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Cuentos poco conocidos Vol. I
 

Cuentos poco conocidos Vol. I

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Federico G. Rudolph nos presenta una nueva recopilación de varios de sus cuentos (publicados en distintos lugares de la Web). Reunidos, aquí, para comodidad del público ocasional que busca ...

Federico G. Rudolph nos presenta una nueva recopilación de varios de sus cuentos (publicados en distintos lugares de la Web). Reunidos, aquí, para comodidad del público ocasional que busca encontrar textos breves, atrapantes y emocionantes, a la vez.

Blog del autor: http://federicorudolph.wordpress.com.

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    Cuentos poco conocidos Vol. I Cuentos poco conocidos Vol. I Document Transcript

    • CUENTOS POCO CONOCIDOS VOL. I Federico G. Rudolph Primera Edición 2012
    • Título original: Cuentos poco conocidos.Volumen: Uno.Autor: Federico Gabriel RudolphCorrecciones: Raquel Patricia MarrodanTipo de obra: Narrativa.Primera Edición, 2012.Diseño de Portada: Federico G. Rudolphfedericogrudolph@gmail.comCopyright © Federico G. Rudolph, 2012Todos los derechos reservadosRegistro de la Propiedad Intelectual de Safe CreativeNo se permite la reproducción parcial o total, elalmacenamiento, alquiler, transmisión o transformación deeste libro, en cualquier forma o por cualquier medio, seaelectrónico o mecánico, mediante fotocopias, digitalización uotros métodos, sin el permiso previo y escrito del editor. Suinfracción está penada por la ley.
    • CONTENIDOContenido.........................................................................................3Conociendo al Autor y a su Obra.................................................4Entrevista con La Muerte...............................................................6La Voz detrás de las Paredes.......................................................10Miedo Innecesario.........................................................................16Problema de Comunicación........................................................20Para algunas cosas hay que tener Estómago.............................25Inocente Azul.................................................................................27Cómo me convertí en el mayor Best Seller del mundo..........28Corazón de Piedra.........................................................................36El Destino en una Mirada............................................................38 3
    • CONOCIENDO AL AUTOR Y A SU OBRA Federico G. Rudolph nos presenta una nueva recopilación de variosde sus cuentos (publicados en distintos lugares de la Web). Reunidos,aquí, para comodidad del público ocasional que busca encontrar textosbreves, atrapantes y emocionantes, a la vez. En esta brevísima antología el lector encontrará algunoscuentos de terror al mejor estilo del propio autor, a quienotros se han atrevido a comparar con dos de los más grandesexponentes del género: Poe y Lovecraft. Estos son, “La vozdetrás de las paredes”, “Miedo innecesario” y “Corazón dePiedra”. Sin duda, verdaderos cuentos de horror, de esos queno nos dejan dormir por las noches. En otra de sus múltiples facetas, Federico G. Rudolph,hace despliegue de sus armas como humorista de esta épocatrayéndonos algunos cuentos que comienzan describiendoalguna que otra escena perfectamente cotidiana y queterminan en alguna tragedia que nos hará reír cualespectadores de un cómico tropiezo. Humor sutil y sugerentecomo en “Entrevista con La Muerte” e “Inocente Azul”,hasta aquel más evidente que se presenta en “Problema deComunicación” y en “Como me convertí en el mayor BestSeller del Mundo”.4
    • Además del terror y del humor, el autor incursiona en estaobra en otros géneros narrativos como la ciencia ficción, eldrama y la tragedia. En realidad, sus cuentos son una rara ypoco frecuente mezcla de todos ellos. Quizá una dosis delocura le inspira a lograr estas perfectas obras narrativas talcomo las han clasificado algunos de los que han tenido laoportunidad de repasarlas. El amor y la pasión, también, son dos componentes claveen estos cuentos cortos. Muy cortos. Tanto es así quecualquiera pensaría que no alcanzan para formar una obracompleta. Y sin embargo, la extensión de cada uno de ellos essuficiente como para embriagarnos y dejarnos un dulce saboren la boca. Sin conexión alguna entre sí, estos cuentos son una clara ysencilla muestra de lo que puede lograr una pluma dirigida porla mano de un escritor que sabe cómo hacernos reír, sufrir,penar, sentir y pensar. No es de extrañar que mientras losleemos dejemos escapar algún suspiro, exclamación de dolorpor las angustias de algunos de los personajes de esta obra oincluso alguna carcajada. Cuentos para compartir, reflexionar, divertirse yentretenerse. La línea que separa la realidad de la ficción seentrecruza nuevamente en este libro dirigido hábilmente porla mente de un escritor muy poco conocido: Federico G.Rudolph. Estos y otros textos destinados a un público exigente,amantes de la buena lectura, se encuentran reunidos,igualmente, en otro lugar de encuentro frecuentado pormuchos, federicorudolph.wordpress.com, el Blog del escritor. 5
    • ENTREVISTA CON LA MUERTE La oportunidad que todo periodista quisiera tener: Unaentrevista… ¡con La Muerte! Hacía por lo menos media hora que ambos conversabanávidamente. El periodista, del cual todo el mundo se mofaba,no paraba de interrogar a su visita. Un sombrío personaje quehabía golpeado las puertas de su casa pasada la medianocheen razón de solicitarle una entrevista. Ante la impresión que le causo tan enigmática figura, lehizo pasar, le invitó a sentarse en la sala y comenzó a lanzarletodo tipo de preguntas antes de darle siquiera tiempo a que sesentara en el sofá. ¡No podía esperar! La Muerte habíagolpeado a su puerta y él se imaginó a sí mismo recibiendo unPulitzer ante la exclusiva. Ni los colegas ni lectores delperiódico para el cual trabajaba volverían a burlarse de él. La conversación que se pudo rescatar fue la siguiente —elfinal de ella, en realidad—: —Y, dígame, ¿cuál es su verdadero nombre? —Muerte. —No, no, en serio. El que le pusieron sus padres. ¿Tienepadres, verdad? ¿Todavía viven?...6
