Falconeris.blogspot.com - LA GLORIA DEL DIOS 3 VECES SANTO: EPISTOLAS
UNIVERSALES
COMENTARIO
EXEGETICO Y EXPLICATIVO
DE LA BIBLIA
TOMO II: EL NUEVO TESTAMENTO
POR Roberto Jamieson A. R. Fausset
David Brown
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[PAG. 757]
EL APOCALIPSIS O REVELACION DE JUAN, EL TEOLOGO
INTRODUCCION
AUTENTICIDAD.—El autor se llama a sí mismo Juan (1:1, 4, 9; 22:8). Justino Mártir (Diálogo p. 308; años 139–161)
cita el Apocalipsis como obra del apóstol Juan, la profecía del milenio de los santos, a ser seguido por la resurrección
general y el juicio. Este testimonio de Justino es referido también por Eusebio (Historia Eclesiástica, 4:18). Justino, en la
primera mitad del siglo dos, tuvo una controversia con Trifón, judío erudito, en Efeso, donde Juan había vivido hacía
unos treinta o treinta y cinco años; él dice que la “revelación había sido dada a Juan, uno de los doce apóstoles de
Cristo.” Melito, obispo de Sardis (alrededor del año 171), una de las “siete iglesias”, y así sucesor de uno de los “siete
ángeles”, escribió, dice Eusebio (Historia Eclesiástica, 4:26), tratados sobre el Apocalipsis de Juan. El testimonio del
obispo de Sardis es tanto más imparcial cuanto dicha iglesia fué una de las más severamente reprochadas (3:1). Así
también Teófilo de Antioquía (como año 180), según Eusebio (4:26), citó testimonios del Apocalipsis de Juan. Eusebio
dice lo mismo de Apolonio, quien vivió en Asia Menor al fin del segundo siglo. Ireneo (como 180 después de Cristo),
oyente de Policarpo, el discípulo de Juan y el supuesto ángel de la Iglesia de Esmirna (según el arzobispo Usher), cita
repetidas veces el Apocalipsis lo más decididamente como la obra del apóstol Juan (Haereses 4., 20:11; 4., 21. 3; 4., 30, 4;
5., 36.1; 5., 30.3; 5., 35.2). En 5., 30.1, aludiendo al número místico de la bestia (13:18), hallado en todas las copias
antiguas, dice: “No aventuramos una teoría confidente tocante al nombre del Anticristo; porque si hubiese sido
necesario que su nombre fuese proclamado abiertamente en la actualidad, hubiera sido declarado por aquel que vió la
visión apocalíptica; porque fué vista no hace tanto tiempo atrás, sino casi en nuestra generación, hacia fines del reinado de
Domiciano”. En su obra contra herejías, publicada diez años después del martirio de Policarpo, cita el Apocalipsis veinte
veces, y hace largos extractos de él como de Escritura inspirada. Estos testimonios de personas contemporáneas con
los sucesos inmediatos de Juan, y más o menos vinculadas con la región de las siete iglesias a las que se dirigió el
Apocalipsis, son lo más convincentes. Tertuliano, del norte de Africa (como el año 220), Adversus Marción 3. 14, cita la
descripción por Juan en el Apocalipsis de la espada que salía de la boca del Señor (19:15) y, 3. 24, la ciudad santa (cap.
20). Comp. De Resurrectione 27; De Anima 8, 9, etc.; De Praescriptione Haereticorum 33. El fragmento de Muratori del
canon (como el año 200), hace saber que Juan escribió a las siete iglesias. Hipólito, obispo de Ostia, cerca de Roma
(como año 240), De Antichristo, p. 67, cita el 17:1–18 como la escritura del apóstol Juan. Entre las obras de Hipólito, está
especificado en el catálogo sobre su estatua, un tratado “sobre el Apocalipsis y el Evangelio según Juan”. Clemente de
Alejandría (como año 200), Stromata 6:13, alude a los veinticuatro tronos donde están sentados los ancianos
mencionados por Juan en el Apocalipsis (4:5); también en Quis Dives Salvus, sec. 42, menciona el retorno de Juan de
Patmos a Efeso después de la muerte del tirano romano. Orígenes (como 233), Comentario de Mateo, en Eusebio
(Historia Eclesiástica 6. 25), menciona a Juan como autor del Apocalipsis, sin expresar duda alguna acerca de su
autenticidad; también en dicho Comentario, 16. 6, cita el 1:9, y dice: “Parece que Juan ha visto el Apocalipsis en la isla
de Patmos”. Victorino, obispo de Petau de Panonia, quien sufrió el martirio bajo Diocleciano en el año 303, escribió el
primer comentario actualmente en existencia sobre el Apocalipsis. Aunque la antigua versión siríaca (Peschito) no
contiene dicho libro, sin embargo Efrem Ciro (como 378) cita frecuentemente el Apocalipsis como cánónico, y lo
atribuye a Juan.
Su canonicidad e inspiración (según un escolio de Andreas de Capadocia) están atestiguadas por Papias, oyente de
Juan y compañero de Policarpo. Papias era obispo de Hierápolis, cerca de Laodicea, una de las siete iglesias. Conjetura
Wordsworth que un sentimiento de vergüenza, a causa de las reprensiones en el Apocalipsis para con Laodicea,
puede haber obrado sobre el Concilio de Laodicea, de modo que omitiera el Apocalipsis de la lista de libros de lectura
pública. La Epístola de las iglesias de Lyons y Viena a las iglesias de Asia y Frigia (en Eusebio, Historia Eclesiástica 5. 1–
3), durante la persecución bajo Marco Aurelio, año 77, cita el 1:5; 3:14; 14:4, y 22:11, por Escritura. Cipriano (como 250)
también cita el 2:5 como Escritura, así como el 3:21, como de la misma autoridad que el Evangelio. (Para otros
ejemplos, véase Prolegómenos de Alford, de quien se derivó mayormente este resumen de evidencias.) Atanasio, en su
Epístola Festival, [PAG. 758] enumera el Apocalipsis entre las Escrituras canónicas, a las que nadie debe agregar ni
quitar. Jerónimo (en Epístola ad Paulinum) incluye el Apocalipsis en el canon, y dice: “Tiene tantos misterios como
palabras. Faltan las palabras para alabar sus méritos. En cada una de sus palabras se disimulan muchos sentidos”. De
modo que una cadena ininterrumpida de testimonio desde el período apostólico confirma la canonicidad y la
autenticidad del Apocalipsis de Juan.
Los Alogi (Epifanio, Haereses, 51) y Cayo el presbítero romano (Ensebio 3. 18), hacia fines del siglo dos y principios
del tercero, rechazaron el Apocalipsis de Juan por razones meramente capciosas. Cayó, según Jerónimo, De Viris
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Illustribus, como el año 210, lo atribuía a Cerinto, por la razón de que sostenía el reinado milenial sobre la tierra.
Dionisio de Alejandría menciona a muchos anteriores a su tiempo que lo rechazaban por su oscuridad, y porque
parecía sostener el dogma de Cerinto de un reinado terrenal y carnal; por lo cual lo artibuía a Cerinto. Este Dionisio,
discípulo de Orígenes y obispo de Alejandría (247), admite la inspiración del libro (en Eusebio, Historia Eclesiástica 7.
10), pero lo atribuye a otro Juan distinto de Juan el apóstol en base a la diferencia de estilo y carácter, en comparación
con el Evangelio y Epístola de Juan, como también porque el nombre de Juan se menciona varias veces en el
Apocalipsis y siempre se calla en el Evangelio y la Epístola; además ni hace alusión la Epístola al Apocalipsis, ni el
Apocalipsis a la Epístola; y el estilo no es griego puro, sino que abunda en barbarismos y solecismos. Ensebio vacila en
su opinión (Historia 24. 39) respecto de si debe o no debe ser clasificado entre las Escrituras de indubitable
canonicidad. Su antipatia hacía la doctrina milenaria le inclinaría inconscientemente en su opinión del Apocalipsis.
Cirilo de Jerusalén (año 386), Catechesis 4. 35, 36, omite el Apocalipsis al enumerar las Escrituras del Nuevo
Testamento a ser leídas así privada como públicamente. “Todo lo que no se lee en las iglesias, no lo leas tú ni a solas;
los apóstoles y antiguos obispos de la Iglesa que nos las transmitieron eran mucho más sabios que tú”. Vemos pues
que en el día de Cirilo no se leía el Apocalipsis en las Iglesias. Sin embargo, en Catechesis 1. 4 él cita Apocalipsis 2:7, 17;
y en Catecresis 1, 15. 13, saca del 17:11 la declaración profética de que el rey que ha de humillar a tres reyes (Daniel 7:8,
20) es el octavo rey. En caps. 15 y 27 asimismo cita Apocalipsis 12:3, 4. Alford conjetura que Cirilo en algún periodo
cambió su opinión, y que estas referencias al Apocalipsis representan faltas de memoria por las que retenía la
fraseología que pertenecía a sus opiniones anteriores, no a las subsecuentes. El 60o canon (si es genuino) del Concilio
de Laodicea de a mediados del siglo cuatro omite el Apocalipsis de los libros canónicos. La Iglesia Oriental en parte
dudaba del Apocalipsis; la Occidental, después del siglo cinco lo reconocía universalmente. Cirilo de Alejandría, De
Adoratione 146, aunque admite el hecho de que algunos dudaban su genuinidad, lo acepta él mismo como
indubitablemente obra de San Juan. Andreas de Cesárea, de Capadocia, lo reconoció por genuino y canónico, y
escribió el primer comentario completo y conectado de dicho libro. Los orígenes de la duda parecen haber sido: (1) el
antagonismo de muchos contra el milenismo, expuesto en él; (2) la oscuridad y el simbolismo que hicieron que no se
leyese en las iglesias y que no se enseñase a los niños. Pero la tradición más primitiva está inequívocamente en su favor.
En una palabra, la evidencia objetiva lo apoya decididamente; los únicos argumentos en su contra parecen haber sido
subjetivos.
Las notas personales de Juan ocurren en el 1:1, 4, 9; 22:8. Además, el que el autor se dirige a las iglesias del Asia
Proconsular (2:1) concuerda con la tradición corriente de que, suelto Juan de su destierro en Patmos, a la muerte de
Domiciano, bajo Nerva residió por mucho tiempo en Efeso, donde murió al fin en el tiempo de Trajano (Eusebio,
Historia 3. 20, 23). Si el Apocalipsis no fuese la obra inspirada de Juan, significando como significa que es un mensaje
de su superior a las siete iglesias del Asia Proconsular, sin duda hubiera sido rechazado en aquella región; mientras
que los primeros testimonios en dichas iglesias estuvieron todos a su favor. Una sola persona tenía el derecho de usar
lenguaje de autoridad tal como aquel dirigido a los siete ángeles de las iglesias—a saber, Juan, como el último apóstol
sobreviviente y superintendente de todas las iglesias. También, concuerda con el modo de Juan de confirmar la
certeza de su testimonio tanto al principio como al fin de su libro (véase el 1:2, 3, y 22:8, con Juan 1:14; 21:24; 1 Juan
1:1, 2). Otra vez, concuerda con la opinión de que el escritor era apóstol inspirado que se dirige a los ángeles, o
presidentes de las varias iglesias en el tono de un superior que se dirige a inferiores. Además, él alaba a la Iglesia de
Efeso por haber juzgado y condenado a “los que se dicen apóstoles y no lo son”, por lo cual expresa su propia
prerrogativa indudable de la inspiración apostólica (2:2), declarando en las siete epístolas la voluntad de Cristo que le
fué revelada.
Cuanto a la diferencia de estilo, en comparación con el Evangelio y la Epístola, la diferencia de tema en parte la
explica; las visiones del vidente, transportado [PAG. 759] como estaba más allá de la región de los sentidos, relatadas
propiamente en forma abrupta de expresión, y libres de las reglas gramaticales que rigen en sus escritos de carácter
más calmoso y más pensado. Además, siendo como era hebreo galileo, Juan, escribiendo una Revelación semejante a
las profecías del Antiguo Testamento, naturalmente volvió al estilo hebraico de ellos. Alford observa, entre los rasgos
de semejanza entre el estilo del Apocalipsis y el del Evangelio y la Epístola de Juan: (1) el nombre característico dado a
nuestro Señor, peculiar a Juan exclusivamente, “el Verbo de Dios” (19:13, con Juan 1:1; 1 Juan 1:1). (2) la frase “el que
vence” (2:7, 11, 17; 3:5, 12, 21; 12:11; 15:2; 17:14; 21:7, con Juan 16:33; 1 Juan 2:13, 14; 4:4; 5:4, 5). (3) El término griego
(alethinos) por “verdadero”, en contraposición a lo que es oscuro e irreal (3:7, 14; 6:10; 15:3; 16:7; 19:2, 9, 11; 21:5; 22:6).
Este término, usado una sola vez por Lucas (16:11), cuatro veces por Pablo (1 Tesalonicenses 1:9; Hebreos 8:2; 9:24;
10:22), se halla nueve veces en el Evangelio de Juan (1:9; 4:23, 37; 6:32; 7:28; 8:16; 15:1; 17:3; 19:35), cuatro veces en la
Primera Epístola (1 Juan 2:8, 5:20), y diez veces en el Apocalipsis (3:7, 14; 6:10; 15:3; 16:7; 19:2, 9, 11; 21:5; 22:6). (4) El
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diminutivo griego por “Corderito” (arnion) ocurre veintinueve veces en el Apocalipsis, y el único otro lugar donde
ocurre es en Juan 21:15. Sólo en los escritos de Juan se le llama a Cristo directamente “el Cordero” (Juan 1:29, 36). En 1
Pedro 1:19, se le llama “como un cordero sin mancha”, aludiendo a Isaías 53:7. Asimismo el uso del vocablo
“testimonio” (1:2, 9; 6:9; 11:7, etc.; comp. Juan 1:7, 8, 15, 19, 32; 1 Juan 1:2; 4:14; 5:6–11). “Guardar la palabra”, o
“mandamientos” (3:8, 10; 12:17, etc., con Juan 8:51, 55; 14:15). La aseveración de la misma cosa positiva y luego
negativamente (2:2, 6, 8, 13; 3:8, 17, 18; con Juan 1:3, 6, 7, 20; 1 Juan 2:27, 28). Véase también 1 Juan 2:20, 27 con el 3:18,
cuanto a la unción espiritual. Los solecismos aparentes de estilo son atribuíbles a aquella elevación Inspirada que está
por encima de las meras reglas gramaticales, y están destinados a captar la atención del lector por la peculiaridad de
la frase, de manera que se detenga y escudriñe alguna verdad profunda que pueda haber. El fervor del escritor
inspirado que trata un asunto que trasciende a todo otro, lo eleva por encima de toda adherencia servil a las reglas
ordinarias, de modo que a veces pasa de una construcción gramatical a otra, conforme va exponiendo gráficamente la
cosa descrita ante los ojos del lector. Esto no se debe a la ignorancia de la gramática, porque Juan “ha desplegado un
conocimiento de reglas gramaticales en otras construcciones mucho más difíciles”. [Winer.] Se da más atención a la
conexión del pensamiento que a la conexión meramente gramatical. Debe tomarse en cuenta otra consideración, y es que
por cuanto las dos quintas partes del todo es lenguaje de otros, él amolda su estilo conformemente. Véase Tregelles:
Introduction to Revelation from Heathen Authorities.
Tregelles bien dice (Evidencia Histórica Neotestamentaria), “No hay libro del Nuevo Testamento del que tengamos
testimonios tan claros, amplios, y numerosos como los que tenemos a favor del Apocalipsis. Cuanto más intimamente
se relacionaban los testigos a Juan (como en el caso de Ireneo), tanto más explícito es su testimonio. Que prevaleciesen
dudas en épocas posteriores deben haberse originado o en la ignorancia del testimonio primitivo, o si no, en alguna
supuesta intuición de lo que el apóstol debiera haber escrito. Las objeciones basadas en el estilo interno no pueden tener
peso en contra de la evidencia efectiva. Es en vano que se arguya, a priori, que Juan no pudo haber escrito este libro,
cuando tenemos la evidencia de varios testigos competentes de que él lo escribió.
LA RELACION DEL APOCALIPSIS AL RESTO DEL CANON.—Gregorio Niceno, Tomo 3, página 601, llama
Revelación “el último libro de la gracia”. Completa el volumen de la inspiración, de modo que no hemos de esperar
ninguna revelación más hasta que venga Crísto mismo. Apropiadamente el último libro para cerrar el canon fué
escrito por Juan, el último apóstol sobreviviente. El Nuevo Testamento se compone de los libros históricos, los
Evangelios y los Hechos; las Epístolas doctrinarias; y un libro profético, el Apocalipsis. El mismo apóstol escribió el
último de los Evangelios, y probablemente la última de las Epístolas, y el único libro profético del Nuevo Testamento.
Todos los libros del Nuevo Testamento habían sido escritos y eran leídos en las asambleas de las iglesias, unos años
antes de la muerte de Juan. Su vida fué prolongada providencialmente a fin de que diese la final atestación a la
Escritura. Cerca del año cien, los obispos de Asia (los ángeles de las siete iglesias) vinieron a Juan en Efeso, trayendo
ejemplares de los tres Evangelios, de Mateo, Marcos, y Lucas, y desearon de él una declaración de su criterio
apostólico acerca de los mismos; por lo que los pronunció auténticos, genuinos, e inspirados, y al pedido de ellos
agregó su propio Evangelio para completar el aspecto cuádruplo del Evangelio de Cristo (véase el Canon de Muratori;
Ensebio 3. 24; Jerónimo, Proaemium in Matthaeum; Victorino, Apocalipsis; Theodoret, Mopsuestia). Un clérigo griego,
citado en Aliatio, llama el Apocalipsis “el sello de toda la Biblia”. El canon estaría incompleto sin [PAG. 760] el
Apocalipsis. La Escritura es un todo completo, sus libros componentes escritos durante un período de más de 1.500
años, estando mutuamente relacionados. La unidad de propósito y de espíritu atraviesa el todo, de tal modo que el fin
es la necesaria consecuencia del centro, y el centro del principio. El Génesis presenta ante nosotros al hombre y a la
novia en la inocencia y bienaventuranza, seguido por la caída del hombre debido a la sutileza de Satanás, y la
consiguiente miseria del hombre, su exclusión del Paraíso y del árbol de la vida y de los ríos deleitosos. La Revelación
presenta en orden inverso al hombre, antes expuesto al pecado y a la muerte, pero después hecho vencedor por la
sangre del Cordero; el primer Adán y Eva, representados por el segundo Adán, Cristo y la Iglesia, su esposa
inmaculada, en el Paraíso con libre acceso al árbol de la vida y al agua cristalina de la vida que surge del trono de
Dios. Como el Génesis predijo el aplastamiento de la cabeza de la serpiente por la simiente de la mujer, así el
Apocalipsis declara el cumplimiento final de dicha predicción (caps. 19, 20).
LUGAR Y FECHA.—Las más reconocidas autoridades declaran que Juan fue desterrado bajo Domiciano (Ireneo,
5. 30; Clemente de Alejandría; Eusebio, Historia Eclesiástica 3. 20). Victorino dijo que tuvo que trabajar en las minas de
Patmos. A la muerte de Domiciano, año 95, volvió a Efeso bajo el emperador Nerva. Es probable que fuese
inmediatamente después de su retorno cuando escribiese, bajo la inspiración divina, el relato de las visiones que le
fueron concedidas en Patmos (1:2, 9). Sin embargo, el 10:4 parece indicar que escribió las visiones inmediatamente
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después de haberlas visto. Patmos es una de las Espórades. Su circunferencia es de como cincuenta kilómetros. “Era
propio que cuando se le impedía ir más allá de límites terrenales, se le permitiese penetrar en los secretos del cielo”.
[Beda, Apocalipsis.] Los siguientes argumentos favorecen una fecha anterior, es decir, bajo Nerón: (1) Eusebio (en
Demostraciones Evangélicas) junta en la misma proposición el destierro de Juan con el apedreo de Jacobo y el degüello
de Pablo, ocurridos bajo Nerón. (2) El relato de Clemente de Alejandría del ladrón restaurado por Juan, después que
hubo corrido tras de él y alcanzándolo con dificultad, concuerda mejor con el Juan de edad más joven que la que tenía
bajo Domiciano, de cerca ya de 100 años, Aretas, en el siglo seis, aplica el sexto sello a la destrucción de Jerusalén por
Nerón el César. Laodicea fué destruída por terremoto en el año 60, pero fué inmediatamente reedificada, de modo que
el ser ella “rica y aumentada en bienes” no es incompatible con el que el libro fuese escrito durante la persecución
neroniana (año 64). Pero las posibles alusiones a ella en Hebreos hacen posible una fecha anterior a la destrucción de
Laodicea, a saber: Hebreos 10:37, compárese Apocalipsis 1:4, 8; 4:8; 22:12; Hebreos 11:10, comp. el 21:14; Hebreos 12:22,
23, comp. el 14:1; Hebreos 8:1, 2, comp. el 11:19; 15:5; 21:3; Hebreos 4:12, comp. el 1:16; 2:12, 16; 19:13, 15; Hebreos 4:9,
comp. cap. 20; 1 Pedro 1:7, 13; 4:13, comp. 1:1; 1 Pedro 2:9, con el 5:10; 2 Timoteo 4:8, con el 2:26, 27; 3:21; 11:18; Efesios
6:12. con el 12:7–12; Filipenses 4:3, con el 3:5; 13:8; 17:8; 20:12, 15; Colosenses 1:18, con el 1:5; 1 Corintios 15:52, con el
10:7; 11:15–18. Se dice que Cerinto murió antes que Juan: como él tomó del libro de Juan mucho material para su
seudo apocalipsis, es probable que aquél fuese de una fecha anterior al reinado de Domiciano. Véase Tilloch,
Introducción al Apocalipsis. Pero la bendición paulina del 1:4 indica que fué escrito después de la muerte de Pablo bajo
Nerón.
LOS DESTINATARIOS.—La inscripción afirma que fué dirigido a las siete iglesias de Asia, eso es, el Asia
Proconsular. La razón de Juan para elegir el número siete (pues había más de siete iglesias en la región indicada, por
ejemplo, las de Magnesia y Tralles), fué sin duda porque siete es el número sagrado que expresa totalidad y
universalidad: de modo que está implícito que Juan, por medio de las siete iglesias, se dirige en el Espíritu, a la Iglesia
de todos los lugares y edades. La iglesia en sus varios estados de vida o de muerte espiritual, de todas las edades y
lugares, está representada por las siete iglesias, y de consiguiente son dirigidas a ella las palabras de consuelo y de
amonestación. Esmirna y Filadelfia solas son honradas con alabanza pura, como fieles en la tribulación y ricas en
buenas obras. Herejías de género distinto ya se habían levantado en las iglesias de Asia, y el amor de muchos se había
enfriado, mientras que otros habían progresado a mayor celo, y uno había sellado su testimonio con su sangre.
EL OBJETIVO.—Principia con amonestaciones a las siete iglesias de parte del divino Hijo del hombre, a quien
Juan vió en visión, después de una breve introducción que expone el tema principal del libro, a saber, “para
manifestar a sus siervos las cosas que deben suceder presto” (caps. 1–3). Del capítulo 4 al fin es mayormente profecía,
con exhortaciones y consolaciones prácticas, sin embargo, diseminadas, semejantes a las enviadas a las siete iglesias
(representativas de la Iglesia universal de toda edad), que así relacionan el cuerpo del libro con su principio, que
forma por tanto su debida introducción.
Existen tres escuelas de interpretación: (1.) Los preteristas, que sostienen [PAG. 761] que casi todo ya se ha
cumplido. (2.) Los intérpretes históricos, que sostienen que el libro comprende la historia de la Iglesia desde el tiempo
de Juan hasta el fin del mundo, siendo los sellos cronológicamente sucedidos por las trompetas, y éstas por los vasos.
(3.) Los futuristas, que consideran que casi todo es aún futuro, y ha de ser cumplido inmediatamente antes de la
segunda venida de Cristo. La primera teoría no fue aceptada por ninguno de los primeros padres, y ahora sólo por los
racionalistas, que limitan la visión de Juan a las cosas que estaban dentro de su propio horizonte, las persecuciones de
los cristianos por la Roma pagana, y su anticipada destrucción en consecuencia. La escuela futurista está abierta a esta
grande objecion: su teoría dejaría a la Iglesia de Cristo sin dirección profética alguna ni fortaleza para sus pruebas
ardientes durante los siglos de su existencia. Pues Dios ha dicho: “Porque no hará nada el Señor Jehová; sin que revele
su secreto a sus siervos los profetas.” Los judíos tuvieron una sucesión de profetas que los guiaron con la luz de la
profecía: lo que los profetas fueron para ellos, eso mismo han sido, y son, para nosotros las escrituras apocalípticas.
Alford, siguiendo a Isaac Williams, llama la atención a la relación paralela entre el Apocalipsis y el discurso de
Cristo en el Monte de las Olivas, de Mateo 24. Los sellos claramente nos llevan hasta la segunda venida de Cristo,
como lo hacen también las trompetas (comp. 6:12–17; 8:1, etc; 11:15), y asimismo también las copas (16:17): los tres
temas corren paralelos, y terminan en el mismo punto. Ciertas palabras claves (“reclamos”, las llama Wordswodth)
unen las tres series de símbolos. Estas no se suceden una a otra en orden histórico ni cronológico, sino paralelamente,
las series posteriores llenando en detalle el mismo cuadro que las precedentes habían dibujado en bosquejo. Así
Victorino (sobre 7:2), el primer comentador del Apocalipsis, dice, “El orden de las cosas no ha de tomarse en cuenta,
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puesto que a menudo el Espíritu Santo, cuando ha corrido hasta el fin del último tiempo, otra vez vuelve a los mismos
tiempos, y suple lo que ha expresado menos explícitamente.” Y Primasius (Ad Apocalypsin in fine), “En las trompetas
da una descripción mediante una repetición agradable, según es su costumbre.”
Desde el principio Juan se apresura, por anticipación (como era la tendencia de todos los profetas), a la gran
consumación: “He aquí viene en las nubes” (1:7); “Yo soy el principio y el fin, el primero y el último” (8:17). Así las
siete epístolas exhiben la misma anticipación de la terminación: “Al que venciere,< escribiré sobre él el nombre de mi
Dios, y el nombre de la ciudad de mi Dios, la nueva Jerusalem, la que desciende del cielo <” (3:12); comp. 21:2.
También, “Le daré la estrella de la mañana” (2:12); comp. “Yo soy la estrella resplandeciente y de la mañana” (22:16).
Otra vez, el terremoto que sucede al abrirse el sexto sello es una de las palabras claves: es decir, un eslabón que une
cronológicamente este sexto sello con la sexta trompeta (9:13; 11:13): comp. también la séptima copa (16:17, 18). Los
concomitantes de la apertura del sexto sello, está claro, no se aplican en sentido pleno y amplio a evento alguno, sino a
los terrores que tomarán a los impíos en vísperas de la venida del Juez.
Otra vez, la bestia del abismo, entre la sexta y séptima trompetas, conecta esta serie con la sección de caps. 12, 13, 14,
tocante a la Iglesia y sus adversarios. Otra vez, la selladura de los 144.000 bajo el sexto sello une este sello con la
sección de caps. 12–14.
Asimismo, la soltura de los cuatro vientos por los cuatro ángeles sobre los cuatro ángulos de la tierra, bajo el sexto
sello, corresponde a la soltura de los cuatro ángeles en el Eufrates, bajo la sexta trompeta.
Además, ocurren eslabones en el Apocalipsis que lo relacionan con el Antiguo Testamento. Por ejemplo, “la boca
que habla grandezas,” conecta la bestia que habla blasfemias contra Dios, y hace guerra contra los santos, con el cuerno
pequeño, o el último rey, que, surgiendo después de los diez reyes, hablará contra el Altísimo y lidiará contra los santos;
también comp. los “cuarenta y dos meses” (13:5), o los “mil doscientos sesenta días” (12:6), con los “tiempo, tiempos y
la mitad de un tiempo” de Daniel 7:25. Además, “los cuarenta y dos meses,” (11:2), correspondientes a 12:6 y 13:5,
unen el período bajo la sexta trompeta a la sección, caps. 12, 13, 14.
Auberlen observa, “La historia de la salvación está gobernada misteriosamente por números santos. Son el
andamio del edificio espiritual. No son meramente indicaciones exteriores de tiempo, sino indicaciones de naturaleza
y esencia. No sólo la naturaleza, sino también la historia, está basada en números. La Escritura y la antigüedad ponen
números por las formas fundamentales de las cosas, donde nosotros ponemos ideas.” Como el número es el regulador
de las relaciones y las proporciones del mundo natural, del mismo modo entra muy a menudo en las revelaciones del
Apocalipsis, el que expone las armonías de lo sobrenatural, de lo divino inmediato. Así la revelación más sobrenatural
nos lleva lo [PAG. 762] más lejos en la natural, como era de esperar, puesto que el Dios de la naturaleza y de la
revelación es uno. Siete es el número de la perfección (1:4; 4:5, los siete espíritus delante del trono: 5:6, los siete cuernos
y los siete ojos del Cordero). Así las siete iglesias representan la Iglesia católica en su totalidad. Los siete sellos‐trompetas‐
copas, son particularmente una serie completa cada una en sí, cumpliendo perfectamente el curso divino de los juicios.
Tres y medio denota un número opuesto al divino (siete), pero roto en sí, el cual, en el memento del mayor triunfo,
queda derrotado por el juicio y la ruina absoluta. Cuatro es el número de la extensión mundial; siete es el número de la
revelación de Dios en el mundo. En las cuatro bestias de Daniel hay un reconocimiento de algún poder sobre ellos, al
mismo tiempo que hay una pantomima de los cuatro querubines de Ezequiel, los símbolos celestiales de toda la
creación en su debida sujeción a Dios (4:6–8). Así los cuatro ángulos de la tierra, los cuatro vientos, los cuatro ángeles
desatados en el Eufrates, y Jerusalén que está puesta en cuadro, representan la extensión mundial. El séptuplo de
espíritus de parte de Dios corresponde a los cuatro querubines de parte de la creación. Juan, viendo más
profundamente el carácter esencialmente antidivino del mundo, nos presenta, no las cuatro bestias de Daniel, sino las
siete cabezas de la bestia, por lo que se arroga la bestia la perfección séptupla de los espíritus de Dios; al mismo tiempo
que, con característica contradicción de sí misma, tiene diez cuernos, el número peculiar al poder mundial. Su
usurpación injusta del número sagrado siete está señalada por la adición de una octava al número de siete cabezas, y
también por el número de la bestia misma, 666, el cual en unidades, décimas y centésimas, se acerca, pero carece de la
perfección del siete. Los juicios sobre el mundo son completos en seis. Después del sexto sello y la séptima trompeta,
hay una pausa. Cuando llega el siete, sobreviene “el reino de nuestro Señor y de su Cristo.” Seis es el número del
mundo entregado a juicio. Además, seis es la mitad de doce, como tres y medio es la mitad de siete. Doce es el número de
la Iglesia: comp. las doce tribus de Israel, las doce estrellas en la cabeza de la mujer (12:1), y doce las puertas de la nueva
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Jerusalén. Seis así simboliza el mundo quebrado, y sin fundamento sólido. Dos veces doce es el número de los
ancianos celestiales; doce veces doce mil el número de los elegidos sellados; el árbol de la vida lleva doce géneros de
frutos. Sin duda, además de esta fuerza simbólica, hay algún significado cronológico especial en los números; pero
hasta ahora, aunque son tema de investigación encomendada, no han recibido solución alguna que podamos aceptar
con seguridad como la verdadera. Su propósito es de estimular reverente investigación, no para agradar la ociosa
curiosidad especulativa; y cuando los eventos hayan tenido lugar, demostrarán la divina sabiduría de Dios, quien
ordenó todas las cosas en relaciones minuciosamente armoniosas, y no dejó para la casualidad ni los tiempos ni los
medios.
Los argumentos para la teoría de año por día son los siguientes: Daniel 9:24, “Setenta semanas están determinadas
<” donde el hebreo puede significar setenta sietes; pero Mede observa, la palabra hebrea siempre significa siete de días, y
nunca siete de años (Levítico 12:5; Deuteronomio 16:9, 10, 16). Otra vez, el número de años de peregrinación de los
israelitas resulta corresponder al número de días en que los espías escudriñaron la tierra; a saber cuarenta: comp.
“cada día por un año,” Números 14:33, 34. Así en Ezequiel 4:5, 6, “Yo te he dado los años de tu maldad por número de
los días (390) < día por año <” Juan en Apocalipsis mismo, usa días en un sentido que apenas puede ser literal. 2:10,
“Tendréis tribulación por diez días:” los diez años de persecución relatados por Eusebio parecen corresponderles. En
dicha teoría hay aún bastante obscuridad para ejercitar la paciencia y probar la fe, porque no podemos decir con
precisión cuándo empiezan los 1260 años: de modo que esta teoría es bastante compatible con las palabras de Cristo,
“De aquel día y hora nadie sabe <” Con todo, una dificultad que hay con esta teoría es que “mil años” (20:6, 7)
apenas puede significar 1.000 por 360 días, o sea 360.000 años. La primera resurrección allí debe ser literal, así como
20:5 debe ser entendido como literal, “el resto de los muertos no tornaron a vivir hasta que sean cumplidos los mil
años.” Interpretar lo primero espiritualmente nos obligaría a interpretar espiritualmente esto último, lo que sería lo
más improbable; porque significaría que los otros espiritualmente muertos no tornaron a vivir espiritualmente hasta el
fin de los mil años, y entonces sí llegaron a vivir espiritualmente. 1 Corintios 15:23, “Los que son de Cristo en su
venida,” confirma la interpretación literal.
CAPITULO 1
TITULO: ORIGEN Y PROPOSITO DE ESTA REVELACION: BENDICION SOBRE EL LECTOR Y GUARDADOR
DE ELLA, POR ESTAR CERCANO EL TIEMPO: LAS SIETE IGLESIAS: SALUTACION APOSTOLICA: LA NOTA
TONICA, “HE AQUI VIENE” (Comp. 22:20, “Ciertamente vengo en breve”): VISION PBELIMIAR DEL HIJO DEL
HOMBRE EN LA GLORIA, ENTRE LOS SIETE CANDELEROS, CON LAS [PAG. 763] SIETE ESTRELLAS EN SU
DIESTRA. 1. revelación—Un apocalipsis o descubrimiento de las cosas que habían estado veladas. Un manifiesto del
reino de Cristo. El manual de viaje de la Iglesia para los tiempos de los cristianos gentiles. No una historia detallada del
futuro, sino una representación de las grandes épocas y principales poderes en el desarrollo del reino de Dios en
relación con el mundo. La teoría eclesio histórica va contra el gran principio de que la Escritura se interpreta a sí misma.
La Revelación ha de enseñarnos a entender los tiempos, no los tiempos de interpretarnos el Apocalipsis, aunque está
en la naturaleza del caso que una influencia reflexiva se ejerce aquí, y es entendida por los prudentes. [Auberlen.] El
libro se compone de series de grupos paralelos, no en orden cronológico. Con todo hay un desarrollo histórico
orgánico del reino de Dios. En este libro todos los demás libros de la Biblia se encuentran y terminan: en él está la
consumación de toda profecía previa. Daniel predice al Cristo y la destrucción de Jerusalén, por los romanos, y al
último Anticristo. Pero la Revelación de Juan llena el período intermedio, y describe el milenio y el estado final de
más allá del Anticristo. Daniel, como piadoso estadista, contempla la historia del pueblo de Dios en relación con los
cuatro imperios mundiales. Juan, como apóstol, contempla la historia desde el aspecto de la Iglesia Cristiana. El término
apocalipsis no se aplica a ningún libro del Antiguo Testamento. Daniel se acerca a ello más que ninguno; pero lo que se
le dijo a Daniel que sellara y cerrara hasta el tiempo del fin, a Juan, ya que el tiempo está cercano (1:3), se le ordena que lo
revele. de Jesucristo—que viene de él. Jesucristo es el Autor del Apocalipsis, no Juan el escritor. Cristo enseñó muchas
cosas antes de su partida; pero las que no convenía anunciar en aquel entonces las reunió en el Apocalipsis, [Bengel.]
Comp. su promesa, Juan 15:15, “Todas las cosas que he oído de mi Padre, os las he hecho conocer;” también, Juan
16:13, “El Espíritu de verdad os enseñará cosas por venir.” Los Evangelios y Hechos son los libros, respectivamente, de
su primer advenimiento, en la carne y en el Espíritu; las Epístolas son comentarios inspirados sobre los mismos. El
Apocalipsis es el libro de su segundo advenimiento y de los eventos preliminares a él. que Dios le dió—El Padre se
revela a sí y su voluntad, en su Hijo y por su Hijo. para manifestar—la palabra vuelve a aparecer en 22:6; tan
perfectamente las partes del Apocalipsis tienen referencia las unas a las otras. Es su excelencia particular el que
comprende un perfecto compendio de cosas futuras, y éstas que difieren extensamente: cosas cercanas, cosas lejanas,
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cosas entre aquéllas y éstas; cosas grandes y pequeñas; que destruyen y que salvan; repetidas de profecías antiguas y
nuevas, y éstas entretejidas unas con otras, contrarias y mutuamente concordantes; que se envuelven y se
desenvuelven mutuamente; de modo que en ningún otro horo más que en éste tendría la adición o la substracción de
una sola palabra o frase (22:18, 19) el efecto de desfigurar el contexto y el cotejo de los pasajes. [Bengel.] a sus
siervos—no solamente a “su siervo Juan,” sino a todos sus siervos (22:3). en breve—“Presto,” Griego, “rápidamente;”
lit., “con rapidez.” Comp. “el tiempo está cercano” (1:3; 22:6); “he aquí vengo presto” (22:7). No que las cosas
profetizadas estuviesen cercanas según la computación de los hombres; sino que esta palabra “presto” envuelve un
correctivo de nuestra estimación de los eventos y períodos del mundo. Aunque los “mil años” (cap. 20) están
incluídos, se declara que el tiempo está cercano. Lucas 18:8, “Presto.” La Iglesia Israelita vehemente se apresuró hasta
su predicho fin, la cual ansia prematura, la profecía retarda (Daniel 9). La Iglesia Gentilica necesita que se le recuerde
lo pasajero que es este mundo, que ella fácilmente puede creerlo su hogar permanente, y lo cercano que está el
advenimiento de Cristo. Por una parte la Revelación dice, “el tiempo está cerca;” por otra, la sucesión de los sellos,
etc., manifiestan que muchos eventos deben intervenir primero. enviándola—el Señor Jesús. por su ángel—El ángel
no se presenta para “significar” las cosas a Juan sino hasta el 17:1; 19:9, 10. Antes de entonces Juan recibe la
información de otros. Jesucristo principia la Revelación (1:10, 11; 4:1; en 6:1 uno de los cuatro seres animados es su
informante; en 7:13, uno de los ancianos; en 10:8, 9 el Señor y su ángel, que se pararon en el mar y en la tierra). Sólo al
fin (17:1) se pone a su lado un ángel (comp. Daniel 8:16; 9:21; Zacarías 1:19). 2. ha dado testimonio—“testificó la
palabra de Dios” en este libro. Nosotros diríamos “testifica;” los antiguos en comunicaciones epistolares usaban el
aoristo. La palabra de Dios constituye su testimonio; 1:3, “las palabras de esta profecía.” testimonio de Jesucristo—es
“el espíritu de la profecía” (19:10). y de todas las cosas—Los manuscritos más antiguos omiten “y”, y leen “cuantas
cosas viste,” en aposición a la frase, “la palabra de Dios y el testimonio de Jesucristo.” 3. el que lee, y los que oyen—
eso es, el lector público en las asambleas de la iglesia y los que le escuchan. En primer lugar, aquel por el cual Juan envió
el libro desde Patmos a las siete iglesias y los leyó públicamente: un uso muy escriturario y provechoso. Una bendición
especial acompaña al que lee y al que oye la “profecía” apocaliptica con el propósito de guardar las cosas de ella. No hay
dos clases; la bendición es para los que oyen la palabra y la guardan, Romanos 2:13; aunque no encuentren la clave
para la interpretación de ella, hallan un estímulo para su fe. su esperanza, y paciente espera de Cristo. Nota: el término
“profecía” tiene relacíón al medio humano, o sea el profeta inspirado (en este caso Juan); el término “Revelación”, al
Ser divino que revela su voluntad (aquí Jesucristo). Dios dió la revelación a Jesús; él mediante su ángel la dió a Juan,
quien había de manifestarla a la Iglesia. 4. Juan—el apóstol. Pues nadie sino él (descontado que el autor es honrado)
se hubiera firmado así sin especificativo alguno. Como el solo sobreviviente y representante de los apóstoles y testigos
oculares del Señor, no necesitaba de otra designación más que su nombre, para ser reconocido por sus lectores. siete
iglesias—no que no hubiese más que siete en aquella región. sino que siete se elige porque significa totalidad. Estas
siete iglesias representan la Iglesia universal de todos los lugares y tiempos. Véase Trench (Epístolas a las Siete Iqlesias),
nota interesante sobre el 1:20, el número siete. Es el número del pacto, la señal de la relación del pacto de Dios con la
humanidad, y especialmente con la Iglesia. Por ejemplo, el séptimo día, sábado (Génesis 2:3; Ezequiel 20:12). La
circuncisión, señal del pacto, después de siete días (Génesis 17:12). Los sacrificios (Números 23:1, 14, 29; [PAG. 764] 2
Crónicas 29:21). Comp. también los actos de Dios tipicos de su pacto (Josué 6:4, 15, 16; 2 Reyes 5:10). Las fiestas
ordenadas por períodos de siete. (Deuteronomio 15:1; 16:9, 13, 15). Es una combinación de tres: el número divino (así la
Trinidad, el tres veces santo, Isaías 6:3; la bendición trina de Números 6:24–26), y de cuatro el número del mundo
organizado en su extensión (así los cuatro elementos, las cuatro estaciones, los cuatro vientos, los cuatro puntos
cardinales, los cuatro seres animados, emblemas de la vida redimida de la creación, 4:6; Ezequiel 1:5, 6, con las cuatro
caras, y cuatro alas cada uno; las cuatro bestias, y los cuatro metales, que representaban los cuatro imperios
mundiales, Daniel 2:32, 33; 7:3; el evangelio cuadrilateral destinado para todas partes del mundo; el líenzo atado de
los cuatro cabos, Hechos 10:11; los cuatro cuernos, la suma de las fuerzas del mundo contrarias a la Iglesia, Zacarías
1:18). En el Apocalipsis, donde el pacto de Dios con la Iglesia llega a su culminación, en forma propia el número siete
ocurre aun más frecuentemente que en otras partes de la Escritura. Asia—Proconsular, gobernada por un procónsul
romano: que comprende a Frigia, Misia, Caria, y Lidia: el reino que Atalo III había legado a Roma. gracia … paz—
salutación apostólica paulina. En sus epístolas pastorales agrega la palabra “misericordia:” 2 Juan 3. del que es … era
… ha de venir—Una perífrasis por el incomunicable nombre de Jehová, existente por sí solo, inmutable. Por ser
indeclinable la designación en el griego aquí denota su inmutabilidad. Tal vez la razón por qué usa la frase “el que ha
de venir”, y no “el que vendrá,” es porque el gran tema del Apocalipsis es la venida del Señor (1:7). Con todo, es el
Padre en distinción de “Jesucristo” (1:5) que aquí se significa. Pero tan uno son el Padre e Hijo, que la designación
“que ha de venir”, más inmediatamente aplicable a Cristo, se usa aquí del Padre. los siete Espíritus que están delante
de su trono—los manuscritos más antiguos omiten “están.” delante—“en la presencia de.” El Espíritu Santo en su
energía séptula (eso es, perfecta, completa, y universal). Corresponde así a “las siete iglesias.” Uno en su esencia,
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múltiple en sus influencias benévolas. Los siete ojos contemplan la piedra puesta por Jehová (5:6). Cuatro es el
número de los seres creados (comp. el querubín cuádruple); siete es el número de la revelación de Dios en el mundo. 5.
el testigo fiel—de la verdad tocante a sí mismo y a su misión de Profeta, Sacerdote, y Rey Salvador. “El fue el testigo
fiel, porque todo lo que ha oído del Padre fielmente lo ha hecho conocer a sus discípulos. También, porque enseñó el
camino de Dios en verdad, y no se cuidó del hombre, ni tuvo acepción de personas. También, porque la verdad que
enseñó con palabras la confirmó con milagros. También, porque el testimonio; de él mismo de parte del Padre no lo
negó ni aun en la muerte. En fin, porque dará testimonio verdadero de las obras de buenos y de malos en el día del
juicio.” [Ricardo de San Víctor en Trench.] El caso nominativo del griego en aposición al genitívo, “Jesucristo”, da
realce a “testigo fiel”. el primogénito de los muertos—(Colosenses 1:19) Lázaro resucitó para morir de nuevo. Cristo
se levantó para no morir más. La figura no es como si la tumba fuese la matriz del nacimiento de resurrección
[Alford]: sino como Hechos 13:33 y Romanos 1:4 tratan la resurrección de Cristo como la época y el evento que
cumplieron la Escritura, Salmo 2:7, “Hoy (en la resurrección) yo te he engendrado.” Fué entonces cuando su filiación
divina como el Dios‐hombre fué manifestada y abiertamente atestiguada por el Padre. Así nuestra resurrección y
nuestra filiación, o generatión, manifestada, están conectadas. Por tanto, “regeneración” se usa para determinar el
estado de resurrección de la restitución de todas las cosas (Mateo 19:28). príncipe—o Gobernador. La dignidad real del
mundo que el Tentador ofreció a Jesús a condición de que le rindiera homenaje y evitara así la cruz, la ha alcanzado
con la cruz. “Los reyes de la tierra” conspiraron en contra del Ungido del Señor (Salmo 2:2): a éstos los desmenuzará
(Salmo 2:9). Los que a tiempo son sabios y besan al Hijo le traerán su gloria en su manifestación como Rey de reyes,
cuando haya destruído a sus enemigos. Al que nos amó—Los manuscritos más antiguos leen, “< nos ama.” Es su
crácter perdurable, nos ama. Su amor reposa para siempre sobre su pueblo. nos ha lavado—Los manuscritos más
antiguos leen, “nos desató:” así Andreas y Primasius. Un manuscrito muy antiguo, la Vulgata y Cóptica, leen, acaso
sacado de 7:14, “Nos desató (libró) en (virtud de) su sangre,” siendo la más difícil lección de entender, es menos
probable que sea de los copistas. La referencia es al griego lutron, el rescate pagado por nuestra liberación (Mateo
20:28). En favor de nuestra versión (ha lavado) está el uso de los sacerdotes que, antes de ponerse la vestidura sagrada
para servir en el templo, se lavaban: así los creyentes espirituales, como sacerdotes a Dios, deben primero ser lavados en
la sangre de Cristo de toda mancha, antes que puedan servir a Dios debidamente ahora y administrar después como
dispensadores de la bendición a las naciones sojuzgadas en el reino milenial, o servir delante de Dios en el cielo. 6. Y
nos ha hecho reyes—Los manuscritos más antiguos leen, “un reino:” uno de ellos, “para nosotros”. Más preferible es,
“Nos hizo (ser) un reino <” Así Exodo 19:6, “un reino de sacerdotes:” 1 Pedro 2:9, “un sacredocio real.” Los santos
constituirán un reino único de Dios, y ellos mismos serán reyes (5:10). Compartirán de su trono regiosacerdotal en el
reino milenial. El énfasis cae más en reino que en sacerdotes: mientras que en nuestra versión se distribuye por igual en
ambas palabras. Este libro hace notable hincapié en el reino de los santos. Son reyes porque son sacerdotes: el
sacerdocio es la base continua y la legitimación de su dignidad real; son reyes en relación con los hombres, sacerdotes
en relación con Dios, sirviéndole día y noche en su templo (7:15; 5:10). Los sacerdotes reyes gobernarán, no de una
manera mecánica externa, sino simplemente en virtud de lo que son, por el poder de la atracción y convicción que
subyugan al corazón. [Auberlen.] sacerdotes—que tienen preeminentemente el privilegio de cercano acceso del rey.
Los hijos de David eran sacerdotes (hebreo), 2 Samuel 8:18. La distinción de sacerdotes y pueblo, más cercanos y más
lejanos de Dios, dejarán de existir; todos tendrán acceso inmediato a Dios. Todas las personas y cosas serán santas al
Señor. para Dios y su Padre—Hay un solo articulo en el grisgo: tradúzcase pues, “Al que es a la vez el Dios y Padre
suyo.” gloria e imperio—Griego, “la [PAG. 765] gloria y el poder.” La doxología trina ocurre en el 4:9, 11; cuádrupla en
el 5:13; Judas 25; séptula en el 7:12; 1 Crónicas 29:11. La doxología ocupa lugar de importancia en el cielo, como la
oración en la tierra. Si pensáramos primero en la gloria de Dios (como en la oración modelo), y diésemos segunda
importancia a nuestras necesidades, agradaríamos más a Dios y obtendríamos nuestras peticiones mejor de lo que
hacemos. para siempre jamás—Griego, “Hasta los siglos de los siglos.” 7. con las nubes—eso es, del cielo. “Una nube
le ocultó de la vista de ellos” en su ascensión (Hechos 1:9). Su ascensión corresponde a la manera de su retorno
(Hechos 1:11). Las nubes son símbolos de ira para los pecadores. todo ojo—su venida será pues una aparición
personal, visible. le verá—Es porque no lo ven ahora qne no quieren creer. Comp. en contraste Juan 20:29. y los que—
éstos en particular; “cuales fuesen.” En primer orden, en su venida premilenial, los judíos, “que mirarán a aquel a quien
traspasaron” y llorarán en arrepentimiento, y dirán “bienaventurado el que viene en el nombre del Señor.” En segundo
término, y aquí principalmente, en el juicio general, todos los impíos, no sólo los que en efecto le traspasaron, sino
también los que lo hicieron con sus pecados, le contemplarán temblando de temor. Juan es el único de los evangelistas
que recuerda el lanzazo en el costado del Señor. Esta alusión lo identifica por autor del Apocalipsis. La realidad de la
humanidad de Cristo y de su muerte se comprueba por el hecho del costado abierto; y el agua y sangre de su costado
eran el antitipo de las aguas levíticas de purificación y ofrendas sangrientas. todos los linajes … lamentarán—todos
los inconversos en el juicio general, y en especial en su venida premilenial, la confederación anticristiana (Zacarías
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12:3–6, 9; 14:1–4; Mateo 24:30). “Linajes,” Griego “tribus.” Sobre la limitación de “todos,” véase 13:8. Aun los piadosos,
regocijándose en el amor de Dios, con todo sentirán la tristeza penitencial por sus pecados, los que serán manifestados
todos en el juicio general. Así sea. Amén—El sello de Dios para su propia palabra; al que corresponde la oración del
creyente (22:20). El “así sea” es griego; el “amén” es hebreo. A los gentiles asi como a los judíos sus promesas y sus
amonestaciones son inalterables. 8. el Alpha y la Omega—la primera y última letras del alfabeto. Dios en Cristo
comprende todo lo que va en medio, así como también el principio y fin. principio y fin—Omitidas en los
manuscritos más antiguos, halladas en la Vulgata y Cóptica. Los copistas las habrán insertado por la frase del 21:6. En
Cristo, el Génesis, el Alfa del Antiguo Testamento y el Apocalipsis, la Omega del Nuevo Testamento, se encuentran: el
último libro nos presenta al hombre y Dios reconciliados en el Paraíso,, como el primer libro presentó al hombre en el
principio inocente, gozando el favor de Dios en el Paraíso. Dios termina al fin lo que principió. Siempre el mismo:
delante del dragón, de la bestia, del falso profeta, de todos los enemigos. La consolación anticipadora para los santos
bajo las venideras tribulaciones de la Iglesia. el Señor—Los manuscritos más antiguos: “el Señor Dios,” o “Jehová el
Dios.” Todopoderoso—Hebreo, Shaddai, y Jehová Sabaoth, eso es, de los ejércitos: Comandante de las huestes o poderes
en cielo y tierra, poderoso por tanto para vencer a todos los enemigos de la Iglesia. Cita de Isaías, repetida a menudo
en el Apocalipsis, no hallada en otra parte del Nuevo Testamento salvo 2 Corintios 6:18. 9. Yo Juan—Así “Yo Daniel”
(Daniel 7:28; 9:2; 10:2). Uno de los muchos rasgos de semejanza entre los videntes apocalípticos del Antiguo
Testamento y del Nuevo Testamento. Ningún otro escritor de la Escritura usa la frase. vuestro hermano—así como
también apóstol. En su Evangelio y Epístolas no hace mención de su nombre, aunque se describe como “el discípulo a
quien Jesús amó.” Aquí, con igual humildad, se nombra, pero no hace mención de su apostolado. partícipante—
Griego, “copartícipe en la tribulación.” La tribulación es el necesario precursor del “reino,” por tanto, va un solo
artículo prefijado: “la tribulación, reino y paciencia.” Así los manuscritos más antiguos. La tribulación del reino debe
llevarse con paciencia. Las tres cosas son inseparables. paciencia—Tradúzcase, “el soportar,” “continuación
perseverante duradera” (Hechos 14:22); “la reina de las gracias (virtudes).” [Crisóstomo.] de—Los manuscritos más
antiguos leen “en Jesús,” o “Jesucristo.” Es en él en quien los creyentes tienen el derecho al reino, y la fuerza espiritual
para poder soportar con paciencía en pro del reino. estaba—Griego, “fuí hecho presente.” en … Patmos—Véase
Introducción tocante a esta isla, y el destierro de Juan bajo Domiciano, libertado luego bajo Nerva. Restringido a este
punto de terreno, se le permitió penetrar en las amplias esferas y los secretes del cielo. Así bebió Juan de la copa de
Cristo, y fué bautizado en su bautismo (Mateo 20:22). por la palabra—Griego, “en bien de,” o “a causa de la palabra de
Dios y < testimonío.” Dos de los manuscritos más antiguos omiten el segundo “por,” así “la palabra de Dios” y el
testimonio de Jesús (Cristo, omitido en dos de los manuscritos más antiguos) están más intimamente unídos. El
Apocalipsis siempre ha sido más apreciado por la Iglesia en tiempos de adversidad. Así la Iglesia Asiática lo apreció
menos en los tiempos prósperos de Constantino. La Iglesia Africana estando más expuesta a la cruz, lo aprovechó
mucho más. 10. Yo fuí—Griego, Fuí hecho, o resulté estar: “en (el) Espíritu,” en un estado de éxtasis; estando excluído el
mundo exterior, y poseída la vida íntima y superior, o el espíritu, por el Espíritu de Dios, de modo que queda
establecida inmediatamente la conexión con el mundo invisible. Mientras el Profeta “habla” en el Espiritu, el vidente
apocalíptico está en Espiritu con toda su persona. El espíritu sólo (lo que nos conecta con Díos y el mundo invisible) es
activo, o más bien recipiente en la condición apocalíptica. Con Cristo este estar “en el Espíritu” no era la excepción,
sino su estado continuo. en el dia del Señor—Griego, “dominical” (kuriake), del Señor. Forzosamente detenido de la
comunión de la Iglesia con los hermanos en el santuario el día del Señor, la conmemoración semanal de la
resurrección. Juan estaba en comunión espiritual con ellos. Esta es la mención más primitiva del término “el día del
Señor.” Pero la consagración del día al culto, a la limosna, a la cena del Señdor, está implícita en Hechos 20:7; 1
Corintios 16:2; comp. Juan 20:19–26. El nombre (kuriake) corresponde a la “cena del Señor” (1 Corintios 11:20). Ignacio
parece aludir al “día del Señor” (ad Magnes. 9). Justino Mártir Apología, 2.98, etc.: “En domingo celebramos nuestra
reunión conjunta: [PAG. 766] porque el primer día es aquel en que Dios, habiendo quitado las tinieblas y el caos, hizo
el mundo, y Jesucristo nuestro Salvador resucitó de los muertos.” Al día del Señor Plinio sin duda se refiere (Exodo 97,
B. 10), “Los cristianos en un día fijo se reúnen antes del alba y cantan un himno a Cristo como a Dios <” Tertuliano
(De Coron. 3), “En el día del Señor juzgamos mal el ayunar” Melito, obispo de Sardis (siglo dos) escribió un libro sobre
el día del Señor (Eusebio, 4:26). También, Dionisio de Corinto en Eusebio, Historia Eclesiástica 4:23, 8. La teoría de que se
signifíque el dia de la segunda venida de Cristo es insostenible. “El día del Señor” es diferente en el griego del “día
dominical (del Señor)”, el cual día dominical en la Iglesia antigua siempre determina nuestro domingo, aunque no es
imposible que los dos vayan a coincidir (al menos en algunas partes de la tierra), de donde una tradición se menciona
en Jerónimo, sobre Mateo 25, de que la venida del Señor era esperada especialmente en el día dominical de la pascua.
Las visiones del Apocalipsis, los sellos, las trompetas, las copas, etc., están por grupos de siete, y naturalmente
empiezan en el primer día de los siete, el cumpleaños de la Iglesia, cuyo porvenir revelan. una gran voz—llamando
solemne atención. El orden griego: “voz fuerte como (la) de trompeta.” La trompeta convocaba las fiestas religiosas, y
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acompaña la revelación por Dios de sí mismo. 11. Yo soy el alpha y Omega. el primero y el último—La frase
completa omitida de los manuscritos más antiguos. Escribe en un libro—A este libro, que tiene semejante origen, y a
los otros libros de la Sagrada Escritura, ¿quién hay que les dé el peso que su importancia demanda, prefiriéndolos a
los muchos libros del mundo? [Bengel.] siete iglesias—Como había otras iglesias en el Asia Proconsular (Mileto,
Magnesia, Tralles), además de las siete especificadas, sin duda se elige a siete a causa de su significado místico, en
expresión de totalidad y universalidad. Las palabras “que están en Asia” son rechazadas por los manuscrítos más
antiguos, A, B, C, Cipriano, Vulgata y Siríaca; la Cóptica sola de las autoridades antiguas sostiene la lección. Estas siete
son iglesias representativas; y, como un todo complejo, encarnan las principales características espirituales de la
Iglesia, ya sea fiel, ya infiel, en todas las edades. Las iglesias elegidas no lo fueron de casualidad, pero tienen un
complemento multilateral. Por una parte, tenemos a Esmirna, iglesia expuesta a persecuciones de muerte; por otra, la
Sardis, que tiene un nombre de vida espiritual, estando muerta. Otra vez, Laodicea, rica y sin necesidad de nada en su
propia opinión, con amplios talentos, pero tibia en la causa de Cristo: mientras que Filadelfia, con poquita fuerza,
guardando empero la palabra de Cristo y teniendo delante una puerta de servicio provechoso abierta por Cristo mismo.
Otra vez, Efeso, intolerante de la maldad y de los falsos apóstoles. pero con su primer amor perdido; de la otra mano,
Tiatira, que abunda en amor, servicio y fe, permitiendo con todo que la falsa profetisa seduzca a muchos. En otro
aspecto. Efeso en conflicto con la falsa libertad. eso es, la concupiscencia carnal (los nicolaítas): así también Pérgamo
en conflicto con los tentadores cual Balaam a la fornicación y las comidas idólatras: por otra parte, Filadelfia. en
conflicto con la sinagoga judaica, vale decir, con la servidumbre legalista. Finalmente, Sardis y Laodicea sin activa
oposicion alguna que provoque sus energias espirituales; una posición pelígrosa, si se considera la indolencia natural
del hombre. En el plan de interpretación histórica, que nos parece fantástica, Efeso (que significa “amada” o
“deseada” [Stier], representa el periodo decadente de la edad apostólica. Esmirna (“mirra”), padecimiento amargo,
pero perfume dulce y costoso, el periodo de martirio bajo Deciano y Diocleciano. Pérgamo (“Castillo” o “torre”), la
iglesia que posee poder terrenal pero tiene espiritualidad menguante del tiempo de Constantino hasta el siglo siete.
Tiatira (“incansable en sacrificios”), la Iglesia Papal de la primer mitad de la Edad Media; como “Jezabel,” entusiasta
respecto al así llamado sacrificio de la misa, y degollando a los profetas y testigos de Dios. Sardis, desde el fin del siglo
doce hasta la Reforma. Filadelfia (“amor fraternal”), el primer siglo de la Reforma. Laodicea, la Iglesia Reformada
después que su primer celo se hubo enfriado. 12. ver la voz—es decir, para saber de dónde la voz venía; para ver de
quién era la voz. QUE—Griego, “qué suerte de voz la que …” La voz es la de Dios el Padre, como en el bautismo y
transfiguración, así aquí para presentar a Cristo como nuestro Sumo Sacerdote. siete candeleros—El mueble que
sostenía las lámparas. En Exodo 25:31, 32, los siete se unen en UNO; es decir, los seis brazos y una vara, o fuste,
central; así Zacarías 4:2, 11. Aquí los siete son candeleros separados, y tipifican, como aquél, la Iglesia entera, pero ya no
como la Igiesia Judaica (que se representaba por un solo candelero séptuplo) limitada a una unidad exterior y a un
solo lugar; las siete iglesias son mutuamente independientes cuanto a ceremonias y gobierno externos (siempre que
todas las cosas sean hechas para edificación y se eviten los cismas y separaciones innecesarios), pero son una en la
unidad del Espíritu y en Cristo la Cabeza. El candelero no es la luz, sino que mantiene la luz, presentándola para que
brille en derredor. La luz es del Señor, no de la Iglesia; de él la recibe ella. Ella ha de ser la portadora de la gloria de él.
El candelero estaba puesto en el santuario, tipo de la Iglesia en la tierra, como el lugar santísimo era el tipo de la
Iglesia en el cielo. La única luz del lugar santo (santuario) se derivaba del candelero, estando excluída la luz del día;
así el Señor Dios es la única luz de la Iglesia; la de ella es la luz de la gracia, no de la naturaleza. “De oro” simboliza a
la vez la mayor preciosura y santidad; del mismo modo, en el Zenda Vesta “de oro” es sinónimo de celestial o divino.
[Trench.] 13. Su forma humana glorificada pudo ser reconocida por Juan, quien le había visto en la transfiguración. en
medio de—que denota la presencia continua y la actividad incesante de Cristo en medio de su pueblo en la tierra. En el
cap. 4, cuando aparece en el cielo, su insignia sufre una correspondiente alteración: con todo, aun allí, el arco iris nos
recuerda su pacto perpetuo con ellos. siete—omitido en dos de los manuscritos más antiguos: aparece en uno. Hijo
del hombre—La forma que Juan había visto sufriendo la agonía de Getsemaní y la ignominia y angustia del Calvario,
ahora la ve glorificada Su gloria (como Hijo de hombre. no solamente como Hijo de Dios) es el resultado de su
humillación como Hijo de hombre. hasta los pies—Marca de alto rango. Su vestimenta y cinta de oro parece que son
emblemas de [PAG. 767] su sacerdocio. Véase Exodo 28:2, 4, 31, Version de los Setenta. El manto y cinturón de Aarón
eran “para gloria y hermosura,” y combinaron la insignia de alteza real y de sacerdocio, las características del
sacerdocio antitipico de Cristo, “según el orden de Melquisedec.” Este sacerdocio lo está ejerciendo desde su
ascensión; y por tanto, lleva sus emblemas aquí. El que está él en medio de los candeleros (vistos sólo en el templo),
demuestra que es como Rey sacerdote que está así vestido. Como Aarón llevaba estas insignias cuando sana del
santuario para bendecir al pueblo (Levítico 16:4, 23, 24, el chetoneth, la túnica santa de lino), así cuando Cristo vuelva
otra vez, aparecerá en ropaje similar de “hermosura y gloria” (Isaías 4:2). Los ángeles se visten en parte como su Señor
(15:6). El cinturón ordinario para uno ocupado activamente rodeaba los lomos; pero Josefo, Antigüedades, 3., 7. 2, nos
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dice expresamente que los sacerdotes levíticos se ceñían más arriba, por los pechos, propiamente para movimiento
calmoso, majestuoso. El cinto, afirmando todo el armazón, simboliza las fuerzas reunidas. La justicia y la fidelidad son
el cinto de Cristo. El cinto del sumo sacerdote era sólo entretejido de oro; pero el de Cristo es todo de oro; ei antitipo
sobrepuja al tipo. 14. como la lana—El color es el punto de comparación; significa la pureza, y la gloria. (Así en Isaías
1:18.) ojos como llama—todo escudriñadores y penetrantes como el fuego; al mismo tiempo, también, expresando la
indignación consumidora contra el pecado, especialmente en su venida, “en llama de fuego, vengándose” de todos los
impíos, lo que se confirma respecto del sentido aquí, por Apocalipsis 19:11, 12. 15. latón fino—Griego, “chalcolibanos”,
derivada según algunos de dos palabras, bronce y mirra: según Bochart, del Griego chalcos, bronce, y el hebreo libbeen,
emblanquecer; entonces, bronce que en el horno se torna blanco por el calor. Así corresponde a “bronce muy
bruñido,” de Ezequiel 1:7; y Apocalipsis 10:1, “sus pies como columnas de fuego.” Tradúzcase “incandescentes,”
hechos candentes en horno. Con los pies descalzos Servían los sacerdotes en el santuario. voz como … muchas
aguas—Ezequiel 43:2; en Daniel 10:6, es “como la voz de una multitud.” Como la voz del novio, así la de la novia, 14:2;
19:6; Ezequiel 1:24, los querubines, o la creación redimida. Su voz, sin embargo, se considera aquí en su terror para sus
enemigos. Véase en contraste Cantares 2:8; 5:2, con 3:20. 16. tenía—Griego, “teniendo <” Juan resume la descripción
de tiempo en tiempo, irrespectivamente de la construcción gramatical, a plumadas separadas. [Alford.] en su diestra,
etc.—(1:20; 2:1; 3:1.) Las tiene con una “corona de gloria” adornada de estrellas. “o diademas reales,” en la diestra; así
Isa. 62:3. El las posee y las sostiene. de su boca salía—No manejada, por la mano. Su palabra es omnipotente en
ejecutar su voluntad en castigo de los pecadores. Es la espada del Espíritu suyo. La reprensión y el castigo, más bien
que su poder de convertir y ganar, es el punto prominente aquí. Sin embargo, como anima a las iglesias tanto como las
amonesta, aquella cualidad de la Palabra no se excluve. Sus dos filos (delantero y trasero) pueden aludir a su doble
eficacia, de condenar a unos. de convertir a otros. Tertuliano. adv. Jud., los aplica al Antiguo y Nuevo Testamento.
