La lectura como derecho y placer
Quito, 24 de abril de 2007

Les confieso que cuando me invitaron a participar con una pon...
Esta función educativa de los libros para niños fue precisamente la que
favoreció la aceptación social del nuevo “producto...
A día de hoy, la generalización de los nuevos sistemas de información y
comunicación ha sido uno de los factores principal...
más altas del mundo occidental. No será finales de los años 60 y principios de los 70
cuando la situación comience a cambi...
La labor de esta última, sin embargo, se ha visto entorpecida por la casi
permanente desatención a la imprescindible forma...
lectura como actividad lúdica y formativa y de recomendar libros de calidad; y la
biblioteca, que se ofrece como un espaci...
Al fin y al cabo, leer es una actividad cognitiva y comprensiva enormemente
compleja, en la que intervienen el pensamiento...
poner al niño o niña en contacto con buenos y variados materiales, próximos a su
mundo afectivo y a sus intereses, y con d...
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BIBLIOGRAFÍA
− Basanta, Antonio. Fomento de la lectura. En: Perspectivas de la edición en el
siglo XXI. Madrid, 2006. 1...
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Ponencias “La lectura como derecho y placer”.

I Congreso Internacional “Literatura infantil, la lectura como derecho y placer” (II Maratón del Cuento de Ecuador). Quito, 24 y 26 de abril de 2007.

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La lectura como derecho y placer

  1. 1. La lectura como derecho y placer Quito, 24 de abril de 2007 Les confieso que cuando me invitaron a participar con una ponencia en este Congreso, a mi alegría por venir aquí se unió un sentimiento de desbordamiento por el tema que debía tratar: La lectura como derecho y placer. Y es que ¡resulta tan difícil abordar un tema tan amplio e interesante en un espacio de tiempo tan breve! Así que pongámonos, cuanto antes, manos a la obra. En 2003 entré a formar parte del Centro Internacional del Libro Infantil y Juvenil de la Fundación Germán Sánchez Ruipérez en Salamanca, un centro que tiene como objetivo fundamental fomentar la lectura entre los niños y jóvenes, y desde esta perspectiva de mediadora entre el libro y el niño o joven en este contexto es desde la que voy a hacer hoy una reflexión sobre la lectura como derecho y placer, para la cual partiré de una revisión del concepto de infancia. Hoy día, la consideración de la infancia como un sujeto social diferenciado así como la existencia de un sólido mercado de libros dirigidos a este sector de público son una realidad tan obvia que es fácil olvidar que estos dos fenómenos son bastante recientes y que se han desarrollado de forma interrelacionada. Se podría incluso afirmar que el cambio social en relación con el concepto de infancia es responsable de los cambios que se han producido en los libros para niños y niñas. En el siglo XVII surgió la noción de infancia. En primer lugar, se reconocieron y se legitimaron unas necesidades infantiles diferenciadas de las de los adultos; y, en segundo término, se asumió la idea de que el adulto es el responsable de los aprendizajes de niños y niñas. A partir del siglo XVIII, comenzó a crearse una literatura específica para las primeras edades y se tuvo conciencia social explícita de la función educativa de este tipo de obras, lo cual puede relacionarse con la evolución del concepto de infancia. www.elisayuste.com Facebook I Twitter I Linkedin I Slideshare I Youtube 1
