CreacióN Literaria No Sexista - Presentation Transcript
TALLER
“CREACIÓN LITERARIA
NO SEXISTA”
ANA JIMÉNEZ,
SEXÓLOGA
En este Taller de Creación Literaria no-sexista,
alumnas y alumnos del C. P. Federico García Lorca
analizaron y reflexionaron sobre los estereotipos de
género presentes en los cuentos infantiles, y
crearon nuevas historias en las que no estuvieran
presentes.
Aquí recogemos algunas de estas historias, que
también ilustraron con mucho cariño.
Mayo - Junio 2009
HISTORIAS
DE
2º A
“Érase una vez un cerdito que quería ser
pianista. Pero su madre no le dejaba. Éste
decidió irse de casa. Cuando se fue de casa se
encontró con una exploradora y la exploradora
le preguntó:
– ¿Qué haces por aquí? Y el cerdito le
contestó:
– Me he perdido. Y la exploradora le dijo:
– Ven conmigo, te ayudaré.
Y entonces se encontraron con una
pastelería donde un duende trabajaba
haciendo pasteles, y los dos almorzaron allí.
Cuando salieron se encontraron con una
tienda de muebles y se metieron a comprar,
luego salieron y se encontraron a un príncipe
donde todos salieron en la radio”.
“Érase una vez una reina que construye
una casa para los que no podían estudiar por la
mañana ¡Había clases particulares de verano!
Y el lobo pintor puso cuadros por las paredes
del teatro del mago.
Y les llevó de excursión al teatro y
celebraron una fiesta”.
HISTORIAS
DE
2º B
“Una familia muy pobre de un
molinero casado con una bruja con
un hijo. La bruja daba clases de
teatro, el molinero viajaba por el
espacio y el hijo leñador arreglaba
ordenadores.
Un día la familia viajando por
el espacio tuvieron un accidente y
aterrizaron en un planeta extraño.
De repente se encontraron con una
ratita que construía casa, casada
con un gato con botas que era
diseñador de ropa.
Como les gustó el planeta, se
quedaron a vivir allí”.
“Era un lobo que escribía muchos libros. Un día quiso vender los libros
para ganar dinero. Un día fue al circo, allí conoció a una payasa que bailaba
ballet.
Enfrente del circo había un restaurante, el cocinero era un mago y
cocinaba con su varita mágica, el lobo fue a comer allí, una gamba le sentó mal
y tuvo que ir al médico de la abuelita que curaba a la gente enferma. La
abuelita curó al lobo y así el lobo pudo seguir vendiendo libros y ganar más
dinero. Publicó un libro sobre lo que le pasó”.
HISTORIAS
DE
6º A
“Esto fue algo que no sucedió ni en
un país lejano ni hace mucho tiempo, sino
que fue algo que simplemente sucedió.
Un profesor de piano que vivía en el
castillo en el que daba clase al mismísimo
príncipe, hasta ahí todo normal, ahora
comienza lo extraño; su mascota era una
ratita que bailaba ballet y que bajaba a la
cocina a por comida para los dos, y aquí
sigue lo extraño; que la cocinera no era tal,
sino que era una arquera que vivía en el
bosque al lado del castillo y todas las
mañana acudía a éste para cocinar.
Un día mientras comenzaba el
aprendizaje del príncipe la ratita se puso
sobre el piano sin que nadie la viera. Y
mientras el príncipe aporreaba las teclas y
el sonido iba saliendo de aquel maravilloso
instrumento de ébano, madera y marfil, la
ratita sentía que la melodía recorría todo su
cuerpo y, de repente, sin darse cuenta,
comenzó a bailar el tipo de baile que a ella
le había apasionado siempre: ¡El ballet!
Entretanto, en las cocinas del castillo una silueta
entraba por la ventana deslizándose sigilosamente hasta
colocarse delante de la freidora casi al mismo tiempo que
la ratita se deslizaba por los conductos de ventilación.
– Hola! – dijo al entrar la ratita - ¿sabes qué…?
– No, cuéntame ¿qué te ha pasado? – dijo la arquera.
– Hoy mientras el príncipe daba clases de piano…
– ¿Qué? ¿El príncipe ha empezado a dar clases de piano?
– Sí, sí, sí, pero eso no viene al caso. Mientras el príncipe
tocaba yo sin darme cuenta empecé a bailar ballet.
– Mira qué bien… ¿no era lo que a ti te gustaba?
– Sí, pero … me hubiese gustado que lo hubieras visto.
– Pues entonces mañana cuando el profesor vaya a darle la
clase al príncipe, vienes, me avisas y yo subo y te veo.
- Pues… así lo haremos. Ahora me puedes dar
lo de siempre: un trozo de queso para mí y un
filete con patatas para el profesor.
