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libro complementario 20/10/2012

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  • 1. Capítulo 3 El ser humano: Imagen de Dios¿Q uién creó al ser humano? ¿Con qué propósito? Una res- puesta bien cómica a estos interrogantes la encontramos en el relato babilónico de la creación, el Enúma elish. Austen H.Layard descubrió una copia de esta epopeya en 1849. Los investigado-res creen que los fragmentos de arcilla que la componen formaban par-te de la biblioteca de Asurbanipal, quien había sido rey de Asiria en elsiglo VII a. C. Según el Enúma elish, en algún momento de la historia del universosolo existían dos deidades: Tiamat y su esposo Apsu. Ellos crearon a losdemás dioses. Entre los nuevos dioses se hallaban los Igigi, que se ca-racterizaban por ser deidades muy ruidosas. Un día, molesto por el bu-llicio de los Igigi, Apsu decidió destruirlos; sin embargo, no pudo con-cretar su plan, debido a que Ea, no solo le impidió cumplir sus propósi-tos, sino que además lo mató. Cuando Tiamat se enteró de la muerte desu esposo, se reveló contra la asamblea divina y creó horrendos mons-truos marinos para que vengaran la muerte de su esposo. No obstante, su plan fracasó, puesto que Marduk destruyó losmonstruos y, finalmente, eliminó a Tiamat. Esta acción otorgó a Mar-duk los méritos para ser proclamado jefe de los dioses. De inmediato,Marduk decidió formar el firmamento y la tierra con el cadáver deTiamat. Además, asignó diferentes tareas a los dioses menores. Pocotiempo después, los dioses se quejaron de que su trabajo era mucho yagotador, y no tenían sirvientes que los ayudaran con sus cargas. Mar-duk escuchó sus quejas y determinó crear al ser humano a fin de quesirviera como esclavo de los dioses. Ahora los dioses podían descansarplácidamente. Entretanto, los hombres debían satisfacer todas las nece-sidades y antojos de los presuntos seres divinos. 1 © Recursos Escuela Sabática
  • 2. Una vez más repetimos las preguntas del inicio: ¿Quién creó al serhumano? ¿Con qué propósito? Hace cientos de años un humilde poeta hebreo también declaró porescrito su respuesta a estas milenarias preguntas. Me resulta imposibleno maravillarme ante la belleza y la sencillez de sus palabras: «Cuando veo tus cielos, obra de tus dedos, la luna y las estrellas que tú formaste, digo: ¿Qué es el hombre para que tengas de él memoria, y el hijo del hombre para que lo visites? » «Lo has hecho poco menor que los ángeles y lo coronaste de gloria y de honra. Lo hiciste señorear sobre las obras de tus manos; todo lo pusiste debajo de sus pies: ovejas y bueyes, todo ello, y asimismo las bestias del campo, las aves del cielo y los peces del mar; ¡todo cuanto pasa por los senderos del mar!» (Salmo 8:3-8). La Biblia no considera al ser humano como un sirviente que pasarátoda la vida sujeto a los caprichos egoístas de los dioses. La posiciónbíblica es que fuimos creados como seres singulares a quienes Dios do-tó de grandes privilegios, entre ellos que seamos señores y administra-dores de todo lo creado. Pero, ¿qué nos hace capaces de ser los regentesde la obra creadora? ¿Qué nos distingue del resto de la creación hasta elpunto de que hemos sido coronados de «gloria y honra»? Creados a su imagen Sin bien es cierto que muchos sostienen que el ser humano y losanimales comparten los mismos atributos, la Palabra de Dios sugiereque hay un elemento que distingue a la raza humana de todo lo creado.En Génesis 1: 27 se destaca tres veces que Dios creó al hombre: «Y creóDios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembralos creó». En la antigüedad los escritores no tenían ni cursivas ni negri-tas que les permitieran destacar los aspectos más importantes de sumensaje. El método que tenían los hebreos para recalcar una idea era larepetición. Por tanto, esta triple repetición del verbo «creó» en Génesis1: 27 tiene como propósito establecer con claridad que Moisés no alber-ga ningún tipo de dudas respecto a que Dios es el creador. Además, es- © Recursos Escuela Sabática
