1CASO GARCIA BELSUNCE    CARRASCOSA:¿INOCENTE O CULPABLE?
2                                    CAPITULO I                                  LA PROPUESTAA lo largo de estas páginas t...
3Antes de continuar debo decirles que soy abogado.Un abogado jubilado que no ejerce la profesión y que está totalmente ale...
4Les dije que soy abogado, pero aquí sólo me moveré en el mundo de los hechos, de lasconductas humanas, de la lógica y del...
5                                 CAPITULO II                        ALGO FLOTA EN EL AMBIENTEAunque consciente o inconsci...
6Pero tampoco acá debemos engañarnos.Si la prensa pinta de colorado el agua del río, es porque las emociones del público s...
7Traigo esto a colación, pues fue exactamente lo que sucedió en el caso García Belsunce.Pero me adelanto a decir que si bi...
8Después vino la historia del certificado de defunción. Lo extendió, como era de práctica,de mala e ilegal práctica, un mé...
9En vez de dejar tranquilo al “pituto” dentro de un cajón o arriba de una mesa, acordarontirarlo por el inodoro.La echazón...
10                                    CAPITULO III                             UNA FORMA DE TRABAJOA lo largo de estas lín...
11acontecido tal como acontecen en mi versión y no como han supuesto con excesivovoluntarismo el acusador fiscal y los jue...
12En ese análisis tendremos en cuenta las dos hipótesis posibles en la materialización deun homicidio.   a) Crimen compuls...
13Por el contrario, cuando el investigador no persigue el hallazgo de la verdad sino ellogro de un resultado predeterminad...
14                                   CAPITULO IV                         TARDE DE FUTBOL Y ALGO MASMaría Marta era menuda,...
15En el mismo country vivía la media hermana de María Marta, Irene Hurtig, casada conGuillermo Bártoli.Los cuatro formaban...
16permite presumir, sin mayor margen de error, que Diego y Delfina vieron por última veza Carrascosa entre las 18.10 y las...
17                                 CAPITULO V                        EL ACCIDENTE EN LA BAÑADERA   •En el capítulo anterio...
18que atendiese a su hermana y sólo encontró a Diego Piazza, un estudiante aventajado demedicina que es quien, junto a su ...
19Las empresas fúnebres, para facilitar el trámite del entierro y poder prestar sus bienremunerados servicios sin problema...
20Este, antes de que el patrullero llegase a la guardia, se comunicó por teléfono con elseñor Alberto White, presidente de...
21“¿Y si entró un villero y la mató?”, fue la frase que él pronunció ante testigos la nochedel velorio, con esa facilidad ...
22Por cierto que no y así como los médicos que concurrieron a casa de Carrascosadebieron haber formulado la denuncia, el f...
23Y hay muertos de primera y muertos de segunda, porque también, es obvio, hay gentede una y otra de esas dos categorías.L...
24Sin duda que no. Pero no nos equivoquemos. Es normal que la gente que considera quepertenece a un mismo círculo social, ...
25Piensen por un momento que el episodio del “pituto” fue el hecho que más estigmatizóa la familia frente a la opinión púb...
26                                   CAPITULO VI                                OLOR A POLVORADije en el capítulo anterior...
27No se trataba del sin techo hallado muerto en el frío de la noche, o el clásicodesprendimiento de monóxido de carbono po...
28Dejemos la náutica y volvamos al mundo del derecho.No es arremetiendo con la ceguera de un toro de lidia que se busca y ...
29El doctor Romero Victorica habló en varias oportunidades de su larga experiencia en elfuero penal. No pongo en duda ni s...
30Acá no hay un “te mato, te remato y te vuelvo a matar” propio del crimen pasional, sinola necesidad del asesino de parti...
31                                     CAPITULO VII                                       EL CRIMENAhora trataré de introd...
32Por el contrario, cuando se mata en forma compulsiva, es con posterioridad a laejecución que el autor o autores deben pl...
33El tiempo es el gran condicionante de este crimen. No es un tiempo, son dos tiemposdiferentes que deben jugar armónicame...
34un libro en mi biblioteca y allí encontré su obra “El Doctor Baturros y Otros Escritos”,donde bajo el título “Soplando E...
35Esto es así, ya que ante la caída de esa coartada deberíamos retroceder hasta la últimahora en que Carrascosa y los Bárt...
36Analizaré esta alternativa desde dos ángulos: el de los tiempos y el de la lógica y elsentido común.Hablar de los tiempo...
37Debo aclarar que ese encuentro entre Carrascosa y Ortiz se habría producido entre las18.55 y las 19 pero, por las razone...
38De no haber sido así, a todos los pasos señalados sería necesario adicionar el de secar elcuerpo y vestirlo, del mismo m...
39Recuerden que el grupo no iba a matar, sino sólo a conversar, tomar café o vertelevisión y, por tanto, fue algo que se d...
40Reitero que todo esto no me resulta convincente y arriesgo a pensar que a ustedestampoco.La hipótesis de la corrupción s...
41Nada impediría, por cierto, que en mérito a la confianza e intimidad que mediaba entreambos matrimonios, la tertulia se ...
42      a quien pusieron a hacer tareas de resucitación, no advirtiera los balazos que      ellos pretendían ocultar?.   e...
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Porfido carreras analisis del caso

  1. 1. 1CASO GARCIA BELSUNCE CARRASCOSA:¿INOCENTE O CULPABLE?
  2. 2. 2 CAPITULO I LA PROPUESTAA lo largo de estas páginas trataré de analizar en detalle y con rigor metodológico loshechos y circunstancias que giraron en torno de uno de los crímenes más resonantes dela historia policial argentina.El 27 de octubre de 2002, María Marta García Belsunce de Carrascosa fue encontradamuerta en su casa del country Carmel, en las cercanías de Pilar.No hay un solo testigo, no hay una sola pericia, en definitiva, no hay una sola pruebadirecta que diga: el asesino fue Carlos Carrascosa.Jamás se pudo determinar a ciencia cierta quién mató a María Marta.Pero Carrascosa fue detenido, luego liberado, más tarde condenado por encubrimiento yhoy cumple cadena perpetua por la muerte de su mujer, como consecuencia de un fallode la Casación Provincial.Hace muchos años un jurista español comenzaba su recurso diciendo que si existiese unmuseo de monstruosidades jurídicas, el fallo del cual se agraviaba, sin duda, ocuparía enaquél un lugar destacado.Al concluir la lectura de este libro, los que tengan la paciencia de hacerlo, decidirán si lepiden permiso al doctor Hermosilla Cívico para apropiarse de sus palabras.A lo largo de los siete años que han transcurrido desde la muerte de María Marta GarcíaBelsunce, he escuchado decir que tal vez Carrascosa no sea culpable del asesinato de sumujer, o que al menos ese hecho no ha sido probado en forma indubitable, pero que sucondena es justa y merecida, porque mintió, ocultó pruebas y no solicitó la inmediatarealización de una autopsia.Debe tenerse en cuenta que nuestro régimen jurídico y en general el de todos los paísescivilizados, sólo prevén la posibilidad de condena por la comisión de un delito concretoy determinado y de modo alguno se acepta que una persona sea penada por homicidio,si no se le ha probado la autoría de ese crimen.Aquí no resulta de aplicación la teoría de las compensaciones, admitida por los usos ycostumbres en otros medios ajenos al mundo de las leyes, de acuerdo a la cual se puedesancionar a quien no es culpable de determinado hecho si, en conciencia, se lo tiene porculpable de otro u otros hechos que resultan imposibles o al menos difíciles de probar.
  3. 3. 3Antes de continuar debo decirles que soy abogado.Un abogado jubilado que no ejerce la profesión y que está totalmente alejado del mundode abogados y jueces con el que convivió durante cuarenta años.No conozco a Carlos Carrascosa. Sólo lo he visto por televisión.Francamente, no me resulta simpático. Tal vez esto suene a prejuicio y hasta es probableque lo sea, pero su imagen me hace pensar que no pertenece a la clase de gente con laque me gustaría tomar café.Tampoco conozco a sus familiares y amigos.Para no faltar a la verdad, diré que escuché decir que Carrascosa es amigo de unempresario y artista plástico con quien fuimos íntimos amigos durante nuestraadolescencia y a quien quiero entrañablemente, aunque no nos hemos vuelto a ver en losúltimos cuarenta años, salvo una vez, hace mucho, no sé si una tarde o una mañana ensu casa de Uruguay y luego dos o tres veces en un restaurante de la calle Sinclair,mientras él comía con su familia y yo con mis hijos mayores, que por aquél entoncesrozaban los veinte y hoy acarician los cuarenta.La acusación del fiscal y sus motivaciones particulares para actuar como actuó, lasentencia del Tribunal Oral de San Isidro que condena a Carrascosa por encubrimiento ylo absuelve del homicidio y el fallo de la Casación, han tenido la virtud de permitirmerecuperar la capacidad de asombro, que ya creía definitivamente perdida en un mundodonde, lamentablemente, ya nadie se sorprende de nada.Si me gustasen las frases rimbombantes, que no me gustan, pero que algunas vecessiento la tentación de utilizar, diría algo así como que siento bajo mis piernas el costillarde Rocinante y que vuelvo a la lucha con la adarga al brazo.Pero esta frase ya la empleó Ernesto Guevara en una carta de despedida dirigida a suspadres y no sólo sería un feo plagio, sino algo peor: un franco despropósito.Tampoco desempolvaré togas ni pelucas, porque, afortunadamente, los abogadosargentinos no usamos semejante atuendo.Espero que el Colegio Público no me reclame el bono ni el pago de la tasa anual poresta suerte de alegato.Simplemente me propongo indagar sí Carlos Carrascosa es penalmente responsable delcrimen por el cual está condenado.Creo sí, que la opinión pública ya lo condenó.Creo también que los jueces, con excepción del doctor Luis María Rizzi que votó por laabsolución total de Carrascosa en el Juicio Oral de San Isidro y tuvo que soportar lasvoces infundadas del oprobio, se han cuidado, con la prudencia que hoy caracteriza amuchos hombres de derecho, de ver el feo espectáculo de las hienas masticando suhonra.
  4. 4. 4Les dije que soy abogado, pero aquí sólo me moveré en el mundo de los hechos, de lasconductas humanas, de la lógica y del sentido común. El derecho, con sus pesadostomos de jurisprudencia y sus citas legales o de viejos aforismas romanos, continuaráreposando en un lejano rincón de mi biblioteca.No trato de imponer una teoría, ni de tirarle un cabo salvador a Carrascosa y a suscuñados, o de hundirlos aún más en el fango en el que la sociedad ya los ha colocado.Simplemente trato de llegar a la verdad, o al menos a la verdad jurídica, ya que la otramuchas veces es privativa de la víctima, del asesino y de Dios.La búsqueda de la verdad exige un presupuesto no negociable. Dejar en el zaguán losprejuicios, las ideas predeterminadas, las simpatías y antipatías personales o de clase, eir colocando cada prueba, cada indicio, cada argumento, cada reflexión, sobre nuestramesa de trabajo y ponderarlos a todos objetivamente, sea que sirvan de sustento o quedestruyan de un plumazo la torre que pacientemente veníamos construyendo, paraarribar así a una conclusión aséptica y desapasionada.Los invito a sumarse a esta tarea.Quienes no puedan encararla de acuerdo a las bases antes expuestas, no serán de lapartida. A ellos les pido, en homenaje a las reglas de la investigación científica y sobretodo a su valioso y no recuperable tiempo, que nos despidan desde el andén.
