Evangelio dommingo 22, tiempo ordinario

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Evangelio dommingo 22, tiempo ordinario

  1. 1. La fe cristiana es seguimiento de Jesús. Creer no consiste ante todo en “pensar correctamente acerca de Jesús”, sino en seguir su camino, en ser discípulo, en vivir como él vivió. No hay más saber real que el de la fe hecha seguimiento. Volvemos a la historia de Jesús porque sigue transformando nuestra historia. Y porque él nos sigue llamando a transformarla con él y como él. José Arregi Texto: Mateo 16, 21-27 // 22 Tiempo Ordinario –A-. Comentarios y presentación; Asun Gutiérrez. Música: Mozart. Sinfonía nº 29.
  2. 2. 21 Desde entonces comenzó Jesús a manifestar a sus discípulos que tenía que ir a Jerusalén y que tenía que sufrir mucho por causa de los ancianos, los jefes de los sacerdotes y los maestros de la ley; que lo matarían y al tercer día resucitaría. Comienza la tercera parte del evangelio de Mateo. Tras la confesión de Pedro, Jesús va a explicar a los discípulos que las consecuencias que va a tener su Mesianismo serán muy distintas a lo que esperaban. La muerte es inevitable. Jesús sabe que tiene que morir. No porque Dios haya dispuesto que muriera. Jesús no amó la cruz, ni Dios ama el sufrimiento, ni lo quiere para sus hij@s. Es Dios del Amor, de la Vida, de la Alegría. La muerte de Jesús en la cruz es la consecuencia, debida al fanatismo, al miedo y a la oposición de los líderes religiosos, de su vida defensora y liberadora de toda opresión. Los anuncios de la pasión de Jesús contienen siempre un anuncio de resurrección. ¿Vivo las circunstancias y acontecimientos de mi vida a la luz de la resurrección?
  3. 3. 22 Entonces Pedro, tomándolo aparte, se puso a recriminarle: -Dios no lo quiera, Señor; no te ocurrirá eso. Pedro no está dispuesto a aceptar las palabras de Jesús. No es capaz de encajar el fracaso. Su teoría no está de acuerdo con su práctica. Tiene que seguir aprendiendo lo que significa ser discípulo. Pedro, como nosotr@s en alguna ocasión, está entre la confianza y la duda, la confesión y el miedo. ¿Pedro quiere evitar el sufrimiento a Jesús? ¿Trata de evitar su propio sufrimiento?
  4. 4. 23 Pero Jesús, volviéndose, dijo a Pedro: -¡Ponte detrás de mí, Satanás! Eres para mí un obstáculo, Jesús dice a Pedro –y a nosotr@s- que no se ponga delante de Él, como un obstáculo, sino detrás, como un discípulo. Las palabras de Jesús, de firmeza y acogida, son una nueva invitación al seguimiento. Jesús sabe que ser dicípul@ implica un proceso. Se aprende a ser coherente, a no afirmar una cosa y hacer otra. Es una invitación a tod@s nosotr@s a caminar por la senda que Él va marcando, y a no ser un obstáculo, con nuestras palabras y nuestra vida, para quienes quieran conocerle y seguirle. El/la discípul@ está llamad@ a seguir a Jesús cada día, dejando que Él programe su presente y su futuro.
  5. 5. porque tus pensamientos no son como los de Dios, sino como los de los hombres Tod@s corremos el riesgo de "pensar como los hombres" y no "como Dios". “ Pensar como los hombres”, afán de acumular riquezas, honores, privilegios, poder... no es compatible con el compromiso cristiano. Jesús pensó y vivió siempre, no según los criterios y cálculos humanos, sino conforme a los planes de Dios. A eso invita a quien le quiera seguir. Vivir, como Él, los valores del Reino: austeridad, solidaridad, compasión, valentía, compromiso... produce una gran satisfacción y armonía interior.
  6. 6. 24 Y dirigiéndose a sus discípulos añadió: - Si alguno quiere venir detrás de mí, que renuncie a sí mismo, cargue con su cruz, y me siga. El seguir a Jesús no significa dejar algo, sino haber encontrado a Alguien. Es una invitación a tod@s. No se trata de un seguir exterior, sino de una adhesión interior. Jesús no nos invita a sufrir, nos invita a amar. Repite: “venid detrás de mí”. Quien le siga acabará triunfando. Renunciar a sí mism@, cargar con la cruz, no es renunciar a la vida plena y feliz, sino optar por una felicidad más profunda y para tod@s. La felicidad que nace de la práctica del amor compartido. Jesús nos invita a renunciar a lo que esclaviza, agobia, deshumaniza...; a todo lo que nos impida ser felices. Renunciar a sí mism@ es vivir de cara a l@s demás, no ser egoísta . Viviendo de ese modo, toda “renuncia” se convierte en fuente de alegría y de paz.
  7. 7. 25 Porque el que quiera salvar su vida, la perderá; pero el que pierda su vida por mí, la conservará. 26 Pues ¿de qué le sirve al hombre ganar todo el mundo, si pierde su vida? ¿O qué puede dar a cambio de su vida? Ganar la vida, la felicidad y la paz, es el servicio callado, desinteresado y sencillo, la entrega a l@s demás, estar pendiente de quien nos necesita. Seremos más libres y felices cuanto más al servicio de l@s demás nos pongamos. No se trata de buscar cruces y hacer sacrificios. Ya nos los trae la vida. Se trata de vivir ayudando a llevar su carga a quienes tienen la vida más difícil. Eso aligera la nuestra y alegra la vida de tod@s. Seguir a Jesús supone una óptica distinta de la vida, en la que la riqueza y el éxito no consisten en atesorar y triunfar, sino en compartir y servir.
  8. 8. 27 El Hijo del hombre está a punto de venir con la gloria de su Padre y con sus ángeles. Entonces tratará a cada uno según su conducta. Mateo no ve el inminente “juicio según la conducta” como una amenaza y motivo de temor. El que vendrá es el que ya está entre nosotr@s, el que nos enseña, nos precede en la pasión y resurrección, nos felicita, y, si fallamos, nos invita a volver a nuestro puesto de discípul@s. Su venida supone consuelo, confianza y paz, porque el Hijo del hombre esperado no es otro que Jesús, quien nos conoce, nos alivia, nos comprende, nos consuela, recorre con nosotr@s el camino y nos quiere más de lo que podamos imaginar. Lo importante no es saber "cuándo" y "cómo" sucederán estas cosas del final. Lo que ocurrirá al final del mundo, o en el momento de nuestra muerte, ya nos están sucediendo día a día.
  9. 9. Gastar la vida Tú, Señor, dijiste: “ Quien quiera guardar su vida, la perderá; y quien la gaste y dé por mí, la recobrará”. Gastar la vida es trabajar por los demás,aunque no nos paguen; hacer un favor a quien nada puede darnos a cambio; gastar la vida es arriesgarse incluso al inevitable fracaso, sin falsas prudencias; es quemar las naves en bien del prójimo. Gastar la vida no es algo que se haga con gestos extravagantes y falsa teatralidad. La vida se entrega sencillamente, sin publicidad, como el agua de la fuente, como la madre que da el pecho a su hijito, como el sudor humilde del sembrador. Enséñanos, Señor, a lanzarnos a lo imposible, porque detrás de lo imposible están tu gracia y tu presencia y no podemos caer en el vacío. Amén Luis Espinal

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