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  • 1. NIETZSCHELa filosofía de Nietzsche es polémica y crítica en grado sumo, hasta el punto de que solo secomprende adecuadamente sí se sabe contra quién arremete en cada caso. No en vano, esconsiderada una crítica de toda la tradición platónico-cristiana occidental. Con esto queda dichoque son muchos sus «enemigos»: Parménides, Sócrates, Platón, Kant, el cristianismo, el socialismo,etc.Ahora bien, el rechazo de la «razón especulativa» habría de dar paso a una «manera noble devalorar» que no menoscabe ni fabrique aparatosos subterfugios frente a la vida en su constantedevenir. En este sentido, el pensamiento de Nietzsche afirma lo múltiple frente a lo uno-estático delas filosofías dogmáticas. La transvaloración de los valores lleva consigo, así pues, una nuevainterpretación de la realidad, de la verdad y del hombre. 1. LA CRÍTICA DE LA TRADICIÓN OCCIDENTALEl objeto de la crítica nietzscheana nos lo desvela el propio Nietzsche en el prólogo a su libro Másallá del bien y del mal: la filosofía dogmática, entendiendo por tal -con respecto a Europa- elplatonismo. Platón, a juicio de Nietzsche, instauró el error dogmático más duradero y peligroso: el“espíritu puro” y el “bien en sí". El platonismo, en efecto, significa poner cabeza abajo elperspectivismo, que es la condición fundamental de toda vida. Por ello, junto a la crítica de latradición platónico-cristiana y del error ontológico-moral que la sostiene, Nietzsche presenta supropia ontología.Siguiéndolo a él mismo, podemos estudiar tres directrices en su crítica: crítica de la moral, críticade la metafísica tradicional, en sus aspectos ontológico y epistemológico, y crítica de lasciencias positivas.La crítica de la moralEn este aspecto de su crítica, Nietzsche se refiere a la moral como «contranaturaleza», es decir, a lamoral que se opone a la vida, que establece leyes o decálogos contra los instintos vitales. La crítica dela moral platónico-cristiana señala que la moral contranatural, es decir, la moral enseñada hasta ahora,se dirige contra los instintos de la vida, es una condena —a veces encubierta— de esos instintos.La base filosófica de la moral contranatural es el platonismo: el mundo de las ideas acabóconvirtiéndose en la metafísica cristiana. En efecto, esta moral pone el centro de gravedad del serhumano no en esta vida, sino en la otra, en el mundo de las ideas, en el más allá. Nietzsche no en-cuentra palabras suficientemente duras para calificar lo que denomina a veces -complot delcristianismo»: "La vida acaba donde comienza el reino de Dios» (Crepúsculo de los ídolos. AlianzaEditorial, Madrid, 1973, p. 57).De forma que la moral, como juicio valorativo sobre la vida, según ha sido enseñada e impuestacomo «norma de conducta» en Occidente, no es sino un síntoma de decadencia, de nihilismo; unjuicio, en fin, negativo, por ser antitético a la vida misma (tal y como la entiende Nietzsche). Loparadójico de este juicio negativo es que se justifique en Dios y no en el hombre. Por ello, la moralcomo contranaturaleza tiene un primer objetivo: demostrar la voluntad libre del ser humano.Aquí entra en escena el planteamiento moralista del cristianismo: «Los teólogos [...], con elconcepto de orden moral del mundo”, continúan infectando la inocencia del devenir por medio del"castigo" y la "culpa"" (ib., p. 69). Para pecar y ser culpables, hemos de estar capacitados mo-ralmente, es decir, ser libres. 1
  • 2. Lo que en sustancia se critica aquí es la idea de un orden moral del mundo que, a modo de guía,sirva para dirigir la historia del ser humano; pero se apunta, además y especialmente, hacia latrascendencia de ese orden como algo externo al hombre: este tiene órdenes, metas, leyes, peroson propias, inmanentes, parciales y humanas. Una guía absoluta, como propone la moraltradicional, solo es posible si imaginamos a alguien fuera del mundo, fuera de la vida; pero estaidea es la imagen trasnochada de la moral cristiana, cuyo resentimiento hacia la vida le haobligado a buscar justificaciones exteriores a la propia vida, leyes no de este mundo, sinodel más allá, del mundo de las ideas.Como ese orden moral del mundo no viene dado por el ser humano, no nos llega de lahistoria, sino de Dios. Nietzsche combate esta idea con la tesis siguiente: si Dios ha sidohasta ahora la gran objeción contra la vida, contra la existencia, nosotros negamos a Dios,negamos la responsabilidad ante Dios; de esta forma "redimimos» el mundo. El ser humanono necesita de Dios para saberse libre de origen, siempre lo ha sido y siempre lo será,porque el mundo no tiene ninguna ley trascendente que lo obligue.Nietzsche es, pues, el gran critico de la moral antinatural, que él identifica, a grandes rasgos,con la moral tradicional. Nietzsche solía llamarse «inmoralista», pero no porque fueraamoral; su moral va por caminos muy diferentes a los del cristianismo, pero no deja detener una moralidad: la exaltación de la vida en su completo desarrollo, en su creatividady destrucción naturales, en el originario devenir del ser.La crítica de la metafísicaLa crítica ortológica de la metafísicaLa metafísica tradicional se asienta en un error básico: la creencia en la antítesis de losvalores. Los filósofos dogmáticos han creído siempre que las cosas de valor supremo tienenun origen propio, que no pueden derivar en absoluto de este mundo terreno y efímero,sino que vienen directamente de Dios, del «otro mundo». Para justificar una serie de va-loraciones, el filósofo -dice Nietzsche-, inventa un mundo distinto de éste que, por tanto,tiene categorías totalmente contrapuestas.La ontología tradicional es estática, porque considera el ser como algo fijo, inmutable.Por otra parte, ese ser no se deja ver tal como es en realidad en este mundo, donde todoes apariencia y falsedad