Conquistado por la pasion

3,405
-1

Published on

0 Comments
1 Like
Statistics
Notes
  • Be the first to comment

No Downloads
Views
Total Views
3,405
On Slideshare
0
From Embeds
0
Number of Embeds
0
Actions
Shares
0
Downloads
62
Comments
0
Likes
1
Embeds 0
No embeds

No notes for slide

Conquistado por la pasion

  1. 1. Conquistado por la pasiónHighlander de fuego 1 Una novela escrita por Mariola y Adela
  2. 2. Queremos agradecer a todas las que con vuestro apoyo, hicisteis posible que la historia de Niall yBrianna cobrase vida, porque sin vuestras palabras de ánimo no hubiese sido lo mismo.Aunque ellas saben quienes son, no queremos dejar de nombrarlas aquí, ya que fuisteis, y seréis, muyimportantes para nosotras.Damos las gracias de corazón a Maribel, Mara, Sabry, Yrex, Firiel, Maria, Johan, Amami, Judith,Ithaisa, Sandra, Andy, Ana, Kathy y Sonia.¡Sois las mejores!Sinopsis:Niall McInroy, conocido por todos como “El Lobo”, es un hombre duro y frío, acostumbrado a darórdenes y ser obedecido. Jefe del clan por el fallecimiento de su hermano, se ve obligado por unaalianza a desposarse con una desconocida, mientras ama a otra mujer, y a la que jamás aceptará comosu señora.Brianna es una mujer dulce que fue arrancada de su hogar, para convertirse en la esposa de un hombrerudo, que desde el principio demuestra su rechazo por ella. Condenada a la soledad por un pueblo quela ve como una intrusa. Mas a pesar del papel que rige su vida, el miedo que le infunde su esposo y delas trampas que se encuentra por el camino, no está dispuesta a rendirse ante la adversidad.¿Podrá Niall sentir algo más que un desgarrador deseo y llegar a amarla reconociéndola como suesposa?¿Será capaz Brianna de ganarse el corazón de su gente y domesticar al Lobo conquistándole con supasión? 2
  3. 3. PrólogoLos vastos campos se extendían más allá de lo que abarcaba su vista. Brianna alzó los ojos y semaravilló al contemplar como el sol de julio iluminaba y calentaba aquel espléndido paisaje, todos lostonos de verde del mundo se desplegaban ante ella, aquella tierra salvaje que se convertiría pronto ensu hogar era sencillamente preciosa, las montañas que habían ido haciéndose cada vez más altas seelevaban cubiertas por un manto verde más oscuro, los valles brillaban con ese verde esmeralda,salpicados por los amarillos, los violetas, los blancos y los rosados de las innumerables flores, grandesy diminutas, que crecían libres en la naturaleza. Inmensos bosques con árboles tan grandes y tan altos,que parecían querer llegar a ese cielo azul limpio de nubes, bordeaban el camino que la llevaría hastala casa del que sería su esposo.Brianna detuvo su montura y volvió a recorrer con los ojos aquellas tierras hermosas. Cabalgaron casisin descanso durante 5 días, abandonó su hogar, su refugio, en compañía de los seis leales hombresque su padre dispuso para que la acompañaran, esa había sido su compañía por casi una semana, seishombres poco habladores y un carro con dos baúles, uno con sus pocas pertenencias y otro con partede su dote, seis hombres que reprimían sus soeces conversaciones por no intimidarla, les miró y lessonrió, eran fornidos, de cuerpos musculosos y preparados para la lucha, se sentía segura con ellos,sabía que darían su vida por protegerla si tuvieran que hacerlo, que morirían por defenderla sinpestañear.Se movió sobre su yegua torda, suspiró y la azuzó para seguir su camino.Brianna se perdió en sus pensamientos, mientras llenaba sus pulmones de aquel aire limpio y fresco,se secó las pequeñas gotas de sudor que cubrían su frente insistentemente, aunque era verano no hacíademasiado calor y por la noche aún refrescaría más. No, no era por el calor por lo que estaba sudando,eran los nervios que un rato antes comenzaron a atenazarle el estómago, unas horas más, en apenasunas horas más, conocería al hombre que la convertiría en su esposa con todos los derechos, unhombre del que se decía que era frío y despiadado, que mataba a hombres, mujeres y niños por igualsólo para saciar su sed de sangre, un involuntario temblor le recorrió la espalda, sólo esperaba queNiall McInroy, al que llamaban “El Lobo”, se apiadara de ella.Uno de los hombres se acercó y le señaló algo con la mano, ella alzó la vista y siguió con los ojos aqueldedo, se quedó sin aliento, cortando el paisaje se dibujaba la silueta del castillo Dà Teintean, aunqueno era muy grande, o no tanto como el de su padre, no dejaba de ser majestuoso. Dà Teintean estabasituado en lo alto de una rocosa colina, la piedra negra de sus muros brillaba allí donde el sol logolpeaba, una única torre recortaba el cielo, Brianna suspiró y un mal presentimiento la llenó depronto, aquel castillo no iba a ser su hogar, sino su prisión. Bajó la vista al inmenso bosque que seextendía a sus pies y que todavía debían cruzar antes de llegar a los brazos del que sería su marido.No quería llorar, pero una furtiva lágrima escapó de sus ojos, mientras cabalgaba en silencio entre losárboles. De pronto sus hombres la rodearon, formando un circulo a su alrededor, dándole la espalda ysacando sus espadas con movimientos rápidos y ágiles, parpadeó sorprendida por aquella reacción,pero cuando aparecieron los desconocidos armados de entre los árboles comprendió, había estado tanabsorta en sus pensamientos que no se dio cuenta que los estaban vigilando, se recriminó así mismapor ser tan estúpida, uno de aquellos inesperados visitantes se adelantó, lo mismo que uno de sushombres, después de hablar unos minutos, su escolta se dirigió hasta ella.-No os preocupéis señora -le dijo-, son los hombres de vuestro prometido, han venido paraacompañarnos hasta vuestro nuevo hogar.Ella miró al grupo de hombres que la miraban con insistencia y se sonrojó, asintió haciendo un levemovimiento con la cabeza, en un segundo se vieron rodeados por aquel grupo formado por unos veintehombres fuertes y casi salvajes que los guiaban, entre pinos, abetos y helechos, directa al infierno. 3
  4. 4. Capítulo 1Niall se levantó del lecho, tomó su copa con cerveza y le dio un largo trago, alzó la piel que cubría laventana con pereza y deslizó la mirada por el exterior cansadamente.Todo lo que abarcaba su vista, esas extensas praderas plagadas de brezos que las salpicaban con suvariedad de colores, esas casas de techos de paja en las que habitaban familias que eran como sufamilia, el ahora tranquilo río, el lago que brillaba como un espejo y el hogar que le vio crecer, todo eso,ahora era suyo.Apenas unos meses antes perteneció a su desafortunado hermano mayor, Aidan el Laird del clanMcInroy, pero había fallecido debido a una trágica caída del caballo. Sonaba ridículo, porque suhermano aprendió a cabalgar casi antes que andar, pero el destino quiso que muriese de aquel modo,un semental desbocado, una piedra contra su cabeza que lo tuvo postrado entre los dos mundosdurante unos días, era su sino y no pudieron hacer nada por salvarle.El Laird Niall McInroy, ese era él ahora. Un hombre duro y frío que no se dejaba doblegar por nadie,excepto quizá por ella. La viuda de su hermano, Muriel. La mujer que hubiese querido convertir en suesposa, si no fuese, de nuevo, cosa del destino un sueño imposible. Sólo ella era capaz de calmar a Niall"El Lobo" como se le conocía entre amigos y enemigos, un lobo en las batallas y un lobo por su malgenio, que despertaba con facilidad si veía alguna injusticia o no se cumplía su voluntad, su aspectotambién ayudaba, sus 1.90 venían acompañados de un gran y poderoso cuerpo, listo para aplastar aquien se le pusiera por delante, sin siquiera pestañear. Su mejilla estaba surcada por una terriblecicatriz, que no lograba disminuir la belleza de su rostro, por el contrario la acentuaba, dándole unaspecto misterioso, la mandíbula poderosa, los labios carnosos y unos ojos azules como el cielo en undía despejado, que se tornaban violetas cuando era poseído por un fuerte sentimiento, como el quesentía en aquel momento, cuando estaba al lado de Muriel.Niall McInroy se recostó en la cama y revolvió entre sus manos la rubia cabellera de la mujer queestaba tumbada a su lado, ella se removió y apoyó la cabeza contra el pecho duro de él, enredó susfinos dedos en el vello oscuro y jugueteó con los ásperos rizos, luego levantó la cabeza y clavó susazules ojos en él.-Oh Niall -sollozó-. ¿Qué voy a hacer ahora?-No os preocupéis cariño -contestó acariciando la espalda desnuda de la mujer-, no va a cambiar nada.-Pero ella será vuestra esposa -musitó, besando el pecho del hombre-, y yo…-Sí -dijo vagamente tumbándose sobre el cuerpo femenino-, ella será mi esposa ante todos, pero vos,vos seréis mi mujer a todos los efectos, es a vos a quien quiero Muriel, es con vos con la que deseopasar mis días y mis noches.-¿De verdad? -preguntó agarrándose al fuerte cuello del hombre que la miraba con los ojos brillantes.-No lo dudéis Muriel, no lo dudéis -dijo besándola con violencia y enterrándose en ella.Brianna bajó del caballo ayudada por uno de sus hombres, recorrió con la mirada al grupo de genteque se había congregado a su alrededor, el clan McInroy al completo estaba frente a ella, los hombreshabían dejado sus labores en el campo, a sus animales o su entrenamiento, las mujeres las cocinas, lostelares y los niños sus juegos, todos la miraban sin disimulo murmurando en voz baja, algunos niñosescondidos tras las faldas de sus madres asomaban sus cabecitas para echarle un vistazo, ella tambiénlos miró. Los hombres -casi todos ataviados con su kilt de elaborado tartán en los que predominaban elrojo, el verde y el morado- eran altos, de fuertes brazos y anchos hombros, las mujeres robustas, con lapiel tostada por horas bajo el sol y la lluvia, la mayoría de anchas caderas debido a los numerosospartos, los niños parecían sanos, aquella gente estaba bien alimentada y se alegraba de ello, al menossu futuro esposo se cuidaba de proveer alimentos a su pueblo. Entre el clan McInroy predominaban losojos azules, casi todos los tenían de ese color, variando del más claro al más intenso, y el cabello de unrubio bastante oscuro. Inconscientemente llevó la mano a su toga sintiéndose extrañamente incómoda.Pasaron los minutos y los nervios se fueron apoderando de ella, por lo visto su prometido o no sabíaque había llegado, o simplemente no tenía ganas de darle la bienvenida, de pronto el murmullo que larodeaba se apagó, dejando paso a un silencio sepulcral. Brianna se giró y se le heló la sangre ante laimpresionante figura que estaba a sus espaldas y la miraba con el ceño fruncido. 4
