Casamiento y Mortaja                        Adolfo Calero OrozcoManagua lo era todo para la Tinita. Una vez le toco ir a p...
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Casamiento y Mortaja de Adolfo Calero

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Casamiento y Mortaja de Adolfo Calero

  1. 1. Casamiento y Mortaja Adolfo Calero OrozcoManagua lo era todo para la Tinita. Una vez le toco ir a pasar unos días en Granada, con su tía, pero regreso arrepentida de haber accedido aacompañarla: Granada era triste Granada era así, Granada era asá; y a demás, sobre no conocer a nadie, la gente le caía mal. “No hay como Managua” era su conclusión.Efectivamente en su barrio, por mas señales el de Marcial, la Tinita eramuchacha popular y bien vista; no le faltaban amigos que la visitan niamigas con quien hablar mal de las otras amigas. En fin, se divertíarazonablemente: que ahora un cumpleaños, que mañana una purísima, de vezen cuando procesiones, en verano las lunas de la playa, en agosto SantoDomingo –de-abajo. Siempre algo!.Pero la muchacha crecía en años, y de sus amigos o presuntos enamorados,ninguno daba forma. La mamá, Doña Concha, no ocultaba su preocupaciónante el hecho de que la soltería de Tinita mostraba tendencias a prolongasedemasiado. “Yo ya estoy vieja- decía la señora- y mi mayor felicidadsería colocar bien a la Tinita”. Y concluía: - “Solo así moriríatranquila”.Tinita no disentía del parecer de mamá en cuanto a lo deseable que seríapara ella hacerse de un buen marido, y aun ponía de su parte lo que parecíaindicado, pero con todo y su acuerdo y sus esfuerzos más o menos discretos,
  2. 2. seguía y seguia soltera; y seguía también su misma vida que de tanto ser lamisma ya comenzaba a fastidiarla un poco.Así la conoció Don Rosendo, cuando se prendó de ella en una de susvenidas de León. Cierto que se la comía en años; cierto también que era muyserio el viejo, para el carácter de la Tinita, siempre tan dispuesta y tanamiga del paseo; pero él juraba que así le gustaba la muchacha; y que si secasaba con ella era para hacerla feliz. Por otra parte, Don Rosendo no solose presentaba solamente son sus años y sus arrugas, que vá, el era hombrede bollos, con finca y buenas cargas que vender en Managua cada tantosmeses; y si bien su indumentaria era harto modesta, ellos se debía más biena las costumbres de su gente que a falta de medios para vestirse mejor. Poralgo era Don Rosendo tan parco en hablar de sus haberes.Doña Concha hubiera querido un yerno más joven y más vivo de carácter, unyerno con quien llevara seguro unos nietecitos traviesos y encantadores, perotal vez era mejor este señor serio y recatado, que sabía lo que hacía y que noiba a darle dolores de cabeza a su niña por cosas con otras mujeres. En fin,ella dejaba a Tinita la determinación que había que tomarse, sin que poreso perdiera ninguna ocasión de hacer insinuaciones a favor de DonRosendo, ni de repetir aquello de que ella estaba muy vieja y de sus anhelosde morir tranquila.La Tinita se desvelaba pensando que le correspondía hacer a ella; DonRosendo no se mostraba demasiado exigente en cuanto a su respuesta y másbien parecía dispuesto a darle todo el tiempo que quisiera para madurar suresolución, lo cual en el fondo no dejaba de molestar a la muchacha y hastade provocarle cierta forma de impaciencia ante la paciencia del señor. Habíasucedido que a los primeros disparos ellas fue presta en resolver, pero
  3. 3. cuando empezó el exordio con que pretendía llegar a negarse al viejo, sinlastimar mucho a una persona que ella reconocía que era buena, pero con susperos, el no la dejo terminar: - “Todavía no me diga ni que sí ni que no,las cosas hay que pensarlas, hay que consultarlas: para eso las niñas tienena su mamá”. Y la Tinita, sonriendo compasivamente, se allano al deseo deDon Rosendo de aplazar su negativa por unos días más. Sin embargo elaplazamiento se fue prolongando y Doña Concha continúa acariciando susesperanzas de morir tranquila….Sus amigos de ella empezaron a frecuentar menos la casa y a tratarla de unmodo nuevo, más comedido y menos jovial, como si parte del respeto quemerecía don Rosendo la alcanzara también a ella.Por fin un día de tantos estalló la noticia: La Tinita se casaría con donRosendo la semana siguiente y, lo más gordo: se irían a vivir a León dondeél tenía una propiedad.¿Y no era esta Tinita la que solo en Managua se hallaba? Y no era ella laque juraba que prefería un rancho en Managua a un palacio en cualquierotra parte? Y esto que muchos no sabía lo que ella había dicho, reciénpresentado don Rosendo: que mejor se quedaba vistiendo santos que desvestira un viejo, aunque fuese de la capital. Y el que se la llevaba era fuerano!Pero la cosa era que la otra semana se casaban don Rosendo y la Tinita, yya doña Concha podría morir tranquila.La ceremonia tuvo que ser sencilla, por el modo de don Rosendo que no erahombre de desvelos ni de parrandas, ni creía en darle de beber a la gente, y
  4. 4. así tras unas bodas a las cinco de la mañana y un cafecito de familia,tomaron el tren de las diez para León.Debe haber sido verdad lo de la finca y los negocios, porque unos mesesdespués cuando vino Tinita a visitar a su mamá se le veía gordita y bienargentada, aunque sus vestidos parecían escogidos por don Rosendo;además hay que ser justo y reconocer que la prosperidad había alcanzado untanto a doña Concha; hasta decía la gente que la casita en que vivía se lapagaba el yerno.Cuando las amigas y vecinas, más por curiosidad que por cortesía, vinierona visitar a la Tinita, se dieron cuenta que la muchacha había tomado suestadía en León como un destierro temporal, y a una de las máspreguntonas le confesó la recién casada: -“En cuanto don Rosendo semuera, vendo y me vengo para acá”. Cuestión de esperar un poco.Ah, pero cómo es el mundo! Con aquello que don Rosendo no iba al cine nocomía de noche, ni se rasuraba con catarro, ni se bañaba de tras purga, nodaba trazas de morirse pronto. Antes por el contrario, parecía que de lajuventud de la Tinita estaba tomando él su parte, porque la cara se le veíacomo recién masajeada, seguía siempre andando como antes, más bien pandoque conchudo, subía las gradas como que tal cosa y cuando daba la manoapretaba la mano igual que si le dieran un córdoba.Tal vez no faltó ni quien pensara que aquel matrimonio hasta hijo iba atener. Pero lo que digo: cómo es el mundo!Fue como a los diez meses de la boda se va apareciendo el viejo enManagua con unas cargas de dulce, por tierra como usualmente lo hacía y
  5. 5. con una enorme cinta negra que le tapaba toda la copa del sombrero ytodavía una banda negra también a jeme, en el brazo izquierdo.Me lo encontré por el mesón. “No me diga, don Rosendo… “Cierto temorde que lo que presentí entonces fuera lo cierto que hizo dejar en suspenso lapregunta.Pero él me comprendió, y su repuesta me pareció empapada en un sinceroaunque resignado sentimiento:“Que le parece amigó… mi pobre Tinita!”En verdad, yo había sido su amigo y la sentí, pero cuando instantesdespués me acordé de lo que ella decía: “En cuanto don Rosendo semuera… “, francamente: me dio risa!

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