de los sentidos, sino que tiene su propio mundo: lo que elhombre conoce del ser es mera apariencia. Y como sabemos que nuestro mundo esirreal, debemos buscar en el otro» para encontrar la verdad. El filósofo dogmático sededica, dice Nietzsche, a buscar, a indagar, a «especular», por encima del movimiento delmundo, porque piensa que el ser del mundo no se puede estudiar en el torbellino de estavida, que es, para él, causa de error.Esta separación entre ser real y aparente es ya un juicio valorativo sobre la vida: un juicionegativo, porque da más importancia al mundo de las ideas (real), que al mundo de lossentidos (irreal, aparente). Mas, en realidad, no hay un mundo aparente y otro verdadero,sino el devenir constante del ser creando y destruyendo el único mundo existente.Esto lo veremos más adelante; ahora nos interesa insistir (como se hizo en la crítica a lamoral) en la negación absoluta de todo tipo de ontología que implique menosprecio por lavida. La ontología tradicional se basa, a juicio de Nietzsche, en los prejuicios de los filósofoscontra algunas manifestaciones vitales, como el horror a la muerte, a la vejez, al cambio, a la pro-creación, etc. (Crepúsculo de los ídolos, ed. cit., p. 45).La ontología está estrechamente relacionada con la moralidad; por ello, Nietzsche emparentó la 2
  • 3. división del mundo en real y aparente, propia del platonismo con la moral contranatural, que ve en los sentidos una causa de perdición, característica del cristianismo. Este problema se ahonda y se clarifica al mismo tiempo con estas cuatro tesis sobre la falsa concepción tradicional del ser:1) «Las razones por las que este mundo ha sido calificado de aparente por el metafísicofundamentan, antes bien, su realidad; otra especie distinta de realidad es absolutamenteindemostrable" (ib., pp. 49, 50). Al hablar de «razones», Nietzsche se refiere a las categorías através de las cuales la razón humana cree aprehender el ser, tales como unidad,identidad, causalidad, finalidad, etc.La tradición metafísica occidental toma como verdaderos los principios y los conceptos de larazón sin darse cuenta de que, en su apariencia "lógica” y comprensiva de la realidad, no tienenotra función que servir a la necesidad que tiene el ser humano de sobrevivir en un mundo en de-venir. Necesitamos las categorías de la razón porque, gracias a ellas, podemos vivir con cierto-reposo, seguridad y calma» (Nietzsche, F.: El libro del filósofo, I, 90 y 91; III, en general.Taurus, Madrid, 1974), haciendo frente así al devenir constante del mundo.2)«Los signos distintivos que han sido asignados al "ser verdadero" de las cosas son los signosdistintivos del no-ser, de la nada» (Crepúsculo de los ídolos, ed. cit., p. 50). Esto quiere decir que elllamado mundo verdadero se construye en oposición al mundo aparente, de los .sentidos,siempre cambiante. Pero esta contraposición no es más que una «ilusión óptico-moral»: unaontología basada en la creencia de que el devenir del ser es un error de nuestros sentidos acuña,precisamente, sus categorías más fundamentales a costa del no-ser, de la negación del devenir; sejustifica en un mundo donde la realidad cambiante ha sido «cosificada» mediante los conceptos.3)«Inventar fábulas acerca de "otro" mundo distinto de este no tiene sentido, presuponiendo queno domine en nosotros un instinto [...] de recelo frente a la vida- (ib., p. 50). Aquí se descubrela intención de Nietzsche: el problema de fondo no es otro que el nihilismo, conse-cuencia de la perspectiva estática acerca del ser.Inventar otro mundo no tiene sentido si no se pretende que sea mejor que este que pisamos, lo cuales propio de una actitud de resentimiento hacia la vida. La sintomatología nihilista empieza con elrecelo frente a la vida: se duda del valor de la vida y se inventa otro mundo como finalidad de este.Nietzsche afirma que de este modo «tomamos venganza de la vida».4) «Dividir el mundo en un mundo "verdadero" y en un mundo "aparente", ya sea al modo delcristianismo, ya sea al modo de Kant [...] es un síntoma de vida descendente» (ib., p. 50).Ambas opciones separan lo real de lo aparente, y Nietzsche se apoya en esta interpretación paraexplicar su propia ontología.Tanto el cristianismo, con su ascendiente platónica, como el kantismo son síntomas de unavoluntad de poder negativa. La necesidad de racionalizar el devenir es lo que nos obliga ainventar ficciones lógicas y modelos de conocimiento que nos permitan la estabilidadfrente al carácter caótico del mundo.Las categorías o los conceptos con los que comprendemos e interpretamos la realidad como serson, dice Nietzsche, ficciones convencionales con fines de designación, mas nunca de aclaración.Nosotros, humanos, somos quienes creamos -impulsados por la voluntad de poder-, todas lascategorías existenciales; por eso, los filósofos se han dedicado hasta ahora a «momificar» eldevenir del ser a través de conceptos, que solo sirven para etiquetar.Además, si existe un mundo real y otro aparente, también habrá un ser humano real y otro aparente.Según Nietzsche, la propia ontología platónica, que niega el devenir del ser, ha puesto los mediosadecuados para que el espíritu acaricie la idea de un orden moral sobrenatural; de esta forma, seniega el primitivo carácter de "inocencia» que tenía el mundo y se hace al hombre dependiente de un 3