    • —El único nombre que tengo es ese —le contestó sinesperar a que terminara la pregunta—. Desconozco de dóndeprovengo. Sé que he estado por aquí desde mucho antes queustedes, pero no puedo determinar con seguridad si nací o soyeterno, si tengo padres o si provengo de la nada. —... bien, bien. Pasemos a otro tema. ¿Alguna afición?¿Un hobby? ¿Qué le gusta hacer en su tiempo libre? —No existe tiempo libre en mi oficio. Y no puedo decirque lo que hago sea de mi agrado o no. No tengosentimientos al respecto. Existo para los demás, no paracomplacerme a mí mismo. —Eh, de acuerdo. Por ese camino no vamos a ningúnlado. ¿Qué se le dio por concederme esta entrevista? —El tiempo me ha hecho curioso. Existe un impulso enmi interior que me lleva a conocer a las personas e interactuarocasionalmente con ellas. —O sea, ¿le gusta observar a la gente? —Podría decirse. —En fin, ¿si tiene un pasatiempos, entonces? ¿Lopodríamos llamar así? —Probablemente. —¡Ahora sí nos estamos entendiendo y conociendo!¡Volvamos al asunto, pues! ¿Cómo me conoció? —Por los periódicos, por supuesto. —¡Hombre! ¡Que poco expresivo es usted! ¡Cuéntememás! ¿Qué lo trajo hasta aquí (hasta mi casa)? —La curiosidad. Es mi motor. 7
    • —¿Y qué pensaba encontrar? —Sólo a usted. —Pero, ¿qué es lo que ve? ¿Por qué yo? —Esa es la pregunta que todos me hacen: "por qué yo". —¿Y usted qué les contesta? —Primero los miro fijamente; como, ahora, lo hago conusted. —¿Y luego? —Después, trato de averiguar a qué se refieren. Nunca losé. Mi curiosidad no se ha visto satisfecha por el momento. —¡Cuente más, cuente más que esto se está poniendointeresante! —Nunca sé que contestarles. Además, ellos ya deberíansaber por qué estoy allí. Soy La Muerte. Sólo eso. No tengopreguntas que responder. No las que ellos exigen. —¿Y qué sucede cuando usted se los hace saber? —Me devuelven la mirada y se quedan esperando, igual,una respuesta. —¿Y usted que cree que deberían hacer? ¿Qué es lo queespera de ellos? —Que se queden quietos. Para poder hacer rodar másfácilmente sus cabezas. —¿Quietos cómo? ¿Así? —preguntó, por último, elperiodista, al tiempo que se ponía de pie, adoptando unaposición como de estatua, y estiraba lo más que podía elcuello.8
    • —¡Exacto! ¡Así! ¡Justo así! —Le respondió La Muerte a suinterlocutor. Y mientras lo decía, y sin moverse del sofá,blandió su hoz, ¡y le cortó la cabeza! 9
    • LA VOZ DETRÁS DE LAS PAREDES La noche se presta a propósito para lo sobrenatural. Una voz,nacida detrás de las paredes de su cuarto, despertará a Eugenio. ¿Es suhermano muerto quien le habla? ¿Con qué fin quiere despertarlo?¿Atenderá Eugenio a su llamado?… Descúbrelo en este cuento dehorror y misterio. Eugenio se encontraba durmiendo en su cuarto. Sucabeza reposaba debajo de la almohada como era habitual. Lafrescura de las sábanas se reflejaba en su apacible rostro. Suspies colgaban fuera de la cama ayudándole a refrescar sucuerpo ante el suave calor del verano de ese viernes trece deenero. La Luna se había escondido temprano y la oscuridadreinaba en la noche. A las 2:05 de la mañana, una voz, que parecía salir de lasparedes, lo llamó por su nombre: —¡Eugenio! ¡Eugenio! —Insistió varias veces. Con los párpados pegados y esa sensación de no poderabrir los ojos como cuando uno quiere despertarse antes detiempo, Eugenio, intentó —sin éxito— averiguar quién lollamaba y de dónde provenía aquella voz apenas conocida,profunda, escasamente perceptible. Tanteó sobre su mesita de luz queriendo encender elvelador. Lo único que consiguió fue tirar, al piso, un bollo de10
    • papeles, su celular nuevo, un llavero y un vaso de vidrio vacío,que había dejado allí antes de acostarse. Por suerte, laalfombra de la pieza amortiguó el ruido y evito una tragedia. Viendo que no lograba nada, cejó en su intento. Intrigado,y un poco molesto, optó por responder a quien le hablaba: —¿Quién anda ahí? ¿Papá, eres tú? ¿Pasa algo malo? ¿Quéhora es? La voz no se hizo esperar: —¡Eugenio! ¡Soy yo! Tu hermano. Pablo. —¡Pablo! Pero… ¡si tú estás muerto! ¿Estoy soñandotodavía? ¿O es alguna clase de broma? ¡Vamos que no estoypara eso a estas horas de la madrugada! ¿Qué hora es? —Son casi las dos y diez de la mañana —le respondióquien decía ser su hermano—. Y no es una broma, soy yo,Pablo. He venido a prevenirte. —¡Prevenirme? ¿De qué? Eugenio, por fin despierto, buscó de nuevo; encontró lallave del velador y lo encendió. Miró hacia todos lados. Nohabía nadie más que él en ese cuarto. Así y todo, la voz seguíahablándole desde detrás de las paredes. —No tengo tiempo para demasiadas explicaciones —ledijo el supuesto Pablo—. Estás en peligro. Necesito que vayasal cementerio donde estoy enterrado, abras mi tumba y quitesde mi féretro el objeto que el cura acomodó entre mis brazos. Eugenio no terminaba de convencerse; por lo que lerespondió: —¿Tienes idea de lo que me estás pidiendo? No meimagino cavando una tumba; mucho menos, de noche; menos 11
    • aún la de mi hermano. ¿Y cuánto crees que me pueda llevarhacerlo? No creo que sea tan fácil… —No tienes que preocuparte por eso. La tierra estáblanda. No te llevará mucho. Toma las herramientas de papá(las que guarda en la cochera): una barreta, un pico y una palade punta. Con eso debería ser suficiente. Pero, por favor,¡apúrate! —…voy a tratar. Aunque todavía no entiendo quésucede. ¿Cómo puedo confiar que, de verdad, eres tú? —¿Recuerdas las travesuras que hacíamos de chicos? ¿Esavez que le rompimos la ventana a Doña Sánchez y dijimosque habían sido otros niños para que no nos retaran? ¿Ocuando nos tiramos al lago, en pleno otoño, y casi te ahogas?Por poco no respirabas cuando te saqué. Me asusté mucho.Encendimos una fogata para poder secar nuestras ropas paraque los viejos no se dieran cuenta de lo que había pasado. ¿Teacuerdas, Eugenio? —Es verdad —recordó Eugenio—. Nunca le contamos anadie. Está bien, haré lo que me dices, aunque no deja dedarme un poco de miedo todo esto. ¿Me dirás luego que pasay sobre qué quieres advertirme? —¡Claro que sí! Pero primero, ven cuanto antes alcementerio. Si no, podría ser muy tarde… Convencido de que debía hacer lo que le pedían Eugeniose dirigió a la planta baja de su casa, sacó las herramientas delgaraje, las cargó en la camioneta de su padre, abrió el portóntratando de no hacer mucho ruido y se marchó de allí en elvehículo. Llegó lo más rápido que pudo adonde estabaenterrado su hermano.12
