Nobleza y areté

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Nobleza y areté

  1. 1. NOBLEZA Y "ARETE"La educación es una función tan natural y universal de la comunidad humana,que por su misma evidencia tarda mucho tiempo en llegar a la plena concienciade aquellos que la reciben y la practican. Así, su primer rastro en la tradiciónliteraria es relativamente tardío. Su contenido es en todos los pueblosaproximadamente el mismo y es, al mismo tiempo, moral y práctico. Tal fuetambién entre los griegos.Reviste en parte la forma de mandamientos, tales como: honra a los dioses,honra a tu padre y a tu madre, respeta a los extranjeros; en parte, consiste enuna serie de preceptos sobre la moralidad externa y en reglas de prudenciapara la vida, trasmitidas oralmente a través de los siglos; en parte, en lacomunicación de conocimientos y habilidades profesionales, cuyo conjunto, enla medida en que es trasmisible, designaron los griegos con la palabratechné.Los preceptos elementales de la recta conducta respecto a los dioses, lospadres y los extraños, fueron incorporados más tarde a las leyes escritas de losestados sin que se distinguiera en ellas de un modo fundamental entre la moraly el derecho. El rico tesoro de la sabiduría popular, mezclado con primitivasreglas de conducta y preceptos de prudencia arraigados en supersticionespopulares, llegó, por primera vez, a la luz del día a través de una antiquísimatradición oral, en la poesía rural gnómica de Hesíodo.Las reglas de las artes y oficios resistían, naturalmente, en virtud de su propianaturaleza, a la exposición escrita de sus secretos, como lo pone de manifiesto,por ejemplo, en lo que respecta a la profesión médica, la colección de losescritos hipocráticos. De la educación, en este sentido, se distingue la formación del hombre,mediante la creación de un tipo ideal íntimamente coherente y claramentedeterminado. La educación no es posible sin que se ofrezca al espíritu unaimagen del hombre tal como debe ser. En ella la utilidad es indiferente o, por lomenos, no es esencial. Lo fundamental en ella es καλόν, es decir, la belleza, enel sentido normativo de la imagen, imagen anhelada, del ideal. El contrasteentre estos dos aspectos de la educación puede perseguirse a través de lahistoria. Es parte fundamental de la naturaleza humana. No importan laspalabras con que los designemos. Pero es fácil ver que cuando empleamos lasexpresiones educación y formación o cultura para designar estos sentidoshistóricamente distintos, la educación y la cultura tienen raíces diversas. Lacultura se ofrece en la forma entera del hombre, en su conducta ycomportamiento externo y en su apostura interna. Ni una ni otra nacen del azar,sino que son producto de una disciplina consciente. Platón la comparó ya conel adiestramiento de los perros de raza noble. Al principio esta educación sehallaba reservada sólo a una pequeña clase de la sociedad, a la de los nobles.El kalos kagathos griego de los tiempos clásicos revela este origen de un modotan claro como el gentleman inglés. Ambas palabras proceden del tipo de laaristocracia caballeresca.
