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  • 1. Prólogo En 1964 Gordon H. Fraser publicó esta declaración con cinismo: “el hecho de que el Libro de Mormón esté desprovisto de cualquier contenido literario, historia creíble, biografía, romance o enseñanza ética, es garantía de que no será leído o analizado de manera concienzuda; por lo tanto no hay peligro de que el lector medio, al estudiarlo, llegue al punto de tener una opinión sobre su credibilidad.” El libro que está ahora en sus manos demuestra el error y los prejuicios de la triste valoración de Fraser. Aquí hay una historia consistente. Aquí están los resultados de una lectura cuidadosa. Aquí hay una información creíble que sitúa al Libro de Mormón en el entorno del Nuevo Mundo de la antigüedad. Este libro ha estado en preparación muchos años y perdurará durante años. Se requerirá su lectura a todos aquellos interesados en la antigüedad del Libro de Mormón. Aquellos que hagan observaciones acerca de la historicidad de los registros que se encuentran en el Libro de Mormón de ahora en adelante o son unos irresponsables o no están informados o ignoran la presente obra del doctor Sorenson. Así como este estudio será fundamental para las investigaciones futuras, también es el producto de la tendencia, de las últimas tres décadas, hacia un estudio serio del Libro de Mormón. Muchos de los que lean este libro pueden apreciar lo lejos que han llegado estos estudios. Durante estos años, se han tomado diferentes vías para investigar sobre el Libro de Mormón. Algunas han sido apologéticas, hostiles, polémicas o eclécticas. Algunas han representado al Libro de Mormón como una prueba de la autenticidad, fecundidad y poder de la Restauración bajo el liderazgo del profeta José Smith. Eruditos santos de los últimos días, como George IX
  • 2. X PROLOGO Reynolds y B. H. Roberts, han sugerido la necesidad de un examen sincero y sistemático de los libros seculares relevantes, pero ellos no podían prever cuándo se llevaría a cabo un trabajo serio histórico y analítico. El surgimiento de metodologías histórico-críticas en los estudios bíblicos (lo que una vez B. H. Roberts llamó “colgar grandes pesos con hilos finos”) trajo consigo técnicas para examinar el lenguaje y la composición de las escrituras hebreas antiguas, y se ha probado que éstas son efectivas a la hora de examinar los textos del Libro de Mormón. El sorprendente descubrimiento de documentos como los rollos del Mar Muerto también invitó a los especialistas santos de los últimos días a comparar el material que nos da el Libro de Mormón con las prácticas de otros pueblos religiosos antiguos. Sidney B. Perry adoptó la línea lingüística; él dijo a menudo que, sólo basándose en sus conocimientos del hebreo, sabía que el Libro de M o r m ó n no podía haber ten ido su or ige n exclusivamente en el siglo XIX. Durante algunos años, el curso que dio en la Universidad de Brigham Young sobre “El comportamiento y las costumbres hebreas” examinó caso por caso la narrativa del Libro de Mormón, demostrando que el libro tenía origen hebreo. Hugh W. Nibley y M. Wells Jakeman, mientras tanto, examinaban el contexto. Jakeman elaboró un m a r c o d o nde el L ibro de Mormón e nc a ja ba , e n términos de la tradición mesoamericana, mientras que el profesor Nibley siguió la pista, con sorprendente perspicacia, a enormes cantidades de materiales históricos que encuadraron al libro en la época y en el emplazamiento en el que declaraba estar escrito. Pero Nibley no hizo ningún esfuerzo por precisar conexiones con el Nuevo Mundo. “¿Que hay de las e x t r a o r d i n arias ruinas de A mé r ic a Ce ntr a l? ” , reflexiona. “Hasta que los que estudian esa área puedan llegar a un acuerdo entre ellos mismos en lo
  • 3. PROLOGO XI que respecta a lo que han encontrado, el resto de nosotros no podemos muy bien comenzar a sacar conclusiones.” Ahora bien, tanta precaución puede revelar posibilidades concretas. Con el planteamiento del doctor Sorenson, ha comenzado en serio el proceso de entrever un contexto geográfico y arqueológico explícito. El presenta un modelo de marco verosímil para el Libro de Mormón en la América antigua. Este modelo presta atención a los detalles que se han dado en las descripciones de las tierras del Libro de Mormón, de los movimientos en las batallas, de las ciudades construidas y abandonadas, y de los datos geográficos. Sugiere que las tierras altas de Guatemala son buenas candidatas para ser la tierra de Nefi, que el istmo de Tehuantepec cumple todos los requisitos para ser la estrecha “lengua de tierra,” y que otros cientos de hechos encajan en su lugar cuando se lleva esta teoría a sus conclusiones lógicas. Este es un modelo y una hipótesis para que la consideren otros especialistas mormones y no mormones. A diferencia de muchos de sus predecesores, el doctor Sorenson insiste en que este modelo no se debe considerar sacrosanto. Invita a h a c e r c o nsideraciones críticas a la ve z que corroborativas. ¿Cómo lo hace? Dicho en pocas palabras, hace más preguntas que da respuestas. No deja piedra por mover. Sopesa sus palabras meticulosa y cuidadosamente. En cada hoja le esperan al lector grandes sorpresas e ideas que merecen la pena. Hace preguntas como: “¿Quiénes eran esos pueblos, en términos arqueológicos?” “¿Qué apariencia pudieron haber tenido?” “¿Quiénes eran sus vecinos?” “¿Cuántos nefitas había allí?” “¿Cómo vivían, comían, hablaban, trabajaban y luchaban?” Luego encuentra respuestas plausibles para estas preguntas haciendo corresponder datos específicos fiables, provenientes de estudios arqueológicos y antropológicos sobre Mesoamérica, con todo el espectro de información cultural e histórica que se
  • 4. XII PROLOGO encuentra en el Libro de Mormón. Este enfoque es p a n o r á m i co y estim ulante; ve c osa s que , sencillamente, no se han visto antes. U n a b u ena pregunta vale tanto c omo me dia respuesta; sin embargo, una buena respuesta hace surgir todavía más preguntas. Este libro nunca ha caído en el error de pretender que una confirmación es una “prueba” definitiva. Lo más que puede conseguir un enfoque científico dentro de su terreno, como en cualquier otro, es lograr un grado de probabilidad. Está claro que este libro lo hace de manera plausible, aunque (ineludiblemente) todavía quedan preguntas. Así la dimensión religiosa queda “entre paréntesis”, por muy interesantes que resulten estos estudios para usos apologéticos. En su favor, John Sorenson es extremada y consistentemente consciente de estas limitaciones. Un Marco Geográfico para el Libro de Mormón en la Antigua América, escribe, por primera vez, la historia cultural y natural de Nefi en el contexto de la realidad del hemisferio americano. Aunque siempre puede que haya resistencia y controversia en torno al Libro de Mormón, aquí hay una invitación consistente para continuar las investigaciones y su comprensión. No se puede rechazar el libro como lo hace Fraser, con un manotazo de menosprecio. Leonard J. Arrington Truman G. Madsen John W. Welch
  • 5. Prefacio El conocimiento que contiene este libro habría tardado más tiempo en aparecer y tenido alguna otra forma sin la insistencia y ayuda de algunas personas en particular. Para 1974, yo llevaba veinticinco años trabajando en la relación entre el Libro de Mormón y los datos geográficos y culturales de Mesoamérica, pero me sentía poco proclive a imponer mis opiniones al público o a mis colegas. David A. Palmer me insistió por entonces para que preparara un escrito explicando y documentando mi opinión; se ofreció a hacerlo circular privadamente para que un grupo selecto lo analizara, junto a un artículo que adoptara una posición diferente. A partir del intercambio de comentarios, Palmer y otros se convencieron de que mi material debía conocerse mejor, así que persuadió a miembros del personal de varias oficinas de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Ultimos Días para que me escucharan. En el otoño de 1975 nos reunimos una tarde por semana, en Salt Lake City, y presenté con cierto detalle una versión de lo que está en este libro. Jay Todd, director administrativo de la Ensign, que participó en aquellas sesiones, me invitó a preparar una serie de artículos para la revista general de la Iglesia. El y su personal (principalmente Lavina F i e l d i n g A nderson y L ane Johnson) tr a ba ja r on extensamente para mejorar lo que yo producía. Sin la continua fe del director Todd en la importancia de nuestro proyecto, yo no habría persistido. Pero no fue sino hasta 1983 cuando nuestros intentos de que el material estuviera expresado en condiciones aceptables para su publicación en la Ensign llegaron a término sin éxito. Para entonces unas 1.500 fotocopias de una versión anterior del libro llevaban circulando entre XIII
  • 6. XIV PREFACIO personas que habían sabido de él por medio de sus amigos. Parecía claro que su publicación como libro satisfaría una amplia necesidad. L a F u n dación para la Inve stiga c ión de la Antigüedad y Estudios Mormones1 se decidió en 1983 a publicar el libro. John Welch y Kirk Magleby han sido acérrimos partidarios de esta decisión y han allanado considerablemente el camino. A otros hay que agradecer el haber puesto las bases para la entusiasta participación de la Compañía de Libros Deseret2 como editora junto a F.A.R.M.S. Sería imposible reconocer expresamente a todos los que debería dar gracias pero sobresalen algunos: George Reynolds por A Complete Concordance of the Book of Mormon3, una valiosa herramienta de trabajo; To m F e rg uson, por proporcionar me mi pr ime r a experiencia sobre el terreno en Mesoamérica; Hugh Nibley, por su ejemplo de paciencia e integridad que me impulsó a no cejar en esta tarea por otras menos i m p o r t a n t es; B en A lexander, que me e nse ñó la importancia de concebir lo inconcebible; mis amigos, que me han proporcionado el prefacio; los editores, incluyendo Don Norton y Jack Lyon, por obligarme a decir lo que yo quería expresar; Kathryn, mi mujer, que falleció posteriormente, porque nunca se quejó del tiempo que me costó; y a los arqueólogos, benditos sean, que siguieron excavando bajo condiciones absurdas en las que personas más racionales hubieran optado por la comodidad. Tom Peterson y Steve Gordon prepararon valiosos mapas, y Gary Gillum h i z o l o s índices. Si hay fallos e n e l libr o, son indudablemente debidos a mis propias limitaciones, no a las de otros. Naturalmente, las opiniones que se 1.-Foundation for Ancient Research and Mormon Studies (F.A.R.M.S.) (N. del T.). 2.-Deseret Book Company (N. del T.) 3.-”Una Concordancia Completa del Libro de Mormón”(N. del T.)
  • 7. PREFACIO XV expresan son estrictamente mías y no pretenden representar las de la Universidad de Brigham Young, donde yo trabajo, las de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Ultimos Días, la Fundación para la Investigación de la Antigüedad y Estudios Mormones ni las de la Compañía de Libros Deseret. Todas las ganancias por los derechos de autor de la v e n t a d e l libro irán a la Funda c ión pa r a la I n v e st i g a ción de la A ntigüedad y los Estudios Mormones, para que continúe su investigación de las escrituras.
  • 8. Introducción El Libro de Mormón formó parte de mi ambiente cultural general mientras crecía en el valle Caché en Utah, algo que se me había dado de manera tan incuestionada como las montañas que se encontraban al este de mi casa. Durante mis primeras clases universitarias (de ciencias), la guerra, y mi misión en Polinesia, todo lo cual me mantuvo ocupado la década de los cuarenta, el libro simplemente estaba allí, como punto de referencia y fuente de inspiración en la que tenía una incuestionable confianza. Ni entonces ni más adelante tuve que preguntar: ¿es este libro cierto? Nunca pedí apoyo externo para mi confirmación privada, de la cual ya disfrutaba. Cuando llegué a la Universidad de Brigham Young en 1949 con mi mujer y un hijo, había decidido sin ningún motivo racional dedicarme a los estudios arqueológicos. Durante los próximos tres años los profesores Jakeman, Nibley, y Sperry me hicieron entender que el Libro de Mormón no era sólo una fuente de información religiosa sino también un desafiante acertijo intelectual e histórico. Llegué a verlo como un documento tan sutil y complejo que prácticamente pedía ser analizado y entendido en diferentes términos. Mientras profundizaba mis conocimientos sobre arqueología, historia e idiomas, cientos de preguntas atrajeron mi atención, preguntas q u e l a s disciplinas académ icas que yo e sta ba comenzando a investigar prometían poder responder algún día. Los años que transcurrieron me condujeron a muchos otros intereses aunque continué fascinado por muchas de aquellas preguntas. Desde entonces, miles de días de detenida investigación han disciplinado mi inicial ingenuidad, pero no importa que otra cosa desvíe mi atención, siempre termino volviendo al XVI
  • 9. INTRODUCCION XVII mismo asunto, haciéndome eco del acertado consejo de Thoreau: “Haz lo que quieres, reconoce tu propio h u e so ; r óelo, entiérralo, desen tié r r a lo y sigue royéndolo.” El hueso que he estando royendo durante estos años ha sido “¿Cómo sucedieron los hechos que se narran en el Libro de Mormón?”. En vez de probar de alguna manera que esos hechos ocurrieron realmente, lo que me ha preocupado ha sido la complejidad de su historia: el intrincado proceso humano e histórico que es el telón de fondo de su mensaje espiritual principal. Y cada vez que volvía al relato una y otra vez, incluso después de décadas de investigación, encontraba que el libro ganaba en amplitud y profundidad de significado, al mismo tiempo que yo ganaba en perspectiva cultural e histórica sobre las vidas de las personas que el libro d e sc r i b e . E n resum en, he podid o obte ne r a lgún conocimiento del contexto que Brigham Young nos instó a conseguir respecto a las escrituras: ¿Leeís las escrituras, hermanos y hermanas, como si las hubierais escrito hace mil, dos mil, o cinco mil años? ¿Las leeís como si estuviérais en el lugar de los hombres que las escribieron? Si no os sentís así, tenéis el privilegio de hacerlo.” 4 Este tipo de conocimiento del contexto requiere más que el mero estudio del texto como escritura, ni es suficiente tampoco el estudio erudito de su geografía. Son necesarios ambos conjuntamente. Entender cómo eran los nefitas y jareditas, sus lugares d e a se n t a m iento, lo que comía la ge nte , c ómo pensaban, las fuerzas que moldearon su historia, nos ayuda a entender más claramente lo que dijeron sus profetas Algunos lectores del libro no parecen conceder importancia al conocimiento del contexto; otros lo consideran imposible. Para mí, la Biblia es un ejemplo 4.- John Widtsoe, ed., Discourses of Brigham Young (Salt Lake City: Deseret Book Co., 1941), pág. 128.
  • 10. XVIII INTRODUCCION en este aspecto. Los eruditos de la Biblia han aclarado ese texto de escritura; mostrando la interacción entre las influencias divinas y humanas y estableciendo la Biblia como un registro aún más profundo, porque está afianzada en una compleja realidad temporal, espacial y de comportamiento. Yo he intentado buscar lo mismo en Lehi, su pueblo y su libro. La tarea de establecer un marco geográfico real para el Libro de Mormón es enorme y desafiante. Las investigaciones de algunos santos de los últimos días y de otros durante los últimos 40 años han hecho posible que conozcamos bastantes detalles concretos sobre la Jerusalén desde la cual Lehi condujo a su familia; en nuestra imaginación ahora podemos seguir a su grupo a través de una hilera de campamentos a lo largo del Mar Rojo en la Península Arábiga y cruzar hacia una determinada “Tierra de Abundancia” en la costa de Hadhramaut.5 Pero desde el momento en que el grupo subió al barco de Nefi e inició su viaje hacia el Océano Indico perdemos esa sensación de solidez. Después de desembarcar en el Nuevo Mundo, se encuentran en “algún lugar” impreciso. Hasta hace poco, pasados 150 años desde que el registro nefita fue publicado por primera vez por José Smith, habíamos descuidado fijar la situación de una sola ciudad, identificar con se g u r i d a d aunque sólo sea una r uta por la que atravesara el pueblo del que trata el libro, o bosquejar una imagen creíble de cualquier porción de su vida en su tierra prometida de América. En varios aspectos, el Libro de Mormón sigue siendo un libro sellado para nosotros, porque no hemos trabajado lo necesario para situarlo en su marco geográfico. 5.- Lynn Hilton y Hope Hilton In Search of Lehi´s Trail (Salt Lake City: Deseret Book Co., 1976)
  • 11. INTRODUCCION XIX De hacer esto se derivarían principalmente dos ventajas. Primero, los mismos santos de los últimos días podrían comprender con mayor fuerza el mensaje de este libro de escritura, porque los acontecimientos y personajes resultarían más creíbles. Las vidas y palabras de sus principales protagonistas tendrían un impacto más vivo en nuestra conciencia si se pudiera sacar a esos individuos de esa tierra indefinida y representarles como personas de carne y hueso igual q u e n o so tros. S egundo, se podr ía tr a nsmitir la importancia del libro con mayor fuerza a otros, los cuales ahora se mantienen a distancia del Libro de Mormón, juzgando que le falta realidad y consistencia. La apatía de los Santos nos puede privar de ambos beneficios. Algunos de ellos dicen que realmente no necesitamos más explicaciones ni aclaraciones de una escritura que ya tenemos, que tenemos suficiente guía con el Espíritu. Estoy bien acompañado -por personas cómo José Smith o Brigham Young- en la creencia de que nuestros esfuerzos por esclarecer el significado de las escrituras pueden ayudar a los propósitos de Dios. Cuan irónico resultaría si los propios santos de los ú l t i m o s días rechazaran el ob te ne r má s luz y conocimiento sobre el registro nefita, en efecto, parafraseando 2 Nefi 29:6 así: “Un Libro de Mormón, tenemos un Libro de Mormón y no necesitamos saber nada más que la doctrina del Libro de Mormón.” ¿No deberíamos utilizar todos los medios a nuestro alcance para clarificar y ampliar este volumen de escritura para que su mensaje pueda alcanzar a toda persona, y especialmente a nosotros mismos, con el máximo impacto?. Necesito poner en claro algunas de mis intenciones y supuestos. El primer punto es que este trabajo no se compromete a probar la veracidad del Libro de Mo r m ó n . Mientras avanzamos ve r e mos que los sucesos y circunstancias que se encuentran en el libro tienen paralelo en muchos, y a menudo notables,
  • 12. XX INTRODUCCION aspectos que nos cuentan de la América Antigua nuestras fuentes arqueológicas e históricas. Pero no puede haber una prueba segura con estos paralelismos; u n a p o r c ión de ellos no po dr ía e sta ble c e r i n e q u í v o cam ente este libro como un a uté ntic o documento precolombino, ni el no conseguirlos lo refutaría. Hoy en día, la mayor parte de los filósofos están de acuerdo en que nunca se pueden obtener resultados definitivos por este método. Diversos lectores juzgaran de diferente modo los materiales y argumentos que se presentan más abajo. Aquellos que ya están inclinados a aceptar llegarán a la conclusión de que estos paralelismos constituyen una abrumadora evidencia de que el Libro de Mormón es un auténtico registro antiguo, mientras que mentes más escépticas a c h a c a r á n los mismos parale lismos a da tos equivocados, a una serie de malinterpretaciones por mi parte, o a una mera coincidencia. Repito que mi intención no es poner “a prueba” el Libro de Mormón llevándolo fingidamente al banquillo de la ciencia. No puede haber un Tribunal Supremo en este asunto. Cada individuo tiene que emitir su propio juicio. El propio libro insiste en que debe ser puesto a prueba por cada lector: “...quisiera exhortar a que preguntéis a Dios ... si no son verdaderas estas cosas; y ...él os manifestará la verdad de ellas por el poder del Espíritu Santo” (Moroni 10:4). ¿Presento yo entonces una hipótesis para que sea examinada científicamente? La idea misma resulta anticuada. Los científicos nunca harían este tipo de cosas de la manera fría y “objetiva” que a muchos profanos se les ha dado a entender, excepto, quizás, en algunos asuntos menores y sin interés. Nadie examina nunca “todas” las pruebas de ningún asunto porque hay mucho por descubrir o controlar. De cualquier modo l o s p r o p i o s sentim ientos y presuposic ione s de l investigador, especialmente en un asunto como éste, entran a formar parte de la manera de expresarlo, así
  • 13. INTRODUCCION XXI que la objetividad definitiva es del todo imposible. Mi tarea ha estado más cerca de lo que Michael Polanyi describe en su libro Personal Knowledge6. El sostiene, de forma persuasiva, que los intereses y convicciones de los investigadores dan forma poderosamente a toda investigación. Por supuesto que mis puntos de vista subjetivos acerca del Libro de Mormón y del área cultural con la que lo compararé han influido en lo que he escrito aquí. Sin un vivo interés en ambos, el área y e l l i b r o d e escritura, nunca habr ía inve r tido e l considerable esfuerzo que lleva incluso sólo hacer la comparación. “Un hombre no aprende a entender nada a menos que lo ame”, afirmó Goethe. Mi deseo de entender el libro y su emplazamiento geográfico inevitablemente da color a todo mi trabajo, afectando a ambos. Pero probablemente esto mismo es verdad en cualquier científico o erudito que trabaja en un problema complejo, tanto si se trata de desarrollar una nueva variedad de arroz o de reconstruir la historia de los judíos. 7 Pero los sentimientos fuertes no deben quitar mérito a una disciplinada investigación. La comprensión exige algo más que una celosa preocupación o incluso una extensa investigación. También requiere disciplina. Yo he intentado ser d i sc i p l i n ado en lo que respecta a los muc hos y relevantes hechos que he podido ir comprendiendo acerca de la geografía de Mesoamérica y del mismo v o l u m e n de escritura. H e renun c ia do a muc ha s atractivas preconcepciones a la vista de evidencias contrarias o de escasez de datos. Por otra parte, es 6.-”Conocimiento personal” (N. del T.). Michael Polanyi, Personal Knowledge: Towards a Post-Critical Philosophy (Chicago: University of Chicago Press, 1958). 7.- El profesor Cyrus Gordon, hace veinticinco años, señaló que la “energía y el vigor necesarios para dominar un conjunto complejo o fuentes difíciles” dependen de algún compromiso más allá de la abstracta ciencia o erudición. Introduction to Old Testament Times (Ventnor, New Jersey: Ventnor Publishers, 1953), p. v.
  • 14. XXII INTRODUCCION e se n c i a l un escepticismo salu da ble sobr e e l conocimiento de uno mismo. Yo soy escéptico de que alguna vez pueda llegar a comprender todo lo que determinado texto dice. Tengo aún más dudas de que n i y o m ism o ni otros podamos c ompr e nde r enteramente los hechos científicos e históricos que parecen incidir en el texto. A pesar de todas estas reservas, he llegado ya al punto donde parece que merece la pena compartir con otros lo que sé. Concretamente, he desarrollado un cuadro o modelo de cómo se desarrollaron los hechos que se describen en el Libro de Mormón. Este es un modelo plausible. Esto significa que el emplazamiento geográfico que se describe podría ser razonable tal como yo lo represento. Este modelo funciona como una pequeña réplica de un aeroplano o una máquina de vapor, en el sentido de que unidas las partes, encajan, explicando punto por punto aspectos del Libro de Mormón que de otro modo parecerían inexplicables. Algunas personas comentan: “Pero no puede estar seguro, todo lo que tiene es una teoría, ¿no es así?” Bien, si aparece una persona con, digamos, un nuevo m o d e l o de “m aquina voladora,” la ma yor ía de nosotros, sabiamente, pediríamos una demostración. Una vez que hubiéramos visto al aparato despegar, dar varias vueltas y aterrizar con seguridad, y después de haberle hecho, nosotros mismos, dar varias vueltas con éxito, lo tomaríamos en serio. Llamen a esto teoría si quieren, pero si mi modelo funciona -el modelo de cómo los hechos que relata el Libro de Mormón ocurrieron en un determinado tiempo y lugar en la América antigua- cualquier persona debería tomarlo en serio. De esta manera el resto de este libro presenta un sistema coherente y plausible de interpretación del Libro de Mormón en términos geográficos, históricos y culturales específicos.
  • 15. INTRODUCCION XXIII ¿Estoy satisfecho con los resultados, después de tantos años de estudiar este tema? No, todavía quedan muchas preguntas; cualquier persona debería estar deseosa de corregir la debilidad de sus puntos de vista una vez que le son señalados. Ciertamente estoy a n si o so d e hacerlo. A la larga, sólo la ve r da d permanece. Este libro en particular está escrito principalmente para un público: aquellos que están deseosos de aprender más verdad acerca del Libro de Mormón y la América Precolombina. Mi selección del material y mi presentación están pensadas para ayudar a estos lectores a seguir adelante con la tarea. He edificado sobre la base del trabajo de muchos en el pasado, cuyos esfuerzos yo respeto. Mi experiencia personal en cuanto a las disciplinas que tratan de la vida en la antigüedad me confirma que la motivación de los que trabajan en estos campos es la búsqueda de la verdad. Los Santos de los Ultimos Días que han estudiado las escrituras han realizado también contribuciones vitales. Reconozco con gratitud ambas fuentes. Las extensas notas a pie de página son, en parte, un tributo a algunos de los que me han precedido. Estas mismas son también una guía para aquellos que continuarán con nuevas investigaciones, corrigiendo mis errores e i g n o r a n c ia. P uede que m uchos e n la pr óxima g e n e r a c i ón, exploren detenidame nte lo que se encuentra al otro lado de las puertas que yo solamente h e e n t r eabierto. A dem ás estos a pa siona dos investigadores y potenciales colaboradores quizás sean personas reacias, curiosas, o críticas que desean también leerlo todo. Son bienvenidos, pero este mensaje es principalmente para los apasionadamente ambiciosos. Más adelante se citan con frecuencia capítulos y versículos del Libro de Mormón. El no leer estos v e r sí c u l os nos inducirá a per de r impor ta nte información, sin embargo el que yo cite todos los
  • 16. XXIV INTRODUCCION versículos que están relacionados podría ser una pesada carga para el lector. Lo que se proporciona si r v e , a l menos, com o punto d e pa r tida pa r a e l investigador que quiera saber más. Lo mismo se aplica a la literatura técnica citada. Todo lo que intento hacer es proporcionar puntos tanto en las fuentes escriturales como en las profesionales, a partir de las que una persona puede comenzar a leer más, sin agotar las referencias. Y si un tema se trata superficialmente en e l t e x t o , no significa que no fue r a te nta dor un tratamiento más completo. Pero todos debemos enfrentarnos con los mismos problemas, como se lamentaba Herman Melville: "¡Oh, tiempo, dinero y paciencia!”.
  • 17. 1 Trazando el Mapa del Libro de Mormón De forma preliminar a nuestra investigación, debemos establecer donde se desarrollaron los hechos del Libro de Mormón dentro del hemisferio occidental. D e b e r í a mos saber si ocuparon la tota lida d de l continente americano. Si el escenario fue un territorio r e st r i n g i do, entonces este hec ho e s e se nc ia l. Equivocarnos en la geografía nos envolvería en un conjunto de errores en cadena que inevitablemente harían fracasar cualquier conclusión que sacáramos. Si nosotros no supiéramos dónde, y naturalmente cuándo, encontrar datos comparativos, podríamos también tratar de dar luz al Libro de Mormón asumiendo su emplazamiento en España o en Siberia. ¿Un mapa autorizado? Algunos Santos de los Ultimos Días se enfrentan a problemas como el de la geografía del Libro de Mormón recurriendo automáticamente a los líderes de la Iglesia para encontrar respuestas. Parece apropiado, entonces, comenzar preguntandonos si la geografía del Libro de Mormón ha sido determinada por estos líderes o no. Las fuentes históricas no nos indican que entre las instrucciones que Moroni dio a José Smith se incluyera la geografía, ni tampoco José Smith declaró tener inspiración sobre el asunto. Las ideas que él expresó más tarde, acerca de la localización de los hechos de los que se habla en el libro, aparentemente reflejaban lo mejor de su opinión personal. Lo que parece la primera interpretación consensuada de la geografía del 1
  • 18. 2 UN MARCO GEOGRAFICO Libro de Mormón de él y de sus asociados era amplia: la tierra del sur era la totalidad de América del Sur, la tierra del norte, el continente norteamericano. Un indicador de esto es un registro manuscrito de 1836 de Frederick G. Williams, que atribuye a José Smith la d e c l a r a c i ó n de que: “L ehi y su tr ipula c ión desembarcaron en el continente sudamericano, en Chile, a treinta grados de latitud sur.”1 Líderes de la Iglesia como B. H. Roberts y John A. Widtsoe, ambos críticos prudentes, vacilaron al aceptar el origen de la declaración del profeta,2 sin embargo ciertamente no sería sorprendente que el profeta haya sostenido alguna vez este punto de vista, ya que otros primeros miembros parecen haberlo creído.3 (Williams dijo más tarde que la declaración sobre Chile le fue hecha a él por un ángel en vez de por José Smith.)4 En vista del hecho de que, con el tiempo, las ideas del Profeta sobre otros temas maduraron, sus ideas sobre la g e o g r a f í a del L ibro de Morm ó n podr ía n ha be r experimentado un cambio. En 1842, un editorial en el periódico de la Iglesia Times and Seasons (del 15 de septiembre, páginas 921-22) afirmaba que “Lehi... desembarcó un poco más al Sur del Istmo de Darién (Panamá).” José Smith había asumido seis meses antes ( p á g . 7 1 0 ) la responsabilidad e xc lusiva por e l contenido del periódico, a pesar de que el editor oficial 1.- Franklin D. Richards y James A. Little, eds., Compendium (Salt Lake City: Deseret News Press, 1886), p. 289. 2.- Brigham H. Roberts, New Witnesses for God, vol. 3 The Book of Mormon, vol. 3 (Salt Lake City: Deseret News Press, 1926), pp. 501-3; John Widtsoe, “Is the Book of Mormon Geography Known?” en A Book of Mormon Treasury: Selections from the Pages of the Improvement Era (Salt Lake City: Bookcraft, 1959), pp. 128-29. 3.- Por ejemplo, la declaración de Oliverio Cowdery en Francis W. Kirkham, A New Witness for Christ in America: The Book of Mormon (Independence Missouri: Zion´s Printing and Publising Co., 1942), p. 93. 4.- Nancy C. Williams, Meet Dr. Frederick Granger Williams ... After One Hundred Years (Independence, Missouri: Zion´s Printing and Publishing Co., 1951), pp.101-3.
  • 19. TRAZANDO EL MAPA 3 e r a Jo h n Taylor. E l lugar que se me nc iona e s, naturalmente, alrededor de tres mil millas al norte del punto de Chile que menciona la cita de Williams. En el plazo de pocas semanas apareció otro artículo sobre geografía en el periódico. Un notable “bestseller” de aquel tiempo era el libro de John Lloyd Stephens Incidents of Travel in Central America, Chiapas and Yucatán, 5 publicado en 1841. En el número de septiembre de 1842 se hizo una reseña e n t u si a st a del libro de S tephens, c on e xte nsos extractos del fascinante relato, que describía las maravillas de las ruinas mayas, por primera vez en una fuente de lengua inglesa fácilmente accesible. Al comentar el primer extracto, el anónimo escritor afirmó que los nefitas “vivieron alrededor de la e st r e c h a franja de tierra, que a hor a a ba r c a C e n t r o a m érica, con todas las c iuda de s que se encuentran allí” (pág. 915). Dos semanas después el escritor llegaba a una nueva conclusión: Desde que nuestro “Extracto” del libro “Incidentes de viaje” etc. del señor Stephens fue publicado, hemos encontrado otro hecho importante relacionado con la veracidad del Libro de Mormón. América Central, o Guatemala, está situada al norte del Istmo de Darién y en otro tiempo abarcaba varios cientos de millas de territorio de norte a sur. La ciudad de Zarahemla, incendiada en el tiempo de la crucifixión del Salvador, y reconstruida más adelante, se encontraba en esta tierra. El autor del artículo añadió, con frases pintorescas pero con cautela digna de elogio, 5.- Incidentes de viaje por Centroamérica, Chiapas y Yucatán. (N. del T.)
  • 20. 4 UN MARCO GEOGRAFICO No vamos a declarar categóricamente que las ruinas de Quirigua (en Guatemala) son las de Zarahemla, pero cuando la tierra, y las piedras, y los libros narran la historia tan claramente, somos de la opinión, de que se requerirían más pruebas de las que los judíos podían aportar para probar que los discípulos robaron el cuerpo de Jesús de la tumba, para demostrar que las ruinas de la ciudad que nos ocupa no son las que se mencionan en el Libro de Mormón. No tenemos seguridad de que las declaraciones del periódico fueran hechas por José Smith aunque él tenía la responsabilidad editorial del mismo. Ni tampoco podemos estar seguros mediante otra fuente de la conclusión a la que llegó sobre el asunto. Tanto si el profeta personalmente creyó que las tierras nefitas se encontraban en Centroamérica o no, los líderes que se asociaban diariamente con él sintieron que esta era la mejor contestación a la pregunta “¿dónde?”. Incluso podría ser más importante para los Santos de los Ultimos Días darse cuenta de que ellos la consideraban como una pregunta abierta, para ser meditada e investigada, y ellos complementaban su estudio de las escrituras con los mejores recursos del limitado saber se c u l a r q u e les era accesible en a que l tie mpo. Veintitrés meses después de las afirmaciones del Times and Seasons, murieron José Smith y su hermano Hyrum. Los sucesos que se acumularon durante este agitado periodo anterior al martirio del profeta, le dejaron escaso tiempo libre para estudios de geografía. Sin embargo, una afirmación de Orson Pratt, de 1848, demuestra la continuidad de las ideas expresadas por el Times and Seasons seis años antes. Los nefitas, dijo Pratt, “habitaron las ciudades del Yucatán durante el tiempo en que fueron atacados y expulsados de la tierra del sur”, 6 obviamente esto excluye a Panamá como “la estrecha franja de tierra”. 6.- Millennial Star 10 (15 de Noviembre 1848): 347.
