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    La accion comunitaria_desde_el_trabajo_social La accion comunitaria_desde_el_trabajo_social Document Transcript

    • CORTÈS, F.; LLOBET,M. (2006). La acción comunitaria desde eltrabajo social a: ÚCAR,X.; LLENA,A.(coord.). Miradas y diálogos entorno a la acción comunitaria. Barcelona, Graó.La acción comunitaria desde el trabajo socialFerran Cortès IzquierdoMarta Llobet Estany1. Aproximación a las bases teóricas y epistemológicas del trabajo socialcomunitario.La intención de los autores en el capítulo que a continuación vamos a desarrollar es laabrir un diálogo y un debate acerca de los actuales desafíos y dificultades con los que seenfrenta hoy en día la acción comunitaria orientada desde la disciplina y profesión deltrabajo social. Pretendemos construir algunas respuestas y nuevas preguntas al porque,al para quien y al como, entendido todo ello como ejercicio que nos remite a los núcleosfundantes, significativos y articuladores del trabajo social comunitario.No podemos detenernos aquí a analizar con detalle el trabajo social comunitario desdeuna perspectiva histórica (Lillo y Roselló, 2001, Báñez, 1998), pero tampoco debemosobviar que la naturaleza y los objetivos del Trabajo Social Comunitario estánincardinados a aquellos que son propios del Trabajo Social (Twelvetrees, 1998). Elmismo origen, desarrollo y evolución del trabajo social está vinculado con la accióncomunitaria, a partir de la existencia de diferentes experiencias de ayuda que se hansucedido a lo largo de la historia en el ámbito de la comunidad1. El trabajo socialcomunitario fue reconocido como método propio de la profesión de Trabajo Social en elaño 1947, en la Conferencia Nacional de Servicio Social de los Estados Unidos (Torres,1987). En el año 1962 la Asociación Nacional de Trabajadores SocialesNorteamericanos lo consideró como un ámbito práctico y de actuación del TrabajoSocial. En definitiva, toma diferentes significados e interpretaciones, como uno de lostres métodos de intervención clásicos, junto al individual y grupal o más recientemente1 De las cuales podemos destacar, los pueblos cooperadores impulsados por Robert Owen, pasando por elSettlement Movement, los consejos de bienestar de la comunidad, hasta los programas de desarrollocomunitario, entre otros, todos ellos citados por Lillo y Roselló, 2001). 1
    • como un proceso dialógico dentro del continuum metodológico individuo-grupo-comunidad (De Robertis, 1994). Desde esta última visión más holística y desde unalógica de proceso, donde se establece una clara imbricación entre lo colectivo y loindividual como dimensiones que entran en diálogo y/o en conflicto y se influencianunas a las otras2. El trabajo comunitario se considera como un enfoque propio eintrínseco del trabajo social, que incluso desde el debate más reciente se está planteandoen qué medida puede constituir este espacio profesional por si mismo, unaespecialización: la del trabajador social comunitario.Lo que nos interesa remarcar e introducir a partir de aquí, es la idea de que trabajar cony desde la comunidad es una oportunidad y al mismo tiempo una exigencia para poderre-pensar este espacio social fundamental para el trabajo social. Ello requiere de unamirada analítica y crítica respecto de las bases teóricas, conceptuales, epistemológicas ymetodológicas construidas desde esta disciplina, al mismo tiempo que debe permitirnosuna necesaria aproximación interdisciplinar, como base de diálogo y deretroalimentación mutua. Varias son las razones que justifican esta actualización crítica.Por un lado, los cambios a los que estamos asistiendo tanto a nivel macro como a nivelmicrosocial, aluden a grandes y pequeñas transformaciones que están modificando elcon-texto, es decir, la morfología, la cartografía y la sintaxis de aquello que podemosdenominar como espacio social. Por otro lado, estas transformaciones tienen unainfluencia y/o impacto no solo en las formas y estilos de vida, sino especialmente en lasrelaciones, en las formas de con-vivencia y condiciones de vida, modificando el rostroy las miradas entorno a la cuestión social. Por último, las distintas experiencias que sehan venido impulsando y desarrollando durante estos últimos años desde la perspectivacomunitaria nos invitan a poder de-construir y re-pensar nuestras fuentes, concebidascomo referentes teóricos, conceptuales, epistemológicos y metodológicos. Se trata deponer en práctica el continuum acción-reflexión-acción, o como diría EduardoMenéndez, intentar construir un marco de interpelación, diálogo y coherencia entrenuestras ideas y discursos, intenciones y prácticas de forma inter y transdiciplinar.Situar la acción comunitaria como espacio y objeto de estudio y de intervención, anuestro modo de entender, también supone una oportunidad para poder construirpuentes o anclajes que nos permitan la retroalimentación de saberes entre el ámbito2 Desde este enfoque y/o visión holística de la realidad, se explica la interrelación entre la dimensióncolectiva del individuo y la dimensión individual presente en toda intervención comunitaria. 2
    • profesional y el ámbito académico desde cada una de las disciplinas. En este sentido, alfinal de este trabajo vamos a exponer una experiencia que nace y se desarrolla desdeeste espíritu y significado de anclaje y de retroalimentación entre ámbitos.Al igual que sucede en otras disciplinas afines dentro de las Ciencias Humanas ySociales, cuando se trata de designar la acción comunitaria, desde el trabajo social sehan utilizado diferentes vocablos: desarrollo comunitario, intervención comunitaria oorganización de la comunidad entre otros. Sin entrar a fondo en el debate acerca delpropio concepto de comunidad, nos parece necesario resaltar la ambigüedad queconlleva el propio concepto. Se trata de un concepto polisémico y complejo del cualpenden muchos otros conceptos que se utilizan como sinónimos de este. Estacomplejidad conceptual como lúcidamente resalta Jordi Sancho, se muestra por un lado,como unidad simbólica discursiva y formalizadora de un espacio profesional, pero almismo tiempo, paradójicamente se identifica como poco operativa. El concepto decomunidad no representa por si mismo ninguna realidad objetiva, sino que obtiene susignificado a través del uso en un entorno social concreto3. En realidad la comunidadnos remite a un modelo ideal de sociedad inexistente, y por ello alberga un significadoentre paradisíaco y utópico. Pero por otro lado, también hace referencia al interés y/ointención por recuperar un mundo, que se vive en la mayoría de los casos, en proceso dedesintegración y/o desafiliación. En definitiva, este vocablo nos remite a la expresión deun malestar y al mismo tiempo a un sentimiento de amenaza, de posible destrucción delos vínculos societales, en relación con el modelo de sociedad hegemónico, que esbásicamente capitalista, mercantilista y consumista por excelencia4.En contraposición se reivindica la comunidad, como estrategia consciente que puedepermitir la potenciación y fortalecimiento de las relaciones sociales como vía para poderhacer emerger nuevas subjetividades y re-construir identidades que han sidoinvisibilizadas y/o deterioradas. En definitiva supone la oportunidad de aprender a poderdecidir sobre los aspectos fundamentales de nuestras vidas (Canals, 1997), nuestro3 Jordi Sancho en su último y excelente artículo que ha querido compartir con nosotros y que todavíaestá pendiente de publicar: ¿Debemos tener miedo a utilizar el concepto de comunidad?, analiza el uso deltérmino "comunidad" que se ha venido haciendo desde el trabajo social.4 Según Alba Rico, S. (2001) La sociedad de consumo es una sociedad básicamente oral, narcisista, vacíade contenido, que produce procesos de exclusión y de desafiliación social. En definitiva, se trata devalores que se nutren de una cultura patriarcal de individualización y competitividad que provocainvisibilización y constantes rupturas de los vínculos necesarios para el desarrollo de nuestra existenciacomo seres humanos y sociales 3