  2. 2. Pero desde el momento en que la sociedad burguesa dominante adoptóaquellas formas, la idea que las inspira se convirtió en un bien universal y enuna norma para todos. Es un hecho fundamental de la historia de la cultura que toda alta culturasurge de la diferenciación de las clases sociales, la cual se origina, a su vez, enla diferencia de valor espiritual y corporal de los individuos. Incluso donde ladiferenciación por la educación y la cultura conduce a la formación de castasrígidas, el principio de la herencia que domina en ellas es corregido ycompensado por la ascensión de nuevas fuerzas procedentes del pueblo. Eincluso cuando un cambio violento arruina o destruye a las clases dominantes,se forma rápidamente, por la naturaleza misma de las cosas, una clasedirectora que se constituye en nueva aristocracia. La nobleza es la fuente delproceso espiritual mediante el cual nace y se desarrolla la cultura de unanación. La historia de la formación griega —el acaecimiento de laestructuración de la personalidad nacional del helenismo, de tan altaimportancia para el mundo entero— empieza en el mundo aristocrático de laGrecia primitiva con el nacimiento de un ideal definido de hombre superior, alcual aspira la selección de la raza. Puesto que la más antigua tradición escritanos muestra una cultura aristocrática que se levanta sobre la masa popular, espreciso que la consideración histórica tome en ella su punto de partida. Todacultura posterior, por muy alto que se levante, y aunque cambie su contenido,conserva claro el sello de su origen. La educación no es otra cosa que la formaaristocrática, progresivamente espiritualizada, de una nación. No es posible tomar la historia de la palabra paideia como hilo conductorpara estudiar el origen de la educación griega, como a primera vista pudieraparecer, puesto que esta palabra no aparece hasta el siglo V. Ello es, sin duda,sólo un azar de la tradición. Es posible que si descubriéramos nuevas fuentespudiéramos comprobar usos más antiguos. Pero, evidentemente, noganaríamos nada con ello, pues los ejemplos más antiguos muestranclaramente que todavía al principio del siglo ν significaba simplemente la"crianza de los niños"; nada parecido al alto sentido que tomó más tarde y quees el único que nos interesa aquí. El tema esencial de la historia de laeducación griega es más bien el concepto de areté, que se remonta a lostiempos más antiguos. El castellano actual no ofrece un equivalente exacto dela palabra. La palabra "virtud" en su acepción no atenuada por el usopuramente moral, como expresión del más alto ideal caballeresco unido a unaconducta cortesana y selecta y el heroísmo guerrero, expresaría acaso elsentido de la palabra griega. Este hecho nos indica de un modo suficientedónde hay que buscar su origen. Su raíz se halla en las concepcionesfundamentales de la nobleza caballeresca. En el concepto de la arete seencuentra el ideal educador de este periodo en su forma más pura.El más antiguo testimonio de la antigua cultura aristocrática helénica esHomero, si designamos con este nombre las dos grandes epopeyas: la Ilíada yla Odisea. Es para nosotros, al mismo tiempo, la fuente histórica de la vida deaquel tiempo y la expresión poética permanente de sus ideales. Es precisoconsiderarlo desde ambos puntos de vista. En primer lugar hemos de formar enél nuestra imagen del mundo aristocrático, e investigar después cómo el ideal
  3. 3. del hombre adquiere forma en los poemas homéricos y cómo su estrechaesfera de validez originaria se ensancha y se convierte en una fuerzaeducadora de una amplitud mucho mayor. La marcha de la historia de laeducación se hace patente, en primer lugar, mediante la consideración deconjunto del fluctuante desarrollo histórico de la vida y del esfuerzo artísticopara eternizar las normas ideales en que halla su más alta acuñación el geniocreador de cada época.El concepto de arete es usado con frecuencia por Homero, así como en lossiglos posteriores, en su más amplio sentido, no sólo para designar laexcelencia humana, sino también la superioridad de seres no humanos, comola fuerza de los dioses o el valor y la rapidez de los caballos nobles. El hombreordinario, en cambio, no tiene arete, y si el esclavo procede acaso de una razade alta estirpe, le quita Zeus la mitad de su arete y no es ya el mismo que era.La areté es el atributo propio de la nobleza.Los griegos