Ricardo de San Víctor, “El Antiguo Testamento, que externamente corta nuestros pecados carnales, el Nuevo
Testamento internamente, los espirituales. espada—Griego, Romphaia, la espada tracia ancha, larga y pesada: seis veces
en el Apocalipsis, una sola otra vez en el Nuevo Testamento, a saber, Lucas 2:35. sol … en su fuerza—sol de
mediodía, sin nubes. Así resplandecerán los justos, reflejando la imagen del Sol de justicia. Trench observa que esta
descripción, sublime como un concepto puramente mental, sería intolerable si le diésemos forma externa. Con los
griegos, el gusto estético era la primera consideración, a la que todas las demás debían ceder. Con los hebreos, la
verdad, y la plena representación de la realidad religiosa eran la consderación importante, siendo diseñada dicha
representación no para ser encarnada externamente, sino para seguir siendo un concepto puramente mental. Este
ensalzamiento de la esencia por encima de la forma señala la profunda sinceridad religiosa de ellos. 17. Tan caído está
el hombre que la manifestación por Dios de su gloriosa presencia lo abruma. puso su diestra sobre mí—Lo mismo
hizo ei Señor Jesús en la transfiguración a los tres discípulos postrados, de los que Juan era uno, diciendo, “No tengáis
miedo.” El “toque” de su mano, como de antiguo, impartió fuerza. diciéndome—El pronombre “me” omitido en los
manuscritos más antiguos. el primero y el último—(Isaías 41:4; 44:6; 48:12). Desde la eternidad, y durando hasta la
eternidad: “el Primero por la creación, el Ultimo por la retribución; el Primero, porque antes de mí no hubo Dios
formado: el Ultimo, porque después de mí no habrá otro; el Primero, porque de mí son todas las cosas; el Ultimo,
porque a mí todas las cosas volverán.” [Ricardo de San Victor.] 18. Tradúzcase el griego, “Y el viviente:” conectada ésta
con la frase anterior (1:17). he sido—Griego, “y (con todo) se me dió la muerte (morir)” vivo—Griego, “estoy viviendo
hasta los siglos de los siglos:” no meramente “yo vivo;” sino tengo vida, y soy la fuente de la vida para mi pueblo. “A
él le pertenece el ser absoluto, en contraste con el ser relativo de la criatura; otros pueden participar de ella; él solo tiene
la inmortalidad: siendo inmortal en esencia, no meramente por la participación. [Teodoreto en Trench.] Un manuscrito de
los más antiguos dice con nuestra versión “Amén.” Otros dos y la mayoría de las versiones antiguas la omiten.
Habiendo pasado por la muerte como uno de nosotros, y viviendo ahora en la infinita plenitud de la vida, asegura a
su pueblo, puesto que por él la muerte es la puerta de la resurrección a la vida eterna. llaves del infierno—Griego,
“Hades:” Hebreo, “Sheol.” “Infierno” en el sentido del lugar de tormento, es vocablo diferente en el griego, a saber.
“gehenna.” Puedo librar del mundo invisible de espíritus y de la MUERTE a los que quiero. Los manuscritos más antiguos
dicen por transposición, “muerte y hades.” o infierno. Es la muerte (que entró por el pecado, despojando al hombre de
su primogenitura de la inmortalidad, Romanos 5:12) quien puebla al Hades, y por tanto debe estar primero en orden.
Llaves son emblemas de autoridad, las que abren y cierran a voluntad “las puertas del Hades” (Salmo 9:13, 14; Isaías
38:10; Mateo 16:18). 19. Los manuscritos más antiguos dicen, “Escribe pues” (por cuanto yo, “el Primero y el Ultimo.”
tengo las llaves de la muerte, y te concedo esta visión para el consuelo y amonestación de la Iglesia). las cosas que
son—“Las cosas que has visto” son aquellas relatadas en este [PAG. 768] capítulo (1:11). “Las que son” denota el
presente estado de cosas en las iglesias cuando Juan escribía, representadas en Caps. 2 y 3. “Las cosas que han de ser
después de éstas,” las cosas simbólicamente representadas tocante a la hístoria futura de Caps. 4–22. Alford traduce,
“Las cosas que significan;” pero la antítesís de la frase siguiente prohibe esto, “las cosas que han de ser (no significar)
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después de éstas;” Griego, “que están por acontecer.” El verbo en plural “son”, en vez de la construcción griega comun
del singular de cosas, se debe a que las iglesias y personas están comprendidas en “las cosas que son.” 20. en mi
diestra—Griego, “sobre mi diestra.” el misterio … candeleros—en aposición y en explicación de “las cosas que has
visto,” construídas con “escribe”. Misterio sígnifica la verdad escondida, velada bajo este simbolismo, y ahora
revelada; su correlativo es revelación. Estrellas símbolizan el señorío (Números 24:17; cf. Daniel 12:3, de los enseñadores
fieles; 8:10; 12:4; Judas 13). ángeles—No como Alford, sacado de Orígenes, homilía 13 sobre Lucas, y 20 sobre
Números, los ángeles guardadores de las iglesías, así como los individuos los tienen. Pues ¿cómo se podría reprochar
a los ángeles celestiales las delincuencias de que aquí se acusa a estos ángeles? Entonces, si se significa ángel humano
(como la analogía del Antiguo Testamento favorece, Hageo 1:13, “el envíado [Mensajero] < mandado de Jehová;”
Malaquías 2:7; 3:1), el obíspo, o pastor superintendente, debe ser el ángel (mensajero). Pues mientras que había muchos
presbíteros en cada una de las iglesias grandes (como Efeso, Esmirna, etc.), no había sino un solo ángel, al cual,
además, el Pastor Principal y Obispo de las almas responsabiliza por el estado espiritual de la iglesia a su cargo. El
térmíno ángel, que indica un oficio, de conformidad con el simbolismo enigmático de este libro, se transfiere de los
ministros celestiales a los terrenales superiores de Jehová; lo que les debe recordar que ellos, como los ángeles del
cielo arriba, deben cumplir la misión de Dios aquí abajo con celo, prontitud y eficiencia. “Sea hecha tu voluntad como
en el cielo, así también en la tierra.”
CAPITULO 2
LAS EPISTOLAS A EFESO, ESMIRNA, PERGAMO, TIATIRA. Cada una de las siete epístolas de los Caps. 2. y 3.,
comienza con, “Yo sé tus obras.” Cada una contiene una promesa de Cristo, “al que vence.” Cada una termína con,
“El que tiene oídos, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias.” El título de nuestro Señor corresponde en cada caso a la
naturaleza del mensaje, y se saca mayormente de la imagen, o simbolismo de la visión del capítulo uno. Cada carta
tiene una amenaza o una promesa, y las más tienen ambas. Su orden parece ser eclesiástico, civil, y geográfico: Efeso
la primera, por ser la metrópoli asiática (llamada “la luz de Asia,” y “la primera cíudad de Asia”), la más cercana a
Patmos, donde Juan recibió la Epístola a las siete iglesias, y también por ser ella la iglesia más intimamente ascciada
con Juan; en segundo orden las iglesias de la costa occidental de Asia; luego las del interior. Esmírna y Filadelfia solas
reciben pura alabanza Sardis y Laodicea reciben casi exclusivamente censura. En Efeso, Pérgamo y Tiatra, hay cosas
que alabar y cosas que condenar, preponderando este segundo elemento en un caso (Efeso), y el anterior en los otros
dos (Pérgamo y Tiatira). Así las principales características de los diferentes estados de las diversas íglesias, de todos
los tiempos y lugares, están exhibidas y conformemente alabadas o amonestadas. 1. Efeso—famosa por el templo de
Diana, una de las siete maravillas del mundo. Por tres años trabajó Pablo allí. Subsecuentemente ordenó a Timoteo
sobrevedor u obispo en la misma; probablemente su cargo era de naturaleza temporaria. San Juan, hacia fines de su
vida, la hizo el centro de sus actividades en la provincia. El que tiene—Griego, “tiene firmes,” como en 2:25; 3:11;
véase Juan 10:28, 29. El título de Crísto aquí como “el que tiene asidas las siete estrellas (de 1:16, donde reza “tiene,”
en vez de “tiene asidas”), el cual anda en medio de los siete candeleros,” concuerda con el principio de su carta a las
siete iglesias en representación de la Iglesia universal. Andar expresa su actividad incansable en la Iglesia, guardándola
de males internos y externos, como el sumo sacerdote se mueve de acá para allá en el santuario. 2. Yo sé tus obras—
expresando su omniscencia. No meramente “tus profesiones, deseos, bucnas resoluciones” (14:13, fin). tu trabajo—
Dos de los manuscritos más antiguos omíten “tu”; el griego siginfica “labor fatigosa.” paciencia—soportar
perseverantemente. sufrir—Los hombres malos eran una carga que la Iglesia de Efeso juzgaba intolerable. Hemos de
llevar (el mismo griego, Gálatas 6:2) las cargas mutuas, en el caso de hermanos débiles; pero no llevar a hermanos falsos.
has probado—por la experiencia, no por el examen como en 1 Juan 4:1 (otro verbo en el griego). Las iglesias
apostólicas tenían el don milagroso de discernir los espíritus. Véase Hechos 20:28–30, donde Pablo con presciencia
advierte a los ancianos efesios la venida de falsos doctores, como también cuando escríbió a Timoteo cuando éste
estaba en Efeso. Tertuliano, De Bapt., 17, y Jerónimo, en Catal. Vir. Illus, in Lucca 7, dicen de Juan, que cuando un
escrito que pretendía ser la historia canónica de los hechos de Pablo, había sido compuesta por un presbítero de Efeso,
Juan censuró al autor y condenó la obra. En una ocasión se negó a posar bajo el mismo techo con Cerinto el hereje. se
dicen ser apóstoles—probablemente judaizantes. Ignacio, Ad Ephesum 6, dice subsecuentemente, “Onésimo alaba
mucho vuestra buena disciplina, que no queda herejía entre vosotros;” y 9, “No permitisteis a los que tienen malas
doctrinas sembrar sus semillas entre vosotros, sino que os tapasteis los oídos.” 3. sufrido … paciencia—Los
manuscrítos más antiguos transponen las frases y leen, “paciencia y < sufrido.” “Has sufrido (llevado) mi reproche,
mas no puedes sufrir los malos” (2:2). desfallecido—Dos de los manuscritos más antiguos omiten: “y no has
desfallecido.” 4. contra ti—¡Cuán característico de nuestro Señor de gracia que dice primero tado lo que puede
aprobar, y sólo después observa las imperfecciones! has dejado tu primer amor—tu amor a Cristo. Véase 1 Timoteo
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5:12, “falseado la primera fe” “no guardaron la primera fe.” Véase Efesios 1:15. “vuestra fe < amor.” Esta Epístola fué
escrita en el reinado de Domiciano, treinta años después de la redacción de la Epístola de Pablo a los Efesíos. Su
ferviente amor había dado lugar a una ortodoxia estéril Comp. la fe sin amor, 1 Corintios 13:2. 5. de dónde—de cuán
grande altura haz las primeras obras—las obras que manaban de tu primer [PAG. 769] amor. No meramente “siente tus
primeros sentimientos,” sino haz las obras que surgen del mismo principio como antes, de la “fe que obra en amor.”
presto—Omitida en dos manuscritos más antiguos, Vulgata y Coptica; consta en un manuscrito antiguo, vendré—
Griego, “vengo,” en juicio especial contra ti. quitaré … lugar—Removeré la Iglesia desde Efeso, y la llevaré a otra
parte. “Es la mudanza del candelero, no su extincion, con lo que se amonesta; juicio para algunos, pero dicho juicio es
la ocasión de misericordia para otros. Así ha sido. La sede de la Iglesia se ha cambiado, pero la Iglesia misma
sobrevive. Lo que el Oriente ha perdido, el Occidente ha ganado. Uno que hace poco visitó a Efeso, no encontró más
que tres cristianos allí, y éstos eran tan ignorantes que apenas hubieron oído jamás los nombres de Pablo y Juan,”
[Trench.] 6. Mas—Con cuánto amor, después de la necesaria censura, vuelve a alabar para nuestro consuelo, y como
ejemplo para nosotros, para que cuando reprochemos, tengamos más placer en alabar que en censurar. aborreces los
hechos—Debemos aborrecer los hechos malos de los hombres, no a los hombres mísmos. Nicolaítas—Ireneo, Haereses
1, 26. 3; y Tertuliano, Praescriptione Haereticorum 46, los tienen por los seguidores de Nicolás, uno de los siete
(mencionados honorablemente en Hechos 6:3, 5), Confundieron evidentemente (Clemente Alejandrino, Stromata 2. 20;
3.4; y Epifanio, Haereses 25) a los nicolaítas gnósticos posteriores, o los seguidores de un tal Nicolás, con los del
Apocalipsis. Es probable el parecer de Michaelis: Nicolaos (vencedor de pueblo) es la versión griega de Balaam, del hebreo
Belang Am, destructor del pueblo. El Apocalipsis abunda en tales nombres hebreos y griegos duplicados: como Apollyon
y Abaddon; Diablo, Satanás: Sí (Griego, Nai), Amén. Este nombre, como otros nombres, Egipto, Babilonia, Sodoma, es
símbólico, Véase vv. 14, 15, que dan el verdadero sentido de nicolaítas: no son una secta, sino cristianos profesados
que, como Balaam de antiguo, trataron de introducir en la Iglesia una falsa libertad, es decir, la licencia; ésta fué una
reacción radical en sentido contrario del judaísmo, el primer peligro que amenazó a la Iglesía, combatido que fue en el
concilio de Jerusalén y por Pablo en la Epístola a los Gálatas. Estos nicolaítas, o seguidores de Balaam, abusaban de la
doctrina paulina de la salvación por la gracia de Dios, convirtiéndola en una invitación a la lascivia (2 Pedro 2:15, 16
19; Judas 4, 11; los cuales dos describen la misma suerte de seductores como discípulos de Balaam). La dificultad, de
que éstos se tomaran un nombre estigmatizado en la Escritura con la infamia, la salva Trench, diciendo que los
gnósticos antinominianos fueron tan contrarios a Juan como apóstol judaizante que se asumieron por nombre del
mayor honor uno que Juan estampara con la ignominia. 7. El que tiene oídos—Esta frase precede la promesa en las
primeras tres cartas, y le sigue en las otras cuatro. De modo que las promesas están cercadas por ambos lados por el
precepto que urge la mayor atención como a las verdades más importantes. Todo hombre tiene “oído” natural, mas
sólo aquel puede oír espiritualmente a quien Dios le ha dado “oído para oír,” cuyo “oído Dios ha destapado.” Comp.
“La fe, los oídos del alma.” [Clemente de Alejandría.] el Espíritu dice—Lo que Cristo dice, el Espíritu dice: una pues
son la Segunda y Tercera Personas. a las iglesias—no meramente a las particulares, sino también a la Universal. daré
… árbol de la vida—La cosa prometida corresponde al carácter de la fidelidad manifestada. Los que se guardan de las
indulgencias nicolaítas (2:6) y de cosas sacrificadas a ídolos (vv. 14, 15), comerán comida infinitamente mejor, a saber,
del fruto del árbol de la vida, y del maná escondído (2:17). venciere—En el Evangelio de Juan (16:33) y la Primera
Epístola (2:13, 14; 5:4, 5) sigue al verbo un complemento, a saber, “al mundo,” “al inicuo.” Aqui, donde se trata del
resultado final, el vencedor se especifica en sentido absoluto. Pablo usa una figura similar, 1 Corintios 9:24, 25; 2
Timoteo 2:5; pero no la misma como la frase de Juan, salvo en Romanos 12:21. daré—yo como Juez. El árbol de la vida,
perdido por la caída del hombre, está restaurado por el Redentor. Alusiones a él ocurren en Proverbios 3:18; 11:30;
13:12; 15:4, y proféticamente, 22:2, 14; Ezequiel 47:12; con Juan 6:51. Es interesante notar cuán íntimamente estas
palabras iniciales están ligadas con el cuerpo del libro. Por ejemplo, el árbol de la vida aquí con el 22:1; la liberación de
la segunda muerte (2:11), con el 20:14; 21:8; el nuevo nombre (2:17) con el 14:1; poder sobre las naciones con el 20:4, la estrella
de la mañana (2:28) con el 22:16; el ropaje blanco (3:5) con el 4:4; 16:15; el nombre en el libro de la vida (3:5) con el 13:8; 20:15;
la nueva Jerusalén y su ciudadanía (3:12) con el 21:10. en medio del paraíso—Los manuscritos más antiguos omiten
“medio del.” En Génesis 2:9 estas palabras son pertinentes, porque había otros árboles en el huerto, pero no en el medio
de él. Aquí el árbol de la vida está sencillamente en el paraíso, pues no se menciona otro árbol en él: en el 22:2 el árbol de
la vida está “en medio de la plaza de Jerusalén;” lo que motivó la inserción de la frase. Paraíso (vocablo pérsico, o sí no,
semítico) originalmente se usaba para mentar cualquier jardín de deleite; luego en especial del Edén; después de la
morada temporaria de las almas separadas, ea la bienaventuranza; y por fin, del “Paraíso de Dios,” el tercer cielo, la
inmediata presencia de Dios. de Dios—(Ezequiel 28:13.) Uno de los manuscritos más antiguos, Vulgata, Siríaca y
Cóptica leen “mi Dios” como en el 3:12. Cristo así llama a Dios “mi Dios y vuestro Dios” (Juan 20:17; con Efesios 1:17).
Dios es nuestro Dios, en virtud de ser peculiarmente el Dios de Cristo. La dicha especial del Paraíso consiste en que es
el Paraíso de Dios; Dios mismo morando allí (21:3). 8. Smirna—en Jonia un poco al norte de Efeso. Policarpo,
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martirizado en el año 168, ochenta y cinco años después de su conversión, era obispo, y probablemente es “el ángel de
la Iglesia de Esmirna” aquí nombrado. Las alusiones a persecuciones y a la fidelidad concuerdan con este parecer.
Ignacio Martyrium Ignatiu 3), en viaje para su martirio en Roma, escribió a Policarpo entonces (año 108) obispo de
Esmirna: si su obispado comenzara díez o doce años antes, las fechas armonizarían. Tertuliano, Praescriptione
Haereticorum, 32, e Ireneo, quien había conversado con Policarpo de joven, nos dicen que Policarpo fué consagrado
obispo de Esmirna por Juan. El primero … y vivió—Los atributos de Cristo que más que otra cosa debieron consolar a
la Iglesía de Esmirna en sus persecuciones; palabras resumidas del 1:17, 18. Como la muerte no fué para él sino la
puerta a la vida eterna, así ha de ser para ellos [PAG. 770] (2:10, 11). 9. tus obras y—omitidas en dos manuscritos mas
antiguos, Vulgata y Coptica. Apoyadas por un manuscrito antiguo. tribulacion—debida a la persecucion. pobreza—
debida al “despojo de sus bienes.” pero tú eres rico—en la gracia. Comp. contraste de Laodicea, rica a los ojos propios
y del mundo, pobre delante de Dios. “Hay ricos pobres, y pobres ricos, delante de Dios.” [Trench.] blasfemia—la
calumnia blasfema de ti de parte de los: que se dicen ser Judíos—judíos por descendencia nacional, pero no
espiritualmente de “la verdadera círcuncision.” Los judíos blasfemaban a Cristo, tildándole de “el ahorcado”. Como
en otras partes, en Esmirna se opusieron acremente al cristianismo; y en el martirio de Policarpo se unieron con los
paganos en el clamoreo para que fuese echado a los leones; y habiendo obstáculo a ello, demandaron que fuese
quemado vivo; y con sus propias manos llevaron leña para la hoguera. sinagoga de Satanás—La única vez que se
emplea el término “sinagoga” en el Nuevo Testamento por la asamblea cristiana, y eso por el apóstol que por más
tiempo mantenía la unión de la Iglesia y la Sinagoga Judaica. Conforme los judíos se oponían más y más al
cristianismo, y éste se arraigaba más y más en el mundo gentil, el término “sinagoga” se dejaba del todo para
aquéllos, y los cristianos se apropiaron exclusivamente del honorable término de “iglesia;” contrástese un tiempo más
primitivo cuando la teocracia judaica es llamada “la Iglesia en el desierto.” Véase Números 16:3; 20:4, “congregación
del Señor.” Aun en Santiago 2:2, es “vuestra asamblea” (sinagoga; no de Dios). Los judíos, que podrían haber sido la
“Iglesia de Dios,” ya por su oposición e incredulidad, habían llegado a ser la sinagoga de Satanás. Así “el trono de
Satanás” (2:13) representa la oposición pagana al cristianismo; “las profundidades de Satanás” (2:24), la oposición de
los herejes. 10. No tengas … temor—“El Capitán de nuestra salvación no les guarda escondidas las cosas que sus fieles
testigos pueden tener que sufrir por su nombre; nunca trata de ganar adherentes con la promesa de que haya de
encontrar todo fácil y placentero allí.” *Trench.] el diablo—“el acusador.” El obró, por medio de los acusadores judíos,
contra Cristo y contra su pueblo. El conflicto de estos no era con mera carne y sangre, sino con los príncipes de las
tinieblas de este mundo. probados—con la tentación por “el diablo”. El mismo acontecimiento es tanto una tentación
de parte del diablo como una prueba de Dios—zarandeando Dios al hombre para separar el tamo del trigo; el diablo,
en la esperanza de no hallar en él nada más que tamo [Trench]. diez días—No las diez persecuciones desde Nerón
hasta Diocleciano. Lvra explica los diez años con el principie de año por dia. La brevedad de la persecución es
evidentemente la base del consuelo El plazo de la prueba será corto. la duración de vuestro gozo será eterna. Véase el
uso de “diez días” por un tiempo breve. Génesis 24:55; Números 11:19. Diez es el número de los poderes mundiales
hostiles a la Iglesia: véase los diez cuernos de la bestia (13:1). corona de la vida—Santiago 1:12; 2 Timoteo 4:8, “corona
de justicia;” 1 Pedro 5:4, “corona de gloria.” La corona es la quirnalda, emblema del vencedor, o de uno que se regocija, o
de fiesta, pero diadema es la enseña de un rey. 11. no recibirá daño—El griego es doblemente enfático: de ninguna
manera es posible que reciba daño. la muerte segunda—“el lago de fuego.” “La muerte en vida de los perdidos, como
contrastada con la vida en muerte de los salvos.” [Trench.] La frase “la segunda muerte” es peculiar del Apocalipsis.
¿Que importa esta primera muerte, que tarde o temprano debe tocarnos a todos, si nos escapamos de la segunda
muerte? Parece que los que mueren aquella muerte sufrirán daño, dolor, por ella; pero, si fuese la aniquilación y así la
terminación de los tormentos, no seria daño alguno, sino más bien beneficio para ellos. Pero los tormentos vivientes
son la segunda muerte.” [Pearson.] “La vida de los condenados es muerte.” [Agustín.] Esmirna (significa mirra) dió su
dulce perfume, magullada aun hasta la muerte. La mirra se usaba para embalsamar a los cadáveres (Juan 19:39); era
ingrediente del aceite santo de la unción (Exodo 30:23); un perfume del novio celestial (Salmo 45:8), y de la esposa
(Cantares 3:6). “La tribulación, como la mirra, es amarga para el presente, pero salutífera; preservando a los elegidos
de la corrupción, y sazonándolos para la inmortalidad, y da amplio campo para el ejercicio de las fragantes virtudes
cristianas.” [Vitringa.] Las palabras nobles de Policarpo dichas a sus jueces paganos que deseaban que abjurase, son
bien conocidas: “Ochenta y seis años ha que sirvo al Señor, y nunca me ha hecho mal alguno; ¿cómo pues puedo
blasfemar a mi Rey y Salvador?” La fidelidad de Esmirna fue recompensada con no haberle sido quitado su candelero
de su lugar (2:5); el cristianismo no fué del todo desarraigado; por tanto es llamada por los turcos “la incrédula
Esmirna.” 12. Pérgamo—Pergamus (prefiere Trench a Pergamum), sobre el río Caico. Fué capital del reino de Atalo
Segundo, legado por él a los romanos en el año 133 antes de Cristo. Famosa por su biblioteca, fundada por Eumeno II
(197–159), y destruída por el califa Omar. El pergamino (charta pergamena) fué descubierto allí para hacer libros.
También, famosa por el magnífico templo de Esculapio, el díos de la salud. [Tácito, Anales, 3. 63.] el que tiene la
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espada aguda de dos filos—Frase apropiada al doble propósito de esta carta, un poder escudriñador para redargüir y
convertir a algunos (2:13, 17), y para redargüir y condenar a castigo a otros (2:14–16; con nota, 1:16). 13. tus obras—
Dos manuscritos antiguos omiten estas palabras, uno las tiene. la silla de Satanás—más bien trono, como este vocablo
griego se traduce en todo el Apocalipsis. Satanás, en impía mímica del trono de Dios en el cielo, levanta su trono
terrenal (4:2). Esculapio era adorado allí bajo la forma de serpiente; y Satanás, la antigua serpiente, como instigador
(2:10) de los fanátícos devotos de Esculapio y, por medio de ellos, del supremo magistrado de Pérgamo, persiguió a
uno del pueblo de Dios (Antipas) aun a muerte. De modo que esta carta es un prefacio anticipante de 12:1–17; Nótese
“trono < dragón < guerra contra la simiente de la mujer.” 12:5, 9, 17. aun en los días—Dos manuscritos antiguos
omiten “aun,” otros dos lo retienen, Antipas es otra forma de Antipater (o Antípatro). Simeón Metafrases tiene una
leyenda, ignorada por los primeros padres, de que Antipas, en el reino de Domiciano, fué encerrado dentro de un
becerro de bronce candente. y terminó su vida en hacimiento de gracias y oración. Hengstenberg hace que el nombre,
como otros nombres apocalípticos, tenga un sentido simbólico [PAG. 771] de uno que se antepone a todo por amor de
Cristo. 14. pocas—encomparacion con las muchas señales de fidelidad. doctrina de Balaam—lo que “enseñó a Balac.”
Véase “consejo de Balaam,” Numeros 31:16. Bengel traduce, “enseñó (a los moabitas) para (agradar a) Balac.” Pero
aunque en Números no se dice expresamente que enseñara a Balac, tampoco se dice nada allí inconsecuente con
haberlo él hecho; y Josefo, Antigüedades, 4. 6, 6., dice que lo hizo. escándalo—lit., la parte de la trampa donde se ponía
el cebo y que, cuando se tocaba, hacia que la trampa encerrase a la presa; significando luego cualquier enredo para el
pie. [Trench.] comer de cosas sacrificadas a los ídolos;—práctica común de los israelitas de antiguo y de los nicolaítas
del tiempo de Juan; no dice que ellos sacrificasen a los ídolos, lo que fué peculiar de los israelitas. La tentación de
comer carne ofrecída a ídolos era especialmente fuerte para los convertidos gentiles. Porque el no hacerlo significaba
casi abstención de las comidas sociales con los paganos vecinos. Porque tales carnes, una parte ofrecida ya en
sacrificio, era casi seguro que se hallarían en la mesa del anfitrión; tal era así que “carnear” en el griego (thuein)
significaba en un principio “sacrificar.” De ahí surgió el decreto del Concilio de Jerusalén que prohibía comer tales
carnes; subsecuentemente algunos de Corinto comieron, a sabiendas e inescrupulosamente de dichas carnes, so
pretexto de que el ídolo no era nada; otros innecesariamente se torturaban por escrúpulos, por temor de comer de
ellas sin saberlo, cuando compraban carne del mercado y comían en casa del vecino. Pablo trata el asunto en 1
Corintios cap. 8 y 10:25–33 fornicación—a menudo relacionada con la idolatría. 15. tú—Enfático. Como Balac y los
moabitas de antiguo tenían a Balaam y sus seguidores literales, así tú también tienes a los que tienen la misma doctrina
balaamita o nicolaíta espiritual o simbólicamente. El comer literalmente de carne idolátrica y la fornicación en Pérgamo
eran acompañados por la idolatría y fornicación espirituales. Así explica Trench. Pero yo prefiero esto, “Tú también,
así como Efeso (“de la misma manera” que Efeso; véase abajo la lección más antigua), tienes < nicolaítas,” con esta
importante distinción; Efeso, como Iglesia, los aborrece, y los echa, pero tú “los tienes”, eso es, en la iglesia. doctrina—
Enseñanza (Nota, 2:6): a saber, tentando al pueblo de Dios a la idolatría. lo cual yo aborrezco—Es un pecado no
aborrecer lo que Dios aborrece. La iglesia efesia (2:6) tenía este punto de superioridad sobre Pérgamo. Pero los tres
manuscritos más antiguos. y Vulgata y Siríaca, dicen “del mismo modo,” en vez de, “lo cual yo aborrezco.” 16.
Arrepiéntete—Los tres manuscritos más antiguos agregan “pues”. No sólo a los nicolaítas, sino también a toda la
Iglesia de Pérgamo se la exhorta a arrepentirse de no haber aborrecido las enseñanzas y prácticas nicolaítas. Véase en
contraste, Pablo. en Hechos 20:26. vendré—vengo. pelearé—Griego, “haré guerra:” con los nicolaítas en primer orden;
pero inclusive también toda la Iglesia de Pérgamo: véase “Vendré a tí.” con la espada de mi boca—Resumido de 1:16,
pero con la alusión a la espada desenvainada, con la cual el ángel del Señor se enfrentó con Balaam, cuando iba para
maldecir a Israel: presagio de la espada por la cual él y los israelitas seducidos al fin cayeron. Los balaamitas
espirituales del día de Juan han de ser heridos por la espada espiritual del Señor, la palabra o la “vara de su boca.” 17.
a comer—Omitidas de los tres manuscritos más antiguos. del mana escondido—la comida celestial de Israel, en
contraste con las carnes idolátricas (2:14). Una olla de maná estaba puesta en el lugar santo del templo “delante del
testimonio.” Tal es la alusión aqui: probablemente tambien al discurso del Señor (Juan 6:31–35). Tradúzcase, “el maná
que está escondido.” Como el maná escondido en el santuario era por poder divino conservado de la corrupción, así
Cristo en su cuerpo incorruptible ha entrado en los cielos, y está escondido allí hasta el tiempo de su aparición. Cristo
mismo es el maná “escondido” del mundo, mas revelado al creyente, que así ya tiene el gusto anticipado de su
preciosura. Comp. la comida de Cristo mismo en tierra, escondida, Juan 4:32, 34, y Job 23:12. La plena manifestación
será en su venida. Los creyentes están ahora escondidos, como su comida está escondida. Como el maná en el
santuario, desemejante a otro maná, es incorruptible, así la fiesta espiritual que se ofrece a todos los que rechazan las
delicadezas del mundo por amor de Cristo, es eterna: un cuerpo incorruptible y la vida eterna con Cristo en su
resurrección. piedrecita blanca, etc.—La explicación de Trench parece la mejor: Blanco es el color y vestidura del cielo.
“Nuevo” denota algo del todo renovado y celestial. La piedrecita blanca es un diamante reluciente, el Urim llevado
por el sumo sacerdote dentro del choschen o coraza de juicio, con los nombres de las doce tribus sobre las doce piedras
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preciosas, junto al corazón. La palabra Urim significa luz, que corresponde al color blanco. Nadie sino el sumo
sacerdote conocía el nombre escrito sobre ella, probablemente el nombre incomunicable de Dios, “Jehov{.” El sumo
sacerdote la consultaba de alguna manera divinamente ordenada, para recibir la dirección de Dios cuando la
necesitaba. El “nombre nuevo” es de Cristo (Véase 3:12, “escribiré sobre él mi nuevo nombre”): alguna nueva
revelación de sí mismo que después impartirá a su pueblo, y que ellos solos podrán recibir. La conexión con el “maná
escondido” será así clara, pues nadie sino el sumo sacerdote tenía acceso al “maná escondido” en el santuario. Los
creyentes, como sacerdotes espirituales de Dios, gozarán los antitipos celestiales del maná escondido y de la piedra
Urim. Contra lo que tenían que luchar en Pérgamo era la tentación de las carnes idolátrícas y la fornicación, metidas en
su camino por los balaamitas. Como Fineas fué recompensado con “un sacerdocio eterno” por su celo en contra de los
mismos pecados a los que el Balaam del Antiguo Testamento sedujo a Israel: así el sumo sacerdocio celestial es la
recompensa prometida a los que son celosos en contra de los balaamitas del Nuevo Testamento que tientan al pueblo
de Cristo a los mismos pecados. lo recibe—es decir, “la piedrecita”, no “el nombre nuevo” (el griego es ambiguo) El
nombre que nadie conocía sino Cristo solo, lo revelará a su pueblo después. 18. Tiatira—en Lidia, al sur de Pérgamo.
Lidia la vendedora de púrpura en esta ciudad. convertida en Filipos, ciudad macedónica (colonia con la que
naturalmente Tiatira tendría mucha comunicación), probablemente fué el instrumento de llevar primero el evangelio
a su ciudad natal. Juan sigue un orden geográfico aquí, porque Tiatira estaba un poco a la izquierda del camino que
iba de [PAG. 772] Pérgamo a Sardis (Estrabón, 13, 4). El Hijo … latón fino—Véase nota, 1:14, 15, resumido aquí. Otra
vez los atributos concuerdan con el mensaje. El título “Hijo de Dios,” es del Salmo 2:7, 9, referido en el 2:27. El
atributo, “ojos de fuego,” corresponde a 2:23, “soy el que escudriño los rinones y los corazones.” El atributo, “pies <
laton tino,” corresponde al 2:27, “Seran quebrantados como vaso de alfarero,” pisándolos con sus fuertes pies 19. Los
manuscritos más antiguos anteponen fe a servicio. Los cuatro sustantivos son complementos de obras. “Conozco
(griego) tus obras, a saber, el amor y la fe (que forman un par, como “la fe obra con amor” Gálatas 5:6) y el servicio
(ministración a los miembros afligidos de la Iglesia, y a toda necesidad espiritual y temporal) y la paciencia
(perserverancia paciente). Como el amor es interno, así el servicio es su manifestación externa; asimismo se relacionan la
fe y la paciencia o perseverancia (el griego, hupomené, lit., permanencia bajo la carga, Romanos 2:7). mas que las
primeras—en cumplimiento de 1 Tesalonicenses 4:1; lo idéntico con Mateo 12:45; 2 Pedro 2:20. En vez de retrogradar
de “las primeras obras” y del “primer amor,” como Efeso, las últimas obras de Tiatira excedían a sus primeras. 20. unas
pocas cosas—Omitidas en los tres manuscritos más antiguos. aquella mujer—“La mujer Jezabel.” Dos manuscritos de
los más antiguos dicen “tu mujer;” otros dos, Vulgata, y la mayoría de las versiones antiguas, dicen como la nuestra.
La Jezabel simbólica era para la Iglesia de Tiatira lo que la Jezabel histórica era para Acab su marido. Alguna profetisa
(así llamada por si misma), o algún grupo de falsos profetas (como el femenino se usaba mucho en el hebreo en sentido
colectivo), íntimamente relacionada a la Iglesia de Tiatira, como esposa a marido, e influyendo poderosamente en dicha
iglesia para mal, como Jezabel con Acab. Como Balaam, en la historia temprana de Israel, así Jezabel, hija de Ethbaal,
rey de Sidón (1 Reyes 16:31, antes sacerdote de Astarte y homicida de su predecesor en el trono [Josefo: Contra Apión,
1.18], era la que seducia a Israel a la idolatría en la historia posterior. Como su padre, era pronta a derramar sangre.
Dada del todo al culto a Baal, como su padre, Ethbaal, cuyo nombre expresa la idolatría, con voluntad fuerte, llevó al
débil Acab e Israel más allá del culto a la becerra (el que era culto al verdadero Dios bajo la forma de buey querubín,
eso es, en violación del segundo mandamiento) al culto a Baal (en violación del primer mandamiento). Parece que ella
misma era sacerdotisa y profetisa de Baal. 2 Reyes 9:22. 30, “fornicaciones < de Jezabel y sus hechicerías” (la impureza
era una parte del culto de la Astarte Fenicia, o Venus). Su contraparte espiritual en Tiatira seducía a “los siervos de
Dios”, mediante pretendidos oráculos, al mismo libertinaje, fornicación, y comida de carnes idolátricas, como los
balaamitas y los nicolaítas (2:6, 14, 15). Por un espiritualismo falso estos seductores llevaban sus víctimas a la
carnalidad más grosera, como si las cosas hechas en la carne estuviesen fuera del hombre mismo, v fuesen por tanto,
sin importancia. “Cuanto más hondo penetraba la Iglesia en el paganismo, tanto más pagana ella se hacía: esto nos
prenara para las expresiones de “ramera” y “Babilonia” que le fueron aplicadas después.” [Auberlen.] a enseñar, y
engañar—Los tres manuscritos más antiguos dicen, “Y ella enseña y engaña,” o “seduce.” Tiatira era la precisa
antitesis de Efeso. En ésa había mucho celo por la ortodoxia, pero poco amor; en ésta, actividad de fe y amor, pero
insuficiente celo por la disciplina piadosa y la doctrina, una paciencia con el error aun cuando no habia participación
en él.” [Trench.] 21. y no se ha arrepentido—Los tres manuscritos más antiguos dicen, “< arrepiéntete; y (ella) no
quiere arrepentirse de (abandonando) su fornícación.” Aquí hay una transición de la fornicación literal a la espiritual,
como aparece del 2:22. La idea vino de la relación del pacto de Jehová con la Iglesia del Antiguo Testamento
considerada como un casamiento, cualquier transfiguración contra la cual era, pues, una fornicación, o adulterio. 22. He
aquí—llamando la atención a la horrenda condena de ella, que sobrevenía. en cama—El lugar de su pecado será el
lugar de su castigo. El lecho de su pecado será el lecho de su enfermedad y augustia. Tal vez una pestilencia estaba
inminente. O el lecho de la tumba, y el infierno más allá, donde el gusano nunca muere. a los que adulteran con
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ella—espiritualmente; inclusive el comer la carne idolátrica y la fornicación. “Con ella,” en el griego, denota
participación con ella en sus adulterios, en el sentido de permitirla (2:20), o bien no molestarla, así virtualmente
animándola. El castigo de ella es distinto del de aquéllos: ella ha de ser arrojada en cama, y sus hijos muertos, mientras
que los que participan en los pecados de ella con tolerarla serán echados en grande tribulación. si no se
arrepintieren—de una vez y para siempre; el aoristo griego; deben arrepentirse antes del plazo fijo del propósito del
Señor. de sus obras—Dos de los manuscritos más antiguos y las más de las versiones antiguas dicen “de las obras de
ella.” En este caso, los verdaderos siervos de Dios, que por connivencia participan de la culpa de las obras de ella, se
distinguen de ella. Un manuscrito antiguo, Andreas y Cipriano sostienen la lección de “sus”, de ellos. 23. sus hijos—
(Isaías 57:3; Ezequiel 23:45, 47). Sus adherentes propios; no los que la toleran, sino los engendrados por ella. Una clase
distinta de la del 2:22 (comp. nota allí), cuyo pecado era indirecto, siendo sólo de connivencia. mataré … con muerte—
el desastre que tocó a los discípulos de la Jezabel histórica y los hijos de Acab, 1 Reyes 18:40; 2 Reyes 10:6, 7, 24, 25.
Matar con muerte, hebraísmo que significa matar con muerte segura y terrible: así “muriendo morirás” (Génesis 2:17). No
“como mueren todos los hombres” (Números 16:29). todas las iglesias sabrán—lo que expresa que todas estas cartas
se destinan para la Iglesia universal de todas las edades y lugares. Tan palpablemente será vista la mano de Dios en el
castigo de Tiatira, que toda la Iglesia lo reconocerá como la obra de Dios. yo soy—El “yo” es muy enfático aquí:
“Sabrán que soy yo quien <” escudriño … corazones—Atributo peculiar de Dios se aplica a Cristo. Los “riñones” son
la sede de los deseos; el “corazón,” de los pensamientos. El griego por “escudriño” expresa seguir acertadamente toda
pista, rastro y rodeo. según sus obras—a ser juzgadas no el mero hecho como aparece al hombre, sino con referencia
al motivo, siendo la fe v el amor los únicos motivos que Dios acepta. 24. a vosotros (y a) … los demás—Omiten “y a”
tres de los manuscritos antiguos. que no tienen—que no sólo no guardan: que no tienen contacto con esta doctrina. y
que—Los [PAG. 773] manuscritos más antiguos dicen: “los cuales”. las profundidades—Los falsos profetas se
jactaban particularmente de su conocimiento de los misterios y de las cosas profundas de Dios; pretensiones
expresadas después por su arrogante titulo de gnósticos (“llenos de conocimiento”). El Espíritu aquí declara que las
pretendidas “profundidades” de ellos (es eso, conocimiento de cosas divinas) son en realidad “las profundidades de
Santanás;” así como dice en el 2:9 que, en vez de ser “sinagoga de Dios,” se trata de la “sinagoga de Satanás.”
Hengstenberg piensa que los maestros mismos pretendían profundizar las cosas de Satanás, dando rienda suelta a sus
concupiscencias, sin sufrir daño por ello. Los que así piensan combatir a Satanás con las armas propias de él siempre
encuentran en él un luchador más fuerte que ellos. Como las palabras “como dicen” vienen después de
“profundidades de Satanás,” parecen favorecer la tesis de Hengstenberg; de otro modo sería preferible el otro parecer:
ellos dicen conocer las profundidades: el Espíritu dice que son profundidades de Satanás. El pecado original de Adán
fué el deseo de conocer el mal tanto como el bien: de igual modo, en la opinión de Hengstenberg, los que profesan
conocer “las profundidades de Satanás.” Es de la prerrogativa de Dios sólo conocer plenamente el mal, sin ser dañado
ni contaminado con él. no enviaré—o “no echaré:” dos de los manuscritos dicen “no echo.” otra carga—que la
abstinencia de estas abominaciones y las protestas contra ellas; ningunas “profundidades” fuera de su alcance, como
aquéllos enseñan, ningunas enseñanzas nuevas, sino la antigua fe y regla de práctica una vez por todas entregada a
los santos. Exagerando y perfeccionando la doctrina paulina de la salvación por la gracia sin la ley como fuente de la
justificación y la santificación, los falsos profetas rechazaban la ley como regla de vida, como si ella fuese una “carga”
intolerable. Pero es una carga “liviana.” En Hechos 15:28, 29, el mismo término “carga”, como aquí, significa
abstinencia de la fornicación y de la comida de carnes idolátricas; a esto se refiere el Señior aquí. 25. la qu tenéis—
(Judas 3, fin.) tenedla—No la dejéis escapar de la mano, por mucho que quieran los falsos doctores arrancársela. hasta
que yo venga—cuando tu conflicto con el mal terminará. El griego expresa incertidumbre acerca de cuándo ha de venir.
26. Y—que denota la íntima relación de la promesa al vencedor, aquí, con la exhortación precedente. guardado—
Comp. la misma palabra del pasaje aludido por el Señor, Hechos 15:28, 29. mis obras—en contraste con las “de ella”
(2:22). Las obras que yo ordeno, y que son el fruto de mi Espíritu. hasta el fin—(Mateo 24:13.) La figura acaso es de la
carrera, en la que no basta alistarse, sino que el corredor debe perseverar hasta el fin. sobre las gentes—A la venida de
Cristo los santos poseerán el reino “bajo todo el cielo”; por tanto, sobre esta tierra: comp. Lucas 19:17, “tendrás potestad
sobre diez ciudades.” 27. Cita del Sal. 2:8, 9, regirá—lit., “como un pastor.” En el Salmo 2:9 se dice “quebrantar{ <” La
Versión de los Setenta puntuando diferentemente el hebreo, traduce como aquí. “Quebrantará” debe ser la interpretación
correcta, como el paralelo “desmenuzados” (Salmo 2:9) prueba. Pero el Espíritu en este caso sanciona el pensamiento
adicional como verdadero, que el Señor mezclará la misericordia a unos, con el juicio sobre otros; comenzando por
destruir a sus enemigos anticristianos, reinará en amor sobre los demás. “Cristo reinará con un cetro de hierro, para
hacerlos capaces de ser regidos con el cetro de oro; con la severidad primero, para que venga la gracia después”
(Trench, quien opina que se debe traducir “cetro” en lugar de “vara,” como en Hebreos 1:8). “Pastor” se usa en
Jeremias 6:3, por gobernantes hostiles; tambien en Zac. 11:16. Como la severidad aqui es el pensamiento primordial,
“regir como pastor” me parece indicar que: El que quisiera haberlos pastoreado con la vara de pastor, los pastoreará
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con la vara de hierro. serán quebrantados—Así un manuscrito antiguo, Siríaca, Vulgata y Cóptica. Pero dos de los más
antiguos dicen, “< vara de hierro, como son desmenuzados los vasos de alfarero.” El artículo de loza es tirado y hecho
pedazos porque no alcanza la norma propuesta por el alfarero: figura que representa el poder soberano de Dios para
entregar a los réprobos a la destrucción, no por capricho, sino en el ejercicio de su justo juicio. Los santos estarán en
los ejércitos victoriosos de Cristo, cuando haya de darse el último golpe decisivo, y después reinarán con él. Habiendo
“por la fe” vencido al mundo, reinarán también sobre el mundo. como también yo—“recibí de mi Padre,” según el
Salmo 2:7–9. Jesús se negó a recibir el reino sin la cruz de las manos de Satanás; no quiso recibirlo de nadie sino del
Padre, quien había ordenado el camino de la cruz como el sendero de la corona. Como el Padre me ha dado la
autoridad sobre las naciones y los confines de la tierra, así imparto una porción de la misma a mis discípulos
victoriosos. 28. la estrella de la mañana—es decir, a mí mismo me daré a él, pues soy “la estrella de la mañana”
(22:16); de modo que reflejando mi perfecto resplandor, alumbrará como yo, la estrella de la mañana, y participará de
mi gloria real (de la que la estrella es el símbolo, Números 21:17; Mateo 2:2). Comp. 2:17, “Le daré del maná escondido,”
el cual yo soy (Juan 6:31–33.
CAPITULO 3
LAS EPISTOLAS A SARDIS, FILADELFIA, Y LAODICEA. 1. Sardis—antigua capital de Lidia, el reino del opulento
Creso, sobre el río Pactolo. La carta a esta Iglesia está llena de reproches. No parece haber sido en vano, pues Melito,
obispo de Sardis en el siglo dos, fué eminente por su piedad y erudición. Visitó a Palestina para afirmarse a sí y a su
rebaño respecto del canon del Antiguo Testamento, y escribió una epístola sobre el tema (Eusebio, 4:26; Jerónimo,
Catalogus Scriptorum Ecclesiasticorum, 24). El que tiene los siete Espíritus de Dios—es decir, el que tiene la plenitud
del Espíritu (1:4; 4:5; 5:6; con Zacarías 3:9; 4:10, en comprobación de su divinidad). Este atributo denota el poder
infinito del Espíritu para redargüir del pecado y de la profesión hueca. y las siete estrellas—(1:16, 20.) El que él tenga
las siete estrellas, o sea, los ministros presidentes, resulta de tener él los siete Espíritus, o la plenitud del Espíritu Santo. El
ministerio humano es el fruto de los dones del Espíritu enviado por Cristo. Estrellas denota resplandor y gloria: la
plenitud del Espíritu y la plenitud del fulgor en Cristo, forman un contraste pensado con el formalismo que reprocha.
nombre … vives … muerto—(1 Timoteo 5:6; 2 Timoteo 3:5; Tito 1:16; con Efesios 2:1, 5; 5:14.) “Un nombre,” o sea,
[PAG. 774] una reputación. Sardis tenía la fama entre las iglesias por su vitalidad espiritual; sin embargo el
Escudriñador de los corazones, que ve como ningun hombre ve, la declaro muerta; ¡que escudriñamiento del propio
corazon deberia crear este caso entre los mejores de nosotros! Laodicea se engañaba a si misma respecto de su
verdadera condición (3:17), pero no está escrito que ella tuviese tan buen nombre entre las iglesias como el que tenía
Sardis. 2. Sé vignante—Griego, “liega a ser,” lo que no eres, “vigilante,” lit., “está vigilando” continuamente. las otras
cosas—Fortalece las pocas gracias que te quedan, las que en tu mortifero sueño aún no están del todo extinguidas.
[Alford.] “Las cosas que quedan” apenas puede significar “las PERSONAS aún no muertas, pero que están por morir;”
porque el 3:4 denota que los “pocos” fieles de Sardis no estaban “para morir,” sino en pleno vigor. están—Los dos
manuscritos más antiguos dicen “estaban para morir,” Esto significa que el “estás muerto,” (3:1) no ha de tomarse sin
limitación; porque aquellos debín tener alguna vida si se les dice que “confirmen las cosas que quedan.” perfectas—
Lit., “llenadas a pleno complemento;” tradúzcase, “completas.” Pesadas en las balanzas del que requiere la viva fe
como motivo de las obras, y halladas faltas. delante de Dios—Los tres manuscritos más antiguos, Vulgata, Siríaca, y
Cóptica, dicen, “delante de mi Dios:” el juicio de Cristo es el juicio de Dios el Padre. Delante de los hombres Sardis
tenía “un nombre que vives:” “tantas y tan grandes son las obligaciones de los pastores, que el que cumpliese siquiera
la tercera parte de ellas sería tenído por santo por los hombres, mientras que si se contentara con eso solo, de seguro
no se escaparía del infierno.” [Juan D’Avila.] Nota, de Sardis y Laodicea solas de las siete, no leemos acerca de
conflictos con enemigos ni dentro ni fuera de la Iglesia. No que la una ni la otra hubiesen renunciado la apariencia de
oposición al mundo; sino que ni la una ni la otra tenían la fidelidad para testificar a favor de Dios por palabra ni
ejemplo, de modo que “atormentara a los que moran en la tierra” (11:10). 3. lo que has recibido—(Colosenses 2:6; 1
Tesalonicenses 4:1; 1 Timoteo 6:20.) De lo que Sardis había de acordarse era, no de cuán gozosamente había recibido
originalmente el mensaje evangélico, sino de cuán precioso depósito le había sido confiado al principio, de modo que
no pudiera decir que no lo “había recibido y oído.” El griego no es el aoristo (como en el 2:4, tocante a Efeso, “dejaste tu
primer amor”), sino “lo que has recibido” (pretérito perfecto), y aun tienes el depósito permanente de doctrina a ti
confiado. La palabra “guárdalo”, que sigue, concuerda con este sentido. “Guarda” u observa el mandamiento que has
recibido y oído. has oído—Griego, “oíste,” a saber, cuando la doctrina evangélica te fué confiada. Trench explica el
“cómo” (Acuérdate de cómo < oíste”), con qué demostración del Espíritu y de poder llegó la verdad a ti de parte de los
embajadores de Cristo, con cuánto gozo y celo la recibiste al principio. Asimismo Bengel: “La consideración de su
carácter anterior (su buena fama de entonces) debiera tener a Sardis sobre aviso para la hora futura, llegara cuando
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llegase, de resultado tan funesto para ella.” Pero no es probable que el Espíritu repita la misma exhortación
virtualmente a Sardis y a Efeso. Y si no—Griego, “porque si no <” puesto que estás amonestado. vendré—en juicio
especial sobre ti (griego) como iglesía, con la misma furtividad y tan inesperadamente como será mi segunda venida
visible. Como el ladrón que no da aviso de su llegada. Cristo aplica el lenguaje que en su sentido pleno describe su
segunda venida, para describir su venida en juicio especial sobre las iglesías y los estados (como Jerusalén, Mateo 24),
siendo estos juicios especiales como arras anticipatorias de aquella última gran venida. “El último día nos está
escondido, para que todo día sea observado por nosotros.” [Agustin.] Dos veces habló Cristo en los días de su carne
las mismas palabras (Mateo 24:42, 43; Lucas 12:39, 40), y tan hondas quedaron grabadas sus palabras en la mente de
su apóstoles que son repetidas a menudo en los escritos de ellos (16:15; 1 Tesalonicenses 5:2, 4, 6; 2 Pedro 3:10). El
proverbio griego que reza, “los pies de los dioses vengadores están calzados de lana,” expresa el acercamiento sigiloso
de los juicios divinos, y su posible proximidad en el momento cuando suponemos que están lejísimos. [Trench.] 4.
Mas tienes—no obstante tu apatía espiritual. personas—Griego, “nombres” de los escritos en el libro de la vida (3:5),
conocidos por nombre, por el Señor, como suyos. Estos tenían la realidad que correspondía a su nombre; no el mero
nombre de “vivir” entre los hombres, estando en efecto muertos (3:1). El Señor de la gracia no pasa por alto ningún caso
excepcional de sus verdaderos santos entre los irreales. no han ensuciado sus vestiduras—eso es, los vestidos de su
cristiana profesión, de los que el bautismo es el sello iniciatorio, por lo que los candidatos al bautismo en la antigua
Iglesia se vestían de blanco. Compárese también Efesios 5:27, sobre la pureza de la Iglesia cuando haya de ser
presentada a Cristo; y 19:8, referente al “lino fino,” limpio y blanco, la “justicia de los santos,” del que ha de ser
ataviada; y “el ropaje de bodas.” Entretanto ella no debe ennegrecer su profesión cristiana con ninguna contaminación
de la carne ni del espíritu, sino guardar su ropaje. Pues ninguna suciedad entrará en la ciudad celestial. No que haya
quienes se guarden del todo libres de la contaminación en esta vida; pero en comparación con los de profesión hueca,
los piadosos se conservan sin mancha del mundo; y cuando acaso se contaminan, se lavan las manchas, como si lavasen
sus ropas “blancas en la sangre del Cordero” (7:14). Y andarán conmigo en vestiduras blancas—La recompensa
prometida concuerda con el carácter de los recompensados; guardando puras y blancas sus vestiduras ahora por la
sangre del Cordero, andarán con él de blanco después. Sobre “conmigo”, compárese las mismisimas palabras, Lucas
23:43; Juan 17:24. “Andar” denota vida espiritual, pues sólo los vivos andan; y la libertad, pues son los libres solamente
los que caminan libres. La gracia y la dignidad de las vestiduras amplias y largas, lucen más cuando la persona
“camina:” así las gracias del carácter manifiesto del santo, aparecerán plenamente cuando haya de servir al Señor
perfectamente en el porvenir (22:3). son dignos—con la dignidad (no la suya propia, sino la) de que Cristo los reviste
(7:14). Ezequiel 16:14, “Perfecta a causa de MI hermosura que yo puse sobre ti.” La gracia es la gloria en capullo. “La
dignidad aquí denota una congruidad entre el estado de gracia del creyente en la tierra [PAG. 775] y el de gloria, que el
Señor le ha ordenado, que está per ser estimado por la misma ley da gracia,” [Vitringa.] Compárese en contraste
Hechos 13:46. 5. blancas—no un blanco insípido, sino reluciente, deslumbrante. [Grocio.] Compárese Mateo 13:43. El
cuerpo transfigurado a la semejanza del cuerpo de Cristo, y emitiendo rayos de luz reflejados de él, es probablemente
“la vestidura blanca” aquí prometida. será vestido—Griego, “Este será vestido;” el mismo, no otro; así dicen un
manuscrito antiguo y el Texto Recibido; pero dos de los manuscritos más antiguos y la mayor parte de las versiones
antiguas dicen, “será ASI (houtoos en vez de houtos) vestido <” vestiduras—“El que vence” recibirá el mismo
galardón que los “que no han ensuciado sus vestiduras” (3:4); luego los dos son idénticos. no borraré—Griego “de
ninguna manera borraré <” libro de la vida—de la ciudad celestial. Se guardaba en las ciudades antiguas un registro
de sus ciudadanos: los nombres de los muertos, por supuesto, eran borrados. Así los que tienen un nombre que viven y
están muertos (3:1), se borran de la lista de Dios de los ciudadanos celestiales y herederos de la vida eterna; no qus en el
decreto electivo de Dios hayan estado alguna vez en su libro de la vida. Pero, según los conceptos humanos, los que
tenían buena fama de piedad se supondría que estaban en él, y estaban, con respecto a privilegios, efectivamente entre
los que estaban en el camino de la salvación; pero dichos privilegios, y el hecho de que una vez podrían haber sido
salvados, no les aprovecharán nada. Sobre el libro de la vida, véase 13:8; 17:8; 20:12, 15; 21:27; Exodo 32:32; Salmo 69:28;
Daniel 12:1. En el sentido de los llamados, muchos son alistados entre los llamados a la salvación que no serán hallados
al fin entre los elegidos. El recinto de la salvación es más amplio que el de la elección. La elección es fija. La salvación
está abierta a todos, y está pendiente (humanamente hablando) en el caso de los aquí mencionados. Pero el 20:15 y el
21:27 exhiben el libro de los elegidos solos, borrados ya los demás. delante … y delante—Comp. la misma promesa de
la confesión por Cristo delante de su Padre, etc., Mateo 10:32, 33; Lucas 12:8, 9. Aquí se omite “en el cielo” después de
“mi Padre,” porque ya qae él está en el cielo, no hay contraste entre el Padre en el cielo y su Hijo sobre la tierra. [Trench.]
Una coincidencia impensada que prueba que estas epístolas son, coma pretenden ser, en sus palabras, así como en
sustancia, cartas propias de Cristo; sin retoque alguno con el colorido del estilo de Juan, tal como aparece en su
Evangelio y Epístolas. La coincidencia está mayormente con los sinópticos y no con el Evangelio según Juan, lo que
hace que la coincidencia sea más marcadamente impensada. Así también la frase, “El que tiene oídos oiga,” no es
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repetida del Evangelio de Juan sino de las mismas palabras del Señar en los sinópticos (Mateo 11:15; 13:9; Marcos 4:9,
23; 7:16; Lucas 8:8; 14:35). 6. Comp. nota, 2:7.) 7. Filadelfia—en Lidia, unos cuarenta y cuatro kilómetros al sudeste de
Sardis, edificada por Atalo Filadelfo, rey de Pérgamo, muerto en 138 a. de Cristo. Fué casi destruída por un terremoto
en el reinado de Tiberío. [Tácito, anales, 2:47.] La relación de esta Iglesia con los judíos locales motiva que se le dé a la
carta un colorido del Antiguo Testamento en las figuras usadas. Ella y Esmirna solas, de entre las siete, reciben
alabanza pura. el Santo—como en el Antiguo Testamento. “El Santo de Israel.” Así Jesús y el Dios del Antiguo
Testamento son uno. Nadie sino Dios es absolutamente santo (Griego, hagios, separado del mal, y que lo aborrece
perfectamente). En contraste con “la sinagoga de Satanás” (3:9). el Verdadero—Griego, alethinos: el VERDADERO
Dios, distinguido de los falsos dioses, y de todos los que se dicen ser lo que no son (3:9); real, genuino. Además, él
comprende perfectamente todo lo que está envuelto en los nombres, Dios, luz (Juan 1:9; 1 Juan 2:8), pan (Juan 6:32), la
vid (Juan 15:1); como distinguidos de toda comprensión típica, parcial e imperfecta de la idea. Su carácter corresponde
a su nombre (Juan 17:3; 1 Tesalonicenses 1:9). El griego alethés, por otra parte, significa veracidad, amante de la verdad
(Juan 3:33; Tito 1:2). el que tiene la llave de David—El antitipo de Eliaquín, a quien la llave, símbolo de autoridad
“sobre la casa de David” fué transferida de Sebna, quien fue removido del puesto de administrador por ser indigno.
Cristo, el heredero del trono de David, suplantará a todos los mayordomos indignos que hayan abusado de sus
privilegios en la casa espiritual de Dios, y “reinará sobre la de Jacob” literal y espiritual (Lucas 1:32, 33), “para
siempre,” como hijo sobre su propia casa” (Hebreos 3:2–6). Resta que Cristo abra o cierre el palacio celestial,
decidiendo quién debe y quién no debe ser admitido en él como también abre, o cierra, la prisión, teniendo las llaves del
infierno (hades) y de la muerte (1:18). El poder de las llaves fué dado a Pedro y los demás apótoles, sólo para cuando y
en cuanto Cristo los hiciera infalibles a él y a ellos. Sean cuales fuesen los grados que de este poder sean impartidos a
los ministros, el supremo poder pertenece a Cristo solamente. Así Pedro justamente abrió la puerta evangélica a los
gentiles (Hechos 10; 11:17, 18; esp. 14:27, fin). Pero erróneamente intentó cerrar la puerta de nuevo en parte (Gálatas
2:11–18). Eliaquín tuvo “la llave de la casa de David puesta sobre su hombro:” Cristo, como el David antitípico, tiene
él mismo “el gobierno sobre el hombro.” Su atributo aquí, como en otros casos, concuerda con la promesa. Aunqáe “la
sinagoga de Satanás,” “judíos” falsos, tratan de “cerrar” la “puerta” que he “puesto delante de ti;” “ninguno podrá
cerrarla” (3:8, 9). ninguno cierra—Así dicen la Vulgata y la Siríaca. Pero los manuscritos más antiguos dicen, “cerrará”;
también la Cóptica y Orígenes. cierra y ninguno abre—Dos de los manuscritos más antiguos, B y Aleph, la Cóptica y
Orígenes, dicen “abrirá”. Los manuscritos A. y C. y la Vulgata apoyan nuestra versión. 8. he dado—don precioso para
ti. una puerta abierta—para la evangelización; una puerta de servicio espiritual. La apertura de la puerta verificada por
él a la Iglesia de Filadelfia, concuerda con la asignación que acaba de hacerle a él de “la llave de David.’ un poco de
potencia—Esto da la idea de que Cristo dice que ha puesto delante de la Iglesia de Filadelfia una puerta abierta
porque tiene poca potencia; pero el sentido es más bien que lo hace porque no tiene sino poca potencia; estando
consciente de su debilidad, es más digna de la concesión del poder de Dios (así Aquinas), de modo que el Señor Cristo
tenga toda la gloria. has guardado—y [PAG. 776] así la pequeñez de su potencia viene a ser la fuente del poder del
Todopoderoso, para llevarte a confiar del todo en mi gran poder y por tanto has guardado mi palabra. Grocio hace que
“un poco de potencia” signifique que Filadelfia tenía una iglesia pequeña en número y recursos materiales: “un rebañito
pobre en bienes mundanos, y de poca importancia a los ojos de los hombres.” [Trench.] Así dice Alford. Yo prefiero la
opinión anterior. Los verbos griegos están en el aoristo; “Guardaste < no negaste mi nombre;” aludiendo a alguna
ocasión particular cuando su fidelidad fué puesta a prueba. 9. He aquí, yo doy—(Nota, 3:8). La promesa dada a
Filadelfia es mayor que la dada a Esmirna. Para ésta la prormesa fué, que “la sinagoga de Satanás” no prevalecería
contra sus miembros fieles: a Filadelfia, que ella hasta ganaría a algunos de “la sinagoga de Satanás”, de modo que
caigan sobre el rostro y reconozcan que Dios en verdad está en ella. Tradúzcase, “(a algunos) de la sinagoga <” Pues hasta
que Cristo venga, y todo Israel sea entonces salvo, no hay sino “un remanente” que se junta de entre los judios “según
la elección de gracia.” Esto es ejemplo de cómo Cristo presentó delante de ella una “puerta abierta,” en que algunos de
sus mayores adversarios, los judios, serían traídos a la obediencia de la fe. El que adorasen delante de los pies ds ella
expresa la disposición del convertido de ocupar el lugar más humilde en la iglesia, haciendo honor servil a aquellos
que antes perseguían con preferencia a morar entre los impíos. Así el carcelero de Filipos ante Pablo. 10. palabra de
mi paciencia—“La palabra de mi paciencia perseverante,” es decir del evangelio, que enseña la paciencia y
perseverancia en la espectativa de mi venida (1:9). La paciencia que yo practico y la que exijo de parte de otros. Cristo
ahora soporta, esperando con paciencia, hasta que el usurpador sea arrojado fuera, y “todos sus enemigos sean puestos
por estrado de sus pies.” Así, también, la Iglesia, por el gozo que le está propuesto de participar en el reino venidero,
soporta con paciencia. Por tanto, en 3:11 agrega, “He aquí, yo vengo presto.” yo también—El galardón es según la
especie: “porque tú guardaste < yo también (de mi parte) te guardaré <” de la tentación—Griego, “de (modo de
librarte fuera de) la tentación,” no, para que no seas tentado. hora de la tentación—la estación ordenada de la aflicción
y la tentación (así en Deuteronomio 4:34 se llama a las plagas “las tentaciones de Egipto”); no la hora de tentación,
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sino de la tentación: la tentación dolorosa que se acercaba: el tiempo de la grande tribulación de antes de la venida de
Cristo. para probar a los que moran en la tierra—los que son de la tierra, terrenos (8:13). “Moran” denota que su
morada es la tierra, no el cielo. Toda la humanidad, salvo los elegidos (13:8, 14). La tentación destaca la fidelidad de los
que son guardados por Cristo, y endurece a los incrédulos reprobados (9:20, 21; 16:11, 21). Las persecuciones
particulares que sobrevinieron a Filadelfia un poco después, fueron arras de la grande tribulación última que vendrá
antes de la segunda venida de Cristo, a la que se llama la tentación de la Iglesia en todas las edades. 11. He aquí—
Omitidas en tres de los manuscritos más antiguos y por mayor parte de las versiones antiguas. yo vengo presto—el
gran incentivo a la fidelidad perseverante, y a la consolación bajo las pruebas actuales. lo que tienes—o sea, “la
palabra de mi paciencia,” “perseverancia” (3:10), por la que acaba de alabarlos y la que es necesaria para alcanzar el
reino; éste lo perderían si cediesen a la tentación de cambiar la fidelidad con sufrimiento por la contemporización con
tranquilidad. para que ninguno tome tu corona—que de otra manera no recibirías: que ningún tentador te la haga
perder: no que el tentador con ello la ganaría para sí (Colosenses 2:18). 12. columna en el templo—En un sentido no
habrá templo en la ciudad celestial, porque no habrá diferencia entre cosas sagradas y seculares, porque todas las
cosas y todas las personas serán santas al Señor. La ciudad será toda un gran templo, en el que los santos serán no
meramente piedras, como en el templo espiritual actual en la tierra, sino que serán todos eminentes como columnas:
inmoviblemente firmes (no como Filadelfia, ciudad muchas veces sacudida por el terremoto, Estrabón, 12. y 13.),
como los colosales pilares del templo de Salomón, Booz (eso es, “en él hay fuerza”) y Jachín (“será establecido”):
solamente que aquellos pilares estaban fuera y éstas estarán dentro del templo. mi Dios—(Nota, 2:7.) nunca más
saldrá fuera—Como los ángeles elegidos están fuera de la posibilidad de caer, estando ahora (como dicen los
escolásticos) bajo “la bendita necesidad de la bondad,” lo mismo estarán los santos. La puerta será cerrada una vez
para siempre, tanto para encerrar en seguridad a los santos como para excluir a los perdidos (Mateo 25:10; Juan 8:35,
con Isaías 22:23, el tipo, Eliaquín). Serán sacerdotes para siempre a Dios (1:6). “¿Quién no anhelaría aquella ciudad de
donde ningún amigo se ausenta y adonde ningún enemigo entra?” [Agustín en Trench.] escribiré sobre él el nombre
de mi Dios—como pertenencia de Dios en sentido especial (7:3; 9:4; 14:1, y en especial 22:4), y por tanto en seguridad.
