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    Poemas español Poemas español Document Transcript

    • POEMAS LILIANA YASMIN CADENA PRESENTADO A: LESLY BAÑOS EN LA ASIGNATURA DE LENGUA CASTELLANA 11-03 COLEGIO NACIONALIZADO DE SAMACA SAMACA 2013
    • Igual parece a los eternos Dioses quien logra verse frente a ti sentado. ¡Feliz si goza tu palabra suave, Suave tu risa! A mí en el pecho el corazón se oprime Sólo en mirarte; ni la voz acierta De mi garganta a prorrumpir, y rota Calla la lengua. Fuego sutil dentro de mi cuerpo todo Presto discurre; los inciertos ojos Vagan sin rumbo; los oídos hacen Ronco zumbido. Cúbrame toda de sudor helado; Pálida quedo cual marchita yerba;
    • Y ya sin fuerzas, sin aliento, inerte, Muerta parezco. ¿A un día de verano compararte?... ¿A un día de verano compararte? Más hermosura y suavidad posees. Tiembla el brote de mayo bajo el viento y el estilo no dura casi nada. A veces demasiado brilla el ojo solar y otras su tez de oro se apaga; toda belleza alguna vez declina, ajada por la suerte o por el tiempo. Pero eterno será el verano tuyo. No perderás la gracia, ni la Muerte
    • se jactará de ensombrecer tus pasos cuando crezcas en versos inmortales. Vivirás mientras alguien vea y sienta y esto pueda vivir y te dé vida. DEFINIENDO EL AMOR Es hielo abrasador, es fuego helado, es herida, que duele y no se siente, es un soñado bien, un mal presente, es un breve descanso muy cansado.
    • Es un descuido, que nos da cuidado, un cobarde, con nombre de valiente, un andar solitario entre la gente, un amar solamente ser amado. Es una libertad encarcelada, que dura hasta el postrero paroxismo, enfermedad que crece si es curada. Éste es el niño Amor, éste es tu abismo: mirad cuál amistad tendrá con nada, el que en todo es contrario de sí mismo EDGAR ALAN POE BALADA NUPCIAL
    • En mi dedo el anillo, la guirnalda nupcial mi sien decora; de sedas y diamantes busco el brillo, y soy feliz ahora. Y mi señor me brinda amor seguro; pero al decirme ayer cuánto me adora, tembló mi corazón, como al conjuro, de "quien cayó en la guerra", al pie del muro, y que es feliz ahora. Pero él tranquilízame, y en mi frente besó la palidez que le enamora. Y he aquí que en un ensueño, vi presente, al muerto D'Elormy: -suyo, en mi frente, fue el beso; y suspiré ( ¡cuán dulcemente! ): "-¡Ah, soy feliz ahora!" Y si pude otorgar palabra nueva, así el voto juré, y aunque traidora, y aunque un luto de amor el alma lleva, ved brillar ese anillo que "me prueba" que soy feliz ahora. ¡Ah! ilumíneme Dios aquel pasado, pues si sueña o no sueña el alma ignora, y el corazón se oprime, y conturbado preguntase, oh Señor, si el "Olvidado" será feliz ahora
    • No las francesas armas odiosas, en contra puestas del airado pecho, ni en los guardados muros con pertrecho los tiros y saetas ponzoñosas; no las escaramuzas peligrosas, ni aquel fiero ruido contrahecho de aquel que para Júpiter fue hecho, por manos de Vulcano artificiosas, pudieron, aunque más yo me ofrecía a los peligros de la dura guerra,
    • quitar una hora sola de mi hado. Más infusión del aire en sólo un día me quitó el mundo, y me hay en ti sepultado, Partenopeo, tan lejos de mi tierra.
