿De qué se trataba todo
eso?
—No tengo ni idea, pero estoy empezando a pensar que soy el único que no sabe qué
demonios sucede en su propia condenada casa.
—Lamento oír eso, considerando que eres el Rey y todo eso —dijo Jacob, los labios se
estiraron con diversión cuando Noah lo miró airadamente—. Aunque, esa es sólo mi opinión.
Quizás preguntaré a mi problemática esposa sobre la suya.
Noah tuvo la gracia de estremecerse claramente.
—¿Escuchaste eso… hmm?
—Y por lo tanto…—Instigó Jacob.
—Ella lo escuchó también —concluyó Noah con cómico dolor—. Perdóname, Bella. Creo que
estoy de un humor asqueroso.
—Dice que te perdonará tan pronto como necesite una niñera.
—Sabes, creo que mejor sales de aquí y vas a ejecutar algunas de mis leyes antes que empiece
a pensar de cuántas maneras puedo hacer arder tu trasero —dijo el Rey maliciosamente, el brillo
de su mirada lo decía todo.
—Lo haría, pero necesito a Gideon. ¿Dónde está?
—¿Cómo podría saberlo? —Preguntó Noah gruñonamente, moviéndose hacia el fuego y
hundiéndose en la única cosa que no le daba problemas: su silla favorita.
Jacob siguió al Rey, con una perpleja mirada en la cara.
—Espera un minuto, Noah, ¿Estás diciendo que Gideon no está aquí? ¿No estuvo aquí?
—No. ¿Por qué tendría que estar? No hay reunión del Consejo hoy. Y a pesar de… —Noah se
detuvo, sosteniendo la mirada a Jacob— ¿Por qué pensaste que Gideon estaba aquí?
—Porque conozco su olor. Y su presencia es bastante distintiva, como sabes muy bien.
—Sí, lo sé —musitó Noah— Es curioso, pero podría jurar que sentí su energía hace unos
cinco segundos. Tal vez estaba cerca. Legna no mencionó que hubiera estado aquí cuando le
pregunté —Noah se recostó y se encogió— Cualquiera que sea la razón, probablemente no sea
importante.
Jacob murmuró un sonido de asentimiento, a pesar de no parecer muy convencido.
—Bueno, tengo que encontrarlo. Te vendré a ver más tarde.
—Jacob, ¿sucede algo malo? ¿Está bien Isabella?
—Probablemente. No se siente bien hoy. Debería ser algo habitual para una hembra humana,
pero desde que lo normal es que resista a las enfermedades comunes como nosotros, está nerviosa.
Pensé que Gideon podría aliviar su mente.
Noah se perdió la expresión de dolor que cruzó el rostro de su amigo, provocada por la
indignada respuesta que volaba a través de los pensamientos del Ejecutor. La contraparte
femenina de Jacob, tomó como ofensa hostil las quejas acerca de exactamente quién era el que
estaba nervioso y, quién había insistido en buscar a Gideon, porque ciertamente no había sido ella.
—Dile que espero que se recupere —dijo Noah, su afecto por Isabella quedaba claramente
patente en su tono—. Ten paciencia con ella, viejo amigo. Está abriendo nuevos caminos. Debe ser
bastante aterrador jugar a Eva para toda una raza.
—No te preocupes. Cuando se trata de mi Bella, haría lo que fuera por ocuparme de su
felicidad y eso incluye hacer que otros hagan lo que sea por su felicidad —dijo Jacob. Expresaba las
palabras, por supuesto, pero esperaba que alguien ayudara a calmar el desafiante orgullo de
alguien.
—Estoy seguro que a Gideon le va a encantar eso —rió Noah.
Jacob sonrió abiertamente, alterando la gravedad de modo que empezó a flotar por encima
del suelo.
—Si ves antes a Gideon, ¿Le dirás que vaya a ver a Bella?
—Por supuesto. Dile que empiece a comportarse como una verdadera Druida o yo… —Noah
fue cortado por un brusco movimiento de mano y una expresión de advertencia del Ejecutor. Llegó
un poco tarde, sin embargo, a juzgar por la expresión afligida de Jacob.
—Allí va tu invitación a nuestra boda —murmuró Jacob— Y creo que soy el siguiente.
—Podría creerlo, si no fuera porque soy el que lleva a cabo la ceremonia y, si no fuera porque
tú eres el padre de su, de otro modo, hijo ilegítimo —contestó Noah audiblemente, hablando
obviamente con la persona que estaba más allá de su percepción.
—¡Ow! ¡Maldición, Noah! —Se quejó Jacob, frotándose las sienes cuando el grito de Bella
hizo eco a través suyo— ¿Debo recordarte que soy quien debe volver a casa con ella?
—Lo siento, mi amigo —rió en silencio Noah, sin parecer para nada arrepentido—. Ahora
vete de aquí, Ejecutor. Encuentra a Gideon y atiende a tu hermosa y encantadora compañera.
Asegúrate de mencionar que dije que está fantástica y que el embarazo la hace brillar como una
preciosa joya.
—Noah, si no fueras mi Rey, te mataría por eso.
—Sí, bueno, como tu Rey podría hacerte arrestar por traición sólo por decir eso.
Afortunadamente para ti, Jacob, serías el hombre que te arreste y, la mujer que también tiene el
poder de hacerlo, seguro que te castigará mejor que yo cuando llegues a casa.
—Eres todo corazón, mi señor —dijo Jacob irónicamente.
—Gracias. Ahora vete, antes que empiece a explayarme en la irrespetuosidad que tu
habladora mujercita parece haber generado entre mis antiguos leales súbditos.
Jacob tenía una clara réplica para esto, pero sabiamente la contuvo detrás de esos ojos
brillantes. Un momento después, se convirtió en un torbellino de polvo, flotando hasta una
ventana alta del castillo y dejando a Noah solo.
CAPÍTULO 5
Bella se levantó de la cama en la que le habían ordenado permanecer, frotándose juntas las
manos con ansiedad cuando paseo en la alfombra. Bromas y mofas aparte, Jacob estaba intentando
estar muy cerca de sus pensamientos. Isabella habría mentido si hubiera dicho que no la
reconfortaba su presencia, aun cuando estaba actualmente sermoneándola sobre su persistente
incapacidad para obedecer sus órdenes. En este caso, permanecer sentada e intentar descansar.
—Es simplemente un dolor de cabeza y un poco de náusea, Jacob —dijo en voz alta al cuarto
vacío—. Yo no entiendo tu necesidad de molestar a Gideon.
—Más vale prevenir que lamentar, Bella. Y yo puedo decirte que necesitas dedicarte de lleno a
descansar. A pesar de tus contrarios reclamos.
—Bien, yo no sé que es lo que me pone más nerviosa, sintiéndome extraña o mirando tu reacción a mi
extraña sensación. Si esta es alguna clase de burbuja de gas o algo por el estilo. Gideon me masacrará.
Corrección, nos masacrará.
—Tú te sientes, como te sientes, amor. Eso está siempre permitido. Estaré fuera un rato. ¿Por favor
siéntate y descansa?
Isabella asintió con la cabeza, y aunque él no podía verla, consiguió la impresión de su
asentimiento. Lo liberó de la vanguardia de su mente, enroscándose en una esquina del sofá,
colocando su cabeza fatigadamente hasta que sus parpados empezaron a cerrarse.
En el preciso momento que empezaba a quedarse dormida, hubo un golpe a la puerta.
Legna apareció justo afuera de la casa de Jacob e Isabella, quedándose de pie delante de la
puerta. Bella no estaba esperándola hoy, de modo que tuvo la cortesía de llamar. Ella reflejó la
situación y sus bien educadas acciones de regreso a su espectral varón a través de su mente. Quizá
ahora él aprendería algo sobre el protocolo humano.
—Yo no contaría con eso, Nelissuna.
—¿Te importa? Me gustaría por lo menos un poco de privacidad mientras yo hablo con mi amiga.
—Privacidad es una debilidad humana, Legna. Tú has estado asociándote con la Druida y adoptando
sus idiosincrasias demasiado tiempo.
—Ella es mi amiga. Yo la quiero calurosamente y la debo mucho. Si tú tienes un problema con eso...
—No me amenaces, Legna. Es una completa perdida de tu tiempo...
—¿Vas a irte o no? —exigió ella.
—Dándome una alternativa... no.
—Muy bien, déjame decir esto con otras palabras…Vete o yo te pondré fuera del juego... Y no asumas
que yo no puedo o no lo haré. Vinculada o no, yo soy una Demon de la Mente y yo deduciré cómo hacerlo
exactamente. Además, yo todavía soy un individuo a pesar de toda esta situación y tendré mis libertades.
—Ya veo. Bien, si tú intentas insistir, yo no entiendo en absoluto por qué te molestas en preguntarme.
—No pregunté. Bien, no la primera vez. ¡Y el segundo fue sólo… OH, no importa! ¿Tú vas a ser
siempre así de literal? Porque permíteme decirte, es un dolor de muelas. ¡Y ni siquiera pienses decir alguna
cosa más acerca de la influencia de Bella en mí!
—¡Dios nos libre! Disfruta tu visita, Nelissuna.
Tan simple como eso, sintió que flotaba fuera de su mente. Había tanto de él volviéndose
parte de ella, entrelazándose en su misma imagen, que no podía estar segura que él estuviera
completamente fuera de sus pensamientos. ¿Era incluso posible para las parejas vinculadas,
bloquear entre ellos la conexión inherente de sus mentes? ¿Se había probado alguna vez? ¿Se había
deseado alguna vez antes? Todo esto era todavía demasiado nuevo. Tardaría algún tiempo en
ordenar todo lo que estaba sintiendo, por no mencionar que efecto tendría esto en sus habilidades
al ser sobrecargadas con el poder compartido de un Antiguo de su calibre.
Pero la parte astuta de Legna se daba cuenta que los pensamientos abiertos y los ojos
plateados eran un precio muy pequeño a pagar por el poder que prometía venir de ese camino.
La mercenaria sensación la perturbó con un escalofrío, pero se libró de ella y escogió
ignorarla. No iba a permitir que cualquier parte de esto la intimidara.
Legna alzó su mano y golpeó la puerta de Isabella.
Jacob alcanzó la residencia de Gideon en tiempo record, impulsado a la extraordinaria
velocidad por su preocupación hacia Isabella. Él flotó dentro de la casa a través de una ventana
abierta, cambiando de polvo a Demon con un rápido movimiento circular.
Él miró superficialmente alrededor del cuarto, olfateando la fuerte presencia de su presa del
momento. Habían pasado muchos años desde que había estado por última vez en este lugar, en el
dominio del Antiguo. Estaba sorprendido al comprender lo familiar que sentía el lugar a pesar del
hecho que se sentía fundamentalmente intranquilo con el médico, incapaz de descartar
completamente algunos de los sentimientos negativos que se habían levantado dentro de él hacia
su anterior amigo. Pero las necesidades de Isabella estaban sobradamente por encima de las suyas,
e Isabella necesitaba a Gideon.
—Jacob.
El Ejecutor se volvió a la mención de su nombre, después de sentir la llegada del Antiguo al
cuarto.
—Gideon, requiero algo de tu tiempo.
—Claro. ¿Algo está mal con tu compañera?
—No creo que sea nada grave, pero tiene episodios de nerviosismo y creo que se hace daño a
sí misma. A menudo no quiere o no lo reconoce abiertamente, pero se preocupa mucho y, lo
reconozco, su imaginación, que es tan brillante, también puede ser una maldición para ella es estos
momentos. Ella requiera tranquilidad. Ningún otro médico va a servir para alcanzar ese objetivo.
Solo confía en ti y en nadie más en lo que al embarazo se refiere.
—Comprensible. Le he dicho que no dude en llamarme y me refería a esto. Ella es mi más
alta prioridad.
Jacob guardó silencio por un momento, absorbiendo la forma que lo hizo sentir y la
reconciliación con todo lo demás que sentía hacia el médico.
—Entonces yo estoy agradecido —dijo por fin, inclinando su cabeza en sucinto respeto al
Antiguo
—Está a tu disposición mi ayuda. Ven, vamos…
¡Gideon!
El grito resonó a través de la mente de Gideon y tan de repente que él hizo una gran mueca
de dolor, sacudiendo su cabeza hacia un lado, una mano yendo a su frente en irresistible reflejo
cuando el dolor brotó a través de su ojo izquierdo, mejilla, y cuello. Fue ligeramente consciente que
Jacob reaccionó con sorpresa ante el cuadro inconcebible que debía presentar, pero él dirigió sus
pensamientos a la urgente prioridad de la llamada de Legna, llegando tan pronto después de que
ella le había ordenado que se fuera.
¿Es Isabella? preguntó, sacando rápidamente la conclusión de saber donde estaba ella y el
propósito del Ejecutor que tenía delante.
Sí. Está en el suelo. ¡Gideon, hay tanta sangre!
Gideon miró a Jacob, y en ese momento el Ejecutor palideció visiblemente bajo su bronceado
natural. Al parecer, acababa de tomar conciencia de la angustia de Isabella también.
—Dulce destino —susurró.
—Jacob, Quédate donde estás —ordenó el Antiguo.
—¡No quiero! —explotó en furia instantánea—. Es mi esposa, Gideon. ¡Y tú no me ordenas!
—Jacob, Legna está con Bella —dijo Gideon firmemente—, y ella puede telétransportarnos a
ambos más rápido que lo que nosotros pudiéramos viajar con tus medios a su lado.
—¿Legna? —Se mofó Jacob—. No es lo suficientemente fuerte para llevarnos a ambos tan
lejos.
—Sí, ella lo es. Te pido que confíes en mí y pares de argumentar, el tiempo es esencial.
Eso impuso silencio al enloquecido Ejecutor, obligándole a cabecear en conformidad y a
retroceder de la postura agresiva que había tomado en el espacio de Gideon.
Legna, puedes hacerlo.
¡No! ¡No ambos a la vez! ¡No a través de tal distancia!
Sí, puedes. Conmigo como parte tuya, puedes hacer cualquier cosa que pongas en tu mente. Dulce, eres
mucho más fuerte de lo que puedas comprender en la vida. Siempre lo has sido, incluso antes de que yo
alguna vez te tocara. El destino no me daría una compañera débil.
Estaba callada y Gideon podría sentirla recoger su energía después de hacer retroceder en
ella sus dudosos pensamientos. Al parecer, la condición de Bella era lo bastante seria para
compelerla a intentarlo, y Gideon fue agobiado con un sentido de orgullo en lo bien que ella
asumió sus responsabilidades y en la manera que aceptó su palabra en la fe... y una porción entera
de esperanza.
Jacob vio al mundo apretarse junto a él, el fenómeno visual que el telétransportado
experimentaba cuando era enviado por un Demon de la Mente a otro lugar. Era como si Legna
estuviera plegando los dos puntos juntos en el espacio hasta que ellos se tocaran, haciendo el
intercambio del punto A al punto B aparentemente tan fácil como tomar un paso hacia delante.
El cambio de presión se extendió a través de los senos de los hombres recién llegados,
desorientándolos por todo un segundo.
El primer impulso de Gideon fue buscar a su paciente, pero al mismo tiempo sus nuevas
sensibilidades por otra mujer exigieron su atención. Sintió la oleada de náuseas y debilidad que se
apresuraron a través de Legna. Se volvió, encontrándola infaliblemente, y extendió la mano para
cogerla en el momento preciso, acomodándola en el suelo en un manso movimiento.
—Vigila a Legna —exigió a Jacob—. Necesita recuperarse rápidamente.
Gideon sabía que nada estaba mal con Legna, nada que un tiempo para recargar su energía
no curara, por lo que no sentía vacilación dejándola con Jacob. El Ejecutor, cuyos ojos se habían
fijado en su dañada compañera, no era tan racional. Él ignoró la orden de Gideon cuando cada
fibra de su ser gritaba ir hacia su mujer, que yacía extendida en ángulos dolorosos en la calurosa
extensión de su propia sangre. Jacob cruzó el cuarto en un golpe, sus botas crujiendo a través de
cristales rotos y otros escombros cuando lo hizo. Ningún hombre se dio cuenta de la alteración
caótica a su alrededor cuando ellos dos alcanzaron a Isabella.
Gideon se conectó con la figura inerte de la pequeña mujer Druida e inmediatamente
reconoció que la pequeña criatura parecía aún más pequeña, sin la vitalidad que normalmente
acompañaba su conciencia. Ella yacía como un gorrión lastimosamente quebrado, como si de
algún modo un automóvil hubiera pasado por el salón y la hubiese aplastado a toda velocidad. El
médico vio el impulso de Jacob por alcanzar su mano en la suya, y el rápido descarte de esa
necesidad cuando vio las quemaduras y sangre en ambos apéndices. Aunque ella estaba
inconsciente, el Ejecutor no podría tolerar causar a su compañera incluso el más ligero dolor. Así
que Jacob hincó una rodilla cerca de su lado, su puño descansando contra sus labios, parecía
presionar de regreso la furia que estaba volviendo sus ojos de un uniforme negro.
Gideon tocó su frente, su palma la abarcaba completamente, yendo más allá de la
temperatura fría de la complexión gris de su cara y hundiéndose rápidamente y profundamente en
su cuerpo. Inmediatamente se cubrió con las alarmas dentro de ella, sus defensas naturales activas
y las habilidades curativas atraídas a sus heridas. Pero no importa cuan rápidamente los
Nightwalkers sanaban, ellos nunca podrían recomponerse por un trauma como este, sin la
intervención externa.
Evidentemente, alguien había atacado a la pequeña Ejecutora. Estaba golpeada y magullada
de la cabeza a los pies, al parecer había sido arrojada como una muñeca flácida en la boca de
alguna bestia. Tenía marcas de un ataque eléctrico, quemada en los lugares donde las explosiones
la habían golpeado tan eficazmente como las balas a través de ella. Era la firma del ataque de un
nigromante. El olor de su carne chamuscada llenaba el cuarto, subrayado por el aroma oxidado de
la sangre.
Incluso en su estado gestante, estaba claro que Isabella había presentado una lucha notable.
Tenía heridas defensivas feroces en sus manos y brazos, y el cuarto alrededor de ellos se había
destruido en la confrontación. La pregunta era, ¿si un nigromante o cualquier ser de poder eran
responsable de esto, cómo su asaltador había burlado, desalentando y robando el asombroso poder
de sus habilidades?
La pregunta podría esperar. Gideon se enfocó en su tarea. La mayoría de la sangre venía del
feto que Isabella llevaba, o más bien, de la placenta que alimentaba al diminuto ser dentro de ella.
Aunque yacía en una piscina del líquido precioso, Gideon podría evaluar mejor la pérdida desde
dentro de Isabella que haciendo un estudio visual. Estaba mal, y se ponía peor. Él podría reparar el
daño, pero él no podría reemplazar la sangre sin ayuda.
—Jacob —le dijo suavemente, su atención dividida entre los principios de su curación y la
importancia de satisfacer al Ejecutor—, ella tiene necesidad crítica de sangre.
—Dale la mía —contestó inmediatamente, extendiendo su brazo rápidamente.
—No. Tú eres un Demon, Jacob. Vuestros grupos sanguíneos no son compatibles. Sobre todo
no con un ser parcialmente humano.
—Nosotros somos todos Demons aquí, Gideon. ¿Quién puede se mejor donante que su
marido?
Gideon alzó la mirada encontrándose con los ojos frenéticos de Jacob, comprendiendo el
miedo que debía estar sintiendo.
—Su hermana, Jacob. Corrine es la única otra híbrida entre nosotros, y, por suerte, su
pariente. Es bastante probable que sean compatibles. Si ella no lo es completamente entonces, yo
puedo ayudar con eso. Pero debemos actuar rápidamente o la perderemos a ella y al bebé.
—¡No la perderás! —rugió Jacob de repente, su rabia y miedo recorriéndole hasta los pies,
sus manos se cerraron en violentos puños. –¿Me entiende, doctor? —Continuó con violencia ronca
y el dolor bullendo en él, temblando con sus emociones—. Si ella se muere... —Claramente el
Ejecutor no podía terminar el pensamiento. Él se arrodilló de nuevo, su dolor tan extremo que no
podía mantener ninguna semejanza de control.
Justo en ese momento, Legna se despertó con un jadeo violento, sentándose recta en un
tirante movimiento. Las emociones de Jacob habían bombardeado a su mente indefensa, como una
dosis de eléctrico voltaje, desvelándola asustada. Se esforzó por respirar, jadeando y ahogándose,
las lágrimas y un único desgarrador sollozo que tiraban de ella exactamente como ellos estaban
forzándose fuera de Jacob. Legna nunca había conocido tal angustia que consumía totalmente toda
su vida. Sentía como si estuviera siendo despojada de su alma, como si estuviera mirando su
propio espíritu extinguirse en una muerte terrible y no había nada que pudiera hacer sobre ello. Ni
siquiera la agonía de ser Convocada podría comparar a esta devastación.
Y entonces sintió un toque suave dentro de su mente, manso, aliviando, y sanando. Sus ojos
se alzaron para encontrar los de Gideon, nadando en sus lágrimas chispeantes cuando temblaron
en sus pestañas. Su mirada era fuerte, equilibrada, irradiando su confianza en ella. Precisamente
era el ancla que ella necesitaba para empezar a protegerse del inconsciente e involuntario asalto de
Jacob.
Gideon dio varias respiraciones para reordenar sus pensamientos y control. Sus ojos limpios
de dolor, se volvieron a calmar, la protección firme de sus salvaguardas que vuelan con la fuerza
imponente alrededor de ella. Él podría decir por su expresión ligeramente aturdida que el poder
de ellos la habían incluso asombrado.
—Legna, necesito que traigas a Corrine —dijo suavemente, simultáneamente lo repitió
utilizando su conexión mental para no hablar ruidosamente respetando el pesar de Jacob.
Legna tomó la orden con calma, esta vez sólo un momento de duda para no perder un
tiempo precioso. Ella lo consiguió rápidamente, atrayendo la atención de Jacob como lo cuando
ella lo hizo entonces. El Ejecutor se llevó una mano a su cara mojada, mirando a la bonita Demon
con susto y escepticismo.
Y entonces la esperanza.
Tan poderoso como Jacob era, podría viajar rápido solo. Corrine y Kane residían entre
Inglaterra y Nueva York. En este momento, Corrine estaba en Nueva York, un océano entero de
distancia. Él nunca habría podido traerla a tiempo para salvar a su esposa. Encontrando otro
Demon de la Mente lo suficientemente poderoso para hacerlo habría tomado una cantidad de
tiempo interminable. Pero cuando vio a la empática cerrar sus ojos, tomando una respiración
profunda tan larga y tan llena, lo cautivó durante un largo minuto, él comprendió que Legna
estaba a punto de intentar hacer esta hazaña notable... y sería un esfuerzo que incluso un Anciano
tendría dificultad en lograr.
Jacob se alzó rápidamente una vez más sobre sus pies cuando él vio sus dedos encorvarse en
sus palmas, su cuerpo entero temblando con el esfuerzo. No se atrevió a tocarla y romper su
concentración, pero él estaba de pie cerca, listo para salvarla de lo que sería indudablemente una
consecuencia violenta si ella tenia éxito. Poco después, Jacob sintió una sensación atravesar su piel,
causando que cada pelo de su cuerpo se pusiera de punta. Lo siguiente que supo, un estallido
brutal de aire explotó en el centro del cuarto, haciendo volar su cabello hacia atrás casi con la
fuerza de un huracán. Duró un segundo, y de repente Corrine estaba parada de pie ante ellos,
pareciendo aturdida y simplemente tímida de gritar. Los Demons estaban acostumbrados a ser
trasladados de repente fuera de sus vidas por una razón u otra; los humanos claramente no lo
estaban.
Legna osciló para un momento, entonces se derrumbó una vez más. Su tono de piel fue de un
bronceado a un enfermiza beige. Perdió la conciencia con una agitación y exhalación de aliento que
le transmitió a Jacob una frialdad cuando la cogió contra él y la bajó suavemente al suelo,
arrodillándose encima de ella. Él estaba inundado con preguntas, y con la gratitud inmensurable,
pero las apartó ambas cuando verificó el pulso de Legna y su respiración. Depósitos de poder
agotados no sólo dejaban a un Demon vulnerable, también podrían dañarlo potencialmente.
Puesto que antes, Legna no había estado protegida de las emociones que corrían desenfrenadas
alrededor del cuarto, su mente podría dañarse o podría invadirse por ellas. Era el tipo de daño que
podría dejarla completamente comatosa.
Comprendiendo esto, Jacob se alejó de ella. No había ningún control sobre su estado de
angustia en este momento, pero el toque de Legna había constituido una senda más fuerte en su
psique.
Entretanto, Corrine vio a Isabella yaciendo en el suelo en su propia sangre, reaccionó con la
velocidad que sólo uno quien ama podría manejar. Se deslizó por el suelo empapado de sangre,
arrodillándose en el fluido pegajoso empujando descuidadamente a un lado a Gideon, alzando la
cabeza de su hermana para acunarla suavemente en su regazo.
—Bella —la pelirroja sollozó suavemente, los rizos largos de su cabello se desbordaron sobre
la mujer inconsciente como una cortina protectora, cuando Corrine se inclinó para besar su
frente—. OH, encanto, ¿qué te ha sucedido en este tiempo? —preguntó con una combinación de
pesar y exasperación.
—Corrine, yo necesito tu mano —dijo Gideon silenciosamente, ofreciéndola la palma.
Como Corrine había estado viviendo en la sociedad de los Demons casi tanto como su
hermana y sabía exactamente quién era Gideon, no dudó en obedecer. El médico había salvado su
vida una vez; tenía que ser positiva él salvaría a Bella también. Los dedos de Gideon se cerraron
alrededor de la delgada muñeca que ella extendió, su mano opuesta haciendo lo mismo con la de
Isabella. Él comenzó la transfusión sin necesidad de agujas, recogiendo paquetes de células enteras
de sangre roja de una mujer y distribuyéndolas a la otra. Ellas eran lo suficientemente compatibles,
él sólo tenía que hacer unos ajustes menores en las células vivificantes. Esto estaba tan bien. En su
drásticamente debilitado estado, Isabella no podía manejar muchas más alteraciones en su cuerpo
sin causar dolor al feto ya había pasado factura dentro de ella. El color de Isabella empezó a volver
y Gideon oyó que Jacob respiraba de nuevo por primera vez desde que la transfusión había
empezado. Corrine estaba un poco más pálida por la experiencia, notó él cuando soltó su muñeca,
permitiéndole recostarse sobre su cuñado.
La acuciante emergencia se había tratado, y Gideon pudo relajarse y tomar un respiro. Él
tomó ese momento para examinar el extraordinario dolor emocional que Jacob estaba pasando.
Ahora que él se había vuelto simplemente parte de una vinculación, se preguntó si se encontraría
sintiendo tan fuertemente algo como esto. No era un ser emocional, por lo que lo perturbó
comprender que podría ser una posibilidad. Él se enorgullecía de su naturaleza nivelada y
pensamiento. Siendo esclavo de sus emociones podría debilitar su juicio severamente.
Gideon apartó sus pensamientos, pero era incapaz de ayudar indirectamente a la forma
bocabajo de Legna cuando él tocó a Isabella una vez más para continuar el proceso curativo. Su
compañera destinada estaba meramente exhausta, un completo drenaje de su energía que podría
ser un poco peligroso si él no hubiera estado allí. Incluso cuando él sanaba a Isabella, un segundo
nivel de su conciencia estaba prestando su energía personal a Legna, trayéndola a un estado de
seguridad, en un profundo sueño.
Volviendo su completa atención a Bella, Gideon empezó la tarea de reparar cada herida
abierta cuidadosamente, una tarea que habría sido un gasto intimidante de energía y habilidad
para cualquier otro que no fuera él. No se molestó en pedir permiso para tocarla, dejando a Jacob
tratar con ello, sabiendo sus prioridades. Se colocó en una posición mejor para su labor, una forma
clásica ginecológica de doctor-paciente dónde él resbaló entre sus piernas, descansando los muslos
de ella encima de los suyos para apoyar los apéndices rotos y consiguiendo un acceso directo al
bebé. La manipulación enderezó su cuerpo entero, relevando presión y dolor. Sus manos
resbalaron encima de su vientre, apartando hacía atrás su camisa ensangrentada y revelando los
cardenales viciosos y los cortes de azotes que había por todas partes.
—Oh, mi Dios —jadeó Corrine con estrangulado horror.
Estaba claro que ella había sido el blanco de este ataque. Cuando los ojos de negro hielo de
Jacob captaron la vista, la hermana de Bella alcanzó a aferrarse a puñados de su camisa,
sosteniéndolo claramente en el lugar, impidiéndolo actuar en la rabia apoyándolo al mismo
tiempo. Gideon cerró sus ojos y se enfocó en la peor lesión de Bella, el reacoplamiento de la
placenta tenía prioridad y requería mucha atención y energía. Sus jeans estaban empapados en
sangre, que se filtraba brillantemente por sus pantalones blancos, de algún modo haciendo la
realidad de esto más verídico a aquéllos que la amaban cuando ellos miraron. Corrine empezó a
llorar y fue Jacob quien la sostuvo ahora. No había nada que Gideon pudiera hacer sobre su dolor
emocional, por lo que asistió simplemente a sus quehaceres. Les diría más tarde cuan magullado el
bebé estaba y cómo todas las heridas de Bella estaban entrando juntas en su mente. Ella no había
luchado. Ella sólo había protegido. Cada hueso aplastado, cada laceración, incluso la posición en
que ellos habían encontrado su cuerpo contaba la historia de una madre joven que había quedado
encorvada sobre sí misma, protegiendo a su niño con cada onza de su voluntad y conciencia
cuando había sido pateada, sacudida y aplastada a golpes hasta dejarla en este pequeño montón de
huesos rotos.
Gideon siguió curando. El sino del Destino era la perpetuidad, él pensó con no poco respeto.
El Destino, una mujer en sí misma, había prestado Su destino a la diminuta druida. Prestándoselo
a Bella, estaba permitiéndole poder sanarla a ella y al magullado bebé a tiempo para salvarlos a
ambos de un daño irreparable.
El Destino... Y Magdelegna.
Si ella no hubiera llegado para encontrar a Bella en el momento justo, habría sido demasiado
tarde para que él y Jacob llegaran por sus propios medios. Gideon apreció el hecho que el Destino
y la suerte fueran los elementos importantes del rescate, sobre todo al tener en cuenta que él y
Legna sólo llevaban vinculados unas horas. Si él no hubiera presionado para examinar a Legna
esta mañana, nunca habría sido capaz esta noche de oír sus desesperados avisos. Ella no habría
pensado en convocarlo en absoluto, su rencor hacia él hubiese interferido en su juicio.
Gideon reconocía que Legna había sacrificado mucho esta noche, y todo por su amor a esta
mujer bastante pequeña que no sólo sería para siempre la primera de su clase, y en opinión de
Gideon, la más excepcional. Cuánto de esa opinión realmente pertenecía a Legna no lo sabía, pero
su conocimiento mezclando estaba haciéndole entender su perspectiva y respetar a Bella mucho
mas claramente.
Tan poderoso como era él, y aunque sus habilidades eran antiguas y refinadas, aún le tomó
aproximadamente una hora antes de que pudiera relajarse en sus talones y tomar un respiro que
finalmente no se enfocó en dirigir la energía curativa en ella.
—Jacob —dijo por fin, girándose para encontrar los ojos angustiados del otro hombre,— ella
duerme ahora. La he sanado lo necesario. Los cardenales y los cortes menores dependen de su
propio sistema curativo. No puedo hacer nada más. Sólo descanso y tiempo la sanaran totalmente.
Gideon estaba cansado, y Jacob podría verlo claramente en el pálido gris de sus ojos. Esto
reflejaba exactamente cuan seria había sido la situación para que su sanador más poderoso hubiese
pagado tan alto precio.
—Ponla en la cama —instruyó el Antiguo—. Ella y el bebé están bien. —Gideon hizo una
pausa para inspeccionar su entorno por primera vez—. Parece como si ella hubiera estado inmersa
en una batalla muy difícil —comentó, notando quemaduras que marcaban la pared y el completo
desorden de todos los objetos del cuarto—. Pero es una mentira.
—¿Qué es lo que quieres decir? —preguntó Jacob, mirando a Gideon, suavemente la atención
en Bella, tratándola cuidadosamente y con infinita compasión en cada toque. Siempre había
desconcertado a Jacob como el médico podía ser tan frío y distante, y aún así cuando él sanaba o
tocaba a un ser herido se transformaba en el epítome de la ternura y la preocupación emocional.
Casi era como si ahorrara el poder de sus sentimientos para usarlos en la sanación.
—Aquí...
Él alcanzó para tocar la barbilla de Isabella cuando su marido se acercó. Su cabeza se ladeo
fácilmente, su sueño incapaz de ser perturbado aún cuando él había sido brusco, porque ella
estaba bajo su compulsión para permanecer así hasta que estuviera curada y repuesta. Gideon
apartó hacia atrás el salvaje enredo de su negro cabello dónde cubría su garganta, revelando dos
heridas de pinchazos lesionando su cuello.
—¿Qué infiernos es esto? —Exigió Jacob con vehemencia, extendiéndose para tocar las
heridas.
—¡Se parece a la mordedura de un Vampiro! —Dijo Corrine, sus ojos esmeralda afligidos.
—No... No pienso... —Jacob alzó la vista desvalidamente hacia Gideon.
—Luchaste en las guerras del Vampiro. ¿Alguna vez haz visto a un vampiro tomar la sangre
de otro Nightwalker?
—No. Es tabú. Y he visto las heridas del Vampiro. Hay más que sólo dos incisivos en la boca
de un Vampiro, y normalmente se pueden ver las impresiones dentales durante varias horas
después de una mordedura.
—Y toda su sangre está en el suelo y en nuestra ropa. No. Esto es alguna clase de esfuerzo
débil de engañar. —Gideon agitó su cabeza con perplejidad—. También, las marcas están
quemadas, y terminan justo debajo de la dermis. Las lesiones parecen bastante ineficaces como
ataque.
—¡OH! —Jadeó Corrine, atrayendo la atención cuando pasó sus dedos por encima de las
sospechosas heridas—. ¡Conozco esto! ¡Cada muchacha de Nueva York lo reconoce! ¡Es una pistola
paralizante!
—Una pistola paralizante —preguntó Gideon. Debido a que los Demons vivían sin la
tecnología, y que Gideon vivía apartado completamente de los humanos, nunca había oído hablar
de esta arma. Pero Jacob la conocía.
—Pienso que tienes razón, Corr.
—Sin embargo, no es un arma común —agregó Corrine—. Una de aquéllas armas que
disparan dos flechas como dardos y que se prenden en el blanco para poder dirigir a través del
alambre una corriente. Se usan en las prisiones.
—Pero por qué habría un nigromante —Jacob se detuvo, mientras que mentalmente se
contestaba a su propia pregunta.
—Para bloquear sus habilidades —estuvo de acuerdo Gideon con su conclusión silenciosa
pero obvia—. Una vez es golpeada por el arma, esta incapacitada, y la lesión que provoca tanto
voltaje al pasar por ella anularía su poder con el dolor. Bella no puede usar su habilidad si esta
invadida por el dolor. —Gideon alzó la vista a Jacob con una frialdad adicional a su
implacabilidad—. Deberías llamar a Elijah y hacerle investigar esto más a fondo. La captura de
nigromantes es su trabajo y responsabilidad, no la tuya, no importa tu sentido de venganza, debes
tener cuidado. Tu lugar está con Bella. Necesita tu presencia, tu fuerza, y saber que estás a salvo
del peligro. Tomará un tiempo hasta que ella nos pueda decir que pasó. Uno más largo si no sigues
mis instrucciones en esto.
»Cuando ella despierte, no debe tener visitantes o levantarse de la cama. Puedes hacerla
preguntas para Elijah si es necesario. Su sistema inmunológico va a estar durante algún tiempo
muy frágil. Los Demons no pueden manifestar muchas dolencias comunes, pero no significa que
algunos patógenos de su alrededor no los afecten. Ella es todavía parte humana, y esta
eventualidad la dejará impotente y vulnerable durante algún tiempo. Es un poco diferente de que
cuando tú estuviste enferma, Corrine, sólo que ella se recuperará más rápidamente.
»Llévala a un sitio seguro. Hacia una distancia muy corta y no alteres su estructura
molecular, Jacob. Yo la asistiré a mañana y estaré haciéndole visitas frecuentes durante la próxima
semana, prepárate para ello. Ella debería estar bien con tal de que un trauma de esta magnitud no
vuelva a ocurrir. Yo sugiero que hagas que Elijah te envíe algunos guerreros para su protección,
sobre todo cuando tú tienes que cazar. Y cuando yo digo completo reposo en cama, es lo que
quiero decir, Jacob. Sé cuan terca es. Acláraselo. No levantarse, no agacharse, no limpiar, no
cocinar, ningún ejercicio en absoluto hasta que yo diga lo contrario.
Gideon no gastó otro segundo para ver si Jacob había entendido o se había movido para
obedecer sus órdenes. Caminó inmediatamente hacia Legna y se inclinó sobre ella. Él recogió su
flácida mano, retirándola de la frente algunos cabellos que habían escapado de su trenza.
—Nelissuna —murmuró suavemente, acercándose a ella. Hundió su poder rápidamente en
ella, evaluando su salud actual una vez más como precaución que era sin duda sobreprotectora. Él
mismo se determinó clínicamente que ella era su otra mitad, por lo que se esperaría que se
comportara de tal manera. Estaba exhausta, y la única cosa que podía hacer ahora era permitirla
dormir.
Él movió su posición, deslizando sus manos cuidadosamente bajo ella para alzarla en la cuna
de sus brazos. Se puso de pie en un movimiento simple, su peso no era nada para él. Sintió su
cabeza apoyada suavemente contra su hombro, su calurosa cara que descansaba contra el lateral
de su cuello. Había un dolor de contestación dentro de su pecho, obligándole a comprender que
estaba un poco más que perturbado por su estado de lo que había esperado estar. Eso no le
importó, con toda su maestría sabía que ella estaba bien. Lo importante era que ella había sufrido
una gran tensión e incomodidad, la mayoría provocada por su insistencia.
Su vinculación iba a ser un poco más difícil de lo que él había pensado originalmente.
Probablemente en el futuro podría manejar sus sentimientos de preocupación por su bienestar y
salud, pero esperaba sinceramente que él no se afligiera con la posesividad que Jacob estaba
batallando. La esperanza se extendió a la perspectiva de Legna, también. Él pensó que no que
podría tolerar a una compañera posesiva. Gideon podía tomar consuelo sólo en la idea que Legna
era un profesional en manejar emociones y había estudiado cómo hacerlo casi toda su vida. Ni ella
parecía ser el tipo de complacer en este tipo de rasgos celosos.
Era una contradicción terrible a la naturaleza del Demon, este territorialismo. Casi cada
Demon existente usaba el toque para compartir sus habilidades con otro. No siempre era
necesario, pero eran compelidos para hacerlo instintivamente, así como eran una raza
instintivamente afectuosa. Ciertamente, todos los Demons eran posesivos en un cierto grado
cuando se emparejaban, pero la habilidad de controlarlo no debía ser diferente de cualquier otra
emoción irracional. Gideon también estaba comprendiendo que la posesividad de Jacob hacia
Isabella era única debido a cómo había sido la vida de Jacob. Había sido una difícil, llena con el
ostracismo de su posición en la sociedad. Era fácil ver por qué él guardaba su tesoro tan
ansiosamente.
—Gideon, voy a tomar el refugio de Noah —dijo Jacob, alzando a Bella de las ruinas de la
batalla—. Puedo tomar a Legna.
—Preferiría que nos llevaras a Legna y a mí a la casa del rector —contestó Gideon—. Isabella
requiere paz y descanso, como Legna. No pienso que eso tome mucho tiempo con las dos a través
del pasillo.
—Bien pensado —estuvo de acuerdo Jacob—. ¿Corrine, podrías cuidar de ella? ¿Estás en
contacto con mi hermano en este momento?
Corrine cabeceó.
—Él está aquí mismo —dijo ella, tocando su cabeza para indicar que Kane había estado
supervisando la situación entera con sus habilidades telepáticas. Esta habilidad de comunicación
era la contraparte masculina de la empatía de Legna—. Está muy preocupado por ti y Bella. Él
dice... —Corrine hizo una pausa para concentrarse en la voz de su cabeza perteneciente a su
compañero—. Está a punto de telétransportarse a la casa de Elijah para hablar con él en tu nombre
sobre el ataque de Bella. También advertirá a Noah de lo que está pasando. Después de que hable
con Noah, vendrá aquí para mantenerla vigilada conmigo hasta que tú y los guerreros lleguen.
—Gracias, Corr. Y agradéceselo a mi hermanito por mí también.
—Considérelo hecho —aseguró ella suavemente—. Ahora démonos prisa y pon a Bella en la
cama. Yo me sentaré a su lado hasta que sea la hora de ir con Noah. Kane y yo permaneceremos en
Inglaterra para estar contigo hasta que ella este bien.
Jacob puso a Isabella encima de la cama, bajo la vista vigilante de Corrine, entonces regresó al
lado de Gideon. Se paró ante el Antiguo un largo momento, con una elocuente expresión de
gratitud. Gideon cabeceó silenciosamente en aceptación. Jacob alcanzó a tocar a los dos Demons,
volviéndolos a ambos completamente ingrávidos y volando los tres a través de la puerta hacia la
casa de Gideon. Como estaba completamente preocupado con la condición de su esposa, Jacob no
pensó dos veces sobre la petición de Gideon de llevar a Legna a su casa en lugar de la de ella. El
Ejecutor, normalmente tan atento, no había notado ni siquiera la importancia de las habilidades
aumentadas de Legna y el cambio en el color de sus ojos. Gideon estaba agradecido por esto. Él
quería más tiempo con su intencional compañera antes de que otros empezaran a interponer sus
sentimientos y opiniones en la materia.
CAPÍTULO 6
La necesidad de Jacob de volver con su mujer anulaba cualquier deseo que pudiera tener de
hacer preguntas a Gideon, así que Legna y él se quedaron solos tras su llegada a la mansión.
Gideon la llevó escaleras arriba, entrando en el dormitorio del que había enviado una imagen
a Legna esa misma mañana. Sin embargo, parecía diferente en la oscuridad. La luz de la luna
encendía los colores de las ventanas del cuarto, haciéndolo más oscuro y misterioso que el confort
feérico de las refracciones diurnas. Pero a Gideon le pareció el más hermoso de los dos, y esperaba
que también se lo pareciera a Legna.
Gideon siempre se complacía de su gusto por las cosas hermosas e incomparables. Su casa
era un museo, faceta de su particular carácter. Como la mayoría de especies longevas, había
coleccionado obras de arte extraordinarias y antigüedades durante siglos. Su colección, sin
embargo, era una rica demostración de belleza única.
Mientras acostaba a Magdalegna en su cama, pudo ver con claridad por qué había sido
elegida para ser su mujer. Incluso en su agotado estado, su descanso era algo digno de ser
contemplado. Se sentó a su lado con cautela, para no perturbar su sueño natural y, como resultado,
tener que lanzarle un incentivo para reemplazarlo.
Extendió la mano para tocarle la mejilla, la piel aún pálida reflejaba el diseño lavanda con
forma de estrella de la ventana frente a ella. Como si tuvieran vida propia, sus dedos se movieron
para acariciarle la garganta. Permitiéndose sentir la ráfaga de necesidad que lo recorría. Era
afilada, como una cuchilla de afeitar, y sabía que lo sería aún más con el paso del tiempo.
Pero había prometido tiempo a su increíble y valiente prometida. Aún le tenía miedo. Se dio
cuenta que debía mantener la promesa costase lo que costase. Lo veía con extrema claridad. Si una
mujer tan valerosa como para arriesgarse a lo imposible sin preocuparse por si misma tenía miedo
de algo, entonces se merecía el lujo de disponer de tanto tiempo como pudiera conseguir antes de
volverse loco. Conocía a Legna de toda la vida, desde el momento en que había nacido. Legna
sabía que había nacido para pensar sólo en él. Lo había leído todo en su mente durante las pasadas
horas. Era el Demon Antiguo, y nadie sabía a ciencia cierta cuál era la extensión de su poder. En su
naturaleza estaba claro que tenía las viejas formas arraigadas en el corazón, cuando el respeto y la
obediencia habían sido no solo esperados sino sancionados por un derecho divino. Nunca
preguntó, solo exigió o afirmó, y anticipó resultados incuestionables haciéndolo. Su voluntad era
indomable, imposible de combatir, así que estaría lista para intentar una batalla campal.
Gideon era desafortunado por otro motivo, que reflejaría una terrible representación de él
hacia ella. Profundamente en el subconsciente de Legna, había un recuerdo suyo del que no era
completamente consciente.
Era el recuerdo del día en que su madre había muerto.
No lo recordaba conscientemente. El trauma había sido tan doloroso para la niña pequeña
que había sido testigo de la tragedia, que los que habían estado allí decidieron quitarlo de su
memoria consciente. Un día sería lo bastante fuerte para recuperar el recuerdo a pesar de los
métodos utilizados para sortearlo. Quizá un día muy cercano. Sería un día duro para ella, y terrible
para él. Siempre había tenido la sospecha de que a algún nivel era consciente de su participación
ese día. Tal vez era por lo que se resistía a estar cerca. No entendería la compulsión excepto como
un inexplicable miedo o aversión. Sin duda siempre lo había atribuido a las advertencias con que
Lucas le había llenado la cabeza durante su adolescencia en un intento de enseñarle a respetar a
aquellos de gran edad y poder, de acuerdo a la costumbre.
Lo único en el interior de Legna a su favor eran sus experiencias viéndole curar a otros, y la
única vez que la había curado junto con Noah después de un terrible accidente que casi les había
matado. Recordaba al Antiguo con sentimientos de miedo y respeto, pero también con curiosidad
y contemplación como si observara la delicadeza natural que exhibía durante esos actos. Y, aunque
realmente no recordara la curación durante el último incidente, era una parte de si misma,
susurrándole impresiones positivas en su perpetua y curiosa opinión sobre él.
Eran esas escasas imágenes en su interior en las que posaba toda su esperanza. Todo lo que
podía hacer aparte de eso era rezar por la oportunidad de ganarse su confianza, antes de que
recuperara los recuerdos escondidos profundamente en su interior. Si pudiera manejarlo, sería
mucho menos doloroso. Si ocurría demasiado pronto, podría causarles a ambos un increíble daño.
Competía contra reloj, y lo sabía. Había desperdiciado los pasados nueve años y se había
maldecido por lo idiota que había sido. Ya fuera que los malos recuerdos volvieran, o por Beltaine,
necesitaba convencerla primero. Entendía que las probabilidades estaban en su contra, y que
animarla a aumentar su fuerza y habilidades como había hecho hoy podía costarle caro, haciéndola
desarrollar el poder más rápidamente de lo que lo habría hecho de otro modo. No obstante,
cuando se lo había explicado, la curación de sus pacientes siempre había estado primero… incluso
sobre el bienestar de su propio corazón y su propia alma. Había hecho lo que había tenido que
hacer para salvar a Isabella y a su bebé. No le era posible hacerlo de otro modo.
Gideon se levantó, alejándose un paso de su huésped dormido. Inmediatamente se volvió de
lado, de cara a él, con el brazo extendido por la colcha en un intento de alcanzarle. Un enorme
dolor apretó su pecho a causa del vacío, el impulso de volver a su lado era brutalmente
abrumador.
Se giró y salió de la habitación, incapaz de aliviar la sensación de que había dejado una parte
de sí mismo atrás.
Los ojos de Legna se abrieron lentamente, parpadeando ante la luz de día que se desvanecía.
Se sintió desorientada y confusa. La habitación estaba llena de extraordinarios colores, todos
ellos salpicados por las estructuras y los muebles que le eran familiares y extraños a la vez. Inspiró
con cuidado, como si no estuviera segura que ser capaz de respirar en el extraño entorno.
El olor que lentamente se enroscaba a su alrededor y le invadía los sentidos le era familiar, a
la vez que extraordinariamente estimulante. Dejó escapar un suave sonido de curiosidad y
fascinación. Legna se estiró lentamente, con un movimiento ondulante de despertar sensual. El
simple gesto la hizo darse cuenta al instante de la calidez del cuerpo a su lado, el cuerpo que era
dueño de ese olor distintivo y delicioso.
Se giró, estaba tan cerca cuando hizo el movimiento que la llevó a un ajustado contacto a lo
largo de su costado. El aliento que tan cuidadosamente había retenido un momento antes la dejó al
jadear asombrada mientras se alzaba sobre el codo y asimilaba la notable visión de Gideon a su
lado en la cama. Estaba dormido boca arriba, con el pecho desnudo en un reposo relajado con los
tobillos cruzados y una mano bajo la cabeza. La otra mano yacía sobre su estómago, que se elevaba
y descendía con cada respiración. Vestía unos pantalones de pijama de seda de un precioso azul
cielo, con el cordón colgando por el borde de su cadera izquierda.
En ese momento, Legna se dio cuenta de lo increíble y bello que era el Demon hombre que
estaba a su lado. Como cada vez que le veía, siempre estaba elegantemente vestido, nunca había
apreciado el desarrollado físico que ocultaba la cara seda y los bordados, los movimientos
elegantes y de control fuertemente mantenidos. Incluso esa mañana en la habitación cuando la
había tocado tan audazmente, no había reconciliado su toque con lo que estaba viendo ahora con
sus ojos.
Para comenzar, tenía unos hombros increíblemente anchos. Como Demon femenina de gran
altura y fuerte estructura, apenas se sentía pequeña o ensombrecida por un hombre, pero Gideon
siempre había conseguido hacerlo. Ahora podía ver como los brazos eran mucho más grandes
alrededor de los bíceps que las palmas de sus dos manos. También tenía un pecho y un estómago
habilidosamente esculpidos, sin una sola señal de un pelo plateado que estropeara el plano. Su
magra cintura venía de la tentadora V que siempre le había gustado en un macho, y aunque los
pantalones que llevaba estaban de algún modo flojos, no había modo de equivocar el
inconfundible poder de sus muslos o la fuerza en sus pantorrillas.
Había conocido a Gideon toda su vida, aunque se daba cuenta de que le estaba viendo con
perfecta claridad quizá por primera vez. Ahora ya no había intimidación infantil, tampoco había
un ego femenino herido que se interpusiera en su camino.
Era simplemente una mujer, mirando a un hombre, lo cual era cualquier cosa menos simple.
Su cabello era más largo de lo que parecía. Normalmente lo llevaba atado en una coleta,
como era el estilo popular entre los machos de su raza. Pero ahora estaba suelto, manando como
una cascada de pura plata pulida sobre la almohada. Las cejas eran plateadas, y las pestañas
completamente negras. La mandíbula estaba ensombrecida con la barba que le había crecido
mientras dormía. Una inspección más cercana le hizo notar que sería plata y negra si la dejara
continuar creciendo. Por alguna razón, eso la hizo sonreír.
Era extraño, pero parecía más joven y más viejo mientras dormía. Más joven porque estaba
realmente relajado, habiendo perdido la rigidez del perfecto control que tenía sobre su porte y
cuerpo durante las horas que estaba despierto. Más viejo porque, de alguna manera, viéndole
estrictamente como un hombre sólo añadía presencia y poder en su mente. Si no estuviera tan
fascinada se sentiría un poco intimidada.
Legna extendió impulsivamente la mano para tocarle el cabello. Era inesperadamente suave
y liso, para nada parecido a la sensación de metal que le habían inducido a esperar. Se aferraba a
sus dedos como si los acariciara a propósito, la sobrecogedora sensación le envió un escalofrío
mientras comprobaba dos veces que estaba dormido. Una vez que estuvo satisfecha alejándose sin
ser detectada, se volvió más audaz, inclinándose hacia delante sobre él, con los pechos
presionando contra la dura musculatura de los brazos. Le tocó la cara tan ligeramente que apenas
pudo sentirle. Curiosamente, siguió sus arcos y curvas, desde la ancha frente y los aristocráticos
pómulos hasta su fuerte barbilla con un suave hoyuelo y las perfectamente esculpidas líneas de la
boca.
Aún más envalentonada, llevó su toque de mariposa hacia abajo por la firme columna de la
garganta, maravillándose por la completa antítesis de la delgada forma de la suya y lo extraño que
era que lo encontrara sexy. No se había dado cuenta de que el cuello de un hombre pudiera
parecer tan atrayente.
Se lamió los labios lentamente, con los ojos fascinados por el movimiento de sus dedos,
desviando su atención de vez en cuando para comprobar la respiración o los ojos cerrados y
controlar que seguía en su estado de sueño. Tocó la amplia curvatura de su clavícula, trazándola
con resuelta fascinación. Trasladó la exploración a su pecho, notando que las marcas que le había
dejado se habían curado de forma natural, sólo quedaba la presencia fantasmal de las marcas de
sus uñas. La complació comprobar que no había usado sus habilidades para curarse, y luego la
decepcionó que sus cuerpos se curaran tan malditamente rápido. Apretó los labios para evitar que
se le escapara una risita tonta. Era una bobada, una idea claramente territorial, pero no se puso
excusas.
Las yemas de los dedos vagaron después sobre el vientre, zigzagueando suavemente
alrededor de sus dedos, disfrutando del creciente calor de su piel mientras viajaba. Se detuvo, con
los ojos explorando por delante de su toque, y se mordisqueó el labio inferior mientras consideraba
si continuaba su viaje secreto.
Su pregunta fue respondida cuando de repente sintió su mano alrededor de los dedos. Jadeó,
echándose hacia atrás instintivamente, con la cara en llamas por el calor mientras el cuello le
picaba con escalofríos. Sin embargo, la agarraba fuerte, previniendo su retirada, presionándole
fuerte la mano contra su estómago bajo la suya. Le miró a los ojos, enfadada por el humor que se
veía.
—¿Cómo has hecho eso? —Le preguntó.
Ojos y respiración aparte, era imposible fingir el sueño con un Demon de la Mente. Debería
haber captado el despertar de su conciencia.
