FUNDAMENTO FILOSÓFICO PARA UNA ÉTICA DOCENTE
Autor de este artículo: Edwin Valladares Portillo 1
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1.2 Fundamentación general de la ética
La fundamentación ética tiene por objetivo cuáles son los auténticos bienes del hom...
verdadera vida. Lo cierto es que este planteamiento en la actualidad es muy discutido,
pues si asumimos que la libertad no...
dolor. Placer y dolor, dos sensaciones de mi subjetividad, son las dos piedras sobre las
cuales se ha de construir el edif...
Para la filosofía de la praxis es muy importante atender al carácter activo del hombre.
Evidentemente, el hombre que simpl...
El problema de la fundamentación de la ética se nos convierte, por lo tanto, en el
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Etica docente

  1. 1. FUNDAMENTO FILOSÓFICO PARA UNA ÉTICA DOCENTE Autor de este artículo: Edwin Valladares Portillo 1 1.0 PRESUPUESTOS EPISTEMOLOGICOS 1.1 Introducción Todo grupo humano desarrolla un marco de valores que al volverse práctico constituyen su marco moral. En efecto, en los diversos ámbitos en los que la persona interviene en la realidad, igualmente genera diversidad de valores y su correspondiente práctica, que es la moral imperante en ellos. La docencia universitaria en tanto que pedagogía y práctica cotidiana, no escapa a esta dinámica reproductiva-productiva de valores, que definen su componente ético y se concreta en la práctica docente del día a día. La ética docente teniendo como cause los principios de “beneficencia, autonomía y justicia”. Se constituye en un elemento fundamental y constitutivo de la vida buena, la cual tiene su base en la persona como fin en sí y como referencia moral un Estado de Justicia. De este modo, una labor docente comprometida con el bien común como fundamento último de la sociedad en su conjunto, no puede ser sino el resultado de un actuar ético, en tanto que la verdad y pretensión de bondad están contenidas en el actuar profesional, en la realización y cultivación de los valores de nuestra herencia humanista. Como el fomento y desarrollo de los valores no se hace en abstracto sino desde la realidad histórica, los distintos docentes son responsables dentro del proceso pedagógico, y por ello deben en su actuar garantizar que su magisterio sea el debido, el oportuno, el justo y el equitativo, pues de esta manera se torna indispensable para que visibilice la responsabilidad ética de cada uno. Ahora la aspiración que contiene el problema ético de la docencia universitaria, es que a través de él se pueda juzgar su actuar, tanto al interior de nuestra facultad como frente a otras instancias operativas o administrativas comprometidas con el practicar y multiplicar el plexo de valores jurídico-político asumidos por la comunidad política. En consecuencia, de cara a revisar críticamente algunos fundamentos éticos que se han dado a lo largo de la historia de la civilización occidental, pasamos a continuación a exponer de formas sucinta las teorías éticas que nos permita comprender el problema de investigación y al mismo tiempo combinar teorías o bien optar por aquella que sea perfectible para potenciar la reproducción y desarrollo de la vida humana. Profesor universitario con estudios en Derecho por la Universidad de El Salvador y estudios de doctorado en Filosofía Iberoamericana por la Universidad Centroamericana “José Simeón Cañas”. 1 1
  2. 2. 1.2 Fundamentación general de la ética La fundamentación ética tiene por objetivo cuáles son los auténticos bienes del hombre y por qué tiene el deber de ajustarse a ellos. Dicho en otros términos, la fundamentación ética quiere ser una respuesta al escepticismo moral. Por escepticismo moral se entiende la postura de aquellas personas o de aquellos pensadores que dudan de que se pueda mostrar la existencia de unas obligaciones morales válidas para todo el mundo. El escepticismo moral piensa que la norma y los valores morales, es decir, las ideas socialmente vigentes de lo que es bueno y de lo que es malo, son algo meramente casual, un prejuicio de la tradición, o