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  • 1. III. Los excluidos urbanos ¿Quiénes pagan las consecuencias de la política económica neo liberal? ¿Quiénes sufren la profundización de las brechas de ingresos, empleo y productividad creadas por la indiscriminada apertura externa, la desregulación y la privatización? Una primera respuesta se encuentra en las calles de las ciudades. Millones de desempleados. Sin ningún colchón social. Sujetos al paro forzoso (no hay seguro de desempleo ni agencia nacional de empleo), son excluidos de la mesa de beneficiarios del neoliberalismo. Y millones de subempleados, que ejercen las más variadas actividades en los servicios urbanos para subsistir. Muchas actividades han sido íntegramente colonizadas por el ejército de quot;informalesquot; excluidos de las fábricas, de las administraciones, de las usinas y los campos, y de los empleos. Pero, ¿qué significa la noción de informal? ¿Es sólo una respuesta al desempleo abierto o friccional? ¿O, al contrario, es una respuesta que, por ser permanente, constituye una alternativa instintiva de los peruanos excluidos, una suerte de mayoritaria quot;informalidad permanentequot;? ¿Adónde llegan los millones de migrantes, hartos de la exclusión rural y la discriminación, antes ence- rrados en sus comunidades rurales, que decidieron un día dejar sus tierras y partir hacia la conquista del espejismo urbano? ¿Qué pueden hacer para insertarse en la encogida estructura de producción interna? ¿Es acaso posible pensar que el rebalse de los pozos de prosperidad del mundo de los
  • 2. Gonzalo García Núñez 78 integrados y afluentes pueda resolver las necesidades masi- vas de empleo, ingresos, vivienda, nutrición, salud, educa- ción y recreación de los millones de excluidos? ¿De qué modo las ganancias de productividad del sector moderno de la economía, generadas por menos empleos locales, menor uso de factores internos, más insumos externos y mayores factores de mercados externos, pueden generar los efectos compensatorio s para atender las necesidades de todos los excluidos sin crear un latente estado de violencia? Una respuesta habitual es identificar a los bolsones de pobres y tentar la focalización del gasto estatal en programas de atención a la pobreza crítica. Y, entonces, ¿cómo entender la disminución del gasto social estatal en el ultimo quinquenio? Sin ir muy lejos, ¿cómo justificar un shock de demanda de la envergadura del aplicado en agosto de 1990 y reiterado sucesivamente en años posteriores, midi y mini shocks, sin ejecutar, al mismo tiempo, un suficiente programa de compensación social? Salvo una equívoca concepción de la vida como un proceso de selección biológica de los quot;más fuertesquot;, ningún raciocionio civilizado explica el virtual abandono de los excluidos de ayer y de hoya las inexorables fuerzas del mercado mundial, bajo el pretexto de una supuesta y cuestionada competitividad mundializada. Que no encuentra, por lo demás, contraparte objetiva en el aumento de las exportaciones ni en la participación en el mercado mundial, aunque este juicio debe matizarse a la luz de las cifras de emigrantes peruanos a los mercados de trabajo de los E.E.U.U. de Norteamérica y Europa. Dicho con ironía estadística, por supuesto. Estos y otros aspectos serán tratados a continuación bajo las formas analíticas de los excluidos urbanos y los pobres rurales.