Como el nombre de Jehová (“Santidad al Señor”) estaba en la lámina de ore que llevaba sobre la frente el sumo
sacerdote (Exodo 28:36–38), así los santos en su sacerdocio real celestial llevarán su nombre abiertamente, como
consagrados a él. Comp. la caricatura de esto en la marca que llevan sobre el rostro los seguidores de la bestia (13:16,
17), y sobre la ramera (17:5; con el 20:4). nombre de la ciudad de mi Dios—como uno de los ciudadanos de ella (21:2,
3, 10, a la que se alude brevemente aquí por anticipación). La descripción completa de la ciudad, propiamente forma
la terminación del libro. La ciudadanía de los santos ahora está escondida, pero entonces será manifestada: tendrán el
derecho a entrar por las puertas en la ciudad (22:14). Esta es la ciudad que esperaba Abrahán. nueva—Griego, kainés. No la
antigua Jerusalén, que una vez se llamaba “la ciudad santa,” y que perdió el nombre. El griego nea expresaría que
recientemente tuvo existencia, pero keiné, que era nueva y diferente, reemplazando a la vieja Jerusalén deshecha así como
a su política. “Juan en su Evangelio, aplica a la antigua ciudad el nombre griego de Hierosolyma Pero en el
Apocalipsis, siempre, a la ciudad celestial el nombre hebreo de Hierousalem. El nombre hebreo es el original y el más
santo: el griego es el reciente y más secular y político.” [Bengel.] mi nombre nuevo—actualmente incomunicable, y
sólo conocido por Dios: para ser revelado más allá y hecho [PAG. 777] propio del creyente en unión con Dios en
Cristo. El nombre de Cristo escrito sobre el creyente, denota que él es del todo de Cristo. Nuevo también se aplica a
Cristo, quien asumirá un nuevo carácter (correspondiente a su “nuevo nombre”), entrando con sus santos en un
reino—no aquel que tenía con el Padre antes de que los mundos fuesen, sino aquel que se ganó por su humillación
como Hijo del hombre. Gibbon, el incrédulo (Declinación y Caída, cap. 64), da un testimonio, de mala gana, del
cumplimiento de la profecía respecto de Filadelfia desde un punto de vista temporal. “Entre las colonias e iglesias
griegas de Asia, Filadelfia está aún erguida—una columna en una escena de ruinas—un ejemplo agradable de que las
sendas del honor y de la seguridad pueden a menudo ser las mismas.” 13. (Nota, 2:7.) 14. Laodicea—La ciudad estaba
en la parte sudoeste de Frigia, sobre el río Lico, no lejos de Colosas, entre ésta y Filadelfia. Fué destruída por un
terremoto en el año 62 d. de Cristo, y reedificada por sus ciudadanos pudientes sin el auxilio del estado. [Tácito, anales
14.27.] Esta riqueza (debida a la excelencia de sus lanas) condujo a un estado de tibieza y complacencia propia en
cosas espirituales, como pinta el 3:17. Véase Nota sobre Colosenses 4:16, tocante a la epístola que se cree que fué escrita
por Pablo a la Iglesia Laodiceana. La Iglesia en tiempos posteriores aparentemente florecía, pues uno de los concilios
en el que se determinó el canon de la Escritura, se verificó en Colosas en el año 361. Apenas si ha de encontrarse un
cristiano hoy en día en aquel sitio o en sus cercanías. el Amén—(Isaías 65:16, hebreo, “el que se bendijere en el Dios del
Amén < por el Dios del Amén jurará;” 2 Corintios 1:20). El que no sólo dice la verdad, sino que es la verdad. Los santos
usaban el Amén al finalizar la oración, o al asentir a la palabra de Dios; pero nadie, sino el Hijo de Dios, jamás dijo,
“Amén (de cierto), yo os digo,” porque es el lenguaje peculiar de Dios, quien declara por sí mismo. La fórmula del
Nuevo Testamento “Amén, yo os digo,” es equivalente a la del Antiguo Testamento, “Como vivo yo, dice Jehová.”
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Sólo en el Evangelio de Juan (en el griego) él usa el doble “Amén,” Juan 1:51; 3:3, etc., que se traduce, “de cierto, de
cierto.” El título armoniza con el contenido de la epístola. Su fidelidad inmutable como “el Amén” se contrasta con la
inconstancia de Laodicea, “ni frío ni caliente” (3:16). El ángel de Laodicea, se ha conjeturado con cierta probabilidad
que fué Arquipo, a quien hacía treinta años Pablo le envió una amonestación por su necesidad de activarse con
diligencia en su ministerio. Constituciones Apostólicas, 8:46, lo nombra como el primer obispo de Laodicea: hijo
supuesto de Filemón (Filemón 2). testigo fiel y verdadero—Como “él Amén” expresa la verdad inmutable de sus
promesas: así “el testigo fiel y verdadero,” la verdad de sus revelaciones respecto de las cosas celestiales que ha visto
y testificado. “Fiel,” es decir, digno de confianza (2 Timoteo 2:11, 13). “Verdadero” no es aquí veraz (Griego, alethés),
sino (alethinos) “el que comprende perfectamente todo lo que está comprendido en el nombre Testigo” (1 Timoteo
6:13). Para esto tres cosas son indispensables: (1) haber visto con los ojos lo que atestigua; (2) ser competente para
referirlo a otros; (3) estar dispuesto a hacerlo verazmente. En Cristo se llenan todas estas condiciones. [Trench.]
principio de la creación de Dios—no aquel a quien Dios creó primero, sino como en Colosenses 1:15–18 (véase Notas
allí), el Principiador de toda la creación, su instrumento originador. No se le representaría adorado por toda la
creación, si él fuese tan sólo uno de los creados. El que él es el Creador es garantía fuerte de su fidelidad como “el
Testigo y el Amén.” 15. ni … frío—La antítesis de “caliente,” lit., hirviendo (“ferviente,” Hechos 18:25; Romanos 12:11;
véase Cantares 8:6; Lucas 24:32), requeriría que “frío” aquí significara más que negativamente frío; es más bien,
absolutamente helado: sin haber estado nunca caliente. Los laodicenses en cosas espirituales estaban fríos
comparativamente, pero no fríos como el mundo exterior, ni como los que nunca habían pertenecido a la Iglesia. Este
estado de tibieza, si indica la transición hacia uno más caliente, es una condición deseable (porque un poco de religión
es mejor que ninguna); pero es fatalísimo cuando es, como aquí, una condición permanente, porque se le confunde
con un estado de seguridad (3:17). Esto explica el deseo de Cristo de que fuesen fríos más bien que tibios. Porque en tal
caso no habría el mismo “peligro de motivo mixto y principio descuidado.” [Alford.] También, hay más esperanza
para los fríos, o sea, para los que son del mundo, y que no han sido calentados aún por el llamamiento evangélico;
porque, habiendo sido llamados, puede ser que lleguen a ser ardientes, cristianos fervientes: tales llegaron a ser los
antes fríos publicanos, Zaqueo y Mateo. Pero los tibios han llegado al alcance del fuego santo sin ser calentados por él
y hechos fervientes: teniendo bastante religión para sosegar la conciencia en una seguridad falsa, pero sin lo bastante
para salvar al alma: como Demos (2 Timoteo 4:10). Tales son los que claudican entre dos opiniones (1 Reyes 18:21; 2
Reyes 17:41; Mateo 6:24). 16. ni … frío ni caliente—Así uno de los manuscritos más antiguos, B., y la Vulgata. Pero dos
de ellos, la Siríaca y la Cóptica, transponen así, “ni caliente ni frío.” Es notable el que el adjetivo griego es masculino,
concordante con ángel y no femenino, con iglesia. El Señor se dirige al ángel como la encarnación y el representante de
la Iglesia. El ministro principal es responsible de su rebaño, si deja de amonestar a los miembros que lo forman. te
vomitaré—Griego, “He de <” o “estoy por vomitarte <” expresando de gracia la posibilidad de que la amenaza no se
lleve a cabo, con tal que se arrepintiera en seguida. Su trato para con ellos dependerá de la actitud de ellos para con él.
vomitaré de mi boca—rechazará con justo odio, como la tierra de Canaán vomitó a sus habitantes a causa de sus
abominaciones. Los médicos usaban agua tibia para provocar el vómito. Se acostumbra servir bebidas frías o calientes en
las fiestas, pero nunca las tibias. Había manantiales fríos y calientes en Laodicea. 17. La suficiencia presuntuosa es
peligro fatal del estado tibio (Nota, 3:15). tú dices—virtual y mentalmente, si no en tantas palabras. enriquecido—El
Señor alude a Oseas 12:8. Las riquezas de que se jactaban eran riquezas espirituales; aunque, sin duda, su arrogancia
espiritual (“no tengo necesidad de ninguna cosa”) era alimentada por su riqueza mundana; de la misma manera que
la pobreza de espíritu es alimentada por la pobreza material. no conoces que tú—en particular, tú [PAG. 778] de todas
las personas. El “tú” en el griego es enfático. un cuitado—Griego, “el cuitado,” el “desgraciado.” miserable—así dice
uno de los manuscritos más antiguos; otros dos prefijan “el.” Tradúzcase “el lastimoso,” “el especialmente digno de
lástima.” ¡Cuán diferente es la opinión que tiene Cristo de los hombres, en relación con la que ellos tienen de sí
mismos! ¡“No tengo necesidad de ninguna cosa”! ciego—mientras que Laodicea se jactaba de una compenetración más
profunda que la común en cosas divinas. No eran ciegos en absoluto, de otro modo el colirio de nada les aprovecharía;
más bien eran cortos de vista. 18. Ironía benigna y amorosa. Recibe mi consejo, tú que te imaginas no tener necesidad de
nada. No sólo necesitas de algo, sino que te faltan las cosas más comunes necesarias para la existencia.
Bondadosamente condesciende a su modo de pensar y de hablar: tú eres pueblo dispuesto a escuchar cualquier consejo
acerca de cómo comprar con provecho; entonces escúchame (pues soy “consejero”, Isaías 9:6), “compra de mí” (en
quien, según la Epístola de Pablo dirigida a la vecina Iglesia de Colosenses y destinada a la de Laodicea también,
Colosenses 2:1, 3; 4:16, están escondidos todos los tesoros de la sabiduría y conocimiento). “Que compres” no quiere decir
que podamos, por obras nuestras de merecimiento comprar el don gratuito de Dios; al contrario, el mismo precio de
compra consiste en la renunciación de toda justicia propia, como la que tenía Laodicea (3:17). “Compra” con el precio
de tu suficiencia propia (como hizo Pablo, Filipenses 3:7, 8); renunciando a todas las cosas, por cares que sean, que nos
impidan aceptar la salvación en Cristo, como un don gratuito, a saber, el ego y los deseos mundanos. Compárese Isa.
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55:1, “Comprad < sin dinero y sin precio.” oro afinado en—Oro que ha sido expuesto al calor purificador (y recién
sacado) del (ek, griego) fuego, para comprobar su pureza, que retiene su brillo. La verdadera riqueza espiritual, en
contraste con la falsa, de la que Laodicea se jactaba. Una vez que compre este oro ya no será pobre más. (3:17). Laodicea
era una ciudad de muchas transacciones bancarias. [Cicerón.] vestiduras blancas—Era famosa la lana de Laodicea.
Cristo ofrece ropaje infinitamente más blanco. Como el “oro afinado en fuego” expresa la fe probada por medio de
despiadada persecucuón; así “vestiduras blancas”, la justicia de Cristo imputada al creyente en la justificación, e
impartida en la santificación. se descubra—o “sea manifestada,” eso es, en el último día, cuando todo aquel que esté
sin el traje de bodas será descubierto. Desnudar a uno en el Oriente es la figura que significa avergonzarlo. Asimismo
vestir a uno de ropaje fino es hacerle honor. El hombre puede descubrir su vergüenza, Dios sólo puede cubrirla de
modo que no sea manifestada al fin su desnudez (Colosenses 3:10–14). Bienaventurado aquel cuyas iniquidades están
cubiertas. La vergüenza del hipócrita puede manifestarse ahora, tiene que serlo al fin. unge tus ojos con colirio—Los
manuscritos más antiguos dicen, “(compra de mí) colirio para ungir tus ojos.” Cristo tiene para Laodicea un ungüento
mucho más precioso que todos los costosos ungüentos del Oriente. El ojo aquí es la conciencia, o la luz interior. Según
que sea sano y “simple” (Griego, haplous, “sencillo,”), u otra cosa, el hombre ve bien espiritualmente, o no ve bien. La
unción del Espíritu Santo, como el antiguo ungüento para los ojos, el colirio, primero quema con la compunción,
luego sana. El nos abre los ojos primero para que nos veamos en nuestra miseria y, luego, al Salvador en su gran
bondad. Trench observa que son solamente las dos iglesias más hundidas, Sardis y Laodicea, en las que no se
especifican opositores desde fuera, ni herejías de dentro. Aquella Iglesia tiene gran deuda de gratitud con la
Providencia interventora, que tantas veces ha hecho que los enemigos internos y externos, a su pesar, promuevan la
causa de Cristo, provocando las fuerzas de ella en la contensión por la fe una vez entregada a los santos. La paz se
paga cara cuando se logra a costa del estancamiento espiritual, cuando no se siente bastante interés en la religión para
contender siquiera un poco. 19. (Job 5:17; Proverbios 3:11, 12; Hebreos 12:5, 6.) castigo—“Azota a cualquiera que
recibe por hilo. ¿Y serás tú una excepción? Si se te exceptúa del padecimiento del azote, también eres exceptuado del
número de los hijos.” [Agustín.] Esta es una animación a Laodicea, para que no desespere sino que reciba la
reprensión como señal de bien, si ella la aprovecha. amo—Griego, philo, el amor de afecto gratuito, independientemente
de toda base de estimación de parte del amado. Pero en el caso de Filadelfia (3:9), “Te he amado,” (Griego, egapesa), con
el amor de estimación, fundado en el juicio. reprendido—El pronombre “yo” viene primero en el griego; es enfático. Yo
en mis tratos, del todo disimilarmente del hombre, en el caso de todos los que amo, reprendo. El griego elencho es el
mismo verbo de Juan 16:8, “(el Espíritu Santo) convencerá (redargüirá para convicción) al mundo de pecado.” castigo—
El griego paideu que en el clásico significa instruir mediante el castigo (Hebreos 12:5, 6). David fue redargüido y
compungido, cuando clamó, “He pecado contra el Señor:” siguió el castigo, cuando su hijo le fué quitado (2 Samuel
12:13, 14). En el castigo divino, el pecador se estremece bajo el azote y al mismo tiempo aprende la justicia. sé pues
celoso—habitualmente. El tiempo presente del griego, toda una vida de celo. Lo opuesto de tibio. El griego lo destaca
por la aliteración: Laodicea no ha sido caliente (Zestos), se le insta pues a que sea “celosa” (zeleue): los dos vocablos se
derivan de la misma raíz, el verbo zeo, hervir. arrepiéntete—el aoristo griego: un hecho consumado una vez por todas, no
la acción continuativa. 20. estoy a la puerta—de pie, esperando en maravillosa condescendencia y longanimidad.
llamo—(Cantares 5:2). Esto es manifestación adicional de su deseo amoroso por la salvación del pecador. El mismo
que es “la puerta,” y nos manda que “llamemos,” para que se nos abra, debe llamar primero él mismo a la puerta de
nuestro corazón. Si él no llamara primero, nosotros nunca llamaríamos a la puerta de él. Véase Cantares 5:4–6, aludido
sin duda aquí; el Espíritu de esta manera en Apocalipsis pone el sello de la canonicidad a aquel místico libro. Aquel
estado espiritual de la novia, entre el despertar y el dormir, lerda para abrir a su divino Amante, corresponde a la tibia
Laodicea aquí. “El amor para con los hombres despojó (humilló) a Dios; porque él no queda en su lugar, llamando
hacia sí a aquel siervo a quien ama, sino que él mismo desciende a buscarlo, y aquel Riquísimo llega a la choza del
pobre y con su propia [PAG. 779] voz ofrece su ardiente amor, y busca el amor que corresponda, y no se retira
rechazado, sino que es paciente ante el insulto, y aun perseguido, espera aún a la puerta” [Nicolás Cabasilas en
Trench.] mi voz—Apela al pecador no sólo con su mano (sus providencías) llamando, sino también con la voz (su palabra
leída, u oída; o más bien, por su Espíritu que interiormente aplica al espíritu del hombre las lecciones sacadas de sus
providencías y de su palabra). Si nos negamos a oír su llamada a nuestra puerta ahora, él se negará a responder a
nuestra llamada a su puerta, después. Con respecto a su segunda venida también, él está aun ahora a la puerta, y no
sabemos cuán pronto ha de llamar; por tanto debemos estár siempre preparados para abrirle inmediatamente. si alguno
oyere—pues el hombre no está compelido por fuerza irresistible: Cristo llama, pero no fuerza la puerta, aunque los
valientes arrebatan el reino por la fuerza de la oración (Mateo 11:2): todo el que oye lo hace, no de suyo, sino atraído
por la gracia de Dios (Juan 6:44): el arrepentimiento es don de Cristo (Hechos 5:31). El atrae, mas no arrastra. El Sol de
justicia, como el sol de nuestro cielo, en el momento mismo en que se abre la puerta, lo inunda todo con su Luz, la que
antes no pudo hallar entrada. Hilario sobre el Salmo 118:89. entraeré a él—como entré a Zaqueo. cenaré con él, y él
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conmigo—¡Reciprocidad deleitosa! Comp. “mora en mí y yo en él,” Juan 6:56. Mientras que por lo común el huésped
invitado cena con el que le invitó, aquí el huésped divino viene a ser el Hospedador, pues él es el pan de vida, y el
dador de las bodas. Aquí de nuevo alude a Cantares 4:16, donde la Esposa le invita a comer de la dulce fruta, como él
primero había preparado una fiesta para ella, “Su fruta es dulce a mi paladar” Comp. el mismo intercambio, Juan 21:9–
13, preparada la fiesta de las viandas que trajo Jesús, y de las que trajeron los discípulos. La consumación de esta
bendita participación tendrá lugar en las Bodas del Cordero, de la que la cena del Señor es prenda y primicias. 21. se
siente conmigo en mi trono—(2:26, 27; 20:6; Mateo 19:28; 20:23; Juan 17:22, 24; 2 Timoteo 2:12.) A los mismos a
quienes Jesús acababa de amenazar con vomitarlos de su boca, ahora se les ofrece un asiento con él en su trono. “El puesto
más alto al alcance de los más bajos, la chispa más débil puede ser atizada hasta convertirla en llama de amor, la más
potente.” [Trench.] así como yo—Aquí se mencionan dos tronos, (1) el de su Padre, donde Cristo está sentado ahora y
desde su ascensión, consumada su victoria sobre la muerte, el pecado, el mundo; en éste no puede sentarse sino solo
Dios y el Hombre divino Cristo Jesús, pues es la prerrogativa incomunicable solamente de Dios; (2) el trono que será
de Cristo en sentido peculiar como del una vez humillado y luego glorificado Hijo del Hombre, que ha de levantarse
sobre la tierra (hasta ahora usurpado por Satanás) en su venida; en este trono participarán todos los santos victoriosos
(1 Corintios 6:2). La transfigurada electa Iglesia con Cristo juzgará y reinará sobre las naciones en la carne, y sobre
Israel, la principal de ellas; administrándoles bendiciones, así como los ángeles eran los mediadores del Señor, de las
bendiciones y los administradores de su gobierno, cuando instituyó su trono sobre Israel en Sinaí. Este privilegio de
nuestra alta vocación pertenece exclusivamente al presente tiempo mientras reina Satanás, sólo mientras hay lugar
para conflicto y para victoria (2 Timoteo 2:11, 12). Cuando Satanás sea atado (20:4), ya no habrá más lugar para esto,
pues entonces todos los que estén en la tierra conocerán al Señor desde el menor hasta el mayor. Esta, la promesa y
corona de gloria, se coloca al fin de las siete epístolas, para reunirlas todas en una. También forma el eslabón de unión
con la siguiente parte del libro, donde se introduce al Cordero sentado sobre el trono de su Padre (4:2, 3; 5:5, 6). El trono
oriental es más ancho que el de Inglaterra, y ofrece cabida para otros, además del principal que ocupa el centro.
Observa Trench, El orden de las promesas corresponde al del desenvolvimiento del reino de Dios desde sus principios
en la tierra hasta su consumación en el cielo. A los fieles de Efeso, (1) el árbol de la vida en el Paraíso de Dios les es
prometido (2:7), correspondiente al Génesis 2. (2) El pecado entró en el mundo y por el pecado la muerte; pero a los
fieles de Esmirna les es prometido que no serán dañados por la segunda muerte (2:11). La promesa del maná escondido
(2:17) a Pérgamo (3) nos trae al período mosaico de la Iglesia en el desierto. (4) La promesa de Tiatira, del triunfo sobre
las naciones (2:26, 27), forma la consumación del reino en tipo profético, el período de David y Salomón caracterizado
por este poder sobre las naciones. Aquí hay una división. De siete se forman dos grupos, de cuatro y de tres, como
acontece muchas veces, por ejemplo, la oración del Señor, de tres y cuatro. El escenario de las últimas tres promesas
pasa de la tierra al cielo, contemplándose a la Iglesia como triunfante, con sus pasos de gloria en gloria. (5) La
promesa de Cristo al creyente de Sardis referente a no borrar su nombre del libro de la vida, sino de confesarlo
delante de su Padre y de los ágeles en el día del juicio, y de vestirlo de un cuerpo glorificado de fulgurosa blancura
(3:4, 5). A los fieles de Filadelfia (6) Cristo promete que serán ciudadanos de la nueva Jerusalén, establecidos allí como
pilares inmovibles donde la ciudad y el templo son uno (3:12); aquí no sólo la salvación individual se le promete al
creyente, como en el caso de Sardis, sino también los privilegios preciosos de la comunión de la Iglesia triunfante. (7)
Finalmente, a los fieles de Laodicea les es dada la más preciosa promesa de todas, no sólo de las dos bendiciones
precedentes, sino además el poder sentarse con Cristo en su trono, como él se sentó con su Padre en su trono (3:21).
CAPITULO 4
LA VISION DEL TRONO DE DIOS EN EL CIELO; LOS VEINTICUATRO ANCIANOS; LOS CUATRO SERES
VIVIENTES. Aquí principia propiamente la Revelación; en primer lugar los capíutlos 4 y 5 nos ponen delante el
escenario celestial de las visiones sucesivas, y a Dios en su trono, como el Dios del pacto de su Iglesia, el Revelador de
ellas a su apóstol por medio de Jesucristo. La primera porción grande comprende la apertura de los sellos y los siete
sonidos de la trompeta (caps. 4–11.). Como la comunicación respecto de las siete iglesias se abrió con una visión
apropiada del Señor Jesús como la Cabeza de la Iglesia, así la segunda [PAG. 780] parte principia con una análoga
visión pertinente del asunto que iba a ser revelado. El escenario cambia de la tierra al cielo. 1. Después de estas
cosas—que señalan la apertura de la próxima visión de la serie. Aquí está la transición desde “las cosas que son”,
(1:19), el estado actual de las siete iglesias, como tipo de la Iglesia en general del tiempo de Juan, a “las cosas que han
de ser después de éstas,” es decir, en relación con el tiempo cuando Juan escribió. miré—Más bien, como el griego,
“ví” en visión, sin dirigir ex profeso la vista. abierta—que estaba abierta; no vió abrirse. Comp. Ezeq. 1:1; Mateo 3:16;
Hechos 7:56; 10:11. Pero en dichas visiones los cielos se abrían, descubriendo las visiones a los que estaban abajo en la
tierra. Mientras que, aquí, en el cielo, el templo de Dios queda cerrado a los que están en la tierra, pero Juan es
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transportado en visión por una puerta abierta, al cielo, desde donde puede ver cosas que pasan en la tierra y en el
cielo, conforme requieran las escenas de las varias visiones. la primera voz que oí—la voz que oí al principio (1:10).
era como—“Era” en bastardillas; no está en el griego: “He aquí una puerta < he aquí la voz < como de trompeta <”
Sube acá—por la “puerta abierta” después de estas—después del presente tiempo (1:19). 2. Y luego—Omiten “y” dos
de los manuscritos más antiguos, Vulgata, Siríaca. fuí en Espíritu—“Se me hizo en espíritu” (Nota, 1:10): fuí del todo
arrebatado al mundo celestial. uno sentado—el eterno Padre: el Creador (4:11): también comp. el 4:8 con el 1:4, donde
se le llama “El que es y que era, y que ha de venir.” Cuando el Hijo, “el Cordero”, es presentado, 5:5–9, se canta un
nuevo cántico, que distingue al que está sentado en el trono, del Cordero, “Tú nos has redimido para Dios,” y 5:13, “Al que
está sentado en el trono, y al Cordero.” Así también en el 5:7, como en Daniel 7:13, el Hijo del hombre traído delante del
Anciano de días, se distingue de él. El Padre en esencia es invisible, pero en la Escritura a veces se le representa
asumiendo una forma visible. 3. era—omitido en dos de los manuscritos más antiguos; retenido por la Vulgata y la
Cóptica. jaspe—Del 21:11, donde se le llama “piedra preciosísima”, lo que el jaspe no era, Ebrard infiere que era
diamante. Comúnmente, el jaspe es piedra de varios colores ondulantes, algo trasparente; en el 21:11 representa brillo
cristalino acuoso. El sardio, nuestra cornalina, o si no, un rojo ardiente. Como el brillo acuoso representa la santidad de
Dios, así el rojo ardiente su justicia, que ejecuta la ira violenta. La misma unión del blanco o brillo acuoso < y rojo
ardiente aparece en 1:14; 10:1; Ezeq. 1:4; 8:2; Dan. 7:9. un arco celeste al rededor del trono—que formaba un círculo
completo (tipo de la perfección y eternidad de Dios: no el semicírculo del arco iris terrenal) que rodeaba al trono
verticalmente. Sus varios colores, que combinados forman un puro rayo solar, simbolizan los variados aspectos de los
tratos providenciales de Dios que se unifican en un todo armonioso. Aquí, sin embargo, el color predominante de los
colores prismáticos es el verde, el esmeralda, de los colores el más agradable para ser contemplado, que simboliza así
las promesas consoladoras de Dios en Cristo dadas a su pueblo en medio de los juicios que sobrevienen a los
enemigos de Dios. Además, el arco iris era la señal ordenada del pacto de Dios con toda carne, y con su pueblo en
particular. Así Dios en tipo renueva al hombre la concesión hecha originalmente con el primer Adán. El antitipo lo
serán “los nuevos cielos y la nueva tierra” restaurados al hombre redimido, de la misma manera en que la tierra,
destruída por el diluvio, fué restaurada a Noé. Como el arco iris fué reflejado primero sobre las aguas de la
destrucción del mundo, y sigue dejándose ver sólo cuando pasa alguna nube sobre la tierra, así otro diluvio, a saber,
de fuego, precederá los nuevos cielos y la nueva tierra: el Señor, como aquí, en su trono, de donde (4:5) salen
“relámpagos y truenos,” proclamará la orden de librar la tierra de sus opresores; pero luego, entre los juicios, cuando
desfallezcan de terror los corazones de otros hombres, el creyente será reconfortado por el arco, señal del pacto, visto
en rededor del trono (compárese De Burgh, Rev.). El arco iris celestial habla del naufragio del mundo a causa del
pecado; habla también de la calma y del sol que siguen a la tormenta. La nube es el emblema común de la presencia de
Dios y de Cristo, por ejemplo, en el lugar santísimo del santuario; en el monte Sinaí al darse la ley; en la ascensión
(Hech. 1:9); al retorno del Señor (4:7). 4. sillas—más bien como se traduce el griego en este mismo versículo, “tronos,”
por supuesto, más bajos e inferiores al gran trono central. Así 16:10, “la silla (Griego, trono) de la bestia,” en parodia
diabólica del trono de Dios. veinticuatro ancianos—El griego (salvo de un manuscrito de los más antiguos): “los
veinticuatro ancianos:” los bien conocidos ancianos. [Alford.] Pero Tregelles traduce, “Sobre los veinticuatro tronos (ví:
omitido en dos manuscritos de los más antiguos) ancianos sentados:” lo que es más probable, como no se mencionó a
los veinticuatro ancianos antes, pero sí los veinticuatro tronos (no sillas). No son ángeles, proque llevan ropas blancas y
coronas de victoria, lo que denota un conflicto y padecimiento paciente, “tú nos redimiste:” representan las cabezas de
las Iglesias del Antiguo y Nuevo Testamentos respectivamente, los doce Patriarcas (7:5–8), no en su carácter personal
sino en el representativo, y los doce apóstoles. Así en el 15:3, “el cántico de Moisés y del Cordero,” se indica a los
constituyentes dobles de la Iglesia, o sea, el Antiguo y Nuevo Testamentos. “Ancianos” es el término preciso del
ministerio tanto del Antiguo como del Nuevo Testamento, de la Iglesia Judaica como de la Cristiana Gentílica. El
tabernáculo era un “modelo” del antitipo celestial; el lugar santo, una figura del CIELO MISMO. Así el trono de Dios
se representa por el propiciatorio en el lugar santísimo, con la nube de la Shekinah encima Las “siete lámparas de
fuego” (4:5) son antitípicas del candelero de siete brazos también en el lugar santísimo, emblema del Espíritu
multiforme de Dios: “el mar de vidrio” (4:6) corresponde al mar de bronce ante el santuario, en el que se lavaban los
sacerdotes al emprender su servicio sagrado; por eso se introduce aquí en conexión con los redimidos “sacerdotes de
Dios” (Véase Nota, 15:2). Los “cuatro seres vivientes” (animales, 4:6, 7) corresponden a los querubines sobre el
propiciatorio. Así los veinticuatro ancianos entronizados y coronados son tipificados por los veinticuatro principales
de las veinticuatro divisiones de los sacerdotes, “príncipes del santuario, y príncipes de (la casa de) [PAG. 781] Dios” (1
Crón. 24:5; 25). 5. salían—Griego, “salen.” truenos y voces—Dos manuscritos de los más antiguos transponen, “voces
y truenos.” Comp. Exodo 19:16, al darse la ley en Sinaí. “Los truenos expresan las amenazas de Dios contra los impíos:
hay voces en los truenos (10:3), eso es, no sólo amenazan en general, sino también predicen juicios especiales.” [Grocio.]
siete lámparas … siete espíritus—El Espiritu Santo en su operación séptupla, como dador de luz y vida (comp. 5:6,
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siete ojos … los siete espíritus de Dios; 1:4; 21:23; Salmo 119:105) y purificador ardiente de las piadosos, y consumidor de
los impíos (Mateo 3:11). 6. como un mar de vidrio—así dicen dos manuscritos antiguos, Vulgata, Cóptica, y Siríaca: no
omiten “como.” semejante al cristal—no imperfectamente trasparente como el vidrio común antiguo, sino como
cristal de roca. Véase en contraste las turbias “muchas aguas” donde “est{ sentada” la ramera (v. 17.) Comp. Job 37:18,
“los cielos < como espejo fundido”. Así, primordialmente, el éter puro entre el trono de Dios y el apóstol y demás
cosas, puede ser el significado, simbolizando “la pureza, la calma, y la majestad del gobierno de Dios.” [Alford.] Pero
véase Nota arriba, 4:4, tocante a la analogía en el templo, el mar de bronce del santuario. Hay en este mar profundidad
y transparencia, pero nada de la fluctuación e inestabilidad del mar natural (2:11) Está firme, sólido, calmoso y claro.
Los juicios de Dios se llaman “abismo (profundidad) grande” (Salmo 36:6). En el 15:2 es un “mar de vidrio mezclado
con fuego.” Así se simboliza aquí el purificador bautismo del agua y del Espíritu de todos los que son hechos “reyes y
sacerdotes a Dies.” En el 15:2 se significa el bautismo del fuego de las pruebas. Al través de los dos, todos los reyes
sacerdotes tienen que pasar al venir a Dios: en sus juicios, que destruyen a los impíos, ellos están firmes de pie, como
sobre un sólido mar de vidrio: pudiendo caminar como Cristo sobre el mar, como si fuese sólido. alrededor del
trono—uno en medio de cada lado del trono. cuatro animales—En el 13:1, 11, tenemos otro vocablo griego, therion,
“bestia,” símbolo del hombre carnal que por oposición a Dios pierde su verdadera gloria como señor, bajo Dios, de
todas las criaturas inferiores, y degradado hasta el nivel de la bestia. Aquí el vocablo es zoon, “seres animados:” no
bestias. 7. becerro—“novillo” (Alford). La Versión de los Setenta a menudo usa este término por buey (Exodo 22:1; 29:10,
etc.) como de hombres—así dicen los mejores manuscritos: no “como hombre.” 8. alrededor—Alford relaciona esto
con lo siguiente: “Todo alrededor y dentro (de sus alas) están llenos (así dos de los manuscritos más antiguos, y la
Vulgata) de ojos.” El propósito de Juan es mostrar que las seis alas en cada “ser animado” no contradice lo que acaba
de manifestar, a saber, que “estaban llenos de ojos delante y detr{s.” Los ojos estaban a lo largo del exterior de cada
ala, y por el interior de cada una cuando estaban medio extendidas, y sobre la parte intermedia del cuerpo. no tenían
reposo—Griego, “no tienen reposo.” ¡Cuán terriblemente diferente es la razón por la cual los que adoran a la bestia
“no tienen reposo día ni noche,” eso es, “su tormento para siempre jamás!” Santo, santo, santo—el “trisagio” de las
liturgias griegas. En Isaías 6:3 ocurre como aquí: también en el Salmo 99:3, 5, 9, donde es alabado como “santo,” (1) a
causa de su majestad pronta a manifestarse; (2) su justicia que ya se manifestaba; (3) su misericordia que se
manifestaba en tiempos pasados. Así aquí “santo,” como “el que era;” “santo,” como “el que es;” “santo,” como “el
que ha de venir.” Se manifestó como objeto de adoración en la anterior creación del mundo: más plenamente así en su
gobierno de todas las cosas: en grado superlativo se manifestará de esta manera en la consumación de todas las cosas.
“De (desde) él, por él, y para él, son todas las cosas: al que sea toda la gloria para siempre. Amén.” En Isaías 6:3, se
agrega, “toda la TIERRA está llena de su gloria.” Pero en el Apocalipsis esto queda diferido hasta que la gloria del
Señor llene la tierra, destruídos ya todos sus enemigos. [Bengel.] Todopoderoso—corresponde a “Señor de los
ejércitos” (Sabaoth), Isaías 6:3. Los querubines aquí tienen seis alas, como los serafines de Isaías 6; mientras que los
querubines de Ezequiel 1:6 tenían cuatro alas cada uno. Se llaman por el mismo nombre, “seres animados,” o
“vivientes.” Pero mientras que en Ezequiel cada ser viviente tenía cuatro caras, aquí las cuatro pertenecen una a cada
uno. Véase mi nota, Ezequiel 1:6. Los cuatro seres vivientes corresponden, por contraste, a los cuatro poderes
mundiales representados por cuatro bestias. Los Padres los identificaban con los cuatro Evangelios: Mateo el león,
Marcos el buey, Lucas el hombre, Juan el águila; estos símbolos, según esta opinión, no expersan el carácter personal
de los evangelistas, sino el aspecto múltiple de Cristo con relación al mundo (siendo cuatro el número significativo de
la extensión mundial, como los cuatro cabos de la tierra) representada por ellos en particular: el león expresa la realeza,
puesto que Mateo da prominencia a este rasgo de Cristo; el buey, paciencia laboriosa, característica prominente de
Cristo en Marcos; el hombre, la simpatía fraternal para con toda la raza humana, rasgo prominente de Cristo en Lucas;
el águila, la majestad en vuelo, prominente en la descripción de Cristo hecha por Juan como la Palabra divina. Pero aquí
el contexto concuerda mejor con el parecer de que tiene a los cuatro seres vivientes por representativos de la redimida
Iglesia elegida en su relación con los reyes secerdotes de Dios, administradores de bendición en la tierra redimida, y las
naciones de ella, así como la creación animal, en la que el hombre está a la cabeza de todo, el león, a la cabeza de los
animales salvajes, el buey a la cabeza de las domados, el águila a la cabeza de las aves y de las criaturas de las aguas.
Compárese el 5:8–10, “< nos has redimido para Dios con tu sangre, de todo linaje < y nos has hecho para nuestro Dios
reyes y sacerdotes y reinaremos sobre la tierra;” y el 20:4, los copartícipes con Cristo de la primera resurrección, que
juntamente con él reinan sobre las naciones redimidas que están en la carne. Comp. respecto de la sujeción alegre y
obediente del mundo animal inferior, Isaías 11:6–8; 65:25; Ezequiel 34:25; Oseas 2:18. La tradición judía dice que los
cuatro “estandartes” bajo los que Israel acampaba en el desierto, del oriente Judá, del norte Dan, del occidente Efraín,
y del sur Rubén, eran respectivamente un león, un águila, un buey y un hombre, mientras que en el medio estaba el
tabernáculo con la Shekinah, símbolo de la presencia divina. Así pues tenemos [PAG. 782] “el cuadro de aquel período
bendito cuando—la tierra preparada ya para ser el reino del Padre—la corte del cielo será trasladada a la tierra, y el
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tabernáculo de Dios estará con los hombres (21:13), y toda la tierra estará sujeta a la sempiterna teocracia” (véase De
Burgh, Rev.). El punto de unión entre los dos pareceres dados arriba es: Cristo es la perfecta realización del ideal del
hombre: Cristo está presentado en su aspecto cuádruple de los cuatro Evangelios respectivamente. La redimida Iglesia
elegida asimismo, cuando en Cristo y por Cristo (con quien reinará) realice el ideal del hombre, combinará en sí
misma las perfecciones humanas que tendrán un aspecto cuádruple: (1) la justicia regia con odio al mal y con equidad
judicial, correspondiente al “león;” (2) diligencia laboriosa en todo deber, el “buey;” (3) la simpatía humana, el
“hombre;” (4) la contemplación de la verdad celestial, el águila.” Como la inteligencia altiva, el águila, forma el
complemento contrastado de la labor práctica, el buey atado a la tierra; así la santa venganza judicial contra el mal, el
león, que se abalanza repentina y terriblemente sobre los condenados, forma el complemento contrastado de la
simpatía humana, el hombre. En Isaías 6:2 leemos: “Cada uno tenía seis alas; con dos cubrían sus rostros, (en reverencia,
sin pretender elevar el rostro a Dios)., y con dos cubrían sus pies, (en humildad, indignos de estar en la santa
presencia de Dios), y con dos volaban. (en preparación obediente para el mandato instantáneo de Dios).” 9–11. El
motivo de la alabanza aquí es la eternidad de Dios y el poder y gloria de Dios manifestados en la creación de todas las
cosas para su placer. La creación es la base de todos los demás actos divinos de poder, sabiduría y amor, y por tanto
forma el primer tema de hacimiento de gracias de sus criaturas. Los cuatro seres animados toman la dirección de los
veinticuatro ancianos tanto en este cántico como en el cántico nuevo del 5:8–10. cuando—“cada vez que,” acción
simultánea de dar gloria de parte de los seres animados y de parte de los veinticuatro ancianos. daban—“Den” en un
manuscrito muy antiguo. para siempre jamás—Griego, “hasta los siglos de los siglos.” se postraban—
inmediatamente. Griego, “caerán:” denota que esta atribución de alabanza será repetida en adelante hasta la eternidad.
Asimismo, “adorarán < y echarán sus coronas <” eso es, en reconocimiento de que todo el merecimiento de sus
coronas (no diademas reales, sino coronas de vencedores) se le debe a él. 11. Señor—Los manuscritos A, B, Vulgata, y
Siríaca, agregan, “y Dios nuestro.” “Nuestro”, en virtud de la creación, y especialmente por la redención. Uno de los
manuscritos más antiguos y la Cóptica insertan “el Santo.” gloria—“la gloria y la honra y la virtud (el poder).” tú—
enfático en el griego: “Porque TU eres quien criaste <” todas las cosas—el universo. Por—“a causa de tu voluntad,”
“por amor de tu placer.” Para Dios querer es efectuar: proponer es operar. Así en Génesis 1:3, “Sea la luz: y fué la luz:”
en el hebreo una tautología impresionante: la misma palabra, tiempo y letras se emplean para “haya luz,” y “hubo luz”
lo que señala la simultaneidad e identidad de la voluntad y el efecto D. Longinus, sobre lo Sublime, sec. 9, un pagano,
alaba esta descripción del poder de Dios por “el legislador de los judíos, un hombre no ordinario,” como digna del
tema. fueron criadas—“Creadas:” por tu obra definida en un tiempo determinado.
CAPITULO 5
EL LIBRO DE LOS SIETE SELLOS: NADIE DIGNO DE ABRIRLO SALVO EL CORDERO: LO TOMA ENTRE LAS
ALABANZAS DE LOS REDIMIDOS Y DE TODO EL EJERCITO CELESTIAL. 1. En la mano—Griego “Vi en la mano
<” Su diestra estaba abierta, y sobre ella el libro. De parte de Dios no se encubrían sus propósitos respecto del futuro
contenidos en el libro: el único obstáculo para que se rompieran los sellos se declara en 5:3. [Alford.] libro—Más bien,
un rollo, de acuerdo con la antigua forma de libros, y escrito en ambos lados. La escritura al dorso expresa la plenitud y
completamiento, de modo que nada le falta agregar (22:18). El rollo, o libro, parece por el contexto ser “el título de
herencia del hombre” [De Burgh] redimido por Cristo, y contiene los pasos sucesivos por los cuales lo ha de recobrar del
usurpador y obtener plena posesión del reino ya “redimido” para sí y para sus santos elegidos. Sin embargo, ninguna
porción del rollo se dice que fuese abierta ni leída, sino sencillamente que los sellos fueron abiertos sucesivamente,
dándose final acceso a la lectura de su contenido como un todo perfecto, lo que no será sino cuando todos los eventos
simbolizados por los sellos hayan pasado, cuando Efesios 3:10 reciba su cumplimiento perfecto, y el Cordero revele los
planes providenciales de Dios acerca de la redención en toda la múltiple gloria de ellos. De modo que la apertura de
los sellos significará los pasos sucesivos por los que Dios en Cristo abre el camino hacia la final apertura y la lectura
del libro, en el visible establecimiento del reino de Cristo. Véase en la gran consumación, 20:12, “Otro libro fué abierto
< el libro de la vida;” 22:19. Nadie es digno de hacerlo sino el Cordero, porque él mismo como tal ha redimido la
herencia perdida del hombre, de la que el rollo es el título de propiedad. La pregunta (5:2) no es (como se supone
comúnmente). ¿quién debiera revelar los destinos de la Iglesia? (pues esto cualquier profeta inspirado sería capaz de
hacer), sino, ¿quién tiene el PODER de darle al hombre un título nuevo de su herencia perdida? [De Burgh.] sellado con
siete sellos—Griego, “resellado,” o “firmemente sellado.” El número siete (dividido en cuatro el número de extensión
mundial, y tres, el divino) abunda en el Apocalipsis, y expresa conclusión perfecta. Así, los siete sellos, que representan
todo poder, dado al Cordero: las siete trompetas por las que los imperios mundiales son sacudidos y derribados, e
introducido el reino del Cordero; y las siete copas, por las que el reino de la bestia es destruído. 2. fuerte—(Salmo
103:20). Su voz penetraba por cielo, tierra y el hades (10:1–3). 3. ninguno—ni hombre meramente, ni nadie de otro orden
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de seres. en la tierra—Griego, “sobre la tierra.” debajo de la tierra—es decir, en el hades. mirarlo—ver su contenido
para leerlo. 4. ni de leerlo—Frase insertada sin buena autoridad. Un manuscrito antiguo, Orígenes, Cipriano, e
Hilario, la omiten. Leerlo no cuadra bien entre abrir el libro, y mirarlo. Juan, recibida la promesa de una revelación de las
cosas “que debían suceder después,” llora [PAG. 783] ahora porque su deseo vehemente queda aparentemente
frustrado. Es un ejemplo, pues, que debemos imitar, de un alumno enérgico y dócil del Apocalipsis. 5. uno de los
ancianos—Este “anciano,” según algunos (en Lyra), es Mateo. Con esto concuerda la descripción aquí dada de Cristo,
“el León, que es (según el griego) de la tribu de Judá, la raíz de David”; siendo promininte en Mateo el aspecto de
Cristo como real, descendido de David, cual león, por lo que el león entre los querubines cuádruples comúnmente se
atribuye a Mateo. Gerhard en Bengel opinaba que Jacob es el significado, siendo él sin duda uno de los que
resucitaron con Cristo y ascendieron al cielo (Mateo 27:52, 53). Los ancianos en derredor del trono en el cielo saben
mejor que Juan el grande alcance del poder de Cristo. raíz de David—(Isaías 11:1, 10). No meramente “un retoño
salido de la antigua raíz de David” (como lo limita Alford), sino que incluye también la idea de ser él mismo la raíz y
el origen de David: Véanse estas dos verdades unidas en Mateo 22:42–45. Por tanto se le llama no sólo el Hijo de David,
sino también David. El es a la vez “el ramo de David” y “la raíz de David,” el Hijo de David y el Señor de David, el
Cordero inmolado, y por tanto el León de Judá: que está por reinar sobre Israel, y luego sobre toda la tierra. ha
vencido—absolutamente, como en otras partes (3:21): ha ganado la victoria: su pasada victoria sobre todas las
potestades de las tinieblas le autoriza ahora para abrir el libro. para abrir—Uno de los manuscritos más antiguos, B,
dice: “el que abre,” eso es, “ha vencido aquel cuyo oficio es el de abrir <” El peso de las autoridades más antiguas
apoya nuestra versión, Vulgata, Cóptica, Orígenes, etc. 6. miré—Griego, “y ví:” omite “y he aquí” el manuscrito A. El B.,
Cipriano, etc. dicen “y he aquí,” pero omiten “y ví.” en medio del trono—no sobre el trono, sino en medio de la
compañía (4:4) que “rodeaba el trono” Cordero—Griego, arnión; hallado siempre en Apocalipsis exclusivamente, salvo
en Juan 21:15 solamente: es la forma diminutiva de encarecimiento, es decir, la relación encarecida de Cristo para con
nosotros ahora, como consecuencia de su previa relación como Cordero sacrificial. Así también nuestra relación con él:
él es el Cordero precioso, nosotros los corderitos amados de él. Bengel cree que en el griego arnión está la idea de tomar la
dirección del rebaño. Otro objeto de la forma griega de arnión es la de ponerle en el más marcado contraste con el griego
theríon, la bestia. En otras partes se halla el griego amnós, aplicado a Cristo como el Cordero pascual, sacrificial (Isaías
53:7, Versión de los Setenta; Juan 1:29, 36; Hechos 8:32; 1 Pedro 1:9). como inmolado—llevando las señales de sus
heridas mortales anteriores. Está en pie, aunque lleva las marcas de uno muerto. En medio de la gloria celestial Cristo
el crucificado es aún el objeto más prominente. siete cuernos—eso es, la potestad perfecta; “cuernos” en contraste con el
poder (cuernos) de los imperios mundiales anticristianos (17:3, etc.; Daniel 7:7, 20; 8:3). siete ojos … siete Espíritus …
enviados—“que están enviados,” según el manuscrito A. Pero según el B., “que son enviados.” Como las siete lámparas
delante del trono representan al Espíritu de Dios inmanente en la Divinidad, así los siete ojos del Cordero representan
al mismo Espíritu séptuplo que procede del Redentor encarnado en su energía mundial. El griego por “enviados.”
apostellomena, o si no, apostalmenoi es derivado del término apóstol, lo que nos recuerda las labores de los apóstoles y
ministros de Cristo impulsados por el Espíritu: si el tiempo presente es correcto, como parece ser, la idea será que
dichas labores se continúan hasta el fin. Los “ojos” simbolizan sus siempre vigilantes y sabias providencias a favor de
su Iglesía y en contra de los enemigos de ella. 7. El libro estaba en la mano abierta del que estaba sentado en el trono,
para que lo tomara cualquiera que fuese hallado digno. [Alford.] El Cordero lo toma de la mano del Padre en señal de
su formal investidura en su dominio universal y eterno como el Hijo del hombre. Esta visión preliminar así nos
presenta en resumen, la consumación a la que convergen todos los eventos de los sellos, trompetas y copas, a saber, el
establecimiento visible del reino de Cristo. La profecía siempre se precipita hacia la gran crisis o fin, y explaya los
eventos intermedios sólo en su relación típica y en representación del fin. 8. delante del Cordero—quien comparte la
adoración y el trono con el Padre. arpas—Los manuscritos A. y B., Siríaca y Cóptica dicen, “un arpa:” una especie de
guitarra tocada con la mano o con una pluma. copas—Tazas, o cuencos [Tregelles]: incensarios. perfumes—Griego
“incienso.” oraciones de los santos—como el ángel ofrece la oración de ellos (8:3) con el incienso (Sal. 141:2). Esto no
da la más mínima sanción al dogma de Roma con respecto a la oración a los santos. Aunque ellos sean empleados por
Dios de alguna manera por nosotros no conocida, para presentar nuestras oraciones (nada se dice acerca de que ellos
intercedan por nosotros), con todo se nos dice que oremos a Dios solo (19:10; 22:8, 9). El empleo de ellos mismos es el de
la alabanza (por tanto tienen todos arpas); el nuestro es la oración. 9. cantaban—Griego, “cantan:” es su bendita
ocupación continuamente. El tema de la redención es siempre nuevo, que sugiere siempre nuevos pensamientos de
alabanza, incorporados en el “cántico nuevo.” nos has redimido para Dios—Así dicen manuscrito B, la Cóptica, la
Vulgata, y Cipriano. Pero el A. omite “nos:” y Aleph dice, “a nuestro Dios.” de todo—“de entre todo <” la actual
Iglesia elegida reunida de entre todo el mundo, en distinción de todos los pueblos reunidos a Cristo como los
súbditos, no de una elección, sino de una conversión general y mundial de todas las naciones. linaje … lengua …
pueblo … nación—El número cuatro señala la extensión mundial: los cuatro cabos de la tierra. Por “linaje” tradúzcase
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como el griego, “tribu.” Tribu y pueblo comúnmente se limitan a Israel; “lengua y nación,” a los gentiles (7:9; 11:9; 13:7,
lección la más antigua; 14:6). Así queda señalada aquí la Iglesia elegida reunida de entre judíos y gentiles. En 10:11,
por “tribus” hallamos entre los cuatro términos “reyes;” en 17:15, “multitudes.” 10. nos has hecho—A., B., Aleph,
Vulgata, Siríaca y Cóptica dicen “Los has hecho”. La construcción hebraica de la tercera en vez de la primera persona,
tiene una relación gráfica a los redimidos, como también suena mejor que nos, sacerdotes. para nuestro Dios—así dicen
el B y Aleph: frase omitida por el A. reyes—Así dice el Manuscrito B; pero A, Aleph, la Vulgata, la Cóptica y Cipriano
leen, “un reino.” Aleph tiene también [PAG. 784] “sacerdocio” por “sacerdotes.” [Nota del traductor: La lección
correcta del texto 5:9, 10, es importante para la interpretación de todo el capítulo. Como las “autoridades
antiquísimas” están divididas, el estudiante de las Escrituras debe elegir la lección que concuerda con su teología. Si
los cuatro seres animados y los veinticuatro ancianos son grados de ángeles superiores, que entonan el “nuevo
cántico” de la redención, secundados por los “millones y millones de ángeles (5:11), entonces el texto debe rezar, “Has
redimido < gentes de todo linaje < y los has hecho reyes < y (ellos) reinarán <” “Hay gozo entre los ángeles de Dios”
por la salvación aun de un solo pecador (Lucas 15:7, 10). Pero si dichos seres simbólicos son hombres redimidos,
actualmente en la gloria, o bien en visión de una ocasión venidera, corresponde la lección de nuestra versión, “Nos has
redimido < etc. Cristo solo es “primicias de los que durmieron”. Véase la Versión Besson y la Nota correspondiente.]
Los que arrojan sus coronas delante del trono, no se llaman a sí mismos reyes en la presencía del gran Rey (4:10, 11);
aunque su acceso al sacerdocio lleva tal dignidad, que su señorío en la tierra no puede excederlo. Así en el 20:6 no son
llamados “reyes.” [Bengel.] reinaremos sobre la tierra—Esto es un nuevo rasgo añadido al 1:6. El manuscrito Aleph,
la Vulgata y la Cóptica dicen “(Ellos) reinarán.” A. y B., “(Ellos) reinan.” Alford elige esta lección, y explica que es la
Iglesia ahora mismo, en Cristo su Cabeza, la que reina sobre la tierra: “todas las cosas están siendo puestas debajo de
sus pies, de igual manera que debajo de él; el oficio y rango regios de ella son proclamados, aun en medio de la
persecución.” Pero aunque leamos (parece que el peso de la autoridad está en su contra), “Ellos reinan”, con todo es el
presente profético por el futuro: estando el vidente trasladado a aquel futuro cuando el número pleno de los
redimidos (representados por los cuatro seres vivientes) estará completo, y el reino visible comenzará. Los santos reinan
espiritualmente ahora; pero por cierto no como han de reinar cuando el príncipe de este mundo esté atado (20:2–6,
Notas). Lejos de reinar en la tierra ahora, son “hechos como la basura del mundo y el desecho de todas las cosas.” En el
11:15, 18, el lugar y la fecha del reino están señalados. sobre la tierra—así el griego: Comp. la Versión de los Setenta,
Jueces 9:8; Mateo 2:22. Los ancianos, aunque reinan sobre la tierra, no quedan necesariamente (según este pasaje) en la
tierra. La misma frase se traduce con toda corrección “en la tierra,” en el 3:10. “Los ancianos eran mansos, mas el
rebaño de los mansos independientemente es mucho más grande.” [Bengel.] 11. Y miré—Griego, “Y ví:” vió a los
muchos ángeles, que forman el círculo exterior, mientras que la Iglesia, el objeto de la redención, forma el interior,
más cercano al trono. Las huestes celestiales en derredor contemplan con ardiente amor y adoración esta
manifestación culminante del amor, sabiduría y poder de Dios. millones—Griego, “miríadas (miríada, 10.000) de
miríadas y miles de miles. 12. el poder—El un artículo, con los siete sustantivos (número de perfección y
completamiento) indica que forman un completo agregado que pertenece a Dios y a su coigual, el Cordero. Comp. el
7:12, donde cada uno de los siete lleva el artículo. riquezas—tanto espirituales como terrenales. alabanza—la alabanza
tributada: la voluntad por parte de la criatura aunque no acompañada del poder, para devolver bendición por
bendición recibida. [Alford.] 13. El coro universal de la creación, inclusive el círculo exterior tanto como el interior (de
los santos y de los ángeles), finaliza con la doxología. La plena realización de esto ha de ser cuando Cristo tome su
gran poder y reine visiblemente. toda criatura—“Todas sus obras en todos los lugares de su señorío” (Salmo 103:22).
debajo de la tierra—Los espíritus idos en el hades). en el mar—Griego, “sobre el mar”, considerados como sobre la
superfície. [Alford.] todas las cosas que en ellos están—Así dice la Vulgata. El manuscrito A omite “todas las cosas”
(panta) aquí, y dice, “Oí a todos (pantas) decir”: lo que expresa el concierto armonioso de todos los que estaban en los
cuatro cabos del universo. la bendición <—Tributación cuádruple que indica la universalidad mundial. 14. decían—
Así el manuscrito A, la Vulgata y la Siríaca; pero el B y la Cóptica dicen, “(Los oí) diciendo”. Amén—Así reza el
manuscrito A; pero el B: diciendo el (acostumbrado) amén”. Coma en el 4:11, los veinticuatro ancianos aseveran la
dignidad de Dios para recibir la gloría, por haber creado todas las cosas, así los cuatro seres vivientes ratifican con su
“amén” toda la tributación de gloria a Dios de parte de la creación. veinticuatro—omitido en los manuscritos más
antiguos: la Vulgata lo apoya. al que vive para siempre jamás—Palabras omitidas en todos los manuscritos: insertadas
por los comentadores, del 4:9. Pero allí, donde la acción de gracias se expresa, son pertinentes; mas aquí lo son menos,
por cuanto su adoración es de postración silenciosa. “Adoraron” (eso es, a Dios y al Cordero). También en el 11:1,
“adoran” se usa en lo absoluto.
CAPITULO 6
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LA APERTURA DEL PRIMER SELLO. Cotéjese nota, 5. 1. Muchos (Mede, Fleming, Newton etc.) sostienen que
todos los sellos se han cumplido, que el sexto lo fué en el derrumbamiento del paganismo y el establecimiento del
cristianismo bajo el edicto de Constantino, en el año 312. Con todo, no puede haber duda de que el sexto sello al
menos está aún en el futuro, pues se ha de veríficar en la segunda venida de Cristo. La mayor objeción a la suposición
de que los sellos estén final y completamente cumplidos (sin perjuicio de que probablemente eventos particulares
puedan ser cumplimiento parcial típico del final y completo) es que, de ser así, debieran señalar (como la destrucción
de Jerusalén, según la profecía de Cristo, lo hace) alguna fuerte evidencia externa de la Revelación. Pero es claro que
no pueden ser usadas con este fin, porque apenas si dos intérpretes de esta escuela están concordes en cuáles eventos
constituyen el cumplimiento de cada sello. Probablemente no son hechos aislados sino clases de eventos que preparan
el camino para la venida del reino de Cristo, lo que debe representar la apertura de los sellos. Los cuatro seres
vivientes claman por turno, al abrirse cada uno de los cuatro primeros sellos, “Ven,” lo que marca la división de los
siete, como ocurre muchas veces con este número sagrado, en cuatro y tres. 1. uno de los sellos—Los manuscritos A, B y
C, la Vulgata y la Siríaca “uno de los [PAG. 785] siete sellos.” con una voz—Unos manuscritos dicen, “con voz como de
trueno.” El primer ser viviente era como león (4:7); su voz, pues, correspondía a tal animal; lo que denota la valentía
como de león, con que en avivamientos sucesivos, los fieles testificaron por Cristo, y en especial, testificarán un poco
antes de su venida: o bien su fervor en orar por la venida de Cristo. Ven y ve—Uno de los manuscritos más antiguos
dice: “Y ve.” Pero el A, C, y la Vulgata omiten la frase. Alford con razón objeta nuestra versión: “¿A dónde había de ir
Juan? Separado como estaba por el mar de bronce, ¿cómo había de cruzarlo?” Véase en contraste la expresión del 10:8.
Es mucho más probable que sea el clamor de los redimidos dirigido al Redentor, “Ven” y libra a la gimiente creación
de la servidumbre de corrupción. Así en el 6:2, en contestación al clamor. “ven”, salió el caballo blanco. “Ven”, dice
Grocio, es palabra dirigida por el ser viviente a Juan, llamándole la atención seriamente; pero parece difícil entender
cómo “ven” en sí signifique esto. Véanse los otros pasajes en el Apocalipsis donde es usado, 4:1; 22:17. Si los cuatro
seres representan los cuátro Evangelios, el “ven” será la invitación de ellos para todos (porque no está escrito que se
dirigiesen a Juan) para que acepten la salvación de Cristo mientras haya tiempo, porque la apertura de los sellos señala
un paso progresivo hacia el fin. (22:17). Se predicen los juicios que acompañarán la predicación del evangelio como
testimonio a las naciones (14:6–11; Mateo 24:6–14). De modo que la invitación de “ven” aquí es propiamente paralela a
Mateo 24:14. La apertura de los primeros cuatro sellos es seguida por los juicios preparatorios para su venida. A la
apertura del quinto sello, los mártires que estaban arriba expresan lo mismo (6:9, 10; con Zacarías 1:10). A la apertura
del sexto, se introduce la venida del Señor con los terrores para los impíos. A la del séptimo, se llega a la consumación
completa (11:15). 2. el que estaba sentado—Evidentemente Cristo mismo, fuera en persona, o representado por un
ángel, preparatorio a su retorno, como aparece por el 19:11, 12. arco—(Salmo 45:4, 5.) corona—Griego, stephanos, la
guirnalda de vencedor, que se infiere también por el caballo blanco, siendo el blanco emblema de victoria. En el 19:11, 12
se representa el último paso de su victorioso progreso; de consiguiente, allí lleva muchas diademas (no meramente
guirnaldas), y es acompañado personalmente por las huestes del cielo. Comp. Zacarías 1 y 6, especialmente el 6:10 con
Zacarías 1:12; comp. también los colores de los cuatro caballos. victorioso—Griego, “Salió venciendo y para vencer,”
eso es, de modo de ganar una victoria duradera. Los cuatro sellos introducen juicios sobre la tierra, como el poder que
se opone al reino de él y de su Iglesia. Esto es el sentido primordial más bien que la obra de la conversión, aunque, sin
duda, en segundo orden, los elegidos serán o reunidos por su palabra y por sus juicios. 3. y ve—Omitidas en los
manuscritos A, B, C, y en la Vulgata. 4. bermejo—el color de la sangre. El color del caballo en cada caso corresponde a
la misión del jinete. Véase Mateo 10:24–36, “No penséis que he venido para meter paz en la tierra: no he venido para
meter paz, sino espada.” El caballo blanco de las victorias incruentas de Cristo es seguido luego a causa de la
perversión humana del evangelio, por el caballo bermejo del derramamiento de sangre; pero esto está contrarrestado
para quitar los obstáculos de la venida del reino de Cristo. El paciente buey es el emblema del segundo ser viviente,
que, al abrirse el segundo sello, dice: “Ven”. Los santos en medio de los juicios que vienen sobre la tierra “perseveran
hasta el fin.” 5. ven y vé—Los manuscritos A y C, y la Vulgata omiten “y ve;” El B las retiene. negro—que denota
tristeza y necesidad. un peso—una balanza, símbolo de escasez de comestibles, cuando se reparte el pan por peso. 6.
una voz—Los manuscritos A y C dicen “como si fuese una voz.” La voz es oída “en medio de los cuatro seres
vivientes” (como Jehová en la nube de la Shekinah manifestaba su presencia entre los querubines); porque es sólo por
amor de sus redimidos y en relación con ellos que Dios mitiga sus juicios sobre la tierra. dos libras—Griego, “koinix”.
