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junio 201313perativo combatir la amnesia colectiva sobre latradición radical afro o pan-africanismo revo-lucionario en sus...
486142.	En cuanto al orden global y en particularel sistema de la Organización de NacionesUnidas, nos unimos al reclamo po...
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America Latina en movimiento, junio 2013: Miradas del movimiento afrolatinoamericano
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America Latina en movimiento, junio 2013: Miradas del movimiento afrolatinoamericano

  1. 1. junio 20131¿Cuál agendaafrodescendiente?Jesús Chucho GarcíaEn la década de los años setenta del siglo pa-sado, se conforman agrupaciones culturalesque reivindican la diáspora africana desdelas perspectivas culturales, la mayoría de lasveces reducidas a un folklorismo inútil, des-contextualizados, mientras que las universida-des e instituciones culturales, tanto oficialescomo privadas, momificaron a las y los africa-nos y sus descendientes como “cosa” y objetosde estudios. Sin embargo, fueron contribuciones que logra-ron develar la existencia de una extraordina-ria diversidad cultural con grandes contenidossimbólicos y unos ricos elementos que dinami-zan nuestro continente, tanto de tierra firmecomo insular. Pero fue a finales de la décadade los ochenta del siglo XX que se pasa de unaconciencia ingenua a una conciencia crítica através de un proceso de desobjetualización ycosificación, para pasar a ser sujetos protagó-nicos y participativos en las luchas contempo-ráneas. En los años noventa, a raíz de investigacionesdesde las perspectivas de quienes habitamoslas comunidades afro, comenzamos a decons-truir y a elaborar conceptos que fueran másafines a nuestros propios procesos históricos,con nuestras subjetividades. Establecimosalianzas y conexiones con muchas organiza-ciones de todo el continente incluyendo a or-ganizaciones hermanas y antiimperialistas deEstados Unidos y el Caribe, así como de África.Respuestas a problemascomunes globalesEl movimiento de afrodescendientes, en sudiversidad y pluralidad ideológica, logró unaextraordinaria cohesión para avanzar en treslíneas básicas de acción. La primera estuvodireccionada en la necesidad de articularsenacional y transnacionalmente para dar res-puesta a problemas comunes globales contrael racismo y la discriminación racial, tenien-do su mayor éxito en la preconferencia de lasAméricas contra el Racismo (Chile, año 2000) ytercera Conferencia Contra el Racismo, la Xe-nofobia y sus Formas Conexas (Durban, 2001),considerado el mayor logro de los últimos si-glos de las y los africanos y sus descendientes.De allí se desprendería un Plan de Acción quehoy sigue sirviendo de guía y se colocó el temaen los gobiernos de América Latina y el Cari-be. Luego de esa tercera Conferencia mun-dial contra el racismo, la Organización de lasNaciones Unidas (ONU) acepta el conceptoafrodescendiente por iniciativa de los movi-mientos sociales afro. A partir de ahí, la ONU crea cuatro espaciosdonde el concepto afrodescendiente pasa aser una práctica concreta en las políticas deese organismo y al mismo tiempo es una refe-rencia importante para la elaboración de suspolíticas globales. Esos espacios son: 1- El Grupo de Trabajo de Expertos sobre lasPersonas de Ascendencia Africana;2- El Grupo de Expertos Eminentes Indepen-dientes sobre la Aplicación de la Declara-ción y el Programa de Acción de Durban;3- El Grupo de Trabajo Intergubernamentalsobre la Aplicación Efectiva de la Declara-ción y Programa de Acción de Durban;4- El Relator Especial de Naciones Unidas Con-tra el Racismo. 
  2. 2. 4862Es importante mencionar que la Organizaciónde Estados Americanos (OEA) tiene un Relatorsobre Derechos Humanos Afrodescendientes,impulsado por nosotros en el año 2002 en elseno de la polémica Comisión Interamericanade Derechos Humanos. Por otra parte la CEPAL (Comisión Económicapara América Latina), incorporó la dimensiónafrodescendientes para sus estudios sociales yeconómicos. En América Latina y el Caribe, existimosaproximadamente 150 millones de afrodes-cendientes según el Banco Interamericano deDesarrollo. Hoy el concepto “afrodescendiente”, tienereconocimiento universal gracias al impulsode las organizaciones afrodescendientes detodo el continente. La palabra “negro”, cons-trucción colonial y denigrante de la condiciónhumana africana, hoy es cuestionada desde laautodeterminación intelectual y práctica delas y los africanos y sus descendientes, en vis-ta que no recoge ni sintetiza la relación con lahistoria, la espiritualidad, la filosofía de ori-gen africano, de ahí el prefijo afro, como locomenzó a aplicar el barloventeño Juan PabloSojo, quien escribió en 1943 su ensayo sobreApuntes y Temas Afro-venezolanos, y al mismotiempo lo harían Fernando Ortiz en Cuba conel concepto afrocubano, Arthur Ramos en Bra-sil con el concepto afrobrasileño, y así en todala geografía de este continente, para recono-cer la presencia africana en las construccioneshistóricas nacionales de cada país, se le colo-ca el prefijo “afro”. Definitivamente “afrodescendientes” es unaconstrucción social y académica al mismotiempo. También es parte de lo que hemosdenominado soberanía intelectual vinculadoal concepto de autodeterminación, el derechode los pueblos y de cualquier ser humano atener un nombre, en este caso a nosotros, loshijos de la diáspora, nos correspondía recon-ceptualizarnos, rompiendo con la definicióncolonial-occidental de “negro” impuesta enmedio milenio de sometimiento teórico. Estamos ante un acto de soberanía intelec-tual, entendiendo ésta como una actitud decuestionar todo aquello que el otro converti-do en juez, intente descalificar mis percep-ciones, mis ideas, mis acciones, mi derecho aautodenominarme, mas sin embargo se puedeaceptar las criticas horizontales del otro, con-sensuadas con el nosotros a las cuales seremossensibles pero no aceptar que otro sea juez ycondene mis acciones y lo que he decidido ser,arbitrariamente a nombre de la externalidaddel poder llámese Dios, partido, gobierno, Pa-dres de la patria, Estado y otras formas ficti-cias de la Santa Inquisición.Fue en la Conferencia de Durban del mes deseptiembre del año 2001 que logramos comomovimientos sociales nuestro reconocimientocomo afrodescendientes tal como se expresaen los siguientes párrafos, reconocidos por lamayoría de los países que conforman la ONU:  “32. Reconocemos el valor y la diversidaddel patrimonio cultural de los africanos ylos afrodescendientes y afirmamos la im-portancia y necesidad de asegurar su com-pleta integración en la vida social, eco-nómica y política con miras a facilitar suplena participación en todos los niveles delproceso de adopción de decisiones;”  “33. Consideramos esencial que todos lospaíses de la región de las Américas y todaslas demás zonas de la diáspora africana re-conozcan la existencia de su población deorigen africano y las contribuciones cultu-rales, económicas, políticas y científicasque ha hecho esa población, y que admi-tan la persistencia del racismo, la discri-minación racial, la xenofobia y las formasconexas de intolerancia que la afectan demanera específica, y reconocemos que, enmuchos países, la desigualdad histórica enlo que respecta, entre otras cosas, al acce-so a la educación, la atención de salud y lavivienda ha sido una causa profunda de lasdisparidades socioeconómicas que la afec-tan;”  “34. Reconocemos que los afrodescen-
  3. 3. junio 20133dientes han sido durante siglos víctimasdel racismo, la discriminación racial y laesclavización, y de la denegación históricade muchos de sus derechos, y afirmamosque deben ser tratados con equidad y res-peto de su dignidad, y que no deben sufrirdiscriminación de ningún tipo. Por lo tan-to, se deben reconocer sus derechos a lacultura y a la propia identidad; a partici-par libremente y en igualdad de condicio-nes en la vida política, social, económica ycultural; al desarrollo en el marco de suspropias aspiraciones y costumbres; a tener,mantener y fomentar sus propias formasde organización, su modo de vida, cultura,tradiciones y manifestaciones religiosas; amantener y usar sus propios idiomas; a laprotección de sus conocimientos tradicio-nales y su patrimonio cultural y artístico;al uso, disfrute y conservación de los re-cursos naturales renovables de su hábitaty a participar activamente en el diseño,la aplicación y el desarrollo de sistemas yprogramas de educación, incluidos los decarácter específico y propio; y, cuando pro-ceda, a las tierras que han habitado desdetiempos ancestrales;”  “35. Reconocemos que, en muchas partesdel mundo, los africanos y los afrodescen-dientes tienen que hacer frente a obstá-culos como resultado de prejuicios y dis-criminaciones sociales que prevalecen enlas instituciones públicas y privadas y noscomprometemos a trabajar para erradicartodas las formas de racismo, discriminaciónracial, xenofobia e intolerancia conexa conque se enfrentan los africanos y los afro-descendientes” (negritas nuestras).1 Desde el 2002 la presencia, en la ONU de Gine-bra, de representantes del Movimiento Afro-descendiente –Red Afrovenezolana, MundoAfro y Proceso de Comunidades Negras de Co-lombia– y el apoyo del Espacio Afroamericano,1 Informe de la Conferencia Mundial contra elRacismo, la Discriminación Racial, la Xenofobia ylas Formas Conexas de Intolerancia (Durban, 31 deagosto a 8 de septiembre de 2001). A/CONF.189/12.http://www.un.org/spanish/CMCR/aconf189_12.pdfliderizado por Mercedes Moya, fueron decisi-vos para imponer nuestra agenda que desem-bocaría en el año internacional de afrodescen-dientes (2011) y la aprobación del Decenio delos pueblos afrodescendientes (2012-2022).Salimos triunfadores y dimos contenido con-ceptual a la ONU, no al revés.Endeudamiento etnosocialLa segunda línea trató de incidir en los pla-nes de desarrollo emanados desde el Consensode Washington, donde las pautas fueron mar-cadas por la banca internacional (Banco Inte-ramericano de Desarrollo, Banco Mundial) ysumadas a ella las empresas capitalistas conresponsabilidad social (Kellogs, Ford, entreotras). Esta etapa fue de gran agresividad dela banca internacional que produciría una es-pecie de “endeudamiento etnosocial”, debidoa que los gerentes de esos bancos sedujerona nuestros movimientos para que incidiéra-mos en nuestros gobiernos para pedir présta-mos para resolver nuestra crisis estructural.Ejemplo de ello fue el famoso Plan Pacifico(Colombia) o proyectos en las comunidadesafro de Perú y Ecuador. Aquí sin duda, no estádemás mencionar el interés del Departamentode Estado de EE.UU. de lanzar una ofensiva deinfluencia en los movimientos afro a través deUSAID, Dialogo Interamericano y la FundaciónInteramericana. He aquí la génesis de lo quemás tarde llamaríamos el embrión de la afro-derecha.La tercera línea está orientada hacia el dis-cernimiento ideológico del movimiento afro-descendientes que pudiéramos clasificar entres tipos de comportamientos:TIPO A, donde se ubica un sector del movi-miento que se adecuó con poco sentido críticoa la estructura gubernamental y poco a pocofue cayendo en la desmovilización como mo-vimientos sociales autónomos, dejándose ab-sorber por la estructura del Estado-gobierno,no sabiendo diferenciar entre la agenda delEstado y la agenda propia del movimiento,terminando el Estado-gobierno imponiéndolesla agenda.