  5. 5. 5 CAPITULO II ALGO FLOTA EN EL AMBIENTEAunque consciente o inconscientemente tratemos de rechazar la idea, la verdad, comosiempre, se impone por sí sola.Así como en los aviones viajan pasajeros de primera y de segunda clase, comúnmentellamada económica o turista, también tenemos muertos de primera y de segunda.Todos los días, por desgracia, mueren personas en accidentes de tránsito, episodiosdomésticos o asesinatos callejeros.De ellos poco dicen las noticias periodísticas. A lo sumo, dos líneas: “Matan jubilada enEzpeleta”.Pero si el homicidio no se produce en un suburbio sino en un barrio elegante de laciudad, en un club de campo o en un barrio cerrado, la misma información se imprimiráen otro molde y ocupará un lugar central y destacado.Tampoco deberíamos extrañarnos si esa noticia se sostiene en el tiempo precedida portitulares como: “Algo más sobre el crimen del country”. “Se indaga en su círculoíntimo”. “Mensaje mafioso? ¿Ajuste de cuentas?”. “Crimen pasional”.Si los hechos, o al menos ciertas circunstancias apenas confusas, dan pie para vestir conropaje de misterio a una muerte producida en ocasión de robo, ésta perderá su condiciónde hecho cotidiano y la prensa sacará de ella su mayor provecho útil, tratando depromover el episodio a la máxima categoría aspirada: boom periodístico.Párrafo aparte merece el mecanismo que vincula a los comunicadores sociales con elpúblico y a éstos con aquéllos, que en un raro juego de idas y vueltas se retroalimentanrecíprocamente y le dan mayor impulso a la idea inicial.La hipnosis del espejo: los medios excitan al público y el público, ya excitado, excita alos comunicadores.De esa manera se instala en la sociedad un pensamiento generalizado.El pensamiento generalizado goza de la categoría de los primeros principios: norequieren demostración, no se los discute.Todos se hincan ante el altar de ese nuevo Dios y con la fe propia de los creyentes, no sele exigen pruebas que confirmen su verdad.
  6. 6. 6Pero tampoco acá debemos engañarnos.Si la prensa pinta de colorado el agua del río, es porque las emociones del público seavivan, como les sucede a algunos animales, con el inconfundible olor de la sangre.Es decir: venden, porque compran.Algunos dirán aquí que la responsabilidad es de los medios, pues ellos no puedendesconocer el poder que ejercen sobre las masas.Esto es cierto y si no que lo consulten a Goebbels.Mucho antes de que él naciese la madre de Napoleón III solía decir que una mentirarepetida en forma constante, termina convirtiéndose en verdad.Aún cuando la historia suele atribuir esa frase al Ministro de Propaganda del TercerReich, quien sin duda la pronunció muchas veces, su autoría, hasta donde yo sé,pertenece a Hortensia de Beauharnais.Pero, de modo alguno me voy a asombrar, si algún día se descubre que ella, a su vez, latomó de Ramses I.Si no quieren bucear en las fuentes de la historia, pregúntenle a los gobiernos porqué letemen a la prensa.Pero no por eso debemos exculpar a la sociedad. Si la prensa la manipula, es porque ellaes manipulable y así como Eva se dejó tentar por la serpiente, la sociedad se muestraávida por devorar las noticias que la exacerban.Nadie exculpó a Adán y a su mujer por rendirse ante los encantos del demonio y comerel fruto del árbol prohibido. No exculpemos nosotros a los que se dejan tentar por laprensa y comen el fruto de noticias morbosas.Pero el círculo medios-sociedad- sociedad- medios forma una ronda generosa y permiteque más pasajeros se sumen al alegre trencito.Los nuevos integrantes de la comparsa no serán otros que prominentes funcionarios delos tres poderes del estado.Si un ministro o un juez se atreve a actuar en contra del pensamiento generalizado, enpocos segundos se convertirá en cebo de buitres.Es cierto que hay periodistas y medios que no lanzan sus noticias sin contar al menoscon la convicción íntima de su certeza y después de haberla confirmado con otrasfuentes, como también es cierto que no toda la sociedad se relame con sangre.Del mismo modo hemos conocido funcionarios que se inmolaron en el altar de lainfamia, por hacer lo que bien o mal creyeron que era su deber.Pero, como enseñaba Aristóteles en su Etica, una golondrina no hace verano.
  7. 7. 7Traigo esto a colación, pues fue exactamente lo que sucedió en el caso García Belsunce.Pero me adelanto a decir que si bien este caso ocupa un lugar importante en la historiadel pensamiento generalizado, justo es reconocer que ni un maestro del suspenso podríahaber diseñado cada acto, cada información, cada hallazgo, cada nueva sorpresa, comola realidad, por sí sola, se ocupó de orquestar.Reitero, si bien el público y los medios danzaron la ronda generosa y así se establecióun pensamiento generalizado, aquí, ni unos ni otros, tiraron la primera piedra.La piedra rodó por la fuerza propia del destino, pero sería esconder la verdad, no decirque la avalancha también fue provocada por actos y omisiones cometidos por la familiade la víctima.La muerte de María Marta García Belsunce tenía todos los condimentos para ser un“giallo”, como llaman los italianos a este tipo de casos policiales.No murió en Ezpeleta ni en Turdera. No, murió en un country de Pilar.No era hija de un sin techo o de un trabajador textil. Tampoco de un medianocomerciante, siquiera de un profesional poco conocido.Era la hija del Presidente de la Academia Nacional de Derecho.Su muerte primero se difundió como un accidente doméstico. Un golpe en la cabeza conel pico de la bañadera.Tiempo más tarde un titular ganó la calle: “María Marta murió asesinada de cincobalazos”.Convengamos que la noticia golpeó fuerte.Las dudas eran cantadas y la gente no podía dejar de preguntarse: ¿Cinco balazos yninguno de los familiares lo advirtió?.A partir de allí y como sucedía con las antiguas novelas por entregas, todos los días elpúblico recibía y por cierto esperaba con labios voluptuosos, algún nuevo capítulo delcrimen- misterio.Y así supimos que un hermano de la víctima solicitó a un alto jefe policial queintercediera para que un patrullero no llegase hasta el velorio.Más tarde uno de los dos médicos que atendieron a María Marta la noche del crimen,declaró ante el fiscal que él había advertido a la familia de que se trataba de unasesinato y que debían llamar a la policía.Como es de imaginar, la sociedad se exacerbaba y los medios impedían que sus anhelosse viesen frustrados.
  8. 8. 8Después vino la historia del certificado de defunción. Lo extendió, como era de práctica,de mala e ilegal práctica, un médico a sueldo de la empresa de servicios fúnebres.Allí se consignó que la muerte se había producido en la Capital Federal y no en Pilar yque su causa había sido un paro cardiorrespiratorio no traumático.La enterraron con un certificado de defunción falso, informaban los diarios, einformaban bien.Pero algunas lenguas corrieron la especie de que Guillermo Bártoli, cuñado de MaríaMarta y encargado de contratar el servicio, intentó sin éxito una rápida cremación.El ambiente se seguía recalentando.Del resbalón en la bañadera, a los cinco balazos.De los cinco balazos, a un certificado falso.De un certificado falso, a oscuras maniobras para cremar el cadáver, con lo cual jamásse hubiese detectado la verdadera causa de la muerte. El crimen perfecto.La limpieza de las manchas de sangre, que hasta ese momento parecían algo normal yatinado para evitar que los asistentes al velorio se enfrentasen a un cuadro no apto parademasiado público, inmediatamente pasaron a la categoría superior de graves maniobrasde encubrimiento.Como si todo esto fuera poco, como frutilla del postre, vino el tema del famoso“pituto”.Un medio hermano de la víctima, John Hurtig, encontró debajo del cuerpo de aquélla unpequeño pedazo de plomo achatado, que terminó resultando, ni más ni menos, que lasexta bala disparada contra María Marta.Preocupado por su hallazgo, John se propuso averiguar qué podía ser ese extraño objetoy así fue que se practicó un conciliábulo dentro del baño de la casa. De ese cónclaveparticiparon, además de él, un cuñado, su hermano, el abogado y periodista HoracioGarcía Belsunce y su padre, Constantino Hurtig, que es médico.Horacio dijo que podría tratarse de un “pituto”, de esos que se utilizan en los estantes delas bibliotecas.Los estudiosos de la ontología del “pituto” llamaron a Carrascosa y le preguntaron sisabía qué era ese pedazo de plomo, aclarándole que ellos pensaban tirarlo. Carrascosapensó que podría ser algo que se les había caído a los médicos y no se opuso al destinodispuesto para el “pituto” por la familia de su mujer.No podemos dejar de destacar que ese hecho fue insólito, como así también que nuncanadie intentó dar una explicación, siquiera poco convincente, de semejante estupidez.
  9. 9. 9En vez de dejar tranquilo al “pituto” dentro de un cajón o arriba de una mesa, acordarontirarlo por el inodoro.La echazón del “pituto” terminó de darle al caso los ribetes de un crimen familiar conparticipación generalizada o, al menos, con encubrimiento masivo.En aras de excluir la posibilidad de un acto de locura colectivo, más adelante arrimaréalgunos elementos de reflexión, para tratar de establecer porqué hicieron lo quehicieron, o, al menos, porqué alguno de ellos hizo lo que hizo.Las noticias se sucedían unas a otras y con el mismo vértigo las habladurías corrían deboca en boca.Y así escuchamos y leímos sobre crimen pasional; marido engañado; desviacionessexuales de la víctima; sórdidos y oscuros negocios con dinero negro; dependenciaeconómica del entorno familiar de Carlos Carrascosa, lo que llevaría a padres yhermanos a hincarse sin orgullo ni pudor frente al asesino de su hija o hermana.Por último, mientras Bártoli, Carrascosa y otros testigos afirmaron que ellos seencontraban en la casa del primero viendo un partido de fútbol, lugar en el quepermanecieron hasta algo después de las 18.47, la empleada de Bártoli sostiene que a lasseis de la tarde ya no había nadie en el living de aquélla y que el televisor estabaapagado.Por otra parte, la encargada del Club House declaró que en algún momento entre las seisy las siete de la tarde Carrascosa estuvo con ella tomando café en el bar y quepermaneció allí quince o treinta minutos, hecho éste que Carrascosa negócategóricamente.Todo llegó a su climax con el fiscal de la causa, que por las razones que veremos másadelante se convirtió en el principal enemigo de la familia y trató, sin el menor apoyo nisustento, de vincular el crimen con la mafia del narcotráfico, lo que explicaría así elencubrimiento de la familia, sea por sus vinculaciones con el cartel de Juárez o portemor a sus represalias.También fue el fiscal quien sostuvo y aportó pruebas que en su momento habremos deponderar, afirmando que las heridas provocadas por los disparos no habían sidofácilmente advertidas, pues los asesinos las cerraron mediante el uso de la casera“gotita”.Cinco balazos, un certificado de defunción falso, el intento de cremar a María Marta,obstaculizar la llegada de la policía, limpiar las manchas de sangre, cerrar las heridascon la “gotita”, tirar una bala por el inodoro, eran demasiados indicios para evitar que laprensa y la sociedad se formasen la idea de que se trataba de un homicidio en el cual lafamilia de la víctima, por una u otra razón, estaba seriamente comprometida.Así nació, en este caso, lo que dí en llamar el pensamiento generalizado.
