Construcción de la Parroquia de San Andrés de Elciego
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Construcción de la Parroquia de San Andrés de Elciego Construcción de la Parroquia de San Andrés de Elciego Document Transcript

  • LA CONSTRUCCION DE LA PARROQUIA DE SAN ANDRES A inicios del siglo XVI se vive una etapa de tranquilidad social y económica en toda la zona de Rioja Alavesa. Los anteriores conflictos fronterizos dejaron paso a una estabilidad general donde las energías y la mano de obra se utiliza más en la producción que en la defensa territorial. Es el siglo donde se inician las construcciones de los nuevos templos de la zona. Otros movimientos sociales como la inmigración, el contacto con el Camino de Santiago y el establecimiento de monjes en la zona contribuyen a esta dotación de templos religiosos en la comarca. Tampoco podemos olvidar el motor que supuso la religión entre nuestros antepasados. La necesidad de templos para sus liturgias, la involucración económica y personal en las nuevas construcciones y la trascendencia del fenómeno religioso en la vida de las personas, empujó sobremanera la erección de estos suntuosos templos. La Iglesia, a través de sus diezmos y primicias, era la principal “productora” agrícola de cada población. En el caso de la aldea de Zieko o Ciego, asentada en una colina desde la Alta Edad Media a orillas del Río Mayor, la población levanta en la parte de arriba una ermita para sus prácticas religiosas bajo la advocación de la Virgen María. En la parte SE de la colina está asentada la familia más importante de la población: los Sáenz Navarro, que emparentan posteriormente con otra
  • familia clave en los años venideros: los Ruiz de Ubago. Cerca de sus viviendas impulsan la construcción de un templo religioso, más grande y suntuoso alrededor de la pequeña iglesia existente en la parte baja de la aldea. Inicio de la construcción de la nueva Parroquia de San Andrés :1630 aprox (?) Un templo religioso bajo la advocación de San Andrés venía funcionando desde antes del siglo XVI. Había cura y beneficiados y el culto se venía practicando en esa pequeña iglesia gótica, como se nos ha venido diciendo, o ermita propia de una aldea. La existencia de cura y beneficiados, junto con la práctica ininterrumpida del culto durante toda la etapa de la construcción del nuevo edificio, refuerzan la idea de la existencia de un templo anterior. Esta nueva obra fue una auténtica revolución entre la población de la aldea. Hubo necesidad de abundante mano de obra, y así se explica el incremento de la población a mitad del siglo XVI: de los 100 vecinos que se contabilizaban en 1525 pasaron a ser 150 en 1561 y 272 en 1583. El templo se construye de O a E, es decir desde la portada y torres hacia el Altar Mayor. Topográficamente hablando, desde la parte más llana de la colina, donde estaba asentada la anterior iglesia, hacia el río; solventando un desnivel importante de la ladera e incluso canalizando entre sus cimientos una regadera o canalización de agua. Inicia la construcción del templo Juan de Asteasu, maestro cantero vizcaino afincado en Laguardia y perteneciente a una reconocida familia de cantería. Trabaja en las bases de las torres, columnas y bóvedas de los primeros tramos. No tenemos apenas datos de estas primeras construcciones puesto que los documentos del archivo parroquial comienzan en la década de los cincuenta. Los grabados del bajocoro es uno de los mejores legados de este cantero vizcaino, junto con su sucesor en la obra: Domingo de Emasabel. En el bajocoro de la parroquia podemos encontrar una inscripción que nos data el año en que se hicieron estos fabulosos grabados: 1546.