  • 3. ta triple repetición pone de manifiesto que Dios «ha llegado a la cúspi-de, a la meta que se propuso» durante su obra creadora. 2 La raza hu-mana, por tanto, es como una especie de monumento de la majestaddivina. Somos la corona de la creación. Nuestra creación fue tan importante que según Génesis 1: 26 estuvoprecedida por una consulta entre varias personas: «Hagamos al hom-bre». ¿A quiénes incluye ese «hagamos»? Tanto en la tradición judíacomo en la musulmana, el «hagamos» ha sido interpretado como unaalusión a los ángeles. Sin embargo, aceptar semejante propuesta conlle-varía a creer que la imagen de los ángeles también forma parte de nues-tra identidad, algo que contradice la declaración del versículo 27. A«nuestra imagen», no puede incluir a ningún ser creado, puesto que«Dios creó al hombre a su imagen». De ahí que la expresión «a nuestraimagen» debe indicar a seres que tengan el nivel de Dios, y no a sim-ples personajes exaltados. Precisamente, en este punto entra la revelación más completa quehemos recibido mediante los escritos del Nuevo Testamento. Tradicio-nalmente, los cristianos han sostenido que ese «hagamos» es una alu-sión directa a la Trinidad. 3 Incluso, el mismo Antiguo Testamento des-taca la función del Espíritu de Dios durante la creación del mundo(Génesis 1:2; Job 33:4; Salmo 104:30). El Nuevo Testamento vincula di-rectamente a Cristo con la creación de todo lo que existe (Juan 1:1-3;Colosenses 1:1 6 ; Hebreos 1:2). Por consiguiente, cuando Génesis 1:26dice «hagamos», está expresando mediante «este plural de plenituduna deliberación intradivina» 4 entre Dios Padre, Dios Hijo y Dios Espí-ritu Santo. ¡No somos el resultado del azar! La raza humana forma par-te de un plan extraordinario diseñado por los tres integrantes de laDeidad. Génesis 1:27 también se refiere a un elemento distintivo que formaparte de nuestra naturaleza. Somos la única criatura a quien el Señor,por su libertad soberana, se ha complacido en otorgarle su imagen ysemejanza. Mucho se ha escrito sobre el significado de esta acción divi-na. Filón de Alejandría (cerca del 20 a. C.) decía que la imagen de Diosno tenía nada que ver con nuestra apariencia externa. Para él esta ha-llaba su plenitud en la parte más importante del alma: la mente. 5 Ire-neo de Lyon, quien fue considerado el primer cristiano que trató de daruna explicación sistemática al tema de la imagen de Dios, en su obracumbre, Contra las herejías, argumentaba que la imagen de Dios consis-tía en la capacidad de razonar y el libre albedrío que tenía el ser hu- © Recursos Escuela Sabática
  • 4. mano. Una opinión similar fue sostenida por Atanasio en el siglo III denuestra era. Ambrosio (cerca del 337) sostenía que la imagen de Diosera el alma del hombre. Según Agustín de Hipona, la imagen de Diosera un elemento tripartido integrado por el amor, la memoria y el inte-lecto. 6 En el siglo VIII Juan de Damasco vinculaba la imagen de Dioscon la perfección moral e impecable que poseía el ser humano al prin-cipio. Cada época ha tenido su propia manera de entender el significadode la expresión «a imagen de Dios». Por ejemplo, «el siglo de las lucesnos asegura que la imagen de Dios es la capacidad de razonar, los pie-tistas la identifican como la facultad espiritual, los Victorianos afirmanque es la capacidad de hacer juicios morales y los pensadores renacen-tistas sitúan a la imagen de Dios en la creatividad artística. ¿Y en cuan-to a nuestra propia era dominada por la psicología? Qué más podría seresa imagen, nos advierten ahora, que nuestra capacidad para relacio-namos con otras personas y con Dios». 