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Realismo literario

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  • 1. El realismo literario: marco histórico y cultural. Características. Autores y obras más significativas. Índice: 1. Introducción. 2. Marco histórico y cultural. 2.1.- Aspectos políticos, económicos y sociales. 2.2.- Aspectos ideológicos y culturales. 2.3.- El Realismo, imagen de la vida. 3. El Realismo. 3.1.- Orígenes y evolución. 3.2.- El Naturalismo en la novela. 3.3.- La novela realista europea. 4. Características de la narrativa realista. 5. La obra narrativa de Benito Pérez Galdós. 5.2.- Galdós, un novelista burgués. 5.2.- “Los Episodios Nacionales”. 5.3.- Novelas de la primera época. 5.4.- Las novelas contemporáneas. 5.5.- Las novelas espiritualistas. 5.6.- Las últimas novelas. 6. La novela realista. La Generación del 68. 6.1.- José María de Pereda. 6.2.- Juan Valera. 6.3.- Leopoldo Alas “Clarín”. 6.4.- Emilia Pardo Bazán. 6.5.- Armando Palacio Valdés. 6.6.- Vicente Blasco Ibáñez. 1
  • 2. 1. INTRODUCCIÓN. El Realismo es un movimiento literario que triunfó en Europa hacia 1850 y que trató de reflejar la realidad social de la época. Frente al idealismo romántico, propugnó la observación directa de la realidad y la novela como género que mejor puede reflejarla. Sus características fundamentales son:  El tema esencial es la realidad que rodea al escritor, quien debe dar testimonio de la misma y actuar como un cronista. La clase media se convirtió en el foco de atención preferente del escritor. En esa plasmación de la realidad observada puede verse, en ocasiones, cierta actitud de crítica social.  El narrador es objetivo y suele ser omnisciente, es decir, conoce a sus personajes a fondo. Para mostrar los sentimientos y pensamientos de los personajes se utilizan el monólogo interior y el estilo indirecto libre. El retrato puede ser un completo análisis psicológico y la descripción de ambientes suele realizarse también con minuciosidad.  El estilo es sencillo y sobrio. Con el lenguaje se pretende reproducir la forma de hablar de los personajes y su condición social, por lo que aparecen varios registros. 2. MARCO HISTÓRICO Y CULTURAL. 2.1.- Aspectos políticos, económicos y sociales. Los gobiernos progresistas surgidos al hilo de la Revolución de 1868 consagraron derechos democráticos e impulsaron reformas laborales y fiscales que crearon gran descontento. La crisis económica, el desempleo, las guerras y los conflictos regionales contribuyeron al fracaso de la I República y a la Restauración de la monarquía, que puso fin a un largo período de guerras. Durante la Restauración, los cambios gubernamentales se efectuaron por medio de las Cortes y se estableció el bipartidismo de liberales y conservadores. El Gobierno, centralista y oligárquico, se apoyaba en el medio provinciano y rural, dominado por caciques, con quienes se controlaban y simulaban unas elecciones fraudulentas. El desarrollo económico (minería, siderurgia vasca, industria textil catalana y actividades comerciales) impulsó el crecimiento de las ciudades, comunicadas por el ferrocarril. A este período corresponde la consolidación del Estado liberal y el triunfo de la burguesía. Las familias burguesas gustaban del lujo y de la ostentación, mientras que las masas populares permanecían al margen de la política, la modernización y la cultura. En estos años se desarrollaron las organizaciones obreras, en sus vertientes socialista y anarquista. 2