un artilugio para mantener sometidos a los hombres. Por el contrario, quienes pretenden fundamentar la ética son los que piensan, contra los escépticos morales que hay unos comportamientos preferibles a otros. Que no toda opción es igualmente válida, sino que se puede sostener que todo hombre, ante determinada alternativa, debe seguir un comportamiento. El individualismo moral acaba diciendo que lo bueno es lo que conviene a cada hombre. Quienes quieren fundamentar la ética, por el contrario, sostiene que hay pautas de comportamiento universales. Que hay un bien y un mal que son los mismos para todos los individuos. Que matar, por ejemplo, es un mal y no un bien, aunque a una persona individual le convenga el asesinato. Con la fundamentación de la ética pretendemos mostrar cómo, hasta cierto punto al menos, hay la posibilidad de definir un bien y un mal universales. Y a partir de ahí quienes fundamentan la ética podrán deducir una serie de deberes que los hombres tienen la obligación de cumplir. Frente al individualismo, todo intento de fundar la ética es un intento de mostrar, al menos a grandes rasgos, cuál debe ser la praxis que los hombres deben universalmente seguir. Veamos algunos intentos posibles de fundamentación. 1.2.1 Fundamentaciones metafísicas Antonio González no dice: “Llamamos fundamentaciones metafísicas de la ética a aquellos que intentan deducir los principios y las normas morales a parir del conocimiento filosófico de la estructura de la realidad. A partir de una determinada idea cómo sea la realidad del mundo y la realidad del hombre se deduce cuál ha de ser, según esa realidad, la conducta moral que el hombre ha de realizar en su vida.” 2 Para el intelectualismo moral de Platón, la ética se fundamenta en el mundo de las ideas, mas concretamente en la idea de Bien. La vida moral del hombre, el bien que debe perseguir, es por tanto una idea. La vida auténticamente moral es la vida contemplativa, la vida del sabio que se desprende del mundo sensible y se dirige hacia las alturas del mundo inteligible, donde va hallar el verdadero bien del hombre y la Libro: González, Antonio. “Introducción a la práctica de la filosofía”. Uca Editores, San Salvador, El Salvador, C.A. 1999. Pp. 268. 2 2
  3. 3. verdadera vida. Lo cierto es que este planteamiento en la actualidad es muy discutido, pues si asumimos que la libertad no es abstracta sino concreta, esto implica la necesidad de contar con normas que la limiten, ya que de no ser así, el ejercicio desmedido de bienestar personal puede acabar por anular la libertad de los otros como bien supremo. De modo que no es suficiente la vida contemplativa, sino que se requiere que la relación intersubjetiva posibilite bien de los otros con nosotros. Ahora bien, si le preguntamos a Platón si es buena o mala la esclavitud, nos respondería de que por la idea previa de lo que entiende por naturaleza y de lo que es el hombre, la esclavitad es buena. Para el Eudemonismo aristotélico la fundamentación de la ética ha de partir, no de un bien abstracto os separado del mundo sensible y material, sino de los bienes reales, naturales que se presentan en la vida humana. Aristóteles observa cómo todas las cosas por naturaleza, tienden hacía un fin. Es más decimos que una cosa es buena cuando realiza su fin natural. De modo que, si queremos saber cuál es el bien real y concreto del hombre, tenemos que averiguar cuál es el fin que los hombres persiguen en su vida. Para Aristóteles no es otra cosa que la felicidad, la cual está en la realización de su naturaleza racional. Pese al esfuerzo que hace Aristóteles por superar a Platón también resbala en la idea previa de lo que es la naturaleza y de lo que es el hombre, pues apela a la naturaleza para decidir cuál ha de ser el comportamiento que el hombre deba seguir en su vida o cuál sea su bien y su felicidad. 