  5. 5. Con las piernas abiertas y los brazos sobre el pecho, Niall McInroy la recorría con la mirada, el cabellonegro caía largo y brillante hasta sus hombros, las oscuras cejas rectas estaban levemente alzadassobre unos ojos profundamente azules, como si el cielo que ahora los cubría hubiese quedado atrapadoen ellos para siempre, la nariz aguileña, unos labios gruesos, el mentón cuadrado poblado por unabarba de un par de días, su mejilla atravesada por una cicatriz que le daba a su rostro un aspectoenigmático, el fuerte cuello descansaba sobre unos anchos hombros, el torso desnudo dejaba ver elvello negro que se iba estrechando hasta desaparecer bajo el kilt y mostraba unos músculosimpresionantes, en los brazos cruzados sobre éste se dibujaban unos bíceps marcados y trabajados porhoras de entrenamiento con la espada, su vientre plano y bien formado daba paso a unas estrechascaderas. Volvió a subir la vista a sus ojos y tragó saliva, El Lobo, El León, El Tigre…, daba igual como lollamaran, a Brianna le pareció que de un momento a otro iba a saltar sobre ella y a devorarla allímismo.Niall observó con detenimiento a la mujer que esperaba a que él apareciera, al principio apenas pudovislumbrar su espalda, era menuda y se notaba tensa, al llegar a su lado la chica se dio la vuelta y él lapudo estudiar a placer, examinó el óvalo de su rostro, unos ojos grandes y verdes esmeralda lo mirabanentre asombrados y asustados, la nariz era pequeña salpicada de algunas pecas, los labios rosados yalgo entreabiertos, el cuello blanco, fino y esbelto, llevaba un vestido verde de un tono más oscuro quesus ojos, el escote cuadrado y ribeteado con una cinta verde más claro ocultaba por completo sussenos, pero pudo vislumbrar su contorno apretado contra la tela, la cintura estrecha y las caderasredondeadas donde descansaba un pequeño cinturón del mismo tono que la cinta del escote y caíahasta sus pies, los brazos delgados también estaban ocultos y sólo las pequeñas manos de finos dedosasomaban entre las mangas acampanadas, unas manos que agarraban con fuerza la tela de su vestido,levantó la vista y se fijó en sus cejas rojizas, dio un paso adelante, alzó la mano y arrancó el velo queocultaba su cabello, una cascada de rizos rojos cayó sobre su espalda y sus hombros, un murmullollenó el aire de nuevo. Brianna tembló, a aquel hombre sólo le faltaba abrirle la boca y mirarle losdientes como si fuera un caballo.-Supongo que estaréis cansada del viaje -dijo de pronto con voz grave y ronca.-Sí -apenas podía hablar.-Bien, os daré media hora para que os aseéis y os cambiéis de ropa, luego iremos a la capilla, el padreRobert nos espera para celebrar nuestro enlace -añadió torciendo el gesto.-¿Ahora? -preguntó sorprendida.-¿Para qué vamos a esperar más?, no me gusta perder el tiempo dando rodeos contra lo inevitable-volvió a cruzar los brazos, ella se fijó en sus poderosos bíceps- cuanto antes acabemos con esto, mejorpara todos.-Sí, supongo -ella se retorció las manos.-Preparaos -se dio la vuelta y tomó de la mano a una mujer rubia que había permanecido tras él todo elrato, Brianna no se percató de su presencia hasta ese momento y no se pudo fijar en su rostro, peropudo ver su silueta esbelta cuando se dio la vuelta para acompañarlo-, os veré en un rato.Todo ocurrió tan deprisa que apenas tuvo tiempo de darse cuenta.Se lavó y cambió su vestido de viaje por el de color marfil, que con esmero cosieron para ella lasmujeres de su clan para la ocasión, poco después alguien la había conducido hasta una sombría capilladonde él y algunas otras personas lo acompañaban, por unos segundos se fijó en la mujer que llorabacon la cabeza entre las manos, era la misma que lo acompañaba un rato antes. Niall ni se volvió amirarla, con pasos vacilantes se acercó a su lado y se colocó junto a él.Pronunció sus votos con voz temblorosa y guiada por el regordete, sonrosado y anciano sacerdote,Niall lo hizo con voz resignada, en cuanto acabaron, él la besó levemente casi sin posar los labios sobrelos suyos.-Os visitaré esta noche, ahora id y descansad -le había dicho secamente.Subió sola a su habitación, estaba tan cansada que ni se molestó en desnudarse, sencillamente se dejócaer en la cama y se quedó dormida al instante, no supo cuanto tiempo había dormido, cuando unasmanos grandes la sacudieron, abrió los ojos desconcertada y asustada y allí estaba él, borracho yexcitado, rió y le ordenó que se despojara del vestido, estaba tan aterrorizada que no fue capaz demoverse, así que él se lo había arrancado casi a tirones, luego también se había quitado la ropamostrando ante ella el vigor de su cuerpo desnudo, sin más se tumbó sobre ella que permanecíacompletamente rígida. 5
  6. 6. -Abrid las piernas -aquella orden la llenó de terror-. He dicho que abráis las piernas.Lentamente y temblando de miedo hizo lo que él le había ordenado.El dolor la traspasó cuando él entró brutalmente en ella, Brianna gritó creyendo que se iba a partir porla mitad, que la iba a matar, el dolor que la atravesó era horrible, cerró los ojos y lloró, mientras él confuertes embestidas, alcanzó la liberación y se derramó dentro de ella. Apenas transcurrieron unosminutos, pero habían sido los más espantosos de su vida. Niall se levantó, se vistió sin mirarla ytambaleándose salió de su estancia, dejándola sola. 6
  7. 7. Capítulo 2Brianna se levantó tan pronto las primeras luces del alba rompieron la oscuridad de la noche. Apenashabía sido capaz de dormir y cuando conseguía conciliar el sueño se despertaba sobresaltada,temiendo que él volviese y le hiciese daño otra vez. Estaba cansada y dolorida, pero aún así bajó de lacama y observó la habitación que su esposo había dispuesto para ella, era bastante grande, los fríosmuros de piedra estaban cubiertos por tapices que en otro tiempo debieron ser hermosos, pero queahora estaban sucios y descoloridos, una gran chimenea, apagada y ennegrecida por el uso, al fondo dela habitación, la cama enorme estaba en el centro de la estancia, un baúl de madera a sus pies, una sillay una mesa con detalles labrados en sus patas, en la que descansaban una jarra, una jofaina con variospaños a su lado, y una vela a medio gastar permanecía apagada en su palmatoria. Sintió como algo seclavaba en sus pies, bajó la vista y vio los juncos secos y podridos que cubrían el suelo, hizo un mohínde asco, aquella habitación que hubiese podido ser confortable y agradable, estaba descuidada, así quecomo tendría que permanecer muchas horas en ella, decidió que la cambiaría a su gusto.Fue hasta su baúl, sacó ropa limpia y su cepillo del pelo, tomó uno de los paños de lino y lo humedeció,comenzó sus abluciones despacio, al llegar a su entrepierna hizo una mueca de dolor, bajó la vistahasta el trozo de tela y lo vio manchado de sangre, volvió a humedecerlo, se limpió entre las piernas yse frotó los muslos, insistentemente, hasta que no quedó rastro de lo que había soportado la nocheanterior. Se puso un vestido y se sentó para cepillarse el cabello.Niall irrumpió en los aposentos de su esposa, si esperaba encontrarla acostada y llorosa, se llevó unagran desilusión, aunque ella se había sobresaltado al oírle entrar continuó con su tarea, de espaldas aél, pasaba una y otra vez con movimientos lentos y pausados el cepillo por su pelo, él clavó la vista enaquel cabello rojo que caía por su espalda y parecía brillar como fuego, por un momento Niall se sintiótentado a alargar el brazo y enredar sus dedos en aquellos mechones de seda roja, pero se quedóparado sin apartar la vista, Brianna se volvió lentamente mirándolo fijamente. Una chispa de dolor seatisbaba en el fondo de su mirada, Niall volteó la cabeza incomodo, sus ojos azules se entrecerraron alcontemplar su vestido roto en el suelo y las manchas de sangre seca entre las sábanas revueltas. Ante élestaba la prueba de la pureza y la inocencia de su esposa, y también de la brutalidad con la que la habíaposeído la noche anterior. Cerró los puños, y se maldijo en silencio, debió esperar, pero la cerveza quebebió desde que la dejara en la capilla y la ira que lo invadió en cuanto ella ocupó el lugar que debíahaber ocupado Muriel lo cegaron, perdió el control de si mismo y consumó su matrimonio como unabestia salvaje, entró en su cuarto y la tomó sin miramientos, asustándola y provocándole dolor, luegola abandonó sin remordimientos para ir a acurrucarse a los brazos de la mujer que amaba. Por unmomento la culpa lo asaltó, después de todo aquella mujer que lo miraba fijamente era tan víctimacomo él, ella tampoco pudo elegir, apartó el sentimiento que lo invadía como si de una mosca setratara.-Vengo a informaros que los hombres de vuestro hermano partirán dentro de un rato -dijo con voz fríay cortante.-¿Tan pronto? -preguntó retorciéndose las manos, tenía miedo de que volviera a hacerle daño, así quepermanecía a una distancia prudencial.-Ya no tienen nada más que hacer aquí -respondió recorriéndola con la mirada-, os han traído hastavuestro nuevo hogar, su misión ha acabado.-Bien -comenzó a caminar hacia la puerta-, iré a despedirme de ellos y a desearles un buen viaje deregreso.Niall la vio salir con la cabeza alta y perderse por el pasillo como si fuera una reina, fue hasta la cama yobservó las sábanas una vez más, se agachó y recogió el vestido, se fijó en los rasgones y lo soltó comosi le quemará las manos, aunque estaba ebrio recordó el momento exacto en que su esposa se tensóbajo su cuerpo, sus ojos de terror cuando se tumbó sobre ella, las lágrimas recorrerle las mejillas,volvió a maldecir, luego con grandes zancadas abandonó la alcoba de su esposa.Brianna mantuvo los ojos fijos en las espaldas de los hombres que se alejaban de ella, los viodesaparecer entre los árboles, pero se quedó allí, abrazándose a sí misma unos minutos más. Lehubiese gustado que permanecieran junto a ella unos días más, pero su esposo tenía razón, ya no habíamotivo alguno para que retrasaran su marcha, esos hombres tenían mujeres e hijos que estabanesperando su retorno, pero por unos instantes no pudo evitar sentirse egoísta, era consciente quecuando ellos se hubieran marchado todo lazo con su padre y su hermano, con su verdadera familia, 7
  8. 8. quedaría roto, tal vez jamás volviera a verlos, se secó las lágrimas con el dorso de la mano, era inútilseguir llorando, después de todo la habían preparado para eso, para convertirse en la esposa de unLaird, para hacerse cargo de un castillo. Bajó los ojos hasta el trozo de tela que apretaba entre susdedos, el plaid de cuadros azules que identificaba a su clan, uno de sus hombres se lo había dado, “paraque nunca olvidéis vuestros orígenes” le dijo mientras se lo entregaba. No, no los olvidaría, ¿cómopodría olvidarse de aquel lugar donde había nacido y crecido feliz? Por muy mal que la tratara la vida,siempre le quedaría aquel tartán para recordarle lo dichosa que una vez fue, lo apretó contra su pechoy volvió sobre sus pasos.Caminó lentamente por los pasillos, las personas con las que se iba cruzando le hacían una pequeñareverencia y seguían su paso, era una forastera, una extraña entre extraños, se sintió sola. Fueobservando con calma todo lo que veía a su paso, el castillo era una buena fortaleza de gruesos muros,las estancias eran grandes, las paredes decoradas con tapices bordados con escenas de caza y batallas,los muebles eran robustos, macizos, pero una capa de polvo cubría cada uno de ellos, los juncos delsuelo estaban podridos haciendo que en el ambiente flotara un fétido olor. Dà Teintean era un buencastillo, pero la dejadez y suciedad que lo cubría todo la entristeció, bueno, ella se encargaría de queaquello cambiara, los muebles relucirían, los tapices recobrarían su esplendor. Alzó la vista y se fijó enuno que parecía nuevo, la cabeza de un lobo con las fauces abiertas la miraba con unos ojos azules quereconocería en cualquier parte, apartó la vista asustada. Un suave olor a pan recién hecho le inundó lasfosas nasales, su estómago emitió un ruido recordándole que estaba hambrienta, sonrió y se dejó guiarpor aquel delicioso aroma.Las cocinas supusieron una agradable sorpresa para Brianna, el abandono que recubría el castillodesaparecía en aquella dependencia, el fuego crepitaba en el gran horno, una mesa grande y limpiarodeada de taburetes en el centro, las cacerolas y utensilios resplandecían, Brianna sonrió satisfecha,entró y se sentó. La mujer regordeta que canturreaba de espaldas a ella se volvió.-Ama -se inclinó ante ella-. ¿Qué hacéis aquí?-Supongo que sois la cocinera -la mujer asintió-, he olido el agradable aroma que desprende vuestropan.-Claro que sí ama -presurosamente la sirvienta puso una hogaza frente a ella, un poco de queso y unajarra de cerveza.-¿Cómo os llamáis? –preguntó observándola, tendría alrededor de unos 40 años, de cara sonrosada,con unos vivarachos ojos azules y una sonrisa perenne en los labios, robusta, de grandes pechos yanchas caderas, llevaba el pelo cubierto por un trapo, pero por los mechones que escapaban de él pudover que era rubia.-Margaret -la mujer hizo otra reverencia.-Bien Margaret -se llevó un trozo de pan a la boca y cerró los ojos deleitándose con su sabor y suesponjosidad, después los abrió y le sonrió-, tengo que felicitaros, es el mejor pan que he comidonunca, pero no volváis a llamarme ama, yo no soy ama de nadie, señora o Brianna, con eso bastará.-Disculpadme am..., señora -Margaret se sonrojó.-No es un reproche -volvió a sonreírle, recibiendo otra a cambio, Brianna vio su vestido manchado deharina-, ¿me enseñaríais a hacer un pan tan bueno como este?-Pero no tenéis por que… -dijo la sirvienta apresuradamente-, pero si queréis.-Por favor, me gustaría mucho aprender -tomó la copa con cerveza-, pero antes comed conmigo.Brianna pasó varias horas en las cocinas, se manchó de harina, se divirtió y aprendió el secreto parahacer ese pan que le había gustado tanto, además sin saberlo, había conseguido ganarse el primercorazón de uno de los habitantes del castillo. 8