—Continuamente intentas colocarme en los moldes de los hombres a los que conoces —le
dijo suavemente—. Yo soy extremadamente diferente a cualquiera que conozcas, Magdelegna. Te
ayudaría si partieras de esperar lo inesperado.
—Caramba, eres tan sabio —le dijo en alto canturreando, batiendo las pestañas con ridícula
velocidad—. ¡Soy tan tremendamente afortunada! La mayoría de las chicas tendrían que cargar
con una insufrible, taimada y solapada serpiente de hombre.
El humor de su actuación le dibujó una sonrisa a un lado de la boca, y Legna no pudo ignorar
el modo en que eso le revolvía las entrañas cuando la sonrisa brilló cálidamente en sus ojos.
—Tú nunca me aburrirás, Nelissuna. Puedo verlo claramente en mi alma.
—Pero puedo ver claramente que eres capaz de aburrirme con facilidad hasta las lágrimas —
le contestó socarronamente, intentando liberar su mano atrapada con un decidido tirón.
Era incluso más fuerte de lo que parecía, pensó.
—¿Cómo te sientes? —preguntó, dándose cuenta de su lucha y sus insultos del mismo modo
en que se daría cuenta de una mota de polvo pasando.
—¿Por qué no me lo dices tú? Eres el médico, ¿verdad? —Exhaló bruscamente—. ¿Querrías
dejarme ir?
—No.
Legna gruñó por la frustración.
—¡Eres tan odioso! —Lo acusó—. ¡Odio cuando haces eso!
—¿Hacer qué? ¿Responder a una pregunta? Si eso te molesta, ignoraré tus preguntas a partir
de ahora.
—Sabes exactamente lo que quiero decir. Odio cuando formulas una frase como si fuera la
última letra de la ley. Y no creas que no sé que lo estás haciendo adrede para irritarme, ¡porque lo
sé!
—Entonces no me des la oportunidad —le dijo, con un tono tan flemático que casi le gritó—.
Y deberías tener cuidado con esos gruñiditos que insistes en hacer, Neliss. Son… muy estimulantes.
De repente Legna lo olvidó todo sobre intercambiar pullas y se volvió muy consciente de la
calidez por encima y por debajo de su mano atrapada, la sólida fuerza sobre la que estaba apoyada
tan acogedoramente, y el hambre que estaba hirviendo bajo el humor que había usado para
esconderlo.
Ahora que tenía su completa atención en vez de sus duras defensas, deslizó la mano de
debajo de su cabeza y la extendió para tocarle la suave y cálida mejilla con dedos tan ligeros como
aquellos con los que ella le había explorado.
—Eres tan hermosa, Legna. Siempre lo he pensado. Incluso cuando eras una niña, eras
bastante impresionante.
—Te ha llevado bastante tiempo decírmelo —le dijo, pero no había energía real para lo que
sería un comentario sarcástico.
—Sí. Lo sé. Pero siempre sentí que sería inapropiado. Noah es… yo era su Siddah. Comencé a
apadrinarle desde el momento en que tenía diez años, sus capacidades resultaron ser demasiado
poderosas para esperar hasta que tuviera la edad habitual. Era como un hijo para mí… más desde
que vuestros padres murieron. En cambio, cuando Noah creció, pasó a considerarte más como una
hija que como una hermana. Siempre lo sentí como una barrera que no debía cruzar. Incluso ahora,
no acojo con agrado el momento en que descubra lo que está pasando entre nosotros. Puedo ver
que tienes la misma preocupación.
—Sí —ella estuvo de acuerdo—. Pero con tiempo…
—Sí. Tiempo. Me encuentro en una gran competición contra el tiempo.
—Se resistirá al principio, pero si cree que me harás feliz, finalmente entrará en razón —le
aseguró Legna.
—Entonces —le cogió la mano del estómago, levantando la palma hacia el beso de sus
labios—, todo lo que me queda es convencerte de que te haré feliz, para que seas capaz de
convencerlo.
—Una tarea desalentadora, estoy segura —murmuró, mirándose el brazo para ver si había
signos visibles de la sensación que el toque de su boca estaba causando se extendía por toda su
longitud.
Parpadeó un par de veces y sacudió la cabeza ligeramente para aclararla de la peligrosa
sensación depredadora agitándose en sus pensamientos.
—No te he preguntado por Bella —le dijo, intentado aclarar discretamente el nudo que tenía
en la voz—. ¿Está bien?
—Sí. Tanto ella como el bebé sobrevivirán y, finalmente, recuperarán su salud.
—Gracias a la diosa —suspiró—. Si alguna vez me quejo de los cambios que están ocurriendo
en mi interior, recuérdame cómo salvaron la vida de mi amiga —vaciló al tomar aliento cuando su
boca acarició su sensitiva palma.
—Legna, ¿por qué me tienes tanto miedo?
Encontró sus penetrantes ojos, sintiendo como si estuvieran buscando en su alma. Eso la hizo
sentir nerviosa y sin aliento.
—Tengo miedo de la facilidad con que pareces… causar fuertes emociones en mi interior con
un simple toque.
—¿Y si te digo que tienes el mismo poder sobre mí? —le preguntó con su rica voz
hipnóticamente suave.
Legna supo en un instante lo que ese conocimiento le hacía sentir. Sintió ese lado más
primitivo de sí misma despertando a la conciencia, amenazando con abrumarla como había hecho
en su habitación tan recientemente, en el jardín hacía nueve años, y en la batalla con el nigromante
el pasado octubre.
Se sentó lejos y esta vez la dejó ir, liberándole la mano con un toque prolongado.
—Debo ir a casa. Noah debe estar preocupado.
Se giró y se deslizó fuera de la cama por el otro lado, pero al mismo tiempo que se levantaba,
estuvo frente a ella, apoyando un hombro con indiferencia en uno de los postes de la cama.
—Corre, corre, tan rápido como puedas… —Dijo suavemente, con un sentido demasiado
serio y demasiado claro.
—Gideon, por favor —le rogó en voz baja, incapaz de encontrar su mirada directamente
mientras el corazón le martilleaba con ritmo frenético.
—Veo de lo que estás escapando, Magdelegna. Pero no tendrás éxito. La cazadora es parte de
ti. Antes de que el tiempo fuera tiempo, nuestra gente vivía en manadas como los leones. Y como
las leonas, tus ancestros hembras nacieron para cazar, formadas elegantes, bellas y mortales de la
mayoría de las formas. Eso está profundamente incrustado en tu código genético, a pesar de toda
nuestra evolución y civilización, y es tan parte de ti como tu empatía. Lo siento, pero este código,
Neliss, es la única cosa de la que nunca podrás escapar.
—Pero es peor cuando estás cerca de mí. Dime que no es real.
—Es muy real. Pero en vez de pensar en ello como lo peor, espero que lo veas como algo
natural. Lo es, lo sabes. Es normal que tu naturaleza más primitiva aparezca cuando tu pareja lo
haga.
—No eres mi pareja aún. ¿Qué pasa si… si tenemos sexo? —Se envolvió los brazos alrededor
de sí misma para prevenir un escalofrío—. ¿Se volverá peor… más frecuente? ¿Más fuerte? Me
supera tan fácilmente, Gideon.
—Entiendo lo enervante que puede ser, Legna. También me atormenta siempre que estoy
cerca de ti. Incluso si cruzo un camino que has pisado recientemente, tu olor persistente estimulaba
al dominante en mí, a la parte que necesita con urgencia estar contigo. Cerca de ti. Envolviéndote,
contigo… contigo envolviéndome.
Las palabras eran intensamente sugestivas, pero ni se enteró hasta que extendió la mano,
pasando su hombro para cogerle la trenza, enrollándola dos veces alrededor de su enorme puño
antes de usarlo para persuadirla de que se acercara. Cuando estuvo lo bastante cerca para inclinar
la cabeza hacia su oído, le pasó la boca en una increíble y erótica caricia.
—Ansío el momento en que estés envolviéndome —le dijo, el calor de su aliento y sus
palabras volaron a través de ella como una flecha hacia la diana.
Su cuerpo entero se encendió de calor en respuesta, una inundación de lava líquida
apresurándose locamente a despertar lugares bajo su piel.
—Gideon —exhaló, incapaz de inspirar aire suficiente para decir su nombre más firmemente.
—Mmm, adoro cuando dices mi nombre, Neliss —dijo con la lengua tocando el sensitivo
lóbulo de su oreja lo bastante largo para atraerlo entre sus suaves labios—. Amaré también cuando
lo gimas. E incluso más cuando lo grites.
—Gideon, por favor no hagas esto —le rogó, las palabras salieron en suaves y cortos jadeos—
. No estoy preparada.
—Yo creo que sí.
Para ilustrar su argumento, Gideon elevó los nudillos de la mano izquierda hasta su pecho,
rozando el tenso empuje de su claramente excitado pezón. Legna prácticamente se fundió bajo el
toque, con su cuerpo balanceándose hacia el de él mientras Gideon volvía la mano y la ahuecaba a
través del rico satén del vestido.
—Sí. Sí —cedió—. Mi cuerpo está listo. Pero Gideon…
—Mmm —pasó la boca sobre la mandíbula hasta que estuvo cerca de su boca—. Un Demon
de la Mente cuya mente no está tan deseosa como el resto. Un dilema extraordinario, Magdelegna
—su boca merodeó muy cerca de la de ella, una increíble tentación para su debilitada resistencia.
Recordaba su beso demasiado bien, el sabor, la maestría, y la intensidad más allá de
cualquiera que hubiera conocido.
—Haré un trato contigo, Neliss —le ofreció, continuando las caricias a la forma de su pecho,
obteniendo un gemido sin restricciones—. Siempre que tome algo de este delicioso cuerpo tuyo, te
daré algo que desees que apacigüe tu mente renuente.
Gideon se alejó un paso, liberándola tan inesperadamente que tuvo que frenarse para no
seguirlo. Miró el calor blanco del fuego de sus ojos, entendiendo instantáneamente el esfuerzo que
le había costado negarse sus deseos. La tensa posición de su mandíbula era solo en comienzo de la
rigidez que le bloqueaba cada músculo del cuerpo.
—Esta vez, te concederé tu deseo de ir a casa. Vete. En este momento, Legna.
Otra orden. Aunque una bienvenida. Una que deseaba seguir casi instantáneamente. Pero
dudó, con la mirada fija en la de él, incapaz de separarse.
Las manos de Gideon se curvaron en puños.
—Legna —le advirtió.
Legna cruzó la distancia que había puesto entre ellos en un latido, echándose encima. Gideon
la cogió incluso mientras fijaba la boca en la suya y empujaba las manos en su cabello en la parte
de atrás de su cabeza. Le sostuvo contra ella, buscándole agresivamente la lengua, probándole con
loco salvajismo mientras sus brazos se envolvían lo bastante fuerte a su alrededor como para
levantarla sobre la misma punta de los pies. Se soltó tan repentinamente como había comenzado,
jadeando por aliento antes de que le empujara de vuelta a sus labios hambrientos.
Sus manos se deslizaron sobre ella, en todas partes a la vez, con un toque que igualaba la
ferocidad de sus besos. Un fuego salvaje la quemaba allí donde la agarraba, haciéndola arder. Su
cuerpo era pura fuerza, sólido e inolvidable, caliente y duro, y tan agresivo como el suyo.
Gideon levantó la tela satinada de la parte de atrás del vestido en un par de fieros puños,
usando el material para alejarla. Levantó una mano para mantenerla a raya cuando se movió hacia
delante con un sonido de protesta.
—Si me tocas otra vez, Legna, te tendré —la avisó, con la voz ronca por la necesidad
reprimida y los impulsos apenas sujetos—. ¿Lo entiendes? Sin vuelta atrás, sin más tiempo.
Le había llevado al límite con un sólo beso, y su control se sacudía por la debilidad. El ser
completo de Gideon estaba conmovido por este extraño deseo que no estaba lista para apaciguar.
Creía que estaba en guerra con partes de sí misma, pero no podía saber lo mucho que su mitad
animal estaba rugiendo por ser liberada. Eso era todo lo que podía hacer para mantener el control
sobre sí mismo.
La precaución de Gideon humilló a Legna, y sus ojos se abrieron de par en par con el
remordimiento por forzarle a ser quién mantuviera el control a pesar de su agresión. Sintió la
niebla de su mente en la propia, y el bastón de respeto y preocupación que estaba usando para
apartar cada instinto innato que tenía. Quería que fuera a él con claridad de ideas, con un deseo
sincero que trascendiera solo la química física que tanto los abrumaba. La parte asombrosa era que
quería para sí justo lo mismo que ella quería.
—Así que, una vez más tú eres el que de lejos muestra mayor control entre los nosotros —
dijo en voz baja, alejándose un amargo paso.
Lentamente, liberó la tela del vestido, con el satén deslizándose de sus dedos después de un
largo y momento cargado.
—Iré a casa, como dices, porque debo tranquilizar la mente de Noah. Sé que está
preocupado. Puedo sentirlo. Pero no llevará mucho, Gideon. La noche acaba de comenzar y quiero
pasarla aprendiendo exactamente quién eres y lo que seremos el uno con el otro.
Gideon asintió una vez, un corto movimiento que irradió la fuerza de la atadura que se había
puesto a sí mismo.
—Hazme un favor, Neliss. Recuerda todo el tiempo que soy una parte de tu mente ahora. Ten
mucho cuidado con lo que haces y lo que piensas —exhaló lentamente.
A Gideon le molestó confesar su debilitada disciplina, pero tenía que dejárselo claro.
—Mi autocontrol está estirado hasta ser demasiado fino. A pesar de mi edad y experiencia,
no puedo luchar contra lo que me está ocurriendo. ¿Lo entiendes?
—Lo entiendo. Lo haré lo mejor que pueda, pero estoy igualmente afectada y puedo cometer
errores.
—Lo entiendo bastante bien, Legna. Pero hay una gran diferencia entre entendimiento y
ejecución. De todas formas, mantendré una mentalidad razonable. Es una promesa.
—Gracias.
Esta vez se movió hacia delante lentamente, con una intención bastante clara mientras le
miraba con ojos cautelosos. Se estiró para besarle suavemente, brevemente dando un paso atrás
con una sensación de sobrecogimiento por la ternura que había usado mientras le devolvía el beso.
Se tocó la boca de manera ausente por un momento, luego elevó la misma mano en un gracioso
giro, enviándose a sí misma a casa.
Legna apareció en su habitación, sorprendida al ver que Noah ya estaba esperándola. De
repente tímida, se tocó el pelo con una mano y se cubrió la enrojecida boca con la otra. Noah se
giró de la ventana para mirarla y caminó hacia el armario, manteniéndose ocupada dándole la
espalda.
—Habría ido abajo por ti —le dijo tan neutralmente como pudo.
—Estaba preocupado. Después de que Kane me dijera lo que había pasado, fui a ver a Jacob.
Me dijo que cuando te había dejado con Gideon estabas durmiendo, pero me fui preocupando
cuando pasaron una noche y un día enteros sin una palabra. Jacob me dijo lo que hiciste por él y
por Bella. Estoy asombrado, por decir algo.
—Lo sé —estiró la mano para alisar de modo ausente un pliegue en uno de los vestidos
colgados frente a ella—. Yo me he asombrado mucho.
—Legna, ¿cuándo demonios vas ha decirme lo que está pasando? —le exigió de repente, con
dolor a pesar de sus esfuerzos por mantener un tono uniforme, por ser dejado fuera de la vida que
siempre había compartido.
—Es absurdo que intentes y me escondas emociones en todo caso, Noah —le reprendió
suavemente, volviéndose finalmente para encontrar sus ojos.
—Legna —pronunció, la sorpresa que le inundó era tan potente que la hizo contener el
aliento.
Avanzó hacia ella en dos pasos, extendiendo la mano para aferrarla por la barbilla y le
levantó la cara.
— ¿Qué demonios es esto? —La interrogó bruscamente—. ¿Qué les ha pasado a tus ojos?
No podía contestarle. De repente estaba abrumada por la virulenta preocupación de Gideon.
—Legna, ¿cuál es el problema? Puedo sentir tu angustia.
—Nada. Por favor, no te preocupes.
—Me estás mintiendo. Dime lo que está pasando.
—Noah y yo estamos hablando. Gideon, confía en mí. Estaré bien.
Legna sintió su renuencia, su apremiante deseo de protegerla sin importar cómo. Pero para
su alivio ganó control sobre el instinto y se movió al fondo de sus pensamientos, permitiéndole la
libertad de tratar con su hermano a su propio modo.
—Legna, contéstame.
—Noah, no puedo darte la explicación que deseas si vas a criticarme.
—Te ruego que me perdones, Legna, pero creo que un hermano tiene derecho a estar molesto
cuando los ojos de su hermana han cambiado de un precioso verde grisáceo similar a los de él a un
brillante plateado que se parece a… —Noah se quedó pálido cuando la comprensión clavó
profundo las garras de la sorpresa—. Dulce Destino, Legna, ¿estás loca?
—Noah, me niego a entrar en una discusión contigo sobre esto —le dijo, liberando de un
tirón la cabeza de su agarre—. Y no es como si tuviéramos alguna elección en el asunto.
—Esto… es imposible — gruñó su hermano con pesimismo—. ¡Es más de setecientos años
más viejo que tú, Legna! Su poder no es como ninguno visto antes. ¿Tienes alguna idea de lo que
una infusión de poder tan potente puede hacer a alguien tan joven como tú?
—Hasta ahora lo que ha hecho es permitirme la agradecida oportunidad de salvar la vida de
una amiga muy querida. Una amiga que es la esposa de un hombre por el que te preocupas
mucho, Noah. Tan fuerte como es, ¿cómo crees que Jacob sobreviviría a la pérdida de Isabella?
¿Crees que lo haría siquiera un año? ¿Crees que Padre lo habría hecho si no hubiera sido
Convocado tan pronto después de la muerte de Madre?
—¡Legna! —El genio de Noah se inflamó, echando chispas por los temas reprimidos más allá
de los que se había atrevido a hablar.
Una cosa era compartir los recuerdos de alegría, y otra bastante distinta era discutir
realmente la naturaleza de las muertes de sus padres.
—Estás intentando, como siempre, desviar esta conversación de su tema real, Magdelegna.
—¿Y ese es?
—¡Tú! ¡Tu bienestar! ¿Tengo que señalar que has pasado veinticuatro horas recuperándote de
ese esfuerzo del que estás tan orgullosa? ¿Y si ha sido peor? ¿Y si lleva a que esa clase de poder te
queme completamente, algo que el sueño no pueda curar?
—He pensado en esto, Noah. Contrariamente a lo que tú y Hannah parecéis pensar
perpetuamente sobre mí, ya no soy una niña. Soy consciente de las ramificaciones de mis acciones
y de las acciones de los demás. ¿Te gustaría saber que estoy teniendo una cantidad significativa de
problemas aceptando esto y que estoy lo bastante ansiosa sin tus predicciones de perdición? —Se
giró y cerró las puertas del armario de un portazo en una rara muestra de frustración—. Apenas le
conozco, Noah, y ahora está medio asumiendo quien soy. Todo lo que ha sido de las historias que
oí como una niña que, para ser franca, podía ser bastante espantosa a veces. Así que créeme
cuando te digo que ¡estoy lo bastante aterrorizada para satisfacerte!
Suspiró suavemente entonces y se giró para enfrentarle lentamente, con los brazos cruzados a
la altura de la cintura.
—Mi vida entera se volvió del revés hace unas veinticuatro horas —Legna se inclinó hacia
atrás contra las puertas del armario, cerrando los ojos y liberando lágrimas sin invitación que
cayeron por sus mejillas en el proceso—. Todo lo que he querido hacer desde que esto empezó era
hablar con alguien. La persona con la que decidí compartirlo, la encontré yaciendo en un charco de
su propia sangre en el suelo del salón.
—Legna —dijo Noah, con los ojos tan tristes como su voz ronca, con la ira instantáneamente
evaporándose bajo la lluvia de sus lágrimas—. No quise decir…
—Sé que no. Pero tienes que entender, que he estado luchando para mantener la perspectiva
en todas las facetas de mi vida desde que fui arrancada y atrapada en aquella horrenda prisión de
cinco puntas el pasado octubre. No he estado en paz desde ese día, Noah. El único modo de que
pueda discutir el incidente contigo es en una pelea, y Hannah no es mucho mejor. Entiendo que es
por lo que le ocurrió a Padre y cómo eso os afectó a ambos —Legna se alejó del armario y avanzó
hacia él, extendiendo una mano para cogerle una entre las suyas—. Fue Gideon el que imaginó por
qué había estado tan inquieta, y fue el que finalmente me ayudó a descansar.
—Legna, eso es sólo su talento. Eso no significa…
—Noah, por favor. ¿Puedes dejar de discutir conmigo y encontrarlo en ti mismo para
apoyarme en esto? Gideon y yo no hemos tomado una decisión imprudente basada en algún tipo
de capricho. Hemos sido elegidos por el Destino. Sí, estaba dispuesta a aceptarlo, pero no sabes
como son los sentimientos de Vinculación, lo fuerte que es. ¿Tengo que señalar a Jacob y Bella
como ejemplo? Era una humana, completamente prohibida por nuestras leyes en aquel momento,
y aun así Jacob se encontró traicionando siglos de moral sólo para tocarla. Sin importar lo mucho
que eso le desgarraba.
—No puedes comparar a Gideon con Jacob. Hay cosas… —Noah se interrumpió, pasándose
una mano frustrada por el pelo—. Lo sé, Legna. Eres extremadamente sensible al arte del
compromiso. Gideon nunca se comprometerá. Exige, actúa y espera que nadie le contradiga. Si
intentan hacerlo, simplemente les ignora. No puedo soportar pensar en ti en una relación como
esa.
—Noah, te ruego que dejes de convertirlo en algún tipo de monstruo manipulador, porque
sabes que es una mentira y no lo toleraré. Te quiero, Noah. Siempre lo haré. Entiendo tu miedo,
pero tienes que mirar más allá y entender lo que estás sintiendo. No creo que sea la edad de
Gideon, o el poder o los modales groseros lo que realmente te da miedo.
—Si vas a empezar a psicoanalizarme, Legna, para ahora mismo.
—Has tenido mi amor y atención íntegros prácticamente desde el día en que nací, Noah.
¿Nunca se te ocurrió que simplemente no deseas compartirme con nadie más? Haces bromas al
respecto, pero hay razones por las que no estás interesado en encontrar compañera por ti mismo.
¿Por qué deberías? Tienes un hogar perfectamente cuidado, una bella anfitriona que maneja tus
asuntos sociales, y está más o menos emocionalmente libre. Te doy mi amor incondicional
completamente, respeto y admiración. Te hago compañía cuando hay demasiada gente alrededor,
pero ninguno está lo bastante cerca de tu corazón para ser un confidente seguro del Rey. Sólo hay
una cosa que no puedo hacer por ti y ya sé que tienes tus modos de obtener eso.
—Legna —protestó, con la cara roja—. Eso no es verdad.
—¿Qué parte? —le contestó elevando una ceja.
—Yo… —dudó, apartando los ojos de su penetrante mirada, dándose cuenta que veía mucho
más de lo que había creído—. Bueno, por una vez, las vigas de mi “hogar perfectamente cuidado”
están llenas de telarañas —le dijo tímidamente.
De repente Legna, con gratitud, se encontró riendo. Fue un corto estallido de diversión que
instantáneamente desactivó la dolorosa tensión entre ambos.
—¿Como si te fuera a matar tener un pensamiento para tostarlos en dos segundos y
deshacerte de ellas tu mismo?
Noah sonrió a pesar de sí mismo, negando con la cabeza con solemnidad. Suspiró por la
relajación de la tensión.
—Escucha, no puedo decirte que estoy feliz por ti cuando no lo estoy. No puedo pretender
animarte a dejarme cuando eso va a romperme el corazón. Supongo que lo estoy diciendo es…
—Que necesitas tiempo —finalizó—. Una frase que he estado usando un montón conmigo
recientemente. Entiendo cómo te sientes, Noah. Apreciaría que te tomaras tiempo para entender
cómo me siento, ¿vale?
El Rey Demon asintió silenciosamente. Entonces extendió la mano hacia su hermana dándole
un cálido apretón durante un minuto que la tranquilizó sobre cosas que no podía decir en ese
momento.
—Dejaré que te cambies —dijo moviéndose hacia la puerta de la habitación, abriéndola antes
de dudar un momento—. ¿Vas a salir?
—Sí.
—¿Me haces un favor? ¿Tendrás tiempo para cenar conmigo mañana? —Sacudió el pomo de
la puerta como si inspeccionara su integridad—. Seré capaz de tolerarlo mejor si te tomas tiempo
para tranquilizarme y decirme lo que estás haciendo en toda regla.
—Sólo si me juras que Hannah y los niños estarán a kilómetros de distancia —regateó.
—Ya veo —le contestó con una pequeña sonrisa tirando de sus labios—, el modo en que tus
capacidades se están desarrollando, puedes verlo por ti misma.
Noah se fue, cerrando la puerta suavemente. Tan pronto como se hubo ido, Legna se movió
rápidamente hacia su cama para dejarse caer con un enorme sonido de alivio.
—Bien hecho, Nelissuna. Muy bien hecho.
—Gracias,¿Gideon?
—¿Mmmm?
—Por favor dime que no devastaremos mi familia.
—Se arreglará solo. Tenlo presente. Estoy esperándote, cariño. Y por cierto, sé que quieres ir
a ver a Isabella. Eso va estrictamente en contra de mis órdenes como su médico.
—Sabes, esto va a ponerme de los nervios muy rápidamente. ¿Recuerdas que me dijiste que
necesitábamos convencer a Noah de que me harías feliz?
—Sí.
—Bueno, me haría muy feliz si pudieras desalojar mi cabeza durante un ratito.
—Como sabes, eso es bastante imposible.
—¡Inténtalo!
—Como desees. Por ahora…
Le sintió desvanecerse de la vanguardia de sus pensamientos.
CAPÍTULO 7
Legna apareció en el salón del tercer piso, en la suite en la que sabía que se alojaban sus
amigos, con su reciente habitual estallido para anunciar su llegada. Giró mientras el macho
sentado detrás de ella dejaba de lado su libro y se ponía de pie.
—Legna, es bueno ver que ya has vuelto a la normalidad —la saludó Jacob.
—Gracias. Se siente bien. Quería saber como está Bella.
Jacob se movió hacia la barra de enfrente, tomó dos vasos y una jarra de una cremosa leche
amarillenta.
—Duerme un montón. Supongo que era de esperar. —Se dio la vuelta y un momento
después le daba un vaso lleno de la rica bebida—. No tuve oportunidad de darte las gracias. Tienes
mi eterna gratitud, Legna. Si alguna vez necesitas algo, sólo pídelo.
—Gracias —dijo de nuevo olfateando delicadamente el contenido de su vaso—. Hmm, muy
agradable. ¿Jirafa?
—Muy bien —elogió el Ejecutor—. Muchos lo confunden con cebra.
—Una elección bastante enérgica a primera hora de la noche —comentó—. ¿Estás de
acuerdo, Jacob?
—Lo estaré, una vez que esta crisis haya pasado completamente. —Arremolinó la leche del
vaso durante un largo minuto—. Tengo esa imagen ardiendo en mi cabeza de Bella yaciendo en su
propia sangre... Y no puedo...
Jacob se quebró, aclaró su garganta y miró al techo mientras lanzaba una profunda y
temblorosa exhalación.
—Se te pasará con el tiempo —dijo Legna dulcemente, adoptando instantáneamente la
calma, concentrándose en el tono que solía aliviar a otros—. Sólo recuerda que ella está segura y
que pronto estará bien otra vez.
—Lo sé. Pero tengo que confesar, que lo estoy pasando fatal ausentándome de esta casa,
incluso con todos los guardias apostados fuera, incluso con Noah a un grito de distancia. No sentí
que estaba en peligro hasta que fue casi demasiado tarde. Simplemente no lo entiendo. Está aquí
en mi cabeza 24 horas al día, los 7 días de la semana. ¿Cómo es que ni siquiera pude percibir
cuando estaba siendo brutalmente atacada? ¿Cuándo cayó inconsciente y de repente ya no estaba
allí?
—Jacob, eres demasiado duro contigo mismo.
—Debería de haber sabido cuando dijo que no se sentía bien que era algún tipo de
premonición. Incluso con este embarazo, Isabella no es una persona nerviosa por naturaleza.
Siempre se lo toma con tanta calma… tan relajadamente. Ahora tiene premoniciones
constantemente, y debería haber sabido que éstas son normalmente la causa de la intensa agitación
que estaba experimentando cuando la abandoné. No sé por qué no pensé en ello. Y no sé por qué
no lo entendió por sí misma.
—La premonición es la facultad más obtusa del mundo. Lo sabes, Jacob. Sólo ha vivido con la
capacidad durante cinco meses. No tiene ni idea de cómo distinguirlas siempre o cómo
interpretarlas. Y para el caso, ¿qué te hace pensar que deberías ser capaz de hacerlo algo mejor que
ella? Eres un rastreador y un cazador, no un adivino.
Jacob volvió a tomar asiento en el sofá, suspirando profundamente y frotándose el puente de
la nariz. Parecía agotado y Legna podía sentir los nudos de emoción en los que se había atado a sí
mismo. Tomó asiento a su lado, extendiendo una consoladora mano para posarla en su rodilla.
—No eres responsable de esto, Jacob. Y si conozco a Bella, estaría completamente disgustada
si te pillara culpándote. ¿Cómo esperas que se cure y permanezca tranquila y pacífica si su
compañero está tan trastornado? Puede estar durmiendo, pero te siente. Sé que es un hecho.
Jacob miró a la guapa hermana de su monarca, sus ojos penetrantes no se perdían nada
mientras la escrutaba de la cabeza a los pies. Alargó la mano para tocarla suavemente por debajo
de sus cambiantes ojos.
—Ahora lo entiendo —dijo él de repente—. Tú eres la razón por la qué sigo sintiendo a
Gideon aún cuando no está alrededor.
Legna llevó su labio inferior entre los dientes y asintió con la cabeza.
—Llevas su olor... Pero no completamente aún. —Jacob inclinó la cabeza para estudiarla
desde más cerca—. Ha pasado mucho tiempo desde que vi dos Demons vinculados con la huella
del uno en el otro. Es un regalo asombroso, Legna. Tienes mucha suerte.
—Sabes —rió Legna suavemente—, eres la primera persona que tiene algo positivo que decir
sobre esto. Y esto nos incluye a Gideon y a mí.
—¿Entiendo que Noah ha sufrido el equivalente a una fusión?
—Oportuna analogía para un Demon de Fuego, ¿no estás de acuerdo?
—Noah es notablemente ecuánime para un Demon de su índole. La única quién realmente lo
pone caliente por debajo del cuello habitualmente es esa prolífica hermana vuestra.
—Lo sé. —Se rió entre dientes Legna—. Supongo que debería enumerar mis bendiciones.
Puedo contar con una mano cuántas veces he fastidiado realmente a Noah.
—Eso es porque eres la hermanita, y en toda tu vida no podrías hacer ningún mal ante sus
ojos. Lamento decirlo, Legna, pero eres una mimada redomada.
—¿En serio? Me gustaría como tratas de ser el diplomático de la familia entre dos Demons de
Fuego durante casi tres siglos y luego decirme lo fácil que lo he tenido —desafió ella.
—Gracias. Pasaré de ese honor.
Brindaron, intercambiando risas.
Legna se materializó en el salón de Gideon aproximadamente una hora más tarde. Estaba
sentado en las sombras detrás de sí y ésta se giró hacia él con curiosidad.
—¿Gideon?
Cuando no respondió, se le acercó. Ahí fue cuando se percató de que, en esencia, no estaba
realmente allí. Su forma corpórea estaba sentada en una amplia silla, pero su yo astral estaba en
algún sitio invisible. Lo que notó fue la extraña sensación de que estaba físicamente cercano pero
espiritualmente distante, y que también se mantenía en una silenciosa esquina de su cerebro al
mismo tiempo. Era completamente inconsciente de la intrusión de ella cerca de su cuerpo, su
concentración estaba completamente volcada en otra parte. Aprovechó el momento para mirarlo
de arriba abajo una vez más.
Se movió hasta quedarse de pie delante de Gideon, luego comenzó a rodear la silla,
estudiándolo desde todos los perfiles. No sabía por qué siempre sentía esta compulsión de
contemplarlo de esta manera, pero eso no le impidió hacerlo. Después de un giro, se detuvo
delante otra vez. Estaba solo, dondequiera que estuviera. Casi parecía como si se encontrara en
alguna especie de solitario paseo espiritual. Los Demons de la Mente eran expertos en la
meditación, de modo que ella lo sintió mediante su experiencia y poder, así como también su
unión con él. Sin embargo, permaneció tranquila en su mente, se arrodilló entre sus piernas y posó
sus manos sobre los muslos masculinos. Movió las palmas hacia arriba por la longitud acordonada
de los largos músculos y luego los recorrió de nuevo con el filo de las uñas.
El estímulo hizo que Gideon se agitara. Estaba rompiendo deliberadamente la concentración
que había establecido en su proyección, quizás sólo para comprobar si podía hacerlo. Estaba
increíblemente concentrado, y ella lo sabía, entonces retiró todos los frenos y se inclinó hacia
adelante entre sus rodillas hasta que pudo tocar la boca con la suya.
El beso lo trajo de vuelta con una sacudida.
Gideon inmediatamente llevó las manos hacia ella, suavemente acunaron su cabeza. Legna
sintió los tensos muslos contra sus costados cuando él se hizo cargo del beso y lo convirtió en algo
desesperado, casi brutal. La boca masculina castigó la suya, y ella lo aceptó de buen grado, en pago
por su perturbadora broma. Los dedos de él se enterraron en el pesado cabello, agarrándola con un
hambre puro por la sensación de tenerla dentro de su agarre. Se separó de la boca magullada,
presionando la frente contra la de ella mientras ambos intentaban recuperar el aliento.
—Mía —dijo bruscamente. Quiso contradecir la posesividad, sabiendo cuán ridículo era esto,
pero simplemente no pudo hacerlo. La necesidad de afianzar su reclamo era irritante y
dolorosamente cruda, cada vez más, constantemente permitía que se escabullera sin hacerla
suya—. Eres mía, Magdelegna, y es tan difícil dejarte ir mientras me deseas, incluso por esos
pequeños intervalos de tiempo.
—Lo sé —susurró, presionando los labios suaves a su boca una vez más. Lo besó con todo su
corazón, y él claramente sintió la sinceridad. Esto sirvió en gran medida para calmarlo,
permitiéndole aflojar su agarre, lo suficiente como para llevar sus manos hasta sus orejas y
acariciarle las ruborizadas mejillas con los pulgares delicadamente—. Es tan duro —se quejó
suavemente—. ¿Cómo haces para seguir siendo un individuo, cuando eres así mismo parte del
impulso poderoso de aparearse?
—Irracional o justificado, es lo que es. —Gideon entendió la lógica justo mientras decía las
palabras—. Quizás, con el tiempo, será menos intenso. No tengo ningún deseo de privarte de tu
individualidad, tampoco deseo perder la mía. Es difícil también para mí... He sido tan solitario a lo
largo de toda mi vida, y ahora, de repente que se me haya otorgado tal fascinante compañía...
Temo que no puedo hacerte justicia como te mereces. Y para ti sería peor; Con el influjo de poder
que estás comenzando a experimentar sería agotador, por no decir más.
—Lo sé. —Legna alargó las manos y extendió las palmas sobre la seda oscura que cubría su
pecho—. Supongo que en algún momento, si comienzo a volverme loca, vas a tener que dejarme
sin sentido, atarme o algo así.
—Hmm. Lo último tiene posibilidades —reflexionó con una sonrisa creciente que borró la
tensión en su cara.
Legna rió y le dio un empujón.
—Gideon, eres solamente un viejo pervertido —bromeó.
—¿Y ese es un problema porque...?
—¡Eres horrible! —Se apartó de él, poniéndose de pie.
Se estiró para tomar su mano, atrayéndola más cerca de nuevo y continuó haciéndolo hasta
que ella no tuvo otro sitio dónde ir, salvo su regazo. Tomó asiento y sus voluminosas faldas se
extendían sobre ambos.
—Te perdonaré por esta vez —concedió ella.
—Gracias —dijo Gideon con honesta cortesía—. Ahora, belleza mía, dime lo que te gustaría
hacer para llegar a conocerme mejor. Me encuentro esperando con ansia tus descubrimientos.
—Bien, no pensé en nada específico. Imaginé que el tiempo se llenaría sólo.
—Eso es peligrosamente liberal, cariño. Si dejas que las cosas sigan su curso natural, puedo
decirte exactamente lo que terminaremos haciendo.
Legna soltó una risita, sonrojándose porque se dio cuanta de que tenía razón. Incluso con
sólo sentarse en su regazo y hablar como estaba haciendo, podía sentir la mutua percepción que
chispeaba entre ellos, constantemente hirviendo a fuego lento y esperando sólo un poco más de
ardor para llevarles hasta el punto de ebullición.
—Muy bien, estoy abierta a sugerencias —invitó ella.
—De nuevo, demasiado liberal —bromeó él, sus ojos centelleaban con la luz de estrellas
traviesas.
—Eres incorregible. Nunca me percaté de que fueras un maníaco sexual, Gideon.
—Lo soy ahora —corrigió, trazando con un dedo hacia abajo el puente de la nariz—. ¿He
mencionado que ha pasado bastante tiempo desde que me he sentido atraído por una hembra?
—Si es algo menos de mil años, no quiero oír hablar de ello —advirtió.
—¿Mencioné que era virgen? —se corrigió él inocentemente.
—Eso es sencillamente maravilloso, querido —arrulló con complacencia, dándole una
aprobatoria palmadita en la mejilla.
Gideon echó atrás la cabeza y soltó una carcajada. Lo deleitaba sin fin y no podía recordar
haberse sentido tan alegre en toda su vida. A veces parecía como si hubiera nacido demasiado
severo para su propio bien, y que había estado encorsetado durante siglos. Era un bálsamo para su
alma el ser capaz de bromear con su hermosa amada.
—Nunca sospeché que tuvieras sentido del humor —caviló en voz alta, estudiando su cara
como si él fuera un fascinante enigma a resolver—. ¿Ves? Apenas diez minutos en la noche y ya he
aprendido cosas fabulosas sobre ti.
—Imagina lo que pasará en una hora —dijo.
—Eso me ha sonado sospechosamente liberal —replicó ella sagazmente, alzando sus brazos
para rodearle el cuello—¿He mencionado que parece exactamente que te has bajado de un barco
pirata? Este atuendo es muy... Canallesco.
—¿Canallesco?
—«Canallesco» es una palabra de la lengua española —disertó ella—. Significa... Parecer un
canalla. En tu caso, al llevar el estilo de un canalla. Canallesco.
—Sé lo que significa, Neliss. No creo haber oído nunca ser descrito de tal modo con
anterioridad. Tendré que aceptar tu palabra en esto. —Estiró la mano para echar hacia atrás parte
de la pesada caída de su pelo—. Siempre llevas puestos vestidos como este, y casi nunca te recoges
el pelo. No lo tomes como una queja, pero me preguntaba por qué es así.
—Me gustan los vestidos. Nunca me sedujo completamente la idea de las faldas por encima
del tobillo. Supongo que soy una anticuada chica del siglo dieciocho.
—Ya veo. Y ¿cuándo, exactamente, debería empezar a buscar a esos cerdos que vuelan?
—Sabes, ¿te sientas allí y me acusas de tener una bocaza?
—Bueno, te preguntabas que parte de ti iba a revelarse en mí —contestó.
—Oh. Ja ja. Tu ingenio estelar me ha cautivado sinceramente hasta los dedos de los pies. —
Fue su seca respuesta.
—En cualquier caso —siguió, sin hacer caso de su sarcasmo—, tu estilo te sienta muy bien.
También me viene bien a mí.
Gideon extendió la mano y con un único dedo trazó lentamente la cremosa seda de su escote.
El vestido era una opresiva funda desde los hombros hasta la parte superior de los muslos, a partir
de los cuales llameaba en una falda y una serie de enormes pliegues de brillante material
iridiscente. El escote, sin embargo, era la antítesis del estilo, por lo demás, recatado del vestido, con
un corte lo bastante profundo como para permitir que su ligero toque pasara rozando sobre las
mismas cumbres de sus senos, haciendo que la respiración de ella instantáneamente se acelerara.
—No puedo explicarte, Legna, cuánto me afectas —dijo con voz llena de la fascinación
reflejada en sus ojos mientras éstos devoraban la hermosa carne desde el escote hasta el evidente
empuje de los pezones oscuros bajo la liviana tela. Se inclinó avanzado ligeramente, inclinando la
cabeza hasta que su boca rozó la línea de su esternón. El erótico beso hizo estragos en el equilibrio
de ella que se aferró a sus hombros para afianzarse. Los labios de él trazaron con pasión sobre su
piel de seda, hacia arriba una línea que le llevó hasta su extraordinaria garganta. Ella se estremecía
oleada tras oleada de estimulantes escalofríos de placer mientras él le acariciaba con la nariz la
garganta y el cuello, prestando gran atención al más pequeño de los toques y el efecto que tenía en
el cuerpo femenino. Cuando se retiró, hizo un sonido de irritación en protesta, haciéndolo reírse
entre dientes suavemente—. Ten cuidado con lo que ronroneas, cariñito. Tú también resultas ser
una tentación exquisita para mí como para resistir durante mucho tiempo.
—Ya veo —dijo suavemente, sus ojos amorosos se encontraron con los de su compañero,
apenas a una nariz de distancia—. Lo que me haces parece tan simple e inofensivo, si lo miramos
desde una perspectiva externa, pero cuando estás dentro... Lo siento como fuego y magia.
—Mmm, te prometo, Neliss, que esto es sólo el principio del fuego y la magia que sentirás
desde tu... perspectiva interna.
Legna sintió como si su cara de repente se hubiera prendido fuego cuando se sonrojó por la
intencionada tergiversación de sus palabras. Oírle decir tales cosas la volvió completamente al
revés, poniendo su imaginación en curiosas tangentes que eran notablemente vívidas y
descaradamente carentes de decoro. Con él compartiendo su mente, tenía la certeza de que era
consciente hasta la última de ellas. Esto hizo que se preocupara por lo que podría pensar de ella, y
lamentaba no poder hacer esas partes de sí misma menos obvia ante la exploración a través de su
psique.
—Legna, tu imaginación me encanta. Me sería duro sugerir intentarlo e ignorarlo —explicó
en respuesta a su cavilación privada—. Nunca te avergüences de nada sobre ti misma, Neliss.
Nunca sientas que debes pedir perdón por tus vivencias o tu curiosidad. No viviste una vida plena
y variada antes de mí, como yo no lo hice antes de ti. Ni yo podría ser como Jacob, frenético cada
vez que un macho entra en tu esfera. Somos el uno para el otro. Eso no puede cambiarse, y tengo fe
en ello, así como confianza en ti —apaciguó sus nervios erizados poniéndose de pie, la colocó
enfrente tan pegada a él que los dedos de sus pies se tocaban. La abrazó estrechamente, sus manos
le rodeaban los hombros como una capa, acunándola contra la longitud increíblemente caliente de
su cuerpo—. En tus pensamientos encuentro suficiente aventura y estimulante curiosidad como
para que nos lleve otro milenio, y saborearé cada experiencia que desees explorar.
—¿Aún cuando hayas hecho probablemente de todo dos veces ya? —rebatió.
—No he hecho nada contigo. Nada salvo estos dos días pasados, en realidad. —Alzó la mano
para recorrer con los suaves nudillos la curva de su garganta—. No hay ninguna experiencia en mi
vida comparable con el modo en que tu beso me hace sentir. Incluso este toque simple contra la
piel más suave del universo, es nuevo e impresionante. Sabes que éstas no son sólo palabras
bonitas, Legna. Puedes sentirlo como yo lo siento. Puedes entrar en mi perspectiva y saber que
digo la verdad. No te asustes de mi edad y sabiduría. Todo esto se queda en nada cuando se trata
de experimentar contigo.
Verdad. Era la verdad, nunca mentía. Todos lo sabían, y ahora ella lo sabía tanto de hecho
como por convicción. El único momento en que era capaz del engaño era cuando se engañaba a sí
mismo sobre las emociones y sentimientos que protegía tan excesivamente. Si bien todo lo que
estaba diciendo ahora era una verdad absoluta. Había vivido los siglos desde las guerras con
seriedad y reserva, ni una vez se arriesgó a la inevitabilidad de la pérdida, nunca le permitió a la
emoción nublar su juicio o acciones.
Hasta ahora. Ahora de repente decidió apostar sin reservas en ella. ¿O fue él en realidad?
Parecía tan asumido, pero ¿estaba aceptando realmente incluso la naturaleza más profunda de lo
que el Vínculo significaría para ambos? De hecho, ¿lo hacía ella?
—Creo que estoy preparada para elegir una actividad para nosotros —le dijo, de nuevo
forzada a desatorar la persistente presión en su voz la cual aparecía siempre que la ternura de él lo
hacía.
No respondió. Estaba demasiado absorto en el contacto que estaba recorriendo sobre su piel.
Éste se había extendido hasta la cara, hombros, y, una vez más, hasta el trozo del expuesto
esternón de ella. Claramente no podía resistir estas tentaciones. Era como si estuviera tan perdido
en la vivencia que ni siquiera se dio cuenta de que se le había evadido en la tangente sensual.
Era seguro decir, estando de pie tan cerca como estaba ella, que ésta era muy consciente del
ascenso de su excitada sensualidad. Incluso si su mano no hubiera estado ardiendo a través de su
piel, la impenitente dureza de su cuerpo presionada con erótica familiaridad contra el suyo le
habría dicho lo extraordinariamente perdido que estaba en su necesidad por ella. Gideon tuvo que
ser la criatura más sexual que alguna vez hubiera encontrado. Y con todo, sólo hacía unos pocos
días, si le hubieran preguntado su opinión sobre aquel asunto en particular, habría supuesto todo
lo contrario. ¿Estaba diciéndole la verdad cuándo le declaraba que esto era debido a ella?
—Nunca miento, belleza mía —murmuró él, haciéndole un recordatorio de su propio
acuerdo en esto. Sus labios contra su pelo, apenas por debajo detrás de su oreja, eran calientes y
sonrientes incluso mientras le besaba apasionadamente el sensible punto—. Y aunque yo fuera tan
sólo un viejo verde, Neliss —susurró como el calor de la luz del sol en su oreja—, nunca explicaría
la ternura que ves en mí ahora mismo. —Ciñó su agarre, atrayéndola tan cerca que ardió con
pasión contra ella—. Y a estas alturas habrías estado en mi cama, bajo el peso de mi cuerpo abierta
y acogiéndome.
El crudo comentario y el agresivo calor de su cuerpo la hicieron boquear en una mezcla entre
sensibilidad escandalizada y excitado deleite. Legna alzó la vista hacia sus ojos hambrientos y se
lamió los labios con hambre propia.
—Si no encontramos algo que hacer, terminaremos en la cama juntos —le recordó con su
corazón golpeando tan obviamente contra el pecho de él.
—Sí. A lo mejor sin la intención de excitarnos hasta la boda en Beltane de Jacob y Bella —
reflexionó ante el placer de la especulación completamente evidente en su expresión.
Era un pensamiento atractivo también para Legna, especialmente cuando la boca masculina
se sumergió por debajo de su pelo para seguir atormentando la piel sensible de su cuello. Pero del
mismo modo, tomó el asunto en sus manos, si se puede decir así, y se teletransportó fuera de su
abrazo, reapareciendo al otro lado de la estancia. Al encontrarse con los brazos tan repentinamente
vacíos, le ofreció una elocuente mirada. Ella iba a pagar por su pequeña broma un día, y sus ojos se
lo prometieron tan a la perfección como una amenaza articulada.
Por el momento, sin embargo, Legna tenía que dirigir sus energías hacia otra parte, si es que
tenía alguna vez tiempo suficiente como para pensar directamente en esta situación. Gideon estaba
demasiado lejos cerniendo una seducción para ellos como para arriesgarse a un flirteo excesivo.
Era un macho alfa, por genética, vivencia, y un conocimiento de los años que le aseguraban como
conseguir hacer las cosas a su modo en el momento en que lo quisiera, merecía hacer su voluntad
debido a su superioridad en salud, fuerza, e intelecto. Debía ser el macho de su excepcional
manada que lo aceptaban como el más poderoso, el más hermoso, y el que cuyos deseos estaban
por encima de todos los otros.
Y ella debía ser su compañera.
La hembra alfa, la cazadora, amante y madre, la disciplinada, estricta y confortadora de la
crianza y estabilidad. Se dio cuenta de que esto la complacía demasiado. Incluso lo de la cazadora.
Aunque sólo recientemente se había iniciado en esta parte de sí misma, sabía que se ajustaba bien a
su interior, había obtenido demasiado placer en sus breves comparecencias como para enjuiciarlo y
negarlo ahora. Esto no significaba que no le asustara ser consciente de este conocimiento sobre sí
misma. Era una diplomática, la conciliadora y pacificadora tanto en su familia como en la corte de
su hermano. Era totalmente ajeno a su naturaleza de más de dos siglos el abrazar la violencia y la
agresión. Pero esto era lo que sería, era inevitable. Como Gideon había dicho, ella había hecho su
elección. El problema era conciliarse con esto, encontrando la alegría. ¿Podría alguna vez sentirse
feliz con tal alteración en sí misma? ¿Podría ser lo que él necesitaba? Incluso ahora no podía darle
lo que requería de ella. Sabía que se refrenó con dolor, sabía que esto alimentaba el cáncer de la
soledad con la que había vivido durante tanto tiempo, para ser resguardado por el refugio que ella
podría proporcionarle.
Era sólo la preocupación lo que le impedía tomar lo que en esencia era tan suyo, justo como
él era tan de ella para tomarlo. Pero tal como él era la ofrenda, Legna todavía no podía entender
como podría ser un recipiente digno. Así que existía el temor, profunda y firmemente enraizado el
que había sido infundido durante muchos años a lo largo de su vida. Había sido moldeada para
sentirlo, el respeto a su desconocido e ilimitado poder, la admiración y responsabilidad de la edad
y sabiduría que le vendría a cualquiera que lo pretendiera tal como Gideon hacía. ¿Cómo iba a
soslayar alguna vez aquel miedo? ¿Cómo se sentiría una igual, cuando Noah apenas desde
siempre la había hecho sentir, en su casa?
—Con la ayuda de tu compañero elegido —contestó Gideon desde el otro lado de la
estancia—. Legna, permite que te muestre como soy capaz de hacer todo lo que temes tan
íntimamente, tan íntimo como quieras que llegue a ser. La familiaridad ayudará a superarlo sin
problemas, te permitirá reemplazarlo por todo lo que necesitarás para caminar a mi lado durante
nuestra vida. Puedo introducirte en tu creciente poder, y también puedo asegurarte que bajo todos
los míos no soy diferente a Noah o a cualquier otro Demon macho entre nosotros. También puedo
mostrarte las ventajas y los placeres que vienen de aceptar ya no el lado más instintivo de ti
misma, sino el mismo lado dentro de mí.
—No tengo dudas de esto, Gideon. Ese es justamente el problema. No sé si quiero aceptarlo.
—Es el miedo a lo desconocido lo que te mantiene en conflicto. Te conduces por el impulso y
por la naturaleza en estos momentos y esto te asusta, y puedo entenderlo. Te sientes mucho más
cómoda con la idea de que eres un ser inteligente de elevados principios morales y de buenas
costumbres. Así es como has llegado a ser la criatura refinada y valiosa que eres en la esfera de tu
hermano. Pero en todas las cosas debe haber equilibrio. No puedes controlar esos impulsos cuando
suceden, porque necesitas el salvajismo tanto como necesitas la sensibilidad. Este es el momento
de integrar a la cazadora con la diplomática, Legna. No tienes fe en que tu mente aprenda
finalmente a regularse, eligiendo apropiadamente las situaciones del futuro. Persistes en el
pensamiento de que explorar el lado más vil de tu naturaleza significaría una pérdida total de
control. Ese es el centro de tu miedo.
»No has cambiado en lo esencial, Legna, y no puedo concebir que esto te vaya a suceder
alguna vez. El depredador con intelecto y moral elegirá tus batallas con mucho cuidado. Ningún
cazador auténtico caza por encima de sus necesidades. Es lo que hace la diferencia entre un asesino
sofisticado y un asesino despiadado. Llevarás tus armas de conciencia y tolerancia contigo. El
asesino impasible las deja tras él. Has perfeccionado el desarrollo de tus principios y éstos no te
abandonarán. Nada de importancia se perderá en el proceso de alimentar a la cazadora. No
perderás nada, y adelantarás así mismo más.
—Pareces tan seguro —dijo ella cansadamente, volviéndose para mirar fuera de la ventana
cerca de la que estaba parada—. Pero los lemmings están atestados de instinto animal, y mira lo
que les pasa.
—Estás olvidando de que eres un ser intelectual, completamente capaz de darte cuenta de
que eso de lanzarte en carreta hacia un acantilado es una idea bastante mala —la reprendió con
gentileza, aproximándosele lentamente por detrás.
Fue consciente de su avance, pero a pesar de todo, él no lo ocultó de ningún modo.
—Si lo que dices es verdad, entonces ¿por qué siento como si no pudiera parar este impulso
de correr hacia un acantilado y directamente meterme en tu cama? Esto abrasa y golpea hasta la
última de mis células, brotando en esta tremendamente excitable percepción cada vez que estás
cerca de mí como ahora. Con cada paso que das, el fuego crece, tensándome, impulsándome a
lanzar la moral y la cautela por la ventana y sólo… —Se giró para afrontarlo, sus ojos ardían con
intensidad con su aliento acudiendo rápidamente—… Sólo devorar momento tras momento
contigo.
