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Informe Misionero Mundial para el sabado 08/06/2013
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Informe Misionero Mundial para el sabado 08/06/2013

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  • 1. [Pídale a un joven que presente esta historia enprimera persona.]Mis padres eran cristianos nominales. Enmi escuela teníamos una clase de religiónsemanal. Los maestros nos daban una historiabíblica para que la leyéramos y respondiéramosalgunas preguntas. A veces las historias eran con-fusas, y yo no tenía una Biblia, para leer un pocomás sobre ellas. Entonces, un amigo me regaló unNuevo Testamento. Yo estaba muy feliz, porqueahora podía leer las historias de la Biblia por mipropia cuenta y entender el contexto. La Palabrade Dios se convirtió en un verdadero tesoro paramí.La semilla plantada en mi corazónEn una ocasión, un pastor adventista visitó amis padres. Mi papá lo invitó a entrar, y a nosotroslos niños nos pidió que saliéramos a jugar. Peroyo estaba tan curioso que me escondí cerca de laventana y me puse a espiar lo que hablaban. Elpastor explicó que el séptimo día de la semanaes el sábado de Dios. El sábado no significabanada para mí en ese momento, pero las palabrasCOngO | 8 de JunioHabamungudel pastor plantaron una semilla en mi corazón.Un día, cuando tenía doce años, estaba le-yendo el Nuevo Testamento y descubrí un textoque me intrigó. Mateo 28:1 dice: “Pasado el sá-bado, al amanecer del primer día de la semana”.Siempre pensé que el domingo era el día delSeñor, pero este versículo dice que el séptimodía es el sábado, el día santo de Dios. Les habléa mis amigos de este versículo, y lo leímos jun-tos. A ellos también les pareció que, según esteversículo, el sábado, el séptimo día de la sema-na, era el día santo de Dios.Corriendo hacia la iglesiaDecidimos visitar una iglesia adventista. Elsábado le dijimos a nuestro maestro que nues-tros padres nos necesitaban. Entonces, corrimoshacia la iglesia adventista.El servicio ya había comenzado, así que bus-camos dónde sentarnos a escuchar el sermón.Me di cuenta de que todos tenían una Biblia ybuscaban los textos que el pastor leía. Yo habíallevado mi Nuevo Testamento, y también tratéde buscar las citas. Un señor que estaba sentadocerca me ayudó. ¡Ese día aprendimos muchascosas!Acordamos que el próximo sábado iríamosmás temprano, para poder asistir también a laEscuela Sabática.Yo estaba tan emocionado por mi descubri-miento que le dije a mi mamá que había ido a laiglesia adventista.—Encontré una iglesia que enseña lo que dice23 Material adaptado y facilitado por RECURSOS ESCUELA SABÁTICA © www.escuela-sabatica.comQue sealo que seaQue sealo que seaMISIÓNADVENTISTA-DIVISIÓNAFRICANACENTRO--ORIENTAL
  • 2. 24www.AdventistMission.orgMaterial adaptado y facilitado por RECURSOS ESCUELA SABÁTICA © www.escuela-sabatica.comCápsula informativa La Universidad Adventista de Lukangatiene más de quinientos alumnos, y siguecreciendo. Es la única universidad de ha-bla francesa en África central. Aproximadamente el 40 por ciento de losalumnos en Lukanga no son adventistas. La escuela está ampliando el área de los dor-mitorios, pero también necesita más aulas,para servir al creciente número de alumnos.Parte de la ofrenda del decimotercer sába-do de este trimestre ayudará a construir unnuevo edificio de salones de clase en estainstitución.rEPÚBLIcADEMOcrÁTIcADELcONGOla Biblia —le dije.Le leí Mateo 28:1. Mamá no habló mucho,pero no parecía muy contenta.El siguiente sábado, mis amigos y yo fuimosnuevamente a la iglesia. En la clase de los niñosestaban estudiando los Diez Mandamientos.¡Cuando leimos el cuarto Mandamiento, me pare-ció clarísimo! ¿Cómo podía haber gente que nolo entendiera? Mis amigos y yo nos propusimosrecordar el sábado santo y guardarlo.Confrontación por la feEl lunes, el maestro nos castigó por haberfaltado a la escuela.—Hay tiempo para la religión después de quehan venido a la escuela —nos dijo.Más tarde, ratifiqué con mis amigos nuestrocompromiso de obedecer a Dios.Mi padre se enteró de que yo no había ido aclases para asistir a la iglesia adventis¬ta. Meadvirtió que no debía volver nunca más a esaiglesia. Pero yo había encontrado allí a Dios, ymi intención era seguir adorando en ese lugar.Dios me cuidará, pensé.El siguiente sábado, mientras mis amigos y yocaminábamos hacia la iglesia, nos encontramoscon mi papá. Inmediatamente me ordenó queme fuera a la escuela. Cuando le dije respetuo-samente que no, me pegó. A veces él sigue pe-gándome incluso antes de salir de casa, pero nohe dejado de ir a la iglesia.Un sábado, mi papá trató de matarme conun cuchillo, pero un vecino intervino y me sal-vó. En medio de la confusión que siguió, apro-veché para escaparme hacia la iglesia. Las pala-bras de Mateo 10:22 me reconfortaron: “Seréisodiados por todos por causa de mi nombre; pe-ro el que persevere hasta el fin, este será salvo”(Mateo 10:22).Mi padre finalmente me rechazó, y losmiembros de la iglesia me acogieron. A pesarde las dificultades de ese año, pude terminar laescuela con uno de los mejores promedios.Otro obstáculoEntonces, las dos escuelas del pueblo deci-dieron expulsar a los alumnos adventis¬tas. Lapresión sobre mis amigos era tan grande quedejaron de asistir a la iglesia.Yo trabajé para ayudar a pagar los gastosmientras viví con los miembros de la iglesia.Cuando cumplí 16 años, tomé la decisión debautizarme.Los miembros de la iglesia me ayudaronmuchísimo, y el pastor del distrito pagó losprimeros dos años de mis estudios de secunda-ria. Decidí, entonces, dedicar mi vida a conver-tirme en un ministro. Terminé la secundaria yactualmente estoy trabajando para graduarmecomo pastor en la Universidad Adventista deLukanga, en el oriente del Congo.Doy gracias a Dios porque varios de misfamiliares son ahora adventistas, y le pido quemis padres puedan conocer a Cristo y la mara-villosa fe que ahora poseo.También oro para que la Universidad Ad-ventista de Lukanga pueda cumplir su misióncon los jóvenes para la eternidad. 

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