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Breves comentarios acerca de la naturaleza de los valores

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    Breves comentarios acerca de la naturaleza de los valores Breves comentarios acerca de la naturaleza de los valores Document Transcript

    • LA DISCUSIÓN SÓBRE LA NATURALEZA DE LÓS VALÓRES EN EL PENSAMIENTÓ CÓNTEMPÓRANEÓ Dr. Roberto Zamora H. Desde los orígenes de la Axiología como disciplina derivada de la filosofía dedicada al estudio de los valores, se han planteado algunos problemas que a su vez han generado una gran cantidad de opiniones en la literatura sobre el tema, verbigracia el problema del conocimiento de los valores, la realización de los valores, el de la libertad moral, entre otros. Sin embargo, es el problema de la existencia de los valores (Albornoz, 1997), el que acapara la atención en esta materia, pues en él se discute la naturaleza de los valores, principalmente desde la dicotomía entre las tendencias subjetivistas y las objetivistas. Subjetivismo Axiológico En esta perspectiva teórica se ubican aquellos que consideran que el valor no está en el objeto, en virtud de que el origen y fundamento de los valores se encuentra en el sujeto que valora, dependiendo en consecuencia del interés que suscita y determinado por aquello que nos agrada, por lo que se identifican con el pensamiento del austríaco Alexus Meinong (1853 -1920) No obstante, la tendencia anterior, seguida por Frondizi (citado por Seijó, 2009), encuentra una bifurcación en los planteamientos del Complutense Reyero García (2001) quien se adhiere a la posición de Cristian Von Ehrenfels (1859-1932), compatriota de Meinong enunciando que “las cosas son valiosas porque las deseamos y apetecemos y, en este sentido, el valor se relaciona tanto con lo existente como con el objeto ausente o inexistente” (p.115). Algunas posturas, sintetizan los planteamientos anteriores al señalar que el subjetivismo toma como criterios frente a los valores el placer, el deseo y el interés, tal como lo expresa Rico García (2012) en el sentido de que “las cosas son valiosas
    • por que producen placer, se les desea o son del interés del sujeto”, por supuesto reconociendo la existencia de intereses, deseos y placeres dañinos que devienen en inmorales y perversos. Por otra parte, aunque enmarcados en el mismo subjetivismo axiológico pero desde una visión neokantiana de la naturaleza de los valores, otros pensadores asumen el valor como una idea, pues éstas tienen un rol superior que los estados de placer o dolor en la conducta de los seres humanos, aclarando que no se trata de las ideas particulares de cada persona, “sino de las que rigen el pensamiento de todos los hombres” (Marín en Seijó, 2009). Objetivismo Axiológico Como tendencia opuesta al subjetivismo, impulsada por los pensamientos de los alemanes Max Scheler (1874-1928) y Nicolai Hartman (1882-1950) el objetivismo axiológico destaca la independencia de los valores respecto del sujeto, pues éste se limita únicamente a captarlos, a descubrirlos, en virtud de que los valores dependen del objeto y en consecuencia tienen un carácter inmutable y absoluto, dado que la relatividad se vincula solo con el conocimiento que los seres humanos tienen de los valores. Sin embargo, dentro del objetivismo axiológico, se distinguen claramente dos enfoques: el fenomenológico y el enfoque realista. Dentro del primer enfoque, en la etapa contemporánea destacan los trabajos de Méndez (2001) y dentro del segundo enfoque, las investigaciones y aportes de Marín (1993). En efecto, desde la primera postura se plantea que los valores tienen carácter objetivo y constituyen cualidades irreales que se asocian a las cosas y por tanto son absolutos, ideales e independientes de las cosas o de las estimaciones. De esta forma, no pueden confundirse con el sujeto que realiza la valoración ni tampoco con las cualidades físicas pertenecientes a los objetos, es decir, se distancian del mundo de lo real pero a su vez conservan objetividad y consistencia propias. Por el contrario, desde el segundo enfoque, se identifican los valores con los bienes, pues se sostiene que los valores solo existen en lo real y con fundamento en
    • que todo lo real es valioso, afirman que todo tiene un valor, aunque todo no tenga el mismo valor, por ejemplo “El valor se encuentra en todo lo que nos rodea: la belleza aunque ideal se manifiesta y se realiza en lo existente” (Marín, citado por Seijó, 2009). Ciertamente, a los fines de ilustrar la dicotomía que se evidencia entre subjetivismo y objetivismo, producto de la extensa literatura existente sobre el tema, resulta pertinente examinar la comparación presentada en el siguiente cuadro: CRITERIO COMPARATIVO Noción Existencia Relación con la valoración Carácter Esencia Fundamentos Cuestionamientos AXIOLOGÍA SUBJETIVISTA Son cualidades, hábitos o conceptos que dependen del sujeto que las percibe Dependiente del Sujeto que valora Depende de la valoración Relativo, particular, cambiante. Depende de las condiciones culturales, contextuales o históricas Es valioso porque es deseable. Discrepancia, Constitución Biológica e Interés 1.- No consideran las propiedades del objeto que pueden provocar la actitud valorativa del sujeto 2.- La valoración del sujeto no es un acto exclusivamente individual y síquico Fuente: Sañudo, 1998 y Ruíz, 2012. AXIOLOGÍA OBJETIVISTA Son Cualidades irreales asociadas a las cosas Independiente del Sujeto que valora Es anterior e independiente de ella Absoluto, universal e inmutable Es deseable porque es valioso Independencia: Son supra temporales, son extra territoriales y extra históricos 1.- Supedita la existencia del bien al valor 2.- Se olvida que todos los valores que conocemos tienen- o han tenido- sentido en relación con el hombre, y solamente en esta relación.