  4. 4. 4864TIPO B, de aquellos sectores que lograron par-ticipar en los puestos de los poderes públicosy legislativos, convirtiéndose en ministros,viceministros y directores de instituciones,diputados, alcaldes, y lograron algunos acier-tos, mientras otros fueron tragados por la tec-noburocracia que los alejó totalmente de lascomunidades.Los que ocuparon y ocupan puestos de diputa-dos y senadores en algunos congresos y asam-bleas, lograron impulsar algunas legislacionesa favor de nuestras comunidades, pero mu-chas veces estas legislaciones se convirtieronen letra muerta, porque tal vez no emergiócomo una necesidad totalmente sentida pornuestras comunidades o simplemente fuerondefectuosas, sin aplicabilidad práctica pararesolver los problemas cotidianos.TIPO C, de aquellas organizaciones que hanlevantado las banderas de la construcción deuna sociedad socialista donde los referentespolíticos ideológicos del cimarronaje de las ylos africanos y sus descendientes son vitalespara construir la nueva humanidad que exigenmillones de afrodescendientes. Esa nueva hu-manidad, con bases ancestrales plasmadas enla ética, política y desarrollo socioeconómicode las Américas, que poco ha sido tomada encuenta por los ideólogos que están moldeandoel socialismo del siglo XXI (Venezuela), Revo-lución Ciudadana (Ecuador) y Socialismo Co-munitario (Evo Morales) o el Neotupamarismo(Uruguay).Aún no existe un puente sólido entre los parti-dos que están en el poder en estos países y losmovimientos sociales revolucionarios afrodes-cendientes. Esa es una gran debilidad y debíaentrar en el debate de los foros nacionales einternacionales en las perspectivas de la déca-da de los pueblos afrodescendientes.Nuestras contribuciones por unanueva humanidadPareciera existir una visión sedimentada enla historia contemporánea de que los aportesafricanos y sus descendientes solo quedaronen las luchas anticoloniales como cuota inicialde las guerras de independencia y se conge-laron hace dos siglos atrás. Nuestras contri-buciones traspasaron las barreras del tiempo,fueron protagónicas a lo largo de las luchasde la segunda mitad del siglo XIX, las luchascontra las dictaduras del siglo XX y la cons-trucción de la apertura plural de los Estados yde las democracias participativas que hicieronruptura con las democracias “representati-vas” establecidas por EE.UU. y la OEA.Hoy, los focos de la construcción de las dife-rentes modalidades socialistas (Ecuador, Boli-via, Venezuela, Nicaragua, Uruguay, sin dejarde mencionar a Cuba) son un referente obliga-do en la lucha contra las distintas formas dedominación imperialista, contra las distintasformas de violar nuestras soberanías, y es ahídonde el movimiento afrodescendiente debeinsertarse más allá de la lucha contra el racis-mo, la discriminación racial o el “censismo”,muchas veces mediados por las agencias trans-nacionales, los organismos multilaterales, lasgrandes ONG, la banca internacional y el De-partamento de Estado de EE.UU. No estamosdiciendo que hay que bajar la guardia contrael racismo, ya que su vigencia se metamor-fosea, al contrario, debemos redimensionarnuestras luchas en un sentido más político; noestamos diciendo que no debemos contarnosen las rondas censales como estrategia paraelaborar políticas públicas más acertadas,pero la lucha va mas allá, va en la inserciónpolítico ideológica de las nuevas democracias,de la inclusión en las estrategias a largo plazode nuestros Estados en proceso de transfor-mación.En ese sentido hoy debemos preguntarnos,¿cómo estamos los afro en los estatutos de lospartidos de gobierno de los focos progresistas?¿Cómo estamos los afro en los planes regiona-les como el ALBA? ¿Cómo estamos los afrodes-cendientes en las relaciones África – Suramé-rica en las Cumbres que se realizan entre lospaíses de África subsahariana y América delSur, donde Ecuador tiene, en estos momentos,una gran responsabilidad al igual que Vene-zuela y Brasil? ¿Cómo estamos los afrodescen-
  5. 5. junio 20135dientes en la democratización de las tierras yel desarrollo sustentable que garantice la so-beranía alimentaria? ¿Cómo estamos los afroen la lucha para frenar el aberrante cambioclimático producido por la emisión de gases,la deforestación, el urbanismo anárquico, sa-biendo que las reservas de agua y biodiver-sidad en general están ubicadas en nuestrosespacios ancestrales?La agenda del movimiento debe ser enfocadairreversiblemente en la construcción y conso-lidación de la sociedad socialista antiimperia-lista y antirracista por una nueva humanidad.No podemos seguir con medias tintas en esesentido. Sabemos de la existencia de una po-lítica dirigida desde los sectores más racistasy afro-oportunistas de Estados Unidos paracopar los espacios afrodescendientes, tenien-do su mayor expresión en Colombia, Hondu-ras y en un sector brasileño desde que la exministra de Estado Condoleezza Rice incluyóel tema afro y luego fue reforzado por HilaryClinton en su visita a Bahía de Todos los San-tos. El sector más agresivo en la construcciónde la afroderecha lo constituyó Colombia conel gobierno de Uribe y ahora con el gobiernode Santos. Es hora de crear y juntar esfuerzoscon los sectores afroprogresistas de las Améri-cas para estar al compás de la dinámica políti-co-social y romper la barrera de la autoexclu-sión a que nos hemos reducido (el folklorismoinútil de frágil sonrisa, el “censismo”, la luchacontra el racismo sin mayor trascendencia).Debemos simplemente apostar a la construc-ción de un modelo socialista con inclusiónafro, partiendo de la experiencia históricaconstruida trágicamente en las Américas y elCaribe y con los referentes de Kwame Kruma,Amílcar Cabral, Shankara, Neto, Machel y Ju-lius Nyerere. La década de los pueblos afro-descendientes, propuesto ante la ONU, debeser, entre otros puntos de discusión, el impul-so de la lucha ideológica revolucionaria en losmovimientos afrodescendientes de AméricaLatina y el Caribe.Jesús Chucho García es escritor einvestigador venezolano, Coordinador Generalde la Fundación Afroamérica y la DiásporaAfricana.- realidad regional actualizada diariamente- dinámicas sociales- noticias, opinión y análisis- más de 64 mil documentos clasificados- búsquedas por tema, autor, fecha, país, palabrawww.alainet.org
  6. 6. 4866África y los africanos en elespejo de los demásMbuyi KabundaGeneralmente suelen prevalecer dos en-foques opuestos, casi dogmáticos, en elanálisis de las realidades africanas, que son elafropesimismo crónico y el afrooptimismo decomplacencia. Es preciso apartarse de estosparadigmas para caminar hacia el afrorrealis-mo o la afroresponsabilidad, consistente enexplicar aquellas realidades, no a partir desus efectos, sino de sus causas históricas y ac-tuales, estructurales y coyunturales, externase internas, al margen de las simplificacionesabusivas y fáciles.En un mundo dominado por los prejuicios eu-rocéntricos, escribir algo positivo sobre África-que se suele considerar como un país o algohomogéneo, y no como un continente- signifi-ca que nadie lo va a leer. Es decir, existe unverdadero complot mediático contra África ylos africanos colocados debajo de la jerarquíade las sociedades humanas.El afropesimismo o el último avatar dela ideología racistaEl afropesimismo, que se inspira en las tesis he-gelianas del siglo XIX, se reactivó a comienzosde la década de los 60 con el diagnóstico nega-tivo de René Dumont (“afropesimismo matiza-do”), que dio la voz de alarma por el modelo dedesarrollo y del Estado mimético o equivocado,adoptado por los países africanos, antes de to-mar la forma del “afropesimismo cínico” o “elafrocatastrofismo”, ilustrado por la “negrolo-gía” de Stephen Smith y el discurso de NicolasSarkozy en Dakar, en julio de 2007, en el quenegaba a los africanos tener Historia y culturapor “seguir viviendo desde milenios según losritmos de las estaciones y de la naturaleza”.El afropesimismo vigente es el último avatardel desprecio y/o arrogancia occidental haciaÁfrica y los africanos (por su razonamiento su-perficial y verdades a medias), atribuyendo laresponsabilidad de los fracasos de África a losfactores internos, con la duplicidad intelec-tual de los informes negativos sobre este con-tinente de las organizaciones internacionales,-sobre todo en la década de los 80, para justi-ficar sus políticas de ajuste estructural-, y delos medios de comunicación a su servicio que,de este modo, contribuyen a la difusión de laidea del “desorden africano” y de la desespe-ración en cuanto al futuro del continente. Seinsiste en la pobreza creciente, las hambrunaso las calamidades naturales, las migracionesde la miseria, las “guerras tribales y crueles”,los golpes de Estado, los dictadores corrup-tos... Es decir, una larga lista de tragedias yde fracasos que viven los pueblos africanos.La idea subyacente es que los africanos sonunos nulos e incapaces.Raras veces se habla de acontecimientos feli-ces o del dinamismo de los pueblos africanoso del “renacimiento africano”. Tampoco seinsiste, por ejemplo, en la responsabilidad enel “drama africano” de la carga de la deuda,de los desastres humanos y sociales genera-dos por los programas de ajuste estructural(PAE), del saqueo de los recursos naturales ydel acaparamiento de las tierras africanas porlas multinacionales del Norte, o del fracaso dela ayuda al desarrollo. Es decir, las prácticasMbuyi Kabunda es profesor de RelacionesInternacionales y Estudios Africanos en elInstituto Internacional de Derechos Humanos(IIDH) de Estrasburgo y del Grupo de EstudiosAfricanos (GEA) de la Universidad Autónomade Madrid (UAM). Director del Observatoriode Estudios sobre la Realidad Social del ÁfricaSubsahariana (FCA/UAM).
