Naturaleza e historia de los anunnaki y los nefilim y su relación con el hombre (ii)
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Naturaleza e historia de los anunnaki y los nefilim y su relación con el hombre (ii) Naturaleza e historia de los anunnaki y los nefilim y su relación con el hombre (ii) Document Transcript

  • La naturaleza e historia de los Anunnaki y los Nefilim y su relación con el Hombre II Posible origen, historia y naturaleza de los Anunnaki Los Anunnaki reciben este nombre porque el distante, frío, altivo y remoto Líder (o Lideresa) Suprem@ – ya que no existen referencias claras al respecto de su sexo –, o Monarca del Imperio Galáctico Draconiano que ordenó la colonización de la Tierra, pertenecía a la Dinastía de Sangre “Anu”. En sumerio, la “ supuesta primera o de las primeras lenguas únicas” de los “sirvientes” Eanos, (de “Ea”, “Tierra en Anunniano”), “Anunnaki” significa “Hijos o Descendientes de la tierra o tierras (territorios, dominios) de Anu”. En el doble sentido polisémico de “descender = sucesores, herederos” y “descender = proceder o bajar de”. También sonaría más o menos igual en la Lengua Imperial Unificada de los reptoides, probablemente muy parecida a él, si bien de fonética mucho más imperiosa, resonante y gutural, así como léxicamente más rica, llena de sofisticados tecnicismos y matices gramaticales. A su vez, “Anu”, como genérico, equivale a “Cielo”... Luego, “Anunnaki = Hijos-Herederos o Descendidos de los Territorios o Dominios del Cielo”. Y “Anu”, como nombre propio, es fácilmente interpretable como “Señor(@s) (de) los Dominios de los Cielos”. Más claro, agua fresca y pura de manantial. Como ya se expuso en el primer ensayo de esta serie, existen multitud de evidencias antropológicas, históricas, documentales y arqueológicas, “chocantes” para la ciencia ortodoxa y muchas veces ignoradas, minimizadas u ocultadas por sus más cerrados representantes “oficiales”... Y no digamos por los obvios intereses censores de las grandes instituciones políticas y religiosas. Pero no por ello menos innegables y convincentes, tales cuales registros pictográficos, ideográficos e iconográficos, textos escritos
  • antiquísimos, y otros derivados de tradiciones orales primordiales mucho más antiguas todavía, pertenecientes a todas las mitologías-teogonías multiculturales elaboradas en los más distantes puntos del planeta. Buena parte de ellos sin posible conexión alguna entre sí por medios convencionales en aquellos tiempos tan primitivos y remotos. Por lo que podemos deducir e intuir racionalmente a partir de todo ese material, la que sigue bien puede ser una síntesis actualizada de los principales rasgos característicos como especie y gran Civilización Interplanetaria de nuestros más ancestrales “dioses-diseñadores biogenéticos”: Los Anunnaki son polígamos y desaforadamente lujuriosos y promiscuos. Polígamos o poliándricos, pues su estructura sociobiológica, en sus más primigenios orígenes animales, fue ovípara, como la de todos los reptoides y, por tanto, absolutamente matriarcal. Por consiguiente, su Civilización debió establecer desde muy pronto una igualdad rigurosa entre los derechos y deberes masculinos y femeninos, quizá con un cierto y ya atemperado o “civilizado” predominio remanente de las hembras. Se muestran rígida y severamente clasistas, obsesionados por el rango y la pureza de los Linajes de Sangre. Todos sus valores, creencias, filosofía e instituciones medulares giran alrededor de la superioridad genética, la competencia y la Sangre, a la que denominan Ruaj (“Aliento de Vida”), asociándola simbólicomitológicamente al Prana, o Bio-Energía, en cuyo manejo por tecnología psicotrónica son los mejores expertos de la Galaxia. Su sistema es, pues, férreamente piramidal, monárquico, pero con una vigorosa dosis de autonomía entre los grandes Señores Guerreros y “Ruájicos” (equivalente a “Sanguíneos, o Psico-Mágicos/Psicotrónicos/Científicos” en términos de nuestro Mundo). Una Monarquía Imperial orgullosamente nacionalista y soberbiamente enaltecedora de sus Estirpes, con grandes proporciones de una singular mezcla característica de feudalismo-federalismo, por resumir. Componen una comunidad a la par rabiosamente individualista y ferozmente jerarquizada y ritualista, donde las únicas y casi infranqueables barreras son las de clase y Linaje – con mayúsculas, por favor –, nunca las vinculadas al sexo o la religión, porque de hecho solo conservan trazas de ciertos cultos animistas adoradores de los antepasados... Cultos ateos, en la práctica, semejantes en cierto modo a lo que en Occidente denominamos la “Magia Oscura” o el “Camino de la Mano Izquierda”, lo cual es coherente con el talante general radical y abisalmente egoico de su especie. Lo más parecido entre nuestros sistemas de creencias serían la religión yoruba de la que brotó el vuduísmo afro-caribeño y el sintoísmo japonés, aunque mucho más radicalmente “zurdo” en el caso de los Anunnaki. Carecen y siempre han carecido del concepto de “dioses personales protectores, guías o veladores” de sus variadas etnias y pueblos... Y mucho menos de un “Dios o DiosaCreador/a Único/a Omnipotente, Paternal/Maternal y Omnisapiente”, exótica
  • “extravagancia” fuertemente arraigada en otras razas de biología mamífera (que ellos tildan con desprecio como “cálidas”, en el mismo sentido que “blandengues” o “estúpidamente sentimentales”, no debido a nuestra “sangre caliente”, valiosa capacidad fisiológica que sus propios ancestros evolutivos desarrollaron docenas de millones de años antes que los nuestros, y por ello comparten con nuestra especie, seguramente más perfeccionada). Ello no les ha impedido ni les impide – por descontado – haber desarrollado una inigualable maestría en la táctica de fingir muy bien el rol de ese tipo de divinidades ante las especies sometidas a su yugo que poseen tales rasgos psico-biológicos por tendencia filogenética, como ocurre con los primates terrestres evolucionados. Lo hacen, lo disfrutan a fondo y gozan con ello de modo tan exquisito como cruel, burlón e inmoderado... El tal Marduk-SetYahvé ha llevado esta habilidad hasta niveles extremos en sádico cinismo, con un genio simulador innovador y genocida realmente refinado y contundente a la vez, y lo utilizó a fondo contra sus propios rivales y superiores en la Jerarquía de la Aristocracia Anunnaki hasta encaramarse a la posición de Dios Único Usurpador y Gran Titiritero de las mascotas-Lu.Lus terrenales, como ya explicamos en el primer ensayo. Poseen y disfrutan hasta la extenuación, por tanto, de múltiples parejas y amantes en muy diverso, cambiante y multifacético grado de relación vinculante, tanto ellas como ellos. Por otro lado, la homosexualidad y la bisexualidad son para los Anunnaki algo muy corriente y completamente admitido, excepto escasísimos casos patológicos como el de la famosa homofobia de Marduk-Yahvé. Simplemente, los aristócratas, magnates, grandes sabios y poderosos de ambos sexos se pueden permitir mantener harenes y/o serrallos más selectos, numerosos y apetecibles, y los ciudadanos libres de clase media o los obreros han de conformarse con dos o tres “comulgantes de Ruaj” o “comulgantes”, a secas, (como llaman a sus parejas) o, si son de condición muy humilde, con uno solo, lo cual es considerado una gran vergüenza. Los denominan así porque, para los reptilianos, la actividad erótico-amorosa sin dar y/o tomar, según preferencias, la sangre del otro en complejos y elaborados juegos sado-maso es sencillamente incomprensible, insulsa y hasta algo mecánica, animalesca, ofensiva y repugnante. No obstante, entre las clases superiores, especialmente la Nobleza de Alto Linaje y más todavía la de Sangre Real y la Casa Imperial, el o la titular a la cabeza de la Dinastía o Estirpe, eligen siempre una Favorita o Favorito, que recibe el tratamiento de Consorte Consagrad@. La esposa o marido oficial, vamos, y éste es invariablemente un enlace heterosexual. Y esto únicamente por exigencias de orden pragmático, relacionadas con la necesidad reproductiva y la herencia de las opulentas fortunas, propiedades y derechos dinásticos o sucesorios al Poder. Pese a todo, la Ley Draconiana establece razonables derechos jurídicos y económicos para los viudos o viudas y los hijos de los “comulgantes libres” (es decir, no “consagrados”), desde tiempo inmemorial.
  • Digamos que tan minucioso e intrincado conjunto de normas impone una distribución de los bienes del Cabeza del Clan en función estricta del nivel exacto de poder del Linaje Donador (el que entrega lo que aquí consideraríamos el “concubino” o “concubina”), al sin excepciones sensiblemente más influyente Linaje Receptor (el que selecciona y paga la dote). Las minuciosas cláusulas de estabilidad, duración y voluntario compromiso son celosamente reflejadas en los correspondientes documentos de los Contratos de Sangre, formalizados ante los Notarios y Albaceas, castas muy bien situadas y ricas entre la alta burguesía (que ellos conocen como el equivalente a “Urbanitas”), en todo el vasto Imperio de Niburu. Niburu es el nombre de su Planeta Madre –, el “Dragón de los Cien Mundos” (en realidad, 220 planetas o sistemas estelares sometidos a su férula en su momento de máxima expansión, justo al final de su colonización directa de la Tierra, hace unos 50000 años). Naturalmente, sólo entre los grandes Linajes aristocráticos se firman Contratos de Consagración por tiempo indefinido. La llegada de los Elhoims/Anunnaki a nuestro Sistema Solar se produjo sobre unos 450000-400000 años terrestres antes de nuestro presente. Los Niburianos provienen de un largo proceso de evolución biológica sometidos a intensa presión de selección natural darwiniana que – al igual que a todos los grandes depredadores de su planeta de origen –, les ha dotado de una particular configuración psicofisiológica asociada a su régimen fluidófago (se alimentan de fluidos biológicos, como la sangre, en especial, su “néctar-Ruaj” favorito, la linfa y el líquido cefalorraquídeo). Esta condición les hizo progresar más rápida y eficientemente aún por medio de los mecanismos epigenéticos y de transferencia de memoria celular ligados a su tendencia primordial al canibalismo, la sofisticada y cada vez más perfeccionada selección de presas idóneas y el vampirismo (el real, no el de las novelas y películas), en grandes y sucesivos “saltos” adaptativos en condiciones de exigente e hiper-agresiva competencia, tanto entre ellos mismos como para con otros depredadores. Por estos tres factores mutuamente sinérgicos o reforzantes, escalaron muy alto en la cima de la Pirámide Alimentaria. Y, una vez emergentes como culturas organizadas, centradas en la caza y más tarde la ganadería de “reses de fluidos” y de congéneres esclavizados o prisioneros de sus despiadadas y continuas guerras tribales en la Edad Pre-Indutrial de su desarrollo, la aceleración se tornó todavía más elevada... Para cuando se industrializaron y llevaron a la madurez sus específicas “tecnologías psicotrónicas”, su avance ya era irresistible... Devoraron su ahora probablemente olvidado, muerto y perdido Mundo de origen, accedieron al conocimiento de la Física Hiperespacial y se esparcieron por la Galaxia, atacando, masacrando, dominando y explotando un planeta habitable tras otro, consumiendo sus recursos y literalmente succionando y fagocitando todas y cada una de las habilidades, dones y facultades psicofísicas de sus
  • especies vasallas dotadas de conciencia racional... Devorando su carne, bebiendo su sangre..., pero también sus mentes y su “Prana” o potenciales bioenergéticos... Los Reptilianos eran el Azote de los Mundos..., y a cada paso de su frenética carrera en pos de más y más fuerza, poder y cruel sabiduría, acumulaban y refinaban nuevas capacidades para aumentar aún más su potencia arrolladora, incorporándolas a sus cerebros y su genoma... En medio millón de años, sus cuerpos, almas y artefactos ya eran colosales y titánicas máquinas de guerra, tanto ofensivas como defensivas... No sólo dominaban, hasta un grado inaudito y superior, a cualquier otra especie de la que ellos llamaban “Gran Matriz Draconiana” (la “Vía Láctea”), a través de las tecnologías bélicas convencionales más avanzadas, tales como los dispositivos láser, los rayos de partículas, los explosivos nucleares, las armas geoclimáticas, químicas y biológicas, la más asombrosa nanotecnología y biotecnología de espionaje, escudamiento y destrucción a escala molecular, sino también mediante una variada gama de espantosos dispositivos psicotrónicos tan letales como demoledores: Corazas “mentálicas” con alcance de ciudades o naves nodrizas enteras, generadores de terror, emisores de desesperación, acumuladores e irradiadores de las más horrendas concentraciones de descargas psicoenergéticas de impregnación portadoras de infinito dolor, miedo y tormento... Cada uno de ellos ajustado a la naturaleza y debilidades concretas de una determinada especie de enemigos, pronta y desoladoramente transmutados en sumisas, empavorecidas y temblorosas víctimas... Ingentes muchedumbres de toda forma, tamaño, genética, conformación, fisiología y condición retrocedían, se desplomaban, huían, reptaban, se arrastraban o se postraban, trémulas de fascinado pánico o inconmensurable desánimo pasivo, ante sus helados, atroces e implacables adversarios e invasores, derrotados, no tanto por la abrumadora fuerza de éstos, como por sus propias, íntimas y más hondas pesadillas arquetípicas, ancestrales, colectivas... Y su sangre, o cualquier otro fluido vascular, su horror y su martirio alimentaban más y más el dominio de sus verdugos y Señores por Transferencia psíquica y de avanzados métodos amplificadores ultra-específicos de ARN-retrocombinante... Pronto, en apenas 500000 años, su “Imperio Oscuro” reinaba con garra de acero sobre dos centenares de mundos habitados por inteligencias nativas y casi 1500 estrellas, la mayor aglomeración de Poder, materias primas y riquezas jamás antes ni después contemplada en la Galaxia... Los Draconianos eran invencibles... Los más aptos entre los más aptos, los Superpredadores indiscutidos en la cúspide de la Pirámide Ecológica Interestelar... Estos dos factores se conjugaron en un clímax óptimo que les impulsó con
  • sorprendente velocidad a un récord cumbre de poderío físico, talla, habilidades psíquicas y longevidad... Longevidad ya de por sí más elevada de lo habitual en su especie de origen, como ocurre de hecho con ciertos reptiles terrícolas, por ejemplo determinadas tortugas marinas. Tal especiemadre fue una suerte de velociraptor, según los estudios científicos realizados por los Niburianos al comienzo de su Era Nano-Tecnológica. Para la época en que descubrieron la Tierra, en pleno esplendor de la Gran Dinastía Imperial Anunnita, medían un promedio de tres metros veinte centímetros de altura – aunque algunos de ellos rayaban los 3.80 m – y su robustez, potencia, agilidad, celeridad y complexión esquelético-muscular se hallaba en similar relación con la de sus híbridos primates genéticamente modificados de origen terrícola, los primeros ancestros de nuestra especie...; Una eficiente y depurada combinación entre los poderes congénitos adquiridos por sus mentes y su alta tecnología de amplificación de potenciales psicotrónicos les permitía manejar, condensar, teletransportar y desintegrar cualquier material hasta una magnitud de unos pocos miles de toneladas. Sus sabios y guerreros de elevado Linaje proyectaban sus mentes y “cuerpos etéricos” (lo que los esoteristas terrenales llaman “astrales”), a cualquier plano sutil hasta el nivel de la Quinta Dimensión del Multiverso, o Densidad 5, como ellos la conocen (o sea, trasladaban sus conciencias a cualquier punto del espacio-tiempo cuatridimensional a voluntad). Los más capacitados y mejor entrenados entre ellos lograban regular la percepción interna del flujo aparente de Tiempo lineal a placer, frenándolo, aumentándolo o deteniéndolo por completo. Esta cualidad resulta muy útil para una especie cuya desmesurada longevidad se cobra un cierto tributo, obligándoles a permanecer por periodos de unas pocas décadas en “latencia narcoléptica vegetativa” o “coma pseudo-catatónico”, una vez cada medio millar o millar y medio de años aproximadamente, con objeto de hacer posibles los intensos procesos de regeneración celular integral y reajustes epigénicos y de transferencia de memoria celular adquirida heredable en la etapa justamente precedente de sus larguísimas vidas. Los reptoides los llaman sencillamente “Letargos”; Su longevidad media final – en el pico más elevado de su progreso biomédico, nanogenético y psicotrónico – roza los 500 siglos terrenales, lo que implica una tasa promedio de 50 Ciclos de Letargo-Reciclaje durante un periodo habitual de supervivencia. Otra derivación de tan impresionante resistencia biológica al envejecimiento y sus efectos progresiva y gradualmente fatales es una escasa y notablemente fatigosa fecundidad, con periodos de lenta “endo-incubación” (embarazo) próximos a los cinco años. Su baja tasa de natalidad y aún más reducida y lenta mortalidad explica perfectamente porqué resultaban “eternos” ante los empavorecidos y a la vez fascinados ojos de sus vasallos más primitivos... Así como el en apariencia
  • absurdo dato, presente en todas las mitologías y teogonías, de que varias generaciones de las mismas entidades pervivían en su presencia corporal, “en carne y hueso”, ante sus adeptos, sacerdotes o “elegidos”, fieles, siervos y esclavos “cálidos” durante todo ese inmenso intervalo temporal. Y también porqué, a pesar del titánico e inmenso poderío de su Imperio Galáctico, no son demasiado numerosos en proporción a la fabulosa área espacial que someten, viéndose obligados a confiar en su terrible y cruel impulso guerrero, exacerbada agresividad, sofisticada tecnología y refinadas técnicas y trucos psíquicos, psicotrónicos y psicológicos de condicionamiento y manipulación de individuos y masas para sostener su acerado dominio sobre tantas docenas de especies y mundos vasallos... Otro detalle, no por en apariencia más anecdótico menos interesante y revelador, es que todas esas fuentes documentales y arqueológicas extremadamente antiguas coinciden en asegurar que los “dioses” poseen una piel extremadamente fina, suave, resplandeciente, muy blanca, casi trasparente..., y de tintes variables (probablemente por sencillas razones de diversidad de pigmentación racial, fruto de las complicadas y bien calculadas alianzas de “matrimonios” consagrados entre distintos grupos o clanes de los principales Linajes), pero siempre de tonos predominantes azulados o verdiazulados, a causa de que la sangre de los Anunnaki es de color azul oscuro. Recordemos que tal tipo de fluido respiratorio existe en el Reino de los Animales Superiores de nuestro propio mundo. Es característico de los crustáceos e invertebrados marinos o de agua dulce, ya sean bivalvos o cefalópodos, y también de algunos artrópodos terrestres como ciertos insectos y arácnidos, lo que no es nada extraño, pues tanto los dos primeros como los segundos poseen ancestros evolutivos comunes entre sí. En realidad, no se trata de “sangre propiamente dicha”, pues tales organismos presentan en su lugar una especie de humor o “hemolinfa” estática que baña los tejidos, ya que carecen de sistema impulsor vascular como tal, dado su nivel evolutivo más primitivo. Este fluido está sustancialmente formado por “glóbulos azules” o “cianomatocitos” por completo equivalentes a nuestros “glóbulos rojos” o hematíes, solo que la gran proteína compleja encargada del vital reparto de oxígeno e intercambio respiratorio de este gas con el dióxido de carbono es la hemocianina en lugar de la hemoglobina. Esta macromolécula posee un centro activo funcional integrado por un átomo de cobre, en vez del hierro que ocupa su puesto en nuestras células rojas sanguíneas. Cuando el ión de cobre de carga eléctrica o valencia positiva (+1) de la sangre saturada de dióxido de carbono, como fundamental residuo final del metabolismo, se oxida al unirse a la molécula de oxígeno en el siguiente ciclo, su estado de valencia pasa a ión cobre (+2). Dicho cambio supone un tránsito cuántico energético que emite un fotón de luz en la banda visible de frecuencia del azul. La sangre oxigenada de estas criaturas es, por
  • ende, azul oscura (azul prusia, como las disoluciones acuosas de complejos de cianuro), y la reducida de color morado-violáceo, casi negra. En los vertebrados – como los mamíferos, por supuesto – el núcleo central de la hemoglobina se halla compuesto por un átomo de hierro. La correspondiente transición oxidativa se produce entre los estados iónicos de hierro (+2) e hierro (+3), la cual equivale a la foto-emisión en la zona del rojo. De esta manera, la sangre reducida (venosa) es roja muy oscura (parece a veces débilmente azulada en personas de piel muy fina y pálida, pero por un simple efecto óptico), e intensamente roja o roja levemente oscura en su forma oxidada (arterial). En cuanto a la diferencia entre la difusión lagunar de la hemolinfa y la auténtica circulación cardiovascular de la sangre es poco relevante, porque se debe simplemente al menor desarrollo evolutivo de los invertebrados y artrópodos más primitivos, que dada la mayor simplicidad de sus organismos, no precisan un ritmo metabólico tan rápido y energético como el nuestro. Recordemos, asimismo, que “simplicidad” no siempre supone algo incompatible con la adquisición de un comportamiento “inteligente”, ni de un cerebro voluminoso y bien dotado: Los pulpos, por ejemplo, pertenecen al grupo “sangre azul” antes citado, y gozan de más que notable inteligencia, hasta el punto que la mayoría de los biólogos sostienen que, tras el hombre, el delfín, la orca, la ballena azul y similares cetáceos y el elefante, ocupan el cuarto puesto en el “ránking” de los “listos del planeta”... Sin embargo, un sistema hemolinfático primordial, al perfeccionarse a lo largo de cientos y cientos de millones de años de Evolución, hasta conducir a seres tan complejos y poderosos como los anfibios, reptiles y aves – o una exótica combinación “alien” entre ellos – es evidente que desarrollaría un sofisticado sistema cardio-respiratorio y circulatorio convergente con el de los vertebrados superiores terrestres o incluso más eficiente. Consecuentemente, los Anunnakis o Elhoims poseen un amplio, vigoroso y ramificadísimo entramado de venas y arterias prácticamente idéntico al humano, si bien algo más denso, paralelo pero separado y bien diferenciado también de la red linfática. Sus potentes y enormes corazones bombean igual que los nuestros y, si sufren heridas, traumatismos o cortes, sangran del mismo modo que cualquier “mortal”. Por análoga razón, dosis suficientes en proporción a su tamaño y volumen circulatorio de cianuros, o la asfixia por concentraciones excesivas de monóxido de carbono, les resultan tan letales como a sus Lu.Lus y sus descendientes. Son “eternos” ilusoriamente, por contraste entre sus extraordinariamente luengas vidas y la lastimosa brevedad de las nuestras..., pero para nada invulnerables... Si bien condenadamente difíciles de matar por la mera fuerza bruta. Y en tal punto la lógica inductiva científica coincide plenamente con los más viejos testimonios legendario-míticos de nuestros antepasados..., mucho más sensatos y realistas que los disparates, deformaciones, fantasías y contaminaciones místicas y fabulosas engendradas milenios más adelante por la inevitable distorsión generada por
  • el paso de los siglos y sus avatares y la paranoia megalomaníaca de personajes como Yahvé y otros próximos a su perfil psicopatológico, sus “contactados-canalizadores” primates (llamados por sus siempre engañados, estafados, a veces inocentes y otras fanatizados creyentes “profetas”, “santos” o “iluminados”)..., y gentes de similar ralea. Mas existe otra segunda diferencia de orden menor pero muy significativa entre el “humor vital” de los invertebrados “hemociánicos” y el de los vertebrados “hemoglobínicos”... Y esta es de índole bioquímica más esencial y, por tanto, sí afecta a organismos superiores altamente evolucionados de tipo auténtico “sangre-azul”, como los “Reptilianos” de Niburu; Por más que la función de transporte respiratorio aerobio de la hemocianina y la hemoglobina es idéntica, existen sensibles distinciones entre la estructura molecular y por ello el mecanismo exacto por el que operan las dos macroproteínas: Mientras que la hemoglobina transporta, intercambia y transfiere el oxígeno con el dióxido de carbono mediante la reacción o enlace directo de los átomos de hierro encerrados por cuatro enlaces dentro de un complejo de coordinación en su centro activo no-proteico conformado por cuatro anillos de un compuesto cíclico llamado pirrol, (las porfirinas del “tetrapirrol” o “grupo hemo”), la hemocianina se une a los átomos de cobre indirectamente, cual grupos o sitios prostéticos (de nuevo, no proteicos), coordinados a través de residuos (cadenas laterales) de aminoácidos, (los “ladrillos” o unidades mínimas de las grandes cadenas proteínicas), de una clase particular, la histidina, en ciertos “puntos específicos” de su enorme “edificio molecular”. Como el enlazamiento directo sobre el corazón del complejo-ligando es más débil que el indirecto o coordinado, la velocidad de intercambio de gases es bastante mayor en la hemoglobina que en la hemocianina, cuyos enlaces coordinados por puentes de histidina son más robustos. Esto se deriva de que, para reemplazar la molécula de oxígeno por la de dióxido de carbono o viceversa a la hora de ser transportados o evacuados desde las células al flujo sanguíneo o al revés, hay que romper, formar y fijar enlaces y, naturalmente, resulta más fácil y por ello más rápido destruir y regenerar una unión más débil o de inferior energía que otra algo más fuerte o de superior energía. El rendimiento o potencia de la actividad de la hemoglobina es – pues – más alto que el desarrollado por la hemocianina. Por eso, en la Tierra, los animales más complejos y evolucionados han incorporado el sistema “hemo” y no el “ciano”, ya que es capaz de mantener mejor su exigente ritmo de consumo metabólico. Maravillas de la Ley de Selección Natural de Darwin, complementada por otros mecanismos neolamarckianos “aceleradores” y “amplificadores” de evidencia reciente ya citados, cuya exposición no interesa ahora, pues para nada alteran el hilo lógico de este argumento. (Consultar, si se hallan interesados, los ocho ensayos de este autor dedicados a un nuevo paradigma evolutivo, no
  • contrario, pero sí complementario y “perfeccionador” del neodarwinismo ortodoxo, a la luz de los más recientes hallazgos y primeras evidencias de otros mecanismos evolutivos más potentes, bruscos y rápidos que la Selección Natural, activados por periodos de alto impacto o “estrés” ambiental, cual las grandes catástrofes y cambios geofísicos que han afectado a la historia del planeta y provocado extinciones). Ahora bien, hay un segundo y por cierto “doble” factor ambiental a tener muy en cuenta: La relación temperatura-concentración (o presión de oxígeno). Tal y como es evidente a la razón y se ha demostrado con creces en los laboratorios, la mayor eficiencia o tasa de actividad propia de la hemoglobina solo se conserva si la concentración o densidad parcial de oxígeno en el aire o el agua que constituyen el entorno del organismo iguala o rebasa por poco un determinado nivel crítico óptimo. Por debajo de ese límite, como la poderosa y veloz maquinaria molecular de las porfirinas necesita mayor cantidad de suministro de oxígeno por unidad de tiempo, si las moléculas de este gas “escasean”, de nada le sirve ser más rápida y potente. Equivaldría a disponer del flamante motor catalítico de “ultravanguardia” de un automóvil último modelo en un mundo en que la gasolina de buena calidad o refinada fuese un recurso escaso y se elaborara por ende con un bajo octanaje, o bien se emplease en su lugar algún otro combustible orgánico menos calórico, o no existiesen autopistas y autovías, sólo carreteras vecinales, obligando a infrautilizar el motor, al no estar permitidas velocidades de circulación por encima de los 80 Km/h, por ejemplo. Sin embargo, como toda máquina potente, la hemoglobina, en un medio pobre en oxígeno, seguiría consumiendo más energía por cada ciclo de transferencia de gases que la hemocianina. En estas circunstancias, la ventaja del grupo porfírico – como la del motor de un vehículo de alta gama – se pierde y el rendimiento decae precipitadamente, de modo que la relación costo/beneficio favorece el empleo del complejo “ciano-histidínico”. Por lo cual la adaptación evolutiva tiende a propagarlo. Además, el más elevado ritmo de actividad de la hemoglobina requiere temperaturas externas también mayores, sobre todo en animales poiquilotermos (de sangre fría), incapaces de regular su propia temperatura interna. Mucho más todavía si llegan a ser tan grandes y de cerebros voluminosos como ciertos pulpos y otros cefalópodos, sin duda la “cima” evolutiva terrestre de los “sangre azul”. Pero las condiciones ecológicas del hábitat de los crustáceos, moluscos y otros invertebrados marinos o en general subacuáticos son frías, húmedas y con presiones de oxígeno inferiores a las de la superficie. Por eso los pulpos y, con más motivo los demás organismos “hemociánicos” no han “cambiado a sangre roja” a lo largo de su evolución. Dentro del límite máximo de su grado de complejidad morfo-funcional, una máquina de menor rendimiento, pero por esto mismo más “barata” en términos de consumo, coherente con el menor ritmo y magnitud de su metabolismo basal, es más que suficiente y, de hecho,
  • favorable. Exactamente igual que un modesto utilitario para conducir por la ciudad o calzadas rurales, o en una sociedad de escasos suministros de gasolina súper, por seguir la comparación. Solo una vez adquirido el superior nivel de complejidad biológica que representaron las “brillantes innovaciones” de los primeros peces con su espina dorsal o los anfibios y, a partir de ellos, los reptiles y restantes vertebrados terrestres, mereció la pena el “esfuerzo inversor” de sustituir la hemocianina por la hemoglobina. Paso evolutivo que se vio obviamente reforzado en sus quizá no muy sensibles ventajas iniciales porque fuera del agua la presión de oxígeno libre atmosférico es mayor, así como la media de temperaturas en la zonas de paleo-climas templados, subtropicales y tropicales, primer hogar de los reptiles de nuestro planeta y escenarios predominantes posteriores de la fantástica y abigarrada explosión de formas de vida vertebrada. Y, no obstante, los peces primitivos se vieron pronto forzados por la presión de selección a desarrollar branquias, o sea un sistema de “alta ingeniería fisiológica” destinado a aumentar, concentrar y controlar el oxígeno ambiente, para así poder abastecer adecuadamente las exigencias de sus nuevos y potentes “motores moleculares” de porfirinas, en consonancia con las igualmente más elevadas tasas de consumo de sus metabolismos. Muchos millones de años después, los anfibios y reptiles perfeccionaron el “prototipo”, tornándose pulmonados. Así, bien pertrechados de una excelente bomba cardiovascular y respiratoria de alto rendimiento, acorde con sus diminutas pero valiosas “maquinas” proteicas circulatorias de hemoglobina, y disfrutando de una media de temperatura mayor, los vertebrados emprendieron su espectacular y variopinta “carrera biológica”, invadiendo uno a uno los nichos ecológicos sobre la corteza de la Tierra. Finalmente, la aparición de los animales homoetermos (de sangre caliente), facultados para controlar su temperatura corporal interna dentro del rango óptimo para la acción de la hemoglobina de su sangre roja, tales como las aves (evolución directa desde los dinosaurios o reptiles del Cretácico) y los mamíferos, completó el progreso en “equipamiento orgánico”... Permitiendo incluso superar de modo relativamente rápido y satisfactorio una Gran Extinción tan severa y catastrófica como la provocada por los uno o dos masivos impactos meteóricos y sus ulteriores fases de “apagón fotosintético” y “efecto invierno nuclear”, ocasionados por los levantamientos de extensas masas de polvo y residuos sólidos a la atmósfera, cubriendo el Sol en un nublado persistente y apocalíptico, que ahora sabemos sacudieron literalmente a nuestro Mundo a finales de la Era Mesozoica, mucho más graves en sus consecuencias para los ecosistemas de superficie que para los subacuáticos. No obstante, a los invertebrados más sencillos “tipo sangre azul” apenas les perturbó, como prueba el que hayan permanecido desde entonces, al igual que los cefalópodos, con pocos o casi nulos cambios adaptativos, porque en su entorno frío y de baja concentración de oxígeno es mejor funcionar – dentro de sus limitados rasgos morfo-funcionales –, con el
  • motor “ligero” de mediocre rendimiento pero bajo costo de la hemocianina que usar el poderoso mas por ello mismo caro y exigente motor de gran rendimiento a base de hemoglobina. Los insectos y arácnidos son un caso aparte, porque su camino de evolución se cimienta en un conjunto de “estrategias adaptativas” por completo diferentes a las de todos los demás grandes órdenes del Reino Animal, centradas en la miniaturización, la velocidad reproductiva, el oportunismo acumulativo nutricional y/o el colectivismo, en el que importa la supervivencia de la colmena, casi un organismo-red colectivo diferenciado, no la de los individuos ni los linajes. Este cúmulo de factores puede explicar muy bien porqué algunos de ellos conservan la “ hemocianosis”, aunque se encuentren perfecta y exitosamente adaptados al medio aéreo o a la superficie terrestre emergida, en términos estrictamente darwinianos, pero no profundizaré en dicho asunto al carecer de interés para los objetivos y temáticas de estos trabajos. Imaginemos un mundo ahora, un mundo perfectamente habitable y muy parecido a la Tierra, pero en el cual, por su propia constitución geofísica y planetaria, la temperatura media es más fría que la terrestre, su humedad muy elevada y la presión de oxígeno de su atmósfera algo más pequeña... No mucho, no demasiado, desde luego: Supongamos que su proporción del gas vital es, en su baja atmósfera o troposfera, de orden solo moderadamente superior a su promedio en la zona más poblada de nuestros océanos, desde la superficie hasta sus profundidades medias... La temperatura y densidad de oxígeno de sus aguas dulces y mares será, por tanto, algo menor aún, pero no en proporción directa, porque depende de muchas otras variables complejas en las que no tiene objeto entrar. La gravedad es prácticamente idéntica a la terrestre, incluso podría ser levemente más intensa, pero no lo suficiente como para influir de modo mínimamente aceptable en la composición de su atmósfera. Este matiz es en el fondo secundario e irrelevante para el tema concreto que nos ocupa en estos momentos, pero hemos de aceptarlo por otras razones que se explicarán más adelante. Asumimos que la distancia promedio de su órbita de baja excentricidad a su estrella tipo Sol es un poco mayor, dentro de la zona de habitabilidad, lógicamente. Este parámetro, unido a una modesta pero palpable disminución de la fracción de continentes emergidos (consideremos sobre un 80-85% de su superficie ocupada por mares y océanos), bastan para garantizar un escenario de preponderancia de climas húmedo-fríos manteniendo iguales o muy próximas las demás condiciones geofísicas principales, como los periodos de rotación diurna/nocturna, el ciclo de inclinación respecto al plano orbital, la desviación del eje de giro para con el que une los polos magnéticos y sus periodos medios de oscilaciones menores, mayores e inversiones, y la precesión que determina la sucesión de equinoccios y solsticios estacionales en sus franjas templadas y subtropicales.
  • El superior “desplazamiento” hacia el perfil frío-húmedo de todas las zonas climáticas, guardando entre ellas similares variaciones relativas a las terrestres, y un “año astronómico” o periodo de traslación más largo de su órbita de excentricidad cercana a la de nuestro mundo serían, entonces, las dos reseñables divergencias geofísicas entre la Tierra y nuestro hipotético Modelo de Niburu, el planeta-madre de los Anunnaki. Igual o muy parecido resultado se obtiene si consideramos que Niburu se encontrase a casi idéntica o modestamente más corta distancia orbital de su estrella y ésta fuera leve o un tanto más fría que nuestro Sol, o un poco más sensiblemente distante si su estrella fuese algo más cálida, conservando constantes las restantes grandes variantes geofísicas planetarias. Todo esto ha sido ya analizado y estudiado con gran detalle y en profundidad por los más eminentes astrofísicos, planetólogos, geofísicos, climatólogos y biólogos. Prestigiosos equipos interdisciplinares de expertos han elaborado exhaustivos y coherentes modelos teóricos y simulaciones computarizadas de los mismos, y hoy en día tales investigaciones permiten definir con rigor la extensión, magnitud, calidad e incluso simetría aproximada de las “zonas habitables” alrededor de cada tipo espectral de estrella en cierta y variable medida compatible con la existencia a su alrededor de mundos susceptibles de albergar el delicado y complejo fenómeno de la Vida. Ello comprende desde las gigantes rojas no demasiado masivas en sus primeras etapas de expansión hasta las intensamente brillantes y azules o blancas de alta magnitud óptica como Sirio A, pasando por toda la serie de las naranjas y amarillas de “pequeño” o “modesto” volumen, tanto “jóvenes” como “maduras”, estando en este último grupo incluido el Sol que nos da vida, calor y luz. Lo que ocurre es que, naturalmente, el sector habitable cambia de área y geometría en función del carácter de su estrella: Por ejemplo, como las rojas “ligeras” y no demasiado “viejas” irradian un fuerte calor superficial en sus coronas o exo-atmósferas expansivas, el planeta donde surgiesen las más rudimentarias formas de vida o “emigrasen” seres muy avanzados, huyendo de los ahora infernales “parajes más internos” del Sistema, habría de localizarse bastante más lejos que nuestro mundo u otro semejante de un astro amarillo como el Sol. Por si ello no bastara, desde 1994 hemos localizado cientos de sistemas estelares y planetas extrasolares, gracias a los portentosos avances de las técnicas astronómicas y astrofísicas de alta tecnología. Y, más recientemente, a lo largo de la primera década de lo que denominamos el Tercer Milenio de la Era Común, hemos logrado por fin descubrir un precioso puñado de mundos que constituyen serios candidatos probables a haber engendrado, estar engendrando o engendrar en el porvenir, o bien servir de morada, a posibles organismos extraterrestres. Y esto solo es el principio. Por consiguiente, en la actualidad, la mayor parte de los científicos, incluso los más “ortodoxos”, estrictamente escépticos y conservadores, admiten que, dado el grado presente de
  • información teórica y evidencias recabadas, y teniendo en cuenta el gigantesco número de estrellas por Galaxia y de Galaxias que se observan, nuestra Vía Láctea y, mucho más todavía la totalidad del Universo, han de encontrarse ampliamente poblados. Y que, entre toda esa increíble y desbordante diversidad biológica inimaginable, forzosamente, tiene que hallarse una enorme cifra de organismos vivos, de ellos otra reducida fracción de seres complejos, y entre éstos a su vez una mínima parte capaces de desarrollar culturas y civilizaciones. Pues incluso adoptando los criterios más restrictivos y “pesimistas” concebibles, una diminuta porción de una muy pequeña parte de una tan solo un poco menos reducida pero también baja porción de un total tan descomunal, arroja al final un producto más que inmenso: Los cálculos apoyados en las últimas pruebas radiotelescópicas demuestran que contamos con unas cien mil millones de Galaxias, las cuales contienen desde en torno a diez millones de estrellas – las enanas – hasta alrededor de un billón de ellas – las gigantes – . Esto supone una estimación, a grosso modo, de unos quinientos billones de billones de estrellas... Algo sencillamente inabarcable por la mente humana..., y supongo que ni tan siquiera por la de los Anunnakis. Si un 0,1% (hipótesis de trabajo discretamente “permisiva”, según los especialistas), de todos los sistemas estelares habitables, hubiesen desarrollado una especie auto-consciente y cultural, esto arroja la pasmosa cantidad de aproximadamente 50000 Civilizaciones (incluyendo la nuestra) en esta Galaxia, evaluada dicho sea además como una “Galaxia típica”, es decir, de tamaño cercano a la “media cósmica”. En el caso de que sólo lo consiguiesen el 0,001% (supuesto “ultraexigente”), habría tan sólo 500 de ellas. Sea como fuere, más que suficiente para concluir que un mundo tal y como el que acabo de describir a grandes rasgos es muy factible exista de hecho rotando alrededor de cualquier estrella adecuada de la Galaxia. Volvamos ahora a la línea de razonamiento principal que nos ocupa, el asunto de la “sangre azul”...; En un planeta como el planteado, la lógica evolutiva indica, por las causas científicas de naturaleza bioquímica sobradamente probadas a nivel experimental antes expuestas, que sería muy probable el vigoroso desarrollo de multitud de especies y ecosistemas complejos de elevada biodiversidad compuestos por organismos a base de hemocianina, pues en esas condiciones del entorno tal molécula resulta más ventajosa o eficiente en términos generales que la hemoglobina, justo al revés de lo que ocurre en la Tierra. Por consiguiente, en mi “Modelo de Niburu”, tal mundo se encontraría lleno de vertebrados superiores equipados con eficientes y potentes sistemas cardio-vasculares, respiratorios y circulatorios constituidos por “sangre azul” de hemocianina, no de hemoglobina. No obstante, hemos de evaluar otra variable más, fundamental
  • a la hora de analizar cualquier fenómeno ecológico: La abundancia relativa del cobre y el hierro en la corteza de un planeta tipo terrestre tan similar al nuestro como hemos supuesto. Esa similitud nos induce a pensar que – al igual que aquí – en el mundo-madre de los Reptilianos la cantidad de cobre ha de ser menor que la de hierro. Tenemos, en consecuencia, un factor limitante inorgánico, o abiótico – como lo definen los ecólogos –, que afectaría a toda la Biosfera, y en especial a los organismos superiores terrestres. Combinando esta particularidad con una leve disminución de la presión de oxígeno en el aire y un ligero incremento del peso por el suavemente mayor valor del campo gravitatorio (por ejemplo, tomemos g entre 10.2 y 10.5 Newtons/Kilogramo frente a 9.81 de la media terrícola al nivel del mar), los animales de mediana y gran talla se verían sometidos a cierto déficit de oxigenación/suministro de “comburente” metabólico, en comparación a sus equivalentes terrestres de parecida talla, actividad y requerimientos calóricos. No en una medida suficiente para evitar la evolución de una rica e intrincada red de nichos ecológicos desempeñados por vertebrados complejos de medio-elevado tamaño, como los Anunnaki o sus antecesores estilo velociraptors, y herbívoros de igual envergadura, pero sí para que los reptoides primitivos, aun aceptando que pudieran haber dominado la pirámide trófica en fases del pasado algo menos frías y más húmedas – su “Mesozoico” –, hubieran llegado nunca a los descomunales tamaños de ciertos dinosaurios en la Tierra. Esta deducción nos lleva de la mano a otras varias de singular importancia para reforzar la verosimilitud biológica del cuadro que estamos plasmando sobre el probable origen, rumbo filogenético y caracteres fisiológicos de los reptoides Niburianos: En primer lugar, les habría garantizado a sus más primarios antepasados disfrutar de una privilegiada posición como super-predadores, en la cumbre más alta de la pirámide alimentaria, o al menos muy próximos a ella, dado que, en ausencia de temibles competidores tan gigantescos e irresistibles como el Tiranosaurio Rex o el Carnosaurio, su propio volumen y envergadura serían entonces los máximos admisibles en su medio ambiente, no tendrían competidores significativos o muy pocos e “igualados” con ellos. Por si no fuera bastante, recordemos que una especie “tipo velociraptor” ya era parcial y funcionalmente bípeda desde el principio (se erguía sobre sus dos poderosas patas traseras usando su larga cola rígida como balancín para atacar ferozmente a sus presas, pudiendo sostener esa posición mucho tiempo con comodidad, gracias a sus fuertes y anchas garras traseras de morfología parecida a las aves y dotadas de temibles espolones curvados desventradores y la gran longitud de los huesos de su cadera). Se apoyaba con firmeza en la cola y una pata y propinaba un rápido y certero golpe mortal a su víctima, tras derribarla por puro empuje cinético vertiginoso, completando la tarea con sus extremidades asimismo bien afiladas cual navajas letales, de tres dedos y músculo-esqueléticamente análogas a las de
  • las grandes rapaces, de las que fue directo precursor filogenético. De hecho, únicamente adoptaba la postura cuadrúpeda para camuflarse o agazaparse durante el acecho y correr a mayor velocidad). Una velocidad de carrera de magnitud más que notable, inédita entre los dinosaurios, comparable a la de un avestruz actual (entre 64 y 70 Km por hora) – de ahí el prefijo de su nombre específico – . Bípeda..., y con un notable grado de inteligencia y avanzada conducta social jerarquizada – al nivel nada menos que de los lobos –, pues los paleontólogos y etólogos expertos en análisis y simulación deductiva de la morfología completa, fisiología y patrones de comportamiento, a partir de los estudios fósiles, defienden que cazaban las presas más grandes, capacitadas para defenderse o acorazadas y plantaban cara a los otros predadores más peligrosos en manadas lideradas y coordinadas por una “hembra-alfa”. Lo de “hembra”, insisto, proviene del hecho evidente de que eran todavía reptiles ovíparos, de modo que recaía sobre ellas la vigilancia exhaustiva y protección de la puesta, función esencial para asegurar la supervivencia de la especie. Los machos se limitaban a ejercer el rol de fecundadores compulsivos durante la época de celo, siendo seleccionados sexualmente por ellas y ahuyentados no muy amablemente cuando cumplían con su estricto y pasajero papel fecundador de “jeringas con patas” y acababa dicha etapa de “ardor reproductivo”, pues pasaban a ser percibidos por sus ocasionales y pasajeras “parejas” como rivales en la dura labor de asegurarse el sustento para sí mismas y las futuras crías. Por esto mismo, ellas eran en general sensiblemente más fuertes, grandes y robustas que los machos. Tal cosa era común a todos los dinosaurios y lo sigue siendo entre los reptiles y otros grupos de animales que ponen huevos. Por lo que, además, evitan que las hembras se vean obligadas a exhibir una pauta genéticamente programada más pasiva, receptiva y “sumisa” para “ganarse” o condicionar durante el cortejo la ulterior protección de su compañero a lo largo del peligroso debilitamiento de su agilidad y operatividad, causado por las etapas medias-finales del embarazo, y la sucesiva crianza de los débiles retoños recién nacidos... Lo que los etólogos conocen como “estrategia de conducta remotivadora de estimulación parental”. Justo al revés – por ende – que acontece con los mamíferos, donde, en lógica correspondencia, las hembras suelen ser las “elegidas”, no las “electoras” en el “galanteo” instintivo más o menos estereotipado, y poseen menor tamaño, fuerza y velocidad. Una vez más, simple aplicación de los Principios de Selección Natural y Sexual revelados a nuestra especie – al menos en la Historia conocida –, por el genio científico inglés Charles Robert Darwin. Esto amplía y respalda lo apuntado al inicio de esta Sección acerca del “matriarcado ancestral”, y sus huellas en un mucho más destacado protagonismo de “damas poderosas, agresivas, independientes, dominantes y fuertes” en la sociedad Anunnaki que en la humana, rasgo que se refleja con claridad en las narraciones y representaciones simbólico-míticas antiguas de
  • muy diversas culturas que describen a las “diosas venidas del Cielo”, como cualquiera puede comprobar acudiendo a la fuentes. Pero en lo tocante al argumento central que estábamos desarrollando, tal matiz es secundario: Hembras o machos-alfa, tanto da, lo importante es resaltar que, desde su más remoto principio, la especie-madre de los futuros “Elhoim” se hallaba ya dotada de un notorio sistema de organización tribal de cazadores y caminaban erguidos; Otra e igualmente apreciable ventaja de partida, consecuencia o quizá sinérgica con las primeras, era que habían logrado de antemano establecer un rudimentario lenguaje de señales a través de un código sencillo pero eficiente de silbidos/siseos tanto audibles por nuestro oído como en la banda de infrasonidos, que utilizaban de manera práctica y muy útil en sus partidas de caza en grupo. Este sorprendente y sugestivo dato ha sido corroborado asimismo por los expertos al estudiar en profundidad la anatomía y morfología reconstruida a partir de los restos fósiles de los velociraptors. Con el paso del tiempo y las incontables generaciones de centenares de millones de años de evolución, es sensato imaginar que esta cualidad primigenia fue el embrión de las futura especialización de los Anunnaki en el despliegue de un poderoso y sofisticado abanico de facultades psíquicas y psicofísicas poco habituales, a las que nosotros denominamos “paranormales”, tales como la facultad de “fascinación-hipnosis” de sus víctimas o “juguetes-Lu.Lus”, una percepción directa de los estados emocionales y psico-afectivos, y un consumado dominio y control de los estados alterados de conciencia, el arte de la “proyección psíquica”, e incluso la telepatía. Tal conclusión es mucho menos fantasiosa de lo que a algunos pueda parecer, porque hoy en día los tímidos avances de nuestra investigación en los complicados y procelosos campos de las neurociencias y la parapsicología “seria”, ponen de manifiesto que dichos fenómenos “anómalos” parecen vincularse con el poder latente o potencial de ciertas zonas “atrofiadas” o “escasamente desarrolladas” de nuestros cerebros para emitir, transmitir y recibir paquetes cuánticos de vibraciones de ondas-partículas o radiaciones. El hondo e insospechado efecto de la luz (radiaciones electromagnéticas) y el sonido o la música a escala mental y psicosomática, hasta nivel celular incluso, y en la mismísima estructura de las redes moleculares del agua que compone más del 70% de nuestros tejidos, se ha comprobado de manera empírica, indiscutible y contrastada en los últimos diez años; En otro orden de cosas, los “raptors” – cual les llaman familiar y “cariñosamente” los paleontólogos, maravillados con la versatilidad de logros evolutivos manifestados por estas fascinantes criaturas ya extintas –, en concreto aquellas razas o subespecies adaptadas a climas templadohúmedos, continentales severos o fríos, ya se encontraban provistos de una más o menos fina capa de plumas, patente demostración de que habían incorporado un al menos primordial mecanismo homeotermo o de “sangre caliente”, arribando con brillante “precocidad” a fines del Cretácico
  • (Edad o Piso “Campaniense”, hace unos 65-70 millones de años), al umbral mismo del escalón evolutivo de las aves. Por supuesto, a semejanza de muchas aves del presente, el plumaje era bastante corto. Sin embargo, incluso las variedades de raptors que habitaban selvas cálidas o estepas áridas, lucían sobre su rugosa pero no muy gruesa piel penachos, “crestas” o sectores emplumados de diversos colores, que al igual que sus “primos cercanos” más abrigados, empleaban en complicados y ritualizados ceremoniales de cortejo, exactamente cual las aves más evolucionadas. Ignoro cuántos de entre Vds, mis Amables Lectores – cual diría el Maestro Isaac Asimov –, han tenido la oportunidad de ver en una sala de cine o, en su defecto, en cualquiera de los múltiples formatos o soportes audiovisuales de los que ahora disponemos, la famosa serie de películas “Jurassic Park”, de Steven Spielgerg, en especial la primera de ellas, estrenada en 1993. Combinando una excelente asesoría científica altamente cualificada con una elogiable mezcla de imaginación racional, un buen guión, basado en la interesante novela de Michael Crichton de igual título, y unos refinados efectos especiales digitalizados pioneros para la fecha, ofrece al espectador un magnífico espectáculo tan atractivo, terrorífico como al menos relativamente realista del aspecto, elevado nivel de inteligencia, astucia rapaz, contundencia predadora y, sobre todo, dotes de intercomunicación, de una temible manada de velociraptors sedientos de probar una novedosa y más variada dieta a través de la carne y la sangre de algunos de los protagonistas de la trama... Pero esa ansiedad no les impide controlarse ni que la “saurio-amazona”, o líder-alfa del grupo, imponga su autoridad, conteniendo los fuertes impulsos de ataque de los demás componentes de su partida de caza y, de algún modo, hacerse entender intuitivamente por el paleontólogo de turno, cuando rodean a éste y otro puñado de espantados congéneres de nuestra especie, haciéndole comprender que únicamente les dejarán vivir si más tarde les devuelven en un lugar adecuado uno de los grandes y lustrosos huevos de la puesta de su tribu – al parecer suyo propio –, que el inevitable imbécil avaricioso de rigor ha robado de un “nido”, a escondidas de los demás humanos, con futuros y previsibles propósitos claramente comerciales... Más adelante, en el clímax de acción/riesgo final del film, aparecen dos de los “super-lagartos asesinos”, aprendiendo a abrir una puerta metálica, pero eso ya son dudosas “concesiones a la galería”... Al fin y al cabo se trata de una producción de Hollywood. Pero hasta este detalle quizá un tanto exagerado no es por entero descartable, en opinión de los más prestigiosos científicos dedicados al estudio de los grandes saurios extintos... Hay también claros errores científicos en la producción: La envergadura de los “simpáticos animalitos” está sobredimensionada, típico truco destinado a impactar en el respetable público... En rigor, en la filmación, los velociraptors aparentan medir en torno a la altura del “paleontólogo-chico bueno-guapo-fuertote” del reparto, con lo que a cuatro
  • patas (o deberíamos casi decir “manos”), alcanzarían los 6 m de largo, lo que es absurdo, pues tales parámetros se ajustan más bien a su cercano “pariente” el deynonichus, aunque siguen estando “infladas”; El deynonichus – por lo demás extraordinariamente afín al velociraptor en todo los caracteres biológicos y conductuales fundamentales –, medía de 2.5 a 3.5 m de largo y 0.8-0.85 m en disposición bípeda. Los auténticos raptors entre 0.5 y 0.65 m erguidos y 2 m de longitud horizontal, y todos sus fósiles se ubican en la actual región de Asia Central (en particular, Mongolia), en estratos que evidencian su adaptación a un clima árido-estepario variablemente atemperado con arroyos y baja vegetación intermitente, o bien estepario-frío con bosques más tupidos de coníferas. Mientras que los deynonichus poblaban la zona del por entonces incipientemente “independizado” en términos geográfico-tectónicos subcontinente norteamericano, de climatología notoriamente más húmeda y templada, selvática. Pero en realidad esto es poco relevante para este análisis, porque al suponer aquí que el clima de Niburu era más húmedo y frío que el terrestre, es muy posible que, en su fase equivalente al Cretácico tardío, hubiese extensas áreas de predominio húmedo-templado y húmedo-frío, bien pudiendo aparecer una especie muy semejante al raptor, pero de mayor talla y corpulencia. Precisamente, se dio la peculiar coincidencia – o “serendipidad sincrónica acasual”, quien sabe, como pensarían el físico cuántico Pauli y el psiquiatra Carl Gustav Jung –, que, muy escaso tiempo después del estreno de la cinta Jurassic Park I, un equipo científico descubrió un fósil casi completo de un ejemplar de una nueva especie muy parecida al “velociraptor de Spielberg”, de aproximadamente 500 Kg de peso, elevada capacidad craneal en razón al volumen corporal, rebasando ligeramente la estatura media de un hombre en posición erecta y de unos 6.5 m de largo de envergadura: Se trata del bautizado como “utahraptor”, debido a que se halló en una excavación en el Estado donde ahora los mormones – una de las muchas formas relativamente novedosas de fundamentalismo bíblico cristiano –, sustituyen al espécimen en la cima de la pirámide alimentaria de cazadores de almas en manada... Dudo cuáles de los dos serán más letales... Su antigüedad calculada ronda los 100-112 millones de años. Lo más gracioso – o “serendípico” – es que en la trama de la película, el grupo de investigadores dirigido por el “paleontólogo-galán” de marras desentierra un esqueleto perfectamente conservado de un “raptor a lo Spielberg”..., justo en Montana... Como dijo el inmortal Óscar Wilde, a veces “la Naturaleza imita al Arte”..., o por lo menos lo finge muy bien. Del estudio detallado del genuino ejemplar de utahraptor, los especialistas concluyeron que sus rasgos generales de comportamiento eran muy semejantes a los de su “primo” el velociraptor considerablemente más pequeño (el real), y que probablemente también cazaba en manadas y se comunicaba por medio de idéntico procedimiento. El segundo “gran pecado académico” del film fue mucho más
  • grave, injustificable por razones dramático-escénicas y consecuentemente absurdo en general: Los “bichitos” de Spielberg no tienen rastro de plumas, tan sólo la típica-tópica y vulgar piel verdi-escamosa que hasta el más lerdo asocia con los reptiles y los grandes saurios en particular. Esta es una soberana y asnal patada a la verosimilitud científica del argumento: Un reptil no-emplumado y estrictamente poiquilotermo (de “sangre fría”), es siempre demasiado primitivo para poder correr tanto, ser tan ágil, gozar de un metabolismo de tan respetable rendimiento y, por todo ello, nunca exhibiría comportamientos demasiado inteligentes ni socialmente coordinados. Se corrigió en la tercera entrega de la serie, Jurassic Park (III). Si bien la morfología de las crestas, “golas” y penachos que se pueden ver en ella no se amoldan a los que de veras adornaban y protegían a esta familia de dinosaurios de alto nivel evolutivo, mucho menos vistosas, “exuberantes” y “cinematográficas”, más bien similares a las de una paloma o avestruz, aunque bien es cierto que de diversos colores o combinaciones de ellos en función del sexo, etnia, raza o subesepcie considerada. Pues bien, amigos... Procuren alquilar, adquirir o bajar de Internet dicha secuela de Jurassic Park..., y se harán una aceptable idea de la imagen, aspecto y habilidades del “Modelo de Primer Ancestro” o “Tatarabuelo Evolutivo” de los famosos “Elhoim-Anunnaki descendidos de los Cielos” que propongo... Bueno... Casi... Nos resta ahora adicionar a todo esto – por el momento lo científica y fiablemente probado para la morfo-fisiología, anatomía y pautas de comportamiento de los “Velociraptoides” (técnicamente se les conoce por terápodos dromeosáuridos) terrícolas del remoto pasado –, las supuestas condiciones moldeadoras-limitantes particulares diferenciales de alcance global y relativamente permanentes del medio ambiente de Niburu respecto al de la Tierra. Traduciéndolas acto seguido en sus probables efectos sobre la teórica conformación orgánica de estos “Anunnaki” o “Reptilianos” Ancestrales. La metodología de esta operación lógico-inductiva-deductiva consiste en tomar el esquema anatomo-morfo-fisio-etológico que define al “Raptoide-Tipo” terrícola, definido por los hallazgos paleontológicos verificados, y razonar cómo se modificarían y en qué grado bajo las variantes específicas del entorno postuladas para Niburu. Tal procedimiento es muy empleado en la Biología Teórica Evolutiva y, en realidad, en muchos otros campos de las Ciencias Positivas aplicadas al estudio de los Sistemas, sobre todo los de naturaleza compleja, y se define como “Método de Perturbaciones”. De esta manera obtendremos una plausible aproximación a mi “Modelo Schreiber de Ancestro Primordial Elhoim-Anunnaki”.
