Ciudad De Los Césares

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  • + gconcha Gonzalo Concha 6 months ago
    Este trabajo fue presentado durante el III Congreso de Estudiantes de Historia de la Universidad San Sebastián.

    Septiembre 2008, Concepción.
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Ciudad De Los Césares - Presentation Transcript

  1. LA CIUDAD DE LOS CÉSARES: ALGUNOS VIAJES DE RECONOCIMIENTO EMPRENDIDOS DESDE BUENOS AIRES Y VALDIVIA DURANTE EL S. XVIII I. Introducción Con la llegada de los españoles al nuevo mundo, se abre paso al proceso de Conquista y Colonia; y con ella, se comienzan a escribir una serie de muchísimos capítulos que se relacionan directamente con la construcción de leyendas de carácter local, que colocan énfasis en las cualidades de todo hombre que forma parte de estas magnas empresas de conquista, como es el caso de la búsqueda de riquezas y del mejor posicionamiento social, acompañado “necesariamente de un espíritu de aventura, una embriaguez al peligro y una respuesta al desafío de la naturaleza que propone el complejo, pero a su vez, interesante mapa de América”1. Existieron una serie de leyendas como el caso de la búsqueda de la fuente de la eterna juventud; las expediciones hacia la mítica ciudad de El Dorado, y el posible hallazgo de las amazonas de las Antillas enriquecieron lo señalado anteriormente, y que significativamente alentaron al hombre europeo2. La principal motivación de la mayoría de las leyendas americanas fue la búsqueda de oro; y a partir de esa percepción – de manera inicial – el Reino de Chile se vio involucrado en una de las leyendas más interesantes, y a su vez cautivantes, como lo fue la búsqueda de la Ciudad de los Césares. Esta leyenda nace en el contexto de las primeras expediciones que se realizaron por los inexpugnables mares del sur de América3. Los viajes que emprendieron los españoles, dan cuenta de una serie de penurias, naufragios, y hasta destierros, de manera de aplacar los motines como producto de las adversidades internas que proponía el medio austral a las diferentes tripulaciones. Tal es el caso de la tortuosa expedición de Simón de Alcazaba, quien llega al Estrecho de Magallanes en 1535, y que fue asesinado por su tripulación tras emprender un triste regreso desde dicho lugar. Al interior de la embarcación superviviente se realiza un tribunal militar que ordena el destierro de dos                                                              1 Villalobos, S.: PARA UNA MEDITACIÓN DE LA CONQUISTA. Ed. Universitaria, Santiago, 2006. Pp. 25 2 De Gandía, E.: HISTORIA CRÍTICA DE LA CONQUISTA DE LOS MITOS DE AMÉRICA. Ed. Juan Roldán y Cía. Madrid, 1929. 3 Cabe indicar que los orígenes de la leyenda se debe a los primeros antecedentes de exploraciones, como la realizada por Sebastiano Caboto que salió de Sevilla en 1526 y llegó al estuario de La Plata dos años más tarde. Tras la edificación del fuerte de Sancti Spiritus, uno de sus hombres - Francisco César – sale en dirección hacia el sudoeste, y tuvo contacto con informaciones relacionadas con la presencia de una ciudad abundante en oro y plata.   1   
  2. hombres, y de otros tres más que se fugaron del juicio4. A partir de ese antecedente, se puede complementar con otro viaje, esta vez emprendido por el Obispo de Plasencia en 1539 desde España con rumbo a las Molucas, y que también presenta problemas, como fue el caso del encallamiento de una nave que produjo la presencia de hombres en la misma zona austral. De este naufragio, sólo en 1563 se toma conocimiento de la llegada de dos tripulantes de esa expedición hacia la ciudad de Concepción, y quienes consignaron que luego del naufragio se reagruparon hacia el norte hasta confeccionar una fortificación, con plena vinculación con los indios de la zona; pero estos dos hombres estuvieron involucrados en un asesinato, lo que desencadenaron su fuga, y “En el camino hacia Concepción pasaron por una población regida por un inca, la cual estaba situada a los 41° S. junto a una laguna con dos desaguaderos, rica en oro, plata y piedras preciosas”5. En dicho lugar, “La tierra era muy fértil, y por la calle principal por donde los fueron llevando caminaron dos días poco a poco y vieron grande multitud de oficiales plateros, con obras de vasijas de plata gruesa y sutiles, y algunas piedras azules y verdes toscas que las engastaban”6. Ya con estos enormes antecedentes, se abre paso a la presencia de náufragos al sur del Reino de Chile que dan conformación a la leyenda, ya que tendrían un contacto directo con tesoros, y a partir de ese entonces, el relato acerca de los césares se acotaría en las tierras australes, desmintiendo la presencia esta ciudad en otras latitudes como en el caso de Perú (debido a que se podía confeccionar una relación entre la ciudad de Cuzco con la llegada de Pizarro y Almagro)7. Ya a lo largo del siglo XVII, se desarrollaron una serie de expediciones que estaban directamente orientadas a la búsqueda de dicha ciudad. Ahora bien, si ya se tenía delimitado el espacio en el cual se podía ubicar la ciudad, es decir, la zona sur del Reino de Chile, hay otro importante antecedente que se registra, y se emparenta con lo acaecido en Osorno. Esta ciudad tras ser destruida por los levantamientos indígenas, se tomó en consideración la situación de sus habitantes, de la cual se emprendieron una serie de expediciones con el fin de buscar a los supervivientes que estarían alojados en dicha ciudad.                                                              