consideraron siempre la destreza y las fuerzas sobresalientescomo el supuesto evidente de toda posición dominante. Señorío y arete sehallaban inseparablemente unidos. Era natural para el griego, que valoraba elhombre por sus aptitudes, considerar al mundo en general desde el mismopunto de vista. En ello se funda el empleo de la palabra en el reino de las cosasno humanas, así como el enriquecimiento y la ampliación del sentido delconcepto en el curso del desarrollo posterior. Pues es posible pensar distintasmedidas para la valoración de la aptitud de un hombre según sea la tarea quedebe cumplir. Sólo alguna vez, en los últimos libros, entiende Homero por aretelas cualidades morales o espirituales. En general designa, de acuerdo con lamodalidad de pensamiento de los tiempos primitivos, la fuerza y la destreza delos guerreros o de los luchadores, y ante todo el valor heroico considerado noen nuestro sentido de la acción moral y separada de la fuerza, sinoíntimamente unido. No es verosímil que la palabra arete tuviera, en el uso vivo del lenguaje, alnacimiento de ambas epopeyas, sólo la estrecha significación dominante enHomero.Ya la epopeya reconoce, al lado de la arete, otras medidas de valor. Así, laOdisea ensalza, sobre todo en su héroe principal, por encima del valor, quepasa a un lugar secundario, la prudencia y la astucia. Bajo el concepto de aretees preciso comprender otras excelencias además de la fuerza denodada, comolo muestra, además de las excepciones mencionadas, la poesía de los tiemposmás viejos. La significación de la palabra en el lenguaje ordinario penetraevidentemente en el estilo de la poesía. Pero la arete, como expresión de lafuerza y el valor heroicos, se hallaba fuertemente enraizada en el lenguajetradicional de la poesía heroica y esta significación debía permanecer allí porlargo tiempo. Es natural que en la edad guerrera de las grandes migraciones elvalor del hombre fuera apreciado ante todo por aquellas cualidades y de ellohallamos analogías en otros pueblos. Esta significación antigua se mantieneaun en tiempos posteriores en expresiones formales tales como "murió comoun héroe esforzado". En este sentido se halla con frecuencia usado eninscripciones sepulcrales y en relatos de batallas. No obstante, todas las
  4. 4. palabras de este grupo tienen en Homero, a pesar del predominio de susignificación guerrera, un sentido "ético" más general. Ambas derivan de lamisma raíz: designan al hombre de calidad, para el cual, lo mismo en la vidaprivada que en la guerra, rigen determinadas normas de conducta, ajenas alcomún de los hombres. Así, el código de la nobleza caballeresca tiene unadoble influencia en la educación griega. La ética posterior de la ciudad heredóde ella, como una de las más altas virtudes, la exigencia del valor, cuya ulteriordesignación, "hombría", recuerda de un modo claro la identificación homéricadel valor con la arete humana. De otra parte, los más altos mandamientos deuna conducta selecta proceden de aquella fuente. Como tales, valen muchomenos determinadas obligaciones, en el sentido de la moral burguesa, que unaliberalidad abierta a todos y una grandeza en el porte total de la vida. Concepto de culturaLa palabra cultura (del tema cult, perteneciente al verbo latino colo, colere,cultum = cultivar) significa etimológicamente cultivo. Como palabrafundamental, ella entra en composición con palabras específicas, quedeterminan su sentido general; así “agri-cultura” = cultivo del campo. Cicerón,en las Tusculanas (2, 13), emplea la expresión cultura animi en el sentido de“educación espiritual”; y Horacio, en las Epístolas (1, 1, 40. B), usa la palabracon el mismo sentido, si bien no añade término especificativo alguno. Cultura,atento a su definición verbal-etimológica, es, pues, educación, formación,desarrollo o perfeccionamiento de las facultades intelectuales y morales delhombre; y en su reflejo objetivo, cultura es el mundo propio del hombre, enoposición al mundo natural, que existiría igualmente aun sin el hombre. Cultura,por tanto, no es solamente el proceso de la actividad humana, que FranciscoBacon llama metafóricamente la “geórgica del animo” (De dignitate etaugmentis scientiae, VII, 1); es también el producto de tal actividad, de talformación, o sea, es el conjunto de maneras de pensar y de vivir, cultivadas,que suelen designarse con el nombre de civilización. Así entendida, cultura