  • 4. principio superior a él mismo, bien sea Dios, bien sea la razón, bien sea la ciencia o la historia.La crítica epistemológica de la metafísicaHasta ahora, hemos visto solo la crítica general a la ontología, es decir, cómo se ha caído en la falsainterpretación de la realidad del ser. Pero Nietzsche no critica desde fuera de la razón: explica lagénesis de las categorías, que comportan el mayor obstáculo para la interpretación de la realidadcomo devenir, conceptos que, por ello, serán puestos en tela de juicio. Realidad y conceptoToda palabra se convierte en concepto desde el momento en que deja de servir justamente parala vivencia original, única e individualizada, a la que debe su origen. Se pretende que el conceptosirva para expresar y significar una multiplicidad de cosas o realidades individuales que,rigurosamente hablando, dice Nietzsche. -nunca son idénticas- (Sobre verdad y mentira ensentido extramoral, en Nietzsche. F.: Antología. Península, Barcelona, 1988, p. 44). El concepto«hoja», por ejemplo, se ha formado prescindiendo arbitrariamente de las diferenciasindividuales, provocando la representación universal de «hoja» como si en la naturaleza hubieraalgo fuera de las hojas individuales, una especie de forma original que sirviera de modelo para co-nocer todas las hojas. Se refiere ahí Nietzsche a la función del platonismo en la génesis de losconceptos y el subsecuente proceso de sustantivación y reificación.La verdad, entonces, no es más que un conjunto de generalizaciones, ilusiones que el uso y lacostumbre han venido imponiendo, y cuya naturaleza desconocemos: -metáforas que se hanvuelto gastadas y sin fuerza sensible, monedas que han perdido su imagen y que ahora ya no .seconsideran como monedas, sino como metal» (ib., p. 45).El proceso de formación del concepto va desde la sensación hasta el producto como tal. Se pasade la sensación a la imagen mediante metáforas intuitivas, y de la imagen al concepto a través de la«fijación», producida por la costumbre, de una metáfora o conjunto de metáforas.Se niega, pues, todo tipo de proceso lógico en la formación de los conceptos, y esta «acción»-dice Nietzsche- es lo racional, producido por la capacidad de abstracción que tiene el serhumano: en primer lugar, generaliza las impresiones, las convierte en conceptos, y después,refiere a ellos su vida misma (conocimiento y moral aparecen conjuntamente).Gracias a esta abstracción, el ser humano puede hacer frente al devenir, que lo arrastraría deintuición en intuición sin posibilidad de supervivencia, creando un orden piramidal por castas ygrados, un mundo nuevo de leyes, privilegios, subordinaciones y -sobre todo—, "fijaciones delímites”; un mundo totalmente contrapuesto al primitivo de las primeras intuiciones.El olvido de la naturaleza metafórica del concepto no solo ayuda a representar un grupo de cosas,sino también a poner en él su mismísima forma o eidos. El conocimiento usa los conceptos comoejes de coordenadas de la realidad. En efecto, la tradición occidental supone que el conceptono recorta arbitrariamente las articulaciones de la realidad; por el contrario, afirma que lasformas de la realidad corresponden exactamente a los conceptos (categorías) que la mentehumana ha ido forjando.Nietzsche pone en duda que los conceptos aprehendan la verdadera realidad del ser, que esdevenir y cambio. Existiría la Verdad (con mayúsculas) si fuese posible una percepción exacta.Pero esto es imposible en opinión de Nietzsche, porque entre el mundo del sujeto y el del objetono caben correspondencias lógicas (causalidad, finalidad, etc.). Solo es posible uncomportamiento «estético», que se sabe creativo y efímero.A través de las palabras y de los conceptos no se llega nunca a penetrar en el origen de las cosas; 4
  • 5. ni siquiera -afirma- las formas puras de la sensibilidad y de la inteligencia (el espacio, el tiempo, lacausalidad, etcétera) pueden proporcionarnos jamás nada que se aproxime a una verdad eterna.Realidad y lenguajeLa relación entre filosofía y lenguaje es fundamental. Los conceptos filosóficos se desarrollan enrelación mutua y siempre forman parte de algún sistema conocido. Hasta los filósofos másdiversos cumplen una y otra vez un cierto «esquema básico- de filosofías posibles; algo existenteen los conceptos los va empujando a sucederse en un determinado orden, el que impone elparentesco entre ellos. El filósofo no ha de perder de vista esto, y debe, más que descubrir,-reconocer», recordar los orígenes, las primeras piedras de los sistemas filosóficos.¿Dónde está ese origen, esa matriz del pensamiento? Nietzsche piensa que hay un centro comúnque predispone hacia cierto esquema filosófico básico: «la común filosofía de la gramática»,que no es sino el «dominio y la dirección inconsciente ejercidos por funciones gramaticalesidénticas» (Nietzsche, F: Más allá del bien y del mal. Alianza Editorial, Madrid, 1972, p. 42), quehacen que la estructura del sistema se halle dada de antemano en el propio lenguaje. Y viceversa:cada estructura gramatical limita el campo de interpretación, las posibilidades deconceptualización del mundo.Por ejemplo, los filósofos del área lingüística uralo-altaica (en la que el concepto de sujeto estápoco desarrollado) interpretarán probablemente el mundo de forma distinta a la de lospensadores del área lingüística indo-germánica o musulmana. Esto no quiere decir queNietzsche identifique sin más pensamiento con lenguaje, porque las funciones filosóficasgramaticales apuntan hacia algo fuera del lenguaje y del propio pensamiento, las propiascosas, el mundo en que nos movemos. En última instancia, las funciones filosóficas gramati-cales son «juicios de valor fisiológicos y [...] condiciones raciales» (ib., p. 42).Otra cosa es el modo de solución «formal» que se establezca entre cada filosofía y sucorrespondiente esquema lingüístico. Parecería que cada sistema como tal está condicionado porla funcionalidad de su gramática, pero Nietzsche duda de esa formalización apriórica dellenguaje que la costumbre santifica, y se pregunta si no estaremos siendo «engañados»precisamente por el propio lenguaje. «La razón en el lenguaje: ¡Oh, qué vieja hembraengañadora...! Temo que no vamos a desembarazarnos de Dios porque continuamos creyendo enla gramática» (Crepúsculo de los ídolos, ed. cit., p. 