4 Barros Arana, D.: HISTORIA GENERAL DE CHILE. Ed. Universitaria, Santiago, 2004, Tomo 1. Pp. 125 – 126. 5 Couyoudmdjian, R.: Manuel José de Orejuela y la abortada expedición en la búsqueda de la Ciudad de los Césares 1780 – 1783 en HISTORIA. Universidad Católica, Santiago, Nº 10, 1971. Pp. 77. 6 De Rosales, D.: HISTORIA GENERAL DEL REINO DE CHILE: FLANDES INDIANO. Imprenta del Mercurio, Valparaíso, 1877. Pp. 102 7 Couyoudmdjian, R. & Estellé, P.: La Ciudad de los Césares: Origen y Evolución de la leyenda en HISTORIA. Universidad Católica, Santiago, Nº 7, 1968. Pp. 284 – 285.   2   
  3. Una importante exploración fue la que realizó el Padre Nicolás Mascardi, que desde Nahuelhuapi desarrolló una serie de expediciones recorriendo bastas dimensiones de la Patagonia, con infructuosos resultados; cabe indicar que este religioso se basaba en las informaciones que los indios locales le indicaba; pero esta confianza se rompió repentinamente, a tal punto que fue asesinado por ellos8. II. El desarrollo de las expediciones durante el Siglo XVIII desde Buenos Aires El antecedente indicado que gira en relación a la presencia de los habitantes de Osorno sigue marcando el principal grado de interés que presentaron desde el Reino de Chile para las posteriores expediciones. Además, las consecuencias que trajo la muerte del Padre Mascardi, conllevó a significativos efectos desde Buenos Aires. Desde esta ciudad también se desarrollaron una serie de derroteros que explicaban la manera de llegar a la Ciudad de los Césares, o a lo menos, tener contacto con sus habitantes. Uno de ellos, fue el redactado por Silvestre Antonio Díaz de Rojas, quien presenta una ruta o derrotero en Sevilla en 1714 al rey de España para la realización de una expedición con el fin de localizar a los Césares. Dicha ruta se desarrolla desde Buenos Aires a Mendoza, y de allí hacia el sur, cruzando territorios baldíos y diversos ríos, nombrando una serie de pueblos indígenas hasta localizar a los Indios Césares, y luego, en el acto siguiente, a los Césares españoles: “En la otra banda de este río grande está la ciudad de los césares españoles, en un llano poblado, mas a lo largo que al cuadro, al modo de la planta de Buenos Aires… A las partes del norte y poniente, tienen la cordillera nevada, donde trabajan muchos minerales de oro y plata, y también cobre… El temperamento es el mejor de todas las Indias; tan sano y fresco, que la gente muere de pura vejez. No se conocen allí las más de las enfermedades que hay en otras partes; solo faltan españoles para poblar y desentrañar tanta riqueza. Nadie debe creer exageración lo que se refiere, por ser la pura verdad, como que lo anduve y toqué con mis manos”9. Esta aseveración es tan fuerte, que incluso también asegura tener un contacto verídico con la Ciudad de los Césares; no obstante, el recopilador de este documento – Pedro de Angelis – también realiza un análisis entorno a dicha fuente, que                                                              8 Latcham, R.: LA LEYENDA DE LOS CÉSARES: SU ORIGEN Y EVOLUCIÓN. Imprenta Cervantes, Santiago, 1929. Pp. 239 – 241. 9 De Angelis, P.: Derrotero de un viaje desde Buenos Aires a los Césares, por el Tandil y el Volcán, rumbo de sud- oeste, comunicado a la corte de Madrid, en 1707, por Silvestre Antonio de Rojas, que vivió muchos años entre los indios Pehuenches en COLECCIÓN DE OBRAS Y DOCUMENTOS RELATIVOS A LA HISTORIA ANTIGUA Y MODERNA DE LAS PROVINCIA DEL RÍO DE LA PLATA. Imprenta del Estado, Buenos Aires, 1836. Vol. 1. Pp. 5.   3   
  4. principalmente manifiesta una crítica debido a la poca descripción que se presenta en cuanto se refiere a los ritos cristianos y a las formas de gobiernos en la que se regiría dicha ciudad; y es más, también se plantea la posibilidad de que haya ingresado a la ciudad como indio encubierto y que los mismos Césares se reserven la posibilidad de no ser descubiertos. La expedición que solicitaba Díaz de Rojas no se emprendió, y sin embargo, son los misioneros los que llevan a cabo las exploraciones; además, su figura es muy incierta, debido a que Pedro de Angelis considera que la presencia de este hombre pudo haber sido ficticia10. A modo de presentar otra analogía, es el derrotero presentado por sacerdote jesuita Thomas Falkner en 1760 (de origen inglés, y convertido al cristianismo) que también consigue llamar la atención por su contenido, y que llegó a Buenos Aires en 1730. Este derrotero que permitía