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Tema3 los cachorros
 

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    Tema3 los cachorros Tema3 los cachorros Document Transcript

    • Los cachorros. Mario Vargas Llosa 1967 La primera versión la escribe Vargas Llosa en París en 1965 y la definitiva en Londres a finales de 1966. Se centra en el microcosmos de los adolescentes de Miraflores como una metáfora de la sociedad peruana. Parte de un hecho real que el autor había leído tiempo atrás en un periódico, unido a sus recuerdos de adolescente. Por atmósfera y temática, Los cachorros está muy cerca de Los jefes y de La ciudad y los perros. Con Los cachorros realiza un nuevo intento de totalizar un microcosmos —el de los adolescentes miraflorinos— y proponer esa instantánea multidimensional como una metáfora, como una alegoría, como una visión tragicómica de la sociedad peruana. La novela comienza cuando Cuéllar llega al colegio Champagnat, en el barrio de Miraflores, en Lima. Encuentra a los que serán sus compañeros: Choto, Chingolo, Mañuco y Lalo. Cuéllar sufre un ataque de Judas, un perro muy agresivo que le emascula. 1. TÍTULO «Cachorros» es un americanismo usado despectivamente para expresar la mala educación o crianza; de esta forma deriva «cachorrear»: peruanismo que significa dormitar. En la combinación de ambos sentidos se define una vida vacía, carente de ideales. Paradójicamente Vargas Llosa mueve a sus personajes en unos escenarios que perpetúan la memoria de hechos importantes y de grandes hombres: figuras de relevancia en la cultura, como Ricardo Palma, o que cambiaron el curso de la Historia, como San Martín o Ramón Castilla. El marco escénico rememora las grandes hazañas; el mundo de los héroes alberga a los antihéroes. Así, pues, la contraposición entre grandeza y mediocridad. 2. ESTRUCTURA: Externa: Está formada por seis capítulos. Abarcan unos veinticinco años, desde que el grupo de amigos ingresa en el colegio y llega Cuéllar. EDAD AMIGOS TIEMPO CURSO ESPACIOS EVOLUCIÓN DE CUÉLLAR CAPÍTULO I 8-10 años 2 años 3ºprimaria Miraflores. Colegio Champagnat, clínica… Incorporación con éxito al grupo y posterior castración de Cuéllar CAPÍTULO II 10-15años 5años …6ºprimaria Terrazas, cines, colegio chicas Nacimiento del apodo y alegre fama del protagonista. CAPÍTULO III 5años …3º,4º,5º de media Cafés centro, Malecón, playas: La Herradura… Bowling, Cream, clubes nocturnos… Primera crisis: desadaptación, timidez y fracaso de sus tácticas de defensa. CAPÍTULO IV 2años Universidad Crisis definitiva: enamoramiento e imposible declaración a Teresita. CAPÍTULO V 21 años 2años Trabaja Cuéllar Profunda inestabilidad interior y machismo exhibicionista. CAPÍTULO VI Hombres hechos y derechos 10años Terminan la universidad, se casan Infantilismo, separación del grupo y muerte del protagonista. Interna: La obra presenta una estructura cíclica y circular. El primer párrafo de la novela se relaciona con el último: Estudio de Los cachorros: los temas, la estructura, los personajes, el espacio y el tiempo, los símbolos, el estilo.
    • 2 Todavía llevaban pantalón corto ese año, aún no fumábamos, entre todos los deportes preferían el fútbol, estábamos aprendiendo a correr olas, a zambullirnos desde el segundo trampolín del «Terrazas», y eran traviesos, lampiños, curiosos, muy ágiles, voraces. Ese año cuando Cuéllar entró al colegio Champagnat (CI). Llega una nueva generación, que son los hijos de la anterior. Eran hombres hechos y derechos ya, y teníamos todos mujer, carro, hijos que estudiaban en el Champagnat, la Inmaculada o el Santa María, y se estaban construyendo una casita para el verano en Ancón, Santa Rosa o las playas del Sur, y comenzábamos a engordar y tener canas, barriguitas, cuerpos blandos, a usar anteojos para leer, a sentir malestares después de comer y beber y aparecían ya en sus pieles algunas pequitas, ciertas arruguitas (CVI). 3. TIEMPO 3.1.Tiempo cronológico La obra presenta un tiempo de la aventura que abarca unos veinticinco años aproximadamente; desde los primeros años de colegio hasta la edad adulta de un grupo de amigos. Este amplio periodo de tiempo está repartido los seis capítulos que estructuran el relato, por tanto, se produce una condensación del tiempo narrativo. Se logra con una técnica de selección de las distintas etapas de la vida del grupo. Cuéllar es el hilo conductor de la historia, empieza la novela con su llegada al colegio y termina con su muerte. Cada capítulo presenta una cronología asimétrica, no coincide el tiempo con los límites de cada uno (tabla): Capítulos I, IV y V: 2 años, II y III: 5 años y el último, unos 10 años. 3.2.Tiempo histórico La novela está ubicada en un tiempo histórico concreto: los años cincuenta. El Momento histórico se ubica a través de una serie de acontecimientos sociales y culturales: Llegada de Pérez Prado, en los años 50; el futbolista Toto Terry; el nadador Conejo Villarán; James Dean o Elvis Presley, enmarcados también en la década del los 50. Cuando Pérez Prado llegó a Lima con su orquesta, fuimos a esperarlo a la Córpac, y Cuéllar, a ver quien se aventaba como yo, consiguió abrirse paso entre la multitud... (CI). Pero en el día vagabundeaba de un barrio de Miraflores a otro y se lo veía en las esquinas, vestido como James Dean... (CVI). Empezó a ponerse corbata y saco, a peinarse con montaña a lo Elvis Presley y a lustrarse los zapatos (CIV). 3.3. Líneas temporales en la Narración: hay dos:  el narrador-cronista que va seleccionando sucesos relevantes y fija el tiempo en un momento de la vida de los personajes. Narra desde su presente, cuando la historia ya ha finalizado y la hace avanzar desde que comienza (pasado) hasta el momento en el que narra.  La del lector: Para nosotros la historia avanza desde el presente hasta el futuro, se va marcando el fluir temporal: Construcciones verbales: Todavía llevaban pantalón corto... ya usaban pantalones largos... A medida que pasaban los días... El año siguiente... y así terminó el invierno... Los cursos: …de promoción... cuando Chingólo y Mañuco estaban ya en Primero de Ingeniería, Lalo en Pre-Médicas... cuando Lalo se casó con Chabuca, el mismo año que Mañuco y Chingólo se recibían de Ingenieros...