    • espacio y tiempo sociovital.. Cuando al concepto comunidad le anteponemos elconcepto de acción, este nos acerca a la idea de una realidad que se activa, que se poneen marcha y/o en movimiento, con la intención y/o objetivo de poder transformarse. Apartir de aquí llegamos a una posible definición acerca de lo que entendemos por accióncomunitaria. Se trata de procesos organizativos que implican a los sujetos individuales ycolectivos, concebidos estos como actores sociales, que muestran algún tipo de anclajerelacional con el territorio y que toman conciencia y decisión en poder transformar y porlo tanto mejorar sus condiciones de vida.Este tipo de iniciativas y experiencias a menudo se pueden desarrollar en la medida quese constituyen alrededor de uno o varios proyectos de desarrollo y transformaciónsocial, que pretenden implicar a cuantos actores sociales sea posible en un contextoconcreto y determinado (unidad interbarrial, barrio, pueblo, municipio, etc.). Losobjetivos en los que se fundamenta esta acción comunitaria pasan por poner en marchay mantener procesos en los que se implica un amplio abanico de aspectos sociales ypersonales. La intervención social debe concebirse como un instrumento depotenciación personal y social de las poblaciones destinatarias, puesto que los procesosde desarrollo social sólo pueden iniciarse, motivarse y llegar a realizarse si se consideraa la dinamización personal y social como condición fundamental (Barbero y Cortés,2005). Se trata por lo tanto, de desarrollar la capacidad de la gente para poder establecerun proyecto, que permita incrementar y potenciar la interacción social y una estructuraen forma de red de relaciones nuevas o podríamos también añadir en movimiento (Ross,1967). De esta forma el propio proceso de organización colectiva puede devenir unproceso de concienciación, politización y de empoderamiento del grupo o intergruposque se van implicando a lo largo del proceso, tal y como desarrollaremos en el apartadometodológico.Una vez definidos los objetivos principales de la acción comunitaria desde el trabajosocial nos detendremos en el contexto social que justifica el impulso y desarrollo de estetipo de experiencias y procesos a nivel local y/o micro-local. El trabajo socialcomunitario se contextualiza a los efectos de la crisis económica y social (Red, 1987) enclave local o de Estado-nación. A pesar de la validez de este tipo de análisis,consideramos que para poder reflexionar y re-pensar las bases epistemológicas yconceptuales del trabajo comunitario hoy, en base a la nueva morfología de lo cuestión 4
    • social, así como los escenarios y necesidades emergentes, necesariamente debemosremitirnos a la interdependencia entre lo local y lo global (glocalización). Se trata de vercomo el nuevo orden social producto del actual estadio capitalista, descrito desde elproceso de globalización contemporánea está incidiendo en los procesos de cambio ycomo estos modifican y transforman las condiciones de existencia y de vida de laspersonas, grupos y pueblos. El actual contexto de globalización según Ulrich Beck(2002) provoca una extensión de los riesgos, peligros, de la incertidumbre y del miedo.El peligro o riesgo social probablemente ha existido siempre, pero las contradicciones ylas turbulencias en estos momentos se expresan de forma más extrema y aguda. Estapercepción social del riesgo además según el mismo Beck se ha individualizando,porque estamos viviendo un proceso de debilitamiento de las estructuras de soporte yprotección existentes (Estado de bienestar, des-regularización mercado de trabajo,transformación de la familia, etc.). En este sentido, todo apunta que las propuestasneoliberales van a incrementar en la mayoría de los contextos la desigualdad ypolarización social en términos económico-ocupacionales, así como la acentuación delas condiciones de dependencia económico-políticas, ideológico-culturales y científico-técnicas5. Partiendo de la descripción de estos posibles escenarios, las prácticas de lostrabajadores sociales comunitarios deben encarar la acción a propiciar alternativas paraconseguir la globalización de la justicia social (Barranco, 2004). La tesis de la quepartimos considera que esta mayor complejidad en los diferentes ámbitos y espacios dela vida nos sitúa ante escenarios dónde muchas de las situaciones que vivimos entérminos de problemas sociales, de conflictos y de nuevas necesidades, difícilmentepodrán ser resueltas y/o revertidas si no es a partir de estimular desde el trabajo socialuna conciencia social basada en un nuevo paradigma. En una nueva manera de pensar,de ver y de actuar ante la realidad social.Este nuevo paradigma está inspirado en las interesantes aportaciones que hacen distintosautores, entre los que podemos citar a José Luís Rebellato, Tomás R.Villasante,Graciela Aldana, Zygmunt Barman y Boaventura do Sousa Santos. Supone la5 La consolidación e intensificación del denominado proceso de globalización contemporánea puedepenetrar e incidir en un sentimiento de des(esperanza) en los imaginarios sociales y al mismo tiempopuede contribuir a debilitar la capacidad de acción y de bloqueo colectivo. 5
    • confluencia de elementos teóricos y también de experiencias y prácticas concretas desdeuna perspectiva participativa y comunitaria. Este paradigma por un lado, se sustenta enuna opción ética-política emancipatoria, abierta al aporte de corrientes de pensamientocrítico diferentes, que han sido y son fuente de retroalimentación de nuestras teorías,modelos y prácticas profesionales. Dentro del amplio abanico de teorías de pensamientocrítico podemos mencionar aquellas que emanan de la sociología (Fenomenologia,Marxismo, Interaccionismo Simbólico, Etnometodologia y Teoría de Habermas), lascorrientes humanistas radicales de la Psicología, la Pedagogía Liberadora de PauloFreire, las aportaciones teóricas procedentes del movimiento de la reconceptualizaciónde Trabajo Social y el feminismo. Estas corrientes y enfoques han ido nutriendo elacervo teórico-práctico del Trabajo Social comunitario y también confluyen con otrasenfoques que focalizan en la comunidad.La perspectiva ecológica (Bronfenbrenner, 1987; Kisnerman, 1991; Payne, 1995, Costay López, 1986) la intervención con las