  • 1550-1559 En esta década se termina de construir toda la parte este del templo: bajo coro, coro, primer tramo y torres. La demanda de los materiales es importante: las piedras y la cal se extraen de canteras y caleras locales, trayéndose de la parte de la Sierra las maderas necesarias para los andamiajes. Pipaón va a ser un constante proveedor de maderas para la construcción, andamiajes y armazones del tejado. En 1552 queda reflejada por primera vez en el Archivo Parroquial la visita del delegado de la diócesis a este pequeño templo sobre el que se está construyendo una nueva iglesia. Los gastos de la construcción del nuevo edificio se sufragan con los diezmos y primicias que la Parroquia recoge de los vecinos de la aldea. La base son cereales (cebada, trigo, avena, centeno) y vino. Como complementos menores están los corderos, lino, oliva, arbejas, habas....A mediados de siglo las aportaciones de los cereales eran de la misma cuantía, traducida a dinero, que el vino; pero posteriormente éste va a ir adquiriendo poco a poco más protagonismo, llegando a ser el motor económico de las obras de la Parroquia. Para que tengamos una referencia, este año de 1552 , se recogen en los diezmos 121 fanegas de trigo, aparte de otros cereales (cebada, centeno y avena) y poco más de 400 cántaras de vino. Los clérigos y beneficiados van a ser los que administren los caudales recaudatorios y rijan los destinos y orientaciones tanto del desarrollo de la construcción y ornamentación del templo, como de la vida religiosa y social de la población. Los gastos corrientes de estos primeros años van a ser la cera y aceite para el alumbrado de la liturgia, la compra de ternos y vestimentas, accesorios para los actos litúrgicos, libros para los oficios, etc.. ; pero las partidas fuertes se las lleva la construcción del nuevo templo. Se necesitan comprar maderas, cal, hierros para las grúas, …..y sobre todo los pagos a los canteros. Los ritmos de construcción del nuevo edificio van a ir en función de las cosechas. En general, en la segunda mitad del XVI y primera del XVII el vino va a tener un ritmo ascendente que repercutirá positivamente en liquidez para pagar la nueva construcción. Domingo de Emasabel toma el relevo en 1553, iniciando desde este año una andadura de tres generaciones de los Emasabel con los que se desarrollará toda la construcción del templo. Ya hemos comentado que el culto ya se venía celebrando en el pequeño templo o ermita existente, a la par de la construcción de la nueva parroquia. El acceso sería por la parte Sur, hasta la construcción definitiva del nuevo edificio. Portada exterior que aún queda en la fachada de la Iglesia. View slide
  • Para 1553 ya tenemos una torre casi terminada, colocándose una puerta para cerrar el acceso a la escalera de caracol. Se la remata con una cruz de hierro, fijándola con unos arpones anclados con plomo, como era costumbre en la época. Domingo de Emasabel recibe este año el pago de lo que resta de la obra de la torre, pilas de agua bendita, pila de bautizar, portada, coro y altares. Total 141.521 maravedíes, el total de lo recaudado en este año, más el remanente de los años anteriores. Al siguiente año se coloca en la nueva torre una campana o esquilón. Los pagos por traída de madera para los andamiajes y la grúa también supusieron una buena partida. En 1555 los pagos con los canteros están al día, aún así Domingo Emasabel, que no sabía firmar y por eso no conservamos ninguna firma, cobra este año 50.320 mvs, el 27’5 % de los ingresos de la Iglesia. La compra de ornamentos para el culto que se venia celebrando en la primitiva iglesia, también supusieron unos buenos gastos. En el hueco que se va edificando se va poniendo a la par tejado, para poder acoplarlo a la primitiva iglesia y así ampliar el espacio para el culto. En este nuevo habitáculo se celebra por primera vez este año la fiesta del patrono del nuevo templo: San Andrés. La parroquia también tiene que atender otros gastos importantes de otros inmuebles, como son el mantenimiento de la ermita de San Vicente o la cueva donde se elabora el vino de la uva View slide
  • recogida en la Primicia. Para 1559 está construida la segunda torre. Los ingresos de la Primicia fueron buenos y permitió destinar dineros a la construcción de una reja para proteger el coro, encargada a maese Esteban de París, colocación de un reloj en la torre, adorno de la cruz, esquilón, etc....También aparece un pequeño órgano para el culto, instrumento imprescindible durante los años venideros 1560-1569 Comienza esta década con un trabajo importante de herrería: la reja que Pedro de Marigorta hizo para el baptisterio, por la que cobró 2.040 mvs.. Marigorta fue uno de los rejeros más afamados de la época, con lo que realza la categoría artística del nuevo templo. Las obras van avanzando a buen ritmo y en 1561 se ordena en la visita que se haga un púlpito. Al año siguiente se hace la pila bautismal.
