JUSTICIA ELECTORAL




  Primer Curso Iberoamericano
                        MEMORIA
          Puebla, Puebla/México, 2003
342.07        Curso Iberoamericano sobre Justicia Electoral
 C288j      [1er. : 2003 : Puebla, Méx.]
               Justic...
CONTENIDO


Presentación ................................................................................... 7

          ...
La justicia constitucional electoral en el sistema
jurídico mexicano ........................................................
PRESENTACIÓN


A finales de los años noventa se suscribió un Convenio General de
Cooperación entre las autoridades naciona...
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 Dada la calidad de los expositores, la t...
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como un espacio para estrechar los lazos de coop...
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  expresiones normativas y el ejercicio ju...
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600 personas diarias, integrada en su mayoría ...
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De igual manera, es de destacar la asistencia de...
INAUGURACIÓN Y CLAUSURA
PALABRAS DE GERMÁN GABRIEL
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Buenos días, distinguidas personalidades qu...
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  ocupación por la acción cívica a tra...
Palabras de Germán López Brun                                          19


Asimismo, quiero hacer un reconocimiento al Go...
PALABRAS DE JOSÉ MERINO*


    Señor Secretario de Gobierno del Estado de Puebla,
    Señor Ministro Presidente de la Supr...
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PALABRAS DE JOSÉ WOLDENBERG*


Muy buenos días a todos. Créanme que es para nosotros, para quie-
nes laboramos en el Insti...
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  organización de los procesos electo...
PALABRAS DE JOSÉ FERNANDO
                             OJESTO MARTÍNEZ PORCAYO*


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PALABRAS DE CARLOS ARREDONDO*


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    Señoras y Señores.

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  para el estado de Puebla, sobre todo e...
PALABRAS DE MARIANO AZUELA GÜITRON*


Distinguidos miembros del presidium, respetables asistentes a este
acto, en particul...
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PALABRAS DE ALEJANDRO ARTURO
                              NECOECHEA GÓMEZ*


La consolidación de un régimen democrático y...
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  Queda claro que un sistema normativ...
CONFERENCIAS MAGISTRALES
ÉTICA, ELECCIONES Y DEMOCRACIA
                                                           José WOLDENBERG*



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  procesos electorales transpar...
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Es decir, cuando se alude a la ética de la res...
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Es decir, la transición se desplegó cuando los...
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  men que nos permite inventar un camino pa...
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ÉTICA Y JUSTICIA ELECTORAL
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  1. 1. JUSTICIA ELECTORAL Primer Curso Iberoamericano MEMORIA Puebla, Puebla/México, 2003
  2. 2. 342.07 Curso Iberoamericano sobre Justicia Electoral C288j [1er. : 2003 : Puebla, Méx.] Justicia Electoral : Ética, Justicia y Elecciones, Partidos Políticos : Democracia Interna y Fiscalización : Primer Curso Iberoamericano : Memoria, Puebla, Pue., 2003. — México : Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación, 2004. 227 p. ISBN: 970-671-184-8 1. Derecho electoral — América Latina. 2. Justicia electoral. 3. Ética política. 4. Elecciones — América Latina. 5. Democracia — América Latina. 6. Partidos políticos — América Latina. 7. Financiamiento de los partidos políticos. 8. Fiscalización. I. Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (México). II. T. Edición 2004 D.R. © Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación. Carlota Armero No. 5000, Colonia CTM Culhuacán, Delegación Coyoacán, México, D.F., C.P. 04480, tels. 5728-2300 y 5728-2400. Compilación: Unidad de Asuntos Internacionales. Coordinación de Relaciones con Organismos Electorales. Edición: Coordinación de Documentación y Apoyo Técnico. Diseño de portada: Pablo Barrón Salazar. Fotografía y diseño de interiores: Miguel Ángel Ortiz Buendía. El contenido y las opiniones expresadas en los artículos publicados en esta obra son responsabilidad exclusiva de los autores. Impreso en México ISBN: 970-671-184-8
  3. 3. CONTENIDO Presentación ................................................................................... 7 INAUGURACIÓN Y CLAUSURA Palabras de Germán López Brun ................................................ 17 Palabras de José Merino .............................................................. 21 Palabras de José Woldenberg ...................................................... 23 Palabras de José Fernando Ojesto Martínez Porcayo ................ 25 Palabras de Carlos Arredondo .................................................... 31 Palabras de Mariano Azuela Güitrón ......................................... 33 Palabras de Alejandro Arturo Necoechea Gómez ..................... 35 CONFERENCIAS MAGISTRALES Ética, elecciones y democracia .................................................... 39 José Woldenberg Ética y justicia electoral ............................................................... 59 José Fernando Ojesto Martínez Porcayo Ética judicial................................................................................. 75 Mariano Azuela Güitrón
  4. 4. La justicia constitucional electoral en el sistema jurídico mexicano ........................................................................ 89 Guillermo I. Ortiz Mayagoitia ÉTICA, JUSTICIA Y ELECCIONES Ética justicia y elecciones ........................................................... 105 José Luis de la Peza DEMOCRACIA INTERNA Y FISCALIZACIÓN La estructura interna y el funcionamiento democrático de los partidos políticos. La experiencia española ................... 117 Pablo Lucas Murillo de la Cueva Democracia interna de los partidos políticos en México ......... 137 Jacqueline Peschard La democracia interna de los partidos políticos ....................... 145 J. Jesús Orozco Henríquez El ejercicio de la democracia en la actividad interna de los partidos políticos ............................................................. 169 Carlos Urruty Los principios de proporcionalidad y responsabilidad: Su aplicación por el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación ......................................................................... 189 Leonel Castillo González Control de financiamiento de los partidos políticos ................ 217 Fernando Neves Da Silva
  5. 5. PRESENTACIÓN A finales de los años noventa se suscribió un Convenio General de Cooperación entre las autoridades nacionales electorales de Espa- ña, representadas por el Consejo General del Poder Judicial, la Junta Electoral Central y la Dirección General de Política Interior del Ministerio del Interior, y las autoridades federales electorales de México, a través del Instituto Federal Electoral y el Tribunal Electo- ral del Poder Judicial de la Federación. Al día de hoy podemos afirmar que el objetivo inicial que se persi- guió al firmar dicho instrumento se ha cumplido exitosamente, al haber identificado y promovido acciones tendentes a desarrollar un proceso fluido y sistemático de intercambio de información, conocimientos y experiencias que han facilitado, a cada una de las partes, la identificación y evaluación de los avances e innovacio- nes técnico-administrativas, procedimentales e instrumentales que fortalecen la práctica institucional en materia electoral. Una muestra de los resultados derivados de esta cooperación es la ejecución de tres eventos de gran trascendencia, que hemos deno- minado Cursos de Formación Judicial Electoral México/España; el pri- mero, celebrado en la Ciudad de México en el 2000; el segundo en la Ciudad de Oaxaca, México, en 2001 y el tercero en Madrid, Es- paña, en 2002. 7
  6. 6. 8 Presentación Dada la calidad de los expositores, la temática abordada, la cobertura y entusiasta respuesta por parte de las diversas instituciones partici- pantes, las tres ediciones del Curso mostraron la pertinencia de incidir en la formación judicial electoral. Prueba de lo anterior es el interés que los Cursos despertaron en funcionarios electorales de países de América Latina y del Caribe convirtiendo este espacio en un foro de reflexión, colaboración y cooperación académica e institucional inter- nacional con énfasis hispanomexicano en el cual ya convergen terce- ros países, instituciones y funcionarios de todo el Continente. Con apoyo en lo anterior, las instituciones coorganizadoras coinsideraron pertinente transformar estos Cursos México/Espa- ña en un Curso Iberoamericano sobre Justicia Electoral, a efecto de estrechar y enriquecer la comprensión y práctica interinstitucional en materia electoral en España e Iberoamérica. Es así como las contrapartes mexicanas y españolas convinieron en celebrar en la Ciudad de Puebla el Primer Curso Iberoamericano sobre Justicia Electoral, los días 15 y 16 de mayo del 2003. Contaron para ello, con la generosa hospitalidad de los organismos electora- les de dicha entidad federativa destacando que a tan significativo esfuerzo se sumó el Programa de las Naciones Unidas para el De- sarrollo/México, con lo cual se consolidó el impacto y alcance del evento académico. Este Primer Curso Iberoamericano buscó enriquecer el conocimiento y profundizar en el aprendizaje comparativo de los avances, especia- lidades técnicas, tendencias jurisprudenciales y los retos que enfrenta la justicia constitucional electoral; la democracia en la vida interna de los partidos políticos y la fiscalización de sus recursos con especial énfasis en los aspectos contenciosos, a la vez que el Curso sirviera Justicia Electoral
  7. 7. Presentación 9 como un espacio para estrechar los lazos de cooperación entre los países y autoridades electorales participantes del Continente. El Primer Curso Iberoamericano sobre Justicia Electoral se caracte- rizó por reunir a destacados juristas y académicos, quienes partici- paron en las diversas conferencias magistrales y mesas redondas en las que se privilegió el debate e intercambio de ideas. Las confe- rencias magistrales, cuyo tema central fue Ética judicial, democracia y justicia electoral, estuvieron a cargo de especialistas distinguidos como el Ministro Presidente de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, Mariano Azuela Güitrón, quién abordó el tema de la Ética judicial; el entonces Consejero Presidente del Instituto Federal Elec- toral, José Woldenberg, participó con el tema Ética, elecciones y de- mocracia; el Presidente del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación, José Fernando Ojesto Martínez Porcayo, presentó un trabajo sobre la Ética en la justicia electoral; y el Ministro de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, Guillermo Ortiz Mayagoitia, quien disertó sobre Justicia constitucional electoral. En la primera mesa de trabajo, destinada al tema Ética, justicia y elecciones, se buscó la comparación de experiencias recientes sobre el tema. En esta mesa se contó con la participación del Vocal de la Junta Electoral Central de España y Rector de la Universidad Rey Juan Carlos I de Madrid, Pedro González Trevijano; el Magistrado del Consejo General del Poder Judicial de España, José Merino; el entonces Consejero de la Judicatura Federal, Manuel Barquín y el Magistrado de la Sala Superior del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación, José Luis de la Peza. En la segunda mesa de trabajo se abordó el tema Democracia inter- na en los partidos políticos, subrayando los fundamentos teóricos, Primer Curso Iberoamericano