redes sociales (Villalba, 2000) y la de apoyosocial (Gracia, Herreo y Musitu, 1995) como modelos teóricos que guían la acción yprácticas comunitarias que se han activado desde el trabajo social también tienen unaclara conexión con el nuevo paradigma. Estas perspectivas permiten tal y como señalaSilvia Navarro (2004) dar un salto con red a la comunidad. Sitúan al sujeto en constanterelación dialéctica con su contexto y lo integran en su red de relaciones interpersonales.Permiten apostar, desde el valor y la fuerza de lo colectivo desde el presente con unamirada hacia el futuro. Las respuestas institucionales que se ponen en marcha antesituaciones sociales que se definen como problemáticas y/o conflictivas, o ante nuevasrealidades, como puede ser el tema de la inmigración, a menudo no son adecuadas nisuficientes, en la medida que no se orientan desde una perspectiva ecológica, y por lotanto se incide solamente en algunas dimensiones de la corteza de la realidad. Encambio las iniciativas y proyectos orientados desde esta perspectiva ofrecen un marcoteórico muy adecuado para orientar las prácticas de trabajo social comunitario ya queapuestan por favorecer las respuestas generadas y construidas por la propia comunidad.El análisis de redes también aporta una visión abierta y cooperante con los recursosnaturales y con las capacidades que muestran los sistemas de apoyo de las personas, losgrupos y comunidades. Las relaciones y vínculos sociales aparecen como elementosesenciales en el universo relacional que es la red que permite generar comunidad real. 6
    • En definitiva, el trabajo social deviene facilitador y capacitador de las colectividadespara que estas puedan tomar conciencia e implicarse activamente en construir respuestastrasformativas de su propia realidad. Al mismo tiempo que posibilita que el trabajadorsocial renuncie al saber y el poder que tiene, y aprenda a transferir ese poder a lacomunidad y sea capaz de aprender de ella.Por otro lado, el paradigma de la complejidad reformulado desde una ética de laliberación, centrada en valores de autonomía y dignidad aparece como otra vertientefundamental de este nuevo paradigma (Morin, 2001, Holloway, 1997). La complejidadnos invita cuanto no nos obliga a tener que revisar la forma de pensar la realidad ytambién nuestra práctica. El paradigma de la complejidad nos invita a pasar deprincipios reduccionistas, deterministas y simplistas a análisis de causalidad circular,complejos, donde el azar y la creatividad nos enriquecen la mirada y la acción.La acción comunitaria también se formula desde otra concepción de democracia, dondela participación no queda reducida a meros espacios consultivos o a un simple eslogan.Supone una oportunidad para desplegar procesos de democracia participativa comoformas de construir una democracia instituyente más vinculada con los problemas y/opreocupaciones cuotidianas de los ciudadanos. En definitiva, los procesos deorganización comunitaria pueden actuar como espacios constructores de ciudadanía,desde un nivel simbólico, pero también a nivel operativo y funcional. Permiten laemergencia de nuevos actores colectivos, formas de construcción de subjetividades y deidentidades promotoras de iniciativas que refuerzan y fortalecen los vínculos, densificanlas redes sociales y generan nuevos anclajes comunitaristas que puedan desplegarestrategias colectivas ante los nuevos desafíos.2. Orientaciones metodológicas para la intervención comunitaria.Una vez contextualizada la acción comunitaria a nivel teórico y epistemológico, nuestroreto es presentar un conjunto de orientaciones metodológicas para guiar la acción 7
    • comunitaria pensadas y desarrolladas desde el trabajo social6 pero también inspiradaspor otras disciplinas científicas (especialmente la pedagogía social y la sociología) quecomparten con nosotros el reto de abordar situaciones sociales colectivas mediante laorganización y la acción colectiva. El Trabajo Social como práctica que se orienta enbase a medios y criterios científicos comparte con el resto de disciplinas científicas unaestructura de procedimiento común para abordar las situaciones sociales(estudio/diagnóstico/diseño plan/ejecución/evaluación) que no debe entenderse comouna secuencia lineal sino como “forma de ir haciendo algo” en un proceso encabalgadoe retroactivo que puede iniciarse en cualquier momento del proceso. (Ander Egg, 1992;Aguilar, 2002; Barbero,2003)A través de las orientaciones metodológicas que vamos a presentar, queremos ofrecer altrabajador social7 un esbozo de guión en cuatro actos del proceso de intervencióncomunitaria, representados en el esquema 1, que le ayude a interpretar su rol dedinamizador y organizador comunitario, entendiendo que la lógica del procedimientometodológico se va reproduciendo en cada uno de estos momentos en una espiralabierta e implicativa. Teniendo en cuenta también que este método debe singularizarseadaptándose al encargo institucional, a la dinámica de la realidad social, la acción deotros actores sociales y a circunstancias aleatorias.A lo largo de nuestra experiencia hemos aprendido que estas orientacionesmetodológicas y técnicas no nos ofrecen recetas para construir procesos de organizacióncomunitaria sino que hay que encontrar un equilibrio entre las planificaciones ideales ylas oportunidades que se abren a lo largo del proceso, apostando por una planificaciónde carácter estratégico. La dinamización de un proceso participativo implica aceptar unmargen de incertidumbre y desarrollar capacidades para redefinir el rol profesional endiálogo con el resto de actores sociales e ir improvisando estrategias que permitan darrespuesta a cambios en el contexto de intervención que a menudo no son previsibles,entre otras cosas, porqué vamos (re)descubriendo la realidad a medida que intentamostransformarla (Morin, 2001)6 En la medida que los autores formamos parte de la comunidad professional y académica del trabajosocial y que estas orientaciones han sido (re)formuladas y enriquecidas a través de nuestra pràctica detrabajo comunitario conjuntamente con profesionales de los servicios sociales (trabajadores/educadoressociales)7 Aunque nos gusta pensar que estas orientaciones, en la medida que son el resultado de un esfuerzointerdisciplinar, también pueden ser útiles al conjunto de profesionales de la intervención. 8
    • Esquema 1. El proceso de intervención del TS comunitario 1. Entrada del profesional 2.Crear y sostener organización 4. Retirada del profesional 3. Diagnóstico y proyecto colectivoPrimer acto: La entrada del profesional en el espacio social de intervención8En el momento de entrada en el espacio social de intervención, el trabajador socialcomunitario necesita de un periodo en el que priorice el desarrollo de conocimiento y larecogida de información. El objetivo de este proceso de inmersión es reconocer lasnecesidades de la comunidad, entendida esta como el espacio de relaciones entrepersonas, grupos y instituciones en un territorio concreto y definido, así como supotencial para mejorar esta situación. Este conocimiento permite tener una base, eldiagnóstico profesional, que sirve de punto de referencia en la definición de las líneasde acción profesionales. Cabe decir, ya desde el principio, que esta investigación serámucho más rica y provechosa si se construye y desarrolla en el marco de un equipoprofesional que comparta el reto de impulsar un proceso de organización comunitaria.98 Vamos a situarnos en el supuesto de que el trabajador social desarrolla una acción comunitaria en elinicio de su labor profesional en el territorio.9 Hay que tener en cuenta que difícilmente podremos promover prácticas organizativas en la comunidad sino somos capaces de organizarnos en nuestra propia institución. 9
