HISTORIAS EJEMPLOS

9,589 views

Published on

HISTORIAS EJEMPLOS

0 Comments
0 Likes
Statistics
Notes
  • Be the first to comment

  • Be the first to like this

No Downloads
Views
Total views
9,589
On SlideShare
0
From Embeds
0
Number of Embeds
99
Actions
Shares
0
Downloads
22
Comments
0
Likes
0
Embeds 0
No embeds

No notes for slide

HISTORIAS EJEMPLOS

  1. 1. Historias
  2. 2. Historias 2009 <ul><li>“ A esta temprana edad Carlos descubrió el ritmo, un latido que llevaba dentro y que lo obligó a manifestarse lejos de su casa. Y así fue que este pez grande se escapó de su charco. A los 13 años se fue a vivir abajo de un puente en las afueras de la ciudad, donde un señor mayor le enseñó a tocar las tumbadoras, instrumento que le daría de comer en la calle puertorriqueña y del que jamás se separaría”. </li></ul>
  3. 3. <ul><li>“ Tras una descarga honorable, Mike Carabello, cuyo rostro bello estaba teñido ya de tristeza y sangre derramada, se convirtió en un veterano de guerra más. El país que tan bien lo había tratado en sus días como músico de cara fresca e hijo del flower power le había dado la espalda, se había olvidado de él como de tantos otros jóvenes que volvían con las mentes y los ojos corrompidos. Ante la necesidad de vivir y la falta de entrenamiento en otra cosa que no fuera la percusión, Carlos se ganaba la vida como lo hicieron muchos hombres con los recuerdos frescos de la guerra; se hizo hitman” . </li></ul>
  4. 4. <ul><li>“ Hacía más de 20 años que Ramón Irineo Ávila armaba su puesto en la feria improvisada en la explanada del Banco de Previsión Social. Más de veinte años hacía que Ramón Irineo se dedicaba a vender yuyos a los jubilados que con la pensión cobrada entre los primeros quince días de cada mes, se dirigían a su puesto para proveerse de lo necesario hasta el próximo día de pago. Esos veinte y tantos años de trabajo sacrificado de RI se vieron interrumpidos el 17 del pasado mes, cuando por resolución del organismo previsional, la Intendencia Municipal de Montevideo procedió a desalojar a los vendedores ubicados a la entrada de la institución”. </li></ul>
  5. 5. <ul><li>“ En el living de la casa tiene colgada una foto enmarcada de una escena de “Piratas del Caribe”, donde se ve a Johnny Depp en el papel de Jack Sparrow. En seguida Dean me invita a que me acerque y mire bien la foto… en el fondo se lo puede ver a él disfrazado de pirata. Había estado con su familia vacacionando en la isla Bequai, cuando le ofrecieron ser extra en la película. Como estaba de vacaciones, dejó pasar la oportunidad. Pero después de ver el éxito que tuvo el film, se lamentó y decidió que si hacían una secuela haría lo posible para ser un pirata. Hizo exactamente eso. A sus 52 años, se armó un currículum artístico, incluyendo en él hasta obras de la infancia, y convenció a los productores que lo tomaran. Pronto, logró la simpatía del segundo asistente de dirección y terminó filmando una escena con Depp, haciendo de un pirata borracho que vomita - el guión se le conoció como “El pirata de Tortuga que vomita”- y terminó codeándose con Depp, Keira Knightley y Orlando Bloom, que todavía le ordena de Deans Beans”. </li></ul><ul><li>  </li></ul>
  6. 6. <ul><li>“ El cajero automático estuvo roto desde el primer día de enero hasta el séptimo; prometían arreglarlo para el día siguiente todos los días. Con las chicas nos armamos una rutina para después de la playa, nos íbamos un poquito más temprano para ser de las desabastecedoras y no de las desabastecidas. El mismo camino, la pregunta por el cajero roto y la promesa que no se cumplió durante 168 horas, </li></ul>