    • Visiones Intermedias sobre la Naturaleza de los Valores En estos enfoques se inscriben aquellos cuyo pensamiento se orienta a considerar caracteres tanto objetivos como subjetivos de los valores. Para Sañudo (1998) “el subjetivismo tiene razón al afirmar que no es posible separar el valor de la valoración, pero es importante aceptar, del mismo modo, que el sujeto aprende los valores que son preexistentes y son socialmente deseados, decididos y propuestos” (p. 6). Otros planteamientos apuntan hacia la existencia de tres componentes de los valores, el primero cuasi-objetivo vinculado con una norma de carácter universal, inmutable, preexistente al sujeto y socialmente aceptada; un segundo elemento de índole subjetiva producto de una construcción consciente que simboliza opciones personales de vida, particulares, sustentadas en una moral autónoma. Por último, se aprecia un componente intersubjetivo que implica el reconocimiento del otro y por tanto es discutido, compartido y contextualizado. En términos similares, González Maura (2010) concibe los valores desde una perspectiva relacional cuya naturaleza es compleja y en consecuencia: Impide reducirla a una determinación objetiva o subjetiva, toda vez que los valores sólo pueden existir en la relación sujeto-objeto y por tanto tienen al mismo tiempo un carácter individual y universal. Esta concepción reconoce la necesaria relación entre sujeto y objeto en la comprensión de la naturaleza de los valores. El valor es la significación que se atribuye a un objeto a través de un proceso, el proceso de valoración, que es realizado por un sujeto. Por tanto, los valores existen en la realidad como significación atribuida (existencia objetiva) y en la subjetividad como proceso valorativo (p.2). Ahora bien, en mi opinión, y en especial dentro del ámbito educativo resulta imprescindible superar las tensiones entre axiología subjetivista y objetivista, orientándonos hacia la construcción de un enfoque caracterizado por la inseparabilidad entre sujeto y objeto, quienes en una relación dialógica y por tanto compleja, construyen escalas de valores particulares y reconocen los valores
    • socialmente necesarios para la vida en comunidad, pasando por el ineludible reconocimiento de los sujetos con quienes interactúa. La Universalidad de los Valores Inicialmente, es pertinente formular una aproximación a la noción de valor universal, por lo que es conveniente examinar el criterio expuesto por Sen (2002): Para que un valor sea universal, ¿debe tener el consentimiento de todos? Sí ello fuese necesario, entonces la categoría de los valores universales estaría vacía. No conozco ningún valor al cual alguien no haya alguna vez objetado. Argumentaré que el consentimiento universal no se requiere para que algo sea un valor universal, sino que la demanda de universalidad se desprende del hecho que la gente en cualquier lugar puede tener razones para considerarlo de valor. Desde esta perspectiva, el carácter universal de un valor no exige el consentimiento de todos los seres humanos en todos los rincones del planeta, se trata de que en cualquier lugar del mundo un determinado valor pueda ser asumido por la gente como tal. Por su parte, respecto de los valores universales, Padilla y otros (2009), hacen referencia a una serie de principios éticos universales surgidos a partir del reconocimiento de la dignidad de los seres humanos y de la necesaria convivencia entre ellos. En efecto, se trata de aquellos valores que generan un bien moral traducido en respeto y perfeccionamiento de la condición humana. No obstante, la aludida universalidad de tales principios o valores y su carácter común, inherente a todo ser humano no debe entenderse como la negación del respeto a la diversidad, la multiculturalidad, creencias, religiones y otras manifestaciones sociales. Por supuesto, tales valores deben trascender lo político, lo social, lo religioso y las normas deontológicas de las profesiones, pues estas expresiones no deben suplantar ni deformar la autoridad que dichos principios tienen en la conciencia de los individuos, ya que resulta imprescindible “vivirlos personalmente y promoverlos colectivamente” (Padilla et al, 2009).