Unos minutos más tarde…
– Aquí tienes amiga… hasta mañana – dijo
la arquera al entregarle la comida.
Después la arquera se deslizó de nuevo por la
ventana hasta su casa en el bosque, y la ratita se
fue por los conductos por los que había venido, con
los platos se dirigía a la habitación del maestro.
Al día siguiente como habían acordado, la ratita
se puso su tutú rosa y bajó a la cocina a avisar a la
arquera, subieron la dos y se asomaron a la puerta
y picaron. El profesor les abrió extrañado y la
arquera dijo:
– Vengo a ver las clases y a la ratita bailar.
La ratita se subió al piano a bailar mientras el Y aquí se acaba una
príncipe tocaba. historia más como siempre en el
final… o tal vez sólo sea el
comienzo de una nueva
historia”.
“Érase una vez un rey una reina, que tenían una hija muy bonita. El rey se
llamaba Gravensen. Era gordo, tenía una nariz picuda y las orejas grandes. Y lo que más
le gustaba era pintar cuadros abstractos porque le daban buenas sensaciones. Una reina
que se llamaba Enriqueta. Era delgada, pequeña y con los cabellos lisos. A ella lo que
más le gustaba era cantar en las orquestas de los pueblos canciones alegres y divertidas.
Y por último su hija la princesa Naiara, que era joven, delgada y tenía unos pies
muy pequeños. A Naiara lo que más le gustaba era nadar. Era tan guapa que tenía
muchos pretendientes..
Un día llegó una pretendienta y un
pretendiente, los dos le pidieron al rey la mano de
su hija. El rey les dijo que darían una vuelta en
caballo por sus tierras y el primero que llegara
tomaría la mano de su hija. También les explicó
que partirían al día siguiente con sus caballos.
Cuando amaneció partieron, la exploradora
que lo que más le gustaba era buscar tesoros llevó
sus artilugios por si descubrían algo extraño.
Mientras el otro pretendiente, que era molinero
pero arreglaba ordenadores, llevó dos pilas y un
ratón de ordenador.
La pretendienta al ir más cargada, iba más
despacio. Mientras que el molinero que iba
también muy despacio, porque su caballo era muy
viejo, pero muy valioso. Primero entraron en el
bosque oscuro, por lo que se separaron. Cada uno
tomó su camino, el pretendiente pensó que
cruzando el río saldría antes del bosque. Mientras
la pretendienta atravesó una cueva, porque ella
pensaba que saldría antes del bosque.
Cuando el molinero intentó pasar el río, un besugo gigante le atacó. Él no se
imaginaba lo que estaba ocurriendo, se asustó. Subió rápidamente a su caballo y echó a
cabalgar.
La pretendienta cruzando la cueva se
encontró un ogro montado en su caballo; ella
paró y le preguntó qué hacía allí. El ogro le
contestó que vendía nitrógeno líquido que hacía
al caballo que corriera más rápido. Le preguntó
cuál era su precio en oro, y él le respondió que
no quería nada de oro, que sólo quería sus
artilugios para encontrar tesoros..
. Estaba muy enamorada de la princesa, así
que se los dio. Cogió todos los nitros y se los
colocó al caballo y continuó su camino de nuevo.
Activó los nitros y el caballo salió rapidísimo y
tardó sólo una hora en llegar al castillo. Y el
caballero taró un día.
Se reunieron los dos pretendientes con el rey la princesa. El rey que sabía que
había llegado primera la pretendienta le cedió la mano de su hija, y al pretendiente le
dejó el puesto de jardinero. El rey les preguntó:
– ¿Cómo os llamáis?
Y contestaron:
– Somos hermanos y no tenemos nombre
Y el rey les bautizó llamando a la
pretendienta Ana Rosa y al pretendiente Carlos
Alberto.
Y al final se casó Naiara con Ana Rosa y se
dieron un beso.
Y colorín colorado este cuento se ha
acabado”
“Érase una vez unos huérfanos
que no tenían donde vivir.
La abuelita, que se llamaba
Hermenegilda, que tenía el cuerpo muy
pequeño y la cabeza muy grande, tenía
un gato con botas que era muy especial,
porque iba vestido con sombrero y
botas.
Era domingo día de misa a la
doce de la mañana, no se perdían
ninguna. Cuando acabó se acercaron al
tablón de anuncios y vieron una payasa
que en sus ratos libres hacía casa para
los más necesitados y la llamaron,
cuando vino se sorprendieron de la
payasa porque llevaba una peluca de
color y unos zapatos gigantes (que
parecían de la talla 50).
De repente sonó el móvil al gato
con botas, era el duende que se llamaba
Jacinto, era pequeñito, tenía una barba
muy grande y su piel era verde.