    • El sitio le daba un poco de pavor, un sudor frío comenzóa mojarle la frente y la espalda. Las puertas del cementerioestaban abiertas. Entró con la camioneta y la estacionó frentea la tumba que conocía muy bien. Dejo las luces encendidaspara poder iluminarse. Consciente de que el tiempo jugaba en su contra —o esopensaba—, tomó el pico y la pala, y comenzó a cavar. Enefecto, la tierra estaba blanda. Al cabo de media hora tuvo noción de lo que significabaestar seis pies bajo tierra: “un metro ochenta es mucho”,reflexionó. Recién había avanzado apenas unos treintacentímetros. Como a eso de las cinco de la mañana se topó con elcajón. Cavó un poco a su alrededor y, cuando vio queasomaban los bordes de la tapa, se detuvo. Buscó la barreta enla camioneta y la usó para abrir el féretro. Los clavosenmohecidos y oxidados crujieron ante el esfuerzo. El ruidoque hicieron aquellos mortuorios objetos heló su sangre yerizó hasta el último de sus cabellos: era el quejido de un almaen pena, y no el ceder de la tapa ante la fuerza de la palanca,lo que se escuchaba. Un búho alzó vuelo desde la rama de unárbol cercano y se perdió a lo lejos. Eugenio temblaba. Podía escuchar el latido de su corazóny cómo se aceleraban sus palpitaciones. “No pasa nada”, sedijo a sí mismo intentando apaciguarse. Se arrodilló junto al ataúd, abrió la tapa y la apartó a unlado. Allí estaba, su hermano Pablo, tan muerto como laúltima vez que lo había visto en la funeraria; sólo que másflaco, y cadavérico. Los ojos hundidos en sus cuencas. Lasmanos huesudas. El olor a putrefacción, insoportable; aunquea Eugenio no le importaba. 13
    • Recordó a lo que había ido allí, y quitó la cruz de plata deentre las manos de Pablo. Todavía arrodillado, miró fijamente la cruz, y mirónuevamente al cadáver. Era muy distinto de cómo lorecordaba en vida. La barba estaba crecida, al igual que el peloy las uñas. El color de la piel no era el de una persona viva. Mientras lo observaba, los ojos de su hermano se abrieroninmensamente, devolviéndole la mirada. —¡Gracias! —le dijo la voz que, ahora, nacía de detrás dela pared de tierra de aquella fosa recién excavada, y no de lagarganta de Pablo. Antes de terminar de decirlo, el muerto se irguió a mediasy abrazó a Eugenio con todas sus fuerzas para no soltarlo;atrayéndolo contra sí, buscando acostarlo contra él. Elcorazón le palpitaba a Eugenio como nunca; intentó zafarsepero no pudo. Se ahogaba contra el pecho de su hermano. Lavida escapaba de su cuerpo sin poder evitarlo. Unpensamiento horrible cruzó por su cabeza: “¡Voy a morir!”,deseaba gritarle a alguien; pero su boca estaba apretada contrala camisa raída. Alcanzó a ver como los gusanos escapabanpor un hueco en el cuello de aquellos restos humanos. La ideale pareció espantosa. Las palpitaciones se aceleraron y devinoun infarto, ¿o fue porque ya no podía respirar? Como sea.Muerto, él también. Un temblor, surgido del mismo infierno, sacudió lacomarca entera. La tierra recién cavada cayó sobre la tumbahasta sellarla por completo. Ambos, Eugenio y Pablo,tragados hacia las profundidades de lo eterno, de la muerte sinretorno. Despuntó el alba y hubo paz en el cementerio.14
    • Nadie en el pueblo supo, realmente, lo que pasó aquellanoche. Algunos de los que vivían allí solían murmurar por lobajo que no es cierto que no haya que temerles a los muertos;muy por el contrario, son capaces de cualquier cosa con tal deno yacer solos en sus tumbas. Sin compañía, su descanso nopuede ser eterno. Un consejo: Si los muertos te llaman en la noche, ¡no leshaga caso! 15
    • MIEDO INNECESARIO ¿Puede la imaginación hacernos una mala jugada? Juan descubrirájustamente eso al regresar camino a su casa. La noche se presta apropósito para liberar la fantasía y dejar emerger los fantasmas másoscuros que puedan aterrar el alma humana. Es increíble. Las cosas más inverosímiles se les ocurren aciertas y determinadas personas cuando dejan vagar suimaginación. Juan era una de esas personas. Todo sucedió mientras volvía del departamento de sunovia, un domingo a las 3 de la mañana. Aprovechando que ellunes era feriado, había decidido quedarse hasta tarde. Muchas veces, Juan, salía antes del taller y dejaba algúntrabajo sin completar con tal de pasar más horas al lado deJuana. Cualquier excusa le era válida. Caminaba despreocupado por el costado de la rutamarchando a paso lento desde “el centro”, donde vivía Juana,su enamorada, hasta la residencia de sus padres, ubicada en elpueblo vecino, a unos cuatro kilómetros de distancia (un pocomás de media hora de caminata). Era verano. Una noche cerrada. Había realizado eserecorrido innumerable cantidad de veces. Por algún motivoobservó que el último tramo de la ruta se encontraba sin16
    • luces. Le faltaba recorrer un kilómetro para llegar hasta sucasa. Mientras caminaba el calor y la humedad de aquelloslabios —los de Juana— comenzaba a desvanecerse. Otrassensaciones lo embargaron y embriagaron transportándolo deun sueño de amor, a otro muy distinto; siniestro yespeluznante. Dejó volar su imaginación. Un viento suave,apenas frío, se levantó desde el sur y se escurrió por el cuello.Llevaba remera de mangas cortas, unos vaqueros gastados yzapatillas de lona. Apuró el paso para no resfriarse. Miró la hora en su celular y vio que faltaba poco parallegar hasta su casa; diez minutos o menos, quizás. El tiempo pasó, y los minutos le parecieron horas. “¿Qué está pasando?”, se preguntó. Acostumbrado a ese trayecto, calculó que ya deberíahaber llegado a su casa. Algo raro estaba sucediendo. A esa hora, sólo él transitaba por la ruta. Ni autos, ninada. “No entiendo”, se dijo a sí mismo, mientras seguíacaminando. En su cabeza, comenzaron a elucubrarse fantásticosmotivos que explicaban su tardanza: ¿Se trataría de un extrañofenómeno de dilatación del tiempo? ¿Tétricas formas loestarían conduciendo por un camino errado, con el deseo deperderlo en la locura? ¿Se habría dormido mientras caminaba?Tal, era la forma en que pensaba. Fue entonces cuando sintió nuevamente el viento —ahora, helado— golpeando sobre su nuca. En medio de lossoplidos, que empezaron a mecer las ramas de los árboles al 17