  • En 1564 fallece Domingo Emasabel y se hace una valoración de todo lo realizado hasta ahora para abonar los posibles retrasos pendientes a su hijo Juan. Se valora todo lo realizado hasta ahora en 732.000 maravedíes y el cantero Emasabel había recibido mil menos. Con Juan de Emasabel en 1565 se realiza el púlpito y los vanos de las ventanas, aparte de la parte correspondiente del tejado que va cubriendo lo que se va constuyendo. En estos años las cuentas del Concejo no llegan para pagos de impuestos y obras. La Parroquia presta dinero a Vicente Ruiz de Ubago, representante del Concejo para el pago de los canales de la regadera que se está haciendo. Su suegro, Juan Sáenz Navarro, una de las personas más relevantes de la aldea del Ciego y con buena influencia en la Tierra y Villa de Laguardia, tramita la construcción de una puerta principal para el nuevo templo, para lo que recibe quince ducados. 1570-1579
  • Los comienzos de la década de los 70 es tranquila, Juan de Emasabel continúa con la obra recibiendo los pagos regularmente. Los ingresos por la primicia son buenos y van permitiendo que, aparte de afrontar los pagos de la obra, se puedan complementar pequeños gastos de funcionamiento. La Iglesia tiene una viña, que va produciendo entre 15 y 40 cántaras, según los años; da suficiente dinero como para comprar el aceite o la cera, conceptos fijos en el capítulo de los gastos. Con el cantero Juan de Emasabel se van ajustando los pagos pendientes y haciendo finiquitos con las obras que van realizando. En total tiene recibidos Joan de Emasabel de toda la obra de cantería que va haciendo en la iglesia la cantidad de 616.989 mvs., casi cinco veces el presupuesto anual de la iglesia. En 1571 el vino supone en las cuentas de la iglesia el 60% de un presupuesto total de 175.600 mvs. En 1574 los herederos del primer cantero que inicia el templo, Juan de Asteasu, reclaman pagos pendientes de los trabajos de su padre. El asunto fue a los tribunales y la sentencia ordena pagar a los herederos de Asteasu 120 ducados. Entre este juicio, el encargo de una cruz de plata y los pagos al cantero, se origina por primera vez un déficit en las cuentas parroquiales, lo que origina una buena bronca por parte del Visitador de la diócesis de Calahorra. Se habla en la misma visita oficial de aderezar las capillas del nuevo templo y de asegurar bien el tejado. Al siguiente año la primicia se remata en 120.000 maravedíes, lo que permitió pagar dineros prestados y los pendientes a la familia de Asteasu. Aparecen por primera vez un pago a Andrés Alemán, maestro organero, para aderezar el órgano.. . En 1576 Juan de Emasabel comienza a hacer la cantería de la capilla principal, la del Altar Mayor, con la consiguiente cimentación para salvar el desnivel del terreno. En estos años se encarga en Nájera, a los plateros Juan González y Juan García, la cruz de plata . Fue la gran joya de la Parroquia para las procesiones y actos de días festivos. Pesaba 44 marcos y medio menos dos ochavas. Acaba la década con buenos ingresos por las cosechas lo que se aprovecha para pagar lo pendiente y afrontar nuevas inversiones: cruz de plata a los plateros najerenses, esquilón nuevo, ornamentos para el culto, ….. 1580-1589 Comienza la década con la continuidad de la bonanza económica, permitiendo construir toda la parte de la capilla principal. Esta misma bonanza es aprovechada por las familias pudientes de la aldea para pagar en Madrid la dexanesión de Laguardia y constituirse la aldea del Ciego “villa de por sí e para sí”. Los ingresos de la parroquia de esta década, casi duplican los de la anterior. En 1586 las obras tienen un parón importante. Emasabel está ocupado en la iglesia que se está construyendo en Elvillar, por lo que desatiende en parte la obra de Elciego. Este mismo año fallece
