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El sistema politico de la Restauracion

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  • 1. hŶŝĚĂĚ ϭϯ͗ ů ƌĠŐŝŵĞŶ ĚĞ ůĂ ZĞƐƚĂƵƌĂĐŝſŶ͗ ĂƌĂĐƚĞƌşƐƚŝĐĂƐ LJ ĨƵŶĐŝŽŶĂŵŝĞŶƚŽ ĚĞů ƐŝƐƚĞŵĂ ůĞƵƚĞƌŝŽ :͘ ^ĂƵƌĂĐĂŶŽǀŝƐƚĂ ;ϭϴϳϱͲϭϵϬϮͿ /^ ůũĂĚĂ INTRODUCCIÓN En los últimos meses del Sexenio Revolucionario, los militares sumaron al partido Alfonsino de Cánovas buscando un rey que deslegitimase la causa carlista. Cánovas preparó el regreso de los Borbones mediante una hábil política de prestigio, eliminando la figura desacreditada de Isabel II y mostrando la república como un desastre político, social y económico. La reina abdicó en su hijo Alfonso para el que Cánovas redactó el Manifiesto de Sandhurst, en el que el futuro rey se declaraba católico y liberal, prometiendo un gobierno constitucional y ausencia de represalias. Se repara el regreso “legal” de los Borbones convocando Cortes extraordinarias y el 29 de diciembre de 1874, el general Martínez Campos se pronuncia en Sagunto a favor de Alfonso XII. Cánovas es nombrado regente hasta que llegó el rey el 14 de enero de 1875. La restauración fue posible gracias a los deseos de pacificación del país, el reconocimiento internacional del príncipe Alfonso y la aceptación de la monarquía por la opinión pública. Se iniciaba así un sistema político con un régimen monárquico estable y un sistema parlamentario equilibrado, basado en el “turno de partidos” que, pese al fraude electoral, se mantuvo vigente hasta 1931. I. FUNDAMENTOS POLÍTICOS DEL SISTEMA DE LA RESTAURACIÓN O CANOVISTA Cánovas del Castillo pretendía copiar el estable modelo inglés. Logró el apoyo del ejército y las élites sociales y económicas del país, buscando el equilibrio entre orden social y libertad. El “Sistema canovista” intentó ser válido para todas las opciones políticas con la única condición de que aceptaran la monarquía y la alternancia en el poder, por lo que dejaba fuera a Carlistas, Republicanos y posteriormente a nacionalistas vascos y catalanes así como a partidos obreros (PSOE). Sus fundamentos políticos eran: A. La Monarquía. Institución tradicional española, indiscutible en su papel de árbitro en la vida política, siendo garante de la estabilidad y unidad de la patria. B. Las Cortes. Junto con el rey, columna vertebral de la nación, representando la autoridad y la libertad. C. Despolitización del ejército. Impidiendo su intromisión en política con la supremacía del poder civil sobre el militar, pero otorgándole autonomía en sus asuntos internos. Se potenció a Alfonso XII (“el rey soldado”) como símbolo y cabeza visible del ejército. Pero, aunque cesaron los pronunciamientos, la despolitización del ejército fue más aparente que real. D. Bipartidismo. Igual al modelo inglés donde dos grandes partidos se alternen en el poder: *Conservador: liderado por Cánovas aglutinaba a miembros del antiguo Partido Moderado y de la Unión Liberal y representaba a latifundistas agrarios de Castilla y Andalucía, grandes empresarios industriales de Cataluña y el País Vasco y sectores católicos. *Liberal Fusionista liderado por Sagasta, aglutinaba a antiguos progresistas, demócratas, radicales y republicanos moderados que representaban a las profesiones liberales, comerciantes, banqueros, militares y funcionarios. No eran verdaderos partidos políticos con programas definidos, sino una minoría de la población, sobre todo notables y camarillas provinciales, con una estructura muy débil y que únicamente actuaban movidos por intereses personales y para controlar las elecciones. D. El turno pacífico de los dos partidos: Conservadores y Liberales aceptaban someterse al arbitraje de la Corona para su sustitución en poder. El rey encarga al jefe del partido mayoritario formar gobierno y debían aceptar pasar a la oposición en caso de perder la confianza del rey y del parlamento, respetando la obra legislativa de sus predecesores. El rey también podía disolver el parlamento y convocar nuevas elecciones. ů ƐŝƐƚĞŵĂ ƉŽůşƚŝĐŽ ĚĞ ůĂ ZĞƐƚĂƵƌĂĐŝſŶ WĄŐŝŶĂ ϭ