  • 3. 79 Los excluidos urbanos LOS EXCLUIDOS DE LAS CIUDADES La política económica neoliberal ha multiplicado la exclusión de millones de peruanos en las ciudades, sobre todo en Lima. A la fecha, al lado de las pocas vitrinas del comercio importado se yerguen calles y barrios enteros penetrados y apropiados por comerciantes ambulatorios y pequeños productores urbanos, formando lo que descriptivamente se ha venido en llamar el sector informal urbano. ¿Cuáles son sus actuales características? Excepcio- nales. Proyecciones del Banco Central de Reserva indican un creciente coeficiente de informalización económica (PBI informal/Registrado). Este llegaría al 60% en el año 2000. La quot;informalidadquot; superaría a la quot;formalidadquot;; una verdadera subversión semántica. Entre 1986 y 1992, la población excluida que se refugia en la informal actividad, en las urbes, pasa del 44.7 al 59.5% de la PEA. En 1986, la PEA total en 1986 era de 5'624,457 personas, cerca del 28 % sobre un total de 20'207,100 de habitantes, distribuida en las categorías socio-profesionales que se señalan. La PEA crece en tres millones de trabajadores entre 1986 y 1994. Sin embargo, el número absoluto de empleados en 1994 es inferior al de 1993, 1992, 1991, finalmente al del propio 1986. ¿Dónde han ido a parar estos tres millones de nuevos trabajadores? ¿Por qué y cuándo han sido excluidos? Las cifras del desempleo absoluto son elocuentes pero apenas suficientes. Los excluidos son trabajadores, campesinos y obreros, técnicos y profesionales. Vienen de actividades que han reducido personal, achicado tamaño, cercenado empleos o simplemente, cerrado la puerta. Actividades que la apertura (liberalización) externa, la liberalización recesiva y la desregulación de los mercados han liquidado por desarme
  • 4. Gonzalo García Núñez 80 Cuadro No 3.1 PBI INFORMAL E INDICE DE INFORMALIDAD (Millones de intis de 1973) PBI PBI índice de Registrado informalidad 1/ Año FORMAL INFORMAL TOTAL 1951 134.71 19.88 154.59 136.07 0.15 1956 170.39 31.84 202.23 173.20 0.18 1960 210.47 46.43 256.90 215.76 0.22 1965 281.69 105.69 387.38 293.54 0.36 1970 329.16 113.93 443.09 352.80 0.32 1975 392.82 169.68 562.50 441.07 0.38 1980 404.98 165.28 570.26 483.85 0.34 1985 458.24 246.11 704.35 547.47 0.45 1990 532.46 317.05 849.51 636.15 0.50 1995 618.70 408.43 1027.13 739.19 0.55 2000 718.91 526.16 1245.07 858.91 0.61 Fuente : BCRP, INEI, la proyección es del Banco Central 1/ pbi informal / pbi registrado Gráfico No. 3.1 PEA NACIONAL 1986 - 1994 Empleadores y patrones 1988394 Aparato público Asalariados no agricolas Independientes no agricolas Agropecuarios o 500 000 1000 000 1500000 2000000 1986 1994 Fuente: INE, Cuentas Nacionales, 1950-1987, Lima, abril, 1988. Análisis Laboral, diciembre 1994. (*) Incluye fuerzas armadas y policiales, trabajadoras del hogar, trabajo familiar no remunerado.
  • 5. Los excluidos urbanos 81 arancelario, dumping, contrabando, sobrevaluación, aplastamiento del poder de compra interno, imposición y elevación brutal de las tarifas de los grandes insumos energéticos y de transporte. En suma, una doble recesión de los mercados, interno y externo. La cifra más impresionante es la brutal caída del número absoluto de los asalariados estatales, reducidos a un tercio de lo que eran en 1990. Pero hay otro fenómeno que afecta a los nuevos entrantes y a los migrantes rurales. Pese al dinamismo demográfico, la cantidad de obreros y de productores agrarios no crece en el período. Los jóvenes rurales han partido a la ciudad, no encuentran oportunidades de empleo, pueblan el Sector Informal Urbano. Pero no son los únicos informalizados. ¿Dónde van todos estos excluidos por la supuesta competitividad, estandarte Cuadro No. 3.2 PERSONAL OCUPADO EN EL SECTOR PUBLICO NACIONAL AÑO TOTAL VARIACION ACUMULADO 1975 514,034 1980 545,595 31,561 1981 579,374 33,779 1982 603,391 24,017 1983 656,180 52,789 1984 700,090 43,910 1985 757,790 57,700 243,756 1986 808,102 50,312 1987 872,534 64,432 1988 885,065 12,531 1989 890,000 4,935 132,210 1990 633,349 (256,651) (124,441) 1991 s/d s/d 1992 325,732 (307,617) 1993 426,890 101,158 (463,110) Fuente: PERU en números, 1991-1994, Lima. 1994.1989: estimados