la llegada hacia la Ciudad de los Césares, posee descripciones muy similares, en la que nombran cerros, ríos y diversos pueblos de indígenas que habitan la zona. A la hora de asignar la descripción presenta muchísimos rasgos que comparten ambos expedicionarios. Describe nuevamente la similitud con el plano de Buenos Aires, su orientación geográfica, e incluso, concluye de la misma manera señalando de la necesidad de los españoles por poblar la Ciudad Encantada11. A partir de ambos derroteros, queda señalado que a pesar de la diferencia temporal que los marca, las descripciones tienen muchísimos puntos y descripciones en común, a tal punto, que se puede considerar que el primer relato, tiene como base a aquellos posteriores que se realizaron en la provincia de Buenos Aires durante el siglo XVIII hacia las laderas cordilleranas y la Patagonia. También cabe considerar que este antecedente es muy significativo debido a que el derrotero de Díaz de Rojas también era considerado a la hora de la realización de las exploraciones surgidas en el Reino de Chile durante el mismo siglo. Pero para dar un mayor cuadro en la descripción de Falkner, se debe señalar que este religioso estuvo alrededor de 40 años realizando sendas expediciones sobre la Patagonia. El mismo Falkner en A Description of Patagonia and the adjoining parts of South America expone la información recopilada acerca de su prolongada estadía en la Patagonia.                                                              10 Op. Cit. Pp. 6. 11 De Angelis, P.: Derrotero desde la ciudad de Buenos Aires hasta la de los Césares, que por otro nombre llaman la Ciudad Encantada, por el P. Tomas Falkner, jesuita (1760). Op. Cit. Pp. 22 – 26.   4   
  5. Dentro de los principales pasajes que se pueden exponer en dicha obra, radican principalmente sus peripecias en su viaje hacia el sur de Buenos Aires, recorriendo diversos parajes y ríos, en la que conoce una serie de pueblos indígenas (Puelches, Huilliches, Tehuelches, etc.). Ello es de suma importancia, ya que a partir de su experiencia sobre ese basto territorio, le permitió concluir que la existencia de la Ciudad de los Césares sería increíble, y que por ende, el uso posterior de ese derrotero sería impracticable: “La noticia de que hay una nación en estas partes, descendientes de los europeos, o del resto de los que naufragaron, es como ciertamente creo falsísima, y sin el menor fundamento, causada de no entender la razón que dan los indios: porque si se les pregunta en Chile, concerniente a alguna colonia interior de españoles, responden que hay villas, y gente blanca, entendiendo por esto Buenos Aires &a., y así viceversa, sin tener la menor idea de los moradores de estos dos países distantes, sean conocidos los unos de los otros”12. Además, el mismo Falkner, con el conocimiento del lugar, y de la captación de la confianza de los principales jefes indígenas locales, también se permite completar la siguiente conclusión: “Lo que hace más increíble haber esta colonia de los Césares, es la misma imposibilidad moral, de que 200, a 300 europeos, casi todos hombres, pudiesen sin tener comunicación alguna con un país civilizado, penetrar por el medio de tantas naciones belicosas, y mantenerse como una república separada en un país que no produce cosa alguna, y donde los moradores subsisten solo con la caza, y todo esto por espacio de 200 años (según nos dice la historia); sin haber sido extirpados, muertos, o hecho esclavos por los indios, o sin perder las apariencias de europeos, entremezclándose con ello… Sus caciques y otros de reputación y crédito entre ellos, me aseguraron que no había gente blanca en todos aquellos paraje, excepto lo que son muy conocidos de toda Europa, a saber, los de Chile, Buenos Aires, Chiloé, Mendoza, &a”13. Por ende, se marcaría un profundo rechazo a esta leyenda debido a las condiciones establecidas anteriormente, debido a que su fin consideraba la toma de registros como parte de su expedición; y a diferencia del Padre Mascardi quien pretendía encontrarla plenamente debido a su fin humanitario de hallar a los supervivientes de Osorno14.                                                              12 Falkner, T.: DESCRIPCIÓN DE LA PATAGONIA Y DE LAS PARTES ADYACENTES DE LA AMÉRICA MERIDIONAL traducida por Angelis, P. Op. Cit. Pp. 45. 13 Falkner, T.: Op. Cit. Pp. 45 – 46. 14 Bayo, C.: Los Césares de la Patagonia: Leyenda aúrea del nuevo mundo en OBRAS COMPLETAS. Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes, Madrid, 2006. Pp. 401.   5   