    • De allí que, en mi criterio, valores universales fundamentales como el bien común y la justicia social recogidos ampliamente en numerosas normas jurídicas, verbigracia la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela (1999), solo podrán formarse y consolidarse a partir de una firme ética individual integradora de valores fundamentales, que se evidencie en la conducta tanto de administradores como de los administrados, de los gobernantes y del resto de los ciudadanos. Educación, Valores y Derechos Humanos La triada proceso educativo, formación en valores y derechos humanos o fundamentales, posee importancia capital para alcanzar una cultura de la paz y de convivencia entre los seres humanos, independientemente de las particularidades propias de cada cultura o grupo social. Efectivamente, es desde el proceso formativo de una auténtica educación, que pueden consolidarse valores universales como la solidaridad, la justicia y el bien común siempre en respeto de aquellos valores particulares de una cultura determinada, por lo que uno de los objetivos de la educación debe consistir en “reconocer y asimilar aquellos valores que pueden entenderse como universalmente deseables…” (Sánchez Fernández, 2000, p.9). Asimismo, entre valores éticos y educación se evidencia una íntima relación bilateral, pues desvinculada de los valores, la educación no pasaría de ser un simple proceso informativo en el cual los estudiantes son recipientes que deben ser saturados de información por los docentes. Por su parte, los derechos humanos constituyen una jerarquización de los valores universalmente consensuables, susceptibles de acuerdos y por ello los derechos humanos representan la ética del consenso. Así también, la educación en derechos humanos, a través de una formación sustentada en valores democráticos, verbigracia la libertad, justicia, igualdad, pluralismo, participación, representan la piedra angular de la convivencia social. Por los razonamientos precedentes, siendo la educación a su vez un derecho fundamental se erige como un elemento indispensable para el ejercicio y la
    • protección de los derechos humanos, además de su condición especial para la justicia, la paz y el desarrollo de los pueblos. Ciertamente, como expresa Sánchez Fernández (2000): La escuela no puede vivir a espaldas de esta realidad, adhiriéndose a un sistema de valores rígido, propio de una cultura cerrada, que imposibilite el diálogo y la comunicación con quienes pertenecen a otras culturas o se conducen por otro sistema de valores. Ni tampoco mantenerse neutral o indiferente al mundo de los valores, por el contrario debe promover aquellos que en su propia cultura favorezcan la apertura al diálogo, el aprendizaje de la tolerancia, trabajar cooperativamente y desde las diferencias (p.12). En ese mismo sentido, el autor en referencia expresa algunos importantes objetivos que debe asumir el proceso educativo: a) Preparar a los individuos para la libertad, la autonomía y la responsabilidad individuales; b) Desarrollar la capacidad de reconocer y aceptar los valores que existen en la diversidad de los individuos, sexos, pueblos y culturas, y desarrollar la capacidad de comunicar, compartir y cooperar con los demás; c) Desarrollar la capacidad para resolver conflictos por métodos no violentos y d) Asumir e implementar estrategias para la clarificación de los valores ayudando a los estudiantes a escoger libremente sus valores entre distintas alternativas, sopesar las consecuencias de cada elección, apreciar, compartir y afirmar públicamente los valores. En consecuencia, sobre la educación y sus protagonistas descansa la pesada carga de asumir la formación y consolidación de valores universales y su conciliación con los particulares, rol decisivo reconocido por el artículo 3 Constitucional al señalar que la educación y el trabajo son los medios fundamentales para lograr los fines del Estado Venezolano, siempre en el marco de “un Estado Democrático y Social de Derecho y de Justicia” (art. 2, ejusdem).
    • MATERIALES DE REFERENCIAS Albornoz, J. (1997). Ética para Jóvenes. Caracas: Vadell Hermanos Editores. Constitución de la República Bolivariana de Venezuela. (1999). Gaceta Oficial, Extraordinario 36.860, Diciembre 30 de 1999. González Maura (2010) ¿Es posible educar en valores en la Universidad? Documento en Lìnea : Disponible http://www.neurocapitalhumano.com .ar/shop/detallenot.asp?notid=219 Marín, R. (1993). Los valores, objetivos y actitudes en educación. Valladolid: Miñon. Méndez, J. (2001). ¿Cómo educar en valores? Madrid: Síntesis. Padilla, M., y otros (2009). Declaración de principios en torno a una ética universal. Documento en Lìnea: Disponible: http://www.eticauniversal.net/2009/05/ declaracion-de-principios-en-torno-una.html Reyero García D. (2001). “El valor educativo de las identidades colectivas: cultura y nación en la formación del individuo”. Revista española de pedagogía, 218, (enero-abril), pp. 105-120. Rico García, R. (2012) Critica al Subjetivismo y Objetivismo Axiológico. Artículos del Dr. Rafael Rico García Rojas presentados en el diplomado en Bioética de la UNAM en el Antiguo Palacio de Medicina en la Cd. de México en septiembre de 2012 Ruíz, G. (2012) El Problema de la Esencia del Valor. Apuntes de Clases. Sánchez Fernández, S. (2000). Derechos Humanos en el Aula. Documento en Línea: Disponible: 213.0.8.18/portal/Educantabria/RECURSOS/Materiales /.../DDHH_aula.pdf Sañudo, L. (1998) Valores y Calidad en la Educación. Sinéctica 12 ene.jun/1998 Seijó (2009) Los valores desde las principales teorías axiológicas: Cualidades apriorísticas e independientes de las cosas y los actos humanos. Economía, XXXIV, 28 (julio-diciembre, 2009), pp. 145-160 ISSN 1315-2467, Depósito legal pp: 198702me336 Sen, A. (2002) La democracia como valor universal. Documento en Línea: Disponible: http://www.analitica.com/va/economia/opinion/5192428.asp