  • 6. 82 Gonzalo García Núñez neoliberal? A espacios económicos terciarizados de baja productividad. Y de ninguna o casi inexistente protección social ni del empleo. En suma al ejército de subempleados del sector informal y excluidos de cualquier mecanismo de seguridad y protección sociales. Los trabajadores quot;independientes no-agrícolasquot;, eufemismo para describir a la legión de los excluidos como una categoría estadística, crecen en 50% entre 1981 y 1994. Lima concentra a estos informales. En 1986, Lima tenía 5' 665,515 habitantes y cerca del 60% de ellos eran nuevos ciudadanos de menos de 30 años. En 1994, cuando la urbe llega a los siete millones, gran parte de los excluidos ya no son sólo los primeros migrantes rurales sino sus hijos, jóvenes moradores limeños. La PEA de Lima era de 1 '526,850 personas en 1986. La proporción de la población en condición de desempleo abierto, subempleo por ingresos, trabajo no remunerado familiar o servidumbre urbana era enorme. Considerando que el shock de 1990 no tuvo ningún amortiguador ni colchón social, desde entonces la destructuración de la PEA se ha profundizado y la masa de los excluidos urbanos, acrecentado: por lo menos hay un millón de trabajadores limeños en aptitud de ejercer un empleo, pero éste no existe. Una parte importante de la PEA no-activa se refugia, reiteramos, en la quot;informalidadquot;. El universo de la exclusión no usa las mismas reglas que las del cuadrante moderno, pero no por ello carece de reglas. La población sin inserción construye, en unidad y oposición, un sistema paralelo, el así llamado SIU. Por tales motivos, el sector informal urbano de Lima ha merecido numerosos y diversos estudios. Una parte significativa de los mismos hasta hoy se apoyan en la actualización de la encuesta realizada en 1983 por Eliana Chávez y Jorge Bernedo de la Dirección General de Empleo del Ministerio de Trabajo y Promoción Social. El informal fue definido entonces como quot;el trabajador excluido del sector formal que
  • 7. 83 Los excluidos urbanos autogenera su puesto de trabajoquot;, calificación eminentemente descriptiva aunque útil en el relevo estadístico.16 Los adecuadamente empleados no superaban el 13 % de la PEA (12.7 según el censo de 1993). Del total de los no-adecuadamente-empleados, 87%, más del 10% vive el desempleo de larga duración. Entonces, tres de cada cuatro trabajadores estaban en condición técnica de subempleo por ingresos. El empleo total por sectores sería: 1986 1993 SMU 55.5 40.5 SIU 44.5 59.5 En el denominado SIU, hay otros trabajadores: SIU 1981 1993 Trabajadores domésticos 6.5 (3.1) Desempleados abiertos 6.5 (10.0) Veamos la evolución en Lima. Ella concentra la demanda de brazos. En Lima, un tercio de la PEA ya era «informal» en 1986; además, el 6.5% de ella estaba dedicada al trabajo doméstico, una reminiscencia de la servidumbre colonial. 16 El diseño de la muestra estadística tuvo como blanco-objetivo al sector no- estructurado, en una encuesta binaria de hogar-establecimiento, cubriendo diversas variables entre las que cabe mencionar a la ocupación, actividad y el tamaño del establecimiento.
  • 8. 84 Gonzalo García Núñez Esta categoría, por fortuna, desciende al 3.1 % en 1994. La cifra de los excluidos, incluyendo las categorías anteriores y los desempleados estructurales llega a un poco más del 48% de la PEA de Lima. Y el resto de los trabajadores en edad de trabajar, en Lima, se ubicaba en el sector estructurado, casi el 52%, aunque muchos de ellos viven una real condición de subempleo por ingresos, de acuerdo a las preliminares estimaciones del mapa de necesidades básicas insatisfechas (NBI-agosto 1994). ¿Cuál habría sido la evolución total de la informalidad en la PEA? Las cifras expansionadas, con los datos de 1986, revelan 439,420 trabajadores informales, de los cuales 286,044 son varones y 153,376 mujeres. (65 y 35%). La misma expansión de la encuesta, corregida con la información de 1994, llevaría la cifra a 800,000 trabajadores en Lima, de los cuales cerca de 500,000 son varones. Una gran proporción de estos excluidos urbanos se ocupa como vendedor ambulante o de puesto fijo, seguida de los operarios y artesanos, de suerte que e145% se ubica en los servicios de intermediación de las ventas y 32% en la pequeña producción. Entre los dos bloques suman casi el 80% del conjunto de la población ocupada en el sector no- estructurado. ¿Qué significaba trabajar como informal? De acuerdo a la encuesta referida, los informales se creaban un empleo en el comercio, más del 50%, laboran detrás de un mostrador y/ o de pie, atendiendo, cuidando y transportando la carretilla o el quiosco. Otros trabajan en la micro industria, cerca del 25% y un tercer gran grupo en el servicio de transporte urbano, los chóferes y quot;palancasquot;, personal de cobradores y acomodadores de los pasajeros en los microbuses, un 12% del total. El resto está empleado en los servicios de mantenimiento y reparación y en los oficios simples. Luego del shock de 1990, las proporciones de estas categorías, presumiblemente se alteraron en beneficio del comercio. Los rasgos principales