    • Henderson y Thomas (1992) nos remarcan que este proceso de recogida de informaciónes una buena oportunidad para establecer relaciones con los grupos locales, losresponsables y profesionales de los servicios públicos del bienestar10, sin olvidar lainstitución propia. Pedir la opinión a lideres de grupos locales, asociaciones o redesinformales significa reconocerlos como expertos naturales de la vida cuotidiana en elbarrio y como personas implicadas en la mejora de su territorio; mas también permiteser reconocido por los ciudadanos como un profesional que puede aportarles algunacosa.. También es importante consultar a los profesionales del bienestar con experienciade trabajo en la localidad sobre las situaciones sociales problemáticas del territorio y lasdeficiencias de la intervención sobre ellas, así como presentarles nuestras intenciones,programa y método de trabajo. Sin olvidar presentarnos a los responsables y resto detrabajadores de nuestra propia institución, para hacernos la idea de los limites del propiotrabajo y de los apoyos con los que vamos a poder contar en el desarrollo de nuestratarea.La presencia del profesional es una novedad que será bien aceptada en la medida quesea capaz de construir buenas relaciones y dejar de ser un desconocido o un extraño. Apartir de contactar con toda clase de personas puede descubrir quién tiene el tiempo, lamotivación, los recursos, las conexiones, la información necesarios para llevar a cabouna acción futura. Es posible, además, que el propio proceso haga emerger posibilidadesde acción que deban ser aprovechadas. Sea cual sea el momento del proceso deorganización y acción colectiva, el profesional necesita del apoyo de cuantas máspersonas mejor, entendiendo que este apoyo puede ser muy diverso: desde aquel de laspersonas dispuestas a implicarse en el grupo motor hasta aquel que se limitará a hablarbien de la experiencia en sus redes.Hay que tener en cuenta que los trabajadores sociales que quieren llevar a cabo unaacción comunitaria a menudo ya llevan algún tiempo desarrollando su tarea en el barrio,por ejemplo, en los servicios sociales de atención primaria, aunque centrando su trabajoen el tratamiento de los casos individuales/familiares. En este caso, puede ser que yaesté un poco más avanzado en el conocimiento de las necesidades de la localidad y hayaestablecido algunos contactos con otros profesionales y, más difícil, con algunos grupos10 Servicios sociales, servicios sanitarios, escuelas, centros civicos,etc 10
    • locales. Pero en mayor o menor medida, también tendrá que completar su proceso deconocimiento contrastando lo que ya sabe con la opinión de otros actores del barrio.En paralelo a esta tarea de aproximación al territorio, de localizar y definir losproblemas, de establecer contactos, y de construir el diagnóstico, el trabajador socialdebe pensar y repensar las características de su intervención. El profesional debeestudiar la teoría y consultar a los autores del Trabajo Comunitario, debe pensar en losaprendizajes de las evaluaciones anteriores si las hubo o elaborar la crítica deintervención anterior y comprender que tiene de problemática. Como fruto de ello,podrá identificar su proyecto de intervención profesional, o sea, sus objetivos, el tipode actividades que vale la pena emprender, las estrategias a seguir, etc. Así podráclarificar su propia posición, como ve su papel en el barrio y en su institución (Barberoy Cortès, 2005)Segundo acto: Crear y sostener la organizaciónEl motivo de ser del Trabajo comunitario es la constitución y/o el acompañamiento degrupos (simples o intergrupos) en la realización de proyectos de desarrollo social. Laapuesta del Trabajo Comunitario por el desarrollo social se manifiesta, sin duda, en suesfuerzo por conseguir unos resultados que se concretan en mejoras específicas en lasproblemáticas que aborda, pero sobre todo en la forma de abordar estas situacionesproblemáticas, esto es, a partir de un proceso que permita generar nuevos sujetossociales, nuevos agentes colectivos y/o nuevas estructuras de relaciones entre ellos quepermitan encarar la transformación de situaciones colectivas.Cuando este proceso es de amplio abasto11, los actores sociales12 que lideran laorganización comunitaria deben asumir el reto de constituir un intergrupo (unaplataforma, una coordinadora, una federación, etc.) para coordinar y reorganizar losesfuerzos de las instituciones (públicas o privadas) encargadas de favorecer el bienestarsocial. Con la finalidad de desarrollar estrategias de modificación del dispositivo11 Por ejemplo en el caso de los planes comunitarios.12 Para el desarrollo de estos procesos es imprescindible el liderazo político, como mínimo, delayuntamiento y la complicidad de algunas de las asociaciones del barrio, aunque el liderazgo organizativoacostumbra a ser asumido por trabajadores comunitarios (que pueden ser trabajadores sociales, perotambién educadores, psicologos, sociologos, etc.) 11
    • institucional y construir nuevas intervenciones más integradas y eficaces. Pero esimportante no olvidar que la tarea fundamental del trabajo social es la organización depoblaciones, o sea, favorecer la participación de los ciudadanos más directamenteafectados por las situaciones problemáticas que se quieren mejorar. Para poder convertira los actores directamente implicados en sujetos de su acción es necesario desarrollaruna estrategia de intervención que favorezca el desarrollo de los abordos colectivos, quefavorezca la movilización y la organización de las potencialidades internas de lapoblación. (Dumas y Séguier, 199713A veces puede producirse que la iniciativa de promover una acción colectiva surja delos habitantes. Si el trabajador social ha pasado cierto tiempo creando contactos, si ya hatrabajado con los grupos locales o con profesionales de otras organizaciones, y esconocido como persona predispuesta a colaborar en la organización comunitaria, puedeque le inviten a discutir los problemas del barrio, o que le pidan ayuda para asociarse osolicitar una subvención. El tipo de problemas que le comunicarán estará determinadopor la manera en que perciban sus responsabilidades y competencias, pero también porel crédito que, según ellos, les proporciona la institución a la que pertenece (Barbero yCortès, 2005). Pero a menudo el trabajador social, como resultado del proceso deinmersión en el espacio social de intervención, está convencido de que existe unproblema y que esta convicción puede ser compartida por algunas personas para las quese pueden encontrar objetivos