  7. 7. <ul><li>el préstamo de plata a la que la tenía de rehén en el banco y la compra de lo que hubiera, llevar las cosas a la casa y rogar que alguien nos llevara al boliche a conseguir las entradas para no quedarnos sin ir a bailar esa noche –está de más decir que el distraído se queda sin entrar al lugar por no haber comprado los pases antes de que se acaben”. </li></ul>
  8. 8. <ul><li>“ Faltaban tres minutos para que terminara el partido. La Olla, equipo de rugby del departamento de Florida, le ganaba a Cuervos. Era diciembre y la final del seven 2006 parecía tener dueño. Agustín fue una de las estrellas del partido. Tres tries a su nombre y la ovación de los presentes son parte de los recuerdos memorables de aquel día. Faltaban tres minutos para que el partido terminara cuando calló tendido en el suelo”. </li></ul>
  9. 9. <ul><li>El equipo contrario tenía la pelota. En una jugada casi sorprendente la pelota saltó de la mano del 7 de cuervos para depositarse en los brazos de uno de sus centros. Quién tenía la pelota en ese entonces cayó sobre Agustín. El jugador de La olla en el intento de frenar la jugada se posicionó para hacer un tackle cuando, con la caída de su contrario, sufrió un accidente a nivel medular. </li></ul>
  10. 10. <ul><li>Al final, cuando ya me estaba por despedir, me contó lo que yo quería saber desde un principio. Cómo fue que después de todo llegó a vender las tortas fritas. Parece que estaba en su casa con su mujer y unos amigos. De repente, la lluvia les hizo pensar en tortas fritas. Marcos, que de chico había aprendido a prepararlas con su abuela, fue a comprar la grasa y preparó una docena. </li></ul>
  11. 11. <ul><li>Al probarlas descubrieron que era un excelente cocinero y entre risas le aseguraron que con eso podía hacer plata. Marcos no pasó por alto ese comentario y un día decidió salir a la calle a probar suerte. Con el éxito que tuvo, pronto recuperó gran parte de su autoestima y su situación comenzó a mejorar. Igual continuó buscando otro trabajo más estable mientras hacía tortas fritas para los vecinos y disfrutaba de sentirse vivo nuevamente. </li></ul>
  12. 12. <ul><li>“ Vienen juntando botellas de Coca . Pablo vierte los fonditos en una botella de vidrio de un litro y tira las demás en el pasto. Da al más chico la botella -que debe de tener medio litro de ese líquido caliente, amarronado y sin efervescencia-, y éste introduce el pico en su boca, que queda en forma de “o”. Creo que el pico le llega a la garganta. “Si la rompés, la pagás”, amenaza Luciano. </li></ul>
  13. 13. <ul><li>El pequeño agarra la botella con sus dos manos, que no alcanzan a tocarse por los dos lados, y sigue tragando. Al inclinar su cabeza hacia el cielo, la visera también se inclina, y puedo ver sus ojos. Todavía tiene la mirada limpia.” </li></ul>
  14. 14. <ul><li>“ Paula, sin entender qué pasaba, se levantó y caminó hacia la puerta con sus pocas pertenencias: una cartera que poco contenía. La escoltaron dos policías mujeres. Ambas de caras rígidas y rasgos grotescos. Su seriedad intimidaba. Bajaron por la escalera mecánica. Subieron a un coche y pasearon por toda la pista hasta llegar a un avión de Aerolíneas Argentinas. La acompañaron hasta la puerta del avión y allí la recibió la azafata quien le indicó su sitio. El avión estaba lleno. Paula había sido la última en subir. Se sentó, cerró los ojos y se enchufó el Ipod”. </li></ul>
  15. 15. <ul><li>“ Es una mujer, una chofera . A juzgar por su apariencia no tiene mucho más de cuarenta años. Su tez es blanca y el color de su cabello es castaño oscuro. Viste un buzo blanco y un vaquero celeste. No tiene las uñas pintadas y pareciera que tampoco lleva maquillaje. Maneja como una profesional, hay que admitir, para contrastar con el mito machista…” </li></ul>