  • En primer lugar, analicemos el posible efecto de un campo de gravedad levemente más intenso: Según toda las Leyes Biofísicas conocidas, esto implica un aumento generalizado de densidad músculo-esquelética y corpulencia, fijando como sustancialmente invariables el resto de los estándares físicos, tales cual la altura, potencia muscular, resistencia de los huesos, agilidad-velocidad y envergadura relativas. Al menos en los seres de superficie, puesto que en el medio subacuático el empuje hidrostático del agua compensaría en buena parte este factor, y sus pobladores dispondrían de un mayor margen de probabilidades de alcanzar tallas y pesos más notables. Si el valor promedio de g fuese moderadamente mayor, la altura vertical en postura bípeda y por consiguiente la longitud horizontal absolutas, experimentarían un decremento para todos los vertebrados y plantas superiores adaptados a la vida sobre las masas continentales emergidas cuyo tamaño fuera medio-grande. Pero al establecer que en el hipotético MundoMadre de los futuros Elhoim en todo caso no se rebasaría una media de 10.25 Newtons/Kg (un 4.3% más elevada que la terrestre), podemos estimar que las dimensiones totales promedio de éstos no habrían de sufrir cambios estadísticamente significativos. Eso sí, siempre y cuando no superasen cierto tamaño o volumen crítico. Por el contrario, ya vimos que el “techo máximo” de talla y envergadura para los animales no acuáticos más grandes sí se encontraría seriamente comprometido, al no poder soportar con facilidad su propio peso. No habría grandes bestias carnívoras ni herbívoras tan colosales como los dinosaurios más gigantescos, ni en tierra firme ni surcando los cielos. El límite superior se fijaría cerca o poco por encima de un utahraptor, lo que les catapultaría a la cima de la Pirámide Alimentaria. Esto se reforzaría sinérgicamente con niveles de oxigenación atmosférica levemente más pequeños; Por otro lado, si la temperatura fuese algo más fría, todos los animales homeotermos, incluyendo los reptoides-rapaces ya dotados de fuertes afinidades primitivas con las futuras “aviformes aliens de presa”, mostrarían un plumaje más compacto, grueso y desarrollado para el mismo grado evolutivo en comparación con sus “homólogos” terrestres; Respecto al sistema cardio-vascular y circulatorio, tal y como ya argumentamos, la combinación de algo mayor predominio de las bajas temperaturas-altas humedades y una presión parcial de oxígeno un poco más ligera empujaría a una mejor eficiencia relativa de la hemocianina en detrimento de la hemoglobina, por lo que la mayoría de los organismos vertebrados superiores presentarían un sistema cardiovascular a base de “sangre azul”. Esto impondría un calor corporal interno un tanto más reducido, así como una tensión sanguínea, y ritmo metabólico, proporcionadamente más lentos y, de rebote, un aumento relativo generalizado de los periodos de incubación o gestación, crecimiento y maduración de las crías, de longevidad y la consecuente reducción de la fecundidad y la cantidad de población en
  • relación a los especímenes homólogos de la Tierra. Si bien esto no les supondría ningún problema, porque la demografía de sus competidores directos dentro de la red ecológica también se encontraría limitada en parecida proporción; Por último, el factor limitante de una discretamente más modesta concentración de oxígeno obligaría a que los organismos más avanzados, de metabolismo más exigente y sangre caliente, como los “raptoides”, se situarían siempre al borde-límite de cubrir sus necesidades de comburente respiratorio, hecho intensificado a la par por el menor rendimiento absoluto de las tasas de actividad de la hemocianina frente a la hemoglobina. El gas vital sería en este planeta un recurso básico un tanto más limitado y precioso, no tan “pródigo y barato” como en la Tierra, por lo que sus consumidores más potentes (carnívoros homeotermos de mayor talla y velocidad de movimientos con amplio desarrollo cerebral y de otros órganos muy vascularizados), al emplazarse en el límite superior admisible de consumos, estarían abocados a dos estrategias evolutivas estables de supervivencia, acusadamente intensificadas para depredadores carnívoros de elevados requerimientos metabólicos: 1) Adquisición de pautas de comportamiento extraordinariamente agresivas, rapaces, estrategias de caza en grupos jerarquizados y poderosa violencia y “sed de sangre”, lo cual implementaría por añadidura el despliegue evolutivo de aptitudes como el crecimiento cerebral, una aguda, fría y calculadora inteligencia y hábitos de excitación predatoria continuada (necesitarían comer más copiosas cantidades de nutrientes frescos proteicos y grasos al día, debido a las menores tasas de eficiencia calórica); 2) A pesar de ello, el déficit relativo de oxígeno y de rendimiento hemociánico provocaría un hándicap común de cierto grado de deficiencia cuprofénica (del cobre activador del transporte e intercambio de gases circulatorio, el equivalente a los síndromes de carencia ferropénica o porfírica en las criaturas terrícolas). Expresado de modo más sencillo, los grandes depredadores tenderían a bordear de forma fisiológicocongénita un estado leve análogo al de ciertas anemias o porfirias, pero permanente y natural, agravado con rapidez en periodos de escasez alimentaria. Tal factor limitante induciría a su vez un exacerbado incremento del estrés selectivo favorable al aumento de la agresividad, territorialidad competitiva, fiereza y variadas astucias cinegéticas, así como al despliegue evolutivo de mecanismos complementarios de aporte nutritivo especializado en proveerles de una abundante dieta rica en cobre y complejos hemociánicos concentrados, con lo cuales suplir la propensión a padecer los síntomas negativos antes citados. En cierto modo esto equivale a considerar que, para ellos, la hemocianina (la sangre) sería en parte un alimento esencial semi-vitamínico, al precisar un suplemento externo constante de ella. El inexorable fruto evolutivo de este condicionamiento sería la universalización especializada de una depredación “fluidófaga” y “viscerofágica”... O sea, centrada en la succión de la sangre y otros humores, como
  • el linfático y el líquido cefalorraquídeo, al igual que en devorar las altamente vascularizadas e irrigadas vísceras frescas y palpitantes de sus presas, como cerebros, hígados, corazones y riñones, hábitos todos ellos primados por la Selección Natural. Y, en circunstancias de prominente estrés ambiental o presión selectiva originada por cambios, trastornos o catástrofes geofísicas y similares, cual modificaciones del relieve, fuertes variaciones climáticas, grandes erupciones volcánicas persistentes, glaciaciones, desertizaciones u otros cataclismos, todos estos rasgos y derivas evolutivas se extremarían todavía más, generando al mismo tiempo un poderoso impulso al canibalismo. Idénticamente ocurrió en nuestro mundo cuando las familias de primates antropoides afectadas, los prehomínidos más ancestrales, hace dos o tres millones de años, hubieron de bajar de los cada vez menos frondosos y frecuentes árboles, e incorporar patrones carnívoros y de clanes cazadores coordinados al estilo lupino, por la aridificación de las selvas en sabanas africanas. O, mucho más tarde, durante las sucesivas crisis climáticas por glaciaciones, ya entre las dos principales líneas de homínidos inmediatamente precursoras de las dos subespecies-cumbres de nuestro árbol filogenético, el “Hombre de Neardental” y el antes llamado “Cro-Magnon” u Hombre Moderno. Las evidencias de una profusa y generalizada práctica del canibalismo, tanto gastronómico como después ritualizado, entre nuestros más cercanos antepasados, desde hace 800000 años hasta el Neolítico, son actualmente indiscutibles y reconocidas por los paleontólogos expertos en evolución humana y los antropólogos, como prueban los fósiles de los extensos yacimientos de Atapuerca y otros muchos lugares. La obsesión por los rituales y sacrificios de sangre cual ofrenda a los dioses, comunes en todas las etnias y tribus de nuestra especie desde la más remota aurora de la Humanidad hasta bien entrados los tiempos históricos, y aun remanentes hoy en día en varias comunidades primitivas y/o aisladas, y en grupos de “iniciados” más que discretos ocultos en nuestras avanzadas sociedades “civilizadas”, no es más que la prueba definitiva de la profundísima y tenaz influencia que nuestra propia memoria genética y cultural ancestral ha dejado marcada como huella indeleble en nuestros genes, mentes y hábitos culturales primarios. Aunque se ignore oficialmente, por un arraigado “tabú” moral y temor subconsciente a reavivar nuestros más hondos instintos salvajes. Huella potentemente reafirmada y reforzada además, a la luz de la “Teoría Anunnaki”, por la intervención biogenética-hibridaciónamaestramiento-condicionamiento psíquico operados por nuestros primordiales “dioses” visitantes “venidos de los Cielos”, y el ulterior impulso de sus “élites escogidas” chamánico-sacerdotales-aristocráticas-guerreras por imitarles. Y afloran a menudo de manera simbólica, estilizada o sublimada, cuando no en violentas descargas muy materiales, sanguinarias y reales, destructivas e irrefrenables, tanto a niveles marginales individuales (asesinos en serie “vampírico-canibalescos”), como en colectivos de diverso tamaño
  • (situaciones-límite de hambrunas, accidentes con severo aislamiento sin disponibilidad de alimentos convencionales, guerras, revoluciones cáoticas...). Tildamos de “psicópatas” a los casos privados y estrictamente individuales de tales rebrotes de nuestro pasado – lejano para nuestra percepción pero evolutiva y genéticamente muy próximo – y, con la frecuente y habitual hipocresía y falsificación promovidas o impuestas por el patriotismo y los intereses político-económicos, de “héroes” a no pocos de los que despliegan iguales conductas en los frentes de batalla de nuestros ejércitos... Pero, en verdad, tanto unos como otros, no son más que personas con una mayor sensibilidad al continuo flujo de información entre los códigos de memoria ancestral embutidos en nuestros cromosomas, sus subconscientes y el nivel consciente de sus mentes. Por eso su perfil, lo que nos sorprende y perturba e intentamos callar, tapar y velar ante nosotros mismos con patético terror a que se disuelva el ligero y endeble barniz de la represión ético-moral más reciente de nuestras Civilizaciones, se asemeja tanto en otros aspectos al de los niños, los histéricos, los dotados y médiums o “canalizadores” psíquicos – antiguamente catalogados como “oráculos”, “profetas”, “posesos” o “tocados por los dioses”, según cuál entorno religioso-cultural les tocara en suerte –. O al de los esquizoides, otras minorías de congéneres cuyas tasas de hipersensibilidad, intuición e intercambios de información entre sus genes y procesos inconscientes y sus consciencias es más elevado y eficiente que las del resto de los miembros de su “domada” y psíquicamente atrofiada especie. Pero ese afán encubridor es un terrible y estúpido error: Si no nos atrevemos a iluminar con los focos de luz fría y desprovista de prejuicios de la Ciencia y su precioso instrumento racional el Rostro Oscuro de nuestra Sombra, jamás podremos comprendernos a nosotros mismos ni aprender a usar su tremenda energía, convenientemente regulada y canalizada, a nuestro favor. Por el contrario, pugnando en vano con ridículo temor pusilánime y puritanismo insincero por ignorarlo y reprimirlo, no haremos más que hacerlo más y más fuerte..., y mucho más rabioso. En circunstancias “normales”, la mínima consecuencia de tan nefasta y necia actitud es amargarnos o deprimirnos bajo el insoportable peso de culpas inconscientes o conscientes, así como fingimientos que acaban por quitarle todo sabor a los placeres y bendiciones corporales y mentales de la vida... Y, cuando la lotería genética y/o los estímulos ambientales excitantes de tales pulsiones aletargadas y encarceladas en las tenebrosas mazmorras de nuestros subconscientes hacen saltar los cerrojos, la Bestia Voraz se desencadena sin control alguno... Este es un terreno, como tantos otros, en el que los Reptoides descendientes de los “Raptors” de sangre azul nos llevan un enorme adelanto... Y es que, empezando la Gran Carrera con tan rotundas y decisivas ventajas, y 100 ó 120 millones de años de Evolución por delante, a nadie debe sorprender que el resultado final sea algo semejante a un “Anunnaki-Elhoim”
  • dotado con los poderosos rasgos psicobiológicos sobrehumanos, poderes y conocimientos tecnológicos físicos, psicotrónicos, habilidades psíquicas y características individuales y socioculturales antes esbozados, y deducibles a partir del examen atento de las fuentes documentadas mitológicas, legendarias, históricas y arqueológicas presentes en todas las tradiciones arcanas del planeta... Unos seres tan abrumadoramente superiores y agresivamente intimidantes, que no es nada difícil comprender que a nuestros antecesores más primitivos se les antojasen, literalmente... “dioses”, a los que obedecer y adorar con temor y pasmo reverenciales... Recapitulemos y ampliemos información: Modelo Schreiber de Ancestro Primordial Elhoim-Anunnaki El primer eslabón de la cadena filogenética evolutiva que nos llevaría – según las razonables hipótesis de trabajo recogidas en el “Modelo de Niburu” explicado previamente –, desde algo muy semejante a un velociraptorutahraptor hasta un Anunnaki, ya antes de iniciar su larga y exigente travesía ascendente evolutiva, disfrutaría de las siguientes cualidades, configurando así lo que, si me permiten, he venido en denominar: “Modelo Schreiber de Ancestro Primordial Elhoim-Anunnaki”: 1) Ausencia de competidores y depredadores significativos (a diferencia de la situación de sus “homólogos en la Tierra”). 2) Postura erecta operativa con fuerte facilidad de tornarse permanente y garras delanteras aviformes de tres dedos próximas a poder ser utilizadas para aferrar y manipular objetos, lo que hace mucho más fácil y propicia la posterior e imprescindible secuencia de adaptaciones coordinadoras de la convergencia funcional evolutiva “extremidad superior-ojos (y en su caso también oídos y “sexto sentido cerebral”)-cerebro”, complicado proceso de importancia decisiva para obtener un desarrollo de elevada habilidad resolutiva de problemas y en el empleo de instrumentos (o sea, lo que conocemos por “inteligencia”), según todos los paleontólogos neurocientíficos y teóricos de la evolución homínida.
  • 3) Un envidiable y delicado sistema de emisión de sonidos articulados claramente pre-vocálico, justo en la antesala de acceder al prodigio del habla comprensiva. 4) Un cerebro todavía modesto pero ya preparado para codificar e interpretar ese limitado conjunto léxico-semántico elemental de sonidos e infrasonidos. El futuro perfeccionamiento morfo-funcional de tales órganos y las cuerdas vocales posibilitaría el empleo del lenguaje, en fases evolutivas más avanzadas, con mucha mayor prontitud que el adquirido por los homínidos a partir de los primates. 5) La convergencia evolutiva posterior de los rasgos favorables 3) y 4), mucho más potenciados, generaría un compendio de potentes y variadas facultades y habilidades psíquicas sobrehumanas (que para nosotros resultan “paranormales”), ya esbozadas previamente. 6) Conducta compleja de caza y defensa estratégico-rapaces en manadas (o mejor decir, “bandadas”, por su extrema afinidad con las grandes aves depredadoras), organizadas y jerarquizadas. 7) Intenso vigor, potencia muscular proporcionada al tamaño y enorme agilidad y velocidad de carrera . 8) Garras afiladas delanteras de varios centímetros de longitud; Pies de cuatro dedos, uno de los cuales se hallaba equipado con una “garra curvada apuñaladora- desventradora” que, en estado adulto, llegaba a tener 38 cm de largo. 9) Desmesurada agresividad, territorialidad y ferocidad, ausencia de factores emocionales inhibitorios originados por el complejo límbicoafectivo del “cerebro mamífero” 10) Elaborados rituales de apareamiento y selección sexual, plumaje corto cromático especializado con funciones exhibitorioerógenas secundarias y de regulación/protección homeoterma. 11) Metabolismo carnívoro de moderado rendimiento, del orden de magnitud de las grandes aves de presa; Promedio estimado de talla en postura bípeda: 1,70-1,80 m; Promedio estimado de longitud/envergadura en posición cuadrúpeda: 6-7 m; Promedio estimado de peso: 400-500 Kg. 12) El progreso evolutivo remoto en el porvenir bajo
  • condiciones de intensa competitividad, estrés ambiental y presión de selección les llevaría a optimizar estos caracteres ventajosos, hasta unos 2,80-3 m de estatura en posición bípeda constante, un fuerte crecimiento craneano-encefálico, tupidos y multicromos plumajes especializados en funciones de selección sexual y protectora térmica, y un rendimiento metabólico-calórico más y más creciente, hasta hacerse excelente, superior incluso al de los mamíferos terrícolas más perfeccionados. 13) Sistema respiratorio aéreo aerobio pulmonado y cardiovascular, acoplado con circulación sanguínea doble compleja de alta densidad y ramificación, pero constituída a base de hemocianina como molécula proteica transportadoraintercambiadora de oxígeno-dióxido de carbono. Humor sanguíneo color azul prusia para la sangre arterial más oxigenada y azul muy oscuro o casi violáceo-negro para la venosa menos oxigenada. 14) Régimen nuticional carnívoro especializado en una elevada frecuencia diaria de ingestiones y consumo especialista fluidófagoviscerofágico de fuentes ricas en altas concentraciones de cobre por discreta deficiencia fisiológica de tasas estándar de grupos hemociánicos, con rápida tendencia a tornarse más severa bajo circunstancias ambientales de escasez de presas. Por tanto, en estadios primitivos (equivalentes a nuestro Paleolítico) y tribalesganaderos rudimentarios de su diferenciación final como especie, práctica gastronómica y ritual masiva y universal del canibalismo visceral-vampirismo, con fuertes reminiscencias en épocas bastante posteriores. 15) Por consiguiente, el Ancestro “Raptoide” poseería – al igual que la gran mayoría de los depredadores de Niburu –, dos o más pares de colmillos o incisivos muy agudos y afilados, retráctiles en vainas de tejidos especializados modificados de sus encías, frutos directos de su obligada evolución a una dieta sustancialmente fluidófaga-cuprogénica. 16) Ritmo metabólico basal y cardio-respiratorio sistólicodiastólico relativamente lento, por lo cual la emisión de los sonidos naso-faríngeos codificados en la franja audible, y los ligados a la secuencia inspiración-expiración, serían más profundos, pausados y con un singular “silbido siseante” que, a nuestros oídos, teniendo en cuenta además el enorme volumen de su caja torácica, se antojaría a la vez “profundo, cavernoso, siseante y un poco asmático”.
  • Tendrían el pulso más débil y la piel más fría. Dichas peculiaridades se mantendrían y acentuarían durante el desarrollo del habla articulada. 17) Como consecuencia del punto anterior, periodos de incubación y posteriormente – al arribar a la etapa correspondiente de escalón evolutivo –, también de gestación y cría, mucho más largos que los nuestros. Longevidad ancestral más prolongada (por ejemplo, en torno a unos 80-100 años como techo máximo. Este último factor sería – por razones obvias – muy primado por la Selección Natural, Sexual y otros mecanismos evolutivos sinérgicos intensificados en los periodos de gran estrés ambiental, al igual que la fortaleza músculo-esquelética, velocidad y agilidad neurolocomotoras, agresividad, territorialidad expansiva y aguda jerarquización organizativa. Y, por supuesto, el intenso psiquismo polimorfo. Todos ellos, las armas fundamentales adaptativas promovidas cual estrategias-clave de supervivencia y primacía en la cima de la Pirámide Alimentaria de su mundo. Así, la longevidad promedio estimable final, lograda tras unos 115 millones de años aproximados de transformación evolutiva ascendente, bien pudo llegar a unos 800-1000 años terrestres. La ulterior extensión y exacerbación-límite de esta tendencia hasta la para nosotros fabulosa e imponente cifra de unos 500000 años, sería el resultado de la acelerada y afortunada conjugación sinérgica del poderoso desarrollo de sofisticadas técnicas biomédicas y nanogenéticas, psicotrónicas e hiper-psíquicas, tales como el manejo del “prana” o campo psico-bioenergético, así como la amplificación programada de los procesos de implementación horizontal de secuencias y complejos reguladores génicos por transmisión epigenética y de transferencia de memoria celular de sus “ganados de reses de fluidos”. Y, más tarde, de ejemplares cuidadosamente seleccionados de las especies inteligentes conquistadas y esclavizadas de docenas y luego cientos de mundos, en el avasallador e implacable discurrir de las sucesivas fases de su historia tribal, cultural, civilizada, estatal, industrializada y ultra-tecnológica. 18) Primigeniamente ovíparos y, por ende, con claro predominio anatómico de las hembras. Grupos o manadas de caza coordinados por clanes tipo lupino liderados por hembras-alfa. Tal prevalencia femenina se mantendría hasta las últimas etapas de grandes cambios evolutivos, aceleradas y por ello intensamente neoténicas. En Biología del Desarrollo y Teoría Evolutiva Evo-Devo, se denomina “neotenia” a una serie de variaciones adaptativas más
  • rápidas de lo habitual y, por así decir, “apresuradas e improvisadas”, bajo condiciones de fuerte presión ambiental. Curiosamente, tales logros rápidos y “saltatorios bruscos”, anómalos desde el punto de vista del mecanismo darwiniano “clásico”, se consiguen prolongando la presencia de ciertos rasgos o caracteres juveniles o retardando relativamente su maduración en el organismo adulto, en comparación con sus ancestros filogenéticos y “parientes evolutivos” próximos un poco menos avanzados. El ritmo de desarrollo corporal y psicoemocional se atenúa, mientras el de las células germinales y los órganos reproductores permanece constante. Se asocia, lógicamente a periodos de intensas y violentas transformaciones del medio, tales como grandes modificaciones tectónicas, geológicas, climáticas y similares. Es uno de los pilares en los que se apoyan planteamientos neodarwinistas innovadores como los del destacado paleontólogo y biólogo evolutivo Stephen Jay Gould. Según este investigador, recientemente fallecido, “por medio del retraso en el desarrollo de las estructuras somáticas (corporales), la neotenia posibilita que el organismo escape de sus formas adultas altamente especializadas y regrese a la labilidad del joven, preparándose para nuevas direcciones evolutivas”. No es nada casual que esta sofisticada estrategia o “truco” de supervivencia o adaptación opere en circunstancias extremas de presión de selección, al igual que los mecanismos endosimbióticos propuestos por la asimismo brillante Dra. Margulis a escala unicelular, o los de reajuste epigenético y por posible transferencia heredable de factores adquiridos de la memoria celular a través de la transmisión o inserción horizontal y/o activación-modulación de genes mediante retro-transcripción de ARN, puestos de manifiesto ya sin discusión los primeros y segundos y fuertemente sugeridos los terceros por los más novedosos descubrimientos en microbiología y biogenética molecular. Estos tipos de procesos de corte “neolamarckiano”, no por mucho que “horroricen” a los “ultraortodoxos” que han degenerado la grandiosa idea de Darwin en un dogma pseudo-religioso, por desgracia para el progreso de las Ciencias de la Vida, convergerían de modo sinérgico en dichas etapas de agudos estímulos ambientales selectores. Solo de esta manera se pueden explicar los “saltos puntuados rápidos” que permiten justificar las “lagunas” o “eslabones intermedios perdidos” en las series de registros fósiles y la supervivencia de un número mínimo crítico de nuevas y renovadas “especies pioneras” emergentes tras las pequeñas, medianas o grandes “crisis medio-ambientales”, encargadas de restaurar la biodiversidad y complejidad de los ecosistemas desbaratados por las mismas, frecuentemente hasta un nivel de riqueza y madurez final
  • superior. La Explosión Cámbrica, la veloz y multiforme irradiación de aves y mamíferos posteriores al impacto o impactos meteóricos y titánicas convulsiones geotectónicas que se aliaron para sentenciar el brusco desplome del “Mundo Saurio Terrestre” en el Cretácico terminal, la adaptación de nuestros más lejanos ancestros a la desertización y sequías crecientes desde el centro al Norte de África que marcó el inicio de la “Carrera Homínida”, el fin de su primitivo “Paraíso Arborícola Frugívoro”, y la “reciente” evolución acelerada de nuestros más próximos ramales homínidos, sorteando el “infierno gélido” de sucesivas glaciaciones, son rotunda prueba de ello. Y resultan inexplicables por la exclusiva acción lenta y gradual de la mera Selección Natural “clásica”, disguste a quien disguste. Si desean ahondar más en este tema, aparte de la obra de Gould que figurará en la bibliografía de la última entrega de estos ensayos, les recomiendo lean los libros del zoólogo Desmond Morris, quien aplica magistralmente el concepto de “neotenia” a la descripción de la naturaleza y conducta de sus semejantes, especie a quien bautiza con mucha menos vanidad y mayor realismo, como “Naked Ape” (“Mono Desnudo”...). Por ello, es de esperar, tal cual efectivamente se ha demostrado, la existencia patente de numerosos y fuertes rasgos neoténicos en la psicobiología del desarrollo de nuestra especie. A la neotenia agradecemos – aunque algunos a veces resulten un tanto molestos –, rasgos tan específicamente humanos como una mucho menor pelambrera corporal que nuestros “primos cercanos” (chimpancés, por ejemplo), pasar por la “edad del pavo” (uno de los fastidiosos), otros tan satisfactorios y útiles como retener buena parte de la maravillosa plasticidad mental, curiosidad, “sensibilidad-esponja”, creatividad y capacidad de vertiginoso y flexible aprendizaje de los bebés y los niños pequeños – este llevado al extremo entre los “genios” “artistas”, “investigadores” y “creadores” en todos los campos –, u otros tan deliciosos como las facciones “aniñadas”, pieles suaves y menos velludas y las exquisitas “curvas” de las mujeres, también, como todas las cualidades genéticas, desigualmente repartidas en el seno de las poblaciones, pero por ventura notablemente menos escasas que el talento innovador, ya que la posterior “castración” represiva de los rebaños político-religiosos solo puede como máximo – al menos por ahora – “taparlas con burka”, no impedir su glorioso renacimiento generación tras generación... En la lista de los fastidiosos, muy relacionado con las vicisitudes de nuestras tormentosas e inseguras adolescencias antes citadas, se halla también el perturbador desequilibrio entre el poder de nuestra inteligencia racional, nuestra mejor arma de supervivencia “neoténicamente reforzada”, y la persistencia,
  • asimismo neoténica, de intensas y potentes fragilidades afectivas y psicoemocionales infantiloides y pubertoides en plena madurez (ligadas a una elevada inteligencia creadora, de ahí que sean de nuevo más acusadas comúnmente entre los mejores cerebros, lo que es muy inconveniente y enojoso), tan ajenas a seres como los “Reptilianos” y que, al parecer, tanto desprecian con fría burla llena de arrogancia... Pero cada historia evolutiva particular es única, y tiene sus inevitables costes y peajes a pagar a cambio de sus grandes beneficios, sobre todo en sus episodios más “acelerados y traumáticos”, en los que la Madre Naturaleza se ve obligada a “improvisar”... Ahora me ocuparé de intentar exponerles la probable “neotenia Anunnaki” y sus correspondientes “pagos de impuestos evolutivos...” No todo iban a ser ventajas, como es natural; Si acudimos una vez más a las referencias y descripciones comunes sobre los “dioses descendidos del Cielo o venidos de las Constelaciones”, elaboradas por las más distantes y diversas culturas y tradiciones más arcaicas en todas las latitudes y longitudes del Globo, aparecen dos relevantes características, muy chocantes, por destapar ciertas “debilidades” en unos seres supuestamente “eternos”, “todopoderosos”, “infinitamente sabios” y “perfectos”... Y eso que hablamos de textos escritos, pictografías, jeroglíficos, relieves, imaginería estatuaria, iconografía y, en general simbología y mitología elaboradas por los “iluminados” directos de las “deidades”, sus “ministros o intermediarios mágico-religiosos a ellos y su culto consagrados”, o sus fieles creyentes, sumidos en temor y/ o adoración/fascinación reverencial... Está meridianamente claro que esos “deslices” o “filtraciones” acerca de un ligero “empañamiento” de la “resplandeciente e impoluta idealidad” de los Elhoims y sus equivalentes, han de obedecer a un puro e involuntario o inconsciente reconocimiento de una potente evidencia empírica de la percepción, con toda seguridad minimizada además por el ciego fervor subjetivo de la Fe... Este persistente par de “máculas” en la soberbia y soberana Majestad de los “Divinos Moradores Celestiales” son las siguientes: a) Tienen problemas de fecundidad y, por ende, no son muy numerosos en relación a la cósmica dimensión de su expansionismo irresistible; b) Sus relaciones de fraternidad o armonía de pareja, familiar o filial dejan mucho que desear, por decirlo suavemente; El factor a) es un efecto colateral directo de una de sus grandes ventajas, la enorme tendencia a la longevidad, a su vez derivada de la mayor lentitud de su metabolismo oxidativo, propia del entorno de su planeta de origen, como ya precisamos; El b) procede de dos caracteres profundamente insertados y prevalentes en su genoma desde sus orígenes más remotos: Una
  • altísima agresividad egocéntrica y competitiva, y un fortísimo impulso sexual promiscuo muy vinculado con las relaciones jerárquicas de dominación/sumisión en extremo difícil de controlar, que les hace practicar el incesto casi sistemático, con los consiguientes problemas de celos atroces, rivalidades, intrigas retorcidas y letales, odios y pasiones destructivas devoradoras, amén del inherente riesgo de degeneración genética por consanguinidad, desde luego más gradual y atenuado que en nuestro caso por su desmesurada ancianidad y pausadísimo ritmo de sucesión generacional, pero no por ello menos perjudicial a largo plazo. Por desgracia – dicho sea de paso – la mayoría de sus “discípulos Lu.lus de las élites antiguas”, les imitaron simiescamente – nunca mejor dicho – en eso como en todo lo demás, sin saber en realidad porqué lo hacían, por el mero afán de “asemejarse a los dioses de los cuales procedían sus linajes Nefilim aristocráticos” –, provocando una veloz degradación psíquica y biológica en sus líneas genéticas de descendencia, así como la aparición de ciertas “enfermedades” y patologías “reales” características... Recordemos la peculiar e insistente obsesión por reiterar el “incesto sagrado”, incluso entre hermanos, padres e hijas o madres e hijos, muy común en el seno de las clases altas de Sumeria, Babilonia, Egipto y otras muchas grandes culturas y Civilizaciones-Madre repartidas por todo el planeta... Obsesión, sin embargo, que tenía su doble lógica positivista: Preservar en lo posible el máximo grado de los atributos superiores transmitidos por la “sangre” (en verdad genes) híbridos de los Anunnaki, aparte de atesorar, mediante cuidadosos enlaces matrimoniales concertados entre parientes privilegiados muy próximos, cada vez más y más riquezas, territorios y poder político y religioso. Y, posteriormente, aunque atenuado y limitado por nuevos tabúes y reglas morales, impuestos por la lógica de la necesidad tras milenios de comprobación de los funestos resultados imprevistos, todavía se siguió procediendo de igual forma, solo que en menor grado de parentesco – no más allá de un máximo de tíos-sobrinos o primos carnales –, costumbres acusadamente arraigadas entre los estratos de alta nobleza u opulentos magnates burgueses ennoblecidos y, de nuevo, por mimetismo social, hasta entre familias acomodadas de menor categoría hasta nuestros días, aunque parece ir poco a poco perdiendo vigencia en la nueva “hornada” de herederos de las Casas Reales europeas y orientales que han pervivido a los avatares de la Historia. Pero el auténtico origen de estos hábitos es más hondo y potente y se halla mucho más lejos en el tiempo y el espacio de lo que suele creerse... Tan lejos como las remotas etapas finales de la por lo demás brillante y arrolladora
  • “Carrera Evolutiva de los Reptilianos de Niburu” o, expresado con mayor exactitud técnica, a causa de la neotenia terminal en que culminó su proceso de diferenciación filogenética como especie. Veamos: Todas las representaciones arcanas de los “dioses” primordiales coinciden en señalar su naturaleza repto-aviforme de modo más o menos explícito... Esto es plenamente coherente con el modelo que yo postulo: Un remoto y superevolucionado descendiente de un “Raptoide” extraterrestre adaptado a un clima más frío y húmedo y una atmósfera un poco menos oxigenada que la de la Tierra. No obstante, asimismo acuerdan en resaltar que se trata de criaturas cuyas hembras gestan, paren y ofrecen la lactancia a sus crías recién nacidas a similitud del ser humano. A este respecto, hasta en la imaginería refinada más antigua de la que tenemos constancia – junto a la de la cultura Vinca Danubiana – y, por tanto, presumiblemente más realista y menos deformada, la Sumeria, si bien el aspecto facial y anatómico de los Anunnaki se muestra clara, impresionante, escalofriantemente “exóticoalienígena”, y palpablemente “reptiliano-aviforme”, aparecen rotundas escenificaciones de “diosas” dando de mamar a sus “principescos retoños sagrados”. El posible argumento en contra de que tal fenómeno obedezca a una simple mixtificación “poéticoteológica” de los sacerdotes, destinada a “acercar” o “humanizar” a las deidades “celestiales de las estrellas” a sus “rebaños primates”, es muy débil, pues, en etapas tan tempranas, no se privaron de exhibir sin pudor alguno el resto de sus rasgos manifiestamente ajenos o francamente inhumanos, ya sea asociados a las mismas divinidades o, más tarde, a sus contrafiguras “demonizadas”, incluyendo los más duros y desagradables, y utilizándolos de hecho con astucia para fortalecer la devoción y fidelidad de sus pueblos a través del pasmo y el terror fascinado, una táctica tan vieja como constante y eficaz de toda clase de cultos y sistemas políticos, morales e ideológicos desde el amanecer de la Humanidad hasta el presente. No, no se trata de eso. En tan prematuros estadios de la evolución mítico-religiosa, la antropomorfización y, aún más la ulterior “estilización” y “abstracción” final monoteísta y su sofisticada batería de metáforas engañosas e imposturas sutiles y consoladoras/ conciliadoras, todavía eran algo remoto e inimaginable. Sencillamente, los artistas y sus patronos mágico-sacerdotales plasmaron lo que vieron o habían visto sus antecesores, en un tiempo en que, como afirman sus más arcanos textos primigenios, “los dioses caminaban sobre la Tierra” o “entre los hombres”... Podemos concluir entonces que los ancestros evolutivos inmediatamente anteriores de los “dioses reptoides emplumados”
  • habrían modificado radicalmente su sistema reproductivo hacia un patrón mamífero. Pero sin por ello asumir, ni de lejos, sino muy reducidamente, las pautas asociadas de conductas “maternopaterno-filiales y cuidadoras/protectoras”, relativamente atenuadoras de la competitividad extrema y la agresividad interespecífica para con los parientes próximos y, más adelante, y en menor medida, por extensión, familiares y tribales más “afectuosas”, “compasivoaltruistas” y “solidarias”, propias de los mamíferos terrícolas en general y primates en particular. Esta combinación “conflictiva” e inestable de caracteres morfo-fisiológicos y patrones de comportamiento es típica de los procesos de neotenia. Ello conlleva a suponer que, al menos en las últimas fases de la evolución de los “Raptoides de Niburu”, en su mundo-madre se produjeron fuertes, repetidas e intensas crisis geoclimáticas o planetarias en general, que desencadenaron acusados mecanismos de evolución “saltatoria acelerada”... El “brusco” e “inesperado” giro o desviación de su ramal filogenético hacia una reproducción de índole mamífera haría que los rasgos a ella vinculados, tales como el desarrollo de glándulas mamarias, úteros gestantes placentarios, ensanchamiento de caderas, glúteos y pelvis en las hembras, y una seria modificación de ciertos esquemas de conducta sexual y cuidadora de las crías en ambos géneros, se hallasen marcados en esta especie por profundos rasgos neoténicos... Y, por ello, “inseguros”, flexibles y versátiles, pero a la par tendentes a producir determinados desequilibrios orgánicos, psicológicos y emocionales, al igual que entre nosotros lo provocan las más “novedosas y recientes” innovaciones neoténicas, tales como la pérdida de vello corporal, la rápida maduración sexual en contraste con el suave ritmo de maduración mental, de socialización y de auto-control afectivo, y el orgasmo clitoridiano de las mujeres (en verdad, el único éxtasis pleno del que pueden disfrutar, no sin dificultades y exigencias de cierto entrenamiento “técnico” por parte del macho... Las monas – incluyendo las chimpancés –, únicamente experimentan un fugaz espasmo vaginal casi inapreciable). Y, pese al gran valor estratégico del recurso neoténico, en promedio una hembra humana ha de alcanzar los 30 años (si practica adecuadamente y con compañero/s adecuados), para conseguir la capacidad orgásmica de un macho de 15. Lo que además, a causa de la natural “cautela”, complejidad emocional y “selectividad” que la condición de gestantes-paridoras ha fijado en la programación o “software” genético de las mujeres y de todas las hembras mamíferas, no es muy frecuente, si no es muy intuitiva, o tan afortunada como para poder “escoger” un buen amante quien al mismo tiempo pueda cumplir los futuros requerimientos paternales y
  • obligaciones familiares. Convergencia considerablemente rara, por cierto, como saben las damas maduras y experimentadas, y bien se suelen empeñar en inculcar a sus hijas, no siempre con éxito. El poder de la neotenia tiene sus limitaciones y contrapartidas indeseables. La Evolución “intentó” compensarlas haciéndolas más sensitivas, deslocalizando y multiplicando sus zonas erógenas secundarias más allá del área genital, y hasta “recompensó” o remotivó por someterlo a tales “esfuerzos” al macho, haciéndole equiparse con pezones más pequeños de exclusiva función erótica, con el objeto de “seducirle” a abandonar su hondamente arraigada, desde millones de años antes, forma “favorita” de actuar, cual una jeringa viviente de semen rápida y promiscua, y así “fidelizarle” hacia la pauta del largo cortejo y la estrategia de responsabilidad parental, asimismo beneficiosa para promover la cooperación tribal y la caza en grupos jerarquizados entre machos, potencialmente rivales por la posesión de las hembras más aptas, algo muy nuevo y por eso mismo lábil e imperfectamente ajustado al tapiz genético-conductual del “mono desnudo”... Pero con un éxito más que mediocre, porque es antagónico con la tremenda inercia de predisposición genéticohormonal precedente y, por añadidura, con el imprescindible mantenimiento neoténico de la “curiosidad”, deseo de cambios y aventuras exploratorias, odio a la rutina, innovación y creatividad o persistencia relativa y variable de los rasgos infantiles-adolescentes en el adulto, irrenunciables para primar la supervivencia y progreso de la especie y, por consiguiente, favorecidos por la Selección Natural y Sexual por encima de todo y cueste lo que cueste. Las mujeres también presentan estos agudos impulsos neoténicos, e incluso los perfeccionan antes en la segunda niñez y la pubertad (para ser sinceros, no somos pocos los que pensamos que son más inteligentes, intuitivas y sensitivas, de modo que, liberadas del pesado “yugo maternal”, destacarían bastante más y el Matriarcado gobernaría desde el Neolítico hasta hoy la Civilización Humana, porque a partir de la sedentarización agrícola-ganadera la fuerza bruta y vigor físico pierden cada vez más importancia)... Pero, para bien o para mal, gestan y paren... Y, por tanto, tras la “tormenta perfecta” adolescente, dichos impulsos neoténicos, fuentes de la excelencia creativa, la resistencia al estrés, la asertividad, la osadía o capacidad de tolerar y asumir riesgos y/o el liderazgo y, a la vez, de una más alta “inmadurez” psicoemocional, insensibilidad egoísta, infidelidad, y promiscuidad remanentes, mayor en la mayoría de los hombres y más en particular entre los “genios”, emprendedores, innovadores, artistas y machos-alfa, son atenuados o “reprimidos” en notable mayor grado. Y no solo por la acción reforzadora
  • condicionante de los sistemas ético-morales y religiosos inventados instintivamente para ese fin, sino por puro “dictado” biogenético, al estar “marcadas” y, en cierto modo, “prisioneras”, por el hecho de ser las responsables de la vital función de gestar, parir y cargar con mayores costes de la crianza, ya que estas determinaciones fisiológicas las hacen ser en general más ligeras, pequeñas, lentas y vulnerables físicamente, sobre todo durante las etapas de embarazo, y por ello menos capacitadas para la caza, la guerra, la agresión ofensiva o defensiva y la huida. Este incremento del dimorfismo psicosexual secundario y su “reparto de papeles” concomitantes entre los dos sexos, “daño colateral” de la “precipitación neoténica”, es fuente inagotable de dolorosas incomprensiones mutuas y conflictos psicosexuales y afectivos. Una vez más, la Madre Naturaleza, o el Relojero Ciego de Darwin, trató de contrarrestar un negativo exceso de “primacía masculino-patriarcal”, dotando a las señoras de una mayor astucia y facultad de “remotivaciónseducción-fidelización erótico-afectiva”, simulación y manipulación emocional... Esto lo hizo un poco mejor, estimo..., pero no lo suficiente para asegurar en gran cantidad de ocasiones y entornos colectivos una “buena conducta parental” del varón. Y a expensas de aumentar más todavía la formidable complicación y latente violencia competitiva por el control de la pareja y los hijos o “guerra de sexos”, que tantos sinsabores y lágrimas, cuando no cosas peores, genera en nuestras relaciones entre géneros. De nuevo, el peaje o impuesto a pagar por nuestra rápida y exitosa “evolución neoténica”. Pues bien, el aluvión de disfunciones, desviaciones, ineficiencias, patologías y conflictos que los profundos y veloces cambios evolutivos en las grandes pautas de los hábitos de caza carnívora y prolongada crianza introdujeron con demasiada “prisa” y fragilidad neoténica en nuestros genes, cuerpos y cerebros, también hubieron de afectar con similar severidad a las rápidas incorporaciones neoténicas de la línea evolutiva Anunnaki: La adquisición de un sistema reproductivo mamífero y sus profundas implicaciones psicobiológicas en un periodo evolutivo avanzado, “traumático” y comparativamente “breve”, tuvo que impactar de lleno en la estabilidad de los patrones emocionales, psicosexuales y de conducta social “rapto-aviformes rapaces” de los ancestros primitivos de los “Elhoim”. En este caso, las distorsiones y desajustes neoténicos serían en cierta manera similares pero inversos a los sufridos por los primates homínidos y el propio ser humano: La contradicción entre la “acelerada” maduración – en proporción a sus largas vidas –, de los rasgos neoténicos recientemente adquiridos de capacidad gestatoria-lactante, y sus derivaciones con los antiguos y
  • muy dominantes caracteres de elevadísima agresividad vampíricocarnicera sobre las presas, canibalismo generalizado sobre los enemigos o rivales congéneres, competitividad, egocentrismo, feroz territorialidad, matriarcado, frialdad afectiva, severo autoritarismo jerárquico y libre promiscuidad con potestad selectora de las hembras, fijados firmemente en su código genético por cientos de millones de años de oviparismo, y todavía muy favorables algunos de ellos para sostener la primacía expansionista de la especie, colisionarían de frente con las nuevas exigencias de las labores y emociones exigidas para llevar a buen término el embarazo, cría y prolongado cuidado de la prole al estilo mamífero, solo que encima a un muchísimo más lento ritmo de maduración de las criaturas. El fuerte dimorfismo sexual, aquí “a favor” de las hembras, disminuiría, al contrario que entre los homínidos, tornándose paulatinamente en el curso de las generaciones un tanto más altos, grandes, robustos, potentes y dominantes los machos y éstas, aunque conservarían la mayoría de sus poderosos factores ventajosos, no podrían evitar volverse algo menos ágiles y rápidas, por el obligado ensanchamiento de la estructura de sus caderas y pelvis, impuesto por su innovadora función reproductiva, así como, por supuesto, claramente más vulnerables y necesitadas de protección durante los luengos embarazos. A cambio, por un mecanismo de compensación análogo al acontecido entre sus futuras “Lu.Lus” terrícolas, ganarían una mayor dosis de astucia, inteligencia emocional y capacidad remotivadora-simuladora-manipuladora, por efecto de la Selección Natural y otros procesos complementarios, pero en menor medida y siempre más igualada con los miembros del sexo opuesto, porque éstos ya las habrían desarrollado en enorme nivel después de docenas de millones de años de verse destinados a un rol más pasivo y “sumiso”. El resultado final sería una equiparación casi exacta entre el liderazgo y dominancia media relativa entre los dos géneros, lo único igualitario en la naturaleza y las sociedades Anunnaki, mas a costa de tremendos conflictos psicológicos y sociológicos, emanados de la dificultosa adaptación de las “féminas” a los cambios en su maternidad, y de los “varones” en el de asumir su reciente rol de “buenos padres protectores”, aunque fuere temporalmente, en los periodos de las preñeces. A ambos – especialmente a ellas – debió costarles mucho controlar sus instintos profundamente violentos y canibalescos para con sus retoños recién nacidos y pequeños, por ejemplo, y soportar con una mínima paciencia las obligaciones de la lactancia; Y a ellos en concreto,, reprimir su ancestral impulso de “salir huyendo” una vez consumada la fecundación o extinta la fase de “apasionamiento clímax” de la
  • relación. Y a los dos por igual, controlar el intenso y atávico instinto de agresión y violación sobre sus propios hijos y sobrinos, débiles pero a veces rebeldes e indisciplinados, como a los hermanos no hacer lo mismo entre sí. A semejanza de los humanos muchos cientos de milenios más tarde, lo conseguirían a medias, a expensas de improvisar rígidos y severos códigos morales específicos, leyes restrictivas y durísimos castigos y métodos de represión y condicionamiento social. O sea, a base de temor reverencial, terror, dolor físico, mentiras cuidadosamente ritualizadas, sufrimiento psíquico, crueldad emocional y neurosis, como nosotros. Pero tampoco podían renunciar a la gestación, porque en un mundo cataclísmicamente cambiante, las incomparables ventajas protectoras del cálido vientre materno respecto a la vieja y obsoleta estrategia de depositar huevos, empollarlos y construir nidos crecientemente perfeccionados, se habían convertido en claves básicas de supervivencia, favorecidas por consiguiente por las Leyes Evolutivas a toda costa y sacrificio. Al fin y al cabo, ningún nido o receptáculo externo incubador, por esmeradamente confeccionado y acondicionado que se encontrase –, incluso en un porvenir tecnificado, aún en aquellos momentos inimaginablemente distante –, puede igualar nunca la seguridad, fiabilidad y perfección funcional de la matriz orgánica viviente. De ahí que, con toda probabilidad razonable, el Gran Tabú Mitificado de los Anunnaki-Elhoim desde su Amanecer como especie inteligente y auto-consciente fuese la Maternidad... La Maternidad y el Culto Animista obsesivo a los antepasados y los Sagrados Linajes transmitidos en sus principios por vía Matriarcal-Materna... La Maternidad Sacralizada, reflejada una y otra vez de forma universal y reiterada en todas las Tradiciones, iconografías y sistemas mágico-religiosos por ellos inspirados e inculcados a sus “mascotas hibridadas” y siervos de la Tierra. No hay teogonía alguna en las que representaciones de Diosas Madres con Sagrados Niños en brazos y en actitud lactante más o menos explícita no sea una machacona constante. Ni tampoco, cual consecuencia de la notable “uniformización parcial” de caracteres psicobiológicos sexuales secundarios y roles-estatus asociados entre los machos y hembras Anunnaki –, no así de los primarios relacionados con el coito en sí mismo ni los de la gestación-amantamiento, obviamente –, existe credo o culto primordial en el que los “dioses”, o sus “ángeles-emisariosejecutores de órdenes y diversos cometidos”, no presenten cierto mayor o menor grado de androginia superior a la humana; Ya fuere ésta plasmada o relatada en términos de comportamiento, atributos, personalidad o representaciones físicas corporales simbólicas. Parece
  • nítido que de ello proviene el también universal mito del “Andrógino Primigenio”, que tanto preocupó y fascinó, entre bastantes otros, a Platón. Y, como es patente, justifica, al mismo tiempo, el sorprendente grado de conflictividad, violencia, rivalidades, celos, lujuria, intrigas, conjuras, traiciones, crueldades, incestos y hasta asesinatos, así como propensión a generar líneas familiares “bastardas”, en la totalidad de los árboles genealógicos “divinos” de la más “altas cunas”... Los Anunnaki “celestiales” habrían de soportar y aprender a vivir – pues – con el Tabú de la Crueldad Materno-Filial y el del Deshonor a los Ancestros o de la “Sangre Impura”, como los humanos “terrenales” con el Tabú de la Infidelidad Conyugal y los del Incesto o la Agresión al PrójimoCanibalismo... Ideales todos ellos, respectivamente, tan predicados, impuestos y santificados, como abismal, subconsciente, genética y atávicamente atractivos y subterránea e instintivamente anhelados, tan ardientemente como nos esforzamos en demonizarlos y excluirlos hasta del pensamiento y el sueño con multi-milenario afán represor. Volvemos a comentar con resignación: Inconvenientes inevitables de la por lo demás muy beneficiosa neotenia. 19) El producto final de todo ello podría describirse como una casi perfecta – si bien no libre de ciertas debilidades – potentísima y arrolladora “máquina” psicobiológica de guerra con poderes y habilidades psíquicas, y un completo conjunto de tecnologías químico-nanomoleculares y mecano-electrónicas, ingeniería física transdimensional o hiperespacial, psicofísicas, psicotrónicas y nanobiológicas, vigor, longevidad, talla y envergadura individuales, agresividad , frío auto-control psicoemocional, combatividad, inteligencia, astucia estratégica manipuladora y capacidad organizativa, más que idóneas para someter a centenares de mundos habitados por otras especies auto-conscientes de la Galaxia... O de ser tomados por “temibles y a la par caprichosos y sabios dioses” por los más primitivos de ellos... O simular excelentemente dicho papel ante ellos... 20) Nos falta por contestar otra trascendental e interesante cuestión: Considerando el modelo psicobiológico establecido para los Anunnaki y su evolución, ¿cómo afectaría a esta especie el exponerse al medio ambiente de la Tierra cuando iniciaron su intervención en ella hace unos 450000-400000 años, evaluando las características que acabamos de puntualizar y las diferencias postuladas entre el entorno planetario de Niburu y de nuestro mundo? Trataremos de abordar la respuesta empleando el mismo
  • método inductivo-deductivo utilizado hasta ahora; Visualicemos a un Anunnaki típico-modelo o pequeño grupo de ellos descendiendo de su vehículo espacial explorador de “cercanías”, tipo “lanzadera”, aunque imaginamos bien armada y acorazada, ya lejos de sus gigantescas astro-bases o naves nodriza... Es la primera vez que la planta ancha pero aún más larga, articulada, letal y aviforme, dotada de un fino plumaje sobre los agudos espolones y la terrible “garra mortal curvácea” de un ultra-evolucionado sucesor de los remotos y ya extintos “Raptoides” de Niburu pisa la superficie emergida de nuestro planeta, hace algo menos de medio millón de años, probablemente en algún punto al Noreste de Turquía, cerca de Armenia y de los más antiguos y pasmosos hallazgos arqueológicos que han cambiado por completo nuestra visión convencional del pasado, por más que los turbios y variados intereses de poder y patéticas cobardías intelectuales de unos y otros se hayan confabulado para no darle la difusión e importancia que tal hecho merece. En pleno Kurdistán otomano, no lejos de la futura y mítica Ciudad de Ur, actual Sanliurfa, próxima a los tan inesperados, revolucionarios y fascinantes yacimientos de Gobleki Tepe. Gobleki Tepe, donde majestuosos y complejos sistemas concéntricos de templos cuidadosamente alineados con las constelaciones de la época, labrados en piedra granítica viva, grabados con bajorrelieves y decorados mediante una simbología, imaginería y estatuaria que estremece el alma, llenándola de ecos de nuestra más abisal y arcana memoria arquetípica primordial... Trabajos megalíticos plenamente arquitectónicos y esculturas sofisticadamente ejecutadas, pero datados de modo riguroso de entre 10000 y 12000 años o poco más de antigüedad (del 8000 al 10000 antes de Nuestra Era), cuando, según los ya decrépitos cánones de la Arqueología e Historia “ortodoxas”, todos los por entonces escasos miembros de nuestra especie nos hallábamos en pleno Paleolítico, desperdigados en reducidas comunidades tribales primitivas de cazadores-recolectores nómadas cubiertos de toscas pieles sin curtir de animales, capaces únicamente de controlar fogatas, trabajar rudimentariamente el sílex y pequeñas piedras calcáreas o pizarrosas blandas y plasmar en cuevas nuestros primeros balbuceos de arte, espiritualidad y abstracción utilizando grasas y pigmentos animales... Sobre este y otros descubrimientos más o menos recientes y conmovedores ya abundaremos con mucho mayor detenimiento en el tercero de estos ensayos. Posiblemente muy próximo, en fin, al enclave donde los “dioses rapto-rapaces” de Niburu y los homínidos justamente pre-humanos cruzaron sus destinos por vez primera... Por ello es razonable suponer que allí
  • instalaran el “Jardín-Granja-Laboratorio” de “Éaden”... o “Edén”..., el Santuario Biotecnológico donde el Ingeniero Nanogenético-Jefe Enki/ Ea, o Malek-Taus/Lucifer, “creó” los primeros especímenes de “Lu.Lus” o humanos, recombinando sabia y cuidadosamente determinadas secuencias y estructuras de los propios genes de su especie con los de el Homo Antecessor, rama común de las posteriores ramitas diferenciadas de las dos especies o subespecies (hay algunos serios indicios de que ambas pudieron reproducirse entre sí mucho más adelante, cuando nuestra línea filogenética de origen africano, ya suavizados los rigores helados, emigró lentamente al Norte). Por tanto, digamos más bien que el “Contacto Zero” lo protagonizó el Homo Heidelbergensis, pues por aquella época el interior de Eurasia se hallaba por entero sometido a un clima y paisaje glacial o continental severo muy frío, al que se adaptaba mejor el inmediato predecesor del Homo Neanderthalensis... y sus diseñadores, como veremos en breve. De este modo, el Hombre de Neardental, tan injustamente relegado como “proto-hombre primario y embrutecido u hombre-mono” por los científicos del siglo XIX y hasta bien entrado el XX, sería el fruto pionero del “Gran Experimento Edén”. Poco después, a medida que los Visitantes fueran aterrizando e iniciando su colonización hacia el Suroeste y el Sureste, se toparían en África con otros interesantes ejemplares primates erectos de avanzado desarrollo manual y cerebral, solo que menos robustos y pesados, más ágiles, altos y esbeltos, de cráneos un poquito más pequeños, pero más rectos y ligeros, y más desprovistos de vello protector contra las bajas temperaturas... Naturalmente, el Homo Rhodesiensis, materia prima para replicar una manipulación biogenética muy similar que daría lugar al Homo Sapiens “moderno”, nuestra especie, la segunda y finalmente “triunfante” Humanidad pobladora de esta Tierra. De hecho, hoy sabemos que los equivocadamente desdeñados Neardentales fueron tan inteligentes, hábiles, sensitivos y complejos como nuestros primitivos antepasados directos. Pero este asunto, y el de la enigmática extinción del primer “prototipo de humano/Lu.Lus” Neardental, también será abordado en el trabajo siguiente. La pregunta ahora es: ¿Qué sentiría y cuáles efectos fisiológicos experimentaría uno de esos soldados, oficiales, técnicos especialistas, científicos Anunnaki y aristócratas de Alto Linaje “Ruájico”, al verse envuelto en un ambiente terrícola?; Empecemos otra vez por lo más básico: La presión de oxígeno es modesta pero perceptiblemente superior. En dicho entorno, las moléculas de hemocianina de la “sangre azul” de los Elhoim funcionarían a menor rendimiento del óptimo. Los alienígenas sufrirían algo
  • completamente análogo a una “hiperoxia” o “borrachera de oxígeno”. El fenómeno en sí se define como un exceso de concentración de oxígeno libre en sangre, producido por la incapacidad de los glóbulos rojos o hematíes o de la hemoglobina de procesar toda la cantidad de oxígeno que pasa al torrente circulatorio en cada inspiración por unidad de tiempo desde los alvéolos. La concentración de oxígeno se acumula y la de dióxido de carbono baja, entorpeciendo tanto la toma como expiración o expulsión del aire en cada ciclo. Dado que los “cianocitos” o “glóbulos azules” de la sangre “niburiana” de nuestro “Modelo de Anunnaki” no serían capaces – por las bien probadas razones bioquímicas ya descritas –, de intercambiar y transportar todo el oxígeno “excedente” del aire terrícola al presentar menor rendimiento o velocidad en su actividad molecular, los visitantes/colonizadores, si respirasen directamente la mezcla gaseosa de nuestra atmósfera, se verían abocados, en una estancia prolongada en relación a su ritmo vital o metabólico, a un estado de hiperoxia crónica. Aunque el oxígeno molecular sea esencial para el sostén de la vida aerobia, su exceso en sangre y, a través de ella, en distintos tejidos, genera a medio-largo plazo graves daños en el organismo. Este peligro lo corren de hecho los niños recién nacidos calificados por los pediatras y neonatólogos cual “prematuros severos” (la práctica totalidad de los nacidos naturalmente o extraídos por cesárea u otro procedimiento artificial inductor del parto por algún motivo a los seis meses y, en proporción variablemente decreciente, algunos de los que lo hacen hasta los 7), o que padecen cualquier lesión, trastorno congénito o deficiencia respiratoria que requiere intubarlos o suministrarles oxígeno puro. Y, en menor medida y proporción, los enfermos adultos y acentuadamente ancianos que sufren una enfermedad que asimismo lo exija, y a los trabajadores que cotidianamente se mueven en un entorno o atmósfera de iguales características, o en todo caso sensiblemente sobrecargada de oxígeno. Los síndromes o enfermedades más graves afligen a los grandes prematuros no convenientemente asistidos, porque sus pulmones se hallan en un estado de inmadurez y bajo rendimiento fisiológico. Para un ser adulto equipado con hemocianina, sometido a condiciones de mayor presión de oxígeno constante de las que se encuentra adaptado, el resultado sería análogo a la inmadurez pulmonar, cual consecuencia del inferior rendimiento molecular de dicha proteína en comparación a la hemoglobina en estas condiciones. Por ello, en todos estos casos, los médicos y equipos sanitarios, o los facultativos especialistas en salud y prevención laboral, han de controlar y
  • dosificar con extremo cuidado la frecuencia y duración de las dosis suministradas o exposiciones al ambiente hiperoxigenado, además de, en las situaciones más duraderas y extremas, administrar tratamientos paliativos y compensadores. A nivel fisiológico, los cuatro impactos principales perjudiciales para la salud de la hiperoxia afectan a los pulmones, el cerebro y en general el sistema nervioso central y otros órganos densamente vascularizados – como el músculo miocardio del corazón, el hígado y el riñón –, al igual que a las propias células rojas o eritrocitos de la sangre (o los cianocitos equivalentes en los organismos “hemocianínicos”) –, cuya sobresaturación o colapso conduce a una precoz degradación. Son dos – pues – los mecanismos patológicos inducidos por las tasas anormalmente altas de oxigenación: Directo, por oxidación excesiva de los tejidos más irrigados o funcionalmente interesados en el comercio respiratorio , e indirecto, a causa de su acción sobre la autorregulación misma del flujo sanguíneo. Los dos principales efectos mórbidos sobre los pulmones son la displasia broncopulmonar y la fibroplasia retrolental. La primera consiste en el daño infringido a los alvéolos por la acumulación anómala de los residuos tóxicos de descomposición del oxígeno en los mismos. Tales lesiones dejan una especie de cicatrices internas en el delicado y esponjoso tejido pulmonar que comprimen a los bronquios, y dificultan la respiración, lo que hace que – paradójicamente – acabe llegando una insuficiente cantidad de oxígeno a la sangre y los tejidos. El sistema reacciona incrementando aún más el ritmo cardiorespiratorio, lo que a su vez desencadena más residuos y los demás procesos indeseables, en un círculo vicioso. Los síntomas son respiración acelerada con característicos “pitos” silbantes, coloración azulada de la piel (cianosis) y, en casos graves, tos crónica y deficiencia respiratoria permanente; La segunda es una alteración en el desarrollo de los vasos sanguíneos retinales del ojo, que se engrosan y proliferan demasiado, debido a la sobreproducción de células transportadoras de oxígeno que pugna por equilibrar el déficit de rendimiento. Los vasos crecen de modo anormal desde la retina dentro del gel habitualmente claro que rellena el fondo del ojo. Así, sin soporte adecuado, estas redes circulatorias se tornan frágiles, y el mismo aumento de presión sanguínea promovido por la hiperoxigenación tiende a causar hemorragias. Alrededor de la pupila, el blanco ocular se vuelve dilatado y enrojecido (fuertemente azul-violáceo casi negro para el “Modelo Anunnaki”), y las cicatrices de los derrames pueden – si la hiperoxia es persistente –, desprender la retina de la superficie interna del ojo extender el derrame hacia el centro del globo ocular, ocasionando,
  • consiguientemente, desprendimiento retinal masivo que reduce la visión y, en casos graves, conlleva la ceguera; A nivel de los tejidos del sistema nervioso central este conjunto de disfunciones conlleva necrosis neuronal. El grado de intensidad luminosa o exposición solar también influye en este cuadro clínico, y de forma doble: Por un lado, está probado que las deficiencias o desajustes negativos en el rendimiento del transporte de oxígeno por vía sanguínea – como también acontece con ciertas enfermedades congénitas humanas, cuales la porfiria, las anemias y las beta-talasanemias –, se agudizan por la elevada incidencia de rayos ultravioleta, ya que éstos aceleran la degradación y muerte de los hematíes/cianocitos. Y, por otro, es obvio que intensifican los efectos adversos sobre la retina antes apuntados. Máxime en una criatura aclimatada a un mundo más gélido y nublado, algo más lejano a su estrella, o con un sol un poco menos caliente y brillante o energético. Deducimos por tanto que los “dioses Elhoim”, sumergidos en el medio terrestre, se mostrarían predominantemente fotofóbicos y preferirían los climas o regiones frías, umbrías, húmedas, nubosas y/o cubiertas de altos y cerrados bosques perennes. Precisamente, las características que reinaban en el “Triángulo Edénico” trazado por los vértices entre AnatoliaArmenia, Sumeria y Egipto hace entre 450000-40000 y 15000-12000 años, así como en la Meseta Iraní, China y la Península Indostánica, antes de que el fin de las glaciaciones y la posterior Gran Catástrofe Climática del Diluvio Global lo cambiasen todo radical e irreversiblemente. Se aprecia en este sentido extraordinariamente interesante destacar un hecho tan singular como en apariencia enigmático: Las representaciones pictóricas y figurativas de las “deidades” o “demonios” más antiguas y “perturbadoramente sugestivas de realismo”, elaboradas por las culturas primordiales nativas de dichas zonas y las posteriormente emigradas y asentadas en ellas y asimiladoras-reacomodadoras de dichos elementos transmitidos por ancestral transmisión oral en sus propias tradiciones mitológicas y teogonías más y más elaboradas y a la par deformadas, plasman a los “Visitantes Celestes” a cara descubierta... Como siempre, con asombrosa, machacona y sospechosa convergencia, exhibiendo rostros tanto más alargados, extraños y de frecuente aspecto reptiliano-aviforme cuanto más arcanas sean las fuentes, y progresivamente humanizados a medida que nos aproximamos a milenios más recientes, por obra de un natural proceso de olvido, distorsión y “antropoformización”... Pero, de todas maneras, incluso en las más “modernas” e idealizadas de entre ellas, invariablemente muy altos, físicamente poderosos, y de piel llamativamente pálida, azulada o
  • vivamente azul en la mayor parte de los casos. En la India en concreto este último rasgo es abrumador y casi obsesivo. Exactamente igual que ocurrió más tarde en los enclaves sagrados de Sudamérica y Centroamérica. Sin embargo, las manifestaciones de imaginería y arte mágico-religioso radicadas en otros lugares ya desde entonces – miles de años antes de la escritura y el inicio de la Historia de las primeras Civilizaciones –, dominados por un clima más templado y seco, como el Oeste de África Central, Australia, el sur de la actual Argelia y otros, los trazan embutidos en extraños ropajes y singulares coberturas de las cabezas, con un impresionante e inaudito parecido a trajes protectores presurizados, máscaras o filtros respiratorios y cascos de buzo o astronauta. Además, estas peculiaridades y diferencias no guardan relación alguna con los caracteres étnicos o raciales de los pueblos adoradores o reverencialmente temerosos de tales seres. Altos o bajos, de epidermis más clara, aceitunada, cobriza u oscura, todos esos grupos humanos insisten en intentar reflejar a sus dioses como gigantes o colosos de piel muy pálida o con tintes azules o azulvioláceos de variable intensidad. Lo cual es absurdo en términos de la convencional interpretación del principio clásico de la antropología, la mitología comparada y la historia de las religiones que establece una secuencia de “zoomorfismo totémicoantropoformización-idealización/abstracción”, así como, en paralelo, de “animismo naturalista-politeismo-monoteísmo”, cual exclusivos principios para la evolución del simbolismo artístico-figurativo y el pensamiento mágico-religiosos, respectivamente. Según estos conceptos, las sucesivas representaciones más y más cercanas en el tiempo y sofisticadas de las deidades o entes sobrenaturales tendrían que ir adquiriendo cada vez mayor grado de similitud morfológica con los rasgos físicos de sus fieles y sus descripciones y relatos orales, ideográficos, jeroglíficos o textuales de sus conductas con sus patrones de comportamiento, y esto no se cumple ni por asomo, a despecho de la tozudez de pretender hacer encajar como sea todos los datos con esquemas rígidos y preconcebidos, tan usual entre los académicos y eruditos “ortodoxos”. Pero sí cuadran con una interpretación abierta y mixta que – sin negar la bien conocida influencia distorsionadora y progresivamente sincretizadora, humanizadora, fabuladora, adulteradora y estilizadora-mixtificadora de los contenidos, fuentes e información originales mucho más antiguas hasta las menos remotas que suponen tales mecanismos – , reconoce las evidencias innegables de que, por encima de ellos, subsisten determinadas claves o factores comunes e invariantes, probablemente asociados a realidades materiales y percepciones
  • objetivas ocultas y subyacentes detrás y en el subsuelo de los mitos y leyendas. Lógicamente, aquellos más cruciales, importantes, profundos y espectaculares, los que más impresionaron a las mentes todavía rudas, supersticiosas e ignorantes, pero no por ello menos, y quizá en algunos sentidos más, sensibles, perceptivas e inteligentes de nuestros más remotos antepasados ya plenamente humanos. Para finalizar este apartado, también cabría esperar un aumento del ritmo de envejecimiento celular o pérdida moderada de longevidad promedio, fruto de la hiperoxidación y liberación excesiva de radicales libres de oxígeno, temblores, mareos, pérdida de coordinación, respiración sibilante y entrecortada, a la par que cavernosa y retumbante ya de por sí – como ya indicamos – y, muy relacionado con el mayor desgaste oxidativo, superior media en frecuencia e intensidad de los periodos de letargo regenerador, como mecanismo de reajuste defensivo. En la última parte de este segundo ensayo comentaremos acerca de los métodos y argucias tecnológicas y psicotrónicas que los Anunnaki ensayaron y aplicaron para reducir y en lo posible eliminar y así adaptarse a una muy larga, confortable y provechosa, pero no por ello menos conflictiva entre ellos mismos, estancia colonizadora en nuestra Madre Tierra... 21) Concretando: En contraste con el “mar de confusión” y “trama débil” del paradigma “oficial” cerrado que por desgracia domina todavía la inmensa mayor parte de las cátedras y Universidades, este enfoque teórico basado en el “Modelo Psicobiológico de los Elhoim” que les propongo, sí logra al menos plantear un panorama más integrador y coherente de todas las numerosas y graves “anomalías” y vacíos de la doctrina “oficial” acerca de nuestro remoto pasado. Por ejemplo, en este punto que nos ocupa; Sencillamente, las percepciones y recuerdos colectivos, tangibles y físicos, nutrientes de la tradición oral que alimentó la ulterior elaboración mítico-religiosa de todos estos pueblos, cuya intensidad y constancia de estímulos más les impresionó, por su “exotismo” y “poderío”, preservándolos así de la inevitable deformación antropomórfica y simbólico-teológico-sincrética, obedecen a un firme patrón material, por una parte externo (la fisiología alienígena de los tomados por “divinidades”), y geográficoclimático (las condiciones ambientales en las diversas latitudes y longitudes del Globo a lo largo del tiempo): En entornos templados más secos y a la larga condenados a la aridez por desertización, los Visitantes se vieron obligados, sobre todo al principio, en los contactos más antiguos, a utilizar equipos aislantes-filtradores que redujesen la hiperoxia relativa y su efecto secundario fotofóbico que
  • a ellos les ocasionaban la mayor presión y temperatura, menor humedad y luminosidad solar de la Tierra; Por el contrario, bajo condiciones locales más frías, húmedas y/o nubladas, dicho problema menguaba, si bien solo de modo parcial, y sus pálidos rostros y otras superficies de sus cuerpos podían permitirse, al menos temporal y limitadamente, durante sus interacciones y “apariciones” con y ante sus nuevas “mascotas-LuLu.s”, mostrarse a su vista con mayor libertad, nivel de “cercanía personal fascinadora y condicionante-intimidatoria” y comodidad. Este cambio de hipótesis de partida, o “mirada lógico-inductiva-deductiva”, simple y llanamente se ajusta notablemente mejor con los datos y evidencias “extrañas” disponibles, y elimina las aparentes paradojas y contradicciones, que el “modelo convencional”. Generalizando ahora y dicho de otro modo: Para explicar los numerosos y misteriosos hechos del lejano pasado que se “desvían” gravísimamente de los conceptos preconcebidos de las “ortodoxias” en las ciencias antropológicas, arqueológicas e históricas, la “Hipótesis AnunnakiExtraterrestre” o del “Astronauta Antiguo” es, sin duda, más sencilla y autoconsistente que los postulados “ortodoxos”, incapaces de justificar las fuertes y a veces tremendas “fallas” y abismales “agujeros” de su visión y “relato” del profundo Pasado. Y, por ende, más verosímil y razonable según el Principio de Economía o “Navaja de Ockham”, esgrimido con fervor sospechosamente sectario por los “científicos más convencionales”, quienes, a despecho de sus elevados títulos y encumbrados sitiales académicos, parecen haber olvidado en múltiples ocasiones que en las Ciencias Positivas toda teoría o paradigma es revisable, a la luz de nuevos datos y pruebas directas o indirectas, y asimismo, por más inaudito que resulte, el auténtico significado de la famosa y crucial “navaja barbera” del ilustre y sabio monje franciscano y filósofo naturalista-empirista inglés: La hipótesis más simple o “económica” – esto es, que haga intervenir menos agentes causales o los menos complejos –, ha de ser la más posible..., pero siempre que describa o justifique racional y contrastadamente un fenómeno y no genere “lagunas” y “grietas” explicativas por todas partes, requiriendo entonces “tapar los boquetes” con supuestos más alambicados, complicados y poco consistentes que la hipótesis rival... Y muchos menos si ésta es replicada mediante el silencio y la “táctica del avestruz revestido”, o sea, enterrar la cabeza o mirar para otro lado fingiendo despectiva indiferencia , escudada por el brillo de los oropeles y filacterias del estatus profesional y académico. Eso se llama escolasticismo, estancamiento, “argumentos de
  • autoridad” y sumisión a turbios intereses ajenos a la Ciencia, pero generosamente recompensados por el mecenazgo económico y promoción difusiva en las más prestigiosas publicaciones de los dóciles en exclusiva, como en plena Edad Media e inicios del Renacimiento... Desafortunadamente, algo, mas que afín, idéntico, al enrevesado y patético intento de mantener a todo trance el sistema geocéntrico ptolemaico con inacabables “engranajes de esferas y epiciclos intangibles”... Y eso en la mejor de las opciones, cuando no, en la peor, equivalente al tristemente célebre y ridículo gesto del censor, astrónomo, y matemático cardenal Bellarmino, quien se negó a mirar por el nuevo e innovador telescopio que le tendía el gran Galileo Galilei, para no ver los satélites de Júpiter girando en sus órbitas, que rompían para siempre su modelo acomodado y preestablecido sobre el Universo... Antes de condenarle a la censura y arresto domiciliario inquisitoriales..., citando a Aristóteles y las Sagradas Escrituras..., por supuesto... Pues bien, la “molesta” pero cada vez más firme, de nuevo fastidie a quien fastidie y no convenga a quien no convenga, “Teoría del Astronauta Antiguo” ya ha contado con sus Copérnicos, Galileos, Keplers y Tycho Brahes... Pero aún aguarda , ansiosa, un Isaac Newton que acabe por darle forma definitiva y un más sólido y compacto cimiento biológico y científico a la descripción de un modelo sobre la naturaleza y evolución de los Visitantes, que consiga explicar lógica y racionalmente los rasgos principales que sobre ellos revela el análisis mitológico comparado y lo hallazgos arqueológicos “indigeribles” por el paradigma convencional. Los honorables, audaces e inteligentes pioneros no pudieron hacerlo, pues, por un lado, todavía no se habían recabado los últimos y más demoledores datos y descubrimientos “desestabilizadores” y, por otro, porque, en general, eran investigadores libres más o menos diletantes (escritores, periodistas...), o bien especialistas en Historia, Mitología o Lenguas Antiguas, todas ellas disciplinas o profesiones humanísticas, y carecían de los suficientes conocimientos y de la perspectiva de las ciencias “duras” o experimentales. Este humilde bioquímico y librepensador, con un estimo buen bagaje autodidacta pero actualizado en biología evolutiva, psicología y lo que nuestra ignorancia denomina “parapsicología” (en verdad, teoría psicotrónica), intenta con esta serie de trabajos empezar a completar la vertiente científica biofísica y psicofísica del “Astronauta Antiguo”, tan incompleta y abandonada hasta la fecha, tanto por los creadores y desarrolladores precoces de la misma, como por sus discípulos y los “aficionados conspiranoicos”. La “Hipótesis Anunnaki” fue originalmente emitida por algunos investigadores pioneros de la
  • segunda mitad al último tercio del siglo XX, como el historiador, economista y experto en lenguas antiguas del Medio Oriente azerbaiyano, educado y formado en Palestina y Londres, Zecharia o Zacharias Sitchin – fallecido en Nueva York hace muy poco, el 9 de Octubre del 2010 –, el escritor francés Anton Parks y el también escritor y periodista suizo en lengua alemana Erich von Däniken – . Aunque este último, a diferencia de los dos primeros, acabó por derivar en un “creacionismo alienígena panspérmico” generalizado, en mi modesta opinión y la de los otros principales defensores de la idea básica de Sitchin y Parks y la mayoría de sus continuadores, totalmente falto de rigor, fundamento documental, indicios empíricos y, por resumir, disparatado – . Pero no menos absurdo que las muchas incoherencias y deficiencias intolerables del “Paradigma Oficial”, cuyos defensores conspiran por acallar, tapar, ignorar, minimizar, ocultando sistemática y vergonzosamente, los descubrimientos “rompedores” cada vez más palpables y evidentes que las ponen en entredicho, tales como los de Gobleki Tepe, o el desenterramiento de esqueletos humanoides de enorme talla y las “incongruencias críticas” con sus esquemas, como la imposibilidad de una explicación racional sin “lagunas de tamaño oceánico” sobre el método real, edad auténtica de construcción y verdadera finalidad de monumentos de la talla de las tres grandes Pirámides de Gizéh, más que dudosa y arbitrariamente atribuidas a los faraones Keops, Kefrén y Micerinos, y la Esfinge, cuando hay patentes pruebas geológicas de que todas ellas son extremadamente más antiguas... Pero, antes y a un nivel más sencillo que todo eso, bastan la lógica más elemental y unos cuantos cálculos al alcance de cualquier escolar de primaria para convencernos de que los egiptólogos “ortodoxos” pretenden hacernos comulgar con indigeribles “ruedas de molino” del tamaño de los que creía ver en su delirio el Insigne Hidalgo Don Quijote de la Mancha... Y me quedo corto: Veamos, la Gran Pirámide de Gizéh, arbitraria y para nada justificadamente atribuida al Faraón Keops porque “encaja mejor” con los esquemas reduccionistas y mecanicistas preestablecidos de los eruditos auto-designados cual “defensores de la verdad convencional”, a despecho de la acallada o ignorada opinión de otros muchos y una masa creciente de documentos, evidencias geológicas y arqueológicas en contra, es una titánica “montaña artificial” aburmadora que ocupa el área de 8 campos de fútbol (53000 m 2), mide 230 m (ligeramente más de ¼ de Km) de lado y, originalmente, se alzaba hasta los 147 m de altura. En la actualidad un poco menos, porque en su momento lucía un “piramidón” o
  • pequeña pirámide en su cima a modo de casquete, que ha sido destruido por la inclemencia del tiempo, la erosión y, sobre todo, la barbarie carroñera de canteros ladrones o la fanática integrista de algún que otro sultán. Pero esto último es irrelevante. Su trazado geométrico es ultra-perfecto, geográfica y astronómicamente orientado con alucinante exactitud, no rebasa un máximo de 1 m de error en su alineación Norte-Sur (menos de la quinceava parte de un grado). Su esquina Sudeste mide tan sólo 1.5 cm más de altura que la Noroeste. El ajuste de su gigantesco perímetro a una planta cuadrada es milimétricamente correcto. En las proporciones geométricas internas determinadas en la sorprendente y prodigiosa arquitectura de la inmensa mole de la Gran Pirámide, se dan pasmosas y maravillosamente afinadas relaciones matemáticas significativas, en el campo de la teoría numérica o geometría pura, en el del simbolismo numerológico-cabalístico, y en el de las relaciones y constantes “armónicas” presentes en la Naturaleza en multitud de fenómenos y patrones dinámicos y estructuras morfológicas, inertes y biológicas, calificadas con absurdo y cerril desdén por los arqueólogos y egiptólogos autotildados como “serios” con insultante arrogancia como “meras casualidades”. Por citar solo una de ellas, la más divulgada y espectacular, el titánico y enigmático monumento se halla diseñado de tal manera que las dimensiones de su cara lateral y la altura vertical total desde la cúspide al centro de la base cuadrada están en idéntica razón proporcional o semejanza que las de una pirámide cuya cara lateral midiese φ (“fi”, el “número áureo”, implicado en las relaciones morfodinámicas de conformación, crecimiento y evolución de una tremenda variedad de procesos en sistemas complejos que antes citaba), y su altura vertical la raíz cuadrada de π (“pi”, el famoso número o constante fundamental que define la relación fija entre la longitud o perímetro y el diámetro de toda circunferencia). Expresado en términos matemáticos, la arquitectura geométrica de la Gran Pirámide reproduce o encarna en piedra la potente y multisignificativa relación dada por: ¡¡¡Y todo esto con un error estimado del 0.1%!!!! ¡Por supuesto..., “meras casualidades”, claro....!