comunes, aunque no se dé entre la gente la vivencia de unestado de necesidad o no crea en la posibilidad de solución. En esta situación eltrabajador social deberá adoptar una actitud proactiva e ir al encuentro de la gente parafacilitar que las carencias objetivas se conviertan en necesidad subjetiva y sembrar eldescontento frente a estas situaciones. No se trata de favorecer un descontento genéricoque provoque frustración o inacción sino que se trata de favorecer con información undescontento que estimule una acción viable y esperanzadora (Ross, 1967). Comoplantea Freire (1983), la conciencia crítica y la propia acción transformadora son13 No hay duda que es posible y recomendable combinar estas dos estrategias de organización comunitaria(la modificación de los dispositivos institucionales y el abordo colectivo). Pero cabe indicar que en losprocesos de amplio abasto como los planes comunitarios se acostumbran a primar la coordinaciónintitucional y a tener menos en cuenta los abordos colectivos. Incluso, en algunos casos, el reforzamientodel poder instituido puede limitar aún más las posibilidades de expresión de la voz de los colectivosexcluidos. 12
    • elementos sincrónicos de un proceso de desvelamiento de la situación (quitar el veloque oculta la realidad).Para crear un ambiente favorable a la acción colectiva (pero también para extender unproceso colectivo ya en marcha) pueden ser útiles varios instrumentos o actividadescomo la realización de una encuesta, una campaña de recogida de firmas, laorganización de actividades formativas y de debate (una jornada, una conferencia, unavisita a un proyecto, etc.) o de una exposición sobre la historia del barrio, la realizaciónde una obra de teatro-acción14 o de un video que haga visibles los problemas del barrio(viviendas en mal estado, suciedad de las calles, etc.), la organización de una semanacultural o una fiesta, etc. Una vez creado el clima apropiado, el trabajador social tomarála iniciativa de convocar una reunión para constituir un grupo promotor, con lacomplicidad, si puede ser, de representantes de los grupos locales y/o ciudadanosafectados por las problemáticas que se quieren abordar. En el caso que se quierapromover un intergrupo que reuna a diversos actores sociales implicados en la provisiónde bienestar en la comunidad, hay que tener en cuenta que la visualización externa dequien lidera un proceso acostumbra a condicionar en gran medida las implicaciones delresto. Teniendo en cuenta las dificultades que aparecen en estos procesos cuando lideraun solo tipo de actor social y que los momentos de gestación de un proceso organizativoson especialmente implicativos para sus participantes son especialmente interesantes losesfuerzos de constituir grupos promotores mixtos, en los que ya se visibiliza des delprincipio aquello que se quiere construir a lo largo del proceso.En la convocatoria de la primera reunión del grupo promotor, se debe seleccionar apersonas con las que ya se han tenido contactos, convencerles sobre el interés de dichaconvocatoria y procurar que ellas mismas convoquen a otros conocidos. El primerencuentro del grupo motor debe organizarse pensando que esa voluntad de actuar que seestá sembrando debe fortalecerse y que, ya desde esa primera reunión, debe iniciarse elcompromiso de la gente en la asunción de responsabilidades para el desarrollo exitososde los siguientes movimientos de ese grupo. Para ayudar el grupo a ser autónomo esnecesario estimular su capacidad para “hacerse suyo el proyecto”, interiorizarlo, vivirlo14 Por ejemplo, en la fiesta mayor del barrio de St. Antoni de Barcelona, los profesionales de los serviciossociales del barrio organizaron una obra de teatro-acción que pretendía sensibilizar y abrir el debateentorno a la situación de los cuidadores de viejos y personas enfermas y/o discapacitadas. 13
    • y llevarlo a cabo. Esta autonomía de los grupos se puede trabajar de muchas maneras:con la actitud del dinamizador, con la superación de los momentos de crisis, con elabordaje de situaciones espontáneas, no planificadas, etc. (Planas y Prat, 2004).En la dinamización del grupo también hay que trabajar con rigor y emoción para que seorganize de forma colaborativa, para que sea capaz de encontrar las alianzas necesariasen el entorno o al exterior del grupo para lograr los objetivos del mismo en beneficio dela comunidad. Esta ideología grupal requiere de liderazgos íntimamente democráticos,tolerantes del proceso del grupo y de toda la comunidad objeto de intervención yfavorecedores de la cooperación entre distintos intereses y/o necesidades. Se trata, pues,de liderazgos que se ejecutan prioritariamente desde la dimensión emocional / relacionalde la tarea a realizar, a través de ocuparse, con cuidado y respeto, de las personas queforman parte de estas acciones (Cortès, Alemany, LLobet, Ainsa, 2004)Tercer acto: El diagnóstico, el proyecto y la acción colectivosLa acción colectiva debe tener como eje el desarrollo de un proyecto común que hagafrente a un conjunto de necesidades o que haga efectivas las potencialidades existentesen un espacio social determinado. Este proyecto común se abre paso mucho mejorcuando convertimos las diversas operaciones de una intervención sistemática yracional15 en una oportunidad de debate y de acción conjunta de los miembros de unaorganización. Las acciones comunitarias son experiencias que deben permitir a la genteque participa poder integrar en sus maneras de funcionar muchos conocimientos ydestrezas que se le suponen a los profesionales como la investigación, la interpretación,la elaboración de proyectos, la reflexión sobre la acción, etc. (Barbero y Cortès, 2005)En esta línea, construir un diagnóstico colectivo mediante el desarrollo de unainvestigación participativa es una buena estrategia en la construcción de ese proyectocomún y un excelente pretexto para desarrollar la movilización temprana que necesitanlas organizaciones. Especialmente cuando se trata de desencadenar un proceso dedesarrollo local en el que, previamente a decidir el proyecto común, se quiere avanzar15 Recordamos que estas operaciones son el estudio, el diagnóstico, la definición del proyecto, suejecución y evaluación. 14
