En La Tierra De Nunca Quizás. Libro I. La Nación de Goig. El Borrador. - Presentation Transcript
1.PRÓLOGO: De cómo un profesor de Historia
descubrió un libro muy curioso...
Contaba mi profesor de Literatura que hay dos clases de
libros: los que reproducen la historia y los que la crean. Me hallo
ahora mismo iniciando mi narración y no sé muy bien en que
tipología situarla. ¿Sucedió? No estoy seguro. ¿Lo imaginé? Me
hubiera gustado.
Si sé y te puedo asegurar que en todo aquello que te
contaré se esconde un algo de verdad…, y un poco de fantasía,
claro. ¿Dónde se halla la frontera? Eso lo dejo para ti: donde tú
desees…
Erase que se era que es… Vaya lío… ¿Había una vez?
¿Hay? Anda, que debo empezar…
Arnau era ya un hombre hecho y derecho cuando los
hechos que voy a relatar golpearon su vida…, o la acariciaron,
según se mire… Licenciado en Historia Clásica por la
Universidad Autónoma de Bellaterra trabajaba como profesor en
un Instituto de Bachillerato de la ciudad de Mataró. Aunque tenía
novia hacía dos años compartía aún piso con su padre y su
esposa, una mujer sureña que hacía años llegó a la familia
envuelta de esa paz que tanto necesitaban.
“Memorias de África”, vaya ironía… Cuando su padre se
retiró definitivamente del magisterio quiso llevar a cabo uno de
sus sueños más preciados… Y marchó a las Misiones… ¿A
Senegal? ¿A Etiopía? Nunca lo supieron… Marchó en pos de la
solidaridad, de la paz en el tercer mundo… Y regresó con ella…
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Con ellos vivía aun la hermana pequeña de Arnau, Anna,
una chica de 14 años que soñaba con ser bailarina de Ballet
Clásico. Su hermano mayor, Aleix, trabajaba como manager
deportivo en una importante empresa de Barcelona y por
requerimientos de su trabajo se pasaba el año viajando. La
verdad paraba poco en casa. Quienes si pasaban largas
temporadas con ellos eran las dos hijas de Paz: Alba estudiaba
Artes Dramáticas en Madrid y Mamen ejercía de intérprete en
Bruselas, en la Sede del Parlamento Europeo. ¿Cómo? ¿Qué si se
llamaba Paz la mujer de…? Vaya, caíste… No, no se trataba de
un sarcasmo más de la vida… La verdad es que ese no era su
nombre verdadero, pero eran tales la armonía, la concordia y el
equilibrio que contagiaba que hacía años la adoptaron con tal
apodo.
Casi cada sábado por la mañana Arnau viajaba a
Barcelona para pasear por el centro de la ciudad. Sus pasos
terminaban casi siempre en el barrio gótico, metido en una de
tantas librerías especializadas en libros antiguos y de segunda
mano. Raramente volvía a casa con las manos vacías, le
apasionaba leer y amaba la Historia, ¿cómo iba a volver sin
nuevos retos?
Aquel día llevaba ya mucho tiempo buscando algo nuevo,
bastante más de lo normal. Había entrado en varias librerías, pero
nada atraía su atención. Cabizbajo regresaba por las callejuelas
lindantes con la plaza del Pi cuando descubrió una botica… ¿Era
nueva? No lo parecía… Más nunca antes la había visto. Lleno de
curiosidad entró. Un anciano parecía echar la siesta en una
butaca. Al oir las campanillas que al abrirse la puerta tintinearon
el hombre abrió los ojos y susurró:
-¿Qué desea?
-Andaba buscando libros antiguos, de Historia, si pudiera
ser…
-En el segundo estante de la librería de la derecha…
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A la derecha, segundo estante… Arnau encontró allí un
solo libro… Curioso, muy raro… Estaba encuadernado con piel
y parecía muy antiguo, pero o alguien había arrancado la hoja
donde suelen estar los datos editoriales y de impresión, o nunca
estuvo. Hojeando las páginas el hombre se dio cuenta de otra
particularidad: las letras no aparentaban estar impresas con
imprenta, parecían estar mecanografiadas.
EN LA TIERRA DE NUNCA QUIZÁS. LIBRO I. LA
NACIÓN DE GOIG, rezaba el título…
“Qué original”, pensó Arnau, y abriendo la obra empezó
a leer el inicio, allí donde ponía…
“INTRODUCCIÓN: De cómo los habitantes del
mundo de Nunca Jamás emigraron en busca de la tierra
prometida...
En los inicios del S.XXI la Tierra se ha visto inmersa en
una crisis de identidad de muy difícil solución. Un seísmo de los
principios morales ha sacudido la humanidad y la ha sometido a
la más terrible esclavitud, aquella que se encadena al
egocentrismo exagerado de todos y cada uno de los individuos.
El narcisismo se está apoderando del mundo y lo está partiendo
en millones de pedazos. En cada cachito la voluntad de un ser,
sus ambiciones, sus perjuicios, su… El materialismo se está
convirtiendo en dueño y señor de los sueños y los sentimientos
hace tiempo que van amagándose tras la defensa de los
caprichosos anhelos de los placeres mundanos.
Teresa terminó...”
-¡Oiga! Es tarde y voy a cerrar- la voz del vendedor
resonó como un despertador y devolvió a Arnau a la realidad.
-Me lo quedó, ¿Cuánto cuesta?
-Este libro no esta en venta…
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-¿Cómo? Y, entonces. ¿Por qué lo expone?
-No está en venta, pero se lo puedo prestar… Una
semana…
-¿Me lo presta una semana?
-Sí, el sábado que viene deberá decidir: si toma el tren de
medianoche podrá quedarse el libro. Si no, me lo devuelve y en
paz.
Arnau asintió con la cabeza, aun sin entender nada,
asintió… ¡Deseaba tanto seguir leyendo ese libro!
-Una semana, pues –soltó el anciano mientras abría la
puerta.
-Una semana. Tiene mi palabra –respondió el sorprendido
Arnau.
Ya en el tren Arnau no pudo resistir y volvió a comenzar
con la lectura…
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2.INTRODUCCIÓN: De cómo los habitantes del
mundo de Nunca Jamás emigraron en busca de la tierra
prometida...
2.1. En el tren de la vida: De cómo Teresa viajaba con sus
pensamientos hacia un destino inesperado.
En los inicios del S.XXI la Tierra se ha visto inmersa en
una crisis de identidad de muy difícil solución. Un seísmo de los
principios morales ha sacudido la humanidad y la ha sometido a
la más terrible esclavitud, aquella que se encadena al
egocentrismo exagerado de todos y cada uno de los individuos.
El narcisismo se está apoderando del mundo y lo está partiendo
en millones de pedazos. En cada cachito la voluntad de un ser,
sus ambiciones, sus perjuicios, su… El materialismo se está
convirtiendo en dueño y señor de los sueños y los sentimientos
hace tiempo que van amagándose tras la defensa de los
caprichosos anhelos de los placeres mundanos.
Teresa terminó de leer la presentación de la última
conferencia y cerró el programa.
.”Bien parece que este año lo más interesante vendrá en la
clausura”- pensó la mujer mientras terminaba aquel dulzón café
que ya se había enfriado del todo.
Sentada en una butaca de la cafetería del tren Teresa
estaba ensimismada, pensativa. Nada de lo que pasaba a su
alrededor parecía llamarla la atención, incluido un desayuno que
muy probablemente nunca acabaría de tomar.
Allí estaba, allí seguía…, galopando entre el cielo y la
tierra, en pos de más y más conocimientos que nunca saciaban su
necesidad. Tratando con ello de acallar, quizás, a un corazón que
se negaba a dejar de soñar pese a que, desde el exterior le
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seguían llegando mensajes extrañamente ruidosos y a la vez
vacíos que se proponían hacerlo despertar y engullirlo en una
realidad donde hacía mucho no deseaba participar.
Allí estaba, allí seguía…, un nuevo Congreso, más
ponencias, más conocidos, más amigos… Pero allí estaba, allí
seguía, aun con eso, que tanto deseaba… Allí estaba, allí seguía,
con su afán de no crecer, de no haber crecido, de poder seguir
siendo esa niña que desea sorprenderse con pequeñas cosas que
se encuentran, casualmente, siempre al borde del camino…
Allí estaba, allí seguía…, en un estrecho haz de luz,
intentando retener la luminosidad que la mantenía viva y
luchando por reafirmar su confianza de que vendría un “mañana”
en el que por fin confirmaría que la Realidad no debía estar en lo
que veía, sino en lo que sentía…
Allí estaba, allí seguía… Como en un eterno embarazo
que cuidaba con esmero sabiendo que el aroma que le llegaba de
esa criatura no era otro que el suyo mismo.. En un estado donde
todo quiere ser primitivo, donde la inocencia lucha por
apoderarse del instante.
Allí estaba, Dios, allí seguía…, demandando un abrazo
estrecho, soñando con una caricia…, quizás con el mismo amor
que sentía, que trasmitía, pero que no sentía recibir como
necesitaba, como ansiaba… Ser continente y contenido, flecha y
diana, beso y boca…
-¡Billetes! – el revisor se acercó a Teresa y la miró
intrigado- ¡Señora, por favor!
Teresa hurgó en el bolso y sacó el billete. Mientras lo
entregaba observó detenidamente al “Sr, Inspector”. La gorra, el
bigotillo, su juventud, su forzada seriedad. Un hombre apuesto,
sin duda, pero amargado… ¿Por qué se empeñaba tanta gente a
pretender mostrarse importante con la distancia? Seriedad,
educación extrema, ¿madurez? Jo, para ella pura estupidez…
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-¡Camarero! ¿Me pone otro cafetito? – La verdad no le
apetecía pero no tenía ganas de marchar de allí…
Hacía tiempo que andaba media flojucha por dentro… La
sensibilidad, la nostalgia, los sueños, … Todo parecía haberse
despertado a la vez. Ese embarazo… Esa niña interior que pujaba
por salir a jugar, olvidando lo cotidiano, correr, bailar, gritar,
saltar…, como si nadie la estuviera viendo... Muchas veces se la
hacía difícil permanecer dentro de esta vestimenta de adulto,
teniendo que compartir conversaciones superficiales, vivencias
sin más sentido que matar el tiempo, criticas a todo y a todos,
alabanzas de lo intrascendente, … Y se producía en ella una
especie de vacío difícil de explicar… Era probable que su
corazón estuviera escaso de alimento y se sintiera debilitado,
demandándola… ¿Qué? Y Teresa trataba de cuidarlo, mimarlo,
prestarle todas las atenciones posibles… Le ponía música que le
inspiraba, le leía libros encantadores de almas, lo llevaba a
contemplar paisajes cautivadores, …, ¡si hasta le leía poesía!
¡Tantas cosas! Y entonces, ¿por qué seguía demandando? ¿Qué?
Mientras meditaba Teresa no dejaba de mirar por la
ventana. Aún sin estar prestando atención si se dio cuenta del
brutal cambio de decorado: la naturaleza se había consumido y
en su lugar eso: fábricas, polígonos, humo y grisáceo asfalto
incluso en el marco…
Ya llegaban a la gran ciudad… ¿Por qué en todas las
capitales colocaban en el vestíbulo esas patéticas tramoyas? ¿Era
esa una inconsciente advertencia? “Forastera, si no quieres
convertirte en humo no pases de aquí…”
-Me suena tu cara, ¿nos conocemos? – Alguien la estaba
hablando…
Teresa se giró y observó al interlocutor. Era un hombre
esbelto, elegantemente vestido, pastado de manicura hasta en el
perfume… Un ejecutivo, seguro, un rico narcisista convencido
de que no iba a pasar la noche sólo en su caro hotel…
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Tardó en responder, más no porqué dudara de cual iba a
ser su respuesta. Teresa estaba acostumbrada a este tipo de
situaciones, en su mundo era algo muy corriente. ¿Su mundo?
Vaya tontería. Mejor llamarlo el mundo dónde trabajaba…
Teresa era licenciada en Ciencias Sociales y formaba parte, como
asesora, de una importante empresa de publicidad y marketing de
Sevilla. De ahí su asistencia al congreso… IV Congreso
Internacional NOSCE TE IPSUM (CONÓCETE A TI
MISMO) Junio del 2009 Tema Central: “El
autoconocimiento y las estrategias relacionales”
-Para nada, lo siento – Incluso el asco debía ser educado,
Teresa pensaba así…
Para nada, ¡por favor! Sexo fácil, simiente vacía…
Cuerpos carentes de alma, caricias interesadas, besos tirados,
defecación del deseo… No era eso lo que tanto, tanto,
anhelaba… Hacer el amor y sentirlo, que le hicieran el amor y
vivirlo… Uf, solo pensarlo se le erizaban los poros de todo el
cuerpo… Divina humedad la que nace de la unión de cuerpos y
espíritus… ¡Hacía tanto! ¿Tanto como siempre? No, no podía ser
injusta con el pasado… La mujer que es madre no puede
traicionar la esencia de su maternidad y esa condición le llegó de
la mano del amor… Hacía mucho, sí, pero estuvo enamorada,
muy enamorada…
Teresa acarició su cara con la mano derecha y separó los
cabellos que le caían en la frente. Los que la conocían sabían que
eso era algo que solía hacer a menudo, como un tic. Ella sabía la
razón: lo hacía inconscientemente, pero siempre coincidía con
una necesidad interna muy fuerte: el deseo de contención, de
ternura, …
La visita de ese inoportuno ligón la había alterado. Hacía
años que aprendió que era una mujer atractiva a los ojos de los
hombres: su media melena de cabellos castaños, lisos y sedosos,
una cara bien formada, con una nariz muy personal,… Unos ojos
de color caramelo, muy vivos y a menudo pícaros, solían ofrecer
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miradas a la vez seguras, abiertas y dulces. Su boca, con labios
bien dibujados sin necesidad de lapizados, también invitaba…
Teresa era más bien alta y aunque según las odiosas tablas su
peso “ideal” era uno determinado, ella aprendió hacía tiempo que
con un pequeño margen por arriba se sentía mejor y lucía, por
tanto, más linda. Había sido y, aún con sus 44 años a la espalda,
seguía siendo una muy bella mujer. Imperfecta en lo físico,
dirían los necios que creen en las modas estéticas, pero con un
porte admirable sobretodo por su presencia, por esa compañía
que sabía ofrecer, por esa complicidad que se pintaba en su
preciosa sonrisa, por ese misterioso, acogedor y aventurero viaje
que parecía esconder en su invitación a acompañarla…
Estaban llegando ya a la estación de Atocha. Teresa se
levantó y se dispuso a descender, a bajar, del tren y de sus
pensamientos… Luego tomaría un taxi hasta el hotel, se daría un
baño, bajaría a cenar y… ¿Y? ¿Qué iba a ser? A la habitación y a
dormir. La esperaba un fin de semana frenético y debía
descansar…
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2.2. Comienza el Congreso: De cómo una multitud de almas
expectantes aguardan respuestas que nunca llegan…
El despertador de su teléfono móvil sonó a las siete de la
mañana. Teresa amaba esos momentos, la canción que sonaba, el
silencio, la pereza, la repetición programada a los diez minutos…
Solía cambiar la música cada semana, pero con la actual llevaba
quince días… Era tan hermosa, tan dulce, tan sugestiva:
“Somewhere over the rainbow”, en algún lugar… Seguro, en
algún lugar…
Teresa había dormido, como solía hacer desde hacía años,
abrazada a una almohada. Cuando viajaba acostumbraba incluso
a hacer algo poco común: meter la que tenía en casa en la maleta.
Esta vez no lo hizo, consciente de que en el hotel al que iba,
como en todos los hoteles de lujo, tendrían esa almohada de
plumas que tan suavemente abrazaba sus sueños.
¡Las siete y veinte, ya! Teresa se levantó y se dispuso a
prepararse para bajar a desayunar. A las nueve estaba prevista la
ceremonia inaugural y debía estar bien despierta. Una ducha
rápida la despejó. Luego se secó el cabello livianamente y se
peinó. ¿Debía maquillarse? Cuatro detallitos para callar bocas de
aquellas que suelen relacionar la pintura con el bienestar. Aún
siendo muy presumida, a Teresa eso de maquillarse en demasía
nunca la motivó, se sentía como disfrazada. A la noche, para la
cena, ya se esmeraría un poco más.
¿Qué debía ponerse? Uf, la esperaba un día agotador…
Algo cómodo, desde luego… Ese vestido blanco, de vuelos
ibicencos, con él luciría mejor esa tez morena que empezaba a
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cultivarse. Y Teresa se vistió y, saliendo de la habitación, se
dirigió a la cafetería.
El buffet libre que en los hoteles suelen ofrecer para
desayunar era algo a la vez emocionante y peligroso. Debía
cuidar la línea, pero era tan encantador el ritual del dulce y el
salado… Pero antes de poder siquiera ir a buscar la taza para
servir el café con leche pasó lo que Teresa sabía que pasaría:
¡Conocidos por doquier! De aquí y de allá la estaban saludando e
invitando a sentarse… Dios, ¡vaya dilema! Eran tantos los que
repetían su asistencia a ese tipo de congresos… ¿Cómo no?
NOSCE TE IPSUM, conócete a ti mismo… Un lema demasiado
atractivo para, ¿demasiada gente?
Su amiga Pilar la salvó del problema. Era psicóloga, de
Bilbao, ¡y se conocían hacía tantos años! Pilar tenía preparado su
café con leche ya en su mesa. ¡Qué lista era!
-¿Cómo está mi flor de azahar?- le susurró su amiga al
oído mientras la abrazaba muy, muy cálidamente…
-¡Bieeeen! Ejem, ¿y mi querido roble del norte? ¿Cómo te
va?
-¡Bieeeen!
Las dos se rieron. ¡Se conocían tan bien!
Teresa tuvo que dar la vuelta al ruedo antes de servirse
nada. Besos, risas, abrazos, gente maravillosa y en algunos casos,
muy misteriosa… Luego se sirvió. Empezó, claro, por lo dulce…
Cuando por fin se pudo sentar Pilar la sonrió…
-No se puede ser tan popular, ¿qué tendrá mi niña?
-No sé, la verdad es que me encanta, pero a menudo
también me agota…
-Anda, ¿por qué?
-Pues, ya sabes, esa sensación de servidumbre… Y no es
que me pasé aquí, en el mundo de los congresos, tú lo sabes…
Parece cómo si todo el mundo supiera que Teresa está, ¿a su
disposición?
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-Pero tú lo fomentas, vida, ¿verdad? Recuerdo la primera
vez que me escribiste, me llamó tanto la atención la forma de
concluir el mail: “Por ti y para ti, lo que soy, tengo y sueño”
-Y es que lo siento así, pero… Supongo que es la historia
de mi vida…
-Que surge de tus miedos e inseguridades, de una extrema
necesidad de agradar, ¿o no?
-Desde niña, ya sabes… Lo que pasa es que, con el
tiempo, te das cuenta de que aquello que en definitiva busca tu
forma de ofrecerte se gira, por el camino se da la vuelta y cuando
llega al remitente aparece como un paquete impersonal y
gratuito.
-Me perdí, no te entiendo.
-Demasiada gente no valora lo que les pueda dar alguien
como yo… De alguna forma es como si pensaran que vienes con
una mochila llena, rebosante de cariño, amor, ayuda, consejos,
… Y aquello que de ti puedan recibir no tiene más valor que la
calderilla que ofrece al pobre alguien muy rico…
-…
-Y un día empiezas a darte cuenta de que toda tu vida se
montó en construir castillos para los demás, usando los
materiales que a los demás pueden sostener y decorándolos como
a los demás les gustaría. Y miras a tu alrededor, aquello que se
supone que debe ser tu casa, y no lo reconoces como tuyo, no es
ese el hogar que deseas… ¡Y aquí estoy! Conócete a ti misma,
ja… Será que no me conozco…
-Y es que la cuestión quizás no reside ahí, en conocerse…
El conflicto interno no está en el saber, sino en el aceptar lo
válido y querido y cambiar lo que se percibe como dañino o
extraño…
-Oye, me estoy pasando… Me vas a tener que cobrar la
terapia.
-¡Anda y vete a la porra! ¡Soy tu amiga! Lo sabes, pero
mejor será que vayas desayunando o no llegaremos a la
inauguración… No te preocupes, ya tendremos tiempo de hablar
estos dos días…
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Teresa fue terminando lo que le quedaba en el…
¿segundo plato? ¿tercero? Que más daba… Estaba disfrutando de
la segunda fase: el salado. ¡Pero que bueno era ese jamón
ibérico! Si no hubiera sido tan educada, o quizás tan vergonzosa,
se habría preparado un paquete para media mañana: “pa am
tomata”, nunca recordaba el término catalán, aceite jaenero y
jamón de Jabugo… Mmmm…
-¿Estás?- Preguntó Pilar, ya inquieta por la hora.
-¡Estoy! – respondió Teresa mientras se levantaba
Las dos amigas enfilaron hacia la salida. Allí, en la
puerta, se agolpaba la gente. Más saludos, besos, abrazos,
sonrisas, …
- Uno más, un congreso más… ¡Ya son tantos! – susurró
flojito Teresa.
-Y los que vendrán. ¿Te das cuenta? Trescientas personas
esperando respuestas, creyendo que alguien que viene de
Portugal, de Bolivia, de Cuba o de la Conchinchina nos va a
contar“quienes somos”.
Teresa se sonrió y, agarrando la mano de su amiga, la
apretó fuerte.
-Todo irá bien, ya verás. Luego hablamos de ti, ¿sí?
Y juntas abandonaron la cafetería, embocando el pasillo
que las llevaba al Salón Reina Victoria, allí donde empezaría el
congreso.
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2.3. NOSCE TE IPSUM “El autoconocimiento y las
estrategias relacionales”: De cómo un alma prepara su viaje
hacia la libertad…
El Salón Reina Victoria estaba lleno a rebosar. Hombres
y mujeres de toda España, quizás incluso de fuera, profesionales
de todos los ramos, estudiantes, jubilados… Nunca es tarde para
el saber… ¿Pronto? Eso sí, a veces el conocimiento llega
demasiado temprano y no sabes procesarlo. Pero bueno, ¿no
dicen que “el saber no ocupa lugar”?
Montse Sayol, la promotora del Congreso y amiga, cómo
no, de Teresa, estaba en el fondo de la sala flanqueada de tres
señores y tres señoras que debían ser los ponentes. Con el
micrófono en la mano intentó hablar…
-Queridos amigos y amigas. Silencio por favor… Buenos
días. Me presentó: soy Montse… A mi izquierda os presento a…
derecha…Gómez…a las diez…cena de gala… mañana…
clausura…sala de actos…bienvenidos.
¡Qué rabia! Pero que mal educada que era la gente…
Entre que el micrófono no marchaba bien y que casi nadie
callaba, Teresa no se había enterado de nada.
En esos casos solo quedaba hacer una cosa: seguir la
corriente… La gente de delante estaba marchando hacia… Pues
a marchar… ¿Hacia? ¿Hacia? La Sala de Actos, claro…
…
A veces no es necesario gastar tinta para narrar aquello
que para el hilo argumental va a resultar intrascendente.
Escribiendo detalles banales podría alargar la espera, llenar
páginas y más páginas: las distintas ponencias, los entremedios,
las charlas superficiales de la comida, … Podría contar lo guapa
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que estaba Teresa en la cena de gala, de cómo no quiso sumarse
a la asistencia posterior a la discoteca, de cómo tardó y tardó en
poder dormir aquella noche, de… Pero si lo hiciera estaría
trampeando la verdad, daría una impresión falseada, pues en todo
aquello que he listado, Teresa no estuvo… ¿Y pues? ¿Dónde
estaba? Metida, muy metida en sí misma… Repitiéndose una y
otra vez aquellos argumentos que parecían a la vez clavarla en el
suelo de las realidades e invitarla a volar sus sueños…
Teresa hacía sólo seis meses que se divorció de su
marido. No hubo salida, no pudo ser, ambos lo entendieron así…
Llevaban demasiado tiempo separados. La vida a veces gasta
esas bromas: nos une para luego llevarnos por caminos de
madurez totalmente divergentes. Y un día te paras y buscas al
otro, y está tan lejos, tan lejos de ti… ¿La vida? Quizás el
destino, quizás nosotros…
Teresa llevaba tanto tiempo cansada de vivir la vida de
los demás. Una vez leyó en un tratado de psicología un perfil que
describía muy bien su forma de relacionarse: “intentar asentar tu
propia felicidad en conseguir que los demás sean felices…”. ¿Y
no era eso lo que había hecho o pretendido hacer toda su vida?