  • Hace falta ser un “asno titulado” integral para mantener tal burrada de tamaño cósmico... O tomar por asnos y completos incautos a los demás... Este pasmoso resultado ya es destacado – aunque parcialmente desarrollado –, con fascinado asombro, por el historiador griego Herodoto, y ejerció una poderosa influencia en pensadores y matemáticos de la excelencia de Pitágoras y Platón..., los dos grandes genios honrados como “Padres del Racionalismo Científico Occidental”... Quienes, por este y otros muchos motivos, reverenciaban el Arte y la Ciencia legados por el Antiguo Egipto como la “Fuente Madre de toda Iluminación y Sabiduría”. Ellos reconocieron, atónitos y embelesados, que “tal grado de sublimes conocimientos, perfección y exactitud geométrica-simbólicamatemática y la inexplicable capacidad técnica para reflejarla en tan titánicas y abrumadoras obras monumentales, eran sin duda fruto de una arcana y misteriosa inspiración divina...” Al menos, así lo plasmaron en sus obras públicas, escritas por ellos o recogidas por sus discípulos... En realidad, como desde hace muy poco están empezando a desvelar algunos investigadores, emplearon sutiles, inteligentísimos y refinados códigos de equivalencias numéricolingüísticas, encriptados y esmeradamente ocultos en las más importantes de ellas, a través de complejos métodos de gematría (versión griega de la cábala hebrea)... Y se tomaron tantas molestia porque en verdad eran “ateos”..., en el sentido de que ya no creían en los “dioses” ingenuamente antromorfizados y distorsionados de unos viejos mitos trufados de absurdas supersticiones y opresivos tabúes moralizantes al servicio de primarios intereses tribales, político-religiosos y socio-económicos... Pero, claramente conscientes de las terribles consecuencias sociales y personales que les acarrearían confesar tan “Blasfemo Secreto” a la gran masa ignorante de sus contemporáneos, y enfrentarse con el celoso apego al poder y el dominio de las almas de las castas sacerdotales y sus dirigentes aliados, decidieron donar su Gran Revelación al porvenir de forma bien disimulada y segura, de modo que solo ciertas élites muy selectas de “iniciados” pudieran acceder a ellos, decodificándolos y comprendiendo su “herético e iluminador” contenido... Y, entre otros inestimables tesoros, en tales sub-textos “invisibles” es posible “traducir” el auténtico y conmocionador mensaje referido al tema que nos ocupa... Basta cambiar la última palabra por muy pocas otras.... Repitámoslo, ahora “rasgado ya por fin el “Velo de Isis”... : “tal grado de sublimes conocimientos,
  • perfección y exactitud geométrica-simbólica-matemática” y la inexplicable capacidad técnica para reflejarla en tan titánicas y abrumadoras obras monumentales, eran sin duda fruto de una arcana y misteriosa inspiración de seres o inteligencias muy superiores descendidos de las esferas celeste o las estrellas ...” A esta conclusión llegaron las “mentes prodigiosas” de aquellos inmensos Maestros, utilizando solo la lógica, la intuición racional, plumas untadas en tintes y grasas animales, rudimentarios papiros... y, lo más importante, un cerebro abierto y liberado de tabúes y otras castraciones psíquicas y emocionales... En doloroso contraste, la mayoría de nuestros “sabios” oficiales predican que todo es obra “de la casualidad”, pese a contar con un instrumental tecnológico que, para sus antiguos e infinitamente más brillantes precursores, se mostraría “casi a la altura de los pretendidos dioses”. Se limitan a repetir las consignas absurdas e inconsistentes aprendidas de sus profesores, cerrando los ojos y los encéfalos a cualquier mínimo atisbo de “disensión heterodoxa” y amago de libre discernimiento propio. Eso, la gran masa de “borregos y carceleros de sus propias mentes”, como dice un buen y “esclarecido” amigo mío, por más que exhiban con patético orgullo sus pomposos doctorados y listas de publicaciones especializadas y, por descontado, “estrictamente ortodoxas”... Una pequeña minoría de ellos sí sabe incomparablemente más de lo que aparenta, pero se encarga de ocultar, falsear, minimizar y echar tierra encima – nunca mejor dicho – a toda prueba, teoría y voz “subversiva”, cual fieles “perros guardianes” de sus Amos y Mecenas... ¿Cómo hemos permitido que tan vergonzosa y deplorable situación, veneno letal para todo progreso, infecte como un virus mortal a nuestras más encumbradas y “selectas” cátedras y departamentos universitarios?... Me temo, y siento una profunda pena por verme obligado a reconocerlo, que – cual vaticinó Spengler – la “decadencia de Occidente” es ya asfixiante e irreversible. Por fortuna, este desolador y ruinoso panorama no afecta a todas las disciplinas científicas por igual: El nivel de talento innovador, libre pensamiento y apertura de miras, sin por ello perder un ápice de rigor científico, abundan bastante más entre los especialistas en las ciencias más exactas y sólidamente fundamentadas en su aspecto metodológico-empírico y matemáticamente formalizadas – la “nueva Física” – en particular cuántica y cosmológica – y, en menor medida por el momento, pero cada vez más, menos mal, en químicos y expertos en las frondosas ramas de las Ciencias de la Vida (desde la escala molecular y biogenética a la teoría evolutiva y la exobiología)... Si casi todos los científicos investigadores de
  • altura e impecables credenciales en dichos terrenos recibiesen aunque fuera un mero curso, máster, o simple “libre y diletante inmersión motivada”, como ha hecho este humilde autor ,en arqueología, antropología o paleontología humana, y fuesen así conscientes de la escandalosa debilidad y afán censor y auto-censor, completamente anti-científico, al que se entregan la mayor fracción de sus “colegas ortodoxos” en tales parcelas del saber, no dudarían en desmontar su frágil castillo de naipes y elevar alto, fuerte y claro sus voces para denunciar al mundo sus vendajes e imposturas... De hecho, un número creciente y esperanzador de geólogos lo ha hecho, horrorizados al enfrentarse con los disparates dogmáticos cerrados mediante los cuales lo arqueólogos y egiptólogos “clásicos” niegan con inaudita estupidez las evidencias físicas directas que demuestran más allá de cualquier discusión razonable la más que notable mayor antigüedad de monumentos arcanos cuales la Esfinge, las Grandes Pirámides y muchos otros... Por ejemplo, ellos saben con certeza que la célebre y enigmática Esfinge, debido a los palpables y bien estudiados patrones erosivos detectados y cuantificados en su base y cimientos con precisión, hubo por fuerza que ser levantada en una época muy anterior a la “oficial”: Entre 7000 y 7500 años antes de Nuestra Era, cuando aún la zona era un exuberante manglar o humedal pantanoso estilo Doñana o Misisipí, y así lo han declarado, señalando su lógico estupor ante la absurda e infantil negativa de los arqueólogos y egiptólogos de la corriente dominante a asumirlo. Al igual que no pocos ingenieros, quienes sencilla y llanamente no pueden explicarse cómo los egipcios pudieron construir tales masivas y perfectas obras sin el concurso de herramientas avanzadas y una tecnología superior, y no vacilan en añadir que, todavía hoy por hoy, no podría nuestra Civilización igualar la gesta – aun suponiendo fondos presupuestarios ilimitados –, en algunos aspectos. Aunque, por desgracia, el exceso de especialización, la fuerte y perversa “presión ambiental académicoburocrática” que “prohíbe” tocar temas de otro “campo definido del saber”, y la empecinada resistencia de los “expertos”, astutamente condicionada por el Sistema, de “criticar” o “meterse en el territorio de otro especialista”, olvidando que el Conocimiento y los Principios del Método Científico y de la Naturaleza se encuentran hondamente interconectados y son universales, por definición, se unen para sostener esta nefasta “conjura de los necios”. Y aún no hemos llegado a lo más grotesco de todo: Un “foso abismal” tan monstruoso y a la par tan simple, que lo puede entender sin problemas hasta cualquier alumno un poco avispado de Primaria... Basta que logre atender más de media hora y sepa lo más elemental
  • sobre unidades de tiempo en nuestro calendario y sistema horario convencional... Además de algo tan “esotérico y difícil” como dividir, aunque sea con calculadora: Pasen y lean, mis Estimados y Pacientes Lectores..., y asómbrense de la absoluta magnitud “astronómica” de ceguera, rigidez dogmática e impudicia intelectual en la que se han enfangado ciertos “especialistas ortodoxos”...; Siguiendo la “doctrina oficialista” de los egiptólogos, la Gran Pirámide de Gizéh fue ordenada construir como templo faraónico en honor al Faraón Jufu (en griego, rebautizado Keops por nuestro viejo amigo Herodoto), el segundo “Rey-Dios” de la Cuarta Dinastía, quien gobernó desde aproximadamente 2579 al 2556 A.C. Como, también adoptando la postura oficial – impuesta, aunque en ninguna de las tres Grandes Pirámides se ha hallado ni el más mínimo rastro de momias o señal de sus hipotéticos y casi imposibles saqueos, dada la tremenda solidez, carencia de accesos externos sin emplear dinamita o medios de similar potencia, perfección y “acorazamiento” erizado de trampas mortales del complejo monumental –, cada uno de estos supuestos “colosos funerarios” se empezó a erigir nada más ascender al Trono el Soberano correspondiente de los Dos Reinos de Egipto. En el caso de Keops, esto nos da un periodo de tiempo hasta ejecutar totalmente la magna obra de unos 20 años. Puesto que la Gran Pirámide se compone de un número de sillares o bloques de piedra determinado con gran precisión en 2500000, ello implica una cantidad ingente de unidades de piedra bruta extraídas por año de más o menos lejanas canteras, transportadas Nilo arriba en toscos barquitos primitivos, trabajadas, pulidas y cortadas hasta hacerlas encajar con exactitud y finura sub-milimétrica inexplicables, y elevadas a cada vez más enormes alturas – en la “docta” opinión de los ortodoxos, “a través de simples rampas de arena, escalonadas o no, y arrastradas por mera tracción a base de rodillos y músculos de esclavos” –. Porque, “ojo a los detalles”: Se supone que los antiguos arquitectos, ingenieros, maestros de obras, capataces y operarios egipcios, así como sus muchedumbres de esclavos, en aquella época, desconocían la rueda, ignoraban la polea, no disponían de la fuerza motriz de bestias como caballos, mulos ni mucho menos elefantes, y únicamente sabían forjar cobre puro (sin alear con estaño tan siquiera para obtener bronce), para fabricar sus herramientas. Blando y quebradizo cobre. No hierro, ni mucho menos acero. Todo, a fuerza de inmensas multitudes de sumisos y maltratados esclavos, cuerdas de cáñamo o semejantes trenzadas, rudimentarias grúas, artesanales andamiajes y ciclópeos rulos de madera... Bien, pues con esos pobres medios tecnológicos, si dividimos 2500000 bloques por 20 años, tenemos la bonita cifra de
  • 125000 bloques de piedra procesados y colocados en su lugar correcto con inefable precisión por cada año de obra. Siendo más que generosos, concedamos que se establecían 360 días laborables por año . Esto arroja, volviendo a dividir, unas 347 unidades o sillares de construcción por día. Hago notar aquí que el peso promedio calculado para las piedras que conforman la estructura piramidal es de 2 Toneladas por cada uno, ¡y existen sillares de hasta 60 Toneladas! Si ahora consideramos la de nuevo extremadamente permisiva hipótesis de una jornada de trabajo por turnos rotatorios continuos de entre 12 y 24 horas (algo realmente no ya inhumano, sino apenas concebible, sin intolerables pérdidas de rendimiento e insuperables complicaciones de toda índole en el control logístico de las obras y su personal), dividimos una vez más por una media de 18 horas efectivas de labor incesante, obteniendo un poco más de 19 bloques por hora. Y, como una hora suma 60 minutos, el resultado final es de muy poco más de 1 bloque por cada cuatro minutos, con un peso promedio de 2 Toneladas cada uno. Eso, imaginando que ya se hallasen perfectamente preparados, transportados, acumulados a pie de obra y reajustados para su perfectísimo encaje sobre la marcha... Por mínima honradez y pudor intelectual, establezcamos que, al menos el 50% del tiempo de operación por unidad se consumía en tales menesteres. Aceptemos que los egipcios estaban tan excelentemente organizados, y su devoción y temor reverente a la Sagrada Persona del Faraón, y no tan reverente a sus implacables ejércitos y fuerzas del orden, es de suponer, eran tan inconmensurables, que el complicado y arduo proceso previo de extracción de las canteras, pulido y cortado primario, transporte y almacenamiento de los sillares, suministraba un aporte continuo de lo materiales, ya alisados, dispuestos en bloques-estándar de distintos tamaños y pulidos, a escasos metros del artefacto de obra. Ello equivale a una media de dos minutos para el reajuste/encaje terminal y otros dos para su instalación, movilización y subida hasta la altura que en cada fase y etapa de la construcción se requiriese. Algunos egiptólogos “convencionalistas” – los que, además de dogmáticos impenitentes, estrechos de mente y llenos de ciega soberbia –, son para colmo más osados en su auto-infringida ignorancia y adhesión al disparate, responden, a tan demoledoras críticas u objeciones a su absurdo y obsoleto modelo, arguyendo que “el razonamiento anterior u otros similares son falsos, porque a medida que la obra progresaba, el tamaño y masa de los bloques de piedra iba disminuyendo a fuerte ritmo”. Lógicamente, los sillares más inmensos – esos de entre 40 y 60 Toneladas – ocupan los
  • niveles más bajos y su talla y volumen van decreciendo en proporción a la altura. Esto es patente hasta para un niño de cuatro años al ver una foto o dibujo de las Pirámides. Pero la “defensa” esgrimida con engreída auto-satisfacción por dichos “jumentos coronados por exquisitos birretes”, es si cabe más falaz, absurda y totalmente ridícula: Aparte de que, al parecer, tan “reputados doctores” ignoran el concepto de una tasa o valor promedio, que debe dominar cualquier estudiante de Bachillerato y más aún de Primer Año de Facultad..., y no digamos si ésta es de Arquitectura o Ingeniería, los “peritos técnicos especialistas” a los que se supone deben someter sus simplistas hipótesis inadmisibles antes de aventurarse a emitirlas y mucho menos todavía a imponerlas como “verdades científicas consagradas”, la debilísima apariencia de lógica se desvanece como la tenue bruma en una mañana de verano ante esta elemental réplica, que de nuevo entendería hasta un infante de parvulario: ¿Y qué demonios pasa con la relación pesoresistencia o rozamiento-grado de inclinación-altura? ¿O quizá, por ventura, tan altivos “maestros de la Ciencia” se niegan con todas sus fuerzas a aceptar la más ínfima posibilidad de acción de una Civilización o inteligencia superior en el pasado de la Humanidad – tildándola de “fantasiosa e innecesaria” –, pero , sin embargo, de repente, admiten los “milagros” contra la Ley de la Gravedad? Da vergüenza ajena verse obligado a destacar algo tan lastimosamente obvio: Pero a medida que la pirámide creciese en niveles edificados, sus célebres y absurdas “rampas de arena” y “prodigiosos rodillos” deslizantes-tractores, por no nombrar a los pobres y martirizados músculos de los desgraciados esclavos, de los que, pasmosamente, todos se olvidan como si tal cosa, tendrían que vencer ángulos de inclinación más y más grandes o empinados hasta alturas más y más enormes. Planteemos la situación a una altura mediana del proceso: Vamos a poner entre 10 y 20 Toneladas, izadas a unos 90-100 m de alzada... Corresponde a casi 400 de inclinación de la rampa, por un sencillísimo cálculo trigonométrico de la pendiente entre la medida de la altura y la mitad de longitud de la base. (Nivel de Cuarto Grado de Secundaria, justo en el umbral del Bachillerato). Todo eso, en un máximo de 4 minutos de tiempo promedio de operación... Y da igual que la dichosa “rampa de arena” fuera escalonada o no, porque lo que se gana en una opción en relativa comodidad o facilidad de desplazamiento, se pierde en rapidez y tortuosidad del camino, y viceversa... ¡¡¡Por favor, señores, no insulten al más básico sentido
  • común ni denigren hasta ese punto su inteligencia y la de su prójimo!!! Sabemos que Vds, Reverendos Doctos Arqueólogos y Egiptólogos Oficialmente Autorizados, se han formado en una disciplina que no incluye en su programa de estudios materias como el saber resolver ecuaciones diferenciales o cálculos de mecánica tensorial de estructuras – la de quien esto suscribe, la primera de ellas más o menos y la segunda tampoco – ... Pero, ¡por el Amor de Isis y la Furia de Sekhmet...! , ¿es mucho pedirles que sepan pensar con lógica simple y utilizar una calculadora? Les resultará excesivo y ofensivo por mi parte, pero eso es lo que demuestran... Resumiendo: La dificultad y lentitud que el ascenso conlleva en ambas alternativas compensa con creces el factor de pérdida paulatina de peso, como puede atestiguar perfectamente por experiencia en sus propias carnes cualquier peón de albañil semi-analfabeto. Puede que ciertos “expertos” hayan de pasar una temporada trabajando con uno de esos peones, a ver si así se les despeja el cerebro de telarañas dogmáticas autojustificativas. Como puede apreciarse, se cubre al desatino con un desatino aún más descomunal... Para concluir este “repaso” a las fatales e insoportables incongruencias de las tesis “ortodoxas” acerca de este asunto, reseñar dos “problemillas” adicionales, de esos que los “especialistas acreditados” resuelven de un “desdeñoso” plumazo: a) Para sostener de forma continuada e ininterrumpida tan imposible, sobrehumano y delirantemente frenético grado de actividad laboral constructora, los ministros, gobernadores, arquitectos, funcionarios, capataces, dirigentes militares y oficiales egipcios del Faraón se hubieran visto obligados a reunir, coordinar, aleccionar, vigilar, controlar, reprimir y organizar minuciosamente a una demencial muchedumbre de personas sometidas a durísima servidumbre. En función de si adoptamos el criterio de 12 o de 24 horas por día de jornada, así como periodos entre turnos más o menos cortos, la cifra oscilaría entre 25000 y 100000 esclavos en constante rotación horaria en el caso de la Gran Pirámide. Y a cada uno de ellos, al menos darles de comer y beber y un jergón para descansar, por más que fuere en una ración e intervalo mínimos de mantenimiento, suficientes para conservar su imprescindible fuerza y vigor físico lo bastante para ser sustituidos, al ritmo que las penurias, el tremendo desgaste, las enfermedades, el puro agotamiento o la vejez fueran acabando con sus vidas o sus años de empleo útil. Teniendo presentes todas estas variables, estudios y cálculos tan serios como en su esencia simples
  • de comprender, arrojan la impensable cuadrilla rotatoria permanente de trabajadores u obreros esclavos realmente monstruosa que hemos apuntado, mayor que la población total de ciudades como Menfis, Tebas o Karnak: El infernal cúmulo de conflictos y peligros logísticos, de generación de plagas por hacinamiento en malas condiciones, gastos y probables motines o revueltas que, por más que fuesen aplastados veloz y sangrientamente a modo de “castigos ejemplares”, retrasarían inevitablemente el proyecto y serían focos de intolerables tensiones sociales y políticas, convierten este escenario en literalmente descabellado. Pasemos a otro fascinante enigma de la Gran Pirámide: Su posición y tallas-masas relativas respecto a las otras dos grandes Pirámides que la flanquean, las de “Kefrén” y “Micerino” (con “multitud de comillas”), reflejan de forma figurativa las localizaciones, distancias mutuas y correlaciones de magnitudes, observadas desde el aire, de las dos principales estrellas de la que los sabios egipcios definían como “Constelación de la Pierna del Toro”, (para nosotros, una buena fracción de la Constelación de la Osa Mayor), Pechda y Megrez y, si se prolonga la línea imaginaria de unión, con la estrella Thubal o Thuban, en plena Constelación del Draco o Draconis, a partir de hace 5000 años hacia atrás, justo la que marcaba el Norte geográfico y permitía el cálculo de la latitud, ahora desplazado a la Estrella Polar por virtud de la paulatina variación del eje de la Tierra respecto a su posición en la esfera celeste, producto del movimiento relativo entre dichas estrellas y nuestro propio Sistema Solar en el seno de la Galaxia. Esto fue demostrado con todo rigor por los equipos coordinados dirigidos por dos prestigiosos investigadores, el español Juan Belmonte, del Instituto Astrofísico de Canarias, y el egipcio Mosalam Shaltout, del Observatorio de El Cairo. Fue publicado en el 2001 en Advances in Space Research, e incluye otras múltiples correlaciones semejantes con este y otros puntos destacados del planisferio celeste, distribuidos por más de 330 templos edificados en el Antiguo Egipto, tanto en la zona del Valle de los Reyes, como las del Delta y el Oasis. En concreto, el estudio tocante a las tres grandes Pirámides de la Meseta de Gizéh fue aparte difundido en un artículo previo escrito por Belmonte el mismo año en el suplemento Archeoastronomy de la revista especializada Journal for the History of Astronomy. ¿Les suena lo de Draco o alfaDraconis, verdad? Uno de los más posibles emplazamientos del sistema estelar del planeta-madre de los Raptoides Emplumados... Pensemos en la repetitiva y casi axfisiante presencia de símbolos de Dragones y Dragones Alados, en especial, y reptiliano-serpentinos
  • en su defecto, en todas las leyendas, mitologías, teogonías, heráldicas, emblemas corporativos, institucionales, políticos, militares, académicos, religiosos, iniciático-esotéricos, sectarios y, en general, de todo aquello que implique Poder y Conocimiento..., oculto, semi-oculto o “discreto” y manifiesto... No estimo que debo ofender sus inteligencias comentando nada más sobre este “pequeño detalle”. Otra “casualidad”, claro... ; Pero no únicamente se produce tan abrumador conjunto de insalvables “anomalías” en las Grandes Pirámides de la Meseta de Gizéh o en otros grandes templos y edificios civiles monumentales del Antiguo Egipto. No, ni mucho menos. Las hallamos asimismo en los ciclópeos complejos y ciudadelas sagradas o sacro-imperiales erizadas de alucinantes y majestuosos templos, asimismo frecuentemente piramidales, de Cichén-Itzá (mayas), Teotihuacán (origen étnico-cultural desconocido y mucho más antiguo, ocupado luego por los aztecas, como en verdad hizo Keops con la Gran Pirámide, por más que lo nieguen empecinadamente los egiptólogos “oficiales”), y Machu-Picchu (incas), o las misteriosas Líneas de Nazca varios siglos al menos más arcanas e - “inexplicablemente” – en particular, si no se tiene voluntad y honradez intelectual para intentar explicarlo –, tan sólo visibles desde el aire una vez más en pleno y yermo altiplano peruano –. Por no citar sino los más conocidos, increíblemente gigantescos, imponentes y perfecta, geométrica y matemáticamente ejecutados, utilizando, transportando desde lejanas canteras, atravesando terribles llanuras estériles, junglas, desiertos o elevándolas hasta altísimos valles entre escarpadas montañas, puliendo, cortando, izando a titánicas alturas y encajando con precisión tan exacta los durísimos materiales de los monstruosos bloques de sillares que ni la alta tecnología, ingeniería, ni siquiera un láser micrométrico actuales igualarían al 100% – . Exactamente igual que en la Gran Pirámide... O mucho peor a veces, si tenemos en cuenta ciertas altitudes casi sobrehumanas en algunos de ellos, hasta el punto de sentirse en tales enclaves los efectos de la disminución de las tasas de oxígeno atmosférico, si no te hallas aclimatado a tales entornos, o no perteneces a la etnia nativa adaptada a la zona. Aunque todas ellas razonablemente plausibles únicamente con cambiar las hipótesis iniciales de trabajo..., y tener el valor y la independencia mental y de criterio para hacerlo.. 22) Pasemos ahora al asunto de las consecuencias de la ligera inferior gravedad terrestre sobre los “dioses” de Niburu. En un medio
  • así, los densos y potentes paquetes musculares, haces neuromotores nerviosos y sistema esquelético de los Anunnaki – evolucionados de esta forma por adaptación a un mayor peso y resistencia al movimiento –, les convertirían en auténticos “titanes” y “colosos”, más todavía tomando en consideración su ya constitucionalmente elevadas talla, robustez, vigor físico y rapidez. Saltarían, golpearían, empujarían, manipularían grandes masas, y correrían con un empuje, fuerza, agilidad y estabilidad equivalente a entre 15 y 20 hombres en promedio. A plena potencia, sus movimientos se antojarían casi “milagrosos”, o en ocasiones “invisibles”, para el ojo humano. Sobre todo ello hay multitud de referencias en las fuentes arcanas ya señaladas repetidamente. Estos documentos y representaciones se encuentran literalmente plagados de alusiones a “gigantes” venidos o descendientes total o parcialmente de los “Hijos o caídos del Cielo o de las Estrellas”. En cuanto a las secuelas negativas de la exposición a un campo gravitatorio menor, cuales la descalcificación ósea, pérdida de masa muscular, determinados trastornos metabólicos y de desarrollo/atrofia de algunos órganos o aparatos corporales, desorientación sensorial y otros, es fácil admitir que una Civilización tan avanzada y especializada en la conquista interestelar, sobre todo teniendo en cuenta que el exceso de gravedad de la Tierra en relación al de Niburu sería no despreciable pero sí discreto (repasar más arriba en este mismo ensayo), no tendría dificultad en paliar o contrarrestar con eficacia tales problemas por refinados medios bioquímicos, fisioterapéuticos, biomédicos, farmacológicos, de entrenamiento psicológico y técnicas psicotrónicas, como hacemos nosotros a nuestro mucho más rudimentario y limitado nivel con nuestros astronautas y cosmonautas residentes por temporadas en la Estación Espacial Internacional y sus predecesoras, y eso que en órbita geoestacionaria la situación de baja o casi nula gravitación es mucho más severa. Creo no es necesario añadir nada más en este punto. 23) Nos ocuparemos acto seguido de los posibles efectos psíquicos, psicológicos y psicobiológicos de la exposición al medio “terrenal” de los “Elhoim”, una vez estudiados en los puntos 20) y 22) sus probables trastornos y secuelas físicos o puramente orgánicos y fisiológicos más importantes: La hiperoxia es llamada alternativamente “borrachera de oxígeno” debido a sus consecuencias a escala psicológica y de comportamiento, muy similares a las que producen los estados de ebriedad alcohólica si no rebasan el límite individual variable dentro de ciertos márgenes que acaba por producir caída del tono muscular y la tensión
  • cardiovascular, depresión del sistema nervioso central, insensibilidad del periférico, temblores, pérdida parcial del equilibrio, la visión y la orientación y, en casos extremos de muy elevada intoxicación, desmayos, coma etílico e incluso la muerte. Los síntomas de la hiperoxia son a su vez muy semejantes con los que produce un trastorno de ansiedad o “fatiga de estrés” o “estado de alerta de combate/huida” prolongado en el tiempo. Y los de una borrachera ligera o mediana, si bien estos últimos son mucho más pasajeros, naturalmente. Y la mayor parte de ellos derivan de la hiperventilación que producen los unos y los otros, aumentando la concentración de oxígeno en la sangre y la correlativa caída de los niveles de dióxido de carbono: Este cambio fundamental y la consiguiente aceleración anormal del ritmo respiratorio y metabólico, se registra en específicos centros receptores internos del cerebro, y es percibido en sus comienzos como un estado de “euforia”, desinhibición social y afectiva, locuacidad, plenitud, fuerza, optimismo, autoconfianza, incrementada sensualidad, deseo, expresividad y receptividad sexual, frecuentemente agresividad y agudeza sensitiva y mental, decremento de la sensación de riesgo, el familiar “subidón” de las primeras copitas que tan atractivo y adictivo resulta, lo que aquí por estas tierras del Sur de España describimos como “ponerse agustito”. El precio se paga después, si la dosis, en un caso, o el tiempo de exposición al ambiente hiperoxigenado, en el otro, aumentan demasiado; Palpitaciones, arritmia, elevación de la frecuencia cardíaca, sudoración fría, temblores y sacudidas espasmódicas, sensación de ahogo o falta de aliento o de atragantarse (la célebre “bola en la garganta”), opresión o malestar en el pecho, náuseas o molestias abdominales, inestabilidad, mareos, desorientación temporo-espacial, sensación de irrealidad o de estar “disociado” o separado de sí mismo, miedo o impresión de perder el control de los propios actos, depresión, pensamientos morbosos, autodestructivos o impulsos violentos contra los demás, brotes paranoides, percepción de entumecimiento u hormigueo, escalofríos o sofoco. La mengua de voluntad, capacidad de coordinación y dominio de los impulsos que buena fracción de estas alteraciones psicofisiológicas genera, a su vez, empuja al sujeto a una especie de automatismo semi-consciente que le impide evitar el entorno, atmósfera, amenaza real o imaginaria/sugestionada, y la ingestión de la droga alcohólica que los desencadena, desatando una espiral de realimentación positiva o círculo vicioso habitualmente imparable sin ayuda externa. Si la hiperoxia, la crisis de ansiedad/estrés o el consumo de bebidas de alta graduación continúa, el resultado final es tan inexorable como
  • fatídico: Si el individuo es sano, joven o resistente por habituación y/ o naturaleza a la crisis, dentro de ciertos límites, a veces (no siempre), vomita, se desploma, cae en profundo sopor o sueño pesado, o en casos más agudos pierde la conciencia (narcolepsia). Si es llevado a un entorno de oxigenación más idóneo o el organismo (el hígado y los riñones, sustancialmente) elimina el tóxico, cuando recupere el estado de vigilia o la conciencia sufrirá los efectos residuales, la típica “resaca”: Dolor de cabeza, embotamiento, cansancio o agotamiento, acidez y mal sabor de boca, baja concentración, trastornos digestivo-estomacales, calambres o dolores musculares y de articulaciones (el organismo activa la fermentación por glucólisis y la láctica en el tejido muscular para compensar la deficiencia terminal del ritmo metabólico oxidativo por la acción deshidratante y depresora del alcohol o la saturación severa de oxígeno, provocando una secuela parecida a las “agujetas” – siente como “si le hubieran dado una paliza” – después de un fuerte y prolongado ejercicio físico). En el caso de la auténtica embriaguez por el abuso de la bebida, el cuadro suele ir acompañado de diarrea. En los de los ataques de ansiedad/estrés e hiperoxia, como la sobrecarga del hígado y los riñones es mucho menor, esta última reacción es poco frecuente, si bien en casos severos se da igualmente, por inducción psicosomática; Mas si la persona que padece la crisis se halla ya psicofisiológica u orgánicamente muy deteriorada, o es congénitamente más débil o más vieja, y/o la magnitud de ésta es enorme y/o prolongada, frecuente y repetida en el tiempo, puede llegar a culminar en delirios, alucinaciones, demencia, coma etílico, intentos suicidas, exitosos o no, e incluso la muerte por fallo multi-sistémico. Llamativamente, la dinámica, sintomatología, daños secundarios y consecuencias extremas de la borrachera común, la “borrachera” de oxígeno y los estados persistentes y cotidianos de ansiedad/estrés/fatiga de combate son casi análogos a los de las más serias y asimismo frecuentes y duraderas crisis de terror/pánico. La razón es la siguiente: tanto la estimulación fisiológica y de los patrones de conducta agresiva ofensiva/defensiva de combate/caza/ huída ligados tanto al estrés continuado como a la “euforia/ansiedad” y aceleración del metabolismo oxidativo en las fases iniciales de las “borracheras” de alcohol o de oxígeno, liberan, aunque en mucha mayor medida e intensidad las dos primeras que las dos segundas, lógicamente, una cadena de reacciones de mediadores neuronales y hormonas conocida por los especialistas como “cascada de catecolaminas”. Las catecolaminas son un grupo de proteínas de secreción neuroendocrina que se sintetizan y vierten
  • al torrente sanguíneo de forma masiva como respuesta a la percepción sensorial externa o interna de los estímulos-tipo que desencadenan las crisis como las indicadas previamente, pues se encargan de generar los cambios psicofisiológicos que preparan al organismo para afrontar o evitar los presuntos peligros, desafíos o amenazas del medio, activando los procesos que le disponen para el ataque, el combate, el estado de alerta o la rápida huida. Las tres esenciales son la adrenalina, la noradrenalina y la dopamina. Ellas son las responsables directas de la sensación de “euforia”, hipersensibilidad y desinhibición que acompañan las etapas iniciales de la hiperoxia y la embriaguez. En verdad, el exceso de oxígeno o de alcohol en sangre por sí mismo no es responsable del atávico y “oscuro objeto de deseo” del adicto a las bebidas fuertes, la violencia/miedo, o el peligro, sino los efectos psicofisiológicos que la respuesta a éstos desencadenan. Ya sean estos “inputs estimulantes” reales o virtuales, eso da casi igual (por ejemplo, una concentrada lectura en un ambiente propicio, visionado de película, página web o videojuego que ofrezcan terror, morbo intenso, guerra sangrienta o semejantes), ya que el cerebro, convenientemente sugestionado o auto-sugestionado por la propia adicción emocional e imaginación del perceptor, no distingue en verdad entre los estímulos “reales” o “simulados”, pues su procesamiento de éstos es siempre un holograma electroquímico de alta resolución, y menos si cabe con el grado de sofisticación y realismo de los actuales medios audiovisuales. Esto es así igualmente en las hiperoxias y “juergas etílicas” porque, en un principio, cuando la dosis o acumulación de oxígeno o alcohol en sangre y otros tejidos-diana altamente vascularizados es pequeña respecto a la que proporciona la descarga catecolamínica, los efectos “agradables, sugestivos, liberadores de inhibiciones, emocionantes y euforizantes” que éstos inducen en los sentidos, el cuerpo y la mente se sobreponen sin esfuerzo a los de las propias sustancias que son su causa primera, el oxígeno o el alcohol. En el caso del exceso de oxigenación, además, dicha situación se ve reforzada sinérgicamente por la misma aceleración oxidativa del metabolismo que dicho gas libre en el medio interno ocasiona a nivel celular. En el de la ebriedad asociadas a la cerveza, el vino o los licores espiritosos que tanto nos complacen a Sekhmet y sus avatares y a un servidor, en rigor, el alcohol es en estricto sentido un relajante-depresor del sistema nervioso, por lo que su acción directa se opone a la cascada reactiva neuroendocrina que él mismo hace posible. Pero como al principio de la ingesta sus concentraciones en sangre son considerablemente inferiores a las necesarias para igualar los efectos mucho más selectivos y
  • específicos de la actividad hormonal, de la que bastan mínimas cantidades por unidad de volumen para causar enormes respuestas amplificadas, como caracteriza a todos los catalizadores químicos en general y los biomoleculares en particular, lo que el bebedor experimenta son las anheladas y muy adictivas sensaciones creadas por las catecolaminas y no por el alcohol. Por eso este último pertenece al tipo de “drogas paradójicas”, que ejercen en bajasmedias dosis efectos contrapuestos a cuando alcanzan concentraciones altas, con un notable intervalo de variabilidad según hábitos condicionantes adquiridos de tolerancia, estado anímico o corporal y predisposiciones genéticas, sexo incluido, pues las mujeres suelen contar con menores reservas de la enzima alcoholdeshidrogenasa que metaboliza el alcohol a acetaldehído para luego ser oxidado a acetato, condensarlo y redirigirlo e integrarlo en el ciclo normal de reacciones bioquímicas de generación reductora aerobia bautizado como ciclo los ácidos tricarboxílicos o Ciclo de Krebs. Por esta razón el límite crítico de tránsito a la fase de preponderancia de los efectos del alcohol en sí sobre los de las respuestas catecolamínicas es más bajo por término medio (con menos “copas” dejan de estar “agustito” a estar francamente beodas, si no intercalan el preciso tiempo de eliminación vía orina entre tomas). Pero, en contra-prestación, al menos si es joven y lozana, y/o se halla lo bastante acostumbrada por tolerancia, como la cantidad neta total de alcohol que pueden ingerir antes de sentirse mal es menor en magnitud absoluta, las lesiones acostumbran a ser inferiores, y las “resacas” y efectos secundarios acumulativos menos graves en proporcionada consonancia... Por ello ha sido hasta ahora relativamente raro – incluso en las sociedades occidentales en las que las chicas y señoras se admite beban libremente en igualdad con el varón sin apenas ya represión directa ni difusa o “reproche social” –, encontrar casos tan extremados cual comas etílicos, muertes por sobredosis masivas o, a largo plazo, por enfermedades degenerativas del hígado o el riñón (cirrosis, cáncer hepático, problemas nefríticos agudos...), en comparación con los hombres de parecidos factores de riesgo e historial personal... Excepto si consumen compulsiva e irrefrenablemente, claro. Como bien he dicho, hasta hace muy poco esas eran las estadísticas... No obstante, las informaciones gentilmente transmitidas por ciertos de mis alumnos, ex-alumnos transmutados en buenos amigos y algunas observaciones propias in situ, me hacen tender a opinar que la “compulsividad ciega” está ganando puntos con inaudita rapidez entre las chavalas de la más reciente generación... En esto como en multitud de pequeños, medianos y grandes detalles, se intuye
  • que la especie humana está experimentando un lento al principio pero cada vez más veloz y ya acelerado proceso de “Inversión de Neotenia en el Dimorfismo Sexual”... En román paladino, que los hábitos, pautas de conducta social y sexual, esquemas mentales, patrones psicoemocionales y hasta sentimientos y actitudes más profundas de las mujeres y los hombres se aproximan progresivamente..., y cada vez más firme y vertiginosamente. Ya ha tomado cierto impulso hasta en los países y culturas más arraigadamente patriarcales... El hombre se “feminiza” y la mujer se “masculiniza”... A cada década que transcurre – en las zonas más industrializadas y menos tradicionalistas todavía más acusadamente –, el ser humano se acerca más y más al “Modelo Anunnaki Niburiano”... Se ve que el “Experimento Edén” sigue a plena marcha, pese a que los “dioses o ángeles” primordiales ya no “caminen entre nosotros”, o al menos no tan a la luz del día o de la Luna nocturna, sino más bien por “control remoto” y/o a través de intermediarios, desde las bambalinas... Aunque eso será el tema central de los dos siguientes trabajos. Volvamos a la neuro-bioquímica: Lo que ocurre es que, a medio-largo plazo, en los cuatro casos expuestos – crisis de ansiedad/estrés, de terror/pánico, hiperoxia y alcoholismo persistentes –, las secuelas lesivas permanentes de los efectos directos de las crisis-cascadas catecolamínicas y las propias sustancias perturbadoras desencadenantes (oxígeno o alcohol), se acumulan y dominan por completo sus acciones inmediatas periódicas si son de alta frecuencia. De todos modos, aunque con lógicas variaciones y matices según la naturaleza de los estímulos liberadores (alcohol, oxígeno o las propias tendencias o fijaciones psicoemotivas, circunstancias o condiciones del entorno del sujeto), el resultado final en los casos más agudos, descontrolados y extremos no suele ser agradable. En el ejemplo concreto de la hiperoxigenación, ya planteamos el cuadro crítico terminal típico en tan desgraciada opción. Traslademos ahora a los rasgos diferenciales de nuestro “Anunnaki-Tipo Estándar” el retrato de las consecuencias negativas de la hiperoxia prolongada, severa o aguda... y los métodos o técnicas que esta especie en pleno auge de su desarrollo psicofísico y tecnológico pudo haber utilizado para evitarlas; 1) Modelo Patológico: Respiración silbante-siseante y agitada, hiperactividad, ultra-excitación agresiva y erótico-sexual indiscriminada, rotura de cualquier clase de sus ya por sí debiles frenos materno-filiales de “reciente y frágil” adquisición neoténica evolutiva, “sed de sangre-muerte” descontrolada, tanto por los anteriores factores como debido a su exacerbación máxima sinérgica
  • por deterioro grave del rendimiento de los hemocianocitos de su “sangre-Ruaj” azul, acortamiento relativo y moderado de su envidiable super-longevidad por desgaste oxidativo, con el subsiguiente aumento de la frecuencia, duración y profundidad de los letargos narco-catalépticos regenerativos cual mecanismo reactivo-defensivo, fotofobia-termofobia críticas, deficiencias respiratorias, hepáticas, miocárdicas y neurológicas serias a medio plazo, debilidad, temblores, depresiones/exaltaciones bipolares, disociaciones esquizo-paranoides, alucinaciones complejas, anemias intensas, “cianoporfiria”, demencia asesina, “frenesí” o “delirio de sangre”... 2) Probables Estrategias Paliativas-Curativas para asegurar la permanencia/colonización factible en la Tierra sin requerir el uso constante de trajes o entornos protectores/acondicionadores externos: 2a) Método “DLBM”. Veamos lo que esto significa... Empleo regulado y controlado, en las primeras etapas del síndrome donde aún es posible canalizar y domeñar el “frenesí-delirio predador” de esta sobre-excitación de los citados impulsos de supervivencia, para seleccionar víctimas idóneas con las que abastecerse y acumular excedentes de sangre, fluidos y vísceras de humanos-ganadosmascotas, inculcándoles por refinadas técnicas psicológicas, psicotrónicas y biogenéticas inductoras y potenciadoras, una sumisión/fascinación reverencial-masoquista-religiosa, al estilo “Síndrome de Estocolmo”, solo que a escala incomparablemente superior. Al respecto, consultar mis dos colecciones de ensayos publicadas en el blog de Scribd (nick juanalquimista), titulados genéricamente “Ensayos sobre un nuevo paradigma evolutivo” (8 trabajos, especialmente el I y el VIII) y “Ensayos sobre Transpsicofísica (Parapsicología Científica) ” (3 estudios, particularmente el III). En ellos, se encuentran explicadas y detalladas las bases científicas psicofísicas y bioenergéticas de estos procedimientos. En los primeros, por reajuste epigenético microevolutivo y transferencia masiva de paquetes codificados de memoria celular de caracteres favorables adquiridos adaptativos heredables a nivel macroevolutivo, este último a través de procesos de transmisión/asimilación/modulación/activación horizontal de genes vía retro-transcripción de ARNs específicos codificadores de las proteínas de memoria celular. En los segundos, se amplía y a la vez se “sutiliza” el mismo Principio de Transferencia, desde el nivel puramente genético-mecanístico-bioquímico-bioenergético al plano
  • psicotrónico-psicoenergético. Esto se apoya en las recientes pero ya innegables evidencias que demuestran que los organismos vivos en general y los animales superiores y más aún auto-conscientes como el ser humano en mucha mayor medida (y los Anunnaki, por tanto, con “virtuosismo” de “crueles y sibaríticos gourmets especialistas”), emitimos, intercambiamos y recibimos continuamente paquetes cuantizados de energía-información electromagnética codificada (biofotones o “psicones”), impregnándonos unos a otros y conservando, recombinando, procesando, codificando y decodificando dichas unidades “psicotrónicas” de ondas-partículas, tanto en el agua (Efecto Emoto), los fluidos humorales principales del medio interno (sangre, linfa, líquido cerebroespinal y nuestro mismísimo ADN cromosómico), como en nuestro entorno o enclaves cotidianos inmediatos, escenarios repetitivos y frecuentes de los actos de transferencia altamente “cargados” en las magnitudes de intensidad psicoenergética y bioenergética impregnante/emisora o impregnable/receptora, con máxima efectividad si la composición y estructura material de estos lugares cumple ciertos requisitos de “permeabilidad” adecuados: Presencia de agua corriente y/o materia orgánica en descomposición, rocas graníticas o basálticas de elevado contenido en cuarzo y convergencia en el subsuelo de determinadas configuraciones geotelúricas activas o “puntos calientes” liberadores de energía alimentadora (mi modelo de Transferencia aplicado a la Teoría de Impregnación Psíquica). En suma, como verán con mucho más profundidad y detalle si acuden a los ensayos indicados y sus fuentes y referencias bibliográficas, científicas e históricas, este conjunto de técnicas puede sintetizarse así: Paso 1: “Casting”, o Selección/Condicionamiento/Preparación/Ubicación de las Fuentes Donantes/Emisoras/Presas/Víctimas, contenedoras de las unidades codificables de soporte biogenético y/o psicofísicoimpregnado que se desean o necesitan absorber, “fagocitar” o incorporar al Sistema Receptor; Paso 2: “Clímax”, o Acto de Transferencia/Percepción/Depredación/Intercambio/Recep ción Eficaz Optimizada de tales paquetes energéticos de información/neguentropía (en otras palabras, orden interno), adaptativos/regeneradores/curativos/rejuvenecedores, ya sea en soporte biogenético-celular, o electromagnéticopsicotrónico/biofotónico impregnado en medios materiales “psicopermeables” ; Paso 3): Decodificación/Transducción/Expresión/Integración/Reco mbinación/Activación en el Sistema Receptor/Depredador/ Asimilador de los códigos de información/neguentropía y energía libre beneficiosos; Como puede apreciarse y comprenderse, mejor
  • aún si leen las referencias originales en los artículos apuntados, este procedimiento o “tecnología psico-bioenergética de Transferencia” permitiría a una especie muy avanzada con las características expuestas para los Anunnaki, reproducir los procesos espontáneos o naturales de Transferencia Biogenética Evolutiva Acelerada y de Transferencia Psicoenergética, pero bajo condiciones programadas dirigidas e idóneas de laboratorio o alta tecnología, tanto nanogenética-molecular como psicotrónica. Logrando por dichos medios realizar en ambos planos – por cierto sinérgicos y mutuamente retroalimentados entre sí, según acaban de probar los más sorprendentes y revolucionarios descubrimientos de la profunda interacción isomórfica entre el ADN y los pulsos de paquetes-onda electromagnéticos y toda clase de oscilaciones periódicas portadoras de energía-información–, en pocos decenios, o como mucho un siglo terrestre, lo que la Madre Naturaleza tardaría en conseguir millones de años, bajo equivalentes condiciones relativas de fuerte y constante estrés ambiental y presión adaptativa de primacía/supervivencia, solo que Ella lo hace a una dimensión o factor de escala infinitamente más grande... El agua que compone entre el 70 y 90% de nuestras diferentes células y tejidos y éstos mismos tienen memoria, determinadas rocas o minerales y medios permeables a la impregnación psico-bioenergética, y ciertos fluidos orgánicos también... El mismísimo ADN que compone nuestros genes igualmente, y es mucho más flexible, adaptativo, reactivo, auto-regulador, auto-reparador y auto-impulsor de tránsitos o saltos evolutivos rápidos y certeros en respuesta a toda clase de estímulos cuántico-ondulatorios codificadores de energía libre-información (luz, sonido, bio-fotones/psicones portadores de emociones y pensamientos de intenso potencial...), de lo que jamás antes la Ciencia pudo atisbar, mucho más allá de la lentísima, gradual y mecánico-estadística acción de la Selección Natural Darwiniana... Pero, como todos los grandes genios, Mr. Darwin acertó en cierto modo hasta allí donde las inexorables limitaciones de los conceptos, conocimientos y hallazgos de su tiempo o sus propios e innegables errores (como restar toda relevancia a la idea de Lamarck de transmisión de caracteres hereditarios adquiridos durante el desarrollo y maduración vital en respuesta adaptativa a los cambios, condiciones habituales y estímulos frecuentes e intensos del medio ambiente), le empujaron a equivocarse... Y es que acabó teniendo razón a la larga: Pues el Gran Mecanismo General de Transferencia antes esbozado sigue basándose en la Selección, la Frecuencia (el Tiempo) y la Vida o beneficio de los “más aptos” (pocos y duraderos), los
  • Receptores/Depredadores/Perceptores, a costa de la Muerte o perjuicio de los “menos aptos” (más numerosos y fugaces), los Donantes/Presas-Víctimas/Emisores... Expresado de otra manera: Aunque el nuevo paradigma evolutivo emergente al que yo he tenido el sumo honor de contribuir al nivel de mis posibilidades y recursos materiales e intelectuales, incorpora elementos nítidamente neolamarckianos, no deja de obedecer al Principio Fundamental enunciado por el autor de “El Origen de las Especies...”. Es más, la esencia del Método de Transferencia pocos párrafos más arriba sintetizado, mantiene en la Selección de presas/víctimas u otras fuentes ricas en factores genético-bioenergéticos específicos idóneos para el Receptor/Depredador uno de sus puntales maestros... Y llevado al campo de la Selección Artificial, como postulo en el caso de los “Elhoim”, decididos a habitar y explotar cómoda y libremente la Tierra por dilatados periodos de tiempo, las analogías con la Cría y Sacrificio Selectivo de Ganado Doméstico son obvias a la Razón, y este es precisamente el modelo original básico que tomó Mr. Darwin como idea matriz de su Teoría, cual explica una y otra vez, insistentemente, en sus obras capitales. Este modesto escribiente también lo hizo así, si bien inspirándose en un ejemplo más parecido todavía a lo que luego generalicé para todo el mecanismo de Transferencia natural evolutiva “neolamarckiana” acelerada o “saltatoria” en condiciones de intensa y prolongada presión ambiental... Y ahora, aquí, en relación a mi modelo psicobiológico de la “Teoría Anunnaki”, las similitudes con el caso concreto que provocó el salto de mi “chispa reveladora” son aún más escalofriantemente estrechas... Tanto, como la crónica legendaria de los “Baños Rojos antediluvianos de Sekhmet” y la mucho más próxima e histórica de los “Baños Rojos” de la condesa húngara Erzsébet Báthory en la primera década del siglo XVII... Siendo estos últimos – como comprobarán si inspeccionan mi Ensayo I sobre la Evolución previamente citado –, la “imagen” que “iluminó” mi cerebro al comenzar dicha serie de trabajos a la que aludía al principio. Por eso cito a Erzsébet Báthory como “Avatar de Sekhmet” (en el sentido arquetípico), naturalmente. Ello no es óbice para reconocer la asimismo enorme y brillante contribución de Jean Baptiste de Lamarck. Denominaré entonces a la técnica readaptativa de los “dioses” contra los males de la “hiperoxigenación terrícola” propuesta en este punto “Método Darwin-LamarckBáthory”, en adelante “DLBM”. Tengo muchos defectos, pero me considero un hombre agradecido y
  • caballeroso, por educación y propensión innata. 2b) Desarrollo y refinamiento extremado de las tecnologías DLBM para diseñar múltiples y sofisticadas nuevas polihibridaciones complejas metamórficas de la genética y psicofisiología Anunnaki, combinando elementos del acervo genómico, epigenómico, proteómico y neuropsíquico (o “memético”, como lo define el innovador e imaginativo zoólogo y biólogo evolucionista inglés Richard Dawkins) – o, por concretar en un único término –, “modificar y reprogramar ventajosamente la Red o Campo Morfogenético, cual diría el asimismo genial y aún más pionero, adelantado a su tiempo y audaz biólogo y bioquímico también británico Rupert Sheldrake –, de la especie Niburiana, y recombinarlo con los de la humana y otros grandes depredadores vertebrados superiores meticulosamente escogidos. No exclusivamente mamíferos terrestres, sino también marinos, por supuesto y, probablemente, algunas que otras criaturas “exóticas” de buena envergadura, prestaciones y sangre cálida perfectamente aclimatadas a la vida subterránea, ya fuere importadas de uno o varios sistemas estelares exteriores conquistados por su vasto Imperio, o bien habitantes arcaicos y desconocidos del interior de la corteza litosférica de nuestras propia Tierra... La “Tierra Interior”, un “mundo dentro de este mundo” que todavía, hoy por hoy, al igual que las profundidades abisales y las fosas oceánicas profundas, continúa permaneciendo inexplorado e ignoto casi por completo para nuestra emergente y pretenciosa Civilización tecnológica, a un nivel muy por debajo de nuestro actual conocimiento de la Cosmología, la Astronomía y los planetas vecinos, como Marte y Venus o nuestro satélite lunar, por más paradójico que parezca. Propósito de estas operaciones: Adaptarse a los diferentes hábitats y entornos del medio ambiente “hiperoxigenado”, “demasiado seco” y “foto-irradiado o “soleado” de la Tierra”... Hasta los en principio menos “tolerables” por sus organismos originales, cuales las zonas más áridas, cálidas y desérticas, cada vez más extensas por cierto al compás del rumbo del planeta hacia más y más prolongados intervalos de Edades Interglaciares de predominio templado. Es evidente – estimo con plena convicción –, que el escenario inductivo-deductivo que acabo de precisar se encuentra extensa y
  • hondamente relacionado y aporta fundamento teórico-científico y racional a la “escandalosa obsesión” de los “dioses-reptilianorapaces” y, por condicionamiento psico-genético e imitación natural simiesca, de sus discípulos, sirvientes y fieles Lu.Lus ancestrales de nuestra especie, con los rituales, holocaustos y sacrificios sagrados de sangre, tanto animal como de sus semejantes de menor rango o enemigos/rivales y prisioneros de guerra. Y con muchos otros fenómenos cuya base real late y subyace tras mitos y leyendas arcanos que nos acompañan desde la Noche de los Tiempos: El “chamanismo animal”; la licantropía; el vampirismo físico y/o psicoenergético-emocional; la “gente felina” o “cat people” (por enésima vez, aparece el “Incesto Sagrado”); los “genios” o “djjins” islámicos, los “sirénidos-tritónidos”, “melusinos” anfibios (o “Profundos” en la jerga de Lovecraft); los “íncubos” y “súcubos” medievales, pero de antiquísima fuente original – como no – sumerio-babilónica; los “demonios o diablos” caníbales o “succionadores de la sangre” y el “alma” o “prana” (“fuerza vital”, traduciendo, emisiones psicoenergéticas o bio-fotónicas”), moradores de las “regiones o Reinos del Inframundo” (grutas, cuevas o grandes “huecos” subterráneos de la corteza terrestre, mitos de Shambhala , Agarthi y afines...); Viejas y ancestrales historias, por supuesto decoradas con abigarrados oropeles de fantasía, disgresiones simbólico-fabulescas moralizantes y absurdas, exageraciones desorbitadas y deformaciones/adiciones sin cuento, a lo largo de su prolongada y accidentada ruta hasta saltar desde el acervo popular y folclórico de muy variados pueblos y naciones a la Literatura y, a partir del siglo anterior, el cómic, el cine y la Red ciberespacial, donde han acabado por reciclarse, mutar y transformarse de mil maneras contradictorias y hasta opuestas entre sí, a impulso de las modas, morbos, tabúes, anhelos y obsesiones cambiantes de autores, refundidores y público ávido de nuevas sensaciones... Pese a todo ello, si les aplicamos la metodología híbrida (nunca mejor dicho) entre “análisis mitológico comparado + modelación psico-biológica inductivo-deductiva a partir de los factores comunes aislados por medio del primero”, que constituye el hilo conductor o eje de esta colección de estudios, el resultado obtenido es el que sigue: Todos ellos muestran rasgos psicobiológicos tanto en su morfología, hipotética fisiología y patrones de conducta que responden a una mezcla en grado variable entre el propio “Modelo de Anunnaki” deducido en estas páginas, el “primate Lu.Lu-alias Homo Sapiens” y una tercera especie