  8. 8. 10 Presentación expresiones normativas y el ejercicio jurisdiccional de las formas y medios de tutela en torno a la vida interna de los partidos políticos. En ella participaron el Letrado de las Cortes Generales de España, Enrique Arnaldo Alcubilla; el Magistrado del Tribunal Supremo de España, Pablo Lucas Murillo de la Cueva; el Ministro Presiden- te de la Corte Electoral de Uruguay, Carlos Urruty; la entonces Consejera Electoral del Instituto Federal Electoral, Jacqueline Peschard; el Magistrado de la Sala Superior del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación, José de Jesús Orozco Henríquez y el catedrático de la Facultad de Derecho de la Universidad Na- cional Autónoma de México, Luis Molina Piñeiro. La tercera mesa se reservó al tema Fiscalización de los recursos de los partidos políticos a fin de analizar las condiciones institucionales, normativas y casos relevantes de fiscalización. Participaron el Di- rector del Centro de Asesoría y Promoción Electoral del Instituto Interamericano de Derechos Humanos, José Thompson; el Magis- trado del Tribunal Supremo de España, Pablo Lucas Murillo de la Cueva; el Letrado de las Cortes Generales de España, Enrique Arnaldo Alcubilla; el entonces Consejero del Instituto Federal Elec- toral, Alonso Lujambio; el Magistrado de la Sala Superior del Tri- bunal Electoral del Poder Judicial de la Federación, Leonel Castillo González, y el Magistrado del Tribunal Superior Electoral de Bra- sil, Fernando Neves Da Silva. Es de destacar la participación en el Curso de funcionarios electo- rales y académicos nacionales y del extranjero, así como expertos en la materia, y la presencia de magistrados y consejeros electora- les, estudiantes, representantes de partidos políticos, organismos no gubernamentales y medios de comunicación, tanto de México como de otros países, lo cual significó una asistencia promedio de Justicia Electoral
  9. 9. Presentación 11 600 personas diarias, integrada en su mayoría por funcionarios electorales de todo el país, estudiantes y maestros. La indudable calidad de los expositores y la pertinencia de los te- mas desarrollados hicieron que las instituciones coorganizadoras, a través del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación, se comprometieran a publicar esta Memoria con el fin de difundir, aún más, las ponencias allí presentadas. La obra que se pone al alcance de los estudiosos del tema se encuen- tra dividida en cuatro apartados: el primero está dedicado a las pa- labras protocolarias, y se encuentran los mensajes del Magdo. Germán López Brun, el Dr. José Merino, el Mtro. José Woldenberg, el Magdo. J. Fernando Ojesto Martínez Porcayo. el Mtro. Carlos Arredondo, el Min. Mariano Azuela Güitrón, y el Lic. Alejandro Necoechea Gómez. El segundo apartado comprende como ya se anotó líneas arriba, las conferencias magistrales que estuvieron a cargo del Min. Presidente Mariano Azuela Güitron, el Mtro. José Woldenberg, el Magdo. José Fer- nando Ojesto Martínez Porcayo y el Min. Guillermo Ortiz Mayagoitia. El tercer apartado, que se dedica al tema Ética, justicia y elecciones, incluye la ponencia del Magdo. José Luis de la Peza. En el cuarto apartado se incluye las ponencias relativas al tema Democracia interna y fiscalización, del Magdo. Pablo Lucas Murillo de la Cueva, el Dr. Carlos Urruty, la Dra. Jacqueline Peschard, el Magdo. J. de Jesús Orozco Henríquez, el Magdo. Leonel Castillo González y el Min. Fernando Nevez Da Silva. Es pertinente mencionar que mucho lamentamos que algunas po- nencias presentadas por destacados especialistas no estén inclui- Primer Curso Iberoamericano
  10. 10. 12 Presentación das en esta obra, pero por razones que escapan al control de los responsables de la edición, no fue posible recopilarlas. De cual- quier forma, mucho apreciamos su esfuerzo como expositores en el Curso. Antes de que los lectores conozcan la abundante experiencia aca- démica e intelectual que se recoge en los trabajos que integran esta obra, es justo reconocer y agradecer a diversos profesionales, aca- démicos, juristas y expertos en la materia electoral que contribuye- ron al éxito del Primer Curso Iberoamericano sobre Justicia Electoral. En primer término, nuestro reconocimiento a las autoridades elec- torales y educativas del Estado de Puebla: al Magistrado Presiden- te del Tribunal Electoral del Estado, Germán López Brun; al Consejero Presidente del Instituto Electoral del Estado, Alejandro Necoechea Gómez; al Rector de la Benemérita Universidad Autó- noma del Estado, Enrique Doger Guerrero, por ser excelentes anfi- triones y promotores de este espacio de reflexión. Agradecemos también a los magistrados, funcionarios y académi- cos que aportaron sus conocimientos en el desarrollo del Curso, como es el caso de la Magistrada de la Sala Superior del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación, Alfonsina Berta Na- varro Hidalgo; el catedrático de la Facultad de Derecho de la Bene- mérita Universidad del Estado de Puebla, Rodolfo Archundia de la Rosa; el Representante Residente del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo, Thierry Lemaresquier; el Coordinador del Proyecto de Asistencia Electoral del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, Nguyen-Huu Dong, y el Gobierno del Estado de Puebla, representado por el Lic. Carlos Arredondo, Se- cretario General de Gobierno, entre otras personalidades. Justicia Electoral
  11. 11. Presentación 13 De igual manera, es de destacar la asistencia del Magistrado del Jurado Nacional de Elecciones de la República del Perú, Gastón Soto y del Magistrado del Tribunal Supremo Electoral de la Repú- blica de El Salvador, Roberto Oliva, ambos funcionarios de países miembros de la Unión Interamericana de Organismos Electorales (UNIORE), quienes amablemente atendieron a nuestra invitación. Al mismo tiempo, mucho apreciamos al Instituto Federal Electo- ral, al Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo y al Tribunal Supremo, la Junta Electoral Central y el Ministerio del Interior de España por continuar colaborando con este Tribunal Electoral en los esfuerzos institucionales en favor del enriquecimien- to de la democracia y la justicia electoral. No quisiéramos finalizar sin dejar constancia de la labor logística de todo el evento realiza- da por la Coordinación de Asuntos Internacionales del TEPJF, quie- nes, además, se dieron a la tarea de recopilar y organizar el material y, con el apoyo de la Coordinación de Documentación y Apoyo Técnico de la Institución, darle seguimiento a la edición y repro- ducción de la obra. Esperamos que el análisis del material contenido en esta Memoria sea provechoso para sus lectores y represente un incentivo que imprima continuidad a la línea de trabajo conjunto que se viene consolidando en el ámbito electoral de Iberoamérica. En el hori- zonte se asoma ya el II Curso Iberoamericano sobre Justicia Electoral, a realizarse en el Puerto de Acapulco, Guerrero, en octubre del 2004. Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación Primer Curso Iberoamericano
  12. 12. INAUGURACIÓN Y CLAUSURA
  13. 13. PALABRAS DE GERMÁN GABRIEL LÓPEZ BRUN* Buenos días, distinguidas personalidades que conforman el presidium, distinguidos asistentes que nos honran con su presencia, es para los integrantes de los órganos electorales del Estado de Pue- bla, así como para la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla un honor ser los anfitriones de este Primer Curso Iberoamericano sobre Justicia Electoral, el cual es resultado de la productiva colabo- ración y empeño compartido entre autoridades electorales de Es- paña y México, así como del interés mostrado y participación espontánea de funcionarios electorales de países de América Lati- na y el Caribe, en los tres últimos cursos de Formación Judicial Elec- toral, celebrados en la Ciudad de México, en el Estado de Oaxaca y en Madrid, España. Este Primer Curso Iberoamericano sobre Justicia Electoral, además de atender como objetivo principal aspectos académicos que se- rán de suma valía para los que participamos en el, será un espa- cio fundamental para reafirmar y estrechar los vínculos de cooperación y colaboración interinstitucionales entre las autori- dades y países participantes, los que han mostrado honda pre- * Magistrado Presidente del Tribunal Electoral del Estado de Puebla. 17
  14. 14. 18 Palabras de Germán López Brun ocupación por la acción cívica a través de la cual se logre refor- zar en cada ciudadano los valores inherentes a la democracia para definir su posición y actitud frente a los asuntos de interés público y al entorno político en el que expresen sus creencias y sustenten sus expectativas. El Derecho Electoral requiere para su enriquecimiento de activida- des académicas permanentes, a fin de que todos los que estamos inmersos e interesados en esta novísima disciplina profundicemos en su aprendizaje. Retroalimentarnos con nuestras respectivas experiencias es for- jar, a partir del conocimiento adquirido, los elementos necesarios para hacer del Derecho Electoral el arma universal e inquebran- table que garantice el sano desarrollo de la vida democrática de cualquier país. Seguros estamos que el método de trabajo previsto para este Cur- so, basado en mesas redondas en las que se privilegiará el debate, será un espacio importante para el análisis y difusión del conoci- miento jurídico y político electoral, que arrojará al final de las jor- nadas un saldo favorable en beneficio de los asistentes, por tanto, debemos resaltar la importancia y papel que los juzgadores electo- rales tienen en la actualidad y, parafraseando al Magistrado Presi- dente del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación el Doctor José Fernando Ojesto Martínez Porcayo, este es el tiempo de los jueces, de los jueces a los que se les permite la creación dentro del propio marco de las leyes y de las normas y principios rectores. La crea- tividad no puede conducir a la arbitrariedad al juzgar y resolver conflic- tos. Él nos dice que es Tiempo de cambios, tiempo de complejidad, tiempos de conflictos. Tiempos de la Justicia Electoral. Justicia Electoral
  15. 15. Palabras de Germán López Brun 19 Asimismo, quiero hacer un reconocimiento al Gobierno del Estado de Puebla, por el apoyo incondicional para que este curso tenga como sede a esta Ciudad de Puebla, y especialmente al señor Go- bernador Constitucional del Estado de Puebla, el Licenciado Melquíades Morales Flores, quien como titular del Ejecutivo del Estado se ha distinguido por su colaboración para auspiciar even- tos académicos y participativos de la vida democrática, gracias por su beneplácito señor gobernador, por conducto del Maestro Carlos Arredondo. Asimismo nuestro agradecimiento a todas las instituciones organi- zadoras, tanto del ámbito Federal como el Local, ya que promover proyectos de trascendencia, como el que hoy nos reúne, y unificar esfuerzos para lograrlos, no es tarea fácil, se necesita de la volun- tad de hombres y mujeres comprometidos y preocupados por con- tribuir al fortalecimiento de la justicia electoral y de sus respectivas instituciones. Sean todos bienvenidos a Puebla, entidad federativa que ha parti- cipado de manera significativa durante su historia en la formación y consolidación de la democracia mexicana. Muchas gracias. Primer Curso Iberoamericano