    • FEDERICO GARCIA LORCA Adam Árbol de Sangre riega la mañana por donde gime la recién parida. Su voz deja cristales en la herida y un gráfico de hueso en la ventana. Mientras la luz que viene fija y gana blancas metas de fábula que olvida el tumulto de venas en la huida hacia el turbio frescor de la manzana,
    • Adam sueña en la fiebre de la arcilla un niño que se acerca galopando por el doble latir de su mejilla. Pero otro Adán oscuro está soñando neutra luna de piedra sin semilla donde el niño de luz se irá quemando.
    • CHARLES BAUDELAIRE 5. La voz Se encontraba mi cuna junto a la biblioteca, Babel sombría, donde novela, ciencia, fábula, Todo, ya polvo griego, ya ceniza latina Se confundía. Yo era alto como un infolio. Y dos voces me hablaban. Una, insidiosa y firme: «La Tierra es un pastel colmado de dulzura; Yo puedo (¡y tu placer jamás tendrá ya término!) Forjarte un apetito de una grandeza igual.» v v
    • Y la otra: «¡Ven! ¡Oh ven! a viajar por los sueños, lejos de lo posible y de lo conocido.» Y ésta cantaba como el viento en las arenas, Fantasma no se sabe de qué parte surgido Que acaricia el oído a la vez que lo espanta. Yo te respondí: «¡Sí! ¡Dulce voz!» Desde entonces Data lo que se puede denominar mi llaga Y mi fatalidad. Detrás de los paneles De la existencia inmensa, en el más negro abismo, Veo, distintamente, los más extraños mundos Y, víctima extasiada de mi clarividencia, Arrastro en pos serpientes que mis talones muerden. v vv vv v v v v v v v v v v v v
    • JHON MILTON .EL PARAÍSO PERDIDO (FRAGMENTO) Canta celeste Musa la primera desobediencia del hombre. Y el fruto de aquel árbol prohibido cuyo funesto manjar Trajo la muerte al mundo y todos nuestros males Con la pérdida del Edén, hasta que un Hombre, más grande, Reconquistó para nosotros la mansión bienaventurada. En la secreta cima del Horeb o del Sinaí tú inspiraste A aquel pastor que fue el primero en enseñar a la escogida grey v v v v v v v v v v v v v v v
    • Cómo en su principio salieron del caos los cielos y la tierra; Y si te place más la colina de Sión o el arroyo de Si loé Que se deslizaba rápido junto al oráculo de Dios, Allí invocaré tu auxilio en favor de mi osado canto; Que no con débil vuelo pretendo remontarme Sobre el monte Aonio al empeñarme en un asunto Que ni en prosa ni en verso nadie intentó jamás. Y tú singularmente ¡Oh Espíritu! que prefieres A todos los templos un corazón recto y puro, Inspírame tu sabiduría. Tú estabas presente desde el principio Y desplegando como una paloma tus poderosas alas Cubriste el vasto abismo haciéndolo fecundo, Ilumina mi oscuridad; realza y alienta mi bajeza Para que desde la altura de este gran propósito Pueda glorificar a la Providencia eterna
    • Justificando las miras de Dios para con los hombres. Di ante todo, ya que ni la celestial esfera Ni la profunda extensión del infierno ocultan nada a tu vista, Di qué causa movió a nuestros primeros padres, Tan favorecidos del cielo en su feliz estado, A separarse de su Creador e incurrir en la única prohibición Que les impuso siendo señores del mundo todo. ¿Quién fue el primero que los incitó a su infame rebelión? La infernal Serpiente. Ella con su malicia animada Por la envidia y el deseo de venganza Engañó a la Madre del género humano. Por su orgullo había sido arrojada del cielo Con toda su hueste de ángeles rebeldes Y con el auxilio de éstos, no bastándole eclipsar La gloria de sus próceres, confiaba en igualarse Al Altísimo si el Altísimo se le oponía. v v