—Suena imprudente, Legna, lo sé. No está normalmente en ti el querer exponerse de
semejante manera a un macho el cual, para todas las intenciones y propósitos, te parece un total
extraño. Olvidas tener en cuenta, Nelissuna, que esta no es una unión normal entre nosotros. La
naturaleza de la Vinculación es más antigua que el tiempo, tiene como intención impulsar a
aquellos que son genéticamente compatibles juntos a fin de perpetuar la evolución y continuación
de las especies. . Es lo que lleva a los lobos a crear una jerarquía en la manada donde sólo se les
permite a los alfas reproducirse. Los machos de cien tipos diferentes de animales son impelidos a
luchar hasta que el más fuerte y el más magnífico de los machos, sea elegido para liderar a la
manada y reproducirse en ella. Como siempre vivos ejemplos, nosotros también estamos
compelidos a realizar estos rituales de unión.
»La diferencia es que nosotros tenemos una inteligencia especial que a veces intenta revocar
los planes que la naturaleza tiene para nosotros. Es quizás sólo una batalla más que se necesita
vencer a fin de satisfacer la misma naturaleza de que somos, tan compatibles como ella dispondría
que fuéramos. Tú y yo somos dos de los mejores ejemplos de nuestra gente, Legna, así pues no es
ninguna sorpresa que seamos biológicamente compatibles. Sin embargo, son nuestros vastos
intelectos, nuestras habilidades, y nuestras conciencias las que también dictan si deberíamos portar
el privilegio del Vínculo entre nosotros. Por esto es por lo que mi creencia es que no somos tan
desconocidos como tú puedas pensar.
—¿En qué sentido? —Preguntó, moviéndose hacia la chimenea para calentarse, y
acercándosele más en el proceso.
—Bueno, en las formas Demon, por una parte. Puedo provenir de una edad más bárbara que
todos los demás de mi alrededor, pero ¿quién piensas que promovió los fuertes códigos éticos y
morales de la juventud que seguirá viniendo detrás de mí? Las leyes que te gobiernan y el respeto
que mantienes en tu código moral son de mi desarrollo y de mi creación. Tus creencias, y las mías,
son las mismas. De modo que ya nos conocemos el uno al otro de corazón.
Entonces hizo una pausa, una nube tangible de apenada emoción resbaló sobre él de repente.
Fue lo bastante poderosa como para hacerle volverle la cara, como si estuviera avergonzado de lo
que sentía. Ella podía sentirlo luchar contra algo muy oscuro y extraordinariamente opresivo
dentro, pero como siempre lo mantuvo fuertemente encubierto en su interior, incluso para el
especial acceso de ella en su mente confirmando no ser lo bastante fuerte para ver tras el muro que
erigió contra el mundo a su alrededor.
—Jamás quise ver una repetición de las Guerras Druidas en toda mi vida, Legna. Tuve que
hacer todo lo que estaba en mi poder para cambiar lo que éramos. ¿Cómo podría cualquiera
teniendo conciencia, sin importar cuánta, tardar en llegar al conocimiento de lo que pudo haber
sido, hacer algo menos? La manera en que los Druidas fueron masacrados, encerrados por sus
compañeros Demon, por aquellos de nosotros que no teníamos compromiso... Fue una crueldad
que rezo para que nunca veas algo semejante. Quienes no sabíamos nada de cómo se sentía estar
Vinculado no podíamos siquiera comprender el horrible infierno que era condenar a ambas
mitades de la pareja a una tortura tan inconcebible. Los Druidas fueron abandonados a morir de
hambre por la privación de las energías de sus compañeros Demons Vinculados, y los Demons se
volvieron completamente locos porque… —Gideon se quebró, esta vez volviéndole la espalda
como si quisiera mirar fuera de la ventana que ella acababa de abandonar. Pero esta vez, fue inútil
molestarse siquiera en tratar de encubrir sus emociones con acciones. La culpa y la vergüenza que
fluían casi lo asfixiaban.
—Gideon.
Se puso en marcha cuando de súbito las manos de ella se posaron en su espalda,
acariciándolo en un gesto reconfortante. El calor calmante que le enviaba como pulsos suaves de
compasión estabilizó el martilleo de su corazón y le proporcionó un bálsamo para aliviar su dolor.
Fue un regalo tan abrumador ante lo que le estaba contando, que sintió como si no debiera
aceptarlo. Pero había sufrido durante tanto tiempo…
Entonces recordó que era justo que le doliera. Merecía vivir este largo tiempo cargando con el
peso de sus pecados. Nunca podría permitirse olvidar cómo había permitido que las pasiones de
odio y prejuicio, cólera y miedo, nublaran su juicio alguna vez. Para él, esto no eran historias de
personajes muertos hacía mucho tiempo que enseñar en desapegadas lecciones de historia en
clases de Demon o una lección impartida para inspirar la noción de moral en el joven. Para él los
nombres y los rostros implicados habían estado vivos y tangibles. Había sido el hijo adoptivo del
Rey Demon, Jonas, que había sido brutalmente asesinado por la mano engañosa y demente del
monarca Druida, Isere. Y en sólo un momento de confianza se extendió en una dirección indigna,
esto había desembocado en el final. Y fue el momento en que había comenzado una guerra; un
instante que había dado nacimiento a un milenio de pena y culpa, y, como último Samhain, había
recobrado el sentido para darse cuenta de que esto había causado años de sufrimiento para todos
los Demons que tan desesperadamente habían necesitado a sus compañeros Druidas aniquilados.
¿Qué pensaría ella de él, su hermoso compañero, si supiera que había sido una de las voces que
más fuerte clamaban pidiendo las cabezas de los Druida? Sensible y dulce como era, ¿cómo podría
alguna vez perdonarlo por esto?
—Cuéntame el resto —solicitó Legna, inconsciente de las preguntas que lo obsesionaban
pero, aún así, usando la voz como un persuasivo instrumento de absolución. Ella sabía lo que
necesitaba, aún cuando no entendiera exactamente por qué.
Legna se movió alrededor hasta que estuvo de pie frente a él, alzando la vista al rostro que
trataba de ocultar. Tomó la cabeza entre sus manos suaves, haciéndolo mirar hacia abajo, a su
expresión compasiva y a sus clementes ojos.
—El problema es que —dijo en una acometida de palabras suaves—, aparte de mi problema
de reconciliarme conmigo mismo ante la idea de que realmente te merezco, Nelissuna, es que estoy
completamente oxidado en cuanto al afecto y la emoción romántica. Me temo que no tengo ni idea
de cómo manejar tu confianza y buena opinión, da igual ser lo que necesitas... Además de eso.
—Bien, puedes relajar la mente en cuanto a una calificación, Gideon. Ya cuentas con mi
opinión favorable. Sé —frenó la protesta con una mano levantada—, sé que fui muy hostil contigo
esta pasada década, pero ambos sabemos que fue orgullo herido. Ahora que entiendo tu manera
de pensar en tu comportamiento hacia mí, puedo considerarte mucho más equitativamente. Por
ejemplo, ahora puedo ver que esto lleva a un hombre bueno y honorable a sacrificar una necesidad
urgente tan genéticamente autorizada por los sentimientos y necesidades de alguien más, como
hiciste por mí...Y, creo, por Noah. Estabas protegiendo su relación contigo de manera que me
protegías a mí, Gideon.
»Incluso afrontaste gran condena y vergüenza debido a tus esfuerzos por protegerme, y
puedo encontrar muchos motivos para encontrarte merecedor de mi buena opinión únicamente
con aquellas acciones. Añade a esto el modo que te das tan desinteresadamente a aquellos que
amas cuando están tan traumáticamente heridos, salvándolos de la muerte cuando ningún otro
puede, y ya has dado un paso muy firme en el camino de convertirte un día en mi salvador. Mi
caballero de brillante armadura... Atuendo de granuja aparte. —Sonrió, formando un hoyuelo en la
mejilla al hacerlo—. Pero no diremos a Noah nada acerca de esto porque lo devastaría el pensar
que ha sido desbancado de su posición como único autentico héroe en mi vida.
—Te juro que no lo oirá de mí —le prometió con ojos resplandecientes de brillante esperanza,
iluminada por las estrellas mientras la miraba, bebiendo de las curvas de su radiante rostro. Siguió
el toque de sus ojos con el roce de las yemas de sus dedos—. Legna, he vivido tanto tiempo, y hay
tanto que no sabes. Puedes encontrarte haciendo frente a un deseo de cambiar tu opinión sobre mí
de nuevo.
—Antes de que tome tal impulsiva elección como hice hace nueve años, prometo que
hablaremos del asunto juntos antes de formar un juicio.
La promesa lo consoló enormemente; ella pudo verlo y sentirlo así cuando él se relajó sólo un
poquito más. Era consciente de que alguien tan longevo como él tenía que haber hecho una
considerable porción de errores, pero las atrocidades de la guerra pertenecían a dónde habían
ocurrido, al lejano pasado. Gideon era claramente capaz de castigarse a sí mismo mucho más
severamente que lo que podría hacerlo la retribución exterior de alguien.
—Ahora —continuó, alcanzando la mano masculina y encerrándola entre las suyas mientras
entrelazaba los dedos—, pienso que sería agradable pasear por los jardines. Después, podría
disfrutar de un juego de ajedrez, si te sientes predispuesto.
—Hmm. —Gideon sonrió mientras seguía su firme guía—. Siempre sentí curiosidad en
cuanto a dónde adquiriste tu gusto por la horticultura —reflexionó—. Tendré que convertir el
patio de sol en un vivero. Éste no tiene utilidad debido al cristal cubierto y esto proporcionará un
gran espacio para trabajar.
Legna sintió el corazón hundirse y agitarse ante la insinuación de que vivirían un día juntos.
Sabía, por supuesto, que era inevitable y por eso lo dijo Gideon de aquella manera, pero de todos
modos hizo que su estómago se inquietara con una ansiedad inmediata.
—Oigo tus pensamientos, mi belleza —susurró en su oído de repente, haciéndola detenerse
en el umbral del pórtico trasero a fin de encontrar sus ojos—. No puedo consolarte en este asunto.
Serás mía un día pronto, e ingresarás en mi casa. Lo sé. Tú lo sabes. Témeme si debes hacerlo, pero
no temas lo inevitable. Formarás un hogar conmigo mucho antes de que sientas que has llegado a
entenderme. Quizás incluso antes de que confíes en mí.
Legna sabía que tenía razón, e inmediatamente la lógica puso orden en sus nervios agitados.
Se humedeció los labios con un suave movimiento de la lengua.
—Lo siento. Tienes razón, por supuesto. —Protegió ferozmente el pensamiento
contraproducente que tenía, una congoja sobre Noah siendo abandonado solo, sobre su partida de
la casa de su infancia y todo lo que esto significaría. Podría significar tanta felicidad para ella, y
tanto dolor para otros. Ya lamentaba aquel dolor.
—Puedo complacerte en tu paseo por los jardines —estaba diciendo Gideon mientras la
conducía dentro de la vasta jungla de sus jardines medio desbravados—. Pero el ajedrez es una
habilidad demasiado rudimentaria para ti. De hecho, será imposible jugar justamente con cada
uno de nosotros siendo capaz de leer las intenciones del otro.
—Ah, pero allí está el desafío, Gideon. El que aprenda a dominar el bloqueo de los
pensamientos del otro, se convertirá pronto en el vencedor. —Sonrió, pero él no sintió la ironía que
ella veía detrás de esto. —Digo que es un excelente desafío.
—Ya que lo pones así, me encuentro inclinado a estar de acuerdo.
Detuvo repentinamente su avance, la ondulación de este gesto se desplazó hacia arriba por
los brazos unidos de ambos, tirándola para hacer un alto que invirtió su ímpetu y la hizo chocarse
con el alto armazón de él con un pequeño gruñido de sorpresa. Parpadeó para aclarar su
desorientado sentido de la dirección, alzando la vista a su decidida mirada mientras las manos de
él enmarcaron su cara una vez más. Bajó la boca hasta la suya, besándola con infinita ternura, la
lujuria habitual del uno por el otro brotó entre ellos siendo contenida firmemente, acorralada.
Deseaba que ella supiera que la única parte de su cuerpo comprometido en este momento era
su corazón agradecido, y éste era el único modo en que podía decírselo.
CAPÍTULO 8
Legna se despertó el siguiente atardecer por el salvaje y ruidoso caminar de pequeños pies
conocidos que resonaban por los pasillos de piedra del castillo. Por supuesto, la voz femenina
exasperada regañando después de que se retirara el ejército de niños también le era
completamente familiar.
Legna bostezó y se estiró entre el calor de las mantas. Se sorprendió cuando su mano golpeó
una pared sólida de carne. Se sentó de repente, conmocionada, mirando directamente a los ojos de
Gideon.
—¿Estás loco? —siseó, tirando hacia arriba bruscamente las mantas para asegurarse de que
estaba bien tapada mientras al mismo tiempo miraba de hito en hito preocupada a las dos puertas
que conducían a su cuarto—. ¡Noah percibirá que estás aquí!
—Buena víspera a ti también, Neliss —respondió de manera despreocupada, como si no
tuviera ninguna inquietud en el mundo. Cuando siguió fulminándole con la mirada, se rió entre
dientes y se sentó derecho para afrontarla—. Estoy en forma astral, cariño. Sentí que comenzabas a
despertarte y quise que mi cara fuera lo primero que vieras cuando abrieras los ojos —Gideon
estiró la mano para echarle el pelo despeinado hacia atrás, una tierna sonrisa cruzaba sus labios.
—Esto es terriblemente dulce viniendo de ti, Gideon —susurró con permanente agitación—,
pero ¿qué te hace pensar que Noah no puede percibir tu energía incluso en esta forma?
—Casi con toda probabilidad lo confundirá con esa parte de ti en que me has trasformado. Y
si no lo hace, debes desearlo, puedo largarme en el momento en que sientas su acercamiento.
Personalmente, no estoy tan intimidado por tu hermano como pareces estarlo tú.
—Gideon, no se trata de intimidación. Es sobre el respeto por la casa de mi hermano… por
no mencionar sus sentimientos. Quiero que le cause el menor dolor posible. Esperaba que lo
entendieras.
—Y hago todo por entenderlo, Neliss. Sin embargo, tu hermano es lo suficientemente maduro
como para darse cuenta de que vendré a visitarte aquí hasta que vengas a vivir a mi casa. Sospecho
que lo tolerará si significa el aplazamiento de esa eventualidad.
—Entiendo tu punto de vista, Gideon, pero esto es todavía nuevo para Noah. Debes darle
algo de…
—¿Tiempo? —terminó por ella.
Suspiró, comprendiendo como de irritante debía estar volviéndose esa palabra para él.
Estaba igualmente frustrada de que todos esos problemas se alzaran entre ellos.
—Tengo intención de tomarme tiempo para solucionarlos contigo, Legna. Deja de
preocuparte. Me atribuyes un carácter que no tengo. Como hombre que ha vivido tanto tengo que
haber adquirido mucha más paciencia de la que me acreditas. Ahora bésame así podré dejarte y
sosegar tu mente preocupada.
Legna sonrió, lanzando su pelo hacia atrás sobre su hombro mientras se recostaba encima
con su boca alzada invitadoramente. Él se estiró para sujetar la parte de atrás de su cabeza con una
mano grande, tirando firmemente hasta su boca.
Sus besos en esta forma eran una nueva experiencia completamente diferente. Puesto que
estaba hecho de pura energía mental, solidificada sólo por el poder del pensamiento, había un dejo
de reacción que se precipitó sobre sus mojados labios y el interior caliente y húmedo de su boca
cuando lo exploró durante un largo y abrumador minuto. La única cosa con la que podía
compararlo fue con la sensación recibida al lamer una batería… sólo que esto tenía un efecto diez
veces más fuerte. Se rió contra sus labios cuando comenzó a reírse tontamente tanto ante el
pensamiento como por la cosquilleante sensación.
Retrocedió, acariciándola suavemente en descenso por un lado de la cara mientras sus ojos
seguían chispeando con un brillo divertido.
—Nunca me aburrirás, cariño —le prometió, besándola muy brevemente antes de disiparse
bajo su toque.
Suspiró, sintiendo la pérdida de su presencia más agudamente cada vez que se separaban.
Sabía que sólo era una cuestión de tiempo antes de que no fueran capaces de separarse en
absoluto. El momento en que la naturaleza sobrepasaría al sentido. Sólo esperaba que para
entonces hubiera alcanzado la conciliación con todo, en su propio interior.
Se deslizó fuera de la cama rápidamente, de alguna manera consiguió ducharse una vez más
con los ojos cerrados todo el tiempo, a pesar de las risitas que resonaban una y otra vez por su
mente. Para cuando estuvo vestida, se encontraba ruborizada por hallarse dividida entre regañar a
Gideon o reírse con él. Lamentablemente, reprenderle habría sido totalmente ineficaz,
considerando que ya estaba al corriente de su dilema entre las dos opciones.
Entonces levantando la nariz en el aire y decidió ignorarle completamente.
Cuando alcanzó el último de los escalones, Hannah estaba paseando de una parte a otra a lo
largo de todo el Gran Salón. Legna fue inmediatamente inundada por las emociones de su
hermana y no pudo resistir el gemido que osciló a través de sus pensamientos.
Se valiente, Neliss, la animó Gideon, leyendo de sus pensamientos los que estaba sintiendo de
su otra hermana.
«La ira de un intolerante Demonio de Fuego», toma dos, pensó con ironía de vuelta a él.
¿Esperabas otra cosa?
No, pero una chica puede tener esperanza.
Cumple con tu cometido, Nelissuna, luego ven conmigo.
Lo haré, pero recuerda que prometí cenar con Noah más tarde.
Me acuerdo. No planeo hacerte perder la cita con tu hermano, Legna. Sólo pasar tanto tiempo como sea
posible contigo de vez en cuando.
Legna le dio uno de sus asentimientos mentales y se giró para enfrentarse al carácter
explosivo de su alterada hermana, una vez más disponiéndose a defender la Vinculación, sobre la
que no tenía ningún control en primer lugar. Salvo que esta vez, esto significaba bastante más que
eso.
Cuando Legna apareció en el salón de Gideon, estaba caminando por el cuarto, encogido
dentro de un largo abrigo de un costoso cuero marrón, llegando por detrás le tiró de la larga coleta
de pelo por fuera del cuello mientras Legna levantaba una ceja curiosa en su dirección.
—¿Vamos a salir?
—No —respondió, su tono era tan serio como la tensión que sintió en su interior.
—¿Qué es lo que anda mal?
Gideon hizo una pausa a mitad mientras ataba un cuchillo en la funda de su muslo. Los
Demonios Corpóreos raramente, si es que alguna vez lo hacían, se armaban. Ésto sólo sirvió para
dejar más perpleja aún a Legna, por alguna razón, mantenía sus pensamientos tan lejos como
pudiera ingeniárselas.
—Noah ha citado una reunión del Consejo. Se espera que Elijah dé su informe sobre el
ataque a Bella. Me dijeron que… fuera preparado.
—¿Quién te lo dijo? Noah no me mencionó nada.
Sólo se tomó un momento de pausa para oírlo, después se encogió de hombros.
—Tu hermano ha tomado como hábito el dejarte al margen desde el incidente de octubre. No
estás en el Consejo, así que no ve ninguna razón para informarte de estas cosas.
—No en el... —La mandíbula de Legna cayó abierta mientras sus ojos se abrían de par en par
con consternación y erigido ultraje—. Soy uno de los diplomáticos y consejeros más eficaces en
nuestra sociedad, ¿y decide no informarme de acontecimientos críticos que requieren que vayas
armado a una reunión del Consejo? No soy una niña, a pesar de lo que tú o mi hermano podríais
pensar, y sé muy bien que la única razón por la que vas armado es en caso de que tengas pensado
enzarzarte en un combate con una especie de Nightwalker que sea poco o completamente inmune
a tus habilidades.
—Nunca dije que pensara que fueras demasiado joven para ser capaz de entender la
situación. Legna, no me metas en el mismo saco con las acciones protectoras de tu hermano. Si
recuerdas, soy el que está siendo franco contigo sobre la naturaleza de lo que está pasando.
Tenía razón, por supuesto. En cierto modo, estaba actuando como una niña, lanzándose a
una rabieta de mal humor porque los niños grandes claramente no iban a dejarla participar en sus
juegos. Estaba enfadada consigo misma y con Noah, todo al mismo tiempo. Legna dobló sus
brazos apretadamente a la altura de su cintura y parpadeó haciendo retroceder el infantil impulso
de ceder a las lágrimas.
—Ven, cariño, eres demasiado dura contigo misma —la apaciguó Gideon, yendo hasta ella y
empujándola al bienestar de sus brazos—. Ahora que soy una parte de ti, comienzo a entender
porque que te enfadabas tanto conmigo por llamarte niña. A pesar de tu edad y logros, nadie en tu
familia ha dejado jamás de tratarte completamente como el bebé de la familia. Es un milagro que
hayas desarrollado la complejidad que tienes a pesar de los inconscientes comportamientos
represivos por su parte. Es aún más milagroso que hayas conservado la paciencia durante todos
estos años.
—Estoy siendo susceptible porque ambos se han estado alternando para reprenderme a lo
largo de las pasadas veinticuatro horas —discutió consigo misma en voz alta. Aspiró ruidosamente
y expulsó la humedad de sus ojos antes de quedar como una completa tonta.
—No tienes que sentirte avergonzada conmigo, Magdelegna —le dijo suavemente,
extendiendo la mano para coger uno de los largos tirabuzones que había hecho en su pelo de
ordinario suavemente rizado. Sonrió, frotando el rizo contra sus labios afectuosamente—. Siéntete
siempre libre de mostrarme tus sinceros sentimientos. De todas formas, soy consciente de ellos.
—Gideon —susurró, sus manos se alzaron para extenderse sobre su amplio pecho—, yo...
por alguna razón siento miedo. Estoy llena de la enfermiza sensación de que si te dejo ir, puedo no
volver a verte nunca más.
La confesión le produjo cosas maravillosas a Gideon, para empezar su corazón dio un vuelco
en su pecho. Estaba permitiéndose llegar a estar más estrechamente atada a él, por otra parte ¿por
qué temería su pérdida? Cerró los ojos mientras era arrasado por el placer ante la comprensión y
una oleada de esperanza tan poderosa que lo hizo entumecer. Incapaz de resistirse al impulso, la
atrajo fuertemente en su abrazo, estrechándola tan firmemente que oyó como escapaba su aliento
en una ráfaga ante la constricción del tórax. Los pies de ella se elevaron a unos centímetros del
suelo, y se rió con una mezcla de deleite por su afectuosidad y el miedo inseguro mientras la
balanceaba ligeramente de un lado a otro, continuó aferrándola por una larga sucesión de minutos.
Cuando finalmente la dejó sobre sus pies, se aferró a él con su cuerpo en comparación estilizado y
femenino como si hubieran sido pegados de esa forma por la irrefrenable conectividad de la
electricidad estática.
Se dio cuenta por primera vez de que las manos de Gideon estaban enguantadas, cuando
peinó su pelo hacia atrás en un intento de proporcionarse un despejado campo visual mientras
descendía la mirada hasta su rostro.
—Te ves hermosa esta noche —dijo, acariciando primero la masa de rizos apretados, y
después la seda azul brillante que se derramaba desde sus hombros en un chal delicadamente
bordado y adornado con cuentas. El vestido que llevaba puesto era tan largo y con cola como
todos los otros, la seda negra de este también estaba adornada con cuentas y ribeteado con
elaborado cuidado—. ¿Todo esto es por mí?
Asintió con la cabeza, dando también por terminado el hacer cualquier actuación sarcástica,
bromas o evasivas. La apreciación sus ojos cuando reparó en sus esfuerzos hizo que fuera digno de
honestidad.
—Sólo para que lo sepas, encuentro que eres igualmente impresionante incluso cuando te
despiertas desgreñada e inquieta conmigo —le dijo, su sonrisa de tunante hizo que la de ella
regresara tímidamente—. Es tu deseo por complacerme, por encima de todo, lo que ha granjeado
mi placer, no los métodos que utilizas para intentarlo y hacerlo. Sin embargo —alzó la mano hasta
la deslizante seda azul, echándola hacia atrás dejó un hombro desnudo, se inclinó hacia delante
para besar el punto expuesto suavemente antes de encontrarse con su mirada una vez más —, lo
llevas puesto realmente bien.
—Quiero ir contigo —soltó de repente, las palabras llegaron a sus labios incluso antes de que
él pudiera detectar el pensamiento formándose en su mente.
—¿Por qué? ¿Para así poder pasearte por el corredor mientras el Consejo se reúne? ¿Con qué
fin? ¿Sólo para tener que pasearte un poco más después de que salga para cualquier acción que
Elijah haya planeado? Creo que sería mejor para tu tranquilidad de espíritu permanecer aquí
donde puedes seguirme con tus pensamientos sin nadie que te moleste —rozó el suave ascenso de
rubor en su mejilla con el pulgar cubierto de cuero. Fue una caricia excepcionalmente masculina,
así como también conmovedora y cariñosa. Legna tuvo que mantener su concentración con un
poco más de esfuerzo que de costumbre—. Recuerda, Legna, por el resto de tu vida siempre
vendrás conmigo.
—No. ¡Esto es una equivocación! —Se soltó de su asimiento, envolviéndose en el chal y sus
brazos una vez más mientras daba varios pasos alejándose antes de darse media vuelta
rápidamente—. ¿Cómo puedes no sentir lo qué está dentro de mí? Estoy a punto de gritar por esta
sensación que nadie debería… que yo debería…
Tuvo que detenerse y aclararse sobre lo que estaba sintiendo exactamente. Había negado
estos aspectos instintivos de su existencia por tanto tiempo que ahora no tenía ninguna experiencia
con la cual compararlos. Obtuvo un frustrante espacio en blanco en cuanto a cómo describir o
identificar la sensación que estaba sintiendo.
—Lo que sientes, Legna —la rescató Gideon con un suave y calmante tono de voz—, es el
deseo de permanecer a mi espalda. Es un instinto destinado tanto a tu propia defensa como a la
defensa de tu compañero.
—¡Sí! —exclamó, volviéndose con el propósito de llegar hasta él, sus delgadas manos
agarraron el cuero que cubría la parte de arriba de sus poderosos brazos—. Nosotros tratamos de
estar espalda contra espalda cuando afrontas el peligro. Puedo sentirlo. Es una necesidad
desgarradora dentro de mí… Esto… se parece a cuando estás nadando y permaneces bajo el agua
demasiado tiempo. Es una necesidad tan desesperada como el impulso de provocar la respiración
cuando anhelas el aire. Debes llevarme contigo.
—No esta vez, Nelissuna —trató de denegarle suavemente, pero su necesidad y
determinación eran agudas. Podría ofenderse fácilmente, no importaba lo diplomático que
intentara ser. Gideon esperó ser capaz de apelar a su lógica—. No tienes la suficiente experiencia
para procesar estas emociones instintivas. Son algo nuevo, y, como ya sabes, pueden ser
abrumadoras. Hasta que aprendas a reconocerlas e integrarlas, estás en peligro de perder la
concentración y el control. No tengo que decirte lo peligroso que es en una situación volátil. Nos
tomaremos tiempo para entrenarte, y entrenarme igualmente, después de que vuelva a ti.
Entiende, seré incapaz de encontrarme a gusto teniéndote a mi lado en combate justo en este
momento. No porque no quiera que ocupes el lugar detrás de mí, sino porque en esta situación
usaría demasiado tiempo preocupándome por ti. Podría causar que uno de nosotros, o ambos,
fuera herido.
Estaba en lo cierto, por supuesto, pero sólo servía para clavar con púas un retazo de cólera
frustrada y desprecio hacia sí en Legna. Había estado huyendo de este lado de sí misma como si
fuera un niño asustado, cerrando herméticamente los ojos y deseando que los monstruos de su
interior se fueran en vez de vencerlos y abatirlos. Ahora comenzaría a pagarlo. Había sido tan
arrogante al creer que podía mantener tales deseos por encima de sí misma. En ese momento
habría dado cualquier cosa para reconciliarse con esas mismas esperanzas y ayudar a su
compañero como debería. Si algo le ocurría porque no estaba allí para ser sus ojos y fuerza
adicional, sería su falta.
—Basta, Legna, esto no sirve para ese propósito —dijo firmemente, el cuero de sus guantes se
tensó contra la piel de su cara como obligándola a encontrar su mirada fija—. No pierdas tiempo
con auto-recriminaciones cuándo no hay nada que hacer en este momento. En su lugar, encuentra
un sitio confortable aquí y sígueme desde el interior. Todavía te necesito, cariño. Tu experiencia,
tus habilidades, y tu intuición me podrían servir mejor de lo que tu presencia física pudiera
aportar en este asunto. Necesito que veas lo que puedo añorar, y para mantener una ruta de escape
si surge la necesidad. Y no, no lo espero. Es simplemente mi naturaleza para estar preparado.
Legna asimiló su petición por lo pareció un minuto demasiado largo, pero entonces se escapó
de su agarre y le dio la espalda. Sus pensamientos eran tan caóticos que Gideon no podría hacerse
una idea sobre lo que estaba pensando concretamente. No fue hasta que trató de alcanzar el
segundo cuchillo y la funda sobre el tapete que comenzó a entender sus intenciones.
Con la gracia que tenía lo superó, aun cuando debería haber sido natural por sus líneas de
sangre, se movió hacia él. Después de tocarle ligeramente a través del pecho con una mano
cariñosa, se agachó silenciosamente para asegurar la funda en su otro muslo.
La profundidad de sus acciones dejó a Gideon completamente mudo. Todo lo que podía
hacer era mirarla y percibir cómo sus hábiles dedos fijaban la correa más alta y la hebilla en la
parte superior interior de su muslo. Decir que la experiencia fue erótica era una declaración
comedida de una ineptitud terrible. No importaba que no hubiera sido la intención de ninguno ver
la acción con una luz tan íntima. Lo que tuvo importancia fue que ambos eran conscientes, que
despertaron por la intimidad de la acción a niveles mucho más profundos que el simple hecho de
que sus manos le tocaran.
Era su única compañera verdadera, su segunda mitad, el lado femenino de sí mismo que
florecía en intuición e instintos protectores. Era el lado que se volvía tranquilo antes de la batalla a
fin de ocuparse de la preparación completa para lo que fuera a venir. Era el centro, el foco, y toda
la moralidad que guiarían sus acciones. Era la estrategia y la lógica que lo llevaría a lo largo del
mejor camino para la victoria al proceder con cuidado para su seguridad. Era piedad para los que
yacerían golpeados a sus pies, satisfaciéndole con victoria mientas le ahorraba la venenosa alegría
de asesinar cuando no fuera ya necesario. Era la paz y la luz que lo libraría de cargarse sobre sí
mismo la pesada carga de arrebatar una vida, no importaba cómo de justificado fuera.
Era su único compañero verdadero, su segunda mitad. Cuando le armó, le sintió resbalando
profundamente en su alma, convirtiéndose en el lado masculino de sí misma. Era el lugar de su
interior que florecía para defender lo que era suyo, la parte que marcaría su territorio con la sangre
de sus enemigos si se atrevían a cruzar las líneas entre ellos. Se convirtió en su sentido de
autoridad y rectitud, la parte que era una batalla llena de cicatrices y el guerrero experto. Era su
valor físico, su astucia extraviada, y la parte que resistiría el dolor y las heridas del infierno que
verían la injusticia hecha. Era la oscuridad y el conflicto que le impedía acostumbrase demasiado a
los propios errores en la naturaleza suave de la paz, dejándose a sí misma abierta al ataque de
aquellos que no eran tan honorables en ideales como ella los haría ser.
El pelo de Legna colgaba hacia abajo al lado opuesto de su cabeza, dejando el lado más
cercano de su preciosa cara y garganta expuesta cuando se concentró completamente en realizar su
tarea con una eficiencia digna de confiarle la vida. Con su vista especial, los ojos de Gideon se
concentraron en el tintineo de su fuerte pulso del mismo modo que si compartiera su cuerpo y su
espíritu. Aseguró la segunda correa del arma y se enderezó, sus ojos de acero coloreado reflejaban
al guerrero hembra de su interior que se ocupaba de su preparación con meticulosidad.
No rompió el duro pedazo de cuero que mantenía el cuchillo en su funda y tiró del arma
para liberarla. El metal afilado de la hoja de nueve pulgadas entonó en poco tiempo mientras se
deslizaba sobre el cerco de metal de su empuñadura. Legna sostuvo la hoja hacia la luz. Lo giró,
inspeccionándolo cuidadosamente durante un momento antes de estar lo suficientemente
satisfecha con su calidad y la presteza de la hoja para devolverlo a su lugar con destreza
obteniendo el chirrido una vez más.
Terminada esa tarea, inspeccionó a su compañero de pies a cabeza, juzgando
cuidadosamente su disposición. Cuando finalmente encontró sus ardientes ojos, Gideon se
permitió tomar aire.
—Nunca supe que la daga pequeña fuera tu destreza —mencionó suavemente.
—Es una de ellas. Alguien que viviera una vida de mi magnitud no sería tan estúpido como
para no obtener la ventaja de hacerse un experto en todas las armas de combate —observó su
expresión cuidadosamente, yendo en busca de sus pensamientos.
—Sí. Lo sé. Supongo que en cierto modo podemos considerarnos afortunados de que
nuestros poderes innatos superen las capacidades destructivas que la tecnología más adelantada
pueda producir. Tenemos poca necesidad de construcción de armamento de esa índole, aun si
fuéramos compatibles con tales cosas.
Se acercó un paso, sus elegantes manos trataron de alcanzar el calor de su pecho bajo la
abertura en el abrigo de cuero, sus uñas tiraron muy ligeramente de la tela de algodón de la
camisa. Resbaló las manos alrededor de su delgada cintura, la posesividad en el fuerte agarre se
interpretaba como si la acercara aún más. No dijo nada, pero llegó a besarla en el lapso de la
siguiente pulsación de su corazón. Cuando sus calientes labios se enlazaron, su objetivo también.
El cambio era en parte ternura, parte desesperación, y una gran parte de deseos y sentimientos
tácitos demasiado tergiversados por las preocupaciones del momento para encontrar cualquier
expresión más evidente.
—¿Estarás aquí cuando regrese? —Preguntó, sus palabras ardientes urgían escasamente
contra su boca.
—Sí —le prometió, sellándolo con el deseo ardiente que llegó a través del juramento
confirmado de sus labios.
No queriendo distraerle más de lo que ya lo había hecho, se liberó de su beso, abandonando
su agarre con un movimiento definitivo de ruptura que le proporcionó la suficiente distancia de él,
de su hambre y de sus necesidades amedrentadas. Si no completamente, al menos de sus
manifestaciones físicas.
Entendió completamente sus acciones y las agradeció. Necesitó de sus habilidades, tenía la
capacidad de despojarle de ellos con tal facilidad cuando le enzarzaba con el trabajo de arte de su
boca y la complejidad de sus pensamientos y necesidades emergentes.
—Espera —se quejó, mientras respiraba hondo y cerraba los ojos, extendió sus delgados
brazos a un lado y otro de su cuerpo, junto con sus manos en un movimiento calculado.
La última cosa que Gideon vio fue la seda de su chal serpenteando completamente en su
suave piel, reuniéndose en el suelo alrededor de sus pies. En un instante, se encontró
reapareciendo en el vestíbulo del Gran Consejo con una explosión casi silenciosa y ningún otro
signo de humo o espejos.
Jacob fue el primero en levantarse de su silla después de que el Gran Consejo se hubiera
reunido finalmente.
—Como todos ustedes pueden o no saber —comenzó—, nuestro Ejecutor hembra fue
brutalmente atacado hace un par de noches —el anuncio produjo en respuesta varios murmullos
asombrados de los que no se habían puesto al día a través del círculo de chismorreos—. Al final
fue lo suficientemente fuerte esta tarde para comenzar a contarnos lo que sucedió. Una vez que
juntamos su información con la de Elijah —Jacob gesticuló hacia el enorme guerrero rubio que
estaba sentado en uno de los lados de la mesa triangular, meciéndose sobre las patas traseras de su
silla—, y con la del médico que la curó, creo que todos estamos puestos al día y lo suficientemente
informados como para sacar conclusiones seguras y comenzar a tomar medidas. Noah, yo mismo,
y Elijah hemos procesado esta información, también os proporcionaremos sugerencias sobre los
rumbos de acción a tomar que consideramos son los apropiados.
» Por razones obvias, seré el mismo que vuelva a contar la historia de mi compañera. No está
lo suficientemente fuerte aún para atreverse a levantarse de la cama, y creo que todos pueden estar
de acuerdo en que su seguridad y el bienestar del niño que lleva deben ser atendidos sobre
cualquier decisión de acción.
La Councillor Ruth hizo un sonido peyorativo que era el estado natural del Demonio Mente
hembra. Sin embargo, esta noche, Jacob no estaba en su estado de ánimo tolerante usual.
Normalmente, manejaba los comentarios ácidos de Ruth y realizaba maniobras para asegurar el
poder y la paciencia mostrada a un niño insolente, pero los menosprecios de Ruth en contra de la
esposa de Jacob se habían vuelto demasiado osados para continuar sin censura. No ayudó de
ninguna manera el que Ruth escogiera un momento tan imprudente para burlarse de él.
Cuando el puño del Ejecutor cayó encima de la mesa lo suficientemente fuerte como para
enviar una grieta aterradora a través de la madera sólida, los Concejales y el Rey parecieron
igualmente asustados en sus sillas. Sin embargo, no era nada comparado a la vocalización
peligrosa que salió de la garganta del Demonio de Tierra cuando estrechó sus ojos fríos y
encarnizados en la vengativa Ruth.
—Te abstendrás de decir tus opiniones y de hacer sonidos negativos acerca de mi esposa en
este Consejo, Ruth —gruñó su advertencia, su tono fue tan bajo y peligroso que muchos de los
Councillors experimentaron un sepulcral enfrentamiento—. Si no lo haces, te encontrarás
rindiéndome cuentas. ¿Me he expresado con claridad, mujer?
—¿Te atreves a amenazarme? —replicó, ganando terreno cuando se enfrentó directamente al
Ejecutor en lo que tuvo que ser la acción más imprudente en la historia del Consejo desde la
decisión de ir a la guerra con los Druidas.
—Ruth, siéntate —Noah dio el aviso con un siseo—. Si no lo haces, te encontrarás destituida
de este Consejo para el resto de tus días. ¿He sido claro?
—¡No tienes poder para hacer eso! —Declaró Ruth, su obstinación era tan completa que no se
dio cuenta del agujero que se estaba cavando a ciegas. Quizá en los primeros meses de la pérdida
de su hija esto podría comprenderse, pero había estado arrojando enemistad y hostilidad hacia los
Ejecutores continuamente.
Sin embargo, el Consejo comprendió que los Ejecutores no eran culpables del daño a su
familia, y sus ofensas y animosidad la habían dejado con muy pocos amigos en el inquieto
Consejo.
—Lo haré —respondió Noah con la confianza de su posición omnisciente—. Si el Consejo me
apoya en mayoría, te encontrarás expulsada de esta reunión. Y pienso que debes comprender,
Councillor Ruth, que la mujer que tratas con tal desprecio, la que se sienta al lado de Jacob en este
Consejo, tendrá en sus manos el voto de la mayoría que necesito una vez que esté lo
suficientemente bien para sentarse con nosotros otra vez. Ahora siéntate.
Ruth palideció bajo la clara amenaza, su cuerpo entero temblaba con ultraje encerrado y
posición impotente. Pero de alguna manera esgrimió la sabiduría para retener su lengua,
sacudiendo la mata rubia de pelo en un gesto de desafío silencioso mientras finalmente recobraba
su asiento. No hubo error al interpretar el odio en sus ojos mientras miraba al Ejecutor.
—Continúa, Jacob. Me disculpo por la interrupción —le urgió Noah amablemente.
Gideon dirigió una curiosa mirada fija de aluminio a Ruth cuando Jacob se tomó un minuto
para tranquilizarse. Entendió las emociones descontroladas de Ruth. Su hija había perdido el
tesoro más valioso que un Demonio podría ganar. Había perdido al compañero Druida que, sin
duda alguna, se habría vinculado a la joven hembra Demonio para siempre, ganándose un lugar
en la historia emergente de una era nueva para toda cultura Demon. Éste era el tipo de destino que
un ser que deseaba ardientemente poder como Ruth hiciera que se regocijara. Ser madre de tal hija,
habría sigo algo maravilloso.
Pero la compasión de Gideon era íntegramente para la hija de Ruth, Mary. La muerte de su
Druida masculino había despojado a la joven Demon de saber alguna vez lo que Legna y él
comenzaban a descubrir y habían cultivado con respeto y temor.
Entonces Gideon sintió abruptamente el peso de su actuación que, no había sido por Isabella
y sus habilidades notables, también había sido maldecido por este destino. El pensamiento hizo
que su cuerpo se volviera frío enteramente a pesar de sus esfuerzos para controlar el reflujo y la
oleada de la espesa emoción. Conducir una vida sin Legna, y no saber lo que perdería era
inconcebible. ¿Cuándo había comenzado a sentir como si todos sus largos años hubieran sido un
trabajo que le guiaba a este punto, para de esta forma estar a su lado? Cuando recordó los
anteriores nueve años, el tiempo había pasado y la había abandonado sin protección cuando, en
lugar de eso, la debería haber mantenido cercana y a salvo...
Gideon apretó ambas manos en puños, el suave crujir del enfatizado cuero perdido bajo las
voces del Consejo. Miró superficialmente alrededor de la mesa a aquéllos que podrían sentir de sus
pensamientos y sentimientos, si se atrevieran, incluso la avariciosa Ruth, y se esforzó por el
control.
Fácil, querido. Enfócate en el momento, y recuerda lo íntima soy ahora.
Su confortable voz no fue nada comparado al poderoso efecto que el uso de una palabra
cariñosa tuvo… Sus dedos se movieron para silenciosamente agarrar los brazos de la silla, casi
como si tuviera que sujetarse por temor a que volara por el simple placer. No podría explicar el
ridículo efecto, pero no había ninguna manera de negarlo.
Si hubiera sabido que sería tan fácil complacerte, lo habría hecho antes, le transmitió, su risa
iluminando su corazón como si se moviera a través de su cuerpo y alma.
¿Cuándo te he dado alguna vez la impresión que no me complacías, Neliss?
Silencio, adulador. Presta atención a Jacob.
Gideon sonrió con una esquina de su boca y volvió su atención para hacer justo eso.
—…Pensamos que se trataba del ataque de un nigromante —decía el Ejecutor —. Había sido
golpeada por varias cargas de lo que parecía la firma de habilidades eléctricas. Lo que no
entendimos inmediatamente fue por qué no había podido frustrar ese tipo de poder cuando ya lo
había hecho en el pasado.
Jacob hizo una pausa, mientras frotaba sus manos como si estuvieran frías. No era ninguna
maravilla, meditó Gideon. Se habría sentido igual de frío si hubiera estado ante el Consejo
describiendo un ataque a Legna… y obligándose a volver a revivir el hecho de que había fallado
en protegerla, fuera inevitable o no.
—La razón por qué Bella no pudo detener el poder de su atacante es porque la mayoría vino
de una portátil, como un arma Taser… Era tecnología, no habilidad sobrenatural lo que
inicialmente la hirió… Abrió la puerta y no tuvo ninguna oportunidad de protegerse. Fue
despedida inmediatamente. Lo único que recuerda claramente después del susto inicial es que uno
de sus asaltantes se acercó cuando estaba aturdida y procedió a herirla en el suelo —se
interrumpió, su garganta trabajando mientras los dedos se enroscaban para formar puños. Era
como si las inconcebibles palabras se hubieran alojado en la garganta de Jacob, reteniéndole la
respiración en el proceso.
Para el claro alivio de Legna, el cual Gideon sentía como si fuera propio, Elijah se puso de pie
y puso una mano en el hombro de Jacob, instando al Ejecutor a que tomara asiento. El guerrero se
volvió hacia el Consejo y siguió la historia.
—Bella recuerda vivamente que uno de los asaltantes empezó a golpearla adrede sobre el
área abdominal. Pateándola, yendo tan lejos como para usar armas romas como bates o palos
largos… No está segura de qué. Sus lesiones eran compatibles con una paliza, no crees ¿Gideon?
Gideon asintió una vez al guerrero.
—Fue como los galgos con un zorro —informó suavemente Gideon —.Se puso en el centro
de un lío que la atacó de repente. El blanco primario era el niño nonato de Bella. El secundario la
propia Bella. Está claro que sus asaltantes intentaron que muriera. Si hubiera pasado, no
habríamos tenido ninguna información de primera mano. Por suerte, mi Magdelegna —se corrigió
rápidamente, sintiendo el peso súbito de los ojos del Demon King en él y deseando sobre todo no
perturbar Legna más de lo que ya estaba—. Magdelegna —continuó—, encontró a Bella unos
minutos después de finalizado el ataque.
Hablar de eso abiertamente hizo comprender Gideon cuan cerca había estado del peligro ese
día. Si no hubiera estado bajo su compulsión para dormir, podría haberse levantado más rápido y
podría haber estado con Bella en el momento del ataque. Gideon sentía algo oscuro verter una
mancha encima de su alma como la tinta negra sobre el papel. De nuevo, tan cerca de perderla, y
nunca haber empezado. La comprensión era bastante horrible, pero los sentimientos que se
retorcían bajo él parecían querer subir y estrangularlo, así como los que tenía Jacob. Luchó por el
control, pero fue Legna la que hizo lo que más le impacto.
Shh… Relaja tu corazón, compañero mío, lo alivió. Eres mío ahora y nada que pueda dañarnos podrá
cambiar eso en la vida.
—Está claro que fuera de de las lesiones de Isabella, todo lo demás en ese cuarto se organizó
—continuó Elijah, su voz sincera de guerrero severo en medio de los espíritus de repente alentados
de Gideon—.Estaba pensado para que se pareciera a los nigromantes, pero no estoy convencido.
¿Por qué destruir el lugar y dejar señales obvias? No hubo ninguna batalla. ¿Por qué firmar sus
nombres con tal destrucción insensata?
—¿No fueron los nigromantes? —Preguntó Ruth—. ¿Puedes estar seguro?
—No, realmente no podemos —estuvo de acuerdo Elijah—. Los nigromantes todavía son
humanos, y pueden usar armas tecnológicas. Son los factores de un hecho. Un enemigo con
motivos —Elijah contó con los dedos—, que puede usar la tecnología, y que sabe que nosotros
despreciamos a los nigromantes, por eso el esfuerzo por imitarlos. Están los propios nigromantes,
claro, quiénes todavía podrían ser una posibilidad. Seguramente, conocían a Jacob, Bella, y la
importancia de su niño nonato.
—¿Quién más podría saber sobre la necesidad de los Druidas y su rol en nuestro futuro? —
preguntó Jacob.
La expresión pálida de Gideon no podría haber despertado las sospechas de cualquiera en la
mesa del Consejo, pero Legna estaba concentrándose tan completamente en sus pensamientos que
no habían ninguna manera de que pudiera extrañarse por el lavado de miedo que resbaló a través
de él, acompañado por el fantasma de culpa que siguió.
Tú sabes algo, susurró.
Ahora no, Legna.
Legna entendió. Había poderosos varones Demon Mental en el cuarto que eran capaces de
penetrar las formidables defensas de Gideon, si sus sospechas se despertaban. Se impuso silencio
inmediatamente, llenando la mente de imágenes de consuelo y pensamientos del algodón dulce
que producirían una significativa niebla encima de cualquier Demon curioso que intenta obtener la
información de su compañero.
—Esto implica Nightwalker. El rumor se extiende rápidamente por nuestro mundo, y no me
sorprendería si una especie ha oído hablar de los Druidas y se sienten amenazados por su
perpetuación entre nosotros.
—Eso nos lleva a cómo eliminar o confirmar cada especie de Nightwalkers —comentó Elijah.
Otras razas de Nightwalker eran su fuerte, por lo que el Demon del Viento estaba en su elemento,
por así decirlo. Como líder de los guerreros, Elijah tenía el deber de ver la resolución de altercados
entre los Demos y otras razas—. Empecemos con el Shadowdwellers.
—El ataque tuvo lugar al ocaso —dijo Noah.
—Exactamente —confirmó Elijah—. Shadowdwellers no pueden soportar ni siquiera la
cantidad más ligera de la luz del sol. Su sensibilidad es peor incluso que la de los Vampiros. Como
sabemos, algunos miembros de la raza de los Vampiros pueden tolerar algo de sol mientras más
viejos y más fuertes se vuelven. Pero eso es completamente imposible para los Shadowdwellers.
—Los Mistrals son notoriamente no agresivos. No puedo imaginarlos buscando este
problema para comprometerse con tal acto violento —agregó Jacob.
—Pero puedo creerlo fácilmente de los Licántropos —replicó Elijah—. Aunque tenemos una
frágil tregua estos últimos trece años, hay todavía quienes odian lo bastante a los Demons como
para cruzar las líneas de paz.
—¿Para qué fin? ¿Para destruir una hembra embarazada? No tiene sentido —defendió
Noah—. Los Licántropos no son conocidos por esa medida de enfoque y especificidad.
—Estoy de acuerdo —habló Gideon —. Los Licántropos se volverían a sus instintos en el
calor de tal ataque. No habrían podido resistirse al impulso de marcar a Isabella, corrompiéndola
con su sangre en el proceso. No había ninguna marca de heridas de garra o mordeduras del
animal, por no mencionar el hecho de que su sangre estaba libre de la mancha de Licantropía.
—¿Y aun, qué mejor manera de esconder que el ataque era suyo que resistirse al impulso? Si
fueron ellos, estaban en forma humana. Bella fue atacada por bípedos.
—¿Los vampiros?
—Todos los criterios lo hacen posible salvo por el móvil y la tecnología. Claro, no sería
ningún truco para un Vampiro encantar a un humano para usar tal arma.
—El móvil es mi preocupación —dijo Gideon rápidamente—. La falta de uno. No lo tienen.
—Todavía no pueden descartarse —rebatió Elijah—. Podríamos estar olvidándonos de algo.
—Los descartaré —dijo Gideon sucintamente.
Noah volvió la cabeza, alzando una ceja.
—¿Irás a Damien con una acusación como esta? —Preguntó, sabiendo muy bien que siempre
había habido algo entre los dos Antiguos...
—Pero estaba planeando enviarlo con Siena —se quejó Elijah. Gideon sentía la reacción de
Legna, la emoción de susto y miedo casi obstruyendo la explicación de Elijah—.La conoces mejor,
Gideon. Comprendo que tus innatas habilidades de Demon no podrán afectarla mucho, pero
podrás ver bastante de la química de su cuerpo y funciones para saber si está mintiéndote u
ocultando algo. ¿Confío en que te sientas lo suficientemente capaz para un combate cuerpo a
cuerpo si eso llegara a ocurrir?
—Claro —dijo Gideon con la simplicidad de la perfecta confianza—. Y no veo por qué no
puedo hacer ambas tareas. Soy la opción más sabia en cualquier dirección.
—Tienes razón—estuvo de acuerdo Noah.
Gideon sentía lo desconcertante del momento para Legna en el entusiasmo de su hermano de
enviarlo a un deber volátil. Si pudiera controlar su cuerpo, habría golpeado al antiguo Demon
King.
—Muy bien. Mientras lo haces, planeo entrar en los círculos de los humanos que disfrutan
acercándose furtivamente a los Nightwalkers —dijo Elijah—. Los santuarios de esos
autodenominados cazadores son fáciles de penetrar, sobre todo para aquéllos con claro físico y
proeza en la batalla.
—El problema restante: los nigromantes. Son los que serán eliminados a través del proceso
de exclusión —dijo Jacob calladamente—. Muy probablemente pueda obtener la respuesta
correcta. Pero no podemos descansar sin la seguridad de eliminar el resto.
—Podríamos encontrarnos de nuevo cuando Elijah vuelva de su reconocimiento. ¿Confío que
eso te dará tiempo para completar tus tareas, Gideon?
—Un amplio tiempo, Noah, te lo aseguro.
—Muy bien. Los veré a todos entonces. El consejo se aplaza —Noah se puso de pie, haciendo
una pausa en el acto de enderezarse para tocar la mano de la Concejal Ruth, susurrándole una
orden de una sola palabra bajo su respiración.
El Consejo se dispersó con la excepción de Gideon y Jacobque permanecieron en sus asientos
hasta que el cuarto se hubo vaciado completamente. Cuando la puerta se cerró, Jacob se volvió
hacia el médico…
—Si requieres a alguien para cuidar tu espalda, estaré encantado de acompañarte.
—No, gracias, Jacob. Creo que es mejor que ésta tarea sea completada por solo un individuo.
Si dos de los más poderosos Demons de nuestra sociedad fueran a aparecer en umbrales
extranjeros, podría poner a las recepciones completamente a la defensiva, incluso quizás
provocando un altercado indeseable.
—Se lo que quieres decir. Sin embargo, si debes encontrar el problema, sólo tienes que decirle
a Legna que venga a mí y la ayudaré lo mejor que pueda.
—No creo que lo haga. Damien ha sido pacífico durante siglos, y Siena no es ninguna necia.
Sabe que no entraría en su territorio sin vigilado.
—¿Irás ahora?
—Sí. No veo ninguna razón para retrasar la acción. Ya estoy preparado.
—Lo noté —comentó Jacob—. No he visto que te armaras desde hace tiempo. Me figuré que
Elijah debía haberte dado algunos consejos previniéndote de posibles sucesos.
—Sólo me dijo que viniera preparado para todas las posibilidades de combate.
—Él lo diría así —se rió Jacob entre dientes—. El hombre es un guerrero hasta la médula, con
todas sus payasadas.
—Cierto. ¿Podría detenerme e inspeccionar a Bella antes de que vaya?
—No vestido así. Le provocarías palpitaciones si supiera que estás poniéndote en peligro por
ella.
—Por suerte, soy principalmente inmune a los poderes de Bella y podría curar tales
palpitaciones con un pensamiento —meditó Gideon.
Jacob levantó una ceja, tomando la medida del médico… No podía evocar la última vez que
había oído al Antiguo burlarse de algo. No era una experiencia totalmente desagradable, y divirtió
al Ejecutor.
—Yo… soy consciente de lo que está ocurriendo entre tú y Legna, como sabes —mencionó
Jacob con una calma casual—. Estoy recientemente vinculado, pero si requieres… —Se
interrumpió, repentinamente incómodo—. Claro, sabes mucho más probablemente sobre
Vinculación de lo que alguna vez querré.