49).La crítica de las ciencias positivasNietzsche critica la ciencia positiva porque es una matematización de lo real. Esta matematizaciónno nos ayuda a conocer las cosas, sino solo a establecer una relación cuantitativa con ellas.Nietzsche habla en El gay saber de los mecanicistas -a los que pone a la misma altura que a los posi-tivistas- de forma despectiva, y dice que su metodología científica se basa en el número, en lacantidad. La pura determinación cuantitativa de las cosas tiende a anular las diferencias querealmente existen entre ellas, ya que el modelo matemático de la naturaleza se basa en la cantidad,no en la cualidad propia de cada cosa, y tiende a la igualación de todas ellas.Para Nietzsche, el querer reducir todas las cualidades a cantidades es un error y una locura.Supongamos, dice, que alguien quiera apreciar el valor de una pieza musical según lo que de ellapudiera ser pesado, contado, calculado, etc.; semejante apreciación científica de la música resultaríaenteramente absurda. Igual ocurre con la relación dogmática entre el devenir del ser y el modelomatemático de la naturaleza.Esta metodología está guiada por un imperativo y un criterio de valoración: "Allí donde el hombreno tiene ya nada que ver y que agarrar, tampoco tiene nada que buscar» (Más allá del bien y del 5
  • 6. mal, ed. cít., p. 35).¿Qué es para nosotros una ley de la naturaleza, física o química? No es algo que conozcamos en sí,afirma Nietzsche, conocemos solo sus efectos, es decir, su relación con otras leyes de la naturaleza,que, a su vez, solo aparecen como suma de relaciones. Nos resultan totalmente incomprensibles encuanto a su esencia, y, de hecho, lo único que conocemos de ellas es lo que nosotros aportamos:«el tiempo, el espacio, es decir, relaciones de sucesión y números». Lo que admiramos en las leyesde la naturaleza, lo que reclama nuestra atención y podría inducirnos a desconfiar del idealismo, seencuentra únicamente en la rigidez matemática y en la inviolabilidad de las representacionesdel espacio y del tiempo, representaciones que el ser humano produce con la misma necesidadcon que la araña segrega y construye su tela.Nietzsche no ataca la ciencia en sí, sino una metodología determinada (el mecanicismo y elpositivismo de su época). Este método se relaciona con la metafísica tradicional porque se inspiradirectamente en la lógica, reductora de las diferencias, es decir, en la ontología que trata el devenir delser como si fuera una apariencia. Se consuma el proceso de matematización de la realidad en elmomento en que arbitrariamente prescindimos de las cualidades propias de las cosas, ya que elmodelo matemático apunta a la estabilización formal de las relaciones entre mundo y hombre. Peroeste tipo de relaciones no pueden ser más que formales, esto es, externas. La ciencia investiga elcurso de la naturaleza, pero nunca puede dar una orden al hombre. La ciencia solo conoce cantidad ynúmero; nada sabe de la pasión, de la fuerza, del amor, del placer, etc.; además, ni la física ni laquímica ni las matemáticas explican al ser humano: es este quien explica aquellas. Así, la ciencia-conocimiento antropomórfico- está muy lejos de poder hacer juicios valorativos sobre la vida y, portanto, tampoco puede ofrecernos nada que se parezca a una ley moral vinculante.2. EL NIHILISMO Y SUS FORMAS1) El nihilismo no es una doctrina filosófica, sino un movimiento histórico peculiar de la culturaoccidental. No se trata de un fenómeno parcial ni de una edad concreta, sino de la esencia detodo un destino: el de los pueblos occidentales. La meditación sobre el nihilismo toma comoobjeto lo sucedido con la verdad del mundo suprasensible y las relaciones de esta con la esenciadel hombre.La frase «Dios ha muerto», acuñada por Nietzsche, nos revela la esencia de este pensamientosobre la historia de Occidente. «Dios ha muerto» significa que, al quitarle al mundo suprasensible lapretendida función ordenadora de nuestras existencias, nos hemos quedado sin brújula, sin sentidoque darle a esta vida. Si Dios, como síntesis del fundamento suprasensible y origen de todo lo real,ha perdido toda su fuerza obligatoria y, sobre todo, «constructiva», es obvio que el ser humano haperdido totalmente la orientación en el mundo.Ahora bien, pensar a fondo la esencia del nihilismo no es otra cosa que repensar hasta sus últimasconsecuencias la propia metafísica, entendida no como platonismo o como otro sistema filosófico,sino como armazón fundamental de lo existente.2) El nihilismo tiene dos caras: una negativa, como esencia de la tradición platónico-cristiana,que explica la crítica destructiva de la tradición occidental, y otra positiva, porque el nihilismo -es decir, la reflexión acerca de él- supone el reconocimiento de las condiciones que hanllevado a Occidente a ser nihilista; en este sentido, es como se alumbran los intentos porescapar del nihilismo.Nietzsche no solo pensó, sino que padeció las consecuencias del nihilismo, como europeo del sigloXIX; por esta razón, el propio pensamiento nietzscheano refleja los tres grandes «momentos»:a)Nihilismo como consecuencia inmediata de la destrucción de los valores vigentes hastaentonces: es el momento de la tremenda duda, de la desorientación radical y de la pérdida de 6