  16. 16. PALABRAS DE JOSÉ MERINO* Señor Secretario de Gobierno del Estado de Puebla, Señor Ministro Presidente de la Suprema Corte de la Justicia de la Nación, Señor Magistrado Presidente del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación, Señor Consejero Presidente del Consejo General del Instituto Federal Electoral, Autoridades, Señoras, Señores, Constituye para mi un honor dirigirme a ustedes en este Primer Cur- so Iberoamericano de la Justicia Electoral. Me van a permitir unas pala- bras improvisadas que aluden al importante momento que van a vivir tanto México como España en los próximos meses. Me refiero a las elecciones que ustedes van a tener aquí en el mes de julio y las que en España tendremos el 25 de mayo. Por lo que respecta a las elecciones del 25 de mayo en España tienen una condición peculiar y particular. Es la primera vez en la que solamente van a obtener la posibilidad de adquirir votos de los ciudadanos españoles, aquellos partidos políticos que son en verdad partidos democráticos de acuer- do con la recién aprobada Ley de Partidos Políticos. * Magistrado del Consejo General del Poder Judicial de España. 21
  17. 17. 22 Palabras de José Merino Como miembro del Consejo General del Poder Judicial de España tuve la posibilidad de participar en la elaboración del informe para este proyecto de ley. En España hacía falta una ley que dijera que para ser partido no hay que apoyar la violencia, no hay que apoyar la tortura, no hay que apoyar el terror; debe ser una asociación que quiera buscar el bien de los ciudadanos, a través del mismísimo ejercicio de la polí- tica. Y eso en Europa y en la España que estamos viviendo ahora, había que decirlo, por qué había un partido, yo no quiero llamar partido al Batasuna, al que en ocasiones amparaba el terror. Gra- cias a esta Ley de Partidos Políticos y a una valiente sentencia dic- tada por la Sala Especial del artículo 61 (LOPJ) del Tribunal Supremo, presidida por el Presidente del Tribunal Supremo, y que tuvo unanimidad no sólo en la votación sino en la fundamentación jurídica, hoy en España tendremos la suerte de ocurrir el día 25, sabiendo que todos los partidos políticos que van a estar ahí con sus papeletas son de verdad partidos democráticos. O sea, tene- mos la misma suerte que tienen ustedes en los Estados Unidos Mexicanos. Creo que esto era importante decirlo. Y voy a terminar estas breves palabras con una cita de Alexis de Toqueville, que me ha preparado mi buen amigo Enrique Arnaldo, y creo que define muy bien lo que tiene que ser la democracia, el derecho al voto y el vivir y convivir en un estado de derecho, y dice así: Querer detener la democracia parecería entonces luchar contra dios mismo. Muchas gracias Señores. Justicia Electoral
  18. 18. PALABRAS DE JOSÉ WOLDENBERG* Muy buenos días a todos. Créanme que es para nosotros, para quie- nes laboramos en el Instituto Federal Electoral, un privilegio y un honor poder conjugar nuestros esfuerzos para realizar este primer Curso Iberoamericano sobre la Justicia Electoral. Creo que este even- to no podía llegar en un momento más afortunado. México ha vivi- do en los últimos años un proceso de cambio político, que cualquier observador o medio puede constatar. Pasamos de lo que fue durante muchos años una fórmula de procesamiento a través de un partido casi único a la construcción de un auténtico sistema de partidos. Pasamos de unas elecciones sin competencia a elecciones altamente competidas. Pasamos de un mundo de la representación básicamente monocolor a un mundo plural de la representación. Y todo este cambio fue posible a través de una vía institucional, de una vía pacífica, de una vía democrática. Y en ese trayecto el hecho de que existiera una vía jurisdiccional para desahogar las controver- sias que se presentan en el campo electoral jugó un papel funda- mental. Hoy los problemas de la justicia electoral no son más los del pasado. Tenemos pocos litigios en torno a la validez o no del padrón electoral, tenemos pocos o nulos litigios sobre los instrumentos y la * Presidente del Consejo General del Instituto Federal Electoral (1996 - 2003). 23
  19. 19. 24 Palabras de José Woldenberg organización de los procesos electorales. No obstante, el México de- mocrático que ha emergido de las elecciones tiene una nueva agen- da, problemas sobre el financiamiento y la fiscalización a los partidos políticos, conflictos internos al interior de los partidos políticos recla- man nuevos procesamientos, nuevas elaboraciones, nuevos enfoques y enhorabuena que un evento como este pueda discutirlos, pueda recrearlos y puedan salir soluciones que eventualmente nos permi- tan un mejor procesamiento de los mismos. Quiero agradecerles a todos ustedes su presencia en este evento, por supuesto a los ponentes su generosa contribución al éxito de este Primer Curso Iberoamericano y a las autoridades del Estado de Puebla por permitirnos realizar tan importante evento en esta her- mosísima ciudad. Muchas gracias a todos. Justicia Electoral
  20. 20. PALABRAS DE JOSÉ FERNANDO OJESTO MARTÍNEZ PORCAYO* Señor Ministro Don Mariano Azuela Güitron, Presidente de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, Mtro. José Woldenberg, Consejero Presidente del Consejo General del Instituto Federal Electoral, Distinguidos miembros del Presidium, Señoras y Señores. Permítanme agradecer de manera muy destacada la presencia del señor Ministro Don Mariano Azuela Güitrón, Presidente de la Su- prema Corte de Justicia de la Nación; asimismo, quiero dar una bien- venida muy cordial a los representantes de la Corte Electoral del Uruguay, del Tribunal Superior Electoral de Brasil, al Director del Centro de Asesoría y Promoción Electoral (CAPEL), a nuestros cole- gas y amigos españoles, al Magistrado Don José Merino, quien asiste con la representación del Consejo General del Poder Judicial de Es- paña, Magistrado Pablo Lucas Murillo de la Cueva, al Dr. Pedro González Trevijano, Rector de la Universidad Juan Carlos I de Ma- drid, al Dr. Enrique Arnaldo Alcubilla, Letrado de las Cortes Gene- rales, a los representantes del PNUD/México, a las autoridades del Estado de Puebla que nos distinguen con su presencia, a los repre- * Magistrado Presidente del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (2000 - 2004). 25
  21. 21. 26 Palabras de José Fernando Ojesto Martínez Porcayo sentantes de las instituciones electorales mexicanas, a los académi- cos y al público en general que nos acompaña esta mañana. Quiero iniciar estas palabras recordando que hace ya dos años, con motivo de la inauguración del II Curso de Formación Judicial Electo- ral en la ciudad de Oaxaca, mencioné que el pueblo mexicano tiene una arraigada vocación democrática y un gran anhelo por consoli- darse como país de instituciones. Ese pronunciamiento continúa vi- gente, prueba de ello es que a partir de hoy, con renovado optimismo, nos reunimos nuevamente, esta vez en la hermosa ciudad de Puebla, por cuyas calles fluyen algunos de los momentos más importantes de la historia patria que han contribuido a conformar el México actual. En efecto, no podemos dejar de recordar ahora la importancia que tuvo la Puebla de los Ángeles durante la Colonia; el papel de esta ciudad como el bastión desde el cual se repelió al ejército invasor y permitió, años más tarde, el triunfo de nuestra vocación republicana. ¿Cómo no recordar la gesta heroica de los Hermanos Serdán, pilares del movimiento democratizador que inició hace ya casi un siglo? En fin, podría citar muchos ejemplos más de pasajes históricos de gran trascendencia, pero ustedes coincidirán conmigo que hoy día la con- solidación de la democracia, el fortalecimiento de las instituciones y la defensa de la legalidad ya no se hace mediante el empleo de las ar- mas. Actualmente, es a través del intercambio de ideas, del debate documentado, de la búsqueda de consensos como, día a día, tratamos de fortalecer el estado de derecho. El hecho de que nos encontremos aquí reunidos nuevamente, no es producto de la casualidad, el inmejorable marco que nos ofrece la ciudad de Puebla, seleccionado para llevar a cabo este Primer Cur- so Iberoamericano sobre Justicia Electoral, viene a representar una nueva etapa de su antecedente inmediato: los tres Cursos de For- Justicia Electoral
  22. 22. Palabras de José Fernando Ojesto Martínez Porcayo 27 mación Judicial Electoral que, como todos ustedes recordarán, se realizaron en las ciudades de México en el año 2000, en Oaxaca en el año 2001 y en Madrid, España, el año pasado. Esta nueva etapa se enmarca, también, en el Convenio General de Co- operación suscrito en octubre de 1999 entre las autoridades nacionales electorales de España, representadas por el Consejo General del Poder Judicial, la Junta Electoral Central y la Dirección General de Política Interior del Ministerio del Interior de ese país, y las autoridades electo- rales federales mexicanas, por conducto del Instituto Federal Electoral y el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación. Este nuevo encuentro representa, en mi opinión, una prueba feha- ciente de que el mencionado Convenio General tiene alcances ili- mitados. De nosotros depende el empleo que queramos dar a esa herramienta maravillosa que hoy por cuarta ocasión da frutos. Si bien ahora lo hace desde una perspectiva más amplia, ya que las partes firmantes hemos acordado convertir nuestros trabajos en un Foro Iberoamericano, al cual han sido convocados distinguidos especialistas de otros países americanos que comparten, junto con México y España, nuestra vocación democrática y garantista. La idea que nos anima es propiciar un amplio intercambio de ex- periencias; que la experiencia adquirida en las tres ocasiones ante- riores, se pueda enriquecer y compartir con otras naciones de Latinoamérica. Este Primer Curso Iberoamericano sobre Justicia Elec- toral podría considerarse como el puente entre el anterior formato y la nueva idea que abrazamos los organizadores: lograr que en un futuro mediato todos los países de la región participemos en este esfuerzo que busca contribuir a la superación profesional de los miembros de los organismos electorales, principalmente. Primer Curso Iberoamericano
  23. 23. 28 Palabras de José Fernando Ojesto Martínez Porcayo Ante el enorme reto que representa el Derecho Electoral, que re- quiere de un perfeccionamiento constante y de una adecuación permanente a los cambios sociales, estoy convencido de que no hay nada mejor que el estudio sistemático y profundo de cada uno de los temas que lo componen. Por ello, queridos amigos, realmen- te me encuentro emocionado ante la riqueza temática que, gracias a ustedes, nos ofrece el programa de actividades. Para dar inicio cuatro conferencias magistrales sobre Ética Judi- cial; Ética, Elecciones y Democracia; la Ética en la Justicia Electo- ral, y sobre Justicia Constitucional Electoral. Hoy por la tarde una mesa de trabajo sobre el tema Ética, Justicia y Elecciones. El día viernes, por la mañana, una mesa de trabajo sobre Democracia Interna en los Partidos Políticos y, por la tarde, otra sobre la Fisca- lización de los Recursos de los Partidos Políticos. Como podrán advertir los temas han sido cuidadosamente seleccionados y, en todos los casos, se ha logrado que los expositores sean distinguidas personalidades y autoridades judiciales y electorales de México, España, Uruguay, Brasil y Costa Rica. Los temas que abordaremos los próximos días son de una extraor- dinaria actualidad, son materias que provocan inquietud, que in- vitan a la reflexión y que se discuten en todos los foros y todos los niveles. ¿Cómo evitar pensar en la democracia interna de los parti- dos políticos? ¿Quién no tiene presente el tema de la fiscalización de los recursos de los partidos políticos? En las últimas semanas en México, la atención se ha centrado en estos dos temas con mucha mayor intensidad, habida cuenta que nos encontramos frente al proceso electoral del mes de julio. Por ello, resultará muy oportuno escuchar voces autorizadas que nos Justicia Electoral