  • 2. hŶŝĚĂĚ ϭϯ͗ ů ƌĠŐŝŵĞŶ ĚĞ ůĂ ZĞƐƚĂƵƌĂĐŝſŶ͗ ĂƌĂĐƚĞƌşƐƚŝĐĂƐ LJ ĨƵŶĐŝŽŶĂŵŝĞŶƚŽ ĚĞů ƐŝƐƚĞŵĂ ůĞƵƚĞƌŝŽ :͘ ^ĂƵƌĂĐĂŶŽǀŝƐƚĂ ;ϭϴϳϱͲϭϵϬϮͿ /^ ůũĂĚĂ E. Fraude electoral y “caciquismo”. Se manipulaban y falseaban las elecciones para “fabricar” unos resultados que se correspondieran con los cambios de gobierno acordados previamente en Madrid entre el partido que ganaría y el que pasaría a la oposición. El Ministro de la Gobernación elaboraba la lista de candidatos que debían ser elegidos y la pasaba a alcaldes y caciques. Ambos partidos contaban en los distritos electorales con una red de caciques locales y provinciales procedentes de la oligarquía terrateniente que, por su poder económico e influencias políticas, controlaban su distrito. Constituían un verdadero poder paralelo y actuaban como correa de transmisión de los partidos. Debían asegurar que el voto fuese el adecuado, mediante presiones y otras prácticas fraudulentas: amenazas, chantaje laboral, favores a personas y ayuntamientos, etc. Cuando el partido llegaba al poder, premiaba estos apoyos con concesiones, obras públicas, favores fiscales y reparto de cargos entre su red de clientela política. La práctica más extendida fue “el encasillado”: presentar solo un candidato por distrito que era designado automáticamente, sin votación. Si se presentaba algún otro candidato no pactado, se recurría a trabas burocráticas para rechazar su candidatura. También se recurrió al “pucherazo”: alterando el escrutinio de votos abriendo las urnas y cambiando las papeletas, votos de muertos, falseamiento de actas, compra de votos. Este sistema dominó al electorado rural pero no tanto al urbano, ya que su mejor condición social, mayor información y educación política dificultaban el engaño y la intimidación. Muchos ciudadanos se abstenían y se calcula que solo un 25% votaba. II. CONSTITUCIÓN DE 1876 Para que el sistema funcionase era necesario dotarlo de una constitución duradera que acabara con los pronunciamientos militares como vía de cambio político. Intentando mantener la continuidad legal, Cánovas convocó elecciones para Cortes Constituyentes con la ley electoral de 1869 y sufragio universal masculino (manipulado), con el propósito de que una mayoría próxima al gobierno aprobase sin enmiendas el texto constitucional. Fue aprobada por las Cortes y, hasta hoy, es la que más tiempo ha estado en vigor. Auspiciada por Cánovas del Castillo, se inspira en la Constitución moderada de 1845 y en la progresista de 1869. De carácter doctrinario y conservador pero más flexible, con el objetivo de que sirviera para cualquier partido que gobernara, por lo que resulta muy ambigua. Defendía los valores tradicionales (familia, religión y propiedad) compatibilizándolos con algunos principios democráticos de 1868, pero siempre regulados por posteriores leyes ordinarias que, en muchos casos, los dejaban sin efecto. Soberanía compartida entre Cortes y el Rey, pero dando preeminencia al monarca cuya figura era inviolable y sus poderes no podían ser discutidos por las Cortes. El rey nombraba jefe del ejecutivo, convocaba y disolvía las Cortes (debiendo convocarlas nuevamente antes de 3 meses) y tenía derecho de veto suspensivo. El