  • variante, que es la que aporta la adaptación específica a cada medio ambiente “hostil” a la bioquímica metabólica y conformación psicofísica de lo Visitantes “Rapto-Rapaces” de sangre azul, delicada y aporcelanada piel emplumada y “sed sin fin de fluidos-prana” convenientemente “activadosimpregnados” psico-bioenergéticamente... Entre estos grupos de especies podemos destacar: 2b.1) Los cánidos (coyotes, chacales, hienas y, muy especialmente, lobos, con quienes tendrían una afinidad profunda y ancestral como clanes de cazadores sociales jerarquizados desde sus más primordiales antepasados evolutivos, como ya sabemos). Serían el trasfondo objetivo del Mito del Licántropo y análogos, de honda y perdurable influencia y memoria en todas las tradiciones chamánico-totémicas. Representarían su proyecto científico de tecnología DLBM para su adaptación a ambientes esteparios secos, boscosos templados en general y continentales-fríos severos en tierra firme. Obviamente, preferirían los dos últimos por serles más propicios en sí, además de por su previsible “fascinación-enamoramiento” zoológico por tan entrañablemente “cercanas” criaturas predadoras en bastantes aspectos. Por ello, el Mito del Licántropo es mucho más potente y difundido que el de otros homólogos cual los de Hombres-Coyote, Hombres-Chacales, etc, incomparablemente más restringidos a ámbitos étnico-locales ligados a sus hábitats idóneos particulares. Denominemos a esta manipulación “Proyecto Anubis”, por razones evidentes, aunque, irónicamente, se trate de un “chacalimorfo” y no de un “lobisome”... En el Ensayo III, de índole fundamentalmente “cronológico-histórica”, como en éste predomina un enfoque científico-biológico, justificaremos porqué. 2b.2) Los Felinos (tigres, leones, jaguares, panteras...). Fundamento real del Mito de la “Gente Felina” o “Cat People”, en sus múltiples manifestaciones: “Hombres-Tigre” en la India, “Hombres-León” o “Leones-Fantasma” – así les tildan las tribus nativas de la región –, en el África Centro-Oriental, sobre todo en el territorio de Kenya, subiendo luego a Meroe/Nubia e irradiando a Egipto –, siguiendo el curso ascendente del Nilo y las conquistas y migraciones generadas por el irresistible acenso y unificación del poder de los “Dos Reinos”, hasta su culminación en la Primera Dinastía Faraónica que fundó la auténtica Civilización-Madre de nuestro Occidente, de la que mucho más tarde brotó el Reino de Israel y gran “amamantadora” de la Grecia Clásica, nuestras dos
  • principales fuentes culturales definitorias –. El Antiguo Egipto, donde el Gato y el León eran sagrados y daban forma al aspecto “chamánico-animal” (traduciendo, “meta-híbrido”) de diosas de la categoría y poderío de Sekhmet (la “Leona”) y Bastet. Bastet es la “Diosa-Gata”, manifestación familiar, más “maternal”, “modesta”, “hacendosa”, (de hecho, la “protectora del hogar”, la armoníafelicidad conyugal y el cuidado amoroso de los hijos) y “doméstica” de Inanna/Isis...; La “Mujer-Pantera”, de brumosa e incierta cuna en el África Centro-Occidental y fuertes conexiones con el culto yoruba. Mucho más tarde, se fue extendiendo por todo el Norte y Noreste de África, influyendo probablemente en el mismo Egipto predinástico y de las primeras dinastías, a su través en Roma y, de ahí, saltó a Europa. Finalmente, por el triple camino de las caravanas de Mercaderes de la Ruta de la Seda, la Gran Diáspora judía y el intenso e infame comercio de esclavos africanos de raza negra, especialmente de etnia yoruba, se reforzó y amplió, culminando su globalización al alcanzar el Caribe y Norteamérica. Constituirían su desarrollo de tecnología DLBM destinado a aclimatarles a la zonas de sabana, selvas templadas subtropicales, bosques mediterráneos o continentales-húmedos y junglas tropicales de los continentes emergidos, principalmente. Lo llamaré “Proyecto Sekhmet”, a mayor gloria de quien ya saben... Atiendan hasta qué extremos el método analítico alternativo y su hipótesis y modelo germinales que postulo funcionan, proporcionando una mejor y más precisa explicación de las peculiaridades diferenciales de cada grupo de mitos y leyendas y de su distribución geográfica y primacía relativa entre ellos que el paradigma “oficial” dominante y de “pensamiento único”: Si comparamos estas variables entre el Mito del Licántropo y el Mito de la Gente Felina, lo primero que salta a la vista y el entendimiento es que el primero se haya mucho más propagado y con más intensidad desde fuentes culturales independientes y diversas, además, que el segundo. El argumento “clásico” de antropólogos y mitólogos para justificarlo es que “la domesticación del lobo y ulterior cría selectiva de perros y su impresionante diversificación en distintas razas multiusos, de las que hay evidencias desde al menos el final del Paleolítico explica por entero dicho fenómeno”. Pero la falacia de dicha línea de razonamiento se pone de manifiesto por dos hechos objetivos muy claros: 1) La práctica totalidad de esos mismos eruditos y expertos mantenía hasta hace muy poco – hasta que en esta primera década del siglo corriente algunos paleontólogos han pretendido “enmendarles la plana”, con resultados desastrosos,
  • como en muy corto espacio creo poder demostrar –, que el proceso de paulatina domesticación del lobo obedeció a la poderosa mezcla primigenia y atávica de fascinación, temor e instinto de emulación/dominación que nuestros antepasados más primitivos, incluso los homínidos más avanzados en su evolución ya próximos al “Homo Sapiens” o el Neardental, experimentaron hacia un magnífico depredador social que fue durante mucho tiempo su gran competidor directo en la pirámide alimenticia. Y, por una vez, estoy plenamente de acuerdo con ellos. Aunque yo añadiría que dicha tendencia natural se vio extraordinariamente reforzada por la propia seducción-admiración que esa misma especie de cánidos y semejantes ejerció sobre los “Visitantes” divinizados. Los “Elhoim”, inducidos por las potentes semejanzas entre algunos de los patrones más remotamente ancestrales y profundamente inscritos en su código genético específico y buena parte de los rasgos de organización y conducta de los lobos terrícolas, se habrían sentido casi irresistiblemente persuadidos de elegirlos a ellos como sus “Donantes Metamorfo-Genéticos” favoritos sobre todas las demás opciones aceptables de similar grado de idoneidad adaptativa. Y, más adelante, los líderes cazadores y guerreros, “brujos-sacerdotes”, chamanes y “hechiceros” tribales humanos más directamente aleccionados por ellos y, por tanto, ciegamente condicionados y convencidos para imitarles, lo hicieron fielmente, en eso como en tantas innumerables cosas, dentro de sus pobres límites, medios y conocimientos. En buena lógica, consideremos por añadidura, que el procedimiento o “método” de interacción compleja por el cual las primeras comunidades humanas prehistóricas consiguieron atraer, domeñar los instintos de natural desconfianza, miedo y agresión o defensa territorial y, por último, domesticar a los lobos salvajes, sigue representando un gran misterio, como reconocen sin tapujos casi todos por no decir todos los especialistas en antropología, zoología y etología (comportamiento animal). Pero con la “guía”, inspiración y “ayuda técnica”, por más parcial, reducida, simplificada y hasta “displicente-lúdica” que fuese, por parte de las famosas “deidades celestiales educadoras y civilizadoras”, es fácil concluir que resultaría incomparablemente más sencillo. Esto sería así, aun cuando nuestros instructores – con toda certeza muy en particular los miembros de la “Trinidad Libertariana” y sus más leales y afines descendientes, discípulos, partidarios y subordinados –, ejercieran su enseñanza de un modo análogo a cual nosotros entrenamos para “hacer monadas”, útiles para nuestros intereses o por mera diversión juguetona, a nuestras mascotas predilectas, precisamente los relativamente lejanos descendientes de aquellos grandes, fieros pero
  • nobles lobos de nuestras más tempranas “horas” tras el Amanecer de nuestra incompleta pero estimable “iluminación/revelación” edénica. Otro dato que consolida esta idea es que hemos encontrado innegables pruebas paleontológicas y arqueológicas de que, desde mucho antes de los más prematuros signos del desarrollo de prácticas ganaderas, ahí estaba ya el perro doméstico, en sus primitivas y semi-asilvestradas formas raciales escasamente diferenciadas y especializadas por la reproducción y crianza selectivas, acompañándonos, sirviéndonos como ojeador-detectorrastreador de caza gracias a su tremenda sensibilidad olfativa ayudándonos a acechar, perseguir con su envidiable velocidad, atacar y acosar a las presas más voluminosas o peligrosas con fiel valentía e insobornable obediencia, solazándonos en nuestros momentos de ocio y ofreciéndonos su increíble capacidad de empatía, comunicación no-verbal y emocional que roza lo “paranormal”... Y hasta su conmovedor e inquebrantable cariño, con su característica y honorable lealtad. Y la gran pregunta que esto plantea es: ¿Cómo es posible que los primitivos cazadoresrecolectores aprendieran mucho después, a domesticar y criar a dóciles o relativamente dóciles especies de herbívoros u omnívoros tales como ovejas, cerdos, asnos, cabras, pollos, pavos, llamas, vacas, cebúes, conejos y similares, y docenas de milenios antes, no estamos seguros cuántos, a juzgar por las evidencias disponibles, todavía siendo cazadores-recolectores nómadas “cavernícolas”, a nada menos que lobos salvajes? Los registros físicos de los fragmentarios e incompletos restos que nos ha legado nuestro remoto pasado ancestral insisten ello. El perro fue nuestro ojeadorrastreador-ayudante depredador en la caza cuando aún ni soñábamos con “inventar” la ganadería y la agricultura ni, consecuentemente, tornarnos sedentarios. Los científicos “oficiales” sostienen, como a todos se nos ha enseñado en el Colegio, que la “Revolución Neolítica” que nos vinculó para siempre a sembrados, rebaños y granjas, y alteró de este modo honda e irreversiblemente toda nuestra forma de vida, cultura, sociedad, dieta y, por ello, psico-biología, lo que algunos “herejes” llamaríamos “campo morfogenético específico” –, no aconteció hasta el fin de la última glaciación del Holoceno terminal, iniciándose , como no, en el Creciente o Media Luna Fértil que yo he definido como “Triángulo del Edén” (hace unos 9000-10000 años), seguida por el Norte de China 8000 años atrás de nuestro presente (denotémoslo en adelante como A.P.) En contraste, hay pruebas rigurosas del empleo de canes en las partidas de caza enormemente más allá de las fronteras del Paleolítico con el Neolítico. En concreto, hasta hace poco se
  • estimaba que las primeras muestras más antiguas de tal actividad se habían hallado en Rusia, correspondiendo a 14000 años A.P. Pero en 2008, fueron encontrados y estudiados restos fósiles de un perro domesticado en la cueva de Goyet (Bélgica), datados en torno a 31000 años de antigüedad, pertenecientes a la cultura Auriñaciense. Es elemental que la fase de pre-domesticación gradual del lobo silvestre, arriesgada y dificultosa, sin “asistencia exterior alguna”, lenta, acumulativa y a base de ensayo-prueba-error – como tanto satisface al paladar estricta y excluyentemente mecanicistareduccionista de los “sabios oficiales” –, tuvo que empezar considerablemente antes... Aun siendo más que generosos y asumiendo que el hallazgo de Goyet sea efectivamente representativo del más arcaico vestigio de perros domésticos, no asilvestrados o semi-salvajes, existentes. ¿Hablamos, por consiguiente, de 40000 ó 45000 años A.P, tirando a lo bajo? ¿Adquirimos – pues – el arte de domesticar y criar lobos salvajes mucho antes que a los precursores de los contemporáneos corderos, gallinas, cabras, conejos, vacas y cerdos (o sea, jabalíes)? Completamente absurdo, ridículo y contrario tanto a la razón como al más básico sentido común. O sea, que, en términos de la “doctrina ortodoxa” académica, mediática y socioeconómicamente impuesta, hemos de aceptar como si nada que nuestros primigenios antecesores aprendieron a domesticar y criar lobos entre 25000 y 35000 años antes que a una pobre e inofensiva oveja... Esto, como lo de la construcción de las grandes Pirámides de Gizéh y otros monumentos de parecida perfección titánica, no se lo traga ni el más idiota. Ellos mismos, conscientes del descomunal tamaño del sapo que pugnan por deglutir y obligar a deglutir a los demás, con tal de salvaguardar sus caducos y preciosos esquemas convencionales y, sobre todo, evitar reconocer que todo lo defendido y propugnado a lo largo de sus laureadas y “reputadas” carreras, cuando no los ocultos intereses encubridores de quienes los financian desde sus bien escondidas y lujosas poltronas secretas, aunque de esto último la gran mayoría de ellos no es ni tan siquiera consciente, intentan “parchear” el abismal desgarrón en la línea de flotación de su obsoleto modelo, en esta ocasión, recurriendo a algo únicamente un poco menos grotesco e “infumable” que cuando osan convencernos de que la Gran Pirámide mal bautizada de Keops se erigió en menos de 20 años a pura fuerza de músculos de esclavos, rodillos, rampas de arena y frágiles barquitos primarios repletos de pesadísimas piedras de cantera remontando el Nilo. Miren, miren el “bonito roedor blanco” que se sacan de la chistera esta vez: “No fueron los hombres paleolíticos
  • de las cavernas los que se acercaron a los lobos, sino los lobos a los hombres. El lobo fue quien dio el primer paso”. Esta sorprendente y un tanto estrambótica hipótesis se apoyaría en los siguientes tres puntos: a) “Los habitantes de las cavernas y primeros poblados o aldeas primitivas no habrían podido evitar que algunos incursores provenientes de las manadas de lobos se acercasen, penetrasen y aprovecharan las parcas pero ya algo superiores reservas de comida acumuladas por los humanos, e incluso que utilizaran sus primarios habitáculos para parir y criar sus camadas bajo el modesto pero al fin y al cabo ventajoso abrigo de los primeros hogares, cuevas o territorios disfrutados por nuestra especie”; b) “Rápidamente – añaden – el hombre se dio cuenta de que el olfato, velocidad, astucia y otras magníficas cualidades de los cánidos como animales cazadores eran tan excelentes que podían servirles muy bien en su actividad depredatoria básica de supervivencia y en otros variados menesteres, como la protección de las mujeres embarazadas, los “sabios y experimentados pero débiles ancianos” y la frágil prole infantil. Por ello, se esforzó en aceptarlos, integrarlos y aprender a amaestrarlos, domesticarlos y, más tarde, criarlos selectivamente para esos diferentes fines”; c) “Esto ocurriría por lo común, en épocas de gran escasez, o “puntos álgidos de las glaciaciones”. Por ello las series de registros fósiles de los más primigenios “perros” y su micro-evolución o diferenciación en las principales razas o troncos ancestrales de todas las profusas ramificaciones actuales son poco abundantes, intermitentes y muy incompletas”. Este constituye un “relato de posibles hechos” – pues otra cosa no es, ya que no cuenta con evidencia ni tan siquiera indirecta de tipo empírico alguno, ni basada en una teoría inductivodeductiva o “modelo explicativo” de incógnitas o “anomalías”, cimentado en el análisis comparativo-interpretativo de datos interpretables, como otros más “alternativos”, incluyendo el mío, por mucho que sea estimado como “más serio o creíble”, junto a algunos de su tipo, por puro prejuicio e inercia “oficialistareduccionista”. O sea, simple y llanamente por “encajar mejor en el esquema preconcebido impuesto por los mismos que los elaboran” –. Hay que reconocer que la “calidad literaria” y verosimilitud lógica de esta “narración de paleontología-ficción” suena un tanto mejor que el desastroso y esperpéntico “cuentecillo” de las rampas de arena y los “rodillos mágicos aceleradores del tiempo y antigravitatorios” que, por boca de los egiptólogos convencionales, permitieron erigir la Gran Pirámide. Pero tampoco resulta mucho más difícil de desmontar pieza a pieza, como me dispongo de inmediato a mostrarles: a) Pese a que todos concordamos en que el
  • lobo es un mamífero social considerablemente inteligente y sobresalientemente perceptivo, es obvio que su potencia de cálculo, previsión estratégica racional y auto-control de sus propias emociones e instintos innatos con el objetivo de conseguir un beneficio intuido o deducido por inducción o generalización de la reiterada observación y experiencias de ensayo-error de la conducta individual y colectiva de otra especie más compleja, como la humana, no deja de ser muy inferior al poder predictivo de nuestros cerebros, por más primitivas que fueren entonces nuestras comunidades y culturas. Y no olvidemos, que en asuntos como la posible anticipación de las pautas de comportamiento reactivo de una línea de especies depredadoras fuertemente competidora por similar nicho ecológico durante millones de años atrás (la de los cánidos lupinos frente a los homínidos), las mentes de nuestros remotos antepasados se hallaban más sensibilizadas e instintivamente preparadas para acertar que los cerebros actuales, altamente especializados en los procesos abstractos y lógicosimbólicos, pero atrofiados en igual o superior medida en lo referente a estas percepciones y previsiones, asociadas a las tácticas naturales de relación con otros animales y el pronóstico efectivo de sus reacciones ante una situación nueva. Esa combinación exclusiva del Homo Sapiens entre un grado de racionalismo lógico, en aquellos lejanos milenios modesto en proporción al presente, pero ya sensiblemente por encima de cualquier otro vertebrado superior de su medio, y una todavía intensa conservación de las potencialidades perceptivas y la inteligencia emocional-intuitiva de amplia base subconsciente e instintiva que hasta hoy hemos perdido, era entonces muy difícil por no decir imposible de superar por cualquier otro ser de la Tierra. En el presente, hemos hecho crecer exponencialmente, (muchos afirmamos que con cierta “ayuda interesada” externa), el poderío de nuestra Razón, en gran parte a causa del enorme y arrollador desarrollo del lenguaje verbal articulado, su “hija superdotada”, la escritura o plasmación de códigos simbólicos en general, y la creciente y al final ya vertiginosa carrera tecnológica y del pensamiento lógico-formal lineal de causaefecto que la sustenta... Los cuales nos han protegido y otorgado un claro dominio sobre la Naturaleza, pero asimismo a cambio de pagar un caro peaje, por alejarnos cada vez más de Ella a nivel sensitivo, directo y personal. Además de por el grave peligro de degradación ecológica global crítica, por supuesto. En suma, la consecuencia de todo esto es que tuvo que ser el hombre, y no el lobo, quien, en todo caso, atesorase la bastante astucia, frialdad de cálculo estratégico y facultad de observación-predicción para prever
  • racionalmente, y a la par “visualizar” mediante la intuición, un “plan” meditado para emprender la tarea intrincada, lenta, trabajosa y no exenta de riesgos que conlleva la atracción-domesticacióncondicionamiento y posterior amaestramiento-cría de un fascinante pero fuerte, hipersensible, feroz y para nada sumiso competidor en el decisivo arte de la depredación social organizada como era el lobo. Y, mucho más, para lograr el auto-control de su congénito, más que justificable y natural temor, aprensión y recelo para acercarse e interactuar con él. No menores que los que el lobo siente e intuye al cruzar su camino con el hombre. En tales circunstancias, tanto los grupos como los individuos de especies competidoras “próximas” en el mismo estrato de la Pirámide Alimentaria tienden a observarse desde lejos, marcar con esmero sus respectivos territorios, evitar encontrase, o, si esto ocurre, camuflarse, procurar no provocarse e ignorarse al máximo, limitando posibles conflictos y daños... Solo se atacarán si la escasez de presas u otros recursos vitales es tan grave que necesiten hacerlo para su mera y precaria supervivencia literal o, más aún, la de sus crías. Esa es la “Estrategia Evolutivamente Estable” (EEE en la jerga de los zoólogos, etólogos y ecólogos), óptima de supervivencia, propiciada por la Selección Natural. Ningún animal predador, por agresivo o fiero que nos parezca, viola dicha regla o patrón de conducta. Y de este modo han actuado desde siempre y hoy por hoy siguen actuando los lobos salvajes en libertad, como cualquier persona que haya tenido contacto espontáneo con ellos y/o los haya estudiado sabe muy bien. No, de ocurrir tan extraño y singular intercambio, la iniciativa tuvo que partir del ser humano y no del lobo. Y, no obstante esto dicho, sigue siendo algo extraordinariamente dificultoso de explicar en el marco de su origen. Aún en la actualidad, el hombre moderno, bien pertrechado con sus armas e, irónicamente, sus perros protectores seleccionados y criados para proteger sus cuerpos y ganados de la rara, improbable y muy exagerada y mitificada incursión destructiva del lobo”, experimenta un rechazo visceral, instintivo, a toparse a solas con un ejemplar de tan soberbia especie. Y también los grupos o colectivos humanos a compartir el mismo espacio físico, natural o artificial, que sus manadas... Se trata de un sentimiento profundo, atávico, irremediable, escasamente controlable por el frío intelecto racional, hondamente incrustado en nuestros genes. Nos impresionan e intimidan su porte, su elasticidad, su ágil y elegante, en verdad suntuosa, prestancia para el salto y la carrera, su ambarina mirada reluciente y magnética que perfora la oscuridad de la noche más cerrada que a nosotros tanto nos atemoriza y seduce mórbidamente
  • al mismo tiempo..., tanto como el propio lobo. Se nos acelera el pulso, entramos con inusitada rapidez en fase de alerta, sudores fríos recorren nuestro cuerpo y los vellos se nos erizan. Las gentes de campo, desde tiempo inmemorial, conocen bien este fenómeno, que a veces se produce de manera incluso puramente subliminalintuitiva, antes de establecerse contacto visual o acústico con el animal. Lo llaman “alobarse”. Pero no solo el hombre se “aloba”... El lobo también sufre análogas o más acusadas reacciones equivalentes cuando huele, oye, divisa o presiente el acercamiento de un ejemplar desconocido de nuestra especie : El lobo, en definitiva, podemos decir que se “ahombra”. Teniendo en consideración todos estos factores, es evidente que la probabilidad de que los lobos “se ofreciesen” o de algún modo “buscasen” la compañía cooperativa de nuestros ancestros de forma espontánea se antoja muy baja. Y la de que ocurriera al revés, “tomando la iniciativa” el propio hombre primitivo, mucho más vulnerable y desprotegido y por ende intensamente más propenso a reaccionar cauta, elusiva o temerosamente al “alobamiento”, algo superior pero asimismo poco estimable. b) El hombre no “se dio cuenta” de las magníficas cualidades para la caza y su prometedor potencial como valioso “colaborador” domesticable en tal sentido porque “alguno lobos audaces se le aproximasen o penetrasen en sus dominios” – por cierto entonces aún nómadas e inestables – “buscando sus magros excedentes de comida y otros beneficios”, sencillamente porque, aparte de la suma improbabilidad real de que tan exótico episodio sucediese, cual acabamos de demostrar, ya hubo de percatarse de ello una enorme cantidad de tiempo antes, desde su mismo amanecer como especie diferenciada. Eso, a nivel consciente, reflexivo y seguramente transmitido por sus tradiciones orales tribales, pues en el plano de su “programa genético” y “memoria colectiva subconsciente” ya debía poseer dicha información profundamente codificada en sus cromosomas y cerebros cuando todavía no era más que un rudimentario pre-homínido: Al fin y a la postre, los lobos, los ancestros cánidos de éstos, y otras criaturas parecidas en las diversas latitudes y hábitats que fue ocupando a lo largo de su evolución, habían sido desde siempre su principales competidores directos a partir del crucial momento en que sus más lejanos antecesores filogenéticos bajaron de los árboles. Y es más que razonable suponer que, una vez alcanzada la suficiente capacidad cerebral, cognitiva y complejidad social, muchos de los integrantes de aquellos no muy poblados grupos de cazadoresrecolectores itinerantes habrían tenido la más o menos vaga idea de intentar algo parecido a convertirlo en su principal y eficiente
  • ojeador, “compañero” y ayudante en la dura, arriesgada y en múltiples ocasiones desesperadamente difícil tarea cotidiana de cazar, sobre todo las piezas más grandes y suculentas. Como cabe suponer que también habrían deseado volar y contar con la agudísima vista de las rapaces, nadar y bucear como los delfines si habitaban zonas costeras, disponer del formidable armamento de zarpas, incisivos y colmillos de los grandes felinos y su envidiable velocidad y agilidad neumática o la fuerza, corpulencia y letales defensas marfileñas de un elefante. Nuestros antepasados primitivos no eran brutos estúpidos, incluyendo a los “primos cercanos” Neardentales, como bien sabemos ahora. Eran tan inteligentes, astutos, creativos, ingeniosos, adaptables, oportunistas, imaginativos y soñadores como sus remotos sucesores, y posiblemente más intuitivos y sensibles. Pero, por ello precisamente, extremadamente cautos, realistas y precavidos. De hecho, mucho más desarrollados en esas tres últimas cualidades concretas que sus congéneres actuales, porque entonces la vida era incomparablemente más dura, corta y erizada de peligros. Estamos seguros de ello, porque en caso contrario, no habríamos sobrevivido, y ni los “paleontólogos ortodoxos”, ni ustedes ni yo, estaríamos aquí cavilando y debatiendo sobre nuestro pasado común. Y eso, aunque no existiesen abundantes pruebas de ello en variados estratos fósiles, restos materiales de cada vez más refinadas herramientas, elaboradas ceremonias funerarias y maravillosas y sorprendentes obras de arte rupestre exquisitamente trazadas en las paredes de las cavernas que en días tan remotos nos sirvieron de hogar y cobijo. Por consiguiente, cuando el hombre primitivo soñaba, planeaba, proyectaba o visualizaba nuevas ideas, estrategias o técnicas de supervivencia o mayor “prosperidad”, jamás se olvidaba de evaluarlas con minucioso cuidado, sometiéndolas al riguroso juicio de sus instintos naturales y experiencias previas, tanto personales como acumuladas por la tradición oral de su tribu. No podía ser “romántico” ni “idealista”, ni dejarse llevar por “audaces sueños de incierto resultado”. Tenía que ser estrictamente pragmático y, sobre todo, jamás contradecir a sus instintos , la “sabia voz” de la Naturaleza en su interior. No tenía más remedio. Su vida, la de su prole y la de su comunidad dependían de ello. En estas circunstancias, si en realidad hubiera sido tan fácil ganarse la confianza, domesticar, entrenar y criar a los lobos salvajes u otras especies similares, el hombre lo habría hecho mucho antes, puesto que ya conocía perfectamente las atractivas facultades como cazador de sus competidores más serios y próximos en su función predadora. ¿Porqué esperar, ya siendo plenamente humano, hasta
  • hace uno 35000-45000 años? ¿Porqué no hace 60000, 75000 100000 o 150000? En verdad, hay ciertos indicios, a nivel del análisis molecular del ADN mitocondrial, que sugieren el posible inicio de la diferenciación de las más antiguas subespecies de perros a partir de los lobos en torno a 100000 años atrás, no bien confirmadas. Pero esto no modifica para nada la fuerza del razonamiento, nada más que alarga en el tiempo la cuestión sin resolver planteada, habida cuenta de que tenemos pruebas que confirman que el Homo Sapiens y el Homo Neardenthalensis surgieron como ramales evolutivos paralelos desde hace como poco entre 400000 y 450000 años. O, al menos, ¿porqué no intentó probar primero, a modo de ensayo-error, con el amaestramiento y domesticación de algunas criaturas igualmente cánidas, y por ello rápidas, sociales, organizadas, astutas y depredadoras, pero más “manejables” y de modesto tamaño, como por ejemplo el zorro, el fenec (de talla y características muy parecidas a éste, adaptado a entornos más secos y hasta desérticos) y el denominado “perro mapache” o “tanuki”? Si bien este último no es un “perro”, es decir, se trata de una especie independiente, no procedente del lobo salvaje, originaria del Este de Asia. Esto sería lo más lógico, pero no hay ni el menor rastro o evidencia de ello en épocas tan tempranas. Es cierto que el tanuki es adoptado como mascota frecuentemente en Japón, constituye un animal muy popular y querido entre los nipones, e incluso existe cierto repertorio legendario asociado a él que lo vincula en aspectos “metamórficos” con los humanos, lo que recuerda el Mito del Licántropo. Pero su alcance es mucho más limitado y carece de sus rasgos fuertemente terroríficos, concordantes con la mucha menor envergadura y conducta mansa, juguetona y dócil del animal. En mi opinión, el tanuki sí puede ser un candidato a un hipotético proceso de asimilación-domesticación natural lenta y progresiva, al que posteriormente se adicionaron elementos legendario-simbólicos prestados de la universal y “sospechosa” ultra-fascinación humana por el lobo. Porque hubo varias subespecies de lobos en China, Manchuria y el Japón, y de hecho los estudios genéticos apuntan a que fue entre China y Asia Central donde pudo comenzar la cría sistemática de perros. Pero en Japón, los lobos se vieron rápidamente diezmados por la acción humana en los últimos milenios y acabaron por extinguirse en el tercio final del siglo XIX; c) Los registros fósiles “intermitentes” encontrados de las más primordiales razas de perros junto a sus amos paleolíticos no implican por sí mismos que fuesen los “lobos” o aquéllos ya parcialmente asilvestrados quienes se acercasen o “retornasen al hogar” ofrecido por los provisionales asentamientos
  • humanos, al ritmo de las cúspides de las glaciaciones, presionados por la dureza climática y consiguiente escasez extrema de presas, desencadenando entonces las sucesivas “oleadas domesticadoras”. Esta tesis es tan sólo la interpretación de los hechos verificados dando por válida de antemano la hipótesis que se pretende demostrar, un claro ejemplo de solipsismo y, por ello, inaceptable. Resulta mucho más lógico, simple y económico explicarlo de la siguiente manera: Sencillamente, los primitivos perros ya convivían y eran utilizados por los hombres durante toda la serie de oscilaciones climáticas. Pero la combinación de condiciones de fríos más extremados y generalizados, la consiguiente falta de alimentos y otros recursos, el aumento del número de muertes, y de los propios efectos conservantes de las bajas temperaturas, así como la mayor concentración y sedentarismo en cuevas o refugios que ello conlleva, incrementaron tremendamente la probabilidad de hallar restos fosilizados, tanto de perros como de humanos por igual, en las fases máximas de los ciclos de glaciaciones. Un mero fenómeno estadístico elemental; Conclusión: El mecanismo primigenio del proceso de domesticación del lobo – tal y como reconocen la mayoría de lo paleo-antropólogos, zoólogos y etólogos –, excepción hecha de un pequeño puñado de ellos empecinados en defender una hipótesis y modelo explicativo que, como hemos comprobado, hace aguas por todas partes y adolece de todo apoyo empírico real –, continúa siendo un gran enigma de nuestro remoto pasado ancestral. Otro más de una larga lista. “Molesta” o no, “heterodoxa” si quieren, quizá “fantasiosa” para muchos, me consta, la “Hipótesis del Astronauta Antiguo”, basada en el análisis interpretativo racionalizador y actualizador de los datos y factores comunes sugeridos por la Mitología Universal Comparada, y su consolidación-complementación-amplificación a través de mi “Modelo Psicobiológico Anunnaki” y su interacción con el ser humano primitivo por medio de la “Tecnología DLBM de manipulación Metano-Morfogenética por Transferencia”, es la única elaboración teórica que al menos esboza una explicación de los dos hechos singulares que se han estudiado en este punto: La enorme y generalizada primacía del Mito del Licántropo y la fascinación legendario-simbólica-arquetípica-cultural del Lobo por encima de otros Mitos comparables como el de la Gente Felina y los que enunciaremos después, y la oscura y confusa historia del proceso de domesticación temprana de los lobos a lo largo de la Prehistoria humana, relacionando además ambos factores y reforzándolos entre sí.
  • 2) Centrémonos ahora en la segunda gran “asimetría” observable entre el Mito del Licántropo y el Mito de la Gente Felina: Por regla general, por más que, obviamente, también debieron haber “mutantes morfogenéticos programados” masculinos, el contenido y transmisión del mito de los “metamórficos felinos” ha primado el aspecto femenino sobre el masculino, justo al revés que en el caso del licántropo . Exactamente igual ocurre en el Panteón Egipcio, entre otros. Es concebible que a causa de la preferencia por parte de las “diosas” Anunnaki, al menos en mayor proporción, por tal “metanoia psicobiológica adaptativa”. Posiblemente, como efecto de una mayor afinidad con sus rasgos, al igual que sus compañeros se sentirían más identificados con la adopción “metamorfo-genética” de caracteres lobunos o cánidos. Esto coincide – como no es de extrañar – con los patrones diferenciales entre las pautas de conducta propias de los felinos y los cánidos terrestres – por un lado – y, – por otro –, los esquemas de comportamiento ancestral de las hembras y machos “Rapto-Rapaciformes” de Niburu, en función del modelo que les propongo, respectivamente. Todo el mundo sabe – y en particular aquellos de Vds. que disfruten del placer y hayan asumido la responsabilidad de convivir y cuidar de un perro o de un gato, no hace falta en esta ocasión ser biólogo o haber dedicado largas horas al estudio de esta ciencia –, que hay marcadas y hondas divergencias entre el carácter, modos de actuar, reacciones emocionales e instintivas ante los estímulos, psicología afectiva y hábitos innatos sexuales y reproductivos de los canes y los felinos. Entre otros, destacamos los siguientes: Los gatos – y los félidos en su conjunto –, son mucho más individualistas, independientes, fríos, calculadores, egoístas, egocéntricos y desapegados emotivamente. Y, como es natural, no solo con respecto a sus amos u otros congéneres de la casa cuando son mascotas, sino más todavía si cabe cuando viven libremente en estado salvaje. De hecho, pasan prolongados y predominantes periodos de sus existencias en soledad, marcando su territorio, acechando y cazando por su cuenta en errante, helada y gozosa libertad. A pesar de ser mamíferos, debido a su especialización dominante a un régimen depredador o superpredador frecuentemente nocturno o multi-horario, fundamentado en su línea evolutiva a base de potencia, velocidad, agilidad, fuerza muscular y refinamiento en las técnicas de caza individuales en sus correspondientes subniveles de la zona superior de la Pirámide Alimentaria, su estrategia reproductora se encuentra bastante más cercana a la de los grandes reptiles carnívoros terápodos originalmente ovíparos de los que luego derivaron la aves
  • rapaces que a la del resto de los lactantes placentarios. Cuando una gata o la inmensa mayoría de las hembras felinas entra en la temporada de celo, busca con vehemente ímpetu a uno o si es factible varios machos en su entorno que rápidamente entran en “resonancia” hormonal con ella y le responden con muestras análogas de deseo apasionado. Habitualmente, se pelean furiosamente por ella, si bien procuran evitar herirse severa o mortalmente. Un mecanismo de control y selección sexual que a la vez impide costes genéticos excesivos, muy corriente en las especies animales superiores. Cualquier persona que posea gatos y – de forma mucho más imponente y proporcional a su tamaño y ferocidad –, haya observado el coito de una pareja de tigres, panteras, pumas, jaguares, leopardos, guepardos o leones, guardará un impresionante recuerdo impreso en su memoria a partir de la contemplación de tan llamativo espectáculo. Yo tuve la oportunidad de hacerlo (en mi caso fueron dos panteras negras, mi especie favorita dentro del predilecto grupo de los grandes y pequeños gatos, quienes junto a los “Raptors” del Cretácico más acusadamente, el resto de los grandes dinosaurios terápodos carnívoros ya extintos y los delfines – por ese orden –, constituyen mis tipos de criaturas favoritas... Aparte de mi “Modelo Anunnaki”, claro está..., “nobleza obliga”...); La “residente”, una magnífica hembra de unos diez años, y el “huésped temporal”, un joven macho “prestado” por otra institución con propósitos evidentes. Ocurrió cuando no era más que un muchacho – atesorando una infinita paciencia y gracias a mi bien trabajada amistad con un cuidador del Zoo de Córdoba (España) –. Y les puedo jurar que no es fácil de olvidar. Me vi obligado a esperar muchas horas, bajo el pleno y tórrido Sol del Agosto cordobés, por espacio de varias tardes de un verano que – en ese y otros aspectos, en cierto modo... analógicamente relacionados e íntimos que no viene al caso referir –, fue tan revelador como indeleble... Pues las panteras y felinos muy en especial, y en general la mayor parte de los animales de gran talla y envergadura en cautividad, no suelen aparearse con frecuencia. Fue una prueba muy dura. Odio el Sol y detesto el calor, tanto por razones psicológico-ideológicosimbólicas, como a causa de mi fina y sensible piel, muy pálida y con aguda tendencia a enrojecer y quemarse, heredada de mi abuelo paterno bávaro, nacido en plena región de la maravillosamente húmeda, boscosa y umbría Selva Negra alemana. Y también a que desde siempre soy de tensión baja y ritmo metabólico basal más bien lento... Espero que esto último me sirva para permanecer un buen rato en este planeta fastidiando a los “bienpensantes”, “buenistas”, hipócritas y “político-académicamente correctos”, a
  • quienes abomino y desprecio tanto como amo y admiro a las panteras negras y los velociraptors. Pero les aseguro que valió la pena. Allí puede observar el elegante, bellísimo y “oscuro ritual” del cortejo félido en toda su majestuosa, sensual y lujosa magnificencia... Con el peculiar detalle de los mutuos arañazos y mordiscos controlados en el cuello y luego otro más firme sin llegar a resultar dañoso en la nuca del “semental” para inmovilizar a su vigorosa, para nada dócil y “falsamente renuente dama”. Los propietarios de gatos, aficionados o interesados en el mundo animal, y muchos más ciudadanos en general, hemos oído o presenciado alguna vez el a veces “insufrible” escándalo que arman los más populares felinos domésticos con sus fuertes maullidos en temporada de celo. No es raro que amos novatos o no demasiado informados y amistades, parientes, amigos o vecinos de visita se “queden de piedra”, cuando no asustados, pero invariablemente perplejos, ante el curioso “concierto” que, en ocasiones, malinterpretan, alarmados, como una manifestación de enfado, ataque o daño físico por parte del animalito. Pues imagínense el show a escala de un buen par de panteras negras u otros “grandes gatos” parecidos, si es que la suerte o el empeño no les han brindado ocasión de recrearse en tan glamurosa y al mismo tiempo salvaje, hermosa y perturbadora escena. Claro que entonces los maullidos son sustituidos por rugidos, gemidos guturales y siseos de muy diverso y a veces atronador volumen, timbre y tono. Se lo recomiendo sinceramente. Abstenerse pusilánimes, fariseos, “buenistas”, cursis, reprimidos, negadores de su propia “Sombra” y toda suerte de hipócritas “puritanos” y ovejas de rediles moralistas... Aunque supongo que, tras un somero vistazo al primero de esta serie de ensayos, no cuento a estas alturas con muchos de ellos entre mis lectores... De lo cual me alegro infinitamente. Pues bien, estos pronunciados rasgos de fuerte y ardiente sexualidad entremezclada con manifestaciones atenuadas y estereotipadas de agresión y complejo ceremonial de cortejo codificado en sutiles códigos de emisiones feromónicas a través de la piel, roces, ronroneos, movimientos, profunda exploración táctil, olfativa y por medio de lametones y otras señales de comunicación corporal, son característicos de todos los depredadores individualistas, como los felinos y, de formas diferentes pero sustancialmente equivalentes de acuerdo con su fisiología y anatomía, también de los reptiles carnívoros actuales de nuestro mundo. En la mayor parte de las aves vuelven a aparecer, en las rapaces por descontado, pero asimismo lo han conservado de su herencia reptiliana hasta las especies que se han adaptado a otra clase de alimentación y género de vida en el
  • transcurso de su devenir evolutivo. Todas ellas necesitan un intrincado y detallado sistema cuidadosamente ritualizado y jerarquizado de cortejo porque, al entregarse la mayor parte de sus vidas a una actividad depredatoria independiente y solitaria una vez alcanzado el estado adulto, limitan sus periodos de intensa socialización o interacción grupal a las fases de crianza y las épocas de celo reproductor. Ciclos de encelamiento de periodo bastante corto, dicho sea de paso, en razón a su longevidad (comparable a la de los cánidos) y vida fértil, pero variable según especies. Expresado con mayor concreción y rotundidad, cualquier “compañero eventual” propende a ser percibido cual un rival o competidor territorial, y será rechazado violentamente, si no ejecutan entre ambos, excitados por la intensa y brusca descarga de mediadores hormonales, su “programa genético” de exhibición de signos sensoriales y corporales morfo-dinámicos que los identifiquen clara y contundentemente como un candidato que solicita el “permiso” para proceder al coito que el arrollador deseo urge desde lo más profundo de sus entrañas. He dicho, “candidato”, porque, en todos estos tipos de especies, el control de la Selección Sexual – enormemente favorecida en su eficacia, por otro lado, en virtud de un sofisticado galanteo, como en todos los vertebrados superiores más avanzados –, recae o es privilegio de las hembras. En realidad, esta mezcla de pulsiones sexuales-agresivas – el equivalente zoológico a los impulsos más o menos intensos, controlados, sublimados o reprimidos en el “Primate Listo” de la Tierra de índole sado-maso y los juegos eróticos de dominación-sumisión –, es una constante en la mayor fracción de los depredadores carnívoros exclusivos o preferentes especializados. Y se expresó – y así lo creen los expertos – en su más elevado grado entre los grandes saurios emplumados de fuerte nivel evolutivo de fines del Cretácico, habiendo sido heredado por las aves (que obviamente emplean el pico como “toy-sex”) y desarrollado posteriormente de modo independiente a comparables niveles por los félidos. No es inusual que una gata o cualquier felina joven e inexperta, un macho de iguales características y, por ende, torpe y, más aún, la desastrosa combinación de ambos, confunda, malinterprete o viole de alguna manera el delicado equilibrio entre los dos complejos instintivos más poderosos de la Naturaleza Viva, exaltados, combinados y sinérgicamente alimentados en su máxima extensión en esta clase de criaturas y su sistema de señales... En ese caso, la hembra rechazará al macho con toda su furia y energías, no siendo extraño que le produzca lesiones incluso graves, como por ejemplo sacarle un ojo. Una vez fecundada ésta por uno de los “galanes” que ella escoge con esmerado cuidado, e inminente
  • la culminación del “embarazo”, la madre se encarga de preparar, en un lugar lo más tranquilo, resguardado, templado y seco posible, un “nido” adecuado. Parida la camada, igualmente se ocupa del meticuloso y amoroso cuidado de la prole. De manera exclusiva y pagando todos los costes de crianza. Como podemos ver, en el Universo Felino, como en toda la Naturaleza en realidad, la Libertad tiene un alto precio. Pero, una vez más, la Madre Sabia ha compensado a sus hijas félidas dotándolas de un menor dimorfismo sexual en referencia a sus compañeros, que las capacita para sobrevivir a tan duras pruebas sin dejar de asegurar el mantenimiento de las especies. Así, si bien los machos – en promedio – son algo más robustos y de mayor envergadura que las hembras, las diferencias a su favor no se muestran tan acentuadas como en la gran mayoría de los demás mamíferos. Y sus niveles medios de agresividad, fiereza, agilidad y rapidez se aprecian iguales o hasta ligeramente superiores, cual prueban sus peculiares y vistosos apareamientos “punteados de uñas y dientes” y otros variados detalles de sus conductas, como la cierta dificultad que sufren algunas gatas y otras felinas de separar o “desconectar” el “modo de juego” del de “caza” o “agresión-defensa territorial” en sus cerebros y sistemas endocrinos. Las madres jovencitas o inexpertas, así como todas bajo situaciones de elevado estrés por carencia alimentaria o fuerte presión ambiental negativa de otra índole, tales como amenaza seria por parte de otros depredadores, falta de espacio, malas condiciones climatológicas o situación de patente y opresivo cautiverio, suelen “confundir los estímulos”, dejar de reconocer como cría a uno de los cachorros mientras juega con él, y pasan al “programa carnívoro” con suma rapidez y facilidad, atacándole, infringiéndole serias heridas , mutilándolo o hasta matándolo y devorándolo. El canibalismo marital o paternal como reacción a escenarios de escasez de comida u otros factores desfavorables intensos del entorno no es en verdad extraño en todo los órdenes del mundo animal, porque, ante el fuerte peligro de perecer, tanto sea el progenitor o progenitores como las frágiles crías, es preferible salvaguardar las vidas de los adultos fértiles, para así conservar la oportunidad de lograr una crianza exitosa en un nuevo ciclo futuro de reproducción, y por ello acabar propagando los genes de la especie. Por tal razón esta estrategia ha sido ampliamente difundida por Selección Natural. Además, según los novedosos mecanismos “neolamarckianos” complementarios y sinérgicos de transmisión horizontal heredable de información genética evidenciados por los estudios epigenéticos e insinuados por las pruebas indirectas pero cada vez más sólidas sobre la
  • transferencia de memoria celular, justamente activados al máximo por los impactos más traumáticos de las variables medioambientales, el canibalismo, en especial en ausencia de la posibilidad de una Selección de Presas beneficiosa, se tornaría en una herramienta fundamental táctica para “sortear” las crisis y eludir la extinción de las líneas germinales. Igualmente, este y otros recursos intraespecíficos afines, son utilizados profusamente por múltiples organismos de diverso grado de sociabilidad para eliminar a los enfermos, débiles y ancianos, cuyo coste de manutención supera con creces al nulo aporte positivo que pueden ofrecer a la población. Entre artrópodos, arácnidos , insectos, peces, anfibios, reptiles y aves estas tendencias son extremas. Extremas, e incluso en algunos de ellos, sistemáticas, “programadas” habitualmente, sin mediar estímulos ambientales de alto estrés de supervivencia. Baste citar unos pocos ejemplos: La mayor parte de los peces, anfibios, reptiles y ovíparos en general abandonan normalmente a sus huevos tras la puesta, permitiendo que, nada más nacer, las formas inmaduras o larvas se enfrenten a la dura “supervivencia de los más aptos en la lucha por la vida”, contra las inclemencias del medio o los depredadores, la famosísima “survival of fitness in the struggle for life” enunciada por el “iluminado” Mr. Darwin. Y, los más complejos de ellos, como ciertos grandes reptiles, los saurios de sangre caliente o “emplumados” del Cretácico terminal y las aves, para quienes la “inversión de la puesta” es demasiado alta y compensa sus “comparativa y variantemente más bajos costes de crianza”, se limitan a procurarles “nidos” seguros o fabricarlos ellos mismos, vigilar su eclosión y alimentar y proteger a las crías o polluelos de maduración acelerada hasta que pueden valerse por sí mismos. Pero todos ellos ignoran, rechazan con fría dureza, no suministran comida y usualmente agreden y matan a los ejemplares deformes, retrasados o inadaptados, y/o bien asisten impávidos a que los hermanitos más aptos lo hagan por ellos en algunos casos, por más que la coyuntura del entorno sea abundante o incluso generosa en recursos y sus factores limitantes propicios. Las hembras de cocodrilos, serpientes de cascabel, los machos y hembras de ciertos lagartos de respetable talla y “gigantes” actuales – cuales el varano, el lagarto gigante de Canarias o el “Dragón de Komodo” –, las “mamás” palomas, pavas y gallináceas, así como las rapaces, nocturnas y diurnas, comparten esta potente y fluida conexión entre los impulsos sexuales-reproductores-maternales y agresivo-predatorios, liberada ante el más mínimo percance o estímulo ambiguo o erróneo, o cuando son “novatas” o primerizas en el arte de la crianza, aun en ausencia de éstos. La única diferencia
  • es, naturalmente, que las especies carnívoras, además, no dudan en devorar sus propios huevos o a sus mismos vástagos ante equivalentes condicionamientos. Asimismo, les une la primacía de un más o menos severo matriarcado y reconocimiento de “propiedad hereditaria” sobre las crías de régimen estricto matrilineal y una altísima promiscuidad, ya sea poliándrica o serial monogámica al ritmo de las épocas de celo, con el control del ritual de cortejoselección sexual en “manos” de la hembra. Por eso casi todos su machos suelen ser más pequeños y menos robustos o de similar complexión a lo sumo, con niveles bajos o moderados de dimorfismo de género. Excepto en las aves, cuya mayor especialización, exigencias metabólicas, tiempo de cría y maduración inducen a que este rasgo se invierta por efecto neoténico, si bien – al contrario que en la mayoría de los mamíferos –, son los machos los que ejercen el rol “pasivo” y exhibicionista-seductor para atraer a las renuentes “selectoras”, por lo que han desarrollado caracteres erógenos secundarios de elevada “vistosidad” (plumas, crestas, penachos, colas, muchas veces multicolores y relucientes, que acicalan y cuidan casi obsesivamente). Por último, coinciden en algo igualmente distintivo: Las “reinas” y su “serrallo”, ya sea al modo de harén masculino simultáneo o de candidatos a la “monogamia temporal”, y el elegido o elegidos en uno o varios ciclos reproductores, cesan todo contacto sexual entre sí una vez fecundadas las primeras. Los cambios hormonales vinculados a la gestación las tornan particularmente ariscas, agresivas, irritables, competitivas y territoriales.... Todo criador de palomas o dueño del más simple y rústico gallinero sabe bien de lo que hablo. Y, a una escala descomunal, en relación a los célebres y un tanto exagerados y magnificados “antojos” y “oportunos dolores de cabeza”, tan cacareados en las conversaciones entre primates terrícolas parcialmente mejorados en el seno de sus predominantes sociedades patriarcales y machistas actuales... Si nuestros “sufridos” papás o futuros papás fueran pájaros, ya verían lo que es bueno... No ganarían para “picotazos”... Sin discusión, si la “Diosa Terrible” transfiriese sus mentes durante una temporada al cuerpo de un gallo, o de un águila imperial, por si ello halaga más sus egos masculinos, no se quejarían tanto... Habida cuenta de que Homero – por muy inteligente y sensitivo poeta mitológico inspirado que fuese –, también era varón y griego y, por tanto, previsiblemente afín al patriarcado, quizá – me digo – “se concediese una pequeña licencia” al componer los bellos y épicos versos de la “Odisea”... A lo mejor “Kirké”, o Circe – otra de las múltiples manifestaciones o “rostros” del Arquetipo de Sekhmet/Hécate –, al enojarse al principio contra
  • Ulises y su tripulación, náufraga en su Isla Encantada a lo “Dr. Moreau” particular –, no les transformó o “metamorfogenetizó” en cerdos, sino más probablemente en pavos o pollos... Si me permiten esta pequeña broma, pues nunca viene mal después de tanta densidad de conceptos técnico-científicos de índole biológica...; Porque – recuperando la seriedad – de todas las modalidades de este sistema básico, son las aves macho quienes se llevan la peor parte, presumiblemente al igual que los ancestros evolutivos “Raptoides” de Niburu: Debido a las superiores complejidad y necesidades metabólicas, y consiguiente retardamiento neoténico en el proceso de primera maduración de los huevos y los retoños recién nacidos, las hembras no pueden o pudieron desentenderse de sus parejas nada más finalizado el apareamiento y/o comenzada la puesta. Requieren de ellos para ayudarlas a cuidar y proteger los nidos y dar de comer a las polladas inmaduras. Esto produjo una aguda presión de selección que adaptó el comportamiento sexual de ambos al nuevo esquema: Análogamente a mi modelo de Anunnaki, ellas se vieron obligadas a adquirir pautas capaces de “fidelizar” y “retener” a los progenitores posteriores a la cópula, y ellos, patrones orientados a desplegar un inédito instinto de cooperación y “responsabilidad parental” de escaso o nulo beneficio inmediato. El resultado de dicha ramificación evolutiva fue que, de todos los miembros masculinos del Reino Animal, son – si obviamos los superespecializados, esterilizados y modificados zánganos de los insectos sociales y los “mártires sexuales” de las mantis religiosas –, los que más invierten y menos ganan a cambio del comercio sexual y reproductivo. Brindo esta puntualización a las teóricas feministas más inteligentes y racionales, proclives, por ende, al biologismo social, por si les sirve de algo... Y ya me lo pueden agradecer... Por más que yo “adore” a las dos grandes “diosas-arquetípicas Elhoim” que componen el potente “Lado Femenino” de mi admirada “Trinidad Libertariana”, no por ello dejo de ser hombre... y arraigadamente naturalista-darwinista... Y rara vez se siente uno, por consiguiente, tan dadivoso como para “regalar” una clave al “adversario”...; Pero volvamos a los félidos: Éstos representan un interesantísimo fenómeno de refinada e intrincada “divergencia paradójica” o “retro-convergencia” evolutiva...; “Divergencia”, porque su particular senda filogenética cimentada en la gran potencia predatoria carnívora y exaltada agresividad les tornó mucho más individualistas, promiscuos y, en consecuencia, matriarcamatrilineales y menos colectivistas y dimorfos sexualmente que todos los demás mamíferos de semejante complejidad, tamaño medio y nivel superior en la Pirámide Alimentaria, provenientes de
  • su tronco común. Y, “convergente”, pues tal proceso les hizo replicar no pocos rasgos fisiológicos, sexuales y de comportamiento de los reptiles. Este tipo de evolución que – partiendo de una línea evolutiva ya claramente independiente y diferenciada, tiende a asumir caracteres morfo-funcionales de otro tronco de organismos de muy remotos y ya por entero separados ancestros comunes, por adaptación a unas condiciones ambientales, hábitats, y/o estrategias similares –, se define como “convergencia”. Por citar dos ejemplos muy bien conocidos, se trata del mismo mecanismo que permite reconocer multitud de “diseños” estructurales internos y principios dinámicos coincidentes entre las alas de las aves, las membranas de los murciélagos o los élitros de los insectos voladores, o las modificaciones del tejido epidérmico que forman el plumaje de las aves y la pelambre de los mamíferos, aunque sus orígenes genéticos sean netamente diversos. En cuanto al término “paradójico” y el prefijo “retro”, se deben a lo siguiente: Los felinos y félidos en general encarnan uno de los innegables “pasos adelante de gigante” de la evolución mamífera, junto a cetáceos y delfínidos, paquidermos, cánidos y en otro sentido, el de la flexibilidad genómica y resistencia a las perturbaciones adversas del entorno, también los roedores. Y – como ellos, o mejor dicho, nosotros – han conseguido invadir y acceder a la “cima de la Pirámide Ecológica”, en casi todas las regiones naturales, ecosistemas y zonas climáticas del planeta. Sin embargo, en su caso concreto lo han logrado “recuperando” o “reactivando” gran parte de las en extremo ancestrales y lejanas estrategias y características de nuestros arcanos antepasados reptiles; Su perfil de interacción hormonalneurológica regidora de la conducta y las pautas y reacciones agresivas y reproductoras y de “re-potenciación” del viejo “software” genético y neural del “Complejo R”, el “núcleo duro” o “placa-base” que late e influye desde lo más profundo y central de nuestros cerebros , el legado encefálico de nuestros remotos antecesores reptiles, sede del territorialismo exacerbado, la pulsión promiscua, el poderoso sentimiento egotista-“libertariano”, la baja, discreta y meramente utilitaria y más que limitada en el tiempo tendencia a la cooperación social, el ritualismo erótico de sumisión-dominación y la agresividad competitiva y depredatoria llevadas a sus últimas consecuencias. Y lo han hecho hasta un sorprendente grado... ¡Hasta el asombroso extremo de “reincorporar” uno de las más hondos, atávicos y antiquísimos patrones sexuales de los reptantes: El abandono mutuo sistemático e incondicional de los machos “escogidos” y “sus” hembras nada más consumado el coito, y la consiguiente asunción exclusiva de la carga de crianza sobre ellas.