1.2.2 Fundamentaciones subjetivas Las fundamentaciones subjetivistas de la moral son aquéllas que niegan la necesidad de todo conocimiento de la realidad o de la naturaleza del hombre para asentar la moral, afirmando que la única fuente de la misma se sitúa en la conciencia subjetiva del hombre. Cuál se la conducta que el hombre ha de seguir, cuáles sean sus deberes, qué sea lo bueno y qué sea lo malo, todo esto será algo que el hombre descubrirá mediante el mero análisis de su subjetividad. Un modo típicamente subjetivista de plantear la fundamentación de la ética es el hedonismo y el utilitarismo. Para el hedonista, el problema de decidir qué es bueno y qué es malo, qué es lo que el hombre debe buscar y qué es lo que el hombre debe evitar, se resuelve de un modo muy simple: mediante el estudio de las sensaciones y los sentimientos que cada cosa o cada acción producen en mí. ¿Qué es lo bueno? Lo que produce en mí una sensación de agrado. ¿Qué es lo malo? Lo que me causa disgusto o dolor. De modo que, la conciencia subjetiva del hombre es la que se convierte en fuente de criterio último. Pero no se trata de una conciencia abstracta, sino de la sensibilidad concreta del sujeto. La pregunta de lo malo y por lo bueno se traduce en una pregunta por el efecto que me produce placer y lo malo es aquello que me causa 3
  4. 4. dolor. Placer y dolor, dos sensaciones de mi subjetividad, son las dos piedras sobre las cuales se ha de construir el edificio de la ética. De lo anterior, se desprende que el hedonismo no es coherente con la apertura hacia los otros, sino que el hedonismo significa un fuerte individualismo, pues cada hombre habría de actuar según sus inclinaciones al placer, despreciando o no teniendo en cuenta para nada el resto de los humanos; mejor dicho teniéndolos en cuenta solamente en cuanto fuentes de placer, en cuanto me puedan proporcionar un placer individual. El utilitarismo socializa el hedonismo, pues para este lo que cuenta no es mi placer individual, sino la suma de placeres del mayor número de personas. Sin embargo, cabe acotar que el utilitarismo sigue fundamentando la moral en términos enormemente individuales y subjetivos. Su socialización del placer es una socialización montada sobre una concepción típicamente individualista y liberal: la sociedad es una suma de individuos aislados, y por lo tanto el bien es una mera suma de placeres aislados, olvidando con ello que la sociedad es una estructura. Finalmente, dentro de las fundamentaciones subjetivistas exponemos sucintamente la kantiana. Kant se propone superar los problemas planteados por el individualismo hedonista. Para él, la fundamentación de la ética ha de anclarse también en algún principio subjetivo, que el hombre pueda descubrir en su conciencia. Sin embargo, para Kant, el criterio moral no puede residir en la sensibilidad, sino en la razón. Y es que para Kant la sensibilidad es causa de placer pero a la vez causa de esclavitud. El hombre que actúa por placer es un hombre que no decide por sí mismo, mediante el uso de su razón, qué es lo bueno y qué es lo malo, sino que es un hombre sometido a sus instintos, sometido a sus inclinaciones naturales y no al juicio recto de la razón. La sensibilidad, para kant, equivale a esclavitud, mientras que el uso de la razón significa para él libertad. Un hombre libre es un hombre capaz de regirse por su razón y no por sus inclinaciones sensibles al placer. Para Kant, la razón nos dice solamente una cosa: actúa siempre por criterios universales. La sensibilidad, mi inclinación me dice siempre “haz esto” (come, bebe, aprópiate de tal o cual cosa). Pese al esfuerzo que hace Kant, su idea de libertad abstracta es meramente utópica, ya que en el ser humano por naturaleza hay inclinaciones sensibles y que en muchos casos son producto de las condiciones históricas concretas, por tanto es necesario dar el salto de la libertad abstracta a la libertad concreta, es decir, a la relaciones intersubjetivas llámense económicas, sociales, políticas, docentes etc. para la búsqueda del bien supremo: la felicidad. 2.0 Ética y praxis histórica 4
