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  • 1. “SAN PABLO Y SAN FRANCISCO. LOS FRANCISCANOS SEGLARES HOY” “De Pablo aprendemos que la persona de Jesús ha de ser el centro de la vida del cristiano” (Benedicto XVI) Buenos días a todos los presentes, Franciscanos Seglares de nuestra Zona. Lapresente charla de formación, que viene acompañada de una presentación fotográficarealizada por Loli, una hermana de mi Fraternidad, y que he comenzado con las palabrasdel Papa Benedicto XVI, ha sido pensada para su puesta en común entre todos losmiembros de las Fraternidades de la Orden Franciscana Seglar de la Zona Castellana deSan Gregorio Magno, de nuestra Zona. Y nada mejor que este año, ya a punto de cerrar las celebraciones del bimilenariodel nacimiento del Apóstol de los gentiles, de San Pablo, que dedicar hoy parte denuestro encuentro a un conocimiento en mayor profundidad del mensaje paulino. Parece apropiado centrarnos en este Año de San Pablo en la labor evangélica delApóstol, pues, analizando en profundidad su mensaje, podremos observar que tienemucho que ver con San Francisco de Asís. Y es que, en efecto, al igual que San Pablo sededicó en cuerpo y alma a la difusión del Evangelio de Cristo entre judíos y gentiles,Francisco de Asís trató de llevar el Reino de Dios a quien se dejara seducir por tan gratanoticia. Si misionera fue la labor de Pablo, no menos lo fue la de Francisco, que inclusono dudó en poner en peligro su vida en tierras sarracenas, como también lo había hechoSan Pablo en multitud de ocasiones, para llevar la palabra de Dios a los confines de la tierra. Y precisamente ésta es nuestra labor: los Franciscanos Seglares del siglo XXIdebemos ser como Pablo, como Francisco, apóstoles de nuestra tierra, apóstoles denuestro tiempo, para que con nuestra palabra y con nuestras obras sepamos dartestimonio de nuestro ser cristiano y de nuestro carisma franciscano. Comenzamos repasando brevemente la vida y los viajes de San Pablo, el Apóstolde los gentiles; los muchos avatares que tuvo que sufrir para poder cumplir la misión ala que había sido llamado: la difusión del Reino de Dios y del mensaje del Evangelio deCristo. Varios siglos después, otro hombre, Francisco de Asís, sería el nuevo Pablo desu tiempo. Ninguno de los dos escatimó esfuerzos y sacrificios para poder llevar a cabola difusión del estilo de vida que les había sido encomendada: seguir a Jesucristo. Pablo nació en Tarso, de un padre que era ciudadano romano, en el seno de unafamilia muy ligada a las observancias fariseas. Dado que pertenecía a la tribu deBenjamín, se le dio el nombre de Saúl (o Saulo) que era común en esta tribu enmemoria del primer rey de los judíos. Como era ciudadano romano, también llevaba elnombre latino de Pablo (Paulo). Para los judíos de aquel tiempo usual tener dosnombres: uno hebreo y otro latino. Por eso fue natural que, al inaugurar su apostoladoentre los gentiles, Pablo usara su nombre romano. Pronto el joven Saulo aprendió a hacer tiendas de lona, ya que todo judío que sepreciara, había de enseñar un oficio a su hijo. Era aún muy joven cuando fue enviado aJerusalén para recibir una buena educación en la escuela del prestigioso Gamaliel. 1