Con el pretexto de conseguir que los demás se sintieran bien,
¿cuántas veces acababa accediendo a sus demandas aun a
sabiendas de que eran contrarias a lo que ella en verdad le
convenía, interesaba o simplemente apetecía? Ya no se trataba
muchas veces de cosas importantes, a veces simples caprichos
ajenos se sentaban sobre sus sueños o sus anhelos y los
aplastaban…
Mientras fue creyendo que esa era su forma especial de
vivir y relacionarse todo era relativamente soportable. Pero
dentro de Teresa se fue produciendo un vacío cada vez mayor.
Intentó llenarlo con hobbies y ocupaciones, con salidas y
encuentros especiales con las amigas, con lecturas románticas
que suplieran con lo leído lo no tenido… Pero nada de eso
servía, pues Teresa no dejaba de ser una mera proyección de los
demás y no aquello que realmente deseaba ser.
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Con el paso de los años se instauró en su interior una
amargura, una tristeza difícil de procesar. Comprendió que detrás
de ese deseo de Dar, siempre existía la necesidad de
recibir… que su amor hacia los demás no era todo lo altruista
que ella misma había deseado ,… Tanto hablar de Amor
Incondicional, tanto hablar de la entrega hacia el prójimo…
Teresa, poco a poco, se fue haciendo consciente que, tras tanta
entrega, solo existía su necesidad de llenar su propia soledad, tras
tanto derroche de energía, de disponibilidad , solo existía su
necesidad de ser aceptada, de sentirse útil, un aplauso, una
palmadita en la espalda, quizás un abrazo… iba comprendiendo
que su modus vivendi no era más que una excusa cobarde para
no luchar contra esa inseguridad que desde pequeña arrastraba,
contra ese vacío interior y esa necesidad de ser amada y
comprendida . Casi todo lo que hacía lo hacía para agradar. Y
seguro que lo conseguía, en muchas ocasiones, que no en todas.
Pero, ¿y ella? ¿Se agradaba a ella misma?, ¿realmente sabia
amarse?
Otra excusa pueril que con los años entendió que
usaba para justificar su falta de coraje era un “rechazo a los
conflictos” que aupaba la rendición al podio en cada carrera de
intereses. Teresa sabía de dónde venía ese argumento: su miedo
al grito, a la discusión fuerte y a cualquier situación que oliera
simplemente a violencia, todo ello la invitaba al sacrificio
contante de sus propios sueños y anhelos frente a la rendición de
ceder a las constantes necesidades del resto del mundo,
excluyéndose como si ella no perteneciera a el.
La otra era ya rotunda: “Yo no puedo hacer daño a la
gente que quiero”… Con esa se inmovilizaba ante cualquier
sentimiento que implicara rotura o cambios importantes.
Con todo eso encima, ¿cómo iba a sentirse Teresa? Era
Nada, era Nadie, era su propia negación. Y claro: explotó… Un
día, por una tontería, explotó… ¡Siempre a vuestro servicio! ¿Y
yo? ¿No cuento para nada?… Tampoco es que fuera una
exageración, pues Teresa se frenó pronto, pero aquel día gritó
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como nunca lo había hecho. Aquel mismo día Teresa entendió
que debía cambiar y empezó la etapa de los “procesos”.
Así, le dijo a su marido que quería separarse, decidió
cuidarse y escucharse tanto como pudiera, que poco a poco
aprendería a decir “NO”, que… Así… Así estuvo Teresa no
recuerda cuanto tiempo hasta que se cruzó con su amiga
Meritxell…
Hacía pocos días habían coincidido en una reunión de
amigas y Teresa se había extendido mucho hablando de cómo le
iban las cosas, de cómo se sentía, de… Aquel día se encontraron
por la calle y decidieron tomar un café. Meritxell era de esa clase
de personas que en la sencillez buscan el bienestar. De su grupo
de amigas era quizás la más franca de todas… Con la taza en los
labios la miró fijamente y dijo:
-¿Cómo va la señora procesos?
-¿Qué quieres decir? - respondió Teresa.
-Mira, no te enfades pero das pena… Llevas años
lamentándote de lo mismo. Actúa de una vez, coño, o acepta las
cosas como son y deja de quejarte… -entonces cambio la voz y
con tono falsete soltó- “Estoy en proceso de separación, estoy en
proceso de autoconocimiento, estoy en proceso de…”-y
recuperando la voz normal siguió- Si quieres separarte ve
mañana a ver un abogado, si quieres conocerte, lo cual me parece
una solemne tontería, pues ya te conoces más que bien, ve detrás
de tus sueños… Si quieres intentar ser feliz, SÉ TÚ MISMA…
Ah, y uno no aprende a decir “NO”… Dices “no” y
sanseacabó… Mira que fácil…
Aún ahora Teresa no tenía claro si debía haber dado un
bofetón a su amiga o abrazado… Pero se quedo muda… Eso sí, a
la mañana siguiente fue a ver a un abogado. A los tres meses,
con un proceso de por medio en el que se pactó un mutuo
acuerdo, estaba divorciada
El divorcio fue un paso importante para intentar
recuperar su vida, pero no definitivo… A parte de suponer un
hito importante en la victoria sobre muchos miedos ese paso
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supuso que Teresa, quizás por primera vez en su vida, tuviera la
sensación de ser absolutamente dueña de su futuro.
A partir de aquel punto Teresa paso una temporada, que
aun duraba, muy metida en sí misma. Mucha gente le preguntaba
si estaba triste, si tenía una depresión, si… Nada más lejos.
Empezaba a sentirse viva, pero aun muy incompleta. Su
sensación era que se estaba gestando algo importante dentro de sí
misma, muy adentro… ¿Quizás se estaba gestando ella misma?
¿Iba a ser una nueva Teresa o simplemente iba a recuperarla? Sí,
recuperarla… Aquella niña alegre e inocente, aquella chica llena
de sueños y valiente… Teresa tenía la sensación de que su
evolución iba a ser más un retroceso que una construcción…
No, sus miedos no desaparecieron, pero internamente
sentía que podía llegar a utilizarlos más como fuerza que empuja
que como freno. Estaba en ello.
…
Con ese sensacional viaje que Teresa intuía se estaba
organizando en su interior, ¿cómo iba a estar muy atenta a lo que
pudiera decirle el conferenciante de turno? Había escuchado
tantas veces, tomado apuntes, comprado libros… Ahora tocaba
escuchar su interior. Estaba preparada, sentía que la hora de
partida se acercaba… Y debía hacer el equipaje, escoger aquello
que realmente deseaba llevar, y hacer la colada, y darse un baño,
dejar la piel sedosa para aquella caricia que el futuro iba a traer,
perfumar su corazón para recibir con honores a ese Amor que
seguro un día llegaría, limpiar de una vez sus dudas, sus
miedos…
Y así pasó, casi, el fin de semana. El problema lo iba a
tener Teresa cuando en su empresa le solicitaran conclusiones
del Congreso. Pero ya se arreglaría… Quizás le pidiera a Pilar
que le explicara… Quizás… Ahora quedaba sólo la ponencia de
Clausura, aquella que de entrada le había parecido más
interesante… A ver…
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2.4. Pablo Malue, Doctor en Esperanzas: De cómo de un
apoteósico incendio puede nacer un manantial…
El domingo por la mañana Teresa volvió a despertarse
muy pronto. Al levantarse de la cama se sintió extraña, diferente,
… Aunque le costó lo indecible…¡había dormido tan bien! Se
sentía descansada, como nueva… Era una sensación… Uf, muy
nueva. Había tenido un sueño muy hermoso, pero no podía
recordarlo.
A las diez tenían la última ponencia. Luego un pica a pica
de despedida y para la estación.
Se sentía animada y, no sabía porqué, desde que leyó el
programa esa última conferencia le había llamado la atención.
Llegaría pronto, se situaría en las primeras filas e intentaría estar
muy atenta.
…
El Dr, en Pedagogía Pablo Malue era un hombre muy
curtido en impartir conferencias y abrir y cerrar congresos. Aún
así había estado dos años de retiro, de excedencia voluntaria.
Con esta conferencia sellaba su reincorporación al Circuito…
- Buenos días. Mi nombre es Pablo Malue, soy peruano y
Catedratico de Pedagogía Relacional en la Universidad Nacional
de Lima. Como habrán leído en mi currículum vitae soy también
autor de varios ensayos y tengo una ya larga experiencia en el
campo de las ponencias en congresos y simposios
internacionales. Después de un largo tiempo en stand by me
dispongo ahora y aquí reincorporarme a ese mundo con una
ponencia que creo les puede interesar: “A fronte praecipìtium a
tergo lupi”… Bienvenidos, pues, a mi humilde charla…
Los aplausos retronaron en la sala de una forma
abrumadora. Teresa se sonríó: “¿realmente aplaudían porqué
parecía interesante o porqué era la última charla?
20
“A fronte praecipitium a tergo lupi”… Deberán
perdonarme pues puse esa frase en latín creyendo que me venía
muy bien para lo que quería comunicar y a la vez pues entendía
que armonizaba totalmente con el lema principal del Congreso
“Nosce te ipsum”. Pero no la traduje, y lo hice a propósito… ¿Y
pues? ¿Qué significa? Algo muy sencillo y seguro que para
muchos de los que están aquí muy familiar: “Al frente un
precipicio y con los lobos a la espalda” ¿Comprenden el doble
sentido? Seguro que sí… Les suena esa imagen, esa sensación,
¿verdad?
En los inicios del S.XXI la Tierra se ha visto inmersa en
una crisis de identidad de muy difícil solución. Un seísmo de los
principios morales ha sacudido la humanidad y la ha sometido a
la más terrible esclavitud, aquella que se encadena al
egocentrismo exagerado de todos y cada uno de los individuos.
El narcisismo se está apoderando del mundo y lo está partiendo
en millones de pedazos. En cada cachito la voluntad de un ser,
sus ambiciones, sus perjuicios, su… El materialismo se está
convirtiendo en dueño y señor de los sueños y los sentimientos
hace tiempo que van amagándose tras la defensa de los
caprichosos anhelos de los placeres mundanos.
Con tales perspectivas las sociedades se rompieron y los
únicos colectivos que generan unión son aquellos que prometen
beneficios individuales. El gozo del momento se ha convertido
en la primera y la última ambición y en la tierra bandea un lema
poderoso pero peligrosamente vacío de futuro: Carpe Diem, vive
el momento, vive y consume: vivencias, bienes, ¿personas?
Las familias se rompen, una detrás de otra. Las parejas
que sobreviven intactas son cada vez menos: las que no terminan
separándose acababan compartiendo casa, que no vida… Y con
un panorama tan oscuro, los maltratos y la violencia doméstica
están en el orden de cada día en tantos hogares… Y claro, cada
vez se dan más huérfanos, si no de cariño, sí de identidad y
sostén. Tantos hijos crecen, así, con modelos contaminados que
quieran o no van a reproducir…
21
Nunca en la Historia se construyó el bienestar en tiempos
de conflictos y confrontaciones. En un Estado de Derecho podría
triunfar el bien común, ¿Qué demonios triunfará en un Estado de
Consumo? ¿Quizás el Poder? Vamos, ¿quién si no? El fuerte, el
rico, el poderoso… ¡Quien pisa más fuerte salta más lejos!
En una Tierra donde priman los intereses puntuales,
locales o incluso individuales, en un mundo donde el pasado se
mete en la lavadora y el futuro en el congelador, ¿qué puede
ocurrir con lo ajeno, con lo que se percibe lejano? ¿Qué acontece
con todo aquello que parece no ser útil? Se obvia… ¿Que allí
existe aun la esclavitud? ¿Allí? ¡Ah! ¿Que allá se están
ejecutando miles de personas en una limpieza étnica disfrazada
de guerra civil? ¿Allá? ¡Ah! ¿ Que cada día se mueren de hambre
miles de niños y…? ¿Dónde? ¿Dónde? Acuyá… ¿Ah!
En este orden de las cosas, ¿Quién va a preocuparse real y
efectivamente de la naturaleza? El campesino, claro… ¿Alguien
más? Mucha gente, seguro… Perdónenme… Pero si la pregunta
va dirigida únicamente a los que tienen el poder de decidir…
¡Aaaah! ¿Entonces? …Nadie…¿Y? Ya saben:
Contaminación, especies en extinción, cambios climáticos, …,
un caos…
Y claro… ¿Solidaridad? Con el estómago, por no decir
más órganos… ¿Convivencia? Seguro, y buena, con todos
aquellos que sirvan… ¿Lealtad? Con la cartera y el buen vivir…
la propia, sí o sí…y el propio…¿Confianza? La que las mentiras
deben exigir… ¿Amistad? ¿Algo que ofrecer? ¿Amor? Venga
ya…
Parecerán argumentos exagerados y seguramente y
precisamente más para aquellos que se identifican con esa
dinámica y son y se sienten partícipes de ella. Pero no para los
que luchan con todas sus ansias para extraerse de la corriente.
Para ellos la realidad es tan asfixiante que los inmoviliza. ¿Cómo
soñar en un mundo dónde si no vas con los ojos bien abiertos te
roban hasta la ropa interior? ¿Cómo se puede intentar construir
un hogar en una tierra donde las casas son simples excusas para
gastar en más y más utensilios superficiales comprados en un
22
gran almacén de moda? ¿Como vivir cuando la vida te empuja
simplemente a sobrevivir?
“A fronte praecipìtium a tergo lupi”… ¿No es eso lo
que sienten?
En las escuelas, en los institutos, en las universidades…
Incluso en la Educación se están perdiendo los papeles: se ha
pasado de procurar educar para la vida, con todas sus facetas, a
instruir exclusivamente para ser competitivos. El éxito educativo
ya no se mide por el empuje adquirido, la voluntad de superación
y las capacidades desarrolladas para encarar nuevos retos. Hace
mucho que los políticos, con la connivencia de todos los
estamentos educativos, barajan tablas de contenidos…
Contenidos culturales, intelectuales, idiomáticos, tecnológicos,
… Nadie se está preguntando algo muy lógico: ¿de que sirve un
contenido si no has preparado el continente para hacerlo
rentable?
Pobres chavales… Pobres niños y niñas… Y aun el mal
sería menor si las familias hubieran comprendido que sus hijos
precisan de muchas cosas que no tienen nada que ver con la
preparación académica… A muchos los sacan del colegio para
encerrarlos en centros alternativos: informática, más idiomas,
artes marciales… Luego a casa y a hacer deberes… ¡Viva la
infancia! Pero claro, los padres podrán presumir en el trabajo,
con los amigos: “Pues mi hija de seis años ha empezado a
estudiar el chino”; “Pues a mi bebito, con un año, le muestras 10
cartas con fotos de músicos y le preguntas cual es Mozart y lo
acierta”; “Pues…”
Juventud, divino tesoro… La adolescencia, santo caudal
de la impaciencia… Los sectores más jóvenes de la población,
aquellos que se supone deben coinstruir… ¿un mundo mejor?,
renegaron hacía mucho de la tradicional rebeldía. Pasan muy
mucho de ir contra ningún sistema… A vivir, que son dos días…
Por pasar pasan de todo, hasta de usar palabras o frases con
sentido para escribirse: “k ice Juan k tas tope Xuli” Y parecía
que con dos años ya sabían hablar…
23
Sí, no se rían… ¿Saben? Cuándo venía con el taxi del
aeropuerto al hotel sonaba una canción por la radio… Era… de
otra galaxia… Extrañado le pregunté al taxista que significaba
aquello… “Nada, un rap de esos que escucha la juventud de
hoy…” Me contó que los que interpretaban era un grupo muy
popular. Se hacen llamar “Violadores del verso”. Anoche entre
en google y los busqué, busqué sus letras… Estuve cinco
minutos, no más… No hubiera aguantado.. Pero sí hice algo:
escogí al azar y copié un fragmento de una canción. Se la voy a
leer…
Descansa en paz, yo te incinero.
Tus restos al water o a un cenicero.
Salta a la hoguera y pide un deseo.
Deseo tu muerte casi tanto como la mía pero ve tu primero.
Y luego cuéntame que ropa me llevo,
un chándal o un vaquero, lo más cómodo es ir en cueros.
Te invito a un crucero por mi mar muerto.
Allí se flota y ensayo lo de ser un cadáver en el puerto.
Lágrimas de lava resbalan por esta nariz de Cirano.
El fuego es mi hermano y protege a este santo.
Te follo y saltan chispas al lado del butano.
yo juego con fuego y no me meo y en tí me cago.
En la sala había un silencio sepulcral. Teresa escuchaba,
con los ojos muy abiertos. Ese Pablo la tenía fascinada…
-¿A dónde hemos llegado? ¿A dónde nos han llevado?
Dios, estamos perdidos… ¿Estamos perdidos?
Percibo mucha atención en la sala… ¿Tensión?
¿Emoción, quizás? Aun viniendo de mundos distintos, ustedes y
yo hablamos la misma lengua, ¿verdad?
El mundo interior de quienes soñamos con la vida, de
quienes anhelamos sentir que la vida transcurre en un camino
efectivo y afectivo hacia los sueños, …, nuestro mundo interior
se ahoga cada vez que quiere mostrarse, cada vez que necesita
volar, cada vez… Existe un choque brutal entre nuestras ansiosas
24
almas y ese exterior agresivo, yo diría que ferozmente agresivo.
Los lobos, “…a tergo lupi” ¿comprenden? A la espalda, sí, y a
los lados y, si nos descuidamos, en frente…
Otra vez un largo silencio… Ese hombre era un gran
comunicador y sabía justamente cuando debía provocarlos…
Teresa estaba conmovida, aun intentándolo no pudo evitar que
unas lágrimas silenciosas empezaran a brotar… “¿Cómo había
podido ese hombre situar el hilo de la conferencia en el punto
justo dónde se encontraba el hilo de su vida?” Teresa se giró y
observó a Pilar, sentada a su lado. Estaba igual… Luego miró
hacia otros lados y confirmó lo que sospechaba: Pablo había
emocionado a toda la sala…
-Pero en frente no hay lobos, ¿verdad? “A fronte
praecipitium”… En frente hay un precipicio, un abismo hondo y
oscuro, una caída a lo desconocido… “Dios, dame alas o quítame
los deseos de volar”, ¿les suena también?
No se sientan mal, por favor. He conocido hombres y
mujeres importantísimos en carácter, personalidad, inteligencia
y calidad humana que sintieron pavor cuando debieron dar un
cambio de sentido importante a sus vidas. Ese miedo a saltar es
normal, muy normal… Yo también lo sufrí, no se imaginan
cuanto…
Y ahora me preguntarían: “¿Pero saltó? ¿Pero, voló?”
Oigan, algo debe quedarles muy claro desde ya: estamos usando
metáforas, símiles, nadie va a saltar al vacío, nadie necesita alas
y, por dios, nadie va a enseñarles a volar.
Hablamos de un cambio de rumbo, de una elección
interior de prioridades, de un viaje a los orígenes para regresar
justamente con aquello que nos va a permitir ser quienes
deseamos ser, estar dónde anhelamos estar e ir en la dirección
que nos marca de verdad nuestro Yo interno…
25
Otro silencio provocado… Teresa estaba admirada: si
hasta estaba usando palabras suyas, parecía que ese Doctor
hubiera estado en su pensamiento…
¿Saben? Yo tardé mucho en comprenderlo… Tanto como
años… Pero al final me di cuenta que ni el destino, ni el futuro,
ni la suerte, ni… Nada ni nadie iba a llevarme allí donde quería
estar. Era yo, yo debía partir… Y superé mis miedos cuando
entendí que aquello que toda la vida quisieron venderme era
falso: “Vive con los pies en el suelo, engánchate a él pues esa
tierra dónde crees que los sueños te aguardan es la Tierra de
Nunca Jamás…”
Pablo estaba conmovido, se le notaba en la voz, en el
rostro… Por unos instantes interrumpió el discurso y bebió
agua… La moderadora, Montse, se le acercó y le preguntó si se
encontraba bien…
-Perfectamente, gracias… Perdonen, fueron tiempos muy
difíciles para mí… Bien, les contaba… Sí, ese invento es una
gran verdad y al mismo tiempo una enorme falacia: la Tierra de
Nunca Jamás existe, sí, pero no precisamente en los sueños… En
ese mundo no vivíamos los soñadores, no vivimos, allí residen e
instalan su hogar aquellos que se rinden a realidades extrañas,
aquellos que aceptan vivir vidas no queridas, vidas no vividas,
aquellos que traicionan al amor creyendo que no existe, aquellos
que pisan la hierba de la superación impidiendo que crezca,
aquellos que tallan el árbol de la ilusión creyendo que sólo les va
a dar sombra, aquellos que… Aquellos que NUNCA JAMÁS
serán otra cosa que supervivientes…
¿Saben? Cuando comprendí eso entendí lo que
significaba esos “lobos”: una muerte en vida, una pesada losa
imposible de mover… Y entonces lo vi claro: el precipicio no era
tal, yo ya estaba en ese fondo… No debía saltar, no iba a caer,…
Iba a escalar, a subir…
…
26
Y marché… Marché, me dejé llevar, me dejé guiar… Y
encontré mi paraíso, mi cielo particular, …, me encontré… Y…
Y… Nunca pensé que un hombre podía sentirse tan
completo, tan entero… Nunca imaginé que la felicidad podía
llegar a ser un estado tan fácilmente asumible… Nunca creí que
podía ser tan capaz, de tantas cosas…
Pablo levantó la cabeza y, mirando a los asistentes, se
dejó ver… En sus ojos había un brillo tan especial… Y su
sonrisa, era tan ancha, tan libre, tan…
El turno de ruegos y preguntas no se había abierto aun,
pero Teresa no pudo esperar…
- Ha dicho que… ¿marchó? ¿Marchó? ¿A dónde?
- Quieren saberlo, claro… Y creo que merecen saberlo.
No sé si estarán preparados, algunos sí, otros no… Pero ahora ya
no puedo negarles esa información…
Marché a la Tierra de Nunca Quizás, concretamente a la
Nación de Goig…
Un murmullo generalizado inundó la sala. Aquello que
acababa de decir el conferenciante era demasiado inesperado…
-Silencio, por favor- Montse pedía orden mientras miraba
a Pablo con ojos muy sorprendidos…
-Doy fe que esta Tierra existe. Yo he estado allí. No les
puedo contar ni dónde está ni como es. Eso sólo se puede
descubrir viajando. Pero sí estoy autorizado para decirles como
llegar allí. ¿Les interesa?
Una repetición de afirmaciones y ruegos rompió otra vez
el silencio.
-A quienes quieran ir les espero de aquí una semana, en la
estación de Atocha, andén 29… De allí partirá el tren de
medianoche que conduce a Goig.
27
Otra vez espontáneas exclamaciones, apresuradas
preguntas… Alguien de la primera fila preguntó:
-¿Y qué cuesta el billete?
-¿Qué cuesta? Bastante más de lo que piensa usted:
vencer el miedo, creer en sí mismo y tener fe, sobretodo, tener
fe…
A partir de aquí se acabó la ponencia. Ya fue imposible
seguir… Se montó una hilera increíble de gente que quería
hablar con Pablo, pero él cogió el micrófono y la disolvió… ¡No
iba a explicar nada más! “Fe”, fue lo único que repitió…
Teresa se quedó sentada más de media hora. Esperaba…
No sabía… Cuando Pablo se levantó para marchar ella hizo lo
mismo… Sus andares iban a cruzarse y Teresa miró a Pablo
fijamente a los ojos y se quedó parada… Sin necesidad de
palabras él comprendió lo que necesitaba y abrió los brazos.
Cuando la tuvo delante la abrazó, sin decir nada, simplemente la
abrazó de verdad. Entonces ella lo supo: ¡podía confiar en Pablo!