  5. 5. Para la filosofía de la praxis es muy importante atender al carácter activo del hombre. Evidentemente, el hombre que simplemente se guía por lo que le causa placer y dolor no es un hombre libre, es un hombre determinado por sus inclinaciones y por las condiciones externas. Es un ser pasivo que no es dueño de sí mismo, que está alienado en las circunstancias. Para la filosofía es muy importante insistir en que el hombre no es solamente un producto pasivo de lo que lo rodea, sino una realidad activa, que transforma el mundo y las circunstancias concretas mediante su actividad práctica. Lo que sucede es que, para la filosofía de la praxis, el carácter activo del hombre no reside primariamente en la razón. Si la razón es activa y dinámica, lo es porque ya lo es la sensibilidad, es decir, porque el sentir humano ya está en interrelación dinámica con el mundo (las cosas, las personas etc.) Ahora bien, contrario al subjetivismo, el pensar al hombre como un ser activo tiene una consecuencia inmediata: la fundamentación de la moral no puede hacerse exclusivamente en base al sujeto, sino desde la relación práctica y sensible entre sujeto y mundo, entre hombre y naturaleza, entre hombre y circunstancia. Si seguimos la relación dialéctica ente sociedad y el hombre concreto, tenemos que el hombre es el producto de la estructuración concreta de la sociedad en la cual vive, pero esta sociedad no es nada fuera de los hombres reales de carne y hueso. El hombre es producto social, pero la sociedad se construye y se transforma por los individuos que pertenecen a ella. Evidentemente, ambas dimensiones del hombre (naturaleza y sociedad) no son independientes, sino que se determinan también mutuamente. Sin embargo, cabe mencionar, que la transformación tanto de la sociedad como de sus instituciones, (entre otras La Universidad de El Salvador, Facultad Multidisciplinaria Oriental) solamente se realiza a partir de las posibilidades concretas que ofrecen sus estructuras. Las estructuras tienen leyes propias, que no siempre dependen ni mucho menos de la voluntad de los hombres. Pero, al mismo tiempo, estas estructuras ofrecen posibilidades reales a los hombres para aprovecharlas y trasformarlas en determinadas direcciones. Las posibilidades expresan justamente esta interacción entre hombre y naturaleza, entre hombre y circunstancia social, que hemos denominado libertad concreta. De modo, que esta libertad concreta vista como principio juega un papel importante para la fundamentación de una ética docente, pues los perjudicados o afectados a través del reconocimiento normativo de su derecho de asociación estudiantil pueden formar un tipo de organización comprometida con la trasformación de aquellas prácticas docentes que niegan a los alumnos y alumnas la justicia, la libertad, dignidad humana etc., al interior de nuestra facultad. Con lo apuntado hasta ahora no hemos fundamentado la ética, sólo hemos puesto los límites sobre los cuales debe operar toda fundamentación que no desprecie la vida práctica real del hombre. Si el hombre es un ser de interrelación con su mundo natural y humano, toda fundamentación de la práctica correcta que el hombre debe seguir tiene que partir de las posibilidades reales que la historia le ofrece. 5
  6. 6. El problema de la fundamentación de la ética se nos convierte, por lo tanto, en el problema de encontrar unos criterios que indiquen qué posibilidad, entre las varias que se le pueden ofrecer al hombre, es la que se debe elegir. Fuera de las posibilidades entendidas esta como el poder y capacidad para transformar una realidad concreta, no hay propiamente ética. Pero entre las distintas posibilidades concretas hay que fundamentar de algún modo cuáles son las preferibles y en virtud de qué criterios. A continuación, presentaremos los criterios que a nuestro juicio pueden contribuir a justificar la elección de una posibilidades sobre las otras cuando nos encontremos en cualquier ética aplicada incluyendo la ética docente y sus problemas morales concretos. A) Dominio sobre la naturaleza. Aquí, debemos tener claro que el hombre es una realidad activa, transformadora de la naturaleza exterior y de la naturaleza propia. No se puede, por ello, deducir la moral a partir de supuestas leyes naturales, puesto que justamente