  • 3. 2.2.- Aspectos ideológicos y culturales. La corriente de pensamiento más destacada fue el krausismo. Uno de sus frutos más importantes fue la Institución Libre de Enseñanza (1876), fundada por Francisco Giner de los Ríos. En su primera etapa se centró en la enseñanza universitaria y, a partir de 1881, en la reforma de la pedagogía tradicional. Con la Restauración se inició una etapa positivista, aunque seguían vigentes las ideas krausistas en pedagogía y derecho, y valores como la ética individual, la tolerancia y el rigor científico. Otro fenómeno destacable, sobre todo a partir de la década de 1880, fue el extraordinario desarrollo de la prensa, que difundió obras por entregas y artículos de los escritores más importantes de la época (Clarín, Galdós, Valera, Pardo Bazán), y sirvió de soporte a la polémica sobre el naturalismo. Corrientes de pensamiento. En la segunda mitad del siglo XIX, dos corrientes filosóficas dominan el pensamiento español: A) Krausismo. Julián Sanz del Río impulsó la difusión del pensamiento del filósofo alemán Karl C.F. Krause. El krausismo, que llegó hasta la Segunda República, tuvo una gran repercusión en sectores de la burguesía ilustrada de España. Influyó en la cultura (ciencia, pedagogía, literatura) y, especialmente, en el derecho. La versión española de esta corriente propugnó una “filosofía práctica”, racionalista, que hace hincapié en el carácter ético de la conducta individual, en la creencia en la perfección del hombre y en la evolución de la sociedad. El período de máxima vigencia del krausismo corresponde a su primera etapa, entre 1854 y 1875. B) Positivismo. Este sistema filosófico sólo admite los conocimientos que se fundamentan en la experimentación. Se basa en la aportación de las ciencias físicas y naturales. Los positivistas españoles defendieron el evolucionismo y el determinismo, y difundieron las obras de científicos europeos como Darwin o Spencer. 2.3.- El Realismo, imagen de la vida. Frente al idealismo romántico, triunfa ahora el positivismo, la moral utilitaria, el espíritu práctico. Como movimiento cultural, el Realismo será un reflejo de la realidad contemporánea y un espejo de las costumbres, influido por las nuevas aspiraciones de la sociedad burguesa y por el espíritu racionalista y experimental de las nuevas ideas científico – filosóficas: positivismo, método experimental, teoría de la evolución de las especies. 3
  • 4. El Realismo es, pues, una actitud ante la vida, y sus presupuestos se manifiestan en todas las modalidades de la cultura, el arte y la literatura: visión objetiva de la realidad, espíritu práctico y valoración de lo concreto frente al subjetivismo y la fantasía romántica. 3. EL REALISMO. El Realismo fue una corriente artística que se propuso representar la realidad lo más fielmente posible y con el máximo grado de verosimilitud. 3.1.- Orígenes y evolución. El realismo surgió en la Francia de la primera mitad del siglo XIX, inmersa aún en el romanticismo. Se inició con autores como Balzac y Stendhal, y se desarrolló ya como movimiento independiente con Flaubert, en el contexto de una sociedad urbana e industrial, con una clase burguesa asentada. En España, el inicio del movimiento realista coincidió con acontecimientos históricos centrales. Surgió hacia 1870, después de “La Gloriosa”, y tuvo su apogeo en la década de 1880, época del acceso al poder de la burguesía y en contexto cultural complejo y variado. En la aparición del realismo influyeron géneros del romanticismo como la novela histórica y, sobre todo, los artículos de costumbres, junto con las obras y las reflexiones estéticas de novelistas extranjeros como Balzac, Flaubert, Dickens y Tolstoi. 3.2.- El Naturalismo en la novela. El naturalismo es el intento de llevar a sus últimas consecuencias los postulados realistas: se aplican a las novelas los principios científicos de moda en la época, como el método experimental, al considerar el novelista a sus personajes como seres cuyos comportamientos, casi siempre patológicos, ha de analizar y diseccionar en su relato. En las novelas naturalistas se plasman las ideas deterministas, al considerar que el comportamiento no depende de la voluntad del individuo, sino que está condicionado por la herencia biológica y por el medio social en que vive: abundan en estas novelas los ambientes sórdidos y los personajes con comportamientos patológicos o con taras psíquicas (alcohólicos, psicópatas, prostitutas, marginados). La novela es el reflejo de una filosofía materialista, que reduce los comportamientos humanos a mera fisiología, al considerar que lo espiritual no es más que consecuencia de las leyes biológicas. El novelista francés Emile Zola es el teorizador y el máximo exponente de esta nueva vertiente de la novela realista, que fue discutida y puesta en práctica en España, aunque de una manera menos radical, en algunas obras de Galdós, Clarín y la Pardo Bazán. 4