  • 7. sentido.b)Nihilismo como afirmación del propio proceso nihilista en tanto que consecuencia necesariadel pensamiento platónico-cristiano: es el momento de la reflexión, del distanciamiento con respectoa esta tradición.c) Nihilismo como punto de inflexión hacía una nueva perspectiva del ser y del hombre: es elmomento de la nueva valoración de la vida, de la esperanza; la gran «aurora». Este tercer aspectodel nihilismo es recorrido no por la reflexión racional, sino por algo instintivo, que Nietzschedenomina «voluntad de poder».Con el nihilismo como objeto del pensamiento del hombre que trata de superar ese estado, seabren precisamente las puertas hacia una nueva ontología y una nueva antropología. Pero antes deentrar en ese terreno, debemos señalar, a modo de resumen, qué significa Dios en la famosa frase«Dios ha muerto».3) Lo que ha muerto es el Dios de los metafísicos, el Dios monoteísta. Según Nietzsche, elmonoteísmo de la razón (dogmatismo) obliga a descartar otras razones, otros «dioses». Elnihilismo conlleva la opción por lo uno, por una única dirección de conciencia, porque se creeque verdaderamente existe un sentido superior, sobrenatural, que guía al hombre a través de larazón.Los otros dioses son los que antaño venerara el politeísmo: dioses múltiples, contradictorios, enlucha eterna; de ahí que «lo divino» no sea para Nietzsche el que exista un Dios, sino dioses: «¿Noconsiste la divinidad precisamente en que existan dioses, pero no dios?" (Nietzsche, F.: Así hablóZaratustra. Alianza Editorial, Madrid, 1972, p. 256). La pluralidad de perspectivas es, para el serhumano, condición de libertad, porque el politeísmo siempre ha prefigurado el espíritu libre ymúltiple del hombre: la fuerza de crearse modos nuevos de ver el mundo (Nietzsche, K: El gay saber.Narcea, Madrid, 1973, párr. 143).El que ha muerto es, pues, el Dios monoteísta, el Dios moral de las contraposicionesmetafísicas entre bien y mal, mundo real y mundo aparente, bueno y malo. La frase «Diosha muerto» nos desvela entonces las dos caras del propio nihilismo estudiadasanteriormente: muere Dios-uno-todopoderoso (esencia de la metafísica dogmática), perorenacen los dioses múltiples-finitos. A través de estos, Nietzsche intentará superar el estadonihilista en que se encuentra el ser humano cuando reflexiona sobre el pensamientooccidental y cae en la cuenta ele que él es el «asesino» de Dios (ib., par. 125). Nihilismo: falta la finalidad; falta la respuesta al "¿para qué?". ¿Qué significa el nihilismo?-que los valores supremos se desvalorizan. El nihilismo es AMBIGUO. A) Nihilismo como signo del poder incrementado del espíritu: en cuanto NIHILISMO ACTIVO. El nihilismo puede ser un signo de fortaleza: la fuerza del espíritu puede haber crecido de tal manera que sus finalidades preexistentes (“convicciones”, artículos de fe) son inapropiadas. En efecto, una creencia expresa en general la forzosidad de ciertas condiciones de existencia, una sumisión a la autoridad de circunstancias bajo las cuales un ser prospera, crece, gana poder... Por otro lado, un signo de fuerza insuficiente para asignarse ahora nuevamente de modo productivo una meta, un "¿para qué?», una fe. 7
  • 8. Su MÁXIMUM de fuerza relativa lo alcanza como fuerza de DESTRUCCIÓN: como nihilismo activo. Su contrario sería el nihilismo cansado que ya no ataca: su forma más famosa, el budismo: en cuanto nihilismo pasivo. El nihilismo representa un patológico estado intermedio (patológica es la enorme generalización, la conclusión de que no hay ningún sentido): ya sea que las fuerzas productivas no son aún lo suficientemente fuertes; ya sea porque la décadence vacila y no ha inventado aún sus recursos. B) Nihilismo como ocaso y regresión del poder del espíritu: el NIHILISMO PASIVO como un signo de debilidad: la fuerza del espíritu puede estar fatigada, agotada, deforma que las metas y los valores hasta ahora existentes resultan inadecuados y ya no encuentran ningún crédito- que la síntesis de los valores y las metas (sobre la que se funda toda cultura fuerte) se disuelve al punto de que los valores aislados se hacen la guerra: descomposición. que todo lo que reconforta, sana, calma, anestesia, aparece en primer plano bajo diversos disfraces religiosos, o morales, o políticos, o estéticos, etc. Nietzsche, F.: Antología. Península, Barcelona, 1988, pp. 285, 286.3. LA VOLUNTAD DE PODERPara Nietzsche, la realidad tiene un carácter móvil, dinámico, incesantemente cambiante; en unapalabra, la realidad es perspectiva. También la realidad vital (en su sentido más amplio, tanto lavida animal como la humana), es devenir y perspectiva. Pero, además, la vida es «inter-pretadora», es decir, selecciona e interpreta el aspecto bajo el que se enfrenta y se relaciona conla realidad.Es imposible llevar a cabo una comprensión fija, esencial y definitiva de la realidad, y no soloporque la realidad sea devenir, sino porque el intelecto humano, para realizar cualquier análisiscientífico y pretendidamente objetivo, tiene que servirse de sus propias formas de comprensióne interpretación, sujetas también al devenir y a la diversidad de perspectivas.Como se ve, según Nietzsche, hay una estrecha correlación entre la realidad y la vida, entreel ser y su interpretación a través del pensamiento y del lenguaje; es decir, entre ontología yantropología.Interpretación de la realidadLa realidad del mundo en cuanto tal es múltiple, y múltiple es el ser humano, porque tiene unapluralidad de impulsos e instintos, cada uno con su perspectiva propia y en constante luchaentre sí. El ser se nos muestra en un abanico de aspectos cuya significación plural aparece envarias perspectivas. Esta efectiva y «verdadera» multiplicidad se convierte en "apariencia»cuando lo que se nos muestra en una perspectiva se fija o queda establecido como lo únicodeterminante, con el consiguiente menosprecio de todas las demás perspectivas y de suinagotable afluencia cambiante.Por otra parte, el ser es devenir porque siempre se está haciendo, siempre está por hacerse,siempre está en proceso; un proceso infinito, eterno, sin posibilidad de fin. La concepcióndel ser como devenir apunta a este doble sentido: al ser como movimiento permanente, y al sercomo resultado de un proceso eterno; en este aspecto, la realidad del ser se nos revela comocambio, no cuantitativo, sino cualitativo.La ontología dinámica nietzscheana combate, pues, la ontología estática, que veía en el devenir 8