  • 21. TRAZANDO EL MAPA 5 L a p r e ocupación principal de la siguie nte generación de Santos fue simplemente sobrevivir. Cuando más adelante, durante el siglo XIX, se reavivó el interés por la geografía del Libro de Mormón, los líderes de la Iglesia tuvieron cuidado de no dejar que se produjeran divisiones entre los Santos por esta cuestión o que las opiniones se convirtieran en dogmas. El Elder George Q. Cannon, una de las fuerzas intelectuales de aquel tiempo en la Iglesia, dijo en 1890: Existe la tendencia, que se manifiesta con fuerza en estos momentos entre algunos hermanos, de estudiar la geografía del Libro de Mormón. ... Se pide a menudo a los hermanos que dan discursos sobre las tierras de los nefitas que preparen sugerentes mapas ilustrativos de la geografía nefita, pero nunca deberían haber consentido en hacerlos. Tampoco sabemos de ningún apóstol que quisiera emprender tal labor. La razón es que, sin más información de la que tienen, no están preparados ni siquiera para sugerir [una solución]. 7 El presidente Joseph F. Smith, el presidente de los setenta Anthony W. Ivins, y el apóstol John A. Widtsoe se encontraban entre las autoridades que más tarde afirmaron que la Iglesia no adoptaba ninguna posición sobre las localizaciones específicas del Libro de Mormón. El presidente Smith, por ejemplo, cuando se le pidió aprobar un mapa “mostrando el lugar exacto donde Lehi y su tripulación desembarcaron,” se negó a hacerlo, alegando que el “Señor todavía no lo ha revelado.”8 Elder Ivins advirtió en 1929, “Todavía no se h a a n u nciado nada definitivo que r e sue lva definitivamente la cuestión [de la geografía del Libro de Mormón]. Así que la Iglesia dice, sí, estamos simplemente esperando a descubrir la verdad.” 9 Esta 7.- Juvenile Instructor 25 (Enero de 1890): 18-19. 8.- The Instructor 73 (Abril de 1938): 160. 9.- Informe de la Conferencia de Abril de 1929 (Salt Lake City: La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Ultimos Días, 1929), pp. 15-66.
  • 22. 6 UN MARCO GEOGRAFICO cautela ha sido la trayectoria que se ha seguido consecuentemente desde entonces, dejando libertad para que los individuos estudien y examinen el tema sin poner a las autoridades en el compromiso de tener que defender o refutar el punto de vista personal de alguien. Incluso en un resumen tan breve como éste, queda claro que las autoridades de la Iglesia desde la época de José Smith hasta ahora no han llegado a ningún c o n se n so , no han hecho ninguna de c la r a c ión autorizada, ni han informado de ninguna solución definitiva a la cuestión de la geografía de Libro de Mormón. Sin embargo, nunca les ha parecido un problema insoluble, sólo difícil. Elder Widtsoe pensaba que “a fuerza de un estudio diligente, con oración, podemos llegar a comprender mejor la época y los lugares de las personas que se mueven a través de las páginas del divino Libro de Mormón.” 10 No, las autoridades de la Iglesia no nos han resuelto ninguno d e l o s p roblem as más im porta nte s sobr e e l emplazamiento geográfico del Libro de Mormón. Debemos buscar las respuestas en algún otro lugar. ¿Qué Dice el Libro? E l p r i mer lugar donde d e be mos busc a r conocimiento sobre el contexto del Libro de Mormón es el propio libro. Recurrir al original es la base de todo conocimiento sólido cuando alguien trabaja con un texto antiguo. Un renombrado experto en tierras bíblicas y del Antiguo Testamento lo dice de este modo: “No se puede nunca enfatizar demasiado el que los descubrimientos arqueológicos tienden a justificar el significado literal del texto contra [cualquier otra] interpretación erudita y tradicional. Esto no sólo es válido para la Biblia, sino para todos los textos antiguos en general.”11 10.- Witdsoe, “Book of Mormon Geography,” pág. 130. 11.- Cyrus Gordon, Introduction to Old Testament Times (Ventor, New Jersey: Ventnor Publishers, 1953) pág. 107.
  • 23. TRAZANDO EL MAPA 7 Pero ¿se encuentra suficiente información para mostrar una imagen coherente y digna de confianza en el mismo libro? Algunos Santos de los Ultimos Días han escudriñado las claves que el Libro de Mormón proporciona sobre geografía y han elaborado varios mapas mostrando lo que ellos consideran que son las conexiones entre las tierras y ciudades mencionadas. Decir que han llegado a conclusiones variadas, es una expresión exageradamente moderada. En efecto, nosotros debemos elaborar un mapa semejantesistemática y extensamente. De cada afirmación del libro debemos extraer toda la información importante, y debemos hacerla encajar toda sin contradicciones. A pesar de sus contribuciones, todos los mapas anteriores han sido incompletos y poco consistentes al tratar la i n f o r m a c ión im portante del L ibr o de Mor món. Ninguno es totalmente digno de confianza. Construir un mapa que sea internamente coherente no es mas que el primer paso. Seguidamente debemos hacer que correspondan las tierras y ríos del Libro de Mormón con lugares existentes, lugar por lugar, tal como lo han hecho los expertos en lo que respecta a gran cantidad de la información que se encuentra en la Bi b l i a . S i no fuera por eso, los suc e sos que se encuentran en el libro permanecerían en un limbo geográfico; y nosotros tendríamos sólo un mapa simulado. Nuestra primera tarea consiste en analizar las características esenciales de las tierras descritas en el libro. Esto determinará un conjunto de requisitos. Cualquier área de las Américas que se proponga como la localización de los sucesos del Libro de Mormón d e b e e n c a jar con estos criterios o si no se la considerará equivocada. Mientras comparamos los requisitos con porciones del mapa actual del mundo, debemos eliminar de nuestra consideración todos los territorios que estén en conflicto con lo que se requiere. Es concebible que pudiéramos terminar sin la
  • 24. 8 UN MARCO GEOGRAFICO información suficiente para identificar con seguridad algún lugar como el área donde tuvieron lugar los acontecimientos del Libro de Mormón. Sin embargo, prosigamos. El requisito más obvio, que es la configuración, tiene que ver con el bosquejo básico del Libro de Mormón. Pronto nos enteramos de que una “estrecha lengua de tierra” o istmo separaba la “tierra del norte” de la “tierra del sur”, con forma, a rasgos generales, de reloj de arena. (Ver el mapa 1). Alma 22:32 nos dice que la tierra del sur estaba “ c a si r o d e ada de agua,” pero no ha c e ninguna declaración clara acerca de la relación de la tierra del n o r t e c o n sus m ares adyacentes. Ta l y c omo la concebían los nefitas, la tierra del sur estaba dividida principalmente en dos: la tierra de Nefi más al sur, y hacia norte de ésta la tierra de Zarahemla, la cual se extendía tanto que casi llegaba hasta la lengua de tierra. La porción sur del istmo se denominaba tierra de Abundancia. Directamente al norte de la tierra de Abundancia, en la estrecha franja de tierra, estaba la tierra de Desolación. No lejos, al norte de Desolación, se e n c o n traba la primera zona pr inc ipa l de asentamiento jaredita, la tierra de Morón (Eter 7:6). Al norte de Desolación, a lo largo de la costa oriental yacía una tierra cubierta de agua (Alma 50:29; Eter 15:8-11). Al norte de Morón y al sur de Nefi, la situación permanece nebulosa; pero en medio de todo esto, el conjunto de estas conexiones _ tierra del norte/istmo/tierra de Zarahemla/tierra de Nefi _ están más allá de toda discusión.
  • 25. FORMA DE RELOJ DE ARENA DE LAS TIERRAS DEL LIBRO DE MORMON
  • 26. 10 UN MARCO GEOGRAFICO Dimensiones ¿Qué largo y ancho tenían estas tierras? La forma de reloj de arena podría, después de todo, encajar tanto con todo el hemisferio occidental como con una porción relativamente pequeña del mismo. Es vital establecer la extensión del territorio donde tuvieron lugar los hechos narrados en las escrituras. Para determinar sus dimensiones, la información crucial que se encuentra en el texto es cuánto tiempo les llevaba a las personas trasladarse de una parte a otra. Consideremos la distancia entre la ciudad de Nefi y la de Zarahemla. El grupo de misioneros que dirigió Amón, intentando llegar hasta la tierra de Nefi, “no sabían el rumbo que debían seguir en el desierto para ir a la tierra de Lehi-Nefi”; por tanto encontraron el lugar después de 40 días de viaje (Mosíah 7:4). El viaje de Alma y sus conversos nos es de más ayuda, ya que recorrieron prácticamente el mismo camino en sentido contrario. Salieron de las aguas de Mormón, que probablemente no se encontraba a más de dos días de la ciudad de Nefi, y lograron llegar a Zarahemla en 21 días (Mosíah 18:1-7; 23:1-3; 24:20; 25). El grupo incluía mujeres, niños y “rebaños.” ¿Cuán rápido pudieron haber viajado? Los pioneros mormones, conduciendo yuntas de bueyes a través del llano territorio de Nebraska, hacían un promedio de 10 a 11 millas por día. En Guatemala les lleva a los porquerizos ocho días conducir una p i a r a d e cerdos 90 millas a tr a vé s de te r r e no montañoso, hasta llegar al mercado (una media de poco más de 11 millas por día). 12 Otros grupos de viajeros no lo hacen ni siquiera tan rápido. R.E.W. Adams, un arqueólogo que ha trabajado en Guatemala, 12.- R. E. W. Adams, “The Ceramic Chronology of the Southern Maya.” Segundo informe preliminar de la Fundación para las Ciencias Nacionales, Grant GS 610, Universidad de Minnesota, duplicado en Minneapolis, 1966, pág. 5.
  • 27. TRAZANDO EL MAPA 11 informa que a los viajeros que van en viaje comercial de rutina, atravesar los senderos y corrientes de la j u n g l a d e sde el valle de C otzal ha sta Pe té n aproximadamente 120 millas de distancia por aire -les cuesta 19 días o más, haciendo una media de poco más de 6 millas por día. Gran parte del camino se hace en piragua río abajo. Además, una persona puede recorrer en seis horas, andando por esa zona, una distancia que le llevaría siete a caballo. Si lleva animales consigo, el tiempo se alarga hasta diez horas.13 Otros viajeros son mucho más rápidos. R. F. Heizer informa que en el siglo XIX en California, pequeños grupos de indios Mohave podían recorrer cerca de 100 millas al día, en algunas ocasiones sin comida ni agua durante días. Hace aproximadamente 75 años, un indio tuvo fama de haber hecho un viaje de 100 millas y regresar después de descansar solamente unas pocas horas. En el caso de los indios Mohave 14 no era excepcional hacer un promedio de seis millas por hora, no por día. El padre Sahagún escribió acerca de un pueblo mejicano pre-hispánico: “Los Toltecas eran altos, con el cuerpo más grande que los que viven a c t u a l m e n te; por esta razón le s lla ma ba n los tlanquacemilhuique que significa que podían correr el día entero sin cansarse.”15 Durante los traslados de los Toltecas, descritos en las crónicas mejicanas, en marchas desde el amanecer hasta la puesta del sol, sin animales, hacían una media de seis leguas, entre 15 y 24 millas.16 13.- Ibid. 14.- Robert F. Heizer, “Physical Capabilities of the Capabilities of the California Indians,” Masterkey 45 (1971): 109-13. 15.- Bernardino de Sahagún, Historia de las cosas de Nueva España (México: Editorial Nueva España, 1946), pág. 281. 16.- Mariano Veytia, Historia antigua de México, vol 1 (México Leyendia, 1944), pág. 152; Fernando de Alva Ixtlilxochitl, Obras históricas, vol. 1 (México: Editora Nacional, 1952) pág. 24.
  • 28. 12 UN MARCO GEOGRAFICO Otros datos sobre la velocidad de los viajes entran dentro de estas escalas establecidas. Existe una amplia gama de posibilidades, dependiendo del terreno, de cómo estaban de acostumbradas las personas a viajar, o de si se trataba de un simple mensajero, de todo un p u e b l o o de un ejercito los que se ha lla ba n involucrados. Si asumimos que el grupo de Alma y sus animales fueron a velocidad normal, es plausible que hayan viajado a razón de unos once millas por día. Desde las aguas de Mormón, de donde partió el grupo de Alma, Zarahemla estaría a 21 días o a 231 millas de viaje real haciendo 11 millas por día. Helam, la tierra a la que huyó Alma, parece haber estado fuera de la ruta principal, lo cual podría haber resultado un poco más corto (viajeros posteriores no pasaron por Helam; comparar Mosíah 23:30, 35). Además el texto deja claro que parte del viaje se hizo atravesando un yermo montañoso (donde se encontraba la cabecera del río Sidón; Alma 16:6; 22:27; 27:14), por una retorcida ruta con la que no estaban familiarizados Alma y su gente. El lugar denominado las aguas de Mormón estaba a un par de días de la ciudad de Nefi (Mosíah 18:4-7, 30-34; 23:21). Así que la cantidad real de millas del sendero o camino entre Zarahemla y Nefi, las dos ciudades predominantes en este temprano periodo de la historia, debe de haber sido del orden de 250 millas, asumiendo un ritmo de velocidad de 11 millas por día. Considerando las vueltas y curvas de una ruta verdadera, que sería probablemente la seguida en semejante terreno, la distancia en línea recta se aproximaría más a 180 millas. (Ver el mapa 2) Usando la distancia entre Nefi y Zarahemla como modelo tentativo, podemos calcular las distancias que había entre otros lugares. Moroni dijo que la ciudad de Zarahemla era el “corazón” o “centro” de la tierra de Zarahemla (Alma 60:1, 19, 22; Helamán 1:17-18, 2223). Sin embargo, Zarahemla no estaba lejos del límite
  • 29. TRAZANDO EL MAPA 13 de las tierras lamanitas. Un tal Coriantumr condujo un ejercito lamanita descendiendo por la tierra de Nefi directamente hacia Zarahemla, “y su marcha fue tan sumamente rápida, que no hubo tiempo de que los nefitas reunieran sus ejércitos” (Helamán 1:19). Si la distancia entre las fronteras del asentamiento nefita y su ciudad principal hubiera sido muy grande, los nefitas habrían recibido alguna advertencia de la fuerza que se aproximaba. Antes de esto, otro ejercito lamanita, procedente de Nefi, irrumpió en escena cerca de Zarahemla con sólo escaso aviso (Alma 2:23-25). Aparece una corroboración de esto en el relato del rey Mosíah, quien, años antes, condujo a su gente fuera de la tierra de Nefi; parece ser que ellos “llegaron a la tierra...” e incluso a la ciudad de Zarahemla, más bien precipitadamente (Omni 1:13-14). Estos hechos sugieren que la ciudad de Zarahemla puede haber estado en algún lugar al sur del centro geográfico del país, a pesar de que conceptualmente estaba en “el corazón” del mismo. H a y o t ra razón para pensar que la c iuda d de Zarahemla podía no haber estado exactamente en el centro de la tierra de Zarahemla. Al norte de la ciudad, entre Zarahemla y Abundancia, la cuál estaba aún más al norte, (Helamán 1:27-28), se encontraban “las partes principales de la tierra.” Esta importante zona parece haber estado a lo largo del río Sidón, el cual fluía al norte de la tierra de Zarahemla (Alma 22:27-33; 2:15). Con el área más importante de asentamiento situada corriente abajo desde Zarahemla, nos da la impresión de que la ciudad principal estaba más cerca de las fronteras lamanitas que de donde se concentraba la población de la gran tierra de Zarahemla. Más tarde, pero todavía antes de Jesucristo, una continua franja de tierra yerma separaba la Zarahemla nefita del territorio lamanita. Además, por lo menos durante los sucesos que relatan los libros de Mosíah y Alma, la ciudad de Nefi (también llamada Lehi-Nefi)
  • 30. 1 El viaje de Omer a Ablom ("muchos días") 2 El de Nefíah a Moroni (un día largo) 3 Los exploradores de Limhi ("muchos días" perdidos por el desierto) 4 El grupo de Alma 5 La huida de Nefi ("muchos días en un territorio inexplorado) 6 El grupo de Ammón (40 días) LOS VIAJES QUE NOS INDICAN LAS DISTANCIAS
  • 31. TRAZANDO EL MAPA 15 se encontraba a alguna distancia de “la estrecha franja de yermo” propiamente dicha. En el lado lamanita de l a z o n a fronteriza parece ser que un e spa c io considerable de yermo separaba la ciudad de Nefi de la franja de transición. Una cantidad considerable de búsquedas de tierras perdidas, avances y retrocesos de los enemigos, y viajes en el yermo tuvieron lugar en este extenso territorio. (Ver, por ejemplo, Mosíah 19:911, 18, 23, 28; 23:1-4, 25-31, 35; Alma 17:8-9, 13; 23:14, a la luz de los versículos 9-12; 24:1.) No se hace ninguna mención de si alguna vez se hizo un viaje hacia el sur de la ciudad de Nefi, así que debe de haber estado cerca del límite sur o de lo que los nefitas reconocían como la gran tierra de Nefi (Alma 22:28). Si tomamos todas estas consideraciones en cuenta, parece razonable dividir nuestras cifras tentativas sobre la cantidad de millas de esta manera: del orden de 180 millas en línea recta separaban la ciudad de Nefi de la de Zarahemla; había alrededor de 100 millas de distancia desde Nefi hasta el punto medio de la “angosta faja de terreno desierto” (Alma 22:27); luego, eran 80 millas desde este punto bajando hasta la m i sm a c i u dad de Z arahemla. Aunque sólo son estimaciones, estas distancias y relaciones se derivan cuidadosa y fielmente de los anales nefitas tal y cómo lo permite nuestra información actual. Al norte, más allá de las fronteras de la tierra de Zarahemla, se encontraba una tierra sin nombre, la “tierra que estaba entre la tierra de Zarahemla y la tierra de Abundancia.” El lugar sólo se menciona en 3 Nefi 3:23. (La línea que contiene estas palabras se o m i t e d e l texto im preso duran te muc hos a ños, aparentemente por un error del impresor, pero se repuso en la edición de 1981 del Libro de Mormón en inglés.17) La tierra de Abundancia, en conjunto, parece 17.-Stan Larson, “Change in Early Texts of the Book of Mormon,” Ensign 7 (Septiembre de 1976), pp. 28-33. Estas palabras todavía no están en la traducción al castellano. (N. del T.)
  • 32. 16 UN MARCO GEOGRAFICO haber sido bastante estrecha, ya que Alma 22:31-33 la describe más que nada como una zona que se extendía a través de la estrecha lengua de tierra. No se dice mucho más acerca de ella. ¿A cuánta distancia se encontraba Zarahemla de Abundancia? Si la primera se encontraba ligeramente al sur del centro geográfico, como se ha razonado anteriormente, podría haber alrededor de 100 millas desde la ciudad de Zarahemla hasta la frontera norte de una tierra más extensa que la que se denominaba Zarahemla en los días de Alma (Alma 5:1; 6:7; 8:1-3, 6, 11-12; 16:1-15; 28:1). Si añadimos la tierra sin nombre, “la tierra entre la tierra de Zarahemla y la tierra de Abundancia”, y también la estrecha tierra de Abundancia, 80 millas más, debía de haber una amplia distancia desde el límite norte a la tierra del sur. Más allá se extendía la tierra de Desolación, en la tierra del norte, de la cual hablaremos más adelante. Repasemos estas distancias. La “tierra de la primera herencia” estaría en el límite del extremo sur, pero no podemos estar seguros de su relación con Nefi o sus alrededores, excepto de que la primera era una región costera y la otra un territorio elevado. Nuestro primer punto claro de referencia, entonces, es la ciudad de Nefi. El siguiente es una extensión situada a 100 millas del punto desde el que se inicia la influencia nefita. Unos 80 millas adicionales nos llevan a la misma ciudad de Zarahemla. Alrededor de 100 millas al norte de Zarahemla estaba el límite de la tierra que era controlada directamente por la ciudad durante el reinado del último rey (Alma capítulos 5-15) y que continuó por mucho tiempo después como una unidad geográfica real (3 Nefi 3:23). Ochenta millas más cubren la extensión unida de la “tierra intermedia” y Abundancia. Así que la longitud total de la tierra del sur, donde tuvo lugar la mayor parte de la historia que narra el Libro de Mormón, no debía de ser ni más ni menos que de 360 millas.
  • 33. TRAZANDO EL MAPA 17 Pudiera ser de ayuda, acostumbrados como estamos a grandes distancias que podemos recorrer por aire y automóvil, que recordáramos que Palestina, desde Dan hasta Beersheba, tenía sólo 150 millas de largo y menos de la mitad de ancho; a pesar de esto el 95 por ciento de los hechos mencionados en el Antiguo Testamento tuvieron lugar dentro de ese reducido espacio. Desde esta perspectiva, la extensión estimada a la que hemos llegado del escenario nefita parece razonable. Naturalmente, posteriores indicaciones del Libro de Mormón nos ayudan a confirmar estas dimensiones. En la historia del grupo de exploración del rey Limhi se encuentra una comprobación vital de la extensión del conjunto de estas tierras. Gobernando sobre un grupo sometido a servidumbre en la tierra de Nefi, Limhi mandó exploradores a encontrar Zarahemla, de la cual sus antepasados habían venido casi 50 años antes (Mosíah 8:7-8). Sus mensajeros iban a pedir a la gente de Zarahemla que les ayudaran a librarse del y u g o l a m anita. D esafortunadame nte , de a lguna manera, esta ruta sobrepasó Zarahemla, y atravesaron la “estrecha lengua de tierra”, sin ni siquiera darse cuenta, y les llevó al lugar donde había tenido lugar la batalla final de una población anterior, los jareditas. Allí encontraron ruinas y un conjunto de 24 planchas dejadas por el último profeta jaredita, Eter (Eter 15:33; Mosíah 21:25-27). Con tristeza, los exploradores volvieron a su tierra, a Nefi, para informar a Limhi, e q u i v o c a dam ente, de que los re stos que ha bía n encontrado debían de ser los de Zarahemla destruida. El grupo de exploración sabría aproximadamente c u á n t o l e s había llevado a sus pa dr e s via ja r de Zarahemla a Nefi, tan sólo dos generaciones atrás, así que cuando ellos viajaron, digamos, el doble de la distancia normal, hasta Zarahemla, se debieron de h a b e r p r e guntado acerca de su posic ión y probablemente no habrían ido mucho más lejos.
  • 34. 18 UN MARCO GEOGRAFICO De Nefi a Zarahemla, en línea recta, había 180 millas. El doble de la distancia que les habría llevado hasta la “línea” (Alma 22:32, lógicamente un río) que separaba Abundancia de Desolación, el comienzo de la tierra del norte. A semejante distancia de casa debían de haber pensado en volver. Seguramente hombres tan diligentes como los que el rey habría mandado no habrían seguido mucho más allá. Así que no es razonable que el campo de batalla de los jareditas, donde terminaron los exploradores de Limhi, hubiera estado, dentro de la tierra del norte, a más de 100 millas desde la “línea” en el istmo. (Ver mapa 2.) L a c o l ina de R am ah, donde los ja r e dita s se autodestruyeron, era la misma colina que la Cumorah nefita (Eter 15:11). Todo este asunto nos dice pues, que es improbable que la distancia total de la ciudad de Nefi al último campo de batalla en Ramah o Cumorah fuera de más de 450, o quizás 500, millas. Tengan presente que estas cifras son estimaciones razonables de acuerdo con las afirmaciones de las escrituras; no se pueden determinar distancias más exactas. De todos modos, cualquier incremento de las dimensiones, haría más difícil de sostener la historia d e l o s e x ploradores de L im h i. La c olina de Ramah/Cumorah parece entonces, haber estado 100 millas al interior de la estrecha lengua de tierra, y esto concuerda con que los nefitas llamaran “Desolación” a la porción que estaba más al sur de la tierra del norte, la cual incluía el último campo de batalla, salpicado de huesos y armas oxidadas (Alma 22:30-31). En lo que respecta a la propia tierra del norte, nuestros datos sobre distancias nos llegan del registro jaredita, de sus últimos años de guerras entre ellos. Mientras los jareditas se aproximaban a su destrucción final, el profeta Eter huyó, para salvar su vida, desde los cuarteles generales del rey, en Morón: “y él se ocultaba en el hueco de una roca durante el día, y salía de noche para ver las cosas que le sobrevendrían al
  • 35. TRAZANDO EL MAPA 19 pueblo” (Eter 13:13). Vivió en esa cueva mientras escribía “el resto de la historia”, o sea, el original del libro de Eter, que fue más tarde compendiado por Moroni para que nosotros lo leyéramos. La gran guerra civil jaredita comenzó el mismo año en el que huyó Eter, y el profeta registró todo aquello de lo que se enteraba sobre ella, desde su refugio (Eter 13:14, 18, 2 2 - 2 4 ) . D espués de ocho años de c omba te intermitente, todavía continuaban las batallas en el valle de Morón, que aún estaba dentro del campo de observación de Eter. Y él continuaba en su cueva después que una población de más de dos millones de personas, las cuales habían cubierto “toda la superficie de la tierra”, murieran (Eter 14:11, 22-23; 15:2). Finalmente, tras una catastrófica batalla cerca de la colina de Ramah, el Señor hizo salir a Eter de su cueva para que hiciera la última anotación en su registro y lo depositara donde el grupo de exploración de Limhi pudiera encontrarlo. La conclusión parece clara. Todas las batallas finales de los jareditas tuvieron lugar en la tierra del norte, dentro de un territorio lo suficientemente pequeño como para que Eter pudiera observar la mayor parte de la acción moviéndose sólo distancias muy cortas desde su base, en la cueva. Además, el linaje de Jared tuvo su principal asentamiento en Morón desde poco tiempo después de su desembarco en la costa hasta poco tiempo antes de la destrucción final. Y la tierra de Morón estaba “cerca” de la tierra que los nefitas llamaban Desolación (Eter 7:6). Probablemente cien millas desde Morón hasta la colina de Ramah, se acomodarían a todos estos hechos. La confirmación de la proximidad de Ramah con Morón se encuentra en el relato acerca del rey Omer. El gobernó durante los primeros años de la historia jaredita, cuando la población inmigrante pudo haber sido escasa. Retirándose de Morón, al ser amenazado por un rival, viajó con su familia “muchos días” hasta
  • 36. 20 UN MARCO GEOGRAFICO encontrar refugio cerca del mar occidental. Un grupo de gente se trasladaría más lentamente, y, con niños y mujeres, probablemente por una ruta más larga y más llana, que el solitario Eter. En su camino desde Morón hasta el mar, Omer pasó por Ramah/Cumorah (Eter 9:3). Cuando se enteró de que los acontecimientos se habían puesto a su favor en casa, Omer volvió. (Eter 9:13). Si el área a la que huyó, y por lo tanto la de la última batalla, estaba más o menos dentro de las 100 millas desde Morón, la huida y vuelta de Omer tiene sentido; una distancia más grande parecería extraña, dada la poca cantidad de población. Muchos Santos de los Ultimos Días tendrán que cambiar notablemente su manera de pensar para ajustarla a las dimensiones de las que hemos hablado. Y tenemos otras evidencias en el Libro de Mormón de que los nefitas ocuparon un área bastante compacta. Por ejemplo, 3 Nefi 3 nos cuenta cómo los nefitas y los lamanitas justos, amenazados por los ladrones de Gadiantón, se reunieron en una fortaleza común, con provisiones de alimentos para siete años, para hacer sa l i r d e su tierra a los parasita r ios la dr one s, haciéndoles pasar hambre. El tamaño de la población reunida se describe como de “miles y decenas de miles” provenientes de la tierra del sur y la del norte, todos reuniéndose desde asentamientos de los cuales unos pocos años antes el relato de Helamán dice: “empezaron a cubrir la superficie de toda esta tierra, desde el mar del sur hasta el mar del norte, y desde el mar del oeste hasta el mar del este.” (Helamán 3:8). Sin embargo, se dice que toda esta gente se reunió en una sola zona, lo suficientemente pequeña como para ser sitiada (3 Nefi 4:16-18). El texto, claramente, trata de un área que en conjunto sólo tiene una dimensión de cientos de millas. ¿Que sabemos de la estrecha lengua de tierra? Primero, tenía que ser lo suficientemente ancha como p a r a q u e los exploradores de Limhi pudie r a n
  • 37. TRAZANDO EL MAPA 21 atravesarla sin darse cuenta de que era un istmo. (Recordemos que a su vuelta supusieron que habían estado todo el tiempo en la tierra del sur.) Por otro lado, era tan estrecha que “la distancia no era sino de un día y medio de viaje para un nefita, por la línea de Abundancia y la tierra de Desolación, desde el mar del este al del oeste” (Alma 22:32). Por supuesto no sabemos cuánto tiempo podía ser “un día de viaje”. Las referencias dadas anteriormente ilustran cuán gran variedad de distancias podría abarcar este término. También pueden variar las interpretaciones de esta expresión. Posiblemente “la distancia de un día y medio” era una distancia estándar. Los nefitas podían h a b e r e n t endido que “un día y me dio de via je ” significaba una determinada cantidad de millas. De la m i sm a f o rma, la legua española signif ic a ba e l promedio de la distancia que una mula cargada podía viajar en aproximadamente una hora; el término no dice nada de ninguna mula ni de una cantidad de horas determinadas de viaje continuado. O quizás las palabras “un nefita” podrían sólo implicar que el que hacia el trayecto era un mensajero especial, ya que la frase se encuentra en un contexto de defensa militar. ¿Y qué medio de transporte se podría haber empleado? Si asumimos un viaje a pie -probablemente el modo normal- podemos proceder a calcular la anchura del istmo. Como ya hemos calculado anteriormente, la velocidad de “un nefita”, un sólo individuo, podía potencialmente ser de hasta seis millas por hora durante un tiempo de 24 horas, lo cual entra dentro del “día y medio.” Esto haría un total de 144 millas. Si se utilizó otro medio para viajar aumentaría la cifra de 144. O la distancia sería quizás más pequeña, digamos, de 50 millas. Si se aplica la cifra mínima, hubiera sido muy difícil que los exploradores de Limhi no se dieran cuenta de que atravesaban un largo istmo; si nos vamos al extremo contrario, la cifra más alta, el “día y
  • 38. 22 UN MARCO GEOGRAFICO medio de viaje” resulta más problemático. Me parece que una extensión de 75 a 125 millas resulta un término medio plausible. Hay todavía otro relato de un viaje que nos ayuda a precisar distancias, esta vez en la costa este de la tierra del sur. El comandante nefita Moroni estableció allí una hilera de ciudades con guarniciones, contra un anticipado asalto lamanita dirigido a Abundancia y a la estratégica zona del istmo. El área pronto se convirtió en una zona crucial de batallas cuando el disidente nefita Amalickíah tramó cómo hacerse con el control de los ejércitos lamanitas y atacó por sorpresa a lo largo de la costa, capturando ciudad por ciudad hasta que se encontró en la misma frontera de la tierra de Abundancia (Alma 5:22-28). Abundancia era la ciudad que estaba más al norte en el camino de avance hacía la tierra del norte. Al llegar a este punto, un grupo de soldados nefitas hicieron salir a la guarnición lamanita fuera de su fortaleza de Mulek, conduciéndoles hacia Abundancia, mientras una segunda fuerza se introducía furtivamente en la retaguardia enemiga para tomar p o se si ó n de Mulek (A lm a 52:21- 31) . Mule k y Abundancia estaban tan cercanas la una a la otra que las fuerzas de Teáncum pudieron recorrer la mayor parte de la distancia y regresar durante parte de un día caluroso, aunque esto supuso un esfuerzo extenuante (versículo 31). Sobre la base de estas declaraciones, podemos inferir que para los soldados había más o menos un día regular de marcha desde Mulek hasta Abundancia; digamos casi 25 millas. Un poco después, Gid, la ciudad que seguía a la de Mulek, fue recapturada por los nefitas con una única maniobra. Después de más escaramuzas, se mencionan cuatro ciudades que continuaban en manos lamanitas: Moriantón, Lehi, Nefíah y Moroni. En un decisivo día de batalla, los nefitas expulsaron al enemigo de todas e l l a s ( A l ma 62:24-35). E l contr a a ta que ne f ita comenzó, probablemente al amanecer, contra Nefíah,
  • 39. 24 TRAZANDO EL MAPA 23 la más importante de las cuatro. Tras capturarla r á p i d a m e nte, el capitán Moroni pe r siguió a los l a m a n i t a s que se retiraban a tr a vé s de Le hi y Moriantón hasta la playa (versículo 32); después, a lo largo de la orilla, fueron corriendo hacia Moroni, llegando al anochecer (versículo 35). Pasaron el día p r i n c i p a l m ente persiguiendo a los la ma nita s derrotados, no luchando contra ellos. Cargados de adrenalina, los ejércitos pueden haber ido a tres millas o más por hora, durante 15 horas, casi 50 millas. Podemos determinar, por otras evidencias sobre la localización de estas ciudades, que la ruta era más un semicírculo que una línea recta. Nuestra conclusión debe ser que la porción de litoral que recorrieron ese día no pudo haber sido de más de 30 millas de largo. Todas estas cifras combinadas nos dicen algo importante acerca de la longitud de la costa este, en p o se si ó n de los nefitas. C omo he mos visto, Abundancia estaba a 25 millas de Mulek. En el otro extremo, el sector de Nefíah-Moroni contaba con quizás 25 millas más. Esto deja el centro, en el cual só l o se nombran las ciudades de Gid y Ome r. Careciendo de datos sobre este sector, yo simplemente añado otras 30 millas, por analogía con los otros. En resumen, no resulta plausible que la distancia desde Abundancia, en el extremo norte, hasta Moroni, en el extremo sur de la costa este, se extendiera mucho más de 85 millas. (Ver mapa 2.) L a c o sta este, controlada po r los ne f ita s, de aproximadamente 85 millas, tiene mucha menos longitud que la tierra del sur medida desde Zarahemla a Nefi. La longitud de este eje era del orden de las 350 millas. La diferencia entre estas longitudes es tan grande que no se puede deber a presupuestos erróneos. El Libro de Mormón realmente requiere que la costa este, importante para los nefitas, fuera mucho más corta que la del oeste, y cualquier mapa que sugiramos debe acomodarse a este hecho.