  2. 2. Esta función educativa de los libros para niños fue precisamente la que favoreció la aceptación social del nuevo “producto”, aunque la industria del libro infantil y juvenil no comenzara a florecer hasta la segunda mitad del siglo XIX y su expansión definitiva no se produjese hasta la segunda mitad del siglo XX. A lo largo de estos años, se ha asistido a la extensión del consenso social en favor de la importancia del bienestar físico y mental de los niños y niñas. La infancia ha acabado considerándose el periodo más decisivo de la vida del hombre desde diferentes perspectivas, y esta visión de la infancia como un tiempo de aprendizaje está íntimamente relacionada con el surgimiento de un sistema educativo progresivamente generalizado a toda la población y ampliado en el período de edad que debe abarcar. En este proceso de ampliación, la literatura infantil y juvenil se ha consolidado como un instrumento socializador de nuestra cultura. Ahora bien, a parte de que la función educativa se adapte a los cambios sociales, lo que es evidente es que la importancia otorgada a esta función de los libros infantiles ha cambiado a lo largo de la historia. El peso de este requisito disminuyó durante el siglo XIX y principios del XX a favor de una serie de funciones de entretenimiento y ocio que han forzado el reconocimiento de la función literaria de este tipo de obras, han hecho explícita la doble función de los libros destinados a niños, niñas y adolescentes e, incluso, han acabado consolidando el predominio del aspecto literario. En cualquier caso, al margen de que el énfasis en una u otra función haya sufrido variaciones, la literatura infantil siempre se ha mantenido a caballo entre ambas. Los libros para niños y jóvenes que cumplan ambos objetivos, el educativo y el literario, pueden ser valorados por los adultos como literatura infantil y juvenil de calidad, en tanto en cuanto contribuyen de forma acertada a la formación y el aprendizaje de sus destinatarios (lo cual hace “obligatorio” el derecho de acceso a los mismos) y, además, desarrollan, entre otras cosas, la imaginación y la creatividad (lo que los convierte en un placer). www.elisayuste.com Facebook I Twitter I Linkedin I Slideshare I Youtube 2
  3. 3. A día de hoy, la generalización de los nuevos sistemas de información y comunicación ha sido uno de los factores principales en el proceso de transformación del mundo contemporáneo. Se ha producido un cambio radical en los procesos de acceso, apropiación y uso de la información que ha modificado los comportamientos de aprendizaje e instrumentalización del conocimiento. De ahí que, a diario, escuchemos (e, incluso, hablemos de) que la sociedad actual es la “sociedad de la información”, y, en otras ocasiones, que es la “sociedad del conocimiento”. Sin embargo, antes de nada, debemos ser conscientes de que información no es lo mismo que conocimiento. La información es algo externo que se puede acumular rápidamente, y no sirve de nada si no se procesa, discriminando o asimilando la información en función de su pertinencia. Es entonces cuando la información puede llegar a formar parte de los conocimientos de una persona porque el conocimiento es algo interno, estructurado, relacionado con el entendimiento y con la inteligencia, que crece lentamente y que puede conducir a una acción. Este proceso, absolutamente imprescindible en un momento en el que cada día disponemos de más información, no es posible sin competencia lectora. Teniendo claras esta ideas, que consideran al libro para niños y jóvenes como instrumento socializador de nuestra cultura (al que se han unido los materiales en otros soportes en estos últimos años) y que sitúan a la competencia lectora en un paso intermedio entre la información y el conocimiento, podemos afirmar que cualquier iniciativa que se ponga en marcha dentro del mundo del libro que no tenga como objetivo el compromiso de fomentar la lectura será inconsistente, pasajera e incapaz de afrontar los retos que nos plantea la sociedad actual. O apostamos por la lectura o cualquier intento de desarrollo cultural será inalcanzable. Desafortunadamente, esta no ha sido la situación vivida en España a lo largo de su historia. Por razones de distinta índole (políticas, económicas, sociales e, incluso, religiosas), leer en España fue, durante demasiado tiempo, un deseo inalcanzable, un territorio prohibido, una injusta e impuesta privación para la gran mayoría. A principios del siglo XX, España sufría una de las tasas de analfabetismo www.elisayuste.com Facebook I Twitter I Linkedin I Slideshare I Youtube 3