    • costado de la ruta, creyó escuchar un ruido de pasos comoacercándose hacia él a medida que avanzaba. De pronto, sedetuvo. Giró, en seco sobre sus talones, y nada. Siguió surumbo, determinado a no parar hasta llegar a su destino. Sinembargo, tres o cuatro veces tuvo que voltearse de nuevo; lospasos se escuchaban cada vez más cerca; se daba vuelta, nadie,nada. Al pasar debajo de un sauce sintió que una mano de finosy largos dedos lo tomaba del cuello, tironeándolo fuertementehacia atrás. Quiso zafarse, pero no pudo. El temor, un temorespantoso, trepó hasta su mente. Un grito estremecedor salióde su garganta. Paralizado, no pudo huir ni atacar. Su corazónse detuvo. Un ardor insoportable le quemó por dentro. Elpavor que sentía era tremendo, terrible, inhumano. Comoúltimo acto, se tomó del pecho y cayó fulminado. Desde hacia varias semanas que su mente jugueteaba ensu contra cada vez que volvía de lo Juana. Sentía que alguien,o quizás algo, lo perseguía. Imaginaba que algún día esa cosaterminaría por acercársele lo suficiente como para quitarle elaliento. La sombra de un ahorcado se le había aparecido laotra noche. Yendo para el trabajo, ya con la luz del día,constató que sólo se trataba de una rama de sauce rota, frutode la última tormenta. El viernes, por ejemplo, creyó escucharuna voz profunda y áspera llamándolo por su nombre. Locierto es que nadie más caminaba a esas horas por la ruta. Alllegar a su casa, se reía de las cosas que pensaba. El domingo su imaginación exacerbada como nunca lejugó la peor de las pasadas. Un soplo cardíaco sin tratarcontribuyó al tremendo desenlace por venir ocurrido hacíaunos instantes.18
    • El lunes nadie podría descubrir qué le había provocadoaquel infarto. Juana, lloraba desconsolada. Si Juan hubiera contado lo que le pasó, el pueblo enterose hubiera burlado de él. Convencido de sí, hubiera aseguradoque un monstruo, salido del más horrible de los infiernos, lehabía perseguido, alcanzado, y arrastrado hacia el fuegoeterno. Hubiera dicho que hizo todo lo posible para evitarlo,para no separarse de su amada. Hubiera contado que luchóhasta el último momento, pero que aquél demonio logrovencerlo… Pero claro, él estaba muerto, y era por demásobvio que aquello era imposible. Su miedo había sidoinfundado. Innecesario. De habérselo preguntado a sus padres, a Juana, o acualquier otro lugareño de por allí, su imaginación y sucorazón nunca le hubieran traicionado. Juan, aún estaría vivo.Él no lo sabía; pero, en aquel pueblo, en aquella ciudad, losmonstruos no tenían permitido deambular por el costado dela ruta… 19
    • PROBLEMA DE COMUNICACIÓN Para los habitantes de un planeta puede llegar a ser todo unproblema desconocer el lenguaje, las ideas y sobretodo, la idiosincrasia deun lugar que poco frecuentan. Exactamente, lo que les pasó a estosviajantes estelares… —Mxqln, ¿cómo es posible que los nativos se enojaran deesa forma? —preguntó el oficial de la cuadrilla estelar enmisión de reconocimiento a su interlocutor. —No sé que ha pasado. Creo que tuvimos un problemade comunicación —le respondió, muy convencido, Qrxprss. Los nombres eran impronunciables en nuestra lengua. Mxqln —que sonaría algo así como Mexcalin, peromucho más gutural o, incluso, nasal—, era el encargado deubicar mundos donde las condiciones de vida existenteshubieran cambiado desde la última vez que pasara la cuadrillade exploradores-recolectores. No se trataba de una raza decientíficos, ni tampoco de militares. Simplemente, eran ungrupo de comerciantes quienes estaban dispuestos a llevar suspreciados, exquisitos y únicos productos a donde ellosconsideraban que serían bien recibidos. Para decirlo de algunamanera, se encargaban de reponer el stock faltante en losplanetas que visitaban.20
    • Hacía algunas semanas, habían ubicado un mundo en elexterior de la galaxia QRTCVLRRT, código que lecorrespondía según el Catálogo Interespacial, fichado bajo elimpronunciable número ..___.... El faro que orbitaba el planeta desde hacíaaproximadamente unos 65 millones de años atrás (entérminos nuestros; porque para ellos, acostumbrados a viajar avelocidades cercanas a la luz, había pasado mucho menos queeso), y que dejaran allí a propósito desde hacía por lo menosel doble de ese tiempo, les envió un mensaje codificadoindicando que existía un faltante de la mercadería que sucarguero transportaba justo en ese momento. Puesto que se encontraban en menos de un parsec dedistancia (lo que para ellos constituía una nimiedad),decidieron darse una vuelta por allí, enviar una misión deexploración, comprobar si existían seres inteligentes en elplaneta, descender con el embajador de turno y entablarcomercio con los habitantes actuales. El secreto de su éxito consistía en localizar nuevosmundos y capturar todo tipo de seres vivos (plantas, animales,organismos unicelulares y cosas así), para luego transportarlosy conservarlos intactos en sus naves-bodega de forma devenderlos cuando el producto escaseara en el planeta deorigen. Su tecnología de conservación basada en la criogenia yen la alteración del ADN mitocondrial permitía sostenercualquier tipo de vida por tiempo indefinido. Si pudiéramos comparar con algo aquella civilización, lacarga que llevaban y su flota eran, en conjunto, lo másparecido que pudiera existir a un Arca de Noé. Noé incluido. ¿A qué se debía la charla en que se habían enfrascadonuestros dos queridos amigos al principio del relato? Pues, a 21