Te está tendiendo la mano.
El estímulo suave de Legna hizo a Gideon repentinamente consciente del hecho. Era uno de
esos matices que habría extrañado completamente, mohoso como estaba con las materias de
amistad y cómo relacionarse bien con otros.
—Me alegro por la oferta de cualquier ayuda que puedas proporcionar —dijo Gideon
rápidamente—. De hecho, quería preguntarte… algo…
¿Qué quiero preguntarle? Le preguntó urgentemente a Legna.
¡No sé! No te lo dije para comprometerlo, sólo para aceptar su oferta cortésmente.
Oh. Mis disculpas. ¿Aun, eres lo suficientemente inteligente para pensar en algo?
Legna sabia que estaba cebándola, por lo que rió.
Pregúntale por qué pareces irritarme constantemente.
No le preguntaré tal cosa, Magdelegna.
Bien entonces, propón una mejor alternativa, porque ésa es la única sugerencia que tengo.
—¿Sí? —Jacob estaba neutralmente animado, intentando ser paciente con el médico que
parecía reunir sus pensamientos.
—¿Encuentras que tu compañera tiende a leerte incesantemente? —preguntó finalmente.
Jacob se rió estrepitosamente.
—Sabes, puedo aconsejarte sobre eso, Gideon.
—¿Puedes? —El médico sonaba realmente esperanzado…
—Ríndete. Ahora. Mientras todavía tengas tu sanidad. Discutir con ella no te servirá de nada.
Y, también, nunca jamás hagas preguntas que se refieren a los detalles y motivos de las mujeres,
hembras, o cualquier otra crítica con base femenina. Por otra parte solo ganarás un argumento a un
decibelio más alto. Oh, y una última otra cosa.
Gideon levantó una ceja.
—Todas las reglas que te di, así como todos las que impondrá durante el curso de su relación,
pueden y serán cambiadas a su antojo. Así, como lo veo, puedes considerarte perdido como cada
hombre en el planeta. Buena suerte.
—Ése no es un pensamiento muy alentador —dijo irónicamente Gideon, ignorando la risita
de Legna en sus profundos pensamientos.
Jacob se levantó de la silla, empujándola cuando estiró totalmente sus músculos atiesados
por sentarse demasiado tiempo.
—Te veré pronto, Gideon.
El Ejecutor se volvió en una espiral de polvo y se escapó a través de una ventana.
¿Cómo te sientes? ¿Puedes tele transportarme hasta el lugar que te enseño en la mente?
Eso creo.
Así que simplemente lo hizo.
CAPÍTULO 9
Gideon se materializó en la esquina de una calle vacía, debajo de una farola rota. Miró
alrededor cuidadosamente, retrocediendo hasta apoyarse contra la pared de ladrillos en la esquina
del edificio y amparándose en la profunda sombra. Manipuló su vista hasta que no sólo podía ver
en la oscuridad, sino que también podía ver a cualquier distancia deseada. Se daba cuenta de lo
impresionada que Legna estaba por la nueva forma en que veía las cosas.
Era la primera vez que ella experimentaba realmente el uso de sus poderes desde una
perspectiva detrás-de-sus-ojos. Gideon se encontró deseando que ella presenciara algo más que los
trucos de sus ojos y otras alteraciones bioquímicas simples
Para de pensar en mí y en lo que veré. Esto será tan malo como para que te preocupes por mi presencia
física.
Tienes razón. Gracias.
De nada.
Gideon siguió explorando su entorno, usando una inteligente alteración de su química
corporal para crear una atractiva fragancia como carnada para las criaturas que buscaba.
No fue mucho tiempo después cuando una oscura figura apareció en la calle a poca distancia.
En un pestañeo, había recorrido un kilómetro de distancia y se acercaba a la posición de Gideon. El
médico llenó su química corporal con adrenalina. Esto servia a dos propósitos. Uno, lo preparaba
con fuerza y reflejos mejorados en el caso de un altercado; dos, llamaba a su posible adversario
como si fuera ambrosia.
El blanco del Antiguo se movió mas rápido de lo que la vista mejorada de Gideon podía
alcanzar, pero el médico ni siquiera lo intentó. Sintió una mano como una prensa cerrarse contra
su garganta, golpeándolo contra la pared hasta que sintió su cuero cabelludo cavando en el
ladrillo, el cuero de su chaqueta era lo único que le protegía en otros puntos de contactos. Gideon
sintió las emociones de Legna electrizarse, pero para su crédito, ella arrojó su fe en el calmante
susurro que le mandó, permaneciendo lista para cualquier eventualidad, y eso le complació.
Gideon miró calmadamente a la bestia que alzaba su cabeza, su boca abriéndose con un
susurro y mostrando unos largos colmillos de marfil. El Vampiro arremetió contra su garganta
pero repentinamente paró, sus ojos negros abriéndose con sorpresa. Lentamente el Nightwalker se
enderezó, su mirada moviéndose lentamente hacia abajo hasta que descansaron en la hoja del
cuchillo que recién había atravesado su camisa y la piel sobre el corazón. Finalmente se tomó el
tiempo de mirar a los ojos de su presa, y con un susurro y una maldición, de repente soltó a
Gideon.
—¡Demon! ¡Bah!
Viéndose muy alterado, el Vampiro retrocedió hasta que Gideon finalmente sacó el cuchillo y
con un hábil movimiento, lo guardo en la vaina tan silenciosamente como lo había sacado.
—Mis disculpas —dijo graciosamente—, por el engaño. Pero necesitaba atraer la atención de
alguien y era el método más rápido que podía usar, ya que tenía la certeza de que ahora estaban
todos cazando.
El Vampiro gruñó mientras asentía renuentemente.
—¿Qué quieres, Demon?
—Quiero saber donde están los campos de caza de Damien. ¿Conoces esa información?
—Si la conociera, ¿por que se la daría un Demon? —Preguntó el otro macho.
—No pretendo dañarlo, sólo hablar con él.
—Mi pregunta no ha cambiado.
—Verdad —asintió Gideon—. Pero sabrías si estuviera mintiendo, y te tendrá que bastar eso.
El Vampiro ladeó su cabeza, sus oscuras y bellas facciones estudiando en especulación.
—Tienes razón, pero, sólo te diré que concentres tu búsqueda en San José. Más que eso…
El Vampiro le dedicó una reverencia fingida, antes de saltar en un vuelo que le llevó a la
sombra de un alto edificio frente a Gideon.
¿Necesitas que te lleve a San José? Le preguntó Legna.
No. Descansa. Está lo suficientemente cerca, guarda tu fuerza para después. No te preocupes Damien y
yo nos conocemos. No corro peligro con él.
Pero sospecho que no estas tan seguro como te gustaría estar. ¿Crees que tiene algo que ver con el
ataque a Bella?
Sabré la respuesta a eso pronto.
La cabeza de Damien se levantó ligeramente, mientras sentía el poderoso y familiar olor en el
aire de la montaña. Se giró rápidamente mientras se agachaba, la larga cola de su cabello
agitándose como un látigo con el abrupto movimiento.
—¿Gideon?
El Demon caminó bajo un haz de luz de luna, la valiente exposición relajó al Príncipe.
Damián, recuperó la elegancia y altura de su postura más humana, dominando a la preocupada
bestia de hace unos momentos con sólo un pensamiento
—Damien —saludó Gideon con un respetuoso movimiento de cabeza.
—¿Vienes a cazarme en mis propios campos de caza? —Preguntó Damien.
Legna nunca había visto a un Vampiro tan viejo y potente como Damien, el Príncipe de los
Vampiros. A través de los ojos de Gideon, estuvo asombrada por lo que vio. Era tan poderoso y
ancho en corpulencia como el guerrero Elijah, pero mientras que Elijah era rubio y siempre parecía
estar disfrutando de una broma, esta criatura era oscura en formas dramáticas.
Tenía ojos azules tan oscuros, que casi parecían negros, las pupilas casi indistinguibles del
iris. Su cabello era negro como el de un cuervo, con ese brillo negro azulado que usualmente cubre
a esas inteligentes aves. A diferencia de los que había visto antes, este Vampiro tenía una barba
muy corta y bigote. Delineaban y agraciaban esa cara naturalmente hermosa, pero los Vampiros
tienen un aura de sensualidad que aumenta el efecto aun más. Sus facciones, desde las mejillas a
los generosos labios, eran altamente seductores mientras formaban una divertida sonrisa.
—Gideon, viejo perro, tienes una pareja —le acusó el Príncipe con el humor chispeando en
esos ojos insondables—. Y creo que me encuentra muy atractivo.
Gideon escuchó a Legna jadear con sorpresa y trató de detener la fiera sonrisa mientras se
percataba del quemante sonrojo que la afectaba.
—No me atrevería a cruzar esa línea en particular, ni aunque de una broma se tratara,
Damien —le advirtió Gideon suavemente.
—Mis disculpas, no me pude resistir. —Damien miró fijamente a lo ojos de Gideon—. Debe
ser muy joven para no darse cuenta que podría leer su presencia en tu mente.
—Es joven, pero yo no la subestimaría si fuera tú.
La confianza de Gideon, que irradiaba a través de su comentario, la ayudaron a recuperar su
perspectiva y equidad. Le sopló una imagen de un gentil beso, haciéndolo sonreír.
—No, claro —asintió el Vampiro—. Has venido a preguntarme si he traicionado tu
confianza, ¿no es así?
—Así es. Fuera de mi gente, eres el único que sabe de la importancia de la hembra Druida
que es pareja de nuestro Ejecutor. Lo sabes porque yo mismo te lo dije. Quiero que me digas que
no tuviste nada que ver con el brutal ataque que sufrió. Un ataque que casi les costó la vida a ella y
a su hijo no nato.
La postura de Damien cambió completamente. El bello y seductor humor, se desvaneció lo
suficiente para permitir que se reflejaran los colmillos y la ferocidad animal en sus oscuros ojos.
—¿Quién cometería tal atrocidad?
Legna sintió el alivio que recorrió a Gideon. Ella sabia, en ese segundo, lo que Gideon
comprendió, el Vampiro nada había hecho para lastimar a Isabella.
—Lamento haber tenido que preguntar, Damien —se disculpó Gideon con una sentida
reverencia hacia su conocido.
El Vampiro rechazó la disculpa, con un elegante movimiento de la mano.
—Considerándolo es comprensible. ¿Preguntarás a Siena sobre esto, verdad?
—Por supuesto. Aunque este no es su estilo, podrían ser los rebeldes de entre su gente. ¿Que
hay de los tuyos? ¿Algo que debería saber?
—La verdad, no —dijo Damien, pensando en ello por un largo minuto—. Tenemos a
nuestros bandidos, que matan indiscriminadamente por el placer que les causa el miedo que
provocan en la muerte, pero creo que están muy ocupados huyendo de la justicia, evitando el sol y
haciendo sus matanzas para preocuparse de sus políticas y propagación.
—Es verdad. Nunca pensé que hubiera Vampiros presentes en el lugar del altercado. Pero no
daña el ser exhaustivo.
—¿Te gustaría que hablara con Tristan?
Gideon negó con la cabeza a la mención del monarca de los Shadowdwellers .
—El ataque fue a la puesta de sol. Demasiada luz solar para que ellos tuvieran algo que ver.
Pero gracias por la oferta.
—Te diré que haré, Gideon, para devolverte el favor de tu advertencia sobre los nigromantes.
Ordenaré que mi guardia busque en las guaridas de los cazadores de Vampiros humanos y vean si
han escuchado algo.
—Gracias. Eso será una ayuda. Elijah esta en una tarea similar. Pero creo que tu conocimiento
sobre esa gente es mucho más complejo y exhaustivo que el nuestro.
—Eso es debido a que ustedes usualmente no tienen nada que temer de humanos normales
que no poseen magia oscura. Son muy fuertes para eso. Sin embargo a pesar de que somos muy
fuertes, nosotros los Vampiros tenemos una debilidad que los humanos pueden explotar
fácilmente. Ser forzados a dormir paralizados durante la luz del día, hace de cualquier humano
una gran amenaza para el Vampiro promedio, requiriendo que tengamos un entendimiento mayor
de sus maneras. Por lo menos ustedes pueden luchar con su letargo, pueden oír a los enemigos
acercarse y pueden usar sus habilidades a casi completa fuerza durante el día a pesar del sol. Muy
pocos de los nuestros poseen el poder de hacer eso.
—Entiendo eso muy bien —le recordó Gideon.
—Lo estaba reiterando para tu joven mujer —dijo Damien., mostrando sus colmillos en su
sonrisa y un malvado pestañeo.
—No eres nunca feliz a menos que coquetees con el peligro, una cualidad aterradora en un
líder de una raza entera —respondió Gideon secamente.
—Tonterías. Sólo estoy complacido de tu buena fortuna. Disfrútala bien, mi buen amigo. Te
la has ganado.
Gideon le agradeció al Vampiro una vez más, luego cada uno le dedicó una leve reverencia al
otro antes de que el Vampiro se elevara al cielo con un poderoso salto. El Demon sintió a su pareja
mirar con gran asombro como se iba a través de sus ojos.
Me doy cuenta de que he vivido una vida muy protegida, le comentó.
Uno pensaría otra cosa, viviendo en el centro de nuestra corte toda tu vida. Estoy sorprendido de que
no hayas conocido a Damien antes.
Bueno, como has notado, Noah tiene la manera de asegurarse de que no este presente en las situaciones
volátiles. Diría que el Príncipe de los Vampiros haciendo una visita a la corte del Rey de los Demons sin
duda lo sería.
Creo que tienes razón. Ahora, mi belleza, estamos listos para una parada más.
Por supuesto, mi más querido.
¿He mencionado que me gusta cuando dices eso?
A decir verdad, lo has hecho.
Jacob se movió lentamente por las escaleras, sintiéndose pesado y cansado. Era una lucha
para el Ejecutor dejar asuntos tan cercanos a su hogar y su corazón en manos de otros, pero
confiaba en Elijah con cada respiración, incluso con la vida de su esposa. El guerrero simplemente
adoraba a Bella. ¿Como podría no hacerlo? “la florecilla” de Jacob, le había roto la nariz al guerrero
en el instante de conocerlo. Para Elijah eso era la mejor cualidad de una buena mujer.
Jacob rió con ese pensamiento, sintiéndose de alguna forma más liviano. También se dio
cuenta de que estaban cambiando sus sentimientos por Gideon últimamente. El médico nunca
había hecho algo que alguien desde fuera viera como una gran ofensa, pero como al principio se
había ganado la hostilidad de Bella, esta había gravitado naturalmente en el propio corazón de
Jacob.
Graciosamente fue Bella la que primero empezó a actuar civilizada y con honesta apreciación
hacia el médico. Era tan de ella el ser tan cambiante, tan tolerante y dispuesta a perdonar. De no
ser así, ella no hubiera sido capaz de confiarle al Antiguo su cuidado médico y el de su bebé. Había
formado un genuino sentido del humor frente a las excentricidades del médico. Simplemente no
estaba en Bella el mantener rencores, especialmente cuando entendía el gran regalo que Gideon les
estaba dando al prestar sus formidables habilidades para ayudar en su embarazo.
Jacob se preguntó por qué esa particular apreciación no se le había pegado a él tan fácilmente
como lo había sido la irritación. Sin embargo si fuera sincero consigo mismo, tendría que reconocer
que probablemente tenía mucho que ver con el hecho de que Gideon tenía constantemente sus
manos sobre su pareja. Era necesario por supuesto, pero eso no cambiaba la hostilidad instintiva
que creaba. Quizás fuera porque Gideon ahora estaba Vinculado, que la perspectiva negativa
estaba disminuyendo hacia él. Había consuelo en la idea de que ahora estaban en la misma
posición, cada uno entendiendo lo que el otro estaba forzado a sentir, desde un punto de vista de
primera mano.
Gideon también realizó un milagro al salvar las vidas de su familia, y Jacob era consciente de
eso. Nadie más habría podido salvar la vida tanto de la madre como del hijo. Sólo esta tarea le
ponía en una deuda de por vida con Gideon y lo habían congraciado.
Jacob entró en la habitación que le habían prestado en casa de Noah, sin molestarse en
encender las luces ya que podía ver perfectamente sin ellas, Bella estaba durmiendo levemente, ya
moviéndose cuando lo sintió acercarse. Con una sonrisa, Jacob empezó a crear una sorpresa.
Bella abrió sus ojos, porque repentinamente se sintió abrumada con el aroma de las rosas. Se
sentó, sintiendo pétalos de rosas caer en cascada desde su torso. Se rió, recogiendo los lujosos
pétalos, acariciándose la cara y garganta con ellos mientras inhalaba la potente fragancia.
—Jacob —murmuró con placer.
Jacob recogió más de los sedosos pétalos, dejándolos caer sobre su cabeza a medida que se
sentaba al lado de ella. Se rió, la primera impresión de su viejo humor que él había sentido desde el
ataque. Había estado tan triste, tan deprimida, que le dolía el corazón. El simple truco de los
pétalos valía oro si la podía hacer reír.
—Hola, florecilla —la saludó, acercándose para besarla gentilmente, el aroma de rosas
levantándose desde su calida piel y alrededor de ellos.
—Te amo —le susurró, sus calidas manos acurrucando su cara, mientras le besaba una vez
más—. Amo que te quedaras conmigo a pesar de que te duela el corazón por no ir a cazar a los que
me lastimaron.
—Ya vendrá su tiempo, amorcito, cuando no podré quedarme —dijo gentilmente, tocando
sus delicadas facciones en la oscuridad con exquisito cuidado.
—No esperaba que lo hicieras, Jacob. Recuerda también hay una leona en mi corazón. Y no
estará satisfecha hasta que sea parte de la destrucción de aquellos que trataron de matar a su hijo.
Y la única manera en que lograré eso, es residiendo en tu corazón y en tus pensamientos mientras
buscas venganza por ambas.
Jacob asintió, sin poder hablar mientras las emociones lo ahogaban en silencio. Había tanto
que sentir, no podía asumirlo todo. Amor y odio, satisfacción y descontento, alegría y rabia. Lo
destruyó escuchar palabras como “venganza” y “destrucción” saliendo de la boca de su pareja de
naturaleza tan dulce. Había nacido para ser una pacificadora, una Ejecutora de grandes leyes, y
una guerrera impresionante a mérito propio, pero que tuviera razón para odiar y temer… Jacob
sintió más aún que la había decepcionado, la oscuridad era suya para manejarla, suya para
protegerla a ella, y había fallado, una neblina roja se extendió por su mente cuando pensó en ello,
cuando lo sintió, ella estuvo ahí casi instantáneamente, tratando de calmarlo y parar su frustración,
pero incluso su toque en su mente era muy débil y claramente exhausto. Era como si fuera sólo
una sombra dentro de él. Y simplemente no debía ser así. Debía hacerlo vibrar y abrumarlo con su
energía y amor, no esta suave fragilidad que le arañaba el interior de su corazón.
—Oh Jacob —lloró lentamente, su débil cuerpo inclinándose hacia el suyo mientras ponía sus
delgados brazos alrededor—. Por favor —le rogó—. Por favor no dejes que esto te destruya. Te
necesito tanto. Te necesito aquí y en paz.
—Aquí estaré, amorcito —la murmuró contra su cabello, su voz quebrándose con el trágico
dolor que sus lágrimas le causaban—. Pero compraré mi paz con batallas, Bella. Por los dos, una
vez hecho será historia.
—Júramelo, Jacob, porque sé que no puedes romper tu palabra, especialmente a mí.
—Lo juro Bella. Llegaremos hasta nuestros enemigos, y los dejaremos sobre la tierra detrás
de nosotros. No traeré la oscuridad a nuestra cama, cerca de nuestro hijo, o a ningún lugar donde
pueda comer. Vendré a ti con una mente limpia, corazón y alma. Te lo juro con todo mi amor.
—Te amo Jacob —le dijo suavemente, abrazándolo, sabiendo que lo único que le aclararía su
mente, corazón y alma sería su venganza.
Gideon se arrodilló en la sombra de una gran roca, su aliento blanco y espeso en el aire
congelado del principio de la primavera siberiana. No estaba vestido para ese clima, pero no
importaba. Regulaba su temperatura corporal como si fuera un pensamiento secundario, un brillo
de calor visible mientras se levantaba de la piel expuesta cerca de su cara y cuello. Ausentemente
apretó un guante en su mano, mientras miraba la actividad de la villa que había debajo. Fácilmente
sentía el pulso de unas cien criaturas, todas erguidas, de la variedad de dos pies y cuatro patas. No
se atrevía a deslizarse mucho ya que seria detectado y crearía una gran sospecha. Podía rastrear a
su alrededor las formas mamíferas de los Licántropos, pero se hacia mas difícil cuando tomaban
formas de sangre fría o aves. Cualquier animal alrededor de él podía ser un Licántropo y no lo
sentiría.
Un verdadero Licántropo podía existir en tres etapas. Un animal de cualquier especie
imaginable era la primera. La segunda era la forma humana, indistinguible para cualquier mortal
que no pudiera ver debajo de su piel o la composición genética. La mayoría de los Demons podía
distinguir por el olor si no eran humanos de verdad. Gideon sospechaba que esto era posible para
los otros Nightwalkers también. La tercera y última era la forma de Licántropo, una combinación
de las dos primeras, el animal y el humano especifico usualmente tan grande como el humano.
Pero con los atributos de la forma Licántropo animal. Como la piel y garras de un oso, o colmillos
y alas si era un murciélago.
Eran las formas clásicas que los humanos llamaban hombres-lobo. Pero lo que la mayoría de
los humanos no sabía era que los Licántropos no estaban limitados solamente a la forma del lobo.
De hecho casi no había animal que no estuviera representado en la población Licántropo.
Gideon podía alterar su química corporal para mezclarse con los aromas que le rodeaban, un
hecho que sólo los más poderosos de los Licántropos podían detectar, lo hizo hasta que sus botas
resbalaron en el pisoteado camino que se adentraba en el angosto valle que albergaba la villa. Era
falsamente pintoresco. Gideon podía ver que había una razón para su ubicación y su gruesa
construcción. Fue hecho para soportar el inhóspito clima del invierno ruso, pero también para
aguantar cualquier forma de ataque si fuera necesario.
Como regla, los Licántropos nunca estaban lejos de algún tipo de armería. Ellos no le tenían
una aversión química a la tecnología, como los Demons. Los Demons tampoco eran los blancos de
los autos denominados cazadores de hombres-lobo. Si había un Nightwalker más conocido por la
mitología humana que los Vampiros, eran los Licántropos. Como resultado, ambas razas estaban
plagadas por aquellos que intentaban con intenso deseo, demostrar que la historia era real y matar
al mítico monstruo como si eso les hiciera héroes de igual valor mítico.
Aunque los ataques de los Licántropos en su propia forma eran formidables, cuando se
trataba de lidiar con cazadores y similares, siempre era sabio pelear fuego contra fuego por así
decirlo. Los Licántropos eran lo suficientemente sabios como para llevar algo más que garras, para
enfrentarse a un enemigo que traía un arma de fuego. No habrían sobrevivido por mucho como
especie en esta era de armas de alta tecnología si no hubieran entendido este simple hecho.
Gideon caminó cerca del borde de la villa de Siena, hasta que se aproximó a su residencia,
que consistía en una cueva muy bien camuflada. Cuando pasó a los guardias los saludos
fríamente. Hasta donde sabían llevaba el olor de Licántropo por lo que pertenecía al lugar.
La residencia de Siena era una caverna más que una cueva. Más aún, era simple llamarla
caverna, había sido tallada desde el centro de la montaña formando el asombroso edificio que
asemejaba la grandiosidad de un castillo, permitiendo la enormidad y sentido artístico, que
incluían múltiples niveles y comodidades como luces y cañerías. Estaba todo tallado de una piedra
café rojizo, una masiva tarea que debía de haber tomado décadas para terminar. Era un diseño sin
fallas, justo como Gideon lo recordaba, el único acceso obvio era una tímida entrada. Podía ser
bloqueada y resguardada en un latido, protegiendo la villa completa y el hogar de la Reina si fuera
necesario. Había otras casas cerca del castillo, como si estuvieran bajo el sol y no una montaña,
como cualquier otro castillo de la historia, solo le faltaban el foso y la puerta levadiza para
protegerlo. Era una fortaleza en sí misma y no necesitaba esas cosas como ayuda.
Gideon siguió caminando, entrando a la sala común del castillo con confianza y una
familiaridad que le vino mientras recordaba la ubicación de las piezas y la gracia de los tallados
tan minuciosos en las piedras de las paredes de alrededor. Incluso la sala común estaba muy bien
decorada, reflejando la riqueza de Siena y su gusto por las cosas mas finas de la vida. Era una gran
mejora desde la última vez que visitó su corte. Tapetes, pinturas, ricas alfombras y toques
elegantes, que no habían estado ahí trece años atrás... Cuando Siena había ascendido al trono. El
área de recepción era dos veces más grande que el gran salón de Noah, pero la gente que se movía
por él ya no hacia eco tan fácilmente contra sus propias paredes.
Había sido fácil entrar a la sala común, pero sería un asunto completamente diferente
acercarse a Siena, entendió Gideon. La Reina Licántropo no era una tonta. No tendría los puntos de
acceso que estaban cercanos a ella, cuidados por alguien que no fuera un Licántropo antiguo y
hábil, capaz de ver a través de una simple treta de un Demon con sólo olfatear. Por suerte el no era
cualquier Demon. Elijah se había dado cuenta de ello y era con lo que había contado, cuando eligió
a Gideon para esta peligrosa misión, nadie más podría lograr lo que él estaba apunto de hacer.
¿Qué harás ahora?
Sólo mira. Y quédate quieta. Los Licántropos tienen una gran variedad de habilidades, algunas de las
cuales te sorprenderían mucho. Cuanto menos des, mejor.
Después de lo que pasó con Damien, te creo; susurró antes de callarse.
Se dio cuenta de que no se alejó de ninguna otra forma, estaba tensa, lista para cualquier
posibilidad, determinada a protegerlo de cualquier manera que pudiera si llegaba a necesitarlo. Al
sentir su poderoso instinto de protegerlo, su espíritu se convirtió en una apretada espiral de placer.
Significaba que estaba empezando a quererlo, estuviera lista para admitirlo o no, la idea lo deleitó,
mucho más de lo que había esperado.
Gideon, lo guardó todo dentro para examinarlo después. Necesitaba estar completamente
enfocado en lo que estaba haciendo. El territorio Licántropo era todavía considerado territorio
hostil. La guerra había terminado sólo hacía trece años, después de trescientos años de peleas y
ataques directos dirigidos por el padre de Siena. El Rey anterior había sido un caudillo de guerra,
sólo contento cuando estaba luchando por propiedad, riquezas o posición. Pero nunca quedó
satisfecho, cuando los Demons probaron ser imbatibles después de años perdidos peleando con
ellos, se tuvo que conformar con ser una espina en el costado de Noah. Secuestros, intrusiones,
muchas formas de tortura y problemas, hasta que Noah se dio cuenta de que muchos siglos habían
pasado y no había un sólo Licántropo vivo que no estuviera manchado por la propaganda anti-
Demons. Nunca habría paz, aun si el caudillo moría, había que intervenir.
Así que envió a Gideon a las prisiones del Rey.
Esta noche, la reina Licántropo claramente aplicaba justicia. Por el volumen de gente
maldiciendo dentro y fuera de la sala del trono, y la línea de sujetos esperando para entrar, era
claro que estaba muy ocupada dispensando la forma de ley que atendía a las disputas de su gente.
Noah tenía días similares de acceso una vez al mes. Era requerido que todos los miembros del
Concilio estuvieran presentes para dispensar la ley. Cada consejero tenía un área de especialidad.
Era lo que balanceaba tan bien el Concilio, como gobierno, a excepción de la problemática
consejera Ruth. Pero aun así tenía una posición útil. Sus constantes retos, ideas y decisiones
mantenían a todos alertas. Si alguien ponía algo ante el Concilio, sin las preparaciones apropiadas
para debatir su punto ante la obstinada Ruth, probablemente fallaría bajo su escrutinio. Como
resultado, las leyes y acciones tomadas por el Gran Concilio no serían tan bien planeadas como lo
eran.
Gideon había terminado de observar los movimientos de los que estaban en las salas
cercanas. Miró como un grupo de espectadores dejaba el salón del trono y otro grupo empezaba a
formarse. A medida que los guardias dejaron entrar al grupo, Gideon se les unió. Se dio cuenta de
que los guardias levantaban sus cabezas, buscando un olor que no estaba bien, pero antes de que
pudieran fijar un blanco, Gideon estaba en la sala y mezclándose con la multitud. Eso no
significaba que no pudiera ser descubierto en cualquier momento, así que antes de que alguien lo
detectara, se movió rápidamente a la alfombra que daba al trono donde Siena escuchaba a una
parte del litigio, mientras la otra parte esperaba impacientemente a su izquierda.
Siena notó que se acercaba casi instantáneamente, su cabeza se levantó repentinamente
mientras fijaba sus dorados ojos en él.
La Reina estaba en su forma humana, la de una magnifica y hermosa mujer con el cabello
dorado tan puro que se asemejaba al color de la veta de oro virgen. Su cabello era casi tan largo
como el de Legna, pero a diferencia de la sedosa y ondeante melena de Legna, el de Siena era
naturalmente rizado, las largas vueltas de casi el tamaño de la circunferencia de un puño, a
medida que se retorcían por la longitud de su torso y espalda. Tenía las facciones de un gato, llena
de delicadas puntas y curvas que la hacían exótica y adorable. Esto incluía las orejas delicadamente
puntiagudas, como las de un elfo, la única parte de ella que no parecía muy humana, pero que
podían ser fácilmente obviadas por alguien que no buscara distinción.
Siena se puso en pie cuando pudo reconocerlo, un sonido suave para alertar a sus guardias
quienes sin retraso, se situaron entre la Reina y el intruso interponiendo alabardas aferradas en sus
manos. Los guardias eran Minotauros, enormes y poderosas criaturas con el aspecto y la fuerza de
diez toros, una altura que incluso superaba la considerable altura de Gideon, y con la habilidad de
guerreros que incluso igualaban a las de Elijah.
Gideon detuvo su avance, un pie en el primer escalón que daba al trono.
Puso sus manos sobre sus muslos y se inclinó ante Siena con respeto, permaneciendo con su
cabeza inclinada hasta que decidiera que es lo que haría con el. Su aparente servidumbre parecía
haberla tranquilizado. Ella se relajó, sentándose lentamente antes de volver su atención a un
sirviente cercano.
—Jinaeri, despeja la corte —instruyó a una de las ayudantes femeninas. A los que estaban en
medio de la petición en audiencia, les sonrió confortándolos—. Caballeros serán mis invitados en
las próximas veinticuatro horas, durante las cuales continuaremos discutiendo este tema.
Era evidente que la solución era más que generosa para mantenerlos contentos. Ambos se
inclinaron, puras sonrisas y excitados pulsos. Siena era famosa por su lujosa corte. Era un honor
para los comunes ser aceptados dentro.
Gideon siguió esperando, su cabeza aún inclinada a medida que el cuarto se vaciaba. A pesar
de verse vulnerable, tanto él como Legna estaban bien informados de sus alrededores. Gideon se
dio cuenta de que gran parte de las sospechas y tensión de Legna estaban dirigidas a la adorable
Reina que estaba a menos de tres metros de distancia.
El sonido de las puertas del salón al cerrarse con un “clang” fue la indicación final de que
estaban en relativa privacidad. Eso claro, excluyendo a la docena de guardias parados tiesamente
en todas las salidas y alrededor del trono. Gideon levantó su cabeza y se encontró con la
especulativa mirada de la Reina, dejando que la curiosa mirada dorada lo inspeccionara
lentamente, como si tratara de descubrir sus intenciones por pura fuerza de voluntad.
—Desármenlo —ordenó firmemente la Reina.
Instantáneamente, los dos guardias del trono se lanzaron hacia Gideon.
El médico, sin embargo, ya no estaba donde había estado, estaba rodando por el piso y fuera
del alcance de las armas de los Minotauros.
Levantándose con elegante agilidad, Gideon fingió un salto directo hacia el guardia a su
izquierda, forzándolo a anticiparse y usar su arma. La alabarda tenía un impulso impresionante,
debido a que tenía todo el peso en la punta. Una vez que el Minotauro se entregó al movimiento,
estaba virtualmente indefenso hasta que se completara y recuperara el control del arma, era
tiempo suficiente para que los reflejos aumentados de Gideon le dieran la ventaja.
Lo siguiente que el guardia supo, fue que tenía a un Demon volando hacia él, usando su
propia alabarda como apoyo para impulsarse en el aire y sobre los cuernos del guardia. Era una
maniobra osada, los mismos cuernos eran una arma peligrosa, capaces de empalar a una víctima
con un simple empuje de los poderosos músculos del cuello del Minotauro. Pero Gideon estaba
lejos de su alcance, aún si el guardia no estuviera tan sorprendido por la inusual maniobra. Para
cuando el Minotauro había reorganizado sus pensamientos, fue derribado por una poderosa
patada al centro de su espalda, por supuesto derribado para una criatura de ese tamaño significa
obligarlo a arrodillarse, aun así fue un impresionante logro para un Demon.
Gideon se giró para enfrentar a su otro oponente, recibiendo la vara de la otra alabarda en las
costillas. El golpe literalmente levantó al Antiguo de sus pies, y Legna no fue la única en escuchar
que las costillas se rompían en respuesta. Sin embargo la herida no fue nada para un sanador de su
impresionante poder y su habilidad. Para cuando el médico había terminado de rodar por el suelo
después del golpe, las costillas ya estaban casi reparadas.
Gideon estaba de nuevo de pie, enfrentándose a un guardia, vigilando al segundo, y
moviendo su cabeza para escuchar el leve suspiro de su pareja que se deslizaba por sus
pensamientos. El Demon Antiguo sonrió, una rara pero impresionante muestra de colmillos
brillando en la luz de gas de la sala del trono fue la estrategia de Legna, que él siguió cuando
agarró uno de los cuchillos que tenía en los muslos con increíble velocidad, lanzándolo mientras
esquivaba el oscilar de una alabarda, sacó la segunda hoja y se detuvo en una postura de
lanzamiento.
—¡Detente!
Los guardias vacilaron mientras el Demon y la Reina gritaron el mandamiento al mismo
tiempo. Los perplejos Minotauros miraron a la Reina, cada uno atónito ante el shock que les
causaba la vista que les saludaba.
La Reina Licántropo estaba sentada en su trono, su pecho subiendo y bajando ante la
sorpresa y puro pánico, mientras sus ojos miraban la hoja del cuchillo que casi tocaba su sien y que
la tenía inmovilizada por su cabello al respaldo del trono.
Gideon sonrió ampliamente, molestando a sus oponentes con un movimiento de su cuchillo.
—Y quise fallar —dijo oscuramente, sus ojos brillando con advertencias de plata.
El salón del trono estaba en completo silencio a excepción de la respiración de Siena. De
repente rió, un corto y puro sonido que tuvo la atención de todos.
—¡Gideon, bastardo, hay plata en ese cuchillo!
—En ambos —corrigió el Demon, relajando su postura y guardando su segundo cuchillo en
su vaina con un giro, su pareja se percató de que este característico movimiento era una maniobra
experta.
El Demon se movió hacia los peldaños que daban al trono acercándose a la Reina para poder
hacer lo que nadie mas en todo el castillo o la villa podía hacer. Agarró la empuñadura del
cuchillo, y con un poderoso movimiento lo sacó de la profundidad que había alcanzado en la
madera del trono. El cuchillo fue suavemente guardado al segundo siguiente, mientras Gideon se
retiraba respetuosamente al final de las escaleras. Miró a los guardias detrás de él, mirando con
más sentidos que sólo la vista, como uno de los Minotauros extendía su mano para ayudar al otro
a levantarse.
—A pasado mucho tiempo, Gideon, desde que has honrado nuestra corte —señaló Siena, su
fuerte voz haciendo eco a través del cavernoso salón mientras recuperaba su compostura con una
delicada sonrisa y agitando su cabello. El hábil ojo de Gideon cuidadosamente midió la cantidad
de sangre que cayó de los cabellos que la hoja había cortado. La herida al cabello vivo fue
accidental, ya que Gideon nunca quiso hacerla daño. La herida pequeña, no más dolorosa que una
media docena de cortes de papel para la Reina, sanaría rápidamente. Si hubiera querido dañarla,
habría cortado una gran parte de los filamentos dorados y hubiese sido el equivalente al trauma de
cortarle un brazo.
—Según recuerdo, fui tu prisionero en esa época —recordó a la Reina Licántropo. Gideon
silenció mentalmente a Legna cuando escuchó que la Reina le había capturado.
—Ah, si, tienes razón, casi lo había olvidado. Pero, no nos despedimos en malos términos,
hace tantas décadas atrás, así que confió en que no estés tratando de tomar algún tipo de
venganza.
—No, alteza. Me trataste muy bien para ser una persona de tan mal estatus. De hecho, estaré
por siempre agradecido, de la generosa hospitalidad que me mostraste.
Esa afirmación pudo callar la risa de Legna mucho mejor que cualquiera de las advertencias
de Gideon. Reconoció muy repentinamente su renovada y altamente hostil fijación en la mujer
Licántropo.
—Así que dime, Gideon. ¿Es mi hospitalidad lo que buscas esta noche?
No hubo error en la sugerencia de su voz y el leve levantamiento de una de las cejas doradas
así como de una esquina de sus labios. La Reina se levantó una vez más, lentamente, permitiendo
que su alto cuerpo exhibiera gradualmente sus impresionantes encantos. Llevaba puesto un simple
sostén dorado, el pequeño articulo de ropa acentuando un par de exquisitos y llenos pechos. Una
gruesa cadena dorada rodeaba su delgada cadera, sosteniendo un par de gruesos velos por detrás
y delante de sus largas piernas. Una cadena más delgada circunscribía su cintura, el tintineante oro
atrayendo la atención de la definida musculatura abdominal y las profundas curvas hacia dentro
de sus lados. La única otra cosa que usaba era el collar de su oficio, la gargantilla de oro y piedra
lunar, única en su clase que marcaba quien era ella para cualquier Nightwalker que la viera,
Licántropo o no.
Se movió hasta el escalón mas alto del trono, mirando a Gideon mientras empezaba el lento
descenso. Cada movimiento de su cuerpo era una danza sensual preparada. El oro se movía y
relucía coqueto, los velos agitándose con la brisa de su movimiento. Los Licántropos tendían a ser
seres altamente sexuales, aun más que los Demon, e irradiaba de cada célula del cuerpo de la
Reina. Estos Nightwalkers no sólo cargaban el código genético de los instintos animales de antaño,
eran animalistas puros, viviendo un tercio de su vida como poco más que bestias inteligentes. Ese
hecho irradiaba de la hermosa Reina como crudas vibraciones de la naturaleza.
Gideon era consciente de un suave y hostil cuchicheo en el borde de sus pensamientos y se
percató que la fuente era Legna, quien, a pesar de todo el control y separación, aparentemente era
tan susceptible a los simples celos como cualquiera. La Reina detuvo su acercamiento a tres
escalones de él, su postura sostenida con orgullosa perfección cuando una vez más tomó su
medida.
Dulce Destino, una pensaría que una Reina podría comprase un vestido completo; remarcó Legna
secamente.
Gideon se dio cuenta que estaba atrapado en una circunstancia potencialmente desagradable.
Sería difícil atender a la buena voluntad de la Reina mientras mantenía la paz con las diferentes
emociones de Legna. Su misión en definitiva era no enojar a ninguna de las dos, y de momento
parecía muy difícil lograrlo. Fue suficiente para alterar su practicada calma mientras que una leve
capa de humedad apareció en su frente.
—Has venido armado a mi hogar. ¿Por qué?
—¿Harías algo menos si tuvieras que caminar por la guarida de aquellos que te amenazaron
en el pasado? —Le respondió Gideon—. ¿Si te invitaran a la corte de Noah, entregarías las armas
que tienes, incluso ahora, escondidas en tu cabello?
—Siempre fuiste astuto —se rió, su risa y humor calmando la tensión en la sala
considerablemente. Se acercó al Demon, sus emociones más como de negocios a medida que se
acercaba. Siguió caminando, y él camino a su lado. Lo guió más dentro de la caverna, un lento
paseo por las salas en las que él había vivido antes, hacía mucho tiempo.
Mientras su dormitorio no fuera una de esos, advirtió Legna, sus celos fieramente tangibles.
No, Neliss. Te puedo asegurar que no.
¿Y se supone que tengo que aceptar tu palabra?
Preferiría que lo hicieras. Sin embargo…
—Veo que aún no has encontrado pareja —dijo Gideon a Siena.
—Y veo que tú sí, a pesar de todas tus proclamaciones de que nunca lo harías. Puedo olerla
en ti. Debe ser… deliciosa —la frase de Siena fue provocativa, haciendo a Gideon sonreír por
dentro con la imagen que despertó.
Aun tengo que probar esa teoría completamente, musitó.
No había respuesta, sabía que Legna estaba acalorada por la mezcla de emociones como para
formular una.
—Lo recomiendo —la ofreció amigablemente—. Especialmente en tu situación. Satisface
mucho más que el mantener el estatus de Reina virgen, Siena.
¿Virgen? ¿Ella?
—Si —dijo Siena con una sonrisa torcida en su boca—. Tan delicioso como suena, puedo
fácilmente dejar de lado los deseos del cuerpo si me salva de ser forzada a emparejarme con un
macho con el que terminaré encadenada por el resto de mi vida —era claro por el desprecio en su
voz, que a pesar de toda su natural sexualidad, preferiría asarse en el salivazo de un cazador—. Es
muy injusto —agregó—. Que deba ser inundada por esta, anticuada, molesta predisposición
genética a escoger uno y sólo a uno para que sea mi pareja por el resto de mi existencia —suspiró
con lascivo drama—. Imagina la diversión que podría tener —se puso seria instantáneamente,
hablándole a Gideon como el confidente que había sido durante años—. No necesito un Rey, y por
lo tanto, no tengo deseo de tener un amante que se convertiría en uno. Así que, continuaré como
una virgen, muy probablemente hasta el fin de mis días.
—Esas palabras casi me suenan familiares —musitó.
—Si, lo sé. Y ahora tienes una pareja. —Acercó su cabeza, tomando una profunda inspiración
de aire, mientras olía con curiosidad—. Tienes suerte, Gideon —dijo con honesta sorpresa y placer
por él—. Te has vinculado con tu pareja. Un fenómeno raro para tu gente, según tengo entendido.
Te deseo felicidad.
—Gracias —la respondió amablemente.
—Pero quizás si te acostaras con la loca, no me tendría tantos celos.
Gideon no pudo evitar soltar un gemido cuando fue atrapado entre el guiño de maldad de
Siena y la exclamación de ultraje de Legna en su cabeza.
—Siena, no vine a conseguirme una raramente cómoda cama en la caseta del perro. Así que,
¿por favor podrías tener piedad?
—Como desees. Dime por qué has venido —dijo mientras entraban a una sala llena de
enormes fuentes de oro.
Rodeando estas fuentes estaba un baño ocupado con Licántropos de todos los tamaños, razas
y sexos. Todas en distintos estados de pelaje, plumaje y desnudez, mientras se bañaban en el agua
que tenía la extensión de un campo de fútbol ante los dos. Gideon sabiamente evitó mirar, para no
condenar inadvertidamente a una pobre mujer bañándose a la ira de una Demon celosa, si llegara
a poner sus ojos por accidente sobre su cuerpo desnudo.
—¿Tienes alguna razón para sospechar que alguna facción de tu pueblo, se haya puesto a la
cabeza para resucitar la guerra al atacar a mi gente? —preguntó a la Reina.
Siena lo miró, el dorado en sus ojos brillando mientras pensaba un momento.
—Me alegra que pienses que no tuve nada que ver con esto.
—No, Siena. Aunque aún hay muchos que temen tus intenciones, los años que pasé contigo
durante mi encarcelamiento han tenido un efecto en nuestra perspectiva sobre las especies de
ambos. —Gideon sonrió ya que esa había sido la intención de Noah desde el principio. Gideon se
había encariñado con la gracia y la gran sabiduría de una niña que algún día seria Reina—. Con la
excepción de probar mis habilidades bromistas en el salón del trono, estas más allá de causar
peleas sin sentido. Se que no hemos hecho nada para provocar a tu gente a hacer algo tan fuerte
como lo que pasó.
—Bueno, si hubiera rebeldes en mi pueblo, usualmente los encuentro lo suficientemente
rápido. Explica lo que pasó.
Gideon lo hizo con eficiencia y un mínimo de detalles. La Reina Licántropo escuchó
atentamente.
—No, Gideon, mi pueblo puede buscar peleas con los tuyos, ¿pero organizar un acto tan
específico y malo? La supervivencia de los jóvenes es la más alta prioridad en nuestro código
moral, y está por encima de cualquier cosa, consideramos que es monstruoso hacer algo que se
asemeje al ataque a un joven incluso de nuestro peor enemigo.
—Sabía que dirías algo así, pero entiende que era importante que me asegurara. Por lo que
sé, podrías tener un criminal social prófugo del que simplemente no hemos escuchado.
—Tienes razón, por supuesto. Es estratégicamente tonto el dejar cualquier vía de posibilidad
sin explorar. Si he aprendido una cosa de ti, y creo que de tu gente, es que no son tontos cuando se
trata de estrategia. —Se paró un momento—. Gideon, creo que es hora de que Noah y yo nos
sentemos para hablar. Al menos deberíamos arreglar unos parámetros para intercambiar
embajadores. Con tales disposiciones puestas, habría menos oportunidades de estos fallos de
información. Lo único que saldrá de la incomunicación es la desconfianza y el error. Antes de que
lo sepamos, regresaremos a la guerra por razones que no serán claras a nadie.
—¿Crees que tu pueblo esta listo para aceptar a un Demon en tu corte?
—Creo que ha pasado el tiempo suficiente. Te pediría a ti, pero sé que tus responsabilidades
en el Consejo y tu nueva pareja te mantendrán muy ocupado. ¿Quizás me puedas recomendar a
alguien?
—Estoy seguro que puedo. Y por tu parte del intercambio asegúrate que sea muy inteligente,
deseoso, y que no tenga prejuicios hacia nuestra sociedad como embajador. Tomará un tiempo el
poder abrir las mentes cerradas en la corte Demon. Mientras tanto, llevaré el mensaje a Noah de tu
petición. Yo mismo te enviaré respuesta.
—Estaré esperándote. Mientras buscaré a través de mi departamento de inteligencia si hay
algo que se pueda haber pasado por alto.
Siena giró su cabeza para mirarlo, quitándose un anillo del dedo y entregándoselo. Haciendo
el intercambio sin tocarlo.
—Esto te permitirá ir y venir en mi corte sin usar disfraz y sin miedo de ser acosado. Claro
está, hasta que designemos un embajador que lo usará después de ti. No hay necesidad de más
engaños o camuflajes. Preferiría saber la verdadera naturaleza de lo que se acerca a mí. Quizás
quieras recordar eso en el futuro.
—Nunca dude de tu habilidad de reconocerme, Siena. Es por eso que me quite el disfraz tan
pronto me fue posible. Te agradezco la información y esto —encerró el anillo en su seguro puño.
Se inclino ante ella con un aire elegante que hizo sonreír a la Reina Licántropo.
Un momento después, fue alejado de un tiró, desapareciendo con un definitivo sonido, como
si fuera rescatado de las fauces de la muerte. La celosa motivación de la convocación de Gideon
hizo que la Reina no pudiera parar de reír, obligándola a sentarse cuando la empezó a doler un
costado. La posesiva acción de la pareja de Gideon la hizo reír por la falta de razonamiento lógico.
Si sólo la mujer oculta lo hubiese pensado por un momento, habría sabido que era imposible y no
habría estado tan insegura. Después de todo no había forma de que se dejara atraer por un macho,
menos aún por un macho Demon.
CAPÍTULO 10
Gideon se giró para observar a Legna en el mismo instante en que se materializó en el
presbiterio. Como no estaba en la zona inmediata a la sala, tuvo que ir al vestíbulo para buscarla.
El instinto le indicó que debía dirigirse hacia la escalera de mármol, y así lo hizo, subiendo los
escalones de tres en tres. Se encaminó directamente hacia su dormitorio, atravesando la puerta
abierta sin anunciarse.
Se había sentado en la comodidad y la quietud de la ventana más alta y colorida. Con las
piernas cruzadas debajo y el chal cayendo descuidadamente sobre el hombro. En la ventana, los
colores iluminados por la luna destellaron sobre su piel desnuda. En el exterior, un gran árbol se
balanceó salvajemente contra el viento. El movimiento de las hojas formaba dibujos con la luz de la
luna, produciendo la ilusión de ser pequeñas hadas de colores danzando sobre su piel.
Legna volvió la cabeza para mirarlo e inmediatamente caminó hacia él. Su chal cayó al suelo,
siendo última cosa que necesitaba que le llamara la atención. Se apresuró a llegar donde estaba,
encendiéndose ante la satisfacción que tendría cuando pusiera los brazos alrededor de él. El sonido
de seda y cuentas interrumpió el repentino silencio de la habitación, el crujido de la fuerza del
tempestuoso viento casi ahogaba el suave sonido de sus pasos.
Con impaciente elegancia puso los brazos alrededor de su cuello permitiéndose ser
arrastrada al interior de su abrazo. Durante un interminable minuto, sus cuerpos se unieron por
cada punto de contacto posible. Gideon enterró la cara en la suave curva de su cuello, respirando
profundamente la calidez y el aroma viviente, mientras trataba de no abrazarla hasta dejarla sin
aliento.
Para su consternación, sólo le permitió sostenerla un momento antes de empujarle y
revolverse para soltarse de su agarre. Con ambas manos, alcanzó su mano izquierda para forzarlo
a abrir los dedos, a pesar de no estar resistiéndose. El anillo de oro y piedra lunar que descansaba
en la palma de su mano fue arrancado y tirado descuidadamente a través del suelo de madera
pulida. El sonido de arrastre que produjo el aro cuando patinó lejos hacia la oscuridad, pareció
satisfacerla.
—No llevarás nada de ella —le dijo Legna, en un tono que no admitía discusión alguna.
El dictamen lo asombró. No tenía intención de usar el anillo. Era para quienquiera que Noah
eligiera como embajador de la corte de Siena, y ese, ciertamente, no iba a ser él.
—¿Celosa, Neliss? —bromeó mientras posaba una mano en torno a su cuello para acercarla
más—. No es propio de ti permitirte tan nimias emociones.
Legna le miró con el ceño fruncido, tensándose ante sus esfuerzos por acercarla.
—¿Piensas que mis sentimientos son pequeños? —Le reclamó—. ¿Son sólo mis celos los que
ves de esa manera o todos?
El ardor temperamental de la pregunta detuvo al Antiguo. No había retornado a casa
buscando otra pelea, incluso si terminaba siendo un ejercicio de ingenio. No pensó que tendría que
enfrentar la tonta posesividad de Legna. Era, por regla general, muy equilibrada. Por encima de
todo lo demás, era su intelecto el que los hacía tan compatibles.
—Oh, ya veo —siseó repentina y suavemente, su cuerpo entero estaba rígido contra el suyo—
. ¿Y supongo que todo esto te parece infantil e irracional?
—Por supuesto que sí —dijo con impaciencia—. ¿Si fuera yo el que está actuando así no
pensarías que soy insensato e irracional?
—¿Insensata? ¿Ahora soy insensata? —Legna se retorció entre sus brazos, soltándose de su
agarre—. Entiendo —resopló acaloradamente—. ¡Incluso después de todo esto, después de todo lo
que nos hemos dicho, todavía piensas que soy una niña! ¡Para ti, esto no es más que un pequeño
berrinche temperamental! —Sus impredecibles ojos estaban ardientes y furiosos mientras lo
recorrían toda su longitud con evidente desprecio—. ¡Bien, yo al menos tengo emociones! ¡Al
menos soy normal y real, tengo una vida y un corazón palpitante que siente su paso por la vida!
—Quieres decir que te permites este comportamiento temerario debido a tus caprichosos
sentimientos —contrarrestó bruscamente—. Hace un momento no podías esperar para abrazarme
y ahora me rechazas… todo por un capricho emocional. Dime qué beneficio encuentras, Legna.
¿Acaso no ves, que lo que estás haciendo, es idéntico a como comienza una guerra? Un simple
aumento en el temperamento, y antes que te des cuenta, todas las bolas de nieve están fuera de
control. ¡Disfrútalo si quieres, pero no lo esperes de mí!
—¡Tú, pomposo y autosuficiente estúpido! —pronunció, su rostro sonrojándose con una
hermosa furia que casi distrajo a Gideon de lo que estaban discutiendo.
Entendía que no pudiera controlar sus emociones del todo. Al fin y al cabo, era una empática
y las emociones eran con lo que trataban, pero necesitaba aprender a controlarse o las cosas no
iban a ser sencillas entre ellos.
—Por supuesto —dijo con ahogado sarcasmo en respuesta a sus pensamientos—, la falla
debe ser mía. Soy la niña y tú el Antiguo. No puedes estar equivocado.
—Legna —advirtió con firmeza.
—Vamos a probar la teoría empíricamente, ¿te parece? —Contestó con aliento entrecortado y
furiosa intención en los ojos—. Muéstrame. Muéstrame los beneficios de este poderoso control
tuyo, Gideon. La habilidad de compartir mi corazón me ha dado una familia unida, amigos
queridos, y el espíritu de ayudar a otros cuando me necesitan. ¿Te han dado tus frías e insensibles
maneras estas cosas? ¿Dónde está tu familia? ¿Dónde están tus amigos? Oh, ayudas a otros y
manejas un enorme poder, Antiguo, pero ¿te importa si tienes éxito o si fallas? ¿Te importa si tus
pacientes viven o mueren?