28
2.5. El tren de medianoche: De como se lleno un tren que
partía hacia la tierra prometida…
Teresa vivió una semana de auténtica locura. De una
banda iba haciendo todos los preparativos para un viaje que no
sabía ni a donde se dirigía ni cuánto tiempo iba a durar. Eso, de
entrada, suponía inventar unas explicaciones que debían ser
creíbles… Al final optó por contar medias verdades: iba a llevar
a cabo un viaje de salud, cierto, a un balneario del Norte situado
en los Pirineos donde su amiga Pilar, la de Bilbao, estaba
experimentando unos tratamientos de terapia intensiva que
parecía funcionaban muy bien…, falso… Nadie debía esperar
que se comunicara vía telefónica durante el tiempo que estuviera
fuera.
De otra banda, la lucha de siempre: el lunes tenía claro
que marchaba, el martes dudaba, el miércoles, ¿cómo no iba a
ir?, el jueves decidió que no, que todo era una fantasía y no iba a
perder el tiempo… ¡Sus miedos!
Fuera como fuera llegó el domingo y Teresa estaba en
Madrid. Llegó a media tarde y estuvo paseando un rato por el
Centro, pero se sentía inquieta y a las 9 de la noche ya estaba en
Atocha. Cenó algo ligero en la cafetería mientras releía el
periódico que compró por la mañana, hizo la última llamada a
sus hijas y… ¿Qué iba a hacer? Se dirigió al Andén 29…
En el vestíbulo de la estación había un empleado de
RENFE y Teresa se dirigió hacia él…
-Mire usted, ya sé que es un poco raro lo que le diré,
pero… A ver, resulta que alguien me ha dicho que debía tomar
un tren a medianoche, con un destino que… Vaya, que no
29
recuerdo… Me dieron como referencia el Andén 29 y… Es que,
se supone que no necesito billete…
El empleado se sonrío.
-Vaya tarde-noche me están dando… Aunque hasta ahora
nadie había empleado tantas vueltas para preguntar. Sí, ya sé, el
tren de medianoche a Goig. ¿Me acompaña?
Uf. Teresa se sintió más tranquila. ¡Mucho más tranquila!
Acompañada de aquel hombre cruzó todo el vestíbulo y se
dirigieron hacia una de las paredes laterales. Allí el empleado
sacó unas llaves del bolsillo y abrió una puerta.
-Es que es un andén privado, ¿sabe? –le dijo- Mire, siga
el pasillo y cuando llegue al fondo gire a la derecha. Entonces
verá unas escaleras, las baja hasta abajo y encontrará el Andén
29.
-Muy agradecida – se despidió Teresa.
Hizo tal como le indicaron y efectivamente, allí estaba.
Mientras bajaba las escaleras se dio cuenta de que había llegado
mucha gente ya. A algunos los conocía, pero a la mayoría no…
Y había personas que, seguro, no estaban en el Congreso…
¿Cómo se habían enterado de la existencia de este tren? Teresa
vio a hombres y mujeres de muy distintas razas y culturas, de
todas las edades,… Era más que evidente: la necesidad de ir tras
los sueños no era patrimonio de ninguna etiqueta.
¡Allí estaba Pilar! ¿Qué alegría! Durante la semana
hablaron por teléfono varias veces y Teresa no tenía nada claro si
su amiga al final se decidiría o no…
-¿Cómo está mi flor de azahar?- la saludó Pilar.
-Anda ya, que más que una flor parezco un flan. ¡Dame
un abrazo!
30
Se abrazaron fuertemente durante un largo instante… Sí,
eso escribí, un largo instante…
-Estás temblando, vida- susurró Pilar
-Pues a mí me parece que tiemblas tú- respondió riendo
Teresa.
-Pues… ¡Será que temblamos las dos! Ja, ja, ja… ¿Nos
sentamos en este banco? Te guardaba el sitio, por si venías…
Sentadas bien juntitas y agarradas de la mano estuvieron
mucho rato calladas. ¡Había tantas cosas que temían preguntar!
¿Quizás les daba miedo obtener una respuesta que les hiciera dar
media vuelta?
Eran aún las diez y media y el andén se estaba llenando
cada vez más y más.
-Pues parece que existe el Andén 29. Yo no lo tenía nada
claro…-soltó Teresa.
-Ni yo… ¿Te digo un secreto? Venía pensando que si
todo era una broma de mal gusto, pues, mejor…
-Estás asustada, ¿verdad? Yo estoy cagadita…
-Es que… Es una aventura… La gran aventura… Eso que
soñé toda la vida y… No sé si estoy preparada, no sé si seré lo
suficientemente valiente, no sé si seré lo bastante digna, no sé…
A Pilar se le estaban saltando las lágrimas. Teresa volvió
a abrazarla y, acariciándole la cara, hablo muy tiernamente…
-Es normal, vida… Si lo piensas quienes han venido de
verdad son dos mujeres adultas arrastradas, cada una, por su niña
interior… Y ahora mismo, ¿qué somos? Dos niñas que desean de
corazón ver renacer esas mujeres que perciben desconocidas,
lejanas, extrañas, esas mujeres que se apartaron tanto y tanto de
sus anhelos infantiles y juveniles…
-Sí, lo sé… Pero me da tanto miedo lo que pueda
encontrar. Aunque no sea feliz, aunque en verdad soy muy
31
infeliz,… Tengo una vida montada en la que he invertido tanto
esfuerzo, y tiempo…
-Pero, querida, no estamos aquí porqué vayamos a
desmontar vidas. Me parece que Pablo lo dijo claro, me lo he
repetido tantas veces: ser quienes deseamos ser, estar dónde
anhelamos estar e ir en la dirección que nos marca de verdad
nuestro Yo interno… ¡Ir tras los sueños más…!
-Y, ¿Qué voy a hacer con Jon?
- ¿Tu marido? ¿Quizás lo que deberías haber hecho hace
años? Por favor, Pilar, no me salgas con esas… ¿Cuánto tiempo
hace que ya estáis separados? Vidas dispersas, ¿no fue así como
me lo definiste?
-Pero eso es una forma de vivir consensuada. Tenemos
una casa hermosa, buenísimos ingresos a ambos lados…
-Vale, perfecto… Si eso te hace feliz…
-No seas mala, sabes que no soporto esa situación…
-¿Y? Entonces, ¿cómo puedes usarla de escudo para que
la brisa que esperas no acaricie tu pelo?
Algo pasaba en el andén. La gente se levantaba y se
dirigía hacia las escaleras… Teresa se levantó para ver…
-¡Ha llegado Pablo! ¿Nos acercamos?
-¡Vamos! ¡Claro que sí!
No fue fácil, pues partían con retraso, pero Teresa era
muy terca cuando quería algo y así, cuando Pablo empezó a
hablar, ella y Pilar estaban en primera fila…
-Estimados amigos… Queridas amigas… Ja, ja, ja… Es
broma… Seáis todos y todas bienvenidos y bienvenidas al Andén
29.
Quedan veinte minutos para que parta el tren y os quiero
antes explicar algunas cosas.
32
Quizás estáis preocupados pues veis que hay mucha,
mucha gente… ¿Quizás demasiada? De ninguna manera: el tren
llegará con tantos vagones como sea necesario. Ni más ni menos.
Sé perfectamente que muchos de los presentes aun tenéis
dudas. Puede que todos. La experiencia me enseñó que algunos
de vosotros y vosotras no subiréis hoy al tren… No os
preocupéis si esa va a ser vuestra opción: habrá más
oportunidades… En la vida siempre las hay.
También debo deciros que algunos de los que viajéis vais
a regresar en el mismo tren… Eso no va a depender de mí, pero
sí de vosotros y vosotras: para permanecer en Goig es necesario
encontrar tu Guía. Aquel o aquella que no lo halle probablemente
no esté aún a punto para la estancia allí y deberá posponer sus
pretensiones para futuros viajes.
Éste no va a ser un viaje de placer, aunque os aseguro que
vais a disfrutar… Éste no será un viaje turístico, aunque vais a
aprender como nunca antes lo habíais hecho… Éste no será un
viaje aventurero, aunque muy probablemente viviréis una de las
más grandes aventuras soñadas y por soñar… Éste no será un
viaje romántico, aunque os anuncio que algunos y algunas vais a
encontrar el amor de vuestra vida… Éste no va a ser un viaje…,
para nada. Éste será EL VIAJE. El viaje probablemente más
importante de vuestra vida…
¿De qué va a depender esa probabilidad? De cada uno, de
cada una… Abrid vuestras almas, vuestros corazones, vuestros
pensamientos, … No os escondáis… Dejaros llevar por la vida
en Goig, sin expectativas, sin miedo a nada, sin suposiciones o
teoría previas…
Escribió Flaubert que los sueños son la sirena del alma.
Ella os canta, os llama. Id, seguidla y no retornéis hasta
encontrarla. Recordad siempre que una alma rica se nutre
siempre de la voluntad, no del deseo. Y andad, caminad, saltad,
volad…
Parecéis pajarillos asustados… Venced el miedo, salid de
la jaula, liberaros de la esclavitud de esas realidades que os
33
encadenaron, haced nido en los sueños y criad en libertad
vuestras vidas.
Muchos lleváis arrastrando desde siempre la sensación de
que esa vida que os tocó vivir es como un largo embarazo… Sí,
¿verdad? Os habéis estado gestando a vosotros mismos. Llegó la
hora de parir, llegó la hora de nacer. No dejéis que os asusten las
contracciones, es puro pánico. Dilatad con firmeza y amplitud
vuestra fe en vosotros mismos, dejad que fluya por vuestras
venas sangre de color promesa, la que hace tanto os hicisteis, y
atravesad la boca del futuro. El destino, vuestro destino
dependerá ya de vosotros. Coged las riendas y domadlo a vuestro
gusto, a vuestro libre albedrío…
La vida se nutre del tiempo. ¿Queréis amarla de verdad?
Subir a ese tren, el tren de la esperanza, de la tierra prometida.
Dejad de desperdiciar el tiempo, toca ya alimentarlo con vuestra
verdadera esencia. Hacedlo y vuestra vida os sonreirá para
siempre.
…
Pablo callo durante un instante. En el andén no se oía una
alma. Teresa se giró y observo a la gente, luego miró a Pablo…
¿Realmente había alguien entre los presentes que no lo estuviera
viendo como ella lo veía? Parecía un Profeta…
-Bien. Acabo. Recordad muy bien eso último que os diré.
Todo el Universo perceptible es un vivero de sensaciones a las
cuales nuestra mente califica, clasifica y da un valor de forma
relativa. Vais a realizar un viaje muy especial. No os fijéis, no os
ancléis en las distancias apreciadas, ni en los tiempos de trayecto
percibidos… No importan. Aguzad los sentidos y mantened la
mente muy despierta, pero no para sacar conclusiones, para
sentir y para aprender. Os dirigís a la Tierra de los Sueños, a la
Tierra de Nunca Quizás, pues sabido es por todos que en la
siembra de cada anhelo y en su efectivo cultivo no aseguramos el
Éxito, pero sí en cambio mimamos un Quizás que resulta mucho
más tentador que ese Jamás al que quisieron acostumbrarnos…
34
Os deseo, de corazón, seáis muy felices… Estoy
convencido de que lo intentaréis y estoy convencido de que
Quizás lo conseguiréis… Buen viaje…
Nadie aplaudió. No hacía falta. Además, mientras
escuchaban a Pablo el tren había llegado ya. Estaban tan
abstraídos que ni se dieron cuenta. Estaba allí, en las vías, con las
puertas abiertas.
Teresa y Pilar se dirigieron a una entrada. Iban cogidas de
la mano. Al subir al tren Teresa notó un estirón. Pilar se
mantenía en el andén. Estaba llorando… Teresa no quiso más
que despedirse…
-Vida mía… No puedes, ¿verdad?
Pilar negó con la cabeza. No podía hablar. Teresa soltó su
mano y terminó de entrar. Se sentía muy triste, por su amiga,
pero ella sí iba a emprender ese viaje…
-Te quiero, mucho. Te veré muy pronto.
Y las puertas se cerraron y el tren emprendió la marcha.
35
3. LA NACIÓN DE GOIG
3.1. Tipología de Goig: De cómo se abrió una ventana i la
ilusión voló como un pajaro libre...
Durante el viaje Teresa comprendió porqué Pablo había
defendido, de una forma muy hermosa ciertamente, la Teoría de
la Relatividad. El tren marchaba a una velocidad más que
prudente pero rápida y atravesaban un túnel que nunca se abría.
Al principio era lógico, pero cuando llevaban casi dos horas y no
habían dejado el tunel… Anda que, ¡Estaban dando vueltas por
Madrid? Ja, ja, ja… La Teoría de la Relatividad… ¡No iba a
sacar conclusiones!
La gente que la acompañaba iba en silencio. Casi todos
miraban por las ventanas… Paredes sucias y oscuridad… Pero
no, no miraban al exterior… Miraban hacia dentro.
Quizás Teresa era la única excepción: no pensaba en
nada, simplemente observaba… Se sentía extrañamente tranquila
y no quería romper ese estado con reflexiones o análisis de nada
de lo que había ocurrido, estaba ocurriendo o iba a ocurrir…
A las tres horas llegaron, por fin. La estación de Goig no
era nada del otro mundo, desde luego. Podría haber pasado por
ser una estación metro de cualquier gran ciudad.
Eso sí, al bajar Teresa se dio cuenta, no era corriente. El
suelo del andén era de arena. La arena gruesa y cristalina
separaba el tren por ambos lados de unas paredes medio
curvadas, rebozadas o enyesadas de blanco. En ambos lados
36
colgaba un cartel, el mismo, donde sobre fondo azul marino
resaltaba un mensaje:
Tierra de Nunca Quizás. Estación de Goig.
Bienvenido/ da a tu vida.
Al final del andén esperaba una mujer. Cabello ondulado,
pelirroja, con cara y cuerpo pecoso, ojos verde lago y… ¿Cómo
no? Una sonrisa cautivadora. Vestía un vestido negro, de hilo,
sin mangas, de cuerpo pegado y vuelo de cadera a rodillas…
Debería tener unos treinta años…
-Buenos días… Sí, perdonadme, buenos días. Aquí en
Goig son las 8 de la mañana. Ei, no pregunten cómo…
Me llamo Aina Lago y Fuego. Soy Presidenta Honorífica
del Gobierno de la Nación de Goig y la encargada en el día de
hoy de recibirles y darles la bienvenida a nuestra hermosa patria.
-Caramba con esa gente- pensó Teresa- Nos envían a su
Presidenta.
-Bien, nuestro buen amigo Pablo ya os advirtió: no
penséis, ni evaluéis ni saquéis conclusiones- dijo Aina mirando a
Teresa- Ahora nos dirigiremos a la Sala de Proyecciones y allí
procederé a introduciros brevemente aspectos diversos de nuestra
Tierra, de nuestro paisaje y de nuestra Nación.
Saliendo del andén enfilaron un corredor muy ancho y,
cruzando una puerta entraron en una sala cuadrada y grande, de
paredes blancas y vacías, menos en una que había una ventana
enorme, a través de la cual se podía ver un azulado y limpio
cielo.
-Podéis sentaros. Claro, en la arena. ¿Hay asiento más
cómodo?
37
Clarísimo. Iban a mirar el cielo sentados en la arena. Un
buen comienzo, la verdad…
-Os ha dicho Pablo que vuestra presencia aquí no está
asegurada para todos. Aún así todos y todas vais a conocer
nuestra esencia, pues estamos convencidos de que aquellos y
aquellas que debáis regresar tarde o temprano estaréis preparados
para un nuevo viaje.
Hoy me veis vestida de negro. No, no estoy de luto ni ese
es el color con el que aquí en Goig acostumbramos a vestir.
Tiene su lógica. Durante el primer día no queremos que nada
distraiga vuestra atención. Cuando acabe la proyección pasaréis a
la playa de “Los Guías” y allí será vuestro corazón y no vuestros
sentidos quien deberá presentar candidatura. Por eso
comprobaréis que nadie vestirá otro color que no sea el negro,
que nadie se habrá perfumado, que nadie lucirá otra cosa que no
sea su mirada…
Bien. ¿Empezamos? Si miráis la ventana se irán
sucediendo imágenes y vivencias reales que yo iré narrando. ¿Sí?
Estáis preparados? Comencemos, pues…
Teresa miró hacia la ventana y contempló, admirada,
como el cielo azul iba subiendo y aparecía una tela blanca
colgada de un mástil… Aina comenzó a hablar…
En la tierra de Nunca Quizás existe una minúscula
nación llamado Goig. En su bandera no lucen bandas ni colores,
pues es una tela en blanco para que cada ciudadano pinte su
identidad. Se trata, evidentemente, de un país democrático, pero
tan atípico como lo podría ser un gorrión criado en un nido de
águilas. Aquí se presume de tener la Constitución, la Magna
Carta, más antigua del mundo… Cabría añadir también la más
corta… Una única página, un único artículo que obliga a
priorizar el bienestar espiritual y emocional de todos y cada uno
de los habitantes de tan inusual paraje, la igualdad y la perfecta
comunión con la naturaleza… ¿Poca cosa? Quizás toda…
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Vuela el águila plateada los cielos de Goig y en su viaje
abarca toda su magnitud: desde su anidar en elevados picos de
montes colosales hasta la acotada línea arenosa donde la tierra
saluda al mar. Por debajo de su planeo se escampa un
maravilloso valle, extenso en superficie e intenso en diversidad:
planicies anudadas con lomas y montículos, serpenteantes ríos y
riachuelos, prados silvestres y campos decorados,… Agua y luz,
vida y sueño, hogar sin dueño…
En Goig no hay clases sociales, no hay ricos y pobres,
por no haber no hay distinción de ninguna clase, ni cultural, ni
étnica, ni religiosa… No significa eso que todas las pieles vivan
en el mismo tono, ni que se prohíba el culto a otra religión que
no sea la oficial, ni que todos hayan alcanzado el mismo nivel de
estudios, ni que las riquezas económicas acumuladas sean para
todos iguales, ni que… No, cuesta entenderlo para los que
venimos del mundo de Nunca Jamás, pero en Goig aquello que
realmente distingue la categoría de cada individuo es lo que sus
habitantes apodan “doble felicidad”, o sea la felicidad interior
que la persona es capaz de procesar y la felicidad externa,
aquella que proporciona a su entorno natural y social. Visto
desde este punto de mira y entendiendo que en esa nación todo
se programa y confluye para potenciar esas riquezas a la
totalidad de la población es fácil aceptar que, con pequeñas
variaciones, en la globalidad de vidas y vivencias de los
residentes de Goig no hay desequilibrios: todos somos
esencialmente muy ricos.
En la costa se distinguen diversas poblaciones, cúmulos
de casas blancas que rebotan la luz en un intento de deslumbrar
al océano, de devolverle aunque sea con modestia su magnánima
presencia. En Goig existe un solo puerto. De él parten cada día
las embarcaciones de pesca. Cuentan los pescadores que no hay
día que las aguas no correspondan con agrado a la humilde
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ofrenda que ellos hacen: su sudor, su trabajo, su respeto y,
sobretodo, su admiración.
Los cultos religiosos son también como mínimo curiosos.
En Goig no creemos en un único Dios, pues pensamos que en
cada persona debe desarrollarse una deidad interna: en su
riqueza interior, en su capacidad de amar, en el equilibrio entre
lo dado y lo recibido, en…,tantas cosas! Así, las iglesias están
llenas de espejos curiosamente fabricados… Quizás
mágicamente… Por algo se dice que el oficio de los artesanos
que construyen esos enseres es el más antiguo del país… Aquí no
existen sacerdotes ni sacerdotisas: cada visitante, cada asistente
está obligado a asumir ese rol. La gente asiste a los templos
cada día, al atardecer. Nos sentamos cada uno delante de un
espejo y nos miramos fijamente a los ojos… ¿Existe mejor forma
de conectar con tu interior? Cuando alguien tiene reales
problemas para verse, cuando alguien guarda en su equipaje
una brizna de tristeza, de angustia o desolación, cuando…, el
espejo se rompe, se resquebraja en más o menos pedazos según
la magnitud del desconsuelo. Y según esa misma magnitud
acudimos ipso facto más o menos personas a acompañar al
afligido… Acudimos y le abrazamos, lo arrullamos y le
permitimos, si lo necesita vaciar su dolor en lágrimas, en gritos,
quizás… Luego nos quedamos con el afectado quienes él
designa: para escucharle, para aconsejarle, si es requerido,
para cursar el don más preciado en aquellos lugares: la ternura.
Si conviene le acompañaremos a casa, quedaremos con él para
el día siguiente…
Las playas de Goig son de arena cristalina, blanca y
dorada cual corona de la reina ola. Visitantes de todo el país
acuden cada día para bañarse. Nadie pretende tomar el sol,
nadie… No osaríamos tomar prestado nada más. Con su luz, su
calor y la vida regalada día a día ya basta… Ya sobra… En la
orilla del mar se agrupan familias jugando con el vaivén de las
olas… Remojando su niñez, humedeciendo su alegría se
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preparan para un baño siempre revitalizador. Decimos aquí que
cuando la sal y el agua acarician tu piel los poros se abren y
dejan paso al camino que enlaza cuerpo y corazón, materia y
alma… ¡La sal de la vida! ¿Cómo no?
En Goig procuramos enseñar el curso de la felicidad
desde antes del nacimiento: no se conoce la historia de un hijo
nacido sin haber sido deseado por sus padres… Los talleres
preparto que aquíí se imparten comienzan antes de la
fecundación e incluyen, evidentemente, bastante más que la
preparación para afrontar el dolor. Aquí valoramos la
maternidad y la paternidad como uno de los más preciados
tesoros que un ser puede asumir y cuidamos muy mucho la
preparación para ser digno de ese rol.
Tres ríos desembocan en el océano: el Valor, el Plaer y
el Viure. De los tres el más caudaloso suele ser el último, quizás
por estar en el centro quizás por tener su nacimiento en lo más
alto del monte Cor, quizás… Las aguas fluviales llegan al mar
tan limpias y puras como la clara de un huevo… Vaya
comparación, pensaréis… No es mía: en Goig entendemos al río
como manantial desde que nace hasta que muere. Para nosotros
es como la clara que protege a la yema, un envoltorio para una
preciosa fuente de vida, un excluso que acaba fundiéndose con el
incluso para regar tierras y crear matices, para bañar y ser
canal de baño, para dar vida y ser vivero…
Con cada niño que nace renace la vida de todos aquellos
que le vamos a acompañar. No hay fiesta más especial ni
acontecimiento más celebrado. Un recién nacido viene al mundo
con sabor a futuro, con olor a destino… Un pueblo que no
guarnece con flores el mañana puede concluir sus días en un
desierto incoloro. Un pueblo que no cante al camino,
¿escuchará nunca la melodía del horizonte?
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Los paisajes de ribera se encantan con la abundancia de
flora y fauna. Álamos y chopos blancos, tarajes, mimbres, olmos
y fresnos, … Zarzamoras, tapaculeros, madreselvas, vidalva,
emborrachacabras, espinos blancos, … Playitas de piedras
redondas, tierra encharcada, rocas embadurnadas de verde
mohoso, suelos humectados de marrón chocolate, herbajes con
trajes de flores salvajes… Un paraíso donde late la armonía,
donde los espíritus volantes se reencarnan en aves y pájaros que
anidan y crían en libertad: mirlos acuáticos, el martín
pescador, el pechiazul y el ruiseñor, patos y ánades reales,
oropéndolas y carpinteros, …
En Goig no hay patrón ni ley que impida a la madre y al
padre estar con sus hijos tanto como sea necesario…
¿Permisos? ¿Para qué? Se confía, se sabe… En tal sociedad
nadie abusa de sus derechos… Durante el primer año de vida
del bebé existen en cada población centros abiertos donde las
familias con hijos tan pequeños pueden convivir y aprender, en
espacios adecuados, con amplitud de recursos y con tutores
especialistas en la primera infancia. La asistencia, ¿cómo no?,
es voluntaria. ¿Quién va a dejar de ir? ¿En Goig? Nadie.
