La lucha quimérica de la jife.

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La lucha quimérica de la jife.

  1. 1. LA LUCHA QUIMÉRICA DE LA JIFE David Pere Martínez Oró Psicólogo Social. david@dpmo.catEl martes 28 de febrero, la Junta Internacional de Fiscalización de Estupefacientes (JIFE) presentó elinforme 2011 sobre el estado de las drogas fiscalizadas en el mundo. La JIFE es un organismoindependiente, encargado de cumplir con las Convenciones Únicas de la ONU en materia deestupefacientes (1961), sustancias psicotrópicas (1971), y precursores (1988). La prohibición mundial deciertas drogas se fundamenta en estas Convenciones, que regulan la producción, distribución y consumo delas drogas fiscalizadas. El informe de la JIFE muestra los avances en el control de drogas, aplaude lasacciones acordes y censura las estrategias contradictorias con las Convenciones. El error de base de lasConvenciones es querer erradicar el consumo de las sustancias fiscalizadas. Error. Las sociedadeshumanas han convivido desde la noche de los tiempos con sustancias, hoy fiscalizadas. Mientras seproduzcan consumos, las Convenciones de la ONU restaran sin alcanzar sus objetivos y la JIFE continuarácon su cometido.La JIFE elabora un discurso centrado en los efectos más perversos del consumo de drogas, abogando porel control policial en vez de por la educación. El Informe 2011 está repleto de referencias a las actuacionespoliciales, los decomisos, el tratamiento de drogodependientes y los trabajos comunitarios. Aunquevagamente la prevención también está presente, cuando se explícita se refiere a la prevención universalcentrada en potenciar la abstención del consumo de drogas. El discurso del NO fracasa cuando va dirigido aciertos colectivos, y evitablemente lo hace entre los usuarios de drogas. Para mejorar la calidad de vida delos consumidores es mejor utilizar estrategias de reducción de daños y de riesgos, como: el intercambio dejeringuillas, el análisis de drogas, informar sobre pautas de consumo menos dañinas, hablar de las drogassin tabús, asistir a la venopunción, entre muchas otras. Prácticas todas ellas implementadas con éxito en elEstado español, y vistas con recelos por la JIFE.En el informe 2010 la JIFE mostró el descontento hacia el Estado español por la persistencia de salas devenopunción higiénica, en el informe 2011 no señala directamente al Estado español, aunque apunta “la
  2. 2. Junta ha advertido de que esas políticas (salas de inyección de drogas, entre otras) promueven la toleranciasocial y legal del uso indebido y el tráfico de drogas y, por lo tanto, contravienen los tratados de fiscalizacióninternacional de drogas”(pg.42). Las salas de consumo son espacios sanitarios dónde los usuarios dedrogas, además de poderse administrar drogas higiénicamente, pueden descansar, asearse y recibir unasesoramiento psicosocial. Pequeños –o grandes- detalles que les permiten no agravar aún más sucompleja situación, y ser el primer paso para iniciar un tratamiento. El tono del texto parece indicar que a laJIFE, le importa poco la calidad de vida de los usuarios, la utilidad y los logros alcanzados en las salas. Si laJIFE observa con preocupación las salas de venopunción, la sociedad debería de mirar con preocupación eltrabajo de la JIFE.Otro despropósito de la JIFE es confundir la normalización social del consumo de drogas con la cohesiónsocial, el informe apunta: “la consiguiente aparición de una cultura de aceptación del uso indebido dedrogas por parte de algunas personas y grupos sociales puede contribuir a una normalización creciente deciertas formas de abuso de drogas en la sociedad en general y conducir a su vez a la socavación de lacohesión social” (pg 4). En las últimas décadas el consumo de ciertas drogas ilegales se ha vinculado alocio nocturno y a la diversión, un porcentaje nada desdeñable de población las ha consumido, sin que estohaya coartado continuar con vida exquisitamente competente. Para ciertos colectivos el consumo de drogasse normaliza, sin que ello implique un mayor consumo ni una socavación de la cohesión social. Una buenaeducación sobre los efectos y las consecuencias de las drogas haría reducir los consumos problemáticos.En los tiempos que corren apuntar a la normalización social del consumo de drogas como un factor desocavación de la sociedad es cuanto menos grotesco.Los efectos perversos de las drogas se podrían mitigar con unas políticas de drogas más cercanas a larealidad. Políticas de asistencia acordes con las necesidades de los usuarios, políticas de reducción dedaños y riesgos, políticas preventivas con un mensaje centrado en la responsabilidad. Así como, evitar eldiscurso divinizado del No a las drogas como único camino, que destierra del paraíso terrenal a losconsumidores de drogas, para volverlos a perdonar en los purgatorios del tratamiento de desintoxicación. Yla piedra de toque, regular la producción y la distribución, hoy en día en manos de mafias internacionales.Dejar la salud de los consumidores en manos de rateros es todo un ejercicio de irresponsabilidad política.Las consecuencias funestas de las drogas son el argumento para continuar la guerra contra las drogas. Unaguerra iniciada para preservar la salud pública pero en el desenlace de la guerra, la salud pública sepresenta aún más deteriorada.
  3. 3. En el prólogo del Informe 2011, Hamid Ghodse presidente de la JIFE apunta: “redoblemos nuestrosesfuerzos para que el próximo siglo de acción fiscalizadora resulte aún más fructífero que el anterior (pg. V).Los esfuerzos se podrán aumentar hasta la máxima potencia pero el objetivo de conseguir un mundo librede drogas es quimérico. El trabajo de la JIFE es un bucle sin salida, por muchas acciones fiscalizadorasfructíferas alcanzadas, los consumos de drogas le serán motivo de disconformidad y para continuar con laacción fiscalizadora. Y así, ¿hasta el infinito? ¿No empieza a ser hora de parar los bucles perniciosos conmás de 50 años de duración? La JIFE es la lugarteniente de los valores políticos de la prohibición mundial, ymientras no se modifiquen las Convenciones, mantendrá su actividad impasiblemente, aunque la realidad seenteste en evidenciar el fracaso del prohibicionismo.La insistencia para cumplir unos objetivos utópicos tiene como resultado la reproducción del modelo que sequiere erradicar. Si para el presidente de la JIFE es fructífera la acción fiscalizadora, con millones demuertos y encarcelados, conflictos armados, contaminación, desforestación, estigmatización de losconsumidores, entre otras consecuencias perversas, mejor apaga y vámonos. La fórmula prohibicionista nofunciona, y salir de la actual encrucijada se presenta como un reto para la sociedad del siglo XXI. Son cadavez más las voces desacordes con la actual prohibición, como se pudo contemplar en el congreso “Drogas,un balance de un siglo de su prohibición celebrado del 14 al 16 de febrero en Ciudad de México, así como elinforme de la Comisión Global de Políticas de Drogas de la cual son miembros Kofi Annan, Mario VargasLlosa, Javier Solana, entre otros.Ahora es el momento de revisar las Convenciones de la ONU y empezar a trabajar por las exigenciassanitarias y educativas del conjunto de la sociedad. La JIFE debe de reconocer el fracaso, hacerlo sería ungran acto de sinceridad, valor escaso en la sociedad actual. Para finalizar, la JIFE se debe de transformaren una nueva Junta lugarteniente de la salud pública, pero que no sean los mismos perros con distintoscollares.

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