    • que había fallado por completo la venta que pensaban realizar.Necesitaban entender qué la había impedido. Por primera vez en cientos de miles de millones de añosdesde que su raza se dedicara al comercio exterior tuvieronque salir huyendo con todo su bagaje a cuestas antes de cerrartrato alguno, perseguidos por los naturales de aquel perdidoplaneta. Quienes se alzaron indignados contra nuestrosvisitantes. En apariencia, fue debido a la propuesta que,Qrxprss, les acababa de lanzar. El problema surgió cuando, Qrxprss, embajador-comerciante designado de la flota, trató de mostrar a susanfitriones "la mercadería" que llevaban a bordo del cargueroestelar, a modo de adelanto. Cosa muy habitual en todanegociación en potencia. Luego de aterrizar su nave en medio de una acaudaladametrópoli y al ver que aquellas personas lo recibieron entrevítores, aplausos y con toda la pompa, consideró sin dudaalguna que lo que se le presentaba era una verdaderaoportunidad de venta (una muy, muy, importante); o almenos, eso creyó. Por lo que pudo entender, la especie anterior con la quesolían comerciar los xtrlns —el nombre de la raza de estosviajeros, y que no sabría explicarles como se pronunciabaexactamente— había dejado de existir hacía milenios, o bienpudieron ser conquistados por estos nuevos individuos queahora dominaban el planeta (su dispositivo de traducción nosupo decirle cuál de estas opciones era la correcta). Como sea. Lo cierto es que, en vistas de lascircunstancias, consideró necesario entablar de inmediato unarelación comercial con ellos.22
    • Todo empezó bien. Al principio, lo recibieron con losbrazos abiertos. Nuestro visitante, hasta llegó a cenar con lacomitiva que le acompañaba a todas partes desde su llegada.Unas cien personas más o menos. En medio de la comilona un distinguido personaje, queinterpretó fue quien gobernaba la ciudad, le entregó algunospresentes y lo invitó, después de un buen rato de estar allí, aque se diera a conocer y que explicara el honor de tanconsiderada visita. Circunstancia que el recién llegadoaprovechó como pie para ofrecer sus productos. Ni bien le pidió a su propia gente que le trajeran uno delos “artículos” de muestra, todos los allí presentes (incluido elgobernador de la ciudad), se pusieron a discutir con él y adecirle todo tipo de cosas irrepetibles —debo decir— y faltasde total educación y respeto. Un rosario de epítetos ygesticulaciones amenazadoras y de protesta fueron lanzadascomo las balas de una ametralladora sobre el atónito visitante. Qrxprss, no entendió que sucedió y no tuvo mejor ideaque mostrarles a aquel enardecido público, otro de susselectos y valiosos objetos para la venta, tratando de aplacar ala muchedumbre, que ya se empezaba a agolpar a su alrededorcon las peores intenciones. El resultado fue desastroso. Tuvoque salir huyendo de allí perseguido por una flota aérea queestuvo a punto de derribar su nave. Lo cual no sucedió, porsuerte para él. La infructuosa venta, y el tener que huir precipitadamentedel lugar, obedecieron a un problema de comunicación. Lo que había pasado no era para nada difícil de explicar apesar de los xtrlns nunca lo supieron. El planeta que acabande visitar no era otro que la Tierra. Los habitantes del planetano eran otros que los humanos. Y la mercadería que Qrxprss 23
    • trató de ofrecerles, no era otra que un Tiranosaurio Rex(supuestamente extinto), muy vivito y coleando que aterró alpúblico presente e incluso devoró a un integrante del comité.El que, ante el asombro, no tuvo mejor idea que acercarsepara ver mejor a tan terrible bestia antediluviana. Aunquepocos se percataron del hecho. Lo segundo y másescandaloso que Qrxprss pretendía venderle a los terráqueosfue una cepa de un virus mutante desaparecido hacía millonesde años atrás, y que los humanos habían podido descubrirhacía muy poco tiempo que fue el causante de la extinción demuchísimas especies en épocas pasadas. ¿Comercio interestelar? ¡Vamos! Ustedes me dirán. Antesemejantes amenazas potenciales, ¿quién no se saldría porcompleto fuera de sí?24
    • PARA ALGUNAS COSAS HAY QUE TENER ESTÓMAGO Una reflexión a modo de cuento, o cuento a modo de reflexión. El sabor de la tortura le sabía tan dulce como unamermelada de ciruela (agria en realidad, aunque él no se dieracuenta); los coágulos de sangre que luchabandesesperadamente por tapar la herida, producto del último delos puñetazos recibidos en sus labios, le recordaban sutextura. Una sonrisa, ya, sin dientes expresaba una ironíaincomprensible para sus captores. Las llagas del látigo en susespaldas le impedían que pudiera pararse erguido, quitándolealtura y orgullo a su figura. Una docena de mechones en elsuelo coincidían cual rompecabezas con los espacios vacíos ensu cuero cabelludo. Los estertores en su garganta simulabanser su risa. No quedaba un espacio de piel en todo su cuerpo porgolpear, electrizar, cortar, desgarrar o dónde aplicar un pocode dolor. Era evidente que el reo no confesaría. El verdugoreemplazó al torturador y, ante la burlona mirada de suvíctima, le propinó un primer y último golpe en la barriga; ledolió la mano y no supo por qué (había dado contra algoduro, alojado en el interior del abdomen de aquel rebelde tanosado y atrevido, que no se dejaba dominar por el corrupto ycuasi mafioso poder de turno). Las carcajadas de ese último y 25