  • el cantero. Continúa con la obra Francisco de Emasabel, hijo de Juan y nieto de Domingo. Tres generaciones de canteros trabajando en una misma obra. Entre la ralentización de la obra de la Iglesia y las buenas cosechas, se originan unos buenos caudales en las arcas parroquiales. En 1588 al incipiente ayuntamiento se le prestan 200 ducados (74.800 mvs). Siguen pagándose dineros al curador de los hijos de Juan de Emasabel, Domingo de Aróstegui, tras varias reclamaciones por parte de éste. Aprovechando los buenos ingresos, se van comprando ornamentos y vestimentas para la liturgia. Entre estas adquisiciones, será famoso como una de las joyas de las vestimentas litúrgicas, el terno negro. 1590-1599 En esta década se van satisfaciendo pagos pendientes con Domingo de Aróstegui, curador de los hijos de Juan de Emasabel y a la vez Francisco de Emasabel, el cantero encargado de la obra, va cobrando por sus trabajos de remate en toda la parte este del edificio. Los ingresos son buenos; pero los pagos de cantería van más ralentizados. Esto permitió que otros artesanos fueran haciendo trabajos para complementar el nuevo templo: cajas para custodiar materiales, asientos para el templo, libros, ornamentos litúrgicos,... A la par que se va rematando la construcción del edificio, el acondicionamiento interior va adquiriendo protagonismo. Existía un cementerio en la parte exterior del edificio y tumbas en el interior. Sobre éstas el Visitador manda allanar bien el suelo y ordenarlo en lo referente a las sepulturas, que son las causantes de los desniveles del suelo. También ordena que en el exterior, en la parte sur, se ordene el cementerio, que está con muchos barrancos y lápidas mal puestas. De 1594 hay un inventario con todos los enseres que hay en la parroquia de San Andrés, aún sin rematar el edificio. El encargado de inventarlo es Diego de Salinas, que actúa como sacristán y es maese de escuela de la Iglesia de la villa. Ya en estos años había maestro instructor para los niños y niñas de la villa al que la iglesia aportaba un dinero para su mantenimiento. Para 1597 la obra de cantería de la cabecera está casi rematada. El cura Diego López de Mendoza, la describe como una obra de cantería de mucho valor. Construcción lenta y muy costosa que lleva consigo más de 18 años colocando piedra sobre piedra, originándose también el consiguiente descontento de los canteros por los pagos. Esta es la principal causa de la ralentización de la obra, los pagos a los canteros. Este descontento lleva a la intervención del obispado para reflejar notarialmente los dineros recibidos y volver a hacer una nueva tasación, desde el año 1567. En esos 25 años de trabajos se han pagado al cantero 2.014.180 mvs. (Para hacernos una idea, la Independencia de Elciego de Laguardia costó 3.093.750 mvs) El Visitador de la diócesis remarca la importancia de los ornamentos. Dice a los clérigos locales
  • “que no pongan excusa con la obra que dicen se va haciendo porque importa más que la Iglesia tenga ornamentos decentes con qué servirse que no que se hagan paredes que se pueden excusar por ahora…que quedará tiempo para hacer las demás obras que se deban hacer”. La obsesión por los ornamentos litúrgicos es tan patente que indica se cobren los dineros prestados al Ayuntamiento y que con ellos se compren ornamentos. Para 1598 se había cerrado con tabique de adobe la puerta lateral del edificio, la que había sido originaria de la primitiva iglesia y servido de acceso mientras se estaba construyendo el nuevo templo. Se ordena que se tape con buena piedra y argamasa por el peligro que hay de romper el tabique actual y que se puedan hurtar las cosas de la iglesia. La obra está casi terminada y se le insta al Cabildo que se haga elección de las capillas que se han de hacer, aparte de allanar bien el suelo de la Iglesia para limpieza y aseo. El tejado, aún sin rematar bien, es necesidad imperiosa, ya que si no se cubre bien el edificio, el deterior del interior es notable. La Parroquia tiene buenos ingresos y es la referente económica de la incipiente villa. Esto va a originar que en ocasiones se convierta en prestamista no sólo al concejo, sino también a particulares. Finaliza el siglo con la obra de cantería casi terminada, incluída la sacristía, donde se ordena se haga un archivo con dos llaves para proteger todos los libros y escrituras. También va tomando forma el exterior del templo y se ordena que se allane la plazuela que ha quedado en la entrada del templo, no utilizándose esa parte para sepulturas. SIGLO XVII 1600-1609 Los primeros años del XVII se emplean en decoro y ornamentación del nuevo edificio. Parece ser que hay cuatro altares para el culto, ya que se manda que se hagan cinco frontales de guardamaní, siendo uno de ellos para la ermita de San Vicente. Las canteras de la villa, de donde se ha sacado toda la piedra para la construcción del