  • 9. Los excluidos urbanos 85 de la población empleada en la informalidad son: la perte- nencia a negocios de escalas pequeñas de producción, por lo general localizados en el domicilio personal; auto- financiados, algunos, con antigua implantación en la activi- dad, y de un tamaño de hasta nueve trabajadores directos. Al parecer este patrón se ha reforzado y extendido con la llegada de nuevos excluidos provenientes de los despidos estatales y privados. . El establecimiento industrial de la pequeña producción estuvo orientado principalmente a los bienes de simple elaboración destinados al consumo final, destacando las actividades de panificación, en confección, carpintería, ela- boración de alimentos y bebidas, calzado y muebles de madera. Hay también unidades de albañilería ligera, cons- trucción civil y algunas actividades relevantes de la metal- mecánica.l7 El tamaño de estos establecimientos varía entre una y nueve personas, pero el 70% de las unidades productivas son unipersonales, 25% emplea de dos a tres personas, unifamiliares, y el resto se distribuye en las otras dimensiones de establecimiento.18 Nótese que la pequeña producción industrial tiene una estructura algo diferente, precisamente en los tamaños de cuatro a cinco personas. Existe, por lo tanto, una escala de micro-empresa, unifamiliar, de taller-vivienda, trabajo a domicilio, de acuerdo con los casos descritos en la encuesta. Además, los micro-talleres tienen, en muchos casos, una antigua implantación en algunos barrios. Más del 39% tiene doce o más años en la actividad productiva, aunque no necesariamente sean las 17 Veáse el estudio conducido por el autor sobre la pequeña producción de Villa El Salvador, pueblo joven creado en 1972, y que hoy uno de los principales distritos limeños. 18 Las pequeñas empresas norteamericanas, por ejemplo, se definen como estableci- mientos de menos de 100 trabajadores. Estas serían grandes o medianas en el Perú.
  • 10. 86 GonzaLo Garcia Núñez mismas; 19% entre 5 y 12 años y el 28% con más de dos años y hasta un quinquenio. La fecha de apertura corresponde bien, por lo demás, con los tiempos de la migración, la exclusión del sector moderno formal y la incorporación a la actividad comercial como vendedor ambulante y el paso inmediato siguiente a la pequeña producción. No se trata, en todo caso, de un fenómeno sólo de desempleo friccional ni coyuntural sino de una estructura permanente, asociada, a rasgos culturales y de movilización social autónomos vinculados a estrategias campesinas. En efecto, del mismo modo que los comuneros rurales razonan una compensada cartera de cultivos en diferentes áreas y pisos ecológicos, los nuevos urbanos forman una cartera de ingresos múltiples en función al trabajo familiar en la producción y comercialización informal. Habrían circuitos de la producción y circulación de mercancías en el propio sistema informal: nueva licencia semántica. Las fuentes de financiamiento de la microactividad son los fondos y aportes propios. Del total de los establecimientos considerados en la encuesta, una proporción abrumadora se autofinancia y, en la pequeña producción, este porcentaje sube al 86.6% de los establecimientos. Hay sin embargo, un circuito de crédito no-estructurad%rganizado cuyos rasgos distintivos son la aplicación de los recursos a la formación de capital de trabajo, de extraordinaria capacidad de giro y tasas de interés desvinculadas de aquellas de los mercados consolidados. El proceso de trabajo demanda poco dinero al inicio de las actividades. Si bien las escalas varían según la actividad, las barreras al ingreso crecen a medida que el trabajador informal se inserta en los circuitos de circulación y realiza- ción del medio urbano. En la pequeña producción, el capital productivo se origina en el reuso de los desechos industriales y, eventualmente, en máquinas en el último ciclo de vida del producto. De allí la dificultad de generar garantías reales para ~