7 Una cosa es cierta: La imagen de Dios nos hace seres singulares. Ele-na G. de White considera que al crearnos a su imagen y semejanza,Dios creó «una clase nueva y distinta» (Review and Herald, 11 de febrerode 1902). Ni somos como Dios, ni somos como los ángeles, somos úni-cos. Por otro lado, la misma autora declaró que llevamos la imagen di-vina «tanto en la semejanza exterior, como en el carácter» (Patriarcas y pro-fetas, capítulo 2, p. 24; la cursiva es nuestra). En este contexto resultan muy apropiadas las palabras de Shakes-peare: «¡Qué obra de arte es el hombre! ¡Qué noble su razón! ¡Qué infi-nitas sus facultades! ¡Qué expresivo y maravilloso en su forma y susmovimientos!». 8 ¿Para qué fuimos creados a imagen de Dios? Ahora bien, aunque no podemos conocer plenamente en qué consis-tía esa imagen y semejanza con Dios; sí podemos identificar las razonespor las cuales el ser humano recibió este gesto de bondad de parte delCreador. Por tanto, en lugar de tratar de saber con exactitud qué con-formaba ese don divino, sería conveniente que concentráramos nues-tros esfuerzos en cumplir la misión para la cual se nos entregó. Fuimoscreados a imagen de Dios a fin de que podamos ser mayordomos efica-ces de la creación. 9 El Señor nos ha dotado con su imagen, no para queseamos sirvientes, sino para que podamos cumplir eficazmente nuestra © Recursos Escuela Sabática
  • 5. función de administradores de sus bienes. En el mundo antiguo, el acto de erigir la imagen del rey significabaque dicho rey era señor del territorio donde se colocaba su imagen. 10Inclinarse ante la imagen equivalía a respetar a quien ella representaba.Cuando los jóvenes hebreos se negaron a adorar la imagen que Nabu-codonosor había erigido, el rey interpretó la negativa de estos mucha-chos como un desafío a su autoridad (ver Daniel 3). Podríamos decir que el hombre ha sido colocado en el mundo comouna figura de Dios, como un monumento en honor al Creador. De esamanera, el ser humano habría de ser un testimonio permanente de laobra creadora del Señor. Llevar la imagen de Dios no nos hace posee-dores de lo que se ha puesto bajo nuestra custodia; pero sí nos declararepresentantes del dueño, a la vez que indica que somos su propiedad.Un incidente del Nuevo Testamento nos ayudará a entender mejor estaidea. Cuando los fariseos le preguntaron a Cristo si era correcto «dartributo al César», Jesús les dijo: «Mostradme la moneda del tributo.Ellos le presentaron un denario. Entonces les preguntó: "¿De quién esesta imagen y la inscripción?". Le dijeron: "De César. Y les dijo: Dad,pues, a César lo que es de César, y a Dios lo que es de Dios"» (Mateo22:15-22). César era el dueño de la moneda porque llevaba su imagen.Del mismo modo, al poner su imagen sobre nosotros Dios nos está se-ñalando como su propiedad exclusiva, somos «hechura suya» (Efesios2:10). Obviamente, el privilegio de llevar la imagen de Dios conlleva res-ponsabilidades. Una de ellas, entre otras, consiste en que no perdamosde vista quién es el Creador y quién es la criatura. Saber que no somosdioses, sino representantes del Dios verdadero, puesto que llevamos suimpronta en nosotros, nos hace mantener las cosas dentro de la pers-pectiva adecuada. Cuando la criatura quiere ser el Creador Teniendo en cuenta lo anterior, fíjese que la narración de la creacióndel mundo está escrita y estructurada de tal forma que Dios, y no el serhumano, es el protagonista absoluto. Resulta interesante considerarque, aunque el relato de Génesis salió de la pluma de un israelita, nohay ningún vestigio de nacionalismo en él. Dios es el creador de todo yde todos. En los 31 versículos del capítulo 1 de Génesis, la palabra Diosaparece 32 veces. En Génesis 1 Dios dice, Dios ve, Dios separa, Dios ha- © Recursos Escuela Sabática