  7. 7. junio 20137perversas que han convertido a África en unneto exportador de capitales.Esta ideología resulta ser peligrosa, no sólopor su dimensión racista, sino también por serasumida y reproducida por algunos intelectua-les africanos, pensando adoptar con ello unaactitud crítica, muy apreciada por sus men-tores occidentales, hacia sus sociedades. Setrata de una crítica barata, a menudo superfi-cial, por reproducir las críticas occidentales.Desgraciadamente, según denuncia acertada-mente Boris Diop, el problema con el públicooccidental en general, es disfrutar ver a lospropios africanos denigrar a África. En la opi-nión de este autor, se ha acostumbrado a losllamados intelectuales africanos, interesadosa atraerse los fondos por todos los medios ola simpatía del público europeo, a denigrara sus propias sociedades, presentadas comoatrasadas, opresivas y crueles. El objetivo esquedarse con la consciencia tranquila y res-ponsabilizar a los africanos de sus problemasy desgracias.La “afroderecha latinoamericana”, según eltérmino acertado de Jesús Chucho García, estáreproduciendo el mismo discurso hacia África,para complacer a los dominadores, y conseguirmás o menos los mismos objetivos. Esta co-rriente de la afrodescendencia, que ha bebidodel eurocentrismo que le vende los verdugos,se niega a considerar a “África como la madrepatria”, por los supuestos fracasos que encarnaeste continente, junto a las humillaciones delpasado que ha sufrido, y que les avergüenzan,cayendo en la apología de los argumentos ne-gativos difundidos sobre África por los medios yalgunos círculos occidentales. Ha interiorizadola historia de los “vencedores” por convenien-cia u oportunismo, convirtiéndose en detracto-ra de la “autenticidad africana”.Dicho con otras palabras, la afroderecha hacaído en el eurocentrismo, bebiendo en la li-teratura negrófoba y aliándose con los peoresresponsables y culpables de crímenes contra lahumanidad, o de sus propios ancestros. Por lotanto, estamos ante unas víctimas más, y peorinconscientes. Esta actitud masoquista, de et-nocolonización y autoflagelación, propia a lospueblos dominados, analizada en sus obras porAimé Césaire, Frantz Fanon o Albert Memmi, seexplica por la tendencia de algunos integrantesde estos colectivos a juzgarse no a partir de suspropias varas de medidas, sino de los criteriosinteriorizados de los dominadores.En definitiva, siguiendo a Abiola Irele, el afro-pesimismo, en lugar de ser una verdaderapreocupación de la situación y del futuro deÁfrica, es una visión cínica que permite a algu-nos intelectuales occidentales hacer de Áfricasu fondo de comercio y justificar su carrera enlos programas de las instituciones encargadasde la gobernanza y desarrollo en África, insis-tiendo en una visión negativa y deformada delcontinente.Deconstrucción de las bases de losplanteamientos afropesimistas“Los pueblos africanos carecende Historia y cultura”La supuesta desgracia permanente de los afri-canos se origina en la versión bíblica de la“maldición de Cam”, hijo de Noé, de quienlos negros serían descendientes (“raza camí-tica”). Se trata de un invento o un discursomedieval de legitimación o justificación dela esclavitud de los negros, pues consistía ennegar a los africanos la parte de humanidad,siendo el objetivo proporcionar la mano deobra necesitada por las minas y plantacionesdel Nuevo Mundo.En cuanto a la teoría de ausencia de Historiaen el continente, fue elaborada por los colo-nizadores para justificar la colonización delcontinente o la “misión civilizadora”. No tieneningún fundamento. Está hoy ampliamente de-mostrado que la civilización faraónica negra fuela hija, y no la madre, de las civilizaciones afri-canas (ver los trabajos del profesor Cheikh AntaDiop). El antropólogo galo, Maurice Delafosse,demostró que hasta el siglo XV las sociedadesafricanas tenían el mismo nivel de desarrollo
  8. 8. 4868que sus equivalentes árabes y europeos (reinode Kongo, imperios de Ghana, Malí, Songhai,Kanem-Bornú, Benín, Monomotapa…). Tam-poco se puede considerar que África fue unatabula rasa cultural antes de la llegada de loseuropeos. Prueba de ello es la persistencia delos valores culturales africanos en la santeríacubana, el candomblé o la macumba brasileñosy en la cultura latinoamericana en general.Las revelaciones de los navegantes del sigloXV al siglo XVII ponen de manifiesto el hechode que el África negra fue una tierra de bri-llantes civilizaciones bien estructuradas.“África es un continente condenado alsubdesarrollo y a la pobreza”Se suele perder de vista que el subdesarrollode África no es una fatalidad irreversible. Esel resultado de los mecanismos de explotacióny agresión históricos, las injusticias interna-cionales institucionalizadas, junto a la malagestión de los gobiernos poscoloniales pro-pensos al neopatrimonialismo (clientelismo)y predadocracia. Es preciso subrayar aquí laresponsabilidad de la educación recibida porlas clases gobernantes africanas, criadas en laadmiración de lo europeo y el desprecio de loafricano, y que René Dumont expresa en estostérminos: “los dirigentes africanos son nues-tros alumnos. Han sido formados en nuestrasuniversidades, ejércitos y administraciones oen las universidades neocoloniales africanas.Han sido seducidos por nuestro modelo de viday de desarrollo y les hemos enseñado comoarruinar a África”.De todas maneras, es preciso relativizar elfracaso de África, que ha conseguido impor-tantes avances en los aspectos de desarrollohumano, aniquilados por el ajuste estructural.Se confunde aquí el fracaso con la resistenciade los pueblos africanos al modelo económicoy social dominante, colonial y occidental.La afirmación de los desastres africanos con-trasta con las realidades siguientes: la tasapromedia del crecimiento anual en torno al5% en 2012-2013, resistiendo mejor África ala crisis que los países industrializados, delOriente Medio y emergentes, y las rivalidadesentre países como Estados Unidos, Inglaterra,Francia, China para conquistar los mercadosafricanos.“Los conflictos africanos son étnicos y Áfricano está preparada para la democracia”Varios análisis, e incluso académicos, suelenatribuir las causas de los conflictos a los únicosy simplistas aspectos étnicos o “tribales”. Loshechos han demostrado en la última décadaque este planteamiento es erróneo. Los con-flictos como los de Sudán, Angola, Ruanda, Sie-rra Leona, Liberia, la RDC y Somalia han puestode manifiesto los factores multiformes locales,nacionales, regionales e internacionales, enparticular las luchas por el poder y los abusosdel poder, la ruptura entre el Estado y la na-ción, junto a los intereses geopolíticos de laspotencias externas y las multinacionales petro-leras o mineras que, en su búsqueda de mono-polio de la renta, apoyan a los gobiernos, a losmovimientos de guerrilla o a ambos a la vez.El argumento de falta de madurez de los afri-canos para la democracia, prevaleciente enmuchos círculos políticos del Norte, tiene unaclara connotación eurocentrista al identificarla democracia, e incluso el desarrollo, con laoccidentalización. Los hechos no coincidencon este planteamiento. Está naciendo unanueva generación de dirigentes africanos másdemocráticos y respetuosos de derechos hu-manos.Lo que ha fracasado en África no es el desarro-llo o la democracia, que no son productos deimportación o exportación, sino el mimetismodel modelo occidental, o la occidentalización.Ello ha de interpretarse como la resistencia delos africanos a los modelos impuestos desde elexterior.ConclusiónSe trata ahora de rechazar cualquier forma depensar a África y sus diásporas a partir de losdemás o de la historia de los vencedores, de
  9. 9. junio 20139La certeza de la políticaafroprogresistaAgustín Lao MontesUbuntu: Rescatar memorias radicales afro-descendientes, sembrar presentes y culti-var futuros de des/colonialidad y liberaciónArranco afirmando la transcendencia históri-ca del presente. Si en 1992 se vitalizaron losmovimientos étnico-raciales con la campañade los 500 Años de Resistencia Indígena, Negray Popular, en el 2013, a 200 años de las in-dependencias que constituyeron patria gran-de y patrias chicas, en vista de la refundaciónconstitucional y simbólica de los Estados comoplurinacionales, multiétnicos, e intercultura-les, necesitamos una reflexión política pro-funda en aras de transformaciones radicales.Vivimos una era de crisis de la civilizaciónoccidental capitalista (económica, ecológica,política, cultural) lo cual requiere respuestascontundentes e implica entender el rol prota-gónico de l@s afrodescendientes en las luchaspor la des/colonialidad y liberación. Para estohay que calibrar la centralidad del racismo enla historia moderna y en el mundo de hoy.Racismo y colonialidad del poderSi vemos los procesos de globalización en sularga duración de más de 500 años, vemos queen el sistema-mundo moderno/colonial capi-talista prima un patrón que con Aníbal Quijanollamamos Colonialidad del Poder, constituidopor cuatro regímenes entrelazados de domi-nación: capitalismo, racismo, imperialismo ypatriarcado.Definimos el racismo como un régimen de do-minación que tiene tres dimensiones: Racismoestructural, racismo institucional, y racismocotidiano.El racismo estructural: afecta los componen-tes principales de la historia moderna, desdela economía mundial capitalista y la sobre-ex-plotación y marginalización económica de lasmasas trabajadoras, campesinas y desposeí-das racializadas negativamente (en AméricaLatina mayormente afrodescendientes e indí-genas); y la desvalorización de nuestras me-morias y saberes -por eso hablamos de racismoepistémico, hasta diversas formas de violen-cia racial- desde la brutalidad de la esclavitudque fue uno de los holocaustos mayores de laera moderna, hasta situaciones como la actualen Colombia donde hay más de 4 millones dedesterrados y un sinnúmero de muertos enuna guerra que afecta desproporcionalmentelos que tienen el monopolio del discurso o delos medios de comunicación o información.Apostamos por el afrocentrismo (abierto, y nocerrado) o la afrocentricidad, consistente enel sometimiento de las relaciones externas ala racionalidad interna, en dar prioridad a lasexigencias del desarrollo interno fortalecien-do la capacidad de acción y actuación de losafricanos. Con ello, África y sus diásporas sal-drán de su exclusión internacional y tendránun cierto control sobre su propio destino, ac-tualmente en manos de los demás.