    • 3 3.4. Condensación narrativa y Saltos temporales: Pero Cuéllar, que era terco y se moría por jugar en el equipo, se entrenó tanto en el verano que al año siguiente ganó el puesto de interior izquierdo en la selección de la clase (CI). Poco a poco se fue resignando a su apodo y en sexto año ya no lloraba ni se ponía matón... y en Primero de Media se había acostumbrado tanto que, cuando le decían Cuéllar se ponía serio... (CII). El primero en tener enamorada fue Lalo, cuando andábamos en Tercero de Media (CIII). En Cuarto de Media, Choto le cayó a Fina Salas y le dijo que sí (CIII). Al año siguiente, cuando Chingólo y Mañuco estaban ya en Primero de Ingeniería, Lalo en Pre-Medicina y Choto comenzaba a trabajar en la Casa-Wiese... (CIV). Cuando Lalo se casó con Chabuca, el mismo año que Mañuco y Chingólo se recibían de Ingenieros. Cuéllar ya había tenido varios accidentes (CVI). La mayor condensación narrativa reside en los últimos párrafos, donde el narrador se limita a expresar el movimiento del personaje (Cuéllar) para indicar esa rápida sucesión temporal. Estos fragmentos finales del relato presentan una estructura paralelística que abarca distintos niveles temporales: – la historia de Cuéllar acaba, – la vida del grupo sigue, – la historia colectiva recomienza en la nueva generación: Cuéllar ya se había ido a la montaña, a Tingo María, a sembrar café, decía, y cuando venía a Lima y lo encontraban en la calle, apenas nos saludábamos, qué hay Cholo, cómo estás Pichulita, qué te cuentas viejo, ahí vamos, chao, y ya había vuelto a Miraflores, más loco que nunca, y ya se había matado, yendo al Norte, ¿cómo?, en un choque, ¿dónde?, en las traicioneras curvas de Pasamayo, pobre, decimos en el entierro, cuánto sufrió, qué vida tuvo, pero este final es un hecho que se lo buscó. Eran hombres hechos y derechos ya y teníamos todos mujer, carro, hijos que estudiaban en el Champagnat, la Inmaculada o el Santa María y se estaban construyendo una casita para el verano en Ancón, Santa Rosa o las playas del Sur, y comenzábamos a engordar y a tener canas, barriguitas, cuerpos blandos, a usar anteojos para leer, a sentir malestares después de comer y de beber y aparecían ya en sus pieles algunas pequitas, ciertas arruguitas (C VI). En estas últimas líneas es cuando se manifiesta el lugar que ocupaba el narrador, fuera de la narración dominando toda la historia y abriendo en el relato una cierta perspectiva de futuro: el ciclo vuelve otra vez a iniciarse. El pasado y el presente se mezclan en la narración. A veces el presente evoca la memoria del pasado en los personajes: Antes, lo que más nos gustaba en el mundo eran los deportes y el cine, y daba cualquier cosa por un match de fútbol, y ahora, en cambio, lo que más eran las chicas y el baile, y por lo que dábamos cualquier cosa era una fiesta con discos de Pérez Prado y permiso de la dueña de la casa para fumar (CI). El pasado ejerce una influencia constante en el presente y los personajes de una manera o de otra se encuentran atrapados en él. 4. NARRADOR El propio Vargas Llosa, en el prólogo dice: Cuando decidí fundir los dos proyectos [el del bebé emasculado en los Andes y la historia del «barrio»], comenzaron los problemas. ¿Quién iba a narrar la historia del niño mutilado? El «barrio». ¿Cómo conseguir que el narrador colectivo no borrara a las diversas bocas que hablaban por la suya? A fuerza de romper papeles, poco a poco fue perfilándose esa voz plural que se deshace en voces individuales y renace de nuevo en una que expresa a todo el grupo. Quería que Los cachorros fuese una historia más cantada que contada y, por eso, cada sílaba está elegida tanto por razones
    • 4 musicales como narrativas; no sé por qué, sentía que, en este caso, la verosimilitud dependía de que el lector tuviera la impresión de estar oyendo no leyendo: la historia debía entrarle por los oídos. RASGOS 1. Hay una alternancia entre la primera (plural): voz del grupo que excluye a Cuéllar, quien ya ha muerto cuando se cuenta la historia; y la tercera persona, tanto en singular como en plural, más objetiva que da el punto de vista también sobre el propio grupo, va registrando las voces de los personajes, sus diálogos en la misma forma que sigue sus desplazamientos, sus gestos o pensamientos. Todavía llevaban pantalón corto ese año, aún no fumábamos, entre todos los deportes preferían el fútbol y estábamos aprendiendo a correr olas... (cap. I). 2. Los diálogos se insertan en la narración: …y su padre lo llevaba al Estadio todos los domingos y ahí, viendo a los craks, les aprendían los trucos ¿captábamos? Se había pasado los tres meses sin ir a las matinés, ni a las playas... (cap. I). Vargas Llosa comenta a propósito del narrador de Los cachorros: El relato está contado por una voz plural, que caprichosamente y sin aviso ondula de un personaje a otro, de una realidad objetiva (un acto) a otra subjetiva (una intuición, un pensamiento), del pasado al presente o al futuro y, por momentos, en vez de contar, canta, «caprichosamente», es un decir, claro. La idea es que esta voz colectiva, saltarina, serpentina, que marea al lector y (musicalmente) lo maltrata, vaya insensiblemente contaminándolo de la historia de Cuéllar, empapándolo con ella, no explicándosela. Esta fusión del narrador con los personajes se evidencia en el lenguaje, ya que las expresiones, modismos y giros empleados se adaptan perfectamente a ese lenguaje infantil, adolescente o maduro que presenta un estilo peculiar. R. M. Frank indica cómo hay una variación en el uso del lenguaje al mismo tiempo que se da el paso de una etapa a otra, esto es, el paso de la infancia a la madurez, así, por ejemplo, el uso de onomatopeyas es mucho más abundante en los primeros capítulos de la obra, donde se recogen la infancia y la adolescencia, que en los últimos capítulos. Este hecho reflejaría el proceso de maduración de los jóvenes. Los diferentes niveles de lenguaje establecerán la oposición entre el mundo infantil y el mundo de los adultos. La onomatopeya, la mímica, los grafismos constituirían el código lingüístico, por excelencia, de los niños y serían formas expresivas opuestas a las formas lógico-discursivas de los mayores. Julio Ortega observa cómo el relato presenta ese carácter de crónica oral de ritmo fluido con un habla «de melosa melodía dirigida desde y a chicos mimados, creándose así esa propiedad musical, esa unidad de habla, irónica y piadosa a la vez». 5. EL ESPACIO 1 La novela transcurre aproximadamente en veinte años, el lapso 1946- 1966. En la niñez de Lalo, Choto, Chingolo, Mañuco y Cuéllar, Lima no superaba el millón de habitantes aún, mientras que en la actualidad roza los ocho millones. Muchos de los espacios que en Los cachorros son periféricos o marginales, ahora no lo son tanto o ya no lo son por completo. Miraflores es el barrio limeño residencial por excelencia. Ubicado a orillas del océano Pacífico, sus orígenes son los de balneario de la aristocracia del siglo XIX, un pueblo al que se iba originalmente en tren, pero que en las primeras décadas del XX se fue aproximando más a la ciudad hasta converger en ella: la avenida Arequipa fue construida por el presidente Augusto B. Leguía en los años veinte con el único propósito de conectar Lima con Miraflores. Hacia los años cuarenta, arranque de Los cachorros, Miraflores es un barrio que aglutina familias de ascendencia criolla, de apellidos tradicionales, y de descendientes de inmigrantes 1 Fernando Rodríguez Mansilla, Los Cachorros de Mario Vargas Llosa, Guía de lectura.