Existe la creencia entre los Goigeños de que en el
manantial de cada río habita una comunidad de duendes.
Familias de Fonts, que así los apodamos, cuidan con esmero el
flujo del agua, acunan al cauce bebé para que repose su ímpetu,
y preparan cada gota para que asuma su importancia en el ciclo
vital. Cuentan las leyendas al respecto que un Font es un ser tan
diminuto que cabe en una chispa de agua. De color azul
traslúcido esos personajes pueden ganarse una vida gloriosa en
un instante o morir con el río tras una larga espera sin sentido…
Su sueño reside en cuidar su gota para que genere vida. Si lo
consiguen vivirán para siempre… Si no, morirán con el olvido…
En Goig no existen escuelas como tales. Los niños asisten
diariamente a los llamados Llars de Vida, unos centros donde se
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les motiva en los diferentes aprendizajes a la vez que se les guía
para desarrollar sus capacidades. En los Llars se entiende que
para que el niño saque provecho del saber debe aprender no
solo a guardarlo, debe asimilar tanto las formas de llegar a él
como las derivaciones y utilidades que puede darle. Para
nosotros no se trata de educar, se trata de ayudar a crecer. La
distinción entre maestros y alumnos, como tal, no existe: aquí
todos aprendemos de todos, nunca dejamos de crecer y en ese
crecimiento somos condiscípulos. Cuando visiten un llar con su
guía les explicaran otras particularidades de una Educación
muy singular y provechosa.
Cuenta la leyenda que una vez la brisa marina atravesó
el valle de Goig y no pudo regresar. Primero se acostó en
extensas y coloreadas plantaciones de flores y su olfato tuvo un
sueño tan bello que no quiso despertar. Luego sobrevoló bosques
y bosques, rozando follajes espesos y acariciando la baja hierba;
su tacto quedó embelesado y no quiso marchar… Entonces quiso
andar entre los árboles frutales, los huertos y los campos
sembrados y, probando de aquí y de allá, sació su gusto y lo dejó
durmiendo junto al río… Allí la brisa escuchó el sonido de las
aguas, el canto apasionado de peces y ranas saltarines, y
enamoró su oído… La brisa, encantada de tantas alegrías quiso
suplicar al sol la dejara quedarse, pero, al mirarlo, se cegó
temporalmente. Cuando el mar vino a buscarla la encontró ciega
y desvalida. Desde aquel día el valle de Goig tiene a perpetuidad
una invitada de lujo…
En nuestra nación no existen grandes ciudades. Los
núcleos urbanos tienen una superficie máxima determinada y
unos márgenes de población flexibles pero también limitados. Se
considera que esos núcleos deben autogobernarse y que su
dinámica será más ágil y solidaria si la gente se conoce. Nuestra
nación no cuenta con una Capital, entendida como tal. Nuestra
plaza del Parlamento cambia cada año de población. El nuevo
destino se decide por sorteo. Les remito aquí también a las
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explicaciones que pueda darles su guía: el sistema político de
Goig es algo de lo que estamos muy orgullosos.
La sesión se alargó durante casi toda la mañana. Los
asistentes deberían estar agotados del viaje, de las tensiones
previas, de… tantas cosas. Pero nadie se durmió. Sentados o
echados en la arena reposaban algo más que sus cuerpos. Eran
todos espíritus ansiosos de volar y en esa exposición había
mucho más que información… Ante ellos se abría un mundo
donde volar su imaginación más allá de un sueño, un campo
donde asentar sus anhelos y confundirlos con realidades.
Teresa no recordaba haber sentido una paz interior tan
rica en esperanza como la que se estaba desnudando en sus
pensamientos, en su razón, en sus sentidos, … Iba desnudándose
para vestirse con su piel, para mirar con sus ojos, acariciar con
sus manos, besar con sus labios, …, sentir con su corazón… Se
sentía niña, muy niña,… Se sentía como una princesa recién
llegada a su Reino, un paraíso donde todas las cosas y todos los
seres iban a velar por su crecimiento… ¿Recién llegada?
¿Crecimiento? Entonces se dio cuenta: estaba empezando el
parto. Teresa, por fin, ¡iba a nacer!
Durante más de cuatro horas Aina había ido relatando con
voz pausada y suave todo aquello que tras la ventana se
mostraba. De lo visto, de lo vivido y narrado quedarán muchos
detalles por mostrar. No importa: en próximos capítulos ya se
descubrirán. Queda aun mucho libro para escribirlo, queda aun
mucha vida para cantarlo…
Cuando la sesión terminó el cielo azul volvió a mostrarse
en la ventana. Aina los miró fijamente a todos a los ojos… Sí,
como aquel retrato que una galería de arte devuelve al unísono la
mirada a todos aquellos que lo contemplan… Los miró y
concluyó…
-Sé que tenéis muchas preguntas, muchísimas… No voy a
responder ninguna. Llegó la hora, vuestra hora… Partimos hacia
la playa de “Los Guías”. Os desearía suerte, pero no es eso lo
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que necesitáis. Os desearé, pues, que vuestras almas sepan y
puedan encontrar su guía…
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3.2. Un guía para la esperanza: De cómo Teresa escogió de
entre muchos a aquel que debía guiarla en su viaje al
reencuentro.
Ahora sí salieron de la estación. Al hacerlo se dieron
cuenta del porqué desde que llegaron sólo había pisado arena
playera: el tren les había llevado hasta la misma playa.
¡Qué hermoso paisaje! A su izquierda un bosque de pinos
y encinas calzaba zapatos verde hierba, pisando la tierra hasta
que se encontraba con la arena. Una arena reluciente de grano
grande y multicolor alfombraba el vestíbulo para la recepción del
poderoso mar. Éste llegaba hoy despacioso, en una ceremonia
donde las olas restaban un poco más de lo justo para saludar la
tierra. Adentro, un azul diáfano bailaba al son de las corrientes
con aquellas verdes tonalidades que en los zafiros relucen.
La playa estaba llena de figuras: hombres y mujeres,
mujeres y hombres vestidos de negro permanecían de pie,
inmóviles, con los pies medio separados y los brazos en la
espalda invitando a una mano a estrechar dos dedos de la otra…
A Teresa, ahora sí, se le disparó el corazón: sus latidos
marcaron un ritmo veloz como si quisieran adelantar el tiempo
que faltaba hasta EL ENCUENTRO. ¿Iba a encontrar a su Guía?
¿Existía? ¿La iba a aceptar?
Aina se puso delante de la comitiva y, cerrándoles el
paso, se giró y habló:
-Bien… Estamos aquí… Intentad no estar muy nerviosos,
¿vale? Aunque es muy normal que lo estéis. Estamos en esta
playa pues en ella se da una luz muy especial. A través de una
combinación de reflejos, destellos y sombras que nunca nos
hemos preocupado de querer comprender la luz solar se
concentra en esta playa en iluminar particularmente los ojos de
las personas que en ella entramos. Ya sabéis, como se dice: “La
mirada es el espejo del alma”…
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Entrad sin programaros de ninguna forma, dejaros llevar
por vuestras sensaciones. No os dejéis llevar por la primera
impresión, aunque muy probablemente pueda ser la definitiva.
Vuestro guía no tiene porqué ser del sexo opuesto al vuestro, ni
debe tener forzosamente vuestro color de piel, o ser más alto o
más bajo… No os fijéis en los cuerpos, por favor, centraros en
sus ojos. Allí y sólo allí encontraréis, si la hay, la conexión que
os debe unir… Para presentar vuestra candidatura a un Guía os
debéis situar delante y adoptar su misma pose. Sabéis que dos
personas o más pueden optar por el mismo guía. Así, el ritual de
“Conexión” no empezará hasta que todo el mundo esté apostado
ante su elección. Sabréis que el Guía ha aceptado vuestra
candidatura si extiende sus brazos y os convida a tomar sus
manos. Recordad que el Guía elegido puede decidir que os
equivocáis en la distinción y rechazar vuestra oferta. Yo me
quedo aquí, esperando a los que no encontréis hoy vuestro guía
para acompañaros al tren. De los demás me despido ya: Hasta
muy pronto… Una vez estéis conectados a un Guía él o ella será
quién os acompañe durante, al menos, quince días… Pero seguro
que nos veremos.
Adelante, pues, que la Paz os acompañe…
Teresa entró en la playa junto con todos los viajeros,
Volvía a estar extrañamente tranquila. Aunque no encontrara
finalmente a su Guía, ¡había aprendido tantas cosas!
Sin mediar orden de nadie se quitó los zapatos y los dejó
al lado, en la hierba. Quería andar descalza, necesitaba sentirse
conectada con la naturaleza y esa era una manera más que válida
para conseguirlo.
No sabía hacia donde ir pero tampoco quería saberlo. Se
dejó llevar por sus pasos. Iba acercándose uno a uno, o a una, a
cada Guía y se quedaba un momento dejando que las miradas se
cruzaran. No iba a ser fácil, no estaba encontrando una sola
mirada que no brillara, que no inspirara confianza, que no fuera
limpia y cálida…
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La playa estaba muy llena y era difícil caminar sin chocar
con nadie. Habría unas… ¡Qué más daba! ¿Se iba a poner ahora
a contar? Debía abstraerse de cualquier distracción e ir a lo suyo,
a lo verdaderamente esencial.
Se dio cuenta enseguida. Sí, al instante. Aunque no quiso
finiquitar aun la búsqueda y siguió paseando ya no pudo embeber
armónicamente su visión con otras retinas. Esos ojos, Dios,
nunca había tenido esa sensación con nadie… Esos ojos le
habían sonreído… Eran de color caramelo, grandes y preciosos,
con unas pestañas que parecían flecos de tapices persas… Pero
nada de eso era trascendente… Teresa giró sus pasos y volvió a
buscarlos… No, no estaba errada: esa mirada la estaba
sonriendo… Teresa no necesitaba más: de pie, delante de ese
mágico recibimiento, escondió sus brazos a la espalda e invitó a
una mano a estrechar dos dedos de la otra. Había presentado su
candidatura.
Cuando miras fijamente a los ojos de alguien todo lo
demás, el entorno de lo que importa, de tu centro visual, aparece
como borroso pero perceptible. Mientras esperaba a que los
demás terminaran su ronda de escrutinios Teresa no dejó ni un
momento de alimentarse de la complicidad que esos ojos la
ofrecían, pero no pudo desconectar totalmente su curiosidad por
los marcos de tan cálido cuadro…
Se trataba de un hombre bastante alto, delgado pero de
complexión fuerte. Parecía mayor que ella, pero no demasiado.
Era o había sido moreno: sus cabellos negros azabache brillaban
ya con centellas algodonadas por la edad. Espesas cejas parecían
marcar una personalidad importante y su nariz, sin ser helénica,
no destacaba por ser nada más que normal. Sus labios, uf,
dibujaban unas formas y una contextura que… Una tentadora
cortina de seda tejida con ternura que debía esconder un beso,
unos besos de ensueño…
Teresa no pudo evitar sonreírse… “Anda, que el sol me
está dando más debajo de los ojos…” Siempre fue una mujer
apasionada pero, en esos momentos tan importantes de su vida,
mira que pensar en besos… Entonces se dio cuenta: ya no sólo
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eran los ojos de su presunto Guía…, en su boca se dibujaba
también una sonrisa. Y Teresa se sonrojó…
-La ronda de presentaciones ha concluido- La voz de
Aina resonó tal como si hubiera hablado por megafonía- Os
ruego a los Guías que respondáis a las candidaturas.
No era seguridad, tampoco presunción, pero Teresa sabía
lo que iba a pasar, tenía muy claro que la Conexión se había
establecido ya…
Y así fue: el Guía extendió los brazos y ofreció sus
manos. Teresa, sin dudarlo, se las tomó.
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3.2.1. Camino a casa: De cómo las distancias parecen cortas
cuando se camina en buena compañía…
Teresa no recordaban que ella hubiera aguantado ni que
nadie le hubiera aguantado la mirada tanto tiempo como el Guía
y ella llevaban. El Guía…
-¿Cómo te llamas?- preguntó Teresa.
-Raimon. En Goig Raimon Corazón Bravo…
-No entiendo… Aina se apellidaba Lago y Fuego, tú
Corazón Bravo, ¿de qué tribu india sois? ¿Sioux?... Ay, perdona,
es broma…
-No importa, me encanta el sentido del humor… ¿Sabes?
Desde siempre en Goig se han acogido costumbres de otros
pueblos y culturas lejanos que se haya considerado que puedan
enriquecer la propia. Esa costumbre, la de unir tu nombre con
dos conceptos o cualidades que te definan, arraigó aquí hace dos
siglos. Pero ese privilegio hay que ganarlo. Tú eres ahora mismo,
simple y llanamente, Teresa…
-¿Cómo sabes mi nombre?
-Pablo me avisó que venías. Somos muy amigos y me
conoce bien.
-¿Y te dijo quién era? ¿Cómo era?
-No, simplemente me hizo llegar una nota con el tren.
Decía: “Viene en este tren. Se llama Teresa”
Teresa se quedó callada. No entendía… Pero, ¿Para qué
tenía que entender nada?
Se habían quedado solos. Seguían allí de pie, cogidos de
las manos… Raimon se dio cuenta y propuso marchar…
-¿Vamos?
-¿A dónde?
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-A tu casa, hay que ayudarte a formar un hogar…
Empezaron a caminar por el camino que atravesaba el
bosque que abrigaba la playa. Teresa tenía muchas preguntas por
hacer y quiso empezar, pero Raimon, con el índice en los labios,
la invitó a callar…
-Ssss, escucha, sólo escucha…
La música ya lejana de las olas rompiendo la arena se
mezclaba con el silbido de la brisa fregando las ramas de los
árboles, las cuales, al danzar y chocar entre sí, provocaban un
encuentro de hojas primaverales que percusionaban a un ritmo
suave, muy suave. Coros de aves y pajarillos de diferentes
especies dibujaban la tonada en un pentagrama lleno de colores y
olores que provocaba un vergel de sensaciones.
Cuando salieron del bosque Raimon rompió el silencio:
-Si no aprendes a escuchar con todos los sentidos a la
naturaleza nunca podrás escucharte a ti misma.
-No, si…me encantó, de verdad… Fue…
-Lo sé: único… ¿Te das cuenta? Como tú, ¿no?
Las preguntas obvias no esperan respuesta y Teresa fue
respetuosa con esta consigna. Caminaban por un camino que
cortaba dos prados, a la izquierda un jardín de árboles frutales y
a la derecha un dorado pasto de trigo.
-¿Tienes hambre?- preguntó Raimon.
Teresa asintió con la cabeza. No había comido nada
desde… Raimon la cogió de la mano y siguieron andando un
corto tramo de camino. Él no dejaba de mirar a la izquierda.
Cuando encontró lo que buscaba estiró a Teresa y los dos
entraron en el prado de los árboles frutales. A veinte pasos había
una enorme higuera. A sus pies se estiraba una estora rectangular
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hecha de… ¿lino?. Encima la estora había un cesto de mimbre y
un cántaro.
-Los campesinos de Goig dejan siempre aquí y allá
merenderos preparados por si el viajero tiene hambre. ¿Qué te
apetece? A ver, tenemos higos, manzanas, peras,
melocotones,…, ¿fresas?
-Es que estoy tan asombrada… ¿Y no hay que pagar
nada? ¿Unas fresas y un par de melocotones?
-Esos frutos nacen de la sangre de la tierra… Del sudor
de los hombres y mujeres que lo han cuidado todo para que
puedan nacer, sí, pero sin ese cielo que les regaló su agua, sin las
abejas que transportan las simientes, sin el árbol o la planta que
se esforzó para trasladar el alimento a todas sus partículas,… ¿A
quién o a qué hay que pagarle? Ahora vengo… Más adelante ya
te explicaré como funcionamos aquí con esas cosas…
Raimon cogió el cesto y se puso a recoger… Teresa
aprovechó para beber un poco de agua del cántaro y se puso a
pensar… ¿Por qué cosas tan sencillas cómo las que empezaba e
descubrir aquí en Goig le parecían tan extrañas? ¡Cuánta lógica
había en todo aquello que Raimon le iba narrando! ¡Cuánta
bondad! Realmente en el mundo donde había vivido todos
aquellos principios religiosos y morales que desde pequeña había
escuchado no eran más que eso: principios teóricos que pocas
veces iniciaban la ronda que en su esencia bosquejaban… Desde
luego en la Tierra de Nunca Jamás la bondad no era un bien
común como parecía ser en Goig…
Raimon volvió con el cesto medio lleno…
-He recogido lo justo para empezar. Si después tenemos
más hambre ya iré a buscar más… ¿Sabes? A veces
consideramos las cosas que la naturaleza nos da como regalos
gratuitos y las tomamos sin medida, sin darles más valor que el
que tiene lo que ya era tuyo. No debe ser así. Nunca debemos
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dejar de agradecer lo que se nos ofrece y siempre debemos tomar
lo justo, ni más ni menos.
Estuvieron comiendo en silencio hasta que los dos
terminaron…
-¿Te quedaste con hambre? – preguntó Raimon.
-Estoy bien, gracias, mil gracias, doscientas mil
gracias,…
Teresa estaba muy conmovida y las lágrimas empezaron a
brotar de sus cansados ojos… Raimon se dio cuenta de lo que
pasaba…
-Debes estar agotada… ¿Cuánto hace que no duermes?
¿Quieres echarte una siestecita?
-No me digas ahora que los campesinos han dejado una
hamaca colgada de los árboles para el viajero…-respondió
mezclando risa y sollozo Teresa.
-Anda, ven aquí, debes descansar un rato… Están siendo
demasiadas cosas…
Raimon se sentó en el suelo. Con la espalda pegada al
grueso tronco de la higuera y las piernas abiertas invitó a Teresa
a acomodarse con su cuerpo. Ella se sentó entre sus piernas y,
apoyando su espalda en aquella almohada tan tierna y su cabeza
en aquel pecho tan dadivoso, cerró los ojos. Mientras la goma de
los sueños empezaba a borrar sus pensamientos notó como las
manos de Raimon soltaban sus dedos para que pasearan y
jugaran entre sus cabellos. Con esa maravillosa sensación acunó
su cansancio y se quedó dormida…
…
La despertó una canción, una balada dulcemente
depositada en su oído…
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Somewhere, over the rainbow, way up high.
There's a land that I heard of once in a lullaby.
Somewhere, over the rainbow, skies are blue.
And the dreams that you dare to dream
really do come true.
Era Raimon. ¿Cómo sabía que esa canción…? No, no iba
a preguntarlo…
-Has dormido bien, ¿sí? Ahora deberíamos partir. Se va
haciendo tarde.
Levantaron el “campamento”, dejando todo tal cual lo
habían encontrado, y partieron… Mientras seguían el camino
Teresa y Raimon no pararon de hablar. Dieron curso a la
necesidad de ir conociéndose y ambos fueron contando vivencias
y detalles de su vida anterior, pedacitos de aquella historia que
nos convierte en quienes somos.
Cuando empezaba ya a anochecer divisaron un poblado.
Para llegar solo les quedaba cruzar un puentecito de madera que
atravesaba el río que fluía pegado a las casas.
-Estamos llegando – dijo Raimon.
-Pues estamos muy cerca de la playa, ¿no?
-Tan cerca como diecinueve kilómetros y cinco horas de
marcha.
-Vaya, pues, se me hizo corto…
- Las distancias parecen cortas cuando se camina en
buena compañía…
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3.2.2. Hogar dulce hogar: De cómo pueden bastar cuatro
paredes bien colocadas para ubicar tu morada...
Hasta donde alcanzaba a ver el pueblo al que llegaban
estaba rodeado de campos de flores y plantas: rosas, flores de
alhelí, salvia, romero, albahaca, hierba luisa, petunias, orégano,
lavanda, jazmines, tomillo, menta, melisa, madreselva, lilas,
jacinto, gardenias, damas de noche, …¿y esa? ¿No era esa la flor
de la vainilla? Teresa iba a preguntar, pero Raimon estaba
ocupado: había entrado en un prado y allí arrancó una flor y la
traía en la mano…
-Nunca hacemos esto, pero entendemos que en casi todo
puede haber excepciones… Una flor de la vainilla lucirá
deliciosa en esos cabellos de castaño juvenil – argumentó
Raimon colocándole la flor en su pelo, justo por encima de una
oreja, como si además de olerla pudiera escucharla…- Estás
preciosa, ahora ya podemos ir para casa.
-¿Sabes? Me encanta el olor a vainilla…
-Sí, lo sabía… ¿Vienes?
-Sí, tanta flor, esa mezcla de olores… ¡Qué hermoso es
todo!
-En Goig cuidamos mucho la entrada a las poblaciones, el
acceso a cada hogar. Todo debe estar diseñado para una cálida y
sentida bienvenida, y no existe viajero que regrese sin sus
sentidos… ¡Vamos!
Cruzaron el puente y accedieron al pueblo. Las casas eran
blancas, de una sola planta, la mayoría no muy grandes pero
todas con amplios jardines que podían abrir más espacios… Los
tejados inclinados, de color teja, guardaban todos una salida de
humos. Grandes ventanales con compuertas de madera abierta
guardaban en su falda colecciones muy diversas de macetas con
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plantas y flores… Le hubiera gustado dar un paseo, pero Raimon
la agarró otra vez de la mano y la invitó a…
-Hemos llegado. ¿Entramos? Bienvenida a tu casa.
Entraron. Teresa delante y detrás Raimon, tapándole los
ojos con las dos manos. Cuando la descubrió Teresa observó con
atención lo poco que había para observar. Para ella, que ocupaba
en Sevilla un piso de 120 m2 decorado palmo a palmo con
esmero y vocación, el espacio era tan pequeño…y tan vacío de
objetos y muebles… Pero no estaba ni mucho menos
decepcionada. Ya nada de lo que encontrara en Goig podía
desilusionarla.
Teresa comenzó a pasear despacio por la casa. Ante ella
se presentaba una sala cuadrada, amplia y abierta. El suelo era de
madera. Muy clara… ¿de haya? Quizás. Apoyada en una pared
había una cama de matrimonio, con un colchón grueso vestido
con sábanas de algodón de color crema y una frazada estampada
con motivos florales preciosa. Tres o cuatro almohadas
coronaban el lecho. A un lado una mesita de noche que sostenía
una lamparita y un libro. En la pared, en esa pared, colgaba una
colección de fotos de… su vida…
-¿Cómo habéis…? – Teresa miró a Raimon y este levantó
los hombros y sonrió.
Siguió paseando. Enfrente de la cama, a cuatro pasos, una
agrupación de sofás colocados en forma arqueada, como una
sonrisa amplia, miraban a la pared de enfrente, donde un amplio
ventanal ofrecía vistas al… al río. Parecían cómodos. Teresa se
sentó en uno de ellos. Sí, lo eran, mucho. Luego se levantó y
prosiguió con su excursión. Había dos paredes laterales. En la
que quedaba a la izquierda de la puerta de entrada había un
ventanal de salida. Estaba abierto y Teresa pudo ver que daba a
un jardín. Más tarde iría a visitarlo.
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En la otra pared había otro ventanal de salida, pero éste
estaba cerrado. Teresa lo abrió y salió para afuera. Había
accedido a un pequeño invernadero. Estaba vació, pero, ¡que idea
más hermosa! Ya se ocuparía ella de llenarlo.
Volvió entrar a la casa. En una esquina, allá donde se
cruzaban la pared de la cama y la del invernadero, había una
habitación rectangular, no muy grande… Entró y comprobó que
allí estaba el aseo: un inodoro, un bidet, un lavabo y, jo, una
bañera esquinera grande y hermosa…
Ya quedaba poco… A ver, sí… Frente a la pared que
daba al jardín había una mesa y una silla. Encima de la mesa un
bloc y una bolígrafo.
Teresa se dio la vuelta y volvió a observar. Faltaba
algo… Se giró mirando a Pablo y preguntó:
-¿No hay cocina?
-No, querida, durante estos días que compartirás con
nosotros la gente de Goig nos ocuparemos de tu alimentación. Y
de la mía, claro, pues estaré pegadito a ti. ¿Tienes más
preguntas?