  • 2. Tras la muerte de Jesús, hacia el año 33, comenzaron a formarse grupos deseguidores de su persona y estilo de vida. Pablo de Tarso fue un activo perseguidor deestas comunidades, pues se consideraba fiel defensor de la fe y tradición judías. Sinembargo, hacia el año 36 experimentó un cambio radical en su vida. Camino deDamasco, donde iba a exterminar a los cristianos, se le apareció Cristo, quien lepreguntó que por qué lo perseguía. Quedó ciego ante esta visión. Llegado a Damasco,recuperó la vista, tanto la física como la espiritual. Sufrió una gran transformacióninterna y, de feroz perseguidor, pasó a ser el mayor defensor del naciente cristianismo. Tras su conversión y bautismo empezó a predicar el Evangelio de Cristo a losjudíos. Fue a Jerusalén a ver a Pedro, pero se quedó solamente quince días porque losgriegos amenazaban su vida. A continuación pasó a Tarso, y allí se le pierde el rastrodurante seis años. Bernabé fue en su búsqueda y lo trajo a Antioquía, donde trabajaronjuntos durante un año con un apostolado fructífero. Este período de doce años fue el más activo de su vida. Comprende tres grandesexpediciones apostólicas en las que Pablo realizó su misión entre los pueblos: - Primera misión: Enviado por el Espíritu para la evangelización de los gentiles,Bernabé y Saulo embarcaron con destino a Chipre pasando, más tarde, a Asia menor. Laestancia de los dos misioneros en esta zona fue la suficientemente larga para que lapalabra del Señor fuera conocida en todo el país. Tras muchos avatares, volvieron losdos apóstoles a Antioquía, en donde fueron recibidos con muestras de gozo, puesgracias a su labor, Dios había abierto las puertas de la fe al mundo de los gentiles. - Segunda misión: En esta ocasión Pablo escogió a Silvano, un ciudadanoromano como él y miembro de la Iglesia de Jerusalén, y partieron para Antioquía con elmismo fin que la misión anterior: anunciar el Reino de Dios y el mensaje de Cristo. - Tercera misión: El destino del tercer gran viaje de Pablo fue Éfeso. Su manerade proceder permaneció intacta: para ganarse la vida y no ser una carga para los fielestejía todos los días durante muchas horas la lona de las tiendas, el oficio que habíaaprendido de joven, lo que no le impedía predicar el Evangelio. Como de costumbre,empezó esta misión en la sinagoga, donde tuvo éxito durante los primeros meses.Después enseñó diariamente en un aula puesta a su disposición por un seguidor de lacausa de Cristo. Así vivió por dos años, de tal forma que todos los habitantes de Asiaoyeron la palabra de Dios. Desconocemos la mayoría de los acontecimientos de la vida de Pablo en estosúltimos años. Sabemos que deseó pasar por España, y es más que probable que realizaseun viaje a nuestra tierra. Finalmente fue enviado a Roma para ser juzgado. Sufrió el martirio hacia el finaldel reinado de Nerón, cerca de Roma, a tres kilómetros de la actual Basílica de SanPablo Extra Muros, lugar donde fue enterrado. Su predicación quedaba sellada con susangre. Pablo se convertía así en mártir de Cristo. De ser un cruel perseguidor de loscristianos, su encuentro con Jesús le hizo que se le cayera la venda que siempre habíallevado en sus ojos. Un cambio radical que lo transformó en el mensajero de Jesucristo,en el apóstol que no dudó en poner en peligro constante su vida para llevar el Reino de 2
  • 3. Dios, el Evangelio de Jesús, a los confines de la tierra . Doce siglos más tarde otrohombre, Francisco de Asís, haría lo mismo. Pablo siguió la voz de Cristo que lo llamó. Cayó del caballo y quedó ciego. Esaceguera es un símbolo de no querer ver a Dios, de no querer ver el Reino. Nosotros,como cristianos de hoy, también estamos un poco ciegos. Cerramos los ojos ante lasinjusticias del mundo que nos rodea; cerramos los ojos ante la pasividad que mostramospor las cosas de la Iglesia. Nos mantenemos impasibles ante los ataques injustificadosque se cometen contra ella, ante la corriente de laicismo que nos azota con fuerza. Ennuestra sociedad se lleva “pasar” de la Iglesia. Como San Pablo, debemos ser losapóstoles de