  10. 10. 48610a los afrodescendientes1. A esto añadimos laviolencia racial urbana que sobre todo sufrenjóvenes negros a través de las Américas.El racismo institucional: que experienciamosy observamos en todas las instituciones, desdeel Estado, donde consistentemente estamossub-representados, el sistema educativo, don-de se excluyen nuestras historias a la vez quetodavía somos relativamente pocos los estu-diantes y profesores universitarios; hasta lasviviendas, los servicios de salud, y los merca-dos de trabajo. Y finalmente el racismo comoexperiencia cotidiana de discriminación y hu-millación de diversas maneras, desde miradashostiles e insultos, hasta no ser bienvenidosen ciertos lugares públicos y hogares privados.Esta condición persistente que el marxismonegro2ha caracterizado como capitalismo ra-cial ha implicado una continuidad en la domi-nación étnico-racial y opresión económica delos sujetos de la africanía moderna tanto en elcontinente africano como en la diáspora. Lasideologías racistas desde su inserción en el si-glo XVI han considerado a los sujetos africanosy afrodescendientes como no-humanos o me-nos humanos. A contrapunto, la política afroha sido como una suerte de humanización quesiempre ha implicado discursos propios y pro-fundos de libertad y democracia, y por endeha sido una fuerza progresista en la historiade la humanidad. La política de liberaciónnegra siempre ha sido una afirmación de vidacontra los regímenes de terror y muerte queconfrontamos desde el holocausto de la escla-vitud hasta la pluralidad de formas de violen-cia racial (económica, ecológica, epistémica,cultural, sexual y política) que han dado for-ma y contenido al racismo a través de toda lahistoria moderna.1 Utilizo los términos afrodescendiente, afro, ynegro de manera intercambiable, los valores tantopolíticos como epistémicos de dichas designacionesson contextuales y cambiantes y por ende cada unode ello tiene acepciones tanto críticas (en el sentidopositivo) como problemáticas.2 Ver el importante libro de Cedric Robinson(2000). Black Marxism: The Making of a RadicalTradition. University of North Carolina.Coyunturas clavesEsta suerte de autoafirmación de nuestra hu-manidad y protagonismo (político, cultural,e intelectual) siempre ha sido de carácter nosolo local sino diaspórico y global. Los pan-africanismos históricos florecieron en cua-tro coyunturas histórico-mundiales donde losafrodescendientes hemos estado al frente detransformaciones a favor de la des/coloniali-dad y liberación. Cada una representó épocasde cambio global, momentos de crisis y poreso de gran intensidad de luchas y revolucio-nes.El primero fue el de las revueltas de esclavi-zados cuya cúspide fue la revolución haitiana,la mayor revolución social de su época quesignificó la invención de la des/colonialidad yde la negritud como identidad política y pro-yecto de liberación. Allí se asentó una dobleestrategia en la política afro: por un lado, elCimarronaje, es decir crear formas y espaciospropios de liberación, zonas liberadas “casaadentro” (para usar el concepto del afroecua-toriano Juan García); y, por otro lado, la es-trategia de democratizar la democracia occi-dental, demostrado en el hecho de que Haitífue la única revolución de la época donde secumplió verdaderamente la Declaración Uni-versal de los Derechos Humanos del Hombrey el Ciudadano de 1789. De ahí en adelantese asentó la política afro como un pilar en laspolíticas de des/colonialidad y liberación através de una doble estrategia: por un lado elcimarronaje, la creación de espacios propiosde libertad, pensamiento, expresión culturaly prácticas comunitarias de solidaridad; y, porotro lado, los movimientos sociales, políticos,culturales e intelectuales que han sido fun-damentales para forjar libertad y equidad nosolo para los afrodescendientes sino para lahumanidad en general.El segundo momento, en los 1920s-1930s,durante la gran depresión, revoluciones enChina, México y Rusia, y grandes guerras oc-cidentales, floreció otra ola global de movi-mientos negros. La llamada “cuestión negra”fue debatida en las internacionales comunis-
  11. 11. junio 201311tas donde brillaron figuras como el caribeñoCLR James, abogando por una combinación deorganización propia pan-africana en conjun-to con participación afro en los partidos y enalianzas socialistas nacionales e internaciona-les. También fue el momento de las luchascontra la intervención imperialista occiden-tal en Etiopía, del movimiento de Garvey quesumó millones de afrodescendientes a travésdel mundo, del movimiento cultural y políticode negritud que nació en el mundo francófonoy del renacimiento de Harlem. Hay una grannecesidad de estudiar y escribir la historiade los afro-latinoamericanos y afro-caribeñosen aquel momento clave de movimientos po-líticos, culturales e intelectuales tanto en lahistoria de las izquierdas en general como delmundo afro en particular. A pesar de diferen-cias significativas, por ejemplo entre DuBoisy Garvey, los pan-africanismos de principiosdel siglo XX en general se oponían tanto al ra-cismo como al imperialismo. No todos erananti-capitalistas y anti-patriarcales, pero elpan-africanismo radical fue también desde unprincipio una de las fuentes mayores de lasluchas por la justicia social y la equidad de gé-nero como se demuestra en figuras como Clau-dia Jones, una feminista de origen jamaiquinoque promovió la triple lucha contra la opre-sión de clase, género y raza desde los 1930s.El tercer momento, el de los 1960s-70s fuecuando comenzó la crisis de hoy. Aquí se des-tacan dos grandes luchas anti-racistas: el mo-vimiento de liberación negra en los EstadosUnidos y el movimiento contra el apartheiden Suráfrica, que le dieron liderato a las po-líticas en contra del racismo y por la equidadracial en la más grande ola de movimientosantistémicos que había tenido el mundo. Lasluchas por la liberación nacional en el conti-nente africano (en Argelia, el Congo, Ghana,Egipto, Kenia, etc.) dieron fin a los últimosvestigios del colonialismo formal, lo cual tuvorespuesta violenta del imperialismo occiden-tal ejemplificado en el asesinato de Lumumbaen 1961. En los Estados Unidos, la consigna de“poder negro” catalizó otras luchas y llegó atraducirse en “poder feminista”, “poder rojo”(indígena) y “poder amarillo” (asiático). Elmovimiento negro de liberación de los 1960s-70s en los Estados Unidos elaboró una políticaque vinculó el racismo con el capitalismo y elimperialismo, que se expresó no solamenteen organizaciones radicales como las PanterasNegras y la Liga de Trabajadores Negros Revo-lucionarios, sino también en el ultimo MartinLuther King que ligó la oposición a la guerrade Vietnam y la lucha contra el racismo conreclamos a favor de la democracia económi-ca. Franz Fanon, quien fue una de las grandesfiguras políticas e intelectuales de la épocaplanteó con claridad la relación necesaria en-tre combatir el racismo con luchar por la libe-ración nacional y el socialismo. En este arti-culo corto no puedo hacer un balance mínimodel desenlace de aquella ola de movimientosantisistémicos, pero es importante decir quedebe ser motivo de reflexión, como los éxitosrelativos del movimiento negro de los 1960s-70s en los Estados Unidos que lograron crearuna clase media y una clase política afro, altiempo que las mayorías de la clase trabaja-dora y sectores marginados siguen en severascondiciones de opresión y desigualdad, mien-tras el racismo sigue vivito y coleando comodemuestra la persistencia, tanto de los índicesde desigualdad, como de las prácticas de dis-criminación. Esto indica que las luchas contrael racismo son necesarias pero no suficientes,que se deben conjugar con gestas contra lasotras aristas de la colonialidad del poder: elimperialismo, el capitalismo y el patriarcado.Movimientos en América LatinaEl cuarto momento es el actual, y comienzoafirmando que la emergencia de los movi-mientos afro en América Latina con particularfuerza desde los 1980s, en el contexto de laglobalización neoliberal, surgió como parte deuna nueva ola de movimientos antisistémicosy de las crisis de las viejas izquierdas vanguar-distas y obreristas que tendían a marginalizarla cuestión racial. También había y sobreviveuna tendencia a deslindar lo racial de lo étni-co, asociando lo racial con lo afro y lo étnicocon lo indígena, lo que ha venido acompaña-do de un indigenismo que tiende a negar elproblema del racismo como un mal que afecta
  12. 12. 48612tanto a los afrodescendientes como a los in-dígenas. La formación de redes nacionales ytransnacionales de movimiento afro por todaAmérica Latina a partir de los 1980s marcó ungiro hacia el Sur en el eje principal del activis-mo negro en las Américas. Uno de los hitos deesta articulación de movimientos fue el proce-so de organización y concientización que llevóa la Declaración y Plan de Acción de la TerceraConferencia Mundial Contra del Racismo y For-mas Conexas de Discriminación celebrada enDurban, Suráfrica en el año 2001, lo que signi-ficó una apertura tanto organizativa como ins-titucional en la gestión contra el racismo y porla equidad racial a través de la región. Estorepresentó logros significativos en el frenteantirracista, incluyendo que el racismo llega-ra a ser reconocido como un problema claveen los discursos públicos de la región, lo queconstituyó una especie de pequeña revoluciónpolítico-cultural en América Latina donde estoera considerado un mal de los Estados Unidos,en contraste a una alegada democracia racialen Nuestra América. El intelectual senegalésDoudou Dien, encargado oficial de dar segui-miento a la agenda de Durban, plantea queAmérica Latina es la única región del mundodonde los principios y políticas contra el ra-cismo que se aprobaron en Durban han tenidoinfluencia tanto en los movimientos como enlos gobiernos.La efervescencia de movimientos afro juntocon la emergencia de políticas de equidad ra-cial a través de la región, cuya expresión másavanzada es el Ministerio de Igualdad Racialen Brasil, han creado lo que denomino comoun campo político afrodescendiente en Améri-ca Latina que entrelaza de formas complejasy muchas veces contradictorias movimientoscon Estados e instituciones transnacionales detipo diverso desde ONGs como “Global Rights”,hasta instituciones del capital transnacionalcomo el Banco Mundial y el Banco Interameri-cano de Desarrollo (BID) y del Estado imperialcomo U.S. Agency for International Develop-ment (USAID). Una manera de deslindar dife-rencias en la política Afroamericana Norte-Sures describiéndola como un campo de contien-das entre diferentes proyectos de solidaridady poder afroamericano donde compiten unpan-africanismo conservador, que puedeservir de punta de lanza a los peores proyec-tos de poder imperial, al que Chucho Garcíacataloga como afroderecha, un pan-africa-nismo neoliberal, que aboga por proyectoscomo los Tratados de Libre Comercio (TLC) yel Plan Colombia, acompañados con fondos yprogramas para los afros, en contraste con unpan-africanismo radical que trabaja a favorde la forja de un proyecto de des/colonialidady liberación. Aquí no podemos presentar elespectro de actores, ideologías y perspectivaspolíticas en juego, pero hay algunos asuntosque son absolutamente pertinentes al artícu-lo. Es necesario hacer un balance de los logrosy carencias de las políticas étnico-raciales, lascuales debemos reconocer que todavía sonmarginales y operan en un contexto de capita-lismo neoliberal y crisis que genera cada vezmás opresión y desigualdad para las mayoríasafrodescendientes. Si no hay cambios de fon-do en las estructuras de poder político y eco-nómico, la eficacia de las políticas va a sermuy limitada y esto trae de entrada el temade la relación entre luchar contra el racismo,el capitalismo, el imperialismo y el patriarca-do, el tema de la política de des/colonialidady liberación. La agenda de Durban es necesa-ria pero no suficiente, porque la lucha contrael racismo tiene que articularse con las luchascontra otras formas de opresión con las cualesesta entrelazada. Dicha perspectiva políticaha de recuperar la mejor tradición de los mo-vimientos emancipadores de África y la diás-pora africana. Esto nos lleva al tema de larelación entre el llamado Socialismo del SigloXXI, el racismo y la cuestión étnico-racial.La tradición radical Afro brilla por su ausen-cia o aparece solo de manera marginal en losdiscursos tanto políticos como intelectualesdel Socialismo del Siglo XXI y del Buen Vivir.Una de las tareas urgentes en lo que Boaven-tura de Sousa Santos llama “reinvención de laemancipación” es recuperar la memoria delpan-africanismo radical y colocar las luchasen contra del racismo y particularmente contrael racismo anti-negro al centro de la nueva po-lítica de des/colonialidad y liberación. Es im-
  13. 13. junio 201313perativo combatir la amnesia colectiva sobre latradición radical afro o pan-africanismo revo-lucionario en sus vertientes políticas, intelec-tuales, culturales. Como bien decía FernandoMartínez Heredia en una conferencia en Cuba,“Si no se combate el racismo no puede habersocialismo del siglo XXI”, a lo que añadimos quesin reconocer la importancia protagónica de losmovimientos negros en la construcción históri-ca de la democracia radical y la justicia social,seguimos sumidos en la negación construidapor el racismo anti-negro.La necesidad de las alianzasNosotros como comunidad afroprogresista te-nemos la mayor responsabilidad de sacar alrelieve esta tradición, a la vez que debemosubicarmos al frente de los espacios y terrenosde lucha más importantes de esta época, comoson los procesos del Foro Social, procesos deintegración regional como el ALBA, las cum-bres ecológicas y por la soberanía alimentariay la Marcha Mundial de las Mujeres. Dos asun-tos fundamentales para nosotros son las ges-tiones para desarrollar relaciones de solidari-dad y amistad con los pueblos del continenteafricano y la reconstrucción de Haití en basea los principios y prácticas de la hermandadafrodiaspórica y la diplomacia de los pueblos.En la arena de lucha contra el racismo, enten-dida como práctica política de liberación, unade las tareas cruciales es construir relacionesestratégicas entre el movimiento afro y elmovimiento indígena. Para esto es necesariotanto reconocer las condiciones comunes deopresión racial, social, epistémica y cultural,como respetar las diferencias y valorar losaportes de cada colectividad histórica. To-cando ese tambor en clave afrodescendiente,decimos que si bien es positivo esgrimir pos-turas contra el capitalismo neoliberal en arasde formas de vida material y espiritual indíge-na que se traducen como Suma Kawsi o “buenvivir”, también es necesario afirmar imagina-rios, lenguajes y prácticas análogas en África yAfroamérica. Esto implica utilizar y diseminarnuestros propios conceptos como Ubuntu quesería un equivalente al “vivir bien” en lengua-je surafricano. Ubuntu se suele traducir conla máxima “Soy porque somos” que sirvió deconsigna tanto al Encuentro de Consejos Co-munitarios Afrocolombianos en mayo 2012,como al Congreso Nacional Afroecuatoriano deseptiembre del mismo año. Más aun, Ubuntusignifica una postura ética-existencial de ar-monía entre los seres humanos con todos losotros seres del planeta (flora y fauna, entornoambiental), que apunta a una racionalidad devida ecológica fundamentada en principios desolidaridad y reciprocidad que corresponde aformas de economía y gobierno antitéticas alas lógicas de explotación, ganancia a cual-quier costo, guerra y violencia que priman enla civilización occidental capitalista. Es decir,la vida plena en clave de africanía.En la misma clave afrodescendiente y a la luzde la tradición del pan-africanismo radical,la Articulación Regional Afrodescendiente enAmérica Latina y el Caribe (ARA) surge a partirde tres reuniones, una en Ecuador, en diciem-bre de 2010, otra en Cuba, en junio del 2011,y el Cuarto Encuentro de Afrodescendientes yTransformaciones Revolucionarias en AméricaLatina que se realizo en Venezuela, tambiénen junio del 2011. ARA es un movimiento demovimientos, una red de redes afrodescen-dientes de carácter progresista cuyo programase puede resumir en los siguientes puntos:1. En el ámbito geopolítico regional, esboza-mos una serie de propuestas para insertar-nos centralmente en los procesos de inte-gración regional. Impulsamos la creaciónde un Consejo Consultivo Afrodescendienteen la Comunidad de Estados Latinoameri-canos y del Caribe (CELAC), la creación deun Fondo del ALBA para las reparaciones yel desarrollo autosostenible de las comuni-dades afrodescendientes, y de un programaen solidaridad con Haití. También hemospropuesto la creación de un Fondo Regionalpara la Memoria que rescate, sistematicey disemine nuestros saberes ancestrales ymemoria histórica, y la organización de unObservatorio contra la Discriminación quese organice por país y se coordine a nivelregional.