Teresa pensó en lo que acababa de escuchar y, mirando
hacia la cama, la atacó una duda:
-Y… Tú… ¿dormirás conmigo?
Raimon se rió y, acariciándola en la cara con una mano,
respondió:
- ¡Santa inocencia! ¡Claro que no! Yo dormiré en la casa
vecina… - y señalando hacia la ventana del jardín añadió- ¿Ves?
Aquella de allá. Es de unos amigos y me tendrán invitado unos
días. ¿Más preguntas?
Teresa suspiró, no teniendo claro si por la alegría o por la
decepción, y negó con la cabeza.
57
-Bien, pues ahora siéntate conmigo en el sofá y te contaré
en qué consiste para los habitantes de Goig formar un hogar.
Lo más importante para tu hogar debe ser tu presencia: tú,
pues si no estás tú, si no te sientes ubicada en él, si no te sientes
bien y tienes ganas de marchar… ¿Qué clase de hogar has
construido?
Luego está tu historia, tus recuerdos, algo que no puedes
borrar, que forma parte de ti y te guste o no estará presente allí
donde vayas. En esta casa lo hemos simbolizado con todas esas
fotos que trajiste…
-¿Qué yo traje? Pero si…
- ¡Es broma! Las trajo… Ji, ji, ji… ¿Qué más da?
Seguimos. No te fijes para nada en el orden que sigo en
mis explicaciones como algo trascendente. Todo lo que voy
narrando es importante,
La cama debe ser cómoda y amplia. El descanso es
importantísimo tanto para tu salud física como mental. Aquí te
hago un inciso: no has salido al jardín aún. Cuando salgas verás
que hay una bicicleta. Con ella queremos decirte: cuida tu
cuerpo, haz ejercicio, es vital para tu salud integral. ¿Vale? Bien.
¿Por qué una cama amplia? ¿Por si te engordas? Noooo… Eres
una mujer sana y adulta y si quieres o lo necesitas debes poder
compartir el lecho, el sueño y tu sensibilidad con quien
consideres… Aquí en Goig no nos gusta usar ese término tan
degradado que en Nunca Jamás reina por doquier: “sexo”. Por
nuestra forma de ser, de querer y de amar cuando una pareja
decide fusionar sus cuerpos no sólo llueve deseo y sudor, su
conexión se empapa de ternura, de sensibilidad, de juego, de
sentimientos encontrados, de amor… Aquí nos gusta decir que es
como una partida donde los sentidos son las fichas, el tablero es
el corazón y el alma la jugadora.
58
“Uf”, Teresa suspiró otra vez. Llevaba tanto sin poder
jugar… Y tal como lo contaba Raimon, sonaba tan bello… Pero,
“uf”, Raimon la estaba mirando… Se reía otra vez… Teresa se
sonrojó de nuevo y con la mirada invitó a su amigo a seguir…
-“Uf”, ¿verdad? No te preocupes. Los hombres también
sentimos. En tu tierra quizás no todos. Aquí, en Goig, no hay
exclusión ni distinción de género en la forma de entender el
amor.
Pasamos a otro tema. “Corramos un tupido velo”, vaya
tonto el que inventó esa frase…
La ventana al jardín, al exterior. Un hogar que no quiere o
no sabe conectar con el entorno no puede ser tal. No sólo el
entorno social, también el natural. Si quieres realmente fundar un
hogar armónico debes cuidar tu equilibrio… y éste se sustenta
entre otras cosas de la calidad de tu interrelación con la
naturaleza y de cómo cuides a tu entorno social emocionalmente
más próximo y de cómo te cuide él a ti. ¿Comprendes?
Teresa asintió con la cabeza. ¿Cómo no iba a entenderlo
si esa, la relación con los demás, había sido la gran cruz de su
vida?
La media luna de sofás va en la misma línea. Nadie está
completo si se siente cojo en las relaciones con la gente que
quiere. Sobre este tema, que sé que te preocupa, ya hablaremos,
¿sí? Lo que quiero que entiendas es que nadie puede formar un
verdadero hogar si lo encierra con barrotes. En el hogar de cada
uno debe haber un lugar cómodo para los invitados de nuestro
corazón.
Otra cosa esencial es el invernadero. Un lugar donde uno
pueda resguardar su intimidad, donde uno pueda convivir con su
soledad. Sí, la soledad, el poder mantener un espacio y un tiempo
para acompañarnos a nosotros mismos, para cultivar nuestro Yo
interior, para dar vuelo a los sueños secretos, para mimarnos,
para preocuparnos, para llorar lo perdido y reír lo ganado, para…
Tantas cosas… Tendrás tu invernadero, pues, y sé que ardes en
deseos de cuidarlo, de cuidarte… ¿o no?
59
Teresa volvía a estar emocionada. Asintió con la cabeza
pero en sus ojos no podía dejar de mostrar su miedo al pasado, su
tristeza por descubrir tan tarde lo que tanto tiempo le faltó…
-Nunca es tarde, vida
Raimon ladeo su cuerpo y ofreció sus brazos, abiertos
cual cofre listo para esconder las penas. Teresa se abrazó a él y
apoyo su cara en su pecho. Oía sus latidos, calmos, sentía su
olor, sereno, a hogar, pero sentía sobretodo su paz. Y no pudo
evitarlo: un llanto fértil y caudaloso surgió de muy adentro y
desnudó por completo ese intenso dolor que tanto tiempo llevaba
enterrado. Raimon no dudó en abrazarla muy fuerte y, tras
besarla varias veces en la frente, con sus brazos la balanceó
como si la estuviera acunando.
-Todo va a ir más que bien. Eres muy valiente. Me tienes
asombrado. Va a ser un nacimiento precioso.
Estuvieron mucho tiempo en silencio, abrazados al tierno
calor del cariño. Cuando Teresa se separó miró fijamente a
Raimon: él tanbien tenía los ojos llorosos, húmedos de esa afable
empatía que estaba demostrando llevaba soldada al alma.
Entonces fue Teresa la que, cogiendo su cara con ambas manos,
le besó en la frente y luego le susurró al oído:
-Gracias, por existir, por estar aquí, por querer guiarme
y… por sostenerme…
-Gracias a ti, por llegar a Goig, por llegar a mí.
-¿Te quedaba algo por explicarme? Del hogar dulce
hogar…
-Sí, un par de cosas y terminamos. Luego nos dará un
tiempo para pasear por la ladera del río antes de cenar.
-¿Dónde cenaremos?
-Aquí al lado, en casa de mis amigos. Nos esperan. Son
una gente encantadora, muy joven aún. Se conocieron aquí, hace
60
5 o 6 años, y decidieron formar una familia y quedarse a vivir en
Goig. Tienen un niño de 3 añitos y una bebita de meses. Te
gustará, ya verás…
-Acabas de contarme, pues?
-Sí, claro…
Raimon le habló de la mesa y la silla, del bloc y el
bolígrafo. Le contó cuan importante consideraban en Goig el
hecho de encontrar sino cada día a menudo el tiempo necesario
para ordenar las ideas, para reflexionar no solo sobre los hechos
o problemas cotidianos sino que también sobre los pasados y los
futuros. Mucha gente en Goig llevaba a cabo esa labor
escribiendo un diario.
Luego comentó el porque en todas las casas se daba
mucha importancia a la higiene, centrando su templo en esas
espléndidas bañeras… “Ya no por el hecho de mantener tu
cuerpo limpio, también porque aquí entendemos que un baño con
sales y esencias implica un relax difícil de igualar”.
-¡Y ya está! Bueno, quedan muchos flecos pero ya iremos
tratándolos en los próximos días… ¿Te vienes a pasear?
-Claro que sí, vamos.
-
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3.2.3. En la Plaza del Parlamento: De cómo un pueblo que
sirve fielmente a su nación ve recompensada su unión...
A la mañana siguiente el piar de unos pájaros en la
ventana despertó a Teresa. Al abrir los ojos pasó revista a todo lo
que la rodeaba… No, no había sido un sueño.
En la mesita de noche alguien había dejado una bandeja:
tostadas, mantequilla, potitos de mermeladas de diferentes frutas,
una tazón grande con café con leche y…una flor. “Vainilla,
claro”, pensó. “Qué encanto. Raimon, claro”, concluyó.
Después de desayunar se dio cuenta de que durante la
noche habían dejado un armario. Vaya noche, ni se enteró. Había
dormido cómo hacía muchos años no recordaba. Abrió el
armario y vio que estaba lleno de ropa de mujer. En la parte
superior vestidos, faldas, blusas, camisetas,… Abajo dos cajones
con… ropa interior. ¿Cómo sabían sus medidas? Uf, mejor no
preguntar, ja, ja, ja…
Antes de vestirse fue al aseo. Se lavó la cara y los dientes,
se cepilló el cabello,… No iba a ducharse, la noche anterior,
antes de irse a la cama, estrenó aquella bañera tan deliciosa.
La noche anterior… El paseo por los sonidos ribereños, la
apetitosa cena en casa de Rodolfo y Adriana… ¡Qué buena
gente! Y luego Raimon, acompañándola hasta la puerta… Uy,
como deseó besarlo… Cómo deseó invitarlo a entrar… Pero no,
estaba agotada y seguramente aun no estaba preparada. Si nunca
llegaba a hacer el amor con él quería darlo todo, anhelaba
poderse mostrar totalmente desnuda, en cuerpo y alma. Antes
debía acabar de comprender… Entender el pasado, aprender a
perdonarlo, asentar el presente y, que bien sonaba, pincelar el
futuro en sus sueños. ¡Quería Nacer!
¿Qué debía ponerse? ¿Qué quería ponerse? Volvió a abrir
el armario y estuvo viendo, tocando… ¡Ese vestido verde! ¡Qué
estampado tan hermoso! Parece un campo de flores…
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Justo cuando ya estaba lista llamaron a la puerta.
¿Cómo…? Va… Teresa abrió y se encontró con Raimon. ¡Qué
guapo estaba! Al menos a ella se parecía… Y es que en el
sentimiento de la belleza también suele mandar el corazón…
Raimon llevaba un pantalón de lino de color crudo y una
camiseta estampada… ¡igual que su vestido! ¿Cómo…? Ya
basta, no iba a pasarse el día interrogando la ilógica de lo
fascinante…
- Buenos días, hermosa pradera. ¿Has descansado bien?
- Divinamente, ¿no me ves la cara? ¿Y tú? Gracias por el
desayuno…
- ¿Yo? He dormido como un angelito en nubes de
algodón. ¿Te apetece una primera visita? Hoy no nos moveremos
del pueblo…
- Me apetece mucho. ¿Dónde vamos?
- A la Plaza del Parlamento.
- Vamos, pues…
Salieron a la calle y empezaron a pasear. Por el camino
iban cruzándose con gente que los saludaba, sin excepción: con
una ancha sonrisa, con una mirada alegre, con una palabra
afable… Niños, jóvenes, adultos y ancianos…, nadie pasaba de
largo haciéndote sentir invisible. Qué sensación tan diferente de
la que te hacían vivir en las calles del mundo de donde venía.
Todo el mundo vestía de colores: algunos mezclados en
estampados sugerentes, otros brillando por sí mismos.
Enmarcados por paredes blancas, pisando un asfalto de tierras
vírgenes engomadas en puntos diversos por céspedes silvestres, e
iluminados por un sol que, a media escalera, seguía subiendo
hacia su trono, el paseo matinal de los goigeños lucía como una
pintura impresionista de excelsa belleza.
-¿Cómo se llama este pueblo? – preguntó Teresa.
- Gaudi.
- ¿Y conoces a todo el mundo? Todos nos saludan…
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.- La verdad es que no. Nos saludan porqué siempre es un
placer cruzar tu camino con alguien. A muchos sí, pero ¿a todos?
No. Yo vivo en otro pueblo, más cerca de las montañas. Allí sí
que los conozco a todos…
-Y, el nombre del pueblo, ¿es por el arquitecto?
-¿Qué dices? No. Aquí en Goig no existe pueblo, lugar o
calle que lleve el nombre de alguien. Partimos de la base de que
todos y todas somos muy importantes, importantísimos… Si
hubiera que poner el nombre de todas las personas a… Uf…
Mira, ya se me contagió tu expresión… Uf…
Gaudi no lleva acento en la “i”. La Fundadora de Goig
fue una mujer catalana: Clara Albesa. En honor a ella tenemos
muchos nombres en su lengua… Goig significa “goce”, Gaudi
equivale a “disfrute”, el río Plaer, que es la equivalencia de
“placer”, “Cor” implica corazón, etc.
Mira, ya llegamos. Bienvenida a la Plaza del Parlamento.
Teresa observó el lugar que ante ella se abría… Era una
plaza grande y redonda rodeada de casitas blancas y… Vaya,
como todas las que había visto en Gaudi… Y…
-¿Y el Parlamento? ¿Dónde está el Parlamento?
-¿No lo ves? Esto es el Parlamento – respondió Raimon
y, ante la mirada incrédula de Teresa, añadió – la plaza es el
Parlamento.
-¿La plaza?
- Sí, te explico. En Goig no existe un Centro
Gubernamental, una capital de la Nación. Todas las personas son
igual de importantes luego todas las agrupaciones, los pueblos, lo
son también.
Así las cosas no deja de ser necesario un punto de
reunión, un lugar donde tomar decisiones cuando hay que
tomarlas. Y ese lugar son las plazas del Parlamento. En todas las
poblaciones las hay. Esas plazas sirven para reuniones locales y,
cuando a un pueblo le toca ser el Centro de Pactos, en su plaza
de desarrollan las asambleas nacionales.
64
-Pero, –intervino Teresa- en esta plaza caben muchas
personas…, muchísimas.
-Y es que son muchísimas las personas que tienen
derecho a decidir, todas. Todos los habitantes de Goig tienen el
mismo derecho.
- Y así ¿os podéis reunir aquí miles de personas y hablar
tan tranquilamente?
- Sí, espera. Quédate aquí un momento…
Raimon comenzó a andar y, cruzando la plaza, se situó
justo en la parte más lejana. Una vez allí…
Me escuchas perfectamente, ¿verdad? Estoy hablando
normal, como si te tuviera al lado. No me preguntes porqué, ni
como, pero el urbanista que diseñó las plazas del Parlamento de
todas las poblaciones consiguió una acústica ideal para la gente
como nosotros, gente, no lo olvides, que no nos gusta gritar.
Espera, ya vuelvo…
Mientras Raimon regresaba Teresa se fijó en la forma de
la plaza… Estaba claro, pero debía preguntar. Así, cuando lo
tuvo al lado…
-Y la plaza es redonda por…
- Lo sabes, ¿verdad? La lógica de los Caballeros de la
Mesa Redonda: no hay lugares privilegiados.
-Y, ¿cómo se decide qué pueblo es el Centro de…?
- De pactos…, por sorteo. Y cuando un pueblo lo ha sido
sale de la lista a sortear hasta que todos los demás hayan tenido
su oportunidad.
- En la exposición de la llegada Aina dijo que teníais la
Constitución más antigua… Dijo también que tenía un solo
artículo…¿Dónde la guardáis?
- En cada pueblo hay una copia. ¿Qué donde la
guardamos? En casa de un vecino. Como es de todos…
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- ¿Te estás riendo de mí?
- No, para nada. Mira, ven… -y Raimon cogió de la mano
a Teresa y la llevo hasta un poste donde colgaba una lista –
Ahora mismo la Constitución está en casa de Nuri Mamá Feliz…
No te rías… Ya veremos que apellidos te ganas tú…
Si un vecino de Gaudi necesita la Constitución para lo
que sea irá a buscarla a casa de Nuri, luego vendrá aquí a apuntar
su nombre y luego se la llevará a su casa.
Se hizo un corto silencio. Parecía todo tan sencillo y, a la
vez, era tan increíble…
- Pero, ¿no resulta un lío? Tanta gente, ¿no quieren hablar
todos?- preguntó Teresa.
- Tienes que mentalizarte dónde estás y como es la
tipología de la gente de este lugar. En esas reuniones habla
únicamente quien cree que está capacitado para dar una opinión,
un consejo, una alternativa, …algo que sea realmente importante.
Nunca hubo problemas ni se alargó una asamblea más de la
cuenta. Cuando un tema se ha cerrado se vota, si hace falta, o no,
si se constata unanimidad.
-¿Y cómo se vota?
- Generalmente no suele ser necesario pero si lo es
entonces se pide a la gente se coloque a un lado u otro de la
plaza, según sea su opción. Si se ve entonces una clara
inclinación se decide, pero si se intuye que hay dos grupos muy
igualados, entonces se vuelve a plantear el tema de otra forma,
pues aquí creemos que tomar decisiones que dividen en demasía
a la población no es políticamente correcto.
- Una creencia muy acertada. Oye, ahora que me acuerdo,
te quería preguntar: ¿Cómo es que enviáis a la Presidenta
Honorífica del Gobierno a recoger a los recién llegados?
Raimon se rió con ganas…
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-¡Caíste! ¡Todos caéis! Sí, Aina es la Presidenta
Honorífica…, y yo el Presidente Honorífico… Todos los
goigeños mayores de 18 años lo somos… Es una forma de
conseguir que todos y todas estemos y nos sintamos más
implicados en el Gobierno de la Nación… Perdona la risa… Tu
pregunta era muy lógica. ¿Hay más cuestiones?
- Ya no sé si atreverme – respondió Teresa.
Ahora se rieron los dos.
-Entonces, no hay ministerios, ni gobernadores, ni…
¿Nada?
-Tanto como nada no… Hay comisiones estatales y
locales que se especializan en diferentes campos: educación,
sanidad, agricultura, pesca, cultura, sanidad… Están formadas
por la gente que más entiende… Aquí, eso de que dirija la
Sanidad un abogado y la Educación una farmacéutica, por decir
algo, nos parecería un mal chiste. Esas Comisiones se reúnen
cuando hace falta y si lo consideran oportuno convocan a las
asambleas nacional o local, o sea las que se hacen aquí, con
todos…
Hay algo que debes entender: una Nación en la que todos
sus ciudadanos se sienten integrados, importantes, útiles y
sobretodo involucrados acaba funcionando bien casi por
inercia… Y aquí llevamos muchos años con este sistema. Por
ponerte un ejemplo: yo formo parte como experto de las
comisiones nacional y local de Educación… Hace dos años que
no nos reunimos. No hizo falta… ¿Comprendes?
- Sí, claro, es tan elemental…- Y teresa se quedó
pensando un instante, para seguir…- Oye, paseando por el
pueblo no he visto policía…No la hay, ¿verdad? ¿Y leyes? Un
Código Civil, un Código Penal,… ¿Algo?
- Ese algo que preguntas tú sabes donde está, ¿verdad? En
tu actuar, en tu vida, ¿has necesitado nunca alguna ley escrita,
algún código que te diga dentro de qué límites debes moverte?
- Ese algo está en mi conciencia, en la vuestra, ¿no?
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- Aprendes a leer muy rápido. Escúchame, ¿Te ha sido
fácil llegar hasta aquí? Y una vez aquí, ¿Tenías claro que ibas a
encontrar un Guía? Y, ahora que lo tienes, piensas que ya te has
ganado tu ciudadanía?
- ¿Fácil llegar? Uf, necesité toda una vida…
- Tú y la mayoría de los que llegan. Y no todos consiguen
su Guía. Y de los que lo consiguen, no todos logran quedarse.
¿Vas entendiendo?
- Hay muchos filtros…
-Sí, para los que vienen de fuera. Luego están los que
nacen aquí. Ellos ya no necesitan ser filtrados pues crecen con
ese saber y con una conciencia sana.
- Aquí no necesitáis que nadie os muestre un libro donde
ponga que no has de robar, matar, faltar al respeto… Y,
evidentemente, la policía aquí sobraría, se aburriría…
Un nuevo silencio aparcó el diálogo en la era de la
reflexión. Para Teresa estaba todo muy claro… El Sistema de
Gobierno de Goig era… ¡glorioso! Pero en otras partes resultaría
imposible… Sin esos filtros, los lobos… Entonces se acordó de
Pablo…
-Raimon, ¿por qué volvió Pablo a Nunca Jamás?
-Pablo tiene familia, hijos, nietos… Si vida está allí. Aquí
puede volver siempre que quiera, de visita, pero allí está su
mundo, junto a los suyos. Pero, ¿sabes?, su alma es ya goigeña y
en Nunca Jamás realiza una labor muy provechosa para Goig.
Para nosotros es como…
- Un Profeta, ¿verdad?
- Sí, y para mí, además, un gran amigo…
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3.2.4. De la casualidad a la causalidad: De cómo puede existir
una sincronización que conduzca dos vidas a encontrarse...
Teresa miró fijamente a Raimon y se quedó pensando.
Quería preguntarle algo… Aún sin entender porqué para ella
resultaba importante saberlo…
-Y tú, ¿Te quedarás para siempre aquí?
-No, querida, sólo estoy de paso. También tengo hijos,
¿sabes? Y los necesito… Y me necesitan…
-¿Y entonces? ¿Por qué no has vuelto?
- Uy, esa respuesta debe ser larga. ¿Terminamos ya la
visita a la Plaza del Parlamento? ¿Tienes más preguntas?
-No, de momento, no.
-Ya habrá tiempo. Si quieres nos sentamos en un banco.
¿Quieres tomar algo? ¿Agua? ¿Un zumito?
- Hombre, sí… Pero no veo ningún bar…
- ¿Para qué queremos bares?
Raimon se acercó a una casa que tenía la puerta
entreabierta y llamó, golpeando la madera con los nudillos… Al
cabo de poco abrió una chica…
- Hola, ¿querías algo?
- Pues sí, si no estás muy ocupada y no te representa
mucha molestia, ¿nos podrías ofrecer un par de vasos de zumo
de… de lo que sea?
- Pues claro que sí. Será un placer.
Cuando Raimon llegó con los zumos Teresa estaba muy
sorprendida…
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- ¡Vaya cara que tienes! ¡Pobre chica!
- ¿Por qué? Esa es otra costumbre de Goig: la
hospitalidad. Si la puerta hubiera estado cerrada no hubiera
llamado, pues indicaría o que no había nadie en casa o que
necesitaban intimidad… Una costumbre que sorprende al
principio, sí, pero es linda, ¿no crees?
-Desde luego.
- Oye, te responderé muy escuetamente a tu pregunta y
más tarde o en otro momento, si te interesa, seguiremos hablando
del tema, ¿sí? Se está haciendo tarde y nos esperan a comer en
casa de Miquel Àngel y Mónica… Luego a la tarde: visita al
Templo…
- ¡Que bien! Me apetece muchísimo… A ver, cuenta…
- Me preguntaste porqué seguía aquí. Resulta muy
sencillo pero a la vez complicado de explicar. Si estuviera aquí
mi amiga Claudia…
- ¿Tu amiga Claudia?
-Sí, es escritora y además una apasionada de la filosofía
y… imagina, de la física cuántica… Bien, pues ella me relató
una vez lo que yo, un escéptico declarado, estaba comenzando a
entrever. Sí tu miras para atrás e intentas esquematizar tu vida te
dará cuenta de que parece más un guión lógico que una suma de
vivencias desconectadas. Podrías incluso poner marcas, señales,
y te darías cuenta que las cosas han ido sucediendo más por
causalidad que por casualidad. Si llegaste allí fue porque antes
pasaste por aquí y después te encontraste a, y luego hiciste…
¿Me vas entendiendo? Las cosas que ocurren y las que tú
provocas causan lo que va ocurriendo…
- Sí.
- Pero ese libreto de tu vida forma parte de algo muy
grande. Te podría decir el Universo, pero igual te asustarías. Tu
trama no empezó a dibujarse cuando naciste. Para que nacieras
debieron darse otros guiones, ¿verdad? Y tu esquema, tu guión,
con todas sus señales, no podría, no puede aislarse del todo en el
cual se produce. Tu guión convive con infinitos guiones, pues no
sólo hablamos de personas, hablamos de todo… El libreto de un
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árbol puede cruzarse con el tuyo e inducir a la trama de una
manzana para que te caiga a la cabeza y descubras la Ley de la
Gravedad… ¿Te aburro?