  • 11. 87 Los excluidos urbanos Cuadro No 3.3 TASAS DE INTERÉS EFECTIVAS POR CRÉDITO AL SECTOR INFORMAL URBANO ENTRE 1991-1992 (%) 1991 1991 1992 1992 Anual Mensual Anual Mensual INFLACiÓN 139 7.5 58 3.9 BANCA FORMAL 501 16.1 113 6.5 BANCA PARALELA 532 16.6 197 9.5 CRDTO PROVEEDOR 522 16.5 180 8.9 CRDTO INFORMAL 792 20.0 290 12 CRDTO ONGS 518 16.3 133 7.3 Fuente: Fidel Castro Zambrano, Financiamiento al SIU en Perú, PREALC, Documentos de trabajo, 377, Santiago, Agosto 1993 . el financiamiento de la actividad por parte de intermediarios bancarios. La pequeña producción se hace en el domicilio del productor; la vivienda familiar, donde las habitaciones de la casa se transforman en taller, (40% de las unidades produc- tivas son los propios hogares). Otra parte se realiza en locales baldíos acondicionados como quot;corralones-centros de trabajoquot; y existen también trabajadores itinerantes cuya producción y servicio se realiza en la calle y a domicilio. La tenencia del local es inicialmente propia, sin olvidar que gran parte de la vivienda popular es resultado de una invasión, pero, a medida que crece el volumen de ventas, el local se toma insuficiente y el taller-vivienda estalla para separarse, en taller, generalmente alquilado o compartido, y la vivienda-oficina. El comercio informal ha seguido otro sendero. Ha ganado las vías céntricas de la ciudad. Luego manzanas enteras y finalmente barrios. Está organizado en mercados feriales, paraditas, mercadillos, calles o parques,
  • 12. 88 Gonzalo García Núñez de acuerdo con diversos mecanismos de entreayuda. El SIU como un todo, en consecuencia, casi no usa máquinas. La encuesta revela la extrema indigencia de la disponibilidad de herramientas, equipos y maquinaria. Para el caso relevante de la pequeña producción, uno de cada cuatro no los usan. Y de los tres restantes, dos tienen herramientas propias y el otro las obtiene por préstamo en el ámbito de la pequeña producción. La distribución del valor de la maquinaria versus el número de personas usuarias es muy ilustrativo: Cuadro No. 3.4 % TOTAL VALOR DE MAQUINAS De USD 1-160 161-800 4.12% 801-2400 9.09% 2,400-16,000 > 4.16% 16,000 1.67% 0.20% Fuente: Encuesta Chávez-Bernedo. La apertura externa ha modificado este cuadro. La libre importación ha facilitado la reposición de algunos activos. Los operadores han trasladado los equipos y herramientas obsoletas de la economía quot;modernaquot; hacia actividades de menor densidad de capital y en particular, las empresas del SIU. Pero este desplazamiento solamente es observable en la esfera de las micros y pequeña producción. El resto, insistimos, no usa equipos. La depreciación es inexistente en esta lógica. Los informales ambulatorios, vendedores y artesanos de oficios simples son los grupos mayoritarios. No requieren inmovilizaciones. Excepcionalmente los transportistas caen
  • 13. Los excluidos urbanos 89 dentro de la categoría de los que poseen instrumentos de monto superior a los US$ 2,400. Gran parte de los vehículos importados son usados. De segunda o tercera mano. La pequeña producción se mueve en los rangos medios. Pero el acceso de la PEA informal a los medios de producción constituye el meollo del problema de su débil inserción productiva. Aquí la limitación técnica está imbricada al problema de la distribución del poder económico y político. Las ofertas políticas vigentes, en todos los casos, hasta 1990, no atacaron este problema de la distribución de los medios productivos. En general, tampoco se habían enraizado, surgido ni definido desde el espacio informal ni lo representaban de modo explícito. El nivel de ingreso real promedio del SIU era cercano al salario de subsistencia legal. No existen mayores precisiones en cuanto a los ingresos repartidos en los diferentes estratos de la población informal pero es posible suponer, a partir de los datos de la encuesta, que la relación entre los ingresos del sector formal vis a vis los del SIU crece a medida que la tasa de salarios aumenta en el primero y en la misma proporción o mayor, decrece. Una fuerte correlación y una elasticidad-ingreso Interactuantes. Las condiciones de trabajo son abisalmente diferentes. El acceso a la seguridad social es otra de las diferencias esenciales. La puesta en marcha del sistema privado de pensiones ha tendido a igualar, por defecto, a informales y trabajadores ubicados en los espacios de menor productividad relativa en el sector moderno urbano. Por defecto puesto que los trabajadores más antiguos y los de empresas poco rentables quedan en los mecanismos del sistema estatal de pensiones, mientras que los de las planillas de empresas activas se han inscrito en las administradoras de los fondos de pensiones (AFP). Dicho de otro modo, una de las preguntas cuya respuesta no es evidente es saber quién(es) financiará(n) las pensiones en el futuro. Lo probable es que el Estado tenga
