La maldición de los recursos naturales y las opciones de desarrollo, por Eduardo Gudynas‏
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La maldición de los recursos naturales y las opciones de desarrollo, por Eduardo Gudynas‏ La maldición de los recursos naturales y las opciones de desarrollo, por Eduardo Gudynas‏ Document Transcript

  • La maldición de los recursos naturales y las opciones de desarrollo Eduardo GudynasSemanario Voces, 3 noviembre 2011Días atrás, el ministro de economía Fernando Lorenzo, llamó adesterrar la idea de la “maldición” económica en ser un proveedor dematerias primas en los mercados globales. A su juicio, la “verdaderamaldición es de las malas políticas económicas”, resaltando lasmedidas internas del gobierno.Esos temas, que eran debatidos en una mesa redonda, están lejos deser cuestiones menores. La llamada “maldición de la abundancia”alude a los países que son muy ricos en materias primas, donde laexportación de unas pocas de ellas se convierte en su principalsustento, pero ello les permita superar sus problemas de pobreza ogarantizar el bienestar. Los ejemplos más conocidos son nacionesexportadoras de petróleo como Nigeria, que mueven enormes sumasdinero, pero su población sigue sumida en la pobreza. La mismacontradicción está en varios casos latinoamericanos, donde haypaíses que se han especializado en exportar minerales o productosagrícolas como el banano o el cacao.Ricos pero pobresEsos y otros casos muestran la paradoja de países que son ricos enrecursos pero terminan siendo pobres. Ese fenómeno viene siendoestudiado desde hace años, y existen diversas explicaciones. Algunosseñalan que se generan economías rentistas, donde el gobierno, y unaelite asociada a éstos, se benefician de los éxitos exportadores,
  • impidiendo cualquier diversificación. Otros apuntan a debilidadesinstitucionales y políticas, señalando que existen más de un país ricoen recursos naturales que lograron superar ese problema generandocondiciones de bienestar para su población.Incluso se ha llegado a indicar un determinismo geográfico y cultural,tal como sostenían algunos economistas del BID años atrás.Esquematizando sus posturas, podría decirse que esos técnicosseñalaban que en los trópicos la abundancia de alimentos y la falta derestricciones terminaban generando una cultura conformista. No habíaincentivos para esforzarse, y por lo tanto las economías no sediversificaban.Más allá de esas evaluaciones, es oportuno recordar que en generallas izquierdas, y en especial las miradas críticas al desarrollo que sonafines a éstas, siempre cuestionaron o miraron con desconfianza laespecialización en proveer materias primas. El restringirse a exportarminerales, bananas o caña de azúcar, era más bien expresión de unacondición de subdesarrollo que debía ser remontada. Los acentos seponían en diversificar las economías, promover la industrialización yampliar la canasta de productos que se exportaban.Pero esa mirada no siempre se repite en la actualidad. De hecho,nuestro ministro de economía llamó a “desterrar” la idea de la“maldición de los recursos naturales”. Algo similar sucede en losúltimos tiempos en los países vecinos, donde desde los gobiernos yparte de la academia se resisten las advertencias sobre los riesgos enla alta dependencia de exportaciones de materias primas. Variosfactores parecen jugar en estos casos.Por un lado, hay posturas coyunturales ya que todos quierenaprovechar los altos precios de las materias primas. Incluso, más alláde las fluctuaciones en los precios, también existe una demandasostenida, y casi todas las previsiones indican que este llamado “superciclo de las commodities” se mantendrá unos años más.Por otro lado también hay un cambio conceptual, más profundo. Ahorase defiende la idea de vender materias primas como un medio parainsertarse en la globalización. Este es un cambio nada menor frente alas varias décadas durante las cuales los latinoamericanos insistían
  • en su industrialización. Los síntomas más claros están en documentosrecientes de CEPAL, donde aquella invocación industrialista se hacemenos visible, y ahora se pasa a defender las exportaciones enhidrocarburos, minerales o alimentos. La sorpresa es mucho mayor entanto, son gobiernos de izquierda los que están montando esaestrategia de desarrollo.Una nota de precauciónEn este punto es oportuno advertir al lector que no estoy rechazandoel uso de recursos naturales, ni prohibir sus exportaciones. Miobjetivo es, en cambio, señalar que la especialización como proveedorde materias primas, la “primarización” de las exportaciones norepresenta una estrategia de desarrollo genuina. Es un componenteque podrá desempeñar ciertos papeles, pero no pude ser un ejevertebral. Es un camino riesgoso, incierto, y que al final es incluso unmal negocio para el país. Por lo tanto, en lugar de rechazar lasadvertencias sobre la “maldición de la abundancia”, habría que vercómo evitarla.La especialización en materias tiene varios efectos negativos, y tansólo quisiera mencionar algunos. En las épocas de bonanza se puedegenerar la llamada “enfermedad holandesa”, donde existen enormesingresos por exportaciones, la moneda nacional se revalúa, otrasexportaciones pierden competitividad y las importaciones se abaratan.Esto lleva en parte a una desindustrialización, pero que pasadesapercibida por el frenesí de consumo de esos bienes importadosbaratos. Los sectores primarios por lo general son muy buenos para lamacroeconomía, ya que generan indicadores de comercio ycrecimiento muy atractivos; pero como requieren poco empleo y nodiversifican la producción, son muy malos para la microeconomía delas personas. Se cae en situaciones donde las exportaciones batenrecords, pero el salario es exiguo, y la generación de empleo siguesiendo un dolor de cabeza. ¿Le suena conocido? Posiblemente sí, yaque varios de esos síntomas aparecen en distintos paísessudamericanos.La especialización en exportar unas pocas materias primas hace alpaís todavía más subordinado. En efecto, queda supeditado a losmercados compradores, los precios de esos productos se los imponen
  • desde fuera, y debe atraer inversores para llevar adelante losproyectos. Esto le obliga a firmar acuerdos de inversión, otorgardiversas flexibilidades en las regulaciones sociales y ambientales, eincluso exoneraciones tributarias, energía o agua barata, o acceso ainfraestructura de transporte.En general la producción en materias primas está asociada a altosimpactos ambientales y unos cuantos costos sociales. Como buenaparte de ellos son desatendidos para permitir la inversión y lasexportaciones, se caen en protestas y conflictos ciudadanos, los que asu vez son reprimidos. La maldición de los recursos naturales casisiempre tiene aristas antidemocráticas.Los antídotos están en medidas como diversificar la producciónnacional, la inserción comercial y desplegar políticas públicas. Elministro Lorenzo tiene razón cuando en ese mismo evento destacabala importancia de las medidas internas. Pero en ese campo también esnecesaria la precaución.Se sale de la maldición diversificando la producción, y esto quieredecir evitando la primarización exportadora. Entonces, pasar a serexportadores mineros no es ningún antídoto, ni un ejemplo dediversificación, sino todo lo contrario. A su vez, hay que tener muchocuidado en no caer en una trampa donde el financiamiento de losplanes de lucha contra la pobreza dependan de promover todavía másla exportación de materias primas. Estas y otras medidas pueden serdiscutidas. Pero cualquiera de ellas requiere un paso previo, y queconsiste en comenzar a discutir con mayor detalle las estrategias dedesarrollo posible.Declaraciones del ministro Lorenzo según un reporte en La Diaria, 24octubre 2011.