  10. 10. 10 CAPITULO III UNA FORMA DE TRABAJOA lo largo de estas líneas no emplearé el estilo propio de la novela o del cuento, con losque en la actualidad me siento más familiarizado, simplemente porque aquí dejé de ladocualquier posibilidad de ficción, error éste en el que sí pareciera haber incurrido elagente fiscal.Tampoco seguiré el estilo que caracteriza a las investigaciones periodísticas. En primerlugar porque esta no es una investigación periodística y, por otra parte, porque ese estilome resulta tan atrayente como extraño.Trataré de exponer los hechos y de analizarlos para determinar si existen pruebas quepermitan atribuir la autoría del homicidio al condenado, utilizando el estilo quehabitualmente se usa en los alegatos judiciales.Esto es así, porque tanto en ese acto procesal como en este trabajo se persiguen finesidénticos. Persuadir a sus destinatarios, en un caso los jueces y en otro los lectores, deque las cosas sucedieron o no sucedieron de la manera en que se las explica, desarrollay sostiene.Qué pasó la noche del 27 de octubre de 2002 en el Carmel, sólo lo saben tres personas.La víctima, el asesino y Dios.Todo lo demás son conjeturas, meras conjeturas.Pero las conjeturas, para que tengan validez, deben apoyarse en hechos comprobados y,ante todo, tener en cuenta el accionar humano desde una óptica real y no antojadiza, esdecir, de acuerdo a lo que de ordinario sucede en el curso normal de las cosas, dejandotrabajar libremente a la lógica y al sentido común por encima de cualquier simpatía oaversión, prejuicio o solidaridad de clase y haciendo caso omiso de las expectativas quela opinión publicada haya podido generar en la opinión pública.Tampoco se puede caer en conclusiones simplistas, más propias de un juego de niñosque de la forma correcta de valorar las pruebas en una causa judicial, porque así, sindecirlo, pero casi gritándolo sin demasiado pudor, nos hemos encontrado frente aafirmaciones tales como que la prueba de la mentira acredita, como yapa de kiosco, elencubrimiento y el homicidio también.Al formular algunas hipótesis, ciertamente no podré probar que las cosas hayansucedido del modo en que allí se las expone, porque aquí nadie ha tenido la bola decristal.Simplemente quiero expresar que ellas bien podrían haber sucedido de esa manera o poresa razón y, en suma, y esto es lo importante, que es más probable que los hechos hayan
  11. 11. 11acontecido tal como acontecen en mi versión y no como han supuesto con excesivovoluntarismo el acusador fiscal y los jueces de la causa.A riesgo de resultar reiterativo, voy a permitirme insistir en un concepto.Si se cuenta con pruebas categóricas e indubitables de que un hecho sucedió dedeterminada manera, poco importa si ello es lógico y razonable, o si se ajusta o no a loque de ordinario sucede según el curso natural de las cosas.Simplemente fue así, y eso es suficiente para tenerlo por probado.El divorcio de la realidad probada con la realidad habitual, podrá llevarnos a bucear enlas aguas de la psiquiatría o a indagar en el mundo de los que sueñan despiertos, perocarecerá de toda relevancia para modificar la determinación de los hechos que han sidodebidamente acreditados.En cambio, cuando no contamos con pruebas categóricas e indubitables que nospermitan conocer como sucedieron los hechos, aquí la realidad habitual, lo que es lógicoy razonable, lo que sucede de ordinario según el curso natural de las cosas, es el nortedel que no podremos apartarnos sin caer en el vicio de la arbitrariedad, del caprichoantojadizo o del exceso y la desviación de poder.En el análisis de los hechos que no cuenten con pruebas directas acerca de la forma enque ellos sucedieron, me ajustaré a la regla precedentemente expuesta. Ella será minorte.Cuando hablo de razón y de lógica, muchos podrán preguntar de qué razón y de quélógica estoy hablando.La cosa es simple. Yo estoy alegando. Mi misión es convencer. Si mi lógica y mi razónno tocan en la misma sintonía que la lógica y la razón de los lectores, habré fracasado.Por tanto, cuando recurro a la lógica y a la razón, recurro a vuestra lógica y a vuestrarazón. No a la mía, o al menos, no sólo a la mía.En los próximos capítulos trataré los distintos puntos que son necesarios conocer parapoder arribar a una conclusión objetiva acerca de la culpabilidad de Carlos Carrascosaen el homicidio por el cual fue condenado.En primer lugar haré una breve referencia a los hechos que rodearon la muerte de MaríaMarta García Belsunce.Después analizaremos todas y cada una de las acciones que se debieron realizar paracometer el crimen, armar una estrategia defensiva, planear los pasos a seguir, preparar laescena del falso accidente, limpiar el lugar y desaparecer de él.En este caso trataremos de calcular el tiempo que razonablemente insumieron cada unade esas tareas, ya que ello nos permitirá establecer sí Carrascosa y, eventualmentealgunos familiares, pudieron ser los asesinos de María Marta.
  12. 12. 12En ese análisis tendremos en cuenta las dos hipótesis posibles en la materialización deun homicidio. a) Crimen compulsivo, por tanto no premeditado. b) Crimen premeditado.Cada una de estas dos hipótesis abre la puerta a otras dos variables: a) El autor actuó en complicidad con otros coautores. b) El autor actuó solo.Cada alternativa ofrece facetas muy diferentes y nos obliga a analizarlas por separado.Quiero detenerme un instante, porque muy al pasar acabo de mencionar un tema que esfundamental para poder determinar como sucedieron o no sucedieron los hechos queterminaron con la muerte de María Marta García Belsunce, aquella lluviosa tarde deoctubre de 2002 en el country Carmel.Si bien más adelante me dedicaré a desarrollar la cuestión con todo detalle, creoimportante señalar que uno de los errores que a veces han cometido los investigadores yestudiosos del caso, fue el de no distinguir, al analizar los hechos, que sólo se pudohaber dado una de las cuatro alternativas expresadas más arriba y que según se trate deuna u otra de ellas, distinta deberá ser la óptica desde la cual deberá observarse elhomicidio y distintas las conclusiones a las que se podrán arribar, ya que situacionesdiversas no pueden ser valoradas y sopesadas como si fuesen situaciones idénticas.Piensen por un segundo que si se trató de un crimen premeditado, el autor o autores sólotuvieron que ejecutar un plan.Cómo hacerlo, los pasos a seguir, la coartada o coartadas elegidas, son acciones quefueron analizadas y decididas en forma previa al crimen.Por el contrario, si se trató de un crimen no premeditado, todas esas tareas debieronpracticarse con posterioridad a la muerte y, en ese caso, fácil es advertir que el tiempojugó, necesariamente, un papel preponderante.Por último me detendré en el análisis de los indicios que, en este caso, como ya comentémás arriba, han servido para conformar en la sociedad el pensamiento generalizado de laculpabilidad de Carrascosa y de la familia y para condenarlo a aquél a cadena perpetua.Antes de pasar al análisis de los hechos, creo conveniente detenerme una vez más paracomentar las distintas formas de proceder en la tarea de investigación.Cuando el investigador persigue la verdad como única meta, recogerá todos loselementos que hacen a su búsqueda y los colocará sobre su mesa de trabajo.Puede ser que a cierta altura de la tarea comience a vislumbrar un resultado. No obstanteel investigador leal continuará ponderando objetivamente todos los elementos quepuedan aflorar, con total prescindencia de si éstos sirven o no para corroborar o rechazaraquel resultado provisorio, que ya se estaba convirtiendo en la “niña de sus ojos”.
  13. 13. 13Por el contrario, cuando el investigador no persigue el hallazgo de la verdad sino ellogro de un resultado predeterminado que sea funcional a sus intereses, manipulará laspruebas de modo tal que sólo colectará las que sean útiles para confirmar su tesis ycolocará debajo de la alfombra todas aquellas que la controviertan.Este comentario viene a colación por la actividad desarrollada por el fiscal de la causa,quien sólo siguió una línea de investigación.El partió de un único presupuesto básico: la culpabilidad de la familia, ya sea en elcrimen o en su posterior encubrimiento.Este procedimiento acientífico no sólo lo llevó a forzar el análisis de las pruebas en unsentido determinado, sino que nos ha privado de conocer otros elementos quedeliberadamente se negó a investigar, por la simple razón de que ellos eran ajenos, noya a la búsqueda de la verdad, sino a la tesis que él estaba empeñado en demostrar.
  14. 14. 14 CAPITULO IV TARDE DE FUTBOL Y ALGO MASMaría Marta era menuda, de estatura mediana y figura interesante, sin resultar por ellouna mujer llamativa.Su cara, que para algunos era bonita, otros la calificarían con el simpático y pococonveniente apelativo de “feucha”.Personalmente, para definirla, me apropiaría de un título del cine nacional.A mi juicio su encanto, su raro encanto, giraba alrededor del “secreto de sus ojos”.Digo raro encanto, porque sus ojos no eran ni grandes ni azules, ni tampoco negros ybrillantes como dos luceros, sino marrones y pequeños, pero su mirada transmitía unacalidez y simpatía difíciles de eludir.Sí, era el secreto de su mirada y no el secreto de sus ojos, el que le daba a María Martaese halo tan particular.También eran sus labios, delgados y carentes de una gracia especial, los que jugaban enequipo con una sonrisa franca y agradable y hacía de ella esa eterna muchachainteresante y atractiva.Al momento de su muerte tocaba los cincuenta años. Vieja para muchos, demasiadojoven para otros. Por razones obvias, me sumo a este último bando.Casada desde los veinticinco con Carlos Carrascosa, constituían uno de los tantosmatrimonios que, sin mayores afinidades ni intereses en común, habían logrado unabuena y cómplice relación.El hecho de no tener hijos los convertía en polivalentes. Eran marido, mujer, hijo, hija,padre, madre, de todo un poco y tal vez de nada demasiado.María Clara y “el gordo”, como lo llamaban sus amigos, vivieron muchos años enBuenos Aires, mientras aquél trabajaba en el pequeño y volátil mundillo de las finanzas.Un hombre de “la city” que luego decidió cambiar su vertiginosa actividad por una vidamás apacible y bucólica.No, no se fue a la pampa salvaje, ni siquiera al campo. Simplemente se mudó a uncountry en la localidad de Pilar.De acuerdo a todos los testimonios y comentarios que han circulado a lo largo de másde siete años, se trataba de un matrimonio bien avenido y nadie pudo aportar ningúnelemento que permitiera pensar en conflictos de pareja y mucho menos en infidelidades.
  15. 15. 15En el mismo country vivía la media hermana de María Marta, Irene Hurtig, casada conGuillermo Bártoli.Los cuatro formaban un equipo inseparable.No sólo vivían en el mismo barrio cerrado y compartían la mayor parte de lasactividades sociales, sino que veraneaban juntos, sea en el mar o en la casita del lago aorillas del Quillén, allá lejos, en ese lugar maravilloso que se llama puerto Lussich.En las temporadas de descanso se sumaban al grupo los sobrinos Bártoli, quienestambién compartían con sus tíos Carlos y María Marta los clásicos asados o almuerzosen el Carmel.Mientras que su mujer disfrutaba de los deportes al aire libre, Carrascosa era unconocido habitué de los torneos de bridge.El 27 de octubre de 2002 la reunión era, como tantas otras veces, en lo de Bártoli.Esa tarde se jugaba el clásico: River vs. Boca.Serían de la partida, además del dueño de casa y su cuñado Carlos Carrascosa, TomásBártoli -hijo de Guillermo e Irene- Sergio Binello y su mujer, Diego Piazza y la noviade éste, Delfina Figueroa.Irene Bártoli regresó de un almuerzo y prefirió la paz de su cuarto al fútbol, pues no seencontraba bien de salud. Nada grave. Naderías, dirían las abuelas.Mientras tanto María Marta jugaba al tenis, partido que se debió suspender comoconsecuencia de la lluvia. Así fue que también ella, tardíamente, se sumo al grupo de losfutbolistas.Los Binello se retiraron poco antes de concluir el partido, en el que se impuso Boca pordos goles contra uno y una vez terminado aquél, lo hicieron María Marta, Diego Piazzay su novia Delfina Figueroa.María Marta partió en dirección a su casa para bañarse y recibir los masajes que todoslos domingos a las 19 le daba su kinesióloga, Beatriz Michelini.No obstante el ofrecimiento de Bártoli para acercarla en auto, ella optó por hacer elrecorrido en bicicleta. Diego Piazza y Delfina Figueroa, que tenían menos vocación queaquélla por la lluvia, aceptaron la oferta de Bártoli, quien los llevó en su coche y regresópocos minutos más tarde.Es importante precisar la hora en que se retiraron los Piazza, pues ellos serán testigos dela ubicación de Carrascosa hasta ese momento.Tal como recién les refería, dejaron lo de Bártoli pocos minutos después de terminado elclásico. Según la información oficial de la AFA eso sucedió a las 18.07, lo que nos
  16. 16. 16permite presumir, sin mayor margen de error, que Diego y Delfina vieron por última veza Carrascosa entre las 18.10 y las 18.13.De acuerdo al relato concordante de Carrascosa y de Guillermo, Irene y FranciscoBártoli, los dos primeros permanecieron en la casa viendo el partido de Independientevs. Rosario Central, partido que también veía de a ratos Francisco, quien deambulabaentre el living y el dormitorio de su madre.Después de producirse el gol de Independiente a las 18.47 –siempre según el informeoficial de la AFA- Carrascosa se retiró en dirección a su casa, aunque antes pasaría porlo de los Taylor para interesarse por el resultado de un torneo de golf.Los Bártoli declaran que Carrascosa dejó su casa algunos minutos después del gol deIndependiente, lo que nos permite presumir, aquí también sin mayor margen de error,que su partida se produjo a las 18.50/ 18.53.Carrascosa no vio movimiento en casa de los Taylor y continuó rumbo a la suya.Al llegar a ésta encontró a uno de los vigiladores en la puerta de su domicilio, quien leexplicó que se había trasladado hasta allí porque nadie contestaba los llamados deteléfono que hacían desde la guardia para comunicarle a María Marta la presencia deBeatriz Michelini, su masajista.Carrascosa dio su autorización para que se permitiese la entrada de Michelini al Carmele ingresó a su casa.Por las constancias de la guardia y a las declaraciones del vigilador, esto nos sitúa entrelas 18.55 y las 19 horas.Les pido que retengan ese hecho, ya que la hora en la que Carrascosa y el vigiladorOrtiz, pues así se llamaba el hombre, se encontraron en la puerta de la casa de aquél,será un punto sobre el cuál, tanto los jueces que lo condenaron como yo en este libro,volveremos una y otra vez, casi con excesiva reiteración.Sé que lo que les voy a proponer es un poco pesado, pero les ruego que lo hagan.Relean este capítulo detenidamente y, si fuese posible, dos veces los últimos diezpárrafos.