  6. Sin embargo, una persona muy allegada a Falkner fue el padre José Cardiel, quienes acompañados, fundaron la reducción de Nuestra Señora del Pilar (Mar del Plata) en 1744. En una carta que desarrolla este misionero de la Compañía de Jesús, presenta una exposición histórica en relación a la leyenda, con la presencia de los españoles en Magallanes desde las primeras exploraciones dando énfasis en los emplazamientos llevados a cabo por Pedro Sarmiento de Gamboa (en 1539). Sin embargo, se presenta un interesante cuadro en el cual este sacerdote se cuestiona la posterior presencia de estos hombres en un medio tan hostil como la Patagonia: “Pobló pues, Sarmiento estos dos parajes, y a poco tiempo, por las muchas calamidades, frío, hambre, y no venirle socorro, se volvió a España. Esto dice dicho suplemento y los mapas. ¿Qué se hizo, pues, de toda esa gente, que entre tantos navíos se perdió? ¿Se ahogó toda? No por cierto, ya que el estrecho es muy angosto en partes… Cuentan de que tres navíos, habiéndose perdido los dos, y volviendo el uno, vio este a toda la gente en la orilla; que aunque pedían que los llevase, no se atrevió a ello por falta de víveres y de buque, y con toda la gente de los demás navíos perdidos sucediera lo mismo. Presúmase, pues, que toda esa gente habría emparentado con los indios, y tendrá, sus poblaciones a trescientas o cuatrocientas leguas de aquí”15. El grado de cuestionamiento sobre la presencia de dichos hombres a lo largo del siglo XVI – XVIII dejan serias dudas en este religioso al interior de la presente epístola. Prosigue esta especie de reseña histórica con lo ocurrido con el Padre Nicolás Mascardi, quien halló un documento que indicaba la presencia de los dos náufragos de la expedición de 1539 que llegaron a Concepción, y con lo cual, le motivó realizar su propia expedición hasta su conocido fallecimiento. Ya con ese elemento, los antecedentes de la Ciudad de los Césares, y las empresas para dicha localización también logró traspasarse con el correr de los siglos. De forma muy menor también hace alusión al derrotero de Díaz de Rojas, y a otros sucesos más fantásticos. También para la justificación de la leyenda, se arguye que los supervivientes, con el paso del tiempo, hayan perdido el uso de la lengua española, y con eso, aquellas personas que toman contacto con la leyenda, que si bien aprecian similitudes en sus rasgos físicos, no logran comprender el idioma de estos supervivientes, o descendientes de ellos.                                                              15 De Angelis, P.: Carta del Padre Jesuita José Cardiel, escrita al Seños Gobernador y Capitán General de Buenos Aires, sobre los descubrimientos de las tierras patagónicas, en lo que toca a los Césares (Estancia de Areco, 11 de Agosto de 1746). Op. Cit. Pp. 13 – 14.   6   
  7. La motivación que presenta Cardiel para el desarrollo de esta búsqueda de los Césares, toma un fin religioso: “¡Oh cuanto me alegrará que V.S., sin hacer caso de algunos que quieres pasar por críticos y discretos, haciéndose incrédulos a todo, pusiese todo empeño en averiguar este punto, consiguiendo con su eficacia lo que otros no han podido! ¡Cuan deberas le serviría yo a V.S. en cosa que puede ser de tanto servicio de Dios, y del Rey! De Dios, pues si encontráramos españoles, estos, sin sacerdotes tantos años, estarán con muchos errores en la Fe y las costumbres”16. Todavía estos poderosos argumentos históricos y religiosos intentan dilatar la búsqueda de la Ciudad de los Césares, que se ve siempre condicionada por la disposición de los gastos reales o privados para la confección de estas pesquisas; y con los posibles asentamientos humanos en la Patagonia, que cuyas búsquedas se tornaron infructuosas. III. Expediciones desarrolladas en el Reino de Chile durante el siglo XVIII, sus resultados y consideraciones desde el punto de vista jurídico. Aparición de expediciones hidrográficas y dilatación de la leyenda de los Césares. Durante el siglo anterior, queda de manifiesto que la expedición del Padre Mascardi fue la más significativa, cuyo punto concéntrico era el Lago Nahuelhuapi, realizando expediciones por los faldeos cordilleranos y la pampa hasta llegar al Estrecho de Magallanes. Una de las ciudades que permaneció de pie tras las envestidas de los indios araucanos durante el siglo XVII fue Valdivia. Este enclave, junto a Chiloé, fueron los puntos de partida para las posteriores expediciones en la búsqueda de los supervivientes de Osorno. Ignacio Pinuer, oriundo de Valdivia, nació en esta localidad en 1719. Ocupó cargos militares y de administrador de los bienes de los Jesuitas tras su expulsión como parte del proyecto borbónico hispano. Su permanente contacto con la población indígena local hizo que fuese un activo participante en los capítulos de la leyenda, hasta que entre 1772 y 1774, envió documentación relacionada con la existencia de la Ciudad de los Césares desde la gobernación de Chile hasta la misma corte. Obtuvo privilegiada información acerca de la presencia de los supervivientes de Osorno. De acuerdo a sus registros, estos hombres lograron asentarse en una península a “orillas de una hermosa                                                              16 Ibíd. Pp. 16 – 17.   7   