  • Cosa a la que las aves, e incluso sus ancestros directos, los últimos dinosaurios terápodos emplumados más sofisticados, hubieron de renunciar cientos de millones de años antes. Lo que los etólogos, zoólogos y teóricos evolucionistas denominan “estrategia del Don Juan”, traicionados por los prejuicios machistas milenarios bien sembrados en nuestros subconscientes y cromosomas primates. Por el contrario, opino que deberíamos llamarla “estrategia de la Matriarca Amazona”, ya que las que escogen son las hembras y, además, el triunfo o efectividad adaptativa de este tipo de EEE no sería posible si, a la par, la Selección Natural, el Reajuste Epigenético y la Transferencia Molecular por Retro-Transcripción específica de los códigos de memoria celular morfogenética adecuados, no hubiesen dotado a las “gatitas, gatas y gatazas” de un magnífico equipo neuromuscular, locomotriz y músculoesquelético casi igual o en algunos aspectos superior – (ya que son únicamente un poco más ligeras, pero por eso mismo más veloces, ágiles y, por otro lado, implacablemente agresivas, sobre todo a la hora de defender a su prole) –, al de los machos, tanto cual para poder ser tan excelentes “máquinas biológicas de guerra” como ellos... De este modo, al igual que sus más arcanas antepasadas reptilianas, las félidas y felinas no vuelven a mantener relación alguna con sus “favoritos” que no sea la de competencia alimentaria y territorial entre dos predadores..., hasta la próxima llamada del celo, en la que tan sólo muy excepcionalmente, o a causa de un fuerte descenso de la población de “sementales” disponibles, repetirá con un mismo individuo determinado. Son más que patentes las extremas similitudes entre este tipo de comportamiento sexual y reproductor con el ligado a los reptiles y otros depredadores ovíparos. El “matriarcado”, la herencia de línea matrilineal – pues los cachorros únicamente identifican como propia a su madre y amamantadora –, la alta promiscuidad y papel “selector” de las hembras, el estrecho “solapamiento” neoténica y dificultosamente modulado entre instintos maternales de “juego-instrucción”, “juegogalantero erótico” y agresión-dominación-sumisión..., todo conduce a una tremenda y profunda afinidad convergente entre los rasgos capitales de la fisiología y comportamiento de los félidos con los más primigenios reptiles en general y saurios en especial. Y, por tanto, igualmente, con mi hipotético pero estimo que racionalmente verosímil modelo para los “Anunnaki/Elhoim” de Niburu. Los félidos, consecuentemente, y los más imponentes, poderosos, elegantes y majestuosamente fieros e independientes “grandes gatos” de la Tierra en particular, tendrían que haber llamado extraordinariamente la atención, aprecio y admiración de los hipotéticos “dioses” Rapto-
  • Aviformes colonizadores de nuestro mundo. Más todavía a las élites aristocráticas de selecto linaje, alto cargos políticos y científicas y oficialas de elevado rango entre sus hembras. Esto es evidente, ya que toda especie astuta, inteligente, fuertemente civilizada-refinada, tecnificada, orgullosa, hedonista, etnocéntrica, egocéntrica y dominante – y más aún una tan desmesuradamente sobresaliente en todos esos campos como ellos –, sin discusión, propende a acercarse, controlar, utilizar, gozar, conquistar y poseer todo aquello que se asemeja, refleja o se aproxima a su deificada e idealizada “identidad”... Teniendo en cuenta la enorme dominancia y libertad femenina en el “universo felino-félido”, está claro que las “damas” Anunnaki sentirían un vehemente e irresistible deseo de elegir a las más prominentes, fuertes, indómitas y hermosas especies felinas para “hibridarse” o recombinarse “metano-morfogenéticamente” con ellas y desenvolverse así a plena comodidad, placer y satisfacción en lo muy variados ambientes y regiones geográficas terrícolas por éstas habitados. Hay, además, otros dos matices adicionales que las motivarían más si cabe a ello: 1) Las félidas no dejan de ser placentarias-lactantes, y con un acusado instinto maternal protectordominador por añadidura; Esto les permitiría preservar su “sagrado tabú” materno-filial de claro origen neoténico, sin renunciar por ello a la máxima expresión no-interferida o atenuada por sus otras tendencias mucho más hondas y atávicas; 2) Por si tal cosa no bastara, sorprendentemente, a pesar de ser mamíferas, o “cálidas”, retroactivan por convergencia moldes de conducta todavía más ancestrales vinculados al Complejo R o “cerebro reptiliano”, cual la conservación del pleno control sobre la crianza, formación y – a escala inteligente, por tanto –, asimismo el condicionamiento educativo e influencia psicoemocional y social sobre los hijos; Como ya enunciamos, el régimen de vida del “Antepasado Primordial Raptoide” de los Anunnaki hubo de ser el de una criatura muy semejante a una especie de “velociraptor hipertrofiado” o “utahraptor” de gran tamaño. O sea, un temible y bien organizado depredador – por exigencias del presunto entorno planetario específico de su mundo-madre, carnívoro especializado en una dieta preferencial fluidófaga y viscerofágica –, y totalmente ovíparo matriarca-matrilineal; Habría adquirido ya una alta capacidad de interacción social jerarquizada en clanes de grupos cazadores intensamente territoriales, liderados por hembras-alfa, de nivel análogo y estructura muy parecida a los de los lobos terrestres. En su seno, existiría asimismo una cuidadosa y ritualizada jerarquía “paralela” entre los machos, exigida por las necesidades de la colaboración-coordinación de los mismos, lógicamente fidelizada-
  • reforzada por mecanismos de ascenso, reconocimiento y recompensa comunitariamente aceptados y firmemente estereotipados en el “programa psico-morfogenético” de la especie. Naturalmente, no todas las hembras disfrutarían de un prominente rango, ni todos los machos ocuparían lo más bajos escalafones. Incluso se daría la circunstancia de que una hembra cazadora joven, inexperta o más débil, se viese obligada a acatar provisional o duraderamente la autoridad superior de un miembro del sexo opuesto de perfil, edad, experiencia o aptitudes lo suficientemente superiores a la media de su género como para otorgarle el derecho y posición de ciertos “privilegios”, y la obediencia por encima de las hembras menos capaces, avezadas o favorecidas. Pero, por regla general, serían ellas quienes “mandasen” o preponderasen, y acumularían todas las funciones de liderazgo máximo, fundamentalmente porque su fuerza, envergadura, astucia, agresividad, volumen y corpulencia serían mayores en promedio significativo que los de sus congéneres masculinos, al igual que acontecía con los “raptors” de la Tierra y la gran mayoría de los saurios depredadores. Exactamente igual, pero de manera simétrica especular, ocurre en los clanes familiares y comunidades de cazadores lupinos y de otros cánidos semejantes: Hay “matronaslobas”, por lo común maduras o longevas, que disponen y ejercen una gran autoridad y todos, machos o hembras, respetan. Pero los “Grandes Ancianos Sabios” y líderes-alfa de las manadas son invariablemente masculinos; Ahora bien, para los primigenios “Raptoides Niburianos”, el campo de todo lo tocante a la sexualidad y la reproducción constituiría “terreno sagrado o tabú”, reservado a la más absoluta primacía selectora, controladora y dominante del género femenino, incluyendo la ulterior protección de los nidos, crianza, socialización y entrenamiento de los vástagos. Y así – de acuerdo con nuestro modelo sobre la evolución filogenética de los “Rapto-Rapaces de Niburu” –, se habrían mantenido sustancialmente las cosas a lo largo de una muy alta fracción de los algo más de 100 millones de años de dicho proceso... Únicamente en las etapas finales del mismo, “poco antes” o en los pasos inmediatamente anteriores a la emergencia definitiva del “Anunnaki primitivo” – la “especie o reducido conjunto de subespecies/cumbre” de su curso evolutivo, equivalente a nuestro “Hombre de Neardental” u “Homo Sapiens” –, postulábamos que la aceleración adaptativa, inducida bajo situaciones de elevada presión del medio, habría “disparado” bruscos y puntuados “saltos” transferentesneoténicos complejos, haciendo incorporar a estos organismos, en intervalos comparativamente “fugaces” de tiempo, nuevos caracteres
  • totalmente “inéditos” y divergentes en su línea genética. Factores que les hicieron posible operar un revolucionario “giro copernicano” en su sistema neuroendocrino y reproductor, con abundantes, fuertes y profundas derivaciones en toda su psicofisiología – particularmente agudo y “conmocionador” en el caso de las hembras –, pasando así del oviparismo al placentarismo lactante. Tal cual ya se describió, este fenómeno – como todos los mecanismos de “precipitación neoténica”, sobre todo en seres de psiquismo y arquitectura cognitiva y emocional tan sofisticada –, provocaría no pocos y turbadores conflictos entre los viejísimos y hondamente arraigados impulsos instintivos y tendencias de comportamiento y las pulsiones o pautas más recientes y primadas “de urgencia” por los procesos selectivo-adaptativos. Uno de los aspectos que debió resultar “más arduo y doloroso” para las hembras fue el ir cediendo, de manera progresiva, pero – en términos de la escala de tiempos geo-evolutiva –, “brusca”, una parte de su antaño integral e indiscutible predominio agresivo-sexual-predatorio y de “totalitario” poder selector y criador de la prole. Rumbo incrementado y transferido a nivel consciente y ético-normativo durante los cientos de miles de años finales de su progresión socio-cultural a partir del plano microevolutivo a través de su mitificación a modo de su Culto a los Linajes de Sangre y los “espíritus de los antepasados”. Desde lo más hondo de sus archivos de memoria morfo-genética-celular inconsciente colectiva y de sus subconscientes individuales, las hembras “Elhoim” y, más acusadamente todavía, las “damas” de elevada estirpe, riqueza, personalidad libre e independiente y/o estatus socio-cultural, variables que, además suelen ir unidas o reforzarse mutuamente, añorarían y experimentarían el potente impulso reprimido de recuperar la máxima tasa de poder, primacía sobre el macho, control de sus propios cuerpos, mentes y las de sus hijos y libertad individual de las que gozaron desde sus más remotos orígenes hasta más del 99% de su devenir evolutivo sobre la faz de su frío, húmedo y nuboso mundo nativo. Este fue su “Paraíso Perdido”, su Anhelo Secreto, la esencia de su concepto de Tentación... y Conocimiento Oculto... Porque – como bien sabía y rotundamente sentenció el genial ateniense Platón – “todo lo que llamamos “saber” y “aprender”, no es más que “recordar”. Por ello, convirtieron la Nueva Maternidad y la Lactancia en un Ideal..., y su transgresión en el Gran Tabú. Si bien, como todos los tabúes engendrados por las contradicciones neoténicas, nada se antoja desde la más abisal y magmática sensibilidad del cuerpo y del alma más apetecible que atreverse a violarlos..., habitualmente lo más apasionada, “abyecta” y escondidamente posible...; No es difícil
  • comprender – estimo – el extraordinario y desmesurado magnetismo, seducción y fascinación que la “hibridación metanomorfogenética” con las hembras félidas y felinas debió ejercer sobre las mentes de las Grandes Señoras, Guerreras y Sabias Anunnaki...; La “fusión metamorfo-genética” parcial y controlada nanobiotecnológica y psicotrónicamente con ellas les abriría acceso a una adaptación psicofisiológica de excepcional calidad a la mayor parte de los hábitats y regiones de la Tierra y, a la vez, a deleitarse con una “inmersión abisal” en los más atávicos “oceános” de percepciones, pautas y sensaciones de su “nostalgia” del techo de “libertad y preeminencia de género”, sino perdido por completo, al menos rebajado, sin por ello abandonar ni violar del todo el “Sagrado Tabú” de la “Nueva Maternidad Neoténica”, con la consecuente reacción de “terrible culpa y radical auto-desprecio condenatorio”, ya que los “grandes, medianos y pequeños gatos” siguen siendo mamíferos después de todo. Esta sería, por consiguiente, la explicación filogenética-evolutiva y “exo-psicológica” del relativo pero marcado carácter preferentemente “femenino” del grupo de leyendas y mitos acerca de la “Gente Felina”, que reflejarían primaria y deformadamente el resultado de la aplicación de la Tecnología DLBM de alta eficiencia que haría posible la “metamorfogéneis” o “transformación metamórfica” parcial y temporal de un “dios” Anunnaki/Elhoim “caído de los Cielos”, en un potente, fascinante, temible, inteligente, ultra-sensible, astutísimo, hiper-sexual y ferocísimo híbrido entre su propia especie alienígena, un gran félido “terrenal” y determinados y cuidadosamente seleccionados rasgos de matriz humana. En contraste, la perspectiva, desde la óptica de sus compañeros masculinos sería, como es lógico y natural, bien distinta y en gran medida opuesta y “especular”: Basta con rememorar o esbozar a trazo grueso las principales características a nivel de conducta, patrones emocionales y fisiología de los cánidos en general y los lobos y otra especies próximas en particular para percatarse de ello con suma sencillez; En el plano de la organización social altamente jerarquizada y territorial centrada en la caza ya se precisaron las enormes convergencias generales con los rasgos más primordiales del más ancestral antepasado evolutivo teórico de los Anunnaki; Añadiré ahora que, según mi modelo, sería de esperar una notablemente superior concentración por parte de las mentes de los “varones Elhoim” en los aspectos puramente sociales ligados a la jerarquía, el poder y la autoridad fuertemente ritualizada. Ellos no hubieran podido añorar un “Paraíso Sexual Perdido de Libertad y
  • Primacía casi absolutas”, porque simplemente jamás les fue otorgado. En el terreno reproductor, su papel siempre había sido – hasta hace muy “poco” en términos geo-evolutivos –, claramente más pasivo, sumiso y secundario. Y menos aún, iban a intentar encontrarlo adoptando el “rol metamórfico felino”, porque dicho estado privilegiado pertenecía a las “féminas” también en el “Campo Morfogenético Félido”. Los machos se encontrarían incomparablemente más motivados – y también en menor grado las hembras, de ahí la sensible preponderancia global del Mito del Licántropo –, para “bucear” y experimentar, de modo orgánico y profundo, en aquella esfera en la que tanto su especie en general como su sexo de manera única y limitada, habían descollado con inigualada brillantez desde sus más tempranos comienzos, hasta llevarla, transmutada, amplificada, diversificada y refinada hasta casi el “infinito”, luego de docena y docenas de millones de años de Evolución y Progreso incesantes, a conquistar a sangre, terror y fuego una respetable fracción de la Galaxia... : Un sobresaliente talento para la coordinación, logística, estrategia, coordinación y liderazgo aplicados a las vitales empresas de la depredación y la defensa y expansión territoriales, transmutada más tarde en la más soberana, despiadada e irresistible excelencia en el “Arte de la Guerra”, que glosara el genial y preclaro general y filósofo chino Sun Tzú hace 2500 años. En este sentido, es evidente, repitámoslo de nuevo, que los clanes y manadas de lobos cazadores representan un magnífico material a la par adaptativo y plenamente satisfactorio para el “morphing” a través del Método DLBM altamente tecnificado. Para un lobo – igual que para cualquier perro –, la “comunidad”, intercambio e integración socio-emocional en el grupo, y el reconocimiento “jerárquico-ritual” y territorial, lo son todo en la vida... De ahí su precoz e inmejorable “moldeabilidad” a la hora de ser domesticados. “Lealtad”, “Honor”, “Fuerza” y “Valor”..., encarnan sin discusión el Ideal Perfecto del Guerrero y, más aún, del “Guerrero Macho”; Por otra parte, concluyendo, la “metamorfogénesis” con los canes aportaría dos grandes y valiosas “propinas” para las necesidades y deseos más hondos de la psique del “varón Rapto-Aviforme super-evolucionado”: 1) Aunque las lobas y similares asumen la mayor parte de la carga cotidiana de crianza, sus compañeros, como magníficos “mamíferos de alto nivel” que son, se hallan genéticamente condicionados para colaborar con ellas, ayudarlas, proveerlas de extras de alimento y protegerlas desde su preñez hasta que finaliza la etapa de aprendizaje básico y socialización. De hecho, los lobos machos-alfa y sus allegados, más adelante, asumen con gusto la labor de adiestrar a los lobeznos
  • jovencitos en sus prominentes y eficaces técnicas y habilidades de caza en grupos. Los lobos son – por lo general – “perfectos exponentes de la estrategia de la fidelidad-responsabilidad parental”. Cual acontece en todos los cánidos, monógamos o monógamos seriales, casi siempre esto último por grave enfermedad, esterilidad, agudo deterioro de salud o muerte de su pareja, a similitud de algunos (no demasiados) simios adaptados a la vida en sabanas, estepa o praderas abiertas, como lo propios homínidos, mucho menos “modélicamente”, por cierto, debido al “síndrome neoténico”, y en los roedores. De esta forma, los “Visitantes” masculinos, sometidos por “precipitación neoténica” muy reciente a un muy agudo “Tabú de Idealismo Parental”, reforzado por su obsesiva y primigenia fijación en el mantenimiento del “prestigio social jerárquicamente recompensado”, tenderían con vigoroso ímpetu a “apuntalar” sus novedosos y no demasiado firmemente asentados esquemas de “paternidad responsable” mediante la “hibridación metamorfogénicamente programada” con los cánidos terrícolas. En este aspecto, los lobos – machos en especial – y otras especies parecidas tendrían mucho que enseñar a los “dioses”... ; 2) Pero, a cambio de aquilatar todavía más la dolorosa y monótona renuncia a la libertad y juguetona variedad sensual de la promiscuidad masculina o “estrategia del Don Juan” perdidas después de tantos millones de años de su disfrute, los cánidos ofrecerían un incentivo adicional más, en compensación: Pese a la patente desventaja a nivel individual que supone disminuir los innegables atractivos y placeres de la promiscuidad del “galán itinerante y meramente circunstancial” y la asunción de los onerosos cargos de una aunque fuere menor sustancial parte de los esfuerzos de crianza, experimentar por más que sea parcial y periódicamente el sistema de los lobos y canes concedería a los machos Anunnaki el jugoso y tentador “pastel” de “vivir en la propia carne” el relativo y “modulado”, pero netamente positivo, predominio global del sexo masculino sobre el femenino, factor claramente patente entre los cánidos, compartido por la mayoría de los mamíferos, por otro lado, cual efecto inexorable de la “gran cadena placentario-lactante”... Cuando no se ha tenido apenas nada durante largos miles de milenios, y apenas se ha empezado a gozar de una frágil y no completa “igualdad” cultural-civilizatoriamente impuesta por expresión-sublimación de neotenia en extremo “moderna”, “algo más” es “mucho”..., o incluso “casi todo”... Al menos, en términos subjetivos y psico-emocionales. Así, creo haber justificado racionalmente – en el marco de mi
  • esquema teórico sobre la psicobiología Anunnaki –, la relativa predilección genérica de los Elhoim Niburianos, masiva y muy diferencialmente incrementada entre los “dioses con pene”, por el uso y disfrute del “tecno-morphing” DLBM de tipo lupino. Así como la elevada primacía y difusión correspondiente del Mito del Licántropo, del que dicha prácticas serían su sustrato objetivo, a lo largo y ancho de nuestro planeta. Y también el grado comparativo de fuerza y propagación histórica del segundo Gran Relato Ancestral multicultural entre las “Leyendas Morfogenéticas”, el Mito de la Gente Felina, y su preferente vínculo con el sexo femenino. 2b.3) Los Sirenios-Cetáceos (dugongos y manatíes en el caso de los primeros, y los “cetáceos dentados” carnívoros u “Odontocetis”, particularmente belugas, delfínidos – delfines y orcas – marsopas y zifios). Probablemente, podríamos considerar asimismo una minuciosamente seleccionada y regulada inserción de secuencias genéticas procedentes de algunas especies de Pinnípedos, como focas y morsas, que – en la opción de la hibridación metamorfogenética con los Sirenios –, aportarían los códigos convenientemente activados o potenciados para asegurar los instintos de predación carnívora, como bien sabemos esenciales e irrenunciables para los Anunnaki; Conformarían la operación de “metanoia morfogenética” diseñada para adaptar a los “Visitantes” a los ecosistemas subacuáticos y oceánicos de la Tierra, con amplia componente de rasgos anfibios y, al mismo tiempo, conservativos de los factores básicos de su neotenia placentaria-lactante; Denominación elegida por este autor para la operación: “Proyecto Dagón-Semíramis”. En triple honor al “dios-pez” filisteo-cananeo de origen Ugarita quien respondía a tal nombre, a la singular, sugerente e interesante aportación, actualización y “globalización-cosmo-proyección” del Mito antiguo multicultural de los Hombres y Mujeres-Pez llevada a cabo por el extraño, profundo y “oscuramente reluciente” escritor norteamericano Howard P. Lovecraft, y, en tercer lugar, lo de “Semíramis” por los hondos vínculos del “Aspecto-Arquetipo” de Isis/ Inanna/Ashtarté con la leyenda fenicia-sirio-babilónica de la ascendencia materna de la famosa y bellísima Reina Semíramis, cuya madre se decía era la Diosa-Soberana semita de la Luna Atargatis, también conocida por Derceto (obviamente, la “manifestación metamórfica marina” de Ashtarté/Ishtar); Se aprecian también ciertas asimetrías “de género” entre la documentación legendariomitológica comparada que, utilizando el método de costumbre, muestra significativas y muy sugerentes correlaciones con las base
  • psicobiológicas y fisiológicas suministradas por nuestro modelo a dichas fuentes; 2.b.3.1) Empecemos por los Sirenios/Sirénidos con un “toque” de Pinnípedos..., las señoras, primero, como no: Los sirenios son los únicos mamíferos completamente acuáticos. Su alimentación es herbívora, por eso son frecuentemente llamadas “vacas marinas”. De hecho, su filogenia ha sido analizada, y los científicos han demostrado que proceden de un proboscídeo ancestral que evolucionó retornando a la vida marina a partir de la estrategia de adoptar hábitos anfibios para ocultarse en el agua con objeto de huir, esconderse y hacerse inaccesible a los grandes depredadores de superficie. Sus “parientes” actuales próximos son, pues, los paquidermos o elefantes. En verdad, se trata de un ramal evolutivo “hermano” divergente, exhibiendo multifacéticas y profundas semejanzas con ellos, entre otras la carencia de glándulas sudoríparas, gruesas, rugosas y a la vez en extremos sensibles capas de piel – excepto los que habitan las aguas tropicales más cálidas, que poseen una epidermis fina – , una gran capacidad cerebral, memoria y nivel de complejidad emocional y social. Su proceso de especiación comenzó en torno al primitivo Mar de Tetis, habiendo sido encontrados sus primeros fósiles primordiales más antiguos en la presente Hungría, y datados en el Eoceno Inferior (hace unos 50 millones de años)... (Para los Amables y Queridos Lectores más “avezados” y “en longitud de onda” con la nueva visión holística del Universo: Sí, ya se que a veces las “serendipidades-sincronicidades acasuales” son impresionantes... Escalofriantes, diría yo más bien... Pero, una vez traspasado el Gran Umbral que nos abrieron, en feliz, brillante y precocísima colaboración a la par rigurosa, imaginativa y admirablemente creativa, el físico judíoestadounidense Wolfgang Pauli y el psiquiatra suizo Carl Gustav Jung – hoy en día digna y prometedoramente desarrollado por el nuevo paradigma articulado por los modelos “Mecano-Cuántico de Radiofrecuencia Diferencial” y de “Darwinismo Cuántico” –, ya pocas cosas como esta nos deben sorprender demasiado... Excepto la increíble y lastimosa “cerrazón” de los “asnos titulados ultraortodoxos” que aún siguen intentando explicarlo todo a base de “meras casualidades”)...; Más tarde, se extendieron, por lo cual se han ido encontrado huellas fosilizadas de su devenir en distintos puntos, especialmente las costas de Norteamérica y Europa, además del Norte y Este de África, la India, Paquistán y la isla de Java. Su estudio prueba que fueron perdiendo con relativa “prontitud” – sin duda estimulada por los cambios geológicos, tectónicos y climáticos
  • que por entonces remodelaban la Tierra –, sus patas traseras, sustituyéndolas, en virtud de los mecanismos de convergencia adaptativa, por aletas caudales. Los manatíes primigenios aparecen entre finales del Eoceno e inicios del Mioceno (hace alrededor de 23 millones de años). De las formas ancestrales ya no quedaban ni rastro al entrar en el Oligoceno (33-24 millones de años A.P.), lo que mide la estimable “velocidad” de su rumbo evolutivo. En tal Periodo se produjo la transición paleo-climática del mundo subtropicaltropical arcaico del Eoceno a los ecosistemas maduros de perfil cercano al moderno. O sea, que el curso de la Evolución de los Sirenios presenta exactamente el tipo de adaptación que requeriría – en determinados aspectos – la acomodación desde un planeta húmedo a otro más seco, con una amplia extensión de los pastizales y la regresión de los grandes bosques y selvas tropicales a la franja ecuatorial, mi “Modelo Anunnaki” para los célebres “Visitantes” divinizados... A lo largo del Mioceno y el Plioceno (final de la Edad Terciaria hasta hace sobre unos 2.5-2 millones de años, primera etapa del Cuaternario), los sirenios eran mucho más abundantes y estaban más diversificados que en la actualidad, cuando quedan nada más que cuatro especies vivientes conocidas. Ello es consecuencia de la fuerte crisis climática que implicó la Gran Glaciación del Pleistoceno (2.5-2 millones de años atrás hasta “casi” hoy en día, pues el Holoceno o “época geológica interglacial actual”, la última fase del Cuaternario, se inaugura de 11500 a 12000 años A.P.). Debido a su mala adaptación a las aguas gélidas sub-heladas – fruto de las elevadas exigencias metabólicas del organismo mamífero, que les obligan a copiosas raciones (de 45 a 78 Kg diarios) de hierbas marinas, algas, otras plantas subacuáticas e incluso hojas de los árboles terrestres que quedan a su alcance en las áreas pantanosas o manglares –, y a su extraordinaria y proverbial docilidad, estuvieron a punto de extinguirse. En realidad, muchos biólogos se preguntan porqué no lo hicieron, si múltiples grupos de especies mejor dotadas para protegerse de las transformaciones agresivas del medio ambiente y defenderse de los depredadores en tiempo de penurias, perecieron para siempre... Me pregunto si la respuesta a esta pregunta no está en el “capricho metamorfo-génico” de ciertas “Damas Elhoim” de refinados Linajes... Fuera como fuese – suerte o “predestinación” – un reducido puñado de ejemplares de sirenios sobrevivieron de algún modo. Y, hoy por hoy, basan su muy modesta pero estable población – si la sed depredadora e industrial del hombre no les acosase sin compasión –, en la especialización a vivir en un área prácticamente uniforme y de “territorio único”, en el cual apenas son amenazados por
  • depredadores naturales. Excepción hecha de sus enormemente más agresivas “primas” las orcas y los tiburones en los mares, los cocodrilos en ríos o pantanos y, cerca de las orillas, los jaguares. En concreto, se distribuyen de la manera siguiente: Manatí Caribeño (de color verde), Manatí Amazónico (rojo) y Manatí Africano (naranja). Por su parte, la única especie de dugóngido existente – el “dugongo moderno”, se halla exclusivamente en las aguas costeras del litoral del Océano Índico, incluyendo el Mar Rojo. Las zonas habitadas por los sirenios actuales no se superponen, guardando una considerable distancia entre sí, lo que prueba su original grado superior de expansión y especialización: De este modo, el manatí del Caribe habita una región concreta del Golfo de México – por cierto en cuyo territorio se engloba el controvertido “Triángulo de las Bermudas” –, frente a las costas de Florida y el Sureste de Estados Unidos, y las del borde septentrional de Sudamérica; El manatí rojo, en todo el curso y entorno de la ribera del río Amazonas, y el naranja en los sistemas fluviales del río Níger, y otros caudalosos cauces del África Occidental, entre Senegal y el Norte de Angola. Por tanto, todas las especies y variedades pervivientes ocupan medios acuosos tropicales. Pero, hasta fechas muy recientes en términos geoecológicos, hubo al menos una especie que sepamos logró resistir en el polar Mar de Bering, la denominada “vaca marina de Steller”, extinguida nada más que 27 años después de ser descubierta y descrita en 1741 por el médico, zoólogo, botánico y explorador alemán Georg Wilhelm Steller, durante su expedición a bordo del buque ruso Vitus Bering en calidad de naturalista y cartógrafo. Muy parecido al dugongo actual aclimatado a las aguas cálidas, pero más grande, graso, pesado y de piel lógicamente más que “elefantina” (llegaba a alcanzar 7.5 cm de grosor), era un animal excepcionalmente manso, hasta el punto de “dejarse matar” sin oponer resistencia alguna, entre otras cosas por su tremenda lentitud, inconveniente derivado de sus fuertes requerimientos calóricos antes citados y la exigencia de acumular tejidos grasos o adiposos y reducir al máximo los movimientos para conservar energías y la temperatura interna regulada en un hábitat tan gélido. Lento – pero como todos sus próximos “parientes filogenéticos” – para nada estúpido... Ningún descendiente lejano de algo parecido a un elefante puede ser necio “como una vaca”, pese a su injusto “mote” tradicional. Más bien postulo que la intensa activación de los mecanismos de transferencia horizontal acelerada de inserciones y modulaciones genéticas bajo condiciones de alto estrés de presión selectiva de inducción ambiental “atrofió” la expresión o tornó “recesivas” o “dormidas” a las secciones de su genoma vinculadas
  • con la vigorosa y para nada “sumisa y dócil” aptitud defensiva potencial de los proboscídeos, llevada a su cumbre evolutiva por la rama alterna de tronco común de los paquidermos. Todo el mundo sabe que los elefantes son agresivos sin por ello dejar de ser herbívoros y, además gozan de una excelente memoria e inteligencia, lo que les capacita para la sofisticada facultad darwinianamente superior de la “venganza fría y calculada”, tan sólo compartida cual “máximo privilegio oscuro” por los simios más avanzados – entre los que descollamos nosotros, claro –, y los delfínidos. Los elefantes – cuya apariencia “simpático-bonachona” es tan puro márketing sintético falseado cual la del Mito de Papá Noel o los “Reyes” de Oriente (en verdad magos y luego “mercenariosespías arrepentidos” a sueldo de Herodes) –, pudieron ser más o menos relativamente “apacibles” ungulados en las lujuriosas frondas e interminables pastos jugosos del Terciario, pero, sin pausa, la poderosa Alquimia de la Selección Natural y sus Mecanismos de Transferencia Complementarios y “Acelerantes”, los convirtieron en algo mucho más próximo a un toro de lidia, solo que incontestablemente más potente, corpulento, inteligente y por ende peligroso... Y si no, que se lo pregunten a ciertos tigres y leones... Y a algún que otro cazador furtivo o domador de circo. La única diferencia es que en el caso del toro bravo el proceso ha operado a la acción más rápida todavía de la Selección Artificial ganadera sinérgicamente apoyada por la dinámicas de reajuste epigenético micro-evolutivo liberads por la presión de ésta... Es una auténtica lástima... Pobres sirenios, tan sensibles, sofisticados y listos..., pero “desaprovechados”... En la dura “lucha por la Vida” que rige el Imperio del “Relojero Ciego” de Mr. Darwin, “huir o refugiarse en aguas tranquilas” – la metáfora no puede ser más literal – nunca resulta a la postre tan eficaz como “resistir, plantar cara a los desafíos” y “luchar” para “armarse hasta los dientes” (cuernos o colmillos en esta ocasión), y así poder luchar y matar cada vez mejor de nuevo... Sin embargo, los “pacíficos y amodorrados” dugongos y manatíes – para la mente y la “garra” experta y poderosa de los más excelentes y tecnificados “Ganaderos-Bio-Ingenieros” de la Galaxia – sí tenía mucho y bueno que ofrecer... Sobre todo, a las “Sabias” y “Matriarcas” de entre ellos... En esto nos detendremos un poco a continuación. Rasgos “Atractivos o Afines” de los Sirenios para su supuesta “selección morfo-genética” como Proyecto de “hibridación metamórfica” mediante “Tecnología DLBM” desde el probable punto de vista de los Anunnaki en general
  • y sus “féminas” en particular: a) Celo semi-pemanente: En los sirenios, no se dan periodos o ciclos de apareamiento definidos, acercándose con ello pasmosamente a los seres más auto-conscientes y evolucionados cognitivamente – los homínidos más avanzados, sus descendientes humanos y, como es obvio, supuestamente, sus “dioses-diseñadores”, en quienes la excitación-receptividad sexual es continua – . Las hembras ovulan varias veces al año y de inmediato copulan en el agua; b) Promiscuidad Poliándrica “Perfecta”, Control Exclusivo Matriarcal-Matrilineal sobre la Selección Sexual, la camada y su crianza: La hembra realiza el coito sumergida con varios machos elegidos uno tras otro en periodos variablemente sucesivos de tiempo y sin que ellos luchen entre sí, ni por su inclusión en el “círculo seleccionado”, ni en motivo a su orden de penetración. Esta clase de – por así expresarlo – “femdom suave no-cruento” es lo que cabe esperar de la filogenia de un conjunto de especies provenientes de un “matriarcado ungulado primordial tipo paquidérmico”, agudamente “inhibido” en sus aspectos agresivo-predatorios por efecto de precipitación neoténica-transferente-horizontal de hiperadaptación a un régimen de hábitat acuático ultraespecializado en el camuflaje-limitación geográfica, apariencia de peso-tamaño y carencia vecinal de depredadores organizados de importancia o solitarios de talla relativas comparables. Las crías nacen en el agua después de una gestación de entre 12 y 14 meses – de nuevo “típicamente elefantina” – , y en el acto suben a la superficie por reflejo innato condicionado para respirar. En este momento, ya pesan de 10 a 30 Kg. Durante los siguientes 18 meses, la madre, en estricta e inviolable reserva, las alimenta con su leche, las cuida, las protege y las mima con un afecto que resulta conmovedor. Con ello, de rebote, apuntemos: c) Se respeta intacto el “Gran Tabú Anunnaki Materno-Filial”, sin necesidad de renunciar a una “inmersión profunda” – otra vez más las palabras encajan maravillosamente – en los más atávicos y seductores patrones de dominancia sexual y maternal femeninas; Y, en el mismo sentido, los vástagos todavía permanecen junto a su madre varios meses más, que ella emplea para adiestrarles y prepararlos para la vida adulta con un admirable detalle y entrega que ha impresionado a los científicos; d) Presta y “neoténica” maduración sexual en
  • proporción a una notable longevidad natural: Estas criaturas logran la madurez sexual en un promedio de ocho años y, debido a su metabolismo lento y elevado nivel evolutivo, consiguen vivir medias que oscilan desde los 45 años (los manatíes) y aproximadamente 60 a 65 los dugongos; e) Intensa tendencia al individualismo, potente predominancia casi exclusiva de la relación madre-cría: A pesar de hallarse dotados para una elevado grado de interacción social elaborada, acostumbran a vivir en soledad o a lo sumo en pequeños grupos familiares, al igual que los felinos. La única relación honda y duradera es la de la madre y sus crías, cuyo poderoso lazo dura un par de años. Absoluta primacía y libertad sexual de las hembras respecto a sus “serrallos” ocasionales de machos; f) Sofisticado dominio de un complejo y sutil código sónico e infrasónico de señales específicas, de nivel asombrosamente refinado: A similitud de los raptors del Cretácico tardío, los elefantes, algunos cetáceos, sobre todo delfínidos, y ciertos canes hipersensibles a las bajas frecuencias de sonido – notemos las obvias convergencias –, los sirenios emplean un perfeccionado sistema de comunicación de soporte sonoro e infra-sonoro. (Se define “infrasonido” a toda onda sonora de frecuencia inferior a 20 Hz, el umbral mínimo aproximado por debajo del cual el oído humano no puede captar tales oscilaciones periódicas). Este tipo de percepción se encuentra vinculada con la táctil, asimismo muy desarrollada en sirenios, cetáceos y paquidermos: Los elefantes pueden registrar y emitir paquetes de infrasonidos de 100 dB SPL (intensidad de presión del frente ondulatorio) a varios Km a la redonda sin dificultad alguna. En los organismos adaptados a la superficie emergida, las dos claves físicas que permiten tan admirable facultad a “largo alcance” son: 1) Alto diámetro craneal o razón de volumen cabeza/cuerpo – a su vez, sinérgica y convergentemente ligada con una mayor inteligenciamemoria o capacidad cerebral, en principio – . Ya que, al presentar los pabellones auditivos más separados entre sí, esta distancia es directamente proporcional a la frecuencia de onda que pueden barrer o captar, según puede evidenciarse a través de un análisis biofísico-matemático muy sencillo. Este último factor es considerablemente menos limitante en el agua, porque al tratarse de un medio más denso, la velocidad e intensidad de propagación lineal de los frentes circulares de onda es mayor, por ello los sirenios y cetáceos pueden proveerse de cuerpos enormes en proporción a sus cráneos sin perder tales habilidades, además de que, debido al empuje hidrostático los efectos negativos del exceso de peso se
  • reducen drásticamente; 2) Ultrasensibilidad táctil: La piel u otros tejidos epidérmicos modificados – aunque rugosos en muchos de ellos – es muy sensitiva o concentrada en corpúsculos celulares perceptores de vibraciones e impactos de presión, como acontece con toda índole de sirenios y cetáceos. Hace poco, se ha evidenciado asimismo que los elefantes no solo perciben los infrasonidos por vía auditiva, sino también al sentir las vibraciones producidas por ellos mismos a través de las masivas pero bien acolchadas patas, y que usan pulsos rítmicos codificables igualmente de esta manera. La explicación es que sus uñas actúan como sensores conductores de sonidos de baja frecuencia; La escala gramatical-semántica de los sistemas de comunicación por vibraciones estereotipadas a los que nos estamos refiriendo es variablemente equivalente a una rudimentaria lengua humana y, en el caso particular de elefantes y delfines, rigurosas y recientes investigaciones han comprobado que incluso puede alcanzar nuestro mismo nivel o, bajo algunos conceptos de transmisión empática de información psicoemocional, superarlo. De hecho, un número creciente de especialistas no vacilan en calificar tan sorprendentes aptitudes como “el umbral mismo de la conexión telepática”. En algunos grandes félidos y otros depredadores de comparable talla – cuales los tigres – se ha demostrado también que existe una forma especializada y más simple o limitada de este fascinante recurso: Estos animales utilizan los patrones de frecuencias infrasónicas que forman parte de sus rugidos como un complemento de sus técnicas de caza. Lobos, hienas, perros salvajes y nuestros “entrañables” raptors y otros reptiles también lo hacen o hicieron con sus ladridos, fruñidos, siseos o silbidos. Pero no en exclusiva como un útil y más o menos refinado – según especies – método de coordinación social cazadora o controlador de la comunicación ritual del cortejo en época de celo... : Los “enormes gatos”, lagartos o serpientes que prefieren, en cambio, la depredación en orgullosa y libre soledad, aprovechan también este recurso por una interesantísima y “evocadora” propiedad sutil de los infrasonidos, revelada a los ojos de la Ciencia en el último decenio o poco más, pero intuida y reflejada en las leyendas antiguas de miles de tradiciones... : El intenso efecto “paralizante” e “hipnótico” propio de ciertos perfiles infrasónicos... Innovadoras y excepcionalmente sugestivas investigaciones recientes en los campos de la biofísica, las neurociencias y la parapsicología científica han descubierto que los infrasonidos pueden calificarse, sin ambages, como los auténticos “portales” o soportes materiales a unas probables líneas de evolución filogenética cuyas “estrategias” constituirían la base real
  • de buena parte de los equivocadamente llamados “fenómenos paranormales”, “psí” o “parapsíquicos”... Veamos: Desde hace mucho tiempo, sabemos que los haces de infrasonidos pueden recorrer grandes distancias atravesando objetos sólidos. Por ello los elefantes, grandes félidos y lobos logran “oír” – mejor diríamos “infraoír” – detectar, evitar o rodear defensivamente en grupos a depredadores, o bien rastrear y acosar a presas, rivales, localizar obstáculos y toda suerte de características del terreno que componen sus extensos territorios de pasto o caza, respectivamente. Además de comunicarse con sus compañeros de clan o manada y sus congéneres – potenciales competidores y/o posibles “ligues” – en la opción de los “solitarios” felinos y reptiles. Igual ocurre entre sirenios y cetáceos (delfines y ballenas en particular), bajo las aguas, pero aún a más alcance y complejidad, dada la superior rapidez y potencia de transmisión de sonidos e infrasonidos en el medio acuoso más denso, común a todas las ondas mecánicas, y a que pueden asimismo emitir, recibir y procesar ecos de ultrasonidos. En el ambiente terrestre, los paquidermos y algunos de los felinos y cánidos más aptos consiguen captar masas fijas o móviles e intercambiar información en un radio medio de 2 Km para una frecuencia promedio de 15 Hz. La característica física fundamental primaria – pues – en la que se apoyan todas las “bendiciones” y aplicaciones evolutivas favorables del manejo y procesado de infrasonidos es – en general – su alto alcance de propagación y poder penetrante y por ende ubicador de objetos densos. El sónar y el rádar se basan en idénticos principios, pero en la banda de frecuencias electromagnéticas de radio. Los primates superiores, homínidos y humanos “primitivos” incluidos – por supuesto – dan muestras patentes de albergar igualmente dichas capacidades, aunque en grado más modesto, si bien el “Homo Sapiens” las ha perdido – o más posiblemente, las conserva, pero minimizadas, latentes y atrofiadas – en parte por el acelerado desarrollo del lenguaje verbal articulado en la zona sonora audible del espectro de más elevadas frecuencias y, siguiendo nuestro “Modelo Anunnaki”, muy probablemente además por ciertos “bloqueos” morfo-genéticos” provocados por los “dioses” diseñadores-manipuladores, obedientes en principio a la “Doctrina Oficial Anu-Enlil-Yahvé” de estricta colonización explotadora esclavista, tan sólo parcial aunque audazmente liberada por la “Rebelión Luciferina” de la “Trinidad Libertariana”, liderada por el “Ingeniero-Jefe” Ea/Enki/MalekTaus/Luzbel, la “Trinidad Iluminadora y Subversiva” que nos expulsó y a la vez redimió del “Jardín Edénico de los “inocentes idiotas”... Fuere por la razón “clásico-ortodoxa”, la “alternativa” o, como
  • muchos estimamos, una mezcla auto-reforzada de ambas, la realidad es que nuestra especie carece hoy de tales funciones, muy por debajo incluso de un simple manatí o “vaca marina”... Otra “pequeña lección” acerca de nuestra ciega soberbia y “acertada elección de nombrecitos”... Una convincente muestra o “pista” de estos conceptos teóricos la encontramos en la misma estructura y fisiología de nuestros cuerpos y cerebros: Los infrasonidos son igualmente generados por el organismo humano: Por ejemplo, los músculos al resbalar o deslizarse unos sobre otros para permitir ciertos movimientos, provocan emisiones de éstos en torno a la frecuencia de 25 Hz, el corazón – no únicamente la maravillosa y resistente bomba hidroneumática impulsora y reguladora del flujo del “fluido mágico-vital” de nuestro “rojo y suculento Ruaj terrenal”, tan apetecido por todos los “Visitantes” primordiales” y por ende obsesivamente presente en nuestros mitos y arquetipos mágicoreligiosos más arcanos, sino real y efectivamente el “gran motordinamo bionergético de primer orden de nuestra perfeccionada maquinaria orgánico-cibernética” –, produce infrasonidos en una estrecha zona alrededor de 20 Hz, e incluso nuestras orejas lo hacen (“emisión ortoacústica espontánea”), la denominan los expertos. Es más, este último fenómeno, así como la fuerte intensificación en la potencia de los dos anteriores, se halla asociada a estados de alerta, estrés-agresión-pánico, crisis psicóticas y esquizoides, excitación o goce extremos, rituales de alto impacto y movilización psicoemocional y – en general – estados alterados de percepción y conciencia, así como otros procesos semejantes de “sobre-descargaabsorción-transferencia máxima” de paquetes de ondas y secreciones neuro-endocrinas bioquímicas psico-bioenergéticas. Por eso las personas que los sufren experimentan con frecuencia “pitidos” o “escuchan susurros y murmullos vagos” en sus tímpanos y oídos medio e interno, pues la envolvente en región sonora actúa como onda portadora de las señales infrasónicas en frecuencia más baja. Probablemente, esto posea conexión con algunos fenómenos “paranormales” de transcomunicación, de los que las psicofonías y otras “parafonías” constituyen el caso más conocido y publicitado. Todo ello tiene – insisto – un fundamento físico científico medible y reproducible técnica y experimentalmente. Se ha demostrado que los infrasonidos, aun cuando no sean perceptibles a nivel consciente, son captados, decodificados y procesados en el plano subliminal subconsciente, como han evidenciado ensayos serios bien controlados, empleando las más modernas tecnologías y escáneres de imagen cerebral a tiempo real. Tales efectos, si son frecuentes, potentes y repetitivos, engendran síndromes de ansiedad, tristeza,
  • depresión, hipersensibilidad reactiva y temblores, inducidos en ocasiones por simples desplazamientos aparentemente imperceptibles de micro-corrientes de aire. Idéntico sustrato subyace tras la “prodigiosa” capacidad de anticipación-detección-percepción de desastres y conmociones naturales por parte de las especies de “alta sensibilidad infrasónica” que nos ocupan: terremotos, erupciones volcánicas, tornados, ciclones, tsunamis y similares “paroxismos” de energía geo-climática y/o telúrica, en sus fases precursoras, liberan tremendas intensidades de haces infrasónicos – equivalentes a una fuerte “explosión nuclear” inaudible para nuestros oídos –, pero no para los de estas criaturas. No es de extrañar que ellas y otras, como las aves, que detectan análogas perturbaciones pero en banda electromagnética ligada al geomagnetismo terrestre, los perciban mucho antes que nosotros, dando muestras de visible agitación, terror y tiendan a huir o abandonar el área que será afectada o devastada y sus alrededores con cauta presteza. Del mismo modo, registran, “se adelantan” y reaccionan con inaudita delicadeza y exactitud ante nuestros trastornos psico-emocionales y neuro-endocrinos poco más arriba señalados, normalmente “invisibles” para sus congéneres y hasta para quienes los viven o padecen en sus etapas iniciales, al menos a nivel consciente. No hace falta haber estudiado o estar bien informado sobre psicología, etología y parapsicología, o haber tenido la deliciosa oportunidad de jugar con o entrenar a delfines o elefantes, para ser muy conscientes de ello: Cualquiera que posea un perro o gato por mascota, o haya observado el comportamiento de los pertenecientes a otras personas, puede dar buena fe de ello... Hasta el extremo, que científicos expertos en campos tan en apariencia dispares como vulcanología, geofísica, sismología, psiquiatría y parapsicología empiezan a utilizar, tanto a estas especies de animales, como sus “réplicas” instrumentales de alta tecnología electroacústica, cual fidedignas, sensibles e imprescindibles armas de sus prometedoras y pioneras investigaciones. Y no digamos los diversos y poco “escrupulosos” servicios de inteligencia, contra-inteligencia y alta seguridad militarestatal, o ligados a las grandes corporaciones multinacionales privadas... De esos proyectos y experimentos, seguramente más impresionantes y progresivos, pero guardados bajo Siete Llaves de Silencio, ni nos enteramos... Para bien y para mal, como siempre, los maravillosos, fascinantes y por supuesto terribles y potencialmente letales secretos de la Vieja y para nosotros “Novísima” Gran Ciencia Psicotrónica-Bioenergética Annunaki empiezan a desvelarse ante sus “hijos”... “A Su imagen y semejanza”..., como la Lógica Inexorable
  • de la Madre Naturaleza y Mr. Darwin mandan..., of course... Pero, inclusive ateniéndonos a lo estrictamente conocido y difundido por los “canales oficiales”, el panorama emergente es a la par pasmoso, subyugador, brillante e inquietante: Se ha comprobado, en las más prestigiosas clínicas y laboratorios, que “bañando” en ondas de elevado volumen y reducidas frecuencias comprendidas entre 0.5 y 10 Hz, sin percepción consciente alguna por parte del sujeto, el vestíbulo – una pieza esencial del laberinto auricular, en pleno oído interno –, vibra en respuesta, transmitiendo la sensación a centros específicos del cerebro. Por este método, puede insertarse información subliminal condicionante a la mente del receptor, “a chorro denso”, por así decir, tan eficazmente o más que a través de imágenes, algo mucho más divulgado, estudiado y profusamente usado y explotado cual gran arma condicionadora de masas y consumidores – legal, semilegal, alegal o ilegalmente –, desde mediados de los años 50 del pasado siglo... Se confiese más o menos abiertamente o no, esa es otra cuestión. Sobre todo por medio del cine, la TV, los video-clips y, finalmente, Internet y otros canales de telecomunicación de alta tecnología audiovisual. También se ha probado que los infrasonidos provocados por motores – muy particularmente los correspondientes a las zonas de frecuencias de picos de emisión máximos de los que activan los aparatos de aire acondicionado y las turbinas de los aviones a reacción – pueden ocasionar vértigos, náuseas, fuertes cefaleas insistentes o crónicas y, en personas más sensibilizadas, brotes psicóticos y paranoides, por sobre-estimulación interferencial con el laberinto auricular. La relación de los infrasonidos, y su percepción-transducciónprocesamiento psicobiológico, con los fenómenos psíquicos “anómalos” o “paranormales”, tales como la “Impregnación Psicofísica” en lugares mal denominados “embrujados” o “encantados”, es cada vez más evidente, potente y empíricamente concluyente: A este respecto, el físico y profesor Vic Tandy, de la Universidad de Coventry (Inglaterra), demostró experimentalmente que los infrasonidos pueden inducir la impresión “concreta y localizada de sitios impregnados o embrujados”. A lo largo de sus ensayos – verificados y publicados a partir de 1998 – el investigador británico pudo evidenciar que “la exposición cotidiana y frecuente – incluso en sujetos voluntarios cuidadosamente seleccionados, escépticos, ajenos a todo interés o experiencia subjetiva previa similar, no informados o sugestionados, en escenarios aparentemente “asépticos” y funcionales, para nada sugestivos en dicho sentido –, a fuentes emisoras de alta intensidad y bajas frecuencias infrasónicas de perfiles específicos, ocasiona
  • sistemáticamente la percepción de movimientos al costado de su campo visual (las famosas “sombras” huidizas y fugaces). Esta pseudo-percepción puede ser provocada por algo tan simple como un ventilador, porque dicho aparato emite una frecuencia de intensidad máxima en su rotación de 18.98 Hz. Parecidos “picos infrasónicos” son generados por los motores de múltiples electrodomésticos actuales, cual acondicionadores de aire, lavadoras, secadores de pelo y otros”. Pero es más: Por pura “casualidad”, ¿o “serendipidad”?, la sala de ensayos donde Tandy realizó las series de experimentos, medía una fracción unitaria de la longitud de onda máxima de emisión de infrasonidos del ventilador empleado. Citando de nuevo al profesor: “De forma que es razonable, en términos mecánico-ondulatorios, que provocase una onda estacionaria y, tal onda, ilusiones ópticas al resonar en los humores de los ojos humanos. Tales percepciones alucinatorias pero física y objetivamente inducidas por concretos estímulos infrasónicos, serían fácilmente interpretables, en sujetos impresionables, sensitivos o sugestionados en otra clase de entornos, como fantasmas, al ser espontáneamente asociados, reinterpretados y procesados por sus cerebros”. Posteriormente, este científico y otros grupos de investigación, siguieron cosechando sorprendentes e interesantísimos resultados: Determinaron que – como cabía esperar – los efectos y síntomas o reacciones eran más y más “elaborados” e intensos cuanto más “sensitivo-mediúmnico”, sugestionable y/o sugestionador eran los sujetos y el “escenario” montado, conservando en cada ensayo el resto de las variables y siempre el estímulo inductor primario constantes. Pero se llevaron una mayúscula “sorpresa” cuando “jugaron” a añadir a sus minuciosas “performances” nuevos elementos: Generadores de campos electromagnéticos de alta potencia y baja frecuencia – tipo RMNs y parecidos – y/o paredes y subsuelos ricos en granito, rocas cuarcíferas, enclaves geo-tectónicos “calientes” o activos (zonas falladas, propensas a pequeños micro-sismos y plegamientos continuos apenas mensurables, etc), y/o agua o elevada humedad ambiental, en particular corriente y subterránea... La concurrencia de uno o varios de estos factores de contorno disparaba la cantidad, intensidad y frecuencia de sucesos “anómalos” en cada serie controlada de variaciones antes descritas. Las variantes externas e internas o endógenas al perceptor se mostraron además clara y cuantificablemente sinérgicas o mutuamente retro-alimentadas, conservando los generadores de estímulos ondulatorios primarios invariantes. Éstos – el ventilador productor de infrasonidos y los grandes electroimanes – eran asimismo sinérgicos entre sí para un
  • mismo “escenario” y voluntario receptor. Por ejemplo, una misma chica o adolescente – sí, era más fácil inducir los fenómenos en mujeres, y más todavía menstruantes y púberes “en descarga hormonal de cascada”, como ya sabían los chamanes hace docenas de milenios –, reaccionaba o sufría más percepciones “paranormales” en un centro de investigación de California, justamente emplazado encima de las gran falla de San Andrés, que en otro diseñado y acondicionado en todos los restantes aspectos citados de manera “clónica”, pero situado a las afueras de Londres, en pleno y llano valle “geológicamente plácido” del Támesis. Y así sucesivamente. Cuando todos los factores externos e internos eran “potenciadores positivos” del proceso, la sinergia múltiple óptima lo convertía en “exponencialmente creciente” y, literalmente, “explosivo”, además de peligrosamente “psicopatológico”, llegando a registrarse varias manifestaciones psicocinéticas tipo “poltergeist” de aguda violencia. Los equipos multidisciplinares de reputados físicos, psicólogos, psiquiatras, neurocientíficos, fisiólogos, bioquímicos, ingenieros electrónicos especializados y biomédicos, asustados y temerosos por las posibles consecuencias ético-legales, pararon el proyecto. Para entonces, el asunto – tomado a broma o burla en sus inicios por los idiotas y burros con orejeras académicas de turno – ya se había convertido en la “comidilla” de los círculos más selectos de los departamentos universitarios de varias de las más prestigiosas Facultades del mundo. Grandes cerebros de variopintas disciplinas y naciones se interesaron por ello, y fue inevitable que el asunto saltara de los corrillos y tertulias de las élites intelectuales y ciertas ediciones en publicaciones científicas muy especializadas, webs y blogs igualmente reservados y escasamente populares, a los medios de comunicación de masas, la prensa generalista, los números de las revistas más divulgativas de ciencia y las de “misterios”, la Red Global, la radio, la TV y sus programas sobre “enigmas paranormales”. Esto ocurrió entre 2005 y mediados de 2010... : “Científicos fabrican fantasmas” – proclamaban y voceaban, frotándose las manos ante las suculentas perspectivas de índices de audiencia y cifras de ventas mensuales –, tirios y troyanos de la peculiar, abigarrada y polimorfa, pero invariablemente mercantilista y gesticuladora, fauna de “periodistas de lo insólito” y “gurús de la New Age”... Por descontado, entremezclándolo todo de modo absurdo e improcedente, los más descarados y procazmente caraduras, con el “Monotema del Gremio” durante este último lustro, ya olvidado y cubierto de justo oprobio y ridículo el célebre y necio “Efecto 2000” y sus precuelas de “milenarismo postmoderno de diseño”: “Las Profecías Mayas de la Gran Catástrofe del 2012...”. Y,
  • después de todo ese histérico, avaricioso y turbio alborto... Nada. Silencio total. Un silencio ominoso. Antinatural. Sospechoso. Pero, en el fondo, claro y trasparente como el cristal; Primera Fase: Caos, descrédito por confusión, “tormenta informativa” y degradación del mensaje real y científico mediante el monstruoso “ruido de fondo” de los “oportunos y bien subvencionados” voceros y “falsos maestros y profetas” del “New Millenium” que nos plagan, cazan, pescan “almas”, público dócil e hipnotizado, audiencias, fama y fortunas, jugando el rol de “sucedáneos espirituales de los viejos y decadentes sacerdotes y hechiceros de la tribu”... Y engordan sin límite de paso en los predios de la “Mass-Media”, controlados desde la Sombra por quienes – lo sepan ellos o no – les utilizan a libre y fría conveniencia; Segunda Fase: Censura Invisible Total; Tercera Fase y Final: Olvido, Ocultación Integral...; ¡Ok, “Operación Mascarada” finalizada con éxito! Como ven, se adivina la encubierta acción de la misma y poderosa “Mano Negra” que se encarga de “tapar bien tapados” todo rastro o insinuación teórico-empírica contraria o sencillamente alternativa a la “Verdad Oficial” paleontológico-arqueológica, impuesta a toda costa cual “pensamiento único” en lo tocante a nuestro pasado, por mejor fundada y argumentada que aquélla se encuentre o débil e ilógica que se halle a ésta. Pero la verdad tiene fuerza y luz propia, y por tanto sale por sí misma siempre a la superficie antes o después. Y la verdad – en este punto concreto – es que, entre todos, cada uno en la medida de nuestros talentos, medios y oportunidades, estamos empezando a abrir la Caja de Pandora de los Principios Básicos de la Ciencia y la Tecnología Psicotrónica de los Ancianos y Sabios “Elhoim” que – un día muy remoto – “bajaron de los Cielos a la Tierra”, sembrando el germen de nuestro Destino... En el seno de nuestra condicionada, sometida y “programadamente atrofiada” especie – únicamente en cierta discreta fracción “liberada” por el Acto Rebelde de la “Serpiente Antigua Emplumada del Edén” –, este es un conjunto de facultades psicofisiológicas “perdidas” e inhibidas, latentes, “aletargadas” en los sectores más “encriptados” y “mudos” de nuestro código genético – tan solo a veces y entre unas pocas líneas hereditarias dispersas expresado con un muy limitado y humilde potencial efectivo o fenotípico –. En los que denominamos “dotados psí”, “médiums”, artistas inspirados, genios creadores, “paragnostas” y “canalizadores” (los auténticos, claro, no la inmensa mayoría de alucinados, auto-engañados, enfermos mentales delirantes, cuando no palmarios embaucadores, bufones y estafadores de ferias, ambulantes o mediáticas, que nos rodean) – . No obstante, para aquellos arcanos, manipuladores, “sedientos” e inteligentísimos
  • “dioses”, se trataba y se trata de algo mucho más común y generalizado, si bien en mayor medida y sobresaliente nivel cultivado, naturalmente, entre sus castas de sabios, dirigentes y guerreros de elevado linaje. Y también es bastante más habitual y funcional – aunque a su inferior escala animal evolutiva, lógicamente –, entre algunas especies terrestres que tanto nos han fascinado y hemos mitificado, imitando una vez más a través de ello al potente e indeleble molde de nuestros “diseñadores”... Incluyendo entre ellas a estas humildes, pasivas e indefensas criaturas que hemos tildado, sin embargo, haciendo gala de una contradicción típicamente humana, con estúpida arrogancia despectiva, como “vacas marinas”, masacrando a algunas de ellas y a sus parientes próximas, las ballenas, con helada crueldad e ignorante desprecio hasta casi la extinción. No. No somos en absoluto mejores que los Anunnaki... Y, desde luego peores que unos pocos de ellos, quienes, al menos, arriesgaron una sensible porción de su seguridad, poderío jerárquico y privilegios, por atreverse a “iluminarnos”, por más que fuese en modesta parte, y movidos por el interés egoísta de “hacer su juego” con nosotros, sus “mascotas-Lu.Lus”, un tanto más “variado e interesante”. Por esto, aunque aprecio hasta cierto grado el valor y la tenacidad de lo que se ha venido en llamar “investigadores conspiranoicos”, por osar al menos intentar “rasgar el velo” de tanta conjura de mentiras y máscaras de disfraces, desdeño, en general, excepto honrosas y notables individualidades, su falta de rigor científico y contrastador de fuentes y – más todavía – , abomino de su muy preponderante “fariseísmo moralista” neo-cristiano, neobudista o, peor aún, “neo-evangelista”, antidarwiniano, más o menos “secreta o disimuladamente neocreacionista”, o a veces “neo-New Age” (que ya “manda huevos”, cual “eruptó” cierto ex-ministro español), buenista, primitivista, maniqueo, tecnofóbico, “antiurbanita”, “naif” e insoportable. Detesto igualmente su puritanismo reciclado de “anti-reptilianismo”, insufrible y paradójico tradicionalismo cerrado, cuando no pseudo-fascista-neonaziantisionista – el colmo de las contradicciones inconsecuentes, cuando le hacen el trabajo sucio de Mega-Confusionismo Destructivo al Arquetipo “Marduk-Yahvé”, sus Avatares y sus más estrechos “Iluminados/Adoptati” e íntimos discípulos/secuaces, lo que es para troncharse de risa o echar a llorar, depende del prisma bajo el cual se contemple – . Muy a menudo, exhiben sin pudor sus falsamente “espiritualizados” prejuicios, salvajemente machistas, homofóbicos e irracionalistas...; Sé que esta parrafada vitriólica no me hará ganar
  • muchos amigos entre ciertos sectores que, de otro modo, podrían interesarse o mostrarse afines por determinados aspectos de mi trabajo, pero me importa un rábano. Sé también quién soy y a quiénes soy leal por libre elección... Y me reservo el derecho de elegir a mis amigos. Y los que poseen una ensalada mental por neuronas y apestan a naftalina vetero-testamentaria, o fiel seguidora de los patrones genésicos de cualquier otra cultura ultra-patriarcal rabiosamente tribalista, teocéntrica y esteparia nómada “criadora de cabras”, no cuentan entre ellos... Menos que nadie. Jamás comulgaré con la ralea de borregos de Abel, sino con la gloriosa estirpe “luciferina”, agrícola, comercial, culta, civilizadora y fundadora de ciudades de Caín, el “mortal bienamado por Anat/Lilith/Sekhmet”... ¡Ojo, de cabras o equivalentes!... No soy racista por superficiales e irrelevantes diferencias como el color de la piel o los rasgos faciales, pero sí “elitista para el Arte y la Sabiduría” y, por ende, exquisitamente selectivo en cuanto a las “etnias mentales”... Pues los “locos de Dios (su Dios-Arquetipo “Yahvítico”, en alguno de sus múltiples disfraces “metamórficos”, obviamente), asimismo abundan en los “desiertos gélidos”. Quizá por esto esa chusma ama a los eslavos, tanto como odia a los hebreos con absurda incongruencia. Por envidia, sin duda: Al fin y al cabo fueron lo más inteligentes y refinados de entre los pueblos antiguos de origen trashumante “ovejero”. Y los veneran hasta el extremo de “perdonar a los rusos” el comunismo soviético y todo, al cual, en el fondo, excepto por el “pequeño detalle” del “ateísmo oficial”, se asemejan como dos gotas de agua. Es inevitable: Toda cultura o posterior civilización, por avanzada que haya llegado a ser en el terreno organizativo, mercantil, industrial y tecnológico, si mantiene la esencia de su “sistema de valores” estepario-guerrero-patriarcal – ya es hora de decirlo alto y claro y dejarnos de imbecilidades “políticamente correctas” e “hiper-relativismos” a la moda del “nopensamiento débil postmoderno” –, es poco democrática, represora, persecutora, torturadora, discriminadora y masacradora de mujeres. Créanme lo que les digo. Tengo varias amigas rusas, bielorrusas y ucranianas y no hablo de memoria libresca. En términos estadísticos comparativos, como es lógico. De un modo u otro, brutal y primario, o psicológico-religioso y/o ideológico-ritualizado, pero no por ello menos sádico y desalmado, o de ambos al mismo tiempo. Prefiero, mil veces inclusive antes – a pesar de los pesares y viejas y hondas heridas –, a un ya “decadente”, greco-romanizado y más que “templado” y civilizado erudito sufí u omeya andalusí, un cardenal o teólogo católico refinado “a la florentina usanza renacentista”, con ocultas y profundas ramificaciones gnósticas neoplatónicas, o a un
  • sabio rabino maestro cabalista de Praga, con su fascinante Golem incluido, claro está..., que a cualquiera de esos “conspiranoicos amigos de los alucinados profetas erotófobos, anti-intelectuales, ciencia-tecnófobos, anti-urbanos, misóginos (anti-femeninos) y apocalípticos de luengas y sucias barbas, negras, grises o nevadas, da igual... Ya se hallen en “lejanos o próximos desiertos, áridos, rojizos y tórridos, o asimismo secos, blancos y helados”... Cuando falta el Agua Sagrada, el Elemento Fluido, el Principio Femenino, el Ying, la Sangre y Matriz Viva de la Diosa-Madre Gea-Tierra y de todas las Tierras del Universo, los cuerpos y espíritus en general y, muy en especial los de los varones, se tornan enfermos, fanáticos y demenciales, revolviéndose precisamente contra Aquélla que les dio el ser y los crió... Con esa “chandala manicomial y degenerada” – cual, fino, afilado y certero, como de costumbre, les calificó Nietzsche –, prefiero no tener ni trato por e-mail. Cuestión de sibaritismo e higiene. Mental y de la otra, supongo, pues no suelen ser muy amantes del jabón “por no dar ocasión al pecado de la carne”, los muy desgraciados... Dicho sea de paso, me consta asimismo que, ciertos de mis más sagaces o mejor informados lectores en “materiales conspiranoicos”, habrán quizá visto “retratado” – entre otros muchos – el rostro de determinado personajillo, quien se ha erigido en los últimos años un notable “templete virtual” en la Red, por medio de cierto blog sobre “periodismo alternativo conspiranoide-antireptiliano”... No le nombraré para no darle ese placer, porque, como todos los “híbridos y mutantes retro-post-modernos” de patente raíz carpetovetónica/falangista de “pura raza”, aun cuando se esfuercen en “adornarla” y “maquillarla” vergonzantemente, les gusta con desmesura protagonizar “peleas de gallos”. Se creen muy machotes, ellos... Por lo que a mi concierne, me estimo en algo más que un gallo. Además de que – como ya sabemos – las aves no se ajustan en realidad para nada a su ridículo perfil falócrata y rudimentario. Amén de chulos y violadores en potencia, a nivel por lo menos subconsciente, son lerdos y “flacos de biblioteca”, sobre todo biológica y científica. Una vez anticipadas ciertas precisiones estéticas y filosóficas que estimo es necesario conozcan como lectores – para así clarificarles mi postura más bien “equidistante-distante”, por así expresarlo de manera gráfica y sintética, de la “onda psico-ideológica” que prima entre los “conspiranoicos” –, reconduzcamos las aguas al lecho más sereno y racional del teorizar científico.