  17. 17. 17 CAPITULO V EL ACCIDENTE EN LA BAÑADERA •En el capítulo anterior dejamos a Carrascosa ingresando a su casa alrededor de las 19,pues aquí, como en todos los casos en que exista una alternativa de tiempos mínimos ymáximos, siempre tomaré aquéllos que sean menos favorables para Carrascosa y susfamiliares o ponderaré los hechos a la luz de ambas posibilidades.A partir de este momento y hasta el arribo de Beatriz Michelini, que como recordarán seencontraba en la guardia del country esperando que María Marta autorizase su ingreso,la declaración de Carrascosa no cuenta con más aval que sus propios dichos.Aclaremos desde ya que entre uno y otro hecho, sólo medió una escasa fracción detiempo.Exactamente la que se tarda en recorrer el camino que va desde la puerta del Carmelhasta la casa de Carrascosa, que no excede, según la velocidad del automóvil, los 6minutos.Carrascosa dice que subió al piso superior y que encontró a su mujer vestida con la ropaque había utilizado para jugar al tenis, con la cabeza lastimada, caída en el piso y conmedio cuerpo dentro de la bañadera.Agrega que la retiró del agua y la colocó en el piso del baño.En ese momento escuchó el auto de la masajista y relata que desde la ventana le pidió aésta que subiese, informándole que María Marta había sufrido un accidente.Luego se suceden una serie de hechos que mencionaré en forma sintética y sólo encuanto ellos tengan relación directa con el cometido de este libro.Beatriz Michelini, la masajista, en forma inmediata tomó las siguientes medidas: a) le hizo respiración boca a boca a María Marta, quien seguramente para ese entonces ya se encontraba muerta b) le indicó a Carrascosa que llamase urgente a lo de Bártoli para pedir ayuda. c) le indicó a Carrascosa que llamase a un médico.Carrascosa llamó a los Bártoli y, según sus dichos, después a la empresa OSDErequiriendo el envío de la ambulancia. Esta llamada, de acuerdo a los registrostelefónicos de la empresa y las pericias practicadas, se materializó a las 19.07 y así lotiene por probado la Cámara de Casación.Llegaron los Bártoli y mientras Guillermo se sumó a las tareas de rehabilitación, Irenepartió desesperadamente en una suerte de rally por el country para buscar un médico
  18. 18. 18que atendiese a su hermana y sólo encontró a Diego Piazza, un estudiante aventajado demedicina que es quien, junto a su novia Delfina Figueroa, había estado hasta momentosantes viendo el partido de fútbol con Carrascosa y su cuñado.Piazza también se sumó a las tareas de rehabilitación de María Marta, e Irene solicitó ala guardia el envío de una ambulancia.Es así que primero llegó, a las 19.24, la ambulancia pedida por Carrascosa a instanciasde Michelini y, más tarde, la segunda ambulancia pedida por la guardia del country ainstancias de Irene Bártoli.El primero de los médicos en llegar, Gauvry Gordon, revisó a María Marta y le aplicóvarias inyecciones, pese a lo cual ésta jamás recobró el conocimiento.Poco después les informó a los familiares que María Marta había fallecido.Es ese médico quien hizo suya la versión familiar del accidente en la bañadera y se latransmitió a su colega, es decir, al médico que llegó con la segunda ambulancia.Es él también quien indicó a Michelini que limpiase las manchas de sangre del lugarpara evitar que parientes y amigos se encontrasen frente a un cuadro ciertamenteimpresionante.Los médicos omitieron comunicar el hecho a la policía, tal como era su obligaciónfrente a una muerte no natural.La circunstancia de que se tratase de un accidente en la bañadera, importaba de por síuna muerte dudosa y en ese sentido es clara la ley de procedimientos de la Provincia deBuenos Aires cuando obliga a los médicos, farmacéuticos y otros profesionales adenunciar el hecho.Cuando Carrascosa le preguntó a Gauvry Gordon por el certificado de defunción, éste leinformó que aquél les sería otorgado por la empresa de servicios fúnebres.Guillermo Bártoli, entonces, acompañado por un amigo y vecino del country de apellidoTaylor, partió a buscar una empresa para que se hiciese cargo del sepelio.Siguiendo los consejos de la mujer de Taylor, quien tenía alguna experiencia en lamateria, fueron en primer lugar a una firma de Pilar, la cochería Ponce de León, la queno pudo hacerse cargo del servicio pues carecía de médico para extender el certificadode defunción por tratarse de día domingo.Entonces se trasladaron a la Capital Federal y siempre siguiendo los consejos de lafamilia Taylor, se dirigieron a Casa Sierra.En esta empresa les informaron que ellos se ocuparían de enviar un médico a Pilar, elque luego extendería el correspondiente certificado de defunción y asimismo les dijeronque mientras tanto podían trasladar el cuerpo de María Marta a la cama, pues hasta esemomento se encontraba en el piso del baño y a cuyo alrededor se iban ubicaban susfamiliares y amigos a medida que llegaban al lugar del accidente.
  19. 19. 19Las empresas fúnebres, para facilitar el trámite del entierro y poder prestar sus bienremunerados servicios sin problemas ni dilaciones, contaban con médicos que extendíanel certificado de defunción.La corruptela hizo que algunos médicos ni siquiera revisasen al muerto y convengamosque con una simple revisación, tal vez pudiesen descartar un crimen violento, perodifícilmente la acción del veneno o una sobredosis de droga.Como veremos más adelante, en el caso de María Marta una simple revisación nohubiese detectado los orificios causados por los proyectiles que provocaron su muerte.Algunos médicos, tal vez conscientes de la inutilidad de su presencia junto al cadáver opor simple desidia, dejaban en las empresas de servicios fúnebres los certificadosfirmados en blanco.En el caso que nos ocupa, Casa Sierra hizo mucho más y, como verán más adelante, loactuado por esta firma fue decisivo para que la causa se encaminase de una forma queconcluyó con el descubrimiento del homicidio de María Marta y no con su inmediatoarchivo, como lo tenía decidido el fiscal.Pasó lo siguiente. Como María Marta había fallecido en la Provincia y sería enterradaen la bóveda familiar en el cementerio de la Recoleta que se encuentra en la CapitalFederal, para obviar los trámites burocráticos que exige el traslado de restos de unajurisdicción a otra, la empresa hizo lo que era de práctica en esos casos y consignó queella había muerto en la ciudad de Buenos Aires.Para evitar dar intervención a la policía, lo que supondría las complicaciones y demorasque demandaría una autopsia como era de rigor realizar ante una muerte violenta y ungolpe en la bañadera sin duda lo era, colocaron en el certificado que la causa del decesose debió a un paro cardiorrespiratorio no traumático.Volvamos a la casa de Carrascosa.Familiares, amigos y vecinos se hicieron presentes en el velorio.Aquí se producen dos hechos que más tarde darían lugar a todo tipo de conjeturas ysuspicacias, en el sentido de que la familia sabía que María Marta había sido asesinada yque trató por todos los medios de encubrir el homicidio.Comenzaré por enunciarlos y luego pasaremos a comentarlos con más detalle.a) Se impidió el ingreso de la policía al velorio.b) Se tiró por el inodoro un objeto de plomo encontrado debajo del cuerpo de MaríaMarta. El famoso “pituto”.Un vigilador advirtió desde su puesto de observación que un patrullero de la policía sedirigía a la entrada del country.Inmediatamente da cuenta del hecho a su superior.
  20. 20. 20Este, antes de que el patrullero llegase a la guardia, se comunicó por teléfono con elseñor Alberto White, presidente del country Carmel y le trasmitió la información.White, a su vez, se comunicó por teléfono con la casa de Carrascosa y le hizo saber a laseñora de Binello, que fue quien respondió a su llamado, que la policía estaba llegandoal country.Aquí se desarrollaron dos acciones independientes, con un único y mismo objetivo:impedir la llegada de la policía.Por un lado, Sergio Binello, a quien su mujer le pasó el teléfono, le indicó a White quehiciese todo lo que fuese necesario para impedir la llegada de la policía, aclarándole quesí fuese necesario coimearlos, que los coimease.Enterado Horacio García Belsunce, el hermano abogado y periodista de María Marta, dela inminente llegada de la policía al velorio, se comunicó con un alto jefe de la policíabonaerense, el comisario general Casafús y le explicó que su hermana había muerto enun accidente doméstico y con el propósito de evitarles nuevos disgustos a sus padres,quienes se encontraban lógicamente golpeados por lo sucedido, le solicitó queinterpusiese sus oficios para que la policía no concurriese al lugar.La policía esa noche no concurrió al velorio.Pero no fueron ni los buenos oficios del comisario Casafús ni la fornida billetera deWhite, quienes impidieron su presencia.La policía no fue, simplemente porque el patrullero que había avistado el vigilador no sedirigía al country Carmel, como él equivocadamente había supuesto, sino a otro sitio delos alrededores.Nunca se sabrá si el comisario Casafús hubiese hecho algo por impedir la llegada de lapolicía.Todo pareciera indicar que el presidente del country, jamás se habría prestado paracumplir con la instrucción de obstaculizar el acceso policial mediante un espuriosoborno.Regresemos una vez más a la casa de Carrascosa.Ahora es cuando el medio hermano de María Marta encuentra debajo de su cuerpo elllamado “pituto”, respecto del cual informé con cierto detalle en el capítulo II.John Hurtig no se sintió tranquilo ni con su extraño hallazgo ni menos aún con ladecisión conciliada por la familia y aceptada y ejecutada por él, de tirar el plomo por elinodoro.John comenzó a sospechar que podría tratarse de una bala.