—¡Por supuesto que sí! —le gruñó, su cuerpo se irguió instintivamente para intimidarla
cuando ella martilleó esos sensibles puntos en su psique—. No te atrevas a acusarme de insensible
cuando se refiere a mis pacientes, Magdelegna. No sabes nada sobre lo que yo… —Gideon se
quebró antes de terminar la acalorada frase, sus dedos se enterraban en las palmas de sus manos
mientras trataba de tomar una profunda y tranquilizadora bocanada de aire.
—¿… Siento? —Terminó por él, obviando cómo trataba de controlarse—. ¡Tienes razón en
algo, no se como te sientes! ¡No dejarás que lo sepa! ¡Ni siquiera te permitirás saberlo! Dime,
Gideon, ¿qué ves de beneficioso en toda esta estabilidad y plana afectación?
—Hay cosas que es mejor que nunca trates de entender —devolvió rígidamente.
—Dulce Destino. ¿Escuchas la condescendencia que estás destilando?
—¡No es condescendencia!
Gideon quiso darle la espalda, alejarse, poner distancia, pero no pudo forzar su cuerpo a
obedecer. Incluso mientras peleaban, el empuje de su encanto permanecía firme y poderoso en su
interior. Tan fuerte como era el deseo de apartarla, la necesidad de ella era aún más fuerte. Y por si
esto no fuera suficiente, se burlaba de él con los pecados que había dejado en el pasado. Oh, si que
ignoraba el fuego con el que estaba jugando, y si tuviera algo que decir al respecto, iba a dejarla
que continuara así. Esos pecados debían quedarse profundamente enterrados en el pasado, no
tenían lugar en la vida del hombre en que se había convertido.
—Gideon —todo su tono se alteró de repente, de furia a algo más persuasivo y mucho más
peligroso para su paz mental.
Cuando Legna quería, podía usar el poder de su voz para atraer a otros. Lo cautivaba incluso
cuando no lo estaba intentando, así que ahora estaba doblemente tentado de ceder a la influencia.
—Yo veo tú gentileza y devoción cuando sanas. Esto me dice lo mucho que te importa, aún
cuando mantienes muy escondidas ambas cosas, por dentro y por fuera. Pero, ¿por qué sientes que
es necesario?
Legna se acercó más, desterrando la ira de hacía unos momentos dirigiéndose a obtener sus
respuestas de cualquier manera posible. Llegó hasta él y tocó su pecho, donde el abrigo de cuero se
abría, sus dedos moviéndose suavemente contra el algodón de la camisa. Cerró los ojos y
abiertamente sintonizó sus sentidos empáticos, viendo, incluso, la más pequeña reflexión de cómo
se sentía cuando se acercaba. Necesitaba saber que sentía algo. Cualquier cosa. Además, ¿cómo
podría pasar el resto de sus días con un hombre que se rehusaba a sentir algo por ella? ¿Por
alguien?
Pero a pesar de su armadura fría y sin emociones de ese momento, hoy había sentido varias
grietas romperse en su interior para llegar hasta ella. Emociones. Pequeñas muestras de oleadas
emocionales que siempre había manejado o suprimido con celeridad, pero que tenía, a pesar de
disimularlas rápidamente. Incluso había pensado que las disfrutaba… disfrutándola y su efecto
sobre su insensible comportamiento. Había sido una sombra en su mente por ésta causa. ¡No podía
estar equivocada!
Con las manos deslizándose lentamente por su pecho, deliberadamente le permitió caer
víctima del hechizo que siempre los vencía cada vez que se tocaban. Tomándolo como ventaja,
trabajándolo como un camino hacia la bóveda donde ocultaba todo lo que era capaz de sentir, si
sólo se lo permitiera. Enganchó los dedos en sus amplios hombros y empujó, hasta casi juntarlos
en la espalda. El abrigo de cuero cayó de sus brazos un instante después, pero lo atrapó y dio un
pequeño paso hacia atrás para doblarlo en el respaldo de una silla. No eliminó por completo su
contacto, manteniéndolos unidos a través de sus persistentes dedos, estuviera consciente o no.
Gideon no entendía qué es lo que se proponía, pero era difícil mantenerse tenso o en guardia
mientras la calidez de su toque lo estaba penetrando. Aún así, no la dejaría pensar que podía
imponer sus argumentos de esta manera.
—Nunca podrás cambiar mi opinión sobre esto, Magdelegna —dijo con suave calor, mientras
ella se acercaba más—. Debes aceptar que esta es la clase de hombre que soy. Y lo he sido durante
dos veces tu tiempo de vida o más. Pensar en cambiarme, Legna, es un ejercicio de locura.
Legna parecía ignorarlo, moviéndose con el toque de un hada hasta sus manos enguantadas,
deslizando lentamente el material como si el tiempo no importara. Estaba completamente inmersa
en cada movimiento, cada sensación, cada reacción que sus acciones produjeran. Parecía extraño
que una tarea tan simple fuera tan erótica, pero era así.
—Sólo porque has estado inalterable y sin cambiar durante tanto tiempo –dijo
tranquilamente—, no significa que debas quedarte así.
Después de dejar caer los guantes en la silla donde había colocado el abrigo, Legna regresó
para enfrentarlo, sus ojos obstinados y desafiantes de una manera que encontró maliciosamente
seductora. Una parte profunda e instintiva se resistió a la forma en que bravamente se le
enfrentaba, demandando que le demostrara su valor. Gideon sacudió la cabeza, tratando de
centrarse, calmar su aliento y su sangre mientras lo tentaba con suaves y imperceptibles
movimientos e ideales que sabía por experiencia, eran imperfectos. Gideon se mantuvo tan quieto
como pudo mientras se movía lentamente a su alrededor, sus ardientes e intensos ojos exploraban
cada centímetro de su cuerpo, antes de que sus dedos se deslizaran en torno a la correa inferior de
la vaina en su muslo izquierdo. No fue inusual la manera en que desató la hebilla, pero cuando
terminó y curvó los dedos haciendo que sus uñas se deslizaran por el interior del muslo hasta la
correa superior, el cuerpo y el alma de Gideon se arquearon en instantánea excitación.
Legna lo escuchó pronunciar una maldición por debajo del gutural sonido de estimulación.
Una astuta sonrisa tocó sus labios. Dejó caer la vaina sobre los demás objetos descartados.
Entonces, deliberadamente permitió que su mano recorriera el camino de la parte baja de la
espalda de una cadera a otra, hasta llegar al muslo del lado opuesto. Hizo lo misma que había
hecho con la primera, enviando una inimaginable corriente de estimulación, como si no lo hubiera
esperado.
Mientras descartaba la última arma con una mano, la otra quedó en el firme y flexible
músculo superior de su pierna. Se mantuvo quieto, duramente contraído con conciencia, su
atención centrada en cada movimiento y toque que hacía, y ella supo a un nivel profundo y
primitivo que tenía sus deseos y atenciones, literalmente en las yemas de los dedos.
—Piensa un momento, Gideon, en la positiva y apresurada delicia que los sentimientos te
pueden traer. No puedes sentir los que son negativos y que eliminan el completo de tus
emociones, debido al daño que pudieran causar. Piensa en lo que estás sintiendo ahora, en este
momento. ¿Lo descartarías tan fácilmente?
—Esto es lujuria, un estado fisiológico causado por nuestras químicas compatibles…
—Oh, ¿Eso es todo? —Le preguntó provocativamente mientras acercaba su cuerpo lozano y
caliente, ignorando su rígida resistencia para acurrucarse cálidamente, logrando frotar su rostro
contra sus músculos pectorales con travieso placer—. Entonces, ¿por qué no controlas tu cuerpo,
Gideon? Un Demon del Cuerpo de tu edad y habilidades puede detener la reacción de cualquier…
estado fisiológico de excitación… aún a pesar de la Vinculación. ¿Por qué no detienes el galope de
tu corazón, el ardor de tu piel…? —Legna dejó que sus sugestivos dedos bajaran por su abdomen
y luego cruzaran por debajo del cinturón para acariciar la dura y pesada erección que se tensaba
detrás de la suave tela de su pantalón—. ¿Por qué no aliviar estos evidentes signos que me dicen
que estás más comprometido de lo que quieres admitir?
Gideon se quebró. No podía decirlo de otra forma. Hacía un minuto estaba luchando por
respirar mirando la astuta seducción de sus ojos, y al siguiente, tenía una mano alrededor de su
cuello y levantaba todo su peso contra él. La forzó a distanciarse en rápido retroceso del poder de
la cruda fuerza y la furia de la emoción que surgían de él. Legna no tuvo ninguna oportunidad de
reaccionar o incluso de recuperar el aliento hasta que la hubo conducido hasta la cama y
estuvieron nariz con nariz, mientras sus ojos de mercurio ardían con rabia.
—¡No juegues conmigo, niñita! —Siseó en su cara mientras tiraba una pierna sobre ella y la
encajaba debajo de su peso—. ¡Tu belleza y la seducción a mi cuerpo y mente fallarán! ¡Deberías
implorar que fallen, porque te prometo que no desearás conocer mi limitado temperamento,
Magdelegna! ¡La última vez que vio la luz grité a los jefes de una raza entera! ¡Deja de traspasar el
territorio, te lo advierto!
—¡Este es mi territorio! —Contrarrestó en un tono acalorado, cogiendo la muñeca que estaba
cerrada sobre su garganta—. ¡Cómo empática y tu compañera, es mi territorio! ¡Tú eres mi
territorio! ¡Mío! ¡Feo o bonito, furioso o apasionado, eres mío por el resto de nuestra existencia,
Gideon, me reclamaste como tuya, y no permitiré que te alimentes con mordiscos seleccionados y
migajas! ¡Lo tendré todo de ti o te daré la espalda sin tomar nada en absoluto!
—¡No me amenaces, niña insolente! —rugió en su cara.
Pero Legna sintió el apretado terror que se apoderó de él por dentro y por fuera. Era la
reflexiva emoción que estaba buscando… necesitando. Necesitaba saber que no le sería fácil estar
sin ella. Necesitaba que lo supiera también. Debía darse cuenta que su mundo tenía que cambiar al
aceptarla. No podía seguir como siempre había sido, con ella como un pequeño satélite solitario
que servía a sus propósitos sólo cuando pensaba usarla.
—¿Gideon, Tienes tan poca fe en ti mismo que no crees haber aprendido de aquellos terribles
errores que una vez cometiste? —Le preguntó, su voz repentinamente suave contra los ecos de sus
gritos, que cayó como piedra—. Porque yo siempre he visto en ti a un hombre de confianza sin
precedentes. Nunca pensé que fueras de la clase que deja que sus errores pasados lo paralicen de
tal manera.
—No estoy paralizado —dijo en tono brusco, con aliento abrasador—. Estoy controlado,
Magdelegna. ¡Necesito controlarme! No entiendes lo que mi poder me permite hacer. No concibes
la responsabilidad que esta sociedad exige a alguien de mi posición.
—Sí, lo sé —contestó con gentileza—. ¿Olvidas que he sido criada en las rodillas de nuestro
Rey? Toda mi vida lo he visto luchar contra su temperamento natural, el que su fiero elemento
asienta profundamente en su interior, y la responsabilidad que tiene con nuestro pueblo. Durante
muchos años he sabido que fueron tus lecciones por encima de todo las que le enseñaron a
controlar lo que sentía para así no lastimar a nadie con su furia. Pero, Gideon, fueron mis lecciones
las que le enseñaron a satisfacer sus pasiones con seguridad y placer. Le enseñé cómo amar
profundamente, a pesar de las pérdidas que ha sufrido. Lo he guiado por caminos que gratifican
sus más fieras emociones sin que nada lo hiera o a otra persona. ¿No confías en mí para hacer lo
mismo por ti?
—Me estás pidiendo que destruya una barrera que se ha erigido por centurias, Legna —dijo
con voz ronca, un fino temblor lo recorrió, que a ella le pareció más una vibración—. Una que se ha
creado para proteger vidas y a nuestra cultura.
—Castigarte por lo que sientes nunca ha protegido a nadie —dijo mientras acariciaba su cara
con tiernos toques—. Si no aprendiendo de los errores, llegando a entenderlos junto a las acciones
que elegiste para guiar a esta sociedad hacia una rectitud moral para salvar a un pueblo de si
mismo. Ahora, el Destino me ha enviado hacia ti, para guiarte de vuelta a esos sentimientos que
has negado por tanto tiempo. ¿Creíste que podrías tener esta Vinculación y no entregarte a ella? ¿A
mí?
—Yo… — Gideon tragó cuando se dio cuenta que tenía razón.
Había temido que no llegara a amarlo, que alguien tan sensible no pasaría por alto sus
errores. Nunca antes había considerado el retorno de sus emociones y la necesidad que ella tenía
de sentirlas.
Nunca, ni una vez, se le ocurrió que pudiera hacerlo sentir… tanto.
Gideon la observó fijamente, la mano sostenida alrededor de su cuello hacía rato que se había
soltado para trazar caricias distraídas en su mandíbula y oreja. Notó que estaba memorizándola,
por su forma y tacto, delineando un mapa punto por punto para conocer siempre cada matiz
especial. Entonces, fue consciente de que había dejado las marcas de los dedos en la suave piel de
su garganta. Al instante, los latidos de su corazón se entrecortaron y fue inundado con el temor
renovado por los estragos que su temperamento incontrolado podía provocar.
—No puedes sellarlo todo, bloqueándolo en el interior, para alejarte. Pretender que tu ira no
existe es un plan con muchos fallos —aconsejó mientras hundía los dedos en su cabello con
fiereza—. Sin mencionar cualquier otra volátil emoción que te empeñas en ignorar. Necesitas
encontrar una liberación segura para todas tus pasiones, Gideon.
Legna lo miró detenidamente, observando entonces el astuto cambio que recorrió su
expresión y sintió la inclinación de su mente cuando se enfocó repentina y firmemente en sus
rasgos: la forma de sus labios, la curva de su mandíbula cercana a su oreja y la longitud de su
cuello. Sonrió un poco, sus dedos se deslizaron sobre sus labios para así juguetear con delicadeza
con su boca.
—¿Serás tú mi liberación, Neliss? —Especuló en voz alta—. ¿Será esta boca la que devore mis
ardientes deseos? ¿Pueden tan delicados oídos, tolerar la furia de mis gritos? ¿Latirá tu pulso en
sincronía con el mío cuando lo necesite?
—Sí —susurró dispuesta, su corazón latía a un ritmo ensordecedor—. Yo seré lo que sea que
quieras. Todo lo que necesites. Tanto tiempo como lo necesites, Gideon.
En ese momento, Gideon comprendió el alcance completo de su necesidad por Legna. Por
primera vez, se permitió sentir lo que había estado creciendo en su interior desde el instante en
que la había tenido entre sus brazos en los jardines de su hermano hacía tantos años. El efecto del
latigazo de deseo e impaciencia que lo recorrió fue todopoderoso. Retrocedió ante la sensación,
pero ella lo sostuvo con firmeza y lo atrajo hasta que sus labios se tocaron.
—No quiero lastimarte —respiró dentro de su boca, su sangre se precipitaba en sus orejas y
quemaba, ardiente, en las venas—. Fuimos abrumadores juntos, aún cuando trataba de
mantenerme controlado. ¿Qué pasaría si…?
—No hagas preguntas, Gideon. Simplemente siente el camino hacia las respuestas. Sé, en lo
más profundo de mi corazón, que nunca podrías lastimarme. No, a menos que me niegues.
—No puedo. Nunca más.
Legna sintió la cruda verdad de sus palabras. Las restricciones protectoras y los ejercicios de
disciplina se derrumbaron y cayeron en su interior, mientras lentamente empezaba a considerar las
posibilidades. Entonces dejó que todo lo empapara, como una esponja. Se mareó con la súbita y
poderosa avalancha de las nuevas emociones, puras y potentes. Había tantas a la espera de ser
ejercitadas, pero ninguna era negada a aflorar rabiosamente de entre las demás, exigiendo ser la
primera atendida.
—Si —gimió suavemente contra sus húmedos y acariciantes labios—. Siento cuánto me
necesitas ahora.
—¿Necesitar? Qué insignificante palabra para lo que estoy sintiendo —dijo peligrosamente.
Su fuerte y amplia mano trazó una penetrante y repentina línea descendente hacia el centro
de su cuerpo. Buscó el dobladillo de su falda y encontró el acceso a su piel desnuda debajo. Legna
jadeó entrecortadamente cuando sus dedos quemaron el camino hacia el interior de su pierna,
rozando encima de la carne de su muslo.
—Voy a devorarte, Magdelegna —le prometió, la oscuridad de sus intensos deseos llegaron a
abrumarla—. ¿Querías conocer mis pasiones? Permíteme presentártelas.
Legna estaba tan enfocada en la proximidad de la acariciante mano entre sus piernas que
apenas lo escuchaba. Pero cuando sintió el repentino mordisco en los labios, levantó la vista hasta
sus esmaltados ojos de mercurio líquido.
—Mi primer deseo, Nelissuna, es verte al natural y desnuda. Entonces te sentiré natural y
desnuda… bajo mis manos, mi cuerpo, y, muy especialmente, mi boca.
Selló la invitación con un beso impactante, un cruce entre salvaje calor y desesperación que
manifestaba las demandas de su cuerpo. Lo describía como enteramente físico, era sin embargo, lo
que quería obtener de una satisfacción puramente emocional. Quería hacerla suya. Su lado
primitivo exigía que la marcara de cada manera posible, pero más que eso, la llenaría con todos los
sentimientos que había exigido.
La cabeza de Legna giraba por el estímulo y la devastación psicométrica. Algún tipo de
mecanismo de defensa hizo que lo agarrase, bruscamente, lo hizo girar hasta que sus posiciones
estuvieron invertidas y entonces estaba encima y él yacía sobre su espalda. El asertivo movimiento
hizo que su corazón saltara con entusiasta y ansiosa anticipación, la sangre corría con vehemencia
mientras la mujer dominante que había en su interior surgía para asumir el control una vez más.
Le mordisqueó los labios una y otra vez para luego devorarlo con ardientes y húmedos besos.
En ese instante, las manos de él encontraron el camino bajo la falda y se apoderó de sus
fuertes muslos mientras ella se sentaba a horcajadas sobre sus caderas. Gideon trató de quedarse
muy quieto, con la excepción de un exquisito temblor que recorrió su cuerpo entero, porque si se
movía iba a empezar a arrancarle la ropa y no quería ahondar en ese enardecido lugar todavía.
Quería guardarlo y saborearlo para cuando la reclamara con su excitado y desesperado cuerpo.
Resistió el tacto de sus dedos cuando le desabotonó el cuello de la camisa y luego recorrió el
camino descendente hacia la cintura de sus pantalones. Abrió la camisa, sus manos apartaban la
ropa con seguridad, su torso se elevó y así pudo fijar su anhelante mirada en la extensión de su
pecho. Sus ojos se entrecerraron cuando se apoyó contra sus músculos y se inclinó para saborear su
piel con un largo y rápido movimiento de su lengua.
En ese punto, era un milagro que Gideon no explotara. Nunca en su vida había sentido tal
abrumadora sensación de placer con una acción tan leve. Gimió profunda y ferozmente cuando su
húmeda lengua resbaló de un plano pezón al otro.
Gideon se sentó repentinamente, hundiéndola en su regazo, mientras se quitaba
apresuradamente la camisa. Fue entonces cuando vio la persistente lividez de las contusiones en
sus costillas. Lo tocó sobre las lesiones, deslizando las yemas de los dedos con delicadeza.
—¿Por qué no te sanas completamente? —Le preguntó.
—Porque no es necesario. Mi proceso natural lo hará al amanecer. Lo que es natural para tu
cuerpo es muchas veces lo mejor.
—Oh, ya veo —dijo con una dócil y astuta sonrisa.
Su curioso toque lo estaba matando. No porque sufriera algún dolor, fuera de la agonía de su
esmerada y seductora exploración, sino porque en su vida nunca había necesitado nada o a nadie
de la manera en que la necesitaba. Y era la ternura y preocupación de sus dedos lo que lo afectaba
más profundamente. Quedó completamente abatido al tener a alguien que se preocupara por él.
Alguien que mostrara interés por su bienestar y no asumiera que dado que era un Antiguo y
poderoso sanador, no necesitaba cuidado y compasión. Legna levantó los ojos cuando sintió la
soledad y la tristeza del pensamiento, entendiendo que sus acciones los habían despertado y que
serían las que los disiparan.
Su compañero estaba empezando a comprender una emoción que ella daba por sentada, una
con la que había crecido y había tenido durante toda su vida. Estaba dándose cuenta del calmante
bálsamo que era para su alma tener a alguien. Su psique se calentaba, despacio pero con
seguridad, y todo por la Vinculación entre ambos. Estaba enseñando al Antiguo, el único Demon
de quien pensaba que conocía más que la historia misma, en su área de experiencia. Lo estaba
guiando al reino de sus abandonadas emociones. Y así como él trataba de enseñarle las ventajas
del balance entre el instinto depredador y la civilización, ella le mostraba como atenuar sus
sentimientos y abandonarse a ellos para tener una existencia de color, luz y vida.
—Mi luz. Mi vida —insistió en voz alta, su mano resbaló por detrás de su cabello y rodeó su
cuello, persuadiéndola a acercarse más hasta acurrucarse contra él, su boca preparada para recibir
el beso que le estaba brindando.
La intensidad del beso y las emociones vertidas hacia ella, trajeron lágrimas a sus ojos. Se
erizó ante el toque de su boca, haciéndolo más profundo y cercano con sus labios, lengua y
flotantes sentimientos. Lo llenó con su compasión y su entendimiento, con su confianza y su
absolución, y más que todo, vació su corazón en el suyo, la parte que ya lo estaba amando, sin
importar qué pecados o defectos pudieran ser.
El diluvio de sus emociones inundándolo envió un puñetazo más poderoso de lo que
alabardas y Minotauros alguna vez podrían tener. Gideon sintió un sonido de cruda emoción
vibrando dentro de la unión de sus bocas y se dio cuenta que era él quien lo emitía. La
profundidad trajo lágrimas a los ojos Legna y sintió como si su corazón estuviera a punto de
rasgarse porque no tenía idea de cómo manejar lo que salía. Estaba equivocada, pensó. Legna
había afirmado un día que se convertiría en su héroe, su salvador.
Pero era ella quien lo estaba salvando.
Legna fue quien finalmente rompió el apasionado beso, pasando delicadamente sus
magullados labios sobre la mandíbula, pómulos e incluso sus oscuras pestañas.
—Nelissuna —dijo con voz suave y gutural.
—Estoy aquí. Siempre estaré aquí —lo calmó dulcemente, encontrando su mirada cuando
rozó sus dedos bajo su barbilla para echarle la cabeza hacia atrás.
—Prométemelo, Neliss —dijo roncamente—. He escuchado a aquellos que especulan que soy
indestructible, pero juro con mi alma que me mataré si alguna vez te pierdo.
—Siempre estaré aquí —le reiteró tan firmemente como su corazón podía manejar.
Acarició su rostro con los nudillos calientes y sensibles.
—No me dejes, Neliss —pedía, sin avergonzarse de la necesidad y emoción en su voz—.
Duerme a mi lado hoy y todos los días que vendrán.
Asintió silenciosamente, sintiendo el alivio que cantaba a través de él tan vivamente que hizo
que su garganta doliera con compasión. Era una criatura de enorme poder e indomable voluntad,
y ahora sus palabras podían salvarlo o destruirlo. Se trataba de un logro impresionante y de
profunda responsabilidad, pero lo aceptaba sin reservas.
Era la última consideración que daría a la responsabilidad.
Toda su concentración, al igual que su cuerpo, se extendieron bajo Gideon una vez más.
Irguiéndose sobre ella, su desnuda y bronceada piel era caliente bajo su toque, cuando se aferró a
sus hombros. Antes de que se diera cuenta de dónde habían ido sus manos, ya había desabrochado
el vestido, aflojando el corpiño de forma espectacular. Apartó la seda y el encaje de su piel,
exponiéndola al aire más frío que la temperatura de sus excitados cuerpos. Sus pezones se
contrajeron bajo el estímulo así como bajo la mirada avariciosa de su amante.
—Ah… mira. Yo sabía que serías así —confesó con un susurro apenas audible—. No sólo me
respondes fácilmente, pero este color… —Se extendió y con delicadeza acarició las oscuras puntas
de sus senos, primero con las yemas de sus dedos y luego con alentadores toques de sus labios—.
¿Sientes cómo esto me excita, Neliss?
Entendió que no se refería a su respuesta física, aunque había mucho de eso. Se refería al
aumento en su implacable ansia posesiva por ella y solamente por ella. Se conectó con él como no
había hecho con nadie, desde que era una novata sin refinar. Oh, había sido forzado a aplacarse
ante los casos de lujuria física, las lunas Sagradas lo reclamaban como todos los demás, pero cada
toque que compartía hacía que su corazón y alma sufrieran de emoción. Los sentimientos sin
ejercitar, cayeron y se mezclaron, pero entonces sus manos o su boca se cerrarían a su alrededor
encontrando la concentración asentándose con claridad.
La amaba, todo de ella, y lo había hecho por más años de los que quería admitir en voz alta.
Mientras Gideon iba quitando su delicado vestido, adoraba cada centímetro de piel revelada con
besos y caricias hechas parcialmente con fiero deseo y mayormente con devoción. Legna se estiró,
tratando de retener las lágrimas que humedecían sus ojos mientras finalmente comenzaba a
entender exactamente quién era él… y cómo se sentía. ¿Quién hubiera pensado que un hombre tan
poderoso y confiado se considerara a sí mismo indigno de una chica como ella? Este
entendimiento la hizo darse cuenta que a pesar de los cientos de referencias hacia su juventud,
hacía mucho tiempo que lo había impresionado como una dama de calidad que merecía lo mejor
que su raza podía ofrecer. Por lo que nunca se había atrevido a acercarse, a pesar de ser
considerado el más valorado de su raza. Profundamente en su interior, pensaba que si supieran la
verdad, el pueblo Demon que tanto lo respetaba, lo evitaría como había esperado que ella hiciera.
Tenía la convicción que un crimen de hacía mil años serían imperdonable ahora y siempre.
Ninguno de nosotros tiene el derecho de juzgarte, Gideon.
Tienes todo el derecho de juzgarme, amor.
Levantó la cabeza para encontrarse con su mirada, girando ligeramente para frotar su nariz
contra la mano que tenía sobre su mejilla.
—Eres mi única y verdadera compañera, Neliss. Si voy a ser lo mismo para ti, debo ganarme
mi lugar a tu lado.
—Pero… —Legna se interrumpió con un jadeo cuando avanzó dirigiendo las caderas entre
sus muslos, hasta que estuvo situado con firmeza, su amplio torso se cernió sobre ella sintiéndose
echada bajo su sombra.
A diferencia de ella, aún estaba vestido de la cintura para abajo, pero había una tremenda
sugestión y ostentosa necesidad en la dureza de su cuerpo anidándose contra el suyo.
—¿Lo hago de esta manera? ¿A través de tu cuerpo? ¿Deberé ganarme cada centímetro de
progreso con cada grito de placer que obtenga? Ahora sé, en mi alma, que sólo a través de tu amor
encontraré mi absolución. Tal vez lo he sabido hace mucho y esa era la razón por la que me he
prohibido llegar. Pero he esperado durante mucho tiempo, Magdelegna. Muchísimo.
No necesitaba ser empática para escuchar el dolor que rompía su voz.
—¿Será mi cuerpo el que te dé socorro? Es tuyo para tomarlo entonces, Gideon —le susurró,
levantando la cabeza hasta que sus labios se frotaron contra su oreja—. Ya estás en mi corazón.
Sintió la chispa que lo hizo sacudirse, encontrando su mirada dudosa cuando escrutaba en su
expresión la confirmación. Debió ver lo que buscaba porque sintió un estremecimiento atravesarlo.
Sintió las manos apretándose en las sábanas tras sus hombros mientras sus ojos se cerraban.
Insegura sobre si estaba discutiendo a favor o en contra de lo que le ofrecía, llevó sus confiadas
manos a sus hombros, bajando por su espalda. Sus dedos se deslizaron por el firme corte de su
dorso aferrándose fuertemente para atraerlo profundamente al abrazo de sus piernas cuando las
envolvió en torno a él.
—Legna.
Gideon estaba asombrado de cómo había logrado que la palabra pasara sus labios. Todo en
su interior parecía petrificado, aferrándose a la sólida rigidez de la excitación más de lo que
hubiera creído posible. Era, por descontado, hermosa. De una inconcebible perfección. No había
palabra en ninguna de las lenguas que conocía capaz de expresar lo que estaba sintiendo, ni lo que
pensaba mientras la miraba cuando le dirigía una pequeña sonrisa, como si estuviera alardeando
del poder de cautivarlo sólo con su existencia.
—Estoy esperándote —dijo, su voz tan baja y sofocante como tentadoras eran las atractivas
curvas de su cuerpo.
Gideon cubrió sus manos, capturándolas para fijarlas contra la cama, su cuerpo moviéndose
contra el suyo mientras tomaba su exuberante boca en un beso. Estaba atrapada entre la cama y el
implacable acero del duro cuerpo masculino. Su agresión descontrolada la deleitó y emitió un
ruido de apreciación en su seno. Enlazó los dedos entre los suyos, sosteniendo sus manos
firmemente por si trataba de retirarlos.
La feroz necesidad que ardía a través de él estaba abrasando sus bocas, pero ella estaba
dando lo mismo en el erótico giro de labios y lenguas. Los dientes atraparon sus labios otra vez,
haciéndolo apartarse y observarla con salvaje intensidad. En un momento, cruzó los brazos por
encima de su cabeza, presionando las manos contra la cama dejando su cuerpo desnudo,
vulnerable.
Intercambió el agarre de sus manos de manera que ambas quedaran bajo una de las suyas.
Legna respiraba con tal dificultad ante la anticipación de su siguiente movimiento que se aturdió
un poco. Entonces su mano libre resbaló por su vientre, una caricia atrevida, enérgica, que escoció
su suave piel. Descansó la boca en la curva de su cuello donde se cruzaba con la cima de su
hombro. Sintió su mano recorrer su torso para abarcar el peso lleno de su seno.
La estimulación la hizo gritar, su cuerpo se sacudió respondiéndole. Legna sintió el salvaje y
líquido calor filtrarse de su cuerpo, la avalancha que humedecía el fondo entre sus piernas. Hizo
otra vocalización territorial, haciéndola estremecer cuando soltó su boca para apartar su cabello y
susurrar en su oído.
—Neliss —murmuró, deslizando la mano de su seno hacia abajo, por sus costillas y vientre—
. Puedo oler tu esencia —le dijo, su aliento tan caliente como el significado de sus palabras y la
huella de sus manos.
Legna dejó caer su cabeza hacia atrás, sintiendo la mano que presionaba su espalda contra la
cama mientras viajaba por la región sur de su tembloroso pecho. Su palma se presionó, plana,
contra ella mientras alcanzaba el centro del puente entre sus caderas.
—¡Gideon! —jadeó, cuando su toque se estacionó a centímetro y medio del calor y la húmeda
esencia que lo había atraído hasta ahí.
—Cariño —a corrigió seguro, sintiéndolo retirarse sutilmente.
Apretó los ojos, cerrándolos con firmeza, temblando con tanta fuerza que no podía entender
cómo aún respiraba. Le entendió perfectamente, pero en vez de complacerlo, se empujó hacia su
cuerpo. El lento movimiento la frotó sugestivamente sobre el inequívoco bulto aún atrapado en los
confines de su ropa. Instintivamente, su mano se movió alrededor de la curva inferior de su
columna, usando la contrapresión para mantenerla fija contra la incontrolable oleada de sus
caderas.
Maldijo entre dientes, dándole una idea mejor de lo que palabra significaba en su contexto,
ahora que la escuchaba por segunda vez. Ella rió, una grave y alentadora risita que reflejaba el
reconocimiento de su poder sobre los deseos de su carne.
Gideon le soltó las manos, su atrevido toque acariciaba sus senos, frotando y tirando
delicadamente de sus pujantes puntas hasta que gimió y se estremeció con lanzas de excitación
que se clavaban en su cuerpo entero. Ella alcanzó a deslizar los dedos por su cabello, sosteniendo
la boca y la lengua en su cuello, donde él se dio un festín con lentas y deliberadamente eróticas
caricias.
Aproximándose a la V entre sus caderas, Gideon pudo sentir los bordes de esa piscina de
calor líquido que yacía justo al alcance de sus dedos, y anheló sentir esos exóticos fluidos así como
la sensible y suave piel que bañaban. Estaba encerrado dentro del insoportable agarre de su
cuerpo, sintiendo una necesidad tan fascinante como nunca antes había sentido. La sintió en sus
pensamientos, analizando cada cosa que sentía para ajustar el modo en que se frotaba contra él,
hasta que eso lo dejara trastornado.
De pronto, Legna atrapó su voraz boca, y luego se movió hasta su cuello y garganta,
enseñándole con deleite que sus húmedos labios en esas áreas eran increíblemente estimulantes.
Sintió la prominente y pulsante urgencia de su erección, tan cerca de su propio calor. Esto afiló su
propia hambre, la necesidad de tenerlo profundamente en su interior, aferrándola rudamente.
Gideon la sintió liberarlo del toque de su mano y era, incluso, consciente del leve tirón de su
brazo. Pero no estaba preparado para la extraña sacudida que acompañó al hábil giro de su
muñeca. Se materializaron medio segundo después al centro de la cama, sus cuerpos aún
conectados, como lo habían estado antes de la teletransportación, sólo que ahora estaba tan
desnudo como ella.
Eso lo llevó a estar deslizándose inesperadamente a través del líquido calor de su sexo
excitado, haciéndola jadear mientras se frotaba sobre la sensible carne aumentando las ansias de su
cuerpo por unirse al empuje del suyo. Emitió un sonido de puro deseo primitivo, sus manos
agarrando la tela del cobertor, mientras tiraba su cabeza hacia atrás y arqueaba su atormentado
cuerpo.
Pero no le dio nada que no quisiera, a pesar de necesitar cada partícula del control que había
dejado. Se alejó del increíble asilo con que lo había tentado, elevándose sobre sus rodillas, para así,
empujar sus muslos más abiertamente como resultado.
Estaba devastado ante su pulsante necesidad mientras admiraba a su irresistible compañera.
Sacudió su cabeza con muda incredulidad ante sus astutos trucos para dominarlo. Y cada uno
había funcionado. Quizás no para su satisfacción, pero lo había convencido completamente de que
había estado equivocado al asumir que el sexo era un acto demasiado banal para sostener la
atención de una criatura con cientos de años de vida.
Y estaba apreciando el error de sus acelerados pensamientos. Aún así, no podría negarle la
igualdad de tiempo. Ella significaba mucho para él. Estaba en su naturaleza entregarse
enteramente a las necesidades de otros antes que complacer las suyas. Pero no era como los demás
y no estaría satisfecho de ese modo.
Se inclinó levemente, observando directamente su curiosa e interrogante mirada.
—Quiero que digas mi nombre —le ordenó, su voz gutural y poderosa—. Y si lo haces, te
daré un regalo muy similar a… esto.
Repentinamente, se sumergió pasando sus ojos y su cuerpo. La respuesta de la arrolladora
prisa para entrar en ella, combinada con su propia aura, hicieron que luchara por respirar. La
sensación encendió salvajes escalofríos a través de sus senos, vientre y muslos. Se insinuó en la
prisa de su sangre con asombrosa velocidad, realzando la alteración de la química de su fisiología
hasta que estalló con una avalancha de adrenalina. Luego tuvo conciencia de que la mayoría de sus
zonas erógenas estaban siendo llenadas con el pulso caliente de sangre fresca y estimulantes
impulsos nerviosos.
Envió crecientes llamaradas, terminando y comenzando otra vez, todo el rato mirando sus
ojos mientras ella jadeaba. No pudo enfocarlo por más tiempo, su visión se empañó cuando se
sintió caer en el agujero negro de su artística creación.
Legna explotó, definitivamente el cristal, se estrelló cuando golpeó con perfecto ritmo en su
interior. Gritó, su cuerpo aferrándose al placer, su ser entero desgarrándose con indescriptibles
pulsaciones.
Y él ni siquiera la había tocado.
Necesitaba aire cuando cayó de la cresta donde la había empujado. Finalmente fue capaz de
enfocar la acalorada y satisfactoria mirada de sus ojos.
—Vamos cariño, di mi nombre —continuó urgiéndola con ese tono superior y persuasivo—.
Eres lo suficientemente fuerte como para guardarlo al igual que yo lo hago.
Bajó la cabeza hacia sus senos, bañando cada pezón con tortuosa paciencia, marcando el
derecho, tal como ella había hecho.
Era como si hubieran puesto una corriente de alto voltaje que la atravesaba, forzándola a
arquearse sobre la cama. Él aprovechó, y arrastró su boca sobre su vientre levantado, enterrando
su lengua en su ombligo como si empujara un botón mágico que liberó todo el calor líquido sobre
su ya empapada carne.
—Di mi nombre, Nelissuna, y te daré mucho más —murmuró contra su piel mientras sus
labios bajaban y bajaban.
Legna se preguntaba cómo esperaba que dijera siquiera su nombre, cuando lo que le estaba
haciendo había cerrado su garganta en un perpetuo sonido de placer. El impulso de sus muslos
contra la parte posterior de los suyos la dejaba completamente expuesta, cuando reemplazó su
boca con el toque de su mano.
Esta vez no hubo bromas. Su dedo se deslizó en la sedosa humedad de la coyuntura de sus
muslos, tocando, explorando y encontrando, en un latido, el modo de acariciarla hacia una nueva
conciencia y una mayor respuesta. Retrocedió, gritando cuando sus caderas se elevaron y
serpentearon. Lo sintió deslizar su toque dentro de ella, una habilidosa intrusión que le mostró
todo lo que un hombre era capaz de aprender acerca de una mujer cuando tenía un milenio para
hacerlo.
Ya la conocía de dentro hacia afuera, e hizo un buen uso de ese conocimiento. Mientras la
presionaba con creciente éxtasis, continuó pidiéndole que dijera su nombre. Le había prometido
más, pero no podía siquiera tratar de imaginarlo. Cuando se deslizó sobre su cuerpo bañado de
sudor para solazarla con su boca, uso los eslabones de sus mentes para continuar la petición y las
promesas en recompensa.
Legna se sintió doblada dentro de una enérgica explosión de moléculas partidas, una
sensación paralela a la primera vez que se teletransportó. La velocidad era magnífica y
desgarradora a la vez. Maravilloso de sentir, trágico dejarlo atrás. Lágrimas fluyeron por su rostro
hasta adentrarse en su cabello, un sollozo desgarró su garganta cuando siguió presionándola
despiadadamente.
Si lo consideraba despiadado, estaba equivocada. Era totalmente egoísta, su indomable
placer lo excitaba hasta alturas inimaginables. Ella era la cruel, rehusándose a su única petición,
aún cuando se lo suplicó dulcemente, usando su delicioso cuerpo como su tazón de implorar. La
cubrió de la cabeza a los pies con las atenciones de sus manos y boca, sintiéndola retorcerse bajo él
con movimientos tan completamente eróticos que necesitó toda su fuerza de voluntad para no
empujarse profundamente en su interior y condenar todo lo demás al infierno.
Como regla, las parejas Demon no compartían el poder de sus nombres, mayormente para
protegerse el uno al otro de ser usado por fuerzas externas para traicionar el precioso secreto que
preservaba a sus amados compañeros. Pero ya sabía el suyo, lo había escuchado cinco meses antes
de boca de su mentor que lo había dicho a diestra y siniestra para que todos lo escucharan.
Así que ahora, ella sabría el suyo. Ese era el regalo más grande que era capaz de darle,
simbolizaba la confianza que se extendía más allá de lo razonable. Porque no tendría nada de ella a
menos que se lo devolviera en igual medida.
Gideon rodó, arrastrándola hasta que quedó pesadamente encima, sus muslos encajados en
sus flancos. Se estiró para encerrar sus caderas en sus sólidas manos, y, con un muy deliberado
movimiento, la frotó íntimamente contra la longitud de su letal excitación.
Legna se erigió sobre sus talones, la cabeza echada hacia atrás mientras gritaba roncamente a
los cielos. Apretó los dientes cuando el centro ardiente de su cuerpo lo llamó, prometiendo un
paraíso como no había conocido jamás.
—Dilo Legna —le rogó, moviendo sus caderas otra vez hasta que estuvo posado tan cerca de
la entrada de su cuerpo que necesitarían sólo un movimiento unirse.
De pronto, su cabeza cayó hacia delante, sus ojos centelleaban con el fuego, la intención y la
determinación de todas las décadas de su vida. Sus manos se dispararon a sus hombros,
sujetándolo a la cama mientras liberaba un salvaje sonido. Se aseguró exactamente donde estaba,
rehusándose a permitirle moverla de ninguna manera. La sintió elevando sus caderas, usando toda
su fortaleza para luchar contra su inalterable enganche.
—¡Legna! —Jadeó al sentirse empujado hacia su interior, perdiendo el control y la razón
cuando ella hizo predominar la fuerza de sus manos.
Se inclinó sobre él, ojo con ojo, tanto así que gotitas de sudor cayeron de su cuerpo al suyo. Se
sintió rodeado cada vez más, el ritmo era insoportable, el fuego plateado de sus ojos lo tomaba
todo.
Y entonces, con una última ondulación de su cuerpo, le dio la vuelta a todo. Lo tomó
completamente dentro de su vaina de seda, jadeando un triunfante sonido de placer cuando la
llenó hasta los bordes. Se estiró para acomodarlo, y eso tuvo que ser la sensación más increíble de
sus vidas.
Y entonces, cerró los ojos, un temblor la recorrió por toda la curva de su columna cuando
tocó sus labios, y finalmente dijo su nombre.
—Pentangelo.
Ese era un nombre poderoso, un nombre de protección y altas expectativas. Al igual que el
suyo. Indirianna quería decir “Compañera de los Cielos” y Pentangelo significaba “Ángel del
Tiempo Eterno”. El poder de los nombres era suficientemente claro, teniendo en cuenta que el
significado se ajustaba perfectamente a las criaturas en las que se habían convertido.
Y tal y como hacían el amor esta primera vez, con el poder e intensidad de la orgullosa
especie a la que pertenecían, se perdieron completamente el uno en el otro. Cayeron a través de la
cama una y otra vez, primero Gideon dirigiéndose profundamente dentro de Legna, y luego Legna
persuadiendo su cuerpo caliente contra el de Gideon con una sinuosa y mareante fricción. Se
enredaron en su cabello, las espirales los atraparon en un solo ser infinito al igual que sus
pensamientos se fundían de la misma manera. Gideon era capaz de manipular el cuerpo de Legna
en un aria de inconmensurable placer, pero Legna era capaz de empujar las sensaciones de vuelta
en forma de crudas emociones.
—¡Legna! —gritó con rudeza, todo aullaba que estaba demasiado perdido como para hacer
algo que no fuera sentir la asombrosa cumbre que habían creado juntos.
La respiración de Legna llegó en cortos y rápidos gemidos, que pronto se tornaron en fuertes
exclamaciones. Estaba debajo de su compañero, sintiéndolo empujar en su interior hasta
profundidades que trascendían lo físico.
Cuando Gideon llegó al clímax, fue con un primitivo rugido de éxtasis puramente masculino.
El empuje final de su cuerpo y la ardiente avalancha de su semilla se derramaron en su interior,
enviando a Legna hacia una volcánica liberación. Lo acompañó con un grito exultante. Se apretó
contra Gideon como una apasionada tuerca, ordeñándolo con dinámica meticulosidad, dejando al
Demon más poderoso de la historia sin una onza de fuerza.
Gideon cayó sobre el húmedo cuerpo de su compañera con un sonido final de regocijo.
Escuchaba cómo ambos jadeaban buscando aire, amando el sonido por razones que no podía
siquiera pensar.
De hecho, el pensamiento estaba más allá de ambos. Gideon se dio un momento para
preocuparse por su peso, simplemente solucionándolo girando de tal manera que quedó tumbada
a través de él. Después de eso, no había nada sino el gozo y la compuesta cercanía que complacía
su interior.
¿Amor?
Sí.
Gideon rió.
¿Por qué dices sí de esa manera?
Oh, pensé que me estabas haciendo una pregunta.
Ya veo.
Entonces vio a lo que se refería realmente, y su corazón revoloteó dentro de su pecho.
¿Cariño?
Gideon sonrió ante la calidez de la expresión de afecto que lo inundó.
¿Sí, Neliss?
Oh, nada. Sólo cumplía con mi parte final del trato.
¿El trato?
Sí. Hiciste un trato conmigo.
No te entiendo, suspiró él.
Legna levantó la cabeza, colocando un codo en la almohada de su pecho asentado su barbilla
en la palma de tal manera que podía mirarlo.
—Tú dijiste que conseguiría algo especial si te llamaba así.
—¿Lo hice? —Preguntó, sus ojos brillaban con especulación mientras pensaba sobre el
tema—. En realidad, creo que estás confundida acerca del trato de decir mi nombre.
—Me gusta tu nombre —dijo con una sonrisa—. Siempre pensé que el mío era terriblemente
esnob. Pero el tuyo me gana.
—Mi nombre es uno de los mejores y más antiguos nombres de nuestra historia.
—Eso sólo es porque has vivido para ser un viejo irresoluto
—¿Irresoluto?
—Inglés vernáculo, amor.
—¿Qué eres tú, mi entrenadora de dialecto? ¿Esta es tu idea de conversación post-coital?
Legna se rió, disculpándose con un pegajoso beso sobre sus labios. Esto claramente lo calmó,
haciéndolo reír de la manera del gato-versus-canario.
—¿Hay algo que preferirías que dijera? —Preguntó complaciente.
—Que sí a algunas demandas sería grandioso. Corto, dulce, al punto.
—Sí —estuvo conforme.
—¿Sí? —Preguntó, arqueando una ceja.
—Oh, sí —le aseguró, sus propias cejas ejecutaron una pequeña danza lasciva.
—Mmm, sí —murmuró cuando su boca bajó a la de ella.
Sí. Sí. Sí.
¿Legna?
¿Sí?
No hables con la boca llena.
¿No?
No.
CAPÍTULO 11
Isabella se estiró en sueños, su mejilla y nariz se frotó sobre la suave y cálida piel del cuello
de su—futuro—esposo donde había estado dormida presionando la cara todo el día.
Al frotar sus labios mandó un estímulo que recorrió la espina de su pareja, conmoviéndolo y
despertándolo también. Ella se recostó sobre la espalda de él, la completa longitud de su pequeño
cuerpo presionando su espalda, incluyendo la pierna que se insinuaba entre sus muslos y la curva
de su ombligo estaba alojada en la curva baja de su espalda.
Jacob alcanzó su mano que colgaba contra su pecho, unida al final del brazo que cubría al
suyo. El imprimió un beso en la punta de los dedos de Isabella, permitiéndole sentir su beso y su
sonrisa.
Ella sonrió contra la calidez de su cuello en respuesta.
¿Te sientes mejor? Preguntó él, usando su conexión mental primero porque él había extrañado
el sentirla dentro de su mente. Todo lo que había podido hacer era consolarse con sus sueños
mientras ella dormía y se recuperaba.
Mucho mejor. Te extrañé.
Yo también te extrañé.
Ella levantó su mano libre para poder tocarlo, sus dedos vagaban suavemente sobre su piel,
bebiendo en el perdido sentimiento de él.
—La próxima semana es Beltane —le recordó a él.— ¿Piensas que esta vez podremos llegar a
la boda?
—No si Gideon dice que no te puedes levantar de esta cama —rebatió él con severidad.
—¡Absolutamente no! —Explotó ella, haciéndolo parpadear y cubrir el oído sobre el cual ella
había estado tan cerca. Ella inmediatamente lamento haber reaccionado sin pensar, haciendo un
triste sonido antes de alcanzar a besar el oído que había lastimado con cuidadosa gentileza.
Jacob logró salirse de su abrazo lo suficiente para permitirse girar y enfrentarla.
—Muy bien, explica lo que dijiste— dijo gentilmente.
—Me niego a esperar otros seis meses. Nos casaremos en Beltane, así venga el demonio o...
los nigromantes... o... la criatura de la Laguna Negra. De ninguna manera Corrine permitirá
contraer matrimonio sin mí haciéndolo también. Me niego a escucharla llamándome la libertina de
la familia por el resto del año.
—¿Qué importa lo que ella diga? —suspiró Jacob mientras alcanzaba a tocar los suaves
contornos de su cara. —Tú y yo estamos unidos de una manera que trasciende el matrimonio. ¿No
es eso lo que importa?
—No. Lo que importa es el hecho de que voy a matar a la hermana que amo si ella no
renuncia. Y ella no renunciará hasta que la calle, ya sea con un matrimonio o con un arma letal.
¿Entiendes?
Claramente, por su expresión, Jacob no entendió.
—Gracias al Destino que todo lo que tengo es un hermano—Dijo secamente— He estado
inundado con gente liada con una hermana u otra por las últimas semanas.
—Te refieres a Legna. Escucha, ¡no es su culpa si todos tienen un nudo en sus calzoncillos
debido a quien es su pareja predesignada! Francamente, yo pienso que ella y Gideon hacen una
fabulosa pareja. De hecho un poco demasiado majestuosas “Rey y reina de la Clase” tan perfectos
que los ojos humanos no podrían soportar verlos por mucho tiempo, pero al mismo tiempo
fabulosos.
Jacob parpadeó confuso mientras trataba de descifrar la declaración de su prometida. Incluso
después de esos meses, ella todavía salía con una fraseología única que escapaba totalmente de su
comprensión del clásico lenguaje inglés. Pero se había acostumbrado a disimular su confusión,
culpándolo al hecho de que el inglés no era su primera, segunda o tercera lengua, así que eso se
esperaba.
—De cualquier manera —continuó— Noah y Hannah necesitan relajarse. Tú viste a Legna
cuando ella vino de visitar ayer. Si una mujer puede brillar, ella lo haría como si fuera
radioactiva—Ella sonrió dulcemente hacia él.— Eso significa —explicó—que ella luce tan
brillantemente feliz como tú me haces.
—Ya veo —rió él— Gracias por la traducción.
El entrelazó sus manos alrededor del cuerpo de Isabella, arrastrándola hacia arriba tan cerca
como podía considerando el pequeño problema de un obstáculo fetal. El besó su invitante boca
hasta que ella quedó sin aliento y brillante.
—Creo que podré ser considerada contigo —explicó con una risa contra su boca.
—Tú, mi amor, eres todo corazón.
—¡Y tú eres todo perversión Jacob! —Ella rió mientras separaba una de sus manos lejos de
sus partes íntimas, sólo para ser intercambiada por otra. —¿Qué diría Gideon?
—Más le valdría no decir nada, porque si dice algo significaría que estuvo aquí mientras
estabas desnuda. Y eso, florecilla, probablemente le costaría sus cuerdas vocales de cualquier
forma.
—Oh. Bueno... si lo pones de esa manera...
Isabella dejó de hablar tan de repente que atrajo la atención Jacob instantáneamente. Ella
parpadeó una vez, su mirada se volvió blanca y su cuerpo se ruborizó en formas muy familiares.
Jacob instantáneamente desechó su comportamiento juguetón, levantándose de sus rodillas
mientras esperaba que Bella regresara.
No pasó mucho tiempo, y ella se sentó con una mano sobre su abdomen en el instante que se
visión se aclaró.
—Vístete— Le dijo, levantándose de la cama por sí misma.
—¿Qué es?— la alcanzó él, tomando su brazo con una fuerte mano y forzándola a
permanecer en la cama, donde pertenecía. Se movió alrededor para sentarse a su lado y ver dentro
de sus ojos. —¿Qué viste?
Mientras que estaba privilegiado con todos sus pensamientos, la única cosa que él no podía
tocar eran sus premoniciones. Ese lugar en su mente estaba en blanco para él, y lo único que podía
percibir era la sensación residual de una emoción. En este momento, sólo podía sentir su confusión
y una sensación de ansiedad que la acompañaba.
—No sé, yo... —Movió su cabeza con confusión. Ella no estaba cerca de dominar su poder.
Apenas podía manejar la cantidad de energía que había llegado con eso. La interpretación era
completamente ambigua y en otras ocasiones, como en ésta, absolutamente críptica.— Vi rojo.
Nada pero rojo. ¿Parecía magnificado, sabes, como aquellas pinturas que las personas toman de
objetos ordinarios y tienes que tratar de adivinar lo que son, pero es difícil porque están
distorsionadas?
—Creo que entiendo. ¿Entonces por qué sientes que tienes que levantarte?
—Yo... no sé. Jacob sólo lo siento. Por favor, no voy a entender esto si no me dejas seguir mis
instintos.
—No florecilla. Gideon dijo que no te movieras de esta cama y no vas a desobedecer.
—Jacob —soltó ella, perdiendo la calma —Tengo un mal presentimiento acerca de esto. No
me voy a sentar aquí y descansar mientras algo terriblemente importante... o terriblemente
peligroso puede ocurrir. ¿Qué tal que es una advertencia? Tengo una responsabilidad…
—¿Para qué? —Preguntó agudamente Jacob— ¿Para correr por ahí ciegamente como una
gallina descabezada tratando de encontrar algo rojo? ¿No puedes ver que ridículo es eso? ¿Que tan
peligroso es para ti y tu hijo?
Bella cruzó sus brazos enojada sobre su pecho, sus dedos agarrando sus brazos con fuerza en
frustración.
—¡Odio esto! Hace seis meses yo era lo más fuerte que nunca había sido en mi vida entera.
Más fuerte incluso que el más poderoso Demon Transformado. ¡Ahora ni siquiera puedo salir de
esta cama cuando necesito! Todo en unos pocos días.
—Detente. Fuiste atacada. No eres responsable por eso.
—¿No? ¿Y supongo que tú lo eres? Si tu puedes culparte a ti mismo, Jacob, entonces estoy
segura como el infierno que tengo tanto el derecho como tú.
Ella terminó el argumento con un jadeo. Su cabeza se agitó violentamente, su cuerpo
convulsionándose brutalmente. Jacob apenas si alcanzó a sostenerla contra él antes de que se
deslizara de la cama y cayera al suelo. En su lugar, el fue capaz de bajarla gentilmente hacia la
alfombra.
—¡¿Bella?!