  • 6. ce, Dios pone, Dios bendice. Todo es obra de Dios. Lamentablemente, el ser humano pretendió quitarle protagonismo aDios. El hombre no se contentó con tener únicamente la «imagen», sinoque también codició ser «como Dios» en todo el sentido de la expresión(ver Génesis 3:1-15). No se conformó con ocupar el puesto de adminis-trador de la creación, además quiso ser su dueño. El hombre olvidóque, como «imagen de Dios», tan solo era un espejo mediante el cualDios se reflejaba en su obra creadora; pero el ser humano era solo eso:un espejo, no la sustancia de Dios (ver Hebreos 1:3). El valor del espejono radica en sí mismo, sino en la imagen que proyecta. La grandeza delhombre no se hallaba en él mismo. Su honor dependía de que cum-pliera fielmente su papel como reflector de la imagen divina. Sorpren-dentemente, el ser humano pretendió dejar de ser criatura y convertirseen creador. Ya vimos en el capítulo 1 de este libro cómo todo se tras-tornó en nuestro planeta después de este atrevimiento humano. Al pretender ser dueño, el hombre comenzó a arruinar la imagen deDios en su vida. Algunos creen que, con la entrada del pecado, la razahumana perdió la imagen de Dios, pero ello no es cierto. La imagen deDios sigue formando parte de nuestra naturaleza (ver Génesis 9:6; 1Corintios 11:7). Nuestro problema no consiste en que hayamos perdidola imagen de Dios, sino que ya estamos tan familiarizados con el peca-do que la imagen divina casi ha desaparecido. En una descripción quemuy bien podría aplicarse a nuestros tiempos, Elena G. de White se re-firió la condición de la humanidad con estas palabras: «Los agentes satánicos estaban incorporados con los hombres. Los cuerpos de los seres humanos, hechos para ser morada de Dios, habían llegado a ser habitación de demonios. Los sentidos, los ner- vios, las pasiones, los órganos de los hombres, eran movidos por agentes sobrenaturales en la complacencia de la concupiscencia más vil. La misma estampa de los demonios estaba grabada en los ros- tros, que reflejaban la expresión de las legiones del mal que los po- seían» (El Deseado de todas las gentes, capítulo 3, p. 27). Pablo también nos narra los estragos provocados por la temerariaconducta del ser humano. El apóstol dice que los hombres «cambiaronla gloria del Dios incorruptible por imágenes de hombres corruptibles,de aves, de cuadrúpedos y de reptiles», que «cambiaron la verdad deDios por la mentira, honrando y dando culto a las criaturas antes que alCreador» (Romanos 1:24, 25). Así, el hombre que había sido creado © Recursos Escuela Sabática
  • 7. «bueno en gran manera» (Génesis 1:31), se convirtió en una fuente demal (ver Génesis 6: 5, 6). Olvidó que había sido creado para glorificar aDios (ver Isaías 43:7; Efesios 1:11, 12; 1 Corintios 10:31). Precisamente,porque él es nuestro creador, merece toda la gloria (Apocalipsis 4:11;14: 6, 7). La restauración del pecador En 1912 Franz Kafka escribió su novela titulada La metamorfosis. Enella narra las vicisitudes por las que tuvo que pasar un joven llamadoGregorio Samsa. El problema de Gregorio comenzó cuando un díadespertó «de su inquieto sueño» convertido en un asqueroso insecto.Su anómala condición lo imposibilitó para asistir al trabajo aquel día.Así que decidió quedarse encerrado en su habitación, con la esperanzade que su infame estado desapareciera en poco tiempo. Como Gregoriono salía de su cuarto, sus familiares comenzaron a preocuparse y le pe-dían que saliera. Esto tenía al pobre hombre bastante