  • 9. una simple apariencia. En este combate, que se realiza en pleno corazón de la metafísica, seenfrentan dos tipos de argumentos:1)Por un lado, los de la metafísica dogmática, considerados superiores por venir del mundosuprasensible.2)Por otro, los de Nietzsche, que son "irracionales”, no por venir de algún lugar ajeno alpensamiento, sino por ser contrarios a los de la razón del platonismo, razón que pretendíafundamentar en una de terminada metafísica, en una moral e, incluso, en la ciencia, la dualidaddel mundo, con el consiguiente desprecio hacia el ámbito de los sentidos, hacia el llamado«mundo aparente».Contra lo uno opone Nietzsche lo múltiple, esto es, la pluralidad del ser en sus diversasmanifestaciones, que no son sino las perspectivas (múltiples e irreductibles) mediante las que el serhumano aborda el mundo. Esas perspectivas coinciden históricamente con las necesidades del hom-bre, y el propio hecho de considerar el ser como devenir hace absurda la pretensión de recortararbitrariamente esas múltiples necesidades.La nueva idea de verdadEl problema de la verdad adquiere ahora un sentido distinto. La cuestión de fondo no consiste ya ensi un juicio es verdadero o falso, sino en si favorece o no a la vida, si la conserva, si la hace másgrande. La lógica humana sirve para igualar, estabilizar y tener una visión de conjunto. El serdeterminado por ella es solamente apariencia, pero una apariencia necesaria esencialmente para elser vivo, es decir, útil para afirmarse y establecerse dentro del cambio constante.Por tanto, la verdad, lo estable o, con otras palabras, lo que hemos podido pescar con nuestrosconceptos en el devenir del ser es únicamente la consolidación de una perspectiva, unaapariencia que se ha impuesto a través de la costumbre, pero que no por ello deja de ser unerror. Por eso, Nietzsche afirma que «La verdad es la especie de error sin la cual no podría viviruna determinada especie de seres vivos. El valor para la vida decide en última instancia»(Antología, ed. cit., p. 177).Este es el sentido esencial de la radicalidad del pensamiento nietzscheano, que él denominavoluntad de poder. Esta justifica -como condición necesaria para la afirmación de la vida— el error;la voluntad de poder es, pues, voluntad de apariencia, incluso de ilusión, sobre todo en relacióncon el conocimiento que el hombre pueda tener acerca del mundo. Pero esta voluntad es másprofunda, más «metafísica», que la voluntad de verdad que imperaba bajo el reinado del mundosuprasensible, porque conoce la realidad auténtica del ser: el devenir, y sabe que la razón humana nopodrá jamás abarcarlo, totalizarlo ni simplificarlo en sus categorías. ¿Qué valor tienen en sí mismas nuestras valoraciones y nuestras tablas morales? ¿Qué resulta de su dominio? ¿En favor de quién? -Respuesta: en favor de la vida... ¿Qué significa el valorar mismo? ¿Remite este a un mundo distinto, metafísica por detrás o por debajo?... -Respuesta: el valorar moral es una interpretación, una forma de interpretar... ¿Quién interpreta? Nuestros afectos. .. En realidad, la interpretación es ella misma un medio para enseñorearse de algo... La valoración «yo creo que esto y aquello es así" como esencia de la «verdad»... en las valoraciones se expresan condiciones de conservación y crecimiento... Así pues, que es necesario que se tome algo por verdadero; no que algo sea verdadero... «el mundo verdadero y el aparente- -esta oposición la remito yo a relaciones de valor. 9
  • 10. Nietzsche, F.: Antología. Península, Barcelona, 1988, pp. 164, 165y 187.La nueva idea de lenguajeOtro planteamiento que Nietzsche trastoca con su ontología es el del lenguaje acerca del ser. Silas categorías, los conceptos, no nos sirven para acercarnos a la realidad del devenir, múltiple ycambiante, ¿qué otro medio tenemos para hablar del ser?Contra la petrificación que sufre el devenir al quedar fijado en una categoría que la costumbreconvierte en inmutable, se exalta el poder de la imaginación metafórica del ser humano. Lametáfora es una verdadera perspectiva, porque con ella se logra una integración de diversidades.Esta «metaforicidad metafísica» ofrece la posibilidad de no caer en el dogmatismo platónico,porque la metáfora se mantiene abierta al mundo, y no cerrada, como ocurre con el modelosimplificador del concepto. En realidad, una buena metáfora actúa como si fuera una pantalla através de la cual contemplamos el mundo: filtra los hechos, suprimiendo algunos y poniendo derelieve otros.Ahora bien, no es lo mismo emplear una metáfora que ser empleado por ella, es decir, utilizar unmodelo y confundir éste con la cosa representada. En este caso, el enfoque particular se considera laúnica perspectiva posible. Quien así piensa es un filósofo dogmático: ha confundido la máscaracon el rostro. Por ello, la ontología nietzscheana diferencia al metafísico dogmático, queconfunde el concepto, la categoría o el modelo con el ser, del otro metafísico -él mismo-, que tieneconciencia de que su clasificación de los hechos es arbitraria y podría haber sido distinta.Lo que separa a uno de otro es el modelo o la manera de acercarse al mundo: el primero basa sumetafísica en el concepto, que, según Nietzsche, simplifica y obstaculiza el devenir del ser,mientras que el segundo se basa en la metáfora. Unicidad y pluralidad son las actitudes respectivasde estas dos clases de metafísicos.Esta exaltación teórica y práctica de la metáfora obedece a que no existe ninguna relación decausalidad lógica entre el mundo del objeto y el del sujeto. La única relación metafísica posible esla artística; la musical, por ejemplo. Pero no se trata de una «formalización» del arte, sino de laexaltación del aspecto más fundamental de la voluntad de poder del hombre: su