El gato con botas le dijo:
– ¿Puedes venir a la iglesia?. Y el duende le contestó:
– Sí, estoy cogiendo el coche
Al cabo de diez minutos llegó el duende. Ya estaban todos
donde el tablón de anuncios. Había un anuncio que llamaba
mucho la atención. Les gustaba a todos el anuncio porque
todos podían ayudar en ese trabajo para los más necesitados.
Después llegó un cerdo, de altura media que
también se apuntó al plan con los demás.
Llegaron al prado donde iban a trabajar. Era un
prado muy llano. Tenían un mes para acabar la casa para
los huérfanos.
Lo primero que hicieron fue ir a por
los materiales para construir la casa ya a
continuación fueron a avisar a los
huérfanos, que se pusieron muy contentos.
Mientras la payasa construía la casa,
el cerdo construía los muebles, el gato con
botas hacía la ropa y la abuela curaba a los
huérfanos. Cuando la abuelita acabó, el
duende les hizo clases de teatro para
entretenerles.
Al cabo de un mes acabaron la casa y
los niños estaban muy contentos, les
agradecieron su trabajo.
Iria, Jairo, Yeyo, Enrique y Mario
Y aquí acaba la historia”
HISTORIAS
DE
6º B
“Érase una vez en un reino muy
lejano en medio de Francia, vivían
en un palacio de diamantes un
príncipe y una princesa.
En el palacio tenían de criada a
una campesina que hacía pan,
tartas y pasteles de chocolate, y
tenían también un gato con botas
que se comía los pasteles de
chocolate cuando salía de nadar,
que era lo que más le gustaba.
El príncipe era un chico de
estatura media, tenía el pelo rubio y
los ojos azules, él presentaba unos
programas de radio.
La princesa era mediana, con el
pelo castaño oscuro y los ojos
verdes, la princesa estudiaba chino
para hacer realidad su sueño de ir a
China.
Un buen día, el gato con botas se fue a
nadar a la piscina en el centro del
palacio.
Al llegar se encontró con Carla la
exploradora, que se preparaba para salir
de excursión a la montaña. Y le dijo:
s¿Qué vas a la mina de kklllll?
sSí, dicen que ahí hay esmeraldas y
diamantes
s¿Crees que le traerán un rubí a la
princesa?
sSupongo….
En ese momento el reloj del
campanario dio la una.
s Me tengo que ir o si no me quedaré sin
ellas.
s¿Por qué?
s Dicen que alguien a las 3:30 las roba.
Me voy. Adiós.
s Hasta luego
Así Carla se fue hacia la mina, sobre las 3:30
el gato hizo como de costumbre sus clases de
Karate.
Al acabar, el gato vió llegar a Carla corriendo.
s ¿Ya sabes quién se lleva los diamantes?
s Sí
De repente detrás de Carla salió Sarah, la
criada.
s ¿Tú?
s Sí, es una larga historia.
Del palacio salieron Verónica, la princesa, y Sergio, el príncipe. Verónica le dijo:
s Tienes tiempo para contárnosla, pero…
s Pero ahora ya no vas a ser nuestra criada.
Sarah sobresaltada dijo:
s ¿No?
s ¿Por qué no?
s Porque ahora has demostrado que eres muy valiente y que mereces ser libre.
s Gracias, dijo llorando de alegría.
“Érase una vez un enanito al que
le iba de miedo, era bajo, con una
gran barba blanca y un gorro azul
muy grande, era alegre aunque a
veces está serio y a la vez muy
amable, tenía puesta una chaqueta
amarilla y un pantalón rojo. Él
quería tocar el piano, pero no llegaba
a las teclas, con lo cual se fue a la
juguetería en autobús.
– Buenos días – le dice el
conductor, que era un lobo.
– Buenos días – le contestó el
enanito
Al cabo de treinta minutos había
llegado a la juguetería y se compró
un piano pequeño. Cuando salió de la
juguetería volvió para el autobús y vió
otra vez al lobo. Se fijó que el lobo se
había cambiado de ropa. Ahora tiene
un uniforme de conductor de
autobús.
A la parada siguiente se subió
una hada madrina con su traje rosa
claro y con su pelo amarillo, largo y
claro. Por supuesto. Se sentó al lado
del enanito porque estaba tocando
una canción preciosa. A las tres
paradas se subió una ratita. Su
hobby es ser animadora del Sporting
de Gijón aunque por desgracia no
puede ser porque su madre le alquiló
un restaurante y por desgracia tiene
que trabajar en él.
La ratita le miró con una cara de
“cuando pueda te comeré”. Al final
todos se bajaron en la misma parada.
La rata se fue para el restaurante, la
hada para su zapatería y el enanito a
la juguetería a por otro piano.
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