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"La naturaleza no es muda", por Eduardo Galeano‏ "La naturaleza no es muda", por Eduardo Galeano‏ Document Transcript

  • ECUADORLa Naturaleza noes mudaEduardo Galeano18 de abril de 2008Semanario Brecha de UruguayEl mundo pinta naturalezas muertas, sucumben losbosques naturales, se derriten los polos, el aire sehace irrespirable y el agua intomable, se plastificanlas flores y la comida, y el cielo y la tierra sevuelven locos de remate.Y mientras todo esto ocurre, un país latinoamericano,Ecuador, está discutiendo una nueva Constitución. Y enesa Constitución se abre la posibilidad de reconocer,por primera vez en la historia universal, los derechosde la naturaleza.La naturaleza tiene mucho que decir, y ya va siendohora de que nosotros, sus hijos, no sigamoshaciéndonos los sordos. Y quizás hasta Dios escuche lallamada que suena desde este país andino, y agregue elundécimo mandamiento que se le había olvidado en lasinstrucciones que nos dio desde el monte Sinaí:"Amarás a la naturaleza, de la que formas parte".
  • Un objeto que quiere ser sujetoDurante miles de años, casi toda la gente tuvo elderecho de no tener derechos.En los hechos, no son pocos los que siguen sinderechos, pero al menos se reconoce, ahora, el derechode tenerlos; y eso es bastante más que un gesto decaridad de los amos del mundo para consuelo de sussiervos.¿Y la naturaleza? En cierto modo, se podría decir, losderechos humanos abarcan a la naturaleza, porque ellano es una tarjeta postal para ser mirada desde afuera;pero bien sabe la naturaleza que hasta las mejoresleyes humanas la tratan como objeto de propiedad, ynunca como sujeto de derecho.Reducida a mera fuente de recursos naturales y buenosnegocios, ella puede ser legalmente malherida, y hastaexterminada, sin que se escuchen sus quejas y sin quelas normas jurídicas impidan la impunidad de suscriminales. A lo sumo, en el mejor de los casos, sonlas víctimas humanas quienes pueden exigir unaindemnización más o menos simbólica, y eso siempredespués de que el daño se ha hecho, pero las leyes noevitan ni detienen los atentados contra la tierra, elagua o el aire.Suena raro, ¿no? Esto de que la naturaleza tengaderechos... Una locura. ¡Como si la naturaleza fuerapersona! En cambio, suena de lo más normal que lasgrandes empresas de Estados Unidos disfruten dederechos humanos. En 1886, la Suprema Corte de Estados
  • Unidos, modelo de la justicia universal, extendió losderechos humanos a las corporaciones privadas. La leyles reconoció los mismos derechos que a las personas,derecho a la vida, a la libre expresión, a laprivacidad y a todo lo demás, como si las empresasrespiraran. Más de 120 años han pasado y así siguesiendo. A nadie le llama la atención.Gritos y susurrosNada tiene de raro, ni de anormal, el proyecto quequiere incorporar los derechos de la naturaleza a lanueva Constitución de Ecuador.Este país ha sufrido numerosas devastaciones a lolargo de su historia. Por citar un solo ejemplo,durante más de un cuarto de siglo, hasta 1992, laempresa petrolera Texaco vomitó impunemente 18 milmillones de galones de veneno sobre tierras, ríos ygentes. Una vez cumplida esta obra de beneficencia enla Amazonia ecuatoriana, la empresa nacida en Texascelebró matrimonio con la Standard Oil. Para entonces,la Standard Oil de Rockefeller había pasado a llamarseChevron y estaba dirigida por Condoleezza Rice.Después un oleoducto trasladó a Condoleezza hasta laCasa Blanca , mientras la familia Chevron-Texacocontinuaba contaminando el mundo.Pero las heridas abiertas en el cuerpo de Ecuador porla Texaco y otras empresas no son la única fuente deinspiración de esta gran novedad jurídica que seintenta llevar adelante. Además, y no es lo de menos,la reivindicació n de la naturaleza forma parte de unproceso de recuperación de las más antiguastradiciones de Ecuador y de América toda. Se propone
  • que el Estado reconozca y garantice el derecho amantener y regenerar los ciclos vitales naturales, yno es por casualidad que la Asamblea Constituyente haempezado por identificar sus objetivos de renacimientonacional con el ideal de vida del sumak kausai (buenvivir). Eso significa, en lengua quichua, vidaarmoniosa: armonía entre nosotros y armonía con lanaturaleza, que nos engendra, nos alimenta y nosabriga y que tiene vida propia, y valores propios, másallá de nosotros.Esas tradiciones siguen milagrosamente vivas, a pesarde la pesada herencia del racismo que en Ecuador, comoen toda América, continúa mutilando la realidad y lamemoria. Y no son sólo el patrimonio de su numerosapoblación indígena, que supo perpetuarlas a lo largode cinco siglos de prohibición y desprecio. Pertenecena todo el país, y al mundo entero, estas voces delpasado que ayudan a adivinar otro futuro aposible.Desde que la espada y la cruz desembarcaron en tierrasamericanas, la conquista europea castigó la adoraciónde la naturaleza, que era pecado de idolatría, conpenas de azote, horca o fuego. La comunión entre lanaturaleza y la gente, costumbre pagana, fue abolidaen nombre de Dios y después en nombre de lacivilización. En toda América, y en el mundo, seguimospagando las consecuencias de ese divorcio obligatorio.-