  24. 24. Palabras de José Fernando Ojesto Martínez Porcayo 29 marquen nuevas líneas de estudio. Por ejemplo, creo que estamos ante el surgimiento de un nuevo Derecho Administrativo Sancio- nador, principalmente en materia de Derecho Electoral, que impli- ca una delicada responsabilidad, que requiere de un estudio cuidadoso, especialmente por su vinculación cercana con el Dere- cho Penal, donde debemos analizar los principios aplicables que pudieran resultar comunes. Aquí es el espacio y el momento para que, todos juntos, comencemos a caminar estos nuevos senderos. A ello los invito. Este año podría ser recordado como el año de los retos y consolida- ciones. Al decir lo anterior no sólo tengo en mente los innumera- bles retos que México tiene como nación, sino que pienso en lo que cada una de las autoridades electorales del país habremos de en- frentar. Nuestra actuación requiere de serenidad y reflexión, de estudio y de análisis y cursos como el que hoy nos convoca, nos brindan mayores instrumentos para hacer frente a nuestro queha- cer cotidiano. Nuestra actuación será decisiva para lograr la con- solidación de las instituciones democráticas del país, pongamos nuestro mejor esfuerzo para lograrlo. No quiero finalizar esta breve intervención sin expresar mi sincero agradecimiento a las instituciones organizadoras, de manera muy especial y significativa a nuestros amigos del Tribunal Electoral de Puebla; del Instituto Electoral del Estado de Puebla; de la Benemé- rita Universidad Autónoma de Puebla y a todas las autoridades locales que han hecho posible la realización de este Primer Curso Iberoamericano sobre Justicia Electoral. Estoy seguro de que todos los participantes haremos el mejor es- fuerzo para que los trabajos por realizar sean todo un éxito. Primer Curso Iberoamericano
  25. 25. PALABRAS DE CARLOS ARREDONDO* Señores que integran este presidium, Señoras y Señores. A nombre del Gobierno del Estado de Puebla, del Sr. Gobernador Constitucional del mismo Estado, el Lic. Melquíades Morales Flo- res, sean ustedes bienvenidos a esta su casa, a esta su ciudad y a este su estado. Nos congratulamos de que Puebla sea la sede de este Primer Curso Iberoamericano de Justicia Electoral. Nos congratulamos por dos ra- zones: por la importancia de este curso y por la importancia de las grandes personalidades que hoy nos acompañan. He escuchado que tenemos gente de diferentes partes de América, bienvenidos todos. Puebla es su casa, Puebla es un estado de mucha suerte y de mucha fortuna; estoy seguro que si aprovechan su viaje para dis- frutar de nuestra ciudad se van a ir muy contentos y con el ánimo de regresar a este lugar. Los que aquí estamos nos sentimos muy orgullosos. Yo quiero se- ñalar que el Curso que hoy se inicia, representa un gran prestigio * Secretario General de Gobierno del Estado de Puebla. 31
  26. 26. 32 Palabras de Carlos Arredondo para el estado de Puebla, sobre todo en los momentos que hoy vivi- mos de cara a un proceso electoral federal que implicará renovar la cámara de diputados del Honorable Congreso de la Unión. Un proceso que con toda seguridad nos dará tranquilidad. La tranqui- lidad de que hoy en la vida jurisdiccional resolvemos cualquier controversia, cualquier duda o cualquier cuestionamiento deriva- do del proceso electoral. Aquí tenemos a los organismos, al Instituto, a los Tribunales, que nos han de dar tranquilidad a los mexicanos y a los poblanos. Sr. Presidente de la Suprema Corte, Sr. Ministro Don Mariano Azuela Güitrón, Señor Presidente del Tribunal Electoral, Don Fernando Ojesto. Señor Presidente del Instituto Federal Electoral, maestro José Woldenberg, quiero a nombre del Gobierno del Estado seña- larle que reconocemos que las instituciones que ustedes represen- tan y sobre todo en las personas que aquí en Puebla a nombre del Instituto, del Tribunal y de la Corte, están trabajando, que lo ha- cen magníficamente y que nos dan la gran tranquilidad, la gran paz social que permite la gobernabilidad de este estado. Un reco- nocimiento a ustedes en lo personal, al Instituto, al Tribunal y a la Corte que dignamente representan y un gran reconocimiento a quienes hoy nos acompañan, a quienes estoy viendo en estos mo- mento y con quienes convivimos diariamente, por la gran labor que hacen a favor del Estado de Puebla y a favor de México. Sean pues bienvenidos y que sea un éxito este Primer Curso Ibero- americano de Justicia Electoral, por que lo que quiere el pueblo mexi- cano es justicia en todos los sentidos. Justicia Electoral
  27. 27. PALABRAS DE MARIANO AZUELA GÜITRON* Distinguidos miembros del presidium, respetables asistentes a este acto, en particular magistrados de circuito y jueces de distrito, lo que me hace sentir más en casa. Con la autorización del pleno de la Su- prema Corte de Justicia de la Nación, asisto a este evento inaugural. Y lo hago con especial satisfacción porque siempre he sido un enamora- do de la democracia. Pero advierto que no es fácil convencer a mu- chas personas que aun la Presidencia puede ser democrática. Cuando el 2 de enero de este año asumí democráticamente la re- presentación que ostento, afirmé con toda nitidez que de ninguna manera me iba a convertir ni en cabeza ni en titular del poder Judicial de la Federación, que en los órganos jurisdiccionales la ti- tularidad es siempre compartida y en el poder judicial esto es com- partido por los ministros de la Suprema Corte, Consejeros de la Judicatura Federal, Magistrados, Jueces en las distintas áreas en que actúan. Tan titular es un juez como el Presidente de la Supre- ma Corte de Justicia. Y no obstante esta clara manifestación, en los 4 meses y medio que llevo con la responsabilidad, he procurado por todos los medios mostrar que la Presidencia puede ser demo- crática y no autocrática. * Ministro Presidente de la Suprema Corte de Justicia de la Nación. 33
  28. 28. 34 Palabras de Mariano Azuela Güitrón Repetidamente leo en medios de información: La Suprema Corte de Justicia de Mariano Azuela; y no Mariano Azuela de la Suprema Cor- te de Justicia; Mariano Azuela titular del Poder Judicial; y no, Mariano Azuela representante de los plenos Suprema Corte y del Consejo de la Judicatura Federal. Por ello, entenderán que asistir a este acto cons- tituye una oportunidad para dar un testimonio de democracia y que no es simplemente, como podría inferirse de la metáfora de estar ena- morado de la democracia, que tiene dosis importantes de sentimien- tos, sino que es un convencimiento racional. Ya lo decía el Mtro. Woldenberg en su intervención: estamos viviendo momentos en que se dan pasos firmes en el desarrollo democrático. Y dentro de estos pasos firmes tenemos que reconocer que a ello han contribuido en forma extraordinaria: el Instituto Federal Elec- toral, el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación, pero indiscutible también los antecesores al Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación: el Tribunal de lo Contencioso Electoral y el Tribunal Federal Electoral. Fueron los pasos que se dieron para gradualmente ir entendiendo lo que en estos momentos parece cla- ro, pero que todavía señala retos. Para mí, la idea fundamental es la gran vinculación existente entre la democracia y el derecho. El derecho da certidumbre a la demo- cracia, y la democracia da seguridad y tranquilidad a los cambios a través del derecho. Cuando la democracia funciona, se cierran las puertas a la violencia, porque quien quiere cambios trascendentales tendrá que utilizar la vía de la democracia, regida por el derecho. Y por ello, con el entusiasmo racional y emotivo que me lleva a participar en este acto, hoy quince de mayo del dos mil tres siendo las diez horas con veintiún minutos declaro solemnemente inau- gurado el Primer Curso Iberoamericano de Justicia Electoral. Justicia Electoral
  29. 29. PALABRAS DE ALEJANDRO ARTURO NECOECHEA GÓMEZ* La consolidación de un régimen democrático y de un Estado de De- recho se implican y presuponen recíprocamente, así como la implementación de procedimientos que resuelvan los problemas que se plantean en torno a la legitimación de los poderes políticos y la legalidad de los actos y resoluciones de los organismos electorales. La estrecha vinculación que existe entre la vida social y su expresión normativa exige que todo derecho positivo cuente con mecanismos que permitan adaptar sus disposiciones a los cambios que exija la sociedad. Nada valen los avances que tenga la vida democrática de un país si no se contienen en su sistema normativo las instituciones jurídicas necesa- rias para salvaguardar y hacer valer dichas garantías, si no se brindan los medios necesarios para acceder a la administración de justicia. En este sentido, toda sociedad democrática requiere de un conjunto de normas y regulaciones políticas que, además de garantizar los derechos de los ciudadanos, establezcan las reglas de competencia política. Este conjunto de normas que debe hacer posible garantizar la participación de los ciudadanos, es lo que hoy día se llama “Democracia formal”; “las reglas del juego democrático para definir con claridad quienes pueden participar y determinar cómo deben resolverse los conflictos”. * Consejero Presidente del Instituto Estatal Electoral del Estado de Puebla. 35
  30. 30. 36 Palabras de Alejandro Arturo Necoechea Gómez Queda claro que un sistema normativo con reglas claras es un sis- tema democrático, y en extensión un sistema normativo con reglas claras es un sistema justo. Pero una consideración de la justicia no puede prescindir de su vin- culación necesaria con el sistema democrático, si partimos especial- mente de la valorización de la vigencia del estado de derecho. No es posible una democracia sin una “justicia democrática”. Para ello es preciso enfatizar el logro de la justicia a través del mayor acceso al mundo de aplicación de las leyes a la ciudadanía. Lo cierto es que la postura que se adopte acerca del tema, de lo que se hace o no en el campo de la justicia, de cómo se usa ese poder de decir lo justo, o cómo se deja de usar, incide en las democracias. Hoy día, la justicia se encuentra en los ordenamientos bajo cuya protección puede prosperar la búsqueda de la verdad: Hoy día de- bemos velar por la justicia de la libertad, la justicia de la democra- cia: en una palabra, la justicia de la tolerancia. Sirvan estos espacios para continuar el debate y discusión académi- ca que permita el avance y consolidación de la democracia, que per- mita dar sustento a la regulación de los procesos jurisdiccionales. Para el Instituto Electoral del Estado ha sido un gran honor parti- cipar al lado de las demás instituciones que conjuntamente colabo- raron en la organización de este evento internacional que ha cumplido íntegramente su objeto, acercando experiencias en ma- teria de justicia electoral y convertir esta aula en un foro de re- flexión académica sobre las tendencias del Derecho Electoral. Justicia Electoral
  31. 31. CONFERENCIAS MAGISTRALES