  • 14. 90 Gonzalo García Núñez mayores obligaciones y menores ingresos. Otro de los aspectos coincidentes de la precarización del trabajo es la carencia de fondos de desempleo en el sector moderno urbano, remplazado por un régimen de indemnizaciones por años de servicio. Éste no existe en el SIU. Tal vez importa la duración de la jornada, el número de días trabajados durante el año y la intensidad del esfuerzo, a los que es posible agregar las condiciones ambientales, de higiene y seguridad. La medición de los ingresos por rama de actividad económica en la pequeña producción indica que los estable- cimientos de carácter industrial generan mayores ingresos relativos porque más del 80% de sus trabajadores están sobre el ingreso mínimo legal. En igual situación se encuentra el sector del transporte y los servicios (el universo quot;Combiquot;) mientras que el comercio concentra al 70% de los vendedores en el primer tramo de ingreso. La relación entre ingreso del establecimiento y talla del mismo es positiva. En el tramo de ingreso superior están los establecimientos de dos o más trabajadores (50% dedos a tres y 15% de cuatro a cinco). Los unipersonales llegan apenas al primer tramo. La estrategia de los hogares excluidos, según se infiere de la encuesta nacional de propósitos múltiples, es la diversificación de las fuentes y la minimización del costo de reproducción de la fuerza de trabajo, lanzando a los niños, adolescentes, varones y mujeres al trabajo (mendicidad, lavado de vehículos, lustrabotas, cargadores, cobradores, operarios) en las calles. En consecuencia las condiciones de trabajo informal se aproximan, para los demandantes, a la situación de total liberalización del mercado de la fuerza de trabajo. No hay modalidades salariales ni cargas sociales. Ni garantías ni estabilidad laboral. El empleo es precario, transitorio y siempre frágil. Desde esta y exclusiva perspectiva -concedemos-, numéricamente mayoritaria en el universo del empleo, los trabajadores estables del sector moderno aun con limita
  • 15. 91 Los excluidos urbanos Cuadro No. 3.5 ESTRUCTURA DEL INGRESO DEL SIU Ingreso 1986 1987 1989 1990 1991 1992 1993 sm sm sm sm sm sm sm siu siu siu siu si u siu siu Mlegal %/ valor 700 1 710 108,800 2.5*106 S/. 38 S/. 72 S/. 72 Total 100 100 100 100 100 100 100 100 100 100 100 100 100 100 Sin 2.1 1.8 2.2 2.3 2.3 0.6 1.7 7.3 6.8 7.4 7.2 5.9 4.9 7.7 Hasta 1 7.3 14.4 6.2 10.9 4.3 0.5 0.3 26.7 29.0 21.3 27.8 11.3 2.4 1.9 >1<2 23.8 27.0 29.1 25.8 23.1 1.8 1.4 27.3 28.8 31.4 26.2 23.2 10.2 6.8 >2<5 44.7 40.2 43.5 42.0 38.0 32.8 20.1 31.0 27.0 26.9 28.4 39.0 36.5 27.6 >5 MI. 22.1 16.6 19 13 18.8 32.3 45.9 76.4 22.1 8.4 10.4 20.5 76.4 55.9 Fuente: Ministerio de Trabajo y Promoción Social, Dirección General de Empleo. Encuesta de Hogares, 1994, Lima. 1994. El ingreso minimo legal está congelado . dos derechos sociales y decrecientes derechos laborales, sindicalizados o asociados, ellos son percibidos como relati- vamente privilegiados por los informales. Un cierto sentido común se instala sobre este objetivo corte del universo del trabajo. Los ideólogos de la causa neoliberal, promotores del quot;no- rulesquot; de la liberalización a ultranza, encuentran inesperados aliados en los empleadores informales. Por eso, después de hacer la apología del quot;empresariado popularquot; y en aras de sus supuestos intereses(?), estos pasan a justificar la
  • 16. 92 Gonzalo García Núñez desregulación de la actividad pública y de la legislación laboral del sector moderno, particularmente la negociación colectiva y la institucionalidad sindical, para luchar contra los quot;privilegiadosquot; obreros, causantes, en la contradictoria lógica neoliberal, de la menor competitividad de la recesada actividad productiva. Curiosamente en esta desregulación convergen también la demanda desmanteladora de los gran- des conglomerados, especialmente los de matrices banca- rias, paradójicamente los únicos exceptuados de la compe- tencia internacional por disposición estatal. Expresado de otra forma hay una increíble coincidencia entre la objetiva situación de los informales urbanos, sujetos del quot;no-rulesquot; y objetos de la exclusión, con los intereses de los beneficiarios y los causantes de la profundidad de la exclusión. Entre ellos, a pesar de todo, no hay caridad. El Estado fujimorista persigue al informal. La política fiscal lo sindica como el próximo blanco de las entusiastas campañas de supervisión de la Superintendencia Nacional de Administración Tributaria. En 1995, el empresario quot;popularquot; de ayer pasa