  • 5. En España, el contexto era diferente: no había un verdadero capitalismo ni una ciencia floreciente. Los escritores rechazaron el determinismo biológico y reivindicaron el libre albedrío y el humor; sin embargo, incorporaron temas y procedimientos narrativos del naturalismo que favorecieron una nueva forma de novelar en la década de 1880. 3.3.- La novela realista europea. Aunque el realismo se extiende a todas las manifestaciones literarias, su verdadera creación es la novela, como género más adecuado para reflejar de forma objetiva y con exhaustividad la realidad contemporánea: la novela es imagen de la vida. La novela realista decimonónica significa la consolidación y el triunfo definitivo del género novelesco, que tiene su origen en el Quijote de Cervantes; fuente de inspiración de los novelistas europeos posteriores. En todos los países europeos surgen ahora grandes novelistas que se esfuerzan por reproducir en sus obras la realidad contemporánea: A) En Francia, Balzac es autor de una extensa colección de novelas, titulada La Comedia Humana, con la que aspiraba a reproducir con fidelidad y exactitud las costumbres y los conflictos de la sociedad francesa contemporánea. Stendhal escribió dos grandes novelas: El rojo y el negro, en donde cuenta la vida del joven Julien Sorel; y La Cartuja de Parma, cuyo argumento arranca de la batalla de Waterloo y continúa con las peripecias que le suceden en Italia a Mario del Dongo, su protagonista. De Gustave Flaubert es Madame Bovary, acabadísimo análisis psicológico de una mujer provinciana que pretende mejorar su vida, lo que le lleva a despreciar a su marido y a caer en turbios amoríos, que concluyen en el suicidio, minuciosamente descrito por el autor. B) En Rusia surge una extraordinaria generación de novelistas: de Dostoievski son Crimen y castigo, cuyo protagonista, el joven Roskolnikoff, comete un crimen absurdo, siendo toda la novela un detallado análisis del proceso de la conciencia del personaje, hasta confesión de su crimen; y Los hermanos Karamazov. León Tolstoi escribió Guerra y paz y Anna Karenina, mientras que Antón Chejov es un inimitable autor de relatos realistas, además de gran dramaturgo. C) En Inglaterra, destaca Dickens, autor de numerosas novelas en las que se mezcla la pintura de ambientes sórdidos y un cierto sentimentalismo: David Copperfield, Oliver Twist… 5
  • 6. 4. CARACTERÍSTICAS DE LA NARRATIVA REALISTA. Es posible determinar rasgos propios de la novela realista tanto temáticos como formales. a) El Realismo es un movimiento literario burgués, impregnado de espíritu práctico y de afanes de renovación y progreso. Frente al creador romántico arrebatado y movido por la inspiración, los autores de la novela realista son burgueses, ciudadanos corrientes comprometidos con la sociedad en que viven, cuyos problemas y conflictos cotidianos pretender reflejar en sus novelas. b) El relato se centra en la realidad contemporánea, intentando ofrecer un panorama completo de la vida social, las costumbres y las ideas del momento. Existe un gran interés por lo vulgar y cotidiano, por lo popular, por la vida y costumbres contemporáneas. Frente a la lejanía espacial y temporal del Romanticismo, la novela realista se centra en la descripción de lo que ocurre en la calle, en los mercados, en la fábrica, en las tertulias, en el café, en los salones de la burguesía o en las algaradas revolucionarias. Asimismo, los protagonistas de las novelas no son héroes, personajes idealizados, sino seres