esun nombre adecuado para aplicarse, sensu lato, a todas las realizacionescaracterísticas de los grupos humanos. En él están comprendidos tanto ellenguaje, la industria, el arte, la ciencia, el derecho, el gobierno, la moral, lareligión, como los instrumentos materiales o artefactos en los que sematerializan las realizaciones culturales y mediante los cuales surten efectopráctico los aspectos intelectuales de la cultura (edificios, instrumentos,máquinas, objetos de arte, medios para la comunicación, etcétera). Pero no siempre el término cultura ha tenido una extensión tan grande;anteriormente, máxime en la edad clásica, su denotación era mucho másrestringida. En la Grecia antigua, el término correspondiente a cultura erapaideya (lit. crianza de un niño; met. instrucción, educación perfecta), al pasoque, en la Roma de Cicerón y de Varrón, se usaba la palabra humanitas (lit.naturaleza humana; met. dignidad humana, educación refinada). Se entendíapor educación perfecta o refinada la que proporcionan las buenas artes, queson propias y exclusivamente del hombre y lo diferencian de los demásanimales (A. Gelio: Noches áticas, XIII, 17). Las buenas artes eran la poesía, laelocuencia, la filosofía, etcétera, a las cuales se reconocía un valor esencialpara la formación del hombre verdadero, del hombre en su genuina y perfecta
  5. 5. naturaleza, o sea, del hombre concebido como pura mente, como puro espíritu.A partir del siglo I antes de Cristo, por obra especialmente del filólogo romanoVarrón, se llamó artes liberales (o sea, dignas del hombre libre; los esclavos,en Grecia, estaban excluidos de la educación), en contraste con las artesmanuales, a nueve disciplinas: gramática, dialéctica, retórica, aritmética,geometría, astronomía, música, arquitectura y medicina. Más tarde, en el sigloV, Marciano Capella, en su obra Las nupcias de Mercurio con la Filología(donde la esposa es acompañada precisamente por las artes liberales), eliminólas últimas dos, la arquitectura y la medicina, por no ser necesarias a un serpuramente espiritual (es decir, que no tiene cuerpo). Quedó, de esta manera,definido el currículum de los estudios (un trivium: gramática, dialéctica yretórica, y un quadrivium: aritmética, geometría, astronomía y música),destinado a permanecer inmutado por muchos siglos. S. Tomás fundaba ladistinción entre artes liberales y artes manuales o serviles en que las primerasestán dirigidas al ejercicio de la razón y las segundas a los trabajos del cuerpo,que en cierto modo son serviles, porque el cuerpo está sometido al alma y elhombre es libre según el alma. Para significar el arte manual o mecánico, engriego se empleaba la palabra banausía, que implicaba una valoración negativade tal actividad como algo grosero y vulgar. Ya Herodoto (Historias, II, 155sigs.) observaba que tanto los griegos como los bárbaros convenían enconsiderar inferiores a los ciudadanos que aprenden un oficio y, en cambio, enconsiderar como gente de bien a los que evitan los trabajos manuales y sededican principalmente a la guerra. Jenofonte (Económico, IV, 203) sostiene, asu vez, que las artes mecánicas deshonran a las ciudades. Platón, en elGorgias (512 B), dice que hay que despreciar a los que ejercen las artesmecánicas, por más que sean útiles. Más explícitamente Aristóteles (Política,III, 4, 1277 sigs.) afirma que el poder señorial es propio de quien no sabe hacercosas necesarias, pero las sabe usar mejor que sus dependientes; saberlashacer es propio de los esclavos, es decir, de la gente destinada a obedecer. Eslamentable que el genio de Platón y de Aristóteles no haya sabido mirar haciael futuro y haya sancionado la constitución social de su tiempo, basada en laesclavitud: de un lado estaban los que lo poseían todo; del otro, los que notenían más razón de existir que la de proporcionar los bienes necesarios parala existencia de los primeros. El esclavo no pasaba de ser un instrumentoanimado; y todos los que se dedicaban a los trabajos manuales no sediferenciaban substancialmente de los animales, porque también éstos (sedecía) trabajan, luchan para proporcionarse el alimento y para satisfacer otrasnecesidades, porque también éstos son meramente soma (cuerpo) y no nous(mente pensante). Este concepto clásico de cultura es, pues, eminentementearistocrático: no todos pueden acceder a ella, sino solamente los mejordotados. Por otro lado, es