  8. y dilatada laguna que tiene su principio del Volcán de Osorno”17, vale decir, el Lago Ranco. Pinuer apunta una serie de deficiencias en el conocimiento de la Ciudad de los Césares, debido a que no poseen una descripción adecuada de la infraestructura, de la cantidad de habitantes, ni de sus costumbres o comercio, ya que la base de su derrotero fue el relato de los indígenas: En cuanto a su edificación “[En el extremo norte] hay tierra firme para su comunicación y tráfico… y esta es la parte en donde le han hecho un profundo foso de agua, de un antemural revellín, y una muralla de piedra baja, el puente levadizo, el foso y uno y otro muro grandes, y fuertes puentes; aquí tienen un baluarte donde hacen centinela los soldados, que también los hay, como lo diré. El puente se levanta precisamente todas las noches”, además rescata algún rasgo físico de los Césares ya que “Su vestimenta es a la antigua, según dicen los indios… Siempre salen a caballo y usan varios colores. Son blancos, barba cerrada y de estatura más que regular por lo común”18. No obstante, cuando dicha península llenó su propia capacidad, se tuvo que poblar en el este de la laguna formando una ciudad fortificada, muy inferior a la primera19. Desde la publicación de este derrotero, el “caso” de la búsqueda de los Césares tomó diversas aristas: mientras el gobernador de Chile Agustín de Jáuregui solicitó una rápida recolección de antecedentes, y que incluso, en correspondencia al Virrey del Perú Manuel de Amat, considera la importancia de una declaración jurada como el derrotero de Pinuer20; no obstante, uno de los cronistas contemporáneos como Vicente Carvallo y Goyeneche considera de que “cómo nos hemos de persuadir, de que a tan corta distancia de las ciudades de Valdivia y de Castro, en Chiloé, no se hubiera dejado de ver en alguna de ellas alguno de sus colonos, en cerca de 200 años, o al menos alguna pieza de plata o alguna prenda o alhaja de las que salen a comerciar con los indios comarcanos”21 dudando claramente de la existencia de la Ciudad de los Césares. Es presumible, que el conocimiento acabado de la geografía existente al sur de Valdivia también sea otro factor en que también puede ser válido la desacreditación de la leyenda.                                                              17 Carvallo y Goyeneche, V.: Descripción histórico-geográfica del Reino de Chile en COLECCIÓN DE HISTORIADORES DE CHILE Y DOCUMENTOS RELATIVOS A LA HISTORIA NACIONAL. Imprenta de la Librería del Mercurio, Santiago, 1876. Tomo X. Pp. 196. 18 Carvallo y Goyeneche, V.: Op. Cit. Pp. 197. 19 De Angelis, P.: Informe y dictamen del Fiscal de Chile sobre las ciudades de los Césares, y los arbitrios que se deberían emplear para descubrirlas (Santiago, 31 de Julio de 1782). Op. Cit. Pp. 45. 20 De Angelis, P.: Copia de la carta escrita por D. Agustín de Jáuregui, presidente de Chile, al Exmo. Sr. Virrey del Perú (Santiago, 29 de Marzo de 1774). Op. Cit. Pp. 38 – 39. 21 Ibíd. Pp. 199.   8   
  9. Llama la atención la actitud cordial que presentaron los indios cercanos a Ranco, tras reunirse con el gobernador de Valdivia – Joaquín de Espinoza – en 1775; ya que ellos solicitaron protección debido a que se sentían amenazados debido a que habían encontrado el secreto que todos lo escondían22. Tras las diversas reuniones que se efectuaron en el transcurso de los años siguientes, los principales caciques de la zona logran afirmar la existencia de la ciudad; y además, por medio de la presencia del Padre Benito Delgado, a través de las conversaciones entre los indígenas, también pudo corroborar la existencia de la Ciudad; y es más, también se le propuso el reconocimiento de la Ciudad, cosa que los indígenas se habían opuesto. En vista de ese antecedente, sale una expedición desde Valdivia en 1777, en la que también participó Pinuer, y de la cual se obtienen infructuosos resultados tras las exploraciones efectuadas en las inmediaciones de los Lagos Puyehue y Llanquihue. Debido los resultados obtenidos, los indios se excusaron que la información recopilada se debe nuevamente a la presencia de los relatos orales a sus antecesores o cercanos23. En contrapartida, y luego de un vano intento, el Padre Delgado considera que los indios fueron malinterpretados, y con ello, se podría abrir nuevas exploraciones. Tras verse frustrada la expedición, los indios locales conceden a los españoles una serie de tierras que se encontraban cercanas a la fortificación construida en ocasión de la localización de los Césares sobre el Río Bueno, y Jáuregui toma la determinación de suspender cualquier expedición en vista de un análisis por medio de un informe, a efectuar por el mismo. En cuanto al gobernador de Valdivia, fue reemplazado, y seriamente criticado tras el juicio de residencia que tuvo en su contra, además coincide con el alejamiento de Jáuregui de Chile debido a su nueva participación política, esta vez a cargo del Virreinato del Perú24. Sin embargo, al igual que Carvallo y Goyeneche, Pedro de Usauro Martínez, también observa con incredulidad lo que ocurre en Valdivia y con las expediciones que se llevarán a cabo. Concibe que la presencia de los Césares esté “fundada en caprichos de la credulidad” comparando el relato entre padres e hijos con la fe humana. Dentro de varias reflexiones hay una que atrae con suma notoriedad: “Si la expedición que se intenta es para descubrir si hay tales poblaciones, aunque figuradas, creídas, ¿dónde se buscan? Si en la costa desde Río Bueno hasta Chiloé, ya se sabe por el comercio y trato                                                              22 Couyoudmdjian, R.: MANUEL JOSÉ DE OREJUELA. Op. Cit. Pp. 88. 23 Ibid. Pp. 96. 24 Barros Arana, D.: Op Cit. Tomo 7. Pp.   9   