    • ARTHURT RIMBAUD EL ÁNGEL Y EL NIÑO El nuevo año ha consumido ya la luz del primer día; luz tan agradable para los niños, tanto tiempo esperada y tan pronto olvidada, y, envuelto en sueño y risa, el niño adormecido se ha callado... Está acostado en su cuna de plumas; y el sonajero ruidoso calla, junto a él, en el suelo. Lo recuerda y tiene un sueño feliz: tras los regalos de su madre, recibe los de los habitantes del cielo. Su boca se entreabre, sonriente, y parece que
    • sus labios entornados invocan a Dios. Junto a su cabeza, un ángel aparece inclinado: espía los susurros de un corazón inocente y, como colgado de su propia imagen, contempla esta cara celestial: admira sus mejillas, su frente serena, los gozos de su alma, esta flor que no ha tocado el Mediodía: «¡Niño que a mí te pareces, vente al cielo conmigo! Entra en la morada divina; habita el palacio que has visto en tu sueño; ¡eres digno! ¡Que la tierra no se quede ya con un hijo del cielo! Aquí abajo, no podemos fiamos de nadie; los mortales no acarician nunca con dicha sincera; incluso del olor de la flor brota un algo amargo; y los corazones agitados sólo gozan de alegrías tristes; nunca la alegría reconforta sin nubes y una lágrima luce en la risa que duda. ¿Acaso tu frente pura tiene que ajarse en esta vida amarga, las preocupaciones turbar los llantos de tus ojos color cielo y la
    • sombra del ciprés dispersar las rosas de tu cara? ¡No ocurrirá! te llevaré conmigo a las tierras celestes, para que unas tu voz al concierto de los habitantes del cielo. Velarás por los hombres que se han quedado aquí abajo. ¡Vamos! Una Divinidad rompe los lazos que te atan a la vida. ¡Y que tu madre no se vele con lúgubre luto; que no mire tu féretro con ojos diferentes de los que miraban tu cuna; que abandone el entrecejo triste y que tus funerales no entristezcan su cara, sino que lance azucenas a brazadas, pues para un ser puro su último día es el más bello!» De pronto acerca, leve, su ala a la boca rosada... y lo siega, sin que se entere, acogiendo en sus alas azul cielo el alma del niño, llevándolo a las altas regiones, con un blando aleteo. Ahora, el lecho guarda sólo unos miembros
    • empalidecidos, en los que aún hay belleza, pero ya no hay un hálito que los alimente y les dé vida. Murió... Mas en sus labios, que los besos perfuman aún, se muere la risa, y ronda el nombre de su madre; y según se muere, se acuerda de los regalos del año que nace. Se diría que sus ojos se cierran, pesados, con un sueño tranquilo. Pero este sueño, más que nuevo honor de un mortal, rodea su frente de una luz celeste desconocida, atestiguando que ya no es hijo de la tierra, sino criatura del Cielo. ¡Oh! con qué lágrimas la madre llora a su muerto ¡cómo inunda el querido sepulcro con el llanto que mana! Mas, cada vez que cierra los ojos para un dulce sueño, le aparece, en el umbral rosa del cielo, un ángel pequeñito que disfruta llamando a la dulce madre que sonríe al que sonríe. De pronto, resbalando en el aire, en tomo a
    • la madre extrañada, revolotea con sus alas de nieve y a sus labios delicados une sus labios divinos PAUL VERNAIDEL SERENATA Como la voz de un muerto que cantara desde el fondo de su fosa, amante, escucha subir hasta tu retiro mi voz agria y falsa. Abre tú alma y tú oído al son de mi mandolina: para ti he hecho, para ti, esta canción cruel y zalamera.