naturalista, ya que excluye toda actividad ultra-mundana, o sea, que no esté dirigida a la realización del hombre en el mundo.Por fin, es contemplativa, al ver en la vida teórica, enteramente dedicada a labúsqueda de la más alta sabiduría, fuera de cualquier utilidad práctica, el finúltimo de la cultura. En la condena y subestimación del trabajo manual, máximesi tiende a la consecución de una ganancia, el concepto clásico de cultura seaviene perfectamente al sentido de la palabra latina otium (descanso de lasocupaciones de los negocios, tiempo libre porque no es ocupado por losnegocios), en oposición a negotium (nec otium, a saber, ocupación, actividadpráctica). El griego empleaba la palabra sjolé con sentido similar: ocupación de
  6. 6. estudios, ocio, descanso. La edad media en parte conservó y en parte modificó el concepto clásicode cultura: conservó los caracteres aristocrático y contemplativo, perosubstituyó el carácter naturalista con el carácter religioso-trascendente: fin de lacultura es la preparación del hombre para el cumplimiento de los deberesreligiosos y la consecución de la vida ultraterrenal. La filosofía adquirió una función eminente, pero diversa de la que habíatenido en el mundo grecorromano: dejó de ser el conjunto de las búsquedasautónomas que el hombre organiza y disciplina de acuerdo con losinstrumentos naturales que él posee, o sea, con los sentidos y la razón, y seconvirtió en auxiliar de la teología para la defensa y la demostración, hastadonde sea posible, de las verdades reveladas (philosophia ancilla esttheologiae). Sin embargo, la cultura medieval conservó, como se dijo arriba, loscaracteres aristocrático y contemplativo, propios del ideal clásico. El carácter aristocrático fue afirmado sobre todo por la filosofía árabe:solamente a unos pocos (dice Averroes) es accesible la verdad filosófica; a losmás sólo les queda la revelación religiosa. El carácter contemplativo semantuvo en el conocimiento científico y filosófico y se acentuó en el contenidoreligioso como preparación y anticipación de la contemplación beatífica delalma en el reino celestial. En general, el saber de la Edad Media se significópor religioso y enciclopédico. El progreso del saber en la antigüedad se había caracterizado por unacreciente especialización, producto de una cada vez más grande autonomía delas ciencias particulares respecto de la filosofía. Aunque ésta era reconocidacomo “la madre de todas las ciencias”, jamás logró sujetarlas a sus principios ya sus métodos, porque, a causa de la norma vigente de la libre investigación,ninguna corriente filosófica llegó a ser exclusiva por su prestigio o a gozar delapoyo oficial. Esta circunstancia, o sea, la imposibilidad de que un sistemafilosófico se constituyera en sistema predominante y orientara la búsqueda entodos los campos del saber, junto con el amor desinteresado por la verdad y elcontacto con la naturaleza, promovió aquel admirable florecimiento dedescubrimientos que hace de los dos últimos cinco o cuatro siglos de la edadprecristiana uno de los periodos más luminosos de la ciencia humana. En cambio, en la edad media, el interés por la búsqueda de lo nuevo ypor el acrecentamiento del patrimonio científico decayó notablemente: lateología ya tenía listas las respuestas a los grandes problemas del Ser absolutoy universal, propios de la Metafísica; y, en cuanto al conocimiento de lanaturaleza, la edad media aceptó sin reservas la ciencia aristotélica como unaadquisición definitiva del pensamiento humano. Los programas de las escuelasno tenían otra finalidad que la formación de los clérigos. Para ello, resultabansuficientes las siete artes liberales: en la escuela de gramática, se estudiaba ellatín, por cuanto era la lengua del clero; la enseñanza de la retórica y de ladialéctica tendía a la formación de los predicadores; la matemática era la llavepara la interpretación del significado místico y simbólico de los números; elconocimiento de la astronomía servía para la compilación del calendario