Escaseando el alimento, no lo hagáis tanto que un koinix (provisión diaria de trigo, medida como de un litro a litro y
medio) no se pueda conseguir” por un “denario” (el probable salario diario de un obrero). El hambre generalmente
sigue a la guerra. Comúnménte se vendía de dieciséis a veinte medidas por un denario. La espada, el hambre, las bestias
dañinas, y la pestilencia, son los cuatro juicios de Dios sobre la tierra. Un hambre espiritual, también, puede incluirse en
el juicio. El “ven” en el caso del tercer sello es dicho por el tercer ser viviente, cuya semejanza es de un hombre; símbolo
de simpatía y compasión humanas para con los que padecen. Dios templa el juicio con la misericordia. Comp. Mateo
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24:7, que señala las mismas calamidades predichas en estos sellos, nación que se levanta contra nación (la espada),
hambres, pestilencias, y terremotos. seis libras de cebada—más barata y menos nutritiva que el trigo, que compraba el
obrero que no podía comprar bastante trigo para su familia con el jornal que ganaba, un denario. al vino ni al aceite—
Así el orden del griego. Representan el lujo de la vida, no las necesidades; el aceite y el vino deben economizarse para
aliviar a los que padecen. 7. y ve—Omitidas, como en los casos mencionados arriba. El cuarto ser viviente, “como a
águila en vuelo,” introduce este sello; expresa la excelsa inteligencia, y el juicio fatal que desciende de lo alto sobre los
impíos como el rey de las aves sobre su presa. 8. amarillo—“lívido.” [Alford.] Muerte—personificada. infierno—El
infierno personificado. le fué dada—Griego, mejores textos, “les fué dada,” a saber, a la muerte y al hades. cuarta parte
de la tierra—correspondiente a los primeros cuatro sellos; la porción de él como uno de los cuatro, siendo la cuarta
parte. mortandad—la pestilencia; comp. Ezequiel 14:21 con los cuatro juicios mencionados aquí: la espada, el hambre, la
pestilencia y las bestias: el hambre que es la consecuencia de la espada; la pestilencia, la consecuencia del hambre; las bestias,
que se multiplican por la consecuente despoblación. con las bestias—Griego, “por”; agentes directos. Estos cuatro
sellos se distinguen de los tres últimos por los cuatro seres vivientes que los introducen clamando “ven.” Las
calamidades indicadas no se restringen a un tiempo, sino que se extienden al través de todo el período de la historia
de la Iglesia, hasta la venida de Cristo, antes del cual día grande y terrible del [PAG. 786] Señor, ellas alcanzarán su
mayor agravación. El primer sello es el resumen: Cristo, que sale venciendo hasta que todos sus enemigos queden
sojuzgados bajo él, para el fin de lo cual los juicios después especificados acompañan a la predicación del evangelio para
ser un testimonio a todas las naciones. 9. Los últimos tres sellos se relacionan con el mundo invisible, como los cuatro
primeros con el visible; el quinto se refiere a los mártires, creyentes muertos por su fe; el sexto, con los que hayan
muerto incrédulos, o que serán hallados así en la venida de Cristo, a saber, “los reyes < los grandes < siervos <
libres;” el séptimo con el silencio en el cielo. El escenario cambia de la tierra al cielo; de modo que las interpretaciones
que hacen consecutivos estos tres sellos a los cuatro primeros, son muy dudosas. ví—en el espíritu. Pues las almas no
son naturalmente visibles. debajo del altar—Como la sangre de las víctimas sacrificiales degolladas sobre el altar se
derramaba al pie del mismo, así se representan las almas de los sacrificados por el testimonio de Cristo, simbólicamente,
como debajo del altar, en el cielo; pues la vida o el alma animal está en la sangre, y la sangre a menudo se representa
como clamando por la venganza (Génesis 4:10). Como es el altar el que santifica la ofrenda, así es Cristo solamente el
que hace aceptable ante Dios nuestra obediencia, y aun el sacrificio de nuestra vida por la verdad. El altar del
sacrificio no estaba en el santuario, sino fuera de él: así el sacrificio literal de Cristo, y el sacrificio figurativo de los
mártires, tuvo lugar, no en el santuario celestial, sino afuera, aquí en la tierra. El único altar en el cielo es aquel que es
antitípico del altar del incienso del templo. La sangre de los mártires clama desde la tierra, bajo la cruz de Cristo, en
donde se los puede considerar virtualmente sacrificados; las almas de ellos claman desde debajo del altar del incienso,
el que es Cristo en el cielo, por el cual sólo el incienso de alabanza es aceptable a Dios. Ellas están debajo de Cristo, en
su inmediata presencia, encerradas para él en la gozosa y viva expectativa hasta que él venga a levantar a los muertos
que duermen. Comp. el lenguaje de 2 Macabeos 7:36, en indicación de la opinión judía sobre el particular: Nuestros
hermanos que han sufrido un breve dolor están muertos bajo (griego) el pacto divino de la vida eterna. testimonio que
ellos tenían—a saber, el que dieron, en obediencia al mandato. Comp. 12:17, “Tienen (el mismo griego que aquí) el
testimonio de Jesús.” 10. ¿Hasta cuándo—Como la mujer de la parábola (símbolo de la Iglesia) clama día y noche al juez
injusto en demanda de justicia contra su adversario, que siempre la oprime (comp. el 12:10), así los elegidos (no sólo en
la tierra, sino también bajo la protección de Cristo y en su presencia en el Paraíso) claman día y noche a Dios, quien por
cierto, a su debido tiempo, vengará la causa suya y la de ellos, “aunque es longánime para con ellos”. Estos textos no
deben limitarse a martirios particulares, sino que han recibido, reciben y recibirán, cumplimientos parciales hasta la
venida de Cristo. Lo mismo tocante a otros eventos aquí predichos. La gloria aun de los que están en el Paraíso no
será completa sino hasta cuando los enemigos de Cristo y de su Iglesia sean arrojados, y la tierra llegue a ser el reino
de Cristo en su venida para levantar a los santos que duermen. Señor—Griego, “Amo” (despótes), que denota que los
tiene a ellos así como a los enemigos de ellos y a todas sus criaturas a su absoluta disposición, como el amo tiene a sus
esclavos; de ahí que sigue en el 6:11, “consiervos,” o “co‐esclavos.” santo—Griego, “el santo <” los que moran en la
tierra—los impíos, de la tierra, terrenos, en contraste con la Iglesia, cuyo hogar y corazón están aún ahora en los
lugares celestiales. 11. sendas ropas blancas—Griego, lit., “Les fué dada una ropa blanca a cada uno;” un manuscrito
de los más antiguos omite “a cada uno”. Aunque su clamor para que se libre a la tierra de los malos no está
concedido, se les insinúa que eso será hecho en tiempo oportuno; entre tanto reciben individualmente la ropa blanca,
símbolo de luz, gozo y victoria triunfante sobre sus enemigos, asimismo como el Capitán de la salvación de ellos sale
montado en caballo blanco venciendo y para vencer; también de pureza y santidad por medio de Cristo. Maimonides
dice que los judíos solían vestir a sus sacerdotes de blanco, una vez aprobados; el significado es así, que están
admitidos entre los bienaventurados. que cual sacerdotes sin mancha, sirven a Dios y al Cordero. reposasen—Así dice
el manuscrito C, pero el A y B dicen “reposarán.” un poco de tiempo—Así el A. y el C; pero el B dice, “por un
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tiempo.” Aunque se omita, ¿no se infiere que es corto el tiempo en comparación con la eternidad? Bengel por antojo
hace que un tiempo (Griego kronos, en este caso) sea mil ciento once y un noveno años. y un tiempo (Griego, kairos, 12:12,
14). la quinta parte de kronos (sazón), o 222 y 2/9 años. La única diferencia es que en el griego una sazón (kronos) es
como un agregado de tiempos. El griego kairos, un tiempo específico, y por tanto de corta duración. En cuanto a su
descanso, Comp. 14:13 (el mismo griego anapauomai); Isaías 57:2; Daniel 12:13. hasta que se completaran—en número.
Hasta que su número pleno se haya cumplido. El número de los elegidos está fijado definitivamente: acaso para
reemplazar el de los ángeles caídos. Pero esto es mera conjetura. La plena bienaventuranza de los santos será
simultánea. Los primeros no anticiparán a los postreros. Los manuscritos B y Aleph dicen, “Hasta que terminen su
curso.” 12. Como el 6:4, 6–8: la espada, el hambre y la pestilencia, corresponde a Mateo 24:6, 7; y el 6:9, 10, sobre los
martirios corresponde a Mateo 24:9, 10; así este pasaje, 6:12–17, corresponde a Mateo 24:29, 30. “el sol se oscurecerá, y
la luna no dará su lumbre. y las estrellas caerán del cielo;< entonces lamentarán todas las tribus de la tierra y verán al
Hijo del hombre que vendrá <;” lenguaje figurado descriptivo de los presagios de la venida inmediata del día del
Señor; pero no la venida misma hasta que los elegidos sean sellados, y los juicios reclamados por los mártires, caigan
sobre la tierra, el mar, y los árboles (cap. 7.) y he aquí—Así dice el manuscrito A; pero el B y el C omiten. terremoto—
Griego, “una sacudida” de los cielos, el mar, la tierra seca; la sacudida de las cosas mutables siendo el preliminar
necesario del establecimiento de las cosas que no pueden ser sacudidas. Esta es una de las palabras claves [Wordsworth]
que une el sexto sello con la sexta trompeta (11:13) y con la séptima copa (16:17–21): también el séptimo sello (8:5).
saco de cilicio—Un paño hecho de “pelo” de la cabra ciliciana, y llamado “cilicium”, o paño ciliciano. Era usado
[PAG. 787] para carpas. Pablo, un ciliciano, hacía tales tiendas (Hechos 18:3). luna—A, B, C, y las versiones más
antiguas dicen “la luna llena;” no meramente la creciente. como sangre—(Joel 2:31.) 13. estrellas … cayeron … como
la higuera echa sus higos—(Isaías 34:4; Nahum 3:12.) La Iglesia estará entonces madura para la glorificación, el
mundo anticristiano para la destrucción, lo que será acompañado por los poderosos fenómenos en la naturaleza. En
cuanto a la caída de las estrellas a tierra, la Escritura describe los fenómenos naturales tal como aparecen ante el
espectador, no en el lenguaje del acierto científico; y sin embargo, mientras que se adapta así a hombres comunes, nos
da insinuaciones anticipatorias de los descubrimientos de la ciencia moderna. 14. se apartó—Griego, “fué separado de”
su lugar; “fué retirado.” No como Alford, “se hizo pedazos;” pues, al contrario, se dice que fué enrollado y puesto a un
lado. No hay ningún “apartarse uno de otro” en el griego, como en Hechos 15:39, pasaje que Alford copia. todo monte
… movidas—(Salmo 121:1; Jeremías 3:23; 4:24; Nahum 1:5.) Este derrumbamiento total será el precursor de la tierra
nueva, así como las convulsiones preadámicas la prepararon para sus habitantes actuales. 15. reyes … se
escondieron—“¿Dónde estaba ahora el espíritu de aquellos que el mundo tanto temía?” [Bengel.] príncipes—los
estadistas y altos oficiales civiles. ricos … capitanes—manuscritos A, B, C, trasponen, “capitanes < ricos”. los
fuertes—Físicamente: así dicen los manuscritos A, B, y C (Salmo 33:16). 16. de la cara—(Salmo 34:16.) Sobre todo el
versículo, véase Oseas 10:8; Lucas 23:30. 17. Lit., “que vino el día grande <” que no puede significar sino el último
gran día. Después que el Señor haya utilizado todos sus juicios ordinarios, la espada, el hambre, la pestilencia, y las
bestias salvajes, y haya aún pecadores impenitentes, el gran día mismo del Señor vendrá. Mateo 24 forma un paralelo
perfecto con el seis sellos, no sólo en los eventos, sino también en el orden de su ocurrencia, a saber: el 24:3, con el
primer sello; el 24:6, con el segundo sello; el 24:7, con el tercer sello; el 24:7, fin, con el cuarto sello; el 24:9, con el
quinto sello, bajo el cual las persecuciones y la grande iniquidad son detalladas en particular así como también los
juicios consiguientes acompañados por cierto de la predicación del evangelio a todas las naciones como un testimonio
(24:9–28); el 24:29, con el sexto sello. estar firme—El griego: “estar en pie;” justificado delante del Juez, y no
condenado. Así el sexto sello nos lleva hasta el borde de la venida del Señor. Las impías “tribus de la tierra” tiemblan
ante las señales de su inminente llegada. Pero antes que dé en efecto el golpe en persona, “los elegidos” deben ser
reunidos se entre ellos.
CAPITULO 7
LA SELLADURA DE LOS ELEGIDOS DE ISRAEL. LA INNUMERABLE MULTITUD DE LOS GENTILES
ELEGIDOS. 1. Y—según el manuscrito B y la Siríaca; omitido por A, C, la Vulgata y la Cóptica. después de estas
cosas—A, B, C, y Cóptica leen, “después de esto.” Las dos visiones de este capítulo forman un episodio después del
sexto sello y antes del séptimo. Es claro que, aunque “Israel” puede en otras partes señalar al Israel espiritual, “los
elegidos (la Iglesia) en la tierra” [Alford], aquí, donde los nombres de las diez tribus están especificadas uno por uno,
dichos nombres no pueden tener otro significado que el literal. El segundo advenimiento será el tiempo de la
restauración del reino a Israel, cuando los tiempos de los gentiles estén cumplidos, y los judíos por fin digan, “Bendito el que
viene en el nombre del Señor.” El período de la ausencia a el Señor ha sido una laguna en la historia de los judíos
como nación. Como el Apocalipsis pues es el libro del segundo advenimiento [De Burgh], naturalmente la mención
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del favor de Dios restaurado a Israel ocurre entre los eventos precursores de la venida de Cristo. tierra … mar …
árbol—Los juicios que están por descender sobre éstos, son la contestación a la oración de los mártires bajo el quinto
sello. Comp. los mismos juicios bajo la quinta trompeta, estando exentos los sellados (9:4). sobre ningún árbol—Griego,
“contra ningún árbol” (epi ti dendron; pero “sobre la tierra,” epi tees gees). 2. del nacimiento del sol—desde el levante, la
dirección de donde se manifiesta la mayor parte de las veces la gloria de Dios. 3. No hagáis daño—soltando los
vientos destructivos. señalemos—Griego, “hasta que sellemos <” Paralelo con Mateo 24:31: “Sus {ngeles < juntarán a
sus escogidos de los cuatro vientos.” El amor de Dios es tal, que nada puede hacer respecto de juicio, mientras su pueblo
do esté a salvo del daño (Génesis 19:22). Israel, en vísperas de la venida del Señor, será reincorporado como nación;
pues sus tribus están especificadas distintamente (José sin embargo, sustituído por Dan; sea porque el Anticristo haya
de venir de Dan, o porque Dan haya de ser su instrumento especial, [Aretas, del siglo diez], comp. Génesis 49:17.
Jeremías 8:16; Amós 8:14; así como hubo un Judas entre los doce). De entre estas tribus un remanente creyente será
conservado de los juicios que destruirán a toda la confederación anticristiana (6:12–17), y será transfigurado junto con la
electa Iglesia de todas las naciones, a saber los < 144.000 (o sea cual fuese el número significado por este número
simbólico), los cuales resistirán fielmente las seducciones del Anticristo, mientras que los demás de la nación,
restaurada a Palestina en la incredulidad, son los engañados de él, y al fin sus víctimas. Anteriormente a los juicios del
Señor sobre el Anticristo y sus huéstes, éstos destruirán las dos terceras partes de la nación; los demás escapando, y
tornándose al Señor mediante la operación del Espíritu en la aflicción, serán el remanente que formará el núcleo en la
tierra de la nación israelita, la que desde luego estará a la cabeza de las naciones milenarias del mundo. La
resurrección espiritual de Israel será “como vida de los muertos a todas las naciones. Como ahora se está obrando una
regeneración acá y acullá de individuos, así habrá entonces una regeneración de naciones universalmente, y esto en
relación con la venida de Cristo. Mateo 24:34: “Esta generación (la nación judaica) no pasará hasta que todas estas
cosas sean cumplidas,” lo que indica que si las palabras de Cristo mismo no pasarán, tampoco pasará (el mismo griego,
Mateo 24:35) Israel antes de la venida de Cristo. Así lo dice precisamente Zacarías 13:8, 9; 14:2–4, 9:21; comp. el 12:2–14;
13:1, 2. Así también lo expresa Ezequiel 8:17, [PAG. 788] 18; 9:1–7, esp. el 9:4. Vése también Ezequiel 10:2 con el 8:5,
donde los juicios finales caen en efecto sobre la tierra, con el mismo acompañamiento, el fuego del altar echado sobre la
tierra, inclusive el fuego esparcido sobre la ciudad. Así de nuevo, 14:1, los mismos 144.000 aparecen sobre Sión con el
nombre de su Padre en las frentes de ellos, al fin de la sección de caps. 12, 13, 14, tocante a la Iglesia y sus enemigos.
No que los santos estén libres de las pruebas: el 7:14 prueba lo contrarío; pero sus pruebas son distintas de los juicios
destructores que caen sobre el mundo; de éstos están exentos, como Israel lo fué de las plagas de Egipto, especialmente
de la última de ella, teniendo las puertas israelitas el sello protector de la mancha de sangre. frentes—la parte más
conspícua y más noble del cuerpo del hombre: donde se lleva el yelmo, “la esperanza de la salvación.” 4. Doce es el
número de las tribus, y es propio para la Iglesia: tres por cuatro: tres, el número divino, multiplicado por cuatro, el
número de la extensión mundial. Doce por doce signifíca fijeza y plenitud, que se toma mil veces en 144.000. Un Mil
denota el mundo perfectamente penetrado por lo divino; porque es diez, el número del mundo elevado a su tercera potencia,
tres el número divino. de todas las tribus—no < 144.000 de cada tribu; sino el agregado de 12.000 por cada tribu. El
3:12; 21:12 no son contrarios, como piensa Alford, al sentido literal de Israel, pues, en la gloria consumada, todavía la
Iglesia será aquella que fué “edificada sobre el fundamento de los (doce) apóstoles (israelitas), siendo Jesucristo (un
israelita) la principal piedra de la esquina.” Los creyentes gentílicos tendrán el nombre de Jerusalén escrito sobre ellos, por
cuanto participarán de la ciudadanía antitípica de la de la Jerusalén literal. 5–8. Judá (que significa alabanza) está
primero, como la tribu de Jesús. Benjamín, el menor de todos. es el último; y con él está asociado José, el penúltimo.
Rubén, el primogénito, sigue en orden inferior a Judá, por haber perdido por el pecado el derecho a la primogenitura.
Además de la misma razón, se da otra parecida por la omisión de Dan, o sea, por haber sido el primero en caer en la
idolatría (Jueces 18); por cuya razón el nombre de Efraín, también (Jueces 17; Oseas 4:17), es omitido, y el de José
sustituido. Además, hacía mucho que había quedado casi extinta dicha tribu. Con mucha anterioridad, dicen los
hebreos [Grocio.], había sido reducida a una sola familia, la de Hussim, la que pereció subsecuentemente en las
guerras habidas antes del tiempo de Esdras. Por tanto se omite en 1 Crónicas 4–8, donde los pocos de Dan están
unidos a la tribu de Neftalí, su hermano uterino. [Bengel.] Las doce veces doce mil sallados, son el núcleo de la
humanidad transfigurada [Auberlen.], al que se unen los gentiles elegidos, “una gran compañía, la cual ninguno
podía contar” (7:9; es decir, la Iglesia de judíos y gentiles indistintamente, de la que los gentiles son el elemento
predominante, Lucas 21:24. La palabra “linajes” o “tribus” en el griego, como en el 7:4–8, indica que hay israelitas
creyentes en esta multitud innumerable). Los unos y los otros están en el cielo, reinando empero sobre la tierra, como
ministros de bendición a los habitantes de ella; mientras que en la tierra el mundo de naciones se agrega al reino de
Israel. Los doce apóstoles estarán a la cabeza del todo. La congregación superior y la inferior, siendo distintas, se
asocian íntimamente. 9. La raza humana es una nación por origen, pero después se separó en tribus, pueblos y lenguas;
por tanto el primer vocablo es singular, seguido por los tres en plural. de todas gentes—Griego, “De toda nación” (o
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gente). linajes—Griego, “tribus.” A las “primicias para el Cordero,” los 144.000 (14:1–4) de Israel, las sigue una copiosa
cosecha de todas las naciones, una elección de entre todas las naciones como son los 144.000 de entre Israel (Nota, 7:3).
ropas blancas—(Nota, 6:11; también 3:5, 18; 4:4.) palmas en sus manos—antitipo de la entrada de Cristo en Jerusalén
entre la multitud que llevaba palmas. Esto será cuando él esté por venir visiblemente a tomar posesión de su reino. El
romo de la palma es símbolo de gozo y de triunfo. Se usaba en la fiesta de los tabernáculos, el día quince del séptimo
mes, cuando observaban la fiesta de acción de gracias por la cosecha recogida. El antitipo será la siega completa de los
elegidos redimidos aquí descritos. Véase Zacarías 14:16, donde parece que la terrenal fiesta de las cabañas será
renovada, en conmemoración de la conservación de Israel en su larga peregrinación desértica entre las naciones, de
las que será ahora librada, tal como la fiesta original debía conmemorar su morada durante cuarenta años en tiendas y
tabernáculos en el desierto literal. 10. clamaban—Griego, “Claman,” en los tres manuscritos más antiguos, A, B, C,
Vulgata, Siríaca, y Cóptica. Es la ocupación incesante de ellos. Salvación—lit., “LA salvación;” toda la alabanza por
nuestra salvación se atribuye a nuestro Dios. Asimismo en la entrada del Señor en Jerusalén, el tipo, salvación fué el
clamor de la multitud que llevaba las palmas. Hosanna significa sálvanos ahora; viene del Salmo 118, donde (vv. 14, 15,
22, 26) la misma relación ocurre entre la salvación, los tabernáculos de los justos, y el clamor de los judíos, que ha de ser
repetido por toda la nación en la venida de Cristo, “Bendito el que viene en el nombre del Señor.” 11. Los ángeles,
como en el 5:11, a su vez se unen en el cántico de alabanza. Allí eran “muchos ángeles;” aquí, “todos los ángeles.” 12. La
doxología séptupla denota su totalidad y completación, “hasta los siglos de los siglos” (así dice el griego). 13.
respondió—es decir, a la mente inquisitiva de Juan; habló, haciendo la pregunta que Juan hubiera querido hacer a
causa de lo visto. Uno de los veinticuatro ancianos, que representan el ministerio del Antiguo y Nuevo Testamentos,
hace de intérprete propio de esta visión de la Iglesia glorificada. 14. Señer—B, C, Vulgata, Siríaca, Cóptica y Cipriano,
dicen “mi señor.” tú lo sabes—Sacado de Ezequiel 37:3. Muy ignorantes nosotros mismos de cosas divinas, es bueno
que miremos hacia arriba en busca de conocimiento divinamente comunicado. han venido—más bien, como el griego,
“vienen,” lo que indica que acaban de venir. [Nota del Traductor: El participio griego aquí no expresa tiempo, sino la
clase de acción, que es continuativa: “Son los que venían, vienen, o vendrán, habiendo perseverado fielmente al través
de la grande tribulación.] grande tribulación—Griego, “LA tribulación grande;” a saber, la tribulación a la que eran
expuestos los mártires bajo el quinto sello, la misma que Cristo predijo, que debe preceder a su venida (Mateo 24:21,
grande tribulación), [PAG. 789] seguida por las mismas señales que las del sexto sello (Mateo 24:29, 30), comp. Daniel
12:1; inclusive también retrospectivamente toda la tribulación que los santos de todas las edades han tenido que
atravesar. Así este capítulo siete es una recapitulación de la visión de los seis sellos (6:1–17), para completar el
bosquejo allí dado, en la parte que afecta a los fieles de aquel día. Allí, por cierto, el número de ellos había de
completarse; aquí está completo, y se los ve quitados de la tierra antes que caigan los juicios sobre la apostasía
anticristiana; con su Señor, ellos, y todos los fieles testigos y discípulos de él de las edades pasadas, aguardan su
venida y la de ellos para ser glorificados y para reinar juntamente con él. Entretanto, en contraste con sus
padecimientos anteriores, están exentos del hambre, de la sed y del calor abrasador de la vida terrenal (7:16), y son
alimentados y refrescados por el mismo Cordero de Dios (7:17; 14:1–4, 13); arras de su futura bienaventuranza
perfecta en cuerpo y alma unidos (21:4–6; 22:1–5). lavado … Cordero—(1:5; Isaías 1:18; Hebreos 9:14; 1 Juan 1:7; con
Isaías 61:10; Zacarías 3:3–5.) La fe aplica al corazón la sangre purificadora; una vez por todas para la justificación,
continuamente al través de la vida para la santificación. 15. Por esto—Por cuanto están así lavados y blancos; pues sin
ello nunca podrían haber entrado al cielo santo de Dios; 22:14, “Bienaventurados los que han lavado sus ropas (según
los Manuscritos más antiguos) para que tengan derecho al árbol de la vida, y para que entren por las puertas en la
ciudad,” con 22:15; 21:27; Efesios 5:26, 27. delante del—Mateo 5:8; 1 Corintios 13:12, “cara a cara.” trono … templo—
Estos se relacionan porque nos acercamos al Rey celestial por la mediación sacerdotal; por tanto, Cristo es a la vez Rey
y Sacerdote sobre su trono. día y noche—eso es, perpetuamente; como aquellos aprobados para el sacerdocio por el
Sanedrín se vestían de blanco, y guardaban una vigilia perpetua, por turnos, en el templo de Jerusalén; véase en
cuanto a los cantores, 1 Crónicas 9:33, “día y noche:” Salmo 134:1. Estrictamente “no hay noche” en el santuario
celestial (22:5). en su templo—en lo que es la analogía celestial de su templo en la tierra, pues, “allí no hay templo”
(21:22), “Dios y el Cordero son el templo” penetrando el todo, de modo que allí no hay distinción de lugares sagrados
y seculares: la ciudad es el templo, y el templo la ciudad. Compárese 4:8, “los cuatro seres vivientes no descansan día
ní noche, diciendo, Santo <” tenderá—Sin el complemento pabellón en el griego: “ser{ (el) tabernáculo o tienda, sobre
ellos” (véase 21:3; Levítico 26:11; esp. Isaías 4:5, 6; 8:14; 25:4; Ezequiel 37:27). Su “morada” con ellos (según la versión
inglesa) debe entenderse en orden secundario a lo expresado aquí: que Dios es su refugio y protector. Cuando una vez
tendió (su carpa) entre nosotros, el Verbo hecho carne, estuvo en suma humildad; pero esta vez estará en grande gloria. 16.
(Isaías 49:10). No tendrán más hambre—como la tuvieron en esta vida. ni sed—(Juan 4:13.) el sol—literalmente cae,
abrasador, en el Oriente. También, simbólicamente, el sol de la persecución. ningún calor—como el del siroco. 17. en
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medio del trono—eso es, en el punto medio es frente del trono (5:6). fuentes vivas—A, B, Vulgata, y Cipriano, dicen
“fuentes de vida (eterna) de aguas.”
CAPITULO 8
EL SEPTIMO SELLO. PREPARACION PARA LAS SIETE TROMPETAS. LAS CUATRO PRIMERAS Y LAS
CONSIGUIENTES PLAGAS. 1. silencio … cielo … media hora—Roto el último de los siete sellos, es abierto el libro
del eterno plan de Dios acerca de la redención, para que el Cordero lo lea a los bienaventurados en el cielo. La media
hora de silencio contrasta con los cánticos jubilosos de la gran multitud, secundadas por los ángeles (7:9–11). Es la
solemne introducción a los usos y a los goces del eterno descanso sabático del pueblo de Dios, que comienza con la
lectura hecha por el Cordero del libro, que sellado hasta ahora, no podemos conocer sino después. En el 10:4,
semejantemente, en la víspera del séptimo sonido de la trompeta, cuando los siete truenos dieron sus voces, se le
prohibe a Juan que las escriba. La séptima trompeta da fin al vasto plan de Dios de providencia y de gracia en la
redención, así como el séptimo sello lo lleva a la consumación. De la misma manera, la séptima copa (16:17). No que
los siete sellos, las siete trompetas, y las siete copas, aunque son paralelos, sean repeticiones. Trazan, cada uno de
ellos, el curso de acción divina hasta la gran consumación donde se encuentran todos, bajo aspecto diferente. Truenos,
relámpagos, terremoto, y voces, dan clausura de la misma manera a los siete truenos y a los siete sellos (8:5 con 11:19).
Comp. la séptima copa, las voces, truenos, relámpagos, y terremoto (16:18). La media hora de silencío es una breve pausa
que SE LE DA A JUAN entre la visión anterior y la siguiente, lo que expresa, por una parte, la solemne introducción al
sabatismo eterno que sigue al séptimo sello, y por la otra, el silencio que continuó durante las oraciones acompañadas
del incienso que introdujo la primera de las siete trompetas (8:3–5). En el templo judaico, resonaban los instrumentos
y el canto durante todo el tiempo que duraba la ofrenda de los sacrificios, que formaban la primera parte del servicio.
Pero al ofrecerse el incienso se guardaba solemne silencio (Salmo 62:1 marginal: “En Dios está acallada mi alma;” comp.
65:1), mientras el pueblo oraba en silencio, [la Versión Inglesa: “En Dios espera mi alma.—Traductor.] La media hora de
silencio expresa además, la ardiente expectativa con que los espíritus felices y los ángeles aguardaban el
desenvolvimiento sucesivo de los juicios de Dios. Lo que se indica es un tiempo breve, pues en tal sentido se usa la
palabra hora (17:12; 18:10, 19). 2. los siete ángeles—Comp. el apócrifo Tobit, 12:15, “Soy Rafael, uno de los siete ángeles
santos que presentan las oraciones de los santos, y que salen y entran delante de la gloria del Santo.” Comp. Lucas
1:19, “Soy Gabriel, que estoy en la presencia de Dios.” Griego “Estoy de pie.” siete trompetas—Señalan los eventos
que intervienen mientras los mártires descansan, hasta que sean muertos sus consiervos así como ellos; porque es sobre los
habitantes del mundo que deben caer los juicios, en contestación a las oracíones de los mártires (6:10). Quiere decir todos
los impíos, y no meramente alguna porción de ellos: toda la oposición y los obstáculos que están en el camino del
reino de Cristo y sus santos, como los comprueba 11:15, 18, fin, al final de las siete trompetas. La Revelación se vuelve
más específica sólo a medida que avanza (13; [PAG. 790] 16:10; 17; 18). Por las siete trompetas los imperios del mundo
son trastornados. Las primeras cuatro van relacionadas; y las últimas tres que sólo tienen “ay, ay, ay.” 3. otro ángel—
No el Cristo, como muchos piensan, porque a él en Apocalipsis siempre se le determina por uno de sus títulos
debidos; aunque, sin duda, él es el único verdadero Sumo Sacerdote, el Angel del pacto, que está delante del altar de
oro del incienso y allí, como Mediador, eleva las oraciones de su pueblo, hechas aceptas ante Dios por el incienso de
los merecimientos de él. Aquí el ángel obra meramente como espíritu ministrador, así como los veinticuatro ancianos
[Que deben ser ángeles superiores entonces, y no santos glorificados—Traductor.] tienen copas llenas de perfume, o sea,
incienso, que son las oraciones de los santos, y que ellos presentan delante del Cordero. Con qué precisión se ejerce el
ministerio de ellos de perfumar las oraciones de los santos y ofrecerlas sobre el altar del incienso, no lo sabemos, pero
sabemos que no se les ora A ellos. Si enviamos una ofrenda de tributo al rey, no se les permite a los mensajeros del rey
apropiarse de lo que pertenece al rey solo. le fué dado—El ángel no provee el incienso; le es dado por Cristo, cuya
obediencia meritoria y cuya muerte son el incienso que hace que las oraciones de los santos sean gratas a Dios. No son
los santas los que dan el incienso al ángel; ni se identifican sus oraciones con el incienso; ni ofrecen al ángel sus
oraciones. Cristo solo es el Mediador por el cual y al cual, debe ofrecerse la oración. añadiese a las oraciones—para
hacerlas eficaces como suave olor a Dios. Sólo los méritos de Cristo pueden incensar nuestras oraciones, aunque se
emplea el ministerio angelical para unir este incienso a las oraciones. Son simultáneas las oraciones de los santos en la
tierra y la incensación de los ángeles en el cielo. todos los santos—Las oraciones tanto de los santos en el descanso
celestial como los militantes en la tierra. El clamor de los mártires es el más prominente, y hace descender sobre la
tierra los juicios resultantes. altar de oro—El antitipo del terrenal. 4. subió … con las oraciones—Más bien “Subió el
humo del incienso que fué dado (sobreentendido v. 3) a las oraciones. El ángel solamente quema el incienso que le fué
dado por Cristo el Sumo Sacerdote, de modo que el humo se confunde con las oraciones de los santos que ascienden.
Los santos mismos son sacerdotes, y los ángeles en esta ministración sacerdotal no son sino consiervos de aquéllos
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(19:10). 5. echólo en la tierra—es decir, hasta la tierra; los carbones encendidos sacados del altar y arrojados sobre la
tierra simbolizan los juicios tremendos de Dios prontos a caer sobre los enemigos de la Iglesia, en respuesta a las
perfumadas oraciones de los santos que acababan de ascender a Dios, y a las de los mártires. ¡Cuán maravilloso es el
poder de las oraciones de los santos! voces … truenos—El manuscrito B coloca “voces” después de “truenos. El A la
pone después de “relámpagos.” 6. para tocar—“tocarlas”; el griego “trompetear.” 7. El rasgo común de las primeras
cuatro trompetas es que los juicios que ellas anuncian afectan objetos naturales, los accesorios de la vida, la tierra, la
hierba, la mar, los ríos, las fuentes, la luz solar, la luna y las estrellas. Las otras tres, las de los ayes (8:13) afectan la vida
del hombre con dolor, la muerte y el infierno. El lenguaje se saca evidentemente de las diez plagas de Egipto, cinco o
seis de las mismas corresponden con precisión: el granizo, el fuego (Exodo 9:24), el AGUA vuelta sangre (Exodo 7:19), las
tinieblas (Exodo 10:21), las langostas (Exodo 10:12), y tal vez la muerte (9:18). La retribución judicial en clase caracteriza
los castigos de las primeras cuatro: los elementos usados con abuso castigan a sus abusadores. con sangre—(comp.
16:3, 4.) árboles—A, B, Vulgata, dicen “Y la tercera parte de la tierra fué quemada.” Asimismo, bajo la tercera
trompeta, la tercera parte de los ríos queda afectada: lo mismo, bajo la sexta trompeta, se matan la tercera parte de los
hombres. En Zacarías 13:8, 9 aparece esta división tripartita; con la proporción invertida, dos terceras partes son
muertas, sólo se salva una tercera parte. El fuego fué el elemento predominante. toda la hierba verde—ya no la
tercera parte, sino todo es devorado por el fuego. 8. como un grande monte—no literalmente; sino una masa ardiente del
tamaño de una montaña. Hay una clara alusión a Jeremías 51:25; Amós 7:4. la tercera parte de la mar se tornó en
sangre—En la correspondiente segunda copa, toda la mar, no meramente una tercera parte, se vuelve sangre. El
derrumbamiento de Jericó, tipo de la Babilonia anticristiana, después del cual Israel, victorioso, bajo José (sinónimo de
Jesús) tomó posesión de Canaán, tipo del pueblo y reino de Cristo, es acaso lo que se alude en las SIETE trompetas, lo
que se finalizará en la derrota de todos los enemigos de Cristo y en el establecimiento de su reino. En el séptimo día, a
la séptima vuelta, cuando los siete sacerdotes sonaron los siete cuernos de carnero, el pueblo gritó, y los muros se
desplomaron; y luego siguió el derramamiento de la sangre del enemigo. Una masa como montaña de llamas no
cambiaría el agua naturalmente en sangre; ni por ella quedaría destruída la tercera parte de los navíos. Los intérpretes
sombolistas entienden que los navíos son iglesias. Pues el término griego aquí usado no es el común, sino aquel usado
en los Evangelios por el barco apostólico en que Jesús enseñó: y los primeros templos eran de la forma de una nave
invertida: y el griego por pereció se usa también para expresar las corrupciones heréticas (1 Timoteo 6:5). 11. Los
simbolistas interpretan la estrella caída del cielo como ministro principal (Arpio, según Bullinger, Bengel, etc.; o algún
futuro doctor herético) que cayó de su alto puesto en la Iglesia, y que en vez de brillar con célica luz, como estrella, se
torna en antorcha encendida de fuego terrenal que se sofoca en su propio humo. El ajenjo, aunque es medicinal en
ciertos casos, si se tomara como agua ordinaria no sólo sería desagradable al gusto, sino también fatal para la vida: así
“el herético ajenjo cambia los dulces Siloées de la Escritura en mortíferas Maras.” [Wordsworth.] Comp. el cambio al
contrario del agua amarga de Mara en agua dulce (Exodo 15:23). Alford da como ejemplo desde un punto de vista
físico, la conversión de agua en alcohol o espíritus ardientes (bebidas espiritosas), que pueden seguir aún destruyendo
hasta una tercera parte de los impíos en los últimos tiempos. 12. la tercera parte—No un obscurecimiento total como
en el sexto sello (6:12, 13). Este parcial obscurecimiento, pues, interviene entre las oraciones de los mártires bajo el
quinto sello y los últimos juicios fulminantes bajo el sexto sello, en la [PAG. 791] víspera de la venida de Cristo. lo
mismo de la noche—se retiró la tercera parte de la luz nocturna de las brillantes luna y estrellas orientales. 13.
ángel—A, B, Vulgata, Siríaca, y Cóptica, por “un ángel,” dicen “un águila:” el símbolo del juicio que desciende
fatalmente de lo alto; el rey de las aves que cae sobre la presa. Compárese esta cuarta trompeta y el águila en vuelo con
el cuarto sello presentado por el cuarto ser viviente, “como un águila que vuela” (4:7; 6:7, 8): el aspecto de Jesús como
presentado por el cuarto evangelista. Se compara a Juan (según la primitiva interpretación de los querubines) con un
águila en vuelo: la divina majestad de Cristo en esta similitud está expuesta en el Evangelio según Juan, sus visitaciones
judiciales en el Apocalipsis de Juan. Contrástese “otro ángel,” o mensajero, que tiene “el evangelio eterno” (14:6). por
medio del cielo—Griego, “en el mediocielo,” a saber, en la parte del cielo donde el sol alcanza el meridiano: en tal
posición el águila es un objeto conspicuo a todos. los que moran en (sobre) la tierra—los impíos, “los del mundo,”
cuya “porción está en esta vida” y contra los cuales los mártires pidieron que se vengara su sangre (6:10). No que ellos
procuraran la venganza personal, sino que su celo era por el honor de Dios en contra de los enemigos de Dios y de su
Iglesia.
CAPITULO 9
EL QUINTO SONIDO DE LA TROMPETA: LA ESTRELLA CAIDA ABRE EL ABISMO DE DONDE SALEN LAS
LANGOSTAS. EL SONIDO DE LA SEXTA TROMPETA. SE SUELTAN LOS CUATRO ANGELES EN EL EUFRATES.
1. Las últimas tres trompetas de las siete se llaman, de los ayes (8:13). que cayó—Mejor, “caída,” o “que se había caído.”
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Así Juan la vió, caída, y no en el acto de caer. Este es el eslabón que relaciona esta quinta trompeta con el 12:8, 9, 12.
“¡Ay de los que moran en la tierra, porque el diablo ha descendido..!” Comp. Isaías 14:12, “¡Cómo caíste del cielo, oh Lucero,
hijo de la mañana!” pozo del abismo—el orificio del infierno, donde moran Satanás y sus demonios. 3. escerpiones de
la tierra—en contraste con las “langostas,” que suben del infierno, y no son de la tierra. tienen poder—es decir, para
picar. 4. no hiciesen daño, etc.—al alimento natural y ordinario de la langosta. Queda restringido sobrenaturalmente
su instinto natural para manifestar que el juicio es del todo divino. en sus frentes—Así queda probado que esta quinta
trompeta sigue después de la selladura bajo el sexto sello (cap. 7). Ningunos de los santos son dañados por estas
langostas, lo que no es el caso de los creyentes ante los ataques de Mahoma, que muchos creen que están
representados por las langostas; porque muchos de los fieles cayeron en las invasiones de la cristiandad por los
mahometanos. 5. cinco meses—el tiempo del año cuando ordinariamente la langosta destruye. Este y el versículo seis
no pueden referirse a un ejército invasor, pues an ejército mataría, y no atormentaría meramente. 6. huirá—Así dicen B,
la Vulgata, la Siríaca, y la Cóptica. Pero el A y Aleph tienen “huye,” huye continuamente. En el 6:16, en una época
posterior de los juicios de Dios, los impíos buscan el aniquilamiento, no a causa de sus tormentos y torturas, sino por
temor al rostro del Cordero delante del cual tienen que presentarse. 7. aparejados para la guerra—Comp. nota, Joel 2:4,
donde se traza la semejanza de las langostas a los caballos: las corazas del caballo preparado para la batalla son figura
en grado superior a la cáscara exterior de cicádidos. coronas—(Nahum 3:17.) Elliot explica esto de los turbantes de los
mahometanos. ¿Pero cómo podrían ser éstos “semejantes a oro”? Alford entiende que la cabeza de la langosta en
efecto termina en un filamento de materia dorada. como caras de hombres—lo que indica que langostas aquí no
significa hombres. Al mismo tiempo, no son langostas naturales, pues éstas no pican a los hombres (9:5). Deben ser
sobrenaturales. 8. cabellos de mujeres—largos y ondulantes. Un proverbio arábigo compara las antenas de langosta
con el cabello de las niñas. Ewald, en Alford, entiende que es alusión al pelo en las patas y cuerpos de las langostas:
compárese “langostas erizadas,” Jeremías 51:27. como dientes de leones—(Joel 1:6.) 9. como corazas de hierro—como
las que forman el tórax de la langosta natural. como … carros—(Joel 2:5–7.) batalla—Griego, “Guerra.” 10. su poder—
lit. “autoridad,” autorizadas para hacer daño. 11. Y—Así la versión siríaca; A, B, Aleph, omiten “y.” al ángel del
abismo—Satanás (9:1). Abaddon—eso es, la perdición o la destrucción (Job 26:6; Preverbios 27:20). Las langostas son
instrumentos sobrenaturales en las manos de Satanás para atormentar, pero no para matar, a los impíos, bajo esta
quinta trompeta. Así como en el caso del piadoso Job, se le permitió a Satanás atormentarlo con la sarna maligna, pero
no tocar su vida. En 9:20 estas dos trompetas de ayes se llaman expresamente “plagas.” Andreas de Cesárea, año 500,
en su comentario sobre Apocalipsis, dijo que las langostas significan espíritus malignos que tendrán permiso para salir
de nuevo a la tierra y afligir a los hombres con varias plagas. 12. Concordamos con De Burgh, Alford, etc., en que estas
langostas del abismo significan juicios que están por caer sobre los impíos inmediatamente antes del segundo
advenimiento de Cristo. No satisfacen ningunas de las interpretaciones que las tienen por pasadas. Joel 1:2–7; 2:1–11
es estrictamente paralelo, y se refiere expresamente “al día del Señor grande y muy terrible:” Joel 2:10 da los portentos
que acompañarán su venida, el temblor de la tierra y de los cielos, el retiro del sol, la luna y las estrellas; Joel 2:18, 31,
32 también señalan la liberación de Jerusalén que seguirá inmediatamente después: véase también el previo último
conflicto en el valle de Josafat, y la morada consiguiente de Dios en Sión, para bendecir a Judá. De Burgh limita el
juicio de las langostas a la tierra de Israel, así como los sellados del cap. 7 son israelitas: no que no haya otros sellados
como elegidos en la tierra, sino que estando limitado el juicio a Palestina, los sellados de Israel solos necesitaban ser
expresamente exceptuados de la visitación. Por tanto, él traduce en todo el pasaje “LA TIERRA” en sentido de le de
Israel y Judá. Parece acertado este parecer. 13. una voz—El griego, subraya el numeral una. De—Griego “de entre.” los
cuatro cuernos—A, la Vulgata (manuscrito Amiatino), la Cóptica, y la Siríaca, omiten “cuatro.” B y Cipriano lo tienen.
Los cuatro cuernos juntos dieron su voz, no voces diversas, sino una sola. La revelación de Dios (el evangelio), aunque
de aspecto cuádruple (cuatro expresa [PAG. 792] la extensión mundial: de ahí cuatro es el número de los evangelistas),
con todo tiene una y la misma voz. Sin embargo, por el paralelismo de esta sexta trompeta con el quinto sello (6:9, 10),
el clamor de los mártires, en demanda de la venganza, desde el altar, que alcanza su consumación bajo el sexto sello y
la sexta trompeta, yo prefiero entender que este clamor de los cuatro cuernos del altar se refiere a las súplicas de los
santos desde los cuatro cabos de la tierra, incensados por el ángel y que, ascendiendo a Dios desde el altar de incieso de
oro, hacen caer en consecuencia los juicios ardientes. Aleph omite toda la frase, “una desde los cuatro cuernos.” 14.
en—Griego, “sobre el río:” sobre la ribera. Eufrates (Comp. 16:12.) El río sobre el cual estaba Babilonia, antigua enemiga
del pueblo de Dios. Otra vez, sea desde la región literal del Eufrates, o desde la Babilonia espiritual (la Iglesia apóstata,
especialmente Roma), que saldrán cuatro ministros angélicos de los juicios de Dios, reuniendo un ejército de jinetes
por todos los cuatro cabos de la tierra, para matar la tercera parte de los hombres, el desastre de la visitación caerá
sobre Palestina. 15. que estaban aparejados—Griego, “que habían sido preparados.” para la hora, etc.—El artículo
griego puesto una vez sola indica que la hora del día, y el día del mes, y el mes del año, y el año mismo, habían sido
fijados definitivamente por Dios. El artículo hubiera sido omitido si se hubiese especificado una suma total de
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períodos, por ejemplo, 391 años y un mes (el período desde 1281, cuando los turcos vencieron primero a los cristianos,
hasta 1672, su última conquista, desde la cual fecha su imperio ha decaído). para matar—no meramente “dañar”
(9:10), como en la quinta trompeta. tercera parte—(Nota, 8:7–12.) de los hombres—terrenales (8:13), “los que moran
sobre la tierra,” a diferencia del pueblo sellado de Dios (del cual los sellados de Israel forman el núcleo, cap. 7). 16.
Comp. con los 200.000.000, Salmo 68:17; Daniel 7:10. Las huestes aquí no son, por sus números y su apariencia (9:17),
huestes meramente humanas, sino probablemente infernales, si bien constreñidos a desarrollar la voluntad de Dios
(Comp. el 9:1, 2). Y oí—A, B, Aleph, la Vulgata, la Siriaca, la Cóptica y Cipriano omiten la conjunción “y”. 17. así—en la
siguiente manera. de fuego—el color encendido de sus corazas corresponde al fuego que salía de la boca de ellos. de
jacinto—lit., “de color de jacinto”, el azul oscuro de las liliáceas: así sus corazas corresponderían en color al humo que
salía de las bocas de ellos. Asimismo el color sulfúreo correspondería al azufre que salía de las bocas. 18. De estas tres—
Griego, “desde estas tres <” que significa la procedencia, más bien que la instrumentalidad de la matanza. 19. su
poder—A, B, C, Aleph, dicen, “el poder de los caballos.” en su boca—de donde salían fuego, humo y azufre (9:17).
Muchos intérpretes entienden que los jinetes son los millares de caballería turca uniformados de color escarlata, azul y
amarillo (fuego, jacinto y azufre), los caballos de cabezas de león que significan invencible coraje, y el fueqo y el azufre que
salían de sus bocas, la pólvora y la artillería introducidas a Europa a esta sazón y empleadas por los turcos; las colas
como de serpientes, de picadura venenosa, la falsa religión de Mahoma que suplantaba al cristianismo, o como piensa
Ellicott, las colas de caballo que llevaban los bajáes turcos como símbolos de autoridad. (!) Todo este es muy dudoso.
Cotejándose esta sexta trompeta con el paralelo del sexto sello, queda la probabilidad de que estos eventos deben
preceder inmediatamente a la venida del Señor. “El falso profeta” (como lo comprueba Isaías 9:15), o la segunda
bestia, que tiene los cuernos de cordero pero habla como el dragón, es lo que parece significar. Mahoma, sin duda, es
precursor de él, pero no es el que cumpla plenamente esta profecía: Satanás probablemente, hacia el fin, sacará todas
las fuerzas del infierno para el último conflicto (Nota, “demonios,” 9:20; con el 9:1, 2, 17, 18). 20. los otros hombres—a
saber, los impíos. aun—así rezan A, la Vulgata, la Siríaca, y la Cóptica. B. y Aleph dicen, “Ni se arrepintieron de <”
como para abandonar “las obras <” Como Faraón, que endureció la cerviz contra el arrepentimiento, no obstante las
plagas. de sus manos—(Deuteronomio 31:29.) Especialmente los ídolos hechos por las manos de ellos. Comp. 13:14, 15, “la
imagen de la bestia;” 19:20. para que no adorasen—Así dice el manuscrito B; pero A, C, Aleph dicen, “< no
adorarán;” lo que expresa la certeza del cumplimiento de la profecía. demonios—los cuales acechan debajo de los
ídolos adorados. 21. hechicerías—sortilegios, por medio de drogas (así de los griegos). Una de las obras de la carne: el
pecado de los gentiles: que está por ser repetido por los cristianos apóstatas en los últimos días (22:15). Los paganos,
que hayan rechazado el evangelio ofrecido, apegado a sus concupiscencias carnales, y los cristianos apóstatas que
hayan caído en los mismos pecados, participarán de los mismos terribles juicios. El culto a las imágenes fué
establecido en el Oriente en el año 842 d. de C. su fornicación—en singular: mientras que los demás pecados están en
el plural. Los demás pecados se cometen ocasionalmente: aquellos que carecen de la pureza de corazón se entregan a
una perpetua fornicación. [Bengel.]
CAPITULO 10
LA VISION DEL LIBRITO. Como se introdujo un episodio entre el sexto y el séptimo sellos, así hay uno aquí
(10:1–11:14) después de la sexta trompeta e introductivo de la séptima (11:15), que forma la gran consumación. La
Iglesia y su fortuna son el tema de este episodio: como los juicios sobre los incrédulos habitantes de la tierra eran el tema
de las trompetas quinta y sexta. El 6:11 está claramente referido en el 10:6: allí a los mártires que reclaman la venganza
se les dice que deben reposar “aun un poco de tiempo:” aquí (10:6) se les asegura que no habrá más tiempo, plazo de
espera: sus oraciones no tendrán que esperar ya la contestación, sino que al sonido de la trompeta del séptimo ángel,
también será consumado el misterio de Dios (su majestuoso plan hasta ahora escondido, pero para ser revelado
entonces). El librito abierto le es dado a Juan por el ángel con la orden (10:12, 9, 10, 11) de que debe otra vez profetizar
sobre (acerca de, así el qrieqo) pueblos, naciones, lenguas y reyes: la cual profecía afecta (según parece en el cap. 11) a
aquellos pueblos, naciones, lenquas y reves sólo en relación con ISRAEL Y LA IGLESIA, principales objetos de la profecía.
1. otro ángel fuerte—A diferencia del otro ángel fuerte que hizo la pregunta [PAG. 793] (5:2) sobre el más comprensivo
libro anterior: “¿Quién es digno de abrir el libro?” cercado de una nube—vestido de autoridad, emblema del
inminente juicio de Dios. el arco celeste—el ya mencionado (4:3), emblema de la misericordia del pacto para el pueblo
de Dios, en medio de los juicios de Dios sobre sus enemigos. Resumido del 4:3 (cf. Nota). rostro … como el sol—(1:16;
18:1.) pies como columnas de fuego—(1:15; Ezequiel 1:7.) El ángel, como representante de Cristo, refleja su gloria, y
lleva la insignia atribuída (1:15, 16; 4:3) a Cristo mismo. La columna de fuego de noche guió a Israel al través del
desierto, y era el símbolo de la presencia de Dios. 2. en su mano—en la izquierda: pues en el 10:5 “levantó su diestra
(así el griego) al cielo.” un librito—Un rollo pequeño en comparación con el “libro” (5:1) que contenía todo el vasto plan
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de los propósitos de Dios, que no debía ser leído en pleno hasta su final consumación. Este, un libro más pequeño,
contenía sólo una porción, la que Juan debía ahora hacer suya (10:9, 11) y usar luego para profetizar a otros. El Nuevo
Testamento empieza con la palabra “libro” (Griego, biblos), de la que “librito” (Griego, biblaridion) es la forma
diminutiva, “La Biblia pequeña,” la Biblia en miniatura. sobre la mar … tierra—aunque la bestia con las siete cabezas
está por ascender de la mar (13:1), y la bestia con los dos cuernos como de cordero (13:11), de la tierra, si bien por un
paco de tiempo, y ese tiempo ya no será más (10:6, 7) cuando una vez la séptima trompeta esté por sonar; el ángel que tiene el
pie derecho sobre la mar y el izquierdo sobre la tierra reclama aquélla y ésta como propiedad de Dios, las que pronto
serán libertadas del usurpador y de sus seguidores. 3. como … león—Cristo, a quien representa este ángel, está
muchas veces simbolizado así (5:5, “el León de la tribu de Judá). siete truenos—Griego, “los siete truenos.” Estos
forman parte del simbolismo apocalíptico, y por tanto están señalados por el artículo como bien conocidos. Así los
truenos marcan la apertura del séptimo sello (8:1, 5); asimismo de la séptima copa (16:17, 18). Words‐worth lo llama el
uso profético del artículo: “los truenos, de los que volveremos a oir más adelante.” Su sentido completo sólo se conocerá
en la gran consumación señalada por el 70. sello, la 7a. trompeta (11:19), y la 7a. copa. hablaron sus voces—voces
peculiarmente suyas, y aun no reveladas a los hombres. 4. sus voces—Omitidas por A, B, C, Aleph. sella—Comp. la
contraorden en el 22:10. Aunque en el tiempo del fin las cosas selladas en el tiempo de Daniel habían de ser reveladas, no
así las voces de estos truenos. Aunque Juan las oyó, no debían ser transmitidas a otros en este libro de Revelación; tan
terribles son que Dios en misericordia las retiene, puesto que “basta al día su afán”. Los piadosos son guardados así
de ponderaciones morbosas de males futuros; y los impíos no son llevados por la desesperación a la vida
desenfrenada. Alford agrega otro motivo de su retención, a saber, “el temor reverencial, puesto que no se acabaron las
saetas del carcaj de Dios.” Además de los terrores predichos, hay otros indecibles y más horrorosos que quedan en el
fondo del cuadro. 5. levantó su mano—Así el A y la Vulgata: B, C, Aleph, la Siríaca, la Cóptica, dicen: “< la (su)
diestra.” Era costumbre levantar la mano hacia el cielo, invocando al Dios de la verdad, al darse un juramento. Hay en
esta parte de la visión una alusión a Daniel 12. Comp. 10:4 con Daniel 12:4, 9; y 10:5, 6 con Daniel 12:7. En Daniel el
ángel vestido de lino y estando sobre las aguas, juró que “un tiempo, tiempos y la mitad de no tiempo” habían de
intervenir antes de la consumación; aquí, al contrario, el ángel estando con el pie izquierdo sobre la tierra y el derecho
sobre la mar, jura que “ya no habrá más tiempo (plazo).” Allí levantó las dos manos al cielo; aquí tiene el librito ahora
abierto (en Daniel el libro está cerrado) en la izquierda (10:2), y por tanto sólo levanta la derecha hacia el cielo. 6. para siempre
jamás—Griego, “para los siglos de los siglos” (Comp. Daniel 12:7). ha criado el cielo … tierra … mar—Esta
designación detallada de la creación de Dios es propia del tema del juramento del ángel, a saber, la consumación del
misterio de Dios (10:7), que de seguro será llevado a cabo por el mismo todopoderoso que creó todas las cosas, y por
él solo. el tiempo no será más—El griego: “que tiempo (plazo) ya no habrá m{s.” Los mártires no tendrán más espera
para la realización de sus oraciones por la expurgación de la tierra mediante los juicios de Dios, que quitarán de ella a
los enemigos de ellos y de Dios (6:11). El período, o plazo de espera, llega a su fin (el mismo vocablo griego, chronos,
6:11). No se expresa el tiempo en contraste con la eternidad. 7. Pero—conjunción consecutiva en este caso. será
consumado—A, C, Aleph, y Cóptica dicen “acabó,” tiempo pretérito; B lleva el futuro (11:15–18). ¡Cuán dulce consuelo
para los santos que esperan! Sonará la séptima trompeta sin más demora. el misterio de Dios—El tema del “librito,” y
también del resto del Apocalipsis. ¡Cuán grande es el contraste con “el misterio de la iniquidad—Babilonia”! El
misterio del plan de Dios acerca de la redención, una vez escondido en los consejos secretos de Dios, y débilmente
prefigurado en los tipos y profecías, pero ahora cada vez más claramente revelado conforme ve desarrollándose el
reino evangélico, hasta alcanzar su plena y perfecta consumación al fin. Entonces, finalmente, sus siervos le alabarán
con perfección, por la gloriosa consumación del misterio, cuando haya tomado para sí y para sus santos el reino tan
largo tiempo usurpado por Satanás y por la gente impía. De modo que este versículo está en anticipación del 11:15–18.
como lo anunció—Griego, “como evangelizó,” “El misterio de Dios” es el evangelio de los bienes, de las buenas nuevas. El
oficio del profeta es recibir las buenas nuevas de Dios, a fin de declararlas a los demás. La gran consumación es el gran
tema del evangelio anunciado a los profetas y por los profetas (Gálatas 3:8). 8. hablaba … y decía—Así la Siríaca y la
Cóptica; pero A, B, C, “(Oí) otra vez la voz hablándome y diciendo <” el librito—Así dicen Aleph y B; pero A y C
tienen “el libro.” 9. Griego, “me fuí” (apelthon). Juan se aparta del cielo, su punto de observación hasta ahora, para
acercarse al ángel, que está sobre la mar y la tierra. que me diese—Así A, B, C, y Vulgata: no, “dame.” trágalo—
Aprópiate el contenido tan completamente como para asimilarlo (cual comida) y hacerlo encarnar en ti, de modo de
poder impartirlo más vívidamente a otros. Halló el rollo dulce a su gusto, primero porque es la voluntad de Dios lo
que está haciendo, y porque despojándose del sentir carnal, tuvo por agradable [PAG. 794] siempre la voluntad de
Dios, por amargo que pudiera ser el mensaje de juicio que debía anunciar. Véase el Salmo 40:8, marginal, referente a la
completa apropiación íntima hecha por Cristo de la palabra de Dios. amargar tu vientre—Paralelo de Ezequiel 2:10,
“Había escritas en él endechas, y lamentaciones, y ayes.” como miel—(Salmo 19:10; 119:103.) La miel, dulce a la boca,
a veces se torna en bilis en el estómago. El pensamiento de que Dios sería glorificado (11:3–6, 11–18) le dió el placer
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más dulce. Sin embargo, luego el vientre, o su natural sentir carnal, fué amargado de tristeza por la profecía de las
amargas persecuciones que venían sobre la Iglesia (11:7–10), comp. Juan 16:1, 2. La revelación de los secretos del futuro
es dulce al principio, pero amarga y desabrida cuando se tiene en cuenta la cruz que se debe llevar antes de ganar la
corona. Juan se lamentaba de la apostasía venidera y de los padecimientos de la Iglesia a manos del Anticristo. 10. el
librito—Así A, y C; pero B, Aleph, y la Vulgata, dicen “el libro.” fue amargo—Griego, “se amargo.” 11. me dice—A, B,
y Vulgata dicen “me dicen;” expresión impersonal, por “me fué dicho,” o “se me dice.” Necesario—“Te es necesario:”
la obligación reposa sobre ti como el siervo de Dios, de profetizar a la orden de él. otra vez—como ya hiciste en la
primera parte de este libro del Apocalipsis. a muchos—Más bien como el griego, “acerca de muchos <” es decir, en su
relación con la Iglesia. El comerse el libro, como en el caso de Ezequiel, marca la inauguración de Juan en su oficio
profético—aquí a una nueva etapa del mismo, a saber, la revelación de las cosas que sobrevendrán a la santa ciudad y
a la Iglesia de Dios—el tema del resto del libro.
CAPITULO 11
LA MEDICION DEL TEMPLO. EL TESTIMONIO DE LOS DOS TESTIGOS: SU MUERTE, RESURRECCION Y
ASCENSION: EL TERREMOTO: EL TERCER AY: LA SEPTIMA TROMPETA INTRODUCE EL REINO DE CRISTO.
HACIMIENTO DE GRACIAS DE LOS VEINTICUATRO ANCIANOS. Este capítulo once es un resumen compendioso
y, a la vez, una introducción de las profecías más detalladas acerca de los eventos futuros de los capítulos doce al
veinte. Por eso hallamos alusiones anticipadas a las profecías subsecuentes; comp. 11:7, “la bestia que sube del abismo”
(no mencionada antes), con los detalles del 13:1–11; 17:8; también el 11:8, “la gran ciudad,” con el 14:8; 17:1, 5; 18:10. 1.
una caña—el canon de la Escritura, la vara de medida de la Iglesia, nuestra regla de fe, habla. 1. y se me dijo—
Traducción literal, “Me fué dada una caña < diciendo” (que decía)”. Así entiende Wordsworth. Así en 16:7 el altar se
personifica. El Espíritu habla en el canon de la Escritura (la palabra canon se deriva del hebreo kaneh, “una caña,”
vocablo aquí usado; y Juan fué quien terminó el canon). Así Victorino, Aquiras y Vitringa. semejante a una vara—a
saber, derecha: como la vara de hierro (2:27), inflexible, que destruye todo error y que “no puede ser quebrada.” 2:27;
Hebreos 1:8, griego, “vara de rectitud;” esto se dice para que no se piense que era una “vara meneada por el viento.” El
estilo abrupto del Apocalipsis puede permitir el indefinido, “se me decía.” Con todo, el parecer de Wordsworth
concuerda mejor con el griego. Asímismo el del antiguo comentador, Andreas de Cesárea, a fines del siglo cinco (Nota,
11:3, 4). el templo—El griego naous (distinto de hieron, o templo en general), el lugar santo, “el santuario.” el altar—del
incienso; porque éste solo estaba en el santuario (naous). La mensura del lugar santo me parece estar paralela con la
selladura de los elegidos de Israel bajo el sexto sello. Los elegidos de Dios son simbolizados por el santuario de
Jerusalén (1 Corintios 3:16, 17, donde ocurre, como aquí el mismo vocablo griego naos, templo). El Israel literal con el
templo restaurado (Ezequiel 40:3, 5, donde también el templo es medido con la caña medidora, 41, 42, 43, 44.), estará a
la cabeza de la electa Iglesia. La mensuración denota en seguida la exactitud de las proporciones del templo que iba a
ser restaurado, y la completación determinada del número de los israelitas y de los gentiles elegidos. El templo literal
de Jerusalén será el precursor típico de la Jerusalén celestial, donde el todo será templo, y ninguna porción será
exclusivamente apartada como el templo. El trazamiento acertado practicado por Juan en capítulos subsecuentes de la
distinción entre los siervos de Dios y los que llevan la marca de la bestia, es su manera de cumplir la orden dada aquí
de medir el templo. El hecho de que se distingue el templo de los que en él adoran, favorece la opinión de que no se
significa el templo espiritual, o sea la Iglesia de judíos y de cristianos, sino más bien el templo literal. Será reedificado
con el retorno de los judíos a su tierra. Allí expondrá el Anticristo sus blasfemas arrogaciones. Sólo los elegidos
sellados de Israel, la cabeza de la Iglesia elegida, rechazarán aquellas pretensiones. Estos constituirán el verdadero
santuario que aquí es medido, eso es, correctamente señalados y guardados por Dios, mientras que los demás cederán
a las pretensiones del maligno. Objeta Words‐worth el que en los veinticinco pasajes de Los Hechos donde se
menciona el templo judío, se llama siempre hieron, y no naos; asimismo en las Espístolas; pero esto es sencillamente
porque no hay ocasión en Los Hechos y las Epístolas para mencionar el literal lugar santo (naos); en efecto, en Hechos
7:48, ocurre el término naos, si bien no se refiere directamente al lugar santo del templo de Jerusalén. Cuando se
hablaba a los cristianos gentiles, que no conocían los detalles del templo de Jerusalén, era de esperar el uso del
término naos, pero en el sentido espiritual. En el 11:19 se emples naos en el sentido local; véase también en 14:15, 17;
15:5, 8. 2. patio … fuera—todo lo de fuera, todo menos el lugar santo. no lo midas—El pronombre es erfático; no ha de
ser medido; “échalo fuera,” como profanado. es dado—Por la orden de Dios. a los Gentiles—En sentido más amplio,
significa “los tiempos de los gentiles,” cuando Jerusalén será “hollada de las gentes,” como lo prueba el paralelo de
Lucas 21:24, donde se usa la misma palabra (griego patein). cuarenta y dos meses—(13:5.) El mismo plazo de Daniel,
“tiempo, y tiempos, y la mitad de un tiempo” (12:14): y en 12:6, la mujer anduvo fugitiva en el desierto “mil
doscientos sesenta días.” En sentido más amplio, podemos o adoptar la teoría de un año por día, que da 1260 años
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(sobre el cual, y el reinado papal de 1260 años, véanse mis notas, Daniel 7:25; 8:14; 12:11), [PAG. 795] o bien tomar los
2300 días (Daniel 8:14), los 1335 días (Daniel 12:11, 12), 1290 días, y 1260 días, simbólicamente por el largo período de
los tiempos de los gentiles, fechándose desde la subersión de la teocracia judaica en el cautiverio babilónico (el reino
nunca fué restablecido a Israel desde entonces.), o desde la última destrucción de Jerusalén por Tito, y extendiéndose
hasta la restauración de la teocracia con la venida de Aquel “cuyo derecho es;” los diferentes períodos nunca se
entenderán claramente antes de la gran consumación: pero mientras tanto, nuestro deber y privilegio nos urgen a
investigarlos. Alguno de los períodos explicados por muchos puede ser el verdadero, pero hasta ahora no está
asegurado. Los tiempos de las monarquías gentiles, mientras Israel es castigado siete veces, serán en sentido
restringido (11:2), sucedidos por los tiempos mucho más limitados de la tiranía en la Tierra Santa del personal
Anticristo. Los largos años del mal gobierno papal serán seguidos acaso por el corto período del hombre de pecado,
quien reconcentrará en sí toda la apostasía y la maldad de los varios anticristos precursores, Antíoco, Mahoma, el
papado, un poco antes del advenimiento de Cristo. En su tiempo se hará LA RECAPITULACION y la visible
consumación del “misterio de la iniquidad”, que tanto tiempo ha leuda al mundo. Las iglesias que testifican podrán
ser seguidas por los individuos que testifiquen, aquéllas durante el período mayor, éstos durante el más breve. Los
tres y medio (los 1260 días siendo tres años y medio de 360 días cada uno, tiempo durante el cual pofetizarán los dos
testigos vestidos de saco) forman la mitad del sagrado número siete, lo que denota que el poder mundial del Anticristo
a más y mejor es quebrantado; correponde al período (tres años y medio) cuando Cristo testificó de la verdad,
rechazado por su propio pueblo, y crucificado por el pagano poder imperial (Daniel 9:27). Señala, en fin, el tiempo
cuando el reino terrenal domina sobre el celestial. De la misma duración es la holladura por Antíoco del templo y de
la persecución de los israelitas fieles. La resurrección de los dos testigos después de tres días y medio corresponde a la
resurrección de Cristo después de tres días. Los tiempos del poder mundial nunca alcanzaron la sagrada plenitud de
las siete veces 360, o sea, 2520, aunque se aproximaron a ella en los 2300 (Daniel 8:14). Los cuarenta y dos meses
corresponden a las cuarenta y dos jornadas de Israel (Números 33:1–50) en el desierto, en contraste con el reposo
sabático en Canaán; lo que hace recordar a la Iglesia que aquí, en el desierto que es este mundo, no puede esperar su
descanso sabático. También, fué por tres años y medio que se cerraron los cielos y sobrevino el hambre en días de
Elías. Representa, pues, a los cristianos la idea de fatigas, peregrinajes, y persecuciones. 3. daré—autoridad, o la orden.
a mis dos testigos—“Los dos testigos míos:” el artículo denota que eran bien conocidos al menos a Juan.
profetizarán—predicarán bajo la inspiración del Espíritu, anunciando juicios en contra de los apóstatas. Se los
describe como “los dos olivos, y “los dos candeleros que están delante del Dios de la tierra”. La referencia es a Zacarías
4:3, 12, donde se significa dos individuos, Josué y Zerubabel, que sirvieron a la Iglesia Judaica, así como los dos olivos
que se vaciaron de su aceite para llenar el depósito del candelero. Así pues en la apostasía final Dios levantará a dos
testigos inspirados para que animen y consuelen a los afligidos del remanente sellado. Como son dos los candeleros
aquí mencionados, y uno solo en Zacarías 4., paréceme que podrán significar la Iglesia doble, judaica y gentil,
representada por los dos testigos: así como en el capítulo 7 se describe primero a los sellados de Israel, luego a los de
todas las naciones. Mas véase Nota, 11:4. Las acciones de los dos testigos son precisamente las de Moisés, cuando
testificó por Dios contra Faraón (tipo del Anticristo, el último y el mayor enemigo de Israel), tornando las aguas en
sangre, e hiriendo con plagas; y las de Elías (testigo de Dios durante una apostasía de Israel casi universal—restando los
70000, sin embargo, como los 144.000 sellados, 7:4), que por su palabra hizo que el fuego devorara al enemigo, y cerró los
cielos para que no lloviera por tres años y seis meses, igual tiempo (1260 días) en que profetizaron los dos testigos. Además,
las palabras “testigo” y “profetizar” comúnmente se aplican a individuos, no a abstracciones (Salmo 52:8). De Burgh
cree que Elías y Moisés volverán a aparecer, como Malaquías 4:5, 6 parece enseñar (véase Mateo 17:11; Hechos 3:21).
