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28. recibir la vida eterna

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  • 1. DOMINGO XXVIII – Tiempo ordinario Recibir la Vida Eterna Sólo Dios es Bueno «Cuando Jesús se puso en camino, un hombre corrió hacia él y, arrodillándose, le preguntó: «Maestro bueno, ¿qué debo hacer para heredar la Vida eterna?». Jesús le dijo: «¿Por qué me llamas bueno? Sólo Dios es bueno. Tú conoces los mandamientos: No matarás, no cometerás adulterio, no robarás, no darás falso testimonio, no perjudicarás a nadie, honra a tu padre y a tu madre». El hombre le respondió: «Maestro, todo eso lo he cumplido desde mi juventud». Jesús lo miró con amor y le dijo: «Sólo te falta una cosa: ve, vende lo que tienes y dalo a los pobres; así tendrás un tesoro en el cielo. Después, ven y sígueme». El, al oír estas palabras, se entristeció y se fue apenado, porque poseía muchos bienes. Entonces Jesús, mirando alrededor, dijo a sus discípulos: «¡Qué difícil será para los ricos entrar en el Reino de Dios!». Los discípulos se sorprendieron por estas palabras, pero Jesús continuó diciendo: «Hijos míos, ¡Qué difícil es entrar en el Reino de Dios! Es más fácil que un camello pase por el ojo de una aguja, que un rico entre en el Reino de Dios». Los discípulos se asombraron aún más y se preguntaban unos a otros: «Entonces, ¿quién podrá salvarse?». Jesús, fijando en ellos su mirada, les dijo: «Para los hombres es imposible, pero no para Dios, porque para él todo es posible» (Mc 10,17-27)
  • 2. DOMINGO XXVIII – Tiempo ordinario Recibir la Vida Eterna Heredar la Vida Eterna «Cuando Jesús se puso en camino, un hombre corrió hacia él y, arrodillándose, le preguntó: «Maestro bueno, ¿qué debo hacer para heredar la Vida eterna?». Jesús le dijo: «¿Por qué me llamas bueno? Sólo Dios es bueno. Tú conoces los mandamientos: No matarás, no cometerás adulterio, no robarás, no darás falso testimonio, no perjudicarás a nadie, honra a tu padre y a tu madre». El hombre le respondió: «Maestro, todo eso lo he cumplido desde mi juventud». Jesús lo miró con amor y le dijo: «Sólo te falta una cosa: ve, vende lo que tienes y dalo a los pobres; así tendrás un tesoro en el cielo. Después, ven y sígueme» (Mc 10,17-27) En el diálogo entre el hombre rico y Jesús se da una reacción de mutua decepción. Uno y otro se habían entusiasmado con sus cualidades respectivas: JESUS es un «Maestro bueno» (Mc 10,17) EL HOMBRE «ha cumplido los mandamientos desde su juventud» (10,20). Jesús lo invitó a «seguirlo» como antes había llamado a los otros discípulos a «ir detrás de él». Pero tal propuesta parece exceder la consulta del hombre, que solamente quería saber «¿qué debía hacer para HEREDAR la Vida eterna?». Es un modo de hablar propio de quien «poseía muchos bienes» (10,22), posiblemente heredados.
  • 3. DOMINGO XXVIII – Tiempo ordinario Recibir la Vida Eterna Buscando seguridades El, al oír estas palabras, se entristeció y se fue apenado, porque poseía muchos bienes. Entonces Jesús, mirando alrededor, dijo a sus discípulos: «¡Qué difícil será para los ricos entrar en el Reino de Dios!». Los discípulos se sorprendieron por estas palabras, pero Jesús continuó diciendo: «Hijos míos, ¡Qué difícil es entrar en el Reino de Dios! Es más fácil que un camello pase por el ojo de una aguja, que un rico entre en el Reino de Dios» (Mc 10,17-27) Jesús le habló en el mismo lenguaje económico al proponerle «un TESORO en el cielo» (10,21). Pero eso implicaba no sólo hacer muchas limosnas, sino la renuncia a todo para seguir a Jesús en su misma existencia carente de seguridad. Eso era mucho pedir para una persona que tenía la VIDA ASEGURADA por las posesiones y que pensaba, tal vez, que el Maestro le brindaría alguna SEGURIDAD MORAL para poseer también la vida eterna. Así es comprensible que haya preguntado: ¿qué hacer? No se esperaba un ¿a quién seguir? Jesús habla a sus discípulos de la entrada al Reino de Dios usando una imagen impresionante que muestra no sólo una enorme dificultad, sino prácticamente imposibilidad: ¡un camello pasando por el ojo de una aguja!