hoy, tenemos que hacer que se nos caiga la venda de los ojos, que Cristonos haga ver la luz que brilla desde su rostro y nos haga comprender y hacercomprender que el mensaje que predicó hace dos mil años sigue teniendo la mismafrescura y actualidad de siempre, que la justicia, el amor, la solidaridad, el perdón y lacaridad, principales valores evangélicos, son cosas que no “pasan” nunca de moda.Nuestra misión hoy es luchar como Pablo, hacernos todo a todos para ganar a todos a lacausa de Cristo. Somos conscientes de nuestras limitaciones, pero con la ayuda de Diostodo se puede. Como Pablo, Francisco de Asís también oyó la voz de Cristo que lo llamó.También a los Franciscanos Seglares del siglo XXI Cristo nos sigue llamando. Ya nosllamó con fuerza al sentir el don de la vocación franciscana. Y nos llama cada día,dentro de nuestro carisma, a que nos comprometamos con la labor que nos ha sidoencomendada: mostrar el Reino de los cielos aquí en la tierra. Es difícil nuestra tarea,somos humanos y tenemos muchos fallos, y, además, el momento histórico y lasociedad en la que vivimos no ayudan demasiado. Pero debemos hacernos fuertes, comoSan Pablo, como San Francisco, quienes nunca dudaron de la promesa divina. Nodudemos tampoco nosotros. Con nuestra labor cotidiana de cada día tenemos que dartestimonio de Cristo crucificado en el mundo de hoy. Pero pensemos un poco:¿Tenemos una venda en los ojos, como San Pablo, y no queremos ver lo que nos rodea?¿Somos conscientes de la misión que se nos encomienda como cristianos y comoFranciscanos Seglares? ¿Hasta donde estamos dispuestos a llegar para cumplir connuestra misión evangelizadora? ¿Nos rendimos fácilmente ante las dificultades, aunquetengamos presente los ejemplos de vida de Pablo y Francisco? La verdad es que sonpreguntas que nos deberían hacer pensar en nuestra condición de Franciscanos, porquedebemos ser Franciscanos hoy y ahora, dando testimonio de nuestra fe en el difícilmundo que nos ha tocado vivir. La mirada de San Pablo se centra en sus Cartas sobre todo en el Misterio de laIglesia: cuerpo de Cristo. En el momento histórico que vivimos, en el que la Iglesiaparece estar particularmente desacreditada a causa de nuestra propia mediocridad, lavisión que el Apóstol tiene de ella es estimulante para responder al compromisocristiano y a nuestra misión de Franciscanos Seglares. San Pablo en su doctrina intentaresponder a preguntas centrales que ya se hacían los primeros cristianos, como ¿quiénessomos nosotros con respecto a Cristo? Y nos da una respuesta contundente: somos elcuerpo de Cristo. Los cristianos de ayer y de hoy formamos con Cristo una unidad, detal forma que entre la cabeza, que es Cristo, y sus miembros, que somos nosotros, existeun compromiso por el Reino. Así como no existe un cuerpo sin su cabeza, tampocoexiste una cabeza sin su cuerpo. Cristo se vale de nosotros para llevar a cabo su misión,su mensaje, a nuestro mundo de hoy. 3
  • 4. En la Iglesia debe realizarse una profunda unidad. Unidad que no esuniformidad, no es que todos tengamos que ser iguales, sino una mezcla enriquecedorade todos los dones, gracias y carismas, entre ellos el nuestro, el franciscano. Pero,¿consideramos, como Pablo, que todos los cristianos formamos el “cuerpo de Cristo”?