  9. 9. Capítulo 3Brianna estaba completamente agotada y hambrienta, pero miró satisfecha su cuarto, había retiradolos tapices y los juncos podridos del suelo, así como la vieja y gastada piel que cubría la ventana, frotóla mesa y la silla hasta que consiguió quitarle todo el polvo y la mugre, ahora las paredes y el suelo depiedra estaban desnudos, ya se preocuparía mañana de conseguir algún adorno o alguna piel pararecubrirlas. Un suave aroma a lavanda le llenó la nariz, miró orgullosa los pequeños ramos que estabancolocados sobre la mesa y la repisa de la chimenea. Terminó de trenzarse el cabello, alisó la falda de suvestido y se dirigió hacia el salón para cenar.Se le borró la sonrisa tan pronto puso un pie en él, los hombres comían y bebían como verdaderosanimales, los eructos se sucedían después de un largo trago de cerveza, así como los gritos, lascarcajadas o las conversaciones soeces, la bebida corría por sus barbillas hasta sus pechos, arrancabanlos pedazos de carne a tirones con las manos, e incluso algunos perros se peleaban por los huesos a lospies de los hombres que los miraban entre risas. Algunos levantaron la vista unos segundos antes deproseguir con lo suyo, otros simplemente la ignoraron. Miró al frente, allí estaba su esposo, una mujerrubia estaba sentada a su derecha- el lugar que le correspondía a ella- contemplándolo con adoraciónmientras él le daba bocados de carne y cerveza con sus propias manos, no la conocía pero supo que erasu amante, continuó caminando con la mirada fija en la escena, él levantó la cabeza y al verla, se pusoen pie.-¿Venís a cenar, señora? -le preguntó con una sonrisa burlona.-No -contestó, miró a la mujer que sonreía y luego a él-, acabo de perder el apetito al ver semejantepocilga.-¿Sois tan delicada que no podéis comer rodeada de mi gente? -comenzó a ponerse furioso ante suspalabras.-No me importa comer con vuestra gente señor, pero si rodeada de animales -replicó sosteniéndole lamirada-, esto es sencillamente repugnante.-Jajaja -la carcajada resonó en el silencio que se había ido apoderando del salón tan prontocomenzaron a hablar-, ¿habéis oído?-Creo que cenaré en mis aposentos -dijo dándose la vuelta.-¡No, señora! -gritó parándola en seco-, o cenáis aquí o no cenáis, así que sentaos.-No podéis obligarme a comer.-Pues veréis como comemos los demás -fue hacia ella, la tomó del brazo y la sentó a su izquierda-,sentaos aquí y mirad.-¡No! -se levantó, tirando la silla a su espalda, recorrió con la vista a los presentes que la contemplabanboquiabiertos, al fondo vio a Margaret que la miraba con pena, ese hombre la estaba humillandodelante de todos y no lo iba a permitir, bajó la vista hasta los ojos azules llenos de rabia y dio un tirónpara soltarse de la mano grande que la sujetaba-, no voy a permitir esto.-¡Sentaos! -gritó-, ¡ahora!-No -le sostuvo la mirada-, no me importa que sentéis a vuestra amante en mi lugar, después de todome sois indiferente, no me importa que me tomarais como un animal, hicisteis uso de vuestro derecho,no me importa que vuestros hombres coman como salvajes, pero no voy a consentir que me tratéis deeste modo, ni voy a tolerar que me humilléis de esta manera.-¡Brianna! -bramó encolerizado al verla caminar hacia la puerta.-Lo siento señor -dijo por encima del hombro-, pero creo que erraron en vuestro apodo, más que unLobo, parecéis un Cerdo.La tensión era tal que se podía cortar, todos los ojos estaban fijos en Niall McInroy, al cual le hervía lasangre de furia, se levantó, con pasos largos y los puños apretados fue detrás de su esposa, aquellapequeña arrogante lo iba a escuchar, nadie lo ponía en ridículo, nadie. Brianna corría hacia su cuartocon los ojos cuajados de lágrimas sintiéndose muy desgraciada, pero sin ella saberlo, había comenzadoa ganarse el respeto del clan McInroy, la gente que ahora era su gente.La agarró del brazo y le dio la vuelta con tanta violencia que la trenza golpeó su cara, alzó la vista hastaaquellos ojos azules oscurecidos por la ira. Sintió los dedos de su esposo clavarse en su piel tan fuerteque pensó que le rompería el brazo, gimió de dolor pero no se amilanó, no sólo él estaba furioso, ellatambién.Niall observó con detenimiento el rostro de su esposa, no vio arrepentimiento por lo que acababa de 9
  10. 10. hacer, al contrario, parecía desafiarlo con la mirada, podía ver el brillo de la ira refulgir en lasesmeraldas de sus iris, aquello lo enervó aún más, él era el dueño y señor del castillo, él imponía la ley,ella era una simple e insignificante mujer a la que enseñaría el lugar que debía ocupar. La zarandeóhaciendo que la larga trenza ondulara a su espalda.-Jamás -exclamó enfurecido-, jamás volváis a hacer algo como lo que habéis hecho hoy.-Soltadme -se retorció tratando de zafarse de su mano.-Escuchadme pequeña boba -volvió a sacudirla sujetándola por ambos brazos-, aquí mando yo, si digoque os sentéis os sentareis, si digo que vengáis vendréis, si digo que desaparezcáis desapareceréis, noos levantareis de la mesa sin mí permiso, ¿habéis entendido?-Sí -contestó tragándose las lágrimas de la impotencia, la soltó y ella dio unos traspiés.-Bien -bajó los ojos hasta sus labios y percibió su temblor-. Una cosa más, tratareis con respeto aMuriel, ella es importante para mi, más de lo que vos llegareis a serlo nunca.-Soy vuestra esposa -Brianna le dio la espalda indignada-, pusisteis a otra mujer en mi lugar delante detodo el mundo.-Sí, sois mi esposa -cruzó los brazos sobre el pecho-, una esposa impuesta, pero Muriel es la mujer queamo.-¿Por qué os casasteis conmigo? -se volvió mirándolo tan fijamente que Niall dio un paso atrás-. ¿Porqué no os negasteis a este matrimonio?-Me distéis una alianza provechosa - se acercó a ella hasta que apenas los separaron unos centímetros-,ahora ya sabéis el motivo. Estáis advertida, si no queréis recibir mis órdenes manteneos alejada de mí,haceos invisible si os place. Pero estad dispuesta para complacerme cuando me apetezca ir a vuestrosaposentos-, ella lo miró con ojos desorbitados-, no os preocupéis señora, en cuanto me deis un hijodejaré de molestaros.-¿Un hijo? -instintivamente se llevó las manos al abdomen-. No, jamás os lo daré señor, prefiero morira llevar en mis entrañas el vástago de una bestia.-No soy un hombre paciente Brianna, os aviso -ella caminó hacia atrás para alejarse de él-, no juguéisconmigo señora, os puede costar muy caro.Niall se alejó, perdiéndose por el oscuro pasillo. Brianna no entró a su cuarto, corrió hasta que llegó alas almenas, dejó que el cálido viento del verano le acariciara la cara, clavó los ojos en la oscuridad, eratan infeliz, tan desgraciada…, permitió a las lágrimas derramarse libremente por sus mejillas, deseabaestar muerta. Descansó la espalda sobre el frío muro y se abrazó a sí misma, detestaba a Niall McInroycon todas sus fuerzas, odiaba a aquel Lobo de las Tierras Altas con todo su corazón y no le iba apermitir que la denigrara por mucho que le hubiera dicho, puede que él fuera el dueño y señor, peroella tenía su orgullo. 10
  11. 11. Capítulo 4Dos largas e interminables semanas llevaba viviendo en aquella fortaleza.Durante aquel tiempo libró varias guerras y ganó algunas batallas. Aunque apenas bajaba a cenar, lasveces que lo había hecho los hombres se levantaban cuando entraba y moderaban sus modales, ella loagradecía en silencio y con una sonrisa en los labios. Pasaba parte de su tiempo con Margaret en lascocinas, esta le presentó a varias mujeres y con su ayuda consiguieron limpiar el castillo, los mueblesfueron pulidos, los podridos juncos del suelo fueron reemplazados por unos nuevos y frescos, lasparedes se fregaron hasta casi lograr que las piedras brillasen, los grandes tapices se retiraron con laayuda de unos cuantos hombres y en el exterior fueron sacudidos hasta que no quedó una sola mota depolvo sobre ellos, ahora lucían de nuevo en su lugar de siempre, pero con la diferencia de que sepodían distinguir claramente las figuras que en ellos aparecían. Dà Teintean se veía distinto, igual queella, porque poco a poco la gente fue cediendo ante la presencia de una desconocida y la fueronaceptando. Sí, estaban empezando a reconocerla como a una de ellos, sonrió feliz porque se ibaganando a su pueblo.Le gustaba esa gente sencilla y desconfiada, disfrutaba mezclándose con ellos en las tareas cotidianas,después de todo la habían educado libre, su padre y su hermano se preocuparon que aprendiera todolo que una dama debía saber, así que a regañadientes consiguió aprender a tejer, a bordar, apermanecer en silencio cuando los hombres hablaban…, pero no le cortaron las alas, ellos la conocíanbien, sabían de su espíritu libre y le consintieron montar a caballo a horcajadas, a bañarse en el ríodesnuda bajo la brillante luna, a corretear riendo y con el viento enredando sus cabellos, por las suavescolinas que rodeaban su hogar.Cerró los ojos, su hogar, aquel lugar que ahora le resultaba tan lejano. Sacudió la cabeza, no se iba aponer triste por algo que ya no tenía remedio, ahora pertenecía a aquel sitio y trataría por todos losmedios de adaptarse a él. Después de todo debía estar contenta con sus progresos, por fin estabasiendo aceptada como uno más, tal vez le costara un poco más de esfuerzo, aquella gente no estabaacostumbrada a que su señora realizara tareas tan serviles como hacer pan o mermelada, o que lesayudara a recoger la cosecha de manzanas como iba a hacer aquel día, aquella gente aún seguíasorprendiéndose cuando les daba las gracias después de servirle la cena o cuando realizaban algunatarea que ella les había pedido, abrían los ojos, se sonrojaban y después asentían levemente. Sí, seestaba ganando el corazón de su pueblo y se sentía gratamente