  7. 7. eclesiástico; por fin, huelga recordar la estrecha relación de la música con lasceremonias del culto. Desde luego, no todo significó estancamiento depensamiento: al lado de las escuelas claustrales y episcopales, empezaron asurgir las primeras universidades laicas, animadas por un espíritu nuevo deintensa curiosidad, de independencia, de crítica, de libre movimiento, preludiode la edad moderna. La edad moderna fue anunciada por un intenso y admirable movimientocultural, que tuvo su primero y más importante centro en Italia. La intencióndeclarada era “abrir las ventanas al pensamiento”, que había quedadoencerrado dentro del sistema aristotélico-tomista. Ello implicaba el repudio delprincipio de autoridad y de la tradición y la afirmación del derecho a pensarlibremente, fuera de compromisos de cualquier especie. Dicho másescuetamente, la cultura se laicizó. El humanismo tuvo, entre sus rasgos esenciales, el reconocimiento delvalor humano de las letras clásicas. Ya en tiempos de Cicerón y de Varrón,como se ha dicho arriba, la palabra humanitas significaba la educación delhombre como tal, como ser espiritual. En el humanismo, tal concepto seperfeccionó, al reconocerse en la elocuencia y, en general, en los estudiosliterarios, que culminaban en el arte de componer en latín y en griego, la baseo, mejor dicho, el alma de la educación intelectual. Según los humanistas, el estudio de las letras clásicas cumplía con lafunción formativa del hombre desde un triple punto de vista: a) como medio deexpresión y perfeccionamiento del pensamiento; b) como medio derefinamiento del gusto estético; c) como medio de preparación para la vida.Cumple con la primera función, por cuanto las lenguas antiguas con suorganización lógico-gramatical obligan, por así decirlo, al pensamiento a serclaro y ordenado. Cumple con la segunda función, porque, al descubrirnos unmundo deslumbrante por su belleza, educa el gusto. Por fin, cumple con latercera función, porque prepara a los jóvenes al cumplimiento cabal yresponsable de sus deberes en el seno de la vida social. La cultura renacentista sigue, por tanto, siendo aristocrática: la sabiduríaestá reservada a pocos; el sabio humanista está separado del resto de lahumanidad, posee un status metafísico y moral propio, distinto del status de losdemás hombres. Por otro lado, la cultura humanista recupera el carácter naturalista, quese había perdido en la edad media: el hombre queda situado en su mundo, quees el mundo de la naturaleza y de la historia. La formación humanista consienteal hombre vivir de la manera mejor en el mundo que es suyo; y la propiareligión, desde este punto de vista, es elemento integrante de la cultura, noporque prepare hacia otra vida, sino porque enseña a vivir bien en ésta. En cambio, la cultura renacentista abandonó el carácter contemplativode la noción tradicional de cultura e insistió en el carácter activo, práctico de lasabiduría humana. Ya en el siglo XIV, Coluccio Salutati (1331-1406) decía en elDe nobilitate legum et medicinae: “Me causa extrañeza el que se sostenga que
  8. 8. la sabiduría consista en la contemplación. Ya que la verdadera sabiduría noconsiste en la mera especulación, no puede llamarse sabio a quien, aunhabiendo conocido cosas celestes y divinas, no es útil a sí mismo, a la familia,a los amigos y a la patria”. La sucesiva afirmación de esta concepción activa de la culturacaracteriza el comienzo de la edad moderna. Nos basta con citar a los dospilares de la filosofía de este tiempo: Bacon y Descartes. De Bacon referimos:“Hay que saber aplicar los descubrimientos de la ciencia a los fines de una vidafeliz” (Selva de las selvas, apéndice: “Nueva Atlántida”); “El hombre es ministroe intérprete de la naturaleza, cuyo ordenamiento descubre por obra de lainteligencia y de la observación” (Novum organum, cap. I); “Saber y podercoinciden, ya que sólo obedeciendo a la naturaleza, esto es, entendiéndola yexplicándola, se puede llegar a dominarla” (Novum organum, ibídem). DeDescartes reproducimos: “Todo hombre está obligado a procurar el bien de losdemás como está en sus manos, ya que nada vale quien a nadie es útil”(Discurso del método, Sexta Parte). Con la filosofía de las luces se eliminó el carácter aristocrático de lacultura, que había permanecido inalterado desde la edad clásica. La Ilustración,por un lado, trató de aplicar la crítica racional a todos los objetos susceptiblesde investigación y, por el otro, se propuso la máxima difusión de la cultura, quedejaría así de ser patrimonio de los cultos para convertirse en instrumento derenovación de la vida individual y social. A esta doble tarea colaboraron almismo tiempo filósofos, literatos, poetas, hombres de ciencia, críticos ypolíticos. Esta confluencia de corrientes encontró, en