  • De todo lo anteriormente expuesto acerca de lo efectos psicofísicos de los infrasonidos, se deduce que la singular sensibilidad, habilidad de procesamiento funcional y facultad codificadora-decodificadora de esta zona del espectro sónico, presentes en determinadas especies animales, constituyen, con enorme probabilidad racional, la base biológica de un amplio y poderoso desarrollo evolutivo posterior de lo que llamamos “percepciones extrasensoriales”, “vivencias en estados o plano alterados de conciencia” y “facultades paranormales”. Y, para una criatura tan avanzada científicamente y a la par dotada por naturaleza de tales aptitudes, el fuerte cimiento sobre el que levantar una imponente y arrolladora tecnología psicotrónica, tanto utilitaria, como exploradora y potenciadora del conocimiento y control interior de su propia psique y defensiva-ofensiva en el campo bélico, al actuar amplificada y calculadamente sobre la psique de sus enemigos u objetivos de conquista. Recordemos que los velociraptors, utahraptors y otros terápodos emplumados de alto nivel evolutivo, complejidad social y agresividad depredadora, utilizaban, en el mismo o parecido “techo de competencia” que los sirenios, ballenas y delfínidos actuales, esta clase de comunicación en el seno de sus grupos de caza y otros sistemas altamente jerarquizados y estereotipados de relación comunitaria simbólica, cual por ejemplo el establecimiento de la primacía interna y los rituales de apareamiento. Con ello, un carácter sustancial de mi “Modelo de Anunnaki” queda apuntalado por pruebas científicas experimentales objetivas, independientes de la hipótesis original de este modesto autor basada en los análisis de mitología comparada y la mera lógica inductiva-deductiva. La importancia de esta clase de organismos en el contexto de la posible aplicación de las tecnologías DLBM de hibridación morfo-genética adaptativa por parte de dichos “Visitantes” durante su prolongada estancia, manipulación y explotación directa de nuestro mundo en general y nuestra especie en particular se torna – entonces – una conclusión muy natural y casi inmediata. Los sirenios y cetáceos – más acusadamente algunas ballenas y los delfínidos –, exhiben la percepción/codificación de infrasonidos en una medida superior a cualquier otro animal conocido. De ahí, a justificar la tremenda y universal relevancia del Mito de los Sirénidos, Tritones, Hombres-Pez y análogos, no media ni un paso. Ahora bien, si enfocamos nuestra atención en los rasgos e historial legendario-mítico ligado a los Sirenios, es patente que, aun de
  • manera más preponderante y específica, se encuentran relacionadas con el sexo femenino. Y, como es habitual, mucho más allá de la Grecia Clásica, de donde proviene el término común para definir a las Mujeres-Pez en Occidente. Es, además, evidente en este caso que los antiguos helenos no pueden ser la fuente original más antigua del Mito en nuestra Civilización, ni a escala global, y no solo por el “mapa virtual” de la expansión del “Experimento Edén” según la “Teoría del Astronauta Antiguo-Modelo Psicobiológico Schreiber para los Anunnaki/Elhoim”, sino hasta para el más “ortodoxo” razonamiento: Sencillamente, no hay dugongos ni sirenios, ni nada parecido, en los ríos euroasiáticos de la zona templada ni en sus mares, incluyendo el Mediterráneo, por supuesto. Tampoco quedaron jamás rastros en el área primigenia de sus más arcanos ancestros filogenéticos, la cuna de la misteriosa y fascinante cultura Vinca de los Balcanes y los Cárpatos Danubianos, algo más de mil años anterior y por lo menos igual de sofisticada que los sumerios, pese a no ser muy conocida de forma popular. Ni en el Sumer ancestral como tal, el entorno celta, tarteso-ibero ni ningún otro en China, la India, Japón u otro punto del Extremo Oriente, todos ellos focos irradiadores de las grandes Civilizaciones-Madre más primordiales catalogadas por la Arqueología y la Historia oficiales... Y muy distantes de los Trópicos. Tan sólo los fenicios y cananeos, a causa de su avanzada red marítima mercante que les llevó a explorar lejanos litorales africanos y, a través de ellos, por mutuos contactos, migraciones, conquistas e influencias mutuas, los asiriobabilonios, acadios y egipcios – estos últimos, además, por sus contactos colonizadores sobre Nubia e incluso ocasionales “asimilaciones dinásticas” con la cultura de Meroe africanas, nativas del curso alto ya relativamente desplazado hacia las fuentes del Nilo –, pudieron poseer visión y conocimiento directo de tales criaturas marinas. Lo destaco porque – en esta ocasión – hasta los arqueólogos, mitólogos e historiadores más “convencionales” admiten que el cúmulo de leyendas y alusiones mítico-religiosas y épicas a las Sirenas y Nereidas, o sus equivalentes culturales en otras localizaciones, hubieron de albergar una base real: La observación, por parte de los marineros en rutas comerciales, misiones militares o exploratorias, y de los pescadores, de hembras manatíes o dugongas solitarias, o pequeñas agrupaciones de éstas, amamantando a sus retoños en superficie. Han de subir obligatoriamente, pues requieren tomar aire fresco directamente de la atmósfera, ellas y su prole, a lo largo de esta delicada y vital operación. (Normalmente, los adultos tiene que ascender con idéntico propósito, pero de modo muy breve, entre cada dos y cinco
  • minutos, aunque están preparados anatomo-fisiológicamente para hacer acopio de reservas de oxígeno capaces de sostener inmersiones más profundas, hasta de unos 20 minutos aproximados). Ciertamente, el aspecto desde media-lejana distancia de estas criaturas, tierna y solícitamente entregadas al arte e instinto de alimentar a sus más pequeñas crías mediante su leche materna, es sorprendente y conmovedoramente humanoide... Efecto en extremo intensificado porque – al igual que sus “primas” las elefantas –, sus pechos se hallan en posición frontal torácica, simétricamente colocados a ambos lados de las axilas. Encima, se “recuestan” o “tienden” boca arriba sobre las aguas, dejándose llevar suavemente en semi-flotación ligeramente gobernada por leves y precisos movimientos de su vigorosa aleta caudal medio oculta por debajo de la superficie, mientras con sus aletas delanteras sujetan y estrechan el cuerpecito de su cría, provocando una tremenda ilusión de la existencia de “manos” cariñosas y acariciadoras que debió impactar con inusitada fuerza los sentimientos y añoranzas más elementales de las mentes conscientes y los resortes ocultos subconscientes más profundos de sus primeros observadores “primates”, sensibilizados, sobrecogidos y excitados a la vez por la soledad, la sugestión de peligros y el misterio primitivo del Mar... Y, en verdad, el esqueleto interno de estas extremidades posee cinco falanges encajadas en tejido muscular, “soldadas” entre sí por su ulterior evolución o adaptación divergente al ambiente acuático y, a diferencia de los cetáceos, todas las articulaciones de las aletas son móviles; “Manos amorosas”, senos rebosantes de néctar, “colas” de pez... Indiscutible. Perfecto. Innegable. Por una vez, los “ortodoxos” tienen razón... Por una vez, porque ¡oh maravilloso milagro!, en esta ocasión se han atrevido a escuchar la sabiduría y tradición oral de los pueblos y los criterios de los más modernos y avanzados antropólogos, y psicólogos “jungianos”, quienes defienden que detrás de los grandes Mitos, Leyendas y Arquetipos de expansión planetaria multicultural convergente, en buena lógica, han de existir sendas bases físicas e históricas, reales y tangibles. Y también debido a que, en esta discusión dialéctica sobre los sirénidos, han intervenido múltiples “testimonios serios” y relativamente recientes de “gentes acreditadas” – algunas de ellas de enorme prestigio, trascendencia y celebridad, así como emitidos por naturalistas y biólogos de renombre –, todos ellos favorables a dicha corriente de opinión por evidencia palpable de su intuición racional y de sus sentidos. Es decir, porque ha habido suerte, y metieron “la mano, el ojo, el oído y el cerebro” personalidades y profesionales de
  • especialidades diferentes a los “canónigos dogmáticos de la arqueohistoria”, obtusos y ciegos por su obsesivo aferramiento a explicarlo todo como “fantasías”, “sueños místicos”, “coincidencias” y “creencias supersticiosas o mágico-religiosas”... Sin duda, un mecanismo de defensa – entre otras cosas – para no aceptar “intrusos”, mucho más preparados que ellos en numerosos aspectos de lo que debiera ser una compleja Ciencia interdisciplinar, “ajenos” a su “sancta-sanctórum de conceptos y paradigmas prefabricados. Lo de “oídos” viene a cuento, porque las hembras sirenias y sus crías emiten unos armoniosos y bellos “duetos” (así los denominan los expertos), intercambiadores densos de información. Esto acontece en los momentos de peligro, juego, enseñanza o elevada interacción emocional. Las emisiones sonoras entran en fase o resonancia mutua a frecuencias comprendidas – en función de la índole del “mensaje” y situación psicoemotiva implicadas – dentro del intervalo de 600 (extremo grave o “pico relajado”) a 6000 Hz (extremo agudo o “pico excitado”). O sea, “cantan”, dicho de un modo literal. La pieza que faltaba. Hagamos un somero repaso de la lista de “personajes” que han aportado su contribución a este asunto: En 1493, el Almirante de la Mar-Océana y “Virrey de las Indias” Cristóbal Colón – por el momento triunfante e “investido de todo poder y reconocimiento” por la Reina Isabel I de Castilla y su considerablemente menos activo, interesado e inteligente esposo, el Rey Fernando de Aragón – flamantes monarcas de la entonces primera potencia estatal nacional unificada moderna de Europa (España) y, tras aquel inaudito “golpe de fortuna e intuición”, fundadores y gérmenes del primer intento de Imperio Globalizador de Poniente –, se cruzó con manatíes caribeños en el Golfo de México, durante la singladura de su segundo viaje a lo que él aún no era consciente constituía todo un Nuevo Mundo de Promisión... Las identificó como “sirenas”, aduciendo en su Diario de Bitácora que “Resulta sobrecogedor aprehender su humana apariencia, en particular por los ojos, situados en la parte del frente de la faz, la posición de las mamas, mismamente idénticas a las de las hembras racionales, el pasmoso cuido y devoción que muestran con las suyas crianzas y las sorprendentes y uno diría apenas no preternaturales semblanzas de un diálogo sensible y dotado de juicio, que se trasluce del sonar de sus extraños cantos..., diríase que más cercano a las almas que a las bestias... Empero, experimento cierta decepción al dar buena fe de que, avistadas de corto, no parecen ni con mucho tan hermosas como las describiere el inmortal Horacio”; El descubrimiento zoológico y poco menos que inmediata extinción ulterior de la “vaca marina de Steller” antes citada, como
  • consecuencia de caza sistemática de los balleneros, generó la primera “oleada de concienciación y resistencia ecologista” prematura de la que se tienen noticias en el entorno occidental: Las gráficas, vívidas y apasionadas pero no exentas de rigor científico descripciones del naturalista alemán – en las que exaltaba los rasgos “dulces, dóciles y maternales” de las hembras de la especie, muy al gusto de los ideales morales patriarcales tradicionales imperantes en la época –, pusieron de moda a las criaturas, sobre todo en el seno de la “minoría culta burguesa”, único sector de la sociedad que leía en aquellos pasados tiempos. Ello, unido a su dramática y rápida extinción a manos de los “crueles balleneros” (jamás se mencionó la insaciable avaricia de sus “respetables” patronos y clientes, como cabe esperar), produjo un respetable influjo que caló incluso a ciertas capas del pueblo llano, y dejó su impronta en futuras creaciones del arte y la literatura, amplificada y transmitida a través del “esplendor romántico” de principios a mediados del siguiente siglo, el XIXº de nuestra Era; Así, el encumbrado y laureado novelista, poeta, filósofo e iniciado masón de alto grado inglés nacido en Bombay, glosador del Imperio Británico victoriano y su superideología, Rudyard Kipling, alude a ellas en su “Historia de la Foca Blanca”, integrada dentro de su famosa y muy celebrado relato “El Libro de la Selva”, publicado en 1894. En el texto, el protagonista – Kotick – se topa con un grupo de “sirenas de Steller” más o menos idealizadas que pastan en el mar, cerca de la costa, y éstas le conducen con gentileza, entre embriagadoras melodías, a una playa maravillosamente bella; En su obra “Kraft und Stoff”, el filósofo agnóstico germano, pionero del “naturalismo ecologista”, admirador y contertulio de Charles Robert Darwin, Ludwig Büchner, emplea la historia de la extinción de la “vaca marina de Steller”, cual ejemplo para argumentar con vehemencia su oposición al abuso en la esquilmación de los recursos de la Naturaleza; A mediados del mismo siglo, el pintor bávaro Johann Andreas Fleischmann realiza una serie de aguafuertes con el motivo del mismo animal; El propio Julio Verne no se resistió al “encantamiento sirénido”. Imaginativo, bien documentado e increíblemente “visionario” escritor, abogado, periodista y ocultista francés quien, justo pocos años después que Edgard Allan Poe, “re-inventó” el género de “ciencia ficción” y lo desarrolló más que nadie en sus años, volvió a describir a las “vacas marinas” recientemente desaparecidas a modo de “sirenas”. “Visionario”, o puede que sencillamente “con acceso a ciertos estratos de información secreta altamente privilegiada reservada para círculos elitistas de iniciados”, esa es otra cuestión, que abordaremos de forma extensa y general en el siguiente trabajo de
  • esta colección. Lo hizo en su mundialmente exitosa – un auténtico “bestseller” en su momento –, “Veinte mil leguas de viaje submarino”; Ya en pleno siglo XX, el famoso zoólogo franco-belga Bernard Heuvelmans trató de establecer un “modelo biológico” como justificación del sustrato real del Mito de las Sirenas y Nereidas, de un modo esencialmente análogo a como yo lo hago con los Anunnaki/Elhoim, combinando el estudio comparativo de los factores comunes de las tradiciones legendarias con el análisis biológico y evolutivo. El Dr. Heuvelmans – de la Universidad Libre de Bruselas – fue un gran investigador, viajero, erudito e infatigable divulgador. Se le considera con justicia el “padre fundador” de la Criptozoología moderna, cuyo “bautismo de fuego” científico sería su excelente libro “Sur la Piste des Bêtes Ignorées” (“Tras la Pista de las Bestias Ignoradas”), editado en Francia en 1955. Otro “de los más geniales herejes racionales librepensadores”, como Rupert Sheldrake y – por fortuna – cada vez menos escasos sabios genuinos, a quien un distinguido título académico no le impidió jamás el sano, irrenunciable e iluminador don de pensar por sí mismo con lógica e intuición creadora perfectamente bien amalgamadas. Aparte de a “grandes Maestros-Raíz” de esta “Edad Contemporánea”, cuales Darwin, Lamarck, William James, Jung, Joseph Campbell y Mircea Eliade, es a este insigne biólogo a quien, junto a Zecharia Sitchin, le debe este humilde autor la esencia de “su” método inductivodeductivo para interpretar y aproximar una posible explicación racional a las inmensas incógnitas y oceánicas “lagunas” acerca del remoto pasado de la Humanidad. Lamentablemente, ambos han fallecido hace poco, el ilustre centroeuropeo unos años antes, en 2001. Aprovecho para tributarles, desde estas páginas, mi más sincero y sentido homenaje como “Hermanos en la Luz que irradia desde la Sombra”. No es nada extraordinario que esto sea así: Mi “Modelo Schreiber para el Anunnaki/Elhoim” no es otra cosa que una aplicación específica de la metodología criptozoológica al terreno de la Exobiología (la disciplina encargada de desarrollar la teoría bioevolutiva de las probables formas de vida extraterrestre a la luz de los conocimientos interdisciplinares actuales de la Ciencia). En un próximo nivel algo más secundario en este campo, se hallaría el asimismo pionero trabajo del berlinés naturalizado norteamericano Willhem o “Willy” Ley, paleontólogo de formación, brillante divulgador y más destacado por su entrega autodidacta a la ingeniería mecánica y química de cohetes, pues fue uno de los primeros , más leales y valiosos colaboradores de Werner von Braun. Con referir que la NASA nombró un gran cráter lunar con su apellido en su memoria, ya está todo dicho. Ley, quien a la vera del
  • californiano John Parsons – el controvertido ingeniero químico y alto iniciado en la “magick” ocultista crowleyana, quien también fue distinguido con el solemne “bautismo” de otro cráter en nuestro hermoso y singular satélite –, aportaron el fundamento para la síntesis de los combustibles sólidos de elevadísimo poder calórico que continúan alzando nuestras naves espaciales más allá de nuestra atmósfera, no obstante, nunca abandonó su interés por mantenerse al día y difundir los más novedosos y audaces descubrimientos y especulaciones imaginativas pero serias en su especialidad original, la paleontología y la zoología evolucionista. Era un verdadero y meritorio “hombre del Renacimiento”, la marca del genio... Vergonzosa y tristemente, de los que ya abundan tan poco como los sirenios en el “ecosistema universitario” presente, sometido castradora y abyectamente al más embrutecedor “hiper-especialismo burocratizado” por espúreos intereses económicos de mercado, fatalmente entronizados muy por encima de los objetivos de la ciencia pura y la búsqueda del saber, ya sea con receta “a la “bigburger” estaodounidense o “a la boloñesa” europea, “tanto capa, capa tanto, Washington como Bruselas”, si me permiten parafrasear el viejo refranero histórico castellano... Con perdón de Isabel y Fernando, claro... Quizá tan limitados, falsos, manipuladores, egoístas, avariciosos, corruptos, crueles, cínicos y tiránicos como nuestros “democráticos gobernantes”, pero sin posible comparación en mayor imaginación aventurera (por lo menos ella), valor, menor grado de hipocresía, autoridad real – no eran aún meros títeres bufonescos al servicio sumiso de bancos, multinacionales y grandes corporaciones –, y cierto sentido del honor, eso por supuesto... Por eso les ruego me disculpen. No es que me encuentre de acuerdo con ellos en multitud de cuestiones, pero merecen mi respeto (de nuevo, la Reina en mayor medida, además, me encanta su nombre..., ya saben porqué). Pues bien, Willy Ley escribió “Exotic Zoology” (“Zoología Exótica”), una popular y sobresaliente síntesis de las bases científicas plausibles ocultas tras las fuentes legendariofolclóricas tales como las historias sobre “serpientes marinas”, yetis y “grandes saurios” o “dragones” supervivientes; Este cúmulo de aproximaciones y conceptos, convenientemente enlazados, dibujan un esquema teórico que permite comprender la vasta propagación universal del Mito y su fuerte acento “femenino”. Y, en principio, aparentemente lo consigue sin necesidad de acudir a la “Hipótesis del Astronauta Antiguo”. Denotemos a este escenario “Teoría Sirénida Criptozoológica”. La prueba más diáfana de su consistencia es que todos los pueblos y culturas ancestrales que tuvieron o pudieron tener experiencia o contacto directo geográfico, o por
  • préstamo “vecinal” razonable con dugongos o manatíes, les definen, respetan y veneran preferentemente como “mujeres-pez” variablemente mitificadas-divinizadas: En Egipto las llamaban “hermosas doncellas del mar”, en Kenia, “reinas del mar”, en Indonesia, “princesas Dugong” (pues de ahí viene el nombre común de la especie, del tagalo “dugong”, a su vez derivado del malayo “duyung”), y entre las tribus de la cuenca del Amazonas – más primitivas y, por ende, quizá más realistas y descriptivas, en un sentido profundo y primigenio, que los demás –, simple y llanamente, “peces-mujeres”. Verificamos – entonces – que, al menos por esta vez, la visión aceptada por la mayor parte de la comunidad científica “oficial”, en lo que atañe a los orígenes y cimientos objetivos del Mito de los Sirénidos, es mucho más amplia, abierta de miras y sustanciada de lo habitual. Menos mal, por ventura, reitero, aun a riesgos de tornarme un poco pesado, de la “salvadora” intervención de paleontólogos, biólogos, criptozoólogos, y otras figuras intelectuales y observadores prácticos de “primer nivel” de lucidez mental en el debate. Pese a ello, el edificio teórico precedente no es suficiente para explicar un último pero crucial y asimismo generalizado matiz del contenido mitológico-legendario referido a las Sirenas y Nereidas: Su insólita, aguda y terrible agresividad, supuesto poder psíquico y letal tendencia voraz y a la par seductoradestructiva. Además, la atribución de estos rasgos a criaturas de la extraordinaria mansedumbre, docilidad y “ternura” maternal potentemente afín a las mejores, si bien no siempre presentes, pero sí preponderantes y frecuentes, cualidades de las madres humanas, se antoja manifiestamente incongruente y absurdo. En principio, asignar caracteres feroces, sanguinarios y truculentos a un licántropo, hombre-tigre o una mujer-pantera, entra dentro del sentido común – y también de los efectos psicofísicos reales de los infrasonidos que emiten en sus estrategias de ataque las fieras en que éstos se “inspiran”, como acabamos de ver –, pero ¿qué lógica puede haber tras la asunción de tales factores en el arquetipo colectivo de las sirenas, apoyado en la percepción objetiva de animales herbívoros marinos tan abrumadoramente “dulces”, maternales, pasivos e indefensos como los dugongos y manatíes? Ninguna en absoluto. Ya estoy imaginando a algunos “ortodoxos” quebrándose la cabeza en busca de “demoledoras” réplicas... Les ahorraré el trabajo, no vaya a ser que se desencuadernen por falta
  • de costumbre de cavilar por su propia cuenta y riesgo: Tan sólo hay tres argumentos “formulables”, pero ya les anticipo que son de todo menos contundentes: 1) Se ha postulado – que no comprobado – un comportamiento depredador “mínimo” natural en estas especies. En concreto: Algunos biólogos marinos creen que pueden consumir pequeños crustáceos submarinos durante sus inmersiones periódicas, a modo de complemento proteico en su dieta. Pero añaden que “sin darse cuenta, de modo mecánico inconsciente”. Me pregunto si los marineros y pescadores primitivos de hace miles de años “bucearían” tras ellos “a pelo”, y a costa de puro pulmón, con objeto de comprobar tal hipótesis, y para qué rayos desearían hacerlo... Tenían preocupaciones mucho más vitales y urgentes que estudiar a las “mujeres-pez cantarinas” bajo el agua... Y, en todo caso, ni mucho menos es de recibo que algo tan simple e inocente les impresionase. La inconsistencia de esta “objeción” en el sentido de la presente discusión es obvia por sí misma. 2) Se han descrito casos – muy raros, pero bien documentados – de ejemplares de sirenios en cautividad que aceptaban comida carnívora de peces, a los que devoraban con animoso apetito. Asimismo, entre algunos grupos de manatíes del Caribe, se reportaron en Jamaica un puñado aún más reducido de ocasiones en las que sacaban peces de las redes de pesca y se los comían. Pero la conducta alimentaria – y general – de cualquier animal superior prisionero y extraído de su medio salvaje, o bien en asiduo y aclimatado contacto con la actividad e influencia domesticadora, aunque sea incidental, colateral e involuntaria – en referencia a los “ladrones de pescado” jamaicanos – del ser humano, no posee validez alguna para analizar sus pautas normales en libertad. Particularmente, en los vertebrados complejos, altamente sensibles y receptivos al aprendizaje, como estos seres. Por ejemplo, el hombre – al igual que todas las ramas de la filogenia homínida – es, por naturaleza fisiológica y adaptación evolutiva, omnívoro. Pero sus patrones espontáneos congénitos se alteran tremendamente al ser sometido a los efectos combinados de un intenso estrés ambiental de primacía o supervivencia y presión social-cultural, de una forma en extremo semejante a lo que ocurre con un animal – sobre todo mamífero – en cautividad. Ya el respetado y didáctico etólogo evolucionista y zoólogo Desmond Morris concluía hace decenios, con su acostumbrada sagacidad libre de prejuicios, que “el hombre civilizado” – su famoso “Mono
  • Desnudo” – es, se siente y se conduce como lo más similar a un primate encerrado en la jaula de un Zoo... Una jaula amplia, confortable y muy bien acondicionada en estos últimos tiempos, a diferencia de las que disponían la inmensa mayoría de sus congéneres en el pasado, pero “jaula” al fin y al cabo. Así, si un científico extraterrestre recién llegado a la Tierra estudiase el canibalismo de los antropófagos, ya sea éste gastronómico, “ritual guerrero” o “ritual de amor” – al que también con “animoso apetito” se entregaron nuestros antepasados en Atapuerca, o los contemporáneos de ciertas tribus actuales – y, en el extremo opuesto, el estricto vegetarianismo practicado por ciertos monjes budistas o “neo-místicos ecologistas” de la New Age, no por ello deduciría que dichos hábitos alimentarios representan los esquemas naturales, filogenética y fisiológicamente óptimos ni nutricionalmente más recomendables, saludables y equilibrados para nuestra especie, sino más bien un par de radicales anomalías minoritarias y norepresentativas, inducidas por fuertes variables de distorsión ideológico-cultural del comportamiento espontáneo y congénito instintivo del “Mono Desnudo”. Tampoco lo hacen nuestros sabios al comprobar las cabriolas de un elefante amaestrado en el circo, o cuando ven un murciélago o un mono fumando como posesos, hechos estos dos últimos mucho más frecuentes que el de los “manatíes roba-peces”, pues el grado de condicionamiento por imitación es incontestablemente superior... La absoluta debilidad de este contra-argumento en el contexto de nuestra dialéctica es – por ende – tan patente como, ahora sí, demoledora. 3) Abandonamos el confortable campo de la biología para adentrarnos en las procelosas y mucho más movedizas y turbias aguas pantanosas de la psicología y la psiquiatría: Los freudianos “duros de pata negra” podrían argüir que “la asociación subconsciente de la figura de la “Madre” con elementos terroríficos, agresivos, devoradores, malignos-mágicoseductores y, en suma, “castradores-represores”, es una dinámica inherente a la psique humana en la fase que media entre la primera y la segunda infancia, cuando – según sus modelos psicoanalíticos – el niño comprende que su progenitora – a la que hasta entonces adoraba de modo “platónico” – pertenece en realidad al padre-autoridad. Y, por ello, experimenta terribles sentimientos de celos, envidia, rabia y odio impotentes, así como “deseos variablemente inconscientes de muerte”, frecuentemente expresados en sueños o pesadillas simbólicas recurrentes.
  • Los que, a su vez, le crean “complejos de culpa”, desencadenantes de las representaciones horrendas y demonizadoras del objeto de su imposible deseo de posesión de origen difusamente sexual. Este fenómeno se define como “proyección por transferencia”: Proyectando o transfiriendo los rasgos o atributos “odiosos” y “vergonzosos” que generan la culpa sobre el sujeto o sujetos del deseo o pulsión reprimido que engendra los poderosos sentimientos subconscientes de culpa y las dinámicas patológicas de angustia, auto-desprecio, temor de sí mismo y depresión que éstos conllevan, la intensidad, energía y gravedad de sus síntomas disminuyen, además de alargarse los periodos medios de sus crisis o “picos” de actividad máxima”. O algo parecido. (Creo que he reproducido bastante aceptablemente su peculiar y no demasiado diáfana jerga especializada). Comentaremos y replicaremos esta opinión acto seguido, con cierto detalle. En primer lugar, destacar que ni el pensamiento y metodología analítica originales del neurólogo y psiquiatra austro-húngaro Sigmund Freud, vienés de formación y residencia la mayor fracción de su vida académica, profesional y personal, pero nacido en Príbor (Moravia), actual República Checa, ni su posterior desarrollo a cargo de sus más relevantes y fieles discípulos y seguidores, son ni mucho menos “infalibles”, ni aceptados por la comunidad científica en general o la de psicólogos y psiquiatras en concreto. Ni tampoco se considera, a estas alturas, un enfoque actualizado sobre el estudio funcional, estructural y dinámico de la mente humana. Se trata – en realidad – de una escuela obsoleta que cuenta, al día de hoy, con muy pocos partidarios profesionales exclusivos o estrictos. Únicamente mantiene cierta relevancia – muy disminuida respecto a a sus “glorias pasadas” –, en Francia, Argentina y ciertos sectores urbanos de las Costas Este y Oeste norteamericanas. De hecho, en el presente, sabemos incomparablemente más acerca del funcionamiento del cerebro humano como “hardware biofísiconeuroquímico” de la mente (su “software” funcional operativo), de lo que el Dr. Freud, sus alumnos, o cualquier investigador de su época, pudieran tan siquiera vislumbrar, por más eminentes que fuesen. Y, por ello mismo, sabemos que el objeto de estudio al que nos enfrentamos – la mente humana – es un sistema en red neuronal abierta libre de escalas, altísimamente jerarquizada, modularizada, “robusta” o auto-rreparadora/reajustadora, densa y con tremendo potencial morfo-dinámico flexible o adaptativo a los más diversos,
  • cambiantes y fuertes estímulos del medio en forma, dirección, grado y nivel multi-variante para cada persona. Y, sin embargo, en buena e indeterminada proporción, asimismo influida y condicionada por las pautas inscritas en el código genético colectivo de la especie a través de su historia evolutiva y sus múltiples variaciones individuales. Un sistema, tan intrincado y aún enormemente desconocido en sus detalles, que “todo lo que sabemos nos lleva a concluir que por ahora nos queda casi todo por saber”. En consecuencia, el abordaje de tan arduo problema está, forzosamente, condenado, por el momento, a utilizar una especie de “paradigma mixto” provisional y toscamente aproximativo. Una amalgama “sintética”, conformada por la “mezcla” menos imperfecta e inconsistente posible entre las escasas escuelas teóricas cuyos conceptos, principios y aplicaciones básicas, por lo menos, han sobrevivido en parte a los estrepitosos derrumbes que la accidentada y dolorosa serie de pruebas de ensayo-error-verificación, y el incesante progreso de nuevas ideas, planteamientos, hallazgos y evidencias, durante poco más del último siglo, han dejado atrás, a modo de gigantesca e inclemente criba. De esta durísima y expeditiva “selección natural de memes” – como la describiría el profesor Dawkins” –, tan sólo han pervivido ciertos elementos de las siguientes “escuelas primordiales”: a) La Psicobiología, dividida en dos ramas diferentes, si bien tienden a ser compatibles y mutuamente complementarias; a1) El conductismo-reflexología o “behaviorismo”, debidos a los norteamericanos John Broadus Watson y su igualmente brillante seguidor Burrhus Frederic Skinner, y al ruso Ívan Pavlov, respectivamente, cuyos estudios de las relaciones estímulo-reacción del sistema nervioso central en los vertebrados superiores, en especial roedores, aves, simios y el hombre, así como los mecanismos del condicionamiento operante, sigue siendo sustancialmente válidos, y uno de los muy pocos terrenos en los que la Psicología y ciertas terapias psiquiátricas limitadas y específicas se asientan en un modelo con base empírica capaz de satisfacer las exigencias integrales del método científico. La demostración por parte de Watson, ayudada por los trabajos de Rayner, de que sobre el fundamento de las reacciones emocionales en las fases tempranas del desarrollo (primera infancia hasta la adolescencia), se “edifican”, por asociación adictiva/aversiva, con correspondientes pares de estímulos de placer-recompensa/displacer-castigo, todas las demás etapas del aprendizaje psico-social del individuo adulto, continúa siendo uno de los puntales maestros de la Psicología. Pero su absoluto menosprecio e ignorancia sistemática de la importancia de los diversos estados de conciencia interior – incluyendo los niveles
  • profundos del sueño, imprescindibles para la integridad psíquica y hasta la supervivencia física, como se ha comprobado tanto experimental como clínicamente con creces –, y de las tendencias y pulsiones innatas, o de sustrato genético, sobre el perfil de personalidad e identidad y la configuración genérica e individual del sistema nervioso central, limitan y reducen su marco de validez a los aspectos más externos y superficiales de la multidimensional realidad psicoemotiva y mental del hombre y otras especies máximamente evolucionadas en esta línea, como varias de las que nos ocupamos a lo largo de estos apartados; a2) La Neuropsicología/Neuropsiquiatría, basada en sus principios actuales en los muy meritorios trabajos del gran médico neurólogo soviético Alexander Románovich Lúria: El análisis sistemático de la relación entre la localización zonal y neuronal de las lesiones y alteraciones físico-químicas y celulares de los tejidos cerebrales, y su relación anatomo-fisiológica con los trastornos y funciones psíquicas por éstos afectadas, la versión actualizada y tecnificada de la vieja frenología. Ahora, transformada en la resultante de los más novedosos e innovadores modelos emergentes surgidos de las neurociencias de cimiento celular, biofísico y bioquímico, y sus sofisticadas tecnologías instrumentales de medición, visualización y diagnóstico por imágenes de los esquemas y patrones de actividad/respuesta cerebral en tiempo real, de plena y flamante vanguardia; b) La Psicología Funcionalista: Articulada por los también estadounidenses William James y John Dewey de manera independiente, y con algunos matices diferenciales pero esencialmente convergentes. Dewey se especializó en la aplicación de los principios y métodos generales del funcionalismo a la psicopedagogía evolutiva, pero no entraremos en ello, pues se aparta en exceso de la temática central que estamos estudiando. Los dos lucen personalidades y trayectorias tan excelentes intelectualmente como abiertas de mente, creativas y apasionantes; James fue otro “reluciente homo universalis” de corte “renacentista”: Filósofo, anatomista, fisiólogo, psicólogo y magnífico profesor en todas estas materias, llevó a cabo toda su luminosa carrera académica en la Universidad de Harvard. Era hijo del filósofo Henry James Sr. y hermano del novelista Henry James Jr. En el plano del pensamiento puro, es uno de los grandes representantes del “pragmatismo” o “utilitarismo” y del “empirismo radical”. En el teórico científico, un original, innovador, ardiente discípulo y a la par amplificador y “reciclador” o “reformador” del Paradigma Darwiniano; Igual que los conductistas, trató con todas sus fuerzas de integrar a la psicología en la rigurosa metodología de las ciencias
  • naturales positivistas, pero, en mi modesta opinión, con muy superior grado de creatividad, amplitud de miras conceptual y profundidad. William James parte de dos Principios filosóficos muy sencillos, pero de una fuerza lógica abrumadora: Primer Principio: “No existen verdades absolutas. Nuestra mente es un producto o epifenómeno de la evolución natural del cerebro animal bajo determinadas circunstancias condicionantes ambientales. Por lo cual, toda evidencia o indicio de certeza cognitiva, convicción perceptivoemocional o sentimiento de valor moral son relativos”; Segundo Principio: “Por consiguiente, el único criterio razonable y objetivo del grado de validez – siempre comparativo, aproximado y revisable –, de cualquier idea, línea de pensamiento, sistema de creencias o de conocimiento y estrategia de acción de ellos derivada o por ellos impulsada, es su nivel de utilidad práctica a la hora de favorecer nuestra supervivencia y propagación, tanto a escala individual, grupal, como de la especie en su conjunto”; James aplicó estos principios rectores, que consideraba elementales y universales, a los problemas y fenómenos psicológicos de manera sistemática, utilizándolos para analizar temas capitales para las “ciencias de la psique humana”, tal cuales: Su relación con la conducta animal; La importancia de la experiencia religiosa, o la mágico-chamánica primitiva que la antecede y a la vez complementa, interpretadas en términos psico-bioevolutivos; Los comportamientos “anormales patológicos” como “variaciones no-aptas y, por ende, recesivas y minoritarias”; Los estados alterados de conciencia cual “desviaciones igualmente “raras” pero favorables al probable siguiente “paso psicoevolutivo” de la especie”, análogas a “mutaciones adaptativas”...; En su primer libro – que le valió gran fama y reconocimiento, tan sobresaliente, original, incisivo y bien escrito, al mismo tiempo riguroso, erudito y accesible para el gran público, que todavía hoy vuelve a editarse de cuando en cuando, pese a constituir un tomo de imponente volumen –, titulado “Principles of Psychology”, publicado en 1890, el autor sienta las bases de una formulación, analítica y reinterpretación global de la Psicología bajo conceptos evolucionistas de hondo fundamento biológico. De hecho, el nombre de “Funcionalismo” procede de su postulado central unificador: “El funcionamiento de la mente es un sistema complejo controlado y determinado – como cualquier otro sistema orgánico – por la necesidad de ajustar sus cambios a los del medio y adaptarse así al entorno. Toda variación, tendencia, modificación o incluso “desviación” aparentemente “extraña” o “psicopatológica”, no sería otra cosa que un cambio “morfofuncional” y/o de “patrón de conducta” en la estructura y/o actividad
  • del cerebro de un individuo o los de un grupo de ellos, que se aleja en mayor o menor medida del promedio habitual de la población. Sólo a medio-largo plazo podremos establecer si supone una ventaja adaptativa, alteración neutra o desfavorable, según la condiciones y/ o fluctuaciones de las variables físicas, biológicas y socialesculturales del medio la seleccionen”. William James fue, consecuentemente, el “Darwin de la Mente”, pues todo su modelo teórico se apoya e inspira en la Ley de Selección Natural enfocada hacia los fenómenos y procesos psíquicos en interacción con el medio ambiente. Y, en verdad – como el mismo autor no dudó en reconocer con agradecida honradez en todos sus trabajos –, buena parte de él ya se encontraba esbozado en algunos textos originales de Charles Darwin, especialmente en sus magníficas obras “Descent of Man and Selection in Relation to Sex” (“El Origen del Hombre y la Selección en Relación al Sexo”) y – más aún – “The Expression of Emotions in Man and Animals” (“La Expresión de las Emociones en el Hombre y los Animales”). Terminados y de inmediato editados con poderoso impacto en 1871 y 1872, respectivamente, en plena y prolífica madurez de su genial autor, ya mundialmente consagrado por su “Opus Magna” capital, “El Origen de las Especies...” – y a fuer de ser sinceros, bastante mejor redactados y estructurados que su “Gran Biblia de la Biología Contemporánea” –, el primero establece los cimientos de todo el desarrollo posterior de la moderna paleontología humana y antropología y, el segundo, una muy bien plantada semilla para el crecimiento de la psicología funcionalista o evolutiva, fertilizada, regada y hecha brotar con admirable esmero y vigor por la futura labor de James. Su afinado, sagaz y preciso “instrumento maestro”, una fusión inseparable de pragmatismodarwinismo, llevó enseguida a éste a defender que “Cualquier idea, fenómeno o experiencia mental o perceptiva, únicamente deben enjuiciarse o calificarse en función de este exclusivo criterio objetivo y objetivable: Su utilidad, indiferencia o perjuicio para la supervivencia humana”. Dicho paradigma es – por tanto – asimismo, como el conductismo, profundamente positivista y biologista. Pero, a diferencia de él, supera con mucho sus “intolerables estrecheces” reduccionistas. Es más, su amplitud, alcance y potencia explicativa son incomparablemente mayores, pudiendo, al menos, plantearse el abordaje de todos los aspectos o dimensiones del psiquismo interior y su nivel inconsciente – terreno “vedado” al behaviorismo por definición – y, por añadidura, desde una perspectiva más general, incomparablemente mejor fundado en datos empíricos y modelos teóricos biológicos y psicofisiológicos que el psicoanálisis freudiano “clásico”. Ello, en mi humilde opinión, y la de la mayor parte de los
  • psicólogos de las generaciones más actuales, dicho sea de paso. Y no se limita a emular de forma muy acentuadamente más sólida, coherente y realista la exploración psicoanalítica del abisal y oscuro “universo íntimo interior” de las motivaciones e impulsos más primordiales de nuestras mentes, sino que incursiona con aún tímido pero no desdeñable éxito incipiente en los enigmáticos y fascinantes predios de las “facultades paranormales” y los “estados alterados de consciencia”. En gran parte, gracias a la notable y sana apertura de miras y audaz personalidad del profesor James, su brillante “padre fundador”. Otro “cerebro maravilloso”, cuya filosofía científica racionalista, empirista y evolucionista – pero de verdad, y por ello combativamente alejada de todo “dogmatismo academicista” –, le hizo siempre, por eso mismo precisamente, mantenerse abierto a la intuición racional y la aceptación de todo tipo de indicios y evidencias contrastables, por “heterodoxas” y “exóticas” que pudieran parecer. Intensa y activamente interesado en la fenomenología “paranormal”, la mediumnidad, la impregnación psíquica, la percepción extrasensorial, la videncia o “visión remota”, la telepatía, la precognición, los estados alterados de conciencia y el estudio riguroso y escéptico, pero libre de todo prejuicio, del espiritismo – cuyo movimiento, supuestas manifestaciones psicocinéticas, “fantasmales”, ectoplásmicas” y “sesiones” estaban en la cima de su auge como “moda social e intelectual” entre las clases cultas y acomodadas del “final de siglo” del suave pero inexorable “ocaso victoriano” –, sus investigaciones y conclusiones acerca de todo esto – que al día de hoy llamaríamos “parapsicología” y por entonces denominaban “metapsíquica” –, revisten un enorme interés e iluminadora relevancia. Pues bien, para el Dr. James, el valor de cualquier idea, impulso, motivación o conducta humana tan sólo es objetivamente determinable en términos de ventaja darwiniana para la adaptación o supervivencia: Así, su famoso análisis de porqué el “hecho de la creencia religiosa o sobrenatural” se encuentra tan fuertemente extendido y universalizado, debe “aislar” una explicación funcional psicoevolutiva. Y, en efecto, lo hace: Tal y como expuso el propio James, para un ser cognitivamente tan complejo y racionalmente potente como el ser humano, capaz de prever conscientemente lo inexorable de su propia muerte, y de aventurar su terrible significado de disolución irreversible en la Nada de su misma identidad individual, la elaboración subconsciente y posterior sofisticación, simbolización y explicitación conscientes, de más o menos complicados sistemas religiosos teológicos o animistas, supondría un “mecanismo defensivo de consuelo”. Un mecanismo favorecido por
  • la Selección Natural, con objeto de evitarnos la tentación de una depresión o temprano suicidio, reacciones ambas evidentemente graves e incapacitantes o letales para la probabilidad de reproducción; Adicionalmente, la intrínseca necesidad del fenómeno religioso de apoyarse en una intensa renuncia a la libre satisfacción natural de los impulsos y deseos individualistas, en favor de los colectivos y unificadores de sus valores, dogmas y preceptos, habría actuado como un poderoso “pegamento”, favorecedor de las estrategias cooperativas de caza y más tarde, agrícolas y ganaderas, así como la reducción de las luchas o rivalidades internas tribales por los recursos y las hembras, vitales para la supervivencia comunitaria de la especie en un entorno cambiante y hostil. Por otro lado, idéntico método o criterio analítico le llevó a mostrarse públicamente partidario de permitir, e incluso alentar, dentro de un estricto control de fraudes e imposturas de los falsarios y timadores, prácticas como la medicina alternativa, el curanderismo, la “sanación psicoenergética” y similares. Alegando que si, por inducción o activación inconsciente de potentes mecanismos psicosomáticos regenerativos – esencialmente análogos al “efecto placebo” o las “curaciones por fe” –, los pacientes sanaban en muchas ocasiones – casuística de la que pudo aportar abundante y contrastada documentación, directamente verificada en persona –, se trataba de una “estrategia” u “opción” válida, al favorecer “psicoevolutivamente” la supervivencia. Esta valiente y franca postura – totalmente coherente con su metodología y sistema de pensamiento filosófico-científico –, le produjo tremendas complicaciones, pues hay pocos “sanedrines” más cerrados de cráneo, excluyentes, ultraconservadores, inquisitoriales, represores y voluntaria e interesadamente “ciegos de mente”, ni ante pruebas palpables y palpitantes, que los Colegios Oficiales de Médicos. Ni que decir tiene, estoy plena y entusiásticamente de acuerdo con los conceptos y métodos del insigne investigador y librepensador americano, pues, si se fijan, su Principio Psicofuncionalista Adaptativo, junto a la lógica inductivodeductiva “cripto-zoológica/exobiológica”, constituyen en el fondo la base nuclear del procedimiento teórico para “diseñar” mi “Modelo de Anunnaki”. Ambos, los más imaginativos pero no por ello menos racionales y rigurosos “Hijos Exóticos” de Mr. Darwin... Recapitulando: El “Paradigma Sintético” provisional de la Psicología actual es, de hecho, una mezcla o recombinación de los esquemas teóricos funcionalistas o psicoevolutivos, conductistas y
  • neuropsicológicos, actualizados, perfeccionados y dotados de mayor consistencia empírica por los más flamantes datos aportados por las neurociencias instrumentales avanzadas de alta tecnología. En este panorama, lo único que queda de Freud es su demostración de la enorme importancia de los procesos inconscientes en las vivencias psíquicas interiores y ciertos patrones de la conducta humana. Es decir, su idea más crucial e innovadora, pero también la más elemental. No ocurre igual con su célebre método psicoanalítico. Resumamos lo sustancial de dicho método: Éste establece los traumas emocionales y afectivos acontecidos en la infancia o pubertad – especialmente los de índole o connotación sexual – como única y exclusiva fuente de las anomalías o síndromes psicológicos en la conducta adulta, así como de las grandes patologías psíquicas en general y, específicamente, cual causa directa de los trastornos histéricos, las neurosis y la psicosis –. Estas tensiones, dinámicas o recuerdos, son reprimidos o “censurados” por el nivel consciente, y “arrojados” al subconsciente o archivados en su “memoria de acceso no-directo”, para de esta manera no ser percibidos por el propio “Yo Consciente”, o “Ego”. El Ego actúa – por ende – cual una suerte de “Juez-Policía”, y a la par “puente”, “negociador diplomático” y “filtro”, entre el plano más profundo de la mente – el Subconsciente –, y el denominado por el Dr. Freud “Superyo” o “Superego”. El Superego sería algo así como el “nivel superior”, vinculado a la razón fría, lineal, pura, “desligada de los sentimientos e impulsos, deseos y miedos personales”, integrador y asimilador de los “valores, tabúes, preceptos e ideales de todo tipo inculcados, indoctrinados y condicionados por la educación de los padres, maestros o tutores, y por el proceso de socialización cultural o civilizatoria”. El propio Freud – estricto racionalista ateo, mas al fin y al cabo influido por su origen familiar judío –, lo describió como “la imagen en miniatura del Dios-Padre Temible y Justiciero”. La tremenda y fuerte tensión entre las fuerzas o “energías” opuestas y contradictorias de las “pulsiones” o instintos subconscientes – asociados a nuestro pasado animal – y las directrices generadas por el Superego, a través de la inducción externa forzada, emocional y físicamente “recompensada”, al igual que “reprimida” o “castigada”, en ambos sentidos, la conducta “desviada” contraria al “programa” del mismo –, ocasionan angustia, complejos de culpa , auto-desprecio y otros semejantes. Además de cierto grado de histeria, trastornos maníacos (obsesivo-compulsivos), fobias, filias y neurosis, en todo miembro de
  • nuestra especie, esté “enfermo” o no. Normalmente, este choque se “refleja”, o libera parte de su “compresión psicoenergética”, por medio de los sueños, que lo expresan utilizando un código simbólico complejo, mixto entre lo fijado por las circunstancias, avatares e historias íntimas personales de cada individuo, pero a la vez con un marcado carácter genérico común a la especie, interpretable analíticamente por el psicólogo o psiquiatra, si conoce lo suficiente el perfil personal, antecedentes y síntomas patológicos de su consultante o paciente. Tal técnica de interpretación, ayudada por otras complementarias, como las de libre asociación e hipnosis – esta última abandonada más adelante por el mismo Freud y todos los discípulos, partidarios y continuadores “ortodoxos” de su escuela –, lograrían el “acceso al archivo de datos del Subconsciente”, “burlando la celosa guardia vigilante de la censura del Ego”. Así, se puede conseguir “identificar” y “localizar” la causa-trauma que provocó la “colisión psicoemocional”, y sus consecuentes secuelas de “potencial de angustia, culpa o cualquier otro complejo parecido”. Si se llega a cumplir este objetivo con éxito, los síntomas o alteraciones conscientes desaparecerán, al ser “revelados” a la memoria consciente del sujeto. Por esto fue bautizado este procedimiento general como “Psicoanálisis”. Puesto que el origen de la mayor parte de las tensiones es sexual, según Freud y sus discípulos “clásicos”, la simbología onírica es casi siempre de intenso o más o menos claro contenido erótico, menos explícito en tanta mayor medida cuanto más intensa sea la “carga de tensión” reprimida ligada al estímulotrauma que la ocasionó. Cuando el conflicto-carga es muy elevado, el Ego se muestra incapaz de ejercer su función “ejecutiva”, esto es, “filtrar” o “censurar” adecuadamente. Los recuerdos, sentimientos y emociones negativos del subconsciente “rebosan” o “estallan” y afloran, ya sea en forma de espantosas pesadillas, o bien síntomas fóbicos, angustiosos, terroríficos, alucinatorios, histéricos o psicosomáticos, entre otros... Entonces, se desarrollan las neurosis, los brotes psicóticos o, en casos extremos, el comportamiento demente descontrolado, violento, autodestructivo o destructivo. Este sistema teórico, como tal, es, hoy por hoy, un modelo superado e inadmisible, y hay que afirmarlo con toda claridad. Aunque no así en su tiempo – cuando las “ciencias de la mente” se hallaban en auténticos “pañales”, (ahora, por lo menos ya se cubren con un “vestidito de Primera Comunión”), mientras la Biología, por ejemplo, para establecer unos puntos de referencia comparativos, luce ya un “elegante traje de ejecutivo”, propio de su plena edad, joven, pero adulta, dispuesta a una nueva Era de reto y
  • realizaciones a mayor escala, y la Química o la Física, un no menos respetable “conjunto cómodo pero de excelente corte”, muy adecuado para un caballero (o dama) en le eclosión de su espléndida madurez en excelente estado de vigor y conservación (si bien aún no “sabia y radiante ancianidad venerable”) – . Por eso, en aquellas décadas – justo es reconocerlo (últimos años del siglo XIX a primeros del XX) – supuso una magnífica y saludable corriente de “aire fresco”, a la par que toda una revolución. Pero ha “llovido mucho”, tanto en su campo especializado como en otros afines o auxiliares para con él. Y, en todos estos decenios de acelerado progreso general del conocimiento racional humano, casi todos sus supuestos, tesis y métodos han sido puestos en evidencia, cuestionados de manera medular y, en su mayor proporción, invalidados y revelados como falsos a la luz de nuevos hallazgos y de la experiencia: En el plano psicológico puro o teórico y – más todavía – en el epistemológico o perteneciente a la Filosofía de la Ciencia –, algunas de estas potentes y demoledoras críticas han sido incluso muy anteriores, no asociadas al desarrollo de nuevos paradigmas, técnicas o la adquisición de mayor cantidad y calidad de pruebas o datos empíricos sobre el funcionamiento del cerebro o las funciones psíquicas, sino mucho más esenciales y fundamentales, ya que ponen en serio entredicho la naturaleza misma del Psicoanálisis como saber científico. Recordaremos o expondremos sucintamente estos ataques, agrupándolos en las siguientes categorías: 1) Argumentos Epistemológico-Filosóficos: 1.1) Argumento Falsacionista (Karl Popper): Las hipótesis del Psicoanálisis no son “falsables” – o sea, no pueden ser “refutadas” objetivamente –. Ya que, como en cualquier otro sistema “metafísico”, implican una visión global cerrada y abstracta de la Realidad (en este caso, psíquica), sin base u objetos específicos empíricamente verificables. Lo que les posibilita, de modo falaz y subjetivo, si bien con un pretendido “lenguaje técnico-metafórico ilusoriamente científico”, negar toda evidencia contraria, reinterpretándola dentro de sus propias categorías. Según este “Criterio de Demarcación” de Popper, el Paradigma Psicoanalítico no sería un modelo científico, sino una simple “construcción psicológicometafísica”, o “pseudo-ciencia”, en alta medida ideológico-subjetiva, si bien “con ciertos elementos útiles o racionales, comparables a las metanoias y metáforas mítico-lingüísticas”. (Con lo cual, de una tacada, desarbola asimismo a Lacan, su más original y notable “reformador”, muy querido por el sector de la “gauche divine”
  • intelectualoide, también conocida por “izquierda marxianofreudiana”. Sector tan popular e influyente a mediados del siglo pasado como en fase de “extinción crítica” en estos días. A ella – pese a que el “Maestro Sigmund” jamás mostró simpatía alguna por el “estandarte rojo”, siempre fue un “liberal burgués ilustrado en toda regla” –, se adscribieron notorios psiquiatras (paradójicamente, tan elitistas como “exclusivos”, en clientela y magnitud de sus emolumentos por sesión), como el célebre Dr. Ralph Greenson. Alto miembro ejecutivo de la Sociedad Psiquiátrica Americana y líder durante un tiempo de la Escuela Psicoanalítica en los Estados Unidos, entre sus múltiples “méritos”, destaca el haber contribuido todavía más al derrumbe psicoemocional y al posible – que no demostrado – suicidio por sobredosis barbitúrica de Marilyn Monroe, como han “desenterrado” en los últimos lustros variados periodistas, detectives profesionales y escritores de investigación. No deben extrañarse... Como dentro de poco veremos, el “desastre terapéutico” del freudianismo es, si cabe, más escandaloso que su asombrosa debilidad epistemológica y teórica; ¿Observan... Estos últimos párrafos míos son un claro y auto-confesado ejemplo “de libro” de “contra-argumentación falsacionista”: En esta ocasión, muy profundamente teñida de subjetividad personal sentimentalidolátrica, e intensamente ideologizada, apoyada además en un simple caso particular “espectacular”, pero no totalmente irracionalista, pues incorpora componentes lógicas comprobables (las “nefastas” estadísticas del índice de fracasos curativos de la metodología psicoanalítica en comparación a otras alternativas, a las que pronto volveremos...). Pues bien, esta es justo el tipo de dialéctica habitual entre los freudianos y neo-freudianos para justificar toda prueba o fallo explicativo o predictivo de sus teorías. He decidido utilizar a mi costa este gráfico ejemplo por si alguno de mis Amables y Pacientes Lectores no es aficionado a la Filosofía, y se pierde un poco con la terminología epistemológica magistralmente manejada por el gran pensador Karl Popper. Quien era judío-vienés como el Dr. Freud, curiosamente, pero más que comprensiblemente afincado en Inglaterra – como el propio Sigmund – dada la terrible época que les tocó vivir, a él en su juventud y al psiquiatra en la avanzada madurez y ancianidad. 1.2) Argumento Epistemológico Negacionista Directo (Adolf Grünbaum): Este prestigioso filósofo de la ciencia judío-bávaro, quien hoy reside en Minnsesota, experto en cosmología y en la Teoría de la Relatividad de su compatriota y “paisano étnico”, el “iluminado” Albert Einstein, es considerado – entre otras muchas
  • cosas – el “heredero” intelectual del fallecido Popper en varios aspectos... Y, en especial, el de la crítica rigurosa al sistema psicoanalítico. De hecho, va más lejos que su “antecesor” en el “desdén” por el cuerpo doctrinal y empírico freudiano: Sin vacilar, asegura que el Psicoanálisis es “pretendidamente científico, pero por completo falsable y, en realidad, teóricamente falso”. Y defiende su rotundo juicio en una serie de argumentos conceptuales y metodológicos que abordaremos de inmediato. 2) Argumentos Teóricos; (Fuentes: Eysenck, Rachman y Wilson, Erwin Holmes, Van Rillaer): 2.1) Constantes “pretensiones de certeza en ausencia de evidencias”: Las revisiones llevadas a cabo por estos psicólogos y psicoterapeutas sobre los estudios analíticos de Freud y sus más prominentes seguidores ponen de manifiesto que no hay pruebas a favor de las hipótesis específicamente freudianas: Ni sobre su “estructura topológicofuncional ideal” de la psique – estratificada en Yo-Ego, Subconsciente y Super-Yo o Super-Ego, integrando a los dos últimos en el “Ello” o Inconsciente – ni, menos todavía, de su sistemático y casi “obsesivo” pansexualismo causal” o su “simbología onírica universal estereotipada”, pudiendo explicarse la aparición de los presuntos indicios de todos esos factores en algunos de sus pacientes por mero condicionamiento cultural, así como por “transferencia” o proyección interpretativa del propio analista, un peligro que ya advirtió el propio Sigmund, pero que – peculiarmente – no figura jamás en sus más “afamados, publicitados y exitosos” historiales clínicos. Respecto a los modelos “neo-psicoanalíticos” más recientes, tampoco hay datos objetivos que los corroboren. 2.2) El “Inconsciente o Subconsciente Freudiano” y la “Psicodinámica de Represión del Yo sobre él”, puntales irrenunciables de la Teoría Psicoanalítica, carecen de evidencias verificadas por completo: Sí existen fuertes pruebas que corroboran la acción de importantes pautas de conducta no detectables por el nivel consciente de las personas , generadas por causas – traumáticas o no – que su mente igualmente ignora en dicho plano. Pero este concepto o modelo de “Inconsciente” está mucho mejor fundamentado empírica e inductivo-deductivamente, y de forma más “económica” – en el sentido de la célebre “Navaja de Ockam” –, en términos de los principios de otros sistemas teóricos. Cuales los funcionalistas, neurocognitivos y neuropsiquiátricos en
  • general – cuyos avances y descubrimientos en los años más próximos hasta la actualidad han sido numerosos e impactantes –. 2.3) Las grandes “aplicaciones”, derivaciones y “generalizaciones” articuladas por Freud y sus continuadores a partir de sus observaciones, interpretaciones e introspecciones, tales como el Complejo de Edipo/Electra, la Represión como origen del Conflicto/Atracción/Identificación Eros-Thanathós (Pulsión Sexual-Pulsión de Muerte), el “complejo de castración” o la “envidia del pene”, principalmente – entre otros –, resultan tan problemáticos y obviamente discutibles como carentes de todo apoyo objetivo experimental, una vez más: Sobre todo, por el carácter “universal y estructural” en la psique de la especie que su creador les otorgó. Entremos en este asunto con algún mayor detalle; Definición y Descripción del Complejo de Edipo/Electra: Deseo erótico sexualmente difuso, a causa de la inmadurez biológica, que el niño experimenta hacia su madre (Mito de Edipo), y la niña respecto al padre (Mito de Electra). Esta pulsión – según él universal – produce a su vez un “deseo de muerte”, dirigido contra el progenitor o progenitora, percibido cual un rival. Esta psicodinámica “espontánea y natural” es “reprimida” por el Ego “a lo más profundo del Subconsciente”, originando toda una posible pléyade de procesos neuróticos, de somatización histeriforme, fóbicos, angustiosos, “actos fallidos”, “deslices en el lenguaje verbal y corporal” (los famosos “deslices freudianos”), sentimientos ocultos de culpa, etc..., agudizados en la adolescencia y frecuentemente “remanentes”, a veces con tremendo vigor y persistencia, en la vida adulta. En menor o mayor grado “patológicos”, o “perturbadores”, onírica y/o conscientemente, en función del perfil de personalidad, temperamento, sensibilidad e historia personal del sujeto. El periodo central de este trastorno – si la “censura represora” del Yo dictada por los “comandos del Super-Ego” opera adecuada o “normalmente” –, acontece entre los 3 y 5 años. Freud estimó como “constante universal” en el patrón de desarrollo psíquico de los seres humanos este mecanismo, empleándolo además para explicar todo un conjunto de fenómenos de enorme trascendencia: La génesis de las neurosis, síndromes y trastornos antes citados, las diferencias psicoemocionales y psicosomáticas de género entre hombres y mujeres, y hasta los orígenes antropológicos de la moral y los valores religiosos, así como “tabúes globales” cuales el “incesto”, el “canibalismo”, o “el individualismo egoísta sobre el bien de la familia y, por extensión, el clan, tribu, patria”... etc ; Definición y