el hombre es el animal que menos leyes naturales posee. El hombre puede vivir en cualquier lugar de la tierra, aparearse en cualquier época del año, adaptarse a las más diversas culturas y conductas. El hombre puede ser monógamo, polígamo o célibe. Puede ser héroe o genocida, artista o militar, justo o injusto, honesto o corrupto. Y ninguna de estas conductas le viene impuesta por la naturaleza, por el contrario, es abierta a las más diversas formas y comportamientos y a los más diversos valores morales. Ahora bien, el avance casi incontenible en la actualidad de la ciencia y la técnica permite el dominio del hombre sobre la naturaleza, y crea como posibilidad defender, conservar, desarrollar, prolongar y mejorar la vida de la especie humana en el universo. Sin duda, que a partir de esta posibilidad podemos encontrar fácilmente un criterio moral: en la actividad humana socialmente organizada de dominar la naturaleza son preferibles aquellas posibilidades que conduzcan a un mejor aprovechamiento de la naturaleza en beneficio de la humanidad. Son inmorales las opciones que desprecien estas posibilidades de dominio y control, o las posibilidades que conduzcan a la injusta distribución de los beneficios obtenidos de la naturaleza. Del mismo modo, en el mejoramiento de la infraestructura de nuestra facultad y capacidades de los docentes, podemos encontrar fácilmente un criterio moral a la hora de interactuar con los alumnos y alumnas permitiendo el aprendizaje que potencie la libertad concreta, o bien sometiéndolos a vejámenes sexuales, cobros ilegales o votos a determinado grupo en momentos de elección de las autoridades universitarias. B) Liberación de la enajenación. Si nos preguntamos por las posibilidades de organizar las estructurales sociales de otro modo nos encontramos con el tema de la enajenación. Tanto el subsistema económico, como el socio-político o el ideológico están enajenados respecto a la actividad de los hombres que los han creado. El género humano no es dueño de su actividad 6
  7. 7. económica, sino que ésta obedece a leyes ciegas que escapan a un control racional de los miembros que forman parte de la sociedad. El subsistema sociopolítico también está sujeto a enajenación: las creaciones del hombre, sus instituciones, lejos de ser controladas racionalmente por el género humano, se encuentran ligadas a la mayoría que también disfruta de las ventajas de la enajenación económica. Finalmente, el subsistema ideológico no hace más que legitimar estas enajenaciones, separando la reflexión de los hombres de su vida real concreta y haciendo pasar por natural o inevitable lo que es un producto de la decisión humana. Ahora bien, vale decir que la enajenación no es éticamente negativa cuando no es superable. La cosa cambia radicalmente cuando el hombre dispone de posibilidades para llevar una vida social no enajenada. Bajo este orden de ideas, tenemos que si existe la posibilidad de que el hombre organice democráticamente su vida social e institucional y no lo hace, su actividad social, docente o cualquier otra está configurada de un modo moralmente condenable. En resumen, podemos decir, que estos criterios de valoración moral pueden servirnos para considerar la mayor o menor bondad de las acciones humanas en función de las posibilidades que se le abren en cada momento histórico determinado. Evidentemente, que no se pueden considerar dichos criterios de manera independiente, sino en una profunda interrelación. 3.0 De la fundamentación general de la ética hacia una ética docente. En los apartados anteriores hemos reflexionado brevemente sobre los diferentes fundamentos de la ética tratados por la filosofía. Ahora trataremos de acerarnos a aquellos principios que según los filósofos académicos pueden fundamentar una ética docente. Bajo esta línea, tenemos que Augusto Hortal citado en editorial de la de la revista de ciencias sociales y humanidades “Realidad”, señala: Que cuando se trata de la ética del docente, debemos tomar en cuenta tres principios, sobre los cuales podemos señalar algunas consideraciones: - - Beneficencia: El docente no sólo busca hacer el bien, como si se tratase de construir un mueble [...] Se trata, sobre todo, de transmitir unos valores y una opción de vida […] una opción por hacer de la vida algo bueno.” Autonomía: Hay que encontrar el adecuado equilibrio que permita mantener ese compromiso con el mejoramiento de las personas, pero sin que eso derive en pasar por encima de su libertad. Una educación buena está comprometida con el respeto de la autonomía de los demás. 7