  32. 32. ÉTICA, ELECCIONES Y DEMOCRACIA José WOLDENBERG* Es para mi un auténtico motivo de orgullo acudir a este Primer Curso Iberoamericano sobre Justicia Electoral, organizado conjunta- mente por el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación y el Tribunal Supremo de España, por el Tribunal Electoral y el Instituto Electoral de Puebla, por la Benemérita Universidad Autó- noma de Puebla, por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo y el Instituto Federal Electoral. Estoy seguro de que este primer curso iberoamericano sobre justicia electoral será de enorme utilidad para estudiar uno de los campos de- cisivos para el buen funcionamiento de todas las democracias y com- parar provechosamente las experiencias a la vez distintas y cercanas de España y México en esta materia. Me complace tener la oportuni- dad de exponer ante ustedes algunas ideas personales en torno a la estrecha relación que vincula la ética, las elecciones y la democracia. Parto de una premisa: la ética de la responsabilidad caracterizó la con- ducta de los actores relevantes de la democratización de México y fue una condición sine qua non para que la transición misma pudiera llegar a buen puerto, como efectivamente ocurrió una vez que se aseguraron * Presidente del Consejo General del Instituto Federal Electoral (1996 - 2003). 39
  33. 33. 40 José Woldenberg procesos electorales transparentes y se edificó un auténtico sistema de partidos. Hoy, culminada la transición, la sociedad mexicana afronta nuevos temas y problemas que, en esencia, son los mismos que se pre- sentan en otras democracias más maduras, pero la ética de la responsa- bilidad, como antaño, sigue siendo un factor decisivo para la consolidación de una democracia más eficaz, de mayor calidad. ** Permítanme, entonces, comenzar por esbozar qué es lo que entiendo por ética de la responsabilidad en las condiciones de México. La ética, según la noción de Max Weber, puede desdoblarse en ética de la res- ponsabilidad y en ética de la convicción. Lo pongo en sus palabras: “Es preciso que veamos con claridad que toda acción éticamente dirigida puede acoplarse a dos máximas cuyos fundamentos difieren entre sí irremediablemente: es posible orientarse de acuerdo con la ética de la convicción o confor- me a la ética de la responsabilidad. Naturalmente no es que la ética de la convicción sea igual a la falta de responsabili- dad, ni que la ética de la responsabilidad sea semejante a la falta de convicción. No se trata de esto en absoluto. Mas, ciertamente, entre un modo de proceder conforme a la máxi- ma de una ética de la convicción, cuyo ordenamiento, reli- giosamente hablando, reza: ‘el cristianismo obra bien y deja los resultados a la voluntad de Dios’, y el otro de obrar según una máxima de la ética de la responsabilidad, tal como la que ordena tener presente las previsibles ‘consecuencias’ de la propia actuación, existe una enorme diferencia”. 1 1 Weber, Max. El político y el científico.- México : Premia, 1980. p. 47. Justicia Electoral
  34. 34. Ética, elecciones y democracia 41 Es decir, cuando se alude a la ética de la responsabilidad se pone en primer término el compromiso frente a las consecuencias, las reacciones, que provoca o desata la acción propia. Por eso Weber señalaba que la ética de la responsabilidad debería de ser, junto con la existencia de una causa verdadera, inherente a la tarea po- lítica. De nuevo, cito al clásico alemán: “sólo hay dos pecados mortales en el campo de la política: la carencia de finalidades objetivas y la falta de responsa- bilidad que no siempre, pero sí muy a menuda, coincide con aquél. La vanidad, la excesiva ambición de aparecer lo más posible en primer plano, es lo que más induce al políti- co a cometer uno de esos dos pecados y hasta los dos al mismo tiempo [...] El hecho de carecer de finalidad objeti- va lo hace propenso [al político] a ir tras la apariencia des- lumbrante del poder en vez del poder auténtico. En cuanto a su falta de responsabilidad, ello lo conduce a disfrutar del poder por el poder, sin tener presente su finalidad.” Quien actúa a partir de la ética de la convicción, propia de la acti- vidad académica, lo hace de cara a aquello que piensa y asume como “lo mejor”, ante sí y para sí. Pero no necesariamente de cara a las repercusiones que sus actos puedan tener para el resto. En cambio, la ética de la responsabilidad lleva a moderar la convic- ción. Es decir, la ética de la responsabilidad tiende a asumir dos dimensiones que la pura ética de la convicción no requiere: la exis- tencia de los otros, y las derivaciones, por ello, de una acción. Permítanme poner un ejemplo que me parece inmejorable para exponer el asunto, que he tomado de un texto de don Julio María Sanguinetti. Cuenta Sanguinetti, que en 1985, al inicio de su perío- Primer Curso Iberoamericano
  35. 35. 42 José Woldenberg do como primer presidente uruguayo luego de la dictadura mili- tar, el parlamento, luego de un debate que sobrepasó los muros de dicho cuerpo legislativo, concedió la amnistía “no sólo a los presos políticos y a los que estaban detenidos sin juicio, sino también a los que fueron perseguidos por cometer atropellos contra la democra- cia antes de 1973: las guerrillas de los Tupamaros”. Sanguinetti no era partidario de la amnistía general y su posición había sido que la misma solo la merecían los primeros y no los segundos que ha- bían cometido “hechos de sangre”. Tenía la capacidad constitu- cional de vetar la disposición legal, no obstante, escribe, “para cuando el parlamento votó abrumadoramente por la amnistía ge- neral volví a pensar el asunto y me di cuenta de que vetar la ley haría sentir excluido a un grupo importante de gente y que en de- finitiva era mejor conceder”.2 Sanguinetti, de acuerdo a su convic- ción interna, individual, debía vetar la ley y oponerse a la amnistía general. No obstante, sopesando las derivaciones que acarrearía hacer realidad su certeza, prefirió optar por asumir la responsabi- lidad y modular su convicción. Asumir ese desdoblamiento de la ética (creo) tiene un enorme sen- tido en procesos de tránsito democratizador y en el funcionamien- to regular de cualquier democracia e incluso (creo) es un requisito para que los procesos democratizadores lleguen a buen puerto y para que la democracia pueda reproducirse. Para quienes viven la política como convicción, quienes creen en lo que hacen y postulan, en sus respectivos idearios y programas, y 2 Diamond, Larry y Marc. F. Plattner. “El presente en la transición”.- En: El resurgimiento global de la democracia.- México : UNAM. Instituto de Investigaciones Sociales, 1996. Justicia Electoral
  36. 36. Ética, elecciones y democracia 43 que por ello la dimensión de la ética algo les dice, no sobra reparar en la ética de la responsabilidad, aquella que supone “luchar siem- pre por asegurarnos de que nuestras acciones no produzcan conse- cuencias que contradigan nuestras buenas intenciones” (Sanguinetti otra vez), tiene una enorme congruencia. En rigor, la transición a la democracia supone un reajuste de los valores de la política para que ésta sea compatible con la existencia del pluralismo y la competencia entre partidos claramente diferen- ciados. Es decir, es necesario construir paso a paso un nuevo vínculo entre ética y política, capaz de reflejar las nuevas aspiraciones de la ciudadanía, expresadas en reivindicaciones políticas que se presen- tan asociadas a un fuerte componente moral que suele manifestarse como un rechazo a las instituciones o el orden vigente. Por ejemplo, en México el combate contra el fraude electoral y la desconfianza fue un profundo ejercicio de legalidad, de reformas sucesivas, pero sobre todo se manifestó como una búsqueda de transparencia y con- tra la corrupción, es decir, como un argumento moral cuya superio- ridad apenas si requería demostrarse. Naturalmente, esos intentos habrían topado con obstáculos infranqueables si al mismo tiempo no se hubiera formado un amplio sentido de tolerancia, la disposi- ción de los actores políticos para construir los nuevos escenarios de- mocráticos, eludiendo aquellos conflictos que dejados a su curso parecían susceptibles de generar violencia o, cuando menos, un cli- ma de ingobernabilidad. Es decir, si a la voluntad de cambiar no se hubiera unido una ética de la responsabilidad. En virtud de las particularidades del régimen político dominante a lo largo de la mayor parte del siglo XX, los esfuerzos democratizadores se concentraron esencialmente en hacer valer el voto ciudadano de- positado en las urnas, en crear y mejorar reglas e instituciones electo- Primer Curso Iberoamericano
  37. 37. 44 José Woldenberg rales capaces de representar y reproducir la pluralidad real y poten- cial de una sociedad en proceso de modernización y crecimiento. Por ello la transición democrática en México tenía que resolver dos cuestiones básicas y mutuamente complementarias: a) la consolida- ción y el desarrollo nacional de los partidos políticos y, b) la creación de unas leyes y unas instituciones reguladoras de su competencia. El primer objetivo consistía en crear un marco que permitiera emerger, sin cortapisas ni restricciones artificiales, la verdadera pluralidad política del país, mientras que el segundo se propuso desterrar las prácticas fraudulentas que inutilizaban o distorsionaban el voto de los ciudadanos. En México se vivió un amplio ciclo de reformas electorales, entre 1977 y 1996, que se hicieron cargo de seis grandes temas: 1) el régimen de los partidos, 2) la conformación del Poder Legislativo, 3) los órganos electorales, 4) la impartición de justicia electoral, 5) las condiciones de la competencia electoral, y 6) la reforma política en la capital de Méxi- co. Los cambios constitucionales y legales, fueron construyendo de forma paulatina las reglas y las instituciones que en un primer mo- mento permitieron la incorporación de fuerzas políticas significativas a la arena electoral; después el fortalecimiento de los partidos con la ampliación de sus prerrogativas; la gradual autonomización de los órganos electorales frente a los poderes públicos, hasta conseguir su plena independencia; la creación del primer tribunal electoral y pos- teriormente la extensión del control jurisdiccional a todos los aspectos de los procesos electorales; la apertura del Congreso a la pluralidad política hasta el diseño de fórmulas de integración que restaron los márgenes de sub y sobre-representación; la mejoría en las condiciones de la competencia, así como la extensión de los derechos políticos de los habitantes de la capital del país. La edificación de este marco fue lo Justicia Electoral
  38. 38. Ética, elecciones y democracia 45 que hizo posible que México saldara su añeja aspiración de alcanzar la plena democracia política. Ese cambio fue posible por la disposición al diálogo y al acuerdo; por el reconocimiento de que ningún partido o ideología podía preten- der abrogarse la representatividad de la nación entera; por asumir, entonces, la legitimidad de “los otros”; por una voluntad de apego a la legalidad; por el rechazo a la violencia como vía de cambio políti- co; por la renuncia a privilegios autoritarios y también por la renun- cia al cambio cataclísmico; por la construcción gradual y pacífica de un marco legal fundado en el respeto al voto para encauzar y repro- ducir la vasta pluralidad de la sociedad mexicana, es decir, por la edificación de un auténtico régimen democrático. Ciertamente, reivindicar la posibilidad de hacer política a partir de otros valores y principios implicaba quebrar inercias institucionales, vencer particularismos y conductas que se tenían como inamovi- bles y peculiares y aceptar nuevos códigos de conducta tanto en el ámbito público como en el privado. De ese modo, las reformas que rigieron los cambios democráticos a lo largo de dos décadas se apoyaron en un destacable esfuerzo intelectual y ético que finalmente consiguió cambiar mentalidades, inercias y costumbres, remodelar las orientaciones éticas que esta- ban más profundamente arraigadas en la cultura política nacional a lo largo del siglo XX. Dicho de otra manera: la reforma institucional sería inconcebible sin la reforma moral de la sociedad que la tran- sición propiciaba. Por supuesto, la instalación y consolidación de un sistema democrá- tico, como ilustra nuestra propia experiencia, obliga a un aprendi- Primer Curso Iberoamericano