angustiado; perosu angustia alcanzó su punto más álgido cuando supo que su propio je-fe había llegado a la casa a fin de conocer las razones que le impedían aGregorio cumplir con sus obligaciones laborales. Después de un largo intercambio de palabras con los presentes,Gregorio logró abrir la puerta. Cuando su jefe lo vio, se llevó «la manoa la boca, desmesuradamente abierta, y retrocedía como si una manoinvisible lo empujara. La madre [...] primero miró al padre con las ma-nos unidas, implorantes, luego dio pasos en dirección a Gregorio paraen seguida derrumbarse en un remolino de faldas. El padre, con expre-sión hostil, apretaba los puños, como si quisiera empujar a Gregorio devuelta a la habitación». 11 La familia se negó tan siquiera a contemplarla viscosidad de su cuerpo, las innumerables patas que no podía con-trolar. Nadie quiso ver de cerca tan repugnante cuadro. Finalmente,abandonado por sus propios familiares, Gregorio exhaló un débil y úl-timo suspiro. Murió siendo un insecto. Con la entrada del pecado, el ser humano experimentó la mayor me-tamorfosis que alguna vez haya ocurrido en el universo: Dejó de ser eladministrador de los bienes de Dios para convertirse en un miserableinsecto de Satanás. ¿Qué haría Dios al saber que sus hijos se habíantransformado en algo que el universo detestaba? ¿Tomaría la misma ac-titud que adoptó la familia de Gregorio Samsa? Dios no se quedó debrazos cruzados. «La Divinidad se conmovió de piedad por la humani- © Recursos Escuela Sabática
  • 8. dad, y el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo se dieron a sí mismos a laobra de formar un plan de redención» (Consejos sobre salud, p. 219). Dios se propuso revertir la obra del diablo y devolverle al ser hu-mano la dignidad que él mismo le había otorgado en el principio. Paraello Cristo vino a este mundo. ¿Pero cómo lidiaría Dios con un ser cu-yos «pensamientos son de continuo el mal»? ¿Qué haría el Señor a finde ejercer nuevamente su señorío en la vida de los hombres? El Salmista proporciona una vislumbre de esto en uno de sus escri-tos. En Salmo 51:10 David escribió: «¡Crea en mí un corazón limpio, yrenueva un espíritu recto dentro de mí!». El verbo hebreo bara, traduci-do aquí como crear, es el mismo que aparece en Génesis 1:1. En las Es-crituras este verbo solamente tiene como sujeto a Dios. A fin de restau-rar completamente su imagen en los seres humanos, Dios tendría quevalerse del mismo poder que obró la creación física del mundo. Es de-cir, la restauración espiritual de todos nosotros tan solo puede ser he-cha mediante el poder creador de nuestro Señor. Dios nos renovará; nopermitirá que nos quedemos siendo insectos del mal. Bastará con queabramos la puerta para que él entre y renueve nuestro ser, y su podertransformador actuará eficazmente en nuestra vida. El Señor no siente asco de nuestra condición, sino que «muestra suamor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió pornosotros» (Romanos 5:8). Este amor es «derramado en nuestros corazo-nes por el Espíritu Santo» (Romanos 5:5). Así como la Trinidad actuóde forma conjunta en la creación física del mundo, de igual forma lohace ahora para producir la renovación espiritual de todos nosotros. ElPadre dio a su Hijo por amor (Juan 3:16); el Hijo entregó su vida poramor (Gálatas 2:20) y el Espíritu toma ese amor divino y lo instaura ennuestros corazones. Esta obra trinitaria resume la esencia de la Deidad:«Dios es amor» (1 Juan 4:8). Cuando el amor de Dios ha quebrado elpoder del pecado, ya no vivimos en armonía con nuestra naturalezapecaminosa, «sino según el Espíritu» (Romanos 8:9). Puesto que por el poder de Dios hemos crucificado naturaleza pe-caminosa (Romanos 6:6), una vez más llegamos «a ser participantes dela naturaleza divina» que el pecado nos había arrebatado (2 Pedro 1:4).Nuestro nuevo hombre «conforme a la imagen del que lo creó, se varenovando hasta el conocimiento pleno» (Colosenses 3:10). Como dijoPablo: «A los que antes conoció, también los predestinó para que fue-ran hechos conformes a la imagen de su Hijo, para que él sea el primo-génito entre muchos hermanos» (Romanos 8:29). No hemos de olvidar © Recursos Escuela Sabática