    • Cantaré tus ojos de oro y de ónix puros de toda sombra, cantaré el Leteo de tu seno, luego el de tus cabellos oscuros. Como la voz de un muerto que cantara desde el fondo de su fosa, amante, escucha subir hasta tu retiro mi voz agria y falsa. Después loare mucho, como conviene, A esta carne bendita Cuyo perfume opulento evoco Las noches de insomnio. Y para acabar cantaré el beso de tu labio rojo y tú dulzura al martirizarme, ¡Mi ángel, mi gubia! Abre tú alma y tú oído al son de mi mandolina: para ti he hecho, para ti, esta canción cruel y zalamera. g g g
    • WILLIAM BLCK CANTO PARA ACUÑAR Dulces sueños, formad una pantalla Sobre la linda cabeza de mi niño; dulces sueños de agradables corrientes bajo rayos de luna felices y silenciosos. Dulce sueño, que tus cejas tejan con suave felpa una corona infantil; dulce sueño, Ángel terso, fluctúa sobre mi niño dichoso. Dulces sonrisas, durante la noche meceos sobre mi encanto;
    • dulces sonrisas, sonrisas de Madre, cautivad la noche interminable. Dulces lamentos, suspiros de paloma, no alejéis el letargo de tus ojos, dulces lamentos, sonrisas aún más dulces, cautivad todos los lamentos de paloma. Duerme, duerme, niño afortunado, que toda la creación duerme y sonríe; duerme, duerme felices sueños, mientras tu madre llora sobre ti. Dulce bebé, en tu rostro puedo discernir la santa imagen; dulce bebé, otrora como tú yacía tu hacedor y lloraba por mí. Lloró por mí, por ti, por todos cuando era apenas un pequeñito. Su imagen siempre verás, rostro celestial que sobre ti sonríe, A ti, a mí, a todos les sonríe; quien se volvió un pequeñito. Las sonrisas infantiles son sus mismas sonrisas; y cautivan con paz el cielo y la tierra
    • CONSTANTINO CAVAFYS Una comparsa invisible con músicas maravillosas, con vocerío - tu suerte que ya declina, tus obras que fracasaron, los planes de tu vida que resultaron todos ilusiones, no llores inútilmente. Como preparado QUE EL DIOS ABANDONABA A ANTONIO Cuando de repente, a medianoche, se escuche pasar desde tiempo atrás, como valiente, di adiós a Alejandría que se aleja. Sobre todo no te engañes, no digas que fue un
    • sueño, que se engañó tu oído: aceptes tales vanas esperanzas. Como preparado desde tiempo atrás, como valiente, como te corresponde a ti que de tal ciudad fuiste digno, acércate resueltamente a la ventana, y escucha con emoción, mas no con los ruegos y lamentos de los cobardes, como último placer los sones, los maravillosos instrumentos del cortejo misterioso, y dile adiós, a la Alejandría que pierdes
    • DE "CANTO A MÍ MISMO": 1. Me celebro y me canto a mí mismo. Y lo que yo diga ahora de mí, lo digo de ti, porque lo que yo tengo lo tienes tú y cada átomo de mi cuerpo es tuyo también. Vago... e invito a vagar a mi alma. Vago y me tumbo a mi antojo sobre la tierra para ver cómo crece la hierba del estío. Mi lengua y cada molécula de mi sangre nacieron aquí, de esta tierra y de estos vientos. Me engendraron padres que nacieron aquí, de padres que engendraron otros padres que nacieron aquí,
    • de padres hijos de esta tierra y de estos vientos también. Tengo treinta y siete años. Mi salud es perfecta. Y con mi aliento puro comienzo a cantar hoy y no terminaré mi canto hasta que muera. Que se callen ahora las escuelas y los credos. Atrás. A su sitio. Sé cuál es su misión y no la olvidaré; que nadie la olvide. Pero ahora yo ofrezco mi pecho lo mismo al bien que al mal, dejo hablar a todos sin restricción, y abro de par en par las puertas a la energía original de la naturaleza desenfrenada
    • FERNANDO PESOA EL GUARDADOR DE REBAÑOS Desde la ventana más alta de mi casa, con un pañuelo blanco digo adiós a mis versos, que viajan hacia la humanidad. Y no estoy alegre ni triste. Ése es el destino de los versos. Los escribí y debo enseñárselos a todos porque no puedo hacer lo contrario, como la flor no puede esconder el color, ni el río ocultar que corre, ni el árbol ocultar que da frutos. He aquí que ya van lejos, como si fuesen en la diligencia,