  • 40. LA LOCALIZACION RELATIVA DE LAS TIERRAS Y LAS CIUDADES
  • 41. TRAZANDO EL MAPA 25 Al mismo tiempo, “las fronteras de la costa del mar este”, como los escritores nefitas llamaban a esta zona costera, tenían que ocupar un pedazo considerable de terreno. Cuando Moroníah y sus ejércitos luchaban por regresar de una desastrosa guerra, que había dejado todo el territorio nefita de la tierra del sur ocupado por los lamanitas, recobraron “la mitad de sus posesiones,” y esta mitad estaba constituida por el área fronteriza del este más la tierra de Abundancia (Helamán 4:5, 10, 16). Como no hay ninguna indicación de que ni siquiera la propia tierra de Abundancia fuera extensa, las “fronteras” tenían que ser un territorio de buen tamaño para que, unidas ambas áreas, constituyeran la mitad del territorio nefita. Adviértase también que el ataque relámpago de Amalickíah en este sector realizó un corte en forma de guadaña “cerca de las costas del mar”, a lo largo del litoral, hasta cerca de Abundancia (Alma 51:25-28), pero pasó de largo Nefíah, la cual estaba más tierra adentro. Incluso, después que Nefíah cayera finalmente en manos enemigas, los nefitas retuvieron una hilera de tierras bajas en el interior, donde se hallaba situada Jersón, su base militar. Para que esta situación tenga sentido militarmente, la región costera habría debido tener por lo menos 30 o 40 millas de ancho, y las palabras “la mitad de sus posesiones” confirman tal tamaño. De todos modos, podemos decir que la tierra del sur en conjunto no era ni mucho menos tan ancha como larga. Adviértase que las migraciones, viajes, guerras, expediciones misionales -prácticamente todos los traslados- tendían a ser hacia el norte o hacia el sur en vez de ser en dirección transversal. El viaje misional de Alma es uno de los pocos que nos enseñan mucho acerca de la anchura. En su recorrido como predicador, Alma dejó Zarahemla, junto al río Sidón, para predicar en Melek en el límite oeste de la tierra colonizada (Alma 8:3-5). De allí regresó al norte, paralelo al yermo del oeste (Alma 22:27-28), hasta llegar a
  • 42. 26 UN MARCO GEOGRAFICO Ammoníah (Alma 8:6). Este lugar, al igual que Melek, estaba cerca de la periferia occidental, como se demuestra en Alma 16:2 y 25:2. Desde Ammoníah, el profeta viajó por la costa este hacia una ciudad llamada Aarón (Alma 8:13), sin llegar realmente a ella. Más tarde se dice que Nefíah “unía las fronteras de Aarón y Moroni” (Alma 50:14); Nefíah era una de las ciudades defensivas construidas en las tierras bajas del este, y la ciudad de Moroni estaba al lado del mar del e st e ( A l ma 50:13; 62:32-34). Esta inf or ma c ión establece que una hilera de ciudades se extendían desde el oeste hasta la costa este, a través de la tierra al norte de Zarahemla: Ammoníah, Aarón, Nefíah y Moroni. (Ver mapa 2.) Estos cuatro lugares, alineados a través de la mayor parte de la tierra del sur, debieron de haber ocupado 150 millas, lo que prácticamente vendría a suponer el límite. Es probable que la distancia de costa a costa de este corte transversal no excediera de las doscientas millas. (Ver mapa 2.) Nunca se aclara la anchura de la tierra de Nefi, la porción de tierras montañosas de la tierra del sur. Evidentemente la ciudad de Nefi no estaba lejos de la costa; el grupo inicial de colonos de Nefi no habría ido mucho más lejos de lo necesario para escapar de los l a m a n i t a s (2 N efi 5:6-8), quie ne s f ina lme nte contactaron con ellos bastante pronto (versículos 14, 34). Además, se contaba como parte de la tierra de Nefi la franja costera oriental colindante (Alma 22:28“en la tierra de Nefi”), aunque hacia el norte sólo se concibe esta franja como “al lado de la tierra de Zarahemla”. Definitivamente, no se habla de nada que se encuentre al este de Nefi. Toda el área este, desde Nefi, queda sin definir, excepto en que formaba parte del conjunto de las tierras del sur que “casi se hallaban rodeadas de agua” (Alma 22:32). También se desconocen el tamaño y forma de la tierra del norte. Más allá de la lengua de tierra se encontraba una extensión de tierra lo suficientemente
  • 43. TRAZANDO EL MAPA 27 amplia como para que se distinguieran una zona de altiplano al oeste y otra de tierras bajas al este (Eter 9:3; 10:32; 11:15; 14:3, 6-7, 11-12, 16-17). No podemos decir a cuánta distancia estaba Morón, el centro Jaredita en estas tierras montañosas, de la costa oeste, pero, puesto que fue colonizado por los jareditas poco tiempo después de su desembarco (Eter 6:13; 7:5, 16-17, 20), podemos suponer que no distaba mucho del mar. Recordemos también la restricción que impone el que Eter observara las últimas guerras jareditas desde su posición en una cueva (Eter 13:13-14). A la luz de estas consideraciones, no es probable que la tierra del norte, que se encontraba en esta crucial área jaredita, haya tenido más de un par de cientos de millas de anchura. Esta larga excursión a través de las dimensiones del escenario del Libro de Mormón nos ha permitido fijar unos requisitos vitales. Ahora podemos estar seguros de que la historia del Libro de Mormón tuvo lugar en una limitada parte del hemisferio occidental, y aproximadamente con la forma de un reloj de arena. El tamaño del territorio se midió en cientos, no en miles d e m i l l a s. L os traslados de la ge nte , los via je s individuales y el tiempo de duración de los viajes que se registran en el libro encajan razonablemente con una tierra del sur de alrededor de 350 millas de largo y no mucho más de la mitad de esta cifra de ancho, hasta un punto al norte de Zarahemla. La tierra del norte está menos definida pero no parece tan larga. (Ver mapa 3.) L o s d a tos del L ibro de Mor món y nue str a s suposiciones nos han llevado a pensar que, desde luego, estas conclusiones no son perfectamente claras. Jugando con la información del texto se pueden dar resultados ligeramente diferentes. Si alguna persona llega a la conclusión de que la distancia de Nefi a Zarahemla era un 25 por ciento mayor de lo que hemos dicho, yo estaría muy interesado en oir tal argumento; quizás sea correcto. Pero cualquiera que afirme que la
  • 44. 28 UN MARCO GEOGRAFICO distancia entre las dos ciudades era, digamos, de 400 millas, en vez de las 180 que se sugieren aquí, no podría demostrar su punto de vista de una manera plausible apoyándose en las afirmaciones que se encuentran en el Libro de Mormón. Algunos de los requisitos sobre la extensión son bastante específicos. También están ligados entre ellos por intrincadas relaciones. Es imposible resolver tan sólo en parte el problema de las ubicaciones y distancias, porque, al igual que un rompecabezas, todas las características deben encajar. Yo encuentro que encajan juntas limpiamente. Por lo tanto, la situación espacial es coherente, pero también se deben cumplir otros requisitos para realizar un mapa aceptable del Libro de Mormón. A continuación, vamos a considerar la configuración de la tierra. Topografía Tenemos más información sobre las características de la superficie de la tierra de lo que da a entender una l e c t u r a despreocupada de las e sc r itur a s. Los encargados de guardar los registros escribieron consistentemente acerca de ir “arriba”, “abajo”, o “sobre”. (Algunos lectores han mantenido que estas expresiones reflejan simplemente convenciones culturales, como la expresión yanqui “down South”18. Pero en muchos casos, el libro conecta estas palabras con claras y consistentes circunstancias topográficas; no veo razón para no tomar estas preposiciones literalmente). Esta información nos permite obtener una clara imagen de las elevaciones relativas. (Ver mapa 4). Una característica predominante es el río principal, el Sidón, que bajaba desde las montañas que separaban las ciudades de Nefi y Zarahemla. El río corría “por” la tierra local de Zarahemla, la cual se encontraba 18.- Abajo, al sur. (N. del T.)
  • 45. TOPOGRAFIA DE LAS TIERRAS Y LAS REGIONES
  • 46. 30 UN MARCO GEOGRAFICO principalmente al oeste de la corriente (Alma 2:15). La ú n i c a z o n a nefita poblada, al e ste de l r ío, e r a , seguramente, el valle de Gedeón. (Alma 6:7). Puesto que los viajeros tenían que ir “arriba” hasta Gedeón, y ya que estaba la “colina Amnihu”, nada más atravesar el río desde la ciudad de Zarahemla, extensa pero con una inclinación lo suficientemente leve como para que hubiera espacio para una gran batalla, la cuenca del S i d ó n d ebe de haber estado inc lina da má s abruptamente hacía el lado este que al oeste. También sabemos que el río debe de haber sido bastante largo. Su nacimiento se encontraba en lo profundo del yermo, en una altura superior a la de la más alta ciudad nefita, cerca del río, Mantí (Alma 16:6). Zarahemla estaba corriente abajo. La ciudad de Sidón estaba aún más al norte y probablemente cerca del río. (Al tener un nombre tan parecido al del famoso puerto fenicio, se p u e d e d e ducir que el lugar fue r a un punto de embarque del río; el énfasis que se da en Alma 15:14 al bautismo en Sidón refuerza la idea de que estaba localizado al lado de la corriente.) La corriente debía de correr a través del territorio nefita por lo menos un par de cientos de millas antes de desembocar en el mar, dada la extensión global de la tierra del sur. Podía ser atravesada a pie con un poco de dificultad, por un punto y probablemente durante la parte más seca del año (Alma 2:27, 33-35; 43:40). P a r t e d el territorio nefita inc luía los ye r mos adyacentes a las áreas de asentamiento, a los cuales era difícil entrar, lo que nos conduce a esperar que una porción de la ruta del río se extendiera a través de un terreno inhóspito de colinas. De cualquier modo, la ciudad de Zarahemla estaba a una altura intermedia, “arriba” desde la costa (Alma 22:31) pero “abajo” desde Nefi (Alma 22:31; Helamán 1:17). El río Sidón probablemente desembocaba en el mar del este, no en el del oeste. Las tierras bajas del este eran extensas, como se ha demostrado anteriormente,
  • 47. TRAZANDO EL MAPA 31 pero al parecer el área costera del oeste era estrecha y en su mayor parte insignificante. Puesto que se supone que el curso inferior y la desembocadura de un río principal se forman y fluyen a través de una llanura importante, el río debía de desembocar en las tierras bajas del este. Las descripciones de las batallas que tuvieron lugar en el este mencionan la “costa del mar” y las “llanuras”, pero nunca hacen mención de ninguna colina de importancia, excepto en el lugar llamado A n t i ó n u m, que probablemente e sta ba a a lguna distancia, tierra adentro (Alma 32:4; 25-26, 32; 52:20; 6 2 : 1 8 ) . N o se hace ninguna me nc ión de donde desembocaba Sidón en el mar, aunque semejante río debe de haber tenido una desembocadura considerable. Teniendo en cuenta lo corta que era la porción de costa en posesión de los nefitas, el río probablemente alcanzaba el mar en el límite de las posesiones nefitas o más allá de éstas, donde no habrían tenido ninguna razón para mencionarlo. Naturalmente, sabemos que la “tierra de la primera h e r e n c i a ” estaba en la costa oeste . De spué s de desgajarse el grupo de Lehi en dos, Nefi condujo al suyo hacia una altitud mayor; huyeron a las tierras montañosas del interior (2 Nefi 5:7-8; comparar con Alma 22:28). La tierra costera de su primera herencia estaba al sur de la tierra de Zarahemla, que era mayor, pero continuaba hacia el norte como una franja paralela a aquella tierra. Esa franja se extendía durante todo el trayecto hacia el istmo (Alma 22:27-29). El yermo del oeste consistía también en una hilera de montañas deshabitadas paralelas a la zona costera, porque los grupos de personas tenían que cruzar sobre el yermo o por un pasaje, en el sur (cerca de AntiparaAlma 56:31-40), o por otro, al norte (Alma 25:2). Naturalmente las corrientes de agua del lado oeste de esta cordillera habrían desembocado en el Sidón, el c u a l c l a r am ente recibía su agu a de una c ue nc a principal. No se menciona otro río en la tierra de
  • 48. 32 UN MARCO GEOGRAFICO Z a r a h e m l a). L a tierra de Mele k se e nc ontr a ba adyacente al yermo del este y por lo tanto en un margen de tierra cultivable, en la cuenca (Alma 8:3-5). Se podía acceder fácilmente a su posición desde la ciudad de Zarahemla (versículo 3; comparar con Alma 35:13-14; 45:18) pero estaba resguardada de la costa por un yermo montañoso al oeste, puesto que los A m m o n i t a s fueron dispuestos e n Me le k pa r a protegerlos de las represalias lamanitas (Alma 35:13). Melek nunca fue atacado por los lamanitas, quienes pasaron furtivamente a lo largo de la costa por lo menos dos veces, para atacar Ammoníah, que se encontraba más lejos, al norte (Alma 25:1-2; 49:1, 25). La ciudad de Abundancia estaba cerca del nivel del mar (Alma 51:32); se encontraba, después de todo, cerca de la costa este del istmo. Hagoth eligió un lugar, en la costa oeste, “en los confines de la tierra de Abundancia, cerca de la tierra de Desolación” para construir y botar sus barcos (Alma 63:5-6). El lenguaje e m p l e a d o aquí podría indicar que la tie r r a de Abundancia no llegaba hasta el mar del oeste, en el istmo, pero al menos la tierra debe de haber sido relativamente baja, en la mayor parte de la anchura del istmo, como se sugiere en Alma 22: 29-33. En la tierra del norte estaba la tierra de Cumorah, como una subdivisión de Desolación, o cómo una c o n t i n u a c ión de ella. D entro de e sta tie r r a se e n c o n t r a b a por lo menos una “ c olina ” (Ramah/Cumorah), lo bastante alta como para que el puñado de supervivientes nefitas que la escalaron se e sc o n d i e r an con éxito de los ene migos que se encontraban agrupados al pie de la colina (Mormón 6:6, 11). En las proximidades se encontraban la colina jaredita Comnor y dos valles (Eter 14:26-28), y la colina Shim pudo haber estado ubicada en la misma región (Eter 9:3; Mormón 4:23). Así que las batallas finales tuvieron lugar en este sector de colinas o en otro adyacente, lo que era, desde una perspectiva más
  • 49. TRAZANDO EL MAPA 33 amplia, “una región de muchas aguas, ríos y fuentes” (Mormón 6:4). Esto implica un clima húmedo y un desagüe hacia el este desde el altiplano, lo que incluía la tierra jaredita de Morón (Eter 15:8-11). Este húmedo territorio debe de haber sido, en general, la misma área a la que se refiere Moriantón como “cubierta con grandes cuerpos de agua” y la cual él codiciaba. Potencialmente podían formar un bloque o alianza con Abundancia, que se encontraba cerca ( A l m a 5 0 :29,32). L os jaredita s e sc r ibie r on constantemente que sus antiguas tierras estaban “arriba” en relación con la zona del este, y el registro político aclara que las dos áreas -presumiblemente las tierras bajas del este y las tierras montañosas del oestefueron durante largo tiempo rivales (Eter 7:4-6, 15-21; 8:2-3; 11:15, 18; 13:27-30; 14:3-7, 11-16, 26). De todos modos, las tierras bajas parece que habían llegado a ser la zona más poblada e importante para el tiempo de la destrucción del pueblo jaredita, como se demuestra por el hecho de que las últimas batallas entre grupos rivales tuvieron lugar allí. Así parece que la división geográfica sirvió de apoyo a una constante división social y política. En suma, la tierra del norte constaba por lo menos de dos partes: las tierras bajas del este y las porciones de zona montañosa del oeste. Esta después sería la zona donde se encontraba la capital jaredita de Morón, aunque no se menciona ninguna ciudad llamada Morón,dentro de la “tierra [jaredita] de la primera herencia” (Eter 7:5, 16-17). En la tierra del sur, son importantes cinco características principales: la zona montañosa del sur, el valle de Sidón, una considerable llanura litoral en el este, una estrecha lengua de tierra situada en tierras bajas, y una estrecha franja costera al oeste, paralela a las montañas que bordean la cuenca del río Sidón.
  • 50. 34 UN MARCO GEOGRAFICO Aún más requisitos Son escasos los detalles que se dan sobre el clima y la vegetación, pero hay algo de información que nos proporciona requisitos adicionales para nuestro mapa. Se dice que en la tierra de Nefi crecían el trigo y la cebada. Si lo tomamos literalmente, esto sugeriría un clima templado; en el trópico, esto indica tierras montañosas. Parece que la cosecha más importante era el maíz (Mosíah 9:9, después el versículo 14), una planta básicamente semi-tropical. La única referencia que se hace en todo el Libro de Mormón de nieve o frio son las citas que se dan de Isaías, acerca del Próximo Oriente. En algunas áreas del territorio nefita se daban fiebres endémicas, que tienden a confirmar la existencia de un clima casi tropical (Alma 46:40). Se da a entender que, por lo menos en las fronteras del mar del este, había un calor húmedo enervante (Alma 51:33; 52:31; 62:35). Las sequías no eran comunes pero podían ser serias (Helamán 11:4-6; Eter 9:28-35). Un requisito importante, que sólo se menciona de paso, son las características sociales y culturales. Cu a l q u i e r área que se propong a c omo la tie r r a prometida debe satisfacer ciertos criterios culturales. Por ejemplo, (1) los antiguos habitantes debían ser capaces de leer y escribir, pues mantenían una larga tradición de extensos registros históricos; (2) también están presentes otros elementos básicos de esta civilización, como el desarrollo de la agricultura y el comercio; y (3) el área debía contener para el siglo IV a. C., por lo menos, una población total de millones, incluyendo ciudades de un tamaño considerable. También, estas características y otras debían aparecer en ciertos lugares y épocas pero no en otras. A h o r a poseemos una lista d e r e quisitos, lo suficientemente detallados como para ser de valor: la forma de la tierra, las distancias, la topografía, las características naturales y culturales. Aquí sólo hemos
  • 51. TRAZANDO EL MAPA 35 podido tratar la poca información que se halla en el texto de escritura, pero toda ella es consistente consigo misma y con otros datos demasiado específicos para citarlos en esta obra de tipo general. Lo que tenemos hasta ahora nos proporciona una lista preliminar que podemos utilizar para examinar cualquier área geográfica, de un mapa actual, que pueda ser la tierra prometida de los descendientes de Lehi. Correlación con el Mundo Real ¿ S a t i sf a ce algun área de las Amé r ic a s e stos requisitos presentados en el Libro de Mormón?19 En la historia del pensamiento mormón sólo se han propuesto seriamente unas pocas correlaciones entre la geografía del registro y el mapa del hemisferio occidental. 20 Para comenzar, hay muy pocas posibles “lenguas estrechas” que valga la pena considerar. El punto de vista más antiguo suponía que era Panamá la lengua estrecha de la que habla el Libro de Mormón, siendo Sudamérica, o una parte de ella, la tierra del sur. Tan sólo las dimensiones que nos da el Libro de Mormón excluyen a todo el continente, mientras que c u a l q u i e r intento de considerar sólo pa r te de Sudamérica cómo tierra del sur entra en conflicto con unos cuantos puntos del texto (por ejemplo, Alma 22:32, “casi se hallaban rodeadas de agua”). La idea que a veces se sugiere, de que parte del continente Sudamericano pudiera haber estado sumergido bajo el mar, dejando en la superficie sólo la reducida tierra que ocupaban los nefitas, no tiene mérito, cómo lo 19.- Para un análisis mucho más detallado de toda la información geográfica que se encuentra en el Libro de Mormón, ver mi libro The Geography of Book of Mormon Events: A Source Book. Edición revisada, F.A.R.M.S., 1992. 20- Resumidos en The World of the Book of Mormon de Paul R. Cheesman (Salt Lake City: Deseret Book, 1978), pp. 28-33. Ver un completo tratamiento de la historia de docenas de interpretaciones del mapa en The Geography of Book of Mormon Events, parte una y dos.
  • 52. 36 UN MARCO GEOGRAFICO demuestran las abundantes evidencias geológicas y arqueológicas. Además, por bastantes razones, Panamá no podía ser la lengua estrecha a la que se refiere el L i b r o d e Morm ón. Por ejem p lo, e l gr upo de exploración de Limhi dificilmente podría haberla atravesado y haber vuelto sin darse cuenta de que habían salido de la ciudad de Zarahemla. Se ha sugerido otra correlación para la que la península de Yucatán, al sureste de Méjico, es la tierra d e l n o r t e , siendo la tierra del sur Gua te ma la y Honduras. La debilidad más obvia de este esquema es la ausencia de un istmo aceptable. La base de la península del Yucatán no sirve de ninguna manera, y los intentos de identificar como una “estrecha lengua de tierra” un pedazo de tierra aquí o allá, en otro sentido que no sea el literal de un istmo con el mar por ambos lados, contradice las claras declaraciones que nos hace la misma escritura. No es más creíble la propuesta de que la tierra prometida se encontraba por completo en Nicaragua. Las distancias y una multitud de cosas imposibles descarta completamente esta idea. La ú n i c a “lengua estrecha” pote nc ia lme nte aceptable de acuerdo con los requisitos del Libro de Mormón es el istmo de Tehuantepec al sur de Méjico. Todos los Santos de los Ultimos Días que estudian la geografía del Libro de Mormón, y han trabajado, durante las últimas décadas, sistemáticamente en este problema han llegado a este acuerdo. Cómo hemos visto anteriormente, los líderes de la Iglesia en el tiempo de José Smith aparentemente llegaron a un punto de vista similar, y probablemente él también. Esto situaría los hechos del Libro de Mormón en Mesoamérica, la región cultural del centro y sur de Méjico y el norte de América Central, donde tuvo l u g a r l a mayor intensidad de c iviliz a c ión e n la América antigua. Aquí encontramos los requisitos físicos de la tierra prometida, y sólo aquí se evitan los principales defectos de las otras correlaciones. Por
  • 53. TRAZANDO EL MAPA 37 ejemplo, el Libro de Mormón deja bien claro que sus habitantes guardaban extensos registros escritos, y Mesoamérica es el único lugar de toda América donde sabemos que se emplearon regularmente y durante largo tiempo genuinos sistemas de escritura antes de la llegada de los europeos. No obstante, los estudiantes del Libro de Mormón que aceptan el istmo de Tehuantepec como la lengua estrecha de tierra no están de acuerdo entre ellos mismos en cómo se deben interpretar los territorios de alrededor de acuerdo con las tierras que se detallan en el Libro de Mormón. En el transcurso de 35 años de preocupación por el tema, he estudiado todos estos puntos de vista y a veces, me han atraído varios. Hasta hace poco, la correlación más conocida ha hecho del río Usumacinta, parte de cuyo curso forma la frontera entre Méjico y Guatemala, el río Sidón. Cierto número de funestos fallos estropean esta imagen. Por ejemplo, no logra en absoluto hacer plausible la razón por la cual Amalickíah atacó por la costa este (Alma 51; 52: 1-14), porque, si fuera el río Usumacinta el río Sidón, todo el relato contradiría una sólida y segura estrategia militar. Además, las distancias a lo largo de la costa e st e , q u e requerirían una cor r e la c ión de l r ío Usumancita con el río Sidón, desafían todas las dimensiones que hemos establecido para el territorio nefita. N o se r ía de provecho conside r a r a quí c a da correlación geográfica que se ha propuesto, indicando una a una las discrepancias entre las mismas y el texto. Baste decir que cuando se consideran exhaustivamente los requisitos geográficos y culturales, sólo queda una correlación. Se corresponde con las afirmaciones del texto en todos sus puntos importantes. Todavía hay unas pocas afirmaciones del Libro de Mormón que no se pueden ajustar a lo que hoy sa b e m o s a cerca del área Mesoa me r ic a na . ( Este también sigue siendo el caso de la Biblia, en este
  • 54. 38 UN MARCO GEOGRAFICO asunto.) Se necesita más investigación sobre estos puntos. Pero, desde mi punto de vista, ninguno de estos problemas es serio. La mayor parte del resto de este libro estará dedicada a los detalles de una exitosa correlación y sus implicaciones culturales. Esta correlación añade mucho a nuestra comprensión del Libro de Mormón, porque nos permite situar la mayor parte de los hechos y descripciones del texto de escritura en un escenario geográfico, histórico y arqueológico específico. Esto crea una sensación de que es algo concreto y nos permite profundizar en su significado de forma sólo comparable a la que hoy es posible hacer con la Biblia en su escenario del Próximo Oriente. Es prematuro afirmar una precisa identificación de todas las tierras y ciudades del Libro de Mormón. La imagen general es sólida y convincente. Naturalmente, cuanto más nos acercamos a los lugares exactos las preguntas son más numerosas. Una buena razón es q u e , a u n que el L ibro de Mormón nos da una considerable información global, en detalles como, por e j e m p l o , la ruta entre N efíah y Ge de ón, sólo e n c o n t r a mos unas pocas palabr a s, ni siquie r a indicaciones. (Esto es como el problema de la persona que pronostica el tiempo: puede decirnos si va a llover en nuestro estado pero no necesariamente si la lluvia va a caer en la parte de la ciudad donde vivimos). Te r m i n a r e mos con un panorama pla usible : la s identificaciones que hacemos en nuestro mapa son verosímiles. No es convincente la evidencia contra el emplazamiento de los hechos del Libro de Mormón en los lugares que muestran nuestros mapas. Algunas de las identificaciones específicas parecen incluso a l t a m e n t e probables. Sin em bargo, no e sta mos absolutamente seguros de ninguna de ellas. Un punto en el que se debe poner énfasis: la historia que narra el Libro de Mormón realmente sucedió en a l g ú n l u gar. L os que creemos que e l libr o e s
  • 55. TRAZANDO EL MAPA 39 auténticamente antiguo estamos convencidos de que existen lugares reales, donde nefitas y lamanitas r e a l e s, h i c ieron las cosas que el libr o dic e que hicieron. Algún día esperamos identificar esos lugares, convertir el emplazamiento del Libro de Mormón en a l g o c o n creto. ¿P or qué no pu e de se r a hor a e l momento? El Sur y Centro de Mesoamérica cualifican de forma tan notable para ser el emplazamiento geográfico y cultural del Libro de Mormón que estoy convencido de que esta fue la tierra de Lehi. Para simplificar, a partir de ahora sólo me ocuparé de esta correlación geográfica, cómo si este asunto estuviera resuelto. La Forma de Mesoamérica El istmo de Tehuantepec, con su forma de silla de montar, se consideró por mucho tiempo como un buen e m p l a z a miento para el canal que f ina lme nte se construyó a través de Panamá. El lado del istmo que da al Atlántico es muy húmedo y lleno de bosques, ascendiendo gradualmente alrededor de unas cien millas hacia una cuenca cubierta de hierba en un desfiladero de unos 400 pies por encima del nivel del mar. Por el lado del Pacífico, el terreno pierde altura a menos de 20 millas desde la cima hasta una serie de extensas lagunas conectadas con el mar. Los frecuentes vientos secos sólo permiten la existencia de alguna clase de vegetación árida alrededor de las lagunas. La distancia total desde la costa Atlántica hasta el borde de las lagunas es de 120 millas, en línea recta. (Ver el mapa en la portada interior.) Las cordilleras a ambos lados del istmo pertenecen a diferentes zonas geográficas y biológicas. El sur y centro de Méjico, que se encuentran al oeste y norte del istmo, marcan el término de América del Norte, en lo que a plantas y animales autóctonos se refiere, p u e st o q ue muchos de los que e nc ontr a mos normalmente en áreas más templadas y secas de
  • 56. 40 UN MARCO GEOGRAFICO Méjico no aparecen más abajo, al sur del istmo. En el norte y el oeste el clima tiende a ser más seco que en el sur y este. En el lado Atlántico, o zona del Golfo, el río Coatzalcoalcos forma una línea bien determinada que separa las moderadas elevaciones que se levantan al norte, de las extensas, y húmedas llanuras del sur y este. A pesar de estas diferencias de gran escala entre los dos lados del río, muchas características botánicas y climáticas se encuentran a todo lo largo de la llanura costera del golfo. Los efectos del medio ambiente en la población humana fueron ampliamente similares en todas las tierras bajas o “tierra caliente”. Esta zona m a n t e n í a una gran población por que e r a muy productiva agricolamente, a pesar de lo que podrían parecernos formidables obstáculos. Más allá del río Coatzacoalcos, a través del estado mejicano de Tabasco, se extiende una tierra baja poco drenada que sufre grandes inundaciones cada año. Fuertes lluvias caen en las áreas montañosas que corren hacia el sur, hacia el mar, durante la estación húmeda. La costa está bordeada con antiguas dunas de arena, a veces de una anchura de millas. Esta franja permite viajar, con alguna dificultad, paralelamente a la playa, pero una maraña de lagunas y pantanos, justo detrás del grupo de dunas, interrumpe la mayor parte de las rutas que van hacia la orilla o que salen de ésta. A lo largo de los ríos principales, los diques de lodo depositados allí por las inundaciones están un poco elevados por encima de los pantanos de alrededor. La mayor parte de la población se encuentra a lo largo de pequeñas elevaciones de buena tierra. Antes de que h u b i e r a m odernos sistemas de tr a nspor te , prácticamente todo los viajes por tierra, en esta costa de Tabasco, cesaban durante las inundaciones, que llegan a su punto máximo en junio y otra vez en septiembre. Incluso en la estación seca, los viajeros pueden pasar cómodamente sólo a través de unas pocas rutas.
  • 57. TRAZANDO EL MAPA 41 En el lado pacífico del istmo la estrecha llanura es atacada por vientos originados por el empuje de grandes masas de aire, en los meses invierno, que salen del centro de los Estados Unidos y barren el golfo de Méjico; a veces el aire sale a borbotones, a mucha velocidad, a través del desfiladero que se encuentra en las montañas del istmo. Como resultado de esto, la región de las lagunas es notablemente más seca que la pendiente hacia arriba del lado atlántico. La llanura costera occidental es estrecha -de cinco a diez millas- casi hasta la frontera con Guatemala, antes de ensancharse considerablemente. C u r i o sam ente, los Toltecas de la s tie r r a s montañosas de Guatemala llamaban a la franja costera de Tabasco la “frontera del mar,”21 y los guatemaltecos todavía se refieren a la costa sur como las orillas del mar f , que tiene el mismo significado, lo que nos recuerda la expresión nefita “orillas del mar”, 22 como se encuentra en Alma 56:31. La depresión central de Chiapas se encuentra al sureste del istmo de Tehuantepec (ver el mapa de la portada interior). A través de ella corre un gran río llamado el Río Grande de Chiapas, el Mezcalapa o el Grijalva, dependiendo de quién le dé el nombre, a lo largo de su curso. Esta gran cuenca está limitada en el este por una meseta, que es una extensión de las tierras montañosas de Guatemala23. Por sus lados norte y este 21.- Robert M. Carmack Toltec Influence on the Postclassic Culture History of Highland Guatemala , MARI 26 (1968), pág. 65. 22.- Felix W. McBryde Cultural and Historical Geography of Southwest Guatemala , SISA 4 (1945), pág. 4. 23.- Un práctico y breve tratado de la geografía, geología y clima de Chiapas y especialmente de la depresión central se encuentra en Archaeological Exploration of the Upper Grijalva River, Chiapas, Mexico de Gareth W. Lowe, NWAF 2 (1959), pág. 4-7. Una excelente fuente, de más amplio alcance, es Middle America: Its Lands and Peoples de Robert C. West y John P. Angelli. Segunda edición (Englewoods Cliffs, New Jersey: Prentice Hall, 1976).
