De la técnica a la relación: Ética y Cuidado en las Ciencias de la Salud

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De la técnica a la relación: Ética y Cuidado en las Ciencias de la Salud

  1. 1. De la Técnica a la Relación: Ética y Cuidado en las Ciencias de la Salud Felipe Saraiva Nunes de PINHO Psicólogo, Máster en Lingüística (UFC) Doctorando en Filosofía – Programa de Doctorado Ética, Política y Racionalidad en la Sociedad Global. Universidad de Barcelona – España. felipe_pinho@yahoo.com.br ResumenEl modelo técnico/científico, adoptado por las ciencias de la salud, ha contribuido parael establecimiento de una relación apática y estrictamente técnica y racional entreprofesional sanitario y enfermo. Apoyándonos en autores como Lévinas (2008), Buber(1994), Boff (2002), entre otros, buscaremos defender, en este trabajo, la adopción deotro modelo científico que rescate la dimensión humana de esta relación, fundamentadoen la ética y en el cuidado. Comprendemos que cuidar es mucho más que intervenirtécnicamente, es responsabilizarse por el otro y actuar de manera a mantener sucondición de sujeto. Así, la relación, desde la perspectiva que sostenemos, se presentacomo un factor importante e indispensable para el proceso de cuidar y para el desarrollode una ciencia más humana y holística. Esperamos, de esta manera, que nuestro trabajocontribuya para una reflexión crítica y ética respecto al actuar de los profesionales desalud.Palabras-claves: ética, relación, cuidado. ResumenEn este artículo buscamos discutir la necesidad del rescate de la relación humana, entreprofesional sanitario y enfermo, fundamentada en una ética del cuidado. Cuidar esmucho más que intervenir técnicamente, es responsabilizarse por el otro y actuar demanera a mantener su humanidad. La preocupación con el cuidado tiene como principalobjetivo compensar la fuerte tendencia a la tecnificación, que transforma el sujeto encosa, en objeto de intervenciones técnicas, y que domina el pensamiento y el desarrollode las ciencias de la salud. Consideramos que la relación es un factor importante eindispensable para el proceso del cuidado y para el desarrollo de una ciencia máshumana y holística. El rescate de esa relación, fundamentada en la ética y en el cuidado,es el mismo rescate de la humanidad del enfermo, de su autonomía y de su dignidad.Palabras-claves: ética, relación, cuidado.1. Técnica y cuidado: el malestar en las ciencias de la saludSentimos hoy un considerable malestar con el rumbo trazado por las ciencias modernas,principalmente por las ciencias responsables por el estudio del hombre y de su salud. La
  2. 2. racionalización1, símbolo del progreso y de la superación del pensamientomítico/religioso pre-moderno, nos ha hecho pagar un precio demasiado alto: nos hemosolvidado de la dimensión esencialmente humana del cuidado2.La abstracción lógico-matemática – modelo de investigación de las ciencias naturalesadoptado por las demás ciencias y requisito imprescindible para que se obtenga el statusde ciencia moderna – ha supuesto la pérdida de la sensibilidad, de la afectividad y de laintuición, a la hora de construir nuestro saber respecto a la realidad y al hombre. Elhombre se ha convertido en su propio objeto, igual a todos los demás objetos de estudio,un objeto descontextualizado de su historia y de su subjetividad.La crítica que se hace hoy al pensamiento científico moderno nos presenta no solamenteuna crítica a un modo de hacer ciencia – fragmentada, a-histórica y utilitarista -, sinotambién denuncia el propio mito científico, idealizado por el positivismo3. Tal mitoprocuraba ocultar, por detrás de un discurso técnico, objetivo, puro y supuestamenteneutro y universal, los intereses económicos y políticos de una clase, reflejados en unaideología de dominación, de controle y de sujeción del hombre por el hombre4.La ciencia moderna nasce dentro de un proyecto más amplio y profundo (que atingetodos los ámbitos de la sociedad y de la cultura) de cambio de las ideologías ylegitimaciones sociales, marcado por la permuta de poder promovido por la ascensiónburguesa. Ese cambio que atinge una “totalidad histórica, de un mundo