  8. 8. - Justicia: La educación que se hace de espaldas a la sociedad y a sus contradicciones no es sólida, y pervierte fatalmente las dos dimensiones de la beneficencia y la autonomía. No se es feliz ni se vive en libertad perpetuando o padeciendo estructuras sociales injustas o instituciones políticas ilegítimas (por inmorales)3. A mi juicio, estos principios son básicos para una ética docente aplicada, ya que en su praxis está presente una concepción personalista del ser humano, quien por lo tanto no puede ser tratado como objeto sexual, económico o electoral. Pero se debe aclarar que una ética docente no termina con estos principios, pues exige además de la docencia universitaria una búsqueda de la verdad dentro de un mundo cada vez más injusto. Verdad que no se reduce a la simple cita de textos, sino que se amplía a la investigación social de aquellos fenómenos cuya transformación permite un mayor grado de bienestar para las grandes mayorías socialmente excluidas, económicamente explotadas y políticamente oprimidas. Además, una ética docente debe preocuparse por educar jóvenes para la libertad, quienes a la vez que se preocupen del cuidado de sí, también se preocupen por el cuidado de los Otros. De modo que estos jóvenes deben ser capaces de ser libre para elegir pero con responsabilidad. Y es que frente a todo sujeto de derechos encontramos también obligaciones para la comunidad. Bajo está concepción ética se trata del equilibrio entre una búsqueda personal de la felicidad y las exigencias que impone la vida colectiva. Otro punto que nos parece importante para una ética docente es el que señala Carlos Molina Velásquez: “el papel del docente es el de ser facilitador de la esperanza y de la utopía, critica de lo existente y propuesta de lo nuevo” 4 Esto significa, que debe estar preparado para las nuevas interrogantes complejas que le impone cada vez más un mundo exigente y cambiante. La ética docente a la que le apostamos no implica una renuncia de lo político, por lo que debe incentivar a la comunidad universitaria a participar en la política formal, mediante los partidos legalmente constituidos o por constituirse y otras instituciones como la iglesia y sindicatos, pero ante que todo debe ser respetuosa del pluralismo político, ya que el pensamiento político único termina por anular a la persona y la búsqueda de la verdad. También, una ética docente a nuestro juicio debe recurrir a la categoría de la sabiduría práctica que propone Paul Ricoeur en el texto: “Ética y moral”, y que enuncia de la siguiente forma: Revista. Realidad. No. 101. Molina Velásquez, Carlos. “Para una ética de la profesión docente” UCA Editores, San Salvador, El Salvador, C.A. 2004. PP. 526. 4 Molina Velásquez, Carlos. Op. Cit.PP. 530. 3 8
  9. 9. “que un cierto recurso de la norma moral a la aspiración ética viene sugerido por los conflictos que nacen de la propia aplicación de las normas a la situaciones concretas. […] Para hacer frente a esta situación se requiere sabiduría práctica referida al juicio moral en situación, y para la cual la convicción es más decisiva que la misma. Dicha convicción no es sin embargo, arbitraria, en la medida que recurre a las fuentes del sentido ético más originario que no han ascendido a la norma” 5 Ciertamente, la práctica docente implica la aplicación de normas que muchas veces no tienen fundamento ético, lo cual es necesario contrarrestar con la sabiduría práctica, que apoyada en la prudencia recoge la convicción de todos los involucrados en el conflicto. Otro aspecto que no debe ignorar una ética docente, es que los