creatividad. Endefinitiva, el lenguaje sobre la realidad no puede ser el de la lógica, el de las matemáticas, el dela moral o el de la religión, porque estas son solo ficciones de la razón.Acaso donde mejor se aprecie el significado nietzscheano de la voluntad de poder -para desarticularcon ello ciertas cargas políticas atribuidas a esta teoría—, lo encontremos con su belleza originaría,es decir, sin conceptualizar, en la obra de juventud El nacimiento de la tragedia. En ella, a través delas metáforas de Apolo y Dionisio, se expone que el ser humano tiene necesidad de crearse unestatuto propio frente al devenir incesante de la realidad. Gracias a Apolo, dios de laindividualidad, el hombre puede resistir los avatares del movimiento continuo de la vida con lacreación de conceptos o categorías lógicas que frenan aparentemente el devenir; gracias a esteprincipio de individuación podemos, pues, sobrevivir frente a la totalidad dionisíaca.La voluntad de poder se perfila nítidamente en el juego apolíneo/dionisiaco, precisamente en loque estamos analizando, esto es, en el campo del conocimiento. Por otra parte, este material debeservirnos para comprender mejor la teoría antropológica de Nietzsche.Ateísmo. Transvaloración de los valoresLa afirmación del pluralismo manifiesta, por otra parte, el radical ateísmo de Nietzsche. El sercomo la voluntad de poder, creación de nuevos valores, se autoafirma en su propia producción(«Dios ha muerto»). Aún son posibles nuevos valores -superación del nihilismo—, porque se 10
  • 11. ha redescubierto la pluralidad de sentidos que tiene el ser. Se define así un devenir creativo delas fuerzas, un triunfo de la afirmación de la vida, de esta vida terrenal, múltiple y en constantemovimiento, un triunfo de la voluntad de poder.Esta transvaloración de los valores sólo es posible tras haber asumido y superado el nihilismo.La voluntad de poder afirma la tierra, la vida total, en su aspecto constructivo y destructivo,es decir, en el mismo sentido en que era rechazado. El nihilismo consideraba que el devenirdebía ser absorbido por el ser, por lo uno, por Dios, y que lo múltiple era algo equivocado, in-justo, que tendría que ser juzgado por lo uno. Sin embargo, la transvaloración de todos losvalores eleva lo múltiple y el constante devenir, que se convierten en objeto de la afirmación en favorde la vida. Y esa afirmación nos desvela la alegría como único móvil principal de la filosofía:fortalecer la alegría hacia la vida. «¡Vosotros, hombres superiores, aprended a reír...!» (Nietzsche, R:Así habló Zaratustra, ed. cit., p. 394).4. LA IDEA DE SUPERHOMBRE1) La nueva meditación sobre el ser ha sido producida por la voluntad de poder: exaltación de lacreatividad del ser humano en tanto que afirmación de esta vida terrenal. Esta afirmación eseterna, y por eso la voluntad de poder alcanza su más alto grado de reflexión en el eternoretorno: hay que amar la vida de forma que se quiera volver a vivirla porque —en efecto—todo vuelve a repetirse eternamente. Este amor eterno hacia la vida misma proporciona al serhumano el medio de ir superándose continuamente.El hombre sólo es un puente hacia el superhombre; en éste se presentarán nuevas virtudes,nuevos valores. Mientras tanto solo nos queda -a nosotros, nihilistas del siglo XXI— ir preparandosu venida mediante la «gran política».¿Qué es la gran política? Es la preparación que posibilita al hombre la superación (de la moralcontranatural, se entiende), el adiestramiento (no -domesticación") que ha de llevarnos hasta elsuperhombre.Nietzsche plantea claramente la intención, pero no así los medios para conseguir esa finalidad.Reacio de por sí a ofrecer sistemas, no propone una dirección lo suficientemente clara. No faltanalusiones al superhombre en su obra, pero la conclusión fundamental quedó sin exponer, ya quele sobrevino un ataque de locura catorce años antes de morir.El primer discurso de Zaratustra cuenta tres metamorfosis del espíritu: cómo el espíritu seconvierte en camello, cómo el camello se convierte en león y cómo el león se convierte en niño: a)El camello simboliza a los que se contentan con obedecer ciegamente. Solo tienen que arrodillarse y recibir la carga, soportar las obligaciones sociales, obedecer sin más a los valores que se presentan como creencias. b)El camello que quiere ser más se transforma en león, es decir, en el gran negador, símbolo del nihilista que rechaza los valores tradicionales. c)Pero también el león tiene necesidad de transformarse en niño, de superar su autosuficiencia para poder vivir libre de prejuicios y crear una nueva tabla de valores.2) La moral del hombre superior propone una revuelta contra la degeneración de la humanidad, hechoresultante de la domesticación del hombre y de su transformación en un animal aprisionado, realizadapor el cristianismo. La nueva moral pretende estar al servicio del superhombre, al serviciode la recuperación de los instintos vitales del ser humano; es decir, quiere transformar al hombre que,domesticado por el cristianismo, se ha convertido en mezquino, mediocre, prudente, servil,indiferente, perezoso, dócil, olvidando su verdadera esencia existencial: su voluntad de poder. 11