  14. 14. 486142. En cuanto al orden global y en particularel sistema de la Organización de NacionesUnidas, nos unimos al reclamo por el De-cenio de los Afrodescendientes como pasoprevio para instituir un Foro PermanenteAfrodescendiente en la ONU, el cual, demanera similar al Foro Indígena, sea un es-pacio de reunión, deliberación y abogacíaen defensa de las aspiraciones e interesesdel continente africano y las diásporas afri-canas en el mundo. Aquí, uno de los ob-jetivos es la implementación y elaboraciónde la agenda de Durban contra el racismo.3. En cuanto a los escenarios de país y en rela-ción a los Estados, es preciso resaltar la ne-cesidad de promover políticas para comba-tir el racismo estructural e institucional enaéreas básicas de la vida social como salud,vivienda, empleo, representación política yeducación. Ésta supone reformas educati-vas y acciones afirmativas para desmontarel sesgo eurocéntrico que todavía prima ennuestros sistemas de educación y tambiénpara integrar perspectivas de conocimien-to a partir de las historias, contribucionesy saberes afrodescendientes. Estas medi-das específicas de justicia reparativa o po-líticas públicas étnico-raciales han de sercombinadas con políticas universales parala equidad, la democracia sustantiva y laplena participación ciudadana.Fortalecer los niveles de organización, movili-zación y educación política de las comunidadesafrodescendientes en la región para promoveruna política de movimiento social de carác-ter antisistémico. Esto envuelve una políticade alianzas con otros movimientos -indígena,feminista, ecológico, campesino, obrero, es-tudiantil, urbano, GLBT, etc.-, como tambiénreconocer cómo se cruzan todas estas formasde opresión y por ende de identidad y lucha enel mundo afro. Es decir, integrar claramenteen nuestra política cuestiones ambientales,de género y sexualidad, y de clase, enten-diendo la doble y triple militancia de líderesy lideresas afrodescendientes. Esto tambiénimplica participación en escenarios regionalesy transnacionales de movimientos antisistémi-cos como el Foro de Sao Paulo y los procesosdel Foro Social Mundial. En este sentido unaidea que hemos discutido es el organizar unForo Social Afroamericano. Por supuesto, eneste renglón también caben las relaciones del@s afrodescendientes con organizaciones ypartidos políticos progresistas y de izquierda.DesafíosCierro este artículo enumerando tres de losdesafíos principales que entiendo tenemospara avanzar simultáneamente en las luchascontra el racismo y a favor de un orden socialmás justo e igualitario, estas son:1. Cómo superar la brecha entre el cambio enlas leyes y el discurso estatal con la persis-tencia de las desigualdades sociales, paralograr transformaciones en las configura-ciones de poder social con el fin de comba-tir los múltiples modos de opresión (de cla-se, raza, genero, sexualidad), y del dañoy destrucción (ecológica, guerra, de saludfísica y mental, etc.) que se profundiza conla crisis de la civilización occidental capita-lista. Esto supone definir y ejecutar estra-tegias de cómo conjugar el reconocimientocultural y étnico-racial con la redistribu-ción de poder y riqueza en la sociedad.2. El segundo desafío es cómo vincular la po-lítica práctica (o la política de lo posible)con una visión transformadora que nos déun horizonte de futuro. Como ya hemossugerido, las mejores tradiciones del pan-africanismo radical siempre han combi-nado el pragmatismo de poder con un ho-rizonte utópico de liberación no solo parael mundo afro sino para la humanidad engeneral, un proyecto de nueva humanidadque siempre ha estado en el corazón de lapolítica afroprogresista. Esto implica sa-biduría en el diseño e implementación depolíticas a corto, mediano y largo plazo, loque supone saber distinguir entre reformasneoliberales que reproducen el status quoy reformas radicales que buscan desafiar yderrocar el orden imperante de la colonia-lidad del poder.
  15. 15. junio 2013153. El tercer reto es desarrollar una políticade alianzas y coaliciones que permita des-encadenar los múltiples nudos de opresióncon diversos lazos de liberación, el comba-tir las cadenas de la colonialidad con hilosde solidaridad para tejer “todas nuestrasluchas”, como dice una consigna de losmovimientos sociales venezolanos. Estoquiere decir, ver las reivindicaciones étni-co-raciales en relación a la diversidad deformas de injusticia: sexual, ecológica, degénero, cultural, ética, epistémica, que secorresponden a las diversas dimensiones dela crisis de la civilización occidental capita-lista.El Decenio de l@s Afrodescendientes que co-mienza en el año 2013 es una oportunidadpara visibilizar y celebrar nuestras memorias,historias, culturas y subjetividades, comotambién para organizarnos y movilizarnos encontra del racismo, a favor de la equidad yde manera más general en aras del proyectode des/colonialidad y liberación que es fun-damental tanto para nosotr@s como para laregión y la humanidad en pleno. Por ende,esta también ha de ser ocasión para el deba-te, lo que implica deslindar diferencias y afir-mar con certeza la política afroprogresista enla mejor tradición del pan-africanismo radi-cal, que supone una visión crítica tanto “casaadentro” como “casa afuera”.Propongo una doble estrategia, desde aden-tro y desde afuera de instituciones estatalesy multilaterales, para, por un lado, abrir es-pacios dentro de ellas y, por otro lado, for-talecer el nivel de organización, autonomía yapoderamiento de los movimientos y sus redesa nivel local, nacional y regional. Desde laperspectiva de los movimientos y de nuestrascomunidades de base, podría ser un momentoclave para la educación política, la concienti-zación, la movilización propia y el desarrollode alianzas y coaliciones, para instalarnos só-lidamente en esta nueva ola de transforma-ciones históricas que hace de América Latina yel Caribe una de las regiones más dinámicas ypromisoras del planeta. Esto significa cultivarnuestra mejores tradiciones libertarias que seexpresan en todo el tejido cultural desde lasabiduría musical y danzaría, expresado en losblues y la salsa, como también en la “resis-tencia rasta” de Bob Marley y el hip-hop poli-tizado que se ha convertido en un movimientopolítico afrojuvenil a escala global.Dentro de nuestras prácticas des/colonia-les y libertarias es fundamental destacar elafrofeminismo, una larga tradición que si nosremontamos al siglo 19 recordaremos la elo-cuencia de Sojouner Truth que preguntaba iró-nicamente al movimiento feminista blanco delos Estados Unidos ¿No soy yo una mujer? Semanifestó con particular eficacia política elliderato del feminismo afro-latinoamericanoal colocar la relación de racismo y sexismo alfrente de la Conferencia Mundial de las Muje-res de 1992 en Beijing, y cuya fuerza en nues-tra región se reveló recientemente con granvigor en el impacto público de la reciente visi-ta de Ángela Davis a Colombia.También es sumamente importante recordary subrayar la memoria radical del continenteafricano manifiesto en el legado de figuras po-líticas como Amílcar Cabral, Patricio Lumum-ba, Kwame Kruhma y en el proyecto de Ujamao Socialismo Africano que articuló Julius Nye-rere en Tanzania del cual hemos de aprendersus lecciones tanto positivas como negativas.La nueva ola de luchas libertarias en África,reveladas tanto en el crecimiento de Vía Cam-pesina como de movilizaciones masivas a tra-vés del continente madre, demuestra cómo lacelebrada Primavera Árabe tuvo a su lado unaPrimavera Africana. Como sabiamente decíaCLR James, las luchas y proyectos de libera-ción de África y los afrodescendientes siemprehan sido ejes centrales del cambio revolucio-nario en el mundo entero y el inicio del De-cenio debe ser ocasión de revitalizar ese rolprotagónico nuestro.Agustín Lao Montes es profesor-investigadorde FLACSO-Ecuador y miembro del ComitéPolítico de la Articulación RegionalAfrodescendiente en América Latina y elCaribe (ARA).