Moisés y Elías aparecieron con Cristo en la transfiguración la que prefiguró el futuro reino milenario. En cuanto a
Moisés, véase Deuteronomio 34:5, 6; Judas 9. El genio y modo de proceder de Elías llevan la misma relación con la
segunda venida de Cristo que los de Juan el Bautista llevaron con la primera venida. [Bengel.] Muchos de la Iglesia
primitiva creyeron que los dos testigos eran Enoc y Elías. Esto evitaría la dificultad de que murieran ellos dos veces,
porque éstos nunca murieron; pero acaso serán los testigos muertos. Con todo, la conversión del agua en sangre, y las
plagas (11:6), se aplican mejor a Moisés que a Enoc (comp. el 15:3, “el cántico de Moisés”). La gloria de Moisés y Elías en
la transfiguración no era su permanente estado de resucitados, el que no será hasta que Cristo venga para glorificar a
sus santos, porque él solo es primicias de los que durmieron. Una objeción a esta interpretación es que aquellos dos
siervos bienaventurados de Dios tendrían que someterse a la muerte, y Moisés por segunda vez, lo que es negado por
Hebreos 9:27. Véase mi Nota, Zacarías 4:11, 12. sobre los dos testigos, que corresponden a “los dos olivos.” Estos son
medios de proveer el aceite para alimentar a la Iglesia, y símbolos de paz. El Espíritu Santo es el aceite en ellos. Los
testigos de Cristo, en los notables tiempos de la historia de la Iglesia, aparecieron generalmente en pares: como Moisés
y Aarón, las autoridades civil y espiritual; Caleb y Josué; Ezequiel sacerdote y Daniel profeta; Zerubabel y Josué. de
sacos—El género de vestir de los profetas, especialmente cuando llamaban al pueblo a contrición y arrepentimiento.
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Su mismo aspecto exterior concordaba con sus enseñanzas: así Elías, y Juan, que vino en el espíritu y poder de él. El
saco de los dos testigos es una palabra clave que liga este episodio con la sexta trompeta, y con el sexto sello, cuando el
sol se vuelve negro como saco de cilicio (en justa retribución sobre los apóstatas, que rechazaron a los testigos de Dios.
6:12). 4. delante del Dios de la tierra—A, B, C, la Vulgata, la Siríaca, la Cóptica, y Andreas dicen: “Señor [PAG. 796] por
“Dios:” así Zacarías 4:14. Sirviéndole (Lucas 1:19), y como delante de los ojos de él, desconocido por gran parte de la
tierra ahora, pero siendo al Rey de ella por derecho, y pronto a ser reconocido como tal abiertamente (11:15). La frase
alude a Zacarías 4:10, 14, “los dos ungidos que están delante del Señor de la tierra.” El artículo “los” indica la alusión.
Son “los dos candeleros,” no que sean la Iglesia, sino como luminares representativos (Filipenses 2:15) de ella, y
ministros de consuelo en tiempo de apostasía. Vale la pena considerar la opinión de Worsworth, si acaso constituye
un sentido secundario: los dos testigos, los dos olivos, son LOS DOS TESTAMENTOS que administran su testimonio a la
Iglesia de la antigua dispensación así como a la de la nueva, lo que explica que los dos testigos son llamados también
los dos candeleros (las Iglesias del Antiguo y Nuevo Testamentos: el candelero en Zacarías 4. es uno solo, como entonces
había una sola Iglesia, la judaica. La Iglesia en ambas dispensaciones no tiene luz en sí, sino que la deriva del Espíritu
por medio del testimonio de la palabra doble, los dos olivos: comp. el 11:1 (Nota), relacionado con éste, la caña, el canon
de la Escritura, siendo la medida de la Iglesia: así Primasius X., pág. 314: los dos testigos predican en paño de cilicio,
en señal del trato ignominioso que la palabra, como Cristo mismo, recibe en el mundo. Así los veinticuatro ancianos
representan a los ministros de las dos dispensaciones por el doble de doce. Pero el 11:7 prueba que los dos
testamentos en primer orden no pueden ser lo que se significa; porque éstos nunca serán “muertos”, ni “acabarán su
testimonio” hasta que el mundo acabe. 5. sale fuego—No literalmente, sino que Dios hace que las denunciaciones de
juicios de ellos se verifiquen y devoren (Jeremías 5:14; 23:29) a sus enemigos. quisiere hacer daño—Dos veces repetido,
para marcar la certeza inmediata de la realización. así muerto—así, de la misma manera que él trate de dañarlos (véase
13:10). Retribución en especie. 6. potestad—“poder autorizado.” no llueva—lit., “no llueva agua,” no riegue la tierra. 7.
acabado su testimonio—El mismo verbo se emplea por Pablo acerca de la terminación de su ministerio con la muerte
violenta. bestia que sube—Esta bestia (Griego, bestia salvaje, fiera) no se mencionó antes, porque ya estaba descrita
por Daniel (7:3, 11), y ha de serlo en pleno más adelante (13:1; 17:8). Así, Juan de una vez se apropia las profecías del
Antiguo Testamento; y también, mirando todo el tema de un golpe de vista, menciona como conocidos (aunque no lo
sean al lector) objetos que describirá él mismo después. Es una prueba de la unidad que atraviesa toda la Escritura.
hará guerra contra ellos—Alusión a Daniel 7:21, donde se dice lo mismo del pequeño cuerno, que brotó entre los diez
cuernos de la cuarta bestia. 8. sus cuerpos—Así la Vulgata, la Siríaca y Andreas pero A, B, C, los manuscritos más
antiguos, y la Cóptica dicen en singular, “el cuerpo de ellos.” Los dos caídos por una sola causa son considerados como
uno. la grande ciudad—Ocho veces en otras partes del Apocalipsis aplicada a BABILONIA (14:8; 16:19; 17:18; 18:10,
16, 18, 19, 21). El 21:10 no es excepción, referente a la nueva Jerusalén, pues los manuscritos más antiguos omiten las
palabras anexas, “la grande.” Debe tener, pues, una referencia anticipada a la Babilonia mística. que—mejor “la cual,”
conforme al griego. espiritualmente—en sentido espiritual. Sodoma—El mismo término aplicado por Isaías 1:10 a la
Jerusalén apóstata (comp. Ezeq. 16:48). Egipto—La nación, apoyarse en la cual era el pecado tentador de los judíos.
donde … Señor fué crucificado—Esto identifica a la ciudad por Jerusalén, aunque el Señor fué crucificado fuera de la
ciudad. Eusebio menciona el hecho de que el escenario de la crucificción fué incluído dentro de la ciudad por
Constantino; así lo será también probablemente en la fecha cuando los dos testigos sean muertos. La bestia (por
ejemplo, Napoleón y los esfuerzos de Francia) hace mucho que lucha por conseguir bases en Palestina; después de su
ascenso desde el abismo, sus luchas se acrecentarán mucho más. [Bengel.] Alguno de la dinastía napoleónica puede
ser que obtenga una base allí, y que hasta sea tenido por Mesías por los judíos, en virtud de restaurarles él la patria, y
que resulte así ser el último anticristo. La dificultad es: ¿cómo puede llamarse a Jerusalén “la grande ciudad,” es decir,
Babilonia? Por llegar a ser ella la capital mundial de la apostasía idolátrica, de la misma manera que Babilonia lo fué, y
luego Roma lo ha sido; así como se le llama también “Sodoma y Egipto.” también nuestro—A, B, C, Orígenes,
Andreas, etc., dicen “También su Señor.” Donde el Señor de ellos, así como ellos, fué muerto. Véase 18:24, donde la
sangre de todos los muertos en la tierra se dice hallada EN BABILONIA así como en Mateo 23:35, Jesús dice que “sobre
los judíos y Jerusalén” vendrá TODA la sangre justa vertida sobre la tierra;” de donde sigue que Jerusalén será la
última capital de la apostasía mundial, y recibirá así la última y la peor visitación de todos los juicios jamás infligidos
al mundo apóstata, las arras de la cual les fueron dadas en la destrucción de Jerusalén por los romanos. En el sentido
más amplio, en el período histórico eclesiástico, la Iglesia siendo el santuario, todo lo exterior a ella es el mundo, la
grande ciudad, donde el martirio de todos los santos tuvo lugar. Babilonia tipifica su idolatría, Egipto su tiranía, Sodoma
su honda corrupción, Jerusalén sus pretensiones de la santidad en base a los privilegios espirituales, mientras que es
siempre la que mata a Cristo en la persona de sus miembros. Todo lo cual es exacto referente a Roma. Así Vitringa.
Pero en el sentido más definido, Jerusalén es tenida, aun en Hebreos (13:12–14), por la ciudad mundial, de donde los
entonces creyentes debían de salir, a fin de buscar la venidera. 9. los—Más bien, “algunos (tácito) de los pueblos y linajes
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<,” el orden del griego. linajes—Griego, “tribus;” todos salvo los elegidos (por eso no se dice los pueblos, sino algunos
de los pueblos; o bien la idea partitiva puede referirse a individuos de las naciones, etc., que entonces hayan de tener la
posesión de Palestina y Jerusalén). verán—Así la Vulgata, la Siríaca y la Cóptica; pero A, B, C, Andreas, dicen en
presente: “Ven;” o mejor, “Miran.” El presente profético. los cuerpos—Así la Vulgata, la Siríaca, Andreas; pero A, B, C,
la Cóptica, en singular, como en el 11:8, “el cuerpo de ellos.” Los tres días y medio corresponden a los tres años y
medio (Notas, 11:2, 3), la mitad de siete, el número pleno y perfecto. no permitirán—Así B, la Siríaca, la Cóptica y
Andreas; [PAG. 797] pero A, C, y la Vulgata dicen, “no permiten.” en sepulcros—Así la Vulgata y Primarius; pero B, C,
la Siríaca, la Cóptica, y Andreas en el singular, “en un sepulcro,” lit., en un monumento. De consiguiente, en justa
retribución, la carne de las anticristianas huestes no es enterrada, sino dada a las aves del cielo (19:17, 18, 21). 10. los
moradores—los que pertenecen a la tierra, como ciudadanos de ella, no al cielo (3:10; 8:13; 12:12; 13:8). se gozarán—
Así la Vulgata, la Siríaca y la Cóptica; pero A, B, C, dicen el presente; véase sobre “no permitirán,” sobre ellos—El
anticristianismo de los últimos días probablemente estará bajo el nombre de la iluminación filosófica y de la
civilización, pero en realidad será la deificación hecha por el hombre de sí mismo. El fanatismo llevará a los
seguidores del anticristo a festejar el hecho de haber sido silenciados aparentemente en la muerte sus reprochadores
cristianos. Como el Señor de ella, la Iglesia tendrá su funesta semana de pasión, seguida por la hermosa mañana de la
resurrección. Es una curiosa coincidencia histórica que, en el quinto Concilio Laterano, el 5 de mayo de 1514, ningún
testigo (ni aun los moravos, que fueron citados) testificó en favor de la verdad, como lo habían hecho Hus y Jerónimo
en Constanza; un orador ocupó la tribuna ante los representantes de la cristiandad papal, y dijo: “No hay quien
reclame, quien he oponga” Lutero, el 31 de octubre de 1517, precisamente tres años y medio después, clavó sus
famosas tesis en la iglesia de Wittemberg. Se objeta que los años son de 365 días, no de 360 y que así faltan dos días y
medio; pero con todo la coincidencia es curiosa; y si se le permite a esta profecía otros cumplimientos que el final y
literal, es razonable que éste sea tenido por uno de ellos. atormentado—a saber, con las plagas que tuvieron el poder
de infligir (11:5, 6); también por su testimonio en contra de los mundanos. 11. después <—Tradúzcase como el griego,
“Después de los tres días <” el espíritu de vida—el mismo que alentó la vida en los huesos secos de Israel, Ezequiel
37:10 (véase mi Nota allí), “y entró espíritu en ellos.” El texto aquí, como allí, se relaciona íntimamente con la
restauración de Israel como nación a la vida política y religiosa. Véase también sobre lo mismo, Oseas 6:2, donde
Efraín dice, “Darános vida después de dos días: al tercer día nos resucitará, y viviremos delante de él.” se alzaron sobre
sus pies—las palabras idénticas de Ezequiel 37:10, lo que prueba que la alusión es a la resurrección de Israel, en
contraste con “los tiempos de los gentiles,” cuando “es hollada la santa Ciudad.” gran temor—como el que cayó sobre
los soldados que guardaban la tumba de Cristo cuando resucitó (Mateo 28:4), cuando hubo también gran terremoto.
12. oyeron—Así A, C, y la Vulgata; pero B, la Cóptica, la Siríaca y Andreas dicen “Oí”. en una nube—Griego, “en la
nube;” lo que puede ser meramente la expresión por lo que bien conocemos, como solemos decir “las nubes.” Pero yo
prefiero tomar el artículo por alusión definida a LA nube que recibió a Jesús en su ascensión (Hechos 1:9, donde no
hay artículo, pues no hay alusión a nube anterior como es el caso presente). Como ellos se asemejaban a él en sus tres
años y medio de testimonio, sus tres días y medio de yacer muertos (no precisamente por el mismo tiempo, ni fueron
enterrados. como él) así también en su ascensión es el traslado y transfiguración de los sellados de Israel, y los
elegidos de todas las naciones, arrebatados fuera del poder del enemigo anticristiano. sus enemigos los vieron—y
fueron así abiertamente reprochados por su incredulidad y por la persecución de los fieles; a diferencia de la
ascensión de Elías, a la vista de amigos solamente. La Iglesia arrebatada al encuentro del Señor en el aire, y
transfigurada en cuerpo, es justificada delante del mundo por su Señor, así como el hijo varón (Jesús) fué “arrebatado a
Dios y al trono” de delante del dragón que estaba esperando para devorar al niño una vez nacido. 13. gran temblor de
tierra—que corresponde al “gran terremoto” (el mismo griego) bajo el sexto sello, con el acercamiento del Señor (6:12).
Cristo fué entregado a sus enemigos en el quinto día de la semana, en el sexto fué crucificado, y en el sábado descansó;
así es bajo el sexto sello y la sexta trompeta que el último padecimiento de la Iglesia, empezado bajo el quinto sello y la
quinta trompeta, debe ser consumado antes que ella entre al sabatismo eterno. Seis es el número del mayor triunfo del
imperio mundial, pero al mismo tiempo linda con siete, el número divino, que presagia su completa destrucción.
Comp. 666 en el 13:18, “el número de la bestia.” la décima parte de la ciudad cayó—eso es, “la grande ciudad” (16:19;
Zacarías 14:2). Diez es el número de los reinos del mundo (17:10–12), y de los cuernos de la bestia (13:1) y del dragón
(12:3). Así, en la interpretación histórico eclesiástica, se enseña aquí que cae uno de los diez reinos mundiales
apóstatas. Pero en el sentido restringido una décima parte de Jerusalén que está bajo el anticristo, cae. Quedan las
nueve décimas, y una vez purificadas llegan a ser el reino de Cristo en la tierra. de los hombres—Lit., “fueron
muertos < siete mil nombres de hombres;” tan exactamente enumerados como si sus nombres estuviesen dados. siete
mil—Elliott interpreta quiliadas o provincias, a saber, las siete Provincias Unidas holandesas perdidas al papado; y
“nombres de hombres”, por títulos de dignidad, ducados, señoríos, etc. Antes, siete mil combina los dos místicos
números perfectos y comprensivos, siete y mil, lo que denota la plena y completa destrucción de los impenitentes. los
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demás—habitantes israelitas que no fueron muertos. Su conversión forma un contraste bendito con el 16:9, y 9:20, 21.
Estos arrepentidos (Zacarías 12:10–14; 13:1) vienen a ser en carne los súbditos leales de Cristo, que reinará sobre la
tierra con sus santos transfigurados. dieron gloria al Dios del cielo—lo que no hacían mientras eran apóstatas y
adoraban la imagen de la bestia. Dios del cielo—Los apóstatas de los últimos días, con su pretendida iluminación
cientifica, no reconocen poder celestial alguno, sino solamente las fuerzas naturales de la tierra que llegan ante su
observación. El recogimiento al cielo por Dios de los dos testigos, que tuvieron poder durante sus días en la tierra de
cerrar el cielo para que no lloviera (11:6) constriñó a los enemigos, de él y de ellos, que lo habían presenciado, a
reconocer al Dios del cielo como Dios también de la tierra (11:4). Como se declaró (en 11:4) ser Dios de la tierra por medio
de sus dos testigos, así ahora se comprueba ser Dios del cielo también. 14. El segundo ¡Ay!—El de la sexta trompeta
(9:12–21), inclusive la profecía de 11:1–13: ¡Ay del mundo; gozo [PAG. 798] para los fieles conforme se acerca su
redención! el tercer ¡Ay! vendrá presto—No se menciona en detalle por el presente, hasta que se dé un bosquejo de la
historia del origen, padecimiento y fidelidad de la Iglesia en tiempo de persecución y apostasía. En lugar de darse los
detalles del tercer ¡ay!, se nota sumariamente la gran consumación, el hacimiento de gracias de los veinticuatro
ancianos en el cielo por el establecimiento del reino de Cristo en la tierra, juntamente con la destrucción de los que
destruyeron la tierra. 15. tocó la trompeta—Evidentemente “EL ULTIMO sonido de la trompeta.” Seis está cerca de siete,
pero no lo alcanza. Los juicios del mundo se completan en seis, y por el cumplimiento de siete los reinos del mundo
llegan a ser de Cristo. Seis es el número del mundo entregado a juicio. Es la mitad de doce, el número de la Iglesia,
como tres y medio es la mitad de siete, el número divino de la perfección. Bengel cree que el ángel aquí habrá sido
Gabriel, nombre compuesto de El, Dios y Geber, hombre fuerte (10:1). Gabriel pues propiamente anunció a María el
advenimiento del fuerte Dios‐hombre; véase el relato del nacimiento del niño varón que sigue (12:1–6), al que el presente
pasaje forma la transición, aunque la séptima trompeta es en tiempo subsecuente, siendo la consumación del episodio
histórico de Caps. 12 y 13. La séptima trompeta, como el séptimo sello y la séptima copa, siendo la consumación, es
acompañada de una manera diferente de aquéllos: se nos exponen, no las consecuencias que siguen en la tierra, sino
las que siguen EN EL CIELO, las grandes voces y el hacimiento de gracias de los veinticuatro ancianos en el cielo, como el
silencio de media hora en el cielo con el séptimo sello, y la voz de dentro del templo en el cielo, “Hecho es” (16:17), con la
séptima copa. Esto es paralelo a Daniel 2:44, “Levantará el Dios del cielo un reino que nunca jamás se corromperá; y no
será dejado a otro pueblo este reino, desmenuzará y consumirá todos estos reinos, y él permanecerá para siempre.” Es
el establecimiento visible de la soberanía del Cielo sobre la tierra, la que, visiblemente ejercida una vez, fué rechazada
hasta ahora por los gobernantes terrenales. La diferencia entre lo terrenal y lo espiritual cesará entonces. No habrá
bestia que se oponga a la mujer. La poesía, el arte, la ciencia, y la vida social serán a la vez mundanas y cristianas.
reinos—A, B, C, y la Vulgata dicen en el singular, “El reino (soberanía) del (sobre el) mundo llegó a ser de nuestro
Señor y de su Cristo.” No hay buena autoridad para la versión común. Los reinos del mundo ceden lugar al señorío del
mundo ejercido por Cristo. Los reinos terrenales son muchos; el de él será uno. El nombre “Cristo,” el ungido, aquí
donde se menciona su reino, aparece propiamente por primera vez en el Apocalipsis. Porque equivale a REY. Aunque
se ungía también a sacerdotes y profetas, sin embargo este término se aplica especialmente a él como Rey, por cuanto
“el Ungido del Señor” es su título como REY, en los textos donde se le distingue de los sacerdotes. El glorificado Hijo
del hombre gobernará a la humanidad por medio de su transfigurada Iglesia en el cielo, y por el pueblo de Israel en la
tierra: Israel será el mediador sacerdotal de bendiciones a toda la tierra, habiéndolas recibido primero. y reinará—
“hasta los siglos de los siglos.” Aquí empieza el reino milenial, la consumación del “misterio de Dios” (10:7). 16.
delante de Dios—B y Siríaca dicen “delante del trono de Dios;” pero A, C, la Vulgata y la Cóptica concuerdan con
nuestra versión. sillas—Griego, “tronos.” 17. gracias—por la contestación a nuestras oraciones (6:10, 11), destruyendo a
los que destruyen la tierra (11:18), preparando así el camino para el establecimiento del reino tuyo y de tus santos. y que
has de venir—Omitida la frase en A, B, C, la Vulgata, la Siríaca, Cipriano y Andreas. Llegada en efecto ya la
consumación, no se dirigen a él ya como cuando era aún futura, “que has de venir.” Comp. 11:18, “Es venida.” Desde
la voz de la séptima trompeta es a su pueblo JAH, el siempre presente Señor, el que es, más propiamente que
JEHOVA “el que es, era y ha de venir.” has tomado—Cristo toma el reino como suyo por derecho. 18. se han airado las
naciones—Aludiendo al Salmo 99:1, Versión de los Setenta “Jehová reinó”; enójense los pueblos.” La ira de ellos se
combina con la alarma (Exodo 15:14; 2 Reyes 19:26, 28, “Te has airado contra mí, y tu estruendo ha subido a mis oídos,
yo por tanto pondré mi anzuelo en tus narices <”). ¡Cuán fútil es la impotente ira del hombre al lado de la del
omnipotente Dios! muertos … juzgados—lo que prueba que la séptima trompeta viene al fin de todas las cosas,
cuando tendrá lugar el juicio sobre los enemigos de Cristo, y la recompensa de sus santos, tan largo tiempo reclamada
por ellos en oración. los profetas—por ejemplo, los dos testigos profetizantes, y los que los trataron benignamente por
amor a Cristo. Jesús vendrá para efectuar por su presencia aquello que en su ausencia esperábamos en vano, y por
otros medios. destruyas … destruyen—La retribución en especie (comp. 16:6; Lucas 19:27). Mis Notas, Daniel 7:14–18.
19. Una conclusión solemne similar a la del séptimo sello (8:5) y a la de la séptima copa (16:18). Parece pues que los
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siete sellos, las siete trompetas y las siete copas, no representan acontecimientos consecutivos, sino paralelos, y
terminan en la misma consumación. Presentan el desarrollo de los planes de Dios para llevar a cabo la gran finalidad
bajo tres diferentes aspectos, que se complementan mutuamente. el templo—El santuario o lugar santo (naos), no el
templo entero (hieron). abierto en el cielo—A y C dicen, “el templo de Dios que está en el cielo fué abierto.” el arca de
su testamento—o “de su convenio,” “pacto.” Como en el primer versículo el santuario terrenal fué medido, así aquí su
antitipo celestial queda descubierto, y el antitipo del arca del pacto del lugar santísimo terrenal, queda a la vista, la
garantía de la fidelidad de Dios a su pacto, salvando a su pueblo y castigando a los enemigos de ellos y de él. De
modo que esto forma una terminación propia de la serie de juicios anunciados por las trompetas y una introducción al
episodio de los capítulos 12 y 13, respecto a la fidelidad de Dios para con su Iglesia. Aquí se abre primero su lugar
secreto, el santuario celestial, para reconfortar a su pueblo: y después siguen sus juicios a favor de ellos (14:15, 17; 15:5;
16:17), juicios aplaudidos por la gran compañía en el cielo como “verdaderos y justos.” Esto es paralelo, pues, a la
escena desarrollada ante el altar celestial, al final de los sellos y al comienzo de las trompetas (8:3), a la clausura del
episodio [PAG. 799] de los Caps. 12–15., y de la apertura de las copas (15:7, 8).
CAPITULO 12
VISION DE LA MUJER, SU HIJO, Y EL DRAGON PERSEGUIDOR. 1. Este episodio (12 al 15) describe en detalle
la persecución de Israel y de la Electa Iglesia, por la bestia, mencionada sumariamente en 11:7–10; así como el triunfo de
los fieles, y el tormento de los infieles. Asímismo en los capítulos 16 al 20, se halla la descripción en detalle del juicio
seguido sobre la bestia, etc., notado sumariamente en el 11:13, 18. La bestia del v. 3 se ve que no está sola, sino que es
el instrumento en la mano de otro poder siniestro mayor, Satanás. Que así aparece en el Cap. 11, siendo la época
cuando tienen lugar los eventos descritos en los capítulos 12 y 13, a saber, los 1260 días (12:6, 14; 13:5; con 11:2, 3).
grande—en tamaño y significado. el cielo—no el nuestro, sino el de más allá (11:19; con 12:7–9). una mujer—La
Iglesia, Israel primero, y luego la Iglesia Gentílica: vestida de Cristo, “el Sol de justicia.” La Iglesia es la portadora de
la luz sobrenatural en el mundo. Así las siete iglesias (eso es, la Iglesia Universal, la mujer) están representadas como
candeleros, portadoras de luz. Por otra parte, la luna, aunque está arriba de la tierra y de la mar, está del todo
relacionada con ellas, y es una luz terrenal: mar, tierra y luna representan el elemento mundano, en oposición al reino
de Dios—el cielo, el sol. La luna no puede dispersar las tinieblas y cambiarlas en día: así representa ella la religión del
mundo (el paganismo) con relación al mundo sobrenatural. La Iglesia tiene a la luna, pues, debajo de sus pies; pero las
estrellas, como luminares celestiales, sobre la cabeza. El diablo dirige sus esfuerzos en contra de las estrellas, los
ángeles de las iglesias, que están por brillar para siempre. Las doce estrellas, alrededor de la cabeza, son las doce
tribus de Israel. [Auberlen.] Las alusiones anteriores a Israel concuerdan con esto: comp. el 11:9, “el templo de Dios;”
“el arca de su pacto.” El arca, perdida en el cautiverio babilónico, y nunca hallada desde entonces, se ve en “el templo
de Dios abierto en el cielo,” lo que significa que Dios restablece su pacto de nuevo con su antiguo pueblo. La mujer no
puede significar, literalmente, la virgen madre de Jesús, porque ella no huyó al desierto para permanecer allá durante
1260 días, mientras el dragón persiguió el resto de su simiente (12:13–17). [De Burgh.] El sol, la luna, y las doce estrellas
son emblemáticos de Jacob, de Lea (o si no, Raquel) y los doce patriarcas, o sea, la Iglesia Judaica: en segundo orden,
la Iglesia universal, que tiene debajo de los pies, en debida subordinación, la luna siempre fluctuante, que alumbra con
una luz prestada, emblema de la dispensación judaica, que ahora está en una posición de inferioridad, aunque sostiene a
la mujer, y también de las cosas combiadizas del mundo, teniendo sobre la cabeza la corona de doce estrellas, los doce
apóstoles, que sin embargo, se relacionan íntimamente con las doce tribus de Israel. La Iglesia, al pasar al mundo
gentil, es (1) perseguida, y luego (2) seducida, conforme el paganismo empieza a reaccionar con respecto a ella. Esto es
la clave del sentido de la mujer simbólica, bestia, ramera y falso profeta. La mujer y la bestia forman el mismo
contraste que el Hijo del hombre y las bestias en Daniel. Como el Hijo del hombre viene del cielo, así la mujer es vista en el
cielo (12:1). Las dos bestias ascienden respectivamente de la mar (comp. Daniel 7:3) y de la tierra (13:1, 11): el origen de
ellas no es el cielo, sino la tierra. Daniel contempla al Novio celestial que viene visiblemente a reinar. Juan ve a la
mujer, la novia, cuyo llamamiento es celestial, en el mundo, antes del retorno del Señor. La característica de una
mujer, en contraste con el hombre, es su sumisión, la entrega de sí misma, su receptividad. Esta del mismo modo, es la
relación del hombre con Dios, ser sujeto a Dios, recibir de Dios. Toda la autonomía del espíritu humano invierte la
relación del hombre con Dios. La receptividad femenina para con Dios constituye la fe. Por la fe el individuo llega a ser
hijo de Dios; los tales hijos colectivamente se ven en la figura de “la mujer.” La humanidad, en cuanto pertenece a Dios,
es la mujer. Cristo, el Hijo de la mujer, es llamado enfáticamente (12:5) “el hijo VARON” (Griego, “hijo masculino”).
Nacido de mujer, y bajo la ley a causa del hombre, él es también Hijo de Dios, y así es el ESPOSO de la Iglesia. Como
Hijo de la mujer, es “Hijo del hombre;” como hijo varón, es Hijo de Dios, y Esposo de la Iglesia. Todos los que se
imaginan tener vida en sí mismos están apartados de él, la fuente de la vida, y estando confiados en su propia fuerza,
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se hunden hasta el nivel de las bestias sin sentido. Así la mujer señala universalmente el reino de Dios; la bestia, el
reino del mundo. La mujer de la cual Jesús nació, representa la congregación de Dios del Antiguo Testamento. La mujer en
dolores de parto (12:2) representa los anhelos ardientes de los creyentes del Antiguo Testamento por el Redentor
prometido. Véase el gozo de su nacimiento (Isa. 9:6). Como la nueva Jerusalén, (llamada también “la mujer,” o
“esposa”, 21:2, 9–12) con sus doce puertas, está exaltada y transfigurada, así la mujer con las doce estrellas es la Iglesia
militante. 2. dolores de parto—De Burgh explica esto como el retorno del Hijo primogénito al mundo, cuando Israel lo
ha de recibir por fin, y cuando “el hijo varón regirá todas las naciones con vara de hierro.” Pero hay un claro contraste
entre el parto penoso de la mujer aludido aquí, y la segunda venida de Cristo a la Iglesia Judaica, el remanente creyente
de Israel, “Antes que estuviese de parto, parió; antes que viniesen dolores parió hijo” (Isa. 66:7), eso es, casi sin los dolores,
recibe (en su segundo advenimiento), como nacido a ella, al Mesías y una simiente numerosa. 3. dragón bermejo—Así
A y la Vulgata; pero B, C, y la Cóptica dicen “dragón de fuego.” En todo caso, el color del dragón sugiere su ira extrema
como homicida desde el principio. Su representante, la bestia, (13:1), la corresponde, teniendo siete cabezas y diez cuernos (el
número de cuernos de la cuarta bestia de Daniel 7). Pero allí hay diez diademas en los diez cuernos (pues antes del fin,
el cuarto imperio es dividido en diez reinos); aquí, siete diademas están en sus siete cabezas. En Daniel 7 los poderes
anticristianos hasta la segunda venida de Cristo están representados por cuatro bestias, que tienen entre sí siete
cabezas; o sea, la primera, la segunda y la cuarta tienen una cada una; la tercera, cuatro cabezas. [PAG. 800] Su
dominio universal como príncipe de este caído mundo, se infiere por las siete diademas (véase contraste de “muchas
diademas” en la cabeza de Cristo, 19:12, cuando viene a destruír a aquél), la caricatura de los siete Espíritus de Dios.
Sus instrumentos mundanos de poder están indicados por los diez cuernos, siendo diez el número del mundo. Expone
su contradicción de sí mismo el que él, como también la bestia, lleva tanto el divino número siete como el mundano
diez. 4. arrastraba—Griego, “arrastra,” hacia abajo. Este arrastre de las estrellas con la cola (latigueando con ella para
adelante y para atrás en su furia) denota su acción de persuadir a la apostasía y a la mundanalidad, a aquellos ángeles
y también a eminentes maestros humanos que antes fueron piadosos (comp. 12:1; 1:20; Isaías 14:12.) se paró—“Está de
pie” [Alford]: perfecto en el griego, hesteken. a fin de devorar—Así el dragón, representado por su agente Faraón
(nombre común a todos los reyes egipcios, que significa, según algunos, cocodrilo, reptil parecido al dragón, y
constituído en ídolo de ellos), estaba preparado para devorar a los varones, al nacimiento de la nación. Antitípicamente
el Israel verdadero, Jesús, nacido, fué buscado por Herodes, quien mató a todos los varones de Belén y sus alrededores,
en su esfuerzo por matar a Jesús. 5. regir—Griego, (poimainein), “pastorear” (Nota, 2:21). vara de hierro—La vara es
para la obstinación largo tiempo practicada, hasta que se sometan a la obediencia [Bengel]: 2:27, Salmo 2:9, texto que
comprueba que se trata del Señor Jesús. Toda interpretación que ignore esto debe ser errónea. El nacimiento del hijo
varón no puede ser el origen del estado cristiano (el triunfo del cristianismo sobre el paganismo bajo Constantino), que
no era hijo divino de la mujer, sino que tenía muchos elementos mundanos impuros. En un sentido secundario la
ascensión de los testigos al cielo, corresponde a la ascensión de Cristo mismo, “arrebatado a Dios y a su trono:” como
también su gobierno de las naciones con la vara de hierro ha de ser compartido por los creyentes (2:27). Lo que tuvo
lugar primariamente en el caso del divino Hijo de la mujer, tendrá lugar también en el caso de los que son uno con él,
los sellados de Israel (Cap. 7), y los elegidos de todas las naciones, que están por ser trasladados y por reinar con él
sobre la tierra cuando él aparezca. 6. la mujer huyó—La huída de María a Egipto con Jesús es un tipo de ésta. donde
tiene—Así dice C; pero A y B agregan “allí.” lugar—aquella porción del mundo pagano que no ha recibido el
cristianismo declaradamente, a saber, principalmente el cuarto reino, que tiene su sede en la Babilonia Moderna,
Roma, lo que significa que no todo el mundo pagano sería cristianizado en el presente orden de cosas. aparejado de
Dios—lit., “desde Dios.” No por capricho humano ni por temor, sino por el determinado consejo y la presciencia de
Dios, la mujer, la Iglesia, huyó al desierto. la mantengan—Griego, “la alimenten.” El mundo pagano, el desierto, no
podría alimentar a la Iglesia, sino sólo proveerle refugio externo. Aquí, como en Daniel 4:26, etc., la tercera persona
del plural se refiere a los poderes celestiales que administren el alimento a la Iglesia. Como Israel tuvo su tiempo del
primer amor conyugal, al salir de Egipto al desierto, así el primer tiempo de amor de la Iglesia cristiana en el desierto,
fué la edad apostólica, cuando fué separada de este mundo, no teniendo aquí ciudad, sino solamente un lugar en el
desierto preparado por Dios (12:6, 14). La ramera toma como suya la ciudad‐mundo, así como Caín fué el primer
edificador de ciudad, mientras que los patriarcas creyente moraron en tiendas. Después el Israel apóstata fué la ramera
y la joven Iglesia Cristiana, la mujer; pero pronto se insinuó en ella la fornicación espiritual, y la Iglesia en el Cap. 17
ya no es la mujer (esposa), sino la ramera, la gran Babibilonia, la que tiene en sí, sin embargo, escondido el verdadero
pueblo de Dios (18:4). Cuanto más penetraba la Iglesia en el paganismo, tanto más se paganizaba ella. En vez de
vencer al mundo, fué vencida por el mundo. [Auberlen.] De modo que la mujer es “la una inseparable Iglesia del
Antiguo y Nuevo Testamentos, [Hengstenberg], siendo Israel el tronco de la Iglesia cristiana (Cristo y sus apóstoels
siendo judíos), a la que los creyentes gentiles fueron injertados, y a la cual Israel, cuando se convierta, será reinjertado,
como a su propio olivo. Durante todo el período histórico eclesi{stico, “los tiempos de los gentiles,” cuando “Jerusalén es
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pisada por los gentiles,” la Iglesia cristiana puede ser la mujer. Al mismo tiempo se significa, en segundo orden, la
preservación de los judíos durante este período de la Iglesia, a fin de que Israel, que una vez era la mujer, y de quien
nació el hijo varón, pueda volver a serlo de nuevo al fin de los tiempos de los gentiles y estar a la cabeza de las dos
elecciones, el Israel literal y el Israel espiritual, o sea la Iglesia elegida de entre judíos y gentiles sin distinción. Ezequiel
20:35, 36, “Y os he de traer al desierto de pueblos, y allí litigaré con vosotros < Como litigué con vuestros padres en el
desierto de la tierra de Egipto” (véase mi Nota allí): no un desierto literal ni local, sino espiritualmente un estado de
disciplina y de prueba entre “pueblos” gentiles, durante los largos tiempos de los gentiles, y consumado finalmente en el
último tiempo de angustia sin paralelo bajo el anticristo, en el cual el remanente sellado (Cap. 7), que constituye a “la
mujer,” es conservado “de la presencia de la serpiente” (12:14). mil doscientos y sesenta días—en anticipación de
12:14, donde se menciona la persecución que motivó su huída. El Cap. 13. da los detalles de la persecución. Es lo más
improbable que se hiciese la transición del nacimiento de Cristo hasta el último anticristo, sin mencionar el largo
período intermedio eclesio histórico. Es probable que los 1260 días, o períodos, que representan este largo intervalo,
sean RECAPITULADOS en escala más corta analógicamente durante el último reinado breve del anticristo. Son
equivalentes a tres años y medio, que como la mitad de siete, número divino, simbolizan la aparente victoria del
mundo sobre la Iglesia. Como incluyen todos los tiempos en que los gentiles huellan a Jerusalén, deben ser más largos que
1260 años; porque ya han pasado más de cinco siglos y medio de los 1260 años, desde que cayó Jerusalén. 7. En Job 1 y
2, Satanás aparece entre los hijos de Dios, y se presenta ante Dios en el cielo como acusador de los santos: otra vez en
Zacarías 3:1, 2. Pero a la venida de Cristo como nuestro Redentor, cayó del cielo, especialmente cuando Cristo padeció
resucitó, y ascendió al cielo. Cuando Cristo [PAG. 801] apareció delante de Dios como nuestro Abogado, Satanás, el
adversario acusador, ya no podía presentarse en nuestra contra, sino que fué echado fuera judicialmente (Romanos 8:33,
34). Desde entonces él y sus ángeles recorren el aire y la tierra por un tiempo (entre la ascensión de Cristo y su
segunda venida), destinados a ser arrojados y atados en el infierno. Que “cielo” aquí no significa meramente el aire
sino la morada de los ángeles, aparece en 12:9, 10, 12; 1 Reyes 22:10–22. batalla (guerra) en el cielo—¡Qué aparente
contradicción de términos, pero constituyendo una verdad! Contrástese el feliz resultado del triunfo de Cristo (Lucas
19:38), “la paz en el cielo.” Col. 1:20, “haciendo paz por la sangre de su cruz, para reconciliar a sí por él todas las cosas
ya sea en la tierra, ya en los cielos.” Miguel … dragón …—Está propiamente ordenado que, como la rebelión se suscitó
de los ángeles infieles y su jefe, fuesen ellos atacados y vencidos por ángeles fieles y su arcángel, en el cielo. En la
tierra serán en debida forma encontrados y vencidos, representados por la bestia y el falso profeta, por el Hijo del
hombre y sus huestes, los santos redimidos (19:14–21). El conflicto en la tierra, como en Daniel 12:1, tiene su
correspondiente conflicto de ángeles en el cielo. Miguel es peculiarmente el príncipe, o ángel presidente, de la nación
judaica. El conflicto en el cielo, si bien decidido ya judicialmente contra Satanás desde el tiempo de la resurrección y
ascensión de Cristo, recibe su consumación efectiva en la ejecución del juicio llevado a cabo por los ángeles que
arrojan a Satanás fuera del cielo. Desde la ascensión de Cristo él no tiene derecho judicial en contra de los creyentes
elegidos. Lucas 10:18, “Yo veía (en las arras del pleno cumplimiento futuro dadas en la sujeción de los demonios a los
discípulos) a Satanás, como un rayo que caía del cielo.” Como Miguel luchó antes con Satanás por el cuerpo del
mediador del antiguo pacto (Judas 9), así ahora el mediador del nuevo pacto, ofreciendo su cuerpo inmarcesible, arma
a Miguel con el poder de renovar y terminar el conflicto con una victoria completa. Que Satanás no está aún arrojado
efectiva y finalmente del cielo, aunque se ratificó la sentencia judicial al efecto en la ascensión de Cristo, se deduce de
Efesios 6:12, “malicias espirituales en los aires” (Griego, lugares celestiales). Tal es el sentido eclesio histórico aquí;
pero por la incredulidad de Israel, Satanás ha tenido poder contra ella, la nación elegida, para aparecer ante Dios y
acusarla. A la víspera de su restauración, en el sentido final, su poder en el cielo de estar contra Israel le será quitado,
y “el Señor, que ha elegido a Jerusalén”, le reprochará y lo arrojará del cielo efectivamente y para siempre, por medio
de Miguel, el príncipe, o ángel presidente de los judíos. Así Zacarías 3:1–9 es estrictamente paralelo, Josué sumo
sacerdote, siendo representante de su nación Israel, y Satanás estando a la diestra de Dios como adversario para
oponerse a la justificación de Israel. Entonces, y no antes (“ahora,” 11:10) serán plenamente “pacificadas TODAS las
cosas en el cielo a Cristo (Colosenses 1:20), y habrá paz EN EL CIELO (Lucas 19:38). 8. no prevalecieron—A y la Cóptica
dicen “no prevaleció; pero B y C, como nuestra versión. ni—A, B, C, “ni aun” (Griego, oude), un clímax. No sólo no
prevalecieron, sino que ni fué hallado ya más su lugar en el cielo. Hay cuatro graduaciones en la caída cada vez más
honda de Satanás: (1) se le priva de su excelencia celestial, aunque tiene aún acceso al cielo como el acusador del
hombre, hasta la primera venida de Cristo. Como el cielo no estaba aún plenamente abierto al hombre, así tampoco
estaba cerrado a Satanás y sus demonios. La dispensación del Antiguo Testamento no pudo derrotarlo. (2) Desde
Cristo hasta el milenio, está judicialmente echado del cielo como acusador de los elegidos y un poco antes del milenio
pierde su poder contra Israel, y se efectúa la sentencia de expulsión contra él y los suyos por Miguel. Su ira contra la
tierra por tanto es mayor v reconcentra contra ella su poder, especialmente hacia el fin, cuando “sabe que tiene poco
tiempo” (12:12). (3) Queda atado durante el milenio (20:1–3). (4) Suelto por un poco de tiempo, es arrojado para
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siempre al lago de fuego. 9. la serpiente antigua—Aludiendo a Génesis 3:1, 4. Diablo—el Griego por “acusador” o
“calumniador.” Satanás—el hebreo por “adversario,” especialmente en la corte de justicia. La designación doble, el
griego y el hebreo, marca a los dos objetos de sus acusaciones y tentaciones, a los gentiles elegidos y a los judíos
elegidos. mundo—Griego, “mundo habitable.” 10. Ahora—Ya que Satanás ha sido arrojado del cielo. Cumplido
primariamente en parte a la resurrección y ascensión de Jesús, cuando dijo (Mateo 28:18): “Toda potestad me es dada
en el cielo y en la tierra;” cuando (12:5) “Su hijo fué arrebatado para Dios y su trono.” En sentido final se refiere a la
víspera de la segunda venida de Cristo, cuando Israel esté por ser restaurado como la Iglesia madre del cristianismo,
cuando Satanás, que ha resistido la restauración de ella en base a su indignidad, haya sido arrojado fuera por la
instrumentalidad de Miguel, príncipe angélico de Israel (Véase Nota, 12:7). Así este evento es paralelo, y el preliminar
necesario del glorioso evento similar del 11:15: “Los reinos (dominio) del mundo han venido a ser < de nuestro Señor
y de su Cristo,” por haber recuperado Israel su puesto. la salvación—Plena, final y victoriosamente consumada
(Hebreos 9:28; con Lucas 3:6: aun futura: por tanto no antes de ahora alzan los bienaventurados su aleluya más pleno
por la salvación del Cordero, 7:10; 19:1). La virtud, el poder (Griego, dunamis); el poder (legítimo, exousía) de su Cristo. los
acusaba … día y noche—De ahí la necesidad de que la Iglesia oprimida, los elegidos propios de Dios (como la viuda que
venía al juez injusto hasta cansarlo) debiera clamar a él día y noche. 11. ellos—Enfático en el griego. “Ellos” en particular.
Ellos solos. Ellos son los que vencieron. vencido—(Romanos 8:33, 34, 37; 16:20.) le han vencido—(1 Juan 2:14, 15.) Es
la misma victoria (frase peculiarmente juanina) sobre Satanás y el mundo que describe el Evangelio según Juan en la
vida de Jesús; su Epítsola, en la vida de cada creyente, y su Apocalipsis en la vida de la Iglesia. por—“A causa (prep.
Griego, diá con el acusativo) de la sangre del Cordero. Si la sangre no hubiese sido derramada, las acusaciones de
Satanás hubieran sido incontestables; en efecto, aquella sangre anula toda acusación. Schottgen menciona la tradición
rabínica de que Satanás acusa a los hombres todos los días del año salvo el día del perdón. Tittmann interpreta el
griego [PAG. 802] diá como en atención de la sangre del Cordero; ésta fué la causa impulsora que los indujo a emprender
la contienda; pero la opinión anterior es buen griego y concuerda mejor con el sentido general de la Escritura. por la
palabra—Griego, “a causa de la palabra de su testimonio.” En base a su testimonio fiel, aun hasta la muerte, son
constituidos vencedores. Su testimonio evidenció su victoria sobre él en virtud de la sangre de Cristo. De esta manera
se confiesan adoradores del Cordero inmolado, y derrotan a la bestia, el representante de Satanás; una anticipación de
15:2: “los que habían alcanzado la victoria sobre la bestia” (13:15, 16). 12. Por lo cual—por cuanto Satanás está
arrojado del cielo (12:9). moráis—Griego, “moráis en tiendas,” o tabernáculos. No sólo los ángeles y las almas de los
justos que están con Dios se regocijan de que Satanás esté arrojado del hogar de ellos, sino también los fieles militantes
en la tierra, los que ya en espíritu moran en carpas en el cielo, donde tienen su ciudadanía y su hogar. No pertenecen
al mundo, y por tanto, se regocijan porque el juicio ha sido decretado contra el príncipe de este mundo. los moradores
de—Así Andreas; pero A, B y C omiten estas palabras, copiadas acaso de 8:13. a vosotros—la tierra y la mar, con los
habitantes de ellas; los que pertenecen esencialmente a la tierra (Juan 3:7, margen, contraste Juan 3:31; 8:23; Filipenses
3:19; 1 Juan 4:5), con la marea turbulenta de su política. Furioso por su expulsión del cielo, y sabiendo que su tiempo en
la tierra es corto, cuando, a la venida de Cristo para establecer su reino (20:1, 2) será arrojado aun más abajo, Satanás
concentra todas sus poderes para destruir cuantas más almas pueda. No pudiendo acusar a los elegidos en el cielo,
puede con todo tentar y perseguir en la tierra. Cuanto más victoriosa la luz, tanto mayores serán las luchas de los
poderes de las tinieblas; de modo que, en la última crisis, el anticristo se manifestará con una intensidad de iniquidad
mayor que nunca. poco tiempo—Griego, “plazo” (Kairon): oportunidad para sus ataques. 13. Resumiendo desde el 12:6
el hilo del discurso, interrumpido por el episodio de 12:7–12 (que da en el mundo invisible la razón del
correspondiente conflicto entre la luz y las tinieblas en el visible), explica la huída de la mujer al desierto (12:6). 14.
fueron dadas—por orden precisa de Dios, no por la suerte humana (Hechos 9–11). dos—Griego, “dos alas del águila
grande.” Aludiendo a Exodo 19:4: lo que prueba que la Iglesia del Antiguo Testamento tanto como la del Nuevo, se
incluyen en “la mujer.” Todos los creyentes son incluídos (Isaías 40:30, 31). La grande águila es el poder imperial; en
Ezequiel 17:3, 7, Babilonia y Egipto; en la temprana historia eclesiástica, Roma, cuyo estandarte era el águila, convertida
por la providencia de Dios de ser hostil, en protectora de la Iglesia. Como “alas” expresa las partes remotas de la
tierra, las dos alas aquí pueden significar las divisiones oriental y occidental del imperio romano. desierto—la tierra
de los paganos, los gentiles: en contraste con Canaán, tierra agradable y gloriosa. Dios mora en la tierra gloriosa: los
demonios (gobernantes del mundo pagano, 9:20; 1 Corintios 10:20), en el desierto. Por tanto Babilonia se llama el desierto
de la mar (Isaías 12:1–10; con 14:8; 18:2). El paganismo, en su naturaleza esencial, sin Dios, es un desierto desolado. Así,
la huída de la mujer al desierto es el pasaje del reino de Dios de los judíos para estar entre los gentiles (tipificado por
la huída de María con el niño desde Judea a Egipto). La huída del águila es de Egipto al desierto. El Egipto indicado
virtualmente se dice 11:8) ser Jerusalén, lo es espiritualmente por haber crucificado al Señor. De ella se escapa a la Iglesia
del Nuevo Testamento así como la del Antiguo huyó del Egipto literal; como también se clama a la verdadera Iglesia
después para que haya de Babilonia (la mujer convertida en ramera, o sea la Iglesia apóstata). [Auberlen.] a su lugar—
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la sede principal del entonces imperio mundial, Roma. Los Hechos de los Apóstoles describe el pasaje de la Iglesia de
Jerusalén a Roma. La protección romana fué el ala de águila que a menudo protegió a Pablo, el gran instrumento de
esta transmigración, y al cristianismo de sus opositores judíos que excitaron los tumultos paganos. Poco a poco la
Iglesia tuvo “su lugar” más y más seguro, hasta que bajo Constantino el imperio se hizo cristiano. Sin embargo, todo
este período eclesio‐histórico se considera como la estada en el desierto, cuando la Iglesia es en parte protegida, en
parte oprimida, por el imperio, hasta que un poco antes del fin, el poder imperial que está bajo Satanás, se
desencadenará contra la Iglesia peor que nunca. Como Israel estuvo en el desierto cuarenta años y tuvo 42 jornadas en
su peregrinación, así la Iglesia por cuarenta y dos meses, tres años y medio, o tiempos (lit., estaciones, que significa años
en el griego helenista, griego kairous, Daniel 7:25; 12:7), o 1260 días entre la caída de Jerusalén y la próxima venida de
Cristo, será ella peregrina en el desierto antes que alcance su reposo milenial. Es posible que además de este
cumplimiento eclesio histórico, haya también un cumplimiento ulterior y reducido en la restauración de Israel a
Palestina, cuando el anticristo por siete tiempos (plazos cortos análogos a los largos) tenga allí poder, guardando el
pacto con los judíos durante los primeros tres años y medio, luego quebrantándolo en medio de la semana, huyendo
la masa de la nación en un segundo éxodo al desierto, mientras un remanente permanezca en la tierra expuesto a la
horrible persecución (los “144.000 sellados de Israel”, 7., y 14.1, que estarán con el Cordero, terminado el conflicto, sobre
el monte Sión: “las primicias” de una grande compañía reunida con él). [De Burgh]. Estos detalles son muy conjeturales.
En Daniel 7:25; 12:7, el tema como tal vez aquí, es el tiempo de la calamidad de Israel. Que los siete tiempos no
necesariamente significan años, en que cada día sea un año, eso es, 2520 años, aparece de los siete tiempos de
Nabucodonosor (Daniel 4:23), que corresponde al anticristo, la duración de la bestia. 15, 16. río—Véase Exodo 2:3;
Mateo 2:20, y especialmente Exodo 14.) Es la corriente de tribus germánicas que, inundando a Roma, amenazaron con
destruir a la cristiandad. Pero la tierra ayudó a la mujer, sorbiendo el río. La tierra, en contraste con la mar, es el mundo
consolidado y civilizado. Las masas germánicas cedieron a la influencia de la civilización romana y del cristianismo.
[Auberlen.] Acaso se incluye también, en general, la ayuda dada por poderes terrenales (los menos aptos, pero
inducidos por la providencia de Dios a prestar auxilio) a la Iglesia [PAG. 803] contra las persecuciones y contra las
herejías que varias veces la atacaron. 17. los otros—El remanente de su simiente, distinta en algún sentido de la mujer
misma. El primer esfuerzo de Satanás fué el de desarraigar a la Iglesia misma, de modo que no hubiese más profesión
visible de la religión. Burlado en esto. guerrea (11:7; 13:7) contra la Iglesia invisible, es decir, contra “los que guardan
los mandamientos, y tienen el testimonio de Jesús” (A, B, C omiten “Cristo”). Estos son “el remanente,” o los demás de
su simiente, en distinción de la simiente de ella, “el hijo varón,” por una parte, y de los que sólo profesan por la otra. La
Iglesia, en su hermosura y unidad (Israel a la cabeza de la cristiandad, formando el todo una Iglesia perfecta), no está
ahora manifiesta, sino que aguarda las manifestaciones de los hijos de Dios en la venida de Cristo. Impotente para
destruir al cristianismo y a la Iglesia como un todo, Satanás dirige su enemistad contra los cristianos verdaderos, el
remanente elegido: a los demás los deja sin molestar.
CAPITULO 13
VISION DE LA BESTIA QUE SALIO DE LA MAR: LA SEGUNDA BESTIA. SALIDA DE LA TIERRA, EJERCE EL
PODER DE LA PRIMERA, Y HACE QUE LA TIERRA LA ADORE. 1. me paré—Así B, Aleph y la Cópitca; pero A, C,
la Vulgata y la Siríaca dicen: “Se paró.” De pie sobre la arena del mar, el dragón dió su poder a la bestia que subió del
mar. sobre la arena del mar—Adonde los cuatro vientos habían de verse en lucha contra la gran mar (Daniel 7:2).
bestia—Griego, “bestia salvaje,” fiera. El hombre se vuelve brutal cuando se aparta de Dios, el arquetipo y verdadero
ideal, a cuya imagen fué hecho al principio, ideal que es alcanzado por el hombre Cristo Jesús. Por tanto, los imperios
mundiales, que buscan su propia gloria y no la de Dios, son representados como bestias; y Nabucodonosor, cuando
deificándose a sí mismo, se olvidó de que “el Altísimo reina en el reino de los hombres,” fué expulsado entre las
bestias. En Daniel 7 hay cuatro besitas; aquí la una bestia expresa la totalidad del poder mundial antidivino, no
restringido a una manifestación sola, como de Roma. Esta primera bestia expresa el poder mundial que ataca a la
Iglesia desde fuera; la segunda, que es una renovación y ministro de la primera, es el poder mundial como falso
profeta, que corrompe y destruye a la Iglesia desde dentro. del mar—(Daniel 7:3; con mi Nota, 8:8)—subió de las
turbulentas ondas de pueblos, multitudes, naciones y lenguas. La tierra, por otra parte, significa (13:11) el mundo
consolidado y ordenado de las naciones, con su cultura y conocimiento. siete cabezas y diez cuernos—A, B, C,
trasponen, “diez cuernos y siete cabezas.” Los diez cuernos aparecen primero (en contraste con el orden del 12:3)
porque están coronados. No estarán así antes de la última etapa del cuarto reino (el romano), el que continuará hasta
que el quinto, el de Cristo, lo reemplace y lo destruya del todo; esta última etapa es indicada por los diez dedos de los
dos pies de la imagen de Daniel 2. El siete indica que el poder mundial se levanta como Dios, caricaturando a los siete
Espíritus de Dios; sin embargo su verdadero carácter como opuesto a Dios es revelado por el número diez que
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acompaña el siete. El dragón y la bestia llevan diademas, pero aquél en las cabezas y ésta sobre los cuernos (12:3; 13:1).
Por tanto, las cabezas así como los cuernos se refieren a reinos; comp. el 17:7, 10, 12 “reyes” representando los reinos,
cuyas cabezas son. Los siete reyes, poderosos en manera especial—es decir, las poderosas naciones del mundo—se
distinguen de los diez, representados por los cuernos (llamados sencillamente “reyes”, 17:12). En Daniel, los diez
significan la última fase del poder mundial, el cuarto reino dividido en diez partes. Están relacionados con la séptima
cabeza (17:12), y son aún futuros. [Auberlen.] El error de los que interpretan a la bestia por Roma exclusivamente, y los
diez cuernos por los reinos que han reemplazado a Roma en Europa ya, es, que el cuarto reino en la imagen tiene DOS
piernas, que representan el imperio oriental tanto como el occidental; los diez dedos no están en un pie (el occidental),
como estas interpretaciones requieren, sino en los dos juntos (oriental y occidental), de modo que cualquier teoría que
aplique los diez reinos al occidente sólo debe ser errónea. Si los diez reinos significaran los que surgieron con el
derrumbe de Roma, los diez serían perfectamente conocidos, mientras que existen veintiocho listas diferentes hechas
por otros tantos intérpretes, sumando entre todos sesenta y cinco reinos (!) [Tyso en De Burgh.] Las siete cabezas son
los siete imperios mundiales, Egipto, Asiria, Babilonia, Persia, Grecia, Roma y el imperio Germánico; bajo este último,
vivimos nosotros [Auberlen], el que se desarrolló por un tiempo, bajo Napoleón, después de que Francisco,
emperador de Alemania y rey de Roma, hubo renunciado al título en 1806. Faber explica que la cura de la herida mortal
es el resurgimiento de la dinastía napoleónica después de su derrota en Waterloo. Dicha dinastía secular, en alianza
con el poder eclesiástico, el papado (13:11), siendo la “octava cabeza,” y con todo “de las siete” (17:11), triunfará
temporariamente sobre los santos, hasta quedar destruído en Armagedón (cap. 19). Un Napoleón según esta teoría,
sera el anticristo, que restaurará a los judíos a la Palestina, y será aceptado como el Mesías de ellos al principio, para
oprimirlos ferozmente después. El anticristo, la recapitulación y la concentración de toda la maldad del mundo, es el
octavo, pero con todo uno de las siete (17:11). nombre de blasfemia—Así C, la Cóptica, y Andreas; A, B, y la Vulgata
dicen “nombres,” un nombre en cada una de las cabezas; la arrogación blasfema de los atributos que pertenecen
solamente a Dios (Nota, 17:3). Característica del cuerno pequeño de Daniel 7:8, 20, 21; 2 Tesalonicenses 2:4. 2. leopardo
… oso … león—Esta bestia une en sí las características antidivinas de los tres reinos anteriores, que se asemejan
respectivamente al leopardo, al oso y al león. Sube desde el mar, y tiene diez cuernos, como la cuarta bestia de Daniel, y
siete cabezas, tantas como tenían entre todas las cuatro bestias de Daniel, es decir, una la primera, una la segunda,
cuatro la tercera, y una la cuarta. De modo que representa comprensivamente en una sola figura el imperio, o poder,
mundial (que en Daniel se representa en cuatro) de todos los tiempos y lugares, no meramente de un período y una
localidad, visto como contrario a Dios; así [PAG. 804] como la mujer es simbólica de la Iglesia de todas las edades.
Favorece también esta interpretación el hecho de que la bestia es el representante vicario de Satanás, quíen como ella
tiene siete cabezas y diez cuernos: descripción general de su poder universal en todas las edades y lugares del mundo.
Satanás aparece como serpiente, siendo arquetipo de la naturaleza bestial (12:9). “Si las siete cabezas significaran
meramente siete emperadores romanos, no se puede entender por qué ellos solos serían mencionados en la imagen
original de Satanás, mientras que es perfectamente inteligible si suponemos que representan el poder de Satanás en la
tierra contemplado colectivamente.” [Auberlen.] 3. herida … curada—Otras dos veces repetido enfáticamente (13:12,
14); con el 17:8, 11: “La bestia que era, y no es, y ha de subir del abismo” (13:11); el imperio germánico, la séptima cabeza
(revivificada en la octava), futuro aún en el tiempo de Juan (17:10). Contrástese el cambio en que Nabucodonosor,
humillado a causa de su orgullo egolátrico, fué convertido de su forma y carácter bestiales en forma HUMANA y a su
posición verdadera para con Dios; simbolizado por el arranque de sus alas y por la orden de ponerse en pie cual hombre
(Daniel 7:4). Aquí, de lo contrario, la cabeza de la besita no es cambiada en cabeza humana, sino que recibe una herida
mortal, es decir, el imperio mundial que esta cabeza representa no vuelve de veras a Dios, pero por un tiempo su
carácter de antidivino queda paralizado (“como si estuviese muerta;” las palabras mismas indicando la semejanza
exterior de la bestia con el Cordero, “un Cordero como inmolado”. Notas, 5:6. Comp. también la semejanza de la
segunda bestia con el Cordero, 13:11). Aunque parece muerta (griego, herida), sigue siendo la bestia, para levantarse de
nuevo en otra forma (13:11). Las primeras seis cabezas son los paganos Egipto, Asiria, Babilonia, Persia, Grecia, Roma;
el nuevo y séptimo imperio mundial (las paganas hordas germánicas que se desencadenaron sobre la Roma cristiana),
por el cual Satanás había esperado ahogar al cristianismo (11:15, 16), a su vez se hizo cristiano (lo que corresponde a
la, como si fuera, herida mortal de la bestia; que era, y no es (17:11). Su ascenso del abismo corresponde a la cura de su herida
mortal (17:8). No se nota en Daniel ningún cambio esencial como el efectuado por el cristianismo sobre el cuarto reino;
permaneció esencialmente contrario a Dios hasta el fin. La bestia curada de su temporaria herida externa, ahora retorna,
no sólo del mar, sino del abismo, de donde arrastra nuevas fuerzas anticristianas infernales (13:3, 11, 12, 14; 11:7; 17:8).