    • 5 europeos. Su población está conformada por gente que trabaja en el sector financiero, la industria o la órbita intelectual. Entre los miraflorinos existe la conciencia de ser una macrofamilia, lo que genera un sentimiento de «patria chica», puesto en evidencia en la primera página de la novela, cuando a Cuéllar, tras preguntarle su nombre, le inquieren: «¿Miraflorino? Sí, desde el mes pasado, antes vivía en San Antonio y ahora en Mariscal Cáceres, cerca del Cine Colina» (C.I). Podemos establecer un paralelismo con la fase vital de Cuéllar y sus amigos: –Infancia: Miraflores. El Champagnat es el núcleo de la acción, el centro de cohesión del limitado mundo de los niños. Es, en cierto modo, un microcosmos integrado por los alumnos que viven en las zonas próximas; cuando Cuéllar llega al colegio, los compañeros presuponen su procedencia miraflorina y esta ubicación significa tener un alto rango social. Miraflores es el ámbito donde estos jóvenes desarrollan su vida: en la infancia no traspasan sus límites. Pero ni siquiera todo Miraflores, sino una parcela del mismo, que se reduce a los alrededores del Champagnat: las avenidas Diagonal (junto a la cual estaba el colegio) y Larco, el Parque Central (situado entre aquellas dos avenidas), la avenida Benavides (que cruza Larco) y otras vías paralelas alternas. En términos reales, el Miraflores por el que transitan los chicos, su espacio vital, ocupa un radio de extensión no mayor de un kilómetro cuadrado. La única ocasión en que bordean la frontera es cuando van a visitar a Cuéllar tras su accidente en la Clínica Americana, ubicada en el límite con San Isidro, barrio vecino de Miraflores y con similares características. No obstante, San Isidro, pese a su cercanía, también genera recelo. Mucho más adelante, la incorporación de Cachito Arnilla, sanisidrino recién llegado a Miraflores, pasa por la diplomacia de Teresita Arrarte: «[Cachito] se arrimó al grupo y al principio ellos le poníamos mala cara y las chicas qué haces tú aquí, quién te invitó, pero Teresita déjenlo, blusita blanca, no lo fundan, Cachito, siéntate a mi lado, gorrito de marinero, blue jeans, yo lo invité» (C.III). –Adolescencia: El paso del tiempo lleva consigo una serie de desplazamientos … tomaban el Expreso y nos bajábamos en San Isidro para espiar a las del Santa Úrsula y a las del Sagrado Corazón. Ya no jugábamos tanto fulbito como antes (C II). Pero el colegio continúa presidiendo las actuaciones del grupo: ... a pesar de las advertencias de los Hermanos del Colegio Champagnat, fuimos a la Plaza de Acho a Tribuna de Sol, a ver el campeonato nacional de mambo (cap. II). Solo en esta etapa los muchachos salen al otro extremo de la ciudad, a la Plaza de Acho, en el barrio del Rímac, para ver al famoso intérprete de mambo Dámaso Pérez Prado. Pero el lugar al que asisten, la única plaza de toros de la ciudad, no les resulta del todo extraño: el espectáculo taurino tiene un gran arraigo entre las clases altas y la expedición anual a la plaza, situada en un barrio popular separado del resto de la ciudad por el río Rímac, era casi ritual. Luego, en esta misma etapa, atraídos por las chicas, frecuentan los colegios de monjas, versiones femeninas del Champagnat, ubicados en San Isidro (el Sagrado Corazón, el Santa Úrsula), nuevamente el territorio más afín. Cuando comienzan a cortejar a las chicas el lugar de reunión es el Parque Salazar, espacio abierto, aunque privativo de los miraflorinos. –Al acabar el colegio el grupo comienza a dispersarse y los escenarios que vuelven a reunirles son el parque Salazar, los clubs, las cafeterías de lujo y las playas. Poco a poco la pandilla se aleja del barrio; en lugar de la playa de Miraflores, la Herradura será un nuevo escenario que cobra especial relevancia, ya que el fútbol es sustituido por la natación. –Juventud: Con el paso de la adolescencia a la juventud, van adquiriendo mayor autonomía. Más adelante, el automóvil les da a Cuéllar y sus compañeros la posibilidad de ampliar su mapa de la ciudad. Como parte de su tránsito a la vida adulta, el machismo les impone una iniciación sexual en prostíbulos, los cuales están ubicados en zonas deprimidas, «de medio pelo», como el barrio del Cercado (nombre del centro de Lima) o el de La Victoria. Particularmente este último: Finalmente la pandilla se deshace, unos se casan, otros van al extranjero, pero vuelven a Miraflores, quedando integrados en la sociedad burguesa, mentalidad definida por el afán de poseer objetos:
    • 6 ... y teníamos todos mujer, carro, hijos que estudiaban en el Champagnat... y se estaban construyendo una casita para el verano en Ancón... (C VI). Al final de la novela, veinticinco años después, todos vuelven al barrio, y el movimiento cíclico comienza de nuevo; quedan integrados en la sociedad burguesa de donde proceden, imbuidos en sus reglas, en una mentalidad ya prefijada por el afán de poseer: los que más tienen más felices son. La rutina contribuye a la perfección en ese microcosmos burgués que es Miraflores: Eran hombres hechos y derechos ya y teníamos todos mujer, carro, hijos que estudiaban en el Champagnat, la Inmaculada o el Santa María y se estaban construyendo una casita para el verano en Ancón, Santa Rosa o las playas del Sur (CVI). 