Francia, sudocumentación luminosa en la Enciclopedia, diccionario universal de ciencia yde letras, de arte y de oficios, que quería ofrecer un cuadro general de losesfuerzos del espíritu humano en todos los campos del saber y en todos lossiglos. Cada cosa fue removida, cada cosa fue objeto de análisis y de juicio.Los intelectuales pretendían liquidar el orden existente con la fuerza de sulógica para construir luego un nuevo arreglo con el instrumento de la razón. Mientras tanto, el dominio mismo de la cultura iba ensanchándose:nuevas disciplinas que se habían formado y que habían adquirido suautonomía exigían ser incluidas dentro del concepto de cultura como elementosconstitutivos, esto es, como elementos indispensables para la formación de unavida humana equilibrada y rica. Ya no satisfacía la vieja noción humanística;era preciso también el conocimiento, en cierta medida, de la matemática, lafísica, las ciencias naturales, las disciplinas históricas y filológicas, etc. De estamanera, el concepto de cultura acabó por significar enciclopedismo, es decir,conocimiento general y sumario de todos los dominios del saber. Del todocontrario a la difusión sin discernimiento de la cultura se mostró J- J. Rousseau,el maestro de Robespierre, el teórico de la igualdad social. “¿Qué puedepensarse -dice- de estos compendiadores de obras que, de una maneraindiscreta, han abierto las puertas de las ciencias y han hecho penetrar en susantuario a un populacho indigno de aproximarse a ellas?” Desde los comienzos del siglo presente, se ha advertido la insuficienciadel ideal enciclopedista. Benedetto Croce lamentaba, en 1908, que hubiera
  9. 9. prevalecido “el tipo del hombre que posee no pocos conocimientos, pero queno posee el conocimiento” (es decir, que no tiene una visión sistemática yprofunda de la realidad; su cultura consiste en un sinnúmero de conocimientossuperficiales, inconexos y dispersos). En verdad, el problema de la cultura, a mi juicio, se ha agravado en elcurso de este siglo a causa de la multiplicación y especialización de lasorientaciones de búsqueda y, por tanto, de las disciplinas (naturalistas o nonaturalistas). La creciente industrialización del mundo contemporáneo imponela formación de competencias específicas, alcanzables sólo medianteadiestramientos particulares, que relegan al hombre a campos excesivamenterestringidos de estudio y de actividad. La sociedad presente exige de cada uno de sus miembros elrendimiento en el oficio y en la función que le han sido asignados; y elrendimiento depende de los conocimientos específicos para el desempeño deactividades prácticas y productivas, y no de la posesión de una cultura generaldesinteresada. Yo reconozco la utilidad de las competencias específicas,indispensables a la vida del hombre singular y de la sociedad en su conjunto.Por otro lado, esta situación se ha determinado bajo la acción de condicioneshistórico-sociales, que no pueden ignorarse y mucho menos anatematizarse. La pregunta que, aquí, nos interesa formular es: ¿son dichascompetencias específicas expresiones de cultura? Hay cierta resistencia, departe de los elementos más conservadores, a aceptarlas como tales, a causade su naturaleza de trabajos manuales o mecánicos y de su finalidad utilitaria.A ello puede objetarse: primero, que también las artes denominadas manualeso mecánicas suponen la acción directriz de la razón (no hay actividad ejercidaúnicamente con el cuerpo, sin que la mente intervenga); segundo, que tambiénlas denominadas artes espirituales o racionales se han profesionalizado (y, porlo mismo, tienden a la ganancia) y también ellas necesitan más o menos delcuerpo. De aquí se sigue que la vieja distinción tomista entre artes liberales(exclusivas de la razón) y artes serviles (propias del cuerpo) ha perdidoactualidad. Si deseamos, por consiguiente, ennoblecer el concepto de cultura,hemos de eliminar de él cualquier tendencia a la ganancia y restringir sudenotación a las formas más elevadas de la vida de un pueblo, tales como: lafilosofía, la religión, el arte, la ciencia, etcétera. A la luz de esta noción decultura recobra vigencia el modelo humanístico de educación. Yo creo que el ideal humanístico, con todas sus insuficiencias, esbásico, es fundamental, para el mejoramiento intelectual, moral y del gustoestético del hombre. Recuérdese que la educación humanística, además deservir como medio de expresión y perfeccionamiento del pensamiento y para elrefinamiento del gusto estético, prepara para una vida digna y plena deespiritualidad. En efecto, una vez constituida la personalidad a través de losestudios literarios (en especial de las letras clásicas, cuyos exponentespregonaron, defendieron y realizaron de una manera eminente los valoreseternos y universales del espíritu), o sea, una vez adquirida la conciencia clara