  • grandioso templo, han cumplido su misión. A partir de ahora, cualquier daño que se haga en las heredades de los términos de la villa al extraer nueva piedra para cualquier obra nueva, será necesario abonarlo. Lo cual nos da a entender que, mientras se explotaron las canteras para extraer piedra para la Iglesia, todo el daño causado estaba perdonado por el fin religioso de la edificación. Seguimos con años de buenas cosechas y particularmente del vino, esto va a permitir continuar ornamentando la parroquia. Aparece en las cuentas de 1608 el pago a un organista; a partir de este año, el tener músico organista en la parroquia va a ser una constante hasta nuestros días. Uno de los valores culturales de la villa: el organista que, aparte de tañer el instrumento, dará instrucción de canto y música a vecinos y educandos. En 1609 los tejados están completamente rematados. La obra fue muy deseada verla así ya que suponía la protección del edificio. El acontecimiento había que celebrarlo y para ello se gastan 1.122 mvs en una traca. 1610-1619 En esta década se hace hincapié en rematar las obras de cantería menor del interior; sobre todo el destinado al Altar Mayor. La población de la villa ha crecido y es necesario que la obra de acondicionamiento se acabe con brevedad, al menos hasta ser mudado el Santísimo al Altar Mayor. Se le insta al cantero que ya tiene recibido mucho dinero por la obra y que no ponga excusas para rematarla. En 1614 los pagos al cantero Francisco de Emasabel son relativos a sepulturas, acomodos internos, aderezamiento de la pila de agua bendita, colocación de una grada en la estrada de la puerta,.....El Concejo hizo una vereda para sacar la tierra de la iglesia, posiblemente iría parejo con el derrumbe de paredes que quedarían aún de la antigua ermita. El acontecimiento fue importante ya que este año se gastaron dos cántaras de vino tinto y unos toros para festejar el acontecimiento. Los buenos años de las cosechas plantean a la Parroquia mejorar la infraestructura para recoger la uva, pidiendo licencia a la Diócesis para vender los lagos viejos y poder así realizar un hórreo con buena capacidad. 1615 fue uno de los años que más caudales tuvo la caja de la Iglesia: buenas cosechas, menos gastos de cantería, venta del órgano realejo,.....En este mismo año se coloca una puerta entre la sacristía y el templo para diferenciar los dos espacios. 1620-1621 La bonanza económica sigue su curso y se va completando la obra con una caja archivo para custodiar papeles, puerta en la torre, organización de las sepulturas, ornamentaciones, telas para los altares, más asientos para los fieles, una puerta para la bajada desde la capilla mayor al río, misales, candeleros,..... El pago de la obra total de cantería de la Iglesia seguía en conflicto. Ya había fallecido el curador de los hijos de Juan de Emasabel, Domingo Aróstegui ; pero las hijas y yernos de éste continuaron con la contienda. Se intenta resolverla nombrando dos personas, una por parte de la iglesia y otra por parte de los canteros para que tasaran toda la obra y aproximaran cifras. Al acuerdo se llega en 1623, referentes a la obra de la Capilla Mayor y laterales. Los tasadores fueron Domingo de Legarra o Legarza, vecino de Murillo de Río Leza y Juan de Olate, maestros de arquitectura, quienes tasaron la obra en 7.026.908 maravedíes. Las obras se venían alargando y retrasando porque los pagos no correspondían a los trabajos realizados. Se les debía a los herederos 1.491.626 mvs. El acuerdo lleva consigo los plazos de abonos y los remates que faltan de la obra de cantería. Uno de los temas que más desacuerdo traía era el tejado. Necesitaba reparaciones y remates de cantería, ya que por parte de la Iglesia decían que no estaban hechos conforme al remate escriturado con los canteros. La confusión aumenta al traer la Iglesia a Francisco Hernández y Gonzalo Desem, como tasadores y declarando éstos que la Iglesia había sido engañada en más de