Le gritó a ella mientras que la glacial expresión la sorprendía, pero esto era más de lo que
alguno de ellos había experimentado juntos antes. Ella se agitaba en violentos espasmos de su
cuerpo que sólo se podía llamar como crisis convulsiva.
Jacob tomó las almohadas, protegiéndola lo mejor que pudo, pensando rápidamente como
obtener ayuda. Él cerró los ojos y se lanzó en la noche, alzándose en la naturaleza y en las cosas en
ella que él podía manipular. Tocó la mente de un lobo. El Demon de la Tierra, encantó al animal,
obligándolo a ir contra su instinto natural de estar lejos de las habitaciones hechas por el hombre.
Antes de mucho tiempo, el lobo estaba trotando sobre los cuidados terrenos de la casa de
Noah.
Noah levantó la vista de sus estudios cuando el sonido de rasgueo se escuchó en la puerta. Se
levantó, sintiendo la energía del animal afuera, su ceño se contrajo en confusión. Se levantó y se
acercó a la puerta, abriéndola para el lobo, quien se sentó en el porche, mirándolo
expectantemente. Había una inteligencia detrás de esos agudos ojos azules, una inteligencia más
allá de la que el animal por sí mismo tenía. Noah inmediatamente sintió la energía residual de un
Demon de la Tierra en el aura del animal.
—Demonios —juró mientras se percataba que había estado tan absorto en su trabajo que ni
siquiera había sentido la oleada de temor, energía atormentada tomando lugar en su propia casa.
El Demon de Fuego se elevó en una columna de humo y voló como un tornado sobre la escalinata
principal.
—¿Kane?
Corrine se introdujo en la siguiente habitación, buscando a su pareja con creciente
consternación.
—Kane si estas tratando de ejercitar nuestra conexión telepática de nuevo, te mataré una vez
que te encuentre—se quejó ella— no es justo.
Corrine había despertado en una cama vacía, sintiéndose pesada y consternada de corazón
por eso. Ella disfrutaba el sentimiento de despertar, abrazada contra su amante, sintiendo el peso
de su abrazo incluso mientras él dormía. Se habían vuelto tan cercanos el uno al otro, incluso sin
saber que se habían perdido. Mientras que ella sanaba, había aprendido lo que significaba amar y
ser amada tan profundamente que nadie quien no fuera parte de una pareja predeterminada
podría jamás entender.
Ayudó que su compañero fuera un poco peligroso, muy irreverente y juguetonamente
impredecible en un momento. Con un poco de suerte su conexión mental continuaría aumentando
mientras se recuperaba del daño que inicialmente había sufrido. Si no lo hacía, ella tendría que ser
el blanco de estas sesiones de busca y encuentra por el resto de su vida, una vida que sería
considerablemente extensa ahora que sus genes Druidas habían despertado.
Corrine estaba caminando a través de la cocina cuando sintió ese terriblemente distintivo pop
que acompañaba la llegada de un Demon teletransportándose. Sonreía abiertamente dando la
vuelta a la esquina rápidamente.
—No más teletransportación— le gritó a su tramposa pareja. Estaba riendo mientras corría a
la sala. Se detuvo en corto cuando se dio cuenta que él no estaba ahí, frunciendo el ceño y
colocando sus manos sobre su cintura con duda.
Ella olisqueo el aire, buscando el olor de sulfuro y humo que su juguetona pareja siempre
dejaba atrás en gran cantidad, buscando una pista de que tan lejos estaría en la casa.
En ese momento fue lanzada violentamente desde abajo y cayó de cara en su propio piso.
Cayó con un gruñido, mientras la alfombra quemaba sobre su barbilla y codos. La fuerza del
contusionó su nariz con fuerza y le quitó el resuello dejándola sorprendida mientras derramaba
sangre sobre las fibras azul cielo.
Ella supo con un repentino temor que no había sido su amado quien le había hecho eso. El se
habría matado antes de dañarla, incluso accidentalmente. No, éste era un ataque, uno con viciosa
malicia.
—Entonces, pequeña Druida— una suave voz femenina, de gran hermosura, se escuchó en
su oído fuerte y clara, mientras el peso de su acosadora impactó con fuerza en el centro de su
espalda, sacando el poco aire que le quedaba fuera de ella.— ¿Dónde está esa pequeña zorra
spawning de tu hermana cuando la necesitas?
Recordando lo que le había pasado a Bella, quien había sido bendecida con poderosos
instintos de pelea y habilidades después de su despertar como Druida, Corrine de repente sintió el
terror más intenso de su vida. Cualquier habilidad que podría desarrollar, ninguna sería tan
poderosa como la de su hermana. Si esos eran quienes atacaron a Isabella cuando tenía todas sus
defensas a su disposición ¿Qué oportunidad de sobrevivir tenía alguien que se había debilitado
por un atrasado acceso a su poder para defenderse de tal enemigo?
—O si, deberías de estar asustada —la voz cantarina de amenaza la atenazó.
Lo último que recordó Corrine fue ser arrastrada por los mechones de su largo cabello rojo.
Legna despertó con un naciente y profundo temor, exhalando violentamente mientras se
colocaba derecha. Gideon, quien había estado durmiendo con una pierna y un brazo sobre ella,
estuvo despierto y alerta un segundo después.
—¿Neliss? ¿Qué sucede, cariño?—preguntó, su preocupación se deslizó sobre sus emociones
altamente sensible.
Sus atentos sentimientos le ayudaron a tranquilizarse, haciendo que su respiración
disminuyera a niveles más manejables. Legna se levantó y se retiró la caída de su cabello mientras
parpadeaba y se orientaba en donde estaba. Ella todavía no se acostumbraba a despertar en la casa
de Gideon. ¿Pero que se esperaba, después de haber despertado en su propia cama sin falla por lo
menos cerca de los tres siglos que había vivido?
Ella estaba, sin embargo, definitivamente acostumbrándose a todo el dulce dolor que sentía
cuando despertaba. Gideon siempre se ofrecía a calmarle alguno de sus dolorosas molestias, y a
pesar de que ella sabía que compartían pensamientos, siempre le respondía ¿Qué lugares
dolorosos? Haciéndolo reír y carcajearse con una sonrisa de satisfacción masculina.
Sin embargo, esos sentimientos amorosos que los habían encadenado por los pasados días
estaban dormidos en ese momento. En su lugar, su corazón estaba encogido con una inexplicable
sensación de miedo. El acercó su cara a la de ella, lo suficiente para presionarse muslo a muslo
mientras se sentaban uno frente a otro en la cama. Ella tomó su cabeza y rostro con la anchura de
sus gentiles manos, haciéndola mirar en sus preocupados ojos.
—Dime— la urgió suavemente.
—Yo, no puedo... no entiendo. Tal vez... sólo un mal sueño.
—¿Y te pasa frecuentemente? ¿Cómo ahora?
Ella asintió mudamente con su cabeza, las lágrimas se deslizaban en sus ojos mientras el
extraño miedo continuaba desgarrándola.
—Escucha amor, las cosas ya no son igual para ti. No serás como cualquier otra Demon de la
Mente nuevamente. Mi poder dentro de ti cambia todo. No sé como exactamente. Eso se revelará a
su debido tiempo. Pero recuerda que tenderá a asustarte mientras empiezas a darte cuenta—Él se
detuvo para besar sus temblorosos labios, la conexión cálida y tranquilizadora en formas en las
que sus palabras nunca serían— Tienes que pensar con calma. Es como cuando tus habilidades
naturales se revelaron por primera vez. Tienes que examinar lo que está pasando, aceptarlo y
tratar de no asustarse por ello.
—¿Cómo puedes saber qué es eso? ¿Nuevo poder y habilidad?
—Puedo sentirlo, Nelissuna. Lo he sentido por días ahora. Al igual que tú, pero no habías
querido darte cuenta.
Legna exhaló pesadamente, alisando algunos mechones de cabello.
—Gracias por la advertencia a tiempo—dijo secamente, lanzándole una mirada enojada, lejos
de aquellas que acostumbraba darle. Pero esta vez lo hizo reírse suavemente.
—Si quieres, puedo irme y dejar que te las arregles...
Legna sujetó su brazo y el bíceps cuando hizo un fuerte movimiento para levantarse de la
cama, dándole un tirón para hacer que se recostara definitivamente.
—¡Absolutamente no! Tú me hiciste esto, entonces, te quedas para disfrutar la caída.
—Tú lo haces sonar como castigo —remarcó él, sus ojos bailando con humor plateado— No
hay otro lugar donde preferiría estar que en mi cama con mi hermosa pareja.
El se recostó hacia adelante para capturar su boca en un tierno beso, sus labios aferrándose
juntos como si se resistieran a dejarse. Finalmente se sentó, dejándola cálida y felizmente
ruborizada.
—Encantador —lo acusó sin malicia.
—Sirena —le rebatió, jalándola hacia él nuevamente y uniéndose en un profundo beso que
los dejó jadeando.
—Mmm, y ¿Qué de la pesadilla? Preguntó ausentemente, sus labios deslizándose hacia
adelante y atrás sobre los suyos, su lengua asomándose para lamer contra la suya tentadoramente.
Gideon se retiró un centímetro, arqueando una inquisitiva ceja.
—¿De sólo un mal sueño a una pesadilla? ¿Que es lo que recuerdas?
—Yo pienso... —se detuvo, tragando con dificultad— Tuve este terrible presentimiento de
perder a Noah, que se desvanecía lejos de mí.
—¿Como una convocatoria?
—Un poco, pero no lo era como tal. De alguna manera, supe que él no estaba en peligro, pero
no podía escapar del sentimiento que nunca lo vería de nuevo. Gideon, eso rompió mi corazón.
Las lágrimas que se derramaban de sus ojos hacia sus mejillas confirmaron esa emoción, y él
se acercó para eliminarlas con un beso.
—Entonces, sólo una pesadilla en promedio, después de todo— meditó él.
—¿Cómo sabes eso? — Gimió ella.
—Porque, amor, Noah se está alejando de ti, al igual que tu estas lejos de él. Es muy parecido
a un sueño por ansiedad, causado por la mudanza de tu casa de la niñez y la comodidad de estar
al alcance del amor y protección de tu familia— Gideon acarició su cabello tranquilizadoramente—
Sólo que estoy sorprendido de que no sucediera antes.
—¿Estás seguro? Su nerviosismo sonó alto y claro, pero ya estaba relajada.
—Si, y tú lo estás también. Sabes todo lo que hay acerca de psicología, dime qué piensas.
—Pero pensaste que era este... nuevo nivel de habilidad.
—Y por primera vez en un milenio mi diagnóstico estuvo erróneo. Lo despreciaré porque
algunas cosas molestas ocurren. Ahora deberé iniciar el reloj de “Sin errores” de nuevo.
Legna se rió de él, lo cual fue por supuesto su intención. Ella dobló sus brazos alrededor de
su cuello, abrazándolo cálidamente.
— Hueles tan bien —murmuró contra ella, un largo minuto después.
—Huelo a sexo —argumentó ella.
El asintió, haciendo un fuerte sonido de apreciación mientras olisqueaba y mordisqueaba su
cuello.
—Hueles a muy buen sexo —corrigió con gruñido y codiciosa boca moviéndose contra su
desnuda piel con claro apetito.
—¡Gideon! —Chilló mientras él bajaba por su cintura, sabiendo que ella tenía cosquillas en
ese lugar. El lengüeteo juguetón de su lengua y el raspado de sus dientes la condujeron a la locura
mientras se retorcía y le gritaba que se detuviera.
Cuando él le hacía cosquillas ella no podía usar su clásico método de escape. Ella apenas
podía tomar aliento, ni mencionar su concentración. El remplazó su boca con sus dedos,
haciéndola aullar mientras alcanzaba a tomar un descarado pezón en sus succionantes labios, sus
manos perpetuando la tortura que la hizo retorcerse de risa.
Ella trató de alejarlo usando sus piernas, pero sólo logró darle la oportunidad de sujetar su
pantorrilla con su mano libre y apartarla abriéndola para aproximarse a su cuerpo. El detuvo el
cosquilleo en el momento en el que se introdujo profundamente en ella.
Legna recostó la cabeza hacia atrás, un llanto silente se colocó en su arqueada garganta
mientras levantaba su espalda de la cama. Gideon había hecho con trucos y estratagemas y
dibujando sus labios entre sus dientes en una concentración llena de propósito, el procedió a tocar
el interior de su cuerpo como el fascinante instrumento que era. Nada podría equipararse a sus
abandonados sonidos y expresiones mientras ella lo encontraba embestida tras embestida, su
reacción tan profunda cada vez que parecía que alcanzaba la perfección sólo moviéndose. Ella lo
hizo sentir como si fuera el perfecto amante, pero él sabía que la perfecta era Legna.
Ella estaba hecha para la pasión, para tocar y besar, y por todos y cada uno de los
movimientos que los acercaban cada vez más. Gideon la sentía alrededor de él, un capullo de
condiciones hechas para cuidar de él, creado solamente para animarlo a crecer y en sensación y la
notable sensación de renacer.
Ella lo jaló hacia su boca, sabiendo que eso lo volvería loco por sentir sus lloriqueos de placer
vibrando sobre sus labios, lengua y rostro. Eso siempre lo acicateaba, incluso si no se necesitaba
ayuda. Ella alcanzó el ritmo de él tanto con sus movimientos de la cadera como con su
vocalización. El entraba en ella tanto física como mentalmente, haciendo esas cosas para su
química que la hacía estallar en felicidad sin pensar.
Fue en ese momento cuando ambos vieron polvo de estrellas plata y dorado dentro de sus
ojos que colapsaron, una vibrante explosión que les hizo soltar un grito contra los labios del otro.
Él sintió su sacudida alrededor de él una y otra vez, la pulsación de sus músculos como una dulce,
dulce tortura.
Gideon se rehusó a renunciar a la boca de su compañera o a su cuerpo. Él necesitaba
aferrarse a ella tal como estaba, empapado en el calor de su liberación. Ella sonrió contra su boca,
besándolo una y otra vez, con toda la emoción de su tierno corazón permitiéndole estar donde
permanecía hasta que estuviera listo para dejarla.
—¿Quién dijo que alguna vez me retiraría?— Murmuró contra esos suaves y dulces labios
que nunca dejaría de ansiar.
—Bueno, no quiero sonar como Jacob, pero... ¿La madre naturaleza?
Él se rió, rodando sobre ella hasta que estuvo nuevamente descansando sin fuerzas sobre su
cuerpo. A él le gustaba sentir su peso de esa manera. No importa en qué posición empezaran,
después él la colocaba sobre él como si fuera una sabana viviente. De hecho, considerando la
cantidad y caída de su cabello, no estaba tan lejos de la verdad.
—En un momento regreso.
Ella desapareció instantáneamente, dejándolo terriblemente frío. Era una percepción mental,
por supuesto, porque podía regular su temperatura corporal perfectamente. Pero estaba feliz de
preferir la imperfección de un escalofrió mientras que animara a Legna a cubrir su cuerpo.
Gideon estaba sonriendo con el pensamiento cuando una oleada de energía se introdujo en
sus sentidos. Se sentó mientras Legna se rematerializaba junto a la cama, vestida con un vestido
rojo burdeos que había estado previamente en el armario.
—Noah viene.
—Eso pensé— dijo Gideon secamente— Se sentía como él.
—Vístete —lo urgió ella, frotando sus manos una contra otra nerviosamente.
—¿Legna, no piensas que él sabe lo que sucede en esta casa?
—¿Gideon, no piensas que es mejor no hacerme perder mi temperamento? Ella lo amenazó.
—Por favor, por favor ¿Te vestirás?
Ella desapareció de la habitación instantáneamente.
El Destino prohibió a su hermano verla llegar de su cama, pensó Gideon con un suspiro. Era
tan... No—Demonio, la forma en que pensaba acerca de esas cosas. Legna por sí misma había
corrido hacia Noah con un compañero más de unas pocas veces sobre los siglos, pero no
significaban nada para ella y lo aceptaba. Ahora aquí estaba ella con su futuro marido, su pareja
Predestinada, ¿y estaba temerosa de que su hermano se diera cuenta de que habían estado
teniendo sexo?
Deja de criticar mis motivaciones y por favor ven aquí.
Amor, ¿no crees que tu hermano sintió la energía de nuestro acoplamiento a kilómetros de distancia?
Te odio.
Tal vez, pero sólo por un momento, rió él.
El hermoso gato montés circuló la casa lentamente, su hocico se dirigía al suelo una y otra
vez mientras trataba de darle sentido al olor que estaba recogiendo. La puerta estaba abierta de par
en par y con lentos pasos, el león de la montaña entró a la morada. Ella sintió la esencia de sangre
inmediatamente y se dirigió directamente a ella. Había una mancha en la alfombra, todavía
húmeda con frescura.
El gato salvaje lamió la manca lentamente, incapaz de resistir la lujuria del aroma, no importa
el sabor. No había probado nunca nada como eso, su composición, tan extraña la dejó confusa.
Había un toque de poder en ella. Nada fuerte, pero lo suficiente para indicarle que no pertenecía
sólo a una humana.
La habitación estaba llena de la esencia de Demons, y el gato movió rápidamente sus
cautelosos ojos dorados alrededor de sí misma. Ella olfateó el olor de miedo residual, la esencia de
hostilidad. Algo violento, predador contra presa, había tomado lugar en esa cabaña y de repente el
gato entendió que ella no debía permanecer ahí en caso de que otros llegaran confundiendo sus
intenciones.
Ella se giró para correr hacia la puerta, pero se quedó congelada en su lugar cuando un
repentino aroma de sulfuro y humo sopló en la habitación con incontrolada violencia. El Demon
que se apresuró fuera de la nube se detuvo en corto una vez que vio al gato montés colocándose en
una repentina posición defensiva agachado mientras se aproximaba.
Kane había sentido la preocupación de su pareja por un segundo y cuando el minúsculo
susurro que era su presencia repentinamente se fue de su hogar en su mente, él inmediatamente se
volvió temeroso. Le había tomado algún tiempo calmarse lo suficiente para concentrarse en su
teletransportación a casa, su posición como novato le pareció injusta con el conocimiento que si
hubiera sido un poco más viejo, un poco más fuerte, él no debía haber olvidado la enseñanza tanto
como para permitir a sus sentimientos interferir con su habilidad.
Pero ahora, mientras Kane miraba del león de la montaña a la mancha de sangre derramada
sobre la alfombra, él estaba cegado con dolor y rabia. La esencia de la sangre era de su pareja y él
sabía con cada fibra de su ser que estaba lastimada y en severo peligro. Sus manos se crisparon en
puños, sus ojos oscuros, tan parecidos a los de su hermano mayor brillaban con intención y
emoción mientras avanzaba hacia el gato.
Ella retrocedió, el pelo del lomo de su espalda se elevó mientras buscaba escaparse. Ella tomó
su decisión rápidamente, entendiendo que nunca podría escapar de un Demon que se
teletransportaba. El gato empezó a agitarse, el tintineo del collar alrededor de su cuello detuvo al
Demon. Era incongruente que un gato salvaje estuviera usando un collar. Eso le proporcionó
tiempo al gato mientras continuaba estremeciéndose, su piel empezó a retirarse en largos y
dorados mechones del tamaño de un puño.
Momentos después, Kane se encontró a si mismo mirando a los dorados ojos de una mujer.
Desnuda excepto por el collar, ella alcanzó su altura natural, que era bastante significativa. La
caída de su cabello escondía la mayor parte de su desnudez, pero a la Licántropo hembra no le
importaba. Toda su atención estaba en el impresionado Demon ante ella.
—Soy Siena, Reina de los Licántropos —se presentó a sí misma suavemente, manteniendo su
rica voz cálida e irresistible mientras hablaba. Él era un Demon de la Mente, resistente a sus
habilidades sugestivas, pero no lo lastimaría tranquilizarlo de esa manera.— Te permitiré entrar a
mi mente y verás, Demon, que no soy la responsable de esto.
¿La reina de los Licántropos? ¿En su casa? Kane casi rió en alto por lo absurdo de esa
declaración. Pero él conocía ese collar lo suficiente. Tal vez era imitación pero él había oído de su
complejidad, había visto dibujos del collar. Se suponía que tenía que ser tan único que no podía ser
imitado. ¿Pero cómo sabría la diferencia entre una mala imitación y el verdadero?
Ella le había dado, sin embargo, la perfecta solución. A pesar de su arraigada desconfianza
de las especies licántropos, el entrecerró sus ojos y se aventuró en su mente. Ella no colocó
barreras, permitiéndole la libertad que podría ser peligrosa para una mujer que reinaba una
especie completa. Si él lo hubiera querido, el podría haber accedido a cualquier numero de
secretos. Pero respetó su oferta y sólo se adentró en el mapa de su memoria a corto plazo.
Siena había encontrado la escena tal como él lo había hecho. Siendo un Demon de la Mente
macho, el podía darse cuenta instantáneamente si fuera una mentira, pero no lo era. Ella estaba
diciendo la verdad, la evidencia en sus pensamientos.
—¿Qué le trajo a mi hogar, su Alteza? Preguntó con cortesía automática, impresionante,
considerando su estado emocional ¿Qué sabe de lo que pasó aquí?
La reina de cabello dorado jaló un afgano del sillón cercano a ella, envolviéndolo alrededor
de sí misma mientras se movía para sentarse en una pose no agresiva.
—Estaba rastreando a un grupo de nigromantes, no sabía que era la cabaña de un Demon
hasta que entré, aparentemente demasiado tarde, y por eso me disculpo. Si hubiera sabido que se
dirigían a atacar a un miembro de tu casa, no hubiera permanecido en el borde del bosque— Siena
cruzó sus piernas, sentándose como si estuviera posada en un trono de oro y una corona en lugar
de estar envuelta en una afgana que la madre de Kane había tejido hace mucho tiempo. —Mientras
estaba ahí, vi cerca de cuatro de ellos, todas mujeres, reuniéndose alrededor de la puerta. Ninguna
de ellas entró, pero esperaron varios minutos. Ahora veo que estaban manteniendo la guardia
mientras alguien más entraba a la cabaña. Como lo hicieron sin mi conocimiento puede tener una
gran cantidad de explicaciones. Lo que sé es que ninguna de ellas utilizó magia negra para entrar a
la cabaña.
—¿Entonces como...? Kane pasó una atormentada mano entre su cabello. ¿Cazadores? Ellas
no usaron magia y Corrine no es lo suficientemente fuerte para ser una Druida, entonces debió
haber sido fácil venir contra ella.
—¡Ah! ¡Una Druida! Eso ya tiene más sentido. No podía reconocer su esencia, nunca había
conocido la esencia de una Druida. Detecté un fuerte hilo de esencia humana; sin embargo, estaba
claramente mutada. Supongo que eso significa que tu Druida es mitad humana ¿No es así?
—Si. ¿Tú no fuiste capaz de reconocer lo que es ella?
—Mis disculpas. La combinación es muy nueva para mí. Sin embargo, me atrevería a
adivinar que tus intrusos no estaban en la oscuridad acerca de qué y quien es.
—Tengo que irme. Tengo que encontrar a mi hermano— Dijo Kane ansiosamente,
regresando un paso mientras trataba vencer su miedo y preocupación por su adorada pareja. Siena
sintió su preocupación penetrante, su empatía con los animales le permitió echar un vistazo a los
instintos animales que los Demons se mezclaron desde el inicio de la civilización.
—Me mantendré aquí y observaré para ver qué más puedo descubrir— le aseguró, el tono
tranquilizador de su voz lo ayudó a concentrarse en sí mismo. —Nadie pasara por aquí sin darme
unas respuestas.
Su afirmación lo ayudó. Decidido Kane se tele transportó al hogar de Noah.
CAPÍTULO 12
Noah y Gideon aparecieron instantes antes de que Kane llegara a su sala de estar. Sólo
tuvieron el tiempo suficiente para concentrarse en el único ocupante de la habitación antes de que
Legna y Elijah también se presentaran. Gideon se acercó rápidamente a su pareja, sosteniendo el
debilitado cuerpo cariñosamente contra la longitud del suyo, las puntas de sus dedos recorrieron
gentilmente su rostro. Había tele trasportado a Noah y a él, después había traído a Elijah antes de
teletransportarlos con Kane. Incluso con su creciente poder, había sido mucho trabajo y muy
rápido. Gideon la ayudó a sentarse, levantó una de sus manos mientras temblaba fatigada para
cogerla entre las suyas mientras miraba a la reina de los Licántropos.
Estaba en su tercera forma. En forma de híbrido. Así era la figura de la feminidad, cubierta
por la sedosa y dorada piel de un gato, con bigotes, orejas puntiagudas en lo alto de su dorada
cabeza, pupilas ovaladas, garras y una cola enroscada. Se sentó en una silla con las piernas
cruzadas y la cola enroscándose suavemente alrededor de la rodilla, la afgana ya no era necesaria
así que estaba doblada en su sitio.
Sin embargo, se levantó cuando vio a Noah, recibiéndolo con una respetuosa inclinación de
cabeza. Sus ojos dorados observaron a los demás. Durante un momento, estudió con interés a la
pareja de Gideon. Entonces su mirada se volvió hacia el gigante rubio que se mantenía muy
cercano al Rey. Se percató de que lo conocía. Nunca lo había visto, pero era legendario entre su
gente. Elijah, el Capitán Guerrero del Rey Demon. Para su pueblo, Elijah el Carnicero.
Su descripción no dejaba margen para el error. Alto, musculoso y rubio, como si fuera la
encarnación de Apolo, el dios Griego del sol. Tampoco lo había en sus astutos ojos, eran los de un
guerrero que lo ha sido mucho tiempo. Pero era la desconfianza palpable que enviaba en su
dirección lo que le confirmó su identidad. Era exactamente el sentimiento que se esperaría de un
hombre que había pasado siglos matando a los de su clase para proteger a la suya.
Sin embargo, la atención de Siena pertenecía a Noah, y se dirigió hacia él rápidamente.
—Noah, es un honor conocerte al fin.
—Siena —Noah se inclinó un poco, sus ojos recorrieron su figura tomando nota de cada
detalle.
Estaba midiendo claramente a la mujer que había terminado la guerra entre sus pueblos por
sí sola.
—También deseaba conocerte.
—Entonces hemos sido negligentes, esperando a que el otro hiciera la primera invitación.
Lamento que este encuentro se presente bajo circunstancias tan trágicas.
Noah asintió apreciando su simpatía. Elijah, mientras tanto se había desplazado hacia el área
donde el ataque se había llevado a cabo. El guerrero tocó la mancha de sangre seca, oliéndola para
asegurarse que era de Corrine.
—No se lo podemos decir a Bella. Esto la matará —remarcó entre dientes—. No hasta que
estemos seguros de lo que ha pasado con Corrine.
—Tengo el presentimiento de que Bella lo sabrá pronto —observó Noah, su profunda
preocupación se podía percibir por su ceño—. Esas visiones suyas...
—Volveré cuando terminemos y la induciré al sueño —dijo Gideon—. No será consciente de
nada en ese estado. También, le permitirá sanar, de ese modo, si le tenemos que dar malas noticias,
estará más fuerte.
—No le daremos malas noticias a nadie —gruño Kane de repente, sus manos se cerraron
furiosamente formando puños—. Encontraremos a Corrine y volverá conmigo, aunque tenga que
buscar en cada rincón de este planeta. Y que el Destino se apiade de aquellos que nos separaron.
—Con tiempo —estuvo de acuerdo Noah, colocando una mano sobre el hombro del joven–,
todos lo veremos. Pero debemos empezar por el principio. Con una explicación de tu presencia
aquí, Siena.
—Por supuesto —Siena se levantó, moviéndose con la gracia una de pantera para avanzar
hasta la escena del crimen—. Si me presentas a tu gente, Noah, estaré feliz de compartir lo que sé.
—Me disculpo, Siena —dijo Noah—. Supongo que ya conoces a Kane. Éste es mi Capitán de
Guerreros, Elijah. También has visto a Gideon, nuestro médico y a su pareja, mi hermana,
Magdelegna.
—¿Una princesa como pareja Gideon? No lo mencionaste —indicó la Reina, sorprendida ante
el pensamiento.
—No, Siena. Nuestra casa real no funciona de la misma manera que la suya. El consejo elige a
nuestros líderes reales y sólo sus hijos se convierten en Príncipes —explicó Gideon—. Pero sólo es
un título de respeto. No hay derechos de nacimiento al trono.
—Ya veo. Una sabia decisión, conozco a muchos tontos sentados en un trono por derecho de
nacimiento —Siena unió sus manos en la espalda, apartando la mirada de la abiertamente
contrariada que el guerrero le estaba dando—. Empezaré desde el principio.
Siena estuvo un instante observando el vacío por encima de la presencia amenazante del
gran rubio situado a su izquierda, después se acercó a los Demons más receptivos reunidos
alrededor. Su falta de miedo sorprendió al guerrero. Sabía que era consciente de su hostilidad y sin
embargo no mostraba ningún signo de que la afectara de ninguna manera.
—Después de que Gideon me visitara —empezó Siena— Lideré a mi Élite personal para
dirigir la investigación de este crimen imperdonable contra tu hembra Ejecutora. Muchos
informaron que se habían encontrado con tu fiel y pensativo guerrero —extendió una elegante
mano en dirección de Elijah—. Sin embargo, como le expliqué a Gideon, somos la presa más
frecuente de la cacería de los humanos, por lo que tenemos una inteligencia más avanzada de esta
red de mortales.
—Tu ayuda es generosa —subrayó Noah—, considerando que enviamos a Gideon sólo con
sospechas.
—No importa —dijo la Reina, quitándole importancia—. Hubiera hecho una elección similar
considerando nuestra historia —los dorados ojos de la reina se dirigieron hacia Elijah nuevamente
un momento antes de regresar a la expresión expectante de Noah—. Mi Élite regresó hace unos
días con informes tan intrigantes que sentí la necesidad de buscar la verdad con mis propios ojos.
Lo que encontré fue un único grupo militante de colaboradores. Estaba formada tanto por
humanos poderosos como por gente autorizada.
—Espera un minuto... ¿Significa que los nigromantes y los humanos trabajan juntos? —la
idea impresionó a todos.
¿Cómo podían esos dos grupos tan diversos encontrarse? ¿Qué había llevado a dos facciones
tan llenas de prejuicios y ansias de venganza a colaborar?
—Para ser más específica —continuó Siena—, brujas y cazadoras femeninas.
—¿Mujeres? —preguntó Elijah.
—Mujeres —confirmó—, exclusivamente mujeres.
—Exclusivamente… —Noah movió la cabeza confusamente—. No entiendo. No sé porque el
género podría importar.
—Aún así, de alguna manera lo hace —continuó la Reina—. Cuando mi General de Élite
empezó a escuchar rumores acerca de este grupo, se infiltró tan rápido como pudo. Se ha dado
cuenta de que es un grupo altamente poderoso y con una organización más compleja de lo que
podríamos esperar para una sublevación tan reciente de usuarios de magia autorizados. Mi
investigación me ha convencido de que se han estado reuniendo desde que ustedes se percataron
por primera vez de su regreso. Pero creo que la especificidad y la fusión de este grupo empezó
recientemente. Todavía se siente la novedad. No demasiado, pero es lo suficientemente joven para
mantener muy altas las expectativas. Algo sucedió para reunir a esas mujeres, algo muy específico.
—La magia de un nigromante es poderosa. Déjame asegurarte eso. No hay principiantes.
Siempre me he preguntado como de expertos podrían ser, considerando su mortalidad. Aún así,
mi Élite relataba historias de poder y hechizos entre las brujas que nunca había escuchado. Creo
que sólo porque mi General de Élite eligió espías mestizos pudo entrar sin ser detectada.
—¿Mestizos? —preguntó Kane.
Como el más joven era el menos experimentado en esos detalles.
—Mitad Licántropo puro, mitad humano —explicó Elijah con silente solemnidad.
—No estoy seguro de entender la diferencia.
—Un Licántropo mestizo no puede cambiar a forma de Licántropo o animal. En lugar de eso
siempre existen en forma humana. Parecen humanos, huelen como los humanos y tienen una
existencia fácil entre el mundo humano y Licántropo que nosotros los licántropos Puros no somos
capaces de realizar con facilidad. La diferencia es que los mestizos adquieren todos los sentidos y
habilidades de la forma animal de la misma manera que si fueran puros. Por ejemplo, la habilidad
felina de ver con poca luz, su sentido del olfato, las garras retráctiles y así sucesivamente —explicó
Siena.
—Esta abertura de la cerca entre razas les permite ser indetectables. Incluso para la magia —
dijo Elijah.
Los ojos de la Reina miraron al guerrero con interés.
—Sabes mucho de nosotros —la reina estudió a Elijah un minuto más, el recorrido de sus
ojos fue lento y meticuloso mientras ambos comprendían para lo que se había usado este
exhaustivo conocimiento—. Las mestizas femeninas —continuó por fin—, se infiltraron en un
grupo bajo el disfraz de cazadoras. Les aseguro que no fue tarea fácil, considerando la sobrecarga
de poder producida por estos usuarios de magia. Pero mi general Anya, rápidamente empezó a
escuchar noticias de ataques perpetrados contra una hembra humana que se había acostado con un
Demon, a pesar de que esas mujeres se refirieron como “ese súcubo masculino y su prostituta
humana”. Sabían claramente que la hembra humana estaba impregnada con su “spawn ”.
—Era fácil asumir que discutían de la pareja de tu Ejecutor. Me arriesgué a ser detectada y
acompañe a Anya a la siguiente reunión. Todo lo que puedo decir es que están inquietantemente
bien informadas. Sabían cosas muy concretas acerca de tu pueblo que incluso los espías y asesinos
de mi padre nunca pudieron descubrir en todos los siglos de guerra. Les aseguro que los espías
Élite son muy aptos en su campo, pero no podrían saber nunca detalles tan íntimos como los que
escuché de esas mujeres.
—Estoy seguro que los menosprecias —remarcó oscuramente Elijah, con sarcasmo.
Claramente el Demon guerrero no estaba complacido con el hecho de que los recursos de la
Reina habían probado ser mejores que los suyos. Se enorgullecía de sí mismo y sus guerreros de
ser los mejores en lo que hacían. Le enfurecía haber sido vencido, de entre todos los pueblos, por
los Licántropos.
—¿Entonces cómo te llevó esta investigación hasta Kane? —Pregunto Noah.
—Estaba presente cuando se le dio la orden a un grupo para “iniciar su tarea”. Sin conocer la
naturaleza del trabajo, sentí que sería sabio seguirlas, lo hice y el resto es lo ya le expliqué a Kane.
—Hay algo que se nos escapa —dijo Legna de repente—. Vio algo y no ha comprendido su
importancia.
—Es posible —estuvo de acuerdo la Reina, arqueando una ceja con curiosidad mientras
miraba a Legna.
Esta Demon femenina era una mujer poderosa. Siena podía sentir su fuerza a pesar del hecho
de que, de todos los Demons ante ella, Legna parecía ser la menos inclinada a tener instintos
animales.
—¿Qué es lo que sospechas?
—Emociones. Emociones fuertes. No es un ataque al azar.
—No, no podría ser. ¿O sí? —Dijo Elijah dándose cuenta de pronto—. De todos nosotros,
¿qué conexión tiene Corrine que nadie más comparte?
—Isabella. Maldición —siseó Noah—. Es la hermana de nuestra Ejecutora.
—Y accesibilidad —agregó Elijah—. Si saben tanto de nosotros parece lógico asumir que
sabían que Corrine estaba retrasada en la obtención de sus poderes de Druida. Es vulnerable,
débil... y sabían que sería una presa fácil.
—Hmm —meditó la Reina—. Entonces, tal vez esto tenga más sentido para ustedes. Un
agente me informó que un líder del grupo estaba indignada por el fallo en el ataque original. A
pesar de que no lo vi por mí misma, mi Élite me dijo que estar enfadada era decir poco. Gritaba
sobre como habían fallado en destruir al “Demon bastardo” y su recipiente prostituto.
—Obviamente se referían a Bella y al bebé —subrayó Noah.
—No estoy de acuerdo —murmuró Legna.
Obtuvo la atención de toda la habitación con esa declaración. Se puso en pie, caminando a
pesar de la mano alzada en protesta de Gideon, moviéndose por la habitación, forzándose a pensar
—Esta rabia no tiene sentido. Soy consciente del temperamento que fanáticos como éstos
pueden alcanzar, pero psicológicamente hablando, esta ira indica una conexión muy íntima.
Legna levantó las manos hasta las sienes, frotándolas mientras trataba pensar. Gideon la
observaba intensamente, pero permanecía en silencio. Podía sentir que estaba cerca de algo y no
quería molestarla, a pesar de saber que se encontraba muy cansada.
—Muy bien, observemos el cuadro completo —dijo en voz alta, a pesar de que parecía no
haberse percatado de que había abandonado la habitación—. El ataque a Bella no puede ser
tomado como un acto de violencia al azar o incluso como uno totalmente eficiente. Si alguien
quería destruir a Bella, podría haberlo hecho de un sólo disparo desde una colina lejana con un
rifle de largo alcance. Después de todo, los humanos no tienen problemas usando esa clase de
armas. Pensadlo. ¿Cuál era el propósito de arriesgarse tanto acercándose a ella? ¿Por qué agregar
las variables de un tirador que podría no funcionar o perder el objetivo? Si la querían muerta, ¿por
qué no cortarle la garganta y acabar rápido? ¿Para qué las múltiples heridas que no serían fatales
sino a largo plazo? Y entonces el brutal ataque al bebé. ¿Pateándola? ¿Golpeándola? Cuando,
nuevamente, un sencillo acto de violencia bien armada podría ser suficiente.
—Sufrimiento —dijo Gideon.
—Exacto. Alguien quiere que Bella sufra antes de morir —agregó Legna—, y haciéndolo
harían sufrir a Jacob. Se arriesgaron a ser capturados, lastimados e incluso a morir. Fanáticos o no,
¿por qué arriesgarían los humanos su seguridad personal? El único motivo que veo es la intención
de... de que sea Jacob quien encuentre a Bella muerta. Y lo hubiera hecho de no haber ido a
visitarla. Creo que la referencia al “Demon bastardo” no se refería al bebé, sino a Jacob.
Francamente, me suena más a venganza personal. Y ninguna venganza contra Jacob sería más
dulce que el asesinato de su amada consorte y su hijo no nacido de tal manera que le hicieran ver
muy claramente que habían sido torturados todo el tiempo. Lo habría destrozado.
—Venganza... —los ojos de Noah se iluminaron al ser consciente del problema—. Ruth —
siseó.
—Sí —afirmó Gideon—, lo explicaría todo. Incluyendo por qué de repente saben tanto sobre
de nosotros.
—Ruth... —Noah movió impresionado la cabeza mientras sentía el doloroso panorama de su
revelación—. Es insoportable, ¿pero una traidora?—Susurró para sí.
—Culpa a Jacob por el dolor que sufre su hija debido a la pérdida accidental de su pareja
Druida —agregó Gideon—. Creo que fue Ruth quien entró en la casa después de que Bella se
quedara inconsciente. Sabía que el dolor podría anular la habilidad de Bella para absorber poderes.
Dirigió el ataque personalmente para...
—Para golpear al bebé no nacido —finalizó Elijah—. Completando su venganza de primera
mano.
—Ruth como un Demon de la Mente, quizá pudo encontrar una manera de enmascarar el
lazo entre los pensamientos de Bella y Jacob —explicó Gideon—. Recuerdo que dijo que no había
sentido el problema hasta que Legna llegó a la escena. Habiéndome familiarizado con esa conexión
ahora, encuentro que es casi imposible de romper, incluso queriendo. Pero Ruth podría haber
encontrado una manera.
—¿No es demasiado obvio? —Se quejó Elijah—. Ruth no es estúpida. Sabía que llegaríamos
al fondo de esto y empezaríamos a sospechar de cualquiera con una actitud contraría Bella y Jacob.
—Exacto, probablemente está esperando que la descartemos debido a su evidente hostilidad,
dándose a sí misma una excelente defensa —dijo Noah—, pero hay un ímpetu en este último
ataque que hace que Ruth sea nuestro sospechoso principal con más sentido —agregó Noah con
gravedad—. Ha sido recientemente excluida del consejo.
—¿Qué? ¿Cuándo? —Preguntó Kane.
—El consejo, en ausencia de Jacob e Isabella, votó hace tres días. Fue unánime. No lo hicimos
público para evitar a Ruth la vergüenza tanto como pudiéramos. Pero ahora me doy cuenta de que
pudo ser otro desencadenante para la rabia y la venganza contra los Ejecutores, si efectivamente
fue quien organizó el ataque.
Siena caminó hasta detenerse frente a Noah, consciente de que Elijah estaba enfadado y que
desconfiaba de cualquiera de sus movimientos. Estaba claro que no la quería tan cerca de su
monarca. La reina ignoró la continua hostilidad de ése bruto.
—Debo advertirles que el secuestro más reciente no fue el único plan para ser llevado a cabo
—anunció Siena—. Las mujeres humanas planean otra acción para vengarse de quien debemos
asumir son tus Ejecutores. Y esto, Kane, es lo que me lleva a pensar que tu pareja no está muerta —
miró al joven Demon con alentadora esperanza—. Si lo que querían era hacer una declaración
matándola, lo hubieran hecho justo aquí. Esta sangre es un accidente. Creo que tenían que
secuestrarla. Con Corrine bajo su custodia, adquieren gran ventaja sobre todos ustedes. No sé que
uso le esperan dar, pero no puede ser nada bueno.
Ahora fue el turno de Siena de pasearse por la habitación.
—Si queremos acabar con esa ventaja, tenemos que rescatar a Corrine tan pronto como sea
posible —murmuró—. Según lo veo, sólo hay un camino de acción a tomar. Si es que me permiten
ayudar.
—Por supuesto —la alentó Noah, levantando una mano hacia Elijah para hacerlo callar, éste
hizo un sonido de protesta.
—Debemos buscar en el lugar de reunión de estas fuerzas femeninas y tratar de localizar a
Corrine. Sin embargo las únicas que tenemos una esperanza de obtener algo somos las hembras
mestizas como Anya, yo y... Magdelegna —señaló a la ligeramente sorprendida Demon de la
Mente.
—¿Yo? —pregunto Legna atontada, sorprendida incluso de ser considerada para algo que
definitivamente la sacaría de su posición segura.
—Eres un Demon de la Mente, ¿no? Puedes engañarlas, alterar su percepción y jugar con sus
cabezas de manera que nos dieran más acceso —Siena no podía evitar la traviesa necesidad de
lanzar una mirada sigilosa al gruñón guerrero rubio, y con un movimiento de sus bigotes dijo—
¿Ves? También te conozco.
—En ese caso, ¿no puedo teletrasportarme sola al complejo y encontrarla? —Preguntó
Legna—. Puedo coger la información de tu mente…
—No. El complejo es un panal de cavernas bajo tierra. No tengo ni idea de donde podría
estar, y podríamos acabar teletrasportándonos en mitad de la fiesta del té de los nigromantes. Creo
que la única manera de encontrarla es acercándonos lo suficiente cómo para sentir sus
pensamientos y emociones. La única manera de que funcione sería entrando por la puerta
principal.
—Yo también podría sentir sus pensamientos y emociones —argumentó Kane, pareciendo un
marido frustrado.
—Y serías muy obvio al ser único hombre en el complejo —dijo Siena secamente—. Como
Anya y yo ya somos conocidas, no levantaremos sospechas mientras ayudamos a Magdelegna a
localizar a tu pareja. Una vez que la encontremos, Magdelegna puede teletrasportarnos a una
localización segura.
—Y puedo enmascara nuestra presencia y huída —agregó Legna.
—¿De Ruth? —Noah sacudió la cabeza—. Legna, ella prácticamente inventó lo que significa
ser un Demon de la Mente hembra. Fue la primera y es la más fuerte.
—Pero Legna no es un Demonio de la Mente típico —dijo Gideon—. Está desarrollando
habilidades y poderes fuera de lo común. Lo has visto.
—Desarrollando es la palabra clave —discrepó Noah, su preocupación por Legna era lo más
importante—. Si alguna es detectada, no sólo perderemos cualquier ventaja que tengamos,
también podría significará la perdida de otras mujeres.
—Lo dudo —recalcó Gideon—. De verdad, son enemigas poderosas y no deben ser
subestimadas pero no he conocido a un nigromante capaz de prevenir la teletrasportación si un
Demon no está controlado por un pentagrama. Incluso Ruth es incapaz de eso.
—Entonces está decidido —dijo Legna—. Buscaremos a Corrine en su fuerte. Una vez la
hayamos rescatado nos preocuparemos por el próximo ataque que estén planeando.
—¿Y si no está cautiva en ese lugar? —Preguntó un tenso Kane.
—¿Por qué no iba a estarlo? —Rebatió Siena—. No tienen razones para sospechar que
sabemos sobre ellas y su localización. Y si fuera el caso, ¿dónde mejor para encontrar la
información?
—Entonces lo haremos —afirmó Gideon con convicción.
No estaba contento con la idea de que Legna fuera a la zona de peligro, pero iba a asegurarse
de estar cerca junto con los demás para ayudarlas en caso de necesidad. Y estaría en su mente todo
el tiempo.
—Será difícil, Legna no es un miembro de bajo perfil de nuestra sociedad —observó Noah—.
Ruth la reconocería en un latido, con bloqueo mental o no. Cada concejal conoce el rostro y cuerpo
de la hermana del Rey.
—Alteraré lo suficiente su apariencia para que no la reconozca —dijo Gideon—. Puedo
hacerlo.
—Excelente. ¿Cuánto tiempo necesitas para prepararla? —Preguntó Siena a Gideon.
—Muy poco.
— Pero necesito tiempo para descansar —apuntó Legna—. Estoy agotada.
—No podemos esperar mucho tiempo —protestó Kane ansiosamente.
Sentía la ausencia de Corrine profundamente. Su estaba tan vacío, pero no era nada
comparada con el miedo a lo desconocido. ¿Qué está pasándole? Se preguntaba. No podía soportar
los pensamientos que comenzaban a nacer en su cabeza y se clavaban en su corazón.
—Tiene razón —convino Legna—. Dame dos horas. Algún suplemento de energía de Noah,
un poco de sanación de Gideon y algo de meditación deberían concentrarme lo suficiente.
—Muy bien, también estaré preparada —la Reina se giro hacia Noah—. Cuando termines de
ayudar a tu hermana, me gustaría que me concedieras un momento.
—Por supuesto —estuvo de acuerdo Noah, para el descontento de su Capitán de Guerreros.
—Ofrecí mi ayuda en esta aventura no sólo como un gesto de buena voluntad, sino porque
siento que esta fuerza femenina es lo suficientemente peligrosa para merecer mi escrutinio
personal —explicó Siena a Noah media hora después—. Lo que hagas con la información sobre el
Demon traidor es tu decisión Noah. Sé que tenéis vuestro propio sistema de justicia. Pero te
advierto que si en el futuro planeas enviar más espías a esta fortaleza, debemos mantenernos bien
informados de nuestras acciones.
—Tendré a mis Licántropos destrozando al grupo con eficiencia en el momento en que
seamos capaces. Y odiaría ver algún Guerrero Demon lastimado accidentalmente por ser un espía
y que un error de comunicación nos dejara inconscientes de su inocente presencia. Tenemos la
necesidad de intercambiar embajadores. Mi corte recibirá cualquier Demon que elijas.
Noah se reclinó en su asiento, girando ausente el anillo con la insignia colocada en su dedo
medio mientras consideraba la oferta unos momentos. No era usual que Noah mostrara signos de
perturbación, pero estaba claro que no era más que una pequeña muestra por todos los ataques
perpetrados contra aquellos que amaba.
—Sólo hay un Demon a quien podría confiar tal tarea, pero tienes que darle tiempo a
Magdelegna para decidir antes de que te pueda hacer una promesa definitiva —dijo el Rey con
calma.
—Una elección excelente —dijo la Reina tras un largo minuto—. No sé porque no se me
ocurrió. Sobre todo porque su pareja ya es un rostro familiar en mi corte. Y en lo que a mí respecta,
tengo en mente a una mujer muy especial. Se llama Myriad. Sería una excelente embajadora para
tu corte, no sólo porque es de mente abierta, sin miedo y fuerte, sino también porque no es de las
que vendría llorando con los sentimientos heridos. También es una mestiza lo que tal vez ayudaría
a los otros a estar cómodos con mayor rapidez de lo que lo estarían con alguien de raza pura.
—Cuando este disturbio este resuelto —dijo Noah—, mándamela. Legna te informará de su
propia decisión después de que se lo pida —Noah se puso en pie—. Creo que también debería
hablarte de una parte de nuestro sistema de justicia, del cual hablaste antes, consiste en la
absolución ante verdaderos actos de autodefensa cuando son necesarios —Noah cruzó hacia una
ventana próxima y coloco su puño sobre el vidrio—. Te lo digo porque podría darse la posibilidad
de que tomes parte en la destrucción de la Demon corrupta si os pone en peligro a ti o a Legna y
debo hacer que entiendas que no buscaremos enjuiciarte si te vieras forzada a matarla.
—Seré el responsable si dudas en atacarla y fueras herida o asesinada por no decirte estas
cosas Siena. Fue tu ascenso al trono lo que detuvo la guerra entre nuestros pueblos y no olvidaré lo
que esta paz significa para ambos. Sé que si estuviera frente a un Licántropo hostil en este
momento, podría dudar en defenderme por miedo de que eso pudiera romper la tregua en este
tiempo de tolerancia.
—Entiendo —dijo suavemente Siena, sin ocultar su gran respeto por la previsión—. La
información es felizmente recibida. Sin embargo, no veo ataques o batallas como parte de esta
misión. Es un grupo extremadamente grande. Seríamos superadas en número.
—No estaremos lejos —dijo Noah—. Gideon, Elijah y yo os estaremos vigilando. Seremos los
refuerzos en caso de necesidad.
—Y nosotras nos esforzaremos para no causar problemas —agrego Siena—. Habrá tiempo
para una batalla. Desafortunadamente, parece ser un tema recurrente en la historia —Siena se
detuvo un largo momento—. ¿Puedo hablar libremente Noah?
Noah se volvió cuando hizo la pregunta, mirando a la mujer que estaba deslizando una mano
pensativa sobre los lomos de los libros en las estanterías de su biblioteca personal.
—Por supuesto —la invitó.
Siena le ofreció una pequeña sonrisa y continuó deslizándose por la habitación mientras
hablaba. Sus movimientos se ajustaban a sus dulces patrones de discurso, eran tranquilizadores de
una manera enigmática. Parecía que el único sonido que hacia mientras caminaba era el suave roce
de piel contra piel. El perezoso movimiento de su cola era prácticamente hipnótico. Incluso en su
forma híbrida era una criatura increíblemente adorable.
—No necesito ser telépata o empática para saber que estás preocupado por la relación de tu
hermana con Gideon.
Siena se detuvo para levantar un globo de cristal que había sido grabado con mapas del
mundo. La pieza era claramente una antigüedad de tremenda edad y valor. Las fronteras de los
países estaban mal representadas y otras áreas faltaban completamente.
—Si es una situación complicada.
—Ya veo. Creía que Gideon era muy respetado en tu pueblo.
— Lo es. Por supuesto que lo es.
— Sí, es algo viejo y poderoso.
Siena colocó el globo de regreso en su repisa, girándolo hasta que el territorio Ruso estaba
mirando al frente. Extrañamente eso sorprendió al Rey, la historia de los licántropos estaba
ampliamente arraigada en esa tierra, en el acento que se escuchaba en las palabras de la reina. Su
acción fue casi una necesidad subliminal de dejar una declaración de su presencia. Supuso que
vivir la mitad de su existencia como animal estaba unido a instintos inevitables, como marcar
territorio. Su propio pueblo estaba afectado con necesidades similares.
Pero Noah estaba de hecho más que curioso sobre su actual línea de pensamiento. Nunca
había dudado de la inteligencia o las habilidades perceptivas de Siena, sin mencionar la fuerza que
había tenido para lanzar un decreto a su pueblo solamente tres días después de su coronación
diciendo que la guerra con los Demons debía terminar inmediatamente.
También, había puesto cuidadosa y callada atención a Elijah durante la reunión. A pesar de
que no había dicho o hecho nada que lo indicara, Noah tenía el presentimiento de que sabía que
había sido Elijah quien había liderado el grupo de guerreros que finalmente había vencido a su
padre hacía treinta años. La batalla había sido la última de la guerra, que le dio a Siena el acceso al
trono tras la muerte de su padre. Noah se forzó a imaginarse que efecto tendría en una mujer como
Siena encontrarse cara a cara con el ejecutor de su padre.
—Siempre tuve curiosidad —continuó la reina después del silencio—, sobre cómo un Demon
con tal habilidad había sido capturado por mi padre. Ahora me doy cuenta, mientras observo a tu
gente que lo mandaste para hacer ese sacrificio.
—Lo hice, pero la idea fue toda de Gideon —confirmó Noah.
Los ojos dorados de Siena se elevaron hasta encontrar los suyos. Los ojos de Siena eran
incomprensiblemente hermosos, pero no tan cercanos a su agudo intelecto. Noah estaba muy
impresionado, pero solamente le devolvió la mirada mientras unía sus manos en la espalda.
—Gideon era el único Demon con la clase y la sabiduría que podría haberlo hecho —
continuo Noah—, como Demon del Cuerpo, no tiene habilidades naturales para escapar, como la
teletrasportacion, entonces apostó a que tu padre estaría lo suficientemente tranquilo como para
permitirle continuar en prisión. Sabiéndolo tu señor no tendría miedo de que Gideon se escapara
con inteligencia que podría beneficiarnos. Lo aguantó porque tenía la esperanzada idea de que
tener cautivo a Gideon le daba poder sobre nosotros.
—Mi padre era un poco tonto —recalcó Siena con humor—. Nunca se preocupó por saber si
Gideon podría hacer proyecciones astrales. Cuando lo descubrí me di cuenta que podríais haber
tenido la información necesaria para destruirnos de una forma genocida, pero no actuasteis. Fue el
principio del cambio en mi perspectiva acerca de tu pueblo.