  21. 21. 21“¿Y si entró un villero y la mató?”, fue la frase que él pronunció ante testigos la nochedel velorio, con esa facilidad que tiene cierta gente para pensar que los únicos quecometen crímenes violentos en la Argentina son los pobres.Pero más allá de la opinión prejuiciosa y clasista de Hurtig, es del caso destacar que esehecho lo llevó a insistir en la necesidad de investigar la causa de la muerte de suhermana.Su insistencia fue tal que sacó de quicio a su hermano Horacio, quien reconoció que lasdudas de John lo “tenían con los huevos al plato”.Para satisfacer los deseos de su hermano, Horacio se comunicó por segunda vez con elcomisario Casafús y le pidió que enviase un médico forense.A esa altura de los acontecimientos el doctor Romero Victorica, amigo de Horacio yfiscal ante la Cámara de Casación Federal, que se había acercado al velorio por pedidode aquél, también se ofreció para llamar a un médico forense.Con el propósito de evitar una duplicación de tareas, Horacio llamó por tercera vez aCasafús y le pasó el teléfono a Romero Victorica, para que coordinasen entre ellos lasmedidas a adoptar.De esa conversación entre Romero Victorica y el comisario Casafús, se desprendió lanecesidad de dar, además, intervención a la policía.Casafús le hizo saber a Romero Victorica que él se comunicaría con el comisarioDegastaldi, jefe de la DDI de San Isidro, que es el organismo competente para actuar enPilar.El médico forense al que llamó Romero Victorica se encontraba practicando unadiligencia en otro lugar y por esa razón no pudo concurrir al Carmel para revisar aMaría Marta.Minutos más tarde el comisario Degastaldi se comunicó con Romero Victorica, quepara ese entonces se había convertido, por delegación de la familia y por propiadecisión, en el encargado de coordinar las acciones tendientes a esclarecer la causa de lamuerte de María Marta.En esa conversación Degastaldi informó que él se haría presente en el velorio y RomeroVictorica le sugirió que también convocase al fiscal de turno.Y así fue que tanto el máximo jefe policial de la zona norte como el fiscal de turno, sehicieron vivos en el velorio de María Marta.El fiscal tomó conocimiento directo del hecho y nadie le ocultó que se había tratado deun homicidio violento. Le dijeron que María Marta se había golpeado la cabeza contrael pico de la bañadera.¿Era esa acaso una muerte natural?.
  22. 22. 22Por cierto que no y así como los médicos que concurrieron a casa de Carrascosadebieron haber formulado la denuncia, el fiscal debió haber ordenado sin más trámiteuna autopsia para determinar las causas de la muerte, aún cuando con ello se demoraseel entierro y se inflingiese un serio fastidio a la familia.Pero no, el fiscal no ordenó una autopsia. Se limitó a preguntar dónde se realizaría elsepelio y cuando le informaron que sería en una bóveda en el cementerio de la Recoleta,él se dio por satisfecho, ya que ello le permitiría exhumar el cadáver en caso de asíresultar necesario.Si el fiscal fue especialmente convocado por el jefe de investigaciones para hacersepresente en el lugar donde se había producido una muerte violenta ¿no es más queevidente que esa presencia, tanto del jefe de la DDI de San Isidro como del fiscal deturno, importaron la intervención oficial de la justicia?.Es interesante averiguar qué hizo el fiscal en el lugar del hecho y qué medidas tomócomo consecuencia de su prevención personal y directa.Aunque parezca difícil creer, el fiscal se limitó a conversar con su colega federalRomero Victorica y con los familiares de la víctima. Recorrió el lugar, observó elcadáver y se retiró.Pero si bien todo ello resulta extraño, semejante comportamiento quedará empalidecidofrente al hecho de que el fiscal no labró ninguna actuación dejando constancia de suconvocatoria ante a una muerte violenta, como así tampoco de su inspección ocular enel lugar del hecho.Casi podríamos decir que el doctor Diego Molina Pico estuvo presente en el velorio deMaría Marta como amigo de la familia, aunque por cierto no revestía ese carácter y nocabe duda de que él allí fue expresamente convocado por el comisario Degastaldi comofiscal y no para acompañar a los deudos en sus sentimientos.En suma, el fiscal compareció al lugar del hecho como funcionario del MinisterioPúblico, pero omitió llevar a cabo los actos procesales correspondientes para dar poriniciada la causa.Para decirlo en forma más sencilla, María Marta García Belsunce fue enterrada en elcementerio de la Recoleta después de que el jefe de la DDI y el fiscal de turno sehubiesen hecho presentes en el velorio y mientras se celebraba la inhumación aún no sehabía iniciado la causa para averiguar los motivos de su muerte.Muchas veces me pregunté lo que ustedes ahora se estarán preguntando.¿Porqué actuó el fiscal de la forma en que actuó?.Volvamos a las primeras líneas del capítulo II. Allí está la respuesta.Dijimos que hay muertos de primera y muertos de segunda.
  23. 23. 23Y hay muertos de primera y muertos de segunda, porque también, es obvio, hay gentede una y otra de esas dos categorías.Los García Belsunce no transitan por la vida entre las estrechas filas de la claseeconómica.Gozan de una suerte de up-grade permanente.Lo importante no es que eso sea así, sino que ellos están convencidos de que es así yDiego Molina Pico, que aprendió a distinguir entre la oficial y la popular, tambiéncomparte esa visión clasista de la vida.No exagero un ápice ni dejo volar mi imaginación al viento, si sostengo que después demirar a la víctima y a su entorno, el joven fiscal, en su mudo soliloquio, dijo: “es gentecomo uno”.¿Porqué los García Belsunce hicieron lo que hicieron y dejaron de hacer las cosas que laley ordena?.Porque ellos creyeron que la ley está hecha para la gente común y sólo ésta es la queestá obligada a darle cumplimiento.Si muere alguien en la barriada de la vuelta o en la villa de emergencia, cómo nopracticarle una autopsia, aunque ello importe despanzurrar el cadáver, demorar 48 horasel entierro y prolongar así el dolor de padres o hijos?.Pero eso que parece tan natural ante la muerte de don nadie, resulta un despropósito sinlímites cuando se trata de muertos de primera clase.Así pensaron y pensaron mal, los familiares de María Marta.Así pensó y pensó peor, el fiscal de turno.Esa visión “nose-up” de la vida trajo aparejadas feas consecuencias para unos y paraotros.Carrascosa enfrenta la cárcel y sus parientes y amigos el tribunal.Molina Pico enfrentó la brújula y perdió el norte.Volvamos una vez más a los hechos de la causa.La relación entre el fiscal y la familia era la normal entre “gente como uno”.Jamás se habían visto, pero se tuteaban con espontánea naturalidad.Si el muerto hubiese sido un farmacéutico de Garín o un plomero de Tigre ¿susfamiliares se hubiesen atrevido a tutear al fiscal?. ¿El doctor Molina Pico hubiesepermitido a los hermanos del farmacéutico o del plomero que le hablasen con laconfianza que sólo se confiere a amigos y parientes?.
  24. 24. 24Sin duda que no. Pero no nos equivoquemos. Es normal que la gente que considera quepertenece a un mismo círculo social, se brinde entre sí un trato diferente del que lebrinda a los extraños.Esa confianza o solidaridad de clase, es la que llevó al fiscal a actuar como amigo dequienes no eran sus amigos y no como funcionario del ministerio público.El fiscal y la familia creían de buena fe en la hipótesis del accidente doméstico.Por esa razón Molina Pico esperaba que le acercaran el certificado de defunción paracerrar la causa que él abrió recién tres días después del entierro, con el único propósitode dar cierta prolijidad a sus anteriores desprolijidades.Pero como ya reseñamos más arriba, Casa Sierra consignó en el certificado dos hechosfalsamente falsos, como diría Cataré, el celebre personaje de Andrea Camileri.Por un lado ubicó la muerte de María Marta en la Capital Federal, cuando era más queevidente que había muerto en su casa de Pilar y, como sí esto fuera poco, consignócomo causa de aquélla “un paro cardiorrespiratorio no traumático” y pareciera queromperse la cabeza contra el pico de la bañadera, es un ejemplo escolar y gráfico deaccidente traumático.Con ese certificado que vomitaba falsedad por los cuatro costados, ni el bien dispuestoMolina Pico, ni el más íntimo amigo de la familia, hubiese podido cerrar la causa sinmás.Entonces el fiscal dispuso algunas medidas light y ordenó, como no tenía más remedioque ordenar, la exhumación del cadáver y su consecuente autopsia.Fue durante esos días agitados en que el vínculo generado por la afinidad socialcomenzó a resquebrajarse.Los hermanos varones de María Marta, aconsejados por sus abogados, se presentaron adeclarar ante la fiscalía.De esas declaraciones hay un solo hecho que merece destacarse y subrayarse.Tanto Horacio García Belsunce como John Hurtig, le contaron al fiscal el insólitoepisodio del “pituto”, con la aclaración de que ellos lo habían tirado por el inodoro.Por favor y aunque después volveremos sobre este punto, les pido que se detengan unsegundo en este detalle, porque creo que vamos demasiado rápido.Si no fuese por esa información espontánea de la familia, que no tenían obligación ninecesidad de suministrar, el caso del plomo tirado al pozo ciego jamás hubiese llegado aoídos de la prensa ni de la justicia y, obviamente, jamás se lo hubiese recuperado de suabsurdo destino.
  25. 25. 25Piensen por un momento que el episodio del “pituto” fue el hecho que más estigmatizóa la familia frente a la opinión pública primero y a la justicia después y que ese hecho,reitero, sólo trascendió por la innecesaria decisión de los hermanos de la víctima dehacerlo trascender.John Hurtig, el hombre que pidió que un forense revisara a su hermana para determinarlas causas de su muerte, por cuya insistencia se llamó a la policía y al fiscal para que sehiciesen presentes en el velorio, que informó al fiscal del hallazgo del plomo achatado yde su posterior echazón y que fue quien como espontáneo colaborador de la policíaencontró el “pituto” después de una intensa búsqueda entre los excrementos depositadosen el pozo ciego de la casa de Carrascosa, hoy se encuentra procesado porencubrimiento, ni más ni menos que por haber sido él quien en su momento tiró elplomo, después de habérselo decidido así en un cónclave familiar celebrado al pie delinodoro.Por favor, también retengan este hecho, cuya importancia a la hora de juzgarintencionalidades no será menor.
  26. 26. 26 CAPITULO VI OLOR A POLVORADije en el capítulo anterior que el fiscal ordenó practicar la autopsia de María MartaGarcía Belsunce.Lo que no les dije, es que antes de que el fiscal dispusiese esa medida, ésta ya le habíasido solicitada en la causa.¿Saben ustedes quién fue la primera persona que pidió la autopsia de María Marta?.Traten de adivinarlo.La autopsia de María Marta fue peticionada, ni más ni menos, que por el propio CarlosCarrascosa.Si este hecho los sorprendió, me animo a anticiparme y a decirles que mucho más sehabrán de sorprender cuando les relate lo que hizo el fiscal Molina Pico frente al pedidoformal de Carrascosa.El fiscal dispuso no hacer lugar al pedido de autopsia solicitado por Carrascosa hastatanto su abogado patrocinante acompañase el bono que debe adjuntarse con cadapresentación judicial, con destino a incrementar las arcas del Colegio de Abogados.Acto seguido y como si se tratase de una iniciativa de su propia inspiración, sin siquieraaludir ni mencionar el pedido de Carrascosa, requirió la exhumación del cadáver y larealización de la autopsia.Golpe bajo, gritarían en el Luna Park.Hasta ese momento aquélla eso era sólo una mera formalidad para cerrar la causa.Ni el fiscal ni nadie maliciaba su resultado. Pero el fiscal, que como ya expusimos másarriba, había cometido desprolijidades al proceder el día del velorio más por solidaridadde clase que como miembro del ministerio público, tenía necesidad de sacudirse elpolvo y mostrarse como diligente y responsable.Por eso chicaneó a Carrascosa y lo primereó.Los médicos forenses, expertos como nadie en ver muertos de bala, comenzaron sutarea ante un cadáver especialmente exhumado para determinar las causas de su muerteaccidental.No sólo su pericia profesional sino las circunstancias que rodeaban la autopsia,necesariamente los mantenía con las luces de alerta bien encendidas.