    • y yo siento pena sin querer, igual que un dolor en el cuerpo. ¿Quién sabe quién los leerá? ¿Quién sabe a qué manos irán? Flor, me cogió el destino para los ojos. Árbol, me arrancaron los frutos para las bocas. Río, el destino de mi agua era no quedarse en mí. Me resigno y me siento casi alegre, casi tan alegre como quien se cansa de estar triste. ¡Idos, idos de mí! Pasa el árbol y se queda disperso por la Naturaleza. Se marchita la flor y su polvo dura siempre. Corre el río y entra en el mar y su agua es siempre la que fue suya
    • ELIZABETH BARRET BROWNING CATALINA A CAMONES No entrarás por esta puerta que contemplo sin cesar. ¡Adiós! Se va la esperanza, viene la muerte, no tú. Ven, amor mío, ven a cerrar estos ojos que llamaste los de más dulce mirar. Cuando oía tu canción en antiguas primaveras, olvidando otros elogios v v vv v
    • sólo escuchaba los tuyos, y repetía el corazón: Benditos sean mis ojos si le parecen tan dulces. Todo cambia y esta tarde baña un sol frío la puerta. ¿Susurrarías ahora igual que antes: Te amo mucho... cuando la muerte nubla triunfal los ojos que ayer llamaste los de más dulce mirar? Si estuvieras a mi lado junto a la cama en que muero, aunque antaño desdeñaste su hermosura, sé que ahora los llamarías siendo veraz, por el amor que hay en ellos, los de más dulce mirar. Y si entonces los mirases y ellos te viesen a ti, todo su brillo perdido v v v v v v v v v
    • olvería a tener. Por el amor y de verdad fueran belleza radiante los de más dulce mirar. Pero, ay, que sólo me ves con ojos de enamorado como una leve sonrisa soñando tras abanicos; así repites sin saber más en tus serenos ensueños: los de más dulce mirar. Mientras el alma se sale de mi cuerpo lento y pálido, siempre ansioso por oír estas palabras de amor, ¡oh, mi poeta, ven a mí ya! Tardío amor, ven, son tuyos los de más dulce mirar. Poeta mío, profeta, al alabar su dulzura, ¿es que no viste que está
    • apagándose su luz? ¿Es que no viste que ya jamás devolvería la tumba los de más dulce mirar? Silencio. Sólo se escucha el surtidor en el patio, cae el agua sobre el mármol como cae el corazón desde el suspiro hasta la muerte, muerte que anuncia su triunfo sobre los ojos más dulces. ¿Vendrás? Me siento muy sola, todo es amargo a mi lado, y tu voz, amado mío, no me despierta los párpados. Ha muerto amor, llorad, llorad, junto al ciprés si es que fuisteis los de más dulce mirar. Sonaba el ángelus, cerca de aquel convento paseábamos y los coros atraían
    • los ángeles al coloquio. Veía el cielo el alma audaz. Sonreíste. ¿Es eso impuro, los de más dulce mirar? Al pasar en tu caballo y ver tras la celosía de aquel palacio otro rostro que no es el rostro de siempre, ¿en un murmullo repetirás: Desde aquí me contemplasteis, los de más dulce mirar? Cuando las damas en torno de tu guitarra te digan: Canta, poeta, los versos de la dama que murió, ¿entre las lágrimas, no fingirás entonando la canción de la del dulce mirar? ¡Oh, melodiosas palabras muchas veces repetidas! Entre todas tus canciones v v
    • la mejor ésta será, la escucha el alma una vez más entre el ruido de este mundo... Los de más dulce mirar. El clérigo va a rezar, el coro está de rodillas, otras músicas solemnes el alma pronto oirá. ¡Oh, miserere, oh, ten piedad! Ya no será Catalina la de más dulce mirar. Guarda esta cinta que es mía (me la quité del cabello), y cuando llores sobre ella no te sentirás tan solo, pues desde el cielo yo sin cesar en ti posaré estos ojos, los de más dulce mirar. Pero ahora, cuando aún estoy aquí, brillan más; tú, amor mío, echa en olvido v v v v v v