  10. 10. de los valores humanos, el individuo puede ocupar con dignidad su puesto enel contexto social, independientemente del fin específico de su actividadprofesional (el humanismo no tiene finalidades profesionales ni técnicas), porser dueño de sí mismo y moralmente responsable. Me permito pensar que, sitodos tuviéramos un mínimum de formación humanística, viviríamos en unmundo mejor. Ojalá (y con este deseo termino) todos sepamos, a lo largo de nuestraexistencia, aprovechar los descansos de las ocupaciones materiales paraenriquecernos espiritualmente, es decir, para hacer de nuestro tiempo libre elotium de los antiguos, lo cual constituye todavía la mejor definición de cultura.Una nueva culturaLa sociedad es una red de relaciones - normas, leyes, instituciones, etcétera. –establecidas por las personas para poder convivir y trabajar en conjunto. Se originacuando un grupo de personas piensa y se pone de acuerdo en lo que van a ser y luegollevan a cabo las decisiones que han tomado. La cultura - es decir, el significadocompartido - subyace todo tipo de organización social.Culturas diferentes tienen diferentes gobiernos y la ausencia de un significado comunaboca a una lucha política.La sociedad y la cultura están basados en términos compartidos. En la actualidadnuestra sociedad se asienta sobre un conjunto de “significados compartidos”.Hay que poner en común todos nuestros significados, tanto pasados como presentes, demodo que podamos darnos cuenta de ellos y dejarlos simplemente ser, lo cual, por sisolo, aportará cierto orden.Esto favorecerá el surgimiento de un significado coherente para todo el grupo y, enconsecuencia, el origen de un nuevo tipo de cultura.Es posible constatar que este espíritu de dialogo también puede funcionar en grupos masreducidos, en el dialogo entre dos personas e incluso de un mismo individuo.El aglutinante que mantiene unida a la sociedad es el hecho de compartir un mismoconjunto de significados, algo de lo que nuestra sociedad carece. Es necesario uncemento adecuado, un buen aglutinante. Ése es el significado compartido.LA CULTURAEn el progreso humano, la cultura ha sido transformada en una mercancía masque las exigencias actuales. La cultura ha sido en ocasiones llevada en formanegativa, consideremos que: En 1947, Horkhiemer y Adorno plantearon porprimera vez el papel negativo de los medios de comunicación: su funciónmanipulativas, configuradora de la conciencia individual a partir de losparadigmas de producción industrial, y la consiguiente violación instrumental dela autonomía de la experiencia humana.
  11. 11. Esta dimensión manipuladora de los medios electrónicos de comunicacióncomo sistema global de configuración heterónima de la conciencia es de sobraconocida, y sus ejemplos pueden percibirse por todas partes; al mismo tiemposignifica la posibilidad maravillosa de participar del tiempo histórico.La televisión es una segunda piel y la segunda conciencia; el espacio y tiemposmediáticos, los acontecimientos que encierran, el orden interior que regulanprogramadamente, todo ello configura al individuo como ser en el mundoarrojado a la aventura existencial del tiempo electrónico.Comprensión amplia de los instrumentos técnicos de comunicación comosistema manipulador, destructivo de la autonomía individual, y como agente delempobrecimiento de la experiencia, y al mismo tiempo, como medio deproducción de una nueva conciencia individual: doble mirada y doble dimensiónde la nueva cultura electrónica como realidad virtual, como sistema desimulacros, como espectáculo.La cultura virtual es un sistema de valores, normas y modelos dereconocimiento de la realidad que, por sus características técnicas de difusiónmasiva, su efecto ilusionístico y su consenso automático, rebasa cualquiervalor estrictamente representativo, para adquirir el estatus de una realidad masverdadera que la propia experiencia subjetiva e individual de lo real.

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