  27. 27. 27No se trataba del sin techo hallado muerto en el frío de la noche, o el clásicodesprendimiento de monóxido de carbono por el mal uso de una estufa sin tirobalanceado, ni contusiones múltiples en un accidente de tránsito, en las que los médicostrabajan para confirmar la hipótesis cantada.Se trataba de una exhumación por orden judicial, para practicar una autopsia ante unamuerte violenta.No obstante eso, los médicos y pese al hecho de que ya habían observado las heridas enla cabeza de María Marta y las habían analizado con puntillosa prolijidad, fue reciénmás tarde, cuando ellos se encontraron con cinco proyectiles de plomo dentro del cráneode la víctima, que advirtieron que estaban frente a un homicidio causado por disparos dearma de fuego y no ante un accidente doméstico, como todo les hacía pensar hasta unafracción de segundo antes del hallazgo de los mencionados proyectiles.Este punto es de suma importancia para comprender porque ni la familia ni los amigosque se acercaron al cuerpo de María Marta advirtieron los orificios de bala en su cabeza.Como dije en el capítulo II, es con las conclusiones de esa pericia que el caso tomó unvuelo inesperado.El fiscal, que hasta ese momento había cedido su condición de funcionario a su afinidadsocial con los García Belsunce y procedido en consecuencia, siente que ha sidoengañado por la familia.No hay peor sensación para un joven funcionario que ha dejado de lado el cumplimientoestricto de sus obligaciones, en razón de la confianza que le merecían los familiares dela víctima, que recibir sin anestesia la bofetada de la traición.Así como antes dije que no exageraba un ápice ni dejaba volar mi imaginación al viento,si sostenía que después de mirar a la víctima y a su entorno, en su mudo soliloquio eljoven fiscal dijo: “es gente como uno”, tampoco exagero ni deliro sí afirmo que elmismo hombre, temblando de odio e impotencia, ahora dijo: “estos hijos de puta meusaron”.En ese párrafo se encierra la razón de ser de una actuación parcial y arbitraria por partedel fiscal, que sólo persiguió dos objetivos herméticamente entrelazados: a) salvar su ropa, después de las faltas cometidas por su inacción el día en que se constituyó en el lugar del hecho. b) destrozar a los responsables de su baldón, a los que abusaron y burlaron de su confianza, a los infames traidores y asesinos.Hijo de un oficial de la marina que llegó a la máxima jerarquía de la Armada, DiegoMolina Pico debería haber aprendido en sus días juveniles de Puerto Belgrano, algunasnociones elementales de navegación a vela.No es con un giro abrupto de timón que se regresa el barco al veril.Sólo la calma y la serenidad nos permiten capear el temporal y arribar a puerto seguro.
  28. 28. 28Dejemos la náutica y volvamos al mundo del derecho.No es arremetiendo con la ceguera de un toro de lidia que se busca y se hace justicia.Comprendo su indignación.Tal vez a su edad y en iguales circunstancias yo podría haber cometido sus mismoserrores aquella mañana en el Carmel.Seguramente mi ira hubiese triplicado la suya, al sentirme mal usado y descubrir que lachica que se resbaló de la bañadera, ni se resbaló ni se golpeó en la bañadera, sino quela asesinaron de cinco balazos, mientras yo jugaba el fair play de la gente como uno.Lo que sí tengo claro, es que con ese estado de ánimo me hubiese excusado de seguirinterviniendo.Lo que sí tengo claro, es que jamás hubiese dirigido una investigación sesgada, con otronorte que no fuese la objetiva determinación de la verdad.Lo que sí tengo claro, es que no hubiese recurrido a teorías artificiosas y carentes desustento como la del cartel de Juarez.Lo que sí tengo claro, es que no hubiese dado a los indicios hallados en la investigaciónla interpretación y el sentido que él les dio.Pero no sólo el fiscal y la prensa contribuyeron para formar una imagen no positiva, poremplear un término que ha ganado su espacio en la vida política argentina, de CarlosCarrascosa y la familia.Tanto el propio abogado de la familia doctor Scelzi, como el amigo de Horacio GarcíaBelsunce, el fiscal Romero Victorica, llevados por su buena fe y su deseo comohombres de bien de encontrar la verdad sin tapujos, hicieron declaraciones ante laprensa que poco ayudaron a aquéllos.Scelzi, pese a ser abogado de la familia, siempre habló más como amigo de María Martaque como abogado y le anticipó al marido y a sus cuñados que trabajaría para buscar alasesino, fuese quien fuese.Sus declaraciones en manos de la prensa, reitero, arrimaron más agua para el molino delas sospechas que para la posición de Carrascosa.Romero Victorica lanzó la idea del crimen pasional y dijo que en la muerte violenta detoda mujer, el primer sospechado es el marido.También sostuvo que la circunstancia de haberse efectuado cinco disparos, demostrabala existencia de un crimen pasional. Esos disparos, según el fiscal federal, eran la másclara demostración del odio que el asesino sentía por su víctima: “te mato, te remato y tevuelvo a matar”, graficaba frente a las cámaras de televisión.
  29. 29. 29El doctor Romero Victorica habló en varias oportunidades de su larga experiencia en elfuero penal. No pongo en duda ni su experiencia, ni sus conocimientos jurídicos, ni suhombría de bien.Sólo le formularía una pregunta: ¿a lo largo de su carrera, cuántas veces presenció laspostrimerías de una muerte causada por el disparo de un arma de fuego sobre la cabezade la víctima?.Adelanto la respuesta.Leyó muchas autopsias, escuchó muchos testigos y tal vez la confesión lisa y llana delmatador.Pero nunca vio con sus propios ojos el efecto que causa un proyectil al romper la calotacraneana, deslizarse por la masa encefálica y penetrar en el cerebro.Muchas veces el impacto es mortal. Esto quiere decir que la víctima del disparonecesariamente se va a morir. Su destino está sellado. Es irreversible.La pregunta es: cuándo morirá. Tardará dos segundos, cinco, diez, un minuto, dos,cinco, diez?.Mientras tanto, el cuerpo se convulsiona. El sistema nervioso sigue actuando como situviese vida propia. Los esfínteres, a veces, se descontrolan.Ese cuadro de muerte todavía sigue dando señales de vida.Para el asesino no es lo mismo retirarse de la escena del crimen con la víctima muerta,que con la víctima muriéndose. Los muertos ni hablan ni escriben. Los moribundos,jamás se sabe.Recuerdo, hace años, que la viuda de un coronel cayó de un séptimo piso a la calle enpleno centro de la Capital. Murió pocos segundos después. Pero antes de morir llegó asusurrar unas palabras que alcanzaron a escuchar los ocasionales testigos que seacercaron a socorrerla: “fue el suboficial mengano, fue el suboficial mengano…” dijo yno dijo más.Pero esas últimas palabras sirvieron para individualizar al asesino.Si después de recibir el primer disparo la víctima se mueve y también se siguemoviendo después de recibir el segundo, es muy probable que el asesino, más aún siestá apremiado por huir, continúe disparando todos los proyectiles de su arma hasta queescuche el “clic” del percutor cuando ya no percute nada.En este caso se dispararon seis balazos, porque ésa es la munición total del armautilizada, un revólver calibre 32. Si el asesino hubiese disparado con una pistola FM9mm, que carga catorce proyectiles, es muy probable que la víctima hubiese recibidocatorce impactos de bala.
  30. 30. 30Acá no hay un “te mato, te remato y te vuelvo a matar” propio del crimen pasional, sinola necesidad del asesino de partir dejando tras de sí un cadáver inmóvil que ya no lopudiese inculpar.Convengamos que ésta es otra alternativa valedera, que no debemos ni podemosdescartar.
  31. 31. 31 CAPITULO VII EL CRIMENAhora trataré de introducirme dentro de la escena del crimen.Quiero saber y sin duda ustedes también, qué pasó o qué pudo haber pasado esa nocheen el Carmel.Creo que tan importante como eso, es saber además que no pasó o que no pudo haberpasado ese 27 de octubre de 2002.Reitero una vez más que al no contar con pruebas directas, deberemos manejarnosteniendo en cuenta la lógica, la razón, lo que sucede de ordinario según el curso naturalde las cosas, poniéndonos en el lugar de los actores y de modo alguno tratar de armar unrompecabezas para que la figura armada calce en el molde que diseñamos de antemano,para satisfacer nuestros deseos, prejuicios o sospechas.Si partimos del presupuesto de que el asesino es inteligente, sagaz, astuto, hombre demil recursos, no podemos a renglón seguido travestirlo en incapaz, idiota y torpe, con elúnico propósito de que las cosas cierren como es necesario que cierren para poderarribar adonde ya habíamos decidido llegar, más allá de cualquier evidencia o razón.Como veremos en el capítulo siguiente, todo permite pensar que tanto el fiscal como losjueces incurrieron en esos vicios y así construyeron una versión de los hechos que esfuncional con la solución que ellos, por las razones que enseguida habremos de verresolvieron darle al caso.Tomaremos al crimen como si éste fuese un cuerpo inerte y desnudo, colocado sobre lafría mesa del forense.Escalpelo en mano comenzaremos con la disección.Ya dijimos que los homicidios pueden ser clasificados en dos categorías: a) compulsivos o no premeditados, y b) premeditados..En consecuencia, deberemos separar cuidadosamente un supuesto del otro. Primer corte.Ya expliqué antes de ahora que en los casos de homicidios premeditados todos los pasoshan sido analizados, sopesados y decididos con anterioridad al asesinato y, por tanto, almomento del crimen lo único que resta es ejecutar.
  32. 32. 32Por el contrario, cuando se mata en forma compulsiva, es con posterioridad a laejecución que el autor o autores deben planificar y decidir todos y cada uno los pasosque habrán de darse de ahí en adelante.El manejo de los tiempos será totalmente diferente en uno u otro supuesto, comodiferente será la aptitud de su autor para analizar y ponderar alternativas o para adoptardecisiones.En el primer caso, en la etapa de la planificación se actuará en forma serena, sinapremios de tiempo y sin el impacto emocional del hecho físico de la muerte.En el segundo, todo transcurrirá en forma turbulenta, bajo la presión de la aguja delreloj y bajo la mirada de unos ojos inertes que ahora miran sin ver.No podemos ni debemos olvidar que en el homicidio premeditado, el asesino asumió lamuerte con anterioridad a su ejecución, la valoró y decidió materializarla.Muy por el contrario, en el crimen compulsivo la muerte cae sobre su autor, con suimaginable carga emocional.En cada una de esas dos categorías, el asesino puede haber actuado solo o con laparticipación de cómplices primarios o secundarios. Segundo corte.Así como el hecho de que se trate de un homicidio compulsivo o premeditado aparejadiferencias importantes, tanto a la hora de su materialización como a la del análisis delcrimen, la participación de cómplices también nos enfrenta a escenarios diferentes.Vamos a ver más adelante que según sean los cómplices unos u otros, distinto será elmomento a partir del cual Carrascosa pudo comenzar a transitar lo que he dado enllamar el camino de la muerte.También la existencia de cómplices puede facilitar y reducir tiempos en lamaterialización de las tareas que debieron llevarse a cabo después de consumado elhomicidio.Pero la participación de dos o más personas importa un condicionamiento en el caso delhomicidio compulsivo. En esta hipótesis, ni Carrascosa ni sus cómplices fueron a matara María Marta. No había intencionalidad de matarla, por tanto su muerte es la resultantede una discusión o de un hecho semejante que desencadenó en ellos una suerte deataque de ira colectivo que quebró sus frenos inhibitorios y los llevó a pasar, en uninstante, del diálogo al crimen.Que una palabra, un gesto o una mirada, tengan la aptitud de generar semejante reacciónen más de dos personas al mismo tiempo, es un hecho difícil de concebir no sólo en elmundo real, sino incluso en el más amplio de la ficción, si se pretende que ésta sea eso yno un delirio disfrazado de obra literaria.Dejaremos el escalpelo a un costado y tomaremos nuestro reloj. Sí, nuestro reloj, porqueahora vendrá, ineludiblemente, la hora de los tiempos.