- Que va, resulta muy interesante…
- Bien. Claudia me escribió una vez y me contó una teoría
muy romántica que al principio no entendí pero que luego pude
comprobar: me hablaba de la sincronización entre vidas, de
conexiones establecidas desde hace mucho, incluso, quizás,
desde siempre. Dos relojes se pueden sincronizar, ¿por qué no
dos vidas? ¿dos guiones? ¿o diez? ¿o millones? Para que me
entiendas: el guión de tu vida va señalando y se dirige hacia
múltiples vivencias, hacia múltiples encuentros. El de otra
persona que vive a 20.000 kilómetros hace lo mismo. Sí un día
os encontráis, os conocéis, os hacéis amigos o incluso os
enamoráis no será por casualidad, será por causalidad. Vuestros
guiones estaban sincronizados para llevaros hasta ese
ENCUENTRO. ¿Esa sincronización puede hacer pensar que
vuestras vidas estaban conectadas desde que nacisteis? ¿Incluso
desde antes? Si a esa sincronización la llamamos destino
entonces podremos decir que estabais predestinados. ¿Lo ves
así?
- Clarísimo. Y, oye, ¿dices que vive a 20.000
kilómetros? ¿Es guapo?
Los dos se rieron con ganas. Raimon, entonces, le guiñó
el ojo a Teresa. Ella le respondió cerrando los ojos y lanzándole
un beso y soltó…
- Pero, ¿no te hubiera sido más fácil decirme que siguen
en Goig porqué te da la real gana?
- ¿Qué pícara eres? ¡Me encanta! ¡Me encantas! ¡Vale!
Ya acabo… Cuando aprendes a conocerte, cuando aprendes a
escucharte y comienzas a pretender diseñar tú mismo tu vida vas
descubriendo cosas que nunca antes habías percibido, entre ellas
muchas de esas señales, de esas consignas que te invitan o te
aconsejan frenar. Me costó mucho comprenderlo. En esos temas
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soy muy cabeza cuadrada. Pero un día Pablo… ¿Te das cuenta?
Precisamente el suyo es un guión conectado a la vez al tuyo y al
mío… Pues Pablo me dijo: “ Esas señales existen y te están
indicando cosas. No pretendas comprenderlas pero acógelas en
tu conocimiento y luego déjate guiar por tu intuición, pues con
ellas en su equipaje será mucho más sabia”
Entonces Raimon se calló. Parecía dubitativo, como si no
quisiera seguir, como si tratara de guardar la información que
seguía…
Teresa se dio cuenta y no tardó en interrogarle:
- ¿Y? ¿Qué te indicaron esas señales?
- Que mi tiempo en Goig no ha terminado. Que aun
siendo un hombre muy completo me faltaba algo que para mi
forma de ser y de amar la vida era imprescindible. Que en algún
lugar existía un guión predestinado a completar el mío y a
completarse con el mío. Que… ¿Por qué sonríes?
- ¿Pues porqué me parece que sé hace rato dónde quieres
ir a parar? ¿Por qué te cuesta tanto ir al grano en ese tema?
- Simplemente porqué intuyó que aun no llegó el
momento de ser más explicito…
-Y, ¿Cuándo llegará ese momento?
- Él no llegará… Nosotros llegaremos a él…
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3.2.5. Visita al Templo de los Mil Espejos:
De cómo vivir puede ser una historia interminable...
Teresa y Raimon comieron en casa de Miquel Àngel y
Mónica. Una ensalada deliciosa, con pasas y nueces, queso de
cabra y salsa vinagreta, de primero, y mero rebozado con patata
hervida de acompañamiento, de segundo. De postre Teresa quiso
probar la cuajada: ¡deliciosa!
Durante la comida Teresa preguntó si en Goig eran
vegetarianos, si no probaban la carne. Le explicaron que si no la
comían no era por no querer, era porqué no había. Los granjeros
que criaban animales lo hacían para aprovechar lo que en vida
les podían dar: leche, huevos, lana… Ellos se negaban a matar
para comer, y cómo nunca llegó a Goig nadie que quisiera ser
carnicero, pues no comían carne…
Los anfitriones eran una pareja ya cuarentona muy
entretenida y acogedora. Tenían tres hijas, pero no las
conocieron pues se quedaban a comer en la Llar de Vida.
Después de comer hicieron el café en el jardín y, echados sin
complejos en la hierba, estuvieron bromeando sobre las mil y
una falacias y enredos que en Nunca Jamás se daban.
Ya eran casi las cinco cuando Raimon miró a Teresa y la
invitó a marchar…
- El Templo abre de cinco a siete. Deberíamos irnos.
Tras despedirse de sus amigos partieron para la siguiente
visita.
El Templo de Gaudi estaba en las afueras del pueblo,
tocando al río. Era un edificio de una sola planta, aunque con una
altura de piso considerable, de forma ovalada y, cómo no,
blanco…
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Entraron tras traspasar un gran portal de madera tallada
que se abría en uno de los extremos del óvalo. Una habitación
muy grande les aguardaba. En las paredes grandes estanterías
llenas de libros. En el centro largos bancos donde la gente se
había sentado para leer… ¿Para leer? El ambiente que se
respiraba era… ¿cultural? Teresa no lo vió claro…
-Y eso es… ¿La biblioteca?
- No, cariño, esto es el cementerio de Gaudi.
-Pero…
-Ya sé. Ven, siéntate en el banco y yo te traeré un par de
libros para que entiendas…
Teresa se sentó. Mas que extrañada se sentía…extraña.
Empezaba a percibir que iba a tener una tarde emocionalmente
movida.
Pablo llegó con los tomos, pues más que libros parecían
enciclopedias, y se sentó a su lado, muy pegadito. Sin mostrarle
aun nada empezó a hablar:
- En Goig respetamos todas las religiones, todas. Tú
puedes ser ateo, católico, protestante, musulmán, budista… De la
misma manera no hay una idea preestablecida sobre lo que puede
haber más allá de la vida: cada cual es libre de tener al respecto
las creencias que quiera, o necesite…
Hay un precepto que sí compartimos todos: la vida que
nos toca vivir aquí no puede ser tomada como un simple paso.
Aunque sea una partícula, una minúscula célula en la inmensidad
del océano del tiempo, cada vida tiene un valor trascendente y,
por supuesto, muy valioso. Nuestro caminar por la vida no sólo
deja huellas allá donde habitamos o viajamos. Si sabemos
caminar descalzos por las incontables sendas que el amor ofrece
sabremos dejar tantos surcos que nada ni nadie podrá ya seguir
navegando sin tenernos presentes. Imperecederos, eternos,
perpetuos, perennes… Una vida bien labrada, cultivada y regada
nos planta con raíces muy profundas en la tierra, en las cosas y
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en las personas que tuvieron la suerte de disfrutarnos. Nos
clavamos en el recuerdo, en la forma de ser, de reír, de llorar, de
pensar, de amar, de cantar, de soñar de tantas personas. Y nos
perpetuamos, si supimos vivir cerca de ella, en la naturaleza: en
el río que bañó nuestros pies, en el mar que inundó nuestros
juegos, en la hierba que no pisamos y en la que sí, en la flor que
respetamos y en la que nos impregnó de su olor, en la brisa que
rozó nuestra piel para robar nuestra fragancia, en… tantas cosas.
Vivir puede ser la más gran aventura, una historia
interminable, un precioso cuento sin final. Pensar que una vida
termina con la muerte es primitivo y totalmente injusto. No
desaparece el sol cuando se hace de noche, no murieron las
estrellas que estallaron hace millones de años, no deja de existir
el viento cuando las hojas están quietas, no perece el río cuando
la mar lo acoge…
Cuando un corazón deja de latir el amor que contiene
vuela agradecido al hogar de sus receptores, la sangre reposa
quieta y recuerda uno a uno cada gesto, movimiento, baile… El
cerebro descansa su pensamiento y lo eleva hasta el último
sueño. Los ojos apagan su brillo pero no quieren ni podrán borrar
esa mirada que supieron regalar. La boca guarda sus palabras,
las que ya no dirá, pero consciente de que lo más importante y
esencial ya fue dicho, y prevalecerá para siempre… Los labios se
cierran, sí, pero en su interior guardaran la presencia de tantos
besos…Las manos, Dios, ¿cuantas remembranzas pueden acoger
unas manos que han sabido amar? ¿Cuántos pasos se llevarán
consigo los pies? ¿Habrá una sola célula que marche vacía? ¿La
piel? La piel dormirá arropada en el recuerdo de la última
caricia…
Raimon se dio cuenta que Teresa estaba conmovida…
- ¿Te he entristecido?
- Al contrario… Es tan hermoso lo que cuentas…
- Entonces, continuo…
75
El sentido de una vida no viene medido por su largura…
El valor del vivir se mesura en la intensidad y no en el tiempo.
En la infancia acumulamos unos tesoros de incalculable valía. A
partir de allí podemos aprovecharlos para asentar una vida rica y
provechosa en lo esencial o enterrarlos y elegir luchar para
obtener una vida rica en lo superfluo e inútil. Aquellos que
optamos por lo primero nos convertimos en una estrella más en
el Universo de la Humanidad… Los que optan por lo segundo
terminan siendo un agujero negro.
Hay más vida en un beso que en un millón de euros, hay
más vida en un te quiero que en dos mil noches de sexo
impersonal… Ser millonario en el banco monetario te puede dar
caprichos y regalar lujos. Ser millonario en amor, ilusión,
bondad, esperanzas, …, te puede dar la gloria, te puede regalar la
eternidad…
Un cuerpo no muere. Si ha sabido conectar vida,
pensamiento, obra, corazón y alma se traslada a otra dimensión.
Comienza un viaje diferente, pero lo hace cargado, muy cargado
de presentes… Para despedirse, para agradecer lo recibido y a la
vez dejar su estampa, nos deja su amor y su alma. Y no es poco.
Para aquellos que debamos despedirlo eso es un tesoro que da
sentido a la vida, tanto a la que viaja como a la que permanece.
En homenaje a ese tesoro inconmensurable en el cementerio
guardamos estos Libros de Vida.
Y entonces Raimon abrió uno de los tomos, el que
parecía más antiguo…
- Mira, este es de una mujer que murió hace 150 años.
Entonces no existían fotografías, pero engancharon ilustraciones
y textos sacados de sus diarios. ¿Te gusta?
- Es precioso.
- Y este otro es reciente… ¿Ves? Fotos, textos y, fíjate,
huele, pusieron hasta su perfume…
- Es maravilloso. Y… Ahora me sabe mal preguntar…
76
- ¿Y el cuerpo? En Goig lo despedimos en la Cala de
l’Hora del Adéus, que significa Hora de los Adioses. El cuerpo
es incinerado en la arena, mientras los presentes cantan las
canciones más queridas por el viajero. Luego la familia y los
amigos más próximos parten en un barco para, ya sabes, lanzar
las cenizas en alta mar.
Aquí creemos así que, cada vez que vuelve la brisa de sus
viajes marineros, puede traer una fibra, una brizna de algún ser
querido.
77
De cómo los goigeños muestran a Dios en la ternura...
Se quedaron un buen rato sentados, en silencio, mientras
juntos iban hojeando aquellos tributos a los difuntos tan
extraordinarios. Al final Raimon tuvo que…
- Teresa, deberíamos entrar ya…
- ¿Eh? Sí… claro.
- Estás asustada, ¿verdad?
- No… Bueno, sí, un poco…
- Todo irá bien, ya verás… Vamos.
Se dirigieron a la puerta de entrada del templo. Allí había
unos estantes llenos de zapatos. Raimon indicó…
-Tenemos que…
- Me lo imaginaba…
Ambos se descalzaron. Luego Raimon se dirigió al otro
lateral de la puerta y recogió dos estoras…
- Es por la humedad. Las vamos a necesitar…
- ¿Por la humedad?
Raimon no respondió. Aferrando a Teresa le pasó el
brazo por detrás y con la mano apretando el hombro más lejano
la acercó para llevarla hasta dentro.
El suelo era de tierra. Un césped muy cuidado llenaba los
espacios y planteles de flores diversas decoraban aquí y allá un
jardín realmente agraciado y a la vez curioso. El techo del
Templo era abovedo y cubierto enteramente de cristales. “La
luz”, pensó Teresa. Las paredes laterales estaban agujereadas por
grandes ventanales abiertos. “El aire”, claro. Por dondequiera
78
había espejos redondos sujetados al suelo con pedestales que
permitían regular su altura. La gente estaba repartida por la sala
y, sentada en las estoras con las piernas cruzadas al estilo indio,
se encontraba con su reflejo. En algunos puntos se habían
congregado reducidos grupos envolviendo a alguien que quizás
había sentido frío en el alma… “El amor”, ese último
ingrediente…
Raimon soltó el hombro de Teresa y, apartándose y
situándose enfrente suyo, la tomó de las manos…
- Entiendes como funciona todo, ¿verdad?
- Aina lo explicó en su exposición… Sí, lo comprendo.
- Toma tu estora, pues. Aquí está tu espejo. Buen viaje…
Raimon depositó un beso en su mejilla y se alejó. Teresa
suspiró largamente y, elevando su mirada al cielo, colocó la
estora y se arrodilló en ella.
Una fracción de minuto cruzó sus pensamientos antes de
decidirse a explorar, a descubrirse. Estaba preparada… Sí, lo
estaba…
Ojos contra retinas, retinas versus mirada interna. Al
coincidir en el espejo consigo misma a través de la vista Teresa
sintió una sensación muy extraña. Era como si todos sus sentidos
quisieran encontrarse también en el cristal: el oído deseaba
escuchar el eco de lo antedicho, su olfato intentaba grabar
aquellos aromas que nunca se olvidan, el gusto se concentraba
en la recuperación de besos perdidos y su piel buscaba el
contacto, la caricia que da y recibe, el abrazo que se dirige a su
origen…
De pronto sintió como si sus percepciones entraran en un
túnel… Uy, se asustó… Se estaba produciendo una sensación
parecida a la entrada de un vagón de feria a toda velocidad en un
conducto oscuro… Caída libre… Era como si su alma se
estuviera separando del cuerpo… Más que eso, era como si su
alma quisiera cortar con su cuerpo, como si en medio de un viaje
79
astral se cortara el cordón de plata, como si su ente psíquico
fuera a despedirse del físico…
El miedo la llevó de vuelta… No pudo… Entonces
reventó: intensos sollozos abrieron el grifo de su angustia y la
catarata de las frustraciones saltó al exterior… Y el espejo, su
espejo, se rompió…
Acudieron a ella… No se fijó en cuantos eran…
Simplemente, uno a uno, recibió sus abrazos y en esa recepción
fue destilando el consuelo, al tiempo que iba descubriendo hacia
dónde debía dirigirla su necesidad.
Estaban todos y todas sentados. Habían formado un
círculo y la rodeaban. Raimon estaba entre ellos. Teresa le miró
y quiso…
- No te importa, ¿verdad?
Raimon la miró tiernamente y negó con la cabeza.
Entonces Teresa se giró y, dirigiéndose a Ella, suplicó:
-¿Puedes quedarte un rato conmigo? Te necesito…
- Claro que sí, hija mía. Ven conmigo…
Era una señora mayor, aún sin dar la impresión de
ancianidad. Era bajita y su femenino y curvado cuerpo ensalzaba
unas mejillas coloradas, pintadas de simpatía. Su cabello blanco
grisáceo huía del negro a través de unos ojos azul cielo que
parecían llevar la paz en un vuelo ternura y comprensión.
Mientras caminaba Teresa quiso saber…
- ¿Cómo te llamas?
- Mariona
- Yo… soy… Teresa…
- Lo sé, cariño. Espera, enseguida llegamos a la
Habitación de la Esperanza y allí hablamos, ¿sí?
80
De cómo la infancia resulta una frazada que puede
envolver una vida o taparla...
Teresa y Mariona entraron en una habitación pequeña
pero muy cálida… El suelo era de madera y estaba casi cubierto
de cojines y grandes almohadones, las paredes lucían pintadas de
un suave tono melocotón y la poca luz que entraba lo hacía por
un ventanal muy grande que pintaba su llegada con colores y
formas provenientes de una vidriera policromada con un paisaje
idílico.
Mariona recogió unas almohadas y preparó su asiento…
Sentada con la espalda apoyada en la pared y las piernas
estiradas acomodó un almohadón en su falda y convidó a Teresa
a… Ella se estiró en el suelo y apoyando su cabeza en el regazo
de Mariona cerró los ojos…
Un suspiro largo abrió paso al puente más lejano, esa ruta
perdida que nos conecta a nuestros orígenes… Las lágrimas por
el reencuentro brotaron como si una grieta dejara salir la sangre
encharcada, el dolor encarcelado en un corazón aún muy
temeroso de mostrarse…
Mariona empezó a cantar… Su voz sabía a nana, su
tonada mecía la pena como una caricia mece el deseo, su canción
adornaba el silencio como las pinceladas pasteleadas decoran el
blanco…
Al veure despuntar
lo major lluminar
en la nit més ditxosa,
els aucellets, cantant,
a festejar-lo van
amb sa veu melindrosa.
La garsa, griva i gaig
diuen: Ja ve lo maig.
Respon la cadernera:
Tot arbre reverdeix,
81
tota planta floreix
com si fos la primavera.
L'estiverola diu:
No és hivern ni és estiu,
sinó que és primavera:
perquè ha nat una flor
que pertot dóna olor,
en el cel i la terra.
Teresa abrió los ojos y miró fijamente a Mariona. En su
mirada se vislumbraba a la vez agradecimiento y reclamo…
Mariona siguió cantando…
Al ver despuntar,
al mayor iluminar
en la noche más dichosa,
los pajaritos, cantando,
a festejarlo van
con su voz melindrosa.
La urraca y el arrendajo
dicen: ya viene mayo.
Responde el jilguero:
Todo árbol reverdece,
toda planta florece
como si fuera primavera.
El carbonero dice:
No es invierno ni verano,
sino que es primavera:
porqué ha nacido una flor
que ha llenado de olor,
el cielo y la tierra.
82
Las dos permanecieron un largo rato en silencio…
Mariona, con una mano en la cara de su joven amiga, la ofrecía
el calor del cariño… Con la otra despeinaba su cabellera al
tiempo que peinaba su paz…
Luego Teresa se incorporó y, sentándose delante de
Mariona, la miró fijamente a los ojos y esperó…
- Quisieras ser esa flor, ¿verdad? Quisieras nacer otra
vez… Quisieras que llegara por fin la primavera a tu vida…
Teresa asintió con la cabeza…
- Debes pensar que me escogiste a mí por el recuerdo de
tu mamá. Debes creer que estamos aquí pues te gustaría hablarle
a ella en mi persona… Pero no, lo que tú en verdad necesitarías
es escuchar… Necesitarías encontrar explicaciones, razones, el
porqué de lo inexplicable, el porqué de tanto dolor… Y, ¿sabes?
Esa razón no existe… Es más: para ti no debe existir… No se
puede, no se debe dar cuerpo al desamor, a la distancia con los
seres queridos, al maltrato… Si le damos forma fijamos su
presencia, si le damos lógica aceptamos su esencia… Y no la
tiene, no puede ni debe tenerla…
-Pero pasó… Existió… Y ese dolor, aunque amagado,
aunque disfrazado, sigue ahí… Es como una daga clavada, como
una condena de por vida…
- Claro que ocurrió… ¿Sabes? Nada es por casualidad.
No me escogiste a mi por mis años, tampoco por ser mujer que
podría representar el rol de madre… Dios, me recuerdas tanto a
mí… Cuando, hace veinte años, llegué a Goig estaba igual que
tú… Diría incluso que peor…
- ¿De verdad?
- Sí, cariño mío… Yo también tuve una infancia triste, yo
también viví esa tortura de sentirme a la vez amada y odiada…
Mi madre iba y venía, como una ola… Sentía su amor, me sentía
cuidada, pero cuando más la necesitaba, cuando la tormenta
machacaba mi bienestar y amenazaba mi equilibrio, entonces,
83
…, entonces huía, se apartaba de mí, lejos, muy lejos… Se
refugiaba en su casita dorada, allá, en su interior, allá donde
fingía que nada pasaba, que todo iba como debía ir…
- Y la buscabas, suplicabas su presencia, llorabas su
ausencia, gritabas tu derecho a sentirte protegida…
- Sí, pero no acudía, nunca acudía… El miedo era
demasiado horroroso… Ojos que no ven, corazón que no
siente… Ella no podía aceptar su protagonismo, no podía aceptar
que la inhibición es una espantosa forma de la complicidad…
Era tanto su dolor interno que no había lugar para el dolor de los
demás, ¿te das cuenta?
- Hace mucho que me di cuenta, ¡tanto! Pero explícale
eso a una niña, explícale la soledad, explícale que no era por su
culpa…
- Es terrorífico, lo sé… Vivir a la vez en el merecimiento
y en el desmerecimiento: te hacen creer que mereces lo que
recibes y que no mereces lo que tanto te falta… Afirmación y
negación, que impotencia…
- Y… ¿Y tu padre?
- Me parece que más o menos como el tuyo: lejano para
lo necesario y próximo para la exigencia de lo que a él le parecía
procedente… Autoritario por mandato divino, la incomprensión
personificada, y, en mi caso, un psicópata maltratador…
- Te… ¿Te pegaba?
- ¿Me? ¿Nos? ¿Si me pegaba? … Vida, dejémoslo en que
me maltrataba… ¿Sí? Estamos aquí para hablar de ti… ¿Cómo
era tu relación con tu padre?
- Jo… ¿Qué cómo era? Parece una pregunta sencilla…
Yo quería a ese hombre, a ese extraño que aparecía tan poco, que
siempre me exigía ser la mejor pero que nunca me premiaba por
intentarlo… Ese hombre que pensaba podía disponer de mí para
llenar sus vacíos, que creía podía programar en mí sus
expectativas… Ese hombre que apaciguaba su rabia en mi
dolorida cara, que saciaba su impotencia con el retumbo del grito
en mis asustados oídos, ese…
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- Y tu luchabas para ser cada día mejor, te construías en
aquello que pensabas necesitaban de ti… Simplemente para
ganar ese amor que no encontraba Teresa quiso trasformarse en
un ideal que en verdad no existía, pues aunque hubieras sido un
ángel alado no hubieras conseguido abrir ese corazón enfermo…
Un silencio volátil pero espeso cortó la conversación:
frágil por la necesidad de volver a arrancar y denso por los
pensamientos sugeridos, por los recuerdos inherentes en cada
palabra dicha… Teresa aprovechó ese vacío y, acercándose a
Mariona, la abrazó enérgicamente y la besó en la punta de la
nariz… Luego se apartó ligeramente y, tomándola de las manos,
volvió a hablar:
- Y te pasas media vida intentando olvidar… Y al final
descubres que nunca olvidarás, que basta con perdonar… Y
perdonas…
- ¿Perdonas? Cariño, tú no has perdonado aun nada…
.- Anda que no… Pregúntale a mi psicólogo lo que
costó…
- Perdonar no es un acto teórico, te diría que ni siquiera es
un acto práctico, tomado como tal… Para perdonar no basta con
decirlo. No basta con pensarlo, no basta con sentirlo, no basta…
¿Realmente crees que uno puede perdonar al carcelero desde
detrás de la reja? ¿Perdonará el pez al pescador mientras siga en
la arena de la playa? ¿Perdonará la vida a la muerte si está se
empeña en enterrar su espíritu?
A los niños que crecen en el desamor, aun sin maltratos
graves, se les priva de uno de los bienes más preciados que les
puede regalar la vida. Si los seres más queridos, tus padres, no
quieren o no pueden amarte, ¿quién lo hará? Un corazón que
crece en ese vacío se va cerrando poco a poco. ¿Hay otra forma
de soportar ese dolor? A partir de aquí, el niño crece y puede
optar por muchos y diversos caminos: entre ellos está la
reproducción de los esquemas maternos o paternos, la persistente
negación de los sentimientos, la frialdad extrema en las
85
relaciones, la depresión crónica, la … Y algunos, como tú y yo,
nos pasamos la vida queriendo sanar el pasado. Primero
intentamos olvidarlo, incluso borrarlo, como bien dijiste, luego
decidimos perdonarlo… Pero, querida, ¿de verdad me vas a decir
que ese perdón te sanó la vida?