  • 12. El hombre superior no hace caso de los prejuicios de la gente; no cree en la «igualdad», que,afirma Nietzsche, sólo es una artimaña de los débiles de espíritu, de los cristianos y de lossocialistas. El hombre superior dice sí a las jerarquías, a la inalienable diferencia que tiene que ha-ber entre los hombres. La igualdad solo lleva a una moral de rebaño, de esclavos.Hay que rechazar las características del hombre como animal de rebaño: su mansedumbre, sudocilidad, su alienación espiritual. Hay que tener una sana desconfianza hacia todo lo queviene del rebaño social, de la plebe, porque -lo que ella aprendió en otro tiempo a creer sinrazones es muy difícil destruírselo mediante razones» (Así habló Zaratrusta, ed. cit., p. 387). Seha de dudar, también, de los «doctos», que odian al hombre superior porque odian la vida.El hombre superior, en su libertad, está más allá del adoctrinamiento; no se deja convencer porlos «oradores del mercado- ni por el «partido». Ama al ser humano por encima de susunilateralidades, porque lo ve no como es, sino como lo que hay que superar.La vida se torna experimento. Dios ha muerto, y solo queda el hombre como posibilidadabierta hacia el superhombre. Se nota ahí la influencia de Darwin: ¿por qué considerar alhombre como la última etapa en la evolución de las especies? Pero el interés de Nietzsche esradicalmente otro. La vida como experimento quiere decir que hay fuerzas y posibilidadesfundamentales (lo dionisiaco de la vida) para vivir cada día con más fuerza y amor hacia lavida.El hombre superior se ríe de los valores del mundo suprasensible, sabe que él mismo los hacreado y que lo único que tiene carácter de obligatoriedad es la vida misma. Por ello -diceNietzsche-, el hombre superior es un niño y un gran bailarín, porque el niño no tiene prejuicios,es inocente, juega con la vida solamente, y el bailarín hace del juego un riesgo permanente, sepasea por la cuerda floja del devenir, hace de su vida un continuo experimentarse a sí mismo.El hombre superior es, en definitiva, el que se afirma en el devenir de la vida sin necesidadde crearse subterfugios, otros mundos donde consolar la angustia producida por un espírituincapaz de domeñar la imagen trágica del mundo. Tres transformaciones del espíritu os menciono: cómo el espíritu se convierte en camello, y el camello, en león, y el león, por fin, en niño. Hay muchas cosas pesadas para el espíritu, para el espíritu fuerte, paciente, en el que habita la veneración: su fortaleza demanda cosas pesadas, e incluso las más pesadas de todas. ¿Qué es pesado? Así pregunta el espíritu paciente, y se arrodilla, igual que el camello, y quiere que se le cargue bien. Con todas estas cosas, las más pesadas de todas, carga el espíritu paciente: semejante al camello que corre al desierto con su carga, así corre él a su desierto. Pero en lo más solitario del desierto tiene lugar la segunda transformación: en león se transforma aquí el espíritu, quiere conquistar su libertad como se conquista una presa, y ser señor con su propio desierto. Aquí busca a su último señor: quiere convertirse en enemigo de él y de su último dios, con el gran dragón quiere pelear para conseguir la victoria. ¿Quién es el gran dragón, al que el espíritu no quiere seguir llamando señor ni dios? "Tú debes» se llama el gran dragón. Pero el espíritu del león dice «yo quiero». Crear valores nuevos —tampoco el león es aún capaz de hacerlo: mas crearse libertad para un nuevo crear-, eso sí es capaz de hacerlo el poder del león. 12
  • 13. Crearse libertad y un no santo incluso frente al deber: para ello, hermanos míos, espreciso el león.Pero decidme, hermanos míos, ¿qué es capaz de hacer el niño que ni siquiera elleón ha podido hacerlo? ¿Por qué el león rapaz tiene que convertirse todavía enniño?Inocencia es el niño, y olvido, un nuevo comienzo, un juego, una rueda que semueve por sí misma, un primer movimiento, un santo decir sí.Sí, hermanos míos, para el juego del crear se precisa un santo decir sí: el espírituquiere ahora su voluntad, el retirado del mundo conquista ahora su mundo.Tres transformaciones del espíritu os he mencionado: cómo el espíritu se convirtióen camello, y el camello, en león, y el león, por fin, en niño.Nietzsche, R: Así habló Zaratustra. Alianza Editorial, Madrid, 1972, pp. 49-51. 13
  • 14. IDEAS FUNDAMENTALES♦ La crítica de la tradición occidental 1.La filosofía de Nietzsche tiene un carácter a la vez e inseparablemente crítico-destructivo y positivo-afirmativo. 2.La moral tradicional ha sido una moral «contranatural», por expresar resentimiento contra la vida. 3- La metafísica es la radical duplicación de lo real en «mundo sensible" y «mundo inteligible». A la metafísica se le hace desempeñar el papel de "legitimadora teórica» de los «valores morales y religiosos". 4.La metafísica comporta una muy precisa y determinada interpretación de la "verdadera» realidad como «ser estático», así como del lenguaje y del concepto. 5.La ciencia también se sirve del mismo «aparato» teórico-conceptual y expresa la misma creencia en «la verdad en sí».♦ El nihilismo y sus formas 6.La expresión «Dios ha muerto» recoge el resultado de la experiencia filosófico-cultural de Occidente. 7.El nihilismo significa la desvalorización de todos los valores, una pérdida de vigencia, disolución y conversión en «nada». El nihilismo ha sido la lógica de Occidente», es decir, su unidad de sentido y conexión. Hay dos formas fundamentales de nihilismo: pasivo-reactivo y activo.♦ La voluntad de poder 8.«Voluntad de poder» expresa la «esencia» de la realidad en cuantovida y también, por tanto, la «esencia», aún por realizar, del hombre. Una voluntad activa (no reactiva) y afirmativa (no negativa). 9.El mundo como voluntad de poder y devenir, que eternamente retorna en y como vida afirmativa y diferente, es la tesis ontológica fundamental.10.La voluntad de poder comporta una nueva teoría de la verdad, inseparable del concepto devalor (acción) y de perspectiva, así como del lenguaje como continua y renovada metáfora ymetaforización.11.Inseparable de estas tesis es la transvaloración de todos los valores y una infinita, nueva ycreativa valoración afirmativa.♦ La idea de superhombre12. Superhombre es la idea o el proyecto de humanidad, sí es que se realiza una voluntad de poder afirmativa y activa: actividad creativa y afirmativa de la vida. Su figura es dionisíaca. 14

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