  16. 16. <ul><li>“ Hola” me dice la conductora al pisar el primer escalón de la escalera del ómnibus. Vaya sorpresa. Parece que alguien está de buen humor un lunes a las ocho menos veinte de la mañana. Logra, sin duda, transmitir una dosis de “buena vibra” que resulta ideal para empezar el día”. </li></ul>
  17. 17. <ul><li>“ En el barrio San Pedro vive Mario, el lechero. Todas las tardes, Mario recorre el pueblo repartiendo la leche y algún queso, demora unas tres o cuatro horas. Según me contó Beatriz, la dueña del almacén, cuando el lechero realiza su tarea, Walter –el repartidor de leña- visita la casa del lechero y más precisamente visita a Sonia, la mujer del lechero. Varios vecinos dicen que lo han visto entrar y salir a las apuradas y que siempre ha tenido fama de bandido”. </li></ul>
  18. 18. <ul><li>“ Lorena, la dueña de la panadería, dijo que Walter siempre anda coqueteando, que incluso le lleva flores a la panadería pero que ella siempre lo saca “a los escobazos” –según sus propias palabras. Además, es sabido en el pueblo que Walter viene de una familia de renombre en el tema. Su padre –el viejo Pereira- había recibido un hachazo en la cabeza cuando fue encontrado en la habitación de la hija de un chacarero de la zona, increíblemente se salvó. </li></ul>
  19. 19. <ul><li>“ Ese silencio tan profundo que Palangrito dice escuchar, parece haberlo dejado un poco sordo. Su voz es potente y tiene un timbre muy particular. Habla fuerte de por sí, pero no es que esté gritando, es que no sabe hablar más bajo. No tiene ningún problema para abrirse a los demás y le gusta opinar sobre lo que sabe. Le molesta que los chalecos salvavidas -de uso obligatorio- no alcancen para todos, y este es un motivo para desconfiar de los gobernantes en general”. </li></ul>
  20. 20. <ul><li>También es muy crítico con el tema de quién pone los precios del pescado. Ve injusto que las pescaderías cobren tan caro algo que ellos les vendieron por mucho menos. En última instancia, el cree ser el dueño del pescado”. </li></ul>
  21. 21. <ul><li>Su hermana, a la que trataba como a una conocida, más que como a una persona de su misma sangre, también pasaba todos los días de la semana en la estancia. Poco a poco se fueron conociendo. Pero no como hermanos, sino simplemente como personas. A tal punto de soledad llegaron ambos que una noche de invierno, después de la cena, se acostaron juntos. Esa noche se concibió un niño que nació siente meses después, con retraso mental. </li></ul>
  22. 22. <ul><li>Javier no reaccionó. Simplemente al ver que a su hermana empezaba a hinchársele el vientre, la empezó a tratar como su esposa. Ella hizo lo mismo con él. Pero ante la apatía de Javier ante el nacimiento del niño se deprimió y empezó a ir seguido los sábados de noche al pueblo, donde se dice que se emborrachaba y estaba con hombres e insultaba a su “marido”. Pero cuando volvía a la estancia, el domingo al mediodía, siempre puntual, María y su hermano eran como un matrimonio </li></ul>
  23. 23. Las historias 2010 <ul><li>Hoy , Santiago tiene el pelo rubio y bastante corto. Hace casi un año -cuando se recibió de Ingeniero Agrónomo- que lo raparon a cero. Hoy, administra un campo. Se levanta, se sube a la camioneta, marcha para la estancia y, cuando llega, se sube al caballo. A todos lados lleva su silla de ruedas. Pero, antes de irse para afuera, hace fisioterapia. </li></ul>
  24. 24. <ul><li>En un día normal, Santiago mueve las piernas por unos treinta minutos. Estira, hace pesas y unos cuantos abdominales. Todo esto sin una vértebra. Con la caída, uno de sus huesos quedó hecho polvo. Pero técnicamente se puede decir que sufrió una “lesión en la médula espinal”. </li></ul>