  • 9. que este proceso de restauración de la imagen divina abarca toda nues-tra vida terrenal y alcanza su clímax cuando Cristo retorne a esta tierra.Así lo entendió el apóstol Juan: «Amados, ahora somos hijos de Dios yaún no se ha manifestado lo que hemos de ser; pero sabemos quecuando él se manifieste, seremos semejantes a él, porque lo veremos talcomo él es» (1 Juan 3: 2). Reflexione un momento en estas hermosas palabras escritas a finalesdel siglo II por un cristiano llamado Ireneo de Lyon: «¿Cómo podrías hacerte dios, si primero no te haces un ser hu- mano? ¿Cómo pretendes ser perfecto, si fuiste creado en el tiempo? ¿Cómo sueñas en ser inmortal, si en tu naturaleza mortal no has obe- decido a tu Hacedor? [...]. Porque tú no hiciste a Dios, sino que él te hizo. Y si eres obra de Dios, contempla la mano de tu artífice, que ha- ce todas las cosas en el tiempo oportuno, y de igual manera obrará oportunamente en cuanto a ti respecta. Pon en sus manos un cora- zón blando y moldeable, y conserva la imagen según la cual el Artista te plasmó; guarda en ti la humedad, no vaya a ser que, si te endure- ces, pierdas las huellas de sus dedos. Conservando tu forma subirás a lo perfecto; pues el arte de Dios esconde el lodo que hay en ti». 12 ¡Admirable! ¡El arte de Dios esconderá el lodo que hay en nosotros!¡El divino artista plasmó su imagen en nosotros! ¡Todavía el olemos abarro! ¡Las huellas de sus dedos aún son visibles en cada hombre y mu-jer! La imagen de Dios y su impacto en la vida diaria ¿Qué importancia tiene para nuestra vida diaria el hecho de que ha-yamos sido creados a imagen de Dios? Yo diría que mucho. En primer lugar, la imagen de Dios nos hace recordar que todos so-mos iguales. Ser consciente de esta verdad evitaría muchos de los con-flictos que se originan en el racismo, el machismo y el feminismo radi-cal que imperan en nuestra sociedad posmoderna. Reconocer que he-mos sido creados a imagen de Dios nos hará recordar que, aunque so-mos seres ínfimos en comparación con el resto del universo, nuestrapequeñez humana refleja algo infinitamente grande. Por tanto, no so-mos «una mera estadística. Tampoco somos peones que pueden usarse,manipularse o eliminarse sin escrúpulos. La desaparición de cualquierade nosotros es una gran tragedia, que trae tristeza tanto a Dios como alos seres humanos». 13 Además, en un mundo donde se le rinde culto a © Recursos Escuela Sabática
  • 10. la belleza, y donde se tiene en poca estima a quienes poseemos menossimetría física, saber que somos hechos a imagen de Dios nos llega co-mo una bocanada de aire fresco, pues nos hace saber que somos valio-sos. No olvidemos nunca estas palabras del Señor: «A mis ojos eres degran estima, eres honorable y yo te he amado» (Isaías 43:4). En segundo lugar, reconocer que mis semejantes llevan sobre sí laimagen de mi creador habrá de suscitar en mí el deseo de tratarlos co-mo lo que son: hijos del Rey del universo. Esto no solo impedirá queme convierta en un asesino (Génesis 9:6), sino que además pondré todomi empeño en que mi mente no albergue pensamientos ofensivos con-tra ellos (ver Mateo 5:21-26). Usaré mi lengua para bendecir y no paramaldecir a quienes comparten conmigo la semejanza divina (Santiago3:9). Puesto que ellos fueron creados a imagen de