vulgares, individuos extraídos de la realidad cotidiana. c) Existe un afán de objetividad: el novelista pretende ser el cronista, el notario, el fotógrafo, el fiel observador de lo que ocurre en el momento y en el lugar de la acción de sus novelas. La preocupación por la verosimilitud y el realismo le lleva a documentarse y a informarse acerca de los hechos que va a contar: acude a las bibliotecas, lee libros históricos, consulta tratados científicos, está atento a las informaciones de la prensa, recorre los escenarios en que va a situar su relato, toma apuntes en la calle sobre las personas y sus costumbres, observa la forma de hablar de sus presuntos personajes, etc. d) Detallismo y minuciosidad en las descripciones. Hay un afán por dar cuenta del más mínimo pormenor: los paisajes y ambientes que dan “color local” al relato, los interiores, los gestos y actitudes de los personajes, los vestidos, la “pintura de las costumbres” y las diversas actividades sociales (ocupaciones, fiestas y celebraciones de tipo familiar o social, manifestaciones revolucionarias, etc.). e) Propósito moral, social o político. Es frecuente que las novelas sean un medio para defender unas ideas o dar una visión crítica de la sociedad. Por eso proliferan las novelas de tesis, en las que el autor defiende una idea preconcebida, descalificando las tesis contrarias. Es el caso de las novelas de la primera época de Galdós. f) El narrador pretende la objetividad en el relato de los acontecimientos: es como un testigo que narra los hechos desde fuera, sin participar en ellos, desde una perspectiva objetiva y distanciada. El deseo de dar una visión totalizadora de la realidad hace que no se limite a contar sólo lo externo y lo visible, sino que también es capaz de conocer y describir el mundo interior, el ser y el sentir de los personajes. 6
  • 7. El narrador se convierte así en un pintor de los cuerpos y de las almas. Es, por tanto, un narrador omnisciente, sabelotodo, “suplantador de Dios”, un ser casi divino, en cuanto que lo sabe todo acerca de la acción y de los personajes. Pero a pesar de su afán de objetividad y distanciamiento, a veces el narrador es un “metomentodo” que se introduce en la narración, orientando al lector sobre ciertos aspectos del relato, indicándole que se fije en algún detalle, resaltando la importancia o la emoción de algún pasaje concreto. Esta exhaustividad en la caracterización de los personajes, en la descripción de situaciones, en la narración de los hechos, limita la participación del lector, que no tiene la posibilidad de ir conociendo e imaginando por sí mismo los caracteres de los personajes y el valor de las situaciones: todo le viene explicado, incluso lo que les ocurrió a los protagonistas años después de terminar la acción de la novela, que a veces se ofrece en un epílogo. g) Hay también un afán realista en el tratamiento del lenguaje y el estilo literario: es sobrio y preciso, sin demasiada retórica, cuando habla el narrador; cuando se reproduce el habla de los personajes, el lenguaje se adecua a los caracteres y la cultura de los que hablan; se reflejan los registros populares o vulgares, formas expresivas del lenguaje coloquial, dialectalismos, extranjerismos, etc. En las novelas realistas hay una verdadera galería de personajes, cada uno con su lenguaje peculiar, siempre vivo y expresivo. 5. LA OBRA NARRATIVA DE BENITO PÉREZ GALDÓS. 5.1.- GALDÓS, un novelista burgués. Benito Pérez Galdós nació en Las Palmas de Gran Canaria, en 1843, pero toda su vida transcurrió en Madrid, a donde había llegado a los diecinueve años. Y en la capital murió, en 1920. Se dedicó por entero a la literatura, en una labor frenética e incesante, que no siempre le permitió vivir holgadamente, y le sumió en la penuria en los últimos años de su vida, ya ciego y enfermo. Movido por su ideología liberal, participó en la política como diputado del Partido Liberal y, más tarde, del Republicano. Sus ideas progresistas y anticlericales y el carácter tendencioso de algunas de sus novelas, le granjearon la enemistad de influyentes sectores del conservadurismo y la reacción, que retrasaron su ingreso en la real Academia y boicotearon su candidatura al Nobel, al tiempo que algunos jóvenes miembros de la Generación del 98 menospreciaban su obra. 7