  39. 39. 46 José Woldenberg zaje continuo de los valores de la participación y la estabilidad, de la pluralidad y la paz, del ejercicio de los derechos y la legalidad, del despliegue de los intereses propios y la autolimitación, de la contien- da y la cooperación y de la tolerancia. Un aprendizaje que lleva a reconocer derechos y obligaciones recíprocos, a asumir el valor de la pluralidad y la diversidad, y a renunciar a dogmas y maniqueismos políticos. Un aprendizaje, además, que conduce a la formación de partidos y tendencias políticas conscientes de los alcances y las limi- taciones de la competencia propiamente democrática, en la que na- die puede colocarse por encima de la legalidad, en la que nadie puede pretender tener privilegios contra la mayoría, en la que, incluso, las mayorías eventuales han de asumirse siempre como parte y no como todo, y en la que, por consiguiente, deben respetarse plenamente los derechos de las minorías, incluido su derecho a volverse mayoría.3 La paulatina adhesión a los valores del respeto y la tolerancia, hizo posible que las disputas políticas que parecían más irreconciliables comenzaran a plantearse no ya en la lógica del autoritarismo, en términos de todo o nada, como una lucha a muerte donde al final subsiste un solo vencedor, sino como una contienda civilizada en la cual cada una de las partes mantiene y conserva los mismos dere- chos aun si al final los resultados electorales no le favorecen. Esta actitud, esta valoración de la contienda política dentro de un marco institucional y pacífico, en donde las derrotas y las victorias son tem- porales y no definitivas, en la que ninguna fuerza puede ganar to- dos los espacios de gobierno y representación de una vez y para siempre, por fortuna ha ido extendiéndose de manera paulatina pero sistemática entre el grueso de los actores políticos de México. 3 Salazar, Luis y José Woldenberg. Principios y valores de la democracia.- México : IFE, 1993. Justicia Electoral
  40. 40. Ética, elecciones y democracia 47 Es decir, la transición se desplegó cuando los distintos actores se reconocieron como adversarios legítimos y actuaron en consecuen- cia. En otras palabras, poco a poco, fue ganando terreno la tole- rancia, concebida a la manera del gran jurista español Tomás y Valiente “como respeto recíproco entre hombres iguales en dere- chos y libertades, pero que no se gustan, bienvenida sea esta forma de tolerancia”. Y en efecto, los contrarios se reconocieron como tales, aceptando que en materia electoral es tan importante saber ganar como reconocer las propias derrotas. Valió la pena seguir ese camino, pues ahora la sociedad mexicana, la ciudadanía que puntualmente acude a las urnas tiene una ma- yor conciencia de su propia diversidad y acepta el pluralismo más allá de las instituciones políticas, en la ideología y en la moral, como se demuestra con la emergencia en años recientes de innumerables organizaciones civiles de todo tipo y, de manera sustantiva, con la apertura de los medios de comunicación a las más diversas voces y opiniones en un ejercicio amplio de la libertad de prensa. Como resultado, hoy tenemos mexicanos que ya no encarnan las actitudes pasivas o autoritarias de otras épocas, que se han vuelto expertos en el uso de su voto, cada vez más familiarizados con su derecho a la elección y sanción de gobernantes, que cada vez cono- cen y ejercen de forma más amplia sus derechos civiles y políticos. No se trata de cien, ni de mil, sino de millones de personas dispues- tas a influir en la marcha del país pero que, para hacerlo, requieren afinar sus capacidades de intervención en la esfera pública. Para decirlo en breve: la transformación sustancial de las relacio- nes políticas y el cambio en la naturaleza del poder descansa aho- ra en la decisión soberana de decenas de millones de ciudadanos, Primer Curso Iberoamericano
  41. 41. 48 José Woldenberg lo cual implica un cambio ético y cultural de enormes dimensiones pues representa la paulatina sustitución de la vieja cultura política por otra que ya empieza a ser democrática, aún cuando en este punto queden importantes cosas por hacer. La dimensión del cambio no puede ser disimulada. Los mexicanos podemos sentirnos satisfechos de que el cambio político se produjo por un cauce legal, pacífico y civilizado. La experiencia de la tran- sición mexicana es la de una transformación lenta, gradual, legal, sistemáticamente negociada. Su recurso no fue el fusil sino los vo- tos. No la fuerza sino el discurso, la crítica, la movilización. No las rupturas estructurales sino las reformas. En efecto, en ese período transformador no bastó con que los acto- res políticos asumieran que actuar conforme a sus respectivas con- vicciones sobraba y bastaba para sentirse bien consigo mismos, y fue necesario que se hicieran cargo de que sus propios actos, di- chos y mensajes —con base a sus convicciones— estaban generan- do reacciones que simple y llanamente no podían omitirse, es decir, que tenían responsabilidad sobre las reacciones que se desencade- naban sobre el conjunto de la vida política. Gracias a este proceso, en un par de décadas se modificaron sustancialmente las relaciones políticas y cambió la naturaleza del po- der político. No se trató de una mera “liberalización” ni de un cambio acotado al ámbito electoral. Fue un auténtico proceso democratizador, fundado en reglas e instituciones renovadas, fruto del acuerdo co- mún entre las principales fuerzas políticas, que permitieron asegurar elecciones transparentes y competidas, elecciones reales. México pasó, así, de tener una vida política que se procesaba bajo el manto de una opción partidaria casi única, a un verdadero sistema de partidos. Pau- Justicia Electoral
  42. 42. Ética, elecciones y democracia 49 latina y sistemáticamente, estos partidos se han insertado en las deci- siones fundamentales ya no sólo del gobierno sino del Estado mexica- no. Ha sido un cambio que ha tocado prácticamente todos los rincones del país y a todos los ámbitos de gobierno y de representación política: cabildos y ayuntamientos, congresos locales, el Congreso de la Unión, gubernaturas, el Distrito Federal y el Ejecutivo Federal. Pero, por supuesto, en la historia no hay terminales últimas y aho- ra México tiene el desafío de que el régimen democrático construi- do en el último par de décadas comience a enfrentar y dar respuesta eficiente a los problemas que mejoren la calidad de vida de una sociedad que ya es democrática políticamente pero que no ha deja- do de ser extremadamente pobre y desigual. Justamente porque en el mundo y en México vivimos una situa- ción compleja, pletórica de urgencias y riesgos, de amenazas a la gobernabilidad, de rezagos y desigualdades, pero también de po- tencialidades pospuestas que debemos y podemos aprovechar, es que se hace obligatorio pensar seriamente sobre los pendientes de nuestra democracia a fin de hacerla cada vez más pertinente y eficaz, menos frágil y vulnerable. No es una tarea sencilla, pues estamos obligados a consolidar las prácticas políticas democráti- cas recientemente adquiridas, sin dejar de impulsar la moderniza- ción del país, poniendo un dique al crecimiento de las cifras dramáticas de la pobreza que nos hunden en la injusticia, la irrita- ción y el desánimo. Un país más equitativo tiene que construirse aceptando la complejidad de México, su rica diversidad cultural, social y política, la riqueza de su historia, el valor de la tolerancia y el derecho como instrumento para mantener los conflictos en un plano de civilidad. Justamente porque esos graves problemas nos acosan, es necesario revindicar a la democracia como el único régi- Primer Curso Iberoamericano
  43. 43. 50 José Woldenberg men que nos permite inventar un camino para irlos resolviendo o, para decirlo de otra manera, es urgente poner en el primer plano a la política para que ésta sea, como pide Bernard Crick, “una ma- nera de gobernar sociedades plurales sin violencia innecesaria”. En tiempos electorales es natural que los actores políticos pongan en juego todas sus artes para ganar la voluntad de los ciudadanos, pero muy frecuentemente se emplean medios moralmente inadmi- sibles (aunque sean legales) para alcanzar objetivos legítimos y a la inversa: se usan medios legales para lograr fines que pueden ser ilegítimos. Afortunadamente tenemos normas para distinguir en- tre unas y otras y, en su caso, castigar a quienes abusan y cometen ilícitos. Sin embargo, la conducta ética reclama que el cumplimien- to de la ley se vea acompañado por el principio de responsabili- dad. Y eso vale para todos los actores: El candidato que promete cosas que sabe no podrá realizar; el medio que difunde informa- ciones no probadas, el político que escandaliza con el único propó- sito de llamar la atención pervierte los fines de la lucha electoral pues renuncia a poner en juego sus verdaderas posiciones, sus diag- nósticos y propuestas, sus intereses, y, en esa medida, a recrear la pluralidad que nutre y da vida a la democracia. Permítanme llamar la atención, de cara a la realidad democrática, acerca de la responsabilidad de los partidos políticos, ya no como protagonistas de un proceso democratizador, sino como responsa- bles directos de un Estado democrático. Tal como he querido explicar, soy de la idea de que México contó con partidos que supieron encauzar y protagonizar la democratiza- ción, y que por ello ahora el país necesita que sus partidos sean aque- llos capaces de hacerse cargo de la compleja vida democrática. Justicia Electoral
  44. 44. Ética, elecciones y democracia 51 Nuestra consolidación democrática no avanzará, no podría hacer- lo, si no es por obra y disposición de los propios partidos políticos. En una democracia son ellos, como representantes legítimos de la sociedad, quienes deben adoptar el papel de vanguardia y poner en juego las visiones de Estado y de país por las que finalmente los ciu- dadanos decidirán optar. Pero no hay construcción que merezca o pueda ser emprendida sin diagnósticos, sin proyectos, sin propues- tas serias y rigurosas acerca del país, sus problemas y sus oportuni- dades. Bien vistas las cosas, la calidad de nuestra democracia se juega en la calidad de los partidos, de sus políticos, y de sus programas legislativos y de gobierno. Una vida política sin ideas puede generar una democracia vacía y vulnerable, y una política sin principios éti- cos conduce al desencanto o al cinismo. Toca a los partidos la res- ponsabilidad de hacer que la política sea una actividad racional y constructiva. Ellos son los protagonistas principales de la política y a querer o no, los mentores últimos de la democracia y de la educa- ción cívica. De ellos depende que la política trascienda los cálculos derivados de la urgencia de ganar la mayoría electoral para conver- tirse en una actividad racional, capaz de convocar a la ciudadanía a proteger el “interés general” del que depende la coexistencia civili- zada y respetuosa de una nación. En la democracia es responsabili- dad de los partidos hallar los incentivos que les permitan pactar las reformas que ellos mismos han diagnosticado como fundamentales para el desarrollo institucional y económico del país. Por ejemplo, en México los partidos políticos en su conjunto comparten la idea de que es necesaria una amplia reforma fiscal que permita fortalecer las finanzas públicas, pues el país cuenta con un débil sistema de recaudación fiscal, y sin embargo los partidos políticos no han con- seguido avanzar siquiera en el diseño de dicha reforma. Otros temas que los partidos políticos han identificado como fundamentales para el desarrollo del país y que forman parte de las llamadas “reformas Primer Curso Iberoamericano