    • verdadero líder del pueblo —próximo a morir— por finpudieron ser oídas, así como el estallido de la bomba quellevaba en sus entrañas. La resistencia había dado un golpefulminante al corazón de los dictadores, que gobernaban elpaís, con una simple explosión que voló una manzana porcompleto. Fuego y humo salían de aquel hueco que surgía delmetal y el acero retorcidos; idéntico a la boca del infierno. Junto a la celda de tortura de José “Escritor” —premioNobel de Literatura— se alojaba el mayor en jefe de lasfuerzas armadas (presidente de la Nación). Uno, murió tannecio e ignorante como había llegado al sillón de Rivadaviatres elecciones atrás, tras lo cual se apropió de derechos queno le correspondían, mandó cambiar la Constitución,terminando por trastocar descarada y dantescamente lademocracia hasta convertirla en una especie de GobiernoFeudal disfrazado de República; el otro, como mártir, sólo poramor a su pueblo. El intelecto, la educación y los sanosvalores pudieron más que la tiranía, el terror y la opresión enaquella fatídica y gloriosa fecha patria. Una placa de broncecolocada bajo su estatua lo recuerda: “Nos diste el ejemplomás duro: lo que se aprieta mucho, puede explotarte en la caraalgún día”.26
    • INOCENTE AZUL Un cuento corto de ciencia ficción sobre la inocencia. Una intensa luz atravesó los cielos y fue a caer en elparque, detrás de los frondosos árboles que impedían seguir eldesenlace de aquel colosal espectáculo. El formidable estruendo casi la deja sorda al chocarcontra la tierra. La niña, asustada, se bajó de su columpio;tomó con fuerza entre sus brazos la muñeca y el libro decuentos que había dejado sobre la hierba, y corrió lo másrápido que pudo hasta el lugar del impacto. Allí estaba: un extraño ser saliendo de una cápsula másextraña, aún; arrastrándose, moribundo, lacerado por todaspartes. Una brillante sangre azul salía de los cortes en su cara. Ella fue raudamente a su encuentro. “¡Que feo príncipe!”,exclamó al verlo más de cerca. Dio media vuelta y se volvió a casa de sus padres, tanrápido como había llegado, a contarles cuanto había pasado. 27
    • CÓMO ME CONVERTÍ EN EL MAYOR BEST SELLER DEL MUNDO Un escritor desquiciado puede llegar a convertirse en cualquier cosaque desea, sin importarle las consecuencias. A su imaginación, le sumarálos hechos que crea necesarios para lograr cualquier propósito. Si elescritor es un psicópata en potencia, el resultado, puede ser imprevisible(nadie sabe lo que realmente se esconde detrás de una mente de esanaturaleza)… La idea de cómo me convertí en un Best Seller no les serápara nada extraña. A cualquiera de ustedes se les podría haberocurrido antes que a mí: Una idea tan simple que pasaba porcompleto desapercibida (como todo lo simple). Antes quecualquier otro autor se diera cuenta de las posibilidades yprobabilidades que existían de pasar de ser un completoextraño poco conocido, a convertirme en el escritor de mayorventa en el mundo (y otros mundos), y no bien apenas mepasó por la cabeza, puse manos a la obra sin perder unminuto de tiempo (como dice el dicho: “el que pega primero,pega dos veces”). Sin un centavo en el bolsillo y viendo que la últimaedición de uno de mis libros no se vendía (una por demásexcelente y poco trillada novela de acción, suspenso, y humor;28
    • que incluía alguna que otra escena de vampiros, hombreslobos y demás seres sobrenaturales), ofuscado porque nadieleía mi obra (la que considero excelente, por supuesto), aexcepción de las 10 copias que regalé una tarde luego de pasarcasi cuatro horas sentado en una aclamada librería de laciudad, en espera de firma de ejemplares, es que decidí hacerlo que ustedes, seguro, se imaginan: ¡quemar todos mis libros! A punto de hacer este hecho realidad, este pensamientoradical activó inmediatamente la parte creativa de mi cerebro;no para impulsarme a escribir una nueva y genial obra deacción, intriga o misterio; sino, recordándome primero cómohabía surgido la tradición de la “quema de libros” en otrasépocas, y en segundo lugar quiénes eran los responsables deaquello. ¡Nada más lógico! La Iglesia venía guardando duranteseiscientos años el secreto de la clave de cómo convertir unlibro en Best Seller. ¡No entiendo por qué no se me ocurrióantes! Si se ponen a pensar, La Biblia es el libro más vendido delplaneta; tratar de determinar la cantidad de ejemplareseditados, es imposible; pero, como dato, sepan que esta obra(desde que Gütemberg inventó la imprenta de tipos móviles),ha sido traducida a más de 2.300 idiomas y repartida por cadarincón del planeta. La primera edición (que no era de bolsillo,justamente), constó nada más de unos 180 ejemplares (segúndicen). ¿Cómo pasar de 180 ejemplares a millones de ellos en 600años? Muy fácil: Publicidad es la respuesta. Imagínense, cadacura en cada Iglesia del mundo cristiano, hablando y alabandotodos los domingos y fiestas de guardar (en algunos sitios,todos los días) los beneficios de leer: “La Biblia”. No sóloeso: obligándolos a hacerlo. ¡Terrible! Y por demás lógico ysimple. 29
    • Díganme si no miento: ¿Quién, aunque no más sea pormera curiosidad o por sólo vanagloriarse de que tiene una ensu biblioteca, no ha comprado un ejemplar de ella? Pocosserán los que nieguen esta pregunta. Hasta los ateos yagnósticos necesitan adquirirla para poder sostener yfundamentar sus teorías (las que no vienen al caso, y que sonpor demás conocidas). ¡Ah, mis queridos lectores!: El pensamiento me quemabala cabeza. Urdí mi plan y lo llevé a cabo. Genios: ¡Ríndanseante mí! Me llevó cuarenta y dos años lograr mi propósito; y nodebería contarles como lo hice, pero mi ego es más grandeque yo, y necesito gritarlo a viva voz: “¡Contemplen al mayorBest Seller del mundo!” Sí, así es, he vendido más copias demi libro, que lo que se ha vendido de ejemplares de La Bibliaen toda la historia de la humanidad. ¿Cómo lo hice? Pues, aestas alturas, y conociéndome como me conocen, todosustedes deberían saberlo muy bien. De todos modos, se losquiero explicar; paso a paso, y con lujo de detalles. Como dije, hace cuarenta y dos años atrás; agotado por lafrustración, puse en marcha mi, para nada descabellado, plan.El primer paso: ¡Quemar La Biblia!; o en otras palabras,hundir para siempre a la competencia. Ustedes sabrán si lo logré o no (¡Como no saberlo!). Todocomenzó un domingo 24 de diciembre, cuando un mensajeanónimo fue a parar a más de mil diarios de todo el mundoanunciando la llegada de un nuevo mensajero de los dioses.La noticia se desperdigó de inmediato, causando gran revueloen todas partes. “No por casualidad”, decía la nota, “uncometa de proporciones apocalípticas se dirige a la Tierra ychocará con ella dentro de un año”. “El avistamiento ha sido30