5.1.Espacios abiertos (Cuaderno de lectura) –El «Terrazas». Es un lugar habitual de reunión de los miraflorinos en el que se pueden practicar deportes. Se llama así porque el terreno está muy estratificado; es una zona escalonada. Desde niños los protagonistas del relato acudían allí para divertirse: ... entre todos los deportes preferían el fútbol y estábamos aprendiendo a correr olas, a zambullirnos desde el segundo trampolín del «Terrazas» (CI). ... ven vamos anda, solo hasta las seis, un partido de fulbito en el «Terrazas», Cuéllar (CIII). –San Isidro. Solo cuando Cuéllar sufre el accidente los muchachos bordean la frontera miraflorina para ir a la Clínica Americana; estaba situada en el límite con San Isidro, barrio burgués de características similares al de Miraflores: Y el lunes siguiente cuando, a la salida del colegio, fueron a visitarlo a la Clínica Americana, vimos que no tenía nada en la cara ni en las manos (CI). Cuando ya eran unos adolescentes acuden de nuevo a San Isidro para ver a las chicas a la salida de sus colegios: Les gritábamos, e incluso tomaban el expreso y nos bajábamos a San Isidro para espiar a las del Santa Úrsula y a las del Sagrado Corazón (CII). Cachito Arnilla, personaje que aparece casi al final de la novela, es de San Isidro. Cuando los muchachos se enteran les provoca cierto recelo al principio: Así terminó el invierno, comenzó otro verano y con el calor llegó a Miraflores un muchacho de San Isidro que estudiaba Arquitectura, tenía un Pontiac y era nadador: Cachito Arnilla (CIV). –Avenida Arequipa. Conecta el barrio de Miraflores con Lima; también es una zona residencial. El grupo traspasa las fronteras del barrio para ir a ver a las chicas a la salida de sus colegios: ... y a veces, íbamos hasta la avenida Arequipa a ver a las chicas de uniformes blancos del Villa María (CII). –Barrio del Rimca. En este barrio se encontraba la plaza de Acho, que era una de las más antiguas plaza de toros del mundo; en una ocasión los adolescentes fueron allí para ver la actuación de Pérez Prado, un artista del mambo que les gustaba mucho: ... fuimos a la plaza de Acho, a Tribuna de Sol, a ver el campeonato nacional de mambo (CII). –El parque Salazar. Es un espacio abierto situado en el barrio de Miraflores, lugar frecuentado por el grupo cuando salían del colegio. Más tarde, en la adolescencia y la juventud seguirá siendo un escenario de reunión para ellos, aunque compartido con otros: cafetines, playas, clubes, etc.: ... y a las nueve se caían por el parque Salazar a buscar a los otros, que a esa hora ya estábamos despidiendo a las enamoradas (CIII). –La playa de La Herradura. Estaba cerca de Miraflores; era una playa con clase, a la que solían acudir los miraflorinos a menudo. Cuando los protagonistas eran niños solían acudir a la playa de Miraflores; ahora se desplazan ya de su entorno y prefieren este lugar: Pero en verano ya se le había pasado el colerón; íbamos juntos a la playa, a La Herradura, ya no a Miraflores (CIII).
    • 7 Les gustaba «correr olas»; Cuéllar era el que mejor las corría de todos y le encantaba lucirse delante de todos: Nos bañábamos frente a «Las Gaviotas» y, mientras las cuatro parejas se asoleaban en la arena, Cuéllar se lucía corriendo olas (CIII). Qué bárbaro, decía Lalo, ¿corrió olas en Semana Santa? Y Chingólo: olas no, olones de cinco metros (...) ¿Lo había hecho para que lo viera Teresita Arrarte?, si, ¿para dejarlo mal al enamorado?, si. Por supuesto, como diciéndole Tere fíjate a lo que me atrevo y Cachito a nada (CV). –Barrio Cercado. Barrio de la Victoria. Cuando Cuéllar ya tiene coche se empieza a mover por otros lugares que estaban ubicados en la zona más deprimida de la ciudad, los barrios Cercado y de la Victoria: Después de comer, ya picaditos con los chistes, íbamos a recorrer bulines68, las cervezas, de la Victoria (...) para ver el primer show desde el bar y terminábamos generalmente en la Avenida Grau, donde Nanette (CV). En estos lugares los conocían ya a los muchachos pero asociaban su identidad con la del barrio de procedencia: – Ya llegaron los miraflorinos, porque ahí los conocían, hola Pichulita, por sus nombres y por sus apodos (CV). Cuéllar frecuentaba estos lugares, acababa borracho muchas veces y cada vez hacía más locuras: Se anochecía ahí, entre dados, ceniceros repletos de puchos, timberos y botellas de cerveza helada, y remataba las noches viendo un show, en cabarets de mala muerte (el Nacional, el Pingüino, el Olímpico, el Turbillón) o, si andaba nuca, acabándose de emborrachar en antros de lo peor, donde podía dejar en prenda su pluma Parker, su reloj Omega, su esclava de oro (cantinas de Surquillo o del Porvenir) (CV). Esas zonas serían espacios antagónicos y opuestos a Miraflores, barrio residencial y burgués, donde aparentemente todo era bienestar, donde su gente presumía de valores morales, etc. Pero la historia de Cuéllar nos va a ir descubriendo que es mentira, que esa sociedad miraflorina impoluta, impecable en apariencia, es, en realidad, una sociedad corrupta con una falsa moral, un «barrio» controlador, un espacio machista que oprime y ahoga. Se nombran espacios concretos en la novela: Barrio de San Antonio, Barrio donde vivía Cuéllar antes de llegar a Miraflores. Mariscal Castilla, Calle del barrio de Miraflores en la que vivía Cuéllar. La Diagonal, Avenida del barrio de Miraflores, Avenida Pardo que Llevaba hasta el colegio de La Reparación, uno de los colegios donde estaban las chicas a las que iban a ver los muchachos a la salida del colegio. Plaza de San Martín, una de las plazas más grandes de Lima. Etc. 5.2 Espacios cerrados –El Champagnat. Colegio religioso de origen francés. Es el núcleo central de la vida de los muchachos; allí hacen amigos, juegan, hacen deporte, etc. Es un espacio interior situado en otro espacio exterior, Miraflores. Es un microcosmos que cubre todas las necesidades de los muchachos a los ocho años. –La Reparación, Santa Úrsula, Sagrado Corazón, Villa María, Santa María: colegios femeninos parecidos al Champagnat, con un alto nivel social. –Clínica Americana Espacio que marca el cambio. –Colina, Barranco, Excélsior, Ricardo Palma, Leuro: Son cines. La sociedad burguesa miraflorina frecuentaba estos lugares como zona de ocio. Además, los muchachos también lo utilizan para practicar sus primeros escarceos amorosos: –Córpac Es el aeropuerto de Lima, adonde llega el cantante de moda Pérez Prado. –Plaza de Acho Es la plaza de toros a la que acuden los jóvenes para ver la actuación de Pérez Prado. –Pista de Patinaje, Bowling Lugares a los que iba Cuéllar en alguna ocasión con Teresita Arrarte.