de la vida” 5, noes solo un cambio burocrático en las instituciones o en la secularización de lalegitimación del poder, es el cambio de la sociedad misma. La razón surge, en estecontexto, como el gran juez, que todo somete a su cribo, y el método científico, basadoen la física, pasa a ser el método por excelencia de la nueva manera de investigar yexplicar los fenómenos naturales y humanos.Según Habermas (2002, p. 54), La progresiva “racionalización” de la sociedad depende de la institucionalización del progreso científico y técnico. En la medida en que la ciencia y la técnica penetran en los ámbitos institucionales de la sociedad, transformando de este modo a las instituciones mismas, empiezan a desmoronarse las viejas legitimaciones. La secularización y el “desencantamiento” de las cosmovisiones, con la pérdida que ello implica de su capacidad de orientar la acción, y de la tradición cultural en su conjunto, son la otra cara de la creciente “racionalidad” de la acción social.Así, esa “ideología” racional tiene por objetivo hacer de la ciencia la única legitimadoradel saber acerca del mundo y del hombre, o sea, el único discurso válido a ser1 Consideramos la racionalización como el proceso descrito por Max Weber de desencantamiento de lascosmovisiones y de las viejas legitimaciones de las sociedades pre-modernas. La racionalización es unproceso que alcanza todos los ámbitos de la sociedad y de la cultura, y que tiene en el progreso científicoy técnico, como ha defendido Marcuse (1968), su principal fuente de apoyo y legitimación ideológica.(HABERMAS, 2002).2 Leonardo Boff, 2002.3 La ideología positivista, de acuerdo con Marcuse (1968, p.199), tiene tres máximas principales: “laratificación del pensamiento cognoscitivo mediante la experiencia de los hechos”, la orientación de estepensamiento hacia las “ciencias físicas como modelo de certidumbre y exactitud”, y la fe de que “elprogreso del conocimiento depende de esta orientación.”4 Marcuse, 1968; Habermas, 2002.5 Habermas, 2002, p. 65
  3. 3. considerado para legitimar la verdad y, por supuesto, la cohesión social. El pensamientotécnico-científico se transforma en un fetiche - dominado por expertos - capaz deconocer, explicar y dominarlo todo.De acuerdo con Marilena Chaui (2007), (…) a peculiaridade da ideologia contemporânea está no seu modo de aparecer sob a forma anônima e impessoal do discurso do conhecimento, e sua eficácia social, política e cultural funda-se na crença na racionalidade técnico-científica. Em outras palavras, o discurso ideológico pode aparecer como discurso do social porque o social aparece constituído e regulado por essa racionalidade.En las ciencias de la salud, donde se ha adoptado el mismo modelo científico de lasinvestigaciones naturales, esa idea de que la ciencia y la técnica puede explicar ydominarlo todo se refuerza todos los días gracias a los extraordinarios avancestecnológicos presentados como la última esperanza para la cura de todos los males.Medicinas que prometen la felicidad, exámenes y maquinarias con tecnología espacial,terapia genética, que defiende una terapia más avanzada y preventiva para lasenfermedades consideradas “defectos” genéticos, etc., prometen cuidar al hombre,librándolo de su dolor y sufrimiento psíquico y somático. Las dimensiones del hombre -social, espiritual, psíquica, biológica - pasan a ser consideradas solamente a partir deuna óptica micromolecular, en que el dominio de las intervenciones químicas, dentro deuna perspectiva utilitarista y consumista, promete cambiar incluso el espíritu humano.Es la “tecnociencia”, según nos explica Andorno (1997), una ciencia que “se ha puestoal servicio de finalidades puramente operativas. Los objetivos utilitarios inmediatos hanahogado, de algún modo, la reflexión de los propios científicos sobre el sentido últimode sus investigaciones.” (p. 19).Se defiende, así, que todo el conocimiento respecto al sufrimiento humano se encuentraen los diversos libros técnicos y de diagnóstico, bastando al profesional de salud conadecuar correctamente los síntomas presentados por el enfermo a las descripciones delas enfermedades y al pronóstico aconsejado. Así, no