  • 4. DOMINGO XXVIII – Tiempo ordinario Recibir la Vida Eterna Para Dios no hay nada imposible Los discípulos se asombraron aún más y se preguntaban unos a otros: «Entonces, ¿quién podrá salvarse?». Jesús, fijando en ellos su mirada, les dijo: «Para los hombres es imposible, pero no para Dios, porque para él todo es posible» (Mc 10,17-27) Cualquier intento de suavizar la imagen distorsionaría el sentido que quiso expresar Jesús. Un CAMELLO no es una cuerda difícil de enhebrar (como algunos han querido explicar), ni «AGUJA» es el nombre de una puerta de la ciudad por la cual a un camello le cuesta pasar. La respuesta de Jesús ante la reacción de los discípulos muestra que la imagen no debe interpretarse metafóricamente: «Para los hombres es imposible, pero no para Dios, porque para él todo es posible» (Mc 10,27). También un dicho rabínico hace uso de la imagen de una aguja, pero no aludiendo al ojo de la misma, sino a la punta: «Hijos míos, entreabridme la puerta de la conversión como la punta de una aguja y yo os la abriré tanto que puedan pasar grandes carros» (Midrash Cantar Rabbá 24). Es una imagen más exagerada que la de Jesús, pero contiene la misma conclusión: nada hay imposible para Dios. Pero él cuenta con la apertura de corazón del hombre, por más pequeña que sea. La vida de los que vienen siguiendo a Jesús muestra que Dios hace posible lo que el hombre no podría por sí mismo: la transformación del corazón y el comienzo de una vida nueva.
  • 5. DOMINGO XXVIII – Tiempo ordinario Recibir la Vida Eterna Cien veces más Pedro dijo a Jesús: «Tú sabes que nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido». Jesús respondió: «Les aseguro que ninguno que haya dejado casa, hermanos y hermanas, madre y padre, hijos o campos por mí y por la Buena Noticia, que no reciba el ciento por uno desde ahora, en este tiempo, en casas, hermanos y hermanas, madres, hijos, campos, en medio de las persecuciones; y en el mundo venidero la Vida eterna» (Mc 10,28-31). Con ocasión de la llamada frustrada del hombre rico, se establece un diálogo entre Pedro y Jesús que tiene ciertas características de balance del camino recorrido. Mientras que el hombre rico no siguió a Jesús, los discípulos, con todas las deficiencias que vamos descubriendo en la lectura del Evangelio, «lo han dejado todo y lo han seguido» (Mc 10,28). ¿Hay alguna manera de experimentar ese tesoro en el Cielo que Jesús prometió para tal desprendimiento? Jesús responde con una enumeración de las POSIBLES RENUNCIAS por causa de él y por la Buena Noticia: • La «O» alternativa que separa cada uno de los elementos de la lista indica que basta haber dejado una sola de esas cosas para recibir la recompensa. Ésta, en cambio, está formada por casi la misma lista, pero con las siguientes diferencias: • La «Y» conjuntiva indica que se dejo algo, pero se recibe TODO (casa, hermanos, madre, campos). • Lo que se recibe está MULTIPLICADO por CIEN. • La Vida eterna está reservada para el futuro, pero el ciento por uno se recibe en ESTE TIEMPO. • Faltan los «padres» en la lista de la recompensa. Porque Padre hay uno solo… y está en el Cielo.
  • 6. DOMINGO XXVIII – Tiempo ordinario Recibir la Vida Eterna Vale la pena Muchos primeros serán últimos y últimos serán primeros» (Mc 10,28-31). La respuesta de Jesús evoca enseñanzas anteriores, y permite ver a los discípulos que su renuncia no ha sido en vano. • «Quien cumpla la voluntad de Dios, ése es mi hermano, mi hermana y mi madre» (Mc 3,35). Los discípulos, y Jesús mismo, dejaron su familia, y han encontrado entre los creyentes una nueva familia. • «Los sembrados en tierra buena son aquellos que oyen la Palabra, la acogen y dan fruto, unos treinta, otros sesenta, otros CIENTO» (Mc 4,20). La vida de quien sigue a Jesús se vuelve fecunda. • «Quien quiera salvar su vida, la perderá; pero quien pierda su vida por mí y por el Evangelio, la salvará» (Mc 8,35). Esta paradoja cobra sentido cuando se compara la actitud del hombre que no siguió a Jesús y aquellos que se animaron a hacerlo a pesar de las persecuciones (Mc 10,30).