acuerdos que tome una institución o comunidad no deben ser excluyente, tal como sostiene Karl Otto Apel en su ética discursiva: “No debe haber ningún acuerdo fáctico, a expensas de personas no representadas, pero sí afectadas” 6. De este modo, si una decisión concreta atañe a toda la comunidad universitaria por todos debe ser discutida, y no a expensa de quienes piensan diferente, pues si se hace de este modo, tal conducta es condenable por inmoral. Finalmente, pienso que la ética docente debe alargar la mano hacía una ética comprometida con la producción y reproducción de la vida, la cual define Enrique Dussel de la manera siguiente: La vida humana es criterio de verdad práctica porque el hecho de la verdad sólo puede darse en un ser viviente-cerebral que puede subjetivamente, mediado discursivamente, constituir lo real como mediación de su propia vida producida, reproducida y desarrollada auto-reflejamente. No sólo somos vivientes, sino que los únicos vivientes a los que la vida humana se nos ha dado a cargo 7. Pero, para posibilitar la vida humana desde los principios de justicia, igualdad, solidaridad, responsabilidad, libertad, dignidad humana etc., es necesario un criterio ético-crítico que nos permita enjuiciar la realidad histórica, a fin de corroborar si existen condiciones sociales, políticas y económicas para construir un mundo que tenga como Libro. Ricoeur, Paul. “Doce textos fundamentales de la ética del siglo XX, Madrid, Alianza, 2002. PP. 251-252. 6 Revista. Realidad No. 87. Apel, Karl Otto. “¿Es adecuada, para la justicia global, la concepción política del consenso sobrepuesto?”. UCA editores. San Salvador, El Salvador C.A. 2002. 7 Revista. Pasos No. 75 Dussel, Enrique. “¿Es posible un principio ético material universal y crítico?” Centro de Estudios Ecuménicos. San José Costa Rica. 1998. 5 9
  10. 10. meta suprema la reproducción y desarrollo de la vida de todos y todas, incluyendo la naturaleza misma. 4.0 A modo de conclusión No existe en teoría un consenso sobre la fundamentación filosófica de la ética en general y de igual modo de la ética docente. Sin embargo, existe en la praxis un consenso sobre la necesidad de construir un mundo donde todos y todas quepan. En ese entender, se requiere de instituciones entre ellas la escuela y la universidad que sean incluyente. Ahora bien, para que la ética docente pueda responder a las exigencias de la población estudiantil y a las demandas cada vez más complejas de nuestra sociedad, es necesario que la praxis docente se fundamentada en la vida humana como criterio de verdad, pues solo de esta manera es posible y factible apropiarnos de nuevas posibilidades que nos permitan organizar democráticamente la sociedad y la comunidad estudiantil. Pero para ello el docente debe ser consciente en primer lugar, que debe transmitir y practicar valores que posibiliten un modelo de comunidad incluyente; en segundo lugar, que camina al filo de la navaja, pues no basta denunciar los males sociales si personalmente continua practicándolos, al contrario debe enviar señales de cambio porque el docente es el espejo donde se refleja el estudiante. Es decir, el docente debe ser crítico de la sociedad y autocrítico consigo mismo. Lo anterior, pone en evidencia que el fundamento filosófico de toda ética es abierto, por lo tanto, expuesto a la crítica y autocrítica, ya que solo de esa manera el conocimiento puede avanzar. Efectivamente, si las condiciones sociopolíticas son de exterminio para los seres humanos, una ética comprometida con la reproducción y desarrollo de la vida es la alternativa. En suma, es la realidad la que se impone al hombre en búsqueda de soluciones a los graves problemas que le afectan. Por último, la ética docente comprometida con la vida humana es tarea de todos y todas. A lo que todos atañe por todos debe ser discutido. Pues, no se puede llamar incluyente una sociedad o comunidad estudiantil que excluye al Otro por su forma de ser o pensar. San Miguel, El Salvador, Centro América, 2 de febrero de 2014. 10
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