  25. 25. <ul><li>Pedro Duque Savedra –abuelo de Horus- salió de su tierra de Tenerife, en busca de la bendición. Con su familia, llegó a Montevideo a mediados del siglo XIX. Los bordados, los tejidos y las actividades de modista eran los trabajos de las hijas de Duque Savedra; los hijos, en cambio, recorrían las calles con el cántico de palito, jabón y avena. Cuando llegaban los barcos ingleses, los jóvenes se acercaban al puerto en busca de palitos, que eran fósforos. Sin embargo, con el jabón no ocurría lo mismo, los hermanos fabricaban, con grasa, su propio producto. </li></ul>
  26. 26. <ul><li>Tras golpear tres, cuatro, cinco veces, decidió llamar al joven para comunicarle que estaba afuera de su casa. Éste le dijo que entrara tranquilo que él ya bajaba del segundo piso de su casa a recibirlo . Ariel entró confiado pero de inmediato notó que los murales de fotos que había por todo el living eran de otro chico, de aspecto físico totalmente diferente a su amigo. Sin pensarlo, abandonó la casa. Bajó las escaleras de la entrada tropezándose. Y entre la inquietud de los nervios alguna que otra risa dejó salir </li></ul>
  27. 27. <ul><li>Cargar con matrimonios frustrados llevó a esta pareja a evitar, esta vez, los trámites y ceremonias para preferir que el tiempo los casara. </li></ul><ul><li>Ella tiene 43 años y él 50. Parece que entre sus proyectos no se encuentra la idea de agrandar la familia, lo que le asegura a Teo la supremacía del hogar por tiempo indefinido. Como en muchas familias con un solo hijo, en la casa de los Wais se hace lo que este pequeño de 6 años, que prefiere el té verde frente a la Coca- Cola, quiere. </li></ul>
  28. 28. <ul><li>Sin dudas, es el estereotipo de una criatura del siglo XXI. Dedica sus horas libres a convertirse en un pingüino virtual en una página que se asemeja a las redes sociales “de grandes” y cuando las circunstancias le impiden recurrir a una computadora, sabe que puede acceder al Iphone de su padre. Ignora a personajes míticos como La pequeña Lulú y es fiel a programas como “Bob el constructor” que le proveen una fuente vocabulario que le permite manejar el español neutro mejor que el uruguayo </li></ul>
  29. 29. <ul><li>Dedicado a la construcción durante la mayor parte de su vida, se encontró con un problema que le impidió continuar. No fue el típico caso del accidente que lo dejó paralítico, sino que se le “agarrotaron los tendones”. Así lo definió él, y un médico traumatólogo de nombre Carlos Mandarelli, al cual no le guarda mucho cariño. Desde ese momento no pudo caminar más. </li></ul>
  30. 30. <ul><li>Le ofrecieron operarse, pero el médico no le aseguró que volviera a caminar. Prefirió no arriesgarse a que le abran la pierna en el quirófano. Sin embargo, no dejó que la angustia lo consumiera, dice que lo superó sin problema. Se aburre en su casa y prefiere estar en el super, donde nadie lo molesta, sino que todo lo contrario, todos lo saludan, incluso los “patotas” le aseguran protección en caso de que alguien se meta con él </li></ul>
  31. 31. <ul><li>Al pisar tierra alemana se le paralizó el corazón. Ese monstruoso aeropuerto no se parecía nada al de su país. Quería tomarse el primer avión de vuelta y regresar a Uruguay con sus amigos. No podía creer que ayer estaba en un país tan pequeño con árboles, pasto, pájaros y playa donde se mire y ahora donde había miles de personas y de edificios.  </li></ul>
  32. 32. <ul><li>Luego de unas semanas, comenzó las clases en un Colegio en Berlín. Fue su peor pesadilla, era un extraño, se veía, hablaba y actuaba diferente a los demás. Él venía de un país pequeño, inexistente para la mayoría del mundo, no sabía hablar alemán, y no tenía mucha plata así que no se vestía como los otros chicos. Sus compañeros lo discriminaban. De a poco fue aprendiendo el idioma, pero todavía le costaba así que no se sacaba buenas notas.  </li></ul>