Comp. los siete espiritus inmundos que entran en aquella casa temporalmente desocupada, y cuyo último estado es peor
que el primero (Mateo 12:43–45). Un paganismo nuevo y pésimo irrumpe sobre el mundo cristiano, más diabólico que
el de las primeras cabezas de la bestia. Aquélla fué una apostasía solamente de la revelación general de Dios en la
naturaleza y en la conciencia; pero ésta es de la revelación del Dios de amor en su Hijo. Culmina en el anticristo, el
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hombre de pecado, el hijo de la perdición (comp. 17:11); 2 Tesalonicenses 2:3; comp. 2 Timoteo 3:1–4, las mismas
características del antiguo paganismo (Romanos 1:29–32). [Auberlen.] Me parece que se significa más de una herida:
por ejemplo, aquella inferida pajo Constantino (cuando el culto pagano a la imagen del emperador, cedió su lugar al
cristianismo), seguida por la cura, cuando el culto a las imágenes y otros errores papistas fueron introducidos en la
Iglesia; otra vez, aquella de la reforma, que fué seguida por la letárgica forma de piedad sin el poder, que está por
culminar en la última apostasía, que yo identifico con la segunda bestia (13:11), el anticristo, el mismo séptimo poder
mundial en otra forma. se maravilló—siguiéndola en admirada contemplación. 4. que había dado—A, B, C, y la
Vulgata, la Siríaca, y Andreas dicen, “porque dió”. potestad—Griego, “la autoridad,” la que tenía, la suya. ¿Quién es
semejante a la bestia.. ?—El mismo lenguaje propio de Dios (Exodo 15:11; del que los Macabeos tomaron, en el hebreo
su nombre; los opositores del anticristo del Antiguo Testamento, Antíoco); Salmo 35:10; 71:19; 113:5; Miqueas 7:18;
blasfemia (13:1, 5) atribuída a la bestia. Es una parodia del nombre de “Miguel” (comp. el 12:7), que significa, “¿quién
semejante a Dios?” 5. blasfemias—Así Andreas, pero B dice “blasfemia,” y A, “cosas blasfemas” (comp. Daniel 7:8;
11:25). potencia—“autoridad;” poder legítimo (Griego, exousía). de obrar—B dice: “de hacer guerra” (13:4). cuarenta y
dos meses—(Notas, 11:2, 3; 12:6). 6. abrió su boca—la fórmula común de una oración formal, o de una serie de
discursos. Los vv. 6 y 7 amplifican esta idea. blasfemias—Así A, C, B y Andreas dicen “blasfemia.” y a los—“que
moran (lit., (víven en tiendas”) en el cielo”, no sólo los ángeles, y las almas de los santos finados, sino de los creyentes
en la tierra, que tienen su ciudadanía en el cielo, cuya verdadera vida está escondida del perseguidor anticristiano en
lo secreto del tabernáculo del Dios. Nota, 12:12; Juan 3:7. 7. potencia—Griego, “autoridad.” tribu y pueblo y lengua y
gente—A, B, C, la Vulgata, la Siríaca, Andreas y Primasius dicen así; no omiten “gente.” 8. moran en (sobre) la tierra—
siendo terrenos; en contraste con “los que moran en el cielo.” cuyos nombres no están escritos—A, B, C, la Siríaca, la
Cóptica y Andreas dicen “cuyo nombre no está escrito.” Cordero … muerto desde el principio (fundación) del
mundo—El orden griego favorece esta traducción. Fué muerto en los eternos consejos del Padre: comp. 1 Pedro 1:19, 20,
texto virtualmente paralelo. Otra traducción es: “< escritos desde el principio del mundo en el libro <” Aquélla es en
el griego la más obvia y sencilla. “Toda virtud que hubiese en los sacrificios se efectuaba sólo por medio de la muerte
de Cristo. Como él era el Cordero muerto desde la fundación del mundo, toda la propiciación jamás hecha, fué
efectuada sólo por la sangre de él.” [Obispo Pearson, Credo.] 9. Exhortación general. Las propias palabras
amonestadoras de Cristo reclaman solemne atención. 10. El que lleva—A, B, C, y la Vulgata dicen: “Si alguno es para
cautividad <” Comp. Jeremías 15:2, aludido aquí. Aleph, B y C omiten “en cautividad” después de “va.” el que a
cuchillo—Así B y C; pero A dice: “Si alguno es para ser muerto <” Desde antiguo, así ahora, los que deben ser
perseguidos por la bestia, tienen ya sus respectivas pruebas determinadas por el fijo consejo de Dios. En nuestra
versión el sentido es muy distinto: el de amonestación a los perseguidores de que alcanzarán el castigo de retribución
en especie. [PAG. 805] Aquí—en soportar sus padecimientos determinados consiste “la paciencia (perseverancia) de
los santos.” Este ha de ser el lema, o santo y seña, de los elegidos durante el período del imperio mundial. Como había
de enfrentarse con la primera bestia con paciencia y fe (13:10), a la segunda debe combatírsele con verdadera sabiduría
(13:18). 11. otra bestia—“el falso profeta.” de (desde) la tierra—de entre la sociedad civilizada, consolidada, y
ordenada, pero no obstante su cultura toda, era terrenal en distinción de “la mar,” las agitaciones turbulentas de
varios pueblos de los que emergieron el poder mundial y sus varios reinos. “El poder perseguidor sacerdotal, pagano y
cristiano; el sacerdocio pagano que hace que los cristianos sean forzados a adorar la imagen del emperador y que hace
maravillas y señales por medio de la magia y tiene supersticiones, que son como corderos en sus profesiones
cristianas, y como dragones en sus palabras y hechos” [Alford y así el jesuíta español Lacuza que escribe bajo el
nombre de Ben Ezra]. Como la primera bestia era semejante al Cordero, con herida mortal, como si fuese, así la segunda
es semejante al Cordero teniendo dos cuernos corderinos (su diferencia esencial del Cordero está en que tiene DOS
cuernos, mientras el Cordero tiene SIETE 5:6). El paganismo anterior del poder mundial, herido al parecer de muerte
por el cristianismo, vuelve a vivir. En su segunda forma de bestia es el paganismo cristianizado, que sirve al anterior y
que tiene la cultura y conocimientos terrenales que lo recomiendan. El surgimiento de la segunda bestia, o sea el falso
profeta, coincide en tiempo con la cura de la herida mortal de la bestia y su resurrección (13:12–14). Su carácter
múltiple fué señalado por el Señor en Mateo 24:11, 24, “< muchos falsos profetas se levantarán”, hablando él de los
últimos días. Como la primera de las dos bestias corresponde a las primeras cuatro de Daniel, así esta segunda, o el
falso profeta, el cuerno pequeño que brotó entre los diez cuernos de la cuarta bestia de Daniel. Este cuerno
anticritsiano no sólo tiene la boca de blasfemia (13:5), sino también “los ojos de hombre” (Daniel 7:8): aquélla, mas no
éstos, tiene también la primera bestia. “Los ojos de hombre” simbolizan la astucia y la cultura intelectual, las mismas
características del “falso profeta” (13:13–15; 16:14). La primera bestia es física y política; la segunda es un poder
espiritual, el poder del saber, de las ideas (término favorito de la escuela francesa de política), y del cultivo científico.
Ambos son bestias, son de abajo y no de arriba; fieles aliados, la mundana sabiduría anticristiana al servicio del
mundano poder anticristiano: el dragón es tanto león como serpiente: la fuerza y la astucia son su armadura. El
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dragón da su poder externo a la primera bestia (13:2): su espíritu a la segunda, de modo que había como dragón (13:11).
La segunda, que sube de la tierra, se dice en 11:7 y 17:8 que asciende del abismo; su misma cultura y su sabiduría
mundana sólo intensifican su carácter infernal, la pretensión de conocimiento superior y filosofía racienalista (como
en la tentación primitiva, Génesis 3:5, 7, “sus OJOS, como aquí, fueron abiertos” disimulando la deificación de la
naturaleza, del yo y del hombre. De ahí surgieron idealismo, materialismo, deísmo, panteísmo y ateísmo. El anticristo
será la culminación. La pretensión del papado al doble poder, tanto al secular como al espiritual, es un ejemplo y tipo
de la bestia doble, la que sale del mar, y la que sale de la tierra, o sea del abismo. El anticristo será, el clímax, la forma
final. Primasius de Andrumetum, del siglo seis, dice, “Pretende ser un cordero para poder atacar al Cordero, el cuerpo
de Cristo.” 12. poder—Griego, “autoridad.” en presencia de ella—sirviéndola, y apoyándola. “La no existencia de la
bestia abarca todo el período germánico cristiano. La cura de la herida, y el retorno de la bestia, se representa (en
cuanto a su manifestación anticristiana final, aunque incluye también, mientras tanto, su cura y su retorno bajo el
papado, el paganismo bautizado) en aquel principio que, desde 1789, se viene manifestando en irrupciones bestiales.”
[Auberlen.] moradores—Los mundanos. La Iglesia se vuleve ramera: el poder político mundial, la bestia anticristiana; la
sabiduría y la civilización del mundo, el falso profeta. Los tres oficios de Cristo son así pervertidos: la primera bestia es
el reinado falso; la ramera, el sacerdocio falso; la segunda bestia, el falso profeta. La bestia es el poder corporal, el falso
profeta el intelectual, la ramera el espiritual del anticristianismo. [Auberlen.] La Iglesia del Antiguo Testamento estaba
bajo el poder de la bestia, el imperio mundial pagano; la de la edad medioeval bajo el poder de la ramera; en tiempos
modernos el falso profeta predomina. Pero en los últimos tiempos todos estos poderes antidivinos que se han sucedido
unos a otros, cooperarán, y unos y otros alcanzarán el poder más terrible e intenso de su naturaleza: el falso profeta hará
que los hombres adoren a la bestia, y la bestia lleva a la ramera. Estas tres formas de apostasía son reducibles a dos, la Iglesia
apóstata y el mundo apóstata, el seudocristianismo y el anticristianismo, la ramera y la bestia; pues el falso profeta es
también una bestia; y las dos bestias, como diferentes manifestaciones del mismo principle bestial, quedan
distintamente de la ramera, y al fin son juzgados juntos, mientras que sobre la ramera cae un juicio separado.
[Auberlen.] llaga de muerte—Griego, “herida de muerte,” o mortal. 13. descender fuego—Este es el mismo milagro
que obraron los dos testigos, y que tiempo hacía obró Elías; esto lo imita la bestia del abismo, o sea, el falso profeta.
No meramente embustes, sino milagros de género demoníaco, y con la ayuda de demonios, como aquellos de los
magos egipcios, serán obrados, los más capaces para engañar: hecho según la operación (energía) de Satanás. 14.
engaña a los moradores de la tierra—a los de mente carnal, mas no a los elegidos. Ni basta un milagro para merecer la
fe en una revelación profesada, a menos que dicha revelación esté en armonía con la voluntad de Dios ya revelada.
por las señales—Griego, “a causa (en consecuencia) de las señales <” la bestia que—la primera bestia (13:3). “la que
tiene <” según A, C, y la Vulgata; B y Andreas dicen “tenía.” A, B, C, dicen: “tiene”, personificando la bestia
simbólica. el anticristo. 15. espíritu a la imagen—Nabucodonosor levantó en Dura una imagen de oro que adorasen,
probablemente de sí mismo; porque su sueño había sido interpretado: “Tú eres esta cabeza de oro”; los tres hebreos
que se negaron a adorar a la imagen fueron arrojados [PAG. 806] al horno encendido. Todo esto tipifica la última
apostasía. Plinio, en su carta a Trajano, declara que consignó al castigo a aquellos cristianos que no quisieron adorar la
imagen del emperador con incienso y vino. Así Julián, el apóstata, puso su propia imagen con los ídolos de los dioses
paganos en el Foro, de modo que los cristianos al hacerle reverencia parecieran rendir culto a los ídolos. Así la imagen
de Carlomagno fué levantada para el homenaje; y el papa adoró al nuevo emperador (Dupin, vol. 6. p. 126). Napoleón,
sucesor de Carlomagno, se propuso, después de rebajar al papa removiéndolo a Fontainbleau, hacer luego “de él un
ídolo” (Memorial de Sainte Helene); guardando cerca de sí al papa, hubiera, con la influencia de él, dirigido tanto el
mundo religioso como el político. La dinastía napoleónica revivida puede ser que, en alguna persona representativa,
realice el proyecto, llegando a ser la bestia auxiliada por el falso profeta (tal vez algún suplantador abiertamente ateo
del papado, bajo un antifaz espiritual, después que la ramera, o iglesia apóstata, que es distinta de la segunda bestia,
haya sido desnudada y juzgada por la bestia, 17:16); puede ser que entonces haga levantar una imagen en su honor
como prueba de fidelidad secular y espiritual. hable—“La falsa doctrina dará alguna apariencia espiritual, filosófica a
la apoteosis insensata de la criatura personificada por el anticristo.” [Auberlen.] Jerónimo, sobre Daniel 7, dice que el
anticristo “será uno de la raza humana en el cual el todo de Satanás morará corporalmente.” Las imágenes parlantes
de Roma y los cuadros guiñadores de la virgen María no son sino arras de los futuros milagros demoníacos del falso
profeta, al hacer hablar la imagen de la bestia (el anticristo). 16. una marca—como la que los amos estampaban en sus
esclavos, y los monarcas en sus súbditos. Los soldados voluntariamente tatuaban en los brazos las marcas del general
que los mandaba. Los devotos de ídolos se marcaban con la cifra o símbolo del ídolo. Así Antíoco Epífanes imprimió a
los judíos la figura de la hoja de hiedra, símbolo de Baco (2 Macabeos 6:7; 3 Macabeos 2:29). Contrástese el sello y
nombre de Dios en las frentes de sus siervos, 7:3; 14:1; 22:4 Gálatas 6:17: “Llevo en mi cuerpo las marcas del Señor Jesús,”
es decir, soy su soldado y su esclavo. La marca en la mano derecha y en la frente expresa la postración de los poderes
físicos e intelectuales a la dominación de la bestia. “En la frente por vía de profesión; en la mano con respecto a obra y
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servicio.” [Agustín.] 17. Y—Así A, B, y Vulgata; pero C, Ireneo Cóptica y Siríaca omiten la conjunción. señal o el
nombre—“la marca de la bestia” puede ser, como en la selladura de los santos en la frente, no una marca visible, sino
una simbólica de fidelidad. Así la señal de la cruz del papismo. El interdicto del papa a menudo ha excluído a los
excomulgados de las relaciones sociales y comerciales. Bajo el final anticristo esto se hará en su forma más violenta.
número de su nombre—indica que el nombre tiene algún sentido numérico. 18. sabiduría—La armadura contra la
segunda bestia, como la paciencia y la fe contra la primera. La sabiduría espiritual se necesita para resolver el misterio de
la iniquidad, para que uno no sea engañado por él. cuente … porque—El “porque” indica la posibilidad de calcular o
contar el número de la bestia. número de hombre—es decir, se cuenta como generalmente cuentan los hombres. El
número es número de hombre, no de Dios; se ensalzará sobre el poder de la divinidad, como el HOMBRE de pecado.
[Aquinas.] Aunque es una imitación del nombre divino, no es sino humano. seiscientos sesenta y seis—A y la Vulgata
escriben los números completos en el griego, pero B pone solamente las tres letras, signos numéricos (Ch, X, St.) C dice
616, pero Ireneo lo refuta y defiende el 666. Ireneo discípulo de Policarpo, discípulo de Juan, explica que este número
es el valor de las letras griegas en la palabra Lateinos (Latino). L significa 30; A, 1; T, 100; E, 5; I, 10; N, 50; O, 70; S, 200;
total, 666. El latín es peculiarmente el lenguaje de la Iglesia de Roma en todos sus actos oficiales; la unidad forzada de
idioma en el ritual siendo la falsificación de la verdadera unidad, que se ha de realizar sólo en la venida de Cristo,
cuando toda la tierra hablará “una lengua” (Sofonías 3:9). El último anticristo puede ser que tenga una relación íntima
con Roma, y así el nombre Lateinos (666) sea aplicado a él. Las letras hebraicas de Balaam suman 666 [Bunsen]; tipo de
profeta falso, cuya característica, como la de Balaam, será un alto conocimiento espiritual pervertido hacia fines
satánicos. El número seis es número mundano; en 666 ocurre en unidades, decenas, y centenas. El que le sigue es siete
el número sagrado, pero está separado de él por un abismo infranqueable. Es el número del mundo que está entregado a
juicio; por tanto hay una pausa entre los sellos sexto y séptimo, y entre las trompetas sexta y séptima. Los juicios sobre
el mundo se completan en seis; por el cumplimiento de siete, los reinos del mundo llegan a ser de Cristo. Como doce es
el número de la Iglesia, así seis, la mitad, simboliza el imperio mundial, poder del mundo, quebrantado. El ascenso de
seis a decenas y centenas indica que la bestia, no obstante su progresión a cifras superiores, no puede engrandecerse
más allá de la madurez para el juicio. Así el 666, el poder del mundo juzgado, está en contraste con los 144.000
sellados y transfigurados (el número de la Iglesia cuadrado y multiplicado por mil, el número que simboliza el
mundo dirigido por Dios: diez, el número del mundo levantado a su tercera potencia, el número de Dios. [Auberlen.]
La marca y el nombre son uno y el mismo. Las primeras dos consonantes son las mismas de Cristo (Christos, en el griego)
y de marca (Charagma), y formaron el monograma imperial de la Roma cristiana. El anticristo, que se finge Cristo,
adopta un símbolo similar, pero no concordante con el monograma de Cristo (Ch, X, St.); mientras que las
consonantes de “Cristo” son Ch, R, St. La Roma Papal en modo similar ha sustituído el estandarte de las llaves por el
de la cruz. Así en la acuñación papal (la imagen de poder, Mateo 22:20). Las primeras dos letras de “Cristo,” Ch, R,
representan 700 el número perfecto. Las Ch, X St., representan un número imperfecto, una triple apostasía de la
perfección septenaria. [Wordsworth.]
CAPITULO 14
EL CORDERO VISTO EN SION CON LOS 144.000. SU CANTICO. EL EVANGELIO PROCLAMADO ANTES
DEL FIN POR UN [PAG. 807] ANGEL: LA CAIDA DE BABILONIA ANUNCIADA POR OTRO: LA
CONDENACION DE LOS QUE ADORARON A LA BESTIA, POR UN TERCERO. LA BIENAVENTURANZA DE
LOS MUERTOS EN EL SEÑOR. LA SIEGA. LA VENDIMIA. En contraste con la bestia, el falso profeta, y la Iglesia
apóstata (cap. 13), e introductorios al anuncio de juicios que estaban por descender sobre ellos y sobre el mundo (14:8–
11, en anticipación de 18:2–6), están aquí los redimidos, “la divina simiente de la humanidad, los frutos positivos de la
historia del mundo y de la Iglesia.” [Auberlen.] Los Caps. 14–16. describen los preparativos para el juicio mesiánico.
Como el Cap. 14 empieza con los 144.000 de Israel (Comp. el 7:4–8, ya no expuestos a las pruebas como entonces, sino
ahora triunfantes), así el Cap. 15 empieza con aquellos que de entre los gentiles han vencido (comp. el 15:1–5 con 7:9–
17); las dos clases de elegidos forman juntos la compañía entera de los santos transfigurados que reinarán con Cristo.
1. Cordero … Sión—habiendo dejado su posición “en medio del trono,” y ocupado su puesto en el monte de Sión. de
su Padre—A, B, C, dicen “el nombre de él y el nombre de su Padre.” en—Griego, “sobre sus frentes.” El nombre de Dios
y de Cristo aquí corresponde al “sello sobre sus frentes” (7:3). Como los 144.000 son “las primicias” (14:4), así “la
siega” 14:15) es la asamblea general de los santos gentiles que han de ser trasladados por Cristo como su primer acto
al asumir su reino, anterior a su juicio (cap. 16, las últimas siete copas) sobre el mundo anticristiano (cap. 16.), juicio en
el que participarán sus santos. Como Noé y Lot fueron sacados oportunamente del juicio, pero expuestos a la prueba en
el último momento [De Burgh], así los que reinarán con Cristo, primero sufrirán con él, siendo libertados de los juicios,
pero no de las pruebas. “Los santos del Altísimo” significa los judíos: porque los verdaderos israelitas no pueden
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participar en la idolatría de la bestia, lo mismo que los cristianos verdaderos. La común aflicción unificará a aquéllos y
a éstos en oposición al culto a la bestia. Así se prepara el camino para la conversión de Israel. Este último y terrible
esparcimiento del poder del pueblo santo, los llevará, bajo el Espíritu, a buscar al Mesías, y a clamar al acercarse él,
“Bendito el que viene en el nombre del Señor.” 2. ruido de muchas aguas—Griego, “Voz de muchas aguas,”, como es
la voz de él mismo, tal es la voz de su pueblo, oí una voz de tañedores de arpas—A, B, C, y Orígenes dicen: “la voz
que of era como de tañedores <” 3. cantaban—Griego, “cantan.” un cántico nuevo—Así B, la Siríaca, la Cóptica,
Orígenes, Andreas; pero A, C, y la Vulgata dicen: “como (si fuera) un cántico nuevo:” porque es en verdad tan antiguo
como el eterno propósito de Dios. Comp. 5:9, 10. El cántico es de victoria después del conflicto con el dragón, la bestia
y el falso profeta: nunca cantado antes, pues jamás se llevó a cabo antes semejante conflicto; por tanto nuevo: hasta
ahora el reino de Cristo estaba usurpado; cantan el nuevo cántico en anticipación a la asunción por él con los santos de
su reino comprado con su sangre. cuatro animales—más bien como el Griego, “cuatro seres animados,” o criaturas
vivientes. Los tañedores y cantores incluyen evidentemente a los 144.000: así comprueba el paralelo (15:2, 3), donde se
atribuye el mismo acto a la general compañía de los santos, la siega (14:15) de todas las naciones. No como Alford: “los
tañedores y el cántico están en el cielo, pero los 144.000 en la tierra.” comprados—Ni pueden den los ángeles aprender
aquel cántico, porque ellos no saben experimentalmente lo que es “haber salido de la gran tribulación, y emblanquecido
sus ropas en la sangre del Cordero” (7:14). 4. vírgenes—Espiritualmente (Mateo 25:1); en contraste con la Iglesia
apóstata, Babilonia (14:8), espiritualmenle una “ramera” (17:1–5; Isaías 1:21 contraste: 2 Corintios 11:2; Efesios 5:25–
27). El que no fueron contaminados con mujeres significa que no fueron desencaminados de la fidelidad cristiana por los
tentadores, que conjuntamente constituyen la ramera. siguen al Cordero por dondequiera que fuere—en la gloria,
estando especialmente cerca de su persona; la recompensa propia a su fidelidad en seguirle tan perfectamente en la
tierra. primicias—No meramente en el sentido en que todos los creyentes lo son, sino que los 144.000 elegidas de
Israel son las primicias; la Iglesia elegida judaica y gentílica es la siega; en otro sentido más, el todo de la Iglesia
transfigurada y trasladada que reina con Cristo en su venida, es las primicias, y la convocación general posterior de
Israel y de las naciones, que termina en el juicio final, es la siega plena y final. 5. engaño—Así Andreas en un lugar;
pero A, B, C, Orígenes y Andreas en otro lugar, dicen: “mentira.” Comp. Salmo 32:2; Isaías 53:9; Juan 1:47. porque—
Así B, la Siríaca, la Cóptica, Orígenes, Andreas: omitida por A y C. sin mácula—Griego, “sin culpa,” irreprochables: en
cuanto a la sinceridad de su fidelidad al Señor. No absolutamente, y en sí solos sin culpas; pero tenidos por justos en
base a la justicia del Señor, en quien sólo habían confiado, y a quien fielmente habían servido por el Espíritu de él en
ellos. Parece hacerse alusión al Salmo 15:1, 2. Comp. el 14:1: “estaba sobre el monte Sión.” delante del trono de Dios—
A, B, C, la Siríaca, la Cóptica, Orígenes y Andreas omiten estas palabras. El manuscrito más antiguo de la Vulgata las
tiene. 6. Aquí empieza la porción relativa al mundo gentil, como la primera parte tiene que ver con Israel. Antes del fin
el evangelio ha de ser predicado como un TESTIMONIO a todas las naciones: no que todas las naciones han de ser
convertidas, sino que todas las naciones tendrán la oportunidad de decidirse en favor o en contra de Cristo. Los así
evangelizados son “los que moran” (así dicen A, la Cóptica y la Siríaca. Pero B, C, Orígenes, la Vulgata, Cipriano, dicen
“están sentados,” Mateo 4:16; Lucas 1:79, que tienen su domicilio establecido) en la tierra,” siendo terrenos: éste es el
último plazo de gracia que se les da por si acaso aun se arrepienten, antes de que el “juicio” (14:7) caiga: si no,
quedarán sin excusa, como el mundo que se resistió a la predicación de Noé durante los 120 años “mientras la
longanimidad de Dios esperaba.” Así también los profetas dieron al pueblo una última oportunidad para arrepentirse
antes de la destrucción babilónica de Jerusalén, y nuestro Señor y sus apóstoles antes de la destrucción romana de la
santa ciudad.” [Auberlen.] predicarlo a—la preposición griega, es epí, “sobre,” “con respecto a” (así en A y C: Marcos
9:12; Hebreos 7:13). Asimismo “sobre toda nación” (A, B, C, Orígenes, Andreas, [PAG. 808] Cipriano, y Primasius).
Esto denota acaso que el evangelio, si bien difundido sobre el globo, no vendrá para salvar sino a los elegidos. El
mundo no ha de ser evangelizado sino hasta cuando Cristo venga: entretanto, es el propósito de Dios “sacar de entre
los gentiles un pueblo para su nombre,” para que sean testigos de la operación efectiva de su Espíritu durante el
desarrollo contrario del “misterio de la iniquidad.” evangelio eterno—el evangelio que anuncia las buenas nuevas del
reino eterno de Cristo, que está por seguir inmediatamente después del “juicio” sobre el anticristo, anunciado como
inminente en 14:7. Como el ángel anterior, que “volaba por medio del cielo” (8:13) anunció el “ay,” así éste “volando
en medio del cielo” proclamó el gozo. Los tres ángeles que hacen esta última proclamación del evangelio, de la caída
de Babilonia (14:8), de la ramera, y del juicio contra los que adoraban a la bestia (14:9–11), la voz del cielo con respecto
de los muertos bienaventurados (14:13), la visión del Hijo del hombre en la nube (14:14), la siega (14:15), y la vendimia
(14:18), forman el resumen compendioso, amplificado en el resto del libro. 7. Temed a Dios—El preanuncio, para que
acepten el amor de Dios manifestado en el evangelio. El arrepentimiento acompaña a la fe. dadle honra—A Dios, y no a
la bestia (13:4; Jeremías 13:16). la hora de su juicio—“La hora” denota tiempo determinado. “Juicio,” no el general, sino
el que viene sobre Babilonia, la bestia y sus adoradores (14:8–12). adorad a aquel que ha hecho el cielo—no al
anticristo, el que “se sienta en el templo de Dios, haciéndose parecer Dios” (Véase Hechos 14:15). 8. otro ángel—Así la
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Vulgata; pero A, B, la Siríaca y Andreas agregan “segundo;” “Otro segundo ángel.” Babilonia—Aquí mencionada por
primera vez; idéntica a la ramera, la Iglesia apóstata; distinta de la bestia, y juzgada por separado. Ha caído—Griego,
“Cayó;” B, C, y la Cóptica omiten el segundo “cayó.” aquella grande ciudad—A, B, C, la Vulgata, la Siríaca y la Cóptica
omiten “ciudad:” tradúzcase: “Cayó Babilonia la grande.” El cumplimiento ulterior y completo de Isaías 21:9.
porque—Así Andreas, pero A, C, la Vulgata y la Siríaca dicen: “la que.” B y la Cóptica omiten. Aunque leamos el
relativo, debemos entenderlo como razón de su caída. vino del furor de su fornicación—el vino de la ira de Dios, la
consecuencia de su fornicación. Como ella había emborrachado a las naciones con el vino de su fornicación, así se le
hará a ella borracha del vino de la ira de Dios. 9. el tercer ángel—A, B, C, y Andreas dicen: “otro ángel un tercero.”
Véase 13:15, 16. 10. también beberá—como justa e inevitable retribución. caliz de su ira—(Salmo 75:8.) echado puro—
mientras que tan comúnmente se mezclaba el vino con agua que echar vino significaba mezclarlo; este vino de la ira de
Dios es “sin mezclar,” ni una gota de agua hay para enfriar su calor. Ninguna gracia ni esperanza le acompañan. Esta
terrible amenaza bien puede elevarnos por encima de las amenazas de los hombres. Esta copa sin mistura ya está
preparada para Satanás y para los seguidores de la bestia. su ira—Griego, (orges), “ira habitual.” El vocablo anterior
(“vino de la ira”; Griego, thumou) es indignación hirviente, de un radical (thuoo) que significa hervir; ésta es la ebullición
momentánea de la ira; aquélla la permanente [Ammenius], acompañada con el propósito de la venganza (Orígenes
sobre el Salmo 2). atormentado … ángeles—(Salmo 49:14; 58:10; 139:21; Isaías 66:24.) A los enemigos de Dios los
santos los tienen por enemigos suyos, y pasado el día de la probación, su mente sará tan una con la de Dios, que se
regocijarán al ver la vindicación judicial de la justicia de Dios en el castigo de los pecadores. 11. para siempre jamás—
“hasta los siglos de los siglos.” no tienen reposo día ni noche—Nótese el contraste de sentido en que se dice lo mismo
de los cuatro seres vivientes (4:8). Los del Señor tienen reposo del pecado y de la tristeza, pruebas y tentaciones
(14:13); pero los perdidos no descansarán del pecado y de Satanás, del terror, del tormento ni del remordimiento. 12.
Aquí …—Resumido del 13:10, donde véase la Nota. En la fogosa prueba de la persecución que espera a todos los que
no quieren adorar a la bestia, será probada de veras la fe y la paciencia de los que siguen a Dios y a Jesús. paciencia—
Griego, (hupomene), paciencia perseverante. El segundo “aquí” es omitido por A, B, C, la Vulgata, la Siríaca, la Cóptica y
Primasius. Tradúzcase: “Aquí está la paciencia de los santos, los que <” la fe de Jesús—la fe que tiene a Jesús por su
objeto. 13. Consuelo para animar a los que son perseguidos bajo la bestia. Bienaventurados—en el descanso de sus
fatigas, y en el caso de los santos aquí aludidos, perseguidos por la bestia, descanso de sus persecuciones, etc. La plena
bienaventuranza es ahora “de aquí adelante,” es decir, DESDE AHORA, cuando el juicio sobre la bestia y el
recogimiento de los elegidos son inminentes. El tiempo deseado tan ardientemente por los mártires está ya casi por
llegar; el número pleno de los consiervos de ellos está a punto de cumplirse; ya no tienen que reposar (el mismo griego
como aquí, anapausis) ni aun un poquito; su descanso eterno, su cesación de las fatigas (2 Tesalonicenses 1:7, griego anesis,
sosiego o cesación de los trabajos duros. Hebreos 4:9, 10, sábatismo de descanso; y el Griego katapausis) ya se aproximó.
Son felices porque pronto han de presentarse a las bodas del Cordero (19:9), porque tienen parte en LA primera resurrección
y tienen parte en el árbol de la vida (20:6; 22:14). En 14:14–16, sigue la explicación de por qué se les llama
“bienaventurados” ahora especialmente, a saber, porque el Hijo del hombre sobre la mube ya viene, para juntarlos como
la siega madura para los segadores de él. Escribe—para constancia permanente. Sí, dice el Espíritu—Las palabras de
Dios el Padre (la “voz del cielo”) son repetidas y confirmadas por el Espíritu (hablando en el Verbo, 2:7; 22:17; y en los
santos, 2 Corintios 5:5; 1 Pedro 4:14). Todas “las promesas de Dios en Cristo son sí” (2 Corintios 1:20). que me decía—
A, B, C, la Vulgata, la Siríaca y la Cóptica, omiten “me”. porque sus obras—Descansan de sus trabajos, porque el tiempo
de los trabajos ya pasó; entran al feliz descanso, a causa de su fe evidenciada por sus obras, las que por tanto “siguen
CON (así el griego) ellos.” Se especifican sus obras, porque había de tenerlas en cuenta para el juicio que venía, cuando
cada uno será “juzgado según sus obras.” Sus obras no preceden al creyente, ni tampoco van a su lado, sino que
siguen al mismo tiempo cuando van con él como prueba de que es de Cristo. 14. corona—Griego, (stephanon), guirnalda
de victoria; no la diadema de rey. La victoria se describe en detalle [PAG. 809] en 19:11–21. 15. Mete tu hoz—Griego,
“Envía.” El ángel no ordena al “Hijo del hombre” (14:14), sino que es solamente el mensajero que anuncia al Hijo la
voluntad de Dios el Padre, en cuyas manos están guardados los tiempos y las sazones. La hoz alude a Marcos 4:29,
donde también se dice envía la hoz. El Hijo envía a su ángel, que lleva la hoz para segar a los justos cuando estén bien
maduros. la mies—la cosecha. Con la siega de la cosecha los justos elegidos son recogidos de entre el mundo; con la
vendimia los ofensores anticristianos son quitados de la tierra, el escenario del futuro reino de Cristo. El Hijo del
hombre mismo, con una corona de oro, se presenta en el recogimiento de los santos; un verdadero ángel en la vendimia
(14:18–20). madura—para la gloria. 17. del templo … cielo—(11:19, ) 18. del altar—donde fueron ofrecidas las
oraciones de los santos, acompañadas por el incienso, que son contestadas con el ardiente juicio de Dios que cae sobre
los enemigos de la Iglesia, tomado el fuego del altar y arrojado sobre la tierra. maduras—Griego, “venidas a su acmea
(colmo);” maduras para el juicio. 19. “La viña” es el sujeto del juicio porque sus uvas no son lo que Dios esperaría,
dada la cuidadosa cultivación, sino “uvas salvajes” (Isaías 5). El mundo apóstata del cristianismo, no el mundo del
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paganismo que no ha oído de Cristo es el objeto del juicio aquí. Comp. el emblema, 19:15; Isaías 63:2, 3; Joel 3:13. 20.
fuera de la ciduad—Jerusalén. El escenario del derramamiento de la sangre de Cristo y de su pueblo será el escenario
de la venganza de Dios sobre el enemigo anticristiano. Véase el “jinete,” 9:16, 17. sangre—correspondiente a la sangre
roja. La matanza de los apóstatas es lo que se trata aquí, no el castigo eterno. hasta los frenos de los caballos—de los
vengadores “ejércitos del cielo.” por mil y seiscientos estados—Lit., “desde (la distancia de) 1600 estados.” [W.
Kelley.] 1600 es número cuadrado; 4 por 4 por 100. Los cuatro cabos de la Tierra Santa, o bien del mundo (la
consumación y la universalidad de la destrucción mundial indicadas aquí). No corresponde precisamente al largo de
la Palestina dado por Jerónimo, 160 millas romanas. Bengel opina que se trata del valle de Cedrón, entre Jerusalén y el
monte de las Olivas, que el torrente del valle sería coloreado con sangre hasta los 1600 estados. Esto parece que
concuerda con la profecía de Joel acerca de que el valle de Josafat ha de ser la arena de la derrota de los enemigos
anticristianos.
CAPITULO 15
LAS ULTIMAS SIETE COPAS DE PLAGAS: CANTICO DE LOS VICTORIOSOS SOBRE LA BESTIA. 1. plagas—
Griego, “tenían siete plagas (que son) las últimas.” Es consumada—“Se cumplió:” el pretérito profético por el futuro:
el futuro es para Dios como si estuviera pasado, tan segura de realización es su palabra. Este versículo es resumen de
la visión que sigue; los ángeles no reciben las copas en efecto sino hasta el v. 7; pero aquí, en el primero, por
anticipación se dice que las tienen. Después de éstas, no hay más plagas hasta que el Señor venga en juicio. La
destrucción de Babilonia es la última: luego en el cap. 19, él aparece. 2. mar de vidrio—Corresponde al mar de bronce
o gran lavacro delante del propiciatorio en el templo de Jerusalén, para la purificación de los sacerdotes; tipifica el
bautismo de agua y del Espíritu de todos los que son hechos reyes y sacerdotes para Dios. mezclado con fuego—
correspondiente al bautismo de fuego en la tierra, es decir, las pruebas por fuego, así como del Espíritu Santo, que el
pueblo de Cristo recibe para su purificación, de igual manera que el oro en el horno es purificado de su escoria. los
que habían alcanzado …—Griego, “los vencedores salidos de (el conflicto con) la bestia.” de su señal—omitidas por
A, B, C, la Vulgata, la Siríaca y la Cóptica. La marca es, en efecto, el número de su nombre, que los fieles se niegan a
recibir, y así quedan victoriosos sobre el mismo. estar sobre el mar de vidrio—Alford y De Burgh explican “sobre (la
ribera de) el mar;” al mar. Así se usa la preposición epí con el acusativo en 3:20, “Estoy a la puerta.” Tiene un sentido
pleno; el verbo estar significa reposo, y la preposición griega epí con el acusativo moción hacia. El sentido es pues,
Habiendo venido HASTA el mar, están ahora en pie ALLA. En Mateo 14:26, donde Cristo camina sobre el mar, los
manuscritos más antiguos tienen el caso genitivo, no el acusativo como aquí. Se hace alusión a los israelitas cuando
estuvieron a la ribera del mar Rojo, habiéndolo cruzado victoriosamente, después de que el Señor hubo destruído al
enemigo egipcio (tipo del anticristo) en el mar. Moisés y el cántico triunfal de los israelitas (Exodo 15) tienen su
antitipo en “el cántico de Moisés y del Cordero” (15:3). Con todo nuestra versión es consecuente con el griego bueno,
y el sentido pues sería: Como la mar tipifica el estado de perturbación del que asciende la bestia, estado que ya no ha
de existir en el bendito mundo venidero (21:1), así los santos victoriosos están en pie sobre ella, teniéndola debajo de
los pies (como la mujer tenía la luna, 12:1); pero ya no es traicionera para dejar que los pies se hundan, sino que está
sólida como vidrio, como estuvo bajo los pies de Cristo, en cuyo triunfo y poder participan los santos ahora. La
firmeza de pie en medio de la aparente inestabilidad, se representa así. Pueden estar en pie, no meramente como
Israel victorioso en el mar Rojo, y como Juan sobre la arena del mar, sino sobre la mar misma, arrojando más brillo sus
conflictos pasados sobre su presente triunfo. Su felicidad se agranda mirando retrospectivamente los peligros ya
pasados. Esto pues corresponde a 7:14, 15. arpas de Dios—en las manos de estas vírgenes celestiales, sobrenujan
infinitamente a los panderos de María y sus doncellas. 3. cántico de Moisés … y del Cordero—El cántico
neotestamentario del Cordero (eso es, el que el Cordero guiará, como “Capitán de nuestra salvación”, así como
Moisés guió a los israelitas, el cántico que entonarán los que venzan por él, Romanos 8:37; Apocalipsis 12:11), es el
antitipo de aquel de Moisés y los israelitas en el mar Rojo (Exodo 15). La Iglesia del Antiguo y la del Nuevo
Testamento, son esencialmente una en sus conflictos y en sus triunfos. Las dos parecen unidas en esta frase, como lo
son en los veinticuatro ancianos. Asimismo, Isaías 12 predice el cántico de los redimidos (Israel delante de todos),
después del segundo éxodo y liberación antitípicos en el mar Egipcio. El paso por el mar Rojo bajo la columna de nube,
fué el bautismo de Israel, al que corresponde el [PAG. 810] bautismo de conflictos del creyente. Los elegidos después
de sus conflictos (especialmente los causados por la bestia), serán arrebatados antes de que las copas de ira sean
derramadas sobre la bestia y sobre su reino. Así Noé y su familia fueron quitados del mundo condenado, antes del
diluvio; Lot fué llevado de Sodoma antes de la destrucción de ella; los cristianos se escaparon por una interposición
especial de la Providencia hasta Pella antes de la destrucción de Jerusalén. Como la columna de nube y de fuego se
interpuso entre Israel y sus enemigos egipcios, de modo que Israel llegó a salvo hasta la ribera opuesta, antes de que
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fueran destruídos los egipcios; así el Señor, viniendo con nubes y en llamas de fuego, recogerá primero a sus elegidos
“en las nubes al encuentro de él en el aire,” y luego con el fuego destruirá al enemigo. El Cordero guía el cántico en
alabanza al Padre en medio de la congregación. Este es el “cántico nuevo” mencionado en 14:3. Los victoriosos
cantores serán los 144.000 de Israel, “las primicias,” y la “siega” general de los gentiles. siervo de Dios—(Exodo 14:31;
Números 12:7; José 22:5.) El Cordero es más: él es el HIJO. Grandes y maravillosas son tus obras—Parte del último
cántico de Moisés. La vindicación de la justicia de Dios de modo que sea glorificado, es la gran finalidad de los tratos
de Dios. Por lo tanto sus siervos repetidas veces tratan esto en sus alabanzas (16:7; 19:2; Proverbios 16:4; Jeremías
10:10; Daniel 4:37). Especialmente en el juicio (Salmo 50:1–6; 145:17). de los santos—A, B, la Cóptica y Cipriano dicen
“de las naciones.” C dice: “de los siglos,” lo mismo la Vulgata y la Siríaca. El punto debatido, la controverisa del Señor
con la tierra es acerca de si él, o el favorito de Satanás, la bestia, es “el Rey de las naciones;” aquí en víspera de los
juicios que caen sobre el reino de la bestia, los santos en la gloria lo saludan como “el Rey de las naciones” (Ezequiel
21:27). 4. ¿Quién te temerá …—Griego, “¿Quién hay que no te deba temer?” Véase el cántico de Moisés, Exodo 15:14–
16, sobre el temor que los juicios de Dios inspiran en el enemigo. A, B, C, Vulgata y Cipriano omiten “te”: “¿quién no
temerá?” todas las naciones vendrán—Alusión al Salmo 22:27–31; comp. Isaías 66:23; Jeremías 16:19. La conversión de
todas las naciones será, pues cuando venga Cristo, y no antes; la primera causa movedora serán los juicios manifiestos
que preparen los corazones para recibir la misericordia de Cristo. El efectuará por su presencia lo que nosotros en
vano hemos procurado efectuar en su ausencia. La actual predicación del evangelio es para reunir el remanente
elegido; entretanto “el misterio de la iniquidad” obra, y vendrá a su crisis, luego caerá juicio sobre los apóstatas en la
siega, que pone fin a este siglo (Mateo 13:39, 40), cuando la cizaña será limpiada de la tierra, la que de allí en adelante
será el reino del Mesías. La confederación de los apóstatas contra Cristo, derrotada por los terribles juicios, se
convierte en los medios mismos en la providencia soberana de Dios para preparar a las naciones no unidas a la liga
anticristiana para que se sometan al Señor. son manifestados—el pretérito profético por el futuro inmediato. juicios—
Griego, “justicias.” 5. Asimismo 11:19; Comp. el 16:17. El tabernáculo del testimonio naturalmente asoma a la vista
cuando se está por exponer la fidelidad de Dios en vengar a su pueblo con los juicios. Necesitamos dar un vistazo
dentro del Lugar Santo para poder “entender” la fuente secreta y el objeto de los justos tratos de Dios. he aquí—
Omitido por A, B, C, la Siríaca y Andreas. Lo apoyan las versiones Vulgata y Cóptica, mas ningún manuscrito. 6. siete—
Griego, “los siete ángeles que tenían <” Así dicen A y C, pero B reza: “teniendo.” No que lo tuviesen ya (15:7), sino
que por anticipación se les describe según su oficio. lino—Así el manuscrito B; pero A, C y la Vulgata dicen: “una
piedra” (lithon, por linon). Sobre el principio de que la lección más difícil es la menos probable de ser una
interpolación, debemos leer: “una piedra pura y brillante” (así el griego); probablemente el diamante. Compárese
Hechos 1:10; 10:30. bandas de oro—Como el Señor en este particular (1:13). 7. uno de los cuatro animales—Griego,
“seres vivientes.” La presentación de las copas a los ángeles por uno de los seres vivientes expresa el ministerio de la
Iglesia como el medio de manifestar a los ángeles las glorias de la redención (Efesios 3:10). copas—“Boles:” una tasa
ancha y baja, o bol. Su anchura en la parte superior permitiría que se derramara el contenido todo de una vez, lo que
denota la precipitación asoladora de los ayes. llenas de la ira—¡Cuán dulce es el contraste de aquellas copas llenas de
perfumes, las oraciones de los santos! 8. fué el templo lleno—Isaías 6:4; Véase Exodo 40:34; 2 Crónicas 5:14, en cuanto
al templo terrenal, del cual éste es antitipo. la majestad de Dios … potencia—Entonces plenamente manifestadas.
ninguno podía entrar—a causa de la presencia de Dios en su manifiesta majestad y potencia durante la ejecución de
estos juicios.
CAPITULO 16
LAS SIETE COPAS Y LAS PLAGAS CONSIGUIENTES. Las trompetas sacudieron los reinos del mundo en un
proceso muy largo; las copas destruyen con un derrumbe rápido y repentino al reino de la bestia en particular, la cual
se había investido del reino mundial. Los hebreos pensaban que las plagas egipcias fueron infligidas sucesivamente
con un intervalo de sólo un mes en cada caso. [Bengel, refiriéndose a Geder Olam.] Como Moisés tomaba las cenizas
del común horno terreno, así los ángeles, como ministros sacerdotales del templo celestial, tomaron el fuego santo en
las copas sagradas del altar celestial para arrojarlas hacia abajo (8:5): El mismo altar celestial que hubiera encendido el
dulce perfume de la oración que traería la bendición sobre la tierra, a causa del pecado del hombre, enciende el fuego
que desciende en maldición. Del mismo modo el río Nilo, que comúnmente era la fuente de la fertilidad de Egipto, se
volvió río de sangre y maldición por el pecado de Egipto. 1. una gran voz—a saber, de Dios. Las siete copas (la
expansión detallada de la vendimia, 14:18–20), por llamarse “las últimas,” deben pertenecer al período cuando haya
terminado el poder de la bestia (por cuanto se hace referencia en todas ellas a los que adoran a la bestia como objeto
de los juicios), cerca del fin o de la venida del Hijo del hombre. Las primeras cuatro se distinguen de las otras tres, así
como en el caso de los sellos y de las trompetas. Las primeras cuatro son más generales, afectando la tierra, [PAG. 811]
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la mar, los manantiales, y el sol, no meramente una porción de cuerpos naturales, como es el caso de las trompetas,
sino el todo de ellos; las tres últimas son más particulares, y afectan el trono de la bestia, el Eufrates, y la gran
consumación. Algunos de estos juicios se exponen en detalle en los Caps. 17 al 20. del templo—Así A, C, la Vulgata y
Andreas; pero B y la Siríaca omiten. las siete copas—Así A, B, C, Vulgata, y Andreas omiten “siete.” sobre—La
preposición griega eis con el acusativo: “a,” o “en.” 2. fué—Griego, “se fué.” derramó—Así el ángel echó fuego a la
tierra antes de la serie de trompetas (8:5). sobre—A, B, C, la Vulgata, la Siríaca dicen “en, o a, la tierra;” eis con el
acusativo. plaga … sobre los hombres—Antitipo de la sexta plaga egipcia. “Mala;” véase Deutronomioe 28:27, 35. El
mismo sustantivo griego en la Versión de los Setenta como aquí. La razón por qué la sexta plaga egipcia está primero
aquí, es porque se dirigió en contra de los magos egipcios Jannes y Jambres, de modo que no pudiesen contradecir a
Moisés; y así aquí la plaga es enviada contra los que en el culto a la bestia habían practicado el sortilegio. Por cuanto
se sometieron a la marca de la bestia, deben sufrir la marca del Dios vengador. Comp. el contraste de 7:3; Ezequiel 9:4,
6. dañosa—aflictiva, molesta. tenían la señal de la bestia—Por tanto esta primera copa es subsecuente al período del
reínado de la bestia. 3. ángel—Así B y Andreas; A, C, y la Vulgata dicen: “el segundo derramó <” sobre—eis con el
acusativo. sangre—análoga a otra plaga egipcia. como de un muerto—putrefacta. alma viviente—Así B y Andreas;
pero A, C, y la Siríaca dicen “toda alma de vida” (comp. Génesis 1:30; 7:21, 22). en el mar—Así B y Andreas; pero A, C,
y la Siríaca dicen: “(respecto de las) cosas en el mar.” 4. (Exodo 7:20.) ángel—Así la Siríaca, la Cóptica y Andreas: A, B,
C, y la Vulgata dicen: “Y el tercero derramó <” 5. ángel de las aguas—eso es, que preside sobre las aguas. oh Señor—
Omitidas por A, B, C, la Vulgata, la Siríaca, la Cóptica y Andreas. y que eras—El Señor ya no es “el que ha de venir,”
porque ha venido en venganza; por tanto no aparece aquí la frase añadida en 1:4, 8; erróneamente en 11:17. 6. (Comp.
16:18, fin; Génesis 9:6; Isaías 49:26.) Una anticipación de 18:20, 24; con el 13:15. Porque—Omitido por A, B, C, y
Andreas. 7. otro del altar—A, C, la Siríaca y la Cóptica dicen: “Oí al altar (personificado) decir <” En él se presentan
las oraciones de los santos: debajo de él están las almas de los mártires que claman por la venganza sobre los
enemigos de Dios. 8. ángel—A, B, C, la Vulgata y la Siríaca dicen: “Y el cuarto derramó <” el sol—mientras que por la
cuarta trompeta el sol se volvió oscuro (8:12) en una tercera parte, por la cuarta copa el poder abrasador del sol es
intensificado. le fué dado—eso es, al sol. a los hombres—es decir, a los que tenían la señal de la bestia (16:2). 9. no se
arrepintieron … gloria—(9:20.) La aflicción, si no ablanda al pecador, lo endurece. Compárese el mejor resultado
sobre otros (11:13; 14:7; 15:4). 10. ángel—Así la Cóptica y Andreas; A, B, C, la Vulgata y la Siríaca dicen: “Y el quinto
derramó <” silla—Griego, “el trono de la bestia:” levantado en arrogante caricatura del trono de Dios; el dragón dió
su trono a la bestia (13:2). tenebroso—paralelo de la plaga egipcia de las tinieblas, siendo Faraón tipo del anticristo
(15:2, 3, Notas; véase la quinta trompeta, 9:2). mordían sus lenguas de dolor—Griego, “del dolor,” causado por las
plagas anteriores, intensificado por la oscuridad. O como el rechinido de dientes es uno de los rasgos del infierno, “la
roedura de sus lenguas” se debe a la rabia de ver burladas sus esperanzas y el derrumbamiento de su reino. Planean
la venganza, y son incapaces de llevarla a cabo: resulta pues el frenesí. [Grocio.] Los que están en angustia mental y
física, se muerden los labios y la lengua. 11. plagas—Lo que demuestra que cada nueva plaga va acompañada de la
continuación de los efectos de las anteriores: hay pues una acumulación de plagas, no una mera sucesión de las
mismas. no se arrepintieron—comp. el 16:9. 12. el sexto ángel—A, B, C, Vulgata y Siríaca omiten “{ngel.” los reyes del
Oriente—Griego, “los reyes que son desde la salida del sol.” Referencia al Eufrates asimismo ocurre en la sexta
trompeta. El secamiento del Eufrates debe entenderse figurativamente, me parece, como Babilonia misma, sita en dicho
río, sin duda así se entiende (17:5). Las aguas del Eufrates (Isaías 8:7, 8) son las de la Babilonia espiritual, o sea, los
poderes espiritual y temporal de la Iglesia apóstata (de la que Roma es la representativa principal, pero no la
exclusiva). El secamiento de las aguas de Babilonia expresa la misma cosa que el acto de los diez reyes de desnudar,
comer y quemar a la ramera. La frase “fuese preparado el camino” es la aplicada a la venida del Señor (Isaías 40:3;
Mateo 3:3; Lucas 1:76). El ha de venir desde el Oriente (Mateo 24:27; Ezequiel 43:2, “la gloria del Dios de Israel venía de
hacia el oriente”: mas no solo, pues sus electos santos transfigurados de Israel y de los gentiles le acompañarán, los que
son “reyes y sacerdotes para Dios” (1:6). Como los diez reyes anticristianos acompañan a la bestia, así los santos cual
reyes acompañan al Rey de reyes hasta el último conflicto decisivo. De Burgh entiende que se trata de los judíos, que
también estaban destinados a ser reino de sacerdotes para Dios en la tierra. Llegarán a ser, sin duda, reyes sacerdotes en
la carne en las naciones en la carne a la venida del Señor. Abrahán, siendo del Oriente (Si Isaías 41:2, 8, 9 se refiere a él,
y no a Ciro), que vence a los reyes caldeos, es un tipo de la restauración victoriosa de Israel como reino sacerdotal. El
éxodo de Israel después de las últimas plagas egipcias tipifica la restauración de Israel después que haya sido vencida
la Babilonia espiritual, o sea, la Iglesia apóstata. La promoción de Israel a reino sacerdotal después de la caída de
Faraón, y al descenso del Señor en Sinaí para establecer la teocracia, tipifica el reino restaurado de Israel en el
descenso más glorioso del Señor, cuando el anticristo sea del todo destruído. De modo que, además de los santos
transfigurados, Israel en orden secundario puede ser el significado de “los reyes de oriente,” que acompañarán al
“Rey de reyes”, de retorno “del camino del oriente,” para reinar sobre el antiguo pueblo. En cuanto al secamiento de
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nuevo de las aguas que se oponen a que su pueblo asuma el reino, Isaías 10:26; 11:11, 15; Zacarías 10:9–11. El nombre
Israel (Génesis 32:28) significa príncipe de Dios. Véase Miqueas 4:8 sobre el retorno del reino a Jerusalén Durham, 200
años ha, interpretó el secamiento del Eufrates en el sentido del agotamiento del poder [PAG. 812] turco—que había
dominado la Palestina hasta entonces, que así preparaba el camino para la restauración de Israel. Pero como Babilonia
se aplica a la Iglesia apóstata, no al Mahometismo, el secamiento del Eufrates (en alusión a la marcha de Ciro por el
canal seco del Eufrates cuando tomó la Babilonia literal) debe corresponder al agotamiento de los recursos de la
Iglesia apóstata, la corrupta Iglesia romana y griega habiendo sido hasta ahora con sus idolatrías y persecuciones la
mayor barrera en el camino de la restauración y conversión de Israel. Los reyes de la tierra, que son terrenos (16:14),
están en contraste con los reyes del oriente, que son celestiales. 13. el dragón—Satanás, quien da su poder y su trono a la
bestia (13:2). falso profeta—distinto de la ramera, la Iglesia apóstata, de la que Roma es la principal mas no única
representativa (17:1–3, 16); e idéntico con la segunda besita (13:11–15), como aparece si se compara 19:20 con 13:13;
consignado al fin al lago de fuego con la primera bestia; como lo fué también el dragón más tarde (20:10). El dragón, la
bestia, y el falso profeta, “el misterio de la iniquidad,” forman una antitrinidad blasfema, la falsificación del “misterio
de la piedad,” Dios manifestado en Cristo, testificado por el Espíritu. El dragón hace el papel de Dios el Padre,
asignando su autoridad a su representante la bestia como el Padre lo hace con su Hijo. Son adorados por tanto
conjuntamente; véase el Padre y el Hijo, Juan 5:23: como la bestia con sus diez cuernos coronados con diademas (13:1),
así Cristo tiene sobre la cabeza muchas diademas. Mientras que el falso profeta, como el Espíritu Santo, no habla de sí
mismo, sino que dice a los hombres que adoren a la bestia, y confirma el testimonio de la bestia con milagros, como el
Espíritu Santo atestigua la divina misión de Cristo de manera similar. espíritus inmundos a manera de ranas—
antitipo de la plaga de ranas enviada sobre Egipto. La presencia del “espíritu inmundo” en la tierra (Palestina) es
predicha por Zacarías 13:2, en conexión con los profetas idólatras. Empezando por la incredulidad respecto a la venida
de Cristo en la carne, acabarán los hombres en la más grosera idolatría de la bestia, la encarnación de todo lo que se
deifica y de lo que de los poderes mundanos de todas las edades se opone a Dios; habiendo rechazado a Aquel que
vino en el nombre del Padre, adorarán a uno que viene en su propio nombre, aunque es en realidad el representante
del diablo; como croan las ranas de noche en los pantanos y cenagales, así estos espíritus inmundos en las tinieblas del
error enseñan mentiras en el lodo de las bajas concupiscencias. Hablan de la libertad, no de la libertad evangélica, sino
de la licencia carnal. El que hay tres, como también siete, en la descripción del estado último y peor de la nación
judaica, insinúa una parodia de los dos números divinos, tres de la trinidad, y siete del Espíritu Santo (1:4). Algunos
observan que tres ranas eran el escudo original de Francia, país que ha sido el centro del ateísmo, del socialismo, y del
falso espiritualismo. A, B, dicen: “como si fuesen ranas,” en vez de “como ranas.” El espíritu inmundo de la boca del
dragón simboliza la arrogante incredulidad que se opone a Dios y a Cristo. El que es de la boca de la bestia es el
espíritu del mundo, que en la política de los hombres, ya sea la democracia anárquica o el despotismo, coloca al
hombre por encima de Dios. El que sale de la boca del falso profeta es el espiritismo mentiroso y los embustes religiosos
que ocuparán el lugar de la ramera cuando ella haya sido destruída. 14. los reyes de la tierra y—A, B, la Siríaca y
Andreas omiten “de la tierra y,” palabras que no están en ningún manuscrito. Tradúzcase: “Reyes de todo el mundo
habitable,” los que son “de este mundo,” en contraste con “los reyes del levante,” a saber, los santos a los que Cristo
ha ordenado un reino, y que son “hijos de luz.” Dios al permitir los milagros satánicos, como en el caso de los magos
egipcios que fueron sus instrumentos para el endurecimiento del corazón de Faraón, entrega a los réprobos a una
decepción judicial preparatoria para su destrucción. Cuando la vara de Avarón fue convertida en víbora, las de los
magos se cambiaron de la misma forma. Aarón tornó las aguas en sangre; lo mismo hicieron los magos. Aarón hizo
subir las ranas; lo hicieron también las magos. Con las ranas cesó el poder de los magos. Asimismo éste, y todo lo que
sea antitípico de él, será el último esfuerzo del dragón, de la bestia y del falso profeta. batalla—Griego, “guerra:” el
conflicto final para el señorío del mundo, descrito en 19:17–21. 15. La reunión de los reyes mundiales con la bestia en
contra del Cordero es la señal para la venida de Cristo; por tanto, aquí nos da el mandamiento de velar en espera de
su venida, vestidos en el ropaje de la justificación y de la santificación, para ser aceptos ante él. ladrón—(Mateo 24:43;
2 Pedro 3:10.) vean—los santos y los ángeles. vergüenza—“indecencia:” 1 Corintios 13:5, differente vocablo griego del
de 3:18. 16. congregó—más bien: “Los congregaron” (los tres espíritus inmundos). Si retenemos nuestra versión, será
Dios quien los “congregó,” para entregarlos al fraude de los tres espíritus inmundos, o si no, al sexto ángel (16:12).
Armagedón—Hebreo, Har, un monte, y Megiddo, de Manasés en Galilea, el escenario de la derrota de los reyes
canaanitas por la interposición milagrosa de Dios mediante Débora y Barac; la grande llanura de Esdraelón. Josías
también, como aliado de Babilonia, fué derrotado y muerto allí; y el llanto de los judíos en la época inmediata anterior
a aquélla en que Dios intervenga a su favor en contra de las naciones aliadas contra Jerusalén, se compara con el llanto
por Josías en Megiddo. Maggido se deriva del radical que significa cortado, y vale decir matanza. Comp. Joel 3:2, 12, 14,
donde “el valle Josafat” (significa en hebreo “juicio de Dios”) se indica como el escenario de la venganza final de Dios
contra sus enemigos. Probablemente alguna llanura grande, antitípica de los valles de Megiddo y Josafat, será el
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escenario. 17. ángel—Así Andreas, pero A, B, la Vulgata y la Siríaca omiten el sustantivo. por el aire—Andreas dice
“en el aire” (eis con acusativo); A y B tienen: “sobre el aire” (epi con el acusativo). una grande voz—A omite “grande.”
del cielo—Así B y Andreas; pero A, la Vulgata, la Siríaca y la Cóptica omiten estas palabras. hecho es—La voz de Dios
tocante a la consumación final, como la de Jesús sobre la cruz, cuando la obra de la expiación quedó terminada,
“consumado est{.” 18. relámpagos … voces … truenos—Este es el orden en A; otros manuscritos y versiones llevan:
“voces y truenos y [PAG. 813] rel{mpagos,” el mismo orden cerrado que el de los siete sellos y los siete truenos; con la
diferencia de que ellos no forman meramente la conclusión sino que introducen la consecuencia, de la última copa, a
saber, la completa destrucción de Babilonia y después la de los ejércitos anticristianos. terremoto—que a menudo es
precedido por un estado lóbrego de la atmósfera, tal cual resultaría de la copa derramada sobre ella. hombres—Así B,
la Vulgata, la Siríaca y Andreas; pero A y la Cóptica dicen: “hombre.” tan grande—Griego, “tal,” o “semejante
terremoto.” 19. la ciudad grande—la capital y sede de la Iglesia apóstata, la Babilonia espiritual (de la que Roma es
representativa, si se denota una ciudad literal). La ciudad de 11:8 (comp. Nota) es probablemente distinta, a saber la
Jerusalén que está bajo la potestad del anticristo (la bestia que es distinta de la ramera o iglesia apóstata). En el 11:13
sólo la décima parte de Jerusalén cae, mientras que aquí la ciudad (Babilonia) “volvió en tres partes” por el terremoto.
las ciudades—otras ciudades grandes que estaban en liga con la Babilonia espiritual. la grande … en memoria—
Griego, “Babilonia la grande fué recordada <” (18:5). Es ahora el último llamamiento dado al pueblo de Dios en ella
para que se escapen de la Babilonia (18:4). furor—la ebullición de su ira (véase nota 14:10). 20. Evidente paralelo con
6:14–17. y por anticipación descriptivo del último juicio. los montes—Griego, “(ya) no se hallaron montañas.” 21.
cayó—Griego, “desciende.” blesfemaron—no los que fueron muertos por el granizo, sino los demás: diferencia del
caso de Jerusalén (11:14), cuando “los demás fueron espantados, y dieron gloria al Dios del Cielo. fué—Griego, “es
muy grande.”
CAPITULO 17
EL ATAVIO DE LA RAMERA BABILONIA: LA BESTIA EN QUE CABALGA, QUE TIENE SIETE CABEZAS Y
DIEZ CUERNOS, SERA EL INSTRUMENTO DEL JUICIO QUE LE SOBREVIENE. Como el 16:12 postula en general el
juicio de las copas que será derramado sobre la ramera, el poder babilónico, como los Caps. 17 y 18 dan lo mismo en
detalle, así el 19 da en detalle el juicio sobre la bestia y el falso profeta, que fué aludido en el 16:13–15 en conexión con la
venida de Cristo. muchas aguas—“sobre muchos” según A. Véase Jeremías 51:13. El 17:15 explica el sentido. La
ramera es la Iglesia apóstata, así como la mujer (cap. 12) mientras sea fiel es la Iglesia. Satanás, habiendo fracasado por la
violencia, trata de cautivarla, y con demasiado éxito, por medio de las seducciones mundanas; mas no como su Señor,
ella fué vencida por estas tentaciones; así pues se la ve sentada sobre la bestia de color bermejo, siendo, ya no la esposa,
sino la ramera; ya no la Jerusalén, sino la Sodoma espiritual (11:8). 2. embriagado—No puede ser la Roma pagana,
sino la Roma papal, si se denota una sede particular de error; pero me inclino a creer que el juicio (18:2) y la
fornicación espiritual (18:3), aunque encuentran su culminación en Roma, no se restringen a Roma, sino que
comprenden toda la Iglesia apóstata, romana, griega y aun protestante, hasta el grado en que esté seducida de su
“primer amor” (2:4) para con Cristo, el Novio celestial, y haya dado su afecto a las pompas e ídolos mundanos. La
mujer (esposa, 12:1) es la congregación de Dios en su pureza bajo el Antiguo y Nuevo Testamentos, y aparece de
nuevo como la Novia del Cordero, la Iglesia transfigurada preparada para las bodas. La mujer, la Iglesia invisible, está
latente en la Iglesia apostólica, y es la Iglesia militante; la Novia es la Iglesia triunfante. 3. al desierto—En contraste
con el 12:6, 14: tiene ella un lugar en el desierto mundo, mas no un hogar; peregrina en la tierra, que busca la ciudad que
vendrá. Ahora, empero, se contenta con tener su porción en este desierto moral. bestia bermeja—La misma que en
13:1, es descrita tanto allí como aquí, “que tenía siete cabezas y diez cuernos” (dejando ver que es representativa del
dragón, 12:3), y sobre sus cabezas nombres (en plural) de blasfemia;” comp. también el 17:12–14 con 19:19, 20, y con
17:13, 14, 16. Roma, que descansa en el imperio mundial, y lo dirige con sus pretensiones a la supremacía,, es la
representativa principal, pero no exclusiva, de este simbolismo. Como el dragón es rojo como el fuego, así la bestia es
de color carmesí, lo que denota crímenes de sangre, de pecados como el carmesí. llena—por todas partes; no solamente
en las cabezas, como en el 13:1, pues su oposición para con Dios está ahora por desarrollarse en toda su intensidad.
Bajo la dirección de la ramera, el poder imperial expone sus pretensiones blasfemas peores que las de los tiempos
paganos. Así el papa es puesto por los cardenales en el templo de Dios, para que sentado en el altar, le besen los pies. Esta
ceremonia se llama entre los escritores romanistas la adoración. Historie de Clerge, Amsterdam 1716; y Notitia Curiae
Romanae de Lettenburgh, 1683, pág. 125: Myst. Bab. de Heidegger, 1, 511, 514, 537; una moneda papal (Numismata
Pontificum, París, 1679, pág. 5) tiene la leyenda blasfema, “Quem creant, adorant.” Hincarse y besar es la adoración
denotada por la palabra usada por Juan nueve veces tocante al rival de Dios (Griego, proskunein). Abominación,
también, es el término escriturario por ídolo, o por cualquier criatura adorada con el homenaje que se debe al Creador.
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Con todo, hay alguna retención contra este poder mundial antidivino mientras la ramera anda sobre él; el anticristo
consumado será cuando la bestia, habiendo destruído a aquélla, sea revelada como la concentración y la encarnación
de los principios antidivinos autodeificantes, antes aparecidos en formas y grados variables. “La Iglesia se ha
granjeado el reconocimiento externo con el hecho de apoyarse es el poder político, el que a su vez usa de la Iglesia
para sus propias finalidades; tal es el cuadro que se presenta aquí del cristianismo ya maduro para el juicio.”
[Auberlen.] Las siete cabezas son, según el parecer de algunos,, las siete formas sucesivas de gobierno registradas en
Roma: reyes, cónsules, dictadores, decenviros, tribunos militares, emperadores, los emperadores alemanes
[Wordsworth], de los que Napoleón es el sucesor (17:11). Pero véase la interpretación, de 17:9, 10, Notas, la cual yo
prefiero. Ya desaparecieron las coronas que estaban antes sobre los diez cuernos, una indicación acaso de que los diez
reinos en que debe dividirse el mundo germano‐eslavo (el antiguo Imperio Romano, inclusive el oriente y el
occidente, las dos piernas de la imagen de cinco dedos cada una: diez en total), perderá en fin su forma monárquica
[PAG. 814] [Auberlen.]; pero véase 17:12, que parece denotar reyes coronados. 4. El color escarlata—¡qué notable es!—
está reservado para los papas y cardenales. Pablo II declaró que caería bajo pena el que alguien llevara sombrero de
escarlata sin ser cardenal; comp. Caeremoniale Rom., 3 sec. 5, c. 5. Este libro fué compilado hace más de 340 años por
Marcelo, arzobispo romanista, y dedicado a León X. En él se enumeraron cinco prendas de vestir diferentes de color
escarlata. Se menciona un chaleco adornado de perlas. La mitra del papa es de oro y piedras preciosas. Son las mismas
características externas que el Apocalipsis asigna tres veces a la ramera o Babilonia. Así Joaquín, abate de Calabria
cerca del año 1200, llamado a Palestina por Ricardo de Inglaterra e interrogado por él acerca del anticristo, contestó
que “nació ya hace mucho en Roma, y se está ensalzando sobre todo lo que se llama Dios.” Rogerio Hoveden, Angl.