poder legislativo residía en las Cortes bicamerales con el Rey: Congreso: integrado por diputados elegidos por sufragio (en principio universal masculino, pero pronto se volvió al censitario y de nuevo al universal pero falseado por el fraude). Y Senado con senadores vitalicios (grandes de España, altos cargos de Iglesia, ejército y administración), senadores de designación real, y elegidos por corporaciones y los mayores contribuyentes. Amplia declaración de derechos pero recortando algunos y regulando otros (sobre todo libertad de imprenta, expresión, asociación y reunión) mediante leyes ordinarias, lo que permitía que su aplicación dependiese del gobierno en el poder. El catolicismo era la religión oficial del Estado que se comprometía a su mantenimiento pero permitía el culto privado de otras religiones. ů ƐŝƐƚĞŵĂ ƉŽůşƚŝĐŽ ĚĞ ůĂ ZĞƐƚĂƵƌĂĐŝſŶ WĄŐŝŶĂ Ϯ
  • 3. hŶŝĚĂĚ ϭϯ͗ ů ƌĠŐŝŵĞŶ ĚĞ ůĂ ZĞƐƚĂƵƌĂĐŝſŶ͗ ĂƌĂĐƚĞƌşƐƚŝĐĂƐ LJ ĨƵŶĐŝŽŶĂŵŝĞŶƚŽ ĚĞů ƐŝƐƚĞŵĂ ůĞƵƚĞƌŝŽ :͘ ^ĂƵƌĂĐĂŶŽǀŝƐƚĂ ;ϭϴϳϱͲϭϵϬϮͿ /^ ůũĂĚĂ III. PERÍODOS DE LA RESTAURACIÓN: EVOLUCIÓN POLÍTICA Fijadas las reglas, el sistema empezó a rodar con el consabido turnismo de partidos en el poder. Se distinguen dos fases políticas hasta 1902: A. Reinado de Alfonso XII (1875-1881) Dominado por gobiernos conservadores: 1. Primer gobierno conservador de Cánovas del Castillo (1875-1881). Trató de consolidar un sistema centralista, moderador y oligárquico basado en el orden social, la monarquía y la propiedad. Sus actuaciones más destacadas fueron: * Centralización administrativa: supresión de Fueros Vascos, obligándolos al pago de impuestos y servicio militar. Se reforzó el centralismo con las Leyes de Diputaciones y Ayuntamientos, dando más poder a los gobernadores civiles y al rey que podía nombrar alcaldes en poblaciones de más de 30.000 habitantes. * Restricción de libertades: sufragio censitario (5% de la población), limitación del derecho de reunión y asociación (prohibición de sindicatos obreros) y limitación de la libertad de imprenta (prohibición de criticar a la monarquía o al sistema, cierre de periódicos). Esto provocó revueltas universitarias de profesores limitados en su libertad de cátedra, dando lugar al nacimiento de la Institución Libre de Enseñanza. * Finalización de guerras; El carlismo es sofocado en 1886 tras la toma de Tolosa, Estella e Irún. Carlos VII abandona el país y el carlismo se articulará como partido político en torno a Nocedal. Martinez Campos, en 1887 acabó con la guerra y se firmó la Paz de Zanjón, por la que se prometía a la isla más autonomía. 2. Gobierno liberal de Sagasta (1881-1884) Permitió regresar a exiliados republicanos, amplió las libertades de prensa y reunión, solucionó el problema universitario reponiendo en sus cátedras a los profesores. En 1883, una serie de intentonas republicanas y desórdenes en el campo andaluz atribuidos a la organización secreta “Mano negra”, hizo que Sagasta perdiera el apoyo del partido y dimitió, sustituyéndolo el breve gobierno de Posada Herrera. 3. Gobierno final del reinado: Cánovas (1884-85) Reforzó las bases derechistas del partido y aumentó la presión gubernamental sobre la prensa y las elecciones. B. La regencia de María Cristina (1885-1902) La muerte de Alfonso XII a los 28 años convirtió en regente a su segunda esposa, María Cristina de Habsburgo, embarazada del futuro Alfonso XIII. Para garantizar la estabilidad, el general Martínez Campos, Cánovas y Sagasta acordaron el Pacto de El Pardo, comprometiéndose a sostener la regencia y facilitar el turno de partidos respetando la legislación que cada partido aprobase gobernando. Cánovas apoyó entonces un nuevo gobierno liberal. 