a ser concebido como el delincuencial sospechoso de hoy, en términos del código tributario. Es blanco también de la entidad supervisora de la propiedad intelectual, el INDECOPI, que lo entiende como un natural evasor de las normas de copyright y de licencias y de patentes. Perseguido aunque tolerado por las autoridades ediles, mantiene una frágil y tensa relación con el espacio urbano. Y, a diferencia del pasado reciente, el Ejecutivo ya no tiene un cuadro articulado de políticas gubernamentales orientadas a la resorción o el desarrollo y/o modernización del SIU, tales como: . El crédito al sector informal fuera canalizado a través de fondos especiales, administrados por agencias e intermediarios financieros, creados por transferencias de líneas del programa monetario (BCR-FONDESI) en el decenio pasado. Y luego, mediante garantías bancarias,
  • 17. 93 Los excluidos urbanos modalidad habitual en experiencias del FOGAPI, Ban- co Wiese, IDESI, INPET, algunos programas de ONGS.19 . Programas de apoyo al ingreso temporal (PAIT), asistencia directa y desarrollo artesanal, compensación social (FONCODES apenas ha logrado movilizar recursos durante estos años), programas de emergencia, PRES, PREDES; COOPOP, en medio urbano andino. . Convenios interinstitucionales para el apoyo del trabajo comunal y aplicación de líneas de cooperación técnica internacional a los fondos especiales. En el mismo sentido, el sector agrario creó fondos especializados con similares propósitos en el medio rural, iniciativas que hoy debieran recuperarse. . El Municipio Provincial de Lima formuló, a su vez, Programas de apoyo crediticio mediante la Caja de Crédito Popular de Lima y el Programa de Mejoramien- to de Empleo Temporal (PROME) desde 1984 impulsa- do por iniciativa del regidor Fidel Castro Zambrano. Sin continuidad en las administraciones siguientes. Los efectos de estos fondos distribuidos hacia el SIU urbano y el sector rural andino fueron, en el pasado, de una expansión vigorosa del consumo, debido a la fuerte elastici- dad ingreso de la demanda. Estudios de la estructura de la canasta básica y los niveles de ingresos en varios estratos de la población confirman que el ingreso adicional se transfor- ma en demanda final de bienes no-duraderos (alimentos, vestido, etc.) contribuyendo a una política expansiva. Una curva de Engel inobjetable. La proporción en que es atendida esta variación de demanda por el sector moderno urbano y la parte de la 19 Veáse al respecto las actas del Seminario Internacional Modernización de los servicios financieros alternativos para la pequeña y mediana empresa, CIPDEL et al., Lima, noviembre 1994.
  • 18. 94 Gonzalo García Núñez demanda externa- alto coeficiente importado de los insumos no ha sido todavía calculada. Datos indirectos hacen suponer, asimismo, una vigorosa expansión de la pequeña producción. Es el caso de medidas vinculadas a la primera etapa de la reactivación en 1986, el decaimiento desde el inicio de la crisis en 1988 y una literal quiebra a partir de agosto de 1990: el shock de inflación correctiva. El gobierno ordenó al Fondo de Compensación y Desarrollo Social (FONCODES) el desarrollo de programas especializados de distribución de zapatos, uniformes y mochilas escolares, atendidos por la oferta organizada de los pequeños y micro empresarios urbanos del cuero y confecciones. Pero es consenso que los pequeños y micro empresarios tampoco le regalan nada a los empresarios del sector moderno urbano. Por ejemplo, una invasión de los micros ha derrumbado los bastiones automatizados de la industria del calzado, las confecciones textiles, los muebles y otras industrias ligeras, abastecedoras del consumo final. Desde una perspectiva histórica de la industrialización, en el Perú, el taller a domicilio y la manufactura derrocan a la fábrica, un gran salto hacia... atrás en el curso del desarrollo industrial. Por último, el SIU tiene otros importantes efectos- demanda. Una actividad significativa es la autoconstrucción. Las principales ciudades peruanas, invadidas e infiltradas por la migración, se construyen por el esfuerzo propio de sus moradores. La autoconstrucción aumenta con el abaratamiento relativo del conjunto de los materiales de edificación, entre ellos el acero, el cemento y los ladrillos, generado por el atraso cambiario. Una circunstancia similar fue alentada por el abaratamiento, entre 1985-1988, de los precios de estos bienes producidos también por otros instrumentos de política económica. Hasta aquí conviene una recapitulación de lo expuesto.