¿Deseamos como Francisco y Pablo vencer todas las divisiones internas en la Iglesiapara crear una gran familia, la gran familia de los Hijos de Dios? Como vemos estamos encamino, pero todavía nos queda mucho por recorrer. San Pablo escribe sus Epístolas siguiendo los dictados de su corazón. Elrecuerdo de los fieles de la ciudad de Filipos, los primeros cristianos de Europa, lo llenade emoción y de alegría. Les dice que deben ser santos e irreprochables ante Dios por elamor. Y es que la comunidad cristiana, la Iglesia, debe realizarse y alimentarse de amorpara mantenerse viva. La comunidad cristiana debe ser amor. Y esto, aplicado a nuestraOrden, nos viene como anillo al dedo. Francisco vivió el amor a Dios y al prójimo comolo había propuesto Jesucristo, por eso sus fraternidades fueron nidos de amor. Elcristiano, el Franciscano Seglar tiene que ser amor. Nuestras Fraternidades han deconvertirse en lugares desde donde el amor se irradie a los demás. El Apóstol nos confirma que Dios nos ha predestinado, nos ha escogido anosotros, a los cristianos, para que seamos su pueblo y para que seamos losinstrumentos que lleven adelante su propósito en el mundo. Y Francisco de Asís confióen nosotros, en los Franciscanos Seglares, para continuar su obra, la obra de Dios, laconstrucción del Reino en el mundo. Y, aunque creamos que no somos capaces de llevar a cabo la misión que Cristo yFrancisco nos encomendaron, tenemos que pensar que no conocemos los caminos deDios, pero sí podemos estar seguros de su sabiduría. Si Él nos confió esta misión, esporque sabe que con su ayuda podemos llevarla a cabo. Debemos hacerlo. Debemoscomprometernos en y con el mundo que tenemos alrededor. Los Franciscanos Seglaressomos elegidos por Dios porque estamos en Cristo, porque estamos en Francisco. ComoPablo, Francisco también da gracias por el don de los hermanos, por la fe y el carismacompartido. Francisco da gracias por nosotros, por los Franciscanos Seglares. Nosotros yaconocemos a Cristo y lo seguimos. Pero, como ya lo hicieron San Pablo y San Franciscode Asís, nuestro Padre y modelo, podemos profundizar mucho más en esta fe, hasta quellegue a ser el motor de nuestro amor y fuente de esperanza que ilumine nuestra vidapara poder comunicarla a los que entren en contacto con nosotros. Como Pablo. ComoFrancisco. Como Clara. En eso conocerán que somos cristianos comprometidos. En esoconocerán que somos Franciscanos Seglares auténticos. Pero nosotros, ¿damos gracias aDios por el don de la Fraternidad? ¿Nos sentimos señalados por Dios para anunciar suReino? ¿Qué hacemos nosotros para difundir el mensaje de Cristo entre los hombres de nuestrotiempo, como lo hizo Pablo con los del suyo? Ahí quedan estas preguntas para nuestra reflexión. También los Franciscanos Seglares de hoy deberíamos preguntarnos si, dadas lasactuales circunstancias, no podríamos cambiar el rumbo de nuestras vidas. Es hora depensar si no nos hemos comprometido demasiado con nuestras propias ganancias yhemos evitado las necesidades de nuestros hermanos, que hayamos trabajado losuficiente para asegurar la subsistencia de nuestra familia pero no lo suficiente paraayudar a los pueblos subdesarrollados. Los Franciscanos Seglares del siglo XXI nopodemos limitarnos a encogernos de hombros ante las necesidades del mundo, sino que, 4
  • 5. por amor al Reino de los Cielos, por amor a Cristo, por amor a Francisco, por amor anuestros hermanos, debemos procurar servir con fuerza al progreso humano. Pabloexpone en sus escritos su modelo de actuación apostólica: renuncia a los propiosderechos en favor de ayudar a los demás. No debemos centrar nuestros esfuerzos porconseguir cosas sólo para nosotros, cuando basta con echar una ojeada a nuestroalrededor para comprobar que hermanos nuestros, otros hombres y mujeres igual quenosotros, mueren de hambre sin que hagamos nada por remediarlo. Y es que paraanunciar la palabra de Dios, la misión a la que hemos sido llamados, como Pablo yFrancisco, a las gentes que no conocen a