es la ciencia la que se adecua alhombre, es el hombre que necesita adecuarse al conocimiento científico. El enfermonecesita sentir el sufrimiento y el dolor como los describe el DSM IV, no puede sentir nimás ni menos, de lo contrario podríamos pasar la página y cambiar el diagnóstico de untrastorno de humor leve a una depresión grave. Esta es la paradoja del cuidado ennuestra contemporaneidad: hay un extraordinario avance del conocimiento científico yde la técnica al mismo tiempo en que hay una apatía generalizada ante el sufrimiento delsujeto de carne y hueso. El cuidado ahora se resume a un juego de equiparación, queconsiste en comparar lo que siente el enfermo con el diagnóstico descrito en el libro.José Eduardo de Siqueira, profesor de Clínica Médica y Bioética de La UniversidadEstadual de Londrina, describe bien esa paradoja en su artículo intitulado A arteperdida do cuidar: Persegue-se a idéia de que todo mal que aflige o paciente pode ser identificado pela tecnologia. Avançamos de maneira extraordinária no conhecimento das doenças, mas esquecemos do ser humano enfermo e, equivocadamente, passamos a tratar doenças de pessoas e não de pessoas que circunstancialmente estão doentes. Os jovens estudantes são educados a operar equipamentos e proceder a leituras de incontáveis variáveis
  4. 4. biológicas, mas não são orientados a reconhecer o ser humano como unidade biopsicossocial e espiritual.Ante tal escenario, la relación del profesional de salud con el enfermo se deteriora,pierde la característica de una relación sujeto-sujeto, o como diría Buber, de unarelación yo-tu6, y pasa a ser una relación entre la aplicación de una técnica, de dominiode un experto, y un objeto pasivo, o sea, una relación yo-ello. Por lo tanto, el sujetoenfermo, en cuanto objeto, pierde sus características singulares, individuales y setransforma en algo universal, igual y artificial, una vez que no es más un sujeto real,sino una enfermedad. Es lo que se denuncia como cosificación del sujeto, un acto deviolencia que lo descontextualiza, privándolo de su autonomía y de su historia. El sujetopuede incluso ser visto como un adversario, un obstáculo para la actuación delprofesional. El enfermo, con sus creencias, sus voluntades, sus cuestionamientos, suagresividad, puede dificultar la actuación técnica del médico. Cuando eso ocurre,cuando el profesional establece una relación yo-ello con el sujeto enfermo, tambiénpierde su condición de sujeto, pasa a ser solamente el aplicador de una técnica, de unsaber, que también lo domina y lo cosifica.Según Pedro Laín (1985, p.240), El hombre es por esencia persona. Ser persona existente es la esencia del hombre. Objetivando al otro, relacionándome con él con una intención pura y exclusivamente objetivadora, le mutilo y degrado, aunque esa intención mía parezca ser amorosa. Si yo quiero, por tanto, tratar a otro hombre conforme a lo que él en sí mismo es, habré de entablar con él una relación interpersonal.Así, el modelo técnico de intervención profesional-enfermo adoptado por las ciencias dela salud no es suficiente, no suple la complexa demanda de atención y cuidado quenecesita el ser humano, aún más cuando está debilitado y enfermo.Necesitamos cambiar esa visión mecanicista y simplificadora del relacionamientopredominantemente técnico y demonstrar que la actuación del médico o de cualquierotro profesional de salud es mucho más que una simple intervención, es elestablecimiento de un relacionamiento humano que necesita estar fundamentado en laética y en el cuidado. Como intentaremos demostrar en este artículo, esta relaciónprofesional-enfermo es la base de toda la actuación del profesional, es lo quefundamenta la propia posibilidad de su actuación.2. El modelo relacional: la ética y el cuidado2.1 Ética y relaciónLa ética es lo que permite guiar nuestras acciones teniendo como base los principiosmorales y la justicia. Como el hombre no actúa solo, no es un ser aislado, su actuaciónse materializa en una relación, sea con otros hombres, sea con la naturaleza. Así, la éticase refleja en esa relación, en esa manera de tratar y actuar con el otro y con lanaturaleza.6 Martin Buber, 1994.