  33. 33. 33El tiempo es el gran condicionante de este crimen. No es un tiempo, son dos tiemposdiferentes que deben jugar armónicamente y con la perfección de un mecanismo de altaprecisión.Por eso mi reloj cuenta ahora con dos cronómetros.Un cronómetro nos marcará a partir de qué hora y hasta que hora Carrascosa y suseventuales cómplices pudieron recorrer el camino de la muerte.Llamo camino de la muerte a todos y cada uno de los pasos que fueron necesariosrealizar antes de los disparos y después de éstos para enmascarar el homicidio como sifuese un accidente.Un segundo cronómetro medirá, segundo a segundo, el tiempo que pudo demandar laejecución de esos pasos.Las páginas siguientes estarán tocadas por un conjunto de sonidos que transportarán allector al mundo ferroviario, tan plagado de silbatos, pitos y campanas.Su lectura se asemejará, irremediablemente, a la lectura de un denso diálogo entre unguarda y un motorman que discuten acaloradamente por minutos y segundos acerca delhorario en que pasó o dejó de pasar la locomotora por la estación.También soy consciente de que los detalles y las precisiones de tiempos cansan yaburren al lector o, al menos, me cansan y aburren a mí.Pero acá no estamos haciendo ficción, donde podríamos prescindir de semejantefárrago, sino tratando de determinar la posibilidad de que una serie de hechos, que hedado en llamar el camino de la muerte, se hayan podido materializar dentro de untiempo determinado.Ya que los aturdiré con silbidos, pitos y campanas, cada tanto, para amenizar, lespermitiré sentir los soplidos de un loboSí, han leído bien. Los soplidos de un lobo. He creído conveniente enfrentar lasacusaciones del fiscal al astuto perro salvaje, quien previamente ha sido encadenadopara evitar bajas en el ministerio público. El se limitará a rebatirlas con la fuerza de suspulmones.No me parece correcto llamar lobo al lobo como tampoco al hombre por su apelativogenérico. Por tanto lo bautizaré y el lobo, de ahora en más, se llamará Atila.Antes que nada quiero decirles que después de escribir los párrafos precedentes, sentíque rondaba en mi memoria un recuerdo lejano, donde un abogado destruía consoplidos los argumentos de la otra parte y seguramente me inspiré en él para escribiresas líneas. Los recuerdos, que al comienzo se mostraban opacos, poco a poco se fueron aclarandoy así tuve la certeza de que el autor de esa idea genial no había sido otro que el doctorMario A. Oderigo, uno de los más grandes abogados penalistas de la Argentina. Busqué
  34. 34. 34un libro en mi biblioteca y allí encontré su obra “El Doctor Baturros y Otros Escritos”,donde bajo el título “Soplando Espero”, nos enseñó como derribar con un complejosistema de soplidos los argumentos de su contraparte.Lamentablemente hace mucho que Oderigo nos dejó y con él se fue su inteligencia, sutalento y su estilo único para expresarse ante la justicia.Por eso no puedo pedirle permiso para utilizar sus soplidos, así que los tomaré por micuenta y riesgo con la formal promesa de darle las explicaciones del caso cuando nosvolvamos a encontrar.Además de sus soplidos, Atila nos ayudará con sus gestos. Así por ejemplo cuando unhecho resulte palmariamente absurdo o improbable, él agitará su cola de derecha aizquierda como si fuese el péndulo de un reloj. Si, por el contrario, se tratase de unargumento de peso, difícil o imposible de rebatir, Atila nos dejará escuchar sus agudosaullidos.Ahora comenzaré a analizar las cuatro alternativas posibles del crimen de María MartaGarcía Belsunce, partiendo del supuesto de que su marido ha sido el autor o encubridorde aquél.Así como en los “Tres Mosqueteros” Alejandro Dumas nos presenta cuatro personajescentrales y no tres, aquí las cuatro alternativas serán seis y no cuatro, por las razonesque pronto habrán de descubrir.A HOMICIDIO COMPULSIVO CON PARTICIPACIÓN DE CÓMPLICES.Los cómplices de Carrascosa pudieron ser Guillermo e Irene Bártoli, o personas ajenas aellos. Nuevo corte.Este corte es indispensable y de aquí resulta que las alternativas sean seis y no cuatro,ya que según se trate de una u otra de ellas, el inicio de lo que dí en llamar el camino dela muerte será distinto.Recuerden que tanto Carrascosa como los Bártoli declararon que ellos estuvieron juntosen la casa de éstos hasta las 18.50/18.53, es decir, hasta pocos minutos después deproducirse a las 18.47 el gol de Independiente.Pero si los Bártoli hubiesen integrado el grupo homicida, el tiempo del camino de lamuerte se vería notablemente ampliado, pues la coartada que sitúa a Carrascosa a las18.50/18.53 en la casa de aquéllos se desmoronaría y permitiría que lo ubicásemos en lapuerta de su propia casa a las 18.25/ 18.27.
  35. 35. 35Esto es así, ya que ante la caída de esa coartada deberíamos retroceder hasta la últimahora en que Carrascosa y los Bártoli cuentan con una excusa inexpugnable.Como ustedes recordarán, en la reseña de los hechos que rodearon al crimencomentamos que la tarde del 27 de octubre, Carrascosa, Bártoli y un grupo de personas,se reunieron en la casa de este último para ver el clásico.También dijimos que a las 18.07 terminó el partido de River vs. Boca y poco después,entre las 18.10 y las 18.13 se retiraron de la casa María Marta, que lo hizo en bicicleta yDiego Piazza y Delfina Figueroa que fueron acercados por Bártoli hasta su domicilio.Bártoli debió llevar a Piazza y a su novia y regresar.Si tomamos como hora de la partida de Piazza la más desfavorable para Carrascosa, eseir y volver de Bártoli pone las agujas del reloj, aproximadamente, a las 18.17. Tresminutos y medio para ir y otros tantos para volver.No se olviden que en esta hipótesis no nos encontramos frente al complot criminalpremeditado, sino ante la muerte meramente compulsiva.Por tanto no es dable pensar que Carrascosa e Irene Bártoli estuviesen esperandoansiosos la llegada de Guillermo en la vereda, para subirse a su auto y correr a casa deMaría Marta para matarla.Esto, necesariamente, nos llevará a sumar el tiempo durante el cual ellos tres decidieron,Dios sabrá por qué y para qué, trasladarse a lo de Carrascosa.¿Cuánto tiempo pudo llevar ese pequeño cónclave?.¿Cuánto tiempo pudo llevarle a Irene, que estaba recostada en su cama, alistarse parapartir?.Creo que hablar de cuatro o cinco minutos, es un lapso que podrá pecar por breve, perono por excesivo.Eso nos colocaría, como ya dije, en el umbral de Carrascosa a las 18.25/18.27.¿18.25 o 18.27?Ya he dicho que en todos los casos en que haya estimado o establecido que un hechopudo llevarse a cabo entre dos espacios de tiempo, siempre tomaré, para limitar almáximo mi margen de error, aquél que resulte más desfavorable para Carrascosa. 1. LOS COMPLICES FUERON LOS BARTOLI.
  36. 36. 36Analizaré esta alternativa desde dos ángulos: el de los tiempos y el de la lógica y elsentido común.Hablar de los tiempos nos obliga a distinguir entre dos tiempos distintos. Mis tiempos ylos tiempos del fiscal.Según mi versión de cómo pudieron haber sucedido los hechos, el camino de la muertehabría comenzado entre las 18.25 y las 18.27.Para el fiscal, que parte del mismo punto inicial del que parto yo, pero que ubica aCarrascosa en el Club House antes de llegar a su casa, el camino de la muerte,necesariamente, habría comenzado más tarde.Por otra parte, los pasos que a mi juicio recorrieron el camino de la muerte, excluyentanto el uso de pegamento para el maquillaje de los orificios de bala, como el lavado delas paredes de la planta baja y de la escalera, que sí forman parte de los pasos del fiscaly de la Cámara de Casación.Esto es así porque en el capítulo VIII, al analizar los indicios incriminatorios,demostraré que no se usó pegamento y que Carrascosa y sus eventuales cómplices nolavaron esa tarde las paredes de la planta baja y de la escalera.Por tanto, también en este aspecto, mis tiempos y los tiempos del fiscal son diferentes.Es decir, en ambos supuestos, los tiempos del fiscal son más favorables para Carrascosay los Bártoli que los míos.Si yo me limitase a alegar como alega un abogado defensor, tomaría para este análisisexclusivamente la versión del fiscal, ya que ella es, en este punto, la más convenientepara Carrascosa. Pero como dije en un comienzo y lo reitero, estoy tratando, junto conustedes, de indagar la verdad. Por esa razón, meto mis narices en todos los rincones.MI VERSION DE LOS HECHOSEl camino de la muerte se habría comenzado a recorrer a las 18.25 y la hora límite deCarrascosa estaría marcada, demasiado ajustadamente, a las 18.57, ya que de ese modoéste contaría con el escaso margen de tres minutos para salir de su casa, subir al auto,partir, dar una vuelta y regresar antes de las 19 cuando fue visto arribar por el vigiladorOrtiz, quién se encontraba allí para comunicar personalmente la presencia de lamasajista en el country, dado que en la casa de Carrascosa nadie respondía a losllamados de teléfono que hacían desde la guardia.
  37. 37. 37Debo aclarar que ese encuentro entre Carrascosa y Ortiz se habría producido entre las18.55 y las 19 pero, por las razones apuntadas precedentemente, he tomado la horamenos favorable para aquél.Son 32 minutos. 32 minutos. ¿Parece un título de Alfred Hitchcock, no?.Ha llegado el momento de tomar nuevamente el bisturí para ir cortando todas y cadauna de las capas que necesariamente revistieron el crimen.Después volveremos a dejar a un lado el filoso escalpelo y será otra vez el reloj el quenos permitirá cronometrar los tiempos.El camino de la muerte, según mi versión de los hechos, fue transitado por todos y cadauno de estos pasos: a) comenzar un diálogo b) elevarse su volumen c) llegarse al climax d) desencadenarse la furia colectiva e) librarse la pelea f) buscar el arma g) dispararle a María Marta h) discutir entre cómplices los pasos a seguir y sus coartadas i) adoptar decisiones j) colocar el cadáver en el piso del baño k) limpiar las manchas de sangre l) lavarse m) cambiarse de ropa n) partirComo puede verse no he contemplado entre estos pasos ni el maquillaje del cadáver conpegamento ni el lavado de las paredes de la planta baja y del primer piso, que sí serántenidos en cuenta al contemplar la hipótesis del fiscal.Como María Marta iba a su casa para bañarse antes de recibir a la masajista a las 19, lomás probable es que a las 18.25 ya estuviese en la bañadera.Pero vamos a admitir, ya que también eso es posible, que cuando las visitas llegaron asu casa ella aún no hubiese ingresado al baño.Vamos a admitir también, pues también eso es posible aunque no seguro, que para eseentonces María Marta ya hubiese llenado la bañadera.Hago estas aclaraciones, ya que sí los asesinos la hubiesen sorprendido en el baño, eldiálogo y la discusión de la muerte se hubiese tenido que desarrollar entre aguas yjabones, lo que no sólo suena a absurdo, sino que el cadáver de María Marta hubieseestado desnudo y totalmente mojado y, como es sabido, ella fue vista por la masajista,por los médicos, paramédicos, Piazza y los demás asistentes al velorio, vestida con lasropas deportivas que había usado esa misma tarde, humedecidas en parte.