  • 58. 42 UN MARCO GEOGRAFICO la meseta desciende hasta las tierras bajas, a través de una maraña de colinas y valles llenos de bosques. Todo e st e e l e v a do bloque intercepta gr a n pa r te de la humedad del Golfo que, de otra manera, llegaría hasta la depresión central. Puesto que el interior está también protegido de la humedad proveniente del aire del Océano Pacífico por una cadena montañosa contínua, la Sierra Madre de Chiapas, la cuenca alta del Grijalva es relativamente seca y muy cálida. En la parte más alta se pueden cultivar abundantes cosechas de maíz, cerca de las corrientes. Pero hay pocas áreas de ese tipo que se aprovechen para el cultivo. La mayor parte del terreno es árido y montañoso. Río abajo, la extensión central del Grijalva es más húmeda, pero la región es demasiado desigual para mantener una cantidad considerable de población. Se podía usar partes del río para el transporte o para seguir senderos en este sector, a través de las colinas. Pero viajar hacia el norte de Mesoamérica desde la depresión central de Chiapas era mucho más fácil por vía del valle de Cintalapa, seco y abierto, que conduce al oeste, hacia la costa del Pacífico y por lo tanto al istmo de Tehuantepec. El hecho de que actualmente la autopista Panamericana sigua esta ruta seca y abierta, pone de relieve la seguridad y comodidad del terreno. Los valles al sur de las tierras montañosas de Guatemala son tan elevados que, por lo general, las temperaturas son agradablemente frescas. (A tales elevaciones intermedias se las clasifica como tierra templada que, en algunos lugares sube hasta la tierra fría). A lo largo del borde Pacífico de estas tierras montañosas, en el lado que se encuentra más tierra adentro, se hiergue un pintoresca hilera de picos volcánicos sobre selectas tierras de valles y dominan la llanura costera por el otro. La cara norte de la masa de altiplanos guatemaltecos se encuentra en el paso de vientos húmedos que soplan tierra adentro desde el mar a ambos lados de la península de Yucatán. Sobre
  • 59. TRAZANDO EL MAPA 43 esta ladera caen muchas precipitaciones, lo que no f o m e n t a e l asentam iento hum ano y pr oduc e un gigantesco yermo de selva lluviosa. En medio de las tierras altas se encuentra una estrecha depresión que se mantiene bastante seca; las partes más profundas son realmente áridas debido al principio de la lluvia y sombra que vimos actuando en Chiapas, al otro lado de la frontera. Los templados valles de Guatemala están separados de Chiapas por un conjunto de altas montañas, que incluye el volcán Tajumulco, el pico más alto de c e n t r o a m érica de unos 14.000 pie s de a lto. El escarpado valle esculpido por ríos proporciona rutas difíciles, a través de un área abrupta. Era más probable que los viajeros que iban de Guatemala a Méjico c r u z a r a n sobre la elevación d e la s monta ña s Cuchumatanes, más llana y fresca, que a través de los desfiladeros. La barrera formada por este conjunto de montañas que separan los dos paises actuales continúa hacia la costa del Golfo como la pendiente cubierta de lluvia y selva que se ha descrito anteriormente. E n l a c osta del P acífico, al oe ste y nor te de Tehuantepec, una franja estrecha y seca se levanta, bastante abruptamente, hasta una barrera de montañas. Tierra adentro, desde esta cordillera, se encuentran tierras montañosas desiguales y áridas que incluyen unos pocos valles fértiles. Este modelo se extiende todo el camino hasta el este de la elevadísima Sierra Madre, cuyos impresionantes volcanes alcanzan la a l t u r a d e 18.000 pies. D e aquí a l ma r, la tie r r a desciende hasta las anchas y llanas planicies -la frontera del Golfo de Campeche, que ya hemos mencionado. Justo al norte del istmo, en la costa este, están las montañas Tuxtla, bendecidas con un terreno fértil a causa de su pasado volcánico y los vientos húmedos provenientes del Golfo.
  • 60. 44 UN MARCO GEOGRAFICO Una Comparación Con este breve estudio de las características de Mesoamérica en mente, es posible compararlas con las tierras descritas en el Libro de Mormón. La forma general de reloj de arena es evidente en ambas. Las dimensiones son muy similares -esto es, si ignoramos la extensión del norte y oeste de Mesoamérica, lo cual podemos hacer, ya que el Libro de Mormón no dice nada acerca de su área correspondiente. También debemos ignorar la península de Yucatán y sus tierras b a j a s a d yacentes, por que, c omo indic a mos anteriormente, la porción de costa a lo largo del mar del este controlada por los nefitas era pequeña y por eso toda el área este, desde la ciudad de Nefi, no se d e sc r i b e e n el libro. A sí que la s dos á r e a s de Mesoamérica que no encajan claramente con lo que nos dice el registro nefita acerca de la geografía son precisamente las regiones sobre las cuales el relato de las escrituras es más vago. No hay contradicciones. (Ver el mapa 5.) El río Sidón encaja con el río Grijalva, que sale de las tierras altas, corre a través de una importante cuenca de mediana elevación, luego continúa hacia el mar atravesando una llanura costera considerable. La longitud del río, 300 millas, encaja con lo que hemos dicho acerca del Sidón, y no se encuentra ninguna otra corriente principal en esta parte del sur de Méjico; el Libro de Mormón sólo menciona un río. El istmo de Tehuantepec, con sus 120 millas de ancho, entra justo dentro de la escala de plausibilidad que establecimos para el ancho de la “lengua estrecha”. La distancia indicada en el Libro de Mormón a través de la tierra, desde Ammoníah hasta Moroni, en la costa este, es aproximadamente la distancia a través de la mayor parte de los estados de Chiapas y Tabasco, alrededor de 150 millas.
  • 61. LA LOCALIZACION PLAUSIBLE DE LOS LUGARES DEL LIBRO DE MORMON EN MESOAMERICA
  • 62. 46 UN MARCO 45 La topografía también encaja. El grupo de montañas de yermo, que separan las tierras montañosas de G u a t e m a la del centro de C hiapa s, e s un bue n emplazamiento para situar “la estrecha franja de yermo” de los nefitas. Desde ellas fluyen las corrientes cuya confluencia forma el Grijalva, o el Sidón. Las franjas costeras fronterizas de yermo, la presencia de una región de colinas, en un área perfectamente situada para haber sido el campo de la batalla final y otras características, también coinciden. No se necesitan más detalles sobre este punto. El acuerdo general entre la geografía de Mesoamérica y la del Libro de Mormón puede comprenderse de una manera directa estudiando cuidadosamente el mapa 5. Cu a l q u i e r a que desee inves tiga r e l te ma sistemáticamente puede comprobar cada uno de los requisitos enumerados anteriormente y darse cuenta de su s e st r echas semejanzas co n e l e sc e na r io mesoamericano. Muchas características del sur y centro de Méjico y Guatemala parecen encajar decisivamente con el territorio del Libro de Mormón, excepto, quizás, por una importante anomalía. Los escritores del Libro de Mormón hablan de su geografía en términos de “norte” o “hacía el norte” y el “sur” o “hacía el sur” mientras que la posición oblicua de Mesoamérica no parece responder a estos puntos cardinales. ¿Cómo se puede resolver este problema? La Cuestión de las Direcciones en el Libro de Mormón El poner etiquetas a las direcciones siempre ha presentado desafíos lingüísticos y culturales a los pueblos del mundo. Al igual que otras costumbres, todo este asunto es bastante más arbitrario que lógico, c o m o l e s gustaría pensar a las pe r sona s e n la actualidad. Nosotros seguimos la tradición europea que
  • 63. TRAZANDO EL MAPA 47 dice que es del “este” de donde “sale el sol”; pero en el ártico el sol, indiferente a estas cuestiones, sale por el norte. Incluso en latitudes intermedias el sol sale exactamente por el este sólo dos días al año. El conocer nuestra propia cultura y otras nos puede ayudar a desengañarnos de la idea de que hay un solo “correcto” y “obvio” modo de dar nombre a las direcciones. En los grupos lingüísticos esquimales orientales se distingue primordialmente entre dirección tierra a d e n t r o ( literalm ente “arriba”) o ha c ía e l ma r (“abajo”). Partiendo de esto tenemos la interesante contradicción de que en Labrador una palabra que significa “hacia el mar” se traduce cómo “este”, porque resulta que el mar se encuentra más o menos en esa dirección, mientras que la misma palabra al otro lado del estrecho, en la cercana Groenlandia occidental se corresponde con nuestro “oeste” 24, porque allí el mar está al oeste. Los polinesios utilizan un par de términos similares para las direcciones básicas, “tierra adentro” y “hacia la costa”, combinados a veces con una distinción entre “delante” o “detrás” 25 . Los islandeses se refieren a las direcciones dependiendo de la procedencia del viajero, no de la ruta por la cual ha llegado 26. (Esta idea aplicada a nosotros significaría que, de un viajero que llega a Nueva York desde Miami diríamos que ha viajado “hacia el este”, si e m p r e y cuando su viaje haya c ome nz a do e n California). En el Pueblo Picuris, en Nuevo Méjico, se diferencian y clasifican cinco direcciones y ninguna de ellas equivale a nuestros propios puntos cardinales. 24.- Louis-Jacques Dorais “Some Notes on the Semantics of Eastern Eskimo Localizers” Anthropological Linguistics 13 (1971): 92. 25.- Phil De Vita, “A Partial Investigation of the Spatial Forms of Some Tuamotuan Dialects” Anthropological Linguistics 13 (1971):401-20. 26.- George L. y Florence H Trager “The Cardinal Directions at Taos and Picuris, Anthropological Linguistics 12 (1970):31-37.
  • 64. 48 UN MARCO GEOGRAFICO Los israelitas de Palestina, en su esquema mental más común, interpretaban las direcciones como si estuviesen de espalda al mar, de cara al desierto. Así que, entonces yam (“mar”) significaría “oeste”, porque e l M e d i t e rráneo se encuentra e n e sa dir e c c ión, mientras qedem (“delante”) representaba el “este”. Yamin (“mano derecha”) significaba “sur”, mientras que shemol (“mano izquierda”) indicaba “norte”27. En Palestina este modelo coincidía muy bien con la naturaleza (la costa se extiende aproximadamente de norte a sur) y también resultaba fácilmente traducible a nuestros usos europeos de los términos este, oeste, n o r t e y sur. (E ste no era el ú nic o mode lo de direcciones en uso entre los israelitas, pero era el más fundamental, ya que estaba profundamente arraigado en el lenguaje.) Otros idiomas semíticos, además del hebreo, seguían una lógica similar, aunque algunas veces sus emplazamientos físicos hacían el modelo confuso. Por ejemplo, los asirios se referían al Golfo Pérsico como “el mar del sol naciente”, cuando, de hecho, estaba al sur-sudoeste de ellos.28 Supongan por un momento que estaban con el grupo de Lehi cuando éste llegó a la costa del Pacífico de Centroamérica. Según la terminología general de hoy en día, de la civilización occidental, la costa estaría orientada aproximadamente noroeste-sureste. Cuando usted dijera yamah, queriendo decir “hacia el oeste”, el término significaría literalmente “hacia el mar”, a u n q u e e l agua estaría realm ente “ de tr á s de su espalda” hacia nuestro suroeste. Además, el primer paso que usted diera tierra adentro, alejándose del mar, sería “hacia el este” (“adelante” literalmente) en h e b r e o ; n osotros actualmente dir ía mos que e l movimiento había sido hacia el noreste. En ausencia de 27.- S. H. Weingarten, “Yam Suf-Yam Ha´adom,” Beth Mikra 48 (1971):100-104. 28.- P. Cornwall, “On the Location of Dilmun,” American Schools of Oriental Research, Boletín 103 (1946) pág. 8.
  • 65. TRAZANDO EL MAPA 49 una decisión consciente del grupo de desviar el sentido de sus términos de dirección hebreos 45 grados o más, el pequeño grupo de colonos, habría entrado en un nuevo esquema lingüístico en cuanto a las direcciones, al encontrar su modelo de lengua semítica el nuevo marco geográfico. De hecho, no sabemos el nombre que Lamán, Lemuel, Sam y Nefi daban a sus direcciones, ya que los primeros términos referentes a direcciones sólo aparecen en el Libro de Mormón cientos de años después de su primer desembarco (Mosíah 7:5; 9:14).29 De todos modos, es interesante que para las lenguas mayas de Mesoamérica el “sur” significa “a la mano derecha” y “norte” “a la izquierda”30 paralelamente al hebreo. Además de shemol, los hebreos llamaban al “norte” sapon, que significaba “región escondida u oscura”, que recuerda el modelo cultural ampliamente extendido que asocia mala suerte, maldad y oscuridad c o n l a i zquierda. 31 N aturalme nte los ne f ita s consideraban que la tierra que se encontraba al norte, en el lado izquierdo del sistema hebreo, estaba bajo una “maldición” (3 Nefi 3:24). Las ruinas y huesos de los jareditas destruidos que descubrieron en la tierra 29.- Algunas personas han pensado que la Liahona de Lehi (1 Nefi 16:10) era un aparato magnético. Yo no encuentro ninguna evidencia convincente de semejante punto de vista. Una valiosa charla de Hugh Nibley sobre esto nos da una imagen alternativa de su funcionamiento: Since Cumorah (Salt Lake City: Deseret Book, 1967), pp. 283-96. 30.-J. E. S. Thompson, Maya Hieroglyphic Writing: An Introduction, rev. ed. (Norman: University of Oklahoma Press, 1960) pág. 249; idem, Maya History and Religion (Norman: University of Oklahoma Press, 1970), pág. 176; Cecelia F. Klein, “Post-Classic Mexican Death Imagery as a Sign of Cyclic Completion,” en Death and the Afterlife in Pre-Columbian America, ed. Elizabeth P. Benson (Washington, D.C.: Dumbarton Oaks, 1975), pp. 80-81. 31.- Charles E. Osgood, “The Cross-Cultural Generality of Visual-Verbal Synesthetic Tendencies,” Behavioral Science 5 (1960): 146-49; R. Hertz, Death and the Right Hand (Glencoe, Illinois: Free Press, 1960). Leer Mosiah 5:10-12.
  • 66. 50 UN MARCO GEOGRAFICO del norte reforzaron esa idea. Los mayas quichés de la tierra montañosa de Guatemala, de los cuales tenemos un importante registro precolombino, el Popol Vuh, relacionaban el sur con la mano derecha y el color rojo; al norte (mano izquierda) se le identificaba con el color negro y con asociaciones mentales negativas tales como la estupidez, la muerte y el infierno. 32 Asociaciones similares, incluyendo los colores, prevalecieron en el Oriente Próximo.33 Los toltecas, gobernantes de los quichés, junto con otros grupos pre-hispánicos, llamaban a la zona de tierra baja que bordea el Golfo, cerca del istmo de Tehuantepec “el este”, obligando a los traductores del Popol Vuh a una extraña afirmación: “En las tierras hacia el norte, esto es, ‘en el este.’...” 34 Además, el profesor Vogt planteó la posibilidad de que las antiguas direcciones mayas presentaran una diferencia d e 4 5 g r ados respecto a las nue str a s. 3 5 Es especialmente interesante otra charla reciente acerca de la antigua terminología de las direcciones en el centro de Mesoamérica: 32.- Munro S. Edmonson, The Book of Counsel: The Popul Vuh of the Quiche Maya of Guatemala, MARI 35 (1971), pág. 36. La gama de colores difiere algo en otras regiones mesoamericanas. 33.- Weingarten, “Yam Suf,” pág. 103. 34.- Adrian Recinos, Delia Goetz y Sylvanus G. Morley, traductores, Popol Vuh (Norman: University of Oklahoma Press,1950), pp. 68-69, 207. 35.-Evon Z. Vogt, Zinacantan: A Maya Community in the Highlands of Chiapas (Cambridge: Harvard University Press, 1969) pág. 602.
  • 67. TRAZANDO EL MAPA 51 El Golfo de Méjico, no importa cómo esté situado en relación a la tierra- hacia el este en el norte de Méjico, al norte desde el área costera del Golfo, o al oeste desde la costa de Campeche- es el “mar Este”, y, del mismo modo, el Océano Pacífico es el “mar oeste”. Así que, en el interior de la tierra, alrededor del istmo de Tehuantepec, el oeste está en el lado Pacífico y el este en el área sur de la costa del Golfo36. Vimos anteriormente que el Golfo de Méjico, Golfo de Campeche, encaja con el “mar Este” de los nefitas. Los ejemplos de diversos pueblos, que hemos repasado, demuestran que una orientación simple, en relación a la brújula, de norte/sur/este/oeste no es “ n a t u r a l ” ni universal y que otr a s c ultur a s ha n propuesto otros sistemas para dar nombre a las direcciones que son difíciles de traducir con claridad al sistema dominante de lenguaje y pensamiento del 36.- Andrew J. McDonald, “The Origin and the Nature of Platform Complexes in Southern Chiapas, Mexico” (borrador de tesis doctoral, University of Texas), pág. 80 (copia en posesión de J. L. Sorenson). La imagen de Klein añade a la afirmación de McDonald: “Invariablemente . . . el norte era asociado con el este, el sur con el oeste. De hecho, el norte y el sur eran comparativamente poco importantes en el pensamiento mesoamericano y, frecuentemente, eran relacionados con las direcciones del mundo más importantes de este y oeste. De esa manera, el norte comparte con el este la connotación del cielo y lo que está por ‘encima’, mientras que el sur, al igual que el oeste representan la tierra y lo que esta ‘debajo’ (Death Imaginery,” pág. 81). Con la explicación de Klein, se aclara la afirmación de Recinos, Goetz y Morley sobre el “este” y el “norte”. Este modelo de unión de las direcciones puede estar reflejado en el Libro de Mormón, donde Jesús surge del cielo en Bountiful, cerca de la costa este, mientras que las dos ciudades destruidas durante su crucifixión, cuya posición se identifica claramente como “en el sur”, Moroni, convenientemente hundida en el mar, y Jerusalén, dónde las aguas se levantaron para cubrirla. La asombrosa congruencia entre los “hechos objetivos” de la historia y el modelo estructural ha sido presentado por Y. T. Radday (Chiasm in Kings,” Linguistica Biblia 31 [1974]: 52-67), aunque él no puede explicar la concordancia. No es más fácil sugerir el cómo los hechos objetivos de la geografía pueden concordar con el modelo de espacio conocido por la gente
  • 68. 52 UN MARCO GEOGRAFICO m u n d o d e hoy. A sí que no nos sor pr e nde que , e v i d e n t e mente, las terminología s ne f ita y mesoamericana difirieran conceptualmente de las nuestras. Además, resulta que el territorio mesoamericano es evidentemente difícil de clasificar direccionalmente en términos de la brújula europea porque corta en ángulo nuestra rígida cuadriculación. La experiencia de los conquistadores europeos ilustra este problema. Por ejemplo, el relato del padre Thomas Gage de un viaje desde la ciudad de Méjico hasta la tierra montañosa de Guatemala en el siglo XVII se refería a la dirección de su viaje como “sur.”37 En realidad, es el este, más que e l su r. El atravesó el istmo de Te hua nte pe c aproximadamente donde se encuentra actualmente la autopista panamericana y finalmente llegó a Chiapa de C o r z o , e n el río G rijalva. E l re la to de su via je menciona haber pasado allí a través de Macuilapa “hacia el norte” desde Chiapa de Corzo. En el mapa se encuentra realmente en el suroeste. Más tarde habla de que la propia Chiapa de Corzo estaba al noreste de la capital de Guatemala (que es realmente el oestenoroeste), mientras que la costa de Chiapas que daba al Pacífico era noroeste para él (en nuestros términos suroeste). Hay una explicación razonable para estas extrañas declaraciones; en general él se dirigía al sur hacia su destino, así que, naturalmente, los puntos que él ya había atravesado le parecían estar “al norte”, aunque el mapa demuestra que en ningún momento su viaje fue directo hacia el sur, según nuestros términos. Casualmente, una región que él dijo que estaba “al e st e ” d e la capital de G uatem ala se e nc ue ntr a realmente en el norte, de acuerdo con la brújula; aquí sin darse cuenta entró en el mismo esquema mental de los toltecas pre-colombinos de Guatemala: el norte de 37.- J. E. S. Thompson, ed., Thomas Gage´s Travels in the New World (Norman: University Oklahoma Press, 1958), pp. 181, 193-95.
  • 69. TRAZANDO EL MAPA 53 l o s p u n t o s cardinales pasó a se r e l “ e ste ” . Una afirmación de un prominente arqueólogo en 1982 tropezó con la misma expresión: “Al norte de la región Maya . . . en el Monte Albán en Oaxaca. . . .”38 La dirección real es oeste-suroeste; el norte literal conduciría a Cuba, no a Oaxaca. Es importante un punto semántico del Libro de Mormón. Este se refiere normalmente a la “tierra al norte” y la “tierra al sur”, raramente a la “tierra norte” o “tierra sur”. (Estos últimos términos aparecen sólo siete veces; los primeros 47 veces.)39 La preposición a o hacia significa “tendiendo o dirigiéndose a.” Gage, correctamente, pensó que Guatemala estaba “hacia el sur” de la ciudad de Méjico, aunque técnicamente está más hacia el este. De igual manera, si usted toma un avión en Los Angeles, hacia Caracas, Venezuela, ¿no considera mentalmente esta dirección hacia el sur? Después de todo, el destino es Sudamérica; pero realmente se termina viajando más hacia al este que al sur. A pesar de todo, hacia el sur es correcto. Ninguna de estas consideraciones implican que las personas involucradas no entendían las direcciones reales. Los antiguos habitantes de Guatemala sabían tan bien como usted o yo o Thomas Gage por donde salía el sol. El problema no era el de la ignorancia sino el de un diferente esquema conceptual y lingüístico entre su cultura y la nuestra. Si todo este asunto suena un poco complicado, todavía podemos estar agradecidos por una cosa. Mormón y José Smith, que nos proporcionaron el Libro de Mormón, podían haber empeorado las cosas siendo “literales”. Imaginese tener que leer una y otra vez acerca de la “tierra noroeste-este,” o quizás del “mar que está al suroeste de Zarahemla pero al sureste 38.- Kenneth G. Hirth, “Transportation Architecture at Xochicalco, Morelos, Mexico,” Current Anthropology 23 (1982):322. 39.-En la traducción oficial del Libro de Mormón al castellano se han hecho cambios que alteran estas proporciones. (N. del T.)
  • 70. 54 UN MARCO GEOGRAFICO de parte de la tierra noroccidental.” Esto hubiera sido literalmente correcto según nuestros términos, pero muy farragoso. Lo que comenzó siendo un “problema” con las direcciones se ha resuelto plausiblemente. Hemos descubierto que el texto nefita tiene sentido cuando se víncula al pensamiento e idioma hebreos por una parte, y a las condiciones de Mesoamérica por otra. El Estrecho Pasaje Otra pregunta geográfica que continuamente se presenta cuando se lee el Libro de Mormón es la naturaleza y la localización del “estrecho pasaje” mencionado en Alma 50:34 y 51:9 y en Mormón 2:29 y 3:5. De estos versículos, se infiere que el pasaje no es lo mismo que la estrecha “lengua” de tierra. Más bien, se trata de algún tipo de rasgos específicos dentro del área del istmo. Alma 50 nos dice cómo Teáncum interceptó al fugitivo grupo de Moriantón j u st o c u a ndo am bos llegaban a un punto muy específico, “cerca del estrecho paso que conducía al lado del mar a la tierra norte, sí, por el mar, al oeste y al este.” También está claro que los grupos pasaron cerca de la ciudad de Abundancia para tener acceso a este pasaje desde el área litoral oriental (Alma 51:2830; 52:9, 27; 53:3-4). Sin embargo, no se menciona la ciudad de Abundancia cuando se accede al pasaje desde el mar occidental, como se demuestra en Mormón 2:3-6, 16-17, y 29 hasta 4:23. (Quizás la ciudad ya no estaba habitada para el siglo IV a. C.) Encontramos una solución a esto observando los minuciosos detalles geográficos del área del istmo de Tehuantepec. Aparece una formación irregular de arenisca y grava, como una loma, que tiene una anchura media de un par de millas y se eleva de 150 a 200 pies por encima del campo que la rodea. Se extiende hacia el oeste, desde el curso inferior del río Coatzacoalcos. Proporciona el único camino seguro
  • 71. TRAZANDO EL MAPA 55 durante todo el año, desde el área de la costa oriental del istmo “hacia el norte” hasta Veracruz central.40 A ambos lados de esta loma se inunda periódicamente una porción considerable de tierra, hasta unos 12 pies de profundidad durante la estación húmeda.41 A veces, durante esta estación, el pasaje de la loma conduciría realmente “por el mar, al oeste y al este” (Alma 50:34), porque el agua, en las cuencas inundadas, estaría a ambos lados de la loma e impediría el viaje de f o r m a t a n eficaz como el m ar, c on lo que se producirían constantes inundaciones. Incluso en la estación seca, el terreno bajo está obstruido con arbustos espinosos, entrelazado con lagunas, y hace que no sea práctico como ruta habitual. Esta formación se extiende desde cerca de Minatitlán, la ciudad que se encuentra actualmente en el río Coatzacoalcos, 20 millas hacia oeste hasta Acayucán. Desde allí, la ruta normal conduce más al oeste, hasta el donde se encuentra con el río en San Juan, una confluencia clave. La autopista actual corre, en parte, a través de esta elevación para evitar el estado pantanoso en el que se encuentran ambos lados. Donde lo hace, sigue esencialmente el camino pre-europeo que se había usado como camino de preferencia durante miles de años. (ver el mapa 7.) 40.- J. J. Williams, The Isthmus of Tehuantepec, Being the Results of a Survey for the Railroad to Connect the Atlantic and Pacific Oceans (New York, 1852) pp. 21-35. 41.- Ibid. Ver también Michael D. Coe, “Photogrammetry and the Ecology of Olmec Civilization” (ponencia dada en la conferencia de trabajo sobre fotografía áerea y antropología, Cambridge, Massachusetts, 10 y 11 de mayo de 1969), pp. 8-9. Sólo marzo, abril y comienzos de mayo tienen poca cantidad de lluvias. Los ríos comienzan a crecer rápidamente en junio y alcanzan su máximo caudal entre julio y septiembre, inundando toda la tierra que se encuentra por debajo del nivel de los 24 metros, en las proximidades de San Lorenzo, el emplazamiento olmeca.
  • 72. 56 UN MARCO GEOGRAFICO En el término oriental, la cordillera comienza en Paso Nuevo, el vado principal del Coatzacoalcos, justo debajo de Minatitlán. Al este del vado la ruta normal conduce, a través de las llanuras y colinas bajas, hacia Tabasco. Si, como Moriantón (Alma 50:33-34), uno llega desde la llanura de Tabasco, el vado y la ruta de la loma se verían como la entrada a la tierra del norte. El ejército interceptor de Teáncum obstruyó la entrada, probablemente en el cruce del río. Y la ciudad de A b u n d a n cia, que debía de esta r pr óxima , se encontraría cerca de la ribera oriental (hacía el este), en algún lugar en una extensión de diez millas, entre el vado y la costa (comparar Alma 50:32, 34; 51:28-30; 53:3-4; 3 Nefi 11:1; 19:10-12). ¿Dos Cumorahs? Una pregunta lógica y necesaria, que muchos lectores se deben de haber estado haciendo a sí mismos, es: ¿cómo obtuvo José Smith las planchas de oro al norte del estado de Nueva York si el último campo de batalla nefita estaba en Mesoamérica? Repasemos dónde tuvo lugar la batalla final. El Libro de Mormón pone en claro que la destrucción, tanto de jareditas cómo de nefitas, tuvo lugar cerca de la estrecha lengua de tierra. Sin embargo, Nueva York está a miles de millas de cualquier configuración que se pueda describir plausiblemente como lengua estrecha. Así que el mismo libro elimina la idea de que los nefitas perecieran cerca de Palmyra. Entonces, ¿cómo llegaron las planchas desde el campo de batalla, hasta Nueva York? No tenemos una respuesta definitiva, pero podemos reconstruir una imagen plausible. Mormón nos informa de que él enterró todos los anales bajo su custodia en la colina d e C u m o rah de la batalla final, e x c e pto c ie r ta s planchas de oro claves (Mormón 6:6), las cuales, según tradujo José Smith, confió a su hijo Moroni. Más tarde, 35 años después, Moroni todavía seguía
  • 73. TRAZANDO EL MAPA 57 añadiendo sus escritos a estos anales (Moroni 10:1). El n u n c a n o s dice dónde tenia la inte nc ión de depositarlos, ni dónde se encontraba él cuando los selló (Moroni 10:34). La manera más obvia para que las planchas llegaran al estado de Nueva York habría sido que alguien las llevara allí. Moroni mismo podría haberlo hecho durante esas últimas y solitarias décadas. ¿Podría haber sido capaz Moroni de sobrevivir a un v i a j e d e varios m iles de m illa s, a tr a ve sa ndo p o b l a c i o n es y tierras extrañas, si é l f ue quie n transportó los anales? 42 Semejante viaje no sería más sorprendente que el viaje del grupo de Lehi por tierra y mar, un viaje alrededor de la mitad del mundo. De hecho, tenemos el sorprendente caso de un viaje muy parecido al que Moroni pudo haber hecho. A mediados del siglo XVI, David Ingram, un marinero inglés naufragado, anduvo, durante 11 meses, a través de un t e r r i t o r i o indio completamente e xtr a ño, de sde Tampico, Méjico, hasta el río San Juan, actualmente en la frontera entre Maine y Canadá.43 Este extraordinario viaje habría sido, aproximadamente, de la misma distancia del que hizo Moroni, y, esencialmente, por la misma ruta. Así que el que Moroni llevara las planchas hasta Nueva York, incluso sólo con sus propias fuerzas, parece factible. 42.- J. N. Washburn ha escrito un interesante obra especulativa describiendo como Moroni podría haber hecho semejante viaje: “The Son of Mormon”, no hay fecha ni lugar (disponible en la biblioteca de BYU). A propósito, el libro de J. A. y J. N. Washburn, An Approach to the Study of the Book of Mormon Geography (Provo, Utah: New Era Publishing, 1939), es valioso por su tratamiento del Libro de Mormón, basado sólo en el texto. Fue el primer estudio serio sobre el tema. 43.- “Man Alone,” Christian Science Monitor (1 de Junio de 1967), pág. 16
  • 74. 58 UN MARCO GEOGRAFICO ¿Qué Hay de la Gran Catástrofe? La localización de Cumorah no es la única pregunta que vendrá a la mente de un lector atento. ¿Que ocurre si las condiciones físicas han cambiado tanto desde tiempos los antiguos hasta los modernos, que ya no se pueden encontrar los antiguos emplazamientos? Sabemos por el Libro de Mormón que, a causa de terribles terremotos y otras destrucciones al tiempo de la crucifixión de Jesucristo, “la faz de la tierra entera” cambió. ¿Podría ser que hoy en día no hubiera medio de reconstruir la geografía de los tiempos de antes de la crucifixión? La respuesta a esto también se encuentra en el libro. Mormón y Moroni vivieron y escribieron después de esos catastróficos cambios. Ellos no tuvieron ningún problema en identificar lugares que habían conocido durante sus vidas con los lugares a los que se referían Alma o Helamán antes de la catástrofe. Nada de la geografía de antes de la crucifixión parece haberles confundido. El mismo libro dice que los cambios que tuvieron lugar durante la crucifixión del Salvador fueron principalmente en la superficie. Abundancia se encontraba todavía en su sitio, su templo continuaba allí cuando apareció el Salvador resucitado (3 Nefi 11:1). Zarahemla fue reconstruida sobre las ruinas quemadas de la ciudad anterior (4 Nefi 1:8). El estrecho pasaje estaba todavía en la misma posición clave durante las batallas finales como lo había estado antes, hacía más de cuatro siglos. El río Sidón todavía mantenía el mismo curso, y Ramah/Cumorah, la destacada colina, presidía sin ningún cambio, la aniquilación de su segunda población. Así que el propio registro no da ninguna justificación para suponer que la forma o naturaleza de la tierra cambiara en ninguno de sus aspectos esenciales, a pesar de la impresionante destrucción que señaló la muerte del Salvador. Tampoco hay ninguna prueba geológica
  • 75. TRAZANDO EL MAPA 59 científica segura que nos conduzca a suponer que ocurrieran cambios más importantes. Nada de lo que sabemos nos impide situar la mayor parte de los antiguos emplazamientos en el mapa actual. Un Mapa General del Libro de Mormón Ahora es posible presentar un mapa resumido que correlacione los lugares del Libro de Mormón con las características del mapa de Mesoamérica. Se ha dicho ya bastante para poner en claro que no todas las ecuaciones se han hecho con la misma seguridad, y ninguna con una certeza absoluta -todavía.- El resto del Libro de Mormón nos dará muchos detalles de los puntos esbozados aquí. (Ver el mapa 5.) L a l e n gua estrecha de tierra e s e l istmo de Tehuantepec. El mar este es el Golfo de Méjico o el que lo comprende, el Golfo de Campeche. El mar oeste es el Océano Pacífico al oeste de Méjico y Guatemala. La tierra del sur se compone de la porción de Méjico que se encuentra al este y sur del istmo de Tehuantepec; comprende principalmente los estados de Chiapas y Tabasco, junto con la zona de tierras montañosas y la costera de Guatemala y posiblemente con parte de El Salvador. La tierra del norte se compone de la parte de Méjico q u e se e ncuentra al oeste y nor te de l istmo de Tehuantepec, que incluye todo o parte de los estados d e Ve r a c r uz, O axaca, Puebla y Gue r r e r o, ( y posiblemente más). El río Sidón era el río Grijalva. La ciudad de Zarahemla estaba situada en la ribera occidental del río y podía, muy bien, haber sido el emplazamiento arqueológico de Santa Rosa (el cual se encuentra inundado por las aguas retenidas por la represa de Angostura).