  • Descripción del “Complejo de Castración”: El niño varón, al sentir los atroces y primarios celos contra su padre, experimenta tal reacción de culpa-reacción represiva, que, inconscientemente, se “autocastiga”, derivando en angustia neurótica: De tal modo, que asocia la “causa primera” de su “deseo culpable” (su más temprana pulsión-identificación con su identidad sexual masculina, dirigida hacia la madre), con el “objeto orgánico” que la define, en otras palabras, su pene. Por ello, su angustia “cristaliza” o se “condensa” en una horrenda representación subconsciente: El terror a ser “castrado” por el “Padre-Tótem-Símbolo de la Ley Prohibitiva”, para de este modo “extirpar el Mal” de sus tendencias libidinosas incestuosas focalizadas sobre su progenitora y, en algunos casos, más adelante en su desarrollo, derivadas a sus hermanas, si es que las tiene (lo que era lo más común hasta hace muy poco en el pasado de “clanes extendidos” y/o “familias numerosas”, desde lo que Freud denomina “la horda tribal primitiva humana”). No solo se trata de terror a ser emasculado, sino a todo lo que, simbólicamente, representa para él el Falo, lo que le “iguala en potencia al Padre-Dios-Tótem”: Jerarquía, Poder, Fuerza, Control, Acceso o Posesión (anhelo primigenio de “reunificarse” con el seno materno, vía penetración vaginal), su misma identidad personal sexuada naciente..., su Ser, en definitiva. Por esto, el “deseo erótico” y el de “muerte” se hallan estrechamente emparentados. La “objetivación” de esta representación inconsciente brumosa o indeterminada” en el órgano viril del infante se produciría cuando “éste es reconvenido, amonestado o reprendido al observar sus padres sus primerizos y tentativos tocamientos masturbatorios, impulsados por la emergente líbido”, condicionando, reforzando y materializando de esta manera la energía represiva del Ego y su consiguiente angustia neurótica. Este efecto es más intenso cuanto más severa o amenazadora es la reprimenda o castigo, dejando profundas secuelas potencialmente patológicas o traumáticas en caso de ser éstos muy extremos o “violentos”. Mas, en todo caso, empujan al niño a “romper su vínculo de enamoramiento o atracción edípica platónica” con la madre, por acción combinada de la Represión y el Miedo objetivado, marcando su ingreso en la “segunda infancia” o maduración incipiente. Desde este punto, mostrará habitualmente un más o menos brusco e intenso distanciamiento emotivo-afectivo y físico con su progenitora, evitando en medida variable sus expresiones, cuales besos, abrazos, caricias, y tomará como patrón o molde de su conducta al padre o, por defecto, otros varones menos inmaduros (incluidos hermanos mayores), con el fin de reafirmar su recién adquirida “identidad
  • masculina”. Cualquier “fallo o deficiencia” en tal proceso “mecanístico”, en sentido opuesto al proclive a ocasionar futuros síndromes fóbicos, obsesivos, angustiosos, histéricos o neuróticos – es decir, si los padres son “demasiado” permisivos, el padre “blando” o “poco asertivo-viril”, y/o la madre “excesivamente posesiva, dulce, protectora y mimosa” –, o todo lo contrario en ambos casos, por “contra-reacción compensatoria” del Ego Censor/Represor – como pueden comprobar, el Buen Doctor y sus discípulos tienen respuesta para todo, y “manga ancha” para su “criterio de falsabilidad de hipótesis” –, serían probables causas de un posible desarrollo de “parafilias”, “fetichismos” y otras “formas de anomalías, perversiones o desviaciones sexuales” (entre las que Freud y los “freudianos ortodoxos” incluían e incluyen – ahora con la “boca chica”, porque “no está de moda” – la “homosexualidad”). Y/o bien, por el “Efecto Rebote” indicado, de la aparición de los síntomas de las citadas patologías y alteraciones de raíz histérico-neurótico. La conexión con el canibalismo previamente señalada fue incorporada por el Dr. Freud cuando intentó generalizar al máximo y ampliar el ámbito de su paradigma teórico al terreno de la interpretación de la génesis mítica y la Antropología: En su obra “Tótem y Tabú”, expone una suerte de “relato o fábula pseudocientífica” acerca de tal cuestión: En su opinión, en las “pequeñas hordas primitivas” de cazadoresrecolectores del más lejano paleolítico, antes de “cualquier ordenamiento cultural o moral organizado y rígidamente jerarquizado”, en “estado prácticamente animal”, los hijos o machos jóvenes (púberes o adolescentes), competían libremente con los padres o parientes maduros por las hembras emparejadas con éstos, es decir, por sus madres, tías o familiares próximas. Como es natural, este estado de cosas condujo muchas veces a la muerte del líder o “macho-alfa” patriarcal más “viejo” (que de ordinario podía frisar como mucho los 30 en promedio, dada la bajísima media de longevidad imperante por entonces). Pero, debido a que dicha figura se asociaba, por más que fuere precariamente, a la autoridad, experiencia, destreza, saber y “norma tribal” –, puesto que ya componían “manadas rudimentariamente coordinadas”, y eran lo bastante evolucionados en términos cognitivos para “reconocer a sus propios padres” y, por ende, formar poderosos lazos emocionales o afectivos de dependencia con ellos a lo largo de la más tierna crianza –, la satisfacción de ese “goce primordial inmenso” se vinculó, desde su más ancestral cumplimiento, a una “grave culpa y angustia reactivas” por “transgresión”. En el “Alba de la Represión del Super-Yo colectivo operante por medio del Ego” – por consiguiente – dichos “mozalbetes primigeniamente pecadores”,
  • quienes habrían logrado la “cumbre de su Deseo”, pero a cambio de “gustar por primera vez y para siempre el amargo licor de un espantoso complejo de culpa-angustia neurótico”, optaron por “hacer desaparecer” de su vista directa los mudos y probablemente maltrechos testigos de su “horripilante crimen” (los cadáveres de sus padres y mayores). Pero, al mismo tiempo, para evitar la “amenaza supersticiosa castradora” de los “fantasmas o proyecciones imaginario-oníricas subconscientes de sus progenitores asesinados”, engendrados por el “complejo de culpa represor”, necesitaron hacerlo de modo ritual y “catártico-exorcizador”. Asegurándose – virtualmente – de “absorber”, “fagocitar” o “asimilar” el Poder-Falo del Padre, ahora transformado en Tótem Justiciero y Estremecedor. La solución fue comerse o canibalizar los cuerpos, en la arcana y muy ancestral y universal creencia mágica de que así dichas “cualidades positivas” les serían “transferidas”. A la par, se le confirió un “carácter sagrado” a tales actos de antropofagia, considerados como “ceremonias de amor, honra y respeto” a los difuntos antepasados, además de un medio para que sus “espíritus” siguieran de alguna forma “vivos” dentro de sus descendientes, y también de “aplacar su furia”. O, lo que es equivalente, “fusionaron la identidad imaginaria del “Padre-Tótem” con el “Super-Ego” regidor de la Comunidad. En el transcurso de la evolución psico-cultural del Hombre, la eficacia, refinamiento y “severidad” del Gran “PadreCensor Suprapersonal” y su “Juez-Policía Íntimo” dentro de cada cerebro individual, al que denominamos nuestro “Yo” o “Conciencia”, fue, no obstante, perfeccionándose más y más: Hasta convertir en “Tabúes” o prohibiciones absolutas, tanto a la causa primigenia como a su mecanismo reactivo compensatorio inicial: El incesto y el canibalismo. Pero dejando intacta la “superestructura” represora totémica por ellos creada y hecha imprescindible, solo que mucho más sofisticada, menos explícita, alegórico-simbólica y mitificada : A partir de estos momentos, bajo el Imperio de su invisible pero férrea Ley, el Incesto y el Canibalismo se fijaron como “Tabúes Estrictos” casi universales, de los que únicamente quedarían pálidas trazas remanentes – más débiles y minoritarias aún del primero que del segundo –, en muy pocos “pueblos tribales primitivos”; Así pues, el “Complejo de Edipo” y, por intermediación, el de su corolario principal, el de “Castración”, serían – por ende – los “padres” – nunca mejor dicho –, más remotos del culto mágico-animista, su “obsesiva reiteración” de holocaustos y sacrificios sangrientos, las Religiones posteriormente brotadas de este tronco primordial, de todos los sistemas ético-morales y del germen mismo de la Civilización. Cuya Piedra Angular y doloroso “Coste Obligatorio”, en
  • consecuencia, serían la Represión de las pulsiones y sus “perversos y dolorosos retoños psicodinámicos”, la Angustia y la Neurosis. Definición y Descripción del “Complejo de Envidia del Pene” y el de “Electra”: Fue propuesto a la par que el anterior por Sigmund Freud en su libro “Teorías Sexuales Infantiles” (1908), constituyendo el “análogo, aunque no equivalente del todo”, al de “Castración”, pero en las niñas: Éstas – igualmente alrededor de los tres años y hasta los cinco –, lo sufrirían al empezar a ser conscientes de sus diferencias anatómicas con sus hermanitos, compañeros de juegos y otros niños varones allegados, a la vez que identifican su cuerpo – y en particular la “ausencia de pene” en la zona genital –, con el de la madre y otras mujeres, perciben sus diferencias y, sobre todo, “La Gran Diferencia” con el de ellos y, por lógico razonamiento primario, con el del padre. Al principio – argumenta Freud – la pequeña intenta explicarse tan turbadora ausencia, recurriendo a la típica “racionalización negadora” de los niños ante cualquier estímulo o hecho desagradable, consolándose con pensamientos tales como “solo es más pequeño, porque yo también soy más pequeña que los niños de mi edad”, o “por eso no se ve”, “ya crecerá”... Y, las más perspicaces o “prematuramente instruidas de modo parcial o imperfecto” por alguno de los frecuentes “amiguitos de primerizos juegos exploradores escondidos”, o hasta en ocasiones primos, hermanos o niñas, parientes o amiguitas mayores – arguyen con su proverbial fluidez verborrágica y “cálida imaginación” los freudianos – llegan o son inducidas a creer que “ya saldrá, como los dos bultitos esos del pecho que tienen mamá, la hermanita mayor, la tía... etc..., que tanto miran los chicos grandes y, de vez en cuando, hasta papá”... Poco después, cuando la evidencia objetiva de que “ni sale, ni saldrá”, se afianza por vía directa o afirmación de algún mayor o adulto de confianza, la certeza de la ausencia del pene desencadena la “Crisis Edípica” y el “Complejo de Castración” en la niña. A los que, para su género, podemos llamar asimismo, respectivamente, “Complejo de Electra” y “Envidia del Pene”. La psicodinámica reactiva es en ellas diferente y en cierto modo “causalmente simétrica o especular”, respecto a la de los niños, en opinión del Dr. Freud; En primer lugar, se genera el “Complejo de Envidia del Pene”: La niña se siente “castrada” o “defectuosa”, por no contar con el falo masculino. Esto la conduce a experimentar “sentimientos de hostilidad y desprecio” hacia la madre, por su condición femenina compartida, y a causa de su embrionario y creciente conocimiento de que “procede de ella”, “ella la gestó en su vientre” y – por ende,
  • dentro de su lógica infantil – es la responsable esencial de su “castración”, al “haberla fabricado mal”. Automáticamente, cuando este resentimiento hacia la madre, o figura materna equivalente, llega a su clímax, transmutándose en franco odio, es severamente reprimido por el Ego, alimentando la “carga de angustia” correspondiente, y expresándose a nivel subconsciente con síntomas parecidos a los del varón, pero, según Freud, “con más incidencia de los factores histéricos y somatizantes”. El Complejo de “Envidia Fálica” deriva en identificación inconsciente con el padre o la “cabeza familiar paterna” en general (lo de “cabeza”, sin “desliz freudiano”)”, modelo del Poder Masculino, del que la “atribulada damita” anhela el Pene, o bien, simbólicamente, todos los “portentos” que a éste se asocian: Fuerza, Jerarquía, Autoridad..., los valores del “Super-Yo”, condicionados educativoculturalmente en su mente, en definitiva. La identificación crece y se erotiza al acercarse el fin de la primera infancia. La niña – cual la Electra del Mito griego – se “enamora platónicamente” del padre y detesta y rechaza a la madre como rival, llegando al “Deseo de Muerte” subconsciente. Y, finalmente, la evidente y radical contradicción de estas pulsiones con el “programa del Super-Ego”, libera los mecanismos represivos máximos y la angustia neurótica que, reforzados condicionalmente por la reprensión/amago o aplicación de castigos eventuales de los progenitores y educadores contra sus iniciales “exploraciones masturbatorias”, quiebran la psicodinámica de Electra y – si no se producen anomalías o perturbaciones notables como las ya apuntadas para el caso del niño –, permiten la asunción por parte de la niña de su “rol e identidad sexual femenina”, volviendo paulatinamente a acercarse al patrón materno y alejándose relativamente del progenitor. Sin embargo, como la “amenaza de castración” y sus remotas raíces ancestrales-tribales son de mucha mayor magnitud y “dramatismo” traumático-represivo, la psicodinámica evolutiva potencialmente patológica difiere sensiblemente entre hombres y mujeres, dentro del marco teórico freudiano : Si el pequeño “varoncito” se ve expuesto a una transición-maduración “alterada” o “problemática”, tanto a causa de factores internos como externos, normalmente desarrollará en estado adulto fobias, manías, trastornos obsesivocompulsivos, neurosis y parafilias o “perversiones” sexuales por lo común más graves, serias y violentas para consigo mismo y/o los demás, en proporción a los estímulos y vivencias “traumáticas” recibidos. Incluyendo en el “paquete” la homosexualidad. En contraste, como la “salida” de la “Crisis Edípica” en su versión femenina es comparativamente “más suave y gradual” y “menos
  • traumatizante”, la “damita” en ciernes – si tiene la desgracia de vivir una infancia y/o pre-adolescencia desfavorables –, tiende a padecer futuras psicopatologías “menos extremas, incapacitantes y, en especial, agresivas”, aunque de perfil más centrado en los “cuadros somatizadores” histéricos e histeriformes. A cambio, su, por así decir, “tasa promedio de remanencia” de los síntomas y pautas de comportamiento inconscientes derivados del Complejo es superior, aun en mujeres “en términos generales, sanas”, o dentro de la “normalidad” psicológica. Así justifican Freud y los suyos las diferencias de género en el campo emocional y psicosexual, entre las que – según ellos – destacan, entre las “señoras”: Una “más elevada propensión” al pensamiento mágico-irracional, predominio a lo intuitivo-emotivo, frente la “fría racionalidad masculina”, “menor capacidad de cálculo, asertividad, pragmatismo y liderazgo natural”, “más agudeza, sensibilidad e inteligencia emocional y manipuladora de sentimientos propios y ajenos” – estrechamente relacionada con su inclinación a la “somatización” –, “más intensa afectividad, experimentación íntima y expresión/empatía de sentimientos, tanto en su lado positivo como “negativo-dependiente”, más alta incidencia de “perfiles remanentes de personalidad o temperamento inmaduro, aniñado o infantiloide”, “notable menor grado de manifestación de “desviaciones” y “parafilias sexuales graves”, en particular las ligadas a rasgos “agresivos” o “dominantes”, como el sadismo, por ejemplo... etc. Y, por supuesto, “tremendamente inferior frecuencia de la homosexualidad”... De hecho, el Dr. Freud no aceptaba la existencia del lesbianismo como tal, excepto como un muy extremadamente raro caso de “práctica perversa”, inducida por enseñanza o “adiestramiento condicionado” de un hombre o de otra mujer, “previamente introducida” en el “Reino de Safo” (por un “degenerado caballero”, claro o, como poco, a causa de “alguna lectura o visión indecente condicionante a prematura edad”). Si bien, esta sorprendente y gratuita “sentencia dogmática” del Gran Maestro, ribeteada de claro puritanismo – opuesta a toda evidencia de modo frontal y “escandaloso” –, fue más tarde matizada e incluso negada por psicoanalistas más “actualizados”... O, simple y llanamente, menos machistas, hablando en plata. Límites y “lagunas” del Modelo Teórico Edípico: 2.31.) Falta de evidencias: Durante la formulación de la tesis del “Edipo”/”Electra”, Sigmund Freud no se basó en observaciones directas ni estudios analíticos algunos de los niños de ambos sexos. Esto es – como mínimo – “extraño”, pues, como neurólogo y médico
  • psiquiatra, sabía perfectamente que todo estudio directo es, con mucho, metodológicamente más recomendable, riguroso y científico que “interpretar” y especular sobre la base de recuerdos distorsionados de pacientes adultos. Posteriormente, muy serios, bien controlados y contrastados análisis empíricos y clínicos de la conducta infantil – tanto “normal” como presuntamente “patológica” –, en el contexto de la psicopedagogía y la psicobiología evolutivas, han demostrado con creces que, por más que de manera relativamente frecuente se manifiestan muy diversos – y por cierto, nada “universales”, y menos todavía “rígidos y estereotipados sexualmente” –, grados variables de lazos afectivos y rivalidades de los niños, para con sus progenitores de ambos géneros, nunca se ha podido probar la existencia de deseos de muerte ni pulsiones clara y definidamente sexuales. El aprendizaje o incorporación condicionada de las pautas y roles – tanto sexuales como de cualquier otra índole –, en los infantes es, en parte modulado o influido biológica y genéticamente y, en mayor medida, por lo que se ha determinado científicamente hasta el presente, fuertemente condicionado y dirigido por factores de tipo educativo-cultural y familiar. Este proceso de socialización y maduración presenta bien conocidas distinciones de género en todos los entornos culturales... Pero, de nuevo, son el resultado conjunto de complejas variantes – por otro lado, interactivas entre sí –, en el tratamiento, enseñanza diferenciada e inculcación o condicionamiento de diversos contenidos, papeles y patrones de conducta por vía educativa y de “mimetismo” social ambiental, a los que se añaden – en relación cuantitativa no bien elucidada hasta la fecha –, ciertas tendencias psicobiológicas y neurocognitivas innatas, estadísticamente diferenciales en su nivel de frecuencia entre ambos sexos, heredadas de nuestra evolución filogenética y neoténica, la mayor parte de los cuales ya se han esbozado o expuesto en secciones precedentes de este ensayo. Estos mecanismos se refuerzan mutua o sinérgicamente, promoviendo por medio de la “recompensa” y aceptación social en el seno de la comunidad inmediata del niño o la niña, ciertas actitudes, conformaciones psicoemocionales y comportamientos y otros no, en función de su mejor o peor adecuación a los conceptos, costumbres y valores comunitarios predominantes. Una vez más, de modo multivariante, pero con altos índices de homogenización local-cultural. Todas las patentes diferencias de género – en todo caso mucho menos “universales y exageradas” en la realidad psicobiológica de la especie que como aparecen bajo la “gigantesca lupa de aumento” freudiana –, son mucho más simple y claramente explicables – y con
  • incomparablemente superior apoyo empírico y fundamento metodológico –, en los términos del paradigma teórico “de síntesis” actual entre los modelos conductista, funcionalista-psicoevolutivo y psicobiológico-neuropsicológico, que recurriendo a los “extravagantes” y “etéreos”, así como en absoluto validados “Complejos Freudianos”. En verdad, tesis tan estrambóticas como postular una “percepción de carencia o inferioridad congénita natural” en la mujer, desde su más tierna infancia, hacia su propio cuerpo o realidad anatómica, hasta el disparatado extremo de condenar a toda niña a “envidiar el pene”, a la luz de los conocimientos , descubrimientos biogenéticos y neuro-cerebrales y la perspectiva cultural presentes, no son otra cosa – hoy por hoy , dicho sea con toda la ironía –, que trasparentes “proyecciones o transferencias” obvias de la ideología estrictamente patriarcal, sexista y falócrata propias de la época y entorno socio-cultural del Dr. Freud y sus seguidores más “fieles y ortodoxos”. Y eso por expresarlo de forma... “educada y diplomática”. Prefiero no entrar en argumentos “ad hominem” , de los que su hija Anne Freud podría haber revelado mucho más de lo que hizo..., por cierto. A pesar de que tanto él como sus “leales creyentes” sí lo hicieron contra los más destacados psicólogos y psiquiatras propugnadores de otras teorías alternativas, muy acentuadamente contra los “disidentes cismáticos”, tales como Jung, Adler y Reich, por ejemplo, con un espíritu y grado de intolerancia dogmática y agresiva mucho más cercano al talante presumible en una secta religiosa que en una escuela de pensamiento pretendidamente “científico”. 2.3.2) Apelación Sistemática a “Lo Latente”, como “estrategia falsacionista”: Consiste en emplear el recurso de considerar que, si un hecho o prueba contradice a las hipótesis, postulados o desarrollos de la Teoría Psicoanalítica, en realidad “encubre o tapa” otro hecho “a nivel inconsciente más profundo”, que sí los apoya. Evidentemente, esta táctica interpretativa no es admisible epistemológica ni científicamente, pues remite a un círculo infinito dentro del cual ningún elemento del modelo teórico puede ser contradicho o revisado, un caso más que patente intolerable de “falacia falsacionista”, tal y como con gran lucidez crítica señaló Popper. Así, cuando los freudianos se enfrentan a múltiples casos clínicos de pacientes masculinos gravemente fóbico-compulsivos o neuróticos, que además son homosexuales, se hallan ante un desafío directo a sus postulados: Según se desprende de su Teoría del Edipo, la homosexualidad se relaciona – en principio – con un exceso de “permisividad y consentimiento materno” y/o “bajo perfil
  • firme y autoritario del padre”. Pero, por otro lado, el abuso o extremo opuesto – demasiada dureza o intransigencia paterna y “frialdad” de la madre –, produciría un incremento de la probabilidad de sufrir síntomas de neurosis en el adulto. Lo “gracioso”, por así decir, es que los psicoanalistas, cuando tuvieron delante de sus ojos y libretas de notas a clientes homosexuales con patentes muestras de neurosis, “salieron del paso” manifestando que “en estos cuadros, la sintomatología más aguda oculta al “otro trastorno”, mantenido o expresado en “estado latente”, a un nivel subconsciente “más profundo”. Otra manera de expresar lo del “Efecto Rebote Compensatorio de la acción represora del Ego” que hace poco les comentaba. Aparte de que, como han demostrado sin lugar a dudas las ciencias cognitivas y psicobiológicas durante la segunda mitad del siglo pasado, incluir la homosexualidad en el campo de las “perturbaciones mentales” es un monumental dislate de tamaño comparable al de la “Envidia del Pene” , y gestado por la misma clase de prejuicios. Otro ejemplo más sencillo y claro todavía: El propio Freud, en su obra sobre la interpretación de los sueños, estudia las pesadillas – muy frecuentes entre todos los sectores de edad, desde el límite entre la primera y segunda infancia hasta el estado adulto –, en cuya “trama” aparece o se visualiza con claridad la muerte de un ser querido, particularmente la del padre o la madre cuando el que sueña es un hijo del sexo opuesto. En teoría, si un niño en “fase edípica”, o un hombre ya maduro “supuestamente neurótico”, cuyo progenitor aun vive, sueña muchas veces que su padre muere – o hasta que él lo mata, como algunos de los que Sigmund y otros trataron –, el psicoanalista interpretará con satisfecha seguridad que “nos hallamos ante un simple sueño de realización inconsciente de deseos”, que ha logrado “traspasar la censura de un Yo débil por la temprana edad, o bien debilitado por la psicopatología”. Hasta ahí, “todo perfecto”..., más o menos. Pero, cuando es el varón el que sufre pesadillas recurrentes en las que fallece la madre o incluso él la asesina, o no la socorre en trance de agonía, etc –, de los que tanto Freud como los más afamados de sus discípulos y seguidores asimismo tomaron registro en variadas ocasiones en los historiales de sus sesiones de terapia –, es evidente que el fenómeno niega las premisas teóricas sin ambages. Igual ocurre si una niña, o una mujer “supuestamente histérica o desequilibrada”, sueña una y otra vez con la muerte de su padre y su posible y “virtual” intervención en ella, de modo explícito o, como es más habitual, implícito, sugerido o “simbólico”. El propio Dr. Freud en su famoso libro “Interpretación de los Sueños”, hace referencia a esta dilema. Ahora bien, ¿cómo lo abordan él y sus
  • seguidores? ¿Acaso examinando los casos con más atención y tratando de cambiar sus axiomas e hipótesis en grado suficiente para incluir en un nuevo modelo perfeccionado una plausible explicación de los nuevos datos? Esto es lo que se entiende debería hacer todo científico. Pero no... Como en el caso de los arqueólogos “ortodoxos”, estamos hablando de “psicoanalistas”, miembros de una “casta infalible”, no de meros, abiertos y humildes buscadores de la verdad racional... Hay una gran distancia entre ambos conceptos. En cambio – como haría o hace todo “sacerdote inspirado”, el Dr. Freud y sus acólitos retuercen y tergiversan la “carga de la prueba” a su favor, sin perder la sonrisa autosuficiente de “auténticos detentadores de la Verdad”, la animosa y solemne jerga verborrágica, ni dejar de extender el abultado talonario de cheques, por descontado... Con todo descaro, se sacan un “nuevo conejo de la chistera”..., y todo arreglado. Y ese “conejo blanco salvador” se llama “sueños” o, en general, “dinámicas de autocastigo”. Cuando un niño o varón recuerda insistentemente sueños en que muere su madre , o una niña o mujer no para de soñar que su padre “pasa a mejor vida”, antes de que éstos presenten ni siquiera indicios de mala salud, lo que pasa es que su “Ego” está “autocastigándolo” por la intensidad y/o “porfiada remanencia” de los deseos de muerte contra el otro progenitor de su mismo sexo, o su “imagen-recuerdo-fantasma”, si es que este último ya abandonó este mundo. La Causa Primera ha de ser – por definición – la “correcta” según la “Teoría del Maestro”, faltaría más. Análogamente, si un niño pequeño exhibe más cariño, compenetración o afecto con su papá, o una nenita con su mamá, en el “periodo de edades prohibidas” por el “Sagrado Paradigma”, lo cual tampoco es para nada extraño en múltiples ocasiones, Freud o el psicoanalista freudiano de turno “diagnosticará” que exhibe más amor por su “rival” por efecto de una “formación represora reactiva compensatoria y auto-exculpadora” de la hostilidad que en verdad, en un plano “inconsciente más profundo” siente hacia él”. Y su alejamiento o “frialdad-hostilidad” con el del sexo contrario, será inapelablemente sentenciada cual un “mecanismo reactivo secundario de defensa destinado a ocultar ante su nivel consciente el “prohibido” deseo sexual que experimenta de forma “latente” hacia éste”. Y así sucesivamente. Resulta más que evidente – aparte de insultante a la inteligencia – que, por medio de estos “trucos de salón”, cualquier hipótesis o desarrollo teórico en principio falsable se torna “infalsable”, y totalmente “acientífico” en consecuencia; 2.3.3) Uso abundante de “pseudoexplicaciones”: El
  • psicoanalista pretende “justificar” una nueva conducta, no predicha por la teoría, sin más que darle un nuevo nombre. (“Técnico”, imponente y con cultísima raíz mitológica griega, o bien derivada del suyo propio o algún otro vinculado personalmente con el investigador o terapeuta, dicho sea..., “sin acritud”, como solía espetar cierto ex-Presidente del Gobierno español)... ; A través de esta “picaresca intelectualizada”, los freudianos aparentan que “corroboran” sus tesis sin más evidencia que la aportada por los supuestos efectos interpretados de acuerdo con ellas mismas, un escandaloso espectáculo de “falacia tautológica”, como denominan los filósofos de la Ciencia a este tipo de “descomunales patadas” al método lógico-analítico científico. Muy características de otros sistemas “pseudocientíficos”, como por citar el otro más célebre y por desgracia asimismo muy influyente a lo largo del torturado y convulso siglo XX, el pretencioso “materialismo dialéctico” o “socialismo científico” marxista. Tan falaz o más que la “doctrina freudiana”, y de efectos todavía más masivos y devastadores. Por ejemplo, no hay pruebas empíricas objetivas – como ya se precisó – de ninguna índole sobre la existencia real de “entes” o “mecanismos psíquicos” tales como “Super-Yoes fuertes o débiles”, “Egos Censores-Represores”, “Ellos Inconscientes”, “Complejos Edípicos” y otros por el estilo, más allá de sus mismos “presuntos efectos”, interpretados por el mismo modelo teórico que los creó. En Ciencia, incluyendo en ella los trabajos, investigaciones y resultados del conductismo, la psicología funcionalista-evolutiva y la neuropsicología, han de relacionarse – en contraste – dos o más observaciones independientes para intentar confirmar y descartar entre hipótesis rivales. Y, en caso de “empate en poder explicativopredictivo”, hay que optar por la más simple o “económica”. Esta es la base más elemental del método racionalista científico desde Guillermo de Ockam, Galileo Galilei, Isaac Newton, Roger Bacon y René Descartes. Pero Freud y sus fieles lo ignoran olímpicamente. En verdad, “instancias o estructuras psíquicas” como el Yo, el Ello, el Ego, el Super-Ego, el Complejo de Edipo/Electra... etc, en un sentido riguroso y amplio, solo son metáforas. No se trata de modelos teóricos explicativos – aunque fuere aproximados y muy simplificados –, con un mínimo sustento experimental u observacional, sino nada más que “formas de describir e interpretar los fenómenos”, por mucho que su “apariencia de verdad” y el absurdo “argumento de autoridad”, puedan otorgarles una falsa apariencia de “verdades científicas”, que confunde, paraliza e impide investigar seriamente las causas reales.
  • 2.3.4) Falacia por Ambigüedad: Freud estableció sin inmutarse la mayoría de sus hipótesis centrales en un “doble plano o alcance significante”. En un primer plano, su sentido es en apariencia “literal y preciso”, el empleado para llevar a cabo afirmaciones rotundas y llamativas, supuestamente “científicas”. En el segundo, subyacente o “intelectualmente latente” – en el colmo del “sarcasmo proyectivo” – poseen un significado amplio, difuso y metafórico, diseñado con el fin de evitar sistemáticamente su refutación. Ignoramos si fueron concebidas de esta manera por auto-engaño inconsciente, o bien maliciosamente consciente... No podremos saberlo jamás, ni aún si fuésemos “freudianos de estricta obediencia”, pues el “Maestro” se negó siempre a ser psicoanalizado por ninguno de sus discípuloscolegas de máxima “lealtad” y confianza, “detalle” al menos “altamente sospechoso”, por cierto –. Y, una vez más, soy moderado y “educadito”, como “me enseñó mi mamá”... Seguramente, tengo un “Edipo Remanente” de tamaño catedralicio, pero esta posibilidad no consigue “quitarme el sueño”, ni me produce “pesadillas de muerte”, ya sean de “realización”, o de “autocastigo”... Me pregunto el porqué... “Deslices sardónicos, que no freudianos”, aparte, pongamos unos cuantos ejemplos para hacernos comprender mejor lo que este nuevo “conejo blanco” implica: El Complejo de Edipo es, en su significado literal y concreto, un “Deseo-Tabú de Muerte e Incesto”. Y, a la par, en un sentido general, vago, abstracto y confuso, se le emparenta y hasta determina como la causa originaria de una enorme y abigarrada cantidad de conceptos e impulsos psicológicos y psicobiológicos humanos, tales cuales el odio, la rivalidad, los celos, el amor o la ambición de poder..., y hasta con el canibalismo, el pensamiento mágico-religioso y el sentimiento religioso. Por este camino puede conectarse con prácticamente cualquier índole de relación o interacción humana. Lo que es lógicoracionalmente grotesco, pero permite la “astucia” de intentar emplearlo para justificar todo fenómeno y su contrario, “eludiendo” falazmente cualquier argumento opuesto, dada su ambigüedad. Por si fuera poco, se le describe también como “relación triangular entre el Yo del niño o el sujeto “neurótico”, el objeto de su deseo (el sexo contrario) y el “Super-Ego” colectivamente “programado” o representante subjetivo del “Tótem-Padre-Dios”. Y, como el Buen Doctor afirma en sus obras “Tótem y Tabú” y “Malestar en la Civilización” que todos somos en algún grado “neuróticos” por esas dinámicas represivas inseparables del proceso socializador, culturizador y civilizatorio, es obvio que dicho “triángulo” equivaldría al que inscribe al “Ojo de Horus” o el de la “Providencia”, el “Ojo que Todo Lo Ve”, Omnipotente, Omnisciente, Todopoderoso e Infalible.
  • En otras palabras, la “Teoría Edípica o Gran Dogma de Freud” es el Todo Absoluto, la Verdad Total, Integral e Incuestionable... Muy raras veces en la Historia un pensador, sabio o filósofo mostró tal ausencia completa de escepticismo, cautela y, sinceramente, impudicia metodológica y, menos aún, un científico. De nuevo, y siento afirmarlo, se asemeja mucho más al delirio de un “profeta mesiánico”, o al cinismo de un Sumo Sacerdote con inmensa sed de grandeza... El falo – junto a la “metáfora de Edipo”, el otro Ídolo Supremo del Dr. Freud –, designa en un sentido literal al “pene”, el objeto “materializador” del “temor de castración” infantil del niño y de la “envidia” de la niña. Pero, en un segundo plano significante, es asimismo “símbolo de todo aquello que se anhela o angustia perder, desde el dominio, el reconocimiento y la autoridad, hasta la fuerza, la seguridad y la protección”... De modo, que cualquier deseo o terror podrá ser interpretado “convenientemente” cual expresión del Complejo por “amenaza de castración” o el de “envidia del pene”. La homosexualidad femenina no se origina de “modo traumático por naturaleza” al final de la “etapa edípica” en su definición estricta (de hecho, en este aspecto, para Freud, no existe). Pero si encontramos una mujer adulta lesbiana o bisexual y muy dominante sexualmente desde su más “tierna pubertad”, sin duda “ha sido inducida por un modelo masculino”, como “reacción defensivo-compensatoria” que oculta, en un segundo “plano latente”, una personalidad femenina “traumatizada” a causa de un complicado tránsito-maduración desde el complejo de Electra a su identidad sexual de género... Sobran comentarios. 3) Fallos Metodológico-Terapéuticos; (Fuentes: Grünbaum, Eysenck, Van Rillaer): Dejamos estar las “simas” más que “huecos” epistemológicos y teóricos – o sea, el plano de la cualificación o validez del Psicoanálisis como paradigma científico en Psicología –, para evaluar sus prestaciones y defectos cual método terapéutico en Psiquiatría. Dicho de forma más sencilla: Acerca de su capacidad o eficacia curativa. Ambos conceptos no tienen nada que ver, contra lo que creen muchas personas, dejándose llevar por una superficial idea del “sentido común”, lo que no es en absoluto recomendable en terrenos científicos complejos, tales como por ejemplo la física relativista, la mecánica cuántica o el estudio de la psique humana. Una técnica o procedimiento terapéutico puede resultar relativamente eficaz y ser aplicado de modo puramente empírico, por simple prueba-error, o inclusive irracionalmente, por parte del “sanador”, debido a la comprobada acción del “efecto placebo” y la sugestión. Un curandero dotado de especiales rasgos
  • carismáticos-sugestionadores y un paciente cuya fe en sus supuestos “poderes” sea firme, sincera y psicoemocionalmente profunda, pueden hacer mejorar los síntomas o hasta sanar en apariencia. Sobre todo, si se trata de patologías neuróticas, fóbicas o relacionadas con lo psicosomático, justo el tipo de trastornos que suelen tratar los analistas freudianos. Dicho en otras palabras: Un curandero, chamán o “hechicero” puede conseguir un número variable de “éxitos” o curaciones espontáneas, al igual que un médico “convencional” suministrando un “placebo” de agua de grifo o simple aspirina a su paciente, a veces hasta en casos de enfermedades o patologías serias, siempre que su “perfil carismático-sugestivo” y la “fe” del receptor del “tratamiento” se acoplen y refuercen convenientemente. Pero, naturalmente, ello no significa que ni los unos ni los otros sepan lo que están haciendo, en un sentido científico, ni tampoco implica, mucho menos, que el procedimiento se halle bien fundamentado en principios teóricos lógico-racionales y empírico-inductivos que garanticen su fiabilidad, reproducibilidad y eficacia sistemática y controlada libre de riesgos y efectos secundarios adversos. Al revés, también puede darse el caso de que una teoría médica, biológica o psicológica se encuentre perfectamente cimentada, comprobada experimentalmente y articulada en sus hipótesis y tesis más elementales, pero su incipiente o incompleto desarrollo le impida ser útil o tan sólo muy limitadamente en el campo terapéutico. Esto le ocurría a la psicología funcionalista evolutiva y a la neuropsicología (la primitiva “frenología”), cuando los conocimientos, hallazgos y técnicas de investigación y análisis neurocientífico eran muy rudimentarios. Y todavía le sigue aconteciendo a la hora de enfrentarse a los “grandes males” psíquicos que se le siguen resistiendo, la esquizofrenia, la paranoia y sus múltiples combinaciones intremedias, así como otros igualmente complicados y en buena parte por el momento “misteriosos” estados disociativos de conciencia e identidad psíquica alterada. Ya sabemos – por los puntos antecedentes – que el Psicoanálisis es teóricamente muy débil, inconsistente y plagado de falacias como teoría psicológica. Pues bien, atentos, porque, en el terreno psiquiátrico-terapéutico real, su “rendimiento” es, si cabe, más desastroso. 3.1) Evaluación Estadística del Nivel de Eficacia Terapéutica del Método Freudiano: Se han llevado a cabo bien documentados estudios estadísticos – como el de Smith, Glass y Miller “The Benefits of Psychoteraphy” (1980) –, en lo cuales se
  • cuantifica la eficacia global promedio del método psicoanalítico o psicodinámico freudiano en comparación con otros. El trabajo evalúa el “tamaño del efecto paliativocuarativo” de diferentes sistemas de terapias psiquiátricas, sobre una base meta-analítica de 475 estudios previos, que comprenden la “friolera” de más de 25000 pacientes: Las terapias psicoevolutivas cognitivas y neurocognitivas ocupan el primer puesto, 3.5 veces por encima de las psicoanalíticas. Las siguientes son las de índole cognitivo-conductista, con 1.64 puntos proporcionales relativos de “éxito” sobre las terapias freudianas. A continuación nos encontramos con el “afamado y mitificado Psicoanálisis”, cuyos “triunfos” únicamente superan en 0.13 unidades absolutas – o, lo que es lo mismo, en una ridícula fracción de 1/13 de punto-unidad –, el índice alcanzado por la mera aplicación de un placebo, usado como control. Esto equivale matemáticamente a decir que iguala las “virtudes y garantías” del “efecto placebo”, pues una treceava parte de la unidad es un valor tan pequeño que cae dentro del margen de error técnico del muestreo. Muy similares cifras arrojan los resultados de otras investigaciones posteriores. Expresado de modo más contundente y clara: Queda ampliamente probado que el efecto curativo o terapéutico del “Método Freudiano” es del orden exacto al que proporciona y garantiza – en términos estadísticos medios –, la afortunada combinación de un carismático o “mágicoreligiosamente bendecido sanador”, curandero, brujo, hechicero …, o “convincente y prestigioso galeno de inmaculada bata blanca” realizando un experimento con un placebo de agua de grifo, y un enfermo idóneamente “receptivo”, por la fuerza de la confianza, la sugestión o la “fe”. Ahora sí que huelga una palabra más en torno a esta cuestión. 3.2) Seguimiento Negativo de los Resultados a Medio-Largo Plazo. Falseamiento y Ocultación de Datos y Fraudes Objetivos : Los casos en que se han evidenciado datos posteriores al tratamiento, no apoyan sistemáticamente la eficacia curativa y ni tan siquiera paliativa real de Psicoanálisis; Esto aconteció desde los mismísimos pacientes privados originales del Dr.Freud: Véanse los expedientes de Sergei Pankejeff, el célebre “Hombre de los Lobos”, o la joven “histérica” Emmy von N. Dora, entre otros. Una vez pasada la inmediata y parcial “mejoría”, al extinguirse el efecto sugestión-placebo vinculado a la presencia personal y la “palabra-
  • autoridad” del analista, los síntomas retornaban, y a veces empeoraban. Esta pauta es constante y muy mayoritaria en todos los enfermos tratados por los grandes analistas freudianos cuyo historial futuro se ha verificado, sin excepción. El caso de Pankejeff es muy significativo, así como extraoardinariamente “escandaloso” y demoledor: Freud trató a este hombre, cuyos síntomas apuntaban a “una grave neurosis acompañada o manifestada por horribles pesadillas recurrentes que le incapacitaban hasta el extremo de impedirle valerse por sus propios medios”, según las propias palabras del Buen Doctor. El psiquiatra aplicó su método interpretativo y “el análisis de los sueños reveló que estaban relacionados con un trauma sexual de la infancia”. ¿Cómo no, acaso no era de prever?... El Padre del Psicoanálisis escribió y firmó de su puño y letra que “una vez se le comunicó al paciente la causa originaria de su problema, éste desapareció por completo”. Sin embargo, la investigación subsiguiente del tenaz periodista Karin Obholzer reveló que el verdadero desenlace de la historia fue muy distinto: Pankejeff jamás se curó, los síntomas – incluyendo las espantosas y “lobunas” pesadillas –, volvieron con mayor intensidad que antes, a poco de terminar sus “sesiones” en el famoso “diván freuidiano”. Fue dando tumbos de un psicoanalista a otro, hasta su muerte. A lo largo de todos estos penosos años, cada vez empeoró más y más. Y ahora, la “gran traca final”: Pankejeff cobraba un sueldo o “pensión” de por vida a cargo de la Fundación Sigmund Freud, a cambio de que permaneciese oculto en Viena y no diese publicidad al fraude que podía “empañar” o comprometer seriamente la imagen del “Maestro” y su “Inefable Doctrina”... Después de todo, el “Hombre de los Lobos” tuvo “suerte”. Al menos, cobró por su silencio. Otras miles de personas, que confiaron en el Psicoanálisis para resolver sus problemas psicológicos, afectivos y emocionales, no tan sólo tampoco recobraron la salud mental y vieron multiplicado su sufrimiento, sino que además pagaron abusivas y estériles minutas por cada hora de terapia “a golpe de metrónomo”. No solo indigna y asombra, sino que también da asco. 3.3) El “Escandaloso Problema” de las Remisiones Espontáneas: En la década de los 60 del siglo anterior, el Dr. Hans Jürgen Eysenck – psicólogo evolutivo-cognitivo inglés de origen alemán, especialista en teoría de formación multifactorial de la personalidad –, publicó unos trabajos en los que evidenciaba que alrededor de los 2/3 de los pacientes tratados mediante técnicas psicoanalíticas disfrutan de mejoría tras dos años de concluir las
  • sesiones de terapia. Esta cifra es la misma que cabe esperar por remisión espontánea en ausencia de tratamiento de las neurosis, como la investigación de Eysenck y otros estudios anteriores y ulteriores confirman. Por otra parte, trabajos posteriores de este psicólogo mostraron que esta proporción puede variar, dentro de un margen moderado, según el tipo y gravedad inicial del trastorno y otros factores inespecíficos, tales como la ayuda externa “noprofesional” de alguien próximo al enfermo en quien éste deposite su confianza (pariente cercano, amigo íntimo, pareja, profesor, médico de cabecera o un sacerdote, por ejemplo). Esta enorme “incongruencia” es, si cabe, más grave, considerando el prolongado tiempo de tratamiento de las terapias psicoanalíticas. En síntesis, y citando al propio Dr. Eysenck: “Freud fue, sin duda, un genio; no de la Ciencia, sino de la propaganda; no de la prueba rigurosa, sino de la persuasión”. 3.4) Desinterés Contumaz de los Psicoanalistas Freudianos por los Resultados Objetivos: Como de costumbre, con la irritante, cínica y/o dogmática actitud auto-suficiente y pagada de sí mismos que los caracteriza, los psicoterapeutas freudianos suelen despreciar la remisión o remoción a corto-medio plazo de los síntomas patológicos, argumentando que “lo importante es localizar y extraer a la superficie consciente del paciente la causa original profunda de sus problemas y lograr así el cambio curativo definitivo”. Ahora bien, no hay evidencias fiables de que consigan ni una cosa ni la otra, como ya se ha expuesto con cierto detalle. Los tratamientos son largos, costosos e ineficaces, no conducen en promedio estadísticamente significativo a nada mejor que un mero efecto placebo o proceso de remisión espontánea y, con mucha mayor frecuencia de la que gran parte de ellos bien se encargan de ocultar, hasta por los medios más contrarios a la ética médica y la honradez científica, incluso agravan el estado del enfermo. Otros procedimientos son considerablemente más recomendables y fiables, y sí disponen de datos y cifras a su favor. Esta es la verdad, le duela a quien le duela. 3.5) Apelación Continua a la “Resistencia”, como un SubTipo de “Falacia ad Hominem”: El término “Resistencia” designa un concepto acuñado por el Dr. Freud. Significa cualquier proceso psicodinámico que implique la oposición del “Yo-Consciente” o del “Super-Ego” a reconocer como “propios y veraces” los contenidos y recuerdos “censurados” del “Subconsciente”. Un poderoso y “terco” mecanismo “defensivo”, para así evitar afrontar los fuertes
  • sentimientos de “culpa y vergüenza”, aunque sea a expensas de prolongar el dolor y la angustia psíquicos. Usando y abusando de esta hipótesis, los psicoanalistas juzgan de inmediato cualquier atisbo de no aceptación por parte del paciente de su interpretación y diagnóstico sobre los indicios o la causa primera de su problema cual una “resistencia” encubridora. Y, por ende, le asignan arbitraria y sistemáticamente un valor de “prueba confirmatoria”. Por extensión y generalización falazmente interesada y, por enésima vez, inauditamente “anticientífica”, los freudianos arremeten contra sus críticos intelectuales utilizando idéntica “arma”: Así, se permiten acusar – con el desparpajo desdeñoso y dogmatismo “sectario” que les identifica –, a todo requerimiento de pruebas y verificaciones contrastadas y otros ataques metodológicos, científicos y epistemológicos a su teoría, como “las formas modernas de resistencia”. De hecho, en esto – como en todo – no hacen más que seguir fielmente la “Palabra del Maestro Irrefutable”, pues fue Sigmund Freud, en sus obras “Una dificultad del Psicoanálisis” (1917), y“Resistencias al Psicoanálisis” (1925), quien rechazó con áspero desdén las objeciones, calificándolas de “hostilidades latentes hacia el Psicoanálisis”. De ahí, al “Dogma Papal de Infalibilidad” no media ni un corto paso. O, expresado en el llano pero sabio y viejo Refranero Castellano: “Yo me lo guiso y yo me lo como, como Juan Palomo”. 3.6) Sesgo Excluyente, Auto-confirmatorio y Constante en la Evaluación de Resultados: El analista interpreta que, cuando el paciente parece mejorar, ello se debe a la corrección de la teoría. Y, si no lo hace o hasta su sintomatología se agrava, se debe a sus “resistencias”. Indefectiblemente, basta nuevamente “invocar” la voz del propio “padre de la Criatura”: Cuando el Dr. Freud enumera en varios artículos las posibles causas de los “eventuales fracasos del Psicoanálisis”, única y exclusivamente toma en consideración variables o rasgos vinculados con el paciente, nunca relacionados con las posibles “fallas” o carencias del procedimiento. Por consiguiente, se extiende pormenorizando acerca de “necesidad de auto-castigo, fuerza intrínseca de los traumas, fijación libidinal, etc...”. Pero, en cambio, no contempla ni tan siquiera cita la hipótesis rival: Que las iniciales y habitualmente no estables disminuciones o desapariciones sintomáticas temporales obedezcan a otros factores externos al tratamiento (remisión espontánea, efecto placebo, variantes no-específicas). En estas ocasiones, es muy fácil que ambos, tanto el psiquiatra como su cliente o enfermo a cargo, caigan en la llamada “falacia cum hoc”, consistente en
  • atribuir las mejoras al tratamiento, sin más base que su simple coincidencia en el tiempo. Y, los abundantes y “maquillados” o inconfesados fracasos, a “resistencias”, no a directas deficiencias metodológicas del tratamiento analítico, cuales la “transferencia” mutua, la consiguiente dependencia del enfermo para con el terapeuta y proyección psíquica de la personalidad, pulsiones y “traumas” del propio psiquiatra sobre el paciente, además de las severas carencias de la misma teoría y la su técnica ya apuntadas... A este respecto, es más que destacable la sospechosa actitud de Freud, tanto en general, como en lo tocante a sus alusiones al peliagudo y delicado fenómeno de la “transferencia”: Él mismo la describió en sus primeros escritos, para luego, en plena cima de su fama, prestigio y triunfal apoteosis de su carrera, ignorarla en la práctica casi por entero. Conclusiones del Análisis Crítico de la Teoría Psicoanalítica Freudiana 1 Consideraciones Generales Finales, el ”Juicio a Freud”, visto para Sentencia A) La única aportación de Sigmund Freud que ha resistido al paso de las décadas, y a los avances de las nuevas ciencias cognitivo-evolutivas, psicobiológicas y neuro-psiquiátricas, es la noción central de la enorme, patente e innegable importancia de los procesos inconscientes y sus pulsiones, no perceptibles por el nivel consciente de la mente humana. Dicha idea no fue completamente original de él. Anteriormente, insignes pioneros de la Psicología Científica y la Psiquiatría, como Mesmer, Charcot, von Hartmann, Breuer , Wundt y otros, así como de forma intuitiva, poéticoalegórica y filosófica – y en muy cambiantes e inclusive opuestos sentidos –, múltiples pensadores, artistas, científicos y autores de la talla de Goethe, von Helmholtz, Schelling, Shopenhauer, Nietzsche..., se habían encargado de anticiparla... En verdad, el concepto de una vida psíquica “en sombras” o Inconsciente, sede de los impulsos más primarios, “salvajes” y radicales, opuesta a la Razón del “YoConsciente” cartesiano, pero revalorizada, reivindicada y hasta exaltada, como “fuente profunda” de los grandes “destellos del genio, la creatividad y la iluminación del alma
  • humana”, es una de las más marcadas y constantes componentes del Romanticismo Alemán y la Filosofía por él fecundada, y más tarde “intelectualizada”, desde principio a fin del siglo XIX: (Irracionalismo). Pero no cabe duda de que el primero de todos ellos en articular las diversas tradiciones de la psicofísica, psicofisiología y psicología-psiquiatría dinámica primigenias, junto a las ideas de la Filosofía Alemana antes señaladas, hasta definir un nuevo, perfeccionado, más complejo y operativo concepto de “Inconsciente”, fue el Dr. Sigmund Schlomo Freud. En prácticamente todo lo demás se equivocó. Y hay evidentes dudas acerca de su grado de honradez intelectual y ética médico-metodológica. No sabemos, ni sabremos jamás, en qué medida engendradas por la astucia maliciosa consciente o semi-consciente, el cinismo intencionado o – paradójicamente, en función del propio núcleo esencial y más vigente de su teoría –, obedientes a un claro proceso de auto-engaño y colosal “sueño despierto de realización de deseos”... Hoy por hoy, la “gran impostura” de la “Doctrina Psicoanalítica Freudiana” y sus “Dogmas Mitificados”, que predominaron e incluso llegaron a arrinconar a las restantes y principales escuelas psicológicas y psiquiátricas durante la mayor parte del siglo XX, está de sobra desenmascarada. El nuevo paradigma sintético emergente en las Ciencias de la Psique, armado y reforzado por renovados hallazgos, datos , pruebas empíricas y técnicas de análisis y diagnóstico, inalcanzables en la época de Freud y los decenios inmediatamente siguientes, si bien aún muy incompleto y fragmentario, se muestra incomparablemente más sólido, así como epistemológica y científicamente mejor fundado. B) No obstante, por todo ello no deja de ser peculiar observar que – aun a pesar del inmenso peso de esta pléyade de argumentos lógico-racionales y evidencias en su contra, y de encontrarse deshauciado como paradigma científico en la corriente dominante de la actual Psicología teórica y Psiquiatría aplicada –, el Psicoanálisis freudiano conserva ciertas “reservas” de poder, prestigio e influencia: En Francia – en parte debido al legado de la prominente figura del pensador neofreudiano Lacan, su conexión con el
  • existencialismo “rojo” de Sartre y otros filósofos semejantes idolatrados por la “gauche divine” (“izquierda-caviar, la llamamos al suroeste de lo poco que queda de la otrora “radiante potencia imperial-cultural gala”) –, y el influjo “seductor” de ciertos planteamientos “marxianofreudianos”, todavía atractivos para algunos minoritarios pero encumbrados sectores de la élite intelectual “nostálgica” del 68... Los fastidiosos “restos retro-progres” del Gran Naufragio del Muro de Berlín, escasos y languidecientes, pero bastante activos al Noreste de los Pirineos. Para estas “tribus”, el Psicoanálisis mantiene una modesta presencia, más “romántica” y esnobista que otra cosa, pero sobrevive entre determinadas franjas de las “altas esferas” y su suculenta “clientela”; En Estados Unidos, ocurre un fenómeno muy parecido y de idénticas raíces... Los ahora acaudalados y por supuesto más que burgueses miembros de la clase media-alta y culta urbana, añorantes de las “viejas hazañas” político-contestatarias-alternativaspsicodélico-sexuales de la “Revolución de los 60”, Woodstock y todo lo demás, tienden a “simpatizar” con Freud y sus “apóstoles”... Y ya tienen una edad a la que cuesta abandonar viejas querencias y prejuicios, aun cuando las pruebas sean masivas, clarísimas y perviva en algunos de ellos un residuo de mente libre y abierta, por otra parte casi siempre lastimosamente abotagado por ese horrendo proceso que llamamos “sentar la cabeza”... En realidad, someternos, conformarnos y, simplemente, decaer y envejecer, física y... espiritualmente, lo que es mucho peor. Estos “ciegos creyentes voluntarios”, que un día muy remoto – cuando eran jóvenes, rebeldes y llenos de vida, anhelaron “cambiar el Mundo”, para ahora permitir paulatina y lentamente que “el Mundo los haya cambiado a ellos”, hasta transformarlos en una grotesca caricatura empequeñecida de sí mismos, al igual que sus “colegas” franceses al otro lado del Atlántico –, se concentran en su mayoría en las zonas costeras del Este y el Oeste de su aún potente mas declinante nación. Pero, a causa de su fuerte implantación, poder de penetración e impronta sobre las generaciones más jóvenes, a través de los elevados puestos que han ocupado hasta su más o menos reciente jubilación en los más selectos círculos académicos y universitarios, en los puestos directivos o ejecutivos de los medios de comunicación de masas y, sobre todo, en Hollywood, el
  • “remanente” – (cuán sardónica pueden llegar a ser la Vida y la Historia) –, de la “infección freudiana”, se perpetúa en el presente con mayor fuerza que en París y las principales ciudades francas, particularmente, por desgracia, en California. Esto hace posible el dato increíble, lamentable y científico-médicamente “escandaloso”, de que, a pesar de los pesares y del auténtico “Diluvio” caído encima de Freud y sus postulados, en USA, al día de hoy, el 40% de los terapeutas sigan utilizando el método psicoanalítico “clásico” freudiano de “interpretación de los sueños”. Y que la persistencia y primacía de sus principios y contenidos subliminales y simbólicos en las producciones de la gran industria norteamericana de cine continúen siendo, si no tan “absolutas” como hace unos decenios, sí todavía muy importantes; Pero donde el “Virus-Freud” sigue siendo más virulento, infeccioso y activo es en Argentina: No es tópico; Al igual que el poderoso y, dicho sea de paso, paradójicamente no demasiado apreciado vecino del Norte del Nuevo Mundo, el país austral recibió una intensa, numerosa y en buena proporción culta y refinada inmigración político-económica en sus tiempos prósperos, allá justo antes, durante y después de la Segunda Guerra Mundial. Y, análogamente a lo ocurrido en los Estados Unidos, una muy significativa fracción de la misma eran intelectuales y, en concreto, psiquiatras freudianos procedentes del por dos veces despedazado “Universo” ExAustro-Húngaro y de Europa del Este, así como de Alemania, las cunas y “ecosistemas culturales” naturales originarios de Freud y su escuela de pensamiento. Entre ellos, destacados miembros del “Círculo de Viena”, muchos psicoanalistas y, muy acentuadamente, numerosos judíos de estirpe ashkenazí, huyendo de la terrible, fanática y abyecta persecución hitleriana... No en vano, ni por mera casualidad, hay tanta afinidades filosóficas, ideológicas e “icónicas” que enlazan el “mundo” y la “visión del mundo” entre FreudCírculo Vienés de entreguerras, el expresionismo cinematográfico pionero germánico y el “Hollywood Dorado Clásico”. Y no me refiero sólo a los patentes y descollantes ejemplos del Fritz Lang y Alfred Hitchcock, respectivamente. Existen o existieron docenas y docenas de nombres en todos los niveles de mérito, fama y excelencia. A todos ellos les une – empero – un profundo y poderoso sustrato cultural y/ o genético. O “memético”, como nos recordaría el genial
  • Richard Dawkins. Esto explica – en el sentido de un “envolvente” y “atractivo” entorno inductor intelectualcultural, que yo mismo experimenté en mi adolescencia y juventud por largos años, y del que no reniego estéticamente – pero, por el contrario, en modo alguno justifica, en términos de seriedad, rigor intelectual, científico y deontológico-médico, que en Argentina, muchos y, de hecho, casi todos a escala popular, consideren sinónimos los sustantivos “psicoanalista” y “psicólogo”. Ni que la correspondiente Facultad de la Universidad de Buenos Aires prosiga siendo “hegemónica y excluyentemente” freudiana. Podemos generalizar las causas de la asombrosa “resistencia” de los “complejos meméticos de Freud” en estos puntos: B1) A nivel de la cultura de masas: Divulgación atractiva, reforzada por la subyugante personalidad carismática, locuacidad oratoria y buena pluma de Freud y algunos de sus más brillantes discípulos y seguidores, aliadas con aspectos históricos como los ya reseñados, sobre todo vinculados con el “soft power” de Hollywood. Adicionalmente, la propia naturaleza del método analítico freudiano es sugerente, emocionante, morbosa y atrayente: Pueden estudiarse los casos como una apasionante búsqueda detectivesca en las “Simas Profundas Ocultas y Tenebrosas de la Mente”, o visualizarlos como su equivalente “aventura tipo thriller negro” cinematográfico. A similitud de lo que acontece con otras pseudociencias, cualquier testimonio anecdótico posee mucho más impacto persuasivo que un aburrido y concienzudo análisis estadístico o la jerga altamente tecnificada de las neurociencias, por más rigurosas que éstas sean. En verdad – por mucho que les moleste a ellos la comparación – el Psicoanálisis comparte el potente y seductor rasgo de la “fascinación por desvelar lo íntimo, secreto y oculto” con otras prácticas interpretativas con menores “pretensiones” y falaz reconocimiento científico, cuales la quiromancia, la necromancia, la oniromancia, la cartomancia, la lectura del té o la astrología, por citar algunas... Y, aunque duela a algunos “doctos”, muy igualados índices de “éxitos”, y por una razón sustancialmente idéntica.
