Peatones y ciclistas furiosos

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  • 1. Peatones y ciclistas furiosos El número de ciclistas en Santiago ha crecido notablemente. Aunque no existen datos precisos, es cosa de mirar en las calles. Se habla de ciclovías colapsadas, de talleres cada vez más solicitados y de estacionamientos llenos en edificios residenciales y de oficinas. Pero también se habla de gente pasada a llevar por ciclistas y peatones furiosos injustamente molestados por una bicicleta en la vereda e incluso de personas que ya odian a quienes usan este medio. Sí, gente que odia esos stickers que dicen “Un auto menos”. ¿Quién no puede estar a favor del uso de la bicicleta? Por los motivos de salud más elementales o porque se trata del medio de transporte más eficaz en lugares de distancias pequeñas. Se agradece la ayuda que entrega al medioambiente y es una herramienta de diseño casi perfecta. Además, nadie puede aplaudir la indiferencia casi criminal de los municipios respecto de entregarles vías exclusivas a los ciclistas para que se muevan con seguridad por la ciudad y no mueran atropellados por micros o autos. Hay verdaderos mártires y todos debiéramos presionar para que exista un respeto vial al ciclista y a su bicicleta. Los parlamentarios y el gobierno tendrían que proponer leyes; la autoridad debiera pensar y ejecutar una reforma al sistema vial e incorporarlos, con derechos y deberes. En la “batalla por las calles” no hay tregua. En las calzadas, los autos y las micros provocan accidentes todos los días; y en la vereda los ciclistas han ido ganando su espacio sobre ellas, pero con una prepotencia temeraria. ¡Las usan como si fueran pistas de carrreras! Los transeúntes, a la larga, tendremos que salir a marchar (como se estila ahora) para reconquistar un derecho que no sé en qué minuto se perdió. Las veredas son para los furiosos peatones Las bicicletas son un vehículo y deben circular por la calle. Si a ud. le da miedo que los motorizados pasen a gran velocidad a su lado, puede escoger calles con tránsito reducido. De todas formas, insistimos, una de las demandas e idea que debemos traspasar a nuestros representantes en el poder es: disminución de velocidades máximas. El problema, finalmente, son dos: que los ciclistas urbanos pertenecen a la ciudad, pero la ciudad los evita y los aliena. Y que vivir y moverse dentro de un lugar lleno de caminos implica respeto y un poco de buena educación.