  • 76. 60 UN MARCO GEOGRAFICO La tierra jaredita de Morón era probablemente el valle de Oaxaca. El campo de batalla final, donde los pueblos jaredita y nefita encontraron su fin, estaba alrededor de las montañas Tuxtla, en el sur de Veracruz central. La ciudad de Nefi estaba probablemente en el emplazamiento arqueológico de Kaminaljuyu, el cual actualmente forma parte de los suburbios de la ciudad de Guatemala; la ciudad de Nefi, en su sentido más amplio, estaba constituida por las tierras montañosas del sur de Guatemala. La identificación de estos sitios no es el final del estudio, sino el principio. Una vez que sabemos donde situar los hechos y los pueblos, estamos en posición de preguntarnos acerca de lo que pasó y cuando. Nuestros emplazamientos para Nefi, Zarahemla o Abundancia serían una prueba de las migraciones de algunos de los p u e b l o s cuya historia se esboza e n e l Libr o de Mormón, y necesariamente la prueba debe tener una fecha adecuada o, si no, habríamos cometido un serio e r r o r. D e todos m odos, investigue mos lo que i n v e st i g u emos, estos emplaza mie ntos de be n p e r m a n e cer como una referencia f unda me nta l. Volveremos una y otra vez para detallar y ampliar la imagen que hemos expuesto antes tan brevemente. He dicho, con la suficiente frecuencia, que los resultados no son concluyentes. Sin embargo, de ahora en adelante planeo asumir que la cuestión geográfica ya está resuelta, en términos generales. Es sensato asumir esto para poder seguir progresando en otros asuntos. Personalmente estoy seguro de que tenemos una alta probabilidad de conocer el mapa nefita. Además, ningún mapa con otra correlación sirve; todos los otros que conozco contienen defectos fatales. Por e l c o n t r a r io, la imagen que se of r e c e a quí e s completamente plausible. Esto se volverá más evidente
  • 77. TRAZANDO EL MAPA 61 a medida que continuamos nuestro razonamiento. Así que examinaremos pruebas más detalladas de cómo encajan el libro y las fuentes externas. José Smith, o alguien próximo a él, escribió en 1842 que “No será una mala idea comparar las ruinas de las ciudades del Sr. [John Lloyd] Stephens con las del Libro de Mormón.” Desde entonces, todos los intentos de llevar a cabo este proyecto han sido paralizados por la incapacidad de precisar los emplazamientos, las fechas y la naturaleza de los paisajes y lugares, para poder compararlos con los del Libro de Mormón. Los Santos de los Ultimos Días continúan diciendo que algún día, cuando sepamos mucho más, seremos capaces de hacerlo. Bueno, sabemos tanto que los Santos de los Ultimos Días que estén atentos no pueden posponer más la tarea.
  • 78. 2 Aclarando Algunas Cosas Ahora el objetivo central de nuestra tarea es la c o m p a r a c ión. P or una parte, d e be mos e studia r cuidadosamente y entender de manera clara aquellos a sp e c t o s del L ibro de Mormón que de se a mos c o m p a r a r. Por otra, debem os re unir, e xa mina r cuidadosamente y comparar con el libro los resultados d e l a i n vestigación de las cienc ia s na tur a le s, arqueología y otras disciplinas relacionadas que nos dan información sobre los tiempos antiguos. Algunos de estos descubrimientos ampliarán nuestros puntos de vista acerca del Libro de Mormón. Sin embargo, la validez de las comparaciones no puede ser mejor que la calidad de los datos que se utiliza y lo acertados que sean. Especialmente debemos asegurarnos de que estamos tratando el lugar y la época correcta. El primer capítulo nos encamina bien hacia el lugar. Aún tenemos que considerar dos problemas. Tenemos que estar tan seguros como podamos tanto de lo que nos dice el Libro de Mormón acerca de sus pueblos como de lo que no nos dice. Simultáneamente, será esencial saber lo que de fiable han encontrado las ciencias que nos conduzca a las épocas y lugares del Libro de Mormón, y lo que no han encontrado. El Libro de Mormón es ... La página en la que se encuentra el título del Libro de Mormón dice que el libro es un “un compendio de los anales del pueblo de Nefi”. ¿Puede ser esto lo mismo que: la “historia del indio americano,” como muchas veces los Santos de los Ultimos Días han etiquetado al libro. En el capítulo 1 hemos reunido 62
  • 79. ACLARANDO ALGUNAS COSAS 63 afirmaciones de las escrituras que muestran cómo el relato sólo nos cuenta la historia de un territorio limitado. Los hechos que sucedieron en América, de los que nos habla directamente, estaban limitados a un espacio de quizás 600 millas de largo y 200 de ancho. L a s d i m ensiones tem porales ta mbié n e stá n restringidas, ya que abarcan 3.000 años o más desde la destrucción jaredita hasta el último escrito de Moroni. Sin embargo, se pasan de largo extensos periodos de tiempo en un silencio casi total. El sesenta y dos por ciento de todo el Libro de Mormón trata de un periodo en particular de 160 años (130 a.C.-30 d. C.), mientras que los tres siglos siguientes sólo ocupan cuatro páginas. El registro jaredita es incluso más escaso; algunos siglos no reciben más de un par de líneas. Sin duda no podríamos calificar a un libro tan conciso como “la historia del indio americano”. Incluso para el pueblo de Nefi, apenas puede ser considerado una historia. Lo que la mayor parte de las personas consideran una historia es un registro secuencial de sucesos importantes que afectan a un pueblo o a una nación, pero el Libro de Mormón contiene principalmente se r m o n e s, cartas y otros escritos de pr opósito religioso. Todo esto está ordenado mediante un esquema cronológico que muchos lectores jamás llegan a comprender bien. Desde el punto de vista de u n h i st o riador existen impor ta nte s la guna s cronológicas y de otros tipos. Por ejemplo, en el Libro de Eter -el registro jaredita- la figura principal de la parte inicial es “el hermano de Jared”, pero durante el r e st o d e l relato sólo se identif ic a a uno de sus descendientes (Eter 12:18), e incluso se le representa como un intruso entre los gobernantes. Realmente, éste es un tipo de historia extraño. Casi la misma situación se ve en el registro nefita, donde, después de que nos dice que la población de Zarahemla era más numerosa que la de los nefitas, descendientes de Lehi (Mosiah
  • 80. 64 UN MARCO GEOGRAFICO 25:2), no se dice nada más de importancia acerca de esa mayoría. ¿Que clase de historia es ésta? La respuesta es, una historia de linaje. El Libro de Mormón como una Historia de Linaje Linaje, tal y como se utiliza aquí significa un grupo de personas que reconoce su ascendencia de un progenitor común y usa esta ascendencia compartida c o m o b a s e de su identidad soc ia l. Los gr upos dominantes de élite que se organizan sobre esta base, han existido tanto en la América pre-hispana como en Europa (“la casa” de tal y tal), y en gran parte del mundo. Un experto en documentos indígenas, el doctor Robert Carmack, ha demostrado que en las tierras montañosas de Guatemala cada uno de los principales “descendientes de grupos políticos” de los pueblos quichés, que gobernaban el área cuando llegaron los españoles, poseía su propia historia escrita. Hay sacerdotes eruditos especialistas que conservan e interpretan los anales. Los libros o códices por sí m i sm o s servían com o sím bolo de l pode r de los dirigentes, quienes los exhibían públicamente con pompa y reverencia y hacían que se leyeran partes de e l l o s a s us súbditos. E stos doc ume ntos e r a n consultados para resolver cuestiones de historia y política pública, y se usaban para predecir el futuro. Recitaban la historia formal del origen de su grupo, mientras que también conferían legitimidad y santidad a sus gobernantes. Los libros servían también para explicar el orden social existente, justificando que ciertos elementos sociales o étnicos fueran dominantes o subordinados dentro de la sociedad, y decían por qué h a b í a c o operación o lucha con los pue blos de alrededor.1 1.- Robert Carmack, Quichean Civilitation: The Ethnohistoric, Ethnographic, y Archaeological Sources (Berkeley: University of California, 1973), pp. 16-18.
  • 81. ACLARANDO ALGUNAS COSAS 65 El Libro de Mormón deja claro qué es este tipo de historia de linaje, por las abundantes afirmaciones que nos muestran que servía y se pensaba en él de las maneras ya mencionadas. Nefi, el fundador del linaje, dice en la primera frase que todo el libro era un registro personal “de los hechos de mi vida,” escritos con su propio conocimiento y “por mi propia mano” (1 N e f i 1 : 3 ). Tan pronto com o él se c onvir tió e n gobernante de parte de los descendientes de Lehi, el registro personal de Nefi llegó a ser, de hecho, el registro de su gobierno sobre el pueblo (2 Nefi 5:33; Jacob 7:26). De ahí en adelante, sus sucesores, que e r a n d e scendientes directos de é l, c ontinua r on escribiendo en el registro, que iba creciendo (Jacob 1:2-3, 9-20; Omni 1:11; Mosiah 17:2; 25:13; 28:10-11, 20; Alma 63:1; Helamán 3:37; 3 Nefi 1:2; 5:20; Mormón 1:1-5; 6:6). El registro de su linaje de gobernantes fue conservado en “las planchas de Nefi” como el registro oficial de los sucesos importantes de su reinado. Finalmente Mormón compiló y comprimió todo el registro de su linaje, o sea, del linaje de Nefi (Mormón 6:6; 8:13). (Pero las “planchas pequeñas de Nefi”, que debían dedicarse a materias sagradas fueron dadas al linaje de Jacob, el hermano de Jared, que fue designado por Nefi como el primer sumo sacerdote del grupo; 2 Nefi 5:26; Jacob: 1:1-3, 7:27; Jarom 1:1, 141 5 ; O m n i 1:3-4, 8-12, 23, 25, 30) , y f ue r on conservadas por este linaje. Para los descendientes de Lehi, poseer registros sa g r a d o s era una fuente de pr e stigio y una demostración de su autoridad para gobernar (Omni 1:14, 17-19; Enós 1:14, 20; Mosiah 1:2,6, 15-16; 1 0 : 1 5 - 1 6 ). L os docum entos se e xhibía n periódicamente y eran leídos a los súbditos (Al parecer Mosiah 6:3 fue una presentación pública de este tipo, que incluía los registros mencionados en Mosiah 1:16; comparar con 3 Nefi 23:8). Las planchas justificaban claramente que gobernara el linaje de Nefi en vez de
  • 82. 66 UN MARCO GEOGRAFICO cualquier otro. Los registros históricos sobre las r e l a c i o n e s entre nefitas y lama nita s - e xte nsa s explicaciones de cómo cada uno de los grupos llegó a la posición que ocupaban históricamente son una importante preocupación del Libro de Mormón. Gran parte de Primero Nefi, en el libro, está dedicado a la historia del origen nefita. Así, vemos que la mayor parte de las características de las historias de linaje de Guatemala, descritas por Carmack, coinciden con las de este relato del linaje de Nefi. El anal de los jareditas es similar. Nada lo aclara más que la genealogía que encontramos en Eter 1:6-32. Algunos de los dirigentes que se encuentran en la lista fueron reyes, y algunos otros pretendientes al trono, p e r o t o d o s ellos eran del lina je de Ja r e d. Los descendientes de Jared tenían derecho a gobernar (Eter 6:22-25), como los descendientes de Nefi -el linaje gobernante- que conservaron el registro oficial durante una época más tardía. Por otro lado, el h e r m a n o de Jared ocupaba un c a rgo pr of é tic o (¿sacerdotal?) e incluso había desaprobado la idea de t e n e r u n rey. N o es de sorp r e nde r que sus descendientes sean, en su mayoría, ignorados en el registro dinástico que tenemos a través del Libro de Eter. Así pues, Eter 10:30-31 nos dice que después de que un rey llamado Heartom reinara durante 24 años, “le fue quitado el reino”, obviamente por otro linaje, puesto que el nombre del nuevo rey ni siquiera se halla registrado en el relato del linaje de Jared. Luego Het, Aarón, Amnigadda y Coriántum, de la línea sucesoria de Jared y Eter, vivieron todos sus días en cautividad. D u r a n t e ese tiem po, obviam ente , otr o lina je permanecía en el gobierno, bien sea el del hermano de Jared o el de algún otro grupo de descendencia (Eter 2:1). La “historia” mantenida por un linaje, naturalmente, no es un relato extenso de todo lo que ocurre en el área. En vez de esto es como la historia de Abraham en
  • 83. ACLARANDO ALGUNAS COSAS 67 la Biblia. Fundamentalmente, ese relato se interesaba sólo por los asuntos del grupo familiar, y mencionaba otros sólo de manera incidental (por ejemplo, en Génesis 23). También se puede comparar a una historia familiar. Ahí se registran sucesos importantes de cierto tipo solamente, y la mayor parte de ellos de forma breve. Por ejemplo, si unas familias mormonas escogidas hubieran conservado sus propios registros de sus experiencias en Misuri a fines de 1830, considere cuán imposible hubiera sido, después, reconstruir la historia de Misuri partiendo de esos relatos. Los c u st o d i o s de los anales de N e f i o de Ja r e d no escribieron más que una parte de forma selectiva o incluso sólo de lo que ellos se habían enterado que había ocurrido. Obviamente, ésta es la razón de que el libro de escritura nefita permanezca tan en silencio sobre el “pueblo de Zarahemla”. Sólo se le menciona cuando su presencia entra en contacto, ocasionalmente, con el destino del linaje de Nefi encabezado por los “ n e f i s” o reyes, pero para pode r c onoc e r a lgo si g n i f i c a tivo de la historia de los z a r a he mlita s tendríamos que tener sus propios anales. Hay otra cosa importante acerca de la naturaleza del registro nefita. Todos los que lo guardaron pertenecían a un nivel social poderoso y rico. Debemos tener presente que en las civilizaciones arcaicas, tales como la de Egipto, o la de los nefitas en América, la mayor parte de las personas no sabían leer ni escribir. Se enfatiza la dificultad de llegar a ser competentes en el difícil sistema de escritura empleado en las planchas. El rey Benjamín intencionadamente “hizo que fueran instruidos [sus hijos, los principes] en todo el idioma de sus padres, a fin de que así pudieran llegar a ser hombres de inteligencia” (Mosíah 1:3). Era claramente un logro notable y poco común dominar el sistema de escritura. Moroni confirmó que esta maestría era difícil cuando se lamentó de que el Señor no había hecho a los nefitas “fuertes para escribir” (Eter 12:23).
  • 84. 68 UN MARCO GEOGRAFICO El aprender a base de escribir consumía mucho tiempo y además era caro: “algunos eran ignorantes a causa de su indigencia, y otros recibían abundante instrucción por motivo de sus riquezas” (3 Nefi 6:12). En otras palabras, los niveles socio-económicos más altos de la sociedad eran los únicos que normalmente tenían semejante oportunidad de educación. Considerando quienes eran, suponemos que los que escribieron la h i st o r i a s e ocupaban de im po r ta nte s a suntos sacerdotales, dinásticos, o de la capital. Sólo en raras ocasiones encontramos información objetiva acerca de la gente común. Tener presente estos requisitos nos permite ver más claramente algunos enigmas del Libro de Mormón. Un cuidadoso estudio del término nefita, por ejemplo, nos muestra que este nombre se usa por lo menos con seis significados: 1. El linaje de Nefi en específico (Jacob 1:13-14; Mosíah 25:12; Alma 3:17; y probablemente 43:14). 2. Más limitadamente, un grupo gobernante de élite, que se componía de los reyes que llevaban el título de “Nefi” y sus parientes (probablemente un linaje menor de la primera categoría) (Jacob 1:11; comparar “los nefitas” en la interesante expresión “pueblo de los nefitas”, lo mismo que en Alma 54:14; Helamán 1:1; Moroni 8:27)2. 3. Todos los que eran válidamente gobernados por los “nefis” (Jacob 1:10-14; Mosíah 25:13; Mormón 1:8-9). (Los dos Mosíahs y Benjamín continuaron con el “título” de realeza que tenían los Nefis; los “jueces” o “gobernadores” que sucedieron al Mosíah más joven fueron, sin duda, legitimizados al transmitirles Mosíah la misma autoridad, aunque no el título.) 4. Los creyentes en un conjunto específico de prácticas religiosas y de creencias (Alma 48:9-10; 54:10; 4 Nefi 1:36-37). 2.- La versión en español ha alterado el término en la segunda de estas escrituras. (N. del T.)
  • 85. ACLARANDO ALGUNAS COSAS 69 5. Los participantes en una tradición cultural (2 Nefi 5:6, 9-17; Jacob 3; Enós 1:20-23; Jarom 1:4-10; Helamán 3:16). 6. Un grupo “racial” o étnico (1 Nefi 12:16, 23; 2 Nefi 5:21-23; Jacob 3:5; Alma 55:4, 8). A l g u n as veces se dice que los ne f ita s e r a n numerosos en el tercer sentido; en otros lugares se le da el primer significado, en cuyo caso la población a la que refiere sería, comprensiblemente, más pequeña (¿Alma 43:13?). Sin duda, para los que guardaban los registros, las distinciones eran perfectamente claras cuando escribían, y generalmente el significado que se le quería dar estaba implícito en el contexto. El mismo principio se aplica a “los lamanitas”. Cuando “los zoramitas se hicieron lamanitas” (Alma 4 3 : 4 ) , p o r ejem plo, esto no sig nif ic a que e llos adquirieron nuevas características biológicas, sólo que habían cambiado de lealtad política. Toda esta información se reduce al hecho de que el Libro de Mormón es un registro parcial de los sucesos, que enfatiza lo que ocurría a un grupo de personas, presentado en términos etnocéntricos propios, en medio de otras personas, cada una de las cuales tiene su propia versión de los hechos. De este modo, es muy parecido a otros registros de la antigüedad. Los israelitas, desde José hasta Moisés, cobran mucha importancia en su propio registro, que nos llega a través de Moisés, pero en los registros egipcios, aparentemente ni se menciona a Israel. De forma similar, el Popol Vuh, un documento de linaje de las tierras montañosas de Guatemala, describe a los grupos de habla Nahua, que entraron en la tierra alrededor del siglo XIII y subyugaron a los mayas locales que eran superiores numéricamente. Los habitantes nativos son casi ignorados en el registro. Sin embargo, en tiempos de los españoles, sólo se podía percibir un ínfimo vestigio del idioma y un puñado de rasgos culturales de los intrusos. A la larga
  • 86. 70 UN MARCO GEOGRAFICO se encontraron a sí mismos culturalmente engullidos por la población que ellos habían conquistado.3 En un caso similar, M. K. Freddolino, comparando una historia tradicional en el área de Tarrascán en Méjico occidental con el registro arqueológico no encontró, en los artefactos, pruebas de ningún grupo inmigrante tal y como relataba la tradición. Sólo pudo concluir que aunque la historia podía ser correcta, desde el punto de v i st a d e la élite intrusa, la tra dic ión que e llos transmitieron no reflejaba la más amplia afluencia de hechos que se produjeron en el área geográfica a la que habían entrado, y ciertamente no tuvieron ningún e f e c t o v isible en el registro a r que ológic o. 4 Naturalmente, el fin del linaje nefita, en Cumorah, aunque afectó a muchos de sus súbditos, se registró como el fin de la historia de ese grupo de manera mucho más catastrófica de lo que hubiera parecido visto desde fuera. Moroni apuntó lacónicamente que había gran cantidad de lamanitas y ladrones alrededor, luchando entre ellos, pero que eso no suponía ningún consuelo para él cuando su pueblo había desaparecido, pues, “Mi padre ha sido muerto en batalla, y todos mis parientes, y no tengo amigos ni adónde ir” (Mormón 8:5,8-9). El relato se terminó porque el linaje también lo había hecho, no porque llegara a su fin toda una civilización (ver Moroni 9:20, 24). La diferencia es importante, si vamos a relacionar fielmente el libro con los hallazgos arqueológicos. 3.- Robert Carmack, Toltec Influence on the Postclassic Culture History of Highland Guatemala, MARI 26 (1968), pág. 86. 4.- Marie Kimball Freddolino, “An Investigation into the ‘PreTarascan Cultures of Zacapu, Michoacan, Mexico” (Tesis doctoral, Yale University, 1973). William F. Albright señala que los israelitas manipularon las genealogías de la misma manera en el Antiguo Testamento en su obra: Yahweh and the Gods of Canaan: A Historical Analysis of Two Contrasting Faiths (Garden City, Nueva York: Doubleday, 1968), pág. 82.
  • 87. ACLARANDO ALGUNAS COSAS 71 El Formato Cultural y el Libro de Escritura Toda frase esta expresada dentro de un contexto socio-cultural, que incluye un vocabulario, unas e x p e r i e n cias, unos sím bolos y pr e suposic ione s estándar. Son esenciales en el mismo sentido en que uno necesita cierto tipo de recipiente para llevar agua a un hombre sediento. Cuando Cristo, durante su vida, enseñó a los judíos, hablaba de ovejas y rediles, viñas y lagares, deudas y prisiones, camellos y cabras. El significado de estas cosas llegaba a las mentes de sus oyentes como una carga transportada por los signos lingüísticos y visuales que él usaba. Nefi reconoció la singularidad cultural del mensaje que llega a través de los profetas judíos: “pues he aquí, Isaías hablo muchas cosas que a muchos de los de mi pueblo les fue difícil comprender, porque no saben concerniente a la manera de profetizar entre los judíos. Porque yo, Nefi, no les he enseñado muchas cosas respecto de las costumbres de los judíos” (2 Nefi 25:1-2). Pero él mismo salió “de Jerusalén, y mis ojos han visto las cosas de los judíos, y sé que ellos entienden las cosas de los profetas, y no hay ningún otro pueblo que entienda como ellos las cosas que fueron pronunciadas a los judíos, salvo que fueran instruidos conforme a la manera de las cosas de los judíos” (versículo 5). Nos está diciendo que la verdad del Evangelio se comunica mejor en los términos específicos de una cultura, y que nosotros podemos no entender completamente lo que se está expresando si no conocemos el sistema de significados con el que se transmite el mensaje. El Libro de Mormón tiene su propio conjunto de recipientes nefitas en los que se nos ofrece el “agua de vida”. P o d e m o s beber parte de la palabr a e n té r minos generalizados, pero para beber mucho, haríamos mejor en usar el recipiente original.
  • 88. 72 UN MARCO GEOGRAFICO Los Santos de los Ultimos Días han asumido durante largo tiempo que el libro de escritura de la América antigua tenía que leerse como si fuera la Biblia. Basandonos en esa premisa hemos supuesto, sin pensar mucho en el asunto, que el Libro de Mo r m ó n mostraría las m ism as c a r a c te r ístic a s estilísticas hebreas (israelitas) y su mismo trasfondo cultural. Algunos de nuestros expertos, efectivamente, han encontrado instructivos paralelismos entre las culturas israelita y egipcia y el estilo y contenido del libro.5 Sin embargo, la mayor parte de la historia nefita tuvo lugar en América. El escenario del Nuevo Mundo seguramente habrá tenido, al menos, tanto impacto inmediato y fuerte en el texto de escritura como cualquier otra cosa del Viejo Mundo. Antes de que finalmente entendamos lo que es el libro y lo que no e s, d e b e mos ver como tom ó fo r ma e n su pa tr ia americana, no sólo en el Próximo Oriente. Cuando José Smith tradujo el texto del Libro de Mormón, él, naturalmente, lo redactó de manera similar a la Biblia. El estilo que José dominaba y que le parecía “escritural” a él y a sus contemporáneos, obviamente, se derivaba de que estaban familiarizados con la Biblia. A pesar de esto, algunas características estilísticas del texto revelan, definitivamente, formas, que no son simplemente fruto de la mano o mente de José. 6 Algún día, cuando sepamos más acerca de los 5.- Por ejemplo: John a. Tvedtnes, “Hebraisms in the Book of Mormón: A Preliminary Survey,” BYU Studies 11 (otoño de 1970): 50-60; Hugh Nibley, Lehi in the Desert and the World of the Jaredites (Salt Lake City: Bookcraft, 1952), pág. 33; M. Deloy Pack, “Possible Lexical Hebraisms in the Book of Mormon (Words of MormonMoroni)” (tesis de licenciatura, Brigham Young University, 1973), pp. 176-77. 6.- John H. Welch, “Chiasmus in the Book of Mormon,” BYU Studies 10 (1969): 69-84; idem, "Chiasmus in the Book of Mormon,” en Chiasmus in Antiquity: Structures, Analyses, Exegesis, ed. John W. Welch (Hildesheim, West Germany; Gerstenberg Verlag, 1981), pp. 198-210.
  • 89. ACLARANDO ALGUNAS COSAS 73 estilos de expresión en la antigua América seremos capaces de detectar similitudes entre esta escritura y otros documentos de los primeros pobladores de este hemisferio, pero por ahora este tipo de comparación es imposible. A pesar de todo, es posible otro tipo de comparación. Se ocupa del contenido, no con el estilo. Los conjuntos de ideas y símbolos que se usan en el Libro de Mormón parecen ser muy similares en ambos, en los códices o libros de la antigua Mesoamérica y también en lo que aconteció en las primeras culturas del Próximo Oriente. En resumen, el Libro de Mormón puede verse como un puente entre las dos áreas culturales a las cuales se refiere, exactamente como sugiere que es. Durante la traducción de las planchas, cuando Martín Harris estaba ayudando a José Smith, Harris llevó la copia de una parte de los caracteres de las planchas de oro al profesor Charles Anthon, de la U n i v e r si d ad de C olum bia, para ve r si é l podía confirmar que eran antiguos. El relato de Harris de sus tratos con el profesor Anthon es muy conocido por los santos de los Ultimos Días.7 Algunos años más tarde, Anthon escribió, a los críticos de José Smith, lo que él recordaba del incidente. Concerniente a los caracteres del papel que le llevó Martín Harris, el profesor dijo que estaba en columnas “evidentemente copiadas del zodiaco mejicano”8 Hay pruebas de que las planchas de oro podrían ser c o n si d e r a das como una for ma de c ódigo mesoamericano. Muchos de los conceptos e imágenes q u e se e n cuentran en el L ibro de Mor món son 7.- James B. Allen y Glen M. Leonard, The Story of the Latter-day Saints Salt Lake City: Deseret Book, 1976), pág. 41. 8.- Brigham H. Roberts, New Witnesses for God, vol. 2. The Book of Mormon, vol. 2 (Salt Lake City: Deseret News Press, 1926), pp. 95-100; idem., A Comprehensive History of the Church of Jesus Christ of Latter-day Saints. Century vol. 1 (Salt Lake City: The Church of Jesus Christ of Latter-day Saints, 1930), pp. 100-107.
  • 90. 74 UN MARCO GEOGRAFICO similares a los que se esperan encontrar en un libro antiguo de Méjico. El hecho de que existan tales paralelismos es bastante importante por lo que nos sugiere en cuanto a la historia de los contactos habidos e n t r e e l Viejo y el N uevo Mun do. Pa r a nue str o propósito actual es más importante que comprendamos que el Libro de Mormón debe contener todavía muchas c o sa s q u e las personas de hoy e n día no ha n comprendido porque se presentan en términos de una visión del mundo diferente a la nuestra. Para mostrar algo característico del pensamiento nefita, más adelante hago un sumario de lo que ya he tratado extensamente en otro lugar.9 Casi todos los fenómenos de los que seguidamente vamos a hablar coinciden en tres tipos de fuentes: en el libro de Mormón (como se muestra en versículos específicos, citados en el artículo original10), en las creencias mesoamericanas, y en el pensamiento del Próximo Oriente durante la época del Antiguo Testamento. Una Imagen Compartida Los cielos y la tierra se estructuran en diversos estratos: múltiples niveles arriba, la superficie de la tierra en medio y los mundos subterráneos bajo la superficie. Las elevaciones, naturales o artificiales, son puntos de contacto con los estratos superiores; cuevas y charcas conectan con el mundo inferior. El león (jaguar en Mesoamérica), una deidad de la noche y del subsuelo, representa el sol en su aspecto nocturno. El león es temido, respetado y envidiado. 9.- “The Book of Mormon as a Mexoamerican Codex,” Society for Early Historic Archeology, Newsletter and Proceedings (Provo) 139 (1976): 1-9, la cual, a su vez, se apoya en mi artículo “The significance of an Apparent Relationship Between the Ancient Near East and Mesoamerica,” en Man Across the Sea of Pre-Columbian Contacts, ed. Carroll L. Riley et al. (Austin: University of Texas Press, 1971), pp. 219-41. 10.- “Mesoamerican codex,” apéndice, columna de en medio.
  • 91. ACLARANDO ALGUNAS COSAS 75 Debajo de la superficie está la región de la muerte y la oscuridad. Alguno de los muertos disfrutan de un paraíso que les proporciona una existencia sin dolor después de la muerte. Hay un hades que proporciona castigo a otros. Debajo de la superficie hay un océano de aguas primigenias que pueden salir a la superficie desde una cueva o agujero cuando se abre una brecha en la montaña artificial que cubre el lugar. Aunque el agua subterránea puede connotar el mal, también puede ser considerada “pura” o “sagrada”. Habita en estas aguas un monstruo (monstruo terrestre, dragón, c o c o d r i l o , leviatán). E n tiempos a ntiguos, f ue sometido por el poder divino en una gran batalla. El símbolo de una vasija rebosante cuyo fluido se divide en dos o tres corrientes conecta con la idea de las aguas saliendo; este símbolo se pone también en relación con la Vía Láctea, que se concibe como una corriente. En tiempos legendarios hubo una inundación catastrófica que destruyó a todas las personas excepto a un puñado. La historia del mundo se divide en una serie de épocas, cada una de ellas caracterizada por una importante catástrofe, una de las cuales fue el diluvio. Las montañas son lugares sagrados, la casa de Dios, cuyo nombre a menudo incluye el término “montaña”. Esta divinidad controla la lluvia, las nubes y el relámpago. Los antepasados muertos y los dioses se r e ú n e n en una m ontaña sa gr a da , donde , periódicamente deciden el destino de la humanidad. A los espíritus benditos se les provee de un refugio sobre la montaña o dentro de ella. Las montañas reales o sus representaciones artificiales son puntos de contacto, donde los hombres ruegan a la deidad, hacen ofrendas, reciben visitaciones, erigen santuarios o templos, entierran a sus muertos, etcétera. Subir a semejante montaña o montículo simbolizaba ascender a los cielos. Los montículos eran agrandados y restaurados periódicamente.