  10. de los indios de Osorno con los del nuestro que no los hay. Si en las cordilleras, lagunas de Llanquihue y Puyehue, ya se han reconocido desiertas, inhabitables, i falsas las noticias de indios”25. Junto a esta reflexión realiza otras en cuanto se refiera a la dificultosa exploración del Estrecho de Magallanes, de lo difícil que resultaría que fuesen descendientes de la expedición del Obispo de Plasencia del S. XVI, y en base a los relatos de los indios, en los cuales, tras el reconocimiento de su relato, el autor indica que son mas que nada Picunches, ya que eran de piel blanca, usaban poncho de colores y vivían de manera fortificada26. Y a pesar de lo anterior, se da pie a un importante intento de expedición, como la desarrollada por Manuel de Orejuela. Sin duda, esta iba a ser la última gran empresa hasta dar el inicio del agotamiento de la leyenda de los Césares. En cuanto a sus antecedentes biográficos, nació en 1710 en El Callao, y se desempeñaba como un activo comerciante. Desde Perú, conoció el derrotero de Pinuer, y además, la expedición de Falkner. Debido a sus altibajos en el desempeño de las materias económicas, deseaba por parte de la corona una compensación para ser el “descubridor y reconquistador de Osorno”. Para aquello, era consciente de que se debía desempeñar una expedición por vía terrestre, pero a diferencia de Pinuer, ésta se debía realizar desde Chiloé a Valdivia (y con el consecuente fin de abrir paso entre esos dos puntos). Su motivación radicaba en la presencia de tripulaciones inglesas, o que los mismos Césares fuesen del mismo origen. Con los antecedentes recabados, fue directamente a Madrid para solicitar una autorización real con el fin de realizar el reconocimiento, lo cual fue aprobado, para que finalmente se produjese su presencia en Chile hacia mediados de 178027. Por medio de los memoriales redactados en Chile, se puede señalar que mantenía el intento de argumentar que la presencia de los ingleses en Buenos Aires o Rio de Janeiro, serían fundamentales para señalar que la Ciudad de los Césares es existente. Para llevar a cabo la expedición, miraba con buenos ojos las relaciones planteadas con los indios de la zona, además de la garantía que significaría la presencia del fuerte ubicado sobre el Río Bueno; además, es apoyado por una serie de noticias internas como el caso de aquellas que fueron recopiladas por Ambrosio O’Higgins, en la que en voz de sus subordinados, registró que los indios tenían conocimiento de la presencia de la Ciudad.                                                              25 De Usauro, P.: La Verdad en Campaña en BIBLIOTECA GEOGRÁFICA – HIDROGRÁFICA DE CHILE. Editorial Elzeviriana, Santiago, 1898. Pp.157. 26  De Usauro, P.: Op. Cit. Pp. 206 – 207.  27 Couyoudmdjian, R.: Op. Cit. Pp. 106 – 124.   10   
  11. Pero la expedición de Orejuela comienza a sufrir una serie de inconvenientes y reveses, de cuyo resultado fue la cancelación de la empresa. Uno de los más importantes desaires, fue el que le envistió el Gobernador de Chile Ambrosio de Benavides ya que consideró su ineficiencia en el conocimiento del caso y en la relación con los indios, ya que se temía un levantamiento indígena. No obstante, recibió una última cuota de apoyo gracias a las sanciones tomadas por el Fiscal en lo criminal Pérez de Uriondo, quien destaca a Orejuela como un buen continuador de la obra del fallecido Espinoza debido a sus métodos a emplear en la incursión28; asimismo, sigue confiando en el relato de los indígenas. Primero, se considera la razón de la cual el Fiscal realiza su trabajo. Para ello, asegura que el “Coronel D. Joaquín de Espinoza, mientras estuvo a su cargo el gobierno de la plaza y presidio de Valdivia, parece no deba dudarse de la existencia de tales poblaciones o colonias, para cuyo esclarecimiento y evidencia basta reconocer el dicho uniforme, y la atestación antigua y moderna de los caciques y principales indios que han trabado amistad con los españoles de la mencionada plaza.”29, eso en parte de considerar los argumentos presentados desde Pinuer en Valdivia hasta Jáuregui en Santiago en cuanto se refiere a la Ciudad de los Césares y su vinculación con los habitantes de Osorno. Los relatos de los indígenas de la zona son elocuentes en cuanto a la existencia de la Ciudad. Primero, se destaca el testimonio hacia un indio cristiano llamado Nicolás Confianza, quien antes de morir, quiso atestiguar una declaración al servicio