Teresa no se atrevió a contestar… La respuesta era más
que evidente…
- El prisionero perdonará el día que cruce la puerta, el pez
lo hará cuando se vea nadando en el agua y la vida indultará a la
muerte cuando vea volar su espíritu hacia el cielo prometido…
¿Y tú? Tú perdonarás de verdad a aquellos que te privaron del
amor el día que ames y seas amada… Sí, ya sé, amaste y fuiste
amada… ¿Pero qué pasó luego? Creíste que eso se aseguraba en
una firma, en un compartir objetivos, en… ¿Y entonces? Te has
pasado media vida leyendo historias, ¿verdad? Yo hice lo
mismo… Creía que el amor era un sueño literario, pensaba, y ya
mayorcita, que un día llegaría el príncipe azul, el hombre
perfecto… ¿Te has dado cuenta? La niña perfecta de papá estaba
esperando al hombre perfecto… ¡Puñetera vida! Ni que hubiera
llegado Richard Gere en una limousine… ¿Por qué? Hubiera
desconfiado de él… Hubiera dudado de todas y cada una de sus
pruebas de amor… Yo crecí en una partida de muak-plas. ¿Me
entiendes? Detrás de cada muestra de cariño venía la agresión, el
golpe, la distancia… Yo crecí en la escuela de “El amor no existe
para ti”. Iba a la clase del “Tú no te lo mereces”… Luego me
doctoré honoris causa en “Si quieres proteger tu corazón
mantenlo cerrado”… ¿Cómo diablos iba a poder “amar y ser
amada”? Ante el amor no es que sintiera miedo, sentía pánico…
¿Sabes? Cuando llegué aquí, ya con casi cuarenta años, no me
había ni casado…
Teresa permanecía muda, perpleja, asombrada… Mariona
estaba desmontando todos sus esquemas y estaba empezando a
86
sentirse muy perdida y asustada… Uf, ¿y después? ¿Había un
después?
- ¿Y luego?
- ¿Y luego? Llegué a Goig y conocí a Guillermo, mi
Guía, mi amor, el padre de mi hijo, mi… No le fue fácil, la
verdad… Aun a veces se rie de mí cuando recordamos mi
llegada aquí… Cuando hablamos de ello siempre me suelta:
“Dale recuerdos a tu sombra”… ¡Qué malo! Pero que razón
lleva…
A medida que iba conociendo a Guillermo me iba
enamorando más y más de él. Pero se produjo una lucha interna
entre mis deseos y mis miedos que reconozco era para… Cuando
Guillermo me hablaba del futuro yo siempre soltaba,
sistemáticamente: “Qué mentiroso que eres”. Era como si
hubiera en mí dos personas: por un lado la niña que se declaraba
perdida y eternamente enamorada y por otro la mujer adulta,
curtida en desengaños y trampas, que luchaba más para proteger
su vuelta a Nunca Jamás que para quedarse en Goig… Recuerdo
que Guillermo me contaba que para amar y ser amado de verdad
había que echarse al agua desnuda y nadar sin miedo… Y se reía
de mí. Un día me soltaba: “¿Donde vas con ese traje de buzo?
Anda que estás sexy, pareces Tintín en “El secreto del
Unicornio””. Otro decía: “Qué, ¿yo con el agua hasta el cuello y
tu dando vueltas con la tabla de surf. ¿Acaso piensas que vamos
a rodar un capítulo de “Los vigilantes de la playa”? ” Un día me
sentenció. Me dijo: “Ayer se acercó al mar tu sombra. Se remojó
los pies y volvió a la playa. Quería que saliera a hacer el amor
con ella, pero yo respondí: se puede acariciar una sombra pero no
grabarte en ella, se puede poseer una sombra pero no compartirte
con ella…”
- ¿Y? ¿Qué pasó? ¿Qué hiciste?
-Me dije a mí misma: “Mariona, Mariona, déjate ya de
tonterías o lo vas a echar todo por la borda. Ninguna de las
respuestas conocidas te sirvió de nada. Intentar vivir en el acero
tampoco fue la solución. Ante ti se ha abierto esa puerta que
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siempre deseaste cruzar. Traspásala sin miedo, abre tu corazón
de una vez, entrégate sin reservas, lánzate al agua y nada, y nada,
sumérgete y bucea hasta poder abrazarlo… Desnúdate entera, en
cuerpo y alma, y muéstrate… No existe esa negación, no debe
persistir ni siquiera un “quizás”: Mariona SÍ merece amar y ser
amada…”
- ¡Qué romántico! ¿Y?
- Aquel día pude afirmarme en ese “Sí Quiero” que
enlazaba nuestros destinos. Y aquel día hicimos el amor, perdón,
HICIMOS EL AMOR, por primera vez… ¡Uaaaau! Aquel día
nací, por fin… ¡Tachán! Y aquí estoy, después de casi veinte
años, sintiéndome más joven y completa que hace cuarenta…
Sintiéndome, ¡tan feliz!
- Uf, se ve, se siente… Estás tan hermosa… Y,
¿entonces? ¿Qué debo hacer? Porqué… No sé, siento, me da la
impresión, ¿quizás Raimon podría ser para mí lo que Guillermo
fue para ti?
- Cuidado con eso… Conozco a Raimon y es un hombre
excelente, pero ni él ni nadie va a poder hacer lo que solo tú
puedes… Únicamente perdonarás al pasado y podrás renacer si
vences todos tus miedos, si realmente consideras que te mereces
vivir ese sueño, si realmente aceptas que te mereces amar y ser
amada… Si un día vas a ofrecerte debes hacerlo desnuda del
todo y con el corazón y el alma en la mano… Muchos hombres
se conformarían con tener tu cuerpo, pero Raimon no es de esos,
el necesita más, necesita tu amor incondicional…
Teresa se levantó y, ofreciendo sus manos, ayudó a
levantar a Mariona. Entonces volvió a abrazarla y, en un susurro
firmado con un beso, dijo:
- Mil gracias. Me has hecho tanto bien.
- Me alegro, muchísimo. Y recuerda: TE LO MERECES,
¡YA!
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3.2.6. Un paseo por la vida: De cómo Teresa bañó sus
pensamientos en agua pura y cristalina…
Al salir del Templo Teresa no encontró a Raimon
esperándola. De entrada se extrañó pero, pensándolo bien,
después de lo vivido necesitaba estar sola y agradeció la
ausencia…
El camino de vuelta a casa era corto, pero Teresa no tenía
aun ganas de regresar. Necesitaba pasear un rato y la cercanía del
río ofrecía una perspectiva realmente atractiva.
Comenzaba a anochecer pero no hacía nada de frío.
Mientras caminaba Teresa se dio cuenta que esa brisa que la
parecía sentir fregando su cara no era tal: en su andadura su piel
irrumpía contra el aire y éste se apartaba en una muy suave y
tierna caricia… Cerró los ojos y anduvo unos metros… La
sensación era como si estuviera nadando en el aire…
Luego se paró. Su sensibilidad estaba… ¿Cómo
expresarlo? ¿Ensayando? ¿Intentando experimentar nuevas
sensaciones? No, más bien parecía como si quisiera retornar a la
sencillez…
Teresa volvió a cerrar los ojos: deseaba sentir, oler,
escuchar… Deseaba… ¿Qué era aquello que realmente
anhelaba? Redescubrir, re…sentir… ¿Quizás recuperar? ¿Acaso
renacer?
Era como si todo en su entorno fuera nuevo, como si
paseara por primera vez, como… No, entonces se dio cuenta: en
realidad lo extraño y nuevo no llegaba de fuera, surgía de dentro:
era su forma de percibir, de sentir, de vivir lo simple…
¿Por qué le parecía algo que había hecho tantas veces
como si fuera su primera vez en muchos años? ¿Qué había
ocurrido en su conversación con Mariona que había despertado
de una manera tan maravillosa su sensibilidad?
Teresa levantó la vista y miró al cielo. Una luna casi llena
lucía su resplandor rodeada de un sinfín de estrellas que
chispeaban el recuerdo de su existencia, o no, en la distancia
infinita hasta una mirada asombrada… ¿Cuánto hacía que no
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contemplaba un cielo tan poblado? Un convoy de nubecitas
trasladó su vuelo en dirección a la luna hasta atraparla. En su
paso por delante Teresa descubrió como la luz abría una ventana
en el blanco para ganar transparencia y poder seguir
ofreciéndose… ¿Siempre era así? ¿Siempre fue así? ¿Cómo
nunca antes se había fijado?
Metida en sus meditaciones la vio pasar: una estrella
fugaz cruzó el cielo marcando un trazo hermoso que siempre…
Teresa se sonrió… Uf, que siempre había activado en ella un
deseo… Pero esta vez, esta vez pasó sin más… sin más que el
disfrute de la visión de una migración estelar divina… El
automatismo no se dio, no hubo deseo… ¿Cómo…? ¿Y pues?
¿Qué estaba ocurriendo?
Necesitaba pensar, pero no de una forma usual, precisaba,
¿cómo lo expresaría?, pensarse… Uy, ¿sonaba mal? ¡Qué va!
Sonaba muy apetecible… Teresa salió del camino y entró en…,
parecía una pequeña playa… Dios, de arena blanca… ¡Qué
cosas! Ya tumbada en la arena, con el cuerpo ladeado y con una
mano cerrada soportando la cabeza en su mejilla, miró fijamente
al río. El arenal se había formado en frente de una pequeña
entrada de las aguas allá, en la tierra, como un patio externo al
cauce, al caudal circulante. La paz de esas aguas olvidadas era
hermosa, sí, pero a la vez triste. Se habían convertido en un
cultivo de vida tranquila, verdecida y rica en la quietud, pero
Teresa estaba convencida que de poder tener opción gota a gota
regresarían a esa gran aventura que dejaron atrás. Regresarían,
regresaría, … ¿regresaba? Eso era: ¡regresaba!
El agua del río bajaba lenta pero sin tregua. En su marcha
encontraba escollos puntuales que bordeaba o absorbía sin
detenerse. Espumeantes dibujos en relieve marcaban allá donde
los giros imprevistos de aguas las conducían al choque,
probablemente al encuentro. Aquí y allá aparecían señales de
vida o movimiento sumergido en forma de ondas concéntricas
que se ensanchaban hasta desaparecer. De vez en cuando un
salto, casi siempre donde nadie mira, de un pez buscando
provisiones.
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Fue precisamente la caída chapoteada de un rebote
hambriento lo que hizo que Teresa aguzara el oído. Como una
nana delicada el son de las aguas transportándose susurraba
calma, suspiraba paz. Esa música extremadamente apaciguadora
se hacía acompañar en la tierra con esporádicos murmullos de
pájaros trasnochadores, uhu, uhu, con rítmicos compases
espontáneos de algún grillo enamorado, cric, cric, cric, cric,
con… Increíblemente la tonada brotaba de su interior… Teresa
cerró de nuevo los ojos e intentó escucharse: su respiración era
calmosa y a la vez rebosaba excitación, su corazón,…
¿Realmente podía escucharlo? No, pero sabía, intuía como
sonaba: en su bombeo iba algo más que sangre… ¡Qué curioso
pensamiento! ¿A dónde pretendía guiarla? Su cuerpo y su mente
habían sido durante tanto tiempo coguionistas del transcurrir de
su vida… Le costaba recordar un acto no premeditado, un paso
no necesitado, un… ¿Cuántas veces se había sorprendido a sí
misma haciendo algo inusitado?
Teresa giró la cabeza hacia un lado y otro intentando
escudriñar causa y efecto, de donde y hacia donde… Un poco
más arriba el paisaje fluvial visible se enmarcaba en un salto de
agua que el relieve regalaba a las aguas para ofrecerlas renovada
fuerza. Curiosamente en la caída el río había ensanchado sus
márgenes para crear un precioso descanso, un pequeño lago, una
piscina natural que limitaba arriba con su particular fuente y
abajo con un estrechamiento que agrupaba caudales para
potenciar su renovada carrera… Era un lapsus en el camino, un
paréntesis a la vez hermoso y necesario en la vida fluvial, un “de
donde vengo” muy incompleto pero a la vez muy generoso… ¿Y
en la otra dirección? ¿Hacia donde iba? Tampoco para allá se
mostraba más que un trecho en el camino: a unos 50 metros se
producía un giro, una curvatura a la derecha que parecía entrar en
la boca de una considerable arboleda para perderse entre troncos
y hojas. Se podía intuir… No, se podía saber el final marinero
del viaje, pero ni el mismo río conocía todo aquello que podía
encontrar en su travesía.
91
Teresa recordó cuan variable es la naturaleza…
Imprevisiblemente maravillosa… La historia del río se reescribía
a cada instante, nada era ni podía nunca ser igual. En cada palmo
de recorrido, incluso en cada gota de fluido se dibujaba una
aventura interminable y siempre única. Una lluvia débil o
torrencial, el cambiante paso de un viento o vientecillo, un tronco
caído, un canto rebotando lanzado por un niño, una simple
hoja… El efecto mariposa, ¡que concepto tan apasionante!
En una sonrisa Teresa ocultó todo aquello que, sin saber
aun como ni porque, se estaba revelando en sus cavilaciones.
Luego volvió su mirada hacia el estanque que se abría en frente
suyo: quietud, ligeramente alterable pero comparativamente con
todo aquello que acababa de contemplar la primera palabra que
le vino a la cabeza era esa… Quietud, mas, contradictoriamente,
inquietud… ¡Qué chocante percepción! En ese bálsamo de vida
apaciguada no respiraba paz… Teresa percibía angustia. Allí,
donde todo era más previsible, donde el agua parecía reposar,
donde… Teresa se estremeció, en su pensamiento se introdujo
una idea que la hizo temblar de pies a cabeza: en aquellas aguas
estancadas casi todo habitaba dentro de lo establecido, era como
un acomodado y a la vez conformista ecosistema donde distintos
organismos desarrollaban un papel limitado a la vez a las
posibilidades y a las exigencias pautados por el medio, la mitad
de las veces, y por los seres considerados o establecidos como
más poderosos, en otras tantas ocasiones.
Teresa se puso las manos en la cabeza. Dios, allí estaba
su vida… Su vida y la de tantos… En el río, en el estanque…
¡Regresaba! ¡Por fin comprendía! La vida era como un río. En un
manantial de energía nace nuestra existencia y con el flujo del
crecer desarrollamos nuestra infancia entre el libre y excitante
curso y las represas que el mundo adulto nos quiere mostrar. En
nuestra niñez probamos la vida en su máximo esplendor pero la
mayoría de personas terminamos rindiéndonos a las pautas
convencionales, a aquellos costumbristas e impuestos
mandamientos que se forjan en las culturas, en los grupos y
subgrupos, en las sociedades “civilizadas”.
92
-“Me civilizaron” -pensó Teresa- “Desde pequeña me
condujeron hacia lo establecido, hacia la “quietud”
convencional. Mis rebeldes impulsos de adolescente no sirvieron
de nada, mis ansias soñadoras de juventud sucumbieron ante el
ímpetu social… Y terminé, ¿cómo no?, en una laguna
preformateada y regentada por otros, protegida del río y su
salvaje transcurrir, preservada de la irracional vida…”
Sentía a la vez rabia, impotencia y alegría… Cuántos
años invertidos… Inversiones en ajenas hechuras, inversiones de
objetivos y horizontes… Se sentía muy inquieta y decidió
levantarse. Se desnudó de zapatos y, acercándose a la charca que
fregaba la playa, introdujo un pie en la apacible agua… Un
escalofrío recorrió su cuerpo… El baño parecía cálido y desde
luego improvisto de sorpresas, pero… ¡No! ¡Basta ya! Teresa
vadeó la poza del Nunca Jamás y se dirigió al río…
¿Nunca? Quizás, acaso, posiblemente… Pero no lo sabría
si no regresaba, si no se reencontraba con su cauce natural. En él
se oleaban sus ilusiones, en él ondeaban sus sueños, en él
germinaban los juegos, la aventura, el atractivo de lo
desconocido… En él…
Teresa entró en el agua y, bordeando la orilla, fue
subiendo hasta llegar al salto de agua. Allí se despojó de toda su
ropa y desnuda, tal como llegó a la vida, regresó a ella.
…
El agua estaba helada pero a Teresa no la importó lo más
mínimo. Al contrario, con el frío sintió como si su piel despertara
de un largo letargo, sintió como si su corazón volviera a bombear
su perdida fe en el destino, su extraviada fe en sí misma… Se
sentía rejuvenecida, se sentía más mujer que nunca, se sentía…
Jo, por fin, más niña que siempre…
Nunca iba a recordar cuanto tiempo transcurrió hasta que
decidió abandonar el baño. Pero nunca jamás olvidaría lo que allí
vivió y sintió.
Al regresar a casa se encontró la cena encima la mesa. Al
lado Raimon había dejado una nota… En ella se podía leer…
93
“EL RÍO DE LA VIDA”
Bienvenida a Nunca Quizás
Un beso
Raimon
Después de leer Teresa no reaccionó ya para nada con la
razón, simplemente volvió a sonreírse…
94
3.2.7. Desayuno con diamantes: De cómo es necesario mudar
la piel del alma para regresar desnudo al río de la vida…
Teresa seguía dormida cuando llamaron a la puerta. Se
incorporó levemente y miró hacia la ventana de enfrente, que
estaba abierta… No se veía a nadie… Uf, qué susto… La noche
anterior, después de su apasionante baño, necesitaba acostarse
desnuda y había amanecido tal cual, destapada de cualquier
tapujo…
-¡Ya voy! ¡Un momento! ¿Quién es?- Mira que… ¡Vaya
preguntita! Quién iba a ser?
- Francisco… Francisco de Goya y Lucientes…
Teresa se sonrió… Había entendido perfectamente la
broma: “La maja desnuda”… Se puso el camisón rápidamente y
corrió a abrir…
- ¿Pretendía Usía algún quehacer?- preguntó con sorna
Teresa a Raimon…
- Nada en particular… Traía el desayuno e iba a entrar
por la ventana para prepararlo, pero… me pareció ver un lindo
gatito…
- Mira que eres guasón, ¿gatito? ¿Lo dices por qué no me
depilé?
- Uy, entramos en terreno pantanoso… ¡Huyamos, mi fiel
corcel!- Y Raimon se puso a correr por la casa dando saltitos,
como si estuviera galopando…
Teresa se rió con ganas y siguió el juego:
- Oh, mi apuesto Shreck, ¿acaso no veis que montáis un
asno?
- En verdad os digo que… ¿No es verdad, ángel de amor,
que en esta apartada orilla, más clara la luna brilla, y se respira
mejor? – respondió Raimon, frenando el paso y simulando con la
95
boca el sonido de una ventosidad monumental. Luego, tapándose
la nariz con dos dedos apretando concluyó- Y se respira mejor…
Teresa volvía a reír cuando Raimon se acercó a ella y la
abrazó delicadamente, suspirando su contento con cuatro
palabras de bienvenida:
- Me alegro de verte…
Ella no respondió, al menos con palabras… Agarrando la
cara de Raimon entre sus manos le besó primero en la frente,
luego en la punta de la nariz y, cuando iba a renunciar a nada
más, reencontró esos ojos sonrientes que la acercaron a él… No
pudo reprimirlo, sus labios saltaron la valla de la razón y
buscaron los de él… Fue un beso de saludo, de encuentro
anhelado pero casual… Fue un beso superficial y corto pero, uf,
deliciosamente parsimonioso… Luego Teresa se apartó y, sin
saber qué decir, expresó lo que creía debía ofrecer:
-Uy, lo siento… ¡Estaba tan contenta!
Raimon llevó sus dedos índice y corazón a sus labios y
cerró los ojos un instante. Asemejaba como si quisiera grabar
una sensación… Luego la miró con dulzura y respondió:
- ¿Lo sientes? Yo también, vida, lo siento, lo he sentido
muy adentro… Ha sido precioso… Pero aun no llegó el
momento de abrir de par en par nuestros sentimientos, de dejar
volar libremente nuestras emociones y deseos… Debes confiar
en mí, ¿sí? Todo está yendo muy deprisa y desde luego me
sorprende la forma tan rápida en qué estás asimilando todo lo
nuevo que aquí en Goig se plantea. Llegará el momento, verás,
seguro… Ahora debemos desayunar. Te he preparado algo muy
especial. Tú siéntate y yo preparo la mesa. Vamos.
96
Mientras Teresa tomaba asiento Raimon regresó hasta la
puerta y recogió una mochila que había dejado aparcada en el
suelo. Luego fue hasta la mesa y comenzó a distribuir: tostadas,
bollos, mantequilla, mermelada, dos termos, … y al final un
paquete envuelto con papel de seda de color azul que entregó a
Teresa… Luego se sentó en el otro lado de la mesa, justo
enfrente de ella.
-¿Para mí? ¿es un regalo?- exclamó sorprendida Teresa.
-.Ábrelo y verás…
Ella desenvolvió con cura el paquete y descubrió un
recipiente pequeño, cilíndrico, que parecía de cristal… Sacó la
tapa y miró en su interior… En el fondo había un montoncito de
minúsculas piedrecitas translúcidas. Parecían…
-Parecen… ¿Diamantes?
-Tócalos. Manoséalos y agarra unos pocos con la mano…
Teresa hizo lo que le sugerían. Lo que fuera estaba frío,
muy frío… Al ponerlos encima de su palma se dio cuenta:
estaban helados… ¡Eran cristalitos de hielo!
-Es… Es hielo… ¿Por qué me regalas hielo? ¿Acaso
quieres atemperar mi ardiente pasión?
Los dos, enlazados esta vez por unas miradas llenas de
complicidad, se rieron… Raimon respondió:
-Pillina, picarona… Me encanta tu sentido del humor…
Sabes bien que nada más lejos de mi intención… Sí, es hielo.
Nótalo, siente su fría y etérea esencia… Siente como puede
deshacerse hasta desaparecer…
-Sí, claro, lo noto… ¿Y que iba a esperar? Es hielo…
97
-Ahí vamos: no eran ni son diamantes, esos cristalitos de
aparente solidez no pueden ser perennes, pueden ser desechados,
¿verdad?- Y dicho esto Raimon le alcanzó una servilleta.
Teresa se secó la mano. Tras haberse deshecho el hielo
simplemente había dejado un rastro mojado fácil de solventar.
Sin comprender hacia donde iba a cursarse el diálogo miró a
Raimon con curiosidad y comenzó a preparar y a servir el
desayuno: té para ella, café con leche para él, tostadas bien
mantecadas, …
-Estás hecha un lío, lo se… Con el baño de ayer pensaste
que habías alcanzado el estado óptimo para… Y ahora llego yo
y… Pero no te angusties lo más mínimo. Por hacerte una
comparación diría que el vehículo está a punto, que está en la
línea de salida, pero que le faltan ciertas limpiezas, como la del
carburador, la de las bujías, …, y que le faltan asimismo algunos
engrases que le permitan amortiguar mejor los baches, virar con
rapidez, frenar lo justo y necesario y, sobretodo, saber elegir cual
puede ser el mejor vial para llegar a donde se desea, a la meta…
¿Me sigues?
Teresa seguía sin comprender demasiado, pero confiaba
en Raimon y entendía que debía seguirlo sin más…
-Brrrmm, brrrrm… Te sigo…
- Ja, ja, ja… Suenas como un Ford Mustang que vi en una
película… Uauu, montadito en ti hasta el horizonte… Glups, que
grosero, perdona…
-Brrrrrm. Más allá de muchos horizontes, ¿sí? – y Teresa
volvió a reírse…
-¡Vale! Contigo es difícil hablar en serio… ¡Vale! Que
sepas que me lo guardo todo… Un día de estos pasaremos
cuentas… ¡Nooo! ¡No respondas!
98
Teresa calló, pero no pudo evitar guiñar un ojo e inclinar
la cabeza repetidamente en dirección a la cama… Raimon tuvo
que reprimirse para no escupir el café con leche encima la
mesa…
- ¡Qué malaaaa! Bueno, ahora en serio… En Goig
llamamos a eso que estamos intentando hacer “Desayuno con
diamantes”. Suele ser, aunque no siempre, el paso posterior al
descubrimiento del “Río de la Vida”. De alguna manera
entendemos que con el baño de un cuerpo desnudo en el agua del
nuevo “Mundo” no es suficiente. Hay que aprender a desnudar
también el corazón y el alma, a despojarlos de la contaminación
“circunstancial” para poder arraigarlos realmente en esa nueva
conciencia integral del vivir.