  45. 45. 52 José Woldenberg estructurales” son: la reforma energética y la reforma laboral. Estos son sólo botones de muestra de una agenda donde es precisa la ela- boración programática de los partidos y su disposición para tradu- cir en leyes los acuerdos interpartidistas, la voluntad superior de construir una casa habitable para todos, es decir, la convicción de que son necesarios consensos y auténticas políticas de Estado que estén más allá de la disputa cotidiana que es consustancial a la vida política plural. Ahora que se ha edificado un auténtico sistema de partidos, se presenta el reto y la oportunidad de alentar la calidad del debate público y aminorar algunos fenómenos como el abstencionismo, la despolitización o la apatía, que en rigor expresan el grado de cre- dibilidad en los partidos y las instituciones representativas. Para ello, en el accionar de los partidos es necesario que la búsqueda del triunfo electoral no sea en sí mismo el fin o la meta única, sino sólo un importante y necesario paso para incidir de mejor forma en el progreso del bienestar colectivo, así como hacer patente un sentido de responsabilidad en la conducta de los actores políticos. Dicho en breve: no hay un solo acto de los partidos que sea neutral para la democracia; desde la forma en que procesan su vida inter- na, pasando por la importancia que le dan a la propuesta y al pro- grama, por las estrategias de campaña y de competencia que deciden adoptar, hasta su compromiso cotidiano con la legalidad y el juego limpio incluso en las contiendas más reñidas, acaban siendo mensajes y actitudes que impactan sobre la calidad del sis- tema de partidos, de la democracia. Pero si nos tomamos en serio el papel de la ética en la política en una sociedad masiva, compleja, es obligado atender al sistema cir- Justicia Electoral
  46. 46. Ética, elecciones y democracia 53 culatorio por el que fluye la vida pública. Es decir, los medios de comunicación también tienen un compromiso ético frente a la so- ciedad que se informa de la política y valora a la democracia a través de la radio y, principalmente, de la televisión. La cuestión de los medios, por llamarla de alguna manera, tiene una dimensión universal y está presente en la deliberación de to- das las democracias modernas. Por ello, la preocupación por el papel de los medios en la democracia no es un tema aleatorio o secundario en la agenda mexicana. De hecho, la reflexión sobre la relación entre medios y política es una tarea imprescindible para consolidar los cambios alcanzados y mejorar la calidad de nuestra convivencia democrática. Bien vistas las cosas, en sociedades cada vez más complejas e interrelacionadas, la política y el ejercicio de la democracia son inconcebibles sin el concurso de los medios de comunicación. Como lo ha escrito el investigador y periodista Raúl Trejo: “Hoy en día, puede decirse, no hay política de masas (es decir, política moder- na) sin medios de comunicación. Pero también es posible asegurar que no hay comunicación de masas distanciada de la política”. Ello es así porque la revolución en las comunicaciones en la era de la globalización ha obligado a revalorar las relaciones entre infor- mación y política y a redefinir en términos productivos el modo cómo se ejerce la libertad de expresión y, en general, el derecho a la información. Asimismo, no es un secreto para nadie decir que la política se encuentra cada vez más condicionada por el uso de los nuevos instrumentos y lenguajes mediáticos que ahora están a su disposición. Podría decirse, sin entrar en detalles, que el debate se despliega en varios ejes que están cruzados por la urgencia de ha- Primer Curso Iberoamericano
  47. 47. 54 José Woldenberg llar nuevos equilibrios entre el poder deseable de los medios y las instituciones de la democracia. No son cuestiones de obvia resolu- ción para las que existan recetas universales. En esta materia no partimos de cero. Como he dicho en otras ocasiones, el trayecto democratizador en México indica que los medios de comunicación han contribuido a dibujar un país mu- cho más plural y recrean un sistema de partidos que cada vez refleja mejor el paso hacia la modernidad social: los medios de comunicación masiva se han convertido en un vehículo privile- giado, el único capaz de llevar el mensaje de los partidos simultá- neamente a millones de ciudadanos en un país con la densidad demográfica, la diversidad e incluso la dispersión de sus pobla- ciones como México. Por eso se han vuelto piezas clave para la democracia. Así, mientras la sociedad se fue haciendo reacia a reconocerse en un solo partido, en la unanimidad política, se fue desarrollando también un nuevo contexto para los medios: para ser creíbles, para ser leídos, vistos o escuchados, debieron abrirse a la pluralidad real, sin confundir la noticia con las filias o las fobias propias. Por razo- nes de prestigio, de credibilidad y de mercado, los medios deben actuar cada vez más como espacios abiertos y ya no como coto reservado, proveedor de ventajas exclusivas. Los medios deben buscar la objetividad pero están diseñados para dar información y crear opinión, sus reflexiones cuentan y su labor desempeña un papel en la vida pública que van más allá de la transmisión neutral de las informaciones. Ciertamente, la infor- mación no inventa los hechos políticos pero el tratamiento que se les da modula su importancia. Justicia Electoral
  48. 48. Ética, elecciones y democracia 55 Esa función mediadora, en mi perspectiva, debería reforzarse, no reducirse en virtud de la importancia de la prensa escrita y electró- nica en la determinación de la agenda nacional. Me parece que lo más importante es que las distintas voces se expresen con profesionalismo en su propio contexto y con el ánimo de servir a la comunidad. En este punto, vale reiterar que el derecho a la infor- mación parte de la consideración de que no hay libertades ni dere- chos absolutos, no puede haberlos, pues siempre han de estar acotados por las esferas de libertad y por los derechos de otros. Ese es, según entiendo, un principio de aplicación universal que vale tanto para las instituciones del Estado como para los medios que tienen a su cargo la delicada tarea de decidir conforme a sus pro- pios códigos de ética qué publicar o difundir. Está claro que los medios no sustituyen a la escuela en su función de educar y tampoco suplantan a los partidos, ni a otras institucio- nes en la fijación de los valores éticos de la ciudadanía, pero hay que reconocer que ellos influyen de manera relevante sobre el con- junto de la cultura cívica que finalmente encarna o no los valores de la democracia. Los medios nos sirven para reconocer cuáles son los valores que predominan en la sociedad tal y como se manifies- tan en la vida pública; gracias a su trabajo podemos hacer un corte cotidiano de nuestros principales faltantes. Si los medios promueven la difusión de discusiones respetuosas, documentadas, elevan la calidad del debate público; su investiga- ción periodística es primordial para conocer al país real en tiempo real como condición para la consolidación de un contexto demo- crático; gracias a su esfuerzo profesional son visibles hechos que el ojo no entrenado confunde o no ve, sobre todo cuando se trata de prácticas o conductas apartadas de la verdad o la legalidad que Primer Curso Iberoamericano
  49. 49. 56 José Woldenberg adquieren notoriedad cuando se convierten en noticias. Además, el punto de vista editorial es imprescindible para que la fiscaliza- ción de la vida pública sea un ejercicio plural de crítica y no mero motivo de escándalo. Esa conjunción entre la información y la opi- nión que es propia de los medios resulta una condición imprescin- dible para el buen funcionamiento de las instituciones y el elemento más eficaz para la formación de la ciudadanía. Hay cuestiones pendientes que afectan a los medios, a las institu- ciones y los actores políticos que no quisiera dejar de mencionar. La primera tiene que ver con una realidad que no se limita a la acción de los medios pero que no puede cambiar sin su concurso. Me refiero concretamente al nivel de nuestra cultura política que se corresponde dramáticamente con muy bajos índices de aprove- chamiento escolar y, en general, con un abatimiento del interés de la sociedad por los asuntos públicos. Los datos obtenidos como re- sultado de dos encuestas realizadas por la Secretaría de Goberna- ción y el Instituto Federal Electoral, no dejan lugar a dudas sobre cuáles son nuestras deficiencias en este punto. Ya es grave que se muestren datos alarmantes respecto al escaso conocimiento de los ciudadanos sobre sus derechos, pero el asunto se complica cuando se advierte la muy baja estima que tienen por las instituciones de- mocráticas, en particular por los partidos y las cámaras de repre- sentación popular. No me cabe duda de que esa percepción, no siempre justa, ayuda muy poco a nuestra convivencia. No se olvi- de que el desencanto con la democracia jamás es el preludio de una forma más racional de concebir la política sino el camino más directo a su deterioro. Así como en el terreno estrictamente político el reto radica ahora en consolidar la democracia y no en demostrar que la alternancia Justicia Electoral
  50. 50. Ética, elecciones y democracia 57 es posible, en el campo de los medios tenemos por delante el desa- fío de pasar de garantizar la pluralidad a asegurar la calidad y el profesionalismo informativo. Y no oculto mi deseo de que aquellos principios rectores que han guiado por obligación constitucional el trabajo de la autoridad electoral para asegurar la limpieza y la credibilidad de las elecciones, puedan ser de alguna forma los mis- mos que orienten el trabajo de los medios: la certeza, la legalidad, la independencia, la imparcialidad y la objetividad. Creo que es momento de superar una época en la cual la libertad de expresión tenía como piedra de toque las revelaciones políticas o la pretensión de hacer de cada espacio de noticia o debate públi- co un tribunal, a otra en la cual se requiere construir responsable- mente, por así decirlo, una visión que sea capaz de elevar la calidad del debate público construyendo un contexto de exigencia general que nos abarque a todos: a la autoridad electoral, a los partidos y sus candidatos, y también a los propios medios. ** He tratado de documentar el valor de la responsabilidad en la po- lítica, trayendo a colación el caso mexicano para concluir con una reflexión más general. La responsabilidad sólo se puede interiorizar si se asimila en primer lugar, la existencia de los otros, y en segun- do, que las acciones generan respuestas. Y ello a muchos, por des- gracia, les resulta imposible. En la falta de consideración por los otros gravitan todas las consejas y tradiciones autoritarias. Porque cuando alguien cree que él, su partido, su clase, su credo, su doctrina, su línea editorial, encarnan el bien y los otros no son más que el mal, pensar en los otros no Primer Curso Iberoamericano
  51. 51. 58 José Woldenberg puede hacerse más que en términos de enemigos malignos que hay que aplastar, aniquilar, avasallar. ¿Qué consideración pueden en- tonces merecer esos “otros” desechables?, ¿qué responsabilidad tenemos ante ellos? En suma, esta reivindicación de la ética de la responsabilidad y el reconocimiento de que estuvo presente en un dilatado pero signifi- cativo momento de la vida política mexicana y que es imprescindi- ble para la consolidación democrática tiene pertinencia si, como suele decirse, la democracia es una construcción que presupone la correspondencia de diferentes fuerzas políticas y sociales, ninguna de las cuales puede y debe hacer su voluntad singular, sino que todas ellas están obligadas a considerar a las otras y a no desatar espirales de conflicto que supongan la negación de la coexistencia en la diversidad. Justicia Electoral