  • 92. 76 UN MARCO GEOGRAFICO Honrar a los antepasados es extremadamente importante. La descendencia de padre a hijo es el principio esencial de la organización de parentesco. Los antepasados son honrados mediante un respetuoso entierro, a menudo en una tumba, la cual se puede volver a utilizar para enterrar a otros miembros del linaje. Se erigían estelas memoriales (grandes piedras verticales) cerca de las elevaciones y de las tumbas. Las piedras podían estar alineadas con el propósito de hacer observaciones astrológicas. Se consideraba que había siete linajes básicos en la historia original del p u e b l o . E l núm ero siete tiene , por sí mismo, significado sagrado. Manantiales, lagos, húmedas cavernas, y otras fuentes de agua son sagradas, en gran parte debido a su presunta conexión con las aguas de debajo de la tierra. L a s se r p i entes u otros reptiles e stá n a soc ia da s conceptualmente con estos lugares húmedos. Un símbolo benéfico o divinidad es una serpiente voladora o elevada. Este ser tiene poder sobre la lluvia y la sequía y, por lo tanto, sobre la fertilidad o el hambre. Se concibe al mundo dividido en cuatro extremos, y c a d a d i r e cción principal está unida a un c olor simbólico. La primera orientación es el este, como si un observador mirara hacia esa dirección. Por lo tanto al sur se le llama entonces “la derecha”, mientras que el norte está a “la izquierda”. El sector norte se considera maldito, premonitorio, desafortunado. La sa l i d a d e l sol por el este, espec ia lme nte e n los solsticios, tiene un significado sagrado. A los centros ceremoniales se les llama “el ombligo del mundo”. En estos lugares sagrados tienen lugar periódicamente asambleas rituales de fieles. La enfermedad se considera como un producto del pecado; la curación sería el resultado de eliminar los efectos de la trasgresión mediante la confesión. Se conoce y practica una forma de bautismo, al igual que la circuncisión. Se conoce un complejo y extenso
  • 93. ACLARANDO ALGUNAS COSAS 77 sacrificio, que incluye holocaustos de animales. Ta m b i é n se conocen los sacrif ic ios huma nos; asimismo, el canibalismo es un elemento ritual que ocurre de vez en cuando. Se toman trofeos humanos. Otros ritos son la santa cena y el ayuno. Los templos se construían de acuerdo con un patrón por el que tenían en su interior partes progresivamente más sagradas y estaban alineadas hacia el sol, la luna, los planetas o las estrellas. Los altares incluían una forma escalonada, cuyos estratos, que forman terrazas, eran un símbolo de los estratos del cosmos. También se usaban incensarios con cuernos o sin ellos, ídolos y pequeñas figurillas cuyo propósito no se conoce con precisión. Hay criaturas sagradas compuestas de lo humano y lo animal, tales como cuadrúpedos con alas (querubín), como parte del sistema de símbolos. También es importante el árbol, particularmente el árbol de la vida con su valioso fruto. Se considera que v a r i o s p u eblos provienen de lo s á r bole s o son simbolizados por éstos. La lista es ya impresionante, aunque podría hacerse mucho más extensa. Estas ideas eran parte del sistema de pensamiento o de la imagen del mundo que tenían los nefitas; gran parte de ellas eran, al parecer, cercanas al pensamiento mesoamericano y al de la antigua Asia occidental. El hecho de que estos modos de pensamiento y de expresión, muchos de los cuales nos suenan extraños, sean normales en el Libro de Mormón y en las áreas con las que está ligado, no significa que sus puntos de vista sobre el mundo encajen en todo aspecto. Existen diferencias. Después de todo, hubo profetas, como Ezequiel en el Antiguo Testamento, que usaron gran parte de este simbolismo, y sin embargo sabemos que las creencias y prácticas israelitas eran también diferentes, en muchos aspectos importantes, de los modelos comunes en el Próximo Oriente. También el libro nefita tiene un lenguaje y unas ideas únicas. No podíamos esperar que el Libro
  • 94. 78 UN MARCO GEOGRAFICO de Mormón fuese completamente mesoamericano o completamente del Próximo Oriente; no obstante, el grado en el que encaja entre esas dos tradiciones culturales es notable y coherente con lo que él dice de sí mismo. R e su m iendo, podem os decir que e l Libr o de Mormón es una traducción de la historia de un longevo linaje de raíces israelitas que tuvo su origen en las tierras de la Biblia. Sus representantes cruzaron el océano hacia Mesoamérica, donde siguieron su curso de vida durante más o menos mil años antes de extinguirse como entidad social y cultural. Como una historia de linaje, el libro no pretende contar todo lo que ocurrió entre todos los pueblos que tuvieron contacto con el grupo que guardaba el registro, ni tampoco informa de muchos aspectos mundanos de la vida. Sus principales preocupaciones son el poder y la gloria del linaje, que los historiadores atribuían al favor o a la ayuda divina, y sus problemas, que se dice son debidos a los pecados del pueblo. El registro se expresa en términos de un lenguaje, de un conjunto de conceptos y puntos de vista del mundo que comparten muchas características con los del Próximo Oriente, donde se originó el linaje, y con Mesoamérica, el asentamiento del linaje en el Nuevo Mundo. Teniendo estos puntos en mente somos más capaces de apreciar lo que nos dice el registro y lo que se calla. También podemos compararlo mejor con los hallazgos d e e st u d i o s externos. D e todos modos, e n toda c o m p a r a c ión hay siempre dos la dos, a sí que lo si g u i e n t e que debemos hacer e s c onside r a r la naturaleza de la información del otro lado de la ecuación histórica. Vamos a ver como obtienen resultados los estudios científicos y eruditos, y de cuánta confianza son esos resultados.
  • 95. ACLARANDO ALGUNAS COSAS 79 Aprendiendo de la Vida en la Antigüedad La manera ideal de saber acerca de las personas del pasado sería encontrar a un grupo, que todavía esté vivo, que continúe con las formas de vida de esos antepasados, sin haberlas cambiado. Naturalmente esto es imposible, pero la idea es tentadora, porque hay un vacío tremendo entre lo que podemos saber por las personas vivas y lo poco que podemos recoger de los restos que nos han quedado de tiempos antiguos. Hace años, el antropólogo Julián Steward estudió a los indios paiutes, del estado de Nevada, de dos maneras contrastadas. Primero, reunió toda la información que pudo de los supervivientes, por medio de preguntas y de la observación. Después comparó sus resultados con lo que la arqueología descubría excavando los emplazamientos paiutes. Su trabajo con los vivos identificó unas 1.400 características (y ésta es una de las sociedades más simples de todas las que llegan hasta nuestro día); la investigación arqueológica sólo descubrió 40 de éstas.11 La mayor parte de las sociedades nativas que descienden de los pueblos del Libro de Mormón cambiaron en muchos aspectos, debido a los sucesos q u e t u v i eron lugar entre la des a pa r ic ión de los l a m a n i t a s (siglo IV d.C .) y la lle ga da de los conquistadores españoles. Después del año 1519, cuando Cortés comenzó la destrucción del imperio a z t e c a , e n Méjico, el cam bio r e voluc iona r io se convirtió en algo acostumbrado. Como Nefi había previsto milenios antes, las “muchas multitudes” de los descendientes de su padre fueron “esparcidas delante d e l o s g entiles, y afligidos” ( 1 Ne f i 13:14) , p r i n c i p a l mente por los españole s; los ya nquis ayudaron después. Sin embargo, en áreas remotas la 11.- Julián H. Steward, Pueblo Material Culture in Western Utah, University of New Mexico, Bulletin 287, Anthropology Series 1 (Albequerque, 1936), pp. 1-63.
  • 96. 80 UN MARCO GEOGRAFICO i n f l u e n c i a europea se m antuvo limita da , y se preservaron partes importantes del modelo de vida prehispánico. Un ejemplo iluminador es el pueblo de Zinacantán, una comunidad del sur de Méjico que se encuentra dentro del área que se identifica en el capítulo 1 como la gran tierra de Zarahemla. El antropólogo Evon Z. Vogt, de la universidad de Harvard, y muchos de sus colegas han estudiado durante años a este pueblo de lengua maya que habita en un valle de montaña, en Chiapas. Los investigadores descubrieron un modelo cultural que ha permanecido ordenado y con gran amplitud a pesar de una cierta cantidad de intrusión del modo de vida colonial español, y del mejicano. Se han mantenido muchas de las ideas pre-hipánicas. Incluso las pocas características que llevaron los españoles y q u e h a n llegado a tener bastante impor ta nc ia herramientas de metal, el ron de caña de azúcar, gallinas, cruces de madera, el rito del bautismo, los santos católicos- se han integrado tan enteramente en su modo de vida nativo que se ha olvidado su origen europeo. 12 Naturalmente esto no significa que estas personas viven exactamente como sus antepasados, sino que en el mosaico de sus vidas se han preservado muchos de los elementos. Algunas de sus creencias parecen relacionarse con lo que ya sabíamos de los antiguos mayas. O t r a segunda fuente vital de inf or ma c ión la constituyen los registros que nos han dejado los primeros escritores españoles y los indios a los que ellos enseñaron a leer y escribir. Estas fuentes nos c u e n t a n muchos de los aspectos de la vida e n Mesoamérica que no se han preservado entre ningún 12.- E. Z. Vogt, Recurrent and Directional Processes in Zinacatan, 37a Congreso Internacional de Americanistas, Buenos Aires, 1966, vol. 1 (Buenos Aires, 1968), pág. 445. Una introducción práctica a este pueblo es el informe de Vogt The Zinacantecos of Mexico: A Modern Maya Way of Life, Case Studies in Cultural Anthropology (New York: Holt, Rinehart y Winston, 1970).
  • 97. ACLARANDO ALGUNAS COSAS 81 grupo superviviente hoy en día. Buenos ejemplos de registros españoles clave son: el relato del obispo Diego de Landa sobre Yucatán y los excelentes libros del padre Bernardino de Sahagún sobre el centro de Méjico. 13 Se nos ha transmitido unos pocos relatos tradicionales a través de los descendientes de la nobleza anterior a la conquista, y han sobrevivido también un puñado de auténticos manuscritos precolombinos, a pesar de que los sacerdotes españoles quemaron otros en grandes cantidades. El mayor almacén de conocimientos sobre la vida e n e l p a s ado, lo han hecho los a r que ólogos. Frecuentemente desentierran pruebas físicas de comidas, herramientas y técnicas que se usaron en el pasado. Por ejemplo, se han encontrado tan a menudo muestras reales de maíz, alubias y calabazas, que sabemos que eran alimentos básicos en la dieta de hace mucho tiempo al igual que lo son en tiempos recientes. Una ausencia consistente también se convierte en un hecho probable. Por ejemplo, en ningún lugar de América ha aparecido ninguna prueba de que la harina fuera usada dándole forma de barras cocidas al horno. Es bastante seguro que estos antiguos habitantes no usaban el pan leudado que nos es familiar, sino tortas planas sin levadura. Los científicos han sido capaces de identificar las relaciones comerciales existentes entre las primeras sociedades a través del estudio de la obsidiana o cristal volcánico. Los bordes, afilados como una navaja, de este material lo hacían altamente preciado para cortar 13.- A. M. Tozzer, ed., Landa´s Relacion de las cosas de Yucatan, HUPM 18 (1941), es la traducción más útil, pero se han publicado muchas otras. Fray Bernardino de Sahagun, Florentine Codex: General History of the Things of New Spain, Monographs of the School of American Research 14, ed. y trad. Charles E. Dibble y Arthur J. O. Anderson (Santa Fe, New Mexico: School of American Research and University of Utah Press, 1950-1963).
  • 98. 82 UN MARCO GEOGRAFICO y raspar. Como cada afloramiento de este material tiene una composición química única, generalmente se puede identificar el origen de un objeto de obsidiana que se encuentre en cualquier lugar de Mesoamérica, aunque haya sido importado desde una distancia de miles de millas. Lo que se infiere de tales datos nos dice mucho. Por ejemplo, durante un período, las h e r r a m i e ntas de obsidiana usa da s e n los emplazamientos de la civilización olmeca en el centrosur de Veracruz provenían, casi todas, de un gran flujo volcánico del norte. Mas adelante, lugares más d i st a n t e s proporcionaron la ma yor pa r te de l suministro. La diferencia coincidió probablemente con nuevos acuerdos políticos que hicieron inaccesible la fuente más cercana. 14 Tal análisis nos aclara que las condiciones económicas y políticas cambiantes afectan al acceso a los recursos. También hay datos sobre los u t e n si l i o s de cocina, áreas de ta lle r e s, a r ma s, enterramientos, templos y fortificaciones, a partir de h a l l a z g o s directos, del estudio de los gr upos supervivientes y de los documentos antiguos. Nos beneficiamos de todo este tipo de información. Las representaciones artísticas añaden más detalles. Podemos ver costumbres, rituales, guerras y otros aspectos de la vida de la antigüedad tal y como los artistas escogieron dibujarlos. Pero la mayor parte del arte mesoamericano era complejo y lleno de símbolos exóticos, en vez de representar escenas de la vida cotidiana.15 Miles de pequeñas figurillas de barro (no sabemos exactamente para que servían) modelan, a veces, otros aspectos de la vida. 14.- Jane W. Pires-Ferreira, “Obsidian Exchange in Formative Mesoamesica,” en The Early Mesoamerican Village, ed. Kent V. Flannery (New York: Academic Press, 1976), pp. 301-6. 15.- Elizabeth K. Easby y John F. Scott, Before Cortes: Sculpture of Middle América (New York: Metropolitan Museum of Art, 1970), ofrece un interesante panorama de este artista para el no especialista, combinado con un tratamiento relativamente exacto.
  • 99. ACLARANDO ALGUNAS COSAS 83 Métodos Arqueológicos Desenterrar estos restos de materiales del pasado del hombre -la labor de la arqueología- parece un asunto directo y simple pero no lo es. Los resultados pueden ser inestimables, pero también existen serias limitaciones. Para apreciar los puntos fuertes y los problemas del proceso, necesitaremos revisar unos pocos principios clave. La herramienta más útil para establecer relaciones tiempo-espacio es la estratigrafía. Para ilustrar este principio, apile tres libros, de uno en uno. ¿Puede haber alguna duda de cual puso el primero? El de debajo, naturalmente. Alguien que encuentre la pila de libros más tarde seguramente llegaría a la misma conclusión. Los estratos del Gran Cañón ilustran este principio de la estratigrafía. También está igualmente claro en la zanja de un arqueólogo. Hay escasas excepciones a este principio; uno podría pensar que un terremoto podría trastocar los estratos, pero esto no ocurre. Las características más antiguas pueden distinguirse de las posteriores también de otro modo. En un charco de agua, la onda que está más lejos del punto en donde se tiró una piedra será la primera que se formó. De la misma manera, la distribución de una característica cultural en un mapa puede decirnos algo acerca de la historia. Normalmente una costumbre o un artefacto se habría originado cerca del centro de su posterior área de distribución, y como habrá tenido más tiempo para elaborarse en esta zona central, habrá más formas variantes por allí. En función de estos principios geográficos podemos inferir algunas cosas sobre el o r i g e n l a difusión de los estilos de c e r á mic a , arquitectura y cultivo de plantas. L a t e r c era herramienta para de te r mina r la s relaciones de tiempo y espacio es la tipología. Cada actividad u objeto cultural muestra características diferentes en sus detalles de los rasgos que revelan
  • 100. 84 UN MARCO GEOGRAFICO actividades u objetos equivalentes de una época anterior o posterior. Bailes populares, formas de etiqueta, ropa o botellas de cristal, todos varían continuamente a través del tiempo en cruciales detalles estilísticos. Por ejemplo, algunos jóvenes son capaces de identificar, sin titubeos, cualquier motocicleta o coche que ven, diciendo la marca, el modelo, el año de manufactura y otros datos de un vistazo. El truco es darse cuenta de los evidentes indicadores de las tendencias de moda o la nueva tecnología que varían de año en año, como por ejemplo, el perfil de una máquina, la disposición de las luces, la pintura, y el sonido del motor. Los artefactos preservan los cambios de una cultura como una historia indeleble. La fuente más útil de que disponen los arqueólogos para datar sucesos son las vasijas de cerámica. Ya que se rompían fácilmente, los platos, ollas y tazas de uso d i a r i o se fabricaban ininterrumpida me nte . Los alfareros hacían a menudo pequeños cambios en su arte sin darse cuenta. Algunas de las tendencias se ponían de moda y se extendían a otros lugares. En ocasiones se inventaba, se tomaba prestada o se imponía por los conquistadores una idea o técnica enteramente nueva. Estas modificaciones de estilo, especialmente cuando se consideran junto con los datos estratigráficos y distributivos nos permiten construir imágenes detalladas y generalmente fiables de dónde y cuándo existieron ciertos pueblos e ideas y se trasladaron de un lugar a otro, en el pasado. Fechando en Términos de Años Hasta ahora el cuándo de nuestra discusión ha significado sólo “antes de” o “después de”. Estos métodos generales no nos dicen hace cuántos años. Lo que deseamos hacer es conectar los sucesos con fechas de nuestro calendario.
  • 101. ACLARANDO ALGUNAS COSAS 85 A primera vista, los escritos históricos parecen i d e a l e s p ara este propósito. Si c onsiguié r a mos encontrar documentos preservados del pasado que, especificamente, describan los hechos, nombren los pueblos e identifiquen edificios o artefactos en términos de fechas de calendario, resolveríamos el problema de la cronología. Por desgracia, el número de documentos históricos de cualquier lugar de las Américas que contiene tal información es minúsculo, e i n t e r p r e t arlos es difícil. Tene mos, e n e f e c to, monumentos de piedra tallada y unos pocos códices (libros autóctonos) de Mesoamérica. Los habitantes, de lengua maya, de las tierras bajas de Guatemala y áreas próximas tenían un extraordinario conocimiento de la aritmética del calendario, y dejaron muchas estelas (monumentos de piedra) y otros objetos en los que las fechas aparecían inscritas en el sistema nativo. Dos p r o b l e m as han atormentado a los e xpe r tos que esperaban usar dichas fuentes de datación. El primero ha sido las diferentes interpretaciones que existen de cómo el calendario maya se debería relacionar con las f e c h a s e u ropeas. E l segundo e s c one c ta r la información de las piezas talladas o pintadas con los sucesos del entorno. Por ejemplo, la fecha de un monumento, ¿se refiere a cuando se le colocó en ese lugar, a algún suceso anterior, o a algo que se espera tenga lugar en el futuro? Y, ¿qué conexión, si es que hay alguna, tendría con las edificaciones de alrededor? Ocurre con harta frecuencia que no lo sabemos. Afortunadamente, la primera dificultad está ahora prácticamente resuelta. En años recientes, varios tipos de pruebas han demostrado, cada vez más, que es muy probable que el 1539 d.C. incluya la fecha maya escrita cómo 11.16.0.0.0. 16 Asumiendo que el sistema 16.- Linton Satterwaite, Calendrics of the Maya Lowlands, HMAI 3 (603-31. Munro S. Edmonson, “The Mayan Calendar Reform of 11.16.0.0.0,” Current Anthropology 17 (1976): 713-17.
  • 102. 86 UN MARCO GEOGRAFICO de calendario usado en la época de la conquista española se utilizara de forma continua 17 durante milenios, éso sitúa la que podría ser la primera inscripción fechada de Mesoamérica en el 35 d.C.18 El período de desde aproximadamente el 300 d.C. hasta el 9 0 0 h a p roducido cientos de monume ntos que presentan fechas. Además, el vincular los objetos datados con su entorno se hace más seguro cuanto más se continúa con la investigación, aunque todavía quedan problemas. Por ejemplo, los estudios durante los últimos 15 años han demostrado que muchos de los monumentos tallados por los mayas conmemoraban n a c i m i e n tos, matrimonios o la s mue r te s de los dirigentes locales, y a veces estos acontecimientos pueden estar conectados directamente con nuevas c o n st r u c c iones erigidas para se ña la r e stos acontecimientos.19 17.- D. J. Schove y D. H. Kelley cuestionan por separado esta continuidad, prefiriendo las correlaciones del calendario basadas en consideraciones astronómicas que la mayor parte de los arqueólogos encuentran imposibles de aceptar. La cuestión no está zanjada, pero casi, a favor del “GTM” o esquema del 11.16.0.0.0. La mejor (aunque indigerible) confirmación de la correlación del 11.16 se encuentra en la excelente obra de Gordon Brotherson A Key to the Mesoamerican Reckoning of Time: The Chronology Recorded in Native Texts, British Museum Occasional Paper 38 (London: British Museum, 1982). Para ver el punto de vista de Schove, leer “On Maya Correlations and Calendar Forms,” Current Anthropology 18 (1977): 749 18.- Gareth W. Lowe, “Algunos Resultados de la Temporada 1961 en Chiapa de Corzo, Chiapas,” Estudios de la Cultura Maya 2 (1962):185-96; Joyce Marcus, “The Origins of Mesoamerican Writing,” Annual Review of Anthropology 5 (1976):49-51. 19.-Tatiana Prostkouriakoff, “Historical Implications of a Pattern of Dates at Piedras Negras, Guatemala,” American Antiquity 25 (1960):454-75; Robert L. Rands, “The Classic Collapse in the Southern Maya Lowlands: Chronology,” en The Classic Maya Collapse, ed. T. Patrick Culbert (Albuquerque: University of New Mexico Press,1973), pp. 48-53; John P. Molloy y William L. Rathje, “Sexploitation among the Late Classic Maya,” en Mesoamerican Archaeology, New Approaches, ed. Norman Hammond (Austin: University of Texas Press, 1974), pp. 431-44.
  • 103. ACLARANDO ALGUNAS COSAS 87 La Datación por Radiocarbono Tan valioso como es para nuestros estudios el calendario nativo, hay demasiadas pocas piezas d a t a d a s en dem asiados pocos luga r e s y c ubr e n d e m a si a do poco tiem po com o pa r a pe r mitir nos depender de ellas como el principal medio de obtener fechas absolutas. Afortunadamente, en décadas recientes, las ciencias físicas han desarrollado nuevas e ingeniosas técnicas que se pueden utilizar para r e so l v e r e ste problem a. E l m étodo té c nic o má s a m p l i a m e nte utilizado se vale de un e le me nto radioactivo común (carbono 14 o C-14). Veamos cómo funciona. Cada elemento radioactivo se rompe o desintegra a su propia velocidad constante. En el caso del carbono 14 se ha calculado que necesita alrededor de 5.800 años para que la mitad de su material radioactivo original se desintegre. Cada ser vivo mantiene un nivel estable de C-14, el cual obtiene de la atmósfera. Sobre un organismo muerto, el carbono r a d i o a c t i v o que contiene se de sinte gr a e n una proporción fija, no pudiendo ser ya reemplazado. Si un instrumento de prueba muestra que el C-14 de un espécimen orgánico -digamos un trozo de madera- está radiando en una proporción de la mitad de un ser vivo, entonces, se sabe que el objeto examinado murió hace 5.800 años. Esta técnica puede datar carbón en el hoyo de una hoguera y así determinar cuando se cortó la leña, o podemos calcular la antigüedad de un poco de maíz almacenado en un jarro y así obtener una fecha general de cuándo se manufacturó el jarro.20 20.- Una introducción general: Willard F. Libby, “Radiocarbon Dating,” Endeavour 13 (1954):5-16. Actualizaciones: Joseph W. Michels, Dating Methods in Archaeology (New York: Seminar Press, 1973); y E. K. Ralph, H. N. Michael y M. C. Han, “Radiocarbon Dates and Reality,” MASCA Newsletter (Philadelphia: University Museum, University of Pennsylvania) 9, nº 1 (agosto de 1973): 1-20.
  • 104. 88 UN MARCO GEOGRAFICO Como todos los procesos técnicos, éste tropieza con algunos problemas. Cierto tipos de materiales puestos a prueba han dado resultados extraños. En ocasiones es culpa de los instrumentos del laboratorio o de la técnica. Y a veces la muestra examinada no estaba claramente relacionada con ningún otro objeto, así que no podemos estar seguros de lo que significa la fecha. Sin embargo, las decenas de miles de dataciones hechas por el C-14 en los objetos arqueológicos durante los últimos 35 años han permitido a los arqueólogos desarrollar una escala temporal para las culturas antiguas que generalmente es coherente con lo que sabemos por otros métodos, aunque mucho más detallada. De hecho, entre los objetos que fueron p r i m e r o medidos por este méto do e sta ba n unos pedazos de madera de las tumbas egipcias cuya datación histórica ya se sabía por los documentos; así es como se calibró originalmente el proceso en nuestro calendario. La continua investigación basada en el proceso de datación del C-14 ha mejorado su precisión en años recientes. Se produjo un importante avance cuando la técnica se combinó con la datación por medio de los aros de los árboles o dendrocronología. Hace más de 50 años, el doctor A. E. Douglass se dio cuenta de algo acerca de los aros de los árboles, algo en lo que la mayoría de nosotros no pensamos cuando vemos un tocón recién cortado. Todos sabemos que normalmente los árboles añaden un aro por cada año de crecimiento, y que podemos contarlos fácilmente. Douglass se dio cuenta de que en ciertas especies los anillos eran mucho más anchos o estrechos que en otras y que durante un período de tiempo éstos formaban dibujos. La secuencia de anillos anchos y estrechos sobre un período en particular de 20 años, digamos, nunca se duplicaría exactamente en cualquier otro período de 20 años. Los árboles que crecen en la misma región muestran la misma configuración de aros, porque las
  • 105. ACLARANDO ALGUNAS COSAS 89 variaciones en la anchura de los mismos son el resultado de las variaciones anuales de lluvia, que crean una “huella” única en esa área y ese período de tiempo. Lo siguiente que descubrió Douglass fue que podía hacer coincidir los segmentos temporales de forma parcial. Los anillos de un árbol que se sabía había sido cortado en 1910 podían extenderse hasta 100 años atrás, pero entonces, podría encontrarse otro á r b o l c u y os aros encajaran exac ta me nte e n los primeros 30 años de ese siglo, extendiéndose a su vez también 50 años atrás o poco más o menos. Por medio d e t a l e s coincidencias parciales se e la bor ó una secuencia de configuraciones características que se r e m o n t a ban a m ás de m il añ os a tr á s. 2 1 Este c o n o c i m i e nto nos permite una da ta c ión extremadamente precisa de las ruinas de los pueblos, en Arizona, estableciendo cuándo se cortaron las vigas de las casas. En años recientes, otros investigadores han usado la dendronología para establecer una secuencia de configuraciones de aros del pino de piña erizada, que crece en el oeste del estado de Nevada. Estos árboles están entre los más antiguos de todos los seres vivientes; en algunos casos un árbol en particular ha vivido miles de años. Los aros de estos pinos se han usado para construir una secuencia que se remonta a miles de años atrás. Se han tomado muestras de madera de ciertos segmentos de los aros de esos pinos. A continuación fueron procesadas, por el método del C-14, cientos de muestras de las que se conoce exactamente su antigüedad. Un pedazo de madera datado positivamente al contar sus aros podría, por ejemplo, tener 2.675 años de antigüedad. Sin embargo, por el método C-14, el cálculo de tiempo puede ser tan só l o d e 2.400 años. E l m étodo químic o e sta ba claramente equivocado, porque el cálculo por los aros 21.- Michels, Dating Methods.
  • 106. 90 UN MARCO GEOGRAFICO de los árboles no puede ser erróneo. Ahora, después de muchos cientos de estas pruebas, se han elaborado correcciones que nos dicen cuánto error hay en cualquier datación hecha por el C-14. Como resultado, estas pruebas son ahora casi tan precisas como si c u a l q u i e r m aterial nuevo de una e xc a va c ión arqueológica hubiera sido datado realmente por la cuenta directa de los aros de los árboles.22 A propósito, se han tomado lecturas del carbón radioactivo de las vigas de madera de los edificios construidos por los mayas y claramente fechadas según su sistema de calendario, por medio de inscripciones talladas sobre las vigas. Las fechas del C-14 y las vigas fechadas por el calendario (usando la correlación Goodman-Martínez-Thompson) concuerdan bastante bien. Se han desarrollado otros ingeniosos métodos técnicos para proporcionar fechas en términos de nuestro calendario. Uno de ellos se aprovecha de la h i d r a t a c i ó n o el desgaste que s e pr oduc e e n la obsidiana que se deja expuesta a la atmosfera. Se toman medidas microscópicas del espesor de la capa desgastada de un artefacto obsidiano. Cuanto más tiempo haya transcurrido desde que el objeto obsidiano fue recién astillado y por lo tanto expuesto al aire al manufacturar la herramienta, más ancha será la pátina negra de su superficie; y esto se puede convertir, a través de los años, en nuestro calendario. 23 Otro método, el arqueomagnetismo, se basa en medir los cambios de orientación del campo magnético que rodea la tierra. El calor del fuego alinea permanentemente las moléculas en la tierra quemada debajo del fuego en el á n g u l o d e las líneas m agnética s de f ue r z a que prevalecen en ese punto de la superficie de la tierra en ese momento. Los geólogos pueden calcular el ritmo 22.- Ralph et al., “Radiocarbon Dates,” pág. 1. 23.- Michels, Dating Methods.
  • 107. ACLARANDO ALGUNAS COSAS 91 d e c a m b i o de una orientación ma gné tic a c on e l transcurso de los años, así que, cuando se descubre un e d i f i c i o incendiado o una cocina , e l r e gistr o inintencionado de su ángulo magnético “congelado” puede compararse con el ángulo del campo magnético de hoy en día. Entonces se puede calcular cuantos años han pasado desde que ardió ese fuego. 24 Solo se mencionan estos métodos para sugerir la serie de herramientas que la ciencia ha hecho disponibles para ayudarnos a establecer fechas. Todos ellos producen resultados que normalmente concuerdan unos con otros. Naturalmente nuestra confianza en su exactitud aumenta a medida que se establece el acuerdo. Usando estos métodos, los expertos han señalado fechas bastante estables para la mayor parte de los restos antiguos. En cuanto a Mesoamérica, las culturas estudiadas con más detenimiento -las posteriores a la época de Cristo- han sido datadas con una variación potencial de no más de 50 a 100 años. En lo que respecta a los siguientes 2.000 años, en los tiempos de después de Cristo, las fechas son probablemente precisas dentro de un margen de cien años en el peor de los casos. De todos modos, todavía se efectuaran interesantes mejoras. Historia Lingüística Los métodos de los que hemos hablado hasta ahora efectúan estudios principalmente, con objetos físicos, pero éste no es el único material que queda para iluminarnos la vida antigua. La historia del lenguaje añade valiosos datos a la imagen. Vamos a ver en qué manera, con un ejemplo de los idiomas occidentales europeos. 24.-Ibid.; Daniel Wolfman, “A Re-evaluation of Mesoamerican Chronology: A.D. 1-1200” (Ph. D. diss., Universidad de Colorado, 1973), cap. 5.
  • 108. 92 UN MARCO GEOGRAFICO Gran cantidad de palabras en inglés, sueco y alemán están, obviamente, emparentadas unas con otras: Inglés brother foot door day heart Sueco broder fot dör dag hjarta Alemán bruder fuss tür tag herz No sólo hay unas claras similitudes ortográficas, sino que muchas de las diferencias se amoldan a un p a t r ó n r egular. Por ejemplo, la s pa la br a s que comienzan por d en inglés y sueco, tienen una t en alemán. Mirando muchos más ejemplos descubrimos el gran número de estas relaciones y su naturaleza sistemática. A partir de ellas podemos decir que los tres idiomas tienen un origen común. En el mismo punto del pasado, el habla de las personas del lenguaje ancestral cambió poco a poco a medida que los grupos de hablantes se alejaban unos de otros. Durante mucho t i e m p o , c ada grupo desarrolló un le ngua je de características únicas a la vez que cambiaban sus c o n d i c i o nes y costum bres. E l a ume nto de la s distancias habría impedido que compartieran sus costumbres con sus anteriores vecinos. Finalmente el cambio llegaría a un punto en el que los dos no serían capaces de entenderse mutuamente. Aunque este bosquejo de la división de un lenguaje, en algún tiempo unificado, está suprasimplificado, el principio general se ha documentado históricamente una y otra vez. Una cuidadosa comparación nos permite reconstruir las divisiones y los traslados de los grupos lingüísticos con considerable confianza.
  • 109. ACLARANDO ALGUNAS COSAS 93 También es posible reconstruir una imagen parcial de la cultura de los hablantes de la lengua ancestral. Cuando se comparan las lenguas derivadas se pueden identificar puntos culturales para los cuales todos tenemos una palabra emparentada con las otras. Otros puntos pueden no tener ninguna palabra en la mitad de los idiomas recientes, así que podemos decir que esa cosa en particular no se encontraba en la época anterior de cuando los antepasados empezaron a dividirse geográfica y lingüísticamente. Sobre estas bases sabemos, por ejemplo, que en Mesoamérica, probablemente alrededor del 1.500 d.C., los hablantes del proto-mixe-zoque cultivaban estas plantas: el cacao, la calabaza, el tomate, las alubias, la batata, el plátano, el maíz, la guayaba, la papaya, el zapote, la mandioca y el algodón. Por este inteligente método, aprendemos hechos importantes que la arqueología probablemente nunca habría podido recobrar para nosotros. Aún más valioso es saber que las mismas poblaciones originales tenían palabras para: el baile, el incienso, el metal, el festival, el tabaco, tocar música, comprar algo y cepillar la madera, por ejemplo.25 Otro tipo del estudio del lenguaje nos da una idea de cuándo ocurrieron las separaciones. A este análisis se le conoce hoy en día como “glotocronología”. Hace más de una generación, el profesor Morris Swadesh y otros elaboraron listas de 100 y 200 palabras de vocabulario “básico” (palabras como brazo, pie, cabeza, agua, comer) para los lenguajes en los que los registros históricos nos permitían examinar cuán rápido había ocurrido el cambio. Descubrieron que se podía documentar una proporción bastante fija de cambio: alrededor del 81 por ciento de estas palabras eran todavía reconocibles después de mil años; luego, el 81 por ciento de ese 81 por ciento permanecían 25.- Lyle Campbell y Terrence Kaufman, “A Linguistic Look at the Olmecs,” American Antiquity 41 (1976): 80-9.