1. Gobierno liberal-fusionista de Sagasta (1885-1890) Afianzó el partido y aplicó un programa liberal con una serie de leyes trascendentales que consolidaron el sistema de la restauración: Se aprobó un avanzado Código Civil, se reconoció la libertad de prensa y con la Ley de asociaciones políticas y laborales se oficializaron el Partido Socialista (PSOE) y sindicatos (UGT). Los avances liberales siguieron con la Ley de Jurados y la Ley Electoral que consagraba el sufragio universal masculino. También se liberalizó el comercio exterior. 2. Alternancia de gobiernos breves conservadores y liberales (1890-95) A partir de este momento las diferencias entre conservadores y liberales se redujeron a ů ƐŝƐƚĞŵĂ ƉŽůşƚŝĐŽ ĚĞ ůĂ ZĞƐƚĂƵƌĂĐŝſŶ WĄŐŝŶĂ ϯ
  • 4. hŶŝĚĂĚ ϭϯ͗ ů ƌĠŐŝŵĞŶ ĚĞ ůĂ ZĞƐƚĂƵƌĂĐŝſŶ͗ ĂƌĂĐƚĞƌşƐƚŝĐĂƐ LJ ĨƵŶĐŝŽŶĂŵŝĞŶƚŽ ĚĞů ƐŝƐƚĞŵĂ ůĞƵƚĞƌŝŽ :͘ ^ĂƵƌĂĐĂŶŽǀŝƐƚĂ ;ϭϴϳϱͲϭϵϬϮͿ /^ ůũĂĚĂ matices en el desempeño del poder. Los liberales mantuvieron una mayor tolerancia ante los movimientos republicanos y obreros, mientras que los conservadores protegían más los intereses de terratenientes, Iglesia y utilizarán más la represión: -Nuevo gobierno conservador de Cánovas (1890-92) aprobó aranceles proteccionistas que deseaban los grupos patronales de la siderurgia, la industria textil y los grandes cerealistas. Extremó las medidas de rigor contra los atentados anarquistas por procedimientos muy discutibles (ley de fugas y consejos de guerra) recurrió a leyes de excepción ante cualquier movimiento huelguístico. -Gobierno liberal de notables (1892-95) El propio Sagasta era consciente de que no se podía ir más allá con las reformas liberales sin modificar el sistema. Hubo de hacer frente a una guerra en Melilla y a la reanudación de la guerra de Cuba mientras su partido se desintegraba y devolvía el gobierno a los conservadores. - Último gobierno de Cánovas (1895-97) Fue incapaz de afrontar los nuevos conflictos sociales y políticos (obrerismo, republicanos, anarquismo) a los que se sumó la reanudación de la guerra de Cuba y las disidencias internas del partido conservador (Francisco Silvela). Murió asesinado por un anarquista italiano en 1897, dejando al régimen en una situación de crisis que se acentuará con el desastre colonial de 1898. CONCLUSIÓN La restauración borbónica de Alfonso XII supuso un período de estabilidad constitucional y política amparado por el liberalismo doctrinario, una constitución estable y el turno pacífico de partidos que pusieron fin a los pronunciamientos militares. Se inició un período de desarrollo y modernización económica, con la industrialización de algunas regiones. Pero los cambios sociales y económicos generaron importantes fuerzas sociales y políticas muevas que estaban al margen del sistema de la Restauración y lo hacían inviable: movimiento obrero y socialismo, republicanos así como los movimientos nacionalistas de Cataluña y País Vasco. Tras la crisis colonial de 1898, surgieron una serie de movimientos regeneracionistas que contaron con cierto respaldo de las clases medias y cuyos ideales quedaron ejemplificados en el pensamiento de Joaquín Costa, que propugnaba la necesidad de de una regeneración y modernización de la política, de la economía y de la sociedad españolas. Finalmente, la derrota militar supuso también un importante cambio de mentalidad entre los militares, que se inclinaron en su mayoría hacia posturas más autoritarias e intransigentes que les llevarán a querer intervenir de nuevo en política. ů ƐŝƐƚĞŵĂ ƉŽůşƚŝĐŽ ĚĞ ůĂ ZĞƐƚĂƵƌĂĐŝſŶ WĄŐŝŶĂ ϰ

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