satisfecha. Tan sólo Niall, Muriel y sucorte de seguidores parecían ignorarla por completo, a ella no le importaba, sabía porqué estaba allí,una alianza, algo que era bastante común, su matrimonio con el Laird McInroy aseguraba a este y a suhermano Duncan -ya que su anciano y enfermo padre delegó en su único hijo-, una tregua, evitabaninvasiones de unos por parte de otros, así como la ayuda inmediata si alguno de ellos se encontrabaamenazado.Así era la vida en aquellas tierras inhóspitas, una tierra de hombres y para hombres donde las mujereseran poco más que nada. Puede que eso fuera así, pero no estaba dispuesta a consentirlo, ellaencontraría el modo de seguir siendo libre a su manera, las circunstancias la tenían atada a un hombreque la detestaba, pero no iba a consentir que ello le afectara, la vida estaba llena de pequeñas cosas quemerecían la pena, jamás amaría o sería amada, si su destino era ese lo aceptaría, pero mantendría suorgullo y su dignidad intactos.Si Niall McInroy pretendía anularla, que se rindiera a sus pies estaba muy equivocado.El sonido del metal contra metal la apartó de sus pensamientos, se acercó a la muralla y miró haciaabajo donde los hombres estaban entrenándose con las espadas, ahora era tiempo de paz, pero cadadía durante varias horas, aquellos fornidos hombres luchaban entre ellos. Recorrió con la mirada laescena, deteniéndose justo en el centro de aquel polvoriento patio, con la espada en la mano girandodespacio estaba su esposo, sin poder evitarlo deslizó lentamente los ojos por aquel cuerpo poderoso,observó como flexionaba sus piernas dejando ver sus fuertes pantorrillas, los músculos de la espalda setensaban, los sólidos brazos se movían ágilmente, abrió la boca tomando aire, por unos instantes unextraño calor se había ido apoderando de su cuerpo sofocándola. Niall se dio la vuelta y Brianna pudocontemplar su torso brillante por el sudor que lo recubría debido al calor y al esfuerzo, el pelo negro lecaía sobre los hombros y la cara, su rostro estaba tenso por la concentración, ella siguió mirándolocompletamente embelesada, imaginándoselo en el fragor de una batalla, parecía un animal, un belloanimal salvaje, suspiró levemente, su esposo era un hombre hermoso, muy hermoso. Él fue hasta unode los barriles llenos de agua, tomó un poco y vertió el resto por la cabeza, Brianna reparó como elagua corría en pequeños ríos por su piel bronceada, como las minúsculas gotas se enredaban en eloscuro vello de su pecho. Él levantó la vista y sus miradas se encontraron por unos segundos, sus fríosojos azules estaban clavados en ella, sus rodillas se debilitaron, se agarró al muro temiendo caer. Él 11
  12. 12. rompió el contacto cuando alguien lo llamó por su nombre, sus labios carnosos se estiraron en unasonrisa, lo vio abrir los brazos y cerrarlos en torno a Muriel, que se había acercado corriendo tanpronto terminó el entrenamiento. Brianna se apartó de la muralla, cogió la cesta de mimbre del suelo yechó a correr para reunirse con las otras mujeres que ya se alejaban del castillo.Era tiempo de paz, una paz tan frágil como una tela de araña, cualquier escaramuza, cualquier excusapor pequeña que fuera podía ser el detonante para provocar una guerra entre clanes, y eran muchos losLairds sedientos de batalla, él lo sabía y no podía permitir que sus hombres o él mismo se volvierandébiles como mujeres, con músculos atrofiados, así que les imponía a todos, y a si mismo, a ejercitarsecada día en el arte de la espada, daba igual que lloviera, nevara o hiciera un calor bochornoso como esamañana, era su deber y por su vida y su honor mantendría a los hombres del clan listos y preparadospara la lucha.Estaba sofocado por el calor y el esfuerzo, aquello no era sólo un simple entrenamiento, utilizaban susarmas, nada de estoques de madera, así lograba que los hombres mantuvieran la atención. Durantemás de dos horas permanecieron bajo el sol. Como por aquel día ya era suficiente, se dirigió al barril deagua y con la vasija la vertió sobre su cabeza después de beber un poco, el agua fría le refrescó y ledestensó los músculos, fue sosegándose lentamente, pero la sensación de estar siendo observado lehizo alzar la vista hacia la muralla, y se encontró con los ojos verdes de su esposa clavados en él, doslagunas profundas que lo miraban sin pestañear, su cabello parecía arder bañado por el sol, no podíaapartar los ojos de ella, por un instante imaginó esa melena enredada entre sus dedos, esos labiosrosados y entreabiertos sobre su cuerpo. No, Brianna era su esposa, pero era a Muriel, la mujer que lollamaba y corría hacia él, a la que amaba, su corazón le pertenecía por entero, siempre lo había hechodesde el instante en que la vio llegar sobre la grupa de su yegua para casarse con su hermano. Sonrió,abrió los brazos y sujetó con fuerza a Muriel entre ellos, bajó la cabeza y la besó con toda la pasión delmundo.Brianna ya casi estaba a las puertas del castillo cuando un pequeño revuelo la detuvo en seco, se volvióy vio espantada como Liam arrastraba a un muchacho asido por la oreja, anduvo sobre sus pasos y sedetuvo frente a él con los brazos en jarras.-¡Soltadlo inmediatamente! –gritó enfurecida.-No os metáis en esto, señora -contestó el hombre apartándola de su camino-. No es asunto vuestro.-Por supuesto que es asunto mío, por algo soy vuestra señora -replicó indignada ante la falta derespeto-. Le estáis haciendo daño, es sólo un niño.-¿Qué está sucediendo aquí? -la voz grave de Niall recortó el aire sobresaltándolos. 12
  13. 13. Capítulo 5Brianna miró a su esposo de pie frente a ellos con las piernas abiertas y los brazos cruzados sobre supecho, Muriel se encontraba a su lado, por primera vez se fijó en sus delicados rasgos, su pelo rubio enuna trenza alrededor de su cabeza, su piel blanca y sin manchas, sus ojos azules fríos como el hielo,observaban con desdén la escena sin mostrar compasión alguna por el muchacho, sus nariz pequeña yrespingona, sus labios rosados y sonrientes, era bellísima, dulce y serena, nada de lo que ellapresumiría nunca. Liam era un hombre alto, corpulento, su cabello rubio caía sobre sus hombros, susprofundos ojos azules brillaban con tal intensidad, que inquietaban a Brianna cuando se posaban enella, aunque no le agradaba la forma en que la miraba, recorriendo su cuerpo, no tenía nada contra él.Hasta ese día había sido correcto en su trato, sorprendiéndola con su falta de respeto y sujetando deaquella manera tan cruel a aquel muchacho de unos 7 años que temblaba de miedo.-He hecho una pregunta –recalcó Niall sin cambiar un ápice su postura, mientras miraba al niño y aLiam.-He atrapado a este mocoso robando en la cocina -apretó los dedos sobre la oreja provocando que elpequeño se retorciera de dolor.-¿Es eso cierto? -preguntó Niall acercándose.-No señor -susurró entre sollozos.-¡Yo lo vi! -gritó Liam-. Maldito granuja embustero.-¡Soltadlo! -exclamó Brianna agarrándole del brazo-. Es cierto, no estaba robando nada, yo lo envié apor algunas cosas.-¿Vos? -Liam la miró entrecerrando los ojos-. ¿Acaso no erais vos la que ibais camino de las puertasdel castillo?-¿Me estáis llamando mentirosa? -cruzó los brazos sobre el pecho y alzó la barbilla desafiándolo-,¿estáis dudando de mi palabra?-¡Ya basta! -gritó Niall-. Soltadlo Liam. Muchacho, la próxima vez no permanezcáis callado como si notuvierais lengua.Liam soltó al muchacho con tal ímpetu que se estrelló contra Brianna, cayendo los dos al suelo, seoyeron algunos murmullos de disgusto provenientes de los hombres allí reunidos, pero ellapermaneció sentada estrechando al muchacho que lloraba contra su pecho, alzó la vista, su esposo lamiraba con un brillo burlón en los ojos, sin decir una palabra se dio la vuelta y se alejó seguido por suinseparable Muriel. Liam le lanzó una mirada furiosa antes de desaparecer, ella siguió acunando alpequeño. Notó que alguien se paraba ante ella, levantó la cabeza y vio que los hombres que antes seejercitaban con su marido habían ido acercándose hasta ella, uno de ellos le tendió una mano grande yencallecida. Brianna dejó al niño de pie y la tomó, les miró y vislumbró algo en sus rostros que no supodefinir, permanecían en silencio, sin dejar de observarla.-No es más que una criatura -murmuró con los ojos cuajados de lágrimas-, no consentiré que se lehaga daño a uno de mis niños.-Señora -los hombres postraron su rodilla y fueron ofreciéndole sus espadas con la empuñadura haciaella, Brianna se sorprendió con aquel gesto, le estaban ofreciendo su lealtad y su protección.Niall meditaba en sus aposentos sobre los acontecimientos acaecidos aquella tarde, se sentó y estiró laspiernas, juraría por su vida, que su esposa mintió para salvar a aquel pilluelo de los azotes que recibiríapor robar, le sorprendió su gesto al defender al niño con tanta valentía, pero pensándolo fríamente sedaba cuenta de la verdadera intención de Brianna, era muy astuta, sigilosa como una serpiente, ibaganando terreno y lo que era peor, conquistando a su gente, los hombres eran más civilizados en supresencia, las mujeres la respetaban por su sencillez, y cuando corriera la noticia de lo sucedido, todosle rendirían pleitesía. Sí, era muy hábil, tal vez no lo sería tanto si tuviera que sacrificar algo más queunas pocas lágrimas. Sonrió satisfecho, iba a demostrar a todos que esa mujer era una redomadamentirosa y pagaría por ello.El bullicioso salón repleto de hombres y mujeres se sumió en el silencio cuando Brianna entró, suesposo había ordenado que se presentara ante él, caminó entre la gente con la vista clavada en Niall,por una vez su amante no estaba junto a él. 13
  14. 14. -¿Me habéis mandado llamar?-Así es -se levantó de la silla y apoyó las manos en la mesa, Brianna observó sus fuertes brazos y tragósaliva-, al parecer alguien más vio al pequeño ladronzuelo que con tanto ahínco defendisteis antes, loque os deja en un mal lugar señora.-¿Qué queréis decir?- preguntó entrecerrando los ojos.-Decídmelo vos- contestó con una sonrisa ladeada.-Yo lo envié - replicó con determinación al ver lo que Niall pretendía.-¿Estáis segura? - se acercó a ella y se paseó a su alrededor, un suave olor a lavanda llegó hasta él.-Sí, lo estoy -le temblaron las rodillas.-Bien -a su señal, Liam apareció con un látigo en la mano-, es vuestra palabra, la palabra de unadesconocida contra la de mi gente, personas en las que confío. Tenéis una oportunidad más señora.-No la necesito -le sorprendió la firmeza de su voz teniendo en cuenta lo asustada que estaba, ya queese salvaje la iba a golpear-. Ese muchacho es inocente, yo lo envié.Un silbido cortó el silencio, a Brianna se le escapó todo el aire de los pulmones cuando el dolor leatravesó la espalda, se tambaleó y se apoyó en Niall un instante, lo suficiente para no caer al suelo, losojos se le llenaron de lágrimas, abrió la boca tratando de respirar, cuando alzó la cabeza, lo único queveía era la ancha espalda de su esposo.-Maldita sea -gritó sosteniendo a Brianna tras él-. ¿Qué habéis hecho?-Pensé... -Liam enrolló el látigo en su mano-, es culpable.-¡Eso lo decido yo, no vos! -vociferó-. ¡Alejaos de mi vista, desapareced!Se giró hacia Brianna, las lágrimas resbalaban por sus pálidas mejillas, pero el odio que brillaba en susojos lo paralizó, la vio dar un paso tras otro alejándose de él, con el vestido rasgado y la sangreresbalando por su nívea espalda, apretó los puños, aquello no era culpa suya, quería que confesara,demostrar que era una farsante, pero sin causarle daño alguno, y la herida que atravesaba la espaldade aquella mujer le revolvía las tripas. Ella se volvió un instante, lo miró por encima del hombro conuna frialdad que le heló el alma, antes de desaparecer, con la cabeza alta, entre las sombras. Loshombres y mujeres fueron abandonando el salón, apartando los ojos de él, clavándolos en el suelo ogirándole el rostro.Niall lanzó una maldición, tomó su jarra de cerveza y la vació de un trago antes de estrellarla contra elmuro. 14