  • 3.000 ducados. Es posible que la Iglesia buscara la forma de no abonar la cantidad total que se acordó inicialmente con los herederos de los canteros. Pero al Visitador le trae más quebraderos de cabeza el ornato y la liturgia que la propia obra del nuevo templo. La iglesia local se quejará continuamente de los dineros que debe y tiene que abonar a los canteros y herederos para no poder atender otras necesidades. En ocasiones tendrá que recurrir a complementos ocasionales como las rentas que tiene de pequeñas propiedades (viñas de San Roque y en Romaneda) o a la venta de los lagos viejos donde ya no se encubaba. A mitad de la década se hacen cinco cruces para los altares y sigue estando presente el problema del allanamiento de las sepulturas. En 1626 el Visitador vuelve a llamar la atención sobre el cementerio exterior; ordena que se adecente y allane. A finales de la década se hace una pared de contención para igualar el terreno exterior trabajando el ello el cantero Ignacio Ansola. En los arreglos de las vestimentas para la liturgia trabaja estos años Diego Sáenz de Navaridas, perteneciente a un clan de sastres y artesanos que durante varias generaciones trabajarán en el bordado y decoración de tejidos eclesiásticos. 1630-1630 Se inicia la nueva década con los mismos temas pendientes: remate de la obra de cantería y ornamentación y decoro del templo. Toma interés de urgencia el arreglo del tejado de la sacristía, puesto que los días de lluvia recibe mucho daño el edificio. Mateo de Barinaga Arostegui sigue cobrando los dineros del acuerdo del remate de la obra de cantería al igual que la viuda del cantero Juan de Llanos, María Pérez de Aróstegui. Son los herederos del curador del cantero Juan de Emsabel, pero los finales de la obra de la capilla mayor están sin realizar y el Visitador manda que se publiquen y prosigan edictos para hacer y acabar dicho remate. En los años siguientes veremos a otros canteros trabajar en estos remates: Joan de Setién e Ignacio Ansola. En la Visita de 1633 el Prelado Diocesano se pone muy serio con el tema del remate. Demanda los oficiales necesarios con el cantero para rematar, por fin, la obra estipulada. Se ha dispuesto mucho dinero y no permite que se lleven más de lo que sea necesario. Al año siguiente, 1634, Joan Setién Venero, sigue es el cantero principal del remate de la capilla y media naranja, aparte del losado de la dicha iglesia y de las gradas que levantó y añadió en el altar mayor. Setién Venero es uno de los artífices más importantes en los trabajos de cantería de toda la zona a principios del XVII. Natural de Carriazo en la Trasmiera de Cantabria, pertenece al grupo de canteros que se desplazan a la zona de la Rioja a principios del XVII terminando diversos edificios religiosos que fueron proyectados en la centuria anterior, generalmente por colegas vascos. Con una trayectoria de cantero afamado en la zona, se le trae a Elciego para terminar una obra importante. Aquí establecerá su residencia por una temporada prolongada. En la obra de los tejados aparecerá con él Juan de Lizalde, vizcaino. La obra está prácticamente rematada y traen un veedor para ver si se ha cumplido todo lo acordado, Joan de Laverde es el encargado de peritarlo. En el altar mayor se coloca un pequeño retablo, sin que sepamos quién fue el maestro escultor. Al siguiente año, 1635, Pedro Ibáñez, cura y beneficiado de la parroquial de San Andrés, ejerce su cometido del obispado como encargado del remate de las obras de las capillas, concha y crucero de la obra, levantando para ello un acta con fecha de 26 de septiembre de 1635. Certifica que Juan de Setién Venero, el maestro de cantería natural de Carriazo, finalizará el trabajo encomendado dentro del tiempo previsto de tres años y que se le pagará lo acordado en este tiempo