  52. 52. ÉTICA Y JUSTICIA ELECTORAL José Fernando OJESTO MARTÍNEZ PORCAYO* Mucho se ha escrito sobre la ética y la función jurisdiccional, sin embargo, sigue siendo un tema inagotado sobre el que siempre ha- brá algo que no ha sido dicho. El día de hoy no pretendo reincidir en los lugares comunes, sino compartir con ustedes reflexiones per- sonales que han sido producto de mi experiencia jurisdiccional en materia electoral, misma que se ha visto enriquecida con mi tarea como docente en la Facultad de Derecho de la UNAM. Ética proviene del griego ethos que significa modo de ser o carácter en cuanto forma de vida. La ética, entendida como ciencia del com- portamiento moral de los hombres, es un presupuesto indispensa- ble para el desarrollo de la función jurisdiccional. La ética ha sido pensada para realizarse en la vida diaria. Es nor- ma para la vida, orienta la conducta práctica, dirige, encauza las decisiones libres del hombre. Siguiendo a González Díaz Lombardo, se entiende a la ética como una disciplina fundamental de la filosofía que tiene por objeto la * Magistrado Presidente del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (2000 - 2004). 59
  53. 53. 60 José Fernando Ojesto Martínez Porcayo conducta libre y responsable del hombre orientada a la realización del bien mediante el cumplimiento del deber. Aquí comienzan las primeras reflexiones: si la Ética es la teoría del bien. ¿Cómo identificar a éste? En todo el proceso de socialización del ser humano se le enseña a distinguir entre lo que está bien y lo que está mal. Esta distinción no es meramente subjetiva. Se va crean- do en cada sociedad una conciencia colectiva que permite su fácil identificación. Como siempre, habrá conductas que queden ubica- das en el límite, en lo que sería la zona de penumbra existente, la mayoría de las veces, en todo objeto que se pretende delimitar. El propio individuo es fuente de la moralidad, de los valores mora- les, de los principios éticos y el creador de los criterios de la evalua- ción moral. En aras de su libre albedrío, cada individuo podrá realizar incluso acciones que se consideren indebidas desde el punto de vista ético, pero de acuerdo con la definición antes citada, la libertad se enla- za siempre a la responsabilidad y al cumplimiento del deber. El problema de qué hacer en cada situación concreta es un problema práctico moral no teórico-ético. Hoy vamos a tratar de aplicar la teoría ético-moral a la práctica jurisdiccional electoral. Se harán reflexiones aplicables a todo el proceso de administración de justicia y otras sólo válidas, o especialmente relevantes, en el ámbito de la justicia electoral. Aunque la ética es mayormente exigida al juez, ésta debe prevale- cer también en quienes son parte en el conflicto. En el caso de la materia electoral, los actores principales son los partidos políticos y los ciudadanos. Justicia Electoral
  54. 54. Ética y justicia electoral 61 Aunque es extraño que lo digamos nosotros, lo ideal sería que no hubiera conflictos. Las tareas que realiza el Instituto Federal Elec- toral a través de programas de capacitación e información es justo la medicina preventiva. Si en cada una de las fases del proceso electoral los actores políticos se dejan guiar por principios éticos, las probabilidades de conflicto se reducen. —Alguien dijo que el buen juez es aquél que odia la necesidad del juicio—. Pero este escenario sólo sería posible en una sociedad per- fecta que sólo ha existido en las repúblicas y sociedades ideales que han imaginado desde los clásicos de la antigüedad hasta Tomás Moro y los socialistas utópicos. La realidad es otra. Toda sociedad que amalgama intereses encontrados, toda organización social que aglutina pasiones humanas tendrá latente siempre la posibilidad del conflicto. Por ello, desde tiempos antiguos han existido propuestas y esque- mas prácticos para la solución de los conflictos. En todos los casos, al juez se le ha dejado una posición privilegiada. En algunas cultu- ras el juez es una figura casi divina detentadora de prerrogativas sobrehumanas. La figura del juez ha estado siempre relacionada con la virtud, entendida ésta como una cualidad esencial ligada a la prudencia, a la justicia, a la fortaleza y a la templanza, que desembocan, de nuevo, en la disposición constante de actuar bien. Al juez se le ve como imagen de la equidad y siervo de la misma. Es la cualidad de la prudencia la que, desde Roma, le dio el nom- bre a nuestra disciplina: la juris prudentia. A la prudencia se liga la moderación, la sensatez y la razonabilidad. Esta última cualidad Primer Curso Iberoamericano
  55. 55. 62 José Fernando Ojesto Martínez Porcayo es la más atendida por la teoría jurídica contemporánea por lo que se refiere a la decisión judicial. La figura del juez fue mucho más importante en Roma que en la Grecia antigua. En Roma, tanto el jurista como el juez desempe- ñaban roles centrales en un orden político fundado en la tradi- ción que se veía expresado en una serie de normas, procedimientos, fórmulas jurídicas y solemnidades. El jus arcaico tomaba forma en las responsa que el pontífice máximo daba a las preguntas de las partes que lo interrogaban en torno a lo que fuera el derecho en un caso concreto. El juez, en la perfección de su virtud, se equiparaba a un sacerdote. Más adelante, en la alta edad media, comenzó a cuestionarse la la- bor del juez llegándose al extremo de afirmar que “la justicia no es de este mundo”, que “Juzgar es obra divina que ningún hombre se puede arrogar, cuando los hombres se adueñan de la justicia la co- rrompen y alteran la balanza”. O que “Juzgar requiere conocimien- to, pero éste no está dado al ser humano que así está condenado a decidir el destino de sus iguales mientras se pierde en la oscuridad”. En la Utopía de Tomás Moro no se admiten abogados y jueces: cada uno era experto en leyes porque las leyes eran muy pocas. A Moro le parecía injusto someter a los hombres a leyes muy numerosas para ser leídas o muy oscuras para que cualquiera las pudiera entender. Finalmente, lo de Moro fue eso, una utopía imaginada en 1516. En el lluminismo, el juez comienza a recobrar parte del poder que le fue disminuido. El poder del juez es, sin embargo, un poder limi- tado. El juez es visto como un juez humano. Al juez no le compete tanto la eficacia del acto aplicativo de la norma como la legitimi- Justicia Electoral
  56. 56. Ética y justicia electoral 63 dad del mismo. En esa época, el procedimiento judicial no es mera- mente instrumental, sino que es eminentemente justificativo. La resolución (la sentencia) es un acto particular de la justicia pública emitida por un administrador del Estado respecto de un súbdito. La concepción democrática de la actividad judicial implica la con- jugación de la práctica deliberativa colectiva (que encuentra en la ley su expresión más plena). En este último paradigma el juez es el ejecutor de la voluntad soberana del pueblo. El poder judicial ha sido visto a partir de la época moderna como poder soberano inde- pendiente contrapuesto a los otros. Si se piensa en la voluntad general como producto de un proceso deliberativo, el juez asume la función de órgano dedicado a con- trolar que la razón de la ley sea reformulada y respetada en el momento de su aplicación. La bondad del modelo democrático originario consistió en ver al juez como tutor y reproductor de la deliberación colectiva y de la argumentación universalizable. Después de este brevísimo repaso histórico, que da cuenta de la evolución de la tarea del juez como institución, retomemos las cua- lidades a las que hemos venido haciendo referencia y que inciden en la labor de juzgar. La ética en la función jurisdiccional tiene sentido porque la justicia es humana. Aunque el juez debe buscar encarnar los valores fun- damentales antes señalados en el cumplimiento de su deber, siem- pre existe la posibilidad de que se equivoque y que no resuelva de la mejor manera. Primer Curso Iberoamericano
  57. 57. 64 José Fernando Ojesto Martínez Porcayo Las partes en conflicto pueden también pretender abusar del dere- cho e intentar sorprender a los jueces. Por eso dijimos que aunque la ética se liga normalmente a quien juzga, quien promueve ante un órgano jurisdiccional debe también actuar responsablemente y con rectitud. Puede suceder que las partes no planteen con esmero y habilidad sus demandas o logren plantear la litis debidamente, ni localizar los puntos débiles de la resolución que se impugna. El juez sólo puede resolver a partir de los elementos que las partes le proporcionen, a pesar de que, como sucede en materia electoral, el Tribunal esté facultado para suplir algunas deficiencias técnicas. Los grandes esfuerzos de capacitación por parte de los partidos políticos y del propio Tribunal Electoral han hecho que, tanto el Código sustantivo, como los diversos medios de impugnación, no sólo se conozcan, sino que se manejen con profesionalismo, pero no obstante ello, siempre habrán ciudadanos que no conozcan las leyes lo suficiente como para saber con exactitud el alcance de sus derechos político-electorales y la manera de ejercitarlos al interpo- ner un recurso o un juicio. Es normal que las partes en un conflicto busquen, cada una, que el juez le de la razón. Las partes buscan vencer y para ello, tratan de convencer. Hay una inevitable percepción subjetiva que genera diferencias, confrontaciones y conflicto. Para cada parte, la justi- cia consiste en que el juez le dé la razón. Cada una de las partes atiende a sus propios intereses, plantea y narra los hechos desde el lado que le corresponde. La parte siem- pre es parcial. El juez en cambio debe ser imparcial. Debe adoptar Justicia Electoral
  58. 58. Ética y justicia electoral 65 al inicio una posición equidistante y neutral respecto de las partes para valorar las razones enfrentadas. En el juicio se inicia un diá- logo entre el juez y las partes. Diálogo entendido no sólo como comunicación, sino como la retroalimentación característica de un juego dialéctico. Las partes no son sujetos pasivos. Son actores en el proceso. Las partes buscan que se les dé la razón no que el juez encuentre la verdad. Son los científicos y los filósofos los que buscan encontrar la verdad. El juez no trabaja con regla de cálculo ni con fórmulas matemáticas, sino con argumentos. Argumentos técnicos extraí- dos de categorías teóricas que han sido elaboradas por los juristas a lo largo del tiempo. El juez busca ante todo resolver un conflicto, revisa la narración de los hechos, valora las pruebas presentadas, pondera con sumo cui- dado las argumentaciones de cada una de las partes y las va sope- sando. Se va convenciendo. Va sumando elementos para llegar a una conclusión. La balanza se va inclinando con el peso de lo pro- bado y la fuerza de las argumentaciones. A diferencia de los científicos, el juez no debe asumir una posición de obsesiva búsqueda de la verdad. Debe recordarse que la narra- ción de los hechos la hace cada parte. Son ellas las que presentan las pruebas. Las partes se sirven de las mismas para convencer al juez, no de que poseen la verdad, sino de que tienen la razón y que merecen que el juez resuelva a su favor la controversia. En algunos casos, las partes harán todo lo que puedan para ocultar, manipu- lar o eliminar la verdad, sobre todo si saben que la constatación de la verdad determinará que se resuelva en su contra. En circunstan- cias normales y honestas, las dos partes pueden tener la razón. Primer Curso Iberoamericano

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