de Dios antes de morir “porque tenia mucho temor de ir a su divina presencia, sin manifestar lo que sabia”. Este indio indicaba que “siendo mocetón, hizo una muerte en Calle-Calle, jurisdicción de Valdivia, con cuyo motivo se fue fugitivo a los llanos, y de allí al otro lado del rio Bueno, donde lo amparó un cacique tío suyo; haciendo de él mucha confianza para sus tratos y conchabos. Que con esta ocasión le enviaba hacia la ciudad de los españoles que hay, procedidos de los de Osorno, junto a la Cordillera, a que viese a otro cacique que servía de centinela a dichos españoles. Que era cierto que estaban allí fundados y establecidos con ciudades fortificada, y una noche oyó hablar dos de ellos con el cacique donde estaba alojado, sobre un conchabo de lo que llevaba                                                              28 De Angelis, P.: Op. Cit. Pp. 60 – 61. 29 De Angelis, P.: Informe y dictamen del Fiscal de Chile. Pp. 44.   11   
  12. dicho indio, que eran hachas y sal: que los españoles traían ají, lienzo y bayeta, con lo que canjeó, o conchabó, y el lienzo era como el de Chiloé”30. Otro ejemplo de estas atestiguaciones lo manifiesta también el relato del indio Santiago Pagniqué, habitante de Ranco, y que debido a que se encontraba presionado por otros indígenas (con riesgo de muerte) acerca de la conservación del secreto de los Césares, y declarando con “lágrimas en los ojos” señala el lugar verdadero en el cual se sitúan los supervivientes de Osorno que sería la Laguna de Puyequé. Incluso destaca rasgos como la vestimenta de los españoles, y además, otorga características del emplazamiento, como la presencia de una iglesia, y “lo que sabe por otro que estuvo allí seis días en tiempo que hicieron una procesión”31. El aseguramiento de elementos cristianos al interior de la Ciudad, garantizaría un grado de atención hacia una posible búsqueda con un fin humanitario, de eso se podría afirmar de manera segura. Además, al interior de la expedición emprendida a partir del derrotero de Pinuer, se consideran la declaración del diálogo de uno se los integrantes – Francisco Agurto – en conversación con otros caciques que sí aseguran la presencia de la Ciudad32. Pero de manera contraria, el Fiscal en lo civil Marqués de la Plata, rechaza los antecedentes presentados debido a la longevidad de Orejuela, que durante la presentación de esta documentación, tenía la edad de 72 años, y en lo cual, el mismo lo consideró injusto. Finalmente fue Ambrosio O’Higgins el designado para esta misión, y Orejuela – el único sorprendido por la noticia – tuvo que resignarse a ser apartado, y se le recomendó a que volviese a Lima, cuya Real Orden se concretó el 30 de mayo de 1784. Además en el Río Bueno, se presenció el desmantelamiento del fuerte, en la que se podía tener como un importante punto de vida para una expedición33. Ya con esta expedición abortada, y con las fuertes dudas que posee O’Higgins con respecto a la presencia de descendientes de españoles en el sur de Chile, solamente se dan paso a expediciones menores, pero en esta ocasión, vuelven a ser protagonizadas por los misioneros, como es el caso del Fray Francisco Menéndez, cuya ruta se dirigió hacia Nahuelhuapi34, y otras expediciones desarrolladas de manera paralela por otros pilotos como Cosme Ugarte o Antonio Machado35.                                                              30 Ibid. Pp. 46 – 47. 31 Ibid. Pp. 47 – 48. 32 Ibíd. Pp. 49 – 50. 33 Couyoudmdjian, R.: Op. Cit. Pp. 157 – 158. 34 Fonk, F.: VIAJES DE FRAY FRANCISCO MENÉNDEZ A NAHUELHUAPI. Imprenta Guillet, Valparaíso, 1890. 35 Ugarte, C.: Diario de viaje de don Cosme Ugarte a las costas occidentales de la Patagonia (1767 – 1768) en ANUARIO HIDROGRÁFICO DE LA MARINA, Imprenta Nacional, Año 14, 1889. Pp. 49 – 55. y Machado, A.:   12   
  13. Una última exploración, esta vez llevada a cabo por José de Moraleda (entre 1786 y 1793), intentan señalar que las apreciaciones que existen en el derrotero de Silvestre Rojas de Díaz son infundadas en cuanto se refiere a la descripción del mismo relieve entre Valdivia y Chiloé por parte de Moraleda. En función de lo que señalan los mismos habitantes de la provincia de Chiloé, en la zona comprendida en el estero de Palena “Se oyen tiro de cañón y de fusil algunos días, que se ven veredas como de caminos trillados por los montes… Por lo respectivos a los figurados tiros de cañón, se han de advertir es de la mayor evidencia que los vientos a ráfagas impetuosas momentáneas, hiriendo en las concavidades de los peñascos marinos, grietas de los de las eminencias vecinas y sus estrechas tortuosas cañadas, producen un sonido que imita el de un trueno remoto propagado… y es también los frecuentes derrumbes de la cordillera hacen un sonido semejante a los dichos. Yo lo he visto repetidas veces desde la isla de Chiloé. En orden a las veredas protesto verse algunas grietecitas manchadas y rastros de pequeños derrumbes anteriores… y examinados de cerca no son otra cosa que manchas naturales producidas las mas del curso de derrames de agua”36. Ya con ese antecedente, hace demostrar que con medios tangibles como el registro de su misma percepción, en base con el conocimiento de la geografía patagónica; y con el avance de las exploraciones hidrográficas en las costas occidentales de la Patagonia, que hacen que la leyenda de la Ciudad de los Césares se pierda en el tiempo y con el fin del transcurrir del siglo XVIII.   