  15. 15. Capítulo 6Niall se revolvió en la cama y golpeó el almohadón tratando de encontrar una postura cómoda. Desdehacía dos noches no lograba conciliar el sueño, cada vez que cerraba los ojos, en su mente aparecía laescena que se había producido en el salón. No podía dejar de ver la mirada de ella, tan fría, tan llena deodio…, pero lo que verdaderamente le llegó al alma fue ver el reproche, o peor aún, la censura en losojos de su gente.Maldición, él no era culpable de que Liam la hubiese golpeado, se giró nuevamente en la cama, peroera inútil, no lograría dormir, apartó las pieles, saltó del lecho y tras ponerse el kilt abandonóapresuradamente la habitación.Anduvo sin rumbo por el oscuro corredor, cuando de repente se detuvo y alzó la vista, se encontrófrente a la puerta de su esposa, tras unos segundos de vacilación alargó la mano, la abrió y entró en eldormitorio. Se acercó despacio, Brianna estaba tumbada de costado y dormía profundamente, tenía laespalda al descubierto y la larga herida cubierta por una densa crema.Se sentó con suavidad en la cama, tratando de no despertarla, sus ojos fueron atraídos hacia su rojo yespeso pelo, recogido por delante del hombro, un mechón se había escapado y no pudo evitarenredarlo entre sus dedos, lo lió alrededor del índice, era tan sedoso, ¿sería su blanca piel igual desuave?, necesitó comprobarlo, soltó con calma el mechón depositándolo nuevamente sobre el hombroy alargó la mano hacia ella, pero acabó retirándola antes de rozarla siquiera. "¿Qué diablos estáshaciendo?" se recriminó a sí mismo poniéndose en pie, ahí estaba ella, con la espalda marcada y élexcitándose sólo con pensar en tocar su piel. Cuando Brianna se removió en sueños, apartó la miradade ella y salió de la estancia con el mismo sigilo con el que entró.Brianna despertó asustada y con un grito atrapado en su garganta, se incorporó y miró a su alrededor,gracias a la tenue luz del día que despuntaba, pudo ver que, como siempre, estaba sola. Trató decalmarse. No recordaba su sueño, pero el corazón le latía salvajemente y su cuerpo estaba tembloroso ycubierto por un sudor frío. Necesitaba salir y sentir como el aire fresco acariciaba su piel.Se levantó, humedeció un paño y lo pasó por su cuerpo para refrescarse un poco y se vistiórápidamente, dejó escapar un leve quejido cuando la tela rozó su espalda, la herida se encontrabamucho mejor, gracias a la crema que su madre -una excelente curandera- le enseñó a hacer de niña,apenas le dolía, excepto cuando la ropa le rozaba, echó los hombros hacia atrás, para evitarlo y salió alcorredor. Al pasar junto a las cocinas recordó la conversación que unos días antes tuvo con Margaret,le habló de un estanque donde podría darse un baño y nadar. Abandonó el castillo antes de que loshabitantes se levantaran para sus quehaceres diarios y se perdió entre las sombras. Caminó con unasonrisa en los labios, la idea de nadar era muy tentadora, a ella le encantaba, en su hogar iba a menudocon su hermano Duncan al lago, pero desde que estaba en Dà Teintean no había vuelto a hacerlo.Echaba de menos a su familia, su casa, su antigua vida...Pronto se vio rodeada por una gran cantidad de enormes robles y espléndidos alerces, un senderoapareció ante ella y al final de él, rodeado por una gran cantidad de arbustos y helechos, apareció elestanque.Sonriendo, se desvistió y se metió en él, un delicioso escalofrío la recorrió cuando el agua helada lamiósu piel. El estanque no era muy profundo, pero si lo suficiente para sus propósitos. Cerró los ojos y sesumergió por completo. Cuando volvió a la superficie rió feliz, por un momento se quedó inmóvil, casihabía olvidado como era el sonido de su propia risa, se puso en pie, levantó los brazos hacia el cielo ycomenzó a dar vueltas riendo sin parar, se sentía libre por primera vez desde que estaba con losMcInroy. Comenzó a nadar a lo largo del estanque. Cuando los primeros rayos del sol se filtraron entrelos árboles, decidió flotar, cerró los ojos y disfrutó de su calor sobre la piel.No pudo volver a la cama, así que decidió que lo mejor era dar un paseo a caballo, un sonido extrañollegó a sus oídos, desmontó y corrió a ocultarse tras los arbustos, se puso alerta, tal vez se trataba dealguna incursión.Una muchacha estaba de pie con el agua hasta la cintura y reía.Ese sonido le cautivó. Cuando ella se dio la vuelta girando sobre sus pies y alzando los brazos, pudo ver 15
  16. 16. su rostro. ¡Brianna! La visión de su cuerpo desnudo le inflamó la sangre haciendo que su pulso seacelerara y su respiración se agitara. Nunca antes había visto algo tan hermoso. Cuando ella comenzó anadar, se incorporó y sigilosamente se acercó más para poder seguir observándola.Cuando se dejó flotar pudo contemplar de nuevo su cuerpo, su pelo ondulaba a su alrededor, algunosmechones se pegaban a su cremosa piel, sus redondeados pechos, mostraban unos pezones rosados yerectos, sus ojos se deslizaron por su vientre quedando atrapados en los rizos oscuros que anidabanentre sus largas piernas. Tragó saliva, su miembro que ya estaba duro como una roca, palpitó bajo sukilt. Ardía loco de deseo, ansiaba reunirse con ella, acariciar esos senos turgentes que se alzaban alcielo, cerrar la boca sobre aquellos pezones enhiestos, enterrar la cara entre aquellos rizos y deleitarsecon su aroma y con su sabor.Envidió a los rayos de sol que comenzaban a acariciar su cuerpo, quería que fuesen sus manos las querecorrieran aquella piel, se moría de ganas por tocarla, llevó la mano a su palpitante y dolorosaerección, se desvistió y con cuidado se deslizó en el agua sin hacer ruido.Brianna se incorporó asustada perdiendo el equilibrio, cuando él apareció de repente justo a su lado, laasió con rapidez, sin decir una palabra la envolvió entre sus brazos y la atrajo hasta su cuerpo, ella,sobresaltada, se apoyó en su poderoso pecho. Niall, sin apartar la vista de sus enormes ojos, colocó unamano en su cintura y la otra en su nuca.Mientras acercaba su boca a la de ella, Brianna se fijó en el destello extraño de su mirada, ya no eraazul como el cielo, ahora era del color de la amatista y brillaba con igual intensidad. La besó conviolencia presionando sus labios sobre los de ella, buscando con su lengua el interior de su boca, peroBrianna los tenía firmemente apretados.Trató de separarse, empujándole y golpeándole el pecho, logrando que él interrumpiese el beso, perono la distancia que necesitaba poner entre sus cuerpos.-¿Os hice daño? -preguntó al recordar la herida de su espalda.-No -susurró con la respiración agitada.-Bien -bajó la vista lentamente, posándola en sus tersos y erguidos pechos-. Sois muy hermosa.-Soltad...Ahogó sus palabras besándola con suavidad, su lengua se deslizó por su labio inferior antes deintroducirla en la boca de Brianna, saboreándola a placer, disfrutando de su calidez, buscándola,deseando que respondiera a sus caricias. Cerró los ojos sorprendida, no sólo porque era su primer besoy por la ternura de Niall, sino por el extraño calor que le consumía las entrañas, haciendo que sucuerpo ardiera allí donde la tocaba o la miraba. Se agarró a su espalda pegándose a su cuerpo.Sus labios se deslizaron por su mandíbula hasta su cuello, Brianna echó la cabeza hacia atrás con losojos cerrados disfrutando de aquella nueva sensación. Niall movió una mano hasta llegar a uno de lospechos, rozó con la punta del pulgar su erecto pezón haciéndola estremecerse, apretándose más contraél. Alzó la vista para mirarla, tenía las mejillas sonrosadas y los labios ligeramente abiertos, era laimagen misma del placer. Ardía por la excitación y el deseo de poseerla, pero tenía que saborearla unpoco más. Llevó sus labios al otro pecho y rodeó con su boca el terso pezón lamiéndolo suavemente.Brianna gimió y se retorció entre sus brazos, arqueó la espalda ofreciéndole sus senos, jamás imaginóque la boca de un hombre fuese tan caliente, que pudiese despertar esas sensaciones en ella. "Estámal" le gritó su mente, “un poco más”, le exigió su cuerpo. Su noche de bodas, el rostro de su amante,el doloroso y humillante latigazo que la marcó por vida…, aparecieron en su cabeza. Tenía que pararlo.Intentó separarse, pero él la sujetaba con fuerza, comenzó a empujarle, a retorcerse para liberarse desu abrazo. Niall la acercó más a su cuerpo mostrándole la magnitud de su excitación, antes dedevorarle la boca con un apasionado beso. Debía alejarse de él. Sus dientes se cerraron alrededor de lalengua invasora.Se apartó soltando un exabrupto y la miró enfurecido.-¿Por qué hicisteis eso? -gruñó llevándose la mano a la boca.-Al parecer era el único modo de liberarme de vos -replicó sin apenas aliento, alzando la barbillaorgullosa.-Creí que estabais disfrutando tanto como yo -musitó con voz ronca mientras la recorría con lujuria.-Os equivocáis -le dio la espalda para evitar su ardiente mirada-. Marchaos.-¿Y dejaros sola? -preguntó mientras posaba las manos en sus hombros desnudos y le susurraba al 16
  17. 17. oído, - ¿después de probar el sabor de vuestros labios y de catar la dulzura de vuestra piel? Nuncamuchacha.Brianna se separó bruscamente, girándose ofendida.-Entonces me iré yo.Se dio la vuelta y comenzó a caminar hacia la ribera, pero no bien había dado un par de pasos, cuandounos fuertes brazos la alzaron en vilo.-¿Que estáis haciendo? -gritó indignada.-Dije que no os iba a dejar sola, ¿lo recordáis? -contestó con una sonrisa ladeada-, así que osacompaño.La depositó con calma en la orilla, junto a su ropa y permaneció a su lado, contemplándola con ojoshambrientos.-¿Podríais daros la vuelta para que pueda vestirme? -preguntó cubriéndose con su cabello y sus manos.-La vista es demasiado bella para perdérmela, señora.Lo fulminó con la mirada y apretó los dientes con rabia. Sin embargo y a pesar de la vergüenza quesentía, no pudo evitar fijarse en su magnífico cuerpo, los rizos oscuros de su amplio pecho estabansalpicados de pequeñas gotas de agua, que resbalaban hacia su firme vientre, sus dilatadas pupilasdescansaron en su hinchada y enorme virilidad, erguida y lista para atacar, un escalofrío le recorrió lacolumna y un extraño fuego se instaló en su vientre. Alzó rápidamente la vista hacia su rostro,encontrándose con unos ojos brillantes y una amplia sonrisa. Se sonrojó hasta la raíz del cabello alsentirse descubierta, retiró la mirada cuando él con un leve movimiento, y arqueando una oscura ceja,señaló su vestido desafiándola a vestirse. "Maldito bastardo", si pensaba que iba a suplicar estaba muyequivocado, tragándose su pudor, bajó los brazos despacio y se agachó, mostrándole su cuerpo sinreparos, para recoger su ropa.Con deliberada lentitud comenzó a cubrirse, percibiendo como él seguía todos sus movimientos y elextraño calor resurgió en su interior. Cuando acabó, izó la vista y se quedó paralizada, los ojos de Niallcentelleaban como antorchas y quemaban como tal, respiraba agitadamente, cuando comenzó aacercarse a ella, sintió miedo, parecía un animal salvaje dispuesto a devorar a su presa, dio un pasoatrás pero él la apresó entre sus brazos, atrayéndola a su enorme y desnudo cuerpo.-¡No! -le gritó, apartando la cara para evitar el beso y poniéndole las manos en el tórax para impedir elacercamiento.-¿No? -preguntó irónicamente-. Soy vuestro esposo y se hará lo que yo quiera y cuando yo quiera.-Tendréis que forzarme entonces -dijo con la barbilla en alto-. Otra vez.Estuvo tentado a hacerlo, tumbarla en el suelo y poseerla, verla vestirse con esa calma lo enervó,incrementando en él el deseo de enterrarse dentro de ella y saciarse una y otra vez, de ese cuerpo ahoraoculto, pero el recuerdo de aquella noche y su orgullosa altivez le impidieron hacerlo, la soltó aregañadientes. Brianna comenzó a alejarse de él.-No recuerdo haberos dado permiso para que os marchéis -recalcó abriendo las piernas y descansandosus manos en las caderas.Ella se giró para enfrentarlo y se encontró ante el dios celta Cernunnos, del que tanto hablaba sudifunta madre, viril, majestuoso, dispuesto para dar y recibir placer, se le secó la boca ante lamagnífica imagen que ofrecía su esposo. Se retorció las manos y esperó a ver si decía algo más, pero élla recorrió de arriba a abajo con lascivia, suspiró profundamente y se dio la vuelta dirección alestanque, se detuvo en la orilla, volteó la cabeza para mirarla una vez más y le dijo con voz grave.-No os mováis de ahí -acto seguido se zambulló en las tranquilas y frías aguas. 17