  33. 33. <ul><li>“ A este tipo lo conozco de algún lado” se escucha del seno de un grupo de jóvenes que pasaban por la conocida Galería del Virrey. “Sí, es él, el Walter ”. Para más de medio país mencionar al Walter es sinónimo de decir: el hincha de Peñarol que aparece `robando cámaras ´ detrás de los técnicos. </li></ul><ul><li>Un personaje que genera distintos tipos de sensaciones dada su extravagancia. Con su estilo particular, repite la misma indumentaria para cada cotejo de su equipo: </li></ul>
  34. 34. <ul><li>un gorro cuyos colores alguna vez fueron amarillo y negro, una remera agradeciendo al manya como si le rindiese algún tipo de culto, guantes inflables en unas manos que nunca dejó que se vieran, un pantalón descocido que no pierde la esencia (hacer juego con todo el equipo de Peñarol) y lo único que cambia para cada partido: sus zapatillas. Con más de 50 años sus arrugas narran diferentes anécdotas. Ha vivido la época gloriosa del equipo pero también ha pasado por los tragos más amargos. </li></ul>
  35. 35. <ul><li>Lucas convive con voces desde los 24. Primero escuchaba una. Luego dos. Antes de cumplir los 25, ya había perdido la cuenta. “De a poco fueron desapareciendo”, hoy tiene 30 y sólo escucha dos: la de una mujer y la de un hombre. “Yo sé que no soy normal”, asegura, “pero, ¿quién lo es?”. Al mismo tiempo, él entiende que las voces son falsas, creadas por su mente. Hoy es Lucas quien las domina. Es él quien le da órdenes a ellas: las calla, las insulta, las echa, hasta le toma el pelo. Y así, cada vez las oye menos. Aunque para su familia sigue siendo “el loquito”. </li></ul>
  36. 36. <ul><li>Sus ojos tienen forma caída, rodeados por ojeras bien oscuras y una mirada vacía. Su andar es pausado, a paso lento con la espalda levemente curvada. Hay un misterio en él. No le molesta hablar de su esquizofrenia. Se ríe de ella, se burla, bromea. Cuenta que en su barrio le dice “el esquizofrénico”, y eso “no es problema” para él. Pero quien lo mira a los ojos se zambulle es un pozo de tristeza inconfundible </li></ul>
  37. 37. <ul><li>En estatura, Juan Pablo era de los más bajos de la clase, de pelo moldeado como un hongo, túnica blanca y moña casi desatada. Se sentaba con un compañero opuesto a él: alto y corpulento. Los bancos eran a la antigua: de madera, para dos personas, y con un agujero en el centro de la parte superior, que antes se utilizaba para extraer la tinta de los obsoletos bolígrafos pero que el uso se transformó para tirar la viruta elaborada por sacarle punta a los lápices. </li></ul>
  38. 38. <ul><li>A las cinco de la tarde sonaba el timbre que indicaba la hora de salida. Juan Pablo apenas conocía el funcionamiento del reloj pero por rutina sabía que faltaban unos cuantos minutos para que cada uno se fuera para su casa. Todo eso le dio para pensar durante un buen rato, en una lucha incesante con su estómago. El sonido del líquido intestinal corriendo y la boca que fabricaba saliva incesantemente, alimentaban un momento desagradable e inoportuno. Lo único que </li></ul>
  39. 39. <ul><li>anhelaba era enfrentarse con el inodoro, nada más. Ni la mayor recompensa por aguantar una hora podía tolerar no lograr escaparse al paraíso. Es que no era más que eso, un paraíso. La mente se bloquea y no hay aspiración más grande que lo que se pretende hacer en un lapso temporal no de minutos, sino de segundos. Y milésima a milésima, los dientes apretados pujaban por aguantar, pero no pudo. </li></ul>

×