IV. A modo de conclusión En el imaginario del hombre americano se concibieron ideas fantásticas entorno a la presencia de ciudades fabulosas, enriqueciendo las leyendas locales en los vastos territorios de la corona española. Durante el devenir del período local surgió la leyenda de la Ciudad de los Césares, que fue alimentada con el correr de los siglos con una serie de naufragios ocurridos en las costas de la Patagonia y del Estrecho de Magallanes desde el siglo XVI por algunos hombres como Simón de Alcazaba o el Obispo de Plasencia.                                                                                                                                                                                Viajes del piloto don Francisco Machado a los archipiélagos occidentales de la Patagonia (1768 – 1770). Op. Cit. Pp. 57 – 149. 36 De Moraleda, J.: EXPLORACIONES GEOGRÁFICAS E HIDROGRÁFICAS DE JOSÉ DE MORALEDA Y MONTERO. Imprenta Nacional, Santiago, 1888. Pp. 433 – 434. Correspondiente a la expedición 1792 – 1793.   13   
  14. Llamó con notoria atención la presencia de españoles, o de sus descendientes, en un medio tan complejo como la Patagonia, y sin embargo, se construyeron célebres derroteros que llamaron la atención en diversas latitudes que van desde Buenos Aires, hasta la local Valdivia, uno de los principales puntos de partida para las exploraciones terrestres. El derrotero de Pinuer en Valdivia trajo consigo sendas consecuencias en el espíritu de las autoridades locales, que si bien algunas se asoman contrariadas, en un inicio apoyan estas exploraciones, pero con la presencia de candidatos a esta empresa como el caso de José Manuel de Orejuela entorpecieron las futuras exploraciones hasta dilatar su búsqueda, que si bien estaba relacionada con la aparición de ingleses y franceses en las costas del Atlántico y Pacífico, no buscaban alterar la calma de las poblaciones indígenas, que de acuerdo a la tradición oral, alimentaban el relato. Pero, en consecuencia con el avance de las exploraciones hidrográficas (científicas) intentan dejan en claro que a medida que se reconoce la extensión de las islas y canales patagónicos, manifiestan que la presencia de los Césares es inexistente. La búsqueda de estos habitantes entre los siglos XVI y XVIII pernocta bajo un sigiloso misterio escondido en la Patagonia.   14   
  15. BIBLIOGRAFÍA Barros Arana, D.: HISTORIA GENERAL DE CHILE. Ed. Universitaria, Santiago, 2004. Tomos 1 y 7. Bayo, C.: Los Césares de la Patagonia: Leyenda aúrea del nuevo mundo en OBRAS COMPLETAS. Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes, Madrid, 2006. Carvallo y Goyeneche, V.: Descripción histórico-geográfica del Reino de Chile en COLECCIÓN DE HISTORIADORES DE CHILE Y DOCUMENTOS RELATIVOS A LA HISTORIA NACIONAL. Imprenta de la Librería del Mercurio, Santiago, 1876. Tomo X. Couyoudmdjian, R. & Estellé, P.: La Ciudad de los Césares: Origen y Evolución de la leyenda en HISTORIA. Universidad Católica, Santiago, Nº 7, 1968. Couyoudmdjian, R.: Manuel José de Orejuela y la abortada expedición en la búsqueda de la Ciudad de los Césares 1780 – 1783 en HISTORIA. Universidad Católica, Santiago, Nº 10, 1971. De Angelis, P.: COLECCIÓN DE OBRAS Y DOCUMENTOS RELATIVOS A LA HISTORIA ANTIGUA Y MODERNA DE LAS PROVINCIA DEL RÍO DE LA PLATA. Imprenta del Estado, Buenos Aires, 1836. Vol. 1. De Gandía, E.: HISTORIA CRÍTICA DE LA CONQUISTA DE LOS MITOS DE AMÉRICA. Ed. Juan Roldán y Cía. Madrid, 1929. De Moraleda, J.: EXPLORACIONES GEOGRÁFICAS E HIDROGRÁFICAS DE JOSÉ DE MORALEDA Y MONTERO. Imprenta Nacional, Santiago, 1888. De Rosales, D.: HISTORIA GENERAL DEL REINO DE CHILE: FLANDES INDIANO. Imprenta del Mercurio, Valparaíso, 1877. De Usauro, P.: La Verdad en Campaña en BIBLIOTECA GEOGRÁFICA – HIDROGRÁFICA DE CHILE. Editorial Elzeviriana, Santiago, 1898. Fonk, F.: VIAJES DE FRAY FRANCISCO MENÉNDEZ A NAHUELHUAPI. Imprenta Guillet, Valparaíso, 1890 Latcham, R.: LA LEYENDA DE LOS CÉSARES: SU ORIGEN Y EVOLUCIÓN. Imprenta Cervantes, Santiago, 1929. Machado, A.: Viajes del piloto don Francisco Machado a los archipiélagos occidentales de la Patagonia (1768 – 1770) en ANUARIO HIDROGRÁFICO DE LA MARINA, Imprenta Nacional, Santiago, Año 14, 1889. Ugarte, C.: Diario de viaje de don Cosme Ugarte a las costas occidentales de la Patagonia (1767 – 1768) en ANUARIO HIDROGRÁFICO DE LA MARINA, Imprenta Nacional, Santiago, Año 14, 1889. Villalobos, S.: PARA UNA MEDITACIÓN DE LA CONQUISTA. Ed. Universitaria, Santiago, 2006.    15   

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