    • en un proceso de construcción de una comprensión común entre los diversos actorespresentes en el territorio16.En el desarrollo de una investigación participativa se pretende convertir la construcciónde un diagnóstico colectivo en una oportunidad de acción de los miembros de laorganización, y ello implica corresponsabilidad de expertos y no expertos a lo largo detodo el proceso investigador. El reto para el profesional que asuma la coordinación deesta tarea será dirigir la investigación con y para el grupo, y ello requiere dominio delmétodo y de las técnicas de investigación, así como de las técnicas dinamizadoras de laparticipación y la creatividad social. Teniendo en cuenta que buena parte de losmiembros del GIAP (grupo de investigación-acción participativa) son, al mismo tiempo,sujetos y objeto de la investigación y que, para ellos, explorar la comunidad es, enbuena medida, explorarse a si mismos.Para desarrollar una investigación participativa el GIAP (grupo de investigación-acciónparticipativa) utilizará técnicas de la metodología cuantitativa (especialmente lareelaboración de datos secundarios) para establecer las características objetivas delterritorio donde se producen. Aún más importante será el abordaje cualitativo(observación participante, entrevistas y grupos de discusión) para conocer laspreocupaciones, opiniones y interpretaciones de las personas y grupos, así comovisualizar cuales pueden ser los intereses comunes de los diferentes actores quepermitan construir un proceso colectivo y identificar las discrepancias y/o conflictos quese tendrán que afrontar durante este proceso. Sin olvidar la importancia de organizarespacios de debate y reflexión (grupos de trabajo, talleres, foros, jornadas, etc.) en losque con el soporte de técnicas que faciliten la operativización de la participación(sociograma, dafo, autoanálisi, fluxograma, etc.) se puede avanzar en la construcción deuna comprensión común entorno los problemas que preocupan y las soluciones a estosproblemas.En este esfuerzo por conseguir que el diagnostico comunitario se construya con lamáxima participación posible es especialmente importante organizar una presentación16 Aunque a veces, en la constitución de un grupo de habitantes afectados por algún problema puede noser pertinente y/o necesario desarrollar una investigación para construir el diagnóstico colectivo ypodemos apostar por procesos de autodiagnóstico más sencillos e intuitivos 15
    • pública de los resultados provisionales del estudio para que estos se contrasten yaprueben con todos los actores que se ha logrado movilizar en el proceso colectivo. Eneste acto de cierre del proceso de diagnóstico suele ser pertinente plantear también elinicio del proceso de elaboración del proyecto colectivo a través de la definición de laslíneas de acción que se valoren como prioritarias . En esta fase de la acción comunitariael grupo motor seguirá organizando espacios de trabajo colectivo para construirtambién de manera participativa los objetivos de la acción, la programación de tareasconcretas a realizar, etc. De esta manera, además de permitir a los actores de unacomunidad construir y/o mejorar sus relaciones, se podrá avanzar en la elaboración depropuestas integrales sobre determinados temas que den respuesta a las necesidades yoportunidades de dicha comunidad y que se convierta en el punto de partida paradesarrollar prácticas transformadoras (Martí, 2005). Teniendo en cuenta que laorganización comunitaria deberá mantener su implicación lo largo de la implementaciónde las acciones y en la evaluación de las mismas.Cuarto acto: La retirada del profesional para la autonomía del grupoComo ya hemos planteado, el TS comunitario tiene que trabajar para la plena autonomíadel grupo. Para favorecer este proceso de autonomía es conveniente que la permanenciadel profesional no sea permanente, sino que mantenga una posición de ir “entrando ysaliendo”, para catalizar de una manera dinámica el distanciamiento crítico y ayudandoa avanzar metodológicamente (López de Ceballos, 1987).El trabajador social tiene queser conciente de que su horizonte es la retirada, dejar de participar profesionalmente enlas actividades de los grupos y dar paso a la plena autogestión de las organizacionespopulares. Como explican De Robertis y Pascal (1994), este momento oportuno de laretirada debe ser sopesado con atención para evitar un alejamiento demasiado prematuroque sea vivido como un abandono y comprometa los logros pacientemente acumuladospor el grupo, pero también una retirada demasiado tardía que refuerce la dependencia yfrene el proceso de autonomía y autoorganización.Pero de nuestra experiencia hemos aprendido que la retirada del profesional no siempreaparece como una necesidad clara y fácil de aplicar. Mientras que la necesidad de laretirada siempre queda clara en el caso de los grupos de acción social simples, en otrassituaciones de trabajo comunitario como los retos organizativos complejos (por ejemplo 16
    • los planes comunitarios) se tiende a estabilizar el liderazgo organizativo del trabajadorcomunitario17. Parece razonable pensar que el papel del organizador comunitariosiempre será necesario si se quieren consolidar y extender estructuras de organizacióncomunitaria en los barrios que permitan desarrollar políticas sociales integrales yparticipativas.3. Características y rol de los diferentes actores implicados en la accióncomunitaria.En los procesos comunitarios se persiguen objetivos substantivos como solucionar elproblema de la vivienda, mejorar la calidad de la educación y de la salud, generarnuevas oportunidades de empleo, fomentar la convivencia intercultural, etc. Para lograrestos objetivos, los actores del proceso transformador tendrán que cambiar sus formasde hacer y de relacionarse (Rebollo, 2005). En la línea de ir transformando unasrelaciones unidireccionales basadas en el principio de autoridad (ya sea política otécnica) en unas relaciones bidireccionales más horizontales, que permitan escuchar losdistintos puntos de vista de una situación y que no excluyen la manifestación delconflicto, tal como se muestra en el esquema 2.Una vez ya defendido como nos parece que el TS comunitario debe actuar yrelacionarse en su tarea de organizador y dinamizador de la acción comunitaria, esimportante que también prestemos atención a las características de los actores socialesque participan en estos procesos y al papel que desarrollan en estos en función de laamplitud y/o complejidad del proceso comunitario18.17 Este nuevo espacio de ejercicio profesional centrado en el Trabajo Comunitario es un espaciotransdisciplinar que puede ser ocupado por trabajadores sociales pero también educadores sociales,psicólogos, sociólogos, etc.18 No es lo mismo, por ejemplo, un proceso de desarrollo local que necesariamente implica construirconjuntos de acción que articulen los intereses de personas, grupos, organizaciones i institucionespreocupados y/o con responsabilidades en la provisión del bienestar, que un proceso centrado en ladinamización de un grupo de habitantes (mujeres, inmigrantes, jóvenes) que quieren defender susintereses, ser reconocidos como ciudadanos con voz, construir nuevos espacios de relación, etc. 17
    • Esquema 2: Mapa de las relaciones entre los actores en un barrio Políticos Profesionales base Colectivos no organizados Responsables organizativos Representantes asociacionesLos agentes institucionales:En general, pero especialmente en los procesos de desarrollo local, podemos afirmarque la implicación de los representantes políticos para el impulso del trabajocomunitario siempre es necesaria en la medida que la apuesta del trabajo comunitariodebe partir de la convicción de la necesidad de promocionar una democraciaparticipativa que no excluya el potencial participativo de los profesionales y de lapoblación. Teniendo en cuenta que una mayor articulación entre ciudadanía,profesionales y políticos podría contribuir a una mayor calidad, eficiencia ylegitimación de las políticas públicas. 18