    • 8 El «Regatas» Club deportivo aristocrático frecuentado por jóvenes de la alta burguesía. «Waikiki» Club deportivo al lado de la playa. Lawn Tennis Situado en el centro de Lima. Country Club es un lugar muy elegante en el barrio de San Isidro. Los muchachos fueron allí a una fiesta. Cuéllar no quiso ir, aunque ellos insistieron e incluso quisieron buscarle una chica para que fuera. Etc. 5.3.Espacios imaginarios: Desplazamientos de Cuéllar Este personaje es un extraño en el grupo compacto de Mañuco, Lalo, Chingólo y Choto, integrados en el ambiente social, él no lo conseguirá. En el colegio se adapta a las aficiones del resto y llega a destacar en el deporte, dejando a un lado sus inquietudes intelectuales. El personaje inicia en su estancia en la clínica una evasión en dos niveles: Por medio de la imaginación y con desplazamientos reales en espacios distintos a los del grupo: –La experiencia del dolor le lleva a realizar una primera fuga, identificándose con el «Águila Enmascarada», sueña tener unos poderes de superhombre que la realidad le niega. Es una actitud evasiva constante en el personaje, pues, a través del relato, observamos cómo Cuéllar continuamente se dirige a otras zonas, traspasa las barreras del reducido espacio miraflorino y admira a las figuras que han marcado el rumbo de la Historia: (Hitler no fue tan loco como contaban, en unos añitos hizo de Alemania un país que se le emparó a todo el mundo, ¿no?, qué pensaban ellos) (CIV). –Intuye otras fuerzas que posee el hombre, evocando el mundo de las ciencias ocultas: ... el espiritismo (no era cosa de superstición sino ciencia, en Francia había médiums en la Universidad y no sólo llaman a las almas, también las fotografían, él había visto un libro... (C IV). –Cuéllar insinúa una vocación que presenta unas connotaciones evasivas: ... entraría a la Católica... para entrar a Torre Tagle y ser diplomático... se viajaba tanto... (C IV). –Cuéllar no sólo capta espacios lejanos, desconocidos, sino que también se fija en lo cercano: el mundo de los marginados aparece en el relato a través de la mirada compasiva del personaje: ... ¿de eso había llorado?, sí, y también de pena por la gente pobre, por los ciegos, por esos mendigos que iban pidiendo limosna en el jirón de la Unión y por los canillitas que iban vendiendo La Crónica... y por esos cholitos que te lustran los zapatos en la plaza San Martín... (C. V). Todas estas situaciones están presentadas como intervenciones directas del personaje, siendo una conformación discursiva que define la singularidad de unas visiones no compartidas o ignoradas por los otros. Cuando Cuéllar abandona Miraflores y se marcha a Tingo María, por la voz del grupo conocemos la causa aparente: Cuéllar ya se había ido a la montaña, a Tingo María, a sembrar café (C VI). Se une la evasión con la huida real. Cuéllar es excluido del grupo: ... y cuando venía a Lima y lo encontraban en la calle, apenas nos saludábamos (C. VI). Finalmente, el personaje enmudece, por el grupo conocemos su desarraigo, su soledad, la muerte: ... y ya se había vuelto a Miraflores, y ya se había matado, yendo al Norte... (CVI). 6. Los personajes: análisis y técnicas de presentación Un lector familiarizado con las novelas de Vargas Llosa advierte de inmediato cómo cada obra es un fragmento que se integra en un universo total. De la misma forma que Balzac pretendió fijar la sociedad decimonónica francesa y Galdós la española, Vargas Llosa intenta plasmar la realidad peruana seleccionando dos ámbitos fundamentales: la selva y el medio urbano. Este último es un escenario presente en la mayoría de sus obras. Pero, además, como en los mencionados autores,
    • 9 Vargas Llosa elige un protagonista colectivo: la burguesía peruana; hecho que determina la creación de personajes muy tipificados, ya que son elaborados en función del grupo que representan. 6.1.Cuéllar Personaje protagonista a quien su problema físico impedirá participar en los ritos del machismo. El relato se organiza siguiendo la ascensión y lenta caída de este héroe imposible. Es el único personaje que posee una individualidad. El resto de personajes conforman la colectividad. Rasgos de su carácter señalados por otros personajes de la novela: Buena gente pero muy chancón, decía Choto, por los estudios descuida el porte, y Lalo no era culpa suya, su viejo debía ser un fregado, y Chingólo, claro, él se moría por venir con ellos y Mañuco iba a estar bien difícil que entrara al equipo, no tenía físico, ni patada, ni resistencia, se cansaba ahí mismo, ni nada. Pero cabecea bien, decía Choto, y además era hincha nuestro (CI). La voz del narrador dice: Pero Cuéllar que era terco... (CI). El hermano Agustín señala: ... se puede ser buen deportista y aplicado en los estudios, que siguiéramos el ejemplo (CI). El narrador, más adelante, vuelve a decir: A medida que pasaban los días, Cuéllar se volvía más huraño con los muchachos, más lacónico y esquivo. También más loco (CII). Evolución de Cuéllar: 1. Incorporación al grupo: Periodo de acomodación: colegio, fútbol, cine, etc. y castración. 2. Surge el apodo y la fama del protagonista. Lo acepta con alegría. Finge que no ha ocurrido nada y aprovecha todos los beneficios que le ha reportado el accidente, es envidiado por sus compañeros. 3. Primera crisis: Adolescencia: aparición de las chicas; se siente diferente: sus amigos le incitan a entrar en el mundo del erotismo; él se perturba, se estanca, porque no puede llegar a ser igual que los demás pero quiere ocultarlo y entra en el mundo de las apariencias, de la hipocresía y la falsa moral. Esto solo reafirma su marginación, y adopta una actitud de defensa y ataque contra lo que le recuerda que es diferente. Empieza a tartamudear. Comienzan sus locuras para demostrar su «hombría»: necesita suplir aquello de lo que carece aparentando ser «todo un hombre» (se emborracha, se arriesga con las olas, con los coches, todos símbolos machistas). 