  5. 5. Con relación a los códigos de ética, que tienen como objetivo establecer normas para laactuación y la relación profesional-enfermo, se percibe una tendencia a centrar lareflexión en el momento del actuar práctico, de la adecuación de la acción a una norma,o más precisamente, en el momento de la aplicación de la ley. La norma dicta la formade actuar del profesional, pero no contribuye a la reflexión crítica de ese actuar. “Nocausar daño”, o “mantener el sigilo”, no dicen mucho sobre cómo cuidar al enfermo, osobre la visión que tengo de hombre. Puedo actuar de acuerdo con la norma y aún asícausar mucho daño al otro.La ética, comprendida como una reflexión crítica del actuar, presente en elrelacionamiento profesional-enfermo, no puede resumirse a unos principios normativoso a unos reglamentos que necesitan ser seguidos. La ética es por excelencia elfundamento de la relación, y está basada en la sensibilidad y en el compromiso para conel otro y su sufrimiento; actuar éticamente es predisponerse a estar abierto a laexperiencia del otro. Así, relacionarse éticamente es asumir una responsabilidad con elser del otro.Para Lévinas (2008), la ética es la filosofía primera, es anterior a la propia ontología, ytiene como su principal fundamento nuestra responsabilidad infinita para con el otro,para con su vida. Para él, el otro es anterior al yo, es la alteridad absoluta – el totalmenteotro –, es la transcendencia7, o sea, mi relación con el otro no se “asemeja a la relaciónintencional que nos liga, en el conocimiento, al objeto – no importa de qué objeto setrate, aunque sea un objeto humano -.” (p.80-81). Experimentamos, con la filosofía deLévinas, el pasaje del yo, que en la tradición cartesiana es el yo absoluto, hasta el otroabsoluto.Considerar al otro como otro absoluto revela la imposibilidad ética de subyugarlo, deimponerle una decisión o un tratamiento. Esa idea está contemplada en el principiobioético de la autonomía, que defiende el derecho inalienable del enfermo de elegir,actuar y decidir sobre su tratamiento, siempre que esté en condiciones físicas ypsicológicas para eso, o que no perjudique a sí mismo ni a los demás8.El derecho del otro, de ser, sólo se realiza cuando mantenemos con él una relación éticaque no le priva de su individualidad, que no lo cosifica, que lo respeta en cuanto sujeto,respeta su dignidad, su historia y sus creencias.Ese rescate del otro, dentro de la perspectiva de una relación ética, implica considerar alotro como un sujeto autónomo dotado de una historia particular, de una subjetividad. Nopuedo considerar al otro, que tengo delante de mí, a quien le miro a los ojos y al rostro,como una abstracción, un concepto generalizado, un sistema biológico de órganosamontonados. El otro es siempre un sujeto singular, particular y total. Así, estableceruna relación ética entre profesional y enfermo implica siempre responsabilizarse pormantener la condición de sujeto del enfermo, su dignidad en cuanto ser.Necesitamos también tener en cuenta que la relación que el profesional establece coneste otro sujeto, con ese tú, es siempre recíproca, es siempre dialéctica. Su serprofesional, su rol, no está aislado ni está pre-construido, se construye en esa relación.7 Lopez, Jose Maria,1992.8 Gracia, Diego, 1989.