  • 19. 95 Los Exc/uidos urbanos Resumiendo: el Perú es el resultado de un largo e inconcluso proceso de formación socio-económica, política, cultural y social. El centralismo limeño y la informalidad urbana expresan la crisis de correspondencia entre las nece- sidades de la población y la estructura, localización y orga- nización de la producción social. La heterogeneidad y la fragmentación resultantes son la otra cara de la xclusión y la concentración del poder, causantes de la migración y el . desempleo rurales. Al no encontrar soluciones a sus postergadas demandas, los migrantes del interior, millones de peruanos transhumantes de nuestro siglo, han votado con los pies, abandonando sus comarcas, y han llegado a Lima. En sus puertas han formado el cordón de excluidos por la inserción y organización capitalista subordinada del país. En este contexto, los pueblos jóvenes de Lima y otras capitales departamentales han sido mayoritarios asentamientos humanos de campesinos migrantes La pobla- ción de estos PP.JJ. se asienta en espacios limitrofes de la periferia de la ciudad y el campo. Progresivamente los excluidos ganan los diferentes ámbitos de la vida urbana y desbordan los modos de regulación de la ciudad. Y crean un conjunto de formas de articulación de la producción, la distribución y el consumo urbano-marginales, que son los atributos característicos del así llamado Sector Informal Urbano (SIU). Son millares de hombres y mujeres quot;transgresoresquot; cotidianos de las reglas del sistema que los excluye y que, por inservibles, devienen inaplicables. La actividad económica del sector informal urbano engloba, como examinamos antes, a más de la mitad de la PEA en 1994. Esta gente ya es mayoría en el universo del empleo, aunque la expresión correcta sería la actividad. Está concentrada esencialmente en los intermediarios comerciales como vendedores ambulantes y en la pequeña producción destina
  • 20. 96 Gonzalo García Núñez da a los bienes de consumo final, dentro y fuera de los circuitos tradicionales. Desde el punto de vista laboral, entonces, Lima es una ciudad de ambulantes. Como fenómeno urbano, los excluidos urbanos, los el SIU, se localizan en los quot;conosquot; pobres de la ciudad de Lima y de las principales ciudades del país. Una proporción significativa trabaja en sus viviendas convertidas en talleres-viviendas, los vendedores ambulantes en la calles y los recintos provisionales de mercadillos, ferias y en las principales vas céntricas. Terminada la solidaria etapa de edificación y lucha por los servicios comunes, se instala el tiempo de la pugna por la sobrevivencia y la voluntad de ejercer derechos políticos hasta entonces inútiles. Una vaga conciencia, ser más, ser mayoría, cohesiona a los pueblos excluidos. Empero la carencia de alternativas para resolver los déficits de producción, empleo y niveles de acumulación suficientes para garantizar la estabilidad de la actividad económica sobrepuebla, por trasvase, al medio informal. La mutilación del Estado, las amputaciones de los empleos, el cercenamiento de las actividades productivas, nutren de baldados y desesperados a las calles de Lima. Paradoja sin límite, la política de liberalización y desregulación reviste en apariencia los mismos intereses que los de los informales. Los grandes monopolios de rama, los conglomerados, los bancos, en nombre del capitalismo popular, piden menor o ninguna regulación administrativa, el libre acceso de los proveedores (internacionales); la libre circulación del dinero (especulativo, narcotráfico), la libre localización de las unidades productivas y en general, la vigencia de un orden quot;no rulesquot; dónde el Estado no ejerza control ni regulación. La regulación misma es asociada y difundida distorsionadamente como un opresivo sistema de agentes burocráticos. Fuente de corrupción y del tráfico de la influencia. Un quot;sálvese quien
  • 21. 97 Los excluidos urbanos puedaquot; de abajo convertido en un coincidente quot;sálvense los más fuertesquot;, política y confundidoquot; sentido comúnquot; , emanados de los cuadrantes modernos de las archi- minoritarias clases altas urbanas. Hay otras coincidencias como la objetiva convergencia entre el vendedor ambulante de la herramienta, importada o contrabandeada, en ambos casos destructora del mercado de los fabricantes locales. O inclusive del mercado de sus propios abastecedores, muchos de ellos en las sedicentes microempresas. Al terminar, un resumen apretado de las características del SIU muestran las dificultades para organizar a los microproductores, crear institucionalidad, mercados y enlazar circuitos productivos capaces de responder a las necesidades de la población. Otro y último argumento explicativo es, pese a la crisis, la objetiva convergencia de los pequeños y medianos empresarios del SIU y los empresarios formales sobre valores como la competencia, la propiedad, individualización, la abdicación de mecanismos cooperativos y solidarios y la maximización egocéntrica. Estos valores desigualmente repartidos también pueden volverse contra sus actuales beneficiarios.

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