Chron., 1. 2, y en otras partes, escribió: “La ramera ataviada de oro es la Iglesia de Roma.” En todo tiempo y lugar (no
solamente en Roma) cuando la Iglesia, ya no “vestida del sol” (como al principio, 12:1), se vista de falsos atavíos
terrenales, comprometiendo la verdad de Dios por temor, o por la adulación del poder mundano, de la ciencia o de la
riqueza, se convierte en la ramera sentada sobre la bestia, y condenada en justa retribución a ser juzgada por la bestia
(17:16). Pronto, de igual manera que Roma y que los judíos del tiempo de Cristo y de los apóstoles, en liga con la
Roma pagana, ella llega a ser la perseguidora de los santos (17:6). En vez de beber la “copa” de aflicción de su Señor,
“tiene una copa llena de abominaciones y de suciedades.” Roma se representa a sí misma en sus medallas, teniendo
un cáliz con la inscripción que la condena: “Sedet super universum.” Entretanto el imperio mundial abandona la
hostilidad y acepta el cristianismo externamente; la bestia abandona su caráster antidivino, la mujer abandona su
carácter divino. Ellos se encuentran a la mitad del camino por concesiones mutuas; el cristianismo se vuelve
mundano; el mundo queda cristianizado. El que gana es el mundo, la que pierde, la Iglesia. La bestia por un tiempo
recibe una herida mortal (13:3), pero no es de veras transfigurada; se volverá peor que nunca (17:11–14). Sólo el Señor
en su venida puede hacer que los reinos del mundo lleguen a ser de nuestro Señor y de su Cristo. La “púrpura” es
emblema imperial; hasta con escarnio la pusieron sobre nuestro Señor. piedras—Griego, “piedra”. suciedad—A, B, y
Andreas dicen: “cosas sucias,” impuras. 5. en su frente un nombre—según la costumbre de las prostitutas. ¡Qué
contraste con la expresión: “Santidad del Señor,” que se inscribía en la mitra en la frente del sumo sacerdote!
misterio—significa un hecho espiritual antes escondido, e imposible de describir con la mera razón, pero que ahora es
revelado. Como la unión de Cristo y la Iglesia es un “gran misterio” (una verdad espiritual de suma importancia, una
vez escondida, ahora revelada, Efesios 5:31, 32); así la Iglesia conformándose al mundo y por eso haciéndose ramera,
es un “misterio” opuesto (una verdad espiritual. simbólicamente revelada). Como la iniquidad de la ramera es
levadura que trabaja en “misterio,” y que es llamado por lo tanto “el misterio de la iniquidad,” así cuando ella sea
destruída, la iniquidad que hasta ahora trabaja latentemente (en comparación) en ella, será revelada en el hombre de la
iniquidad, la encarnación abierta de todo el mal anterior. Comp. el “misterio de Dios” y “piedad” 10:7; 1 Timoteo 3:16.
Fué Roma quien crucificó a Cristo; quien destruyó a Jerusalén y esparció a los judíos; quien persiguió a los cristianos
primitivos en los tiempos paganos; y probablemente será quien ha de ser restaurada a su grandeza prístina, tal como
bajo los césares, un poco antes de la quema de la ramera y la suya propia conjuntamente. Así pensaba Hipólito, De
Antichristo (del segundo siglo). El papismo no puede ser a la vez “el misterio de la iniquidad” y el anticristo manifestado
o revelado. Probablemente, mediante el poder político (17:3) hará un compromiso con aquella parte del cristianismo
aun de su credo, y preparará así el camino para la manifestación del anticristo. El nombre Babilonia, que en la imagen
de Daniel 2 es dado a la cabeza, aquí se da a la ramera, lo que la relaciona con el cuarto reino, Roma, la última parte de
la imagen. Benedicto XIII, en su proclamación de un jubileo, en el año 1725, llamó a Roma “la madre de todos los
creyentes, y patrona de todas las iglesias” (rameras como ella misma). La correspondencia de sílabas y acentos en el
griego llama la atención: he porne kai to therion; he numfe kai to arnion. La ramera y la bestia; la Novia y el Cordero.
MADRE. etc.—No solamente Roma, sino toda la cristiandad, así como Israel antes como un todo, se ha hecho como
ramera. La Iglesia invisible de los creyentes verdaderos está escondida y dispersa en la Iglesia visible. Los límites que
separan a la ramera y a la mujer no son denominacionales ni se trazan objetivamente, sino que pueden discernirse
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sólo espiritualmente. Si Roma fuese la única sede de la Babilonia, se perdería para nosotros mucho del provecho
espiritual del Apocalipsis; pero la ramera “está sentada sobre muchas aguas” (17:1) y TODAS las naciones “se han
embriagado con < su fornicación” (17:2; 18:3; “la tierra,” 19:2). La extensión externa que cubre todo el mundo, y la
conformidad interna al mismo mundo—la mundanalidad en extensión y en contenido—está simbolizada por el
mundo de la ciudad mundial, “Babilonia”. Como el sol alumbra toda la tierra, así la mujer vestida del sol ha de hacer
que su luz penetre hasta los confines de la tierra. Pero al cristianizar al mundo externamente, se ha dejado seducir por
el mundo; de modo que su universalidad o catolicidad no es la de la Jerusalén que esperamos (“la MADRE de todos
nosotros,” 21:2; Isaías 2:2–4; Gálatas 4:26), sino la de Babilonia, la ciudad mundial pero adulterina! (Como Babilonia fué
destruída, y los judíos restaurados a Jerusalén por Ciro, así nuestro Ciro—nombre pérsico que significa sol, el Sol de
justicia, traerá al Israel, literal y espiritual, a la santa Jerusalén, en su venida. Babilonia y Jerusalén son los dos polos
opuestos del mundo espiritual.) Con todo, la Iglesia romanista no es sólo accidentalmente, ni como un hecho positivo,
sino también en virtud de su propio PRINCIPIO, una ramera, la metrópoli de la fornicación, “la madre de las
rameras;” mientras que la Iglesia protestante, de conformidad con su principio y credo fundamental, es mujer pura; la
Reforma fué una protesta de la mujer en contra de la ramera. El espíritu mundano del pagano imperio [PAG. 815]
romano, antes de la Reforma, había cambiado la Iglesia del Oeste en estado eclesiástico, y la del Este en Iglesia estatal,
encadenada ésta por el poder mundano, con su sede en Bizancio; las iglesias romana y griega, pues, han caído de la
invisible esencia espiritual del evangelio a los elementos del mundo. [Auberlen.] Compárese con la “mujer” aquí
llamada “Babilonia,” la llamada “iniquidad,” “anarquía,” etc., Zac. 5:7, 8, 11, llevada a Babilonia, comp. “el misterio de
la iniquidad” y “el hombre de pecado,” “aquel inicio,” lit., “el anárquico” (2 Tes. 2:7, 8; Mateo 24:12). 6. mártires—
testigos. maravillado de grande admiración—Sustantivo y verbo de la misma raíz: hebraísmo común. Juan no tuvo
admiración por la mujer: le causó sorpresa, consternación, espanto. En otras partes (17:8; 13:3), todos los mundanos
(“los que moran sobre la tierra”) admiran a la bestia. Juan se maravilla, no de la bestia, sino de la mujer hundida hasta
ser ramera; la Iglesia apóstata amante de lo muadano, motiva su consternación y tristeza por tan funesto cambio. Que
el mundo fuese bestial es natural, pero que la fiel esposa llegase a ser ramera es monstruoso, y produce en él la misma
estupefacción que el mismo terrible cambio en Israel produjo en Isaías y Jeremías. “Corruptio optimi pessima,” cuando
la Iglesia cae, se hunde más que el mundo impío, en la proporción en que su debido lugar es más alto que el del
mundo. Es de notarse que en el 17:3 “mujer” no lleva el artículo, “la mujer,” como si hubiese sido mencionada antes:
porque aunque es idéntica en un sentido, con la mujer del cap. 12, en otro no lo es. Los elegidos nunca degeneran en
apóstatas, y aun permanecen como la veradera mujer invisiblemente contenida en la ramera; sin embargo, el
cristianismo simbolizado por la mujer ha apostatado de su primera fe. 8. bestia … fue, y no es—(Comp. el 17:11.) El
tiempo cuando la bestia “no es” es el tiempo cuando tiene “la herida mortal”: el período mientras la séptima cabeza se
hace externamente cristiana, cuando su carácter de bestia queda temporariamente en suspensión. La curación de la
herida corresponde a su ascenso desde el abismo. La bestia, o sea, el imperio mundial anticristiano, vuelve peor que
nunca, con poderes satánicos del infierno (11:7), no meramente del mar de naciones convulsas (13:1). La civilización
cristiana sólo da a la bestia una herida temporaria, por lo tanto siempre se menciona la herida de muerte con la curación
de la misma, la no existencia de la bestia en conexión con su reaparición; y Daniel no nota cambio alguno efectuado en
la bestia por el cristianismo. Peligramos, por una parte, por el cristianismo espurio de la ramera, y de la otra por el
abierto anticristianismo de la bestia: la tercera clase es “la pequeña manada” de Cristo. ha de subir—A e Ireneo dicen
“va.” a perdición—La continuación de esta séptima (eso es, la octava) cabeza es breve: por tanto se llama “hijo de
perdición,” que está virtualmente condenado a la perdición en el momento en que él aparezca. nombres—Así la
Vulgata y Andreas; pero A, B, la Siríaca y la Cóptica dicen “nombre.” escritos en—Griego, “sobre.” era y no es, aunque
es—A, B y Andreas dicen: “< y estará presente” (Griego kai parestai). El tetragrámaton hebreo, las cuatro letras sagradas
de Jehová, “que es, que era, y que ha de venir,” objeto de adoración del creyente, tiene su contraste análogo en la bestia
“que era, y no es, y ha de estar,” adorado en el culto terrenal. [Bengel.] Se gozan y se admiran viendo que la bestia que
parece haber recibido el golpe mortal del cristianismo, está en vísperas de la resurrección con mayor poder que nunca
sobre las ruinas de aquella religión que los atormentaba (11:10). 9. Comp. 13:18; Daniel 12:10, donde se expone
necesidad similar de discernimiento para comprender la profecía simbólica. siete cabezas son siete montes—La
relación entre montes y reyes debe ser más profunda que el mero hecho obvio a que se hace alusión incidental, de que
Roma (la entonces ciudad imperial) está sobre siete colinas (por lo que la ciudad pagana tenía una fiesta nacional
llamada Septimontium, la fiesta de la ciudad de siete montes [Plutarco]; y en las monedas imperiales está representada,
como aquí, por una mujer sentada sobre siete montes. Moneda de Vespasiano, descrita por el capitán Smith, Monedas
Romanas, pág. 310; Ackermann, 1. pág. 87.) Las siete cabezas apenas pueden ser a la vez siete reyes o reinos (17:10), y
siete montañas geográficas. La verdadera relación es que como la cabeza es la parte prominente del cuerpo, así la
montaña lo es de la región. Como “mar,” “tierra,” “aguas,” y “pueblos” (17:15), así “montañas” tiene un sentido
simbólico, a saber, prominentes sedes de poder. Especialmente aquellas que son notables estorbos a la causa de Dios
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(Salmo 68:16, 17; Isaías 40:4; 41:15; 49:11; Ezequiel 35:2); Babilonia en especial (geográficamente en la llanura, pero
espiritualmente llamada montaña destructora, Jeremías 51:25), en contraste majestuoso con los cuales está el monte
Sión, “el monte de la casa de Dios” (Isaías 2:2), y el monte celestial; 21:10, “un grande y alto monte < y aquella grande
ciudad, la santa Jerusalén.” Así en Daniel 2:35, la piedra se transforma en monte—el reino universal que suplanta los
previos imperios mundiales. Como la naturaleza prefigura las grandes realidades del mundo espiritual, así la Roma
septimontana es representativa del imperio mundial de siete cabezas, del cual el dragón ha sido y es el príncipe. Los
“siete” reyes en esto se distinguen de “los diez reyes” (17:12): aquéllos son lo que éstos no son, “montes”, grandes
centros del poder mundial. Las siete monarquías universales antidivinas son Egipto (el primer imperio mundial que
se opuso al pueblo de Dios), Asiria, Babilonia, Grecia, Medopersia, Roma, el imperio Germano‐eslavo (el barro cocido
del cuarto reino mezclado con su hierro en la imagen de Nabucodonosor, una quinta materia, Daniel 2:33, 34, 42, 43,
que simboliza la última cabeza). Estas siete acaso aparecen no corresponder a las siete cabezas de Daniel 7:4–7, una
cabeza en la primera bestia (Babilonia), una en la segunda (Medopersia), cuatro en la tercera (Grecia: 1. Egipto, 2. Siria,
3. Tracia con Bitinia, 4. Grecia con Macedonia): pero Egipto y Grecia están en ambas listas. Siria corresponde a Asiria
(abreviatura del mismo nombre), y Tracia con Bitinia corresponde a las hordas gótico germano eslavas que,
descendiendo sobre Roma desde el norte, fundaron el imperio germano esclavo. La mujer sentada sobre los siete montes
denota la Iglesia del Antiguo y Nuevo Testamentos, que se conforma con el poder mundial y se apoya en el mismo, es
decir, en todos los [PAG. 816] siete imperios. Abrahán e Isaac, disimulando respecto a sus mujeres por temor de los
reyes de Egipto, prefiguran esto. Véase Ezequiel 16 y 23 sobre las fornicaciones de Israel con Egipto, Asiria y
Babilonia: y Mateo 7:24; 24:10–12, 23–26, sobre las características de la infidelidad de la Iglesia del Nuevo Testamento,
a saber, desconfianza, sospecha, odio, traición, disensiones, herejías. 10. son caídos—No es que la forma de gobierno deje
de existir, sino la caída de aquellos cinco imperios poderosos: Egipto (Ezequiel 29 y 30), Asiria y Nínive (Nahum 3:1–
19), Babilonia (18:2; Jeremías 50 y 51), Medopersia (Daniel 8:3–7, 20–22; 10:13; 11:2), Grecia (Daniel 11:4). Roma era “el
uno” que existía en los días de Juan. “Reyes” es la frase escrituraria que expresa reinos, porque estos reinos son
comúnmente representados en carácter por alguna cabeza prominente, como Babilonia por Nabucodonosor,
Medopersia por Ciro, Grecia por Alejandro, etc. el otro aun no es venido—No como Alford, representando
erróneamente a Auberlen, el imperio cristiano que principia con Constantino; sino, el imperio germano eslavo, que principia y
continúa en su carácter de bestia, eso es, pagano y anticristiano, sólo por “breve tiempo.” El tiempo cuando se dice
que “no es,” es el tiempo cuando fué herida de muerte y mientras tenía la “herida mortal” (17:11; 13:3). La cristianización
externa de las hordas inmigrantes del norte que descendieron sobre Roma, es la herida que recibe la bestia, la que
corresponde a la absorción hecha por la tierra, del río de agua (tribus paganas) enviado por el dragón, Satanás, para
ahogar a la mujer, la Iglesia. El énfasis palpable está en “breve tiempo,” que viene primero en el griego; no en la palabra
“dure.” El tiempo de la cristianización externa del mundo (mientras continúa la herida de la bestia) ha durado ya
como catorce siglos, desde Constantino. Roma y la Iglesia Griega han curado parcialmente la herida con el culto a las
imágenes. 11. bestia que … no es—Su carácter “bestial” queda disimulado por la cristianización externa del estado
hasta que se reavive como “el octavo” rey, su herida ya curada (13:3), el anticristo manifestado en su plena y más
intensa oposición a Dios. El griego es enfático: “el mismo octavo es:” peculiar y preeminentemente: correspondiente al
“pequeño cuerno” con ojos de hombre, y boca que hablaba grandezas, delante del cual tres de los diez cuernos son
desarraigados, y al cual todos los diez “dan su potencia y autoridad” (17:12, 13, 17). Que un anticristo personal dirija el
reino anticristiano es probable por la analogía de Antíoco Epifanes, al anticristo del Antiguo Testamento, “el pequeño
cuerno” de Daniel 8:9–12; también “el hombre de pecado, hijo de perdición” (2 Tesalonicenses 2:3–8), corresponde
aquí a “va a perdición,” y se aplica a un individuo, a saber, Judas, en el único otro texto donde la frase ocurre (Juan
17:12). El es esencialmente un hijo de destrucción, y por tanto no tiene sino poco tiempo de haber ascendido del
abismo, cuando “va a perdición” (17:8, 11). “Mientras que la Iglesia pasa por la muerte de la carne a la gloria del
Espíritu, la bestia pasa por la gloria de la carne a la muerte.” [Auberlen.] es de los siete—mejor “surge de los siete.” El
octavo no es meramente uno de los siete, restaurado, sino que es un nuevo poder o persona que procede de los siete, y
al mismo tiempo encarna todos los rasgos antidivinos de los siete anteriores concentrados y consumados; por la cual
razón se dice que no son ocho, sino sólo siete cabezas, porque la octava es toda la encarnación de todas las siete. En los
dolores da parto que preparan “la regeneración” hay guerras, terremotos, y convulsiones [Auberlen], en medio de los
cuales el anticristo surge (del “mar”, 13:1; Marcos 13:8; Lucas 21:9–11). No cae como los otros siete (17:10), sino que es
destruído, yendo a su propia perdición, por el Señor en persona. 12. aun no han recibido … como reyes con la bestia—
Por lo que, con el 17:14, 16, deben ser contemporáneos con la bestia en su última u octava forma, a saber, el anticristo.
Daniel 2:34, 44: “la piedra hirió a la imagen en los pies,” eso es, en los diez dedos, interpretados como reyes (Daniel
2:41–44). Los diez reinos no son, pues, diez que surgieron con la derrota de la Roma pagana; sino que han de surgir en
la última época del cuarto reino bajo la octava cabeza. Estoy de acuerdo con Alford en que la frase “como reyes”
denota que ellos retienen sus derechos reales en su alianza con la bestia, en la cual “dan su potencia y autoridad a la
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bestia” (17:13). Ellos tienen el nombre de reyes, pero no el poder indiviso real. [Wordsworth.] Véase la interpretación no
tan probable de Auberlen, Nota, 17:3. una hora—un plazo determinado de poca duración, durante el cual “el diablo ha
bajo a los habitantes de la tierra y de la mar, teniendo grande ira, porque sabe que no tiene sino poco tiempo.”
Probablemente los tres años y medio (11:2, 3; 18:5). El anticristo está en existencia desde mucho antes de la caída de
Babilonia; pero es sólo a la caída de la misma cuando recibe el vasallaje de los diez reyes. El, en primer término, se
impone a los judíos como el Mesías, viniendo en su propio nombre; luego persigue a los que rechazan sus blasfemas
pretensiones. No antes de la sexta copa, en la última parte de su reino, se asocia con los diez reyes en le guerra contra
el Cordero, habiéndolos ganado para sí con la ayuda de los demonios y con las señales milagrosas de ellos. Su relación
con Israel aparece en el sentarse él “en el templo de Dios” (2 Tesalonicenses 2:4), y como la antitípica “abominación de
desolación que está en el lugar santo” (Daniel 9:27; 12:11; Mateo 24:15), y “en la ciudad donde fué crucificado nuestro
Señor” (11:8). Es notable el que Ireneo, Hereses 5:25, y San Cirilo de Jerusalén (Rufino, Hist., 10:37), profetizaron que el
anticristo tendría su sede en Jerusalén, y restauraría el reino de los judíos. Juliano el apóstata, mucho después, tomó la
parte de los judíos y les ayudó en la edificación de su templo, siendo así precursor del anticristo. 13. un consejo—una
sola mente, o sentimiento. darán—Así la Cóptica; pero A, B, y la Siríaca dicen “dan.” autoridad—Se hacen aliados
dependientes de él (17:14), Así el anticristo se constituye en Rey de reyes, pero no bien se arroga el título aparece el
verdadero REY DE REYES y lo entrega en un momento a la destrucción. 14. pelearán contra el Cordero—en liga con
la bestia. Esta es una anticipación sumaria del 19:19. Esto no se lleva a cabo sino después que hayan ejecutado juicio
sobre la ramera (17:15, 16). Señor de señores—anticipando el 19:16. son llamados—Son no está en el griego:
tradúzcase: “y (los vencerán) los que están con él llamados, elegidos y fieles.” Estos han estado [PAG. 817] con Cristo
es el cielo, invisibles, pero ahora aparecen con él. 15. (17:1; Isaías 8:7.) Una parodia impía de Jehová que “se sienta
sobre las aguas.” [Alford.] También, contrástese “las muchas aguas,” 19:6, “Aleluya.” pueblos—lo que marca la
universalidad de la fornicación espiritual de la Iglesia. Las “lenguas” nos recuerdan la Babel original, la confusión de
las lenguas, el principio de la Babilonia, y el primer comienzo de la apostasía idolátrica después del diluvio, como la
torre fué dedicada sin duda a los cielos deificados. De modo que Babilonia es el nombre apropiado de la ramera. El
papa, como el principal representativo de la ramera, se arroga la doble supremacía sobre todos los pueblos, tipificada
en las “dos espadas” según la interpretación de Bonifacio VIII en la Bula, “Unam Sanctam,” y representada por las dos
llaves, a saber, la espiritual como obispo universal, por lo cual se le corona con la mitra; y la temporal, por lo cual es
coronado también con la tiara en señal de su supremacía imperial. Contrástese con las diademas del papa, las “muchas
diademas” de aquel único que tiene el derecho a este doble dominio y ha de ejercerlo cuando venga (19:12). 16. viste
en la bestia—A, B, la Vulgata y la Siríaca dicen: “< y la bestia.” la harán desolada—después de haberla depuesto de
su asiento sobre la bestia (17:2). desnuda—desvestida de todo su atavío (17:4). Como Jerusalén usó del poder imperial
para crucificar a su Salvador, y después fué destruída por ese mismo poder, Roma; así la Iglesia, habiendo apostatado
al mundo, recibirá el juicio que le ha sido impuesto primero, por el poder imperial, la bestia y sus aliados; éstos a su
vez recibirán el juicio ejecutado sobre ellos por Cristo mismo en persona. Así Israel, que se apoyó en Egipto, la caña
cascada, fué traspasado por la caña, y luego Egipto fué castigado. Así las fornicaciones de Israel con Asiria y Babilonia
fueron castigadas por el cautiverio asirio y el babilónico. De la misma manera, la Iglesia, cuando se vuelve infiel tras el
mundo como si el mundo fuese la realidad, dejando de testificar en contra de la apostasía del mundo, ella traiciona su
profesión; no siendo ya una realidad sino un fraude, la Iglesia es justamente juzgada por aquel mundo que la había
usado para sus propias finalidades, que siempre había “odiado” dicha religión mundana, y ya no tiene necesidad de
la ayuda de la Iglesia. comerán sus carnes—sus posesiones carnales, lo que sugiere la plenitud de la carnalidad en que
la Iglesia se ha sumido. El juicio de la ramera se describe otra vez en 18:1; 19:5, primero por un ángel que tiene
“grande potencia” (18:1), luego por “otra voz del cielo” (18:4–20), y después por “un ángel fuerte” (18:21–24). Véase
Ezequiel 16:37–44, dicho referente a Israel, pero aplicable además a la Iglesia del Nuevo Testamento, cuando haya
caído en la fornicación espiritual. Sobre la frase “comer sus carnes”, la depredación de propiedad personal y la injuria
del carácter y persona, Salmo 14:4; 27:2; Jeremías 10:25; Miqueas 3:3. El edicto del primer Napoleón, promulgado en
Roma en 1809 mediante el cual se confiscaron los dominios papales y se los unió a Francia, y la separación reciente
(año 1859) de grandes extensiones del territorio del papa y su unión a los dominios del rey de Italia, virtualmente por
medio de Luis Napoleón, es la primera parte en el cumplimiento completo de la profecía acerca de la destrucción de la
ramera. “Sus carnes” parece señalar sus dignidades temporales, como distintas de su persona. ¡Qué notable
retribución, el que habiendo recibido sus primeros dominios, el exarcado de Ravena, el reino de los lombardos, y el
estado de Roma, con reconocer al usurpador Pipino por rey legítimo de Francia: ella fuera privada de sus dominios
por otro usurpador de Francia, la dinastía napoleónica! quemarán con fuego—el castigo legal de una abominable
fornicación. 17. ha puesto—el pasado profético por el futuro. lo que le plugo—Griego, “la mente (voluntad, parecer,)
de él.” ponerse de acuerdo—Griego, “hacer un solo propósito” (parecer). A y la Vulgata omiten esta frase; B la incluye.
las palabras de Dios—que predijeron el ascenso y la caída de la bestia; el griego hoi logoi (según A, B, y Andreas), no
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meramente los vocablos pronunciados (ta reema), sino las palabras eficaces del que es el Verbo (Griego, logos).
cumplidas—(10:7.) 18. tiene reino—“autoridad real sobre los reyes.” La ramera no puede ser literalmente una mera
ciudad, pero así se llama en sentido espiritual (11:8). Tampoco puede la bestia representar un poder espiritual, sino un
poder mundano. Aquí se nos presenta a la bestia lista para el juicio. En el capítulo siguiente se dan los detalles.
CAPITULO 18
LA CAIDA DE BABILONIA: EL PUEBLO DE DIOS LLAMADO A SALIR DE ELLA: LLORAN LOS REYES Y
COMERCIANTES DE MUNDO, MIENTRAS QUE LOS SANTOS SE REGOCIJAN DE TAL CAIDA. 1. Y—Así la
Vulgata y Andreas, pero A, B, la Siríaca, y la Cóptica omiten “y”. potencia—Griego, “autoridad.” 2. con fortaleza en alta
voz—A, B, la Vulgata, la Siríaca y la Cóptica dicen: “con una voz potente.” Caída es, caída es—B y la Cóptica omiten el
segundo “cayó” (Isaías 21:9; Jeremías 51:8). Esta frase es profética de la caída, que es aún futura, como lo prueba el
18:4. y guarida—Prisión. 3. del vino—Así B, la Siríaca y la Cóptica; pero A, C, y la Vulgata omiten “el vino.” bebido—
comp. 14:8, de donde acaso “el vino” fuera interpolado aquí. Han bebido de la fornicación de ella, y la consecuencia será el
furor para ellos mismos. Pero A, B, y C dicen: “(debido a la ira de su fornicación) todas las naciones han caído.” La
Vulgata y casi todas las versiones concuerdan con la nuestra, que puede ser la correcta, aunque no lo apoyan aquí los
manuscritos más antiguos. Babilonia, la ramera, queda destruída antes de que la bestia mate a los dos testigos (cap.
11), y después la bestia misma es destruída. deleites—Griego, “lujuria.” Véase Nota, 1 Timoteo 5:11, donde el verbo
griego “hacerse licenciosas” es de la misma raíz. La referencia no es a la mercadería terrenal, sino a artículos
espirituales, indulgencias, idolatrías, supersticiones, compromisos mundanos, con los que la ramera, la Iglesia
apóstata, ha comerciado con los hombres. Esto se aplica especialmente a Roma; pero la Iglesia Griega, y en un grado
menor hasta iglesias protestantes no están exentas de culpa. Sin embargo, el principio del protestantismo evangélico es
puro, pero no lo es el principio de Roma, ni el de la Iglesia Griega. 4. Salid de ella, pueblo mío—Cita de Jeremías 50:8;
51:6, 45. Aun en la Iglesia Romanista Dios tiene pueblo: pero están en grande peligro: [PAG. 818] su única seguridad
está en salir de ella en seguida. Igualmente en toda iglesia apóstata y mundana hay algunos de la Iglesia invisible y
verdadera de Dios, los que deben salir, si es que desean ser salvos. Especialmente a las vísperas del juicio divino sobre
la cristiandad apóstata: como Lot fué amonestado para salir de Sodoma antes de su destrucción, e Israel para que
saliera de entre las tiendas de Dotán y Abíram. Así los primeros cristianos salieron de Jerusalén cuando fué juzgada la
Iglesia apóstata judía. “El estado y la Iglesia son dones preciosos de Dios. Pero el estado profanado para un fin
distinto del que Dios propuso, a saber, para gobernar para Dios y bajo Dios, se vuelve bestial, la Iglesia apóstata viene
a ser la ramera. La mujer verdadera es el fruto; la bestia y la ramera son la cáscara; cuando el fruto se madura, la
cáscara se tira.” [Auberlen.] “La ramera no es Roma sola (aunque lo es preeminentemente), sino también toda iglesia
que no tiene la mente y el espíritu de Cristo. El falso cristianismo, dividido en muchísimas sectas, es una verdadera
Babilonia, eso es, confusión. Sin embargo, en todo el cristianismo la verdadera congregación de Jesús, la mujer vestida
del sol, vive y es protegida. El cristianismo corrupto, estéril, es la ramera, cuya finalidad es el placer de la carne, y que
es gobernada por el espíritu de la naturaleza y del mundo.” [Hahn en Auberlen.] La primera justificación de la mujer
está en que es llamada para salir de la ramera Babilonia, en la culminación del pecado de ésta, cuando el juicio está
por caer: porque el cristianismo apóstata, Babilonia, no ha de ser convertido, sino destruído. En segundo término, ella
ha de pasar por la prueba de la persecución de parte de la bestia, lo que la purifica y la prepara para la gloria de la
transfiguración con la venida de Cristo (20:4; Lucas 21:28). participantes—los que comulgan, hacen causa común. de
sus plagas—como la mujer de Lot, por haberse demorado demasiado cerca de la contaminada y condenada ciudad. 5.
sus pecados—como un gran montón. han llegado—Griego, “han alcanzado tanto como para hacer contacto con el
cielo y apegarse a él.” 6. Dirigido a los ejecutores de la ira de Dios. os ha dado—“Os” no está en ningunos de los
manuscritos más antiguos; A, B, C, la Vulgata, la Siríaca y la Cóptica lo omiten. Ella no había recompensado al poder
mundial por ninguna injuria que aquél le hubiese infligido a ella; antes ella le había dado lo que él merecía:
desilusiones espirituales, porque no quiso retener a Dios en su conocimiento; el principio de la infiel Iglesia era,
Populus volt decipi, et decipiatur, “La gente quiere ser engañada, y dejadla que sea engañada.” al doble—de tristeza.
Contrástese con el doble de gozo que Jerusalén recibirá por sus padecimientos pasados (Isaías 61:7; Zacarías 9:12); así
como ha recibido el doble castigo por sus pecados (Isaías 40:2). en el caliz—(18:3; 14:8; 17:4.) dadle … doblado—del
cáliz de la ira de Dios. 7. Cuanto—en la misma proporción. en deleites—lujosamente: véase nota correspondiente al
18:3, donde el griego es afín. llanto—como de luto por un marido muerto. no soy viuda—porque el imperio es mi
marido y mi sostén. no veré llanto—“luto.” “Estoy sentada (tanto tiempo a esta parte) < no soy viuda < no veré luto,”
indica su completa despreocupación por su seguridad pasada, presente y futura. [Bengel.] Nunca tendré que llorar
como quien pierde a su marido. Como Babilonia era la reina del Oriente, así Roma ha sido la reina del Occidente, y es
llamada en las monedas imperiales “la ciudad eterna.” Así es llamada la Roma papal por Amiano Marcelino, 15:7
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(siglo cuarto). “Babilonia es una Roma anterior, y Roma una Babilonia posterior. Roma es una hija de Babilonia, y por
ella, como por su madre, le plugo a Dios subyugar al mundo bajo un poder”. [San Agustín.] Como la restauración de
los judíos no tuvo lugar hasta la caída de Babilonia, así escribe R. Kimchi, sobre Abdías: “Cuando Roma (Edom) sea
devastada, habrá redención para Israel.” Las idolatrías romanistas han sido grandes tropiezos para que los judíos
acepten el cristianismo. 8. muerte—sobre ella misma, aunque se creía segura aun de la muerte de su marido. llanto—
en lugar de su banqueteo. hambre—en lugar de sus delicadezas lujosas (18:3, 7). fuego—(Nota, 17:16). Fuego literal
puede quemar la ciudad literal de Roma, que está situada en medio de agentes volcánicos. Como la tierra fué
maldecida por el pecado de Adán, y la tierra fué destruída por el diluvio en tiempo de Noé, y Sodoma fué quemada
con fuego, así le puede pasar a Roma también. Pero como la ramera es mística (la Iglesia infiel toda), la quema puede
ser principalmente mística, simbolizando la completa destrucción y desaparición. Bengel probablemente tiene razón
al pensar que Roma volverá a ascender al poder. Los elementos carnales, infieles y mundanos de todas las Iglesais,
Romana, Griega y Protestante, se inclinan hacia un centro común, y preparan el camino para la última forma de la
bestia, a saber, el anticristo. Los fariseos eran por lo general, sanos en credo; sin embargo, el juicio les sobrevino a ellos
así como a los racionalistas saduceos y a los semipaganos samaritanos. Tampoco las infieles iglesias protestantes
carnales y mundanas, escaparán a causa de su ortodoxia de credo. el Señor—Así B, C, la Siríaca y Andreas; pero A y la
Vulgata omiten. “Fuerte” es el sentido del nombre hebreo de Dios, El. juzgará—Pero A, B, C, dicen en el pasado (krinas)
“que la juzgó:” el pretérito profético por el futuro: la orden dada al pueblo de parte de Dios, acerca de que saliera (18:4)
denota que el juicio aún no estaba hecho. 9. vivido en deleites—Griego, “lonzaneado.” La Iglesia infiel, en vez de
reprocharlos, vivió en connivencia con el lujo y la lujuria de los grandes del mundo, sancionándolos con su propia
práctica. Contrástese el regocijo del mundo sobre los cuerpos de los dos testigos (11:10), que los habían atormentado
con su fidelidad: con las lamentaciones del mundo sobre la ramera que había hecho tan blando el camino al cielo, y que
había hallado un instrumento útil para guardar a los súbditos en la tiranía abyecta. La mente carnal de los hombres
gusta de una religión como la de la Iglesia apóstata, que da opio a la conciencia, y concede al pecador licencia para
satisfacer sus concupiscencias. 10. Los juicios de Dios inspiran temor aun a los mundanos, pero es de corta duración,
pues los reyes y los grandes no tardan en unirse a la bestia en su última y peor forma, como el anticristo descarado,
que se arroga todo cuanto la ramera se había adjudicado en sus blasfemas pretensiones y más, retribuyéndoles así la
pérdida de la ramera. fuerte ciudad [PAG. 819] —Roma en el griego significa fortaleza; pero tal derivación es dudosa.
11. mercaderías—Griego, “cargamento” (18:17). Roma no es ciudad comercial, y debido a su situación no es probable
que lo sea. La mercadería debe pues ser espiritual, así como la ramera no es literal, sino espiritual. Ella no testificó
contra el lujo carnal y la sed de placer, la fuente de las ganancias comerciales, pero se conformó a ellos (18:7). No se
interesó en las ovejas sino en su lana. Los comerciantes cristianos de ella vivían como si este mundo fuese el sumo
bien, no el cielo, y eran inescrupulosos tocante a los medios de su ganancia. Véase Zacarías 5:4–11 (Notas), sobre el
mismo tema, el juicio sobre los comerciantes de Babilonia por sus ganancias injustas. Toda esta mercadería aquí
mencionada ocurre repetidas veces en el “ceremonial romano.” 12. (Nota, 17:4.) piedras—Griego, “piedra <
margarita.” lino fino—A, B, y C. dicen: Griego bussinou por bussou, eso es, “manufactura fina de lino.” [Alford.] La
fabricación por la que era famoso Egipto (tipo de la Iglesia apóstata 11:8). Contrástese el “lino fino” (Ezequiel 16:10) de
Israel, y de la Iglesia del Nuevo Testamento (19:8), la esposa (Salmo 132:9). olorosa—el citrico de los romanos:
probablemente el cypressus thyoyides, o la tuya articulata. [Alford.] Un árbol oloroso de Cirene de Libia, usado para
incienso. todo vaso—o “todo mueble.” 13. canela—Propuesta por Dios para mejores fines: siendo ingrediente del
santo óleo de unción, y una planta del jardín de “el Amado” (Cantares 4:14); pero profanada para usos viles por la
ramera (Proverbios 7:17). olores—de incienso. A, C, la Vulgata y la Siríaca preponen “y amoníaco” (ungüento costoso
para el cabello, hecho de un arbusto asiático). incienso—Contrástese el verdadero que a Dios agrada (Salmo 141:2;
Malaquías 1:11). flor de harina—El similago de los latinos. [Alford.] bestias—de carga, y ganado. siervos—Griego,
“cuerpos.” almas de hombres—(Ezequiel 27:13.) Dicho de esclavos. Propio de la ramera espiritual, el cristianismo
apóstata, especialmente de Roma, que tantas veces esclavizó tanto el cuerpo como el alma de los hombres. Aunque el
Nuevo Testamento no prohibe directamente la esclavitud, lo que en el entonces estado del mundo hubiera incitado
una revuelta de los esclavos, virtualmente la condena, como hace aquí. El papismo recibe sus mayores ganancias con
la venta de las misas por el alma de los hombres finados, y de las indulgencias compradas a la cancillería papal, por los
ricos comerciantes de varios países, para ser revendidas con mucha ganancia. [Mosheim, III., 95, 96] 14. Dirigido a
Babilonia misma. frutos del deseo de tu alma—Griego: “tus maduros frutos otoñales de la concupiscencia (ardiente
deseo) de tu alma.” cosas gruesas—“comidas sutuosas.” excelentes—esplendor de ropaje y de equipaje. han
faltado—en ningún manuscrito: A, B, C, la Vulgata, la Siríaca y la Cóptica dicen: “perecieron.” nunca … hallarás—A, C,
la Vulgata y la Siríaca dicen: “< hallarán;” siendo el sentido, “no se hallarán más;” no existirán más. 15. de estas
cosas—que se acaban de mencionar (18:12, 13). enriquecido—El griego agrega “de parte de ella:” comerciaron
mediante el visto bueno de la ramera. por el temor—(comp. el 18:10.) 16. Y—Así la Vulgata y Andreas; pero A, B, C,
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omiten la conjunción. piedras … perlas—Griego, “piedra < perla”. B y Andreas dicen “perlas;” pero A y C, “perla.”
17. patrón—Griego, “piloto.” todos los que viajan en naves—A, C, la Vulgata, la Siríaca dicen, “todo aquel que navega
a alguna parte” (B tiene “< al lugar”): todo viajero. Las naves iban repletas de peregrinos para varios santuarios, de
modo que en un solo mes (año 1300).< 200.000 peregrinos fueron contados en Roma [D’Aubigne, Reformation]: una
fuente de ganancia, no sólo para la sede papal, sino también para los navieros, comerciantes, pilotos, etc. Estos no se
restringen literalmente a los “navieros” etc., sino que se refiere, en sentido místico, a todos los que participan en el
tráfico espiritual del cristianismo apóstata. 18. humo—Así B y C, pero A dice “lugar de su incendio.” ¿Qué ciudad era
semejante?—Véase la jactancia similar tocante a la bestia, 13:4: tan parecidas así son la ramera y la bestia. Contrástese
la atribución de esta alabanza a Dios, a quien solo es debida por sus siervos (Exodo 15:11). Martial dice de Roma:
“Nada le iguala;” y Ataneo: “Ella es el epítome del mundo.” 19. sus riquezas—Sus tesoros costosos. navíos—A, B, y C
dicen “los navíos:” sus propios. 20. vosotros …—A, B, la Vulgata, la Siríaca, la Cóptica y Andreas: “vosotros los santos y
los apóstoles <” ha vengado—Griego, “ha juzgado vuestro juicio sobre (lit., exigiéndolo a) ella.” “Hay más gozo en el
cielo por la derrota de la ramera que por la de las dos bestias. Porque el más grave de todos los pecados es el pecado
de aquellos que conocen la palabra de la gracia de Dios y no la guardan. La mundanalidad de la Iglesia es la más
mundana de toda mundanalidad. Por tanto, la Babilonia del Apocalipsis tiene no sólo los pecados de los israelitas,
sino también los pecados de los paganos; y Juan se explaya más sobre las abominaciones y juicios de la ramera que
sobre los de la bestia. El término ramera describe el carácter esencialmente falso de la Iglesia. Ella retiene la forma de
mujer, no toma la forma de bestia: tiene la forma de la piedad, pero niega el poder de la piedad. Su Señor y Esposo por
derecho, Cristo Jehova, y los goces y bienes de su casa ya no son el sumo bien de ella, sino que corre tras las vanas
cosas visibles del mundo en sus múltiples formas. La forma más plena y perniciosa de su fornicación es que donde la
Iglesia quiere ser ella misma un poder mundano, usa de la política y de la diplomacia, utiliza los medios profanos
para fines santos, extiende su dominio con la espada y el dinero, embelesa a los hombres con el ritualismo sensual, se
hace la “directora de las ceremonias” ante los dignatarios del mundo, lisonjea al pueblo y al príncipe, y cual Israel,
ayuda a un imperio mundial contra las amenazas y peligros de parte de otro.” [Auberlen.] El juicio, pues, empieza con
la ramera, como en privilegios la casa de Dios. 21. un ángel—Un en el griego es numeral, no el artículo. piedra—Comp.
el juicio sobre las huestes egipcias en el mar Rojo, Exodo 15:5, 10; Nehemías 9:11, y la condenación predicha de
Babilonia, imperio mundial, Jeremías 51:63, 64. Este versículo demuestra que esta profecía se entiende como siendo
aún de cumplimiento futuro. 22. tañedores—Músicos, pintores y escultores han contaminado su arte para prestar
fascinación al culto sensual del cristianismo corrupto. 23. ¡Qué contraste tan precioso se presenta con respecto a la
ciudad de Dios, en (22:5), “No tienen necesidad [PAG. 820] de lumbre de antorcha (al igual que Babilonia ya no tendrá
más la luz de antorcha, pero por razón muy otra),< porque el Señor Dios los alumbrar{”! 23. antorcha—Griego.
“lámpara.” esposo … esposa—“Novio, novia <” Contrástese la ciudad celestial, con su Novio, la Novia, las bodas (19:7,
9; 21:2, 9; Isaías 62:4, 5). tus mercaderes—Así dicen las mejores autoridades; pero A omite el artículo, lo que daría la
traducción: “Los magnates < eran tus mercaderes.” hechicerías—El griego en el singular. 24. Palabras usadas por
Cristo con respecto a la Jerusalén apóstata, lo que comprueba que no sólo la ciudad literal de Roma (principal
representativa de la apostasía), sino que el TODO de la Iglesia infiel tanto del Antiguo Testamento como del Nuevo,
se comprende por Babilonia la ramera; asimismo como la Iglesia entera (de ambos Testamentos) es lo que significa “la
mujer” (12:1). En cuanto a la ciudad literal, Aringhus en Bengel dice que la Roma pagana fué el matadero general para las
ovejas de Jesús. Federico Seyler, en Bengel, calcula que la Roma papal, entre los años 1540 y 1580 mató más de.<
900.000 protestantes. Tres son las razones que se dan de la caída de la ramera: (1) La grandeza mundana de sus
comerciantes, que se debía a su impío negocio en cosas espirituales. (2) Sus hechicerías e imposturas, en las cuales cosas el
falso profeta que sirve a la bestia en su postrera forma la excederá; “hechiceros” (21:8; 22:15), especialmente
mencionados entre los condenados al lago de fuego. (3) Su persecución de los profetas (del Antiguo Testamento) y los
santos (del Nuevo).
CAPITULO 19
HACIMIENTO DE GRACIAS DE LA IGLESIA EN EL CIELO POR EL JUICIO SOBRE LA RAMERA. LAS BODAS
DEL CORDERO: LA PREPARACION DE LA NOVIA: SE LE PROHIBE A JUAN ADORAR AL ANGEL: EL SEÑOR
DE LOS EJERCITOS SALE A LA GUERRA: LA BESTIA Y EL FALSO PROFETA ARROJADOS AL LAGO DE FUEGO:
LOS REYES Y SUS SEGUIDORES MUERTOS POR LA ESPADA DE LA BOCA DE CRISTO. 1. Como en el caso de la
aperura de la profecía (4:8; 5:9, etc.); así ahora a la terminación de uno de los grandes eventos vistos en visión, el juicio
de la ramera (descrito en el cap. 18), hay un cántico de alabanza a Dios en el cielo: comp. 7:10., hacia la clausura de los
sellos, y 11:15–18, a la clausura de las trompetas: 15:3, a la victoria de los santos sobre la bestia. una gran voz—A, B, C,
la Vulgata, la Siríaca, la Cóptica y Andreas dicen, “como si fuese una gran voz.” ¡Qué contraste con las lamentaciones
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del Cap. 18! Comp. Jeremías 51:48. La gran manifestación del poder de Dios al destruir a Babilonia evoca la gran voz de
alabanza en el cielo. Aleluya—Hebreo, “Alabad a JAH,” o “a JEHOVA:” usado aquí por primera vez en el Apocalipsis,
por lo que infiere Elliott que los judíos hacen un papel importante en este hacimiento de gracias. Jah no es la
contracción de Jehová, puesto que ocurre a veces conjuntamente con éste. Significa “el que ES:” mientras que Jehová
significa, “El que será, es, y era.” Denota el socorro de Dios en la experiencia PRESENTE; de modo que “Aleluya”—
dice Kimchi en Bengel—se halla primero en aquellos salmos que tratan de la destrucción de los impíos. “Hallelu‐Jah”
ocurre cuatro veces en este pasaje. Véase Salmo 149:4–9, evidentemente un paralelo, y en efecto idéntico en muchas de
las frases, así como en la idea general. Israel, en especial, se unirá en el aleluya, cuando acaben sus guerras y sea
destruído su enemigo. Salvación—Griego, “la salvación < la gloria < la potencia.” La versión cóptica agrega “y la
honra.” al Señor Dios nuestro—Así Andreas; pero A, B, C y la Cóptica dicen: “(Es) de nuestro Dios,” eso es, le
pertenece. 2. ha corrompido—Griego, “Corrompía;” acción continuativa. “En vez de impedir y hacer menguar, ella ha
promovido la vida pecaminosa del mundo con su propia terrenidad, permitiendo que la sal perdiera su sabor.”
[Auberlen.] ha vengado—Griego, “exigió en retribución.” Una aplicación particular del principio (Génesis 9:5). sangre
de sus siervos—derramada literalmente por la Iglesia adulterina del Antiguo Testamento y por la apóstata del Nuevo;
también virtual, aunque no literalmente, por todos los que, llamados cristianos aborrecen a su hermano, o bien no
aman a los hermanos en Cristo, que se esquivan de la ignominia de la cruz, y carecen de caridad hacia aquellos que la
llevan. 3. otra vez—Griego, “por segunda vez.” subió—Griego, “sube.” para siempre jamás—Griego, “hasta los siglos
de los siglos.” 4. animales—“los cuatros seres animados,” o vivientes. estaba sentado—El griego permite la
traducción: “est{ sentado.” 5. del trono—Griego, “desde el trono”, en A, B, C. Load a nuestro Dios—Comp. el solemne
acto de alabanza de los levitas, 1 Crónicas 16:36; 23:5, especialmente cuando la casa de Dios se llenaba de la divina
gloria (2 Crónicas 5:13). así … grandes—A, B, C, la Vulgata, la Cóptica, la Siríaca omiten “así.” Tradúzcase: “< teméis,
los pequeños y los grandes.” 6. muchas aguas—Contrástese las “muchas aguas” donde está sentada la ramera (17:1).
Este versículo es la respuesta animosa a la vibrante aclamación “¡Aleluya! Load a nuestro Dios.” reinó—una vez por
todas. Su reino es un hecho ya establecido. Babilonia, la ramera, era un gran impedimento para que su reino no fuera
reconocido. Su derrota ahora abre el camino para el advenimiento de él para reinar; por lo tanto, no sólo Roma sino
también todo el cristianismo, hasta donde sea carnal y traicione a Cristo ante el mundo, se comprende en el término
“ramera.” La bestia no bien se presente, “irá (va) a perdición:” por tanto se considera proféticamente que Cristo ya
reina, porque sigue su venida inmediatamente después del juicio de la ramera. Todopoderoso—Griego, “el
Todopoderoso.” 7. démosle—Así B y Andreas; pero A dice, “Darémosle.” gloria—Griego, “la gloria.” venidas las
bodas del Cordero—El cumplimiento pleno y final se da en el 21:2–9 etc. Previamente deben intervenir la derrota de la
bestia, etc., a la venida del Señor, la atadura de Satanás, el reino milenial, la liberación de Satanás, y su última derrota,
así como el juicio general. La electa Iglesia, la Novia celestial, inmediatamente después de la destrucción de la ramera,
es transfigurada con la venida del Señor, y se une con él en su triunfo sobre la bestia. Sobre el emblema del Novio y de
la Novia, véase Mateo 22:2; 25:6, 10; 2 Corintios 11:2. La perfecta unión con él en su santidad, gozo, gloria y reino, se
incluyen en el símbolo del “casamiento”; compárese [PAG. 821] Cantares de Salomón. Además de la Novia celestial, la
Iglesia resucitada, transfigurada y trasladada, que reina sobre la tierra con Cristo, está también la Novia terrenal, Israel,
en la carne, nunca divorciada aún, si bien por un tiempo separada de su marido divino, que se volverá a unir al Señor,
y será la Iglesia madre de la tierra milenial, cristianizada por ella. Nota, debemos restringir, como hace la Biblia, el
lenguaje sugerido por el amor marital a la Novia, la Iglesia como un todo, y no aplicarlo a individuos en nuestra relación
con Cristo, como lo hace Roma con sus monjas. Individualmente, los creyentes son llamados, en efecto, huéspedes;
colectivamente, ellos constituyen la novia. La ramera divide sus afectos entre muchos amantes; la novia da los suyos
exclusivamente a Cristo. 8. le fué dado—Aunque en un sentido ella “se ha aparejado,” habiéndose vestido “de bodas”
por la obra del Espíritu, sin embargo, en el sentido más pleno, no es ella, sino el Señor quien la apareja, “concediéndole
que se vista de lino finó.” Es él que, dándose por ella, la presenta a sí mismo una Iglesia gloriosa, sin mancha ni arruga ni cosa
semejante. El es quien la santifica, naturalmente vil y sin hermosura, con el lavacro del agua por la palabra, y le aplica a ella
su propia, hermosura, que así viene a ser de ella. limpio y brillante—A y B transponen el orden: “brillante y puro:” a la
vez esplendoroso e inmaculado, como es la novia misma. justificaciones—Griego, “las justicias:” en sentido distributivo.
Cada santo debe tener esta justicia: no meramente justificado, como si la justicia perteneciese a la Iglesia en el agregado;
los santos juntos tienen justicias; a saber, se le considera como el “Señor nuestra justicia” a cada santo cuando cree,
siendo sus ropas emblanguecidas en la sangre del Cordero. La justicia de los santos no es, como declara Alford
erróneamente, inherente, sino es imputada: si fuese de otra manera, Cristo sencillamente estaría habilitando al pecador
para que se justificara a sí mismo. Romanos 5:18 es decisivo sobre este particular. Comp. Art. IX., Iglesia de Inglaterra.
La justificación dada ya a los santos es título y en posesión invisible, se les DA ahora de manera manifiesta: caminan ya
abiertamente con Cristo con vestidos blancos. A esta última, más bien que a su justificación inicial en la tierra se refiere el
texto aquí. Su justificación delante del mundo apóstata, que los había perseguido, se contrasta con el juicio y la
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condenación de la ramera. “Ya que la ramera ha caído, la mujer triunfa.” [Auberlen.] Contrástese con el lino fino y puro
(que indica la simplicidad y la pureza) de la novia, la burda ornamentación de la ramera. Babilonia, la Iglesia apóstata,
es la antítesis de la nueva Jerusalén, la transfigurada Iglesia de Dios. La mujer (cap. 12), la ramera (cap. 17), la novia
(cap. 19), son los tres aspectos principales de la Iglesia. 9. él—Dios por su ángel me dice. son llamados—de una manera
efectiva, no meramente externa. Es lo que parece expresar la preposición griega: no meramente invitados a (Griego,
epi), sino llamados adentro (Griego, eis) a participar; comp. 1 Corintios 1:9. la cena—La cena de las bodas; tipificada por
la cena del Señor. verdaderas—Griego, “genuinas;” dichos veraces que con toda seguridad serán cumplidos: es decir,
todo lo hasta aquí revelado. 10. me eché a sus pies—Griego, “Caí delante de <” El intento de Juan de adorar al ángel a
que se alude aquí, como en el 22:8, al serle revelada la gloria de la nueva Jerusalén, es el impulso involuntario del
gozo de adorar por una esperanza tan preciosa. Forma un marcado contraste con la triste maravilla con que había
contemplado a la Iglesia en su apostasía adulterina (17:6). Ejemplifica las tendencias corruptas de nuestra naturaleza
caída, el que hasta Juan, un apóstol, hubiese casi caído en la “humildad voluntaria y la adoración de ángeles,” contra
la cual Pablo nos advierte. el testimonio de Jesús—(Nota, 12:17.) de Jesús—eso es, respecto a Jesús. es el espíritu de la
profecía—Es el mismo resultado del espíritu de la profecía tanto en ti como en mí mismo. Nosotros los ángeles, como
vosotros los apóstoles, tenemos el testimonio de (que llevar respecto a) Jesús por la operación del uno y mismo
Espíritu, que nos capacita para daros estas revelaciones, y a vosotros para escribirlas: por tanto somos consiervos; no
soy yo vuestro señor para ser adorado de vosotros. Comp. el 22:9, “Soy siervo contigo y con tus hermanos los profetas;”
de donde se puede explicar la frase, “PORQUE el testimonio < etc.” como para dar la razón por qué agregar, “Y
siervo con tus hermanos que tienen el testimonio de Jesús.” Quiero decir, de los profetas; “porque es de Jesús que tus
hermanos, los profetas, testifican por el Espíritu que hay en ellos.” Una clara condenación de la invocación romanista
de los santos, como si éstos fuesen nuestros superiores, para que los adorásemos. 11. he aquí un caballo blanco, y el
que estaba sentado sobre él—Idéntico al 6:2. Aquí como allí sale “venciendo y para vencer.” Comp. el pollino de asna
sobre el cual entró en Jerusalén. El caballo era usado para la guerra: y aquí sale a guerrear con la bestia. El pollino es
para la paz. Su entrada en Jerusalén sobre un pollino era las arras de su reino en Jerusalén sobre la tierra, como el
Príncipe de paz, cuando todos los poderes hostiles hayan sido derrotados. Cuando la seguridad del imperio mundial, y
las aflicciones del pueblo de Dios hayan alcanzado la cúspide, el Señor Jesús aparecerá visiblemente desde el cielo
para poner fin a todo el curso del mundo, y establecer su reino de gloria. Viene para juzgar con venganza al poder
mundial, y para traer a la Iglesia la redención, glorificación, y dominio sobre el mundo. Hágase distinción entre esta
venida (Mateo 24:27, 29, 37, 39, Griego, parousía) y el fin, o juicio final (Mateo 25:31; 1 Corintios 15:23). Poderosos
fenómenos naturales acompañarán su advenimiento. 12. Lo identifica como el Hijo del hombre similarmente descrito
(1:14). diademas—no guirnaldas, sino coronas reales, como REY DE REYES. La diademas de Cristo comprende todas
las diademas de la tierra y de los poderes celestiales también. Contrástese la tiara del papa compuesta de tres
diademas. Véase también el pequeño cuerno (el anticristo), que vence a los tres cuernos, o reinos, Daniel 7:8, 24
(¿Quaere, el papado? o algunos tres reinos que suceden al papado, el mismo que como reino temporal, se formó primero
de tres reinos, el exarcado de Ravena, el reino de los lombardos, y el estado de Roma, obtenidos por el papa Zacarías y
Esteban II, de Pipino el usurpador del dominio francés). También, las siete coronas (diademas) en las siete cabezas del
dragón (12:3), y las diez diademas en las diez cabezas [PAG. 822] de la bestia. Estos usurpadores pretenden las diademas
que pertenecen a Cristo solamente. tenía un nombre escrito—B y la Siríaca insertan, “Tenía nombres escritos y un
nombre escrito <” significando que el nombre de cada dominio estaba escrito en la diadema correspondiente. Pero A,
la Vulgata, Orígenes y Cipriano omiten estas palabras, como nuestra versión. ninguno entendía sino él mismo—
Jueces 13:18; 1 Corintios 2:9, 11; 1 Juan 3:2.) Lo mismo se dice del “nombre nuevo” de los creyentes. En éste como en
todo otro respecto, el discípulo llega a ser como su Señor. El “nombre nuevo” del Señor mismo ha de ser de ellos, y de
estar “en sus frentes;” de lo que hemos de inferir que su nombre hasta ahora no conocido también está escrito en su
frente; como el sumo sacerdote tenía inscritas “Santidad al Señor” en su mitra sobre la frente. Juan lo vió “escrito”,
pero no supo su significado. Es, pues, un nombre que se entenderá en todo su significado glorioso sólo cuando la
unión de los santos con él y el conjunto, triunfo y reino de él y de ellos, sean perfectamente manifestados en la final
consumación. 13. ropa teñida en sangre—Isaías 63:2 aludido aquí, y en el 19:15. Allí la sangre no es suya, sino de sus
enemigos. Así aquí la sangre sobre su ropa, que nos recuerda su propia sangre derramada a favor aun de los impíos que
la pisotean, es una amonestación del derramamiento de la sangre de ellos en justa retribución. El derrama la sangre, no
de los piadosos, como hacen la ramera y la bestia, sino de los impíos sanguinarios inclusive éstas dos. El VERBO DE
DIOS—el logos, el que hizo el mundo es el mismo que bajo el mismo carácter y atributos lo renovará. Su título, Hijo de
Dios, es aplicable, en sentido inferior, a su pueblo también; pero el “Verbo de Dios” indica su incomunicable
divinidad, unida a su humanidad, que él entonces manifestará en la gloria. “La Novia no teme al Novio; su amor echa
fuera el temor. Ella lo recibe con gozo. No puede ser feliz sino a su lado. El Cordero (19:9, el aspecto de Cristo para su
pueblo en su venida) es el símbolo de Cristo en su ternura. ¿Quién puede tener miedo de un cordero? Aún un niñito,
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lejos de tenerle miedo, desea acariciarlo. No hay nada que nos haga temer a Dios sino el pecado, y Jesús es el Cordero
de Dios que quita el pecado del mundo. ¡Qué terrible contraste habrá en el aspecto que llevará para con sus enemigos! No
como el Novio, ni como el Cordero, sino como el juez (vengador) y guerrero teñido en la sangre de sus enemigos.” 14.
ejércitos que están en el cielo—Comp. los frenos,” 14:20; los santos glorificados, a quienes Dios “traerá con” Cristo en
su advenimiento; comp. 17:14, “los que están con él, llamados, elegidos, fieles;” como también “sus ángeles
poderosos.” blanco y limpio—A, B, la Vulgata, la Siríaca y Cipriano omiten “y.” 15. de su boca … espada—(1:16; 2:12,
16.) Aquí su poder vengador (2 Tesalonicenses 2:8) “consume con el Espíritu de su boca” (Isaías 11:4, al que se alude
aquí); no en su eficacia de reprochar y convertir (Efesios 6:17; Hebreos 4:12, 13, donde también se incluye la agudeza
judicial de su palabra, cual espada). El Padre delega el juicio al Hijo. el los regirá—El él es enfático; él y ningún otro,
en contraste con los usurpadores que han gobernado malamente al mundo. “Regirá,” lit., pastoreará; pero aquí en el
sentido punitivo. El que los hubiera cuidado con la vara pastoral y con el cetro dorado de su amor los hará pedazos,
como rebeldes refractarios, con una “vara de hierro.” pisa el lagar (Isaías 63:3.) furor … ira—Así Andreas; pero A, B,
la Vulgata, la Cóptica y Orígenes dicen: “con la ferocidad (indignación hirviendo) de la ira”. Todopoderoso—El furor
de la ira de Cristo contra sus enemigos será ejecutado con los poderes de la omnipotencia. 16. “Su nombre escrito
sobre su vestidura y sobre su muslo”, así se dice porque en una figura ecuestre la vestidura cae desde la cadera. El
muslo simboliza la humanidad de Cristo, como venido, según la carne, de los lomos de David, y apareciendo ahora
como el glorificado “Hijo del hombre.” Por otra parte, su incomunicable nombre divino, “que nadie puede conocer,”
está sobre su cabeza. [Menochius.] REY DE REYES; compárese 17:14 en contraste con el 19:17, siendo la bestia en una
pretendida usurpación un rey de reyes, entregándole los diez reyes sus dominios. 17. un ángel—Un es numeral en el
griego. en el sol—de modo de estar conspicuo a la vista de todo el mundo. a todas las aves—(Ezequiel 39:17–20.) y
congregaos—A, B, la Vulgata, la Siríaca, la Cóptica y Andreas dicen: “sed congregadas,” y omiten “y.” del gran Dios—
A, B, la Vulgata, la Siríaca, la Cóptica y Andreas dicen: “a la gran cena de Dios.” 18. Contrástese con esta “cena”, las
bodas del Cordero (19:7). capitanes—Griego, “quiliarcas,” capitanes de miles, los principales. Los “reyes” son “los diez”
que dan su poder a la bestia.” libres y siervos—especificados en el 13:16 como “recibiendo la señal de la bestia.”
Carnes en plural, y repetida cinco veces en este versículo, subraya la crasa carnalidad de los seguidores de la bestia.
Otra vez, la entrega de su carne a las aves es una justa retribución por el no permitir ellos el entierro de los cuerpos de los
testigos de Cristo. 19. congregados—en Armagedón, bajo la sexta copa. “Sus ejércitos”: de ellos según B y Andreas; de
él, según A. guerra—Así Andreas; pero A, y B dicen “la guerra,” a saber, la predicha (16:14; 17:4). 20. y con ella—A
dice “y los con ella;” y B: “y el que estaba con ella, el falso profeta.” las señales—ya mencionadas (13:14), hechas por
la segunda bestia en la presencia de la primera. De allí se sigue que la segunda bestia es idéntica al falso profeta. Muchos
expositores interpretan la primera bestia como el poder secular de Roma, y la segunda como el poder eclesiástico de
ésta: y explican que el cambio de título para ésta, de “la otra bestia” al de “falso profeta”, se debe a que por el juicio
sobre la ramera el poder eclesiástico ya no retiene nada de su carácter anterior salvo el poder de engañar. Me parece
improbable que el falso profeta haya de ser el sucesor de las pretensiones espirituales del papado; mientras que la
bestia en su última forma como el anticristo plenamente revelado, será el representativo secular y la encarnación del
cuarto imperio mundial, Roma, en su última forma de oposición intensificada a Dios. Véase con esta profecía,
Ezequiel 38:39; Daniel 2:34, 35, 44; 11:44, 45; Joel 3:9–17; Zacarías 12; 13; 14,. Daniel (7:8) no hace mención de la
segunda bestia, ni del falso profeta, pero menciona que “el pequeño cuerno” tiene “ojos de hombre,” eso es, cultura
sutil e intelectual: éste no es un rasgo de la primera bestia del cap. 13, pero está expresado por el “falso profeta”
apocalíptico, la encarnación del conocimiento [PAG. 823] miento profano del hombre, y la sutileza de la antigua
serpiente. La primera bestia es un poder político; la segunda es un poder espiritual—el poder de las ideas. Pero ambas
son bestias, la sabiduría mundana anticristiana al servicio del poder mundano anticristiano. El dragón es tanto león
como serpiente. Como la primera ley del divino gobierno moral es que “el juicio debe comenzar en la casa de Dios,” y
ser llevado a cabo sobre la ramera, la Iglesia infiel, por el poder mundial con el cual ella había cometido el adulterio
espiritual, así una segunda ley es que el poder mundial después de servir como instrumento de Dios para castigo, es
también castigado. Como la ramera es castigada por la bestia y los diez reyes, así éstos son destruídos por el Señor
mismo al venir en persona. Igualmente el capítulo 1 de Sofonías comparado con el segundo. Y Jeremías, después de
denunciar los juicios que venían sobre Jerusalén de parte de Babilonia, termina denunciando la propia condenación de
Babilonia. Entre el juicio sobre la ramera y la destrucción de la bestia por el Señor, etc., mediará aquel período cuando
la mundanalidad alcanzará su colmo, y el triunfo anticristiano en su corta duración de tres días y medio, durante los
cuales los dos testigos yacen muertos. Entonces la Iglesia estará apta para su glorificación, y el mundo anticristiano
para su destrucción. El mundo en la cúspide del desarrollo de su poder material y espiritual, no es sino un cadáver a
cuyo derredor se juntan los buitres. Es característico el que el anticristo y sus reyes, en su ceguedad, se imaginen que
pueden guerrear contra el Rey de los cielos con ejércitos terrenales; he aquí la extrema insensatez de la confusión
babilónica. La sola aparición del Señor, sin encuentro alguno de fuerzas contendientes, demuestra al anticristo su
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futilidad; véase el efecto de la aparición de Jesús aun en su humillación, Juan 18:6. [Auberlan.] tomaron—Acto inicial,
de decisión (part. aor.). habían adorado—Los adoradores, los que adoraban, en su culto habitual (part. presente). un
lago de fuego—Griego, “el lago de fuego,” el Gehenna. Allí es arrojado Satanás subsecuentemente, al fin del asalto que
tiene lugar después del milenio (20:10). Entonces la Muerte y el Infierno (el hades), así como todos los que en el juicio
general no sean “escritos en el libro de la vida,” serán arrojados en el mismo; esto constituye “la segunda muerte.”
vivos—una muerte viviente; no es el aniquilamiento. “Su gusano no muere, y su fuego no se apaga.” 21. los otros—A
saber, “los reyes y sus ejércitos” (19:19), tenidos juntos en un todo indistintos. Una solemne confirmación del Salmo
2:10.