    • todo lo que es mi pasado: estas palabras dedicarás a otra más bella que yo: la de más dulce mirar. Pero, ¿qué hacéis, ojos míos? Sois desleales si el llanto dejáis caer por el bien de su esperanza y su vida. Sería indigno para el mortal que un llanto ruin enturbiara los de más dulce mirar. Velaré por su futuro, bendeciré su esplendor; quiero que cante a otros ojos de mirar mucho más dulce. Que los proteja su ángel guardián, y que sean para él los de más dulce mirar. v v v v
    • RAINEL MARIA RILKER DER PANTHER Su mirada se ha cansado de tanto observar esos barrotes ante sí, en desfile incesante, que nada más podría entrar ya en ella. Le parece que sólo hay miles de barrotes y que detrás de ellos ningún mundo existe. Mientras avanza dibujando una y otra vez con sus pisadas círculos estrechos, el movimiento de sus patas hábiles y suaves va mostrando una rotunda danza, v v v v
    • en torno a un centro en el que sigue alerta una imponente voluntad. Sólo a veces, permite en silencio, la apertura de los cortinajes que ocultaban sus pupilas; y cruza una imagen hacia adentro, se desliza a través de los tensos músculos cae en su corazón, se desvanece y muere. GUSTAVO ADOLFO BACQUER RIMA IX Besa el aura que gime blandamente las leves ondas que jugando riza; v v v v v v v v
    • el sol besa a la nube en occidente y de púrpura y oro la matiza; la llama en derredor del tronco ardiente por besar a otra llama se desliza; y hasta el sauce, inclinándose a su peso, al río que le besa, vuelve un beso RUBEN DARIO Mía Mía: así te llamas. ¿Qué más harmonía? Mía: luz del día; mía: rosas, llamas. ¡Qué aroma derramas en el alma mía si sé que me amas! ¡Oh Mía! ¡Oh Mía! v v
    • Tu sexo fundiste con mi sexo fuerte, fundiendo dos bronces. Yo triste, tú triste... ¿No has de ser entonces mía hasta la muerte? PABLO NERUDA ODA A CESAR VALLEJO A la piedra en tu rostro, Vallejo, a las arrugas de las áridas sierras yo recuerdo en mi canto, tu frente
    • gigantesca sobre tu cuerpo frágil, el crepúsculo negro en tus ojos recién desencerrados, días aquéllos, bruscos, desiguales, cada hora tenía ácidos diferentes o ternuras remotas, las llaves de la vida temblaban en la luz polvorienta de la calle, tú volvías de un viaje lento, bajo la tierra, y en la altura de las cicatrizadas cordilleras yo golpeaba la puertas, que se abrieran los muros, que se desenrollaran los caminos,
    • recién llegado de Valparaíso me embarcaba en Marsella, la tierra se cortaba como un limón fragante en frescos hemisferios amarillos, te quedabas tú allí, sujeto a nada, con tu vida y tu muerte, con tu arena cayendo, midiéndote y vaciándote, en el aire, en el humo, en las callejas rotas del invierno. Era en París, vivías en los descalabrados hoteles de los pobres. España se desangraba. Acudíamos.
    • Y luego te quedaste otra vez en el humo y así cuando ya no fuiste, de pronto, no fue la tierra de las cicatrices, no fue la piedra andina la que tuvo tus huesos, sino el humo, la escarcha de París en invierno. Dos veces desterrado, hermano mío, de la tierra y el aire, de la vida y la muerte, desterrado del Perú, de tus ríos, ausente de tu arcilla. No me faltaste en vida, sino en muerte. Te busco gota a gota, polvo a polvo,
    • en tu tierra, amarillo es tu rostro, escarpado es tu rostro, estás lleno de viejas pedrerías, de vasijas quebradas, subo las antiguas escalinatas, tal vez estés perdido, enredado entre los hilos de oro, cubierto de turquesas, silencioso, o tal vez en tu pueblo, en tu raza, grano de maíz extendido, semilla de bandera. Tal vez, tal vez ahora
    • transmigres y regreses, vienes al fin de viaje, de manera que un día te verás en el centro de tu patria, insurrecto, viviente, cristal de tu cristal, fuego en tu fuego, rayo de piedra púrpura. MARIO BENEDETTI ¿DE QUE SE RIE?