—Gideon es un veterano de la guerra y sus ramificaciones. Siempre ha sido su prioridad
encontrar formas sabias y lógicas para salir del conflicto. Puso una gran fe en tu inteligencia y en
tu abierto descontento con las formas de guerrear de tu padre en sus informes. Sin esos factores tan
importantes, Gideon nunca hubiera sugerido la tarea, sin mencionar el inmiscuirse en ella.
—Aun así era una elección muy peligrosa.
—Con tu padre fuera de batalla, dejándote a ti a cargo de la corte, esperábamos que hablaras
con tu cautivo una o dos veces. Esperábamos que con esas pequeñas oportunidades, Gideon
pudiera encontrar un terreno común para iniciar un proceso de entendimiento y tolerancia. Un
factor imprescindible cuando tratas de alcanzar la paz.
—Si ya lo sé. Fue con buena intención. Los cinco años que Gideon pasó en nuestra corte
causaron impacto, creo que en ambos lados —Siena deslizó los dedos sobre un escritorio cercano—
Pero estoy forzada a preguntarme algo Noah. Está claro por la información que me das que confías
en Gideon. Confías en él lo suficiente para confiarle el futuro de nuestras razas. También es
evidente que lo tienes en alta y enorme estima incluso a nivel personal —le lanzó una mirada
afilada—, ¿por qué estarías en contra de tener a tal hombre como pareja de tu hermana y miembro
de tu familia?
—No es tanto que no confié en él o que no lo quiera —Noah se detuvo y miró por la ventana
por la que ya había estado observando antes de que la conversación comenzara—. Es una situación
complicada. Hay cosas alrededor de esta unión que podrían ser dolorosas para mi hermana —
Noah miró nuevamente a la mujer Licántropo—. ¿Que hermano podría festejar la idea del daño
potencial de su hermana con los brazos abiertos?
—Uno que no sólo amara a su hermana tanto como tú claramente lo haces —asintió
graciosamente Siena—. Es casi... casi misterioso lo parecidos somos después de todo. Fui criada
con las historias del salvajismo de los Demons, con lo incultos y bárbaros que eran. Historias que
incluían las guerras Druidas y una larga lista de otras razas a las que también guardabais rencor —
Siena se detuvo y sacudió la cabeza, la moción fue acentuada por un movimiento de sus orejas—.
Cuando conocí a Gideon y comencé a ver la profundidad de su moral y la cultura que os rodeaba,
me percaté de que tan falso era. Fue sabio que ustedes le confiaran la tarea. No deberías perder tu
sabiduría ahora Noah.
Noah inhaló profundamente y exhaló con un largo suspiro.
—Tienes razón, Siena. Y me he dicho muchas veces lo mismo. Tal vez pronto, empezaré a
escucharme —Noah le ofreció una encantadora sonrisa y con ella cambió de tema—. Por el
momento, desearía que completáramos los detalles del intercambio de embajadores.
—He estado considerando algo más primero —anunció— Creo que debemos tener una
reunión social antes del intercambio de nuestros diplomáticos. Tal vez nos relajará para iniciar la
integración del mismo modo que comenzamos nosotros.
—Una excelente idea. Propongo Beltane. Habrá bodas, un festival y tendremos
competiciones deportivas.
—Eso suena maravilloso. ¿Tal vez podría sugerir alguna de las cosas que hacemos en Beltane
para convertirlo en una verdadera oportunidad de mezclarnos?
—Por supuesto, por favor.
Noah indicó dos sillas felpadas que estaban junto a los anaqueles.
—Permíteme que lo discutamos.
CAPÍTULO 13
Gideon se aproximó a Legna en silencio, no queriendo hacer ningún ruido que pudiera
distraerla mientras estaba sentada, profundamente concentrada en su meditación. Sintió
claramente el orden con el que estaba organizando su mente, la minuciosidad que usaba para
catalogar la nueva infusión de su poder al que ella había estado adaptándose desde que se habían
vinculado totalmente.
Al meditar como lo estaba haciendo, ayudaba a mantener a raya cualquier otra cosa que no
fuera su incursión al territorio enemigo. Siendo un asiduo visitante en su mente, Gideon tuvo un
renovado respeto por la fuerza y disciplina mental que necesitaba para manejar su empatía. Sin esa
motivación tan impresionante, se volvería loca por la gran cantidad de emociones al azar que la
gente proyectaba cada minuto de cada día. Su control era perfecto y mantenía todo a su alrededor
perfectamente contenido.
Todo, quizá, excepto por la hermosa forma de mirarlo. Mejor aún, era bella en su hogar, en el
lugar donde había pasado tantos siglos solitarios, nunca se había dado cuenta de lo que había
extrañado. Estaba centrada en una antigua alfombra persa, el diseño se prolongaba a su alrededor
mientras mantenía las piernas cruzadas. Gideon sintió cómo parecía crecer su pasión con cada
minuto y día que pasaban juntos. Incluso esta unión separada, cuando estaba intensamente
inmersa en sus propias tareas y él en las suyas, era un ejemplo excelente. Por supuesto, su labor en
ese momento consistía principalmente en observarla y admirar todos los detalles de su belleza,
tanto interna como externa. Tenía la piel más perfecta del mundo, luminosa incluso cuando estaba
tan evidentemente cansada. Su cabello castaño serpenteaba alrededor de su cuerpo, casualmente
colocado tal como se colocaba sobre él, y no podía evitar seguir el sinuoso patrón mientras recorría
su deslumbrante figura. Era como una chispa en la yesca y la necesidad por ella sólo había entrado
en él explotando a una nueva vida.
—Me estás distrayendo —susurró, abriendo un ojo para mirarlo.
—Lo siento —dijo, gruñendo de tal manera que ocultaba su disculpa—. Trataré de
abstenerme.
—Hazlo —rió, cerrando sus ojos nuevamente.
No se retiró, pero trató de evitar pensar de esa manera. No era una tarea fácil, su mirada se
mantuvo sobre ella, bebiéndola. Se percató de que tenía una bella marca sobre su pie izquierdo y
eso lo hizo sonreír. De alguna manera, no había reparado en ella en su metódica tarea de
aprenderse cada pulgada de su cuerpo.
—¡Gideon! —siseó suavemente.
Rió, cubriendo su sonrisa incontenible con un movimiento de su mano. Sus pensamientos la
habían mantenido distanciada, pero era claro que estaba muy consciente de su presencia. Empezó
a contemplarla con un poco de diversión.
Mientras se divertía con las posibilidades, Gideon sintió un espeluznante cambio en la
habitación. Se mantuvo quieto, tratando de nombrar la fuente de esa extraña sensación que estaba
sintiendo. Era fría, paralizante y profunda a un nivel emocional que era demasiado hondo como
para pertenecerle.
Eso dejaba a Legna como la fuente más probable. Sus ojos se abrieron de repente y lo miró,
pero no parecían estar enfocados sobre él. El ceño de Gideon se frunció mientras trataba de ver lo
que estaba pensando, pero había levantado barreras cercando su mente, que combinado con el
distanciamiento de la meditación, lo mantenían en la oscuridad.
—¿Legna? —Preguntó suavemente, arrodillándose para colocarse a la altura de sus ojos.
Se dio cuenta de la fina vibración que zumbaba a través de ella. Alcanzó a analizar su
química corporal y sus reacciones fisiológicas para tratar de definir lo que estaba sintiendo.
Era miedo.
No cualquier clase de miedo, se percató mientras buscaba más profundamente, un terror
paralizante como ningún otro que cualquiera de ellos pudiera haber concebido. La adrenalina se
elevaba a través de ella, causando caos en su biorritmo hasta el punto que Gideon difícilmente
podía iniciar la ayuda para calmarla. Lo que fuese, era la peor cosa que podría pasarle tan cerca de
su asignación encubierta.
—¿Legna qué es esto? —Usó una voz firme, demandando una respuesta.
—Mamá.
Esa palabra aniquiló completamente al Antiguo Demon.
Aturdido, cayó sobre el suelo, pasando una poco firme mano sobre su pasmada expresión.
Trató de pensar, pero no pudo. Ahora era su miedo lo que estaba aumentando. Gideon no tenía
idea de cómo estaba recordando ese día. No tenía acceso a su mente la única vez que más lo
necesitaba. Todo lo que podía hacer era sentir el lastimoso dolor de su propio y aterrorizado
corazón mientras miraba sus ojos abrirse más y más dilatados.
No necesitaba un nuevo poder o nuevas habilidades para recordar ese día. Estaba claro como
el cristal para él. Ése día. El terrible día cuando Gideon había mirado desde su posición sobre la
madre de Legna, para mirar a los ojos igualmente abiertos de una niña de cuatro años que había
visto algo que ningún niño debía ver alguna vez.
Estaba viendo el cuerpo mutilado de su madre y a un Demon macho, quien estaba empapado
en sangre desde su plateado cabello hasta sus embotados pies, sosteniendo a la mujer muerta
contra su pecho y reclinado sobre ella.
Nada puede compararse al grito que un bebé da en un momento como ése. No hay manera
de explicarle que eso es todo lo que un sanador puede hacer. No hay manera de explicarle como
una hermosa y amada madre puede terminar viéndose como en ese instante. Él tenía como
setecientos años en aquel momento y no había forma de explicárselo tampoco. Y sabiendo que esa
había sido la primera vez que la niña que Legna había puesto sus ojos sobre él, lo había perseguido
durante los doscientos cincuenta años siguientes. Era ese solo momento el que lo había mantenido
a distancia de ella, durante el tiempo que se han pertenecido. Esa niña era la que había visto
durante tantas décadas cada vez que la miraba. Observándolo, mientras trataba
subconscientemente de recordar qué era lo que había decidido extraerle para preservar su preciosa
mente.
Gideon giró su rostro hacia el cielo, lágrimas de pura agonía quemaban sus ojos mientras
rezaba por un milagro tal, que ni siquiera podía pensar en la naturaleza del mismo. Todo lo que
sabía era que sería destruido en el momento en que ella dejara de amarlo, en el momento en el que
con derecho, empezara a culparlo por sus insuficiencias, por su falla al salvar esa vida, por su falla
para proteger sus jóvenes ojos si hubiera tenido el presentimiento de sellar la habitación. El
pensamiento por si solo era suficiente para detener su corazón. Escuchó que comenzaba a llorar,
pero no podía mirarla. Sentía su alma atormentada, alejándose pedazo a pedazo, al parecer, con
cada lágrima que derramaba. Cuando estuvo sobre él, rodeándolo con sus brazos sobre su
garganta, estaba esperándolo. No lucharía. No tenía derecho.
Le costó un largo minuto percatarse de que lo estaba abrazando, no lastimándolo. Paralizado
con una sorpresa incomprensible, se atrevió a tener la suficiente esperanza para descansar una
mano sobre su espalda. En ese momento se percató de que no esperaba tocarla de nuevo, haciendo
que su contacto fuera como una cura milagrosa.
—Legna —suspiró ahogadamente—. Lo siento tanto.
Ella no dijo nada, en su lugar sollozó como si su corazón se estuviera rompiendo. La dejó
continuar pensando que podía llorar hasta el siguiente Samhain si quería y él sería el último en
contradecirla. Este momento había tardado casi tres siglos en llegar, y merecía llorar la muerte de
su madre.
Noah había vivido no sólo con el peso del asesinato de su madre y la responsabilidad de criar
a su hermana después de la convocatoria de su padre, también había vivido con el conocimiento
de que había tomado una decisión por su hermana que nunca había tenido el coraje de revertir.
Siempre había temido este momento, al igual que Gideon.
Gideon quería preguntarle cientos de cosas, pero esto no era sobre él, así que no lo hizo. La
acercó más, confortándola lo mejor que podía con su presencia y cálido toque. Alejó su cabello del
húmedo y sonrojado rostro, tomándolo gentilmente y colocándolo tras su oreja una y otra vez, una
rítmica caricia que la consolaba con silenciosas palabras de amor y entendimiento. Su mejilla
estaba acunada en su hombro, sus lágrimas derramándose a través de su camisa, sus sollozos se
alojaban profundamente en su pecho y parecían los dolorosos llantos de un animal pequeño.
Pasó casi una hora antes de que se agotara completamente, un suspiro ocasional salía de ella
como si fuera a caer en un sueño exhausto. Gideon no se movía de ninguna manera. Le dejó
descansar, ignorando totalmente su propia incomodidad. Nada podría hacerlo sentir más cómodo
que los brazos de Legna a su alrededor, incluso teniendo una pierna dormida.
Ella hizo un sonido, sacudiéndose ligeramente mientras despertaba poco después. Levantó la
cabeza, buscando sus ojos. Se obligó a no tratar de esconder las dudas. Ella tocó su rostro,
dibujando su propio labio entre sus dientes mientras movía sus dedos sobre él en un extraño
patrón.
—Estuviste llorando —dijo al final, su voz entrecortada por la emoción.
Instantáneamente entendió que no estaba hablando acerca del aquí y el ahora, sino de los
trágicos días del pasado.
—Sí, mi amor —dijo simplemente.
—¿Por qué llorarías por mi madre?
—Porque nadie debería morir así —dijo—. Porque con toda mi habilidad, no pude hacer
nada por ella. Como lo hice por tu hermano, yo había sido su Siddah, y me destruye pensar fui tan
deficiente que no sabía cómo defenderse apropiadamente.
—No es verdad. Es porque tú fuiste Siddah de mi hermano que fue capaz de convertirse en el
hombre y el Rey que es. Nadie más lo pudo hacer mejor que eso y sé que al igual lo hiciste con
Mamá.
—Yo era mayor cuando eduqué a Noah. Era diferente.
—Mamá era un Demon del Cuerpo. Los Demon del Cuerpo Hembra son los menos
poderosos de nuestra sociedad.
—Lo sé. Y es por eso por lo que fue elegida para ser asesinada. Él sabía que no tenía
esperanza de... pero si le hubiera enseñado... algo. Cualquier cosa.
—¿Fuiste tú quien la encontró?
—Justo antes de que tú lo hicieras, dulzura. Pensé que me volvería de piedra cuando levanté
la mirada y te vi ahí, mirándome como si yo fuera algo extraído directo del infierno.
—Entonces tú y Noah alterasteis mi memoria.
—Sí.
—¿Por qué no me lo dijisteis antes? —Preguntó por fin, la única pregunta que había temido.
—Hice una promesa. Una promesa que debía mantener toda tu vida, Neliss.
—Una promesa a Noah.
—Sí. Pero no puedes culparlo por eso.
—No. No lo haré. Noah me ha protegido toda su vida. Esto no es diferente. No tendría el
alma que tengo ahora si no fuera por sus elecciones. Ahora entiendo por qué estaba tan molesto
cuando se enteró de que estábamos vinculados. Ambos, él y Hannah, debieron sospechar que esto
pasaría. Tú también debiste hacerlo.
—Sí —tragó para despejar la garganta—. No sabía que esperar... si lo sabrías antes de hacer el
amor... o después. Estaba aterrorizado de que te sintieras atropellada de alguna manera. O peor. Te
alejarías de mí antes de conocerme.
—Ya veo —Legna se levantó tomando su cabello hacia atrás, presionando su frente contra la
suya, colocándose ojo a ojo y nariz contra nariz—. Te conozco —dijo en un suspiro—, tal y como
me conozco a mí misma. ¿Cómo puedes temer que te considerase capaz de tan monstruoso acto?
—Porque tengo miedo de cualquier cosa que signifique perderte —confesó.
—Te dije, mi amor, que no voy a ninguna parte. Estoy aquí, justo donde pertenezco. Mi
corazón vive con tu corazón, mi alma con tu alma. Te amo, Gideon. Tú eres mi estrella, cree en eso
y cree que lo mereces.
—Nunca lo mereceré —dijo violentamente—, pero trataré de hacerlo por el resto de mis días.
Te amo Neliss, como nunca he amado antes en toda mi vida. Eres mi corazón, mi aliento, mi
pensamiento y cada respiración que tengo. Eres la verdadera fuente de mi poder, porque sin ti
estoy completamente impotente.
—Amor —suspiró suavemente, mandando su corazón a volar mientras presionaba su boca
contra la suya tiernamente—. Necesito conocer sólo una cosa y nunca lo discutiremos de nuevo.
—Lo sé —consintió roncamente. Le tomó algún tiempo antes de comenzar a decir lo que
quería saber—. Era el único Demon además de ti que alguna vez se recuperó de un pentagrama de
convocatoria. Pensamos que lo habíamos salvado a tiempo. Para cuando nos percatamos de lo
equivocado que estábamos, cuatro hembras, incluyendo a Sarah, tu madre, estaban muertas. Jacob
lo ejecutó inmediatamente, pero fue una pobre compensación. Hubo un tiempo en que pensamos
que Noah tal vez no se recuperaría nunca. No podía hacer por sí mismo lo que él y tu padre habían
hecho por ti.
—Con qué esa es la razón por la que ha estado casi obsesionado con la protección en los
últimos meses. La convocatoria ha de haber traído tanto a su mente. Creo que finalmente entiendo
por qué nunca podía discutirlo conmigo. Pienso que estaba temeroso de que si lo hacía, recordaría
y eso, drenaría suficiente memoria emocional para desencadenar lo que todos habían reprimido
dentro de mí —Legna se levantó y recorrió con sus dedos la línea de su mandíbula—. Y entonces
fue forzado a dejarme ir hacia ti, sabiendo que podía recordarlo. Incluso trató de advertirme.
Ahora tiene sentido, cuando antes parecía tan irracional. Y Hannah. También sabía y estaba
temerosa por mí.
—Ellos te aman, dulzura. Tantos de nosotros te amamos. Incluso esa pequeña y dura Druida
de quien insistes en ser amiga —guiñó el ojo, lo suficiente para remarcar y hacerla reír.
Lo abrazó con toda su fuerza y se regodeó en ello.
—Bueno, ahora voy a proteger a esa pequeña Druida, porque es mi amiga y una vez lo hizo
por mí.
—Lo que definitivamente eleva mi estima hacia ella —dijo, besando su cabeza a través de su
grueso cabello.
Tocando su sedosa cabellara tanto con afecto como con propósito, cerrando sus ojos mientras
se concentraba y lo tomaba. Entonces levantó todo su cabello en su mano.
Legna sintió un escalofrió recorrer su cuero cabelludo y se alejó para mirar el cabello en su
mano. Inhaló cuando vio los mechones, metro y medio más cortos de lo que regularmente eran y el
pelo corto color café que quedaba revoloteaba sobre sus cuerpos cercanos como docenas de
plumas.
—Dime que lo puedes arreglar después —dijo nerviosamente.
—Amor, si ya una vez recuperé tu cabello de la nada después de haber sido quemado. Puedo
hacer cualquier cosa.
—Fanfarrón —dijo secamente, tocando su extraña apariencia—. ¿Cómo cambiaste el color?
—Solo un rudimentario cambio en la química de la pigmentación. El alaciado fue incluso más
fácil. Pero no es el último de mis trucos. Si estas dispuesta, podemos encontrar un espejo para que
te muestre.
—Estoy bien. Ojos hinchados a un lado, mientras te tenga, estoy bien.
—Me tienes —le aseguró, ayudándole a ponerse de pie—, y por los ojos hinchados, no te
preocupes, no los tendrás para cuando termine.
—Recuerda detenerme si me ves tocándome el rostro —le susurró Legna a la reina de los
Licántropos.
—No te culparía si lo haces. Nunca pensé que Gideon fuera capaz de tal alteración. Es loable.
—Dijo que era fácil. Siempre dice eso. Me explicó que sólo era cuestión de cambiar la
estructura muscular y la maleabilidad de los huesos. Ahora tengo una cara nueva.
—Pienso que elegir una apariencia asiática fue un toque brillante —susurró Siena lanzando
una mirada a una mujer que pasaba frente a su mesa—. Es la segunda vez que camina por aquí.
—Me percaté. Se siente un poco nerviosa, pero no parece estar dirigido hacia nosotras.
—Bueno, mientras que no nos salte encima en el momento en que dejemos el restaurante.
—No. No hay hostilidad o intención negativa —remarcó Legna.
—Ah, ahí está Anya —dijo de repente Siena, saludando a una joven mujer exótica con cabello
que si fuera uno o dos tonos más claro, sería tan rojo como el de Corrine.
Estaba envuelto en un intrincado moño, pero estaba claramente colocado en su lugar por solo
un hecho de pesada plata o de algo que parecía plata.
Legna se percató de que la Reina también había atado su cabello y por la manera en la que
repetidamente lo tocaba estaba claro que no estaba acostumbrada a eso. En ese momento Legna
notó que los Licántropos estaban incómodos con el cabello recogido. Sus enemigos potenciales lo
sabrían y también en esto la Reina había sido indulgente para distraer sospechas. La sensación que
sentía de los Licántropos estaba cercana a la estrangulación. Había vivido tan lejos de la guerra, de
nuevo por designio de Noah, que no había aprendido ese detalle.
La Reina dirigió una mirada a Legna, al parecer sabía qué estaba pensando porque se inclinó
y le echó una mirada.
—Cuando veas a uno de nosotros cambiar forma, nos entenderás mejor. También entenderás
que cuando está atado, nuestro cabello representa intenciones pacíficas.
Fue una oración enigmática pero suficiente por el momento.
La hembra mestiza se dirigió directamente hacia ellas, saludándolas como si fueran viejas
amigas, sus modales cálidos y agradables como si fueran amigas cualquiera reuniéndose para una
noche fuera.
—Anya, ella es Maggie, Maggie, Anya —dijo Siena, usando el apodo de Legna para
mantenerla en su papel.
—Hola. ¿Listas para irnos?
—¿Justo ahora?
—No hay nada como el presente —dijo Anya, poniéndose de pie de inmediato.
Legna tomó una profunda inspiración y siguió a las dos Licántropos, permitiendo a su
poderosa confianza calmar hasta el último de sus nervios.
En menos de media hora, entraron a un club de baile. Se mezclaron perfectamente con la
mayoría de los clientes femeninos. Anya dirigió a las otras dos mujeres directamente a la parte
trasera del club, haciéndolas pasar por una puerta que se cerró al entrar, disminuyendo el
estruendo de la música que habían dejado atrás. Ella se volvió y les hizo una ligera señal con la
mano, alertándolas de que estaban a punto de cruzar al guarda mágico colocado para filtrar a
aquellos que llegaban tan lejos. Si algo iba a salir mal, sería en ese momento.
Siena y Anya habían pasado antes la guardia con éxito. Podían sentir su energía y su
pequeño remanso de poder maligno, pero también sabían que sólo era una alarma... no que tipo de
alarma usaban para filtrarlas. Siena sospechaba que los machos eran una clave obvia en la lista y
Legna sospechó que también los Demons la activaban. Especialmente con la alta probabilidad de
que Corrine era prisionera en el santuario secreto de los usuarios de magia.
Pero Legna sintió la mente de Gideon fuerte en la suya, asegurándole que estaba en completo
control de sus alteraciones protectoras de sus bioseñales. Estaba muy cerca, probablemente justo
fuera del club en ese momento. Legna incluso podía sentir que Kane y Elijah estaban cerca. Su
hermano era el único que podía permanecer fuera de su alcance.
Todo lo que necesitaba sería su fe en los poderes de Gideon.
Con profundos suspiros las tres mujeres avanzaron. Cuando Anya exhaló con alivio al final
del corredor, todas lo hicieron.
Legna se detuvo para escuchar la voz murmurando alabanzas y confianza en su mente
mientras bajaban las escaleras voladizas que repentinamente las dirigió a una cámara bajo tierra,
aparentemente, directo bajo el club donde habían entrado al principio. Legna buscó nuevamente a
los machos descansando en reserva una vez más, encontrándolos cerca. Se concentró,
asegurándose que sería capaz de teletransportarlas a todas con seguridad en cualquier momento.
Eso probablemente la dejaría exhausta pero no dudaba que lo lograría.
Fuera de la brillante luz, la habitación estaba de hecho tibia y acogedora, decorada con
alfombras persas y muebles antiguos, las paredes de piedra y el suelo de un color rojizo eran lo
único que hacía que la habitación pareciera subterránea. De otra manera, estaba decorada con
comodidad y conveniencia en mente, como si fuera un viejo club de caballeros o un club de
cigarros exclusivo. Excepto que en esta ocasión, estaba lleno de mujeres y los caballeros no estaban
invitados.
—Casi parece como una morada de Licántropos —susurró Siena—. La mayoría de nosotros
vive en cavernas como ésta, colocadas en ricos departamentos, casi idénticos a estos.
—No me sorprendería si fueran exactamente esto —remarcó Anya, sus ojos como los de un
soldado mientras entraba a la habitación, evaluaba sus salidas y toda la situación mientras
entraban—. Una morada abandonada que fue dejada atrás mientras la ciudad sobre nosotros era
construída. No es territorio Ruso, pero no es infrecuente.
De repente, un pútrido hedor pareció golpearlas al mismo tiempo. Tomó toda la fuerza de
voluntad del trío no reaccionar violentamente al horrible olor de los nigromantes que estaban de
pronto a su alrededor. Había tantos que difícilmente podían respirar. Legna se giró hacia la Reina
con los ojos bien abiertos. Con informes o no, no habían sospechado que habría tantos. Esta sección
de humanos mágicos se debía haber reunido durante años. Todo lo que estaban viendo, la
especificidad de las banderas y símbolos decorando las paredes del salón de reuniones, al igual
que el número reunido habló del tiempo que debía haber costado cortejar y ganarse a todas esas
mujeres a la misma causa. Nuevo o no, esto debía de haber tomado algún tiempo para su
elaboración.
—Mi impresión es que las reuniones se iniciaron hace mucho tiempo, pero la organización
por sí misma se ha solidificado en los pocos meses pasados. Aparentemente —remarcó Anya—,
han crecido considerablemente en fuerza y número desde entonces.
—Aparentemente —acordó Siena con severidad, mirando a su alrededor con apenas
enmascarado disgusto y rabia.
Legna reaccionó, colocando su mano sobre el brazo de la Reina, mandándole una cubierta de
calma emocional y facilitando sus pensamientos. Remarcó su voz con bajo y gentil encanto.
—Estamos aquí ahora. No irá más lejos —le recordó a la Reina.
La rabia de la Reina pareció desvanecerse. Siena suspiró con un gutural sonido de
frustración.
—Mujeres. Lo esperaría de los hombres. ¿Por qué mujeres?
—Supongo que el empoderamiento femenino va en ambas vías, Siena, bien y mal.
—¡Que desperdicio! —Refunfuñó Siena.
—Ya sé —la tranquilizó Legna.
Empezaron a movilizarse entre la apretada multitud, luchando contra su repulsión al olor.
Gideon flotó a través de los pensamientos de Legna, calmándola mientras se cubría con la urgencia
de fugarse. El deseo era incluso más fuerte debido a que las mujeres a ambos lados de ella se
sentían exactamente igual. Era comprensible. Para esos depredadores humanos, eran la presa, un
papel al que no estaban acostumbradas y definitivamente no estaban cómodas con él. La sensación
instintiva no era diferente a la que una zorra tirada en una jauría de perros de caza podría sentir.
Incluso Gideon, el fuerte y poderoso Gideon, no podía esconder enteramente su preocupación por
su bienestar. De haber estado él en su lugar, no estaba seguro de ser capaz de permanecer tampoco
tranquilo. Por tanto, trató de decirle que calmara su miedo. Pero no podía imaginar a su poderosa
y Antigua pareja asustada de algo.
Legna era consciente de que notificaba a los otros tres machos la situación y del acuciante
interés de Noah por la información. Pero puso sus sentimientos aparte, sin duda porque estaba
consciente de que lo sentiría. Ella le envió una silente expresión de gratitud que ayudó a calmar a
su hermano.
El trío avanzó, Anya las presentó a las otras mientras entraban a la guarida. Todas las
mujeres hablaban y se comportaban como si estuvieran en una reunión de la alta sociedad, excepto
que en esta sociedad las discusiones hablaban de las muertes recientes o victorias que tenían sobre
ciertos Nightwalkers que habían encontrado. Legna no podía recordar haberse cruzado con otra
reunión de mujeres sedientas de sangre como ellas en su vida.
Era una reflexión de cómo la magia negra que flotaba sobre la habitación estaba
envenenando las almas de esas mujeres. Habiendo aprendido acerca del instinto y la naturaleza en
estos últimos días, Legna entendió que una cazadora sólo cazaba por lo que necesitaba y sólo
mataba por supervivencia y autodefensa. Nunca veía ningún problema y dejaba los altercados por
poder para los machos de las especies.
Esas mujeres corruptas mataban con una perversa visión de autodefensa y veían problemas
con toda su energía y concentración. Eso era antinatural, el comportamiento mutante que hacía su
esencia tan horrenda tan en tono con la naturaleza como eran los Demons y Licántropos.
Se estaba volviendo cada vez más insoportable mientras pasaba el tiempo, pero apretaron los
dientes y aguantaron. La multitud empezó a tomar asiento en un área de sillas que se habían
alineado fila tras fila. Legna advirtió a Gideon de esto, poniéndolo en alerta. Sería muy sospechoso
para la reunión si no tomaban asiento, entonces el trío espía se sentó en la fila de atrás para que
nadie estuviera a sus espaldas y para darse a sí mismas un pequeño descanso del hedor.
Estaban frente al escenario, uno que se elevaba inclinado desde donde estaban, como un
escenario de teatro clásico. Estaba construido de mármol blanco, incluyendo columnas. El color
con alto significado. Representaba su idea de Dios, de la virgen hembra que era pura y justa. La
psicología de ello estaba clara.
Los buenos siempre usaban blanco.
Así, Legna no se sorprendió cuando una trinidad femenina apareció envuelta en ropaje de
seda blanca prístina. Cada mujer tomó una posición en el escenario. Había izquierda, derecha y
centro. Legna inmediatamente reconoció la Triada tradicional, cada una representando la Soltera,
la Madre y la Vieja. Futuro, presente y pasado respectivamente. Sin duda Siena, viniendo de una
especie que tenía una fe profunda en los dioses que estas figuras representaban, estaba
aterrorizada y atónita por la abominación. Legna lo sintió emanando de la mestiza también.
La posición del centro era la posición tradicional de la Madre. Si Ruth era una de las líderes,
debería estar como la figura principal. Eso llenaría su sentido de venganza por su hija traicionada.
Legna trató de obtener impresiones de las tres en el escenario, pero no se atrevió a hacerlo
con mucha fuerza. No había duda en su mente de que esas tres eran mujeres muy poderosas.
Había un nigromante en alguna parte de la escena que era por lo menos veinte veces más poderoso
que el nigromante que Legna había destruido en octubre. Y pesando que ese último había sido
relativamente fácil de matar, eso fue sólo porque había podido utilizar sus poderes mágicos por
sorpresa.
Pero Legna estaba segura que una de ellas era un Demon. Habían estado en lo cierto. Y
mientras se colocaban en su posición y retraían sus capuchas para empezar a hablar con su
audiencia, Legna quedó fascinada por la figura central.
Le tomó sólo un momento percatarse de que la figura de la Madre no era Ruth. Rápidamente
les lanzó una mirada a las otras dos posiciones.
Era la Soltera quien era la traidora Demon.
—Mary —siseó Legna.
No la madre, sino la hija por sí misma. La madre seguramente no estaba lejos debido a que la
novata Demon de la Tierra simplemente no tenía el poder o la sabiduría de planear ataques tan
elaborados. Ruth estaba escondiéndose tras la visibilidad de su hija, Legna lo sabía con tanta
seguridad como sabía el nombre de su poder. Mary no tenía el conocimiento que Ruth tenía, no
importaba que hubiera pasado todos estos años en la casa de su madre. Y habían sido muchos
años. La niña tonta era todavía una novata, una que conocía un poco más que lo que su madre le
había contado. Y aparentemente su madre le había dicho lo suficiente para engendrar odio y una
necesidad de venganza centrados en Jacob.
Legna recordó que la niña nunca había sido criada por un Siddah, su madre se rehusó a
elegir uno desde su nacimiento. Ahora entendía por qué el Fostering era tan necesario. Ruth
ciertamente nunca le había enseñado a la niña nada acerca de respeto y temperamento, sin
mencionar las limitaciones morales de los poderes de los Demons.
La Demon Soltera era una Demon de la Tierra, el elemento más poderoso que podía ser sin
haber nacido Fuego. Y verlo desperdiciado enfermaba a Legna. Peor, Mary se había lanzado a sí
misma entre esos humanos pervertidos. De todas las veces que Noah había bromeado acerca de la
traición, este acto era extremo. Ni siquiera él pudo haber llegado a ese concepto. Ni siquiera como
broma.
Job, el padre de Mary, debía estar revolviéndose en su tumba. Agradecido, de no haber
vivido para ver esta blasfemia. El honor de toda la familia de Ruth quedaría marcado de una
manera de la que tardaría en recuperarse. Ruth, al igual que Mary, debería tener respuestas para
esas acciones. Incluso si no hubiera formado parte, a pesar de que Legna sospechaba que estaba
inmiscuida. Hasta que un niño Demon se convertía en adulto, sus padres y el Siddah eran
responsables por esto como Ruth. También habría estado en la posición de la Madre después de
todo.
La Vieja era la nigromante, notó Legna, enviando este conocimiento a los hombres al igual
que sus otras deducciones. Era la más vieja, pero lejos de vieja y decrépita. La Madre era la líder de
las débiles cazadoras, insignificante a la luz de la noche, mortal como veneno en la luz del sol. Esta
mujer estaba en forma física y bien entrenada y eso radiaba de ella. Por si sola su confianza era
formidable.
—El Demon deberá regresar a su territorio pronto —dijo Mary confiadamente.
La declaración la sorprendió y al mismo tiempo no lo hizo. Jacob no regresaría jamás al sitio
de tal afrenta para su seguridad. La locación había sido expuesta, y debería ser eliminada de su
vida como una serpiente cambia de piel.
Esta era información incorrecta. Noah la había plantado con Ruth de alguna manera. Ahora
el conocimiento estaba siendo filtrado para el plan de repetir el ataque en el hogar de Jacob que
había sido pospuesto ante las masas. Esta vez el enemigo planeaba un pequeño ejército y no iba a
jugar juegos psicológicos. Planeaban tomar al Ejecutor por sí mismo, al igual que a su pareja y su
bebé no nato.
Legna sintió pena por ellas. Mary no les había dicho nada de lo que estaban enfrentando
realmente.
Tratar de capturar un ser como el Ejecutor era casi como tratar de capturar a un puercoespín
con las manos desnudas. La tarea no era imposible, pero deberías pagarlo con denodado esfuerzo.
Para estas mujeres atontadas, Jacob era sólo un engendro del demonio, su pareja (su prostituta) y
el hijo que cargaba era algo como el Anticristo. Mary sólo alimentaba sus prejuicios, alentándolas
con el fuego de su propio miedo y horror y dejando a los humanos totalmente fuera de
preparación.
No las subestimes Nelissuna. Representan un formidable poder. Tendremos que esforzarnos duramente
para deshacernos de todas.
Lo sé. Pero es un gran desperdicio.
De acuerdo. Mary es el más trágico de todos.
Ruth deberá responder por su parte en esto Gideon.
Otro desperdicio. Pero Ruth no es una niña. Sabía lo que estaba haciendo. No puede alegar ignorancia
a su edad, Neliss.
Lo sé —pensó tristemente—. Sólo podemos estar agradecidos por una cosa, sin embargo. Mary es
todavía muy joven para haber sido Siddah de nadie y por tanto no conoce los nombres de poder para dárselos
a los nigromantes.
Espero que tengas razón. Ruth ha sido Siddah de muchos. Mary pudo haber escuchado algunas cosas
en todos estos años. Y sospecho que Ruth no está fuera de cualquier sospecha de un acto tan ruin.
Roguemos porque no lo haya hecho ya.
Las tres interlocutoras tuvieron que esperar algún tiempo antes de que la reunión se
disolviera y fueran capaces de levantarse y moverse hacia otras secciones de las cavernas. Legna
usó de cubierta a la multitud para esconder sus elevados sentidos. Los nigromantes podrían
captarlos, pero pasarían por un infierno tratando de encontrarla mientras ella y sus compañeras
continuaran moviéndose. Aun así, enmascaró sus esfuerzos con sorprendente habilidad.
Legna no pudo sentir inmediatamente nada parecido a la distintiva presencia de Corrine.
Supuso que las emociones de Corrine estaban disminuidas por la inconsciencia. En ese momento
sintió el poder de Gideon a través de ella. Estaba haciendo lo que ella no podía, donde no podía
estar. Vio a través de ella por una presencia conjurada, la sangre dejada atrás asegurándole que
Corrine estaba definitivamente lastimada. No había tenido tiempo suficiente para sanar
naturalmente, entonces para Gideon esto se convirtió una pista a seguir. Con sus poderes
combinados, Legna dibujó una triangulación para la localizar a la Druida. Miró a Siena, quien
también estaba alerta. Legna no conocía la naturaleza exacta, pero la Reina claramente tenía
habilidades perceptivas por su cuenta.
La Reina le susurró a Anya, quien había caminado hacia la entrada de la sección cavernosa
precedida por las otras dos, colocándose en una posición casual como si estuviesen guardando sus
espaldas durante el tiempo que necesitaran para localizar la posición exacta de Corrine. Le tomó
un toque cálido de Siena para mantener a Legna en línea para su objetivo. Legna no era guerrero o
espía. La Licántropo sabía más acerca de esas cosas.
Gideon estaba consciente de que su pareja se aproximaba a muchos guardias en la vecindad
de Corrine. Alejó cualquier ansiedad que hubiera sentido lejos de sí mismo y se concentró en
alimentarla con su poder. También confiaba en las habilidades de Siena como luchadora. La había
visto practicando, día tras día, durante los cinco años que pasó a su lado. Era un oponente
formidable.
—Tengo una idea —susurró Siena, moviéndose hacia atrás hasta que estuvieron aplastadas
contra la pared, una curva lejos de los guardas.
Se levantó para soltar su cabello, sacudiendo los grandes mechones libres, incapaz de
suprimir un suspiro de alivio mientras lo hacía. Legna observó con fascinación mientras los rizos
se movían hacia una posición perfecta, enrollándose hasta donde no deberían ser capaces de
hacerlo. En ese momento fue cuando se dio cuenta de que su cambiante cabello se comportaba casi
como si fuese un apéndice vivo. Esto era otra cosa que Legna desconocía acerca de las especies de
Licántropos.
—Por lo menos sé como alejar las sospechas de los Demons —murmuró.
Entonces la Reina se deshizo de su blusa y se quitó la falda, permaneciendo desnuda
mientras le daba la ropa a Legna. Entonces, mientras continuaba sacudiendo la cabeza, la longitud
de su cabello dorado aumento sobre su piel, cubriendo cada pulgada en suave pelusa. El cabello
empezó a transformarse en piel mientras la Reina caía en cuatro patas.
Con una sacudida final, la mujer se transformó en una bestia salvaje. El gato montés miro
hacia la Demon hembra observándola con una mirada indistinguible. Pero Legna rápidamente se
alejó fuera del pasadizo cuando el gato se agazapó y se acercó a los guardias. Repentinamente,
gruñó, galopando rápidamente hacia la distante caverna, liberando un grito que envió escalofríos
por la columna de Legna.
Con cuidado mi amor, susurró Gideon. Es un hechizo. Naturalmente el grito del gato montés tiene
efectos aterrorizantes, pero ha agregado poder de compulsión.
Legna lo creía. Se había tenido que concentrar mucho para no dejarse vencer por el miedo
que los guardias tenían. Las mujeres lloraron y huyeron de sus posiciones. Pasaron por la posición
de Legna como si los perros del infierno las estuvieran persiguiendo. Legna resistió el impulso de
reír y se apresuró tras Siena. La Reina estaba riendo mientras tomaba su cabello por última vez.
Obviando su desnudez o cualquier cosa más, dirigió a Legna hacia la pequeña cueva que se
encontraba detrás de los guardias. En una pálida cuerda, encadenada cruelmente de tal manera
que la dejaban suspendida en el aire, sujeta por sus sangrantes muñecas, Corrine colgaba
impíamente. Su rostro enterrado bajo la cortina de su cabello.
Legna se apresuró a abrazarla con sus fuertes brazos, sujetando su peso mientras retiraba su
cabello. Si estaba mal herida, sería peligroso teletransportarla. Había sido maltratada, su rostro
cubierto de moretones y sangre, pero Legna sintió que Gideon le aseguraba rápidamente que era
capaz de ser trasportada.
Legna apresuró a la Reina a unirse a ella.
—No, debo continuar este pequeño engaño. Debo salir por vías naturales, ya sea por la
puerta principal o por una de las escondidas que te garantizo están localizadas en estas cavernas.
De esta forma, no sospecharan de mí por nada excepto por el gato montés.
Anya se apresuró hacia la cueva, sin aliento por su excitación.
—¡Ya vienen!
—Te matarán —arguyó Legna—. ¡Es suicida!
—Tienen que apresarme primero —rió la Reina, sacudiendo su cabello hasta que se diseminó
nuevamente.
Legna no perdió el tiempo observando la transformación. Tomó la muñeca de Anya y cerró
los ojos. Se teletrasportaron con un terrenal “pop”, rematerializándose momentos después en el
callejón cercano al club por el que habían entrado.
Gideon y Kane estaban acercándose rápidamente desde la vuelta de la esquina.
—Tenemos que salir de aquí. El juego de Siena es peligroso.
Estuvo claro por el centelleo en los ojos de su pareja que Gideon no estaba complacido con el
comportamiento irresponsable de la Reina. Pero Legna no creyó que fuera tanta la locura. Las
mujeres sospecharían que Corrine había escapado mientras estaban ocupadas cazando a un gato
montés que había, inexplicablemente, entrado en sus cuevas, sin duda por una de las salidas de
escape que Siena había mencionado.
CAPÍTULO 14
—Has estado muy callada esta noche —dijo Noah a su hermana—. Adivino que estás
bastante sacudida por todo este asunto.
Legna no respondió, sólo miró a su hermano mientras él andaba alrededor de la mesa
triangular del Concilio, que habían utilizado para su recién terminada reunión. La libertad recién
descubierta de llevar vaqueros le permitía sostener los pies en la mesa de madera con los tobillos
casualmente cruzados. Ella parecía estar disfrutando de la posición algo vulgar.
Jacob y los otros habían regresado a casa no hacía mucho. Gideon se había despedido con
Kane y una excusa acerca de verificar la salud de Isabella y de Corrine, pero él sabía que Legna
había querido estar a solas con Noah un ratito. Legna comprendió que Noah estaba complacido de
que ella hubiera permanecido atrás, y se odiaba por romper su alegría, pero cuánto más pronto
discutieron esto, mejor.
—¿Noah?
—¿Sí?
Noah la miró, vacilando en su tarea mientras lo hacía.
—He recordado.
Las cejas de de Noah se fruncieron un momento no comprendiendo. Pero cuando leyó la
expresión grave de su hermana y la calma grave en sus ojos, cayó en la cuenta bruscamente de lo
que estaba hablando. Casi rió en voz alta ante la repentina tensión. Se había imaginado este día
durante dos siglos y medio, incluso las palabras “he recordado” y todavía le había cogido
desprevenido.
Noah se movió para sentarse en la silla más cercana, hundiéndose en ella como si la
gravedad hubiera aumentado de repente para él. Legna miró y esperó mientras él se recomponía,
tratando de erigir un blindaje mental pero teniendo muy poco éxito con sus emociones ya en
confusión. No la sorprendió. El elemento entero de Noah estaba basado en la inestabilidad. Era un
crédito a su poder que no se hiciera cargo más a menudo.
—No tienes que explicar los detalles de lo que sucedió. Gideon te ha librado de eso. Pero
pensé que debías saberlo —dijo ella.
—Tuve la sensación de que esto sucedería. —Noah alcanzó a frotar un lugar invisible sobre la
mesa—. Supongo que piensas que te lo debería haber contado antes, ¿sí?
—Sí —concordó ella—. Pero también comprendo por qué no lo hiciste.
—Lo siento, Legna. Había esperado que nunca tuvieras que recordar ese día. Yo... yo estaba
aterrorizado cuando me di cuenta de lo que sucedía entre Gideon y tú. Supe que una ráfaga de
poder como esa abriría toda clase de puertas.
—Lo sé. Cuándo finalmente se abrió, yo también me di cuenta de por qué tú y Hannah os
volvíais locos con esto. Debo decir, estoy contenta de que no es Gideon a lo te opones
sinceramente.
—No —concordó Noah—. No fue Gideon. Sólo las posibilidades de que su influencia
resucitara esos recuerdos. Espero que estuviera allí cuando sucedió.
—Por suerte, sí. —Legna se detuvo durante un largo minuto, encontrándose con sus
preocupados ojos—. Debes prometerme que pararás de tratar de protegerme tan duramente. No
puedes tener éxito perfectamente, y vas a acabar agotándote. Y si voy a la Reina de los Licántropos
como su embajadora, debes mantenerme informada de todas las cosas. Dejarme en la oscuridad
sería insensato.
—¿Entonces estás considerando la oferta?
—Sí. Pero lo debo discutir con Gideon primero. Dime, Noah, por qué pensaste en mí para
esta tarea.
—Como dije, porque confío en ti. Tu lealtad y tu mente abierta son exactamente lo que
requiero. Sabes que eres mi mejor diplomático. No puedo enviar menos.
—Debes confiar en mí en esto también, Noah. No es tu trabajo protegerme ya.
—Tengo miedo de que será un hábito casi imposible de romper —le dijo—. Sin embargo,
intentaré hacerlo así. —Le dio una pálida sonrisa—. Espero que algún día que podrás recordar más
allá de la muerte de mamá cuando ella estaba viva y nos amaba a los dos. Serán excelentes
recuerdos.
—Valdrá la pena sobrevivir a este último si son tan buenos como espero. —Legna dejó caer
los pies al piso y se le acercó—. Ahora, hay algo que necesito que hagas por mí.
—Lo que sea, hermana pequeña.
—Necesito que hables con Gideon. Sí, él está detrás de mis ojos, y sí, él es algo inmune a
incoherencias emocionales de hermanos y hermanas turbados. —Sonrió mientras se paraba detrás
de él y se inclinó hacia delante para envolver sus brazos alrededor de los hombros y abrazarle
apretadamente—. Pero él merece algo mejor que lo que ha estado consiguiendo de ti y de Hannah
esta semana pasada. A pesar de lo que todos parecen pensar, creo que es importante para él ganar
una familia, y yo quiero darle la mía. No conozco nada mejor. —Su voz bajó mientras descansaba
el mentón en el hombro—. Y lo amo, Noah. Con todo mi corazón y mi alma. Tiene una conciencia
de tal profundidad, y una capacidad para necesitarme que nunca pensé posible. ¿Cómo puedo
evitar sentir profundamente por él?
—Lo sé —dijo él tan calladamente, frotando la mano calurosamente—. He estado sintiendo
eso intensamente toda la noche. Estoy feliz por ti. Sinceramente. He sido muy egoísta últimamente.
Para todos mis anuncios tuve miedo de tu dolor, mi motivación fui mi terror de ti encarándome
con la verdad. Lo siento por eso.
El giró la cabeza para mirarla mientras ella le soltaba de su abrazo y se movía para deslizar
su trasero en la mesa cerca de él. Cruzó los tobillos y comenzó a columpiar los pies unidos
adelante y atrás.
—Hoy —continuó Noah—, alguien me recordó del valor de Gideon hacia nuestra gente y me
di cuenta de que había estado olvidándome de reconocer eso. Es una triste devolución para todo lo
que ha hecho ante mis peticiones durante siglos. —Sonrió, estirándose para tirar del extraño pelo
negro que Gideon ya había devuelto a su estado natural—. No es el mismo sin su longitud
verdadera —bromeó.
—Oh, para —regañó ella riéndose mientras liberaba el pelo de los dedos con un tirón.
—¿No deberías ir a casa de tu prometido?
—Mmm, supongo que debería. Quiero asegurarme de que los cuartos de huéspedes están
preparados para la estancia de Bella y Corrine con nosotros. Estoy contenta de que vayan a
quedarse fuera del camino, protegidas por el hecho de que no es probable que Ruth piense en
buscarlas en la casa prohibida del infame Gideon. Tan ventajoso como son sus capacidades, ellas y
el bebé de Bella han pasado por suficiente.
— De acuerdo. —Noah miró su salto en la mesa—. ¿Legna?
—¿Sí?
Noah se estiró hacia su mano, atrayéndola para su breve, cariñoso beso.
—Dile a mi cuñado que espero que aprecie el regalo precioso que le doy este Beltane.
Legna le sonrió, pero la boca temblaba mientras las lágrimas le brillaban en los ojos. Se
inclinó para besarle la frente y entonces se giró, ocultando su emocionada expresión mientras
desaparecía sin un sonido.
Los ojos plateados de Gideon destellaron a la luz de la luna mientras escudriñaba el área ante
él. Estaba encaramado en el techo del hogar de Jacob, mezclándose en la oscuridad de las sombras
alrededor de la chimenea, inclinando su peso suavemente contra la espalda de ella como él la
sostenía a ella. Sentía su poder cubriendo el área. Ella estaba a la búsqueda de las emociones
realzadas de aquellos que estarían descendiendo sobre ellos esa noche con intención enferma en
los corazones.
Gideon era consciente de los pulsos ocultos y de los cuerpos calientes de los otros,
discerniendo fácilmente su ubicación mientras giraba los ojos de un lugar al siguiente. El corazón
de Jacob era el más lento en latir, sobrecargado, sin duda, por la calma que a menudo precedía a
los actos de terrible retribución. Elijah era otra historia. El guerrero era notoriamente sereno en la
caza, pero Gideon podía presentir que la velocidad de su respiración y la sangre no eran normales.
Sospechaba que la hembra de Licántropo que estaba cerca de él quizás tuviera algo que ver con
eso. Elijah parecía estar muy incómodo alrededor de ella. El guerrero sabía cómo era luchar con los
de su clase, así que era entendible. Trabajar con un ex-enemigo reciente tenía que ser
desconcertante.
La Reina misma había disfrutado de la invitación a unirse a esta pequeña emboscada. Su
química del cuerpo, pulsos, y sentidos eran justo lo suficientemente diferentes para ser extranjeros,
pero él sabía lo suficiente acerca de su fisiología después de sus cinco años de "cautiverio" para
saber que ella anticipaba la caza, la batalla, con cada onza de los instintos que gobernaban a los de
su clase.
Estaba Noah también, por supuesto, más la híbrido de Licántropo, e incluso para asombro de
Gideon, el Príncipe Vampiro. No se le había ofrecido una invitación pero había sabido de algún
modo que la acción tendría lugar aquí esta noche. Damien era un aliado que sobrepasaba a todos
los otros. Para empezar, los atacantes no estarían esperando que nadie más excepto los Demons
estuvieran envueltos en esto. A lo más, ellos estarían preparados para que los Ejecutores
estuvieran tan fuertemente protegidos como en el último informe. Seguramente no estarían
preparados para la batalla con Licántropos y Vampiros. Tal colaboración de Nightwalkers no había
sido oída en todos los siglos que habían existido en el mismo universo.
Gideon sentía a Legna, la pesada sensación de ella escudriñando volviendo su atención al
techo donde estaban encaramados. Levantó la cabeza y se estiró hacia lo que ella había sentido.
Latidos de corazón. Docenas de ellos. Y poder. Mucho poder.
Gideon cerró los ojos y alcanzó con su proyección astral a la retaguardia de guerreros que
estaban ocultos más lejos de su posición reconocida. Una vez que les advirtió que era hora de estar
preparados, volvió a su cuerpo y se movió para tumbarse sobre el vientre al lado de Legna, que ya
lo había hecho así. Miraron al horizonte del acantilado, sintiendo intensamente que ellos venían
por la línea de playa.
Los sentidos de caza de Jacob rugieron a la vida junto con los de todos los otros. Estaba a
punto por una razón. Era la primera línea de defensa, Elijah la siguiente. La fuerza atacante
encontraría difícil rodear a estas primeras defensas. E incluso si lograran sobrepasar a estos
formidables combatientes, tendrían a Noah para contenerlos con la siguiente. Si Jacob no hubiera
estado tan lleno de adrenalina y de la necesidad de purgar su ira creciente, quizás había reservado
al enemigo que venía un pensamiento de compasión.
Por otro parte, probablemente no. Estos animales habían venido a su hogar, orquestaron una
tentativa para asesinar a la cosa que significaba para él más que su propia vida. Aunque habían
fallado, responderían por su dolor y heridas. Oirían su rabia sobre cada estremecimiento y temblor
de temor que habían causado que Isabella sintiera, cada lágrima que había soltado desde ese día a
éste. ¿Y ahora osaban volver? ¿Invadiendo su hogar, preparados para destruirlo, a él, y a su
familia?
Oh sí. Aprenderían una gran lección esta noche.
Sobre todo, estarían hechos para comprender cuánto odiaba el hecho de estar allí. El corazón
triste de su novia y los ojos estaban detrás de los suyos propios. Todo su espíritu y pensamientos
cuchicheaban en su mente con deseos de tal violencia que simplemente se irían dejarían a todos
vivir en paz y a su propia manera.
Los agresores vinieron sobre el acantilado en una ola repentina, los nigromantes que
resplandecían de la cabeza a los pies con una luz brillante azul mientras levitaban a sí mismos y a
varios cazadores con desconcertante comodidad. A través de la oscuridad, Jacob vio a los
cazadores sosteniendo ballestas listas, y el olor de hierro oxidado le golpeó palpablemente. Los
pernos en los arcos estaban hechos de hierro, haciendo que los misiles afiladamente puntiagudos
muy mortales. El viejo y pesado metal era la única debilidad verdadera de cada Demon. El hierro
les quemaba, les marcaba, y podía matarles bastante fácilmente si golpeaba a un objetivo
suficientemente mortal dentro de ellos. No importaba cuán poderoso ni cuán antiguo fueron, todos
eran vulnerables.
Jacob juró para sí, pero no se retiró de su posición. Trataba de pensar en cómo podía advertir
a los otros, que no tenían el mismo sentido agudo para este metal terrestre que él. Se estiró hacia
Siena, sabiendo que su vista en la oscuridad era incomparable.