Cristo, tenemos que cubrirles las necesidadesbásicas. Ésa será nuestra misión y ésa será nuestra recompensa. En un momento en el que el consumismo lo llena todo no es inútil que losFranciscanos Seglares recordemos a los que nos rodean que hay algo más trascendente ydefinitivo que los bienes materiales. Debemos hacer ver que la vida humana presente,llena de alegrías y de penas, de negocios y de confort, no es todavía la verdadera vida.Los Franciscanos Seglares tenemos que vivir en este mundo y ocuparnos de estemundo, pero con la esperanza en un mundo mejor. ¿Vivimos nosotros aferrados a lascosas materiales sin ser conscientes de que todo lo material pasará? ¿Tenemos la esperanza deun mañana mejor que se nos tiene preparado a los seguidores de Cristo y de Francisco? ¿Somoscapaces de vivir con indiferencia ante las calamidades que asolan nuestro mundo? Para San Pablo, en sus Cartas, el matrimonio sigue siendo un espacio dondedebe vivirse la presencia de Dios en la relación entre las dos personas. San Pablo sepropone iluminar las diferentes situaciones humanas y los estados de la vida. Afirmaque lo importante en cada estado de la vida, el que cada uno haya elegido libre yvoluntariamente, nos mantengamos alejados de las preocupaciones, que invirtamosnuestro tiempo y nuestra libertad en difundir el mensaje de Cristo. Pablo reconoce quelos célibes tienen una ventaja con respecto a los casados, y es que están más disponiblespara ocuparse con mayor profundidad de los asuntos del Señor. No dice que este estadosea mejor ni peor que el del matrimonio, simplemente nos invita a que cada uno sigacon la vocación que ha recibido. Considera que no sólo el matrimonio es el único estadoposible, también existen otras opciones, a la luz de las enseñanzas de Cristo.Precisamente nuestra vocación es muy singular dentro de la vida de la Iglesia. EstamosFranciscanos Seglares casados, viudos, solteros, consagrados, lo que ofrece una grandiversidad y riqueza en nuestras Fraternidades. En nuestra Orden Seglar, como en lavida misma, son muchos los estados que nos encontramos, y esto nos muestra la granvariedad y riqueza de nuestro carisma. Ya San Francisco, un hombre con una visión de futuro sorprendente, vio que eraimposible que todas las personas que querían abrazar su estilo de vida siguieran suspasos dentro de los hermanos menores (frailes) o las damas pobres (monjas), por lo quedecidió crear un estado intermedio, los hermanos de penitencia (los hombres y mujeresde la Tercera Orden, hoy Franciscanos Seglares, nosotros), cuyo testimonio es tanválido como el de los frailes o las monjas. Debemos dar testimonio, con nuestra vida, en nuestro trabajo, en nuestra familia,de las cosas del Señor. Estamos consagrados a Él de una forma especial con nuestraprofesión en la Familia Franciscana. La perfección a la que tiende el hombre y que sóloDios puede otorgar, también podemos alcanzarla desde nuestro estado laical deFranciscanos Seglares, caminando tras las huellas del sendero de Francisco. 5
  • 6. Pablo se sabía llamado a proclamar el Evangelio a todos: judíos y paganos. Noera tarea fácil compaginar a ambos grupos, pero el mensaje de Cristo, que había venidopara salvar a todos los hombres, no podía estar limitado por fronteras culturales,nacionales o religiosas de ningún tipo. Éste es el programa de misión al que debeorientarse siempre y sin cesar la Iglesia, en especial en estos últimos tiempos, dando testimoniode la riqueza del mensaje que no debe guardar, sino publicar por el mundo que nos rodea. Como Pablo, los Franciscanos Seglares debemos vivir tan profundamente elmisterio de Cristo que no podamos callarlo. Predicarlo