  18. 18. Capítulo 7Brianna llevaba algunos minutos de pie, cansada de esperar a que aquel hombre se decidiera a salir,tenía muchas cosas que hacer y estaba perdiendo el tiempo, ¿por qué debía quedarse ahí viéndolenadar?, ¿es que no tuvo suficiente con el baño de antes? Aún a riesgo provocar su ira, se dio la mediavuelta y con tranquilidad comenzó a alejarse, casi había llegado a los grandes arbustos, cuando fueelevada por unos poderosos brazos, lanzó un chillido, mientras su esposo se la echaba al hombro.Durante un momento se quedó sin aliento.-¡Soltadme! ¡Dejadme en el suelo inmediatamente! -le voceó furiosa, a la vez que pataleaba y seretorcía.-Os dejé bien claro que no os movierais -gruñó.Brianna le tiró del pelo, le clavó las uñas tratando de escapar, él le dio un azote en las nalgas para quepermaneciera quieta, gritó por la sorpresa, pues no le hizo daño, se enfadó al oír su carcajada, sinpensarlo clavó los dientes en su espalda.Su risa se cortó de golpe, lanzando una maldición, la dejó caer sobre la mullida hierba, ella alzó lacabeza y miró su rostro enfurecido, se puso en pie y acarició sus doloridas nalgas mientras él,señalándola con un dedo de forma amenazadora le dijo:-Por vuestro bien, no-os-mováis.Se dio la vuelta, para recoger su kilt de entre los matorrales y se lo colocó acercándose a ella, sinquitarle la vista de encima, cuando estuvo a su lado la tomó por la cintura y la depositó sobre elcaballo, ignorando su exclamación de asombro, con un ágil salto se subió detrás de ella, rodeándolafuertemente con los brazos para impedir que se moviera. Brianna chilló de dolor tan pronto su espaldarozó su pecho.-Me hacéis daño.Aflojó ligeramente el abrazo, permitiéndole cambiar la postura, en cuanto lo hizo, volvió a atraerlahacia su cuerpo disfrutando del olor a limpio que desprendía su cabello, oscurecido ahora debido a lahumedad.Brianna trató de alejarse un poco, el calor que desprendía su pecho estaba acelerando su respiración,pero no consiguió moverse ni un centímetro, dejó de intentarlo al notar una dura presión contra sumuslo.Niall sonrió ante los vanos intentos de su esposa por apartarse de él. Estaba sorprendido, nunca sehabía encontrado con una mujer igual, tenía un endiablado carácter dentro de ese cuerpo tan menudo.Un cuerpo delicado y hermoso creado para el deleite, una dicha de la que quería gozar y que le fuenegado, a él, que poseía todos los derechos sobre ella, que pudo haberla obligado con una simple ordeny sin embargo, respetó sus deseos. Él no era así, jamás se privaba del placer que deseaba y cuando lodeseaba lo tomaba, mas con ella no ocurrió así, no fue capaz de tomarla a la fuerza por más que loanhelara, meneó la cabeza molesto, su esposa estaba envolviéndolo bajo su embrujo, sí, eso era, nohallaba otra explicación.La sintió retorcerse entre sus brazos, intentando separarse de él, excitándolo de nuevo. "¡Maldita sea!",antes se había sumergido en las frías aguas intentando apagar el deseo que lo consumía, para acabarcomo al principio. Iría al encuentro de Muriel en cuanto llegara al castillo, no, en aquellos momentos aquien deseaba era a su esposa, se sorprendió de sus propios pensamientos. "Sin duda, esta muchachame lanzó un hechizo" pensó moviéndose para coger una postura más cómoda, sin mucha suerte.En cuanto llegaron al castillo, desmontó y la ayudó a bajar, lentamente, restregándola contra sucuerpo, para que sintiera su dureza. Se miraron fijamente con las respiraciones agitadas.-Como os gusta tanto morderme, quizá más tarde os permita hacerlo otra vez -susurró junto a su oído,con voz ronca.Brianna se sonrojó profundamente, se separó de él dedicándole una mirada furiosa y se alejó con pasosrápidos hacia el interior del castillo. 18
  19. 19. Niall lanzó una carcajada y se quedó ahí, viéndola marchar, cuando desapareció de su vista fue hacialas cuadras con una amplia sonrisa, no se percató de la figura que los observaba desde lo alto, ni delodio que se reflejaba en aquellos ojos que lo vigilaban sin parpadear.Tras abandonar a Niall, Brianna se dirigió a sus dependencias, en el gran salón se encontró de frentecon Liam, que como siempre le lanzó esa extraña mirada lujuriosa que tanto la irritaba, pero lo ignoróy prosiguió su camino.Apenas cerró la puerta, corrió y se tumbó boca abajo en el lecho, estaba confundida, ¿cómo le habíanafectado tanto los besos y caricias de su esposo? Se llevó los dedos a los hinchados labios, le gustótanto como la besó, con ímpetu y con ternura, y ella estuvo a punto de claudicar y responderle, recordósu ardiente y húmeda boca sobre su pezón, sus largos y callosos dedos acariciando su piel, despertandoen ella sensaciones desconocidas, volvió a inundarla ese calor estremeciéndola, le había gustado tantoque él la tocara de aquel modo, que creyó desmayarse por la impresión, a duras penas se habíasostenido en pie, si no hubiese sido por que Niall la mantenía entre sus fuertes brazos, hubiese caído.Apretó los muslos tratando de aliviar el extraño anhelo que le quemaba entre las piernas. ¡Santo Cielo!,¿qué le estaba pasando? Ese hombre no había hecho más que humillarla y lastimarla desde que llegó ysin embargo no lograba dejar de pensar en su abrasadora boca, en sus ásperas manos vagando por sucuerpo. Cerró los ojos e imaginó que él la tocaba allí donde se sentía mojada y dolorida, un gemidoinvoluntario escapó de su garganta.Tan pronto como ordenó que atendieran y alimentaran a su caballo, Niall se encaminó hacia el gransalón, se acercó a Muriel que bordaba junto a una ventana, ella levantó la cabeza y le sonrió. Sinmediar una palabra la agarró por los hombros, la puso en pie y se fundieron en un apasionado beso. Elbastidor cayó al suelo con un sonido sordo cuando ella entrelazó los brazos alrededor de su cuello.-Amor mío -susurró Niall mordiéndole tiernamente el lóbulo de la oreja-, os deseo.-Y yo a vos -contestó con voz dulce, acariciando su nuca-. ¿Dónde habéis estado?-Salí a cabalgar –murmuró sobre su cuello antes de lamerlo-. Venid, subamos.La tomó en volandas, dispuesto a salir hacia sus aposentos para yacer entre los amorosos brazos deMuriel, cuando la voz alterada de Margaret lo detuvo.-Mi señor -la mujer bajó la cabeza avergonzada, -, excusadme, pero…-Espero que sea algo importante -depositó a Muriel en el suelo, pero la mantuvo pegada a su cuerpo-.Hablad de una vez.-Sí, mi señor -dijo Margaret sin levantar los ojos-, tenéis una visita, ha llegado…-Luego -la interrumpió entrelazando sus dedos con los de Muriel-, atendedlo, recibiré después a quiensea.-Lo lamento por vos, Lobo -replicó una grave y profunda voz desde el umbral.Niall examinó a aquel hombre, una enorme sonrisa se dibujó en sus labios, soltó a Muriel y se acercóhasta él, fundiéndose ambos en un largo abrazo.-Maldito seáis Aldair McRea -profirió Niall sosteniéndolo por los antebrazos sin dejar de sonreír-.Cuanto tiempo.-Si, demasiado, pero no me olvido de los viejos amigos -apartó la vista de él y la fijó en la mujer, quepermanecía parada en el centro de la sala-, dejadme saludar a vuestra… cuñada.Aldair fue sonriendo hasta ella, tan bella, tan dulce, tan elegante con aquel vestido azul pavo querealzaba su figura, ella lo miró un momento y bajó las pestañas con delicadeza. Esa mujer era todadulzura, la virtud personificada para quien no la conociera, porque no era un secreto, que a las pocassemanas de enviudar, ya retozaba en brazos de su cuñado. Aldair tomó su mano y se inclinó.-Es un placer volver a veros mi señora -dijo llevando la mano a sus labios-, estáis como siempre,bellísima.-Sois muy amable -ella levantó los ojos y le dedicó una coqueta sonrisa-, vos siempre tan adulador.-Sólo os hago justicia.-Os quedaréis unos días entre nosotros ¿verdad?-Sí, esa es mi intención -Aldair miró a Niall-. Tengo que hablar con vos. 19
  20. 20. -Hablaremos más tarde, ahora descansad -señaló él sin dejar de sonreír-, haré que os dispongan uncuarto, comed algo y refrescaos del largo viaje. 20
  21. 21. Capítulo 8El alboroto que llegaba desde el pasillo sacó a Brianna de sus pensamientos, se encaminó hacia lapuerta para ver que estaba ocurriendo. Algunas mujeres corrían con premura, portando velas, toallas yropa de cama entre sus brazos.-¿Qué sucede? -preguntó a una de ellas, que llevaba una jofaina y una jarra con agua.-Acaba de llegar una visita, señora -respondió la mujer apresurada-, un amigo del Laird, estamosdisponiendo un cuarto.Brianna regresó a su alcoba, se aseó y cambió su vestido por uno limpio, cepilló y trenzó su pelo y sedispuso a bajar, a pesar de que nadie le advirtiera de la llegada de esa visita, era la señora del castillo ysi había un invitado entre sus muros, debía ofrecerle una bienvenida como era debido. Le brindaríacomida y cerveza fresca si nadie lo había hecho ya. Iba tan concentrada en lo que debía hacer, que noreparó en el hombre que se acercaba hasta ella.Aldair se dirigía a sus aposentos, no precisaba que lo acompañasen, conocía la fortaleza, Niall y él eranamigos desde niños, pasó semanas enteras allí, correteando entre aquellas piedras, disfrutando de losjuegos y de la compañía de Aidan y Niall.Se detuvo en seco cuando la vio. Una hermosa mujer caminaba en su dirección, pero no parecíahaberse percatado de su presencia. Era menuda, iba ataviada con una túnica blanca con ribetes rojosen su cuello y en las mangas, un fino cinturón descansaba sobre sus redondeadas caderas, una trenzagruesa y roja como el fuego le caía sobre el hombro hasta la estrecha cintura, sus senos se apretabancontra la tela del vestido, una punzada de deseo lo recorrió. ¿Quién era esa encantadora ninfa?Brianna levantó la vista, sobresaltándose ante el hombre que estaba frente a ella mirándola fijamente,una exclamación escapó de su boca. Observó al desconocido, era alto, casi tanto como su esposo, elpelo castaño le caía sobre unos hombros anchos y fuertes igual que sus brazos, su torso estaba surcadopor unos definidos músculos lo mismo que su vientre, se fijó en la cicatriz que había en su costadoderecho y que le llegaba cerca del ombligo, no supo identificar el colorido rojo, verde y amarillo de sukilt, sus piernas abiertas dejaban a la vista unas poderosas pantorrillas, levantó la cabeza lentamente,su cuello era fuerte y una vena latía incesantemente en él, su mentón cuadrado, unos labios generosos,una nariz perfecta y unos ojos verdes..., abrió los suyos y dio un paso atrás, unos ojos verdes de untono claro y que lanzaban fuego, se alejó dando otro paso asustada.