    • constatado por varios centros de investigación astrofísica,entre los que se destacan las prestigiosas universidades deMiskatonic,…”, y continuaba con una lista de centros de altosestudios y datos astrofísicos. Cómo fue que se hizo presente un cometa en el justomomento que lo necesitaba parece no tener sentido; la verdades que pasé más de un año leyendo sobre estos astros y susavistamientos. Adquirí varios libros sobre el tema, me hiceasesorar por algunos expertos, compré un telescopio pequeñoy esperé. Apenas lo hube visto, no tuve más que anunciar mihallazgo en la prensa. El avistamiento era correcto. Sólo queme aseguré de no aparecer como el autor de la nota enviada alos observatorios y a un par de periódicos amarillistas (nadiese enteró nunca de que fui yo quien descubrió el fenómeno).Ya lo dijo Arquímedes un tiempo atrás: “Dadme un punto deapoyo, y moveré el mundo”. Y así fue. La noticia fueconvertida rápidamente en el suceso del momento, unatragedia para algunos, esperanza para otros, incredulidad paramuchos. Mi plan, había dado inicio y ya no podía volverse atrás. Como escritor, analicé el tema y escribí las primeras líneasque explicaban la aparición del cometa en nuestro tiempo.Ahora todo el mundo leía sobre ello. No fue difícil hacerlescreer el cuento a mis lectores de que algo estaba por venir. Dea poco, construí un sistema de pensamiento que unía todas lasreligiones existentes en una sola, mezclando elementossobrenaturales, épicos y leyendas urbanas de distintas culturasancestrales. No me costo mucho. En menos de catorce mesesmis libros se vendían como pan caliente y fui invitado acientos de entrevistas televisivas, radiofónicas y de distintasrevistas (como parte de mi estrategia, elegí aquellas de mayor 31
    • audiencia y preferentemente que hicieran un show de todo loque presentaban). En poco tiempo más, algunos comenzaron a llamarme“El Profeta de nuestro tiempo”. Si hubieran sabido de misintenciones, no lo hubieran hecho. De escritor, pasé a convertirme en adivino. Ser unpredicador de Dios, fue el paso siguiente y obvio. A pedidode mis fieles seguidores, cree la “Primer Iglesia del Cometa deDios”. Se que el nombre suena a cursilería pero organicé unaespecie de votación a puertas cerradas, y ese fue el máselegido por mis devotos. “El Péndulo de Foucault”, una obramaestra en su género, me sirvió de inspiración para darleforma a esta nueva religión (a veces, copiar a otros autores, eslo mejor que podemos hacer como escritores de nuestraspropias historias). Pero, ¿cómo fue que derribé a La Biblia? Esperen, ya faltapoco para llegar a eso. El poder que se adquiere siendo dueño y parte de untúmulo de gente (o de sus almas, mejor dicho), es mejor quecualquier droga que ustedes puedan probar. La sensación esindescriptible; los beneficios que trae, únicos. Paralelamente aque llevaba adelante la salvación de mis fieles, dediqué tiempoen secreto a construir un ejército. Su función era, ya se habrándado cuenta, combatir a la Iglesia, pero sobre todo, a eseterrible libro que no me dejaba dormir por las noches, la causade todo lo que estaba haciendo, el símbolo de mis miedos,que atentaba impunemente contra mi éxito: La Biblia. Elpropósito último de mi ejército era destruirla por completo. No crean que mi intención era quemarla nada más. No.Lo que quería era que todos se olvidaran de ella, quedescreyeran de sus letras, que renegaran de La Biblia para32
    • siempre. Mis soldados eran guerreros con armas de verdad,pero los había periodistas, algunos que otros escritores, ysobre todo, políticos. Pero, los más importantes de todos mishombres (y mujeres), eran los publicistas. Verdaderos artistasde la comunicación visual y auditiva. Sin ellos, nunca hubieralogrado mis propósitos. De a poco, declaré la guerra a tan odiado libro. De apoco, ataqué su lectura. Mi propuesta era que leyeran laVerdadera Biblia, traída por el cometa que nos juzgaría atodos. La salvación estaba en sus páginas. Pero claro, tendríanque esperar a que saliera de las librerías. Ex profeso hiceimprimir una primer tirada de tan sólo 100 ejemplares. Unaburla para las editoriales que me ofrecían mil o diez mil copiaspor lo menos. Me negué. Rechacé todas las ofertas. Era lamejor de mis estrategias. La primera edición se agoto antesque saliera. Fue a parar a los medios. Los periodistas hablabanbien y mal de él. No importaba, la gente se agolpaba pidiendouna reimpresión, preguntando cuándo salía la próximaedición. Edite una, dos, tres, veinte, cincuenta, cien veces ellibro; siempre, en cantidades mucho menores de lo quedemandaba el público. Mi nueva obra estaba en boca detodos; la cuarta edición salió en francés, italiano, portugués,inglés y alemán. Se había vuelto mundial. Empezaba a serfamosa. Los lectores se volvían locos por conseguir una copia.Disimulada, subrepticia y simbólicamente en su interior habíavarios textos que invitaban a quemar la otra Biblia; lo que,milagrosamente, comenzó a ocurrir. Los nuevos curas de lasIglesia que había levantado, comenzaron a decirlo también ensus “misas”. Mi regocijo fue eterno. Al poder espiritual le siguió el poder económico. Masas ymasas de dinero iban a parar a las instituciones que fuilevantando una a una. Cuando alcancé el punto crítico que al 33