  • 110. 94 UN MARCO GEOGRAFICO hasta el fin de otros mil años y así sucesivamente.26 Así que si dos lenguas comparten raíces reconocibles en un 6 6 p o r c iento de una lista básic a , ha br ía n sido separadas mil años antes (el 81 por ciento de retención para cada una arroja una cifra combinada de un 66 por c i e n t o ) . A lgunos críticos se o pone n a c onf ia r plenamente en las fechas calculadas de esta manera, pero por lo menos el método establece el orden correcto de la sucesiva separación de las lenguas derivadas. También nos da, por lo menos, una idea aproximada de la época, en años, en la que ocurrieron las separaciones, que podemos contrastar con las conclusiones de otros métodos. Consideren un ejemplo de cómo este método aclara las migraciones antiguas. Las lenguas navajo y apache están emparentadas con casi otras 50 lenguas de Norteamérica, la mayor parte de ellas más al norte de donde se encuentran hoy en día estos indios de los estados del sur. Al conjunto del “caudal” lingüístico de todas las 50 lenguas derivadas de lo que en un tiempo fue un solo idioma, se le denomina atabasca. Si comparamos el navajo con el kutchin, una lengua atabasca que se usa en Alaska, encontramos que difieren uno del otro casi tanto como el inglés del alemán. Al comprobar el vocabulario básico se demuestra que comparten el 70 por ciento de los puntos básicos (por ejemplo, “-tsin” en navajo y “tsan” en kutchin significan “árbol”). Esto se traduce en aproximadamente 850 años, usando la variación glotocronológica normal, así que alrededor del 1.100 d.C. habrían comenzado a separarse el kutchin y el 26.- Morris Swadesh, “Lexicostatistic Classification”, HMAI 5 (1960), pp. 79-115; idem, “Diffusional Cumulation and Archaic Residue as Historical Explanation”, Southwestern Journal of Anthropology 7 (1951): 1-21. Las críticas son resumidas por Campbell en American Anthropologist 80 (1978): 159-61, pero él exagera las objeciones.
  • 111. ACLARANDO ALGUNAS COSAS 95 navajo.27 Otra prueba sugiere que los primero navajos llegaron al área de nuevo Méjico un par de cientos de a ñ o s d e spués; esto apoya los r e sulta dos de la comparación del lenguaje. Un Método Combinado Hemos aprendido a tener cuidado al buscar pistas en el Libro de Mormón sobre las características de sus pueblos, procurando no substituir los hechos por nuestras presuposiciones e inferencias. También hemos tomado nota de algunas de las maneras en las que los estudios científicos y eruditos nos hablan de la vida a n t i g u a , a pesar de ciertas limita c ione s e n sus estimaciones. Tomando nota de estos puntos, nuestra meta de ahora en adelante es esbozar un escenario geográfico, cultural e histórico en Mesoamerica en el cual encajen plausiblemente los sucesos, los pueblos y las afirmaciones que se encuentran en el Libro de Mormón. A medida que proseguimos haremos tres cosas: (1) analizar lo que dice el texto, (2) comparar la información del texto con los hallazgos de estudios expertos que estén relacionados y (3) profundizar en el significado de ambos grupos de datos, comparándolos uno con otro, agudizando nuestro conocimiento de a m b o s a medida que vemos c omo se pue de n reconciliar. Más tarde entraremos en detalles minuciosos; de h e c h o , e xam inaremos la geogr a f ía loc a l y la s se c u e n c i as arqueológicas en e mpla z a mie ntos concretos. Pero, para comenzar, procedamos en un n i v e l m á s general. Tres pre gunta s a c ude n inmediatamente a la mente de mucha gente cuando se consideran juntos el Libro de Mormón y los hallazgos científicos. Estas tres preguntas ilustran nuestro 27.- Los datos utilizados en este ejemplo han sido sacados del libro de mis maestros, Ralph L. Beals y Harry Hoijer, An Introduction to Anthropology, 4ª ed. (New York: Macmillan, 1971), pp. 490, 487.
  • 112. 96 UN MARCO GEOGRAFICO método general. Una tiene que ver con la lengua: ¿cuál es el significado de la afirmaciones de las Escrituras sobre el uso del “hebreo” y el “egipcio” entre los n e f i t a s? Segundo: ¿cómo podemos e xplic a r la s características raciales de los pueblos americanos nativos, que normalmente han sido clasificados como “mongoloides” (asiáticos orientales), siendo que los jareditas y los nefitas salieron del Oriente Próximo de acuerdo con el registro? Tercero, a la luz de estas dos primeras preguntas: ¿encontraron las gentes del Libro de Mormón otras poblaciones cuando llegaron? Hebreo y Egipcio Sólo en Mesoamérica se hablaban 200 lenguas y cuando los descubridores europeos llegaron a América se utilizaban por lo menos diez veces esa cantidad por todas las Américas.28 Algunas de estas lenguas eran tan diferentes entre ellas como el chino del español. El hebreo y el egipcio no se encontraban entre ellas. Estos hechos nos advierten que es mejor si leemos las pocas afirmaciones que da Libro de Mormón sobre el idioma con extremo cuidado, particularmente las que se podrían referir al hebreo o al egipcio. Nefi comienza su registro diciendo: “... hago la relación en [la lengua]29 de mi padre, y se compone de la ciencia de los judíos y [el lenguaje] de los egipcios” (1 Nefi 1:2). Los eruditos Santos de los Ultimos Días han interpretado esta afirmación de maneras contrarias 28.- Terrence Kauffman, Idiomas de Mesoamerica (Guatemala: Editorial José de Pineda Ibarra y Ministerio de Educación, 1974). Gran parte de la misma información aparece en inglés en la Encyclopedia Britannica, 15ª ed., en el artículo de Kauffman sobre “Languages: Mesoamerica”. 29.- En la versión inglesa aparece la palabra “language” en las dos ocasiones, la que se ha vertido al castellano como “lenguaje” e “idioma” respectivamente. Con esto se pierde la potencial ambigüedad según la que “language” puede ser tanto un idioma como un sistema notacional (N. del T.).
  • 113. ACLARANDO ALGUNAS COSAS 97 unas con otras, 30 pero el significado parece estar bastante claro a la luz de otras afirmaciones. La “ c i e n c i a ” a la que se refiere Ne f i de be de se r esencialmente la cultura judía previa al cautiverio en Babilonia (586 a.C.). Esto llega a ser evidente en 2 Nefi 25:5 donde Nefi se refiere a “las palabras de Isaías”, “las cosas de los judíos” y “la manera de las cosas de los judíos”. Pone en claro que él sabía de esos asuntos por la época en que él estuvo en Jerusalén. Para que él pudiera transmitir con claridad cualquier parte importante de ese conocimiento cultural a sus descendientes, que no sabían nada de la vida de los judíos por experiencia propia, parecería hacer falta que usara la lengua hebrea, la cual deben de haber usado tanto uno como otro. Nadie que esté informado acerca d e l P r ó x im o O riente cuestiona r ía que la s conversaciones, discusiones y decisiones de la vida cotidiana de la familia de Lehi se llevaron a cabo en hebreo en su tierra natal, luego día tras día durante su huida a través de Arabia y a medida que ellos viajaban hacia América. Hay pocas razones para dudar de que ellos conservaran sus registros en la misma lengua. Si Nefi hablaba y escribía en hebreo y pensaba en el e sq u e m a mental conceptual de la c ultur a israelita/judía, ¿qué habría querido decir con su afirmación concerniente al lenguaje de los egipcios? Moroni lo aclara: “hemos escrito estos anales según nuestro conocimiento, en los caracteres que entre nosotros se llaman egipcio reformado; y los hemos 30.- Los primeros representantes de esta discusión fueron los profesores Hugh Nibley y Sidney Sperry. El primero cree que el registro nefita se conservó en idioma egipcio, un punto de vista apoyado por Robert F. Smith. Ver Lehi in the Desert and the World of the Jaredites (Salt Lake City: Bookcraft, 1952), pp. 13-19. Sperry sostiene que se usó el hebreo: Our Book of Mormon (Salt Lake City: Bookcraft, 1950), pp. 30-33. El último punto de vista me parece más persuasivo a mi y a la mayor parte de los que estudian este tema hoy en día aunque no sin dificultades.
  • 114. 98 UN MARCO GEOGRAFICO La parte de abajo de la Estela 10 de Kaminaljuyu, Guatemala, que muestra el primer sistema de escritura conocido de las tierras altas de Guatemala, quizas del siglo II a..C. (After Girard, 1982.) transmitido y alterado conforme a nuestra manera de hablar” (Mormón 9:32, cursiva agregada). Nefi estaba diciendo sencillamente que utilizaba signos egipcios para escribir sus conceptos y creencias judío/hebreos. S u e x p r esión “el lenguaje d e los e gipc ios” seguramente usa la palabra lenguaje en el sentido del diccionario inglés de “un medio sistemático de c o m u n i c a r ideas o sentimiento s usa ndo signos convencionalizados”. La afirmación de Nefi nos dice que el Libro de Mormón, al menos la parte escrita por él, estaba redactado en lengua hebrea, connotando mucho de la cultura hebrea, y fue escrito en un sistema de caracteres de egipcio reformado. Esta evaluación parece razonable, aunque todavía no podemos estar seguros de esas afirmaciones. En los primeros siglos, después del desembarco de Nefi, no se da ninguna indicación de que el habla hebrea del grupo cambiara a ninguna otra lengua, pero además se habla poco de ninguna cosa durante este período, así que permanece la posibilidad. Cuando el
  • 115. ACLARANDO ALGUNAS COSAS 99 grupo de Mosíah, de refugiados nefitas, dejó su primera tierra alrededor de la de Nefi y vino entre el pueblo de Zarahemla, en algún tiempo no mucho antes del 200 a.C., los dos grupos hablaban diferentes lenguas (Omni 1:17-18), aunque no se nombra ninguno de los dos idiomas. Bajo el reinado de Benjamín, el si g u i e n t e rey, las m asas no-ne f ita s e nte ndía n cualquiera que fuera el idioma que el rey eligió para su discurso (registrado en Mosíah 2 hasta el 5; ver M o sí a h 2 :6 en particular). Pa r e c e a lta me nte i m p r o b a b le que los súbditos mule kita s, má s numerosos, hubieran aprendido el lenguaje que Mosíah había traído entre ellos una generación antes. Al juzgar por la historia de la mayoría de los contactos de este tipo, la nobleza, menos numerosa, habría hecho el cambio, por lo menos a largo plazo. Más tarde, incluso cuando los lamanitas y nefitas conversaban (como en Alma 17:20-24:30) hay pocas indicaciones de un problema con el idioma o del uso de un traductor. Quizás se implica alguna lingua franca. La escritura no dice nada definitivo de todo este asunto, o por lo m e n o s Mormón, el que com pendió e l r e gistr o, consideró innecesario explicarlo. La posibilidad del conocimiento de un hebreo hablado habría continuado entre los gobernantes nefitas por un tiempo, pero es difícil de creer que semejante conocimiento de esta especial élite durara hasta la época de Cumorah. De todos modos el silencio del registro nos impide zanjar el asunto. Los eruditos Santos de los Ultimos Días han encontrado que en la traducción al inglés hecha por José Smith, aparecen elementos distintivos del estilo y expresión hebreas, incluyendo la porción escrita por Mormón. 31 Pero, ¿puede el habla hebrea haberse e x p r e sa d o en el sistem a de esc r itur a e gipc io? Necesitamos examinar ese punto. 31.- Welch, “Chiasmus in the Book of Mormon (1981)”; Tvedtnes, “Hebraisms”.
  • 116. 100 UN MARCO GEOGRAFICO El sistema egipcio no era alfabético. La mayor parte d e l o s jeroglíficos egipcios r e pr e se nta ba n individualmente conceptos completos. También se usaban signos que representaban sonidos, sílabas y sonidos individuales comparables a nuestras letras. El antropólogo A. L. Kroeber, nos informa de que: “Después de que [los egipcios] hubieron desarrollado una serie de grafías para los principales sonidos de su idioma, podían muy bien haber desechado totalmente el resto de sus cientos de caracteres.. . . Pero durante tres mil años se aferraron a estos múltiples caracteres, y e sc r i b i e ron juntos caracteres pic togr á f ic os y fonéticos, mezclándolos” debido a la fuerza de la tradición. 32 Este tipo de escritura ha sido clasificada como sistema logográfico con alfabeto incluido. No sólo el egipcio encaja en esta categoría sino también el chino y el maya.33 Para leer estos sistemas, una persona tiene la dura tarea de aprender los significados de muchos cientos de caracteres. Esto es lo que hace que dominar el sistema sea tan gran desafío y también un logro. También impidió que se extendieran el saber leer y escribir. Además el sistema hacía inevitable la ambigüedad; ya que el número de caracteres nunca podía corresponder al número de palabras o conceptos q u e e r a n representados; un cará c te r solo podía significar varias cosas. Por ejemplo, el signo egipcio que se asemejaba a la flor del loto era la cifra tanto para la planta del loto como para “miles”. 34 En un 32.- A. L. Kroeber, Anthropology, rev. ed. (New York: Harcourt, Brace, 1948), pág. 512. La explicación de Kroeber del egipcio y sistemas relacionados es inusualmente clara. Ver pp. 371-72 y 50914. 33.- C. F. y F. M. Voegelin, “Typological Classification of Systems with Included, Excluded and Self-sufficient Alphabets,” Anthropological Linguistics 3 (1961): 55-96. También ver Marshall Durbin, “Linguistics and Writing Systems”, Estudios de Cultura Maya 7 (1968): 49-57. 34.- Voegelin y Voegelin, “Typological Classification”, pág. 76.
  • 117. ACLARANDO ALGUNAS COSAS 101 d e t e r m i n ado texto tenían que inte r pr e ta r se la s indicaciones del contexto y de los signos adyacentes (modificadores “determinativos”). Quizá es por esto por lo que Moroni se quejó de la escritura nefita: “...cuando escribimos, vemos nuestra debilidad, y t r o p e z a m o s al colocar nuestras pa la br a s” ( Ete r 12:23,25). A la escritura maya le faltaba precisión por la misma razón, así que “el escritor tenía que tener un buen conocimiento de mitología y folklore para comprender los textos”.35 (Lo que él llama “mitología y folklore” es más o menos lo que Nefi, en 2 Nefi 25:1-2 y 5, dijo que uno necesitaba saber para entender Isaías en su versión de las planchas de bronce.) El tipo de escritura de la que estamos hablando comunicaba principalmente ideas como tales, no sonidos; por lo tanto no estaba sujeto a ninguna lengua. Así los mismos caracteres son usados en muchos casos por el chino, el japonés y el vietnamita, sin embargo estos idiomas no están relacionados. En Mesopotamia, los babilonios, que hablaban acadio, adoptaron y luego modificaron en gran manera la escritura original sumeria y más tarde los hititas tomaron prestado el sistema, no obstante ninguno de estos tres idiomas hablados se parecían entre sí.36 La posterior escritura cuneiforme podía haberse llamado “sumerio reformado”. Incluso hoy en día podemos ver cómo funciona el principio por el que los numerales en “árabe reformado” -1, 2, 3, etcétera- son caracteres conocidos por todo el mundo. Cada carácter tiene el mismo significado para personas que utilizan miles de lenguas diferentes. En principio, precisamente el mismo proceso de representar conceptos mediante unos caracteres sin considerar la lengua puede haber sido cierto en el caso de los jeroglíficos egipcios. De 35.- J. E. S. Thompson, Maya Hieroglyphic Writing, HMAI 3 (1965), pág. 646. 36.- Kroeber, Anthropology, pág. 514.
  • 118. 102 UN MARCO GEOGRAFICO hecho, en Palestina, se ha encontrado una cantidad de ejemplos que demuestran que se usaban caracteres egipcios para escribir la lengua hebrea en la época del Antiguo Testamento.37 A la luz de esto, entendemos cómo fue posible para los súbditos de Zarahemla, para los nefitas de Mosíah e incluso para los lamanitas usar el mismo sistema de escritura glífico, llamado “el [lenguaje] de Nefi” (Mosíah 24:4), incluso aunque hubieran hablado diferentes lenguas. De modo paralelo, los glifos en el sistema “maya” de escritura eran usados por hablantes de diferentes lenguas, chol, yucateco, tzeldal y quiché, dentro de la familia maya, mas otros que no están conectados de ninguna manera. Ya que el Libro de Mormón no dice, ni implica nada sobre los caracteres escritos del “egipcio reformado” que nos haga pensar que se hablaba el idioma egipcio en la tierra de promisión nefita, no tenemos ninguna razón para pensar que los eruditos vayan a encontrar rasgos del habla egipcia en el Nuevo Mundo. De hecho, los lingüistas que trabajan en Mesoamérica no han sacado a la luz apenas ningún rastro de esto. Pero, como hemos visto, la escritura glífica extendida por el centro y sur de Mesoamérica es idéntica, en principio, a la escritura egipcia,38 y eso puede ser todo lo que la escritura requiere con sus afirmaciones acerca del egipcio. De todos modos se debía utilizar el habla hebrea, por lo menos por los primeros nefitas, así que 37.- John Tvedtnes, “Linguistic Implications of the Tel-Arad Ostraca”, Society for Early Historical Archaeology, Newsletter and Proceedings 127 (1971): 1-5; J. W. Crowfoot y G. M. Crowfoot, “The Ivories from Samaria”, Palestine Exploration Quarterly, o.s. (Enero 1933):13. Conparar con Voegelin y Voegelin, “Typological Classification”, pág. 75. 38.- Linda Miller Van Blerkom, “A Comparison of Maya and Egyptian Hieroglyphs”, Katunob 11 (Agosto 1978):1-8. Muestra que se utilizaron los mismos seis tipos de signos en ambos sistemas geroglíficos.
  • 119. ACLARANDO ALGUNAS COSAS 103 d e b e r í a m o s encontrar indicacione s de se ha n conservado, al menos, algunas palabras en otras lenguas del área. Identificar tales palabras prestadas es un asunto delicado. Aparecen por casualidad similitudes en palabras aisladas en algunas lenguas que no están relacionadas en absoluto. Sólo si descubrimos un modelo de paralelismos lingüísticos tendríamos justificación para pensar que las similitudes son significativas. David H. Kelley, de la Universidad de Calgary, piensa que hay tres nombres de días del calendario maya que están probablemente relacionados con el hebreo. Los días del calendario maya y sus símbolos asociados siguen una secuencia definida, cuyo orden se corresponde con el del alfabeto semítico del oeste de Asia; el orden de la secuencia alfabética también tenía significado en el calendario. El nombre maya manik era representado por una palabra que tenía la forma de una mano y se pronunciaba kaf (en hebreo k a f si g n i fica “mano”; en el m aya yuc a te c o k ab significa “mano”). La siguiente palabra en la secuencia d e l a l f a b e to hebreo era lam ed, mie ntr a s que la siguiente maya era lamat. La tercera en la secuencia es la palabra mem (“aguas”; comparar la griega mu en la m i sm a p o sición secuencial, la c ua l pue de e sta r relacionada con el mu asirio, “agua”), mientras que el siguiente nombre de día maya es mulu(c), cuyo equivalente entre los aztecas significa “agua”. Ni el profesor Kelley, ni nadie más, sabe completamente qué conclusión sacar de todo esto, pero ciertamente él tiene la impresión de que las escrituras, o las lenguas, del oeste asiático jugaron un papel en la formación de este segmento del calendario maya.39 39.- “Calendar Animals and Deities”, Southwestern Journal of Anthropology 16 (1960): 325-29; también H. A. Moran y David H. Kelley, The Alphabet and the Ancient Calendar Signs (Palo Alto: Pacific Books, 1967).
  • 120. 104 UN MARCO GEOGRAFICO Se puede citar más información interesante acerca del hebreo. Vamos a señalar sólo un estudio de interés. Hace algunos años, se compararon listas de palabras de la familia lingüística de sólo el norte del istmo de Tehuantepec, que incluían el zapoteca y el mixteca, con el hebreo. Se descubrió cierto grado de similitud entre los dos grupos. La comparación no se hizo ni con rigor ni con profundidad, pero los resultados sí dieron indicios de una relación sistemática. Más tarde, otro investigador extendió la investigación más allá del hebreo, hasta incluir otros idiomas semíticos y el egipcio del Oriente Próximo, encontrando resultados a ú n m á s sugerentes. 40 L o que ha he c ho e sta investigación es señalar la necesidad de invertir mucho m á s t r a b ajo. H asta ahora, la fa lta de e r uditos competentes e interesados y de dinero ha evitado que se continuara. Luego tenemos el libro de Barry Fell América B. C., q u e f u e publicado en 1976. El a f ir ma ha be r identificado en América y alrededor del Pacífico no menos de 11 escrituras, que representan por lo menos cinco idiomas, incluyendo el egipcio. Fell comete serios errores en su trabajo, pero las inscripciones que ha recolectado sí que constituyen un desafío que 40.- Nunca se ha presentado un informe completo pero está resumido en A. M. Reed, Ancient Past of Mexico (New York: Crown, 1966), pág. 10; y SEHA Newsletter 112 (febrero de 1969): 4-5. La obra, sin publicar, de R. H. Smith contiene la versión extendida; poseo una copia. Brian Stubbs ha producido un informe más extenso, “Observations in Uto-Aztecan” (1983), publicado por la Fundación para la Investigación de la Antigüedad y Estudios Mormones (F.A.R.M.S.). El informe compara las lenguas semítica y uto-azteca en un extensa variedad de características. Ver tambiénun árticulo sin publicar de la lingüista Mary LeCron Foster, de la universidad de Berkeley, California, Old World. languaje in the Americas,” ponencia para Annual Meeting of the Languaje Origins Society, de la universidad de Cambridge, Septiembre de 1992.
  • 121. ACLARANDO ALGUNAS COSAS 105 todavía no ha sido examinado cuidadosamente, ni e x p l i c a d o adecuadamente po r los e r uditos convencionales.41 Con respecto al lenguaje de los jareditas, poco se puede decir. La pequeña lista de nombres propios y palabras sin traducir que aparecen el libro de Eter, junto con la conexión de los jareditas con el norte de Mesopotamia (Eter 1:33, 43; 2:1), sugieren que h a b l a b a n un idioma sem ítico de l nor te , uno relacionado con el hebreo lejanamente. Los pueblos zapoteca y mixteca, que antes he mencionado, vivían en el área que identifico como la tierra central jaredita: Mo r ó n y sus alrededores. Si poste r ior e s investigaciones confirmaran alguna relación entre los ancestrales idiomas zapoteca y mixteca y las lenguas del Cercano Oriente, sería posiblemente atribuible al habla semítica del grupo jaredita. Lo que pudo haber ocurrido con las lenguas del Viejo Mundo de los linajes del Libro de Mormón se c l a r i f i c a con el caso de los muy poste r ior e s gobernantes de un pueblo de habla quiché en las tierras 41.- Barry Fell, America B. C.: Ancient Settlers in the New World (New York: Quadrangle/The New Yok Times Book Co., 1976). Yo lo revisé en BYU Studies (verano del 1977) demasiado optimistamente. Pero una importante revisión de las obras de Fell, por el profesor David H. Kelley, aceptan la mayor parte de sus resoluciones, a pesar de sus errores. Ver “Proto-tifinagh and Proto-ogham in the Americas,” The Review of Archaeology (primavera de 1990), pp. 110. Concerniente a la complicadas pruebas a favor o en contra de los viajes del Viejo Mundo al Nuevo en la antigüedad, los eruditos más famosos insisten en que tales viajes produjeron poco o ningún efecto en las características culturales, lingüísticas o biológicas de los pueblos americanos antes de Colón. Pero han ignorado la gran cantidad de pruebas que contradicen sus obstinadas opiniones. Recientemente una extensa obra ha hecho accesible estas pruebas, así que pronto veremos si pueden cambiar las antiguas opiniones Ver John L. Sorenson y Martin H. Raish, Pre-Columbian Contact across the Oceans: An Annotated Bibliography. 2 vols. Provo: Research Press, 1990. Comprende más de 800 páginas.
  • 122. 106 UN MARCO GEOGRAFICO montañosas de Guatemala. El Polpol Vuh y otras historias nativas del área nos dicen cómo estas élites extranjeras, poco numerosas, entraron en las tierras m o n t a ñ o s as, que ya tenían cien tos de mile s de hablantes nativos de la lengua maya. Los intrusos hablaban una lengua nahua (relacionada con los idiomas de los aztecas, y lejanamente con las lenguas u t e d e l a G ran C uenca). L os r e c ié n lle ga dos consiguieron el poder sobre los habitantes locales y los dominaron durante varios siglos. Después de la conquista española, los únicos vestigios detectables del habla nahua consistían en unas pocas palabras intrusas en el vocabulario quiché-maya. 42 Probablemente la suerte del hebreo hablado por los primeros nefitas fue la misma. C l a r a mente, los cientos de le ngua je s de Mesoamérica están conectados, si lo están algo, sólo ligeramente con las lenguas del oeste asiático que los grupos inmigrantes del Libro de Mormón habían traído. La gran mayoría de las lenguas y los pueblos que las hablaban simplemente tienen que explicarse de otra manera. Pero vamos a considerar la próxima pregunta; después volveremos al asunto del idioma. Extraños Rostros El Libro de Mormón no nos dice nada -literalmente nada- de las características biológicas de sus pueblos cuando salieron de Asia. Partiendo del texto, no sabemos si Nefi medía menos de metro y medio de alto o más de dos metros. No sabemos nada del color de pelo de Lamán ni del esqueleto de Saríah, la mujer de Lehi. No se nos da información de este tipo ni sobre los jareditas, ni sobre el pueblo de Zarahemla. Así que en un sentido estricto no hay nada específico para que comparemos la escritura y las fuentes externas. Ya que todo lo que tenemos a continuación son deducciones, 42.- Carmack, Toltec Influence, pp. 71-72.
  • 123. ACLARANDO ALGUNAS COSAS 107 queremos ser cautelosos, especialmente por cualquier inclinación que pudiéramos traer al tema de las condiciones actuales. Probablemente, podemos inferir con seguridad que Lehi y su grupo mostraban características físicas dentro de la gama normal de las personas de su época en Palestina. (A este respecto, los pueblos de esa área no han cambiado mucho desde entonces hasta nuestros d í a s. ) P a ra guiarnos tenemos e sque le tos y representaciones artísticas de tiempos antiguos, más los datos de sus descendientes, que viven actualmente. Toda esta información junta crea esta imagen. Los hombres medían aproximadamente un metro y sesenta y ocho centímetros. Las mujeres un metro y cincuenta y dos centímetros. Eran más los que pesaban menos de cuarenta y ocho kilos y medio que los que pesaban más. Su figura era esbelta y grácil, sin músculos pesados. (El artista que preparó las ilustraciones que han sido usadas en el Libro de Mormón en los años sesenta y setenta no conocía esta información.) El pelo variaba de negro a castaño. También los ojos eran más a menudo marrones, aunque podían variar hasta ser grises, azules o marrones verdosos. Era normal la piel marrón rojiza o de color cobre (sin estar bronceada); también en algunos se presentaba con un tinte oliva o blanco amarillento. En algunos hombres aparecía una barba moderada. En las elevaciones más bajas del Mediterráneo Oriental y el Próximo Oriente han predominado las personas con estas características durante miles de años. Las regiones montañosas justo al norte de los centros del Próximo Oriente pueden haber proporcionado genes que han producido una figura ligeramente más robusta y una nariz aguileña más prominente.43 43.- Carleton S. Coon, The Living Races of Man (New York: Knopf, 1965), pp. 79-80; C. C. Seltzer, Contributions to the Racial Anthropology of the Near East, HUPM 16, nº 2 (1940), pp. 5-9, 11, 60, grabados 1, 3.
  • 124. 108 UN MARCO GEOGRAFICO Figuras de los murales de Bonampak (800 d.C.) Pueden ilustrar parte de las diversidad de colores de piel que existía en los pueblos mesoamericanos (fotografía de Daniel Bates, Cortesía de David A. Palmer y la Sociedad para la Arqueología Histórica Antigua.) Un pequeño grupo -un par de familias en el caso de Lehi- extraído del caudal de población de la Edad del Hierro de Israel podría, claro está, haber resaltado ciertas características atípicas que hubieran ocurrido casualmente en un grado poco común en los padres. A pesar de ello, cualquiera de esos énfasis especiales p r o b a b l e mente no habrían cambia do muc ho la apariencia de sus descendientes respecto a la imagen que acabamos de presentar. Supongan que ese grupo fuera transplantado a la América tropical, donde sus descendientes vivieron después durante 2.500 años. ¿Qué apariencia tendrían ahora, asumiendo que no se mezclaron con otros? Simplemente, no hay modo de saberlo. Hoy en día nadie tiene suficiente conocimiento científico de los factores que se requieren para saber sólo cuánto y hacia qué dirección pudieron cambiar esos inmigrantes bajo el efecto de su nuevo medio ambiente. Cambios que sucederían, naturalmente. Nueva dieta, nuevos
  • 125. ACLARANDO ALGUNAS COSAS 109 trabajos y nuevas enfermedades y fatigas podían favorecer, todas ellas, ciertas potencialidades en su biología y desfavorecer otras. La plasticidad debida a los cambios del medio ambiente podría aumentar si se mezclaron con otros grupos. ¿Qué otros grupos? ¿Había otros pueblos alrededor? Ya hemos visto, por la información que se encuentra en el Libro de Mormón concerniente a la dimensión de sus tierras, que el libro habla de un territorio de sólo cientos de millas de longitud. Eso deja mucho espacio en las Américas que pudo haber albergado a millones de personas, aquellas a las que se refiriera el padre Lehi cuando aseguró a sus hijos que incluso en sus días otros pueblos estaban esperando entre bastidores, por así decirlo: “muchas naciones sobrellenarían la tierra”, si tan sólo supieran de su existencia (2 Nefi 1:8). El poder divino contendría a esos pueblos mientras los inmigrantes guardaran los mandamientos de Dios (versículo 9), pero, más tarde, profetizó Lehi, el Señor “traerá sobre ellos a otras naciones”. Esto ocurriría cuando los descendientes de Lehi se hubieran rebelado y “degeneren en la incredulidad” (versículo 11). Los lamanitas fueron rebeldes, casi desde el día de su primer desembarco; los nefitas no fueron fieles por mucho tiempo (ver los libros de Jarom y Omni). En cuanto a las personas que acompañaron a Mulek, no fueron apenas mejores que los lamanitas (Omni 1:1617). ¿No habría, la justicia divina, traído “sobre ellos a otras naciones” incluso en esos primeros siglos? La mayoría de los lectores Santos de los Ultimos Días han supuesto que las “otras naciones” eran los “gentiles” europeos (1 Nefi 13:1-3) que invadieron el país después del descubrimiento de Colón, pero ¿tiene sentido que el destino profetizado por Lehi se retrasara hasta 1.100 años después de Cumorah? “Muchas naciones” próximas dentro de las Américas podrían haber entrado en las tierras de los grupos americo-
  • 126. 110 UN MARCO GEOGRAFICO israelitas en poco tiempo. La reconstrucción lingüística nos habla de unos de los últimos grupos, los hablantes del nahua, que incluye a los aztecas. Ninguno de ellos llegó a Mesoamérica propiamente hasta después de que el relato del Libro de Mormón hubiera sido sellado, pero pronto llegaron a dominar gran parte del área.44 Dentro del mismo territorio, ocupado primeramente por los nefitas y lamanitas, otros pueblos podrían haber estado viviendo cuando llegó el grupo de Lehi. Existe considerable evidencia indirecta dentro del Libro de Mormón de que los supervivientes de la época de los jareditas continuaron viviendo durante la época nefita e influyeron en gran manera en este último grupo. Hugh Nibley ha llamado la atención sobre alguna de las evidencias.45 Pero, ¿no lo habrían dicho los historiadores nefitas así de explícitamente? Consideremos por un momento la posición de aquellos historiadores cuando nos hablan de los primeros lamanitas. Ellos escribían desde la limitada perspectiva de su pequeña colonia asediada (2 Nefi 5:14; Jacob 7:26). Su comprensible esquema mental habría visto a todas las personas con las que entraban en contacto “allá afuera” como “lamanitas”; para el esquema de pensamiento nefita de ese tiempo, ¿quienes más podrían ser esos espías de piel oscura del bosque? Podemos estar seguros de que no charlaban con ellos sobre su ascendencia. Cualquiera de las personas a las que veían eran, en todo caso, enemigos, puesto que sin duda pronto iban a ser dominados por los agresivos descendientes de los hermanos mayores de Nefi. 44.- Terrence Kaufman, “Arqueological and Linguistic Correlations in Mayaland and Associated Areas of Meso-America”, World Archaeology 8 (1976): 114-6. 45.- Hugh Nibley, Lehi in the Desert, pp. 238-42.