Cristo, cualquier cosaque yo haga o diga en perjuicio de ellos es como si lo hiciera contra elmismo Señor. La Madre Teresa de Calcuta solía rogar a Dios que cuan-do sus ojos visualizaran el rostro de un mendigo en la ciudad ella pu-diera ver el rostro de Cristo en él y, entonces, servirlo como si lo hicieraal mismo Señor. Es oportuno que oremos para que, entre la gente quenos rodea, podamos contemplar la imagen misma del Señor. Para lo-grarlo, evidentemente, tendremos que amar a nuestro prójimo. De ahíque amar a nuestros semejantes, incluyendo a quienes han hecho todolo posible para dañar nuestra existencia, resulta ser la prueba irrefuta-ble de que la imagen de Dios está siendo restaurada en nuestras vidas.«Nosotros sabemos que hemos pasado de muerte a vida, porque ama-mos a los hermanos» (1 Juan 3:14). Sería de mucho beneficio que nos apropiáramos de esta plegaria es-crita por un cristiano de la antigüedad: «Oh, Señor, tú nos creaste parati y nuestro corazón andará siempre inquieto hasta que encuentre des-canso en ti». 14 Hemos de ir y descansar en los brazos de nuestro pode-roso Creador. Cuando lo hagamos, paulatinamente, seremos «trans-formados de gloria en gloria en su misma imagen, por la acción del Es-píritu del Señor» (2 Corintios 3:18); entonces, y solo entonces, podre-mos «alcanzar la estatura de la plenitud de Cristo» (Efesios 4:13).Referencias1Para más detalles sobre las distintas versiones de la creación del ser humano enlos textos antiguos ver La creación del mundo y del hombre en los textos del PróximoOriente Antiguo (Estella: Verbo Divino, 1997). Si quiere leer una buena traducción © Recursos Escuela Sabática
  • 11. al castellano del Enúma elish, consulte la obra de Victor H. Mattews y Don C. Ben-jamin, Paralelos del Antiguo Testamento (Maliaño: Sal Terrae, 2004), pp. 9-18.2 Gerhard von Rad, El libro de Génesis (Salamanca: Sígueme, 1977), p. 68.3 Ver Gerhard F. Hasel, «The Meaning of "Let Us" in Gn. 1: 26», Andrews UniversitySeminary Study 13 (1975), pp. 58-66.4 Hasel, Op. cit., p. 65.5 Filón de Alejandría, Sobre la creación del mundo según Moisés, cap. VI, párrafo 25,incluido en José María Triviño, trad., Obras completas de Filón de Alejandría (BuenosAires, 1976), disponible en http://es.scribd.com/doc/32977721/Filon-de-Alejandria-Obras-Completas, consultado en 24/05/12.6 Ver Zachary C. Xintaras, «Man- The Image of God According to the Greek Fa-thers», The Greek Orthodox Theological Review (vol. 1, n° 1), pp. 48-62; D. J. A. Clines,«The Image of God in Man», Tyndale Bulletin 19 (1968), pp. 54, 55. Para un pano-rama histórico desde Filón de Alejandría hasta nuestros días, ver R. Larry Overs-treet, «Man in the image of God», Crisell Theological Review 3/1 (otoño 2005), pp.43-58.7 Philip Yancey y Paul Brand, A su imagen (Miami, Florida: Vida, 2006), p. 19.8 Hamlet, Inarco Celenio, trad. (Madrid, 1798), Acto 2o, Escena VIII, p. 104. Encon-trado en http://books.google.es/books?id=BgoReS_Qp4C&printsec=frontcover&dq=hamlet&hl=ca&sa=X&ei=as-8T4HnOYrGOQWzxNBD&ved=OCEYQ6AEwAg#v=onepage&q&f=false. Consultado en 23/05/2012.9 Von Rad, Ibid., p. 71.10 Walton, Matthews y Chavalas, Comentario del contexto cultural de la Biblia: AntiguoTestamento (El Paso, Texas: Mundo Hispano, 2006), p. 18.11 Franz Kafka, La metamorfosis (Madrid: EDIMAT, 2005), pp. 45, 46.12 Contra las herejías, libro IV, capítulo JXX1X. 2, en http://www.multimedios.org/docs/d001092/p000006.htm#5-p0.5, consultado en 24/05/2012.13 Gerald Wheeler, Más allá de esta vida (Miami, Florida: APIA, 1998), p. 11.14 Agustín de Hipona, Confesiones, libro I. cap. 1, Eugenio Ceballos, trad., disponi-ble en http://www.cervantesvirtual.com/obra-visor/confesiones--0/html/, con-sultado en 24/05/12. © Recursos Escuela Sabática