CAPITULO 20
SATANAS ATADO, Y LOS PRIMEROS SANTOS RESUCITADOS REINAN CON CRISTO, MIL AÑOS:
SATANAS SUELTO JUNTA A LAS NACIONES, GOG Y MAGOG, EN DERREDOR DEL CAMPAMENTO DE LOS
SANTOS, Y ES FINALMENTE CONSIGNADO AL LAGO DE FUEGO; LA RESURRECCION GENERAL Y EL
ULTIMO JUICIO. 1. La destrucción de los representantes de Satanás, la bestia y el falso profeta, a los que había dado
su poder, su trono y su autoridad, es seguida por la atadura de él mismo durante mil años. la llave del abismo—quitada
ya de las manos de Satanás, a quien Dios había permitido usarla para soltar las plagas sobre la tierra; ahora se le hace
sentir el tormento que él había infligido a los hombres, pero su tormento completo no se hace hasta tanto no sea
arrojado “al lago de fuego” (20:10). 2. aquella la serpiente antigua—(12:9). mil años—Como siete místicamente denota
la universalidad, así mil denota la perfección, ya sea en lo bueno o en lo malo. [Aquina.] Mil simboliza que el mundo
está perfectamente leudado y penetrado por lo divino; puesto que mil es diez, el número del mundo, levantado a la
tercera potencia, tres siendo el número de Dios. [Auberlen.] Puede ser que denote literalmente también mil años. 3. le
encerró—A, B, la Vulgata, la Siríaca y Andreas omiten “le.” selló—una puerta “sobre él,” la puerta del abismo sobre su
cabeza. Un sello para evitar su salida, más seguro que aquel que pusieron para guardar a Jesús en la tumba de José, y
que fue roto en la mañana de la resurrección. La atadura de Satanás a este punto no es arbitraria, sino que es la
necesaria consecuencia de los eventos (19:20); así como su expulsión del cielo, donde antes había estado acusando a
los hermanos, fué el juicio legítimo que le fué puesto por medio de la muerte, resurrección y ascensión de Cristo (12:7–
10). Satanás se imaginó que había derrotado a Cristo en el Gólgota, y que su poder estaba seguro para siempre, pero el
Señor en la muerte le venció, y por su ascensión como nuestro justo Abogado arrojó a Satanás el acusador fuera del
cielo. Se le dió tiempo en la tierra para hacer poderosas a la bestia y a la ramera, y luego concentrar todo su poderío en
el anticristo. El reino anticristiano, su último esfuerzo, siendo completamente destruído por la aparición de Cristo, se
acabó su poder en la tierra. El había pensado destruir al pueblo de Dios en la tierra por las persecuciones
anticristianas (así como se había imaginado previamente destruir a Cristo); pero la Iglesia no es destruída de la tierra,
sino que es ensalzada para reinar sobre la tierra, y Satanás mismo queda encerrado mil años en el “abismo” (Griego,
“fosa sin fondo”), la cárcel preparatoria para “el lago de fuego” su destino final. Como por la ascensión de Cristo, él
había dejado de ser un acusador en el cielo, así durante el milenio deja de ser el seductor y el perseguidor en la tierra.
Mientras el diablo reine en las tinieblas del mundo, vivimos en una atmósfera impregnada de elementos mortíferos.
Una poderosa purificación del aire será hecha por la venida de Cristo. Aunque el pecado no será deshecho por
completo—pues los hombres estarán aún en la carne, Isaías 65:20—el pecado ya no será un poder universal, pues la
carne ya no se verá, seducida por Satanás. El no será ya, como es ahora, “el dios y príncipe del mundo”—ni yacerá
más “el mundo en el inicuo”—la carnalidad vendrá a ser cada vez más aislada y finalmente derrotada. Cristo reinará
con sus santos transfigurados sobre los hombres en carne. [Auberlen.] Esto será la manifestación “del mundo
venidero,” que ya está establecido invisiblemente en los santos en medio de “este mundo” (2 Corintios 4:4; Hebreos
2:5; 5:5). Los rabinos judaicos pensaban que como el mundo fué creado en seis días, y Dios descansó en el séptimo, así
habría seis períodos milenares, seguidos por un milenio sabático. [PAG. 824] De cada siete años el séptimo es el año
de remisión; así de los siete mil años del mundo, el séptimo milenio será el de la remisión. Una tradición de la casa de
Elías, año 200, dice que el mundo ha de durar 6.000 años: dos mil antes de la ley, dos mil bajo la ley, y dos mil bajo el
Mesías. Véase nota y lección marginal, Hebreos 4:9; Apocalipsis 14:13. Papias, Agustino Mártir, Ireneo y Cipriano,
entre los primeros padres, todos defendían la doctrina del reino milenial sobre la tierra; no fué sino cuando las ideas
milenarias degeneraron en la tosca carnalidad, que esta doctrina fué abandonada. porque no engañe—Así A, pero B
dice: “porque no engaña.” 4, 5. se sentaron—los doce apóstoles, y los santos en general. les fué dado juicio—(Nota,
Daniel 7:22.) El oficio de Juzgar les fué dado. Aunque en un sentido tienen que estar ante el trono del juicio de Cristo,
“no vienen a la condenación, sino que ya pasaron de la muerte a la vida.” almas—Este término se ha usado como
razón para negar la literalidad de la primera resurrección, como si fuese ésta la resurrección espiritual de las almas de
los creyentes en esta vida; la vida y el reino siendo del alma en esta vida levantada de la muerte del pecado mediante
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la fe vivificadora. Pero “almas” expresa el estado incorpóreo de ellos (6:9) tal como los vió Juan al principio; “y
vivieron <” denota su vuelta a le vida de nuevo en el cuerpo, de modo que fueran visibles, como la frase (20:5) “ésta es la
primera resurrección” prueba; porque si es verdad que “los demás muertos no vivieron (de nuevo) hasta <” se refiere
a la resurrección general corporal, entonces también debe referirse “la primera resurrección” al cuerpo. Esto también
concuerda con 1 Corintios 15:23, “Los que son de Cristo en su venida.” Véase Salmo 49:11–15. Por el 6:9 yo infiero que
“almas” se usa aquí en el sentido estricto de espíritus desincorporados vistos primero por Juan; aunque sin duda
“almas” se usa a menudo para denotar personas, y hasta cuerpos muertos. degollados—lit., “los muertos por el hacha;”
un castigo romano, aunque la crucifixión, el ser desgarrados por los leones y la hoguera, eran los modos más comunes
de ejecución. La guillotina de la Francia revolucionaria continuó aún en la Francia imperial, y es la renovación de un
modo de pena capital de la pagana Roma imperial. Pablo fué decapitado, y sin duda participará en la primera
resurrección, de acuerdo con su oración de que “llegase a la resurrección de entre los demás de los muertos” (Griego,
exanástasis). Los hechos anteriores pueden explicar la especificación de esta clase particular de castigo. por … por—
Griego, a favor de”; “a causa de”. y que—Griego, “los cuales tampoco <” Prominentes entre esta clase (los degollados)
son los que no adoraron a la bestia. Asimismo en el 1:7, el griego, “y los cuales,” o “tales como” particulariza
prominentemente entre la clase general a los que siguen en la descripción. [Tregelles.] El alcance de la primera
resurrección no se menciona aquí. En 1 Corintios 15:23, 51; 1 Tesalonicenses 4:14 hallamos que todos “los en Cristo”
participarán en ella. Juan mismo no fué “degollado,” pero ¿quién duda de que él no participe de la primera
resurrección? A los mártires se les pone en primer lugar, porque se asemejan más a Jesús en sus sufrimientos y
muerte, por tanto están más cercanos a él en la vida y reino de ellos; porque Cristo indirectamente afirma que hay
puestos por grados y lugares de honor, relativos, en su reino, siendo los más altos para los que beben la copa de los
padecimientos de él. En segundo orden estarán los que no se doblegaron al poder mundano, sino que han esperado
antes las cosas invisibles y eternas. reinaron con Cristo—sobre la tierra. frentes … manos—Griego, “la frente < la
mano.” 5. Mas—B, la Cóptica y Andreas dicen: “Y.” A y la Vulgata omiten. no tornaron a vivir—Griego, “No vivieron
otra vez.” A, B, la Vulgata, la Cóptica y Andreas omiten “otra vez.” Vivieron se usa por vivieron otra vez, como en el 2:8.
Juan los vió no sólo restaurados a vida, sino también en el acto de resucitar. primera resurrección—“la resurrección
de los justos.” La tierra no está aún transfigurada, y no puede ser pues la debida localidad para la Iglesia
transfigurada; pero desde el cielo los santos transfigurados con Cristo gobiernan la tierra, por cuanto existe una
comunión mucho más libre de las Iglesias, tanto celestial como terrenal (un tipo de tal estado puede verse en los
cuarenta días del Salvador resucitado, durante los cuales aparecía a sus discípulos), y ellos no conocen gozo mayor
que el de llevar a sus hermanos de la tierra a la misma salvación y gloria que ellos mismos disfrutan. El reino milenial
en la tierra no descansa sobre un pasaje aislado del Apocalipsis, sino que toda la profecía del Antiguo Testamento
sigue el mismo criterio (Comp. Isaías 4:3; 11:9; 35:8). Jesús, mientras que se oponía a las ideas materiales del reino de
Dios prevalecientes en su día, no contradice, sino confirma la tesis del Antiguo Testamento acerca de un venidero
reino judaico terrenal, de gloria: empezando desde adentro y extendiéndose ahora espiritualmente, el reino de Dios se
manifestará externamente en el regreso de Cristo a la tierra. El papado es una falsa anticipación del reino durante el
período eclesio histórico. “Cuando el cristianismo llegó a ser un poder mundial bajo Constantino, la esperanza del
futuro se debilitó con el gozo del éxito presente.” [Bengel.] Haciéndose ramera, la Iglesia dejó de ser la esposa que
salió al encuentro del esposo; por esta razón desaparecieron las esperanzas milenarias. Los derechos que usurpó
Roma como ramera serán ejercidos en santidad por la Novia. Son “reyes” porque son “sacerdotes” (20:6; 1:6; 5:10); su
sacerdocio para Dios y Cristo (7:15) es la base de su poder real en relación a los hombres. Los hombres son los
súbditos voluntarios de los transfigurados reyes sacerdotes, en el día del señorío del Señor. El poder de ellos es el de
atracción, ganándoles el corazón, y no siendo contravenidos por el diablo y la bestia. La Iglesia y el Estado entonces
serán coexistentes. El hombre creado “para tener dominio sobre la tierra” ha de regocijarse en su mundo con gozo
puro y santo. Juan nos dice que, en vez del diablo, la transfigurada Iglesia de Cristo gobernará al mundo; Daniel nos
dice que, en vez de la bestia pagana, el santo Israel lo hará, [Auberlen.] 6. Bienaventurado—(comp. el 14:13; 19:9). la
segunda muerte no tiene potestad—así como no tiene ninguna en Cristo, ahora resucitado. sacerdotes de Dios—
Destruído el cristianismo apóstata y trasladada la Iglesia fiel en la venida de Cristo, quedarán Israel y el mundo
incrédulo, que constituirán la mayoría de los hombres entonces vivos, los que por cuanto [PAG. 825] no tuvieron un
cercano contacto con el evangelio, no habrán incurrido en la culpa de haberlo rechazado. Estos serán los sujetos de
una conversión general (11:15). “El velo” será quitado a Israel primero, después a “todas las gentes.” Los gloriosos
eventos que acompañarán a la aparición de Cristo, tales como la destrucción del anticristo, la transfiguración de la
Iglesia, y la atadura de Satanás, prepararán a las naciones para aceptar el evangelio. Como se efectúa ahora la
regeneración individual, así entonces habrá una “regeneración” de naciones. Israel, como nación, “nacerá de una vez—
en un día.” Como la Iglesia principió con la ascensión de Cristo, así el reino principiará con su segundo advenimiento.
Es la humillación de las modernas naciones civilizadas, el que las naciones que aquéllas más desprecian, a saber, los
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judíos y los bárbaros no civilizados, los descendientes negros de Cam, que por la maldición de Noé han sido tan
atrasados, Cus y Seba: las suplantarán y las sobrepasarán como centros de la historia del mundo (Deuteronomio 32:21;
Romanos 10:19; 11:20, etc.). Los judíos son nuestros maestros aun en los tiempos del Nuevo Testamento. Desde el
rechazamiento de ellos queda silenciosa la revelación. Toda la Biblia, inclusive aun el Nuevo Testamento, fué escrita
por judíos. Si la revelación ha de reiniciarse en el reino milenial, Israel convertido tiene que estar a la cabeza de la
humanidad. Desde un punto de vista religioso, los Judíos y gentiles están en pie de igualdad, ambos necesitados de la
misericordia; pero con respecto a las instrumentalidades de Dios para establecer su reino sobre la tierra, Israel es su
pueblo elegido para la ejecución de sus planes. Los reyes sacerdotes israelitas en la tierra son lo que los transfigurados
reyes sacerdotes son en el cielo. Hay una bendita cadena de dar y recibir—Dios, Cristo, la transfigurada Novia o sea la
Iglesia, Israel, el mundo de las naciones. Una nueva época de la revelación principiará con el derramamiento de la
plenitud del Espíritu. Ezequiel (40–48), hijo de sacerdote él mismo, expone el carácter sacerdotal de Israel; Daniel el
estadista, su carácter real; Jeremías (33:17–21), su carácter sacerdotal así como real. En el Antiguo Testamento toda la
vida nacional judaica era religiosa sólo en una manera legal externa. La Iglesia neotestamentaria insiste en una
renovación interior, pero deja libres sus manifestaciones exteriores. Pero en el reino milenial, todas las esferas de la
vida serán de veras cristianizadas desde adentro hacia fuera. La ley ceremonial mosaica corresponde al oficio
sacerdotal de Israel; la ley civil, a su oficio real: la Iglesia gentil adopta la ley moral, y ejerce el oficio profético por la
palabra que trabaja interiormente. Pero cuando esté reavivado el oficio real y sacerdotal, entonces—los principios de
la Epístola a los Hebreos quedando los mismos—también la ley ceremonial y civil mosaica desarrollará su
profundidad espiritual en el culto divino (comp. Mateo 5:17–19). Ahora es el tiempo de la predicación; pero entonces
vendrá el tiempo de la Liturgia de las almas convertidas que formen “la grande congregación”. Entonces nuestros
actuales gobiernos defectuosos darán lugar a gobiernos perfectos, tanto en la Iglesia como en el estado. Mientras que
en el Antiguo Testamento los judíos exclusivamente, y en el Nuevo, los gentiles también de manera exclusiva, gozan
la revelación (estando en ambos casos dividida y separada la humanidad), en el milenio los judíos y los gentiles serán
unidos, y todo el organismo de la humanidad bajo el hermano primogénito, Israel, caminará a la luz de Dios, y la
plena vida de la humanidad al fin se realizará. La Escritura no contempla a la raza humana como un agregado de
individuos y de nacionalidades, sino como un todo orgánico, ordenado una vez por todas en las primeras páginas de
la revelación. (Génesis 9:25–27; 10:1, 5, 18, 25, 32; Deuteronomio 32:8 reconocen el hecho de que desde el principio la
división de las naciones fué hecha con una relación a Israel.) De ahí nace la importancia que da el Antiguo Testamento
a la Iglesia, ahora como siempre. Los tres grandes grupos de naciones, los Hamitas, Jafetitas y Semitas, corresponden
respectivamente a los tres elementos fundamentales del hombre—cuerpo, alma y espíritu. La flor de Sem, el
representativo de la vida espiritual, es Israel, así como la flor de Israel es Aquel en el cual toda la humanidad es
recapitulado, o sea el segundo Adán (Génesis 12:1–3). Así Israel es el mediador de las revelaciones divinas para todos
los tiempos. Hasta la naturaleza y el mundo animal participarán de la bienaventuranza milenial. Conforme el pecado
vaya perdiendo su poder, la decadencia y la muerte decrecerán. [Auberlen.] Las glorias terrenales y celestiales se
unirán en la doble elección. Israel elegido en la carne estará a la cabeza de las terrenales, y la elegida Iglesia espiritual,
la Novia, de las celestiales. Estas dos elecciones no son meramente para el bien de los elegidos mismos, sino para el
bien de todos aquellos a quienes sirven. La Iglesia celestial es elegida no meramente para la salvación, sino también
para reinar en amor, y administrar las bendiciones sobre todo el mundo, como reyes sacerdotes. La gloria de los
transfigurados santos será sentida por los hombres en la carne, con la misma conciencia de la bendición que
experimentaron los tres discípulos al presenciar la gloria de Jesús, de Moisés y de Elías, en el monte de la
Transfiguración, cuando Pedro exclamó; “Es bueno que estemos aquí;” en 2 Pedro 1:16–18, la transfiguración es tenida
por arras de la venida de Cristo en gloria. El privilegio de “nuestra alta vocación en Cristo” está limitado al tiempo
actual del reino de Satanás; cuando él esté atado, ya no habrá plazo en sufrir por Cristo, para luego reinar con él (3:21;
comp. Nota, 1 Corintios 6:2). Además, nadie puede ser salvado en el presente siglo y dentro de la reunión de la Iglesia
cristiana, que no haya de reinar también con Cristo después, el necesario preliminar de lo cual es sufrir con Cristo
ahora. Si dejamos de echar mano a la corona, perdemos todo, “el don de la gracia tanto como la recompensa del
servicio.” [De Burgh.] 8. Gog y Magog—(Notas, Ezequiel 38 y 39) Magog es el nombre general de las naciones
septentrionales de la posteridad de Jafet, cuya cabeza ideal es Gog (Génesis 10:2). A tiene un solo artículo ante “Gog y
Magog,” por el que ambos, el príncipe y el pueblo, representan tener la relación más íntima, B erróneamente coloca el
segundo artículo ante Magog. Hiller (Onomasticon) explica que ambos vocablos significan altivo, elevado. batalla—
Griego, “para la guerra,” en A y B; pero Andreas omite el artículo. 9. anchura de la [PAG. 826] tierra—de modo de
cubrirla completamente. Acaso debemos traducir, “< de la tierra (santa)”. el campo de los santos … ciudad amada—
el campo de los santos rodea a la ciudad amada, Jerusalén (Eclesiastés 24:11). Contrástese lo “odioso” de Babilonia
(18:2; Deuteronomio 32:15, Versión de los Setenta) La profecía de Ezequiel tocante a Gog y Magog (38 y 39) se refiere al
ataque hecho por el anticristo a Israel antes del milenio; pero este ataque se hace después del milenio, de modo que
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“Gog y Magog” son nombres místicos que representan los adversarios finales guíados por Satanás en persona. Los
Gog y Magog de Ezequiel vienen del norte, pero éstos vienen “de los cuatro ángulos de la tierra.” Gog, según algunos,
se relaciona con el radical hebreo “cubierto.” de (parte de) Dios—Así B, la Vulgata, la Siríaca, la Cóptica y Andreas;
pero A omite “de Dios.” Aun durante el milenio hay una separación entre el cielo y la tierra, la humanidad
transfigurada y la humanidad en carne. Por tanto es posible que se efectúe una apostasía al final de él. En el juicio
sobre esta apostasía el mundo de la naturaleza es destruido y renovado, como el mundo de la historia lo fué antes del
reinado milenial; sólo entonces serán realizados el nuevo cielo y la nueva tierra en la perfección final. El nuevo cielo y
la nueva tierra milenarios no son sino unas primicias de este estado sempiterno, cuando las congregaciones superior e
inferior ya no estarán separadas, relacionadas, empero en el milenio y cuando la nueva Jerusalén descendrá del cielo
de Dios. La pecaminosidad hereditaria será la única influencia durante el milenio, que impida a la Iglesia
transfigurada salvar a todas las almas. Cuando termine este plazo de la gracia, no le sucederá otro. Porque ¿qué puede
mover a aquel en el cual la gloria visible de la Iglesia, restringida la influencia del mal, no despierte ningún anhelo por
la comunión con el Rey de la Iglesia? Como la historia del mundo de las naciones terminó con la manifestación de la
Iglesia en gloria visible, así terminará la de la humanidad en general con la grande separación de los justos y de los
malos (20:12). [Auberlen.] 10. engañaba—Griego, “engaña.” lago de fuego—su destino final, como “el abismo” era su
prisión temporaria. donde—Así la Cóptica, pero A, B, la Vulgata y la Siríaca dicen: “donde también.” la bestia y el
falso profeta—(comp. el 19:20.) para siempre jamás—Griego, “hasta los siglos de los siglos.” día y noche—
figurativamente, sin intermisión (22:5), tal como es motivada ahora por la interposición de la noche entre día y día. La
misma frase se usa para el estado eterno de los bienaventurados (4:8). Como es eterna la dicha de éstos, así debe ser la
miseria de Satanás y de los perdidos. Como la bestia y el falso profeta dirigieron la conspiración anterior contra Cristo
y su pueblo, así Satanás en persona encabeza la última conspiración. A Satanás se le permitirá entrar en este Paraíso
recuperado, para demostrar la perfecta seguridad de los creyentes, a diferencia de Adán a quien Satanás pudo
despojar del Paraíso; y cual Faraón en el mar Rojo, recibirá en esta tentativa final su condenación final. 11. gran
trono—en contraste con los “tronos” (20:4). blanco—el emblema de la pureza y la justicia. sentado sobre él—El Padre.
[Alford.] Más bien, el Hijo, a quien “el Padre ha entregado todo juicio.” Dios en Cristo, o sea, el Padre representado
por el Hijo, es aquel ante cuyo trono de juicio todos debemos comparecer. El reino mediador del Hijo tiene por fin
preparar el reino para la aceptación del Padre, habiendo hecho lo cual, entregará el reino al Padre, “para que Dios sea
todo en todos,” entrando en directa comunión con sus criaturas, sin la intervención de un Mediador, por vez primera
después de la caída. Anteriormente la mediación profética de Cristo había sido prominente en su ministerio terrenal, su
mediación sacerdotal es prominente ahora entre el primero y segundo advenimientos, y su mediación real lo ha de ser
durante el milenio y el juicio general. huyó la tierra y el cielo—La conflagración final, pues, precede el juicio final.
Este es seguido por el nuevo cielo y la nueva tierra (cap. 21.) 12. los muertos—“los demás de los muertos” que no
habían participado en la primera resurrección, y los que murieron durante el milenio, grandes y pequeños—Griego,
“los grandes y los pequeños.” B invierte: “los pequeños y los grandes.” Los malos muertos desde el tiempo de Adán
hasta la segunda venida de Cristo, y todos los justos y malos, muertos durante el milenio y después recibirán entonces
su eterna porción que les será asignada. Los piadosos que fueron transfigurados y reinaron con Cristo en el milenio,
también estarán presentes, no por cierto para recibir su recompensa señalada por primera vez (porque ya lo estaba
tiempo hacía, Juan 5:24), sino para que les fuese confirmada y para que la justicia de Dios fuese vindicada en el caso
tanto de los salvos como de los perdidos, en la presencia del universo congregado. Comp. “Es menester que TODOS
nosotros comparezcamos <”, Romanos 14:10; 2 Corintios 5:10. Los santos habiendo sido declarados justos por Cristo
por el “libro de la vida,” se sentarán como asesores del Juez. Comp. Mateo 25:31, 32, 40, “éstos mis hermanos.” La
omnisciencia de Dios no permitirá que el más insignificante pase sin ser observado, y su omnipresencia hará que los
más poderosos obedezcan a sus llamados. Los vivos no son mencionados especialmente: porque éstos probablemente
primero (antes de la destrucción de los impíos, 20:9) serán transfigurados, y arrebatados con los santos muy
anteriormente transfigurados, y aunque presentes para la confirmación de su justificación por el Juez, no recibirán
entonces su estado eterno que se les asigne, sino que se sentarán como asesores del Juez. los libros … abiertos—
(Daniel 7:10.) Los libros de las memorias de Dios, tanto de los malos como de los buenos (Salmo 56:8; 139:4; Malaquías
3:16): la conciencia (Romanos 2:15, 16), el consejo eterno de Dios (Salmo 139:16). libro de la vida—(3:5; 13:8; 21:27;
Exodo 32:32, 33; Salmo 69:28; Daniel 12:1; Filipenses 4:3.) Además del libro general que registra las obras de todos, hay
un libro especial para los creyentes en el que sus nombres están escritos, no para registrar sus obras, sino para asentar
la obra de Cristo realizada en ellos y por ellos. Por tanto se le llama, “el libro de la vida del Cordero.” La gracia electiva
los ha señalado de entre la masa general. según sus obras—Somos justificados por la fe, pero juzgados según (no por)
nuestras obras. Porque el juicio general tiene por propósito primario la final vindicación de la justicia de Dios delante
de todo el mundo, la que en esta dispensación [PAG. 827] agitada de bien y mal, aunque gobernando en verdad al
mundo, ha sido por el tiempo menos manifiesta. La fe es sólo apreciable a Dios y al creyente (2:17); pero las obras son
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discernibles a todos. Estas, pues, vienen a ser la prueba evidencial que decide la condición eterna de los hombres, y
demuestran que la administración del juicio llevado a cabo por Dios es del todo justa. 13. muerte y el infierno—
Griego, “hades.” La identidad esencial del cuerpo moribundo y resucitado así se demuestra, pues la mar y la tumba
(hades) entregan sus muertos. El cuerpo que pecó o que sirvió a Dios, en justa retribución, será también el cuerpo que
sufrirá o que será recompensado. La “mar” puede tener un sentido simbólico [Gluver de Agustín.] además del literal,
como en el 8:8; 12:12; 13:1; 18:17, 19: así “muerte” y “hades” son personificaciones (véase el 21:1). Pero el sentido literal
apenas debe ser abandonado: todas las diferentes regiones en donde los cuerpos y las almas de los hombres
estuvieron, los entregaron. 14. La muerte y el hades, como presentativos de los enemigos de Cristo y su Iglesia, se dice
que fueron arrojados en el lago de fuego, para expresar la verdad de que Cristo y su pueblo ya nunca más morirán, ni
estarán en el estado de los espíritus desincorporados. Esta es la muerte segunda—(a saber) “el lago de fuego,” se
agrega en A, B, y Andreas. En el infierno, la antigua forma de la muerte, que fué uno de los enemigos destruidos por
Cristo, no continuará, pero una muerte muy diferente reinará allí, “la eterna destrucción de (apartada de) la presencia
del Señor;” un testimonio permanente de la victoria de Cristo. 15. La suerte dichosa de los justos no está mencionada
aquí especialmente, como su dicha había comenzado antes del juicio final. Véase, sin embargo, Mateo 25:34, 41, 46.
CAPITULO 21
EL NUEVO CIELO Y LA NUEVA TIERRA: LA NUEVA JERUSALEN QUE DESCIENDE DEL CIELO. Los dos
capítulos restantes describen el eterno y consumado reino de Dios y de los santos en la tierra nueva. Como el mundo
de las naciones ha de compenetrarse de la influencia divina en el milenio, así el mundo de la naturaleza será, no
aniquilado, sino transfigurado universalmente en el estado eterno que le sucederá. La tierra fué maldecida por causa
del hombre; pero es redimida por el segundo Adán. Ahora es la Iglesia; en el milenio será el reino; y después de todo
eso será el mundo en el cual Dios será el todo en todos. El “día del Señor” y la conflagración de la tierra se considera
en 2 Pedro 3 como unidos por lo que muchos arguyen en contra del intervalo milenial transcurrido entre su venida y
la conflagración general de la antigua tierra, preparatoria para la nueva; pero “día” se usa muchas veces para denotar
todo un período que comprende eventos íntimamente relacionados, como son la segunda venida del Señor, el milenio,
así como la conflagración general y el juicio. Véase Génesis 2:4, referente al uso amplio de “día.” El alma del hombre se
redime por la regeneración del Espíritu Santo ahora; el cuerpo del hombre será redimido en la resurrección; la morada
del hombre, su herencia, la tierra, será redimida perfectamente en la creación del nuevo cielo y la nueva tierra, los que
excederán en gloria al primer Paraíso tanto cuanto el segundo Adán excede en gloria al primer Adán de antes de la
caída, y cuanto el hombre regenerado en cuerpo y alma excederá al hombre como estaba en la creación. 1. el primer—
eso es, el anterior. el mar ya no es—La mar es tipo del desasosiego perpetuo. Por tanto el Señor la reprende como
perturbador hostil de su pueblo. Simboliza los tumultos políticos de donde se suscitó “la bestia” (13:1). Como el
mundo físico corresponde al espiritual y moral, así la ausencia de la mar, después de la metamorfosis de la tierra por
medio del fuego, corresponde al estado imperturbable de sólida paz que entonces prevalecerá. La mar, separando las
tierras unas de otras, ahora, por cuanto Dios saca el bien del mal, viene a ser el medio de comunicación entre los
países por medio de la navegación. Entonces el hombre poseerá los poderes inherentes que harán que la mar ya no sea
una necesidad, sino el elemento que desmejorará un estado perfecto. Se habla de un “río” y de “agua” en el 22:1, 2,
probablemente literal (eso es, con tales cambios de las propiedades naturales del agua, como correspondan
analógicamente al cuerpo transfigurado del hombre mismo), tanto como simbólica. La mar fue una vez el elemento de
la destrucción del mundo, y es todavía el origen de la muerte para miles, por lo tanto se dice que, después del milenio,
en el juicio general, “El mar dió los muertos que había en él.” Entonces dejará de destruir, de perturbar, siendo
quitado del todo a causa de sus destrucciones anteriores. 2. Y yo Juan—“Juan” se omite en A, B, la Vulgata, la Siríaca,
la Cóptica y Andreas; tampoco consta el pronombre “yo” en el griego. La inserción de “yo Juan” en el griego
interrumpiría algo la relación íntima entre el cielo nuevo y la tierra nueva” del v. 1 y “Jerusalén nueva” aquí.
Jerusalén … del cielo—(Comp. 3:12; Gálatas 4:26, “la Jerusalén que es desde arriba;” Hebreos 11:10; 12:22; 13:14.) El
descenso de dentro del cielo es claramente distinta de la Jerusalén terrenal en la que Israel, en la carne, morará durante el
milenio, y sigue después de la creación del nuevo cielo y la nueva tierra. Juan en su Evangelio (griego) siempre escribe
Hierosoluma por la antigua ciudad; en el Apocalipsis siempre Hierousaleem por la celestial (3:12). Este es nombre hebreo,
el título original y santo. Aquél es el término griego común, usado en sentido político. Pablo observa la misma
distinción al refutar el judaísmo (Gálatas 4:26; con el 1:17, 18; 2:1; Hebreos 12:22), pero no en las Epístolas a Romanos y
Corintios. [Bengel.] esposa—Griego, “Novia,” compuesta de los bienaventurados ciudadanos de “la Santa Ciudad.” Ya
no es meramente un Paraíso como el Edén (aunque está también eso, 2:7), ya no un mero jardín, sino la ciudad de Dios
en la tierra, más preciosa, más solemne, y más gloriosa, pero al mismo tiempo el resultado de la labor y las penas tales
como no fueron las dedicadas por el hombre en el cuidado del primitivo Edén. “Las piedras vivas” fueron con el
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tiempo cinceladas laboriosamente cada una, según el modelo de la “principal piedra del ángulo,” para prepararlas
para el lugar que debían ocupar eternamente en la Jerusalén celestial. 3. del cielo—Así Andreas. pero A y la Vulgata
dicen “desde el trono.” el tabernáculo—Alusión al tabernáculo de Dios en el desierto (en el cual se daban muchas
[PAG. 828] señales de su presencia): del cual éste es antitipo, habiendo estado previamente en el cielo: 11:19; 15:5, “el
templo del tabernáculo en el cielo”; también 13:6, Nótese el contraste en Hebreos 9:23, 24, entre “las figuras” y “las
cosas celestiales mismas,” entre “las figuras” y “el verdadero.” Las arras del tabernáculo verdadero y celestial fueron
dadas en el templo de Jerusalén descrito por Ezequiel 40., etc., que estaba por ser, eso es, durante el milenio. morará
con ellos—“lit., “morará con ellos en tiendas;” el mismo verbo se usa acerca del divino Hijo que “moró en tiendas con
nosotros.” Entonces estaba en la flaqueza de la carne; pero en la nueva creación de cielo y tierra vivirá en tiendas entre
nosotros en la gloria de su manifiesta divinidad (22:4). ellos—en el griego enfático. su pueblo—Griego, “pueblos de él;”
“las naciones de los redimidos”, “siendo peculiarmente suyas todas, como Israel lo fué. Así dice A; pero B, la Vulgata,
la Siríaca y la Cóptica dicen “su pueblo”, en el singular. el mismo Dios … con ellos—realizando plenamente su
nombre Emanuel. 4. le muerte no será más—No es pues el milenio, porque en él hay muerte (Isaías 65:20; 1 Corintios
15:26, 54, “el último enemigo < la muerte,” 20:14, después del milenio). son pasadas—Griego, “se fueron,” como en el v.
1. 5. estaba sentado—Griego, “está sentado.” nuevas todas las cosas—no recientes, sino cambiadas de las viejas (Griego,
kaina, no nea). Arras de esta regeneración y transfiguración de la naturaleza ya nos están dadas en el alma regenerada.
Y me dijo—Así la Cóptica y Andreas, pero A, B, la Vulgata y la Siríaca omiten “me.” fieles y verdaderas—Así Andreas;
pero A, B, la Vulgata, la Siríaca, la Cóptica trasponen: “verdaderas y fieles.” 6. Hecho es—El mismo griego como en el
16:17. Pero A dice en plural, “están hechas (estas palabras, 21:5)”. Todo está tan seguro como si estuviese ya realizado,
pues reposa en la palabra del Dios inmutable. Cuando sea la consumación, Dios se regocijará de la obra de sus propias
manos, como en la primera creación vió Dios todo lo que había, hecho, y he aquí que era bueno. Alpha < Omega—Griego,
“el alfa < la omega, la primera y última letras del alfabeto griego (1:18). sed … daré … agua de vida—(22:17; Isaías
12:3; 55:1; Juan 4:13, 14; 7:37, 38.) Esto se agrega, no sea que alguno desespere de alcanzar este sobremanera grande
peso de gloria. En nuestro presente estado podemos beber del río, entonces beberemos de la Fuente. gratuitamente—
el mismo griego traducido en Juan 15:15, “(Me aborrecieron) sin causa.” Como es gratuito el odio del hombre hacia Dios,
así es gratuita el amor de Dios al hombre: había toda razón en Cristo para que el hombre le amase, y con todo el
hombre le aborreció; había toda razón en el hombre por qué (humanamente hablando) Dios lo aborreciera, y con todo
Dios lo amó: todo lo contrario de lo que era de esperarse tuvo lugar en ambos casos. Aun en el cielo nuestro beber de
la Fuente será el don gratuito de Dios. 7. El que venciere—Otro aspecto de la vida del creyente: ha menester un
conflicto con el pecado, Satanás, y el mundo. La sed de la salvación es el primer principio del carácter del creyente, y
continúa siendo siempre (en el sentido de un apetito y gusto de los goces divinos). En sentido diferente, el creyente
“nunca tendrá sed jamás.” poseerá—Griego, “heredará < A, B, la Vulgata y Cipriano dicen: “heredar{ estas cosas,” a
saber, las bendiciones descritas en todo este pasaje. Con “todas las cosas,” 1 Corintios 3:21–23. yo seré su Dios—
Griego, “le seré Dios a él,” eso es, todo lo que se comprende en el nombre “Dios.” él será mi hijo—“El” es enfático: él
en particular y en sentido peculiar, sobre todas: Griego, “será a mí un hijo,” en la más plena realización de la promesa
hecha en tipo a Salomón, hijo de David, y antitípicamente al divino Hijo de David. 8. los temerosos—Griego, “los
cobardes,” que no se portan varonilmente de modo de vencer en la buena pelea; que tienen el espíritu del “temor” servil,
no el amor hacia Dios; y que por temor del hombre no son valientes para Dios, o “se retiran.” Comp. el 21:27; 22:15.
incrédulos—Griego, “infieles.” abominables—los que han bebido de “la copa de abominaciones” de la ramera.
hechiceros—una de las características del tiempo del anticristo. todos los mentirosos—Véase 1 Timoteo 4:1, 2, donde
asimismo la mentira y los tratos con espíritus y demonios se relacionan como rasgos de “los últimos tiempos.” la muerte
segunda—20:14: “eterna destrucción,” 2 Tesalonicenses 1:9; Marcos 9:44, 46, 48, “donde SU gusano no muere, y el
fuego no se apaga.” 9. El mismo ángel que había enseñado Babilonia la ramera a Juan, se emplea con propiedad para
enseñarle en contraste la nueva Jerusalén, la Novia (17:1–5), Dicho ángel fué el que tenía las siete plagas, para demostrar
que la final bienaventuranza de la Iglesia es una finalidad de los juicios divinos sobre sus enemigos. la esposa … del
Cordero—en contraste con aquella que está sentada sobre muchas aguas (17:1). es decir, intrigada con muchos pueblos y
naciones de la tierra, en vez de dar sus afectos indivisos, como hace la Novia al Cordero. 10. monte—Véase Ezequiel
40:2, donde una visión similar se da desde un monte alto. la grande—Omitidas en A, B, la Vulgata, la Siríaca, la Cóptica
y Cipriano. Tradúzcase pues, “la santa ciudad Jerusalén.” que descendía—Aun en el milenio la tierra no será morada
propia de los santos transfigurados, quienes por tanto reinarán en el cielo sobre la tierra. Pero después de la
renovación de la tierra al fin del milenio y del juicio, descenderán del cielo para vivir en una tierra que se asimila al
cielo mismo. “De (parte de) Dios” denota que nosotros (la ciudad) somos la hechura de Dios.” 11. teniendo la
claridad de Dios—no meramente la nube Shekinah, sino a Dios mismo por la gloria de ella, que mora en medio de ella.
Véase el tipo, la Jerusalén terrenal durante el milenio (Zacarías 2:5; con el 19:23) su luz—Griego, “su luminar;”
propiamente aplicado a los luminares celestiales que difunden luz. Véase Nota, Filipenses 2:15, el único otro texto
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donde ocurre. La conjunción “y” ante “su luz” se omite en A, B, y la Vulgata. Jaspe—que representa un brillo cristalino
acuoso. 12. Y—omitida en A y B. Ezeqiuel 48:30–35, tiene una descripción similar, que denota que la Jerusalén milenial
tendrá su preciso antitipo en la Jerusalén celestial que descenderá a la finalmente regenerada tierra. muro grande y
alto—significando la seguridad de la Iglesia. También, la exclusión de los impíos. doce ángeles—guardas de las doce
puertas: emblema adicional de la seguridad perfecta, mientras que las puertas que nunca se cierran (21:25) expresan la
perfecta libertad y paz. También, los ángeles serán los hermanos de los ciudadanos [PAG. 829] celestiales. nombres …
de … doce tribus—La inscripción de los nombres en las puertas denota que ningunos salvo el Israel espiritual, los
elegidos de Dios, entrarán en la ciudad celestial. Como el milenio, en dondeel Israel literal en la carne será la
Iglesiamadre, es el antitipo de la teocracia terrenal del Antiguo Testamento en la Tierra Santa, de modo que la nueva
Jerusalén celestial es la consumación antitípica del Israel espiritual, la electa Iglesia de los judíos y gentiles estando ya
reunidos fuera: como el Israel espiritual es ahora un progreso sobre el previo Israel literal y carnal, así la Jerusalén
celestial será en alto grado una mejora sobre la milenial. 13. al norte … al mediodía—A, B, la Vulgata, la Siríaca, y la
Cóptica dicen “Y al norte y al mediodía.” En Ezequiel 48:32, José, Benjamín y Dan (sustituído por Manasés en 7:6) están
al oriente. Rubén, Judá, Leví, al norte. Simeón, Isacar, zabulón, al sud. Gad, Aser, Neftalí al occidente. En Números 2.,
Judá, Isacar, Zabulón están al este; Rubén, Simeón, Gad, al sur; Efraín, Manasés, Benjamín, al oeste; Dan, Aser, Neftalí,
al norte. 14. doce fundamentos—Josué, el tipo de Jesús, eligió a doce hombres de entre el pueblo que llevasen doce
piedras al otro lado del Jordán con ellos, como Jesús escogió a doce apóstoles para que fuesen los doce fundamentos
de la ciudad celestial, de la que él es la principal piedra del ángulo. Pedro no es la única piedra apostólica sobre cuya
predicación Cristo edifica su Iglesia. Cristo mismo es el verdadero fundamento: los doce son fundamentos sólo con
respecto a su testimonio apostólico tocante a él. Aun que Pablo fué apóstol además de los doce, con todo el número
místico es retenido, doce, representando la Iglesia, es decir, tres, el número divino multiplicado por cuatro, el número
del mundo. en ellos los nombres—Como los arquitectos a menudo hacen inscribir sus nombres en sus grandes obras,
así los nombres de los apóstoles se tendrán en eterna memoria. La Vulgata dice “en ellos,” pero A, B, la Siríaca la
Cóptica y Andreas dicen: “sobre ellos.” 15. una medida—En el 11:2 la no medición de los patios exteriores indica su
entrega a la profanación secular y pagana. Así aquí de lo contrario, la medición de la ciudad denota la entera
consagración de todas sus partes, hechas todas las cosas de conformidad con la alta norma de los santos requisitos de
Dios; y la custodia más precisa ejercida por Dios de aquí en adelante aun de las partes más minuciosas de su santa
Ciudad, al amparo de todo mal. 16. doce mil estadios—siendo de mil estadios el espacio entre una y otra de las doce
puertas. Bengel hace el largo de cada lado de la ciudad de 12.000 estadios. Las estupendas alturas, larguras y anchuras
son precisamente iguales, lo que denota su simetría perfecta, que sobrepuja todos nuestros conceptos más brillantes.
17. ciento cuarenta y cuatro codos—Doce por doce: el número de la Iglesia alcuadrado. medida de hombre, la cual es
del ángel—La medida ordinaria usada por los hombres es la medida usada aquí por el ángel, distinta de “la medida del
santuario.” Los hombres serán entonces iguales a los ángeles. 18. el material—“La estructura.” [Tregelles.] oro …
vidrio limpio—El oro ideal, transparente, como ningún oro es aquí. [Alford.] Excelencias se combinarán en la santa
ciudad que ahora parecen incompatibles. 19. Y—así dicen la Siríaca, la Cóptica y Andreas, pero A, B y la Vulgata
omiten. 21:14, también Isaías 54:11. toda piedra preciosa—Contrástese el 18:12 tocante a la ramera. Estas piedras
preciosas constituían los “fundamentos”, calcedonia—El ágata de Calcedonia, semiopaca, celeste, con rayas de otros
colores. [Alford]. 20. sardónica—Una gema con el rojo de cornalina y la blancura de la ónice. sardio—(Nota 4:3).
crisólito—Descrito por Plinio como transparente y de un brillo dorado, como nuestro topacio; diferente de nuestro
crisólito de verde pálido, berilo—de color verde marino. topacio—Plinio, 37:32, lo hace verde y transparente, como
nuestro crisólito, crisopraso—algo pálido, y con el color purpúreo de la amatista. jacinto—El radiante brillo violeta de
la amatista está diluído en el jacinto. [Plinio, 37:41.] 22. Dios … el templo—Como Dios ahora mora en la Iglesia
espiritual, su “templo” (Griego, naos, santuario; 1 Corintios 3:17; 6:19), así la Iglesia hecha perfecta morará en él como
su “templo” (naos, el mismo griego). Como la Iglesia era “el santuario” de él, así él ha de ser el santuario de ella. Los
medios de gracia cesarán cuando llegue el fin de la gracia. Las ordenanzas de la Iglesia darán lugar al Dios de las
ordenanzas. La comunión sin interrupción, inmediata, directa con él y el Cordero (Juan 4:23) reemplazará las
ceremonias intermedias. 23. en ella—Así la Vulgata, pero A, B, y Andreas dicen: “que le resplandezcan.” lumbrera—
La laz directa de Dios y del Cordero hará independientes a los santos de las creaciones de Dios, el sol y la luna, para
tener luz. 24. andarán en la lumbre—A, B, la Vulgata, la Cóptica y Andreas dicen “< por medio de su luz:” y omiten
“que hubieren sido salvas.” los reyes de la tierra—que una vez sólo hacían caso de su propia gloria, convertidos y
ahora en la nueva Jerusalén, llevan allá su gloria y la depositan a los pies de su Dios y Señor. y honor—omitidas por
A. 25. nunca serán cerradas de día—entonces nunca serán cerradas: porque será siempre día. Comúnmente se cierran
las puertas de noche; pero allá no habrá noche. Habrá libre ingreso continuo en ella, de modo que todo lo bendito y
glorioso puede ser introducido continuamente. Así en el tipo milenario. 26. Todo lo verdaderamente glorioso y
excelente en la tierra y en sus naciones convertidas será reunido en ella; y mientras que todos formarán una Novia,
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habrá varias órdenes entre los redimidos, análogas a las divisiones de naciones en la tierra que constituyen la gran
familia humana, y a las varias órdenes de ángeles. 27. libro de la vida del Cordero—(Nota, 20:12, 15.) Como toda la
inmundicia de la antigua Jerusalén era llevada fuera de sus muros y quemada, así nada sucio entrará en la ciudad
celestial, sino que será quemado fuera (22:15). Es de notarse que el apóstol del amor, que nos enseña las glorias de la
ciudad celestial, sea también el que habla en los términos más claros de los terrores del infierno. Sobre el 21:26, 27,
escribe Alford una Nota temeraria en especulación, fuera de lo que está escrito, acerca de las naciones paganas y de
ninguna manera requerida por el sagrado texto.
CAPITULO 22
EL RIO DE VIDA: EL ARBOL DE VIDA: LAS OTRAS BIENAVENTURANZAS DE LOS REDIMIDOS. LA
PROHIBICION [PAG. 830] DE ADORAR AL ANGEL. LA PROXIMIDAD DE LA VENIDA DE CRISTO PARA
DETERMINAR EL ESTADO ETERNO DEL HOMBRE. EL TESTIMONIO DE JESUS, DE SU ESPIRITU, Y DE LA
NOVIA, TODA AÑADIDURA AL CUAL, Y QUITAMIENTO DEL CUAL SERA ETERNAMENTE CASTIGADO. LA
BENDICION FINAL. 1. limpio—A, B, la Vulgata e Hilario omiten. agua de vida—infinitamente superior a las aguas
típicas del primer Paraíso (Génesis 2:10–14); y aun superior a las figurativas de la Jerusalén milenaria (Ezequiel 47:1;
Zacarías 14:8), como la fruta madura es superior a la flor. Las aguas milenarias representan la plena gracia evangélica;
las aguas de la nueva Jerusalén representan las glorias evangélicas perfeccionadas. Su continua fluencia de Dios, la
Fuente de vida, simboliza la continuación ininterrumpida de la vida derivada por los santos, siempre fresca de parte
de él; la vida en la plenitud de gozo así como de vitalidad perpetua. Como cristal puro, está libre de toda
contaminación: Compárese el 4:6, “delante del trono un mar de vidrio, como cristal.” 2. La armoniosa unidad de la
Escritura está aquí exhibida. Los padres la comparaban a un anillo, un círculo sin rotura, que siempre vuelve sobre sí.
Entre los eventos del Génesis y los del fin del Apocalipsis, intervienen cuando menos 6.000 ó 7.000 años; entre Moisés
el primer escritor, y Juan, el último, como 1500 años. ¡Cuán llamativo es que como al principio encontramos a Adán y
a Eva, su novia, en la inocencia del Paraíso, luego tentados por la serpiente, y expulsados del árbol de la vida y de las
placenteras aguas del Edén, pero no sin una promesa de un Redentor que aplastaría a la serpiente; así al final, la
antigua serpiente es arrojada para siempre por el segundo Adán, el Señor del cielo, que aparece con su Novia, la
Iglesia, en un mejor Paraíso, y entre aguas mejores (22:1): el árbol de la vida también está allí con todas sus
propiedades salutíferas, no guardado por la espada ardiente, sino disponible a todo el que venciere (2:7), y ya no hay
más maldición. una … otra parte del río—Alford traduce: “En medio de la calle (plaza) de ella y del río, a un lado y al
otro” (en vez del segundo griego enteuthen, A, B, y la Siríaca, dicen ekeithen, pero el sentido es el mismo; Juan 19:18); así
los árboles estaban a cada lado en medio del espacio comprendido por la calle y el río. Pero de Ezequíel 47:7, prefiero
nuestra versión. El antitipo excede el tipo: en el primer Paraíso había solamente un árbol de vida; ahora hay
“muchísimos árboles sobre la banda del río de un lado y de otro.” Para hacer sentido, si no hubiese más que un árbol, o
tendríamos que suponer, con Mede, que la palabra griega para calle, se refiera a una llanura bañada por ambos lados
por el río (como lo era el primer Paraíso por una parte bañado por el Tigris y por la otra por el Eufrates), y que en
medio de la llanura, que está entre los brazos del río, estaba el árbol: en tal caso podríamos traducir, “En medio de la
calle (llanura) misma, y del río (que corre en dos brazos) en este lado y en aquél, estaba el árbol de vida.” O si no,
tendríamos que suponer con Durham que el árbol estaba en medio del río y extendía sus ramas sobre ambas riberas.
Pero véase Ezequiel 47:12, el tipo milenario del último Paraíso, que demuestra que hay varios árboles de una clase,
todos llamados “el árbol de la vida.” La muerte reina ahora a causa del pecado; aun en la tierra milenaria el pecado, y
por causa de él la muerte, limitados por cierto, no cesarán del todo. Pero en la ciudad final y celestial, dejarán de
existir del todo el pecado y la muerte. cada mes su fruto—Griego, “según cada mes;” cada mes tenía su propio fruto,
así como las diferentes estaciones del año se señalan por sus propios productos, con la diferencia de que no habrá
entonces, como ahora, ningún mes sin su fruto, y habrá una variedad interminable, correspondiente a doce, el número
simbólico de la Iglesia mundial (comp. Notas, 12:1; 21:14). El Arzobispo Whately piensa que el árbol de la vida estaba
entre los árboles de que Adán comía libremente (Génesis 2:9, 16, 17), y que el continuar siendo inmortal dependía de
que él continuara comiendo de este árbol; habiéndo dejado de hacerlo, quedó expuesto a la muerte; pero con todo, los
efectos de haber comido de él por un tiempo se manifestaron en la longevidad de los partiarcas. Dios podía sin duda
dotar un árbol con poderes medicinales especiales. Pero Génesis 3:22 parece enseñar que el hombre no había comido aún
del árbol de la vida, y que si lo hubiese hecho, hubiera vivido para siempre, lo cual en su estado de caído hubiera sido
la mayor maldición, hojas … para sanidad—(Ezequiel 49:7, 12.) Las hojas son remedios salutíferos preventivos, que
protegen a los redimidos contra las enfermedades, pero que no los cura de ellas. Entretanto, “el fruto será para
alimento.” En el milenio descrito por Ezequiel 47, y por Apocalipsis 20, la Iglesia dará el árbol evangélico a las
naciones existentes más allá de Israel y de la Iglesia, y así les sanará sus dolencias espirituales; pero en la final y
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perfecta Jerusalén nueva, el estado de todos está eternamente fijo, y ya no se lleva a cabo proceso salvador alguno
(22:11). Alford se equivoca del todo al hablar de “naciones de afuera,” y “que moran en la tierra regenerada,
organizadas bajo reyes, y salvadas por las influencias de la ciudad celestial.” (!) Comp. el 22:2, 10–27; las “naciones”
mencionadas (21:24) son las que hacía largo tiempo, a saber, en el milenio, llegaron a ser del Señor y de su Cristo. 3. no
habrá más maldición—de lo cual se darán las arras en el milenio (Zacarías 14:11). Dios no puede morar sino donde la
maldición y su maldita causa, el pecado (Josué 7:12) han sido quitados. De modo que se sigue con razón: “Sino que el
trono de Dios y del Cordero (que nos redimió de la maldición, Gálatas 3:10, 13) estará en ella.” Véase en el milenio,
Ezequiel 48:35. le servirán—con la adoración (7:15). 4. verán su cara—revelada en la divina gloria, en Cristo Jesús. Le
verán y le conocerán por el conocimiento intuitivo de él. conoceré como soy conocido (1 Corintios 13:9–12), cara a cara.
Comp. 1 Timoteo 6:16; Juan 14:9. Dios el Padre puede ser visto sólo en Cristo. en sus frentes—Griego, “sobre sus
frentes.” No sólo conocerán personalmente y en secreto (3:17) su filiación, sino que serán conocidos como hijos de
Dios por los ciudadanos de la nueva Jerusalén, de modo que no será impedida por la sospecha, como aquí, la libre
fluencia del mutuo amor entre los miembros de la familia de Cristo. 5. allí—Así Andreas, pero A, B, la Vulgata, y la
Siríaca dicen: “No habrá más noche ya;” Griego, eti por ekei. no tienen—A, la Vulgata y la Cóptica dicen el futuro: “No
tendrán necesidad <” B reza: [PAG. 831] “y no habr{ necesidad.” antorcha—Griego, “lámpara.” A, la Vulgata, la Siríaca
y la Cóptica insertan “luz (de antorcha o de lámpara)”. B lo omite. del sol—Así A, pero B omite la frase. los alumbrará—
la Vulgata y la Siríaca dicen: “da luz,” o “alumbra;” B y Andreas, “los alumbrará;” pero A dice, “< sobre ellos.”
reinarán—con una gloria que probablemente transcenderá a la de su reino en el cielo con Cristo sobre las naciones
milenarias en la carne, descrito en el 20:4, 6; aquel reino no fué sino un reino limitado, a “mil años;” este reino final es
“para los siglos de los siglos.” 6. Estas palabras son … verdaderas—Tres veces repetidas (19:9; 21:5). Somos tardíos
para creer que Dios es tan bueno como es. La noticia nos parece a nosotros, tan habituados como estamos a la miseria
del mundo caído, demasiado buena para ser verdad. [Nangle.] No son sueños de un visionario, sino las realidades de
la firme palabra de Dios. santos—Así Andreas; pero A, B, la Vulgata, la Siríaca y la Cóptica dicen: “< Dios de los
espíritus de los profetas.” El Señor Dios, que con su Espíritu inspiró los espíritus de ellos, de modo que pudieran
profetizar. Hay un solo Espíritu, pero los profetas individuales, según la medida que les fuera dada (1 Corintios 12:4–
11), tenían sus propios espíritus [Bengel] (1 Pedro 1:11; 2 Pedro 1:21). sean hechas—Griego, “Acontezcan.” 7. Y—Es
omitida en la Cóptica y Andreas, como en la versión inglesa; insertada por A, B, la Vulgata y la Siríaca.
Bienaventurado—(1:3.) 8. Tanto aquí como en el 19:9, 10, la postración del apóstol a los pies del ángel está precedida
por una gloriosa promesa a la Iglesia, acompañada por la seguridad de que “Estas son las palabras verdaderas de
Dios,” y que “bienaventurados” son los que las guardan. La emoción extática, la gratitud, y la adoración, en la
contemplación de la futura gloria de la Iglesia, lo arrebata fuera de sí, de modo que poco falta para cometer un acto
injustificable; contrástese su sentimiento de carácter opuesto al contemplar la profunda caída de la Iglesia [Auberlen],
17:6; comp. Nota, 19:9, 10, oído y visto—Es observable que en el 19:10 el lenguaje es: “Caí delante de los pies para
adorarle”; pero aquí, “Me postré para adorar (¿a Dios?) ante los pies del ángel,” Parece improbable que Juan, una vez
reprendido, volviera a caer en el mismo error. El parecer de Bengel es, por tanto, probable; Juan la primera vez iba a
adorar al ángel (19:10), pero ahora a los pies de él piensa adorar a Dios. Ni aun esto lo permite el ángel. Lit., “mira que
no;” la brusquedad de la frase señala el horror del ángel al pensar que él fuese adorado siquiera indirectamente.
Contrástese la tentación del ángel caído: “Postrate, y adórame” (Mateo 4:9). 9. porque—A, B, la Vulgata, la Siríaca, la
Cóptica, Andreas y Cipriano omiten “porque:” lo que concuerda con el celo repentino de la prohibición hecha por el
ángel de un acto ofensivo a Dios. contigo—Griego, “consiervo tuyo y de tus hermanos los <” 10. No selles—Pero en
Daniel 12:4, 9 (comp. el 8:26) se ordena: “Sella el libro,” porque la visión será “para muchos días.” El cumplimiento de
la profecía de Daniel estaba distante, el de la profecía de Juan está cercano. El Nuevo Testamento es el tiempo del fin y
del cumplimiento. La Iglesia Gentil, para quien Juan escribió su Apocalipsis, necesita ser impresionada por la
brevedad del perío do, por cuanto se inclina, debido a su origen, a conformarse al mundo y a olvidarse de la venida
del Señor. El Apocalipsis señala, por una parte, la sucesión de los siete sellos, trompetas, y copas: por la otra,
proclama: “He aquí, vengo en breve,” Asimismo Cristo subraya muchos eventos que sucederán antes de su venida, y
con todo dice también: “He aquí, vengo presto,” porque nuestra actitud debida es la de continua vigilancia
aguardando en oración su venida (Mateo 25:6, 13, 19; Marcos 13:32–37; [Auberlen]; véase 1:3. 11. injusto—en sus
relaciones con su prójimo. Más literalmente: “El que hace injustamente, haga injustamente todavía.” sucio—en relación
con su propia alma como inmunda ante Dios; lo contrario de “santo,” consagrado a Dios puro. A omite esta frase
completa. En ana carta de los mártires de Viena y Lyons (en Eusebio) del siglo dos, se lee: “El que es anárquico
(anomos) sea anárquico; y el que es justo, sea justo (lit., “justificado”) aún”. Su fecha es anterior a todo manuscrito
existente hoy. A, B, la Vulgata, la Siríaca, la Cóptica, Andreas y Cipriano dicen: “Haga justicia todavía” (1 Juan 2:29; 3:7).
El castigo del pecado es el pecado; la recompensa de la santidad es la santidad. El castigo eterno no es tanto una ley
arbitraria como un resultado que necesariamente sigue en la misma naturaleza de las cosas, como el fruto resulta de la
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flor. Ningún castigo peor puede Dios infligir a los impíos que el de entregarlos a ellos mismos. La lección solemne que
sacamos de este versículo es: Conviértete ahora en el breve plazo que queda (22:10) antes que “yo venga” (22:7, 12), o
si no, debes permanecer inconverso para siempre, el pecado en el mundo eterno será dejado a sus propias
consecuencias naturales: la santidad en germen, allí se desarrollará en santidad perfecta, la cual es felicidad. 12. Y—
omitida por las mejores autoridades. he aquí,… vengo presto—(comp. el 22:7.) mi galardón conmigo—(Isaías 40:10;
62:11.) según fuere—B dice en el futuro: “según haya de ser.” 13. Alpha y Omega—Griego, “el alfa y la omega.” A, B,
la Vulgata, la Siríaca, Orígenes y Cipriano transponen, en continuación: “el primero y el último, el principio y el fin.”
Con estos títulos asumidos por el Señor Jesús véase el 1:8, 17; 21:6. En esta finalización de todo el plan de la revelación
se anuncia a sí mismo como aquel antes y después del cual no hay Dios. 14. guardan sus mandamientos—Griego, “Hacen
<” Así B, la Siríaca, la Cóptica y Cipriano; pero A, Aleph y la Vulgata dicen, “Bienaventurados los que lavan sus
ropas,” eso es, en la sangre del Cordero (Véase 7:14). Esta lección quita el pretexto de la salvación por las obras. Pero aun
nuestra versión es bastante compatible con la salvación por la gracia, puesto que el mandamiento evangélico primero
y grande de Dios es el de creer en Jesús. Así pues nuestra potencia (Griego, privilegio, o autoridad legal, exousía) sobre el
árbol de vida no se debe a nuestras obras, sino a lo que él obró por nosotros. El derecho, o privilegio, se basa no en
nuestros méritos, sino en la gracia de Dios. 15. Y—así la versión Cóptica, pero A, B, Hipólito; Andreas y Cipriano la
omiten. los perros—los impuros, sucios (22:11; Filipenses 3:2). hace—“el que practica mentira.” [W. Kelly.] 16. mi
ángel—pues Jesús es el Señor de los ángeles. para daros—a vosotros ministros y pueblo de las siete [PAG. 832]
iglesias representativas, y para testificar por vuestro medio a los cristianos de todos los tiempos y lugares. raíz y …
linaje de David—Titulo propio aquí donde asegura a su Iglesia “las misericordias seguras de David,” aseguradas a
Israel primero, y por Israel a los gentiles. Raíz de David, siendo Jehová; linaje de David, siendo hombre. El Señor de
David, y con todo, hijo de David (Mateo 22:42–45) estrella … de la mañana—que anunció el día de la gracía en el
principio de esta dispensación, y que inaugurará el eterno día de gloria cuando éste termina. 17. La respuesta de la
Iglesia espiritual y de Juan a las palabras de Crísto (22:7, 12, 16). el Espíritu—en las iglesias y en los profetas. la
Esposa—Griego: “La Novia:” no llamada aquí “esposa”, como dicho título se le aplica a ella sólo cuando el pleno
numero de los que la constituyen se ha cumplido. La invitación de “venir” es efectiva mientras la Iglesia es aún la
Novia comprometida, y no en efecto la esposa casada. Sin embargo, “Ven” puede ser más bien la oración del Espíritu en
la Iglesia y en los creyentes en respuesta a las palabras de Cristo, “vengo presto,” clamando: “Así sea, ¡ven!” (22:7, 12;
el v. 20 confirma este parecer). Todo el asunto de vuestra salvación depende de esto: que podáis oir con gozo el
anuncio de Cristo, “He aquí, vengo,” y contestar, “ven.” [Bengel.] Ven a glorificar plenamente a tu Novia. el que oye,
diga—es decir, el que oye al Espíritu y a la Novia diciendo al Señor Jesús: “Ven,” únase a la Novia cual fiel creyente,
sea parte de ella, y así diga con ella a Jesús, “Ven.” U “oye” quiere decir “obedece;” porque mientras uno no haya
obedecido al llamamiento evangélico, no puede pedir a Jesús que “venga;” tal es el uso de “oir” en el 1:3; Juan 10:16, etc.
El que oye y obedece la voz de Jesús (22:16; 1:3) una su voz en la oración diciendo “Ven.” Comp. el 6:1, Nota, 10. En la
otra interpretación, de que la invitación de venir se dirige a pecadores, esta frase insta a los que oyen para salvación a
que se dirijan a otros, como hicieron Andrés y Felipe, después que hubieron oído y obedecido la invitación de Jesús
ellos mismos. el que tiene sed. venga—Como la Iglesia ora a Jesús, diciendo: “Ven,” ella insta a todos los que tienen
sed de participar en la plena manifestación de la gloria de la redención en la venida de él, a que VENGAN a él
entretanto, y que beban de las aguas vivas, que son arras del “agua de vida pura como cristal < desde el trono de
Dios y del Cordero” (22:1), en el cielo y en la tierra regenerados. Y—Así la versión Siríaca; pero A, B, la Vulgata, y la
Cóptica omiten la conjunción. el que quiere—Hay un clímax descendiente: el que oye efectiva e íntimamente la voz de
Cristo, ore individualmente, como lo hace la Iglesia colectivamente, diciendo: “Ven, Señor Jesús;” el que acaso no ha
oido en efecto para salvación y por tanto no puede aún decir: “Señor Jesús, ven”, pero con todo “tiene sed” de ello,
venga a Cristo; todo aquel que esté dispuesto siquiera, aunque sus deseos no signifiquen una positiva sed, que tome del
agua de vida gratuitamente. 18. Porque—Ninguno de los manuscritos la tiene. A, B, la Vulgata y Andreas dicen “yo”
“enfáticamente en el griego. “Testificó (así el griego) yo”. a estas cosas—A, B, y Andreas dicen, “a ellas,” es decir, “a las
palabras”. añadiere … pondrá—Griego, “añadirá”: justa retribución en especie. 19. libro—Ninguno de los manuscritos
tiene “libro”. A, B, Alef, Siríaca y Cóptica dicen: “(Quitará su parte, o porción) del árbol de vida”, es decir, le privará la
participación en el árbol de vida. y de las cosas—Así la Vulgata, pero A. B. Alef, la Siríaca, la Cóptica y Andreas omiten
la conjunción; en este caso, “las cosas escritas en este libro” se refieren a “la santa ciudad y al árbol de la vida”. Como
al principio de este libro (1:3) fué prometida una bendición al estudiante devoto y obediente de él, así ahora a su fin se
promete una maldición en contra de los que le añadan o le quiten. 20. Amén, sea así. Ven—El libro de Los Cantares
de Salomón (8:14) termina con el mismo anhelo por la venida de Cristo. A, B, y Alef omiten “sea así”, griego nai; en
tonces tradúzcase por “amén”, o “así sea”, no con lo que dice Jesús (pues él se llama el “Amén” al principio de las
proposiciones más bien que al final), sino con la respuesta de Juan. El “vengo” de Cristo y el “ven” de Juan casi
coinciden en tiempo: tan verdaderamente refleja el creyente la mente de su Señor. 21. nuestro—Así la Vulgata, la
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Siríaca y la Cóptica; pero A, B, y Alef omiten. Jesucristo—Así B, la Vulgata, la Siríaca, la Cóptica y Andreas, pero A y
Alef dicen “Cristo”. con todos vosotros—En ninguno de los manuscritos; pero B tiene “con todos los santos” A y la
Vulgata tienen “con todos”; Alef, “con los santos”. Esta bendición final. la señal característica de Pablo, fué asumida
por Juan después de la muerte de aquél. El Antiguo Testamento terminó con una “maldición” en conexión con la ley;
el Nuevo Testamento termina con una “bendición” en unión con el Señor Jesús. Amén—Así el manuscrito B, Alef, y
Andreas. A y la Vulgata Fuldensis lo omiten.
Que el bendito Señor, que ha hecho que las Sagradas Escrituras fuesen escritas para nuestra instrucción, se digne
bendecir este humilde esfuerzo por hacer que la Escritura se interprete a sí misma, y que lo haga un instrumento para
la conversión de pecadores y para la edificación de los santos, para la gloria de su gran nombre y para el adelanto de
su reino. Amén.
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