A lo largo de la historia, Phi, el número de oro o número áureo, ha representado, para las personas que lo han conocido, la belleza, la magia, la perfección, lo divino.
Es uno de los conceptos matemáticos que aparecen ligados a la naturaleza y el arte, compitiendo con PI en popularidad. Está ligado al denominado rectángulo de oro y a la sucesión de Fibonacci. Aparece repetidamente en el estudio del crecimiento de las plantas, la distribución de las hojas en un tallo, la formación de caracoles... y por supuesto en cualquier estudio armónico del arte.
Además para que se pueda considerar que el número áureo está presente, las medidas deben tomarse desde puntos relativamente obvios del objeto y este no es el caso de los elaborados teoremas que defienden la presencia del número áureo.
Si el lado del cuadrado vale 2 unidades, es claro que el lado mayor del rectángulo vale 1 más la raiz de 5, por lo que la proporción entre los lados es 1 más la raiz de 5 todo ello dividido entre 2:
La espiral logarÃtmica vinculada a los rectángulos áureos gobierna el crecimiento armónico de muchas formas vegetales (flores y frutos) y animales (moluscos)
Consideremos la siguiente sucesión de números: 1, 1, 2, 3, 5, 8, 13, 21, 34, ... Cada número a partir del tercero se obtiene sumando los dos que le preceden (por ejemplo, 21=13+8; el siguiente a 34 será 34+21=55). Esta sucesión es la llamada "Sucesión de Fibonacci“. Los cocientes (razones) entre dos números de la sucesión, se aproximan más y más al número de oro (1,61803...).
ATRAS
PhI en la Naturaleza
Podemos encontrar el número áureo en la naturaleza. Por ejemplo, los caracoles crecen en función de relaciones áureas lo mismo que las piñas o las hojas que se distribuyen en el tallo de una planta. Las falanges de nuestra mano guardan esta relación, lo mismo que la longitud de la cabeza y su anchura.
GenealogÃa
El número de descendientes en cada generación de una abeja macho nos conduce a la sucesión de Fibonacci, y por lo tanto, al número áureo.
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