Tres Preocupaciones Sobre El Futuro Del Periodismo - Presentation Transcript
Luis Eduardo García
La alfabetización de los periodistas
A ese hermano tecnológico del periodismo tradicional los teóricos de la comunicación llaman indistintamente periodismo online , periodismo en red , periodismo en internet , periodismo electrónico , periodismo multimedia y periodismo digital . Ramón Salaverría cree, sin embargo, que el término apropiado es ciberperiodismo, por razones prácticas y lingüísticas (proviene de la palabra griega κυβερνητικ que significa “arte de gobernar una nave”, que a su vez ha dado origen a la raíz “ciber” y a las palabras ciberespacio, cibernauta, cibernética y ciberperiodismo).
Desde los noventas, los nostálgicos del periodismo impreso tenemos los ojos puestos en un doble objetivo. Uno está en los 7 minutos de atención que prestamos a los medios ciberperiodísticos y el otro en los 21 minutos de interés que cedemos generosamente a los periódicos impresos. Es decir, somos los mismos individuos cumpliendo dos roles distintos. Los hijos legítimos de la globalización no viven, en cambio, ninguna esquizofrenia: leen en exclusiva noticias en la red de redes.
De a pocos, los periódicos impresos han cedido terreno y perdido lectores. Casi desde un comienzo, todos quisieron tener su versión electrónica y se esmeraron en diseñar y “colgar en línea” información en la que se privilegiaba la comunicación multitemporal y mutidireccional. Con el paso de los años, el modelo ciberperiodístico ha terminado por abrirse camino y volverse totalmente independiente, tanto que entre un diario impreso y uno digital hay muy pocos elementos comunes. La redacción es distinta, el diseño es distinto, los gráficos son distintos, los lectores son distintos; el soporte tecnológico es distinto. Son semejantes tal vez únicamente en una doble función: como fuentes de información y como fuentes de credibilidad.
Los que frisamos los cuarentas no sólo fuimos los últimos en leer en exclusiva diarios y revistas impresas; fuimos también los últimos grafómanos. Ahora somos, probablemente, los que más conscientes estamos de la metamorfosis de la prensa, aunque, claro, esto no significa necesariamente que estemos a la vanguardia en asuntos tecnológicos. Pienso, por ejemplo, en que los blogs mejor escritos e informados son los que administran los periodistas ochentenos. ¿Por qué? Quizás porque ahora hay más ágrafos que antes. Y un blog requiere de gente fascinada por la escritura: En otras palabras, de grafómanos. Se deduce entonces que en el presente hay cabida todavía para lo que creen que un nuevo día comienza sólo si se lee un diario al amparo de una humeante taza de café.
El imperio del redactor digital ha llegado con mucha más prisa de lo que esperábamos. El olor a tinta líquida ha sido remplazado por el aroma “plastimetálico” de las computadoras. Los grandes periodistas de nuevo cuño serán los que mejor logren conjugar la flexibilidad del ciberespacio, la pasión por la lectura y el placer de escribir historias que todos conocen, pero que nadie se atreve a contar con pasmosa y certera diligencia.
El presente exige periodistas multifuncionales. Gente capaz de subir un vídeo, navegar por You Tube como Pedro por su casa, editar fotografías, enviar archivos anexos en correos electrónicos, administrar un blog , asimilar nuevos métodos de reportería multifuente (donde colaboran los lectores) y la reportería o distribuida, colaborativa y de código abierto (donde se emplean el teléfono, la web y los blogs como fuentes) o aplicar la multimedialidad, la hipertextualidad y la interactividad. En fin. “Es el entorno tecnológico, y no los medios tradicionales, el que está redefiniendo el perfil y las habilidades de los periodistas y comunicadores”, dice el norteamericano Mark Briggs. En otras palabras, se trata de alfabetizar a los hombres de prensa, de colocarlos en el escenario de un mundo que, a veces, pasa más rápido que sus ideas.
Volver al futuro. La suerte de los lectores de diarios
El periodismo cede cada vez más terreno frente a la tecnología, sin embargo sigue teniendo vigencia como fuente informativa y factor de credibilidad.
El encuentro entre el periodismo y la tecnología digital es reciente, data de hace apenas un par de décadas, sin embargo ha conmocionado de tal manera la comunicación social que el informe anual sobre la prensa estadounidense The State of de the Media (Proyecto para la Excelencia del Periodismo, 2007) lo equipara a la revolución que en su momento produjeron inventos como el telégrafo y la televisión. Otros incluso piensan que esta revolución cultural es de la misma magnitud que la causada por la imprenta en el siglo XV.
La suerte que podrían correr los periódicos es para algunos futurólogos traumática, mientras que para otros no pasa de ser una simple adaptación al cambio con ligeros temblores. Por la web circula un hipotético escenario del 2015, supuestamente guardado en el Museum of Media History de Tampa Bay Federal District, Florida. A manera de curiosidad, el vídeo futurista nos recuerda que el The New York Time ha dejado de imprimirse y circula únicamente como un boletín para los jubilados de ese ex medio impreso.