nos ha de servir como el mejorde los premios, pues imitamos así al propio Jesús, al propio Pablo y al propio Franciscode Asís. Los Franciscanos Seglares tenemos que estar convencidos del don queposeemos, del don recibido, y debemos sentir impulsos de comunicarlo a los otros. Noes un tesoro a guardar, sino es un tesoro para darlo a conocer. El móvil de nuestra misión de apóstoles a la que hemos sido llamados es elpropio Evangelio. Nuestra misión es la de poner a los hombres en contacto con Dios. Lafe es dar a los demás y darse a los demás. Pablo y Francisco nos enseñan un modelo devida: la vida de Cristo. Y ahora nos toca a nosotros pensar en lo siguiente: ¿Somosconscientes de cuál es la misión del Franciscano Seglar en el siglo XXI? ¿Hacemos todolo posible para ganar a todos para Cristo? ¿Esperamos alguna recompensa por la misióna la que hemos sido llamados? Pablo propone imitar su estilo de vida, que en el fondo no es otra cosa que imitarel estilo de vida de Jesús. Nosotros tenemos también el ejemplo muy cerca. Basta conreflejarnos en el espejo que nos ofrece la vida de San Francisco y de Santa Clara. Comodijo el Ministro General de los Franciscanos, el claustro de los Franciscanos Seglares esel mundo, es nuestra gente, es nuestra familia, en nuestro entorno, es nuestro trabajo, poreso debemos llevar un modo de vida, de acuerdo con nuestro carisma, que haga notar queseguimos las huellas del Crucificado. Sólo así sabrán que somos y seguimos a Francisco. San Pablo nos dice que lo hagamos todo “para gloria de Dios”. Esto supone noser motivo de escándalo, de discordia, no sembrar división, contentar a todos en todo,no buscar el propio bien sino el de los demás. Pablo y Francisco quieren que hagamosllegar el Evangelio a todos con nuestras palabras y con el ejemplo de nuestras vidas. Serapóstol, ser Franciscano Seglar, es ser modelo de la comunidad, tener como norma devida la de Cristo. En esto conocerá la sociedad en que vivimos, que somosFranciscanos. Nosotros, como Pablo y como Francisco, ¿dirigimos todas nuestrasacciones cotidianas a una mayor gloria de Dios? ¿Procuramos buscar el bien de losdemás antes que nuestro propio beneficio? ¿Seguimos el modelo de vida de San Pablo yde San Francisco? ¿Buscamos con nuestra actitud y con nuestra vida ser sembradores deamor, de paz y de bien en el círculo que nos rodea? En definitiva: Nosotros somos parte de Pablo, parte de Francisco. Somos un solocuerpo unido al de Cristo, unidos dentro de la Iglesia, que, como Madre y Maestra, nosacoge. Pablo se sentía unido a los corintios en Cristo y en el Espíritu. Los cristianos nossentimos unidos a Cristo y a su Iglesia por su palabra y por el bautismo. Francisco sesentía unido a sus hermanos por el don de la fraternidad. Los Franciscanos Seglares nossentimos unidos a la Orden por el don de nuestra profesión. Y es que existe una íntima 6
  • 7. comunión de todos los convocados por Dios en Jesucristo, señalados con el Espíritu yungidos con el carisma franciscano. Y ese carisma franciscano es el que nos une, el quehace posible que en unas provincias y pueblos tan distintos entre sí, como son losnuestros, se viva la esencia del franciscanismo, se mantenga viva una herencia queFrancisco y Clara hace ocho siglos empezaron a vivir con intensidad, lo que hace quehoy estemos aquí, hablando de Pablo, hablando de Francisco, hablando de nosotros.Ojalá esta herencia que hemos recibido sepamos transmitirla a las generaciones futuras.Que no os quepa la menor duda de que Cristo y San Francisco estarán a nuestro ladohasta el fin de nuestros días. 7

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