-¿Te refieres quizás a los esquemas adquiridos?
-Evidentemente, pero hay que ir mucho más lejos.
Cuando me bañé como tú en el río me sentí nuevo, renovado,
lleno de ilusión y fuerza… Eso me dispuso, me abrió totalmente,
pero no entendí hasta más adelante que esa era una disposición
relativa. Seguía anclado en Nunca Jamás y de solo contar con
mis ansias me hubiera limitado a vivir una aventura increíble,
unas fantásticas vacaciones…
-Uf, no se cambia en dos días, ¿verdad?
-No, cariño. En dos días podemos asentar una intención,
pero para que se produzca realmente el cambio hay que
conseguir un empadronamiento global en Goig. Y eso implica el
traslado de mucho equipaje, su selección, cerrar nuestros
“hogares” anteriores, el real, donde pretendíamos habitar, y el
imaginario, donde procurábamos resguardarnos de los entornos
dañinos. Cuánta gente crea internamente esa casita, con esa
puerta blindada que nos salvaguarda, con esa ventana donde
proyectar los sueños, con…
-Yo, por ejemplo…
-Y yo tenía la mía. Y con ella creé una coraza que
inconscientemente me separaba de muchas cosas, algunas malas,
seguro, pero también de muchas buenas…
99
-¿Y entonces?
- Durante años vivimos en el mundo real la cotidianeidad
y separamos para el mundo imaginario las ilusiones, los anhelos,
incluso los sentimientos… Si te paras a pensar ahora mismo aquí
en Goig estás aún viviendo en el jardín de esa casita, lejos del
mundo real. Tus vivencias resultan tan sublimes que difícilmente
parecen extrapolables al mundo real… Yo mismo, aunque te
duela admitirlo, estoy asumiendo más un rol de personaje
imaginario que el de un hombre de carne y huesos que se está
enamorando de verdad de ti… Y me parece no me equivoco si
digo un hombre del cual tú también te estás enamorando… Sí, no
mires al techo, mujer…
-¿Enamorando yo? ¿Qué dices?
-Da igual, me parece me vas siguiendo… Yo encajo en
ese jardín, pero de ninguna forma encajaría en ese mundo real
que durante años te sostuvo más o menos… Es más, no tengo
absolutamente nada que ver con los hombres que hasta ahora, te
guste o no, fueron el sostén de tu frágil seguridad, sin duda, pero
en definitiva seguridad asumida. ¿Me parezco en algo a tu padre?
¿Existe algo que me conecté con algún novio? ¿Con tu exmarido,
quizás?
-No, desde luego pareces de otro mundo… Aún hoy sigo
preguntándome si en realidad existes…
-Y eso, si no cambias y adaptas tus esquemas, será mi
condena… Nos guste o no aquellos seres y aquellas cosas que
durante mucho tiempo nos acompañaron, aun si lo hicieron de
forma negativa, incluso brutal, se convierten en eslabones de la
cadena que nos da la impresión que nos ata a la vida. Realmente
no podríamos dibujar nuestra existencia sin dibujarlos a todos y a
todas… Esa cadena sería como un collar de diamantes sin el cual
no podemos existir, salir, mostrarnos… De alguna forma en esos
cristales se refleja la imagen de quien creemos ser. Y muy a
pesar nuestro, pues para muchos esa imagen está más
representada por el cómo nos ven, por el cómo nos quieren ver,
que por el cómo deseamos ser. La primera cuestión a valorar es
si esa atadura nos fija a la vida o realmente nos condena a una
100
realidad circunstancial que queremos rechazar. La segunda
cuestión será evaluar si realmente esa cadena es de acero o
simplemente de tejido histórico, si realmente los diamantes son
piedras preciosas que iluminan nuestra esencia o es puro hielo
que congeló nuestra forma de ser y enfrió nuestras
expectativas… Me vas entendiendo, ¿verdad?
Teresa tardó un poco… Claro que comprendía… Lo que
residía en el fondo de los argumentos de Raimon era algo más
que prendarse de una filosofía, la de Goig, era algo más que
enamorarse de un hombre maravilloso, era… Volver a amar la
vida, pero de verdad y en verdad, … Era trasladar la vida de sus
sueños a la realidad para poder realmente disfrutarla y…, uf,
amarla… Sólo con pensarlo se emocionó… Raimon se dio
cuenta…
-Tú tienes hijas en Nunca Jamás y vas a regresar. Puedes
hacerlo con el recuerdo imborrable de un viaje apasionante o
puedes hacerlo trasladando ese viaje allí, puedes conseguir que
ese viaje no se acabe ya nunca…
-¿De verdad lo crees?
-Lo creo y me consta, pues he conocido ya mucha gente
que lo logró…
-Y, ¿cómo?
-Debes asimilar que en ti no pueden convivir dos
mundos, que si la vida es un largo sueño en un largo sueño
puedes vivir. Debes comprender desde ya que para llegar a
donde quieres ir sólo hay un camino, el que tu puedes y debes
trazar.
-Agarrar el mando de la tele y no soltarlo…
-Es curioso que me pongas ese ejemplo… Precisamente
iba yo a usarlo. Cuando vivía en Nunca Jamás tenía una amiga
que siempre me achuchaba con eso… Pasaba yo por entonces
una época difícil y, ¿sabes? Ella me soltaba: “Tú vales mucho y
sabes muy bien lo que quieres… Eres muy especial…Agarra el
mando de la tele, sí, el de tu vida, y decide por ti mismo que
101
canal quieres ver…” Hasta que no llegué aquí no me di cuenta de
cuánta razón tenía… Durante años prescindí de escoger por y
para mí mismo. Mi vida se movía más por lo que creía
necesitaban de mí que por lo que yo mismo precisaba. Cedí el
poder… Y lo malo es que no siempre lo cedí a las reales
necesidades. Demasiado a menudo lo cedí a las demandas
imperativas, a las exigencias de personas que creían tener el
derecho de pautar mi vida…
-¿De pautar tu…? Me perdí…
-La gente cómo tú y yo, aquellos que por naturaleza
tenemos mucho que ofrecer y deseamos darlo somos como un
imán para muchas personas que por lo que sea acaban creyendo
que tienen el derecho a disponer de nuestra vida… Da igual,
volvamos a los argumentos… ¿Crees realmente que en Nunca
Jamás tú manejas ese mando?
-Evidentemente no… Quizás en las cosas superficiales,
pero no en lo esencial…
- Y, ¿qué crees que te impide o te impediría tomarlo?
- No sé… Me siento ahora muy confusa. Para mí todo
cambio radical es como una sensación de traición a lo
establecido, el miedo a dañar, a fracasar, a decepcionar…
-Y puedes terminar dañándote a ti misma,
decepcionándote, ¿renunciando a ser feliz?
-Es muy difícil tomar decisiones cuando sientes que con
ellas arrastras tu entorno más querido… ¿Arrastras? Quizás no es
la palabra… ¿Trastornas?
-¿Sabes? La calidad de una vida no se mide por lo que
pensamos debemos hacer y hacemos, se mesura por aquello que
deseábamos hacer e hicimos… Lo mejor que puedes dar a tus
seres queridos nunca será una actitud de servicio, una compañía
inamovible pero a menudo ausente, el mantenimiento de un
estatus extraño, de costumbres o rutinas que no complacen tu
equilibrio…
-¿Y entonces? ¿Qué será lo mejor que puedo darles?
-Venga, tú ya sabes la respuesta… Su mejor regalo eres
tú misma, descubrirte cómo realmente deseas ser, encontrarte
102
donde realmente quieres estar… Tenerte en cuerpo y alma…
Pero, ¿podrán tenerte si vives escondida? Por dios, no hay nada
que pueda llenar más a un hijo que sentir a sus padres seguros, de
pie, equilibrados y felices… Tú tienes dos niñas… ¿Eres
consciente de que en muchas cosas su vida futura será un reflejo
de la vida que tú les muestras?
-De alguna manera sí…
-Luego, la pregunta es obvia: ¿Crees que el modelo a
mostrar está en los esquemas de conducta usuales de Nunca
Jamás o en la forma de entender la vida que vas descubriendo
aquí en Goig?
-La respuesta es tan obvia como la pregunta…
-En la teoría seguro… ¿Y en la práctica?
Teresa no supo que responder. Era tan grande su deseo de
consolidar su vida futura en lo aprendido en Goig… Pero en las
preguntas de Raimon había una base muy cierta: ¿cómo
renunciar a todas las respuestas ya aprendidas? ¿Cómo deshacer
los nudos? ¿Cómo recuperar la confianza en la vida? ¡Cómo
volver a creer en sí misma?
-¿Cómo? Por favor, ayúdame… ¿Cómo desprenderme de
quien soy?
-Entendiendo que ese Tú que quieres cambiar no es más
que un reflejo de una historia. Entendiendo que puede haber
nuevas y diferentes historias y que llegó el momento de que seas
tú quien las escriba… Entendiendo que aquello que te frena no es
más que miedo, un pavoroso temor a lo desconocido que hiela tu
sangre y enfría tu alma… Entendiendo, comprendiendo que si
consigues abrir para siempre tu corazón a los sueños con la
calidez de tu pasión por la vida llegará el deshielo. Y entonces,
¿sabes? dejarás de alimentar cada nuevo día con escarcha.
Entonces, sólo entonces, ese desayuno con diamantes será una
realidad dentro de la realidad. Sin cadenas, sin más guirnalda que
la joya de vivir, de perseguir tus sueños, de amar y ser amada,
de, de y de…
103
-Parece fácil, pero… Pero… Tienes razón, estoy muy
asustada. Me pregunto si realmente podré ser capaz de
experimentar ese cambio rotundo que Nunca Quizás me sugiere,
me pregunto si realmente será capaz de vivir plenamente desde el
alma y para el alma… ¿Realmente toda esa capacidad de cambio
estará totalmente solo en mis manos?…A veces, siento como si
algo en mi interior me mantuviera atada, una especie de genética
con la que nací que me impide dar el paso sin mirar atrás… algo
así como un código que anula mis fuerzas y me devuelve al
mismo lugar de donde partí… una especie de encadenamiento
difícil de definir pero que impide que mi alma vuele hacia donde
desea… Mucha vida he invertido en estas cuestiones y pese a
que mi cuerpo envejece y su energía se agota mi alma sigue
siendo fiel a su anhelo de volar… ¿Y si ese deseo no es más que
un mero recuerdo de aquellos otros Universos por donde el alma,
a saber, ha habitado cuando solo era eso? "Alma", energía... No
sé, a menudo siento que la tierra me atrapa el espíritu,… esa
masa física, ese principio de Newton … ¡tantas cosas! Y me
pregunto, y me sigo preguntando… Y espero, y sigo
esperando… Y sueño cada noche, y sigo soñando… Quizás… Sí,
quizás por fin pueda llegar a ser fiel a mi alma… Quizás algún
día pueda llegar a desprenderme de mis miedos… Quizás algún
día no muy lejano tome la firme decisión de desnudarme ante el
mundo sin temor a pasar frío… Y podré quitarme por fin esas
máscaras que me permiten mostrarme sin ofrecerme. Quizás
pueda reunir el coraje suficiente para recuperar cada una de mis
partes, para reconciliar hasta la última célula de mi cuerpo y
sentirme solo Una… Pero…. No dejo de dudar… Una vez
alcanzados los sueños, entonces ¿perderé mi capacidad de
soñar?... Una vez encuentre mi verdadera identidad ¿perderé mi
instinto de buscar?... Una vez aprenda a volar ¿no sentiré la
nostalgia de descansar sobre una rama? No sé… Sí, es verdad,
me cuestiono tantas cosas… ¿Quizás deba aprender que mi
felicidad se descubre en aquello que Ya Soy y es aquello que Ya
Hago?
104
-Uy… Déjame responderte con calma… ¿Sabes? Mi
madre se pasó la vida haciendo eso: buscando razones,
indagando en su ser, planteando nuevas preguntas cada vez que
obtenía una respuesta… Y leía y se apuntaba a cursillos, talleres,
seminarios… “Quiero encontrarme a mí misma”, decía… Yo, su
hijo, la miraba y no entendía nada… Y le hubiera dicho, le
hubiera gritado: “Pero, ¡si estás aquí! ¿No te ves? Para mí eres
única, ya eres muy hermosa, ya estás completa… Huye de tantas
cuestiones, deja de teorizar, escupe de una vez esa tristeza
impregnada de miedo que te aleja tantas veces de nosotros…
Vive, vive… Por favor, te lo ruego…” Pero mi madre nunca
abandonó ese camino, ese peregrinaje sin otro rumbo que el
ondeo concéntrico en su inmensa inseguridad y su pobre
autoestima… Con los años fuimos los hijos los que intentamos
volar, de forma muy distinta debimos alejarnos, forjar nuestra
vida… Ella se sintió tan perdida… Una vez, lo recuerdo como si
fuera ayer, me dijo: “Os he dedicado mi vida y con ello tuve que
renunciar a tantas cosas… No me podéis pagar así.” Yo la
respondí: “Yo no quería tu vida, tan solo anhelaba tu amor. Yo
no te pedí que renunciaras a nada, y mucho menos que
renunciaras a ti misma… Pues al hacerlo nos robaste algo muy
querido… Te quiero y siempre te querré. Es más te amo con todo
mi corazón. Pero debo seguir mi camino, marcar mi juego, mis
apuestas… Ya hace mucho que comprendí que yo no puedo
llenar ese vacío espantoso que sientes en tu interior. Solo tú
puedes llenarlo. Me tienes y me tendrás siempre a tu lado, pero
para acompañarte, no para dar sentido a tus pasos…”
-Raimon, por favor… No sigas, me harás llorar…
-Pues si es así quizás te haré un favor… No olvides que
con el llanto y con la risa, cuando son sinceros, abrimos la puerta
del alma…
-Pero duele… Duele mucho…
-Al principio sí, lo se… Pero luego, cuando te
acostumbras a vivir con la luz de tu interior, es una sensación tan
pura, tan soberbia… Date cuenta, lo que en definitiva
pretendemos es salir de una oscuridad casi absoluta, llegar a la
105
luz… No creas que va a ser fácil. Nada de lo que vale la pena en
la vida es fácil. Debes abrir los ojos, el corazón, tu alma, poco a
poco… La luz te cegará y querrás volver al agujero, a tu casita,
acaso, pero si aguantas no tengas duda que obtendrás tu premio.
¿Si te rindes? Uf, si con todo lo vivido en Goig decides volver a
la oscuridad creo que ya nunca conseguirás salir de ella.
-No me asustes… ¿Me ayudarás?
-Pues claro que sí… Pero no solo yo, toda la gente que te
quiere de verdad seguirá a tu lado. Yo diría más: aquellos que te
aman, si decides por fin saltar a la vida, darán saltos de alegría…
Pues tu felicidad les va a llenar, pues tu emocionado andar les va
a guiar, pues tu ilusión les va a iluminar, pues en la recuperación
de tu vida podrán sentir de una vez que te recuperan, que te
tienen… ¿Los otros? ¿Los eternos conocidos? No te preocupes lo
más mínimo por ellos pues ellos nunca lo hicieron ni lo harán por
ti. Ellos intentarán boicotearte, sentirán una enorme envidia, …
¿Qué mas da?
-¿Y? ¿Cómo puedo? ¿Qué debo?
Raimon se levantó y acercándose a Teresa abrió los
brazos…
-Abrázame. Abrázame y siénteme. Siénteme y aprende a
escucharte, a sentirte. Atiende primero las sensaciones
sensoriales: piel con piel, encuentro, caricia, deseo,… Escucha
mi voz más allá de la palabra, encuentra en ella la ternura, la
amistad… Mírame a los ojos, pero más allá de la retina, intenta
nadar en mis pensamientos, en mis sentimientos, a través de mi
mirada… Encontrarás un mundo precioso…
Ahora intenta sentir mi respiración. Luego escucha la
tuya. Intenta unirlas, enlazarlas, conseguir que el aire que expiro
sea el que tu inhalas, que aquel que tú expiras sea el que yo
inhalo… Siente mi corazón, su latir pausado, el bombeo de
sangre que me da la energía, el bombeo de amor que me da la
vida… Luego busca el tuyo y siéntelo, tal cual, con su pureza,
106
con sus ansias irrefrenables de amar… Intenta también unir los
ritmos: mi corazón, el tuyo… Tu corazón, el mío…
Ahora cierra los ojos y siente, solo eso te pido…
Raimon comenzó entonces a besarla: en la frente, en las
mejillas, en el cuello, en un hombro, en una mano, en un pecho,
en la barriga… Mientras, con sus manos, iba obsequiando con un
suave y muy tierno masaje el camino que seguían sus labios…
Cuando llegó a los pies se incorporó y, tomando su cabeza entre
sus manos, la beso en los labios… Esta vez fue un beso largo y
extenso, como si en su boca encontrara un manjar exquisito
Raimon lamió y relamió, con labios y lengua, hasta que no podía
quedar una gota de savia sin repasar… Teresa hizo caso de lo
sugerido: solo sentir… Evidentemente ese paseo erótico despertó
su deseo, encendió su pasión, pero se sorprendió al darse cuenta
de cómo su cuerpo reaccionaba conjugando la exaltación de
sentidos y órganos con una paz interior indescriptible. ¿Iba allí
realmente su cuerpo o salió su alma a recrearse?
Raimon cortó sus pensamientos…
-Y ahora dime: ¿realmente crees que cuando uno alcanza
sus sueños deja de soñar? ¿Realmente piensas que cuando
consigas tu vida te sentarás en una rama para contemplarla?
-Desde luego que no: los sueños traerán nuevos sueños y
vivir será un placer tan grande que únicamente puede conllevar
una actitud activa, más que nunca… Jo, la pasión de vivir…
suena tan lindo…
-Bien, vayamos con otra pregunta… Sí y no… ¿Tu
felicidad residirá en aquello que Ya Eres y en aquello que Ya
Haces? Piénsalo… ¿Ya Eres? ¿Ya Eras? ¿Quién? ¿Tú misma?
Evidentemente en algunas facetas sí, y podrás aprovecharlas y
retenerlas, pero hasta que no consigas abrir todas las puertas,
hasta que no puedas salir enteramente tal como quieres ser, no
podrás decir Ya Soy… Y lo mismo te diría respecto al Ya
Haces… En lo que hacías que te completaba a tu gusto podrás
ahora recrearte y disfrutar mucho más… Aquello impuesto,
107
aquello superficial que hacías para agradar a otros aprenderás a
rechazarlo… Luego está lo rutinario, aquello que debemos hacer
porqué simplemente es necesario: ir a comprar, lavar, fregar,…
No te imaginas… Incluso esas tonterías se viven de otra forma
cuando uno está bien consigo mismo…
El silencio pausó de nuevo el diálogo. Teresa y Raimon
permanecían de pie, una enfrente del otro, mirándose fijamente
sin reparos… Él esperaba ya la última pregunta. Ella temía
hacerla…
-Y… ¿Tú qué crees? ¿Voy a poder?
-Querer es poder, tú lo sabes bien… Yo creo en ti, tengo
fe en esa maravillosa persona que escondes. ¿Yo? Sí, y seguro
todos aquellos y aquellas que te queremos, que te amamos…
Ahora faltas tú… Ahora debes creer tú en ti misma, en tus
posibilidades, debes tener fe… Si vas a empezar a nadar en Tu
Vida debes tener fe en ti, en tus posibilidades, en tu capacidad,
en tu merecimiento… Y, ¿cómo no?, debes creer en la vida, en
ese río que te va a ayudar a llegar a ese puerto donde anclaste tus
sueños, a esa isla donde naufragó tu esencia, tu ser…
-Te prometo voy a intentarlo…
-No, debes prometerme que vas a conseguirlo. Si no te
sientes capaz de hacer esa promesa nunca te soltarás… ¿Sí?
-¡Sí! ¡Rotundamente sí! Allá voy, allá vengo… ¿Me
esperas?
-Te aguardo, cariño, me guardo para ti y en la guarda de
mis sueños reservaré para ti un lugar muy cercano a mi, a mi
cuerpo, a mi corazón, a mi alma…
108
3.2.7. En la escuela de la vida: De cómo los niños de Goig
crecían y aprendían sin renunciar a nada...
3.2.8. El árbol de la pasión: De cómo el fruto cuidó la semilla
para poder ser eternamente fruto...
3.2.9. La posada del querer: De cómo un corazón renunció al
miedo y abrió la reja que encerraba su soñadora alma...
3.2.10. El Paso de Nunca Quizás: De cómo la voluntad de
vivir puede conducir a alguien al hogar definitivo...
3.3.- Del nacimiento de una nación: De cómo los habitantes
de Goig resumen su historia y su esencia en 29 leyendas
3.3.1. Siete besos: de cómo la doncella pretendió guardar el amor
verdadero en el cajón de los sueños…
3.3.2. El manantial de la ternura: de cómo nació el paraíso más
hermoso habido y por haber…
3.3.3. La flor y el petirrojo: de cómo se conocieron los sentidos y
decidieron aunar sus anhelos…
3.3.4. Del viajero sin destino: de cómo un hombre se negaba a
andar esperando que el destino viniera a buscarle…
3.3.5. Del penoso poso: de cómo las penas se rebelaron al
sentirse prisioneras del recuerdo…
3.3.6. De las flores silvestres y el narciso: de cómo un narciso
quiso apropiarse de un prado silvestre…
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3.3.7. La leyenda de un ego perdido: de cómo una hermosa dama
perdió su presente buscando en su pasado…
3.3.8. En el cementerio de los sueños: de cómo en un fructuoso
subsuelo nacieron flores marchitas…
3.3.9. Más allá de la otra vida: de cómo un niño alcanzó a
descubrir que mucho más allá de cualquier otra vida habita la
presente…
3.3.10. La balada y la brisa: de cómo discutieron la balada y la
brisa por llevar las riendas del carro de una vida…
3.3.11. El reloj de lluvia: de cómo un artesano intento fabricar un
reloj que marcara el tiempo con instantes olvidados…
3.3.12. El pozo de las palabras: de cómo se ahogaron palabras
muy hermosas pero vacías en la intención…
3.3.13. El encantador de deseos: de cómo el deseo sucumbió al
placer sin escuchar los sentimientos…
3.3.14. Un calendario de emociones: de cómo un hombre trató de
programar en su agenda aquello que las emociones le
reclamaban…
3.3.15. En tierra mal abonada: de cómo devolvió la tierra el
olvido de su abono…
3.3.16. Los amigos del Rey: de cómo dos amigos pueden
afrontar de forma muy diferente el consejo que se les demanda…
3.3.17, La leyenda del lobo cantor: de cómo un lobo cualquiera
consiguió ser el Rey de una vida preciosa…
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3.3.18. Los hijos de la Reina Vida: de cómo tres príncipes y tres
princesas afrontaron el reto del regreso a casa…
3.3.19.. El Hostal de la Felicidad: de cómo en un parador un
hombre probó un menú que le llenó enteramente…
3.3.20. El túnel del futuro: de cómo un niño entró en el túnel del
futuro y salió hecho una persona…
3.3.21. La semilla del amor: de cómo una humilde semilla
engendró la planta más hermosa…
3.3.22. Una lágrima para siete brujas: de cómo una lágrima
intentó fundir los hielos sin conseguirlo…
3.3.23. En rosa cerrada: de cómo una flor cerró sus pétalos al
sentirse despreciada…
(Seguirá hasta…)
EPÍLOGO: De cómo un profesor de Historia propuso a su
familia partir con el tren de medianoche hacia la Tierra de
Nunca Quizás...
COROLARIO: Un apasionante viaje…
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Un apasionante viaje al interior en busca del alma. more
Un apasionante viaje al interior en busca del alma. Un sueño que puede ayudarte a reencontrar tu vida.
El borrador de la nueva novela del autor Miquel Beltran i Carreté. less
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