  4. 4. más altas del mundo occidental. No será finales de los años 60 y principios de los 70 cuando la situación comience a cambiar, hasta llegar a los años 80 que son para el mundo de la lectura años de especial efervescencia y creatividad. Además, a finales de esta década de los 80 comenzaron a aparecer los primeros estudios sobre hábitos culturales, donde se hizo referencia a los hábitos de lectura de los españoles. En 1986 se manifestó que en torno al 28% de la población leía con cierta asiduidad (es decir, al menos, un libro al trimestre) y que un 19% leía con cierta frecuencia (al menos un libro al mes). Por fortuna, los estudios posteriores reflejan un lento pero constante crecimiento de los índices lectores. En el estudio realizado por Precisa Research para la Federación de Gremios de Editores de España, los datos correspondientes a 2006 no ofrecen dudas. Si a finales de los 80, la población que declaraba leer era un 28%, hoy la cifra se eleva hasta el 55,5%, lo que significa que se ha duplicado en veintiséis años nuestro coeficiente de lectores, un crecimiento realmente esperanzador en tan breve espacio de tiempo (muy por encima de la media anual de crecimiento lector en países como Reino Unido o Finlandia). Más significativo es el dato referente a los lectores frecuentes (es decir, aquellos que leen todos o casi todos los días), hemos pasado de un 22,2% en 2002 (año de publicación del primer Barómetro de hábitos de lectura y compra de libros) a un 39,6% de la población en 2006, una subida realmente extraordinaria. Todos estos datos nos permiten afirmar que hoy leemos más que nunca; es decir, que estamos en la vía correcta de configuración de una sociedad lectora, y este hecho, al margen de lo ya comentado, se ha producido, entre otras cosas, por la calidad y la diversidad de lo aportado por nuestros autores, ilustradores, traductores y editores (lo cual ha favorecido la creación de una extensa red de librerías); la transformación cuantitativa y cualitativa de las bibliotecas públicas; la puesta en marcha, por parte de las distintas Administraciones Públicas, de Planes de Fomento de la Lectura o iniciativas similares; y, finalmente, la contribución de la escuela. www.elisayuste.com Facebook I Twitter I Linkedin I Slideshare I Youtube 4
  5. 5. La labor de esta última, sin embargo, se ha visto entorpecida por la casi permanente desatención a la imprescindible formación del profesorado y por una absoluta carencia de infraestructuras y recursos como para que la lectura impregne los centros escolares. Destaca el hecho de que los alumnos y alumnas españolas sufran un llamativo retroceso en cuanto a actitudes y aptitudes lectoras a lo largo de su desarrollo escolar; dicho de otro modo, los niños y niñas de 7 años tienen, en función de su edad, mayor capacidad de comprender lo que leen y mayor afición por la lectura que los jóvenes de 16 años. Esta realidad supone un verdadero desafío para la sociedad española que ha de apostar definitivamente por el valor y la posición de la lectura en la escuela, convirtiendo a la lectura en tarea común de todos: administraciones, padres, profesores y alumnos. Dotándola de su tiempo y de su espacio, lo que nos obligaría a plantear la necesaria revitalización de nuestras bibliotecas escolares, en tan lamentable estado según las conclusiones del Estudio sobre las Bibliotecas Escolares en España elaborado por la Fundación Germán Sánchez Ruipérez en colaboración con el Instituto IDEA que se publicó a finales de 2005. Y advirtiendo que esta nueva posición de la lectura dentro del sistema educativo no depende sólo de las inversiones y de las regulaciones legislativas, aunque ambos factores sean importantes; es imprescindible definir el carácter estratégico de la lectura como instrumento indispensable para la educación individual y colectiva y llave que abre las puertas de todos los conocimientos, dotar al profesorado de una formación continua, y apostar de forma continuada por las bibliotecas escolares, que deberían configurarse como el epicentro de la información