  6. 6. En esta perspectiva, en la relación que él establece con el otro, de mutua construcción,el profesional de salud se descubre a sí mismo como otro9.Para Buber (1994) el yo verdadero, total, sólo existe en una relación con el tú, que tienesu ápice en el encuentro. El yo, de la relación yo-tú, no posee el tú (o como diríaLévinas no tiene intencionalidad), sólo se entrega al encuentro íntimo con el otro.Según el autor, eso es diferente de lo que ocurre con el yo de la relación yo-ello, queestá aislado y que experimenta el mundo y al otro como uso y posesión.El modelo adoptado por las ciencias de la salud, como vimos, se basa en la relación yo-ello, una vez que considera al enfermo como un objeto abstracto y descontextualizado,pasivo de intervenciones. En ese modelo la técnica es absoluta, o sea, tanto elprofesional cuanto el paciente son objetos ante ella, necesitando adecuarse a ella. Lossíntomas no son sufrimientos particulares de un sujeto, son estadísticas, son variablescuantificables para efecto de un diagnóstico. El sujeto enfermo es fragmentado, sucuerpo es dividido en partes independientes, cada una propiedad de un experto y de unadisciplina.Dentro de esta misma perspectiva, Siqueira denuncia la práctica de un modelo perversode medicina, ciega y sorda; “cega, porque limitando-se a compreender a doença apenascomo pobres variáveis anatômicas e/ou bioquímicas não enxerga o ser humano comoele verdadeiramente o é. Surda, porque o paciente não sendo acolhido como sujeito éimpedido de manifestar-se como pessoa.”Así, se hace necesario cambiar ese modelo de intervención técnica y rescatar ladimensión humana del enfermo, su totalidad en cuanto persona, a partir de un modeloque tiene la relación como su fundamento, basado en la ética y en el cuidado.2.2 Relación y cuidadoPara Leonardo Boff (2002), el cuidado es la esencia humana, es propio de nuestranaturaleza. El cuidado es lo que nos pone en relación con el otro, sacándonos denuestra indiferencia. Para el autor, “cuidar es más que un acto; es una actitud. Por lotanto, abarca más que un momento de atención, de celo y de desvelo. Representa unaactitud de ocupación, de preocupación, de responsabilización y de compromiso con elotro”. (p. 29).Para ilustrar la actitud de cuidado, Boff diferencia dos modos de ser: el modo de sertrabajo y el modo de ser cuidado. El primero, modo en que predomina la técnica, larazón y la dominación, posee un carácter masculino y marca nuestra relación egoístacon un mundo objetivado y mudo. Ya el segundo, el modo de ser cuidado, posee uncarácter femenino y está marcado por la relación sujeto-sujeto, donde el sentimiento, elpathos, religa los sujetos unos a otros, formando un todo orgánico único.El modo de ser trabajo es el estigma de nuestro tiempo, de nuestra sociedad delconocimiento; el modo de ser cuidado es nuestra esencia perdida, que necesita serrescatada. Boff, para comentar ese panorama actual, hace referencia al comentariorealizado por Rollo May10:9 Ricoeur, 1996.10 May, R., Amor y voluntad, Gedisa, Barcelona, 1985.