  • B2) Culto a la personalidad: Otra característica común con toda índole de cultos sectarios y creencias supuestamente “pseudocientíficas”; Específicamente exagerado en el caso de los dos grandes “Ídolos-Maestros”, Sigmund Freud y Lacan; La adhesión y asunción de los principios teóricos y la praxis de la disciplina se apoya más en el “argumento de autoridad”, o admiración-confianza incondicional en la persona o memoria del autor o autores de la doctrina que en la evaluación fría y racional de sus tesis. Resulta muy llamativo que múltiples psicólogos, psiquiatras y terapeutas acepten o no determinados puntos de la teoría sobre los que no hay ni tan siquiera consenso interno, como por ejemplo el célebre concepto de Lacan de que “el inconsciente se estructura como un lenguaje”, únicamente en función de quién sea el “maestro” freudiano que les tocó en suerte en su primera formación superior especializada. Estas “falacias de autoridad” se reafirman y consolidan por la propagación y amplificación de ciertos mitos biográfico-históricos inexactos, como el del “Precursor Original” o el “Mártir de la Verdad”. B3) Desconocimiento de hipótesis o modelos rivales, por más que se hallen mucho mejor fundamentados: La “fe” en el Psicoanálisis se sostiene en virtud de la falta de información del público – e incluso entre los estudiantes universitarios –, de los nuevos planteamientos y progresos de la psicología científica. En la Universidad de Buenos Aires y otros grandes “centros resistentes” del”Sanedrín” o “Curia” Académica Psicoanalítica, se escatima, esconde e ignora sistemáticamente la documentación más elemental acerca de otros modelos y sus logros. Por tercera vez, una tremenda convergencia con los grandes, medianos y pequeños sistemas religiosos organizados. B4) El propio sistema de creencias articula falacias a modo de “mecanismos defensivos” – ironía sobre ironía – con el objeto de protegerse de las dudas, cuestionamientos y ataques externos, y hacerlo – al menos ante sus adeptos y su “público-clientela” –, inmune a las críticas. Ya se citaron algunos de ellos: Apelación a lo latente, invocación continua de “resistencias”, cual pseudo-forma de la “falacia adhominem” (ya que, de un modo no explícito, pero diáfano
  • para los conocedores de la “teoría-palabra sagrada del Maestro”, incluso a escala superficial, desautoriza al “enemigo”, al poner en entredicho su “equilibrio mental”), falacias de autoridad y de ambigüedad... Pero en el “repertorio” todavía quedan más “armas”... Y no sólo de índole teórica e intelectual, desafortunadamente: Nítidas y ahora directas “falacias ad hominem” (del tipo “Para criticar hay que haberse psicoanalizado”, menos frecuente, pues eran o son conscientes de poder ser replicados en el acto sobre el “inaudito pecado de omisión de su Gran Padre Fundador, quien siempre se negó a cumplir ese curioso “ritual de paso” que, más adelante, todo “aprendiz” de psicoanalista hubo de satisfacer, a manos de su “maestro predilecto”, o alguien por él designado)... O de la índole – más a lo “New Age”, movimiento con quien siempre guardaron cierta ambigua y contradictoria relación, pero con el que han mantenido cierto grado de ósmosis mutua, al menos... “simbólico-metafórica” – “exigir pruebas tan rigurosas es caer en el materialismo positivista..., la mente es otra cosa”. Olvidando, con pasmosa incongruencia y/o cinismo, que ellos mismos expulsaron a las tinieblas exteriores de la Herejía “No-Científica” al “nefando traidor del Gran Patriarca” Carl Gustav Jung, y a “subversivos desviados”, como el asimismo austro-húngaro (de Galitzia) Wilhelm Reich, precursor y maestro de Alexander Lowen, creador de la Bioenergética. Al primero (Jung) lo insultaron, degradaron e infamaron sin tregua, tildándole de “metafísico”, y al segundo (Reich), la “inefable” y por cierto, gravemente traumada psicosexual y afectivamente, “Suma Sacerdotisa” y heredera de su dios-papaíto”, Anne Freud, lo denunció ante los siempre dispuestos tribunales inquisitoriales y legales de los Colegios Médicos. Con el típico, cruel e insaciable furor de los “reprimidos-iluminados fanáticos que se creen en posesión integral de la Verdad Revelada”, no paró hasta conseguir – utilizando los poderosos “contactos” del por entonces “incontestable” lobby Psicoanalítico con los “aparatos” del poder sanitarioadministrativo, político, económico y judicial –, que le diagnosticaran “esquizofrenia”. Además de empujarle a la cárcel por “fraude e intrusismo profesional”... A la cárcel..., y a la muerte en su celda, a resultas de un ataque al corazón, evidentemente muy propiciado por el terrible efecto psicosomático de su penosa e injusta situación... De hecho,
  • fue juzgado, condenado y sus libros quemados en el incinerador de Gansevoort (Nueva York), en 1956, en pleno ambiente de la “caza de brujas” macarthysta... Para que vean cuán repugnante puede llegar a ser el hedor de los “cadáveres en el armario” de la Escuela Psicoanalítica... Y comprueben que no sólo me mueve a “bombardearla” con tanto furor un “asunto platónico-personal” y la “defensa de mi teoría sobre los “disfraces morfogenéticos” de los Anunnaki”... Finalmente, como demuestran el maravilloso libro escrito entre el reputadísimo físico cuántico Wolfgang Pauli y el Dr. Jung acerca del análisis de la “serendipidad” o “sincronicidades acasuales”, recientes descubrimientos innovadores cuales el “Efecto Emoto”, el Ciclo Circadiano de Emisión Biofotónica Humana – también probado por investigadores japoneses hace poco más de un año –, y otros, de equipos rusos y canadienses-norteamericanos, sobre la profunda interacción de los estados conformacionales del ADN con los paquetes vibracionales cuantizados portadores de energía-información codificada, desde sonidos e infrasonidos hasta pulsos electromagnéticos, resulta que, a la postre, las tesis de Jung y de la Bioenergética (que él denominó “Orgónica”), de Wilhelm Reich, poseen ambas un incomparablemente superior fundamento científico que los “fantasmales Aparatos o Instancias Estratificadas de la Psique y los Complejos Sexuales y Simbologías Oníricas Estereotipados freudianos”... Esta es la auténtica y bien “escondida” y miserable causa por la que los psicoanalistas se apresuraron a “negar y tapar” toda evidencia de interacción fuerte, a nivel biomolecular, celular o fisiológico, entre los estados de ánimo y conciencia intensos y profundos de la psique y los del sistema inmunitario o defensivo del organismo y otros sistemas corporales complejos, aun en extraña y parcial contradicción con la importancia que Freud y los primeros psicoanalistas de su círculo concedieron a la somatización histérica. Muy acentuadamente, cuando, poco a poco, en las últimas décadas y lustros de su “Imperio de Primacía”, al ritmo de las luces arrojadas por los más novedosos descubrimientos e investigaciones, se percataron al fin del verdadero origen de su “Gran Tabú-Vergüenza Oculta”, cuidadosamente ignorado, minimizado, falseado y guardado “debajo de las lujosas alfombras” de sus flamantes despachos, consultas y clínicas privadas de selecto y costoso
  • “pedigrí”: No solo ya la bajísima cantidad de “éxitos curativos” atesorados, sino algo mucho peor...; La anormal, desmesurada e inquietante tasa de pacientes tratados con su método quienes, en realidad, empeoraban o agudizaban sus síntomas, de manera palpable y objetiva... ¡Debido a la honda y ya por completo evidenciada influencia mutua del sistema nervioso central, el inmunológico y otros componentes orgánicos cruciales, estaba al fin claro lo que , por más que celosamente enmascarado, había sido hasta el momento un desazonador misterio para ellos mismos! ¡Era el temido “espectro de la transferencia-proyección” terapeuta-paciente, reforzado por los habituales y ya “automatizados” recursos de justificar los inapreciables, lentísimos o nulos “progresos” ante los enfermos-clientes mediante la apelación a lo latente, las “resistencias” y otras falacias “ad hominem” o derivadas... Las que, al hacer caer el “peso de la responsabilidad o culpa” de la ausencia de curación sobre los mismos pacientes, generaban en ellos tal “recarga o contra-carga de culpa” y auto-desprecio, que multiplicaban sinérgicamente sus problemas psicoafectivos y deficiencias de auto-estima originales, ya de por sí serios o agudos, de manera terrible y monstruosa... ¡Y no obstante, la mayor parte de ellos optó por callar, falsear, tergiversar, desacreditar fraudulentamente los nuevos datos y pruebas y “mantener la función teatral”... Al fin y al cabo, “el shownegocio” debía continuar a toda costa... Negligencia criminal, no es posible otra conclusión. Freud y sus primeros discípulos-colegas gozan, al menos, de una fracción del “beneficio del la duda” … Probablemente hubo en ellos mucho de malicia imputable, falacia consciente y sed de fama, dinero y ambición de prestigio, pero también elevadas dosis de auto-engaño inconsciente e ignorancia, dadas las limitaciones en conocimientos, técnicas y metodologías de su tiempo. En cambio, sus seguidores, herederos y “guardianes-beneficiarios del Legado” , a partir del último tercio del siglo XX, y tanto más cuanto más “reputados”, prestigiosos y/o “jóvenes” o próximos a sus últimas décadas sean, no. No, para nada en absoluto. Muy fuerte, muy triste..., pero muy cierto. Y, más “fuerte” e indignante aún, si cabe, cuando pensamos que la enfermedad de cuyo nombre se sirvieron Anne Freud y sus adláteres para “acabar (literalmente), con el réprobo Dr. Reich” de una vez por todas, la esquizofrenia, es, junto a la
  • paranoia y sus multiformes estados y asociaciones intermedias, una de las todavía en el presente grandes “desconocidas” para la Ciencia. Cualquier psicólogo o psiquiatra auténticamente científico y honesto reconoce, a las fechas en que estamos, que su origen exacto, naturaleza y dinámica siguen siendo un inmenso enigma. La verdad, el extraordinario y, aparte de ello, agresivo, represor, persecutor, intolerante, peligroso e inclusive letal parecido entre el Freudianismo y la Santa Inquisición, es escalofriante... Da miedo, porque dicho Tribunal Eclesiástico con amplias competencias civiles – exactamente igual que los Colegios de Médicos –, fue abolido en la práctica por la Iglesia Católica Romana – esa Iglesia supuestamente tan “atrasada, dogmática y cerrada de mente”, y tan desdeñada, agredida y ridiculizada por los discípulos de Freud como al contrario o más aún –, hace ya un par de siglos... Y tras otra centuria o centuria y media previa de muy baja o casi nula actividad efectiva... Pero el Nuevo Tribunal PsiquiátricoFreudiano ejerció en el cénit de su poder hace muy..., muy poco, y en el corazón mismo de los países más avanzados del más “culto y democrático Occidente”... Produce horror, sí... Pero también ira... Ira, y un infinito asco, no me privo en suscribirlo otra vez, bien alto y bien claro. Y, en medio del asco y el horror, asimismo risa... Porque, olvidándonos ahora del gravísimo aspecto ético del tema y volviendo a lo puramente filosófico-epistemológico-metodológico, ¿en qué demonios quedamos, Srs. “Sacerdotes, Teólogos y Jueces Herederos e Inspirados por la Luz Psíquica Suprema del Padre Freud”?... Quienes osamos criticarlos... ¿pecamos de “demasiado” o “demasiado poco” positivismo? ¿Somos “obstusos materialistas-mecanicistas decimonónicos”, o bien “ingenuos y no-científicos soñadores delirantes metafísicos”? ¿O es que acaso, por ventura, únicamente ustedes, y solo ustedes, poseen la “fórmula mágica y secreta” que define el “estado de la psique humana” entre la “dimensión de la materia orgánica” y la del “espíritu”?... No me molestaré en contestar eso. Da vergüenza intelectual ajena. Exactamente igual que otros “contra-argumentos” y “lugares comunes” de los Psicoanalistas Ortodoxos: Falacias “non sequitur”, cuales “la prolongación del tratamiento en
  • relación a otros procedimientos demuestra que es mucho más completo y profundo”, o “la hostilidad de tanta gente verifica que la teoría es cierta”. Y, en el colmo de la desfachatez irracional, la máxima falacia suprema, que no admite e invalida cualquier acusación ante un tribunal cualquiera en el seno de cualquier Estado de Derecho, y contradice de lleno y frontalmente la esencia misma de la “Navaja de Ockam” y el Método Científico: La Reversión de la Carga de la Prueba, pues algunos de esos encumbrados payasos (y ruego me perdonen los auténticos payasos profesionales), se atreven a sentenciar: “Son los críticos quienes han de demostrar la falsedad de la Teoría y la ineficacia del tratamiento”. O sea, idénticamente la misma clase de basura “pseudo-intelectual” que los creacionistas esgrimen contra los biólogos evolucionistas, en un patético y desesperado intento de “salvar” la manida y absurda versión literal de la fábula del Génesis bíblico. Con esto, ya está dicho todo. 2 Dictamen Final, la Sentencia Actual sobre el “Caso Freud Contra la Higiene Intelectual Científica y la Salud Mental del Pueblo Soberano” “Considerando y habiendo deliberado sobre la cantidad, calidad y fuerza argumental de los razonamientos y pruebas presentados por el Ministerio Fiscal, procedentes de fuentes variadas e independientes, amén de la extraordinaria debilidad de los argumentos y evidencias esgrimidos por parte de los letrados de la Defensa, el Tribunal Supremo de la Comunidad de Científicos y Librepensadores, en Sesión Plenaria a la Hora del Amanecer del Tercer Milenio de la Era Vulgar, CONCLUYE QUE , EN SUMA, EL ÚNICO CONTENIDO VÁLIDO DEL PSICOANÁLISIS FREUDIANO – SU IDEA O CONCEPTO ORIGINAL Y DINÁMICO DEL INCONSCIENTE Y SU IMPORTANCIA EN LA VIDA PSÍQUICA HUMANA –, YA NO APORTA NADA NUEVO. Y LO “NUEVO”, SU ULTERIOR
  • DESARROLLO Y ARTICULACIÓN TEÓRICO-METODOLÓGICATERAPÉUTICA, NO ES VÁLIDO. DE MODO Y FORMA QUE LO “ESPECÍFICAMENTE PSICOANALÍTICO” CARECE DE VALOR CIENTÍFICO..., Y LO QUE ES MÁS GRAVE SI CABE, INCLUSO RACIONAL. Y, por ende, RESUELVE QUE PODEMOS CONDENAR Y CONDENAMOS AL PSICOANÁLISIS FREUDIANO A SU CONSIDERACIÓN UNIVERSAL COMO “DOCTRINA O DISCIPLINA PSEUDOCIENTÍFICA”, SIN VALIDEZ – POR ELLO MISMO – TEÓRICA NI TERAPÉUTICA REAL EFECTIVA, DENTRO DE LA PSICOLOGÍA Y/O LA PSIQUIATRÍA. NO MÁS ALLÁ – POR CONSIGUIENTE – DE LOS EFECTOS PRODUCIDOS POR EL FENÓMENO PLACEBO U OTROS MECANISMOS PSICOSOMÁTICOS SUGESTIVOS SEMEJANTES CIENTÍFICA Y CLÍNICAMENTE DEMOSTRADOS. TAMPOCO – EMPERO – SERÁ ADMISIBLE EL USO , NI DE SUS CONCEPTOS, NI SUS HIPÓTESIS, NI SUS MODELOS, COMO BASE PARA ARGUMENTAR CIENTÍFICORACIONALMENTE CONTRA CUALQUIER OTRO POSTULADO O TESIS EN LOS CAMPOS DEL SABER O LA INVESTIGACIÓN, INDIRECTA O COLATERALMENTE RELACIONADOS O RELACIONABLES CON ÉL, TALES COMO LA ANTROPOLOGÍA, LA PSICOBIOLOGÍA O EL ANÁLISIS E INTERPRETACIÓN MITOLÓGICO-ARQUETÍPICA. Ahora bien, y sin descargo alguno de los anteriormente dicho y establecido, HABIDA CUENTA DE LA MUY EXTREMADA RELEVANCIA DEL “REDESCUBRIMIENTO” TEÓRICO E INDUCTIVO-EMPÍRICO, POR PARTE DEL DOCTOR SIGMUND SCHOLOMO FREUD, DE LA DIMENSIÓN INCONSCIENTE DE LA MENTE DE NUESTRA ESPECIE...; ASÍ COMO SU ULTERIOR VALOR COMO FUENTE DE INSPIRACIÓN, DEBATE Y DINAMIZACIÓN DE LA DISCUSIÓN INTELECTUAL, CREATIVA, ARTÍSTICA Y
  • CIENTÍFICA DE LOS “NIVELES OCULTOS” DE LA PSIQUE HUMANA....; Y, PESE A LOS INNUMERABLES FALLAS RACIONALES, CIENTÍFICAS Y METODOLÓGICAS, ESTRATEGIAS FALACES ENGAÑOSAS, PROPAGANDÍSTICAS Y HASTA EN LAMENTABLES OCASIONES MEZQUINAS, MONOPOLÍSTICAS, ABUSIVAS , PATOLÓGICAMENTE DEFENSIVAS, DESPROPORCIONADAMENTE AGRESIVAS Y PERSECUTORIAS O COARTADORAS DEL LIBRE PENSAMIENTO, INVESTIGACIÓN Y CONTRASTE RACIONAL CON OTRAS TEORÍAS O PARADIGMAS RIVALES ALTERNATIVOS, A LA LARGA MEJOR FUNDAMENTADOS A LA LUZ DE LOS NUEVOS PROGRESOS, TÉCNICAS Y EVIDENCIAS, ADEMÁS DE LA ENORME TASA DE CONFUSIÓN, ANGUSTIA, DOLOR Y DECEPCIÓN MORAL Y PSICO-EMOCIONAL INFRINGIDA A LOS PACIENTES ENTREGADOS A LA CAUSA Y METODOLOGÍA TERAPÉUTICA DE SU ESCUELA PSIQUIÁTRICA... MAS, HABIDA CUENTA, POR ÚLTIMO..., QUE RESULTA IMPOSIBLE DETERMINAR, CON EL SUFICIENTE RIGOR CIENTÍFICO Y JURÍDICO REQUERIDOS, SI LA MAYOR PARTE DE ESTOS RECURSOS O TÁCTICAS EVASIVAS, OCULTADORAS Y FALACES – HAY QUE RECONOCER Y RECONOCEMOS QUE LAS “MENOS DAÑOSAS, DOLOSAS Y PERJUDICIALES” DE ENTRE ELLAS –, DESARROLLADAS Y ESGRIMIDAS POR EL PROPIO DR. FREUD, FUERON FRUTO DE MALICIA CONSCIENTE, IMPULSO SEMI-CONSCIENTE O SIMPLE AUTO-ENGAÑO..., Este Tribunal decide emitir la siguiente DISPOSICIÓN EXIMENTE PARCIAL A FAVOR DEL PRINCIPAL ACUSADO, EL DR. SIGMUND SCHOLOMO FREUD En virtud de la cual, SE DICTAMINA QUE HA DE SER RECORDADO Y HONRADO – NO OBSTANTE SUS SERIOS EXCESOS, DEFICIENCIAS Y CLAROS DESVÍOS DE LA ESTRICTA RACIONALIDAD Y LA METODOLOGÍA CIENTÍFICA, AMÉN DE ALGUNOS PRECEPTOS DE LA DEONTOLOGÍA MÉDICA –, COMO “PADRE
  • CREADOR DEL CONCEPTO CIENTÍFICO DEL INCONSCIENTE PSÍQUICO”... Y, EN SU JUSTA Y PROPORCIONAL MEDIDA, SER SUJETO DE RECONOCIMIENTO Y HONORABLE MEMORIA EN EXCLUSIVA POR DICHO MÉRITO. ESTE TRIBUNAL NO SE HALLA SOMETIDO A INSTANCIA SUPERIOR ALGUNA. POR ENDE, SU SENTENCIA ES INAPELABLE Y ENTRA EN VIGOR DE INMEDIATO”. ----------------------Consecuencias de la “Sentencia a Freud”, aplicadas al tema principal tratado en este trabajo, mi modelo sobre el origen “Metamorfogenético Anunnaki” de la base real de los Mitos de los Híbridos Metamórficos en general y, en particular, del Mito de las Sirenas y Nereidas 1 Introducción-Recordatorio Supongo recuerdan que la causa de haber emprendido este largo y quizá tortuoso, pero estimo interesante y fructífero, desvío del asunto principal que nos ocupaba, era que – en el contexto de mi teoría sobre el Modelo Psicobiológico Anunnaki –, los que podríamos denominar “Grandes Mitos de los Híbridos Metamórficos” (Licántropos,”Gente Felina”, Sirénidos, Hombres/Mujeres-Pez o “Profundos”...), encajan con la hipótesis de una actividad por parte de los célebres “dioses” Anunnaki o Elhoim “venidos de las estrellas” sobre definidas y cuidadosamente seleccionadas especies autóctonas terrestres, con el objeto de hibridarse con ellas de manera temporal y controlada con fines experimentales-adaptativos, no exentos de fuertes y específicos factores o tendencias de índole psicológica y genética “lúdico-sensual”, que habrían reforzado el interés o “atractivo” para desarrollar estos experimentos. Estos proyectos serían fruto de la altísima capacidad de manipulación biogenética y psicoenergética de los “campos morfogenéticos” específicos,
  • utilizando una refinada tecnología psicotrónico-nanogenética que definimos como “Método DLBM”, y cuyas bases más elementales esbozamos. En los casos previamente estudiados, los del Licántropo y la “Gente Felina”, se expusieron los argumentos lógicos que propenderían a justificar las motivaciones y objetivos concretos cubiertos con cada uno de estos Proyectos, desde el plausible “punto de vista” del “Modelo Anunnaki”, al igual que sus relaciones y conexiones con lo que conocemos o podemos razonablemente aventurar de modo científicamente verosímil acerca de la interacción humana primitiva con las criaturas animales elegidas para ello, en el marco del Paleolítico. Pero como, en todos esos ejemplos, la fascinación-interés diferenciales y preponderantes hacia cánidos-lobos y félidos-felinos coincide, aunque por posibles razones parcialmente diferentes, entre nuestros antepasados remotos y la supuesta especie extraterrestre avanzada de los divinizados “Visitantes”, mi supuesto reforzaría o potenciaría un modelo explicativo sobre las “extrañas” y “tremendas” convergencias entre las diferentes versiones de las leyendas elaboradas por culturas independientes muy lejanas entre sí, y por ello carentes forzosamente de contacto o “contagio” primario alguno, además de proporcionar una justificación sobre procesos tales como la domesticación temprana de los lobos hasta convertirlos en perros amaestrados, y en lo tocante a las singulares “asimetrías de género” y de “amplitud de propagación-globalización” comparativas de unos mitos respecto a otros. Puntos ambos en los que las hipótesis paleontológicas, antropológicas y arqueológicas “convencionales”, y la interpretación coherente de sus registros materiales, presentan puntos de notable opacidad, según defienden la mayoría de los especialistas en el análisis de la interacción humano-animales salvajes, fundamentalmente psicólogos evolutivos y etólogos (expertos en conducta animal). Sin embargo, puesto que, en principio, tanto los ancestros de nuestra especie como los teóricos “colonizadores” alienígenas, habrían compartido su “fascinación selectora” y lo esencial de su “percepción mitificadora” de tales especies – canes y felinos –, cada uno a su muy diversa escala de poder manipulador, y por causas profundas y congénitas propias, pero no por ello menos “convergentes” al final, la “ventaja” como “paradigma explicativo” de mi modelo no es decisiva. Apunta argumentos más sólidos y claros en algunos detalles como los reseñados – los “puntos oscuros” de las teorías “oficiales” –, pero
  • tiene en contra el Principio de Economía en su “axioma” de partida, por lo cual la polémica queda en confuso suspenso... Por el contrario, en el caso del Mito de las Sirenas, la perspectiva cambia, dando un radical y afortunado giro de casi 180º...: En efecto, ahora, por primera y única vez en este conjunto de leyendas ancestrales, la realidad biológica de los caracteres orgánicos, anatomo-fisiológicos y los patrones de conducta específicos de los auténticos Sirenios como grupo de especies mamíferas acuáticas – los dugongos y manatíes –, son de tal naturaleza, que no serían contemplados ni percibidos por los humanos primitivos y los hipotéticos “dioses de los Cielos” ajustados a mi Modelo Psicobiológico Anunnaki de manera convergente, sino clara y agudamente dispar. Consecuentemente, si el perfil de los rasgos mitológico-legendarios genéricos e inter-culturales atribuidos a las “formas míticas metamórficas” de estas criaturas – las Sirenas y Nereidas –, resultan más cercanos y compatibles con los de la probable percepción-asimilacióntransformación de los mismos por el lado del “modelo de Anunnaki” que por la óptica humana, este hecho sería una potente prueba racional, indirecta pero muy indicativa, de la realidad de una intervención exterior en la génesis de estos complejos mítico-legendarios. Y, aunque a muchos les pueda sorprender – o desconcertar y enfurecer a los “académicos oficialistas” –, esto es justamente lo que acontece. En efecto, son extraordinariamente llamativos los intensos y poderosos rasgos agresivos, hiper-eróticos y amenazantes asociados con la leyenda de las Sirenas en todas sus fuentes. Agresivos y engañosos, de una astucia sexual-depredadora a la par femenina, sofisticada y letal, coherente además con el probado efecto o manejo de un especializado “canto” de infrasonidos destinado a ese fin, ahora que la Ciencia ha probado el singular efecto psíquico de apariencia “paranormal” que las emisiones en tales bandas de frecuencia sonora ejercen sobre nuestra percepción y nuestros cerebros. Pero “asignar” o “fabricar” un arquetipo mítico con estos rasgos a partir de la observación de los sirénidos hembra reales es sencillamente absurdo. En realidad, imposible, en términos de todos los Principios más elementales, conocidos y verificados de la Psicología Conductista, la Funcional Psicoevolutiva y la
  • Neuropiscología. En función de las Leyes Psicofísicas de la Psicología Perceptiva y del Comportamiento, debe haber siempre una relación proporcional y ajustada entre las magnitudes y cualidades de estímulos condicionantes y sus respuestas inducidas operantes. La visión o contacto frecuente y más o menos peligroso o traumático con una manada de lobos, por ejemplo, o con un peligroso y sinuoso tigre o pantera solitarios, pueden generar un esquema reactivo condicional, cuya fase psicoevolutiva de “aprendizaje”, asimilación o re-elaboración cognitiva posterior – repetida y puesta en común cientos o miles de veces en el seno de la comunidad tribal primitiva de cazadores-recolectores –, de lugar a una Leyenda acorde con el Mito del Licántropo, del Hombre-Tigre o de la Mujer-Pantera. Más adelante transmitida, distorsionada, exagerada y “aderezada” por tradición oral durante milenios. Pero – insisto, no por nada vinculado a mis teorías, sino a los más simples y contrastados Principios del Paradigma Psicológico y Antropológico actualmente vigente –, por más deformados y simbólicamente “fabulados” o alegorizados que se hallen, todos los relatos mitológicos y legendarios conservan un “núcleo” o “patrón” sustancialmente fiel y racional-perceptivamente proporcionado con su fuente o base de estímulos reales, perfectamente reconocible si se aplica el análisis o “decodificación” desmitificadora adecuado. Por ello, la mayoría de los científicos especialistas opinan hoy por hoy que la “fascinación-atracciónrepulsión” ancestral por el lobo es la matriz del Mito del Licántropo en las numerosas, más dispares y mutuamente lejanas culturas del Hemisferio Norte, o la que sintieron otros pueblos en diferentes latitudes hacia los grandes félidos, el origen del Mito de la “GenteFelina”. De modo – pues – automático y por inercia, tienden a afirmar que la génesis del Mito de las Sirenas o Mujeres-Pez radica en la observación de las hembras lactantes y “cantarinas” de dugongos y manatíes. Ahora bien, en esta última consideración hay una enorme e inadmisible contradicción de principios... Pues no hay ni trazas de algo tan siquiera remotamente parecido a los agresivos, astutos y depredadores rasgos ligados al Mito de las Sirenas en el comportamiento alimentario, grupal o sexual-reproductor de las hembras Sirenias animales auténticas, dado que se destacan por su extremada ternura maternal, solicitud, son herbívoras y, para colmo, proverbial y casi irritantemente dóciles, sumisas y pasivas o huidizas ante los ataques. Igual que sus machos. Hasta el punto de que han sobrevivido únicamente cuatro o cinco especies en
  • estado natural, y han sido casi exterminadas tras siglos de sistemático hostigamiento por parte de los “balleneros” desde los más primitivos tiempos y sus más rudimentarias “artes de matanza”. Es patente que algo – y algo de gran “tamaño” – no encaja. La única posibilidad de “hacer entrar con calzador” los problemáticos atributos de las Sirenas en la “decodificación analítica” del Mito sería desempolvar las retorcidas teorías de Freud y su “Complejo de Edipo Universal”: Si todos los primordiales observadores masculinos adultos ancestrales de su célebres “hordas tribales” se hallasen “marcados” por una potente y primaria “neurosis edípica” en su fase adulta, hasta el grado de experimentar la “angustia o terror hacia la “Hembra-Madre-Matriarca”, expresado onírica y simbólicamente cual la horrenda representación de la “vagina dentada” y otras por el estilo – tan “gratas” a las especulaciones freudianas –, este mecanismo sí podría justificar la aparición y difusión oral de una Leyenda-Mito como ésta... Pero... Acabamos de comprobar sobradamente que los postulados y tesis psicoanalíticos del Dr. Freud y sus discípulos no poseen validez científica, y por ello son rechazados en la actualidad de manera masiva por la comunidad de psicólogos y psiquiatras... Son, a su vez, contrarios e incoherentes con los Principios psicobiológicos y neuropsicológicos aceptados y demostrados en el nivel presente de desarrollo de estas “ciencias de la mente”..., precisamente los que asientan la concepción dominante actual sobre la génesis de los Mitos de Quimeras o Híbridos Metamórficos más extendidos y universales... Ergo... ¿Paradoja? No, las paradojas no existen... Son “espejismos lógicos”, resueltos cuando se adopta un punto de vista racional nuevo y de perspectiva más amplia... En definitiva, el caso del Mito de las Sirenas exige suponer que existió una intervención exterior y sobrehumana... O bien, que nuestros primitivos antecesores del Paleolítico contemplaron una o varias especies similares de una suerte de “Sirenios hembra carnívoros altamente agresivos y depredadores”, hoy desaparecidas en el corto espacio de
  • unos cien mil años, hipótesis harto improbable y de la que no hay ni tan siquiera la más mínima señal de evidencias , “amplias lagunas explicables” o indicios indirectos, como sí los tienen la hipótesis del “Astronauta Antiguo” y mi “Modelo Psicobiológico Anunnaki”. Según éstos, lo que nuestros primeros antepasados vieron no fueron simples y mansas “mamás-sirenias”, sino temibles y poderosos ejemplares de un multi-híbrido recombinante metamórfico conformado entre una base estructural dominante y reguladora del material genético “Receptor” de los propios “Rapto-Aviformes” Anunnaki/Elhoim “descendidos de las estrellas”, e inserciones cuidadosamente selectivas y programadas de componentes génicos provenientes de varios tipos de ADN de otras especies terrrícolas “Donantes”: los Sirenios (manatíes y dugongos) nativos, pequeños pero significativos sectores o secuencias genéticas de ciertos Pinnípedos, y de algunos linajes de mujeres humanas (del “ganado Lu.Lu”), escrupulosamente elegidas. La aportación de los Pinnípedos en la “mezcla” sería cuantitativamente reducida, pero esencial: Esta familia de mamíferos marinos – la tercera y última superviviente en la Tierra – son estrictamente carnívoros, y muestran un comportamiento depredador, muy territorial, jerarquizado y agresivo. Su elevada territorialidad-jerarquización es consecuencia de que, a diferencia de los Sirenios, constituyen un conjunto de especies acentuadamente gregarias. Comprenden a tres grupos de criaturas: Los otáridos (osos y leones/lobos marinos), los fócidos (focas y elefantes marinos, este último el de mayor envergadura, puesto que llega a medir fácilmente hasta 7 m), y los odobénidos (morsas, de largos colmillos superiores, que pueden alcanzar 1 m de largo, con función más excavadora que ofensivo/defensiva). Otro rasgo muy importante y útil de los Pinnípedos es que son anfibios, ya que presentan patas cortas, cuyas extremidades, tanto delanteras como traseras, muestran forma de aleta palmeada. Por ello, acostumbran a parir en tierra firme, lo que es más “cómodo” desde la probable óptica de las “damas” Anunnaki. Se hallan adaptados a todos los mares de las zonas climáticas frías y templadas (las preferidas por los “Colonizadores”), excepto la “foca monje”, que habita en regiones tropicales y subtropicales. Otra ventaja muy “suculenta” para ser electos para la aplicación de la tecnología DLMB. Por el
  • resto de variables biométricas y de conducta, su semejanza con los Sirenios es casi completa: Ojos adaptados a la visión bajo el agua o bajo condiciones de poca luz, pelaje fino y poco denso, piel suave o bien rugosa y “elefantina” (morsas), capa adiposa subcutánea variante en espesor según el área que pueblen sea de aguas más cálidas o frías, mas en todo caso con el triple papel de aislante térmico, reserva energética y capacidad de flotación, cuerpo fusiforme hidrodinámico en forma de torpedo, aparato respiratorio evolucionado para poder aguantar lo suficiente bajo el agua antes de emerger para respirar... etc. Hay, sin embargo determinados matices diferenciales: Como en todos los carnívoros mamíferos, el dimorfismo sexual es superior: Las hembras maduran mucho antes y son menos grandes y corpulentas. Por ende, son polígamos, pero el control de la Selección Sexual está en manos de las hembras: Los machos jóvenes luchan entre sí y por reemplazar a los más maduros, y ellas eligen entre los ganadores. Los machos que se quedan sin harén son expulsados de la comunidad sin compasión. Las hembras fecundadas paren una cría única cada vez, como se dijo en la superficie emergida. Es la “excursión” más duradera y profunda que hacen en sus vidas, pues en tierra se mueven con gran torpeza, todo lo contrario que en el mar, al tener soldados los huesos de los dedos a causa de su evolución divergente hacia lo ecosistemas acuáticos. La cría recién nacida es cuidada y adiestrada en exclusiva por la madre, por espacio de unos cinco meses. Después, como ocurre en otros muchos depredadores, es dejada a su suerte, porque ya puede valerse por sí misma. Y no, no pueden haber sido, por sí mismos, el origen del Mito de las Sirenas, porque no emiten sonidos ni infrasonidos codificados y complejos, ni coinciden con las arcanas descripciones de “mujerespez amamantando sobre las aguas” y “cantando”, de los que estas leyendas se alimentan. Su dieta fundamental son toda clase de peces (de talla proporcional al tamaño de cada uno), moluscos, crustáceos y calamares. Son desmesuradamente voraces. Entre ellos hay otras diversidades: Tanto los osos y lobos/leones marinos como las morsas cuentan con las extremidades posteriores dirigidas hacia adelante, por lo cual son funcionales para un algo menos penoso desplazamiento terrestre. Las focas y elefantes marinos las tienen orientadas hacia atrás, de manera que se ven obligados a arrastrarse en sus poco usuales incursiones por tierra. En resumen, estimo que las “Señoras Raptoides” de elevado rango preferirían que las secuencias o “packs” genéticos “injertados” desde los cromosomas Pinnípedos fueran un “cóctel” optimizado entre morsas
  • (por su “preciosa” dentadura, tan afín exteriormente a las suyas, y por ende más fáciles y garantizadas para la operación de hibridación “morfogenética”) y elefantes marinos (debido a su talla y potencia muscular). Por descontado, todos los complejos o redes génicos implantados se encontrarían bajo el control funcional regulador de las estructuras adecuadas del ADN Receptor Anunnaki, así como el proceso de metamorfismo temporal. Éste sería inducido y revertido a voluntad, empleando un idóneo acoplamiento de técnicas psicotrónicas, bioquímicas (drogas o potenciadores/inhibidores de hormonas y mediadores), y nanogenéticas... Como en los otros dos grandes Proyectos (el “Anubis”, o Metamorfismo Licantrópico, y el “Sekhmet”, o Metamorfismo “Felino”), por supuesto. Complicado – nuestras Ciencias de vanguardia apenas empiezan ahora vislumbrar cómo podría diseñarse y ejecutarse algo por el estilo –, pero perfectamente asumible para la alta Tecnología DLMB ya esbozada. Esta o similar es – en definitiva – la única y posible explicación de los hechos sugeridos por los datos e indicios de evidencias disponibles. Porque, en esta ocasión, la “Navaja de Ockham” que muchos de los “ortodoxos” gustan tanto de blandir con el entusiasmo de barberos sedientos de sangre, se vuelve limpiamente contra ellos. A menos que prefieran “resucitar” a Freud. Cosa imposible a estas alturas, por otra parte. Y ya sabemos todos, porque somos bastante “mayorcitos”, que, como certeramente sentenció el médico, escritor, historiador y brillante experto en el método analítico, el escocés nacido en Edimburgo Sir Arthur Ignatius Conan Doyle – inmortal creador del más inmortal todavía personaje del “casi infalible” detective Sherlock Holmes – : “Una vez descartado lo imposible, lo que queda, por improbable que parezca, debe ser la verdad”.
  • Lo que es otra forma de expresar el auténtico significado de la célebre “Navaja”... Y, a continuación, unas breves notas sobre la “versión masculina” de este Proyecto Dagón-Semíramis. Muy sintéticas, porque no añaden información nueva de interés a lo ya expuesto. Además, ya no hemos alargado más de la cuenta al habernos visto obligados por obvios motivos a intercalar en este apartado la prolongada disgresión relativa al “Juicio a Freud”, y sus enormes y decisivas implicaciones. “Siempre después de las Damas..., los Caballeros”... 2b.3.2) Cetáceos-Delfínidos: Los Cetáceos son un orden de mamíferos placentarios que se han adaptado totalmente al medio acuático, hasta el extremo de que – al igual que los Sirenios y a diferencia de los Pinnípedos – no necesitan “regresar” a tierra firme ni para dar a luz. Ignoremos en lo posible a las ballenas, pues son fundamentalmente herbívoras y, por tanto, no aportarían nada de interés para los “varones Anunnaki” de distinguido linaje: Para satisfacer, en sus “periodos metamórficos oceánicos”, la más intensa exigencia de su fisiología metabólica y sus grandes pulsiones psicobiológicas, habrían dispuesto – en cambio – de la otra gran familia de Cetáceos, los “Odontocetos”, “dentados”, o carnívoros estrictos. Sus cuerpos – de tamaños variable según especies, pero que pueden ser enormes, como el cachalote –, son fusiformes y de alto rendimiento hidrodinámico. La combinación de fuerza, elevada agresividad predatoria y velocidad les convierten en temibles depredadores. El mencionado cachalote, los delfines y las orcas ocupan posiciones muy encumbradas en la Pirámide Aliementaria: Son superpredadores que bien llegan a permitirse tomar presas entre otros grandes mamíferos y temibles depredadores marinos (algunos tipos de delfines-orcas atacan incluso a tiburones), sin apenas amenazas externas, excepto el hombre. El cuerpo termina en una potente y vigorosa aleta caudal de orientación horizontal. Por exigencias de la “ingeniería hidrodinámica”, sus cráneos son alargados y la cavidad respiratoria se desplaza hacia la zona superior de la cabeza: Sus cerebros son – por ende – de gran volumen, hasta en relación a sus cuerpos, con densas circunvoluciones en la corteza, y se hallan excepcionalmente irrigados y oxigenados. Los Odontocetos poseen una única fosal nasal, denominada espiráculo, que usan cada cierto tiempo, al ascender a la superficie de las aguas para respirar. De gran desarrollo cerebral e inteligencia, en todos los
  • Cetáceos el nivel de coordinación y organización social es muy complejo, y emiten un amplio repertorio vocálico de sonidos e infrasonidos codificados con objeto de comunicarse entre sí. Los carnívoros, adicionalmente, emplean gamas de frecuencias altas o ultrasónicas, con el propósito de localizar a distancia bajo el agua o en su línea de flotación las masas de sus presas, a modo de sónar natural de largo alcance. Estos últimos – que, como ya señalamos, incluyen a cachalotes, belugas, delfines-orcas, marsopas y zifios –, presentan múltiples y afiilados dientes con función capturadora, aplastadora y trituradora, ya que engullen a sus presas casi enteras, sin masticarlas. En los casos especiales de los superpredadores que cazan grandes piezas, cual la orca cuando cobra el preciado trofeo de una foca, sí los usan para trocearlas, hasta conseguir pedazos más pequeños que puedan tragar. Los primeros fósiles encontrados de Cetáceos corresponden a finales del Eoceno-Oligoceno temprano, y fueron localizados en la Antártida. Del análisis de éstos se deduce que muy probablemente evolucionaron a partir de mamíferos terrestres de hábitos anfibios, a lo largo del Eoceno, hace de 55 a 34 millones de años. Los estudios biomoleculares más recientes confirman la vieja hipótesis de que su ramificación filogenética procede de miembros del orden de los artiodáctilos, el mismo que comprende hoy a ungulados de gran envergadura, tales como vacas, ciervos, venados, antílopes, jabalíes o cerdos e hipopótamos. La mayor parte de las especies fósiles de Cetáceos más antiguas halladas son clasificadas en un suborden concreto: Los “Arqueocetos”. En el año 2001, dos cruciales fósiles incompletos de esta clase de animales fueron desenterrados en Baluchistán (Pakistán). Su datación indica que vivieron hace 47 millones de años. Estos restos exhiben una morfología intermedia entre ungulados terrestres de gran talla y ballenas, y son en consecuencia una prueba de que los “parientes evolutivos” más próximos a las ballenas y otros Cetáceos en los entornos de superficie emergida hubieron de ser parecidos a los actuales hipopótamos. Si bien, los análisis de ADN mitocondrial no permiten demostrar que éstos o sus antecesores prehistóricos inmediatos lo sean en realidad; De hecho, la filogenia de los hipopótamos se remonta tan sólo a 15 millones de años atrás, lo que descarta una evolución directa desde ellos a los Cetáceos, como algunos científicos especularon en su momento. El profesor J.G.M. Thewissen, del Departamento de Anatomía de la Northeastern Ohio University (Ohio, USA), en colaboración con otros investigadores norteamericanos e hindúes, publicó el 20/12/2007 un artículo en Nature en el cual se presentaba al Indohyus – un pequeño artiodáctilo de hace 48 millones de años muy semejante al
  • actual Hyemoschus, o “ciervo-ratón africano” – como ancestro primigenio de los Cetáceos. Igual que el “ciervo-ratón”, el Indohyus se refugiaba habitualmente en ambientes acuáticos para huir de sus depredadores, aunque estaba perfectamente adaptado a la marcha y el hábital terrestre. Es muy posible que sucesivas mutaciones o mecanismos adaptativos, favorecidos por un aumento en la presión de selección a finales del Eoceno, produjeran a partir de él especies similares, al principio bastante más modestas de tamaño y, posteriormente, paulatinamente más voluminosas, hasta desembocar en un ser análogo al hipopótamo y, más tarde aún, a los Sirenios primitivos. Más adelante, progresarían en su adecuación al ambiente marino, alcanzando el estadio de especies como el Pakicettus Attocki – el fósil de Cetáceo primordial más arcano que se conoce –, descrito en el año 2007 y fechado en unos 35 millones de años de antigüedad. Y, efectivamente, los estudios de ADN confirman que fue alrededor de ese tiempo cuando los ancestros marinos de los “Cetáceos contemporáneos” perdieron definitivamente sus patas que, por efecto de la convergencia evolutiva con los peces, se transformaron en aletas o quedaron reducidas a pequeños huesos vestigiales. Obviamente, la “deriva positiva” a un máximo de especialización carnívora-agresividad/eficacia depredadora + intensa promiscuidadprecodidad-actividad sexual + alta inteligencia (el “Trinomio de Oro” anhelado dilecto para los Príncipes Anunnaki, especialmente machos), en esta serie filogenética evolutiva, su culminación final, la encarnan los delfínidos (delfines y orcas). Perfilemos acto seguido sus “retrato robot psicobiológico”: Se trata de una numerosa y “triunfante” familia de 34 especies oceánicas, que miden entre 2 y 9 m de largo, con cuerpos en la típica forma de bala. Sus cráneos y cabezas son enormes en razón a éstos, albergando masas encefálicas muy desarrolladas, replegadas en densas circunvoluciones y con una capacidad cognitiva e inteligencia enormes, asombrosas... Los biólogos marinos, zoólogos, etólogos y otros científicos que los han examinado, experimentado, adiestrado, jugado o trabajado con ellos, no vacilan en asegurar que su nivel de potencia intelectual y refinamiento psicoemocional únicamente es superado por el humano, y quizá igualado, al hallarse más sofisticado en ciertos aspectos (comunicación psíquica intersubjetiva y a distancia, empatía, inteligencia y capacidad de manipulación emocionales, fruto de su perfeccionado sistema de transmisión infrasónica-ultrasónica y rastreo remoto o “ecolocación”), y menos en otros (facultad de abstracción lógico-formal teórica, habilidad
  • técnica y de manejo instrumental, es patente que efecto secundario de su vida acuática, que atrofió y anuló después el desarrollo digital de sus extremidades anteriores y la consecuente coordinación manoojo-cerebro, inútil en un medio acuoso muy dificultosamente compatible con el uso de herramientas y totalmente impropio para la forja de metales, sustituida en su caso por la no menos poderosa y eficiente a su manera oído-piel(tacto)-cerebro). Las pruebas fósiles apuntan a que los primeros Odontocetos aparecieron durante el transcurso del Mioceno. Los delfines primitivos identificados por los paleontólogos ya poseían un desarrollado sentido de la ecolocación, pues poseían bien desarrollado el órgano sensorial específico encargado de ello, el “melón”, emplazado sobre la zona frontal, delante del encéfalo, lo que les confiere la singular apariencia de “gigantescas frentes abombadas”. Esto equivale a suponer que probablemente cazaban en grupos jerarquizados, sustancialmente análogos a los de lobos y homínidos. Nótese la profunda afinidad ancestral con los Raptors e hipotéticos “Raptoides de Niburu”. Otro carácter de tremendo interés y “convergencia” con el teórico “Modelo Anunnaki” en el que he empeñado tantos de mi esfuerzos e interés, es una asombrosa propensión y facilidad para engendrar híbridos naturales viables. El apareamiento entre delfines y orcas de diversas especies y de delfines con orcas es algo mucho más frecuente y sencillo a escala sexual, conductual y cromosómica que entre el promedio de los mamíferos superiores. El resultado – cuidadosamente registrado en cautividad y por el momento no verificado en estado salvaje, si bien varios científicos creen que puede ser factible –, se ha bautizado con el nombre de “balfines”. Su comportamiento social – cual era de esperar – es extraordinariamente complejo y sofisticado: Forman comunidades de clanes familiares detalladamente estructurados; Si la alimentación, el espacio vital y otros recursos y condiciones básicas son abundantes o favorables, pueden llegar a alcanzar hasta más de 1000 individuos de población estable por grupo. Regulados por fuertes y compactos lazos jerárquicos, ritualizados y psicoafectivos, a través de los cuales encauzar y contener sus fuertes agresividad competitiva y consciencia de la propia identidad o “Yo” personal – señales ineluctables de la alta cerebralización e inteligencia cognitiva –, alcanzan el espectacular grado de lealtad consistente en que algunos individuos heridos, ancianos o enfermos son asistidos, ayudados y curados por los demás, incluso empujándolos suavemente a la superficie cuando necesitan reponer oxígeno. Se ha demostrado definitiva e indiscutiblemente que los delfines han elaborado culturas – es decir, han “saltado” al plano superior evolutivo de los Memes,
  • en términos de Dawkins, este humilde autor y otros teóricos evolucionistas, filósofos y pensadores “neo-post-darwinianos” – . Colosal paso “hacia arriba y adelante” que, hasta pasado el primer tercio del siglo XX, se creía reservado en exclusiva a nuestra especie. Luego, se estimó y se contrastaron rudimentarias muestras de ello entre los primates más evolucionados y, finalmente, bastantes científicos lo sospecharon al observar y estudiar a los delfines, orcas y sirenios, particularmente a los primeros, que se han analizado con mucha mayor extensión y profundidad, tanto en condición libre como cautiva o “amaestrada”... Aunque no sabemos en verdad, dentro de ciertos límites, quién “amaestra a quién”..., como enseguida veremos. La polémica acabó hace poco, decantándose del lado de los que siempre estuvimos convencidos de la capacidad “memético-cultural” de los delfínidos, por la vía inapelable de los hechos: En mayo de 2005, se descubrieron “manadas” o “bancos” de delfines en el Indo-Pacífico que enseñaban a sus crías a usar una forma “acuática” de “herramientas”; Cubrían y las aleccionaban para aprender a hacerlo ellas mismas sus tiernos y sensibles hocicos inmaduros con esponjas, para así protegerlos mientras devoran. Los investigadores que fueron bendecidos con este magnífico hallazgo confesaron más tarde que “que no pudieron contener las lágrimas de emoción” al cobrar consciencia de lo que contemplaban. De esta manera, demostraron que eran auténticos sabios además de científicos. Y, estoy seguro de que, de algún modo acorde con su distinto aparato sensorial-perceptor, los delfines se percataron de ello, y correspondieron en igual o hasta mayor medida. También verificaron que este y otros conocimientos parecidos – a diferencia de lo que ocurre con los primates y humanos –, es traspasado en exclusiva de madres a hijas, no a ambos sexos por igual o en variable y especializada proporción según las tareas. Los delfines son – a la par que ultrasensibles-hipereróticos y capaces de compasión y solidaridad –, sobresalientemente agresivos, territoriales y competitivos dentro de su propia especie, aparente e intrincada contradicción que, junto a la capacidad de simulación-manipulaciónfabulación, conforman la Triple Marca de la Inteligencia... Por esto, participan en numerosos y frecuentes actos de agresión contra sus congéneres. Un delfín macho adulto suele mostrar cicatrices – a veces muy profundas y, en su momento, peligrosas –, producto de mordeduras de otros miembros de su clan o comunidad, lo que evidencian las dimensiones, huellas dentales y trazado de las mismas. Los delfines machos se enfrentan dura y en ocasiones despiadadamente entre sí, cual se ha podido comprobar, por idénticos motivos por los que lo hacemos sus homólogos humanos:
  • Los conflictos de intereses entre compañeros y la rivalidad por las hembras. Carecen de manos y sus contundentes amplificaciones, extensiones y “prótesis” tecnológicas pero, en compensación, disfrutan de una imponente, afiladísima y letal dentadura que casi podría envidiar cualquier Anunnaki... La conducta sexual y reproductora de los delfines sigue los esquemas generales cetácidos, pero con matices específicos: La cópula se ejecuta frente a frente... Son, junto al hombre y la mujer, las únicas criaturas que pueden mirarse a los ojos cuando llevan a cabo el coito, lo que no deja de ser hondamente interesante, sugerente y significativo... (Nosotros podemos escoger hacerlo o no, pero esa es otra cuestión, exquisitamente ilustrada hace milenios por el Kama-Sutra y otros textos). Los delfines son muy vigorosos y ardientes... Las hembras, como era de prever, son literalmente insaciables – y por cierto, con periodos de celo no-definidos y multi-variables por mínimas variaciones de estímulos ambientales activadores o inhibidores – . Además, tienen la inapreciable ventaja de que apenas menstrúan de modo apreciable, o si lo hacen, el agua del mar las limpia y deja como una rosa sobre la marcha, como todos los cetáceos, todavía no hemos podido determinar con precisión lo que pasa ni porqué. Los machos – de nuevo igual que sus restantes “primos” del mar, los más “lejanos” o Sirenios incluidos –, gozan de otra relativa “propina”: Sus testículos son internos, para salvaguardarlos de los cambios térmicos marinos y otras agresiones, lo que les libra de “accidentes violentos”, dado el tamaño y corpulencia mutua de los cuerpos de ambos sexos, pero también les priva de ser estimulados directamente en dicha zona, lo que de todas formas es problemático sin manos... Los “sementales” delfínidos no baten – empero – récords de “endurance”, pero sí de “recuperación cíclica eréctil”: El acto real de penetración+estimulación plena+orgasmo – si bien precedido de un bastante más prolongado y delicado ritual de cortejo –, dura tan sólo unos pocos minutos, pero lo pueden repetir varias veces seguidas con la misma hembra, en un lapso de tiempo breve (en torno a hora u hora y media). Cuando la hembra “no está dispuesta” o la abandona su “furor”, rechaza al “pretendiente” con furiosa contundencia... No todas las cicatrices inter-específicas son debidas a luchas entre “caballeros”... El intervalo de gestación cambia de unas especies a otras, desde el más corto – propio del pequeño “delfín de río” Amazónico y sudamericano llamado “tucuxi” –, (11-12 meses), hasta el más largo – característico de las orcas –, de unos 17 meses. En todo caso, muy dilatado, como corresponde a seres a la par grandes y muy evolucionados. La longevidad en estado salvaje ronda entre los 35 y 40 años para los machos, y cerca
  • de los 50 en el caso de las hembras. En cautividad, se han registrado delfines machos que han sobrevivido hasta poco más de 52 años de edad. Las hembras maduran sexualmente entre los 5 y 7 años, y sus compañeros de los 7 a los 9. Como podemos ver, parámetros muy cercanos a los del Homo Sapiens en el Paleolítico, e incluso algo superiores. Otro “regalo bioenergético-morfogenético” distintivo de la gran potencia cerebral y sexual combinadas y sinérgicas, como bien sabía ya hace más de medio siglo el “Hereje Wilhelm Reich”... Un signo secundario adicional asociado a ello es su tremenda, maravillosa y pasmosa aptitud para toda clase de juegos: Juegos estratégicos, juegos crueles, juegos eróticos... Todos ramales derivados de un tronco psicofisiológico común y estrechísimamente emparentado y coactivo-activador para con el desarrollo cognitivointelectivo, como bien saben los etólogos, antropólogos y neuropsicólogos; Estratégicos: La magistral combinación entre su sensibilidad ecolocalizadora y privilegiada inteligencia les posibilita coordinar, planear y ensayas tácticas de caza, ataque y defensa de gran altura, eficacia y elegancia; Crueles: Hay informes científicos que plasman la acción de grupos constituidos por cinco o seis delfines adultos, quienes, en ocasiones, se entretienen formando una demoledora “cuadrilla” que, a gran velocidad, golpea una y otra vez a otro animal marino, pasándoselo por encima de la superficie del agua de unos a otros como si fuera un balón de playa. Propinan brutales golpetazos con sus poderosas aletas caudales y fuertes morros, calculados para dañar puntos sensibles progresivamente vitales, al parecer entregándose a una orgía de tormento hasta que sus víctimas son arrojadas a las orillas costeras, o bien caen, exánimes, sobre el agua y se hunden en las profundidades, donde mueren poco a poco por asfixia y/o hemorragia masiva subcutánea, según los casos. Se han detectado los residuos de tan sádica diversión en cadáveres de atunes (uno de sus bocados preferidos) y marsopas, tanto en parajes litorales de Estados Unidos como de Escocia, donde fueron filmados por un pescador. ¡E incluso en una ocasión una “pandilla” de ellos atacó o se defendió de esta guisa contra un tiburón!, suceso reportado por el biólogo experto en delfines Jack Denton Scott. También emplean la misma técnica – aunque muy raras veces –, para practicar – como muchos otros animales, sobre todo rapaces y depredadores, pero también omnívoros, como los hámsters –, el infanticidio contra crías o ejemplares jovencitos presuntamente “débiles”, defectuosos, degenerados o quizás “asociales”. Los investigadores piensan – al estudiar los cuerpos de las marsopas malogradas –, que los delfines usan a éstas como “entrenamiento” para afinar sus habilidades “en
  • equipo” en tan cruento “deporte”, con el objetivo de luego aplicarlas con los miembro “indeseables” de sus propios clanes y sus grandes enemigos naturales, los escualos. Por ello, los especialistas están convencidos de que los delfines no únicamente aplican la “guerra preventiva” sistemática contra los tiburones – su casi exclusivo superpredador mortal en potencia –, sino que también son las únicas criaturas – aparte del hombre – capaces de “torturar por gusto” y “matar por matar”. Es decir, por cálculo, goce o estrategia, aun cuando no tengan hambre o sean agredidos, igual que nosotros; De la misma manera, ya se había puesto de manifiesto decenios antes que los delfines asimismo comparten con el Homo Sapiens el ejercicio de prácticas sexuales buscando el puro placer por sí mismo, independientemente de la reproducción. Son famosos sus escarceos prolongados auto y mutuamente masturbatorios – frecuentemente acompañados por “mordiscos y empujones cariñosos” –, así como la tendencia a frotar y deslizar sus vulvas y penes contra superficies suaves y agradables, flotantes o fijas, con la clara intensión de procurarse placer. También se han descrito orgías entre un macho y varias hembras o viceversa, y conductas “zoofílicas”..., o por mejor decir, “humanofílicas”... Los delfines son célebres por su “erotismo lúdico-hedonista”, que persigue el “placer por el placer”, no sólo cual instrumento para propagar la especie... Que se lo pregunten a alguna que otra entrenadora, bióloga, etóloga o zoóloga marina... Quienes no salían de su asombro al escribir sus informes acerca de la rápida presteza con la que, jóvenes o maduros pero aún vigorosos y ágiles delfines machos, intentaban “juguetear” con ellas en piscinas, buceando entre sus piernas desnudas con sus cuerpostorpedo, y moviendo los morros y “melones” de sus cabezotas con delicada firmeza hacia arriba a su paso, con trasparentes intenciones de excitarlas mediante fricción... Lo que revela, por añadidura, una potente e inaudita facultad cognitiva para deducir los elementos morfo-anatómicos de otros seres complejos cuyas compañías se hacen cotidianas y amables... Digo esto porque el olfato de nuestros amigos marinos es casi nulo... Peor que el nuestro, que ya es decir, no se parecen en nada a los lobos y perros en este sentido. Ignoramos si las hembras son “más recatadas” en propiciar tales “aventuras zoofílicas”, puesto que ningún cuidador, adiestrador o científico varón ha comunicado ser objeto de un hecho equivalente. Quizá determinados oficiales altamente cualificados del Cuerpo de Marines y la Flota Naval de la Armada USA podrían aclarar la cuestión, dado que nos consta que han entrenado y entrenan delfines de ambos sexos como espías monitorizados y hasta “soldados especiales”, enseñándoles a transportar minas o bombas
  • bajo los barcos del adversario..., e incluso a disparar presionando o torsionando resortes adecuados ceñidos a sus flexibles y musculosos cuerpos a través de arneses idóneamente diseñados... Intuyo que algo de ello es probable haya ocurrido, protagonizando el episodio de “acoso” algunos pocos “guerreros del Imperio” bien plantados... Pero no lo publicarán, no se si por “caballeroso pudor”, “orgullo machista herido”, o las manidas “razones de seguridad nacional”. Más bien una mezcla de las tres cosas, amalgamadas en confusas proporciones, supongo... Sólo espero – por el bien de los “muchachotes” –, que sus “exóticas seductoras” no hubieran “aprendido” tanto como para pretender usar las bocas... Eso sí que sería terriblemente afín a los “terrores orales” freudianos... De nuevo, mi versión “neo-gótica-ácida” de mi admirado “humor británico”, para relajarnos un poco tras tanta explicación científica... En resumidas cuentas: Aptitud de cálculo estratégico pragmático, frío y despiadado, crueldad gratuita con los ejemplares inferiores de su propia especie y hacia otras, erotismo creativo y puramente lujurioso-hedonista, separado del puro instinto reproductor...; Las más diáfanas y “brillantes” manifestaciones conductuales de la “Trinidad de la Inteligencia” antes enunciada... Y estrechamente afines con la psicobiología hipotética de los Anunnaki, podemos añadir, porque los “dioses visitantes” las habrían llevado a un clímax mucho más intenso y arrollador que el propio “primate listo” terrícola..., o el mismísimo delfín. No es necesario abundar más en ello, para justificar el desmesurado interés de los “Elhoim” por efectuar la “inmersión morfogenética” (lo de “inmersión”, en este caso en el doble sentido de la palabra), con el genoma delfínico, vía Tecnología DLBM... Muy particularmente, sus más sabios y poderosos dignatarios de élite masculinos. Porque la hibridación recombinante controlada con los delfines-orcas – sin “desviarles un ápice” de sus “Rasgos-TabúesSagrados” –, les habrían proporcionado un excelente vehículo para surcar los océanos “a cuerpo” sin riesgos, y al mismo tiempo regodearse con una mayor sensación de poder-dominio psicosexual sobre las hembras de lo constitutivo en su especie... Pues, al fin y al cabo, sus supuestos “Donantes” son mamíferos lactantes depredadores, y los machos desempeñan el papel de “líderes-alfa” de los clanes de cazadores, amén de disponer de anatomías más fuertes, vigorosas y corpulentas... Y desprovistos de toda responsabilidad parental y educativa,
  • la “carga neoténica” que los “Raptoides” detestan en el fondo de sus subconscientes, por los motivos ya señalados. Son, en cierta forma, como el “análogo acuático a los lobos”, pero con muchas menos limitaciones psico-afectivas y muy superior inteligencia. Este último factor debió ser lo más fascinante y sugerente para ejecutar el “Programa Dagón”, el origen Anunnaki de los Mitos de los “Tritones”, “HombresPez civilizadores”, los “Profundos de Lovecraft” y tantos otros... “Dagón”, la deidad central filistea-cananea, el Oannes sumero-babilonio, el Gran Avatar Oannes (sí, hasta con el mismo nombre), de Vishnú que caracterizan con meridiana claridad anfibia el texto del Hari-Purana y otras escrituras sacras hindúes, el Kneph del Aniguo Egipto..., el “culto Dogón” de las costas de África Occidental (actual Malí), el Poseidón grecorromano, el Cahuelche de los indígenas chilotas nativos de Chile, el Viracocha/Kon-Tiki pre-incaico, el Quetzalcoatl tolteca-maya-azteca...; El “Reverso Masculino”, en definitiva, de la Sirena..., o “Proyecto Semíramis”... O la “apariencia metanomorfogenética” con la cual los “Dioses Fálicos de las Estrellas” se dejaron ver, obedecer y adorar entre las tribus y pueblos más primitivos habitantes de islas, grandes ríos caudalosos o navegables y litorales a lo largo y ancho del Globo entero... Al igual que Ellas, las “Señoras de los Cielos”, lo hicieran bajo el “sofisticado disfraz morfogenético” de Sirenas, Nereidas... etc. Los denominadores comunes de todos estos “Dioses-Pez” son tres: 1) Evidentemente, se trata de varones; 2) Se muestran ligeramente menos “ ruda y directamente agresivos” y “sedientos de sangre” (siempre relativa y comparativamente), que en sus mismas “manifestaciones” arquetípicas equivalentes terrestres (licántropos, félidos, o sus “formas” originales “reptoaviformes”, efectos del influjo temporal de los genes delfínidos, parece lógico); 3) Son “divinidades” amantes, difusoras y protectoras, asi como Padres de la máxima Sabiduría, auténticos “Dioses Civilizadores”; Poseidón – en concreto – vinculado al Mito de la Atlántida, cual “MaestroInstructor/Fundador de la Gran Civilización Primordial Antediluviana. Dentro del esquema “Modelo Schreiber Psicobiológico Anunnaki + Teoría del Astronauta Antiguo de Sitchin y otros”, es patente que todo converge en señalar al perfil de
  • Ea/Enki/Lucifer (de hecho, Oannes es un “Avatar” de Enki en las fuentes sumero-babilónicas), el “Jefe Científico del Experimento Edén”, y a sus más directos, íntimos y leales discípulos, colaboradores y seguidores (Toth y otros), como los más plausibles candidatos a haber elegido con frecuencia la “Máscara Metamórfica Delfinoide” durante sus prolongadas estancias en las zonas más acuosas, húmedas o costeras de nuestro planeta. Mientras sus dos “sobrinitas predilectas” y sus “alumnas, amigas, siervas o subordinadas de confianza y acólitas”, “jugaban” a exhibirse como Sirenas o Nereidas, según su distinto grado de “agresividad/ansia de sangre” correspondiente a cada una, como es natural... “Nereida = Ninfa del Mar”, su conexión con Inanna/Isis/Afrodita es obvia. Y la de las “terribles y crueles” Sirenas – esto es, la misma operación morofogenética, pero con notablemente mayor contenido “Pinnípedo” en la recombinación de ADN –, se ajusta con Sekhmet/Circe/Kali..., cual guante a la mano, o llave a su cerradura. Comentarios y Aclaraciones Finales Hasta aquí mi análisis y exposición de los fundamentos de mi Modelo Psicobiológico Anunnaki/Elhoim y sus variadas e importantes implicaciones explicativas acerca de una nueva versión “actualizada” – y estimo sin falsa modestia que “ampliada, refinada y racionalizada” en términos científicos teóricos –, de la célebre y polémica “Teoría del Astronauta Antiguo”, original del Dr. Zecharias Sitchin, Anton Parks, Erich von Däniken y algunos autores más. Este segundo trabajo es donde he desarrollado la mayor parte de las bases psicobiológicas de la probable exobiología/exosociología de los Anunnaki. Falta añadir más contenidos, perfilar y precisar algunos puntos relevantes acerca de su Mundo-Madre, bautizado como “Niburu” o “Nibiru” en las tablillas cuneiformes sumerias, y cual el “Mundo del Millón de Años” en las fuentes documentales egipcias... Ahora bien, como tal problema se halla mucho más imbricado con la Historia remota, actual y posible devenir futuro de la interacción de los “Visitantes”
  • con la Humanidad, es preferible aplazarlo para el tercer ensayo, que estará centrado en la más probable y racional descripción o “crónica aproximada” de tal “Historia de los Anunnaki y los Nefilim y su relación con el Hombre”. Igual que este segundo estudio se enfoca preponderantemente en los aspectos de su “Naturaleza”. Tampoco he abordado aquí el asimismo interesantísimo y sugestivo tema de la naturaleza de los Nefilim. He optado por integrar la descripción de la psicobiología Nefilim en el tercer estudio, porque ésta – por su génesis misma –, se encuentra inseparablemente unida a la historia de su peculiar, no siempre grata y de todos modos trascendental y subyugante convivencia diez veces milenaria con el Homo Sapiens. Por ello mismo, si bien los cité de pasada en el encabezamiento de esta última y larga Sección dedicada a las tecnologías “Metamórficas” de los “dioses de las estrellas”, no he comentado nada sobre la interpretación del Mito de los Vampiros ni de los “Demonios/Moradores del Inframundo”. La razón en este último caso es muy sencilla: A diferencia de lo que ocurre con los Licántropos, la Gente Felina y los “Híbridos Pisciformes” o mejor dicho “Sirenio-Delfínicos”, no hay evidencias indirectas ni indicios racionales algunos sobre qué tipo o grupos de especies autóctonas de la Tierra pudieron servir de Donantes Metamorfogenéticos de Transferencia DLBM. Ni tan siquiera podemos aventurar si dichas criaturas subterráneas o sub-litosféricas existieron en algún momento del pasado o existen en el presente. Esto es normal, dado el enorme desconocimiento que mantenemos en todo lo tocante al “Espacio Interior” de nuestro mundo. Por otro lado, si partimos de la idea de que los Anunnaki llegaron a la Tierra hace unos 400000-450000 años – cual apuntan los documentos mitológico-legendarios de las grandes civilizaciones más arcanas disponibles –, siendo considerados ya “Señores de las Estrellas” o “Conquistadores de Mundos”, es evidente que pudieron haber traído consigo muestras genómicas completas o embriones ultra-congelados de multitud de especies extraterráqueas nativas de sus centenares de planetas habitables explotados y/o sometidos. Por consiguiente, no podemos ni meramente vislumbrar en un sentido racional si los hipotéticos “Pobladores del Inframundo” serían Híbridos Metamorfogenéticos entre los Elhoim y criaturas desconocidas sub-terrestres o, por el contrario, resultados de esa misma Tecnología DLBM sobre el material genético de especies adaptadas a dichos entornos en otros mundos distantes. Esta tremenda dificultad torna su abordaje excesivamente especulativo. Y, puesto que este modesto autor
  • pretende ser abierto de mente y racionalmente imaginativo, pero nunca apartarse del método científico, ha decidido ignorar a las hipotéticas “Quimeras Intra-Terrenales”, por más que también sean una constante universal convergente entre los sistemas mítico-religiosos de muchas culturas de localizaciones y devenires sin contacto asumible entre sí. Respecto al Mito de los Vampiros – mi favorito, por cierto –, no me ocupo de ellos en estas páginas, por un motivo tan claro como concreto: No considero que éstos sean ejemplos de “Híbridos Metamórficos”. Los Vampiros no controlan su “mutagénesis” y su condición psicobiológica no es un fenómeno temporal más o menos regulable a voluntad. Según todas las fuentes legendarias y mitológicas, tanto un Licántropo, una MujerPantera, una Sirena o un Hombre-Pez, es una “Forma” adoptada por una “entidad divina, demoníaca o sobrenatural, híbrida o no con un humano”, que puede o no mostrarse así ante los “mortales”, bien a voluntad, o por incidencia o ausencia de factores específicos “desencadenantes” o “inhibidores” de la transformación. En agudo contraste, se es o no se es vampiro, de una vez y para siempre, con todas sus consecuencias, ventajas y disfuncionalidades. El hipotético agente, o “vector genético retro-combinante por Transferencia”, puede transmitirse o “infectarse” por vía humoral (mutuo intercambio de sangre Donante-Vampiro/Receptor-Humano o “Cálido”), y hasta se describe que, si una mujer es embarazada por un vampiro masculino (evento muy raro), el recién nacido portará “latente” el “código anómalo”, expresándose a lo que hoy en día llamaríamos “nivel fenotípico” en variable medida, según la genética particular heredada del neonato y la acción de ciertos factores internos y ambientales (se suele empezar a “disparar” con la “cascada hormonal” de la pubertad, traumas o estímulos psicofisiológicos específicos, etc)... Las damas vampíricas, no obstante, son rigurosamente estériles. Desde el punto de vista biológico, todo esto señala a algo nítido: El Vampiro es un híbrido “natural” o espontáneo, si bien en parte “exobiológico”, no el sofisticado producto de un programa de alta tecnología psicotrónica e ingeniería nanomolecular genética. Ello les encuadraría de lleno en el campo de los Nefilim. Así, los analizaremos a fondo junto con ellos, en el tercer ensayo de esta serie.
  • Recapitulamos y resumimos – por ende – para dar conclusión definitiva a este segundo trabajo: CONCLUSIONES GENERALES DEL ANÁLISIS METODOLÓGICO Y SU MODELO INDUCTIVO-DEDUCTIVO HISTÓRICO Y PSICOBIOLÓGICO RESULTANTE Las más colosales, antiquísimas y poco rigurosas o falsamente datadas construcciones ciclópeas, perfectísimamente ejecutadas y demostrativas de sofisticados conocimientos científicos, geométricos y matemáticos, y de una capacidad ingenieril-logístico-arquitectónica que nuestra propia Civilización actual no podría igualar del todo, prueban la intervención, asesoramiento, guía, apoyo organizativo y transferencia limitada, controlada y enmascarada en un contexto simbólico-mítico-religioso, de una sabiduría teórica y tecnología, tanto física como psicotrónica muy avanzadas, por parte de una Inteligencia Extraterrestre... Y/o bien, de una serie de agentes o grupos Civilizadores humanos de arcano y elevadísimo nivel cultural y científicotécnico, supervivientes y emigrantes tras una Gran Catástrofe Geoclimática de alcance mundial, acontecida entre hace 8000 y 10000 años atrás. La aplicación de la metodología original de este autor, pero fundamentada en las investigaciones ya realizadas por otros pioneros de la “Hipótesis del Astronauta Antiguo”, y otras basadas en las leyendas sobre la Atlántida, Mu o Lemuria, e indicios indirectos de grandes ruinas submarinas detectadas en determinadas zonas de plataformas marinas y oceánicas repartidas por el Globo, que darían alguna base material a las segundas, esto es, el “Método de Análisis Mitológico y Arqueológico Alternativo Comparado + Modelo inductivo/deductivo Schreiber sobre la Psicobiología Anunnaki”, nos permiten razonablemente identificar como probables identidades de los diferentes actores prehistóricos e históricos de los eventos secuenciales fundamentales de nuestro Pasado remoto, antes señalados, a las siguientes: 1) Agentes Alienígenas Diseñadores “morfonanogenéticos” de la Especie Humana, a partir de ciertas secuencias de su propio código de ADN por hibridación recombinante + tecnología DLMB y “Foco Civilizador/Instructor Primario”: “Modelo Schreiber de Anunnaki/Elhoim” del “Imperio Niburiano”, con fuente remota principal en los Textos Cuneiformes y otros documentos de la Antigua Sumeria. Lapso Temporal Estimado: (450000 – 15000 A.P.).
  • 2) Gran Catástrofe Geoclimática Planetaria tras la Última MacroGlaciación Global: “Diluvio Universal” (perfilado a través de la combinación “Mitología Comparada + Abundantes Evidencias Geológicas y Paleoclimáticas recientes”. Lapso Temporal Estimado: (10000 – 7500 A.P.). 3) Agentes Secundarios Humanos de Alta Antigüedad: “Los Náufragos de Mu-Lemuria-Atlántida”, más los originarios de las Grandes Ciudades Primordiales Perdidas de la Media Luna Fértil, el Centro-Norte de China, Norte de la India-Nepal-Himalaya y otros Focos de Irradiación Primaria desconocidos, destruidos por el Cataclismo Planetario o antes, a causa de la célebre y globalmente recogida en código mítico-legendario-alegórico, “Guerra de los Cielos o de los Dioses”. Lapso Temporal: (12000-6000 – 1000 A.P, muy variable según zonas geográficas). (Nota: A.P. = Antes del Presente) Gracias por su lectura e interés. Espero haberles aportado algo, y hasta la próxima “entrega”. -------------------------- Por: Juan Schreiber (Bioquímico y Librepensador). En Sevilla, a 21/03/2011 (Era Vulgar) 11:45 A.M.