  16. 16. 48616Las mujeresafrodescendientes en elproceso bolivarianoEsther Pineda G.Las fatídicas consecuencias del secuestro ydesplazamiento de la población africanade su espacio socio-cultural, así como la pos-terior explotación y latrocinio al que fue ex-puesta tras el establecimiento de un modeloeconómico mercantilista y la política europeade colonización esclavista, dejaron marcadacon tinta indeleble una historia de injusticiay exclusión en nuestra América Latina, cuyosefectos continúan siendo padecidos por la ma-yor parte de la población en nuestras socie-dades.La existencia y vigencia de los prejuicios ét-nico-raciales es indiscutible, la situación his-tórica del esclavo durante el periodo colonialcontinúa condicionando la situación social ac-tual de la población afrodescendiente, al mis-mo tiempo que ha legitimado los prejuiciosy estereotipos introducidos en la concienciacolectiva por un estado esclavista, capitalistay opresor, perpetuando a la afrodescendenciaen el escalafón más bajo de la pirámide social.Así, a través de diversos agentes socializado-res como son la familia, la religión, la educa-ción, los medios de comunicación, difusión einformación, entre otros, se operacionalizarondispositivos de dominación, promoviéndose eldesprecio y rechazo de todo sujeto social queno perteneciese al grupo de los hombres blan-cos, heterosexuales y poseedores de recursos.De esta manera, un conglomerado de valoresnegativos sobre la africanidad y la negritudse institucionalizo en el imaginario colectivoy sirvió como justificación de prácticas racis-tas y discriminatorias que fueron reproducidasy transmitidas en el entramado social, y queen la actualidad solapada no han menguadoo desaparecido; más bien la discriminación seha perfeccionado y tecnificado actuando des-de nuevos espacios y modos relacionales.En nuestras sociedades la afrodescendencia seesgrime aún en la actualidad como estigma,la negritud permanece en el imaginario socialcomo atributo indeseable y desacreditador,como característica capaz de reducir a losindividuos al estado de seres menospreciadosy desdeñables, como símbolo de inferioridadpsicológica y social, al mismo tiempo que elsolo hecho de ser mujer es motivo para la des-calificación, el desplazamiento y la relegaciónde los espacios productivos y de toma de de-cisiones.Esta situación se ve significativamente agrava-da y profundizada al ser interceptadas dichasvariables, pues la experiencia histórica afirmaque el sufrimiento, la opresión y la desigual-dad han de experimentarse de diversas for-mas, distinguiéndose, profundizándose y agra-vándose por la pertenencia a un determinadogrupo racial, económico, político, su situacióngeográfica, como así mismo por la preferen-cia sexo-afectiva; elementos que darán comoresultado una exclusión magnificada, siendoésta a la que se han visto sometidas histórica-mente las mujeres y afrodescendientes pro-ducto del establecimiento del cepo sexista-racista de nuestras sociedades occidentales.Es por ello que la historia de las mujeres afro-descendientes ha sido una historia social di-ferenciada, definida a partir de la exclusión,la violencia, la trasgresión de su libertad ysu cuerpo, pero también de la resistencia y
  17. 17. junio 201317la lucha por su emancipación. Hechos en suconjunto que contribuyeron a la conformaciónde una experiencia femenina y racial disímila la vivenciada por las mujeres blancas y loshombres negros.Será a partir de esta dinámica social raciali-zada que se consolida su situación social ac-tual, heredera de los prejuicios y estereotiposa los que estuvo sometida en el pasado y queconstituyeron elementos base para su exclu-sión del sistema de producción económico,intelectual, artístico y cultural de la sociedadmoderna.En este contexto, la igualdad y la superaciónde la dinámica sexista-racista que ha carac-terizado nuestras sociedades se constituyencomo amenazas, al anunciar la decadencia delsistema de privilegios (poder, riqueza, conoci-miento y prestigio) arbitrariamente adquiridospor el patriarcado eurodescendiente median-te la apropiación forzosa y monopolización delcapital cultural de todo aquel racial y genéri-camente distinto.Por tanto, toda confrontación al tradicionalsistema de explotación será impelida, se in-tentará mantener, reproducir y prolongar elorden jerárquico de la ideología imperialistaa través de la consolidación de una moral, va-lores y tabúes específicos garantes de la orga-nización unidireccional, monoracial y falocén-trica de nuestras sociedades.Así, la revolución como proyecto de transfor-mación profunda y masiva de la sociedad, deruptura con estructuras y esquemas organiza-tivos anacrónicos y deshumanizadores, se ini-cia con la desarticulación de esa falsa moral,normas, valores y ética burguesa.La revolución ha de organizarse en dos núcleosde acción, que incluyen la modificación tan-to de la estructura política como del sujetopolítico operante y actor en esas estructuraspolíticamente revolucionadas; haciéndose ne-cesario descoyuntar los prejuicios raciales, lasdiscriminaciones por razones de género y lasdesigualdades por pertenencia a una determi-nada clase socio-económica, lo cual habrá deafianzarse mediante el categórico rechazo ala conciliación y convivencia con los valoresdel orden político social decadente.Por tanto, la revolución se construye y definea partir de la diversidad, de la inclusión delos múltiples y diversos, de aquellos tradicio-nalmente definidos como sujetos periféricos,ahora convertidos en protagonistas del pro-ceso; protagonismo que, además, solo puededarse mediante la acción cooperativa, recí-proca y la corresponsabilidad entre el indivi-duo, sus colectivos y el Estado; la superacióndel Estado anterior: interventor, normativista,y su sustitución por un Estado soporte de esoscolectivos e individuos emancipados o en pro-ceso de emancipación.Han sido estos los criterios que han dirigido laconstrucción y consolidación de la RevoluciónBolivariana en Venezuela impulsada por el Co-mandante Hugo Chávez, proceso que se erigecomo dignificante del ser social frente a losembates de la deshumanización del capitalis-mo depredador, ejercidos mediante manifes-taciones ocultas de efectos explícitos como loson el racismo, el sexismo y el clasismo.Es en este contexto que es posible conside-rar diversos avances de carácter ideológico ydiscursivo en la situación de las mujeres afro-descendientes, quienes se han integrado signi-ficativamente al proceso revolucionario y conello han logrado una progresiva revolución desu experiencia social, política, económica ycultural diferenciada como mujeres afrodes-cendientes.Este hecho ha sido factible fundamentalmentepor la organización social de la revolución, lacual ha estado orientada al reconocimiento yvisibilización de la aún existente discrimina-ción, marginación y vulnerabilidad de gruposespecíficos, entre ellos las mujeres afrodes-cendientes; con lo cual se ha logrado una pro-gresiva desarticulación del discurso hegemó-nico del mestizaje que profundizó, perpetuó einvisibilizó el racismo en nuestro país.
  18. 18. 48618Además de ello ha sido introducido un discursodignificante de la mujer y la afrodescendencia,el reconocimiento de la participación y con-tribución de los y las afrodescendientes a laformación de la cultura e historia venezolana,mediante la promoción al cuestionamiento dela tradición, y la valoración de las múltiples ex-periencias diferenciadas de los sujetos socialespertenecientes a los diversos grupos étnicos,raciales, genéricos y socio-económicos.Es posible también adjudicar como uno de lossignificativos avances en estos años del proce-so revolucionario, la consolidación de espaciospara el debate en una sociedad en la cual todadivergencia al pensamiento hegemónico habíasido silenciada; nuestro pueblo y nuestras mu-jeres afrodescendientes tienen la posibilidadde expresarse y reflexionar sobre su situaciónespecífica lo cual ha dado como resultado laformulación masiva de propuestas y proyectosdesde y para los grupos y comunidades afro-descendientes.Estos hechos en su conjunto favorecen la cons-titución de la revolución venezolana comoproceso potencialmente incluyente de estossujetos periféricos víctimas de la triada dela opresión: capitalismo, sexismo y racismo;capaz de transformarlos en sujetos y sujetaspolíticos experiencialmente diversos, median-te el reaprendizaje de la historia afrovenezo-lana, la resignificación y revaloración de lasmujeres afrodescendientes, la visibilizaciónde su experiencia y lucha por la equidad desdeespacios de diferencia.Esther Pineda G. es socióloga, Magísteren Estudios de la Mujer. Entre sus textosse incluyen: Roles de género y sexismoen seis discursos sobre la familia nuclear,Acercándonos Ediciones, Argentina.Reflexiones sobre Teoría Sociológica Clásica.Editorial Académica Española, Alemania.Y Apuntes sobre el amor, AcercándonosEdiciones, Argentina.DossierRevoluciónBolivariana:Proyecto de vidade Chávezwww.alainet.org/images/dossier_Venezuela_2013.pdf
  19. 19. junio 201319Dimensiones de laafrocolombianidad encoyuntura de pazAiden Salgado CassianiHoy, para hablar de las comunidades afro-colombianas, negras, palenqueras y raiza-les1, y su situación socio-económica, como re-sultado del conflicto político social y armadoreflejado en el componente militar, hay quehacerlo desde una dimensión estructural quecobije lo histórico, el presente y el futuro,que algunos cientistas sociales llaman el postconflicto. Se hace necesario realizar esta ubi-cación temporal, para poder tener una visiónmás amplia de la población descendiente deafricanos en Colombia frente al conflicto. Ycon ello, no respondemos a interpretacionessimplemente coyunturales, sino a reflexioneshistóricas o temporales. Esto nos lleva a rea-lizar un análisis profundamente crítico quepueda arrojar elementos para teorizar pre-misas, predeterminar rutas o rumbos para losafrodescendientes en una Colombia post con-flicto. De lo contrario, estaríamos divagandosobre el conflicto y las comunidades negras,sobre un presupuesto sin sustentos reales.En este sentido, la historia de las comunida-des afrocolombianas se remonta cinco siglosatrás, cuando empezó la trata trasatlántica,con un proceso de esclavización que se dio enAmérica. Un buen número de hombres, muje-res y niños fueron traídos a la fuerza de Áfricaa las Américas y el Caribe, donde estuvieronesclavizados durante tres siglos. Hecho queubicó a las personas traídas de África en lacapa más baja de la población mundial.1 Afrocolombiana, negra, palenquera y raizal:términos utilizados para referirse en Colombia alas personas descendientes de africanos. De aquíen adelante se utilizará cualquiera de ellas para sureferencia.En Colombia, a este grupo étnico, despuésdel proceso de su primera independencia (en1810), se le comenzó a reconocer tímidamen-te algunos derechos como personas. (Como laley de vientre o de manumisión, que consistíaen otorgarles la libertad a las hijas y los hijosde las esclavizadas hasta que cumplieran 18años de edad). Después de más de 30 añosde independencia, en 1852 se da la aboliciónde la esclavitud en Colombia; lo que no le ga-rantizó a los esclavizados y sus descendien-tes, condiciones de vida reales comparablescon el resto de la población blanco mestiza.Sin embargo, esta población pasó de la condi-ción de esclavizada a la de nuevo proletariadoasalariado, sin garantía de derechos sociales,políticos y económicos. Además de esto, losafrocolombianos no fueron tenidos en cuentaen el ordenamiento jurídico colombiano comopersonas de derecho.Antes que lograr un reconocimiento, despuésde la abolición de la esclavitud en Colombia,esta población pasó al anonimato jurídico, a lainvisibilización de derechos y de beneficios delos bienestares del Estado. Tuvieron que pasarmás de 130 años para que los afrocolombianosfueran reconocidos jurídicamente, a partir dela Constitución política de 1991. Sin embargoesta población, desde principios del siglo XX,comenzó a exigir reivindicaciones (Maguematiy otros 67: 2012). A partir de 1943, se fue per-filando una lucha desde una identidad étnicaparticular, en contra del racismo y la discrimi-nación racial, dando como resultado la decla-ratoria del «Día del Negro» el 20 de junio de1943. Así se dio origen al Club de Negros, quefue un espacio que se creó en Bogotá para tra-
  20. 20. 48620bajar por los derechos de los afrocolombianosen esta ciudad a mediados de la década de loscuarenta en el siglo pasado.Hechos como éstos son reconocidos comoembriones del proceso organizativo afroco-lombiano, que se viene a estructurar con unaagenda clara y concreta para las comunida-des negras en 19752, como es reconocido enel texto “Movimiento Social Afrocolombiana,Negro, Raizal y Palenquero: El largo caminohacia la construcción de espacios comunes yalianzas estratégicas para la incidencia polí-tica en Colombia”3. Allí, los autores rescatanla memoria histórica de los procesos organi-zativos afrocolombianos como algo que no esnuevo y tiene su origen mucho antes que losreconocimientos jurídicos del Estado colom-biano en la Constitución de 1991. Es lo quenos da los elementos para el desarrollo de losderechos de los afrodescendientes estableci-dos en la ley 70 de 1993, donde lo más resca-table está en la educación y en la titulacióncolectiva de los territorios que hoy están enriesgo, debido a la realidad del conflicto quese ramificó en todo el territorio nacional amediados de los años 80 del siglo pasado.Impacto de la lucha armadaComo segunda dimensión de análisis, desdeesa época la coyuntura que vive la poblaciónafrocolombiana en el marco del conflicto co-mienza a ser relevante, cuando en la estra-tegia de confrontación empieza a intervenirel paramilitarismo de la mano con el narco-tráfico y los grandes ganaderos. Esto sucedióen zonas como el Urabá Antioqueño, con granpresencia de la comunidad negra, y en el Mag-dalena medio. El paramilitarismo comienzaa ejercer control a través de las masacres ydel desplazamiento que, con el transcurso del2 Ver conclusiones del primer encuentro nacionalde la población negra colombiana, realizado en Cali-Colombia 1975 en Negritudes de Valentín MorenoSalazar, 1995, Editorial XYZ, Cali.3 Maguemati Wabgou, Jaime Arocha, Aiden Salgadoy Juan Carabalí, Universidad Nacional de Colombia,Facultad de Derechos, Ciencias Políticas y Sociales,Bogotá Colombia, agosto 2012.tiempo, se fue extendiendo al resto del terri-torio nacional. Por ello, los lugares habitadospor la diáspora africana no podían ser la ex-cepción. Pero es a finales de los ‘90 y en elprimer gobierno de Álvaro Uribe Vélez, cuan-do se profundiza la crisis humanitaria en losterritorios de comunidades negras. A raíz deldesplazamiento y de los asesinatos y persecu-ción de los afrocolombianos, éstos traspasanlas fronteras del territorio nacional y se con-vierten en refugiados en países vecinos, comoEcuador y Venezuela.Los territorios habitados por las comunidadesnegras, que en el pasado fueron desechadospor encontrarse en lugares recónditos, aparta-dos, selváticos y montañosos, por ende aban-donados, se han convertido, en las dos últi-mas décadas, en los lugares más apetecidospor las multinacionales y los grandes emporiosnacionales, debido a su riqueza natural y, últi-mamente, a causa de su ubicación geoestraté-gica. Estos territorios son los lugares de ma-yor confrontación bélica entre los diferentesejércitos regulares e irregulares. Ejemplo deello es lo que sucede a diario en el Pacifico co-lombiano. Estas situaciones las padecemos ysufrimos las comunidades negras de diferentesformas. El conflicto armado, tanto en el te-rritorio, como en las grandes ciudades dondellegamos en condición de desplazados o mi-grantes, nos ubica en los cinturones de mayormiseria del país. Por otro lado, son nuestrosjóvenes los que están enfilados en los diferen-tes ejércitos, como carne de cañón, sea en laguerrilla, en el ejército o con los paramilita-res, puesto que no tienen oportunidades deestudio o de trabajo.Generar oportunidadesComo última dimensión decimos que, paraque los afrocolombianos puedan cambiar y sa-lir de la precaria situación socioeconómica enque viven, tanto en el campo como en las ciu-dades, es importante que se generen condi-ciones reales de oportunidades. Éstas puedentener su punto de partida en las discusionesde La Habana entre la FARC-EP y el GobiernoNacional, en el marco de la búsqueda de una