No sé si llegaremos al futuro que propone el vídeo de marras. Lo cierto es que los cambios ocurren aquí y ahora, muchos de los cuales plantean verdaderos desafíos profesionales. Uno de estos es cómo redactar noticias o cualquier otro género periodístico en el soporte electrónico. Entonces surgen las sorpresas y las paradojas. Las primeras, porque un periodista que no esté preparado para vivir en este “mundo plano”, es decir, para subirse al tren de la tecnología digital, terminará convertido (si es que no borrado de la historia) en la Pinki Nankin del vídeo (una jubilada del The New York Time que se dedica a montar un noticiero personal basado en la información que le proporcionan los vecinos suscritos a su medio).
Pero las preocupaciones por el destino de los diarios flaquea más por el lado de los lectores. ¿Qué leerá la gente en el futuro? Y, sobre todo, ¿cuántos leerán prensa en los próximos 3º 0 40 años?
El siempre lúcido novelista Philip Roth se muestra muy deseperanzado respecto el futuro de la lectura. En la entrevista que le hace Jesús Ruíz Mantilla en un número del suplemento EPS del diario El País , el escritor norteamericano advierte que las pantallas de los televisores y las computadoras han ganado la batalla a los libros, que los lectores han muerto y que los sobrevivientes de esta hecatombe cultural no serán muy distintos de quienes ahora crían perros y peces tropicales.
Para Roth, no se lee porque simplemente se ha "cortado la señal" con los libros y, además, porque la "la concentración, la soledad y la imaginación" que hacen falta brillan por su ausencia. En un mundo donde todo pasa muy rápido -o simplemente no pasa nunca- qué paradójico que la lectura termine convertida en un "hobby solitario". El asunto es preocupante en el sentido de que leer imágenes no es lo mismo que leer escritos. Ya lo dijo Giovanni Sartori en su libro Homo videns . Sin la lectura de ideas los hombres somos incapaces de desarrollar pensamiento abstracto y, por lo tanto, no podremos entender temas como democracia, igualdad, justicia, inclusión, gobernabilidad o desarrollo. La imagen solo produce pensamiento concreto, poco creativo digamos.
Lo que no muere nunca. La importancia de la buena escritura
¿Qué hay de la habilidad para manejar la lengua? Es un escándalo que un comunicador maneje mal la dimensión oral y escrita de la lengua española, que tenga un pobre prontuario verbal de no más de mil palabras cuando el diccionario de la RAE posee 83,500 palabras base, y que escriba poco menos que como un niño de escuela.
Demás está decir que el dominio de la lengua está íntimamente ligado a la lectura. Lectura y escritura son parientes próximos: primos hermanos de una misma habilidad que es imposible pasar por alto. También, por supuesto, es imposible pasar por alto la conducta ética de un comunicador. Periodistas, publicistas y relacionistas públicos –aunque estos últimos en menor proporción- deben ser conscientes que sus mensajes llegan a miles cuando no a millones de personas y, por lo tanto, su responsabilidad aumenta geométricamente. De ahí la importancia de escribir con claridad, de que todos nos entiendan.
Las nuevas plataformas de comunicación como Internet no nos eximen de la corrección idiomática. Ramón Salaverría afirma que “las cualidades básicas de la nueva redacción perviven en la Red”. Esto quiere decir que los periodistas o redactores que laboren en Internet deben, ante todo, observar las normas esenciales de calidad de un escrito: conocimiento de las normas gramaticales, amplio prontuario verbal, conocimiento del entorno lingüístico e imaginación, mucha imaginación. Si no se ciñe a estas exigencias, tenga por seguro que sus mensajes periodísticos serán un completo fracaso.
El conocimiento de las herramientas electrónicas no exime a nadie del manejo eficiente del idioma. Dominar el HTML (que permite elaborar las páginas web), el XML (que permite desvincular la forma del contenido) y otros lenguajes más no esconden o enmascaran nuestras torpezas lingüísticas. Para Salaverría lo único que necesita un periodista para escribir bien en la Internet es escribir bien a secas. Nada más.
Es también en el terreno de la escritura donde asistimos al nacimiento de nuevas paradojas, porque en la carrera de las “aplanadoras” los muertos “resucitan”. Por ejemplo, las viejísimas técnicas de la “pirámide invertida” y las “5 W”, que ahora los manuales de redacción ciberperiodística reclaman como idóneos para enfrentar las necesidades de los nuevos lectores. Se sabe a ciencia cierta que los cibernautas dedican “una media de 7 minutos” a la lectura de noticias en la Red; mientras que los lectores tradicionales le dedican “tres veces más” de tiempo a los diarios impresos (21 minutos).
Frente a esta realidad, los que redactan un teaser ( lead o gancho de los diarios electrónicos que atrapa al lector de un vistazo) no tienen más remedio que echar mano de viejas soluciones. Y la viejas soluciones pasan, por supuesto, por escribir bien.
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