  7. 7. Nuestra situación es la siguiente: en la actual confusión de episódicos racionalistas y técnicos perdemos de vista y nos despreocupamos del ser humano; hay que volver ahora humildemente al simple cuidado…; es el mito del cuidado – y muchas veces creo que solamente él – lo que nos permite resistir al cinismo y a la apatía, que son las enfermedades psicológicas de nuestro tiempo.Para Boff, el cuidado es una actitud de “desvelo, de solicitud y de atención hacia elotro” (2002, p. 74). A través del cuidado nos sentimos vinculados afectivamente al otro.El cuidado revela el sentimiento de responsabilidad y de amor imprescindible para elestabelecimiento de una relación con el otro. Ese sentimiento de responsabilidad,presente en el cuidado, se materializa en el relacionamiento ético.Así, para cuidar al sujeto enfermo, no es suficiente la técnica, es imprescindible larelación. El modelo científico, basado en las ciencias de la naturaleza, adoptado hacesiglos como juez y legitimador de lo que es ciencia y de lo que no lo es, no vale comomodelo absoluto para abordar lo humano. Necesitamos humanizar nuestra ciencia, ydesarrollar un modelo basado en la relación ética y en el cuidado con el otro. 3. De la técnica a la relación: por una modelo de ciencia más allá de la técnica.A partir de lo expuesto, procuramos defender a lo largo de nuestra discusión, el cambiode un modelo estrictamente técnico y racional hasta un modelo basado en la relación,sujeto-sujeto, que tiene en la ética y en el cuidado su fundamentación.Consideramos que la intervención técnica es un conocimiento parcial, unilateral, quecaracteriza las relaciones de posesión y que pone el sujeto del conocimiento en unprofundo estado de soledad.Como nos explica Lévinas (2008, p.55), El conocimiento siempre ha sido interpretado como asimilación. Incluso los descubrimientos más sorprendentes acaban por ser absorbidos, comprendidos, con todo lo que hay de “prender” en el “comprender”. El conocimiento más audaz y lejano no nos pone en comunión con lo verdaderamente otro; no reemplaza a la sociedad; es todavía y siempre una soledad.Entendemos, así, que las ciencias da la salud necesitan adoptar el modelo de lacomunión, del conocimiento compartido, el modelo de estar junto con el otro. De estemodo, este cambio de paradigma, de la técnica a la relación, procura defender uncambio profundo en nuestra concepción de ciencia en lo concerniente al humano. Elobjeto de nuestro conocimiento, en las ciencias de la salud y en las ciencias humanas,no nos pertenece, está vivo, es único, y tiene una historia. En el modelo que defendemosen este artículo, el acto de conocer nos es una simple asimilación del otro. Elconocimiento es un compartir, es un estar con, es un intercambio entre subjetividades,es una relación entre sujetos.Para Pedro Laín Entralgo (1983), la relación médico-enfermo es como una“cooperación itinerante”, una vez que “cada uno aporta lo suyo, así en el orden de laacción como en el orden del sentimiento” (p.28). Es un encuentro entre dos personas
  8. 8. que buscan cooperar al máximo entre sí. Un encuentro que tiene varios momentos, entrelos cuales se destaca el momento afectivo. Dar la mano al enfermo, oírlo, estar próximo,son consejos esenciales dados por Laín.Para el autor, la relación que el médico establece con el enfermo es “casi diádica”. Estaidea nace en la contraposición entre la vinculación “dual” y la “diádica”. La vinculacióndual es meramente operativa, es un negocio. Ya la diádica es una vinculación íntima, esuna vinculación entre algo que está en él (enfermo) y algo que está en mí (médico).De esta manera, en este “encuentro” entre médico y enfermo hay mucho más quesimplemente un negocio, una consulta técnica a un especialista, una sesión deasesoramiento o una prescripción de medicinas y tratamiento. Es de vida que estamoshablando, es de esperanza, de miedo, de dudas, de angustias, de sufrimiento, o sea, dehumanidad.¿Cómo dar un diagnóstico de cáncer? ¿Cómo hablar de muerte? ¿Cómo hablar deesperanza? No es algo que se pueda medir, nos es algo que se pueda presentar engráficos, no es algo de se vea en un rayo - X. Es algo que solamente el médico puedecomunicar, es algo que él debe transmitir, a partir de una relación humana.No somos seres aislados, necesitamos del otro para sobrevivir. Sólo a partir de la miradadel otro, de su palabra y de su tacto me constituyo como sujeto. Soy sujeto porque losotros me reconocen como tal y respectan mi derecho a ser y a vivir. Así, somos todosresponsables por la vida y por el ser de los demás.La enfermedad nos recuerda la dimensión finita de nuestro ser, nuestra condiciónesencialmente frágil y mortal. Cuando estamos enfermos, necesitamos aún más del otro,de su atención, de su cuidado. Sin embargo, es en la enfermedad que nos deparamos conun sistema impersonal y apático, que refuerza - a partir de las rutinas hospitalarias quepriva al sujeto de su intimidad, de un ambiente físico/arquitectónico gélido, y de losprocedimientos invasivos y dolorosos de un tratamiento estrictamente técnico yfragmentado -, el sentimiento de despersonalización vivenciado por el sujeto.Se suma así, al dolor físico, el dolor psíquico, sentido como impotencia y comoprivación de ser.Todo eso es consecuencia de la adopción de un modelo científico que no condice con lanecesidad esencialmente humana de ser cuidado, de ser acogido, de sentirse respectadoy considerado en cuanto persona, en cuanto ser.Por lo tanto, se hace necesario una crítica profunda a los principios que nortean nuestraidea de lo que son las ciencias de la salud, de cuáles son sus perspectivas teleológicas.Es necesario humanizar la visión estrictamente técnica, racional y fragmentada ycomprender que el ser humano es siempre un ser en relación, es un ser con y para losotros, o sea, la relación es lo que fundamenta nuestro ser, es la perspectiva ética quedebe inspirar el nuevo paradigma científico.Este cambio debe empezar en la formación de los profesionales, en las facultades y enlos cursos de formación complementaria.