    • que esperaba llegar, lancé la segunda parte de mi plan:Asegurarme de que todos, leyeran mi Biblia. Entré en lapolítica. Como era de esperar, critiqué todos los sistemas degobierno habidos y por haber, combatí la corrupcióninstitucional (al menos en palabras), profería a gritos lo quedebía hacer y lo que no se estaba haciendo, pisoteé a cadapolítico que pude. Así, me gané rápidamente la confianza delpúblico y arrasé con las elecciones presidenciales de mi país(el ascenso fue de a poco, por supuesto). Con mi Iglesia, mifortuna y mis políticas, compré a cada persona que considerénecesaria para mi plan. Necesitaba crecer aún más. Medediqué a voltear estados, deponer presidentes yreemplazarlos por otros nuevos. Todos, títeres manejados porhilos invisibles, a mi total merced. En poco tiempo más (aunque fueron años), sembré laidea de un nuevo orden mundial. Por supuesto, yo era elcandidato ideal para dirigir el mismo. Por poco y lo pierdo.Debí reemplazar a varios de mis publicistas que no supieronllevar adecuadamente mi campaña política hacia delante.Incluso, hubo un par que conocían mi secreto y pretendieronextorsionarme. ¡Pobres de ellos! Si los buscan, los encontraránen el fondo de los océanos (yo que ustedes no los buscaría;podrían terminar como ellos). Las Constituciones de cada nación de la tierra fueroncambiadas por los preceptos de mi Biblia. Me erguí enSalvador de la Humanidad, en un Dios hecho carne, en suúnico representante sobre la Tierra. El primero de mispreceptos: “Que no falte la Nueva Biblia en cada hogar deeste mundo”.34
    • Ahora que lo he conseguido, estoy construyendo una flotaespacial para llevar “La Palabra” a otros planetas. ¡Best Seller! ¡Yo les diré cómo me convertí en el másgrade de ellos! 35
    • CORAZÓN DE PIEDRA La belleza, la locura, el terror y el amor se entremezclan en unadanza sensual y frenética capaz de conmover al más quieto de loscorazones. Se decía que su belleza podía hacer vibrar el corazón de lamás inmóvil de las estatuas. Quiso comprobarlo allí dondeabundaban las efigies más imponentes del mundo últimamorada de los antiguos y desaparecidos dioses: El BritishMuseum of London. Se paseó entre reyes y momias; entre Zeus,Prometeos y Apolos. Recorrió Gales, Tebas, Ur, Benin,Nínive, Tenochtitlan,... Lo hizo a plena luz del día, al tiempoque danzaba en medio del público, vestida de gasas y tules;entre miradas de sorpresa; incomprendida; refulgente yhermosa. La música surgió de ninguna parte. Las puertas del museose cerraron. Los miles de turistas que visitaban las inmensasgalerías quedaron atrapados. Se esparció el temor. Laspersonas comenzaron a gritar y a correr sin sentido de unaparte a otra. Ella se movía al son de la música. Un ruido de lanzas golpeando contra el suelo, de espadasde bronce y acero chocando contra escudos de madera y ruinmetal, aturdió a la multitud. Tambores de piedra se unieron aun coro de voces profundas y pétreas. La gente quedó36
    • paralizada. La estruendosa y delirante cascada de sonidosaumentó en amplitud y locura. El miedo postró al público. Presagio del terror que seavecinó inmediatamente sobre ellos. Sólo aquella hembra deojos y cabellos azabaches, de tez blanca como la nieve,continuó deslizándose por los corredores a la vista de losinfortunados que observaban su baile sensual y frenético. Las estatuas se pusieron de pie y alzaron sus armas.Volvieron a la vida y lucharon ferozmente unos contra otros:Hermanos contra hermanos, príncipes contra reyes, diosescontra dioses y semidioses. Brazos, piernas y cabezas rodaronpor doquier. Hombres, mujeres y niños allí presentessollozaron en medio de la batalla y padecieron aplastados. Lasangre manchó los pisos. Aquellos renacidos de la piedra y delbronce pisaron los cráneos y los cuerpos. La desesperación sealzó en un solo grito que quebró el silencio más allá de lasparedes del museo. Era el grito de la muerte cerniéndosesobre Londres. Tezcatlipoca (El Espejo humeante), se alzó en su formamás negra y acabó con todos quienes quedaban aún en pie sinconsideración alguna. Estatuas y humanos perecieron porigual. El destructor del mundo derrumbó las paredes delmuseo y se alzó a la altura de las nubes propagando su odio ysu cólera por las calles. La muerte asoló la ciudad. No quedópiedra sobre piedra. Ruinas, sangre y humo fueron lasofrendas de amor del más antiguo y perverso de los diosesdueño de un corazón endurecido como piedra a la másexquisita y atractiva de las mujeres de la tierra. Ella le miró y lesonrió extasiada y complacida: Se decía que su belleza podíahacer vibrar el corazón de la más inmóvil de las estatuas. 37
    • EL DESTINO EN UNA MIRADA La ciudad, el ruido, los autos, la gente, el vértigo... Y entre todosellos el amor que surge de repente entre un muchacho y una muchacha. Bogotá fue su testigo. En medio del caminar de la gente,dos nuevos enamorados en tan sólo un cruce de miradas.Veinteañeros los dos. Cada cual siguió su camino: Ella a laoficina donde trabajaba de secretaria, él a su estudio dearquitectura, que recién estrenaba. La muchacha ruborizadaapartó sus ojos y se perdió en la multitud. El muchacho noalejó los suyos de ella ni por un instante; un brillo de felicidadse encendió en su rostro. Ruido de bocinas, voces entremezcladas, la sirena de unaambulancia muy a lo lejos. El olor a café y biscochos dehojaldre de la mañana. El humo de escape de los vehículos. Elfrenar de un colectivo. ¡La vorágine! Una ciudad despertandoa la vida. Miles de extraños por doquier; cada cual en supropio mundo. Se rozan, se tocan, se empujan, se apartan, segritan; algunos se saludan. Duermen separados apenas poruna pared, pero se desconocen. Ajena a ese destino común, ella se volvió y corrió a suencuentro. No lo pensó dos veces y lo besó en los labios. Unbeso profundo, apasionado; se entregaron por completo eluno al otro, se hicieron promesas imposibles, se tomaron de38
    • las manos. Se abrazaron con ternura. Acariciaron sus cabellos.Se pusieron cariñosos apodos. Los transeúntes se agolparon asu alrededor tratando de ver lo que pasaba. Por primera vez,la ciudad entera pareció descubrir en ellos el verdadero amor.Quienes circulaban por allí no podían contener sus lágrimas.La joven lo abrazó tiernamente y le dijo al oído que lo amaba.Él, le devolvió una sonrisa amable, de fiel y eternoenamorado. Expiró en sus brazos; el hilo de sangre que salíade su boca se detuvo junto con el tiempo. El corazón de lajoven se partió en mil pedazos; un alarido de dolorinconsolable estalló en su garganta y se confundió con el rugirde la metrópoli: Un auto lo había atropellado, por no mirar aambos lados, antes de poner un pie sobre la calzada.FIN 39