    • Sin entrar a fondo en la complejidad que conlleva desarrollar en la práctica esta nuevamanera de hacer política, nos interesa destacar que para que este cambio de políticas seaposible se tienen que financiar y apoyar acciones profesionales que impulsen procesosde organización comunitaria y construir los instrumentos y canales que favorezcan elderecho a la participación ciudadana. En los últimos años, para llevar a cabo esta tarease ha ido consolidando la tendencia de incorporar nuevos profesionales con formaciónuniversitaria en ciencias sociales y humanas con el encargo de asumir la organización ydinamización del proceso comunitario19.Estamos convencidos que si se quiere avanzar de manera sostenible en la mejora delbienestar de un colectivo y/o territorio desde una perspectiva comunitaria también setiene que contar con los diferentes profesionales/funcionarios que ya están interviniendoen la comunidad reconociendo su saber técnico-científico y sus conocimientos entorno alas situaciones sociales problemáticas que se quieren mejorar (Marchioni, 1999). Paraello es imprescindible abordar un cambio organizativo de las burocracias públicas quepermita y fomente cierta remodelación de un sistema de bienestar pensado para la tareaasistencial y/o la gestión administrada de los problemas sociales. Eso implica cuestionescomo el reconocimiento explicito del trabajo comunitario, la especificación de untiempo para llevarla a cabo, la formación de los profesionales, etc. pero sin olvidar quetambién son imprescindibles la motivación y esfuerzo de los propios profesionales parareplantear su tarea. 20.Para poder construir una relación de confianza entre los profesionales y los políticos yabordar con éxito el replanteamiento de la intervención social es crucial el papel de losresponsables organizativos para utilizar y transmitir la información de forma asertiva,así como explicar y justificar las decisiones del equipo a los cargos de mando (técnicosy políticos). Esta confianza también le permitirá tener cierto margen de maniobra parareorganizar el servicio para que los trabajadores sociales y educadores sociales puedancompatibilizar la atención individual y familiar con el trabajo comunitario y para19 De esta manera parece que se avanza en una cierta tendencia especializadora, pero aún lejos de paisescomo Reino Unido, donde el Trabajo Comunitario es una profesión reconocida que demanda formaciónespecífica.20 Como hemos podido constatar n la experiencia de investigacción que hemos desarrolladoconjuntamente con 3 equipos de servicios sociales de atención primaria y que relatamos en este capítulo. 19
    • movilizar los recursos necesarios para hacer viables los proyectos de desarrollocomunitario.Los representantes de la sociedad civil:Por otro lado es imprescindible contar con la implicación de las asociaciones, entidadesy grupos que van des de las redes comunitarias de autoayuda hasta las entidades degestión de servicios y los grupos de presión, ya que son puntos de partida clave en unproceso de organización comunitaria, en la medida que indican la capacidad que unacomunidad ha tenido de auto-organizarse hasta aquel momento y teniendo en cuenta quetambién tienen una responsabilidad (creciente) en la provisión del bienestar.Si queremos impulsar proyectos sociales transformadores tenemos que favorecer laautonomía de las asociaciones y ello implica que la adjudicación de recursos públicos alas entidades sociales debe ser transparente y evitar los riscos de instrumentalizaciónpolítica. Pero también depende de la capacidad que tengan estas asociaciones paraconstruir un proyecto propio que les permita tomar la iniciativa y evitar que sea laagenda político administrativa la que marque los procesos participativos. Sin olvidarque las asociaciones que apuestan por la participación ciudadana tienen que predicarcon el ejemplo y sustituir los liderazgos paternalistas ejercidos por pocas personasinsubstituibles por modelos organizativos que fomenten la participación (Rebollo,2001).Los ciudadanos afectados:Como ya hemos planteado, el reto fundamental del Trabajo Social Comunitario debe serla tarea de movilización y organización de los ciudadanos no organizados,especialmente, los colectivos en situación de vulnerabilidad social (jóvenes en conflicto,mujeres sin reconocimiento público, inmigrantes sin papeles, gente mayordesaprovechada, etc.). Se trata que las poblaciones afectadas por la situaciónproblemática se conviertan en sujetos de la propia acción. Para las poblacionesdestinatarias, los procesos que pone en marcha la intervención social deberán serexperiencias significativas que tengan como resultado su fortalecimiento personal ysocial (mejoras de la cohesión social, de la red de relaciones, de la auto-imagen, de la 20
    • confianza, de su autonomía, etc.) y su acceso a bienes sociales (habilidades, formación,etc.) que permitan el ejercicio pleno de ciudadanía (Barbero 2002).Cuando hablamos de experiencias significativas se quiere señalar que los objetivos de laintervención social no pueden ser una donación sino que deben ser conquistados . Lossujetos afectados sólo podrán integrar en su vida los beneficios variados de un procesocomunitario a través de su implicación en la definición de sus problemas y el desarrollode las propuestas de mejora. Nos parece que la implicación de estas poblaciones se debecanalizar, al menos en un primer momento, mediante proyectos centrados en suproblemática concreta ya que esta reducción del abasto de la intervención permiteaumentar su profundidad ya que hace posible abordar una de las causas de la exclusiónsocial y fomenta la participación desde la base.4. Relato de una experiencia: Investigacción en Trabajo Social Comunitario: laconstrucción de prácticas participativasEn el momento de seleccionar una experiencia comunitaria para poderla compartir delelenco de iniciativas y procesos que se han venido impulsando y desarrollando en estosúltimos tiempos, hemos optado por una de ellas. Esta experiencia que ha sidodenominada como Investigacción en Trabajo Social Comunitario: la construcción deprácticas participativas, consideramos que vincula y retroalimenta el trabajo socialcomunitario desde dos ámbitos: el profesional y el académico-disciplinar. (LLobet,Cortès, Alemany, Ballesteros, 2005)Esta experiencia emerge de una jornada de formación interna organizada por y para losdocentes de los Estudios de Trabajo Social de la Universidad de Barcelona en el año2000. Los objetivos podrían sintetizarse básicamente en tres. En primer lugar, poderreflexionar a nivel teórico y epistemológico sobre el enfoque comunitario. En segundolugar, reflexionar sobre las metodologías que se venían utilizando desde el trabajo; y entercer lugar, platearnos nuestra posición desde el ámbito académico y disciplinarrespecto a la potenciación y fortalecimiento de este tipo de prácticas. 21