4. Crisis definitiva: Aparición de Teresita Arrarte: paréntesis en el comportamiento anterior; aparente cambio, época más estable, aunque va a durar poco tiempo; Se enamora de ella: El grupo lo somete a una última prueba: la declaración que es imposible. Busca nuevos disfraces para disimular su impotencia: es más sociable, se ilusiona con una posible operación, manifiesta intereses intelectuales por la política, el espiritismo… el orden se quiebra con la aparición de Cachito Arnilla, su fracaso. Teresita coquetea con él y Cuéllar se hunde y vuelve a lo andado. Queda desacreditado ante el grupo. 5. Profunda inestabilidad interior y machismo exhibicionista. Definitivamente, emprende el camino a su propia destrucción, se acelera su degradación, que le conducirá a la muerte. Cuéllar sufre un desequilibrio: la carencia de su atributo masculino, que al inicio provoca mayor aprecio y solidaridad en su grupo, la intenta compensar destacándose en los otros, como acabamos de ver. Aparece un mecanismo defensivo en sus actuaciones: cuando sufre una crisis por la frustración, decepción o marginación, aparece una demostración de poder (borracheras, correr olas, carreras de coches, frecuenta burdeles y bares) Casi al final de la novela se nos sugiere una posible relación pederasta con chicos adolescentes de catorce o quince años que Cuéllar pasea en su coche: Su carro andaba siempre repleto de rocanroleros de trece, catorce, quince años (CVI) Además frecuentaba locales nocturnos de homosexuales: Las noches se las pasaba siempre timbeando con los noctámbulos de «El Chasqui» o del «D'Onofrio», o conversando y chupando con las bolas de oro (CVI). Cuéllar es el único personaje de la novela con una historia individual, y su historia es evocada por una voz plural, el grupo, que es el que conforma la historia colectiva. La historia de Cuéllar es el testimonio de un miembro de la burguesía que cuestiona sus valores y
    • 10 acaba sacrificándose como «la oveja negra» del rebaño para que sus amigos, víctimas como él, aunque sin saberlo, acaben siendo «hombres hechos y derechos». Cuéllar es la representación de la castración de toda una generación. Representa las características que no se aceptan en la sociedad burguesa. El mensaje que nos queda es que la diferencia no cabe en este mundo; debe ser sacrificada para que todo permanezca igual. 6.2. Personajes secundarios. Los amigos de Cuéllar constituyen el personaje colectivo más importante del relato; los cuatro compañeros forman un grupo compacto, no hay ninguna quiebra entre estos personajes y el mundo exterior. En cuanto a su caracterización, observamos que no existen apenas rasgos diferenciadores entre ellos, es notoria la ausencia de un retrato físico o moral, sólo conocemos un comportamiento tipo; sus reacciones son en cadena. Cuéllar, frente a ellos, es una figura discordante, hay un distanciamiento entre él y el grupo; ellos intentan recuperarlo. La imposición del apodo es, a este nivel, bastante significativa, porque se presenta como rasgo sintomático del intento de igualación que sus compañeros pretenden. Este acto de despotismo colectivo tiene dos aspectos: por un lado, rebaja, estigmatiza, disminuye; otra parte, confiere un signo de reconocimiento dentro de un grupo dado: de una cierta manera, el apodo integra al individuo en el grupo. Pichulita es la forma de denominar el sexo de los niños, nombre provocador, impronunciable, que connota la mayor anomalía que un individuo puede presentar: la falta de virilidad, y es, además, la forma de reconocimiento de la condición de castrado de Cuéllar. Pero, en realidad, el grupo no salva a Cuéllar, tampoco se contamina por él, se mantienen al margen, y, en el fondo, se entretienen con sus actuaciones. El grupo comenta los incidentes de la vida de Cuéllar pero no le ayuda a mejorar. En sus opiniones y juicios sobre Cuéllar se desvelan sus propios prejuicios y limitaciones y muestran indiferencia y una falsa compasión, cuando muere, el grupo dice: Pero este final es un hecho que se lo buscó (CVI). Mientras que para ellos la vida sigue como si nada hubiera ocurrido. Hay un periodo de cierta acomodación de Cuéllar al grupo: los juegos infantiles, las salidas y los cines los mantienen unidos transitoriamente; pero esta situación desaparece cuando en el grupo de adolescentes irrumpen las chicas. Los compañeros le llevan hacia un camino que le perturba, ya que le incitan a entrar en el mundo del erotismo, que está vedado para él. Le imbuyen una moral hipócrita para salvar las apariencias y seguir el juego convencional de las relaciones amorosas. Cuéllar es empujado en esta forma a conocer su condición de marginado, adoptando una actitud de ataque contra los mismos que le hacen tener conciencia de su situación. Los amigos son cuatro: Lalo, Chingólo, Mañuco y Cholo. Conforman el protagonista colectivo de la novela. Son esas voces del relato no individualizadas. Vargas Llosa las tipifica porque representan a la burguesía peruana. Sus motivaciones son las mismas; la actitud que toman ante determinadas circunstancias es igual. Se adaptan perfectamente al medio social al que pertenecen y van pasando por las diferentes etapas evolutivas con normalidad, sin complicaciones. Podríamos decir que hay una continuidad entre ellos y el mundo exterior, sin fisuras. Los amigos de Cuéllar son cómplices y a la vez testigos de sus actos; cuando Cuéllar empieza a hacer locuras el grupo le aconseja que cambie: Sus locuras le dieron mucha fama y Chingólo, hermano, tienes que cambiar, Choto, Pichulita, te estás volviendo antipático (CIII). Lalo: De los amigos de Cuéllar, Lalo es el que sobresale en todo. Este es el capitán del equipo de fútbol . Fue el único que estaba en las duchas con Cuéllar la mañana del ataque del perro Judas, pero no hizo nada por ayudarlo, simplemente escapó. Ya en la adolescencia, Lalo es el primero que tuvo enamorada. Esto provocará la furia de Cuéllar y el inicio de la envidia hacia Lalo, expresada en sus travesuras para llamar la atención: Se hacía [Cuéllar] el loco para impresionar, pero también para ¿viste, viste? sacarle cachita a Lalo, tú no te atreviste y yo sí me atreví. No le perdona lo de Chabuca, decíamos, qué odio le