  • 127. ACLARANDO ALGUNAS COSAS 111 La información arqueológica sobre la zona costera d e G u a t emala o el Salvador e n la é poc a de l d e se m b a r co nefita (alrededor de l 575 a .C.) e s particularmente imprecisa. No hay evidencia de la existencia de estructuras que daten de antes de esta época en el valle de Guatemala, probablemente la primera tierra de Nefi. Se han encontrado depósitos de cerámicas antiguas y otros artefactos representativos de una dispersa población rural (vagamente definidos como los periodos de “Las Charcas” y “Arévalo”). 46 Con los datos que conocemos, es coherente suponer q u e só l o unas pocas aldeas agr íc ola s dispe r sa s ocupaban el valle de Guatemala en la primera mitad del siglo VI a.C., cuando suponemos que Nefi y su grupo llegaron allí. Mientras tanto, la más clara secuencia arqueológica durante este período en la c o st a e st á cerca de la frontera e ntr e Mé jic o y Guatemala, donde aparece un vacío en la ocupación alrededor del 600 a.C., aunque tierra adentro, en las proximidades de Izapa puede manifestarse un cierto grado de continuidad en los confusos materiales arqueológicos.47 Cualesquiera que fueran los pueblos que ocupaban la región donde desembarcó el grupo de Lehi, si es que la ocupaba alguno, no parecen haber tenido gran cantidad de población o poder en esa época en concreto. Es razonable que los inmigrantes pudieran encontrar un hueco entre ellos e incluso dominarlos. 46.- Richard W. Kirsch, Mound A-VI-6: A Terminal Formative Burial Site and Early Postclassic House Platforms PSUO 9 (1973), pág. 328. Comparar con la afirmación de Michel citada en la pág. 280. 47.- En el emplazamiento excavado por Coe, La Victoria, entre “Conchas I” y “II”. Dee F. Green y Gareth W. Lowe, Altamira and Padre Piedra, Early Preclassic Sites in Chiapas, Mexico, NWAF 20 (1967), pág. 73; Lowe personal communication, 1977. Comparar con Susanna M. Ekholm, Mound 30a and the Preclassic Ceramic Sequence of Izapa, Chiapas, Mexico, NWAF 25 (1969), pp. 97-98.
  • 128. 112 UN MARCO GEOGRAFICO Otra pregunta es qué impacto tendría un pequeño grupo de colonizadores extranjeros, en la cultura arqueológica del área. David H. Kelley ha señalado el punto débil del énfasis que los arqueólogos dan a la aparente continuidad cultural en los asentamientos l o c a l e s haciendo caso omiso a una impor ta nte invasión. El advirtió que en los emplazamientos de pueblos rurales aztecas, incluso la conquista española (“la invasión más drástica que se conoce que ha sufrido Méjico”) se pone de manifiesto sólo tardía y débilmente. 48 Así que, en cuanto al punto inicial del desembarco de Lehi no tenemos idea de lo que los arqueólogos podrían encontrar para demostrar la llegada de una veintena de personas, más o menos, en el barco del grupo colonizador. Posiblemente las dos figurillas egipcias ushabti que se encuentran en el museo de San Salvador, El Salvador (que se dice fueron desenterradas cerca de la playa, al oeste de San Salvador), si se pudiera demostrar su autenticidad, serían un rastro tan directo de los intrusos del Próximo Oriente como jamás se pudiera encontrar.49 Una fuerte prueba en nuestro texto de la presencia de pueblos indígenas es la referencia constante de los primeros nefitas a los elevados números de lamanitas con los que se enfrentaban. Las personas que vivían en las condiciones que los nefitas atribuían a los primeros l a m a n i t a s -nómadas, cazadores, sa lva je s- no d e sa r r o l l an poblaciones com par a ble s a la s que describieron los ambiciosos cultivadores nefitas de Enós 1:21. Entonces, ¿cómo llegaron los lamanitas a ser tan abrumadoramente numerosos? Casi la única r e sp u e st a es que los inmigr a nte s la ma nita s incorporaron bajo su gobierno a personas nativas que ya vivían en la región. 48.- Current Anthropology 15 (junio de 1974): 180. 49.- Mi obra “An Apparent Relationship”, pág. 223.
  • 129. ACLARANDO ALGUNAS COSAS 113 L a i m a gen es aún más com p lic a da e n lo que r e sp e c t a al “pueblo de Z ara he mla ” . Mosía h rápidamente descubrió, cuando les localizó, que el jefe pretendía ser descendiente de los judíos (Omni 1:1415, 18), pero no se dice nada de la ascendencia del pueblo sobre el que reinaba este Zarahemla. Bien pudieron haber sido un grupo mezclado, incluyendo muchos descendientes del grupo de antepasados jaredita. En el campo filológico, Nibley detectó “ i n f l u e n c ia jaredita que llegó a los ne f ita s por conductos mulekitas” 50 Después de todo, las personas d e l a c i udad de Z arahem la co nside r a ba n a los destruidos jareditas “nuestros hermanos” (Alma 46:22). Pero los “mulekitas” y “jareditas”, tal y como n o so t r o s Santos de los U ltimos Día s pe nsa mos normalmente en ellos, no pueden explicar todos los que estaban presentes. Es imposible explicar la presencia de 200 lenguas mesoamericanas sólo sobre la base de los grupos del Libro de Mormón. En cuanto al libro de escritura, Nibley nos advierte: “No hay ni una palabra en el Libro de Mormón que impida la llegada a este hemisferio de cualquier cantidad de personas provenientes de cualquier lugar del mundo en cualquier época, sólo con tal que vinieran dirigidos por el Señor; e incluso este requisito no se debe interpretar demasiado estrictamente.”51 Los hallazgos de la ciencia proporcionan una evidencia positiva de que los pueblos pre-nefitas p r e se n t a b an continuidad cultura l, lingüístic a y biológica con los encontrados en Mesoamérica después de la fecha de la llegada de los nefitas. Hemos visto que los datos sobre las personas que podían haber estado presentes alrededor del año 600 a.C. en la zona c o st e r a del Salvador y G ua te ma la , donde 50.- Lehi in the Desert., pág. 245. 51.- Ibid., pág. 253.
  • 130. 114 UN MARCO GEOGRAFICO probablemente desembarcó el grupo de Lehi, son ambiguos. Entonces se estaban completando cambios drásticos como resultado de la muerte de la tradición de la civilización de la cual habían sido parte los jareditas. Esa agonía final afectó a la vida hasta el sur, hasta la “tierra de la primera herencia” nefita, como lo indican las pruebas arqueológicas. Parece posible que la población presente en las proximidades inmediatas d e d o n d e desembarcaron los isr a e lita s e r a lo suficientemente escasa y débil como para no constituir un serio obstáculo para los colonizadores. De hecho, i g u a l q u e las relaciones entr e los indios de Massachusetts y los colonos ingleses del siglo XVII, los indígenas bien podían haber transmitido las habilidades y cultivos necesarios para el éxito de la nueva colonia. (Las enfermedades traídas por el grupo de Lehi, a las que ellos habían desarrollado inmunidad, p o d r í a n haber afectado pronto a los ve c inos, debilitándolos aún más, pero no habría eliminado su c o n t r i b u c ión genética y cultura l a la pobla c ión posterior.) Se ha demostrado por la arqueología que las culturas localizadas en el sur y centro de Méjico y en el área del Istmo han perdurado a través del límite temporal entre los jareditas y nefitas, a pesar del espectacular colapso de la civilización “olmeca” principal. El pueblo de Zarahemla debe de haber estado incluido en uno de esos grupos puente (esto hace que se pueda comprender Omni 1:1). Ellos habrían combinado elementos genéticos y culturales de la civilización más antigua con lo que fuera que había introducido el grupo de Mulek, que eran viajeros provenientes del Mediterráneo. La información c i e n t í f i c a es inequívoca; hubo una de f initiva continuidad de población desde las épocas más antiguas hasta los días de los nefitas. El relato del Libro de Mormón ni lo contradice ni lo confirma; pero
  • 131. ACLARANDO ALGUNAS COSAS 115 se m e j a n t e continuidad tam poco pla nte a ningún problema en particular para la escritura, tal y como yo la leo.52 ¿ Q u e hay de las característic a s r a c ia le s “mongoloides” que los antropólogos físicos ven en los habitantes pre-colombinos del hemisferio oriental? Algunos hechos son bastante claros. Se encuentran características asiáticas, tales como el pliegue del párpado, la mancha pigmentada en la base de la espina dorsal de los niños pequeños y una forma especial del diente incisivo, en proporciones variables en cada grupo de indios americanos estudiado.53 Sobre la base de estos rasgos, todo investigador que conoce los materiales asume con seguridad alguna conexión b i o l ó g i c a con A sia. L o que no e stá c la r o e s la extensión y el significado biológico de estos hechos. Parece que una parte importante de las características de los indios nativos americanos son el resultado de la adaptación a las condiciones medioambientales del N u e v o Mundo. 54 Se encuentra n signif ic a tiva s variaciones en la distribución de diversos rasgos corporales; es decir, algunos grupos son mucho menos mongoloides que otros. Esto suscita la pregunta de si, en algún tiempo del pasado, ciertos pueblos en A m é r i c a podían haber sido comple ta me nte nomongoloides. Algunas representaciones artísticas muestran claramente personas de varios grupos 52.-Toda esta discusión sobre la posibilidad de que se encontraran esos “otros” pueblos allí cuando llegó el grupo de Lehi, que ha ocupado estas últimas páginas, se encuentra ampliada en un árticulo mio, “Were others present when Lehi´s party landed?” Journal of Book of Mormón Studies 1, no. 1(1992): 1-34. 53.- Coon, Living Races, pp. 152-54 y láminas 17-29. 54.- Ricardo Ferre D’Amare, “The Origins of the American Indian: A Reappraisal”, Actas, 41a Congreso Internacional de Americanistas, Méjico, 1974, vol. 1 (Méjico, 1975), pp. 166-71.
  • 132. 116 UN MARCO GEOGRAFICO raciales que no son indios ("semítico", chino, negro55), a u n q u e c iertas personas m esoa me r ic a na s de la antigüedad sí que se parecían a los actuales nativos que habitan las mismas áreas. Además del arte, ciertos datos científicos también apuntan a la presencia de grupos mediterráneos y del Próximo Oriente dentro de Mesoamérica. El doctor Juan Comas, el antropólogo físico más eminente de Méjico, hizo la pregunta: “¿Son los amerindios un grupo homogéneo biológicamente?”; luego la respondió con un firme “no”.56 Un sustancial grupo de otros expertos están de acuerdo con él. G. Alvin Matson, importante investigador de grupos sanguíneos, adoptó “una postura razonable” de que “ l o s i n d i o s americanos no son c omple ta me nte mongoloides.” 57 El profesor de Harvard Earnest Hooton llegó a una conclusión similar, como lo 55.- Alexander von Wuthenau, The Art of Terracotta Pottery in Pre-Columbia Central and South America (New York: Crown, 1969); idem, Unexpected Faces in Ancient America (1500 a.C.1500d.C.): The Historical Testimony of Pre-Columbian Artists (New York: Crown, 1975). 56.- “¿Son los Amerindios un Grupo Biológicamente Homogéneo?” Cuadernos Americanos 152 (mayo-junio de 1967): 117-25. Los principales libros de los homogeneicistas contra los diversicistas se citan en el valioso resumen de Comas, Antropología de los Pueblos Ibero-Americanos (Barcelona: editorial Labor, S.A., 1974,pp. 35-42. Ver también en ese libro su “paso de Caucasoides Prehistóricos por el Atantico Septentrional”, pp. 52ff. Comparar con W. O. Hill, “The Soft Anatomy of a North American Indian”, American Journal of Physical Anthropology 21 (Septiembre de 1963): 245-64. Hill concluyó, después de un estudio único del cadaver de un indio cherokee que “no se extrae ninguna prueba real que indique características mongoloides. La teoría de Brinton de que América fue poblada por una inmigración proveniente de Europa [muy antiguamente] es apoyada, hasta donde es posible, por la evidencia de sus partes blandas” (pág. 263). 57.- G. Alvin Matson et al. “Distribution of Hereditary Blood Groups among Indians in South America”. IV. In Chile,” American Journal of Physical Anthropology 27 (1967):188.
  • 133. ACLARANDO ALGUNAS COSAS 117 explicó, en el hilarante libro Men out of Asia 58, del arqueólogo independiente Harold S. Gladwin. Hooton vio características corporales en el Nuevo Mundo que hubieran encajado bien en Palestina.59 Más recientemente, el antropólogo polaco Andrzej Wiercinski analizó una larga serie de cráneos de e x c a v a c i o nes hechas en em p la z a mie ntos de Mesoamérica a los que ya se les había puesto fecha. Encontró pruebas, no sólo de tipos del norte y centro de Asia, sino además de rasgos chinos y caucásicos, incluyendo el subtipo “armenoide,” del Oriente Próximo, cuya larga nariz y barba recuerdan a la clásica figura yanqui del Tío Sam. Wiercinski afirma que “las antiguas series mejicanas se inclinan más hacia la variedad blanca, en el modelo de rasgos faciales, que a la de los clásicos mongoloides”. Por lo tanto, él consideró que “el antiguo Méjico estaba h a b i t a d o por una cadena de pobla c ione s interrelacionadas que no se pueden considerar como típicamente mongoloides”. De hecho, él creía que, superpuestas a estas tres “razas amerindias básicas”, se encontraban características “introducidas por grupos extranjeros de inmigrantes esporádicos provenientes del área del Mediterráneo occidental”60. El arqueólogo Robert Chadwick, quien propone la presencia de “exploradores” de la Europa antigua en el Nuevo Mundo, está de acuerdo con esta postura.61 58.- Hombres fuera de Asia. (N. del T.) 59.- Men out of Asia (New York: McGraw-Hill, 1947). 60.- Andrzej Wiercinski, “Inter- and Intrapopulational Racial Diferentation of Tlatilco, Cerro de las Mesas, Teotihuacan, Monte Alban and Yucatan Maya”, Actas, Documentos y Memorias, 36a Congreso Internacional de Americanistas, Lima, 1970, vol. 1 (Lima: Instituto de Estudios Peruanos, 1972), pp. 231-48. También “Afinidades Raciales de Algunas Poblaciones Antiguas de México”, Anales, Instituto Nacional de Antropología e Historia, 1972-1973 (México, 1975), pp. 123-44. 61.- Robert Chadwick, “The Archaeology of a New World Merchant Culture” (Tesis doctoral, Tulane University, 1974).
  • 134. 118 UN MARCO GEOGRAFICO Recordemos, también, las características corporales de los israelitas, esbozadas anteriormente. Sus típicas pieles de color cobre-oliva, su pelo oscuro, sus ojos marrones y su esbelta constitución, significarían que el grupo de Lehi no destacaría mucho, en cuanto a la apariencia física, de muchos grupos de indios. Las características que ellos trajeron podían encajar fácilmente en el entorno biológico de América Central, y posiblemente desaparecer en él. ¿ P u d i e ron, pues, los nefitas ha be r e nc a ja do b i o l ó g i c a m ente con la imagen que a c tua lme nte tenemos de las poblaciones mesoamericanas? La respuesta es sí, cuando entendemos la conformación física que les caracterizaba y cuando los vemos como un grupo relativamente pequeño que vive rodeado de pueblos con los que finalmente se mezclaron y que absorbieron a sus descendientes. Este escenario encaja con lo que ya hemos descrito en términos sociales y políticos; que el Libro de Mormón es un registro hecho por un grupo de élite que dominaba a un pueblo de c a r a c t e r í s ticas sin revelar al que e nc ontr a r on residiendo en la tierra. Pero los Santos de los Ultimos Días que insisten en que millones de nefitas tenían la apariencia de europeos del norte no pueden justificar dicha postura. ¿Que hay de la “piel oscura” de los lamanitas y la “piel clara” de los nefitas? En primer lugar, los términos son relativos. ¿Cuán oscura es la piel oscura? ¿Cuán blanca es la piel clara? Un fraile español, Tomás Medel, observó alrededor del 1560 d.C. que los indios de las áreas más bajas y calientes de la costa del Pacífico de Guatemala, donde yo sitúo a los primeros l a m a n i t a s, eran más oscuros que los que se encontraban en las áreas más frías y altas, donde vivieron los primeros nefitas. Los habitantes de las tierras altas, dijo Medel, “parecían poco diferentes de
  • 135. ACLARANDO ALGUNAS COSAS 119 los españoles”62. La observación aparece subrayada por un incidente histórico que sucedió al otro extremo de Mesoamérica durante la conquista de los aztecas por Cortés. Enfrentado a una rebelión en su base, en el Golfo de Méjico, el comandante envió espías desde el centro de Méjico para evaluar la situación. Entre el grupo de sus aliados indios envió dos españoles de tez relativamente oscura, vestidos como los nativos. Tuvieron éxito, permaneciendo en el campo de los rebeldes españoles por un largo periodo de tiempo, y volviendo para informar sobre el estado de las cosas, sin que nunca se detectara su identidad española por sus compatriotas63. El padre Thomas Gage llamó a la población india del centro de Chiapas “de tez clara” y a l o s n ativos de N icaragua de un “ bla nc o indiferente”64. Por otro lado, el color de otros indios se aproximaba a lo que podría denominarse “una piel de color negruzco” (2 Nefi 5:21)65; esta metáfora sólo se usa una vez en el texto, todas las demás referencias lo son sólo respecto a la “oscuridad”66. Los matices en el color de la piel de los pueblos supervivientes de las tierras del Libro de Mormón incluyen una considerable gama, desde el marrón oscuro hasta casi el blanco. Estos colores cubren casi la misma gama que los que fueron encontrados en el pasado alrededor de la costa mediterránea y del 62.- F. W. McBryde, Cultural and Historical Geography of Southwest Guatemala, SISA 4 (1945), pág. 9. 63.- Bernal Díaz del Castillo. The Bernal Diaz Chronicles, trad, y ed. Albert Idell (Garden City, New York: Doubleday, 1956), pág. 227. 64.- J. E. S. Thompson, ed., Thomas Gages´s Travels in the New World (Norman: University of Oklahoma Press, 1958), pp. 149, 94. 65.- En la traducción oficial al castellano del Libro de Mormón se traduce sólo como“color oscuro” (blackness), mientras que la palabra en inglés hace alusión al color negro “negruzco”. (N. del T.) 66.- McBryde, Cultural and Historical Geography, pág. 9; Hugh Nibley, Since Cumorah (Salt Lake City: Deseret Book, 1967), pág. 247.
  • 136. 120 UN MARCO GEOGRAFICO Oriente Próximo. Es probable que la distinción objetiva del matiz de piel entre los lamanitas y nefitas fuera menos marcada que la diferencia subjetiva. La escritura deja claro que los nefitas tenían prejuicio en contra de los lamanitas (Jacob 3:5; Mosíah 9:1-2; Alma 26:23-25). Esto debe de haber influido en cómo percibían ellos a sus enemigos. La descripción nefita de los lamanitas entra dentro de un esquema conocido en el Próximo Oriente. Los habitantes sumerios de las ciudades de Mesopotamia del tercer milenio a.C. veían a los amoritas, los parientes de Abraham que habitaban en el desierto, como “oscuros” salvajes que habitaban en tiendas, comían carne cruda, dejaban a los muertos sin enterrar y no cultivaban cosechas. 67 Los sirios urbanos siguen llamando a los nómadas beduinos “las bestias salvajes”. La imagen nefita de sus parientes, en Jarom 1:6 y Enós 1:20, suena tan similar a los epítetos del Próximo Oriente que probablemente este lenguaje se debe considerar como una fórmula literaria más que como una descripción objetiva, una calificación aplicada a cualquier pueblo temido, despreciado, “atrasado”68. Pero todo esto no excluye una diferencia cultural y biológica entre los dos grupos. La pregunta es cuán grande era la diferencia; podemos dudar de si era tan dramática como la describen los nefitas que guardaban el registro. Hemos visto que el Libro de Mormón dice poco de toda la cuestión de la biología humana o “raza”. Repasando la apariencia que tenían las personas que vivían en el Oriente Próximo, descubrimos que, a los ojos de un observador descuidado, no hubieran 67.- William F. Albright, From the Stone Age to Christianity, 2ª ed. (Garden City, New York: Doubleday [Anchor Books], 1957), pág. 166. 68.- Comparar con: Hugh W. Nibley, Since Cumorah, pp. 246-51. Algunas de sus interpretaciones de este punto estan sujetas a advertencia porque están basadas en escasa información, pero el empuje general es válido.
  • 137. ACLARANDO ALGUNAS COSAS 121 diferido tanto de algunos grupos mesoamericanos. Tenemos pruebas de que en Mesoamérica habrían e st a d o p resentes antiguamen te gr upos c on características del Oriente Próximo, junto con la población amerindia, más predominante. Estos hechos parecen indicar que las afirmaciones del texto de escritura pueden estar suficientemente conciliadas con los datos científicos. Sobre este punto no queda ningún problema importante. Tierra Pequeña, Gran Hemisferio Ambas, la información lingüística y la biológica, demuestran que la historia étnica y cultural de las tierras que hemos identificado con el relato del Libro de Mormón -Mesoamérica central y sur- ha sido compleja. Esto no es sorprendente. Las tierras de la B i b l i a muestran ser igualme nte c omple ja s, históricamente. Un solo relato, particularmente uno que está preparado con énfasis religioso, sólo puede esbozar unas pocas escenas de cualquiera de las dos historias. Lo que aprendemos en las escrituras de sus pueblos y del transcurso de los hechos no es suficiente para que se nos presente una gran imagen histórica, de la cual el libro religioso sólo relata una pequeña parte. La ley y los profetas de los israelitas tratan sólo brevemente la historia de Egipto, Persia o Grecia y está claro que de ningún otro país que se encontrara más lejos que estos en ninguna dirección. El Libro de Mormón no podría tener más esperanza de poner en claro lo que ocurría en todo el Nuevo Mundo, incluso aunque los escritores hubieran conocido esos hechos. Pero cuando comprendemos la imagen histórica general, el registro de las escrituras encuentra un lugar razonable dentro de ella. En las tierras cuyo centro es el Atlántico podemos ver el desarrollo de un antiguo sistema de evolución que incluye la Reforma, la Carta Magna y la Revolución Americana, mas otros mil sucesos, todos culminando con la restauración del
  • 138. 122 UN MARCO GEOGRAFICO Evangelio. O vemos el arriesgado camino seguido por el diminuto Israel, dirigido por profetas, entre los gigantes del poder: Egipto, Asiria y Babilonia. Los sucesos de importancia sagrada tienen un contexto secular, tanto como lo tienen los sucesos meramente profanos. ¿No podría, la condición de los nefitas, seguir el esquema general del Israel del Antiguo Testamento? La “Tierra Prometida” mesoamericana en el Nuevo Mu n d o se encontraba en m edio de la a c c ión civilizadora. Así como Palestina probó ser el escenario del mundo antiguo, donde los efectos de todo lo que los israelitas hacían y decían podían ser difundidos en el exterior, igualmente Mesoamérica era el nexo cultural de este hemisferio. Aquí estaba el único lugar donde una civilización arcaica (una del tipo de las de Egipto o Babilonia en el Mundo Antiguo) podía h a c e r se grande o ser enterrada e n la inte nsa competición entre pueblos. Si fuéramos a clasificar la complejidad de la civilización, en cualquier momento dado, del hemisferio occidental pre-hispánico, en una escala de 100, durante varios milenios Mesoamérica tendería a estar en lo más alto de la escala, a menudo c e r c a d e l 100. L os pueblos de Nue vo Mé jic o obtendrían un 20 y la cultura del centro del río Mississipi en el centro de los Estados Unidos, hace siete u ocho siglos, un 30. Los paiutes recolectores, de Nevada, estarían alrededor del 2, los esquimales un poco más. Démosle a lo que haya en Nicaragua un 35 como mucho y a la mayor parte de los pueblos en Brasil de un 10 a un 25. Perú se anotaría de 80 a casi 100. Estos niveles comparativos marcan dos cenits del desarrollo cultural: la zona mesoamericana y la andina. Sólo en la primera hay pruebas de registros históricos.
  • 139. ACLARANDO ALGUNAS COSAS 123 Todo lo demás era sustancialmente menos complejo y menos interesante desde el punto de vista de la historia cultural del hemisferio. Sería comprensible que los n e f i t a s e stuvieran situados en e l me ollo de la civilización del Nuevo Mundo. Todas las historias locales americanas -la expansión de las poblaciones, la creación de monumentos, el ascenso y caída de jefes o “reyes”, la expansión de cultos y las escaramuzas entre bandas pequeñas- son casi tan variadas como la historia de Asia. Cientos de tribus y reinos, cientos de comunidades con su propia singularidad cultural, llenaron el hemisferio durante largo tiempo. ¿Cuántos de ellos tuvieron algo que ver directamente con los nefitas o los jareditas? Quizá tantos, o tan pocos, como las que se relacionaron directamente con los israelitas entre los pueblos de Eurasia. Sabemos que ciertas características culturales se extendieron desde Mesoamérica, en diferentes periodos, así que existen pocas áreas en el hemisferio que no fueran afectadas de alguna manera por las influencias de la nueva patria de Lehi. Probablemente algunas personas -algunos genes- iban con la cultura. En general parece que estos difusos efectos eran n o r m a l m e nte de poca im porta nc ia , c ultur a l y biológicamente, pero en ciertos lugares se produjeron fuertes resultados. Sabemos que en el norte de Méjico y el á r e a de A rizona-N uevo M é jic o pe ne tr a r on m o v i m i e n tos significativos de ge nte s e ide a s mesoamericanas 69 . El valle del Mississipi, bajo y central, y los estados del sudeste sintieron, en varios 69.- C. C. Di Peso, Casas Grandes: A Fallen Trading Center of the Gran Chichimeca, vols. 1-3, Amerindian Foundation Series 9 (Flagstaff, Arizona: Northland Press, 1974); J. C. Kelley, Mesoamerica and the Southwestern United States, HMAI 4 (1964), pp. 95-110; B. C. Hedrick et al., The Mesoamerican Southwest (Carbondale: Southern Illinois University Press, 1974).
  • 140. 124 UN MARCO GEOGRAFICO periodos, una fuerte influencia 70. Ecuador, en tiempo de los jareditas, y Perú, Ecuador y Colombia, en varias épocas posteriores,71 también sintieron la huella de la vida mesomericana y probablemente de los genes de su gente. Los grupos que se encontraban en el área de acogida también mandaron obsequios culturales al área nefita. Todo este tema tiene demasiadas ramificaciones para tratarlas todas aquí. La pregunta predominante en las mentes de los lectores Santos de los Ultimos Días e s p r o b a blemente ésta: S i realme nte toda s e sa s personas no se describen en el Libro de Mormón, e n t o n c e s, ¿deberíamos conside r a r que sus descendientes son “lamanitas”? Hoy en día los Santos hablan de ellos como lamanitas. ¿Es esto verdad, en un sentido biológico directo? Primero, la profecía de Lehi acerca del futuro de sus descendientes nos enseña que “nadie vendrá a esta tierra a menos que sea traído por la mano del Señor.” (2 Nefi 1:6). Y que “esta tierra está consagrada” a quienquiera que el Señor traiga (versículo 7). El significado se vuelve aún más claro en el discurso del Salvador registrado en los capítulos veinte y veintiuno de 3 Nefi. Aquellos que han sido traídos aquí y desean aprovechar las bendición prometida a Lehi tienen que hacerlo siendo “contados entre este resto de Jacob” a los cuales se les ha dado la tierra por herencia (3 Nefi 21:22). Esto es tan cierto para los “gentiles” de los siglos recientes como para los primeros pueblos 70.- C. H. Webb, “The Extent and Content of Poverty Point Culture”, American Antiquity 33 (1968), pp. 297-321; C. R. Wicke, “Pyramids and Temple Mounds: Mesoamerican Ceremonial Architecture in Eastern North America”, American Antiquity 30 (1965): 409-20; James B. Griffin, “Mesoamerica and Eastern United States in Prehistoric Times,” HMAI 4 (1964), pp. 111-32. 71.- Por ejemplo: Betty J. Meggers, “Cultural Deverlopment in Latin America: An Interpretative Review,” ed. Betty J. Meggers y Clifford Evans, Smithsonian Institution Miscellaneous Collections 146, nº 1 (Washington, 1963), pp. 131-40.
  • 141. ACLARANDO ALGUNAS COSAS 125 “nativos”. En resumen, las bendiciones de la tierra iban a estar disponibles para todos los que llegaran, si ellos estaban dispuestos a unirse “por adopción” con Lehi, al que le fue dada la tierra. Los términos de las afirmaciones del Salvador, si no de las de Lehi, ponen en claro que todo el hemisferio iba a ser la herencia de Lehi, no sólo la tierra inmediata que se menciona en el registro histórico de los nefitas. (3 Nefi 20:13, 20, 22; 21:4, 12, 23-25, 29; D. y C. 54:8). Así que, cualquier pueblo que se encontrara en el hemisferio occidental podía recibir las bendiciones de identificación con los israelitas americanos, bien sea bajo el nombre de “ l a m a n i t as”, si descendía de a nte pa sa dos precolombinos, o como “gentiles” (inmigrantes de tradición cristiana, principalmente provenientes de Europa), bajo los términos de 3 Nefi 21:22. Todos los p u e b l o s nativos del N uevo Mu ndo pue de n se r clasificarse así con propiedad como “lamanitas”. Esto no dice nada, ni en un sentido ni en otro, de una descendencia “literal”, lo que el Señor no considera de p a r t i c u l a r importancia en lo q ue r e spe c ta a la recepción de bendiciones (1 Nefi 17:32-35). Si algún investigador encontrara nuevos métodos para continuar la investigación, basándose en las “líneas de ascendencia”, de un individuo, familia o pueblo en particular, él o ella, podría encontrar que algunos nativos americanos son descendientes directos de los nefitas de tiempos antiguos, que algunos son descendientes en parte de otros de los grupos de Lehi o Mulek, que otros tienen un origen jaredita, y que aún otros no tienen una conexión perceptible con ninguno de esos. No están disponibles los métodos científicos, g e n e a l ó g icos o históricos par a r e solve r ta le s cuestiones; pero, lo que es más importante, la escritura indica que los resultados no importarían en lo que respecta a la Iglesia y el evangelio.
  • 142. 126 UN MARCO GEOGRAFICO En esta sección hemos examinado tres preguntas acerca del Libro de Mormón en relación con los hallazgos de la ciencia. Cuidadosas consideraciones del texto de escritura, el examen de los hallazgos de la investigación, a veces descuidados, y un intento activo de hacer que concuerden todos estos materiales han reducido los “problemas” a casi una insignificancia. Encontramos que los dos grupos de datos se acomodan ampliamente el uno con el otro. La escritura no presenta ningún problema en particular, pero tampoco la información de fuentes externas, acerca de los antiguos habitantes, demuestra que el registro de escritura sea erróneo. Alguno de nosotros puede que realmente tengamos que revisar nuestras ideas previas acerca del Libro de Mormón y los hallazgos de la ciencia, pero eso sería sólo una manifestación de nuestra saludable corrección de un error previo. El futuro trabajo nos podría enseñar más acerca de estos temas, pero por ahora parece que hemos “aclarado el terreno” por lo que podemos concentrarnos en nuevas preguntas.
  • 143. 3 La Cultura y la Historia en las Tierras del Libro de Mormón Muchos de nosotros hemos observado, de primera mano, los pueblos, aparentemente eternos, de Nuevo Méjico y Arizona, hogar de los hopi, los zuñi, los acoma y otros grupos indios. Dan la apariencia de que el paso de un siglo les importaría poco a ellos o a sus habitantes. Hay mucha verdad en esta afirmación. La tradición está de acuerdo con la investigación: la esencia de la forma de vida de Pueblo ha existido por m u c h í si mo tiem po, en su pintor e sc o y á r ido emplazamiento. Algunos modelos de vida tradicionales en las tierras de la Biblia también han perdurado durante largos periodos. También, si fuéramos a examinar la cultura de un poblado chino, incluso hoy en día nos sorprendería hasta que punto se han conservado las costumbres básicas, muy localizadas. La razón principal de este conservadurismo en la comunidad es clara. Los desafíos de cómo salir adelante en un medio ambiente en particular tienden a no cambiar; las ovejas, los viñedos y los campos de grano de Palestina, cosechados a mano, eran la clave d e l a su p ervivencia personal y c ultur a l de los habitantes en los días de Abraham igual que en los de Cristo, más de dos mil años después. Y la manera de cultivar maíz no ha cambiado de manera significativa en algunas áreas del sur de Méjico en un período aún más largo. U n a segunda razón para la c ontinuida d e s la renuencia psicológica de las personas a cambiar. Los humildes, que siempre heredan la tierra una vez que 127
  • 144. 128 UN MAR