    • Una de las conclusiones de la jornada fue justamente evidenciar y decidir impulsar unproyecto de investigación/acción en trabajo social comunitario, conjuntamente conprofesionales, técnicos y ciudadanos de tres territorios con características sociológicas yestructurales bien distintas. Este proyecto fue presentado y posteriormente aprobado yfinanciado por el Área de Bienestar Social de la Diputación de Barcelona, quientambién propuso los tres territorios que podrían implicarse y participar en el mismo:barrio de Can Parellada de Terrassa (barrio periférico de una ciudad del áreametropolitana de Barcelona), el barrio de Sant Antoni de Barcelona (barrio situado enun área central de esta ciudad) y la Mancomunidad de la Plana (área semirural,configurada por poblaciones pequeñas y diseminadas). Para desarrollar este trabajoempírico y teórico que pretendía potenciar el desarrollo de prácticas participativas desdeel trabajo social, estructuramos el proyecto en tres operaciones claramente entrelazadas,que se han ido retroalimentando unas con las otras desde una lógica constructivista.En la primera operación del proyecto realizada de enero del 2001 a septiembre del 2002,nuestro reto fue promover la constitución y el mantenimiento de un intergrupo formadopor profesores y profesionales del ámbito de la atención primaria en servicios sociales yde otros servicios especializados de los tres territorios implicados en el proyecto. Esteintergrupo que también estaba abierto a los ciudadanos, se propuso como tarea realizaruna investigación sobre el estado de las prácticas de trabajo comunitario en Cataluña enlos últimos diez años. Los objetivos de esta investigación, en la que se implicaron todoslos actores que integraban el intergrupo, era reconstruir una muestra de 18 experiencias.Dicha reconstrucción nos permitía poder identificar las condiciones que dificultan yfavorecen la promoción de procesos de organización comunitaria. Al mismo tiempo queaproximarnos a los elementos que condicionan la participación de los servicios socialesen las dinámicas comunitarias. Los resultados y conclusiones de la investigación, por unlado, permitieron establecer orientaciones metodológicas para poder impulsar procesosde organización comunitaria en cada uno de los territorios, impulsados en este caso porlos equipos de atención primaria implicados. Por otro lado, han sido difundidos ycompartidos en distintos espacios profesionales y académicos, generando un debateentorno a la realidad actual de la acción comunitaria desde el trabajo social, así comopoder identificar los nudos críticos y las estrategias para poder revertirlos. Este procesode trabajo colaborativo también ha actuado en la práctica como una estrategia deformación, concienciación e implicación de los miembros del equipo del proyecto, y 22
    • construir así una comprensión común entorno a los retos que hay que afrontar desde eltrabajo comunitario.La segunda operación del proyecto se realizó desde febrero del 2002 hasta finales del2003. Se inició con un taller de formación en metodologías participativas abierto a todaslas personas interesadas e invitadas por parte de cada uno de los territorios implicadosen el proyecto. Este fue un momento crucial de todo el proceso, en la medida que setrataba de poner el potencial de grupo de investigación/acción al servicio del impulso delas tres experiencias comunitarias a través de la elaboración en cada uno de losterritorios de un diagnóstico participativo, que servia como punto de referencia paradefinir las acciones de mejora en cada una de las zonas. El reto investigador en estasegunda operación no se agotaba en la realización del diagnóstico en los barrios, sinoque desde el equipo motor del proyecto desarrollamos un proceso de sistematización decada uno de los procesos de organización comunitaria impulsados desde el proyecto. Latarea de sistematización, por un lado, nos ha permitido contrastar y completar nuestroconocimiento acerca de las condiciones y objetivos a considerar para el impulso de estetipo de procesos participativos. Por otro lado, ha permitido incrementar nuestra elpotencial autoreflexivo en cada una de las experiencias, así como la capacidad deabertura y difusión hacia fuera.A lo largo del 2004 y 2005 se ha realizado la tercera operación del proceso, orientada apromover proyectos de desarrollo social a partir de los diagnósticos realizados en cadauna de los territorios. Esta operación también se inició con un taller de formaciónabierto a todos los participantes, en este caso en prospectivas de acción a partir de losresultados fruto del diagnóstico. Este ha sido un momento clave para conseguir y/oafianzar el apoyo político y gerencial que garantice la viabilidad de las distintasiniciativas y propuestas que se están desplegando desde cada uno de los territorios.Conseguir estos apoyos ha sido una tarea nada fácil, que ha requerido de estrategiasvarias, no exentas de situaciones y/o momentos de conflicto, a pesar de que cada una delas experiencias partía de estos apoyos políticos que se hicieron evidentes y explícitosen el momento del impulso de cada una de las iniciativas.En estos momentos estamos en la última fase y/o operación del proyecto, que es elmomento de realizar la evaluación de cada una de las experiencias en términos de 23
    • proceso y resultados, como en relación al proceso que hemos experimentado comointergrupo y/o como grupo motor de todo el proyecto. Un proyecto de esta naturaleza ycaracterísticas que ha sido compartido y desarrollado desde el principio desde laimplicación de distintos actores (profesores, profesionales y vecinos), ha requerido deun diálogo y de una mutua adaptación de expectativas, ritmos, necesidades, etc. Pero sinlugar a dudas ha sido una experiencia rica en aprendizajes. Para los profesionales yciudadanos ha significado una oportunidad de fortalecer sus relaciones, y poder trabajartambién situaciones críticas que han podido manifestarse, revisar sus prácticas y de re-pensar la acción. Para nosotros como profesores ha sido una oportunidad de poderrevisar y re-pensar la teoría y las metodologías que utilizamos en la formación de losfuturos trabajadores sociales.Bibliografía citada:AGUILAR, M.J. (2002). Novedades metodológicas en intervención social, Buenos Aires,Lumen-HumanitasANDER-EGG, E. (1992): Introducción al Trabajo Social, Madrid, Siglo XXI de EspañaEditores.BÁÑEZ, T. (1998) Trabajo Social Comunitario, en: VV.AA. Organizaciones de bienestar,Zaragoza: Mira Editores.BARBERO, J.M. (2002): El Trabajo Social en España; Zaragoza, Mira Editores.BARBERO, J.M. (2003) “El método en Trabajo social” en: Fernández García, T.; AlemánBracho, C. (2003): Introducción al Trabajo Social, Madrid, Alianza Editorial.BARBERO,J.M; CORTÈS, F.: Trabajo Comunitario, organización y desarrollo, Madrid,Alianza Editorial.BARRANCO, C. (2004) Los modelos de intervención en Trabajo Social desde las PerspectivasParadigmáticas de las Ciencias Sociels. Introducción a los modelos críticos: énfasis en locomunitario y en la calidad de vida” Revista de Servicios Sociales y Política Social núm. 66,Madrid: Consejo General de DTS.BECK, U (2002) La sociedad del riesgo global, Madrid: Siglo XXI (1992)BRONFENBRENNER, U (1987) La ecologia del desarrollo humano. Barcelona: Ed. Paidós.CANALS, J. (1997): “Buscando al trabajo comunitario entre community y communitas” en:Servicios Sociales y Política Social núm. 40. Madrid, Consejo General de Colegios Oficiales deDTS. 24
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