  • 8. Galdós no es un romántico hombre de acción, sino un burgués observador de la realidad contemporánea, que conjuga la documentación exhaustiva sobre ambientes, costumbres y acontecimientos históricos y la observación directa de los escenarios y tipos que podían verse en las calles, en los cafés, en las tertulias, en las oficinas, en las viviendas comunales, en especial en Madrid, donde se ambientan sus mejores novelas. Autor de una extensa producción literaria (novelas, cuentos, piezas teatrales, prólogos, artículos de crítica literaria), la obra de Galdós fue evolucionando, enriqueciéndose con diversos aportes. Como novelista destaca sobre todo, por la creación de personajes y por su capacidad para integrar la historia del país en la vida de esos seres. Su labor narrativa se inicia con la publicación de La fontana de oro (1870), una novela histórica con elementos costumbristas. A partir de 1873 comienza la serie de los Episodios nacionales. 5.2.- “Los Episodios Nacionales”. Pretenden ser una historia novelada del siglo XIX, desde la batalla de Trafalgar (1805) hasta la Restauración (1875), con un total de 46 novelas, divididas en cinco series de diez, aunque la última quedó incompleta: rememoran las gestas de la Guerra de la Independencia, los atropellos del reinado de Fernando VII, las revoluciones y pronunciamientos militares de tiempos de Isabel II, las guerras carlistas, la revolución del 68 y la Primera República. La historia de España es el pretexto para reflejar el vivir, el sentir y hasta el respirar de las gentes. En ellos encontramos dos tipos de personajes: a) b) Un protagonista colectivo, el pueblo español, con sus diversas clases e ideologías, que interviene en los distintos episodios de la historia de España; y, aunque no decide la suerte de los acontecimientos, da prueba de su patriotismo y casi siempre resulta la víctima de la intolerancia, el fanatismo y la guerra. Protagonistas individuales, personajes de ficción que tienen una intervención marginal en los sucesos históricos, pero son el soporte y el principal atractivo de la trama novelesca, con sus acciones heroicas o sus peripecias sentimentales rayanas en lo folletinesco. Los protagonistas son personajes sin importancia, que funcionan como testigos o jueces de los hechos relevantes; el narrador utiliza la primera y la tercera persona (en forma de autobiografía, de memorias o de cartas). Encuadrados en la novela histórica, los Episodios constituyen crónicas del pasado inmediato; por esa razón sus títulos aluden a sucesos históricos: Trafalgar, Bailén, La batalla de Arapiles… En relación con estos grandes acontecimientos de la 8
  • 9. historia, se narran episodios de la vida cotidiana de una serie de personajes ficticios, cuyas vidas conforman la trama. 5.3.- Novelas de la primera época. Pertenecen a este grupo, además de La fontana de oro, Doña Perfecta (1876), Gloria (1877) o Marianela (1878). Las novelas de la primera época corresponden a las llamadas novelas de tesis, que exponen conflictos ideológicos, de tema religioso y anticlerical. Los personajes y la trama están sometidas a las ideas del autor y sirven para ejemplificarlas: carecen de autonomía y complejidad psicológica y caen en el maniqueísmo de “buenos” frente a “malos”. Los ideales de libertad, tolerancia y progreso que defiende Galdós se enfrentan al conservadurismo, la intolerancia y una religiosidad que niega los valores auténticamente cristianos. Los medios empleados por el autor para presentar su tesis son: a) La conducta y las opiniones de los personajes, portavoces de las ideas. b) Los comentarios del narrador sobre la intención moral de la obra. c) El uso de la ironía, la hipérbole y el simbolismo, sobre todo en nombres de lugares y de personas, como el de Doña Perfecta. Entre las técnicas narrativas sobresalen el diálogo y las cartas. Predomina el narrador omnisciente, que cuente desde fuera y, a la vez, interviene con sus comentarios, apela al receptor, lo guía en la lectura y moraliza. 