    • v (Seré curioso) En una exacta foto del diario señor ministro del imposible vi en pleno gozo y en plena euforia y en plena risa su rostro simple seré curioso señor ministro de qué se ríe de qué se ríe de su ventana se ve la playa pero se ignoran los cantorales tienen sus hijos ojos de mando pero otros tienen mirada triste v v v v
    • aquí en la calle suceden cosas que ni siquiera pueden decirse los estudiantes y los obreros ponen los puntos sobre las íes por eso digo señor ministro de qué se ríe de qué se ríe esté conoce mejor que nadie la ley amarga de estos países ustedes duros con nuestra gente por qué con otros son tan serviles cómo traicionan el patrimoniov v
    • mientras el gringo nos cobra el triple cómo traicionan esté y los otros los adulones y los seniles por eso digo señor ministro de qué se ríe de qué se ríe aquí en la calle sus guardias matan y los que mueren son gente humilde y los que quedan llorando de rabia seguro piensan en el desquite allá en la celda sus hombres hacen sufrir al hombre y eso no sirve v v v v
    • después de todo este es el palo mayor de un barco que se va a pique seré curioso señor ministro de qué se ríe de qué se ríe. ADIÓS ¡Adiós! si dicha se concede al hombre de una plegaria en premio, ésta tu nombre elevará hasta el trono del Señor. Promesas, quejas, llanto, fueran vanos; v v v v
    • más que el lloro, exprimido, ya sangrante, de ojos sin luz, tenaz remordimiento esta palabra dice... ¡Adiós! ¡Adiós! Secos están mis ojos, extinguida mi voz, pero al dejarte, de mi vida se adueña para siempre un gran dolor. Aunque el pesar y la pasión torturan mi corazón, quejarse no le es dado... Yo sólo sé que en vano hemos amado... Sólo puedo sentir... ¡Adiós! adiós. PERCY SHELLEY LA SERENATA INDIA v v v v
    • I Me levanto desde sueños de ti En el primer dulce dormir de la noche Cuando los vientos respiran suave Y las estrellas relumbran brillantes: Me levanto desde sueños de ti, Y un espíritu en mis pies Me ha llevado -¿quién sabe cómo?- A la ventana de tu cuarto, ¡Dulce! II Los aires vagabundos desmayan Sobre lo oscuro, la corriente silenciosa- Los aromas de Champan caen Como dulces pensares en un sueño La queja del ruiseñor Muere sobre su corazón Como yo sobre el tuyo ¡Oh, amado como tú lo eres! III ¡Oh elévame de la hierba! ¡Muero!, ¡Desmayo! ¡Caigo! Deja que tu amor en besos llueva Sobre mis párpados y labios pálidos. Mi mejilla es fría y blanca, ay! Mi corazón late alto y rápido; v v v v v v
    • ¡Oh! Apriétalo contra el tuyo de nuevo donde al final se romperá. SOBRE EL MAR No cesan sus eternos murmullos, rodeando las desoladas playas, Y el brío de sus olas diez mil cavernas llena dos veces, y el hechizo de lacéate les deja su antiguo son oscuro. Pero a menudo tiene tan dulce continente, que apenas se moviera la concha más menuda durante muchos días, de donde cayó Cuando los vientos celestiales Pasaron, sin cadenas.
    • Los que tenéis los ojos dolientes o cansados, brindadles esa anchura del Ganar, como una fiesta; y los ensordecidos por clamoreo rudo o los que estáis ahítos de notas fatigosas, sentaos junto a Una antigua caverna, meditando, hasta sobresaltaros, como al cantar las ninfas. v v v v v v v v v v v v