Siena sintió el movimiento de la tierra bajo su mano y se retiró con un suave jadeo. El
guerrero rubio cerca de ella le disparó una mirada mientras ella continuaba mirando fijamente al
suelo. Un dedo invisible dibujaba en la tierra. Maldijo cuando se dio cuenta de que era una
palabra, enviado a ella por el Demonio de la Tierra.
—Hierro —susurró ella a Elijah—. Todos, apostaría.
Elijah no dijo una palabra, solo asintió. Cerró los ojos por un momento y entonces habló la
temida palabra en voz alta. Con una torsión diestra del viento, llevó el sonido lejos y arriba hasta el
techo. La brisa gimió la advertencia suavemente al médico y su compañera.
Ellos se miraron el uno al otro, sabiendo que era demasiado tarde para que advirtieran a las
tropas detrás de ellos. Podían ver la masa de mujeres voladoras que corrían sobre el acantilado.
Jacob esperó todo lo que pudo, deseando que fueran agarrados por la sorpresa tantos como él
pudiera manejar. La única manera de hacer eso sería esperar hasta que ellos estuvieran todos en el
suelo en su nivel. No tenía el lujo del tiempo, se dio cuenta, el hedor de la magia negra se
derramaba sobre él con la misma velocidad que su avance. Quedándose bajo, enterró los dedos en
la tierra.
—Ven, Señora, déjanos enseñar a estas abominaciones a no engañar a Tus hijos —susurró a la
arcilla bajo él.
Con un sólo gesto, ambos, Jacob y una enorme pared de tierra se alzaron hacia los cielos. El
área entera retumbó con el rugido del suelo creciente. Las fuerzas que venían se encontraron a sí
mismas siendo lavadas sobre una onda atronadora de tierra y piedra y de otros escombros
naturales.
Los nigromantes escaparon con más comodidad, elevándose más alto en el aire y fuera del
alcance de la onda dañadora; sólo la mitad de los cazadores se encontraron a sí mismos siendo
recogidos a remolque con ellos. La otra mitad sucumbió a la fuerza y el peso completo del ataque.
Gritando, chillando órdenes, y la salvaje confusión siguió. Jacob no esperó mucho tiempo antes de
levantarse para alterar las fuerzas de gravitación en la playa debajo de su forma voladora.
Instantáneamente, los cuerpos fueron atrapados en el obstáculo de su propio peso, la fuerza
aplastando lo bastante para golpearlos bastante duro sobre las piedras.
Otra vez, fueron los usuarios-de-magia los que rodearon su ataque. El fue de repente el
objetivo de brutales relámpagos de electricidad. Fue golpeado duramente, empujado sobre el risco
y conducido hacia abajo al suelo, la fuerza del golpe de su cuerpo despedazando la tierra en una
franja de diez pies.
Elijah fue el siguiente en saltar al aire, pero a diferencia de Jacob, su cuerpo tenía la
consistencia del viento, y los ataques eléctricos no tuvieron efecto en él. Cuando levantó el océano,
trayendo aire caliente y agua fría en una mezcla lo bastante perfecta como para dar a luz a una
niebla horriblemente densa, las fuerzas opuestas se encontraron a sí mismas cubiertas con la niebla
cegadora.
Desde el tejado, Gideon y Legna se habían levantado. Cuando la niebla avanzó a un punto
sobre ellos, vieron los brillantes cabellos dorados de la Reina de los Licántropo golpeando en el
creciente viento alrededor de ella, los rizos resbalaban como mil dedos alrededor de su cuerpo
ahora desnudo. Legna miraba con fascinación mientras el pelo se extendía sobre cada onza de
carne, volviéndose un abrigo rico de piel mientras se dejaba caer a cuatro patas. Con un temblor
poderoso de todo su cuerpo, bastante parecido a la sacudida de un perro quitándose el agua, se
transformó de una hermosa mujer a un letal puma.
El chillido del gato resonó gozosamente en la confusa niebla, provocando gritos asustados de
temor. Las fuerzas aterrizaban en el suelo cinco y diez a la vez, sólo para estar perdidos los unos
de los otros inmediatamente. De repente un horrible chillido se alzaría del barullo, el grito de
muerte de un humano que se había encontrado con una cazadora bastante ansiosa en la forma de
un gran gato de ojos dorados.
El Vampiro se unió el león, volando en la niebla con el salto del último depredador. A los que
llegaron a ser sus objetivos, al principio no había nada excepto la humedad gris de la niebla, y
entonces, de repente, había una criatura tan oscura y rápida que era sólo el alivio de sus colmillos
blancos lo que les advertía dos segundos antes de que golpeara. Los cazadores eran sólo humanos
de gran destreza, así que era seguro para él tirar primero uno, luego otro, para dejarlos secos con
su colmillos poderosos.
Era la sangre ennegrecida de los nigromantes lo que no podía beber, pero los humanos
fueron drenados dentro del todo de sus vidas antes de dejarlos caer lejos de él. Había un cierto
placer implicado, como era siempre el caso al tomar sangre femenina. Dentro de poco el gruñido
de los colmillos se convirtió en sonrisa sus ojos oscuros brillaron como ónice ante el alto erotismo.
Atrapó un par de pernos de ballesta de hierro en áreas no vitales, pero las heridas sólo le
permitían cambiar su sangre abasteciéndose más rápido. Mientras estaba siendo drenado, estaba
siendo rellenado. Era la primera vez en siglos que había sentido un pulso verdadero dentro de él
mismo. Era el latido artificial del suministro fresco forzando el suministro existente fuera de las
heridas abiertas, pero era suficiente cercano a los trabajo antiguos de su todavía corazón para darle
una ráfaga poderosa.
Con las tropas cegadas, los nigromantes sabían que estaban en apuros. Los que habían
dominado esclavizando Demons empujaban a un contingente inesperado de Demons por la playa.
Habían sido Transformados, sus emociones desviadas golpeando a Legna con sobresalto y vil
claridad. Ella tropezó hacia atrás con la fuerza de ello, y Gideon apenas la agarró antes de que ella
cayera rápidamente por la pendiente del techo. Cociéndola en sus brazos, saltó al suelo con un
gran salto de poderosos músculos y tendones flexibles.
En el minuto en que la tierra estuvo bajo los pies otra vez, Legna comenzó a recuperarse.
Gideon supo esto porque su rabia inmediata ante las abominaciones que ella presentía resbalaron
por él como una fuerza física. Sabía lo que ella sabía, y ambos sabían que esto era un
problema. Con Jacob todavía abajo y atrapado en la niebla con la fuerza de aterrizaje, y con
Isabella muy lejos en su lecho de enferma, estarían forzados a destruir a estos Demons
Transformados ellos mismos.
Era comprensible que estuvieran en problemas al darse cuenta de esto. Luchar contra los
Transformados era la batalla más difícil que un Demon supiera. Y de todos ellos Gideon y Noah
eran los únicos a parte de los Ejecutores, que tenían alguna experiencia. Aún así, sus experiencias
eran al menos un siglo de viejas, y a lo sumo bastante limitadas. Legna concentró su atención en
Noah, comprendiendo de repente que él no podía parar su asalto con Jacob yaciendo en el centro
del campo de batalla. El Demonio de la Tierra sería tan vulnerable al fuego como cualquiera de los
otros.
Legna desapareció con un golpe en el aire antes de que Gideon pudiera pensar en pararla.
Ella lo sentía gritar en su mente mientras reaparecía en la franja golpeada y levantada de tierra que
Jacob había dejado detrás de él. Se agachó, mirando a través de la niebla por él. No estaría lejos,
pero tenía que estar frío para no estar exhalando ninguna emoción. Y como un Demon típico, justo
entonces él debía haber estado bastante cabreado también.
De repente alguien corrió fuera de la niebla y casi tropezó con ella. Los ojos de la cazadora
humana se ensancharon ante el encuentro inesperado, pero ella levantó su ballesta y disparó.
Legna evitó que el perno acertara en una parte esencial del cuerpo, pero cuando se alejó sintió un
dolor increíblemente ardiente y calor cortando a través de sus vaqueros y muslos. El rugido de
rabia de su compañero se ahogó en su grito de dolor, el aterrador sonido de ello resonando por la
niebla. Pero Legna no era la flor delicada y elegante que todos parecían pensar. Vaciló apenas en
volverse a poner de pie. Aparentemente, a juzgar por la mirada de confusión y asombro en la cara
de la cazadora mientras Legna daba un paso con la amenaza obvia hacia ella, la humana había
esperado que se desintegrara, quizás como los vampiros hacían en los programas de televisión
cuando les atravesaban el corazón con una estaca.
Esperaré hasta que averigüen cuán bien está yendo, pensó ella malvadamente mientras se lanzaba
contra su atacante. Legna agarró a la mujer por la sección media, desarmándola mientras la
ballesta volaba de las manos sudorosas. La cazadora golpeó el suelo con un gruñido, seguido por
inmediato segundo gruñido cuando Legna botó sobre ella, conduciendo la rodilla hacia abajo en su
esternón. Con toda su repugnancia y su rabia, Legna se sacó el perno de hierro de la pierna,
chillando mientras el hierro le quemaba la mano y luego lo hundió en el pecho de su víctima.
Dejó a la humana jadeando por un aire que no le llenaría los pulmones colapsados. Se puso
de pie y giró con un salvaje arrojo de su floja trenza, sintiendo los sonidos, los olores y las
sensaciones de la noche que la llenaba, aumentando, llamando a la cazadora interior.
Reconoció inmediatamente que Jacob estaba a diez pies a su derecha. Avanzó corriendo tan
rápido como se atrevió en la niebla. Se encontró con otra cazadora por el camino, y esta vez estaba
preparada. Se zambulló en la mente de su adversaria, causándole una ráfaga de miedo en ella
hasta que el corazón golpeara demasiado duramente para que su cuerpo lo manejara. Frenó sólo
un minuto después; había muerto literalmente de miedo.
La empática se dejó caer de rodillas al lado de Jacob. Las manos golpearon su cuerpo
enfriado y sin un momento de vacilación lo teletransportó a salvo. Legna dejó caer a Jacob en la
sofá de su salón y se teletransportó una vez más, apareciendo esta vez al lado de su hermano.
—Jacob está a salvo. ¡Vamos! —Noah asintió una vez y comenzó a robar energía de los
enemigos ante él, convirtiéndola rápidamente en una pared de fuego. No se preocupó por Siena.
Sentía su calor y su energía fácilmente y era consciente de que ella estaba rodeando el área
objetivo. Damien se estaba lanzando lejos al suelo para hacer lo mismo.
El mundo se alzó en llamas, chillidos de dolor, muerte y conmoción llenaron el aire de la
noche junto con el humo y el olor de carne abrasada. Pero una vez más fueron los usuarios de la
magia los que lograron salvarse. Los nigromantes comenzaron a aterrizar más allá de la línea de la
pared de fuego, encarándose con Gideon, Legna, y Noah. Elijah estaba desdoblándose para llamar
a la retaguardia y la híbrido yacían en silenciosa espera mirando para tomar la indicación de los
Demons.
Noah comenzó a despedir pequeños meteoros de llamas a las hembras corruptas. Gideon tiró
un cuchillo del muslo y lo envió volando a un nigromante mientras se estiraba para agarrar a un
segundo alrededor de la garganta. Ella se arrugó instantáneamente cuando él se zambulló en su
cuerpo y ordenó al corazón que se detuviera.
Legna había reaparecido al lado de su compañero poco antes de que comenzara este nuevo
ataque violento. Era consciente de sólo una cosa: Los Demons transformados estaban tropezando
en la oscuridad, la mayor parte en llamas, ninguno de ellos sintiéndolo. Morirían finalmente, pero
podrían tardar muchísimo tiempo hacerlo y podían causar todavía mucho daño en el ínterin. Se
envió a si misma fuera, proyectando sus pensamientos de algodón de azúcar primero a uno, luego
a otro. Los tenía atrapados en pensamientos de consuelo al principio, pero luego se dio cuenta de
que no iba a retener su atención mucho más. Si consiguiera pararlos y sentarlos tranquilamente, el
fuego los consumiría más rápidamente sin darles la oportunidad de dañar a nadie.
Finalmente ajustó sus visiones a unos de naturaleza carnal. Los Demons Transformados solo
tenían dos pensamientos: libertad y lujuria. Ya tenían uno, así que el segundo fue todo lo que
permaneció para atraparlos. Los Transformados comenzaron a caer al suelo, dejándose caer
pesadamente alrededor con una alegría y placer grotescos mientras agarraban a compañeros
imaginarios.
Débil por la pérdida de sangre y todo su teletransportación, Legna sólo podía atrapar a tres
de ellos a la vez, dejando a otros dirigirse a su hermano y su amado.
Gideon sintió a Legna caer de rodillas. Ella estaba demasiado cerca de la lucha para dejarla
donde estaba, y demasiado débil para moverla. Pero al mismo tiempo, tocarla quizás interrumpiría
el tenue control que ella tenía sobre los tres Demons Transformados. Su única elección era
combatir, para protegerla eliminando cualquier amenaza que avanzara.
Gideon tiraba su segundo cuchillo mientras recuperaba el primero, girando mientras se
movía con la velocidad del relámpago. Vio a Noah drenando energía de una hembra hasta que
colapsó y luego enviando una flecha de fuego a la siguiente. Muchos de ellos conocían un hechizo
protector, algunos de los ataques elementales rebotaron en mujeres ilesas.
Damien voló de repente fuera de la niebla y oscuridad por detrás de las arpías atacantes.
Tenía la capacidad de lanzar temor ante él, justo como Siena podía, aunque en un nivel diferente,
menos natural. Era un poder de pura oscuridad, de la malevolencia que causaba inexplicablemente
el temor a la oscuridad, a los monstruos bajo la cama, o a la inevitabilidad de la muerte mientras
ese caballo y jinete cabalgaban a través de una tumba. Desde que era parte de cada ser viviente en
el planeta, ninguna protección los podía proteger de ello. Las protecciones evitaban que cosas
como el poder y las armas entraren, la oscuridad que Damien manipulaba ya existía dentro del
escudo y dentro de las personas mismas.
Los usuarios de magia perdían la concentración a derecha e izquierda mientras él avanzaba,
todas las salvaguardias y medios mágicos destruidos junto con su foco quebrantado. Comenzó a
agarrar nigromantes de uno en uno, retorciendo rápidamente sus cuellos delicados precediendo
un descarte sorprendentemente casual de los cuerpos restantes. Para Damien, no era diferente de
deshacerse de la basura, y lo mostraba. Demasiados de estas criaturas habían clavado en estacas a
sus hermanos en el sol de mediodía para alegría de mirarlos quemándose hasta las cenizas, y no
merecían ninguna de compasión o misericordia.
Al contrario de la creencia mítica, un Vampiro no estallaba en llamas de repente cuando era
expuesto al sol. La criatura encarcelada ardería como un fuego de musgo, hora tras hora, chillando
sin duda por la misericordia todo el tiempo. ¿Y por qué? ¿Por tener un cuerpo de química diferente
que aumentaba sus sentidos mentales, les daba la capacidad de volar y la necesidad de sangre para
sobrevivir? La mayoría lícita de la raza no mataba cuando se alimentaban, y la idea de convertir a
los humanos en Vampiros era la más ridícula en la historia humana. Como toda especie, los
Vampiros nacían a este mundo.
Así que Damien no sentía culpa, ningún dilema moral en deshacerse de estas mujeres de esta
manera. Era un destino mucho más misericordioso que el que ellos habrían planeado para él si les
dieran la oportunidad. Aún más misericordioso que los destinos que ellos habían planeado para la
hembra del Ejecutor y su niño no nacido, aún inocente.
De repente, una segunda onda de tierra encrespada se elevó bajo los pies de la primera línea
de Demons, derribando a los combatientes hacia atrás a las manos suaves de la Madre Tierra. La
onda alcanzó al enemigo, haciéndolos surfear como madera flotante a la orilla del precipicio,
lanzando a muchos de ellos lejos.
Había una oleada masiva de poder por detrás de la primera línea de Demons combatientes
mientras los refuerzos llegaban. Fue un alivio sentirlo. El más poderoso de su especie había hecho
lo peor, había destruido a la mayoría de la amenaza, pero les había costado todo en energía y
salud. Era tiempo para que la primera línea retrocediera y confiar en que los otros terminaran la
batalla.
Jacob se apresuró hacia Legna, que yacía en un colchón suave de tierra aireada que le había
proporcionado. La alzó a sus brazos y acomodándolos en el asidero de la gravedad, usándolo en
vez de propulsarlos hacia el cielo y detrás de la línea que avanzaba.
Gideon estaba sobrepasado por el impulso de ir por ella pero sabía que estaría a salvo con
Jacob por el momento y le necesitaban para luchar donde estaba. Elijah levantaba la niebla
mientras los que habían sobrevivido al último ataque se elevaban sobre el acantilado una vez más.
Se encresparon arriba como una multitud enfurecida de pájaros depredadores, chillando hechizos
y conjuros mientras encaraban la fuerza de los Demons.
Desde ese momento, todo fue bastante sobre magia y mutilación criminal. Natural contra no
natural. El mal contra el Justo. Jacob dejó a Legna en las patas del puma que había dado un rodeo
para salir de la línea de batalla. Yacía sobre el brazo de Legna, lamiendo perezosamente las heridas
que estaban dispersadas sobre su abrigo dorado mientras sus inteligentes ojos dorados aseguraban
al Demon que ella protegería a Legna ahora.
Jacob volvió. Tenía algunos Demons Transformados de los que ocuparse ahora que le habían
vuelto los sentidos. Era positivo que las pequeñas manipulaciones de Legna de sus mentes
pervertidas no podían durar mucho más, si verdaderamente la mujer apenas consciente todavía las
sostenía. Esto era su deber, castigar él mismo sus maldades y perversiones, incluso si fuera un
subproducto de ser manipulado por la magia negra. Estaban más allá de la redención ahora, más
allá de esperanza de recuperación. La única misericordia que les podría mostrar sería sus muertes
rápidas. Por primera vez deseaba que Bella estuviera allí con él. En esto era donde ella sobresalía;
esto era donde ella habría sido su alivio. Ella era como un ángel de la misericordia a las pobres
almas, y ella habría barrido el campo con sus habilidades innatas para traerles paz de tal tormento.
Esto, se dio cuenta, habría sido la mejor venganza: privar a estas rameras depravadas del poder de
los Demons que habían capturado, alejando sus premios y su acceso para más poder con el cual
hacer más monstruos desgraciados y mortales.
Los pernos de hierro volaban con más certeza ahora que la niebla se había afinado, y los
Demons comenzaron a tomar tanto heridas como los accidentes. Los nigromantes estaban
dirigidos de lleno al combate, arrastrando a cazadores frescos con ellos. Esto no era el pequeño
ejército del que habían oído en la reunión. Noah comenzó a sospechar había habido una mano
escondida en algún lugar de la línea. Con tantas personas implicadas, siempre había una
posibilidad. Sospechaba, sin embargo, que el rescate de Corrine había sido la causa de la entrada
humana adicional. El Rey Demon creía que, cuando esta batalla terminara, la raza de los Demons
habría dado un golpe poderoso en las filas de nigromantes. Las femeninas, al menos. La pregunta
que quedaba era ¿se daba cuenta Mary de que ella había sido cogida? ¿Y qué acerca de Ruth?
¿Ahora tendrían ellos que cazarlas a ambos antes de entregarlas a la justicia del Ejecutor?
Los Demons siguieron el ejemplo de los Antiguos entre ellos, cambiando al combate cuerpo a
cuerpo para zambullirse más allá de las protecciones mágicas que servían para defender de
ataques elementales. Era en ese punto que la híbrido de Licántropo hizo su aparición. Ella quizás
habría sido la más débil de todos ellos en un cierto sentido, pero era una combatiente notable.
Estaba claro que si hubiera sido una completa Licántropo, habría sido alguna forma de zorro o
zorra. Demostraba tener agudos dientes, pequeñas garras negras, y una velocidad sinuosa que la
dejaba más pequeña que un rayo de ropa negra de cuero y pelo castaño. Cuándo se detuvo, las
víctimas comenzaron de repente a caerse como dominós, las gargantas abiertas con esas garras
diminutas pero mortales. Ella se detuvo para lamer una de las pequeñas hojas negras, entonces
sonrió y fue una vez más una mancha.
La marea de la batalla siempre parecía estar a favor de los Demons. Eran combatientes más
hábiles y experimentados. La gracia salvadora de todas las guerras a las habían sobrevivido tenían
que ser las habilidades que habían ganado, para ser utilizadas ahora en la defensa. Era toda una
tragedia de terribles proporciones. Los cazadores pensaban que ellos podrían ganar con la versión
humana de grandes habilidades luchadoras, ciega motivación y siguiendo la causa cuyo propósito
verdadero era honestamente desconocido para ellos. Nadie disfrutaba de la idea de dañar a estas
almas equivocadas, pero serían insensatos de permitirles ir y sobrevivir para perpetuar más de este
descontento atroz.
Mientras los humanos comenzaban a retroceder y a retirarse de las habilidades de batalla de
los Demons, los Demons sintieron una pequeña victoria. Al igual que con todos tales conflictos,
habría ramificaciones de esto. La lucha había sido encubierta de la curiosidad dominante del
pueblo humano, con el aislamiento del hogar de Jacob y con la niebla y las tormentas con que los
Demons del Viento cubrían el área. Los cuerpos serían enterrados y serían destruidos. El campo de
batalla sería devuelto a su naturaleza perfecta sin más que una mota de sangre para mostrar el
trabajo de la tarde.
E incluso había una permanente mancha fluyendo por todas las almas sobrevivientes de esa
batalla. La pérdida de vidas, humanas y Demons, todo a causa de la necesidad de venganza, nunca
podría ser compensada.
Por último la lucha acabó. Hubo una pequeña ceremonia, y menos júbilo. Los únicos
humanos sucios que quedaban eran los muertos y heridos. Muy pocos habían huido más lejos que
la playa abajo, y era sólo un asunto de minutos antes de que los guerreros los alcanzaran.
Comenzaron a reunir prisioneros. Gideon demostró su notable capacidad de arrojar una poderosa
energía de éxtasis a través del campo, ayudando a mantener a los heridos hasta que los guerrero
Demons corpóreos los pudieran alcanzar. Sostuvo esta extensión de enorme energía mientras
giraba para encontrar a su compañera.
Un Demon adulto la había ayudado brevemente, lo bastante para contener la marea de
sangre que había salido a chorros de ella. Gideon se arrodilló al lado de su figura pálida, mirando
al animal Licántropo al lado de ella sólo un segundo. Se estiró para acariciar el pelo manchado de
tierra de Legna y una mejilla rayada con sangre de sus propios dedos cuando ella se había rascado
una picazón o empujado el pelo irreflexivamente. Su suministro de sangre era peligrosamente
bajo, el corazón bombeaba valientemente para intentarlo y circular tan rápido como fuera posible
para mantener sus niveles de oxígeno.
Gideon colocó una mano en el muslo herido, sintiendo la quemadura residual que los
fragmentos de hierro habían dejado atrás. El curador adulto había sido sabio no intentando curar
esta herida. Estaba más allá de su habilidad y podría haber hecho más daño que bien. Gideon la
podría curar, extrayendo los restos de hierro mientras lo hacía. Estaría marcada por ambos lados
del muslo, pero eso era una consecuencia pequeña teniendo en cuenta que quizás hubiera muerto.
Se estiró hacia ella con su poder, cerrando los ojos mientras le acariciaba distraídamente la
herida a la vista con la increíble gentileza. Curó el hueso mellado y continuó hacia afuera. Al
mismo tiempo, le rodeó la muñeca con la otra mano y alimentó una transfusión de su sangre en su
cuerpo débil. Sólo le podría dar lo bastante para mantenerla, porque estaba débil y todavía gastaba
una tremenda energía en demasiadas direcciones donde le requerían. No se había sentido tan
drenado en mucho tiempo. La último vez también había estado durante una batalla de esta clase.
Había esperado que nunca estaría implicado en tal cosa otra vez, pero parecía que el ignorante y el
corrupto hacían su camino a costa de sus deseos de una vida pacífica.
Ella se removió, su nombre la primera palabra en los labios. El sonrió ante eso, luego se estiró
para lanzar un profundo sueño inducido en ella. Se puso cómodo, su agotamiento creciendo
mientras aguantó el campo de éxtasis en aquellos que aún no habían recibido atención médica.
La Licántropo que había protegido Legna comenzó a sacudir la cabeza brillante, la piedra de
la luna y el collar de oro tintineaban en sus eslabones. El pelo comenzó a despegarse de su cuerpo,
volviéndose más y más flojo hasta que se cayó en gruesas espirales. Con un estremecimiento
majestuoso, pasó de un felino nervioso a una humana atlética. El pelo ocultaba su figura desnuda
mejor que un traje de baño, pero la zorra híbrida se acercaba a su Reina con su ropa en ese
momento. En un minuto, Anya dejó caer un sencillo vestido sobre la cabeza de la Reina. Una vez
que se asentó sobre sus curvas, ambas mujeres extrajeron el pelo de debajo.
Gideon le dio pocos pensamientos a las acciones que sucedían tan cerca. De lo que se dio
cuenta fue que Elijah miraba a la Reina con una oscura, meditabunda expresión. Mirar el cambio
de la Licántropo lo había perturbado. Sin duda le había devuelto muchos recuerdos de sus batallas
con ellos. Ellos fueron combatientes violentos; uno tenía que respetarlos o encontrarse bastante
muerto. No le sorprendió a Gideon que Elijah permaneciera cauteloso de las intenciones de ella.
Elijah se movió más cerca mientras veía el balanceo de Gideon bajo la tensión de sus
esfuerzos, aunque el médico ya estuviera sentado. El guerrero alcanzó a Gideon un momento antes
de que el Demon cayera en una inconsciencia agotada. Lo agarró detrás de la cabeza y lo bajó con
cautela sobre su espalda. El guerrero era consciente de que los ojos dorados estaban fijos en él y
alzó la mirada encontrándolos.
—Eres extrañamente tierno para un combatiente —reflexionó ella suavemente, parpadeando
y aparentemente examinándolo con esos ojos vívidos.
—Eres extrañamente... pacífica, para un Licántropo —le devolvió.
—Y dudas de mi sinceridad.
—¿No lo harías tú?
—Pensaría que eres un tonto total si no dudaras de mi, guerrero. En vez de eso, estoy forzada
a respetar tu rara inteligencia. ¿Ahora qué, supones, debería hacer desde aquí?
Ella le dejó colgando en pregunta, levantándose y dejándolo antes de que pudiera formular
una respuesta. La miro irse, su mirada buscando y curioso mientras se fijaba en el movimiento
felino que ella mantenía en su forma humana así como ella lo hacía en su forma como leona.
CAPÍTULO 15
Todos los Demons perdidos excepto el Transformado estarían llorando la muerte de los suyos
en vísperas de Beltane. Habría corazones heridos y lágrimas para empapar la madera de las
hogueras. Y mientras ardían, aquellos fuegos se tenderían hasta que las antorchas del Beltane y
hogueras pudieran encenderse de ellos. Esto era el ciclo de vida, lamentablemente no un
simulacro, de la muerte al renacimiento. Esta era la naturaleza de Beltane, el Rito de Primavera, en
su más escarpada definición.
El Transformado ya había sido destruido. En el momento de morir, estallaban en llamas,
quemándose a ellos mismos. Jacob tomó la tarea de crear una enorme tumba para sus enemigos.
Esto era un superficial final para una vergonzosa pérdida de vida. Elijah emprendió la tarea de
organizar a los prisioneros para la el interrogatorio. Gideon y Legna se recuperaban en la mansión
de Gideon.
Como Noah esperaba, Mary y Ruth, no se encontraron en ninguna parte. Le enfurecía
comprender que este traidor comportamiento había ocurrido bajo sus narices durante meses. Ruth
y Mary habían juntado y organizado estas fuerzas contra ellos, habían planeado contra Jacob y
Bella, incluso cuando Ruth había estado sentada la semana anterior a la mesa del Consejo en su
honorable asiento. Esto le dolía gravemente, dejándolo deprimido y cansado.
Sin embargo, estaba jugando al anfitrión para un Príncipe Vampiro y una Reina Licántropo.
Tenía que apartar a un lado sus emociones para ayudar a preparar la próxima celebración, la cual
había ampliado la invitación y había introducido a los Licántropos para darles la bienvenida del
mismo modo que a los Vampiros. Pequeños contingentes de cada uno se unirían al festival Demon,
el primero en la historia conocida. Esto era lo único que levantaba el espíritu en la entristecedora
situación. No era la permanente Paz Mundial o algo tan grandioso, pero era un principio.
Cuando Gideon finalmente despertó las dos completas noches después, abrió los ojos para
ver a su compañera sentándose en su vanidad, vestida sólo de una toalla de baño y la longitud
mojada de su pelo. Estaba llenando el centro de su palma con una aromática loción que él le había
regalado hacía unos días. De alguna manera le había recordado su olor, no es que alguna vez
pudiera realmente duplicarse tal perfección. Él lo había alterado, trayendo la química en una
mezcla satisfactoria entre su olor y el aceite de sus especias favorecidas, que le había pedido a
Jacob que se lo recuperara.
Ella extendió la crema sobre sus manos y brazos y Gideon se endureció al instante. Sus largos
dedos deslizándose sobre la piel, la loción dejando un luminiscente brillo en ella mientras los
sanadores minerales reflectaban la luz incluso en su suave estado natural. Mirándola tocar su
propia piel en esta sumamente sensual forma hizo que cada célula de sangre en su cuerpo se
calentara en cuestión de segundos. Sus dedos acariciaron sobre el hueco en la clavícula que
siempre le fascinaba, la curva del cuello a la garganta del cual conocía bien su sabor, y el deseo se
apretaba atravesándole, su carne solidificándose igual que el duro granito, el dolor de la brutal
necesidad imposible de confinar en los límites de las ropas que había estado llevando mientras
dormía.
Él la ansiaba terriblemente, su cuerpo que sentía hambriento y privado de su presencia y su
única textura aún cuando indudablemente hubieran estado durmiendo espalda con espalda
durante todo el tiempo de curación. Probablemente ella no se habría despertado mucho antes que
él. Quizás lo justo para darle tiempo a ducharse.
El olor de la loción lo alcanzó en fragantes ondas, pero él permaneció todavía quieto,
mirándola cuando la crema alcanzó la extensión de sus hombros y la parte superior del pecho. Ella
alcanzó bajo su brazo para aflojar la toalla, dejándola caer de su cuerpo de modo que se sentó
completamente desnuda ante el espejo. Gideon sintió el amor y el fuego chamuscando a través de
él en una inexplicable sociedad. Era hermosa y deseable, apacible y atractiva. Se sentaba allí
administrando cuidados a su cuerpo ya perfecto y la pose que ella inadvertidamente alcanzó
quedaría marcada en para siempre en su memoria. Ésta, se dio cuenta, era la mujer que para la que
él había sido creado para amar. De algún modo había sido bendecido con la perfección de su
belleza interior y exterior, su alma prístina tan libre de las manchas que él mismo había llevado de
su imperdonable pasado.
Imperdonable, excepto para ella. Esta hermosa criatura con sus generosas maneras sería su
absolución. Siempre que tomara su placer en su bienvenido y hambriento cuerpo, ella le daría un
regalo de paz y reconciliación, envolviéndose ella misma a su alrededor con el toque de su alma
complementaria, borrando el pecado con sus suaves gemidos y entrelazando sus manos.
Gideon sintió el ardor de la inesperada gratitud en sus ojos y deseó poder apartar la mirada
de ella lo suficiente para dar alivió a su aplastante emoción. Pero no podía, y no hizo. En cambio la
dejó simplemente fluir sobre él, mezclándose con su pulso necesitado de ella.
Legna continuó mimando su cuerpo, girando un poco de vez en cuando para estudiar sus
rasgos y su perfecta piel. Sus manos se deslizaron barajando sobre sus pechos, deslizándose sobre
el estómago y entonces se volvió para levantar la pierna sobre el banco en que estaba sentada. Fue
entonces que lo notó mirándola. Sonrió, inclinando ligeramente la cabeza mientras intentaba
descifrar sus pensamientos y emociones en ese momento.
Antes de que realmente tuviera una posibilidad, Gideon se movió por fin, saliendo de la
cama mientras ella descansaba su curiosa mirada fijándola en su acercamiento. El Antiguo sintió
sus conocidos ojos vagando sobre el muy ostensible mensaje de necesidad que su cuerpo mostraba
tan impenitentemente. La astuta sonrisa de interés y contemplación de ella hacía que se deslizara
igual que un cuchillo a través de su ya despertado cuerpo. Él tomó su mano cuando se acercó a
ella, usándola para dirigirla alejándola de la vanidad, de espaldas al espejo mientras él tomaba la
botella de loción. Él se llenó la palma con ella mientras se arrodillaba ante ella. Él tomó su pie
posándolo sobre su muslo y despacio comenzó a extender la crema por su pierna con un suave
masaje de ambas manos.
Legna suspiró suavemente. Sintió su toque como el bálsamo que era. Él, por supuesto, había
comenzado con su pierna herida. Ésta le dolía bastante, así que se alegró cuanto él se concentró su
cuidado en ella. Sus manos estaban calientes sobre el área todavía cruda. Él estaba completando la
tarea que dejó sin concluir debido a su debilidad después de la batalla. Entumecido el área con sus
endorfinas naturales, y ella se alegró de ello porque extirpó unos restos de hierro antes de
continuar sanándola. El alivió fue instantáneo. Exhaló feliz mientras él arrojaba las briznas de
hierro lo bastante lejos para depositarlo en una cercana papelera.
Legna se estiró para pasar los dedos a través de su pelo, acercándolo de modo que su oído
quedó bajo la respiración de sus labios. Ella le besó suavemente justo allí debajo.
—Déjeme terminar esto, amor. Dúchate. Relájate. Todavía estaré aquí cuando vuelvas —
murmuró ella gentilmente.
—¿Tratas de decirme algo? —Preguntó él con tranquilo humor, besando su mejilla cercana
con un susurro de sus labios.
—Uno de los beneficios de civilización que me niego a abandonar a mi instintivo lado es el
beneficio del agua y jabón cuando viene a quitar el olor de la batalla.
—Ya veo. Para mí, el fragor de la batalla en tu sangre era... Hermosa. Eres una de las grandes
creaciones de todos los tiempos, Nelissuna.
—Mentiroso. Quisiste estrangularme al momento después de que abandonara primero tu
lado.
—Eso, mi amor, está completamente fuera de discusión.
Ella se rió tontamente, retirándose para emparejar la plata con la plata, buscando su mirada
durante un largo momento.
—Me bañarías tú misma como hicieron una vez las mujeres a los machos de la casa cuando
tú habías nacido. Puedo ver el pensamiento en tu mente, así que no te atrevas a negarlo. Pero si yo
empiezo contigo, ¿Debería atender también a mis invitados? No estoy muy segura que a Isabella le
gustara esto si yo…
Legna jadeó a media frase cuando tiró de ella levantándola del banco y poniéndose al
hombro mientras él se ponía en pie. Él se dirigió con ella hacia el baño conectado mientras ella
chillaba riendo indignada y sin hacer verdaderos esfuerzos para que la dejara en el suelo. Él tenía
una mano posesiva sobre su espalda mientras cruzaba el profundo baño que había sido tallado en
un enorme pedazo de cuarzo rosa y lijado para que brillase. La dejó de pie en el centro de la bañera
y abrió el grifo de agua mientras ella ponía las manos en las caderas y ladeaba una cadera en una
postura a la que solo le faltaba el tamborileo impaciente de un pie para completarlo.
—Ya me bañé —declaró ella, sin importarle en absoluto el hecho de que hiciera el argumento
estando desnuda—. No soy el que está completamente enlodado con suciedad, sangre y quien sabe
que más. Aquella cama va a tener que ser fumigada entre nosotros dos.
—Será reemplazada antes de medianoche —le aseguró él mientras se quitaba la ropa.
Legna se movió al borde opuesto de la bañera frente a él y se sentó en el amplio borde
mientras pataleaba en el agua que la llenaba. Gideon parecía ignorar el hecho que sus patadas se
hacían más fuertes cada vez y él empezó a ser rociado de agua mientras se desvestía.
Al menos, lo ignoró hasta que ella pensó en intentar algo que nunca había oído que nadie
hiciera antes. Formó la imagen de un tazón en su mente en el centro más profundo del agua.
Entonces la tele transportó al imaginario tazón y este líquido conteniéndose a penas a un milímetro
por encima de la cabeza de él. El agua mantuvo la forma por todo un segundo, entonces se liberó
en un diluvio en un repentino momento.
Legna gritó, una ruidosa mezcla entre un grito de victoria y una deliciosa risa. Gideon
sacudió su pelo empapado retirándoselo de los ojos y dos segundos más tarde estaba alrededor de
la bañera y agarrándola a ella. Cuando ella apareció sobre el lado opuesto de la bañera con una
pequeña explosión, se reía aún con más fuerza. Tan fuerte, que se agarró los costados y rodó sobre
su espalda, pateando el suelo con los talones con su incontenible humor.
Intrépido, Gideon cruzó por el centro de la bañera para agarrarla, y esta vez se reía
demasiado para concentrarse en una teletransportación. Él arrastró a su histérica compañera en el
agua y le hundió la cabeza bajo ella. Emergió vomitando el agua y la riéndose, pegándole
inofensivamente en lo que él suponía era algún tipo de retribución por el acto. Parecía más bien un
flirteo, sin embargo, cuando se movió en el círculo de sus brazos, adhiriéndose a sus hombros
mientras él se recostaba hacia atrás en la caliente y refrescante agua.
—Conseguiste que se me metiera agua en los oídos, —se quejó ella, estornudando
bruscamente por el agua que también se le había metido en la nariz. Ella sacudió la cabeza,
rociándolo con el agua de su cabello.
Gideon frunció el ceño de repente notando que era algo más corto. Él la giró de espaldas a él,
usando la flotabilidad del agua para ayudarse en la tarea. Él le alcanzó el cabello y lo pasó por su
mano.
—Te cortaste el cabello—dijo él, claramente asombrado—, jamás te has cortado
voluntariamente el pelo. Noah siempre tenía que esperar a que te durmieras antes de ponerte las
tijeras encima. ¿Por qué lo cortaste ahora?
Ella se volvió hacia él, avanzando para sentarse a horcajadas sobre sus muslos y descansar
las manos sobre sus hombros mientras se encontraba su fija mirada perpleja.
—No es nada. Si quieres que lo deje crecer para ti, lo haré.
—Esa no es una respuesta a mi pregunta.
—Bien, temo que esa sea la única que consigas. Y evita meterte en mi cabeza por eso, si me
haces el favor.
—Legna, —le advirtió.
—Gideon, —se burló ella. Legna consiguió pasar sus hombros, agarrando una pastilla de
jabón y una esponja de baño, alcanzado sus hombros, agarrando una pastilla de jabón y una
esponja de baño, levantándolos junto con el seductor arqueo de una ceja— ¿Dónde debería de
empezar?
—No te dejaré cambiar de tema —le dijo él—, quiero saber por qué…
Las manos de Legna se sumergieron bajo el agua mientras él hablaba. La frase acabó con lo
que Legna consideró un satisfactorio jadeo de su aliento.
—El tema ha cambiado, —anunció ella con maldad, su risa hendida por la aparición de una
pequeña lengua descarada lamiéndose el labio superior—. Ahora —ronroneó ella traviesamente
mientras sus manos lo rodeaban, lo acariciaban—, vamos a tener que hablar del concepto de
intimidad y pensamientos privados. Si no me permites tenerlos, nunca seré capaz de sorprenderte.
Ahora, corrígeme si confundo, pero parecen gustarte las sorpresas.
Ella lo acarició con un hábil y jabonoso toque para enfatizar su punto.
Gideon se encontró asintiendo, completamente mudo a no ser que contara el imparable
gemido que escapaba de él. Sus manos estaban sobre sus muslos, flexionados abriéndose y
cerrándose rítmicamente mientras lo exploraba con un ciego y hábil toque bajo el agua.
—Sabes —reflexionó ella—, me gustas mucho más cuando estás así. Creo que lo haremos un
poco más a menudo.
—Oh, también lo espero —dijo él por fin, arrastrándola hacia él para alcanzar su risueña
boca.
Él besó la risa directamente de ella, manteniendo su boca cerrada sobre la de ella hasta que la
risa fue substituida por el creciente calor e interés. Sus manos nunca se detuvieron, pero
empezaron a rozar áreas más amplias, más diversas. Pronto se encontró bañándolo en serio, su
boca nunca dejaba la suya mientras lo cubría con eróticos remolinos de jabón y esponja. Ella los
abandonó un poco más tarde, sus pechos presionados con el suyo, sus muslos arqueados sobre sus
caderas mientras se llenaba la mano de champú y comenzó un suave y sensual lavado de su pelo
plateado. Mientras la asombrosa sensación de sus dedos enviaba torbellinos de sensación
atravesando su cuerpo, él extendía una rica capa de jabón sobre su espalda y hombros, resbalando
sus manos entre sus pechos y ahuecando sus pechos en las jabonosas manos.
Legna ronroneó con el suave placer dentro de su boca. Ella inclinó suavemente su cabeza
hacia atrás, usando la taza de sus manos, aclarándole meticulosamente el pelo incluso cuando él
continuaba tocándola en sus más despertantes maneras. Él sacudió la cabeza mojada hacia atrás
cuando ella terminó, alcanzando para sus manos y reteniéndolas bajo el agua mientras él
reconquistaba los labios de los que se daba cuenta jamás se cansaría.
Se prodigaron calientes y deslizantes caricias hasta que ambos respiraban una cadena de
placenteros sonidos. Legna se separó de él de repente, su abandono lo molesta. Él se estiró por ella,
pero se deslizó en su agarre.
Entonces él se dio cuenta que ella estaba girando, deslizándose de regreso a su abrazo
tomando sus manos para resbalarlas por sus pechos, frotando sus pezones en sus palmas con un
impaciente sonido de estímulo. Su boca estuvo instantáneamente sobre la elegante columna de su
cuello, haciéndola temblar mientras ella se deslizaba hacia él. Él alcanzó para su garganta, usando
su clavícula para estabilizarla evitando que se fuera a la deriva de él mientras su otra mano iba a
sus caderas, moviéndola hacia atrás hasta que él estuvo moviéndose dentro de ella.
El cuerpo de Legna se arqueó cuando él comenzó la erótica intrusión, el agua jabonosa los
hacía deslizarse estimulando increíblemente la forma de uno contra el otro. Tiró de ella hacia él al
mismo tiempo que salía casi completamente de ella, enviándose profundamente al interior de
caliente paraíso de feminidad que amaba y ansiaba.
El sonido de placer que se estremeció fuera de él la hizo sonreír, sus ojos cerrándose mientras
lo sentía mover su flotante cuerpo con facilidad en un segundo empuje.
Ella lo sentía tan diferente de esa manera, pero incluso mejor por la diferencia. Sin su boca
para reclamar su enfoque, él se había abandonado con la mirada en la curva de su columna y
moviéndose cuando ella movía su sedoso cuerpo sobre él. Fuera de eso, él estaba completamente
concentrado en sentirla, el extraño y maravilloso cambio de temperatura entre ella y el agua, la
creciente fricción entre ellos como los lubricantes naturales de su cuerpo eran lavados,
substituidos, y lavados otra vez.
Ella lo agarraba tan fuerte que difícilmente podía ver algo claro. Ella estaba perdida en la
creación de aquellos sonidos de placer que él adoraba oír escapar de ella. Él alcanzó una dura
cresta rápidamente, aferrando sus caderas y obligándola a estar todavía mientras él inhalaba
profundamente y apretaba los dientes por control sobre el cuerpo del que debería tener completo
dominio.
Era asombroso que ella pudiera hacerle eso, asombroso e increíblemente maravilloso. Ella
sonrió, conociendo sus pensamientos tan íntimamente como se conocida a si misma en aquel
momento. Podía tomar el control sobre él allí y después en maneras que él nunca esperaría.
Saboreó el pensamiento, doblando su cuerpo fuertemente alrededor de él hasta que ella obtuviera
la caliente maldición a la que era propenso a liberar en momentos de último disgusto. Su mano se
abrigó alrededor de su garganta, tirando su cabeza hacia atrás de modo que su oído estuviera
contra su acalorada boca.
—No te muevas. Ni siquiera tosas, Magdelegna.
—Pero no quiero que pares —dijo ella suavemente, su voz una coacción, un estímulo sexual.
Ella cruzó la línea, agarrándolo una vez más con aquel peligrosamente experto control de
músculos que tenía.
Antes de que él terminara el requisito jurando debido al momento, ella se encontró a si
misma fuera de la bañera y siendo empujada hacia abajo sobre las manos y rodillas sobre la lujosa
alfombra blanca que cubría el suelo. Sus caderas volvían hacia él, reuniendo sus cuerpos en un
movimiento.
Ella pagó un precio bastante alto para su insolente seducción. Su compañero era más animal
que hombre en aquel momento, moviéndose con calientes y seguros embates en su cuerpo,
alcanzando profundidades ella no se había dado cuenta que tenía. Ella gritó, una serie de los
quejidos que crecían en volumen por momentos, estimulándolo hasta que ella sintió el raspado de
las uñas contra su piel y la principal urgencia de su cuerpo en el de ella, quemándola. Él gimió un
momento, entonces surgió dentro de ella con los comienzos de un largo, bajo gruñido.
El sonido se amplió cuando ambos alcanzaron los alternativos picos de placer. Ella fue la
primera en saltar precipitadamente de la cumbre de su placer, su grito salvaje ahogado por sus
guturales gemidos cuando él explotó dentro de ella. Él echó la cabeza hacia atrás, gritando, un
grito de alegría, un gruñido de advertencia. Ella era suya. Suya. Si cualquier otro se atrevía a
tocarla o intentaban alejarla de él, pagarían el precio de la bestia detrás del hombre.
Solo pasó un minuto antes de que él fuera capaz de relajar el posesivo apretón que tenía
sobre ella, pero sin embargo la había lastimado. Él no se alejó de ella, girándola encima de él con
un limpio movimiento de brazos y un delicioso sonido de satisfacción femenina. Él había estado
preocupado de ver que la había marcado por todas partes, pero aquel sonido parecía hacerlo todo
mejor.
Él se levantó, cogiéndola en brazos y sacándola del suelo. Ella colgó lánguidamente en una
muy teatral postura de saciedad, haciéndolo reírse cuando ella le sonrió rió y lo miró por debajo de
las pestañas. La llevó al dormitorio, goteando un rastro de agua durante todo el camino. Él la dejó
en el suelo, sosteniéndola contra él mientras cogía una sábana limpia del armario y los envolvía a
ambos.
—¿Qué dormitorios le diste a nuestros invitados?
—Los únicos que están en lo más alejado… alejado... alejado del otro lado de la mansión.
Él se rió de esto, abrazándola fuerte por darle que la capacidad de complacerse del humor
una vez más.
—Entonces diría que el dormitorio con los viejos armarios que te gusta debería bastarnos.
—Sí, amo, —bromeó ella, ondeando una mano y enviándolos allí.
—Oops, un segundo. Ella le hizo un guiño y chasqueó sus dedos, la botella de loción
apareció de repente en su mano.
—Fanfarrona. Sabes, vas a tener que decirme como haces eso.
—Bien, primero quitas esta pequeña cosa de la tapa, entonces la loción…
Legna aulló cuando él le pegó una azotaina, la manta hacía poco para protegerla de la
picadura de ello.
—¡Gideon! ¡No vuelvas a hacer eso! —le regañó ella.
—¿Ni siquiera si me ruegas? —contestó lujuriosamente.
Legna se rió, incapaz de ayudarse.
—¡Te odio!
—No, no lo haces —insistió él—, ¿Cuántas veces tengo que decírtelo?
EPÍLOGO
Beltane vino durante una noche de luna llena y fría. El fuego alumbraba los horizontes en
todo momento. Las hogueras de los muertos habían sido honradas la noche antes, y esta noche los
parrandistas lanzaban coronas de flor sobre los perdidos, dándoles el adiós final. Habían perdido a
siete hombres y dos mujeres en total, nada comparado con las pérdidas enemigas, pero todo para
una sociedad que valoraba incluso al miembro más débil tanto como a cualquier otro.
Estos seres del viejo mundo, ya fuese Vampiro o Demon, habían conocido los tiempos de las
sociedades matriarcales y su culto, lo que muchos ahora llamaban los caminos Paganos o los
caminos de las Brujas. Nunca pusieron y nunca pondrían en duda el poder de las hembras. Esta
triste batalla había sido un testamento por quienes nunca lo sabrían. Las Demons femeninas
habían muerto protegiendo las espaldas de sus compañeros, en la misma manera que había pasado
de generación en generación.
—... Y con tu compañero a tu espalda, sabrás que ninguna fuerza podrá alcanzarte sin
encarar primero su corazón y su alma, —dijo Noah en un elevado tono de voz que todas las
parejas que se casaban esa noche podían oír.
Él nunca realizó la ceremonia anual de masas, pero miraba la mano su pequeña hermana,
envuelta en cintas y atada a la de su compañero; las manos de los Ejecutores que había sido
separados en medio de la ceremonia el uno del otro; y las manos de Kane y Corrine, ambos
adorada familia de los Ejecutores, que habían tolerado tanto sólo por cumplir con su deber para
con él. Le debía tanto a estas tres parejas, y su corazón rebosaba con su gratitud por ser capaz de
darles este enlace para toda la vida.
Había cuatro otros que también se estaban casando, y ellos inclinaron solemnemente sus
cabezas ante el honor de ser unidos por el gran Rey Demon. En las sombras dibujadas por fuego
permanecían en pie Demons, Vampiros, y Licántropos, todos mirando con ávido interés.
Noah alzó las manos.
—Todos vosotros sois amados los unos por los otros, amados por vuestro Rey, amador de
este generoso mundo y de todos sus elementos que Ella nos otorga. Ninguno de vosotros conocerá
de nuevo descontento de una casa solitaria o un corazón vacío por que estará lleno con todas esas
muestras de amor.
—La ceremonia de esta noche es la perpetuación de la vida y es su círculo. Vosotros seréis los
navíos de esa continuación. Sereis los encargados del futuro. Los testigos a vuestras espaldas
sostendrán esa promesa y vosotros os sostendréis el uno a otro.
—Esta semana, conocimos grandes tristezas y grandes pérdidas. Pero esto se descolora bajo
la luz de los fuegos que iluminan vuestro camino esta noche. Aquí, en ella — él indicó a Isabella y
sonrió—, aquí está nuestro futuro. Traédmelos, todos vosotros, como ellos vinieron, y los amaré
como te amo a ti.
—Ahora, estáis unidos para siempre. —Noah asintió y los testigos liberaron a sus amigos y se
apartaron un paso de las parejas—. Volveos, ahora, y une tu espalda a la de tu compañero. Es
donde estarán por el resto de sus vidas.
Las manos unidas por lazos elevándose en el aire cuando las parejas se volvían espalda con
espalda.
Un clamor ascendió de la muchedumbre y las parejas recién casadas se rieron mientras se
volvían para besar cálidamente a sus compañeros.
La tradición ahora dictaba que alguien podría intentar y apartar a la pareja. Quienquiera que
tuviera éxito en separar sus lazos serían capaz de sentarse al lado de la pareja mientras festejaba
en celebración. El campo se convirtió en un tumulto de risueños compañeros y concursantes
machos que intentaban quitar lo de los machos y hembras que intentaban quitar las de las
hembras.
Jacob agarró a su recién curada novia y se flotó fuera del alcance obteniendo por supuesto,
un grito de rebelión en protesta de debajo de ellos. Gideon y Legna no fueron molestados, la
imponente reputación de Gideon tenía un reprimido efecto sobre los nervios de cualquiera que
quizás quisiera acercarse.
Estaba besando a su novia cuando él sintió un golpecito sobre el hombro. Se volvió y vio a
Damien arquear una provocativa ceja ante él. Legna se rió, encantada cuando Gideon miró con
irritación al Príncipe. Su humor duró aproximadamente dos segundos. Eso fue cuando la
compañera de Damien tocó el hombro de Legna.
Siena le dedicó una felina sonrisa a la novia.
—Oh, tú puta, —Legna se ahogó, riendo asombrada ante la excelente maniobra de la Reina.
—Uh-uh —bufó la Reina, su cuello brillando a la luz del fuego—, eso no es muy diplomático
de su parte, Embajadora.
—Te das cuenta que esto quiere decir la guerra —dijo Legna maliciosamente.
—Como si yo me conformara con algo menos —le devolvió Siena.
Legna y Gideon suspiraron, mirándose el uno al otro y poniendo los ojos en blanco. El
marido agarró el asimiento de su esposa que unía sus brazos y se estabilizaron. Legna sintió unos
delgados y fuertes brazos rodeando su cintura y hombros, y Gideon fue sujetado de manera
similar por un decidido Damien.
—¿Querido? —Dijo Legna.
—Sí, amor.
—¿Sí?
—Definitivamente, sí.
El Vampiro y la Licántropo tiraron e inmediatamente se encontraron sosteniendo nada más
que aire.
Ambos cayeron con fuerza en el sucio suelo, observando un par de lazos que flotaban
bajando hacia el suelo.
—Oh mira, ganaron —comentó Legna desde la nueva posición de suya y de Gideon unos
pocos metros más allá.
—Eso parece, —reflexionó Gideon—. Os veremos a ambos en la cena. Felicidades por vuestra
victoria.
La pareja desapareció a quien sabe donde, dejando a la indignada pero recelosamente
victoriosa realeza detrás.
Nombre de archivo: GIDEON - THE NIGHTWALKERS- JACQUELYN
FRANK -
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Título:
Asunto:
Autor: Dream
Palabras clave:
Comentarios:
Fecha de creación: 06/07/2008 12:33:00
Cambio número: 17
Guardado el: 10/07/2008 22:46:00
Guardado por: Alia
Tiempo de edición: 81 minutos
Impreso el: 10/07/2008 22:48:00
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Número de palabras: 92.700 (aprox.)
Número de caracteres: 509.853 (aprox.)
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