5.4.- Las novelas contemporáneas. Estas novelas, publicadas a partir de 1881, constituyen un rico y complejo mosaico en el que se retrata la sociedad madrileña y española, sobre todo la clase medio – burguesa, en toda su grandeza y miseria, con sus utopías y bajezas, su lujo y su pobreza, sus comportamientos quijotescos y sus pasiones egoístas. Se trata de una sociedad plural cuya inabarcable fauna de personajes variopintos pueblan los ambientes más diversos, desde el palacio burgués al tugurio miserable, desde el café a las covachuelas de la administración, del teatro a las tertulias de los conspiradores. Se trata, en todo caso, de personalidades complejas y bien definidas, con un aspecto externo, caracterización psicológica y lenguaje muy bien diferenciados. Muchos de estos personajes aparecen en varias novelas, componiendo así un complejo entramado de relaciones familiares y sociales, que es una de las notas distintivas del mundo novelesco de Galdós. 9
  • 10. Su realismo se enriquece con la creación de personajes más complejos que, en un momento histórico y en una situación social determinados, expresan sus sueños, sus fantasías, sus recuerdos y deciden según sus conciencias. Incorpora, además, elementos naturalistas: las causas biológicas y, especialmente, sociohistóricas de la conducta de los personajes; pero, finalmente, estos actúan movidos por sus valores. En estas novelas, Galdós desarrolla diversas técnicas narrativas: a) Predominio del narrador omnisciente o cronista de los hechos. b) Diálogos, que permiten ofrecer perspectivas diversas sobre la realidad, y caracterizar a los personajes según sus usos lingüísticos. c) Monólogo interior, estilo indirecto libre y modo teatral, una forma dialogística totalmente novedosa en la que los parlamentos de los personajes son presentados sin intervención de un narrador y con acotaciones. d) También emplea en estas obras el humor, la ironía y la parodia. A esta época pertenecen La desheredada, Lo prohibido o Fortunata y Jacinta, entre otras novelas. Fortunata y Jacinta, quizá su obra maestra, es un inmenso fresco de la sociedad madrileña. En ellas, el autor desarrolla su “segunda manera” de novelar y llega al dominio del arte narrativo. 5.5.- Las novelas espiritualistas. Las obras galdosianas de marcado espiritualismo son Nazarín (1895), Misericordia (1897) o El abuelo (1897). En las novelas espiritualistas de Galdós predominan los valores evangélicos: el amor y la caridad cristiana. Por una parte, manifiestan la desilusión ideológica del autor al ser testigo del fracaso de la burguesía para transformar la sociedad. Perdidos los ideales puestos en la evolución de la sociedad burguesa, acude a la trascendencia, a los principios más auténticos del cristianismo. Las nuevas condiciones sociales y la crisis de valores de finales de siglo entrañan también la transformación y el acercamiento al fin del movimiento realista. Estas obras se relacionan con la corriente espiritualista de escritores rusos como Tolstoi y con un nuevo idealismo que desarrolla conflictos éticos. Aparecen personajes humildes imbuidos de altos valores morales y de un gran sentido del deber. El espacio preferido ya no es el Madrid de la burguesía, sino el de los barrios más miserables de la época. 10