-Señora -se acercó pausadamente acortando la distancia, deslumbrado por la belleza de aquellamujer-, mi nombre es Aldair McRea, a vuestro servicio.-Yo... -se estremeció al sentir esa mirada, desprendía el mismo ardor que la de Niall en el estanque-,Brianna, mi nombre… es… Brianna.-Brianna -murmuró Aldair cerrando los ojos y aspirando el suave aroma a flores que desprendía, erapreciosa y olía como los ángeles.La sujetó por la cintura, la apretó contra él y la besó. Brianna se agarró a sus antebrazos sorprendida,su piel estaba caliente y sus músculos eran sólidos bajo sus dedos. Sintió sus labios presionar sobre losde ella, cerró los ojos y abrió la boca, la lengua de él buscó la suya, con timidez fue a su encuentro.Aldair sólo sabía que necesitaba besarla, abrazarla, la sujetó con más firmeza y la besó profundamente,notó su tensión, la presión de sus dedos y como poco a poco fue relajándose entre sus brazos, disfrutódel calor que desprendía su cuerpo, de la calidez de su boca.Niall dejó a una disgustada Muriel en el salón, se encaminó hacia los aposentos de su amigo para ver siestaba dispuesto todo a su gusto, lo vislumbró al final del corredor, abrazando y besando a unamuchacha, meneó la cabeza ligeramente mientras una pequeña sonrisa curvaba sus labios, era unhombre apuesto, y el que apenas llevase unos minutos en el castillo y ya hubiese conseguido una mujerque calentase su cama, no le supuso ninguna sorpresa, asintió satisfecho. Se le borró la sonrisa cuandovio como Aldair enredaba la gruesa trenza roja alrededor de su mano, para seguir besando a aquellahembra. Una rabia fría e implacable lo poseyó, cerró los puños clavándose las uñas en las palmasmientras su sangre bullía por la furia. Maldita sea, su esposa besaba con abandono a su amigo, que la 21
  22. 22. envolvía entre sus brazos.-¡Soltadla! -el grito le salió desde lo más profundo de sus entrañas.Brianna se separó del abrazo con brusquedad, un chillido escapó de su garganta llevándose las manosa la boca, Aldair se posicionó delante de ella para protegerla.-¿Qué ocurre? -le lanzó una de sus socarronas sonrisas.Niall avanzó enfurecido hacia ellos, agarró el brazo de Brianna y la sacó de detrás de Aldair de un tirón,la ira que destilaban sus ojos hizo que se encogiese aterrorizada, apretaba con tanta fuerza los dedos ensu tierna carne que creía que iba a romperle los huesos, pero mantuvo la boca cerrada.-Id a vuestro cuarto -exigió-, luego hablaré con vos.-Pero... -Brianna alzó los hombros en un alarde de valentía.-¡Ahora! -vio lágrimas en sus ojos, lo que le encolerizó aún más.-Ya basta -intervino Aldair.-¡Ahora Brianna! -repitió soltándola bruscamente, ella se dio la vuelta y echó a correr por el pasillo,con la vista nublada por el llanto.-¿Os habéis vuelto loco? –preguntó Aldair incrédulo por la escena que acababa de presenciar-, es sólouna muchacha y la habéis asustado.-Jamás -Niall lo amenazó cerrando el puño frente a su rostro-. Jamás volváis a rozar un solo cabello amí esposa.-¿Vuestra esposa? -susurró abriendo los ojos desconcertado, sin poder creer lo que le dijo.Estaba tan sorprendido por lo que acababa de descubrir, que no se percató cuando Niall giró sobre suspasos y desapareció entre las sombras. Tardó unos segundos en asimilar la noticia y darse cuenta quehabía besado a la señora del castillo. ¿Cuándo se habría celebrado el enlace?, ¿por qué accedió acasarse con aquella mujer estando enamorado de Muriel?, se mesó el cabello y caminó pensativo a susaposentos, a pesar de los años que conocía a Niall, nunca antes le había visto así por una mujer, sihasta por un momento pensó que le haría tragar su puño, claro que si él tuviese a esa hermosa mujerpor esposa, no permitiría que nadie la mirase siquiera. De repente, un extraño pensamiento cruzó porsu mente y sin poderlo evitar, una carcajada salió con fuerza de su pecho e inundó el solitario pasillo.Brianna se encerró en su alcoba, estaba muy avergonzada, no pretendía responder al beso de ese talAldair, cuando él la atrajo hasta su cuerpo, debió separarlo de un empellón, pero la curiosidad porsaber si lo que sintió con Niall en el estanque era algo que siempre pasaba cuando un hombre besaba auna mujer, fue superior a ella y para su desconcierto, descubrió que no era así. Le gustó como AldairMcRea la tocó y apretó contra él, como deslizó la lengua en su boca…, pero su cuerpo no había ardidoen llamas, su piel no se encendió con su contacto, no faltó el aire en sus pulmones, ni su entrepierna sehabía humedecido anhelando que él siguiera tocándola, como cuando su esposo la tomó entre susbrazos y la besó. Se paseó inquieta por su habitación, ¿por qué le afectaban tanto las caricias de Niall ytan poco las de Aldair? La respuesta se abrió paso en su mente como un vendaval, deseo, se detuvo enseco, había oído a las muchachas, entre risas tontas hablar de él, aunque nunca hasta aquel momentolo había sentido. Dios Santo, deseaba a su esposo. Negó con la cabeza, era imposible, ¿cómo podíadesear a un hombre que la odiaba, que tenía a otra mujer ocupando su lugar?, ¿un hombre que lahumillaba constantemente sin ningún pesar?, no alcanzaba a comprenderlo, pero la realidad era queno le importaría volver a sentir todo aquello de nuevo.Niall recorría la muralla con largas y fuertes zancadas, debía atemperarse antes de visitar a su esposa osencillamente la estrangularía. ¿Cómo osó a hacer algo así? Maldita sea, estaba en brazos de Aldair,entregada a su beso, cuando a él, que era su dueño y señor, le negó lo que por derecho le pertenecía eincluso tuvo la audacia de morderlo. Volvió a cerrar los puños y la cólera inundó su cuerpo, ¿es quéaquella mujer no sabía a quien pertenecía para comportarse como una vulgar buscona? Por todos losdemonios, a él le importaba bien poco Brianna, y por mucho que lo hubiese excitado el verla desnudaen el estanque, como una diosa pagana con los brazos alzados al cielo, por mucho que esa imagen nocesase de perseguirlo, manteniéndolo excitado y dolorido, no le iba a consentir que se burlara de él.Una suave brisa le acarició el rostro, cerró los ojos y respiró hondo, expulsó el aire lentamente, cuando 22
  23. 23. los abrió se encaminó con paso decidido al interior del castillo. Con él no jugaba nadie, y más le valía aesa pequeña insolente hacerse a la idea de una vez por todas, si en algo apreciaba su vida. 23
  24. 24. Capítulo 9Brianna se paseaba nerviosa retorciéndose las manos, mientras miraba continuamente la puerta de sualcoba, él iba a entrar de un momento a otro, estaba segura, se lo advirtió y por la furia que reflejaba sucara, no dudó de ello. El miedo le atenazó el estómago y la angustia por lo que él podría hacerle la hizotemblar de pánico, ¿qué le haría esta vez ese salvaje sin escrúpulos?, ¿la golpearía?, ¿la encerraría?, unsollozo escapó de sus labios pensando en toda clase de torturas, él podría hacerle cualquier cosa,incluso matarla y estaría en su derecho.La puerta se abrió de un empellón, ella alzó los ojos llenos de terror y los clavó en los de su marido, unextraño brillo violeta refulgía en ellos.Aunque trató de calmarse, Niall entró en el cuarto furioso, iba dispuesto a exigirle una explicación,pero se detuvo al ver el terror y la palidez de su rostro, cerró la puerta tras de sí y le recorrió el cuerpocon la vista, se retorcía las manos nerviosa. Advirtió como su miembro se alzaba al recordar lo que seocultaba debajo de aquel recatado atuendo.-Señor -murmuró suavemente mientras daba un paso atrás-, lo que visteis...-Callad -dijo acercándose a ella hasta que apenas los separaban unos centímetros-, de eso hablaremosdespués.Alzó una mano para acariciar aquella pálida piel, pretendía borrar el miedo de su hermoso semblante,pero ella se encogió y trató de cubrirse la cara con las manos, Niall se detuvo incrédulo ¿creía que iba agolpearla?, ¿qué clase de hombre pensaba esa mujer que era él?-Maldita sea -exclamó agarrándola por las muñecas y atrayéndola hacia él, bajó la cabeza y buscó suslabios con violencia.Brianna ahogó un gritó cuando lo vio alzar la mano hacia su rostro, cerró los ojos y se cubrióesperando el golpe que nunca llegó, sus grandes manos la atraparon y la acercaron hasta su durocuerpo, sintió sus labios presionar sobre los suyos, su lengua tanteando su comisura, sus manosacariciando su nuca y su cintura. El calor fue llenando cada una de sus células poco a poco y entreabriólos labios dándole un total acceso a su boca, gimió cuando le acarició el paladar, cuando su lengua rozóla suya, y lo buscó, tímidamente imitó los movimientos que él hacía, enlazándola, rozándola,lamiéndola. Sus pezones se endurecieron al instante y el roce con la tela del vestido le resultóinsoportable, se frotó contra él tratando de aliviar el ansia que la consumía. Niall la sujetó por lasnalgas con ambas manos mientras profundizaba el beso, haciéndole sentir contra su vientre su gruesae hinchada verga, fue subiendo la mano lentamente por su costado hasta aprisionar su seno en ella,Brianna abrió los ojos cuando lo apretó suavemente, pero volvió a abandonarse al beso aferrándose asu espalda, jadeó cuando el pulgar de él rozó su dolorido pezón por encima de la tela y se arqueóbuscando más.Niall se estaba volviendo loco, ella lo estaba volviendo loco, esperaba su rechazo, pero no aquellaapasionada respuesta por su parte, cuando sintió su suaves labios abrirse bajo los suyos y sus tímidascaricias, creyó que se iba a verter como un muchacho inexperto. Lo llenó de satisfacción que Briannano supiese besar, que fuera tan inocente como un recién nacido y que temblase en sus brazos comouna hoja. Su deseo aumentó varios grados cuando la sintió frotarse contra él, con sólo tocarla porencima del vestido había conseguido prácticamente llevarlo al límite, pero él era un guerrero y seaferraba a su autocontrol con uñas y dientes. La quería desnuda entre sus brazos, retorciéndose debajode su cuerpo, quería hundirse en ella hasta el fondo, oírla gemir su nombre y entonces, sólo entoncesderramaría su simiente. La separó de su cuerpo, los ojos de Brianna estaban turbios, velados por eldeseo que a él también lo consumía.-Soltaos el cabello -musitó con voz ronca.Brianna tomó su larga trenza y empezó a deshacerla con dedos temblorosos, Niall la observaba con larespiración acelerada, cuando por fin quedó suelto, él acarició sus suaves mechones y los peinó. Volvióa besarla con codicia, ella le respondió con más decisión, sus ardientes labios recorrieron su mandíbulay descendieron por su terso cuello. Le bajó la tela de sus hombros y depositó cálidos besos en ellos,lamió sus clavículas y con las manos fue apartando la tela de su vestido, depositando abrasadoresbesos en cada porción de piel que quedaba al descubierto. Brianna gimió cuando él rodeó con la lengua 24