  9. 9. Victoria Camps, en su libro El Malestar de la vida Pública, en el capítulo 3, Educarpara la libertad, problematiza el modelo de educación vigente en las sociedadesdemocráticas contemporáneas, de carácter puramente tecnicista. Para la autora, “lainstauración de la democracia significó, además de la extensión de la educación a todoslos niños – paso absolutamente necesario -, la tecnificación o instrumentalización de laeducación.” (p. 102).Aún según la autora “el sistema educativo español, como cualquier otro, hace tiempoque contempla impotente la desaparición de las asignaturas humanísticas a favor delcrecimiento de las científicas y técnicas.” (p. 103).Lo que Camps defiende es que esta educación fragmentaria y técnica viene desde laescuela. O sea, los alumnos nunca han tenido una enseñanza interdisciplinaria,humanística y, principalmente, crítica. Solamente han tenido una educación para lareproducción de un saber que no es suyo. Como nos explica la autora, Por lo que oigo y leo, el declive de las humanidades es tan general como lo es la sensación de que está faltando en la educación algo esencial. El sistema educativo ha ido adaptándose a una sociedad donde la economía y técnica son soberanas. La eficacia, la productividad y la rentabilidad económica son valores que han sustituido a la trilogía republicana: libertad, igualdad, fraternidad. ¿Queremos realmente una sociedad que remplace sin remedio aquéllos valores ilustrados por los valores económicos? Parece como si todos hubiéramos tirado la toalla frente a un sistema económico omnipotente e imprescindible a todos los efectos. (p. 104)Si queremos un cambio en la actuación del médico y de los otros profesionalessanitarios debemos pensar seriamente en la posibilidad de cambiar las asignaturas de loscursos y sus contenidos. Se debe implantar unas cuantas disciplinas obligatorias quetraten de la ética y del cuidado, que enseñen a estos profesionales a relacionarse con losenfermos.Delante del asombroso dominio de las asignaturas técnicas, ¿qué puede pensar unmédico respecto al enfermo, si no ha sido enseñado a verlo como un sujeto humano,solamente como un organismo biogeneticomolecular? ¿Cómo va a escuchar al enfermosi solamente fue educado a enjergar los síntomas? ¿No estamos pidiendo mucho a losmédicos, una vez que no estudiaron ni fueran sensibilizados a la humanización en másde seis años académicos?Por esta razón debemos sensibilizar las facultades de salud a que incorporen en susprogramas asignaturas de piscología, sociología, filosofía, bioética, que posibiliten aestos profesionales una visión más amplia y humana de los sujetos que están a suscuidados. Que también, y no menos importante, desarrolle y estimulen la actuacióninterdisciplinaria, para que se pueda compartir informaciones y experiencias con losotros profesionales, posibilitando una visión más holística y humanizada de los sujetosenfermos. Así, tendremos más oportunidad de una actuación realmente basada en larelación, en el cuidado y en la ética. Es la ciencia, más allá de la técnica.Referencias Bibliográficas
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