    • 11 tiene. Detrás de la envidia hacia Lalo, naturalmente, se encuentro el deseo de ser como él, de tener novia y ser el líder nato del grupo. Así, cuando Choto y Mañuco consiguen novia también y Cuéllar vuelve a imprecarlos, Lalo, sacando cara por los demás, quiere agarrarlo a golpes, aunque los separan rápidamente. Lalo es el que impulsa al grupo a conversar con Teresita Arrarte y preguntarle por sus sentimientos; él mismo también promueve la charla con Cuéllar para que le declare su amor a la muchacha. Lalo es el primero del grupo en casarse y Cuéllar no puede evitar molestarlo: en la víspera de su matrimonio, Cuéllar provoca un accidente en su auto, pero Lalo sale milagrosamente ileso. Lalo representa al joven miraflorino ideal, la cabeza del «barrio», todo lo que Cuéllar desea, pero nunca logra ser. 6.3. Las chicas. Teresita Arrarte Las chicas: Chabuca Molina, Fina Salas, Pusy Lañas y China Saldívar y Teresita Arrarte conforman el grupo de voces femeninas de la novela; son las novias de los cuatro amigos. Carecen de individualidad, al igual que el grupo de los chicos. Actúan como se espera, sin salirse de los cánones establecidos por una sociedad machista en la que las mujeres son valoradas por su físico, por su coquetería y por su posición. Para los muchachos eran un objeto más, una posesión que necesitaban para completar su posición social y sentirse «felices y plenos». Ellas también se divertían a costa de las insensateces de Cuéllar. Para las chicas, era un espectáculo que observaban desde «el otro lado»: La aparición de Teresita establece un paréntesis, una época de equilibrio basada en unas relaciones amistosas y cordiales que pronto acabarán al aparecer Cachito Arnilla; la coqueta y frívola Teresita entra también en el juego, posee así todos los atributos de su clase que la vinculan al grupo. Tras esta reacción, Cuéllar se sabe expulsado definitivamente del «paraíso», se sumerge en el alcohol, las carreras de auto, la natación, viviendo su última etapa aislado del grupo, que se erige en un testigo del proceso degradador que fatalmente le conducirá a la muerte. Teresita, como su contraparte masculina Lalo, es el personaje femenino más destacado. La primera descripción que se da de ella es la siguiente: «Coloradita y coqueta, una sola pero despacito, rubiecita, potoncita y con sus dientes de ratón» . Existe cierto infantilismo en ella, expresado por los diminutivos y por la mención de los «dientes de ratón», aunque no se excluye atractivo erótico («rubiecita, potoncita»). Lo que caracteriza su personalidad es la coquetería, como lo indica este pasaje. Esto se comprueba más adelante, cuando los chicos hablan sobre las posibilidades de Cuéllar con Teresita: «Con las coquetas como Tere nunca se sabe»; por ello deciden buscarla y conversar con ella para «averiguar si de veras Tere se muere por él o era cosa de coquetería» . La coquetería le brinda poder sobre los chicos que la pretenden. Bajo su lenguaje de diminutivos y su delicadeza, tiene visos de manipuladora. Pese a que su actitud es reprobable, quien recibe la sanción del grupo no será Tere, sino Cuéllar. Justamente son las otras chicas las que lo critican con más dureza (hasta llamarlo «maricón») y justifican a Tere. Pero Tere no es la excepción de la regla, sino su máxima expresión. La solidaridad de las otras chicas así lo demuestra. 6.4. Los adultos Los adultos, es decir los padres, los curas del colegio y todos los que pueden fungir de autoridades, no parecen tener demasiada injerencia en la vida de los chicos. Bajo un ficticio mando, en realidad consienten a los jóvenes y dejan pasar su malacrianza. La educación, para los hermanos del Champagnat, se reduce al memorismo, en lo que Cuéllar al principio es un as (p. 36), y a cumplir ceremonias cívicas y religiosas. Son estas prácticas las que revelan los privilegios de Cuéllar tras la emasculación: «Lo hacían ayudar misa, Cuéllar, lea el catecismo, llevar el gallardete en las procesiones, borre la pizarra, cantar en el coro, reparta las libretas, y los primeros viernes entraba al desayuno
    • 12 aunque no comulgara» (p. 45). A su vez, los padres de Cuéllar, los únicos padres que aparecen en la novela, son excesivamente tolerantes con él. Le dan todo y no le exigen nada. 7. Temas. Simbolismo. LA CASTRACIÓN física de Cuéllar marca el principio de la frustración psicológica del protagonista. Es en el colegio donde se inicia el proceso de castración colectiva a que es sometido el protagonista. El nombre del perro es Judas y el colegio donde tiene lugar el accidente es un colegio religioso. Esta castración física es determinante en la castración individual, social y existencial de Cuéllar, personaje que va a ser representativo de la castración psicológica del grupo. Cuando Cuéllar llega al colegio entra en contacto con este sistema y para ser aceptado e integrado en el grupo de alumnos tiene que aprender a ser un jugador de fútbol. Es este un comportamiento ritualizado perfectamente definido en el lenguaje, en el uso de la jerga deportiva: Sí. ha mejorado mucho, le decía Choto al Hermano Lucio, el entrenador, de veras, y Lalo es un delantero ágil y trabajador, y Chingolo qué bien organizaba el ataque y, sobre todo, no perdía la moral, y Mañuco ¿vio cómo baja hasta el arco a buscar pelota cuando el ene-migo va dominando, Hermano Lucio?, hay que meterlo al equipo (cap. I). Una vez que ha superado la prueba, Cuéllar pasa a formar parte del «clan», apareciendo como un alumno modelo: ... decía el Hermano Agustín, ¿ya veíamos?, se puede ser buen deportista y aplicado en los estudios, que siguiéramos su ejemplo... (C I). Mordido por Judas, su virilidad quedará destruida, arrastrando hasta el final de la historia su condición de castrado; los significados, implícitos en sus connotaciones simbólicas: la