  25. 25. uno de sus pezones, alzó el torso buscando su boca, sus huesos estaban blandos y en su mente no habíamás que la necesidad de que él siguiera haciéndole aquello, su universo se centraba en el placer que élle estaba proporcionando, era lo único que importaba.Niall acabó de desvestirla, devoró el bello cuerpo de su esposa, cada curva, cada porción de piel, fijósus ojos en los rojizos rizos que se encontraban entre sus apretados muslos, su dolorido miembropalpitó en su entrepierna, se arrancó el kilt y lo lanzó al suelo junto al vestido.La izó en volandas y la depositó en la cama, Brianna se quejó al sentir el roce en su espalda y Niallrápidamente la puso de costado, se tumbó despacio junto a ella. Lamió el pulso que latía en sugarganta y la oyó gemir. Bajó la mano hasta su muslo y pasó lentamente las yemas de los dedos, casisin rozarla, ella se estremeció abrazándose a su espalda y recorriéndola suavemente con las uñas,haciendo que sus fuertes músculos se tensaran.Brianna estaba tan abandonada al placer que apenas podía respirar, le gustaba tocarlo, sentir su calor,como se tensaban sus músculos cuando le acariciaba la espalda, era tan maravilloso lo que estabasintiendo que parecía irreal. Cerró los ojos para disfrutar de todo aquello y no se permitió abrirlos portemor a estar soñando.-Abrid las piernas -dijo con la voz rota por el deseo.La voz de Niall le llegaba lejana, como una caricia, "abrid las piernas", cuando consiguió entender sumensaje, se tensó, todo su cuerpo se reveló ante la orden, el placer se esfumó dejando paso al pánico alrecordar que eso mismo ya se lo había pedido una vez. El dolor, Dios Santo, no podría soportarlo otravez, por mucho que deseara a Niall sería incapaz de aguantar ese dolor tan intenso. Sus músculos sepusieron tan rígidos que aunque quería apartarlo, le fue imposible mover las manos.-No... -sollozó-, no... puedo.Niall buscó sus ojos, todo destello de pasión y deseo habían desaparecido de ellos, Brianna estabainmóvil, las pequeñas manos se crispaban en su espalda clavándole las uñas, estaba asustada y élconocía la causa, la brutalidad con que la había tomado la noche de sus esponsales.-No os haré daño -musitó antes de besarla, ella no reaccionó, se dejó besar y tocar.Niall comenzó a incorporarse, no la quería así, fría y atemorizada. ¡Por todos los diablos!, lo que másdeseaba en ese momento era poseerla, pero no iba a forzarla, no después de haberla sentido entregarsea sus besos y temblar entre sus brazos, Brianna era apasionada y él quería esa pasión, no seconformaría con menos.Brianna lo vio levantarse, sus manos se deslizaron por sus anchos hombros mientras se separaba deella. Dudó, su cabeza deseaba que se alejara, pero su cuerpo necesitaba que se quedara. Le había dichoque no le haría daño y ella estaba dispuesta a creerlo, si le había mentido jamás volvería a tocarla, pormuy placentero que fueran sus besos y sus caricias. Posó con indecisión la mano sobre su espalda,deteniéndole con ese gesto.-¿Lo juráis? -preguntó titubeante.-Os lo juro -giró la cabeza percibiendo la lucha interior que ella mantenía-. Confiad en mí.Volvió a tumbarse a su lado, tomando con delicadeza su rostro entre las manos, la besó despacio, consosiego, notó como el cálido cuerpo de ella se relajaba de nuevo, como volvía a ser maleable bajo suboca. Le iba a costar la vida misma contenerse, mantener el salvaje deseo que lo consumía a raya, perolo haría por ella, lo haría por ambos. Lentamente sus dedos recorrieron la sedosa piel de su pierna, suboca descendió por su cuello y su hombro hasta su pecho, lo atrapó delicadamente, demorándose enlamer el precioso y endurecido pezón, Brianna clavó las uñas en la espalda, retorciéndose junto a él.Vacilante acarició sus rojizos rizos y ella le respondió abriéndose un poco, Niall cogió con suavidad supierna derecha y la colocó encima de su cadera para tener mejor acceso, fue abriéndose paso, con todala calma que era capaz, entre los pliegues de su sexo, jadeó al sentir su humedad en los dedos, masajeósu clítoris en pequeños círculos lentamente, ella alzó las caderas contra sus ásperos dedos y se abriómás a él mordiéndose los labios para controlar el grito que escapaba de su garganta. 25
  26. 26. -¿Os gusta? -su voz era tan ronca que apenas la reconoció.-Sí... sí -balbuceó mientras el largo dedo corazón de él se introducía en ella-. Oh...Dios.Su resistencia estaba llegando al final, no podía esperar mucho más, estaba lista para recibirlo y élnecesitaba entrar en Brianna. La acercó más y giró con ella, poniéndola a horcajadas encima de él.Lo miró sorprendida y con la respiración entrecortada.La alzó un poco, tomó su miembro con la mano y lo guió hasta la húmeda y ardiente entrada, sujetósus caderas y la guió hacia abajo, presionando y penetrándola apenas unos centímetros, apretó losdientes mientras pequeñas gotas de sudor perlaban su frente, y empujó un poco más.Brianna apretó los ojos con fuerza, preparándose para sentir el dolor, pero este nunca llegó, sintió unaleve presión y como aquella parte de su cuerpo se dilataba para recibirlo, al principio fue una sensaciónextraña y de pronto necesitó más, bajó las caderas introduciéndolo más en su cuerpo, él volvió a lanzarun envite algo más fuerte esta vez, se sintió llena. Se removió inquieta cuando Niall retrocedió, pero enun instante la llenó de nuevo. Agarrada por sus caderas, mientras él alzaba y retiraba las suyasencontraron la cadencia que pronto los tuvo a ambos gimiendo. Niall ahuecó una mano sobre uno desus pechos, deslizando el pulgar sobre su erecto pezón, la otra la dirigió hacia su hinchado centro,frotándolo mientras Brianna lo cabalgaba gimiendo. Se vio envuelta de pronto en una espiral que laarrastraba, que tiraba de ella, comenzó a temblar descontroladamente cuando oleadas de placer larecorrieron desde el mismo centro de su ser expandiéndose por todo su cuerpo, dejándola débil. Jadeócuando Brianna llegó a la cima arrastrándolo con ella, se arqueó violentamente y se derramó en suinterior gritando su nombre.Se dejó caer sin fuerzas sobre el pecho de él, alzó la cabeza cuando logró regular su respiración,encontrándose con su sonriente mirada.Niall contemplaba embelesado a su esposa, con el cabello revuelto y la piel sonrosada era la imagenmisma de la satisfacción. Nunca pensó que las cosas serían de ese modo, cuando la penetró sintió laseda de su interior, apretándolo una y otra vez hasta acabar vaciándolo por completo.Brianna levantó la mano y le acarició la cicatriz que cruzaba su mejilla.-¿Os encontráis bien? -preguntó perdiéndose en sus brillantes ojos.-Sí -contestó estremeciéndose al sentir sus dedos sobre su piel.-¿Os hice daño? -depositó un besó en su frente.-No -sonrió-, fue... fue bonito.-¿Bonito? -soltó una carcajada-, yo diría que fue algo más que bonito, señora.-Para mí fue bonito -murmuró enredando los dedos entre el vello oscuro de su tórax, sintiéndolotemblar-, la otra vez fue horrible...-Olvidaos de la otra vez Brianna -le interrumpió atrapándole la mano-, estaba borracho y yo...-Esposo -la miró, en sus ojos refulgía ese brillo que la fascinaba y la asustaba al mismo tiempo.-¿Sí? -preguntó mientras se llenaba la mano con uno de sus pechos.-¿Podríamos volver a hacerlo otra vez? -se sonrojó de pies a cabeza.Con una sonrisa burlona la liberó de su abrazo, la alzó y de una potente embestida la llenó porcompleto. 26
  27. 27. Capítulo 10Niall abrió los ojos lentamente mientras se estiraba completamente relajado. Por un segundo se sintiódesorientado, hasta que se giró y vio la espléndida melena roja de su esposa desparramada en laalmohada. "Brianna" pensó, se puso de lado y acarició su hermoso pelo, siempre se sorprendía de susuavidad y de que el fuego que desprendía no le quemase los dedos. Apartó el cabello para besar lospequeños rizos que se formaban en su nuca, entre tanto, la excitación lo iba invadiendo hasta tal puntoque su miembro ya estaba totalmente erecto. Yacer con ella no sólo había resultado una experienciarealmente placentera, sino gratamente sorprendente, jamás hubiese imaginado que su pequeña esposaguardara tanta pasión en su interior. Cuando confió en él y se entregó al placer, lo arrastró por unmundo desconocido haciéndole sentir algo tan nuevo que llegó a abrumarlo.Pasó el brazo por su cintura acercando sus nalgas a su hinchada verga, comenzó restregarse contraella, de sus labios salió un ronco gemido. Había perdido la cuenta de las veces que juntos alcanzaron lacima. Al recordarla montándolo jadeante, con el rostro sonrosado por el éxtasis, su pene palpitó, no lodudó un instante, tenía que poseerla, hacerla suya una vez más.Descendió la mano por su vientre hasta llegar a su monte de Venus, separó sus rizos y buscó entre lospliegues su clítoris encontrándola mojada, sonrió con malicia, lo frotó y tiró suavemente de él,provocando que ella soltara un pequeño jadeo.Su cuerpo estaba derritiéndose bajo un fuego abrasador y sólo podía moverse para acercarse cada vezmás a ese calor que la devoraba. Despertó bruscamente con un grito en su garganta, para descubrirque lo que estaba haciendo arder su cuerpo, eran los largos y hábiles dedos de su esposo.Se acercó más a él, retorciéndose de placer.-Me place que despertéis ansiosa de las caricias de vuestro esposo -dijo con un tono burlón, ella lerespondió ondulando sus caderas para conseguir más fricción, él aumentó la presión del movimientosobre su trémula carne. No pudo reprimir una sonrisa de satisfacción cuando la oyó lanzar un fuertegemido.Niall introdujo dos dedos en su abrasadora humedad y comenzó a sacarlos y a meterlos lentamente, lascaderas de Brianna se mecieron sensualmente y sus nalgas se frotaron contra él con desesperación,apenas podía respirar loca de deseo por sentirlo en su interior.-Niall, por... favor -le suplicó con un hilo de voz.Oírle pronunciar su nombre, con la voz quebrada por el placer, le provocó un fuerte estremecimiento.Quería volver oírselo decir.-Repetidlo -susurró aumentando el ritmo de sus dedos-, decid mi nombre de nuevo.-Niall...Niall... -musitó casi al borde del orgasmo.Cogió su pierna y la alzó, doblándosela con cuidado por encima de su cintura, dejándola abierta paraél, agarró su miembro y lo dirigió a su resbaladiza hendidura, empujó con fuerza y comenzó aembestirla salvajemente, entraba y salía de ella rápidamente, estaba fuera de sí.Brianna se agarró a las sábanas mientras la llenaba una y otra vez, llevándole a la cúspide del mundocon sus envites profundos.Cogió su barbilla haciéndole girar la cabeza, capturando con la boca sus gritos de pasión y besándolacon voracidad, deslizó los dedos por su cuello, su pulso latía alocadamente, bajó a la tersa curva de supecho y le frotó el pezón con el dedo índice y el pulgar, hasta dejarlo duro y erecto.Brianna se convulsionó gritando su nombre y él, con un fuerte gemido, empujando con embestidascortas y rápidas, se derramó en su interior. Volvió a besarla de nuevo, atrapando su lengua y sus labios.Su orgullosa esposa al fin había sucumbido a su dueño y señor. Brianna era suya.Se separó de ella satisfecho, salió de la cama, tomó su ropa y se vistió, sin dedicarle una mirada fuehacia la puerta decidido a irse sin más, antes de salir, volteó la cabeza, Brianna lo observaba, en susgrandes ojos aún relucían los restos de la pasión vivida. Le sonrió y ella le recompensó con una dulce 27

×