  • 11. En Misericordia, la bondad y la caridad de la protagonista destacan en un medio de extrema pobreza y mezquindad. La criada Benina, que ha mantenido a la familia de doña paca pidiendo limosna, es expulsada de la casa cuando reciben una herencia. Benina vuelve a la mendicidad y vive con Mordejai, otro mendigo ciego y enfermo. 5.6.- Las últimas novelas. Las últimas novelas de Galdós – Casandra (1905), El caballero encantado (1909)…-mezclan el realismo con elementos de carácter maravilloso y fantástico. En estas novelas hay puntos de contacto con la ideología de algunos escritores de fin de siglo: el conocimiento y el retrato de la geografía castellana y la llamada “intrahistoria”, es decir, la vida cotidiana de los seres anónimos. En general, manifiestan confianza en la educación como medio para transformar el país. 6. LA NOVELA REALISTA. LA GENERACIÓN DEL 68. 6.1.- José María de Pereda. Su mérito fundamental estriba en reflejar en sus obras la vida y el ambiente de la montaña santanderina, además de plasmar los dialectalismos de la tierra. Comenzó cercano al costumbrismo con escenas y cuadros (Escenas montañesas), en los que destaca su lenguaje expresivo y el detalle de las descripciones. En sus novelas, se aprecia la exaltación de sus ideas católicas, como es el caso De tal palo tal astilla. En su última etapa, abandonó la novela de tesis para tomar el camino del realismo regionalista: Sutileza, Peñas arriba… 6.2.- Juan Valera. Se interesó especialmente por los problemas estéticos y teóricos de la novela. Pensaba que había que suprimir lo desagradable de la realidad porque el principal objetivo de la obra literaria era crear belleza. Rechazó también el Realismo, el Naturalismo y las novelas de tesis. Despreocupado por la descripción de los universos novelescos, sí que indago en la psicología femenina y trató de representar los estados de ánimo de los personajes. 11
  • 12. Sus dos novelas fundamentales son Doña Luz (1879) y Pepita Jiménez (1874). Esta última trata del enamoramiento de don Luis, un seminarista, de la joven prometida de su padre. 6.3.- Leopoldo Alas “Clarín”. Clarín se educó en el krausismo y fue discípulo de Sanz del Río. Su ideología era, por tanto, liberal, y fue enemigo del fanatismo y del tradicionalismo reaccionario. Ejerció una importante labor como crítico literario y publicó sus opiniones en revistas, periódicos y libros. Además, publicó novelas cortas y cuentos como Pipá, Doña Berta… Sus dos novelas largas son La Regenta (1884) y Su único hijo (1891). La Regenta es una de las mejores novelas escritas en castellano. Su protagonista es Ana Ozores, joven casada con un hombre mayor en una ciudad provinciana asfixiante, Vetusta. Su insatisfacción vital será aprovechada por don Álvaro Mesía, el don Juan provinciano, para seducirla. La fragilidad da Ana la hace refugiarse en la religión de la mano del magistral don Fermín de Pas, quien también se ha enamorada de ella. El final es trágico: Ana cae en los brazos de Álvaro Mesía y éste mata al marido de Ana Ozores en un duelo; la sociedad vetustense le da la espalda, incluido su confesor, don Fermín de Pas. 6.4.- Emilia Pardo Bazán. Pardo Bazán fue la principal valedora del Naturalismo en España, si bien rechazó los extremos de Zola. Para defender su postura escribió La cuestión palpitante (1883). Sus dos novelas fundamentales son Los pazos de Ulloa y La madre naturaleza. Se ambientan en el mundo rural gallego y en ambas se da enorme importancia a la influencia de la herencia en la conducta y también a la influencia del medio en el comportamiento de los personajes, que llegan incluso a la animalización. 6.5.- Armando Palacio Valdés. Escribió obras costumbristas y de realismo regional. Defendió la vida tradicional del campo frente a los mineros en La aldea perdida; sobre los marineros asturianos escribió José; La hermana San Sulpicio se ambienta en Andalucía, etc. 6.6.- Vicente Blasco Ibáñez. Refleja el determinismo social y biológico en sus novelas: ambientes degradados, personajes de instintos primarios… Algunas de sus novelas son Arroz y tartana, La barraca, Cañas y barro… Sus últimas novelas presentan otros ambientes y aborda otros temas, como es el caso de Los cuatro jinetes del Apocalipsis, sobre la Primera Guerra Mundial. 12

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