de cada escuela. A esto se debe unir el apoyo de la familia y de la biblioteca. El fomento de la lectura debe entenderse como un compromiso social, y como tal debe ser asumido de forma conjunta por las instituciones e individuos que, en mayor o menor medida, están involucrados en proyectos de promoción cultural o acciones educativas, si bien su articulación debería realizarse de forma prioritaria por aquellos que cuentan con mayores capacidades de acometerlo: la familia, que tiene unas posibilidades inigualables para contribuir a ese proceso; la escuela, responsable de enseñar las destrezas de decodificación, comprensión e interpretación necesarias para el desarrollo de los hábitos lectores, de promover la www.elisayuste.com Facebook I Twitter I Linkedin I Slideshare I Youtube 5
  6. 6. lectura como actividad lúdica y formativa y de recomendar libros de calidad; y la biblioteca, que se ofrece como un espacio de ocio y lugar de encuentro con la lectura, y que dispone de medios adecuados para formar a sus usuarios en una lectura crítica y selectiva. Otros espacios, como por ejemplo las librerías, deben ser también parte activa en este proceso, al fin y al cabo, son el mejor escaparate de la edición más reciente además de ofrecer orientación y recomendaciones. De los cuatro intermediarios señalados, corresponde a la escuela el papel principal en la promoción de la lectura. No es una asignación de responsabilidad gratuita, sino fundada en el potencial que, por encima de los otros, tienen los docentes para poder asumirla, dándole la imprescindible continuidad, verificando los progresos y corrigiendo los desajustes. El ejercicio de esta responsabilidad deberá apoyarse, además, en la cooperación con los otros espacios. Unido a todos estos requisitos que hemos mencionado como “imprescindibles” para consolidar los hábitos lectores de la población, no podemos olvidar que la lectura ha sufrido, está sufriendo, cambios importantes que están íntimamente relacionados con la revolución tecnológica de la que hablamos al principio de esta exposición. El auge de los medios audiovisuales y la irrupción de las nuevas tecnologías de la comunicación han favorecido un cierto cambio de modelo cultural, ya que hemos pasado de la supremacía de una cultura alfabética, textual e impresa a la de otra que se construye mediante imágenes audiovisuales; este cambio implica ciertas modificaciones en el uso del lenguaje y, sobre todo, en las capacidades de razonamiento, lo que podemos comprobar en los hábitos lectores de los más jóvenes, así como en sus habilidades para la lectura comprensiva. La alfabetización es algo más que saber leer y escribir hoy, en el siglo de las nuevas tecnologías, estamos obligados a facilitar el acceso de los ciudadanos al mundo globalizado de la información, pero también a prepararlos para manejarse, libre y críticamente, en él; y esto no es posible sin competencia lectora. La lectura no es solo reconocer unos sonidos, unas sílabas o unas palabras dentro de un texto; las palabras pueden significar cosas muy diferentes, que sólo un lector competente sabrá interpretar en cada momento. www.elisayuste.com Facebook I Twitter I Linkedin I Slideshare I Youtube 6
  7. 7. Al fin y al cabo, leer es una actividad cognitiva y comprensiva enormemente compleja, en la que intervienen el pensamiento y la memoria; y leer siempre debe ser una opción personal, a la que se acude en libertad; que exige esfuerzo, concentración y silencio; y que no hay que abandonar si queremos que arraigue para ir consiguiendo, paulatinamente, intereses lectores que nos eduquen el gusto y el placer de leer hasta convertir la lectura en un hábito cotidiano, buscado, deseado y en una auténtica necesidad vital. Este debería ser nuestro fundamental objetivo: hacer nuevos lectores que no solo dominen la técnica de la lectura sino que “sientan” y “disfruten” con ella. Debemos plantear la lectura como un derecho. Facilitar el acceso libre y pleno del ciudadano a los libros es, a su vez, garantía para que la sociedad progrese, sin lectura