figura del danés con sus rasgos característicos (los ladridos, el encierro en la jaula) le definen como el mítico «guardián del Hades»: guarnecido en la cueva y espantado con sus grandes ladridos. Cuéllar, cuando se incorpora al colegio, tiene que realizar el «cruce del umbral» , en este lugar será iniciado mediante un proceso de aprendizaje para integrarse en la vida adulta. Judas se erige en la figura del «delator» de un sistema educativo degradante. No es un hecho casual que, después del accidente, el perro desaparezca y su lugar lo ocupen una pareja de «conejitos blancos». Estamos ante un mecanismo de sustitución que permite el camuflaje de la bestia bajo la imagen de los inofensivos roedores. Pero, además, podemos establecer un sistema de relaciones partiendo de la existencia de unos niveles de conexidad que nos llevan a encontrar los referentes dados por el contexto. El color funciona como un elemento de interrelación, símbolo anticipador del fracaso educativo, una alternativa ofrecida a los jóvenes por el sistema social, la castración de Cuéllar es compensada con inmerecidas calificaciones y falsos honores. El colegio crea un ambiente, una mentalidad que se proyecta en el mundo exterior, en la ciudad, marcando las pautas del comportamiento. Es allí donde se inicia el proceso de emasculación colectiva a que es sometido Cuéllar que sufre el ataque sistemático del grupo, de ese inconsciente colectivo que irá destruyéndolo. La salida de Judas de la jaula y su agresión alegorizan la liberación del instinto animal que posee el hombre; El sistema de relaciones de Cuéllar con sus amigos queda plasmado en unas categorías definidas en los términos: imposición de unas normas-rechazo o trasgresión de esas normas. El grupo le propone que corteje a Teresita; seguir esta pauta significa adoptar la máscara de impostor, que Cuéllar elude. R. M. Frank ha singularizado un pasaje del relato en el que ve condensado el sentido de las actuaciones de los amigos frente a Cuéllar. Destaca la escena en la que se funden dos secuencias narrativas: en una, los amigos intentan conocer los sentimientos de Teresita; en la otra, todos quieren capturar una mariposa que revolotea en el jardín. El cruce de estas dos unidades configuran un hipérbaton a la vez
    • 13 que, mediante la contaminación semántica, se conforma un nivel metafórico de identificación que permite la asociación Cuéllar- Mariposa. Partiendo de este paralelismo, los rasgos que definen al personaje serían «vulnerabilidad, fragilidad y amor a la libertad»; la captura y «apachurramiento» de la mariposa remite simbólicamente a la destrucción de Cuéllar, en la que todos participan: ¿Cuéllar?, sentadita en el balcón de su casa, pero ustedes no le dicen Cuéllar sino una palabrota fea, balanceándose para que la luz del poste le diera en las piernas, ¿se muere por mí?... Y ella ay, ay, ay, palmoteando manitas, dientes, zapatitos, que miráramos, ¡una mariposa!, que corriéramos, la cogiéramos y se la trajéramos. La miraría, sí, pero como un amigo y, además, qué bonita tocándole las alitas, deditos, uñas, vocecita, la mataron, pobrecita, nunca le decía nada. Y ellos qué cuento, qué mentira, algo le diría, por lo menos la piropearía y ella no, palabra, en su jardín la haría un huequito y la enterraría, un rulito, el cuello, las orejitas, nunca, nos juraba. Y Chingolo, ¿no se daba cuenta acaso cómo la seguía?, sita la seguiría pero como amigo, ay, ay, ay, zapateando, puñitos, ojazos, no estaba muerta la bandida ¡se voló!, cintura y tetitas, pues, si no, siquiera le habría agarrado la mano, ¿no?, o mejor dicho intentado, ¿no?, ahí está, ahí, que corriéramos, o se le habría declarado, ¿no?, y de nuevo la cogiéramos: es que es tímido, decía Lalo, tenia pero, cuidado, te vas a manchar, y no sabe si lo aceptarás, Teresita, ¿lo iba a aceptar?, y ella aj, aj, arruguitas, frentecita, la mataron y la apachurraron, un hoyito en los cachetes, pestañitas, cejas, ¿a quién?, y nosotros cómo a quién y ella mejor la botaba, así como estaba, toda apachurrada, para qué la iba a enterrar: hombritos. ¿Cuéllar?, y Mañuco sí (cap. IV). El texto transcrito propone, asimismo, otros niveles asociativos: el ir y venir de la mariposa, su atractivo son identificables, respectivamente, con la pretendida evasión de Cuéllar y con su posición como personaje centro de las miradas de los otros, foco de atención en torno al que gira la historia. La desubicación de Cuéllar es la consecuencia ante las imposiciones del medio. Este sistema social crea tres grandes mitos: el machismo, los deportes y la posesión de objetos. Los tres atributos son necesarios para sobrevivir en el medio. Cuando pierde a Teresita, hace del deporte una profesión: Pichulita Cuéllar, corredor de autos como antes de olas. Participó en el Circuito de Atocongo y llegó tercero... (cap. VI). En la última etapa de la historia de Cuéllar domina un afán de afirmación de la persona, que se sabe consciente de su falta o carencia. El personaje entra en contacto con el mundo artificial, poblado de objetos mecánicos. Se inicia «la relación hombre-máquina» como un intento de borrar las barreras infranqueables entre el nivel humano y el de los objetos técnicos que posee“; a un nivel inconsciente es el intento de dominar el mundo. Esta actitud se plasma en el discurso mediante la configuración de un proceso metonímico de personificación: el coche es algo indisociable del personaje, aparece como un elemento indispensable, llamado por su nombre específico y magnificado: ... y con su Ford fffuum embestía a la gente... los recogía en su poderoso Nash... que arrancara el potente Nash... su Volvo andaba siempre abollado. Cuéllar rinde tributo al mundo artificial, tecnificado, intento final de afirmación que acaba con su vida. Al acabar el relato, el narrador vuelve a fijar la trayectoria del grupo: y «los cachorros» son ya «tigres y leones... los ingenieros, los abogados, los gerentes» (CVI), los futuros personajes de Conversación en La Catedral.