  21. 21. junio 201321salida negociada al conflicto, enmarcada enel acuerdo para la terminación de la guerra yuna paz duradera. En este sentido, las comu-nidades negras fueron víctimas, en el pasado,de la esclavización, de la invisibilización, dela exclusión y del racismo. Hoy son víctimasademás del conflicto. Es necesario que aca-ben las condiciones que generan las situacio-nes de pobreza y falta de oportunidades quepadecen, razón por la cual apoyamos el proce-so de diálogo que se está desarrollando en LaHabana, Cuba.4El apoyo de las comunidades afrocolombianasal proceso de La Habana no es bajo la visiónde la elite racista y clasista que ha gobernadoeste país, que se reduce a una solución al con-flicto con el solo silenciamiento de los fusilesde la insurgencia, sin cambios estructurales,sin solución a las causas que originaron esteconflicto, sin democracia real. La apuestade las comunidades negras, de colectividadescomo Marcha Patriótica, es una salida negocia-da al conflicto que implique cambios reales enla dimensión de la distribución de la riqueza,y contemple una nueva forma de administra-ción y relacionamiento con el campo, la apli-cación de políticas económicas en beneficiode la economía nacional y de sus ciudadanos,una nueva forma de manejo de los serviciosesenciales como la salud y la educación. Plan-tea otra lógica de concebir la doctrina mili-tar y cómo ejercer la soberanía. Igualmente4 El periódico la URAMBA, del Colectivo de Estu-diantes Universitarios Afrocolombiano CEUNA realizasu última edición (No. 7, Junio 2013, Bogotá) sobreel proceso de paz en Colombia. Ver periódico laURAMBA en http://ceunafro.blogspot.comcompartimos que después de La Habana debehaber un cambio radical en la forma cómo sehace y ejerce la participación política de lasmayorías de la población colombiana. Porello, un resultado indiscutible debe ser la pro-fundización real de la democracia en nuestropaís. Terminaría diciendo que el producto fi-nal de La Habana nos debe enrumbar por lossenderos de una justicia social, para todos ytodas, sin distingo de etnia, religión, ni clasesocial.Y para introducirnos a una era post conflicto,vemos necesario, como comunidad negra, pa-lenquera y raizal, que se generen oportunida-des para todos y todas, pero también creemosque éstas deben ir de la mano con la progre-sividad de los derechos conquistados por losgrupos étnicos que componen la nacionalidadcolombiana. También deben ir acompañadosde la implementación de políticas y de accio-nes afirmativas, para los históricamente ex-cluidos, no solo por el conflicto, sino por elracismo y la discriminación estructural quepadecen los descendientes de africanos.Concluyo diciendo que la implementación deesta iniciativa en una Colombia post conflictonos debe llevar a una sociedad sin racismo nidiscriminación racial, por los senderos de otromundo posible.Desde el Palenque un Cimarrón todavía.Aiden Salgado Cassiani es miembro delColectivo de Estudiantes UniversitariosAfrocolombianos -CEUNA- y del movimientosocial y político Marcha Patriótica.
  22. 22. 48622La lucha contra elracismo en Cuba,una visión desde adentroSilvio CastroCon las medidas tomadas a partir de 1959,se inició la demolición de la discriminaciónracial. El formidable impacto alteró la vida dela población humilde y las ideas racistas fue-ron perdiendo vigencia. En marzo de 1959, en3 diferentes intervenciones, Fidel Castro fus-tigó las actitudes discriminatorias.Cito: Vamos a poner fin a la discriminación enlos centros de trabajo haciendo una campañapara que se ponga fin a ese odioso y repugnan-te sistema con una nueva consigna: oportuni-dad de trabajo para todos, sin discriminaciónde razas, que cese la discriminación en todoslos centros de trabajo. Así vamos forjando,paso a paso, la Patria nueva.Cuestión ésta que evidentemente no podíaeliminarse totalmente por decreto sino conun cambio de mentalidades, muchas de esasmentalidades lastradas por la posición de in-ferioridad en que llegaron los africanos y afri-canas a Cuba.La falta de un debate público –durante años–del tema del racismo, facilitó la supervivenciay reproducción de estereotipos racistas; estose debió a la priorización de la lucha contra elpoderoso vecino y se pensó que este tipo dedebate dividiría a la nación cubana. El pro-blema está en que aún subsiste cierto miedo aabordar el asunto en toda su dimensión social.Algunas personas actualmente afirman que elplantear el tema de la necesaria igualdad ra-cial divide la Revolución. Esto no es cierto, loque sí hace daño a la Revolución es no comba-tir esa costra del coloniaje.La lucha por la igualdad de la mujer no divi-dió al pueblo cubano, la lucha contra la ho-mofobia tampoco, ¿Por qué entonces la luchacontra los rezagos de la discriminación nos vaa dividir? Porque siempre que identifiquemosnuestros problemas esto no será negativo sinopositivo.Políticas frente a la pobrezaLa historia y la comparación con otros contex-tos nacionales enseñan que los momentos decrisis, de cambios, son propicios a un incre-mento de las expresiones abiertas del racis-mo. Indudablemente el derrumbe del camposocialista y el periodo especial fueron elemen-tos propicios para un resurgimiento de algoque estaba adormecido pero no eliminado.Las medidas implementadas a partir del triun-fo de la Revolución, en 1959, beneficiaron atodo el pueblo humilde pero especialmente alos no blancos, el sector discriminado por 400años de coloniaje y 58 de república depen-diente de Estados Unidos: becas para estudiosdesde la enseñanza primaria hasta la universi-taria, la conversión de los clubes privados dela burguesía, donde no se permitían negros ymestizos, en círculos sociales para obreros,igualdad en el empleo –hasta ese entoncessolo trabajaban blancos en bancos, tiendas yen las principales empresas norteamericanas–.Licenciado Silvio Castro Fernández, miembrodel ejecutivo de la Comisión Aponte de laUNEAC, autor de: “La larga guerra de lossofás del Almamy Samory Touré”, “La masacrede los Independientes de Color” y “Clasessociales en África”.
  23. 23. junio 201323Estas justas medidas, harto conocidas, par-tieron sin embargo de una base asimétrica.Recordemos que el mayor porcentaje de anal-fabetos, según los censos, siempre eran laspersonas negras y negros.No obstante, es obvio que abrirse paso a pesarde las facilidades otorgadas no es fácil, puesal residir en las peores viviendas y en muchoscasos hacinados, con padres de bajos ingre-sos y bajo nivel educacional que no puedenayudarlos en sus estudios, no les es factibleaprovechar a plenitud las oportunidades; estoha tratado de ser rectificado con el plan detrabajadores sociales implantado en la décadade los 90, que fue un real esfuerzo para elimi-nar las asimetrías.Recientemente en un coloquio organizado,este año, por la Fundación Nicolás Guillén, sehablaba de que en Cuba actualmente existeun 20 % de la población urbana viviendo en lapobreza. La gran mayoría de esa poblaciónestá compuesta por negros y mestizos. Seafirmaba, además, que tres generaciones decubanos continúan habitando en el mismo lu-gar, la mayoría de esos cubanos son negros ymestizos. En la actualidad se lleva a cabo unprograma de sensibilización a través de la Co-misión Aponte de la UNEAC, existe un progra-ma televisivo de la Fundación Nicolás Guillén,y la reciente constitución de la Red de Articu-lación de Afrodescendientes (ARA) contribuyeal logro de estos objetivos.En tiempos anteriores, “Color Cubano” jugóun papel importante en la batalla por la elimi-nación de los estereotipos racistas, sobre todoen los medios radiales y televisivos.La Comisión Aponte de la Unión Nacional deEscritores y Artistas (UNEAC), en los años 2011y 2012, en coordinación con la Comisión deEducación, Cultura, Ciencia y Tecnología de laAsamblea Nacional del Poder Popular, efectuóaudiencias en diferentes provincias del país:Matanzas, Mayabeque, Ciego de Ávila, Pinardel Rio y Las Tunas. En las mismas se reflexio-nó, entre otros temas, sobre la necesidad desuperar las deficiencias que se observan en losprogramas de estudios de la enseñanza y enlos medios radiotelevisivos.Por otra parte, en la reunión de la antes citadacomisión, en el Palacio de las Convenciones, el21 de diciembre del pasado año 2011, previoal VIII periodo de sesiones de la VII legislatura,se trató el tema de la desigualdad y discrimi-nación racial, secuela del coloniaje y la nece-sidad de combatir esas manifestaciones desdeedades tempranas, añadiendo que estábamosen un instante crucial para construir juntos unsocialismo mas inclusivo y que para lograrloera necesario revisar los textos de historiaen busca de aspectos identitarios que hoy notienen todo el realce que merecen. Con estemotivo, la Comisión Aponte efectuó reunionescon los ministros de educación y educación su-perior. Finalmente Miguel Barnet, presidentede la UNEAC, profundizó en las carencias delsistema educacional cubano en torno al lega-do africano.Corregir las fuentes del racismoEn estos momentos, una batalla primordiales que los planes de educación den más vi-sibilidad a la participación de no blancos enla construcción de la nación; no olvidemosque sobre sus hombros recayó el peso de laindustria azucarera, la construcción de lasfortificaciones y residencias de la adineradasacarocracia y lo más importante, ellos con-tribuyeron en más de un 70% a las filas delEjército Libertador y en más de un 40% de laoficialidad en la lucha contra el yugo español.No menos fue su aporte a la cultura nacionalen los campos, no solo de la música, sino en lapintura, escultura, literatura, para mencionarunos pocos nombres: Nicolás Guillén, WilfredoLam, White, Brindis de Salas.Ricardo Alarcón, en el prólogo de un libro deun autor próximo a publicarse, escribió: Lascelebraciones por el aniversario del movi-miento que condujo a la separación de Espa-ña de la mayoría de sus posesiones colonialesen América ofrece la oportunidad de haceruna profunda reflexión sobre nuestra historiaque, despojada de eurocentrismo, sea verda-
  24. 24. 48624Inclusión de losafrodescendientes del Perú:Un olvidoin-voluntarioOswaldo Bilbao Lobatonderamente nuestra, americana.Se trata de asumir una perspec-tiva diferente, desde abajo, queincorpore y reconozca su papelfundamental y decisivo a los de-rrotados, a los ignorados por tan-to tiempo en gran parte de la his-toriografía oficial (...) El racismoy la discriminación contra laspoblaciones autóctonas y contralos esclavos africanos y sus des-cendientes, que había sido una delas características principales delas sociedades coloniales, conti-nuó después de la independenciacomo instrumento clave de domi-nación de las oligarquías criollas.Para llevar a cabo estas tareas senecesita, en primer lugar, investi-gar los procesos que favorecen laconstrucción racista de la diferen-cia social para luego intentar co-rregir, desde el Estado, las fuentesdel racismo. Las investigacionespermiten también identificar elracismo en todos los ropajes de lasociedad, aun en sus formas mássutiles o aparentemente inofensi-vas. Solo de esta manera, se po-drán encarar medidas educativas,normativas.Existen aún frases que reflejan lapermanencia consciente o no deestereotipos racistas, que hemosoído muchas veces: “Tenía que sernegro”, “Hace las cosas como losblancos”. Un componente arrai-gado por la historia de la sociedadcubana. En la frase: “Yo no soy ra-cista pero no quiero ver a mi hijacon un negro”. El verdadero racis-mo está en la mente de la gente.Es un tema delicado, que despier-ta muchas susceptibilidades perono queda más remedio que en-frentarlo en una Revolución ver-dadera.Nos gustaría hacer un análisis de los afro-descendientes en el Perú y su inclusión enel plan de gobierno del presidente Humala,pero creemos que sería una mirada descontex-tualizada de lo que ha sido la inclusión de losafroperuanos en los últimos 50 años, por talmotivo nos atrevemos a realizar una miradaretrospectiva de cómo hemos sido incluidos enlas políticas de los gobiernos desde el gobier-no revolucionario del General Juan VelascoAlvarado (1968 – 1975), hasta el gobierno de-mocrático del Presidente Ollanta Humala Taso(2011 – 2016).El gobierno revolucionario del General JuanVelasco Alvarado realizó una serie de refor-mas que no tuvieron comparación en toda lahistoria republicana del Perú. Estas reformassociales, culturales y económicas impulsa-Oswaldo Bilbao Lobaton es DirectorEjecutivo del Centro de Desarrollo Étnico-CEDET-, especialista en Desarrollo Social parala población afrodescendiente. Ha dictadoconferencias en diversas universidadesnacionales e internacionales.