  38. 38. 38De no haber sido así, a todos los pasos señalados sería necesario adicionar el de secar elcuerpo y vestirlo, del mismo modo que de no haber llenado María Marta la bañaderaantes del arribo de las visitas, también habría que sumar ese paso a las tantas accionesque se debieron llevar a cabo al recorrer el camino de la muerte. Piénsese que sólo elllenado de la bañadera insumiría, cuanto menos, 8 minutos.Como podrán observar, trato de actuar con la mayor objetividad posible, sin recoger laspiedras que encuentro en el camino para rellenar mis agujeros, ni mucho menos paracascotear al fiscal.Como en esta hipótesis se trata de un crimen grupal y compulsivo –no premeditado- enforma inmediata al arribo del grupo se debió entablar, como es lógico y natural, undiálogo entre María Marta y sus visitas.María Marta, Carrascosa o los Bártoli dijeron una palabra o una frase que desencadenóla discusión y la discusión aumentó de tono.De repente, en forma espontánea, Carrascosa y sus cuñados, al mismo tiempo, se vendominados por la ira. Patinan sus frenos inhibitorios y todos ellos se transforman, encuestión de minutos, de pacíficos ciudadanos en feroces y encarnizados criminales quegolpean a María Marta.Al comienzo la golpean con sus manos o lanzándole objetos contundentes, como deordinario sucede en los arrebatos impulsivos.Luego con el atizador, y, finalmente, después de buscar un arma que afortunadamenteno se encontraba registrada a nombre de Carrascosa, la matan, disparándole seisbalazos, de los cuales cinco penetran en su cabeza y el restante rebota y se pierde,convirtiéndose en el famoso “pituto”.¿Qué pudo haber desatado esa ira loca y compulsiva?Les pido que se tomen un momento para sentarse y reflexionar.Traten de imaginar la escena.Un grupo de personas se reúne para conversar o para tomar café una lluviosa tarde dedomingo.Hagan un esfuerzo y exijan al máximo su imaginación. Si quieren divagar divaguen, siquieren construir hipótesis fantasiosas, constrúyanlas.Ahora, díganme, ¿cuál fue la palabra mágica que desató al león enjaulado, al animalferoz que reposaba oculto dentro de cada uno de los atacantes?.Para que a tres personas que son familiares y amigos de la víctima se les genereespontáneamente una reacción compulsiva y mancomunada que los lleve a saltar sobreella, golpearla, buscar un arma y dispararle seis tiros en la cabeza, es necesario concluirque se debió tratar de una discusión muy pesada, que excede en mucho las pasionespropias que pudo provocar el resultado del clásico.
  39. 39. 39Recuerden que el grupo no iba a matar, sino sólo a conversar, tomar café o vertelevisión y, por tanto, fue algo que se dijo en esa conversación lo que convirtió a trespersonas en tres fieras salvajes que atacan, golpean y no contentos con eso, le pegan seistiros en la cabeza a quien los contradice o agrede con sus palabras, gestos o miradas.Francamente gozo de una imaginación bastante frondosa, pero en este caso confieso queno logro encender la chispa.¿Qué pudo haber pasado para que una reunión entre parientes concluyese con unhomicidio colectivo?.¿Les suena poco creíble, no?.Casi los estoy escuchando sugerirme que deje esta alternativa de lado y pase a lasegunda hipótesis.Pero daré una vuelta de tuerca para bucear en aguas más turbias y profundas.Es posible que Carrascosa y los Bártoli no hayan concurrido a tomar café y conversarsobre trivialidades.Tal vez fueron a increpar a María Marta por un tema concreto. Pero quede claro quematarla, en esta hipótesis, de modo alguno formaba parte de sus planes.¿Qué pudo haberlos llevado a hacer un planteo concreto y urgente, cuando sabían queen pocos minutos más la conversación sería interrumpida por la llegada de la masajista?.¿No era más razonable conversar sin esa limitación temporal después del masaje?.Todo esto indica que la hipótesis que analizamos, es más teórica que real.Atila deja sentir sus aullidos.Pero si bien este crimen producto de la compulsión homicida que desató una palabra ouna frase, que sin exagerar he dado en llamar mágica, no luce como probable, nuestratarea de analistas ceñidos por convicción y decisión a un método científico, nos exigetratarlo dentro de la categoría de los hechos no probables pero posibles.Por eso, pese a todo, trataremos de pescar en la arena.A algunas lenguas filosas hemos escuchado decir que María Marta tenía preferenciassexuales diferentes y que su sobrina, la hija de los Bártoli, no sería ajena a talespreferencias.Entonces la hipótesis de trabajo sería que los Bártoli le plantearon el hecho a MaríaMarta, ella lo admitió sin más y allí a Irene y a Guillermo se les soltó la cadena y laatacaron.
  40. 40. 40Reitero que todo esto no me resulta convincente y arriesgo a pensar que a ustedestampoco.La hipótesis de la corrupción sexual no ha sido sostenida, siquiera invocada por el fiscalde la causa, que no ha mostrado reparos de ninguna naturaleza en afirmar cualquierdespropósito en su afán de llevarse puesta a “la familia”, como a él le gusta llamarlapara individualizar a su objetivo y para darles una pátina mafiosa funcional a susaventuradas teorías.Creo que ésta es una de las más grandes canalladas que cierta parte de la sociedadargentina lanzó para avivar el fuego y regodearse con versiones perversas, sin advertirque lo único perverso vivía dentro de ellos.Simplemente lo planteo porque el tema ha rodado por las mesas de bridge y en loscócteles del verano y también porque la hipótesis que analizamos requiere de unestímulo demasiado fuerte para desencadenar las acciones que terminaron con la muertede María Marta.Pero convengamos que no obstante que descarto de plano tamaña felonía, sólo un hechode proporciones similares, que excediesen en mucho cualquier simple diferendo ocontroversia, pudo ser capaz de arrojar semejante resultado.Aún así cabría preguntarse cómo se explicaría en este supuesto la reacción del marido,que según la decisión judicial es él y no otro, el autor principal del homicidio.Ya no hablamos de los padres, que ante la confirmación de la existencia de una extrañarelación que involucraba a su hija perdieron los frenos inhibitorios –justamente eso quenos distingue de los animales- y en un estado de convulsión lindante con la locuraemprendieron a golpes con su hermana, sino de un tío político de la afectada que secontagió de la locura familiar y no dudó en buscar un arma y matar a tiros a su propiamujer.Nuevamente les pido que reflexionen un minuto y que piensen si todo esto les pareceprobable, o si más bien les suena poco creíble.Pero como debemos concluir con nuestro análisis, vamos a admitir, aún por vía dehipótesis, que tuvo que existir una fuerte discusión que despertó simultáneamente entres personas una furia incontenible que los llevó a matar a golpes y a tiros a quien erasu mujer, hermana y cuñada.No me atrevería a plantear un caso semejante en una obra de ficción, porque no leresultaría creíble a mis lectores.Pero regresemos a las 18.25.El trío que en pocos minutos pasará del papel de pasivos televidentes al de furibundoshomicidas, ingresó a la casa.María Marta los escuchó y seguramente sorprendida bajó las escaleras.
  41. 41. 41Nada impediría, por cierto, que en mérito a la confianza e intimidad que mediaba entreambos matrimonios, la tertulia se hubiese desarrollado en el dormitorio.Las agujas del reloj continúan avanzando. ¿18.26, 18.27?.Comienza una conversación que en un momento llega a su clímax con el despertarsúbito de la violencia colectiva.¿Cuánto tiempo pudo haber durado ese diálogo?.¿En 4 o 5 minutos una conversación puede pasar del saludo a la irritación total?Pongamos el cronómetro. Calculemos 4 o 5 minutos. ¿Demasiado poco, no?Habrán sido 10, tal vez 15?.Me inclinaría por una discusión larga, borrascosa, plagada de llantos e insultos,interrupciones, réplicas y contrarréplicas. ¿20, 30 minutos?.Prácticamente la hora de la llegada de la masajista se nos cae encima. Pero a Carrascosay a los Bártoli todavía les queda mucho por hacer.¿Cuánto tiempo pudieron demandar la lucha, los golpes de puño, del atizador, la buscadel arma y, finalmente, el concierto de disparos?.¿1 minuto, 2?. Tomen el reloj. ¿Les parece posible?. Sin duda que no. ¿3?.Sin que la muerte de la mujer, hermana y cuñada les haga mella, como si en su vida nohubiesen hecho otra cosa que matar, deliberan frente al cadáver.Las agujas del reloj siguen avanzando. Ellas no se detienen para esperar el resultado delos conciliábulos.Muchas son las cosas para analizar, discutir y decidir: a) abandonar la escena del crimen y mantenerse juntos, dándose recíproca coartada, o tratar de disimular el homicidio para hacerlo pasar por un accidente doméstico?. b) de optarse por la segunda de las alternativas expuestas en a), era necesario analizar si resultaba posible disimular seis balazos en una nuca sangrante y cuál era la mejor forma de llevarlo a cabo. c) cómo conseguir que su maquillaje no fuese descubierto por los médicos que acudirán a revisar el cadáver para expedir posteriormente el certificado de defunción?. Es posible que este obstáculo pensaran superarlo consiguiendo un certificado de favor, pero, como ya se verá, esa variante en ningún momento estuvo en la mira de los asesinos. d) Qué hacer con la masajista que a esa hora estaba a punto de llegar al country como todos los domingos?. Negarle la entrada con la excusa de que María Marta había sufrido un accidente y que estaban esperando al médico o dejarla pasar, como efectivamente sucedió?. En este caso, cómo se aseguraban de que la mujer
  42. 42. 42 a quien pusieron a hacer tareas de resucitación, no advirtiera los balazos que ellos pretendían ocultar?. e) Cómo evitar que los médicos diesen intervención a la policía y el fiscal solicitase una autopsia, por tratarse el accidente doméstico de una muerte dudosa?. f) Cómo limpiar la escena del crimen antes de que ingresase la masajista y los médicos que ellos mismos llamaron para que atendieran a María Marta?. g) Cómo huir antes de que llegase la masajista, sin ser vistos por ningún vecino?. A esa altura de los acontecimientos también era necesario que ellos tuviesen la certeza de un hecho imposible de controlar. Que nadie hubiese visto el auto de Carrascosa estacionado frente a su casa, ya que con él se hubiese delatado la presencia de éste antes de las 19, que es la hora en que él dice que llegó a su domicilio y así lo abona el vigilador Ortiz que en ese momento se encontraba en la puerta de aquél. Alguien podrá decir que tal auto no existió, porque Carrascosa y sus cuñados fueron caminando desde la casa de éstos. No olvidemos que ellos no fueron a matar, sino simplemente a conversar de bueyes perdidos o, en el peor de los supuestos, a pedir explicaciones o a discutir un hecho concreto. En ese caso no se explicaría que hayan hecho caminando bajo la lluvia el trayecto que habitualmente hacían en automóvil. Por otra parte, de haber sido así, debería tenerse presente que el cálculo de tiempo de traslado efectuado más arriba, que situaba a los asesinos llegando a casa de María Marta a las 18.25, debería ser incrementado en diez minutos, lo que entonces nos llevaría a las 18.35 y reduciría notablemente el ya reducido lapso para reunirse, discutir, golpear, matar, deliberar, limpiar y huir. Como esa reducción de tiempo excluye totalmente la posibilidad de esta alternativa, para poder continuar con su desarrollo y agotar así todas las posibilidades fácticas, partiremos del presupuesto de que asumieron el riesgo comentado y tuvieron la fortuna de que ningún vecino ni vigilador advirtiese el automóvil de Carrascosa, lo que es francamente difícil. Atila mueve la cola.¿Cuántos minutos puede haber demandado el análisis, discusión y decisión de cada unode estos items?.Piensen por un segundo que no se trata de personas como nosotros, que tratan el temacon serenidad y con asepsia de cirujanos en el living de su casa o en la mesa de un bar.Se trata de tres personas que no fueron allí para matar, pero que algo los exaltó almismo momento y terminaron matando a la mujer, hermana y cuñada.

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