  • En 1638, el cura Pedro Ibáñez, haciendo nuevamente gala de su comisión del obispado para el remate de los tejados, levanta acta el 23 de mayo de este año con el cantero Juan de Setién Venero, para el arreglo de los tejados. Se pone el plazo de dos años. La visita de este año refleja la situación penosa de la cumbrera de la Iglesia y los problemas que ocasionan las aguas de las lluvias en toda la obra. El trabajo encargado llevaba consigo el repaso de los tejados, las gradas del altar mayor, el enlosado del crucero, capillas de la iglesia y lo situado debajo del coro. Se firmará la carta de pago el 25 de Julio de 1640 Al finalizar esta década se llena el hoyo que se ha formado en la sacristía. Es un relleno que ha cedido. En la Visita de este año, aparte de la urgencia de los tejados, mandaron hacer un cancel en la puerta principal de la Iglesia y otro en la de la sacristía. En cuanto a los utensilios para el culto manifiesta la necesidad de aras y misales, una custodia pequeña para el Santísimo y que en el Sagrario se haga un pedestal y encimeras nuevos, porque los que están son muy malos. En la sacristía son necesarios más cajones para guardar los ornamentos y matiza el visitador que sean de nogal. De este mismo año de 1638 se conserva un documento detallado referente a la situación de las sepulturas en el interior del templo, indicando su ubicación y las familias usuarias. El torco o el hoyo que había de relleno en la sacristía se termina de cubrir en 1639, enlosándola posteriormente el cantero Setién Venero. El trabajo de traía de tierra era duro y la iglesia aportaba vino para los trabajadores. Participó el Concejo y para las veredas se abonaron 33.660 mvds que cobró el mayordomo del Concejo Joan Sáenz de Pipaón. Veinte cántaras de vino se gastaron en los días que anduvieron llenando el torco. Los cajones y candeleros que el visitador mandó el año pasado fueron realizados por los artesanos Juan Alonso y Juan de Elizalde. 1640-1649 Con la nueva década vamos a entrar en la segunda fase más importante de la construcción de la Iglesia. Primeramente hemos estado estos 100 largos años con la obra de cantería, con la fábrica propiamente de la Iglesia. La obra, que prácticamente duró 75 años, se demoró más de lo necesario por los pleitos con los canteros. Entre los pequeños pequeños arreglos aparecen nuevos canteros en trabajos concretos, como son Joan de Pucheta y Joanes de Urrutia, dando betún en la capilla de la Iglesia. Para estas fechas se han rematado los tejados, enlosado el suelo, allanado y enlosado el exterior,……la utilización del edificio y su exterior está en plenas condiciones. Entramos así en una segunda fase que se va a centrar en la obra interior más importante: el retablo del altar mayor y el de los laterales. En 1642 se le sigue pagando aún a Juan de Setién por los trabajos del losado de la sacristía. La obra del retablo ya está presente en los regidores de la Parroquia. Los dineros que se van guardando para esa gran obra necesitan lugar seguro y manda el Visitador que se haga un arca de tres llaves para guardar en ella el dinero de la fábrica. Los custodiadores de las tres llaves serían los claveros: el cura de la Iglesia, el alcalde de la villa y el mayordomo secular de la Iglesia. Sin la presencia de los tres a la vez, no se podría ni sacar ni introducir dinero en dicha arca. Un rayo derribó el capitel de la torre, deformándolo y originando una entrada importante de agua con las lluvias. Manda el Visitador que se componga utilizando la licencia que ya está lista en el tribunal eclesiástico para reparar la torre.
  • A Juan Setién Venero el cantero que viene trabajando desde hace años en el remate definitivo de los tejados y enlosamiento de la Iglesia, le recuerda el Visitador que “tiene obligación de losar el pórtico de dicha iglesia y otras obras y divertir el agua de los canales por el daño que causan en la dicha sacristía..”. Indica que ya ha recibido todo el dinero pactado, pero que él no ha cumplido aún su mandato. En la Visita de 1648 sigue organizando el Delegado Diocesano el interior del templo. La alineación y raseado de las sepulturas siguen sin haberse cumplido y es trabajo necesario para acoger una obra tan importante como es la del retablo que se está haciendo para la concha del Altar Mayor. No olvidemos que la gran parte de ubicación de las sepulturas correspondía a suelo de relleno, por lo que los desniveles con el tiempo se iban acentuando. Al igual que las sepulturas, los bancos y las achas y velas que se colocan junto a ellos, deben mantener un orden para evitar la gran deformidad que causan. Jesús Fernández Ibáñez elciegohistorico/wordpres.com Fotografías: Pablo Cañas López