  25. 25. junio 201325costa como propiedad colectiva de los traba-jadores agrícolas; fue en ese espacio donde sebenefició a los afroperuanos trabajadores delas haciendas, quienes pudieron acceder a lapropiedad de la tierra y pasaron de ser traba-jadores a propietariosEn 1975, con el nuevo golpe de estado, dirigi-do esta vez por el General Morales Bermúdez,se buscó desmontar todas las reformas socia-les y económicas realizadas por el GeneralJuan Velasco Alvarado, este periodo duró de1975 a 1980.Primer proceso organizativoEl Perú regresó a la democracia en el año 1980con la elección de Fernando Belaunde Terry(1980 – 1985), para luego ser sucedido porAlan García Pérez (1985 – 1990). Estos dos go-biernos significaron una década perdida paralos afroperuanos en el ámbito formal, puesninguno de los dos tenían entre planes desa-rrollar estrategias de inclusión y desarrollo delos grupos étnicos en general y de los afrope-ruanos en particular, a pesar de que se vivíauna guerra interna, la cual tenía como uno desus sustentos ideológicos el empobrecimientode los grupos indígenas así como el racismo ydiscriminación, debido a siglos de explotacióncolonial y esclavitud vividos en el Perú. Cabeindicar que durante este periodo, se dio ini-cio al primer proceso organizativo afroperua-no denominado “Movimiento Negro FranciscoCongo”, que nació el 29 de noviembre de 1986como alternativa de lucha y movilización so-cial de los afroperuanos contra el racismo y ladiscriminación racial. Este proceso le dio ungiro a la presencia afroperuana que pasó deser meramente cultural a una presencia másreivindicativa, más de lucha, más de procesoy hermanamiento con los procesos de cambiossociales que se venían desarrollando en elPerú y el mundo.Ya con un espacio de articulación incipientepero muy activo como movimiento social nosencontramos con un nuevo proceso electo-ral; se abrió un nuevo reto eleccionario parael periodo 1990 – 1995, donde dos candidatosron un cambio sin precedentes en el país: lasclases trabajadoras consiguieron un recono-cimiento que nunca habían tenido, se invir-tió en una reforma cultural que rescató lasartes, historia y expresiones de la diversidadracial y cultural de los peruanos; Velasco fueel primer presidente que promovió, incorporóy creó un espacio para la expresión de la cul-tura afroperuana. En esas décadas se formó elConjunto Nacional de Folklore, financiado porel Estado, a través del Instituto Nacional deCultura. Es significativo que el ballet folklóri-co afroperuano «Perú Negro1» también empe-zara sus actividades durante estos años bajola dirección de Ronaldo Campos. El gobiernomilitar creó un ambiente propicio para la in-vestigación y el estudio de las culturas hastaentonces marginadas y desdeñadas en el Perú.En esas décadas se publicaron numerosos artí-culos sobre diferentes aspectos de la culturaafroperuana y su aporte a la cultura nacional.En el plano económico-social se implementóla reforma agraria peruana, que fue el procesode la transformación de la propiedad del sueloagrícola. Esta reforma fue impulsada en 1963,durante el primer gobierno de Fernando Be-laúnde Terry (1963 – 1968) en que se promulgóla Ley de Reforma Agraria que no incluyó a lasgrandes propiedades de la costa norte y tuvoproblemas para ser aplicada.La reforma agraria fue retomada durante elgobierno militar de Juan Velasco Alvarado, conel cual se inició un proceso más radical. En losaños siguientes, alrededor de 11 millones dehectáreas fueron adjudicados a cooperativasy comunidades campesinas. Dos tipos de coo-perativas fueron formados: las cooperativasagrarias de producción (CAP) y las sociedadesagrícolas de interés social (SAIS). Las CAP fue-ron formadas en las haciendas agrícolas de la1 “«Perú Negro» impulsó la locura por el baileafroperuano durante los politizados años 70, «PerúNegro» tiene también reputación por su autenticidaden la reconstrucción de canciones y bailes tradicio-nales”; Gregorio Martínez y Fietta Jarque, «Programand Biographical Notes», en el CD The Soul of BlackPeru: Afro-Peruvian Classics, ed. David Byrne y YaleEvelev (Burbank, CA: Luaka Bop/Warner Bros, 1995).
  26. 26. 48626tenían la mayor fuerza para lograr la presi-dencia: por un lado el novelista Mario Var-gas Llosa, representante de la derecha, conun discurso y pensamiento neoliberal, y porotro lado, el Ing. Alberto Fujimori Fujimori,un desconocido en la política con un discursomoderado. El ganador de las elecciones fueFujimori con el apoyo de la izquierda, de lospobres, de los movimientos sociales, el Par-tido Aprista Peruano y los gremios sindicales.Durante su primer periodo de gobierno (1990– 1995) Fujimori cambió radicalmente su dis-curso de igualdad; de un “No” al proyectoneoliberal, pasó a un programa neoliberal bru-tal que se denominó el “Fujishock”. En esteperiodo se destruyeron las organizaciones so-ciales, los sindicatos y todo lo que se oponíaal modelo económico. Su segundo gobierno(1995 – 2000) se dio gracias a que se insertóla figura de la reelección presidencial en laConstitución del año 1993, impulsada por él.Fujimori buscó una tercera reelección para elperiodo 2000 – 2005 y en ese contexto políticoun grupo de integrantes del Movimiento NegroFrancisco Congo propuso que la organizaciónen conjunto apoye a una aspirante al Congresoque participaba en las filas del fujimorismo,lo que significaba apoyar la propuesta del Sr.Fujimori. Dicha actitud originó un rompimien-to al interior del Movimiento Negro FranciscoCongo y, por ende, en el tejido social afrope-ruano que hasta la fecha no se recupera.Con un espacio organizativo desarticulado lle-gamos a los comicios electorales del 2001 des-pués de haber pasado un periodo de transiciónde gobierno, donde fue elegido el candidatoAlejandro Toledo Manrique para dirigir el Perúpor el quinquenio 2001 – 2006. Su gobierno secaracterizó por fomentar la inversión extran-jera y la firma de tratados de libre comercio.Durante su mandato se creó la Comisión deAsuntos Andinos, Amazónicos y Afroperuanos(CONAPA), un organismo gubernamental que,según sus estatutos, debía propiciar el desa-rrollo y la integración de los pueblos en ex-trema pobreza. Este espacio gubernamental,presidido por la primera dama, Elian Kart, fuedesactivado y luego de un consenso multipar-tidario, se creó el Instituto de Desarrollo delos Pueblos Andinos, Amazónicos y Afroperua-nos (INDEPA) para reemplazar las debilidadesy carencias de la CONAPA.El INDEPA, que tenía como funciones las deproponer y supervisar el cumplimiento de laspolíticas nacionales a favor de los pueblos an-dinos, amazónicos y afroperuano, y coordinarcon los gobiernos regionales y locales la eje-cución de proyectos y programas dirigidos a lapromoción, investigación, defensa, afirmaciónde los derechos y desarrollo con identidad deestos pueblos, se convirtió en un espacio declientelismos y de desarticulación de los mo-vimientos indígenas y afroperuanos pues mu-chos de los representantes de los grupos ét-nicos en esta institución estatal, elegidos demanera democrática por sus pueblos, pasarona ser asalariados del Estado y, por ende, deja-ron de ser fiscalizadores y críticos; fue el es-pacio para pagar favores políticos y se convir-tió en un espacio burocrático, sin propuestas.Se dedicó a realizar talleres sin ningún sentidoprogramático y menos sistemático.Con la existencia del INDEPA como ente arti-culador de las políticas públicas para los in-dígenas y afroperuanos, llegamos al segundogobierno de Alan García Pérez (2006 – 2011),donde esta institución siguió siendo el espaciopara pagar favores y dar cargos públicos a lossimpatizantes del gobierno de turno. Siguiódedicándose a la realización de talleres y enningún momento, propuso una política públicade desarrollo para los grupos étnicos en gene-ral y los afroperuanos en particular. Duranteel gobierno de García se le disminuyó de cate-goría –de Organismo Pública Descentralizadopasó a ser un organismo dependiente del Mi-nisterio de la Mujer y Desarrollo Social–, paraluego disolverlo, al fusionarlo en la modalidadde absorción a un recién creado Ministerio deCultura.En este quinquenio, se dieron dos importantesactos simbólicos para la población afroperua-na: 1) el Congreso de la República, en el año2006, declaró el 4 de junio como el Día dela Cultura Afroperuana a través de la ley N°28761. La fecha fue propuesta en homenaje

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