es difícil que exista un pensamiento crítico y divergente. El lector no nace, se hace; pero el no lector también: nos hacemos lectores o no lectores con el paso del tiempo, a lo largo de un proceso formativo en el que interviene el desarrollo de la personalidad y en el que vivimos experiencias lectoras motivadoras y desmotivadotas, casi siempre, en tres únicos contextos: el familiar, el escolar y el bibliotecario, y en relación con distintos tipos de mediadores desde los padres hasta los bibliotecarios, pasando por la figura del docente. En la promoción de la lectura, sobre todo cuando los destinatarios son niños o adolescentes, es muy importante esta figura del mediador, en tanto en cuanto es, casi siempre, el primer receptor de la obra, quien facilitará ideas y caminos para realizar las lecturas, también para elegirlas, porque el destinatario de la misma es todavía un ser en desarrollo, con poca experiencia de contacto consciente con los textos literarios, así como con una pequeña competencia enciclopédica. Aunque la decisión final en la elección de un libro la debe tener siempre el lector, creo que es oportuna una intervención mediadora que, con conocimiento de causa, aporte soluciones ante las dudas y facilite, en lo posible, la decisión en la elección de la lectura adecuada. Como afirmada Genviève Patte en su estudio ¡Dejadles leer! Los niños y las bibliotecas: “Seleccionar no quiere decir restringir, sino todo lo contrario. Seleccionar significa valorar”. El mediador debe, por tanto, www.elisayuste.com Facebook I Twitter I Linkedin I Slideshare I Youtube 7
  8. 8. poner al niño o niña en contacto con buenos y variados materiales, próximos a su mundo afectivo y a sus intereses, y con diferentes contenidos y estilos que le ayuden a desarrollar el gusto personal, y acompañarlo en su recorrido como lector durante la infancia; crear y fomentar hábitos lectores estables; orientar y favorecer la lectura voluntaria en todos los sentidos, entre los que se incluye facilitar la selección de lecturas según la edad y los intereses de sus destinatarios; y organizar, desarrollar y evaluar actividades de animación a la lectura. La sociedad del conocimiento debe exigir, en primer lugar, la competencia lectora de todos sus ciudadanos porque, hoy día, es más necesario que nunca un ciudadano lector competente y crítico, que pueda acceder de forma autónoma a distintos tipos de textos en diferentes formatos y discriminar la abundante información que recibe cada día. Si la lectura fue, en el pasado, una actividad minoritaria y discriminatoria, hoy debemos considerarla un bien al que debe tener acceso todo el conjunto de la sociedad. La lectura es una de las mejores expresiones de nuestras ansias de crecimiento, de transformación y de libertad, que se escribe con ele de libro y de lectura, como proclama nuestro apreciado y admirado Antonio Basanta, Vicepresidente ejecutivo y Director general de la Fundación Germán Sánchez Ruipérez. La lectura, antes que un deber, debe ser un derecho universal del que es justo que disfrutemos todos y todas en auténtica igualdad de oportunidades. Elisa Yuste Coordinadora del Área de Promoción de la Lectura Centro Internacional del Libro Infantil y Juvenil Fundación Germán Sánchez Ruipérez www.elisayuste.com Facebook I Twitter I Linkedin I Slideshare I Youtube 8
  9. 9. 9 BIBLIOGRAFÍA − Basanta, Antonio. Fomento de la lectura. En: Perspectivas de la edición en el siglo XXI. Madrid, 2006. 14 p. − Cerrillo, Pedro C. Nuevos tiempos, ¿nuevos lectores? En: Ocnos. Cuenca, 2005, nº 1, p. 19-33. − Cerrillo, Pedro C. El papel del mediador en la formación lectora. En: Nuevas hojas de lectura. Bogotá, 2005, nº 8, p. 14-24. − Colomer, Teresa. La formación del lector literario. Madrid: Fundación Germán Sánchez Ruipérez, 1998. 367 p. ISBN 84 89384 17 7 − Enseñanza y promoción de la lectura. [Valladolid]: Junta de Castilla y León, Consejería de Educación, 2005. 32 p. www.elisayuste.com Facebook I Twitter I Linkedin I Slideshare I Youtube

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